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L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLVI, número 42 (2.386)
EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
Ciudad del Vaticano
17 de octubre de 2014
En la asamblea extraordinaria del Sínodo de los obispos
El 19 de octubre
Un debate abierto y claro
Beatificación
de Pablo VI
Tras dos semanas de intenso trabajo se encamina hacia su conclusión, el domingo 19, la
tercera Asamblea general extraordinaria del
Sínodo de los obispos sobre la familia, con el
tema: «Los desafíos pastorales de la familia
en el contexto de la evangelización». En estos
días se sucedieron las diversas congregaciones
generales, la presentación de la relación «post
disceptationem» el lunes 13, los trabajos en
los círculos menores (3 en inglés, 3 en italiano, 2 en español y 2 en francés) y la publicación de las conclusiones de dichos trabajos,
decidido en la decimosegunda congregación
general del jueves 16 por la mañana, y dadas
a conocer por la tarde de ese mismo día. El
sábado 18 se procederá a presentar el «Mensaje del Sínodo» por la mañana y por la tarde
la «Relatio Synodi», el documento final.
Durante esta semana también tuvo lugar
un importante anuncio: tema y fecha del próximo Sínodo. Tendrá lugar en el Vaticano, será la la decimocuarta Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, del 4 al 25
de octubre de 2015 sobre el tema «La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y
en el mundo contemporáneo». Lo anunció,
con autorización del Papa Francisco, el secretario general del Sínodo de los obispos, el
cardenal Lorenzo Baldisseri, al abrir el lunes
13 de octubre, por la mañana, la undécima
congregación de la Asamblea extraordinaria
en curso.
PÁGINAS 5-9
Mensaje por el
V
centenario del nacimiento de Teresa de Ávila
Santa andariega
«La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección» de Teresa de Ávila. Lo escribe el Papa
Francisco en el mensaje enviado al
obispo de la ciudad española con
ocasión del quinto centenario del
nacimiento de la santa, que tuvo lu-
Y
12-15
Misa en acción de gracias
Memoria
de los misioneros
gar el 28 de marzo de 1515. Las palabras de Teresa de Ávila «¡Ya es
tiempo de caminar!» —destacó el
Papa— «son la síntesis de su vida y
se convierten para nosotros, especialmente para la familia carmelitana, sus paisanos abulenses y todos
los españoles, en una preciosa herencia a conservar y enriquecer». Y
el Papa dice a todos: «¡Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración,
de la fraternidad, del tiempo vivido
como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de santa
Teresa. Sus huellas nos conducen
siempre a Jesús».
PÁGINA 10
El domingo 19 de octubre, en la plaza
de San Pedro, será proclamado beato
quien ha instituido, en 1965, el Sínodo
de los obispos: Giovanni Battista Montini, Pablo VI, durante la misa conclusiva de la tercera Asamblea general extraordinaria sobre la familia, con la presencia y la participación de los miembros de esta asamblea.
Un himno para el día
de la beatificación
Diálogo en tres estrofas
Y
EUGENIO COSTA
MASSIMO PALOMBELLA EN PÁGINA 2
Entrevista al cardenal Parolin sobre la situación en Oriente Medio
No hay que resignarse
PÁGINA 3
Convocado por el Consejo para los
laicos del 20 al 22 de noviembre
congreso mundial
de movimientos eclesiales
y nuevas comunidades
III
PÁGINA 2
Dolor tras la muerte de un ser querido en los combates contra el
EI
en Kobane, Siria (Ansa)
PÁGINA 17
L’OSSERVATORE ROMANO
página 2
viernes 17 de octubre de 2014, número 42
Pablo VI en un retrato de Stefano Pachi
publicado en la portada del
«Boletín Salesiano» del número de octubre
Un himno para Pablo
VI
Diálogo en tres estrofas
EUGENIO COSTA
y MASSIMO PALOMBELLA
Un himno para el día de la beatificación del Papa Pablo VI, y para cada vez que se querrá poner de nuevo
en el centro este don que el Señor
dio a su Iglesia, es ante todo un
canto al Señor mismo, un himno a
Cristo. Por ello el corazón de las
tres estrofas se concentra en el estribillo, junto a la aclamación (Christus, lumen gentium, Christus in Ecclesia) e implora (Mittat nos ad gentes).
La Iglesia reconoce las grandes cosas que el Omnipotente hizo en el
humilde siervo suyo y
pide ser ahora y siempre enviada a continuar su obra en el
mundo.
El himno, por lo
tanto, gira en torno a
este
momento
de
unánime Magníficat,
que compendia lo
que hoy deseamos decir sobre el Papa del
concilio y de la renovación. Asumir esta
dinámica significa situar la admiración y el honor a él en una perspectiva totalmente cristológica.
Identificado de este modo el núcleo central del himno, se ve claro el
sentido de las estrofas, que es el de
un recuerdo afectuoso de la gran figura del Papa Montini. Se recuerda
la vocación personal y su horizonte
de vida, su fiel y generosa acción de
pastor, su aún presente irradiación
sobre la Iglesia de hoy. Su lema
pontificio (In nomine Domini) está
entretejido en la trama de su existencia, mientras que algunas expresiones remiten a momentos cruciales, a
intervenciones decisivas: el Concilio
Vaticano II (Lumen gentium, Ad gen- afrontar una escritura no inmediata,
tes), las encíclicas y exhortaciones mientras que la asamblea se orienta
apostólicas (Ecclesiam suam, Evange- naturalmente a cantar el sencillo inlii nuntiandi), el discurso a la ONU.
ciso in nomine Domini y el solemne
El himno, de este modo, quiere estribillo, pensado para una gran
ofrecer una breve pero intensa mira- masa de personas. De allí nace una
da, movida por la fe y la esperanza, situación de diálogo, que llama al
sobre la existencia luminosa de un encuentro a todos los participantes
gran creyente, que acogió una llama- en la acción litúrgica para que el
da, la vivió con plenitud y
abre todavía sus brazos hacia
nosotros que lo llamamos beaEl punto central es un Magníficat.
to, que damos gracias a su y
nuestro Señor y que de él
Un canto de acción de gracias
mantenemos viva la memoria
por las grandes cosas realizadas
renovando nuestra fidelidad al
por Dios con la colaboración
camino que él abrió. El canto
de un himno no debe durar
de una de sus criaturas
mucho: por ello se miden las
palabras y se las confía al ímpetu fuerte y sereno de la música, que las pone en nuestros labios culto al nuevo beato sea un auténtipara que bajen al corazón.
co acto de Iglesia, teniendo alta la
La música entrelaza la narración mirada hacia la meta a la que tamrecitativa del coro y de los solistas bién hoy, con él, está llamada.
con las intervenciones de la asamLa escritura de un himno debe
blea y con el apoyo penetrante de desafiarnos con un texto que trate
los instrumentos en una sólida uni- de no caer en lugares comunes, y
dad formal, que respeta las caracte- con una música que siendo sencilla
rísticas propias de cada sujeto. El no debe ceder a la tentación de ser
coro y el solista pueden, en efecto, banal, y quizás también agramatical.
En noviembre el tercer congreso mundial de movimientos eclesiales y nuevas comunidades
Alegría misionera
«La alegría del Evangelio: una alegría misionera». Es un pasaje de la
Evangelii gaudium (n. 21) el que inspiró el tercer Congreso mundial de
los movimientos eclesiales y nuevas
comunidades, que —organizado por
el Consejo pontificio para los laicos— se llevará a cabo en Roma del
20 al 22 de noviembre próximos.
En el Colegio internacional María
Mater Ecclesiae se reunirán los delegados de las realidades asociativas
internacionales más difundidas, ya
reconocidas como instituciones internacionales de fieles o en constante
diálogo con el dicasterio vaticano.
Han expresado su adhesión fundadores y responsables generales.
Así como las ediciones anteriores
de 1998 y del 2006 culminaron con
los encuentros con los Pontífices
Juan Pablo II y Benedicto XVI, también la cita de este año aparece estrechamente unida a la misa de Pentecostés de 2013 celebrada por el Papa Francisco con ocasión del Año de
la fe precisamente con los miembros
de movimientos eclesiales y nuevas
comunidades. En el Regina Caeli el
Pontífice les animó: «¡Sois un don y
una riqueza en la Iglesia! ¡Llevad
siempre la fuerza del Evangelio! ¡No
tengáis miedo! Tened siempre la ale-
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TIPO GRAFIA VATICANA EDITRICE «L’OSSERVATORE ROMANO»
gría y la pasión por la comunión en
la Iglesia». Además, después de ese
encuentro, el obispo de Roma regaló
a la Iglesia la exhortación apostólica
Evangelii gaudium, que contiene un
auténtico vademecum para los movi-
Misa de Pentecostés con los movimientos, comunidades y asociaciones (19 de mayo de 2013)
GIOVANNI MARIA VIAN
director
Carlo Di Cicco
subdirector
Marta Lago
redactor jefe de la edición
don Sergio Pellini S.D.B.
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Redacción
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mientos eclesiales y las nuevas comunidades. Por ejemplo, en el documento, la necesidad de una nueva
etapa evangelizadora marcada por la
alegría —«la dulce y confortadora
alegría de evangelizar» (n. 9)— es
considerada el objetivo prioritario
para el camino de la Iglesia de nuestros días.
Y partiendo precisamente de tales
presupuestos, el Consejo pontificio
organizó un nuevo momento de
confrontación y reflexión común, para comprender mejor las palabras
del Papa Francisco y releerlas a la
luz de las experiencias y los desafíos
que los movimientos eclesiales y las
nuevas comunidades viven hoy en
día, en esa que para muchas de estas
realidades asociativas —fruto del
Concilio ecuménico Vaticano II, del
que celebramos el 50º aniversario—
representa la época de la edad adulta, de la madurez.
A los trabajos congresuales partiSIGUE EN LA PÁGINA 18
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número 42, viernes 17 de octubre de 2014
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página 3
«La imagen del camino puede
sintetizar muy bien la lección» de
Teresa de Ávila. Lo escribe el Papa
Francisco en el mensaje enviado al
obispo de la ciudad española con
ocasión del quinto centenario del
nacimiento de la santa, que tuvo lugar
el 28 de marzo de 1515. Publicamos a
continuación el texto del mensaje.
Mensaje del Papa Francisco para el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Ávila
Santa andariega
Vaticano, 15 de octubre de 2014
A monseñor
JESÚS GARCÍA BURILLO
Obispo de Ávila
Querido hermano:
El 28 de marzo de 1515 nació en
Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como santa Teresa de
Jesús. Al acercarse el quinto centenario de su nacimiento, vuelvo la
mirada a esa ciudad para dar gracias
a Dios por el don de esta gran mujer y animar a los fieles de la querida
diócesis abulense y a todos los españoles a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus
libros, que, junto con sus hijas en
los numerosos Carmelos esparcidos
por el mundo, nos siguen diciendo
quién y cómo fue la Madre Teresa y
qué puede enseñarnos a los hombres
y mujeres de hoy.
En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La
imagen del camino puede sintetizar
muy bien la lección de su vida y de
su obra. Ella entendió su vida como
camino de perfección por el que
Dios conduce al hombre, morada
tras morada, hasta Él y, al mismo
tiempo, lo pone en marcha hacia los
hombres. ¿Por qué caminos quiere
llevarnos el Señor tras las huellas y
de la mano de santa Teresa? Quisiera recordar cuatro que me hacen
mucho bien: el camino de la alegría,
de la oración, de la fraternidad y del
propio tiempo.
Teresa de Jesús invita a sus monjas a «andar alegres sirviendo» (Camino 18, 5). La verdadera santidad es
alegría, porque «un santo triste es
un triste santo». Los santos, antes
que héroes esforzados, son fruto de
la gracia de Dios a los hombres. Cada santo nos manifiesta un rasgo del
multiforme rostro de Dios. En santa
Teresa contemplamos al Dios que,
siendo «soberana Majestad, eterna
Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres:
Dios se alegra con nosotros. Y, de
sentir su amor, le nacía a la Santa
una alegría contagiosa que no podía
disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que
hay que andar toda la vida. No es
instantánea, superficial, bullanguera.
Hay que procurarla ya «a los principios» (Vida 13, 1). Expresa el gozo
interior del alma, es humilde y «modesta» (cf. Fundaciones 12, 1). No se
alcanza por el atajo fácil que evita la
renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6, 2; 30, 8),
mirando al Crucificado y buscando
al Resucitado (cf. Camino 26, 4). De
ahí que la alegría de santa Teresa no
sea egoísta ni autorreferencial. Como
la del cielo, consiste en «alegrarse
que se alegren todos» (Camino 30,
5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado. Al
igual que a uno de sus monasterios
en dificultades, la Santa nos dice
también hoy a nosotros, especialmente a los jóvenes: «¡No dejen de
andar alegres!» (Carta 284, 4). ¡El
Evangelio no es una bolsa de plomo
que se arrastra pesadamente, sino
una fuente de gozo que llena de
Dios el corazón y lo impulsa a servir
a los hermanos!
La Santa transitó también el camino de la oración, que definió bellamente como un «tratar de amistad
estando muchas veces a solas con
quien sabemos nos ama» (Vida 8, 5).
Cuando los tiempos son «recios»,
son necesarios «amigos fuertes de
Dios» para sostener a los flojos (Vida 15, 5). Rezar no es una forma de
huir, tampoco de meterse en una
burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más
crece cuanto más se trata al Señor,
«amigo verdadero» y «compañero»
fiel de viaje, con quien «todo se
puede sufrir», pues siempre «ayuda,
da esfuerzo y nunca falta» (Vida 22,
6). Para orar «no está la cosa en
pensar mucho sino en amar mucho»
(Moradas IV, 1, 7), en volver los ojos
para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente (cf. Camino 26, 3-4). Por
muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración
es el «camino seguro» (Vida 21, 5).
Dejarla es perderse (cf. Vida 19, 6).
Estos consejos de la Santa son de
perenne actualidad. ¡Vayan adelante,
pues, por el camino de la oración,
con determinación, sin detenerse,
hasta el fin! Esto vale singularmente
para todos los miembros de la vida
consagrada. En una cultura de lo
provisorio, vivan la fidelidad del
«para siempre, siempre, siempre»
(Vida 1, 5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un
«corazón enamorado» (Poesía 5); y
en una sociedad con tantos ídolos,
sean testigos de que «sólo Dios basta» (Poesía 9).
Este camino no podemos hacerlo
solos, sino juntos. Para la santa reformadora la senda de la oración
discurre por la vía de la fraternidad
en el seno de la Iglesia madre. Ésta
fue su respuesta providencial, nacida
de la inspiración divina y de su intuición femenina, a los problemas de
la Iglesia y de la sociedad de su
tiempo: fundar pequeñas comunidades de mujeres que, a imitación del
«colegio apostólico», siguieran a
Cristo viviendo sencillamente el
Evangelio y sosteniendo a toda la
Iglesia con una vida hecha plegaria.
«Para esto os juntó Él aquí, hermanas» (Camino 2, 5) y tal fue la promesa: «que Cristo andaría con nosotras» (Vida 32, 11). ¡Qué linda definición de la fraternidad en la Iglesia:
andar juntos con Cristo como hermanos! Para ello no recomienda Teresa de Jesús muchas cosas, simplemente tres: amarse mucho unos a
otros, desasirse de todo y verdadera
humildad, que «aunque la digo a la
postre es la base principal y las abraza todas» (Camino 4, 4). ¡Cómo desearía, en estos tiempos, unas comunidades cristianas más fraternas donde se haga este camino: andar en la
verdad de la humildad que nos libera de nosotros mismos para amar
más y mejor a los demás, especialmente a los más pobres! ¡Nada hay
más hermoso que vivir y morir como
hijos de esta Iglesia madre!
Precisamente porque es madre de
puertas abiertas, la Iglesia siempre
está en camino hacia los hombres
para llevarles aquel «agua viva» (cf.
Jn 4, 10) que riega el huerto de su
corazón sediento. La santa escritora
y maestra de oración fue al mismo
tiempo fundadora y misionera por
los caminos de España. Su experiencia mística no la separó del mundo
ni de las preocupaciones de la gente.
Al contrario, le dio nuevo impulso y
coraje para la acción y los deberes
de cada día, porque también «entre
los pucheros anda el Señor» (Fundaciones 5, 8). Ella vivió las dificultades
de su tiempo —tan complicado— sin
ceder a la tentación del lamento
amargo, sino más bien aceptándolas
en la fe como una oportunidad para
dar un paso más en el camino. Y es
que, «para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo» (Fundaciones 4, 6).
Hoy Teresa nos dice: Reza más para
comprender bien lo que pasa a tu alrededor y así actuar mejor. La oración vence el pesimismo y genera
buenas iniciativas (cf. Moradas VII,
4, 6). ¡Éste es el realismo teresiano,
que exige obras en lugar de emociones, y amor en vez de ensueños, el
realismo del amor humilde frente a
un ascetismo afanoso! Algunas veces
la Santa abrevia sus sabrosas cartas
diciendo: «Estamos de camino»
(Carta 469, 7.9), como expresión de
la urgencia por continuar hasta el
fin con la tarea comenzada. Cuando
arde el mundo, no se puede perder
el tiempo en negocios de poca importancia. ¡Ojalá contagie a todos
esta santa prisa por salir a recorrer
los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el
Espíritu en el corazón!
«¡Ya es tiempo de caminar!» (Ana
de San Bartolomé, Últimas acciones
de la vida de santa Teresa). Estas palabras de santa Teresa de Ávila a
punto de morir son la síntesis de su
vida y se convierten para nosotros,
especialmente para la familia carmelitana, sus paisanos abulenses y todos los españoles, en una preciosa
herencia a conservar y enriquecer.
Querido hermano, con mi saludo
cordial, a todos les digo: ¡Ya es
tiempo de caminar, andando por los
caminos de la alegría, de la oración,
de la fraternidad, del tiempo vivido
como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de santa
Teresa. Sus huellas nos conducen
siempre a Jesús.
Les pido, por favor, que recen por
mí, pues lo necesito. Que Jesús los
bendiga y la Virgen Santa los cuide.
Fraternalmente,
L’OSSERVATORE ROMANO
página 4
viernes 17 de octubre de 2014, número 42
Misa del Pontífice en Santa Marta
El «de más»
de Dios
«Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, porque
todo el que pide recibe, y el que
busca halla, y al que llama se le
abre». Partiendo del pasaje evangélico de san Lucas (11, 9-10), en la misa
celebrada en Santa Marta el jueves 9
de octubre, el Papa Francisco volvió
a meditar sobre el tema de la oración, deteniéndose en la condición
del hombre que pide y el amor de
Dios que responde y da sobreabundantemente.
Tras recordar el texto de la oración colecta pronunciada antes de la
liturgia de la palabra —«Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican; derrama
sobre nosotros tu misericordia, para
que libres nuestra conciencia de toda
inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir»—
el Pontífice inició su reflexión resaltando que «es propio de la misericordia de Dios no sólo perdonar
—eso todos lo sabemos— sino ser generoso y dar más y más...». Deteniéndose en particular en la invocación «y nos concedas aun aquello
que no nos atrevemos a pedir», el
Papa Francisco destacó: «Nosotros
quizá en la oración pedimos esto y
esto, y ¡Él nos da más siempre!
Siempre, siempre de más».
Retomando posteriormente la idea
del pasaje evangélico, el Papa recordó cómo, algún versículo antes del
pasaje propuesto por la liturgia, los
apóstoles le habían pedido a Jesús
que les enseñase a rezar como Juan
había enseñado a sus discípulos. «Y
el Señor —dijo— les enseñó el Padrenuestro». Después el Evangelio comienza a hablar de la «generosidad
de Dios», de la «misericordia que da
siempre de más, más de aquello que
nosotros creemos que se pueda hacer».
El Papa Francisco entró en el corazón del texto: «Si uno de vosotros
tiene un amigo, a medianoche...
