Libro Premios - Asociación Cultural Fayanás

Premios Certamen Literario
Asociación Cultural Fayanás
2004—2008
LUESIA (Zaragoza) España
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La Asociación Cultural ―Fayanás‖ de Luesia en su afán de promover la cultura, especialmente en el ámbito rural, desarrolla, entre otras actividades, el certamen literario ―Asociación Cultural Fayanás‖ que se inicia en el año 2004, en el que se cumplían 10 años de existencia de la
Asociación, y que lleva realizadas cinco ediciones (2004-2008).
Este certamen literario comprende cuatro modalidades de obra literaria: Relato Corto,
Poesía, Cuento, y Poema infantil. Estos dos últimos dirigidos a escritores de menos de 14 años.
En cada una de ellas se otorgan un 1er. Premio y un segundo premio. También se otorgan otros
premios como el Especial ―Luesia‖ y el premio al socio. Anualmente se publican las bases del
mismo en la página web de la Asociación: www.acfayanas.org y en los diarios de la región aragonesa, además de en otros medios de la red.
En este volumen se recogen los premios otorgados en estas cinco ediciones: 1º y 2º de
cada modalidad, lo que hacen un total de 21 obras (en algún caso se ha otorgado un premio exaequo), más los otorgados como premio especial ―Luesia‖ y los otorgados al socio.
La estructura de esta publicación se desarrolla por Certámenes, recogiéndose los premios
de cada uno de ellos consecutivamente, para así hacer un poco más amena la lectura del mismo,
a la par que se observa la evolución de las obras premiadas.
Las fotografías que amenizan este libro, son todas ellas, obras presentadas a los distintos
concursos de Fotografía Rural que desde el año 2001 venimos convocando. No todas son fotografías premiadas, pero hemos querido hacer un homenaje a todos aquellos que participando hacen
más grande nuestra labor cultural. Las ilustraciones corren a cargo de una socia de la Asociación
que voluntariamente ha querido colaborar en la realización de este volumen.
Este libro quiere ser un homenaje a las personas que cultivan el arte de escribir y comunicar, así como a los socios de Fayanás que intentan poner un grano de arena en la cultura del
medio rural aragonés.
José A. Calvo Adell (Secretario)
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Prólogo :
La Asociación Cultural “Fayanás” se ha caracterizado siempre, desde
su fundación, por desarrollar una incesante labor para dinamizar la actividad cultural de Luesia, consiguiendo amenizar el día a día de este municipio con diferentes actividades para el disfrute de vecinos y visitantes.
Un buen ejemplo de ello es la organización de este Certamen Literario,
que constituye una excelente iniciativa porque además de difundir la literatura, va a servir para dar a conocer el pasado y el presente de esta localidad.
Por su parte, la Diputación de Zaragoza, instituci6n que me honro en
presidir, contribuye a la edición de esta publicación en su afán de apoyar
todas aquellas iniciativas culturales que, como esta publicación, contribuyen a la difusión de la vida de un municipio.
Solo me resta felicitar a la Asociación Cultural ,,Fayanas» por el importantísimo trabajo que esta llevando a cabo y animarla a seguir trabajando
en esta línea, así como poner de manifiesto la predisposición de la Diputación de Zaragoza a colaborar con ella en todo lo que redunde en beneficio de vuestro municipio.
Javier Lambán Montañés
Presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza
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I Certamen Literario
2004
Modalidad Relato Corto :
1er. Premio : LIZBO, EL JARDÍN, Juan Antonio Herranz Pérez
2º Premio : RECUERDO. Inma Ricart Aldomá
Modalidad Cuento :
1er. Premio : LOS SUEÑOS DE RAQUEL. Clara Aldaz Aragüés
2º Premio : LA PAREJA DE LEONES. Luis Aldaz Fernández
Modalida Poesía :
1er. Premio : EPITAFIO. Jose María Martí Luis
2º Premio : MUJER. Manuel Peña Garcés
Modalidad Poema Infantil :
1er. Premio : MADRUGADA DEL 6 AL 7 DE MARZO. Luis Aldaz
Fernández
2º Premio : LUESIA, MI PUEBLO. Marta Aragüés Garde
PREMIO ESPECIAL LUESIA :



JOSEFINA (Relato Corto) Beatriz de Ojeda Castellot
LA NOVATADA (Cuento) Javier Galbán Algás
PREMIO AL SOCIO :
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LOS NUEVOS VECINOS. María Galbán Algás
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LIZBO. EL JARDÍN
Alí acompañaba a Serdan, durante días de camino, por las tierras negras del
inmenso Armetrón. Entre los dos apenas eran capaces de juntar unas ganas de seguir
buscando el jardín de Lizbo, con el que siempre les habían enseñado a soñar desde
que eran niños. El primer culpable de aquel viaje era Yuno, el mago, él les había
convencido de que eran los elegidos para el viaje.
S" erdan y Alí, vosotros seréis los encargados de marchar en busca del jardín
de Lizbo, traeréis las flores de vuelta a Armetrón,, y las flores traerán de nuevo la
vida. Sólo vosotros podéis devolvernos el color y la vida. El camino que deben hacer
vuestros pies os llevarán al jardín de Lizbo. Debéis hacerlo por Armetrón.
- ¡El jardín de Lizbo estuvo siempre más allá de las grandes colinas! repitió con sarcasmo Alí leyendo en el mapa que llevaba entre sus manos. Su rostro, siempre blanquecino como el mármol parecía dejarse violentar por el rojo de su ira enojosa y desesperada. - ¿Por qué se dan las direcciones tan enigmáticas en este mapa mágico?...
Hubiera resultado bastante más provechoso saber que apenas se pueden atravesar
estas colinas a pie, así habríamos traído los caballos.
- El camino que deben hacer vuestros pies os llevarán al jardín de Lizbo -recordó
Serdan la frase del mago a su impaciente amigo, tragándose su tediosa impresión de
cansancio y fracaso. Su vigorosa melena pelirroja se había impregnado, durante el
largo camino, del negro volcánico de aquellas tierras negras y duras de Armetrón.
Cuando llegaron a la cumbre de la colina más alta, los dos amigos miraron al
frente con desolación, sabían que atrás dejaban las negras tierras de Armetrón, pero
frente a ellos se extendía más Armetrón, oscuro, negro, pedregoso y polvoriento como todo lo que llevaban conocido.
_ ¡Dios mío! - gritó Alí - ¿Dónde está Lizbo? ¡No existe! sigue siendo todo negro
Armetrón.
El mapa decía que el jardín de Lizbo "estuvo siempre" más allá de las grandes
colinas -Serdan recalcó las dos palabras entrecomilladas.
- ¡Ajá! Estuvo siempre". - repitió circunspecto Alí su blanco rostro hacía destacarse
por contraposición a sus intensos ojos negros de opaca mirada. - ¿Y qué, Serdan? ¿y
qué?
- Habrá que seguir buscando.... un poco más allá. - medió el pelirrojo levantando la
voz entre un viento creciente. Alí prefirió no proferir queja alguna, se guardó su enfado para sí y siguió andando.
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Durante el descenso por la gran colina, el viento fue creciendo, hasta tal punto
que el caminar se hizo imposible para los amigos, el polvo negro de la tierra de Armetrón imposibilitaba la visión; encontraron una cueva en aquella rocosa colina y se
refugiaron en ella con enorme alivio.
- Esperaremos a que concluya esta tormenta y proseguiremos - señaló Serdan con un
intento de dar firmeza a su voz aunque ésta, sólo pudo sonar tibia. Alí no sabía cuánto tiempo podría aguantar su silencio explosivo.
- ¡Eh! ¡Chist, chist!
Alguien llamó a los dos chicos, los cuales se giraron sobresaltados sin hallar
la fuente de la voz.
- ¡Aquí abajo! - era una voz femenina, casi infantil, con un tono de queja.
Serdan miró hacia el suelo y encontró que era una flor quien llamaba su atención.
- ¡Dios mío, pero si es una rosa!. - se quejó finalmente Alí.
- ¿Quién mejor para decirnos dónde está el jardín de Lizbo que una flor? - se atrevió
a apuntar a su escéptico compañero un satisfecho Serdan.
- ¿El jardín de Lizbo buscáis? - La ligera voz de la rosa se entristeció sonando quebrada e insegura, su tallo se dobló abatido por su tristeza.
- Sí, ¡buscamos el jardín de Lizbo! - los ojos verdes de Serdan brillaban - ¿Qué es el
jardín de Lizbo? ¿Qué es Lizbo?.
- Bueno... - la rosa seguía azorada la conversación - A mi me dijeron que Lizbo fue
un chico, así como vosotros.
- Por unos momentos la flor se irguió al recordar la historia -Aquel chico plantó toda
la tierra de su jardín, el jardín de Lizbo. - de nuevo se marchitó la flor para continuar
- pero la tierra negra se apoderó de todo.
- Pero, ¡tenemos que llevar las flores del jardín de Lizbo por toda la tierra de Armetrón para devolver el color y la vida!. - Serdan habló con vehemencia, con energía.
- Lo siento mucho. - terminó por decir la rosa, todo el jardín de Lizbo que queda está
aquí, soy yo, la tierra negra se apoderó de todo.
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- Entonces, ¿no hay jardín de Lizbo?
- Ya no. - La solitaria flor apenas levantó la voz.
- Ya lo has oído, Serdan, cuando acabe la tormenta volveremos y les diremos a todos
que el jardín de Lizbo ha desaparecido, que ya no existe. aseguró Alí.
El viento cesó por fin, Serdan y Alí salieron de la cueva.
- Volvamos, Serdan, volvamos a casa. - agarró Alí a Serdan de su hombro mientras
comenzaba a ascender de nuevo por la colina.
- ¡No! - Serdan se separó de Alí; bajo su melena pelirroja ocultaba sus ojos verdosos
que rebosaban en lágrimas. quiero seguir buscando el jardín de Lizbo, no soporto el
negro Armetrón.
Pero la flor a dicho que...
- ¡No! - Serdan siguió hacia delante, Alí comprendió, en un instante, que debía dejarle sólo.
Serdan anduvo mucho tiempo más, estaba triste y desolado, lloraba amargamente a cada paso que daba, y a
cada lágrima que caía sobre el
negro suelo de Armetrón, las flores y las plantas germinaban vigorosas y esbeltas, hermosas en sus
asombrosos colores. Sobre ellas
se alzaron los árboles y entre todos ellos discurrieron los ríos. Y
parecía mentira que cualquier
viento negro pudiera arrebatar
tanta hermosura, pero seguro que
lo haría; entonces otra persona
tendría que ir en busca de la vida
más allá de las colinas, y esta vez
la vida estaría en el jardín de Serdan. Y algún mago diría "El camino que deben hacer vuestros
pies os llevarán al jardín de Serdan. Debéis hacerlo por Armetrón
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RECUERDO
Dedicado a todos los que no pueden, no desean, o no quieren recordar.
I.Buenos días Maria! ¿Cómo estamos hoy?
Maria observa la luz que entra por la ventana. Hace rato que oye los
ruidos que vienen del pasillo. En la Residencia, donde ahora vive, el ruido es
más importante que el reloj. Ha aprendido que si está tranquila y relajada
todo va bien. Por las mañanas, cuando se despierta, espera y, poco a poco,
todo empieza a funcionar: sabe quien es, donde está y, si se esfuerza un
poco, adivina que es la mañana de un año muy lejano, alejado de aquellos
años que llenan su recuerdo, sus años de infancia y juventud, la memoria de
una época tan intensa que, mientras la vivía, no dejaba lugar para el recuerdo.
Pero otras veces nota un vacío, no es que le falte nada, es que no
siente nada. Si pudiera saber que hay cosas que sentir y que conocer las
echaría de menos, pero no lo sabe. Mientras duran esos momentos hay algún instante de lucidez, no es que sepa quien es, sino que le parece que
podría saberlo. Hace muchos años, al principio, sólo le ocurría al despertar.
