Descargar todas las pestañas en un sólo archivo PDF

Dominicos | Orden de Predicadores
Homilías
Ciclo
B
V Domingo de Cuaresma
22/03/2015
Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.
Introducción Desde que se inició el tiempo cuaresmal, y de la mano de la pedagogía de las lecturas del ciclo B, hemos sido
conducidos por diversos escenarios emparentados con lugares especialmente significativos para la fe bíblica.
Todo comenzó en el desierto, lugar de la prueba y de la tentación. A continuación fuimos conducidos al monte de la Transfiguración
para vivir una experiencia anticipada de la Pascua. El tercer domingo nos ubicó en el espacio espiritual de Israel sostenido por la Ley y
por el Templo. El cuarto domingo centró la atención en la fiesta de la Pascua. Allí nos sitúa también este quinto domingo, subrayando
así, mucho más nítidamente, la cercanía de nuestra propia celebración pascual de 2015.
Visto así, estos escenarios bíblicos (Desierto, Monte, Ley, Templo y Pascua) son hitos que dan qué pensar a los que ajustan su paso al
ritmo de la liturgia cuaresmal dominical. Una clave se vislumbra en esta didáctica. Una clave que hace suya la palabra de Dios en este
quinto domingo y que, además, sirve también para interpretar la Escritura: Desierto, Monte, Ley, Templo y Pascua se han de leer a la
luz de Jesucristo. Dicho de manera comprensible y aplicada a los textos de este V Domingo: la Alianza y la misma Pascua adquieren en
Jesús un significado nuevo; en Él se cumplen de una manera única y significativa; se trata, claro, del sentido cristiano que, como Iglesia,
celebramos los seguidores de Jesús en este tiempo cuaresmal que ya está llegando a su término.
Fr. Vicente Botella Cubells O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)
Lecturas
Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34
«Mirad que llegan días –oráculo del Señor–
en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá
una alianza nueva.
No como la alianza que hice con sus padres,
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto:
ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor
–oráculo del Señor–.
Sino que así será la alianza que haré con ellos,
después de aquellos días –oráculo del Señor–
Meteré mi ley en su pecho,
la escribiré en sus corazones;
yo seré su Dios,
y ellos serán mi pueblo.
Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo,
el otro a su hermano, diciendo:
"Reconoce al Señor."
Porque todos me conocerán,
desde el pequeño al grande
–oráculo del Señor–,
cuando perdone sus crímenes
y no recuerde sus pecados.»
Sal 50, 3-4. 12-13. 14-15 R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.
Lectura de la carta a los Hebreos 55 7-9
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando
en su angustia fue escuchado.
El, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen
en autor de salvación eterna.
Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 20-33
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándosela Felipe, el de Betsaida de
Galilea, le rogaban:
– «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó:
– «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.
Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, que a infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo
se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este, mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y
donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu
nombre.»
Entonces vino una voz del cielo:
–«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:
–«Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado
fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba morir.
Comentario bíblico
Primera lectura: Jr 31,31 34.
Marco: El capítulo 31 forma parte de un conjunto que se ha convenido en llamar "Libro de la Consolación" que abarca los capítulos 30
31. Con las reformas de Josías, nació la esperanza en el regreso de los desterrados del 721 al reino de David restaurado. Este
conjunto expresa esta esperanza: Yahvé ama aún al Israel del norte, traerá a los desterrados a sus tierras, con la unidad religiosa
recuperada en torno a Sión. Este anuncio del regreso se extendió luego a Judá, al ser conquistado y deportado. Algunos oráculos
posteriores y algunas glosas asocian a Judá con Israel, dando así al Libro de la Consolación su alcance definitivo y mesiánico: Israel y
Judá serán reunidos, para servir en su tierra a Yahvé su Dios. Esta reunión del Israel dispersado será uno de los temas principales de
los profetas del destierro (Deutero Isaías y Ezequiel) (BJ nota a 30). En este plan de Dios hay que leer nuestro fragmento.
Reflexiones:
1ª) ¡El Dios Fiel insiste una y otra vez!
