Perdiendo el juicio (Spanish Edition)

Índice
Portada
Dedicatoria
Capítulo1
Capítulo2
Capítulo3
Capítulo4
Capítulo5
Capítulo6
Capítulo7
Capítulo8
Capítulo9
Capítulo10
Capítulo11
Capítulo12
Capítulo13
Capítulo14
Capítulo15
Capítulo16
Capítulo17
Capítulo18
Capítulo19
Epílogo
Agradecimientos
Biografía
Créditos
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1
«Noaprenderénunca,esolotengomásqueclaro.Lopeordetodoesquesé
quedeboponerfina
estetipodedespertaresdeunavezportodas.»
¿Por qué, en cuanto fui consciente de que ya no estaba durmiendo, me dije
eso?Porqueel
martilleo,constanteeincrescendo,ibaaacabarmatándomedefinitivamente
ysinningúntipode
remordimientos.
Acerquéelrelojaloqueintentabaquefueralomáscercadecualquierade
losdosojos,elque
reaccionaraprimero.
«Notamental:desmaquillarseantesdeacostarse.Findelrecordatorio.»
Fueelmáspegadoalaalmohadaelque,despuésdeunpequeñoesfuerzo,se
abrióporcompleto.
—¡Joder!—soltéalaparqueintentabaincorporarmeenlacama.
Eratardísimoyaprimerahorateníaqueestareneljuzgadopararevisaruna
documentación
relativa a uno de los juicios que estaba a punto de cerrar; ni siquiera tenía
redactadalamitaddela
sentencia.
Bostecé intentando desperezarme mientras me preguntaba cómo era posible
quesintierauna
ligeracomezónenlaentrepierna…comosialguienhubieraestadorozando
allísubarbacuallijade
pulirmaderadecedro.
—Buenosdías,nena.
Creoquepeguéelgritomásgrandequenuncaantessehabíaoído.Nienuna
películadeWes
Craven,vamos.
Noqueríamirar;no,no,no…
Me prometí, aunque sabía que se trataba de otra mentira más, que eso
tampocovolveríaa
pasarme. Otra noche más en la cama de alguien y sin acordarme de nada
reciénlevantada.
Voyaexplicarme,porque,sinolohago,estopuedeinterpretarsecomoalgo
quenoes.Eltema
está en que, cuando duermo, lo hago de verdad. Reseteo de tal manera mi
cerebroquenomecentro
hastaquenopasanunosminutosdespuésdetenerelojoabierto.¿Quéquiere
deciresto?Quenome
voyborrachaalacamayluegonomeacuerdodeconquiénheestado,no.
Simplementetengomuy
maldespertar,lento,yesoesloquemeestabapasandoeneseinstante.
Noeraconscientededóndeestaba,pero,porlovisto,noeraenmicama.Así
queteníados
salidas:una,esperararecordar,yyaloestabahaciendo;dos,darmelavuelta
paraverconquiény
dóndehabíapasadolanoche.
Sin malgastar un segundo más, pues no estaba para perder tiempo, me
incorporédefinitivamente
y, al girar el rostro, me encontré con la mirada de un tipo con carita de
perritodesvalido.Ysí,tenía
barba, por ello entendí lo de mi entrepierna. Me sonreía con aspecto
somnoliento.Noestabamal,
peroquenadamal…ydeprontomimemoriafuncionóalaperfección.
La noche anterior había salido de fiesta con las chicas; teníamos pendiente
celebrarque,después
de mucho estudiar, hacía ya un tiempo que había conseguido aprobar la
oposiciónparaserjueza.
LucíahabíavenidoapasarunosdíasaMadrid,yesanochehabíadejadoasu
pequeñoconRodrigo
encasadesuspadres.LourdeshabíaregresadodeMéxicoporunassemanas,
paravisitarasus
familiares, y Nuria aprovechó la conjunción para aparcar a su marido.
Llevábamossinvernoscasiun
año, el tiempo que hacía que Lourdes se había casado, y por eso la
celebraciónhabíaquedado
pospuestahastaesemomento.
Fue una noche memorable y, claro, cuando ellas decidieron retirarse a sus
realesaposentos,amí
me estaba tirando la caña un hombre que estaba de toma pan y moja. Por
supuesto,soylaúnica
soltera del grupo y he de aprovechar las oportunidades que la madre
naturalezaponefrenteamis
ojos.Hededarriendasueltaalcalentamientoglobalhumanoquemicuerpo
desprende.
—Alfonso…—Lomirétimoratamente,temiendoquemehubieraequivocado
alrecordarsu
nombre.
—Eso es —asintió a la vez que se acercaba con la rapidez de un halcón a
colocarseenposición
de cucharita y situaba una mano en uno de mis pechos, para ser exactos, a
excitarunpezón,ylaotra
seentreteníaenmisexo…
«Pero qué bien que me está sentando este despertar tan… pero ¿qué hace?
Mehagirado,meha
puestobocaabajo,heoídocómorasgabaunpreservativoy,ala,¡todopara
dentro!»
—Buenos días, rubita juguetona. —Se dirigió a mí con suavidad, mientras
poníasusmanosenmi
cintura,levantándomeparacolocarmeacuatropatas.
Asímepenetrabaconmásfuerza,mientrassentíacómounadesusmanosme
apretabaunpechoy
acariciabaconlaotramiclítoriscondestreza.
Nidolordecabeza,ninaranjasdelaChina.«¡Buenosdías,mundo!»,como
diríaMafalda.
«Másdespertaresfollandoymenosjodiendo.»Aver,estosíquenolodiría
ella.
¡Mi madre!, no sabía lo que ese tío estaba haciendo exactamente con su
cuerpoyelmío,pero,en
menosdecincominutos,unorgasmointensorecorriótodasycadaunademis
terminaciones
nerviosas. Grité mucho y apreté con fuerza las sábanas, que acabaron
enrolladasentremismanos.
Pocodespuéssecorrióélysedejócaersobremiespalda.
Fueunodeesospolvosmañanerosarrolladoresquehacenquenosetequite
esasonrisade
gilipollasqueseteponedespuésdefollar.Sí,porqueesoeraloquehabía
hecho,yenesemomento
lo recordaba… pasar toda la noche follando sin parar con ese tío, y
acabábamosderematarlocon
unadelasposicionesquehabíamosprobadounpardeveces.
Lo aparté de mí con brusquedad, para qué mentir, y lo miré a los ojos. La
verdaderaqueeltío
estababuenoarabiar.
—¿Puedodarmeunaducha?
Vi cómo se quitaba el condón y hacía un nudo para dejarlo al lado de los
otros¿cuatro?
—Claro;simeesperas,meduchocontigoysiquieres…—Volvióainsinuar
otropolvo.
«¿EstetíohatomadoViagraoqué?»
—No,losiento;tengoquemarcharmeinmediatamente.
Lodejéplanchado.
—Perosihoyessábadoysólosonlasocho.
—Losé,ydeverdadquemequedaría.—Comoparanodesearlo,despuésde
lobienquemelo
habíahecho.
—¿Entonces?
—Trabajo;tengoqueiraljuzgadoalasdiezdelamañanaparaterminaruna
sentencia.
—Osea,¿realmenteeresjueza?—Seestiróenlacama,poniendolosbrazos
detrásdelanucay
mirándome.
—Claro.
—Penséquelodecíasparavacilarme.—Sonrió.
—Puesno,yaquesoydelasde«jurodecirlaverdad,todalaverdadynada
másquela
verdad»…
—Esonosediceenlosjuicios.—Selevantódelacamadesnudoydiola
vuelta,paraponerse
dondeyoestaba.
—Touché!—respondívacilona.
—Puespodemoshacerunacosa—sonriódemediolado—:nosduchamos—
abrílabocapara
deciralgo,peromelatapoconlasuya—yprometodejarteeneljuzgadoa
lasdiezmenoscinco—
sentenció, echándose sobre mí y bajando directamente a mi sexo para
perderseenél.
2
Efectivamente,alasdiezdelamañanaentrabaporlapuertadeljuzgadocon
carademaldormiday
resacosa,peroconlapielreluciente.No,miaspectonolomejorabaelcafé
quellevabaentrelas
manos,puesciertamenteparecíaunafiesterapreadolescente.
Que sí, que soy muy buena en mi profesión, pero creo que muchos de mis
compañerosaúnnome
tomandemasiadoenserio.Aver,quesoyunpocomuymía,ytalvezésano
sealaimagenquetodos
esperandeunjuez.Megustadivertirme,serfeliz,salir,entrary,sobretodo,
sonreíratodoelmundo.
Y,¿quécarajo?,bajolamediadeedaddeestejuzgado,quelapersonaque
másseacercatiene
cincuenta y muchos, pero también he de decir que es la única, pues es una
fémina,quemesigueel
ritmo.
Amparo es una de las mujeres más divertidas que me he encontrado en la
vida.Llevamásde
veinte años en el juzgado y se conoce a todo el mundo del ámbito legal,
buenosymalos.Meaceptó
casicomoaunahija,puesellamismasufrióesasmiraditasairadasporparte
desuscompañeros
años atrás. ¿Lo que más me gusta de ella? Nunca dice que no a una copa
despuésdeltrabajo.
Graciasalcielonohabíamuchagenteporlospasillos;suficienteparapoder
entrarenmi
despacho,casiahurtadillas,yponermelatoga.Sí,siempreayudamuchoir
vestidadenegropor
completo;estilizaunmontóny,además,disimulalaropadefiestadelviernes
noche.
Oíunosgolpesenlapuerta.
—¿Puedopasar?
EraAmparo.
—Claro.
—Hijamía,¡quécara!
Cerró la puerta detrás de ella y caminó hacia una de las sillas que tenía
delantedemiescritorio.
—¿Quépasa?¿Tengocorridoelrímel?
—¿Corrido el rímel? —Una carcajada inundó el espacio—. Yo creo que
deberíamosdejarel
rímelyhablardelootro…
—¿Enseriosemenotatanto?
—Querida,mássabeeldiabloporviejoquepordiablo.Yyo,esodeviejo,
lollevomuybien.
Amparomeguiñóunojo.
—Exagerada.
Abríelcajónqueteníamásamiderechaysaquéunespejitoparamirarme
bien.Nologré
encontrarnadafueradesusitio.
—Ojerasyunapielreluciente.Caféenlamesay—seacercóunpocomás
paramirarenla
papelera—unenvoltoriodeparacetamoldeungramo.
—Deberíashabersidoinvestigadoraenvezdejueza.
Meechéhaciaatrásenlasilla,recolocandolatoga.
—Lo sé, cielo. Pero, además, ¿qué coño haces con la toga puesta en el
despacho?—preguntó,
comosiesacuestiónfueradirigidaasímisma,puesseibaaresponderella
solita—.Esconderla
ropa del delito, pues llevas la misma con la que saliste anoche. Tú, con
tacones,pocasvecesvienes
aljuzgado.
—Lodicho.CuántohaperdidolaGuardiaCivilpordecidirteaserjueza.
Volvióaproferirunacarcajadadelasquehacenhistoria.
—Bueno,¿meheequivocado?—planteó.
—No.Anochesalíconlaschicasyyasabesaqueldichodepájaroquecorre
ovuela…
—…palacazuela—terminólafrase.
—Pues eso, que he pasado una noche fantástica y una mañana bastante
agradable.
—Lamíatampocohaestadonadamal…
—¿Tú?
—No,miabuela.—Sehizolaofendidaylesonreí—.Nena,queyo,apesar
demiscincuentay
algunosaños,estoydebuenver—finalizólafraselevantándosedelasillay
dandounavueltasobre
símisma.
—Sí,señor.Demuybuenver.
Hiceelsilbiditotípicodeunpiropo.
—Quépayasaeres.—Subíloshombros,dándoleaentenderqueesoeralo
quehabíaynomás—.
Pues,loquetedecía,queyotambiénheconocidoaalguienymehadadoun
pardemeneosqueme
hadejaodespeináparaunpardedías.
—Oye,oye,oye…ParaqueunmaromazodejedespeináaAmparo,debede
estarcomopara
chuparselosdedos.
—Puessí,yestanochemehainvitadoaunafiesta.¿Teapuntas?
—¿Yo? —El ambiente en el que se movía la jueza era demasiado elitista
paramigusto—.¿No
voyaestarunpocofueradelugar?Yasabesquetugenteyyo…
—Ven.Enserio,telopasarásbien.Piensaenelchampányelcaviar.
—Bueno—miréelordenador,quehacíaratoqueestabaencendido—,yate
diréalgoestatarde.
¿Sobrequéhorasería?
—Másomenosalasdiezdelanoche;puedopasarabuscarte,asínotienes
quepreocupartepor
nada.
—¿No será una encerrona de las tuyas? —Me mostró una expresión de
sorpresa—.Nome
pongasesacara,quelaúltimavezmepresentasteaunosveintesolterosde
oro…
—No,deverdadqueno,loprometo.Esmás,nosénidequétipodefiestase
trata,porquea
Manuelloconozcodelosjuzgados,notenemosamistadesencomún.
—De acuerdo. Anda —moví la mano haciendo el amago de echarla del
despacho—,tengoque
terminarestasentenciaypasarlaalasecretaríaantesdeunahora.¡Fuera!
—Mevoy,mevoy…
Horaymediamástarde,muertadesueñoycansada,terminédehacertodomi
trabajo.Odiabalas
sentenciasdedivorcio«porlocriminal».Llamabadeaquellamaneraalos
contenciososqueno
llegabananingúnacuerdoyluego,contodaladocumentación,metocabaa
míhacerdereySalomón.
Era mi trabajo, no me quedaba otra, pero, cuando firmaba esa clase de
sentencias,teníalasensación
denohaberhechobienlascosas.Nosé…
Unsonidomesacodelamodorraenlaquemehabíasumidoalrecostarmeen
elsillón;mi
teléfono móvil me reclamaba insistentemente. En la pantalla, el nombre de
Lucíaaparecíaobstinado.
Lo cogí, aun a sabiendas de que mi adorada cabezadita se estaba yendo al
trasteporsegundos.
—Hola—respondísinentusiasmo.
—Uy,quéalegríatienetucuerpo,Macarena.—Dichoesto,oídefondounos
corosquedecían
«ehhhh,Macarena»,asíquedebíandeestardenuevotodasjuntas—.¿Yahas
acabado?
—Buenos días a ti también, amiga mía del alma querida, y sí, he acabado
haceunrato,¿por?
—Puesporqueestamosenlaplacitaquehaydetrásdelosjuzgados,tomando
algo.
—Estaréallíendiezminutos,pedidmeunbocatadebeicon.—Nomehabía
dadocuentadel
hambrequeteníahastaesemomento.
—¡Olelasmañanasfuertes!—añadióLucía,yrioatravésdelteléfono.
—¿Quélepasaalainsípidaesta?—gritóLourdesdefondo.
—Fijoquequiereirseadormir—sentenciódefondoNuria.
—Que ya voy, pero, por Dios, pedidme ese bocadillo —finalicé, mientras
apagabaelordenador.
Me puse el bolso en bandolera y, rebuscando en uno de los armarios que
teníaeneldespacho,
encontréunasmanoletinasmonísimasquequedabanfenomenalesconmiropa
defiesta.Lodicho,el
negrovacontodo.Melascalcéyguardéloszapatosdetacónensulugar;así
sueloactuarconla
mitaddemiszapatosyropa...tengomiguardarroparepartidoentremicasay
laoficina,eincluso
guardoalgunoszapatosenelcoche.
Suenararo,peroyapasodemasiadashoraseneljuzgadocomoparaencima
tenerque
preocuparme de tener que regresar a casa a por unos zapatos o una camisa
limpiaparaunacomida
formalounascañasconlasamigas.
Caminandoapasoligero,lleguéhastadondeestabansentadaslaschicas,ya
alsolecitoycon
algunas cañas de adelanto. «Estas mujeres son un pozo sin fondo», pensé
sonriendoparamímisma.
—¡Ehhhh!Yahallegadolaseñorajueza.—Lourdesfuelaprimeraenverme,
puesestabasentada
defrente.
—¡Perosillevalamismaropadeanoche!—Nuriasellevólasmanosala
bocaenunafalsapose
deasombro.
Lucía dejó al pequeño Daniel en el carrito y giró la cara para comenzar a
carcajearse.
—Nena,ahoraloentiendotodo.—Cogióelplatoqueconteníaelbocadillo
quehabíapedido—.
Eresmiídola.
—Buenosdíasavosotrastambién.—Vicómoelcamarerotraíaunacerveza
fresquitaylaponía
delantedemí—.Tengounhambreque…
—Normal,nisiquierahaspasadoporcasa.—Nuriaintentóhacerdemadre,
comosiempre.
—¿Yparaquévaapasarporcasa?—LourdesreprendióaNuria—.¿Noves
lacaritadealegría
quetrae?
—Más que de alegría, de bien follá —contestó Lucía a la pregunta de
Lourdes—.Asíqueanoche
teagenciastealtiarrónaquel.
—Puessí—peguéunmordiscoalbocadillo—,yporesotengounhambre…
Nohecomidonada
desdeanoche.
—Esodequenohascomidonada…—Sóloporesecomentario,Lourdesse
llevóunacollejade
partedeNuria—.¡Coño,niña,niquetúnohicierasnadacontumarido!
—Más de lo que crees, pero deja a la chica que coja fuerzas y luego nos
cuentecuántoscondones
gastaron…
—MenosmalqueelpobreDanielestádurmiendocomounbendito.—Lucía
bebiódesucerveza.
—Hablólasanturrona—seleenfrentóLourdes.
—Te puedo asegurar que más que tú, que tú y que tú —intervino,
señalándonosalastres.
—Puesyasabes.—Nurialehizounguiño.
—Mira,levoyaRodrigoahoraconésasy…
—Y,¿qué?Anda,unpardedíasdejuergaconmiFher—lecontestóLourdes
—yseosquitanlas
tonterías.
—Pero si estás más en México que en España, niña —le dije, bebiendo
despuésunpocotras
acabarmeelbocadillo.
—Diquesí,queLucía,muchoprometer,ysenoshaquedadoenpalabras—
laretóNuria.
—Anda,idosalamierdalastres—sehizolaofendida.
—Ea,ea,ea,laLucisecabrea.—Lourdespicóunpocomásasuamiga—.Si
esquenecesitas
salir un poco más. Deja de vivir entre vacas y prados, y disfruta del sexo
libre.
—Pero¿quédices,loca?—Nuriagiródegolpelacabezahaciaella.
—Sí,libertadparahacerloquequierasenelsexo—seexplicó.
—Notienenniideadeloquedices.—Lucíasepartíaderisa.
—Bueno,vale,pueseso…
—AéstalehancomidoeltarroenMéxico.
Nuriacogióotravezsucervezaypegóuntrago.
—Yo creo que le han comido demasiado el tarro y otras cosas —dije,
despertandoasílasrisas
detodas,mientraslevantabalamanoparallamardenuevoalcamarero.
—Anda,Laura,noleshagasmáscasoaéstasycuéntanosquétalanoche.—
DenuevoLucíapuso
algodeorden.
—Aparte de, como siempre, despertarme y no saber dónde estaba —las
chicasasintieron—,la
verdadesquebastantebien.
—Mepareceamíquevamosatenerquesacarlelaspalabrasagolpes.
—No,deverdad,peroesqueestoycansada.
—Nomeextraña.—Alcomentaresto,Nurianosmostrólasmanosehizoun
movimientobastante
explícitoconlosdedos.
—¡Idiota!—contestériendo—.No,esqueacabodeterminarunasentencia
deesasqueadoroy,
claro, anoche dormí poco. —Lourdes alzó los hombros, instigándome a
continuar—.Yosaclararé
que,nosécómo,hemosgastadobastantescondones—lastresaplaudieron,
haciendoquelagentede
las mesas que estaban a nuestro alrededor nos miraran— y esta mañana
hemosrematadolafaena,dos
veces.—Finalicélafraseelevandolamanoderechayhaciendoelsignode
lavictoria.
—Nena,estáshechaunamáquina.—Lucíalevantósubebidaparabrindar.
—Estascosassólosepresentandehigosabrevasyhedeaprovecharlas.
—¿Novasavolveraverlo?—preguntóLourdesmientrasechabamanoauna
patatabravaque
acababandeservirnosjuntoconotrarondadecervezas.
—Nocreo.Aver,queeltíoestabacañón,peronoesmitipo.
—¿Ycuálestutipo?—Nuriafuequienmechinchóenestemomento.
—¿Lo sabes tú? —le pregunté con sinceridad—. En serio, este tema me
cuestamucho.No
dispongodetiempoparaestarconalguieny,ademásdeeso,intentarversi
puedemerecerlapena.
—Cariño, no todos van a ser como tu ex. Hace demasiado tiempo de esa
relacióncomoparaque
todavía continúes pensando que nadie es digno de probarlo. —Dicho esto,
Lucíametomódela
mano.
—Losé,deverdadquelosé,pero,mira,conmitrabajoactual,despuésde
dejarlaempresa,y
lasganasquetengodepasarlobien,nomeapeteceatarmeaningúntío.
—Puesyanoeresunaniña—soltóNuriadesopetón,estavezllevándoseun
sopapodeLourdes.
—¿Nos estás llamando viejas? —la riñó ésta después de que se
recompusiera—.Bueno,porlo
menostúyatienesmarido.
—Perobueno,guapa—Lourdeslamiróenfadada—,tejuroqueavecesno
sénicómosoyamiga
tuya.Tienesunasrespuestasquenila«señorafranquista»deTwitter.
—Ains,joder,nosé—seexcusó,coloradahastaelúltimopelodelacabeza.
—Puesyocreoque,máscercadelacuarentenaquedelatreintena,noestoy
nadamal—me
defendí.
—Dilosincortarte:tenemostreintaysieteañosreciéncumpliditosymásde
unaquisieratenerla
marchaquetenemosnosotras.¡Vejestorio!—seburlódeNuria—.¡Quetúya
estástardandoentener
seishijos!
—Paz,hermanas—Lucíalevantólasdosmanoscualcuraenmediodemisa
—;noshemos
reunidoaquíparahablardelafraternidad…
—Tranquila,nopasanada;yasabemosqueNuriatieneesetipoderamalazos
—intentéquitarle
hierroalasunto—,peroenelfondoeslapeordetodas.
—Porcierto,yaquehablamosdeNuria...¿aquenosabesaquiénvielmes
pasado?—Lucíame
mirópícara.
—¿AMiguelÁngelRevilla?—repliqué,yleguiñéunojo.
—No, a ése lo vi la semana pasada —respondió vacilona—. Estuvimos
cenandoconLaurent.
—Ah...
Elsilenciosehizoentodalamesa.
—¿Novasadecirnada?—Lucíamemiródirectamente.
—¿Quéquieresquediga?
—Siempremepreguntaporti.
—Puespodríahabermellamadoalgunavez—mequejé.
—Tambiéntúpodríashaberlohecho,¿no?
«Touché,Lucía»,pensé.
—Bueno,yaestá.Fueunanocheypunto.
—Unanochequesetehizodíaentero;queyorecuerde,tequedastedosdías
másparaestarcon
él.
—Sí,peroya…—Noqueríaseguirhablandodeltema.
—Telargastesinnisiquieradecirleadiós,Laura.Pero,tranquila,nomeha
pedidotuteléfono,ni
cómolocalizarte.Sólopreguntasiestásbien.
—Puesyavesquesí.—Fuialgocortante.
—Uf,aquílatensiónsepuedecortarconuncuchillo.—Lourdesentróenla
conversación.
—Realmenteesasí—intervinoLucía.
—No,deverdadqueno.Lopasébienyyaestá;nohayquedarlemásvueltas
alasunto.Enserio
—procurétranquilizarlas.
—No sé qué problema tienes con los hombres, chica… Tienes pánico a
comprometertecon
alguno.
—Yasabéisquémepasó,noquierovolverconnadiequemetratecomome
tratóél.
—Cariño —Lourdes me miró a los ojos—, eso ya pasó. Pudiste salir de
aquellarelaciónyno
todosloshombressoniguales.
—Losé,peronotengoganasdeaveriguarlo…
—Joder, Laura, que si no lo intentas nunca sabrás lo que es el verdadero
amor—meespetóNuria
entodalacara.
—Ya,claro.Cómosenotaquenuncahastenidoqueenfrentarteatunovio,su
mujerysusdos
hijospequeños—soltéfinalmente.
—¿Doshijos?—Lucíamemiróojiplática,mientrasyoasentíayunsuspiro
salíademipecho—.
Serácabrón…Lodequeestabacasadonosloexplicaste,perolootro,no.
¿Porqué?
—Me daba vergüenza. —Bajé la mirada mientras me retorcía las manos,
nuncalohabíahablado
connadie.Unacosaerahabersidotantontacomoparanodarmecuentade
quemiparejatenía
esposa, ni haber sospechado de sus numerosos viajes, y otra muy diferente
eraque,encima,tuviera
bebésmientrasestabaconmigo,alaparqueamímedecíaquelosodiaba.
Cabrón.
—Cielo—Lourdesadelantósumano,ofreciéndomelaparaqueselacogiera
—,nuncate
avergüencesdetupasado.Jamás.Puedequetúsientasqueteníasquehaberte
percatadodealgootal
vezquierasesconderteporsentirteunaestúpida,peroestumochilayteha
ayudadoaserquieneres.
—Gracias, chicas. —Las miré a los ojos directamente, con sinceridad en
ellos—.Nuncaoslo
dije,fuemuydoloroso.
—Pero¿cómopaso?—Lucíamepreguntómientrasrecibíaunmensajeenel
móvilylomirabade
reojo—.Cuéntameloya.Rodrigomeacabadedecirquevieneabuscarmeen
pocorato.
—Tengoganasdedarleunachuchónalhombrequemerobóamiamiga—
contestéconfranqueza.
—Noterobónada,idiota.—Lucíasemeacercóymeabrazó.
—Peroteechodemenos—lasmiréatodas—,osechodemenos.
—Yovivoaquí,boba...—Nuriasemeechóencima.
—Anda, dejad el lagrimeo para otro momento, que como venga Rodrigo y
nosveaasí…
—Lourdes,tienesmenossensibilidadqueelpenedeRoboCop—leechóen
caraLucía.
—YtúeresmástiernaqueMimosín—respondió,sacándoleluegolalengua.
—Bueno, cuéntanos… —Lourdes rompió la poca magia que quedaba del
momento.
—Fuedelamaneramásidiota.¿Recordáiscuandotrabajábamosjuntas?—
Todasasintieronala
vez—.TuvequeviajarACoruñaparacerrarelcontratoconlafilialdeallí.
Meencontréconélpor
casualidadenunrestauranteenelquehabíaentradoacomer...ysihubiera
sidosóloconél…Fuede
lo más gilipollas. Al verme allí sentada, me miró, se le trabó la lengua y
detrásaparecióunamujer
empujandouncarritoenelquehabíaunbebéy,delamano,llevabaaotro
niño,deunoscuatroaños;
éstaloinstóaquemepresentara.
—¿Quéhiciste?¿Nolepartistelacaraallímismo?—secabreóLourdes.
—¿Qué culpa tenía su mujer de estar casada con un hijo de puta? —Nuria
entróaltrapo.
—Eso es lo que tú harías, Lourdes, darle un puñetazo. —Lucía le guiñó un
ojo.
—Loquehicefuequedarmeparada,sinpodernihablar,cuandodijo«esuna
compañerade
trabajodeMadrid.Ellaesmimujer»,ytuvequedarledosbesos,sonreíry
volverasentarmeami
mesa.
—¡Joder, cariño! No entiendo cómo no nos comentaste nada… —me
recriminóLucía.
—¿Paraqué?Yaosconté,nadamásregresar,quemehabíaestadovacilando,
queestabacasado
yquelohabíadejado.Puntopelota.Findelahistoria.
—No sé, creo que esas cosas hay que sacarlas, porque luego, si no, se
enquistan.
—Lourdes,noqueríamástonterías.
—Hijodeputa—soltóNuriaalasbravas—,ypensarquemecaíabien...
—¡Atodas!
—Señoras. —Rodrigo llegó a nuestra mesa; estaba igual de guapo que
siempre.
—Hola,amor.—Lucíaalargóelcuelloparabesarlo.
—Preciosa—dijo,lediounbesoyseacercóasacardelcarritoasuhijo—.
¿Medatiempoa
tomarmeuna?
—¡Claro!—aceptésonriendo,mientrasnossaludaba—.Lucía,estehombre
cadadíaestámás
bueno.¡Quierounoasí!
—Bueno,tengounamigoque…
—No, no, no, no… —Saltaron mis tres amigas, sabiendo que hablaría de
Laurent,ycomenzarona
reírse.
3
HabíaconseguidodescansarunpocoantesdeiralafiestaalaqueAmparo
mehabíainvitado
aquellamismamañana.Estabaabsolutamentedestrozada,peronoteníanada
mejorquehacery
tampocoeraunaopciónquedarseencasa.
Teníacitaconlaschicasparacomereldomingo,conelfindedespedirnos
hastalapróxima,pues
Lucía debía regresar con Rodrigo a su Cantabria adorada y Lourdes se
marchabadenuevoaMéxico
consumarido.ANurialaveríamásamenudo,peroechabamuchodemenos
salirlascuatroahacer
elidiotaporahímásseguido.
Laurent,aquelrubiodeojostrasparentesymiradadeniño...¿Porquéhabía
tenidoquevolvera
recordármelo Lucía? A él no le dolió más que a mí que tuviera que irme
despuésdedosdíasde
pasióndesenfrenada.Sucorazónnoserompiómásqueelmíoaldejarlotras
darmecuentadequeese
hombre podía estar conquistando algo más que mi cuerpo. Escapé de sus
garraspormiedoaquedar
enganchada entre sus dedos, en sus ojos, en sus labios y en su suave
murmulloafrancesadocuandose
corríaysubocaestabacercademioído.
Sé que me zafé cobardemente, sin ni siquiera despedirme de él aquella
mañana,justocuandoabrí
losojos,alencontrarlodulcementedormido,acurrucadojuntoamicuerpo.
Eneseinstanteme
percatédequedebíasalircorriendo…
—¿Nadie te ha dicho que tienes unos labios preciosos? —me regaló la
primeramañanaque
despertamosjuntos;fueaquelladespuésdelabodadeNuria.
—Laverdadesqueahoramismomeimportabastantepoco—respondícon
mihabitualtono
mañanero,acrecentadoporunanecesidadimperiosadeagua.Creoquemelo
vioenlosojos,puesse
levantódelacamaentodosuesplendorymetrajounvasogigantellenode
aquellíquidovitalpara
míeneseinstante.
—¿Siempretedespiertasasí?—Suavizóeltono,casicomounacaricia.
—Tengo días en los que lo hago enfadada. —Me incorporé en la cama,
provocandoquelasábana
quecubríamisvergüenzasseescurriera.
—Noquisieraestarenunodeellos.—Echándoseareír,setumbóamilado.
—Yo tampoco quisiera que estuvieras en muchos. —Y sé que lo solté sin
pensar.
—Uh, eso quiere decir que esto es un polvo de una noche. —Acarició mi
rostroconsunariz,
para a continuación apoyar sus labios en mi mandíbula para comenzar a
chuparlaymorderlacon
dulzura.
—No sé si podrás dejar el pabellón tan alto como anoche —lo piqué,
provocándolo
conscientemente.
—Veremos…
Se puso de rodillas sobre el colchón y se colocó a horcajadas sobre mí,
dejandofrenteamicara
toda su plenitud, pero, justo cuando saqué la lengua para lamérsela por
entero,gateómarchaatrás
para situarse, esta vez, a la altura de mis piernas. Me las agarró y, sin
miramientos,tiróparaasí
tumbarme; no contento con ello, puso sus manos en mi cintura, girándome
paraponermebocaabajo
enmediodelacama.
—Creoquenovoyadejarqueestoseaunpolvodeunanoche,haréquedure
todalamañana.
—Tengoqueirme.—Hablétrabajosamente,dirigiendomivozhaciaunlado.
—¿Teesperaalguien?—Abriómispiernasparasituarseentreellas.
—No.Nomeesperanadie.
—Puesentoncesnotienesningunaprisa.—Inclinósucuerposobreelmíoy
empecéanotarcómo
me mordía las nalgas con suavidad, luego las masajeaba y, finalmente, las
elevabaunpocopara
meter su lengua en mi vagina, para lamerla de arriba abajo. Iba a morir en
eseinstante;teníala
sensación de estar tocando el cielo con Laurent entre mis piernas. Su boca
jugueteabaentremis
pliegues diestramente, mientras sus manos me sujetaban para no caer hecha
unflanenlacama.No
podíacontenerlosgemidosdeplacerquearrancabaacadacariciaquedesu
lenguasentía.Estabaen
otrouniverso,perdidaentresudestrezabucalymanual.Nisiquierasécuánto
tiempoestuveasí,niel
número de orgasmos que me hizo sentir; estaba fuera de mí, entregada a su
cuerpo.
—Laurent—logréarticularenunpequeñomomentodelucidez.
—Dime,preciosa.
—Quieroverte,quieromirartealosojos.
—Tú mandas, ma chérie. —Se incorporó un poco, no sin antes volver a
mordermeunadelas
nalgas, y me dio la vuelta. Luego tiró de mí hacia él, poniéndome justo al
bordedelacamaydejando
alairemispiernas.Acontinuaciónselevantódelacamaysepusofrentea
mí.
—¿Mejor ahora? —Lo contemplaba desde la cama, mientras su metro
noventameobservaba
atento.
—Ahorateveomuchomejor.—Sonreí,coqueta,alaparqueleindiquéque
seacercara.
Miróhacialamesilla,dondehabíadejadolospreservativos,cogióuno,selo
colocóconuna
facilidadasombrosaytiródemíhaciaél.Notésupenecercademiardiente
sexo;queríatenerlo
dentrorápido,sinmiramientos...anhelabasentirlodenuevo.
Abrióbienmispiernasyposicionólacabezadesumiembroenmientrada,
pero,antesdeentrar
por completo, me acarició el clítoris suavemente, haciendo que cerrara los
ojosyecharahaciaatrás
lacabeza.Lasensaciónfueindescriptible.
Nomediotiempoaabrirlosdenuevocuandosentísusmanosdetrásdemis
rodillas,empujando
al máximo para entrar en mi cuerpo. Grité al sentirlo por entero, y grité al
abrirdenuevolosojosy
verlo empujando. Separaba mis piernas en un ángulo casi imposible; nunca
hedadomáslasgracias
por mis años de ballet que en ese momento, mientras seguía su bamboleo
dentrodemisentrañas.
Necesitabatenerlomáscerca;mipielestabaaullandoporsentirlopegadoa
mí,ymibocachillaba
porpoderatraparsuslabios…
—Bésame—leexigíapuntodevolveratocarelcielo.
Susojosmetaladraron.Paródemoverse.
Arqueó la espalda, sin salir de mí, alzándome para acercar su boca a mi
ombligoysacandola
lenguaparalamerlo,paraluegosubirdespaciohastamispechos.Losmordió
ligeramenteenel
momentoenquevolvióamoverse,hastaquellegóabesarmiboca.
Sentí sus labios como si fueran el mejor de los alivios, el mejor de los
manjares.Sulenguame
encontróyluchamosduroparamantenerelritmofrenéticoquecomenzabaa
volvernoslocos.No
queríadejardeseryo,noqueríadejarmeescaparsinserconscientedesus
manosagarrandolasmías
por encima de mi cabeza, amarrándome para que no huyera. «Tranquilo,
Laurent—medije—,nome
voyaescaparnunca…»Ytuvelasensacióndequeleyómimente.Soltósu
amarreymeinstóaque
fuera yo la que en ese instante tomara las riendas de nuestro salvaje
encuentro.Hiceloquesusojos
me pidieron: lo coloqué frente a mí y lo monté, sintiendo de nuevo cómo
entrabaenmiinterior.Era
delicioso.Cerrólosojosmientrassujetabasupeneyvolvíaaenterrarseen
mí.
Lo cabalgué volviendo a moverme de una manera casi descontrolada,
mientrasélmesujetabapor
la cintura. Laurent estaba sentado y yo encima, meneando el cuerpo de un
ladoparaelotro,yde
arribaabajo.Soltóunadelasmanosparacogermicabeza,acercarmibocaa
sualturaybesarme.
Quería besarme antes de volver a correrse, y lo hizo atrapando mis labios
entrelossuyosalapar
quegemíadentrodemiboca.Gritabadentrodemicuerpo.
Sentísusacudidatanprofundaque,alnotarcómounadesusmanosbajabaa
acariciarmiclítoris,
mecorrí.Yquisegemir,peronodejóquenuestrasbocassesepararan.Me
estremecí,aligualqueél,
connuestrasbocaspegadas…
Ymediotantomiedoaquellasensaciónenormementecálidaqueexperimenté
conél,quesalí
corriendodeformacobarde.Meescapésinsiquieradecirleadiós,sindarle
minúmerodeteléfono,
sin querer volver a verlo… Estaba tan asustada de lo que había sentido en
eseinstante,quehicelo
únicoquepude:huir.
Desperté de mis recuerdos al recibir un mensaje en el móvil. Era Amparo;
meavisabadeque
salíadecasayañadíaqueenveinteminutosestaríaenlapuertadelamía.
Me miré en el espejo de cuerpo entero de mi habitación. Mi vestido era
eleganteysexy;séque
lasfiestasalasquevaAmparosondeaquellasenlasquenormalmenteellos
llevantrajeoscuroo
incluso esmoquin. Sí, sí, ese tipo de eventos. Así que no me quedó más
remedioquebuscaresaclase
devestidoque,aunqueatodasnosencantan,nuncatenemosoportunidadde
ponernos.
Vestida con un traje de cóctel ceñido de cintura a juego con zapatos del
mismocolor,retoquémi
media melena rubia. Estaba perfecta; para mí, claro está. Repasé el tono
ahumadoconelqueme
habíamaquilladolosojos,puesledabamásprofundidadalcolorazuldelos
mismos.«Fantástica»,
medijesaliendodelahabitaciónpararecogerelbolsojustoenelmomento
enelquemimóvilvibró,
señalándomequeAmparohabíallegado.
—Querida —bajó la ventanilla al verme salir por la puerta del portal—,
estásespectacular.
—Mira quién fue a hablar —terminé diciendo a la par que entraba en su
cochedealtagama—.
Estás,comosiempre,impecable.
—Porcierto,¿cómosabíasquehabíaqueirtanguapa?
—Amparo,¿aquéfiestaquemehayasinvitadonohemostenidoqueirasí?
—En eso tienes razón. —Se rio mientras arrancaba el vehículo—. Tengo
ganasdequeconozcasa
Manuel.
—Éleselhombre,¿no?—interrogué.
—Sí. Por cierto, me ha dicho que quiere presentarte a un par de amigos
suyos.
—No, en serio. Amparo... ya me estás metiendo en un lío —me quejé—.
Además,susamigos
debendesertodosdetuedadylaverdadesque,tanmaduritos,nomevan.
—Oye,¿meestásllamandocarcamal?
—¿Ati?No.Atusamigos,sí.—Unarisaconfondodebrujamalasalióde
migarganta.
—Quécabronaeres.Aunque...cómotevanlosquesonmásjóvenes,como
aquelsurferodelque
mehablaste.
Me la devolvió bien. No le respondí, me quedé totalmente en silencio…
Despuésdetantotiempo
casi sin nombrarlo, ese día había sido mencionado dos veces por dos
personasdistintas.
Sicreyeraenlasseñales,hubiesepensadoqueeldestinoestabaempeñadoen
decirmealgo.
4
Estábamosalasafueras,peronoexcesivamentelejosdelcentro,enunade
esasurbanizaciones
dondelascasasparecenmáscastillosinfranqueablesquehogarescómodosy
cálidos.
Amparodetuvoelvehículofrenteaunaverjacerrada,juntoaunposteconun
videoportero
automático,deesosqueaparecenenlaspelículasnorteamericanas.Parami
sorpresa,nisiquierahizo
falta que diera su nombre, pues le abrieron la puerta al instante; tuve la
sensacióndeque,dealguna
manera,sabíanqueeraella.
—Les he facilitado la matrícula del coche —respondió a la cara
interrogativaquepuseenese
momento.
—¡Ah!
Despejómicuriosidad.¿Cámarasdeseguridad?¿Dóndemeestabametiendo
esamujer?
—Tranquila.—Mediolasensacióndequemehabíaleídoelpensamiento—.
Eslacasadeun
amigodemipareja.