Dejó de hacer la siesta porque en el momento de despertarse, en la cálida
luz del atardecer, le parecía que era de madrugada; y debía realizar un esfuerzo para saber la hora. Debía fijarse en los ruidos de la calle y en las ropas que llevaba puestas, lo cual le causaba un gran desasosiego interior,
algo así como una sensación de frío en la barriga.
Luego se fué a vivir a un caserío, cerca del río, donde cuidaba de sus
animales y de sus plantas. Eso la mantenía bien orientada, sabía bien qué
debía hacer para cuidar de todo. Era como un ejercicio en el que no era necesario saber las cosas, simplemente las hacía y se sentía bien. En ese
tiempo acostumbraba a pintar y a escuchar música. Se sentía feliz, en esos
momentos lo sabía todo, porque era parte de un todo, formaba parte de un
mundo de colores y de sonido donde las palabras no eran necesarias.
lI.-­
Antes de ingresar en la Residencia se desorientaba un poco. Ocurrió
lentamente. Mientras iba haciendo no pasaba nada, pero si se paraba a pensar, por ejemplo, qué día era, el mes, o incluso el año, no lo sabía, lo había
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olvidado. Y lo más grave es que olvidaba que existían calendarios donde
consultar. Claro que al cabo de un rato se le ocurría, sin saber como ni porque, y ella no quería pensar en la razón del olvido, tenía miedo de saberla.
Cuando hablaba con alguien evitaba hacer referencias temporales, pues
todavía temía más que los demás se dieran cuenta.
Lo primero que notaron es que utilizaba los tiempos verbales de un
modo impreciso. Cuando hablaba de hechos ocurridos hacía poco rato, el
mismo día, en vez de decir "he hecho" decía "hice", y sus amigos se dieron
cuenta de que algo iba mal.
Luego aparecieron los olvidos recientes. No recordaba las últimas cosas que hacía, olvidaba donde guardaba las cosas, le daba la impresión de
que alguien se lo escondía todo y, lentamente, el olvido aumentó, hasta el
punto de no recordar casi nada de los últimos años, y crecieron los recuerdos de su infancia, de cuando vivía con sus padres y sus abuelos, y aquella
vida llenó sus recuerdos.
III.Recordaba a su abuela, sentada cerca del fuego, horas y horas, y se
acordaba de las historias que explicaba, de tiempos pretéritos, de los antepasados, de su juventud, del mundo del siglo pasado. Era como un gran libro de cuentos, que había acarreado siempre con ella, todos los años de su
vida y, ahora, los volvía a leer.
También recordaba los años de la guerra, como si esos tres años los
hubiera vivido con más intensidad, con la sensación de que era una época
decisiva, y eso los hubiera marcado más. La post-guerra fue difícil, fueron
años pobres, escasos de comida, de razones y de recuerdos, todo debía
ahorrarse, debía construirse un puente, olvidar el pasado y esperar un futuro
mejor. Muchos tuvieron que exiliarse, tenía familiares y amigos en Francia,
algunos de los cuales nunca regresaron. Ella no quiso exiliarse físicamente,
sólo exilió sus recuerdos, los guardó en el cajón de su memoria.
IV.Y ahora, después de transcurridos tantos años, se pasaba los días
recordando los juegos infantiles, las siestas veraniegas, cuando perseguían
lagartijas y jugaban a construir casas, a soñar en el futuro, a imaginarse el
mundo, encaramados en la higuera, recolectando higos, en aquellas largas
tardes de verano que parecían no tener fin.
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En invierno iban a la escuela. Andaban un buen camino, en el que se
iban juntando con los otros niños que venían de otros caseríos, y caminaban
todos juntos hasta la escuela del pueblo, donde aprendían las historias de
memoria, como una canción, que Maria nunca olvidó, al igual que las poesías, que también aprendían de memoria, recitándolas con entonación. En
aquel tiempo creía que todo el saber se hallaba condensado en los libros,
como la enciclopedia que usaban en la escuela, y creía que todo se podía
memorizar. Fue una buena introducción a la cultura, aprendió a amar los
libros y, a lo largo de su vida, reunió una extensa biblioteca.
Había leído muchísimo, desde pequeña, pero ahora le costaba leer,
se distraía demasiado, perdía el hilo de las narraciones, no entendía el contenido de las novelas, y había perdido la costumbre de leer, olvidó todo lo
que había leído durante toda su vida, y emergió con más fuerza el recuerdo
de las primeras poesías que recitaba en la escuela, incluso antes de entenderlas. Era como una música que le marcaba el paso del tiempo, como la
rutina de la Residencia, que le servía para orientarse, para saber donde estaba en cada momento. Quizá no supiera el año en que vivía, pero sabía
qué debía hacer en cada momento del día, y eso le hacía sentirse bien.
V.A finales de diciembre ya no se levantaba de la cama, sólo quería dormir. A pesar de que la vestían y la levantaban, ella se dormía en todas partes, se sentía muy cansada, no tenía fuerzas para nada. Cada vez disfrutaba
menos de la compañía, cada vez era más difícil entrar en su mundo.
Hasta que llegó un día en que sintió una gran sensación de bienestar,
como no había sentido nunca de mayor ni de niña, era una felicidad anterior
a sus recuerdos, quizá la del recién nacido bien cuidado, bien alimentado,
amado ... y se dejó ir. Cayó en un terreno blando, esponjoso, sin separación
entre el cielo y las nubes, donde caminar era distinto a lo que conocía, no
requería ningún esfuerzo, los pies no notaban el suelo, todo su ser disfrutaba de una bella sensación de felicidad.
Y entonces se percató, que formaba parte de la naturaleza, que era
una parte de aquel bosque, y de todos los demás, y los atravesaba junto con
las nubes del cielo, con las brisas de la madrugada.
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LOS SUEÑOS DE RAQUEL
Había una vez una niña simpática, pero había un problema, que Raquel tenia
muchos sueños feos, salían fantasmas y muchas cosas malas, y Raquel no se quería
echar a la cama por los sueños. Un día cuando Raquel estaba jugando vino su amigo
Juan y le dijo:
- ¿porqué estas tan triste?,
y ella contestó- porque tengo sueños muy feos y no puedo dormir. Juan le dijo:
- tranquila ya lo solucionaremos. Con un caza sueños lo arreglaremos.
Fueron a comprar el caza sueños, que era un cacharro que se cuelga en el techo, para que no se tenga miedo. La niña se lo colgó en el techo de su habitación y se
hecho a la cama, pero no funcionaba. Cuando fue al cole le dijo a Juan que no funcionaba y él le contestó:
- ¡tengo otra idea! Cuando duermas piensa en cosas bonitas y agradables.
Entonces Raquel se fue a su casa y cenó con sus padres. Sus padres se llamaban Joaquín y Gema. Después de cenar la niña se fue a la cama, pensó en cosas bonitas, ¡pero nada!. Al día siguiente cuando volvió a ver a Juan le dijo:
- ¡no funciona! y él le contestó: ‑Tampoco funciona? ‑ ¡ No! dijo la niña.
Juan le avisó de que él ya no tenía mas ideas para ayudarle.
Raquel pensó entonces que igual algún médico le podía ayudar y le pidió a
Juan que le acompañara con su precioso caballo blanco. Juan le dijo:
- ¡Si me deja coger mi padre el caballo te acompañaré!, si no me deja pues no te podré acompañar, porque no me dejan salir del pueblo sin alguien mayor y sin pedir
permiso.
Juan les preguntó a sus padres que si se podía coger el caballo y salir del pueblo con su amiga Raquel, y ellos le contestaron que si pero con muchísimo cuidado.
Entonces, cogieron el caballo y fueron al médico y el médico les dijo:
- Te voy a dar una receta antisueños para que se te quiten los malos sueños. Te tienes
que tomar dos cucharadas del medicamento antes de echarte a dormir.
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- ¡Si! dijo la niña, y se fue a casa muy contenta.
Se lo dijo a sus padres y les pareció muy buena idea. Raquel esa noche se
tomó el medicamento y se fue a la cama. Pero ¡nada! Seguía sin funcionar. Fue otra
vez al médico y le dijo que no funcionaba, que tampoco funcionaba. El médico le
contestó que ya no le podía ayudar a nada más. Raquel fue entonces a hablar con su
amiga Sara. Sara le dijo que a ella también le había pasado y que el que le ayudo a
que se le pasara fue su amigo Tintín. Sara le contó que la idea que Tintín le dijo es
que probará a dormir con su muñeco preferido. Raquel pensó que dormiría con una
muñeca que no tenía un brazo. Esa noche Raquel cogió su muñeca y se echo con ella
a la cama. A la mañana siguiente cuando se despertó se dio cuenta que había dormido toda la noche sin tener ningún mal sueño. Desde ese día Raquel no volvió a tener
malos sueños, si tenía algún sueño, este era bonito y agradable. Ese mismo día Raquel buscó a sus amigos y les dio las gracias por la ayuda que le habían dado, y a su
muñeca Fefi la tenía siempre a su lado por si acaso volvían alguna vez los malos
sueños.
Fotografía ― Vista desde la Ermita‖ de María Cortés Aibar
Presentada al VI Concurso de Fotografía Rural (2006)
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La pareja de leones
Todos los días volvía con mi prima Ana del colegio a casa. Después de merendar, jugábamos en el jardín hasta que anochecía. Entonces volvíamos a casa para
hacer los deberes y cenar. A veces, nos confundíamos y yo me metía en casa de Ana
y ella en la mía. Era fácil confundirse, ya que estaban adosadas y mirándolas a la
vez, no hay diferencias, salvo el número de la vivienda. No nos molestaba la confusión, porque así veíamos a nuestras correspondientes tías.
Un día volvía solo del colegio porque mi prima había caído enferma. Antes de
entrar a mi casa pasé por la de Ana y le dejé una nota con los deberes. Merendé sin
ganas y el aburrimiento se extendía por todo mi cuerpo. Los minutos me parecían
horas y el mundo se caía sobre mí. De repente, y sin darme cuenta, entró mí madre a
la cocina y, dándome un pequeño susto por su inesperada presencia, me preguntó:
- ¿Qué te pasa Carlos? ¿No sabes qué hacer? Si quieres puedes ir a jugar con tu hermana y tus primos ‑yo tenía una hermana pequeña, Sandra, y Ana tenía además, una
hermana y un hermano pequeños, Sonia y Héctor‑.
- No. No quiero jugar con sus juegos de "niñatos" ‑contesté con desagrado‑.
- Pues entonces puedes acompañarnos a tu tía y a mí a comprar propuso mi madre.
Ella y mi tía eran hermanas, y lo que más les entusiasmaba, era ir juntas de compras.
Casi siempre iban juntas a los sitios. Ya lo ha dicho mi abuela desde siempre, que las
había visto crecer siempre de la mano, a la par‑‑‑.
- No, ya sabes que no me gusta ir a las tiendas.‑ A la única tienda que me gusta ir
era la pastelería. Me había hecho amigo del dueño y siempre que iba me esperaba
con un caramelo en la mano‑.
- Si te apetece, puedes visitar a tu abuela antes de hacer los deberes.
- No, no tengo ganas‑ mentí. Sabía que si iba al piso de la abuela tendría que ir con
mi madre y mi tía al supermercado, que justamente está debajo del piso.
- Tal vez podrías leer este libro ‑me sorprendió. Yo nunca había leído un libro, y
esta vez me sentí diferente al verlo. Normalmente cuando veo un libro siento repugnancia hacia él, pero en ese momento sentí algo diferente, algo que nunca antes había
experimentado. Aún así, lo rechacé:
- No.
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Mi madre cuando rechazo algo que me ofrece lo quita de mi alcance,
pero ese día dejó el libro en la mesa de la cocina. Yo sabía leer, pero con
dificultad, por mi falta de práctica. En el colegio destacaba en la lista de
"LEONES" por mis 0 libros leídos desde que empecé la enseñanza primaria.
A veces los profesores debatían sobre mis lecturas con mi madre, pero ella
intentaba esquivar la situación diciendo: "Yo no le pienso obligar. Cuando
quiera leerá".
