Un nuevo rostro de la vida consagrada

“Un nuevo rostro de la vida consagrada”
Camilo Maccise
Índice
Introducción.....................................................................................................
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I. Partir de la experiencia de Jesucristo.................................................... 15
1. La persona de Cristo que nos ha fascinado................................................. 15
2. El Espíritu guía nuestra vida al seguimiento de Jesús................................ 17
3. Características del seguimiento de Jesús en nuestra vida consagrada........ 18
II. Una espiritualidad vital y encarnada...................................................
1. Mediaciones culturales y espiritualidad......................................................
2. Condiciones y características de la antigua y de la nueva espiritualidad...
3. Espiritualidad en la historia........................................................................
4. Espiritualidad antigua..................................................................................
5. Los condicionantes de la espiritualidad antigua.........................................
6. Espiritualidad desencarnada........................................................................
7. Espiritualidad moderna...............................................................................
8. Los condicionantes de la nueva espiritualidad...........................................
9. Espiritualidad encarnada, vital y fraterna...................................................
10. Diversas etapas y ejes centrales de la espiritualidad actual......................
11. Los grandes polos de la espiritualidad de la vida consagrada..................
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III. La vida fraterna en comunidad............................................................ 47
1. Las raíces de la fraternidad cristiana...........................................................
2. La fraternidad en la Iglesia y en la vida consagrada..................................
3. La vida consagrada: vida de fraternidad.....................................................
4. Redescubrimiento de la vida fraterna en comunidad..................................
5. Fraternidad religiosa y comunidades cristianas..........................................
6. Fundamentos teológicos de la fraternidad cristiana....................................
7. La experiencia del Padre y del Espíritu en la fraternidad cristiana............
8. La experiencia de Cristo, hermano mayor presente en los hermanos........
9. Presencia que actúa a través de carismas diferentes...................................
10. De la imperfección a la plenitud de la fraternidad cristiana.....................
11. El aporte de la vida consagrada a la fraternidad cristiana........................
12. El aporte de los votos en su dimensión fraterna.......................................
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IV. Profetismo y opción preferencial por los pobres..............................
1. Sentido y dimensiones de la vocación profética en la Biblia.....................
2. Jesús Profeta y evangelizador del Reino de Dios.......................................
3. Nuestra vida consagrada como signo profético a la luz de la mística y
profecía de nuestros fundadores y fundadoras...........................................
4. Profetismo, opción por los pobres y solidaridad........................................
5. La inserción de la vida consagrada.............................................................
6. Estructuras e instituciones de la vida consagrada al servicio de la solidaridad............................................................................................................
7. Solidaridad: utopía y concretizaciones históricas.......................................
8. Instituciones de la vida consagrada como estructuras................................
9. En la perspectiva del proyecto salvífico de Dios.......................................
10. Estructuras de la vida consagrada al servicio de la solidaridad humana,
eclesial y congregacional..........................................................................
11. La solidaridad en las obras apostólicas tradicionales...............................
12. La organización interna de los Institutos al servicio de la solidaridad....
13. Una revisión renovadora de las instituciones para la solidaridad............
14. Dificultades para la renovación de las instituciones.................................
15. El marco cristológico en la renovación de las instituciones de la vida
consagrada para la solidaridad..................................................................
16. El marco eclesiológico en la renovación de las instituciones de la vida
consagrada para la solidaridad..................................................................
17. Hacia una auténtica solidaridad................................................................
18. Comunidades cercanas al pueblo..............................................................
19. Los bienes de las comunidades e Institutos religiosos al servicio de la
solidaridad.................................................................................................
20. Formación para la solidaridad...................................................................
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V. Inculturación y unidad en la diversidad.............................................. 101
1. Una evangelización inculturada y una inculturación de la vida consagrada..
2. Inculturación del evangelio.........................................................................
3. Inculturación de la vida consagrada...........................................................
4. Defensa de las culturas...............................................................................
5. Vida consagrada y unidad en la diversidad................................................
6. Modalidades del encuentro multicultural en la vida consagrada................
7. Los Institutos religiosos signo e instrumento para el encuentro multicultural.............................................................................................................
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VI. Compartir el carisma y la espiritualidad con un laicado asociado... 115
1. Perspectiva histórica del laicado en la Iglesia............................................ 115
2. El laico en el documento “Christifideles laici”......................................... 118
3. Nuevas perspectivas para un laicado asociado........................................... 120
IV. Bibliografía................................................................................................. 125
RETIRO: Mirar al Crucificado para descentrar la vida - Mikel
Hernansanz.................................................................................................. 127
- Capítulo 3 La vida fraterna en comunidad
La realidad de la vida comunitaria
en la vida religiosa ha sido redescubierta con nuevas dimensiones en una
Iglesia de comunión. El Concilio Vaticano II presenta la vida religiosa con
un acento especial en la fraternidad como elemento a partir del cual se entienden los otros que la definen y constituyen. Al hablar de la comunidad la describió como fruto del amor de Dios derramado por el Espíritu para reunir a
sus miembros “como verdadera familia
congregada en el nombre del Señor”28.
