PRÓLOGO En 1998 cayó en mis manos una noticia de prensa que me impresionó profundamente. Según la información del periodista, una joven canadiense de veinticinco años había permanecido encaramada a una gigantesca sequoia. Con su decidida acción logró evitar que la empresa industrial propietaria de los terrenos talara una singular especie de árbol, que llega a alcanzar los ochenta metros de altura y a vivir más de trescientos años. Aquella crónica me movió a imaginar cómo hubiera sido la historia si, en lugar de ocurrir los hechos en Canadá, estos se hubieran producido en España, teniendo como protagonista una chica mucho más pequeña. Cerré el periódico y no volví a acordarme del suceso, hasta que sentí la necesidad de escribir una nueva obra dirigida al público infantil. Fue entonces cuando empecé a recordar las ideas que 11 12 se me habían ocurrido pensando en esa joven que consiguió vivir su aventura a tantos kilómetros del lugar donde yo me disponía a iniciar la historia que deseaba contaros. Lo que más me interesó fue crear el personaje de Julia. Yo quería que los espectadores comprendieran las razones por las que una niña podía llegar a comunicarse con un árbol como si se tratara de una persona de carne y hueso. Para conseguirlo, creé el papel de la abuela, una mujer sabia que había sabido inculcar a su nieta el respeto y el amor por la naturaleza. Estoy convencido de que, como Julia, existen muchos niños y niñas en esos hermosos pueblos de nuestro país, que hoy se ven amenazados por la despoblación y el abandono. Meses después de concluir esta obra, alguien, casualmente, me transmitió el pensamiento del anciano jefe de una comunidad de aborígenes de Australia. Según él, los árboles y las plantas cantan a los humanos en silencio y lo único que piden a cambio es que nosotros les cantemos a ellos. Nadie podría haber definido más certeramente el intento contenido en las páginas de este libro. El anciano, mucho antes que yo, había llegado a la misma conclusión: solo comunicándonos más intensamente con la naturaleza podemos ser capaces de comprenderla, respetarla y al mismo tiempo valorar todo lo que nos ofrece para crear un mundo más transitable y hermoso. Me gusta el teatro realizado en espacios abiertos. Por esta razón pensé que esta obra podría ser representada en un gran árbol auténtico. Los espectadores se sentarían sobre la tierra o sobre el césped y, muy calladitos, contemplarían con ojos de asombro lo que pudo ocurrir en un lugar tan real como un bosque verdadero. Creo que el tema de la obra ofrece numerosos argumentos para la charla en familia y en la escuela. Se trataría de convertir la trama de este libro en punto de partida para inventar otras muchas historias de personajes que deciden llevar a cabo acciones arriesgadas y tiernas con objeto de salvar parte de esa naturaleza que en el mundo entero se encuentra amenazada por la propia acción del hombre. Yo os recomendaría que intentarais hacer teatro en plena naturaleza utilizando las rocas, los bosques, las plazas y los árboles como fuente de inspiración de obras que vosotras y vosotros mismos podéis inventar. Os aseguro que es mucho más divertido tomar el mundo real como escenario para jugar que pasaros las horas muertas pegados a la pantalla de un televisor o a la consola de videojuegos. ¿Por qué no lo intentáis? Yo os lo agradecería profundamente. 13 ARGUMENTO 14 ESCENA I El narrador presenta el escenario de la historia: un bosque con un majestuoso árbol al que van a talar. Julia comunica a su amiga Andrea su intención de permanecer en las ramas para evitar la tala por parte de una empresa que pretende construir una fábrica. Andrea considera descabellada la idea, pero ayuda a su amiga a instalarse. ESCENA II Llegan unos operarios para derribar el árbol. Inmediatamente comprueban que una inesperada inquilina les impide llevar a cabo su misión. Tras algunas peripecias, se marchan. ESCENA III Julia se comunica con el árbol. Le llama Cóndor, debido a sus ramas en forma de alas de ave. Un helicóptero lanza destellos de luz para asustar a Julia y lograr que baje. ESCENA IV A la mañana siguiente, Andrea vuelve con provisiones. También llegan los bomberos, dispuestos a desalojar a Julia. Sin embargo, la escalera no es lo suficientemente larga como para llegar hasta donde se encuentra Julia. Tras varios intentos fallidos, desisten de su intento. ESCENA V La abuela de Julia acude a visitarla. Desea que vuelva a casa, pero también comprende sus sentimientos sobre la defensa de la naturaleza. Llega el alcalde con intención de imponer su autoridad. Habla con la abuela para que obligue a su nieta a desalojar el árbol, pero ella prefiere que sea Julia la que tome la decisión. ESCENA VI El narrador coge un reloj de arena, que representa el plazo para el desenlace. Se suceden monólogos de diferentes personajes. Amanece, y el narrador coge de nuevo el reloj. Acaba de cumplirse el plazo para que Julia descienda del árbol. 