El libro ya llevaba unos minutos sobre la mesa y me empezó a picar la
curiosidad. Dudé varias veces en cogerlo, hasta que mi mano se alargó y lo
cogió como por arte de magia. Entonces me convencí de dar el gran paso
de empezar. Mi saber carecía de significados y palabras que muchos niños
ya sabían a mi edad, por eso ya tuve que coger el diccionario, que es un
libro de significados, para poder entender el título.
Después de unas horas oí un portazo. Era mi padre que venía de trabajar. Se extrañó al verme leer, pero no quiso entretenerse conmigo, porque
llegaba con retraso y tenía que hacer la cena.
Al oír el portazo, fue como si me despertara de golpe. Me había metido en
un mundo de fantasía irreal, y conforme más páginas iba leyendo, más cosas sucedían en él. Yo no sabía que los libros te hacen entrar en mundos a
los que uno sólo tiene acceso de entrar a través la imaginación. Mi imaginación nunca había llegado a estar en un estado de tanta maravilla. El libro
había estimulado a mi mente a ese estado. Me estaba gustando leer.
Yo leía con dificultad, pero me ayudaban el diccionario y las características
del libro. Tenía veinte páginas, letras grandes y multitud de dibujos.
Cuando terminé de leerlo me di cuenta de tres cosas: que los libros trasladan a
uno a un mundo maravilloso lleno de fantasía, que la ultima página la leí con más
rapidez y menos dificultad que la primera, y que me gusta leer.
Al día siguiente, Ana seguía enferma y volví otra vez solo. Le dejé la nota
con los deberes y me fui a mí casa a merendar. Cuando terminé de merendar no tenía
el aburrimiento del día anterior y me dirigí hacia el cuarto de estar.
- ¿Me puedes dar otro libro? ‑le pregunté a mi madre.
Ella fue hacia la estantería y cogió un libro:
- Toma
- me dijo. Yo lo cogí a la vez que iba hacia el diccionario.
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Lo leí. El libro tenía las mismas características que el libro que había leído el
día anterior, pero contenía una historia diferente.
Día tras día iba leyendo un libro diferente y empecé a superar mi dificultad
con la lectura y la escritura, y además, me sentía más contento y feliz. Leí libros más
gordos, con menos ilustraciones y letra más pequeña, y el diccionario lo usaba menos.
El día que Ana se recuperó le dije:
- Después de merendar, ven a mi casa a leer.
Ella se negó, pero vino. Al verme leyendo me trató por loco y le dije:
- Lee, y le dejé un libro en la mano.
Ella se negaba, pero le convencí y lo leyó.
Al día siguiente cuando volvíamos del colegio me comentó:
- Después de merendar, iré a tu casa. A leer.
En ese mismo momento se me iluminó una gran sonrisa en la cara y entonces
supe que le estaba ocurriendo lo mismo que a mí.
Desde entonces nos reunimos los dos en mi casa todas las tardes a leer. Además en el colegio nos llaman "la pareja de leones". Si quieres saber por qué, lee.
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EPITAFIO
Esto no hay quien lo soporte;
A cada paso me atasco;
No hay nadie ni nada que me conforte,
Y hay poca cosa que me importe;
¡Vivir así es un asco!
Voy rumbo a la eternidad;
Que el Buen Dios tenga piedad
Porque llego cabreado y hecho polvo
Y espero de su bondad,
Confiado, escuchar "Ego Te Absolvo"
Maltrecho por los golpes del destino,
Deja Padre que en tu seno me pierda;
Te lo pide este pobre peregrino
Quien despues de currar como un pollino,
Comprobó que esta vida es una mierda.
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MUJER
Quiero brindar un grato homenaje,
tal vez en él encontréis algún mensaje,
me avala un muy buen linaje,
no es que sea prepotente,
pues soy un hombre simplemente.
Para ti, iOH!, bella estrella,
carmín tan deseado,
la mejor flor de todo el jardín,
suave aroma a jazmín,
maravilla extrema,
beso tan buscado,
¿sabes?, siempre dejas huella.
Por donde pisas,
se debería besar,
con ese lindo caminar,
perfume, fragancia que investigo sin cesar,
fuerza que no te hace falta demostrar.
A ti que tanto, a veces tienes que soportar,
sabes que mereces en lo más alto estar,
aunque siempre existe la excepción que la regla ha de confirmar,
y en estas líneas no la voy a nombrar, ni mencionar.
Para tu nombre elevar,
unas letras que una vez recibí,
quiero recordar,
y algo así venían a decir:
“Pues la mujer salió de la costilla del hombre,
no de los pies para ser pisoteada,
ni de la cabeza para ser superior,
sino del lado para ser igual...
debajo del brazo para ser protegida,
y al lado del corazón,
para ser Amada”.
Desde el principio de los tiempos recuerdo,
que se nombra siempre tu esfuerzo,
y aunque en muchos sitios tenéis todavía que aguantar la represión,
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sin duda ya es hora que disfrutéis de vuestra liberación.
Más completa esta debería de ser,
pues reconozco que en los tiempos de los tiempos,
mucho os ha tocado padecer.
Y aunque ahora parezca que las diferencias se empiezan a igualar,
muchas nunca se van a poder equilibrar,
y en muchos sitios, todavía, lamentablemente les va a tocar aguantar.
No es sólo por un cuerpo precioso,
es por su valía y su talante clamoroso,
porque estás en mi mente,
y eres la mayor genialidad del presente.
(Para todas las mujeres,
en homenaje a ellas y a sus menesteres,
por demostrar en toda la historia que son muy valientes,
y cuan necesarias son, simplemente)
Fotografía ―Hilandera‖ de Ismael Pasamón Martínez,
presentada al IV Concurso de Fotografía Rural (2004)
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Madrugada del 6 al 7 de Marzo
Brilla la luna con su plenitud,
quedando sola en negrura nocturna.
Una noche quieta, sin inquietud,
sin vientos que muevan su larga tuna.
Alguna nube la quiere tapar,
pero ella tan inmóvil sigue allí,
y con cuidado las logra esquivar.
Incesante es su mirada viril,
con la que te pretende conquistar,
para así caer en su largo dormir.
Fotografía ―Gris y la Luna‖ de Maria Cruz Navarro Durá,
presentada al V Concurso de Fotografía Rural (2005)
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LUESIA, mi pueblo
Mi pueblo se llama Luesia
Está situado en las Altas Cinco Villas
En mi pueblo podemos encontrar
La patrona la Virgen del Puyal
Todas las mañanas podemos esperar
Que se vea el sol
Y muchas cosas más
En mi pueblo monumentos históricos hay
San Esteban, San Salvador,
El Castillo y La Virgen del Puyal
Todos los niños esperan con ansiedad
Que llegue el fin de semana
Para poder jugar y disfrutar
Con muchos niños y niñas más
Un concurso literario
Se va a realizar,
Gane quien gane no importa
Lo importante es participar.
Fotografía: ―Historia Vigente‖ de Jose María Miana García
Presentada al II Concurso de Fotografía Rural (2002)
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JOSEFINA
Como después narrarían los historiadores «... los campesinos, los
párrocos, los notables del lugar, los burgueses de la ciudad, pero sobre todo
el pueblo... suplantaron a los soldados de uniforme, a los generales y a los
soberanos.. . »
Y en Cinco Villas no fueron menos, Ejea como cabeza de comarca se
sumó al levantamiento antifrancés, enviando a Zaragoza una representación
en la que se expresa el entusiasmo del pueblo, Ramón Nabarro por el capítulo eclesiástico, Mariano Bentura por el Ayuntamiento y para representar en
las Cortes a las Cinco Villas el luesiano Juan Pérez de Artieda.
El 1 de Junio se convoca Junta de las Cinco Villas en Ejea, se celebra
misa y rogativas por la victoria, y se llama al alistamiento a los varones entre
16 y 40 años.
La Junta provincial era consciente de la escasa formación militar de
sus hombres, así como del casi inexistente material de defensa, sus armas,
sobre todo en los pueblos, consistían en los aperos de labranza, pero había
algo más fuerte que las armas de fuego, aquello que movió a todo Madrid el
dos de Mayo a salir a la calle a defender su soberanía, el espíritu de resistencia, con eso no contaban los expertos y bien armados soldados de Bonaparte.
Así que el pueblo organiza sus guerrillas. La guerrilla de Luesia fue
una de las más activas y su primera acción hostigadora no se hizo esperar.
Los luesianos contaban con su Sierra y su Castillo, su Sierra les refugiaba y
su Castillo les proporcionaba vigía. Desde la torre vigilaban las avenidas de
las tropas francesas por el camino de Ejea a Sos, desde allí daban aviso al
resto de guerrilleros que escondidos en el rio Arba de Luesia con el agua
hasta la cintura y camuflados por la espesura de los arbustos, esperaban a
los franceses, sorprendiéndolos con sus rudimentarias armas, y así sin causar bajas, en la noche del 29 al 30 de Junio de 1808 son apresados 13 franceses que envían a las cárceles de Zaragoza.
Pero pronto la euforia inicial da paso a la depresión. La línea defensiva aragonesa en Mallén con el Marqués de Lazán al frente cae ante las tropas invasoras. Tras Mallén entran en Tauste consiguiendo la capitulación de
la Villa el 14 de junio. El resto de las Cinco Villas no tardaría en perder la
esperanza, con la fidelidad de Tauste y de Sangüesa, el ejército francés
controló toda la zona en los últimos días de 1808.
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El 15 de Marzo de 1809 sin poder ya evitarlo el gobierno intruso comienza su andadura en todo Aragón. Y en Cinco Villas muy pronto, ya en
Abril, comienzan a llegar las órdenes de la Nueva Administración, se pide
urgentemente trigo y cebada, y el establecimiento de almacenes de cereales.
Las tropas recorrían con frecuencia la ruta Zaragoza Sos con lo que
Cinco Villas se convirtió en zona de gran importancia. Ejea y Uncastillo eran
puntos de descanso de un día para la tropa y los dos pueblos debían suministrar víveres harina vino y carne, y forraje para las caballerías: paja y cebada.
Cada punto de descanso contaba con pueblos auxiliares para hacer
acopio de las provisiones por un mes. Ejea contó con Luna como pueblo
auxiliar y Uncastillo con Luesia, no en vano Luesia era una de las poblaciones con mayor número de fuegos, unos 1200 habitantes que casi en su totalidad se dedicaban a la agricultura.
Las guerrillas no iban a callarse y Josefina tampoco. Los años anteriores no habían sido buenos para las cosechas y ella siempre tenía la precaución de guardar en épocas fructíferas grandes cantidades de harina, vino,
miel y aceite para alimentar a sus gentes en épocas de hambruna. La administración francesa iba perfilando su principal actividad en Cinco Villas: la
recaudación de fondos y alimentos para el aprovisionamiento de Zaragoza y
del Ejército Imperial y Josefina no estaba dispuesta a colaborar con esto, así
que en ese periodo se hizo patente que Luesia no suministraba a tiempo ni
en la cantidad establecida su correspondiente "Real Contribución", al menos
la suya sería una resistencia pasiva.
Josefina seguía siendo bella después de haber tenido cinco hijos y
haberse quedado viuda tan joven, sus sirvientas sabían que también era
bella por dentro. Cada mañana temprano salían a lavar la ropa al Arba.
Aquel día en la casa tocaba cambio de sabanas, y en la casa vivían 9 personas así que cuatro muchachas salieron con cuatro enormes canastos a rebosar de ropa sobre sus cabezas. Al cruzar la puerta se encontraron con
más de 40 soldados que habían llegado al pueblo esa mañana, ellos se quedaron mirándolas y les decían cosas en francés que ellas ignoraron caminando despacio y en silencio entre ellos. Ya de camino al río comenzaron a
cantar.
Mientras tanto Josefina conversaba en el patio de la casa con un capitán bajito y malhumorado, más bien con su intérprete, que cortésmente se
había presentado como Joseph Bordeaux, y que intentaba traducir lo que su
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superior decía de forma mucho mas pausada de lo que el tono de voz de
aquel denotaba. Al capitán por momentos y tras las contestaciones de Josefina, se le iba subiendo también el tono del rostro.
