L`O S S E RVATOR E ROMANO

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L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLVII, número 11 (2.406)
EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
Ciudad del Vaticano
13 de marzo de 2015
El Ángelus del 8 de marzo en la plaza de San Pedro y la visita pastoral a la parroquia romana de Tor Bella Monaca
Sin mujeres un mundo estéril
La razón de ser de la Iglesia
GIOVANNI MARIA VIAN
Mientras inicia el tercer año de
pontificado de Francisco no disminuye el interés mediático hacia el
Papa, es más, se multiplican desde
diversas partes las intervenciones, a
menudo interesantes, con la intención de comprender su figura, popularísima incluso más allá de los
confines visibles del catolicismo. El
Papa mismo indicó en más de una
ocasión cuál es su preocupación
principal, o sea la necesidad de testimoniar y anunciar el Evangelio,
motivo conductor permanente en
la Iglesia de Cristo, incluso llevando la marca de las imperfecciones
inevitables de toda dinámica humana.
Hace precisamente dos años, en
las reuniones preparatorias del cónclave quien presentaba con claridad
A la Academia para la vida
Enfermos
de abandono
PÁGINA 3
Una comunidad de la periferia
entrevista al Papa
El punto de vista
de Magallanes
PÁGINA 2
la cuestión era el mismo arzobispo
de Buenos Aires, en una intervención breve que, una vez elegido Papa, entregó al cardenal Ortega y
Alamino y fue inmediatamente divulgada. «Es la razón de ser de la
Iglesia» dijo Bergoglio acerca de la
evangelización, añadiendo una definición de Pablo VI —«la dulce y
confortadora alegría de evangelizar»— que significativamente retomó en el título (Evangelii gaudium)
del documento programático del
pontificado.
La misión, por lo tanto, es la
clave que permite comprender la
intención del Papa, coherente con
una historia larguísima. Desde los
orígenes de la predicación cristiana,
que se movió al inicio por la senda
del vivaz proselitismo judío, hasta
la expansión misionera moderna y
la simultánea dramática toma de
conciencia de una difundida descristianización incluso en el corazón de Europa.
Y, así, mientras el alcance del catolicismo llega a ser mundial, desde la mitad del siglo XIX se abre
camino con dificultad la aspiración
a una renovación de la presencia
de la Iglesia en el mundo; hasta la
víspera del Concilio, cuando el
cristianismo «parecía perder cada
vez más su fuerza eficaz», como escribió Benedicto XVI.
Por ello el arzobispo Montini
quiso en 1957, en Milán, una misión dirigida en especial a los «hermanos alejados», desde el comienzo se adhirió al Vaticano II y luego, como Papa, guió su desarrollo,
las conclusiones y la primera aplicación. «La Iglesia —decía hace
dos años el cardenal Bergoglio—
está llamada a salir de sí misma e
ir hacia las periferias, no sólo geográficas, sino también las periferias
existenciales: las del misterio del
pecado, las del dolor, de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria».
Para la Iglesia el peligro mortal
y cada vez más frecuente, advertía
Bergoglio: es el de la autorreferencialidad, es decir, de mirarse a sí
misma y no a Cristo, que es el único verdadero centro, como no se
cansa de repetir el Papa Francisco.
Bajo esta luz es posible comprender su pontificado, verdaderamente
planetario, y su obra diaria de renovación, que es el deber de quienquiera ser fiel a la Palabra del único Señor.
Angela Dalmau de Grau «Mujer hacendosa» (1922)
Un mundo que margina a las mujeres es «un mundo estéril». Porque
«las mujeres no sólo traen la vida,
sino que nos transmiten la capacidad
de ver más allá» y «de comprender
el mundo con ojos diversos, de sentir las cosas con corazón más creativo, más paciente, más tierno».
Lo dijo el Papa Francisco en el
Ángelus del 8 de marzo, al expresar
su agradecimiento a «todas las mujeres que cada día tratan de construir una sociedad más humana y
acogedora» y reafirmar «la importancia y la necesidad de su presencia
en la vida». A los fieles reunidos en
la plaza de San Pedro el Pontífice
renovó su «gracias fraterno» en especial a las mujeres «que de mil modos testimonian el Evangelio y trabajan en la Iglesia». Y recordó
igualmente que el tiempo cuaresmal
es un período propicio para dejar
que Jesús haga «limpieza» en el corazón de cada uno a través del «látigo» de su misericordia.
Una invitación que repitió también durante la tarde transcurrida en
la parroquia romana de Santa María
Madre del Redentor en Tor Bella
Monaca, donde celebró la misa y se
reunió con la comunidad, denunciando «la injusticia de la desocupación o de la discriminación» y lanzando una severa advertencia contra
«los mafiosos» que «explotan a la
gente pobre».
PÁGINAS 8
Y
9
Coloquio con el obispo
Carrasco de Paula
Más ancianos,
más preciados
PÁGINA 3
El Pontífice en la parroquia romana de Todos los Santos
Liturgia y vida
A los cincuenta años de la primera misa celebrada por el Papa
Pablo VI en italiano, según las renovadas normas litúrgicas establecidas por el Vaticano II, el
Santo Padre Francisco quiso visitar, el sábado 7 de marzo, por la
tarde, la parroquia de Todos los
Santos para conmemorar el aniversario.
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L’OSSERVATORE ROMANO
página 2
viernes 13 de marzo de 2015, número 11
Edición de 1570 del planisferio
de Vopel impreso
por Bernard van den Putte
JOSÉ MARÍA DI PAOLA
Usted habla mucho de periferia. Es
una palabra que usa muchas veces.
¿En qué piensa cuando habla de periferias? ¿En nosotros, en la gente de la
villa?
Cuando hablo de periferia hablo
de límites. Normalmente nosotros
nos movemos en espacios que de alguna manera controlamos. Ése es el
centro. Pero a medida que vamos saliendo del centro vamos descubriendo más cosas. Y cuando miramos el
centro desde esas nuevas cosas que
descubrimos, desde nuestras nuevas
posiciones, desde esa periferia, vemos que la realidad es distinta. Una
cosa es ver la realidad desde el centro y otra cosa es verla desde el último lugar a donde vos llegaste. Un
ejemplo. Europa, vista desde Madrid
en el siglo XVI era una cosa, pero
cuando Magallanes llega al fin del
continente americano y mira Europa,
desde ahí entiende otra cosa. La realidad se ve mejor desde la periferia
que desde el centro. También la realidad de una persona, de las periferias existenciales e incluso la reali-
Una parroquia de la periferia entrevista al Papa
El punto de vista
de Magallanes
¿Quién tiene que defendernos? ¿Y nosotros, cómo podemos defendernos?
Es verdad, avanza y no se detiene.
Hay países que ya son esclavos de la
droga y nos preocupa. Lo que más
me preocupa es el triunfalismo de
los traficantes. Esta gente ya canta
victoria, han vencido, han triunfado.
Y eso es una realidad.
Hay países o zonas
donde todo está bajo
el dominio de la droDe La Cárcova a Santa Marta
ga. Con respecto a Argentina, puedo decir
La revista de una villa miseria argentina
sólo esto: hace 25 años
entrevista al Papa, y él responde. Se trata de la
era un lugar de paso
Villa La Cárcova, en la localidad de León
de la droga, hoy en
Suárez, una aglomeración que surgió hace
día se consume. Y no
medio siglo en torno a la última estación de la
tengo la certeza, pero
ferrovía que llevaba al gran Buenos Aires. En
creo que también se
enero pasado, al término de una procesión
fabrica.
religiosa con su séquito de fiesta popular, fue
lanzada la propuesta de entrevistar al Papa para
¿Qué es lo más impor«La Cárcova News», una revista escrita por los
tante que debemos darle
jóvenes de la villa. Las preguntas recogidas
a nuestros hijos?
entre la gente fueron entregadas directamente al
Papa a través de José María Di Paola, mejor
La pertenencia, la
conocido como el padre Pepe, a quien recibió el
pertenencia a un ho7 de febrero pasado en Santa Marta. El Papa
gar. La pertenencia se
Francisco respondió inmediatamente y «al
da con amor, con caripadre Pepe —explica Alver Metalli en su sitio
ño, con tiempo, llewww.terredamerica.com— le fue suficiente
vándolos de la mano,
encender una pequeña grabadora y la entrevista
escuchándolos, juganse realizó».
do con ellos, dándoles
lo que necesitan en cada momento para su
crecimiento. Sobre todad del pensamiento. Vos podés te- do dándoles lugar para que se exner un pensamiento muy armado, presen. Si vos no jugás con tus
pero cuando te confrontás con al- hijos, les estás privando de la dimenguien que está fuera de ese pensa- sión de la gratuidad. Si vos no le
miento de alguna manera tenés que das lugar para que él diga lo que
buscar las razones del tuyo, empezás siente y pueda incluso hasta discutir
a discutir, te enriquecés desde la pe- con vos, porque se siente libre, no lo
estás dejando crecer.
riferia del pensamiento del otro.
Pero lo más importante es la fe. A
Usted conoce nuestros problemas. La mí me duele mucho cuando encuendroga avanza y no se detiene, entra en tro chicos que no saben hacerse la
las villas y ataca a nuestros jóvenes. señal de la cruz. A esos chicos no les
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GIOVANNI MARIA VIAN
director
Giuseppe Fiorentino
subdirector
ha llegado lo más importante que
un padre y una madre les pueden
dar: la fe.
Usted cree que siempre existe la posibilidad de un cambio, tanto en situaciones difíciles de personas que han sido
muy probadas por la vida, como en situaciones sociales o internacionales que
son causa de grandes sufrimientos para
la población. ¿De dónde saca ese optimismo, incluso cuando habría que desesperarse?
Toda persona puede cambiar, incluso las muy probadas. Yo conozco
gente que estaba tirada en la existencia de su vida, y hoy día se han
casado, tienen su hogar. Esto no es
optimismo, esto es certeza en dos
cosas. Primero, en el hombre, en la
persona. La persona es imagen de
Dios, y Dios no desprecia su imagen, siempre la rescata de alguna
manera. Y segundo en la fuerza del
mismo Espíritu Santo, que va cambiando la conciencia. No es optimismo, es fe en la persona, porque es
hija de Dios. Dios no abandona a
sus hijos. Me gusta repetir la frase
que nosotros, los hijos de Dios, metemos la pata a cada rato, nos equivocamos, pecamos, pero cuando pedimos perdón, Él siempre nos perdona. No se cansa de perdonar. Somos nosotros que, cuando nos creemos importantes, nos cansamos de
pedir perdón.
¿Cómo se puede llegar a estar seguros y
ser constantes en la fe? Quiero decir:
uno vive altos y bajos, en algunos momentos es consciente de la presencia de
Dios, de que Dios es un compañero de
camino, pero en otros, uno se olvida de
eso y se porta como de Dios no existiera. ¿Se puede alcanzar una estabilidad
en un tema como el de la fe?
Sí, hay altos y bajos. En algunos
momentos somos conscientes de la
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presencia de Dios, otras veces nos
olvidamos de eso. La Biblia dice: la
vida del hombre, de la persona sobre la tierra es una milicia. Es decir
que tenés que estar en paz y luchando. Preparado para no desfallecer,
no bajar la guardia, y, por otro lado,
gozando de todas las cosas hermosas
que te da Dios en la vida. Es decir,
hay que estar alerta. No ser derrotista, no ser pesimista.
¿Cómo ser constante en la fe? Si
no te negás a sentirla, la vas a sentir
muy cerca, la vas a encontrar en tu
corazón. Otro día puede ser que no
sientas nada. Y sin embargo la fe
está, ¿no? Es necesario acostumbrarse a que la fe no es un sentimiento.
A veces el Señor nos da la gracia de
sentirla, pero la fe es algo más. La fe
es mi relación con Jesucristo, yo creo
que Él me salvó. Ése es el punto justo de la fe. Andá buscando vos los
momentos de tu vida en los que te
encontrabas mal, donde andabas
perdido, donde no la pegabas, y observá cómo Cristo te salvó. Abrazate
a eso, ésa es la raíz de tu fe. Cuando
te olvidás, cuando no sentís nada,
abrazate a eso, porque ésa es la base
de tu fe. Y siempre con el Evangelio
en la mano. Llevate un Evangelio
chiquito en el bolsillo. Tenelo en tu
casa. Esta es la Palabra de Dios. Ahí
se alimenta la fe. Después de todo la
fe es un regalo, no es una actitud
psicológica. Y si te hacen un regalo
tenés que recibirlo ¿no? Recibí, entonces, el regalo del Evangelio y leélo. Leélo y escuchá la Palabra de
D ios.
Su vida ha sido intensa, rica. Nosotros
también queremos vivir una vida plena, intensa. ¿Cómo se hace para no vivir inútilmente? ¿Y cómo puede saber
uno que no vive inútilmente?
Bueno, yo viví mucho inútilmente,
¿eh? No fue tan intensa y tan rica.
Yo soy un pecador como cualquiera.
Pasa que, simplemente, el Señor me
hace hacer cosas que se ven, pero
cuántas veces hay gente que no se
ve, ¡y el bien que hacen! La intensidad no es directamente proporcional
a lo que la gente ve. La intensidad
se vive por dentro. Y se vive alimentando la misma fe. ¿Cómo? Haciendo obras de fecundidad, obras de
amor para el bien de la gente. Quizás el peor pecado contra el amor
sea renegar de una persona. Hay
una persona que te ama, y vos renegás de ella haciendo como que no la
conocés. Te está amando y vos renegás de ella. El que más nos ama es
Dios. Renegar de Dios es uno de los
peores pecados que hay. San Pedro
cometió ese pecado, renegó de JesuSIGUE EN LA PÁGINA 4
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número 11, viernes 13 de marzo de 2015
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A la Academia pontificia para la vida el Santo Padre habla de asistencia a los ancianos y cuidados paliativos
Enfermos de abandono
«Asistencia al anciano y cuidados paliativos» fue el tema de la asamblea general
de la Academia pontificia para la vida que se celebró en el Vaticano del 5 al 7
de marzo. El jueves 5, por la mañana, el Papa recibió en la sala Clementina a
los participantes en el encuentro. Dirigiéndose a él, el presidente, el obispo Ignacio
Carrasco de Paula, recordó, entre otras cosas, que en su trabajo la Academia
procura conjugar «el rigor de los razonamientos con la misericordia y la ternura
del corazón». A los presentes, el Pontífice les recordó que «el abandono es la
enfermedad más grave del anciano, y también la injusticia más grande que puede
sufrir: quienes nos han ayudado a crecer no deben ser abandonados».
Queridos hermanos y hermanas:
Os saludo cordialmente con ocasión de vuestra asamblea general,
llamada a reflexionar sobre el tema
«Asistencia al anciano y cuidados
paliativos», y agradezco al presidente sus amables palabras. Me complace saludar especialmente al cardenal
Sgreccia, que es un pionero… ¡gracias!
Los cuidados paliativos son expresión de la actitud propiamente humana de cuidarse unos a otros, especialmente a quien sufre. Testimonian
que la persona humana es siempre
valiosa, aunque esté marcada por la
ancianidad y la enfermedad. En
efecto, la persona, en cualquier circunstancia, es un bien para sí misma
y para los demás, y es amada por
Dios. Por eso, cuando su vida se
vuelve muy frágil y se acerca la conclusión de su existencia terrena, sentimos la responsabilidad de asistirla
y acompañarla del mejor modo.
El mandamiento bíblico que nos
pide honrar a los padres, en sentido
lato, nos recuerda que debemos honrar a todas las personas ancianas. A
este mandamiento Dios asocia una
doble promesa: «Para que se prolonguen tus días» (Ex 20, 12) y —la
otra— «seas feliz» (Dt 5, 16). La fidelidad al cuarto mandamiento no
sólo asegura el don de la tierra, sino
sobre todo la posibilidad de disfrutar de ella. En efecto, la sabiduría
que nos lleva a reconocer el valor de
la persona anciana y a honrarla, es
la misma sabiduría que nos permite
apreciar los numerosos dones que recibimos diariamente de la mano providente del Padre y ser felices. El
precepto nos revela la fundamental
relación pedagógica entre padres e
hijos, entre ancianos y jóvenes, con
referencia a la custodia y a la transmisión de la enseñanza religiosa y
sapiencial a las generaciones futuras.
Respetar esta enseñanza y a quienes
la transmiten es fuente de vida y de
bendición.
Al contrario, la Biblia reserva una
severa advertencia a quienes descuidan o maltratan a los padres (cf. Ex
21, 17; Lv 20, 9). Este mismo juicio
vale hoy cuando los padres, siendo
ancianos y menos útiles, permanecen
marginados hasta el abandono; y tenemos muchos ejemplos.
La Palabra de Dios es siempre viva, y vemos bien cómo el mandamiento tiene apremiante actualidad
para la sociedad contemporánea, en
la que la lógica de la utilidad prevalece sobre la de la solidaridad y la
gratuidad, incluso en el seno de las
familias. Por lo tanto, escuchemos
con corazón dócil la Palabra de
Dios que nos viene de los mandamientos, los cuales, recordémoslo
siempre, no son vínculos que aprisionan, sino palabras de vida.