Hay tres palabras, tres palabras clave
en este pasaje: el amigo, el Padre y
el regalo». Es la ocasión para unirse
a la experiencia cotidiana de cada
persona: en nuestra vida, dijo el
Pontífice, hay amigos de oro, «que
dan la vida por el amigo», y hay
también otros más o menos buenos,
pero algunos son amigos de manera
más profunda. No hay muchísimos:
«La Biblia dice “uno, dos o tres...
no más”. Los demás son amigos, pero no como estos».
Siguiendo la pauta del pasaje de
Lucas, el Papa prosiguió: «Yo voy a
su casa y pido, pido, y al final se
siente molesto por la importunación;
se levanta y da lo que el amigo le
pide». Precisamente «el vínculo de
amistad hace que se nos dé lo que
pedimos». Pero, explicó, «Jesús se
adelanta y habla del Padre», haciendo estas preguntas a sus oyentes:
«¿Qué padre entre vosotros, si su
hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?». De aquí la sucesiva certeza:
«Si vosotros, pues, que sois malos,
sabéis dar cosas buenas a vuestros
hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo
dará el Espíritu Santo a los que se lo ro de camino que nos da lo que pe- na jamás, «tiene paciencia» y vuelve
piden?». Esto significa que «no sólo dimos; el Padre que se preocupa de continuamente, incluso «hasta el fiel amigo que nos acompaña en el nosotros y nos ama; y el Espíritu nal de la vida», porque él «no deja
camino de la vida nos ayuda y nos Santo que es el regalo, es ese de más lo que quiere para sí».
da lo que nosotros pedimos; tam- que da el Padre, lo que nuestra
También Jesús experimentó esta
bién el Padre del cielo, este Padre consciencia no se atreve a pedir».
realidad: en el evangelio de san Luque nos ama tanto», hasta preocucas se lee que «después de las tentaparse —dice Jesús— por dar de cociones en el desierto», el demonio lo
mer a los pajarillos del cielo.
dejó en paz por un período, pero
De este modo el Señor, hizo notar
que luego «volvía continuamente».
Corazones
el Papa Francisco, «quiere despertar
Y los demonios «le tendían tramla confianza en la oración». Y citanpas» hasta el final, hasta la Pasión,
vigilantes
do de nuevo el Evangelio de san Lu«hasta la Cruz», diciéndole: «Si eres
cas —«Pedid y se os dará, buscad y ¿Custodiamos bien nuestro corazón? Hijo de Dios… ven, ven con nosohallaréis, llamad y se os abrirá, por- ¿Lo custodiamos ante los continuos tros, así podremos creer». El Papa
que todo el que pide recibe, y el que intentos del demonio de entrar en él Francisco explicó que es lo que nos
busca halla, y al que llama se le y hacer allí su morada? Lo preguntó sucede también a nosotros cuando
abre» (11, 9-10)— el Pontífice expli- el Papa Francisco durante la misa alguien nos tienta preguntándonos:
có: «esta es la oración: pedir, buscar celebrada en Santa Marta el viernes «Pero, ¿tú eres capaz?». Por ello
el cómo y tocar a la puerta del cora- 10 de octubre por la mañana, al re- «Jesús habla de un hombre fuerte,
zón de Dios, el amigo que nos flexionar sobre el pasaje litúrgico del bien armado, que monta la guardia
acompaña, el Padre» que ama a to- evangelio de san Lucas (11, 15-26): de su palacio, monta la guardia de
das sus creaturas.
«una historia triste», dijo, que co- su casa», porque el corazón de cada
uno de nosotros es coAl final del pasaje,
puso de relieve el Pamo una casa. Y entonpa, hay una frase que
ces, se preguntó el
«parece un poco crítpiPontífice, «¿monto la
ca: «Si vosotros, pues,
guardia de mi coraque sois malos, sabéis
zón?».
dar cosas buenas a
En efecto, es preciso
vuestros hijos, ¿cuánto
«custodiar este tesoro
más el Padre del cielo
en el que habita el Esdará el Espíritu Santo
píritu Santo, para que
a los que se lo piden?
no entren otros espíri¡Sí! Dará el Espíritu
tus». Y es necesario
Santo a los que se lo
hacerlo «como se cuspiden». Precisamente
todia una casa, con la
«este es el regalo, este
llave». Por lo demás,
es el de más de Dios».
dijo el Papa, en nuesPorque el Padre, destatras casas utilizamos
có, «jamás te da un re«muchos medios de segalo, lo que le pides,
guridad» para defenasí, sin envolverlo bien,
dernos de los ladrones.
sin algo más que lo ha¿Hacemos lo mismo
ga más bello». Y «lo
con nuestro corazón?
que el Señor, el Padre
¿O dejamos «la puerta
nos da de más, es el
abierta»? Es necesario
Espíritu: el verdadero
«vigilar», recomendó
don del Padre es lo
el Papa Francisco, porque la oración no se
que el demonio, si bien
atreve a esperar». El
«fue expulsado con el
hombre toca a la puerBautismo, va a buscar
ta de Dios con la oraa otros siete demonios
ción para pedir una
peores que él y vuelgracia. Y «Él que es el
ve».
Padre, me da ese de
Por eso es necesaria
más: el regalo, el Espíuna atención continua.
ritu Santo».
Es indispensable preEs esta, resaltó el
guntarse
siempre:
Papa, la dinámica de la
«¿Qué sucede allí»,
oración, que «se hace
dentro de nosotros?
con el amigo, que es el
«Soy el centinela de mi
compañero de camino
William Blake «Jesús tentado por Satanás» (1815-1819)
corazón?». El Pontífice
de la vida, se hace con
sugirió que aprendael Padre y se hace en el
Espíritu Santo». El amigo verdadero mienza cuando Jesús expulsa a un mos de nuestra vida diaria: «¿Quién
es Jesús: es Él, en efecto, «quien nos demonio, «y termina en el momento de nosotros, cuando está en casa, ya
acompaña y enseña a rezar. Y nues- en que los demonios vuelven al alma sea en la cocina, ya sea en el despatra oración debe ser así, trinitaria». de la persona de la que habían sido cho, donde sea, y ve pasar a una
Se trata de un relieve importante pa- expulsados».
persona que no conoce, se queda
Es una situación recurrente en la tranquilo? Nadie». Hasta tal punto
ra el Papa Francisco quien, al concluir, recordó un típico diálogo que vida de todo hombre, porque, recor- que enseguida se dirige al desconotuvo muchas veces con los fieles: dó el Pontífice citando el pasaje de cido: «¿Usted quién es? ¿Quién lo
«Pero ¿usted cree? Sí, sí. ¿En qué san Lucas, «cuando el espíritu impu- hizo entrar? ¿Por dónde entró?».
cree? ¡En Dios! Pero, ¿quién es Dios ro sale del hombre, vaga por lugares También a nosotros nos puede sucepara usted? ¡Dios, Dios!». Un con- desiertos buscando alivio, y al no der lo mismo. «Cuántas veces —descepto un tanto general, abstracto, encontrarlo, se dice a sí mismo: vol- tacó el obispo de Roma— entran los
que para el obispo de Roma no co- veré a mi casa». Por eso el demonio, malos pensamientos, las malas intenrresponde a la realidad. Porque, afir- cuando encuentra el alma en paz, ciones, los celos, las envidias. Tantas
mó, «existe el Padre, el Hijo y el Es- «va y toma otros siete espíritus peo- cosas que entran. Pero, ¿quién abrió
píritu Santo: son personas, no son res que él, entran en ella y hacen su esa puerta? ¿Por dónde entraron?».
una idea en el aire». En resumen, morada». Y así, «la condición suce- Y si no nos damos cuenta a quién
precisó, «este Dios spray no existe: siva de ese hombre llega a ser peor hacemos entrar en nuestro corazón,
que antes».
¡existen personas!».
este «se convierte en una plaza por
En efecto, explicó el obispo de
Este es en síntesis el mensaje final
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del Pontífice: «Jesús es el compañe- Roma, el demonio no se descorazo-
L’OSSERVATORE ROMANO
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
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Entrevista con el secretario general del Sínodo de los obispos
Un camino veloz
Es decididamente positivo el balance
del Sínodo al final de la primera semana de trabajos y, por lo tanto, a
mitad de camino de la tercera asamblea extraordinaria, reunida desde el
domingo 5 en el Vaticano para debatir sobre la familia. Quien habla es
el secretario general del Sínodo de
los obispos en una entrevista a L'Osservatore Romano. El sábado 11 de
octubre, por la mañana temprano, los
locales del aula sinodal están casi desiertos y se oyen sólo las voces de los
colaboradores, que trabajan también
el sábado.
Aprovechando el momento más
tranquilo el cardenal Lorenzo Baldisseri relata sin formalidad, como
es en su estilo directo y eficaz, la
preparación de la asamblea, el trabajo proficuo de estos días verdaderamente intensos, el clima sereno, haciendo referencia, por último, a las
próximas etapas de un camino que
se está recorriendo muy ágilmente.
Eminencia, para usted ha sido la primera vez, después de una vida sobre
todo en las representaciones pontificias
de numerosos países: ¿cómo le ha ido?
Tenía un poco de preocupación
porque —incluso habiendo participado en muchas asambleas episcopales— no había estado nunca en un
Sínodo y no lograba imaginar cómo
sería esta nueva experiencia. Pensaba
en una complejidad y en una rigidez
mayores. En cambio no, el Sínodo
es una asamblea como las demás, y
existe una estructura y hay muchas
personas, incluso muy preparadas,
que han ayudado.
¿Desde cuando se está trabajando y
cuáles son las novedades de esta asamblea?
Trabajamos desde hace más de un
año y, si bien no hubo cambios formales, hemos experimentado una dinámica entre las normas y su aplicación, que obviamente puede ser rígida o flexible, y hemos aprovechado
de este espacio. Entre las novedades,
la principal y más significativa ha sido, en estos meses, la participación
personal del Papa en todas las reuniones del Consejo ordinario de la
Secretaría. En el debate en el aula
hemos simplificado muchas formalidades e introducido el italiano, que
incluso entre los padres sinodales es
más conocido que el latín. Permitiendo de este modo, en un clima
más informal, trabajos más eficientes
y libres.
¿Hubo, sin embargo, críticas sobre la
información: un Sínodo blindado?
Todo lo contrario. También en este ámbito hemos simplificado, apuntando a los encuentros con los periodistas —incluso de cada uno de los
padres, que son obviamente libres de
conceder entrevistas— y abandonando el sistema de los resúmenes porque en realidad no reflejaban las intervenciones: el texto inicial escrito
se sintetizaba y difundía, pero el
pronunciado en el aula luego se modificaba. Pienso que de este modo se
refleja más el debate. Un debate —lo
repito— realmente libre.
¿Cómo han sido estos días?
Hemos respirado un clima sereno,
incluso en la confrontación leal de
los diversos puntos de vista, porque
he visto en todos un gran amor a la
Iglesia como pueblo de Dios, en todos una fidelidad indiscutible a la
enseñanza en la tradición, con una
mirada de misericordia a las personas. Hemos escuchado a todos los
que pidieron intervenir: 180 intervenciones programadas y 85 en el espacio reservado a las intervenciones
libres. En total, 265 intervenciones
en el respeto escrupuloso de los
tiempos, tanto que sobró una hora y
media, que naturalmente utilizamos
inmediatamente. «Usted tiene un reloj suizo» me dijo con un guiño el
Papa. Pero el debate se facilitó también por el hecho de que el sesenta
por ciento de las intervenciones llegaron antes y fue posible tenerlas en
cuenta en la relación «ante disceptationem», base precisamente del debate. Que no fue para nada dramático, sino serio y constructivo.
¿Y ahora?
El lunes escucharemos
la relación «post disceptationem», que está casi lista, luego el lunes por la
tarde en los veinte círculos menores se prepararán
los modos, es decir, las
integraciones al testo, para llegar al jueves a su
presentación en el aula.
De aquí se pasará al documento final de esta
asamblea, la «relatio synodi», otra novedad, que
será votada el sábado y
entregada al Papa. Mientras tanto, el sábado por
la mañana, se publicará el
«nuntius», es decir, el
mensaje de la asamblea sinodal, que quiere hablar a
los católicos y a los alejados, teniendo en cuenta a
las personas, mujeres y hombres de
hoy. El domingo tendrá lugar la misa conclusiva durante la cual —con
la presencia y la participación de los
jefes de las Iglesias orientales y de
los presidentes de todas las Conferencias episcopales del mundo,
miembros de esta asamblea— será
En la séptima congregación general
Debate apasionado
Acerca de la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar el Sínodo acogió plenamente la
petición del Papa Francisco de hablar claro y saber escuchar. Y así,
el jueves 9 de octubre, por la mañana, en la séptima congregación
general, surgieron diversas líneas
de pensamiento, sin negar la indisolubilidad del matrimonio. Y se
presentaron propuestas concretas.
En particular, una de las cuestiones planteadas con mayor frecuencia se refirió a la validez de los numerosos matrimonios celebrados en
Los testimonios de Retrouvaille y los Equipos de Notre Dame
Dos movimientos para la familia
Dificultades financieras, infidelidad y problemas de las
familias de origen se cuentan entre las causas más frecuentes que ponen en crisis la vida matrimonial. Lo
dijeron Stephen y Sandra Conway, esposos sudafricanos, al abrir, el miércoles 8 de octubre, por la tarde, la
sexta congregación general. Tras haber salvado su relación, que entró en crisis en 2008, gracias a los cursos
propuestos por «Retrouvaille», se convirtieron a su vez
en voluntarios de la organización que ayuda a las parejas heridas y con riesgo de separación o divorcio. Tratando de valorizar los aspectos positivos de la relación
familiar, con especial atención a los hijos y a la vida de
fe, participan anualmente en el programa propuesto por
el movimiento diez mil parejas que buscan, precisamente, «reencontrarse». Los dos hablaron también de los
divorciados vueltos a casar que «se sienten constantemente reprendidos y culpabilizados por los errores del
pasado», y de uniones entre personas del mismo sexo:
«tenemos peticiones también de ellos y tratamos de
mostrar comprensión y cercanía», dijeron.
proclamado beato quien instituyera,
en 1965, el Sínodo de los obispos:
Giovanni Battista Montini, Pablo VI.
Desde el lunes nos encaminaremos
hacia la asamblea ordinaria que se
tendrá dentro de un año. Procediendo con agilidad, como hemos hecho
hasta ahora. (g.m.v.)
El jueves 9, por la mañana, en la séptima congregación general, el tema de la «apertura a la vida» fue introducido por los esposos Arturo y Hermelinda As
Zamberline, responsables del Equipo de «Notre Dame»
(END) en Brasil. El movimiento de espiritualidad conyugal está presente en 70 países, con más de 137.000
miembros, de los cuales 45.500 son brasileños. Casados
desde hace 41 años, y desde hace 20 en el END, tienen
tres hijos, una nuera y una nieta.
Al hablar de teología de la sexualidad y control de
los nacimientos, los dos pusieron de relieve que según
su experiencia «muchas parejas de católicos, incluso las
que tratan de vivir con seriedad su matrimonio, no se
sienten obligadas a utilizar sólo métodos naturales», ni
consideran la anticoncepción un problema moral o un
pecado que haya que confesar.
Por ello END ha elaborado un estudio intitulado
«Evangelizar la sexualidad», de donde emerge la discrepancia entre doctrina y praxis de la pareja, sobre todo
entre los jóvenes.
la Iglesia. Al respecto se presentaron a los padres cuatro líneas para
una solución. Las tres primeras
orientadas a verificar los fundamentos cristológicos, la raíz sacramental-eclesial y posibles itinerarios educativos. La cuarta referida
a la propuesta de pedir ad validitatem para el sentido matrimonial la
voluntad de casarse «en el Señor».
En concreto, se recordó que para la
sacramentalidad del matrimonio lo
que se pide, como condición mínima necesaria, es la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Pero si
falta totalmente la disponibilidad
para querer casarse como cristianos
pueden surgir dudas, sobre todo en
las circunstancias actuales, acerca
de la presencia de las condiciones
necesarias para garantizar una
comprensión suficiente de las propiedades esenciales del matrimonio.
Esta solución se sitúa por analogía, se explicó, en la línea abierta
de la dinámica del bautismo, sacramento que está en la raíz de la sacramentalidad del matrimonio. Por
lo tanto, es necesario exigir que lo
que el bautismo obró en los «nubendi» sea asumido por ellos personalmente en el momento del
consenso matrimonial. Y se llega
así a exigir más que una simple intención de hacer lo que hace la
Iglesia, pidiendo al bautizado que
quiere casarse sacramentalmente
una asunción personal de su condición de miembro de la comunidad
cristiana. En una palabra, los esposos deberían manifestar explícitamente su voluntad de casarse «en
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L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 17 de octubre de 2014, número 42
El papel formativo de los padres
En la novena congregación general
Preparados para educar
Más espacio para los laicos
Durante la octava congregación general, siguiendo el esquema del Instrumentum laboris, la discusión trató
el tema «La Iglesia y la familia
frente al desafío educativo (parte
III, cap. 2) El desafío educativo en
general / La educación cristiana en
situaciones familiares difíciles».
Non basta cuidar la formación de
los candidatos al matrimonio; es necesario atender también a la formación de los sacerdotes y de los
agentes de la pastoral familiar. Es
una de las indicaciones que surgieron del debate durante la octava
congregación general, el jueves 9 de
octubre, por la tarde, con la presencia del Papa Francisco.
En las intervenciones que animaron la sesión de trabajo, en la que
estuvieron presentes 181 padres sinodales —entre otros, tomaron la palabra los cardenales Yeom Soo-Jung,
Calcagno, Turkson, Njue, Vegliò, y
los arzobispos Nashenda, Menichelli y Nzapalainga—, se manifestó en
diversas ocasiones la exigencia de
una mayor preparación de los esposos en la tarea educativa de los
hijos. Se subrayó cómo los desafíos
que debe afrontar la familia en este
ámbito son múltiples y a menudo
los padres perciben que no están
preparados.
La atención de los padres sinodales se centró también en la situación
de los hijos de parejas divorciadas o
separadas. En particular, se recordó
que precisamente ellos representan
la parte más débil y, por lo tanto,
están destinados a cargar con el sufrimiento por la división de los padres. En cuanto a los divorciados
vueltos a casar, se puso de relieve la
necesidad de un itinerario penitencial, acompañado incluso por una
reflexión sobre quienes se quedan
solos y a menudo sufren en silencio,
al margen de la vida social.
Durante las 21 intervenciones
programadas y las 11 intervenciones
libres se habló también de los problemas de las convivencias prematrimoniales, de las parejas de hecho,
de la poligamia y de los nacimientos fuera del matrimonio. Se trató
sobre los niños que quedan solos o
sin relaciones seguras y serenas con
los padres. No faltó una referencia
a la cuestión de la anticoncepción y
al significado de los métodos naturales de regulación de la fertilidad.
Unión y procreación, se dijo, no están separados del acto conyugal.
Por lo tanto, se condenan las prácticas como la manipulación genética
y la crioconservación de los embriones.
Diversas voces denunciaron el intento realizado por países y organizaciones del mundo occidental al
presionar a algunas naciones —sobre
todo en África— con el fin de introducir realidades como el aborto y
las uniones homosexuales, dándoles
el estatus de «derechos humanos» y
condicionando su recepción a la
concesión de ayudas económicas. Al
respecto, se puso también de relieve
que la expresión «derechos a la salud sexual y reproductiva» no tiene,
en el marco del derecho internacional, una definición precisa, y que
termina por abarcar principios que
se contradicen entre sí. Además, la
promoción de tales «derechos», incluso careciendo de valor vinculante, supone un riesgo, porque puede
influenciar la interpretación de otras
normas, en particular, la lucha contra la discriminación de la mujer.
