Diciembre 2008 / enero 2009 - Primera Revista Latinoamericana de

nÚMERO 7
dic2008/ene2009
WWW.revistaprl.COM
PRL
$5.00 EE.UU.
Primera Revista Latinoamericana de Libros
José del Valle sobre la
Enciclopedia del español
en los EE.UU.
Francisco Marcos Marín sobre
El nacionalismo lingüístico,
una ideología destructiva
Ricardo Salvatore:
el populismo rentista
ataca de nuevo
Francisco Colom: la asunción
de lo español en México
independiente
Vania Markarian: la década
larga de los sesenta
Francesca Denegri:
el Booker 2008
José Manuel Prieto:
Decir casi lo mismo
www. revistaprl.com
PRL
dic2008/ene2009
Contenido
3
Ricardo D. Salvatore
La estatización de los fondos de jubilación privados en Argentina
7
José del Valle
Enciclopedia del español en los Estados Unidos, de Humberto López Morales, coord.; Varieties of
Spanish in the United States, de John Lipski
9
Francisco Marcos Marín
El nacionalismo lingüístico. Una ideología destructiva, de Juan Carlos Moreno Cabrera
12
Francisco Colom González
España en el debate público mexicano (1836-1867). Aportaciones para una historia de la nación, de
Tomás Pérez Vejo
14
Vania Markarian
A Turbulent Decade Remembered: Scenes from the Latin American Sixties, de Diana Sorensen; In from the
Cold: Latin America’s New Encounter with the Cold War, de Gilbert M. Joseph y Daniela Spenser, eds.
18
Juan Marchena Fernández
The Discovery of Mankind. Atlantic Encounters in the Age of Columbus, de David Abulafia
19
Julián Corvaglia
Patria. Una española en la KGB, de Javier Juárez
22
Soledad Falabella
In the Name of Love, de Aaron Ben-Ze’ev y Ruhama Goussinsky
24
Sergio Missana
MindReal: How the Mind Creates its Own Virtual Reality, de Robert Ornstein y Ted Dewan
25
Francesca Denegri The White Tiger, de Aravind Adiga
27
José Manuel Prieto
Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción, de Umberto Eco
31
Pablo de Santis
Comentario
Autores
Vania Markarian es autora de Idos y recién llegados: la izquierda uruguaya
Francisco Colom González es investigador científico en el Instituto de
Sergio Missana es autor de La máquina de pensar de Borges y El día de los
en el exilio y las redes transnacionales de derechos humanos. Escribe desde Montevideo.
Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid.
muertos. Enseña en el programa de la Universidad de Stanford en Santiago
de Chile.
Julian Corvaglia es sociólogo. Escribe desde Buenos Aires.
José Manuel Prieto ha traducido del ruso a Anna Ajmátova, Iosif Brods-
Francesca Denegri escribe desde Delhi.
ky y Vladimir Maikovksi. Su última novela es Rex.
Soledad Falabella es directora de Eseo – Escritura para liderar. Escribe
desde Santiago de Chile.
Ricardo D. Salvatore es profesor de Historia de la Universidad Torcuato
Di Tella en Buenos Aires. Es autor de Imágenes de un imperio. Estados Unidos y
las formas de representación de América Latina.
Juan Marchena Fernández enseña Historia de América en la Universi-
Pablo de Santis es novelista. Escribe desde Buenos Aires. Sus últimas no-
dad Pablo de Olavide, en Sevilla.
Francisco Marcos Marín es autor de Los retos del español. Enseña en University of Texas en San Antonio.
velas son El buscador de finales y El enigma de París.
José del Valle enseña en el programa de Ph.D. en Literatura y Lenguas Hispana y Luso-Brasileña en el Graduate Center de City University of New York.
Editor: Fernando Gubbins. Managing Editor: Arturo Conde. Asistentes de Edición: Ingrid Macías, Gina Díaz. Editor Gráfico: Augusto Nieves. Editores asociados: Carlos
Aguirre, Luisa Angrisani. Practicante: Dahian Herrmann. Webmaster: Emil Díaz. Foto portada: Reuters.
PRL - Primera Revista Latinoamericana de Libros. Diciembre 2008, Enero 2009, número 7. Una publicación bimestral de Mido Editores Inc. 476 Central Park West, Ste.
4A, New York, NY 10025. 1(212) 864 4280. [email protected]
dic2008/ene2009
www. revistaprl.com
PRL El populismo rentista
ataca de nuevo
Ricardo D. Salvatore
reuters
E
l 21 de octubre último la presidente de Argentina, Cristina
Fernández de Kirchner, anunció la estatización de los fondos
privados de pensión. Esta medida pondría
fin al sistema de capitalización individual
creado por ley en 1994 como mecanismo
alternativo y opcional al de la jubilación
estatal basado en el sistema de reparto. El
proyecto de ley fue redactado por el matrimonio Kirchner (Cristina y Néstor) junto
al secretario legal y técnico del gobierno
Carlos Zanini en una reunión a puertas
cerradas en la residencia de Olivos, sin
consulta a ninguno de sus ministros,
otros referentes del partido peronista ni
mucho menos a los directores de las AFJP.
El proyecto gubernamental proponía la
fusión de los regímenes mixto y de reparto
(mal llamados “privado” y “estatal”) en un
único sistema estatal. Esto suponía el traspaso de los fondos depositados en las diez
administradoras de fondos jubilatorios
(AFJPs) a la Administración Nacional de
la Seguridad Social (ANSES). De esta manera, se pedía al Congreso que legitimara
la expropiación de los ahorros provisionales de casi cuatro millones de argentinos.
Solo unos pocos meses antes, entre junio
y diciembre de 2007, el mismo gobierno
había ofrecido a los afiliados la opción de
pasarse al sistema estatal o quedarse en el
sistema de capitalización. Es decir, además de constituir un avasallamiento de
derechos constitucionales, el proyecto de
estatización desconocía la elección ya realizada por millones de argentinos.
La razón oficial de tal medida fue “proteger” los ahorros de los futuros jubilados
del régimen de capitalización (invertidos
en bonos y acciones) de la caída libre a que
estaban sometidos como resultado de la
crisis financiera internacional. Este era
claramente un argumento liviano: intentar una reforma estructural para resolver
un problema de coyuntura. También era
un argumento falaz. Como resulta obvio,
los bonos y acciones continuarían devaluándose aun después de que el Estado
tomara posesión de ellos. Es más, al estatizar parte de su propia emisión de bonos,
el Estado estaba ejerciendo una opción de
no pagar o de re-financiar perpetuamente esta deuda. Quedaba claro que la parte
de los fondos invertidos en títulos del Estado argentino era un capital que se evaporaría. Otra de las razones aludidas fue
la baja rentabilidad del sistema de capitalización y la generación de jubilaciones
que resultaban inferiores a la mínima.
Trabajadora de AFJPs en protesta frente a la Casa Rosada.
Con lo que –decía el gobierno– el Estado
tenía que “subsidiar” al sistema de AFJP
pagando compensaciones hasta cubrir la
jubilación mínima. Nada de esto es cierto.
La rentabilidad de los fondos de las AFJP
fue bastante razonable (14 % anual) hasta
que a partir de 2001 las presiones del propio gobierno hicieron que estas empresas
invirtieran más del 50 % –límite impuesto
por ley– hasta llegar a más del 70% de sus
tenencias en bonos del gobierno. Luego
del default de 2001 las AFJP debieran aceptar “voluntariamente” canjear (a partir de
enero de 2005) estos bonos a un tercio de
su valor nominal. Esto significó un fuerte
golpe para los aportantes, un golpe propinado por el propio gobierno argentino en
su intento de reducir su deuda.
Así, la baja rentabilidad de los fondos
de pensiones estuvo directamente asociada a las acciones del gobierno. Influyeron
aquí tanto las acciones del gobierno de
De la Rua con su política de mantener el
tipo de cambio a costa de creciente endeudamiento externo –lo que forzó a una
situación límite en que solo quedaron las
AFJP como prestamistas obligadas del gobierno– como las acciones del gobierno de
N. Kirchner con su re-estructuración de la
deuda pública, que obligó a los tenedores
de deuda argentina a aceptar bonos por
un tercio del valor de la deuda anterior.
En ninguna de estas transacciones los
ahorristas previsionales pudieron ejercer
ninguna acción para defenderse de estas
expropiaciones. Más recientemente, cuando la suba del precio de las “commodities”
alentaron una recuperación del crédito
interno y comenzaron a revalorizar los
títulos públicos, el propio gobierno se encargó de crear desconfianza en su valor futuro. Al manipular los índices estadísticos
sobre los que se calculan los rendimientos
de estos títulos, el gobierno contribuyó a
la caída de su valor de mercado, aun antes
de que comenzara la crisis de las hipotecas “sub-prime”. Achatando la tasa de inflación se lograba pagar mucho menos en
intereses y amortización, a costa de una
pérdida grande de la confianza.
Tampoco es cierto que el Estado estuviese subsidiando a las administradoras
privadas de fondos. En realidad, el Estado
recibe la totalidad de las contribuciones
patronales para jubilaciones y de ello, por
ley, se destinaba una parte para pagar la
“prestación básica universal” a los jubilados del régimen de capitalización. En todo
caso, eran los contribuyentes del sistema
de capitalización los que estaban subsidiando al sistema estatal de reparto. Una
vez más, la mentira oficial sirvió como acicate para crear algún consenso en la población acerca de la razonabilidad y conveniencia de la medida. Muchos, es cierto,
nunca confiaron sus ahorros jubilatorios a
las AFJP. Pero no lo hicieron por razones
ligadas a la falta de confianza en el sistema jurídico argentino. Los contratos en
general no son respetados. ¿Por qué esperar que una empresa los respete treinta
años en el futuro? Esta desconfianza sana,
sin embargo, sirvió para tornar aceptable
el “regreso” al sistema único estatal. La
“privatización de las jubilaciones”, declaró
el gobierno, fue un experimento fracasado. Lo que no se dijo aquel 21 de octubre
fue que la reforma provisional de 1994
se había sustentado en una similar sana
desconfianza: la creencia de la gente de
que los políticos malgastaban los fondos
públicos y que solo un sistema de capita-
www. revistaprl.com
PRL
lización privado, donde cada uno vigilase
su ahorro previsional, podría poner las
futuras jubilaciones a salvo de las depredaciones estatales.
E
l verdadero propósito de la medida, como fue inmediatamente
interpretado por la oposición,
fue apropiarse, sin compensación alguna, de los entonces alrededor de
97 mil millones de pesos (cerca de 30 mil
millones de dólares) en poder de las AFJP.
Este dinero serviría para afrontar los servicios de la deuda pública nacional durante 2009. Entre marzo y septiembre del
corriente año, el gobierno había llevado
adelante un duro enfrentamiento con los
productores agropecuarios para aumentar las retenciones a las exportaciones de
soja, trigo y maíz. Al fracasar en su intento de recaudar más, el gobierno se vio sin
fondos suficientes para afrontar la deuda y
evitar un nuevo default. Procedió entonces
a expropiar los ahorros provisionales. Estos fondos habían sido considerados como
una presa valiosa por el gobierno, como un
capital que debía ponerse al servicio, no de
las grandes empresas que participaban en
la bolsa de valores, sino de un conjunto
mayor de empresas medianas y pequeñas
que, junto al Estado, debían construir el
anhelado “capitalismo nacional”. Durante la administración de Néstor Kirchner,
el Estado trató de hacer que las AFJP utilizaran sus fondos en préstamos al sector
productivo, algo que las empresas tenían
restringido por ley; debían invertir solo
en activos financieros con calificación
adecuada según normas internacionales.
La resistencia de las AFJP a salirse de las
prescripciones legales para financiar emprendimientos de más riesgo, creó encono
entre los peronistas K.
Por ello, la declaración del 21 de octubre
pasado de la estatización de los fondos de
las AFJP sonó como una venganza o, si
se quiere, como una reparación moral. A
partir de la estatización, su esposa Cristina Fernández de Kirchner, gozaría de un
fondo de casi 100 mil millones de pesos
para financiar obra pública y emprendimientos turísticos e industriales, repartir
subsidios a las provincias y cubrir déficits
presupuestarios que ya se preveían como
inevitables. De esta forma, los ahorros previsionales de cuatro millones de argentinos serían prestados a tasas subsidiadas
a empresas nacionales, gobiernos provinciales y a la propia coalición política que
había sostenido la candidatura de los Kirchner. La acumulación Kirchenista tiene
como visión una re-industrialización de
la Argentina en base a crédito subsidiado.
En la base, esta visión se asienta sobre la
dogmática de la auto-reproducción política. Para llevar adelante su proyecto de
gobierno, para seguir gobernando, es necesario “tener caja”. Las obras públicas, las
escuelas, las industrias pueden esperar.
Lo que es urgente para hacer posible todo
esto es poder distribuir beneficios y favores que aseguren las elecciones.
En el contexto de una crisis financiera
internacional sin precedentes que tornó
prohibitivo el recurrir a los mercados de
capitales para reprogramar la deuda, el
gobierno decidió expropiar los ahorros
provisionales privados. Fue una medida
audaz –y seguramente poco meditada–
que tomó a todos por sorpresa. De pronto, el gobierno se veía nuevamente en la
ofensiva, no solo formando su “colchón”
de capitales para enfrentar la crisis internacional, sino también liderando una “reparación histórica”: poner fin a una de las
“privatizaciones” de la política neo-liberal
y restablecer el viejo sistema de jubilaciones único, supuestamente más solidario y
menos individualista. El matrimonio Kirchner encontró en este proyecto un filón
ideológico muy valioso. El debate daría
ocasión al Peronismo K para atacar a las
privatizaciones de los 90, para acusar a
las AFJP de poner los ahorros de la gente
a merced de la “timba” financiera, y para
recuperar el rol “indelegable” del Estado
en la seguridad social, algo que provenía
de la doctrina política de Juan D. Perón.
El único problema –tal vez el secreto mejor guardado– es que la ley de jubilación
a la que se retornaba era una similar a la
18.037, una ley sancionada en 1968 por un
gobierno militar. Perón en su momento
había fracasado en su intento de crear un
sistema unificado de jubilaciones y pensiones por la oposición de los gremios.
No deje que sus amigos
no conozcan PRL.
Regale PRL en estas fiestas.
Versión impresa + PRLONLINE
a solo US$29.00.
Todavía está a tiempo.
Impedir un posible default en un año
electoral (2009) parece una estrategia entendible desde el punto de vista del futuro
político del matrimonio Kirchner. Pero
los costos de esta estatización superan
ampliamente a los beneficios esperados.
En primer lugar, se expropian fondos de
cuatro millones de contribuyentes individuales, sin dar a cambio más que una vaga
promesa de que estas personas cobrarán
en el sistema estatal jubilaciones iguales
o superiores a las que cobrarían en el sistema “privado”. Esta afirmación es meramente declarativa, pues el contribuyente
no tendrá forma de estimar cual hubiese
sido su monto total capitalizado, por la
sencilla razón de que las AFJP desaparecen y sus cuentas individuales se desvanecen. Con la información actual sobre el
régimen de reparto, sin embargo, podemos predecir que las jubilaciones estatales
serán magras. Los expropiados aportantes
a las AFJP tendrán derecho a una jubilación estatal en muchos casos cercana a la
mínima que es de 690 pesos mensuales,
el equivalente de 210 dólares (US$ 1 = $
3.3). Este valor, sirve recordar, es inferior
al nivel de pobreza en Argentina. Es más,
está por debajo de la línea de indigencia.
Es decir, lo que promueve el gobierno de
Cristina de Kirchner es que todos los argentinos aportemos solidariamente a un
sistema que promete darnos una jubilación que no alcanzará para adquirir lo
esencial para la vida.
¿Qué se ganará a futuro con la apropiación presente de los ahorros previsionales
de una parte importante de la población?
Supuestamente, esos fondos, utilizados
por el Estado para obras públicas, programas de viviendas, préstamos a la industria y el turismo, y apoyo a las pequeñas
y medianas empresas, servirán para transformar a la Argentina en un país de gran
crecimiento, pleno empleo y altos salarios,
donde los futuros aportes servirán para
financiar jubilaciones decentes. Dada la
experiencia de los últimos cincuenta años,
esta Argentina ideal resulta poco creíble.
Invertir a tasa de interés negativa, subsidiada por otro sector de la sociedad, parece una panacea. Pero no lo es. Los ahorristas han convivido por años con tasas de
interés reales negativas. Esto, lo sabemos,
no se tradujo en mayor industrialización,
mejores servicios sociales, ni en una sociedad más igualitaria. Muy por el contrario.
El oficialismo sostiene que esta administración hizo mucho por aumentar los ingresos de los jubilados. Es cierto. Pero aún
la jubilación media está cerca de la línea
de pobreza. No es algo para enorgullecerse. Y el sistema jubilatorio unificado, ahora como debe sostener a un mayor número
de beneficiarios será probablemente tan
deficitario como lo era antes de la reforma de 1994. Es difícil de decir. Lo que la
gente sabe es que sus mayores cobran jubilaciones muy pobres, que los que exigen
movilidad de sus haberes deben caminar
los juzgados por años y que el gobierno de
los Kirchner ha achatado las jubilaciones
hasta hacer casi desaparecer las diferencias por jerarquía, especialización y nivel
educativo. La igualdad social que nos au-
dic2008/ene2009
gura el Peronismo K es una igualdad hacia
abajo, donde la mayor parte de la población vive cerca de la línea de la pobreza: algunos por debajo de ella, otros unas líneas
más arriba. Los que escogieron el sistema
de capitalización esperaban recibir una
jubilación proporcional a sus ingresos
los que en un mercado de trabajo más o
menos transparente son proporcionales a
las destrezas, educación y experiencia que
cada cual lleva al mercado de trabajo. Esto
ya no será así.
¿Qué efectos tendrá esta medida? Como
es de esperar, miles de contribuyentes demandarán en la justicia la devolución de
estos ahorros, argumentando, con razón,
que esta medida es una confiscación o expropiación prohibida por la Constitución
nacional. (La Constitución argentina establece en su artículo 17 que el gobierno no
puede expropiar propiedad de los individuos sin previa declaración de “utilidad
pública” por el Congreso). En segundo lugar, esta confiscación importa un golpe a
la confianza de los ahorristas e inversores.
Décadas de inflación de dos dígitos hicieron al argentino adverso al ahorro y desconfiado de los bancos –más que ahorrar,
atesoraba dólares en el colchón. El “corralito” de fines de 2001 confirmó esta desconfianza. Es por ello que en la misma semana en que se declaró la estatización de
las AFJP, se produjo una brusca caída de
depósitos en los bancos, se dio una drástica baja de las cotizaciones de los títulos
públicos y comenzó a acelerarse la fuga de
divisas hacia el exterior o, al menos, hacia
fuera del sistema financiero. Temerosos de
que el gobierno “vaya por más” expropiando depósitos a plazo fijo o cajas de ahorro,
los argentinos comenzaron a sacar sus
depósitos de los bancos, comprar dólares
y llevarlos a sus casas. Como resultado, la
tasa de interés para préstamos se elevó rápidamente y esto contribuyó a la caída de
la producción y el empleo en ramas claves
de actividad, como la industria automotriz y la construcción.
La desconfianza se trasladó a la economía real desacelerando el crecimiento
económico. Las empresas automotrices
comenzaron con suspensiones de trabajadores, para luego parar líneas enteras de
producción o eliminar un turno de trabajo. En esta industria clave por sus efectos
multiplicadores, el desempleo comienza
ya a ser una preocupación del gobierno.
El fantasma del desempleo, ya importante
por la caída del comercio internacional,
vuelve a complicar el escenario político en
el Peronismo argentino. Esta vez acentuado por los propios errores del gobierno. Siguiendo la cautela de las plantas automotrices, comenzaron a suspender personal y
a enviar telegramas de despido empresas
en las ramas de la industria de la carne
(frigoríficos) y de servicios financieros.
El gobierno se hizo de los recursos que el
mercado del crédito le negaba, pero a un
costo enorme para la economía real.
Dos sorpresas esperaban a los que diseñaron esta política. Una de ellas fue la
expansión del Estado-empresario, lo que
trajo más de una rispidez con gobiernos
aliados en Europa y Sud-América. El go-
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
bierno se dio cuenta de que al quedarse
con los fondos de las AFJP también estaba
expropiando participaciones accionarias
en el capital de cuarenta empresas líderes.
Súbitamente, y tal vez sin haberlo previsto,
el gobierno se quedó con participaciones
en empresas de transmisión eléctrica, explotación de gas, supermercados, operadores financieros e inmobiliarios, etc. Este
efecto indeseado significaba una concentración de poder decisorio en manos del
Estado que alarmó a los directorios de estas
empresas. España respondió airadamente
a esta expropiación, preguntando qué haría el Estado argentino con sus acciones en
estos sectores clave de la economía. Si la
estatización de Aerolíneas Argentinas había ya causado graves tensiones dentro del
partido gobernante, la nueva avanzada del
Estado no parecía oportuna ni necesaria.
El aumento del poder del Estado a costa de
la empresa privada debió poner contentos
a los “peronistas históricos” que son estatistas por predisposición, pero no daban
confianza a las promesas electorales de
Cristina de Kirchner acerca de dotar a la
democracia argentina de mayor estabilidad institucional y transparencia.
La segunda sorpresa consistió en darse
cuenta de que las odiadas AFJP habían
estado invirtiendo en “fideicomisos financieros” que servían para financiar el crédito al consumidor a tasas subsidiadas. Curiosamente, los fondos de las AFJP habían
ayudado a que las tarjetas de crédito rebajaran sus intereses y que los consumidores
de electrodomésticos pagaran sus compras
casi sin costo financiero. Las ofertas de
créditos de hasta 12 y 15 meses sin interés,
hechas por las grandes tiendas de electrodomésticos, ya no podrían sostenerse si no
estaban las AFJP para garantizar el flujo
de nuevos fondos para este destino. Ahora este dinero se quedaría quieto en los
bancos hasta que el congreso decidiera el
destino del proyecto de ley. Sin saberlo, el
gobierno nacional y popular había contribuido a restringir el crédito al consumo,
un elemento clave del crecimiento económico del periodo 2003-2007.
El proyecto fue discutido durante un día
en la Cámara de Diputados (donde el oficialismo goza de una sustancial mayoría) y
aprobado con algunos retoques esa misma
noche, por una sorprendente mayoría (160
votos a favor, solo 75 votos en contra y 2
abstenciones). La oposición (la Coalición
Cívica y el Radicalismo), que había denunciado este acto de gobierno como un
“saqueo” a los ahorristas privados y como
un ataque a la seguridad jurídica, votó en
contra. Pero no pudo persuadir a ningún
diputado Kirchenista de abandonar su
lealtad a la pareja presidencial y ponerse
en el lugar de los saqueados. Socialistas y
diputados del ARI acompañaron al gobierno, cegados por convicciones ideológicas
(“el Estado es la única garantía de la segu-
PRL ridad social”) y por una retórica gubernamental que presentaba la medida como
un “salvataje” del sistema de jubilación
de los altibajos del mercado financiero.
A diferencia del reciente conflicto entre
el gobierno y el campo, donde la retórica
ideológica gubernamental fue desnudada y desmentida por dirigentes tesoneros
y de habla directa que tuvieron el coraje
de llamar a la mentira por su nombre, los
diputados progresistas esta vez se dejaron
llevar por frases resonantes (“reconstruir
la solidaridad social”, “devolver el rol del
Estado en la economía”) y aprobaron a pies
juntillas el proyecto oficial.
La sociedad civil apenas si reaccionó al
saqueo. Hubo uno que otro “cacerolazo”
en los barrios más ricos y tradicionales
de la Capital, pero con tan pocos concurrentes que sólo sirvieron para confirmar
al gobierno de su intuición de que la opinión pública estaba confundida y dividida
en este asunto y que, por tanto, no habría
una coalición de protesta similar a la organizada por las entidades que representaban al campo. En los días subsiguientes
hubo marchas frente al Congreso, que sin
el suficiente apoyo de los medios, pasaron
inadvertidas. Los dirigentes agropecuarios mostraron su preocupación, pero no
estuvieron listos para organizar una reacción como aquella que suscitó la elevación
a las retenciones de granos. En los blogs y
grupos de discusión de Internet podía ver-
se no solo que la opinión estaba dividida,
sino que a los jóvenes poco les importaba
la cuestión jubilatoria y aquellos que intervenían en el debate, poco entendían de lo
que se estaba tratando. Poco respetuosos
de los derechos de propiedad o de la seguridad jurídica, los dirigentes progresistas
(nacionalistas y de izquierda) cayeron en
la trampa del gobierno. Interpretaron la
medida como una reconquista por parte
del “pueblo” y de la “nación” de un bien
privatizado por los neo-liberales.
La estatización de los fondos previsionales privados desnuda una de las características definitorias de la administración
Kirchner: su naturaleza rentística. Néstor
Kirchner descubrió en su anterior gestión que un presidencialismo con poder
hegemónico podía construirse y mantenerse solo con una gran centralización
de recursos (en el Estado central y en el
partido peronista). Estos fondos (“la caja”)
servirían para comprar voluntades y ganar
opiniones favorables sobre asuntos de política gubernamental. Ante el fracaso de la
coalición “transversal”, el poder del matrimonio presidencial quedó apoyado en una
caja recaudadora que distribuía subsidios,
contratos, transferencias y otros incentivos para aquellos que “acompañaban” su
proyecto de gobierno. Cristina Fernández mantuvo este axioma del populismo
rentístico, superponiendo a esta verdad
práctica una cierta retórica de autoritaris-
PROGRAM IN LATIN AMERICAN STUDIES
Art, LiterAture, FiLm: LAtin AmericAn PersPectives
spring 2009 Lecture series
Carlos Reygadas
Pedro Reyes
A filmmaker from mexico city, carlos
reygadas started shooting short films
in Belgium in 1998. his third film, Luz
Silenciosa, will be screened before his
lecture. reygadas wrote and directed this
film about a man named jonah, a married
mennonite in northern mexico, who falls in
love with another woman.
Pedro reyes is a mexican artist
specializing in modernist ideologies,
environmental concerns, and
community interactions in social space.
Originally trained as an architect, his
work takes on the questions of public
space and environmental resources.
Wednesday, February 4
Wednesday, February 11
Efraín Kristal • William
Marx • Marjorie Perloff
Efraín Kristal
Wednesday, February 18
Professors Kristal (ucLA), marx
(université d’Orleans), and Perloff
(stanford and usc) will discuss the
arriere garde in Latin America, bringing to the table their expertise in
subjects such as philosophy, history
and literature.
Professor efraín Kristal is a professor
in the Department of comparative
Literature at ucLA. he has published
numerous essays on Latin American
literature and intellectual history, and
is currently analyzing various of jorge
Luis Borges’ translations from the
english, French, and German.
Mauricio Tenorio Trillo
Thursday, February 19
Program in Latin American Studies
Distinguished Speaker, Spring 2009
Enrique Krauze
Enrique Norten
Wednesday, March 11
Wednesday, March 25
Walter E. Edge Lecture
Latin America:
Two Hundred Years of Solitude
mexican historian, essayist, and
publisher enrique Krauze is president
of the publishing company editorial
clío. he also serves on the board of
directors of the instituto cervantes and
Grupo televisa, and is the director of
the magazine Letras Libres.
enrique norten is a mexican architect
and principal of the design firm
ten Arquitectos. he currently holds
the miller chair at the university
of Pennsylvania and has received
numerous honors for his designs,
including a Legacy Award (2007) from
the smithsonian institution.
A professor in the Department of
history at the university of chicago,
mauricio tenorio trillio is also
associate professor at ciDe in
mexico city. he has most recently
published an article in the Primera
Revista Latinoamericana de Libros
(Oct. - nov. 2008) about Latin
America’s struggle for independence.
James N. Green
Gannit Ankori
Adriana Varejão
Cuban Jazz Festival:
james n. Green is associate professor of
Brazilian history and culture and Director of
the center for Latin American and caribbean
studies at Brown university.
Professor Ankori is the henya
sharef Professor of humanities in
the Department of Art history at
hebrew university of jerusalem. her
research interests include modern
and contemporary art history,
aesthetics and visual culture.
Adriana varejão is a Brazilian painter,
sculptor, and conceptualist. her
work is filled with complex themes
including the political and the surreal,
and has been shown all over the
world, including in tokyo, London,
and Paris.