Mirad que llegan días oráculo del Señor en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. Lo decisivo, lo que nos
conduce más allá de todo lo que hasta entonces habían anunciado los profetas, es el anuncio de esta nueva alianza que Yahvé quiere
establecer con Israel. Es evidente que se trata de algo muy distinto de esto otro: que Yahvé hubiera dicho que se acercaban días que
de nuevo se acordará del pacto que había establecido con Israel. No, el pacto antiguo esta roto, e Israel está a los ojos de Jeremías sin
ningún pacto o alianza. Lo determinante es que no se haga ningún intento (como por ejemplo en el Deuteronomio) para colocar a Israel
sobre los antiguos cimientos. El nuevo pacto es precisamente eso, nuevo, e irá más allá que el antiguo en un punto esencial. No es que
Dios se proponga ofrecer una nueva autorrevelación como en el Sinaí. Dios es Fiel y mantiene lo estipulado. Por su parte todo sigue
adelante. El problema lo planteamos los hombres con nuestra actitud frente al pacto de Dios. La nueva alianza reemplaza a la antigua
porque había sido rota y porque Israel no la aceptó. Pero Dios sigue adelante con su plan y proyecto salvadores. Esa es la garantía
más auténtica que puede ofrecer a los hombres. Dios no se desdice. Afirmará Pablo: En cuanto a la elección son amados en atención a
sus padres. Que los dones y la vocación de Dios son irrevocables...¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos (Rm 11,28.29.33)
2ª) ¡Dios sorprende: una alianza totalmente nueva!
No como la que hice con vuestros padres...Así será la alianza que haré con ellos: meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus
corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. La transferencia de la voluntad de Dios a los hombres se realizará de distinta
manera. Si entendemos bien a Jeremías la novedad radicará en que la nueva alianza suprimiría el proceso de las locuciones divinas y
escucha humana. Por el camino de la escucha de la voluntad de Dios, Israel no fue obediente. Yahvé utilizará, en su admirable
pedagogía, otro proceso, otro intento de llegar al corazón del hombre al que quiere conducir a la verdad y a la salvación. Implantará su
voluntad en el mismo corazón del hombre. Llegamos al fondo de una acariciada preocupación de Jeremías que llevó adelante en su
ministerio: la religión del corazón. Las prácticas externas tienen valor en cuanto son proyección y reflejo de lo que anida en el corazón
creyente y obediente a la voluntad de Dios. Es un paso importante en las relaciones del hombre con Dios que quiere llegar al corazón
mismo donde se deciden las actitudes verdaderamente humanas. Un día Jesús plasmará esta intuición de Jeremías: Nada hay fuera del
hombre que, entrando en él, pueda contaminarlo; sino lo que sale del hombre...Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las
intenciones (Mc 7,15.21). Y la insistencia en el sermón de la montaña en entrar en la interioridad, porque allí es donde se da el más
auténtico y válido encuentro entre Dios y el hombre: Y tu Padre que ve en lo secreto te lo recompensará (Mt 6,4.6.18)
Segunda lectura: Hebreos 5,7 9.
Marco: El contexto más próximo es la sección dedicada a relatar que Jesús es un pontífice fiel y compasivo (3,1 9,10) y es
precisamente el final de dicha sección. Ciertamente Jesús es superior a Moisés, pero es un pontífice compasivo. El autor de esta carta
exhortación afirma que Jesús quiso ser tentado en todo como nosotros menos en el pecado y sabemos que fue escrita para consuelo
de los creyentes perseguidos que veían peligrar su fe; se les invita a la firmeza y esperanza, pero poniendo la mirada en Jesús que
compartió en todo nuestra existencia.
Reflexiones:
1ª) ¡Jesús comparte nuestra existencia en todo!
Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de
la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Estas palabras nos remiten a un acontecimiento de la vida histórica de Jesús
profundo, desconcertante y admirable a la vez: la oración de Jesús en el huerto de los Olivos. Acaso conviniera recordar, iluminados
por estas palabras del autor de la carta a los Hebreos, cómo en aquella ocasión Jesús sintió la profunda realidad humana de su
encarnación real, auténtica, con todas las consecuencias (menos en el pecado). El autor de la carta a los Hebreos contempla gustoso
al Jesús real, inmerso entre los hombres, cercano y creíble. Es necesario volver una y otra vez la mirada a estas realidades de la
actuación de Jesús. Estoy convencido que el acercamiento de los hombres sería más posible. Ciertamente es el Señor, pero también
quiso ser cercano y asumir en serio nuestra experiencia humana. No pudo caer en el pecado por dos razones fundamentales: la
primera (dogmática), porque repugna a la Persona divina de Jesús; y la otra, porque Jesús es el modelo humano ejemplar, y el pecado
no es humano ya que deshumaniza al hombre, destruye su profunda dignidad y destino.
