LACONSPIRACIÓNDE1822oelprimer

EL DÍA, domingo, 29 de marzo de 2015
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NOTICIAS DEL SIGLO
XVIII en Tacoronte. Aspectos de la
administración de esta población
según los documentos . 6/7
del domingo
revista semanal de EL DÍA
LA CONSPIRACIÓN DE 1822 o el primer
enfrentamiento canario por el poder
en la etapa constitucional
Texto: Javier Lima Estévez
(graduado en Historia por la ULL)
E
l año de 1822 generó una
de las primeras polémicas
en relación a la unidad de
las Islas. Al respecto, la división provincial española, inspirada en la estructura administrativa de los departamentos
franceses, y llevada a cabo mediante
Real Decreto de 27 de enero de 1822
por el que se aprueba con carácter provisional la división provincial de España en 52 provincias, entre ellas Canarias, procedió a establecer la capital
en Santa Cruz de Tenerife, motivando
con ello el inicio de un gran conflicto.
En ese año, se desarrollaría en el
juzgado de La Orotava una causa contra una serie de personas que habían
actuado, al parecer, como conspiradores e impulsores de una supuesta
causa independentista que pretendía, a priori, desunir los lazos de unas
islas ya de por sí suficientemente separadas (1). El historiador portuense José
Agustín Álvarez Rixo calificó esta conspiración como un simple sueño con
el fin de separar de los destinos públicos (y de la posibilidad de ser elegidos diputados, de Cortes o de Provincias) a aquellos individuos que
no eran de la confianza del partido
dominante (2). Se trataba de un hecho
insólito en la época que mereció un
juicio con resultados ejemplares
para aquellos que acusaron a otros
de intentar actuar contra la Constitución.
La lista de acusados como conspiradores fue larga e incluyó a los orotavenses Francisco de Lugo-Viña
(3), Antonio Monteverde y Rivas
(4), Pedro Benítez de Lugo (5), Miguel
García Lugo, e Ignacio (6) y Fernando
Llarena (7). Además, también estuvieron a puntos de ser acusados Miguel
Yanes, natural de Los Realejos, los laguneros marqués de Villanueva del Prado
(8), Fernando del Hoyo (9), Juan Botas
(10), el canónigo Rivero (11), el provisor José Martinón (12), Juan Tabares de Roo (13) y el juez de primera
instancia de La Laguna José Antonio
Morales (14), así como el santacruce-
ro Francisco Guerra (15). Una larga
lista que acabaría por reducirse contra dos individuos, el presbítero
Matías Aguilar y Martínez (16),
vecino de Garachico, y el subteniente
realejero José Pérez de Chaves y
Barroso. Este último tomó parte en
la defensa de Santa Cruz de Tenerife
en 1797, y fue condecorado con el
Escudo de la Fidelidad y la Cruz de
Oro de su Santidad Benedicto XIV y
caballero de la Milicia de Roma, por
Breve del Papa León XII, dado en Roma
el 14 de julio de 1826, siendo, además, gobernador de las armas, alcalde
y síndico personero de Los Realejos.
Fue uno de los más importantes representantes de la burguesía agraria del
Realejo Alto a finales del siglo XVIII
e inicios del XIX (17).
El 4 de septiembre de 1822, Juan
Ferrera Machado, juez del partido de
Taoro, informa de que Juan Ramírez
y Cárdenas, jefe superior político de
la provincia de Canarias, comenta la
existencia de posibles noticias sobre
un plan para destruir el sistema constitucional presente hasta entonces,
asegurando que se pretendía deponer a las autoridades constituidas, perturbando con ello la tranquilidad que
había regido hasta entonces la ciudad.
En base a tal rumor, Juan Ferrera
Machado establece la obligación de
averiguar toda la información posible, con la finalidad de establecer un
castigo contra aquellos que pudieran
haber planeado o imaginado tal
acción. Entre los meses de enero y
febrero de 1823, se desarrollaría el juicio público en La Orotava, un juicio
cuya sentencia definitiva sería pronunciada por el juez letrado del Partido de Taoro el 10 de febrero de 1823,
condenando a Matías de Aguilar y a
José Pérez de Chaves a cumplir una
pena de ocho de años de confinamiento en la isla de El Hierro, en el primer caso, mientras que en el segundo
se establecía una pena de igual duración pero en Fuerteventura, siendo
obligación de las autoridades civiles
de una y otra isla custodiar a tales individuos (18). Además, los acusados
pasarían a perder sus empleos, sueldos y honores. Se establecía que no
podría liberarse a los condenados ba-
José Agustín
Álvarez Rixo (17961883) reflejó los
hechos de la
supuesta
conspiración en su
obra “Anales del
Puerto de la Cruz de
la Orotava 1701-1872”.
jo fianza ni a compulsar la causa.
Junto a lo anteriormente expuesto,
se les establecía un plazo de ocho días
para presentarse ante la Audiencia
Territorial, nombrándose un procurador y un abogado residentes cerca
de la superioridad. La respuesta no
tardaría en llegar por parte del fiscal
de la Audiencia Territorial, quien expresó una censura en dicho incidente
a través de la ley de 17 de abril de 1821.
Expone el fiscal haber realizado las
averiguaciones oportunas y el examen necesario en torno a tal asunto
en el breve periodo de tiempo que contaba para ello, manifestando “la imparcialidad, la carencia de lo justo y
del bien de las que carecía el Juzgado
de La Orotava”.
El propio título de conspiración es
tachado de insultante y vergonzoso
para todas aquellas personas que supuestamente participaron en crear tal
plan. El fiscal expone cómo los avisos confidenciales del jefe político al
juez de primera instancia derivaron
en un supuesto plan para atentar contra el sistema, aunque las averiguaciones realizadas por el fiscal (en base
a lo declarado por Joaquín Díaz de
Lugo) (19) no muestran noticias
sobre el interés de los mismos para
revelarse contra el sistema, pues reflejan únicamente un descontento por
el modo en que hasta entonces se venía
realizando la distribución de la contribución, manifestando, por tales
acciones su descontento contra las
autoridades que encarnaban los males que la sociedad sufría.
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domingo, 29 de marzo de 2015, EL DÍA
EN PORTADA
Portada de la obra
de Francisco María
de León y Xuárez de
la Guardia (17991871), que calificó la
conspiración de
simple sueño.
Aspecto del Valle
de La Orotava a
finales del siglo XIX
(fuente:FEDAC),
arriba; y Los Realejos
por la misma época
(foto Carl Norman.
Fuente: FEDAC).
Matías de Aguilar y José Pérez de
Chaves serían acusados por las noticias de que ambos habían hablado sobre los deseos de acabar con los abusos que hasta entonces se estaban
desarrollando, queriendo expulsar a
los responsables de Canarias y reemplazar a tales cargos por habitantes
que hubieran nacido en las Islas. Sin
lugar a dudas, las conversaciones que
habían tenido tales acusados fueron
malinterpretadas por diversos testigos,
quienes no dudaron en calificar las
palabras de los mismos como una clara
conspiración contra el sistema, tergiversando una información que
pudo haber tenido un final distinto.