Ernesto Zedillo
Thursday, March 5 - 8 p.m. 50 McCosh
ernesto Zedillo, Former President of mexico
(1994–2000), is a mexican economist and
politician. Zedillo is currently Director of
the Yale university center for the study of
Globalization.
Who Is the Macho Who Wants to Kill Me?
Gender, (Homo)sexuality, & Revolutionary
Masculinity in Brazil under the Dictatorship
Monday, April 6
Wednesday, April 15
Wednesday, April 1
Thursday, April 23
Tiempo Libre and
The Conga Kings
Saturday, May 9 - 7:30 p.m.
McCarter Theatre
Produced by the mccarter theatre
center and presented with the
support of the Program in Latin
American studies. For ticket
information see www.mccarter.org.
All lectures will take place at 4:30 p.m. in 219 Burr hall (unless otherwise noted). Free and open to the public.
[email protected]│WWW.PrincetOn.eDu/PLAs│309-316 Burr hALL│PrincetOn, nj 08544 │
tel .
609-258-4148│ fax 609-258-0113
PRL
mo mayoritarista que confunde la “soberanía popular” con las ideas de un sector
del peronismo de izquierda. Para Cristina
como para Néstor, su pequeño entorno
representa, con sus cambiantes ideas y
proyectos (del Tren Bala a la estatización
de Aerolíneas, de la Transversalidad al
gobierno de UNASUR), las aspiraciones
de todo el “pueblo argentino.” El resto de
los argentinos, en opinión del Gran Néstor, son cómplices por acción u omisión
de las recurrentes avanzadas y jaques de
la “derecha destituyente” al gobierno de su
esposa.
De esta forma, con la política del “manotazo” a la riqueza acumulada por amplios
segmentos de la población se refuerza
el axioma del populismo rentístico: solo
dejan gobernar si quien gobierna puede
mostrar en todo momento su fortaleza
de recursos financieros (superavit fiscal,
divisas acumuladas en el Banco Central,
participación del Estado en sectores estratégicos de la economía). Pero junto a
esto va creciendo, a fuerza de repetirlo en
cada discurso presidencial, una noción
profundamente anti-democrática que se
www. revistaprl.com
presenta como democracia popular: que
las ideas del partido gobernante –cambiantes de acuerdo a la coyuntura política
y a los recursos disponibles– representan
la concretización de una “voluntad popular” única. Es decir, que la representación
de poder concretizada en las urnas en octubre de 2007 debe garantizar el apoyo
de toda la sociedad a cualquier tipo de
política que emane del “comité central”
del Kirchenato. Los demás, los que no están de acuerdo con la redistribución forzada de la riqueza (no en beneficio de los
pobres sino a favor de los amigos del gobierno que lucran a través de subsidios a la
energía y los transportes, y de contratos de
obra pública), son tachados de “golpistas”,
“desestabilizadores” o agentes del capital
financiero internacional.
Si esta estatización procede, el gobierno
contará con un fondo enorme para hacer
política; es decir, para re-afirmar su poder
hegemónico en relación a gobernantes
provinciales, la oposición política, los medios de prensa y los grupos socio-económicos con opinión propia. Un grupo de amigos del ex presidente dirigirá la comisión
que administrará estos fondos. ¿Crecerá
la corrupción? Es posible. ¿Se mantendrá
la tasa de crecimiento económico de estos
últimos cinco años? Es dudoso. Si es más
previsible que el poder político continuará concentrándose en las manos de un matrimonio que, por sus audaces políticas y
por su desconfianza, aun en sus servidores
más fieles, continuará pensando el futuro
argentino en términos de su propia continuidad política. La andanada de juicios
contra el Estado tenderá a reducir la legitimidad de esta medida, pero su efecto será
muy tardío en relación al actual saqueo. El
peronismo confirmará una vez más que
la política del “fait accomplie” es siempre
efectiva en Argentina.
Esta nota terminó de redactarse dos días
antes de que el Senado argentino vote el
proyecto de ley. El oficialismo afirma tener los votos necesarios para su aprobación. De hecho, senadores, antes críticos
de la política de los Kirchner, adelantaron
su voto afirmativo. Algunos de los efectos de esta ley son previsibles. Decenas de
miles de titulares de cuentas de capitalización recurrirán a la justicia para hacer
PRL
dic2008/ene2009
valer sus derechos de propiedad y su derecho de elección. El pequeño mercado de
capitales que se había formado en Buenos
Aires con las compras y ventas de acciones
y bonos por parte de las AFJP se reducirá
al tamaño de un club de amigos, con capacidad casi nula para financiar inversiones.
La credibilidad en los títulos públicos seguirá en baja, ya que poco a poco los tenedores se irán dando cuenta de que, de una
forma u otra, el gobierno podrá expropiarles sus tenencias y sus títulos podrían
desvanecerse de un día para otro. Mientras
el Banco Central pueda vender dólares, la
suba del precio de la divisa norteamericana será moderada. Pero si la incertidumbre estimula la fuga de capitales (que ya
alcanza cifras considerables en octubre de
2008 casi US$ 4,000 millones), se dispararán el dólar y los precios en un contexto
generalizado de recesión. Agréguese a esto
desempleo creciente, freno en el consumo
interno y una mayor conflictividad obrera
y se tendrá idea de la magnitud del cóctel
explosivo que idearon los Kirchner en la
residencia de Olivos aquel fin de semana
anterior al lunes 21 de octubre.
se publica seis veces al año. Cada edición pasa revista a lo más estimulante
y original de lo recientemente publicado en literatura, biografía,
memoria, historia, política, filosofía, ciencia. Aproveche nuestras tarifas
introductorias. Suscríbase ahora y reciba PRL cada dos meses.
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 21
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 28
PRLONLINE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 29
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 36
Obtenga cada edición de PRL en un PDF con diseño propio. La suscripción anual otorga acceso a todas las
ediciones de PRL.
Para preguntas sobre su
suscripción o para ordenar
una por teléfono por favor
contáctenos llamando al
212.864.4280 o visitando
www.revistaprl.com.
También puede suscribirse
enviando un cheque o
money order a:
Mido Editores,
476 Central Park West, Ste.
4A, New York, NY 10025
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
PRL Un ejercicio intelectual
bien delicado
reuters
José del Valle
Enciclopedia del español
en los Estados Unidos
de Humberto López Morales, coord.
Santillana, 2008, 1200 pp., US$
49.99
Varieties of Spanish in the
United States
de John Lipski
Georgetown University Press, 2008,
288 pp.,US$ 29.95
A
nadie se le oculta el hecho de
que, en la historia de cualquier nación, entre el lenguaje y la política se establecen
siempre tensiones y complicidades que
imposibilitan la comprensión del uno sin
la reflexión sobre la otra. Pensemos en la
ansiedad de Benjamín Franklin frente a
la ubicuidad del alemán en las calles de
Filadelfia y su desconfianza respecto de
la disposición de sus hablantes a contribuir al desarrollo de una sociedad que se
imaginaba exclusivamente anglófona. La
actitud de Franklin era apenas una manifestación temprana de un dilema que
habría de recorrer la historia de este país
(como la de tantos otros) y condicionar
profundamente los debates públicos en
torno a la ciudadanía: la tensión entre el
dinamismo inyectado a la sociedad norteamericana por los diversos grupos migratorios que la fueron constituyendo,
y las dislocaciones del orden cultural y
lingüístico anglosajón que provocaba la
incorporación de estos grupos.
Ahora, con la más reciente de las olas
migratorias, la de hispanohablantes, una
vez más se agita el avispero de las esencias patrias. Vuelven a salir a la superficie
los temores de siempre por la integridad
cultural, lingüística e incluso política del
país. Ahí tenemos, por ejemplo, a la U.S.
English Foundation, “el grupo de acción
ciudadana más numeroso y antiguo del
país dedicado a preservar el papel unificador de la lengua inglesa en los Estados
Unidos” o los esfuerzos, exitosos en muchos casos, por eliminar los programas
de educación bilingüe que desde los años
setenta se habían ido instalando con mejor o peor fortuna en el país. Este frenesí
identitario, esta obsesión xenófoba, manifiesta en diversos ámbitos de la sociedad
de los nacidos en los Estados Unidos de
padres inmigrantes, los de la segunda generación, responde en el mismo sentido
ni más ni menos que el 88%; y llegando a
la tercera el porcentaje asciende al 94%. Es
decir, los inmigrantes y sus descendientes
aprenden inglés (nótese que el 23% de la
primera generación corresponde no a los
que afirman hablar inglés sino a los que
dicen hablarlo “muy bien”), y habría que
añadir que lo hacen a pesar de los escasísimos recursos que para ello se ponen a su
disposición y de las enormes barreras que
se encuentran en el proceso de incorporación a la estructura socio-económica del
país norteamericano.
Estas cifras nada nos dicen sobre el nivel
de mantenimiento del español o sobre el
grado en que el aprendizaje o adquisición
del inglés pueda implicar la adopción simultánea de otras prácticas culturales
propias de los Estados Unidos y ajenas
a las culturas de origen. Nada nos dicen
tampoco – mucho menos de hecho – sobre
lealtades y deslealtades que puedan comprometer orden cultural y político alguno.
Sí nos parecen decir que, si los latinos acabaran “perpetrando” esa revolución cultural que Huntington tanto teme, lo harían
o bien en inglés o bien (ojalá) desde un
complejo repertorio plurilectal en el que
el inglés ocuparía un lugar privilegiado.
P
Samuel Huntington.
estadounidense (que, por fortuna, no alcanzan a ser todavía abrumadoramente
mayoritarios) se ha instalado también en
el entorno universitario. Para sorpresa de
nadie, por lo demás, pues todos sabemos
lo propicia que es la vida académica a la
liberación de los instintos más primarios
y salvajes, sobre todo entre aquellos que la
practican con mayor ortodoxia y devoción.
Una de sus expresiones más polémicas es
la que se debe al profesor Samuel Huntington de la Universidad Harvard, quien,
en un reciente libro titulado Who Are We?
The Challenges to Americas’s National Identity, predice alarmado la hispanización de
los Estados Unidos, es decir, la desaparición del país tal como hasta ahora lo hemos conocido (o, mejor dicho, como él lo
había imaginado). Según Huntington, la
clave es lingüística: el mantenimiento del
español obstaculiza la asimilación al proyecto nacional de los inmigrantes mexicanos, quienes, atados por la lengua en
lealtad al país de origen, se convertirán en
agentes de la transformación de la cultura
del país receptor.
El Pew Hispanic Center, organización
dedicada a la investigación de temas relacionados con la población latina de Estados Unidos, se encargaría pocos años
después de asestar un duro golpe a la ya
de por sí precaria tesis del catedrático de
Harvard. En noviembre de 2007 el PHC
publicaba un detallado informe sobre el
uso del inglés entre los latinos que arrojaba los siguientes resultados: el 23% de
los inmigrantes, la llamada primera generación, dice hablar inglés muy bien;
ero el caso es que los temas
apuntados por Huntington no
son menores; no lo son desde
luego si nos percatamos de la
extraordinaria atención que en los últimos años han recibido y de la ingente
cantidad de textos en los que se ha discutido cuestiones tales como el número
de hispanohablantes que hay en Estados
Unidos, su relevancia colectiva en la sociedad norteamericana, el estado en que
se encuentra el español en este país, su
popularidad como lengua extranjera, el
valor económico no solo de la lengua sino
de “lo latino” como marca comercial y, en
la misma línea, el valor de la población latina como mercado. Producidos y puestos
en circulación desde distintos espacios –el
académico, el institucional, el periodístico, el empresarial– estos textos constituyen una auténtica explosión discursiva y
despliegan, especialmente en el mundo
hispánico y desde el hispanismo, un entusiasmo que no por comprensible deja
de ser sorprendente y que alcanza por momentos un cariz que se me ocurre calificar
de exuberancia irracional (apropiándome
www. revistaprl.com
PRL
así de aquel oportuno sintagma inventado
por el viejo prestidigitador de las finanzas
Alan Greenspan –hoy en horas más bien
bajas– cuando ya su subconsciente y su
verbo afortunado nos susurraban a gritos
que no todo el monte es orégano).
La Enciclopedia del español en los Estados
Unidos, coordinada por Humberto López
Morales, y el menos –mucho menos– exuberante Varieties of Spanish in the United
States, de John Lipski, articulan estos
temas. De entrada, ambos libros tienen
mucho de bueno. John Lipski tiene tras de
sí una trayectoria profesional impecable
en la que ha demostrado una y otra vez
extraordinarias dotes analíticas, una erudición abrumadora, una capacidad de trabajo envidiable y una pluma a la vez sobria
y ligera que le permite producir textos de
enorme densidad conceptual en un estilo
generoso con el lector. En esta ocasión no
nos defrauda y nos entrega un excelente
trabajo monográfico sobre la sociolingüística del español en Estados Unidos.
A lo largo de las casi trescientas páginas
que tiene el libro, justifica la importancia
del tema desde las preocupaciones de la
sociolingüística contemporánea, repasa
meticulosamente la bibliografía existente
en una secuencia cronológica que la hace
particularmente reveladora, trata el contacto entre el español y el inglés desde las
múltiples perspectivas teóricas que iluminan el complejo fenómeno (presenta la
mejor, más completa y más lúcida discusión del tema del espanglish que conozco) y describe de manera introductoria
(siempre con breves apuntes históricos) el
español de las distintas comunidades hispanohablantes, organizándolas según su
origen nacional.
La Enciclopedia es otra clase de animal.
Dividida en dieciséis secciones, presenta,
por un lado, una larga lista de ensayos
que cubren aproximadamente, aunque
con mayor extensión, el mismo espectro
de temas que el libro de Lipski: la historia
del español en Estados Unidos, sus características, los fenómenos de contacto y el
perfil sociolingüístico de la población latina. Se discute también la enseñanza del
español y, sobre todo (y aquí la diferencia
con el de Lipski es pronunciada), su presencia en la vida pública y cultural estadounidense en una larga serie de ensayos
que repasan la historia y presente de la
producción artística en español (medios
de comunicación, literaturas, espectáculos). En general, informativo. El elenco de
ensayistas es interesante: si por un lado se
percibe una suerte de foto de familia hispana/cubano-americana (de los cuarenta
y tantos colaboradores más de veinte son
cubanos y más de diez son españoles) por
otro se reconoce la presencia de primeras
espadas de la sociolingüística con sólido
pedigrí en el estudio del español en Estados Unidos (entre otros, Ofelia García,
Andrew Lynch, Francisco Marcos Marín,
Francisco Moreno Fernández, Ricardo
Otheguy, Kim Potowski y Carmen Silva
Corvalán).
El libro de Lipski aparece con una clara identidad: libro de texto y manual de
consulta sobre un tema de actualidad,
escrito en inglés por un catedrático estadounidense de lingüística hispánica.
Frente a este origen y función relativamente claros y sencillos del texto de
Lipski, el volumen producido por el Cervantes se nos presenta como un artefacto
cultural mucho más complejo y pegajoso
Contactos
Suscripciones:
[email protected]
Circulación:
[email protected]
Cartas para publicación:
[email protected]
Libros, catálogos:
[email protected]
Publicidad:
[email protected]
que arrastra de un modo más obvio múltiples adherencias del entorno que dio
lugar a su producción y difusión. No se
puede perder de vista que la Enciclopedia del español en los Estados Unidos nace
auspiciada por una agencia del gobierno
de España que, como cualquier gobierno
del mundo, necesita definir los términos
de su relación con el país norteamericano. Distintos gobiernos han coincidido en este interés (aunque el modelo
de aproximación de Aznar y Zapatero
haya sido de naturaleza bien diferente)
así como en la estrategia a seguir: todos
han coincidido en señalar la necesidad
de cultivar la amistad con la población
latina, fortalecer las afinidades existentes y desarrollar las potenciales. Quizás
las declaraciones más directas sobre el
interés de España en los latinos fueron
las hechas por Aznar durante una visita
realizada en 2003. The Wall Street Journal,
en un reportaje realizado sobre el viaje
del presidente del gobierno español, lo
exponía de modo transparente. Decía
Aznar: “Quiero que los hispanos de Estados Unidos sepan que tienen raíces europeas comunes y una herencia que puede
ser tan sólida como la anglosajona”. Y se
comentaba a continuación: “Con razón.
En solo una década, las compañías españolas han invertido más de 90 millones
de dólares en su expansión por América
Latina y han hablado más y más de utilizar México como plataforma para entrar
al mercado estadounidense”. De manera
similar se ha expresado el ministro de
asuntos exteriores de los gobiernos Zapatero, Miguel Ángel Moratinos. En la
inauguración del coloquio “California:
raíces, presencia y futuro de la latinidad”, Moratinos afirmaba:
El Gobierno de España otorga gran
importancia a todas las acciones e iniciativas que ponen de manifiesto la
contribución de nuestro país a la formación y constitución de los Estados
Unidos de América, desde el convencimiento de que compartimos lazos
históricos y unas buenas y estrechas
relaciones políticas y diplomáticas
que fortalecen y actualizan las señas
de identidad de la pujante comunidad hispana o latina de Norteamérica. […] La puesta en valor y difusión
de la vertiente española e hispana
de la historia de los Estados Unidos
es un patrimonio que compartimos
con los estadounidenses que no solo
debe servir para comprender el pasado, sino para impulsar el presente e
inspirar el futuro. Creo que es un legado útil para la comunidad hispana
o latina y para enraizar sus señas de
identidad.
No es de extrañar por tanto que un
proyecto como la Enciclopedia promovido
por el gobierno español dé cabida al tratamiento de problemas directamente relacionados con sus intereses geoestratégicos. De ahí que viejos temas históricos
como la extensión del proyecto imperial
español por territorios que hoy día pertenecen a Estados Unidos y la subsecuente
implantación de la lengua española en
dic2008/ene2009
ese mismo espacio cobren ahora especial
valor y su investigación reciba en consecuencia estímulo y soporte institucional.
De ahí también que conocidos temas de
interés sociolingüístico como el contacto
entre el español y otras lenguas adquieran ahora, en el contexto estadounidense, un interés particular que los haga
merecedores del patrocinio de agencias
tales como el Instituto Cervantes. De ahí,
de nuevo, que ideas tales como la posible
cristalización de nuevas variedades (el
español de Estados Unidos o el español
neutro) y el desarrollo de nuevas comunidades lingüísticas (la posibilidad de
que desde la acción política y desde las
condiciones socio-culturales imperantes
se forje una nueva conciencia lingüística)
cobren un protagonismo especial en el
perfil que, desde lugares como el demarcado por el Cervantes y la Enciclopedia, se
le da al estudio del español en Estados
Unidos.
Si, por un lado, la Enciclopedia consiste
a primera vista en una serie de reflexiones desarrolladas dentro de los protocolos del campo académico sobre la vida
del español en Estados Unidos, por otro,
la plena comprensión de su impacto social nos obliga a no perder de vista que
por detrás del texto (aunque no ocultos)
están los intereses geopolíticos de España y la acción de agencias culturales que,
aprovechando las condiciones presentes,
aspiran a controlar la defensa y promoción de la lengua en el país norteamericano y la explotación de su potencial
económico. Este proceso (en el que se
podrán sellar alianzas estratégicas con
otros países hispanohablantes, con hispanistas estadounidenses, incluso con
sectores de la propia sociedad norteamericana) implica la incorporación de los
latinos a la comunidad panhispánica, a
la promoción entre ellos de una conciencia de pertenencia a una colectividad que
trasciende no solo la experiencia local y
nacional sino el vínculo afectivo y familiar con el país de origen. La construcción de esta conciencia está en el mismo
centro ideológico de la Enciclopedia del
español en los Estados Unidos, delicado
ejercicio intelectual en el que el objeto
de reflexión se confunde sutilmente con
el objeto de un deseo que responde a las
pulsiones del poder.
La construcción de un sistema cultural
en torno al español es un objetivo ciertamente deseable. De acuerdo con que las
tendencias monopolizantes de la globalización y el peligroso dominio ejercido por
el inglés en todos los campos, incluido el
de la cultura, hacen urgente el desarrollo de un conjunto diverso de redes para
la producción y circulación de formas de
expresión cultural. Pero el desafío para
quienes deseen ofrecer vías alternativas
está no sólo en su anclaje en una lengua
distinta del inglés sino en el abrazo de un
modelo de lengua y de cultura que se desarrolle abiertamente, más allá de los interesados refugios institucionales, y que
rompa con la radical mercantilización
que progresivamente se apropia del saber
y del hacer.
dic2008/ene2009
www. revistaprl.com
PRL El español y las áreas
de influencia lingüística
Ediciones Península
Francisco Marcos Marín
El nacionalismo lingüístico. Una
ideología destructiva
de Juan Carlos Moreno Cabrera
Barcelona, Península, 2008, 223
pp., US$ 22.76
J
uan Carlos Moreno Cabrera es catedrático de Lingüística General en la
Universidad Autónoma de Madrid.
Es autor de libros de lingüística
excelentes, como los dos volúmenes del
Curso universitario de lingüística general,
La lingüística teórico-tipológica o Introducción a la lingüística. Estos estudios teóricos
han ido acompañados, desde el inicio de
su carrera, de libros en los que mostraba
preocupaciones sociales (Lenguas del mundo), que fueron derivando hacia una toma
explícita de posturas políticas: La dignidad
e igualdad de las lenguas, El universo de las
lenguas, Las lenguas y sus escrituras, y De
Babel a Pentecostés. Manifiesto Plurilingüista. Ha dirigido la adaptación al español de
The Cambridge Encyclopedia of Language de
D. Crystal y ha publicado un centenar de
artículos en revistas y libros colectivos, la
mayor parte de ellos sobre problemas de
tipología sintáctica, semántica y sobre la
clasificación, situación, expansión y desaparición de las lenguas del mundo. Para
este crítico, que lo ha apoyado sin fisuras
a lo largo de su carrera profesional, se trata de uno de los primeros lingüistas del
mundo, si no el primero. La coincidencia
o, incluso, la admiración, por esa aportación científica no impiden, sin embargo,
una discrepancia creciente en lo que se
refiere a la toma de posturas políticas explícitas por parte de Moreno Cabrera y la
influencia de estas en sus publicaciones.
La repercusión que tienen las obras de
ideología personal de un gran científico
es enorme, porque el público no siempre
distingue entre lo que es la obra científica
y lo que son las opiniones personales de
alguien que, como el resto, no puede ser
omnisciente.
Uno de los postulados básicos de El nacionalismo lingüístico es, como afirma Moreno Cabrera en el capítulo 5, que “los conceptos o instrumentos conceptuales que
han sido creados por [los lingüistas] para
describir todos [los] aspectos puramente
lingüísticos de las lenguas humanas, no
deberían ser utilizados para dar respetabilidad científica y carácter objetivo a
análisis que implican aspectos no estricta-
E
Juan Carlos Moreno Cabrera.
mente lingüísticos y que intentan apoyar o
justificar una determinada opción ideológica”. De acuerdo con este postulado, este
libro no debería haber sido escrito, porque
sirve a una ideología.
En una entrevista publicada en la prensa
española el autor declaraba: “El motor que
me lleva a escribir este libro sí es ideológico. Me opongo al imperialismo, al libre
mercado (…). Pero no uso la política para
hacer esa disección, sino solo razonamientos lingüísticos”. El crítico discrepa de la
última afirmación: Moreno Cabrera usa la
política, se sitúa dentro de una teoría, el
marxismo, en una adaptación personal de
leninismo y trotskismo, acepta postulados
de los nacionalistas españoles extremos,
como la autodeterminación, y se vincula
a grupos políticos españoles de signo socialista. El libro está vinculado a la obra
colectiva sobre el nacionalismo de un
grupo enfrentado a la legitimidad constitucional española. Todo el libro se sitúa
dentro de una situación política concreta,
la española, al servicio de líneas de actuación que tienen manifestaciones políticas
en España.
En la obra se desarrolla explícitamente
la idea de que existe un nacionalismo lingüístico de Estado a favor del castellano:
En el Estado español se da una falsa oposición entre nacionalistas y no
nacionalistas. Las actuaciones de los
grupos no dominantes a favor de su
lengua, de su cultura y de su independencia política se tildan de naciona-
absoluto representados por muchas
de las instituciones de ese Estado y
por las que puede mantenerse que la
política lingüística actual del Estado
español sigue siendo nacionalista excluyente.
La elección del término “Estado español” en lugar de “España” no es casual,
manifiesta la negación implícita de una
identidad nacional para España. Las encuestas muestran que, para la mayoría de
los habitantes de las regiones periféricas
españolas, esto no es así. Tampoco se dice
que el Estado no tiene competencias en
educación, que están transferidas a las Comunidades Autónomas.
listas, mientras que las de los grupos
dominantes se califican como no nacionalistas. Pero es que las actuaciones de los denominados grupos no
nacionalistas también se fundamentan en la defensa y promoción de una
lengua, una cultura étnica y un poder
político de una nación concreta y, por
tanto, son igualmente nacionalistas.
Además, el nacionalismo disimulado
de la nación dominante suele ser mucho más intransigente, antidemocrático y particularista que los nacionalismos dominados, dado que la etnia
dominante dispone de los mecanismos políticos, económicos, administrativos y militares adecuados para
aplastar por la fuerza cualquier intento importante de autoafirmación de
los grupos o naciones minoritarios o
no dominantes. La política lingüística del Estado español en la educación
es estrictamente monolingüe y sigue
promoviendo un monolingüismo restrictivo. El Estado español no ha dispuesto todavía los medios para que
un niño gallegohablante, euskaldún
o catalanohablante que tenga que
desplazarse fuera de su comunidad
autónoma pueda acceder a la educación en su lengua nativa. La ideología
del nacionalismo lingüístico niega en
la práctica que el Estado español sea
plurilingüe y actúa en consecuencia.
Esta es una de las razones por las que
muchos ciudadanos no se sienten en
l primer capítulo, “Lengua y nación: aspectos sociales y lingüísticos”, empieza con una cita del
fundador de la lingüística moderna, el suizo Ferdinand de Saussure y
su caracterización de lengua en el Curso de
Lingüística General, publicado póstumamente por sus discípulos. En este se separa
dos aspectos que, según Moreno Cabrera,
mezcla el nacionalismo que él desprecia:
el funcionamiento natural de las lenguas,
que distingue del que llama cultural. Aclara a continuación lo que entiende por el
devenir natural de las lenguas, rechaza el
que llama darwinismo social, que asocia al
liberalismo y la globalización y pone en
relación con el empobrecimiento de la
parte más débil de la humanidad.
El capítulo segundo, “Nacionalismo lingüístico y discriminación”, abre con una
cita de uno de los padrinos del nacionalismo lingüístico catalán, tras la que se discuten la “lengua común vulgar y lengua
nacional”. Moreno Cabrera da por sentado
que todo proceso de estandarización de
los vernáculos europeos ha sido por “imposición”. Cree que el nombre que lleva
la lengua nacional evidencia que hay una
confusión entre castellano y español que
oculta propósitos imperialistas. En “Lengua nacional, prestigio y discriminación”
ataca directamente el problema del andaluz, en el que no es especialista, frente a
uno de los mejores conocedores de estas
hablas (como él las llama), el gran dialectólogo Manuel Alvar, que fue director del
Atlas lingüístico de Andalucía.
“Nacionalismo lingüístico y colonialismo”, capítulo tercero, se inicia con una cita
de Fray Bartolomé de las Casas. Continúa
con la Gramática de Nebrija, sigue con las
ideas de Alvar, y luego pasa a discutir las
actitudes frente al inglés.
PRL
Suscríbase ahora y reciba PRL
cada dos meses
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina US$ 21
Resto del mundo
US$ 28
PRLONLINE
US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina US$ 29
Resto del mundo
US$ 36
Sí, suscríbanme a PRL:
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina Resto del mundo
US$ 21
US$ 28
PRLONLINE
US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina Resto del mundo
Adjunto cheque a nombre de Mido Editores
Cargar a mi tarjeta de crédito:
Visa
Mastercard
American Express
______________________________
Número de Cuenta
US$ 29
US$ 36
Discover
______________
Expira
_______________________________________________________________
Firma
Nombre_____________________________________________________________
Dirección____________________________________________________________
Ciudad_ ____________________________________________________________
Estado______ZIP _______Teléfono______________________________________
Email_______________________________________________________________
Enviar formulario a Mido Editores, 474 Central Park West, New York, NY 10025. También
puede enviarlo por fax o llamar al 212.864.4280, o suscribirse en nuestro website: www.
revistaprl.com
dic2008/ene2009
10 PRL
“Nacionalismo lingüístico e imperialismo”, el cuarto capítulo, explica inicialmente lo que el autor entiende por “el
imperialismo lingüístico”, dentro de la
ideología de la globalización: la lucha por
áreas de influencia. El tono sube, se habla
de “megalomanía, delirium tremens”. En
“La proyección mundial de la lengua nacional y su número de hablantes” se parte
de las consideraciones de otro gran dialectólogo, Gregorio Salvador, quien se ha
distinguido por sus críticas a “las alegres
cifras de la demolingüística”. “La enseñanza mundial de la lengua nacional” apunta
a otra bestia negra, el Instituto Cervantes.