2ª) ¡El sufrimiento que curte y abre caminos!
Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen
en autor de salvación eterna. Estas expresiones han causado siempre extrañeza e incomprensión. ¿Cómo es posible aplicar estas
expresiones a Jesús? la única respuesta válida, a mi entender, es leerlas a la luz del conjunto de la carta a los Hebreos: el autor se ha
propuesto alentar la esperanza de los perseguidos enseñándoles a mirar a Jesús. Este ha padecido las tentaciones como nosotros y ha
compartido los sufrimientos como nosotros para llegar donde ahora se encuentra, a la derecha de Dios. Los sufrimientos fueron
fecundos. Lucas lo expresará de otra manera recogiendo palabras de Jesús resucitado en su diálogo con los discípulos de Emaús: ¿No
era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria? ( Lc 24,26). Esa es la clave fundamental para desentrañar el
sentido del sufrimiento, para madurar a las personas. El sufrimiento aceptado libre y generosamente nos curte, nos realiza, nos hace
crecer.
Tercera lectura: Jn 12,20-33.
Nota: este evangelio puede sustituirse por el correspondiente del ciclo A: Jn 11,1-45.
Marco: Es el sexto episodio o escena: un signo y un largo discurso. Hay una diferencia con los otros episodios consistente en que
signo y discurso están imbricados y no separados, como en otros casos. El tema central es afirmar que Jesús es la "resurrección y la
vida".
Reflexiones:
1ª) Jesús, fuente de la vida para todos los hombres.
De los dos temas que predominan en Jn 2-12: luz y vida, éste último es el que predomina en el episodio actual. Y esto nos recuerda el
c. 5 donde narración y discurso se centran en los temas de "dar la vida" y "juzgar". La obra de dar la vida se presenta en dos estratos o
niveles: primero, quien oye y cree la palabra de Cristo posee ya la vida eterna; es lo mismo que pasar de la muerte a la vida. Ya
estamos en el momento en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y vendrán a la vida (5,24-25); segundo, llega el tiempo en que
todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas (5,28-29). También aquí está presente el bautismo: por medio de este
sacramento el hombre recibe el don de la fe.
2ª) La Vida es una victoria real sobre la muerte.
La característica de este fragmento es afirmar que el don de la vida es aquí presentado expresamente como victoria sobre la muerte. Y
todo esto se fundamenta en un hecho, en un acontecimiento: Cristo ha vencido a la muerte; simbólicamente, a nivel de "signo",
resucitando a Lázaro. Este acontecimiento es un "signo" de su propia Resurrección, que será la respuesta definitiva, porque es una
resurrección para siempre y fuente de esperanza viva para todos los creyentes.
3ª) Jesús es la resurrección y la vida.
Por ello el centro de interés de todo el conjunto es subrayar fuertemente que Jesús es "la resurrección y la vida". Esta declaración
solemne aparece en un diálogo denso entre Jesús y Marta. Estas creen en la resurrección de los muertos, como lo creen lo fariseos.
Esta familia parece que compartía la fe farisea en la resurrección. Ella piensa en la resurrección final. Pero Jesús el asegura que
aquella se adelantará en el plano de los signos en la resurrección de su hermano. Pero esta resurrección anticipada, sólo en el plano
de signo, revelará la forma y la realidad de la resurrección para todos los que crean en El. Jesús responde con el signo y con el
discurso a la gran pregunta: ¿Qué sentido definitivo tiene la existencia humana? ¿es un camino abierto a una vida definitiva? ¿es un
camino cerrado? Con este acontecimiento y su explicación Jesús sale al encuentro del grave problema que pesa sobre la humanidad. Él
es la resurrección y la vida como oferta para todos los hombres.
Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)
Este comentario está incluido en el libro: La Palabra fuente de vida. Ciclo A. Editorial San Esteban, Salamanca 2004.
Iª Lectura: Jeremías (31,31-34): Dios nos renueva
I.1. El texto de Jeremías está inserto en un bloque literario y teológico que se ha llamado el «libro de la consolación» (Jr 30-33); y
concretamente el de nuestra lectura litúrgica es una de las afirmaciones más rotundas del AT sobre la necesidad de una alianza nueva.
Jeremías fue un profeta que le tocó vivir la situación más dramática de su pueblo (los babilonios estaban a las puertas de Jerusalén
para destruirla) y al que la vocación de ser profeta no le vino precisamente como anillo al dedo, sino que fue lo más contrario a su alma
(«no quería arrancar para plantar»). La lectura del profeta Jeremías, en estos términos, se muestra como si solamente se hubiera
empeñado en «arrancar», pero no en «plantar». No obstante, este libro de la consolación es una llamada a la esperanza y nuestro texto
el cenit teológico de esa esperanza contra toda esperanza. El texto de hoy viene a continuación de una llamada a la responsabilidad
personal (Jr 31,29-30) para poner de manifiesto que aunque cambien las cosas Dios mantendrá su promesa de salvación.
I.2. Por tanto, Dios, a pesar de todo, no se echa atrás, sino que está dispuesto a poner la Alianza en el corazón de cada uno de
nosotros; es una forma de comprometerse más profundamente en su proyecto de salvación. Es una llamada a la responsabilidad más
personal, pero sin descartar el sentido comunitario de todo ello, porque todos los que sientan esa Alianza en su corazón, se sentirán del
pueblo, de la comunidad del Dios vivo y verdadero. El problema de una alianza nueva podría parecer un atentado al “dogma” de la
Alianza del Sinaí, donde Israel encontró su identidad. Pero ya se sabe que los dogmas los usan los poderosos para ocupar el lugar de
Dios y para cosas peores. Al pueblo sencillo lo pueden engañar, pero a un profeta no, porque siempre está alerta a la voz de Dios. Por
eso el profeta, con este mensaje, no solamente le concede a Dios toda su autonomía y libertad, sino que con ello defiende al pueblo
para que también se sienta libre. La ley del corazón quiere decir que es una “ley humana” lo que Dios pide, humana y a la par con
nuestras debilidades.
I.3. El profeta describe esta nueva situación como algo que antes ha echado muy en falta, un nuevo “conocimiento de Dios” (cf Jr 2,8;
4,22; 9,2), por tanto la nueva Alianza no estará en ritos y ceremonias o sacrificios nuevos, sino en una “experiencia” nueva de Dios:
más humana, más entrañable y misericordiosa que se sienta en el corazón y que se exprese en la praxis de la justicia y la fraternidad
con los que han sido ignorados. Poner en el corazón “leb” (en hebreo), tiene mucha entraña y radicalidad en los profetas; es lo que el
cerebro para la antropología actual, porque todo se mueve desde ahí. Pero es más que el cerebro: tener corazón o no tenerlo, todos
sabemos lo que significa al nivel más popular; a nivel bíblico es como tener espíritu, alma o no tenerla. La ley, sin alma, esclaviza; con
alma libera. El profeta está hablando, pues, de una Alianza que estará plasmada en la experiencia más profunda y humana de Dios en
cada uno de los suyos.
IIª Lectura: Hebreos (5,7-9): Cristo, sacerdote solidario de la humanidad
II.1. Nuestra lectura forma parte de una sección que, comenzando en Heb 4,15, nos muestra a Jesucristo como Sumo Sacerdote. Esta
carta tan peculiar del Nuevo Testamento, que no es de San Pablo, aunque durante mucho tiempo se la atribuyó la tradición, nos ofrece
en este caso una teología del papel de Jesucristo. El sacerdocio de Jesús, no obstante, tiene la innovación de no heredarse (como el
de Melquisedec), sino que es nuevo, recién estrenado, capaz de conseguir gracia y salvación, para lo que el sacerdocio hereditario y
ritual no era válido. Es el sacerdocio del Hijo de Dios, pero que habiéndose hecho uno de nosotros, padeciendo, llorando,
comprendiendo nuestras miserias, siendo absoluta y radicalmente humano, en contacto con nuestra debilidad, nos introduce en el
misterio misericordioso y amoroso de Dios.