Josefina se ajustó el corpiño de su vestido de seda con flores verdes, y sintió como una gota de sudor le recorría la espalda, esa hubiera sido una estupenda mañana de primavera, pero tuvo que soportar mordiéndose los labios
que una docena de soldados entrasen en su casa. El armario grande color
caoba de lo alto de la escalera fue descerrajado, todos los armarios de la
casa lo fueron, a pesar de que Josefina les iba ofreciendo las llaves para
que no dañasen sus queridos muebles. Pero los soldados cumplían órdenes, y la orden era poner en evidencia su poder, su enojo, sembrar en definitiva el temor entre los luesianos ... pero esa violencia fue del todo infructuosa.
Josefina se sentó serena en un sillón amarillo del salón de la chimenea, deseaba que sus hijos a pesar de estar acostumbrados a recibir muchas visitas en casa no se asustaran demasiado al ver a aquellos
"caballeros" registrando sus habitaciones de aquella manera. Se quedó mirando el tapiz que cubría por completo uno de los muros laterales del salón.
La escena representada llenaba de paz el ambiente y en sus esquinas cuatro escudos iguales la enmarcaban, los escudos del nogal y la bandera con
la leyenda alrededor : "qui vult edere nucem frangat nucerri»: "quien quiera
la nuez, que parta la nuez". Esta había sido siempre la máxima de su padre
y por gran herencia la suya propia, "nada es gratuito, no esperes recoger si
no siembras antes", por eso en Luesia su familia había sido siempre querida
y respetada.
El capitán y sus soldados salieron airados de la casa no sin antes meterse en la pequeña bodega del patio bajo la escalera y llevarse las pocas
botellas de vino que allí encontraron,
La última frase que el traductor le dijo fue: "¡Ni armas ni víveres, pero
esto no quedará así!‖.
Llegaron noticias del envío a Ejea de 1800 húsares de infantería y
caballería para destruir en palabras de los nuevos dirigentes a la "cuadrilla
de Brigantes que infestan las Cinco Villas" ¿Cómo podían unos guerrilleros
labradores preocupar tanto al poderoso ejército francés?
Desde el principio de la contienda en 1808 las guerrillas en las altas
Cinco Villas se habían organizado muy bien y apenas habían causado bajas,
la Sierra de Santo Domingo ofrecía buenos lugares para guarecerse, y contando con el apoyo de toda la población desde allí planeaban sus tácticas de
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ataque. Desde que "el gobierno intruso" se ocupara de la administración de
la zona se hicieron más frecuentes las acciones de hostigamiento, pero eran
acciones no militares que casi siempre iban encaminadas a apoderarse de
lo que el ejército recaudaba para el mantenimiento del Imperio, principalmente los impuestos en forma de miles de reales de vellón. También las represalias eran cada vez más duras y el Intendente General de Aragón, en
dos ocasiones hizo pagar a toda la población de Cinco Villas aquellos robos
prorrateando la cantidad entre los vecinos.
Corría un Agosto caluroso de 1812, la guerrilla de Mariano Larrodé
alias "pesoduro" con solo 150 hombres ataca a la guarnición francesa, ese
ataque fue repelido y por vez primera causaron baja paisanos cincovillanos,
además de 18 detenidos.
Esta fue la causa de los primeros fusilamientos, el gobierno intruso
quería dar una lección a las guerrillas y a los pueblos que las apoyaban:
esos 18 detenidos fueron fusilados en público en sus lugares de origen, un
luesiano estaba entre ellos. Con todo el dolor de su corazón Josefina recibió
la noticia del asesinato en la plaza del pueblo de su sobrestante, su mano
derecha, su amigo Fernando Mina. Hacía dos meses ya que Fernando le
había encomendado una importante misión y ella sentía por lo menos la satisfacción de haberla cumplido.
A Juan le fascina esconderse dentro del armario grande color caoba
de la escalera. Es un armario en el que caben él, su hermana mayor y todos
sus juguetes. Sus 12 cerraduras están rotas. La bisabuela de Juan que casi
tiene 100 años, dice que Josefina su bisabuela, no las quiso arreglar para
así recordar por siempre a "sus muchachas", que un día tuvieron la valentía
de pasearse ante una tropa de soldados franceses con sus cestos llenos de
armas del General Colley y de las tropas británicas aliadas de España en la
contienda, y que quizás gracias a ese acto de valor las Cinco Villas fueron
liberadas y controladas por Espoz y Mina en Enero de 1813, 6 meses antes
que Zaragoza y 15 antes de que se diera por finalizada la Guerra de la Independencia en el resto de España.‑ Abril de 1814.
Pero a Juan lo que mas le gusta es bajar con el abuelo a la bodega
del Tapiz como la llaman. Lo más divertido es cuando levanta las dos barras
que cuelgan en la pared tras el tapiz y eleva este de modo que parece una
tienda de campaña bajo la cual a Juan le encanta quedarse un buen rato. El
abuelo abre la pequeña puerta situada justo en el medio del muro y despacito bajan de la mano las viejas escaleras que conducen a una caverna tremenda y fresquita. Para Juan es toda una aventura.
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LA NOVATADA
Un día estábamos todos mis amigos tomando una coca‑cola como
otra noche cualquiera pero de pronto a uno de ellos se le ocurrió una idea
¿Por qué no nos vamos a dormir al monte? La noticia sonó como una bomba y empezaron a surgir ideas. Nos iremos andando mejor en coche ¿Por
qué no en bici?
Al final quedamos en ir en bici y algún padre llevarnos en coche las
mochilas y la tienda. El monte de Luesia es muy grande, pero para elegir
terreno no nos poníamos de acuerdo, unos querían Pígalo, otros Fuente
L'Artica y otros el Arba, al final Fuente L'Artica fue la decisión más votada.
Con comida, ropa y las ganas de andar nos fuimos a pasar la noche al
monte, sin padres, sin personas mayores, ¡Menuda experiencia!.
Cuando llegamos lo primero que hicimos fue montar la tienda y después decirle adiós al padre que había traído las mochilas. Fuimos investigando terreno para darnos una caminata pues con los prismáticos queríamos conocer zonas y paisajes desconocidos. Todo estaba precioso, el atardecer era de postal , el contraste del claro con el oscuro hacía una vista preciosa, los árboles parecían que nos querían decir cosas y allí largos en la
hierba era una escena para no perdérsela.
Cenamos los bocadillos que nos habían puesto nuestras respectivas
familias y la verdad que el mismo bocata en el monte estaba mejor que en
casa. Estuvimos cantando y tocando la guitarra y sobretodo contando chistes hasta que ya el sueño nos decía fin.
La tienda nos parecía un hotel , era grande y amplia y nuestros sacos
parecían abrigadas mantas. Al principio nos reíamos mucho pero al rato empezamos a oír ruidos raros parecían jabalís , otros decían que eran zorros y
otros que eran ruidos de vacas. La sensación de miedo empezó a notarse
en la tienda , nos agarrábamos unos con otros y nadie se atrevía a salir ni
hablar. Comentamos que era imposible que entraran dentro pues la tienda
estaba cerrada y lo mejor era dormir pero los ruidos se acercaban cada vez
más y ya casi estábamos a punto de gritar cuando se oyó una carcajada del
exterior. Nos dio rabia, pero a la vez nos alegró el cuerpo, la pesadilla había
terminado pero la juerga de la pandilla de los mayores era grande, pues habían conseguido asustarnos.
Nuestra ignorancia no podía sospechar que podían ser ellos y está
fue nuestra primera novatada de acampados que no se nos olvidará jamás
aunque al recordarla nos riamos.
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LOS NUEVOS VECINOS
Era un pueblo muy tranquilo, la gente vivía bien y contenta, los hombres trabajaban en la agricultura, ganadería, construcción y talleres y las
mujeres en tiendas carnicerías y demás servicios que había en el pueblo
Vivíamos a 100 km de la capital, los fines de semana venían los que
trabajaban en la capital y sus hijos eran nuestros amigos.
Hacía unos días que todo estaba muy tranquilo y no ocurrían noticias
importantes ,hasta que el lunes empezó a nevar y la nieve trajo la noticia de
que venía a vivir una nueve familia al pueblo con tres hijos. Hacía mucho frío
pero la gente por la calle se paraba para comentar la noticia: ‑ ¿Dónde van
a vivir? ‑ Dicen que el alcalde ya tiene sitio ‑ ¿De qué van a trabajar? ‑
Van a ser los alguaciles del pueblo
En mi casa mi madre y mi padre también comentaban la noticia y se
les veía ilusionados. Pensaban que una familia más para el pueblo, unos
niños más para la escuela y para gastar en tiendas, bares.
Mis amigas y yo nos pusimos muy contentas pues la edad de una de
las niñas coincidía con la nuestra, tenía 11 años como nosotras, nos imaginábamos cómo sería y nuestra curiosidad nos hacía estar nerviosas.
Venían del Ecuador y el problema más grande sería el adaptarse al
pueblo y a su clima.
Fue una noticia estupenda y contábamos los días que faltaban para
que vinieran. El día 2 de Febrero llegaron en el autobús al pueblo. Todos
estábamos impacientes por conocerlos pues la curiosidad de cómo eran era
muy grande. El padre y la madre eran jóvenes de unos 30 años y los hijos
de 11 y 9 años y una niña pequeña de 1 año. Se les veía como asustados y
sin saber hacía donde mirar.
El señor encargado del ayuntamiento de ir a buscarlos los llevó a su
casa y al pasar la niña nos miró con unos ojos enormes, ¡Era muy guapa!
Al principio no salían de casa pero cuando pasaron 2 o 3 días les vimos ya por la calle y la maestra nos dijo que el lunes vendrían ya al colegio.
Tatiana que así se llama la niña mayor viene a mi clase, su hermano
Anot va a otra clase y aunque al principio parecían muy serios ahora juegan
y estudian como nosotros, Tatiana es inteligente y trabajadora y nosotros le
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ayudamos si algo no entiende y es una de nuestras mejores amigas.
A los padres les ha costado más acostumbrarse al pueblo, pero ahora
el padre cuida bien el parque, las calles están muy limpias y les ayuda en el
ayuntamiento y trabaja muy bien de alguacil. La madre cuida de la niña pequeña y por las tardes pasea con las demás mamás que tienen niños pequeños.
A nosotras nos hace muy bueno un pastel y como ve que nos gusta
algún día nos invita a su casa a merendar.
Hace unos meses que están aquí y parece que sean toda la vida de
aquí del pueblo. Todos queremos que se queden el mayor tiempo posible y
les damos la bienvenida.
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II CERTAMEN
2005
Modalidad Relato Corto :
1er. Premio : LA MAGIA DE LAS CINCO VILLAS (Beatriz Pérez
Otal )
2º Premio : AL BUEN ENTENDEDOR DE D. QUIJOTE. (Eumelia
Sanz Vaca)
Modalidad Cuento :
1er. Premio : ONASSIS Y ELENA (Ana Cristina Cortés Otal)
2º Premio :
EL CIERVO Y EL HOMBRE. (Clara Aldaz Aragüés)
Modalida Poesía :
1er. Premio : AMOR, CÓMPLICE, AMIGA –Colección 3 poemas(Javier Romeo Estabén)
2º Premio : ESPERANDO ESAS HORAS (Eumelia Sanz Vaca)
MALTRATOS (Beatriz Pérez Otal) -ex-aequo
Modalidad Poema Infantil :
1er. Premio : ODA A LA POESÍA (Julia Egido Egido)
2º Premio : RIACHUELO (Ana Cristina Cortés Otal)
PREMIO ESPECIAL LUESIA :

Desierto
PREMIO AL SOCIO :

Desierto
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LA MAGIA DE LAS CINCO VILLAS
Estaba nervioso, pese a que hacía esto desde hace años; era cansado y no sabía si era lo correcto, pero su estricta infancia bajo el yugo del catolicismo le decía que lo era; y pese a todas sus dudas morales, la mayor
causa por la que hacía esto era por dinero y para saldar una cuenta pendiente a la Inquisición. Su última misión, y la que la salvaba de sus problemas, era más peligrosa que las anteriores, pero no diferente, también la magia y la superstición estaban por medio; miró la escalera y después a sus
acompañantes, se miraron, y ese gesto bastó para entrara en acción; todo
ocurrió muy rápido; y nadie se dio cuenta que en ese momento 5 lunas brillaban en el cielo y que así comenzaba el principio de sus problemas…
Luna iba a visitar a su abuela, vivía en un pueblo de Aragón, en las
Cinco Villas, ―Luesia‖ le dijo su madre.