“La lengua nacional como compañera del
imperio económico” es su corolario. La
“Conclusión” es que el nacionalismo lingüístico lleva al imperialismo.
El capítulo quinto, “Lingüística y nacionalismo lingüístico” está dedicado a “la
lingüística al servicio del nacionalismo
lingüístico”. El último capítulo, “Contra el
nacionalismo lingüístico”, es una diatriba
contra este constructo mental que el autor
ha ido definiendo previamente, para lo que
parte de una cita de Orwell sobre las mentiras de la clase política. Incluye referencias a las nuevas formas que está tomando el imperialismo lingüístico español en
la evolución autonómica. Se expresa una
desconfianza contra un bilingüismo que
no sea tal, sino una manera de predominio
encubierto de la lengua común, que nunca
se denomina así, por cierto.
Ese sería el resumen del contenido. Es
inevitable decir ahora algo poco corriente, para situar al crítico; porque cuando
el autor pone sus cartas sobre la mesa, el
crítico considera objetivo hacerlo también. Este crítico ya expresó por escrito en
España, en fechas como 1972, cuando la
mayoría no lo hacía, su postura a favor del
bilingüismo, del derecho de los padres
a elegir la lengua de la educación de sus
hijos y en pro de que cada quien hablara
y escribiera en la lengua de su elección.
Ha estudiado todas las lenguas de la Península Ibérica y, aunque su competencia
en vascuence (lengua de parte de su familia materna) no sea la que él desearía,
ha publicado sobre la lengua vasca y ha
aportado incluso el texto vasco informal
más antiguo conocido. Cuando ha tenido
cargos técnicos públicos ha abogado por
las lenguas co-oficiales de España y las ha
empleado públicamente, pidiendo incluso
al gobierno vasco que le proporcionara la
traducción oficial a esa lengua. También
ha abogado explícitamente por algo en
lo que coincide con Moreno Cabrera: por
que, al menos en las grandes ciudades, se
dé la opción de que algún centro ofrezca
la instrucción en las lenguas co-oficiales
en la enseñanza pública. Ni el autor ni
este crítico están afiliados a ningún partido político. Lo que ocurre es que este
crítico sí cree en la libertad del mercado y
en el liberalismo en general y, además, ha
elegido la opción de vivir en los Estados
Unidos de América, cuya hospitalidad
agradece.
Regresando al libro, Moreno Cabrera
nunca cita a Juan Ramón Lodares ni Ángel López, quienes, desde perspectivas
distintas, han defendido la tesis de que
el castellano se situó como lengua común
por consenso, por utilidad, tesis que él no
expone. Habla de imposición como de algo
probado. Huye de la noción de consenso
cuando se trata de las lenguas internacionales, mientras que los hablantes de las
lenguas étnicas son siempre unos bonachones que acabarán siendo explotados
por los temibles imperialistas. Lo malo del
maniqueísmo, que es constante en el libro
y reconocido de inicio, es que acaba presentando al desfavorecido como un pobre
idiota, incapaz de ver su lugar en la Historia. Es increíble que, frente a la propia
confesión del autor, haya habido críticos
que afirmaran que este no es un libro maniqueo. Se trataba de alguno vinculado a
una lengua étnica concreta.
C
uando critica a quienes prefieren la variedad “educada, escrita”, Moreno Cabrera llega a
ser incomprensible. Para quien
considera que la lengua es un hecho cultural, no natural, es obvio que los modelos
de progreso de la cultura han de ser los
preferidos por la sociedad. Que las normas
no las dictan siempre los ricos y poderosos
está claro en los cambios del francés producidos en la Revolución Francesa. Frente a
los canadienses, que siguen diciendo mwé,
como en el Antiguo Régimen, los franceses pasaron a la forma “popular/vulgar”
mwá, para lo que se escribía y escribe moi.
La reintroducción del anglosajón y su fusión con el normando-picardo para crear
el inglés moderno sería otro ejemplo.
Moreno Cabrera elige a los autores que
cita sin advertir nunca que otros miles
dicen cosas diferentes. Otras veces parece contar con la ignorancia del lector. Así,
cuando critica una afirmación simple de
Menéndez Pidal sobre las ventajas de las
cinco vocales del castellano medieval, dice
que el “chino mandarín” o el “hindi-urdú”
cuentan con más hablantes que el español.
Él sabe muy bien que esto puede decirse, en
el primer caso, solo de “escribientes” y en el
segundo ni eso, porque las diferencias supuestamente “dialectales” son tan extremas
que dificultan la intercomprensión. Esto no
sucede entre los hablantes de español, una
lengua, aunque él lo ponga en solfa, más
estable. Además, aunque Menéndez Pidal
no lo supiera (su época es pre-fonológica),
el castellano medieval no tenía cinco vocales, sino siete, e y o tenían variantes abierta
y cerrada, con valor distintivo. Precisamente por esas y otras diferencias estructurales,
es factible aceptar que el castellano (referido al medieval) y el español serían lenguas
distintas y que en la segunda lengua habría varios dialectos castellanos (no uno
solo), como hay varios dialectos andaluces
o mexicanos. Los dialectos, recuérdese, no
van por países. Moreno parece olvidarlo o
tiene una memoria selectiva.
En lo que concierne a la expansión de la
lengua, es un borrón que Moreno Cabrera no tenga en cuenta que la Gramática
de Nebrija está escrita antes de que Colón
zarpara hacia América y que, por tanto,
el imperium al que se refiere es de carácter virtual, la proyección (virtualmente
dic2008/ene2009
por el África musulmana) de la tarea de la
Reconquista. Todo escribano emborrona;
pero la ignorancia de este punto está bastante más extendida de lo que parece. La
víctima principal sigue siendo Alvar, uno
de los cinco mejores conocedores modernos del español americano.
Tampoco cita a autores de América, porque de nuevo ese nacionalismo no le interesa. Va a lo suyo. El resultado es de total
desequilibrio, porque hablar del español,
hoy, sin tomar en consideración lo que dicen quienes han configurado el modo de
pensar del 90% de sus hablantes y presentándolos como unas inertes víctimas de
los negros designios del Imperio es una
imagen pobre y doblemente injusta de
Latinoamérica. Aquí su ideología le juega
una mala pasada y deja al descubierto su
eurocentrismo personal, que es distinto
del científico. Sobre el inglés y el español
han escrito plumas latinoamericanas muy
notables, pero para él es como si hablaran otro español. Cuando recurre a algún
autor latinoamericano moderno, es en el
plano de la crítica, no en el de la teoría. La
lista de autores citados lo deja manifiesto.
No está Bello, ni Lope Blanch, ni Borges,
ni Kovacci, ni Sarlo, ni Rivarola, entre varias docenas posibles. Tampoco incluye
al Instituto Caro y Cuervo. Rufino José
Cuervo tiene menos espacio (y solo como
“escéptico”) que este crítico, que sale bien
parado, por cierto. En lo que se refiere a las
Academias, bestias negras de los anti-globalización, por supuesto, traer a colación
el reglamento reformado de 1951, anterior
a la constitución de la Asociación de Academias y no el prólogo del Diccionario panhispánico de dudas, como le ha reprochado
Pilar García Mouton en El Cultural, es más
grave. Implica olvidar que la Asociación
arranca de una iniciativa del presidente
Alemán, de México, que se inició sin la española, por motivos políticos internos de
España, y porque en este libro es significativo olvidarse de los presidentes latinoamericanos cuyas actitudes, al parecer, no
convienen a la tesis que se defiende.
La lucha por áreas de influencia, también
lingüísticas, es cierta. Es lo normal cuando
se sabe que la lengua es un hecho cultural y
un bien económico. Los textos representativos de esta idea en Latinoamérica hubieran sido quizás más extremos que los españoles y este crítico ya lo ha presentado en
Los retos del español, un libro de vocación
americana. Pero Moreno Cabrera roza el
insulto. Para quien conoce al autor es claro que “la santa indignación” le ha llevado
un poco lejos. Así es difícil discutir. Si ya
no se habla del “español”, sino del “español
mexicano” o “peruano” o “colombiano”, las
cifras disminuyen; pero es incoherente con
lo que Moreno Cabrera escribe a propósito
del “chino mandarín” o del “hindi-urdú”. O
se usa el lenguaje de una manera o de otra,
pero no suponiendo que el lector no sabe
lo que es una paradoja.
El Instituto Cervantes es la única institución oficial española que ofrece cursos
de todas las lenguas de España y desarrolla actividades relacionadas con todas las
manifestaciones culturales y lingüísticas
de España y de América Latina. Lo que hay
PRL 11
que pedir es que haga más, no que desaparezca y nos quedemos sin nada. Y puesto
que tanto ataca Moreno Cabrera la Enciclopedia del español en el mundo, podía haber
citado textos de ella que tampoco le convienen, como el del ministro de Asuntos
Exteriores del gobierno socialista español,
Miguel Ángel Moratinos: “El objetivo del
Instituto Cervantes, de su equipo directivo y de sus trabajadores es hacer del español una lengua pujante y atractiva en un
mundo globalizado que se adentra con
celeridad en la era digital. A ese objetivo
institucional sumamos la aspiración compartida por la ciudadanía y el gobierno de
España, que persigue que nuestra lengua
sea un referente idiomático en las relaciones internacionales y en la construcción de
la paz y el progreso global”. De eso se trata,
de la paz y el progreso globales. Leire Pajín,
secretaria de Estado de Cooperación Internacional en el mismo gobierno, a quien ni
el mismo Lenin se atrevería a calificar de
reaccionaria o conservadora, lo remacha
en el mismo libro: “El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación considera
al Instituto Cervantes uno de sus actores
fundamentales en la política exterior española; no solo como instrumento para la
enseñanza de la lengua y la cultura, sino
como lugar de diálogo, de intercambio de
ideas, de encuentro entre culturas y de cooperación”.
Lo más criticable de El nacionalismo lingüístico, desde el punto de vista filológico,
es el recurso a extractos en lugar del análisis de obras completas. Que falte una referencia al Iberoamérica de Américo Castro,
autor citado una vez, indirectamente y no
por esta obra, es llamativo. De una antología comentada se pretende extraer conclusiones de extrema gravedad y esa antología (basta buscar el autor más citado) se ha
hecho a partir de criterios ajenos que tampoco corresponden a ninguna autoridad
reconocida en su campo. Desde la lógica,
lo que se critica es el recurso permanente a la confusión, en los otros, de los usos
lingüísticos y los metalingüísticos, a lo
que se ha pretendido dar una justificación
(que no es tal) al ocuparse de usos comunes y cultos de la lengua. Es insuficiente.
Desde el punto de vista de la construcción
lingüística destaca el empleo insistente de
ciertos adverbios, sobre todo en posición
final de frase, o incisos adverbiales, que
parecen limitar el contenido o casi pedir
perdón por la afirmación de ese contexto.
Indican una cierta intranquilidad y recuerdan la conocida anécdota atribuida a
Borges. Se cuenta que tuvo que recibir a un
escritor novel, muy recomendado. Cuando
este, azarado como es de esperar, le pidió
consejo, el gran autor le dijo que escribiera como quisiera. El joven se marchó hacia
la puerta, posiblemente decepcionado. Al
llegar al umbral oyó la voz del maestro: “y
cada vez que vaya a usar un adjetivo, llámeme por teléfono”. Lo mismo podría decirse de los adverbios.
Amicus Plato, sed magis amica ueritas.
Moreno Cabrera advierte que su libro será
“a veces, muy duro” y que no se sitúa por
encima del bien y del mal. Lo mismo vale
para su crítico.
C
M
National Hispanic Cultural Center presents the 7th Annual
National Latino
Writers
Conference
enres
G
y
r
a
Liter iting • Poetryn)
2009
fictio
enwr
e
• Scr
n/non
hy
Novel rose (fictio oir/Biograp
P
m
t
e
r
o
Sh
•M
riting
ure
Playw ns’ Literat
e
r
d
l
Chi
Albuquerque, New Mexico
May 21–23, 2009
Nationally prominent authors, agents,
and editors will present in workshops
and panel discussions. All attendees will
have the opportunity to have three one-on-one
appointments with an agent, author, and editor.
Accepting a total of 50 fiction and nonfiction writers.
Everyone is welcome.
Authors will read manuscript samples if submitted by April 1.
Workshops will include hands-on exercises.
Thanks to the support of the NHCC Foundation the registration
price of $250 covers all workshops, interviews, conference
activities, refreshments and evening banquet.
Center for Latin American Resources & Outreach,
Student Affairs and Centro de la Raza
Cinco
años
de excelencia editorial
For more information call 505.246.2261 or email [email protected]
Albuquerque, NM 87102
nhccnm.org • NHCC
1701 4th Street
SWPM
•
ad_terranova_rll.pdf
5/19/2008
1:32:39
Premiada por su excelencia editorial, Terranova Editores se ha
consolidado como la editorial de mayor crecimiento y proyección
de los últimos años en Puerto Rico. La mejor poesía del país ha
encontrado su casa aquí, en la tierra nueva. Sólo un principio nos
afirma: permanecer en constante modulación.
Y
CM
MY
CY
CMY
K
MARTIN ESPADA
NESTOR RODRIGUEZ
JAVIER AVILA
ELIDIO LA TORRE LAGARES
GUILLERMO REBOLLO GIL
AMIR VALLE
AURORA ARIAS
YOLANDA ARROYO PIZARRO
MOISES AGOSTO ROSARIO
JUAN CARLOS LOPEZ
ISRAEL RUIZ CUMBA
ZOE CORRETJER
MAYRA SANTOS FEBRES
JOSE MARIA LIMA
www. revistaprl.com
12 PRL
dic2008/ene2009
La imagen de España y la
asunción del legado español
Francisco Colom González
nos”. No estamos, por tanto, ante un libro
sobre la metrópolis y sus relaciones con
la antigua colonia, sino ante un estudio
de México y de los conflictos culturales y
políticos que se desarrollaron en torno a
su identidad nacional con posterioridad
a la independencia y hasta el final del Segundo Imperio. Durante este período se
produjo un fenómeno excepcional: la nueva nación mexicana, no obstante haber
sido emancipada políticamente por los
descendientes culturales y biológicos de
los conquistadores, fue imaginada como
continuación o renacimiento de su pasado
prehispánico. Por ello, señala Pérez Vejo,
“que la reivindicación de una nación mexicana continuadora del mundo prehispánico la hagan unas élites blancas que poco o
nada tenían que ver con las antiguas civilizaciones mesoamericanas, que lo hagan
en español y no en alguna de las múltiples
lenguas indígenas y que este proyecto se
convierta finalmente en el hegemónico de
la construcción nacional en México es, sin
ninguna duda, uno de los fenómenos históricos más fascinantes a los que un historiador se puede enfrentar”.
España en el debate público
mexicano (1836-1867).
Aportaciones para una historia
de la nación
de Tomás Pérez Vejo
México, El Colegio de México,
2008, 467 pp., US$ 27.77
Q
uizá una de las imágenes que
más impresiona al forastero al
arribar a la capital de México
sea la escenificación arquitectónica de los orígenes nacionales que se
despliega en el centro de la ciudad. A un
lado de la explanada del Zócalo, la Catedral Metropolitana, soberbio exponente
del legado cultural de la colonia. Junto a
ella, las ruinas del Templo Mayor de Tenochtitlán, sede espiritual de la civilización
sobre cuyos restos materiales y culturales
se construyó la sociedad colonial. La inmensa mole barroca del Palacio Nacional
da una idea del peso que la centralización
del poder político ha tenido en la historia
del país. Campeando en el centro de este
gran espacio, como si quisiera otorgarle
un significado de conjunto, una bandera
nacional de colosales dimensiones. Los
textos fundacionales elegidos para adornar el recinto ponen palabras al relato que
esta disposición espacial trata implícitamente de transmitirnos: el asombro de
los conquistadores ante la magnificencia
de la metrópoli azteca; la devastación de
la ciudad tras su asedio; su reconstrucción
y posterior esplendor; finalmente, la invocación a asumir un destino nacional. “¿De
dónde venimos? ¿Adonde vamos?”, se interroga en un texto mural Ignacio Ramírez,
el Nigromante. La respuesta a esta pregunta retórica está tomada de su oración cívica, pronunciada con motivo de las Fiestas
Patrias de 1861: “Este es el doble problema
cuya resolución buscan sin descanso los
individuos y las sociedades. Descubierto
un extremo se fija el otro. El germen de
ayer encierra las flores de mañana. Si nos
encaprichamos en ser aztecas puros terminaremos por el triunfo de una sola raza
para adornar con los cráneos de las otras
el templo de Marte. Si nos empeñamos
en ser españoles nos precipitaremos en el
abismo de la reconquista. Pero no ¡Jamás!
Venimos del pueblo de Dolores. Descendemos de Hidalgo y nacimos luchando
como nuestro padre por los símbolos de
Catedral Metropolitana de México sobre construcciones aztecas.
la emancipación y como él, luchando por
la santa causa, desapareceremos sobre la
tierra”.
La interpretación de la independencia
como un proceso unitario y teleológico
iniciado por el cura Hidalgo y su grito de
Dolores era ya a mediados del siglo XIX
un producto consolidado de la narración
liberal de la identidad mexicana. Según
este esquema, los novohispanos no podían
ser ya aztecas y no querían ser españoles.
Su identidad, pues, había que buscarla en
la propia voluntad de independencia. Sin
embargo, los intentos por convertir a Hidalgo en un paladín anticipado del liberalismo resultaban tan forzados como los
que pretendían ocultar la hostilidad de
Agustín de Iturbide, signatario de la independencia definitiva de la Nueva España,
a la Constitución de Cádiz.
La retórica del Nigromante reflejaba el
dilema al que tradicionalmente han tenido
que enfrentarse los padres fundadores de
nuevos Estados independientes: la opción
entre lo que Clifford Geertz ha denomina-
do el esencialismo o el epocalismo de su cultura oficial, esto es, entre la movilización
de las culturas autóctonas o la promoción
de una cultura desarrollada, pero a menudo foránea, para la construcción nacional.
En el caso de las naciones hispanoamericanas este proceso comportaba una dificultad adicional: la cultura de sus élites
era la misma que la de la metrópoli. De ahí
que el debate sobre la imagen de España
y la asunción del legado español cobrase
necesariamente un carácter político. Partiendo de esta clave, el libro de Tomás Pérez Vejo nos cuenta cómo se construyó la
trama narrativa de la identidad mexicana
a lo largo de un período decisivo del siglo
XIX, pues “uno no se acuesta un día siendo
español frente a indios y castas y se levanta
al siguiente siendo mexicano frente a los
españoles”. El problema de España no era,
sin embargo, algo externo. “Cuando en el
México de ese tiempo se está discutiendo
acerca de España y los españoles –nos advierte el autor– lo que se está discutiendo
en realidad es sobre México y los mexica-
N
os hallamos ubicados, pues,
en el espacio de los imaginarios políticos. Se trata de un
estudio del nacionalismo fruto del giro epistemológico hacia el invencionismo que en los últimos años ha cobrado una vigencia insospechada. Según esta
perspectiva, las naciones deben interpretarse como la representación simbólica de
un particular vínculo social. En la afortunada expresión de Benedict Anderson, se
trata de comunidades imaginadas –que no
imaginarias– inculcadas en la mentalidad
de los individuos a través de los medios de
propagación cultural de la sociedad moderna. La relación de este tipo de representación política con la dinámica del cambio
social y con las élites inventoras de la simbología nacional ha sido objeto de interpretaciones diversas y contradictorias,
pero en cualquier caso todas ellas arrojan
una luz sobre la nación muy distinta del
tono esencialista con que se la suele imaginar convencionalmente. Las naciones no
son entidades naturales que vaguen por el
tiempo en busca de su redención política,
sino construcciones sociales de índole histórica y, por tanto, mudable. Pero no todas
las naciones se imaginan de la misma manera, ni son iguales las consecuencias del
triunfo de uno u otro tipo de imaginación
histórica.
dic2008/ene2009
Pérez Vejo disecciona estas claves en el
caso mexicano y las inserta en la contraposición histórica entre liberales y conservadores para mostrar cómo la interpretación
de España y lo español atravesó el debate
público del México independiente a lo
largo de todo el siglo. Desde la asunción
o el rechazo de la leyenda negra hasta la
implicación de los residentes españoles en
la vida política mexicana, desde las especulaciones sobre la oportunidad de la independencia hasta la ubicación de México
en la secular lucha de las razas hispana y
anglosajona, el papel de la antigua metrópoli en la construcción simbólica de la nación se convirtió en uno de los principales
instrumentos de la pugna ideológica. El
libro aporta algunos datos sugerentes al
respecto. La concepción conservadora de
la raza era fundamentalmente cultural, liberal y genética. Ni la posición de clase ni
la filiación étnica permiten adscribir claramente la pertenencia a uno u otro bando. En última instancia, concluye el autor,
nos encontramos ante dos proyectos nacionales radicalmente opuestos: uno cifra
el nacimiento de México en la Conquista,
la evangelización y la Colonia; el otro, en
un pasado autóctono que nada tiene que
ver con España. Más allá de la posible rivalidad de intereses económicos y sociales,
la pugna entre liberales y conservadores
albergaría un conflicto identitario de
suma cero. Por ello, la derrota del proyecto conservador se saldó con algo más que
su relegación política: para la imaginación
histórica oficial los conservadores dejaron
de ser considerados mexicanos.
Por el contrario, la obra que aquí nos
ocupa redime en gran medida al conservadurismo mexicano de su condena al
purgatorio de la Historia. Para los conservadores, el continente americano se encontraba inmerso en una guerra civilizatoria
entre las razas española y anglosajona en
la que la primera, a la que México pertenecía, estaba a punto de perecer con la
complicidad de los liberales, aliados de los
invasores yankees. Cabría concebir, sin embargo, una interpretación matizadamente
distinta que no ceda por completo ante el
supuesto núcleo irreductible de los conflictos identitarios. En realidad, el conservadurismo mexicano entroncaba directamente con el núcleo de la Ilustración
novohispana. Su carácter conservador
era difícilmente homologable a una causa reaccionaria como la de los apostólicos,
agrupados en la península ibérica tras la
figura de Don Carlos de Borbón, hermano
de Fernando VII. La percepción histórica
que le permitió a Carlos María de Bustamante imaginar la independencia de la
Nueva España como una venganza de los
manes de Moctezuma arraigaba en una
concepción del tiempo nacional gestada
durante la colonia. Como ha explicado
Antonio Annino, los novohispanos lograron construir un puente imaginario entre
el mundo indígena y el orbe colonial insertando a América en el esquema evangélico de la salvación. En una obra como
la de Clavijero, el pasado azteca quedaba
transformado en la etapa de la gentilidad
romana del Nuevo Mundo. Pero con la
www. revistaprl.com
independencia los liberales hispanoamericanos, y los mexicanos en particular, se
vieron imposibilitados de reivindicar una
institucionalidad previa o posterior a la
Conquista. La idea de unas imaginarias
libertades indígenas carecía de fuerza
perlocutiva. En su Carta de Jamaica Bolívar
reconoció la complicada situación política de los criollos americanos, quienes no
eran “ni indios ni europeos sino una especie media entre los legítimos propietarios
del país y los usurpadores españoles”. Privados por los conservadores del recurso a
la religión y a la tradición cultural novohispana, el código de oposiciones binarias
para la conquista del Estado por el que se
regía la cultura política de la época habría obligado a los liberales mexicanos a
acudir al imaginario prehispánico para
elaborar un proyecto nacional propio y
diferenciado. Esta sería la razón por la
que, pese a mantener un ideario cívico
–como el republicanismo en la forma del
Estado o la separación entre este y la Iglesia– el proyecto liberal derivó en México
hacia un Ersatznationalismus –un nacionalismo de sustitución– que en este aspecto lo aproximaba más al esencialismo
étnico del romanticismo europeo que al
imaginario político de sus pares liberales
del continente. En realidad, como señala
Pérez Vejo, la idea de una nación mestiza
en lo racial pero española en lo cultural
resultaba relativamente fácil de admitir
para un universalismo católico como el
de los conservadores mexicanos. Por otro
lado, el triunfo de la latinidad como referencia civilizatoria común a las nuevas
naciones independientes –una inesperada
derivación de los derrotados designios de
Francia en el continente americano– contribuyó a finales de siglo a encauzar la
solución simbólica al conflicto cultural
mexicano. Con la Revolución, la ideología
del mestizaje intentaría suturar finalmente el inestable compromiso identitario
que fuera descrito por Octavio Paz como
una soledad laberíntica.
Puesto que se trata de reconstruir la historia de un debate público, las fuentes manejadas por nuestro autor consisten sobre
todo en la prensa de la época. La obra desgrana pacientemente a lo largo de más de
cuatrocientas páginas las principales materias relacionadas con el papel de España
en el imaginario nacional mexicano: la
cuestión cubana y las posibles consecuencias del expansionismo estadounidense en
el Caribe; la intervención militar española
del general Prim y su inesperada toma de
posición sobre la monarquía mexicana; la
gestión de la deuda española y su relación
con las explosiones de antigachupinismo;
la cambiante y engañosa definición de
quiénes eran españoles, así como el inusitado protagonismo de estos en la vida pública, etc. Sin embargo, por encima de las
cambiantes circunstancias históricas, un
dato resulta destacable: en la construcción
nacional mexicana la imagen de lo español ha tenido que cargar con el sambenito
de su identificación con el universo reaccionario, pero esta adscripción es fruto
sobre todo de un proceso de diferenciación ideológica interno a las propias élites
PRL 13
políticas mexicanas. Por ello, aunque la
obra de Pérez Vejo constituye un trabajo
eminentemente historiográfico, culmina
con una serie de conclusiones dirigidas a
alimentar lo que denomina una teoría de
la nación, sobre todo de la nación hispanoamericana.
En efecto, los trabajos clásicos sobre la
historia social y política del nacionalismo
apenas han tratado el caso hispanoamericano como se merece: como una de sus experiencias más tempranas y exitosas. Pese
a pertenecer a la primera hornada de los
nacionalismos constitucionales, la débil
institucionalidad de los nuevos Estados, la
propensión tutelar de los liberalismos hispánicos y la escisión colonial de sus sociedades impidieron durante largo tiempo la
homogeneización interna implícita en el
imaginario nacional. El carácter periférico
de la academia iberoamericana y el acartonamiento de las historiografías nacionales
hicieron el resto para relegar su estudio a
los márgenes de la historia política. Aun
así, la pervivencia de la práctica totalidad
de las naciones surgidas a comienzos del
siglo XIX en los territorios del antiguo
imperio español y la consolidación del
castellano como lengua de uso común en
el continente son el resultado de unos procesos de construcción nacional dotados de
rasgos propios frente a la experiencia europea y la descolonización del Tercer Mundo.
En el caso mexicano, las claves culturales
descritas por Pérez Vejo terminaron por
hacerse hegemónicas y han sobrevivido
de largo al período al que se circunscribe
su obra. De hecho, la imaginación nacional fraguada por la Revolución mexicana
y administrada posteriormente por el
régimen del Partido Revolucionario Institucional se nutrió en buena medida del
repertorio ideológico del liberalismo. Terminado su ciclo hegemónico, está por ver
hacia dónde soplan los nuevos vientos de
la imaginación política y de la historiografía mexicana. El trabajo de Pérez Vejo
constituye en este sentido un magnífico
ejemplo, tanto por la sutileza del análisis
como por la claridad de una exposición
que ayuda a desentrañar los entresijos
culturales de uno de los procesos de construcción nacional más fascinantes del continente americano.
