El árbol de Julia (Proyecto de lectura)

PRÓLOGO
En 1998 cayó en mis manos una noticia de
prensa que me impresionó profundamente. Según la información del periodista, una joven
canadiense de veinticinco años había permanecido encaramada a una gigantesca sequoia.
Con su decidida acción logró evitar que la empresa industrial propietaria de los terrenos talara una singular especie de árbol, que llega a
alcanzar los ochenta metros de altura y a vivir
más de trescientos años.
Aquella crónica me movió a imaginar cómo
hubiera sido la historia si, en lugar de ocurrir
los hechos en Canadá, estos se hubieran producido en España, teniendo como protagonista una chica mucho más pequeña. Cerré el periódico y no volví a acordarme del suceso,
hasta que sentí la necesidad de escribir una
nueva obra dirigida al público infantil. Fue entonces cuando empecé a recordar las ideas que
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se me habían ocurrido pensando en esa joven
que consiguió vivir su aventura a tantos kilómetros del lugar donde yo me disponía a iniciar la historia que deseaba contaros.
Lo que más me interesó fue crear el personaje de Julia. Yo quería que los espectadores comprendieran las razones por las que una niña podía llegar a comunicarse con un árbol como si
se tratara de una persona de carne y hueso.
Para conseguirlo, creé el papel de la abuela, una
mujer sabia que había sabido inculcar a su nieta el respeto y el amor por la naturaleza. Estoy
convencido de que, como Julia, existen muchos
niños y niñas en esos hermosos pueblos de
nuestro país, que hoy se ven amenazados por la
despoblación y el abandono.
Meses después de concluir esta obra, alguien,
casualmente, me transmitió el pensamiento del
anciano jefe de una comunidad de aborígenes de
Australia. Según él, los árboles y las plantas cantan a los humanos en silencio y lo único que piden a cambio es que nosotros les cantemos a
ellos. Nadie podría haber definido más certeramente el intento contenido en las páginas de este
libro. El anciano, mucho antes que yo, había llegado a la misma conclusión: solo comunicándonos más intensamente con la naturaleza podemos ser capaces de comprenderla, respetarla y al
mismo tiempo valorar todo lo que nos ofrece
para crear un mundo más transitable y hermoso.
Me gusta el teatro realizado en espacios
abiertos. Por esta razón pensé que esta obra podría ser representada en un gran árbol auténtico. Los espectadores se sentarían sobre la tierra
o sobre el césped y, muy calladitos, contemplarían con ojos de asombro lo que pudo ocurrir
en un lugar tan real como un bosque verdadero.
Creo que el tema de la obra ofrece numerosos argumentos para la charla en familia y en
la escuela. Se trataría de convertir la trama de
este libro en punto de partida para inventar
otras muchas historias de personajes que deciden llevar a cabo acciones arriesgadas y tiernas con objeto de salvar parte de esa naturaleza que en el mundo entero se encuentra
amenazada por la propia acción del hombre.
Yo os recomendaría que intentarais hacer teatro en plena naturaleza utilizando las rocas, los
bosques, las plazas y los árboles como fuente de
inspiración de obras que vosotras y vosotros
mismos podéis inventar. Os aseguro que es mucho más divertido tomar el mundo real como
escenario para jugar que pasaros las horas
muertas pegados a la pantalla de un televisor o
a la consola de videojuegos. ¿Por qué no lo intentáis? Yo os lo agradecería profundamente.
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ARGUMENTO
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ESCENA I
El narrador presenta el escenario de la historia: un bosque con un majestuoso árbol al
que van a talar. Julia comunica a su amiga Andrea su intención de permanecer en las ramas
para evitar la tala por parte de una empresa
que pretende construir una fábrica. Andrea
considera descabellada la idea, pero ayuda a
su amiga a instalarse.
ESCENA II
Llegan unos operarios para derribar el árbol.
Inmediatamente comprueban que una inesperada inquilina les impide llevar a cabo su misión. Tras algunas peripecias, se marchan.
ESCENA III
Julia se comunica con el árbol. Le llama
Cóndor, debido a sus ramas en forma de alas
de ave. Un helicóptero lanza destellos de luz
para asustar a Julia y lograr que baje.
ESCENA IV
A la mañana siguiente, Andrea vuelve con
provisiones. También llegan los bomberos, dispuestos a desalojar a Julia. Sin embargo, la escalera no es lo suficientemente larga como para
llegar hasta donde se encuentra Julia. Tras varios intentos fallidos, desisten de su intento.
ESCENA V
La abuela de Julia acude a visitarla. Desea
que vuelva a casa, pero también comprende
sus sentimientos sobre la defensa de la naturaleza. Llega el alcalde con intención de imponer
su autoridad. Habla con la abuela para que
obligue a su nieta a desalojar el árbol, pero
ella prefiere que sea Julia la que tome la decisión.
