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EL UNIVERSAL Martes 14 de abril de 2015
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á REDACCIÓN
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REDACCIÓN
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El premio Nobel de Literatura alemán
Günter Grass, uno de los escritores más
influyentes del siglo XX, reconocido en
todo el mundo y considerado la conciencia moral de Europa tras la II Guerra Mundial, murió ayer a los 87 años
en Lübeck, al norte de Alemania. Una
portavoz del museo dedicado a Grass
en esa ciudad informó que el escritor
falleció como consecuencia de una
grave infección.
Encarnación del intelectual de izquierda comprometido, Grass fue el escritor más importante en la Alemania
de la segunda mitad del siglo XX, autor
de una obra que abarca novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro y memorias; libros donde indagó y se negó a
silenciar el pasado. Grass fue la voz de
una generación de alemanes que alcanzaron la mayoría de edad en la II
Guerra Mundial y cargaron con el peso
de la culpa de sus padres por las atrocidades de los nazis.
Los libros de su “Trilogía de Danzig”,
integrada por las novelas El tambor de
hojalata, Años de perro y El gato y el
ratón, ofrecen una combinación de detalles realistas con imágenes fantásticas, lo que captó la reacción alemana
en torno del ascenso del nazismo, los
horrores de la guerra y la culpa que
marcó al país. Sin embargo, muchos no
le perdonan haber mantenido oculto
hasta 2006, cuando publicó su libro de
memorias Pelando la cebolla , que sirvió en el regimiento nazi Waffen-SS en
su adolescencia.
Aun así, fue elogiado por los alemanes por ayudar a revivir su cultura tras
la guerra y dar voz y apoyo al discurso
democrático en la nación.
Con pipa en mano y un característico
bigote caído, desdeñó la tradición alemana de mantener una fría distancia
intelectual. Insistió en que la obligación del escritor era estar en el primer
plano del debate moral y político.
Nacido el 16 de octubre de 1927 en la
ciudad polaca de Gdansk, Grass se convirtió en una celebridad internacional
con su novela El tambor de hojalata en
1959. Aquel éxito fue “un cuento de hadas”, en sus palabras. La creación de la
novela es ya en sí una gran historia: en
1956 se había mudado a París junto con
su mujer, Anna; vivían en una modesta
habitación de una casa en un patio trasero y ahí el autor escribió en tres años
la obra que llevó al cine en 1979 Volker
Schlöndorff, y que recibió el Oscar a la
mejor película en lengua extrajera.
Sonidos de tambor. La novela narra
la historia del extravagante Oscar Matzerath, un niño que se niega a crecer
como forma de protesta ante el nazismo; es un retrato de la sociedad alemana en torno de la II Guerra, donde
se refleja cómo muchos participaron
de distintas formas en la guerra y cómo
otros guardaron silencio de los horrores. La novela causó sensación cuando
se publicó en 1959, aunque fue condenada por algunos como obscena.
El libro le dio fama de inmediato a
Grass; cuando Heinrich Böll se convirtió en 1972 en el primer alemán en ganar el Premio Nobel tras la guerra, preguntó: “¿Por qué yo y no Grass?”
Junto a El tambor de hojalata, destacan en su producción literaria obras
como Pelando la cebolla, A paso de cangrejo, Mi siglo, Es cuento largo, Encuentro en Telga y El rodaballo.
En más de medio siglo de carrera,
Grass dejó una amplia obra que recorrió géneros tan diversos como drama,
lírica, piezas de ballet, aforismos, ensayos y novelas, además de esculturas,
dibujos y pinturas. Se hizo escritor después de haber recibido una sólida formación como escultor y dibujante.
En un mismo año, 1999, recibió los
dos más prestigiosos galardones de la
literatura mundial: el Nobel y el Príncipe de Asturias de las Letras. Hasta entonces el Asturias reconocía a autores
iberoamericanos.