El documento posinodal Vita consecrata subraya el carácter de signo de
comunión que tiene la vida consagrada
en la Iglesia. Y pone también de relieve la importancia que tiene en un mundo dividido e injusto29.
Las raíces de la fraternidad, su desarrollo y comprensión en la historia de
la iglesia y de la vida religiosa, los desafíos que enfrenta hoy y las condiciones para un testimonio fraternal de los
religiosos en la actualidad son aspectos
que hay que tener presentes para una
comprensión del sentido y de los alcances de la fraternidad cristiana, vistos
28 PC 15.
29 VC 51.
particularmente desde la perspectiva de
la vida religiosa.
1. LAS
RAÍCES DE LA FRATERNIDAD
CRISTIANA
La fraternidad cristiana no es un
simple sentimiento natural de filantropía que lleva a una relación que crea
vínculos de afecto y amistad con los
semejantes. Jesús nos reveló nuevas dimensiones que nos permiten comprender mejor el sentido profundo de los
vínculos de hermandad que Dios ha
querido que existan entre los seres
humanos.
Es en las fuentes bíblicas donde encontramos, expresada en la experiencia-modelo de Israel y de la comunidad
cristiana primitiva, lo que podemos llamar las raíces de nuestra fraternidad
vistas desde la fe en un Dios que nos ha
hablado de muchas maneras en la historia y plenamente en su Hijo (cf Heb
1, 1-2).
El AT transmite la experiencia de
una fraternidad basada en la solidaridad que da la pertenencia al mismo
- 48 pueblo de Dios, que tiene sus orígenes
en la promesa hecha a Abraham y que
se compromete con una alianza en la
que se inculcan el amor y la preocupación por el prójimo-hermano, especialmente por los más pobres y desamparados. Es en la fraternidad donde se
concretiza el ideal de una sociedad de
personas libres, porque han sido liberadas por Dios, y hermanas porque el
mismo Dios las ha convertido en su
familia.
En el NT la realidad de la fraternidad cristiana, sus fundamentos y exigencias aparecen con mayor precisión.
Jesús insiste en la fraternidad de todos
(Mt 23,8). Esta fraternidad universal se
expresa con fuerza en la parábola del
buen samaritano (Lc 10, 25-37): el prójimo-hermano es todo aquel que se encuentra en necesidad aunque no pertenezca al pueblo escogido.
Un primer fundamento de la fraternidad lo coloca Jesús en el amor que
Dios tiene a cada persona. Cuando se
le dirige la pregunta sobre cuál de los
mandamientos es el primero de todos,
Cristo responde que es el de amar a
Dios con todo el corazón y todas las
fuerzas, y añade: “el segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como
a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas”
(Mt 22, 36-40). El amor al hermano es
la respuesta al amor de Dios. En este
mandamiento se encuentra la explica-
ción del misterio de la iglesia: comunidad de amor entre hermanos, hijos del
mismo Padre. El amor hacia él es fuente del amor hacia sus-hijos. El amor del
Padre se difunde entre los hombres
para suscitar en ellos el amor a los hermanos (1 Jn 5,1-2). Entre el amor a
Dios y el amor a los hermanos existe
una compenetración. El amor a Dios
ilumina y purifica la fraternidad. Ésta,
por su parte, es la manifestación comunitaria de ese amor y el criterio para
discernir su autenticidad.
En la categoría de prójimo-hermano Jesús coloca también a los enemigos
(Lc 6, 27-28). El motivo de este amor
fraterno a los que nos hacen mal lo coloca Cristo en la imitación del Padre,
que “es bueno con los ingratos y los
perversos” (Lc 6,35).
Para Pablo la comunión en Cristo y
la vocación a formar la comunidad
eclesial crean vínculos fraternos entre
los creyentes. Vínculos que tienen su
raíz y su origen en Dios y en Jesús. Esto explica el uso tan frecuente del término hermano - hermana (más de 130
veces). Mientras en los evangelios estos términos se usan preponderantemente para significar una fraternidad
natural, en Pablo predomina el sentido
religioso o espiritual en su empleo.
Significa especialmente ser copartícipe en la misma fe en Cristo, que une a
los creyentes en la fraternidad de él,
que viene a ser el primogénito entre
- 49 muchos hermanos (Rom 8, 29), a quienes Dios ama (1 Tes 1, 4). Esta fraternidad en Cristo acerca a los creyentes
entre sí, pero los relaciona tan fuertemente con Jesús que dar escándalo a un
hermano es pecar contra Cristo (l Cor
8, 12). El segundo sentido es el de cooperador en el ministerio de evangelización (Rom 16, 3).