Se planteó, además, la cuestión
relacionada con la esencia de algunos matrimonios, que se presentan
como una celebración meramente
exterior «de bodas» y no conllevan
la verdad del sacramento. En este
caso no se trataría de matrimonios
válidos. He aquí por qué, hoy más
que en el pasado, no se puede considerar que la celebración de la boda equivalga a la efectiva celebración del sacramento. Se debe realizar, en cada caso, una atenta verificación según las normas canónicas.
Normas que algunos padres sinodales pidieron que se revisen, en especial haciendo el procedimiento más
sencillo y único en toda la Iglesia.
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Dificultades económicas, incomprensiones, falta de diálogo, violencias, pero también algunas cuestiones prácticas de la educación de los
hijos —comenzando por el simple
«mal olor de los pañales»— fueron
presentadas al Sínodo por los laicos
presentes en calidad de auditores. A
ellos se les reservó la novena congregación general, el viernes 10 de
octubre, por la mañana, presidida
por el cardenal Tagle con la participación del Papa y de 185 padres sinodales. Tomaron la palabra, en total, veinte laicos y un sacerdote
comprometido con la pastoral familiar.
Médicos, sobre todo ginecólogos,
políticos, docentes, o sea «agentes
pastorales», desde hace años comprometidos con las cuestiones prácticas de la vida de muchas parejas y
de la bioética, insistieron sobre la
necesidad no de nuevas teorías sino
de testimonios vivos para dar un
cambio positivo a la familia. Todos
pidieron más sintonía, en este campo, entre sacerdotes y familias. Aún
más, se propuso una auténtica
«alianza» a través de una más cuidadosa preparación de los pastores
desde los años del seminario, de
modo que sean capaces de acompañar realmente el camino de las familias en su contexto específico. Y
no faltó también la petición de homilías más cercanas a la cotidianidad y más comprensibles. En definitiva, se requiere un lenguaje nuevo. Y con este estilo se presentó, en
la homilía de la Hora tercia, el obispo Orowae, sugiriendo comenzar a
leer el Evangelio en familia y a rezar juntos.
Los testimonios evidenciaron
también cómo, a nivel mundial, las
cuestiones prácticas de la vida familiar no son las mismas: en África y
en las ciudades secularizadas de la
vieja Europa, donde domina en
cambio la soledad, los problemas
no coinciden. Y, específicamente,
los protagonistas de la pastoral familiar africana también pidieron al
Sínodo un apoyo para oponerse
más eficazmente a las presiones y a
los planes lanzados por las organizaciones sanitarias que no tienen en
cuenta los valores cristianos y ni siquiera las tradiciones locales.
La familia, se reafirmó partiendo
siempre de experiencias vividas en
este campo, es uno de los temas
fuertes del compromiso de los laicos
cristianos en la política. Se indicó
que sin embargo, se necesita un auténtico diálogo entre Estado e Iglesia para hacer posible la promoción
de políticas en favor de la persona y
de la familia en general.
La planificación natural de los
nacimientos fue una cuestión que se
presentó con particular atención
porque, se hizo notar, su correcta
aplicación tiene efectos positivos en
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Séptima congregación general
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el Señor». Esta solución responde a una cuestión presentada en numerosas intervenciones. En más de una
ocasión, además, se pidió la agilización de los trámites
de los tribunales eclesiásticos en las causas de nulidad
de matrimonio. Y, al respecto, se presentaron diversas
propuestas.
Los padres sinodales explicaron detalladamente sus
razones acerca de la admisión o no a la Eucaristía de
los divorciados vueltos a casar. Con posturas, justamente, diversas. Se presentaron también historias particulares de personas que viven en condiciones de sufrimiento. Por ejemplo, se destacó la necesidad de de distinguir entre quienes han abandonado injustamente al
cónyuge y los que, en cambio, fueron abandonados injustamente. Hubo intervenciones significativas, tanto de
quien considera que no es posible introducir la comunión para los divorciados vueltos a casar como de
quien invita al discernimiento de las diversas situaciones para no practicar una pastoral del «todo o nada».
Un debate apasionado, por lo tanto, como pidió en la
homilía de la hora Tercia al inicio de los trabajos el
obispo de Mozambique Muandula, invitando a los padres a dejarse guiar por la sabiduría bíblica.
La cuestión de los matrimonios mixtos no estuvo ausente. Se habló de ello sobre todo en lo que se refiere a
los ortodoxos, en Rumanía, en Ucrania y en Grecia. Y
se presentaron las cuestiones con el mundo protestante
en Suiza y con la realidad interreligiosa de la India. El
caso de la poligamia nutrió el debate. Se reafirmó tam-
bién la necesidad de una pastoral de la escucha, del
respeto y la acogida hacia las personas homosexuales.
Pero siempre con la claridad acerca de la visión cristiana del matrimonio.
Concluido después de veinticinco intervenciones el
debate sobre las situaciones pastorales difíciles —tomaron la palabra, entre otros, los cardenales Caffarra,
Coccopalmerio, Eijk, Langlois, Koch, Marx, Napier,
Scherer, Müller y Nichols—, la última parte de la mañana se dedicó a la apertura a la vida y a la responsabilidad educativa.
Hubo ocho intervenciones (entre ellas la del cardenal
Pell) sobre un tema que, dijo el cardenal presidente de
turno Vingt-Trois a los 184 padres presentes, toca aspectos íntimos y muestra todo el contraste entre el
Evangelio y los modelos de la cultura dominante. Se
denunció la cultura abortista. Con la invitación a los
cristianos a tener la valentía del testimonio a contracorriente y a no permanecer en silencio ante el drama de
la disminución de la natalidad.
Paternidad responsable y regulación natural de los
nacimientos fueron los temas afrontados en las primeras
ocho intervenciones, junto a la urgencia de relanzar la
pastoral familiar en toda su amplitud. Se tuvo una particular atención a la educación de los niños, que es difícil en todos los contextos. Y no se debe olvidar, se destacó, de hablar de los hijos incluso cuando se pone el
acento en los adultos. No faltó, además, una mención a
la comunicación, con la invitación a usar el lenguaje de
la «gramática de la sencillez» para no resultar incomprensibles a los creyentes mismos.
L’OSSERVATORE ROMANO
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
La postura de las demás Iglesias y
confesiones cristianas sobre el matrimonio, el divorcio y la familia se
presentó al Sínodo de los obispos
durante la décima congregación general, que tuvo lugar en presencia
del Papa Francisco el viernes 10 de
octubre, por la tarde.
A través de un representante suyo,
el patriarca ecuménico Bartolomé
envió su saludo a la asamblea —168
los padres presentes— que escuchó
las intervenciones programadas de
siete delegados fraternos. La intervención del octavo delegado, su
eminencia Hilarion, presidente del
Departamento para las relaciones exteriores del patriarcado de Moscú, se
pronunció en otra ocasión (ver 12ª
congregación general, p.8).
Se propusieron algunas reflexiones
sobre la tradición de la Iglesia ortodoxa. Al precisar que los desafíos
que afronta la familia son comunes a
todos los cristianos, se destacó en especial que la Iglesia del patriarcado
ecuménico quiere ayudar en las situaciones de sufrimiento, comprendido el caso de un matrimonio en
crisis a causa de la debilidad humana. En estos casos el criterio debe
ser pastoral, en virtud de la misericordia hacia la debilidad del hombre
y del mundo en el que vivimos.
El segundo matrimonio, se destacó, constituye en todo caso una desviación en relación al ideal de un
matrimonio único. Ello representa a
menudo una nueva posibilidad para
corregir una culpa y se celebra tras
un período de acompañamiento por
parte de la Iglesia. En la tradición
ortodoxa, en efecto, cada situación
En la décima congregación general las intervenciones de los representantes de otras Iglesias y confesiones
Familias cristianas
debe contar siempre con un acompañamiento pastoral que trate de reconciliar a los cónyuges. Sólo si esto
no es realmente posible se puede estudiar la posibilidad de un segundo
matrimonio.
Además, se destacó la exigencia
de no ser demasiado moralistas ni
demasiado rígidos respecto a los jóvenes, con el riesgo de no ser escuchados. Se citó también un texto de
san Serafín de Sarov, quien respecto
a la comunión afirmaba que cada
hombre, siendo incluso el más grande de los pecadores, si se acerca al
Señor con humildad y contricción
de las culpas, está completamente
purificado y renovado.
En lo que respecta a las prácticas
anticonceptivas, la Iglesia ortodoxa,
en general, se conforma con remitirse al sentido del amor, pero deja la
elección de los métodos a la conciencia del hombre y de la mujer,
Preparados para educar
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Se habló también de los condicionamientos ambientales de la familia, como la pobreza, las desigualdades sociales, la falta de trabajo, la mentalidad hedonista que
aleja a los jóvenes del matrimonio
cristiano y los impulsa a encontrar
otras soluciones que no comprometan su futuro de forma definitiva.
Por ello se pidió cuidar más la preparación al matrimonio, porque
cuando falta la preparación, ante la
primera dificultad los esposos se
ven tentados de seguir el camino
del divorcio como la senda más fácil para resolver sus problemas.
Antes de las intervenciones de
los padres sinodales —en las ocho
congregaciones generales las intervenciones programadas en total
fueron 180, a las que se añaden las
80 intervenciones en el debate libre— se escuchó el testimonio de
los esposos franceses Olivier y
Xristilla Roussy, responsables de
«Amour et Vérité», la sección
apostólica de la Comunidad del
Emanuel, casados desde hace veinte años y con siete hijos. Ella tiene
a sus padres divorciados, él proviene de una familia numerosa. Juntos
decidieron seguir este último modelo y se confiaron a los métodos
anticonceptivos naturales, pero después del nacimiento del tercer niño
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con la ayuda, si lo desean, de su padre espiritual.
En algunas Iglesias ortodoxas los
matrimonios mixtos entre creyentes
y no creyentes se consideran legales
y se aceptan como una modalidad
de clemencia, basadas en la así llamada indulgencia paulina. En otras,
en cambio, con el fin de conservar la
fe cristiana y transmitirla, no se bendicen los matrimonios con no bautizados. Se procede así porque la
transmisión de la fe se considera una
tarea fundamental de la familia, vista
como primera escuela donde se enseña a creer.
Desde el punto de vista de las comunidades protestantes, se presentaron experiencias en el ámbito de la
pastoral de la familia, considerando
que en muchos casos los pastores están casados y tienen hijos. Se recomendó una adecuada formación de
los jóvenes que se preparan para el
matrimonio. Y se recordó que muje-
res, hombres y niños son iguales ante Dios: una realidad que hay que
tener siempre presente para responder a los desafíos que se deben
afrontar.
Se indicaron también tres ámbitos
esenciales en los que se debe poner
atención en la pastoral de las parejas
y de la familia: la defensa de los más
vulnerables, la sensibilidad respecto
a las familias que tienen que afrontar
múltiples desafíos y el compromiso
de transformar los núcleos familiares
en lugares donde se comparta la
buena noticia de Jesucristo y crezca
la justicia y el amor.
Voluntad de escucha y comprensión, lejos de todo tipo de condena,
se aseguró respecto a las personas
homosexuales; incluso si, se afirmó,
el matrimonio sigue siendo la unión
entre un hombre y una mujer.
Al término tuvo lugar el debate libre en los círculos menores.
Más espacio para los laicos
la mujer «estaba exhausta, ya no
éramos capaces de vivir serenamente nuestra relación», recordó Oliver, explicando la decisión de recurrir a la píldora. Pero —continuó—
«Xristilla estaba a menudo de mal
humor, el deseo estaba ausente y la
alegría había desaparecido. En la
vida conyugal habíamos cerrado la
puerta al Señor».
Desde ese punto el regreso a
«un camino aparentemente más difícil, porque impone la continencia
en los períodos fértiles incluso teniendo el deseo», el camino de los
métodos naturales. «Con todo, lo
vivimos de a dos —testimoniaron—
y somos felices».
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la vida de la pareja, contribuyendo
al éxito del matrimonio. Y en la preparación al matrimonio se recordó
que se debe insistir más en la paternidad responsable.
Se destacó, además, la importancia de una sinergia entre el ámbito
académico —con la propuesta de instituir una red mundial de institutos
universitarios— y el pastoral, para
formar no tanto técnicos sino discípulos y misioneros, como sugiere
precisamente la muchas veces citada
Conferencia de Aparecida. Y de aquí
también la petición de encomendar
al laicado un papel más incisivo. Los
laicos, se dijo, tienen que ser más es-
Georges Rouault, «Otoño en Nazaret» (1948)
cuchados, especialmente en lo que
respecta a la esfera de la intimidad
de la vida de la pareja. Además, un
punto firme para los auditores es el
papel clave que tienen las familias
cristianas en la formación de las parejas más jóvenes.
En el aula se denunciaron los dramas de la guerra y de los refugiados
en Irak, en Líbano pero también en
Ruanda, vistos a través de los ojos
de familias literalmente desintegradas. En estos contextos de violencia
y precariedad, se reconoció, la Iglesia resulta como un punto de referencia seguro. Y es útil, en esas regiones, que las parejas se preparen a
ser mediadoras de paz y reconciliación. Se presentó también la experiencia de la muerte de un familiar
con el consiguiente «desierto de los
afectos». Volvieron a surgir después
las cuestiones de las violencias dentro de las paredes domésticas, especialmente contra las mujeres, y de
los matrimonios mixtos. Al final se
invitó al Papa, que ha participado
mucho, al matrimonio de la hija de
una pareja de auditores.
Los trabajos prosiguieron durante
la mañana con la primera reunión de
los diez círculos menores subdivididos por áreas lingüísticas: tres de inglés, tres de italiano, dos de francés
y dos de español. Por la tarde tuvieron la palabra los delegados fraternos.
L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 17 de octubre de 2014, número 42
En la undécima congregación general la relación post disceptationem
Un debate abierto y claro
Tendrá lugar en el Vaticano del 4 al
25 de octubre de 2015 sobre el tema
«La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo» la decimocuarta asamblea general ordinaria del Sínodo de
los obispos. Lo anunció, por mandato del Papa Francisco, el secretario
general del Sínodo de los obispos, el
cardenal Lorenzo Baldisseri, al abrir
el lunes 13 de octubre, por la mañana, la undécima congregación de la
asamblea extraordinaria en curso; en
presencia del Papa y con la participación de 184 padres.
El anuncio —dijo el purpurado—
se realizó precisamente el lunes 13
para que desde ahora se pueda «mirar más allá», ampliar horizontes y
perspectivas del debate sobre las
cuestiones fundamentales que se refieren a la vida y a la misión de la
familia en este preciso contexto histórico. Ese mismo día por la mañana, en efecto, el cardenal relator general Peter Erdő dio lectura en el
aula de la relatio post disceptationem
que recoge —explicó— «los resultados de nuestras reflexiones y de
nuestros diálogos» tal como surgieron en la primera semana de encuentro.
Así, pues —afirmó el cardenal Baldisseri— los padres sinodales pueden
indicar inmediatamente los temas
que hasta ahora, según su parecer,
no se han tratado y sugerir otros que
consideren necesario afrontar en la
segunda fase del Sínodo. De este
modo —destacó también el purpurado— en este año que nos separa de
la próxima asamblea la secretaría general podrá trabajar de forma más
amplia y orgánica, teniendo en cuenta todas las indicaciones y sugerencias prácticas. «Vosotros, en efecto,
sois los primeros actores y protagonistas», recordó el cardenal Baldisseri a los padres.
Como confirmación de que el trabajo para la asamblea de 2015 ya se
inició, se anunicó también que en
los círculos menores se distribuirán
las cartas con las indicaciones necesarias para llegar a las elecciones de
quienes, dentro de un año, participarán en los trabajos. En efecto, la
asamblea ordinaria contará con una
participación más amplia respecto a
la extraordinaria.
Lo afirmado por el secretario general del Sínodo de los obispos sobre el estilo y las perspectivas de los
trabajos lo dijo también el cardenal
delidad, asegurando confianza y apoyo a quien elige el
camino del matrimonio cristiano.
En el sucesivo debate libre, centrado en la conveniencia de publicar todos los textos, tomaron la palabra los cardenales Pell, Erdő, Vingt-Trois, Martínez
Sistach, Napier, Burke, Nichols y Parolin; los patriarcas Laham y Twal; y los arzobispos Léonard y Fisichella y el obispo Muandula.
El trabajo de los círculos menores había comenzado
el lunes 13, día que se había presentado la relación post
disceptationem (relación posterior al debate).
La relación post disceptationem presentada por el cardenal Erdő el lunes 13, por la mañana, «es un documento de trabajo, que resume las intervenciones y el
debate de la primera semana». Posteriormente se propuso a la discusión de los miembros del Sínodo reunidos en los círculos menores, según lo que prevé el reglamento del Sínodo mismo. La puntualización de la
Secretaría general del Sínodo de los obispos fue dada
a conocer en una declaración por el director de la Oficina de prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, durante un briefing el martes 14 de octubre, por
la mañana, en la que participaron los cardenales Filoni
y Fox Napier, moderadores de dos de los diez círculos
menores de trabajo sobre el texto de la relación.
La aclaración fue necesaria, se destacó, «después de
Erdő en su relatio: estas reflexiones,
acentuó, son «fruto del diálogo sinodal llevado a cabo con gran libertad
y con un estilo de escucha recíproca» y «buscan plantear cuestiones e
indicar perspectivas que deberán ser
maduradas y precisadas por las reflexiones de las Iglesias locales en el
año que nos separa» de la próxima
asamblea, en octubre de 2015.
Palabras que reflejan bien, por lo
demás, el amplio debate libre que el
lunes 13 por la mañana siguió a la
lectura de la relatio. Se trató de una
confrontación abierta, con tonos claros, bajo la presidencia de turno del
cardenal Raymundo Damasceno Assis. Y con la clave de lectura sugerida, en la homilía de la hora Tercia,
por el arzobispo peruano Salvador
Piñeiro García-Calderón, que presentó la fuerza del testimonio de
santa Rosa de Lima y expresó el deseo de que los pastores sepan acompañar de verdad el camino de las familias en el contexto de una sociedad donde no faltan falsedad e injusticias.
Intervinieron en el debate libre,
entre otros, los cardenales Kasper,
Pell, Braz de Aviz, Turkson, Ouellet,
Ouédraogo, Filoni, Dolan, Martínez
Sistach, Schönborn, Vingt-Trois,
Burke, Scherer, Napier, Ryłko, Müller, Scola y Caffarra; el patriarca
Gregorio III Laham, y los arzobispos
Paglia y Forte.
Sobre la cuestión de la admisión a
la Eucaristía de los divorciados vueltos a casar surgieron las diversas líneas ya expresadas en los días pasados. Las intervenciones de esta mañana precisaron ulteriormente en los
detalles las líneas de la cuestión, tratando, sobre todo, en qué significan
los conceptos de gradualidad y acogida, con sus implicaciones prácticas, y sin poner jamás en discusión
la unicidad, la fidelidad y la indisolubilidad del matrimonio cristiano.
Se pidió, además, una referencia explícita al bautismo, punto fundamental de todo camino de conversión. En el Sínodo, por lo demás,
no se tiene un referéndum —se recordó— sino un diálogo.
Durante el examen, muy atento,
de la relatio —en el que se plantearon
observaciones, sugerencias y propuestas— se pidió, entre otras cosas,
poner más el acento en el papel de
la mujer y la maternidad, como también la relación entre Evangelio de
la familia y cultura contemporánea.
Sobre todo se invocó un gran impulso profético para todas las familias que, incluso a costa de enormes
sacrificios, testimonian cada día la
verdad cristiana del matrimonio. En
definitiva —se evidenció— sería oportuna una afirmación positiva del
amor matrimonial, como también
del valor social de las familias. En
especial se destacó la obra de las familias misioneras —con la acción de
asociaciones, movimientos y nuevas
comunidades— que son testimonios
con su misma presencia. Y esto vale
no sólo para los lugares donde la
Iglesia es minoría, sino también para
todas las parroquias.