Cuando llegaron ya era mediodía, le abuela les recibió, vivía cerca de
la panadería y un aroma a pan recién hecho la envolvió; se metieron en casa, dejaron las cosas y se sentaron a la mesa. La comida de su abuela era
fabulosa, hablaron y al terminar cada una fue a su cuarto a reposar, nada
mas tumbarse en la cama, Luna se durmió; soñó con varios hombres escondidos en un bosque, era de noche, se sobresaltó, cinco lunas brillaban claramente en el cielo, pero nadie parecía darse cuenta, porque todos vigilaban
la luz que se filtraba dentro de una cabaña, a la señal de uno de ellos, que
parecía ser el jefe, asaltaron la casa, se oyeron gritos, de repente una figura
salió de la casa y se puso a correr, llevaba algo entre las manos; los hombres corrieron tras ella, Luna les siguió, llegaron a un río, era ancho y caudaloso, la figura se paró, se dio la vuelta y la luz de la noche le dio en la cara, era una mujer, y hermosa, los hombres también se detuvieron al contemplar su rostro, la mujer dio dos pasos hacia atrás, los hombre reaccionaron e
intentaron atraparla, ella sacó un libro, lo abrió y recitó algo, las cinco lunas
desaparecieron, y ella también al lanzarse al agua. Luna se despertó, ¡que
sueño más extraño! – se dijo- Parecía real. Las siguientes noches que pasó
en la casa, ese sueño se repitió, ya no podía soportarlo, otro mas la inquietaba, pidió ayuda a su abuela, puesto que su madre había vuelto a la capital
por problemas de trabajo. Se lo contó todo, nada mas terminar, su abuela
suspiró y seguidamente le contó una historia:
―Hace mucho tiempo, en cinco pueblos de las Cinco Villas, vivían cinco mujeres, una en cada pueblo, la leyenda cuenta que estas eran brujas,
un día al mes en luna llena, se reunían en un punto cercano entre los cinco
pueblos. Una pequeña casita cerca del río, rodeada por un bosque, era testigo de sus reuniones, donde según se dice practicaban encantamientos y
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maldades, durante estas noches la luna resplandecía por cinco; mas nada
malo trazaban pues en el tiempo de sus reuniones las cosechas mejoraban
y las guerras llevadas a cabo en la dividida España nunca llegaron aquí. Pero un día de luna llena, estas cinco mujeres sufrieron un ataque por hombres
de la Inquisición, cuatro de ellas murieron asesinadas, y la quinta murió en
extrañas circunstancias en el río; desde ese día todo empeoró: las cinco lunas desaparecieron, todos los hombres que participaron en la emboscada
murieron, un halo de misterio rodea esa noche. Un hecho más –prosiguió la
abuela- Algunos piensan que esos cinco pueblos son Orés, El Frago, Fuencalderas, Biel y Luesia. Finalmente la verdad se perdió y la sabiduría de estas cinco mujeres también, con el libro que una de ellas portaba‖.
Luna no sabía que pensar, su sueño coincidía con la leyenda, le pidió
ayuda a su abuela y se pusieron a investigar sobre estos cinco pueblos, buscaron en la biblioteca, en ella aparecían ilustraciones de los pueblos, algo
les llamó la atención: estos cinco pueblos, como los demás de la zona, tenían influencia árabe, y en cada pueblo había un símbolo que representaba
la luna, encima de la entrada; se miraron, podía ser una señal, pero no estaban seguras. Miraron el mapa de la comarca, los cinco pueblos no estaban
lejos, pero había algo más, Luna ahogó un grito, no se lo creía, volvió a mirar, a continuación unió los cinco pueblos, estaba en lo cierto, entre los cinco
formaban una estrella de cinco puntas, símbolo de la magia blanca y a la
vez de los cuatro elementos; cada uno representaba una punta, y la que faltaba, la fusión de los cuatro, el poder absoluto.
Decidieron empezar por Luesia, buscaron por todos los rincones la
casa con una luna en la puerta. La encontraron, estaba a las afueras del
pueblo, no vivía nadie en ella, pero se conservaba como el primer día; forzaron a puerta y entraron, olía a descomposición, la estructura de la casa era
muy extraña y diferente a la de aquella época, era pentagonal, una gran chimenea presidía la estancia y sobre ella un símbolo: la figura de la luna ocupaba todo el espacio, y dentro de ella los cuatro elementos se superponían,
tierra, fuego, aire y agua, sorprendida, Luna retrocedió y cayó, había tropezado con una tabla suelta, la corrió y oculto tras esta, una piedra idéntica a
la figura de la chimenea apareció; miró a su abuela, aún no sabían qué estaban buscando, pero esta les acercaba al buen camino, examinó la piedra,
estaba tallada a mano, le dio la vuelta, la parte de atrás parecía un mapa,
parecía incompleto, lo que significaba que existían más piedras y que, como
esta, se hallaban ocultas en los otros pueblos. Luna y su abuela se miraron,
sabían lo que tenían que hacer, así que se acostaron pronto, para que, mañana por la mañana se despertaran temprano y así tener más tiempo para
iniciar la búsqueda por los otros pueblos.
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Comenzaron por Biel porque era el más próximo a Luesia, les llevó
tiempo encontrar la casa, presidía una gran plaza, se acercaron y sin llamar
la atención, forzaron la puerta como anteriormente hicieron con la otra casa;
esta vez no se sorprendieron, la casa era idéntica a la anterior, forma pentagonal, pero en vez de una chimenea, el centro de la casa estaba presidido
por un pozo, era alta y en su muro el símbolo del agua les devolvió la mirada. Luna y su abuela se pudieron manos a la obra, buscaron por todas partes, Luna volvió a examinar el símbolo, se sorprendió; en el centro de este
en unión con el símbolo se encontraba la segunda piedra; ¡una menos! –
pensaron entre las dos-. En los siguientes pueblos fueron fáciles de encontrar las casas, el símbolo de la tierra apareció en Orés en una casa exactamente igual que las anteriores; lo mismo sucedió en El Frago, símbolo del
aire; en Fuencalderas la casa les llevó más tiempo porque estaba medio
derruida, pero no así su símbolo, el fuego, que aún resplandecía. Ya nada
faltaban así que regresaron a Luesia, era de noche y las dos cayeron rendidas al sueño. Por la mañana cuando la abuela se despertó vió a su nieta en
la mesa de la cocina contemplando las cinco piedras, ya había formado el
puzzle de la parte de atrás, formando así un elaborado mapa, el río Arba lo
dividía en dos, la abuela leyó en los ojos de su nieta, lo que ella temía, su
nieta le contó sus sospechas, el sueño y la leyenda hablan de un río, y de un
punto medio entre estos cinco pueblos. La abuela había acertado, su nieta
buscaba ese punto de reunión, es decir, una casa. Después de comer se
pusieron en camino, siguieron la senda del río y el mapa, pasaron horas y
cuando ya se iban dar por vencidas, divisaron unas ruinas, se acercaron.
Solo los muros, el suelo y una cuantas vigas se mantenían en pie; se sonrieron, esa era la casa, su especto pentagonal le delataba, en el centro un pequeño hogar también pentagonal, les dio la bienvenida, en cada punta del
hogar había un hueco, lo examinaron, la forma de los huecos coincidía con
las cinco piedras, así que metieron cada piedra en su hueco correspondiente, el centro del hogar se abrió, no había nada dentro. Luna y su abuela esperaban encontrar el libro, pero solo había vació. Había sido una bonitas
aventura, se dijeron y regresaron a Luesia. Esa noche, Luna volvió a tener
un extraño sueño, parecía la continuación; después de que la mujer se arrojara al río y las cinco lunas desaparecieron, el libro quedó oculto entre unos
matorrales, un hombre tropezó con él, lo cogió y lo ocultó. De camino a sus
destinos y concluido el trabajo los hombres hicieron un alto en Luesia (la
antigua Luesia era igual de hermosa a la actual), durmieron en una posada y
quiso el destino que el hombre que portaba el libro se enamorara de la posadera; esta para tener su amor, le enseñó el libro y el poder que éste tenía, la
mujer contuvo su ambición, pero por la noche cuando todos dormían no pudo más y para tenerlo asesinó al portador; un testigo presenció el echo y lo
denunció a los acompañantes. Estos para vengar a su compañero decidieron hacer lo mismo con la mujer, que sabiendo su destino ocultó el libro en
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el desván de la casa justo en el momento que uno de los hombres entraba
por la puerta y…
Luna se despertó sudorosa, había tenido un sueño muy real, pero algo la inquietó, la posada de su sueño, el hogar de la mujer, le eran familiares; aún era de noche se calzó como pudo, la euforia le enbargaba, salió de
su cuarto, subió las escaleras hasta el viejo desván de la casa, recordó el
sueño y arrodillándose, desquebrajó aquellas baldosas del sueño donde siglos antes una antepasada suya escondió un libro, ahí estaba, sonrió, la
fuente de sus sueños y la magia, los cuatro elementos, la fuerza de las Cinco Villas le devolvió la mirada.
Luna se asomó a la ventana, cinco lunas resplandecían con más fuerza que nunca.
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AL BUEN ENTENDEDOR DE DON QUIJOTE
Muy alto señor Don Quijote: Por no tener una buena agarrada con
su escudero Sancho Panza, que da a mi alrededor más vueltas que un molino y que cada vez que platicamos me saca de mis casillas, porque habla
por los codos y se extiende más que verdolaga en huerto, le escribo a vuestra merced; pues no va y me dice: "Tienes que escribir a mi amo que está
por ti que bebe los vientos". ¡Y toma, y vuelta y dale! Por eso le escribo a
V.M. aunque sin muchas ganas, pues he venido echando el bofe después
de lavar un cesto de ropa de aquí te espero.
Aunque mucha instrucción no hube, por mor de tener que trabajar
desde muy chica, para esto de la escritura me sobra maña pues una vez
que me lío la manta a la cabeza y me pongo manos a la obra, escribo más
que el Tostado. No creo que con lo que le digo vaya a ponerse más contento
que unas pascuas pero fuerza es que hable de una vez por todas.
Servidora no aspira a ser cortejada por tan alto señor, que vale lo
que pesa en oro, pues es mucho arroz para un pollo, y puesto que la cabra
tira al monte, a mi me vendría como anillo al dedo ser la mujer de un labriego de esos de azadón y podadera, que me hiciera la madre de sus hijos y
aquí paz y después gloria, y el que venga atrás que arrée.
Cada oveja con su pareja y cada cual con su cada cual. Ni por pienso quiero ser la princesa de sus ensueños pues yo al amor platónico no alcanzo a comprender por ser éste, cosa más bien del intelecto.
También me habló el tal Sancho Panza, ¡y vuelta la burra al trigo!,
de una entrevista con vuestra merced; y aunque en principio se me puso la
carne de gallina por tan descabellada idea, me dije después: ¡Échale un galgo, Aldonza, no te prives ni te hagas la remilgada! Por eso no escurro el bulto, que yo siempre voy derecha al grano y dejo la paja, y así le digo que si lo
que desea V.M. -que tiene la mollera a pájaros-, es que echemos un
"parlao", para que se caiga de la burra, vea el reverso de la medalla y deje
de estar con la berza, devanándose los sesos y maquinando ilusiones sobre
mi humilde persona, pues, ¡hala!, platiquemos. Pero a la luz del día habrá de
ser, y así, al verme en traje de faena, talmente como si hubiera sido vestida
por mis enemigos, se desencantará de una vez, pues entre dos luces no
sería conveniente ya que de noche todos los gatos son pardos. Y después,
¡a otra cosa, mariposa!, cada muchuelo a su olivo pues el buey suelto bien
se lame. ¡Esa es la madre del cordero!.