La fraternidad del NT tiene su expresión máxima en la aparición de las
comunidades primitivas. En ellas se
palpa sensiblemente el primer fruto del
Espíritu: el amor (Gal 5, 22). La comunión de corazones y el compartir los
bienes aparecen no sólo como características de la comunidad de Jerusalén
sino como ideal para los cristianos de
todos los tiempos (He 4, 32). A partir
de la fe común (He 2, 42), los creyentes acogen la palabra de Dios que los
convoca a unirse en la fraternidad. Esta
tiene como fruto y exigencia a la vez la
koinonía o comunión con el Padre y
con su Hijo Jesucristo y entre los creyentes (1 Jn 1, 1-4). En ella se integran
la fe y la vida. Esta comunión se manifiesta externamente en la aceptación de
los demás, en el compartir los bienes,
en la proyección social del amor. La
eucaristía tiene el significado profundo
de compartir la vida, que es Jesucristo,
el pan del que todos participan (1 Cor
10, 17), fuente y alimento de la frater-
nidad. “En torno a la mesa sencilla de
una casa, escuchando el evangelio y
partiendo el pan, se saben congregados
por la obra del Padre en Jesús Cristo”30. La oración se vive como escucha
de Dios para comprometerse con el
hermano. La diversidad de carismas
conduce a un servicio mutuo, como expresión de una fraternidad en el Padre,
Hijo y Espíritu que comunican esos dones para edificación de la comunidad y
utilidad de todos (1 Cor 12, 1. 4-6).
La fraternidad en el NT tiene una
novedad en relación a la que se pide en
el AT: el amor al prójimo-hermano debe ser como el de Jesús (Jn 13, 34-35).
El dice que es un “mandamiento nuevo” en el sentido de que en Jesús se
tiene la plenitud de la revelación con
toda la novedad que trae consigo y que
viene a establecer con claridad la fuente y la meta de la fraternidad cristiana.
La fuente no es otra que el Padre de
quien todo procede; el Hijo que se ha
hecho nuestro hermano; el Espíritu que
nos transforma en hijos (Rom 8, 15-16)
y nos congrega en la comunión de la
iglesia (1 Cor 12, 12-13). Esta fraternidad tiene como meta la comunión en la
unidad trinitaria (Jn 17, 21.23. 26). La
fraternidad cristiana es el lugar donde
Cristo se hace presente y donde se manifiesta, en forma imperfecta y limitada, pero como signo que puede atraer a
30 M. LEGIDO LOPEZ, Fraternidad en el mundo. Estudio de eclesiología paulina, (Salamanca, 1982)
p. 158.
- 50 -
Y EN LA VIDA CONSAGRADA
máximo al que hay que tender. Es el
bien supremo que nos ha legado Jesús.
A él hay que cantarle “en la concordia
y en la armonía del ágape”, escribía
Ignacio de Antioquía a la comunidad
de Efeso31. Testimonios semejantes
son el de Ireneo y el de Tertuliano. El
primero insiste en que la fraternidad es
lo que diferencia a los que se mantienen fieles a la fe de los que se apartan
de ella. Tertuliano, en su Apologeticum
defiende a los cristianos de las falsas
acusaciones que se les hacían. Insiste
en que sólo pueden ser acusados de vivir en la fraternidad y en el amor al grado de que los que los conocen dicen:
“Ved cómo se aman ... cómo están dispuestos a morir los unos por los
otros”32.
La conversión al evangelio de Jesús y la presencia y acción del Espíritu
producen como fruto inmediato, la
aparición de la fraternidad cristiana.
Esta, que es atestiguada en los escritos
neotestamentarios, continúa siendo tema de vida, discernimiento y reflexión
entre los creyentes. En el libro de los
Hechos de los Apóstoles aparece la comunidad modélica de Jerusalén un tanto idealizada. (Hch 2, 42-47; 4, 32-35).
La fraternidad cristiana origina una
forma de vida que tiene que expresarse
también en la comunicación de bienes.
Los Padres de la iglesia, partiendo del
ejemplo de los primeros cristianos y de
la consideración de los hermanos como
templos de Dios, invitan con acentos
proféticos a compartir los bienes materiales. Recuerdan que, antes que en los
templos de piedra, Cristo está presente
en el templo del hermano necesitado.
Otros testimonios de las comunidades antiguas van en la misma línea. En
ellos se ve la fraternidad como el ideal
Han sido los documentos sociales
de la iglesia los que, especialmente en
nuestro siglo, han vuelto a insistir en la
los demás, la comunión de amor que
existe en la Trinidad.