Se propuso, además, indicar explícitamente a la familia como «Iglesia
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Presentada el jueves 16
La conclusión del trabajo de los círculos menores
Los padres sinodales pidieron explícitamente
la publicación de las relaciones de los diez
círculos menores, que se presentaron el jueves
16 de octubre, por la mañana, en la décima
segunda congregación general. La decisión se
tomó en un vivo debate, en presencia del Papa y bajo la presidencia de turno del cardenal
Vingt-Trois. El cardenal Baldisseri, secretario
general del Sínodo de los obispos, precisó
que también estos textos, como ya la relatio
post disceptationem, es material de trabajo
que forma parte del itinerario del Sínodo. Y
anunció luego que el Papa agregó al cardenal
sudafricano Napier y al arzobispo australiano
Hart entre los padres llamados a colaborar en
la redacción de la relatio synodi, trabajo que
se realiza desde el jueves 16 por la tarde. «De este modo están representados los cinco continentes», explicó
el secretario general. Los dos padres colaboran con el
relator general, el secretario especial, el secretario general, los cardenales Ravasi y Wuerl, los arzobispos Fernández y Aguiar Retes, el obispo Kang U-il y el padre
Nicolás Pachón.
Los trabajos de la décima segunda congregación, en
la que participaron 178 padres, iniciaron a las 10.30 con
la intervención del metropolita ortodoxo Hilarion de
Volokolamsk, presidente del Departamento de relaciones exteriores del patriarcado de Moscú, que presentó
ante todo el saludo del patriarca Cirilo. La cuestión de
la familia, destacó el metropolita ortodoxo, es hoy particularmente grave y se puede ver como el termómetro
del estado moral de toda la sociedad. Católicos y ortodoxos, afirmó entre otras cosas, están llamados a seguir
proclamando la santidad del matrimonio precisamente
a partir de las palabras del Salvador.
Siguió luego la lectura de las relaciones de los diez
círculos menores por parte de los relatores, con la presentación de propuestas, correcciones y sugerencias con
vistas a la redacción de la relatio synodi. Incluso en la
variedad de las observaciones y de las sugerencias indicadas, surgió la común necesidad de lanzar una señal
de aliento a las familias cristianas que, incluso en la dificultad, viven cada día su vocación y su misión con fi-
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
L’OSSERVATORE ROMANO
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Llamamiento de los padres sinodales en favor de la paz en Irak, Siria y en todo Oriente Medio
Cercanos a las familias víctimas de conflictos
Llamamiento de los padres sinodales
en favor de la paz en Irak, Siria y en
todo Oriente Medio
Cercanía a las familias que sufren a
causa de los conflictos, especialmente a las de Siria, Irak y de todo
Oriente Medio, expresaron los padres del Sínodo de los obispos en el
siguiente mensaje publicado el viernes 10 de octubre.
«Reunidos en torno al sucesor del
apóstol Pedro, nosotros padres sinodales de la III Asamblea general extraordinaria del Sínodo de los obispos, junto a todos los participantes,
compartimos la paterna solicitud del
Santo Padre, expresando profunda
cercanía a todas las familias que sufren a causa de los numerosos conflictos en curso.
En particular, elevamos al Señor
nuestra súplica por las familias iraquíes y sirias, obligadas, a causa de
la fe cristiana que profesan o de la
pertenencia a otras comunidades étnicas o religiosas, a abandonarlo todo y escapar hacia un futuro incierto. Con el Santo Padre Francisco
reiteramos que “nadie puede usar el
nombre de Dios para cometer violencia” y que “matar en nombre de
Una familia de refugiados sirios en la plaza Kizilay en el centro de Ankara, Turquía (Afp)
Dios es un gran sacrilegio” (Discurso
a los líderes de otras religiones y otras
denominaciones cristianas, Tirana, 21
de septiembre de 2014). Al agradecer
a las Organizaciones internacionales
y a los países su solidaridad, invitamos a las personas de buena voluntad a ofrecer la necesaria asistencia y
ayuda a las víctimas inocentes de la
barbarie en acto, y al mismo tiempo
La conclusión del trabajo
de los círculos menores
VIENE DE LA PÁGINA 8
las reacciones y discusiones» suscitadas tras la publicación del documento, que «a menudo se le ha
atribuido un valor que no corresponde a su naturaleza». Los resultados de la discusión de los círculos
menores —recordó al respecto el
martes 14 el padre Lombardi— se
presentan a la asamblea en el curso
de la congregación general del jueves 16 por la mañana. Y está previsto que la síntesis de sus trabajos sea
publicada, de modo que sobresalga
claramente el vínculo entre las rela-
ciones que precedieron y que siguieron el debate, la reflexión de los círculos menores y la Relatio Synodi
que se presentará al Papa Francisco.
Por su parte los dos purpurados
confirmaron que en el ámbito de
los círculos menores el debate sobre
el documento procede ágilmente,
con observaciones y propuestas que
expresan los diferentes puntos de
vista. «Estamos trabajando —aseguró el cardenal Filoni— para poner
en las manos del Papa un resultado
sobre el cual él mismo decidirá en
vista del Sínodo de 2015».
Undécima congregación general
VIENE DE LA PÁGINA 8
doméstica» y a la parroquia como
«familia de familias domésticas».
Además, se sugirió aclarar el papel
específico de los dos padres y recordar igualmente la importancia de
los abuelos. Una palabra más se pidió después sobre el papel de los
sacerdotes en el acompañamiento
de las familias y sobre la cuestión
antropológica que evidencia el misterio trinitario. Se mencionó también el problema de la falta de fe,
que está en la base de muchos fracasos.
Respecto a la cuestión de los homosexuales, se pidió una formulación que tenga en cuenta a las personas pero que no contradiga de
ninguna forma la doctrina católica
sobre el matrimonio y la familia.
Otras intervenciones se centraron
en cuestiones referidas al diálogo
ecuménico. Muchas voces de África
pusieron de relieve lo específico de
ese continente: se destacó así el nudo problemático de la poligamia y
la petición de que las organizaciones internacionales se preocupen
más bien de llevar alimento y medicinas, y no programas contra los nacimientos.
Posteriormente se propuso una
palabra más fuerte sobre el drama
del aborto así como la cuestión de
la reproducción asistida y la explotación sexual, que incluye la pornografía en red, la prostitución y la
trata de seres humanos. Algunos
padres, por último, hablaron de
una analogía entre el Sínodo y el
clima que se vivió en el Concilio
Vaticano II.
pedimos a la comunidad internacional que actúe para restablecer la
convivencia pacífica en Irak, en Siria
y en todo Oriente Medio.
Asimismo, nuestro pensamiento se
dirige a las familias heridas y que
sufren en otras partes del mundo,
sometidas a persistentes violencias.
Queremos asegurarles nuestra oración constante para que el Señor mi-
sericordioso convierta los corazones
y conceda paz y estabilidad a todos
los que atraviesan duras pruebas.
Que la Sagrada Familia de Nazaret, que sufrió el “camino doloroso
del exilio” (Ángelus, 29 de diciembre
de 2013), haga de cada familia, “comunidad de amor y de reconciliación” (ibid.), una fuente de esperanza para todo el mundo».
Con la octava congregación del
jueves 9 de octubre por la tarde
—dedicada al tema «La Iglesia y la
familia ante el desafío educativo»—
se concluyó la fase del debate general, durante la cual se pronunciaron
180 intervenciones programadas, a
las cuales se suman las 80 que tuvieron lugar en el debate libre. En la
novena congregación del viernes por
la mañana, en cambio, los padres escucharon los testimonios de los auditores y las auditoras. Intervinieron
veinte laicos y un sacerdote comprometido en la pastoral familiar. Al
término se reunieron por primera
vez los diez círculos menores subdivididos por áreas lingüísticas (tres
de inglés, tres de italiano, dos de
francés y dos de español) que eligieron sus moderadores.
Relatores y moderadores de los círculos menores
Nuevos encargos para la relatio synodi
El Papa Francisco, para la redacción de la relatio synodi, ha decidido
prestar apoyo al relator general, al
secretario especial y al secretario general con los siguientes padres sinodales: los cardenales Gianfranco
Ravasi y Donald William Wuerl, los
arzobispos Víctor Manuel Fernández y Carlos Aguiar Retes, el obispo Peter Kang U-il y el padre jesuita Adolfo Nicolás Pachón.
Además, en las primeras reuniones de los círculos menores fueron
elegidos los siguientes moderadores
y relatores:
Francés A: moderador, cardenal
Robert Sarah; relator, padre François-Xavier Dumortier.
Francés B: moderador, cardenal
Christoph Schönborn; relator, arzobispo André Léonard.
Inglés A: moderador, cardenal
Raymond Leo Burke; relator, arzobispo John Atcherley Dew.
Inglés B: moderador, cardenal
Wilfrid Fox Napier; relator, arzobispo Diarmuid Martin.
Inglés C: moderador, arzobispo
Joseph Edward Kurtz; relator, arzobispo Stephen Brislin.
Italiano A: moderador, cardenal
Fernando Filoni; relator, arzobispo
Edoardo Menichelli.
Italiano B: moderador, cardenal
Angelo Bagnasco; relator, arzobispo
Salvatore Fisichella.
Italiano C: moderador, arzobispo
Angelo Massafra; relator, padre Manuel Jesús Arroba Conde.
Español A: moderador, cardenal
Francisco Robles Ortega; relator,
arzobispo Luis Augusto Castro
Quiroga.
Español B: moderador, cardenal
Lluís Martínez Sistach; relator,
obispo Rodolfo Valenzuela Núñez.
L’OSSERVATORE ROMANO
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
páginas 10/11
Misa en acción de gracias por la canonización de Francisco de Laval y María de la Encarnación
En el Ángelus la oración por las víctimas del aluvión en Génova
Memoria de los misioneros
La invitación a las bodas
Al obispo Francisco de Laval y a María de la
Encarnación Guyart Martin se les puede
considerar fundadores de la Iglesia en Canadá. El
domingo 12 de octubre, en la basílica vaticana, el
Papa Francisco presidió la concelebración
eucarística de acción de gracias por la canonización
equivalente de estos dos santos de origen francés.
Hemos escuchado la
profecía de Isaías: «El
Señor enjugará las lágrimas de todos los
rostros…» (Is 25, 8).
Estas palabras, llenas
de esperanza en Dios,
indican la meta, muestran el futuro hacia el
que estamos caminando. En este camino los
santos nos preceden y
nos guían. Estas palabras también delinean
la vocación de los
hombres y las mujeres
misioneros.
Los misioneros son
aquellos que, dóciles
al Espíritu Santo, tienen la valentía de vivir
el Evangelio. También
este Evangelio que
acabamos de escuchar:
«Id ahora a los cruces
de los caminos», dice
el rey a sus siervos
(Mt 22, 9). Y los siervos salieron y reunieron a todos los que encontraron,
«malos y buenos», para llevarlos al
banquete de bodas del rey (cf. v. 10).
Los misioneros acogieron esta llamada: salieron a llamar a todos en los cruces de caminos del mundo; y así hicieron mucho bien a la Iglesia, porque si
la Iglesia se detiene y se cierra, se enferma, puede corromperse, ya sea con
los pecados, ya sea con la falsa ciencia
separada de Dios, que es el secularismo
mundano.
Los misioneros dirigieron la mirada a
Cristo crucificado, acogieron su gracia
y no la guardaron para sí. Como san
Pablo, se hicieron todo para todos; supieron vivir en la pobreza y en la abundancia, en la saciedad y en el hambre;
todo lo podían en Aquel que les daba
la fuerza (cf. Flp 4, 12-13). Con esta
fuerza de Dios tuvieron la valentía de
«salir» a los caminos del mundo, confiando en el Señor que llama. Así es la
vida de un misionero y de una misione-
Apóstoles de América
Cuando faltaban pocos días para la
canonización de Juan XXIII y de Juan
Pablo II, el Papa Francisco, el 3 de
abril de 2014, procedió a las
canonizaciones equivalentes de los
beatos Francisco de Laval (1623-1708),
primer obispo de Quebec; José de
Anchieta (1534-1597), misionero jesuita
originario de las Islas Canarias; y
María de la Encarnación (1599-1672),
ursulina francesa, a quienes el Pontífice
inscribió en el catálogo de los santos
extendiendo el culto a la Iglesia
universal. No era la primera vez que el
Pontífice procedía de este modo, ya lo
había hecho con Ángela de Foligno
(9 de octubre de 2013) y Pedro Fabro
(17 de diciembre de 2013).
Con el Pontífice concelebraron los cardenales
Lacroix, arzobispo de Quebec; Collins, arzobispo de
Toronto; y Ouellet, prefecto de la Congregación
para los obispos y, desde 2003 hasta 2010,
arzobispo de Quebec; monseñor Durocher, arzobispo
de Gatineau, así como obispos y sacerdotes
indicados por la diócesis de Quebec. Las intenciones
ra…, para terminar después lejos de su
casa, de su patria; muchas veces muertos, asesinados. Como les sucedió en
estos días a muchos hermanos y hermanas nuestros.
La misión evangelizadora de la Iglesia es esencialmente anuncio del amor,
de la misericordia y del perdón de
Dios, revelados a los hombres mediante
la vida, la muerte y la resurrección de
Jesucristo. Los misioneros sirvieron a la
misión de la Iglesia, partiendo el pan
de la Palabra para los más pequeños y
los más lejanos y llevando a todos el
don del amor inagotable, que brota del
«La bondad de Dios no tiene fronteras y
no discrimina a nadie: por eso el
banquete de los dones del Señor es
universal, para todos». Lo recordó el
Papa Francisco en el Ángelus del
domingo 12 de octubre, en la plaza de
San Pedro, al comentar la parábola del
banquete de bodas narrado en el
Evangelio de san Mateo (22, 1-14).
de la oración universal fueron por la Iglesia,
las vocaciones sacerdotales, los perseguidos a causa
del Evangelio, los pobres, los pequeños y
los extraviados de corazón, y por los obispos
reunidos en el Sínodo dedicado a la familia.
El servicio litúrgico estuvo a cargo de los acólitos
del Colegio pontificio norteamericano.
corazón mismo del
Salvador.
Así
fueron
san
Francisco de Laval y
santa María de la Encarnación. En este día
quiero daros a vosotros, queridos peregrinos canadienses, dos
consejos: están tomados de la Carta a los
Hebreos, y pensando
en los misioneros, harán mucho bien a
vuestras comunidades.
El primero es este:
«Acordaos de vuestros
guías, que os anunciaron la Palabra de
Dios; fijaos en el
desenlace de su vida e
imitad su fe» (13, 7).
La memoria de los misioneros nos sostiene
en el momento en que
experimentamos la escasez de obreros del Evangelio. Su
ejemplo nos atrae, nos impulsa a imitar
su fe. ¡Son testimonios fecundos que
generan vida!
El segundo es este: «Recordad aquellos días primeros, en los que, recién
iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos… No renunciéis,
pues, a vuestra valentía, que tendrá una
gran recompensa. Os hace falta paciencia…» (10, 32. 35-36). Honrar a quien
sufrió por llevarnos el Evangelio significa que también nosotros combatimos
el buen combate de la fe, con humildad, mansedumbre y misericordia en la
vida de cada día. Y
esto da fruto.
Memoria de aquellos que nos precedieron, de aquellos que
fundaron nuestra Iglesia. ¡Iglesia fecunda la
de Quebec! Fecunda
en tantos misioneros
que fueron por doquier. El mundo se
llenó de misioneros
canadienses, como estos dos. Ahora, un
consejo: que esta memoria no nos haga
perder la fidelidad y
la valentía. Quizá
—no, más bien sin
quizá— el diablo es
envidioso y no acepta
que una tierra sea tan
fecunda en misioneros. Pidámosle al Señor que Quebec vuelva a este camino de
fecundidad, para dar
al mundo muchos misioneros. Que estos
dos, que —por decirlo
así— fundaron la Iglesia en Quebec, nos ayuden como intercesores. Que la semilla que sembraron
crezca y dé fruto de nuevos hombres y
mujeres intrépidos, clarividentes, con el
corazón abierto a la llamada del Señor.
Hoy se debe implorar esto para vuestra
patria. Ellos, desde el cielo, serán nuestros intercesores. Ojalá Quebec vuelva
a ser la fuente de misioneros audaces y
santos.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
He aquí la alegría y la consigna de
vuestra peregrinación: traer a la memoria a los testigos, a los misioneros de la
fe en vuestra tierra. Esta memoria nos
sostiene siempre en el camino hacia el
futuro, hacia la meta, cuando «el Señor
Dios enjugue las lágrimas de todos los
rostros…».
«Celebremos y gocemos con su salvación» (Is 25, 9).
En el Evangelio de este domingo,
Jesús nos habla de la respuesta que se
da a la invitación de Dios —representado por un rey— a participar en un
banquete de bodas (cf. Mt 22, 1-14).
La invitación tiene tres caraterísticas:
la gratuidad, la generosidad, la universalidad. Son muchos los invitados, pero
sucede algo sorprendente: ninguno de
los escogidos acepta participar en la
fiesta, dicen que tienen otras cosas que
hacer; es más, algunos muestran indiferencia, extrañeza, incluso fastidio.
Dios es bueno con nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, nos ofrece gratuitamente su alegría, su salvación, pero muchas veces no acogemos
sus dones, ponemos en primer lugar
nuestras preocupaciones materiales,
nuestros intereses; e incluso cuando el
Señor nos llama, muchas veces parece
que nos da fastidio.
Algunos invitados maltratan y matan a los siervos que entregan las invitaciones. Pero, no obstante la falta de
adhesión de los llamados, el proyecto
de Dios no se interrumpe. Ante el rechazo de los primeros invitados Él no
se desalienta, no suspende la fiesta, sino que vuelve a proponer la invitación
extendiéndola más allá de todo límite
razonable y manda a sus siervos a las
plazas y a los cruces de caminos a reunir a todos los que encuentren. Se trata de gente común, pobres, abandonados y desheredados, incluso buenos y
malos —también los malos son invitados— sin distinción. Y la sala se llena
de «excluidos». El Evangelio, rechaza-
Los santos Francisco de Laval y María de la Encarnación
Francisco de Laval nació el 30 de abril de 1623
en M0ntigny-sur-Avre, diócesis de Chartres
(Francia). Estudió en colegios de los jesuitas,
donde surgió su interés por las misiones en Canadá. Recibió la ordenación sacerdotal en 1647.
Siendo archidiácono de la diócesis de Évreaux,
visitó más de 150 parroquias, reformándolas según el espíritu del Concilio de Trento. El 3 de
junio de 1658 fue nombrado vicario apostólico
en Canadá; recibió la ordenación episcopal, secretamente, en París, el 8 de diciembre. Llegó a
Quebec el 16 de junio de 1659. Al hacerse cargo
de la colonia, tuvo que imponer su autoridad
ante el obispo de Rouen, que favorecía a los padres suplicianos de Montreal. En 1663 fundó el
seminario de Quebec, destinado a ser el corazón
de la Iglesia en Canadá.
En su ministerio destinó grandes sumas de dinero para ayudar a los pobres y ofrecer educación a los niños. En 1681 inició la última visita
pastoral y renunció a su misión en 1684. A pesar
de la enfermedad sustituía a su sucesor en sus
ausencias y murió ejerciendo tales funciones el 6
de mayo de 1708. Juan Pablo II lo proclamó beato el 22 de junio de 1980.
María de la Encarnación Guyart Martin nació el
28 de octubre de 1599 en Tours (Francia). A los
17 años, a pesar de sentirse atraída por el claustro, se casó con Claude Martin, para respetar la
voluntad de los padres. Dos años más tarde enviudó, con un hijo de seis meses. Se ocupó de la
educación de su hijo, mientras vivía en la casa
de sus padres y llevaba un profunda vida contemplativa.