¡"El que la sigue, la mata!, ¡Ya está el gato en la talega!, ¡Mañana se lo
cuento!", -vociferaba Sancho Panza, el de las uñas de luto, cuando le revelé
que acordaría una cita con vuestra merced-. Pero me planté en jarras y le
espeté: "¡Para el carro!, y ¡no des tres cuartos al pregonero!" Le canté las
cuarenta y, como remate, le mandé a tomar vientos. Se marchó de capa caída, con el rabo entre las patas, por meterse a redentor.
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La ocasión la pintan calva; aguárdeme el lunes, día 15, a las doce
del mediodía, al pie de la encina grande, pues el que a buen árbol se arrima,
buena sombra le cobija, y espero que se rompa ese encantamiento que padece y ponga de una vez los pies en el suelo y el magín en el fiel de la balanza, esperando me olvide a perpetuidad y pueda yo vivir tranquila sin que
tenga que pasar por el aro de aguantar las zarandajas de sus finezas, referidas por el pelmazo de su escudero que, aunque parece un buen hombre, es
más rústico que las amapolas y si lo menean da bellotas.
Y como hablando se entiende la gente y siempre que ha llovido ha
escampao, luego, cada cual en su casa, y Dios en la de todos.
No le escribiré más nunca pues con esta carta me revelo con creces, y para
muestra basta un botón. Tan así a mi aire me expreso porque mi condición
es la de llamar al pan, pan, y al vino, vino. Así pues, ¡adelante con los faroles!, quiero ayudarle a vencer el hechizo pues soy más áspera que un cardo
y más bruta que un arado pero, aunque palurda, no soy lerda y yo sé muy
bien con quien me gasto los cuartos y dónde le aprieta el zapato pues más
vale maña que fuerza, a grandes males, grandes remedios y mejor es ponerse una vez colorada que ciento amarilla.
Tras de haber puesto los puntos sobre las íes, borrón y cuenta nueva, que yo me quedaré más ancha que larga y, aunque se lo digo sin hiel,
como la paloma, se me importa un rábano si después sigue ferido de punta
de ausencia.
Callo ya por no ser yo muy habladora, que por la boca muere el pez
y al callar le llaman sabio; así que a buen entendedor, pocas palabras.
Se despide, ésta que lo es, Aldonza Lorenzo.
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Onasis y Elena
-Esta historia comienza en la antigua ciudad de Atenas allá por el siglo
6 a.C. Y mi protagonista es un guerrero ateniense fuerte, guapo y esbelto, llamado
Onasis, que procede de una familia rica. Un día decide ir a dar un paseo por las transitadas calles de Atenas.
Y, asombrado, ve a una muchacha, de la que se enamora perdidamente, se
acerca a ella y contempla sus cabellos de oro, de repente ella se da la vuelta y se
le queda mirando, Onasis siente como si se ahogara en sus ojos de mar azul y la chica
se enamora también de él.
Él le pregunta su nombre y ella le dice que se llama Elena. Onasis y Elena se
quedan extasiados, hasta que la dama de compañía de ella le recuerda que tienen que
irse, por que es tarde. Tres meses mas tarde, Onasís y Elena toman la decisión de casarse, pero un día antes de que Onasís le pida al padre de ella que le deje casarse,
recibe en una misiva la orden de ir a la guerra, pero antes de marcharse, hace la promesa de que a la vuelta se casara con Elena.
La guerra es dura y pasan varios meses, pero la ilusión de Onasís por casarse
sigue en pié y muchas veces ha caldo herido, pero él resiste.
Acaba la guerra victoriosos tras 10 duros meses de combate y mas de
100.000 hombres muertos. Pero Onasís regresa victorioso y ansioso por ver a Elena.
Cuando entra en la ciudad con los demás soldados, Elena se lanza sobre él y le
besa y unos días mas tarde Onasís va a casa de Elena a pedirle a su padre de esta que
le deje casarse. Pero el padre de ella le dice que antes tiene que pasar una prueba y si
esta tan enamorado de ella la pasara, él acepta y le cuenta en qué consiste la prueba.
Debe ir al monte Olimpo y en el lago de Delfos que esta a sus pies, nadar hasta el
fondo y coger una flecha de la diosa Artemisa y si lo consigue puede casarse con
Elena.
Onasis se pone enseguida en camino y a los dos días ya llega al lago de Delfos
y cuando ve* el lago se queda paralizado ante la inmensa belleza que le rodea.
Se acerca al lago transparente y en el fondo, se pueden observar las flechas
y a su alrededor peces de mil colores que pandan a sus anchas sin ninguna
preocupación.
Ya esta anocheciendo así que Onasis decide esperar a la mañana
siguiente para coger la flecha.
36
Al alba con una barca que había en la orilla se adentra en el lago y se sumerge
en las cristalinas aguas, pero la flecha está muy profunda y no puede cogerla.
Pasa 3 días y Onasis aún no ha conseguido la flecha y, de pronto, el rostro de
Elena se refleja en su memoria, coge aire y se sumerge en el agua y alcanza la flecha y
sale a la superficie quedándose inconsciente por el esfuerzo.
Mientras en Atenas su familia esta preocupada y mandan a 2 de sus
soldados a buscarlo, y cuando llegan al lago se encuentran que Onasis está
inconsciente y se lo llevan para Atenas, donde a lo 2 días siguientes despierta y se encuentra a su lado a Elena y en su mano la flecha. Y le dice que sus familias están reñidas porque pensaban que hablas muerto y no les dejan casarse.
Entonces Onasis decide que se casarán en secreto, pero el día de la boda su
padre les ve y con la flecha de Artemisa dispara a Onasis, pero Elena se pone en medio y
le da a ella que muere al instante.
Onasis no puede soportarlo y dándole un beso en los labios a Elena, se clavó
su puñal en el corazón y abrazándola murió allí mismo.
Sus familiares viendo lo que había sucedido se dieron cuenta que sus higos
estaban tan enamorados que habían muerto por su egoísmo y aunque ya
nada podían hacer, por lo menos los enterrarían juntos a pié del monte Olimpo, donde por arte de magia surgió el árbol más bonito y antiguo que hoy se puede
encontrar en el monte Olimpo.
Acrópolis de Atenas
37
EL CIERVO Y EL HOMBRE.
Había una vez una manada de ciervos que vivían en un prado
verde. Un día uno de los ciervos salió a por comida pero el ciervo no
sabía que era. temporada de cazar, iba por el monte cuando de repente
oye ¡pum, pum!, eran los cazador -es. Empezó a correr mientras los perros le seguían y corrió tanto que se alejo del prado verde. Entonces no
sabía volver y se encontró a unos cuervos en un árbol, y les pregunto:
-,quién sois?
Y contestaron:
-somos unos cuervos que vivimos en el bosque
Le preguntaron los cuervos al ciervo:
-¿y tu quien eres?
Y contestó:
-soy un ciervo perdido que no se a donde ir. Y siguió su camino.
Caminando por el bosque se encontró a un hombre que iba de
camping. El hombre empezó a correr porque se asusto y el ciervo corrió
detrás de él. El hombre se tropezó y cayo al suelo rompiéndose una pierna. El ciervo se detuvo, vio que el hombre no se podía mover y cogió
con la boca un pañuelo que llevaba el hombre al cuello. Con él en la
boca fine a buscar a los cuervos para que lo llevaran al poblado donde
vivía el hombre herido. Paso un rato y al fin encontró a los cuervos, les
explico lo que había pasado con el hombre y les pidió que le ayudaran a
buscar a alguien que recogiese al hombre. Entonces los cuervos se llevaron el pañuelo y se lo dieron a un hombre que estaba en el pueblo. Este
hombre era hermano del herido y reconoció su pañuelo y siguió a los cuervos hasta donde estaba el hombre herido. Al ver como estaba su hermano volvió al pueblo y busco ayuda. Fueron a recogerlo y lo llevaron al
hospital donde lo curaron. Cuando estuvo mejor les contó a todos lo que
había hecho el ciervo y los cuervos y les dijo a todos los cazadores que los
ciervos son muy buenos y que no los maten. Desde entonces los ciervos
viven tranquilos en el prado verde gracias a que uno de ellos ayudo a un
hombre. Este ciervo al poco tiempo encontró a todos sus compañeros
y familiares.
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AMOR, CÖMPLICE, AMIGA
Amor, cómplice, amiga
Mi cálida intemperie,
Quiero ser de tus días
Perenne árbol de besos,
Y en tupida floresta
Bajo tu piel hundirme
Como un sol avariento
Y nunca regresar.
Amor, cómplice, amiga
Mi sueño más mimado,
Ser autillo quisiera,
Tener lecho en tus ojos,
Y allí, acurrucado
Al lado de tus lágrimas,
Contemplar el secreto
Desfile de tus sueños.
Amor, cómplice, amiga
Dejar morir mis labios
Bebiendo tu tersura,
Y en tu pelo enredados
Asirse a la ternura
Del rostro enamorado
Que orbitan, coronando,
A veces tus pendientes.
MUJER.
Llegaste entre convulsivos mares
Y latidos de humo de cigarrillos.
Ya estabas. Ya eras.
Calló el aire, deteniéndose,
Y envió un solo soplo a buscarte
A la tierra de frutos de espinas
Que ya clavaban las uñas en tu piel.
Naciste para volar. Para ser mujer.
Romperás los grilletes de barro y las sombras,
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Abandonarás las estatuas que te recogieron
En sus palacios de polvo
Y vivirás sobre los labios de los mares.
Naciste para volar. Para ser mujer
¡Grita! ¡Grítales que no te sueñen!
Puesto que un día
Cogerás sus cuentos de lobos
Sus dioses y sus miedos
Y los pondrás entre tu pie y tu zapato
Para machacarlos poco a poco,
A cada paso.
ESCRIBO
Escribo para saber qué es de tu vida,
Para tener amigos,
Para hablar, por ejemplo, con el viento,
Para bajar al fondo de los mares,
Para beber la luz de las estrellas,
Para amortiguar el áspero puñal,
Para acercar el miedo a la sonrisa.
Escribo para jugar con los enigmas,
Para tender un cable a la materia,
Para tener un lugar en la inocencia,
Para guardar un secreto en el desván,
Para que no me abandone la ilusión.
Escribo por amor al verbo,
Por las fuentes sagradas,
Por lo desrecordado,
Porque me quema el dolor con que me miras.
Escribo para que en vez de sangre corra tinta,
Para cantar con la palabra,
Para llorar un llanto amargo de impotencia,
Para atrapar la oscuridad en una mano,
Para pintar la sombra del color.
Escribo para cicatrizar nuestras heridas,
Para abrazar la piedra,
Para rezar por los que ya cruzaron la laguna,
Para multiplicar la vida.
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ESPERANDO ESAS HORAS
De tener mis suspiros prisioneros,
estoy, amor, cansada...
Se hace larga la espera
para el acto del alma,
para absorber caricias,
caminar por la senda codiciada,
para sentir el peso que no pesa
en el silencio de la noche l a r g a . . .
Y me siento morir de imaginarte
-en nuestra hora soñada-,
apartando, mimoso,
mis galas, para ti, de novia, blancas.
Me parece mentira que me quieras,
pues para ti soy poco, casi nada,
Yo sólo sé que tiemblo
al pensar en tus labios, tus palabras,
al evocar tu acento de poeta,
tus manos definidas en mis ansias.
Sonrisas de tu triunfo
quedarán en tu rostro dibujadas...
Me libará tu boca rumorosa
y, rendida a la fuerza de tu causa,
olvidaré rubores
pues tu mirar me vestirá de gala.
Cuando pase la noche
y nos sorprenda el alba
aún temblaré al sentirme
entre tus fuertes redes atrapada.
Pide porque resista
esta espera nutrida de esperanza
por la que vivo y muero
pensando en la fusión de nuestras almas....
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MALTRATOS
Vigila el silencio,
Para ella libertad,
Teme que vuelva pronto
Y le vuelva a pegar
Si dejara todo aquello
Si volviera a respirar
Se iría a un lugar, lejos,
Donde él no la pudiera encontrar.