«Honrar» hoy también podría traducirse como el deber de tener máximo respeto y cuidar a quien, por
su condición física o social, podría
ser abandonado para morir o «dejarlo morir». Toda la medicina tiene
una función especial dentro de la sociedad como testigo de la honra que
se debe a la persona anciana y a todo ser humano. Evidencia y eficiencia no pueden ser los únicos criterios
que orienten la actuación de los médicos, ni lo son las reglas de los sistemas sanitarios y el beneficio económico. Un Estado no puede pensar
en obtener beneficio con la medicina. Al contrario, no hay deber más
importante para una sociedad que el
de cuidar a la persona humana.
Vuestro trabajo durante estos días
explora nuevas áreas de aplicación
de los cuidados paliativos. Hasta
ahora han sido un valioso acompañamiento para los enfermos oncológicos, pero hoy las enfermedades
son muchas y variadas, a menudo
relacionadas con la ancianidad, caracterizada por un desmejoramiento
crónico progresivo, y para las que
puede servir este tipo de asistencia.
Ante todo, los ancianos tienen necesidad del cuidado de sus familiares,
cuyo afecto ni siquiera las estructuras públicas más eficientes o los
agentes sanitarios más competentes y
caritativos pueden sustituir. Cuando
no son autosuficientes o tienen enfermedades avanzadas o terminales,
los ancianos pueden disponer de
una asistencia verdaderamente humana y recibir respuestas adecuadas
a sus exigencias gracias a los cuida-
Coloquio con el obispo Carrasco de Paula
Más ancianos, más preciados
MARIO PONZI
pronunciadas el miércoles por el
Pontífice.
Un millardo y medio de ancianos
en 2025, más de dos mil millones
en 2050. Los números no dejan
dudas: la sociedad mundial envejece rápidamente. Y, sin embargo,
como destacó el Papa Francisco,
precisamente el miércoles 4 de
marzo durante la audiencia general, no está, en absoluto, preparada para reconocer el papel y la
dignidad de las personas ancianas; es más, tiende a considerales
un peso molesto para la comunidad, sobre todo si están enfermas
y, por lo tanto, a «descartarlas».
La Iglesia «no puede y no quiere
conformarse con una mentalidad
de intolerancia —destacó el Papa
Francisco— y mucho menos de indiferencia y desprecio respecto a
la vejez». Y haciendo eco de las
palabras de Benedicto XVI, añadió: «Donde no hay honor para
los ancianos, no hay futuro para
los jóvenes». Hemos hablado de
ello con el obispo Ignacio Carrasco de Paula, presidente de la Academia pontificia para la vida, que
precisamente al tema «La asistencia a los ancianos y los cuidados
paliativos» dedicó el workshop del
viernes 6 de marzo en el ámbito
de la plenaria que tuvo lugar del
5 al 7 en el aula nueva del Sínodo.
Fue una coincidencia, feliz y
muy significativa. Al Papa Francisco, por lo demás, siempre le ha
preocupado mucho la situación
de los ancianos, desde que era arzobispo de Buenos Aires. Por su
parte, la Academia pontificia está
muy atenta a los ancianos, a la
calidad de su vida y busca los caminos para estimular a la sociedad hacia una plena asunción de
la responsabilidad con respecto a
ellos, considerándoles, como efectivamente son, personas con plena dignidad, dotadas de una sabiduría madurada a través de numerosas experiencias vividas.
El seminario de estudio no podía tener mejor viático que las palabras
Usted habla de calidad de vida.
¿En qué consiste?
Evidentemente cuando se habla
de calidad de vida no nos referimos a la cantidad de vida por vivir. Sería un error considerar los
progresos de la medicina en este
ámbito sólo en cuanto factores de
prolongación de la vida. Si acaso,
se trata de una oportunidad para
aprovechar precisamente para vivir una vida de calidad, en cuanto
que dé frutos. Así pues, a los ancianos se les debe ofrecer las condiciones para poder continuar
dando su preciosa aportación. No
por casualidad el Papa Francisco
SIGUE EN LA PÁGINA 4
dos paliativos ofrecidos como integración y apoyo a la atención prestada por sus familiares. Los cuidados
paliativos tienen el objetivo de aliviar el sufrimiento en la fase final de
la enfermedad y al mismo tiempo
garantizar al paciente un adecuado
acompañamiento humano (cf. Carta
encíclica Evangelium vitae, 65). Se
trata de un apoyo importante, sobre
todo para los ancianos, que, a causa
de su edad, reciben cada vez menos
atención de la medicina curativa y a
menudo permanecen abandonados.
El abandono es la «enfermedad»
más grave del anciano, y también la
injusticia más grande que puede sufrir: quienes nos han ayudado a crecer no deben ser abandonados cuando tienen necesidad de nuestra ayuda, nuestro amor y nuestra ternura.
Por lo tanto, aprecio vuestro compromiso científico y cultural para garantizar que los cuidados paliativos
puedan llegar a todos los que los necesitan. Animo a los profesionales y
a los estudiantes a especializarse en
este tipo de asistencia, que no tiene
menos valor por el hecho de que
«no salva la vida». Los cuidados paliativos realizan algo igualmente importante: valoran a la persona. A todos los que, de diferentes modos, están comprometidos en el campo de
los cuidados paliativos, los exhorto a
poner en práctica este compromiso,
conservando íntegro el espíritu de
servicio y recordando que el conocimiento médico es verdaderamente
ciencia, en su significado más noble,
sólo si se considera un auxilio con
vistas al bien del hombre, un bien
que jamás se alcanza «contra» su vida y su dignidad.
Esta capacidad de servicio a la vida y a la dignidad de la persona enferma, aunque sea anciana, mide el
verdadero progreso de la medicina y
de toda la sociedad. Repito la exhortación de Juan Pablo II: «¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a
toda vida humana! ¡Sólo siguiendo
este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!» (ibídem, n. 5).
Deseo que continuéis el estudio y
la investigación, para que la obra de
promoción y defensa de la vida sea
cada vez más eficaz y fecunda. Que
os proteja la Virgen Madre, Madre
de la vida, y os acompañe mi bendición. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.
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viernes 13 de marzo de 2015, número 11
El punto de vista
de Magallanes
VIENE DE LA PÁGINA 2
cristo… ¡y lo hicieron Papa! ¿Entonces qué me queda para mí? Así que
no… ¡Adelante!
¿Usted tiene cerca a personas que no
están de acuerdo con usted?
Sí, por supuesto.
¿Cómo se comporta con ellas?
A mí nunca me fue mal con escuchar a las personas. Cada vez que
las escucho, siempre me va bien. Las
veces que no las escuché me fue
mal. Porque aunque no estés de
acuerdo, siempre, siempre te van a
dar algo o te van a poner en una situación en la cual vos tenés que repensar tus cosas. Y eso te enriquece.
Es la manera de comportarse con los
que no estamos de acuerdo. Ahora,
si yo no estoy de acuerdo con aquel
y dejo de saludarlo, le cierro la puerta en la cara o no le dejo hablar, no
le pregunto nada, es evidente que
me anulo a mí mismo. Esta es la riqueza del diálogo. Dialogando, escuchando, uno se enriquece.
La moda de hoy empuja a los jóvenes
hacia las relaciones virtuales. En la villa también pasa eso. ¿Cómo se puede
hacer para que salgan de su mundo de
fantasía y ayudarlos a vivir la reali-
dad y las relaciones verdaderas?
Yo distinguiría entre el mundo de
la fantasía y las relaciones virtuales.
A veces las relaciones virtuales no
son de fantasía, son concretas, son
de cosas reales y muy concretas. Pero evidentemente lo deseable es la
relación no virtual, es decir la relación física, afectiva, la relación en el
tiempo y en el contacto con las personas. Y creo que el peligro que nosotros corremos ahora es el de tener
una capacidad de información muy
grande, de poder movernos virtualmente dentro de toda una serie de
cosas que nos puede llevar a convertirnos en jóvenes-museo. Un jovenmuseo está muy bien informado,
¿pero qué hace con todo lo que tiene? La manera de ser fecundo en la
vida no pasa por acumular información o mantener solamente comunicaciones virtuales sino por cambiar
lo concreto de la existencia. En última instancia quiere decir amar.
Vos podés amar a otra persona,
pero si no le estrechás la mano, no
le das un abrazo, no es amor; si
amás a alguien como para casarte, es
decir con el deseo de entregarte
completamente, y no le abrazás, no
le das un beso, no es verdadero
amor. El amor virtual no existe.
Existe la declaración de amor virtual, pero el verdadero amor prevee
el contacto físico, concreto. Vayamos
Más ancianos, más preciados
VIENE DE LA PÁGINA 3
dijo que los ancianos no son ajenos. Y no son tampoco un «optional». Son personas que siguen
siendo tales, con toda su dignidad,
hasta el último instante de sus vidas. Y nosotros, como Iglesia y como sociedad, debemos ser capaces
de acompañarles, de estar a su lado, sobre todo en la fase final de
su existencia.
¿Por qué ciertas políticas inspiradas
en lo que el Papa Francisco llama
«cultura del descarte» tienden a
identificar al anciano con el enfermo?
Esto nace esencialmente del hecho que la sociedad no está preparada para el aumento del número
de los ancianos. Al no saber cómo
afrontar la cuestión, con frecuencia
identifica al anciano con el enfermo. Ciertamente hay ancianos enfermos, pero incluso antes de los
ancianos enfermos, sería necesario
hablar de los ancianos que sufren.
Muchos ancianos comienzan a sufrir mucho antes que, como es inevitable, sobrevenga la enfermedad.
Sufren por las violencias que cada
vez con mayor frecuencia padecen;
sufren por el desprecio del que son
objeto; sufren porque son abandonados. Pero aquí entra en juego el
discurso acerca del papel de la familia. Hasta cuando sea posible el
anciano debe ser acompañado por
su familia, a la cual se entregó por
entero durante su vida y que ahora
está llamada a acompañarlo en la
fase final de la existencia.
¿Usted se refiere también a la fase
terminal de la enfermedad?
Sí. Es el momento en el que hay
más necesidad de amor, calor y cercanía.
Pero ha llegado el momento en el que
en torno a las personas que sufren se
contraponen diversas visiones de la
medicina y de la vida.
Es el momento en el que se encienden infinitas y continuas polémicas. Polémicas que atacan la
cuestión de la oportunidad de los
cuidados, de los gastos considerados inútiles. Es el momento en el
que se proponen insinuaciones inspiradas en la cultura de la muerte,
desde hace años denunciada por la
Iglesia, que busca camuflar la eutanasia con una presunta muerte dulce. La muerte dulce es sólo la natural. Es la realización de una vida
que se apaga entre gente que ama,
que se hace cargo del sufrimiento,
consciente de la inutilidad de continuar suministrando medicinas
que hoy en día se revelan ineficaces
o de intervenir con otros medios
también inútiles. Y que busca sólo
aliviar el sufrimiento con cuidados
paliativos y sin hacer que falte,
además del afecto, el alimento necesario del cuerpo así como del alma. La eutanasia no alivia los sufrimientos. Anticipa la muerte provocándola.
¿Cuál puede ser el mensaje de vuestro
seminario?
Uno solo: nunca olvidar a la
persona anciana, su dignidad, su
preciosidad.
El padre Pepe delante de la iglesia de la Villa 21
a lo esencial de la vida. Y lo esencial
es eso. Entonces, no jóvenes-museo
que solamente estén informados de
las cosas virtualmente, sino jóvenes
que sientan y que con sus propias
manos —acá está lo concreto— lleven
adelante su vida. Me gusta hablar de
los tres lenguajes: el lenguaje de la
cabeza, el lenguaje del corazón y el
lenguaje de las manos. Tiene que
haber armonía entre los tres. De tal
manera que vos pienses lo que sentís
y lo que hacés, sientas lo que pensás
y lo que hacés, y hagas lo que sentís
y lo que pensás. Eso es lo concreto.
Quedarte solamente en el plano de
lo virtual es como vivir en una cabeza sin cuerpo.
¿Hay algo que quiera sugerirle a los
gobernantes argentinos en un año de
elecciones?
Primero, una plataforma electoral
clara. Que cada uno diga: nosotros,
si somos gobierno, vamos a hacer
«esto». Bien concreto. La plataforma electoral es muy sana, y ayuda a
la gente a ver lo que piensa cada
uno. En una de las elecciones de hace muchos años, hubo una anécdota
importante sobre lo que hicieron
unos periodistas vivos. Más o menos
a la misma hora se encontraron con
tres candidatos. No recuerdo si eran
candidatos a diputados o a intendentes. Y le preguntaron a cada
uno: ¿qué piensa usted sobre tal cosa? Cada uno dió su propia respuesta, y a uno de ellos un periodista le
dijo: «pero lo que usted piensa no
es lo mismo que lo que piensa el
Partido que usted representa. Vea la
plataforma electoral de su Partido…». A veces los mismos candidatos no conocen la plataforma electoral. Un candidato tiene que presentarse a la sociedad con una plataforma electoral clara, bien estudiada,
diciendo explícitamente: «Si yo salgo elegido diputado, intendente, gobernador, voy a hacer “esto”, porque
pienso que “esto” es lo que hay que
hacer».
Segundo, honestidad en la presentación de la propia postura. Y tercero —es una de las cosas que tenemos
que lograr, ojalá la podamos lograr—
una campaña electoral de tipo gratuito, no financiada. Porque en las
financiaciones de las campañas electorales entran muchos intereses que
después «te pasan factura». Entonces, hay que ser independientes de
cualquiera que me pueda financiar
una campaña electoral. Es un ideal,
evidentemente, porque siempre hace
falta dinero para los afiches, para la
televisión. Pero en todo caso que la
financiación sea pública. De este
modo yo, ciudadano, sé que financio
a este candidato con esta determinada cantidad de dinero. Que sea todo
transparente y limpio.
¿Cuándo viene a la Argentina?
En principio, en el ’16, pero todavía no hay nada seguro porque hay
que armar con otros viajes, con otros
países.
Escuchamos por televisión noticias que
nos duelen, que hay fanáticos que lo
quieren matar. ¿No tiene miedo? Y nosotros que lo queremos, ¿qué podemos
hacer?
Mirá, la vida está en manos de
Dios. Yo le dije al Señor: Vos cuidame. Pero si tu voluntad es que yo
me muera o que me hagan algo, te
pido un solo favor: que no me duela. Porque yo soy muy cobarde para
el dolor físico.
Confiadas al obispo Corti
Las meditaciones
del Vía crucis
del Papa
en el Coliseo
Será monseñor Renato Corti,
obispo emérito de Novara, el autor de los textos de las meditaciones para el Vía crucis que cada
año se reza en el Coliseo el Viernes santo por la noche. El esquema seguido por el prelado será el
clásico tradicional con catorce estaciones.
Después de monseñor Giancarlo Maria Bregantini, arzobispo de
Campobasso-Boiano, autor de las
meditaciones del año pasado, la
elección del Papa Francisco cayó
por segunda vez en un obispo
italiano. Por lo demás, monseñor
Corti hace exactamente diez años,
en febrero de 2005, predicó los
ejercicios espirituales para la Curia romana en los últimos días del
pontificado de Juan Pablo II.
número 11, viernes 13 de marzo de 2015
L’OSSERVATORE ROMANO
página 5
Homilía del Pontífice en la parroquia romana de Todos los Santos
Liturgia y vida
Cincuenta años después de la primera misa celebrada por Pablo VI en italiano
«La liturgia no es algo extraño» o
«lejano»: debe existir, en cambio,
«correspondencia entre liturgia y
vida». Lo recordó el Papa Francisco
en la homilía de la misa que celebró el
sábado 7 de marzo, por la tarde, en la
parroquia romana de Todos los Santos.
El Pontífice quiso volver, exactamente
después de cincuenta años, a la iglesia
donde Pablo VI celebró por primera vez
en italiano según las renovadas
normas litúrgicas establecidas por el
Concilio Vaticano II.
Con ocasión de la fiesta de la Pascua judía, Jesús va a Jerusalén. Al
llegar al templo, no encuentra gente
que busca a Dios, sino gente que
hace sus propios negocios: los mercaderes de animales para la ofrenda
de los sacrificios; los cambistas,
quienes cambian dinero «impuro»
que llevan la imagen del emperador
con monedas aprobadas por la autoridad religiosa para pagar el impuesto anual del templo. ¿Qué encontramos nosotros cuando visitamos,
cuando vamos a nuestros templos?
Dejo la pregunta. El indigno comercio, fuente de ricas ganancias, provo-
Pablo
VI
ca la enérgica reacción de Jesús. Él
volcó los bancos y esparció el dinero
por el piso, echó a los vendedores
diciéndoles: «No convirtáis en un
mercado la casa de mi Padre» (Jn 2,
16).
Esta expresión no se refiere sólo a
los negocios que se realizaban en los
patios del templo. Se refiere más
bien a un tipo de religiosidad. El
gesto de Jesús es un gesto de «limpieza», de purificación, y la actitud que
Él desautoriza se la puede sacar de
los textos proféticos, según los cuales Dios no soporta un culto exterior
hecho de sacrificios materiales y basado en el interés personal (cf. Is 1,
11-17; Jer 7, 2-11). Este gesto es la llamada al culto auténtico, a la correspondencia entre liturgia y vida; una
llamada válida para todos los tiempos y también hoy para nosotros.