—Eseamigoesimportante,¿no?
—Esunempresariorusodelgas—soltódegolpe.
—¡Coño!¿Dosjuezasencasadeunruso?
—¡Ja,ja,ja!Noesdeesosrusos.Ésteesunhombrehechoasímismo,no
tiene«mierda»detrás.
—Levantéunaceja—.Enserio,loheinvestigado.Además,esguapísimo.Te
lopresentaré,yaquese
acabadedivorciar,y¿quiénsabe?
—Uf,exmujeres.
Despuésdeunpequeñotrayectoporuncaminodegravilla,Amparofrenóel
cochefrenteauna
mansión de tres plantas y una entrada con columnas griegas. Todo era
demasiadoexagerado.
—Guapa, aprovecha, aunque sea para una noche de desenfreno. —Dicho
esto,serioamandíbula
batiente.
—De verdad que hoy no estoy para muchas aventuras alocadas; sólo te he
acompañadoporque
mehasdadopenita…
—Ah, ¿te doy penita? —Salió del vehículo, al igual que yo, cuando nos
abrieronlapuertaal
dejarelcochefrentealacasa—.Puesnopercibíquepusierasmuchaspegas
paranovenir.
Entrególasllavesalchicoquesepusoasulado,paraqueloaparcara.
—Sabesqueadoroconocerlasexcentricidadesdetusamigosricos.
—Túloquequieresescasarteporpoderes.
—Esoes,yquemeretirenenunhogartancálidocomoéste.
Las dos nos echamos a reír, sabiendo que no dejaríamos que eso ocurriera
jamás.
Accedimosaaquelesperpentorecargadoquesehacíallamarcasa.
La entrada, presidida por una fuente dorada, iba a conjunto con las dos
escalerasquesubíanala
segunda planta, cuyo pasador también eran de color dorado. Yo sólo podía
pensarenque,siesoera
realmenteoro,lomismolepasabaporencimalasllavesdecasapararascar
unpoquito.Miréhacia
eltecho,altísimo,ydescubríunalámparadecristalquedespedíaunbrillo
tantremendoquehubiese
podidojurarqueestabahechaporlaempresaaustriacaSwarovski.
Miré a Amparo por entero; llevaba un vestido largo que lucía una abertura
lateralinmensayla
parte de arriba era de transparencias. ¡Ole ella! Iba tremendamente
espectacular,yyomesentía
pequeñitaasulado.
—Señoras,¿quierenhacerelfavordeseguirme?—Unhombrejovenvestido
contrajeimpolutoy
unpinganilloenlaorejanosacompañóaotrasala,ésta,llenadegente.
—Tranquila,cariño,noesdiferenteaotrasfiestasalasquehasidoconmigo.
—Ya,perosabesque,aunqueestoyencantadadeacompañarte,mesientomuy
diminutaenestos
ambientes.Noesmimundo.
—Losé,perodiviértete.Amímechiflatenerteamilado.
—¡Cielo!—Unhombredepelocano,ojospequeñosynarizgrandeseacercó
aAmparo.
—Hola, Manuel. —Se dieron un ligero beso en los labios antes de girarse
haciaellugarqueyo
ocupaba—.EllaesLaura,micompañeradetrabajo;yatehehabladodeella.
—Sí; es un placer conocer a una belleza casi tan impresionante como
Amparo.—Vicómola
susodicha se ruborizaba, a la par que Manuel me cogía la mano y me la
besaba.
—Elplacerelmío.—Ledevolvílasonrisa,apesardeestaralgoincómoda
poresasmuestras
tancaballerosas.
—Acompañadme, estaba hablando con unos amigos. —Señaló hacia un
rincónenelquevarios
hombresymujeresdepartíanconunacopaenlamano.
—Perdonad. —Manuel entró de nuevo en el círculo de charla para
presentarnos.
Hechas las presentaciones oficiales, las conversaciones se convirtieron en
charlasbastante
banalesqueversabansobrevehículosdealtagamayvacacionesenparaísos
fiscales,sinolvidar
variasclínicasdeestéticayhastadedesintoxicación.Admitoque,latercera
vezquepronunciaron
las palabras ácido hialurónico, desconecté. Miré la copa de champán que
sosteníaentrelasmanosy
sentílanecesidaddebebérmeladeltirónparairaporotrayluegometerme
enlabocaalgode
comer.MedisculpéunmomentoconaquellosqueestabanjuntoaAmparoy
Manuelpara,nadamás
girarme,beberdeinmediatoesacopaydirigirmealabarra,dondehabíamás
bebida.Deseaba
tomarme una cerveza; la necesitaba tanto como un aventurero perdido en
mediodeldesiertode
Eritrea que encuentra un oasis. Sin embargo, pensé que, aunque hubiera, en
esesitionoquedaríanada
fino pedir una. ¿Me decantaba por un gintónic? Miré el reloj; demasiado
prontoaúnparadarmeala
drogadura.
—¿Quédesea?—Elbarmanseacercóamiposición.
—Póngamedoscopasdechampán.—Sí,melasibaabeberdelgolpe.
—¿Algunamarcaenparticular?
«¿Enserio?»,mepregunté.
—Nosé,recomiéndemealgunaquemarideconestecanapéquevoyacomer
—soltésinpensar,
señalandounodecaviar.
—Leaconsejoque,sideseatomarcaviar,seolvidedelchampányoptepor
unpocodevodka.—
Unrudoacentorusosecolóenmicerebro,mientrasveíacómoelcamarero
seretirabaunospasos.
—¿Perdón? —Giré la cara para descubrir el rostro duro de un hombre de
pelocastañoy
penetrantesojososcuros.
—Le decía que, si desea probar el caviar, lo mejor no es maridarlo con
champán.
—Sí,esoloheoído,pero…
—¿Pero?—Apoyóporcompletotodosucuerpoenlabarra,dándosemedia
vueltaparaapoyarla
espalda en ella—. Estás tan aburrida que no sabes ni qué hacer, ¿me
equivoco?
—Yonohedichoqueestuvieraaburrida.
A mi vez, me giré un poco para poder verlo mejor. Tenía una mirada
exigente,unosojososcuros
marcados por una profundidad abismal, mandíbula fuerte y perfectamente
rasuradayuncuerpomuy
biendefinido.Esoúltimopodíanotarsegraciasalesmoquinhechoamedida
quellevabapuesto.Lo
mirésindarlemásimportanciadelaquepodíatener,yélsellevóunamano
alamuñecacontraria
paracolocardemaneraexquisitaelgemeloensulugar.
—No hace falta que reconozcas que estás aburrida. Te llevo observando
desdequehasllegado,y
noteapetecenadadeloquehayatualrededor.
—¡Anda! El servicio secreto de la casa funciona de maravilla. ¿Qué eres,
guardadeseguridad?
—Alargué el brazo, pasándolo por delante de su cuerpo, para poder pillar
unapiezadesushique
estabajustoasulado.Alrecogerloparapoderllevarmealgoalaboca,él
asiómibrazoyselopasó
por la nariz, inhalando con tremenda sensualidad desde mi codo hasta la
muñeca.
—No,nosoydelserviciodeseguridad.Memolestaríamuchoqueunodemis
empleadosse
pusieraaligarenunademisfiestas—comentó—.Meencantaelolordetu
piel.
Apartébruscamenteelbrazo,casiescondiéndolo.
—¿Tusempleados?
Comíesapiezasabiendoperfectamentequeaqueltipoestabainiciandouna
danzadeseducción.
—Sí,losdeseguridadtrabajanparamí.
—Ah...—Finalmentelevantélamanoparapedirlealcamarerounacopade
champánasu
elección—.Interesante,esoexplicaeseairedesuperioridadqueexhalas.
—¿Crees que exhalo poder? —Hizo un gesto a su vez al camarero, que al
parecersupo
perfectamenteloqueéstelepedía.
—Creoquetelotienesunpococreído,¿no?
—Puedequesí;nuncalohepensadodeesamanera.
—DebedeserquelolleváisenelADN.
—¿Racista?—Sonriódemediolado,dandoluegounsorboalabebidaque
lehabíanpuesto
sobrelabarra.
—¿Enserio?¿Meestásjuzgandoporestecomentario?—Mesentóbastante
malsuinterpretación.
—Túacabasdehacerlomismoconmigohaceunrato.
—Perdón,entonces.Queríadecirque,quizá,osmostréistanseguros,fuertes,
yconlaconvicción
dequepodéiscomeroselmundo,estáimplícitoenlarudezaquesecomenta
quetenéislosrusos.
—Metemoque,almenosenmicaso,noesasí;másbienpuededeberseala
vidaquellevo.Sino
estoy seguro de mí mismo, tal vez me coman los lobos. Y por aquí hay
muchos.NaZdorovie!—
Levantósucopaparabrindarconmigo.
—¡Salud!—repliqué.
—Realmenteestásaburridaaquí.TeofrezcounaversiónBdeestafiesta.
—¿Conmúsicadeverdad?—Mellevélacopaalabocaparabeberunpoco.
—Conmúsicadeverdad,caviar…
—¿Yvodka?
—Mucho vodka. Por cierto, me llamo Aleksandr, aunque, cuando tengo
confianzaconalguien,me
gustaquemellamenSasha.
—Yo soy Laura y, cuando tengo confianza con alguien, me sigue llamando
Laura.—Sonreí,
mirándolo.
—Quiero avisarte de algo —se acercó mucho a mi oído, como si quisiera
quenadieseenterara
de lo que estaba ocurriendo—: espero que seas una mujer de mente muy
abierta.Enmisfiestasse
puedehacertodoloquequieras.
—¿Tusfiestas?Ereseldueñodeestacasa…
—Soy el dueño de esta casa —asintió, tendiéndome la mano para que la
cogieraylosiguieraallí
dondequisieraconducirme.
—¿Adóndequieresllevarme?
—Dileatuamigaquetevienesconmigo,siconesotequedasmástranquila.
Yteprometoqueno
harásnadaquenoquieras.
—Pero,¿adóndemellevas?
—Novamosasalirdecasa,vamosairaotrafiesta.Aunque,comoyatehe
dicho,hacefaltaque
seasunachicadementeabierta.
Acepté, llevada por la curiosidad más que por lo que iba a hacer, pues no
estabasegura.Asíque
ledilamano,cogímicopaymeacerquéaAmparo.
—Sasha,¿quétal?—losaludóManuel.
—Muybien.Veníamosasaludaryadecirosquenosmarchamosjuntos.
—Perfecto.—Elacompañantedemiamigasonrió.
—¿Estásbien?—mepreguntóAmparoenvozbaja.
—Sí,tranquila.Llevoelmóvilencendidoyhasidoélquienmehadichoque
teavisara.
—Estosíqueesllegarybesarelsanto,¿no?
—Yatecontaré,peronomevoyaacostarconél.
—¿Entonces?
—Lodicho,mañanatecuento.
—Medejasenascuas…
—Me voy con él a otra fiesta —le comenté también bajito. Ella abrió los
ojosdeparenpar.
—Tencuidado,Laura,ypiensaquesólohasdehacerloquequierashacer,
noloquelosdemás
deseen.
—Medejasintrigada.
Amparomediounabrazo,parasusurrarmeotravez:
—Nopasaránadaquetúnoquieras.
—¿Nosvamos?—planteóSasha.
—Sí,nosvamos.—MiréaAmparo,quesonreíacondescendiente.
Salimosdelagransala,dondesonabaunamúsicasuave,cruzándolaagran
velocidadalapar
quetodoelmundosaludabaalanfitrión,quemellevabadelamano.Pasamos
porunsalón,también
decoradodemanerabastanteestrambótica;ésteestabavigiladopordostipos
grandescomo
armarios,quelógicamentenosdejaronpasarsinhacerpreguntas.Accedimos
aunsegundosalón,más
pequeño, que tenía otra puerta en la que estaban apostadas dos chicas
espectaculares,unaacadalado
deunamesa.Éstaestaballenademáscarasvenecianasyunadelasjóvenes
teníaunalistaenla
mano.
—¿Esunainvitada,señorVodianov?—preguntóéstaconunasuavevoz.
—Sí,esoes,Marisa.Dadnosunpardemáscaras.—Laotrachicanosalargó
unamáscarablanca
de gran nariz para él, como la que llevaban los médicos en la época de la
pestenegra,y,paramí,una
muy elaborada, de colores dorados, que me tapaba el rostro hasta el
principiodeloslabios.
—Esto,¿paraquées?—demandéalanfitrión.
—Esunafiestaenlaquelospresentespuedenhacerloquequieran,deahí
quenuestra
privacidadestéporencimadelplacer…
—¿Placer?—Comencéahiperventilar.
—Todafiestatieneuncometido,¿verdad?Generalmentesentirplacerdela
maneraquesea,¿no?
—Asentí mientras Sasha me ayudaba a ponerme la máscara—. Marisa,
Marta,bajadcuandoyaestén
todoslosinvitados.Meapeteceverosdisfrutar.
—Deacuerdo,jefe.—Lesonrieronlujuriosamente.
Unadeellasabriólapuerta.SentílamanodeSashaenlaespaldaamodode
ayudaparaentrar
enloquesentíaeraunmundodiferente.
Memolestabalamáscara,puescubríamicaracasiporcompletoyteníala
sensaciónde
ahogarmealnopoderrespirarporlanarizdemaneraregular.
—Tranquila,teacostumbrarásarespiraratravésdeestospequeñosagujeros.
—Vale —respondí ajustando la mirada a la tenue luz que iluminaba la
estanciaenlaquenos
encontrábamos.
Mi anfitrión me cogió de la mano para guiarme de un lugar a otro. Esta
primerahabitaciónestaba
decorada de manera exquisita, nada que ver con las anteriores en las que
habíaestado.Laluz,que
parecíasalirdetodaspartes,eradecolorazuladacontintesmorados,ytelas
deviscosatrasparente
colgaban,etéreas,deltecho.
Camareros sin camiseta y con un torso de ensueño deambulaban por el
espacio.Unodeellos
pasó por mi lado y me ofreció una copa de champán. Decliné su oferta, ya
queaúnteníaenunamano
laquemehabíallevadodelaotrafiesta.Congranceremonia,otronoshizo
pasaralasiguiente
estancia,muchomásgrandeyconunaseriedemesasaltas,dondeelcaviary
lasostraseran
protagonistas.Porallí,tantocamareroscomocamareras,vestidasdemanera
sexy,escondíansu
rostroconmáscarascompletasysemovíandeunladoaotro,llevandoplatos
decomidaensus
bandejas.
Giré la cara a mi derecha al notar algo extraño y, por un momento, en un
rincónoscuro,me
pareció ver a una mujer reclinada recibiendo las atenciones de un hombre
pordetrás.Sí,tuveel
convencimientodequeestabanpracticandosexo.Volvíamirarysólologré
veroscuridad.
Creíquelosnerviosmeestabanjugandounamalapasada.Lasadvertencias
deAmparo,lamano
de Sasha deslizándome de un lugar a otro y las sombras que se escurrían
enmascaradasami
alrededor estaban dejando volar mi imaginación más de lo debido... y por
esomefiguréqueerauna
fiesta B en la que la gente venía a desparramarse sin tener que guardar las
apariencias.
Esosí,conmuchoglamurycaviar.
Llegamosaloqueparecíaunpequeñoprivado,aunqueestabaalavistade
todos,alquemi
anfitriónmedirigiócondelicadeza.Antesdesentarnos,hablóconunadelas
camarerasaloídopara
pedirlealgo,paraluegodespedirlaacariciandolacurvadesucintura.
Acomodados en aquel rincón, en una mesa baja, no pude contener más la
curiosidad.
—Creoquehevistoaunamujeryaunhombreteniendosexoallímismo.—
Señalé,sincortarme,
lazonaoscuraporlaqueanteriormentehabíamospasado.
—Esposible.—Arrastrólasesesdeesamaneratancaracterísticaquesólo
unrusopuedehacer.
—¿Deestotrataestafiesta?¿Debeberyfollaralavistadetodos?¿Esun
clubswinger?—Oísu
profunda risa mientras se acercaba un poco más a mi cuerpo, a la par que
pasabaunbrazopormis
hombros y, con el dedo pulgar, acariciaba justo la zona donde palpitaba la
venademicuello.
—No,querida,estoesalgomásqueeso.Losclubsdeintercambioalosque
haspodidoirson
soeces. Esto es un club privado, donde la gente hace lo que quiere y, si
algunodelosparticipantes
habladeello,quedafueraparasiempre.
—¿Yporquéestoyyodentrosinotengoinvitación?
—Estás conmigo. Esta vez la reunión se ha hecho en mi casa; por lo tanto,
puedotraeraun
invitado,perodeberássermuydiscreta.Loquevasavernoexiste.
—Meestástomandoelpelo.
Separémicuerpodeél.
—Nena, piensa que aquí verás cosas, y puede que hagas cosas, que nunca
másvolverása
experimentar. Y, además, es posible que te encuentres con personas muy
poderosasalasquelesgusta
salvaguardarsuintimidad.
—Y,sinolocumplo,¿quépuedepasar?
—Laura,tepuedeparecerquenoteconozcodenada,peroséaquiéninvitoa
misfiestas...
conozcovuestravidadepeapa,séaloqueosdedicáisyvuestrosgustos.
Nadieentraenmisfiestas
sinqueyodémiconsentimiento.Y,siestásaquí,precisamenteconmigo,es
poralgo.
LacamareraalaqueSashalehabíapedidoalgoseacercóalamesaconuna
botelladevodkay
unabandejallenadecaviar.
—¿Mehasinvestigado?—pregunté,separándomedeéldegolpe.
—Relájate,novoyahacertenada.Bueno—sonriómalévolamente—,sólolo
quemeapetezca
compartircontigo.
—¿Perdona?—Esetiponoesquefueracreído,esquepensabaqueelmundo
erasuyo.
—He hablado por mí, porque, sin duda, tú también decides qué es lo que
quiereshacer.
— Por-su-pues-to. —Bebí un poco del vodka que la camarera nos había
servidoenunos
pequeñosvasos.
—¡Ja, ja, ja! —Su risa me excitaba lo mismo que me atemorizaba—. Creo
quenomehe
confundidoaldejarqueconocierasestemundo.
—¿Siempreerestanvanidoso?
—No. Lo que pasa es que nunca tomo una decisión a lo loco, voy sobre
seguroyséquenome
confundo.Notengoloquetengosólopormicarabonita.—Alargólamano
hastamicinturayme
acercóaélpeligrosamente,hastaponermeasulado—.Pruebaestoybebe
después.—Conlaotra
mano,llenóunacucharillaconcaviarymelaaproximóalaboca.
Aceptésuinvitación.Mellenólabocadeundeliciososabormarinoquefue
apoderándosede
missentidos.Cerréporunsegundolosojosy,alabrirlos,descubríaSasha
sonriendolascivamente,
conelvasitodevodkaenlamano,ofreciéndomelo.
Locogíymelollevéaloslabiosparadarunbuensorbo.Antesdetragar,lo
pasépormis
papilasgustativasparamezclarloconlosaceitesdelcaviar.Lasensaciónfue
aterradoramente
deliciosa, tan reconfortante que ni siquiera me di cuenta de que estaba
sacandolalengua
lujuriosamente para relamer lo poco de vodka que había quedado en la
comisurademislabios.
Tenía la lengua caliente por el alcohol y, al sacarla para no dejar caer esa
gota,notécómoelfrío
inundaba ese órgano. Frío que fue de nuevo apagado al sentir cómo unos
labiossetomaronla
licenciadeposarsesobreellayabsorberlacomosuya.
Me recorrió un escalofrío por la espalda que finalizó en un terrorífico
cosquilleoenelpaladar.
Dejé que mi cuerpo se deleitara de aquella sensación tan placentera. El
caviar,elvodkayloslabios
de aquel ruso recién conocido que se apoderaba de mis sentidos sin pedir
siquierapermiso...Sus
manos, que me sujetaban con fuerza por la cintura, comenzaron a pasearse
pormicuerpo.Unade
ellasrecorríaelcaminoparametersebajoelvestido,mientraslaotraibaen
sentidocontrariopara
agarrarmeposesivamentedelpelo.
Mis manos sujetaron con fuerza su cabeza, mientras mis dedos peinaban su
pelo.Sabíaqueera
aventurado, que no tenía ni idea de dónde me estaba metiendo, pero ¿para
quéestabalavida?Para
vivirlapeligrosamente.
Nos separamos no sin esfuerzo; las máscaras no daban mucho margen de
movimientoehiceel
amagodequitárnoslas.
—No—meagarrólamanoquesedirigíaalalazadadesucareta—,yatehe
dichoquenose
puede.
—Losiento.
Recompuse mi respiración, sentándome de nuevo para alargar el brazo y
tomarelvasodevodka,
queyaestabaotravezlleno,parabebérmelo.
—Cuidado, querida; ya te expliqué que la discreción es lo primero... antes
quenuestrosinstintos.
Sólo la gente contratada como servicio sabe quién soy. Sólo los
organizadoressabenquiénsoy.Ni
siquieralosasistentesalamismaconocenelnombredelorganizadordeeste
evento.Yosólolohe
solicitadoysemehaconcedido.
—Esosuenaasecta—mequejéporlobajo.
—Bebamosunpocomásydisfrutemosdelcaviar.
Volvióadarmedecomerdeaquelmanjar.
—Estoyalgoazorada.Extrañada…
—Bienvenidaalmundomásdivertidoquepuedasencontrarte.—Levantóla
copaparabrindar—.
Prometo ser el mejor de los anfitriones. Sé que te convertirás en una de
nosotrosenpocotiempo.
Tienesalmadeexploradora.
—Sí,comoDora—respondíenunsusurroparaquenomeoyera.
Todalasituaciónerararadenarices;parecíaquemeestuvierametiendoen
unalogiamasónica
ultrasecretasinteneropción...aunqueenrealidadmehabíadejadollevarsin
ponermuchosreparos.
Soy una mujer curiosa, me encanta meterme donde no me llaman, ser
protagonistadelashistorias
másrocambolescas,siempremetiendolanarizhastaelfondo,yestavezno
ibaasermenos.
Todoloquemerodeabaestaballenodemisterio.
Hastaaquelinstantenofuiconscientedequeestábamosrodeadosdegente;
mujeresvestidascon
una elegancia inusitada y hombres con esmoquin o impecable traje negro.
Ellosyellasllevaban
máscarashermosamenteelaboradasquelestapabanojosynariz,dejandola
bocaenlibertad.
LasmanosdeSashasemovíanconrapidez,haciendoque,deunmomentoal
otro,meencontrara
sentadaencimadesuspiernas.
Hedeadmitirque,apesardeserextraño,meestabadivirtiendomucho.Era
unambienteenel
que nunca había estado y, sorprendentemente, guiada por aquel misterioso
ruso,meestabaexcitando.
Entre sorbo y sorbo de vodka, mezclado con el caviar y alguna que otra
deliciaquedevezen
cuando dejaban sobre la mesa, nos besábamos como adolescentes de
hormonadesbocada.Sentíaen
misnalgascómosusexoseapretabacontraellas,yadmitiréqueyoteníael
míoenunosnivelesmuy
altos y deseaba que en cualquier momento me invitara a ir a algún lugar
discretoparaacabarcon
aquellafrustración.
—Estástanexcitadacomoyo,¿verdad?—murmurólánguidamenteantesde
morderdeforma
libidinosaellóbulodemioreja,llevándoseungemidoporrespuesta—.En
unosminutospasaremos
aotrolugar;esnecesarioqueloveasparaquepodamosseguir.—Metióuna
manobajomivestido,
me bajo la braguita y me acarició el clítoris con suavidad—. Estás
preparada.
—Tú también —gemí de nuevo al acercarme a su boca al notar cómo su
manosemovíapormi
sexo, metiendo un dedo dentro y continuando las caricias por el clítoris—,
peronosigassino
quieresquemecorraahoramismo.
—¿Qué habría de malo si lo hicieras? —Aceleró su toque dentro de mi
cuerposincompasión.
—No,no—sollocésinresultado,alnotarcómomedejabairsinremedio.
Sashasintióensusbrazoscómometensaba;meestaballevandoalorgasmo
másnecesarioque
habíatenidoensemanas.Subocaacallómisgemidoscerrandolamíaconsus
labiossincompasión,
alaparquenocesabademoversumanodentrodemí.
Cuando el éxtasis desapareció de mi cuerpo, éste quedó flojo, sin fuerza,
sujetoporelbrazode
eserusoacaparador.
—Sabía que eras una chica ardiente. —Sacó la mano de mi interior para
llevárselaalabocay
lamereldedoquemehabíallevadoalnirvana.
—Sabesdemasiadodemí.—Sonreídemediolado.
—Sóloloquemedejasintuir.—Memiróatravésdelamáscara—.¿Vamos?
—¿Adónde? —Yo quería que me llevara a terminar lo que habíamos
empezado.
—Aqueveastodolodemás.
Meayudóalevantarme.
—¿Aúnhaymás?Penséqueestoeracomounadiscoteca.
—Estosóloeslaantesaladeloquerealmenteimporta.Aquísepicaalgo;en
otrasfiestassehace
unacenadegala,peroyosoymásdelosquelesgustalainteraccióndesdeel
primermomento.
¿Vamos?—Metendiólamanoparaqueselacogiera.
—Averadóndemellevasahora...
—Alaentradadelparaíso.
Caminamosdelamano,abriéndonospasoentreesemontóndepersonasque
sedirigíanalmismo
lugarquenosotros.Ibanriendo,tocándose;mujeresqueprovocaban,hombres
quellevabansujetas
porlacinturaadoschicas,parejasseduciéndosemientrasavanzabanalritmo
deunasensualmúsica
en dirección a unas puertas de madera custodiadas por dos hombres con
máscarasycapasdecolor
oscuroque,además,teníancapucha,lógicamenteechadasporencimadelas
cabezas.Aquellosdos
armariosempotradosmirabanlasmuñecasdelaspersonasqueibanpasando
paraverelnivelde
acceso que tenían según la pulsera que llevaban puesta; no sabía realmente
cuáleraelpropósitode
aquellaseparaciónhastaquelleguéyoyvieronlapulseradoradaquellevaba
Sasha.
—Señor—losaludaron—,¿quiénesella?
—Miinvitada,sólovaamirar…porestavez.—Notélasonrisaquesele
dibujóenlavoz.
—¿Sabelasnormas?—Eltonodeaqueltipoerapeligroso.
—Las sé perfectamente y ella también; es neófita, pero las conoce a la
perfección.Yalahe
advertido.
—Perfecto,señor;laceremoniayahacomenzado.—Nosdejópasarporla
primeradelas
puertasypudedarmecuentadeque,apartirdeallí,elsilencioerasepulcral.
—Sólo mira. Lo que necesites saber, pregúntamelo después. —Apartó unas
pesadascortinasy
entramosenunsalóngigantedondelagenteseagrupabaencírculo.
Nos acercamos más a la multitud y mis ojos se abrieron como platos. No
podíacreerloque
estabaviendo,eracomounajodidaceremoniasatánica.Bueno,oloqueyo
pensabaqueerauna
ceremonia de ese tipo. Pero, como había prometido no abrir la boca hasta
queacabaratodoaquello,
nohicemásquemordermelalengua.
«Uno,dos,tres…silencio»,medije.
Losquerodeábamosaquellaextrañaceremoniaobservábamoscallados.
Unafiguravestidaconunatúnicablancayelrostrocubiertoconunahermosa
máscaraveneciana
estabasituadaenelcentro.Sehallabadentrodeunprimercírculodemujeres
arrodilladas,enropa
interioryconmáscarasdecolorazul.Enunsegundocírculo,eranhombres
losqueestaban
arrodillados,encalzoncillosyconunamáscaradecolormarrón.Suscabezas
sedirigíanalsuelo,
mientrasaquelmaestrodeceremonias,quelogréintuirqueeraunamujer,se
paseabadeunladoal
otro,mirandoaaquellaspersonas.
—Habéis decidido formar parte de esto, de este círculo de pasión, carne y
diversión.Queréisser
el nuevo grupo que acepte la piel como su camino, ser los nuevos que
aceptenlacarnecomosumodo
deesparcimiento.YalodecíaAnaïsNin:«lacarnecontralacarneproduce
unperfume,peroelroce
de las palabras no engendra sino sufrimiento y división». Por ello queréis
formarpartedelsilencio,
del roce, del gemido, y dejar a un lado la palabra; seréis bienvenidos. —
Acariciólacabezade
alguno de los que se mantenían hincados en el suelo—. Seguimos sus
palabras,abrazadlas:
«cualquierformadeamorqueencuentres,vívelo.Libreonolibre,casadoo
soltero,heterosexualu
homosexual,sonaspectosquevaríandecadapersona.Hayquienessonmás
expansivos,capacesde
variosamores.Nocreoqueexistaunaúnicarespuestaparatodoelmundo».
Semovióentreaquellosarrodilladoscomosifueraunabailarina,conágiles
ysutiles
movimientos,pormomentoscomosifueraunfantasmaalquenuncaesperas.
—Decidmesiaceptáisentrarenestemundodepasión,dedeseo,desexoy
dedisfrutesin
perjuicios.
—Sí,maestra—respondierontodosalunísono.
—Yonotengoningúntipodemoralidad,mientrasmiscompañerosdeviaje
meaceptencomosoy
ylaaceptaciónseamutua.¿Loaceptáisvosotros?
—Sí,maestra—volvíaoírsusvoces.
—Bienvenidos a mi mundo, bienvenidos a nuestro mundo. Aceptad lo que
soisydisfrutaddela
carne. —Finalizó quitándose la túnica y mostrando un perfecto cuerpo
desnudosinunpedazoderopa
quetaparanada—.Acercaosyabrazadmicuerpo.
Todos y cada uno de los que estaban en el suelo de rodillas se levantaron
paraaproximarsea
aquella mujer de anatomía espectacular. Eran seis hombres y seis mujeres
que,alacercarseaella,la
besaronenloslabiossincontemplaciones,alavezqueellamismatomabade
lamanoaunhombrey
aunamujerylosunía.
Noparpadeéniporunsegundo,puesnoqueríaperdermeniundetalledeesa
extrañaceremonia
de¿comunión?
Cadavezqueunadeesasparejassecogíandelamano,inmediatamentesus
labiosseunían,
comenzandounjuegodeseducciónsexualdelantedetodoslosespectadores
que,enabsoluto
silencio, contemplábamos la escena, yo admito que estupefacta. Miré a
Sasha,quenohacíacasoala
escena que se desarrollaba frente a nuestros ojos, sino que no apartaba su
miradademí,conuna
sonrisalascivaenloslabios.
Laslucesbajarondeintensidaddepronto,creandounambientemásdadoa
esetipodejuegos,
puesyaestabansubidosmásquedetono.Losespectadoresdeaquelextraño
rito,nomásdeunas
treintapersonas,algunasyaenropainteriorodesnudas,sedisgregaronporel
salónparamirara
aquellosqueyaestabaniniciandosupropiojuegosexual.
Sashanohablóconmigo;tampocosabíasiyo,enesemomento,seríacapaz
deabrirlabocapara
preguntaralgodeloquepasabapormicabeza.Entodocaso,sólomecogió
delamanopara
llevarmehaciaotrolado.
«Pero ¿esta casa no tiene fin?», me pregunté mientras lo seguía a otra
estanciamáspequeña,
dondelamúsicadediscotecasonabaatope.Enella,algunaspersonas,yaen
ropainterior,bailaban,
reíanydisfrutabandelabebidasinningúntipodecortapisas.
—¿Quierestomaralgo?—Sashamedirigióhastaunabarra.
—Sí,peroestaveznecesitoaguafría.
—¿Tancalienteestás?—Acercósucuerpoalmíoparaarrimarsuslabiosa
mibocaycomerme
por entero. Sentí su lengua juguetona dentro. Sus manos se aventuraron de
nuevobajolafaldadel
vestido,paraluegoarremangarlohastadejarmelasnalgasalaire.
—¡Eh!—Unataquedevergüenza,despuésdetodoloquehabíavisto,tomó
elcontroldemi
cuerpo,impulsandomismanosasujetarlassuyas.
—¿Tehaentradoderepentelatimidez?—Volvióareírseescandalosamente.
—Nuncahedejadolavergüenzaaunlado.¿Otehedemostradolocontrario?
—No,tienesrazón.—Nospusieronlasbebidasenlabarra,asíqueagarréel
aguaymelabebí
porentero.
—¿Tambiénerestragona?—Seburlabademísincortarseunpelo.
—Ytú,¿erestandescarado?—Dejéelvasoenlabarra—.Aversimevoya
ir…
—No,perdona...peroesquenohedejadodemirartedurantelacelebración
yhevistocómotus
ojoscadavezseabríanmás.Eracomosiunmaravillosomundoseabriera
anteti.
—Sasha,laverdadesquenoheentendidonada.
—Noledesmásvueltas;esoquehasvistoesalgoparecidoaunaceremonia,
perosólosetrata
de un pequeño teatro. Nadie está obligado a hacer nada que no quiera,
ningunoentraaformarparte
deunalistasectariasexualninadaparecido.Estoesunclubsexualprivado
dondedejamosla
normalidad en la puerta, y este pequeño rito es algo así como un regalo de
bienvenidaalosnuevos
miembros.
—Entonces,¿notieneningunaimplicación?
—Sí,latiene:elsilencio.Tecomprometesanohablarconnadiesobreesto,
niadarindicaciones
al respecto. —Bebió un trago de agua mientras con una mano seguía
acariciandounademisnalgas.
—¿Ycómofunciona?¿Ereseldueñodeesto?
—No,no.Estoesunclubprivado,consuspropiasnormas.Setratadeuna
empresaquese
dedica a organizar este tipo de fiestas discretas en las que vale casi todo.
Hayunasnormasquenose
debenignorarnitransgredir,yaque,sisehace,seestáinmediatamentefuera
delcircuito.Cadacierto
tiemposeanunciaenlawebdóndevaaserlapróxima;normalmentesehace
enunhotelcinco
estrellas, con cena de gala y fiesta posterior, donde todo el mundo debe
llevarmáscara.Seadmiten
casitododetipoderelaciones,aunqueloqueesvoxpopuliesquealgunos
cuelanaprostitutasenlas
reunionesparaqueéstasseanimenunpoco.
—¿Perdona?—mesorprendí.
—Sí;algunostiposparecenmásmotivadossivienenseñoritasprofesionales.
—Pero,entonces,¿aquítambiénhay?
—Queyosepa,no—negómuyconvencido—.Nosoyuntipodeesosalos
quelesgusta
aprovecharsedelasmujeres.
—No lo entiendo. —Dejé el vaso en la barra—. Si esto es una fiesta con
prostitutas,noséqué
coñohagoyoaquí.
—Tranquila,alparecerelnuevodueñosecuidamuchodequenopasenesas
cosas.Perocorren
rumores…
—Nomehaceningunagracia—sentencié,enfadada.
—Tranquila;terepitoqueestoeslibreparatodos.Lohevigiladobienyaquí
sóloestamospara
pasarloestupendamenteenunafiesta.
—Nomeconvencemucho,pero…
—Teconvenceréabasedetodoloquevasaver.Diversiónpura.—Sonrió
demediolado.
—Puesestoenmipueblosellamaorgía.
—Sí,puedeser.
—No.Loes—repliqué,riéndome.
—Bueno,esalgoasí,peroconmásglamur.Yconunelencodeinvitadosde
altostandingquese
reúnencadaciertotiempoendiferenteslugaresdelplaneta.
—¿Nosehacetodaslassemanas?—preguntéextrañada.
—No. Esto se planifica con mucho cuidado y con mucho tiempo de
antelación,nadadebesalir
mal.
—¿Ycómoesquesehahechoentucasa?
—Yo lo solicité. Se me dio el consentimiento y, para que nadie sospeche,
pueshayqueteneren
cuentaquesoyunempresarioreconocido,decaraafuerasetratasólodeuna
fiestanormaly
corriente,paradespistar.
—¿Cobrasporello?
—No; sólo he cedido mi casa para poder entrar yo en ella y disfrutar del
sexosincomplejos.
—¿Mehaselegidoamíporalgoenconcreto?
—Sí,porquemeparecespreciosay,noséporqué,mehaparecidoqueibasa
encajareneste
ambiente.
—Puesnoestoyseguradesiencajoonolohago.—Señaléunrincóndonde
dosmujeres,de
rodillas, prestaban toda su atención al miembro de un caballero que las
sujetabadelascabezas,
acariciándolascondeleite.
—Estoesunlugarlibre,puedesmarchartecuandoquieras—seacercóamí
seductoramente—,
peroséquenolovasahacer.Lacuriosidadtepuede.Yséquetegusto.
—Eresunegocéntrico.
—Sin duda. —Se abalanzó sobre mí y me subió a su hombro, cargándome
comosifueraunsaco
depatatas.
Pegué un grito, sorprendida al sentirme presa entre los brazos de un
neandertal.Metratabacomo
sifueradesupropiedad.
—¡Bájame!—vociferé,molesta.
—Cuandolleguemosadondetevoyallevar.
—Puedoirsolita,séandar.
—Quieroqueveantuculo;quieroqueveanqueeseculo,estanoche,esmío.
—¡Estásloco!
—Sí,soyunvolkytú,mizáyats.
—¿Quédices?
—Merefieroaunosdibujosanimadosrusos:soyelloboquequierecomerse
asuliebre.
—Déjatedechorradasysuéltame¡ya!—Lepropinéungolpeenlaespalda.
Finalmentemedejóenelsueloparainmediatamentearrodillarseybajarme,
sinpedirpermiso,la
ropainterior.Bueno,enrealidadmedejóeltangaenlostobillosymegiró
hastacolocarmejuntoaun
extrañomueblesobreelquemetumbóbocaabajo.Sólolamitadsuperiorde
micuerpodescansaba
sobreaquellugar;mispiernaspermanecíanrectas,enelsuelo.Lasmanosde
Sashasepasearon
desde los tobillos hasta el culo. Tenía expuesto mi sexo a él, y mi trasero
podíaverlocualquier
persona.
—¿Confíasenmí?
—¿Puedohacerlo?—Mirespiraciónestabamuyacelerada.
—Haréloquequieracontigo,siemprequemedejes…
—Noséquéquieroquemehagas,Sasha;estoyalgodesubicada.
—Yoteayudaré.—Seinclinósobremicuerpohastallegaramismanos—.
Quieroquetesujetes
deestasmanillas;nolassueltessinotelodigo.Sólovamosajugar.
—Deacuerdo.—Laexcitaciónenmiinteriorcadavezeramáspalpable.
—Deseoqueseasmijuguete.Quierojugarcontigohastaquemecanse.
Yanofuicapazdecontestarnada,puestoquesedeslizódenuevo,estavez
haciaatrás,hasta
quedardepiefrenteamisnalgas.PercibíalarespiracióncontenidadeSasha,
perotambiénagente
queseibacolocandoanuestroalrededorparamirarloqueallíocurría;otros
simplementepasabany
echabanunvistazosinpararse.
«EstoytotalmenteexpuestaaSashayatodoaquelquequierapasaramirar,a
tocar,a…Laura,
tomaaireyrespira—medije—.Sabesquepuedesirteenelmomentoenque
lodesees.Noestás
atada, no te obliga nadie. Cierra los ojos y disfruta de esta sensación de
incertidumbre.»
Cuando logré calmarme, mi cuerpo se relajó por completo. Comencé a
respirarcontranquilidad,
sintiendo cómo mi propio peso se dejaba caer contra aquel mueble y mis
piernas,aúnseparadas,se
flexionaban sólo unos milímetros, lo suficiente como para sentirme más
tranquila.Tuvelasensación
dequeSashalopudoadvertir,puesmepercatédecómosumanoseapoyaba
enuna,paseándose
luegocondescarodeunaaotra.Meagarrólanalgaconfuerzaenelinstante
enelque,consuavidad,
sentícómoundedosedeslizabapormisexo.Nolointrodujo,nopresionó,
sólovagódesdemi
húmedaentradahastaelclítoris,excitándolo.
Sibienesciertoquemicuerporespondíasinponerimpedimentos,nodejaba
deserconsciente
dequelasalaseestaballenandodeotraspersonasqueobservabanlaescena
sincomplejos.Mehizo
sentiralgoincómodaylosmúsculosvolvieronaresponder,tensándose.
—No va a pasar nada... —Sasha se acercó a mi oído, y depositó un suave
besoenmicuello—...
quetúnoquieras.Essólounjuegoentretúyyo.Nadiemás;ellossólovana
mirar.