La fraternidad cristiana tiene, puestas de relieve en el amor de Cristo, la
gratuidad, la universalidad y la entrega
total. En el amor trinitario, la comunión y la reciprocidad. El amor de Jesús y el amor trinitario son, por tanto,
fuente y modelo; principio y término
de la fraternidad a la que los hombres
han sido llamados como parte fundamental del proyecto de Dios en la historia. El Padre, por el Espíritu, nos introduce en la comunión de su Hijo y
nos configura con ella (Ef 4, 4-6).
2. LA FRATERNIDAD
31 Ad Ephesios, 4, 1.
32 Apologeticum, 39, 7.
EN LA IGLESIA
- 51 fraternidad cristiana como signo e instrumento del reino de Dios, que ayuda
a que la natural solidaridad se revista
de las dimensiones específicamente
cristianas de gratuidad, perdón y reconciliación33. Y, en esta misma línea
hacen hincapié en la opción preferencial o amor por los pobres, como forma
especial de primacía en el ejercicio de
la caridad y de la fraternidad cristianas34.
Otro aspecto de capital importancia
en la consideración de la fraternidad
cristiana es que ella no puede vivirse
sólo al interior de la iglesia. Es necesario que se abra a todos los hombres,
incluso a los que no creen en Cristo. De
esto hablaban ya los padres de la iglesia. En nuestra época, a través de la lucha contra toda discriminación los cristianos han sentido que son hermanos
de todos; han ido madurando la convicción de que no puede ser invocado
Dios, Padre de todos, por quienes se
niegan a comportarse fraternalmente
con algunos hombres creados a imagen
de Dios.
3. LA
VIDA CONSAGRADA: VIDA EN
FRATERNIDAD
Esta experiencia de fraternidad se
fue condensando de manera particular
en la vida de los monjes. Desde Pa-
33 Cf Sollicitudo rei socialis, 40.
34 Cf id. 42.
comio, que marca el paso de anacoretismo al cenobitismo, hasta los más recientes institutos religiosos, un punto
clave ha sido siempre la vida en fraternidad. La espiritualidad del monaquismo se resumía en una fórmula: los
monjes viven la vida apostólica, es decir, la vida a semejanza de los apóstoles y de la primitiva comunidad de Jerusalén (cf Mc 3, 13-14; He 2, 42-47;
4, 32-35). Más todavía, Casiano ve en
el monacato la prolongación histórica
de esa comunidad.
Pacomio presenta una fuerte preocupación por una vida de comunión entre los monjes. Sufre por la falta de ella
en la sociedad de su tiempo. Invita a
llevar el peso de los hermanos y a solidarizarse con todos los hombres. La
fraternidad para él es una vida de amor
intenso y de servicio mutuo. En la tradición monástica la fraternidad encuentra en el abad a un “padre común”,
que coordina y organiza la vida de los
monjes de tal modo que los fuertes se
sientan estimulados a dar más y los débiles no se retraigan ni se desanimen.
La aparición de los frailes (fratres
= hermanos), en el s. XIII, revoluciona
el concepto de vida religiosa y lo
adapta a las nuevas circunstancias sociales. Una doble fraternidad impulsa
a los mendicantes: la interior al grupo,
- 52 que los hace demostrar que es posible
vivir los valores del evangelio en un
mundo burgués y materializado, y la
de proyección apostólica que los conduce a atender fraternalmente a los
cristianos en un período de abandono
pastoral.
Las reformas del s. XVI, al mismo
tiempo que insisten en una mayor austeridad y abnegación evangélicas, pretenden restablecer la igualdad fraterna,
renunciando a las diferencias sociales
que se habían introducido en los conventos. Como una expresión de esa fraternidad renuncian a los apellidos -que
traían consigo distinciones poco evangélicas- y, como en el caso de la reforma teresiana, se busca formar comunidades más pequeñas que permitan vivir
más fácilmente la comunión en una integración apoyada en la fe y en el amor
cristianos. Santa Teresa hablará de su
comunidad reformada como de un “pequeño colegio de Cristo” en el que todas se deben amar y ayudar.
Con el pasar del tiempo, la vida
fraterna se fue transformando con frecuencia en una vida de observancia organizada. Comenzó a predominar el
aspecto de colectividad sobre el comunitario-fraternal. Este pasó a un segundo plano. Se cayó con frecuencia en un
individualismo en el seno de un grupo,
generalmente bastante numeroso y estructurado piramidalmente.
4. REDESCUBRIMIENTO
DE LA VIDA
FRATERNA EN COMUNIDAD
A partir del Vaticano II se ha redescubierto la importancia básica de la
fraternidad en la vida religiosa. Esta se
presenta como una vivencia fraternal
del evangelio y se dice, con razón, que
allí radica su principal testimonio; que
esa es la forma de hacer presente la salvación de Jesucristo que posibilitó la
comunión fraterna entre los hombres.