II.2. La figura del Melquisedec, pues, escogida como modelo para el sacerdocio de Cristo sirve para poner de manifiesto que Cristo es
un sacerdote original: no se hereda, no se aprende el oficio y no se cansa de atender a los que lo necesitan. El autor construye una
cristología del sacerdocio de Cristo con citas de los Salmos 2,7 y 110,4. No es alguien que busque lo propio, que se glorifique
personalmente: está para los demás. Y lo más humano de todo: aprender a sufrir, como sufren los hombres. Es esto lo que lo hace
digno de fe. La Pasión, de la cual está hablando, se entiende como una prueba de solidaridad con la humanidad. Así, pues, nuestro
autor evoca la existencia humana de Jesús y nos da a comprender que esa existencia la pone al mismo nivel que los demás hombres,
frágiles y abocados a la muerte. De ahí que se diga que aprendió a “obedecer” o la “obediencia”. Yo creo que quiere decir que aceptó,
siendo perfecto moralmente, que debía ser sufriente, porque todos los hombres lo somos.
III.ª Evangelio (Juan 12,20-33): La hora de la verdad es la hora de la muerte y ésta, de la gloria
III.1. El texto de Juan nos ofrece hoy una escena muy significativa que debemos entender en el contexto de toda la «teología de la
hora» de este evangelista. La suerte de Jesús está echada, en cuanto los judíos, sus dirigentes, ya han decidido que debe morir. La
resurrección de Lázaro (Jn 11), con lo que ello significa de dar vida, ha sido determinante al respecto. Los judíos, para Juan, dan
muerte. Pero el Jesús del evangelio de Juan no se deja dar muerte de cualquier manera; no le roban la vida, sino que la quiere entregar
El con todas sus consecuencias. Por ello se nos habla de que habían subido a la fiesta de Pascua unos griegos, es decir, unos
paganos simpatizantes del judaísmo, “temerosos de Dios”, como se les llamaba, que han oído hablar de Jesús y quieren conocerle,
como le comunican a Felipe y a Andrés. Es entonces cuando Jesús, el Jesús de san Juan, se decide definitivamente a llegar hasta las
últimas consecuencias de su compromiso. El judaísmo, su mundo, su religión, su cerrazón a abrirse a una nueva Alianza había agotado
toda posibilidad. Una serie de “dichos”: sobre el grano de trigo que muere y da fruto (v.24); sobre el amar y perder la vida (v. 25) (como
en Mc 8,35; Mt 10,39; 16,25; Lc 9,24; 17,33) y sobre destino de los servidores junto con el del Maestro, abren el camino de una
“revelación” sobre el momento y la hora de Jesús.
III.2. Efectivamente las palabras que podemos leer sobre una experiencia extraordinaria de Jesús, una experiencia dialéctica, como en la
Transfiguración y, en cierta manera, como la experiencia de Getsemaní (Mc 14,32-42; Mt 26,36-46; Lc 22,39-46) son el centro de este
texto joánico, que tiene como testigos no solamente a los discípulos que eran judíos, sino a esos griegos que llegaron a la fiesta e
incluso la multitud que escuchó algo extraordinario. Muchos comentaristas han visto aquí, adelantado, el Getsemaní de Juan que no
está narrado en el momento de la Pasión. En eso caso puede ser considerado como la preparación para la “hora” que en Juan es la
hora de la muerte y esta, a su vez, la hora de la gloria. El evangelista, después de la opinión de Caifás tras la resurrección de Lázaro de
que uno debía morir por el pueblo (Jn 11,50s), está preparando todo para este momento que se acerca. Ya está decidida la muerte,
pero esa muerte no llega como ellos creen que debe llegar, sino con la libertad soberana que Jesús quiere asumir en ese momento.