—Deacuerdo—respondíenunsusurro.
—Si algo no te gusta, dímelo. Por favor, no te lo quedes. —Y justo en el
instanteenelqueme
dijoeso,micuerpoaceptósinvacilardosdedosdentro,alaparquelancéun
gritoahogado—.Es
todoparayporti,querida;disfrútalolibremente.Nadietevaajuzgar,lovan
acelebrarporti.
Quéextrañamesentía.Apesardequererdejarmellevar,nopodíahacerloal
cientoporciento,
pues estaba algo coartada... aunque no veía caras, pues desde mi curiosa
posiciónsólodistinguía
piernas y medios cuerpos en ropa interior o con vestidos de noche y
pantalones,depersonasque
disfrutaban del espectáculo que Sasha les estaba regalando gracias a mi
cuerpo.
Volví a aceptar una envestida de la mano de mi acompañante sexual. Sabía
cómodarconelpunto
exacto que me haría olvidar dónde estaba y lo que tenía alrededor. Una
sacudidapremonitoriame
recorrió, haciendo que mi compañero aceptara con gusto la presión que mi
vaginaconfirióalos
dedosquetodavíaestabanenmiinterior.
—Levántate. —Percibí cómo la voz de Sasha entraba hasta el fondo de mi
cerebro.
—Perotodavíano…—mequejé.
—Es suficiente. —concluyó al tiempo que sentí el vacío cuando sus dedos
abandonaronmi
cuerpo.
—Noes…
—No estabas lo bastante cómoda. —Se colocó al lado, acariciando mi
cinturaconunaternura
inusitada,paraayudarmeaponerdepie—.Pero,notepreocupes,loestarás
enalgúnmomento.
—Quería… —le dije cuando ya estaba en posición vertical, mirando a los
ojosqueescondíala
máscaravenecianaquecubríasurostro.
—Lo harás, pero quiero que goces. —Sujetó mi mentón para agachar la
cabezayacercarsuboca,
paraluegobesarmecondeliciosaparsimonia.
«Noséquénaricesmeestápasando.Estoydentrodelavoráginemásextraña
enlaquenuncame
hevisto.Estonoesunafiestanormal,estonoesunsimpleentretenimiento.
Esunjuegoraroenelque
todosparticipan,conmayoromenorprotagonismo,sinserconscientedeque
seformaunagran
familiaenlaqueelrespetoprimaporencimadelanecesidadsoez.»
Mis piernas volvieron a convertirse en dos apéndices útiles. Hasta hacía
unossegundos,mi
anfitrión me tomaba de la cintura, sabedor de mi flaqueza. Los tacones no
ayudabanmucho,laverdad
seadicha.
No me hizo falta mucho más tiempo para caminar, guiada por la mano de
Sasha,quedenuevo
volvíaadirigirme.Lacogísindudarlo,puesqueríasabercuálseríaelnuevo
destinoqueme
depararía...justoenelmomentoenelqueunosojosseclavaronenmí.Erala
miradadeunhombre
alto,rubio,depelocorto,queestabasentadoenlamismasaladondehacíaun
segundoyohabía
estadoexpuesta;desgraciadamentenopodíavermuchomás,loamparabala
semioscuridaddellugar.
Loquesípudevislumbrarfuealamujerqueteníasentadasobrelasrodillas,
vestidasóloconuna
delicada ropa interior de color rojo pasión. Él iba completamente vestido;
trajedecolornegro
impoluto, juraría que hecho a medida. Me dio algo de miedo no poder
distinguirquétipodemirada
meestabaechando,peroloquesítuveclarofuequesusojosnoseapartaban
demí.Lomiré
descaradamente; el hecho de que estuviera en penumbra, y la máscara que
nostapaba,medioalgode
arrojoparalanzarmeaprovocar.
—¿Ves como esto es un espectáculo? —Sasha se dio cuenta de ese rápido
intercambiode
miradas—. Te miran porque eres hermosa y el juego que hemos mantenido
erabello,excitantey
suficientecomoparasuponerunpreliminarqueluegocadaunopuedellevar
asuterreno.Cuidado
conlasescaleras…
Bajamosaloqueparecíaunsótano,conmenosiluminaciónqueenlasdemás
salas.Éstase
alumbraba mediante velas. Allí había menos gente, pero más activa. Mi
sorpresafueenaumento,ya
queunamujerestabaatadaenloqueparecíaunaequis,defrenteatodoslos
quebajábamosaese
subterráneo.
—Ahoratúseráslaespectadora.—Sashasecolocóamiladosinperderseni
unademis
expresiones,tantofaciales,laspocasquesepodíanverdemirostro,como
corporales—.Verásqué
excitanteeseljuegoenlacruzdesanAndrés.
Aquella mujer se encontraba desnuda delante de un pequeño grupo de
personasexpectantespor
disfrutardelespectáculo,peroellanopodíahacernada,sólomantenerseala
esperadeloque
pudieraocurrirle.Conlasmanosatadasacadaextremosuperiordelacruzy
laspiernasacadauno
de los inferiores, recreando la forma de un aspa, tenía frente a ella a dos
hombresyaunachicaque
le acariciaban los pechos con suavidad, excitando los pezones hasta
endurecérselos.Ellasonreía.
Unodeloshombresibavestidoconunacapaycalzoncillos,yportabaenla
manounavela.Elotro,
que parecía ser quien manejaba todo aquello, se acercó a la mujer para
decirlealgoaloído,
provocandoquesuslabiossetornaranenunasonrisaaúnmayoralvercómo
éstesearrodillaba
delantedeella,centrandotodasuatenciónensudepiladosexo.Seapresuróa
sentirloentresus
dedos y abrirlo, para así enseñarlo a todo el público, que mirábamos sin
ningúntipodepudor.Sus
dedos se pasearon delicadamente por el clítoris y su entrada, mojándolos
parajugarconsusjugosy
asípoderdeslizarseconmayorfacilidadporsusexo.Lachicaqueestabaa
suladosacólalengua
parameterseunodesuspezonesenlaboca;vicómolosuccionabayluegolo
mordíaconfuerza,ala
par que el otro hombre, con la vela, echaba un poco de cera en el pecho
libre.
Seoyóunligerogemidolastimosoquepasóaserrápidamentesustituidopor
otrodeplacerenel
momento en el que el tipo arrodillado acercó su cabeza entre sus piernas.
Imaginéquelelamíael
clítoris, pues desde mi posición no podía verlo con claridad, pero, por la
caraqueellaponía,estaba
másqueclaroqueeltratorecibidoeradelicioso.
Eltipodelavelaseacercóasurostroylamiósuslabiosconlascivia,yella
sedejócaerensu
cautiverio, pues estaba amarrada por unas correas. Un tipo le arrancaba
gemidosalenterrarseensus
piernas, mientras una chica lo hacía entre sus pechos y otro le atacaba la
boca.
Mi respiración iba en aumento, al igual que la excitación que de nuevo mi
sexovolvíaa
experimentar.Estabamojadadenuevootalveznohabíadejadodeestarlo…
Nolosé,perome
estabasintiendounavoyeurdemanualalponermecachondaobservandouna
escenasexualen
primerapersona,comosilohicieraaescondidas.
Unamanosemetióbajomifaldaydiunrespingo.
— Shhhh, silence. —Sentí cómo se paseaba por mi trasero—. Tu es très
humide,petitechatte.
No, no era Sasha, que esta vez parecía absorto con el espectáculo que
teníamosfrenteanuestros
ojos.Alnotaraquellamanoenmisexoardiente,nopudedecirqueno;quería
sentirlomismoque
aquella mujer atada. Me agarró de la cintura y me echó hacia atrás,
separándomedelcírculode
públicoquedisfrutabadeldeliriodeaquellahermosafémina.Noqueríaque
Sasha…Élmeestaba
mirando y sonreía con lujuria; se pasó la lengua por los labios y, con un
ligerogestodecabeza,dio
su consentimiento. ¿Tenía que pedir su aprobación? ¿O ésta iba dirigida al
otrohombre,paraque
pudieratocarme?Elresumen:noleimportabaquejugaranconmigo.Segiróy
continuódisfrutando
conlafunción.
Yo me había quedado paralizada al no entender muy bien qué me estaba
sucediendo.Lofácil,lo
racional, hubiera sido no continuar con esta extraña situación, dándola por
finalizadasaliendode
allí. Pero no, no me giré, pues di por hecho entonces que no me importaba
queeltipoquemetenía
sujetaporlacintura,queestabaseguradequeeraelmismoquenomehabía
quitadoojoenlasala
anterior,metocaraelculoy,andandodeespaldas,noshicierasentarenun
sofáconvenientemente
situado frente a la cruz de san Andrés. Nadie nos atendía a nosotros, no
éramoslasestrellasdel
show,asíque,alsentarseaquelhombre,medejécaersobresuspiernas.Al
parecer,elpequeño
tumbo que mi cuerpo dio contra el suyo al situarme sobre sus rodillas me
hizoreaccionaryquise
darmemediavuelta,peromeloimpidiósuavementeparadespuésdarmeun
besoenelcuello,
haciéndomenotaruncosquilleoquehacíatiempoquenosentía.
Mientras su lengua paseaba libremente por mi cuello, bajó las manos, que
aúnteníaposadasen
mi cintura, a las piernas, para llegar hasta las rodillas. Me las sujetó
abriéndolasalmáximo,
exponiéndome a cualquiera que mirara, y luego bajo con suavidad a mis
tobillosparaacomodarmis
piesdetrásdesusgemelos.
—Nefermepaslesjambes.—Sugraveyroncavozresonóenmiestómago
y,aunquenoentendía
bienelfrancés,puesdosañosenelinstitutonodanparamucho,susmanos
medejaronclaroque
queríatenermeasí,abiertaasusdeseos.
—No, no… —logré balbucir, a la par que sentí un gran suspiro de
satisfaccióndetrás.
Recostó el peso de mi cuerpo en su pecho. Sus manos ahora subían por el
interiordemismuslos
hasta posarse en las ingles. Lo siguiente que estaba por venir me hacía
respirarcondificultad;lo
presentía, lo esperaba, lo quería. Anhelaba que ese tipo me tocara, que
consiguieraliberar,deuna
vez, toda la excitación acumulada durante la noche... pero me hizo esperar.
Unadesusmanosentró
pordebajodelvestidoenbuscadeunodemispechos,haciendoasíquela
ropaselevantaratodavía
más.Medabaigual,queríamás;eneseinstantesólonecesitabamásymás.
Cuandoencontrósu
objetivo,yoyateníatodoelvestidoarremangadoenlacintura,ymiespalda
arqueadacontrasu
cuerpo.Lamiómicuelloalencontrarmipezónexcitadoyalatraparloentre
sudedoíndiceyanular.
Lancé un pequeño gemido de excitación, que hizo que aquel desconocido
pasaralamanoqueaún
estabaenmiinglealsexo,tocandoligeramenteelclítoris.Erauntipolisto:
sabíaque,silohubiera
tocado más, me hubiese corrido en ese instante, así que sólo lo acarició y
pasóausarsudedoanular,
acariciando las puertas de mi vagina, entrando y saliendo de ella sin
introducireldedohastael
fondo.
Mis ojos se abrían y cerraban instintivamente, haciendo que la escena que
teníafrenteanosotros
seconvirtieraenalgocasiesperpéntico.Lamujerqueestabaenlacruzhabía
cambiadodeamante;
ahora era la chica quien enterraba su cara entre las piernas de la primera,
mientraseltipodelavela
introducía sus dedos en ella. El hombre trajeado estaba detrás de la joven
quelamíaelsexodela
crucificada, follándosela mientras no apartaba su mirada de la encadenada.
Sentílanecesidadde
tenerlomismoqueella;quiserevolvermeparabuscaralgoquemellenara,
pero,alintentarlo,las
piernasdeldesconocidomeloimpidieron,abriéndomemás,exponiendomi
sexomás.Sinembargo,
alsentirminecesidadimperiosa,apartólamanodemipechoylabajóami
sexo,parameterdos
dedosdentrodeély,conlaotra,acariciarmiclítorisconentusiasmo.
Meibaavolverloca.Estabasiendofolladaporlasmanosdeundesconocido
ynomeimportaba;
aún más, lo necesitaba. Sí, estaba ahí. Sentía cómo finalmente el orgasmo
estabaapuntodeexplotar,
cómo las maravillosas manos de aquel individuo me estaban llevando al
cielo...cuandoderepente
mesentívacía.AbrílosojosalverfrenteamíaSashasonriendoysentirque
elhombrequeme
sosteníacolocabasusmanosenmisingles.
Eché la cabeza atrás, para apoyarla en el hombro de aquel tipo, muy
frustrada.Meestaban
volviendo tarumba. «¿De eso va este juego? ¿De jugar con las mujeres,
llevándonosalbordedel
abismo?¿Noscastiganporalgo?¿Estoesunespaciosadomasoquistaenel
quenosotrassomoslos
juguetes?» Estaba claro que sí. O, por lo menos, era lo que querían hacer
conmigo.Pero,cuandomi
mentedivagabaacercadelasinfinitasposibilidadessobremipapeleneste
lugaryenesteinstante,
lasmanosdelfrancésenelquemeapoyabavolvieronamisexo,perosólo
paraabrirlomásysujetar
mispiernasconlassuyas.Entornéligeramentelosojosypudedistinguirel
cuerpoarrodilladode
Sashaentremispiernas.
—¡Oh, Dios mío! ¡Sí! —grité finalmente al sentir la lengua de Sasha en el
clítorisyalgúndedo
suyo dentro de mi vagina. El francés separó sus manos de mis ingles,
metiendounadeellasbajoel
vestido para tocarme con fuerza un pecho y con la otra sujetar mi rostro e
introducirundedoenmi
boca,mientrasmelamíaelcuello.
Missentidosibanaestallar.Lasangresemeestabaacumulandoenlosoídos
alaparquesentía
quedesconectabademialrededor.Elorgasmoibaarompercadaunademis
célulasenbreves
segundos. Sasha en mi sexo, y el francés apretando mis pezones y
lamiéndomeelcuello.
Mecorrí,medejéir,ycomencéatemblarcomosielalmasemeescapara
delcuerposin
remedio.
Creoquegemílastimeramentealvolveralarealidad.Ydigocreo,porqueno
pudevolvera
recomponermecuandolasmanosdeltipoqueestabaamiespaldavolvieron
ametersesobremisexo
paraexcitardenuevomiclítoris.Gemí,yvolvíagemiralsentircómoSasha
metíadosdedosdentro
de mi vagina mientras que el francés volvía a estimularme... y no les costó
mucho,mecorrícasi
inmediatamente. Me dio hasta vergüenza gritar de nuevo al estar entre esos
doshombres.Estaba
desatada;sienesemomentomehubieranempalado,cualquieradeellos,me
dabaigual,lohubiera
aceptadodebuenagana.
Respirabaacelerada,arrítmicamente.
Sentí un lametazo desde la vagina al clítoris a modo de despedida; estaba
hipersensibleyme
estremecí.
El tipo que estaba a mi espalda finalmente me cerró las piernas. Sasha se
levantódeentreellasy,
ya de pie, me tendió la mano para ayudarme a ponerme a su lado. Sin
preguntas,lohicegirándomea
mirar a aquel hombre de cara oculta y barba. Su altura me pareció
intimidante,casicomolade
Sasha.
Seacercócomounapanteraasupresa,aproximandosuslabiosalosmíos,
peronopara
besarme,sinoparalamérmelosy,sinpedirpermiso,introdujoundedoenmi
vagina,cosaqueme
sobresaltó,paradespuésllevárseloalaboca.
—Merci,mapetitechatte—finalizóconvozprofunda.
Segirólentamenteysealejóconparsimonia.
—Hastenidosuerte—susurróSasha,sujetándomeporlacinturaalavezque
meacariciabael
cuelloconlanarizdelamáscara.
—¿Por?—Saquéalgodefuerzaspararesponder.
—Eseldueñodelaempresaqueorganizalasfiestas,supropietario.Nunca
selehavisto
acercarsesexualmenteenpúblicoaningunachica,apesardequepuedaestar
rodeadodeellas.
—¿Sabesquiénes?—Aúnintentabarespirarconnormalidad.
—Claroquenoséquiénes…—Mesoltódelacinturaymesacódeaquel
lugarsinmuchos
miramientos—.Porhoycreoquehastenidosuficiente,vamosfuera.
—No,noquieroirfuera.Quieroirmeacasa—sentenciésegura.
—Comodesees.Ahorallamoauncocheyteacercoatucasa—respondió
solícito.
—No,nohacefalta,deverdad.Llamaauntaxi,quieroirmesola.
—¿Estásbien?—Acariciómimano.
—Sí,peronecesitoestarsola;todoestohasidodemasiado.
—¿Lohaspasadomal?—demandó,estavezenuntonotanasépticoqueme
recorriótodala
espalda.
—Deverdad,necesitoirmeacasa.
Deshicimoselcaminoandado;traspasamostodaslasestancias,arebosarde
genteque,pasadoel
tiempo,habíatomadocaminosdesenfrenadosdeexhibicionismopuroyduro.
Lasestanciasolíana
feromonasyloscuerposseentremezclabanentreellos.Alentrarenelsalón
queaúnhacíade
discoteca, volví a ver al francés, esta vez subido al estrado del disyóquey,
conunoscascosenla
cabeza,cambiandocedésparaasíacompasarlamúsicaconlosmovimientos
delosinvitados,
incitándolosaseguirjugando.
Mequedémirándolounsegundo;susmovimientosseparecíandemasiadoa
losdeLaurentenla
boda…
—¡Vamos! —Sasha me sacó de mi ensoñación—. Ya te está esperando un
cocheenlapuerta.
—Gracias. ¿Cuándo…? —quise preguntarle cuándo lo había llamado, pero
podíahabersidoen
cualquiermomentoenelquemimentedivagabaportodolosucedido.
Lapuertaseabrióparanosotrosylasmáscarasdesaparecierondenuestros
rostros.Nadiemás
salíanientrabaeneseinstante,sóloestábamosnosotrosenlasala…
—Nohaynadie—hicenotaramianfitrión.
—Soncercadelascuatrodelamañana,lafiestaacabóhacehoras.
—Es…Ytodalagentedeabajo…¿Tú?
—Tranquila, está todo controlado. Yo sólo soy responsable de mi gente de
seguridadparaqueno
pasenadaenmicasa.Delodemásseencargaelfrancés.
—Ya—contestéconelcerebroamediogas.
—Ésteestucoche.—Abriólapuertadeunvehículodelujo;nosabríadecir
sieraunMercedes,
unBentleyounAudi—.¿Estásseguradequenoquieresqueteacompañe?
—No, de verdad. —Me acerqué a él para despedirme—. Ha sido una
experienciafantástica.—
Lobesésuavementeenloslabios.
—Sabía que te gustaría —respondió con altivez—. Y esto, si quieres, aún
puedetenermás
recorrido. Yo estoy dispuesto a llevarte de la mano. —Agarró mi cuello e
introdujosulenguadentro
demibocaconunasedinusitada,conansia—.Quieroenseñarteadisfrutar
deestosjuegos.
—Adiós—medespedí,metiéndomeenelcoche.
5
Aquellanochedeberíahaberdormidocomounabendita.Aldíasiguienteera
domingoynotenía
nada mejor que hacer que descansar tirada en el sofá y poco más, pero mi
mentequisojugarmeuna
mala pasada recordando una y otra vez todas las escenas que había visto y
disfrutadosinningúntipo
detapujo.
El sexo para mí es diversión, destape, mente abierta y placer sano. Lo que
nuncahubierapensado
eraqueelsexosepodíaenseñar,compartiroinclusodescubrirenespacios
enlosquetodosbuscan
exactamentelomismo.Lalujuriasincensurayconunasreglassorprendentes.
Nomedejabadormirelpensarqueaquelloqueacababadeexperimentarera
unclubprivado,
comounalogiamasónicadelsexoenlaquelasreglasestánescritasmásallá
delsimplecontacto
pielconpiel.MerecordabapeligrosamentealapelículadeStanleyKubrick,
EyesWideShut,enla
queunaéliteseentremezclaentresíparapodergozarsintapujosyquenadie
sevayadelalengua.
«¿Podríasereso?»
Unestruendoenlapuertamedespertó.
Lamismísimacaballeríarusticanagolpeandoconfuerzaalaentradadecasa.
«¿Metengoquelevantar?No.Medoylavueltay,quiensea,quesemarche
pordondehavenido.
Quemedejeenpaz.»
Cerré el ojo y me tumbé para el otro lado, pero la suerte no estaba de mi
parte.
—¡Séqueestásencasa!¡Abrelapuerta,mendigadecariño!
«¿QuécoñodicelalocadeNuria?»
Sí,eraellalaqueestabaaporreandolapuertadecasasinmiramientos.
—¡Abreeeeeeeeee!
No me quedó más remedio que salir de la cama con medio maquillaje sin
quitar,lovialpasar
por delante de un espejo, y con una camiseta roída y unas cómodas bragas
comopijama.
—Voy, histérica —farfullé antes de abrir la puerta—. Espero que vengas
sola,porque,sino,tu
maridomevaaverelculo.
—Quita, anda. —Me apartó para entrar en casa como si fuera la misma
marabunta.
—¿Hapasadoalgoqueyonosepa?—lepregunté,aúndormida.
—¿Túhasvistolahoraquees?—Separódefrente,mirándomeseriamente
mientrasveíacómo
negaba con la cabeza—. Pues habíamos quedado a la una todas para
despedirnos.
—Yonohequedadoconnadie—mequejé.
—Ya lo sé, porque no has respondido a ningún mensaje desde anoche. Por
esohevenido,vamos.
Quítateelmodelomapachequetienesenlosojosypontecualquiercosa.
—¿Novoyapoderdescansarelfindesemana?
Séquehiceunapreguntaretórica,tanretóricaque,aunsabiendolarespuesta,
teníaenmiinterior
unpoquitodeesperanzadequenofueraverdad.
—Déjatedetonterías,teestamosesperandotodosabajo.Comosabíamosque
estaríasmedio
zombi, hemos quedado en la terraza del otro lado del parque. Nos esperan
allí.PiensaqueLucía
regresa a Cantabria y Lourdes se va el lunes a las doce de la mañana para
México.
—Vale,vale…
No,nopudenidormirlasiesta.Lleguéacasaporlatarde,pensandoenel
montóndetrabajoque
metendríaatascadaellunesporlamañana.Dosvistas,yunadeellasdelas
quemegustaban,
divorciosinacuerdo.Perezatotal.
Entréenmipisoylospiessemeenredaronenunsobre.
—¿Un sobre? —pregunté sorprendida al aire, porque... quién me iba a
contestar,claro—.Como
seanlospesadosdelacomunidad,mevoyacagarentodolocagable.
Meagachéparacogerlo,sinmuchasganas,laverdad,ylodejéencimadela
mesadelsalón.Ya
loleeríaluego;loprimeroeraducha,cambioderopa,sofáyquizáalgode
comer.Asíseríaelorden
deldía;bueno,deloquequedabadeél.
Medespertéenelsofáalasdocedelanoche;nosabíanienquémomento
mehabíaquedado
profundamente dormida. Como una autómata, me lancé en plancha hacia la
cama,mifielcompañera,
miamiga,miconfidente,miamorsinperos…
Sabíaqueaquellamañanaseríainsoportable,peronotantocomosepresentó.
Elprimerjuicio
resultó ser nulo, al no presentarse una de las partes y tener que cambiar la
fecha.Elsegundo,aunque
ya suponía que sería fuerte, lo fue tanto como para darme que pensar con
respectoalasrelacionesy
tomármelas en serio. Otra vez, y ya se estaba tornando en demasiado
frecuente,teníaquehacerde
repartidoradebienes.Yentreesosbienes,losfuturosdivorciadoscontaban
aloshijos.«Estos
romanosestánlocos»,lafrasedeObélixveníaamimentealconstatarque
doscriaturaseran
considerados parte de un bien común. «No, señores, era, son y serán seres
humanosconsentimientos,
vidayganasdeserfelices.»
Lasemananofuemuchomejor.Esemismojuevesvolvíatenerotrasesión
conesosdos
personajes que se disputaban los hijos que me hizo perder los estribos.
Menosmalqueeldivorcio
anterior había sido de mutuo acuerdo. Sí, en los tribunales suelo tener
bastantepaciencia,peroesas
dos personas irreverentes e irresponsables que no hacían nada más que
pedirsedineroelunoalotro
acabaron por sacarme de quicio y paré la sesión durante media hora. No
podíapensarque,enalgún
momento de su vida, esos dos hubieran estado enamorados. Imposible,
negativo,no,non,niet,
nein…
Pegué tal portazo a la puerta del despacho al entrar que creo que mi
secretariosaltódelamesay
niseatrevióadecirmenada,aunqueganasseleveían…
—Me gusta ver que tienes carácter. —Encontré a Aleksandr sentado en el
sofá,deahíquemi
secretariomequisieraavisar.
—¿Quéhacesaquí?
—¿Noleístelanotaquedeslicébajolapuertadetucasa?
—No,penséqueeradelacomunidadysequedósobrelamesadelsalón.—
Dejélospapeles
encima de la mesa y me planté delante de él con los brazos en cruz—.
Además,¿cómosabíasdónde
vivía?
—Laura —arrastraba la erre de una manera muy suave—, ¿en serio me lo
preguntas?Tellevómi
chófer hasta allí. —Sonrió con superioridad, levantándose luego para
ponerseamialtura.
—¿Y dónde trabajaba? —continué, ya nerviosa; me imponía su oscura
mirada.
—Amparo es mi amiga, me ayuda con algunos negocios… —Metió las
manosdebajodemitoga
y le cambió el rostro; parecía decepcionado mientras las paseaba de mis
caderasalacintura.
—¿Pasaalgo?—Diunpasoatrás,intentandosepararmedeél.
—No,esqueporunmomentopenséquenollevaríasnadaderopa.Mehabía
hechoilusiones.
—Puesnotengoelcuerpo,loquesediceexactamente,paramuchasferias—
respondíairada,
alejándome para sentarme en mi escritorio, cosa que no sucedió, pues una
manomeagarróporla
muñecaymearrastróhaciaél.
—Nocreeríasque,despuésdelodelsábado,teibasalibrartanfácilmente
demí,¿no?—Me
pegóasucuerpoconfuerza,casiasfixiándome.
—Penséque…
—Yonotevipensarmucho,laverdad.—Ladeólasonrisaantesdebajarsu
rostrohastaelmíoy
besarme—.Mequedéconganasdefollarte…
Y lo soltó así, sin red, sin paracaídas, sin una colchita que reprimiera un
poquitoelgolpeque
sentíaloíreso.Quesí,quenomeasusto,pero,despuésdepasareldomingo
entero,paraquémentir,
necesitandoquemedieranunmeneocompleto,eltipovaymesueltaquese
quedóconganas.¡Joder,
yyo!Aunapesardehaberdisfrutadocomoenlavidalohubierahecho.Sí,
mimenteeneseinstante
ibaadoscientoskilómetrosporhoraysinfrenos.Pero,sinoparabaesode
inmediato,meabriríanun
expedientedisciplinarioenmenosquecantabaungallo.
Me dejé llevar un poco más, no lo suficiente para no darme cuenta de que
debíavolveraltrabajo.
—Sasha,para.—Loapartésinmiramientos.
—Vamos,¿nomedigasquenotedamorbo?—Volvióaintentarloconmás
insistencia.
—Puedequemedétodoelmorbodelmundo,peroentresminutostengoque
volveralasala.Me
esperaunjuicioynohepodidohacerloquepretendíaeneldespacho.
—En tres minutos puedo hacerte maravillas. —Metió la mano bajo mi
vestido,encontrándome
totalmentepreparadaparaél—.Mmm,¿ves?Podríasermuyrápido…
—Noquieroquesearápido.—Denuevofuiyoquienseechóparaatrás—.
Venamicasaesta
noche,túyyo.Losdossolos.
—Nopuedo,mipequeñaNinotchka,habíavenidoadespedirme.Debosalir
deviajepor
cuestionesdetrabajo,peroqueríahacerteunapropuesta.
—Dime,soytodaoídos—comentémientrasmirabaelrelojyrecomponíami
vestuario.
—QuieroquemeacompañesaMéxicoendossemanas.
—¿Perdona?—preguntéabriendolosojosdeparenpar.
—Loquehasoído.MegustaríaquevinierasconmigoaMéxico;vicómolo
pasasteelsábadoy
megustaríaquemeacompañarasaunanuevafiesta.
—¿Túyyo?¿Comopareja?
—Sí,losdos.Siquieres…—dejólafraseenelaire.
—Nosésiquiero,Sasha…
—¿Tehicesentirincómodaenalgúnmomento?
—No es eso. La verdad es que me parece todo muy precipitado. Entiendo
quelohemos
disfrutadojuntos,que…
—Laura, ¿no querías invitarme a tu casa a pasar la noche? —asentí
enérgicamente—.Entonces,
¿dóndeestáelproblema?
—No hay problema; de mi casa te puedo echar. Un viaje a México es otra
cosa,significapasar
mástiempocontigo,másimplicación.
—¿Quiereshabitacionesseparadas?Hecho…
—Noeseso…
—Haré lo que quieras, sólo deseo que me acompañes. Aquí —extendió un
sobrequecogí—
tienes los billetes de avión y la reserva del hotel. Llamaré y te pediré una
habitaciónparatisola,
aunqueesperoquenolauses.
—Acepto;esdelocos,peroacepto.
Sasha sonrió seductoramente, y se acercó como nunca antes en nuestros
brevesencuentros,de
manerasuaveycasicariñosaparaacariciarmeelrostro.
—Me tengo que ir. —Miró el reloj que llevaba en la muñeca derecha—.
Pretendíapoder
despedirmedeotramanera,peromeconformaréconpoderverteenunparde
semanasenMéxico.
Nopodréviajarcontigo.
—Allíestaré.
—Loprometes.—Mecogiódelamano.
—Loprometo.—Sonreíalrecibirunbesosuyoenlamejilla.
Justo en ese instante, el sonido del golpe en la puerta por parte de mi
secretarionossacóde
nuestropropiomundo.
—Hedevolver.
—Tranquila,memarcho.Teesperaréallí—agarrómimano—,nomefalles.
—Iré.Loheprometido—contestéconunnudoenelestómago.
Sasha salió mientras mi secretario entraba; me traía nueva documentación
paraeljuicio.Cerré
los ojos y, tras recoger lo que me daba, dejé en el bolso el sobre que
Aleksandrmehabíaentregado.
Unviajealolococonundesconocido...Mequedémirandounsegundomás
alinfinito,valorando
simeestabavolviendotarumbaorealmentenecesitabaecharmelamantaala
cabeza.
Noloconocíadenadamásquedeunescarceosexual,deunaseducciónen
unambienteproclive
aello,deunjuegopeligrosoenunespacioosadoenelquelalujuriaregía
lasnecesidades.
—¿Quécoñohehecho?
—¿Decíaalgo,jueza?—mepreguntódesdelapuertamisecretario.
—¡No! —me asusté—. Nada. Ya voy para la sala y ¡deja de llamarme de
usted!
—Laura,estamoseneltrabajo,hija…
—Loodio—soltéporlobajomientraspasabaporsulado.
—Losé,peroesloquehay.
—Sisupierasloquemehapasado.
—Sisupierasqueloheoídotodo…
—¿Quédices?—lomiréojiplática.
—Sicerrarasbienlapuerta…
—Niunapalabra—lepuseeldedoíndiceenelpecho,amenazante—otelas
verásconmigo,
Sergio.
—Puestediréunacosa:yomeiríaaMéxicoyadondequisieraelmaromo
ese…
—Idiota—leespeté,caminodelasala.
Sergio era mi mano derecha en el juzgado y, después de muchos meses
trabajandocodoconcodo,
másqueeso.Horasdetrabajoycañasalasalidadelcurrohabíanhechoque
Amparo,Sergioyyo
compartiéramosmuchosratosjuntos.
6
Mirémireloj,erantansólolasochodelatardedeuncalurosojueves.En
menosdeunasemanase
suponíaquedebíairmeaMéxicoaencontrarmeconSashaydisfrutardeunos
díasde¿relax?,
¿sexo?,¿nada?
SentadaenlabarradelbaresperabaaqueaparecieranSergioyAmparo;se
habíanempeñadoen
tomar algo a la salida del trabajo, pero me apetecía realmente poco. «Esta
gentetienelaspilas
cargadas continuamente y, a pesar de que soy la más joven de este dispar
grupo,tengolasensación
desermuchomayorqueellos.Siempreandocansada.»
—Hola.—Amparofuelaprimeraenllegar—.Póngamelomismoqueami
amiga.
—Estoytomandotónicasola.—Levantólascejasconcaradesusto.
—¡Uy!No,no.Póngameungintónic—corrigiódirigiéndosealcamarero—.
Necesitoalgo
fuertecillo;hoyestoyhastalasnaricesdetodo.
—Puessitecontaramidía…—dejécaer—.Hetenidounjuiciodeesosque
parecenfácilesy,al
final,ladocumentacióntecome.
—Si te dijera la verdad, casi prefiero la documentación a aguantar a los
abogadosdeambas
partes,quenoparandedecirycontradecir.
—Bah.
—Puesesomismo,querida,¡bah!
—¡Hola,corazones!—Sergioseunióalafiesta—.Laurita,¿nomedigasque
yaleestásdandoa
latónica?
—Sí,hijo,estádeunsoso—respondióAmparopormí.
—Ahoramismolosoluciono.—Seacercóalcamareroylesusurróalgoal
oído—.Yaestá;verás
túcómolaspenas,conestoquehepedido,sonmenos.
—Yoyahabíapedidounpelotazo—sequejóAmparo.
—Pues queda inmediatamente anulado —señaló de nuevo al camarero, que
asintió.
—Joder,noentiendolamarchaquelleváis.
—Chica, llevamos demasiados años en el juzgado y… o le damos caña al
cuerpooledamos
cañaalcuerpo.
—Sergio,esquelapobrevasobrecargadadetrabajo.
—Cariño —éste se acercó para ponerme un brazo sobre los hombros—, la
plazaestuyadesde
haceyauntiempo.Relájateya,llevasunañodemostrandoquepuedes.
—Losé,pero…
—Nipero,niperasenalmíbar.
Dejaronenlabarratresmargaritasfrenteacadaunodenosotros.
—¡Eres un cabrón! —insulté deliberadamente a mi secretario y, muy a mi
pesar,amigo.
—¡VivaMéxico!—Levantólacopa.
—¿Me he perdido algo? —demandó Amparo antes de darle un trago a su
copa.
—Lapendeja,enunasemana,sevaaMéxico…
—¡¿Qué?!—Porpocoseatragantaconelmargarita.
—Sí, nena... vino un hombretón... —Al oír esto, le solté una colleja, por
bocazas—.¡Ay!¡Nome
pegues!
—Porbocachancla.—Enesemomentoqueríamorirme;nomeapetecíanada
queAmparose
enteraradelviajequeteníaplanificadohacerconSasha.
—Aver,¿tevasaMéxicoconuntíoynomehasdichonimediapalabra?—
Micompañerade
trabajosemeencaró.
—Noqueríacontarnada,porquenotieneimportancia.
—¿Cómoquenoesnada?Siteloharegalado…—Sergiovolvióallevarse
otracolleja—.
¡Leche! Oye, bonita, ¿por qué no te guardas la mano en el cul…? ¡En el
bolsillo!
—¿QuetehanregaladounviajeaMéxico?
—Sí.Bueno,escomounaprueba.
—Unaprueba,¿dequé,bonita?—Amparocadavezlevantabamáslavoz—.
¿Quieresdejartede
tonteríasycontármelodeunavez?
—Esfácil—volvióameterbazaSergio,estavezalejándoseprudentemente
demimano—:un
tipoconacentoextranjeroentróensudespachoylaesperó,conmipermiso,
claroestá,y...entre
otrascosas,leofrecióesteviaje.
—¡Aleksandr! —Mi amiga saltó de su taburete, acercándose más a mí. Me
sujetódeunbrazo,
bajándome y dirigiéndome hacia una de las mesas más aisladas del local.
Sergionosmiró
anonadado;tardódossegundosencogersucopa,lamíayperseguirnoshasta
allí.
—¡Suelta,Amparo!—Sacudíelbrazoparadeshacermedeella.
—¿Estásseguradeloquevasahacer?—preguntómuyseriaalaparquese
sentabamuycerca
—.Yodejédeirporquepasabancosasquenomegustabannada.
—¿Cómoquenotegustabannada?—planteó,curioso,Sergio.
—Averigüé que algunos malnacidos obligaban a algunas chicas a ir a esas
fiestasparaanimarel
cotarro.Vamos,prostitución.
—Sashamedijoqueesoyanopasaba,quehayunnuevodueñoquecuidade
esosmenesteres.
—Nomefío,Laura,daigualquiénseaelpropietario.Enesosambientes,el
morboyla
degradaciónhumanapuedenllegaralímitesinsospechados.
—Amparo,yonovinadararomásalládeloqueteconté.
—¿Estásseguradequequieresir?—volvióainsistir.
—No,noestoysegura,Amparo.Noséquécoñovoyahacer,nisiquierasési
voyacogerese
avión.
—¿Cómoquenovasair?—intervinoSergio.
—Chico,esquenosabesnilamitaddelascosas…—dejócaerlajueza.
—¿Esunasesino?—preguntócasiriendo—.¡Lotengo!Esunmafiosorusoy,
sitevasconél,te
venderáparaqueejerzaslaprostituciónenLosCabos.
—¡¿Quieresdejardedecirgilipolleces?!—finalicésusoliloquio.
—Guapa,estáshoydeunintratable…
—Tienerazón,Sergio.Callaunmomento.
—Vayados—resoplómirándonos.
—Laura, sé lo que te enseñó. Imagino que en México vas a alguna de esas
fiestas,¿verdad?
—Aúnnohedichoquesí.—Mepusetotalmentecoloradaporlamentiraque
acababadesoltar.
—Cielo, no soy la persona indicada para decirte lo que debes o no debes
hacer.Sóloteaconsejo
quelopiensesbien.
—¿Túlohashechoalgunavez?
Sergio bebía y miraba de un lado para el otro, intentando entender qué
ocurría.
—Sí.ConocíaSashaallí.
—Perosinosevenlascarasdelosinvitados…—Levantólascejas—.Telo
has…
—No,no,no.Fuiinvitadaaunaprefiestayélestabaentrelosasistentes;fue
suprimeravezyno
ibasólo,aúnestabacasado.
—No entiendo nada. Se supone que todo el mundo que va es desconocido
paralosdemás.
—Bueno,lasreglasestánparasaltárselas.
—Pero, bueno, ¿puede saberse de qué habláis? —Nuestro amigo no pudo
pasarmástiemposin
meterbazadenuevo.
—Yonoselovoyacontar,Amparo.
—Yosí,queyanovoyaesasfiestas—soltó.
—Medaigualquiénmelocuente,¡peroquesueltelalengüitaalguienya!
—El resumen es el siguiente: esta señorita conoció hace una semana a un
amigomíoenunafiesta
yacabóenotrafiestaparalela,privada,conesetipo.
—Vamos—meguiñóunojo—,quetelotirasteyahorahaquedadoprendado
deti.
—Podríadecirsequesí—intentéfinalizarlaconversación.
—Bueno,noexactamente,Sergio.Cuandodigofiestaparalela,merefieroa
unafiestamuyíntima
conmásgente.—Sonriódeorejaaoreja.
—¡Unaorgía!—gritóhaciendoquevarioscomensalesgiraranlacabezapara
mirarnos.
—Algoparecido—concluyóAmparo.
—Bueno,puesyaestá…—sentencié,rezandoparaquenosiguieranconel
tema.
—Pues vaya... Y yo que pensaba que iba a ser algo más prohibido —me
golpeóelhombro
ligeramenteparaseguir—;enlasfiestasalasqueyovoy,muchasveceshe
acabadoenelcuarto
oscuro.Menudanovedad…
—Esalgomásqueeso,Sergio,esunclubde…
—Swingers.Quesí,quelohepilladoalaprimera.
—No.¡Joder!Noeseso.—Yameenfadé—.Esunclubprivadodondenadie
conoceanadie,no
sevenlascarasycadaunodariendasueltaasuimaginación.
—¡Hostia!ComoenlapelideTomCruiseyNicoleKidman.