ESCENA VI
El narrador coge un reloj de arena, que representa el plazo para el desenlace. Se suceden
monólogos de diferentes personajes. Amanece, y el narrador coge de nuevo el reloj. Acaba de cumplirse el plazo para que Julia descienda del árbol.
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ESCENA VII
Llegan los agentes del orden y un equipo de
televisión, con lo que los acontecimientos dan
un giro inesperado. La aventura de Julia se
convierte en un espectáculo nacional del que
casi todos pretenden hacer negocio. Se considera a Julia una auténtica heroína. La presentadora de televisión realiza una encuesta entre
los espectadores para conocer sus opiniones.
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ESCENA VIII
Andrea se siente muy orgullosa de ser la
mejor amiga de Julia. Los periodistas se dirigen a ella para informarse de cómo es su compañera. Cuando todo parece un auténtico sueño para ella, Julia decide deponer su actitud.
Según ella, el «circo» que se ha organizado no
tiene nada que ver con su plan para salvar a
su árbol favorito. Andrea intenta disuadirla.
ESCENA IX
La decisión de Julia corre como la pólvora.
Todos traen regalos a la «niña ardilla», para
convencerla de que debe continuar su protesta.
ESCENA X
Julia se despide del árbol. Piensa recorrer
junto a su abuela todo el país. Ahora que su
árbol es famoso, conseguirá recoger las firmas
de todos aquellos que desean que su bosque
sea respetado. Julia desciende. La oscuridad se
hace en el escenario, y todo en el espacio se
llena de aves cóndor en pleno vuelo. Son los
árboles de Julia, que han comenzando a conquistar su libertad.
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PERSONAJES
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NARRADOR
Será una mezcla entre viejo buscador de setas salvajes y atento observador de la naturaleza, alejado voluntariamente de los problemas y
ajetreos de la gran ciudad. Sus movimientos serán pausados y armoniosos. La voz de este personaje sonará cálida y amable, y sus
manos se moverán con suavidad, intentando reforzar con entusiasmo el
significado de sus palabras.
JULIA
Una chica de trece años, alegre, imaginativa, testaruda, un poco rebelde,
pero ante todo defensora de las pequeñas cosas hermosas que le ofrece
la vida, entre ellas, su árbol favorito.
La abuela, su única familia, ya que sus padres
murieron cuando ella era pequeña, es quien le
ha enseñado a amar la naturaleza y a defenderla.
ANDREA
La mejor amiga de Julia. Tiene su
misma edad y es simpática, nerviosa,
indecisa y casi nunca se atreve a llevarle la contraria a los mayores.
Admira a Julia y le gustaría parecerse a ella, pero la mayoría de las veces se siente incapaz de aguantar su
marcha. Está orgullosa de que su
amiga se haya arriesgado tanto para
defender el bosque, aunque ella no ha sido
capaz de sumarse a la aventura.
ABUELA
Una mujer de campo, poseedora
de la sabiduría que la naturaleza regala a aquellas personas que saben
comprenderla. Ella transmitió a
su nieta Julia muchos secretos con
los que poder interpretar los «gestos» que nos hacen los árboles, los
animales, las plantas, las nubes y las
aguas de los ríos y los lagos.
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PRESENTADORA DE TV
Parecerá una muñeca de esas tan
delgadas que lucen peinados sofisticados y visten trajes brillantes de
colores muy llamativos. Sus movimientos serán poco naturales y su
única preocupación será la de sonreír constantemente hacia el lugar
donde se encuentra la cámara que
graba su imagen.
ALCALDE
Será un personaje grueso y bastante creído,
que se considera importante debido a que los señores que han llegado al pueblo para construir la
fábrica le hacen la pelota a todas horas. De esta forma consiguen que él haga todo lo
que ellos dicen. Pero
como el Alcalde apenas
mira a sus vecinos, no se
ha dado cuenta de que algunos de ellos no están de acuerdo con la orden de cortar los
árboles del bosque.
PERSONAJES SECUNDARIOS
Sirven para completar la labor de las figuras principales. En esta obra, estos personajes
(operarios, bomberos, agentes, propietario y
operador la cámara) tendrán asignada una labor cómica; deberán actuar con movimientos
divertidos y vestir ropas llamativas. También
forman parte de este grupo los vecinos que
acuden al lugar.
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ESCENIFICACIÓN
El decorado posee un gran protagonismo.
La representación se desarrolla en un bosque,
pero el verdadero protagonista es un árbol.
Un árbol al que la edad le ha otorgado altura,
solidez y frondosidad, de esos en donde los niños juegan felices, cuyas ramas nos recuerdan
las impresionantes alas del cóndor. Un árbol
verdadero o un árbol artificial, al que, por su
gran tamaño, Julia pueda trepar para instalar
la tienda de tela en la que va a vivir.