III.3. Por tanto, era como si se Él esperara un momento como este para ir a la muerte: ha llegado la hora que se ha venido preparando
desde el comienzo del evangelio, es la hora de la verdad, de la pasión-glorificación. Y Jesús, con una conciencia absoluta de su misión,
nos habla del grano de trigo, que si no cae en tierra y muere, no puede dar fruto. La vida verdadera solamente se consigue muriendo,
dándola a los demás. Es verdad que esta decisión, hablando desde la psicología de Jesús, no se toma olímpicamente o con desprecio;
le cuesta entregarse a la muerte en aquellas condiciones. Por eso recibe el consuelo de lo alto para ir hasta el final, y antes de que le
secuestren su vida, la entrega como el grano de trigo. El ama su vida entregándola a los demás, poniéndola en las manos de Dios y de
los hombres. Todo parece demasiado extraordinario; en Juan no puede ser de otra manera, pero también es muy humano. Jesús no
tiene miedo a la hora de la verdad, porque confía plenamente en el Padre, y advierte que los suyos tenga también esta misma
disposición.
III.4. Los vv. 31-33 nos describen, con un lenguaje apocalíptico, la victoria sobre la muerte en la cruz. Esta es una teología muy propia
de Juan que no ha visto en la cruz fracaso alguno de Jesús; al contrario, es desde la cruz desde donde “atraerá” al mundo entero (cf Jn
3,14-15; 8,28). Y ello no porque Juan pensara que Jesús resucitaba en la cruz, en el mismo momento de la muerte, como actualmente
se está defendiendo, razonablemente, en muchos escritos teológicos. Sino porque la muerte de Jesús le confiere un poderío
inconmensurable. La muerte no se la imponen, no es la consecuencia de un juicio injusto o inhumano, sino porque es el mismo Jesús
quien la “busca” como el grano de trigo que necesita morir para “tener vida” y porque provoca el juicio sobre el mundo, sobre la
falsedad del poder y la mentira del mundo. La hora de Jesús es la hora de la cruz, porque es la hora de la verdad de Dios. Y entonces,
la mentira del mundo quedará al descubierto. Pero Jesús “atraerá” a todos los hombres hacia El, hacía su hora, hacia su verdad, hacia
su vida nueva.
Fray Miguel de Burgos Núñez
Lector y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura
Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C.
Editorial San Esteban, Salamanca 2009.
Pautas
Tanto para el aprovechamiento espiritual de la Palabra de Dios de este V Domingo de cuaresma, como para la orientación de la
predicación en torno a ella ofrecemos tres pautas íntimamente conectadas:
1. La Pascua: la oferta salvífica definitiva y universal de Dios en Jesús
2. El secreto del camino que conduce a la vida: la entrega, la donación de uno mismo
3. Dios siempre cumple lo que promete
La Pascua: la oferta salvífica definitiva y universal de Dios en Jesús.
El Evangelio de Juan de este domingo (12, 20-33) ubica su narración en la celebración de la Fiesta de Pascua. La Pascua de los
judíos, claro. Celebración que actualizaba la acción salvadora de Dios a favor de Israel. Se nos informa que mucha gente acude a
participar en ella. Lo más interesante de esta información es que no sólo se hacen presentes judíos, también van a la misma “algunos
gentiles” (o, quizás, “temerosos de Dios”). Este detalle es altamente significativo. Por tanto, la Pascua, la fiesta por excelencia del
Pueblo de Israel, posee un valor desbordante. Se trata de una celebración trascendente que rompe fronteras. Su valor se universaliza.
La salvación que en ella se celebra y se anuncia adquiere una dimensión más amplia, más ancha. Con todo, para ser veraces, hemos
de advertir que, en el texto, esta perspectiva universal, en verdad, guarda relación directa con Jesús. Son los gentiles quienes, en el
contexto pascual, quieren ver al hijo de María. La presencia de éstos en la pascua parece decantarse por el Maestro de Nazaret. La
fiesta pascual, así, conduce hacia él de modo natural. De este modo, desde un contexto Pascual amplio se dibuja otro de mayor
tamaño. Jesús es quien explica este fenómeno. Él es la nueva Pascua. Nuestro texto lo anuncia de forma velada hacia el final: “y
cuando yo sea elevado atraeré a todos hacia mí”. Esta universalidad de la Pascua cristiana, no lo olvidemos, se emparenta con su
sentido salvífico o soteriológico. Si la Pascua judía era ya expresión del amor de Dios que salva, la Pascua de Jesús es su expresión
máxima.