Tras sentir con insistencia la llamada a la vida
religiosa, confió a su hermana la tarea de la educación de su hijo de 12 años y entró en el monasterio de las Ursulinas de Tours en 1631, tomando el nombre de María de la Encarnación.
En 1639 respondió a la llamada de Dios de ir
a Canadá. En el país de misión construyó y reconstruyó un pequeño monasterio para la comunidad, así como para las indias y las francesas,
que las ursulinas recibían y educaban juntas.
Además, escribió catecismos y oraciones en las
lenguas indígenas; y en 1647 redactó las constituciones de las Ursulinas de Quebec.
Murió el 30 de abril de 1672 en Quebec. Juan
Pablo II la beatificó el 22 de junio de 1980.
do por alguno, encuentra acogida
inesperada en muchos otros corazones.
La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por eso el
banquete de los dones del Señor es
universal, para todos. A todos se les
da la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el
derecho de sentirse privilegiado o exigir una exclusiva. Todo esto nos induce a vencer la costumbre de situarnos
cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los
cias a Dios por este sacerdote y mártir,
testigo heroico del Evangelio. Su valiente fidelidad a Cristo es un acto de
gran elocuencia, especialmente en el
contexto actual de las despiadadas
persecuciones contra los cristianos.
En este momento, nuestro pensamiento se dirige a la ciudad de Génova afectada duramente de nuevo por
el aluvión. Aseguro mi oración por las
víctimas y por quienes han sufrido
graves daños. Que la Virgen de la
Guardia sostenga a la querida población genovesa en el compromiso soli-
fariseos. Esto no se debe hacer; debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está al margen, incluso ese que es rechazado y
despreciado por la sociedad es objeto
de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de
Dios a las fronteras de la «iglesita»
—nuestra «pequeña iglesita»— sino a
dilatar la Iglesia a las dimensiones del
Reino de Dios. Solamente hay una
condición: vestir el traje de bodas, es
decir, testimoniar la caridad hacia
Dios y el prójimo.
Encomendamos a la intercesión de
María santísima los dramas y las esperanzas de muchos hermanos y hermanas nuestros, excluidos, débiles, rechazados, despreciados, también los que
son perseguidos a causa de la fe, e invocamos su protección también sobre
los trabajos del Sínodo de los obispos
reunido en estos días en el Vaticano.
dario para superar la dura prueba.
Oremos todos juntos a la Virgen de la
Guardia: Ave María... ¡Que la Virgen
de la Guardia proteja a Génova!
Saludo a todos los peregrinos, sobre
todo a las familias y a los grupos parroquiales. En particular quiero saludar cordialmente al grupo de peregrinos canadienses llegados a Roma para
la santa misa de acción de gracias por
la canonización de Francisco de Laval
y María de la Encarnación: que los
dos santos susciten el fervor apostólico
en el corazón de los jóvenes canadienses.
Saludo al grupo del «Office Chrétien des personnes handicapées» llegados desde Francia, las familias del Colegio Reinado Corazón de Jesús, de
Madrid, y los fieles de Segovia, los
polacos aquí presentes y los que han
promovido especiales obras de caridad
con ocasión de la «Jornada del Papa».
Saludo al numeroso grupo de la asociación Amigos de San Columbano
para Europa, llegados con ocasión de
la apertura del XIV centenario de la
muerte de san Columbano, gran evangelizador del continente europeo. Saludo a las Hijas de María Auxiliadora
que participan en el capítulo general,
los fieles de la parroquia Santa María
Inmaculada de Carenno, y los representantes de la diócesis de Lodi reunidos en Roma para la ordenación episcopal de su pastor, junto con los fieles
de Bérgamo y Marne.
A todos deseo un feliz domingo.
Por favor os pido que recéis por mí.
¡Buen almuerzo y hasta la vista!
Una oración por las víctimas del
desastroso aluvión que golpeó estos días
a Génova pidió el Pontífice a los fieles
presentes en la plaza. «Que la Virgen de
la Guardia —deseó el Papa Francisco al
término de la oración mariana— sostenga
a la querida población genovesa en el
compromiso solidario para superar la
dura prueba».
Queridos hermanos y hermanas:
Esta mañana, en Sassari, fue proclamado beato el padre Francesco Zirano, de la Orden de los Frailes Menores Conventuales: él prefirió morir antes que renegar de su fe. Demos gra-
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L’OSSERVATORE ROMANO
viernes 17 de octubre de 2014, número 42
La relación «post disceptationem»
Con ternura de madre
y claridad de maestra
El lunes 13 de octubre, por la mañana,
el cardenal Péter Erdő, relator general
del Sínodo de los obispos reunido en la
asamblea extraordinaria dedicada al
tema de la familia, presentó la «Relatio post disceptationem» que recoge lo
surgido del debate general que tuvo lugar del 6 al 10 de octubre en el Vaticano, en el marco de la III Asamblea
general extraordinaria sobre el tema:
«Los desafíos pastorales de la familia
en el contexto de la evangelización»,
celebrada en el Vaticano del 5 al 19 de
octubre. Publicamos la traducción de la
relación.
1. En la vigilia de oración celebrada
en la plaza de San Pedro el sábado
4 de octubre de 2014 en preparación
al Sínodo de la familia, el Papa
Francisco ha evocado de manera
sencilla y concreta la centralidad de
la experiencia familiar en la vida de
todos, expresándose así: «Cae ya la
noche sobre nuestra asamblea. Es la
hora en la cual gustoso se
regresa a casa para reunirse
en la misma mesa, en el espesor de los afectos, del bien
realizado y recibido, de los
encuentros que calientan el
corazón y lo hacen crecer,
del vino bueno que anticipa
en los días del hombre la
fiesta sin ocaso. Es también
la hora más pesada para
quien se encuentra a “tú a
tú” con su propia soledad,
en el crepúsculo amargo de
los sueños y de los proyectos
rotos:
cuantas
personas
arrastran sus jornadas en el
callejón sin salida de la resignación, del abandono,
también del rencor; en cuantas casas se ha terminado el
vino de la alegría y, por consiguiente, el sabor —la sabiduría misma— de la vida [...]
De unos y de otros esta noche somos sus voces con nuestra
oración, una oración para todos».
2. Vientre de gozo y de prueba,
de profundos afectos y de relaciones
a veces heridas, la familia es verdaderamente «escuela de humanidad»
(«Familia schola quaedam uberioris
humanitatis est»: Concilio Vaticano
II, constitución sobre la Iglesia en el
mundo contemporáneo, Gaudium et
spes, 52), de la cual se advierte fuertemente la necesidad. No obstante
las diversas señales de crisis de la
institución familiar en los diversos
contextos de la «aldea global», el
deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto
motiva la necesidad de que la Iglesia
anuncie sin descanso y con profunda
convicción el «Evangelio de la familia» que le ha sido confiado con la
revelación del amor de Dios en Jesucristo.
3. Sobre la realidad de la familia,
decisiva y preciosa, el obispo de Roma ha invitado a reflexionar al Sínodo de los obispos en la Asamblea
general extraordinaria de octubre de
2014, para después profundizar la reflexión en la Asamblea general ordinaria que se tendrá en octubre de
2015, además durante todo el año
que transcurre entre los dos eventos
sinodales. «Ya el convenire in unum
alrededor del obispo de Roma es un
evento de gracia, en el cual la colegialidad episcopal se manifiesta en
un camino de discernimiento espiritual y pastoral»: así el Papa Francisco ha descrito la experiencia sinodal,
indicando las tareas en la doble escucha de los signos de Dios y de la
historia de los hombres y en la consiguiente y única fidelidad que sigue.
4. A la luz del mismo discurso hemos recogido los resultados de nuestras reflexiones y de nuestras conversaciones en las siguientes tres partes:
la escucha, para mirar la realidad de
la familia hoy, en la complejidad de
sus luces y de sus sombras; la mirada
fija en Cristo para repensar con renovada frescura y entusiasmo cuanto
la revelación, transmitida en la fe de
la Iglesia, nos dice sobre la belleza y
la dignidad de la familia; y el en-
voca una sensación general de impotencia con relación a la realidad socio-económica que muchas veces termina por aplastarlos. Esto se debe a
la creciente precariedad laboral que
se vive muchas veces como una verdadera pesadilla, o por motivo de
los impuestos demasiado pesados
que, por cierto, no anima a los jóvenes al matrimonio.
7. Existen contextos culturales y
religiosos que ponen desafíos particulares. En las sociedades africanas
rige todavía la práctica de la poligamia y en algunos contextos tradicionales el hábito del «matrimonio por
etapas». En otros contextos persiste
la práctica de los matrimonios combinados. En los países donde la religión católica es minoría son numerosos los matrimonios mixtos con todas las dificultades que conlleva en
orden a la configuración jurídica, la
educación de los hijos y el recíproco
respeto del punto de vista de la li-
Duccio di Buoninsegna, «La Maestà» (1308-1311)
cuentro con el Señor Jesús para discernir los caminos con los cuales renovar a la Iglesia y la sociedad en su
compromiso por la familia.
Primera parte
La escucha: el contexto y los
desafíos de la familia
El contexto socio-cultural
5. El cambio antropológico y cultural actual influye en todos los aspectos de la vida y necesita un enfoque analítico y diversificado, capaz
de tomar las formas positivas de la
libertad individual. Se debe señalar
también el creciente peligro representado por un individualismo exasperado que desnaturaliza las relaciones familiares y termina por considerar a cada componente de la familia
como una isla, haciendo prevalecer,
en ciertos casos, la idea de un sujeto
que se construye según sus propios
deseos tomados como un absoluto.
6. La prueba más grande para las
familias de nuestro tiempo a menudo es la soledad, que destruye y pro-
bertad religiosa, pero también con
las grandes potencialidades del encuentro en la diversidad de la fe que
estas historias de vida familiar presentan. En muchos contextos, y no
sólo occidentales, se va difundiendo
ampliamente la praxis de la convivencia antes del matrimonio o también de la convivencia no orientada
a asumir la forma de un vínculo institucional.
8. Son muchos los niños que nacen fuera del matrimonio, especialmente en algunos países, y muchos
aquellos que después crecen con uno
solo de los padres o en un contexto
familiar extendido o reconstituido.
El número de los divorciados es creciente y no es raro el caso de opciones determinadas únicamente por
factores de orden económico. La
condición de la mujer todavía tiene
necesidad de ser defendida y promovida ya que se registran no pocas situaciones de violencia al interno de
las familias. Los niños frecuentemente son objeto de disputas entre padres y los hijos son auténticas víctimas de las laceraciones familiares.
También las sociedades afectadas
por la violencia a causa de la guerra,
del terrorismo o de la presencia de
la criminalidad organizada, presentan situaciones familiares deterioradas. Las migraciones, además, representan otro signo de los tiempos para afrontar y comprender, con toda
la carga de consecuencias sobre la
vida familiar.
La importancia de la vida afectiva
9. Frente al cuadro social delineado se encuentra en los individuos
una mayor necesidad de tener cuidado de su propia persona, de conocerse interiormente, de vivir mejor
en sintonía con sus propias emociones y sentimientos, de buscar una
calidad relacional en la vida afectiva.
Del mismo modo, se puede encontrar un deseo generalizado de familia que acompaña la búsqueda de sí
mismo. Pero, ¿cómo cultivar y sostener esta tensión del cuidado de sí
mismo y este deseo de familia? Aquí
también existe un gran desafío para
la Iglesia. El peligro individualista y el riesgo de vivir
en clave egoísta son relevantes.
10. El mundo actual parece valorizar una afectividad
sin límites de la cual se quieren explorar todos sus componentes, también aquellos
más complejos. De hecho, la
cuestión de la fragilidad
afectiva es de gran actualidad: una afectividad narcisista, inestable y mutable que
no siempre ayuda a los sujetos a alcanzar una mayor
madurez. En este contexto,
las parejas son a veces inciertas, dudosas y luchan por
encontrar los modos para
crecer. Muchos son aquellos
que tienden a permanecer en
las etapas primarias de la vida emocional y sexual. La
crisis de la pareja desestabiliza la familia y puede llegar a través
de las separaciones y los divorcios a
producir serias consecuencias para
los adultos, los hijos y la sociedad,
debilitando al individuo y los lazos
sociales. También la disminución demográfica no sólo determina una situación en la que la sucesión de las
generaciones no está asegurada, sino
que corre el riesgo, con el pasar del
tiempo, de llegar a un empobrecimiento económico y una pérdida de
esperanza en el futuro.
Los desafíos pastorales
11. En este contexto la Iglesia advierte la necesidad de dar una palabra de esperanza y de sentido. Es
necesario partir de la convicción de
que el hombre viene de Dios y que,
por lo tanto, una reflexión capaz de
proponer las grandes cuestiones sobre el significado del ser hombres,
puede encontrar un terreno fértil en
las expectativas más profundas de la
humanidad. Los grandes valores del
matrimonio y de la familia cristiana
corresponden a la búsqueda que
atraviesa la existencia humana también en un tiempo marcado por el
individualismo y el hedonismo. Es
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
necesario aceptar a las personas con
su existencia concreta, saber sostener
la búsqueda, alentar el deseo de
Dios y la voluntad de sentirse plenamente parte de la Iglesia, incluso de
quien ha experimentado el fracaso o
se encuentra en las situaciones más
desesperadas. Esto exige que la doctrina de la fe, que siempre se debe
hacer conocer en sus contenidos
fundamentales, se proponga junto a
la misericordia.
Segunda parte
La mirada en Cristo:
el Evangelio de la familia
La mirada en Jesús y la gradualidad
en la historia de la salvación
12. Con el fin de «verificar nuestro paso en el terreno de los desafíos
contemporáneos, la condición decisiva es mantener fija la mirada en Jesucristo, detenerse en la contemplación y en la adoración de su rostro
[...] De hecho, cada vez que regresamos a la fuente de la experiencia
cristiana se abren nuevos caminos y
posibilidades impensables» (Papa
Francisco, Discurso del 4 de octubre
de 2014). Jesús ha mirado a las mujeres y a los hombres que ha encontrado con amor y ternura, acompañando sus pasos con paciencia y misericordia, al anunciarles las exigencias del reino de Dios.
13. Desde el momento en que el
orden de la creación es determinado
por la orientación a Cristo, es necesario distinguir sin separar los diversos grados mediante los cuales Dios
comunica a la humanidad la gracia
de la alianza. En razón de la ley de
la gradualidad (cf. Familiaris consortio, 34), propia de la pedagogía divina, se trata de leer en términos de
continuidad y novedad la alianza
nupcial, en el orden de la creación y
en el de la redención.
14. Jesús mismo, refiriéndose al
plan original sobre la pareja humana, reafirma la unión indisoluble entre el hombre y la mujer, mientras
comprende que «por la dureza de
sus corazones Moisés les ha permitido repudiar a sus esposas, pero desde el principio no fue así» (Mt 19,
8). De tal modo, Él muestra cómo la
condescendencia divina acompaña
siempre el camino humano, orientándolo hacia su principio, no sin
antes pasar a través de la cruz.
La familia en el plan salvífico
de Dios
15. Puesto que, con el compromiso
de la recíproca aceptación y con la
gracia de Cristo, los novios se pro-
L’OSSERVATORE ROMANO
meten fidelidad y apertura a la vida,
ellos reconocen como elementos
constitutivos del matrimonio los dones que Dios les ofrece, tomando en
serio su mutuo compromiso, en su
nombre y ante la Iglesia. Ahora, en
la fe es posible asumir los bienes del
matrimonio como compromiso mejor
sostenido mediante la ayuda de la
gracia del sacramento. Dios consagra el amor de los esposos y les confirma la indisolubilidad, ofreciéndoles la ayuda para vivir la fidelidad y
abrirse a la vida. Por lo tanto, la mirada de la Iglesia no se dirige solamente a la pareja, sino a la familia.
16. Podemos distinguir tres etapas
fundamentales en el plan divino sobre la familia: la familia de los orígenes, cuando Dios creador instituyó
el matrimonio primordial entre Adán
y Eva, como fundamento sólido de
la familia: hombre y mujer los creó
(cf. Gn 1, 24-31; 2, 4b); la familia histórica, herida por el pecado (cf. Gn
3) y la familia redimida por Cristo
(cf. Ef 5, 21-32), a imagen de la Santísima Trinidad, misterio del cual
brota todo amor verdadero. La
alianza nupcial, inaugurada con la
creación y revelada en la historia entre Dios e Israel, llega a su plenitud
con Cristo en la Iglesia.
El discernimiento de los valores
presentes en las familias heridas
y en las situaciones irregulares
17. En consideración del principio
de gradualidad en el plan salvífico
divino, nos preguntamos qué posibilidades tienen los cónyuges que viven el fracaso de su matrimonio, o
bien cómo es posible ofrecerles a
ellos la ayuda de Cristo por medio
del ministerio de la Iglesia. A este
propósito, una significativa clave
hermenéutica proviene de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, el
cual, mientras afirma que «la única
Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica», también reconoce que
«fuera de su organismo se encuentran diversos elementos de santificación y de verdad, que, perteneciendo
propiamente por don de Dios a la
Iglesia de Cristo, impulsan hacia la
unidad católica» (Lumen gentium, 8).
18. Bajo esta luz, se reafirman sobre todo los valores y la consistencia
propia del matrimonio natural. Algunos se preguntan si es posible que
la plenitud sacramental del matrimonio no excluya la posibilidad de reconocer elementos positivos también
en las formas imperfectas que se encuentran fuera de tal realidad nupcial, a ella de todos modos ordenada. La doctrina de los grados de comunión, formulada por el Concilio
Vaticano II, confirma la visión de un
modo articulado de participar en el
Mysterium Ecclesiae por parte de los
bautizados.
19. En la misma perspectiva, que
podríamos llamar inclusiva, el Concilio también abre el horizonte en el
cual se aprecian los elementos positivos presentes en las otras religiones
(cf. Nostra aetate, 2) y culturas, no
obstante sus límites y sus insuficiencias (cf. Redemptoris missio, 55). De
la mirada dirigida a la sabiduría humana presente en ella, de hecho, la
Iglesia comprende cómo la familia
es considerada universalmente una
forma necesaria y fecunda de convivencia humana. En este sentido, el
orden de la creación, en el cual hunde sus raíces la visión cristiana de la
familia, se despliega a nivel histórico, en las diversas expresiones culturales y geográficas.
20. Al hacerse por lo tanto necesario un discernimiento espiritual,
acerca de las convivencias y de los
matrimonios civiles y los divorciados
vueltos a casar, compete a la Iglesia
reconocer estas semillas del Verbo
dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la
amplia mirada de Cristo, cuya luz
ilumina a todo hombre (cf. Jn 1, 9;
cf. Gaudium et spes, 22), la Iglesia se
dirige con respeto a aquellos que
participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando
más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas.
Verdad y belleza de la familia
y misericordia
21. El Evangelio de la familia,
mientras resplandece gracias al testimonio de tantas familias que viven
con coherencia la fidelidad al sacramento, con sus frutos maduros de
auténtica santidad cotidiana, nutre
además a estas semillas que todavía
esperan madurar, y debe sanar a
aquellos árboles que se han marchitado y piden no ser descuidados.
22. En este sentido, una nueva dimensión de la pastoral familiar actual consiste en captar la realidad de
los matrimonios civiles y, hechas las
debidas diferencias, también de las
convivencias. De hecho, cuando la
unión alcanza una notable estabilidad a través de un vínculo público,
está marcada por un afecto profundo, por una responsabilidad en relación a los hijos, con la capacidad de
resistir a las pruebas, pueden ser vistos como un germen para acompañar el desarrollo hacia el sacramento
del matrimonio. Muchas veces, en
cambio, la convivencia se establece
no en vista de un posible futuro matrimonio, sino sin alguna intención
de establecer una relación institucional.