Especialmente útiles al respecto
serían las declaraciones de Calixto Perdomo y Pedro Grijalva, que no dudaron en aclarar todos los detalles del
malentendido. El fiscal no encuentra datos para poder acusar a Matías
de Aguilar y José Pérez de Chaves, asegurando que no hay razones ni motivos para continuar –ni siquiera
para haber iniciado– tal juicio. En ningún momento, el juez llegó a tener
noticias de altercados que pudieran
derivar en una conspiración contra
el sistema, exponiendo el fiscal que,
de haber tenido algún tipo de prueba,
debería haber adjuntado la misma el
informe emitido, descubriendo con
esos papeles el delito y los autores
de esa supuesta conspiración, un
hecho clave para el fiscal, pues faltó
“el principal cimiento de este mal construido edificio”.
La causa aparece como precipitada,
sin fundamento alguno y con errores y hechos que dejaron a todos asombrados, como lo ocurrido con la
presencia de Joaquín Díaz de Lugo,
quien se presentó ante el juez para
declarar sin ser citado. José Jiménez
Pimienta volvería a declarar como inocente a Matías de Aguilar, mientras
que Pedro Grijalva expondría como
inocente a José Pérez de Chaves. No
existían pruebas o elementos que pudieran dar a conocer la existencia de
algún tipo de plan para destruir el sistema, ni hecho alguno que pudiera
demostrar tal acto de forma real. Todo
lo que se podía saber procedía, úni-
camente, de testigos que pudieron
escuchar determinados hechos sin ningún tipo de base lógica.
Ni se llegaron a conocer las personas
que pudieron haber planeado tal acto
ni la manera de ejecutar el mismo.
No se encontraron armas, ni víveres,
ni personas que pudieran dar lugar
a entender algún tipo de acto subversivo contra el sistema. José Pérez
de Chaves fue acusado a través de las
indicaciones que Joaquín Díaz de Lugo
había ofrecido en relación a los actos manifestados por José Pantaleón
para que entrase en el plan, así como a Pedro Grijalva sobre lo mismo,
con la finalidad de que pudiera comentar tal acto a Juan Cólogan,
unos hechos que vienen a incrementar
las mentiras contra José Pérez de Chaves, pues por la declaración de José
Pantaleón sabemos que nunca habló
el realejero de plan de conspiración
alguno.
Matías de Aguilar tampoco encontró acusaciones contra su persona por
parte de los testigos José Jiménez Pimienta y Calixto Perdomo, quienes
aseguraron no haber sido persuadidos por parte del presbítero garachiquense.
El fiscal aseguró no haber encontrado ninguna prueba de plan de conspiración, y, en caso de haberse desarrollado algún plan, este no pasó
de ser un mero proyecto que nunca
derivó en una acción real. Al mismo
tiempo, tampoco encontró el fiscal
prueba alguna que pudiera dar a entender la propagación de ideas contrarias por parte de los acusados contra la Constitución, cometiéndose,
entonces, una grave infracción, pues
se decretó prisión contra los mismos,
dictándose con tal actuación una falta
grave contra los supuestos reos.
En relación a tales hechos, el fiscal acaba solicitando que se aplique
la oportuna responsabilidad sobre el
juez encargado de tal acción, juzgando
el mismo (sin pruebas suficientes) un
delito no justificado, así como por el
hecho de haber infringido la Constitución, decretando la prisión a unos
acusados sin pruebas suficientes.
El asunto terminaría por establecer toda una serie de sanciones de carácter económico contra todas aquellas personas que hubieran tenido una
participación en la supuesta conspiración. La Audiencia Territorial acabaría por mostrar la sentencia en la
que expondría su actuación a partir
de la causa formada en el juzgado de
primera instancia de la Villa de La Orotava, declarando nulas todas las actuaciones realizadas hasta ese momento por el juez de primera instancia
del partido de La Orotava. Se decreta,
además, la obligación de poner en
libertad sin cargos al presbítero
Matías de Aguilar y José Pérez de Chaves. El juez acabaría por recibir
como sanción el suspenso de empleo
y sueldo durante dos años. Asimismo, se acabaría por condenar a
Joaquín Díaz y José Pantaleón con una
multa de cien ducados, al escribano
y testigo Calixto Perdomo con seis
meses de suspensión de oficio y cien
ducados, mientras que el escribano
Francisco Vivas sería sancionado
con el pago de diez ducados. Por su
parte, el escribano Miguel Quintín de
la Guardia recibió una sanción de cien
mil maravedíes, así como la expulsión de su oficio.
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EL DÍA, domingo, 29 de marzo de 2015
EN PORTADA
La situación acabó de forma totalmente distinta a como se había iniciado el proceso. Se trató de un procedimiento que presentó múltiples
errores en los que llegaron a participar testigos sin ser citados. Además,
se defendieron hechos sin pruebas
y se ofrecieron acusaciones sin fundamento. Como ya observamos al inicio de este trabajo, algunos autores
llegaron a calificar esta conspiración
como el primer intento de independentismo generado en las Islas en los
inicios de la segunda década del siglo
XIX.
En realidad, todo fue el resultado
de una serie de hechos que se desencadenaron contra unos individuos de
los que nunca se pudo demostrar su
interés en realizar un acto contrario
a la normativa del momento. Diversas injusticias se manifestaron en la
causa, registrada como el primer en-
Puerto de la Cruz a
finales del siglo XIX
(foto: Marcos Baeza
Carrillo. Fuente.
FEDAC).
frentamiento por el poder en la etapa constitucional, o acaso como un
conjunto de reivindicaciones que nunca se iban a materializar, pero que el
rumor fue extendiendo sobre unos
NOTAS:
I.
(1) La obra de los historiadores Adolfo Arbelo
García y Manuel Hernández González “Revolución Liberal y conflictos sociales en el Valle de
La Orotava (1808-1823)” incluye una breve exposición sobre los motivos que procedieron y las
consecuencias de este conflicto. Para la realización
de este artículo, nos apoyaremos en el impreso
titulado “Principio y fin del incidente de la causa
llamada de conspiración formado separadamente
contra el presbítero don Matías Aguilar y Martínez, vecino del Puerto de Garachico, y el subteniente José Pérez Chaves que lo es del Realejo
de Arriba…por habérseles supuesto cómplices
en el figurado plan de tan horroroso crimen”. La
Laguna: [s.n.] En la imprenta de San Fernando
por Juan Díaz Machado. Signatura P.V. 47 (11).
Consultado a través del portal “Patrimonio Bibliográfico Lacunense”, disponible en el siguiente
enlace: http://hermes.bbtk.ull.es/pandora/cgibin/Pandora.exe?fn=select;collection=manuscritos;query=alt_record_id: BAB20101324928;
xslt=vid.
(2) “Y habiendo sido presos en La Villa de La
Orotava el Gobernador de Los Realejos don José
Pérez y Chaves y don Matías Aguilar, Chantre de
la Catedral de Tenerife, acumulándoles conspiración
contra la Constitución, se abultó el caso e hizo gran
ruido por sus enemigos haciendo subir algunos vecinos de este Puerto a declarar con dichos señores.