15 ESCENA VII Llegan los agentes del orden y un equipo de televisión, con lo que los acontecimientos dan un giro inesperado. La aventura de Julia se convierte en un espectáculo nacional del que casi todos pretenden hacer negocio. Se considera a Julia una auténtica heroína. La presentadora de televisión realiza una encuesta entre los espectadores para conocer sus opiniones. 16 ESCENA VIII Andrea se siente muy orgullosa de ser la mejor amiga de Julia. Los periodistas se dirigen a ella para informarse de cómo es su compañera. Cuando todo parece un auténtico sueño para ella, Julia decide deponer su actitud. Según ella, el «circo» que se ha organizado no tiene nada que ver con su plan para salvar a su árbol favorito. Andrea intenta disuadirla. ESCENA IX La decisión de Julia corre como la pólvora. Todos traen regalos a la «niña ardilla», para convencerla de que debe continuar su protesta. ESCENA X Julia se despide del árbol. Piensa recorrer junto a su abuela todo el país. Ahora que su árbol es famoso, conseguirá recoger las firmas de todos aquellos que desean que su bosque sea respetado. Julia desciende. La oscuridad se hace en el escenario, y todo en el espacio se llena de aves cóndor en pleno vuelo. Son los árboles de Julia, que han comenzando a conquistar su libertad. 17 PERSONAJES 18 NARRADOR Será una mezcla entre viejo buscador de setas salvajes y atento observador de la naturaleza, alejado voluntariamente de los problemas y ajetreos de la gran ciudad. Sus movimientos serán pausados y armoniosos. La voz de este personaje sonará cálida y amable, y sus manos se moverán con suavidad, intentando reforzar con entusiasmo el significado de sus palabras. JULIA Una chica de trece años, alegre, imaginativa, testaruda, un poco rebelde, pero ante todo defensora de las pequeñas cosas hermosas que le ofrece la vida, entre ellas, su árbol favorito. La abuela, su única familia, ya que sus padres murieron cuando ella era pequeña, es quien le ha enseñado a amar la naturaleza y a defenderla. ANDREA La mejor amiga de Julia. Tiene su misma edad y es simpática, nerviosa, indecisa y casi nunca se atreve a llevarle la contraria a los mayores. Admira a Julia y le gustaría parecerse a ella, pero la mayoría de las veces se siente incapaz de aguantar su marcha. Está orgullosa de que su amiga se haya arriesgado tanto para defender el bosque, aunque ella no ha sido capaz de sumarse a la aventura. ABUELA Una mujer de campo, poseedora de la sabiduría que la naturaleza regala a aquellas personas que saben comprenderla. Ella transmitió a su nieta Julia muchos secretos con los que poder interpretar los «gestos» que nos hacen los árboles, los animales, las plantas, las nubes y las aguas de los ríos y los lagos. 19 20 PRESENTADORA DE TV Parecerá una muñeca de esas tan delgadas que lucen peinados sofisticados y visten trajes brillantes de colores muy llamativos. Sus movimientos serán poco naturales y su única preocupación será la de sonreír constantemente hacia el lugar donde se encuentra la cámara que graba su imagen. ALCALDE Será un personaje grueso y bastante creído, que se considera importante debido a que los señores que han llegado al pueblo para construir la fábrica le hacen la pelota a todas horas. De esta forma consiguen que él haga todo lo que ellos dicen. Pero como el Alcalde apenas mira a sus vecinos, no se ha dado cuenta de que algunos de ellos no están de acuerdo con la orden de cortar los árboles del bosque. PERSONAJES SECUNDARIOS Sirven para completar la labor de las figuras principales. En esta obra, estos personajes (operarios, bomberos, agentes, propietario y operador la cámara) tendrán asignada una labor cómica; deberán actuar con movimientos divertidos y vestir ropas llamativas. También forman parte de este grupo los vecinos que acuden al lugar. 