Esa correspondencia entre liturgia y
vida. La liturgia no es algo extraño,
allá, lejano, y mientras se celebra yo
pienso en muchas cosas, o rezo el
rosario. No, no. Hay una correspondencia con la celebración litúrgica
que luego llevo a mi vida; y en esto
se debe aún ir más adelante, se debe
en la iglesia de Todos los Santos el 7 de marzo de 1965
aún recorrer mucho camino.
La constitución conciliar
Sacrosanctum Concilium define
la liturgia como «la primera y
más necesaria fuente en la que
los fieles beben el espíritu verdaderamente cristiano» (n.
14). Esto significa reafirmar el
vínculo esencial que une la vida del discípulo de Jesús y el
culto litúrgico. Esto no es ante todo una doctrina que se
debe comprender, o un rito
que hay que cumplir; es naturalmente también esto pero de
otra forma, es esencialmente
distinto: es una fuente de vida
y de luz para nuestro camino
de fe.
Por lo tanto, la Iglesia nos
llama a tener y promover una vida
litúrgica auténtica, a fin de que pueda haber sintonía entre lo que la liturgia celebra y lo que nosotros vivimos en nuestra existencia. Se trata
de expresar en la vida lo que hemos
recibido mediante la fe y lo que hemos celebrado (cf. Sacrosanctum
Concilium, 10).
El discípulo de Jesús no va a la
iglesia sólo para cumplir un precepto, para sentirse bien con un Dios
que luego no tiene que «molestar»
demasiado. «Pero yo, Señor, voy todos los domingos, cumplo..., tú no
te metas en mi vida, no me molestes». Esta es la actitud de muchos
católicos, muchos. El discípulo de
Jesús va a la iglesia para encontrarse
con el Señor y encontrar en su gracia, operante en los sacramentos, la
fuerza para pensar y obrar según el
Evangelio. Por lo que no podemos
ilusionarnos con entrar en la casa
del Señor y «encubrir», con oraciones y prácticas de devoción, comportamientos contrarios a las exigencias de la justicia, la honradez o la
caridad hacia el prójimo. No podemos sustituir con «honores religio-
El Papa Montini y la celebración eucarística en la lengua del pueblo
Para llevar a Cristo a todos
GIUSEPPE MIDILI*
«¿Qué estamos haciendo? (…) Nosotros estamos actuando una realidad (…) Se inaugura, hoy, la nueva
forma de la Liturgia en todas las
parroquias e iglesias del mundo».
Estas palabras llenas de emoción
pronunciadas por el Papa Pablo VI
durante la primera misa en italiano
celebrada el 7 de marzo de 1965 en
la parroquia romana de Todos los
Santos —a la que el vicariato de
Roma dedicó el viernes 27 de febrero un congreso: «Unidos en la acción de gracias»— revelan una atención hacia el pueblo de Dios, que
exigía un especial cuidado pastoral
para hacer renacer la vida espiritual. El paso del latín a la lengua
viva fue uno de los signos más evidentes del cambio introducido por
el Vaticano II y testimonia que el
criterio pastoral animó todos los
trabajos del Concilio y caracterizó
la reforma litúrgica. «Es un gran
acontecimiento que se deberá recordar como principio de una lozana
vida espiritual, como un compromiso nuevo en la correspondencia al
gran diálogo entre Dios y el hombre». Pablo VI el 7 de marzo de
1965 también durante el Ángelus
quiso recordar el sentido de este
cambio: la Iglesia consideraba necesario introducir la lengua de los fieles en la oración, para hacerla comprensible. Se sacrificaba así el latín
y «la unidad de lenguaje en los diversos pueblos en honor de esta
mayor universalidad, para llegar a
todos». Se grababa de este modo
«una fecha memorable en la historia espiritual de la Iglesia».
Cuando los padres conciliares
empezaron a reflexionar sobre la reforma y promoción de la liturgia,
entendieron «adaptar mejor a las
necesidades de nuestro tiempo las
instituciones que están sujetas a
cambio» (Sacrosanctum Concilium,
1). La participación plena, activa y
consciente de los fieles en la liturgia tiene su fundamento en el don
del bautismo y constituye uno de
los pilares de la reforma y un criterio de revisión de los ritos y los textos. Cuando en la asamblea conciliar se llegó a tratar el uso del latín
en la liturgia, se estableció que la
lengua viva —siendo que puede ser
de gran utilidad para el pueblo—
encontrase un espacio más amplio
en las celebraciones litúrgicas. En
los años inmediatamente sucesivos,
comisiones especiales estudiaron la
posibilidad de introducir en la
práctica de la celebración los principios teológicos surgidos durante
el Concilio. Pablo VI decidió aproSIGUE EN LA PÁGINA 13
sos» lo que debemos dar al prójimo,
postergando una verdadera conversión. El culto, las celebraciones litúrgicas, son el ámbito privilegiado para escuchar la voz del Señor, que
guía por el camino de la rectitud y
de la perfección cristiana.
Se trata de realizar un itinerario
de conversión y de penitencia, para
quitar de nuestra vida las escorias
del pecado, como hizo Jesús, limpiando el templo de intereses mezquinos. Y la Cuaresma es el tiempo
favorable para todo esto, es el tiempo
de la renovación interior, de la remisión de los pecados, el tiempo en el
que somos llamados a redescubrir el
sacramento de la Penitencia y de la
Reconciliación, que nos hace pasar
de las tinieblas del pecado a la luz
de la gracia y de la amistad con Jesús. No hay que olvidar la gran
fuerza que tiene este sacramento para la vida cristiana: nos hace crecer
en la unión con Dios, nos hace reconquistar la alegría perdida y experimentar el consuelo de sentirnos
personalmente acogidos por el abrazo misericordioso de Dios.
Queridos hermanos y hermanas,
este templo fue construido gracias al
celo apostólico de san Luis Orione.
Precisamente aquí, hace cincuenta
años, el beato Pablo VI inauguró, en
cierto sentido, la reforma litúrgica
con la celebración de la misa en la
lengua hablada por la gente. Os deseo que esta circunstancia reavive en
todos vosotros el amor por la casa
de Dios. En ella encontráis una gran
ayuda espiritual. Aquí podéis experimentar, cada vez que queráis, el poder regenerador de la oración personal y de la oración comunitaria. La
escucha de la Palabra de Dios, proclamada en la asamblea litúrgica, os
sostiene en el camino de vuestra vida cristiana. Os encontráis entre estos muros no como extraños, sino
como hermanos, capaces de darse la
mano con gusto, porque os congrega
el amor a Cristo, fundamento de la
esperanza y del compromiso de cada
creyente.
A Él, Jesucristo, Piedra angular,
nos estrechamos confiados en esta
santa misa, renovando el propósito
de comprometernos en favor de la
purificación y la limpieza interior de
la Iglesia edificio espiritual, del cual
cada uno de nosotros es parte viva
en virtud del Bautismo. Así sea.
L’OSSERVATORE ROMANO
página 6
El Pontífice al Camino Neocatecumenal
Despertad la fe
«Despertad la fe» llevando
nuevamente el anuncio evangélico a
muchos «no cristianos» que hoy, a
causa de la secularización, han
olvidado quién es Jesús. Fue la
invitación que el Papa Francisco
dirigió a los miles de miembros del
Camino Neocatecumenal que
abarrotaron el aula Pablo VI el viernes
6 de marzo por la mañana.
Queridos hermanos y hermanas:
¡Buenos días a todos! Y gracias,
muchas gracias por haber venido a
este encuentro.
La tarea del Papa, la tarea de Pedro, es la de confirmar a los hermanos en la fe. Así, vosotros también
habéis querido con este gesto pedir
al Sucesor de Pedro que confirme
vuestra llamada, que sostenga vuestra misión y bendiga vuestro carisma. Y hoy confirmo vuestra llamada, sostengo vuestra misión y bendigo vuestro carisma. Lo hago no porque él [señala a Kiko] me pagó, !no!
Lo hago porque quiero hacerlo. Iréis
en nombre de Cristo a todo el mundo a llevar su Evangelio: Que Cristo
os preceda, que Cristo os acompañe,
que Cristo lleve a su realización la
salvación de la que sois portadores.
Junto a vosotros saludo a todos
los cardenales y obispos que os
acompañan hoy y que en sus diócesis apoyan vuestra misión. En especial saludo a los iniciadores del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello y Carmen Hernández, junto con
el padre Mario Pezzi: también a
ellos expreso mi aprecio y mi aliento
por todo lo que, a través del Camino, están haciendo en beneficio de
la Iglesia. Yo digo siempre que el
Camino Neocatecumenal hace un
gran bien en la Iglesia.
Como dijo Kiko, nuestro encuentro de hoy es un envío misionero, en
obediencia a lo que Cristo nos pidió
y escuchamos en el Evangelio. Y estoy particularmente contento de que
esta misión vuestra se lleve a cabo
gracias a familias cristianas que, reunidas en una comunidad, tienen la
misión de entregar los signos de la
fe que atraen a los hombres hacia la
belleza del Evangelio, según las palabras de Cristo: «Amaos como yo
os he amado; de este amor conocerán que sois mis discípulos» (cf. Jn
13, 34-35), y «sean todos uno y el
mundo creerá» (cf. Jn 17, 21). Estas
comunidades, llamadas por los obispos, están formadas por un presbítero y cuatro o cinco familias, con
hijos incluso mayores, y constituyen
una «missio ad gentes», con un mandato de evangelizar a los no cristianos. Los no cristianos que jamás escucharon hablar de Jesucristo, y muchos no cristianos que olvidaron
quién era Jesucristo, quién es Jesucristo: no cristianos bautizados, a
quienes la secularización, la mundanidad y muchas otras cosas les hicieron olvidar la fe. ¡Despertad esa fe!
Por lo tanto, incluso antes que
con la palabra, es con vuestro testimonio de vida como manifestáis el
corazón de la revelación de Cristo:
que Dios ama al hombre hasta entregarse a la muerte por él y que fue
resucitado por el Padre para
darnos la gracia de dar nuestra vida a los demás. El mundo de hoy tiene extrema necesidad de es este gran mensaje.
Cuánta soledad, cuánto sufrimiento, cuánta lejanía de Dios
en tantas periferias de Europa
y América y en muchas ciudades de Asia. Cuánta necesidad
tiene el hombre de hoy, en todo lugar, de sentir que Dios
lo ama y que el amor es posible. Estas comunidades cristianas, gracias a vosotros, familias misioneras, tienen la tarea esencial de hacer visible
este mensaje. Y ¿cuál es el
mensaje? «¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo vive! ¡Cristo está
vivo entre nosotros!».
Vosotros habéis recibido la
fuerza de dejar todo y partir
hacia tierras lejanas gracias a
un camino de iniciación cris-
tiana, vivido en pequeñas comunidades, donde habéis descubierto de
nuevo las inmensas riquezas de vuestro bautismo. Este es el Camino Neocatecumenal, un auténtico don de la
Providencia a la Iglesia de nuestros
tiempos, como ya afirmaron mis predecesores; sobre todo san Juan Pablo II cuando os dijo: «Reconozco el
Camino Neocatecumenal como un
itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiem-
viernes 13 de marzo de 2015, número 11
pos de hoy» (Carta Ogniqualvolta, 30
de agosto de 1990). El Camino se
basa en esas tres dimensiones de la
Iglesia que son la Palabra, la Liturgia y la Comunidad. Por ello, la escucha obediente y constante de la
Palabra de Dios, la celebración eucarística en pequeñas comunidades
después de las primeras Vísperas del
domingo, la celebración de Laudes
en familia en el día domingo con todos los hijos, y el compartir la propia fe con los demás hermanos están
en el origen de tantos dones que el
Señor os prodigó, así como las numerosas vocaciones al presbiterado y
a la vida consagrada. Ver todo esto
es un consuelo, porque confirma que
el Espíritu de Dios está vivo y operante en su Iglesia, también hoy, y
que responde a las necesidades del
hombre moderno.
En diversas ocasiones insistí sobre
la necesidad que la Iglesia tiene de
pasar de una pastoral de simple conservación a una pastoral decididamente misionera (cf. Exhort. ap.
Evangelii gaudium, 15). Cuántas veces, en la Iglesia, tenemos a Jesús
dentro y no lo dejamos salir...
¡Cuántas veces! Esto es lo más importante que hay que hacer si no
queremos que las aguas se estanquen
en la Iglesia. El Camino desde hace
años está realizando estas missio ad
gentes entre los no cristianos, para
una implantatio Ecclesiae, una nueva
presencia de Iglesia, allí donde la
Iglesia no existe y ya no es capaz de
llegar a las personas. «¡Cuánta alegría nos dais con vuestra presencia y
con vuestra actividad!», os dijo el
beato Papa Pablo VI en su primera
audiencia con vosotros (8 de mayo
de 1974). Yo también hago mías estas palabras y os aliento a seguir
adelante, confiándoos a la santísima
Virgen María que inspiró el Camino
Neocatecumenal. Ella intercede por
vosotros ante su Hijo divino.
Queridísimos, que el Señor os
acompañe. ¡Id con mi bendición!
Audiencia a los reyes de Bélgica
El Papa, el lunes 9 de
marzo, por la mañana, recibió en audiencia, en el palacio
apostólico, al rey de
los belgas, su majestad Felipe y la reina
Matilde, quienes sucesivamente se reunieron con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado,
acompañado por el
arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados. Durante los cordiales coloquios, se
destacaron las buenas
relaciones bilaterales entre Bélgica
y la Santa Sede. Se centraron luego en cuestiones de común interés,
como la cohesión social, la educación de los jóvenes, el fenómeno
de las migraciones y la importancia
del diálogo intercultural e interreligioso. Se trató también sobre algunas problemáticas de carácter internacional, con especial referencia a
las perspectivas futuras del continente europeo.
número 11, viernes 13 de marzo de 2015
L’OSSERVATORE ROMANO
página 7
El Papa al movimiento Comunión y Liberación
Como la flor del almendro
A los diez años de la muerte del fundador don Luigi Giussani, el movimiento
Comunión y Liberación fue recibido por el Papa Francisco el sábado 7 de marzo,
por la mañana, en la plaza de San Pedro. Retomando cuanto don Giussani
decía sobre la centralidad del encuentro con Cristo, «encuentro no con una idea,
sino con una Persona», el Papa recordó a los presentes que Jesús nos precede
siempre: «Él es como la flor del almendro: es la que florece primero y anuncia la
primavera». El Pontífice también invitó a todos a «rechazar la
autorreferencialidad» y a «ser brazos, manos, pies, mente y corazón de una
Iglesia “en salida”» para ir «a buscar a los lejanos».
Queridos hermanos y hermanas:
¡Buenos días! Os doy la bienvenida a todos y os agradezco vuestro
afecto caluroso. Dirijo mi saludo
cordial a los cardenales y obispos.
Saludo a don Julián Carrón, presidente de vuestra fraternidad, y le
agradezco las palabras que me ha dirigido en nombre de todos; y también le agradezco, don Julián, la
hermosa carta que usted escribió a
todos, invitándolos a venir. Muchas
gracias.
Mi primer pensamiento se dirige a
vuestro fundador, monseñor Luigi
Giussani, recordando el décimo aniversario de su nacimiento al cielo.
Estoy agradecido a don Giussani
por varias razones. La primera, más
personal, es el bien que este hombre
me hizo a mí y a mi vida sacerdotal
a través de la lectura de sus libros y
de sus artículos. La otra razón es
que su pensamiento es profundamente humano y llega hasta lo más
íntimo del anhelo del hombre. Sabéis cuán importante era para don
Giussani la experiencia del encuentro: encuentro no con una idea, sino
con una Persona, con Jesucristo. Así,
él educó en la libertad, guiando al
encuentro con Cristo, porque Cristo
nos da la verdadera libertad. Hablando del encuentro, me viene a la
memoria «La vocación de Mateo»,
ese Caravaggio ante el cual me detenía largamente en San Luis de los
Franceses cada vez que venía a Roma. Ninguno de los que estaban allí,
incluido Mateo, ávido de dinero, podía creer en el mensaje de ese dedo
que lo indicaba, en el mensaje de
esos ojos que lo miraban con misericordia y lo elegían para el seguimiento. Sentía el estupor del encuentro. Así es el encuentro con
Cristo, que viene y nos invita.
Todo en nuestra vida, hoy como
en tiempos de Jesús, comienza con
un encuentro. Un encuentro con este hombre, el carpintero de Nazaret,
un hombre como todos y, al mismo
tiempo, diverso. Pensemos en el
evangelio de san Juan, allí donde relata el primer encuentro de los discípulos con Jesús (cf. 1, 35-42). Andrés, Juan y Simón: se sintieron mirados en lo más profundo, conocidos íntimamente, y esto suscitó en
ellos una sorpresa, un estupor que,
inmediatamente, los hizo sentirse
unidos a Él… O cuando, después de
la resurrección, Jesús le pregunta a
Pedro: «¿Me amas?» (Jn 21, 15), y
Pedro le responde: «Sí»; ese sí no
era el resultado de la fuerza de voluntad, no venía sólo de la decisión
del hombre Simón: venía ante todo
de la gracia, era el «primerear», el
preceder de la gracia. Ese fue el descubrimiento decisivo para san Pablo,
para san Agustín, y para tantos otros
santos: Jesucristo siempre es el primero, nos primerea, nos espera, Jesu-
cristo nos precede siempre; y cuando
nosotros llegamos, Él ya nos estaba
esperando. Él es como la flor del almendro: es la que florece primero y
anuncia la primavera.