—Digamos que se basaron en ese concepto para crear este club tan
exclusivo,queva
moviéndoseportodoelmundo,celebrandoesasfiestas.
—Amparo,sesuponequenopodemoshablardeello—mequejé.
—Nena, yo ya no estoy dentro. Y tú, ¿estás? —Negué con la cabeza—.
¿Entonces...?
—Loprometí.
—Ains,nena;olvidarloprometido,hastalometido…
—Sergio,québestiaeres—loregañé.
—Serámentira.
—Tiene razón, Laura. Pero lo que más me preocupa es saber si estás
convencidadeloquehaces.
Unacosaesverlodesdelabarrerayentuterreno,cercadetucasa,yotra
muydistintaesirteasí,de
pronto,deviajealotroladodelcharco.
—Amparo —medió Sergio—, creo que se lo merece. Que haga un poco el
loco,que,desdeque
noestánsussuperamigas,salemuypocoyconmigonoquierevenir.
—Aúnnohedichoquevayaair.
—Diquesí—meanimóSergio.
—Piénsalo—meaconsejóAmparo.
—¿Otromargarita?—preguntéyo.
—Otraronda—dijo,ysonriódefelicidadmiamigo.
Niquedecirtienequeaqueljuevesseconvirtióenunjuernesentodaregla,
quehizoque,al
llegaracasa,notuvieraganasmásquedeecharmeadormir.Enrealidadlo
necesitaba,caer
noqueadaparanodarlemásvueltasalacabeza…
—Notedeslavuelta—oísuavementeamiespalda.
—Quieroverquiéneres—repliquéconvalentía.
—Siemprehassabidoquesoyyo—acariciómioídoconsusuavevoz.
—Sabesperfectamentequenoquieroqueseastú.
—Por eso mismo no quiero que te des la vuelta —volvió a hablar con
parsimonia,sujetandomi
cuerpoyaplastándolocontraelsuyo.
Una de sus manos se había situado en mi estómago; la otra acariciaba mi
garganta,mientrassentía
cómosulenguarecorríalentamenteelespacioentremihombroyelcuello.
—Acostúmbrate a esto; quiero que sea lo único que desees. Quiero ser el
únicoalquedesees.
—Déjamemirartealosojos—volvíapedir,desesperada.
—No.Nohastaqueloaceptes.—Bajólamanoqueteníaenmivientreami
sexopara
acariciarlo,provocándolo,jugandoconlapocapacienciaquemequedaba.
—Aceptar,¿qué?—Losdosestábamosdesnudos.
—Esto—sacólamanodemisexoyvolvióadejarlaenmiestómago,ala
parquemesoltabadel
cuelloparaponeresamanoenmiespalda.Meinclinósuavemente—;sujétate
ahí.
Fueexactamenteloquehice,acerquémismanosalamesaqueestabadelante
ylosentí...sentí
cómoentróenmicuerposinmiramientos,sinpermiso,sinnecesidaddemás
juegosqueeldeestar
ahí. No se movía. Mientras, podía sentir la tensión de su mano en mi
estómago,aprisionandosu
necesidad,aguardando…
—Dímelo—susurró—,pídemeloycontinuaré.
—No…—respirabaansiosamente—,nopuedo.
—Hazlo. —Sólo sentí cómo sus caderas rotaban y mi labio tembló; mis
manosseamarraroncon
fuerzaalamesa—.Vamos,hazloyserétuyoparasiempre.
—Esimposible.—Meapretócontraél.
—¿Esocrees?—Percibíamirespiraciónaceleradayyosentíasuslabiosen
miespalda—.
Hazlo.
—Te…—suspiréangustiada,notándoloporcompleto.
—Sigueasí,esfácil.Esparasiempre.
—...quiero.
—Moiaussi—respondió.
—¡Laurent!—gritéalavezqueabrídegolpelosojos.
Respiraba acelerada y me desperté. Estaba en el salón, en el sofá, con la
televisiónencendidaa
unvolumencasiinaudible.Unafinacapadehumedadrecorríalapieldemi
cuerpoyloquenoerami
piel; el sueño había sido más real de lo que me hubiera gustado. Estaba
excitada,tremendamente
excitada, y casi podría decir que notaba aún la ausencia de su pene. Mi
clítorispalpitabasinexcusay
misojossecerraron,enfadados.
Hacíamesesquenosoñabaconél,quenofantaseabaconaquellanecesidad
imperiosadetener
sucuerpoentremisbrazos.Teníaclaroqueelmiedohabíasidoloqueme
habíahechoescapar,pero
echabademenoscómomehacíasentirenlacama,entresucuerpo,consus
manosenmipiel.
¿Porquéhabíatenidoquepedirmequeledijera«tequiero»?
¿Porquéinsistía?
Melevantédelsofácondestinoalanevera,necesitabaaguahelada.
—Laura, eres una gilipollas —me dije en voz alta—. Él no te ha pedido
nada;esunputosueñoy
enélhasdicholoquetehadadolagana.¡Imbécil!
Miré la hora, era noche cerrada. Hice la cuenta de la vieja para saber qué
horaseríaenMéxicoy
me pareció perfecta para llamar a Lourdes. Tenía que hablar con ella de
inmediato.
—¡Perobueno!¿Quéhacesllamándomeaestashoras,pendeja?
—Mealegrasaberquetehacetantailusiónquemeacuerdedeti.
—Laurita,yasabesquesiempreadorohablarcontigo—hizounalargapausa
—,peroelcasoes
quesonlasdosdelamañanaenEspaña.¿Tepasaalgo?¿Nopuedesdormir?
—Elcasoesquesí;podíadormir,peromehedespertado.
—Claro,yhaspensado...voyagastarmeunapastaenteléfonollamandoami
amigaaMéxico,
¿noescierto?
—Enrealidadmeapetecíahablarcontigo—mentídescaradamente.
—¿Me tocan todas las tontas a mí o qué pasa? —Casi podía ver su cara,
riéndosedemí.
—Vale,tienesrazón—suspiré—.Necesitohablarconalguienylaúnicaque
seguramenteestá
despiertaaestashoras…
—Bien, nos vamos acercando a la verdad. Pero ésta no es. Espera un
momento,Laura—oílavoz
desumaridoalotrolado—.EsLaurita,amor…Sí,selodirédetuparte…
Yotambién.
—Dalebesitosdemiparte—meadelanté.
—Dicequebesitosparatitambién,amor—oísurisa—;esosíquenoselo
voyadecir.
¡Degenerao!
—¿Quétehadicho?—preguntécuriosa,asabiendasdequelavidasexualde
esosdosera,como
poco,peculiar.
—Nada,déjalo.Dimeporquémehasllamado,anda.
—Vale.LasemanaquevieneesposiblequevayaaMéxico.
—¡Nooooo!¿Enserio?Quéalegría,nena.Quéganasteníadequevinieraisa
verme.
—Aver,noesquevayaaverteati.Lacosaesalgomáscomplicada.—Cogí
aire.
—Yameparecíademasiadobonito.Quecerdípedaeres.—Cambióeltono,
sepusomásseria—.
Venga,tepreocupaalgoymelovasasoltar.Sino,paraquécoñomeibasa
llamar.
—Resulta que me ha regalado el viaje un tipo al que conocí hace unas
semanas.
—¿Cómo?—seextrañó—.Explícateunpoquitomás,queparecequemevas
lanzandoglobos
sondas.Hayalgoquenoteatrevesacontarme.Enserio,Laura,daleypunto.
—Bien—cogíairedenuevo;alláiba,acontárselotodo—;loconocíenuna
fiestaelmismo
sábadoqueestuvimosjuntasenMadrid.Allímeinvitóapasaraunasala,por
decirlodealguna
manera, donde se estaba celebrando una fiesta paralela en la que todos
llevabanmáscarasy,bueno,
hacíanloquelesdabalagana.—Hiceunaparada—.Cuandodigoloqueles
dabalagana,es
exactamenteeso.
—Ajá—fueloúnicoquemellegódelotrolado.
—Lagentejugaba,unasconotras,sinsaberquiéneseran,sinverselascaras.
Podríadecirseque
era como un club de intercambio de parejas, pero sus normas eran, bueno,
son,diferentes.Aloque
voy:estuveenellayyotambién…yo…
—Nena,suéltalo.Nopasanada,tegustóypunto.
—Sí.Yotambiénjuguéconeltipoquemeinvitó...yconotromás.
—¡OlemiLaura!Quesenoshadesmelenadoalogrande.¿YlodeMéxico?
—Pues resulta que se trata de fiestas privadas que se van celebrando por
todoelmundo.La
siguienteesenMéxico,yeltipoquemeinvitóquierequeloacompañe.
—Bueno,¿yquéproblemahay?
—¿Cómo?UnhombrequenoconozcodenadameregalaunviajeaMéxico.
Joder,quelosrusos
sonmuyraros.
—¿Ruso?Nena,lotuyoesserinternacional.—Mellegóunaligerarisa—.El
innombrablees
francésyéste,ruso.
—Losé.
—Yonomelopensaría—soltóalasbravas.
—Ya,peroesquetú…
—Déjate de tonterías, Lau. Es un regalo, acéptalo. Y, si todo sale bien,
aprovecha.¿Quiénsabesi
éleselhombredetuvida?
—¿Conesosgustos?—Lapreguntaeramásparamíqueparaella.
—Teaseguroquelavidanostienepreparadassorpresasquenihubiésemos
sidocapacesde
imaginar.Telodigoporexperienciapropia,cielo.
—Está divorciado —otra excusa tonta que me ponía a mí misma—, y ya
sabesque…
—Nadadenada;yotambién,ymira.Cielo,venaMéxico.Prueba.Además,
estaréaquí
mismooooo—sonócomoelmismoET—.¡Suéltateelpelooooooo,yluego,
siquieres,elsujetador!
—Miraqueerespayasa.
—Ytú,exmojigata…
—Nuncahesido…—Mecortó.
—Cállate,loca.SilecontamosestoaLucía,semuere.
Meechéareír.
—YpensarqueNuriaeralaqueparecíamásdesaborida.
—Ya.Túveauncolegiodemonjasypregunta.—Seechóareírcomouna
chalada.
—Québurraeres—lesolté.
—Anda,Lau;tieneselbilletepagado.Vente,aunqueseaparaestarconmigo
unosdíassiélnote
convence.Esgratis,¿no?
—Sí,peronohesabidonadadeéldesdeaqueldíaenquemediolosbilletes
ytodala
información.
—Y, pregunto, ¿no crees que, si no hubiera querido que viajaras, ya te lo
habríacomunicado?
—Laverdadesqueimaginoquesí.
—Puesyaestá,corazón.Líatelamantaalacabeza,daleunbuenmeneoatu
cuerpo,Macarena,y
disfrutacomosinohubieraunmañana.
—¿Porquélovestodotanfácil?—preguntédesopetón,sinpensarlo.
—Cielo,durantemuchotiempomividafuemuydifícil.Comocomprenderás,
tengounaedaden
laquenoquierocomplicaciones,sinodiversiones.
—Losé,Lourdes.Losé.
—Venga, que es muy tarde en España. Cuelga el teléfono y mándame un
wasapconlas
indicaciones,porsiquieresquevayaarecogertealaeropuerto.
—Nohacefalta,meponeunchófer…
—¡La leche! —Rio fuerte—. Éste es un partido de los buenos, no lo dejes
escapar.Échaleun
polvazo,paquenoteolvide.
—Adiós,idiota—medespedí,riendo.
—Adiós,reina.
Sé que, si hubiera llamado a Nuria o a Lucía, sus palabras hubieran sido
muchomásseriasy
sensatas;probablementehastahubierandepuestomisganasdeviajar...
«Queno,quenoesnecesarioquemehagaunviajedemásdeochohorasen
aviónparatirarmea
untío,peromepicalacuriosidad.Quieroasistiraunadeesasfiestasdesde
elprimermomento,
desde que llegas al hotel hasta que regresas a tu casa. Puede que sea la
primerayúltimavezquelo
haga,peronoquieroquedarmeconelamargorecuerdodenohabermetirado
alapiscina.Noquiero
levantarmeundíaypensar¿ysilohubierahecho?»
Puserumboalacama,rezandoparanovolverapensardenuevoenLaurent.
Ahorateníala
posibilidaddevivirunanuevaaventuraconotrapersona.Medabaigualque
fueralargaocorta,la
viviríaatope,sinpensarenmuchomás.
«¡Allávoy,México!»
7
EstabasentadaenlasalaVIPdelaeropuerto.
Sí, con una copa de vino en una mano y el teléfono móvil en la otra,
esperandoaque,talvez,
entrase un mensaje en el que me comunicase que todo se había cancelado,
quemequedabaentierra.
Perono,norecibímensajealguno,nienpositivo,niennegativo.Nohabía
nada.
Nonews,goodnews o, lo que es lo mismo, si no hay noticias, son buenas
noticias.Los
anglosajonestienenbuenosdichos,peronomásquenosotros.
Divagaba.
Estabanerviosa.
No había bastado con que me pagase el avión, sino que había hecho mi
reservaenBusiness
Class.Avecesmeplanteabasimehabíavendido,siquizáestabacorriendo
contodosaquellos
gastosporqueconsiderabaqueloqueibaadarleacambiovaldríaesoomás.
Ylociertoeraqueme
hacíapensarsinoestabapagandopormí,pormisservicios.
«Laura,para—medijementalmente—.Maduradeunavez.Soisdosadultos
libres,unocon
muchapasta,quevanadivertirse.Punto…»
—PasajeroscondestinoaMéxicoD.F.,embarquenporlapuerta34.
—Ya está todo decidido, éste es mi vuelo. —Volví a mirar el móvil—. En
cuantoentreenel
avión,nohabrámarchaatrás.
Respiré un par de veces, bebí el contenido de mi copa y luego me levanté
rumboalapuertade
embarque.
«Comienzalaaventura»,medijemientras,desesperada,buscabaunapastilla
parapoderdormir
durantetodoeltrayecto;lociertoesquenotengo,ninuncatuve,querecurrir
aningunadrogapara
dormir.Esinquietud…
—BienvenidosaCiudaddeMéxico…
Acababa de pisar suelo mexicano y mis nervios estaban a flor de piel. En
realidad,habíaestado
enconstanteestadodeansiedaddesdequeentréporlapuertadelAeropuerto
AdolfoSuárezMadridBarajas.AhorayateníamispiesenelBenitoJuárez.Podríahaberhechouna
bromaconlosapellidos
desendaspersonalidades,aunsabiendoqueseríamalísima,peronicuerpo
teníaparaeso.
La cinta transportadora estaba quieta; llevaba diez minutos aguardando mi
equipaje,pero,
teniendoencuentaquehabíamosbajadodeunvuelointernacional,tardarían
mínimoveinteminutos
másmientraslasescaneaban.Meestabaponiendoaúnmásnerviosa.
«Laura,relájate—meordené—.Respiradosocienvecesypiensaennubes
rosasycachorritos.»
La payasa que llevo dentro tiene la agudeza de salir en los momentos más
inesperados,pero
realmente debía relajarme un poco o, después de tanta tontería, perdería la
maletasinlugaradudas.
No sé cuánto tiempo estuve en modo zen, pero, al volver a mirar hacia la
cinta,comprobéque
sólo quedaba mi maleta dando vueltas. «Esto sólo me pasa a mí», me dije
mentalmente,acercándome
pararecogerla.
Labajéalsueloparaponerrumboalapuertadesalidayrecordéquetodavía
teníaelteléfono
móvil apagado. No sabía si, al salir fuera de tu continente, la cobertura
tardabamásdelonormal,y
penséquetalvezSasha,enesetiempo,mehabíamandadounwasapoloque
fuera…
Caminaba entre la marabunta de gente que, al igual que yo, quería salir ya
haciasudestino,
mientras miraba cada dos por tres la pantalla del móvil. No parecía que
hubierarecibidoningún
mensaje.
Levantélacabeza;habíasalidoyadelazonadepasajerosparaencontrarme
defrenteconun
cartelenelqueaparecíaminombre:«Srta.LauraSil».Giréparadirigirme
hacialapersonaquelo
sosteníayalguiensemecruzódeimproviso;hizoqueporpocoledieraun
golpe.
—Losiento,señorita—sedisculpóamablemente—.Esqueacabodeverala
personaque
buscaba.
—No se preocupe, vamos todos a lo mismo. —Miré la dirección que él
tomabaymepareció
ver…—.Nopuedeser.Losnerviosmeestánjugandounamalapasada.
Me dije que no pensaba que estuviera tan cansada como para eso... pues,
comosideunasombra
setratara,mediolaimpresióndevislumbrarlarubiacabellerayelperfilde
Laurent.«Vale,de
acuerdo. Soy consciente de que, en estas semanas, mi cabecita loca no ha
hechomásquerecordarloy
despuésdeaquelsueño…»
—¿SeñoritaLauraSil?—Lavozdeunhombremedespertódemiensueño.
—Sí,soyyo.
—Disculpe, no estaba seguro de que fuera usted. Me dieron una pequeña
descripciónsuyay,al
verqueparabacercadelcartel,imaginéqueerausted.
—¡Ah!Eh,sí.Perdón.Sí.Soyyo—respondíalgoatolondrada.
—Sígame,porfavor,ypermítamesumaleta.—Melaarrebatósinesperara
queledijeranada—.
ElseñorVodianovmehapedidoquelodisculpepornoserélquienvinieraa
buscarla,perolohan
retenido un par de asuntos. De todas formas, me rogó que le diera la
bienvenida.
—Gracias —repliqué, y acepté el pequeño sobre que aquel hombre me
ofrecía.
Lo seguí a duras penas, pues corría como si no hubiera un mañana. Ese
aeropuertoeraenorme,
perosihastaparasalirtuvequecogeruntrencomoenBarajas…
Yaestabaubicadaenelcoche,bueno,porllamarlodealgunamanera,yaque
parecíamásun
tráiler, de lo grande que era. No sé qué marca sería, pero, si me hubiesen
dichoqueeraunRollsRoyce,melohubieracreído;sólolefaltabalacamaenlapartedeatrás.
—Señorita —me habló el chófer desde la parte delantera—: si desea tener
másintimidad,hayun
botón delante de usted que puede hacer que se cierre la cristalera que nos
separa.
—Gracias.—Esomeparecióelcolmodelpijerío—.Porcierto,¿sunombre
es?
—Joel,señorita.
—¿Tardaremosmuchoenllegaralhotel,Joel?
—Sinohaymuchotráfico,sólounosveinticincominutos.Vamosalpaseode
laReforma,donde
estáelÁngeldelaIndependencia.
—Muchas gracias, perfecto —contesté, y rememoré algunas de las
fotografíasquemehabía
pasadohorasmirandomientrasdecidíasivenirono.
SiemprehabíasoñadoconvisitarMéxico,peronolacapital,sinoaquellas
playasparadisíacas
quesenosvendenenEuropa.«Síquelashay,síquequeríapasarmehoras
tumbadaenlaarena,bien
decaraalPacíficoofrentealmarCaribe,peroaquíestoyyo,enplenojunio,
bajoelsol,enunade
lasciudadesmáspobladasdelplaneta.Además,elairehuelediferente;nosé
siesporeloctanajede
carburante,puesesdistintoaldeEuropa.»
Nospusimosenmarchaysonreíaldescubrirquetodavíaquedabaalgúntaxi
típicodeCiudadde
México.SicuandovasaLondresesperasveresoscochestangrandes,aquí
sonríesalreconocer
todosesosHerbies(comoeldelapelículadeDisney),escarabajosverdesy
blancos.
Paseaba mis manos por aquel sobre blanco impoluto; no sabía si quería
abrirloentoncesoal
llegar a mi habitación. Si lo dejaba cerrado, corría el riesgo de toparme
despuésconalguna
sorpresa,talycomomeocurrióalnoabrirelquehalléenmicasa,pero...¿y
siencontrabaalgoque
noquería?Enesepuntodelahistoria,yconeltraqueteodelcoche,laverdad
eraqueyanohabía
marchaatrás;seríaunatonteríatremendadilatarmásesaestupidez.
Rasgéelsobreparaleerlo,sacandodeélunatarjetaelectrónicayunasimple
notaenlaque
estabaescrito:
No es necesario que pases por recepción, está todo preparado en la
habitación.
Unpocomásabajo,habíaunasletrasenrusoysutraducción,juntoalafirma
deAleksandr:
«Поцелуй(beso)».
El trayecto hasta el hotel se me hizo mucho más largo de lo esperado;
siemprehabíapensadoque
los atascos de Madrid eran únicos en el mundo, pero estaba claro que me
equivocabadetodastodas.
Horaymediadeviajehastamidestinomedieronlarazón.Medespedíde
Joelconun«adiós»alque
él contestó «hasta la noche», aunque no le di más importancia que la de la
meraeducación.
Miré el reloj mientras me abrían la puerta de entrada al edificio y caminé
segurahastala
recepción. Sabía que no tenía necesidad de pasar por allí, pero quería ir
sobreseguro.
—Buenosdías—unchicojovensedirigióamí—.¿Enquépuedoayudarla?
—Buenos días; tengo una reserva hecha. No sé si está a mi nombre o éste
aparecedealgúnmodo.
—Aguarde un momento. —Tecleó algo en el ordenador—. Si me hace el
favordefacilitarmesu
nombre…
—Sí,LauraSil.
—Señorita Sil —su semblante cambió de repente—; está acomodada en la
suitePenthouse.
¿Tieneyalallaveelectrónica?¿Quierequelehagamosotra?Enunmomento
llamoparaquela
acompañenalahabitación.
—Noesnecesario;simeindicalaplanta,yo…
—No, no. Señorita Sil —levantó un brazo e inmediatamente apareció un
empleadodelhotelque
me quitó la maleta y esperó a que yo comenzara a andar—, la acompañan.
Paracualquiercosaque
necesite,minombreesAlberto.
—Gracias,Alberto—contesté,sobrepasadaportantasatenciones.
—Denada,señoritaSil.BienvenidaaMéxicoyfelizestancia—medespidió
diciendoestocon
esesuaveacento.
Elbotonesquellevabamiequipajemesaludóeducadamenteymeindicóel
caminohaciael
ascensor. Me acompaño hasta la planta donde estaba la suite Penthouse
(siempremesonóarevista
guarrona)yentróantesqueyo,paradejarluegolamaletaenelsalón.
Mediounpequeñopaseoporaquelapartamento,porqueesoeramásgrande
quemipropiacasa:
nevera, salón, habitación y, lo más impresionante de todo, un ventanal
esquinerodeparedapared,
cuyasvistasquitabanelaliento.
—Esperoqueestétodoasugusto.Sinecesitacualquiercosa,avísenos—se
despidióelbotones.
—Unsegundo—ledije,haciendoelamagodebuscarunbillete.
—No es necesario. Está todo cubierto. —El joven sonrió de oreja a oreja
enigmáticamente—.
EncimadelamensatieneunmensajedelseñorVodianov.
—Graciasportodo—medespedí.
Paseé de un lado a otro con los ojos como platos. No podía creerme que
estuvieraenunlugarasí,
enunpaísextranjeroysinsaberexactamentequéesperardeeseencuentro.
Anduvehacialamesadel
salón,frentealacristalera,parapoderleerlanotaqueestabasobreella.
Pensé que podría estar para recibirte. Me ha surgido un imprevisto, nos
vemosestanoche
paracenar.Llegaréalasocho.Enlahabitacióntehedejadounregalo.
Denuevounapalabraenrusoysufirma.
Puserumboaldormitorioy,sobrelacama,viunvestido.
—¿En serio? —exclamé en alto, realmente frustrada—. Pero ¿qué coño es
esto?
Era un Armani. Que sí, que estaba muy bien, pero todo aquello me olía a
señoritadecompañíade
las caras. Que él fuera rico y estrambótico no significaba que yo debiera
convertirmeenlamuñequita
defindesemanadealguien.«No,querido,tengomipropiapasta,miamor
propio...yeste
ciertamente fabuloso vestido se va a quedar colgadito de la percha.
Demasiadoslibrosrománticos,al
estilo pobre niña, debe de haber leído este tipo. Se cree el protagonista
acaudaladoqueconquistaa
lachicadebarrio,peroestámuyconfundido,porque,debarrio,soy,pero,de
gilipollas,nada.Jueza,
señor.Jueza…»
Micabreoibaaumentandoporsegundos,asíquesalídeldormitorioparadar
denuevounvistazo
por la estancia, por llamar de alguna manera a ese palacio. Las vistas,
simplementeespectaculares,
esperaba poder verlas de noche con el Ángel de la Independencia
iluminado…Continuémiperiplo
hasta abrir una puerta en la que no había reparado al principio, otra
habitación.¡Otrahabitación!Y
sí, ésta había sido usada, pues el vestidor estaba lleno: varios trajes
colgados,camisas,corbatas,
zapatosy,enunlado,ropadedeporte.
—¡Será cabrón! —dije girándome de golpe para salir de allí y dirigirme
directamenteacogermi
teléfonoparallamaraLourdes.
—¿Bueno?—respondió.
—Nohaynadadebueno—soltésindarmecuentadequeésaeslaformaque
tienenlos
mexicanosdecontestaralteléfono.
—¡Laura!¿Cómoestás?¿Ydónde?Platiquemosunpoco.
—Hablas raro, nena. Hazme el favor de transformarte, que estoy muy
enfadada.
—Perdona,hija,esqueaquítodoelmundohablaasíy,alfinal,vaspillando
expresiones.Pero
¿cuéntame?
—Nada,notecuentonada.Estetiposecreeeldelassombrasesas…
—¿Teharecibidoenunahabitacióndelplacer?—Oísusrisas.
—No,simpaticona—soltéentonoburlón—,peroresultaqueestoy,bueno,
estamos…
—¿Estáis?—cortómiexplicación.
—Sí,esperaquetecuento.EstamosalojadosenlasuitePenthousedelhotel,
queesmásgrande
quemicasa,y,alllegaramidormitorio,meheencontradounvestidoencima
delacamaymeha
pedidoquemelopongaestanoche.
—Oye,noveonadademaloeneso.
—¿Cómo que no? Se empieza con eso y se acaba con un par de billetes
encimadelacamayun
«sitehevisto,nomeacuerdo».
—¿De qué te quejas? ¿No es exactamente lo que tú quieres? Llegar, ver,
follarylargarse.
—Esquenoacabaaquí:resultaquehaydosdormitoriosyélestáenelotro.
Memintió,medijo
queestaríaenotrahabitación.
—No,notemintió.—Casipercibísusonrisacondescendiente—.Bueno,no
exactamente.Élestá
en otro dormitorio. Pero ¿qué tiene eso de malo? Si no quieres que pase
nada,echaselcerrojoy
punto.
—Siestuvieraenotrahabitación,nopodríaentrar…
—Y,repito,siechaselcerrojo,tampoco.
—...puestendríaqueirdeunapuertaaotraporelpasillo.
—Ahora tiene que cruzar el salón para llamar a tu puerta. —Lourdes tenía
respuestaparatodo—.
Venga,nena.Yaestásaquí,vasadisfrutarcomounapuñeteralocadeloque
vasahacerylosé,así
que,antesdequeesoocurra,dametudirección,quemeescapodeltrabajoy
voyabuscartealhotel.
SialgotieneLourdesessucapacidadparahacermeolvidarlosnervios,los
malosmomentoso
laspreocupaciones.Escomosisupieraexactamentequéesloquetieneque
decirydequémanera,
untorbellinodeenergíaquerecorrecadaunodemisporosylesdalavuelta.
Asíescómomehizo
sentirduranteelratoqueestuveconellayconFher,quecadavezqueloveo
megustamás.Tieneuna
mirada intensa, casi ruda; su cabello es entrecano y posee una fuerte
mandíbula,perfectaparael
delicado rostro de Lourdes, y es un tipo rendido a sus pies… Si yo sólo
pudieravolverapensaren…
—¡Despierta!—Casimellevounmanotazoenlacara.
—Sí,¡espabílate!—oídeciralmaridodemiamiga.
—Perdón,esquemehequedadopensandoenlasmusarañas.
—Yaseteve.—Lourdespusolosojosenblanco.
—Gracias,lohepasadomuybienconvosotros.—Medespedídeelloscon
unabrazo.
—Fue muy chido volver a verte, linda. —Fher me dio dos besos a la
españolayunabrazo—.Y
simañanatienestiempo,puesnomásllamasaLou.
—Loprometo.—Miréamiamiga,quesonreíaconmalicia.
—Mira,bombón,aúntequedaunahoraparatucita.Dateunbaño,relájate
conunacopadevino
ydisfrutadeloquelanochepuedaofrecerte.—Seabalanzósobremípara
abrazarmeconmucha
fuerza—. Cariño, estoy segura de que no pasará nada que tú no quieras.
Nadiesetomalasmolestias
quesehantomadocontigoparahacerunaidiotez.
—Esoespero,cielo.—Laapretéconmásfuerza.
—Esperounwasabienmimóvilparaquedarmemástranquila.Ymañanate
llamo.—Se
despidió con la mano mientras desaparecían por la puerta de entrada del
hotel.
Unahora.
Teníaunahora,consussesentaminutos,paraintentarnopensartantoenla
locuraquehabía
cometido al aceptar. Ya estaba todo hecho y... a lo hecho, pecho. Eso era
comounrealityyyohabía
venidoa«jugar»;elresultadoyaerapositivo,habíapasadounashorascon
Lourdesensucasa.
Al entrar en la habitación fui directa a mi dormitorio y, aunque el vestido
seguíaensusitio,la
cama,ahorahabíaunparderosasencimadeélyotranota:
Alverloenelescaparatesólopudepensarentiyencómoestaríasconél
puesto.
¿Estetipoleíamentes?«Estáclaro,esruso;másqueleermentes,loquehace
esponercámarasy
micrófonosportodaspartes.Aleksandrdebedeserunaespeciedeexagente
delaKGBoalgoasí.
Notienesentidoquemeenvíeestemensajey—meacerquéaverlaetiqueta
delvestido—mucho
menosquesepalatalladeropaqueuso.¡Estoesalucinante!»Yoyanosabía
simeestabaespiandoo
teníaojoclínicoparaesascosas,pueshaytíosquesellevanmuybienconel
armariodelasmujeres.
Yno,nomerefieroaesetipoderelación…
Estaba en el dormitorio mirándome al espejo. Sí, finalmente caí en la
tentaciónyacabé
poniéndomelo. Me dije a mí misma que sólo sería un momento, que
necesitabasabercómome
sentiríaaltenerpuestounvestidodealtacostura.
Dicen que, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Creo que no
tienenadaderealese
refrán.Mesentíacomounaprincesa,embutidaenesaprendadecolornudey
faldalarga;brillaba
como una estrella de Hollywood gracias a las lentejuelas que estaban
bordadasenella.Eracomoesa
niñaquesueñaconponersesuvestidodeboday,porprimeravez,lohace.
Me vi sonriendo frente a mi imagen mientras me calzaba unos zapatos de
tacón.
—Sólocincominutosmásymeloquito—medijeenvozalta,pensandoen
queyaseacercabala
horaenlaqueSashavendríaabuscarme.
—No te lo quites —oí decir desde el quicio de la puerta, haciendo que
saltaradelsusto;era
Sasha.
—Mehasasustado—respondíconlasmanosaúnsobreelpecho;intentaba
tranquilizarme.
—Nolopretendía.—Seacercabadespacio,comounfelinoasupresa.
—Pueslohashecho—repetímirándolo.Estabaguapo.Porsurostroseveía
queestabacansado;
llevabatrajechaqueta,perosehabíadeshechodelacorbataydesabrochado
unpardebotonesdela
camisa. Su dedo pulgar acarició mi pómulo, llegando hasta los labios; los
acaricióydespuésacercó
sucaraparadarmeunlivianobeso.
—Graciasporvenir—susurróantesdeacercarsumanolibreamicinturay
amarrarmecontraél
paraintensificarmáslaposesióndemibocaentresuslabios.Medejéllevar
porlasuavidaddesu
lengua; subí los brazos hasta casi colgarme de su cuello. Me daba todo
vueltasyesprobablequelas
culpablesfueranlascosquillasquesentíaenelpaladar.
—Estuve a punto de no hacerlo —me separé para mirarlo a los ojos—; no
tuvenoticiasdeti
desdequetemarchaste.
—Nosentíquetuvieraquedecirtenadamás.Teinvité,teníaselbillete.—
Volvióabesarme.
—Déjameonopodrécambiarmederopa.
—Noloharás.Vamosairacenarytúllevarásestevestido.—Suvozsonaba
exigente.
—Novoyaaceptarestevestido,Sasha,seríacomosimecompraras.
—Poresaregla,¿notehecompradoyaconesteviaje?—Sonriódemedio
lado.
—Creoquenoesexactamentelomismo—contesté,separándome.
—Explícamelo—Volvióaacercarmeasucuerpomientrasmemirabaalos
ojos.
—Aceptéesteviajeporquequeríaconocertealgomás,pasarunbuenratoy
divertirmeenesa
fiesta.
—¿Y en qué cambia eso y el vestido? Las dos cosas te las he dado yo. —
Acariciómirostrocon
sumano—.Aúnnohabíavistotusojostandecerca;sontanazulescomoel
hielo.Fríos.Megusta…
—Nosoyunamujerfría…—intentédefenderme.
—Elhieloquema.—Lamiómigargantahastalabarbillaconlapuntadela
lengua.
—Sasha—susurré—,¿noqueríassaliracenar?
—Podemoshacerloaquí.
—Salgamos,porfavor—casisupliqué;necesitabatomaraire.
—Dameunosminutosynotequiteselvestido.—Memiróconesaexpresión
indescifrableque
mehacíaarderpordentro—.Porfavor.
Acto seguido, se giró para dejarme de nuevo sola en la habitación, con la
respiraciónaceleraday
elmaquillajedemislabioscorrido…Mellevélamanoaellosmientrasmi
mentedabavueltasal
extraño influjo que ese hombre ejercía sobre mí. Algo debía de tener para
que,entresusbrazos,no
pensaramásqueensexo.
—¿Lista?—Oísuvoz;nosabíacuántotiempohabíaestadodivagando,pero
algirarmeme
parecióelhombremásatractivodeluniverso.Llevabaelpeloaúnmojado,
acentuandoalgunas
canas, un traje de color gris con chaleco, camisa blanca y una preciosa
corbata.Creoqueabrí
demasiadolaboca,puespudeversumiradacomplacida.
—Dame un segundo —me apresuré a decirle—, me arreglo el color de los
labios.
—Perfecto;Joelnosesperaabajo.
Notardémásdemediominutoenvolvermeaverenelespejo.Pelosueltoy
maquillajeacorde
conelvestidotanespectacularquellevabapuesto.
Sashameesperabasemisentadoenlamesadelsalón,conlasmanosmetidas
enlosbolsillosdel
pantalón; llevaba la chaqueta desabrochada. Nada más verme, se irguió y,
conpasofirme,seme
acercómientrasseabrochabaelprimerbotóndelachaqueta.Bajóloslabios
hastalaalturademi
cuelloparabesármelo.
—Hueles deliciosa, ¿sabrás igual? —Me cogió de la mano para que lo
acompañarafuera.De
nuevosuspalabrasyelacentomedejaronsinpalabras,amí.
Notardamosmuchoenllegaryagradecíelsilencioquemantuvimosdentro
delvehículo.Sasha
parecía cansado y quizá necesitaba un poco de relax. Yo no hacía más que
darlevueltasalopoco
quesabíadeél;nisiquieraconocíaaquésededicaba,quéhacíaenMéxicoy
cuántotiempo
pretendíaquedarse…
Elrestauranteeraacogedor,deaquellosqueestánrevestidosdeesetipode
clasequenoseve,
pero se siente. Y, aunque todo era deliciosamente perfecto, me sentía
demasiadobienvestidaparael
lugar.
—Creoquemehepasadoponiéndomeestevestido—ledijeporlobajo.Vi
quemeibaa
contestarcuandoelmaîtresalióarecibirnos.
—Señor Vodianov —sonrió al vernos—, es un placer volver a verlo.
Tenemosyasureservado
preparado.Favor,síganme.
—Gracias,Marcos.
Decididamentellevabaunvestidoquenopegabademasiadoconellocal.No
porelestilodel
restaurante,niporlagentequeestabaporallí,sinoporqueunvestidodealta
costuranoesparaira
cenarporquesí.Esoesasí…
Entramosenunreservadoenelqueunamesayalistanosesperaba.
Marcos me apartó la silla para que pudiera sentarme e inmediatamente
despuéssirviódoscopas
de champán. ¡Cristal! «Esta marca es prohibitiva», me dije. Pero también
recordénoticiastipo
«Empresariosrusossegastanquinientoseurosporbotelladechampánpara
echarseelvalioso
líquidoporencima».
—Leshedejadoenlamesaunaseleccióndebotanasparairabriendoboca.
Cuandodeseenque
les sirvamos los platos, sólo han de pulsar este botón. —Dicho esto, se
marchócerrandolapuerta,
dejándonossolos.
—Nocreoquevayasexcesivamentearreglada—soltóSashadandounsorbo
asucopa—.Tehas
vestidoparamí;porlotanto,lodemásmedaigual.
—Peroestevestidoesexcesivo.
—Yosoyexcesivo.
—Mehedadocuentadeesoydeotrascosasquemehacenpensarenti.
—Esoesbueno,¿no?—Sonriólascivamente.
—No,enestecasonoesbueno.Nosénadadetiytúpareceserquesabes
todoloreferenteamí.
Estasituaciónmeapabulla,seescapademicontrol,ynomegustanada.
—¿Quénecesitassabersobremí?—Dejólacopaencimadelamesaypuso
loscodossobreella
paraapoyarse.
—Enrealidad,primeronecesitosaberporquésabestantodemí.—Lomiré
directamentealos
ojos.
—Es fácil, no te olvides de que soy amigo de Amparo... y le he estado
pidiendoalgúnqueotro
favor.Tambiénmedijoquenoaceptaríaselvestidoalaprimeradecambio.
Séqueeresunamujer
independienteyquesólopasasunanocheconunhombre.Nohaysegundas
veces.
—Amparoesunabocazas.—Meechéparaatrásenlasilla.
—Sí,unabocazasquemecontólonecesarioparaquedecidierainvitartea
esteviaje.Asíno
podráspasarsólounanocheconmigo.
—Esunaencerrona,pues,además,tepedíhabitacionesseparadasyestamos
enlamisma.
—Noexactamente.Síesunahabitación,perotienedosdormitorios,asíque
tienestupropio
espacio,túpodrásdecidir.
—Pensé que sólo me invitabas a la fiesta para tener sexo —lo provoqué
directamente.
—Paratenersexocontigohubieraidoatucasaotehubieravueltoainvitara
lamía.No—se
echó un poco hacia delante—, no necesito montar todo esto para tener una
nochedesexo.
—¿Yporquélohashecho?—Bebídemicopa.
—Porquequieroconocerteyquenoescapes.—Selevantórodeandolamesa
parasujetarmi
cabezayecharlahaciaatrás.Nosmiramosalosojos.
—¿Quiéneres?—Pasabamimiradadesusojosasuslabios,deseandoque
mebesara.
—Soy Aleksandr Vodianov —bajó la cabeza para que nuestros labios se
unieranenunpasional
beso—.Soyelhombrequevaaconseguirquepasesmásdeunanochecon
él.
—Quierohacerelamorcontigo—soltéatropelladamente.
—Primero cenaremos con tranquilidad, hoy no he comido, y, cuando
lleguemosalhotel,tefollaré
hastaquenopodamosmovernos.—Lamiómislabiosyseretiróparavolver
asentarseensusilla.
Memirósonriendodeladoypulsóelbotónparaquevinieraelcamareroa
servirlacena.
8
La cena, después de ese comienzo tan necesitado, transcurrió de lo más
amena.Sashamecontócosas
sobre su familia, su infancia en San Petersburgo, lo mal que lo pasaron
cuandofalleciósupadreyla
suertequetuvoalconoceraunviejoempresarioquelotratócasicomoasu
propiohijo.Aquélle
enseñótodoloqueélsabíay,cuandoSashafuelosuficientementemayor,le
prestódineroparaque
montara su primer negocio con la condición de que se lo devolviera en
cuantosuempresadiera
beneficios.Cuandoconsiguióreunireldineroqueeseviejoamigoleprestó,
noaceptólacantidad,
alegando que él lo iba a necesitar más para invertir en sus siguientes
negocios.Yasílohizo;pocoa
poco y con la ayuda de aquel hombre, se había convertido en uno de los
empresariosdegasy
petróleomásimportantesdeRusia.