La vida fraterna, aún vivida en la
imperfección, aparece como una expresión de la fuerza reconciliadora del
misterio pascual de Cristo, que actúa
en la pobreza del hombre egoísta. La
toma de conciencia del carácter relacional del hombre y del sentido comunitario de la historia de la salvación ha
hecho ver que la koinonía cristiana no
es una estructura externa sino una realidad interior. Esta experiencia y esta
reflexión sobre la fraternidad cristiana
vivida en la vida religiosa están impulsando a una apertura integradora hacia
el pueblo de Dios que, en las comunidades, busca una fraternidad mayor vivida en medio del mundo en solidaridad profunda con todos.
5. FRATERNIDAD
RELIGIOSA Y CO-
MUNIDADES CRISTIANAS
Las comunidades eclesiales de base y otros grupos cristianos tratan de
- 53 recuperar la dimensión fraterna de la
historia de la salvación, perdida en el
enfoque individualista de la fe. La fraternidad cristiana sale al encuentro de
las tres necesidades psicológicas fundamentales del ser humano, vistas
desde la perspectiva del evangelio. La
primera de estas necesidades es la de
amar y ser amado. En el agape, que
hunde sus raíces en Dios, encuentra un
camino para su realización. La segunda: producir, ser útil, tiene un campo en
la esperanza-cristiana que lucha por la
transformación de la sociedad y del
mundo. La última necesidad: comprender el sentido de la existencia, puede
encontrar su satisfacción en la fe que
lleva a ver y a juzgar, en grupo dialogante, la realidad en que se vive.
Las comunidades religiosas al insertarse, desde la vivencia de su propia
fraternidad, en la más amplia comunidad eclesial, reciben y dan aportes en
relación a la koinonía cristiana. Superan, por otra parte, el peligro de encerrarse en el marco estrecho de un pequeño grupo. Entran así en comunión
con una iglesia menos clerical. Se despojan de seguridades que provienen del
poder y del prestigio y, sobre todo, adquieren una nueva comprensión del
evangelio y de sus exigencias de fraternidad. Esto lleva a los religiosos a constituirse en comunidades más sencillas,
más fraternas e insertas en el pueblo.
La fraternidad de la vida religiosa
ya no depende de un solo tipo de vida
comunitaria monástico-conventual. Se
experimenta que es posible vivirla dentro de un pluralismo de modelos de comunión que asuman las características,
la cultura, los valores humanos y religiosos de los pueblos en los que se sitúan y viven los religiosos. Esto permite que la fraternidad que ellos se esfuerzan por vivir pueda convertirse en
un fermento de comunión.
6. FUNDAMENTOS
TEOLÓGICOS DE
LA FRATERNIDAD CRISTIANA
El fundamento trinitario. Desde la
perspectiva teológica hay que resaltar
la impronta trinitaria en la fraternidad
cristiana. Si el hombre es imagen de
Dios, lo es del Dios trino y eso supone
y exige la apertura hacia los demás. En
la persona humana esta dimensión relacional se da en tres direcciones: hacia
el Padre como origen y principio, hacia
los demás en una mutua sacramentalidad que revela y oculta el propio misterio radicado en el Verbo, en quien y por
quien fueron creadas todas cosas (Col
1, 13-20), y hacia dentro de sí mismo
en el misterio del Espíritu Santo 35.
La Trinidad muestra que la fraternidad no puede edificarse ni en la absolutización de las diferencias de las personas y de las comunidades de perso-
35 L. BOFF, La Trinidad, la sociedad y la liberación (Madrid, 1987) p. 184.
- 54 nas, ni tampoco en la de la comunión y
unidad que las destruya. En el misterio
del Dios trino se da una diferencia que
se armoniza con la igualdad. “Solamente respeta al Dios trinitario una comunidad una, única y unificadora, sin
dominio ni opresión dictatorial. Este es
el mundo en el que los seres humanos
lo tienen todo en común y lo comparte
todo, a excepción de sus características
personales”36.
Al Espíritu se le experimenta en la
aparición de la comunidad que se funda en lo que es el primer fruto de su
presencia: el amor (Gal 5, 22). El es
quien está cerca, con y en la comunidad (Jn 14, 16-17). En los carismas que
suscita y que sostienen y hacen madurar la fraternidad se le percibe como su
fuente y como su guía (1 Cor 12, 4-13).
8. LA
EXPERIENCIA DE
CRISTO,
HERMANO MAYOR PRESENTE EN LOS
7. LA EXPERIENCIA DEL PADRE Y
DEL ESPÍRITU EN LA FRATERNIDAD
HERMANOS
Además de la experiencia del Padre
y del Espíritu, la fraternidad cristiana
tiene, y en forma especial, la de Jesús.