Y no se puede comprender esta
dinámica del encuentro que suscita
el estupor y la adhesión sin la misericordia. Sólo quien ha sido acariciado por la ternura de la misericordia
conoce verdaderamente al Señor. El
lugar privilegiado del encuentro es
la caricia de la misericordia de Jesucristo a mi pecado. Y por eso, algunas veces, me habéis oído decir que
el puesto, el lugar privilegiado del
encuentro con Jesucristo es mi pecado. Gracias a este abrazo de misericordia vienen ganas de responder y
cambiar, y puede brotar una vida diversa. La moral cristiana no es el esfuerzo titánico, voluntarista de quien
decide ser coherente y lo logra, una
especie de desafío solitario ante el
mundo. No. Esta no es la moral
Caravaggio, «Vocación de san Mateo»
cristiana, es otra cosa. La moral cristiana es respuesta, es la respuesta
conmovida ante una misericordia
sorprendente, imprevisible, incluso
«injusta» según los criterios humanos, de uno que me conoce, conoce
mis traiciones y me quiere lo mismo,
me estima, me abraza, me llama de
nuevo, espera en mí, espera de mí.
La moral cristiana no es no caer jamás, sino levantarse siempre, gracias
a su mano que nos toma. Y el camino de la Iglesia es también este: dejar que se manifieste la gran misericordia de Dios. Decía días pasados a
los nuevos cardenales: «El camino
de la Iglesia es el de no condenar a
nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero; el camino de la Iglesia es precisamente el de salir del propio recinto
para ir a buscar a los lejanos en las
“periferias” esenciales de la existencia; es el de adoptar integralmente la
lógica de Dios», que es la de la misericordia (Homilía, 15 de febrero de
2015: L’Osservatore Romano, edición
en lengua española, 20 de febrero de
2015, p. 10). También la Iglesia debe
sentir el impulso gozoso de convertirse en flor de almendro, es decir,
en primavera como Jesús, para toda
la humanidad.
Hoy recordáis también los sesenta
años del comienzo de vuestro Movimiento, «que no nació en la Iglesia
—como os dijo Benedicto XVI— de
una voluntad organizativa de la jerarquía, sino que se originó de un
encuentro
renovado
con Cristo y así, podemos decir, de un impulso derivado, en definitiva, del Espíritu
Santo» (Discurso a la
peregrinación de Comunión y Liberación, 24 de
marzo de 2007: : L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 30 de marzo de
2007, p. 6).
Después de sesenta
años el carisma originario no ha perdido
su lozanía y vitalidad.
Pero recordad que el
centro no es el carisma, el centro es uno
solo, es Jesús, Jesucristo. Cuando pongo
en el centro mi método espiritual, mi camino espiritual, mi modo de actuarlo, me
salgo del camino. To(1600)
da la espiritualidad,
todos los carismas en
la Iglesia deben ser «descentrados»:
en el centro está sólo el Señor. Por
eso, cuando Pablo en la primera
Carta a los Corintios habla de los
carismas, de esta realidad tan hermosa de la Iglesia, del Cuerpo místico,
termina hablando del amor, es decir,
de lo que viene de Dios, de lo que
es propio de Dios, y que nos permite imitarlo. No os olvidéis nunca de
esto, de ser descentrados.
Y tampoco el carisma se conserva
en una botella de agua destilada. Fidelidad al carisma no quiere decir
«petrificarlo», es el diablo quien
«petrifica», no os olvidéis. Fidelidad
al carisma no quiere decir escribirlo
en un pergamino y ponerlo en un
cuadro. La referencia a la herencia
que os ha dejado don Giussani no
puede reducirse a un museo de recuerdos, de decisiones tomadas, de
normas de conducta. Comporta ciertamente fidelidad a la tradición, pero fidelidad a la tradición —decía
Mahler— «significa mantener vivo el
fuego y no adorar las cenizas». Don
Giussani no os perdonaría jamás que
perdierais la libertad y os transformarais en guías de museo o en adoradores de cenizas. Mantened vivo el
fuego de la memoria del primer encuentro y sed libres.
Así, centrados en Cristo y en el
Evangelio, podéis ser brazos, manos,
pies, mente y corazón de una Iglesia
«en salida». El camino de la Iglesia
es salir para ir a buscar a los lejanos
en las periferias, para servir a Jesús
en cada persona marginada, abandonada, sin fe, desilusionada de la
Iglesia, prisionera de su propio
egoísmo.
«Salir» también significa rechazar
la autorreferencialidad en todas sus
formas, significa saber escuchar a
quien no es como nosotros, aprendiendo de todos, con humildad sincera. Cuando somos esclavos de la
autorreferencialidad, terminamos por
cultivar una «espiritualidad de etiqueta»: «Yo soy CL». Esta es la etiqueta. Y luego caemos en las mil
trampas que nos presenta la complacencia autorreferencial, el mirarnos
en el espejo que nos lleva a desorientarnos y a transformarnos en meros empresarios de una ONG.
Queridos amigos: Quiero terminar
con dos citas muy significativas de
don Giussani, una de los comienzos
y la otra del final de su vida.
La primera: «El cristianismo no se
realiza jamás en la historia como
fijación de posiciones que hay que
defender, que se relacionan con lo
nuevo como pura antítesis; el cristianismo es principio de redención, que
asume lo nuevo, salvándolo» (Porta
la speranza. Primi scritti, Génova
1967, p. 119). Esta será en torno a
1967.
La segunda, de 2004: «No sólo
nunca pretendí “fundar” nada, sino
que creo que el genio del movimiento que he visto nacer consiste en haber sentido la urgencia de proclamar
la necesidad de volver a los aspectos
elementales del cristianismo, es decir, la pasión por el hecho cristiano
como tal, en sus elementos originales y nada más» (Carta a Juan Pablo
II, 26 de enero de 2004, con ocasión
del 50° aniversario de Comunión y
Liberación).
Que el Señor os bendiga y la Virgen os proteja. Y, por favor, no os
olvidéis de rezar por mí. Gracias.
L’OSSERVATORE ROMANO
número 11, viernes 13 de marzo de 2015
páginas 8/9
El Papa Francisco en la parroquia romana de Santa María Madre del Redentor
Con el látigo de la misericordia
«¿Sabéis cuál es el látigo de Jesús para limpiar nuestra alma? La misericordia. Y si
abrimos nuestro corazón a la misericordia de Jesús, para que limpie nuestro corazón,
nuestra alma, Jesús se fiará de nosotros». Así, el Papa Francisco comentó el Evangelio
del tercer domingo de Cuaresma —tomado del capítulo 2 de san Juan (13-25)— en la
misa celebrada el 8 de marzo, por la tarde, en la parroquia romana de Santa María
Madre del Redentor en Tor Bella Monaca. Publicamos la traducción de la homilía
que el Pontífice pronunció espontáneamente.
En este pasaje del Evangelio que hemos escuchado, hay dos cosas que me
impresionan: una imagen y una palabra.
La imagen es la de Jesús con el látigo en la mano que echa fuera a todos
los que aprovechaban el Templo para
hacer negocios. Estos comerciantes que
vendían los animales para los sacrificios, cambiaban las monedas... Estaba
lo sagrado —el templo, sagrado— y esto
sucio, afuera. Esta es la imagen. Y Jesús toma el látigo y procede, para limpiar un poco el Templo.
Y la frase, la palabra, está ahí donde
se dice que mucha gente creía en Él,
una frase terrible: «Pero Jesús no se
confiaba a ellos, porque los conocía a
todos, y no necesitaba el testimonio de
nadie sobre un hombre, porque Él sabía lo que hay dentro de cada hombre»
(Jn 2, 24-25).
Nosotros no podemos engañar a Jesús: Él nos conoce por dentro. No se
fiaba. Él, Jesús, no se fiaba. Y esta puede ser una buena pregunta en la mitad
de la Cuaresma: ¿Puede fiarse Jesús de
mí? ¿Puede fiarse Jesús de mí, o tengo
una doble cara? ¿Me presento como católico, como uno cercano a la Iglesia, y
luego vivo como un pagano? «Pero Jesús no lo sabe, nadie va a contárselo».
Él lo sabe. «Él no tenía necesidad de
que alguien diese testimonio; Él, en
efecto, conocía lo que había en el hombre». Jesús conoce todo lo que está
dentro de nuestro corazón: no podemos engañar a Jesús. No podemos, ante Él, aparentar ser santos, y cerrar los
ojos, actuar así, y luego llevar una vida
que no es la que Él quiere. Y Él lo sabe. Y todos sabemos el nombre que Jesús daba a estos con doble cara: hipócritas.
Nos hará bien, hoy, entrar en nuestro
corazón y mirar a Jesús. Decirle: «Señor, mira, hay cosas buenas, pero también hay cosas no buenas. Jesús, ¿te
fías de mí? Soy pecador...». Esto no
asusta a Jesús. Si tú le dices: «Soy un
pecador», no se asusta. Lo que a Él lo
aleja es la doble cara: mostrarse justo
para cubrir el pecado oculto. «Pero yo
voy a la iglesia, todos los domingos, y
yo...». Sí, podemos decir todo esto. Pero si tu corazón no es justo, si tú no vives la justicia, si tú no amas a los que
necesitan amor, si tú no vives según el
espíritu de las bienaventuranzas, no
eres católico. Eres hipócrita. Primero:
¿Puede Jesús fiarse de mí? En la oración, preguntémosle: Señor, ¿Tú te fías
de mí?
Segundo, el gesto. Cuando entramos
en nuestro corazón, encontramos cosas
que no funcionan, que no están bien,
Ángelus del 8 de marzo en la plaza de San Pedro
Sin mujeres un mundo estéril
Una invitación a dejar entrar a Jesús
en el corazón para permitir que «haga
limpieza» y «expulse a los ídolos» dirigió
el Papa Francisco a los fieles presentes
en la plaza de San Pedro durante
el Ángelus del domingo 8 de marzo.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En diálogo con los jóvenes
Tres preguntas, formuladas por voces
femeninas de la parroquia, iniciaron el
diálogo del Papa con los jóvenes durante el encuentro en el campo de deportes. Una niña, una scout y una joven le preguntaron qué experimentó
cuando fue elegido, cómo es qué existe
el infierno y cómo vivir cristianamente
la sexualidad.
El Papa Francisco definió «muy importante», la pregunta sobre el infierno, recordando «el ángel muy orgulloso e inteligente» que «tenía envidia de
Dios» y «quería ocupar su lugar». Si
bien Dios hubiese «querido perdonarlo
—continuó— él decía: “Yo no necesito el
perdón, yo me basto a mí mismo”».
Como consecuencia, el infierno es
«decir a Dios: “Arréglate tú, que yo me
las arreglo solo”. Al infierno —aclaró—
no te mandan: vas tú, porque tú eliges
estar allí. El infierno es querer alejarse
de Dios, porque yo no quiero el amor
de Dios». Por ello «el diablo está en el
infierno, porque él lo quiso».
El Papa Francisco pidió que se pensara «en un gran pecador, con todos
los pecados del mundo», que al ser
condenado «a la pena de muerte» y
encontrarse en el patíbulo, siguiera
blasfemando e insultando, pero luego,
inmediatamente antes de morir, mira al
cielo y dice: «¡Señor!». En ese caso,
dijo, «se salva». Precisamente como el
ladrón, que fue «crucificado cerca de
Jesús». Así, pues, a un cierto punto, recordó el Papa, «algo se movió dentro y
dijo: “Señor, ten piedad de mí”». Y Jesús le respondió: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso». En efecto, «va al infierno sólo quien dice a Dios: “No te
necesito, me arreglo solo”, como hizo el
diablo, el único de quien estamos seguros que está en el infierno».
Sobre el tema moral, el Papa Francisco explicó que «vivir moralmente, es
una gracia, es una respuesta al amor
que Dios te da en primer lugar. Si no
eres consciente que Él te ama, no puedes hacer nada. Y el modo moral de vivir es una respuesta a ese encuentro
con Jesús. Si no habrás encontrado a
Jesús, jamás podrás vivir una vida cristiana. Y es Jesús quien ayuda a seguir
adelante, y si caes Él te levanta y hace
continuar y caminar. Pero si piensas
que la vida moral es sólo “hacer esto,
no hacer esto”, eso no es cristiano. Es
una filosofía moral, pero no es cristiano. Cristiano es el amor de Jesús que
nos ama Él primero». Por eso, «cuando
tengamos tentaciones de envidia, celos,
debemos «mirar a Jesús y decir: “Señor, no me dejes solo”». Y si luego
«caes, levántate», añadió citando un
canto de los alpinos según el cual «en
el arte de subir a los montes, lo importante no es no caer, sino no permanecer» en el suelo. En efecto, concluyó,
«la moralidad cristiana es esto: ¿Tú
caes? Levántate inmediatamente y adelante. Pero siempre con Jesús». Porque
sin Él «no podrás hacer nada».
Por último, a la pregunta sobre la
elección el Papa Francisco respondió
como Jesús encontró en el Templo esa
suciedad del comercio, de los vendedores. También dentro de nosotros hay
suciedad, hay pecados de egoísmo, de
soberbia, de orgullo, de codicia, de envidia, de celos... ¡tantos pecados! Podemos incluso continuar el diálogo con
Jesús: «Jesús, ¿Tú te fías de mí? Yo
quiero que Tú te fíes de mí. Entonces
te abro la puerta y tú limpia mi alma».
Y pedir al Señor que así como limpió
el Templo, venga a limpiar el alma. E
imaginamos que Él viene con un látigo
de cuerdas... No, con eso no limpia el
alma. ¿Vosotros sabéis cuál es el látigo
de Jesús para limpiar nuestra alma? La
misericordia. Abrid el corazón a la misericordia de Jesús. Decid: «Jesús, mira
cuánta suciedad. Ven, limpia. Limpia
con tu misericordia, con tus palabras
dulces; limpia con tus caricias». Y si
abrimos nuestro corazón a la misericordia de Jesús, para que limpie nuestro
corazón, nuestra alma, Jesús se fiará de
nosotros.
sonriendo: «Me han cambiado de diócesis. Yo era feliz en una diócesis y
ahora soy feliz en otra».
Así, pues, concluyó resumiendo sus
palabras en una triple enseñanza:
«Nunca caminar sin Jesús. Nunca buscar la salvación sin Dios, de este modo
no vamos al infierno. Y nunca lamentarse cuando la vida te cambia de sitio».
El Evangelio de hoy (Jn 2, 13-25) nos
presenta el episodio de la expulsión de
los vendedores del templo. Jesús «hizo
un látigo con cuerdas, los echó a todos
del Templo, con ovejas y bueyes» (v.
15), el dinero, todo. Tal gesto suscitó
una fuerte impresión en la gente y en
los discípulos. Aparece claramente como un gesto profético, tanto que algunos
de los presentes le preguntaron a Jesús:
«¿Qué signos nos muestras para obrar
así?» (v. 18), ¿quién eres para hacer estas cosas? Muéstranos una señal de que
tienes realmente autoridad para hacerlas. Buscaban una señal divina, prodigiosa, que acreditara a Jesús como enviado de Dios. Y Él les respondió:
«Destruid este templo y en tres días lo
levantaré» (v. 19). Le replicaron: «Cuarenta y seis años se ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar
en tres días?» (v. 20). No habían comprendido que el Señor se refería al templo vivo de su cuerpo, que sería destruido con la muerte en la cruz, pero que
resucitaría al tercer día. Por eso, «en
tres días». «Cuando resucitó de entre
los muertos —comenta el evangelista—,
los discípulos se acordaron de que lo
había dicho, y creyeron a la Escritura y
a la palabra que había dicho Jesús» (v.
22).
En efecto, este gesto de Jesús y su
mensaje profético se comprenden plenamente a la luz de su Pascua. Según
el evangelista Juan, este es el primer
anuncio de la muerte y resurrección de
Cristo: su cuerpo, destruido en la cruz
por la violencia del pecado, se converti-
rá con la Resurrección en lugar de la cita
universal entre Dios y los hombres. Cristo
resucitado es precisamente el lugar de
la cita universal —de todos— entre Dios
y los hombres. Por eso su humanidad
es el verdadero templo en el que Dios
se revela, habla, se lo puede encontrar;
y los verdaderos adoradores de Dios no
son los custodios del templo material,
los detentadores del poder o del saber
religioso, sino los que adoran a Dios
«en espíritu y verdad» (Jn 4, 23).
En este tiempo de Cuaresma nos estamos preparando para la celebración
de la Pascua, en la que renovaremos las
promesas de nuestro bautismo. Caminemos en el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor para nuestros hermanos,
especialmente para los más débiles y
los más pobres, construyamos para Dios
un templo en nuestra vida. Y así lo hacemos «encontrable» para muchas personas que encontramos en nuestro camino. Si somos testigos de este Cristo vivo, mucha gente encontrará a Jesús en
nosotros, en nuestro testimonio. Pero
—nos preguntamos, y cada uno de nosotros puede preguntarse—, ¿se siente el
Señor verdaderamente como en su casa
en mi vida? ¿Le permitimos que haga
«limpieza» en nuestro corazón y expulse a los ídolos, es decir, las actitudes de
codicia, celos, mundanidad, envidia,
odio, la costumbre de murmurar y
«despellejar» a los demás? ¿Le permito
que haga limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el
prójimo y contra nosotros mismos, como hemos escuchado hoy en la primera
lectura? Cada uno puede responder a sí
mismo, en silencio, en su corazón.