21 ESCENIFICACIÓN El decorado posee un gran protagonismo. La representación se desarrolla en un bosque, pero el verdadero protagonista es un árbol. Un árbol al que la edad le ha otorgado altura, solidez y frondosidad, de esos en donde los niños juegan felices, cuyas ramas nos recuerdan las impresionantes alas del cóndor. Un árbol verdadero o un árbol artificial, al que, por su gran tamaño, Julia pueda trepar para instalar la tienda de tela en la que va a vivir. MÚSICA Y SONIDO 24 Debemos pensar en la música a la hora de poner en escena esta obra. El personaje del árbol no podrá hablar; sin embargo, necesitamos ayuda para transmitir al espectador la tierna relación que Julia mantiene con él. Una hermosa melodía será la forma de transmitir al público la voz de la naturaleza. Otro tipo de sonidos deberán estar presentes en distintos momentos de la representación: el viento, el movimiento de las ramas, el ruido de las aspas del helicóptero, las sierras mecánicas, las voces de las gentes que apoyan a Julia y el barullo de los turistas y vendedores que van llegando al pueblo para contemplar a la niña, que se ha hecho famosa a través de la televisión. Se recomienda la utilización de imágenes proyectadas. Detrás del árbol colocaríamos un gran telón o pantalla para que el público pueda contemplar la noche, las estrellas, el helicóptero y el vuelo del cóndor con el que finaliza la representación. ACOTACIONES ESCÉNICAS ESCENA I 1. (Pág. 27) La luz se concentra sobre el Narrador. El personaje viste una chistera ajada y un viejo frac. Parece un prestidigitador venido a menos o un deshollinador inglés de finales del siglo XIX. A pesar de lo anticuado de su vestimenta, lo vemos como un tipo vitalista y cordial, capaz de ganarse a los espectadores gracias a sus movimientos ágiles y su cálida voz. El público deberá recibir la impresión de hallarse ante un ser fantasmal. Mediante una iluminación adecuada y pinturas fosforescentes se podrá conseguir la apariencia de sueño. El Narrador se mueve por el escenario, incluso por el patio de butacas, para acercarse al público y dar a la narración una forma personalizada. 2. (Pág. 30) El Narrador se va, mientras la luz se intensifica lentamente hasta descubrirnos 99 100 el árbol y varios carteles en los que se lee: «No a la construcción de la fábrica», «No queremos humos en el pueblo», «Defendamos el árbol más bonito del pueblo». Entran dos Operarios. Miden el tronco del árbol y lo cercan con cintas de plástico en las que se lee: «Prohibido el paso». Retiran los carteles de protesta y colocan uno mucho más grande en el que se lee: «Mañana se inician las labores de limpieza del terreno». Se van. A los pocos instantes entran Julia y su amiga Andrea, dos chicas de unos trece años. Julia contempla incrédula el cartel en el que se sobreentiende la inminente tala del árbol. 3. (Pág. 32) Julia y Andrea se van. La luz cambia para representar el comienzo del atardecer. Las dos regresan cargadas de bártulos: cuerdas, poleas, un almohadón, libros, telas blancas, una cesta con alimentos y algunos cacharros de cocina. Lo primero que hace Julia es lanzar una de las cuerdas por encima de la rama más baja. La ata al tronco y trepa llevando un largo cabo enrollado a la espalda. Una vez arriba, hace señas a su amiga para que empiece a atar todos los objetos que han transportado hasta allí. Mediante cuerdas tensas, las telas de una especie de tienda de campaña se situarán en la plataforma natural configurada por el cruce de las ramas más gruesas que forman el centro del árbol. En pocos instantes queda armado un cobertizo de blancas paredes. 4. (Pág. 33) Andrea se va sin dejar de mirar a su amiga. Julia se coloca confortablemente sobre una rama apoyando la espalda en el tronco central y se dispone a hablar con su amigo, por el que está dispuesta a luchar hasta el final. ESCENA II 5. (Pág. 35) Aparecen el Operario I y el Operario II con unos pesados instrumentos que apenas se distinguen a la luz de la luna. Mueven sus linternas en distintas direcciones, incluso hacia los espectadores. En todo momento adoptarán una actitud de misteriosa complicidad. Dan vueltas alrededor del tronco sin percibir la presencia de Julia, la cual, al encontrarse más iluminada, mostrará la inquietud que siente ante los movimientos de los recién llegados. 6. (Pág. 35) El Operario I y el Operario II descubrirán las máquinas que portaban guarda- 101 das en sendas lonas. Se tratará de dos grandes motosierras. Caminan hacia el árbol. El Operario II será el que transmita las instrucciones. ESCENA III 102 7. (Pág. 40) Julia respira profundamente para recuperar la calma. Mira al cielo. Entonces repara en multitud de puntos de luz. Estas luces, proyectadas, recorrerán con rapidez las paredes de la sala, llegando a bañar el cuerpo de los espectadores. 