MÚSICA Y SONIDO
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Debemos pensar en la música a la hora de
poner en escena esta obra. El personaje del árbol no podrá hablar; sin embargo, necesitamos ayuda para transmitir al espectador la
tierna relación que Julia mantiene con él. Una
hermosa melodía será la forma de transmitir
al público la voz de la naturaleza.
Otro tipo de sonidos deberán estar presentes en distintos momentos de la representación: el viento, el movimiento de las ramas, el
ruido de las aspas del helicóptero, las sierras
mecánicas, las voces de las gentes que apoyan
a Julia y el barullo de los turistas y vendedores que van llegando al pueblo para contemplar a la niña, que se ha hecho famosa a través de la televisión.
Se recomienda la utilización de imágenes
proyectadas. Detrás del árbol colocaríamos un
gran telón o pantalla para que el público pueda contemplar la noche, las estrellas, el helicóptero y el vuelo del cóndor con el que finaliza la representación.
ACOTACIONES ESCÉNICAS
ESCENA I
1. (Pág. 27) La luz se concentra sobre el Narrador. El personaje viste una chistera ajada y
un viejo frac. Parece un prestidigitador venido a menos o un deshollinador inglés de finales del siglo XIX. A pesar de lo anticuado
de su vestimenta, lo vemos como un tipo vitalista y cordial, capaz de ganarse a los espectadores gracias a sus movimientos ágiles
y su cálida voz. El público deberá recibir la
impresión de hallarse ante un ser fantasmal.
Mediante una iluminación adecuada y pinturas fosforescentes se podrá conseguir la
apariencia de sueño. El Narrador se mueve
por el escenario, incluso por el patio de butacas, para acercarse al público y dar a la narración una forma personalizada.
2. (Pág. 30) El Narrador se va, mientras la luz
se intensifica lentamente hasta descubrirnos
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el árbol y varios carteles en los que se lee:
«No a la construcción de la fábrica», «No
queremos humos en el pueblo», «Defendamos el árbol más bonito del pueblo». Entran
dos Operarios. Miden el tronco del árbol y lo
cercan con cintas de plástico en las que se lee:
«Prohibido el paso». Retiran los carteles de
protesta y colocan uno mucho más grande en
el que se lee: «Mañana se inician las labores
de limpieza del terreno». Se van. A los pocos
instantes entran Julia y su amiga Andrea, dos
chicas de unos trece años. Julia contempla incrédula el cartel en el que se sobreentiende la
inminente tala del árbol.
3. (Pág. 32) Julia y Andrea se van. La luz cambia para representar el comienzo del atardecer. Las dos regresan cargadas de bártulos:
cuerdas, poleas, un almohadón, libros, telas
blancas, una cesta con alimentos y algunos
cacharros de cocina. Lo primero que hace Julia es lanzar una de las cuerdas por encima de
la rama más baja. La ata al tronco y trepa llevando un largo cabo enrollado a la espalda.
Una vez arriba, hace señas a su amiga para
que empiece a atar todos los objetos que han
transportado hasta allí. Mediante cuerdas
tensas, las telas de una especie de tienda de
campaña se situarán en la plataforma natural
configurada por el cruce de las ramas más
gruesas que forman el centro del árbol. En
pocos instantes queda armado un cobertizo
de blancas paredes.
4. (Pág. 33) Andrea se va sin dejar de mirar a su
amiga. Julia se coloca confortablemente sobre
una rama apoyando la espalda en el tronco
central y se dispone a hablar con su amigo, por
el que está dispuesta a luchar hasta el final.
ESCENA II
5. (Pág. 35) Aparecen el Operario I y el Operario II con unos pesados instrumentos que
apenas se distinguen a la luz de la luna. Mueven sus linternas en distintas direcciones, incluso hacia los espectadores. En todo momento adoptarán una actitud de misteriosa
complicidad. Dan vueltas alrededor del tronco sin percibir la presencia de Julia, la cual, al
encontrarse más iluminada, mostrará la inquietud que siente ante los movimientos de
los recién llegados.
6. (Pág. 35) El Operario I y el Operario II descubrirán las máquinas que portaban guarda-
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das en sendas lonas. Se tratará de dos grandes
motosierras. Caminan hacia el árbol. El Operario II será el que transmita las instrucciones.
ESCENA III
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7. (Pág. 40) Julia respira profundamente para
recuperar la calma. Mira al cielo. Entonces
repara en multitud de puntos de luz. Estas
luces, proyectadas, recorrerán con rapidez
las paredes de la sala, llegando a bañar el
cuerpo de los espectadores.
