Estrés laboral, ¿una pandemia irreversible en el

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Estrés laboral, ¿una pandemia irreversible en el siglo XXI?
Contributed by MarÃ-a Julia Mayoral *
17 de junio de 2016, 01:06Por MarÃ-a Julia Mayoral *
La Habana (PL) El estrés laboral deteriora la salud fÃ-sica y mental de millones de seres humanos, pero las reglas de la
competitividad parecen dictar la última palabra y colocan en primer plano la correlación entre costos y beneficios.
Evaluaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) refrendan que en 2015 la cifra de desempleados llegó
a 197,1 millones y para el año en curso prevé un alza de aproximadamente 2,3 millones para totalizar 199,4 millones.
Es probable que otros 1,1 millones de personas ingresen a las filas de los desocupados en 2017, según el informe
"Perspectivas sociales y del empleo en el mundo-Tendencias 2016", elaborado por esa agencia de Naciones Unidas.
Mientras numerosos trabajadores "tienen que aceptar empleos mal remunerados, tanto en las economÃ-as emergentes
como en las en desarrollo y, cada vez más, en los paÃ-ses desarrollados", advierte el director general de la OIT, Guy
Ryder.
"La inestabilidad del contexto económico asociada con la volatilidad de los flujos de capital, la persistente disfunción
de los mercados financieros y la insuficiente demanda mundial, siguen afectando a las empresas y desincentivan las
inversiones y la creación de empleo", apunta el jefe del Departamento de Investigación de la OIT, Raymond Torres.
Reducidas las ofertas de trabajo y su posible incremento a mediano plazo, hay más temor de quedar cesante y menos
opciones de acceder al mercado laboral; una pesadilla que agobia a diario a un sinnúmero de personas.
A juicio de los expertos, el estrés relacionado con la ocupación laboral constituye un problema global que afecta a
todas las profesiones y los trabajadores tanto de los paÃ-ses en desarrollo como de los desarrollados, aunque el impacto
es mucho mayor en épocas de recesión y crisis.
Si la salud en el trabajo está amenazada, "no existen las bases para lograr el empleo productivo y el desarrollo
socioeconómico. La carga que suponen las enfermedades mentales resulta de gran relevancia para el mundo del
trabajo", observa la OIT.
Dentro del ámbito laboral, el estrés "tiene lugar cuando las exigencias del trabajo no se corresponden o exceden las
capacidades, recursos o necesidades del trabajador o cuando el conocimiento y las habilidades de un trabajador o de
un grupo para enfrentar dichas exigencias no coinciden con las expectativas de la cultura organizativa de una empresa",
conceptualiza la institución.
Es sabido que la ocupación no sólo proporciona recursos económicos, sino que contribuye a las funciones
psicológicas básicas, como la estructura del tiempo, los contactos sociales y la identidad individual.
En cambio, el desempleo se relaciona "con una menor satisfacción con la vida, el estigma social, la pérdida de la
autoestima y la pérdida de los contactos sociales, con consecuencias negativas para la salud mental", evalúa la entidad.
Tampoco deberÃ-a desconocerse que el actual proceso de globalización neoliberal modificó de manera sustancial los
modelos tradicionales de empleo, al aumentar los puestos temporales, a tiempo parcial y mediante la contratación
independiente del personal.
Estas prácticas pueden dar lugar a mayores exigencias e inseguridad laborales, un menor control y una mayor
probabilidad de despidos, opina la OIT.
Pero conversar una plaza no es sinónimo de dicha: el estrés proveniente del trabajo y los riesgos psico-sociales -como
la inseguridad laboral y el desequilibrio entre la recompensa y el esfuerzo realizado-, están vinculados a
comportamientos riesgosos para la salud, incluidos el alto consumo de alcohol y tabaco, el sobrepeso, la menor
actividad fÃ-sica y los problemas del sueño, avalan diversos estudios.
Cada año alrededor de seis millones de muertes se atribuyen al tabaquismo y más de tres millones al abuso del
alcohol. Además, la alimentación desequilibrada y una actividad fÃ-sica insuficiente constituyen las principales causas
de obesidad y son factores clave de las enfermedades no transmisibles, juzga la OIT.
Solo en 2012 las dolencias cardiovasculares provocaron 17,5 millones de decesos, equivalentes al 31 por ciento del
total de los registrados ese año, ilustra la dependencia de Naciones Unidas.
En sentido general, el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular es por lo menos 50 por ciento más alto entre
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los trabajadores que sufren estrés en comparación con los que no están sometidos a tales agravantes, advierte la
fuente.
Indagaciones epidemiológicas constaran también el incremento de los dolores en el cuerpo y en general de los
trastornos músculo-esqueléticos, debido a factores psico-sociales adversos en el trabajo.
Para entendidos en la materia, resulta igualmente preocupante el auge del sÃ-ndrome de burnout entre los trabajadores:
un estado de agotamiento fÃ-sico, emocional y mental resultante de la implicación por largo plazo en situaciones
laborales emocionalmente exigentes.