El negocio fue bien diverso en su origen, puesto
que Pérez alguna conversación confidencial que
tuvo, había sido quejándose de la carga inútil de
empleados que sufre esta Provincia, de la cual se
les debía expulsar. También citaban como complicadas a varias personas de categoría; defendía a los llamados reos el Licenciado don José de
Zárate; pasó el proceso a la Real Audiencia y este
Tribunal redujo el asunto a insustancial según debió
ser”. Álvarez Rixo, José Agustín. “Anales del Puerto
de la Cruz de La Orotava 1701-1872”, p. 279.
(3) Francisco de Lugo-Viña nació en Santa Cruz
de La Palma, el 5 de enero de 1773. Contrajo matrimonio en la iglesia de Nuestra Señora de la Peña
de Francia, del Puerto de la Cruz, el 4 de septiembre de 1803. Falleció en el Puerto de la Cruz
el 20 de abril de 1833. En: “Nobiliario de Canarias”. La Laguna: 7 islas: J. Régulo, 1952-1967. Tomo
I, p. 121.
(4) El capitán Antonio Monteverde y Rivas nació
en la Villa de La Orotava el 22 de septiembre de
1793. El 13 de junio de 1822 contrajo matrimonio en Las Palmas de Gran Canaria con su prima
hermana Leonor Catalina María del Carmen
Dominga Josefa del Castillo. En: “Nobiliario de
Canarias”. La Laguna: 7 islas: J. Régulo, 1952-1967.
Tomo III, p. 559.
(5) Aristócrata orotavense del siglo XIX.
(6) Dr. Ignacio María Llarena y Franchi fue prebendado de la Santa Iglesia Catedral de La Laguna.
Hijo de José de Llarena y Mesa y de Teodora de
Franchi y Llarena. En: “Nobiliario de Canarias”.
La Laguna: 7 islas: J. Régulo, 1952-1967. Tomo
(7) Fernando de Llarena y Franchi. Fue uno
de los cuatro diputados doceañistas canarios que
participaron en las Cortes de Cádiz. Hijo de José
de Llarena y Mesa y de Teodora de Franchi y Llarena. En: “Nobiliario de Canarias”. La Laguna:
7 islas: J. Régulo, 1952-1967. Tomo I.
(8) Alonso de Nava y Grimón (1757-1832) VI Marqués de Villanueva del Prado.
(9) Nació en la ciudad de La Laguna el 5 de marzo
de 1772. Falleció en Icod de los Vinos el 19 de octubre de 1849. Sirvió en las nobles Milicias de Canarias, ejerciendo diversos cargos. De Ossuna y Benítez de Lugo, Manuel. “La casa de Hoyo-Solórzano”. Revista de Historia Canaria, Tomo 2, número
16, 1927, pp. 236-244.
(10) Juan Rodríguez Botas fue abogado de los
Realejos Consejos y catedrático de la Universidad de La Laguna durante varios años. Mi agradecimiento al investigador y genealogista Antonio Luque Hernández por esta referencia.
(11) Isidoro Rivero y Peraza de Ayala nació en
Tacoronte el 11 de abril de 1774. Presbítero. Estudió en el Seminario de Las Palmas y pasó luego
a la Península, donde obtuvo el grado de doctor en Teología. De regreso a la isla fue párroco
de Granadilla y canónigo al instalarse la catedral
de Tenerife, en virtud de nombramiento expedido el 21 de diciembre de 1819. Arcediano en
15 de octubre de 1825 y deán, en 19 de abril de
1834. Perteneció a los gremios y claustros de las
Reales Universidades de Sevilla y San Fernando, y fue examinador sinodal, juez presidente
del Tribunal de la Santa Cruzada y del subsidio
económico del obispado Nivariense. Catedrático
y rector propietario de la Universidad de La Laguna.
En su relación de dignidades consta que fue caballero de la Orden de Carlos III (desde 1833) y cofrade
de San Juan Evangelista. Falleció en 1857. En:
“Nobiliario de Canarias”. La Laguna: 7 islas: J.
Régulo, 1952-1967. Tomo III, p. 201. Millares Carló,
Agustín y Hernández González, Manuel. “Ensayo
de una bio-bliografía de escritores naturales de
las Islas Canarias (siglos XVI, XVII y XVIII)”, p.
97. Mi agradecimiento al investigador y genealogista Antonio Luque Hernández por esta referencia.
(12) José Hilario Martinón Hernández (17751843). “Fue licenciado y doctor en Sagrados Cánones por la Osua. Entre otros muchos cargos, fue
provisor, vicario y gobernador eclesiástico de la
diócesis nivariense”. Consultado en la página web
de Gaviño de Franchi editores: www.lopedeclavijo.blogspot.com.es/2014/04/don-josehilario-martinon-hernandez.html
(13) Juan Bernardino Tabares de Róo Vargas
y Fonte (1764-1847). Coronel de Milicias, regidor perpetuo y decano de los regidores de Tenerife, diputado general del Común, fiel ejecutor,
vocal-secretario de la Junta Suprema de Canarias. De él dice el “Nobiliario de Canarias”: “Desempeñó en 1833 las honoríficas funciones de Alférez Mayor de Tenerife en la solemne proclama-
individuos acusados de un acto que
nunca llegaron a cometer.
El resultado de todo esto sería que:
“Si en primera instancia salieron condenados los tenidos por reos, la
ción de la Reina Doña Isabel II, la última ceremonia de este género celebrada en La Laguna;
y a sus profundos conocimientos agrario-sociales
e incansables y patrióticas gestiones, debiéronse
valiosos beneficios concedidos por el Gobierno
de Su Majestad a la clase labradora de la jurisdicción lagunera”. Había nacido en La Laguna
el 20 de mayo de 1764, donde murió el 24 de junio
de 1847. “Nobiliario de Canarias”. Tomo II, pp.
458-463. Mi agradecimiento al investigador y genealogista Antonio Luque Hernández por esta referencia.
(14) José Antonio Morales. catedrático de
Derecho Romano. Alcalde mayor, juez de primera
instancia de La Laguna y diputado segundo en
el Colegio de Abogados de San Cristóbal de La
Laguna (1840). “El alcalde mayor es de Madrid
–dejó dicho el tercer vizconde de Buen Paso–, de
cuerpo pequeño y de contestación agradable y culta,
y parece instruido en su facultad”. “Historia de
la Universidad de La Laguna”. Tomo I, 1998;
De León, Francisco María. “Historia de Canarias”, pp. 107n, 146n, 147, y 189n; Primo de la Guerra, Juan “Diario”. Tomo II 1808-1810. Tenerife,
1976, p. 217. Mi agradecimiento al investigador
y genealogista Antonio Luque Hernández por esta
referencia.
(15) De León, Francisco M. “Historia de Canarias”, p. 187. Francisco María de León (1799-1871).
Calificado por Marcos Guimerá Peraza como “bibliófilo apasionado y selecto”, prescindiendo de su
significada personalidad política y social, defensora de los intereses de su tierra, destaca su faceta
como historiador. Artiles, Joaquín; Quintana, Ignacio. “Historia de la literatura canaria”, p. 162.
(16) Matías de Aguilar y Martínez. Sacerdote
desde el 6 de febrero de 1836. Fue párroco de Garachico, luego, canónigo, dignidad de chantre en
la Santa Iglesia de esta Diócesis y caballero de
San Juan Evangelista. (Ingresó en la R.S.E.de T.
el 16/06/1848). En San Juan Evangelista el
30/03/1844). En esa esclavitud su condición de
sacerdote lo exime de presentar expediente. Mi
agradecimiento al investigador y genealogista Antonio Luque Hernández por esta referencia.