8. (Pág. 40) Los efectos luminosos irán decreciendo hasta desaparecer. Una vibración casi imperceptible, seguida de una música muy suave, aumentará hasta hacerse plenamente audible. 9. (Pág. 41) Al ritmo de la melodía, diminutas luces bailarán sobre el cuerpo de Julia; también varias nubes se reflejarán efímeramente sobre sus ropas y las telas blancas de la tienda. Irrumpe el fragor de un potente motor. Julia despierta sobresaltada y se mueve inquieta buscando la procedencia del insoportable ruido. Un foco cenital recorre la copa del árbol intentando descubrir la pre- sencia de la chica. Los movimientos de la luz recordarán el escenario de un campo de concentración durante un intento de fuga en plena noche. 10. (Pág. 41) Los efectos audiovisuales ofrecerán al espectador la imagen del objeto causante de la insólita situación. Mediante un aparato de diapositivas (gran angular) girado manualmente, se proyectará, por el suelo del escenario y por las paredes de la sala, la figura de un helicóptero en movimiento. Una voz, distorsionada por la megafonía, emitirá el repetitivo mensaje. 11. (Pág. 41) Al aumentar el sonido, se percibirá el ruido del rotor y de las aspas del aparato. A este efecto acústico se unirá el movimiento de las ramas, de las telas de la tienda de campaña y de la propia Julia, que se verá obligada a agarrarse al árbol para no ser arrastrada por el viento que, desde uno de los laterales, producirá un ventilador de efectos especiales cinematográficos. El mensaje seguirá sonando con agobiante insistencia mientras Julia grita impotente. 103 104 12. (Pág. 44) El ruido y el aire desaparecen paulatinamente. La imagen del helicóptero va disminuyendo hasta extinguirse. La calma vuelve a escena. Julia, tras permanecer algunos instantes inmóvil, se dirige hacia las telas de su improvisada tienda y procura ponerlas de nuevo en orden. Luego, se va escurriendo muy lentamente hasta quedar recostada en una gruesa y confortable rama. Respira hondamente, como si intentara reforzar sus convicciones tras la agresión sufrida. 13. (Pág. 44) Se acurruca. Poco a poco va amaneciendo. Los efectos luminosos y los sonidos de las aves conducirán la transición de la noche al día. ESCENA IV 14. (Pág. 45) Llega Andrea con su mochila escolar y una pequeña cesta en la mano; se detiene bajo el tronco del árbol y llama la atención de su amiga. 15. (Pág. 45) Julia lanza la cuerda. Al llegar el cabo a la altura de su compañera, esta ata la cesta y le hace una seña para que tire hacia arriba. Julia agarra la cesta, saca rápidamente el bollo y la leche y se lo toma con avidez, mientras Andrea la contempla con un gesto de envidia mal disimulado. 16. (Pág. 48) Entran dos personajes cuyos gestos nos recordarán a los actores cómicos del cine mudo. Visten un uniforme parecido al de los bomberos y llevan una larguísima escalera. 17. (Pág. 50) Apoyan la escalera en las ramas más sobresalientes. El Bombero I inicia la ascensión. Cuando ya casi se encuentra arriba, Julia agarra el último tramo de la escalera y la impulsa al vacío. El hombre gesticulará exageradamente como un funambulista aficionado que pretendiera conservar el equilibrio. El Bombero II se esfuerza por mantener a su compañero en posición horizontal, aunque la escalera se va inclinando más hacia el lugar ocupado por los espectadores. Por su concepción grotesca, la escena deberá recordar los clásicos números de los primeros tiempos del cine mudo. A pesar de los denodados intentos de ambos funcionarios, el Bombero I terminará rodando aparatosamente por 105 106 tierra, no sin antes realizar ímprobos esfuerzos por agarrarse a algún elemento del espacio escénico o de la sala: cortinajes, telón, palcos, etc. El Bombero I se despoja de su mochila-botiquín y procede a colocar una venda en la cabeza del compañero. El bombero II se llevará insistentemente las manos a la cabeza con gesto de dolor. Tras finalizar la aparatosa cura, el Bombero II se dirige a su colega con la voz y gestos característicos de los payasos, para darle ánimo y realizar un segundo intento. 18. (Pág. 51) El Bombero I sale corriendo de escena mientras que el Bombero II se ve obligado a cargar con la escalera. Hace mutis dando grandes bandazos que están a punto de hacerle caer de nuevo al suelo. ESCENA V 19. (Pág. 52) Los Bomberos tropiezan con la Abuela, quien, muy agitada, se dirige hacia el árbol. Se sitúa junto al tronco y muy lentamente eleva la cabeza intentando ver dónde está su nieta. Julia será la primera en tomar la iniciativa. 