8. (Pág. 40) Los efectos luminosos irán decreciendo hasta desaparecer. Una vibración casi
imperceptible, seguida de una música muy
suave, aumentará hasta hacerse plenamente audible.
9. (Pág. 41) Al ritmo de la melodía, diminutas
luces bailarán sobre el cuerpo de Julia; también varias nubes se reflejarán efímeramente sobre sus ropas y las telas blancas de la
tienda. Irrumpe el fragor de un potente motor. Julia despierta sobresaltada y se mueve
inquieta buscando la procedencia del insoportable ruido. Un foco cenital recorre la
copa del árbol intentando descubrir la pre-
sencia de la chica. Los movimientos de la
luz recordarán el escenario de un campo
de concentración durante un intento de
fuga en plena noche.
10. (Pág. 41) Los efectos audiovisuales ofrecerán al espectador la imagen del objeto
causante de la insólita situación. Mediante un aparato de diapositivas (gran angular) girado manualmente, se proyectará,
por el suelo del escenario y por las paredes de la sala, la figura de un helicóptero
en movimiento. Una voz, distorsionada
por la megafonía, emitirá el repetitivo
mensaje.
11. (Pág. 41) Al aumentar el sonido, se percibirá el ruido del rotor y de las aspas del
aparato. A este efecto acústico se unirá el
movimiento de las ramas, de las telas de la
tienda de campaña y de la propia Julia,
que se verá obligada a agarrarse al árbol
para no ser arrastrada por el viento que,
desde uno de los laterales, producirá un
ventilador de efectos especiales cinematográficos. El mensaje seguirá sonando con
agobiante insistencia mientras Julia grita
impotente.
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12. (Pág. 44) El ruido y el aire desaparecen
paulatinamente. La imagen del helicóptero va disminuyendo hasta extinguirse. La
calma vuelve a escena. Julia, tras permanecer algunos instantes inmóvil, se dirige
hacia las telas de su improvisada tienda y
procura ponerlas de nuevo en orden. Luego, se va escurriendo muy lentamente hasta quedar recostada en una gruesa y confortable rama. Respira hondamente, como
si intentara reforzar sus convicciones tras
la agresión sufrida.
13. (Pág. 44) Se acurruca. Poco a poco va
amaneciendo. Los efectos luminosos y los
sonidos de las aves conducirán la transición de la noche al día.
ESCENA IV
14. (Pág. 45) Llega Andrea con su mochila escolar y una pequeña cesta en la mano; se
detiene bajo el tronco del árbol y llama la
atención de su amiga.
15. (Pág. 45) Julia lanza la cuerda. Al llegar el
cabo a la altura de su compañera, esta ata
la cesta y le hace una seña para que tire
hacia arriba. Julia agarra la cesta, saca rápidamente el bollo y la leche y se lo toma
con avidez, mientras Andrea la contempla
con un gesto de envidia mal disimulado.
16. (Pág. 48) Entran dos personajes cuyos gestos nos recordarán a los actores cómicos
del cine mudo. Visten un uniforme parecido al de los bomberos y llevan una larguísima escalera.
17. (Pág. 50) Apoyan la escalera en las ramas
más sobresalientes. El Bombero I inicia la
ascensión. Cuando ya casi se encuentra
arriba, Julia agarra el último tramo de la
escalera y la impulsa al vacío. El hombre
gesticulará exageradamente como un funambulista aficionado que pretendiera
conservar el equilibrio. El Bombero II se
esfuerza por mantener a su compañero en
posición horizontal, aunque la escalera se
va inclinando más hacia el lugar ocupado
por los espectadores. Por su concepción
grotesca, la escena deberá recordar los clásicos números de los primeros tiempos del
cine mudo. A pesar de los denodados intentos de ambos funcionarios, el Bombero I
terminará rodando aparatosamente por
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tierra, no sin antes realizar ímprobos esfuerzos por agarrarse a algún elemento
del espacio escénico o de la sala: cortinajes, telón, palcos, etc. El Bombero I se
despoja de su mochila-botiquín y procede
a colocar una venda en la cabeza del compañero. El bombero II se llevará insistentemente las manos a la cabeza con gesto
de dolor. Tras finalizar la aparatosa cura,
el Bombero II se dirige a su colega con la
voz y gestos característicos de los payasos,
para darle ánimo y realizar un segundo intento.
18. (Pág. 51) El Bombero I sale corriendo de
escena mientras que el Bombero II se ve
obligado a cargar con la escalera. Hace
mutis dando grandes bandazos que están
a punto de hacerle caer de nuevo al suelo.
ESCENA V
19. (Pág. 52) Los Bomberos tropiezan con la
Abuela, quien, muy agitada, se dirige hacia el árbol. Se sitúa junto al tronco y muy
lentamente eleva la cabeza intentando ver
dónde está su nieta. Julia será la primera
en tomar la iniciativa.