(17) “José Pérez de Chaves y Barroso fue hijo
del Subteniente y luego Sargento Mayor del Regimiento de Garachico Antonio Pérez de Abreu y
Chaves, quien fuera Alcalde del Realejo Alto en
1780. En su segundo matrimonio, se casó con Ana
Jacobe y Barroso. De ese matrimonio nació José
Pérez de Chaves y Barroso. Capitán del Regimiento
Provincial de La Orotava, Subteniente por real
despacho de 21 de noviembre de 1798 en atención a su heroico comportamiento durante el ataque del Capitán Horacio Nelson al puerto de Santa
Cruz de Tenerife, y más tarde Capitán del mismo Regimiento. Gobernador de las Armas, Alcalde de Realejo Alto y Síndico Personero de Los
Realejos, condecorado con el escudo de la
Fidelidad y Cruz de Oro de su Santidad el Papa
Benedicto XIV el 14 de julio de 1826. Se casó en
la Iglesia del Apóstol Santiago con María Fernández
Audiencia en segunda les redimió la
injusticia y el agravio”. (20)
La supuesta conspiración, representó un suceso que ya se había observado durante las elecciones. La facción liberal planteaba la necesidad
de separar de los cargos públicos a
aquellos reaccionarios que no pudieran ser de la confianza del Partido Dominante. En ese sentido, la facción
oligárquica se ve obligada a defender la abolición del régimen constitucional por el temor a las consecuencias que podría tener para sus intereses el gobierno que los exaltados
estaban ejecutando desde Madrid,
“pero ciertamente parece infundado el supuesto anticonstitucional y
más bien debía haberse tratado de una
amenaza coactiva contra los que sí
eran en realidad sus enemigos políticos, los liberales radicales que
tanto odiaban”(21).
Casanova y Morales”. En: Luque Hernández, Antonio. “Las familias Chaves y Montañés de Tenerife”, pp. 93-95. “Subteniente de milicias, vecino
del lugar del Realejo de Arriba, en las diligencias
sobre que este Ilustre Cuerpo, me reparta un pedaso
de tierra situado donde nombran las Furnias, o
trabiera, que se halla inmediato a unas tierras que
poseo. Digo que usted se sirvió a mi anterior representación acordar que el Alcalde y el Ayuntamiento
del lugar donde se hallare el enunciado terreno,
informaren acerca de mi solicitud, y con efecto
así lo han ejecutado el Personero y Diputado del
mencionado lugar, respecto a que yo estaba administrando la jurisdicción de la que me hallo ya eximido…” 11 de julio de 1800. AMLL (sección primera). Leg. T-III (Terrenos baldíos). Referencia
localizada en el libro “Los Realejos: una síntesis histórica”. El 6 de marzo de 1831 figura que
José Pérez de Chaves fue capitán de la 6º compañía del regimiento de milicias de La Orotava,
aunque ya estaba retirado del servicio en marzo
de 1831. En: Hernández Morán, José. “Reales Despachos de Oficiales de Milicias en Canarias que
se custodian en la Real Sociedad Económica de
Amigos del País de Tenerife”, p. 97. La petición
de José Pérez de Chaves no fue aceptada, pero
acabaría ocupando tales tierras. “Algún que otro
miembro de esta burguesía rural dotado con un
patrimonio más cuantioso que la mayoría de los
miembros de este grupo social, contribuirá a la
privatización de las aguas de esta localidad, es
el caso de D. José Pérez de Chaves, que había adquirido un chorro de agua que transitaba por el Barranco de La Lora, canalizándola e invirtiéndola
en el riego de sus propiedades. No obstante esta
agua adquirida al ayuntamiento del Realejo de
Arriba, con la obligación de pagar un tributo de
45 reales anuales a dicha corporación, le va a crear
graves problemas a su nuevo propietario, reproduciéndose de nuevo las pugnas por el agua”.
En: Arbelo García, Adolfo. “Agua y conflictividad social en Tenerife durante el Antiguo Régimen”, p. 36. Sabemos que José Pérez de Chaves
obtuvo las aguas del barranco de La Lora a cambio de pagar un censo anual de 675 reales. “Los
Realejos: una síntesis histórica”, p. 78. Agradezco
la ayuda sobre esta referencia al investigador y
bibliotecario de la Universidad de La Laguna Daniel
García Pulido.
(18) Hernández González, Manuel; Arbelo
García, Adolfo. Op. Cit, p. 138. Sentencia definitiva del juez letrado del Partido de Taoro. 10
de febrero de 1823.
(19) Joaquín Díaz de Lugo había actuado en
la corporación municipal en el influyente cargo
de secretario, que en este período no es un puesto
de tipo administrativo -como en la actualidadsino eminentemente político.
(20) De León. Francisco María. Op. Cit, p. 187
(21) Hernández González, Manuel; Arbelo
García, Adolfo. Op. Cit, p. 138.
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domingo, 29 de marzo de 2015, EL DÍA
LUGARES SAGRADOS (XX)
H
echo esto, el apocado
confesor,
entre
amedrentado y vacilante, aderezó su cabalgadura y partió hacia
donde le aguardaba aquel espíritu penitente. Un nutrido grupo de curiosos
se adhirió a la comitiva.
Entre unas cosas y otras, religiosos
y “compaña” recalaron al lugar hacia
las dos de la tarde. Apenas llegados,
el fraile presintió la existencia de algún
espíritu en la estancia. El clérigo podía
mantener firme su entereza gracias
a los apoyos sagrados que llevaba consigo. De pronto, desde la inmaterialidad, aquel halo difuso le habló con
sonora nitidez, dándole especialmente la bienvenida. A renglón seguido
le pidió humilde perdón por los
trastornos que le estaba ocasionando. “El Señor Todopoderoso se
lo pagará”, repetía sin cesar.
Luego, el espíritu, con carácter impositivo y mandón, ordenó al recién llegado que tomara asiento para un refrigerio que le amortiguase la inclemencia
del camino, a lo que el religioso se
negó rotundamente. La situación le
había robado el apetito, aunque sí
tomara asiento donde se le había señalado.
Tras un corto periodo de sosiego,
el alma presente, con similar contundencia, interpeló a la madre de la testifical para que se dirigiesen a la otra
estancia, porque deseaba hacer algunas cruces para su despedida. Solicitó papel, tinta y sal dentro del cofre
nuevo de pino.
Por largo tiempo el visitante intangible se entretuvo en dibujar cruces
de distintos tamaños y formas. Algunas de ellas las mandó pedir el obispo, otras se las llevaron los presentes. Para la casa sólo quedaron tres
de ellas.
Señalando que la tarde culminaba
y que el tiempo de su estancia en la
tierra se agotaba, el alma imploró al
confesor que preparase salmos para
ausentarla, pero aseguró que no se
marcharía sin antes decir quién era
y las razones de su castigo.