Revista Hispánica Moderna
Founded in 1934 as Boletín del Instituto de las Españas at
Columbia University, Revista Hispánica Moderna has been
regarded since as one of the most distinguished international venues for academic research in Spanish. RHM is a
semiannual peer-reviewed journal committed to the dissemination of outstanding scholarship on Hispanic and
Luso-Brazilian literary and cultural studies. It publishes
essays and book reviews in Spanish, English, or Portuguese
on the full spectrum of Hispanic and Luso-Brazilian cultural production in Europe, Latin America, and the United
States, and in all historical periods, from the Middle Ages
to the present.
Recently Published Articles:
“The Limits of the Modern Nation in El
Gráfico,” by María Mercedes Andrade
“Recovering Imperial Space in Juan Bautista
Muñoz’s Historia del Nuevo-Mundo (1793),”
by Santa Arias
“Sexing of the City: Desire, Memory, and
Trauma in Luisa Valenzuela’s La travesía,”
by Inela Selimovic
2009 Subscription
Rates
ISSN: 0034-9593
Students: $25
Individuals: $40
Institutions: $50
International orders, please
add $17 for shipping.
To place a subscription order:
Telephone 717-632-3535
Visit our secure online interface at
http://rhm.pennpress.org
Email requests to
[email protected]
Send a CHECK, made payable to the
"University of Pennsylvania Press" with
"RHM2008" in the memo line, to
The Sheridan Press
Attn: Penn Press Journals
P. O. Box 465
Hanover, PA 17331
14 PRL
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
Revisiones de la Guerra Fría
en América Latina
Ricardo A. Setti, Editorial Kosmos
Vania Markarian
A Turbulent Decade
Remembered: Scenes from the
Latin American Sixties
de Diana Sorensen
Stanford University Press, 2007,
312 pp., US$ 65.00
In from the Cold: Latin
America’s New Encounter with
the Cold War
de Gilbert M. Joseph y Daniela Spenser, eds.
Duke University Press, 2008,
439 pp., US$ 99.95 (empastado),
US$26.96 (rústico)
R
estaurar la contingencia del
pasado es seguramente la tarea más importante y difícil de
quienes se dedican a estudiarlo.
Quiere decir poner distancia entre ayer y
hoy, ir hacia atrás con espíritu etnográfico, asombrarse ante la diferencia y tratar
de entender lo que ya no existe, admitiendo que siempre queda un resto para la perplejidad y la humildad de quien sabe que
nada es reductible a sus instrumentos de
análisis. Paradójicamente estas maniobras
permiten explicar mejor el mundo contemporáneo porque logran revelar, aunque sea de forma parcial y provisoria, la
compleja trama de la memoria y el olvido
que le da forma y sustento. En el terreno
de las disciplinas con vocación histórica,
estas operaciones implican siempre alguna forma de revisionismo, o sea un esfuerzo de desmontaje de los relatos más aceptados del pasado que reconocemos como
propio y, en muchos casos, un cambio en
la comprensión del presente desde esos
rastreos de orígenes.
Esto, que se da con cierta periodicidad
en la academia, parece estar ocurriendo
ahora con respecto al largo período de la
historia mundial que conocemos como
Guerra Fría, especialmente en relación a
América Latina. Se trata de varios movimientos simultáneos: un distanciamiento
de las explicaciones basadas en el papel de
las grandes potencias que definieron el
conflicto, un desplazamiento de los análisis sostenidos en los juegos de poder y las
relaciones diplomáticas, una distensión
de las fronteras entre propuestas cultu-
Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso, Muñoz Suaz en casa de Carmen Balcells.
rales y proyectos políticos, por nombrar
solo algunos. A decir verdad, el centro
de estos movimientos, el eje desde donde
se empieza a cuestionar todo el período,
parece ser los años sesenta, ahora definidos de un modo algo más laxo, con fechas
referenciales en la Revolución Cubana de
1959 y los golpes de Estado de principios
de los setenta en el Cono Sur. Mientras la
memoria social se vuelca sobre esta “década larga” en busca de las claves de muchos
rasgos del presente, empiezan a aparecer
estudios novedosos en el marco académico más estricto. Entre esas novedades en
la producción sobre América Latina en las
universidades estadounidenses, se destacan el libro de Diana Sorensen A Turbulent
Decade Remembered: Scenes from the Latin
American Sixties y la mayoría de los artículos de In from the Cold: Latin America’s New
Encounter with the Cold War, editado por
Gilbert M. Joseph y Daniela Spenser.
En el primer caso, el impulso innovador
parte de los estudios culturales, ese nebuloso cosmos con centro en los departamentos de literatura y lengua. Con los pies bien
plantados en ese campo, el libro de Sorensen propone un programa de investigación
ambicioso y exhaustivo para entender las
complejas relaciones entre estética y política a través del análisis de textos diversos
en su calidad y ambiciones literarias: desde
Pasajes de la guerra revolucionaria de Ernesto “Che” Guevara hasta El jardín de al lado
de José Donoso, por nombrar dos de los
más disímiles. La autora realiza una lectura atenta e informada de todos esos textos y se detiene en el señalamiento de las
múltiples ambigüedades y contradicciones
que signaron un período clave de la literatura latinoamericana, no para intentar
resolverlas sino para explotar su potencial
explicativo. He aquí algunas de esas tensiones en sus propias palabras: “el ritmo
oscilante entre aniquilación y construcción”; “los ritmos gemelos de la euforia y la
desesperación”; “el diálogo entre el mundo
latinoamericano y el metropolitano”; “la
lógica contradictoria del sistema [capitalista]” que permitió “el sentido de experimentación, autonomía artística y una
generalizada teleología de la revolución”; y
“la desconcertada posición del intelectual
en un período de intensa negociación entre cultura y política”.
En ese ambiente turbulento, sostiene
Sorensen, la proyección utópica y la sensación de inminencia tiñeron todo el
campo de la cultura, que se va dibujando
simultáneamente como arena de lucha,
herramienta de cambio y terreno de experimentación de la nueva conciencia que
habría de acompañar las transformaciones sociales que entonces se creían inevitables. Este reconocimiento de los múltiples
significados del campo cultural es una de
las grandes virtudes del libro, apoyado en
un atinado manejo de los referentes teóricos en boga dentro y fuera de su especialidad: Theodor Adorno, Roland Barthes,
Walter Benjamin, Pierre Bourdieu, Gilles
Delleuze, Jacques Derrida, Fredric Jameson, son, en estricto orden alfabético, solo
algunos de los citados en el libro. Aunque
los nombres son muchos, las referencias
no agobian ni entorpecen la lectura. Por
el contrario, arrojan luz sobre las formas
particulares de imbricación profunda entre cultura y política en los años sesenta.
El reconocimiento de la densidad de esa
relación aspira a convertirse en el motivo
común del libro y dar unidad a los diferentes capítulos (que en rigor pueden leerse
también como artículos independientes).
Sin embargo, la idea no demuestra la
misma productividad a lo largo de la obra.
Por momentos, la autora despliega las capacidades de los estudios culturales en su
mejor versión, lo cual le permite poner en
cuestión las separaciones demasiado tajantes entre “alta” y “baja” cultura, entre
la cultura de masas y las vanguardias, entre lo tradicional y lo moderno y también
entre lo revolucionario y lo conservador.
Lejos de desconocer esas distinciones, Sorensen las fuerza y las pone en entredicho,
usándolas como definiciones permeables
para captar los conflictos que signaron la
época que la ocupa. Así ocurre, por ejemplo, en el capítulo sobre el Che Guevara,
que abre, en acertada elección, el recorrido propuesto por el libro. Se parte allí del
examen de un texto emblemático de Guevara para conectar con precisión, en un
mismo hilo narrativo, el liderazgo de Fidel
Castro, la propuesta de una nueva moral,
la construcción del mito del “guerrillero
heroico”, su impacto en la izquierda intelectual del continente y la perdurabilidad
de su poder de convocatoria hasta el presente. La incorporación de la dimensión
de género, el énfasis en la ambición transnacional y la inclusión de diferentes tipos
de productos culturales habilitan una re-
dic2008/ene2009
construcción vívida y novedosa de varios
lustros de la historia latinoamericana.
Otros observadores atentos de esos procesos han señalado la importancia de la
Revolución Cubana y especialmente de las
ideas y acciones de Guevara en la construcción del imaginario revolucionario en el
continente y en la creación de una comunidad entre sus intelectuales. El trabajo
más sólido y amplio es seguramente el de
Claudia Gilman (Entre la pluma y el fusil:
Debates y dilemas del escritor revolucionario
en América Latina), pero vale la pena recordar también el inspiradísimo artículo de
Ricardo Piglia de 2003 sobre el Che como
lector (en la revista argentina Cuadernos de
la Memoria) y el más reciente de Eric Zolov
(en la publicación electrónica A contracorriente) sobre su conversión en México de
bohemio andariego en esforzado combatiente, todo un signo de la época. El capítulo final de la biografía de Jorge Castañeda
(La vida en rojo: Che Guevara) es también un
buen repaso de la laboriosa emergencia de
este “santo laico” de varias generaciones de
jóvenes en el mundo. Pero Sorensen logra
sumar a esta bibliografía al iluminar a un
tiempo las dos “mezclas” más características del personaje: por un lado, “la mezcla
de extranjeridad, identidad transnacional,
y marcada idiosincrasia argentina que hizo
al Che tan únicamente local y continental”;
por otro, “la mezcla de asombroso individualismo y estilo personal no convencional con el deseo de integración colectiva”.
De este modo, Guevara aparece como la
proyección más pura de la forma en que la
Revolución Cubana fue percibida dentro y
fuera de América Latina: la superación de la
“alienación” y el “desencanto” de la posguerra y la promoción voluntariosa del cambio
radical en todos los niveles de la vida. Y la
autora no se olvida tampoco de mencionar
una última contradicción: que este “ímpetu utópico” originó primero un “sentido de
lo posible [que] actuó como un trampolín
para la productividad cultural”, pero luego
Según Carlos Fuentes.
www. revistaprl.com
dio “un giro hacia la censura y la represión”.
Así, con pulso firme y desarrollo pausado,
este primer capítulo se convierte en el punto alto del libro, condensando en sus páginas las ideas más originales de Sorensen.
En contraste, los restantes capítulos
aportan muchos datos e ideas interesantes
sobre la cultura de la época pero no vuelven a alcanzar el empuje de esa apertura.
La causa de esta sensación de desconcierto
que por momentos acompaña la lectura
parece estar en una selección de textos
demasiado conocidos de los autores más
consagrados de esta etapa de la literatura
latinoamericana, ya sea por la crítica, el
público lector o ambos. Luego de la poderosa elección de Guevara para abrir el análisis, Sorensen se centra en Octavio Paz y
Elena Poniatowska, cuyos disímiles textos
sobre los sucesos de 1968 en México fueron
rupturistas en su momento, sobre todo en
relación al panorama cultural oficial de
ese país, pero a esta altura no parecen tener nada nuevo para decir al respecto. Al
poner el foco en sus libros, Sorensen deja
de lado las complejas negociaciones entre
recuerdos personales, memorias colectivas y narrativas políticas que han marcado
cuarenta años de discusión pública sobre
los terribles sucesos del 2 de octubre de
1968 en Tlatelolco.
El capítulo que sigue apunta a un asunto clave para los escritores e intelectuales
de la época: “cómo permanecer fiel tanto
a la iniciativa artística radicalmente libre
como al compromiso político con la liberación latinoamericana”. La elección de Julio Cortázar, con su simultánea adhesión
a la experimentación formal y al régimen
cubano en sus épocas ya abiertamente represivas, parece atinada. Pero el análisis
de Sorensen, siempre sólido y pertinente,
se detiene quizás demasiado en las estrategias literarias en desmedro de una visión
más general de los “debates y dilemas del
escritor latinoamericano” que tan bien
captura el ya citado libro de Gilman al
caracterizar el “paradójico antiintelectualismo” que tiñó la obra de muchos intelectuales del período.
A
lgo similar, aunque de modo
menos marcado, sucede en el
siguiente capítulo, dedicado
a la construcción de las redes
de relaciones interpersonales que hicieron realidad una verdadera “república
de las letras” latinoamericana de alcance
transnacional. Además de advertir el papel de revistas como Primera Plana, Mundo
Nuevo, Marcha y Sur en la concreción de
este anhelado sueño de los intelectuales
latinoamericanos, Sorensen señala la importancia de otras instituciones y mecanismos del mercado en la emergencia de
llamado “boom” de la literatura del continente. También subraya con agudeza otra
marca de la época: la posibilidad de sentir
un tiempo moderno, cosmopolita y progresista (incluso revolucionario) a través
de la producción y el consumo de bienes
culturales. Pero menciona solo al pasar
que, como ya notara Gilman, desde la perspectiva de muchos escritores e intelectuales, este sentimiento fue casi una ilusión,
una efímera ambición pronto cuestionada
por las exigencias de mayor compromiso y
entrega, a medida que la situación social y
política se polarizaba y la violencia se iba
transformando en la forma privilegiada
de dirimir los conflictos.
El aporte principal de este capítulo es la
descripción del papel cumplido por algunos agentes culturales que operaban en
España en pleno período franquista, una
dimensión clave y hasta ahora poco considerada al explicar los orígenes del “boom”
y la solidez de los canales comerciales que
le dieron soporte. Como señala la autora:
Es irónico que un régimen que tuvo
un impacto negativo en la vida cultural de esa nación pudiera haber contribuido al crecimiento de la novela latinoamericana, pero también el silencio
PRL 15
de España puede haber ayudado a hacer especialmente audibles las nuevas
voces de Lima, México o Buenos Aires.
A partir de esa afirmación, Sorensen
ofrece un valioso análisis del contexto local y los mecanismos que hicieron posible
la inserción de los españoles en las redes
transnacionales que sustentaron el mencionado florecimiento de la literatura latinoamericana. La somera y algo abrupta
inclusión de Jorge Luis Borges en este capítulo parece apuntar en ese mismo sentido,
al mostrar la circulación de su obra y los
matices de su lectura en Francia y Estados
Unidos como parte de la “geografía de
redes discursivas” en que se apoyaron los
autores del “boom”.
El “boom” sigue en el centro del análisis
en el capítulo consagrado al papel de las
identidades de género en la constitución
del grupo y en la imagen autoral de sus
integrantes. Los textos de José Donoso figuran en el primer plano de estas elucubraciones, en interesante contrapunto con
algunas observaciones que su esposa María Pilar incluyó en la edición de 1987 de
la Historia personal del boom según el autor
chileno. De este modo, Sorensen se adentra con paso firme en un aspecto poco
estudiado. El examen de las nociones de
masculinidad incluye las ideas de familia
en sentido real y figurado, especialmente
las filiaciones y genealogías establecidas
por los autores del “boom” para afirmar
su lugar en la historia de la literatura. El
resultado es convincente y logra trascender la “petit histoire” y el chismorreo que
abundan en algunos relatos testimoniales,
como el muy entretenido libro de Alfredo
Bryce Echenique de 1993 Permiso para vivir: Antimemorias I (que extrañamente no
aparece citado en esta obra). La idea del
“boom” como una cofradía de varones,
una suerte de “Club de Tobi” intelectual,
fundado, según dice Tomás Eloy Martínez
que le dijo Carlos Fuentes, por la visión colectiva de la espalda de una mujer hermosa en una tarde de Buenos Aires en 1962,
no es una novedad. Pero Sorensen aporta
algo más al derivar de las “ansiedades” de
la masculinidad toda una forma de plantarse en el mundo y conquistar un lugar
para literatura latinoamericana, al tiempo que la “crisis” de esta misma identidad
encuentra su espejo, ya en la madurez de
estos autores, en una situación social y política marcada, en muchos de los países del
continente, por niveles inusitados de violencia, represión y desaliento.
El libro termina con una “relectura” de
las novelas del “boom” en el siglo XXI. Se
trata de una revisión de obras canónicas
como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, La muerte de Artemio Cruz de
Carlos Fuentes, La casa verde de Mario Vargas Llosa y Rayuela de Julio Cortázar, con
el objetivo de desentrañar las razones de
su éxito dentro y fuera de América Latina,
especialmente en Europa y Estados Unidos.
Así, Sorensen rastrea la resonancia de estos textos en relación a rasgos culturales y
coyunturas políticas de esas diferentes sociedades y a su habilidad para “representar
la complejidad de la experiencia humana”,
mientras vuelve a marcar las limitaciones
www. revistaprl.com
16 PRL
de un proyecto político y literario que no
cuestionó radicalmente las relaciones de
género. Esta nota de crítica o desencanto,
con algunos trazos de nostalgia y esperanza, establece el tono final del libro mediante la descripción de un panorama cultural
muy lejano al examinado en las páginas
precedentes pero heredero de la riqueza
y la inventiva de la época clave que allí se
analiza: ya no están las “editoriales culturales”, ni las redes de relaciones personales,
poco queda de la voluntad de cambio total
y la confianza en el futuro. Y, por si todo
eso fuera poco, el género testimonial se ha
impuesto sobre la novela. Esta brevísima
pintura de la situación actual resulta un
buen contrapunto para terminar de calibrar la “turbulenta década” de los sesenta
en América Latina. El “recuerdo” aludido
en el título mismo del libro adquiere entonces todo su significado: es una vuelta al
pasado con los ojos del presente, la mirada
de un visitante con capacidad de asombro
y distancia crítica frente al momento fundante de muchos de los rasgos de la cultura
contemporánea. He ahí el gran acierto de
este texto que, aunque con desigual alcance
en cada capítulo, construye una imagen de
conjunto que aporta mucho a la comprensión de ese pasado, sobre todo para el público lector en inglés, que puede no conocer
algunos de los importantes textos mencionados en esta reseña que aún aguardan una
merecida traducción.
E
n este último sentido, es interesante el contraste con el libro
compilado por Daniela Spenser
y Gilbert Joseph, fruto de un
encuentro realizado en México en 2002 y
primero editado por Spenser en español
como Espejos de la guerra fría: México, América Central y el Caribe. La versión en inglés
que ahora se presenta es una compilación
algo diferente pero mantiene la misma
enorme virtud de resumir con precisión
el panorama de los estudios académicos
sobre estos temas en un lenguaje accesible
para un público amplio. El volumen abre
con una presentación de los “nuevos enfoques, debates y fuentes”. Incluye un breve
panorama de las colecciones documentales recientemente disponibles y su posible
impacto en los estudios sobre este período
en América Latina, escrito de forma amena
por Thomas Blanton, director del National
Security Archive, la organización que seguramente ha hecho más para facilitar el
acceso público a los documentos desclasificados del gobierno de Estados Unidos
tanto en relación al subcontinente como al
resto del mundo.
Pero la columna vertebral de esta primera sección es un largo e informativo artículo de Joseph titulado “Lo que sabemos
y lo que deberíamos saber”. Allí se argumenta a favor de tejer más apretadamente
las historias locales y nacionales con la más
amplia narrativa de la Guerra Fría y se defiende una visión general de esos procesos
basada en la dinámica “revolución-contrarrevolución” que ya planteara Greg Grandin con persuasión y evidencia a partir de
sus investigaciones sobre Guatemala (The
Last Colonial Massacre: Latin America and
the Cold War). Aunque esta perspectiva resulta a veces un poco ingenua o romántica
en relación a las motivaciones y conductas
de algunos de los actores latinoamericanos, fundamentalmente los grupos de izquierda y los movimientos sociales, tiene
la gran virtud de replantear el papel de las
grandes potencias, reconocer la diversidad
de su impacto en los diferentes contextos
nacionales y regionales, y darle su justa dimensión a la influencia de Estados Unidos
en la peripecia latinoamericana.
Desde esas premisas, Joseph repasa los
enfoques sobre la Guerra Fría producidos
desde la historia de las relaciones internacionales (o historia diplomática, según el
apelativo más tradicional), desde el rea-
No deje que sus amigos
no conozcan PRL.
Regale PRL en estas fiestas.
Versión impresa + PRLONLINE
a solo US$29.00.
Todavía está a tiempo.
lismo hasta el postrevisionismo, identificando sus puntos de acuerdo, sus periodizaciones, sus debates y sus falencias para
explicar el conflicto global en sus múltiples dimensiones, especialmente con respecto a América Latina. En relación al estado actual de la cuestión, advierte contra
dejarse encandilar por las nuevas fuentes
que se están poniendo a disposición del
público y llama a ampliar el espectro de
temas, actores y dimensiones de análisis,
con énfasis en la historia cultural, el papel
de grupos antes dejados de lado (las mujeres, los campesinos, los estudiantes, etc.),
las dinámicas locales y los contactos transnacionales. En este último sentido, Joseph
se suma a quienes, como Odd Arne Westad en su elegante y ambicioso libro The
Global Cold War: Third World Interventions
and the Making of Our Times, argumentan
a favor de poner el foco en el “sur global”
para mejor entender un conflicto hasta
ahora prácticamente reducido al enfrentamiento entre las dos grandes potencias
del período. En lo relativo a América Latina, esto significa cuestionar la extendida
visión de los procesos locales como meros
epifenómenos y de sus actores como marionetas en una lucha que los trascendía.
De este modo, se cuestiona una perspectiva demasiado empeñada en juzgar y señalar culpas (como en Utopia Unarmed:
The Latin American Left and the Cold War,
de Jorge Castañeda), apuntando fundamentalmente a Cuba y dejando de lado los
procesos locales y globales que permiten
explicar los conflictos sociales y los ciclos
de violencia y represión que asolaron a la
región luego del breve período de florecimiento democrático al final de la Segunda
Guerra Mundial.
A estas tareas se abocan con decisión,
sustancia y poder de convencimiento los
tres excelentes artículos de la siguiente
sección del libro, con el explícito título de
“América Latina entre las superpotencias:
Realpolitik internacional, la ideología
del Estado y la latinoamericanización del
conflicto”. El texto de Daniela Spenser se
centra en la crisis del Caribe (más conocida
como “crisis de los misiles”) de 1963 para
empezar a desbrozar lo que se sabe sobre
el papel de la Unión Soviética en América
Latina, fundamentalmente en lo que hace
a Cuba y su proyección en el resto del continente. De ese mismo lugar parte Piero
Gleijeses para condensar el enorme caudal
de evidencia documental y ricas hipótesis
recogidas en su libro sobre la presencia
cubana en las luchas independentistas y
revolucionarias del continente africano
(Conflicting Missions: Havana, Washington,
and Africa, 1959-1976). Ariel Armony, por
su parte, aporta también un resumen de
sus investigaciones previas sobre el papel
de los militares argentinos en los conflictos centroamericanos de los años setenta
y los pormenores de sus relaciones con diferentes agencias del gobierno de Estados
Unidos (Argentina, the United States, and the
Anti-Communist Crusade in Central America, 1977-1984). Estos tres artículos son
un punto alto del libro por la diversidad
de enfoques y temas que despliegan para
probar el rendimiento de una idea-fuerza
dic2008/ene2009
planteada en la introducción: la necesidad
de atender a la independencia relativa de
los diferentes países en relación a la clásica determinación de campos del conflicto
global o, mejor dicho, las estrategias particulares de algunos gobiernos para sacar
provecho a ese enfrentamiento en función
de sus propias agendas.
La tercera sección, titulada “Luchas cotidianas sobre cultura y representación en
la Guerra Fría latinoamericana”, es la más
extensa y reúne artículos desiguales en
sus ambiciones y logros para abordar otro
de los temas claves de la introducción: la
importancia de analizar los aspectos culturales y el nivel simbólico de las luchas
globales del período. Esta preocupación,
que ya había guiado otros emprendimientos editoriales de Joseph (especialmente el
sonado Close Encounters of Empire: Writing
the Cultural History of U.S.-Latin American
Relations, compilado junto a Catherine LeGrand y Ricardo Salvatore), aparece de forma diferente en cada artículo. Seth Fein se
centra en las limitaciones que el panorama político mexicano, fundamentalmente
su nacionalismo y la herencia del lenguaje
revolucionario, impuso a los programas
de comunicación desplegados de forma
encubierta por agencias del gobierno de
Estados Unidos. El eje del texto de Eric
Zolov sobre movilizaciones estudiantiles
de 1961 en Morelia, México, es el impacto local de la Revolución Cubana sobre la
percepción de las instituciones culturales
estadounidenses en esa ciudad. Steven Bachelor, por su parte, analiza la influencia
que tuvo la expansión de la industria automovilística estadounidense en el desarrollo de los conflictos obreros y en el propio
surgimiento de una conciencia de clase,
también en México. En el último estudio
del caso mexicano, Stephen Pitti pone el
foco en los reclamos de los trabajadores
inmigrantes para mostrar la eficacia de las
estrategias de organización y comunicación desplegadas bajo el influjo de César
Chávez en el panorama social y político de
Estados Unidos en la década del sesenta.
La sumatoria de estudios sobre México redunda en cierta desproporción en el diseño global de la sección, tanto en términos
cuantitativos como cualitatativos, ya que
se trata de un país algo excepcional en la
historia latinoamericana, especialmente
durante la Guerra Fría, con la carga de su
pasado revolucionario, su carácter fronterizo entre el norte y el sur del continente,
su particular política exterior a lo largo
del siglo XX y su excepcional relación de
vecino de Estados Unidos, entre otros aspectos peculiares.
Los otros dos artículos de esta sección
abandonan por fin el caso mexicano y cambian ligeramente de temática al incorporar
el análisis de género de las luchas de los
años sesenta y setenta en Brasil y Guatemala. En el primero, Victoria Langland prueba la productividad que puede alcanzar la
nueva historia cultural al plantear animada
y consistentemente el influjo que el contenido sexual asignado a la participación de
las mujeres en las movilizaciones estudiantiles de los sesenta tuvo en las prácticas represivas del gobierno autoritario brasileño.
dic2008/ene2009
En el segundo, Carlota McAllister trata de
mostrar las fuerzas contradictorias que dieron forma a los procesos de modernización
capitalista de una zona rural de Guatemala, donde las mujeres indígenas tomaron en
sus manos la resistencia a las demandas de
los brutales regimenes represivos que gobernaron ese país a partir de 1954.
Para cerrar el libro, Daniela Spenser
ofrece un panorama de los contenidos y
aspiraciones del volumen con el objetivo de demostrar que se consiguió poner
“patas arriba” la “historia convencional de
la Guerra Fría”. La autora sostiene que se
logró “trascender los paradigmas dicotómicos de interpretación” e “incluir sujetos
humanos a menudo marginalizados” para
“ubicar los intereses nacionales, las políticas de Estado y la economía internacional
en la esfera político-cultural en la que el
poder estatal es desplegado e impugnado a través de representaciones, sistemas
simbólicos y nuevas tecnologías, reconociendo que el ejercicio del poder no fluye
solamente de las políticas e intervenciones
de los Estados sino que también funciona
a través del leguaje y los sistemas simbólicos en las prácticas cotidianas”.
Sin embargo, su excelente resumen de los
aportes individuales de los diferentes artículos no alcanza para disipar la sensación
de que los aciertos más importantes están
en la sección dedicada, precisamente, al nivel estatal, a la participación de diferentes
países latinoamericanos en la “guerra civil
internacional” que enfrentó a las potencias
mundiales, a la imbricación de sus historias nacionales con los conflictos globales.
Spenser señala que aún queda mucho para
investigar sobre estos asuntos, especialmente en relación al papel de Cuba y a las
dinámicas institucionales de la burocracia
soviética, pero los tres artículos de la segunda sección de este libro ya marcan un
camino claro para futuros esfuerzos. El panorama es más confuso en el terreno de lo
cultural y simbólico. Aunque los textos de
la tercera sección dan cuenta de que, efectivamente, “la Guerra Fría se peleó en muchos
frentes”, muchos más de los reconocidos en
las historias más tradicionales, resulta todavía incierto para dónde apuntarán futuros trabajos sobre estos asuntos. Parecería
que en este terreno se corre todavía el riesgo de caer en el catálogo, en la sumatoria de
temas y enfoques, sin reconocer que el esfuerzo de restaurar contingencia al pasado
histórico necesita como sostén algunas certezas, capacidad de síntesis y jerarquización
de problemas y líneas de análisis. Quizás es
tiempo de marcar una agenda de investigación que vincule efectivamente cultura
y política, más allá de las declaraciones de
intenciones. El grupo de académicos reunido por Spenser y Joseph en este importante
libro es seguramente uno de los más capacitados para emprender esta apremiante
tarea. De lo contrario, el despliegue de estudios monográficos puede agotarse en sí
mismo y derivar en una suerte de desvelo
cartográfico por calcar “puntualmente” el
mapa sobre el territorio del imperio, como
en el trillado pasaje de Borges de 1960, otro
texto emblemático de la época que venimos
considerando.
www. revistaprl.com
PRL 17
PRL
se publica seis veces al año.