—Vámonos,Ninotchka.—Separómisilladelamesayahabiendoacabado
nuestracena.
—Ha sido fantástico, nunca había probado alta cocina mexicana y me voy
encantada.
—Sabía que te gustaría. —Me cogió de la mano para que me levantara; al
acercarmeaél,pasó
subrazopormicintura,animándomeacaminar.
—¿TambiénAmparo?—Asintió,estávezmuyserio—.¿Pasaalgo?
—No.Bueno,sí.Medebatoentrehacérteloenelcocheoaguantarmehasta
llegaralaPenthouse.
—Me paré justo en frente de la puerta abierta del vehículo. Lo miré
poniéndomeasualtura.Talvez
fueraelalcoholingeridodurantelacena,peroelcasoesquemesentíamuy
atrevida.
—Nosésiseréyolaquepuedaaguantar…—Paséporsuladoparaentraren
elcoche,dejando
caerdescuidadamentemimanoensuentrepierna.
Intentémantenerlacompostura,perodarmecuentadequeestabapreparado
desdeantesdeque
yo pudiera provocarlo me hizo sentir un calor que nació en mi sexo y se
apostóenmiestómago.
Meibaacostarmantenerlasmanosquietas.
SashaentróporlaotrapuertayavisóaJoelparaquenosllevaraalhotel.
Mequedémirándolomientrassujetabaelbolsodemanosobremisrodillas.
Estabanerviosa;
todo eso era tan normal que casi me asustaba. Parecíamos una pareja que
salíaacenarcomo
cualquierotrayregresabaasucasaalaesperadeunanochedepasión.Pero
lonuestroeradetodo
menos eso. No conocía a Sasha lo suficiente como para catalogarlo de
normal,ylopocoquesabía
de él me inducía a tacharlo de excesivo. Él mismo se definió como tal. Un
tipoquetienemucho
dineroyaquiennoleimportagastarloenloquelegusta.
Eso me hacía valorar si no era un poco precipitado «dejarme hacer». ¿No
seríaotropremiopara
él?
—¿En qué piensas, Ninotchka? —preguntó sin apartar su rostro de la
ventana.
—¿QuéhacesenMéxico?
—Veniraunafiestasexualcontigo.
—Sabesquenomerefieroaeso.—Segiróparamirarmefijamente.
—He estado en Miami, Texas y México, abriendo unas nuevas líneas de
negocio.Hacesólotres
díasquehellegadoaquíylohehechoapropósito,puesnoteníanecesidad
devenir,mismejores
sociosseencuentranenestepaís.Vineporti,paraestarjuntos.
—Noeranecesario—fueloúnicoqueconseguídecir.
—Sí.Esnecesariosiquieropasarmásdeunanochecontigo.
—Notehedichoquevayamosadormirjuntos.
—Notevaaquedarmásremedio;estarástanagotadaquenopodrásecharme
detucama.
—¿Yporquéseráenmicama?
—Porqueseráallídondelohagamosporúltimavezestanoche…
Percibícómoelcochesedetenía.
Nos despedimos de Joel y me dio la sensación de que Sasha estaba
intentandomantenerla
compostura. Lo noté por el rictus serio que hacía que su mandíbula se
contrajera.
Yorespirabademasiadorápido.Siseguíaasí,caeríaporfaltadeoxígeno...y
noeraelmomento,
laverdad.
Posó su mano en el hueco entre la espalda y el comienzo del glúteo para
indicarmequepasara
delantedeélenelascensor.Mirósullaveylainsertó;sólosepodíaacceder
aesaplantaconla
llave de la suite. Me dolía la tripa, no me miraba. Sus manos habían
retomadootrocaminoylastenía
dentro de los pantalones; esperaba que llegáramos a nuestra planta. Ahora
parecíarelajado,hasta
podríajurarqueteníaunasonrisaladeada.
Cuando el ascensor se detuvo en nuestra planta, de nuevo, me indicó que
pasaradelante,perosin
tocarme. Acabé por darme la vuelta y mirarlo a los ojos, lo enfrenté. Sí,
queríaestarconélloantes
posible,necesitabasabercómoeraenlacama.Talvezfueraegoístapormi
parte,peroqueríasexo.
El muy… sonrió y cogió de nuevo la tarjeta para entrar en la suite,
adelantándoseparaentraren
elsalóndelamisma.Juroqueestabamuriéndomedelosnervios.
—¿Novasapasar?—preguntódesdedentrosindarselavueltasiquiera.
Nocontesté.
Anduve lentamente, cerrando la puerta a mi paso, pero no me moví mucho
más.Loseguíaconla
mirada. Se desató la corbata, dejándola apoyada en una de las sillas, y se
acercóalaneverapara
sacarunpardehielos;lospusoenunvasoy,acontinuación,echóunpocode
vodkaenél.
—Avecesmegustaconunpocodehielo.
—Esonoesmuyruso,¿verdad?—saliódemibocatremendagilipollez.
—No,peropuedeservirmeparaloqueestoypensando.—Sellevólabebida
alabocaydioun
pequeño sorbo. Volvió a dejar el vaso en la mesa del salón y se quitó la
chaqueta.Yoaúnseguíaen
laentrada—.¿Porquénopasas?
—¿Debería?
—¿Unpocodeagüita?
—¿Qué?—preguntésinentendernada.
—Agüitasignificavodka.—Sonrióacercándoseytendiendounamanopara
quelacogiera.
—Creoquepodíahabervividosinsaberlo.
Agarrésumanoycaminamosjuntoshastaelcentrodelsalón.
Oíunsonidoeléctrico,ylascortinasquetapabanlascristalerascomenzaron
adescorrerse,
dejandoalavistalanochedeMéxico.
Podía ver el Ángel de la Independencia frente a nosotros totalmente
iluminado;era
hipnóticamentehermoso.
—Quierofollartecontraelcristal—mesusurróaloído—.Quitartetodala
ropayquetustetasse
aprietencontraelfríoventanalmientrastepenetropordetrás.
Me recorrió tal escalofrío por el cuerpo que sólo pude cerrar los ojos e
inhalarsuperfume.
Cuando volví a abrirlos, estaba delante de mí, sonriendo y dándole otro
sorboalabebida.
Aldejarelvasodenuevo,acercósubocaalamíaymebesó.Teníasabora
licor,eraelvodkalo
quepasabadeélamí.Lotragué.Losaboreé.Relamísulenguaconlamía.
Susmanosrecorrieronmiespaldadiestramente,encontrandoalaprimerala
cremalleradel
vestido.Labajóporcompletoy,conambasmanos,deslizólaprendaporlos
hombroshastadejarla
caeralsuelo.
Y allí estaba yo, casi desnuda con mi conjunto de ropa interior color rojo
frenteaél.Sí,rojo.Soy
unamujeralaquelegustavestirbienporfueraysobretodopordentro;me
sientomuchomássegura.
Cosas mías, aunque en ese momento lo cierto era que me sentía desnuda
delantedeaquelhombreque
llenabaconsupresenciatodalaestancia.
—Mmm...—Seseparóparavolverarodearme.Sinofueraporelcalentón
quellevaba,me
hubiesesentidocomocarneenelmercado—,rojo.
—Sí,rojo.—Giréelrostroparaseguirsuspasos.
—Elrojomevuelvesalvaje.—Undedoseposóenmicinturaparaacariciar
todosudiámetroy
acabarenelombligo—.¿Quieresquesiga?
—Sí.—Eneseinstantenoteníamuyclaroquémáspodíadecirle.
—Haré lo que me has pedido. —Dicho esto, su dedo se perdió dentro del
tanga,sinprisa—.La
últimavezquetelotoquénoestabatansuave.
—Me lo he depilado completo para ti. —Al finalizar la frase, su dedo
corazónacariciómi
clítoris,abriéndosepasohastalavagina,dondedegolpemelometióhastael
fondo.
—Shhhhh...—Logréahogarelgritodeimpresiónqueapuntoestuvodesalir
demiboca;sentí
cómoestavezsumanolibremesujetóporlacintura,acercándomeaél—...
sóloqueríasabersi
estabastanansiosaporestarconmigocomoparecías.
—Eresuncerdo—loprovoqué.
—Y te encanta —me tentó, volviendo a soltarme, esta vez para
desabrocharselacamisa.
Y allí estaba yo, en ropa interior con los zapatos puestos mirando a un
hombrequesequitabala
camisa como si fuera a irse a dormir, con una lentitud parsimoniosa. Pero
cuánequivocadaestaba.
Fuedejarlacamisaenlasillayacercarsedenuevo.
Sin darme ninguna explicación, me cogió en volandas y me llevó hasta la
mesa,dejándomesobre
ella.
—Abrelaspiernas—lodijoalaparquesequitabaelcinturón—,peronise
teocurraquitarte
loszapatos—meadvirtióalverqueeraloquepensabahacer.
—¿Quieresjugarconmigo?—Continuabaprovocandoquefueraunsalvaje.
—Quieroquetecallesymeescuches.Ahorasoyquienmanda,soyelquete
vaapedirodarlo
quenecesites.—Susojosmeindicabanquetodoeraunjuegopasionalalque
sóloyodebíadecirque
sí.
—Dimequéquieresdemí.—Asíentréenél.
—Abrelaspiernas,noquierovolverarepetírtelo.
Y eso fue lo que hice: levanté las piernas y las apoyé sobre la mesa. Mi
espaldaseposósobrela
fría madera; mis pies, con los tacones, descansaron sobre la superficie,
dejándomeexpuesta.
Sashamemirabaycontinuabasonriendo…
—No sabía que podías ser tan obediente. Me encantas —sentenció
acercándose,alaparque
cogíamispiernasy,deuntirón,colocabamiculoenelbordedelamesa—.
Asíestámuchomejor…
Susmanossepasearondesdemismusloshastalascaderasydesdeallípude
sentirsurespiración
a través de mi tanga. Sus labios estaban junto a mi sexo, su aliento lo
atravesaba…Cerrélosojos
cuandonotéqueloapartó;micuerposepusoalerta.Necesitabasentirdentro
demíaaquelhombre,
mipulsiónsexualseelevóhastacotasinexploradas.
Queríasexo.
Nodejóquemimentevolarámásdelonecesario;soplóencimademivagina
y,alverqueestaba
muyexcitada,sulenguacontinuóelcaminoquelapasiónnosobligaba.Demi
bocasólosalióun
gemidodespuésdesentircómounhielosepaseabapormisexo.
—Eres deliciosa —me regaló, pero en realidad me daba igual, como si
hubieradichocualquier
cosaenruso;sóloqueríaquesiguiera,quesulenguanopararaymellevara
alorgasmo.Enese
instanteentendíporquéqueríaelhielo…
Pero era un verdadero sátiro; jugó conmigo hasta llevarme al límite y me
abandonóparasubirpor
miombligoybesarme.
—Meencantatusabor,Ninotchka.¿Aquésabes?—mepreguntómetiendosu
lenguahastalomás
profundodemiboca...yesomeexcitó.
—Aloquetúquieras.
—Enestemomentoquieroqueseasmiputa.Quieropedirtecualquiercosay
quenomedesunno
porrespuesta.Porfavor.
—Ahora soy lo que quieras que sea —respondí, llevada por la pasión del
momento.
—Déjamesertudueño.
—Te dejo que me hagas la mujer más deseada del planeta. —Me sentía
poderosa.
Eso le gustó, pues se abalanzó sobre mi cuerpo en la mesa y me besó
desesperado;susmanos
jugaronconmispechos,trasdesabrocharmeelsujetadorytirarloaunlado.
Ahorasólonos
separabansuspantalonesymitanga.
Susdientesmemordíanligeramentelospezonesyundedojugueteabaconmi
clítoris,mientras
mis manos se agarraban a la mesa. Ese hombre me iba a hacer llegar al
orgasmo…
—Sasha,mevoyacorrersinoparas,yaúnnoquiero…
—Hazlo,mevuelvesloco.
—Aúnno,notodavía.—Aldecirleeso,mecogiódelacinturaymebajóde
lamesa.
—Tedijequetefollaríacontraelventanal.
Me hizo poner las piernas alrededor de su cintura y me llevó en volantas
hastaallí;miespaldase
recostó contra el cristal e hice un arco inesperado a causa del frío. Al
hacerlo,sentítodosusexo
contramítraslospantalones.Noibaaaguantarmuchomás.
Hizoquemebajaradesucintura,perocortésusintenciones.Loparéyme
arrodilléfrenteaél.
Bajé la cremallera de sus pantalones y aparté su ropa interior; quería
lamerlo,probarlo,disfrutarlo.
Así lo hice; agarré su sexo y me lo metí en la boca, pero poco me dejó
saborearlo,puesalmomento
melevantó,sequitólapocaropaqueteníapuesta,apoyómicuerpocontrael
ventanal,meabrióde
piernasysequedódesnudofrenteamí.
—Ninotchka,ahoratúestásensuperioridaddecondiciones.
—¿Poruntanga?
—Sí,poruntanga.
—Eso tiene remedio... —Finalicé, deslizándolo provocativamente por mi
cuerpoydejándoloen
unodemistobillos,sinnisiquieraquitármelo.
—Eresunaprovocadora.
—Túmehacesprovocarte.
Se abalanzó sobre mí, devorándome. Me lamió de arriba abajo,
poseyéndomedelasmanerasmás
sutilessinalzarlavoz,hastaquemeordenó—:Gírate.
—¿Por?
—Tedijequetepenetraríaconlastetasaplastadascontraelcristal.
—Dejadehablaryfóllameya…
No tuve que añadir mucho más. Su cuerpo me aplastó contra el ventanal al
darmelavuelta.Mis
pechossecomprimíancontralatransparentesuperficie;meabriólaspiernas
comosifueraunpolicía
ynotécómo,sinningúnmiramiento,susmanosbuscabanmisexo.
—Querida,estovaasercomoamímegusta.
—Estoserácomonosgustaalosdos…
Ysentícómoentróenmíconfuerza,sinpedirpermisoysujetandomicuerpo.
Mispiernas
estabantotalmenteabiertas;susmanos,unaapoyadaenelcristalylaotraen
micintura.Erasalvajey
micuerpolonecesitaba.
—Nopares,Sasha.¡Dios!Nolohagas—lesupliquécomounmendigo.
—Noloharé,no…
Sus embestidas me llevaron al orgasmo. Su cuerpo me hizo finalmente
desistirdebuscarrazones
que no encontraría y, cuando estaba a punto de desfallecer, mi mirada se
perdióenlanoche
iluminadadeMéxicoylasalasabiertasdelÁngeldelaIndependencia…
Me desperté sobresaltada al sentir una mano apretando mi cintura y
atrayéndomeauncuerpo.
«¿Cucharita?—pensédeinmediato—.¿Dónde?»
Giré la cara asustada, pero me sentí relajada al instante. Era Sasha. «Vaya
mierdadedespertares
quetengo;estonoesnimedionormal.Encuantollegueacasa,mevoyair
inmediatamenteaun
médico.Seguroqueestolotengoporalgúnextrañotraumainfantil,algoque
mispadreshicierona
modo de experimentación conmigo. Ains, cielos, que me los imagino cual
Mengelesdepalo.Pobres,
sifueronunosbenditosaguantándomeamíyamishermanas…»
—¿Qué? —pregunté susurrando, con miedo a que Sasha pudiera estar
despierto,perono.Seguía
completamentedormidoyhablando…¡enruso!
«No me entero de nada, pero es muy extraño. Es el primer tío con el que
estoyquehabla
dormido.Sí,meparecelamarderaro.Aunque,pensándolobien,sisupiera
ruso,ahoramismo
estaríainterrogándoloparasacarleinformación.»
Sonreíconmaliciamientrascogísumanoylaapartédemicintura.Teníaque
levantarmeeiral
baño, necesitaba hacerme cargo de mis necesidades matutinas. Vamos, que
mehacíapis.
Al levantarme de la cama recordé que finalmente habíamos acabado en su
cama,noenlamía,así
queaprovechépararecogermiscosas;enrealidad,sóloloszapatos,porque
lodemásestaba
desperdigadoportodalasuitePenthouse.Aprovechéparamarcharmeami
dormitorio.
Nisiquierasabíalahoraqueera,peromeimportabamásbienpoco.Alsalir
delcuartodebaño,
me metí en mi cama, sola esta vez, y, de esta manera, tapada sólo con una
ligerasábana,mequedé
mirandoeltechocomosifueraunaidiota,recordandolosacontecimientosde
lanocheanterior.
Podríaacabarenamoradadeél.
9
Nosécuandovolvíaperderelconocimiento;estabaagotada,peroalabrir
losojossentíquemi
cuerpo había descansado en la soledad de aquella cama tamaño plaza de
toros.
Meduchécontranquilidad.Losproductosdeesoshotelessontremendamente
caros,asíquemiré
unoporunolosbotesparaverexactamentequéeracadaunodeellos,para
noecharmeelsuavizante
comocremacorporaloalrevés.Noseríalaprimeravezquemeocurría.
No me apetecía vestirme todavía, así que agarré uno de los mullidos
albornocesysalídemi
cuarto con dirección a lo desconocido. Y lo digo así porque mi cabeza
esquivabapensarenSasha
másdelonecesario.
«¿Voyasuhabitación?¿Mequedoenelsalón?¿Vuelvoalamíayquevenga
él?»,meplanteaba
mirándomealespejodecuerpoentero.
—Mejor desayunamos en el salón, ¿no? —Oí su voz desde la puerta de
entrada.
—¿Cómo?—Girélacabezahaciaél,asustada—.Enserio,¿cómo?
—¿Noteentiendo?—Sonrióacercándoseamí.
—¿Que cómo lo haces para que no te oiga nunca entrar? —Sentí cómo sus
manosdesabrochaban
lalazadaquelehabíahechoalalbornoz.
—Elsigiloesfundamentalenlosnegocios,enlavida—yaconelcinturón
desabrochado,metió
ambasmanosdentroparaquitármelo—,enelsexo…
—Ayernofuistemuysigiloso.—Estabadesnudafrenteaél.
—Esquetúmevuelvesunlobo.—Metióunadelasmanosentremispiernas,
parapenetrarme
conundedo;yoyaestabalistaparaél.
—Sasha—soltécasicomounsuspiro.
—Shhhhh...—Tapóconsuslabioscualquieratisbodepalabraquequisiera
salirdemiboca.
—Y este tipo de fiestas, ¿son siempre iguales? —le pregunté, para luego
darleunmordiscoal
cruasánquemeofrecía.
—¿Iguales?—Sellevóloquequedabadelbolloalaboca.
—Claro; tú eres el experto en estas cosas, ¿no? —Me estiré en la cama.
Habíamosllamadoal
servicio de habitaciones para que nos subiera el desayuno y teníamos las
bandejasencimadellecho,
dondemediahoraantesacabábamosdevolveratenersexo.
—¿Cuántas veces crees que he estado en este tipo de fiestas? —preguntó
Sasha,sentándosecomo
losindiosamericanos.
—Pues,portuscomentariosyporlafiestaquemontasteentucasa,imagino
quemásdedoso
tres…
Sonrióalllevarselatazadecaféaloslabios.
—¿Tesorprenderíasitedigoquesóloheestadoendos?
—No me lo creo —me incorporé en la cama—; se te veía muy cómodo en
eseambiente.
—Créelo,mipequeñaNinotchka,sólodos.Unadeellasconmiex,otrafue
laquecelebréenmi
casaporpuromorbo,yestabasconmigo...yquedaésta,alaqueiremoscomo
pareja.
—¿Ycómoesquetienesesosgustosporelsexolibre?—preguntécogiendo
delabandejaun
pocodezumodenaranjaparaluegovolveraacercarmeaél.
—Siempre he sido un hombre al que le ha gustado arriesgar, y en el sexo,
más.—Meguiñóun
ojoseductoramente—.Aunque,denoserporunamujer,quemeinicióenlas
relacionesconmásde
unapersona,esprobablequetúyyoahoramismoestuviéramosenmicasa.O
talvezsólo
hubiéramoscoincididoenlafiestaynuncamásnoshubiéramosvueltoaver.
—Yo nunca, antes de conocerte, pensé en tener sexo con alguien sin
conocerlodenada.Siempre
había sido de las que necesitaba sentir más que una atracción física para
acostarmeconunhombre.
—Has dicho «había sido». —Sasha apartó la bandeja del desayuno para
acomodarseenla
cabeceradelacama—.Ahorahascambiadoeso,¿no?
—Digamosquelascircunstanciasdelavidahanhechoquepienseque,siun
tíomegusta,melo
tiro.
—¿Aunquenisiquieraleveaslacara?—Rioconganas.
—Nuncaanteshabíahechoaquello,ynosésivolveréahacerlo.—Mesenté
encimadeél.
—Yatedigoyoqueestanochenosésivolverásahacerlo,pero,quetendrás
ganas,seguro.
—Tengounapregunta—leacariciabaelpechomientrasveíacómosuscejas
sealzaban,
dándomepermisoparahacerla—.¿Cuáleselmotivoporelcualtegustaver
atuparejaconotro
hombre?
—Enrealidadnoeselhechodequeesté,oestés,conotrohombre.Loque
megustaesvercómo
disfruta mi pareja. En la fiesta me encantó poder ver tu cara al estar con
aqueltipo.Podíasentirtu
rubor,cómotucuerposecontoneabaintentandolucharcontraesasensación
queterecorríadearriba
abajo.Sabíaqueteníasganasdeexperimentar,perotambiénqueencualquier
momentopodríassalir
corriendo. Me excitaba —levantó una mano para acariciar mi pelo—, me
excitas.
—Nisiquieraséporquéaceptéquemetocara.
Mesujetódelcuello.
—Porqueeresunamujeratrevida.
Meacerquéabesarlo.
—Porqueestoycompletamentechiflada.
Nosfundimosenunprofundobeso.
Aleksandrtuvoquesalir;inesperadamente,unallamadacortónuestraextraña
peroapacible
mañana. Ni siquiera yo podía entender la rara familiaridad que los dos
estábamostejiendo.
Silomeditabaconmásdetenimiento,eraposibleque,poresarazón,nome
gustarapasarmásde
unanocheconunhombre,peroconélnomehabíaquedadomásremedio,por
claraylocadecisión
propiadeestarconélunosdías.Esohabíasupuesto,yeraconscientedeello,
unretoparamí,pero
debía dejar de hacer el idiota de una vez por todas, o eso era lo que me
decían,ydarleuna
oportunidadalavida.
Nohabíasalidodelasuiteentodalamañana,nisiquieraparapicaralgoal
mediodía...cuando
llamaron a la puerta. Sasha me enviaba a un empleado del hotel con una
bandejadesushiyun
mensaje:
Siento no poder almorzar contigo, la reunión se alargará más de lo que
quisiera.Disfruta
de la comida y, cuando termines, he pedido que te den un masaje en la
habitación.
«Podría acostumbrarme a ese tipo de vida. Sí, está claro que podría, pero,
aunqueestámuybien
estodesentirsecomolamismísimazarina,creoquesigosiendodelasque
prefiereunbocadillode
tortillaacomertodoslosdíascaviar.Peronovoyaserhipócrita,adoroque
memimendeesta
forma.»
Miré el reloj; casi eran las cuatro de la tarde y me aburría. Quizá debería
habersalidoadarun
paseoporelcentro,pero,novoyamentir,medolíatodoelcuerpo,lanoche
habíasidodemasiado
largaeintensaparamiedad.Y,claro,siesanocheibaaserlamitadde…
Alguientocóenlapuertadeentrada.
—¿Si?
—Serviciodemasajes.
Abríparaencontrarmeconunareciamujerdesonrisasimpáticaquetraíauna
camillaportátily
unpardemaletines.
—¿Permiso?
Le indiqué dónde colocar sus enseres y me dio las instrucciones para así
poderdarmeelmasaje
queyodeseara.
Ya tumbada sobre la camilla, cubierta de cuerpo entero por una toalla,
aquellamujercomenzóa
tratartodosycadaunodemiscansadosmúsculos…
—¿Estásyamásrelajada?
—Laverdadesquesí—dije—.Nocreíaqueestuvieratancansada.
—Lociertoesquenecesitabasdescargarunpocolatensiónnocturna.—Rio
porlobajo.
—¿Saldremosacenar?—pregunté.
—Sólositúquieres.Puedopedirquenossubanalgo,siloprefieres,yasí
cenamos…
—No,meapetecemuchosaliradarunpaseo.—Sonreíaldarmelavueltaen
lacama,quehabía
sido usada a modo de camilla improvisada—. Llevamos encerrados desde
ayerporlamadrugaday
yasoncasilasochodelanoche.
—¿Te he dicho que me encantan tus ojos azules? —Negué con la cabeza,
sintiendosusrodillasa
cadaladodemicintura—.Puestienesunosojosquemerecuerdanalazuldel
marCaribe,
transparentes,comotú…
—¿Crees que soy transparente? —planteé levantando los brazos para
acariciarsuscuádriceps.
—Sí.Tantoquenoquieroperderniunsegundocontigo,quierograbarloen
mimenteconfuego.
—¿Porqué?
Setumbóamilado.
—Porqueséquesólotendremosestaoportunidadylonuestroseráesto.
—¿Quédices,Laurent?—preguntésorprendida.
—Nada, no digo nada, Laura. —Sonrió de medio lado, besándome a
continuaciónlasien—.
Levántateyvámonos;sédeunsitiodondesevenlasmejorespuestasdesol
mientrasdisfrutamosde
unabuenacena.
—Tengohambre.—Lesonreílascivamente.
—Tendrásquehacerdietacuandotevayas…
—Dietadeti.
—Nomegustacómosuenaeso.—Selanzósobremislabiosyselosacepté
sinponerningún
reparo.
—Yaestá,señora.
Aquellamujerfinalizósumasajedecasidoshoras.
—Gracias—ledijemientrasellameayudabaalevantarmeytaparmeconla
toalla.Alrecogery
marcharse, quise darle una propina; educadamente la rechazó, ya le habían
dadounabuenapropina
antesdeltratamiento.
Me fui a la ducha pensando en Laurent, otra vez. No sabía por qué, pero
últimamentenoparaba
deaparecerunayotravezpormicabezaaquelfindesemanaquepasamos
juntos.Nisiquierame
explicabacómoeraposiblequeaquelfrancéssupiesemásdemímismaque
yo.Seguíasinentender
porquéeraconscientedequenuncamásestaríaconél;nolediseñalesde
ello,nitansólolehablé
denadaquenofuera…
Sasha comentó que mis ojos eran como el hielo; Laurent, que eran
transparentescomoelazuldel
marCaribe.Élsabíaleerenmialma;Sasha,enminecesidad.
—Sientohaberllegadotantarde.Sehaalargadomásdeloquepretendía.
—No te preocupes —lo dije ya preparada, sólo me faltaba vestirme, y
sentadaenelsofádel
salónquecomunicabalashabitaciones.
—Damediezminutos,sólodiez.—Seacercóparadarmeunligerobesoen
loslabios—.Me
ducharéyenmediahoravendráuncocheparallevarnosalafiesta,esome
handicho.
—Perfecto,asímepongoelvestidoyestaremoslistos.
—Para mí siempre estás lista, eres perfecta. —Le sonreí con la cabeza
ladeada.
Efectivamente, diez minutos más tarde, Sasha salió de su dormitorio
impecablementevestido,con
esmoquinoscuro.Estabaguapoarabiar.Yomehabíapuestounvestidoque
dejabaunhombroal
aire, blanco, mi color preferido, y por debajo de las rodillas. Los zapatos
erandelmismocolor.
—Estáspreciosa—medijo.
—¿Vescómononecesitoquenadiemevista?—respondíalgoairada.
—Nunca lo he dudado, pero eso no quiere decir que no me guste jugar
contigo…—Alargóuna
manoparaqueloacompañara.
Enelvehículoquevinoarecogernos,unodealtagama,yaestabannuestras
máscaras.Lamíame
cubría casi todo el rostro, menos los labios. La de Sasha era sólo hasta la
nariz,dejandosu
mandíbulaybocaalaire.
El conductor nos dio las recomendaciones de la noche y algún que otro
consejo.
La casa a la que fuimos era espectacular. Dimos un gran paseo hasta la
mansión,yvimoscoches
que entraban y salían. No creo que hubiese más de sesenta personas, pero
todoestabaperfectamente
organizado.Alaentradanosrecibieronhombresymujeresataviadoscomo
enlaépocaclásica
griega. Todos llevaban túnicas cortas y ellas, un pecho al aire; cubrían sus
carasconmáscaras
completas.
Nos acompañaron al interior de la edificación y allí vimos camareros que
transportabanbandejas
concopasdechampándeunladoparaelotro.Aleksandrseacercóaunade
ellasymetendióuna
copa,yoestabamuynerviosa.Éllonotó.
—Laura,tranquila;novaapasarnadaquetúnoquieras.
—Losé,peroesonoevitaquemepongafrenéticaalveratodaestagente.
—Ver,loquesedicever...noesdeltodocierto.—Arrastrólaerrefinala
propósito,sabíaque
meexcitaba.
—Dejadehacereso—loreñí,aludiendoasuvoluntariodeje.
—¿Elqué?—Sonrióinocente.
—Tediríaquemetierastumanobajomivestidoparaverelefectoqueme
produce,peroaúnno
eselmomento.
—Nometientes.
Todos hablábamos con todos. La gente procedía de muchos lugares del
mundo:italianos,
alemanes,holandeses,franceses…
Lacenafuemuyformal;aperitivos,primeros,segundos.Todosenospresentó
conmovimientos
perfectamenteacompasados,concamarerosquenosservíanvestidosdelas
manerasmásexcitantes.
Lasconversacionesentrelosinvitadosibansubiendodetono,lasmanosse
movíandeunsitioaotro
ylosbesosrobadosserepartíanaquíyallá.Yotodavíamecortaba,apesar
dequenotabaquelos
efectosdelalcoholdurantelacenaibanhaciendoestragos.
Miréporencimadelamesa,frenteamí,yvolvíaverporunsegundouna
mandíbulaqueme
parecióconocida.Agudicélamiradaunpocomásycasipudepercibirque
sonreía;eraél,el
encargado de montar esas fiestas, el dueño. Creo que él también me
reconoció,yaquecabeceó
ligeramenteamododesaludo.
—Tehavisto—mesusurróSashaaloído.
—¿Quién?—Noquisedarleimportancia.
—Él—Señalóendirecciónadondeestabaantesaquelhombre.
—Ah,nosé.Imaginoquesí—lequitéhierroalasunto.
—Sería un honor para mí que jugaras con él. —Metió su mano bajo mi
vestido,apartandoala
vezeltangaeintroduciéndomeundedoenlavaginaparaqueyoahogaraun
silenciosogritoal
sentirlodentro.
—¿Esloquequieresquehaga?—lepregunté,alaparqueélmovíasuíndice
enmiinterior.
—Quieroquemehagasdisfrutarcontucuerpo.
—Para—susurré—voya…—Nomedejóterminar;moviólamanoconmás
premurayun
quejidolastimerosaliódemibocaalcorrermeconsumanodentroyalguno
delosinvitados
observándome.
—Teadoro,pequeña.—Sacóeldedodemíyselollevoalaboca,mientras
recibíaalgunas
miradaslascivasdenuestroscompañerosdemesa.
Laverdadesquealgunodeellosnollegaronalpostre,puestoquesusjuegos
setornaronmás
excitantes mucho antes de que finalizara la comida; tal vez fuimos quienes
abrimoslaveda,peroyo
memoríadelavergüenza.
—¿Esta vez no hay ceremonia? —quise saber cuando ya todos los que
sobrevivimosalacena
nosfuimosalasaladebaile,antesaladelosjuegos.
—No; esta vez todos los invitados son conocidos. Esta fiesta es especial,
sóloparasocios
distinguidos.
—¿Yyoolagentecomoyo?
—No hay gente como nadie; se supone que todos hemos estado de una
manerauotraenuna
iniciaciónyestafiesta,organizadaporunempresariomexicano,essólopara
laspersonasmás
cercanasaél.
—Osea,quetodosseconocen.
—Esoes,Ninotchka,perocallayaydametusbragas—exigió.
—¿Cómo?—preguntéabriendolosojosdeparenpar.
—Loquehasoído.Quieroquemeregalestutangaahoramismo.Noquiero
queningúnhombreo
mujerquetetoqueencuentreimpedimentos.
—¿Mujeres?—mequejé.
—Shhhhhh—metiósusmanosbajomivestido—;sinotelasquieresquitar
tú,yoséhacerlo,
deliciamía.
—Sasha... —Me sujeté a sus hombros mientras levantaba el vestido y
enseñabaatodoslos
presentes cómo me quitaba la ropa interior. Muerta de vergüenza me creía
cuandomiréalrededory
comprobéquenadiemehacíacaso.
—¿Querida? —se dirigió a mí girándome el rostro de un lado al otro—.
Nadienosobserva,ellos
estánalosuyo.
Eracierto.Yopensabaqueeraelcentrodeatención,perocadaunoestaba
montándosesu
particularfestejo.Algunosbailabanenlapista,otrossehabíanlanzadoalos
sillonesparacomerse
unosaotros.Enotrapartedelagransala,puesnohabíahabitaciones,una
cruzdesanAndrés
presidíaeljuegoentretresmujeresyvariosmirones.Enotrazona,comosi
deunaparatodetortura
medieval se tratara, una tabla mantenía a otra mujer tumbada en una mesa,
conlasmanosylospies
atadosalosextremos,abiertos,mientrasdoshombresleprofesabantodotipo
deatenciones.
—¿Quéteapetece?—mesusurróSashaaloído.
—Nolosé;todomeexcita,todomellamalaatención.Todomedamiedo.
—¿Me dejas hacerte? —preguntó por educación, no porque no fuera a
hacerlo.
—Sí.Sabesqueestanochesoytuya.
—Ven.—Mecogióunamanoparallevarmeaunagrancamasituadaenuna
esquinadelasala—.
¿Tegustaríaempezarconesto?—Señalóunbalancínalladodellecho.
—Nuncaloheprobado.
—Aquí—sujetómicinturaapretandosucuerpocontraelmío—,puedodejar
tuspiernasbien
abiertasyofrecertucuerpoacualquierhombrequeyodesee.
—¡No!—respondíasustada.
—¿Confías en mí? —Asentí—. Pues déjame jugar. —Finalizó la frase a la
vezquesegirabapara
colocarsedelantedemí.Consuavidad,fuealzandolapartebajadelvestido
hastaquitármeloporla
cabeza. Entendí por qué me pidió la ropa interior; no llevaba más que el
tangayyateníaensumente
loquequeríahacerme.Queríaexponerme,paraquetodosmevierandesnuda
yconloszapatosde
tacónpuestos.
—Sasha—murmurébajito.
—Laura,estáspreciosa.Miraatualrededor,todostecontemplan.
Eracierto.Tantohombrescomomujereslanzabanmiradasenmidirección;
estabaexpuesta,ellos
medeseabanypodíasentirloensuslabios,encómolosfruncíanmientrasme
devorabanconlos
ojos.
Y,apesardequecualquierasehubierasentidocohibido,mealcé,mehice
grande,mesentí
importante.
—Deesosetrata,Ninotchka,detiydenadiemás.Erespoderosa,eresuna
diosaqueseofreceal
sexo,noelsexoati.Túdecidesquiéntetocaycómolohace;yosólosoyun
meroconector—
expusoSasha,alaparquesearrodillabaamispiesparaenterrarsuslabios
enmisexo.Suspiré
elevandolamiradaaltecho.Alvolverabajarlaparaacariciarelcabellode
mihombre,lodescubrí,
otravez.Ahíestabaaqueltipo,mirándomeentrelassombras.Casinopodía
verlo,perosentíacómo
meatravesabansusojos.
—Delicioso—sentencióSasha—,quieroexhibirte.Quieroquetodostevean
expuestaenel
columpio.
Medejéhacer,tantoque,mientrasSashamesubíaalasientocolgante,sentí
cómolasmanosde
otra persona lo ayudaban. Miré y comprobé que era él, el de la fiesta de
Madrid.Elpropietario.
—Laura...¿sí?—Aleksandrmepidiópermisoparaqueaquelreciénllegado
metocara.
—Sí,nomeimporta.—¿Quémeibaaimportar,silaúltimavezmepusoa
cien?
—Vamos a cuidarte, vamos a mimarte. —Acariciaba mi vagina, totalmente
expuestaenaquel
artilugio en el que mis piernas estaban totalmente abiertas a quien quisiera
mirar—.Y,cuando
quieras,tefollaremos.
Nopodíahablar,estabatotalmenteexcitadaalsentirlasmanosdeSashayde
aquelhombre
acariciándomelospechos,laspiernas,elclítoris.Mirusoseafanabaenmi
botón,mientrasaquel
tipo alto enmascarado, de ojos deliciosamente azules, me lamía el cuello,
mordíamispechosyme
pellizcabasuavementelospezones.
—Sasha—susurrabasunombre.
—Dime,pidecualquiercosa.
—Quierocomértela.—Necesitabatenerlaenmiboca.
Notardóenponerseatiro,parabajarselacremalleraydejarquesulargo
miembroinundarami
boca. Estaba salado, sabía a excitación; necesitaba que aquel bamboleo
sirvieraparaalgomásque
corre…¡Dios!¿Quéeraeso?Unalenguasehabíametidohastaelfondode
mivaginamientras
saboreabaelpenedeSasha.Aquelhombresehabíaarrodilladofrenteamí
enelsueloyme
balanceabadulcementeparaquepudieracomerlebienelpeneaSashaala
parquemelamíapor
completo.
—Meestántocandopordetrás—meadvirtióAleksandr.
—Ve...
Gemíalsentirlasmanosdeaquelhombreenmisglúteosysubocacadavez
másdentro.Medaba
igualloqueSashahicieraenesemomento,aqueltipohacíacosasquesólo…
Desechéaquel
pensamientodeinmediato…
—Jepeux?—mepreguntóaquelfrancés,llevándoselamanoasumiembro
yenvolviéndoloen
unpreservativo.
Asentíinconscientemente,sóloqueríafollar.Estabamuycalienteyanhelaba
quealguienme
hicierasentirloquenecesitaba,quemellenaran.
No tardé mucho en sentirla, ni unos segundos, cuando, sin piedad, se
introdujoenmí,degolpe,
sin avisar. Pero, al contrario de lo esperado, no comenzó a moverse, se
quedóquieto,respirando.
Aúnllevabatodalaropapuesta,ylabraguetabajadaparaempalarme.
Y allí estaba yo, en aquel artilugio, desnuda, expuesta y con sus manos
sujetándomepordetrásde
lasrodillasparallevarmehaciaatrásyhaciadelante.Peronolohacía.Casi
creíasentirsuslatidos
enmivagina.
Seechóhaciadelanteantesdecomenzarysuslabiosrecorrieronmispechos,
miombligo.
Mordió mis caderas en un arco casi imposible para alzarse y, con toda su
envergadura,adueñarsede
mis labios en el preciso momento en el que sus caderas empezaron a
bombearcontramicuerpo.
—¡Dios!—grité.Sí,estavezgritédepuraexcitaciónenloslabiosdeaquel
desconocido.Todo
se estaba precipitando, mi cuerpo se desvanecía con cada embestida que
recibíadeaquelhombre.
GirélacabezaypudeverlasonrisadeSasha,quememirabamientrasuna
bellamorenalelamía
elmiembrodearribaabajoymeguiñabaunojo.Yocadavezmedesbocaba
más,notandohastalo
másprofundoelsexodeaqueltipo;metocaba,mellegaba,meacariciabael
clítorisexpertamente,
comosisupieraquepodríahacermecorrerenuninstante.
Y eso fue lo que sucedió: dos empellones más, el dedo gordo puesto en el
clítorisymigrito
comenzó a inundar los otros ahogados de los invitados. No tardé mucho en
notarcómoélcomenzóa
tensarseparallegaralorgasmodentrodemicuerpo,derramandosusfuerzas
enmiinterior…
—Machérie—dijoelenmascarado.
10
Micuerposetensó.
Mequedéparalizada.
Esonopodíaestarpasándomeamí.
Esavoznoerareal.
Menegabaapensarque…
—Quierosoltarme—mepusenerviosa—,quierobajarmedeaquí.
Noté aún el cuerpo tieso de él en mi interior. Lo eché de una patada en el
estómago,noquería
creerque...nopodíaser.