«¿Permito que Jesús haga un poco de
limpieza en mi corazón?». «Oh padre,
tengo miedo de que me reprenda». Pero Jesús no reprende jamás. Jesús hará
limpieza con ternura, con misericordia,
con amor. La misericordia es su modo
de hacer limpieza. Dejemos —cada uno
de nosotros—, dejemos que el Señor entre con su misericordia —no con el látigo, no, sino con su misericordia— para
hacer limpieza en nuestros corazones.
El látigo de Jesús para nosotros es su
misericordia. Abrámosle la puerta, para
que haga un poco de limpieza.
Cada Eucaristía que celebramos con
fe nos hace crecer como templo vivo
del Señor, gracias a la comunión con
su Cuerpo crucificado y resucitado. Jesús conoce lo que hay en cada uno de
nosotros, y también conoce nuestro deseo más ardiente: el de ser habitados
por Él, sólo por Él. Dejémoslo entrar
en nuestra vida, en nuestra familia, en
nuestro corazón. Que María santísima,
Johannes Vermeer Van Delft
«La joven de la perla» (1660 - 1665)
morada privilegiada del Hijo de Dios,
nos acompañe y nos sostenga en el itinerario cuaresmal, para que redescubramos la belleza del encuentro con Cristo, que nos libera y nos salva.
Al término de la oración mariana el
Pontífice saludó de manera especial «a
todas las mujeres», recordando que «un
mundo donde las mujeres son marginadas
es un mundo estéril».
Queridos hermanos y hermanas:
Doy una cordial bienvenida a los fieles de Roma y a todos los peregrinos
provenientes de varias partes del mundo.
Durante esta Cuaresma tratemos de
estar más cerca de las personas que están viviendo momentos de dificultad:
cercanos con el afecto, con la oración,
con la solidaridad.
Hoy, 8 de marzo, un saludo a todas
las mujeres. Todas las mujeres que cada
día tratan de construir una sociedad
más humana y acogedora. Y también
un gracias fraterno a las que de mil
modos testimonian el Evangelio y trabajan en la Iglesia. Y esta es para nosotros una ocasión para reafirmar la importancia y la necesidad de su presencia en la vida. Un mundo donde las
mujeres son marginadas es un mundo
estéril, porque las mujeres no sólo traen
la vida sino que también nos transmiten la capacidad de ver más allá —ven
más allá de ellas—, nos transmiten la
capacidad de comprender el mundo
con ojos diversos, de sentir las cosas
con corazón más creativo, más paciente, más tierno. Una oración y una bendición particular para todas las mujeres
presentes aquí, en la plaza, y para todas las mujeres. Un saludo.
A todos os deseo un feliz domingo.
Por favor, no os olvidéis de rezar por
mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!
L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 13 de marzo de 2015, número 11
Misa del Santo Padre en Santa Marta
Sin nombre
Ser mundanos significa perder el
propio nombre hasta tener los ojos
del alma «oscurecidos», anestesiados, hasta el punto de ya no ver a
las personas que nos rodean. Sobre
este «pecado» el Papa Francisco puso en guardia en la misa que celebró
el jueves 5 de marzo, por la mañana,
en Santa Marta.
«La liturgia cuaresmal de hoy nos
propone dos historias, dos juicios y
tres nombres», destacó inmediatamente el Papa Francisco. Las «dos
historias» son las de la parábola del
rico y del mendigo Lázaro, narrada
por san Lucas (16, 19-31). En especial, afirmó el Papa, la primera historia es «la del hombre rico que vestía de púrpura y de lino finísimo» y
«se concedía placeres», en tal medida que «banqueteaba cada día». En
realidad el texto, precisó el Papa
Francisco, «no dice que haya sido
malo»: más bien «era un hombre de
vida acomodada, se daba a la buena
vida». En el fondo «el Evangelio no
dice que se divirtiera en abundancia»; su vida era más bien «una vida
tranquila, con los amigos». Tal vez
«si tenía a los padres, seguramente
les enviaba bienes para que tuviesen
lo necesario para vivir». Y quizá
«era también un hombre religioso, a
su estilo. Recitaba, tal vez, alguna
oración; y dos o tres veces al año seguramente iba al templo para ofrecer
los sacrificios y daba grandes donativos a los sacerdotes». Y «ellos, con
esa pusilanimidad clerical le agradecían y le hacían tomar asiento en el
sitio de honor». Esto era «socialmente» el sistema de vida del hombre rico presentado por san Lucas.
Está luego «la segunda historia, la
de Lázaro», el pobre mendigo que
estaba ante la puerta del rico. ¿Cómo es posible que ese hombre no se
diese cuenta que debajo de su casa
estaba Lázaro, pobre y hambriento?
Las llagas de las que habla el Evangelio, destacó el Papa, son «un símbolo de las numerosas necesidades
que tenía». En cambio, «cuando el
rico salía de casa, tal vez el coche
con el que salía tenía los cristales oscuros para no ver hacia fuera». Pero
«seguramente su alma, los ojos de
su alma estaban oscurecidos para no
ver». Y así el rico «veía sólo su vida
y no se daba cuenta de lo que sucedía» a Lázaro.
Al fin de cuentas, afirmó el Papa
Francisco, «el rico no era malo, estaba enfermo: enfermo de mundanidad». Y «la mundanidad transforma
las almas, hace perder la conciencia
de la realidad: viven en un mundo
artificial, construido por ellos». La
mundanidad «anestesia el alma». Y
«por eso, ese hombre mundano no
era capaz de ver la realidad».
Por ello, explicó el Papa, «la segunda historia es clara»: hay «muchas personas que conducen su vida
de forma difícil», pero «si yo tengo
el corazón mundano, jamás comprenderé esto». Por lo demás, «con
el corazón mundano» no se pueden
comprender «la carencia y la necesidad de los demás. Con el corazón
mundano se puede ir a la iglesia, se
puede rezar, se pueden hacer muchas cosas». Pero Jesús, en la ora-
ción de la última Cena, ¿qué pidió?
«Por favor, Padre, cuida a estos discípulos», de modo «que no caigan
en el mundo, no caigan en la mundanidad». Y la mundanidad «es un
pecado sutil, es más que un pecado:
es un estado pecaminoso del alma».
«Estas son las dos historias» presentadas por la liturgia, resumió el
Pontífice. En cambio, «los dos juicios» son «una maldición y una
bendición». En la primera lectura,
tomada de Jeremías (17, 5-10) se lee:
«Maldito quien confía en el hombre,
y busca apoyo en las criaturas, apartando su corazón del Señor». Pero
esto, puntualizó el Papa Francisco,
es precisamente el perfil del «mundano que hemos visto» en el hombre rico. Y «al final, ¿cómo será» este hombre? La Escritura lo define
«como un cardo en la estepa: no verá llegar el bien, “habitará en un árido desierto” —su alma es desierta—
“en una tierra salobre, donde nadie
puede vivir”». Y todo esto «porque
los mundanos, en verdad, están solos con su egoísmo».
En el texto de Jeremías está luego
también la bendición: «Bendito
quien confía en el Señor y pone en
el Señor su confianza. Será un árbol
plantado junto
al agua»,
«Jesús predica en la sinagoga» (siglo
mientras que el otro «era como un
cardo en la estepa». Y, luego, he
aquí «el juicio final: nada es más falso y enfermo que el corazón y difícilmente se cura: ese hombre tenía el
corazón enfermo, tan apegado a este
modo de vivir mundano que difícilmente podía curarse».
Después de las «dos historias» y
los «dos juicios» el Papa Francisco
volvió a proponer también «los tres
nombres» sugeridos en el Evangelio:
«son los del pobre, Lázaro, Abrahán
y Moisés». Con una ulterior clave
de lectura: el rico «no tenía nombre,
porque los mundanos pierden el
nombre». Son sólo un elemento «de
la multitud acomodada que no necesita nada». En cambio un nombre lo
tienen «Abrahán, nuestro padre, Lázaro, el hombre que lucha por ser
bueno y pobre y carga con numerosos dolores, y Moisés, quien nos da
la ley». Pero «los mundanos no tienen nombre. No han escuchado a
Moisés», porque sólo necesitan manifestaciones extraordinarias.
«En la Iglesia —continuó el Pontífice— todo está claro, Jesús habló
claramente: ese es el camino». Pero
«al final hay una palabra de consuelo: cuando ese pobre hombre mundano, en los tormentos, pidió que
mandasen a Lázaro con un poco de
agua para ayudarle», Abrahán, que
es la figura de Dios Padre, responde:
«Hijo, recuerda...». Así, pues, «los
mundanos han perdido el nombre»
y «también nosotros, si tenemos el
corazón mundano, hemos perdido el
nombre». Pero «no somos huérfanos. Hasta el final, hasta el último
momento existe la seguridad de que
tenemos un Padre que nos espera.
Encomendémonos a Él». Y el Padre
se dirige a nosotros diciéndonos
«hijo», incluso «en medio de esa
mundanidad: hijo». Y esto significa
que «no somos huérfanos».
«En la oración al inicio de la misa
—dijo por último el Papa Francisco—
hemos pedido al Señor la gracia de
orientar nuestro corazón hacia Él,
que es Padre». Y así, concluyó,
«continuamos la celebración de la
misa pensando en estas dos historias, en estos dos juicios, en los tres
nombres; pero, sobre todo, en la
hermosa palabra que siempre
se pronunciará hasta el último momento:
hijo».
XIV,
monasterio de Dečani, Kosovo)
Nada
de espectáculo
El estilo de Dios es la «sencillez»:
inútil buscarlo en el «espectáculo
mundano». También en nuestra vida
Él obra siempre «en la humildad, en
el silencio, en las cosas pequeñas».
Esta es la reflexión cuaresmal que el
Papa Francisco quiso proponer en la
homilía de la misa celebrada en Santa Marta el lunes 9 de marzo.
Como de costumbre, el Pontífice
partió de la liturgia de la palabra en
la que, observó, «existe una palabra
común» en las dos lecturas: «la ira;
la indignación». En el Evangelio de
san Lucas (4, 24-30) se narra el episodio donde «Jesús vuelve a Nazaret, va a la sinagoga y comienza a
hablar». En un primer momento
«toda la gente lo escuchaba con
amor, feliz» y estaba asombrada de
las palabras de Jesús: «estaban contentos». Pero Jesús prosigue con su
discurso «y reprende la falta de fe
de su pueblo; recuerda cómo esta
falta es también histórica» haciendo
referencia al tiempo de Elías (cuando —recordó el Papa— «había tantas
viudas», pero Dios envió al profeta
«a un viuda de un país pagano») y
a la purificación de Naamán el sirio,
narrada en la primera lectura tomada del segundo libro de los Reyes
(5, 1-15).
Inicia así la dinámica entre las expectativas de la gente y la respuesta
de Dios que estuvo en el centro de
la homilía del Pontífice. En efecto,
explicó el Papa Francisco, mientras
la gente «escuchaba con gusto lo
que decía Jesús», a alguien «no le
gustó lo que decía» y «quizá algún
hablador se alzó y dijo: ¿pero este
de qué viene a hablarnos? ¿Dónde
estudió para que nos diga estas cosas? Que nos haga ver su licenciatura. ¿En qué universidad estudió? Este es el hijo del carpintero y lo conocemos bien».
Explotan así «la furia» y «la violencia»: se lee en el Evangelio que
«lo echaron fuera de la ciudad y lo
llevaron hasta un precipicio del
monte» para despeñarlo. Pero, se
preguntó el Pontífice, «la admiración, el estupor» ¿cómo pasaron «a
la ira, a la furia, a la violencia?». Es
lo que sucede también al general sirio de quien se escribe en el segundo
libro de los Reyes: «Este hombre tenía fe, sabía que el Señor lo curaría.
Pero cuando el profeta le dice “ve,
báñate”, se indigna». Tenía otras expectativas, explicó el Papa, y en
efecto pensaba en Eliseo: «Al estar
de pie, invocará el nombre del Señor
su Dios, agitará su mano hacia la
parte enferma y me quitará la lepra... Pero nosotros tenemos ríos
más hermosos que el Jordán». Y así
se marcha. Sin embargo, «los amigos le hacen entrar en razón» y, tras
regresar, se cumple el milagro.
Dos experiencias distantes en el
tiempo pero muy similares: «¿Qué
quería esta gente, estos de la sinagoga, y este sirio?» preguntó el Papa
Francisco. Por una parte «a los de
la sinagoga Jesús les reprende la falta de fe», tanto que el Evangelio subraya cómo «Jesús allí, en ese lugar,
no hizo milagros, por la falta de fe».
Por otro, Naamán «tenía fe, pero
una fe especial». En cualquier caso,
destacó el Papa Francisco, todos
buscaban lo mismo: «Querían el espectáculo». Pero «el estilo del buen
Dios no es hacer espectáculo: Dios
actúa en la humildad, en el silencio,
en las cosas pequeñas». No por casualidad, al sirio, «la noticia de la
posible curación le llega de una esclava, una joven, que era la criada
de su mujer, de una humilde jovencita». Al respecto comentó el Papa:
«Así va el Señor: por la humildad.
Y si vemos toda la historia de la salvación, encontraremos que siempre
el Señor obra así, siempre, con las
cosas sencillas».
Para hacer comprender mejor este
concepto, el Pontífice hizo referencia
a otros diversos episodios de las Escrituras. Por ejemplo, observó, «en
la narración de la creación no se dice que el Señor cogiera la varita mágica», no dijo: «Hagamos al hombre» y el hombre fue creado. Dios,
en cambio, «lo hizo con el barro y
su trabajo, sencillamente». Y, así,
«cuando quiso liberar a su pueblo,
lo liberó a través de la fe y la confianza de un hombre, Moisés». Del
mismo modo, «cuando quiso hacer
número 11, viernes 13 de marzo de 2015
L’OSSERVATORE ROMANO
página 11
Corazones
petrificados
caer la poderosa ciudad de Jericó, lo
hizo a través de una prostituta». Y
«también para la conversión de los
samaritanos, pidió el trabajo de otra
pecadora».
En realidad, el Señor desplaza
siempre al hombre. Cuando «invitó
a David a luchar contra Goliat, parecía una locura: el pequeño David
ante aquel gigante, que tenía una espada, tenía muchas cosas, y David
solamente la honda y las piedras».
Lo mismo sucede «cuando dijo a los
Magos que había nacido precisamente el rey, el gran rey». ¿Qué encontraron? «Un niño, un establo».
Por lo tanto, destacó el obispo de
Roma, «las cosas simples, la humildad de Dios, este es el estilo divino,
nunca el espectáculo».
Por lo demás, explicó, la del «espectáculo» fue precisamente «una
de las tres tentaciones de Jesús en el
desierto». Satanás le dijo, en efecto:
«Ven conmigo, subamos al alero del
templo; tú te tiras y todos verán el
milagro y creerán en ti». El Señor,
en cambio, se revela «en la sencillez,
en la humildad».
Entonces, concluyó el Papa Francisco, «nos hará bien en esta Cuaresma pensar en nuestra vida sobre cómo el Señor nos ayudó, cómo el Señor nos hizo seguir adelante, y encontraremos que siempre lo hizo con
cosas sencillas». Incluso podrá parecernos que todo sucedió «como si
fuera una casualidad». Porque «el
Señor hace las cosas sencillamente.
Te habla silenciosamente al corazón». Resultará útil, por lo tanto, en
este período recordar «las numerosas
veces» que en nuestra vida «el Señor
nos visitó con su gracia» y hemos
entendido que la humildad y la sencillez son su «estilo». Esto, explicó
el Papa, vale no solamente en la vida diaria, sino también «en la celebración litúrgica, en los sacramentos», en los cuales «es bello que se
manifieste la humildad de Dios y no
el espectáculo mundano».
Puerta abierta
«Pedir perdón no es un simple pedir
disculpas». No es fácil, así como
«no es fácil recibir el perdón de
Dios: no porque Él no quiera dárnoslo, sino porque nosotros cerramos la puerta no perdonando» a los
demás. En la homilía de la misa en
Santa Marta del martes 10 de marzo,
el Papa Francisco añadió una tesela
a la reflexión sobre el camino penitencial que caracteriza la Cuaresma:
el tema del perdón.
La reflexión partió del pasaje de
la primera lectura, tomada del libro
del profeta Daniel (3, 25.34-43), donde se lee que el profeta Azarías «pasaba un momento de prueba y recordó la prueba de su pueblo, que era
esclavo». Pero, puntualizó el Pontífice, el pueblo «no era esclavo por casualidad: era esclavo porque había
abandonado la ley del Señor, porque
había pecado». Por ello Azarías reza
así: «Por el honor de tu nombre, no
nos desampares para siempre, no
rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia... Ahora, Señor, somos el más pequeño de todos
los pueblos; hoy estamos humillados
por toda la tierra a causa de nuestros pecados. Hoy pedimos misericordia». Es decir, Azarías «se arrepiente. Pide perdón por el pecado
de su pueblo». Así, pues, el profeta
«no se lamenta ante Dios en la
prueba», no dice: «Pero tú eres injusto con nosotros, mira lo que sucede ahora...». Él, en cambio, afirma:
«Hoy estamos humillados por toda
la tierra a causa de nuestros pecados
y nos merecemos esto». He aquí el
detalle fundamental: Azarías «tenía
conciencia de pecado».