El secreto del camino que conduce a la vida: la entrega, la donación de uno mismo.
Jesús es la nueva Pascua. Él aporta a la misma un valor salvífico universal. Con todo, las lecturas de este domingo, además, detallan
con cierto detenimiento la manera, el modo, el camino por el que la Pascua de Jesús ofrece tal perspectiva. Lo hallamos, por ejemplo,
cuando el evangelio nos habla de la “hora” de la glorificación de Jesús. Esta hora glorificadora se identifica con la pasión muerte y
resurrección de Jesús (su singular Pascua). Pero en las lecturas de este domingo tiene unos matices muy concretos. La comparación
con el grano de trigo es muy ilustrativa. Para dar vida, para que la vida sea verdaderamente fecunda, se ha de morir; hay que darlo
todo por amor. Por eso, “el que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guarda para la vida
eterna”. Todo encaja desde esta óptica. No extrañe que Juan refiera en este momento la oración de Jesús en Getsemaní (“Padre,
líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora”) con respuesta del Padre incluida. La segunda lectura, de la carta a
los Hebreos, insiste en este momento clave (5, 7-9). No se ha de olvidar que, desde el bautismo de Jesús, tal y como las tentaciones del
Primer Domingo de Cuaresma recuerdan, el Hijo de Dios y el Mesías va a vivir su identidad, lo que es, ajustándose a la senda del
Siervo de Yahveh. ¿Es posible hallar a Dios y su salvación en el camino del servicio, del desprendimiento más radical? En este
domingo, una vez más, la cuaresma nos recuerda que el secreto del itinerario que conduce a la vida es la entrega, la donación
generosa de uno mismo. Jesús así lo ha vivido y enseñado.
Dios siempre cumple lo que promete.
La última de las pautas que ofrecemos coincide con un esquema que recorre la historia de la salvación: Dios cumple lo que promete. Es
una clave neurálgica de la comprensión de Dios. En nuestro V Domingo la encontramos en la relación que la liturgia de la Palabra
establece entre la primera lectura y el texto evangélico. Jeremías (31, 31-34) anuncia para el porvenir el establecimiento de una nueva
y definitiva. Sus características son: Dios mismo la escribirá en los corazones y la meterá en el pecho del pueblo, y será tan evidente
que todos (la pauta de la universalidad de la Pascua y de la salvación) conocerán a Dios. El evangelio de Juan muestra el lado del
cumplimiento de lo prometido. Jesús, en su persona, es la nueva y definitiva alianza. Y es verdad que, en él, la nueva ley está escrita en
su corazón y en el desarrollo de su existencia gracias al Espíritu que lo unge y conduce. Y a través de Jesús, el Hijo de Dios encarnado,
y por el Espíritu, esta nueva alianza nueva preside la vida de la Iglesia, de los discípulos. ¡Dios cumple siempre lo que promete!
Fr. Vicente Botella Cubells O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia)
Infantil
V Domingo de Cuaresma - 22 de marzo de 2015
Jesús anuncia su glorificación por la muerte
Juan 12, 20-23
Evangelio
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de
Galilea, le rogaban: - Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue a decirselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: - Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y
muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama así mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este
mundo, se guarda para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, alí también estará mi servidor; a quien me
sirva, el Padre le premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? : Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para
esta hora, Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: - Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. La gente que estaba
allí y lo oyó decía que había sido un truneo; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: - Esta voz no ha
venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el prícipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando
sea yo elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
Explicación
Un día Jesús dijo a Felipe y a Andrés, dos amigos suyos, que sólo cuando el grano de trigo que se siembra en la tierra, se pudre y se
muere dentro de ella, puede renacer y llegar a ser una espiga llena de vitalidad. Les quiso decir que si querían hacer mucho bien,
tenían que morir a sus caprichos y pensar en los demás, y dejar de pensar en triunfalismos y en grandes reinos. Después les invitó a
seguirle.
© Orden de Predicadores 2015
www.dominicos.org