Alguien oyó mis súplicas para bajarme de aquel aparato; Sasha parecía
distraídofollándosea
aquellamujerqueleprofesótantadevociónasupene.
—Laura—medijoelfrancésenmascaradoqueacababadefollarme.
—Cállate,nodigasnadamás.¡Hijodeputa!—fueloprimeroquesalióde
mislabios,yabajada
deaquelbalancíneintentandoencontrarmiropa.
Ultrajada,engañadayasustadaporloqueacababadedescubrir,laslágrimas
comenzaronasalir
de mis ojos sin tapujos. Era él; Laurent había estado jugando conmigo,
escondiéndomesuidentidada
propósito,perosiendomuyconscientedelamía.Sehabíaaprovechadodela
situación,ocultándose
trasesamáscaraysunuevabarba.
Machérie.Lohabíadichocomolasvecesquehicimoselamorenaquella
habitacióndehotel.
Me lo soltó con su voz, sin disfrazarla; no había podido seguir con ese
engañocuandosecorrió,
cuandosesintióseguro.
Me sentía como una gilipollas de manual y no quería que me mirara. Sus
manosintentaban
acariciarmeyél,explicarse,yyosólolepegabamanotazosatolondradossin
tonnison,conlaidea
deescapardeallí.
Llorabacomounaidiotamientrasmevestíalomásrápidoposible.Sentíalas
manosdeLaurent
aúnpormicuerpo,suscaricias,sulengua…
—Laura —oí la voz de Sasha—, ¿qué ha pasado? —Vino inmediatamente,
cortandosupolvo,al
verquemehabíabajadodelcolumpioconpremura.
—Déjame—leespetéintentandoescondermislágrimas.
—¿Quéhaocurrido?—Suspalabrassonaronpeligrosas.
—Nada.—Acercósusmanosamicuerpo—.¡Nometoques!
—¡Laura!—Seechóparaatrás,asustado.
—Déjalo,Sasha,nohapasadonadaqueyonoquisiera.
—¿Yporquélloras?
Finalmentedejéqueacariciaramimejilla.
—Mequieroir—anunciéalterminardevestirme.
—Nosvamos.
—No,Sasha.Mevoysola,noquieroestarconnadie…
—Meniegoadejartesola.
Noloescuché,puesestabacogiendoelteléfonomóvilparallamaraLourdes.
Necesitabaestar
con ella; tenía que desaparecer de todo ese mundo, de todo lo que me
recordabaaLaurent.
—Laura —oí la voz de Lourdes, que estaba medio dormida—, ¿sabes qué
horaes?
—Venapormí,Lourdes—leroguémientrasvolvíaaderrumbarme.
—¿Dóndeestás?¿Quétehaocurrido?
—Sólo ven a buscarme, Lourdes; no quiero volver al hotel. —Continuaba
llorando.
—¿Notehabrápasadonada?¡Notemuevasyllamoalapolicía!
—¡No!Nollamesanadie,nomehapasadonadadeloqueimaginas.Pero
venapormí.
—Dimedóndeestásyvoycorriendo.
Lediladireccióndelamansión,enCoyoacán;notardómásdemediahora
enllegarallugarde
loshechos.SibienSashanoseseparódemilado,nodejéqueseacercará.
Entendióalaperfección
que no debía hablarme. De alguna forma sabía que necesitaba mi tiempo a
solas;eracomosihubiera
podidoleerenmisojosquealgomehabíasucedidoenaquelmomentoenel
quenosseparamos.
Sabíaqueseculpaba,perosufríamiradanomedejabavermásallá.
—¡Laura!—LavozdeLourdesmesacódemipropiopensamiento.
Melancéasusbrazossinpensarlo.
—¿Quéhasucedido,cariño?¿Tehanhechodaño?
—Sóloenelcorazón,Lourdes,peromeduelemucho.
Millantoseconvirtióeninconsolable.
LourdesmiródirectamenteaSasha.
—¿Quélehashechoahídentro?
—Nolehehechonada;noséquéhapasado.
—¿Cómoquénolosabes?¡Esturesponsabilidad!¡Túlahasmetidoenesta
mierda!
—Ellavinopordecisiónpropia—respondiófríocomoelhielo.
—Eratuinvitada,tu…—Memetióenelcoche—.Déjalo.
DurantetodoesetiempoenelqueLourdeslerecriminósucomportamiento,
Sashanoseparósus
ojosdelosmíos,nodejabademirarme.
Yadentrodelcoche,bajélamirada;noqueríaseguircontodaesamierda.
—¡Laura!—VolvíaoírminombredelabiosdeLaurent.
—¿Y éste? ¡¿Qué coño hace él aquí?! —Lourdes rodeó el vehículo para
encararlo.Yacomenzaba
aolersealgo—.¡Paraelcarro,rubito!
—Quierohablarconella—gritódesesperado.
—Lauranoquierehablarcontigo,¿noloves?—Pusosumanoenelpechode
Laurentpara
detenerlo.
—Esque…
—Esquenada.—Abriólapuertadelvehículoysemetióenél.
Siempre había agradecido el silencio de Lourdes en las situaciones más
insospechadas.Ella,la
quenocallabanidebajodelagua,laquesiempreponíaelpuntofinalatodas
lasconversaciones…
ella, que le cruzó la cara a Gonzalo, el exnovio de Lucía... ella sabía
mantenerelsilenciocuandoera
preciso,comoenesemomento.Sobretodocuandoviporelespejoretrovisor
cómoSashase
abalanzó sobre Laurent y le lanzó un derechazo que ni en los mejores
momentosdeMannyPacquiao.
Mellevélasmanosalaboca,intentandosofocarungrito.
—Laura, ése ya no es tu problema. Hoy no lo es —sentenció Lourdes,
acelerandoeltodoterreno
queconducía.
Fher,elmaridodeLourdes,nosesperabaansiosoenelsalóndesudúplex.
Cuandonosvioentrar
porlapuerta,seabalanzósobrenosotrassinmiramientos.
—Pinchecabrón,elsustoquemellevé.Laurita,¿estásbien?
—Tranquilo, amor —Lourdes salió en mi defensa—, no le ha pasado nada
malofísicamente,pero
estámal.
—Pero¿quépendejadapasó?
—Cielo, vete a dormir. Te lo contaré todo cuando me vaya a la cama —oí
quelesusurraba,
tranquilizándolo.
—MáslevalealpendejoquelehizoestoaLauranoestaraquímañana.—Se
aproximóamí,
regalándomeunabrazodeesosquenosepidenperoqueseagradecenenel
alma.
—Gracias,Fher—logréarticular.
—Porti,todo,linda—merespondió,ylelanzóunbesoaLourdes.
Mecambiéderopa;mepuseunasprendasquemiamigayateníapreparadas
enelsalón.Pude
notarcómosusojosescudriñabanmicuerpopalmoapalmoconlamirada.
—Tranquila—hablé—,nadiehaabusadofísicamentedemí.
—Losiento,teníaque…
—Loentiendo—ledijeyavestidaconlacamisetaylospantalonesqueme
habíaprestado.
—Notienesporquécontarmenadaahora,perocreoquetevendríabien.
—Lourdes,memuerodevergüenza.
—Querida—seapresuróaabrazarme—,empiezoapensarquetengoeldon
delasalvación.
—¿Porquélodices?—Meseparéunpocodeella.
—Déjalo—mesonrió—;cuandoveasaLucía,selopreguntas.
—Esquetodohasidomuyraro.
—Esasfiestassonraras.
—¿Túhasidoalgunavezauna?—Mesentéagarrandolapequeñabotellade
aguaquehabía
encimadelamesadelsalón.
—No exactamente a éstas, pero sé que las cosas pueden descontrolarse un
poco...y,deunno,
pasaraunsísinganas.
—Nohasidoeso,peropodríadecirsequesehadescontrolado.
—Repito, cielo, no tienes que contármelo si no quieres. —Me cogió de la
mano.
—Lo sé, pero siento que he de desahogarme. —Respiré profundamente—.
Llegamosalafiesta
paracenar.Todofuedelomásmorboso.Cenaconmáscaras,conversaciones
condesconocidosque
subíandetono…Sashayyojugueteandobajolamesa.Perosemefuedelas
manoscuandotodo
comenzóacalentarse.Enrealidad,nadasemehubieraidodelasmanossi,
cuandoSashamedejó
estarconotrohombre,eseotronohubierasidoLaurent.
—Algomeheimaginadoalverloallí.Pero¿cómoocurrió?
—Nolosé,Lou.Sólopuedodecirtequenoeslaprimeravezqueestoycon
él,sinsaberlo.Enmi
primerafiestadeesteestilo,enMadrid,encasadeSasha…
—¿Encasadelruso?Pero¿quétipodecasatiene?
—Grande,Lou.Muygrande.
—Joder,querida…Perocontinúa.
—Pueseso,queyaenMadridtuveunescarceoconLaurentdelantedeSasha,
peronosupeque
era él. Sin embargo, aquí, en el encuentro de esta noche, no ha podido
disimularmás.Niconlas
máscaras,niconcasitodalaropapuesta...Cuandohemosacabado,hablósin
disimulo.Fueélsin
cortapisas; me llamó como cuando estuvimos juntos. Su voz me estremeció
cuandoaúnestabadentro
demicuerpo,Lourdes.
—Cariño.—Meabrazó—.¿Cómohapodidoocurrir?
—Eseldueñodelaempresa.Noesdisyóquey;bueno,yano.Ymeechóel
ojoenMadrid.Aquí,
en cuanto me vio aparecer, me persiguió hasta que pudo estar de nuevo
conmigo.—Laabracécon
fuerza—.¿Cómohapodidopasarmeesto?
—Cielo, las cosas más inesperadas suceden en los momentos más
impredecibles.
—Pero ¿qué hago yo ahora? ¿Y Sasha? ¿Y Laurent? —Volví a sentir cómo
misojossellenaban
delágrimas.
—Nosoynadieparadarconsejos—separómicuerpodelsuyoparamirarme
alosojos—,pero
deberías intentar dormir un poco, descansar o, por lo menos, estirar tu
cuerpo...tambiénpodrías
ducharte si lo prefieres. No le des más vueltas de momento. Mañana nos
preocuparemosportodolo
sucedido.
—Tienesrazón,yanomerecelapena.
Comenzóasonarmimóvil,queestabaenmibolso,yLourdesfueaporél.
—EsSasha,¿quieresquelocoja?—Asentí—.Hola.Sí.Sí.No,novaairal
hotelestanoche.
No. Se queda conmigo. ¿Mañana? Tampoco lo sé, ya te llamará. Buenas
noches.
—¿Quéquería?—pregunté.
—Nada.Sabersiteencontrabasbien,dóndeestabasysiibasaregresaral
hotel.Lehedichoque
no,yqueyalollamarías.
—Pobre…
—¿Cómo que pobre? Eras su responsabilidad. Él te metió en esa fiesta, te
invitóavenira
México.¿Ysiyonohubieravividoaquí?¿Dóndeestaríasestanoche?Una
mierdaparaél.Quese
sientamal.¡Coño!Conestascosasnosejuega.
—Nosé…Esqueestan…
—Laura. La han cagado. Sasha, por no protegerte. Laurent, por no decir la
verdad.
—Puedequetengasrazón.—Meacurruquésobremímisma.
—No,nopuede.Séquelatengo.SobretodoporLaurent;sehaaprovechado
detuvulnerabilidad
ydequeaúnestásenamoradadeél.
—¡Esonoesverdad!Nosabíaqueeraél.
—Sílosabías,Laura,claroquelosabías…—Mellevódelamanohastala
habitaciónde
invitados,dejándomeallídespuésdedarmeunabrazo.
«Hijadeputa.Siemprehasidolamáslistadetodas.»
Sabíaalaperfecciónque,aunquenohubiesepodidoversucara,micuerpo
reconocióelde
Laurentdesdeelprimerinstante.Fueél,nomimente.Yporesamismarazón
medejétocarporotro
hombre,porquecadaporodemipielloreconoció.
«Mierda.Nuncahedejadodeestarenamoradadeél.»
¿YSasha?
Cerré los ojos en la cama de mi amiga, mientras mi cuerpo todavía olía a
sexo.Asexosalvaje
conLaurent.
11
Ellejanosonidodeunmóvilmehizoestirarmeenlacama.Alabrirlosojos,
measusté,puesno
reconocíellugardondeestaba,laropay…Elteléfononoparabadesonar;
tuvequegirarlacara
paracomprobarqueeraelmíoyqueestabaenlamesilladenoche.
Alarguélamanoparaverquiénestaballamando,peronoteníaregistradoel
número.Erade
España.
—¿Quiénes?—preguntésomnolienta.
—Laura,nocuelgues.—EraLaurent.
—¿Quién te ha dado mi teléfono? —Estaba tan alucinada que no sabía si
cortaronola
comunicación.
—He llamado a Lucía —mentalmente aborrecí a mi amiga, pero sin
resentimiento—,hasido
ella.
—¿Y qué le has contado? ¿Que necesitabas mi número porque me habías
folladoyteníasque
restregármelo?
—Por favor, permíteme que me explique. Deja que te cuente que nunca he
dejadodeam…
—¡Cállate!—gritécomounaposesa—.Noquierovolveraoírte.Noquiero
volveraverte.Eres
uncerdo.
LapuertadelahabitaciónseabriódeparenparyporellaentraronLourdes
yFher.Enese
instante solté el aparato, dejándolo caer sobre cama, mientras mis lágrimas
seescapabansinremedio
pormismejillas.
Fheragarróelmóvilmientrasmiamigaseabalanzabasobremíparadarme
unabrazo.
—Pinche cabrón —le soltó el marido de Lourdes con una voz profunda y
amenazante—,como
vuelvasallamaraLaurita…
—Noséquiéneres,peropásameconella—intentóconvencerloLaurent.
—¡No fastidies! ¿Aún tienen los huevos de pedir algo? Ni modo, güey. Le
agarrasteencurvaa
Laurita,peroyaestoyyoaquíparaquetedejesdependejadasylaolvides.
—¡Te he dicho que quiero hablar con ella! —Hasta Lourdes y yo misma
oímoselgritode
Laurent.Fhermemiróyneguéconlacabeza.
—Déjalatranquila—finalmentecortólacomunicación—.Losiento,Laurita;
silohubieratenido
delante…
—Gracias,Fher.NosabeslofelizquemehacequeLourdestedijeraquesí,
despuésdetodo.—
Seacercóanosotrasparadarmeunbesoenlacoronilla.
—Güerita, siempre a tus órdenes. —Salió de la habitación siguiendo las
indicacionesdela
miradadeLourdes.
—¿Quéhapasado,cielo?—mepreguntóella.
—Yalohasvisto.Laurenthaconseguidomiteléfonoyhallamado.
—¿Perocómo...?—Meabracémásaella,llorando—.Lucía,voya…
—No,no.Ellanotienelaculpadenada.—Separómicuerpodelsuyopara
mirarmealosojos
—.Laura,nolaculpes.Ellatequiere.
—Estoyhechaunamierda.
—Estáshechaunlío,querida.
LlaméaSashaporlatarde.Alamañanadeldíasiguientenosmarchábamos
denuevo.
Simplemente le pedí que me hiciera la maleta y le indiqué que nos
encontraríamosdirectamenteenel
aeropuerto.
Quisodeciralgo,perolocorté.Noquisesabernadadeél;enrealidad,no
deseabarecordar
aquella noche. Tenía claro que no tuvo la culpa, pero, en el fondo, por él
habíavueltoadolermeel
alma.
Aquella mañana el tráfico, como siempre en Ciudad de México, era
imposible.Lourdesmedejó
allí a primera hora y poco después ya estaba dirigiéndome a la sala VIP,
dondedebíaesperarla
salidademivuelo.
Paséporlapuertaenseñandomibilletemientrasmanteníalamiradabaja;eso
hizoqueme
tropezaracontraunachicapelirroja.
—Losiento—medisculpéconella.
—Perdónameamí.—Vicómoselimpiabaelaguaquesehabíaderramado
delabotellaque
llevabayhabíacaídosobresufalda.
—No te había visto, ¿te has manchado mucho? —Sonrió de una manera
sincera.Teníaunos
bonitosojosazulesyunoslabioscarnosos.
—Notepreocupes,enserio...esmivida;Murphymeacompaña.
—Ángela,¿pasaalgo?—Unmorenoconbarbaseacercóaellapreocupadoy
laacarició.
—Tranquilo,Josep,yasabes...—Yseechóareír.
—Nocambias.—Leguiñóunojoyvolvióasusitiomientraslaasíaporla
cintura,llevándosela
conél.
Losmiréconenvidia,paraquémentir,ymisojoslossiguieronhastaquese
sentaronenunsofá.
Juntos,muyjuntos,ycomiéndoseabesos.
—Laura.—LavozdeSashamedespertódegolpe.
—Aleksandr.—Saludécaminandofueradesualcance.
Mesentéfrenteaaquellapareja,aunquenoséporquélohice,porquetuvela
sensacióndeque
eramasoquista.Sí,porqueeranfelicesyyo,enesemomentodemivida,me
sentíalapersonamás
infelizdeluniverso.
Sashasesentóamilado;nometocó,nomehabló,nojustificóporquépegó
aLaurent.Ni
siquierasésisabíaquiéneraosepreocupóluegodesaberlo,simplemente
calló.
YasísemantuvodurantelashorasdevueloquenosllevaronaEspaña.Yasí
continuódurantela
esperadenuestrasmaletas,quizáconlaideadequefuerayolaqueabriera
laboca.Nopodía.
Mefui;nodiexplicaciones,cogíuntaxiymeencerréencasaallorar.
12
Habíanpasadovariassemanasdesdeaquelfatídicoviaje.
Dejé que transcurrieran unos días hasta que me decidí a volver a llamar a
Aleksandrynolehablé
de nada. Callé que me moría por dentro después de lo sucedido, pero
aparentécalmayvolvimosa
vernosmuchomásamenudo.Volvimosaunarelativatranquilidadque,porlo
menosamí,mevenía
bien.Casipodríadecirsequesalíamosjuntos.
Eltiempoibapasando,simplementeeso.
Llevabatodoelsábadoporlamañanaestudiandoladocumentaciónsobreel
juicioquemehabía
tocado.Éstedebíacelebrarseenunasemana,ylostacosdepapelesllenaban
lamesademipequeño
despachodecasa.
Unosgolpesmesacarondemiensimismamiento.Miréelreloj;llevabamás
detreshoras
encerrada, sin levantar la vista del pliego de documentos que tenía encima
delescritorio.Caminé
descalzahastalapuertaylaabrísinpreguntar;crasoerror.
—¿Quéquieres?¿Yquécoñohacesenmicasa?
—Teníaquehablarcontigo.
—Yahablamostodoloqueteníamosquehablar.Losiento.—Ibaacerrarla
puerta.
—Escúchame, por favor. —Laurent me atravesaba con la mirada. Sus ojos
teníanunatonalidad
triste;susemblanteeratriste.
—No puedo hacerlo, Laurent. Me mentiste, me… —tomé aire—... follaste
sindecirmequeeras
tú.
—Déjameexplicártelo,dejaquetelocuentetodo.—Memirósuplicante.
Meapartédelaentradaylodejépasar.Crucélosbrazossobremipecho.
—Tedejoentrarporquenoquieroquelosvecinosseenteren,pero,sipormí
fuera,teecharía
ahoramismo.
—¿Qué querías que hiciera? Aquel fin de semana te fuiste sin decir adiós;
salistecorriendoyno
volví a saber nada de ti, aunque lo anhelaba. Lucía me dejó claro que no
queríasvolveravermey
tuvequeconformarmeconloquemecontabanellos.Terespeté.
—Hastaelotrodía,¿no?¿Éseesturespeto?Eresundegeneradoyasabera
cuántastíastehas
tiradoenunanoche…
—Noseashipócrita,Laura;tútambiénestabasallí—meseñalóenfadado—.
Pudisteverque
sóloestuvecontigo.Además,enlasfiestasnuncaheestadoconnadie,sólo
contigo;esmitrabajo.
Pero,apartedeeso,atitambiénpareciógustarteestarconmigo.
—Esdiferente—medefendí.
—¿Ah,sí?—atacó.
—Sí. Yo fui acompañada a una fiesta anónima y resultó que, no sé por qué
extrañarazón,me
reconocisteyvinisteapormí;yalohicisteenlafiestadeMadrid.
—Laura,nuncahepodidoolvidartucuerpo.Meloaprendídememoria;tus
labios,tuscálidos
ojos…
—¡Para!
—Nopuedoparar,nohedejadodepensarenti.—Sequisoacercar.
—Tehedichoquepares.—Meseparémuchomásdeél,casicorriendo,para
situarmedetrásde
unamesa.
—CuandotevolvíaverenMéxico,micuerpotereconoció.Siguesoliendo
igual,sigues
caminando igual, sigues atrayéndome de la misma manera. Admite que te
gustó,quetegusto.
—Laurent, por favor… Eres un hipócrita. Me mentiste en todo. Me dijiste
quetededicabasala
música, que vivías por y para el surf. ¡Y una mierda! Resulta que eres el
propietariodeunaempresa
quesededicaaorganizarfiestassexualesdealtostandingqueaprovechóla
situaciónparaque
mantuviéramossexosalvaje.
—Pero ¿dónde está el problema? —Ahora sus ojos tristes mantenían una
mezcladesarcasmoy
enfado—.Terepitoquecreoquetegustóbastante.Tantocomopararepetir.
—¡Cerdo!—Lelancéunbofetónqueparóalvuelo.
—Nunca—memiróconmuchaira—melevanteslamano.Nomeatreveríaa
ponerteunamano
encima,peronovoyapermitirquelohagastú.
—¡Suéltame!—gritédeshaciéndomedesuagarreymirándoloconlamisma
iraqueélamí.
—Nocreasqueahoramevoyaabalanzarsobretiparabesartecomoenlas
películas.
—Esque,silohicieras,esprobablequetepegara.
—Seríasincapaz.—Sepusogallito.
—Muyseguroteveo—loencaré.
—Me gusta cuando te pones así. —Intentó acariciar mi rostro, pero me
separéenseguida.
—No-me-to-ques—loadvertí.
—Vasasuplicarquelohaga.Grábateestaspalabras.
—Talvezseastúquienvengaapedirmequelohagayo.
—¿Quétehapasado,Laura?¿Quéesloqueteocurrióparaqueseasasí?
—Nadaqueteinterese.Absolutamentenada.
—Esonotelocreesnitú.Aúnrecuerdoaquellavezque,entremisbrazos,
medijistequete
quedaríasasíparasiempre.
—Cállate.—Estabaremoviendomiestómago.
—Oaquellaotraenlaquetecorristeconmicabezaentretuspiernasyme
hicisteprometerque
loharíatodoslosdíasdemivida.
—¡Tehedichoquetecalles!¡Vete!¡Lárgate!
—¿Quéhapasado,Laura?¡¿Qué?!—Esavezseacercótantoquepudeoler
superfume,ysentir
ellatidodesucorazón—.¿Tehasenamoradodeél?Eseso,¿verdad?Sies
así,meiré,loprometo.
—Sí—vislumbrédolorensusojos—.Creoqueestoyempezandoa…
—Laura…
—Nolosé,Laurent.¡Nolosé!—Loapartédemiladoparapodersentarme
enelsofá—.Has
aparecidoasí,derepente,haciendoloquehashechoyyo…
—Siento haberlo hecho de este modo. Lo siento. —Se acuclilló entre mis
piernas—.Teviyno
supequémáspodíahacer.Teextrañaba,extrañabatucuerpo.Ati.
—Dios—mequejé,acercandomismanosasucabezayatrayéndolahaciami
estómagopara
abrazarlo.
Enesemomentomimóvilcomenzóasonar.
—Dejaquesuene—pidióLaurent.
—Hedecogerlo.Puedesertrabajo.
—¿Unsábado?—preguntóextrañado.
—Estoy de guardia. —Lo separé y alargué la mano hasta la mesita para
cogerlo.Mirélapantalla,
noeraloqueesperaba.Sasha.
—Cógelo.—Sediocuenta.
—Hola—respondí—.¿Estanoche?Sí,claro.Bien,sinproblema.—Miréa
Laurent,queseguía
decuclillas,observándome—.Yotambién.
Y fue en ese momento cuando se levantó, me miró desde su posición y,
sonriendodemediolado,
sedirigióhacialasalida.
Teníaquehaceralgo,teníaquepensarlorápido.Sicruzabaesapuerta,nunca
másvolveríaa
verlo. Si se marchaba, no volvería a ver sus ojos azul aguamarina, su
mandíbulapronunciada,su
sonrisa…
Me levanté corriendo en su dirección. No quería que se fuera, no deseaba
quesemarchara.
—Espera.—Extendíunamano,casitocándolo—.Quédate.
—Serámejorquemevaya.—Bajólacabezamientrasponíalamanoenel
pomo.
Meacerquéporlaespaldaypusemimanoencimadelasuya.Altocarlode
nuevo,sentíun
escalofrío por la columna vertebral. Lo había abrazado hacía un momento,
peroloquesentíenese
instantenoteníanadaqueverconloanterior...mediomiedo;tuvepánicoal
saberfehacientementelo
quesucedería.
—Notevayas—pedí.
—Simequedo,seráparasiempre.
—Sabesquenopuedoofrecerteeso—soltéamododeescudosentimental.
—Losé.Peromerecelapenaquemearriesgue.—Segiróparaenfrentarme.
Noqueríaseguirescuchandoloqueyasabíaalaperfección.Loecharía.Sí.
Loobligaríaairse
denuevo,peroenesemomentonecesitabavolverasentirsusmanosenmi
cuerposinningunatraba.
Quería que sus ojos, sus labios y su cuerpo se unieran al mío sin ninguna
cortapisa.Loqueríaaél,lo
queríadentrodemí,demialma…
—Cállate—alcéunademismanosparaagarrarloporelcuello,cogerlodel
peloybajarlohasta
mislabios—ybésame.
—Asusórdenes,machérie.
Con sólo sentir su lengua acariciándome los labios, mi cuerpo reaccionó.
Notécómoelairese
cargabadeelectricidadaldesplazarnosdelapuertaaldormitoriomientras
tropezábamoscontodolo
que se nos ponía por delante... sillas, sillón, mesas, mesillas... hasta que
Laurentdecidióagarrarme
por la cintura y hacer que mis piernas se amarraran a él. Sus labios se
abrieronamíynuestras
lenguas se encontraron, desesperadas. Mis manos se aferraban con
desesperaciónasucabello,
mientraslassuyassujetabanmicuerpodesdelacinturayelculo.
Me lanzó contra el colchón. Lo miré desde aquella posición, intentando
recuperarelaireperdido
duranteelrecorrido.Allíestaba,depie,clavandosusojosenmicuerpo.
Enunsólomovimiento,sedesprendiódelacamisetaquellevaba;nopodía
apartarmimiradade
él. Hacía tanto tiempo que nuestros cuerpos no se encontraban sin
restriccionesqueteníalasensación
de estar con él por primera vez. No hacía más de unos días de nuestro
encuentrosexual,elquedesató
en mí un millón de emociones, las más importantes; rabia y odio por su
engaño.Peroahora
estábamoslosdosjuntos,sinoscuridad,sinescondernuestrosrostrosysin
falsasapariencias.
Me incorporé alzando mis manos en dirección a su pantalón. Quería
quitárseloyomisma,quería
sentirsupielsinropa,perofueronlassuyaslasquemeatraparonymelas
levantóporencimadela
cabeza.
—Nolasmuevas—meordenóansiosamente.
Así me quedé por un instante, con los brazos alzados, justo el tiempo para
quesusmanos
acariciaranmiscostados,asiéndomelacamisetaparasacármela.
Seechóencimademí,recorriendoconsuslabiosmismejillas,elcuello,la
separaciónentremis
pechos,parafinalmentemordermiombligo.Susmanossujetabanconfuerza
loqueelsostén
escondía, mis senos, haciendo que, cada vez que los acariciaba, de mi
gargantasalieraunsuspiro
necesitado.
Bajé las manos a la cinturilla de su pantalón y lo desabroché con rapidez,
tantaqueal
deshacermedeélmellevélaropainterior.Ylociertofuequeloagradecí,
unacosamenosdelaque
teníamosquepreocuparnos.
—Metienesentusmanos—medijomientrasmeponíaencimadeél,pueslo
habíagiradoy
tumbado—,comosiempre.
—No quiero tenerte en mis manos, quiero tenerte dentro de mí —solté a
bocajarro,bajandopara
acariciarsupene,durocomounapiedra.
—Esopodemosremediarlotanrápidocomomedejes—segiróyvolvióa
colocarseencima—.
Pero, para poder hacerlo, debemos desprendernos de esto —tiró de mis
pantalonesdeestarporcasa
—ycomprobarque…—Insertóundedoenmiinterior.
—Oooooh...—Algoparecidoaunquejidosaliódemigarganta,alavezque
mispiernasse
abrieronparainvitarlo.
Nocontentoconloqueestabahaciendo,acercóeldedopulgaralclítorisylo
moviócontal
maestríaquemivaginacomenzóacontraerseinvoluntariamente.
—Veoqueestásmásquepreparadaparamí,mapetitechatte.
—Siempreestarépreparadaparati.
—Cuidadoconloquedices,monamour,omelotomaréalpiedelaletra.
—Laurent, para —supliqué intentando moverme de su amarre. Me tenía las
dosmanossujetaspor
encima de la cabeza con una suya y la otra dentro, estimulándome—. No
quierocorrermeaún.
—¿Quiéntehadichoquesólotevasacorrerunavez?
—Notengotiempopara…—seguíaconsusmovimientosmientrassuslabios
atrapabanlosmíos
paraquenocontinuarahablando.
—Podremoshacerlolasvecesquequeramos.
—Nopuedo,enrealidad…
La realidad fue que, aun con mis manos sobre la cabeza, sus dientes
mordiéndomelospezones
por encima del sujetador y su mano dentro de mi cuerpo, un aterrador
orgasmorecorriómicolumna
vertebral. Nació del centro de mi sexo para recorrer todo mi cuerpo como
unasacudidaeléctricaque
merompióendos.Creorecordarquesalióunlamentosordodemigarganta.
—Meencantavercómoterompesparamí.—Mebesóenloslabiosalapar
quemepenetraba
despacio.
—¡Ay! —me quejé lastimeramente al sentir cómo entraba dentro justo
despuésdecorrerme;
estabahipersensible—.Despacio.
—Eso me lo dices ahora que estás muy estrecha —iba lentamente—, pero
dameunminutoy
estarássuplicandopiedad.
—Siempretancreído.
—Soyfrancés,noloolvides.—Seseparóunpocoynosmiramosalosojos.
Fueintenso,dulce,
comosideunapromesarománticasetratara.Meencandiló,meenamo…
—¡Laurent!—leadvertí—.Llevas…
—Sí.Melohepuestoantesdeentrarentualma.
Siempre era capaz de rasgarme con sus comentarios. Su sonrisa de oreja a
orejacomenzóa
cambiar; la dulzura con la que me había tratado un momento atrás se iba a
transformarenlocura.La
esperaba,lanecesitabadeél,conél,entresusbrazos.
Yallíestabayo,esperandoaquesulocuramellenaraporcompletounavez
másynuestros
desmadejadoscuerposseconvirtierandenuevoenunosolo.
—Hazlo—mesoltédesuamarreparaposarmismanosaambosladosdesu
cara.
—Quiero hacerlo de otra manera. —Se acercó a besarme con pasión, con
urgencia,uniendo
nuestraslenguasenunaenajenacióncasiadolescente.Seseparóunsegundo
—.Házmelotúamí.
—¿Yo?—preguntésorprendida,sintiendosupenepalpitarenmicuerpo.
—Sí.—Setumbóbocaarriba.
Mearrastréhastaél,poniéndomeahorcajadasencima.Desabrochéelsostén
ylohiceaunlado.
Porfinlosdosestábamoscompletamentedesnudosy,acercándome,posémi
sexosobreelsuyo
deliberadamente.Mefrotéparanotarloenplenitudyobservarcómosusojos
seentrecerraban.
Acerquéunadelasmanosasusexoparaguiarlodentrodemivagina,para
quenuestroscuerpos
comenzaranelbailemáspeligrosoquenuncahubierapodidoimaginar.
Lo hice, lo deslicé con suavidad, percibiendo cómo, con lentitud, me iba
llenandodeél.Echéla
cabezahaciaatrás,arqueéelcuerpoparasentirlomásy,mientrasmismanos
seamarrabanasus
muslos, mis caderas comenzaron una sinuosa danza, un suave ritmo que
estabaconvencidadeque
Laurent cortaría en cualquier momento para lanzarse a poseerme. Pero no,
susojosnoseapartaban
delosmíos.Susmanosagarrabanconfuerzalassábanas.
—Meestásmatando,Laura.—Semordióellabioinferior—.Juegasconmigo
delamaneramás
cruel.
—Túlohasquerido—ledijesinparardemoverme,puessentíacómoseme
volvíanadespertar
lasganasdeotroorgasmo.
—Sí.Yolohepedidoyestoyarrepentido.
Terminandolafrase,seirguióylanzósusmanosamicintura,abrazándome
comoun
desesperado,mientrassuslabiosvolvíanaposeerlosmíosconimpaciencia.
—Muévetemásrápido.
—Megustaasí.
—Mequieresmatar.
—Tequiero…
Cerrómibocaconunbeso.
—Dejalafraseasí.
Hubierarespondido,denoserporqueLaurent,sinsalirdemí,mealzóala
parqueélsepusode
rodillasparadejarcaermiespaldacontralacama,sujetándomesóloporlas
caderasparacomenzar
a martillear dentro de mi cuerpo como un poseso. Lo notaba en su cara, lo
sentíadentro,estabaa
puntodecorrerseymeponíamucho.Erarudo,fuerte,ytodomisersemovía,
comosifolláramosen
plenoterremoto.
—Hazlo —lo provoqué desde mi extraña posición—. Déjame ver cómo la
locurateenvuelve.
—No,aúnno.—Susojossehabíanvueltodeunazuloscuro—.Quieroquete
corrasconmigo.
—Pero así no puedo —me quejé, ya que, aunque la posición era
profundamentesexual,noerami
preferidaparallegaralorgasmo,amenosqueyomismametocara.
—Tócate,séqueasíteesdifícil.Lorecuerdotodo…
Noestabaparadiscusiones,asíquedejéunademismanoslibres,pueshasta
esemomento
intentabaalzarmiscaderasdelacamaconlasdos,paraestimularme.Cierto
esquenomehacíafalta
mucho…
—Estoymuycerca—leadvertí.
—Sólodimecuándoydéjameacompañarte.—Sonrió.
No tuve que indicarle siquiera, pues mi mirada perdida hizo que sus
movimientosse
intensificaran.Losdosconseguimosllegaralorgasmoalavez.
Laurent dejó caer suavemente mi espalda en la cama para posarse luego
sobreelcolchón.Así,
juntos,intentamosretomarlacalma.
—Meencantaríapasarmehorasdentrodeti—confesóLaurent.
—Eresinsaciable.—Acariciabasucabellorubio;teníalacabezaapoyadaen
mispechos.
—Losoyportuculpa.Quierovolverahacerelamorcontigo…
—Tengoqueirme.—Miréelrelojdemimuñeca—.Yalosabías.
—Dile que no puedes. Quédate conmigo. Así, abrazados, sólo tú y yo. No
necesitamosnadamás.
—Laurent—levantósumirada—,tengoqueirme.
—Loheintentado.—Sonriódemediolado,tanencantadoramentequeenun
actoreflejomis
labiosposeyeronlossuyossinremedio.
—Lárgate—loechésinmiramientos,peroconunasonrisaenloslabios—.
Nopuedoducharme
contigo…
Selevantódelacamaparacogermeenbrazosyllevarmealbaño.
Nopudedecirquenoaestarconélunavezmás.
13
Hacía exactamente media hora que Laurent se había marchado de casa. No
mehubierahechoninguna
graciaqueSashasehubieseencontradoconéldespuésdetodolosucedido
enMéxico.Noséquées
loquehubieratenidoqueexplicaroquéinvencióncontarle.
Lapuertasonóenelprecisomomentoenelquemeestabaacercandoacoger
elbolso.Yale
había dejado claro que no quería más sorpresitas relativas a la ropa y sus
complementos,queeralo
suficientemente mayor como para saber vestirme. Y así era; esa noche no
pretendíairaningúnlado
en especial, o eso era lo que yo quería: una cena tranquila y a casa. Mi
cabezanoandabademasiado
finaparamuchomás.
¿Quéesloqueibaaexplicarle?
«Sí, mira: el tipo con el que discutí en México, al que zurraste y que es el
organizadordelas
fiestas...esoes,miexamante,haestadoestatardeyhemoshechoelamor…»
Me miré en el espejo de la entrada y de repente el remordimiento me
carcomiópordentro.
—¡Falsa! —me grité con fuerza—. ¿Cómo podrás mirar a la cara a Sasha?
¿Cómo?
Eltimbredelapuertavolvióasonar.
—Voy.Unsegundo.
Y allí estaba, sonriente; casi parecía despreocupado. Llevaba unos
pantalonesvaquerosyuna
camiseta; nunca lo había visto vestido de esa manera tan informal. Estaba
acostumbradaaverlo
siempreconsustrajesamedida.Noesquemequejara,peromesorprendió.
—Hola,querida.—Seacercóparadarmeunligerobesoenloslabios—.Veo
queyaestáslista,
¿nosvamos?
—Sí,peroprométemequeestanochenoserá…
—Tranquila,estanochedecidirásquéesloqueteapetecehacer—sentenció
agarrándomeporla
cinturayvolviéndomeabesar.
—¿Quieres conocer los lugares por donde me muevo? —Levanté la ceja,
poniéndoloaprueba.
—Medejollevardondequieras,yatelohedicho.
SalimosalacalleparasubiralcochedeSasha.Pero,antesdehacerlo,no
esperabaloquemis
ojos pudieron percibir al otro lado de la acera. Allí estaba Laurent,
mirándome.Susemblanteera
serio, muy serio, y sus labios me susurraron un «si me quedo, será para
siempre».
Lomiréalosojos;sentícómomiestómagoseencogía,peroapartélamirada
paraentrarenel
vehículo.
—¿Adóndevamos?—mepreguntóSasha.
—¿No crees que hoy estás bebiendo demasiado? —Sasha me miró
preocupado.
—¿Desdecuándocontrolasloquebebooloqueno?—lerespondíairada,
aunsabiendoque
teníarazón.
—Laura,¿quieresquenosmarchemosacasa?
—No,quieroquevayamosabailar.—Meacerquédespreocupadaadarleun
suavebesoenlos
labios.
—Conozcounlocalque…
—No.—Melevantédelamesadelrestaurantedondehabíamoscenadoyle
tendílamano—.
Comobienmedijiste,estanochetellevoyo.
Sabíaquemeestabaexcediendoconlabebida,pero,mientrasAleksandrme
colmabade
atenciones y era lo más cariñoso que nunca hubiera imaginado, sólo
recordabalasmanosdeLaurent,
sumirada,suslabiosenmicuerpo.Queríaolvidarlo,necesitabahacerlo,yla
bebidaeraloúnico
que me podía ayudar. O ésa era la gilipollez que me estaba intentando
imponer.
Nos marchamos andando para acabar en un garito muy demodé de la zona.
Sabíaqueyanoestaba
demoda,peroseguíasiendonuestropreferidoparabailarcomolocascuando
nosjuntábamoslas
cuatro para salir. Creo, además, que era la primera vez que llevaba a un
chicoyesposiblequemás
deunhabitualnosmiraraextrañado.
Al llegar a mi casa eran más de las cuatro de la mañana y, cuando Sasha
aparcóelcocheenmi
parking,mepreguntó:
—¿Quieresquesubaatucasa?Puedoirmeadormiralamía.
—¿Porquémelopreguntas?—ledijeextrañada,teniendoencuentaquecada
vezquemetraíalo
hacía.Amínomegustabaquedarmeensucasa.
—Hasestadounpocoraraestanoche—soltósinpreaviso.
—Lo siento; la verdad es que ando preocupada por un caso que me está
comiendolacabeza.Un
marrón.
—Siesasí,subocontigo.
Aquella noche intentó que hiciéramos el amor, pero sólo podía recordar
cómoLaurentyyo
habíamos pasado la tarde en aquella cama en la que Sasha pretendía
mantenerrelacionessexuales
conmigo.No,nopodíahacerlo,mesentíasucia,asíquelaexcusapasajerade
labebidamesirvió
fantásticamente bien para esquivarlo. Él no se quejó; se quitó la ropa,
quedándoseencalzoncillos,y
esperóaqueyomemetierabajolassábanas.