Finalizado el ritual religioso, el celebrante, con tibieza, preguntó si ya se
había apartado el espíritu maligno de
su alma. La respuesta resultó afirmativa
con total libertad: “Ya puedes descubrirte y decir lo que deseas de nosotros”, agregó el fraile.
Como un alarido retumbó ahora la
voz en la Hacienda: “Soy Ana González”. Era inaudito. Mucho fue el espanto y grande el sentimiento para
todos los concurrentes. “Ana González
es mi tía, la hermana de Cristóbal, mi
padre”, se alarmó la deponente.
¿Cómo era posible que hubiera permanecido durante tantos días entre
ellos sin insinuar siquiera su identidad?
Un tiempo pasó para que la calma
volviese a reinar en el aposento. Interrumpió el asceta para añadir: “Ya sabemos quién eres, ahora necesitamos
El alma de Tacande.
Delirio, ensoñación
y mito (II). Cruces para la
despedida
Durante este tiempo el alma penitente, con gran alborozo, se descubrió
ante todos. Dijo llamarse Ana González. Reconoció encontrarse entre
todos sus familiares, y particularmente su amado hijo Salvador, por cuya
vida ella había sacrificado la suya. En su espíritu, porque corazón ahora no
tenía, por toda la eternidad guardaría la enorme satisfacción de haber
contemplado a su hijo feliz y saludable, creciendo entre sus protectores.
Aquella tarde signó muchas cruces para consolidar su recuerdo.
Texto: Emiliano Guillén Rodríguez
(periodista, cronista oficial y miembro del Instituto de Estudios Canarios)
Foto: Wifredo Ramos
conocer la verdadera razón que te
obligó a regresar de nuevo a este destierro”. El alma, en situación plácida,
afirmó que todo cuanto sabía lo diría cabal. Lo contaría a todos, tanto
eclesiásticos como familiares y presentes, en llegando la primera hora
de cenar.
En aquel mismo instante reclamó
Nuevo templo en
El Paso.
a su hermana Isabel Díaz para que
pusiese mesa y
mantel en aquella
casa. En torno a
ella reunió a los
devotos, a su hermano Cristóbal,
a su hermana, a
sus sobrinas, a
Leonor Pérez y
Juana González.
Sus sobrinos Andrés y Simón, junto con todos los
demás hombres,
así como Ana, lo
harían en el otro
departamento, al
igual que la confidente con su hijo
Salvador. Este último era demasiado infante para someterle a vivencia
tan incomprensible.
Tal cual se dispuso
se cumplió.
Inicialmente, el
alma se trasladó a
la segunda mesa y
ordenó que se le
diese al niño una
“tajadita” de queso fresco. El alma,
como procreadora
material, por su hijo siempre se desvivió. Para él fueron sus mejores frases amorosas, siempre exentas de todo hálito rencoroso.
La inquietud y la zozobra se apoderaban de las almas simples de los
expectantes concurrentes. El alma les
rogó calma y serenidad. En ese preciso instante su hermano hizo acto
de presencia en el local. Iba acompañado del confesor. Los recién lle-
gados les encontraron a todos afligidos,
llorando y lamentando la triste situación.
Al cabo de un rato, el alma volvió
a conminar a la madre de la interlocutora para que se trasladase a la otra
casa, donde ya estaba servido el ágape
principal. Le encomendó que hiciese
las camas, luego debería encender dos
velas para colocar “en concierto” sobre
de la dicha mesa. Le comunicó, asimismo, que una vez estuviese esto
dispuesto, el alma pasaría a descansar
en ella, acompañada de su confesor
y de las personas que oportunamente considerase.
El ceremonial continuaba con la
separación de los presentes en dos
grupos en función al interés que les
ocupara. Sus hermanos Domingo y
Lorenzo González, todos sus sobrinos, Juana Gutiérrez y Leonor Pérez,
la Vieja, y su pequeño Salvador formarían el grupo seleccionado. El resto
quedaría fuera, guarecido en lugar contiguo.
Así se hizo. El grupo elegido se acomodó en la estancia reservada para
el postrer desenlace. El fraile, sentado
en el chaplón de la entrada, Andrés
y el alma junto al confesor. Los demás se acomodaron donde les hubo
sido más confortable, ocupando
sillas en torno a la mesa. El resto de
las mujeres se aposentó en las camas.
Ultimado el ordenamiento, el espíritu solicitó licencia para hablar de
inicio con Juana Gutiérrez. Obtenida
la licencia requerida, de inmediato
se dirigió a los lechos donde yacían
las mujeres bien despiertas.
Inició la expectante declaración recordando a Juana Gutiérrez una vivencia que había tenido con ella en
un encuentro ocurrido junto a la cancela vieja de su hermano Rodrigo. Allí
le abordó preguntándole si realmente estaba preñada. Juana lo negó con
toda firmeza. Agregó a continuación
que se trataba de un falso testimonio o calumnia que le habían levantado las malas lenguas. Candelaria,
es decir, su alma ahora penitente, sin
embargo no le creyó. A pesar de tan
contundente negativa, siguió teniendo
para sí que preñada sí estaba. El
tiempo se encargaría de evidenciar
su error.
El espíritu sacrificado aseguró
entonces que, atormentada por la conciencia, confesó en vida esta culpa.
El sacerdote, para su limpieza, le impuso por penitencia la solicitud del
perdón público a la ofendida. El testimonio falso había salido de sus
labios. Confiesa que no lo calló, sino
que por el contrario lo divulgaba a
cada ocasión que se le presentase.
El perdón, entonces, jamás salió de
su boca.
Ahora, firmemente convencida, lo
hacía ante la perjudicada y ante todos los presentes sin pudor alguno.
Hasta tres veces lo hizo. Su conciencia
quedaba entonces limpia de esta imperfección.
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EL DÍA, domingo, 29 de marzo de 2015
INVESTIGACIÓN
EN PORTADA
TURISMO
Nicolás
Massieu
y Falcón
Nicolás Massieu (Las Palmas
de Gran Canaria, 1853-1934) da continuidad a una estirpe de artistas canarios entre los que cabe citar a su tío,
el pintor Manuel Ponce de León y Falcón, a su sobrino el pintor Nicolás Massieu y Matos, a la pintora Lola Massieu (sobrina de éste), a la pintora Alicia Morilla C. Massieu (sobrina nieta de Nicolás Massieu y Matos y prima segunda de Lola Massieu) y al pintor Tomás Morilla Massieu (hijo de Alicia Morilla C. y Massieu).
Nicolás Massieu se diferencia por
ser un hombre inquieto, curioso, con
sólida cultura por sus cualidades artísticas, que le permiten ser discípulo
de su pariente Manuel Ponce de
León y Falcón (1812-1880), ampliando
sus conocimientos en la Academia de
San Fernando y con varios viajes a Europa.
Al igual que su coetáneo el escultor y pintor Rafael Bello O’Shanahan,
pasa una larga temporada de estudios
en Roma, en la Academia Española
de Bellas Artes. Allí, Nicolás se hace
discípulo de Casado del Alisal. Entre
sus compañeros de aula destacan: Pradilla, Muñoz Degrain, Moreno Carbonero, Domingo Muñoz, los Benlliure
y otros.