Cada edición pasa revista
a lo más estimulante
y original de lo
recientemente publicado
en literatura, biografía,
memoria, historia,
política, filosofía, ciencia.
Suscríbase ahora y reciba
PRL cada dos meses.
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 21
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 28
PRLONLINE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 29
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 36
Obtenga cada edición de PRL en un PDF con diseño propio. La suscripción anual otorga acceso a todas las
ediciones de PRL.
Para preguntas sobre su suscripción o para ordenar una por teléfono por favor contáctenos llamando al
212.864.4280 o visitando www.revistaprl.com. También puede suscribirse enviando un cheque o money
order a: Mido Editores Inc. 476 Central Park West, Ste. 4A, New York, NY 10025.
www. revistaprl.com
18 PRL
Una mirada occidental
Juan Marchena Fernández
The Discovery of Mankind.
Atlantic Encounters in the Age
of Columbus,
de David Abulafia
sa región tuvo también que ser repoblada
con esclavos africanos, originándose uno
de los cambios culturales más importantes ocurridos en menor tiempo.
Todo esto, nada menos que las consecuencias de este proceso, la realidad de una
de las más terribles hecatombes humanas
y culturales sucedidas en la historia de la
humanidad, más allá de lo que señalan
los libros y los tratados medievales y renacentistas, y de la preocupación intelectual,
doctrinal y eclesiástica europea, apenas si
aparece en la obra de Abulafia. Esto, dice
él, no es lo que le interesa contar.
N
New Haven and London, Yale
University Press, 2008, 408 pp.,
US$ 35.00
D
avid Abulafia es un especialista en historia del Mediterráneo medieval y renacentista.
Es autor de destacados trabajos como Frederick II. A medieval emperor;
Commerce and Conquest in the Mediterranean, 1100-1500; The Western Mediterranean Kingdoms, 1200-1500. The Struggle for
Dominion; Mediterranean Encounters. Economic, Religious and Political, 1100-1550.
Con The Discovery of Mankind Abulafia
cambia de escenario. Sin abandonar del
todo sus perspectivas mediterráneas, lo
que ofrece aquí es una visión que él mismo dice muy particular, del proceso de
expansión europea a través del Atlántico,
desde la baja Edad Media hasta la época
colombina. Un proceso de encuentros
atlánticos, en el que tuvo lugar “the discovery of mankind”, que culminó con el
“prodigioso” “descubrimiento renacentista del hombre”, y al que siguieron nuevos
encuentros en América, Asia o África.
Solo con reflexionar sobre estos propósitos iniciales, y observando el empleo de
determinados términos (mankind, encounters, discovery, wonder...) el lector puede ver
que lo que tiene entre manos es un libro
que, aunque se acerca al tema del terrorífico y sangriento choque de civilizaciones que produjo la expansión atlántica
europea, tanto en las islas Canarias como
posteriormente en América, sin embargo
enmarca este conflicto –a partir de la lectura de algunos autores de la época– como
un inevitable encuentro de la cultura occidental con la otredad no-europea, sucedido tras el descubrimiento de lo que hasta
entonces y para los europeos fueron los
hombres desconocidos.
O sea, un libro escrito desde una perspectiva netamente eurocéntrica (y deseo,
en principio, despojar este término de
cualquier rasgo negativo).
La estructura del trabajo del profesor
Abulafia no ofrece grandes sorpresas sobre lo anunciado en su prólogo. En la primera parte expone sus ideas –elaboradas
especialmente a partir de las lecturas de
Colón– sobre cuál era el horizonte mental de los europeos acerca de los pueblos
situados más allá del espacio que comúnmente conocían: los que habitaban tierras,
islas y costas ignotas o imaginadas. En la
segunda parte ofrece la visión de los au-
dic2008/ene2009
tores de la época sobre los pobladores de
las islas Canarias, sus ideas preconcebidas
sobre los mismos antes de su conquista, y
posteriormente la invasión de estas islas
y la esclavización de sus moradores hasta
su extinción (Aquí añade también unas
escasas páginas referentes a la conquista
portuguesa de las costas africanas, contemporánea a la de Canarias). La tercera
parte –la más extensa del libro–, la dedica
a la imagen que fue creándose en Europa
sobre las Antillas americanas tras su “descubrimiento”, la polémica sobre si se trataban de tierras asiáticas o de un “nuevo
mundo”, sobre el origen y carácter de sus
habitantes, sus formas de organización, y
finalmente su conquista y los inicios de su
explotación. La cuarta y última parte del
libro es una miscelánea conformada por
un comentario sobre el papel de Américo
Vespuccio como propagandista de la continentalidad americana (un personaje que
al autor no parece caerle simpático), un ensayo sobre el “descubrimiento” y conquista
del Brasil (donde en apenas veinte páginas
resuelve la presencia de portugueses, italianos y franceses en aquellas costas), finalizando con la exposición de la teoría y la
práctica de el requerimiento como fórmula
religiosa y política de dominación sobre
los indígenas americanos. Unas conclusiones, al final de la obra, cierran la idea del
autor sobre el descubrimiento renacentista
del hombre: The discovery of man in the At-
lantic transformed the world, laying the basis
for the great empires of Spain, Portugal and
eventually England, France and Holland… It
transformed the Americas, by mortality and
conquest, and Africa, as demand for slaves to
work mines and plantations in the Americas
grew exponentially. But it also jolted Renaissance Europe: Christians, Jews and Muslims
were only part of God’s Creation.
Esta es la conclusión a la que llega el profesor Abulafia. Pero apenas si señala que el
precepto divino de evangelizar a los pueblos descubiertos fue ejecutado a pesar de
que la confusión de cómo realizar esta misión civilizadora fuera mayúscula, dado
que la discusión fundamental versó sobre
si estos pueblos eran infieles o simplemente bárbaros. En uno y otro caso, según los
teóricos de la época, debían ser tratados
de manera diferente. En el fondo, se trata
de una cuestión históricamente intrascendente de cara a los resultados finales,
ya que la anhelada conversión se hizo de
todos modos a la viva fuerza. Los pueblos
que tuvieron la dicha de ser encontrados
por los europeos no resistieron las bondades de tal concurrencia civilizatoria. Las
Canarias tuvieron que ser repobladas rápidamente con gentes venidas de Europa
y, sobre todo, con esclavos traídos forzosamente de África, porque sus naturales no
sobrevivieron a la invasión. Y en el Caribe
volvió a repetirse la historia, a mayor escala: en poco más de veinte años, esta inmen-
o se puede negar el interés de
las aportaciones de Abulafia
respecto al tema que le ocupa.
Reflexionar sobre el pasado
permite conocer el conjunto de elementos que nos conforman como sociedades
contemporáneas: al fin y al cabo somos un
destilado del pasado. Y la mirada sobre el
mismo siempre debe ser múltiple, caleidoscópica, donde todas las perspectivas tengan
cabida, porque todas aportan y todas enriquecen el análisis. Pero a la vez, a estas alturas de la reflexión sobre el valor y los aportes de Occidente en el contexto de nuestra
actual humanidad globalizada, frente a la
necesidad de que las sociedades puedan
desarrollar principios y valores colectivos
incluyentes respecto de la otredad, el lugar
donde cada observador desea sentarse a estudiar, la posición donde se sitúa, es vital
para calibrar los resultados que desea obtener; y demostrativa de sus intereses.
¿Por qué analizar el encuentro de Occidente con América casi exclusivamente a
partir de la mirada de los autores europeos
de la época, desde ese único punto de vista? ¿Que no quedan testimonios de la otra
parte? Esa es una afirmación que ya nadie
puede sostener. Miles de trabajos de todo
tipo ofrecen perspectivas de lo que algunos autores llamaron, hace ya décadas, la
visión de los vencidos. Muchos de estos
materiales surgieron o proceden, y esto
es interesante, de la mano de algunos de
los propios destructores, por ejemplo los
“Cronistas de Indias”. Es realmente escaso
el uso por parte de Abulafia de los escritos de estos. Muchos de ellos, por no decir
todos, abordan los mismos temas de que
él se ocupa, y algunos con especial dedicación, extensión y profundidad. La omisión es especialmente llamativa en el tratamiento de las sociedades originarias del
Caribe, donde estos cronistas todavía son
una fuente básica de información. Solo encontré referencias a Pané (quien no es de
los principales), Las Casas (pero no a su
Historia General), Hernán Cortés y Bernal
Díaz (que no tratan sobre estas sociedades
del Caribe), y Fernández de Oviedo (usado
poco e indirectamente). Los demás parecen no existir. (Curiosamente, en cambio,
sí hallamos muy citados y trabajados los
cronistas de la conquista de Canarias).
¿Cómo se explican estas omisiones? ¿Se
trata de desinformación, o de que abordar
este capítulo de la historia americana con
la profundidad necesaria era una tarea
que excedía del propósito del autor? Pero
entonces, ¿por qué abordarla?
dic2008/ene2009
www. revistaprl.com
PRL 19
África de las Heras
en México y Uruguay
Random House Mondadori
Julián Corvaglia
Patria. Una española en la KGB
de Javier Juárez
Barcelona, Editorial Debate, 2008,
€ 19.9 ¿
Patria con Valentino Marchetti.
público
Cómo llega una española a ser
coronel condecorada de la KGB?
¿Cómo logra ser profesora de
espías del servicio secreto del
centro del bloque comunista una mujer
acunada en la alta y tradicional burguesía,
ex-alumna de un colegio de monjas, y nacida en un país en declive?
En la introducción se lee que “el mejor espía es aquel de quien menos se sabe”. África
de las Heras (conocida como Patria) fue de
las mejores: solo se supo de sus actividades
tras su muerte. Y la información oficial sigue vedada y acumulada en los antiguos archivos de la KGB (siglas en ruso del Comité
de Seguridad del Estado) de Moscú.
El primer capítulo de la biografía de África se extiende demasiado sobre sus raíces y
su familia. Pero tiene el acierto de mostrarnos a una joven a quien le desagradaban
profundamente su ambiente familiar y el
rol social establecido para la mujer. Su rebeldía y su pasión ya se perfilaban desde temprano. A los diecinueve años se casó con un
militar seis años mayor. Pero el choque de
caracteres fuertes y sus ansías de independencia hicieron que la pareja fracasara, no
sin antes tener un hijo que falleció a corta
edad. La gran discrepancia con su familia a
partir de ese matrimonio hizo fácil que decidiera cortar todos los lazos con la misma.
Nacida en Ceuta en 1909, un resto colonial español en Marruecos, África empezó
su carrera como miliciana en la fallida insurrección revolucionaria española de 1934,
y como una especie de policía e inquisidora
durante la Guerra Civil española. Fue uno
de los miembros de las patrullas de control
del Comité Central de Milicias Antifascistas
de Cataluña, creadas oficialmente en agosto
de 1936. Este se creó por decreto del gobierno provincial y contaba con representación
proporcional de partidos y sindicatos. Ella
estaba por parte del sindicato de la Unión
General de Trabajadores (UGT). Las patrullas tenían labores policiales y de seguridad,
y fueron responsables de abusos y excesos.
En los informes franquistas sobre hechos
delictivos cometidos por la “dominación
roja”, África fue, según testimonios de al menos tres personas, una de las interrogadoras
de la cárcel barcelonense de San Elías.
En Moscú, junto a José Gros y Rafael Vidiella.
Cuando se fue a Madrid, en 1933, ingresó al Partido Socialista Obrero Español
(PSOE) y a la UGT, y conoció a un destacado
dirigente sindical, Luis Pérez García-Lago,
con quien tuvo una prolongada relación
sentimental. Un año más tarde, tras la
huelga general del 5 de octubre, mostró su
compromiso y valentía en la primera línea
de acción.
Al momento del inicio de la Guerra Civil
tenía una doble militancia. Por un lado,
estaba afiliada a las Juventudes Socialistas
Unificadas que unían a los jóvenes del Partido Socialista con los del Partido Comunista, y tuvieron como primer dirigente a
Santiago Carrillo, quien desde 1960 hasta
1980 fue el secretario general del Partido
Comunista Español. Por el otro, al Partido
Socialista Unificado de Cataluña, fruto de
la unión de partidos catalanes de izquierda y defensor de las tesis soviéticas.
En 1937, África es captada por el NKVD
(luego KGB) en Barcelona por Leonid Eitingon, responsable máximo de la “Operación Pato” que culminó con el asesinato de
León Trotsky en la capital mexicana. Cabe
recordar que el apoyo de los rusos al bando republicano en la guerra intestina no
fue menor: “Entre octubre de 1936 y julio
de 1937, la URSS envió a España 648 aviones, 347 tanques, 60 vehículos acorazados,
1,186 ametralladoras y 340 morteros”. Sumando a unos mil tanquistas y pilotos, y
unos seiscientos asesores militares.
Después del capítulo sobre los antecedentes y la Guerra Civil, el libro se aleja de la biografiada. Tras un minucioso apartado sobre
la historia de la KGB, se centra en la familia
Mercader. La madre, Caridad, fue una destacada militante comunista, que tuvo como
hijo al asesino de Trotsky: Ramón Mercader. Ella fue una de las responsables de los
incidentes entre anarquistas, poumistas y
comunistas, que se saldaron con unos quinientos muertos durante 1937. Es decir que,
en plena Guerra Civil, el stalinismo no solo
tuvo purgas internas sino que las exportó a
la península ibérica, debilitando al bando
republicano.
El relato de los Mercader viene a cuento de que la primera española enviada a
México por el NKVD a espiar y seguir los
movimientos de Trotsky fue África de las
Heras. El autor, Juárez, no cree que fuera
traductora ni secretaria del líder exiliado,
como señalan otros.
Impresionante es conocer los detalles de
la preparación del asesinato de quien condujo y creó al Ejército Rojo, aunque se le
dedica demasiadas páginas. www. revistaprl.com
20 PRL
-EGA
LLL#B>9D:9>IDG:H#8DB
HZZmigVŠV
Za]jbdgYZ7dg\Zh
EVWadYZHVci^h
7dg\Zh
YZ6Yda[d7^dn8VhVgZh
9Zhi^cd:Y^X^dcZh!'%%+!&#++(ee#!
JH()!.*
A
VheZhVY^aaVhYZ?dg\ZAj^h7dg\Zh
hdWgZ jcV W^Wa^diZXV ^cÒc^iV AV
7^Wa^diZXV YZ 7VWZa d hdWgZ jc a^"
Wgd ^cÒc^id :a a^Wgd YZ VgZcV hZ
]VcXjbea^Yd!naVW^Wa^d\gV[†VfjZadi^Z"
cZXdbdXZcigdXgZXZh^ceVgVg#:c'%%+!aV
dXVh^‹cYZjccjZkdVc^kZghVg^dhZXjb"
ea^ZgdckZ^ciZVŠdhYZhjbjZgiZbjai^ea^"
X‹aVhdWgVhYZY^XVYVhVhjk^YV!VhjdWgV
nVadhb{g\ZcZhYZVbWVh#6aVha^WgZg†Vh
Vg\Zci^cVhaaZ\VgdcZcadhai^bdhbZhZh
W^d\gV[†Vh VbW^X^dhVh 7dg\Zh! jcV k^YV!
YZ:Yl^cL^aa^Vbhdc!n7dg\Zh#K^YVna^"
iZgVijgV! YZ 6aZ_VcYgd KVXXVgd! Y^{ad\dh
Y^kZghdhYZeZg^dY^hiVhfjZadZcigZk^hiV"
gdc:cY^{ad\d>n>>!YZDhkVaYd;ZggVg^0:a
eVaVWg^hiV!YZ:hiZWVcEZ^Xdk^X]!ZchVndh
hdWgZ VheZXidh YZ hj a^iZgVijgV 7dg\Zh n
aV igVYjXX^‹c! YZ HZg\^d LV^hbVc0 7dg\Zh
n Za ]jbdg! YZ GdWZgid 6a^[Vcd0 7dg\Zh n
aVX^ZcX^VÒXX^‹c!YZ8Vgadh6WgV]Vb#Cd
[VaiVgdc adh XdhiVYdh b{h Ydb‚hi^Xdh :a
hZŠdg7dg\Zh!YZ;VccnJkZYV!fjZigVWV_‹
ZcaVXVhVYZhYZ&.),]VhiVaVbjZgiZYZa
ZhXg^idgc^adhb{hVWhigVXidhZaZmXZaZciZ
7dg\ZhnaVbViZb{i^XV!YZ<j^aaZgbdBVg"
i†cZo#=jWdiVbW^‚cjc{aWjbYZaViVaZc"
idhV[di‹\gV[VHVgV;VX^d!7dg\ZhZc7jZcdh
6^gZh!njcXj^YVYdhdgVhigZd\ZcZVa‹\^Xd!
fjZgZjc^‹jcVXVci^YVYYZYVidhhdWgZaV
[Vb^a^VfjZhZ\jgVbZciZZab^hbd7dg\Zh
^\cdgVWVedgXdbeaZid/A^iZgVidhnZmX‚cig^" 7^dnZgVjcbjX]VX]d!7dg\ZhjcZhXg^idgYZedXdb{hYZigZ^ciV#;DID8A6G>C8DCI:C>9DH
Xdh#AdhVcXZhigdh^c\aZhZhYZ?dg\ZAj^h7dg"
\Zh!YZBVgi†c=VY^h#67dg\ZhZhiVkVg^Z" a^WgZ! idaZgVcX^V V aVh gZeZi^X^dcZh n bVaV cdiV^cigdYjXidg^V!adhVŠdhegZk^dhYZhj
YVY YZ Zc[dfjZh aZ ]jW^ZgV V\gVYVYd! nV egZY^hedh^X^‹c]VX^VZa\‚cZgd]jbVcd#
Vb^hiVY#HZXdcdX^ZgdcZc&.(&ZcXVhVYZ
fjZhjbZciZZgViVcV[†cVaVejgVZheZXj"
:cadhai^bdhVŠdhnVhZ]VW†VcejWa^" K^Xidg^VDXVbed!fjZ]VWg†VYZhZgajZ\d
aVX^‹cXdbdVadhgVh\dhX^gXjchiVcX^VaZh XVYdkVg^dha^WgdhVjidW^d\g{ÒXdhYZ7^dn aV XjŠVYV YZ 7^dn# :c ZhZ ZcidcXZh 7^dn
fjZiZc†VcaVdWa^\VX^‹cYZYVggZVa^YVYV 8VhVgZh/ :c k^V_Z! BZbdg^Vh n 9ZhXVchd YZ cVX^YdZc&.&)ZgVjcbjX]VX]d!7dg\Zh
aVigVbV#
XVb^cVciZh#:hidha^WgdhZhiVWaZX^ZgdcjcV jc ZhXg^idg YZ edXd b{h YZ igZ^ciV! Xdc
a†cZVXgZX^ZciZZcadhiZggZcdhYZaV^cY^h" X^cXd d hZ^h a^Wgdh ejWa^XVYdh jcV dWgV
8dbZZcXVhV7dg\Zh
6 ZhV W^Wa^d\gV[†V ^ciZgb^cVWaZ fjZ ]V"
Wg{ YZ dWa^\Vg V adh XdaZXX^dc^hiVh ÅfjZ
hdc jcdh XjVcidhÅ V V\gZ\Vg cjZkdh Zh"
iVciZhVhjhnVhdWgZXVg\VYVhW^Wa^diZXVh!
hZ hjbV V]dgV jcV XViZYgVa YZ eVeZa/ Za
7dg\ZhYZ6Yda[d7^dn8VhVgZh!b{hYZb^a
hZ^hX^ZciVhe{\^cVhZci^ed\gV[†VeZfjZŠV#
AVaZXijgVg{e^YVfjZZm^\ZZaa^WgdÅhVij"
gVYd YZ X]^hbZh bVa^ciZcX^dcVYdhÅ cd
Xd^cX^YZ Xdc hj iVbVŠd/ Zh ^bedh^WaZ YZ
aZZgZcZahjWiZgg{cZddZcZaXdaZXi^kd!Z
^cXajh^kZZcaVXVbV#HZcZXZh^iVjcVbZhV!
jcV WjZcV a{beVgV! VWjcYVciZ i^Zbed
XgZX^‹c n aV bVaYVY# 9Zcigd YZa \‚cZgd
VjidW^d\g{ÒXd!7^dnZhXdbdjck^aaVcdYZ
[daaZi†c!fjZeg^bZgdeVgZXZV[VWaZ!ajZ\d
gZkZaV hjh bVaVh ^ciZcX^dcZh! V Xdci^cjV"
X^‹c eVhV V hZg Y^gZXiVbZciZ bVakVYd! n
ÒcVabZciZfj^ZgZYZhigj^gZabjcYd#
8dbd h^ hZ igViVgV YZ gZXd\Zg aVh eVaV"
WgVhYZjcbVZhigdXjnd\Zc^dZhhdaddgVa
ÅXdbd 8g^hid d H‹XgViZhÅ! 7^dn hZ Zb"
eZŠVZc\jVgYVgY†VigVhY†V!YjgVciZb{h
YZXjVgZciVVŠdh!aVhde^c^dcZhYZ7dg\Zh
hdWgZ Xdb^YV! X^cZ! XdhijbWgZh! bj_Z"
gZh n! hdWgZ idYd! ZhXg^idgZh# :a Y^Vg^d Xd"
b^ZcoVZc&.)-!eZgd7^dngZhZŠV!ZcjcV
fjZ 7^dn! Zc ZhZ ZcidcXZh! cd ZcXdcigVWV
Zc VWhdajid ^ciZgZhVciZ# EZgd aV XdaVWd"
gVX^‹cnaVVb^hiVYXdb^ZcoVcgZVabZciZ
VŠdhYZhej‚h/
Æ:c &.(* d &.(+ [j^bdh V eVhVg jcV
hZbVcV V jcV ZhiVcX^V Zc EVgYd Xdc Za
egde‹h^id YZ ZhXg^W^g Zc XdaVWdgVX^‹c jc
[daaZid XdbZgX^Va! VeVgZciZbZciZ X^Zc"
i†ÒXd! hdWgZ adh b‚g^idh YZ jc Va^bZcid
b{h d bZcdh Wa\Vgd# =VX†V [g†d! aV XVhV
ZhiVWV Zc gj^cVh! cd hVa†Vbdh YZa XdbZ"
Ydg!ZcXjnVX]^bZcZVXgZe^iVWVcaaVbVh
YZZjXVa^eidh#6fjZa[daaZidh^\c^ÒX‹eVgV
b†jckVa^dhdVegZcY^oV_Z0YZhej‚hYZhj
H:I$CDK'%%,
gZYVXX^‹c nd ZgV digd ZhXg^idg! b{h ZmeZ"
g^bZciVYdnVkZoVYdÇ#:cZhiVheVaVWgVh!
7^dn cd VXaVgV fjZ Za [daaZid ZgV eVgV AV
BVgidcV! jcV YZ aVh bVndgZh ZbegZhVh
a{XiZVh YZ aV 6g\Zci^cV! n fjZ eZgiZcZX†V
Vhj[Vb^a^V#
6eVgi^gYZaVŠd),!Xdb^ZcoVZaY^Vg^d#
6aeg^cX^e^d7^dnZhi†b^Yd/edXVhVcdiV"
X^dcZhZcZa),!XjVigddX^cXdeVgVZa)-#
:cZa).aViVgZVhZXdck^ZgiZZcdWhZh^‹c#
JcVYZaVhVcdiVX^dcZhYZZhZVŠd^cY^XV
fjZ 7^dn Vh^hi^‹ edg eg^bZgV kZo V jcV
Xdc[ZgZcX^V YZ 7dg\Zh# 6 eVgi^g YZ Vaa† Za
Y^Vg^d ad Zbej_V V hZ\j^g V hj Vb^\d Zc
hjh XVYV kZo b{h cjbZgdhVh VeVg^X^dcZh
eWa^XVh#JcVndigVkZoVcdiV/Æ8dbZZc
XVhV7dg\ZhÇ#6kZXZhVeZcVhaV[ZX]VnZa
Æ8dbZ Zc XVhV 7dg\ZhÇ! XdckZgi^Yd Zc Za
bdi^kdYZaa^Wgd!ZcZa{WgZiZH‚hVbdfjZ
eZgb^iZfjZaVi^ciVXdggV!ZcaVhZŠVaYZ
jcVYZkdX^‹c#6b‚c#
´:hjcaVg\d]dbZcV_ZdjcVedhiZg\VYV
igV^X^‹c4AVhYdhXdhVhVaVkZo#7^dnZhXg^WZ
hjk^YVVigVk‚hYZaVYZ7dg\Zh!Xdbdh^ad
fjZaZY^ZgVVadh]ZX]dhaVedh^W^a^YVYYZ
eZgYjgVg jcV Y^hXjh^‹c hdWgZ jc dak^YV"
Yd XdcXjghd a^iZgVg^d! jcV Xdb^YV Zc ]d"
bZcV_ZVVa\j^ZcXjndcdbWgZ]VWg†VfjZ
WjhXVgZca^Wgdhedakdg^Zcidh!jc^cX^YZciZ
^ch^\c^ÒXVciZXjVafj^ZgV[jZgVaVegZhZc"
X^VYZ7dg\Zh/V]†YdcYZe^hV!ad[j\Vo!ad
^cX^YZciVa! ad bdbZci{cZd fjZYV \gVWV"
YdeVgVaVedhiZg^YVY#CdZckVcdVeVgZ"
XZcbZcX^dcVYdhjcVndigVkZoZaYdXidg
?d]chdc n 7dhlZaa! Za VbVcjZchZ fjZ ad
h^\j^‹ idYV hj k^YV n Vcdi‹ hjh ]ZX]dh n
hjh dXjggZcX^Vh# :h [VbV fjZ 7dhlZaa cd
hZa^b^iVWVVXdchZgkVgaVheVaVWgVhYZhj
bVZhigd! h^cd fjZ ^ckZciVWV h^ijVX^dcZh
eVgV fjZ Za digd ejY^ZgV Zm]^W^g hj ^c\Z"
c^d#6a\dhZbZ_VciZdXjggZZcZhiVhe{\^"
cVh!ZcaVhfjZ7^dn8VhVgZhegdedcZiZbVh
YZ XdckZghVX^‹c! d h^ijVX^dcZh aZ hj\^ZgZ
fjZXdcXjggVVjcVXZcV!edgZ_ZbeadXdc
iVa YZ iZcZg bdi^kd eVgV ZhXg^W^g# EZgd V
bZcjYdhjg\ZZcaVhXdckZghVX^dcZhZa[Vc"
iVhbVYZdigVeVgZ_VX‚aZWgZ!ZhiVkZoYZÒX"
X^‹c/7djkVgYnE‚XjX]Zi!adhZhXg^W^ZciZh
YZaVai^bVcdkZaVYZ;aVjWZgi!VWdXVYdh
V iVgZVh bZi^XjadhVh n VWhjgYVh! V aV VY"
fj^h^X^‹cYZXdcdX^b^Zcidh^ci^aZh!Vadh
eZgXVcXZheZgeZijdh#9Z7dg\ZhhVaZjcVn
digVkZoaVXdbeVgVX^‹cXdcadheZghdcV_Zh
YZ;aVjWZgi!n7^dnaVVcdiV!VXZeiVcYdaV
9>8 '%%,$:C: '%%-
Xdb^X^YVY! aV ^ch^\c^ÒXVcX^V! aV [Vij^YVY
YZ aV ZhXZcV# 7^dn Zc c^c\c bdbZcid
]VXZcdiVgfjZadheZghdcV_ZhYZ;aVjWZgi
hdcadhYdhZhXg^W^ZciZh!b^ZcigVhfjZVfj†
ZaXj^YVYdhdVcdiVYdgYZadfjZdXjggZZh
‚ahdad!7djkVgYnE‚XjX]ZiVaVkZo#
:hiZa^WgdZhVYZb{haVW^i{XdgVYZaVdWgV
fjZadhYdh]^X^Zgdc_jcidh!nfjZ^cXajnZ
kVg^dha^WgdhYZXjZcidhnh{i^gVhÒgbVYdh
Xdbd =# 7jhidh 9dbZXf d Xdbd Hj{gZo
AncX]!Ydh\j^dcZhX^cZbVid\g{ÒXdhAdh
dg^aaZgdhn:aeVgV†hdYZadhXgZnZciZh!nkV"
g^Vh Vcidad\†Vh# AV dWgV fjZ gZVa^oVgdc
_jcidhXdbdZY^idgZhdVci‹ad\dhijkdjc
eZhdbjX]dbVndgfjZhjhÒXX^dcZhVYd
fjZZhi{chdWgZkVadgVYVh/hj6cidad\†VYZ
aV a^iZgVijgV [Vci{hi^XV
Zc aV fjZ iVbW^‚c
8^ZcVŠdhYZhdaZYVY
igVWV_‹ H^ak^cV DXVbed! ZhedhV YZ 7^dn
YZ<VWg^Za<VgX†VB{gfjZo#IZmid
h^gk^‹ eVgV jW^XVg
Za \‚cZgd Xdbd gVh\d
Y^hi^ci^kd YZ aVgZk^hVYdedgZaVjidgeVgVZhiVZY^X^‹c#
a^iZgVijgV Vg\Zci^cV! n aV
XdaZXX^‹c :a h‚ei^bd X†gXjad Xjnd i†ijad
LLL#G:K>HI6EGA#8DB
EGA(
8jVgZciVVŠdhYZhej‚h
GdWZgid<dco{aZo:X]ZkVgg†V
:Y^X^‹c8dcbZbdgVi^kV
GZVa6XVYZb^V:heVŠdaV!6hdX^VX^‹c
YZ6XVYZb^VhYZaVAZc\jV:heVŠdaV!