—Buenasnoches.—Lediunbeso.
—¿Sabes?—medijo.
—¿Qué?—preguntéyatumbadaenlacama.
—Mehubieragustadoquemedijeraslaverdad.
—Laverdad,¿sobrequé?—Lomiréalosojos.
—Vi al tipo con el que tuviste sexo en México al otro lado de la acera,
mirándonos,alsalirdetu
casa.—Dichoesto,mebesóenlasienparadespuésabrazarmeyquedarse
dormido.
Porlomenos,éldurmió.
Cuando abrí los ojos estaba sola en la cama. Por un instante me sentí mal
pensandoqueni
siquierasehabíadespedidodemíalmarcharse,perounestupendoolorque
proveníademicocina
mehizodesecharesepensamiento.Sashaestabapreparandoeldesayuno.
«Hay cosas de este hombre que continúan sorprendiéndome. Tiene una
mansióndignade
cualquierpelículaynoleimportaquedarseadormirenmiapartamento.Su
coche,bueno,elparque
tiene, no son extremadamente caros. Y sabe cocinar, a pesar de que tiene
servicio.Enresumen,esun
tipodelomásraro,pero,desdequeloconozco,elúnico«pero»quepuedo
ponerleesquenunca
preguntademasiado.»Oesoesloqueyopensabahastaestemismoinstante.
—Buenosdías,Sasha.—Meacerquéalacocinaparadarleunbeso.
—Buenosdías.—Pusounplatorepletodecomidafrenteallugardelamesa
dondemesenté.
—¿Aquévieneestedespliegueculinario?—Sonreídemediolado.
—¿Quién es el tipo de ayer? —Soltó a bocajarro, sin darme tiempo a
ponermeelparacaídas.
—¿Eh?—Porpocomeatragantoconelsorbodezumoqueestabaempezando
abeber—.¿Cómo?
—Ya me has oído, Laura. —Se sentó delante de mí, llevándose la taza de
caféalaboca.
—Eselpropietariodelaempresaqueorganizalasfiestas,¿no?—respondí.
—Nomevaciles,yaséquiénes…
—Esalguienaquienconocíhacetiempo.
—¿Cuánto tiempo? Porque no me gustaría descubrir que, durante nuestro
primerencuentro,por
endetuencuentroconél,yasabíasquiénera.
—No,Aleksandr.—Cogíaireporquenosabíapordóndepodríaencaminarse
esaconversación
—.Cuandoélmetocó,nosabíadequiénsetrataba.Noteníaideadequeél
mehabíareconocido.
—Eso quiere decir que en México fue a por ti a propósito, ¿no? —Asentí,
avergonzadaporla
situación—.Fantástico.
—Losiento.Sientonohabértelocontadoantes.
—Loqueyosientoesnohaberlepartidolasdospiernas.—Dioungolpeen
lamesadelacocina
quemeasustó.
—Sasha—balbuceé.
—¿Quéhacíaayeraquí?—Memiróconunafrialdadquemehelólasangre.
—Queríahablarconmigo.—Nosretamosconlosojos.
—Laura,somosdospersonasadultas.¿Mevasacontarlaverdad?
—¿Quéquieresquetecuente,Aleksandr?
—Todo—pudevercómohacíaelesfuerzoderelajarse—,quieroquemelo
cuentestodo.
—Escomplicado.
—Tengotodoeldíasóloparati.
Le expliqué que él fue alguien muy importante en mi vida, aunque sólo
pasamosunfindesemana
juntos.Lerelatécómosalícorriendodesuladocuandosentíquemeestaba
enamorandoycómo,
durante todo ese tiempo que no había vuelto a verlo, no había dejado de
pensarenél.Ledijeque
encontrarlo en aquella fiesta había resultado muy duro para mí, puesto que
estabadisfrutandodeun
juegodivertidoyseconvirtióenuncúmulodesentimientosencontradosque
hicieronquemesintiera
sucia.Tantocomoparasalirpitandoynovolverasabernadadenadie.
—Teníasquehabérmelodichoenesemomento.Teníasquehabermecontado
queyaloconocías.
—¿Paraqué,Sasha?
—Parasaberqueaúnsiguesamándolo.
—Sasha,yo…
—Laura, ¿acaso crees que no me he dado cuenta? ¿Piensas que no sé que
ayertuvistesexocon
él?
—Pero…—Volvióacortarme.
—Tus ojos se vuelven de un azul oscuro cuando practicas sexo, y ayer, al
venirabuscarte,los
teníasasí.Cuandoviaaqueltipoalotroladodelaaceraycómotemiraba…
—Yo—suspiré—,losiento.
—¿Loquieres?
—Nolosé.
—¿Quieresestarconmigo?
—Sí—respondídeinmediato,mirándolofijamentealosojos.
—¿Yconél?
—Nolosé.—Melevantédelasilla—.Élyyo…Loquetuvimosfuealgo
quemediotantocomo
yomequité.
—Estásenamoradadeél.
—Sasha,deverdadque…
Echó de golpe la silla en la que reposaba para atrás, dejándola caer, para
abalanzarsesobremí.
Me agarró la cara con las dos manos para besarme con desesperación; lo
aceptésinremilgos,
enroscando mis piernas en su cintura. Me sujetó lo suficiente como para
dejarmeenlaencimera.Le
quitélacamiseta,élmedesprendiódelosshortsconlosquehabíadormido
y,sinmuchos
miramientos,entróenmí.Susmanosmetoqueteabanconansiedad,suboca
meposeíaconanhelo.
Mismanosseagarrabanconfuerzaalmármol,aguantandosusempellones;lo
sentíamuydentrode
mí. Eché la cabeza hacia atrás cuando sentí sus dientes en uno de mis
pezones,lomordióconfuerza.
Nomedolía,meexcitaba…
—Sasha—suspiré,reconociendoquemiorgasmoestabaapuntodellegar.
—Hazlo,córreteparamí.Pormí…
Yasí,sinpensarlomuchomás,unacorrienteeléctricarecorriómicolumna
vertebral.Sashase
movióconunpocomásdefuerzay,justoenelmomentoenelqueseibaa
correr,saliódemíylo
hizo en mi vientre. Su semen recorrió un camino de descenso desde mi
ombligohastalaingle…No
habíamosusadoprotección.
—Losiento,nopensémucho—sejustificó.
—Yotampocolohehecho,peroquieroquesepasquenolohagoconnadiea
pelo.Nocreoque
tenganada.—Vayaputamierdadeconversaciónqueestábamosmanteniendo.
—Tengoqueirme—dijofríamente.
—Tomolapíldora.—Yocontinuabaconmisoliloquiomientrascogíapapel
decocinapara
limpiarme.
PudevercómoSashasesubíalabragueta,recogíalacamisetadelsuelo,se
laponíapara
marcharsealsalónenbuscadesuchaquetaylasllavesdelcocheyseibasin
deciradiós.
Yahíestabayo,enlaencimera,conlaspiernasabiertasysintiéndomeuna
gilipollas.
«¿Quémierdahapasadoenmivida?»
14
LlevabaunasemanasinsabernadadeAleksandrnideLaurent,ymeestaba
volviendo
completamenteloca.Sí,completamentetarumba,porquenopodíapesarcon
claridad.
No se habían puesto en contacto conmigo ni yo con ellos. Eso era algo así
como«averquiénlos
tienemejorpuestos».Aunquelarealidaderamásde«quémierdahagocon
mivida».
Desgraciadamente,ningunadelasdoscosasmeibabienenesemomentoy
todoloacababa
solucionandoconeltrabajo.Unasemanaenteraabsortaenuncasotrasotroy
estudiandoafondo.Así
que,entredivorcios,intentabapasarmianodinavida.
—Jueza —mi secretario abrió la puerta y levanté la mirada—, tiene una
visita.¿Estálibre?
—Depende.—Mequitélasgafasunsegundoparadarmeunligeromasajeen
elpuentedela
nariz.
—Puesnovaaquedartemásremedio,esdelaAudienciaProvincial.
—Hazlepasar,claro.—Volvíaponermelasgafasensusitio.
—Buenos días, jueza. —Una mujer pasó a mi despacho, con tres cajas de
documentaciónenun
carrito.
—Buenosdías,siéntese…
Siyopensabaquemividayaeraunaverdaderaruina,sólopodíanvenirlos
deinstancias
superiores a jodérmela más. Aquella misma tarde debía tener una primera
vistadeuncasoqueme
había caído en las manos porque el juez que lo llevaba acababa de ser
inhabilitado.Sí,cosasdela
justiciaylamaravillosalegalidadquehacenqueserepartanalgunoscasos
aleatoriamente.
¿Tiempoparapoderestudiarloyverpruebas?Ninguno;sólomequedabala
opciónde,enla
mismavista,anunciarunaplazamientoparapoderleertodoslosdocumentos
quemehabían
entregado, para que me diera tiempo para pedir más datos o lo que fuera
preciso.
Levantéelteléfono.
—Sergio,necesitoquenosememoleste.Medaigualquiénsea,mehacaído
unmarróngordo
paraestatarde.
—¿Juiciomarroning?—bajólavoz—.¿Estatardetenemosvista?
—Sí, pero voy a ver de qué manera lo aplazo para que me dé más tiempo
parapoderestudiarlo.
—¿Dequésetrata?—preguntópreocupado.
—Tratadeblancas,abusosexual,proxenetismo...Unputomarrón.—Finalicé
colgandoel
teléfonoeintentandoentenderalgodetodoelbatiburrillodeexpedientesque
debíaanalizar.
Miréelreloj;quedabasólounahoraparalavistapreviaysólohabíasido
capazdeecharleun
vistazo a una de las cajas, repleta de informes y documentos. El juez
inhabilitadonohabíadejado
notas;eracomosinisiquieralehubierainteresadotratareltema.
Levantémicuerposerranodelasillaparaencaminarmealacafeteríafrente
aljuzgadoacomer
unsándwicholoquefueraquequedara,puestoquenohabíatomadonadaen
todoeldía.
No tardé más de quince minutos y, al regresar de nuevo al despacho para
cogerlapoca
documentaciónquehabíapodidoreunirconalgodelógica,choquédepronto
contrauncuerpo.
—Losiento—balbuceé.
—¿Laura?—OílavozdeLaurent.
—Laurent,¿quéhacesaquí?—soltéincrédula.
—Tengoqueiratestificarporunproblemadetráfico,unaccidente…
—Hedevolveramidespacho.¿Meacompañas?
—¿Trabajasaquí?
—Soyjueza.Cuandomeconocisteestabaestudiandolaoposición.
—Lucíamedijoqueerasjueza,peronoqueestabasenestejuzgado.
—Ven, acompáñame. —Caminé rápido para entrar en mi despacho; no
entendíaquéhacíaallí.
Abrílapuertayrodeélamesaparasentarme;cogílasgafasymelaspuse
antesdecerrarlas
carpetas que tenía abiertas sobre el escritorio. No me interesaba que viera
nadadeaquelcaso.
—¿Ybien?—dijeponiendoloscodossobrelamesayapoyandolacabeza
entrelasmanos.
—Nosabíaquellevabasgafas—cerrólapuertatrasdesí—;estáspreciosa.
—Haymuchascosasquenosabesdemí.—Mesalíaserunpocoborde.
—Soyunapersonaconrecursos.
—¿Tantoscomoparadesaparecerynovolverasabernadadeti?—Meeché
paraatrásenla
sillamientrasLaurentseacercabaalamesa.
—Tútampocomellamaste—sedefendió.
—¿Quieresquemedefienda?—Vicómocogíaunadelassillasysesentaba
enfrentedemí.
—No,peropenséquequizáalgohabíacambiadoentrenosotros.
—Penséqueteibasaquedarparasiempre.—Lelancéunórdago.
—Medijistequemeecharías—pusosusbrazosymanosentensión—ytevi
conél.Lodejaste
claro.
—¿Aquéhavenidoesto?—Lomiréalosojos.
—Quierosaberloquesientespormí—sentencióLaurent.
—¿Haspodidodescubrirloconestaconversación?
Se levantó de la silla y rodeó la mesa para ponerse a mi lado. Sentí sus
manosenmisbrazos,
levantándomederepenteparaponermedelantedeél.
Nomediotiempoapensarennadaointentarfrenarloqueinmediatamente
sucedió,puessus
labiosseunieronalosmíos.Mebesóconnecesidad.
Sentí cómo todo mi cuerpo comenzaba a responder a sus acometidas. Mis
manos,quehacíaun
momento estaban inmóviles por la sorpresa de su ataque, cobraron vida
propia,subiendoasujetarsu
rostroparaintensificarelbesoquenosmanteníaunidos.
—Vamosdentro.—Lollevéalcuartodebañodemidespacho.
—¿Aquí?—Alzóunaceja,asombrado.
—¿Porquéno?—Sonreípícara.
—Vaatenerquesermuyrápido,tengoquetestificar—sejustificóLaurent.
—Yotengounjuicioenmediahora—lotranquilicé.
—Creoquepodremoshaceralgo…
—Teheechadodemenos.—Cerrélapuertadelbaño.
—Nohayquienteentienda,Laura…
Veinteminutosmástarde,Laurentsalíaporlapuertademidespachoconla
promesadevernos
pronto.Yprobablemente,encuantosalieradeljuicio,lollamaría;teníaganas
dehablarconély
quizá,sóloquizá,darleunaoportunidad.Enrealidad,dármelaamí.
—Jueza—misecretariollamóporteléfono—,cincominutosparacomenzar.
Yateestán
esperando.
—Voy —respondí poniéndome la toga y cogiendo la carpeta con la
informaciónnecesariapara
aplazareljuicioaotrafecha.
Cogíaire;estas«putadas»megustanpoco,porquesetequedacaradeidiota
alverquetodaslas
partes están presentes y que es el juez el que necesita más tiempo para
estudiartodaslaspruebasy,si
esnecesario,solicitaralgunamás.
Abrílapuerta,entréenlasalaymedirigíamisilla.Dejéladocumentación
enlamesayme
dispuseamiraralacusado…Mibocasesecódeinmediato;unaopresiónse
cernióenlabocademi
estómagoysentíquecomenzabaahiperventilar.Lasalacomenzóahacerse
cadavezmáspequeña,se
movíamuyrápidoyyosólopodíaveroscuridad.
—Laura.Laura…¿Estásbien?—OílavozdeSergio,defondo.
—¿Quéhapasado?—Intentéincorporarmededondefueraqueestuviese.
—Notelevantes,hassufridounvahído.
—¿Cómo?¿Dónde?
—Laura,tecaísteantesdecomenzareljuicio…
Yenesemomentolorecordétodo.
Entré en la sala y, justo frente a mí, estaba Laurent: era el acusado por
proxenetismo,tratade
blancasyabusossexuales,comopropietariodeunaempresadeeventos.Él
eraEtienneL.Germain,
la ele mayúscula era de Laurent, el hombre que se dedicaba a traficar con
mujeresyaagredirlas
sexualmenteparaqueaccedieranatodoslosdeseosdesusclientes.Lafiesta
alaquefui…las
mujeresquesedejabanposeerporaquelloshombres…
Volvíamarearme.
—Notelevantesybebeunpocodeagua.—Sergiomeofrecióunvaso—.Ha
sidoporeltipoque
visteantesdelavistaoral,¿verdad?Eselacusado.
Nolehicenicasoymedirigíaunadelascajasquenohabíatenidotiempo
demirar.Saquéuna
carpetaclasificada,llenadefotografías.Nohabíaningúngénerodeduda:él
aparecíaentodasyen
cada una de ellas: hablando con una u otra chica u otra distinta en una
cafetería;entrandoconellasen
unamansión...yotrasmásdejabanclaroloquehacía.
«¿Porquénoabríesapuñeteracajaantes?¿Porqué?»
—Sergio.—Leenseñélasimágenes—.Éleramí,esmí…
—Pero¿túnoestabasconelruso?—Sebebióélelagua,fingiendounfalso
acaloramiento—.Tu
vidasentimentaldaparaunlibro,querida.
—Esquenoestoyconningunoyestoyconlosdos.
—Estomelotienesqueexplicar,peronoaquí,niconunjuiciodepormedio.
—No puedo volver a la sala así —sentencié, llevándome las manos a la
cabeza.
—Tranquila, lo aplazaremos a la semana que viene y así podrás tomar una
decisiónjusta.
—¿Justa?Sergio,estehombrenopuedeserloquedicenlosdocumentos.Es
imposiblequeseaun
proxeneta,un...Nopuedeser.—Negabalaevidencia.
—Puesdelegaelcasootendrásmuchasprobabilidadesdequeteacusende
prevaricación.
—Esto es una puta mierda, Sergio, una puta mierda. —Las lágrimas
comenzaronaasomarsin
reparoamisojos.
—Laura, vete a casa. Será mejor que descanses y así mañana tendrás más
claroquédebeshacer.
—Loqueséesquenopuedoprevaricarporamor—sentenciéantesdeque
misojosseanegaran
delágrimas.
—¿Estásenamoradadeél?
—Hasta lo más profundo de mi corazón. —Al fin fui capaz de decirlo en
alto.
—¿Yturuso?—Seacercóaabrazarme.
—Nolosé.—Loabracéconfuerza—.Nolosé.
15
Me marché antes de tiempo del juzgado. No hablé con nadie más sobre el
asuntoylepedímáxima
discreción a Sergio. Tenía que tomar una decisión lo antes posible con
respectoaljuicioy,lomás
importante,tomarlaconrespectoaLaurentysuimplicaciónentodoesecaso.
Sólocuandofinalmenteeracapazdedarmecuentadequehabíasidosiempre
élquienhabía
estadoenmimente,ocurríaeso.Volvíaaabrirmeencanalporunhombrey
éstemementíacon
respecto a su vida. El primero, casado y con hijos, y éste, un hijo de puta
traficantedemujeres.Pero
¿porquénoeracapazdeentregárselotodoaSasha?¿Porquénoeracapazde
olvidaraLaurent?
¿Quémierdahabíahechoenlavidaparanopoderserfeliz?
Derepentellamaronalapuertadecasa.Nosonabaeltimbre,golpeabanla
madera.
—¿Quiénes?—pregunté.
—Laura,soyyo.Ábreme,porfavor.—Laurentsuplicabadesdeelotrolado.
—Vete,nopodemosvernosniestarjuntos.Teloruego…
—Ábreme, por favor —apoyó su cabeza contra la puerta—, necesito
explicarme.
—Noséporquévoyahaceresto—dijealaparqueabría,dejándolopasar.
—Laura…
—Sólo por estar hablando ahora mismo contigo podrían inhabilitarme —lo
corté—,asíque
esperoqueloquemecuentestengasentido.Porqueestatarde,alvernos,no
mehasdichonada.
Sabíasqueibaaserlajuezadetucasoy¿qué?¡Ah!Veníasaecharelúltimo
polvoantesdequete
metieran en la cárcel, ¿no? —Sabía que estaba siendo excesivamente dura,
peroselomerecía—.Y,
claro,comoyaestásacostumbradoafollarteamujeresporlafuerza,venías
a,¿qué?,ajodermeamí
conotrasartadementiras.
—Laura,esonoesasí…
—¿No?—Puseeldedoíndiceensupecho—.¿Entoncesquées?¿Todauna
mentiraparavolvera
verme?Eresunhijodeputaqueesclavizaamujereslibres.¡Unputocerdo!
—Nosoyunproxeneta,nimededicoalatratadeblancas.Nuncahedejado
queentreninguna
prostitutaenmisfiestas.Todoestohasidounaencerronadealguienqueme
quierehundirlavida.
Alguien que quiere mi negocio. —Bajó la mirada al suelo—. Yo nunca
forzaríaaunamujer,ni
provocaríaodejaríaqueotroslohicieran.
—Pues los papeles que tengo encima de la mesa de mi despacho dicen
exactamentelocontrario,
yparaquéhablardelasfotografías...Apareces,entreotras,conunadelas
quetehandenunciado.
¡Cerdo!¡Hijode...!—Memordílalenguaparanovolverainsultarlo.
—Tevoyapedirunacosa,sólouna,yesquecreasenmí.—Cogiólamano
conlaquelo
señalaba y se la acercó a los labios para besarla. Yo la aparté
inmediatamente.
—Nolohagas—loretéaquenovolvieraatocarme.
—Laura,nosoyeltipodepersonaquevanajuzgar.Nuncahetraficadocon
mujeresy,sí,enmis
fiestasséqueavecessecuelanprostitutas.Enlasmíasyenmuchasotrasde
altostanding.Nolo
apruebo,nolojustifico,intentoevitarlo,pero,siuninvitadotraepareja,yo
nopuedopedirlesel
libro de familia —caminó hacia el salón y lo seguí—... y muchos de esos
tipostraenaesasmujeres
para hacer con ellas lo que no se atreverían a hacer nunca con su pareja
oficial.
—Esasqueroso—escupíporlaboca.
—Elhechonoesqueseaonoasquerososisetratadeunatransacciónlibre
entredospersonas
adultas.Elproblemaestáenquenosólomequierentachardeproxenetade
éstayotraschicas,que
nolosoy,sinoque,además,dicenqueaunadeellaslaviolaronjustoenel
eventoqueorganicéantes
deldeMadrid.
—Tambiénlosé.—Mirabarecelosa,sincreerporcompletosurelato—.No
teolvidesdequién
juzgaelcaso.Perotodoestoquemeestáscontandonomesirvedenada.
—Teservirásitedigoqueinvestiguesaunapersona.Esquienquesededica
aintroduciralas
prostitutas en mis eventos; esa misma rata ha sido la que ha coaccionado a
estachicaparaqueme
acuse... y sí que la violentaron, pero no sexualmente: la pegaron para que
contaratodasesasmentiras
sobre mí, porque tiene pánico a decir la verdad. De ahí que la vieras en
algunasfotosconmigo,vino
a pedirme ayuda. Estaba procurando sacarla de ese mundo, tenía miedo.
Tienemiedo…
—Me suena a película de espías. Demasiado raro para que sea cierto. —
Laurentsesentóenel
sofáymepidióqueloacompañara.Accedí.
—Laura —respiró—. Esta empresa me vino dada; yo no pensé nunca en
montaruntipode
negociocomoéste,peromelodejóenherenciamipadre...unhombrealque
hacíamásdediezaños
que no veía. Al fallecer y dejármela, pedí ayuda a un exsocio suyo que
pretendíaquedarsecontodo.
Yo, en ese momento, no sabía nada, no tenía ni idea de que mi padre ya le
habíaechadodela
sociedad por pegar y violentar a mujeres para que las fiestas fueran más
animadas.Aqueltipome
engañó.Ciertoesquemeenseñóamanejareldinero,lascuentasytodolo
queparecelegal;
desgraciadamente fue demasiado tarde cuando quise deshacerme de él. Me
metíenunambiente
sórdidoqueahoraestoysufriendo,apesardequelogrépararloatiempo.El
mundodelsexoes
sucio,oscuroypeligroso.Aqueltipomehapreparadounaencerronadelas
grandesenviándomea
aquella chiquilla, asustada gracias a él. Él si la agredió varias veces y la
obligóairaalgunasfiestas,
forzándola a hacer cosas que no quería, como estar con varios hombres o
mujeres.Laura,yonotengo
nada que ver en eso. No soy un proxeneta, no abuso de mujeres. Por
dedicarmeaesto,dejela
música,dejémivida...—Sellevólasmanosalacara.
—Vasairalacárcel,Laurent—suspirésentadaasulado—;laspruebasson
contundentes.No
puedohacernadaporti.
—Investiga por mí, por favor. —Me cogió de las manos, mirándome
fijamentealosojos.
—No me pidas esto, Laurent. No me pidas esto. —Comencé a respirar
rápidamente.
—Soyinocente.Tejuroqueyonuncahehechonadailegal,nuncahetocadoa
unamujerqueno
haya querido, y en mis eventos contrato a mucha seguridad para velar por
todoslospresentes.Nunca
hapasadonadaenningunafiestaqueyohayaorganizado,lojuro.
—¿Yquéquieresquehagayo?—mequejéenalto—.Nopuedomantenerme
eneljuicio,no
puedojuzgarelcaso.Sialguienseenteradequeestamosjuntos,dequetúy
yosomos…
—¿Somos?—Laurentabriólosojosdeparenpar—.¿Considerasquesomos
algo?¿Y…?
—Penséqueestatarde,antesdeljuicio,habíaquedadoclaro.Peroahorano
séquépensar.Nosé
quécreer.Nisiquieratuvisteelvalordedecirmenada.Nisiquierasabíani
tunombrecompleto,nitu
apellido.¡Joder!YademásestáSasha…
—¿Siguesconél?
Melevantédelsofácomounresorte.Noteníanipuñeteraideadeconquién
estabayconquién
no.Sashallevabadossemanassindarseñalesdeviday,cuandoacababade
decidirme,eldestino
volvíaajoderme.
—Laurent,serámejorquetemarches.
—Megustaría…—Selevantó,seacercóamíymeacaricióelrostro.
—Vete—mealejé,dolidaconmigomisma—.Necesitopensar,necesitosaber
quéesloquevoya
hacer,ytúnodebesestarpresente.
—Pero…—replicó.
—Laurent,nopuedenvernosjuntos.Nopuedenrelacionarnossiquieresque
yotomeunadecisión
ecuánime, sea cual sea. Si decido investigar, no puedo verte. Si decido
juzgarte,nopuedoverte…No
puedo.
—¿Estoesunadiósentonces?
—Megustaríaquefueraunhastaluego,peronolosé.—Lomiréapuntode
quemislágrimas
comenzaranacaersinremedio.
—Esunamierda,¿no?—Susojostambiénestabanenrojecidos.
—Lo es, y ahora mismo querría hacerte el amor hasta el amanecer. —
Lloraba,mirándolo—.Pero
sí,esunamierda.
—Te quiero. Lo sabes, ¿no? —No asentí ni negué, mientras sus lágrimas
tambiéncaíanporsu
cara.
—Adiós, Laurent. —Abrí la puerta de casa para que se fuera, aun a
sabiendasdequeeramuy
posiblequenuncamásvolvieraaverlo.Cuandosonóelclicqueindicóque
lapuertayasehabía
cerrado, no pude más que ponerme a llorar, sujetándome el cuerpo. ¿Qué
coñoibaahacer?
Miréelrelojdelmóvil;nosabíaeltiempoquellevabaenelsofállorandoy
compadeciendomi
puñeterasuerteconelamor.¿Cómoseempeñabaeldestinoenfastidiarmela
vida?¿Cómopodría
volverarehacerme?
Eneseinstanteentróunallamadaeneldispositivo.«AleksandrVodianov»,
poníaenlapantalla.
«Yahora,él.»
Apartéelteléfono,lanzándololejosdemí,alotroladodelsofá.Sí,noseme
ocurriótirarlo
contralapared,nisiquieraircorriendoalbañoytirarloporelretrete;sólo
loalejé,alotrolado,
hastaqueesaodiosamelodíadejaradesonar.
No tuve que esperar mucho, terminó pronto para dar paso a los pitidos del
consabidomensaje
quesabíaquevendríadespués.Alarguélamano,lacuriosidad...
Estoyabajo,¿puedosubir?
Leíunayotravezaquelsimplewasap.
Acababadedeciradiósalqueprobablementehabíasidoelamordemivida
yquemehasido
arrebatado,aunapesardeserconscientedequelaúnicaculpabledeestar
asíhabíasidoyo.Yabajo
estabaelhombrealque,denuevoyo,lediunaoportunidaddeentrarenmi
vidayenesemomento…
¿Yenesemomentoqué,siestabahechaunaputamierda?¿Quécoñosentía
porél?
Lemandéunmensajealentándoloaquesubiera.Yesofueloquehizo,pero
yonisiquierapensé
en las consecuencias de la decisión que en ese mismo instante acababa de
tomar.Dicenquelas
decisiones no se deben tomar en caliente, y yo de eso sabía un poco, pero
estabacansadadellorar,
de compadecerme, y sólo necesitaba sentir; necesitaba sentirme querida,
deseada,talvezamada…
Apagué las luces de casa, pues no tenía ganas de dar explicaciones por la
caraylosojos
hinchados;unasimpleluzauxiliarquesalíaporlapuertadelsalóniluminaba
losuficientecomopara
no estar a oscuras. De fondo, por lo que llegaba de la ventana del patio
interior,alguienescuchabaa
SarahMcLachlanypensédenuevoenlopuñeteroqueeraeldestinoaloír
quelaletraversabasobre
lanecesidaddeestarentrelosbrazosdeunángel…
AbrílapuertaantesdequeSashatocaraeltimbre.
—Laura.—Tratodehablar,peronolodejé.Agarrésucabezaparaacercarla
alamíaybesarlo;
noqueríaoírsuvoz.
—Sasha,necesito…—Cerrólapuertatrasdesíconelpie,alaparquesus
manossemovían
diestraspormicuerpoparaamarrarmedelacintura.
—Losiento,sientohabermeidodelamanera…
—Shhhhh —Volví a besarlo mientras me deshacía de su chaqueta, le
desabrochabalacorbatayle
sacabaatrompiconeslacamisa,dejandoasíunregueroderopamientraslo
obligabaairami
habitación.
Yomismamequitélacamisetaquellevabapuesta,asícomolospantalones
dechándalquela
acompañaban.Sólollevabauntangapuestoy,alvermeasí,Sashasedeshizo
delcinturónydel
pantalóndetrajequellevaba.
Mecogióenvolandasymeposóenlacama,mirándomeporprimeravezcon
intensidadalos
ojos.
—¿Quéhapasado?—Suexpresióncambiódeinmediato.
—Sasha,noquierohablar.Porfavor—leacariciélanuca—,hazmeolvidar.
Sedesnudóporcompletoy,sinpreguntarmemás,setumbóencimademí.Me
acariciódearriba
abajo con la yema de los dedos; su lengua se paseó por los rincones más
escondidosdemipielysus
labios devoraron mi cuerpo, sin tregua. Nunca me había tratado con esa
delicadezaenlacama,
siempre había sido como un lobo hambriento seguro de sus sutiles
movimientos.
—Déjatequerer,mipequeñaNinotchka—mesusurrómientrasmequitabala
únicaprendaque
nosseparaba,mitanga—,dejaqueyotecuide.
Y,despacio,entróenmí.Semecióconcalmadentrodemicuerpo,comosi
unalevecariciade
vientomeacunara.Losentíhondo,fuertementeamarradoamipiel,peroala
vezcuidandodemi
alma.Meestabarompiendo...Sasha,conloquehacía,medescomponía,ylas
lágrimas
desconsoladas comenzaron a caer de mis ojos sin contemplación, a la vez
queunorgasmo
desgarradorluchabaporescapardemicuerpo.
Lo hice, me corrí, y fue lo más extraño que nunca me había ocurrido, pues
inmediatamente
después comencé a llorar como un niño pequeño al que le arrebatan su
juguetefavorito.Ymehice
una bola. Y Sasha me cobijó, besándome una y otra vez en la sien,
susurrándomesuavespalabrasen
rusoquenoentendí.
16
MedormíenlosbrazosdeSasha,deesoeradeloúnicoqueestabasegura,
yaquealabrirlosojos
nopodíanipensar,poreldolortanhorrorosodecabezaquetenía.Miedome
dabalevantarmey
posarmimiradaenunespejo;pánico.
—Buenosdías,preciosa.—Sonreípordentroalpercibirlaseseslíquidasde
supronunciación,
peroteníaquedisculparme.
—Sasha,yo…
—Cuéntamelo cuando estés preparada. Aún es pronto, descansa. —Y llevó
micuerpocontrasu
pecho,así,sinmás.
Yasí,sinmás,novolvimosahablarnuncamásdeaquellanoche.Sequedó
comounmal
recuerdo en nuestra memoria, pero yo no estaba bien. Lo intentaba, pero
sabíaquehabíaunapartede
míqueestabarotaenpedazosyquenoeracapazdereconstruirpormásque
hicieraelesfuerzo.La
ignoraba, no la tomaba en consideración y hacía todo lo posible por
olvidar…Conseguíaplazarel
juicio durante dos meses, utilizando varios subterfugios legales, pero iba a
serhonesta:pediríaque
el caso lo llevara otro juez. Sabía que no sería capaz de ser imparcial, y
podríaacabarincurriendo
enundelitodeprevaricación.
Lo que sí tenía claro era que no pararía hasta encontrar la verdad. La
documentaciónestabaclara,
era culpable, pero había algo dentro de mí que me decía todo lo contrario.
Esepedazocreíala
historia de Laurent. Él no era ese hombre que aparecía descrito en los
papeles,élnoeraun
proxeneta,niabusabadenadie,nitraficabaconsereshumanos,y,aunapesar
dequenovolveríaa
verlo,pensaballegarhastaelfondodeeseasuntoparaayudarlo.Nopodía
entrarenlacárcel,no
podíasercierto.
17
Desdeaquellanoche,laolvidada,llevábamosjuntosunmesySashacasise
habíamudadoami
apartamento;yonuncameiríaavivirasucasa,tanimpersonal.Admitoque
paramíresultabamucho
másfácilestarenmiterreno,enmiterritorio,contodaladocumentaciónque
precisabaamanopara
reunir las pruebas que demostrarían la inocencia de Laurent. Me estaba
volviendoloca,obsesiva;no
dejaba de indagar por todas partes, pero sólo encontraba puertas cerradas.
Necesitabahacerlode
otramanerayesomeestabaquitandoelsueño,elhambreycasilavida…
Melevantédelacamaparabeberunvasodeagua;laoscuridaderatotalyno
podíadormir.
Abrí la puerta de la cocina del apartamento, extrañamente decorado con un
gustoincreíble,
comparándoloconsuhorrorosacasa,ymeservíagua.Llevábamostresdías
enSanPetersburgo.
Sasha insistió demasiado como para negarme, pues quería llevarme a
conocerlaciudadquelovio
crecerylaverdadesquehabíamerecidolapena.Caminamossindescanso
deunlugaraotro,
pasamos una mañana entera en el museo del Hermitage, me llevó a un
conciertodemúsicaclásicade
Korsakov y conocí una faceta de Aleksandr que me sorprendió muy
positivamente.
Agarré el vaso y me lo llevé a la isla central de la cocina, para luego
sentarmeenunabanqueta
alta;bebídespacio,mirandolasespectacularesvistasdelríoNevá.Aquella
mismanochehabíamos
cenado con unos amigos de Sasha en esa casa y jugamos entre las dos
parejas.No,nomesentímal;
alcontrario,creoquefuemásunpasatiempodeprovocaciónqueotracosa.
Sóloestuveconél,sólo
él me penetró, pero me turbaba aquel tipo de relación tan extrañamente
abiertaquemanteníamos.
—¿Estásbien?—Oísuvozamiespalda.
—Sí,teníasedy…—Encogíloshombrosalavezquelemostrabaelvaso
deagua.
—Mehedespertadoalnosentirtucalorenlacama.¿Todobien?¿Hayalgo
quetemolestarade
estatarde?¿Noqueríasesetipodeencuentro?
—Tranquilo,Sasha.Noeslaprimeravezquelohacemos,¿no?—Élsonrió
demedioladode
formacondescendiente,perosabíaquemesucedíaalgo.
—Nomegustaríaquehicierasalgoquenotegustara,nunca,Ninotchka—me
abrazópordetrás
—,niqueteincomodara.Ymuchomenosqueteviolentase.
—Aleksandr.—Mepusesería.
—Sólodicesminombrecompletocuandoteenfadas—besómicuello—o
cuandovasacorrerte,
yahoranosucedeningunadelasdoscosas.
—Tengounafalta.—Ala,yalohabíasoltado.
—Nocomprendoquéquieresdecir.—Sediolavuelta,sinsoltarmicintura,
paramirarmede
frente.
—Por Dios, Sasha, no es tan difícil de entender. —Me separé de él al
bajarmedelabanqueta—.
Nomehabajadolaregla—apartirdeahísepusoenmarchamimáquinade
hablar—,peronote
preocupes: en cuanto lleguemos, en un par de días, a España, me haré las
pruebasy,siestoy
embarazada, me encargaré de todo. No quiero que te preocupes por nada,
sobretodoteniendoen
cuentaquenosési…
—Ninotchka, relájate —acarició mi cara con sus manos—; no es lo más
adecuadoparanosotros
enestemomento,pero,siestásencinta,bienvenidosea.—Mebesópara,a
continuación,abrazarme.
Loqueélnosabíaeraquehabíacortadomifrasejustoenelmomentoenel
queibaadecirleque
nosabíaquiéneraelpadre,éloLaurent;estuveconlosdosesemismodía,y
sinprotección,pues
con Laurent, en la ducha, se nos fue de las manos… Debió de fallar la
píldora.
«¡¡¡Gilipollas!!!»,acabégritándomementalmente.
Y ahí estaba yo, en una farmacia, comprando el dichoso dispositivo para
sabersiestabaono
preñada.
Hacía ya cinco días que habíamos regresado de Rusia y Sasha se había
comportadocomoun
verdadero amor conmigo desde el momento en el que supo que podía estar
esperandounbebé,él
pensabaquesuyo.Mecuidócomoningúnhombrelohabíahechojamás;me
llenódecaprichosque
nonecesitaba,decariciasquenohabíapedidoydemiradasllenasdecariño
quenuncaledevolví.
Sí,porque,pormásquelointentara,Laurentnodejabadeaparecerunayotra
vezenmimente.
Renuncié al caso; me inventé una patraña absurda con tal de no decir la
verdad,posible
prevaricación. Posible, no: estaba segura de que no hubiese sido capaz de
meterloenlacárcela
pesardetodoslosjodidosindicios,pruebasydocumentos.
—Buenastardes,¿quédesea,señora?¿Señora?—Mesacódemiensoñación
lafarmacéutica.
—Sí,perdón.¿Mepodríadaruntestdeembarazo?
—¡Embarazo! —Oí una voz a mi espalda que me hizo cerrar los ojos de
vergüenza.
—Hola,Amparo—lasaludéaltiempoquepensabasiesgrimirlaperegrina
excusade«noes
paramí».
—¿Puedesexplicarmeesto?—Memiróconcaradeasombro.
—¿Quieresbajarlavoz?Yaessuficienteconquetúlosepascomoparaque
seenteretodoel
mundo.
—Hija,esquepodríashaberteidoaotrafarmaciaynoalaqueestájustoal
ladodeljuzgado—
merecriminó.
—Tienesrazón—Paguéalafarmacéuticaymegiréparairme.
—¿Adóndevassinmí?—Amparomesiguió.
—¿Túnopretendíascompraralgo?
—Puede esperar, sólo quería unos caramelos de esos que suavizan la
garganta.—Mecogiódel
brazoysoltó—:Asíque,perlita,vamosatomaruncafé,quetevendrábien
paratenerpis,ymelo
cuentastododepeapa.
Yasílohicimos.Entrecafé,lágrimas,sorbosyllantinas,acabécontándole
todalahistoria,sin
losmomentosmásescabrosos,aAmparo,quememirabaconlabocaabierta
ysinsoltarmelas
manos.
—Noséquédecirte,cielo.—Mepasóotropañueloparaquemesecarade
nuevolaslágrimas—.
Nosoytumadre,niedadtengoparaserlo,peroechartelabroncapornousar
protecciónnosirveya
denada,siestásencinta.Pero,aver,siloestás...vasatenerunbuenlíoen
lacabeza.Sihablas,
puedesperderaSasha,seaonosuhijo,ysinohablas,puedesvolverteloca.
—Amparo…—empecéaprotestar.
—Espera —cogió aire para continuar—. Como te conozco, sé que vas a
hablardetodasmaneras.
Tediréunacosa,sólouna:piensarealmentequéesloquequieres,aquién
quieresyloquetu
corazóntedice.
—Esquenodejode…
—Pensar en el jovencito surfero reconvertido a proxeneta. —Acarició mi
rostroeneseinstante.
—Nocreoqueélseaesoqueindicanlaspruebas.—Volvíaponermeallorar
comouna
Magdalena—.Amparo,nohagomásquebuscarinformación,iniciarnuevas
líneasdeinvestigación
que justifiquen que no lo es. Me voy a volver tarumba, estoy perdiendo el
juicio.
—Eso es amor, cariño, por mucho que te duela aceptarlo. Estás enamorada
deélhastael
corvejón.
—¿YSasha?Deélpodríaenamorarme.