20. (Pág. 54) La Abuela se encoge lentamente, presa del agobio que se ha apoderado de ella. Se escurre hasta quedar en cuclillas apoyada en el tronco. Sus palabras sonarán más a monólogo interior surgido de los recuerdos que al diálogo que hasta entonces mantenía con su nieta. 21. (Pág. 55) Entra el Alcalde, con gran irritación. Al ver a la Abuela apoyada en el tronco, se dirige a ella resoplando. 22. (Pág. 56) El Alcalde intenta hacer valer su autoridad. Saca del bolsillo la banda de la que pende la gran medalla que suele lucir en los grandes acontecimientos. Con gesto solemne, avanza hacia el tronco y mira hacia donde está Julia. ESCENA VI 23. (Pág. 59) La luz desaparece del árbol para concentrarse en un lateral desde el cual el Narrador, con un gran reloj de arena en sus manos, se dirigirá a los espectadores. 24. (Pág. 59) El Narrador deposita el reloj de arena sobre el suelo de uno de los latera- 107 108 les del escenario, el cual queda tenuemente iluminado durante toda la escena. A continuación, varios focos de luz cenital van descubriendo a los personajes, que se dirigen al público intentando transmitir sus opiniones, algunas carentes de la más mínima convicción. Gracias al aislamiento que la luz concentrada proporciona a los personajes, tendremos la sensación de que todos ellos hablan en un lugar desde el que Julia no puede escucharlos. 25. (Pág. 62) Desaparece la luz centrada sobre el Alcalde, para iluminar el árbol. Sonarán lejanas voces de los chicos y chicas que desde otro lugar intentan dar ánimos a Julia. 26. (Pág. 62) Las voces se van apagando y se escucha a Julia, que le lee un libro al árbol. En algunos momentos se detendrá como para comprobar que el árbol comprende el contenido de la lectura. 27. (Pág. 64) Julia se recuesta y entorna los ojos, sin apartar una mano del corazón y la otra de la parte del tronco que se encuentra junto a la rama en la que se halla sentada. Una música suave y cálida con- ducirá a Julia por la ensoñación que acaba de iniciar por diferentes parajes, cuyas imágenes aéreas se proyectarán en las blancas paredes de la tienda que instaló en el árbol. Se tratará de un viaje onírico a través de bosques de abedules, robles, hayas, secuoyas, baobabs, castaños, etc. Al finalizar las imágenes, la luz volverá a concentrarse en el reloj de arena que quedó situado en uno de los laterales de la escena. Se inicia un nuevo día. El Narrador lo tomará de nuevo entre sus manos para comprobar que está a punto de cumplirse el plazo dado por el Alcalde. Con voz pausada se dirige a los espectadores. ESCENA VII 28. (Pág. 65) Se escucha el ruido de un chirriante motor aproximándose. La tensión se prolonga hasta que aparece una especie de pequeña tanqueta, para cuya decoración y ambientación se puede aprovechar una de las grúas hidráulicas empleadas en los teatros para elevar al personal eléctrico hasta los focos de iluminación. Como alternativa, se puede recurrir a algún tipo de carretilla elevadora debidamente «fan- 109 110 taseada». Junto al artilugio, entrarán en escena dos Agentes del Máximo Orden, con indumentaria similar a la utilizada por los encargados de controlar los escapes radioactivos en las centrales nucleares. Sus escafandras con visores transparentes, así como los guantes y las botas, similares a las empleados por los buzos en sus inmersiones, serán rigurosamente blancos. Uno de ellos conducirá o empujará el artefacto mecánico, mientras su compañero viajará situado en la reducida plataforma. Al llegar a la altura del árbol, el Agente I pondrá en funcionamiento el mecanismo elevador, y el reducido espacio ocupado por el Agente II iniciará el ascenso hasta detenerse a la altura de las primeras ramas. El Narrador irrumpe en escena. La acción de los Agentes queda congelada. 29. (Pág. 67) Entra la Presentadora seguida de un Operador de informativos provisto de su cámara. La mujer deberá encarnar una representación satírica de las «intrépidas» presentadoras de programas televisivos, capaces de detener la marcha del Planeta con tal de lograr una exclusiva que logre la máxima audiencia. La Presentadora se colocará de espaldas al árbol, mientras el Operador se mantendrá frente a ella, encuadrando el tronco y las ramas en donde está Julia. A través del visor transparente de la escafandra de los Agentes, se verán sus gestos de perplejidad ante la desaforada aparición de la «estrella» televisiva, que se prepara para transmitir el suceso. 