De carácter polifacético, cuando regresa a Gran Canaria, al final de la década de 1880, combina sus preocupaciones políticas con una importante
labor docente en el Colegio de San
Agustín y en la Academia Municipal
de Dibujo de Las Palmas, de la que fue
director y profesor de futuros artistas, destacando en el campo de la creación pictórica como una de las figuras más relevantes del panorama insular en el siglo XIX. Cultivó el retrato
y la copia como ejercicio de formación, pero fue principalmente un pintor de paisajes de rincones insulares,
con especial atención al tratamiento
de la luz y de la atmósfera.
Nombrado cónsul de Italia en Las
Palmas, desempeña su labor a lo largo
de cuarenta años, recibiendo la alta
distinción de Caballero de la Corona
de Italia.
Cabe destacar el importante papel
que desempeñó como consejero del
Cabildo Insular de Gran Canaria en la
primera corporación que se constituye,
en 1912.
Su obra se encuentra en numerosas colecciones particulares e institucionales, como la Casa Museo León
y Castillo de Telde, la Casa Museo Colón, el Gabinete Literario y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.
Serie “Pintores canarios”, cuadro nº 9
(técnica mixta sobre papel de acuarela)
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domingo, 29 de marzo de 2015, EL DÍA
HISTORIA
TACORONTE
Texto: Nicolás Pérez García
E
ntre 1758 y 1768, la madera
para la iglesia, casas y
alhóndigas de Tacoronte
es traída de La Guancha
y algún otro pueblo del
norte, transportada en barcazas
hasta el puerto de la Madera, surgidero situado en un punto de la
costa que hoy es el conocido El Pris.
Desde aquí se lleva a lomos de bestias acantilado arriba hasta el cargadero de carretas que está junto a
la ermita de San José el Viejo (casas
del Marqués), desde donde se llevan
a su destino. En este tiempo prosiguen las obras de ampliación y
mejora del templo parroquial de Santa
Catalina bajo el impulso que imprime
el licenciado José Antonio Fernández de Ocampo, en su calidad dual
de párroco y mayordomo de fábrica
de la iglesia. Se reforman las naves
laterales y se construye una sacristía más amplia; el templo se prolonga
un tramo hacia el barranco y se
suprime la puerta central de la fachada, en la que se abren dos puertas de acceso a las naves laterales entre
las que más tarde se fabricaría el coro.
Estas importantes obras dejan la
planta de la iglesia tal como se
conoce en la actualidad, es decir, tres
naves separadas por columnas, crucero, capilla mayor, sacristía, torrecampanario y cuatro capillas laterales.
En el exterior, de cara al poniente,
se cubre el barranco sobre una cimbra, se colmata con entullo, se
allana y queda como plaza, y en la
parte norte que da a la calle Calvario se construye un fuerte de piedra
que guarnece y refrena el empuje de
lo construido.
Rayando el año 1760 se sabe del
asentamiento de industriales flamencos en Tacoronte, precisamente en
el sitio de Ubaque o Bubaque,
enclave que el decir popular nombraría “Ciudad de Waque” por la semblanza de sus casitas terreras agrupadas. El vocablo Ubaque fue extranjerizado por “Waque”, sin que se sepa
otra cosa. Desde los altos de Tacoronte, por el Camino Real, a los transeúntes les parecía una pequeña ciudad y así aparece tal expresión en
documentos de la época.
Con la llegada del rey Carlos III
comienzan a cambiar muchas cosas.
Se crean los diputados del común o
de abastos, que vienen a ser oficios
de elección popular restringida o indirecta. La impresión es que se pretende
democratizar cabildos y ayuntamientos, propósito bastante extraño en
tiempos del absolutismo.
En un documento testamentario
de 1760, el vecino Juan Mendoza
Domínguez dispone: “Doto a la
infraoctava del Corpus; señalo de
limosna 42 reales y medio; y ademas
de lo referido, es obligado mi hijo y
subsesores a poner la rama y flores
que se acostumbra para la celebridad
de dicho dia”. La celebración del Corpus Christi es de las más antiguas de
NOTICIAS DEL SIGLO XVIII (V)
El Pris, en cuyas
cercanías se hallaba
el puerto de La
Madera, llamado así
porque por allí se
descargaba este
material para obras.
Tacoronte, se remonta al siglo XVI.
A principio de los 1760 el Pósito o
Arca de Misericordia sufre cambios
en su organización. La Real Audiencia dispone que el síndico personero
asista a la celebración de las juntas
y elecciones de alhondigueros, así
como dictar decretos. Se señala que
el alcalde, el cura y los personeros
tengan que ver con las cuentas del
Pósito, que se designe un fiel encargado del pago de material y jornales dedicados a las obras del común
y que el alcalde remita cada año las
cuentas a la Audiencia para su control y supervisión.
El cambio supone intermediación total en la entidad agrícola, ya
que antes eran los vecinos quienes,
en junta o concejo abierto, tomaban
las decisiones, tal como establecían
los estatutos de fundación desde 1618.
Por último se ordena la creación de
una escuela (año 1763), la primera en
el lugar, dotando al maestro con 20
o 30 fanegas de trigo al año, que salen
de las ganancias del Pósito. Por
este tiempo el caudal de las dos alhóndigas se acerca a las 1.800 fanegas
de grano, que en su mercadeo anual
puede rendir unos 4.000 reales de
ganancia, cuyo tercio se destina a la
fábrica de la iglesia para su mantenimiento y reparo según una cédula
real de 1680.
Año 1764. El comerciante inglés
George Glass recorre las Islas Canarias. En uno de sus relatos menciona
Tacoronte, y cita concretamente un
punto costero llamado Puerto de la
Madera, bahía situada entre la
Angostura y El Pris, frente a la
playa del Sargo. El refugio recibió tal
nombre por ser el ancladero por donde
desembarcaba la madera sin labrar
que arribaba por mar a Tacoronte, con
destino a la construcción y canales
del agua. Tiempo después, el topónimo Puerto de la Madera se desplazó
hacia el interior, sobre el acantilado,
designando una zona que bordea el
risco siguiendo el antiguo camino de
los Guanches hasta la Punta del Viento
en el caserío de Juan Fernández.
En El Pris existe otro curioso
topónimo que llama la atención: Garajao o punta del Garajao, saliente rocoso
que se adentra en el mar. El nombre
procede de un ave marina parecida
a la pardela que antes abundaba en
estos litorales. En la bahía de Funchal, de la isla de Madeira, existe un
saliente de la costa con el mismo nombre.
En este año 1764 se registra una nota
que dice: “Predicador de feria por la
limosna de los sermones de Cuaresma
y Semana Santa, segun que ha sido
estilo y esta mandado por la Rl. Audiencia, que paga el Pósito”. Se trata de
una práctica mantenida desde antiguo.
Los labradores que sacan trigo del
Pósito para la sementera lo hacen en
calidad de préstamo con la obligación de devolverlo en la siguiente cosecha, en grano nuevo y limpio con más
dos reales por fanega, beneficio
que la entidad acumula en su arca
para atender las contingencias que
surgen en el pueblo. En una de las
alhóndigas está la carnicería; las tejas
para trastejo se traen de La Laguna,
las medidas de media fanega que se
manejan en los graneros son de
madera de cedro, y cada alhondiguero
cobra 20 pesos al año por su trabajo.