El Papa hizo notar luego también
que Azarías no dice al Señor: «Disculpa, nos hemos equivocado». En
efecto, «pedir perdón es otro cosa,
es algo distinto que pedir disculpas». Se trata de dos actitudes diferentes: el primero se limita a pedir
disculpas, el segundo implica el reconocimiento de haber pecado.
El pecado, en efecto, «no es un
simple error. El pecado es idolatría»,
es adorar a los «numerosos ídolos
que tenemos»: el orgullo, la vanidad, el dinero, el «yo mismo», el
bienestar. He aquí porqué Azarías
no pide simplemente disculpas, sino
que «pide perdón».
El pasaje del evangelio de san
Mateo (18, 21-35) llevó al Papa Francisco a afrontar la otra cara del perdón: del perdón que se pide a Dios
al perdón que se ofrece a los hermanos. Pedro plantea una pregunta a
Jesús: «Señor, si mi hermano me
ofende, ¿cuántas veces tengo que
perdonarlo?». En el Evangelio «no
son muchos los momentos en los
que una persona pide perdón», explicó el Papa, recordando algunos
de estos episodios. Está, por ejemplo, «la pecadora que llora sobre los
pies de Jesús, lava los pies con sus
lágrimas y los seca con sus cabellos»: en ese caso, dijo el Pontífice,
«la mujer había pecado mucho, había amado mucho y pide perdón».
Luego se podría recordar el episodio
en el que Pedro, «tras la pesca milagrosa, dice a Jesús: “Aléjate de mí,
que soy un pecador”»: allí él «se da
cuenta de que no se había equivocado, que había otra cosa dentro de
él». También, se puede volver a pensar en el momento en el que «Pedro
llora, la noche del Jueves santo,
cuando Jesús lo mira».
En todo caso, son «pocos los momentos en los que se pide perdón».
Pero en el pasaje propuesto por la liturgia Pedro pregunta al Señor cuál
debe ser la medida de nuestro perdón: «¿Sólo siete veces?». Jesús responde al apóstol «con un juego de
palabras que significa “siempre”: setenta veces siete, es decir, tú debes
perdonar siempre». Aquí, subrayó el
Papa Francisco, se habla de «perdonar», no simplemente de pedir disculpas por un error: perdonar «a
quien me ha ofendido, a quien me
hizo mal, a quien con su maldad hirió mi vida, mi corazón».
He aquí entonces la pregunta para
cada uno de nosotros: «¿Cuál es la
medida de mi perdón?». La respuesta puede venir de la parábola relatada por Jesús, la del hombre «a
quien se le perdonó mucho, mucho,
mucho, mucho dinero, mucho, millones», y que luego, bien «contento» con su perdón, salió y «encontró
a un compañero que tal vez tenía
una deuda de 5 euros y lo mandó a
la cárcel». El ejemplo es claro: «Si
yo no soy capaz de perdonar, no soy
capaz de pedir perdón». Por ello
«Jesús nos enseña a rezar así al Padre: “Perdona nuestras ofensas así
como nosotros perdonamos a los
que nos ofenden”».
¿Qué significa en concreto? El Papa Francisco respondió imaginando
el diálogo con un penitente: «Pero,
padre, yo me confieso, voy a confesarme... —¿Y qué haces primero de
confesarte? —Pienso en las cosas que
hice mal. —Está bien. —Luego pido
perdón al Señor y prometo no volver hacerlo... —Bien. ¿Y luego vas al
sacerdote?». Pero antes «te falta una
cosa: ¿has perdonado a los que te
han hecho mal?». Si la oración que
se nos ha sugerido es: «Perdona
nuestras ofensas así como nosotros
perdonamos a los demás», sabemos
que «el perdón que Dios te dará»
requiere «el perdón que tú das a los
demás».
Como conclusión, el Papa Francisco resumió así la meditación: ante
todo, «pedir perdón no es un simple
pedir disculpas» sino que «es ser
consciente del pecado, de la idolatría que construí, de las muchas idolatrías»; en segundo lugar, «Dios
siempre perdona, siempre», pero pide que también yo perdone, porque
«si yo no perdono», en cierto sentido es como si cerrase «la puerta al
perdón de Dios». Una puerta, en
cambio, que debemos mantener
abierta: dejemos entrar el perdón de
Dios a fin de que podamos perdonar a los demás.
Ninguna componenda: o nos dejamos amar «por la misericordia de
Dios» o elegimos el camino «de la
hipocresía» y hacemos lo que queremos dejando que nuestro corazón
«se endurezca» cada vez más. Es la
historia de la relación entre Dios y el
hombre, desde los tiempos de Abel
hasta nuestros días, en el centro de
la reflexión propuesta por el Papa
Francisco durante la misa en Santa
Marta el jueves 12 de marzo.
El Pontífice partió de la oración
del salmo responsorial —«No endurezcáis vuestro corazón»— y se preguntó: «¿Por qué sucede esto?». Para comprenderlo hizo referencia ante
todo a la primera lectura tomada del
libro del profeta Jeremías (7, 23-28)
donde está, por decirlo así, sintetizada la «historia de Dios». Y nos podríamos preguntar: ¿Cómo, «Dios
tiene una historia?». ¿Cómo es posible visto que «Dios es eterno»? Es
verdad, explicó el Papa Francisco,
«pero desde el momento en que
Dios entró en diálogo con su pueblo, entró en la historia».
Y la historia de Dios con su pueblo «es una historia triste» porque
«Dios lo dio todo» y a cambio «sólo recibió cosas malas». El Señor había dicho: «Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi
pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien». Ese era el
«camino» hacia la felicidad. «Pero
ellos no escucharon ni hicieron caso» y, es más, «caminaron según sus
ideas, según la maldad de su obstinado corazón»: es decir, no querían
«escuchar la Palabra de Dios».
Esta opción, explicó el Papa, caracterizó toda la historia del pueblo
de Dios: «pensemos en el asesinato,
en la muerte de Abel, asesinado por
su hermano, corazón malvado de envidia». Sin embargo, a pesar de que
el pueblo haya continuamente «dado la espalda» al Señor, Él afirma:
«Yo no me he cansado». Y envía
«con asidua atención» a los profetas.
Aun así, sin embargo, los hombres
no lo escucharon. Es más, se lee en
la Escritura, «endurecieron la cerviz
y fueron peores que sus padres». Y
«la situación del pueblo de Dios
empeoró, a través de las generaciones».
El Señor dijo a Jeremías: «Ya
puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes
gritarles, seguro que no te responderán. Aún así les dirás: “Esta es la
gente que no escucha la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar». Y luego, destacó el Papa, añadió una palabra «terrible: “Ha desaparecido la fidelidad... Vosotros no
sois un pueblo fiel”». Aquí, comentó
el Papa Francisco, parece que Dios
llorase: «Te he amado tanto, te he
dado tanto y tú... todo en contra de
mí». Un llanto que recuerda el de
Jesús «contemplando Jerusalén».
Por lo demás, explicó el Pontífice,
«en el corazón de Jesús estaba toda
esta historia, donde la fidelidad había desaparecido». Una historia de
infidelidad que atañe «nuestra histoSIGUE EN LA PÁGINA 15
L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 13 de marzo de 2015, número 11
COMUNICACIONES
Colegio episcopal
RENUNCIAS:
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral de la archidiócesis
de Sens (Francia) y de la prelatura
territorial de la «Mission de France»
o Pontigny que monseñor YVES PATENÔTRE, le había presentado en
conformidad con el canon 401 § 1
del Código de derecho canónico.
Yves Patenôtre nació en Troyes el
23 de enero de 1940. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio
de 1965. Juan Pablo II le nombró
obispo de Saint-Claude el 1 de diciembre de 1994; recibió la ordenación episcopal el 29 de enero de
1995. El mismo Papa le promovió a
arzobispo coadjutor de Sens y prelado coadjutor de la prelatura territorial de la «Mission de France» o
Audiencias pontificias
EL SANTO PADRE
HA RECIBID O EN AUDIENCIA:
Jueves 5 de marzo
—Al cardenal Beniamino Stella,
prefecto de la Congregación para
el clero.
—A monseñor Thomas Yeh
Sheng-nan, arzobispo titular de
Leptis Magna, nuncio apostólico
en Argelia y en Túnez.
—A monseñor Eugene Martin
Nugent, arzobispo titular de Domnach Sechnaill, nunció apostólico
en Haití.
—A monseñor Marek Solczyński,
arzobispo titular de Cesarea de
Mauritania, nuncio apostólico en
Georgia, en Armenia y en Azerbaiyán.
Viernes, día 6
—Al cardenal Gerhard Ludwig
Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe.
—Al presidente de la República
de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, con
su esposa y el séquito.
—A monseñor Fernando Natalio
Chomalí Garib, arzobispo de Concepción, administrador apostólico
«sede vacante» de Orsono (Chile).
Sábado, día 7
—Al cardenal Marc Oullet, P.S.S.,
prefecto de la Congregación para
los obispos.
Lunes, día 9
—A sus majestades el rey Felipe
y la reina Matilde de Bélgica, con
el séquito.
A los obispos de la Conferencia
episcopal de Corea, en visita «ad
limina Apostolorum»:
—Cardenal Andrew Yeom Soojung, arzobispo de Seúl y administrador apostólico «sede vacante et
ad nutum Sanctae Sedis» de
P’yŏug-yang, con los auxiliares:
monseñor Basil Cho Kyu-man,
obispo titular de Elefantaria di
Protoconsolare; monseñor Timothy
Yu Gyoung-chon, obispo titular de
Puppi; y monseñor Peter Chung
Soon-taek, obispo titular de Tamazuca.
—Monseñor Hyginus Kim Heejoong, arzobispo de Gwangju, con
el auxiliar: monseñor Simon Ok
Hyun-jin, obispo titular de Pererodiana.
—Monseñor Peter Kang U-il,
obispo de Cheju.
—Monseñor Vincent Ri Pyungho, obispo de Jeonju.
—Monseñor Luke Kim Woonhoe, obispo de Ch’unch,ŏn, administrador apostólico «sede vacante
et ad nutum Sanctae Sedis» de
Hamhŭng.
—Monseñor
Lazzaro
You
Heung-sik, obispo de Daejón, con
el auxiliar: monseñor Augustinus
Kim Jong-soo, obispo titular de
Sufasar.
—Monseñor Boniface Choi Kisan, obispo de Incheon, con el auxiliar: monseñor John Baptist Jung
Shin-chul, obispo titular de Cuicul.
—Dom Blasio Park Hyun-dong,
administrador apostólico
«ad nutum Sanctae Sedis» de la
abadía de Tŏkwon.
O.S.B.,
Representación
pontificia
El Santo Padre ha nombrado
nuncio apostólico en Honduras
a monseñor NOVATUS RUGAMBWA, arzobispo titular de Tagaria, hasta ahora nuncio apostólico en Angola y en Santo Tomé
y Príncipe.
Novatus Rugambwa nació en
Bukoba (Tanzania) el 8 de octubre de 1957. Recibió la ordenación sacerdotal el 6 de julio de
1986. Benedicto XVI le nombró
arzobispo titular de Tagaria y
nuncio apostólico en Angola y
en Santo Tomé y Príncipe el 6
de febrero de 2010; recibió la ordenación episcopal el 18 de marzo sucesivo.
Pontigny el 30 de julio de 2004. Pasó a ser arzobispo residencial de dicha sede el 31 de diciembre sucesivo.
—Obispo de Waterford y Lismore
(Irlanda) al presbítero ALPHONSUS
CULLINAN.
El Papa ha aceptado la renuncia al
gobierno pastoral de la diócesis de
Díli (Timor oriental) que monseñor
ALBERTO RICARD O DA SILVA, le había presentado en conformidad con
el canon 401 § 2 del Código de derecho canónico.
Alphonsus Cullinan nació en el
condado de Clare el 7 de mayo de
1959. Recibió la ordenación sacerdotal el 12 de junio de 1994, incardinado en la diócesis de Limerick. Obtuvo el doctorado en teología moral en
la Academia Alfonsiana de Roma.
Ha sido docente, vicario parroquial
y párroco.
Alberto Ricardo da Silva nació en
Aileu, diócesis de Díli, el 24 de abril
de 1943. Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de agosto de 1972. Juan
Pablo II le nombró obispo de Díli el
27 de febrero de 2004; recibió la ordenación episcopal el 2 de mayo del
mismo año.
El Papa ha aceptado la renuncia a la
función de auxiliar de Roma (Italia)
que monseñor PAOLO SCHIAVON,
obispo titular de Trevi, le había presentado en conformidad con los cánones 411 y 401 § 1 del Código de
derecho canónico.
Paolo Schiavon nació en Padua el
1 de septiembre de 1939. Recibió la
ordenación sacerdotal el 5 de julio
de 1964. Juan Pablo II lo nombró
obispo titular de Trevi y auxiliar de
Roma el 18 de julio de 2002; recibió
la ordenación episcopal el 21 de septiembre del mismo año.
EL PAPA
HA NOMBRAD O:
— Arzobispo de Sens (Francia) y
prelado de la prelatura territorial de
la «Mission de France» o Pontigny
a monseñor HERVÉ GIRAUD, hasta
ahora obispo de Soisson.
Hervé Giraud nació en Tournon,
diócesis de Viviers, el 26 de febrero
de 1957. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de septiembre de 1985.
Juan Pablo II le nombró obispo titular de Silli y auxiliar de la archidiócesis de Lyon el 15 de abril de 2003;
recibió la ordenación episcopal el 25
de mayo sucesivo. Benedicto XVI le
nombró obispo coadjutor de Soissons el 13 de noviembre de 2007. Pasó a ser obispo de dicha diócesis el
22 de febrero de 2008.
—Arzobispo metropolitano de Malta
a monseñor CHARLES JUDE SCICLUNA, hasta ahora obispo titular de
San León y administrador apostólico
de dicha archidiócesis.
Charles Jude Scicluna nació en
Toronto (Canadá) el 15 de mayo de
1959. Recibió la ordenación sacerdotal el 11 de julio de 1986, incardinado en la archidiócesis de Malta. Benedicto XVI le nombró obispo titular
de San León y auxiliar de la archidiócesis de Malta el 6 de octubre de
2012; recibió la ordenación episcopal
el 24 de noviembre sucesivo. Desde
octubre de 2014 era administrador
apostólico de la archidiócesis de
Malta.
—Obispo de Shinyanga (Tanzania) a
monseñor LIBERATUS SANGU, hasta
ahora oficial en la Congregación para la evangelización de los pueblos.
Liberatus Sangu nació en Mwazye, diócesis de Sumbawanga, el 19
de febrero de 1963. Recibió la ordenación sacerdotal el 9 de julio de
1994. Se licenció en teología sacramental en el Pontificio Ateneo San
Anselmo de Roma. En su ministerio
ha sido, entre otras cosas, formador
en el seminario menor, párroco, director diocesano para las vocaciones
y responsable de la pastoral juvenil.
Desde 2008 presta servicio en la
Santa Sede como oficial en la Congregación para la evangelización de
los pueblos.
—Obispo de Wewak (Papúa Nueva
Guinea) al padre JÓZEF ROSZYNSKI,
S.V.D.
Józef Roszynski, S.V.D., nació Nidzica, diócesis de Warmia (Polonia),
el 18 de agosto de 1962. Ingresó en
la Sociedad del Verbo Divino, donde recibió la ordenación sacerdotal
el 30 de abril de 1989. Como misionero en Papúa Nueva Guinea ha desempeñado su ministerio como vicario parroquial y párroco en diversas
SIGUE EN LA PÁGINA 14
Nombramientos
pontificios
El Santo Padre ha confirmado
presidente del Comité pontificio
para los Congresos eucarísticos
internacionales a monseñor PIERO
MARINI, arzobispo titular de
Martirano.
Su Santidad, además, ha nombrado miembros de dicho Comité a
los
cardenales:
STANISŁAW
RYŁKO, presidente del Consejo
pontificio para los laicos; ROBERT
SARAH, prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos; y BENIAMINO STELLA, prefecto de la
Congregación para el clero; y al
padre JUAN JAVIER FLORES ARCAS, O.S.B. (España), rector magnífico del Pontificio Ateneo San
Anselmo de Roma.
número 11, viernes 13 de marzo de 2015
L’OSSERVATORE ROMANO
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Cien años de la facultad teológica de la Universidad católica argentina
En la presencia del Papa Francisco
Estudiosos de frontera
El juramento
del cardenal camarlengo
Con ocasión de los cien años de la facultad de teología de la Universidad católica,
el Papa Francisco envió una carta al gran canciller, el cardenal arzobispo de Buenos
Aires, Aurelio Poli, en la que recuerda: «teología significa vivir en una frontera,
esa en la que el Evangelio encuentra las necesidades de las personas a las que se
anuncia, de manera comprensible y significativa».