30. (Pág. 67) Al verse enfocada y lista para entrar en directo, adoptará una sofisticada mueca, mezcla de autosuficiencia, expectación y forzado sensacionalismo con el que intenta captar la atención de la audiencia. Al iluminarse el foco situado en la cámara, iniciará su intervención. 31. (Pág. 68) La Presentadora de televisión retorna a su antipático gesto. Se apaga el foco de la cámara, y el Operador desciende el aparato de su hombro. Irritados por la pérdida de tiempo que están sufriendo, los agentes se encaran con ellos. 32. (Pág. 70) El Agente I señala a la Presentadora y al Operador de cámara. El Alcalde reaccionará indignado ante la intromisión de los periodistas. 111 33. (Pág. 71) Andrea llega corriendo presa de una gran excitación. Su nerviosismo será tal que le costará articular las palabras. 34. (Pág. 72) La Presentadora de televisión no le hace el menor caso; sin embargo, Andrea prueba a poner en juego todo su poder de seducción para intentar acaparar cámara a la sombra de su amiga. 112 35. (Pág. 73) El Agente I acciona el motor, y la plataforma desciende con el Agente II a bordo. El vehículo sale de escena seguido por el Alcalde. Andrea insiste para conseguir que la tomen en consideración. 36. (Pág. 74) La Presentadora de televisión se acerca a los espectadores seguida por el Operador, que enciende de nuevo el foco de su cámara. El micrófono para los espectadores deberá conectarse a los amplificadores de la sala, para que se escuchen las opiniones de los encuestados. Durante la entrevista tendremos la impresión de que lo único que le interesa a la Presentadora son las respuestas a favor de que Julia permanezca en el árbol. En varias ocasiones, ni siquiera mirará a los entrevistados. Algunas preguntas formuladas a los espectadores deberán improvisarse sobre la marcha, atendiendo las sugerencias del público. (Las preguntas de las págs. 74-75 tienen un carácter orientativo). 37. (Pág. 75) Tras hacer un resumen en el que intentará demostrar que las opiniones reafirman los intereses de su canal, la Presentadora se dirigirá al Operador mostrando su optimismo ante el éxito logrado por las opiniones del público, decantado mayoritariamente a favor de Julia. ESCENA VIII 38. (Pág. 76) Andrea se siente defraudada por el desprecio que le han mostrado los de la televisión. Habla consigo misma y luego mira hacia Julia. 39. (Pág. 79) Julia descuelga la cuerda. La Abuela ata el recipiente en el extremo y contempla cómo su nieta tira de él y lo recoge. 40. (Pág. 80) La Abuela se va. Tras respirar profundamente, Julia permanece unos instantes en silencio. Mueve la cabeza como 113 si intentara apartar los absurdos hechos acaecidos durante el día. Se resiste a aceptar la conducta de los adultos y su forma de tratarla. La luz se concentra en el lateral por donde aparece el Narrador. 114 41. (Pág. 81) La luz desaparece del Narrador, y se concentra, con claridad lunar, sobre Julia, la cual desarrollará su interpretación en diálogo intimista con el árbol. 42. (Pág. 82) Reacciona al presentir que su árbol la puede estar escuchando. Se escurre hasta quedar sentada en una de sus más imponentes ramas y comienza a rascar suavemente la corteza, como lo haría con la cabeza de un niño. 43. (Pág. 82) Se inicia una ligera brisa, que producirá suaves tonalidades armónicas, apenas perceptibles en un primer momento. El cuerpo de Julia se mecerá sutilmente animado por la plácida ensoñación en la que acaba de sumirse. El silbido del viento dará paso a una composición que, inspirada en el tema musical de la obra, describirá el fantástico «movimiento» de un bosque durante la noche. El crujido de las ramas y la vibración de las hojas irán cobrando lentamente presencia irreal en forma de respiraciones, de susurros deformados por distintos efectos sonoros. En algún momento, el espectador tendrá la sensación de que se está produciendo un diálogo entre los árboles del mundo. Julia escucha fascinada el extraño concierto orquestado por el viento. Poco a poco el sueño se apodera de ella. La luz irá descendiendo, al tiempo que el sonido aportará una mayor placidez al ambiente. ESCENA IX 44. (Pág. 83) La luz del día irrumpe y con ella una transición que vendrá a quebrar los efectos surrealistas de la escena anterior. Al iluminarse totalmente el escenario, aparecerá la Presentadora de televisión, con una indumentaria más espectacular que la vez anterior. Micrófono en mano, dirigirá su mirada hacia donde se supone que se encuentran las cámaras que la enfocan. 45. (Pág. 85) La Presentadora hace señas para cortar la retransmisión. Por primera vez elevará su mirada para reparar en Julia. 