Entre sus manifestaciones más frecuentes, figuran el agotamiento emocional, el cinismo en el trato de los receptores
del servicio ofrecido, la despersonalización, la falta de implicación en la faena, los bajos niveles de realización
personal y la ineficacia.
Dolor de cabeza, insomnio, trastornos del sueño y alimenticios, cansancio, irritabilidad, inestabilidad emocional y
rigidez en las relaciones sociales, son algunos de los sÃ-ntomas inespecÃ-ficos asociados al burnout.
Según la OIT, evaluaciones hechas en numerosos paÃ-ses confirmaron que la principal causa del sÃ-ndrome es el
estrés asociado al trabajo, y las mujeres son las más afectadas.
Ellas, argumenta la institución, suelen estar más expuestas por la doble faena (laboral y en el hogar), el riesgo de
acoso sexual en el trabajo, la violencia doméstica y la discriminación de género reflejada también en los salarios
inferiores.
Alrededor de 350 millones de personas en el mundo padecen de depresión, que puede convertirse en crónica o
recurrente y conducir a importantes deficiencias en la capacidad para hacer frente a las responsabilidades diarias,
exponen cálculos con el aval de Naciones Unidas.
Desde una perspectiva global, la depresión constituye una causa principal de la muerte prematura y la discapacidad
prolongada, pero el riesgo aumenta hasta en cuatro veces entre los individuos con estrés por causa del trabajo, plantea
la OIT.
Cada año más de 800 mil personas fallecen por suicidio, apunta la Organización Mundial de la Salud, y para nada es
casual que más del 75 por ciento de los incidentes ocurra en los paÃ-ses de ingresos bajos y medios, la mayorÃ-a de las
ocasiones dentro de la población económicamente activa.
En 2007 una encuesta reveló que cerca de 40 millones de habitantes en la Unión Europea (UE) sufrÃ-an estrés
relacionado con su trabajo. Dos años más tarde, un informe del Observatorio Europeo de Riesgos atribuyó a ese
fenómeno entre el 50 y el 60 por ciento del total de dÃ-as de trabajo perdidos dentro del bloque regional.
Otra pesquisa confirmó en 2015 que al menos el 36 por ciento de los trabajadores de la UE labora "todo el tiempo" o
"casi todo el tiempo" bajo presión, teniendo que adaptarse a cortos plazos. En tanto, el 33 por ciento declaró trabajar a
gran velocidad y el 16 por ciento dijo estar sujeto a comportamientos sociales adversos, como violencia fÃ-sica, acoso
sexual y bullying.
Estimaciones oficiales notifican que en Europa la depresión relacionada con el trabajo tiene un costo de
aproximadamente 617 billones (millones de millones) de euros anuales.
Dicho cálculo incluye el efecto para los empleadores del absentismo y el presentismo por parte de los trabajadores (272
billones de euros), la pérdida de productividad (242 billones), los costos para la sanidad pública (63 billones) y las
indemnizaciones por discapacidad de la seguridad social (39 billones), detalla la OIT.
En Canadá, un estudio de 2011 expuso que los problemas de salud mental suponen un costo anual para los
empleadores de cerca de 20 billones de dólares canadienses.
Para el caso de Estados Unidos, una pesquisa divulgada en 2015 aseguró que los entrevistados clasificaron su nivel
de estrés en 4,9 en una escala de 10 puntos, debido fundamentalmente a problemas por el dinero (64 por ciento), el
trabajo (60 por ciento), la economÃ-a (49 por ciento) y las responsabilidades familiares (47 por ciento).
Dentro de América Latina, distintos sondeos describen situaciones de precariedad; en 2012, por ejemplo, uno de cada
10 encuestados en los paÃ-ses de Centroamérica respondió que vivÃ-a constantemente bajo estrés o tensión (de 12 a
16 por ciento), mientras otros dijeron padecer de tristeza o depresión (de nueve a 13 por ciento) o pérdida de sueño
(de 13 a 19 por ciento), a causa de la situación en el trabajo.
Resultados de una averiguación en Japón señalaron que el 32,4 de los trabajadores habÃ-a sufrido un grave cuadro
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de ansiedad, preocupación y estrés durante el año anterior a la consulta.
En ese paÃ-s asiático el suicidio por la sobrecarga y las condiciones estresantes en el ámbito laboral (karojisatsu) y la
muerte por similares factores (karoshi), se han convertido en graves problemas sociales, reconocidos por el Estado.
Al evaluar posibles escenarios futuros, nada indica que las complicaciones descritas vayan a disminuir de manera
significativa, pese al empeño de organismos multilaterales, compromisos y planes gubernamentales, y la intervención
empresarial en aras de su rentabilidad.
Convertidos en pandemia, los problemas del estrés laboral denotan amenazas multidimensionales para la humanidad y
habrÃ-a que preguntarse si mal llegó al punto de ser irreversible.
*Periodista de la Redacción de EconomÃ-a de Prensa Latina.
arb/crc/mjm
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