23. De acuerdo a la mirada misericordiosa de Jesús, la Iglesia debe
acompañar con atención y cuidado a
sus hijos más frágiles, marcados por
página 13
el amor herido y perdido, dándoles
confianza y esperanza, como la luz
del faro de un puerto o una antorcha llevada en medio de la gente para iluminar a aquellos que han perdido la dirección o se encuentran en
medio de la tempestad.
Tercera parte
El encuentro:
perspectivas pastorales
Anunciar el Evangelio de la familia
hoy, en diversos contextos
24. El diálogo sinodal ha permitido acordar algunas instancias pastorales más urgentes para confiarlas a
su concretización en las Iglesias locales, en comunión cum Petro et sub
Petro.
25. El anuncio del Evangelio de la
familia constituye una urgencia para
la nueva evangelización. La Iglesia
debe realizarlo con ternura de madre
y claridad de maestra (cf. Ef 4, 15),
en fidelidad a la kénosis misericordiosa de Cristo. La verdad se encarna
en la fragilidad humana no para
condenarla, sino para sanarla.
26. Evangelizar es responsabilidad
compartida de todo el pueblo de
Dios, cada uno según su propio ministerio y carisma. Sin el testimonio
alegre de los esposos y de las familias, el anuncio, aunque sea correcto,
corre el riesgo de ser incomprendido
o de ahogarse en el mar de palabras
que caracteriza nuestra sociedad (cf.
Novo millennio ineunte, 50). Los padres sinodales han subrayado varias
veces que las familias católicas están
llamadas a ser en sí mismas los sujetos activos de toda la pastoral familiar.
27. Será decisivo resaltar la primacía de la gracia, y la posibilidad que
el Espíritu da en el sacramento. Se
trata de hacer experimentar que el
Evangelio de la familia es alegría
que «llena el corazón y la vida entera», porque en Cristo somos «liberados del pecado, de la tristeza, del
vacío interior, del aislamiento»
(Evangelii gaudium, 1). A la luz de la
parábola del sembrador (cf. Mt 13,
3), nuestra tarea es cooperar en la
siembra: el resto es obra de Dios.
No hay que olvidar que la Iglesia
que predica sobre la familia es signo
de contradicción.
28. Para esto se requiere una conversión misionera: es necesario no detenerse en un anuncio meramente
teórico y desconectado de los problemas reales de las personas. Nunca
hay que olvidar que la crisis de la fe
ha comportado una crisis del matriSIGUE EN LA PÁGINA 14
L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 17 de octubre de 2014, número 42
La relación post disceptationem
VIENE DE LA PÁGINA 13
monio y de la familia, y como consecuencia, se ha interrumpido frecuentemente la transmisión de la fe de
los padres a los hijos. Ante una fe
fuerte la imposición de algunas perspectivas culturales que debilitan a la
familia y al matrimonio no tienen
ninguna incidencia.
29. La conversión debe ser, sobre
todo, del lenguaje, para que resulte
efectivamente significativa. El anuncio debe hacer experimentar que el
Evangelio de la familia es respuesta
a las expectativas más profundas de
la persona humana: a su dignidad y
a la realización plena en la reciprocidad y en la comunión. No se trata
solamente de presentar una normativa sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad de estos, que
se constata hoy también en los países más secularizados.
30. La indispensable profundización bíblica-teológica va acompañada por el diálogo, en todos los niveles. Muchos han insistido sobre un
acercamiento más positivo con las riquezas contenidas también en las diversas experiencias religiosas, sin callar las dificultades. En las diversas
realidades culturales se acogen en
primer lugar las posibilidades y a su
luz se rechazan los límites y las radicalizaciones.
31. El matrimonio cristiano no
puede ser considerado sólo como
una tradición cultural o una exigencia social, sino que debe ser una decisión vocacional asumida con una
adecuada preparación en un itinerario de fe, con un discernimiento maduro. No se trata de poner dificultades y complicar los ciclos de formación, sino de ir en profundidad y de
no contentarse con encuentros teóricos o con orientaciones generales.
32. Ha sido concordante el reclamo de la necesidad de una conversión de toda la praxis pastoral en
perspectiva familiar, superando las
ópticas individualistas que todavía la
caracterizan. Por esto, se ha insistido
muchas veces en la renovación de la
formación de los presbíteros y de los
demás agentes pastorales, a través de
una implicación mayor de las mismas familias.
33. A la vez, se ha subrayado la
necesidad de una evangelización que
denuncie con sinceridad los factores
culturales, sociales y económicos;
por ejemplo, el espacio excesivo dado a la lógica del mercado, que impiden una auténtica vida familiar,
determinando discriminaciones, pobreza, exclusiones, violencia. Por
eso, es necesario desarrollar un diálogo y una cooperación con las estructuras sociales, animar y sostener
a los laicos que se comprometen en
el ámbito cultural y socio-político.
Guiar a los novios en el camino
de preparación al matrimonio
34. La compleja realidad social y
los desafíos que la familia está llamada hoy a enfrentar requieren un
mayor compromiso de toda la comunidad cristiana para la preparación
de los novios al matrimonio. Con
respecto a esta necesidad, los padres
sinodales han estado de acuerdo en
subrayar la exigencia de una mayor
implicación de toda la comunidad
privilegiando el testimonio de las familias mismas, así como introducir
la preparación al matrimonio en el
camino de iniciación cristiana, destacando la relación del matrimonio
con los otros sacramentos. También
se puso de relieve la necesidad de
programas específicos para la preparación próxima al matrimonio, para
que sea una verdadera experiencia
de participación en la vida eclesial y
se profundicen los diversos aspectos
de la vida familiar.
Acompañar los primeros años
de la vida matrimonial
35. Los primeros años de matrimonio son un período vital y delicado durante el cual las parejas crecen
en la conciencia de los desafíos y del
«Familia» (arte africana)
significado del matrimonio. De aquí
la exigencia de un acompañamiento
pastoral que vaya más allá de la celebración del sacramento. Es de gran
importancia en esta pastoral la presencia de parejas con experiencia. La
parroquia es considerada como el lugar ideal donde parejas expertas
pueden ponerse a disposición de
aquellas más jóvenes. Es necesario
animar a las parejas con una actitud
fundamentalmente de recepción al
gran don de los hijos. Se subraya la
importancia de la espiritualidad familiar y de la oración, alentando a
las parejas a reunirse regularmente
para promover el crecimiento de la
vida espiritual y la solidaridad en las
exigencias concretas de la vida. Liturgias significativas, prácticas devocionales y eucarísticas celebradas en
familia, han sido mencionadas como
vitales para favorecer la evangelización a través de la familia.
Lo positivo en las uniones civiles
y en las convivencias
36. Una sensibilidad nueva de la
pastoral actual consiste en captar la
realidad positiva de los matrimonios
civiles y, reconociendo las debidas
diferencias, de las convivencias. Es
necesario que en la propuesta eclesial, incluso presentando con claridad el ideal, indiquemos también
elementos constructivos en aquellas
situaciones que no corresponden todavía o ya no a tal ideal.
37. Se puso también de relieve que
en muchos países hay un «número
creciente de parejas que conviven ad
experimentum, sin matrimonio ni canónico ni civil» (Instrumentum laboris, 81). En África esto se lleva a cabo especialmente en el matrimonio
tradicional, acordado entre familias y
a menudo celebrado en diversas etapas. Ante tales situaciones, la Iglesia
está llamada a ser «siempre la casa
abierta del Padre […] donde hay lugar para cada uno con su vida a
cuestas» (Evangelii gaudium, 47) y a
ir al encuentro de quien siente la necesidad de reemprender su camino
de fe, aunque no sea posible celebrar el matrimonio canónico.
38. También en Occidente está en
continuo crecimiento el número de
aquellos que, después de haber vivido juntos por mucho tiempo, solicitan la celebración del matrimonio en
la Iglesia. La simple convivencia a
menudo es elegida a causa de la
mentalidad general, contraria a las
instituciones y a los compromisos
definitivos, pero también por la expectativa de una seguridad existencial (trabajo y salario fijo). En otros
países las uniones «de hecho» son
muy numerosas, no por motivo del
rechazo de los valores cristianos sobre la familia y el matrimonio; sino
sobre todo por el hecho de que casarse es un lujo, de modo que la miseria material impulsa a vivir en
uniones «de hecho». También en tales uniones es posible percibir valores familiares auténticos o al menos
el deseo de ellos. Es necesario que el
acompañamiento
pastoral
parta
siempre de estos aspectos positivos.
39. Todas estas situaciones deben ser
abordadas de manera
constructiva, buscando transformarlas en
oportunidad de camino hacia la plenitud
del matrimonio y de
la familia a la luz del
Evangelio. Se trata de
acogerlas y acompañarlas con paciencia y
delicadeza. Con esta
finalidad, es importante el testimonio
atractivo de auténticas familias cristianas,
como sujetos de evangelización de la
familia.
Sanar las familias heridas
(separados, divorciados no vueltos a
casar, divorciados vueltos a casar)
40. En el Sínodo ha resonado la
clara necesidad de opciones pastorales valientes. Reconfirmando con
fuerza la fidelidad al Evangelio de la
familia, los padres sinodales han advertido la urgencia de nuevos caminos pastorales, que partan de la
efectiva realidad de las fragilidades
familiares, reconociendo que estas, la
mayoría de las veces, han sido «sufridas» más que elegidas en plena libertad. Se trata de situaciones diversas por factores ya sean personales o
culturales y socio-económicos. No es
sabio pensar en soluciones únicas o
inspiradas en la lógica del «todo o
nada». El diálogo y el debate vividos en el Sínodo deberán continuar
en las Iglesias locales, involucrando
a los diversos componentes, de manera que las perspectivas que se han
delineado puedan encontrar la plena
madurez en el trabajo de la próxima
Asamblea general ordinaria. La guía
del Espíritu, constantemente invocado, permitirá a todo el pueblo de
Dios vivir la fidelidad al Evangelio
de la familia como un misericordioso
hacerse cargo de todas las situaciones de fragilidad.
41. Cada familia herida debe ser
primero escuchada con respeto y
amor, haciéndose de ellas compañeros de camino como Cristo con los
discípulos de Emaús. Son válidas,
de manera particular, para estas situaciones las palabras del Papa
Francisco: «La Iglesia tendrá que
iniciar a sus hermanos —sacerdotes,
religiosos y laicos— en este «arte del
acompañamiento», para que todos
aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro
(cf. Ex 3, 5). Tenemos que darle a
nuestro caminar el ritmo sanador de
projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero
que al mismo tiempo sane, libere y
aliente a madurar en la vida cristiana» (Evangelii gaudium, 169).
42. Un tal discernimiento es indispensable para los separados y divorciados. Debe ser respetado sobre todo el sufrimiento de aquellos que
han sufrido injustamente la separación y el divorcio. El perdón por la
injusticia sufrida no es fácil, pero es
un camino que la gracia hace posible. Del mismo modo, se debe destacar siempre que es indispensable
hacerse cargo de manera leal y cons-
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
tructiva de las consecuencias que la
separación o el divorcio tienen en
los hijos: ellos no pueden convertirse
en un «objeto» de contienda y se
deben buscar las formas mejores para que puedan superar el trauma de
la división familiar y crecer en el
modo más sereno posible.
43. Diversos padres han subrayado la necesidad de hacer más accesibles y ágiles los procedimientos para
el reconocimiento de casos de nulidad. Entre las propuestas han sido
indicadas la superación de la necesidad de la doble sentencia conforme;
la posibilidad de determinar una vía
administrativa bajo la responsabilidad del obispo diocesano; un proceso sumario para realizar en los casos
de nulidad notoria. Según propuestas autorizadas, se debería considerar la posibilidad de dar relevancia a
la fe de los novios en orden a la validez del sacramento del matrimonio. Hay que destacar que en todos
los casos se trata de establecer la
verdad sobre la validez del vínculo.
44. Sobre la agilización del procedimiento de las causas matrimoniales, solicitado por muchos, además
de la preparación de suficientes
agentes, clérigos y laicos con dedicación prioritaria, se pide el aumento
de la responsabilidad del obispo
diocesano, el cual en su diócesis podría encargar a un sacerdote debidamente preparado que pueda gratuitamente aconsejar a las partes sobre
la validez del matrimonio.
45. Las personas divorciadas pero
no vueltas a casar se han de invitar a
encontrar en la Eucaristía el alimento que los sostenga en su estado. La
comunidad local y los pastores deben acompañar a estas personas con
preocupación, sobre todo cuando
hay hijos o es grave su situación de
pobreza.
46. También las situaciones de los
divorciados vueltos a casar requieren
un discernimiento atento y un acompañamiento lleno de respeto, evitando cualquier lenguaje o actitud que
les haga sentir discriminados. Hacerse cargo de ellos no supone para la
comunidad cristiana un debilitamiento de la fe y del testimonio de
la indisolubilidad matrimonial, sino
que expresa su caridad en esta atención.
47. Con respecto a la posibilidad
de acceder a los sacramentos de la
Penitencia y de la Eucarística, algunos han argumentado a favor de la
disciplina actual en virtud de su fundamento teológico, otros se han expresado por una mayor apertura a
las condiciones bien precisas cuando
se trata de situaciones que no pueden ser disueltas sin determinar nuevas injusticias y sufrimientos. Para
algunos, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un
camino penitencial —bajo la responsabilidad del obispo diocesano—, y
con un compromiso claro a favor de
los hijos. Se trataría de una posibilidad no generalizada, fruto de un
discernimiento contemplado caso
por caso, según una ley de gradualidad, que tenga presente la distinción
entre estado de pecado, estado de
gracia y circunstancias atenuantes.
48. Sugerir limitarse a la sola «comunión espiritual» para no pocos
padres sinodales plantea algunas
preguntas: ¿si es posible la comunión espiritual, por qué no es posible acceder a la sacramental? Por
eso ha sido solicitada una mayor
profundización teológica a partir de
L’OSSERVATORE ROMANO
página 15
vínculo conyugal, como un camino de maduración, en la aceptación cada vez más
profunda del otro y en
una donación cada
vez más plena. En este
sentido, cabe destacar
la necesidad de ofrecer
caminos
formativos
que alimenten la vida
conyugal y la importancia de un laicado
que ofrezca un acompañamiento constituido por un testimonio
vivo. Indudablemente
es de gran ayuda el
ejemplo de un amor
fiel y profundo hecho
de ternura, respeto,
capaz de crecer en el
tiempo y que en su
concreta apertura a la
generación de la vida
experimenta un misterio que trasciende.
los vínculos entre el sacramento del
matrimonio y Eucaristía en relación
a la Iglesia-sacramento. Del mismo
modo, debe ser profundizada la dimensión moral de la problemática,
escuchando e iluminando la consciencia de los cónyuges.
49. Las problemáticas relacionadas
con los matrimonios mixtos han estado presentes a menudo en las intervenciones de los padres sinodales.
La diversidad de la disciplina matrimonial de las Iglesias ortodoxas
plantea en algunos contextos graves
problemas a los que se deben dar
respuestas adecuadas en comunión
con el Papa. Lo mismo vale para los
matrimonios interreligiosos.
Acoger a las personas homosexuales
50. Las personas homosexuales
tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en condiciones de recibir a estas
personas, garantizándoles un espacio
de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar
una Iglesia que sea casa acogedora
para ellos. ¿Nuestras comunidades
están preparadas para serlo, aceptando y valorando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina
católica sobre la familia y el matrimonio?
51. La cuestión homosexual nos
interpela a una reflexión seria sobre
cómo elaborar caminos realistas de
crecimiento afectivo y de madurez
humana y evangélica integrando la
dimensión sexual: se presenta, por lo
tanto, como un importante desafío
educativo. La Iglesia, por otra parte,
afirma que las uniones entre personas del mismo sexo no pueden ser
equiparadas al matrimonio entre un
hombre y una mujer. Tampoco es
aceptable que se quieran ejercer presiones sobre la actitud de los pastores o que organismos internacionales
condicionen las ayudas financieras a
la introducción de normas inspiradas
en la ideología del gender.
52. Sin negar las problemáticas
morales relacionadas con las uniones
homosexuales, se toma en consideración que hay casos en los que el
apoyo mutuo, hasta el sacrificio,
constituye un valioso apoyo para la
vida de las parejas. Además, la Iglesia tiene atención especial hacia los
niños que viven con parejas del mismo sexo, reiterando que en primer
lugar se deben poner siempre las
exigencias y derechos de los pequeños.
La transmisión de la vida
y el desafío de la disminución
de la natalidad
53. No es difícil constatar la difusión de una mentalidad que reduce
El desafío de la
educación y el papel
de la familia en la
evangelización
56. El desafío fundamental que encuentran las familias hoy
es seguramente el desafío educativo, que es más difícil y
complejo por la realidad cultural de
hoy. Se requiere tener en cuenta las
exigencias y las expectativas de las
familias capaces de testimoniar en la
vida cotidiana, lugares de crecimiento, de transmisión concreta y esencial de las virtudes que dan forma a
la existencia.
57. La Iglesia puede desempeñar
en esto un papel precioso de apoyo
a las familias, comenzando por la
iniciación cristiana, a través de comunidades acogedoras. A ella se le
pide, hoy más que ayer, en las situaciones complejas como en las ordinarias, sostener a los padres en su
compromiso educativo, acompañando a los niños, adolescentes y jóvenes en su crecimiento a través de caminos personalizados capaces de introducir en el sentido pleno de la vida y de suscitar elecciones y responsabilidades, vividas a la luz del
Evangelio.
Katie M. Berggren, «Bright as a Sun» (2012)
la generación de la vida a un variable proyecto individual o de pareja.
Los factores de orden económico
ejercen un peso a veces determinante
contribuyendo a la fuerte caída de la
natalidad que debilita el tejido social, compromete la relación entre
las generaciones y hace que sea más
incierta la mirada hacia el futuro. La
apertura a la vida es exigencia intrínseca del amor conyugal.
54. Probablemente también en este ámbito es necesario un lenguaje
realista, que sepa comenzar por la
escucha de las personas y que sepa
dar razones de la belleza y de la verdad de una apertura incondicional a
la vida, como aquello de lo que el
amor humano necesita para ser vivido en plenitud. Sobre esta base se
puede apoyar una enseñanza adecuada acerca de los métodos naturales, que permita vivir de manera armónica y consciente la comunicación
entre los esposos, en todas sus dimensiones, junto a la responsabilidad generativa. En esta luz, se redescubre el mensaje de la encíclica
Humanae vitae de Pablo VI, que subraya la necesidad de respetar la
dignidad de la persona en la valoración moral de los métodos de regulación de la natalidad.
55. Por lo tanto, se debe ayudar a
vivir la afectividad, también en el
Conclusión
58. Las reflexiones propuestas,
fruto del diálogo sinodal llevado a
cabo con gran libertad y con un estilo de escucha recíproca, buscan
plantear cuestiones e indicar perspectivas que deberán ser maduradas
y precisadas por las reflexiones de
las Iglesias locales en el año que nos
separa de la Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos prevista para octubre de 2015. No se
trata de decisiones tomadas, ni de
perspectivas fáciles. Así, pues, el camino colegial de los obispos y la implicación de todo el pueblo de Dios
bajo la acción del Espíritu Santo,
podrán guiarnos para encontrar vías
de verdad y de misericordia para todos. Es la esperanza que desde el
comienzo de nuestros trabajos el Papa Francisco nos ha dirigido invitándonos a la valentía de la fe y a la
acogida humilde y honesta de la verdad en la caridad.
L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 17 de octubre de 2014, número 42
COMUNICACIONES
Colegio episcopal
Monseñor Celso Morga Iruzubieta, arzobispo coadjutor de Mérida-Badajoz (España)
RENUNCIAS:
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral de la archidiócesis
metropolitana de Chicago (Estados
Unidos) que el cardenal FRANCIS
EUGENE GEORGE, O.M.I., le había
presentado en conformidad con el
canon 401 § 1 del Código de derecho canónico.