Jesús es quien nos revela el rostro
Él es el hermano mayor (Rom 8, 29).
del Padre. A partir de esa revelación, en
Más todavía, Jesús está preel camino de la fraternidad
“El cristianismo es
sente en cada persona. Descristiana los creyentes
la única religión
de la perspectiva cristiana
experimentan su presencia
donde encontramos a
ésta es una realidad que se
paternal-maternal en el
Dios en los hombres,
acepta por la fe. Aquí radimisterio de la existencia
especialmente en los
ca un aspecto original de la
recibida como don gratuimás débiles”
misma. “El cristianismo es
to. Es así como, en la exis(S. Galilea)
la única religión donde entencia de cada persona hay
contramos a Dios en los hombres, especomo una epifanía del Padre. También
cialmente en los más débiles”37.
en la incomprensibilidad de los caminos por los cuales conduce la historia
de cada uno y de la comunidad humaCristo, Dios con nosotros y en nona. Esa experiencia de ser todos hijos
sotros. La revelación definitiva de Dios
de un Padre común exige la fraternidad
se da en Jesucristo. En él, Verbo encarque, a su vez, manifiesta la común finado, tenemos la máxima comunicaliación.
ción de Dios, lleno de misericordia y
CRISTIANA
36 J. MOLTMANN, La doctrina sociale della Trinità, en Sulla Trinità (Napoli, 1982) p. 36. Citado
por L. BOFF, o.c., p.187.
37 S. GALILEA, El seguimiento de Cristo (Guadalajara, 1979) p. 33.
- 55 fidelidad (Jn 1, 14). A través de la encarnación Dios asumió nuestra condición humana. Desde entonces, nuestro
encuentro con él se da en y a través de
la humanidad de Cristo. Él, que vivió
en un marco histórico-geográfico determinado, sigue presente en la historia
y en cada uno de los seres humanos
(Mt 20, 28; Jn 14, 23). Resucitado no
tiene ya esas limitaciones. Penetra toda
la realidad guiando desde dentro todo
el proceso de transformación del universo y del hombre: “todo fue creado
por él y para él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia” (Col 1, 16-1). Todo pertenece a Cristo resucitado, principio, centro
y fin de la historia. La persona humana,
creada a imagen y semejanza de Dios
(Gen 1, 26-27) está llamada también a
ser conforme con la imagen del Hijo
(Rom 8, 29). De allí que de modo especial, el hombre revele a Cristo. Las
“semillas del Verbo” de las que se habla en la tradición de la iglesia, no son
en el fondo otra cosa que esa presencia
suya viva y operante, que suscita el
bien, crea la comunión fraterna, sostiene el esfuerzo humano en la búsqueda
de 1a justicia, la paz, el amor. Cristo es
no sólo el Emmanuel, el Dios con nosotros. Es también el Dios en nosotros.
La fraternidad cristiana debe extenderse a todos porque en todos, de alguna
manera, se hace presente Jesús, el her38 GS 22.
mano mayor. Gracias a la encarnación y
a la resurrección, toda persona humana
se ha transformado, en cierto modo, en
un sacramento de Cristo, que lo revela y
lo oculta en mayor o menor grado.
El NT nos habla, en primer lugar
de Cristo que se identifica con los
apóstoles, a quienes envía a anunciar el
evangelio (Mt 10, 40; Jn 13, 20). Está
también presente en los creyentes, unidos a él como los sarmientos a la vida
para participar de su savia vital y poder
dar frutos (Jn 15, 5-7). Ellos se convierten en morada de Cristo y del Padre
(Jn 14, 23) y participan de la vida trinitaria (Jn 17, 23). Jesús se identifica
también con los miembros de la iglesia
como comunidad (Hch 9, 5).
La presencia del Señor no se limita
a los que creen en él. Está presente en
cada persona humana. Allí lo debemos
descubrir siempre, de tal modo que lo
que hagamos o dejemos de hacer a los
demás, lo hacemos o dejamos de hacer
a él (Mt 25, 31-46). El Vaticano II puso
de relieve que por su encarnación, el
Hijo de Dios “se ha unido en cierto
modo a todo hombre”38. En los nocristianos y en los no-creyentes está
con una presencia escondida, guiando
sus caminos en la historia. La presencia de Cristo resucitado se revela en toda persona que trabaja por un mundo
más justo y más humano aún sin hacer
- 56 una referencia explícita a él. De modo
especial, sin embargo, esa presencia se
da y se manifiesta en los cristianos que,
fraternalmente reunidos en el nombre
de Jesús lo aceptan conscientemente,
asumen sus exigencias, tratan de seguirlo, de colaborar con él en la realización del reino de Dios (Mt 18, 20).