Su miedo va creciendo
Como a él su agresividad,
Si ella para un golpe,
El, la matará
Piensa cada palabra,
Cada gesto, mirada,
Vive en su jaula encerrada,
Por un hombre de hielo y metal.
Puede terminar pronto,
Ella lo puede acabar,
Huye lejos de ese ogro
Vuelve a respirar.
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ODA A LA POESÍA
Poesía , poesía
Tu que eres señora de todas mis fantasías
Cuántas veces me he refugiado en tus versos escritos , dibujados
Y no siempre comprendidos
Eres capaz de almacenar todo el mundo a la vez
Reflejar alegrías, emociones, sentimientos
Al nacer tus versos la magia empieza a florecer
Y si eres poesía cruel
Ayúdanos a comprender
La maldad que puede haber
Cuando la queremos hacer
Pues en el abismo del mal
Este mundo empieza a caer
Contigo me puedo refugiar
Y cuando me pongo a escribir
Sea un acróstico o la poesía que te dedico aquí
Las palabras empiezan a fluir
Este mágico manantial me hace poder versear
Y me inspira esta poesía para ti
Puedo citar versos a la soledad
Puedo escribir la poesía de amor más bonita que jamás existirá
Puedo una guerra de versos inventar
Puedo crear una oda a la tempestad
Me queda mucho por aprender
He aprendido lo suficiente como para saber
Que muchas cosas puedo imaginar
Muchas cosas se me pueden ocurrir
Tantos temas puedo descubrir
Que no los puedo poner aquí
En un medio de vida te puedes convertir
Dichoso será el lo quiera así
Puedes, sin embargo, ser una mera afición
También habrá quien se aproveche de ti
Así que, el que te pueda inventar
Buena vida llevará
Y se lo podrá consentir
Si lo sabe aprovechar
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Buenos autores de ti se pueden sacar
Un premio se le puede considerar
Se que si sales del corazón, siempre vas a gustar
Por corta que seas
Y aunque no puedas rimar
Algo especial puedes significar
Muchas odas se te pueden componer
Tu , oh poesía , que tantas cosas puedes hacer ver
Tu que tan polifacética puedes llegar a ser
Haznos comprender
La belleza que en nuestro mundo puedes establecer.
Fotografía presentada al VIII Concurso de Fotografía Rural. Irene Calvo
―Trayendo la Primavera‖
45
RIACHUELO
Riachuelo, riachuelo,
que bajas por el sendero.
¡Cuantos en tu recomido ,
se han detenido ha ver
tu zubía bellida y con él,
el más bello rosiclerl
Cuando estás a la ribera del
río, se pueden percibir los
abalorios de piedra que el
río guarda para tí.
Riachuelo, riachuelo,
que bajas por el sendero.
Y en las mañanas de frío
las perlas del rocío
caen débilmente sobre tus
barbas transparentes.
Y cuando llega el calor,
te extingues nuevamente,
y echas de menos el canto
del agua transparente.
46
III CERTAMEN
2006
Modalidad Relato Corto :
1er. Premio : HISTÓRICAS VENTANAS DE LUESIA
Isabel García Viñao (Jaca—Huesca)
2º Premio : EL ESCRITOR Y EL MONEDERO
Miguel Carcasona Brau (Villamayor—Zaragoza)
Modalidad Cuento :
1er. Premio : EL MEDALLÓN DE LA REINA ROJA
Ana Cristina Cortés Otal (Luesia—Zaragoza)
2º Premio : LA HISTORIA DE TORNADO
Clara Aldaz Aragüés (Luesia-Zaragoza)
Modalida Poesía :
1er. Premio : CANCIÓN ECOLÓGICA
Eumelia Sanz Vaca (Valladolid)
2º Premio : PAN PARA EL CUERPO Y PARA EL ALMA
Feliciano Ramos Navarro (Montoro . Córdoba)
Modalidad Poema Infantil :
1er. Premio : PALABRAS—Julia Egido Egido—Zaragoza
2º Premio : QUE BIEN SE ESTÁ EN VERANO
Clara Aldaz Aragüés (Luesia—Zaragoza)
PREMIO ESPECIAL LUESIA :

HISTORICAS VENTANAS DE LUESIA—Isabel García Viñao
PREMIO AL SOCIO :

C.R.A. LOS BAÑALES (Luesia—Zaragoza) diversos autores
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HISTÓRICAS VENTANAS DE LUESIA
Había cabalgado en incontables ocasiones junto a su padre
Ramiro 1 por la Sierra de Santo Domingo. Desde ella se divisaba, a
las mil maravillas, el Valle del Onsella, el del Arba, y algunos núcleos dispersos defendidos del ataque moro por cristianos situados
en enhiestos castillos cercanos a los pueblos. Don Ramiro sabía que
ése era el lugar más adecuado para que su hijo conociera la grandiosidad de esas tierras. Desde allí, señalaba a su hijo con sumo agrado, orgullo y con aires posesivos, los enclaves más importantes:
Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, el monasterio del Monte Fayanás, el río
Arba,... Luego, dejaba la vista perdida en la lejanía y levantaba el
brazo, como queriendo traspasar montañas, para indicarle la ubicación de Jaca, del monasterio de San Juan de la Peña, de Collarada,
del río Aragón... En aquella época -corría el año 1.060 - el futuro rey,
Sancho Ramírez, aún no había cumplido los diecisiete años y ya manifestaba un enorme interés por estos lugares de los que tanto le hablaba su padre.
El día era luminoso y de sol extendido, sin que una nube ni
una ráfaga empañasen el limpio azul de los cielos. Los planifolios
de la Sierra de Santo Domingo y de los montes colindantes se habían teñido de colores anaranjados, áureos, ocres y escarlatas,
dando la sensación de una verdadera explosión cromática otoñal,
destacando entre estos matices, los verdes serios de los pinos que
asomaban altivos. El suelo boscoso estaba cubierto por un espeso
manto de hojas caídas, entre las que surgían "Rebollones", Rúsulas, Boletus,... Con la cabalgadura sobre la hojarasca seca, se escuchaban chasquidos agradables, surgidos del contacto con las
herraduras, llenando el silencio boscoso de crujidos a su paso.
Ramiro 1 sabía que su hijo, Sancho Ramírez, amaba estas tierras y
a sus gentes. Su sangre hervía sabiéndose el futuro heredero de
aquellos enclaves: abruptos, montañosos, llanos, fértiles, pedregosos, ...¡de todo había! Lo que mayor orgullo le producía al padre
era cuando al atravesar poblados lo vitorearan con palabras
enardecidas: «Buen rey nos va a dejar don Ramíro". En muchas ocasiones, Sancho Ramírez, le prometía a su padre que defendería a
capa y espada esas tierras tan queridas del ataque moro. Se sentía,
aún sin serlo todavía, rey de aquel recóndito lugar cuya soberanía
había dependido hasta hacía poco de la de Pamplona.
Don Ramiro tenía mucha fe en su hijo, pues, aún a pesar de
su corta edad, su longanimidad era digna de mención, su entereza
ante las adversidades y su integridad eran dos cualidades que le
harían ser un buen rey; un rey que necesitaba su reino para evitar
el avance de los moros: un rey con mucha fortaleza y con buen
temple.
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Llevaban cabalgando demasiadas horas sin haber hecho un
alto en el camino. Aunque era otoño, el sol caía con aplomo y las
vestimentas colgaban de los lomos de los caballos y volaban con el
galope. Cuando detuvieron las caballerías, a sus oídos llegó un murmullo de agua. Avanzaron a pie unos cuantos metros, siguiendo la
dirección del sonido, con los ronzales de los caballos asidos en sus
manos. Enseguida descubrieron una profunda poza de aguas cristalinas. Unas piedras enormes de margas les sirvieron de asiento. El
agua estaba tan fría que los pies escapaban nada más introducirlos
y de sus bocas surgían alaridos. Un luesiano, que andaba por las
cercanías, se acercó alarmado al oír los gritos, pensando que alguien se encontrase en peligro. Después de conocerlos y hacerles
mil reverencias, les dijo que el pozo es el llamado Pozo Pigalo, uno
de los orgullos del curso del río Arba.
Sacaron los pies del agua enrojecidos y los secaron al sol.
Luego se pusieron las mallas plateadas y se calzaron los coturnos.
Reemprendieron el viaje. Don Ramiro propuso a su hijo, ir a hacer
una visita a los monjes del Monasterio asentados en el Monte Fayanás.
Llegaron al monasterio a la hora de comer. En el exterior no
había ni un alma. Se desmontaron de los caballos y Sancho Ramírez se acercó enseguida a una ventana con un gran derrame externo para ver si había alguien en el interior. Al fondo del refectorio
vio unas lucecillas de unas teas encendidas. Hasta su olfato llegaba el olor a guisos unido al humo resinoso de las astillas. Esto le
abrió todavía más el apetito y lo empujó a que se atreviera a llamar
a la puerta principal del monasterio. Le abrió un monje con expresión de extrañeza. Tan pronto como Sancho se presentara como
hijo del rey Ramiro, el monje le dibujo una amplia sonrisa en la boca y marchó raudo en busca del abad. Acto seguido, y como por
arte de magia, aparecido el abad enfundado en una enorme túnica,
ceñida con un cordón que le llegaba a la altura de sus rodillas.
Comieron guijas revueltas con verduras, huevos, carne de
caza y pan de centeno. Ya en el primer plato, don Ramiro se despojó de su sobrepelliz y se subió las mangas del jubón hasta los
codos. En la sobremesa, el abad les explicaba los esfuerzos que
estaban haciendo para reconstruir las iglesias que habían destruido
los moros, tras la última de sus razzias.
Debido a la abundante comida y al cansancio del camino, a
don Ramiro se le cerraban los ojos. Le suponía un enorme esfuerzo
escuchar la conversación y mantener los ojos abiertos. Al abad no
le pasó desapercibido el estado de sus invitados, y, por ello, les
ofreció dos dignos pero austeros lechos.
49
Cuando los últimos rayos del atardecer enrojecían el oeste,
salieron en dirección de Luesia. En uno de los muros de una iglesia,
destacaba el relieve de una silueta humana, tallado sobre una piedra
plana. Sancho la mostró a su padre.
- Padre, ha visto esa piedra cerca de la puerta principal de entrada a la iglesia. Por la cruz procesional que porta en su mano derecha, parece ser uno de los nuestros - Expuso Sancho con tono
emocionado y apuntando con su dedo índice.
-De ella me habló en alguna ocasión tu abuelo, don Sancho lll
el Mayor, pero ya sabes lo que ocurre, hijo: cuando eres niño no
prestas demasiada atención a las conversaciones senas de los mayores. Parece ser que este relieve representa la figura de uno de
nuestros ancestros, tal vez pudiera ser mi bisabuelo o el tatarabuelo. Ahora que estamos tan cerca de ella, que incluso podría llegar a
tocarla, créeme, hijo, que le encuentro cierto parecido con el que
fue tu bisabuelo, García Sánchez, el apodado, el Temblón -Expresó
el rey con mucho sentimiento.
Poco después se adentraban en el pueblo de Luesia. En una de las
calles colindantes al castillo, se toparon con una joven luesiana.
-Buenas tardes, hermosa dama. ¡No cabe duda de que honra sobremanera el lugar que habita! -exclamó el futuro rey, haciéndole reverencia desde su caballo que resollaba.
En un acto de coquetería, la luesiana se quitó el barreño con ropa lavada que portaba en la cabeza y se atusó el pelo. Venía sofocada de lavar
en el río Arba, y, con las palabras de Sancho, todavía se encendieron más sus mejillas.
Pasado un rato, con mucha timidez y sin apenas atreverse a mirarlo a la cara, le
dio las gracias.
Ramiro, bastante adelantado, hizo un gesto con la mano a su hijo para
que prosiguiera. Tardó un rato en obedecer el mandato de su padre
porque no le resultaba fácil dejar de mirarla. Más tarde, cogían un camino polvoriento que
los subía al castillo. En el recinto de la fortaleza encontraron varios hombres
vigilando. Enseguida salió a recibirlos el lugarteniente. Varios cadalsos de madera sujetos a las piedras agrandaban las dependencias del castillo. Allí, entre trotes y
galopes por los alrededores, pernoctaron unos cuantos días.