'%%,!,*+ee#!JH&%!-*
A
VaZ†ZcXjVcidhVa^‹ejWa^XVYV!Zc
&.+,! ‚edXV Zc fjZ XjghVWV b^h
ZhijY^dh YZ YdXidgVYd Zc NVaZ!
nbZYZhajbWg‹#8dbdaZeVh‹V
bjX]dh![jZjca^WgdfjZbZbVgX‹YZedg
k^YV n ijkd jc ^beVXid YZiZgb^cVciZ Zc
b^XVggZgVXdbdegd[ZhdgnXg†i^Xd0aVa^iZ"
gVijgVaVi^cdVbZg^XVcVhZg†ViVbW^‚cjcV
YZb^hZheZX^Va^YVYZh#;jZjcVZmeZg^Zc"
X^VZhi‚i^XVidiVa!aVhZchVX^‹cYZaZZgVa\d
eZg[ZXid!VadfjZcdaZhdWgVWVc^[VaiVWV
jceZghdcV_Z!jcZe^hdY^d!jcVeVaVWgV!YZ
jcVXVWVYdb{hY^\cdYZjcXjZcidfjZ
YZjcVcdkZaVYZ(*&e{\^cVh#:hV^begZ"
h^‹caViZcYg†VcdigdhÄhZ]VWa‹YZaVÆcd"
kZaV idiVaÇÄ! eZgd V b† iVbW^‚c bZ aaZk‹
V[dgbjaVgaViZdg†VYZaVgX]^kd!YZaiZmid
fjZ ad Xdci^ZcZ idYd/ idYV aV a^iZgVijgV n
idYVaV]^hidg^VaVi^cdVbZg^XVcV!^cXajh^kZ
aVhgZ\aVhedgaVhfjZ‚hiVhhZXdbW^cVcn
Xdc_j\Vc! n hj gZaVX^‹c b^b‚i^XV Xdc adh
Y^hXjghdh ]Z\Zb‹c^Xdh YZa bdbZcid Zc
fjZhjg\Z#:agZhjaiVYd[jZb^a^WgdBni]
VcY6gX]^kZ/6I]Zdgnd[AVi^c6bZg^XVCV"
ggVi^kZ! fjZ ejWa^X‹ 8VbWg^Y\Z Zc &..%
ZY^X^‹cZcZheVŠdaYZa;dcYdYZ8jaijgV
:Xdc‹b^XVYZ'%%%!digVedghVa^g#
8^Zc VŠdh YZ hdaZYVY! jc eg^hbV fjZ gZ"
[gVXiV idYdh Zhdh iZmidh ]^hi‹g^Xdh n a^"
iZgVg^dh VciZg^dgZh! hZ gZ[aZ_V V h† b^hbd
VYZb{hZcZaegdXZhdYZ]VXZgad#AVcdkZaV
Xdci^ZcZ Zc hj eg^bZg XVe†ijad jcV ^bV"
\Zc YZ ZhZ eg^hbV Zc Za WadfjZ YZ ]^Zad
fjZZa[jijgd8dgdcZa6jgZa^Vcd7jZcY†V
kZ Vi‹c^id Zc aV XVgeV YZ adh \^iVcdh V aV
fjZhjeVYgZadaaZkV/Æ6ahZgYZhiVeVYdedg
Za\^\VciZ!ZaXd[gZYZ_‹ZhXVeVgjcVa^Zc"
id \aVX^Va# 9Zcigd h‹ad ]VW†V jc ZcdgbZ
WadfjZigVcheVgZciZ!Xdc^c[^c^iVhV\j_Vh
^ciZgcVh Zc aVh XjVaZh hZ YZheZYVoVWV Zc
ZhigZaaVhYZXdadgZhaVXaVg^YVYYZaXgZeh"
XjadÇ',!X^idedgaVZY^X^‹cfjZXdbZcid
Vfj†# :hV ZhigjXijgV W^hZaVYV! igVchaX^"
YV!VigVkZhVYVedggVndhYZajofjZgZkZaVc
hj bdciV_Z ^ciZg^dg! cd edg igVcheVgZciZ
bZcdhh‹a^YVdYZ[^c^YVedgeaVcdhg^\j"
gdhdh! Zh Xdbd Za bjcYd [^Xi^X^d XgZVYd
edg <VgX†V B{gfjZo Zc hj cdkZaV Äh^bj"
aVYd!Z[†bZgd!eZgdbVX^odZchjXdchi^ij"
X^‹c#6akZgZaWadfjZYZ]^Zad!?dh‚6gXV"
Y^d 7jZcY†V ÆhZ VigZk^‹ V bjgbjgVg Ä:h
ZaY^VbVciZb{h\gVcYZYZabjcYdÇ',#
Nd!VaiZgb^cVgYZaZZgaVcdkZaV!iVbW^‚c
eZch‚ Zc jc ZcdgbZ Y^VbVciZ! Yjgd! kV"
9ZW^‹i^ijaVgaVBVXdcYd#;DID/H6CI>AA6C6:9>8>DC:H<:C:G6A:H
a^dh†h^bd!XVh^XVgZciZYZ[jcX^‹ceg{Xi^XV
nWZaad]VhiVZaYZhXVgd#
AdfjZbZidX‹egZhZcX^VgZcaVheg‹m^"
bVh Y‚XVYVh [jZ aV ^chiVjgVX^‹c YZ jc
Xa{h^Xd# AV Zhea‚cY^YV igVYjXX^‹c ^c\aZhV
YZ<gZ\dgnGVWVhhV\Vc‹jcegZb^d!8^Zc
VŠdhYZhdaZYVYZbeZo‹VaZZghZZcXjghdh
jc^kZgh^iVg^dh! cd nV YZ a^iZgVijgV h^cd YZ
eda†i^XVnhdX^dad\†V!nhj^c[ajZcX^V[jZgZ"
XdcdX^YV]VhiVZcaV8]^cV#:c&.-'!<Vg"
X†VB{gfjZo[jZZahZ\jcYdcdkZa^hiVaVi^"
cdVbZg^XVcd Zc gZX^W^g Za EgZb^d CdWZa
ÄZa eg^bZgd! B^\jZa Ûc\Za 6hijg^Vh cd
igVhXZcY^‹Za{bW^idYZaVaZc\jVZheVŠdaV#
:c NVaZ! YdcYZ hZ\j†V! V]dgV YZ egd[Zhdg!
XdbeVgi†Vb^hZcijh^VhbdhXdc:b^gGd"
Yg†\jZo BdcZ\Va! fjZ ]VW†V Xdcig^Wj^Yd
Va aVcoVb^Zcid YZ aV cdkZaV Vci^X^eVcYd
[gV\bZcidhZcBjcYdCjZkd!aV^c[ajnZciZ
gZk^hiVfjZY^g^\^‹ZcEVg†hVbZY^VYdhYZ
aVY‚XVYVYZ&.+%!nXjndZchVndÆCdkZYVY
nVcVXgdc^hbdYZ8^ZcVŠdhYZhdaZYVYÇ!Y^d
XdcjcVYZaVhXaVkZhYZaVcdkZaVÄhjVeV"
gZciZYZhY‚cedgadhZmeZg^bZcidhcVggVi^"
kdhYZaVhkVc\jVgY^Vh#8dcXdb^iVciZXdc
ZaiVgY†dgZXdcdX^b^Zcid^ciZgcVX^dcVaYZ
7dg\Zh! <VgX†V B{gfjZo ]VW†V ejZhid aV
a^iZgVijgVaVi^cdVbZg^XVcVZcZa[dXdYZaV
ViZcX^‹c^ciZgcVX^dcVa#
EVgVjcZhijY^dhdYZaVa^iZgVijgV!eVgiZ
YZ aV hdgegZhV n bjX]V YZ aV VYb^gVX^‹c
egdkZc†V YZ X‹bd <VgX†V B{gfjZo ]VW†V
Vh^b^aVYd hjh [jZciZh# :hiVh hdc k^h^WaZh!
X^iVYVh!VajY^YVh!^cXdgedgVYVhh^cbVndg
gZXVid c^ gZheZid# :hiVh ZgVc/ 7dg\Zh Xdc
hjhVgY^YZha^iZgVg^dhnaVWZg^cidh08VgeZc"
i^Zg! Xdc hj igVchbjiVX^‹c YZ aV ]^hidg^V
aVi^cdVbZg^XVcVZc[^XX^‹c!nadfjZk^cdV
aaVbVghZZaÆgZVa^hbdb{\^XdÇ0Gja[d!Xdc
hj8dbVaV!ejZWadYZ[VciVhbVhadXjVXZh0
8ZgkVciZh!YZhYZajZ\d!Xdchj^gdc†Vn_jZ"
\dhVjidg^VaZh0CZgjYV!Xdchj8Vcid\ZcZ"
gVa!VWVgXVYdgV‚e^XVXdci^cZciVa0DXiVk^d
EVonhjh^YZVhhdWgZZaVbdgnaVeh^Xdad"
\†VYZaVhdaZYVY0;Vja`cZg!Xdchj[ViVa^h"
bd gjgVa0 eZgd V igVk‚h YZ idYdh Zaadh aV
igVY^X^‹c dXX^YZciVa ZciZgV! eVhVcYd edg
9VciZ n aaZ\VcYd V =dbZgd n bjn ZheZ"
X^VabZciZVaV7^Wa^VnaVigV\ZY^V\g^Z\V#
IVbW^‚chZcdiVWVaV^c[ajZcX^VYZaVa^iZ"
gVijgV\c‹hi^XVnZadXjai^hbdegd[‚i^XdYZ
CdhigVYVbjhnhjhbjX]dhhZ\j^YdgZh!aV
Vafj^b^V! n jc YZchd VXZgkd YZ igVY^X^d"
cZh n XgZZcX^Vh edejaVgZh XdadbW^VcVh!
aVi^cdVbZg^XVcVhnZcai^bV^chiVcX^VZh"
eVŠdaVhÄXdciZbedg{cZVh!k^\ZciZh!eZgd
XdcjcZheZhdg]^hi‹g^XdfjZhZgZbdciVV
aV8dcfj^hiVnedgV]†VaV:YVYBZY^V#Ad
fjZZhb{h!edgk†VYZadV[g^XVcdnad^c"
Y†\ZcV!<VgX†VB{gfjZo^cXdgedgVidYdZa
iZhdgdYZb^idhnXgZZcX^VhZcadhdg†\ZcZh
b^hbdhYZad]jbVcd#
:hiVkZgi^ZciZb†i^XVYZ8^ZcVŠdhYZhd"
aZYVY cd dWZYZXZ h‹ad V aV ^cbZgh^‹c Zh"
edci{cZV d ^c\ZcjV YZ <VgX†V B{gfjZo
Zc adh [jcYVbZcidh YZ ad cVggVi^kd! h^cd
iVbW^‚cVjc]ZX]d[{X^abZciZdak^YVWaZ
]dn/fjZ8^ZcVŠdhYZhdaZYVYhZZhXg^WZn
ejWa^XV XdcXdb^iVciZbZciZ Xdc Za Vj\Z
YZa ZhigjXijgVa^hbd fjZ Zc aV Y‚XVYV YZ
&.+%hZbVc^[Zhi‹XdcZaYZhXjWg^b^Zcid
nedejaVg^YVYYZaVdWgVYZaVcigde‹ad\d
8aVjYZA‚k^"HigVjhh#GZXdgYZbdhaV[ZX]Vh
YZejWa^XVX^‹cYZadha^Wgdheg^cX^eVaZhYZa
\gVciZ‹g^XdYZab^id/6ci]gdedad\^ZhigjX"
ijgVaZ&.*-!AVeZch‚ZhVjkV\Z&.+'!AZ
idi‚b^hbZ Vj_djgYÉ]j^ &.+'! Bni]dad\^"
fjZh>/aZXgjZiaZXj^i&.+)!Bni]dad\^fjZh
>>/Yjb^ZaVjmXZcYgZh&.++!Bni]dad\^fjZh
>>>/aÉdg^\^cZYZhbVc^ƒgZhYZiVWaZ&.+-!n
jcdVciZg^dg!eZgdfjZ[jZgZZY^iVYdZcaV
Y‚XVYV! Ig^hiZh igde^fjZh &.**! a^Wgd fjZ
6aZ_d8VgeZci^ZggZhZŠ‹nfjZi^ZcZ\gVc"
YZh eVgVaZa^hbdh Xdc hj cdkZaV Adh eVhdh
eZgY^Ydh&.*(#Cddak^YZbdhiVbedXdZa
eZcZigVciZ ZchVnd YZ DXiVk^d EVo! 8aVj"
YZ A‚k^"HigVjhh d Za cjZkd [Zhi†c YZ :hded
&.+-! fjZ VXa^bVi‹ Za eZchVb^Zcid YZa
Vcigde‹ad\dVaVa^iZgVijgV![VX^a^i{cYdcdh
VadhZhijY^VciZhnXg†i^XdhZaVXXZhdVjcV
dWgVfjZegdbZi†VgZkZaVgcdhadhhZXgZidh
YZ idYdh adh h^hiZbVh h^bW‹a^Xdh! ^cXaj"
h^kZ Za ed‚i^Xd# AV Vajh^‹c YZ EVo Va \gVc
[VWja^hiV \g^Z\d hZ Zmea^XV edgfjZ! YZhYZ
aV a^iZgVijgV! ad fjZ b{h ^ciZgZh‹ YZa Zh"
igjXijgVa^hbd [jZ hj XdcXZeid YZa b^id!
YZ aV ZhigjXijgV YZa gZaVid# :c i‚gb^cdh
b{h Vbea^dh n hZYjXidgZh! [jZ aV ^YZV YZ
aV XjaijgV Xdbd jcV kVhiV XdbW^cVidg^V
Xd]ZgZciZ!XdbeaZiV!YZh^\cdhZcigZbZo"
XaVYdhgZaVi^kdhVVXi^k^YVYZhiVcY^kZghVh
XdbdaVXdX^cV!adhi‹iZbh!aVhXdhijbWgZh
bVig^bdc^VaZh n Za aZc\jV_Z! ad fjZ Zhi^"
bja‹ aV XgZVX^‹c YZa bjcYd bVXdcY^cd#
:hiZ Zh Xdbd jcV ZcdgbZ Zh[ZgV Vgb^aVg
ZcfjZhZXdbW^cVc!XdbdeaVcZiVhdWa^"
\VYdh V hjh hZkZgVh ‹gW^iVh! cdbWgZh! eV"
g^ZciZh! VXdciZX^b^Zcidh! bjZgiZh! idYdh
^bVciVYdh edg Za iZggdg n Za VigVXi^kd YZa
^cXZhid!ZhVhZciZcX^VZY†e^XVfjZcdejZ"
YZh^cdgZb^i^gVA‚k^"HigVjhhnhjhj_ZX^‹c
YZidYdad]jbVcdZcZhVeg^bdgY^Vaegd"
]^W^X^‹cfjZg^\ZZaYZhZdeVgVdg\Vc^oVg
adhXaVcZh!nfjZZhVc{ad\VVaVY^[ZgZcX^V
fjZ]VXZh^\c^[^XVi^kdhVadhhdc^YdhegZX^"
hVbZciZedgZaXdcigVhiZfjZadhXdck^ZgiZ
Zc[dcZbVh#AVhdgegZcYZciZWZaaZoVYZaV
b^cjX^dhVVgbdc†VYZaVcdkZaVYZ<VgX†V
B{gfjZo gZ[aZ_V ZhZ eVgZciZhXd ÄkVa\V aV
eVaVWgVÄXdcaVdWgVYZA‚k^"HigVjhh#
6ZhidhZVŠVYZZaZ[ZXidYZ7dg\Zhn8Zg"
kVciZh! fjZ hZ cdiV Zc adh bVaVWVg^hbdh
XdcbVcjhXg^idhn[^\jgVhYZaVjidg!fjZgZ"
kZaVcaVhaZnZhYZab^id!dZab^idYZab^id#
:hYZX^g!Zab^idYZaVZhXg^ijgV!edgfjZcd
hZigViVYZjcgZaViddgVa!h^cdYZjcdfjZ
YZeZcYZYZaVeg{Xi^XVYZaVZhXg^ijgV#:hZ
b^idhZg{!ZcZ[ZXid!hjb^c^higVYdedgaVaZn!
“La soñada coherencia de las letras
latinoamericanas se hace revista”.
Caretas de Lima
“El término del aislamiento entre
escritores, lectores, editoriales,
librerías, periódicos y bibliotecas
latinoamericanas, de que hemos
padecido tanto tiempo”.
El Mercurio de Santiago
“Más opinado y amplio que una
mera reseña... el resultado es
dinámico y polémico”.
El País de Montevideo
Para más información visite nuestro sitio web:
www.revistaprl.com
Primero, el intento fracasado del grupo
liderado por el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, uno de los grandes muralistas de la historia mexicana. Este no solo
combatió en la Guerra Civil española, del
lado republicano por supuesto, sino que
llegó a teniente coronel y se ganó el apodo
de “el Coronelazo”. Segundo, el plan ejecutado por la familia Mercader, que terminó con Ramón clavando un martillo de
alpinismo en la cabeza de Trotsky.
Es milagroso cómo el teórico de la revolución bolchevique se salvó del atentado
encabezado por Siqueiros. Él mismo, junto
con otras diecinueve personas, asaltó la residencia trotskista en la madrugada del 24
de mayo de 1940. Arrojó una bomba incendiaria que no explotó y ametralló la habitación. Según la Policía hubo setenta y tres
impactos de bala en el dormitorio y unos
trescientos en todo el inmueble. Sin duda ni
él ni sus secuaces eran profesionales. Ramón
Mercader contó a su hermano que Siqueiros
“se comportó como un estúpido. El cabrón
entró allí con todo un ejército de matones y
empezó, como buen mexicano de película,
a pegar tiros en todas las direcciones, como
si tuviera una regadera. Y se fue sin comprobar si había matado a alguien o no”. También
dijo que al ver tan desesperado a Eitingon, a
quien Stalin encargó el asesinato, él mismo
se ofreció a ser el ejecutor.
Volviendo a África, en 1941 a la edad
de 32 años, pisó por primera vez la tierra
de Lenin y esto la llenó de felicidad. Años
más tarde escribió en su único testimonio
citado: “Durante mucho tiempo no podía
creer que mi sueño se hubiera hecho realidad. Estaba en la patria de la Revolución
de Octubre”. Pero la espía no duró mucho
tiempo en su meca.
Para ella la Segunda Guerra Mundial
(SGM) estalló recién cuando Alemania
atacó a la Unión Soviética (1941). Cuenta
que tras acabar cursos de enfermería tuvo
que insistir para lograr que la mandaran al
frente, que le “resultaba difícil creer que por
fin iba a combatir por el país que simbolizaba un modelo para todos los pueblos”, y
que al conseguirlo “era la persona más feliz
del mundo”. Relata que luego de un tiempo en una unidad médica se especializó en
transmisiones de radio, y antes de volver
a la guerra el coronel Dimitri Medvédev y
dos hombres le hicieron unas preguntas:
“¿Sabes disparar? Sí, tengo una insignia
de tirador de Voroshilov. ¿Sabes nadar? Sí,
era la mejor nadadora de mi ciudad. ¿Has
saltado alguna vez en paracaídas? No, pero
puedo aprender con rapidez”.
Si le cabe el mote de heroína no hay duda
de que lo ganó durante la SGM. En pleno
conflicto mortal fue lanzada en paracaídas
tras las líneas alemanas, cerca de la capital
de Ucrania. Corría el año 1942. Su tarea
era ser la encargada de las transmisiones
de radio. Juró no rendirse viva y antes de
morir destruir la emisora y los códigos. Así
resumió la labor de su guerrilla el coronel
Medvédev: “En combates y escaramuzas
aniquilamos hasta doce mil soldados y oficiales hitlerianos y bandidos, traidores a su
patria. (...) Levantamos a la gente soviética
a una resistencia activa, volamos convoyes,
puentes, destruimos haciendas alemanas,
dic2008/ene2009
empresas y almacenes, destrozamos y averiamos el transporte móvil del enemigo y
matamos a cabecillas fascistas”.
Pasó casi tres años en los bosques ucranianos, comiendo lo poco que proveía la
naturaleza en la hostil retaguardia nazi. Escribió: “El primer año pasamos un hambre
horrible y cuando llegó el invierno casi morimos de frío hasta que nos suministraron
material de abrigo. Pero nadie se quejaba.
En nuestra unidad imperaba una disciplina férrea y una profunda amistad”.
Luego la espía de Ceuta también combatió en la defensa de Moscú. Ahí regresó
en 1944 y fue reconocida con la Medalla
del Guerrillero de primer grado, la Medalla de Defensa de Moscú, la Medalla de la
Victoria y la Orden de la Estrella Roja. En
Mayo fue invitada a comer a casa de Dolores Ibáurri (La Pasionaria), junto con los
otros españoles del equipo de Medvédev.
F
inalizada la SGM fue destinada a
París, donde su coartada fue ser
modista de alta costura. Pasó luego al Uruguay, donde comienza a
usar el seudónimo Patria, su nombre para
la KGB. En el país sudamericano se casó
un año más tarde con un escritor uruguayo de ideas decididamente antimarxistas.
En Montevideo tuvo como tapadera un
estudio de costura y luego un negocio de
antigüedades.
Su segundo marido, Felisberto Hernández, murió creyendo que su amor español
era costurera, refugiada política de la guerra fraticida y viuda. La verdad es que gracias a él Patria pudo obtener rápidamente
la ciudadanía y desplegar una red de información comunista en el Cono Sur.
El último matrimonio fue directamente
de camuflaje, de conveniencia al servicio de
la KGB. Formó con su tercer marido, su jefe
durante un tiempo y un ex alto funcionario
de la Internacional Comunista, Valentino
Marchetti Marko (en realidad Giovanni
Antonio Bertoni, italiano), una de las células más activas de la KGB en América del
Sur. En el libro se desliza que quizás fue ella
la autora de la muerte de Marko por paro
cardíaco. Según una vecina “el comentario
del barrio era que ella lo había matado”.
Desde su base en Uruguay África colaboró con una de las principales organizaciones de infiltración soviética en los
Estados Unidos, la liderada por William
Fischer, alias Rudolf Abel. La misión de
África, por los años 1949 y 1950, era “suministrar información militar sobre el
aprovisionamiento de material militar
norteamericano a los chinos nacionalistas
en su enfrentamiento con los comunistas,
y posteriormente a Corea del Sur durante
la guerra de Corea”.
El largo y profundo brazo de la KGB llegó a tener colaboradores en el registro civil de nacimientos, matrimonios y muertes de la provincia argentina de Buenos
Aires. Se trató de Pedro Ruzak, alias Grek,
quién trabajó para África. El objetivo era
conseguir documentos legales, para lo
cual una agente rusa de la KGB fingía haber perdido sus documentos personales y
su partida de nacimiento. Luego Ruzak y
África salían de testigos.
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
En 1961 se fue de Montevideo hacia la
capital soviética, y se sabe que en 1971 y
1972 visitó Israel con el objetivo de crear
una red de informadores.
En 1976 recibió la más elevada condecoración soviética: la Orden de Lenin (que no
la obtiene cualquiera. Solo gente como Fidel Castro, Nikita Kruschev, los mariscales
Tito y Zhúkov, el escritor Máximo Gorki, el
astronautaYuri Gagarin).
En 1985 se retiró y fue premiada con la
distinción de la KGB de Colaboradora Honoraria del Comité para la Seguridad del
Estado, reservada solo para figuras muy
significativas de la inteligencia exterior
(como Kim Philby y William Fischer). Dice
el autor: “Ni siquiera Ramón Mercader
gozó de tantas y tan elevadas muestras de
agradecimiento por parte de la nomenklatura comunista”.
África dejó sus funciones a los setenta y
seis años, y sus últimas ocupaciones fueron el entrenamiento de jóvenes agentes.
Ya muerta recibió de la URSS su condecoración número doce.
E
l texto de Júarez tiene muchas
puntillosas descripciones conjugadas con cero de opinión. Uno
al abrir un libro sobre espionaje
se lo imagina lleno de aventuras y anécdotas de operaciones y operativos, pero en
este se encuentra más que nada con datos
fríos, nombres y biografías de espías desconocidos.
La principal virtud del libro es que el autor indagó todos los archivos publicados y
todo lo escrito sobre el tema, dejando así
la sensación de que sabe hasta lo que se ha
susurrado sobre África. También entrevistó
a personas que la conocieron directa o indirectamente, entre ellos a José Gros, guerrillero comunista en España y en la Unión
Soviética, quien acompañó a África en sus
aventuras como guerrillero en Ucrania.
El mayor defecto es que el relato muchas
veces se va por las ramas, dedicando demasiado a la genealogía de cada personaje presentado. Por momentos, uno queda
desconcertado y cree que está leyendo la
biografía de Trotsky o de Ramón Mercader
o de algún agente importante de la KGB.
Pareciera que el autor quiso compensar la
falta de información fidedigna e inapelable sobre África con la historia de la KGB y
la del asesinato de Trotsky, teniendo como
resultado demasiadas páginas con información de los contextos.
Es justo recordar que quien primero
investigó y escribió un libro sobre África
de las Heras fue Raúl Vallarino, un escritor uruguayo, que lanzó hace dos años su
novela Nombre clave: Patria. Una espía del
KGB en Uruguay. El autor cita a Vallarino
directamente solo en cuatro ocasiones. La
primera, con una extensa trascripción para
cuestionar que la espía haya sido traductora ocasional de Trotsky. La segunda para
contar cómo África y Marko chantajearon
a un político uruguayo con inclinaciones
homosexuales. La KGB mandó un joven
con el que el político intimó y una vez sacadas las fotos le pidieron información política a cambio del silencio. La tercera es para
decir que Vallarino cree que África estuvo
implicada en el asesinato de Arbelio Ramírez, por ser un informador que quiso dejar
de colaborar con la española. Arbelio fue
un profesor asesinado en 1961 justo cuando finalizó el discurso del “Che” Guevara
en la Universidad de Montevideo. La cuarta es indirectamente, con referencia de pie
de página, para poner en duda la fecha
dada por el novelista sobre el encuentro de
África con Felisberto Hernández, el escritor uruguayo con quien se casó.
N
o es común que una mujer
llegue a un alto cargo en el
mundo del espionaje, menos
común es que una española
llegue a un puesto de peso en un país lejano y con otro idioma. Aparte de su belleza
misteriosa, destacada en varios testimonios, los principales atributos de Patria
fueron la inteligencia, la valentía, la discreción y la capacidad de organización.
Y como dice el autor, es admirable que
haya sobrevivido “a décadas de purgas
internas en el propio régimen soviético y
en sus servicios de inteligencia”, aunque la
explicación puede estar en que no tuvo altos cargos en la peor época stalinista.
En el único texto conocido suyo le piden
escribir un breve relato de su vida. Llama
la atención que no nombra directamente a
su país natal (“un país capitalista atrasado
con un régimen dictatorial”) ni dice una
palabra sobre la Guerra Civil española.
La española en la KGB parece haber
muerto profundamente convencida de que
su patria era la Unión Soviética y sin ni una
pizca de dudas en los ideales de la revolución. El final de su propia reseña biográfica, escrita poco tiempo antes de fallecer, es
contundente: “Nada ni nadie podrán arrebatarme mi fe hasta la muerte”.
