Descargar archivo - Lecturas del Holocausto

David Foenkinos, Charlotte (Barcelona, Alfaguara, 2015)
David Foenkinos (1974) es un representante
de la nueva generación de escritores franceses cuya
obra se empezó a conocer con La delicadeza
(2009), best seller en Francia y novela de tono
romántico aunque sin caer en el exceso de azúcar en
el género hoy. Foenkinos es además músico,
profesor de guitarra y guionista de cine, La
delicadeza fue llevada a la gran pantalla en 2011 de
su mano y de la de su hermano, Stéphane, también
con bastante éxito.
Foenkinos se reveló como un prometedor
escritor con Inversion de l’idiotie (2002, no
publicado al castellano), fue Premio FrancoisMauriac. Con El potencial erótico de mi mujer
(2004) obtuvo el Roger-Nimier y además de
diferentes galardones literarios por sus novelas, se llevó dos Césars gracias a la película
La delicadeza. Con Charlotte (2014) ha conseguido los prestigiosos Liste Goncourt,
Renaudot y Goncourt des Lycéens, además de suponer su definitiva consagración como
escritor a tener muy en cuenta.
Hay que empezar advirtiendo de que Charlotte no es una novela sobre el
Holocausto, sino una biografía novelada. El propio Foenkinos se ha encargado de
recordarlo a los medios cuando ha sido preguntado al respecto, por ejemplo en el
programa Página Dos de RTVE (emisión del 8-5-2015). Por lo tanto, la obra es una
novela biográfica –o una biografía novelada- sobre la vida de Charlotte Salomón, una
precoz y talentosa joven judía alemana que fue asesinada en Auschwitz a los 26 años de
edad (Ficha en Wikipedia. Ficha en Vidas Contadas de RNE) y que nos legó un curioso
texto, base del presente libro de Foenkinos: ¿Vida? O ¿Teatro? (no publicado al
castellano), una autobiografía de Charlotte donde se contienen textos, pinturas y
composiciones musicales suyas. Este libro fue entregado, para que fuese escondido, a
un médico amigo por parte de Charlotte momentos antes de ser deportada (“es mi vida
entera” le dirá). El doctor Moridis lo guardará hasta el final de la guerra y lo entregará a
los padres de Charlotte. Al autor le interesaba desde hace años los avatares de su vida,
con una historia familiar terrible, plagada de suicidios de familiares y terminada
abruptamente con su propia muerte a manos de los nazis. Foenkinos estuvo más de ocho
años viajando, documentándose y redactando el libro.
1
El autor recrea la existencia de Charlotte Salomon desde el momento en que se
conocieron sus padres, Albert, prestigioso médico, y Franziska, enfermera, hasta la
detención de la joven, junto a su marido del que estaba embarazada, Alexander Nagler –
un judío austriaco-, por parte de los nazis tras la delación de algún colaboracionista, en
Niza, donde se escondían, allá por septiembre de 1943. Ambos pasarían por el campo de
paso de Drancy y poco después serían asesinados en Auschwitz. Es posible que
Charlotte, muy joven pero visiblemente embarazada, no pasó la primera selección a la
muerte de los asesinos y fue a la cámara de gas. La historia familiar de los Salomon
interesa a Foenkinos, pues parece marcada por un terrible destino, una historia digna de
estudio desde el punto de vista médico y psiquiátrico.
Foenkinos también intercala la narración de la vida de Charlotte con momentos
escogidos de su propia investigación para escribir la novela: pensamientos,
curiosidades, coincidencias, viajes a los sitios donde estuvo Charlotte, entrevistas,
recopilación de documentación, lecturas diversas. Además, de su mano aparecen otros
personajes secundarios, reales en todos los casos, que interesan de igual manera al autor,
de los que ofrece datos exhaustivos acerca de su vida y destino: Albert Salomon (padre
de Charlotte), Franziska Grynberg (madre), Paula Lindberg (madrastra), Aby Warburg,
Kurt Singer, Ottilie Moore o Alfred Wolfsohn (profesor y amante de Charlotte).
El autor reconoce que la gran motivación para escribir su libro empezó con una
curiosidad por saber más de la vida de Charlotte tras contemplar su obra pictórica. La
primera exposición con obras de Charlotte no se hará hasta 1961 en Ámsterdam (casi
veinte años después de su muerte) donde su padre y madrastra conseguirán esconderse y
sobrevivir a la persecución (entrevista grabada en 1963 para el Pariser Journal
subtitulada en inglés). Charlotte representa la vida de una joven judía que como tantas
otras fueron víctimas del antisemitismo genocida y de la que en estos años vamos
conociendo sus historias, salen del anonimato independientemente de que fueran más o
menos conocidas, de que tuvieran más o menos talento (Dora Bruder, Hélène Berr,
Gertrud Kolmar, Rutka Laskier, como ejemplos).