En un descargo (gastos) de una
cuenta consta lo siguiente: «Por
mil quinientos treinta rrs. que ymportaron sinqtª. Canales sensillas, sinqtª.
Dobles y sien Gibrones qe se compraron
para poder [conducir] el agua presisa
y nesesaria del Pueblo: en esta forma
las canales sensillas a seis rrs. de ptª.,
los Gibrones a qutrº. rrs. de ptª. y las
canales Dobles a dies y medio de ptª.
la qual madera se compro en virtud
del decreto que hizo este Pueblo en
veinte de Marzo de este presente año
por mano de francº. Hernas [Hernández] Abad persona nombrada en
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EL DÍA, domingo, 29 de marzo de 2015
HISTORIA
dho decreto para la distribusion y gasto
de dhas obras […]» (27-11-1764).
(“gibrón” es el madero que va de la
viga cumbrera a las soleras laterales).
En 1766 el rey Carlos III regula la
elección de diputados del común y
personeros de cada pueblo en razón
del censo vecinal. Acorde al número
de habitantes, a Tacoronte le corresponden dos diputados, cuya misión
consiste en controlar los abastos, arbitrios y dinero público. Con esta novedad comienza a perfilarse la base
de lo que es un ayuntamiento, el de
Tacoronte con un alcalde, dos diputados, un personero y el escribano
o fiel de hechos, que actúa como secretario para suscribir las actas y dar
fe de los acuerdos.
En la alhóndiga que llaman “de arriba”, la que está más cerca del Calvario, que hoy sigue allí desafiando
al tiempo, en la época que se habla
guarda la munición de la milicia. En
1765 hay 16 peruleras (ver nota) y
media de pólvora (317 libras de
peso), otra con 112 libras de balas y
41 libras y media de cuerda mecha.
Todo se halla con otras cosas en una
dependencia separada y cerrada
con tres llaves diferentes que paran
en manos del alcalde, párroco y alhondiguero del granero, en realidad claveros del Pósito. (“perulera” o perol:
vasija de barro angosta de base, ancha
de barriga y estrecha de boca).
A comienzos de marzo de 1765 visita
Tacoronte el corregidor de las islas
de Tenerife y La Palma. Es alcalde
el sargento de caballería Francisco
Suárez de Miranda, quien recibe estos apercibimientos del mandatario:
detallar todas las partidas de las cuentas del Pósito, no incluir en las
fianzas los bienes de las mujeres, cuidar la conservación de los montes y
aguas, no permitir ni el corte de una
horqueta sin licencia, con pena de
10 ducados y un mes de cárcel; igual
sanción a los que fabricasen carbón
fuera de los parajes acotados, los
cabreros deben apañar sus animales
fuera de las sementeras en los lugares señalados, con sanción de 4 ducados y ocho días de cárcel, y lo
mismo para pastores de bueyes que
de noche se encuentren sin esquilones. Asimismo, prohíbe acudir de
noche a las “velas de paridas”
debido a los perjuicios y ofensas que
se causan a Dios, sobre lo que había
La Alhóndiga, que
t uvo un papel
determinante en la
vida económica de
Tacoronte desde el
siglo XVIII, y la calle
Calvario.
sido informado por algunas personas timoratas. Finalmente ordena al
alcalde que coloque bandos con
estas instrucciones en las partes acostumbradas del pueblo. 80 reales se
entregaron al corregidor por su
visita.
El llamado Motín de Esquilache,
que estalló en Madrid en la Semana
Santa de 1766, generó consecuencias
que se harían sentir en todos los pueblos del reino. El auto acordado por
el Consejo de Castilla el 5 de mayo
de aquel año es toda una declaración
de principios y promulgación de ordenanzas que modifican sustancialmente
la dinámica municipal, y por ende
el pensamiento de la sociedad. En poco tiempo se desgranan diversas ins-
trucciones que acaban por conformar un grupo de gobernantes en el
pueblo, elegidos mediante sufragio
vecinal indirecto, que aunque restringido no deja de ser una premisa
inédita que anima a la participación.
Inadvertidamente, la vecindad empieza a conocer la política y las consecuencias de esta novedad.
De acuerdo con las instrucciones
recibidas, a Tacoronte le corresponde elegir alcalde, dos diputados del
común por tener menos de 2.000 vecinos, y también un procurador síndico, especie de apoderado del pueblo. La elección se realizó el 13 de julio
de 1766 en la iglesia parroquial.
Otra consecuencia del motín fue
la expulsión de los jesuitas, acusados de ser los instigadores de las
revueltas, pero este asunto es mucho
más complejo. Se ha dicho que fue
un acto arbitrario del poder absoluto
y una pérdida para la cultura nacional, de lo cual se quejaron importantes
historiadores y humanistas. La real
pragmática de expulsión de la Compañía de Jesús lleva la fecha 2 de abril
de 1767, “con trompetas y timbales,
por voz de pregonero público”.
Años más tarde se publicaría el
breve del papa Clemente XIV que
suprime, deroga y extingue la orden
jesuítica.
En 1768 tiene Tacoronte 3.521 habitantes (1.931 mujeres y 1.590 hombres), según el censo de Aranda. Citando pueblos cercanos, La Matanza
tiene 1.222 habitantes, La Victoria 1.575
y Santa Úrsula 1.237.
Un temporal se lleva el puente del
Camino Nuevo sobre el barranco de
las Granadas, que más arriba le llaman del Chupadero. El párroco José
Antonio Fernández de Ocampo lo
manda reconstruir y dirige las obras,
pagando los gastos el Pósito. Fueron
14 semanas de trabajo en sacar y subir
la piedra, hacer paredes y demás, con
un gasto total de 1.114 reales. El cura
llevó la cuenta con todo detalle, tal
era su proceder habitual, siendo felicitado por la municipalidad.
La cofradía de Ánimas construye un
osario nuevo en las afueras del templo, adonde unos peones trasladan los
huesos del que estaba en un hueco
lateral dentro de la iglesia. La cofradía cobra por el alquiler del cajón y
paño que se utilizan en los entierros.
Un ciriero (cerero) labra la cera y cobra
por ello; un barril de mosto malvasía
cuesta 15 reales y uno de vidueño, 11,25;
a la mujer que remienda y plancha se
le pagan 3,5 fanegas de trigo al año.
La Real Audiencia expide una
providencia para elegir fiel de hecho
en los pueblos que carecen de escribano público. Hasta entonces el
fiel era elegido por los vecinos,
pero el resultado había sido de poca
satisfacción y de desconfianza: “[…]
q en los Pueblos y Lugares destas Yslas
donde no resida essnº pucº [escribano
público] nombre cada vecindario su
fiel de fechos a principio del año en
el modo y forma que debe nombrar
Syndico Personero y Diputados del
comun […]”. (16-11-1768).
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domingo, 29 de marzo de 2015, EL DÍA
www.eldia.es/laprensa
Revista semanal de EL DÍA. Segunda época, número 973
Papá, mamá,
¿qué es la muerte?
“Poder llorar la muerte de un ser querido adecuadamente y
afrontar la perdida, hace que un niño no pueda sentirse
culpable, deprimido o asustado. Cuando ayudamos a
nuestros hijos a curarse del dolor que produce la herida
emocional más profunda de todas, la muerte de un ser
querido, los estamos dotando de unas capacidades y
comprensión importantes, que les servirán para el resto de
sus días” (William C. Kroen, 1996).