Cuando acudió a Oviedo a la gala de
estos premios, hizo una encendida defensa del libro y la lectura; dijo que si
algún día la especie humana se aniquilara a sí misma, la literatura “tendría la
última palabra, aunque sólo fuera en
forma de octavilla”. Agregó: “Como galardonados somos, por así decirlo, las
luces de cola de un periodo horrible,
todavía hoy aferrado a los dogmas” y
aseguró que “la Historia seguirá proyectando su sombra hasta muy entrado el próximo siglo. No podemos escapar a ella; nos convierte en rumiantes, y todo lo que, mal digerido, producimos seguirá interponiéndose en el
camino de la generación actual y de la
futura: excrementos en cuya costra seca se podrá leer”, añadió entonces.
Tiempo de confesiones. Grass escribió una trilogía autobiográfica que incluyó el polémico Pelando la cebolla
(2006), donde confesó que a los 17 años
había formado parte de las Waffen-SS,
cuerpo de seguridad especial del régimen nazi. Esto desató una polémica
que lo acompañó hasta sus últimos
días. “Si miro hacia atrás, siempre lo he
contemplado como una mancha que
me oprime y sobre la que no podía hablar”, contó entonces a la agencia DPA
sobre su demora, de 60 años, en admitir ese pasado.
El novelista volvió al centro de la polémica en 2012 al considerar a Israel
“un peligro para la paz mundial” en un
poema titulado Lo que hay que decir,
por lo que fue acusado de delirante y
antisemita en Alemania y declarado
“persona non grata” en Israel.
El escritor siguió comprometido con
la actualidad hasta el último día: su firma era la primera en una petición a favor de “un derecho de asilo digno” en
Europa, entregada precisamente ayer
al Ministerio del Interior alemán y firmada por más un millar de autores.
“Pedimos a todos los países de Europa que creen una ley de asilo humana y común que no esté dirigida por los
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intereses nacionales, sino por un espíritu de solidaridad y un sentido de la
responsabilidad”, dice el manifiesto,
firmado por Grass como presidente honorario del Club.
Su último libro. El escritor, cuya última aparición en público fue en un
teatro el 28 de marzo, trabajó en su nueva obra hasta días antes de fallecer, dijo
ayer su editor Gerhard Steidl.
“Terminamos el libro literalmente la
semana pasada. Está listo para ir a imprenta”, reveló Steidl en Gotinga. El
editor definió el manuscrito como “un
experimento literario en el que Grass
mezcló textos en prosa y lírica.
La obra, titulada Vonne Endlichkait
(dos palabras inventadas que sonarían
a algo similar a “De la finitud”), se publicará en el verano. Adelantó que los
primeros fragmentos se conocerán el
12 de junio durante la presentación de
una exposición en honor al escritor.
“Lo que dejó durará seguramente generaciones”, concluyó hoy Steidl,
quien definió a Grass como un amigo
y un consejero. “Su muerte es para mí
también una pérdida personal”.
El museo en Lübeck dedicado al escritor lleva el nombre de “Casa de Günter Grass”, y desde ahí se colocó su poesía “Provisiones” en su página web. En
ella, Grass escribió que quería ser enterrado con una bolsa de nueces y con
dientes nuevos “para que cuando cruja
donde me encuentro, se pueda suponer: es él, es el de siempre”. b Con in-
Eduardo Galeano y su relación
con el futbol gY
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ó El escritor y periodista uruguayo
Eduardo Galeano, una de las plumas más destacadas de la literatura
latinoamericana, murió ayer a los
74 años de edad en un hospital de
Montevideo, su ciudad natal, en
donde se encontraba internado en
estado grave desde la semana pasada a causa del cáncer de pulmón
contra el que luchó durante los últimos meses.
Los restos de Galeano, a quien le
gustaba definirse como un escritor
que quería contribuir al rescate de
“la memoria secuestrada” de América Latina, “tierra despreciada y
entrañable”, serán velados en el palacio legislativo, sede del Congreso
en Montevideo.