20. (Pág. 54) La Abuela se encoge lentamente,
presa del agobio que se ha apoderado de
ella. Se escurre hasta quedar en cuclillas
apoyada en el tronco. Sus palabras sonarán más a monólogo interior surgido de
los recuerdos que al diálogo que hasta entonces mantenía con su nieta.
21. (Pág. 55) Entra el Alcalde, con gran irritación. Al ver a la Abuela apoyada en el
tronco, se dirige a ella resoplando.
22. (Pág. 56) El Alcalde intenta hacer valer su
autoridad. Saca del bolsillo la banda de la
que pende la gran medalla que suele lucir
en los grandes acontecimientos. Con gesto solemne, avanza hacia el tronco y mira
hacia donde está Julia.
ESCENA VI
23. (Pág. 59) La luz desaparece del árbol para
concentrarse en un lateral desde el cual el
Narrador, con un gran reloj de arena en
sus manos, se dirigirá a los espectadores.
24. (Pág. 59) El Narrador deposita el reloj de
arena sobre el suelo de uno de los latera-
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les del escenario, el cual queda tenuemente iluminado durante toda la escena. A
continuación, varios focos de luz cenital
van descubriendo a los personajes, que se
dirigen al público intentando transmitir
sus opiniones, algunas carentes de la más
mínima convicción. Gracias al aislamiento que la luz concentrada proporciona a
los personajes, tendremos la sensación de
que todos ellos hablan en un lugar desde
el que Julia no puede escucharlos.
25. (Pág. 62) Desaparece la luz centrada sobre
el Alcalde, para iluminar el árbol. Sonarán
lejanas voces de los chicos y chicas que desde otro lugar intentan dar ánimos a Julia.
26. (Pág. 62) Las voces se van apagando y se
escucha a Julia, que le lee un libro al árbol. En algunos momentos se detendrá
como para comprobar que el árbol comprende el contenido de la lectura.
27. (Pág. 64) Julia se recuesta y entorna los
ojos, sin apartar una mano del corazón y
la otra de la parte del tronco que se encuentra junto a la rama en la que se halla
sentada. Una música suave y cálida con-
ducirá a Julia por la ensoñación que acaba de iniciar por diferentes parajes, cuyas
imágenes aéreas se proyectarán en las
blancas paredes de la tienda que instaló en
el árbol. Se tratará de un viaje onírico a
través de bosques de abedules, robles, hayas, secuoyas, baobabs, castaños, etc. Al
finalizar las imágenes, la luz volverá a
concentrarse en el reloj de arena que quedó situado en uno de los laterales de la escena. Se inicia un nuevo día. El Narrador
lo tomará de nuevo entre sus manos para
comprobar que está a punto de cumplirse
el plazo dado por el Alcalde. Con voz
pausada se dirige a los espectadores.
ESCENA VII
28. (Pág. 65) Se escucha el ruido de un chirriante motor aproximándose. La tensión
se prolonga hasta que aparece una especie
de pequeña tanqueta, para cuya decoración y ambientación se puede aprovechar
una de las grúas hidráulicas empleadas en
los teatros para elevar al personal eléctrico hasta los focos de iluminación. Como
alternativa, se puede recurrir a algún tipo
de carretilla elevadora debidamente «fan-
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taseada». Junto al artilugio, entrarán en
escena dos Agentes del Máximo Orden,
con indumentaria similar a la utilizada por
los encargados de controlar los escapes radioactivos en las centrales nucleares. Sus
escafandras con visores transparentes, así
como los guantes y las botas, similares a
las empleados por los buzos en sus inmersiones, serán rigurosamente blancos. Uno
de ellos conducirá o empujará el artefacto
mecánico, mientras su compañero viajará
situado en la reducida plataforma. Al llegar a la altura del árbol, el Agente I pondrá en funcionamiento el mecanismo elevador, y el reducido espacio ocupado por
el Agente II iniciará el ascenso hasta detenerse a la altura de las primeras ramas. El
Narrador irrumpe en escena. La acción de
los Agentes queda congelada.
29. (Pág. 67) Entra la Presentadora seguida de
un Operador de informativos provisto de su
cámara. La mujer deberá encarnar una representación satírica de las «intrépidas» presentadoras de programas televisivos, capaces
de detener la marcha del Planeta con tal de
lograr una exclusiva que logre la máxima
audiencia. La Presentadora se colocará de
espaldas al árbol, mientras el Operador se
mantendrá frente a ella, encuadrando el
tronco y las ramas en donde está Julia. A
través del visor transparente de la escafandra
de los Agentes, se verán sus gestos de perplejidad ante la desaforada aparición de la
«estrella» televisiva, que se prepara para
transmitir el suceso.