Al estimado hermano
cardenal MARIO AURELIO POLI
Gran canciller
de la Universidad católica argentina
Querido hermano:
La celebración de los 100 años de la
facultad de teología de la Universidad
católica es un momento importante
para la Iglesia en Argentina. El aniversario coincide con el de los cincuenta
años de la clausura del Concilio Vaticano II, que ha sido una puesta al día,
una relectura del Evangelio en la perspectiva de la cultura contemporánea.
Ha producido un movimiento irreversible de renovación que viene del
Evangelio. Y ahora es preciso seguir
adelante.
Pero, ¿cómo seguir adelante? Enseñar y estudiar teología significa vivir
en una frontera, esa en la que el Evangelio encuentra las necesidades de las
personas a las que se anuncia, de manera comprensible y significativa. Debemos guardarnos de una teología que
se agota en la disputa académica o que
contempla la humanidad desde un castillo de cristal. Se aprende para vivir:
teología y santidad son un binomio inseparable.
Por tanto, la teología que desarrollan ha de estar basada en la Revelación, en la Tradición, pero también debe acompañar los procesos culturales y
sociales, especialmente las transiciones
difíciles. En este tiempo, la teología
también debe hacerse cargo de los
conflictos: no sólo de los que experimentamos dentro de la Iglesia, sino
también de los que afectan a todo el
mundo y que se viven por las calles de
Latinoamérica. No se conformen con
una teología de despacho. Que el lu-
gar de sus reflexiones sean las fronteras. Y no caigan en la tentación de
pintarlas, perfumarlas, acomodarlas un
poco y domesticarlas. También los
buenos teólogos, como los buenos pastores, huelen a pueblo y a calle y, con
su reflexión, derraman ungüento y vino en las heridas de los hombres.
Que la teología sea expresión de
una Iglesia que es «hospital de campo», que vive su misión de salvación y
curación en el mundo. La misericordia
no es sólo una actitud pastoral, sino la
sustancia misma del Evangelio de Jesús. Les animo a que estudien cómo,
en las diferentes disciplinas —dogmática, moral, espiritualidad, derecho,
etc.—, se puede reflejar la centralidad
de la misericordia.
Sin misericordia, nuestra teología,
nuestro derecho, nuestra pastoral, corren el riesgo de caer en la mezquindad burocrática o en la ideología, que
por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio. Comprender la
teología es comprender a Dios, que es
amor.
¿Quién es entonces el estudiante de
teología que la U.C.A. está llamada a
formar? Ciertamente no un teólogo
«de museo», que acumula datos e información sobre la Revelación, pero
sin saber muy bien qué hacer con ello.
Y tampoco un «balconero» de la historia. El teólogo formado en la U.C.A.
ha de ser una persona capaz de construir en torno a sí la humanidad, de
transmitir la divina verdad cristiana en
una dimensión verdaderamente humana, y no un intelectual sin talento, un
eticista sin bondad o un burócrata de
lo sagrado.
Pido a la Virgen María Sede de la
Sabiduría y Madre de la Divina Gracia, que nos acompañe en la celebración de este centenario. Te pido que
saludes a los alumnos, los empleados,
profesores y autoridades de la facultad
y, por favor, que no se olviden rezar
por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide.
Fraternalmente,
Vaticano, 3 de marzo de 2015
El Papa Francisco recibió del
cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Consejo pontificio
para el diálogo interreligioso, el
juramente del cargo de camarlengo de la santa Iglesia romana. El
mismo tuvo lugar en la capilla
de Urbano VIII del palacio apostólico, el lunes 9 de marzo, por
la mañana.
Al término del juramento, el
cardenal Tauran dirigió un breve
saludo al Pontífice, dándole las
gracias por haberlo nombrado
camarlengo: signo —dijo— de
«una ulterior manifestación de
confianza por parte de vuestra
Santidad». El purpurado
le aseguró en nombre de
los miembros de la Cámara apostólica, «prelados
que tienen como única
ambición servir a la Iglesia», la intención de comprometerse «en respetar el
derecho, obrar con sobriedad y colaborar con todos
los miembros de la Curia
romana».
«Todos —continuó estamos dispuestos a dar lo
mejor de nosotros mismos, para que en cada
circunstancia los derechos
de la Santa Sede sean tutelados»,
manteniendo
siempre la consciencia
«de los deberes que nos
incumben hoy y mañana.
Recemos para que nuestra
inteligencia nunca oculte
la imagen y el testimonio
de esta Sede apostólica,
esta Iglesia de Roma que
preside en la caridad». El
purpurado, por último,
afirmó su convicción de
que «Ubi Petrus, ibi Ecclesia».
Al término, el Papa Francisco
invitó a la asamblea a recitar un
Avemaría. Estuvieron presentes,
entre otros, el arzobispo Giampiero Gloder, vicecamarlengo, el
obispo Giuseppe Sciacca, auditor
general, y monseñor Assunto
Scotti, decano de la Cámara
apostólica. El rito lo dirigió
monseñor Guido Marini, maestro
de la celebraciones litúrgicas
pontificias. El Pontífice había
llegado a la capilla Urbano VIII
acompañado por el arzobispo
Georg Gänswein, prefecto de la
Casa pontificia.
Para llevar a Cristo a todos
VIENE DE LA PÁGINA 5
bar una primera aplicación de la
reforma, que ya era posible traducir en la práctica sin tener que
esperar los nuevos libros litúrgicos, como por ejemplo el uso de
la lengua viva.
En estos cincuenta años los
principios teológicos y los criterios pastorales contenidos en la
Sacrosanctum Concilium han sido
el alma que guió la reforma, pero
todo lo establecido no siempre se
puso en práctica. Traducir a la
lengua hablada las fórmulas o
los textos de la Sagrada Escritura
fue el inicio de un largo itinerario. Queda todavía un gran trabajo por realizar: ayudar a los
fieles a entrar más profundamente en la experiencia del encuentro con Cristo, que se realiza en
la liturgia. Partiendo de una auténtica propuesta de fe y conversión, es necesario desarrollar un
proyecto de pastoral litúrgica que
encarne en la celebración de la
vida diaria la teología y la pastoral que surgieron del Vaticano II,
dirigiéndose principalmente a las
comunidades parroquiales.
La celebración pierde fuerza
comunicativa si usa un lenguaje
y algunos signos que no son claros para los hombres de hoy o
que no se explican. Por ello el
Papa Francisco en la Evangelii
gaudium escribe que «la Iglesia
evangeliza y se evangeliza a sí
misma con la belleza de la liturgia» (24). Pastores y bautizados
entrarán en la experiencia litúrgica de la Iglesia para redescubrir
la verdadera fuente de la vida
cristiana e identificar en las propuestas de los nuevos libros litúrgicos un camino idóneo para
una participación plena en el
misterio pascual de Cristo. Un
itinerario de pastoral litúrgica
confirmará el sentido de la reforma, en continuidad con lo que
proféticamente declaró Pablo VI
en el Ángelus del 7 de marzo de
1965: «Esto es para vosotros, fieles, para que podáis uniros mejor
a la oración de la Iglesia, para
que podáis pasar de un estado
de simples espectadores al de fieles partícipes y activos».
*Director de la Oficina litúrgica
del vicariato de Roma
L’OSSERVATORE ROMANO
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viernes 13 de marzo de 2015, número 11
Fue arzobispo de Nueva York del 2000 al 2009
La muerte del cardenal Egan
El cardenal Edward Michael Egan,
arzobispo emérito de Nueva York, falleció el juves 5 de marzo, por la tarde,
en el hospital universitario Langone
Medical Center. En menos de un mes
habría cumplido 83 años.
Nueva York tributa un ferviente homenaje al pastor que, aún más tras
el atentado a las torres gemelas del
11 de septiembre de 2001, se convirtió en el guía espiritual y punto de
referencia no sólo para los católicos
de Estados Unidos. «Quisiera ser recordado como un sacerdote que cuidó bien el pueblo de Dios, al menos
en lo que podía, y como pastor, por
transcurrir el mayor tiempo posible
en las parroquias», dijo en una ocasión. Y no por casualidad, también
como arzobispo emérito, permaneció
en Manhattan, precisamente para
continuar su relación directa con la
gente.
Su concreta atención a las personas, caracterizada por la acogida y la
caridad —especialmente con los pobres e inmigrantes—, surgía de una
fe recibida en su familia profundamente católica. El purpurado nació
en Oak Park, archidiócesis de Chicago, el 2 de abril de 1932. Tras conseguir el diploma en filosofía en el
Saint Mary of the Lake seminary, fue
enviado a Roma en 1954 a completar
sus estudios. En 1958 obtuvo la li-
Pésame del Papa
El Santo Padre Francisco apenas tuvo noticia de la muerte del cardenal
Edward Michael Egan, se recogió en oración. Después envió al cardenal
Timothy M. Dolan, arzobispo de Nueva York, el telegrama de pésame en
inglés del que publicamos la siguiente traducción.
Al recibir con tristeza la noticia de la muerte del cardenal Edward M.
Egan, arzobispo emérito de Nueva York, doy mi más sentido pésame a
usted y a los fieles de la archidiócesis. Me uno a vosotros al encomendar
la noble alma del difunto cardenal a Dios, Padre de misericordia, con
gratitud por los años de ministerio episcopal en medio del rebaño de
Cristo en Bridgeport y en Nueva York, por su eminente servicio a la Sede
apostólica y su experta contribución en la revisión del derecho de la Iglesia en los años sucesivos al Concilio Vaticano II. A todas las personas
reunidas en la catedral de San Patricio, con ocasión de la misa de funeral,
y a todos los que lloran al cardenal Egan con la esperanza cierta de la
Resurrección, imparto de corazón mi bendición apostólica como prenda
de consuelo y de paz en el Señor.
cenciatura en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Después de su ordenación sacerdotal en
Roma, el 15 de diciembre de 1957, regresó a Estados Unidos donde, por
un breve período, fue vicario de la
catedral del Santo Nombre y secretario del cardenal Albert Gregory
Meyer. En 1960 fue nombrado vicerrector de la facultad de teología y
derecho canónico en el Pontificio
Colegio Norteamericano.
En 1964, inmediatamente después
de obtener la licenciatura en derecho
canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana, regresó a Estados
Unidos, donde se le encomendó el
cargo de secretario del cardenal John
Cody. En 1971 volvió a Roma como
juez del Tribunal de la Rota romana,
función que desempeñó hasta su
Colegio episcopal
VIENE DE LA PÁGINA 12
parroquias, miembro del consejo
provincial de los misioneros verbitas, superior de un distrito, superior
provincial y miembro de la comisión para la gestión financiera y
pastoral de la sede vacante de Wewak.
—Obispo de Luz (Brasil) al presbítero JOSÉ ARISTEU VIEIRA.
José Aristeu Vieira nació en Rio
Vermelho, diócesis de Guanhães, el
14 de julio de 1952. Recibió la ordenación sacerdotal el 13 de octubre
de 1979, incardinado en la archidiócesis de Diamantina. En su ministerio ha sido, entre otras cosas, administrador y vicario parroquial, párroco en diversas parroquias, formador en el seminario diocesano y
coordinador de la pastoral vocacional y de las obras para las vocaciones de Diamantina.
—Obispo de Três Lagoas (Brasil) al
presbítero LUIZ GONÇALVES KNUPP.
Luiz Gonçalves Knupp nació en
Mandaguari, archidiócesis de Maringá, el 29 de noviembre de 1967.
Recibió la ordenación sacerdotal el
24 de abril de 1999. En su ministerio ha desempeñado los siguientes
cargos: administrador parroquial,
párroco en diversas parroquias y
formador en diversos seminarios de
la archidiócesis de Maringá.
—Obispo de Colatina (Brasil) a
monseñor JOAQUIM WLADIMIR LOPES DIAS, hasta ahora obispo titular
de Sita y auxiliar de Vitória.
Joaquim Wladimir Lopes Dias
nació en Cafelândia, diócesis de
Lins, el 23 de octubre de 1957. Recibió la ordenación sacerdotal el 12
de diciembre de 1997, incardinado
en la diócesis de Jundiaí. Benedicto
XVI le nombró obispo titular de Sita y auxiliar de la archidiócesis de
Vitória el 21 de diciembre de 2011;
recibió la ordenación episcopal el 4
de marzo de 2012.
—Obispo titular de Legia y auxiliar
de Onitsha (Nigeria) a monseñor
DENIS CHIDI ISIZOH, hasta ahora
oficial del Consejo pontificio para
el diálogo interreligioso.
Denis Chidi Isizoh nació en Ogbunike, archidiócesis de Onitsha, el
24 de enero de 1956. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de septiembre de 1985. Obtuvo el doctorado en teología bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de
Roma. En su ministerio ha sido formador en el seminario menor, vicario parroquial, capellán, secretario y
asistente del cardenal Francis Arinze. Desde 1995 presta servicio en la
Santa Sede como oficial del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso.
—Obispo titular de Ressiana y auxiliar de Liubliana (Eslovenia) a
monseñor FRANC ŠUŠTAR.
Franc Šuštar nació en Liubliana
el 27 de abril de 1959. Recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio
de 1985. Se doctoró en teología en
la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Ha desempeñado su
ministerio como vicario parroquial
y párroco en diversas parroquias,
rector del seminario mayor, miembro del consejo presbiteral, del colegio de consultores, del consejo
pastoral y de la comisión de personal.
—Obispo titular de Regie y auxiliar
de Campo Grande (Brasil) al padre
JANUSZ DANECKI, O.F.M.CONV.
Janusz Danecki, O.F.M.CONV., nació en Sochaczew, diócesis de
Łowicz (Polonia), el 8 de septiembre de 1951. Ingresó en la Orden de
Frailes Menores Conventuales, donde recibió la ordenación sacerdotal
el 19 de junio de 1977. Antes de su
misión en Brasil desempeñó su ministerio sacerdotal en diversas parroquias franciscanas de Polonia.
En Brasil ha sido formador de postulantes y superior de una comunidad, rector de un seminario franciscano, guardián en diversos conventos, vicario provincial y párroco en
diversas parroquias.
—Obispo titular de Lentini y auxiliar de Łodź (Polonia) a monseñor
MAREK MARCZAK.
Marek Marczak nació en Piotrków Trybunalski, el 17 de febrero de
1969. Recibió la ordenación sacerdotal el 11 de junio de 1994. Obtuvo el doctorado en teología dogmática en la Pontificia Universidad
Gregoriana de Roma. En su ministerio ha sido vicario parroquial; docente y, más tarde, rector en el seminario mayor de Łodź; presidente
de la comisión para el apostolado
de los laicos; visitador para la catequesis; colaborador pastoral y
miembro del consejo presbiteral.
nombramiento como obispo titular
de Allegheny y auxiliar de Nueva
York el 1 de abril de 1985; recibió la
ordenación episcopal el 22 de mayo
sucesivo.
Como auxiliar de Nueva York, el
cardenal arzobispo John J. O’Connor le encomendó la tarea de vicario
para la educación. Tres años después
fue nombrado obispo de Bridgeport,
el 5 de noviembre de 1988; y el 11 de
mayo de 2000, fue promovido a arzobispo de Nueva York. Juan Pablo
II le creó cardenal, del título de los
santos Juan y Pablo, en el consistorio del 21 de febrero de 2001. En julio del mismo año el Santo Padre le
nombró relator general de la décima
asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, en programa del
30 de septiembre al 27 de octubre
sobre el tema del obispo «servidor
del Evangelio de Jesucristo para la
esperanza del mundo», pero a causa
del atentado a las torres gemelas,
prefirió volver a Nueva York antes
de la conclusión del Sínodo. Su trabajo en el ámbito de la asamblea fue
desempeñado por el cardenal Bergolio, a quien el Papa le encomendó la
función de relator general adjunto el
4 de octubre.
Defensor de los derechos de los
inmigrantes, durante el episcopado
en Nueva York fue artífice de numerosas iniciativas en el ámbito de la
formación, la caridad, la educación
escolar y sanitaria. Se comprometió
también en el campo de las comunicaciones sociales, dando un nuevo
empuje a la prensa diocesana y al
apostolado a través de la televisión.
Por último, el 23 de febrero de 2009,
Benedicto XVI aceptó su renuncia al
gobierno pastoral de la archidiócesis
de Nueva York .
Fue, además, miembro del Consejo de cardenales para el estudio y la
organización de los asuntos económicos de la Santa Sede; del Tribunal
supremo de la Signatura apostólica;
de la Congregación para las Iglesias
orientales; de la Prefectura para los
asuntos económicos de la Santa Sede; del Consejo pontificio para la familia y de la Comisión permanente
para la protección del patrimonio
histórico y artístico de la Santa Sede.
L’OSSERVATORE ROMANO
número 11, viernes 13 de marzo de 2015
En dos años de pontificado
El bien que todos
pueden realizar
MAURIZIO GRONCHI
El segundo aniversario de la elección
del Papa suscita muchos pensamientos
de gratitud al Señor por haber dado a
la Iglesia y al mundo un providencial
signo de confianza y esperanza, en un
momento histórico surcado por crisis y
miedos globales. Sin embargo, es precisamente gracias a este período complejo en el que debemos leer como signo del cielo el nuevo tiempo que vivimos. Época nueva, cargada de contradicciones, densa de expectativas, ansiosa de ponerse en marcha hacia la
estación primaveral, pero también un
tiempo amenazado por repentinos
temporales y desórdenes.