115 Aunque su tono intente ser forzadamente correcto, sonará seco y despectivo. 116 46. (Pág. 85) La Presentadora sale de escena. Julia comienza a encogerse en la rama. Al quedar sentada, apretará con fuerza sus rodillas entre los brazos para permanecer unos instantes pensativa, intentando comprender las últimas palabras pronunciadas por la mujer. Entra Andrea, eufórica, y se dirige a Julia procurando transmitirle toda la satisfacción que siente. 47. (Pág. 87) Al percibir el tono de su amiga, Andrea pone gesto de preocupación por lo que puede ser el final de aquellos días de gloria para el pueblo. Aparece la Abuela. Se detiene ante el tronco del árbol y aguarda a que Julia se dirija a ella. 48. (Pág. 89) Al darse cuenta de que también su nieta debe estar pensando en el árbol, intenta rectificar al tiempo que da una palmada en el tronco. 49. (Pág. 91) Entran a la carrera el Alcalde, la Presentadora y el Propietario del hotel. Se comportan de una forma grotescamente obsequiosa y servil. Todos traen un regalo envuelto en papeles de brillantes colores atados con pomposas cintas fosforescentes de pésimo gusto. 50. (Pág. 94) Los tres personajes dejan sus regalos al pie del árbol y salen intercambiándose gestos de complicidad. Tras su partida se producirá un largo silencio en el que ni Julia ni la Abuela se deciden a hablar. ESCENA X 51. (Pág. 96) La luz vuelve sobre Julia concentrándose exclusivamente en ella. La Abuela permanece en la oscuridad. 52. (Pág. 96) Julia se abraza a Cóndor. La luz va decreciendo muy lentamente hasta desaparecer. Se ilumina el lateral desde el que hablará el Narrador por última vez. 53. (Pág. 98) Tras el oscuro total, se iluminará un círculo de luz cenital en el que se halla Julia. La chica se encuentra inmóvil, parece experimentar una sensación de gran placidez. La Abuela, portando una vieja maleta, penetrará muy lentamente en 117 118 el espacio luminoso. Ambas comienzan a fingir que caminan en dirección al lugar en el que se sitúan los espectadores. Mueven sus piernas, aunque sin desplazar el cuerpo del lugar que ocupan. Tras una larga pausa, Julia hablará con gran ternura a su Abuela. Por medio de los efectos audiovisuales utilizados a lo largo del espectáculo, el escenario y las paredes del teatro se llenarán de imágenes de aves cóndor volando en todas direcciones, con sus espléndidas alas extendidas. El tema musical central invadirá el ambiente mientras la luz va decreciendo muy lentamente hasta ocultar las figuras de Julia y de la Abuela. SUGERENCIAS: LECTURA E INTERPRETACIÓN La lectura del teatro —como género— ofrece ciertas peculiaridades, sobre todo al lector no avezado, como es el caso del público infantil. Así como la narrativa permite, la mayoría de las veces, una lectura independiente y autónoma por parte del niño/a, el teatro requiere otro abordaje. En primer lugar, en el ámbito escolar, o más ampliamente infantil, hay que prescindir de la idea prefijada de que la finalidad de una obra de teatro es su representación. Evidentemente, todo dramaturgo piensa en la puesta en escena de su obra. Pero también es cierto que la imagina representada en el escenario adecuado e interpretada por profesionales expertos, que den vida a lo pergeñado en el papel y sigan fielmente las acotaciones, dando así «vida» a la obra. El teatro, como la música, necesita una secuencia temporal para 119 120 producirse. Ni la música es solo partitura ni el teatro es solo texto. También ambos necesitan intérpretes —actores, instrumentistas, etc.— para su realización. Cuando se trata de formar a los alumnos en la lectura del género dramático, es muy útil la práctica del teatro leído, lo que requiere una técnica específica. El teatro, a diferencia de la narrativa, precisa varias lecturas, para practicar la declamación e interpretación de los personajes. La práctica de la lectura colectiva, bien sea en el aula o en cualquier otro lugar apropiado, posibilita la caracterización del personaje, el uso de algún atuendo, la dirección como si se estuviera en un escenario, salvo que en este caso no es necesaria la memorización del texto. Por tanto, sin memorizar es más fácil hacer hincapié en la expresión, pensar en lo que se dice, en cómo se dice... es decir, el lector está más pendiente de reproducir —interpretar— que de memorizar. La memorización, muchas veces, provoca que no se tenga en cuenta el mensaje de la obra. Por otra parte, este texto de Matilla, autor de reconocido prestigio, que ha obtenido premios muy significativos, no es precisamente un breve