30. (Pág. 67) Al verse enfocada y lista para entrar en directo, adoptará una sofisticada
mueca, mezcla de autosuficiencia, expectación y forzado sensacionalismo con el
que intenta captar la atención de la audiencia. Al iluminarse el foco situado en la
cámara, iniciará su intervención.
31. (Pág. 68) La Presentadora de televisión retorna a su antipático gesto. Se apaga el
foco de la cámara, y el Operador desciende el aparato de su hombro. Irritados por
la pérdida de tiempo que están sufriendo,
los agentes se encaran con ellos.
32. (Pág. 70) El Agente I señala a la Presentadora y al Operador de cámara. El Alcalde
reaccionará indignado ante la intromisión
de los periodistas.
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33. (Pág. 71) Andrea llega corriendo presa de
una gran excitación. Su nerviosismo será
tal que le costará articular las palabras.
34. (Pág. 72) La Presentadora de televisión no
le hace el menor caso; sin embargo, Andrea prueba a poner en juego todo su poder de seducción para intentar acaparar
cámara a la sombra de su amiga.
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35. (Pág. 73) El Agente I acciona el motor, y la
plataforma desciende con el Agente II a
bordo. El vehículo sale de escena seguido
por el Alcalde. Andrea insiste para conseguir que la tomen en consideración.
36. (Pág. 74) La Presentadora de televisión se
acerca a los espectadores seguida por el
Operador, que enciende de nuevo el foco de
su cámara. El micrófono para los espectadores deberá conectarse a los amplificadores de la sala, para que se escuchen las opiniones de los encuestados. Durante la
entrevista tendremos la impresión de que lo
único que le interesa a la Presentadora son
las respuestas a favor de que Julia permanezca en el árbol. En varias ocasiones, ni siquiera mirará a los entrevistados. Algunas
preguntas formuladas a los espectadores deberán improvisarse sobre la marcha, atendiendo las sugerencias del público. (Las preguntas de las págs. 74-75 tienen un carácter
orientativo).
37. (Pág. 75) Tras hacer un resumen en el que
intentará demostrar que las opiniones reafirman los intereses de su canal, la Presentadora se dirigirá al Operador mostrando su optimismo ante el éxito logrado
por las opiniones del público, decantado
mayoritariamente a favor de Julia.
ESCENA VIII
38. (Pág. 76) Andrea se siente defraudada por el
desprecio que le han mostrado los de la televisión. Habla consigo misma y luego mira
hacia Julia.
39. (Pág. 79) Julia descuelga la cuerda. La
Abuela ata el recipiente en el extremo y contempla cómo su nieta tira de él y lo recoge.
40. (Pág. 80) La Abuela se va. Tras respirar
profundamente, Julia permanece unos instantes en silencio. Mueve la cabeza como
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si intentara apartar los absurdos hechos
acaecidos durante el día. Se resiste a aceptar la conducta de los adultos y su forma
de tratarla. La luz se concentra en el lateral por donde aparece el Narrador.
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41. (Pág. 81) La luz desaparece del Narrador,
y se concentra, con claridad lunar, sobre
Julia, la cual desarrollará su interpretación
en diálogo intimista con el árbol.
42. (Pág. 82) Reacciona al presentir que su árbol la puede estar escuchando. Se escurre
hasta quedar sentada en una de sus más
imponentes ramas y comienza a rascar
suavemente la corteza, como lo haría con
la cabeza de un niño.
43. (Pág. 82) Se inicia una ligera brisa, que
producirá suaves tonalidades armónicas,
apenas perceptibles en un primer momento. El cuerpo de Julia se mecerá sutilmente
animado por la plácida ensoñación en la
que acaba de sumirse. El silbido del viento dará paso a una composición que, inspirada en el tema musical de la obra, describirá el fantástico «movimiento» de un
bosque durante la noche. El crujido de las
ramas y la vibración de las hojas irán cobrando lentamente presencia irreal en forma de respiraciones, de susurros deformados por distintos efectos sonoros. En
algún momento, el espectador tendrá la
sensación de que se está produciendo un
diálogo entre los árboles del mundo. Julia
escucha fascinada el extraño concierto orquestado por el viento. Poco a poco el sueño se apodera de ella. La luz irá descendiendo, al tiempo que el sonido aportará
una mayor placidez al ambiente.
ESCENA IX
44. (Pág. 83) La luz del día irrumpe y con ella
una transición que vendrá a quebrar los
efectos surrealistas de la escena anterior.
Al iluminarse totalmente el escenario, aparecerá la Presentadora de televisión, con
una indumentaria más espectacular que la
vez anterior. Micrófono en mano, dirigirá
su mirada hacia donde se supone que se
encuentran las cámaras que la enfocan.