—Nohaspodido,cariño—memiróconmuchaverdadenlosojos—;note
puedesenamorarde
alguiencuandoyaestásenamorado.
—Amparo¿quévoyahacer?—demandé,mirandolabolsadelafarmaciay
elpaquetedeclínex
gastado.
—Sersinceracontigomisma.Ydespués,túverás,porqueestásmetiéndoteen
unterreno
peligrosoparati.Hicistemuybieninhibiéndotedeesecaso;habríaspuesto
enjuegotutrabajoporun
hombre del que estás enamorada y, si esto se hubiese sabido, te habrían
echadodeljuzgado...pero
esodequeestésindagandoportucuentapuedeserpeligroso,ypuedetraerte
problemas,Laura;ten
cuidado.
—Nopuedoabandonarlo,Amparo,necesitaayuda.Élsolo…
—Laura,túnoeressusalvadora.
—Peropodríaserlo,deboserlo…
—Veteacasaypiensaenti.
18
Sersincera…
Desde que aquel cabronazo de mi exnovio casado me hiciera tanto daño,
nuncahabíapodido
sincerarme conmigo misma. Jamás, desde entonces, había querido mirar
dentrodemicorazónpara
poner en orden todos mis sentimientos. Era mucho más fácil llegar, ver y
vencer;así,alamañana
siguiente,loúnicoqueteníaquedecireraun«adiós,hasidounplacer».Pero
Laurentrompiótodos
mis esquemas y tuve que salir corriendo; me hizo pensar demasiado y no
quisevolveraenamorarme.
Lo que no sabía era que, desde el momento en el que salí huyendo de sus
brazos,yaestabacolada
porél.LomásparecidoquehabíatenidoaaquelloloexperimentéconSasha,
peroélhabíaentrado
en mi vida de manera atropellada. «¿Por qué una no podrá enamorarse de
quienquiere?¿Por
qué…?»
Volvíallorarcomounabobaconeltestdeembarazoenunamanoyelmóvil
enlaotra.Sentía
unacongojaindescriptible,ynoyaporelhechodeestaronoencinta,sino
porqueteníaquedecidir
si contárselo todo a Sasha antes o después de hacerme la prueba. Él se
merecíaalgomásdeloqueyo
le estaba ofreciendo, pero ¿cómo podía decirle todo lo que había pasado?,
¿cómoseríacapazde
explicarlequeaúnamabaaLaurent?,¿cómopodríaasumirque,sinohubiera
pasadolodeljuicio,
nuncahabríamosidoaSanPetersburgoniafianzadonuestrarelación?¿Cómo
explicarlequeLaurent
estaba acusado por proxenetismo, abuso y trata de blancas y yo estaba
intentandoayudarloparaque
lo declararan inocente, a pesar de que todas mis indagaciones y peticiones
mellevabanacreerlo
culpable,ademásdeldesquiciantetiempoqueestabaperdiendoparaqueno
fueracondenado?
Nomehizofaltatomarladecisión,abriólapuertaconsupropiallave.
—Laura.—Oísuvoz.
—Aquí,enmidespacho—leindiqué,asustada.
Entróenély,alvermeconeltestenlamano,seacercótemeroso.Sentísu
manosobremihombro
y,consuavidad,mepreguntó:
—¿Sabemosalgoya?—Bajólamanoparaacariciarmeelbrazoymebesó
enloslabios—.¿Voy
aserpadre?
Lomiréconojostristesyesoloalertó.
—Aleksandr,quierocontartealgo.
—Creoquenomevaagustar,loveoentumirada.
—Quieroquelosepastodoantesdehacermeeltestdeembarazo.
—Simevasacontarquenoestásenamoradademí,esoyalosé,miquerida
Ninotchka—me
sorprendió con su respuesta—. Pero tenía el convencimiento de que con el
tiempo…
—Lo siento, Aleksandr, pero las cosas no se pueden forzar... aunque lo he
intentadocontodasmis
fuerzas.
—No te preocupes y te repito que, si estás embarazada, yo estaré ahora y
siemprecontigoyel
bebéparaloquenecesitéis.
—Esque...—cogíaire;esoibaasermuyduroparamí,noqueríaniimaginar
cómoseríaparaél
—...haymuchomás…
Cuando las lágrimas acabaron de salir por mis ojos, al igual que toda la
historiapormiboca,mi
cuerposevencióycaíalsuelosinfuerzasparanada.Sashasólosellevaba
lasmanosalacabezay
negabaunayotravez.Repetíunaymilvecesquelosentía,quenuncaquise
engañarlodeesamanera
yquemesentíaunaimbécil,unamalapersona;quedesdehacíaunmessólo
estabatrabajandopara
poderlibraraLaurentdeljuicioydelasentenciaqueseleveníaencima.
Pero,cuandopensabaquelasituaciónsólopodríairapeor,Sashaselevantó
delasillaenlaque
estabasentadoyseacercóamí,quepermanecíaenelsuelo,ycondulzura
meinstóalevantarme.
—Ninotchka,lascosasnosonsiemprecomoqueremos,perohemosdesaber
sitenemosque
preocuparnosporunbienmayor.
—Sasha—balbuceéentresusbrazos.
—Laura,loprimeroesloprimero.—Cogiódelamesaeltestdeembarazoy
meloofreció—.
Creoqueestosólopuedeshacerlotú,¿verdad?—Viunatisbodesonrisaen
suslabios.
—Sí,sóloyo—respondícomounaidiota.
—Adelanteentonces—acariciómirostro—,noiréaningunaparte.
«Soy tonta, imbécil, idiota y todos los adjetivos negativos que pueda
adjudicarmeparadescribir
loqueestoyhaciendoconesehombre,quien,aunasabiendasdequenoestoy
enamoradadeél,no
paradeconquistarme.Yahora…ahora,conloquepuedevenírsemeencima,
sigueamilado,nose
haido...inclusoconladudadequepuedequeelbebénoseasuyo,yqueel
otrovaaentrarenla
cárcelporlosenredosenlosquelohametidounmalsociodesupadre.»
Me senté en la taza del váter y comencé a leer las instrucciones. Quitar
plástico,quitartapay
hacerpisencimadela…«Leído;ahora,aproceder.»
Cerrélatapayesperé.
Lo hice con los ojos cerrados y la cabeza apoyada entre las piernas, sin
atrevermeamirarqué
iba a ocurrir. «Sólo pueden pasar dos cosas: o estoy embarazada o no lo
estoy.Lógicapura.Visto
mispensamientos,avecestengolasensacióndequemedebedefaltaruna
neurona,pormis
elucubraciones, pero es así: cincuenta por ciento de posibilidades. No hay
más.Bueno,quizáunfalso
positivo,peroyameestoy…»
Unosgolpesenlapuertadelbañomedespertarondemidelirio.
—Laura,¿todobien?
—Sí,sí.¿Pasaalgo?
—Es que llevas veinte minutos ahí dentro y… —dijo Sasha desde el otro
lado.
No quería comprobar sola el resultado de la prueba de embarazo y acabé
invitándoloaentrar.
—Pasa,aúnnolahemirado.
La manilla giró y Sasha entró; no levanté la cabeza, pero sí la mirada. Se
habíaquitadolacorbata
ylachaqueta,yremangadolasmangasdelacamisapordebajodeloscodos.
Alargólamanopara
cogerelplástico,perointerpuselamía,deteniéndolo.
—Noteentiendo—casisusurró.
—Esquenotengoelvalorsuficienteparaverlosola.
—Peronopasanada—medijo—;siestásembarazadaserábonito…
—¿Enserio?—lecontestémirándoloconlosojosrojizosporelllanto.
—Déjame, anda. —Tomó el mando de la situación cogiendo el test, pero
inmediatamentesele
cambióelrostro.
—Estoy embarazada, ¿verdad? —Casi me encogí, sentada en la taza del
servicio.
Sashamedioeldispositivoconlacabezagachay,mientrasyomedecidíaa
verelresultado,su
vozsonótristeyprofunda.
—Supongoqueestoesunadiós.
—Sasha…—musitéconvozqueda,intuyendoquenohabíasalidopositivo.
—Laura, serás feliz, te lo prometo. Me encargaré personalmente de que
tengastodoloque
quieres.
Miré el test; era claro, no estaba encinta. Luego levanté la mirada hacia
Sasha.
—Supongo que sí que lo es. —Me mantuve en la misma posición,
observandocómosalíadel
cuarto de baño. Percibí cómo removía algunas cosas y cómo dejaba las
llavesenalgúnlugardel
salón, y luego la puerta de mi casa se cerró. Justo cuando el golpe se oyó,
comencéatemblarsin
control.Micuerponorespondíaaningunadelasórdenesqueintentabadarle,
sóloqueríairmeal
sofá.Cogíelteléfonomóvilymarquéelprimernúmeroquerecordé.
—Hola,Laura,¿quépasa?—Sólopudesollozar—.¿Laura?
—Amparo—pudefarfullarfinalmente—.Necesitoquevengasacasa…
—Voy,ahoramismovoy…
19
Sabía, visto lo visto, que me había convertido en una mujer obsesiva, y la
verdaderaquehabía
dejado de preocuparme de mi vida para centrarme en la de los demás. Sí,
sólomehabíadedicadoa
trabajarcomounacondenadaynisiquierahabíasalidolosfinesdesemana.
Si teníamos que hacer turnos en el juzgado o guardias, allí estaba yo para
ofrecerme.Había
pasado más de seis meses trabajando sin mirar atrás; no me lo había
permitido,nohabíatenido
tiempo,nomehabíaqueridoflagelar.
Aunque en su momento había tenido el valor de no seguir adelante con el
juiciocontraLaurent,
por falta de objetividad, no podía quitármelo de la cabeza. La causa había
vueltoaaplazarse...yyo,
cuando tenía algún rato libre, seguía intentando reunir información sobre
aquelexsociodelpadredel
hombrealqueamaba.
Esetiponoeratrigolimpio.
Mejuréquedestaparíatodasumierda.QuizánopudieralibraraLaurentdel
juicio,perosíque
iba a ir a por aquel malnacido, aquel violador, aquel hijo de puta que me
habíajodidolavida.Ibaa
ser su peor pesadilla, y presentía que quedaba muy poco para que pudiera
presentartodaslas
pruebas.
Suvidaenlibertadestaríaenmismanos.
¿Mividasentimental?¿Esoquéera?Habíadejadodesalirdesdeelinstante
enelqueSashasalió
demivida.Nosabíaloquemehabíapasadoconél,peroloquesímehabía
quedadoclaroeraque
amaba a Laurent más de lo que nunca hubiera creído. Y me volvía loca no
podercontactarconél.
Dosmeses,sí,hacíadosmesesquenocontestabaalasllamadasdeNuriay
Lucí;nisiquiera
respondíaalasdeLourdes,aunsabiendoquemellamabadesdeMéxico.Qué
putamierda,enserio.
Me estaba volviendo una ermitaña de manual. «¿Quién me ha visto y quién
meve?»Pero
necesitaba mi espacio para poder poner en orden mis pensamientos… y, lo
másimportante,mis
sentimientos. Estaba perdiendo el juicio por segundos, sólo la sed de
venganzamehacíaseguir
adelante.
Todavíaestabaintentandodesperezarmeenlacamacuandooíunossonoros
golpesenlapuerta.
No les di mayor importancia; pensé que se trataba de algún miembro de
algunaconfesiónque
queríaconvenceraunaagnósticadealgo,asíquemedilavueltayagarréla
almohadapara
ponérmelaencimadelacabeza…
Losgolpesnocesabany,paracolmodemales,elmóvilcomenzóasonar…
—Idostodosalamierda—gritéenalto,sinsaberexactamentequépasaba,a
laparquecogíael
teléfono y miraba de quién se trataba—. ¿Quién coño te manda llamarme a
estahora?—solté.
—Anda,güerita,abrelapuertaoLucíaestádecididaairalcentrocomercial
acomprarun
martillohidráulico.
—¿Lourdes?¿Lucía?¿Quécoño…?
—¡Oabreslapuertaollamoamimarido!—DistinguílavozdeNuria.
—¿Lapolicía?—ÉstaeraLucía—.¡Unamierda!Alechesabrolapuertade
unavez.
—¡Quieto todo el mundo! —La voz de Lourdes serenó el momento—.
QueridaLaura,¿haría
ustedelfavordeabrirnoslapuerta?
Colguéelmóvilynomequedómásremedioqueiraabrir.Alhacerlo,me
encontrédefrentecon
mistresamigas,quememirabanconcaradepocosamigos.
—¿Ytúquécoñohacesaquí?—fueloprimeroquesaliódemislabiosalver
aLourdes.
—Loquemesaledelpotorro—mecontestódecidida,talycomoellaera,a
lavezqueme
apartabayentrabaenmicasaseguidadelasdemáschicas.
—Laura,necesitassalirdeestebucle—sentencióNuria.
—¿Enserio?¿Podéisirosunpoquitoalamierda?—Puessí,esofueloque
saliódemislabios.
—Enlamierdaestástú,corazón.—Lucíamemiróconojosdepreocupación.
—Laura,debeshaceralgo.—Lourdesmemiró,cogiéndomedelamano.
—Lourdes…—fueloúnicoquesaliódemislabios.
—Losabentodo,cielo,nohaysecretos—confesó.
—Medoliómuchoquenomecontarasnada—sequejóNuria.
—Losiento,chicas,noquisepreocuparos.—Bajélacabeza,avergonzada.
—Me da igual lo que sientas —soltó Lucía—. Lourdes, hazle una maleta.
Nuri,mételaenla
ducha.OperaciónCantabriaenmarcha…
—Pero¿quédices?—mequejé.
—Seacabó—soltóLourdes—;estamosaquíparasalvartedetimisma.
—Vamos,alagua.—NuriameempujabaendirecciónalbañomientrasLucía
meacariciabael
antebrazo.
—Cariño,hemosvenidotodas;necesitassonreír.
—¿En Cantabria? ¿Es una broma? —medio sonreí socarronamente—. Me
niegoadescansary
olvidarmedetodoconesemaridoquetienes.
—Idiota…—exclamóconcaradeenamorada.
—Sí,perolosabes…
Dos horas más tarde estaba de camino al norte, sin saber por qué y sin
preguntarmuchomás.
ÍbamosenelcochedeNuria,yaqueLourdes,desdeMéxico,yLucía,desde
Cantabria,habían
venido en avión. Me dio un poco igual, ya que me dejé llevar. No tenía
preocupacionesmásalláde
mitrabajo;todolohabíaapartadoabasedepatadasvirtualesy,viendoeldía
queera,enviéun
mensajeaAmparoparaquemecubriera,paraquemeecharaunbuencapote.
Surespuestafueun
emoticonosonrienteyunasmanoshaciendopalmas.¿Quéharíayosinella?
Duranteeltrayectohablaronsinparar:Lourdes,metiéndoseconNuriaporsu
maneradeconducir
tanlenta;Lucía,comosiempre,ejerciendodepacificadora,mientrasquela
acusadalasamenazaba
condejarlasenlacuneta.
Sonreí; éramos las de siempre, a pesar de nuestras circunstancias. Prometo
queenesemomento
intentéolvidarmedetodoyformarpartedeellas,perosólopodíapensaren
queaquellastreschicas
quehabíansufridoporamor,quizámásqueyo,habíantenidosufinalfeliz;su
caballerodebrillante
armaduraesperándolasasuregreso.Yallíestabayo,casisalidadeunfinal
dignodecualquier
telenovela en la que la protagonista no obtiene la felicidad que tanto ha
soñado.
Lucía sonreía a mi lado, sin soltarme de la mano. Lourdes picaba a Nuria,
sentadaenelasiento
delcopiloto.Nuria,nerviosa,secolocabaunayotravezlasgafasdesolen
elpuente,enunintento
deserenarsecontaldenodarleunmanotazoalamorena.
—Laura, todo va a ir bien. —Como si me hubiera leído el pensamiento,
Lucíamemirabay
sonreía.
—¿Cómopuedesestartansegura?—mequejé.
—Porqueyoestuvedondehasestadotú...ytodosalióbien.
—Meencantaríapodercreerlo,peromeconformoconqueyanoduelatanto.
—Meapretómásla
mano,sonriendoconcariño.
Llegamos a la posada de Lucía y Rodrigo; allí él nos esperaba con una
sonrisaenelrostro.
Después de saludar a todas las chicas, se acercó cariñosamente a mí y me
susurró:
—Todovaasalirbien,teloprometo.
—¿Oshabéispuestodeacuerdotumujerytú?—Seencogiódehombrosy
volvióaabrazarme.
—Vamos,chicos—intervinoLourdes—;tengounhambrequenopuedocon
mivida.
—Meapunto.—Nuriasonrió.
—Ohhh, una cerveza helada —comentó Lucía mientras miraba el reloj—,
peroantesmevoya
porelenanoalaguarde.Tardoquinceminutos.
Pasamoslatardejuntas,riendoyresguardándonosdelalluviaexteriorenel
salóndelanueva
casa que había diseñado Rodrigo; era mucho más amplia que la anterior, y
convariashabitaciones.
Sinpodersalir,aquellanochelapasamosriendoyrecordandoviejasbatallas
nocturnaslibradas
en las calles de Madrid. Habíamos sido los cuatro jinetes del Apocalipsis.
Quiennosviera
entonces…
Me fui a la cama muerta de sueño, y fue la primera vez que, al cerrar los
ojos,Morfeovinoami
encuentrosinretrasos.Seacercóysuavementemellevóasureino.
Nohabíadormidotantoenmivida,penséalabrirlosojosydarmecuentade
quelassábanasen
las que estaba envuelta no eran mías. Di un salto en la cama para
incorporarme,intentandosaber
dóndeestaba…yrespirémástranquilaalverqueenlacamademiderecha
aúndormíaNuria,y
Lourdesestabaenotracama,anuestrospies.
Mevestírápidamentesinhacermuchoruido;meapetecíabajaralacocinay
prepararmeuncafé
antes de que todo el mundo estuviera despierto. Pero estaba equivocada al
pensaraquello:Lucía
estabaallípreparandounbiberónydejandolacafeterahecha.
—Buenosdías,nena—mesaludócogiendoalpequeño,conlaintenciónde
pasármeloamis
brazos—,¿teimportaríadarleelbiberónmientraspreparoalgodedesayuno?
—Claroqueno.—Cogíalcríoparadarlesudesayunodecereales—.¿Está
Rodrigotrabajando?
—No.Enestasfechaslaposadaestácerrada,pero,detodasformas,yasabes
quetodoslosdías
quepuedesevaalmar.
—Ah...—HabíaidoaCantabriaparaolvidarmedeLaurentylaidiotademí
recordóquetodo
comenzóallí.
—Venga,siéntateytepongoalgodecomer.
En ese instante oímos abrirse la puerta de casa y a Rodrigo charlando
animadamenteconalguien.
Lucíasetensó,pudeverloensucara.
—Deja,Laura,yaterminoyodedarleeldesayuno—mepropuso,yagarróal
niño.Yofruncíel
ceño.
—Lucía —oímos pasos acercándose—: mira quién ha estado haciendo surf
conmigo.
Como si de un gran tsunami se tratara, por la puerta de la cocina apareció
Laurent.Nosonreía,y
yanollevabalabarbaconlaquevolvíaencontrarmeconél.
Nos miramos por un segundo, un momento que se me hizo eterno y que,
desgraciadamente,no
pudedigerir,porloquecomencéarespirarcadavezmásfuerte.
—Hola.—Oísusuavevozalsaludar.
MiréaLucía,quepormomentosseponíapálida,yluegoaRodrigo,quetenía
carade
circunstancias.
Echédegolpelasillaparaatrás.
—No esperaba que me hicierais esto. —Salí corriendo de la cocina,
apartandodeunempujóna
Laurent de mi camino. Oía cómo gritaba mi nombre, pero yo sólo quería
escapar.
Nuriasecruzóconmigo.
—¿Quétepasa?
—Lasllavesdetucoche—leexigí.
—¿Qué?—Memirócomosiestuvieradelantedeunademente.
—¡Quemedeslasputasllavesdetucoche!—grité.
—¡Oye,¿atiquétepasa?!—OípordetrásaLourdes.
—Lasllaves,mevoy—sentencié.
—Peroquécoño…—Lourdesfueareplicaralgo,cuandodeprontoLaurent
apareció,intentando
detenerme.
—Laura,yosólo…
—Las llaves. —Ni lo miré, para dirigirme a Nuria, que con cara de
circunstanciasmealargólas
llaves.
—Laura,porfavor,déjame…
—Eso,déjametúamí.—Dichoesto,salídisparadaporlapuerta.
¿Quéputamierdadeencerronahabíasidoésa?¿QuécojoneshacíanLucíay
Rodrigometiendo
las narices en mi vida? Y las otras dos, ¿sabían algo? Joder, no tenía ni
puñeteraideadeadóndeir.
Nollevabanada:nielmóvil,nilacartera,nimimaleta…
Conduje casi dando vueltas para, sin saber cómo, acabar en una pequeña
playaenlaque,al
fondo, se veía una ermita diminuta excavada en una roca, y el mar
embravecidochocabacontrael
acantilado. Me senté en uno de los bancos, recordando por qué mi
subconscientemehizollegaraesa
playa…
—¿Te marcharás sin despedirte, verdad? —Lo miré acercándome a él y
sentándomeensus
piernas.
—Nuncasemeocurriría,¿porquélodices?—Pusemismanosensucuello
parasujetarme
mejor.
—Tengoelpálpitodequedesaparecerásdemivida.
—Laurent,eresdemasiadopeliculero—lerecriminé,besándoloactoseguido
enloslabios.
—Soymásjovenquetú,seguroque…
—Seguroquenada,déjatedetonteríasybésamealamparodelasestrellas.
Mellevélasmanosalacabeza;aquéllafuenuestraúltimanoche,puesala
mañanasiguienteme
despertéaterrorizadaysalípitandosinvolverlavistaatrás.Lamañanaenla
quedejéescapar,por
primeravez,alamordemivida.Alsurferoconvertidoenproxeneta…
Desconozcocuándotiempopaséobservandocómolasolasentrabanysalían
deaquellapequeña
cala, deteriorada por una horrorosa galerna tiempo atrás. Las piedras
entrabanysalían,ayudándome
a no pensar en nada hasta que comencé a temblar. Primero creí que era
debidoaltiempo,pues,a
pesar de estar el sol en lo alto, como había estado lloviendo todo el día
anterior,nohacíamucho
calor.Perono,luegomedicuentadequelostembloreseranpormiculpa,al
sentirlaprimera
lágrimacaerpormismejillas.Noteníafrío,sinoqueestabadestrozadaalser
conscientedequeno
podíahacernadaconrespectoaLaurent.Nisiquierasabíaquéhacíaallí;se
suponíaquedebíaestar
encarcelado; los indicios eran claros, la sentencia la tenía clara en mi
cabeza…Lavidanoerajusta.
—¡¡¡Noesjusta!!!—gritéaladesesperada,solaenaquelsolitariolugar,ala
parquemeechaba
lasmanosalacara;yanodejédellorarniunsólominuto.
—Loquenoesjustoesloquenoshemosestadohaciendo.—Sentíelabrazo
deLaurent,pero,al
reconocerlo,meaparté.
—¿Quéhaces?—Lomirésinsiquierapoderrecriminarlenada.
—Laura,déjamehablar.
—Laurent —suspiré —, no puede ser. De verdad. Ahora no puedo… —Lo
miréalosojos.
—Estástriste.—Meacariciólasmejillas.
—Eresmuylisto—soltésarcásticamente—.¿Cuándotejuzgan?
—Nomevanajuzgar.Llevoaquítresdías;nosérealmentequéesloqueha
podidopasar.Me
llamarondelapolicíahacecincodíasparadecirmequetodosloscargosen
micontrasehabían
desestimado.Cuandomevolvieronaasignarfechadejuicio,aparecieronen
lapolicíaunos
documentos,cintasyfotografíasqueinculpabanalexsociodemipadre,tal
comotedije,asícomo
una cinta donde explícitamente se lo oía mientras contrataba a una persona
parahacermeparecer
culpabledetodo.Noséquiénlosentregóalasautoridades,notengoniidea
dequiénfacilitóese
material, pero inmediatamente después todos los cargos que pesaban en mi
contradesaparecieron.
No sólo eso, sino que encerraron a aquel tipo y se liberó de la esclavitud
sexualacercadeveinte
chicas.
—¿Cómo? ¿Perdona? ¿Me estás diciendo que, por obra y arte del Espíritu
Santo,aparecieron
documentos exculpatorios a tu favor? —Mi corazón comenzó a latir con
fuerza,sabíaquiénhabía
sidoelresponsabledeaquello.
—Sí, no sé quién fue. La policía nunca quiso facilitarme esa información;
sólomedejócaerque
habíasidountipoconsuertealteneramistadescontantainfluencia.
—¡Oh, Dios mío! —Me llevé las manos a la boca, al saber perfectamente
quiénhabíasidola
personaencargadadeaveriguarlotodoparaliberaraLaurent.
—Laura,perdonaaLucía.Ellamedijoqueteibanatraeraquí.Enrealidad
tediréquefueidea
mía cuando me contó qué te pasaba. Le dije que quería verte a toda costa,
peroenalgúnlugardonde
nopudierasescapar.
—Mevaaoír—susurré,furiosaconella.
—No la pagues con ellos, han sufrido mucho. Rodrigo, el pobre, no sabía
nadadeesto,pero
NuriayLourdesalgoseolían.Seloheexplicadotodo.Teesperanencasa.
—Cogióaire—.Nos
esperan,simeaceptas.
—Pero¿ytuvida?¿Tuestilodevida?¿Laempresa?
—La vendí, ya te dije que no era lo mío, y vi dinero fácil. He vuelto a la
música.
—¿Lahasvendido?
—Sí.Melacompróunruso.—Sonreídemediolado,Sasha—.¿Qué?
—¿Llegasteaconocerlo?—preguntéinsegura.
—No,todolohizoatravésdesusabogados.CreoquesellamaAleksandr
Vodianov
—¡Cielos!—MequitélaslágrimasdelacaraymeacerquéaLaurentpara
sentarmesobresus
piernas,comoaquellaúltimanoche.
—Mapetitechatte—murmuróenmicuello.
—Sí,Laurent,tequieroenmivida—sentenciéenaquelmomento,alapar
quesusgrandesmanos
sujetabanmirostroyabalanzabasubocasobremislabios.
—Jet'aime,mavie—declaróantesdeprofundizarelbeso.
—Tequiero,tequiero,tequiero—casigritesobresuboca,riendocomouna
locamientrasnos
besábamos.
Epílogo
Estabanerviosa,noteníaniideadelasorpresaquemehabíanpreparadopor
micumpleaños.Eran
yatreintayochocastañaslasquecaíansobremí,yLaurentseempeñóenque
lacelebracióndebía
seralgoespecial.
La verdad era que me daba un poco igual, lo prometo; con una cena, unas
copasyunalarga
sesióndesexo,mevalía.Perono;nosabíaquéintencióntenía,peromedijo
quetodoestabaen
buenasmanos,quemededicaraanosotrosdosyqueesanochedescubriría
muchomás.
Llevábamos viviendo juntos casi un año en mi pequeño apartamento y, la
verdad,nos
compenetrábamos bastante bien. Cierto era que Laurent viajaba por todo el
mundograciasasubuen
nombre como disyóquey, y yo lo acompañaba alguna vez que otra, si podía
compaginarloconmi
trabajoeneljuzgado.Selocontétodo;sabíaabsolutamentetodoloquehabía
pasadodesdeque
conocíaSashaylosucedidoentrenosotros.Nomeculpó,sóloseculpóasí
mismopornopoder
haberestadoaqueldíaenelquelasdudasmeasaltaronenelcuartodebaño.
Ahora las dudas volvían a asaltarme, pues, desde que supo de aquella
situación,nohacíamásque
insinuarmequepodríamostenerunhijo.Siemprequemeloproponía,mereía
ylerecordabaqueera
cuatroañosmayor;porlotanto,deberíaseryolaquetuvieraprisa.Siempre
queselomencionaba,
setirabasobremíyacabábamosdenuevopracticandosexo.
Pensabaenelfuturoentreambosamenudoynovoyamentirsidigoqueme
dabamiedo.Viajaba
mucho,pasabainnumerableshorassolo,conocíaamujerespreciosasenlas
discotecasoenlas
fiestas en las que pinchaba. Pero, al llegar a casa o cuando iba con él a
algunadeaquellasfiestas,
veíaque,sisusojosseapartandelamesademezclas,sólomemirabaamí.
Yosóloloveíaaél,y
ahí es cuando se me olvidaban todas las tonterías que podían flotar por mi
mente.
«Puede,ysólodigopuede,quealgúndíalepidamatrimonio.Sí...llegaráun
díaenelquelediré
quevengaaljuzgadoyledejarésinhabla.Séqueélquierecasarse,también,
peroyo…Laverdades
quenohagomásqueponerpegas,¿no?Loamo,éseeselresumen.»
—Laura,dateprisa,nosestánesperandoya.—Pasópormilado,besándome
elcuello.
—Voy,voy…esque...comonoséadóndevamos.
—Nodebessaberlo,túdéjatellevarydisfruta.Estucumpleaños.Eldíaen
elquedebespasarlo
demaravilla.
—Losé,peroestoynerviosa.
—Notepreocupes,serágenial.
—Venga,yaestoylista—leanunciécogiendoelbolsodelamesilladenoche
yponiéndomeen
marcha.
—Perfecto, entonces. —Pilló las llaves del coche de encima de la mesa y
salimosrumboalo
desconocido;bueno,porlomenosparamí.
Condujo durante bastante rato. Dirección norte, hacia la sierra. Menos mal
queeraunanoche
calurosa;sí,yonacíenseptiembre,quéselevaahacer.Viquesedesviaba
haciaunadeesas
urbanizacionesdelujo.
—¿Adóndevamos?—preguntécuriosa.
—Tranquila,yaestamosllegando.
Vicómogirabaenunarotondayentrabaenunacasaconunagranverja.Lo
mirélevantandouna
ceja.Sólopudedistinguircómosonreíademediolado.
Aparcóelcoche,pero,antesdesalirdeél,envióunmensajeporelmóvila
alguien.
—Tododebeestarperfectoparamiprincesa—sejustificó.
Al llegar a la puerta de entrada, dos caballeros perfectamente vestidos nos
entregarondos
mascarasrojaspreciosamentetrabajadas.
—Póntela—mepidiómientrasélsecolocabalasuyaymeayudabaahacer
lomismoconlamía.
—¿Qué…?—Nopudeterminarlafrase,pueslapuertaseabrióyunmontón
depersonas,todas
conmáscara,seacercaronamíparafelicitarme.
—Felizcumpleaños,cariño.—Besómislabiosentremáscaras.
—Eresuncerdo—loregañéfalsamente—,mehashechocreerque…
—Hace dos años, más o menos, volvimos a encontrarnos. ¿Qué mejor que
recordarlodeesta
manera?
—Tienesunamenteperversa.
—Luegoteenseñaréloquemimenteperversahapreparadoparati.
—¡¡¡¡Nena!!!! —A pesar de las máscaras, pude distinguir a Nuria y su
marido.Ibanseguidosde
Lucía, Lourdes, Rodrigo y Fher—. ¡Pero qué fiestón! Cómo se nota que
Laurentaúntienecontactos.
Estoeslaleche.
—Felicidades.—Lucíameabrazóysentísubarriga,redondeadadenuevo.
—¿Lucía?¿Rodrigo?—Losmiréalosdosindistintamente.
—Esqueallíarribaseestámuysolo—bromeóRodrigo,riendo.
—Quécachondos—solté.
—Anda, vamos a divertirnos, que Nuri tiene morriña: ha dejado a sus
gemelosencasaynohace
másquellamaramimadre—intervinosumarido—.Tienemiedodequese
loscomaoalgoporel
estilo.
—Noseasasí;eslaprimeravezquemeseparodeellosendosmeses—se
justificó.
—Amínomemiréis—Lourdespusolasmanosenalto—;yoniestoy,nise
leespera.
—Esoyamelodirásestanoche—saltóFher,haciendoquetodosriéramos.
—¡Nenaaaaaaaaaaaaa! —Sergio apareció corriendo en mi dirección para
abrazarme—.Esta
fiesta es la monda, ¡me encanta! Me siento como en una película. Es mejor
queelcuartooscurodel
garitoalquevoy.
—Estásfatal—ledijetronchándome.
—Losé,peroleheechadoelojoaunnegroquenoparademirarme.—Se
marchó
despidiéndoseconlamanomientrastodosnoscarcajeábamos.
—Venga, divirtámonos al estilo Etienne —propuso Laurent a la par que
comenzaronasalir
camareros,asícomochicosychicashaciendoperformances.
—Nohasperdidotutoque—lesusurréaloído—,yesomeexcita.
—Unosabecómomontarfiestasparaquetodosselopasenbien.
—¿Todos?—loprovoqué.
—Absolutamentetodos,mavie—afirmó,acariciandoelprincipiodelescote
demivestido.
Lanocheavanzóágilmente,yalgunosinvitadosyasehabíanidoasuscasas,
porloque
quedábamossólounpequeñogrupodepersonas.Amparonopudovenirala
fiesta;estabacon
Manuel,deviaje,peromeenvióunregalomaravillosoacasayunapromesa
decenaycopaslasdos
solas.
Yaerabastantetardeymisamigosfinalmentetambiénsemarcharon.Fueen
esemomentocuando
Laurentmecogiódelamanoymellevóaotrolugardelacasa.
—¿Estáspreparada?—mepreguntó.
—Preparada,¿paraqué?—Intuíaalgoysonreí.
Abrióunapuertay,frenteamí,aparecióunpequeñogrupodepersonasque
yahabíancomenzado
sufiestaprivada.
—¿Túnohabíasdejadoesto?—Sonreímaliciosamente.
—Sóloporúltimavez,sóloparatucumpleaños...lohepreparadoparati.—
Mebesóconpasión,
adentrándose en una sala llena de gente semidesnuda que nos miraba con
curiosidad.
—¿Túyyo?—pregunténerviosa.
—Sí,mavie,solostúyyo.Pero…
—Juguemos…
Alfondodelasala,unhombreobservabaalosnuevosinvitados.Aellala
conocía
perfectamente;sonriósinningúntipodetapujo.Estabahermosa,deliciosay
feliz.
Se dio la vuelta para dedicar sus atenciones a una mujer que lo requería.
Sashaeraasí,sehabía
convertidoeneso.
Estábamosrealmenteagotadosdespuésdehaberestadojugandoencasitodas
lassalasdela
fiesta; no habíamos parado en ninguna y allí, abrazándonos antes de
marcharnosacasa,Laurentme
dijo:
—Recuerdasquetecomentéqueteníaalgopreparadoparati.—Asentícon
lacabeza,viendo
cómometíalamanoenelbolsillodelpantalónparasacaralgo.
—¿Noserá?—Lomireconlosojosabiertoscomoplatos.
—Loes.—Memiróy,sinimportarleloquelosdemáspensaran,sequitóla
máscara,haciendo
asíqueyotambiénlohiciera—.Nosreencontramosenunlugarcomoéste,en
estascircunstancias,y
nosseparamosporello.Hequeridoquefueraasíyaquídondetedijeralode
¿quierescasarte
conmigo?
Lo miré a los ojos; primero con incredulidad, después ésta se fue
transformandoendevoción,
parafinalmentedejarcaerunastontaslágrimasquedelataronsinreservasmi
respuesta.Melahabía
jugado, se había adelantado y encima me había montando una fiesta de ese
tipo.
«Sí,Laurent,mequierocasarcontigo.Sí,síysiempresí.»
—Dialgo—meinstóconcaradepreocupación.
—Sí.Quesí.Quierovivircontigoparasiempre.—Milocamentemehabía
jugadounamala
pasada,puescreíaqueyalehabíarespondido,perono.
—Tequiero,mivida—meregaló,poniéndomeelanilloybesándome.
—Te quiero —respondí, a él y a su beso—, pero vayámonos ya a casa,
quierofollarteallí
también.
—Eresinsaciable.—Mordiómicuello.
—Mehacesinsaciable.
Agradecimientos
Muchasgraciasatodoslosqueconfiáisenquesiempreserécapazdehacer
lascosas,apesardelos
inconvenientes.Intentarénodefraudaros.
MiespecialagradecimientoaEstherEscoriza,porsupacienciaconrespecto
aesteproyecto,¡y
yoquepenséquemeibaasobrartiempo!
Olga,graciasportuscomentarioscadavezquetehacíaunapregunta.
DonaTer,comosiempre,asuspies.
Norma,graciasportuánimoytusonrisa,peseatodalalocuraquenosrodea.
Family,gracias.
Parati,elmejordelosagradecimientos,lamejordemissonrisasylomás
grande.Gracias,
Josep,portupacienciayporayudarmesiempreentodoloquepuedes.Noha
sidofáciltrabajarcon
elnuevoterremotoencasa,Daniel.
Finalmente, gracias a todos mis lectores, por estar, por preguntar, por
ayudarmecuandolo
necesito.
Biografía
PatriciaHervíasesunamadrileñatreintañeranacidaenelconocidobarriode
Moncloa.Estudió
Biblioteconomía y Documentación en la Universidad Carlos III de Madrid,
peroyadesdeese
momentointuíaquesufuturosedirigiríahacíaelcampodelacomunicación
ylapublicidad.
Desde 1997 estuvo trabajando para varias empresas dedicadas a la
publicidadoen
departamentos de comunicación, hasta que en 2008 dio el salto mortal y lo
dejótodoparatrasladarse
a Barcelona y comenzar a viajar por el mundo. Empezó a publicar sus
aventurasenlarevistaRutas
del Mundo, pero la crisis hizo que tuviera que aparcar sus ganas viajeras
paraformarpartedel
equipocreativodeunaempresadee-commerce.
TodoellosiempreaderezadoconcolaboracionesenlaCadenaSER,RNE4y
conartículosen
revistasdehistoria,viajesyactualidad.
Nuncahadejadodeescribirrelatos,ypublicósuprimeranovela,Lasangre
delGrial,en2007,
alaquehanseguidoTeenamorastedemísinsaberqueerayo(2015)yQue
nopandaelcúnico
(2016).
Encontrarásmásinformacióndelaautoraysuobraen:
<https://www.facebook.com/PatriciaHerviasD>
@pattyhervias
<http://pattyhervias.blogspot.com.es/>
Perdiendoeljuicio
PatriciaHervías
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su
incorporaciónaunsistemainformático,nisutransmisiónencualquier
formaoporcualquiermedio,seaésteelectrónico,mecánico,porfotocopia,
porgrabaciónuotrosmétodos,sinelpermisoprevioypor
escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser
constitutivadedelitocontralapropiedadintelectual(Art.270y
siguientesdelCódigoPenal).
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reproduciralgúnfragmentodeestaobra.Puedecontactar
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917021970/932720447.
Diseñodelacubierta:ZafiroEdiciones/ÁreaEditorialGrupoPlaneta
©delaimagendelacubierta:AfricaStudio/Shutterstock
©delafotografíadelaautora:archivodelaautora
©PatriciaHervías,2016
©EditorialPlaneta,S.A.,2016
Av.Diagonal,662-664,08034Barcelona(España)
www.edicioneszafiro.com
www.planetadelibros.com
Los personajes, eventos y sucesos presentados en esta obra son ficticios.
Cualquiersemejanzaconpersonasvivasodesaparecidases
puracoincidencia.
Primeraedición:diciembrede2016
ISBN:978-84-08-16326-8
Conversiónalibroelectrónico:VíctorIgual,S.L.
www.victorigual.com
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DocumentOutline
Dedicatoria
Capítulo1
Capítulo2
Capítulo3
Capítulo4
Capítulo5
Capítulo6
Capítulo7
Capítulo8
Capítulo9
Capítulo10
Capítulo11
Capítulo12
Capítulo13
Capítulo14
Capítulo15
Capítulo16
Capítulo17
Capítulo18
Capítulo19
Epílogo
Agradecimientos
Biografía
Créditos
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TableofContents
Dedicatoria
Capítulo1
Capítulo2
Capítulo3
Capítulo4
Capítulo5
Capítulo6
Capítulo7
Capítulo8
Capítulo9
Capítulo10
Capítulo11
Capítulo12
Capítulo13
Capítulo14
Capítulo15
Capítulo16
Capítulo17
Capítulo18
Capítulo19
Epílogo
Agradecimientos
Biografía
Créditos
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