Francis Eugene George, O.M.I.,
nació en Chicago (Estados Unidos)
el 16 de enero de 1937. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de diciembre de 1963. Juan Pablo II le nombró
obispo de Yakima (Estados Unidos)
el 10 de julio de 1990; recibió la ordenación episcopal el 21 de septiembre sucesivo. El mismo Papa le promovió a arzobispo de Portland en
Oregón el 30 de abril 1996, y el 8 de
abril de 1997, le trasladó a la archidiócesis de Chicago. El Santo Padre
le creó cardenal, del título de San
Bartolomé en la isla Tiberina, en el
consistorio del 21 de febrero de 1998.
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral de la diócesis de
Salford (Inglaterra) que monseñor
TERENCE JOHN BRAIN le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho
canónico.
Terence John Brain nació en Coventry, archidiócesis de Birmingham,
el 19 de diciembre de 1939. Recibió
la ordenación sacerdotal el 22 de febrero de 1964. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Amudarsa y
Enviado especial
El Santo Padre ha nombrado enviado especial suyo para las celebraciones del 500º aniversario de
la evangelización de Myanmar,
que tendrá lugar en Yangón del
21 al 23 de noviembre de 2014, al
cardenal OSWALD GRACIAS, arzobispo de Bombay (India).
Audiencias pontificias
EL SANTO PADRE
HA RECIBID O EN AUDIENCIA:
Sábado 11 de octubre
—Al cardenal Marc Oullet,
prefecto de la Congregación
para los obispos.
P.S.S.,
—Al cardenal Geraldo Majella
Agnelo, arzobispo emérito de San
Salvador de Bahía (Brasil).
—A monseñor Francesco Moraglia, patriarca de Venecia (Italia).
auxiliar de Birmingham el 5 de febrero de 1991; recibió la ordenación
episcopal el 25 de abril sucesivo. El
mismo Papa le trasladó a la sede de
Salford el 2 de septiembre de 1997.
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral de la diócesis de
Arundel y Brighton (Inglaterra) que
monseñor KIERAN CONRY le había
presentado en conformidad con el
canon 401 § 2 del Código de derecho canónico.
Kieran Conry nació en Coventry,
archidióces de Birmingham, el 1 de
febrero de 1951. Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de julio de 1975.
Juan Pablo II le nombró obispo de
Arundel y Brighton el 8 de mayo de
2001; recibió la ordenación episcopal
el 9 de junio sucesivo.
EL PAPA
HA NOMBRAD O:
—Arzobispo metropolitano de Chicago (Estados Unidos) a monseñor
BLASE J. CUPICH, hasta ahora obispo de Spokane.
Blase J. Cupich nació en Omaha
el 19 de marzo de 1949. Recibió la
ordenación sacerdotal el 16 de agosto de 1975. Juan Pablo II le nombró
obispo de Rapid City el 7 de julio
de 1998; recibió la ordenación episcopal el 21 de septiembre del mismo
año. Benedicto XVI le trasladó a la
diócesis de Spokane el 30 de junio
de 2010.
—Arzobispo metropolitano de Liubliana (Eslovenia) al padre STANE
ZORE, O.F.M.
Stane Zore, O.F.M., nació en Sel
pri Kamniky, archidiócesis de Liubliana, el 7 de septiembre de 1958.
Ingresó en la Orden de Frailes Menos, donde recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1985. En
su ministerio ha desempeñado, entre
otros, los siguientes cargos: vicario
parroquial, párroco, rector del santuario nacional de Brezje y de Sveta
Gora, guardián en diversas comunidades, maestro de novicios, ministro
provincial y presidente de la Conferencia de religiosos y religiosas de
Eslovenia.
—Arzobispo metropolitano de Sydney (Australia) a monseñor ANTHONY COLIN FISHER, O.P., hasta ahora
obispo de Parramatta.
Anthony Colin Fisher, O.P., nació
en Sydney el 10 de marzo de 1960.
Recibió la ordenación sacerdotal el
14 de septiembre de 1991. Juan Pablo
II le nombró obispo titular de Buruni y auxiliar de Sydney el 16 de julio
de 2003; recibió la ordenación episcopal el 3 de septiembre sucesivo.
Benedico XVI le nombró obispo de
Parramatta el 8 de enero de 2010.
—Arzobispo coadjutor de MéridaBadajoz (España) a monseñor CELSO MORGA IRUZUBIETA, hasta ahora
arzobispo titular de Alba marittima
y secretario de la Congregación para
el clero.
Celso Morga Iruzubieta nació en
Huércanos, diócesis de Calahorra y
La Calzada-Logroño (España), el 28
de enero de 1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 24 de junio de
1972. Benedicto XVI le nombró arzobispo titular de Alba marittima y secretario de la Congregación para el
clero el 29 de diciembre de 2010; recibió la ordenación episcopal el 5 de
febrero de 2011.
—Obispo de Salford (Inglaterra) a
monseñor JOHN ARNOLD, hasta ahora obispo titular de Lindisfarna y
auxiliar de Westminster.
John Arnold nació en Sheffield,
diócesis de Hallam, el 12 de junio de
1953. Recibió la ordenación sacerdotal el 16 de julio de 1983. Benedicto
XVI le nombró obispo titular de Lindisfarna y auxiliar de Westminster el
6 de diciembre de 2005; recibió la
ordenación episcopal el 2 de febrero
de 2006.
—Obispo de Erfurt (Alemania) a
monseñor ULRICH NEYMEYR, hasta
ahora obispo titular de Maraguia y
auxiliar de Maguncia.
Ulrich Neymeyr nació en WormsHermsheim, diócesis de Maguncia,
el 12 de agosto de 1957. Recibió la
ordenación sacerdotal el 12 de junio
de 1982. Juan Pablo II le nombró
obispo titular de Maraguia y auxiliar
de Maguncia el 20 de febrero de
2003; recibió la ordenación episcopal
el 21 de abril sucesivo.
—Obispo de Formosa (Brasil) a
monseñor JOSÉ RONALD O RIBEIRO,
hasta ahora obispo de Janaúba.
José Ronaldo Ribeiro nació en
Uberaba el 28 de febrero de 1957.
Recibió la ordenación sacerdotal el 5
de mayo de 1985. Benedicto XVI le
nombró obispo de Janaúba el 6 de
junio de 2007; recibió la ordenación
episcopal el 28 de julio sucesivo.
—Obispo titular de Torri della Concordia y auxiliar de Nápoles (Italia)
al presbítero SALVATORE ANGERAMI.
Salvatore Angerami nació en Nápoles el 26 de noviembre de 1956.
Recibió la ordenación sacerdotal el
22 de junio de 1997. Ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos:
vicario parroquial y párroco; delegado episcopal para el culto; confesor
ordinario y director espiritual del seminario mayor; miembro del consejo
de asuntos económicos y de la comisión de arte sacra. En el último pe-
ríodo era rector del seminario diocesano.
—Abad Ordinario de la abadía territorial de Montevergine (Italia) a
dom RICCARD O LUCA GUARIGLIA,
O.S.B.
Riccardo Luca Guariglia, O.S.B.,
nació en S. María de Castellabate,
diócesis de Vallo de la Lucania, el 2
de marzo de 1967. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de abril de
2000. Obtuvo la licenciatura en Sagrada Liturgia en el Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma. Ha desempeñado su ministerio como ecónomo, docente de liturgia, consejero
del visitador provincial para Italia,
maestro de novicios y prior claustral.
Luto
en el episcopado
El 25 de agosto, tras una larga
enfermedad, falleció a la edad de
noventa y tres años monseñor JOSÉ WU SHIZHEN, arzobispo de
Nanchang (provincia de Jiangxi,
China Continental). Había nacido el 19 de enero de 1921 en el
condado de Linchuan, en la ciudad de Fuzhou (Jiangxi), de una
familia de larga tradición católica.
Ingresó en el seminario en 1933 a
la edad de doce años, realizó su
formación filosófica y teológica
de 1942 a 1949. Fue ordenado sacerdote por el entonces obispo de
Yujiang, monseñor William Charles Quinn, C.M., el 6 de noviembre de 1949. Después de la ordenación sacerdotal, regresó a su lugar de origen para ocuparse de la
agricultura. Sucesivamente se dedicó a la práctica de la medicina
tradicional china, desempeñando
un servicio de asistencia médica
en algunos hospitales del condado de Linchuan hasta 1980. En
1982 volvió a la diócesis y comenzó su ministerio pastoral en las
comunidades católicas de Linchuan, Jiujiang y Lushan. Monseñor Wu desempeñó su ministerio
en tiempos difíciles. Buscó asegurar una sólida formación humana
y espiritual a los seminaristas y a
las religiosas de su archidiócesis,
reparó y volvió a abrir diversas
iglesias, y guió a las comunidades
locales con celo pastoral. Las exequias tuvieron lugar el 30 de
agosto en la catedral de la Inmaculada Concepción de María en
Songbaixiang (Nanchang). La comunidad diocesana ora al Señor
para que acoja el alma del prelado en su Reino.
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
L’OSSERVATORE ROMANO
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Entrevista al cardenal secretario de Estado sobre la trágica situación en Oriente Medio
No hay que resignarse
Es fundamental el papel de los líderes religiosos para favorecer el diálogo
«No debemos olvidar, no debemos
resignarnos». Es este el llamamiento
lanzado por el secretario de Estado,
cardenal Pietro Parolin, ante las trágicas noticias que siguen llegando
de las zonas de conflicto en Oriente
Medio, y en particular de las zonas
afectadas por la ofensiva del así llamado Estado islámico, con centenares de miles de personas perseguidas
por su fe. En una entrevista a L’O sservatore Romano, el cardenal Parolin ratifica el compromiso de la Santa Sede en favor de las poblaciones
de la región y recuerda cómo, para
debatir acerca de la delicada situación, el Papa Francisco convocara
un consistorio el próximo 20 de octubre, a poco más de dos semanas
del encuentro de los nuncios apostólicos en Oriente Medio convocado
en el Vaticano.
Eminencia, ¿por qué un encuentro de
los representantes pontificios de Oriente
Medio en el Vaticano?
El Santo Padre decidió convocar a
los nuncios apostólicos en Oriente
Medio para dedicar una reflexión
acerca de la dramática situación que
desde hace tiempo se vive en la región y para manifestar cercanía y solidaridad, de su parte y de toda la
Iglesia, a las personas que sufren las
consecuencias de los conflictos en
curso. Particular atención se dedicó
a los cristianos y a los demás grupos
que son perseguidos a causa de su fe
religiosa, especialmente en algunas
zonas de Irak y Siria, por parte del
así llamado Estado islámico. Participaron también en el encuentro los
jefes de los dicasterios de la Curia
romana que tienen responsabilidades
directas hacia la Iglesia católica en
Oriente Medio. La presencia de los
observadores permanentes de la
Santa Sede ante las Naciones
Unidas en Nueva York y en
Ginebra y del nuncio apostólico ante la Unión europea quiso destacar la dimensión y las
consecuencias internacionales de este drama. Estos
representantes del Papa
expresan en ámbitos multilaterales la postura de la
Santa Sede sobre diversas
cuestiones y mantienen
continuos contactos con los
representantes diplomáticos
de numerosos países. De
este modo ha sido posible
un rico intercambio de informaciones y una valoración de la situación partiendo
de la experiencia directa sobre
el terreno para evaluar lo que
puede hacer la Iglesia y lo que
se puede pedir a la comunidad
internacional y salir al encuentro
de la triste situación actual. Una
ulterior confirmación de lo que
le preocupa al Santo Padre
surge de su voluntad de dedicar el consistorio del próximo
20 de octubre a Oriente Medio.
Sobre la base de las informaciones de
los nuncios, ¿qué puede decir de las comunidades cristianas y de los demás
grupos que sufren por la violencia en
la región?
Hemos escuchado con conmoción
y con gran preocupación el testimonio de las atrocidades inauditas cometidas por diversos sectores, pero
sobre todo por los fundamentalistas
del grupo que se denomina a sí mismo Estado islámico: las decapitaciones, la venta de mujeres al mercado,
el reclutamiento de niños en combates sangrientos, la destrucción de los
lugares de culto. Esto ha obligado a
centenares de miles de personas a
huir de sus casas y buscar refugio en
otros sitios en condiciones de precariedad. Son personas
humilladas en su
dignidad y sometidas a sufri-
mientos físicos y morales. Al respecto, los representantes pontificios y
los superiores de los dicasterios presentes en el encuentro reafirmaron el
derecho de los refugiados de regresar y vivir en dignidad y seguros en
el propio país y en el propio ambiente. Se trata de un derecho que
debe ser sostenido y garantizado
tanto por la comunidad internacional como por los Estados de los cuales ellos son ciudadanos.
¿Qué puede hacer la comunidad internacional?
La situación es verdaderamente
compleja. En la base del desarraigo
forzado de millones de personas en
Oriente Medio hay una conflictualidad violenta e inhumana que ve implicados abiertamente o en la penumbra a grupos de mercenarios,
grupos no estatales, potencias regionales y globales. La elección de la
lucha armada, en lugar del diálogo y
de la negociación, multiplica el sufrimiento de todas las poblaciones
implicadas. El camino de la violencia conduce sólo a la destrucción; la
senda de la paz conduce a la esperanza y al progreso. En varias
ocasiones y con iniciativas asumidas en primer lugar por el
Santo Padre —como su peregrinación a Tierra Santa, la
oración en el Vaticano con
los presidentes israelí y palestino, y sus mensajes a todo el
mundo— la Santa Sede reafirmó
la convicción surgida de la experiencia que con la guerra todo se
pierde y con la paz todo está ganado. El primer paso urgente para el
bien de la población de Siria, de
Irak y de todo Oriente Medio es deponer las armas y dialogar. La destrucción de ciudades y poblados, el
asesinato de civiles inocentes, de
mujeres y niños, jóvenes reclutados y
forzados a combatir y la separación
de familias, nos dicen que es una
obligación moral para todos decir
basta a tanto sufrimiento e injusticia
y comenzar un nuevo camino en el
que todos participen con iguales derechos y deberes como ciudadanos
comprometidos en la construcción
del bien común, en el respeto de las
diferencias y los talentos de cada
uno.
En diversas ocasiones el Papa Francisco denunció cómo el tráfico de armas
está en la base de todas las guerras.
Es verdad, tristemente. Especular
y obtener ganancias a partir de la vida de los demás suscita serias cuestiones éticas. En un momento de
particular gravedad, dado el número
creciente de víctimas causadas por
los conflictos surgidos en Oriente
Medio, la comunidad internacional
debe afrontar la cuestión. Mientras
más disponibles están las armas, con
más facilidad se es tentado. En lo
que respecta al así llamado Estado
islámico, la cuestión es aún más grave y sería necesario incluso prestar
atención a las fuentes que sostienen
sus actividades terrorísticas a través
de un más o menos claro apoyo político, además del comercio ilegal de
petróleo y el abastecimiento de armas y tecnología.
¿Es lícito el uso de la fuerza para detener al así llamado Estado islámico?
Como se afirmó también en el comunicado final, los participantes en
el encuentro reafirmaron que es lícito detener al agresor injusto, siempre
en el respeto del derecho internacional. Cuando el Santo Padre, al responder a una pregunta de los periodistas afirmó que es lícito detener al
agresor injusto, precisó: «Subrayo el
verbo: detener. No digo bombardear, declarar la guerra, sino detenerlo. Habrá que estudiar los medios con los que se le puede detener». Por mi parte quise desarrollar
algunas ideas al respecto en mi reciente discurso a la Asamblea general de las Naciones Unidas. En cualquier caso, como se reafirmó en el
encuentro, no se puede confiar la resolución del problema sólo a la respuesta militar. Este se debe afrontar
con mayor profundidad a partir de
las causas que están en el origen del
mismo y de las que saca provecho la
ideología fundamentalista. La comunidad internacional a través de las
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L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 17 de octubre de 2014, número 42
La trágica situación en Oriente Medio
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Naciones Unidas y las estructuras
que formó para tales emergencias
deberá actuar para prevenir posibles
genocidios y para atender a los numerosos refugiados que corren el
riesgo de una vida en medio de estrecheces y una muerte lenta pero
cierta. En el caso específico de las
violaciones y los abusos cometidos
por el así llamado Estado islámico
parece oportuno que los Estados de
la región se vean directamente implicados, junto al resto de la comunidad internacional, en las acciones a
emprender, con la consciencia de
que no se trata de proteger a una u
otra comunidad religiosa o a uno u
otro grupo étnico, sino a personas
que son parte de la única familia humana y cuyos derechos fundamentales son violados sistemáticamente.
tensión de formar un califato y de
denominarse «Estado islámico», sino
también para condenar más en general las prácticas indignas del hombre
cometidas por los extremistas, como
el asesinato de personas por el solo
motivo de su pertenencia religiosa.
Come dijo el Santo Padre en Albania: «¡Matar en nombre de Dios es
un gran sacrilegio! Discriminar en
nombre de Dios es inhumano». Al
respecto se deben destacar y apreciar
las expresiones de solidaridad hacia
los cristianos y los demás grupos
que sufren en Irak por parte de algunos líderes musulmanes y responsables políticos islámicos que han
condenado las acciones del Estado
islámico. Ellas merecen ser alentadas. Como afirma una importante y
reciente declaración del Consejo
pontificio para el diálogo interreligioso: «La dramática situación de
los cristianos, de los yasidíes y de las
demás comunidades religiosas y étnicas numéricamente minoritarias en
Irak exige una toma de posición clara y valiente por parte de los respon-
¿Cómo responder a la grave emergencia
humanitaria en la región?
¿Y los líderes religiosos?
Los líderes religiosos, judíos, cristianos y musulmanes, pueden y deben desempeñar un papel fundamental para favorecer el diálogo entre las religiones y las culturas, y la
educación en la mutua comprensión.
Además, ellos deben denunciar claramente la instrumentalización de la
religión para justificar la violencia.
En el caso concreto del así llamado
Estado islámico una responsabilidad
particular recae en los líderes musulmanes no sólo por desmentir su pre-
sables religiosos, sobre todo musulmanes, de las personas comprometidas en el diálogo interreligioso y de
todas las personas de buena voluntad. Todos deben ser unánimes en
condenar sin ambigüedad alguna estos crímenes y denunciar la práctica
de invocar la religión para justificarlos. De lo contrario, ¿qué credibilidad tendrán las religiones, sus seguidores y sus jefes? ¿Qué credibilidad
podría tener todavía el diálogo interreligioso pacientemente buscado en
estos últimos años?».
Refugiados sirios en un campamento del distrito Suruc, en Sanliurfa, Turquía (Ansa)
Tercer congreso mundial
de movimientos eclesiales y nuevas comunidades
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ciparán también obispos provenientes de realidades
diocesanas y de organismos de la Curia romana, como
signo concreto de comunión eclesial. El objetivo es manifestar la alegre adhesión de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades a la invitación del Papa de entrar en la «dinámica de la salida misionera».
La cita de noviembre había comenzado a tomar forma después del encuentro entre las diversas realidades
asociativas internacionales, que tuvo lugar el 27 de junio del año pasado en la sede del dicasterio en el Palacio san Calixto. En esa ocasión se inició una reflexión
común sobre el tema: «Un nuevo Papa, un nuevo inicio». El Consejo pontificio para los laicos consultó a
los nuevos movimientos eclesiales y nuevas comunidades respecto a la organización, la logística y las principales temáticas para afrontar en el Congreso mundial.