45. (Pág. 85) La Presentadora hace señas para
cortar la retransmisión. Por primera vez
elevará su mirada para reparar en Julia.
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Aunque su tono intente ser forzadamente
correcto, sonará seco y despectivo.
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46. (Pág. 85) La Presentadora sale de escena.
Julia comienza a encogerse en la rama. Al
quedar sentada, apretará con fuerza sus
rodillas entre los brazos para permanecer
unos instantes pensativa, intentando comprender las últimas palabras pronunciadas
por la mujer. Entra Andrea, eufórica, y se
dirige a Julia procurando transmitirle toda
la satisfacción que siente.
47. (Pág. 87) Al percibir el tono de su amiga,
Andrea pone gesto de preocupación por lo
que puede ser el final de aquellos días de
gloria para el pueblo. Aparece la Abuela.
Se detiene ante el tronco del árbol y aguarda a que Julia se dirija a ella.
48. (Pág. 89) Al darse cuenta de que también
su nieta debe estar pensando en el árbol,
intenta rectificar al tiempo que da una palmada en el tronco.
49. (Pág. 91) Entran a la carrera el Alcalde, la
Presentadora y el Propietario del hotel. Se
comportan de una forma grotescamente
obsequiosa y servil. Todos traen un regalo
envuelto en papeles de brillantes colores
atados con pomposas cintas fosforescentes
de pésimo gusto.
50. (Pág. 94) Los tres personajes dejan sus regalos al pie del árbol y salen intercambiándose gestos de complicidad. Tras su partida
se producirá un largo silencio en el que ni
Julia ni la Abuela se deciden a hablar.
ESCENA X
51. (Pág. 96) La luz vuelve sobre Julia concentrándose exclusivamente en ella. La
Abuela permanece en la oscuridad.
52. (Pág. 96) Julia se abraza a Cóndor. La luz
va decreciendo muy lentamente hasta desaparecer. Se ilumina el lateral desde el
que hablará el Narrador por última vez.
53. (Pág. 98) Tras el oscuro total, se iluminará un círculo de luz cenital en el que se halla Julia. La chica se encuentra inmóvil,
parece experimentar una sensación de
gran placidez. La Abuela, portando una
vieja maleta, penetrará muy lentamente en
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el espacio luminoso. Ambas comienzan a
fingir que caminan en dirección al lugar en
el que se sitúan los espectadores. Mueven
sus piernas, aunque sin desplazar el cuerpo del lugar que ocupan. Tras una larga
pausa, Julia hablará con gran ternura a su
Abuela. Por medio de los efectos audiovisuales utilizados a lo largo del espectáculo, el escenario y las paredes del teatro se
llenarán de imágenes de aves cóndor volando en todas direcciones, con sus espléndidas alas extendidas. El tema musical
central invadirá el ambiente mientras la
luz va decreciendo muy lentamente hasta
ocultar las figuras de Julia y de la Abuela.
SUGERENCIAS:
LECTURA E INTERPRETACIÓN
La lectura del teatro —como género— ofrece ciertas peculiaridades, sobre todo al lector
no avezado, como es el caso del público infantil.
Así como la narrativa permite, la mayoría
de las veces, una lectura independiente y autónoma por parte del niño/a, el teatro requiere
otro abordaje.
En primer lugar, en el ámbito escolar, o más
ampliamente infantil, hay que prescindir de la
idea prefijada de que la finalidad de una obra
de teatro es su representación.
Evidentemente, todo dramaturgo piensa en
la puesta en escena de su obra. Pero también
es cierto que la imagina representada en el escenario adecuado e interpretada por profesionales expertos, que den vida a lo pergeñado en
el papel y sigan fielmente las acotaciones, dando así «vida» a la obra. El teatro, como la
música, necesita una secuencia temporal para
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producirse. Ni la música es solo partitura ni el
teatro es solo texto. También ambos necesitan
intérpretes —actores, instrumentistas, etc.—
para su realización.
Cuando se trata de formar a los alumnos en
la lectura del género dramático, es muy útil la
práctica del teatro leído, lo que requiere una
técnica específica.
El teatro, a diferencia de la narrativa, precisa varias lecturas, para practicar la declamación e interpretación de los personajes.
La práctica de la lectura colectiva, bien sea
en el aula o en cualquier otro lugar apropiado, posibilita la caracterización del personaje,
el uso de algún atuendo, la dirección como si
se estuviera en un escenario, salvo que en este
caso no es necesaria la memorización del texto. Por tanto, sin memorizar es más fácil hacer
hincapié en la expresión, pensar en lo que se
dice, en cómo se dice... es decir, el lector está
más pendiente de reproducir —interpretar—
que de memorizar. La memorización, muchas
veces, provoca que no se tenga en cuenta el
mensaje de la obra.