En la vida de la Iglesia, las sucesiones a la sede de Pedro tienen siempre
el doble rostro de la continuidad y la
novedad. El cambio suscita al mismo
tiempo temores y esperanzas, la incerteza de nuevos caminos y el deseo de
conservar todo lo bueno que tenemos
a nuestras espaldas. Por lo tanto, tomar conciencia de esta ambivalencia,
constitutiva de la rotación, puede ayudar a valorar de modo más equilibrado
lo que estamos viviendo.
El Papa Francisco es un hombre lleno de vigor, que lleva sobre sus hombros una vida entregada sin reservas,
en nombre de Cristo, entre la gente,
especialmente pobre y creyente, que en
Argentina como en toda América Latina es la mayoría. Él se encontró, sin
alguna voluntad propia, viviendo un
trasplante radical, que leyó como voluntad de Dios. Por esa razón se encomendó con serenidad y profunda confianza a Aquel que lo llamó a guiar a
su pueblo. Esta sencilla constatación
se podría hacer con cada Papa, imaginando sus sentimientos más íntimos.
Sin embargo, lo que la hace real, en
Francisco, es su transparencia: quienquiera que se lo encuentre de cerca o a
través de los medios de comunicación
es capaz de percibir la transparencia
de los sentimientos.
Se podrá hablar de estilo comunicativo, de inmediatez, de espontaneidad.
En todo caso tenemos delante a un
hombre desarmado, que no se esconde. Todo esto podría confirmar la verdad efectiva que marca la existencia de
cada Papa: la soledad. En cambio, paradójicamente, el hombre que se presenta sin protecciones aparece como el
más cercano a cada uno. A esto debemos estar atentos, para tratar de comprender algo no sólo de la persona, sino también del actual gobierno de la
Iglesia.
¿Qué sorprende verdaderamente de
la figura de Francisco? La atención
planetaria a cada uno de sus gestos y a
cada una de sus expresiones habla de
la profunda necesidad de escuchar que
el Papa tiene comportamientos normales, cotidianos. En efecto, si el Papa se
comporta como yo, significa que yo
puedo comportarme como él. Nada
más sorprendente y eficaz para entablar familiaridad y confianza, estimulando a cada uno a ser mejor. Cuando
las palabras resultan coherentes con
los gestos, ya no se está ante actos de
deber y frases de circunstancia, sino
ante la autoridad de quien alienta a
hacer lo que se debe hacer. En una palabra, se trata del buen ejemplo. Y no
es poco.
Necesitamos del buen ejemplo, del
Evangelio practicable, hecho de fe sencilla, de esperanza cotidiana, de caridad de todos los días. Esto es lo que
el Papa Francisco hace posible, y es
también lo que desconcierta, en la
Iglesia y en la sociedad civil, porque la
escala está invertida. El que está más
arriba ha acortado la distancia respecto
a quien está más abajo, no con el populismo del lamento, que para cambiarse a sí mismo espera la transformación del mundo, sino con la banalidad
del bien: el bien que todos pueden
realizar.
Dos años como Papa no son sólo el
preámbulo de un pontificado, sino
también la intensidad de una vida y la
quinta esencia de un amor derramado
en el corazón de esta Iglesia que, al
elegir a un sucesor de Pedro que optó
por llamarse Francisco, está caminando con el lento paso de la acogida, la
compañía y la misericordia. Por el camino de Jesús Señor, miserando atque
eligendo.
página 15
Audiencia
al presidente de Azerbaiyán
El viernes 6 de marzo, por la mañana, el
presidente de la República de Azerbiyán,
Ilham Aliyev, con la
esposa, fue recibido
en audiencia por el
Papa Francisco. Sucesivamente se reunió
con el secretario de
Estado, el cardenal
Pietro Parolin, que
estaba
acompañado
por el subsecretario
para las Relaciones
con
los
Estados,
monseñor
Antoine
Camilleri.
En los cordiales coloquios se expresó satisfacción por el desarrollo
de las relaciones bilaterales. En especial, se centraron en temas referidos a la vida de la comunidad católica en el país y a algunas iniciativas en ámbito cultural, destacando el valor, en el mundo contemporáneo, del diálogo intercultural e interreligioso para favorecer la paz.
Se hizo luego referencia a la actualidad regional e internacional,
afirmando la importancia de las negociaciones en la resolución de los
conflictos, así como la educación para promover las bases de una
convivencia pacífica entre las poblaciones y los diversos grupos religiosos.
Misa Santa Marta
VIENE DE LA PÁGINA 11
ria personal», porque «nosotros
hacemos nuestra voluntad. Pero
haciendo esto, en el camino de la
vida seguimos una senda de endurecimiento: el corazón se endurece,
se petrifica. La palabra del Señor
no entra. El pueblo se aleja». Por
ello, dijo el Papa, «hoy, en este día
cuaresmal, podemos preguntarnos:
¿Escucho la voz del Señor, o hago
lo que yo quiero, lo que me gusta?».
El consejo del salmo responsorial –«No endurezcáis vuestro corazón»– se vuelve a encontrar «muchas veces en la Biblia» donde, para explicar la «infidelidad del pueblo», se usa a menudo «la figura
de la adúltera». El Papa Francisco
recordó, por ejemplo, el pasaje famoso de Ezequiel 16: «Toda una
historia de adulterio, es la tuya.
Tú, pueblo, no fuiste fiel a mí, eres
un pueblo adúltero». O también
las muchas veces en que Jesús «reprochaba a los discípulos ese corazón endurecido», como hizo con
los de Emaús: «¡Qué necios y torpes sois!».
El corazón malvado –explicó el
Pontífice al recordar que «todos
tenemos un pedacito»– «no nos
deja entender el amor de Dios.
Nosotros queremos ser libres», pero «con una libertad que al final
nos hace esclavos, y no con la libertad del amor que nos ofrece el
Señor».
Esto, subrayó el Papa, sucede
también en las «instituciones»: por
ejemplo, «Jesús cura a una persona, pero el corazón de estos doctores de la ley, de estos sacerdotes,
de este sistema legal era muy duro,
siempre buscaban excusas». Y, así,
le dicen: «Pero, tú arrojas a los demonios en nombre del demonio».
Tú eres un brujo demoníaco. Son
los legalistas «que creen que la vi-
da de la fe se regula solamente por
las leyes que hacen ellos». Para
ellos «Jesús usa esa palabra: hipócritas, sepulcros blanqueados, muy
hermosos por fuera pero por dentro llenos de podredumbre y de hipocresía».
Lamentablemente, dijo el Papa
Francisco, lo mismo «ocurrió en la
historia de la Iglesia». Pensemos
«en la pobre Juana de Arco: hoy
es santa. Pobrecita: estos doctores
la quemaron viva, porque decían
que era herética». O incluso más
cercano en el tiempo, pensemos
Paul David Bond,
«Corazones de piedra con cuerdas»
«en el beato Rosmini: todos sus libros al Índice. No se podían leer,
era pecado leerlos. Hoy es beato».
Al respecto el Pontífice destacó
que así como «en la historia de
Dios con su pueblo, el Señor enviaba a los profetas para decir que
amaba a su pueblo», así «en la
Iglesia, el Señor envía a los santos». Son ellos «los que llevan
adelante la vida de la Iglesia: son
los santos. No son los poderosos,
no son los hipócritas». Son «el
hombre santo, la mujer santa, el
niño, el joven santo, el sacerdote
santo, la religiosa santa, el obispo
santo...»: es decir, los «que no tienen el corazón endurecido», sino
«siempre abierto a la palabra de
amor del Señor», los que «no tienen miedo de dejarse acariciar por
la misericordia de Dios. Por eso
los santos son hombres y mujeres
que comprenden tantas miserias,
tantas miserias humanas, y acompañan al pueblo de cerca. No desprecian al pueblo».
Con este pueblo que «perdió la
fidelidad» el Señor es claro: «El
que no está conmigo, está contra
mí». Alguien podría preguntar:
«¿Pero no existirá otro camino de
componenda, un poco de aquí y
un poco de allá?». No, dijo el
Pontífice, «o estás en la senda del
amor, o estás en la senda de la hipocresía. O te dejas amar por la
misericordia de Dios, o haces lo
que quieres según tu corazón, que
se endurece cada vez más por esta
senda». No existe, afirmó, «una
tercera senda posible: o eres santo,
o vas por el otro camino». Y quien
«no recoge» con el Señor, no sólo
«deja las cosas», sino «peor: desparrama, arruina. Es un corruptor.
Es un corrupto, que corrompe».
Por esta infidelidad «Jesús llora
por Jerusalén» y «por cada uno de
nosotros». En el capítulo 23 de san
Mateo, recordó el Papa concluyendo, se lee una maldición «terrible»
contra los «dirigentes que tienen el
corazón endurecido y quieren endurecer el corazón del pueblo».
Dice Jesús: «Así recaerá sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la
sangre de Abel. Serán culpables de
tanta sangre inocente, derramada
por su maldad, su hipocresía, su
corazón corrupto, endurecido, petrificado».
L’OSSERVATORE ROMANO
página 16
viernes 13 de marzo de 2015, número 11
Jan van’t Hoff,
«Simeón y Ana»
Continuando la catequesis iniciada el
miércoles anterior, el Papa Francisco,
en la audiencia general del 11 de
marzo en la plaza de San Pedro, habló
del papel de los abuelos en la familia.
Siguiendo el ejemplo de Simeón y Ana
—fue la invitación del Pontífice—
descubrimos «una nueva fuerza, para
una nueva tarea» y «llegamos a ser
también nosotros un poco poetas de la
oración».
Queridos hermanos
¡buenos días!
y
hermanas,
En la catequesis de hoy continuamos la reflexión sobre los abuelos,
considerando el valor y la importancia de su papel en la familia. Lo hago
identificándome con estas personas,
porque también yo pertenezco a esta
franja de edad.
Cuando estuve en Filipinas, el
pueblo filipino me saludaba diciendo: «Lolo Kiko» —es decir, abuelo
Francisco—, «Lolo Kiko», decían.
Una primera cosa es importante
subrayar: es verdad que la sociedad
tiende a descartarnos, pero ciertamente el Señor no. El Señor no nos
descarta nunca. Él nos llama a seguirlo en cada edad de la vida, y
también la ancianidad contiene una
gracia y una misión, una verdadera
vocación del Señor. La ancianidad es
una vocación. No es aún el momento de «abandonar los remos en la
barca». Este período de la vida es
distinto de los anteriores, no cabe
duda; debemos también un poco
«inventárnoslo», porque nuestras sociedades no están preparadas, espiritual y moralmente, a dar al mismo, a
este momento de la vida, su valor
pleno. Una vez, en efecto, no era
tan normal tener tiempo a disposición; hoy lo es mucho más. E incluso la espiritualidad cristiana fue pillada un poco de sorpresa, y se trata
de delinear una espiritualidad de las
personas ancianas. Pero gracias a
Dios no faltan los testimonios de
santos y santas ancianos.
Me emocionó mucho la «Jornada
para los ancianos» que realizamos
aquí en la plaza de San Pedro el año
pasado, la plaza estaba llena. Escuché historias de ancianos que se entregan por los demás, y también historias de parejas de esposos, que de-
Los tuits en
@Pontifex_es
5 MAR [9.30 AM] Si estamos demasiado apegados a las riquezas,
no somos libres. Somos esclavos
7 MAR [11.00 AM] Construyamos
nuestra vida de fe sobre la roca,
que es Cristo
9 MAR [12.00 PM] La humildad
salva al hombre; la soberbia le
hace errar el camino
10 MAR [10.00 am] En los momentos más terribles, recordad:
Dios es nuestro Padre; Dios no
abandona a sus hijos
El Papa Francisco habla del papel de los abuelos en la familia
Poetas de la oración
cían: «Cumplimos 50 años de matrimonio, cumplimos 60 años de matrimonio». Es importante hacerlo ver a
los jóvenes que se cansan enseguida;
es importante el testimonio de los
ancianos en la fidelidad. Y en esta
plaza había muchos ese día. Es una
reflexión que hay que continuar, en
ámbito tanto eclesial como civil. El
Evangelio viene a nuestro encuentro
con una imagen muy hermosa, conmovedora y alentadora. Es la imagen de Simeón y Ana, de quienes se
habla en el Evangelio de la infancia
de Jesús escrito por san Lucas. Eran
ciertamente ancianos, el «viejo» Simeón y la «profetisa» Ana que tenía
84 años. Esta mujer no escondía su
edad. El Evangelio dice que esperaba la venida de Dios cada día, con
gran fidelidad, desde hacía largos
años. Querían precisamente verlo ese
día, captar los signos, intuir el inicio. Tal vez estaban un poco resignados, a este punto, a morir antes:
esa larga espera continuaba ocupando toda su vida, no tenían compromisos más importantes que este: esperar al Señor y rezar. Y, cuando
María y José llegaron al templo para
cumplir las disposiciones de la Ley,
Simeón y Ana se movieron por impulso, animados por el Espíritu Santo (cf. Lc 2, 27). El peso de la edad
y de la espera desapareció en un
momento. Ellos reconocieron al Niño, y descubrieron una nueva fuerza,
para una nueva tarea: dar gracias y
dar testimonio por este signo de
Dios. Simeón improvisó un bellísimo himno de júbilo (cf. Lc 2, 29-32)
—fue un poeta en ese momento— y
Ana se convirtió en la primera predicadora de Jesús: «hablaba del niño a
todos lo que aguardaban la liberación de Jerusalén» (Lc 2, 38).
Queridos abuelos, queridos ancianos, pongámonos en la senda de estos ancianos extraordinarios. Convirtámonos también nosotros un poco
en poetas de la oración: cultivemos
el gusto de buscar palabras nuestras,
volvamos a apropiarnos de las que
nos enseña la Palabra de Dios. La
oración de los abuelos y los ancianos es
un gran don para la Iglesia. La oración de los ancianos y los abuelos es
don para la Iglesia, es una riqueza.
Una gran inyección de sabiduría
también para toda la sociedad humana: sobre todo para la que está
demasiado atareada, demasiado ocu-
pada, demasiado distraída. Alguien
debe incluso cantar, también por
ellos, cantar los signos de Dios, proclamar los signos de Dios, rezar por
ellos. Miremos a Benedicto XVI,
quien eligió pasar en la oración y en
la escucha de Dios el último período
de su vida. ¡Es hermoso esto! Un
gran creyente del siglo pasado, de
tradición ortodoxa, Olivier Clément,
decía: «Una civilización donde ya
no se reza es una civilización donde
la vejez ya no tiene sentido. Y esto
es aterrador, nosotros necesitamos
ante todo ancianos que recen, porque la vejez se nos dio para esto».
Necesitamos ancianos que recen porque la vejez se nos dio precisamente
para esto. La oración de los ancianos es algo hermoso.
Podemos dar gracias al Señor por
los beneficios recibidos y llenar el
vacío de la ingratitud que lo rodea.
Podemos interceder por las expectati-
vas de las nuevas generaciones y dar
dignidad a la memoria y a los sacrificios de las generaciones pasadas.
Podemos recordar a los jóvenes ambiciosos que una vida sin amor es
una vida árida. Podemos decir a los
jóvenes miedosos que la angustia del
futuro se puede vencer. Podemos enseñar a los jóvenes demasiado enamorados de sí mismos que hay más
alegría en dar que en recibir. Los
abuelos y las abuelas forman el «coro» permanente de un gran santuario espiritual, donde la oración de
súplica y el canto de alabanza sostienen a la comunidad que trabaja y
lucha en el campo de la vida.
La oración, por último, purifica incesantemente el corazón. La alabanza y
la súplica a Dios previenen el endurecimiento del corazón en el resentimiento y en el egoísmo. Cuán feo es
el cinismo de un anciano que perdió
el sentido de su testimonio, desprecia a los jóvenes y no comunica una
sabiduría de vida. En cambio, cuán
hermoso es el aliento que el anciano
logra transmitir al joven que busca
el sentido de la fe y de la vida. Es
verdaderamente la misión de los
abuelos, la vocación de los ancianos.
Las palabras de los abuelos tienen
algo especial para los jóvenes. Y
ellos lo saben. Las palabras que mi
abuela me entregó por escrito el día
de mi ordenación sacerdotal aún las
llevo conmigo, siempre en el breviario, y las leo a menudo y me hace
bien.
¡Cuánto quisiera una Iglesia que
desafía la cultura del descarte con la
alegría desbordante de un nuevo
abrazo entre los jóvenes y los ancianos! Y esto es lo que hoy pido al
Señor, este abrazo.
El Pontífice en la cárcel de Rebibbia
para la misa «in cena Domini»
El Papa Francisco visitará la cárcel romana de Rebibbia el Jueves santo, 2
de abril, por la tarde. El Pontífice irá al centro penitenciario «Nuevo
complejo Rebibbia» para mantener un encuentro con los detenidos. Luego, a las 17.30, en la iglesia «Padre nuestro» celebrará la misa «in cena
Domini», durante la cual lavará los pies a algunos detenidos y algunas
detenidas del cercano centro penitenciario femenino. Continúa para el
Papa Bergoglio la tradición de celebrar el Jueves santo en una realidad
con especiales dificultades de la diócesis de Roma: en 2013 fue entre los
jóvenes detenidos en el centro de menores de Casal del Marmo y el año
pasado entre los discapacitados asistidos por la fundación Don Gnocchi.