El lector podrá ver que la imaginación
de autores como Tom Clancy y John Le
Carré no está alejada de la realidad. Conocerá que la historia de África es una de
tantas que se pueden reconstruir. Muchas
de estas historias están aún ocultas y otras
están contenidas en el Archivo Mitrokhin.
Este perteneció al ex espía Vasili Mitrokhin y al publicarse en 1999 generó polémica en Gran Bretaña (país que lo asiló),
Estados Unidos e Italia, puesto que reveló
los nombres de centenares de espías que
actuaron para los servicios de inteligencia
soviéticos durante la Guerra Fría.
Alguien atento encontrará un error en la
contratapa del libro. Ahí se dice que África fue enterrada en el mismo cementerio y
al lado de Ramón Mercader y Kim Philby.
En el interior del libro uno encuentra que
la lápida de Mercader está en el panteón
exclusivo de Kuntzevo, al oeste de Moscú,
mientras que los restos de África reposan
en el cementerio de Jovánskoye, el más
grande de Europa, situado al sur.
En suma, el texto de Juárez es una biografía
más para historiadores que para los que buscan una lectura de fácil digestión, y revela algunos sorprendentes secretos del stalinismo
y de la Guerra Fría en América Latina.
De la vida de África impacta hoy en día
tanta entrega y arrojo por una causa, y sorprende hasta dónde llegaron los engranajes y los peones del poder soviético.
PRL 21
www. revistaprl.com
22 PRL
dic2008/ene2009
Se echa de menos un
conocimiento más situado
Soledad Falabella
In the Name of Love
de Aaron Ben-Ze’ev y Ruhama
Goussinsky
Oxford University Press, 2008,
260pp., US$ 39.95
E
l amor es un tema favorito desde tiempos inmemoriales. Mitos ancestrales dan cuenta de la
rica tradición mediante la cual
la humanidad construye sus imaginarios
culturales en torno a él. Ha sido uno de los
motores más poderosos en las narrativas
de nuestra historia común.
En In the Name of Love Aaron Ben-Ze’ev
y Ruhama Goussinsky buscan deconstruir
el mito del amor romántico. O sea, el de
Romeo y Julieta, Elena y Paris, Tristán e
Isolda, Don Rodrigo y Doña Jimena o Jesús y María Magdalena. La tarea es demostrar que se trata de una ideología dañina
y peligrosa, vinculada al totalitarismo y el
extremismo.
El libro enfrenta a sus lectoras y lectores a la paradoja del amor: el potencial
negativo del sentimiento que suponemos
el más positivo. Revisa las actitudes y
los comportamientos básicos inspirados
por él. Su objetivo es visualizar nuestra
compenetración cultural con lo que ellos
denominan la “ideología romántica”.
Una mentalidad predominantemente
heterosexual, pero también posible entre
parejas homosexuales, que alimenta la
creencia de que la amada es todo para el
amante y que el amor es todo lo que se
requiere, que dura para siempre y que lo
conquista todo. Los amantes unidos son
como una sola persona, y este amor es
único, exclusivo, bueno y puro.
El terreno resbaladizo del amor reclama
una perspectiva compleja. La del libro lo
es. Los autores trabajan desde un marco
interdisciplinario en el que se combina la
filosofía (Aaron Ben-Ze’ev es profesor de
filosofía y presidente de la Universidad
de Haifa) y la sicología (Ruhama Goussinsky enseña sicología en el Emek Ysreel
College y la Univerisdad de Haifa). Los
autores, a la hora de construir el relato,
incorporan una diversidad de voces y diferentes puntos de vista. También los datos son heterogéneos: entrevistas formales de asesinos de sus esposas o parejas
femeninas “por amor”, que se contrastan
con testimonios informales y cultura tradicional y popular. Los ejemplos citados
Ecos de La Celestina.
incluyen desde el mito griego y el amor
cortés hasta las citas bíblicas y filosóficas,
pasando por la música popular, las películas de Hollywood y dichos y metáforas
del inglés.
La matriz común sobre la que descansa toda la gama de citas de In the Name of
Love es la herencia occidental. Es central
su revisión del libro clásico de la historia
intelectual europea Amor en Occidente de
Denis de Rougemont, escrito en 1939, en
vísperas de la Segunda Guerra Mundial.
Preocupado por el destino de la humanidad, el autor suizo francés denuncia la
desmesura de la pasión y su impacto en
la historia. Su tesis es que hay una oposición insalvable ente el amor pasional y el
matrimonio en la cultura de Occidente.
Con ello, de Rougemont argumenta que
la mistificación del amor pasional aún
sigue vigente en dicha cultura y que esta
vigencia tiene un potencial nefasto.
En base a las entrevistas a asesinos y
divorciadas, In the Name of Love insiste en el poder y el peligro del amor romántico: los autores demuestran cómo
esta ideología trae consigo frustración
y dolor personal. Como antídoto, argumentan a favor de la racionalidad y la
eficiencia emocional. Hay que desmitificar este mal en la sociedad moderna,
cada vez más acechada por la discrepancia entre el deseo del amor romántico y
su imposibilidad:
La norma es la ruptura, más que el matrimonio… La probabilidad de que los primeros matrimonios acaben en divorcio es de
aproximadamente 50 por ciento; de 60 por
ciento los segundos matrimonios. Las estadísticas resaltan la pertinencia de la pregunta: ¿no deberíamos ser ya menos susceptibles frente al amor romántico? Pero igual,
persistimos.
Para los autores lo problemático de la
ideología romántica radica en la idealización, que opera como su mecanismo perverso: la pasión totalizante capaz de trastocarlo todo. El aporte de las entrevistas
es notable: “Ella era todo para mí” dice
uno de los asesinos. Y sigue: “No siempre
es que matas a una mujer, o que sientes
celos, o que le gritas, porque la odias. No.
Es porque la amas; eso es el amor”. En la
ideología romántica no hay alternativa,
solo hay amor u odio. El amor romántico
tiñe todo de un color absoluto y dicotómico. No hay flexibilidad, ni posibilidad
de negociación, o es todo o nada. No hay
racionalidad, sino locura: “Lo único que
puedo decir es que ella era más honesta
que un rollo de la Torah. ¿Por qué asesinarla entonces? Es que en ese momento
tú no te das cuenta de nada. El amor te
hace estúpido”.
E
ste trastorno del amor romántico tiene ecos del loco amor del
clásico de Fernando de Rojas, La
Celestina. En esta obra satíricodidáctica, Calixto enloquece a raíz de su
amor por Melibea. Es la culminación de la
tradición del amor cortés y, a la vez, su crítica: la obra fue “Compuesta en reprensión
de los locos enamorados que, vencidos de
su desordenado apetito, a sus amigas llaman y dicen ser su Dios, asimismo hecha
en aviso de los engaños de las alcahuetas e
malos e lisonjeros sirvientes busca reprehender.”
A diferencia de la tradición medieval
del amor cortés, donde el amor es un rito
cuasi religioso que ennoblece, en nuestro
ejemplo contemporáneo, el amor loco envilece. Sigue el asesino anterior: “O tal vez
no vale la pena amar tanto así a una mujer. Tal vez tienes que amar menos, menos
locamente. Esa es la locura del amor”. En
vez de una consumación erótica entre los
amantes, el desenlace es la muerte: “Mi
mujer era del tipo de mujer que tú nunca
asesinarías, a menos que por amor, porque el amor es locura”.
El asesino confiesa que el amor lo llevó a la locura y a la violencia absoluta: el
asesinato de la amada. Pero, al terminar
culpa a su mujer: “Así está escrito en la
Biblia, aunque tal vez ahí se trata de una
mujer extraña, en todo caso, ‘el hombre
recto ante Dios huirá de ella; el pecador
será atrapado por ella’. Yo fui atrapado
por ella. ¿Cuál es esa trampa? El amor”.
La culpa del pecado original la tiene,
una vez más, la mujer. Cherchez la femme.
Y es aquí donde In the Name of Love es culpable: no tiene en cuenta la variable de la
dominación genérico-sexual que reside
en la base de la cultura judeo-cristiana.
No entra en diálogo ni con la teoría crítica sobre el patriarcado como la de Adorno y Horkheimer, ni la feminista, ni la de
los estudios de género que permiten profundizar de una manera históricamente
crítica en asuntos relativos a la base estructural de la sociedad: la ideología que
sustenta el fundamento de la pareja ideal
heterosexual. Este punto pone a su vez
en evidencia la ideología que inspira el
libro, ciega a la diferencia sexual y la violencia que esta ha justificado en “nuestra”
cultura.
La teoría atenta a la dominación sexual
aboga a favor de un conocimiento situado y la desconstrucción de la voz autorial;
esto es, hacerse cargo del lugar desde
donde se escribe y de la relación de poder
sobre la cual se sustenta la producción
del relato. En nuestro caso los autores no
especifican ni la nacionalidad ni la cultura de sus entrevistados, ni la lengua en
la que se llevaron a cabo las entrevistas.
Es un misterio durante todo el libro si los
datos provienen de los Estados Unidos o
de Israel. Tampoco se hacen cargo de la
multiplicidad de voces e intertextualidades, ni de la interculturalidad que subyace como marco del libro.
ibero-anuncio
20/5/08
07:02
Página 1
dic2008/ene2009
www. revistaprl.com
PRL 23
Iberoamericana Editorial Vervuert
2008
Jáuregui, Carlos A.
CANIBALIA
Canibalismo, calibanismo, antropofagia cultural
y consumo en América Latina
Edición corregida, 750 p.
(Ensayos de Teoría Cultural, 1)
Tapa dura/Hardcover USD 142 /
Rústica USD 60
ISBN 9788484892991
Pr emio
C asa de las
Amér icas
2005
* Canibalia traza la genealogía múltiple del caníbal y sus permutaciones, que incluyen al caribe, a la mujer caníbal, al Calibán de
Shakespeare, de Fernández Retamar, de Césaire y de Lamming, y
al antropófago de Oswald de Andrade, para marcar el lugar del
otro en el imaginario del colonizador. El estudio expone de qué
modo el caníbal es reapropiado por diversos proyectos indigenistas, vanguardistas, revolucionarios o americanistas como una seña
de identidad y como un tropo de apoderamiento por ingestión.
Chang-Rodríguez, R. (ed.): «Aquí, ninfas
del sur, venid ligeras». Voces poéticas virreinales. 448 p. (Textos y Estudios Coloniales
y de la Independencia, 18) USD 29,80
ISBN 9788484893431 rústica / USD 98
ISBN 9788484893943 tapa dura
Igler, S.; Stauder, T. (eds.): Negociando identidades, traspasando fronteras. Tendencias en la
literatura y el cine mexicanos en torno al
nuevo milenio. 280 p. (Estudios latinoamericanos, 49 [Erlanger Lateinamerika-Studien])
USD 40 ISBN 9788484893608
Lienhard, M.: Disidentes, rebeldes, insurgentes. Resistencia indígena y negra en
América Latina. 164 p. (Nexos y diferencias.
Estudios de la cultura de América Latina,
21) USD 24,80 ISBN 9788484893493
Perkowska, M.: Historias híbridas. La
nueva novela histórica latinoamericana
(1985-2000) ante las teorías posmodernas de
la historia. 372 p. (Nexos y diferencias.
Estudios de la cultura de América Latina,
19) USD 40 ISBN 9788484893196
Saranyana, J. I. (dir.); Alejos Grau, C.-J.
(coord.): Teología en América Latina II/ 2.
De las guerras de independencia hasta finales del siglo XIX (1810-1899). 1126 p. USD
96 ISBN 9788484893332
* Disponibles los 4 vols. al precio especial
de USD 240 ISBN 9788495107473
Sigüenza y Góngora, C. de: Oriental Planeta
Evangélico. Edición de Antonio Lorente
Medina. 128 p. (Biblioteca Indiana, 11) USD
25,80 ISBN 9788484893479
IBEROAMERICANA - VERVUERT. Madrid: Amor de Dios, 1 - E-28014. Tel.: +34 91 429 35 22 - Fax: +34 91 429 53 97
Frankfurt: Elisabethenstr. 3-9 - D-60594 . Tel.: +49 69 597 46 17 - Fax: +49 69 597 87 43
www.ibero-americana.net
Para pedir en los Estados Unidos/Orders in the US:
www.amazon.com - www.latambooks.com - www.latinamericanbooks.com
24 PRL
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
Una visión poco halagüeña
de la mente humana
Sergio Missana
Mind Real: How the Mind
Creates its Own Virtual Reality
de Robert Ornstein y Ted Dewan
Malor Books, 2008, 173pp.,
US$27.99
L
a tesis central de MindReal: How
the Mind Creates its Own Virtual
Reality es que la mente crea una
versión muy simplificada de la
realidad, a la que Robert Ornstein llama
“MindReal” o “pequeño mundo”, que la
mente confunde con la realidad. Aunque
dedicado específicamente a esta reducción cognitiva del mundo realizada por
la mente humana, Mind Real puede leerse
como un resumen y una integración de los
trabajos anteriores de su autor.
De perfil algo más bajo que Edward O.
Wilson (Sociobiology), Richard Dawkins
(The Selfish Gene) y Steven Pinker (The
Blank Slate), Robert Orenstein es unos de
los principales exponentes y divulgadores
actuales de las ciencias de la naturaleza humana. Principalmente a partir de su investigación en torno a la lateralidad cerebral y
sus esfuerzos por aportar una mirada panorámica al debate sobre la naturaleza humana. En The Evolution of Consciousness, su
obra más difundida, Ornstein había abordado una ambiciosa descripción evolutiva
de la mente humana. Esta sería un accidente de la naturaleza: el aumento del tamaño
del cerebro, que marcó un salto radical en
relación a nuestros ancestros inmediatos,
habría servido originalmente para enfriar
el cerebro, generando un exceso de células
que permitió las nuevas funciones cognitivas desplegadas por el homo sapiens.
La mente no evolucionó, según Ornstein,
para darnos una imagen comprensiva y objetiva del mundo, sino para generar estrategias de acción orientadas a la supervivencia.
Estaríamos programados (desde el nivel
de las neuronas) para notar cambios en el
ambiente, no procesos graduales. Ornstein
enfatiza que “nuestro mundo de la vigilia
es tan soñado como aquellos que habitamos
durante el sueño” y que la mente funciona
“en línea”, constituyendo un sistema de procesamiento del mundo que, al igual que el
de los demás animales, descarta y simplifica.
Asimismo, ahonda en su teoría (planteada
en Multimind, de 1986) de un sistema de módulos mentales independientes, compuesto
por diversas funciones que operan bajo el
umbral de la conciencia, controladas por un
sistema operativo central o “yo” débil, a merced de las emociones y de influencias externas. Ornstein subraya que la evolución biológica dejó de ser relevante hace 40 mil años:
estamos adaptados para sobrevivir en un
medio que ya no existe y debemos adoptar
nuevas estrategias cognitivas en respuesta a
la rápida evolución cultural y a los cambios y
dilemas que esta ha generado.
Es precisamente a esa transformación radical del planeta que Ornstein (en coautoría con James Burke) dedica The Axemaker’s
Gift: Technology’s Capture and Control of Our
Minds and Culture. Allí postula que, a lo largo de la historia, las grandes innovaciones
científicas han sido utilizadas por una minoría de especialistas como un instrumento no solo de “progreso” y manipulación
del mundo, sino también de control social
y concentración de poder, promoviendo
e imponiendo a su vez una modalidad de
pensamiento específica –secuencial, funcional a las innovaciones técnicas– a costa
de excluir otras. Su análisis del pacto fáustico con aquellos que “nos dieron el mundo
a cambio de nuestras mentes” arranca con
las primeras hachas de piedra en el paleolítico y recorre los grandes hitos de la innovación técnica: la agricultura, la escritura,
la ley, el alfabeto, la imprenta, los sistemas
educativos y de salud estandarizados y el
mismo método científico. Su tesis central
“¡Esta revista habrá que leerla!”
Carla Cordua en El Mercurio de Santiago
equivale en cierta medida al llamado de
Paul Feyerabend a “defender a la sociedad
de la ciencia”. El filósofo austríaco describió la ciencia como una ideología que transitó de ser una fuerza liberadora, contribuyendo en los siglos XVII y XVIII a erosionar
un sistema de pensamiento comprensivo, a
declararse poseedora de la verdad absoluta,
deviniendo en una religión que “inhibe la
libertad de pensamiento”. Ornstein y Burke
propugnan una modalidad de pensamiento flexible y holística opuesta al reduccionismo científico y, al igual que Feyerabend,
una toma de decisiones que abarque horizontes temporales amplios y no quede en
manos de los así llamados “expertos”.
R
egresando a Mind Real, el punto
es que “la mente no nos acerca a
la realidad. Produce una versión
seriamente reducida, editada…
una hábil ilusión”. Del total de energía electromagnética que nos toca, el sistema nervioso solo procesa una trillonésima parte,
realizando operaciones de enorme complejidad con el fin de hacernos las cosas simples. La realidad virtual que habitamos,
confinada por nuestro sistema de procesamiento de información, se relaciona sin
embargo con eventos del mundo externo
relevantes para nuestra supervivencia.
Ornstein retoma aquí la idea de una
multiplicidad de mentes especializadas y
separadas, un conjunto no diseñado sino
acumulado en distintas fases de la evolución biológica, que conformaría un “escuadrón de bobos”. Aunque el sistema operativo mental nos provee la ilusión de un yo
unificado, que también proyectamos a los
otros, los diversos módulos mentales operan de manera independiente, sin organización central, de acuerdo a rutinas fijas
que pueden transferirse de una actividad
a otra y ser manipuladas. Ornstein enumera las cuatro políticas básicas de la mente:
a) sensibilidad a la información reciente,
b) percepción de cambios en el medio, c)
comparación y d) relevancia de eventos
determinada en relación a la persona. La
mente, afirma, no es primordialmente “racional”; la racionalidad se emplea en contextos muy limitados y no es práctica, resultando demasiado lenta y engorrosa para
la vida real. La función del sistema mental
es realizar bosquejos rápidos de la realidad
y guiar la acción en función de peligros y
oportunidades. Su simplicidad estaría en
la base de su adaptabilidad, permitiéndonos navegar situaciones complejas con
poca información en la conciencia.
“Nuestra mente está obsoleta”, concluye
Ornstein. La mente evolucionó para crear
una realidad virtual del mundo de hace
decenas de miles de años, un entorno estable. El mundo actual presenta más cambios en un día que lo que nuestros ancestros debieron enfrentar en miles de años.
“El desarrollo humano moderno es mental, no físico”. Enfrentamos problemas en
una escala y a una velocidad para las que
nuestra biología no nos ha preparado, “…
ya que la realidad virtual en que vivimos
solo nota cambios bruscos en el mundo,
los seres humanos no son capaces de registrar transformaciones peligrosas que no
constituyen emergencias inmediatas”.
Uno de los aspectos más destacables de
MindReal es su falta de pretensión, un pecado –el de tomar sus premisas demasiado en serio– en el que incurre otro texto
notable dedicado al tema, The User Illusion:
Cutting Consciousness Down to Size (1991)
de Tor Nørretranders, y buena parte de los
trabajos del biólogo chileno Humberto
Maturana, a quien Richard Rorty ha calificado como “el tipo de científico que anuncia que el último trabajo en su disciplina
tiene profundas implicancias filosóficas”.
Se trata de uno de los dilemas que enfrentan las nuevas ciencias de la mente, el cerebro, los genes y la evolución: los avances
científicos proporcionan una modalidad
de conocimiento “particularmente satisfactoria” (en palabras de Pinker) pero al
mismo tiempo se abocan a revisitar temas
ya ampliamente tratados por la filosofía y la literatura. A riesgo de descontextualizar, ¿no pueden leerse las obras de
Shakespeare, Cervantes, Montaigne, Kant,
Tolstoi, Yeats, Proust, Lessing y un largo
etcétera, como aproximaciones a la naturaleza humana?
En MindReal, Ornstein no se propone
“probar” argumentalmente su teoría de
la mente, sino ilustrar una serie de ideas
contraintuitivas con el fin de estimular la
reflexión sobre procesos mentales que nos
resultan invisibles y damos por sentados,
pero que han tenido profundas consecuencias a escala planetaria. Esa es la función de The MindReal Tour del ilustrador
Ted Dewan, una suerte de novela gráfica (o
no-ficción gráfica) intercalada al texto de
Ornstein que, de manera amena, complementa lo planteado por este. El humor del
relato gráfico ayuda a asimilar lo que en
estricto rigor en una visión bastante poco
halagüeña de la mente humana, pero congruente con lo que han sido sus efectos en
el mundo.
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
PRL 25
El Booker 2008
Akash Shah, Free Press
Francesca Denegri
The White Tiger
de Aravind Adiga
Free Press, 2008, 288 pp.,
US$ 24.00
“N
i monstruo ni demonio.
Solo un hombre que
como el Buda ha despertado, mientras que
todos ustedes siguen dormidos”, responde
Balram Halwai al Primer Ministro chino
en una de las siete cartas que escribe narrando su historia de “empresario autodidacta”. En una vuelta de tuerca sin precedentes en la narrativa india de lengua
inglesa, The White Tiger, novela ganadora
del prestigioso Booker Prize en su última
versión, explora descarnadamente lo que
significa despertar al éxito empresarial de
la nueva economía de mercado en un país
dominado por una antigua cultura de castas y de clases tan marcadamente jerárquica como es la India.
Nacido y criado en un pueblo olvidado
del Bihar en el corazón de las tinieblas de
la India, Balram pasará de ser uno de los
cientos de millones de indios “dormidos”
y hambrientos que sobreviven malamente
en “la India Oscura” y feudal, a ser el próspero dueño de una envidiable empresa de
transporte corporativo en el Bangalore de
la “India Reluciente”. La clave de la historia está en saber cómo un individuo perteneciente a una casta de sirvientes que
durante siglos ha soportado las peores
humillaciones bajo la incuestionable omnipotencia del amo rico, logra despertar y
romper en un instante ese destino. Bajo la
luz de un candelabro de vidrios colgantes
en forma de diamantes, señal de su reciente y exitosa incorporación en la nueva clase media de la India moderna, Balram se
sienta durante siete noches seguidas en su
flamante oficina para desentrañar pacientemente aquel secreto que solo él conoce
con lujo de detalles.
La historia personal e inverosímil de
Balram es también la historia del violento choque entre los dos sistemas sociales en los que actualmente se balancea
precariamente la India. Por un lado está
aquel representado por la nueva economía abierta de mercado, y por el otro el
de la India tradicional, cerrada, inmóvil y
segmentada en castas o “jaulas”, como las
llama el narrador. “Si viene a la India buscando la Iluminación olvídese del Ganga
y de los ashrams, mejor váyase al zoológico, ahí en el corazón de Nueva Delhi”,
sugiere el recién estrenado empresario
a su imaginado interlocutor. Desde esta
reverberante analogía que desacraliza el
tradicional sistema de varnas hindúa, la
Aravind Adiga.
India aparece como un zoológico en cuyas jaulas viven desde tiempos inmemoriales brahmines con brahmines, intocables con intocables, shudras con shudras,
y así sucesivamente. El leitmotiv de las
jaulas es instrumental en la novela porque como se verá condensa las múltiples
y trágicas significaciones que a la postre
derivan de la superposición del capitalismo moderno en un sistema social feudal
segmentado.
A medida que la economía globalizada
beneficia a más y más grupos de indios,
los antiguos lazos comunitarios que tradicionalmente mantenían en orden a las
diversas jaulas comienzan a disgregarse.
Y si antes el “chancado” b, vivía tranquilo y
separado del resto en su miserable y oscura
jaula, hoy ese mismo chancado es testigo
cercano del enriquecimiento ruidoso y
chillón de las clases medias y altas. La pregunta que inevitablemente el chancado se
hará a sí mismo, y que por cierto antes ni se
le hubiera ocurrido hacer, es por qué a sus
vecinos se les sale el dinero por las orejas
mientras que a él le falta todo. En el caso de
Balram, esa reflexión servirá precisamente
como el catalizador que forjará su dudoso
futuro de “empresario autodidacta”.
Un par de versos sufí habría sido todo lo
que necesitaba este joven cuando todavía
era chofer de la “India Oscura” para despertar y comprender, por fin, cómo se hace
para ingresar triunfante en ese mundo de
abundancia del patrón. Gurgaon, ciudad
satélite de Delhi, con sus estrambóticos
rascacielos de absurdos nombres como Torres de Buckingham y Señorío de Windsor, bajo cuyas sombras pulula la India
sufriente y desnuda entre vacas, chanchos,
ratas, cucarachas y excrementos, es también el espacio central donde se sitúa esta
controversial novela de Aravind Adiga.
“P
or años anduviste buscando la llave/ pero la puerta
estaba abierta de par en
par” reza el verso que un
viejo librero musulmán le lee a Balram y
que será la clave para descubrir que escapar
de su destino de sirviente es en verdad tan
fácil como salir por la puerta abierta de una
jaula. Lo que no sabemos es si se atreverá a
dar ese paso. Porque tan naturalizada y sacralizada es la jerarquía en la sociedad india que durante milenios el chancado dejó
de cuestionar su condición. Simplemente
la daba por hecha y supuesta. Ni siquiera
habría sido necesario cerrar las jaulas para
evitar que escape. Un perfecto equilibrio de
Rohinton Mistry y El dios de las pequeñas
cosas de Arundhati Roy, además de testimonios Dalits que comienzan a aparecer
en el mercado editorial indio, sugieren
que aún hoy que las puertas se han abierto,
pocos son los que se atreven a transgredir
sus fronteras, santificadas como están por
la fuerza de una ley brutal que destruye a
quien se atreva a dar ese paso.
En todo caso, Balram, harto ya de soportar las humillaciones de su Pinky Madam y
de su Ashok Sir, vive elaborando angustiado su plan de escape desde una habitación
en el sótano húmedo y abombado de las
Torres de Buckingham, mientras que arriba los patrones, sentados en sus muebles
blancos –bajo fotografías gigantescas de
Cuddles y Puddles, los engreídos pomera-
nios cuyo pelo Balram había sido el encargado de lavar y peinar todos los días– se la
pasan soñando que “en pocos años su país
será igual que los Estados Unidos”.
“Esta situación no durará para siempre.
¿Has oído hablar de los Naxales?” le pregunta un vendedor ambulante a Balram
aludiendo a la guerrilla maoísta india
cuya amenaza es sistemáticamente ignorada por la prensa y el público de las clases
medias y altas. “Tienen armas. Y todo un
ejército. Son cada día más fuertes. Cuando
llegue el momento, toda la India…” (reventará). Pero si la larga marcha hacia la
revolución no es su destino, acaso un breve y sencillo “acto empresarial creativo” sí
lo sea. Lo que ya no se puede dudar es que
cualquier vía de escape por la que opte el
frustrado chofer desde su sótano repleto
de cucarachas, exigirá un derramamiento de sangre. Y la sangre más fácil de derramar será la del patrón, por su increíble
capacidad de ceguera. “Lo sorprendente”,
dice Adiga en una entrevista reciente, “es
que en vista de la enorme desigualdad entre pobres y ricos, los sirvientes cometan
tan pocos crímenes contra sus patrones”.
La historia es una suerte de alegoría del
fracaso de la economía de mercado en la
nueva sociedad india.
Tan intrigante como la novela es el gélido silencio con que ha sido recibida por el
público indio, que normalmente celebra
eufórico a sus escritores premiados en el
extranjero. Hace dos años, cuando El legado de la pérdida ganó el Booker, Kiran Desai fue recibida aquí con bombos y platillos,
como también lo fue Arundhati Roy con El
dios de las pequeñas cosas y ni que se diga
26 PRL
www. revistaprl.com
PRL
se publica seis veces al año.
Cada edición pasa revista
a lo más estimulante
y original de lo
recientemente publicado
en literatura, biografía,
memoria, historia,
política, filosofía, ciencia.
Suscríbase ahora y reciba
PRL cada dos meses.
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 21
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 28
PRLONLINE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 29
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 36
Obtenga cada edición de PRL en un PDF con diseño propio. La suscripción anual otorga acceso a todas las
ediciones de PRL.