El relato que nos propone Foenkinos es lineal, siguiendo los años de la vida de
Charlotte, aunque en la novela hay un antes y un después que permite conocer el pasado
de su familia y el posterior legado, incluyendo el destino de diversos personajes que
fueron importantes para ella por diferentes motivos. Foenkinos no cae en el patetismo ni
apela a la excesiva emotividad del lector, el estilo es sobrio con escenas asépticas
desprovistas de detalles superfluos o poco probables, sugiere en el mejor de los casos –
cuando no encuentra pruebas documentales- al lector lo que pudo haber pasado, tal es el
caso de sus encuentros sexuales, la relación con la familia –sus padres, sus abuelos-, el
mismo momento de su detención y lo que ocurrió inmediatamente después. En estas
2
ocasiones Foenkinos es honesto y bien avisa de que no se conoce con exactitud qué
ocurrió porque carece de testimonios –recordemos que la mayor parte del libro se basa
en ¿Vida? O ¿Teatro? de la propia Charlotte- o no hay testigos ya, fuera de
descendientes de aquellos que sí pudieron conocer algo. En esas partes es cuando
Foenkinos interviene más reconocible, con su licencia de escritor, pero con coherencia y
siempre para decirnos que es probable que pasara lo que narra (los encuentros con su
amante, diálogos con otras personas, algunas reflexiones de Charlotte, la selección en la
rampa de Auschwitz…).
Entramos en una de las peculiaridades del libro como es la forma de la
narración. El texto se divide en capítulos, pero Foenkinos lo hace de principio a fin con
frases breves, cortas, acabadas en un punto y aparte. Alguien que abra el libro
distraídamente pensará que está ante poemas, un conjunto de versos, la narración parece
una sucesión de estrofas, una rima que al mismo tiempo que avanza va completando el
libro. Es un recurso visual que le aporta cierta musicalidad, pero toda la escritura se
desarrolla desde una prosa absoluta. Sirva como ejemplo un pasaje sobre el propio amor
de Foenkinos por los libros que hemos encontrado interesante (p. 63)…
‹‹La palabra biblioteca me detuvo.
Busco una, que me persigue desde siempre.
Es una visión de la infancia, obsesiva.
¿Procede de una vida anterior?››.
Quizá con ello Foenkinos –en algún párrafo escribe que el libro debía ser
compuesto así- haga un homenaje a la propia Charlotte, su peculiar forma de narrar en
¿Vida? O ¿Teatro?, con textos a manera de poemas que recogen fogonazos de la
realidad intercalados con pinturas. Aquí vemos otra clave del libro y de la vida de
Charlotte Salomon: era una gran pintora ya, aún teniendo menos de 25 años –y aquí
observamos otro ejemplo del potencial intelectual que se perdió irremisiblemente en el
Holocausto del que habló en su momento Elie Wiesel-. Fue la única mujer judía que
todavía en los años Treinta era alumna de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Berlín
debido sin duda a su talento. En 1938 es premiada, pero ante el miedo a sufrir
represalias los profesores prefieren darle oficialmente el premio a otra alumna aria,
Charlotte cae en la depresión y después llega la Noche de los Cristales Rotos con la
consiguiente y definitiva huida a Francia, junto a sus abuelos.
Foenkinos se erige en otro personaje más de la novela como narrador
omnisciente, seguimos los pasos de Charlotte en su vida a través de su escritura, pero
también seguimos los pasos del autor en una búsqueda de lo que queda vivo de la joven.
Los lugares donde estuvo, las casas o edificios donde permaneció. Es inevitable en este
3
punto no acordarse del estilo de Patrick Modiano, más concretamente de su Dora
Bruder donde la vida de la infeliz protagonista se entremezcla con los paseos e
investigaciones de Modiano en un París actual donde todavía pervive aquel de la
ignominia, de la Ocupación. La comparación no es en absoluto casual, dada la
influencia de Modiano en las letras francesas actuales. La narración con estilo corto y
seco de los paseos y vicisitudes de un Foenkinos narrador-personaje de su novela, nos
recuerda a la del narrador-personaje Modiano. Comparten protagonistas femeninas,
Charlotte Salomon y Dora Bruder (independientemente del talento y fama de ambas lo
cual acrecienta el reconocimiento a la labor de Modiano) que tuvieron un mismo
destino: dos jóvenes judías venidas de Alemania (descendiente de emigrantes austriacos
Dora) y que sucumben en Francia, país en el que esperaban la seguridad de la salvación,
ante la persecución antisemita implacable de las autoridades nazis y los
colaboracionistas franceses durante la Ocupación.