Texto: Mª del Carmen Herrera Franquis
(psicóloga sanitaria y forense T-01486. Coordinadora de la Comisión
de Atención Psicológica al Duelo Infanto-Juvenil, Colegio Oficial de
Psicología de Santa Cruz de Tenerife. [email protected])
L
os casos de duelo en niños son
mucho más frecuentes de lo
que pensamos. El 40% de los
niños y niñas y adolescentes
que están pasando por un proceso de duelo padecen estos trastornos
un año después de la pérdida. De ahí
la importancia de la prevención y el trabajo psicoterapéutico en estos casos.
El duelo es la reacción emocional de
un individuo, ya sea niño, adolescente o adulto, ante una pérdida significativa,
que se caracteriza por una serie de manifestaciones muy diversas y que supone
grandes repercusiones a nivel personal,
familiar, social e incluso espiritual.
¿Alguna vez han tenido que hablar
con sus hijos de una situación dolorosa,
bien sea por enfermedad, fallecimiento, ruptura sentimental, pérdida de
empleo, cambios de residencia, etcétera? Lo cierto es que deberíamos estar preparados para hacer frente a
esos momentos y facilitarles el afrontamiento sano ante dicha situación. Pero,
¿somos capaces de hacerlo y proporcionarles los recursos necesarios y así
prevenir complicaciones futuras? Esta
es una cuestión que los adultos no se
plantean hasta que se encuentran inmersos en una situación vital de pérdida. No saben qué decir ni qué hacer
para que no sufran sus hijos. ¿Quién?,
¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo? y ¿qué decir? se convierte entonces en su máxima
preocupación.
Normalmente, desde el entorno familiar, cuando se produce la muerte de
un ser querido, procuramos no hablar
ni llorar delante de nuestros hijos, para
evitarles el dolor y el sufrimiento; intentamos protegerlos, apartándolos o
llevándolos a casa de algún amigo o vecino, pensando que esto es lo mejor para ellos, que de momento no sepan nada,
porque creemos que así no sufrirán; pero
la realidad es que cuando los niños no
saben, y desean saber, intuyen y se inven-
tan sus propias teorías al vivir con angustia la falta de una explicación. Los adultos no podemos proteger a los niños de
las pérdidas, ni evitar el dolor que ellos
sienten, pero sí podemos ayudarles a
vivir el duelo de una manera más adecuada.
Dada la creciente demanda de ayuda psicológica para niños y adolescentes
que han experimentado una situación
dolorosa en su entorno, y por las numerosas consultas de padres, profesores, clínicos y educadores que buscan
respuesta para el abordaje del duelo infanto-juvenil, la Comisión de Atención
Psicológica al Duelo Infanto-Juvenil del
Colegio Oficial de Psicología ha elaborado un proyecto de intervención en estos
casos, pues el duelo en esta etapa requiere
de una atención y tratamiento distintos.
Es más complejo que el de los adultos por las características propias de la
infancia, una etapa en la que el carácter y los recursos personales del niño
y el adolescente están en proceso de desarrollo y en la que existe, por tanto, una
gran dependencia del adulto para
afrontar y resolver las situaciones problemáticas.
Las experiencias de pérdida son
parte integrante del desarrollo infantil
y la manera en que se resuelvan estas
situaciones determinará la capacidad
de afrontar y resolver experiencias de
pérdida posteriores, por lo que dicha
intervención debe plantearse desde una
atención especializada al niño, la familia y al entorno educativo para lograr
así el menor desequilibrio de los menores. Cuando no son atendidos adecuadamente y no se tienen los recursos suficientes para afrontar la pérdida se desarrolla el duelo complicado, caracterizado
por sentimientos intensos de soledad,
aislamiento, culpabilidad, conductas antisociales y de rabia intensa. En los adolescentes también puede llevar apare-
jados una actitud pesimista e inconformista ante la vida, mostrándose rebeldes y desafiantes, o desarrollando
conductas de riesgo, trastornos del comportamiento, depresión y consumo de
drogas.
La reacción de un niño/a frente a la
pérdida, es decir, el duelo, dependerá
del momento evolutivo, la situación y,
en especial, de la actitud de los adultos que le rodean. El nivel de implicación del progenitor con el menor,
desde el inicio de la pérdida, es el predictor más potente de la adaptación del
niño.
¿Qué podemos hacer los padres?
No hay que fingir que no pasa nada,
siempredebemosdecirleslaverdad,adaptándonos a su etapa evolutiva y emocional, dejar que pregunten, mostrarnos accesibles, permitirles que
expresen su vivencia, dejando que el
duelo siga su curso y mantener las rutinas que asumían en su vida diaria. Estas
son unas pautas generales, que habrá
que adaptar a cada familia, ya que cada
una tiene su modo de pensar y convivir y sus propias costumbres. Es fundamental que niños y adolescentes tomen
parte de los procesos familiares, que no
se les excluya de ello para protegerlos
y se les proporcione una información
que les permita conocer lo sucedido.
Resulta difícil para un adulto que está
sumido en su propio duelo saber el estado
anímico en el que se encuentra su hijo
y averiguar qué le pasa. En estos casos
debe acudir a un profesional, ya que si
a lo largo de este proceso el niño se siente
acompañado, protegido y apoyado, facilitará que vaya encontrando la forma
de enfrentarse sanamente a su dolor y
aceptar la perdida de la forma menos
traumática.
Retraimiento, tristeza, ansiedad, rabia, ira, culpa, falta de atención, apatía, etcétera, no necesariamente en este
orden, son los sentimientos habituales del niño
durante el duelo. Algunos
niños y adolescentes no
muestran reacciones inmediatas, aunque en algún
momento puntual hayan
mostrado tristeza o llanto.
Si este comportamiento
persiste en el tiempo, es importante acudir a un profesional puesto que el menor puede estar ocultando
su tristeza para evitar causar más dolor en los adultos o por temor a que se enfaden con él.
Intervención psicológica
La importancia de la
intervención psicológica
para prevenir complicaciones futuras es avalada
por las pruebas que existen de que los trastornos
depresivos y los intentos
de suicidio son más frecuentesenlosadultosque
vivieron durante su
infancia esta pérdida,
siendo la etapa más
vulnerable entre los 10 y los 14 años de
edad.
Nuestra propuesta, desde el campo
de la psicología, consiste en un programa
destinado a la prevención e intervención psicoeducativa en el duelo infantojuvenil basado en actuaciones orientadas
a favorecer experiencias que ayuden a
comprender, expresar y manejar las situaciones dolorosas de manera adecuada,
mediante programas preventivos (cursos, talleres, charlas, orientaciones a profesores, padres, personal sanitario), y
de tratamiento psicoterapéutico, empleando las herramientas, recursos y protocolos específicos para gestionar las situaciones difíciles que surgen en la rutina
diaria de esta población, de manera que
niños, adolescentes y adultos sean capaces de afrontar los síntomas de estrés
de manera adaptativa, promoviendo el
desarrollo integral de estos menores mediante acciones específic as centradas
en la salud y la educación.