Para preguntas sobre su suscripción o para ordenar una por teléfono por favor contáctenos llamando al
212.864.4280 o visitando www.revistaprl.com. También puede suscribirse enviando un cheque o money
order a: Mido Editores Inc. 476 Central Park West, Ste. 4A, New York, NY 10025.
dic2008/ene2009
del apoteósico clamor a Los hijos de medianoche de Rushdie. A Adiga, en cambio, lo
llaman “lacayo de Occidente”, también lo
acusan de “conspirador” y hasta cuestionan la legitimidad de su identidad india.
La condena más común es que solo sabe,
como Naipaul, “revolcarse en la miseria”, y
que se niega con obstinación a ver los progresos de un país tercermundista capaz de
lanzar su propio cohete a la luna. En contraste con aquellas novelas atravesadas de
un realismo mágico elegante y nostálgico,
de revuelo de saris, de cardamomo y azafrán, en The White Tiger nada es pintoresco ni delicado: todo es cruel y degradante. Nada inspira nostalgia: todo provoca
rabia. Se ha dicho que sus metáforas son
“feas” y “vulgares”, que su prosa es “escolar y cruda”. Lo que pasa es que la India de
Adiga exige un lenguaje sin sentimentalismos, de economía brutal y directa.
A propósito de la rabia, Arundhati Roy
escribe que “cada día son más los que se
unen a la colosal ola de resistencia revolucionaria o criminal que amenaza con
tragarse a este país y con reventar sobre
la complaciente pornografía de ‘la India
Reluciente’” (La forma de la bestia). Mientras esa ola engorda y se encrespa con cada
chancado que despierta como Balram
para salir de su jaula, los indios de la nueva
clase media se tapan los oídos para no oír
el estruendo que se avecina y cierran los
ojos para no ver el fuego y el humo que se
levanta en las cuatro direcciones de estas
tierras del acaso pronto legendario ahimsac gandhiano.
a
De acuerdo al hinduismo brahmánico,
los hombres pertenecen a cuatro clases, o
varnas, que son hereditarias. Los brahmanes ocupan la cúspide de la jerarquía y representan la fuerza espiritual e intelectual
(sacerdotes), a ellos les siguen los khastriyas, que detentan la fuerza física (el ejército), los vaishyas, la fuerza económica (los
comerciantes), y finalmente los shudras,
(la masa de trabajadores y artesanos). Los
intocables (ahora llamados Dalit) quedan
fuera del sistema de varnas por ocuparse
de trabajos considerados impolutos y contaminantes.
b El término Dalit tiene contenido político y busca desnaturalizar la ignominia
del concepto religioso de la intocabilidad,
subrayando así su condición de clase social explotada. Proviene del sánskrito y
significa “roto”, “quebrado”, “aplastado”,
“chancado”. Fue acuñado por Mahatma
Jyotiao Phule, reformista social del siglo
XIX, popularizado luego por el líder de
los Dalits, B.R. Ambedkhar (1891-56), y
reformulado por el movimiento literario
radical de los Dalit Panthers en Bombay y
el resto de Maharashtra en la década de los
setenta, para designar no solo a los antiguos intocables, sino también a todo aquel
que sea oprimido por su género, raza, región o condición económica.
c Ahimsa o no-violencia es el principio
ético hindú que Mahatma Gandhi implementó como estrategia fundamental en su
campaña de independencia contra el régimen colonial británico.
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
PRL 27
¿Cómo traducir al alemán
el italiano de un alemán?
Random House Mondadori
José Manuel Prieto
Decir casi lo mismo.
Experiencias de traducción
de Umberto Eco
Lumen, 2008, 557 pp., US$ 48.58
Traducción de Helena Lozano
Miralles
E
ste serio libro sobre el todavía
más serio arte de la tradución
abre con una especie de broma
al lector: Umberto Eco hace traducir a Babel Fish, ese servicio de traducción online, la primera línea del más leído
de los libros, La Sagrada Biblia. Como era
de esperar (y es algo que cualquiera que
haya usado ese servicio conoce) su experimento produce los resultados más disímiles. Estos los usa el autor para enfrentar al
lector a la dificultad inmediata y evidente
de que no existen traducciones exactas. El
imponente “In the beginning God created
the heavens (…)” con que abre la Biblia (en
la traducción de King James) queda traducido (o reducido o malformado) por el inefable robot a: “En el dios que comenzaba
creo el cielo (…)”. Procede entonces Eco a
retraducir esta frase, ya profundamente
descolocada, de vuelta al inglés y obtiene:
“In the God that began created the sky
(…)”, que luego usa como punto de partida para traducir al alemán: “In Gott, der
anfing, stellte den Himmel (…)”. El resultado de todo ello: un absoluto galimatías
que muestra de manera fehaciente cuánto
es lo que aporta la mente del traductor, su
compresión del contexto. Y qué lejos estamos del día en que los traductores de carne y hueso puedan ser reemplazados por
las hábiles máquinas y los más exhaustivos tesauros.
Porque se da la paradoja de que vivimos
en un mundo cada vez más dendrítico, más
rizomático, más si se quiere interconectado,
pero en lo concerniente a la lengua seguimos en las mismas cajas estanco (o como
estanco) de nuestra lengua materna. El trujimán, el traductor, es la persona que cava
túneles en sus paredes, busca conectarlas,
o como diría Eco, casi conectarlas. Como
durante algunos años yo mismo me gané
la vida como traductor profesional y como
también algunas de mis novelas han sido
traducidas a varias lenguas, he leído su Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción
desde la doble condición de traductor y autor traducido. Como traductor el libro me
Umberto Eco.
parece de una claridad sorprendente, logra
encauzar la discusión convincentemente y
con conocimiento de causa sobre temas que
toda persona que se haya dedicado al arduo
arte de la traducción, ha considerado más
de una vez. Como autor con libros vertidos
a diferentes lenguas y que ha debido ver
con impotencia a veces y con alegría otras,
cómo el libro terminaba sensiblemente
cambiado o alterado en aquellos otros universos lingüísticos, he encontrado no pocos ejemplos de soluciones plausibles y de
pautas para negociar con los traductores.
Aunque empíricamente ya había dado yo
con una regla para evaluar las traducciones
de mis libros a idiomas que no domino, la
prolijidad del texto de Eco me la confirma:
mientras más preguntas hace un traductor,
mejor es la traducción. Conservo las más de
cien preguntas que me hizo mi traductora
durante la traducción de mi más reciente
novela al alemán. Otras tantas tengo de la
traductora en francés y con la de inglés he
sostenido largas sesiones de trabajo. Todas
han hecho siempre un excelente trabajo
avalado por esa acuciosa interpretación de
los contextos, de los registros, de las palabras de difícil comprensión.
Umberto Eco también saca mucho provecho de esa doble condición y en su libro
abundan ejemplos tanto de su práctica
como traductor de Raymond Queneau
y Gérard de Nerval, como de autor cuya
obra ha sido vastamente traducida (podemos decir a más de treinta o cuarenta idiomas). Ahora bien, a pesar de los múltiples
ejemplos que Eco va colocando a lo largo
de las más de quinientas páginas del libro,
a pesar de su aparente variedad, pudiera
decirse que todo el libro es una extendida
variación de un único concepto, el de negociación. O como nos explica: el principal
objetivo de su libro es “intentar entender
cómo, aun sabiendo que no se dice nunca
lo mismo, se puede decir casi lo mismo.
A estas alturas, lo que constituye el problema no es tanto la idea de lo mismo, ni
la de lo mismo, como la idea de este casi.
¿Cuánta elasticidad debe tener ese casi?”.
Con todo, el libro encierra más preguntas que respuestas. Quizá no pueda ser de
otro modo. El principal objetivo de Eco,
más que acuñar conceptos es condesar
cierta tierra firme por sobre la cual hacer
avanzar sus reflexiones. Muy al comienzo
del libro pone en claro, por ejemplo, qué
entiende cuando habla de traducción:
Así pues, traducir quiere decir entender tanto el sistema interno de una
lengua como la estructura de un texto
28 PRL
determinado en esa lengua, y construir un duplicado del sistema textual
que, según una determinada descripción, pueda producir efectos análogos
en el lector, ya sea en el plano semántico y sintáctico o en el estilístico, métrico, fonosimbólico, así como en lo que
concierne a los efectos pasionales a los
que el texto fuente tendía.
Eco elabora ciertos conceptos fundamentales que le sirven para vertebrar la
discusión y que el lector encontrará enunciados en los subtítulos. Mencionaré unos
cuantos: “Entender los contextos”, “La
traducción concierne a mundos posibles”,
“La reversibilidad ideal”, “Reproducir el
mismo efecto”, “Pérdidas”, “Pérdidas de
acuerdo entre las partes”, “Compensaciones”, “Evitar enriquecer el texto”, “Traducir
de cultura a cultura”, “Modernizar y arcaizar”, “El casi de la traducción poética”, “El
www. revistaprl.com
caso Queneau”, “El caso Joyce”, “Hacer ver
lo no dicho” y “Colores”.
Eco se extiende diseccionándolos uno a
uno; me limitaré a algunos. Trátese, por
ejemplo, del casi de la traducción poética. Como traductor de poesía rusa más de
una vez me he topado con la necesidad de
aclarar, de traducir de cultura a cultura,
reflexionando sobre el por qué de que
un poeta como Iosif Brodsky ceda mucho
más fácil a la traducción que una poeta
endemoniadamente compleja y entrelazada a profundidad en la lengua como
Marina Tseváeva. El casi se convierte en
un abismo prácticamente insondable que
vuelve virtualmente imposible trasladar
fielmente al castellano (y me temo que
a cualquier otra lengua) la riqueza de la
poesía de la rusa. Debemos resignarnos a
ello, afirma Eco, pero luchar siempre por
lograr trasvasar la mayor cantidad de ma-
terial poético posible porque: “Con todo
y ello, aunque aceptáramos la idea de que
la poesía es intraducible por definición
–y sin duda muchas poesías lo son– el
texto poético seguiría siendo una piedra
de toque para cualquier tipo de traducción (…)”.
Sigue diciendo Eco: “Evitar enriquecer
el texto”. ¿Qué hacer si un autor tiene un
léxico pobre? ¿Debemos enriquecerlo en
la lengua de llegada? ¿Aportar riqueza,
variedad de sinónimos allí donde el autor
usa siempre la misma palabra? ¿Debemos
intervenir a tal punto en el texto que este
quede sensiblemente mejorado pero que
por lo mismo traicione el tono del original, su textura, por decirlo así?
En lo referido a las “pérdidas” dice Eco
que hay que calcularlas con ecuanimidad,
todo lo que se perderá en la traducción de
manera insoslayable por la inadecuación
PRL
dic2008/ene2009
de ambas lenguas, por la existencia de
universos mentales disímiles y entender,
por el contrario, qué se salvará. Es posible, dice (y tratándose de la traducción de
autores vivos), llegar a un acuerdo con el
autor sobre qué perder y qué salvar. Para
ilustrar a qué se refiere aporta este ejemplo: “En mi novela La isla del día de antes, el
padre Caspar es un religioso alemán que
no solo habla con acento alemán, sino que
trasplanta directamente al italiano las
construcciones sintácticas propias del alemán, con efectos caricaturescos”. Pero el
traductor alemán se vio en apuros porque
“¿Cómo consigue presentar, en alemán, el
italiano que hablaría un alemán?”. La solución del traductor fue hacerlo hablar un
alemán barroco. Se perdió algo, pero se
conservó casi el efecto del original.
Con relación a “Colores”, hacia el final
del libro Eco se extiende en una jugosa
se publica seis veces al año. Cada edición pasa revista a lo
más estimulante y original de lo recientemente publicado
en literatura, biografía, memoria, historia, política, filosofía,
ciencia. Aproveche nuestras tarifas introductorias. Suscríbase
ahora y reciba PRL cada dos meses.
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 21
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 28
PRLONLINE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 29
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 36
Obtenga cada edición de PRL en un PDF con diseño propio. La suscripción anual otorga acceso a todas las
ediciones de PRL.
Para preguntas sobre
su suscripción o para
ordenar una por
teléfono por favor
contáctenos llamando al
212.864.4280 o visitando
www.revistaprl.
com. También puede
suscribirse enviando un
cheque o money order a:
Mido Editores,
474 Central Park West,
New York, NY 10025.
dic2008/ene2009
www. revistaprl.com
PRL 29
PRLONLINE
PRL cumple su primer año de vida.
Estos son algunos de los artículos que
interesaron especialmente a nuestros
lectores durante 2008.
¿Se ha perdido alguno de ellos? Suscríbase
a PRLONLINE, la versión PDF de PRL, y
obtenga acceso a los más de setenta artículos
de nuestros primeros seis números. La
suscripción anual cuesta solo US$15.
Rafael Rojas: Todas las Habanas de Cuba
Pablo de Santis: Se extraña el humor de Borges
Odi Gonzales: El Quijote en quechua
Germán Carrera Damas: Simón Bolívar, una pasión dominante
Roberto González Echevarría: Cien años de soledad, cuarenta años después
Sergio Ramírez: Difícil una Venezuela como Cuba
Ilan Stavans: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao
Tom Burns Marañón: Borrow, Ford, y la invención de España
Antonio José Ponte: Leyendo a Nietzsche a voz en cuello
Sergio Missana: Crónica secreta de una guerrilla en Chile
Vania Markarian: El efecto Chomsky
Pablo Alabarces: ¿Qué es el peronismo?
Pedro Ángel Palou: Graham Greene desbanaliza la experiencia
Gustavo Pérez Firmat: Las consecuencias del amor por Cuba
Jorge Balán: La competencia internacional por los talentos
Roberto Ignacio Díaz: La esclavitud en el Atlántico francés
Enric Bou: Mucho más que poesía – Literatura catalana en traducción
30 PRL
www. revistaprl.com
PRL
se publica seis veces al año.
Cada edición pasa revista
a lo más estimulante
y original de lo
recientemente publicado
en literatura, biografía,
memoria, historia,
política, filosofía, ciencia.
Suscríbase ahora y reciba
PRL cada dos meses.
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 21
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 28
PRLONLINE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 29
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 36
Obtenga cada edición de PRL en un PDF con diseño propio. La suscripción anual otorga acceso a todas las
ediciones de PRL.
Para preguntas sobre su suscripción o para ordenar una por teléfono por favor contáctenos llamando al
212.864.4280 o visitando www.revistaprl.com. También puede suscribirse enviando un cheque o money
order a: Mido Editores Inc. 476 Central Park West, Ste. 4A, New York, NY 10025.
dic2008/ene2009
disquisición sobre la manera muy distinta en que las diferentes culturas “fragmentan” el espectro visual en colores, cómo los
lingüistas han contabilizado hasta tres
mil nombres de colores y matices para el
inglés aunque en la vida cotidiana se usan
solamente unos diez. Los rusos, por ejemplo, parten de lo que nosotros llamamos
“azul marino”, en dos “colores”: sinei y
goluboi. Entonces, cuando traducimos de
una lengua con mayor riqueza denominativa de los colores, en este caso el ruso, tal
distinción se pierde. Eco señala, además,
que la denominación de los colores, más
que algo objetivo, es una “realidad sicológica” (por ejemplo, para los daltónicos,
que son incapaces de saber, sino por comparación, que lo son). También menciona
de qué modo exacto veían los antiguos:
ese pasaje famoso citado por Borges sobre
la “mar color de vino” de los antiguos y en
Homero. Que verían el mar de la manera
oscura y densa y roja como vemos el vino
hoy día.
Traducir entre culturas, entre épocas,
traducir como asimilación cultural. O
como dice Eco que afirmaba Lutero, excelso traductor de la Biblia, padre, por medio
de esa traducción, del alemán literario:
que usaba indistintamente el vocablo “traducir” y el vocablo “germanizar”.
Por último el libro está literalmente trufado de consejos útiles que lo convierten
en una suerte de Manual para Traductores
en el que se presentan los problemas y se
aportan las soluciones con prolijos ejemplos. Que el autor tuvo en mente desde el
principio: “Muchas veces, algunos textos
de traductología me dejaban insatisfecho
precisamente porque la riqueza de argumentos teóricos no iba acompañada por
una panoplia de ejemplos suficientes”.
Error subsanado en este libro, su lectura
se convierte en una experiencia políglota. Un párrafo de El nombre de la rosa, del
propio Eco, aparece en las versiones de las
principales lenguas europeas, mientras
que todo un largo pasaje de Nerval que
el propio Eco tradujo es presentado simplemente en tres columnas: en el original
francés, en la traducción italiana y en la
versión castellana.
En ese mismo afán de hacer su libro más
útil, Eco discute una variada bibliografía
de libros sobre la traducción que van desde la Encyclopedia of Translation Studies,
recopilada por Baker en 1998, pasando
por los textos ya clásicos de George Steine,
Después de Babel, como por los de Walter
Benjamin, traductor él mismo de Marcel
Proust, o bien ensayos como el de Ortega
y Gasset “Miseria y esplendor de la traducción”, de 1937, o un libro indispensable
como The Translator´s Invisibility de Venuti
Lawrence, de 1995.
En cierto sentido, con Decir casi lo mismo,
Eco ha logrado algo más que una reflexión
erudita sobre la traducción. “Finnegan’s
wake”, dice Eco en un punto de sus reflexiones, “es más bien, un texto plurilingüe. En
consecuencia, sería inútil traducirlo, porque ya está traducido”. Mucho acierto en
ello y es el efecto que calculadamente, negociadamente, Eco ha buscado suscitar en
la mente de los lectores de su libro.
www. revistaprl.com
dic2008/ene2009
PRL 31
De ti, lector, es que
trata la fábula
Pablo de Santis
H
ay un antiguo juego llamado
sortes que consiste en atribuir
a una biblioteca, a un libro, a
una página cualquiera, las
virtudes de un oráculo. El juego es así: uno
formula una pregunta concreta y luego
toma un libro al azar, y elige una página
y un párrafo a ciegas. Luego hay que usar
la imaginación, mucha imaginación, para
encontrar alguna relación entre el párrafo
y la pregunta. El lenguaje oracular siempre ha sido oscuro, y sería injusto pedirle
a un libro cualquiera, oráculo aficionado,
más claridad que a la sibila de Delfos.
Al parecer el juego es antiquísimo: en
el mundo romano el procedimiento más
difundido de las sortes exigía que el libro
elegido fuera la Eneida. Antes hubo también sortes homéricas, que han dejado su
huella en la filosofía: en el Critón, diálogo
platónico, Sócrates ve la fecha de su muerte revelada por un verso de la Ilíada. “Sócrates, al tercer día llegarás a la fértil Ptia”
le dice una desconocida en un sueño.
Aunque la Iglesia siempre se opuso a
este método de adivinación, en la Edad Media era común que se usara la Biblia para
probar suerte. Había, después de todo, un
célebre ejemplo a seguir: Agustín de Hipona cuenta en sus Confesiones que decidió su
conversión definitiva a partir de una lectura hecha al azar. Agustín ya se había acercado al cristianismo pero sufría porque no
podía evitar la tentación de la carne; estaba
un día muy afligido cuando de pronto oyó
desde una casa cercana una voz de niño que
repetía una y otra vez: Toma y lee, toma y
lee. Y recordando a San Antonio, un abad
que decidió su conversión al entrar por azar
en una iglesia y escuchar unas palabras del
evangelio, Agustín obedeció a la voz, abrió
la Biblia y dio con un pasaje de una de las
cartas de San Pablo a los romanos. Y el pasaje elegido respondía con exactitud a las
preguntas sobre la tentación de la carne
que tanto lo hacían sufrir.
En Literati, una novela reciente de un
joven escritor irlandés, Barry McCrea, los
protagonistas juegan con una versión laica y moderna de las sortes, poniendo en
relación sus vidas con fragmentos al azar
de Agatha Christie, Somerset Maugham
o un manual de física, y así se hunden en
un mundo de obsesiones donde cada paso
que dan debe ser echado a las suertes. La
combinación entre la palabra escrita y el
azar le quita realidad al mundo; y el narrador, para no sucumbir a la pesadilla, se
pone a escribir un libro, que es una manera de poner a la irrealidad de su parte.
E
ntre los libros que han jugado
con las posibilidades narrativas
de la adivinación hay dos ejemplos célebres: El hombre en el
castillo, de Philip Dick, y El castillo de los
destinos cruzados, de Italo Calvino.
Dick escribió su novela en un momento
en que estaba encantado con el I Ching y no
hacía nada sin consultar su oráculo. Mientras estaba escribiendo El hombre en el castillo se preocupó por tirar las tres monedas
ante cada paso que debía dar cada personaje. Pero su obsesión llegó hasta tal punto
que se arrepintió: “El I Ching es un libro
maldito, con lengua de serpiente”. Calvino
escribió El castillo de los destinos cruzados
imaginando a unos viajeros a los que algún
peligro terrible e innominado deja mudos.
A falta de palabras deben contar su historia a través de un mazo de cartas de tarot.
El tarot le sirve a Calvino por sus posibilidades combinatorias, porque encierra en
sus imágenes una especie de inconsciente
de la civilización, de sótano donde se guardan antiguas pesadillas. Aunque la historia fracasa como narración, hay en la parte
ensayística del libro algunas de las páginas
más hermosas de Calvino.
S
iempre que tomamos un libro
tratamos de vincularlo a nuestra
vida. Ese es en esencia el juego
de la literatura; no hay nada, por
lejano que sea, que nos resulte lo suficientemente ajeno; los grandes libros siempre
parecen haber adivinado nuestros pensamientos secretos. Esa relación entre lo que
leemos y lo que recordamos, por un lado,
hace más intenso nuestro vínculo con el
libro pero, por otro, nos distrae. Y en ese
conflicto entre una lectura concentrada y
la distracción está el encanto de la lectura.
Por mucho que leamos nunca es sencillo
leer, siempre estamos en el comienzo.
Soren Kierkegaard tenía como consigna una sentencia en latín: De te fabula narratur (de ti lector, trata la fábula). Hay libros que se han tomado esto literalmente,
como La historia interminable de Michael
Ende, en donde el niño protagonista empieza a descubrir que la historia que lee,
por fantástica que parezca, es una realidad
que lo necesita para existir: al mundo de la
Fantasía, amenazado por la Nada, le hace
falta un lector que lo salve.
Al leer una ficción ocurren los hechos
de la trama, pero también ocurre la lectura, y si bien a menudo se señala el mundo
de los libros como una especie de negativo de la experiencia, podemos confiar en
que la lectura siempre es una experiencia.
Y una capaz de dar cuenta de la experiencia más extraña de todas: la experiencia de
lo que no se ha vivido. Porque las puertas
que dejamos sin abrir, los caminos que
no recorrimos porque preferimos otros,
pesan también sobre nosotros, como una
biografía hecha de clausuras, y ahí están
los libros para recordarlo.
L
a ficción se rige por reglas similares a la superstición; las narraciones y las creencias se ocupan
de buscar relaciones secretas entre cosas distantes. En la vida real macrocosmos y microcosmos suelen ignorarse
mutuamente, pero en las historias están
siempre en contacto: en las tragedias de
Shakespeare, el orden cósmico, el político y el familiar son sacudidos por igual;
Macbeth asesina rivales mientras estalla
la tormenta y los caballos, enloquecidos,
se matan a mordiscos. Ni el escritor más
escéptico se salva de las correspondencias,
aunque sean irónicas; los mundos narrativos siempre tienen rimas ocultas, y esas
rimas construyen la idea de un orden y de
un esplendor. Aun los textos que proponen
una experiencia más fragmentada, como
las obras de Samuel Beckett, descubren
correspondencias entre esas ruinas. Por
mucho que cultive el fragmento, la literatura nunca renuncia a la idea de totalidad.
En las novelas la superstición siempre se
cumple; como lectores prestamos mucha
atención a las advertencias, a las señales:
en la vida si alguien olvida el talismán no
pasa nada, pero si lo olvida en una novela, sabemos que no vivirá mucho tiempo.
Cuando Drácula dice “Entre por su propia
voluntad y deje con nosotros un poco de la
alegría que trae con usted” sabemos que
no estamos frente a una simple fórmula de
hospitalidad transilvana. En las ficciones
lo metafórico se vuelve literal.
Aun un género tan escéptico como la
novela policial tiene un mecanismo similar al de la superstición; así como en el
mundo de las creencias un objeto trivial
–una rama de muérdago, el umbral de una
casa, cualquier puerta señalada con el número 13– tiene un valor diferente, así en
las novelas policiales los objetos más sencillos pasan del ámbito de lo eventual al de
lo necesario; del azar al destino. Una llave,
un lápiz labial, una caja de fósforos o una
carta se convierten en claves para resolver
un crimen. Podemos decir que el género
nos pone como lectores en una posición
de adivinos; desfilan personajes y cosas y
conversaciones y aunque no intentemos
descifrarlas, igual sabemos que allí está la
clave de la historia que estamos leyendo.
E
s habitual que tengamos en la
biblioteca más libros de los que
somos capaces de leer, y esos libros nos amenazan con capas
superpuestas de frustración, como si nos
dijeran: nunca sabrás nada. Borges, en el
“Poema de los dones”, recordó en versos
memorables su nombramiento como director de la Biblioteca Nacional (por entonces, ubicada en la calle México de Buenos
Aires): “Nadie rebaje a lágrima o reproche/
esta declaración de la maestría/ de Dios,
que con magnífica ironía/ me dio a la vez
los libros y la noche”. Pero no se necesitan
la ceguera y la Biblioteca Nacional, basta
una ligera presbicia y unos pocos estantes
domésticos para que sintamos esa misma
ironía. Las bibliotecas, inclusive las más
modestas, nos muestran un imposible hecho de letras: todo lo que no leeremos por
falta de tiempo, de interés, de paciencia, o
por los hechizos del sueño y del tedio.
Los libros a menudo nos llevan al pasado, a recordar otros libros y otras circunstancias de lectura, pero en algún momento los libros fueron exclusivamente
el futuro; nos señalaban lo que iríamos a
ser, nos daban pistas no solo sobre nuestro
futuro sino sobre cómo estaban hechas las
cosas del mundo. Poco importaba que se
tratara de cuestiones tan ajenas a nuestra
experiencia como los piratas de la Malasia, o los viajes a Marte; a través de los
libros adivinábamos cómo funcionaban
las cosas: el dinero, las responsabilidades,
el paso del tiempo, las relaciones entre
hombres y mujeres. Aprendíamos la profecía repetida que los buenos libros suelen
preferir: las cosas no son tan simples como
parecen. Hay un secreto, se revelará al final, pero una parte seguirá quedando en
las sombras, porque así es como funcionan los libros, y así es además como funciona el mundo.
Acostumbramos a marcar páginas, párrafos, líneas como una forma de apropiarnos de aquello que leemos. Si juntáramos
todas las frases subrayadas (con los lápices
o con la memoria) a través de los años ¿encontraríamos algo coherente, o una pura
dispersión de entusiasmos pasajeros? Debajo de la inconstancia y el capricho tal
vez aparezca, bajo la forma de un collage
interminable, el espejo secreto, la figura
en el tapiz, el conócete a ti mismo. De ti,
lector, trata la fábula.
www. revistaprl.com
32 PRL
dic2008/ene2009
Próximamente
Ibsen Martínez sobre el premio Anagrama de
ensayo, Historia de un encargo: “La catira” de
Camilo José Cela, de Gustavo Guerrero
Manuel Lucena Giraldo sobre el Manual
para viajeros por España y lectores en casa, de
Richard Ford
Vania Markarian sobre Cold War Exiles in
México, de Rebecca M. Schreiber
Enric Bou sobre Anglo-American Hispanists
and the Spanish Civil War, de Sebastiaan Faber
Efraín Kristal sobre Jacques Bouveresse
476 Central Park West,
Ste. 4A,
New York, NY 10025
PRL
se publica seis veces al año. Cada edición pasa revista a lo más
estimulante y original de lo recientemente publicado en literatura,
biografía, memoria, historia, política, filosofía, ciencia.
Suscríbase ahora y reciba PRL cada dos meses.
Edición impresa
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 21
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 28
PRLONLINE. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 15
Edición impresa + PRLONLINE
EE. UU., Canadá, América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 29
Resto del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . US$ 36
Obtenga cada edición de PRL en un PDF con diseño propio. La suscripción anual otorga acceso a todas las
ediciones de PRL.
Para preguntas sobre su
suscripción o para ordenar
una por teléfono por favor
contáctenos llamando al
212.864.4280 o visitando www.
revistaprl.com. También puede
suscribirse enviando un cheque
o money order a:
Mido Editores,
476 Central Park West, Ste. 4A,
New York, NY 10025.