Por otra parte, este texto de Matilla, autor
de reconocido prestigio, que ha obtenido premios muy significativos, no es precisamente
un breve artilugio teatral para escenificar en
una fiesta escolar. Una buena obra de teatro,
como toda obra literaria, aunque sea para niños, debe presentar una extensión acorde con
el tema y el desarrollo del argumento.
En El árbol de Julia, los hechos que se suceden sirven para explicar por qué Julia toma
esa determinación, qué hacen los demás para
convencerla de que deponga su actitud o para
animarla en su protesta.
Por ello, consideramos que la lectura dramatizada es una actividad más recomendable
que truncar la obra para representar aquellos
episodios más fáciles de interpretar o memorizar. La lectura declamada es más útil y factible
dentro del ámbito escolar (también en campamento de verano, biblioteca...), si bien no dejamos de reconocer que lo ideal es la representación, en un buen escenario y con los
recursos adecuados. Pero eso requiere bastante dedicación de tiempo y un esfuerzo que no
resulta factible dados los objetivos de la enseñanza curricular.
No obstante, ofrecemos las dos actividades
claramente diferenciadas, de las cuales la segunda implica la realización de la primera,
pero no viceversa:
1) Lectura colectiva dramatizada
2) Representación
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Para la lectura colectiva dramatizada, en
primer lugar, asignaremos los personajes a los
alumnos-actores.
Los personajes principales pueden estar distribuidos entre varios alumnos/as, y por escenas, con objeto de que participe todo el grupo.
El reparto sería el siguiente:
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NARRADOR, JULIA, ANDREA, ABUELA, OPERARIO I, OPEII, BOMBERO I, BOMBERO II, ALCALDE, PRESENTADORA TV, VECINOS, AGENTE I, AGENTE II, OPERADOR DE
CÁMARA, PROPIETARIO DEL HOTEL.
RARIO
La lectura dramatizada nos llevará sin duda
varias clases. Así pues, indicaremos a los
alumnos/as la escena o escenas determinadas
que vamos a declamar en cada clase. En función de la extensión o del contenido, podemos
anticipar que una sesión de lectura no podrá
exceder de dos o tres escenas. Los actores correspondientes leerán, individual y previamente, el texto en casa.
Antes de la lectura declamada de esas escenas, los alumnos participantes expondrán al
resto de los compañeros qué aspectos interesantes han extraído de su lectura en casa: conducta o ideología de los personajes, desarrollo
y ritmo de la acción, etc. Se trata de que ma-
nifiesten su opinión previamente a la explicación del adulto (profesor). De este modo, motivamos en nuestros alumnos la reflexión, el
espíritu crítico, y la participación activa, aunque en algún caso tengamos que matizar sus
observaciones, incluso contradecirlas. Esto es
muy interesante, porque esta obra de teatro es
idónea para la reflexión y el debate, lo que no
significa que procedamos de la misma forma
en todas las sesiones dedicadas a la lectura declamada. Podemos, de acuerdo con la exposición de los alumnos, enfocar el diálogo de diferente manera.
Una vez que hemos finalizado la lectura
dramatizada, podemos preparar la representación, en la que también aconsejamos que se
involucre todo el grupo de alumnos/as: Decoración del escenario, música, atrezzo... (véase
Preliminares).
La representación puede ser total o parcial.
En este segundo caso, meteremos las «tijeras»,
como tantas veces nos hemos visto obligados
los docentes, para hacer viable la representación de una obra por los escolares.
Si optamos por la representación completa
(siempre es más deseable) podemos optar por
la lectura «disimulada» de los textos (aprendidos «casi» de memoria). En este caso, la de-
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coración escénica y el atrezzo son fundamentales, para que los espectadores no vean el libro en manos del actor. En el caso de Julia,
por ejemplo, puede estar camuflado por las
ramas o utensilios de comida o de su improvisada tienda de campaña.
También, cómo no, podemos sugerir que
memoricen los textos cortos, o que, en los textos largos, tenga cada actor la síntesis en la
mente y pueda permitirse la libertad de improvisar, si bien esto necesita mucho más
tiempo de ensayo, y no siempre es factible.
Otra posibilidad consiste en repartir los papeles principales, por ejemplo el de Julia entre
varias alumnas, por escenas, como quizá hemos organizado la lectura en el aula.
Por último, el contenido social del libro, tan
actual, vivo y emotivo, se presta, sin duda, a
que los alumnos/as, en grupos de seis o siete,
elijan algún que otro tema de actualidad,
acorde con su entorno, y hagan un breve juego dramático preparado por ellos mismos, con
los mismos personajes principales de El árbol
de Julia.