Foenkinos es un admirador confeso de Modiano, al que califica de un escritor
espectacular. Algo más que un hombre, para Foenkinos, Modiano es “un manuscrito
viviente”, la esencia misma de la literatura en una persona cuya dificultad de palabra es
inversamente proporcional a su genio escribiendo. Su estilo narrativo, mezclando
épocas y lugares, pero siendo en realidad todo uno, donde la desaparición sin más de
seres humanos es un recurrente obsesivo, apasiona y es del gusto de Foenkinos, según
sus propias palabras (artículo sobre el Nobel de Modiano en leJDD, en francés).
Una diferencia formal con la obra de Modiano la encontramos en la
representación que se hace del Holocausto. Como ya se dijo más arriba, Foenkinos dejó
claro que su novela es sobre la vida de Charlotte Salomon y no sobre una víctima de la
Shoá, donde hay que explicar más al por menor ciertas cosas, ciertos detalles. En eso
Modiano no da lugar a dudas: el objetivo de Dora Bruder es sacar a la luz la memoria
de una joven judía deportada a Auschwitz, erigida como símbolo de esas víctimas de la
ignominia nazi y francesa, en especial dar luz a la vergüenza del colaboracionismo y
elevar la memoria de las víctimas, hasta entonces anónimas. Foenkinos, por el contrario,
escribe una novela sobre una joven con talento artístico que tiene una peculiar historia
familiar, ni más ni menos, pero no le interesa explicar el ascenso del nazismo, las
medidas antisemitas, el desarrollo de la persecución, quiénes eran los verdugos o temas
que son colaterales a su objetivo. Un simple…
‹‹En enero de 1933, el odio llega al poder››.
No obstante, el acoso antisemita y el Holocausto están en la novela, son
lógicamente inevitables porque afectaron a la vida de Charlotte y su entorno -¡Y de qué
manera!-, desde la detención del padre durante la Noche de los Cristales Rotos –‹‹El
4
desenfreno es absoluto››- hasta el arresto definitivo de Charlotte en Niza que la llevó a
Auschwitz vía Drancy. Por lo tanto, existe un relato ineludible de la persecución y
opresión que se cerró poco a poco en torno a Charlotte y su familia. Foenkinos sin
embargo ya supone que el lector sabe de qué estamos hablando y como acaba todo, por
desgracia. En este sentido juega con la ventaja de las novelas y ensayos anteriores que
han dado relevancia a lo sucedido en el Holocausto para el gran público, a una cierta
saturación del mercado sobre el género que evita tener que explicar ciertos hechos.
Digamos que el Holocausto es uno de los escenarios de la obra, pero no el único ni el
principal, otros escenarios son las relaciones sentimentales de Charlotte, sus
pensamientos y la historia familiar. El Holocausto como escenario se circunscribe a
fechas, años y nombres, en ocasiones a adjetivos que lo sustantiva, frases que lo sitúan y
nos sitúa como lectores: comparación con El proceso de Kafka, “dolor”, “vergüenza”,
“pronto”, “judía”…
En la novela tampoco cabe el detalle morboso ni Foenkinos se recrea en las
escenas que actualmente mejor venden en el mercado: referirse al sexo (ya Huxley
avisaba en Un Mundo Feliz que a menor libertad individual, más se apelaría al sexo sin
restricciones para reprimir el esfuerzo de rebelarse contra lo injusto) y en el género
sobre el Holocausto los pormenores de las matanzas y la vida miserable en el campo de
exterminio. Es más elegante y todos podemos saber a qué se está refiriendo…
‹‹En lo alto del edificio se puede leer que van a dar una ducha.
Antes de entrar en los baños, todas se desnudan.
Tienen que colgar la ropa en un gancho.
Una vigilante grita a pleno pulmón››.
En definitiva, Charlotte es un libro recomendable, fácil de leer y al mismo
tiempo una puerta para quienes estén interesados específicamente en la vida de
Charlotte Salomon, su obra o en general saber algo más sobre el Holocausto, pues
inexorablemente la Shoá y el personaje, por desgracia, siempre estarán unidos de forma
irremisible. Aunque no era el objetivo de Foenkinos, de nuevo gracias a la literatura se
ha puesto nombre, apellido, se ha dado una existencia a una de las millones de víctimas
del nazismo, lo que de por sí ya es una nueva derrota para los verdugos. Una de las
frases preferidas de Charlotte Salomon, según el libro de Foenkinos trae a colación,
resume tanto la propia obra como la memoria de su protagonista: ‹‹La auténtica medida
de la vida es el recuerdo››.
5