artilugio teatral para escenificar en una fiesta escolar. Una buena obra de teatro, como toda obra literaria, aunque sea para niños, debe presentar una extensión acorde con el tema y el desarrollo del argumento. En El árbol de Julia, los hechos que se suceden sirven para explicar por qué Julia toma esa determinación, qué hacen los demás para convencerla de que deponga su actitud o para animarla en su protesta. Por ello, consideramos que la lectura dramatizada es una actividad más recomendable que truncar la obra para representar aquellos episodios más fáciles de interpretar o memorizar. La lectura declamada es más útil y factible dentro del ámbito escolar (también en campamento de verano, biblioteca...), si bien no dejamos de reconocer que lo ideal es la representación, en un buen escenario y con los recursos adecuados. Pero eso requiere bastante dedicación de tiempo y un esfuerzo que no resulta factible dados los objetivos de la enseñanza curricular. No obstante, ofrecemos las dos actividades claramente diferenciadas, de las cuales la segunda implica la realización de la primera, pero no viceversa: 1) Lectura colectiva dramatizada 2) Representación 121 Para la lectura colectiva dramatizada, en primer lugar, asignaremos los personajes a los alumnos-actores. Los personajes principales pueden estar distribuidos entre varios alumnos/as, y por escenas, con objeto de que participe todo el grupo. El reparto sería el siguiente: 122 NARRADOR, JULIA, ANDREA, ABUELA, OPERARIO I, OPEII, BOMBERO I, BOMBERO II, ALCALDE, PRESENTADORA TV, VECINOS, AGENTE I, AGENTE II, OPERADOR DE CÁMARA, PROPIETARIO DEL HOTEL. RARIO La lectura dramatizada nos llevará sin duda varias clases. Así pues, indicaremos a los alumnos/as la escena o escenas determinadas que vamos a declamar en cada clase. En función de la extensión o del contenido, podemos anticipar que una sesión de lectura no podrá exceder de dos o tres escenas. Los actores correspondientes leerán, individual y previamente, el texto en casa. Antes de la lectura declamada de esas escenas, los alumnos participantes expondrán al resto de los compañeros qué aspectos interesantes han extraído de su lectura en casa: conducta o ideología de los personajes, desarrollo y ritmo de la acción, etc. Se trata de que ma- nifiesten su opinión previamente a la explicación del adulto (profesor). De este modo, motivamos en nuestros alumnos la reflexión, el espíritu crítico, y la participación activa, aunque en algún caso tengamos que matizar sus observaciones, incluso contradecirlas. Esto es muy interesante, porque esta obra de teatro es idónea para la reflexión y el debate, lo que no significa que procedamos de la misma forma en todas las sesiones dedicadas a la lectura declamada. Podemos, de acuerdo con la exposición de los alumnos, enfocar el diálogo de diferente manera. Una vez que hemos finalizado la lectura dramatizada, podemos preparar la representación, en la que también aconsejamos que se involucre todo el grupo de alumnos/as: Decoración del escenario, música, atrezzo... (véase Preliminares). La representación puede ser total o parcial. En este segundo caso, meteremos las «tijeras», como tantas veces nos hemos visto obligados los docentes, para hacer viable la representación de una obra por los escolares. Si optamos por la representación completa (siempre es más deseable) podemos optar por la lectura «disimulada» de los textos (aprendidos «casi» de memoria). En este caso, la de- 123 124 coración escénica y el atrezzo son fundamentales, para que los espectadores no vean el libro en manos del actor. En el caso de Julia, por ejemplo, puede estar camuflado por las ramas o utensilios de comida o de su improvisada tienda de campaña. También, cómo no, podemos sugerir que memoricen los textos cortos, o que, en los textos largos, tenga cada actor la síntesis en la mente y pueda permitirse la libertad de improvisar, si bien esto necesita mucho más tiempo de ensayo, y no siempre es factible. Otra posibilidad consiste en repartir los papeles principales, por ejemplo el de Julia entre varias alumnas, por escenas, como quizá hemos organizado la lectura en el aula. Por último, el contenido social del libro, tan actual, vivo y emotivo, se presta, sin duda, a que los alumnos/as, en grupos de seis o siete, elijan algún que otro tema de actualidad, acorde con su entorno, y hagan un breve juego dramático preparado por ellos mismos, con los mismos personajes principales de El árbol de Julia.
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