Cristo, cercano a nosotros, presente en todo hombre, “ha querido identificarse con ternura especial con los
más débiles y pobres”39. En ellos hay
una presencia privilegiada del Señor
que invita a una fraternidad más cercana y comprometida. Esta identificación
particular de Cristo con los pobres,
convierten la experiencia del pobre en
una experiencia de Dios, fuertemente
interpeladora. En esos hermanos la
imagen de Dios se halla escarnecida y
ensombrecida40, y aparecen los rasgos
sufrientes de Cristo el hermano mayor,
que nos cuestiona e interpela41. Por eso
la fraternidad cristiana tiene como medida privilegiada, no excluyente, el servicio a los pobres42.
por ellos para crear la fraternidad. Cristo irradia su plenitud sobre la humanidad a través de los carismas que distribuye. Pablo, hablando de los carismas
en la iglesia -doctrina que puede, en
cierta medida, aplicarse a toda la humanidad-, insiste en la diversidad y
unidad de los mismos. Los concibe como dones que Dios comunica gratuitamente para servicio de los demás
(1 Cor 12, 4-6).
Existe entre los carismas una estructura armónica porque ellos son, en
el fondo, expresión y manifestación de
Dios, que los da para construir la fraternidad. En los carismas diferentes,
Cristo se diversifica y multiplica para
salir al encuentro de las necesidades de
todos. En las cualidades y dones de los
demás tenemos una invitación a descubrir al Señor Jesús que sigue presente
en cada persona para hacerla signo e
instrumento de su amor que une en la
solidaridad fraterna.
10. DE LA IMPERFECCIÓN A LA PLENITUD DE LA FRATERNIDAD CRISTIANA
9. PRESENCIA QUE ACTÚA A TRAVÉS
DE CARISMAS DIFERENTES
La presencia del Señor en los hermanos es dinámica. El actúa en ellos y
39 Documento de Puebla, 196.
40 Cf ib. 1142.
41 Cf ib. 31-39.
42 Cf ib. 1145.
La fraternidad cristiana, como toda
realidad humana, tiene una dimensión
escatológica. Existe en ella un “ya” pero también un “todavía no”. Ya somos
- 57 hijos de Dios, pero todavía no se manifiesta lo que hemos de ser (1 Jn 3, 2).
La convicción de una comunicación de
los creyentes que trasciende los horizontes de este mundo está presente
desde los inicios del cristianismo. La
iglesia peregrinante tiene una índole
escatológica y está unida a la iglesia
celestial. En la transformación del universo “permanecerán la caridad y sus
obras” y el bien de la unión fraterna
junto con otros, los volveremos a encontrar, después de haberlos fomentado y vivido en la tierra, “libre de toda
mancha, iluminados y transfigurados,
cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal”43 y Dios sea
todo para todos (1 Cor 15, 28).
11. EL APORTE
DE LA VIDA CONSA-
GRADA A LA FRATERNIDAD CRISTIANA
La vida religiosa pertenece al ser y
a la santidad de la iglesia, fraternidad
de los discípulos de Jesús. Su misión
carismática consiste en ser “un símbolo que puede y debe atraer eficazmente
a todos los miembros de la iglesia a
cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana”44 que se resumen en el amor que irrumpe y crea la
nueva comunidad de hermanos.
El Vaticano II puso de relieve la línea testimonial de la vida religiosa
cuando le recordó su papel de simbolizar, manifestar, prefigurar, representar
y proclamar los valores del reino. “Para significar la vida religiosa debe
adoptar un lenguaje inteligible para las
diversas culturas, épocas y situaciones
en las que vive. El ser de los religiosos
se manifiesta o traduce en la praxis. En
ella se juega la significatividad de la
vida religiosa y, por tanto, su esencia y
servicio a una iglesia toda ella evangelizadora”45.
A lo largo de la historia, en medio
de muchas limitaciones e imperfecciones, la vida religiosa ha testimoniado
de modo especial la dimensión fraterna
y comunitaria de la historia de la salvación. Hoy, en las circunstancias nuevas
y ante los desafíos que presentan, la
vida religiosa está llamada a hacer lo
mismo desde dos vertientes: la del hecho de estar constituida por comunidades humanas y cristianas y la de su
consagración expresada en los votos
con su dimensión comunitaria.
La deshumanización de las estructuras e instituciones sociales, la privatización de la vida y las crisis de la familia son fuertemente destructoras de las
43 GS 39.
44 LG 44.
45 CLAR-CONFER, Signos proféticos del Reino. La vida religiosa de cara a una nueva evangelización (1987) n.6.
- 58 relaciones fraternas. Una vida fraterna
renovada en las comunidades religiosas, en medio de sus limitaciones, puede testimoniar que lo más importante
es el ser y no el tener; que hay que dar
primacía a la persona sobre la estructura y que hay que compartir las responsabilidades en la igualdad básica de los
seres humanos. En el esfuerzo por
cumplir las exigencias del amor cristiano en la entrega generosa a los demás
en un mundo de egoísmo, odios y divisiones, los religiosos podrán testimoniar la acción del Señor que convoca a
la comunidad fraterna.