La carrera de Eduardo Germán
María Hughes Galeano, quien se
dio a conocer internacionalmente
como Eduardo Galeano, apellido
materno que se convirtió en un sello de identidad, inició en el periodismo que ejerció sobre todo en
Uruguay y en Argentina, además de
colaborar con diversos diarios en
otros países latinoamericanos y en
España.
En la década de 1960 integró el
equipo del desaparecido semanario
Marcha, que dirigió el escritor y periodista Carlos Quijano y que fue un
centro generador de poetas, escritores y periodistas, hasta que fue
clausurado por la última dictadura
uruguaya (1973-1985).
Una década después, en 1971, publicó el ensayo Las venas abiertas de
América Latina, una de sus obras
más reconocidas y admiradas, en la
que retrató la explotación a la que
fueron sometidos los países latinoamericanos desde la llegada de
los españoles, a fines del siglo XVI,
hasta los años 60; con esta obra obtuvo un gran reconocimiento internacional, se convirtió en un clásico
de la literatura latinoamericana y se
le identificó con las ideologías revolucionarias y de izquierda porque se
consideró que sacó a la luz la realidad social del continente y denunció los abusos del imperialismo.
En ese libro, Galeano afirmó que
la pampa chilena del salitre, la selva
amazónica del caucho, el nordeste
azucarero de Brasil y ciertos pueblos petroleros del lago de Maracaibo “tienen dolorosas razones para
creer en la mortalidad de las fortunas que la naturaleza otorga y el imperialismo usurpa”.
Sin embargo, fue una obra de la
que renegaría hacia el final de sus
días. El año pasado, de acuerdo con
el periódico español El País, Galea-
no confesó que no leería nuevamente su libro más exitoso:
“No sería capaz de leerlo de nuevo. Caería desmayado. Para mí, esa
prosa de la izquierda tradicional es
aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital”, dijo
el autor de entonces 73 años en una
rueda de prensa recogida por Agencia Brasil y el blog Socialista Morena, durante una visita a Brasil. Las
venas abiertas... tuvo una importante lectura política, por ejemplo,
en 2009 el fallecido presidente de
Venezuela, Hugo Chávez, interrumpió la Cumbre de las Américas
para entregarle a Barack Obama, un
ejemplar dedicado.
“En todo el mundo, experiencias
de partidos políticos de izquierda
en el poder a veces fueron correctas,
a veces no, y en muchas ocasiones
fueron demolidas porque estaban
correctas, lo que dio margen a golpes de Estado, dictaduras militares
y periodos prolongados de terror,
con sacrificios y crímenes horrorosos cometidos en nombre de la paz
social y del progreso. En otras ocasiones, la izquierda ha cometido
errores muy graves”, declaró.
“La única manera para que la historia no se repita es manteniéndola
viva”, escribió el periodista, que estuvo exiliado en Argentina y España durante la dictadura militar de
derecha que gobernó Uruguay entre 1973 y 1985. Desde que regresó a
Uruguay, tras la reapertura democrática, si no estaba viajando se lo
podía ver por las calles o en una cafetería ordenando sus ideas o participando en una conversación.
El escritor dejó preparado un inédito que quería se publicara tras su
muerte; Siglo XXI lo editará, probablemente para mayo aparecerá en
España, México y Argentina. Para
este jueves estaba prevista la presentación en España de Mujeres, libro-antología sobre personajes como Juana de Arco, Rosa Luxemburgo, Rigoberta Menchú, Marilyn
Monroe y Teresa de Ávila.
Galeano, que fue también mensajero, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor
y peregrino por los caminos de
América, publicó Memorias del
Fuego, Días y noches de amor y de
guerra, El libro de los abrazos, Los
hijos de los días,El fútbol a sol y sombra y Su majestad el fútbol, estos últimos fiel a su pasión por el balompié y por el club Nacional de Montevideo. b Agencias
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