Y a esta cita los superiores del dicasterio dedicaron
también el encuentro anual con los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, que se llevó a cabo el pasado 27 de junio. El obispo Josef Clemens, secretario
del Consejo pontificio para los laicos, llevando a los
congregados también el saludo del cardenal presidente
Stanisław Ryłko, agradeció la numerosa y solícita adhesión, recordando los precedentes históricos y destacando como línea fundamental de preparación para la edición de noviembre la invitación del Papa Francisco,
contenida en la Evangelii gaudium, para edificar una
Iglesia en salida, que se convierta en protagonista de la
propia transformación misionera también a través de la
colaboración de los movimientos eclesiales y nuevas
comunidaes, porque «las demás instituciones eclesiales,
comunidades de base y pequeñas comunidades, movimientos y otras formas de asociación, son una riqueza
de la Iglesia que el Espíritu suscita para evangelizar todos los ambientes y sectores. Muchas veces aportan un
nuevo fervor evangelizador y una capacidad de diálogo
con el mundo que renuevan a la Iglesia» (n. 29). Por
esto, continuó el obispo secretario, «el congreso de noviembre quiere ser una respuesta clara y decidida de
los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades
acerca de su aportación para un despertar misionero en
toda la Iglesia».
Monseñor Antonio Grappone, jefe de oficina del dicasterio, presentó además el programa, destacando el
profundo significado de las temáticas tratadas y reconduciéndolas a la exigencia de conversión y de reforma
que interpela personalmente a todos los cristianos y a
Iglesia en su conjunto y que, según lo que afirmó el
Papa en la Evangelii gaudium (n. 130) se dirige también, de modo especial, a todas las realidades que el
Espíritu Santo quiso inspirar en el seno de la Iglesia
de nuestros días determinando la «nueva época asociativa de los fieles laicos» (Christifideles laici, n. 29).
Por último los superiores y oficiales del dicasterio escucharon las numerosas intervenciones de los participantes en el encuentro, que demostraron el profundo
conocimiento de los movimientos eclesiales y nuevas
comunidades respecto a su propio papel en este programa de conversión y de reforma. Surgieron además
la voluntad y el deseo para que el Congreso se muestre
como una ocasión fecunda para analizar cómo cada
uno según el carisma propios y en comunión profunda
con toda la Iglesia y las demás realidades pueda aportar su contribución de madurez y el compromiso dentro del proyecto deseado por el Papa Francisco.
Monseñor Clemens recordó, por último, que la modalidad del Congreso mundial será la del encuentro,
del diálogo y la escucha recíproca. No se tratará, por
tanto, de un encuentro de carácter académico, con conferencistas que hablen a una platea de oyentes, sino de
un mutuo intercambio de ideas, reflexiones y experiencias en donde los mismos congresistas, en los numerosos y amplios espacios reservados al debate y en los
momentos comunitarios, puedan convertirse en actores
principales compartiendo consideraciones y valoraciones.
Es necesaria una renovada voluntad de solidaridad por parte de la
comunidad internacional y de sus
estructuras humanitarias para abastecer con alimento, agua, habitación,
educación para los jóvenes y asistencia médica para los desplazados y
refugiados en todo Oriente Medio.
Las cifras del drama humanitario
son impresionantes. En Siria, por
ejemplo, la mitad de la población
necesita asistencia humanitaria, por
no hablar del drama de los refugiados, que se cuentan por millones. Y
detrás de cada número hay una persona concreta que sufre, un hermano
nuestro que necesita ayuda. La Iglesia, por su parte, busca dar su aportación, en especial a través de las
Cáritas locales ayudadas por diversas agencias caritativas católicas que
asisten no sólo a los cristianos sino a
todos los que sufren, sin ninguna
discriminación. Al respecto me urge
indicar que la asistencia humanitaria
a los necesitados puede ofrecer también un marco de colaboración entre
cristianos y musulmanes.
¿Qué se puede decir a quien sufre en
Oriente Medio?
A todas las víctimas de injusticias
y violencia los participantes en el encuentro aseguraron su cercanía espiritual y su compromiso en apoyar
toda iniciativa práctica que lleve a la
reconciliación y a la paz y asegure
los medios necesarios para atender a
quien pasa necesidad, hasta la deseada normalización de la situación en
los países afectados. Al mismo tiempo, pidieron y reafirmaron la importancia de dirigirse al Señor, el único
que puede dar la paz verdadera. En
particular para los cristianos la palabra de esperanza no es otra más que
Jesucristo mismo, que venció el mal,
el pecado y la muerte y nos asegura
que el mal jamás tiene la última palabra. Como dice la exhortación
postsinodal Ecclesia in Medio Oriente,
«los cristianos sabemos que sólo Jesús, habiendo pasado por la tribulación y la muerte para resucitar, puede traer la salvación y la paz a todos
los habitantes de esta región del
mundo» [n. 8]. Siento como una
responsabilidad de toda la Iglesia
sostener con la oración y con todo
medio posible a nuestros hermanos
cristianos que confiesan su fe en
Oriente Medio y animarlos a seguir
siendo en su tierra una presencia significativa para el bien de toda la sociedad. Y a todos dirijo un sentido
llamamiento: no debemos olvidar y
no debemos resignarnos.
número 42, viernes 17 de octubre de 2014
L’OSSERVATORE ROMANO
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donde todos van y vienen». Falta la
intimidad. Y allí «el Señor no puede
hablar y ni siquiera ser escuchado».
Entonces sucede que, incluso si
nuestro corazón «es precisamente el
lugar para recibir al Espíritu Santo»,
sin la adecuada vigilancia «el Espíritu acaba en un rincón», como si lo
encerráramos en «un armario». Y
ahí el Espíritu está «triste».
Así pues, ¿cómo se puede evitar
que ocurra esto? Para dar una respuesta, el Papa recurrió una vez más
al Evangelio. Y citó una expresión
usada por Jesús, «que parece algo
extraña: “Quien no recoge conmigo,
desparrama”». Partiendo de la palabra «recoger», el Papa Francisco explicó que es necesario «tener un corazón recogido», un corazón en el
que logramos ser conscientes de lo
«que sucede». En este sentido, es recomendable la práctica, muy antigua
«pero buena», del examen de conciencia. «Quién de nosotros —se preguntó el Pontífice— a la noche, antes
de terminar el día, cuando se queda
solo» y en silencio, «no se pregunta:
¿qué sucedió hoy en mi corazón?
¿Qué sucedió? ¿Qué cosas pasaron
por mi corazón?».
Es un ejercicio importante, una
verdadera «gracia» que puede ayudarnos a ser buenos custodios. Porque, como recordó el Papa, «los diablos vuelven siempre, incluso hasta
el final de la vida». Y para vigilar
que los demonios no entren en nuestro corazón es necesario saber «estar
en silencio ante nosotros mismos y
ante Dios», para verificar si en nuestra casa «entró alguien» que no conocemos y si «la llave está en su lugar». El Papa concluyó diciendo que
esto «nos ayudará a defendernos de
muchas maldades, incluso de las que
nosotros mismos podamos realizar».
Porque «estos demonios son muy
astutos» y capaces de engañar a todos.
Misa del Pontífice en Santa Marta
Jesús». Pero precisamente por eso
«Jesús los reprende» en diversas
ocasiones: «Vosotros, ¿no sois capaces de distinguir los signos de los
tiempos?», les dice en el Evangelio
de Mateo recurriendo a la imagen
de la higuera: «cuando las ramas se
ponen tiernas y brotan las yemas,
deducís que el verano está cerca, y
vosotros no entendéis los signos de
los tiempos».
El Papa Francisco exhortó a interrogarse acerca del motivo por el
que los doctores de la ley no entendían los signos de los tiempos, invo-
Al respecto, el obispo de Roma
reconoció que se trataba de una ley
«hecha por amor, para ser fieles a
Dios», pero se había convertido ya
en un sistema normativo cerrado.
Ellos «simplemente habían olvidado
la historia. Habían olvidado que
Dios es el Dios de la ley», pero es
también «el Dios de las sorpresas. Y
también a su pueblo, Dios le reservó
sorpresas muchas veces»: basta pensar en «cómo los salvó» en el mar
Rojo de la esclavitud de Egipto, recordó el Papa.
A pesar de esto ellos «no entendían que Dios es siempre nuevo; jamás reniega de sí mismo, jamás dice
que lo que había dicho era un error,
jamás; sino que siempre sorprende.
Y ellos no entendían y se cerraban
en ese sistema hecho con tanta bue-
El Dios de las
sorpresas
«Un corazón que ame la ley, porque
la ley es de Dios», pero «que ame
también las sorpresas de Dios», porque su «ley santa no es un fin en sí
misma»: es un camino, «es una pedagogía que nos lleva a Jesucristo».
Es lo que el Papa Francisco invitó a
pedir al Señor en la oración, durante
la misa celebrada el lunes 13 de octubre.
En la homilía el Pontífice se detuvo sobre todo en el pasaje del Evangelio de san Lucas (11, 29-32) en el
que Jesús reprende a la muchedumbre que se amontonaba para escucharlo como «una generación perversa» porque «pide un signo». Según el obispo de Roma «es evidente
que Jesús habla a los doctores de la
ley», que «varias veces en el Evangelio» le piden «un signo». Ellos, en
efecto, «no veían muchos signos de
Miguel Ángel, «El profeta Jonás» (Capilla Sixtina)
cando un signo extraordinario. Y
propuso algunas respuestas: la primera es que «estaban cerrados. Estaban cerrados en su sistema, tenían
perfectamente acomodada la ley, una
obra maestra. Todos los judíos sabían qué se podía hacer, qué no se
podía hacer, hasta dónde se podía
llegar. Estaba todo ordenado». Pero
Jesús los desconcierta haciendo «cosas extrañas», como «ir con los pecadores, comer con los publicanos».
Y esto a los doctores de la ley «no
les gustaba, era peligroso; estaba en
peligro la doctrina, que ellos, los
teólogos, habían hecho durante siglos».
na voluntad; y pedían» a Jesús que
les diera «una señal», continuando
sin entender «los numerosos signos
que hacía Jesús» y permaneciendo
en una actitud de total «cerrazón».
La segunda respuesta a la pregunta inicial, destacó el Pontífice, se dirige al hecho de que ellos «habían
olvidado que eran un pueblo en camino. Y cuando uno está en camino,
se encuentra siempre cosas nuevas,
cosas que no conoce. Y estas cosas
debían asumirlas con un corazón fiel
al Señor, en la ley». Pero también en
este caso, «un camino no es absoluto en sí mismo, es el camino hacia
un punto: hacia la manifestación de-
finitiva del Señor». Por lo demás,
toda «la vida es un camino hacia la
plenitud de Jesucristo, cuando vendrá por segunda vez. Es un camino
hacia Jesús, que regresará en la gloria, como habían dicho los ángeles a
los apóstoles el día de la ascensión».
En definitiva, afirmó el Papa
Francisco repitiendo las palabras del
pasaje evangélico, «esta generación
pide un signo, pero no se le dará
más signo que el signo de Jonás»: o
bien —aclaró— «el signo de la resurrección, de la gloria, de esa gloria
escatológica hacia la que vamos de
camino». Pero muchos de sus contemporáneos «estaban cerrados en sí
mismos, no abiertos al Dios de las
sorpresas»; eran hombres y mujeres
que «no conocían el camino y ni siquiera esta escatología, hasta tal
punto que cuando en el Sanedrín, el
sacerdote pregunta a Jesús: “Pero
responde, ¿eres tú el Hijo del hombre?” y Jesús dice: “Yo soy. Y veréis
al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las
nubes del cielo”, estos se desgarraron las vestiduras, se escandalizaron.
“¡Ha blasfemado! ¡Blasfema!”, gritaban». El signo que Jesús les da era
una blasfemia para ellos.
Por ese motivo, explicó el Papa,
Jesús les define «generación perversa», en cuanto que «no entendieron
que la ley que custodiaban y amaban era una pedagogía hacia Jesucristo». En efecto, «si la ley no lleva
a Jesucristo, no nos acerca a Jesucristo, está muerta». Es por esto que
Jesús reprende a los miembros de
esa generación «por estar cerrados
cerrados, por no ser capaces de conocer los signos de los tiempos, por
no estar abiertos al Dios de las sorpresas, que no están en camino hacia
ese triunfo final del Señor», hasta el
punto que «cuando Él lo explicita,
ellos creen que es una blasfemia».
De aquí la recomendación final de
reflexionar sobre este tema, de interrogarse sobre los dos aspectos, preguntándose: «¿Estoy apegado a mis
cosas, a mis ideas, cerrado? O ¿estoy
abierto al Dios de las sorpresas?». Y
también: «¿Soy una persona inactiva, o una persona que camina?». Y,
en definitiva, concluyó, «¿creo en
Jesucristo y en lo que hizo», es decir
«que murió, resucitó... creo que el
camino siga adelante hacia la madurez, hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de entender los signos de los tiempos y ser
fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos?».
L’OSSERVATORE ROMANO
página 20
viernes 17 de octubre de 2014, número 42
En la audiencia general del miércoles 15 el Papa Francisco habla de la Iglesia que espera el encuentro final con el Esposo
En la tienda de Dios
Donde ya no habrá prevaricaciones o distinciones sociales, étnicas y religiosas
«La Iglesia está llamada a convertirse en ciudad, símbolo por excelencia de la
convivencia y de la relacionalidad humana», donde «ya no habrá aislamientos,
prevaricaciones y distinciones de naturaleza social, étnica o religiosa».
Lo puso de relieve el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 15
de octubre en la plaza de San Pedro. Continuando las reflexiones dedicadas
a la Iglesia, el Pontífice habló de la «espera del encuentro final con el Esposo».
Queridos hermanos
¡buenos días!
y
hermanas,
Durante este tiempo hemos hablado de la Iglesia, de nuestra santa
madre Iglesia jerárquica, el pueblo
de Dios en camino. Hoy queremos
preguntarnos: al final, ¿qué será del
pueblo de Dios? ¿Qué será de cada
uno de nosotros? ¿Qué debemos esperar? El apóstol Pablo animaba a
los cristianos de la comunidad de
Tesalónica, que se planteaban estas
mismas preguntas, y después de su
argumentación decían estas palabras
que están entre las más hermosas del
Nuevo Testamento: «Y así estaremos
siempre con el Señor» (1 Ts 4, 17).
Son palabras sencillas, ¡pero con
una densidad de esperanza tan grande! «Y así estaremos siempre con el
Señor». ¿Creéis vosotros esto?... Me
parece que no. ¿Creéis? ¿Lo repetimos juntos? ¿Tres veces?: «Y así estaremos siempre con el Señor». «Y
así estaremos siempre con el Señor».
«Y así estaremos siempre con el Señor». Es emblemático cómo en el libro del Apocalipsis Juan, retomando
la intuición de los profetas, describe
la dimensión última, definitiva, en
los términos de la «nueva Jerusalén
que descendía del cielo, de parte de
Dios, preparada como una esposa
que se ha adornado para su esposo»
(Ap 21, 2). He aquí lo que nos espera. He aquí, entonces, quién es la
Iglesia: es el pueblo de Dios que sigue al Señor Jesús y que se prepara
día tras día para el encuentro con
Él, como una esposa con su esposo.
Y no es sólo un modo de decir: será
una auténtica boda. Sí, porque Cristo, haciéndose hombre como nosotros y haciendo de todos nosotros
una sola cosa con Él, con su muerte
y su resurrección, se ha verdaderamente casado con nosotros y ha hecho de nosotros como pueblo su esposa. Y esto no es otra cosa más que
la realización del designio de comunión y de amor tejido por Dios en el
curso de toda la historia, la historia
del pueblo de Dios y también la historia de cada uno de nosotros. Es el
Señor quien lleva adelante esto.
Hay otro elemento, sin embargo,
que nos anima ulteriormente y nos
abre el corazón: Juan nos dice que
en la Iglesia, esposa de Cristo, se
hace visible la «nueva Jerusalén».
Esto significa que la Iglesia, además
de esposa, está llamada a convertirse
en ciudad, símbolo por excelencia
de la convivencia y la relacionalidad
humana. ¡Qué hermoso es, entonces,
ya poder contemplar, según otra
imagen también sugestiva del Apo-
calipsis, a todas las gentes y a todos
los pueblos reunidos juntos en esta
ciudad, como en una tienda, «la
tienda de Dios!» (cf. Ap 21, 3). Y en
este marco glorioso ya no habrá aislamientos, prevaricaciones y distinciones de algún tipo —de naturaleza
social, étnica o religiosa—, sino que
seremos todos una sola cosa en
Cristo.
Los tuits en
@Pontifex_es
9 O CT [12.45 PM] Queridos jóvenes, Cristo cuenta con ustedes para que sean sus amigos y
testigos de su amor infinito
11 O CT [11.11 AM] La fuerza espiritual de los sacramentos es
inmensa. Con la gracia podemos superar cualquier obstáculo
14 O CT [12.45 PM] Conforta, Señor, a cuantos sufren, especialmente a los enfermos, a los necesitados, a los desempleados
La invitación dirigida a los fieles
Sigamos rezando por el Sínodo
El Santo Padre invitó a los fieles presentes en la
plaza de San Pedro a seguir rezando por el Sínodo
de los obispos sobre la familia, reunido en el Vaticano del 5 al 19 de octubre sobre el tema: «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la
evangelización». Al final de la audiencia general,
como es costumbre, el Papa saludó a los diversos
grupos. Al dirigirse a los jóvenes, a los enfermos y
a los recién casados dijo: «Sigamos invocando la
intercesión de la Virgen María sobre el Sínodo para
la familia». A los jóvenes, prosiguiendo con el saludo, recomendó dar gracias siempre «por el don de
la familia», a los enfermos les pidió: «unid el ofrecimiento de vuestro sufrimiento a la intención de
oración por la paz en las familias», y a los recién
casados les dijo: «vosotros, queridos recién casados,
fundad vuestra casa conyugal sobre la roca de la
Palabra de Dios».
En presencia de este escenario
inaudito y maravilloso, nuestro corazón no puede dejar de sentirse confirmado con fuerza en la esperanza.
Mirad, la esperanza cristiana no es
sencillamente un deseo, un auspicio,
no es optimismo: para un cristiano,
la esperanza es espera, espera ferviente, apasionada de la realización
última y definitiva de un misterio, el
misterio del amor de Dios, en quien
hemos renacido y en quien ya vivimos. Y es espera de alguien que está
por llegar: es el Cristo Señor que se
hace cada vez más cercano a nosotros, día tras día, y que viene a introducirnos finalmente en la plenitud
de su comunión y de su paz. La
Iglesia, entonces, tiene la tarea de
mantener encendida y bien visible la
lámpara de la esperanza, para que
pueda seguir resplandeciendo como
signo seguro de salvación e iluminando a toda la humanidad el sendero que conduce al encuentro con
el rostro misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas,
he aquí, entonces, lo que esperamos:
¡que Jesús regrese! La Iglesia esposa
espera a su esposo. Debemos, pues,
preguntarnos con mucha sinceridad:
¿somos de verdad testigos luminosos
y creíbles de esta espera, de esta esperanza? ¿Viven aún nuestras comunidades en el signo de la presencia
del Señor Jesús y en la cálida espera
de su venida, o bien se presentan
cansadas, adormecidas, bajo el peso
del agotamiento y de la resignación?
¿Corremos también nosotros el riesgo de agotar el aceite de la fe y el
aceite de la alegría? ¡Estemos atentos!
Invoquemos a la Virgen María,
madre de la esperanza y reina del
cielo, para que nos mantenga siempre en una actitud de escucha y de
espera, para poder ser ya ahora permeados por el amor de Cristo y participar un día en la alegría sin fin,
en la plena comunión de Dios. No
lo olvidéis, jamás olvidarlo: «Y así
estaremos siempre con el Señor» (1
Ts 4, 17). ¿Lo repetimos? ¿Tres veces
más? «Y así estaremos siempre con
el Señor». «Y así estaremos siempre
con el Señor». «Y así estaremos
siempre con el Señor».