La vida religiosa en fraternidad para ser signo e instrumento de comunión
debe estar abierta al medio en el que
vive y a las personas que la rodean. Sólo así su presencia sencilla y fraternal
se hará inteligible y cuestionadora en la
acogida y el compromiso. Además, una
ubicación en lugares pobres y en zonas
marginadas hará más clara y significativa su fraternidad abierta y universal.
“Las comunidades de vida consagrada son enviadas a anunciar con el
testimonio de la propia vida el valor de
la fraternidad cristiana y la fuerza
transformadora de la buena nueva…
Particularmente los Institutos internacionales… tienen el cometido de dar
testimonio y de mantener siempre vivo
46 VC 51.
el sentido de la comunión entre los
pueblos, las razas y las culturas… Situadas en las diversas sociedades de
nuestro mundo… las comunidades de
vida consagrada, en las cuales conviven como hermanos y hermanas personas de diferentes edades, lenguas y cultura, se presentan como signo de un
diálogo siempre posible y de una comunión capaz de poner en armonía las
diversidades”46.
12. EL APORTE DE LOS VOTOS EN SU
DIMENSIÓN FRATERNA
Además de la vida comunitaria, los
votos, con las implicaciones que tienen
en la vida de fraternidad, pueden ser un
testimonio profético evangelizador de
esa vida.
a) El voto de pobreza, entre otras
cosas, lleva a compartir los bienes en la
comunidad mostrando que una persona
vale no por lo que tiene sino por lo que
es. Demuestra así, igualmente, que la
función de las cosas materiales es la de
ser lugar de encuentro con Dios y los
hermanos. A través de este tipo de pobreza religiosa se aprende la apertura a
Dios y a los demás; se expresa el valor
social de los bienes y se percibe la exigencia de trabajar para crear una sociedad justa y humana para todos. Al mismo tiempo, una comunidad religiosa,
- 59 que pone lo que es y lo que tiene al servicio de los más pobres y necesitados
trabajando por su promoción, denuncia
evangélicamente el uso de los bienes
para prestigio y poder en la sociedad.
Esto va contra el plan de Dios que otorga los bienes para utilidad de todos en
un fraterno compartir.
b) La castidad consagrada al servicio del reino permite la creación de la
comunidad como familia reunida en el
nombre del Señor. Esa unión manifiesta su presencia. Por la vivencia comunitaria de la castidad los individuos
universalizan su dimensión social y
afectiva. Si bien la castidad consagrada
expresa la comunión con Dios, ésta no
puede separarse de la comunión fraterna en la comunidad. Ella, a su vez, se
abre a relaciones más amplias que permiten ir extendiendo la fraternidad
que, edificada en un amor generoso,
denuncia el amor egoísta que sólo busca el placer y la utilización de la persona. La comunidad religiosa está llamada a ser, por la castidad consagrada que
la hace surgir, un testimonio de la
alianza de Dios con su pueblo. Alianza
que libera para el servicio y la fraternidad y que universaliza el amor al próji-
mo. Un amor que va más allá de los
vínculos de la carne y de la sangre.
c) La obediencia religiosa, vivida
en su dimensión de búsqueda comunitaria y fraternal de la voluntad de Dios
junto con quienes tienen el servicio de
la autoridad, puede y debe aparecer como el camino para resolver evangélicamente el problema que surge entre una
libertad individualista, que no tiene en
cuenta a los hermanos y una autoridad
totalitaria, que oprime en las relaciones
humanas. Buscando en la oración y el
diálogo fraterno los caminos del Padre,
la comunidad denuncia ese tipo de libertad y autoridad. Testimonia que la
auténtica libertad debe tener en cuenta
el bien de los otros y que el sentido de la
autoridad es el de un servicio fraterno.
En el empeño por la vida fraterna
hacemos la experiencia del Dios trinitario. La Trinidad, como alguien ha dicho, es la mejor comunidad. En ella se
vive la unidad en la diversidad. A través
de la vida fraterna en comunidad los
consagrados/as responden a los anhelos
de comunión en un mundo de odio y de
divisiones y muestran que es posible el
diálogo y la aceptación mutuos.
- 60 Para la reflexión personal y comunitaria
1. A la luz de las reflexiones presentadas, ¿cómo nos encontramos en nuestra vida comunitaria a nivel de conventos y de provincia?
2. ¿Qué medios nos podrían ayudar a crecer en la vida fraterna en ambos
niveles?
3. ¿Cuál debería ser mi compromiso para crear fraternidad y testimoniarla en el mundo de hoy?