Y hacia allí miraba con frecuencia desde su ventana la luesiana Belinda, buscando con su mirada al hombre que estaba desvelando sus sueños.
50
-Hija -le dijo el padre- ¿qué miras con tanta insistencia por la ventana? ¿Acaso a quién yo imagino?
-Pues... pues nada padre, a aquellas montañas del fondo que con el
atardecer se impregnan del rojo de los últimos rayos y están preciosas.
-¿A las montañas dices? ¡Ay, hija, por Dios! ¿a estas alturas crees que puedes engañar a tu padre?
Belinda se sonrojó y se dirigió a la silla donde había dejado su labor de
vainica.
-Hace cuatro días me hablabas ilusionada, con tus ojos enardecidos, del
futuro rey al que habías conocido -prosiguió el padre - Eres joven y hermosa.
De carne blanca y jugosa. Pero ¿acaso crees que él te mirase con otros ojos que
no fuesen los del deseo? No seas ilusa, hija mía. No dispones de una dote que
pudiera agrandar su futuro territorio, si acaso puedo dejarte en herencia tres o
cuatro campos en Luesia, cuyas tierras, por supuesto, ya pertenecen a su reino.
Aquella noche, Belinda descubrió la imagen de Sancho en una ventana del tercer
piso del castillo -quizá antes de acostarse, pues llevaba el pecho al
descubierto. Las estrellas le enviaban guiños desde la oscura bóveda celeste. Cerró sus
ojos e imaginó que él estaba a su lado, en su mismo lecho. Era la primera
vez que su pensamiento se sentía abordado por deseos libidinosos.
Fotografía : ―Vista del Castillo‖, de José Fumanal García (q.e.p.d.)
Presentada al III Concurso de Fotografía (2003)
51
EL ESCRITOR Y EL MONEDERO.
Desde que aterrizó en la literatura, una de sus ambiciones era llegar a
Frankfurt durante la Feria del Libro, cruzar la línea que separa al escritor célebre del tropel de los curiosos y, acomodado en el stand principal, pasarse el día
dedicando ejemplares. Lo que nunca imaginó es que una vez aterrizado en
Frankfurt, incluso antes de firmar el primer libro, el hastío larvado durante años
iba a encarnarse en un arrebato que le impeliera a alquilar un coche, cruzar la
línea que separa Alemania de la República Checa y buscar a una de las mozas
que se prostituyen al otro lado de la frontera. Entre medias habían transcurrido
cuatro lustros, un matrimonio más o menos estable, dos poemarios aplaudidos
por la crítica y leídos por los habituales del género -los amigos y algún entendido - y tres novelas con un aluvión de lectores y criticadas con plausibles argumentos por los entendidos del género -los habituales amigos-. La última de
ellas, "El lupanar de Marquina", lo había llevado hasta la ciudad germana, con
entrevista incluida en el informativo estrella de la principal cadena de televisión.
Pero esos veinte años también implicaban duplicar la edad, sentir en la nuca el
aliento de la vejez y comprobar que ese espejismo llamado éxito - no siempre
unido a la satisfacción personal por la propia obra - acaba convirtiéndose en un
árido desasosiego, como todos los espejismos. Ahora ya no miraba al lector
que le pedía en un susurro nervioso una dedicatoria especial para los hijos, la
novia o la madre que lo parió. La sonrisa amable de los comienzos se había
transformado en un rictus hierático que se instalaba en las comisuras de los
labios al sentarse y no las abandonaba hasta volver al hotel, y qué decir de las
palabras: al principio abundaban las ocurrencias para quien se le acercara,
ejemplar en mano; luego se limitó a darles las gracias por leerlo y ahora ni contestaba a las de ellos por dedicárselos. Sospechaba que, a causa de esa antipatía, muchos de los que desfilaron ante él en los últimos meses no le comprarán su siguiente novela -salvo algún masoquista, que en todas partes hay, cuya
veneración habrá aumentado - pero eso le importaba tanto como las vicisitudes
del fútbol japonés. Esa mañana del gélido otoño alemán, lo único que le producía sudores era pensar que se hallaba camino de la frontera, libre de la fanfarria editorial, a la caza de una joven con labios gruesos y, en contraste, aspecto
vulnerable
Alquiló un Wolkswagen Polo porque no quería llamar la atención con
uno demasiado lujoso. En su balbuciente inglés había logrado entenderse con
el empleado, también justo en idiomas, que además le proveyó de un mapa de
carreteras actualizado. Solventó con nerviosismo mal disimulado los trámites
aduaneros y respiró hondo cuando se vio en territorio checo. Tal como supuso,
a pocos kilómetros de la barrera comenzaban a atisbarse mujeres apoyadas en
los árboles, al pie de la calzada. Redujo la velocidad hasta equipararla a la de
un peatón, invadiendo el arcén para no entorpecer el tráfico y escrutándolas
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una a una, obviando las posturas inequívocas que adoptaban conforme se
acercaba. Tuvo que recorrer varios cientos de metros hasta divisar a la chica
que, encogida, daba pequeños paseos para combatir el frío, disimulando apenas los brazos cruzados sobre el pecho, consciente de ese encanto superior
que hacía innecesario cualquier otro reclamo y, al mismo tiempo, le confería un
aire desvalido. Paró al llegar a su altura y bajó la ventanilla. Ella dio un par de
pasos decididos sin despegar los brazos.
- Hello.
- Hello.
- Do you speak english?
- Yes, a little.
- How much are your work?
- Room or car?
- Car.
- Twenty.
- Dollars?
- Yes.
- OK.
Veinte dólares para los veinte años que debía tener. "A dólar por año",
pensó mientras le abría la puerta, "lástima no haberla pillado con diecisiete,
más tierna y barata". Arrancó el coche mirándola de soslayo.
- Where?
- That way.
Le señaló un desvío cercano, una carretera comarcal por la que circularon medio kilómetro, atravesando el bosque, hasta introducirse en un camino
de tierra que desembocaba en un claro. Paró el motor y se cercioró de que
nadie merodeaba por los alrededores antes de abatir los asientos. La chica
cumplió su trabajo y él comprobó que no son las circunstancias quienes provocan el tedio, sino éste quien las tiñe de gris cuando se instala dentro de uno,
calando hasta las acciones más transgresoras. Tras volver a su asiento, sacó
veinte dólares de la cartera. La chica extrajo del bolso un monedero y el vuelco
que le dio el corazón al verlo provocó que los billetes se le cayeran de los dedos. Era el mismo monedero, inconfundible. La tela verde oscura, sus iniciales
y las de Mónica en letras doradas, el corazón que grabaron entre ambas con
una aguja. El monedero que le había regalado veintidós años atrás y que la
tarde de la discusión última, en el parque, al anunciarle ella que lo dejaba y
sacarlo nunca supo muy bien para qué, tal vez para tocarlo y demostrarle que
ningún sentimentalismo alteraría su decisión, se lo quitó en un arrebato y lo
arrojó a los setos frondosos que crecían a unos metros del banco, sin mediar
palabra. Aún recordaba el rostro estupefacto de Mónica o su propio desconcierto, incapaz de entender la reacción. Lo buscó durante una hora, zambulléndose entre las ramas que lo arañaron, agitando los setos hasta hacerles caer
las hojas, pero fue inútil. Al final tuvo que pedirle perdón -él, que era el ofendi53
do por el abandono- y darle dinero para volver a casa. Ahora que aparecía de
improviso, dos décadas después, se repetían el desconcierto en su rostro y la
estupefacción en el de la chica sentada al lado. Azorado, recogió los billetes y
le contó que una vez regaló un monedero igual, con las iniciales de ambos y el
corazón grabado, a alguien muy querido. Ella le explicó, mientras retornaban a
la carretera principal, que las iniciales correspondían a su nombre y al de Jan,
su compañero. Calló unos segundos y añadió que Jan sabía a qué se dedicaba algunos fines de semana. El corazón no lo habían grabado ellos; en realidad, lo había hallado tirado en una cuneta, tal cual, el primer día que trabajó.
Le gustó y desde entonces lo porta consigo. Al oír esto, él sintió que la sangre
le golpeaba con fuerza en las sienes, pero sólo acertó a musitar "cuánto me
gustaría recuperarlo" mientras la chica abandonaba el coche y se encaminaba
hacia otro, con matrícula checa, estacionado a unas decenas de metros. Arrancó al unísono que Jan salía a recibirla, recostándose en el capó. Al pasar a su
lado, durante un segundo se cruzaron sus miradas. Vio unos ojos brillantes que
lo examinaban con desprecio y, como en un espejo, descubrió sus propios ojos
sin la sombra del rechazo de Mónica, aún jóvenes. Aún ilusos.
Fotografía: ―Textura‖ de Ana Moreno Gómez
Presentada al VII Concurso de fotografía Rural (2007)
54
EL MEDALLÓN DE LA REINA ROJA
Aún me acuerdo lo bella que era como si fuera la primera vez, y no sé cómo lo hizo pero
me enamoró con una sola mirada. Fue en el año 1955 yo por aquel entonces tenía unos 25 años y
era un amante de lo antiguo, trabajaba en un Museo de Roma. Todas las mañanas me gustaba
salir a correr por un parque que había a las afueras de la ciudad, hasta que un día corriendo me
choqué con Cristin, los dos nos caímos, pero ella tuvo la mala suerte de retorcerse el tobillo, así
que la lleve a su casa. Esa tarde la fui a visitar y le regalé una rosa. A la mañana siguiente, Cristin
vino a darme las gracias, y antes de decir nada me dió un beso en la mejilla, de pronto, vi algo
que me llamó la atención, en su cuello tenía un colgante oxidado lleno de letras y números, a mi me sonaba mucho como si lo hubiera visto en otra parte. Entonces le pregunté dónde lo
había conseguido, ella me dijo que era una joya que había permanecido durante siglos a su familia. A la mañana siguiente, cuando corría por el parque, recordé donde lo había visto, era en los
libros más antiguos del museo, disparado fui al museo, y una vez allí me dirigí a donde estaba
guardado el libro. Cogí un libro, polvoriento y agrietado y leí. Me quedé pasmado,
era el medallón de la reina Roja.
La reina Roja era una reina maya, que hizo una apuesta con Itzamná, el dios
creador, para que no se llevara a su hija, ésta desafió al dios, diciendo que si ganaba se quedaba
con su hija y si perdía todo su reino seria suyo, este y dijo que el desafió consistía en
que, en dos años el pueblo maya tenía que construir la ciudad más hermosa del mundo bajo
tierra y desde ese momento comenzó el desafió. Ese lugar sólo se podía encontrar con el medallón, que únicamente lo podía portar la reina o alguno de sus descendientes, porque si cualquier
otra persona se lo ponía tendría una muerte lenta y dolorosa. Me quedé paralizado, había conocido a una descendiente de una reina maya y además, había encontrado un colgante que podría
mostrar a todo el mundo una ciudad construida bajo la tierra.
Pasaron unos días hasta que encontré a Cristin, y decidí contarle lo que sabía. Ella susurro que por fin encajaba todo en su vida, yo le pregunté qué era todo, pero ella prefirió no hablar
del tema. Me miro -y me pregunto¿Qué, pensaba hacer ahora que había encontrado el colgante?, ¿quitárselo? O
¿buscar la ciudad perdida y hacerse rico? -dijo ella de mal tono-, yo lo negué con la cabeza, y le
conté que si lo tocaba el colgante moriría, pero si ella quería, al día siguiente, podían irse a Chiapas a buscar solos la ciudad, ya que en el libro del museo ponía algunas pistas para
encontrarla, pero como era tan viejo y estaban en maya antiguo seria difícil traducirlo, Cristin aceptó -y me dijo- que no me preocupara ya que su madre le había enseñado a
leer maya antiguo-. Quedamos en que a la mañana siguiente la pasaría a buscar para
ir al aeropuerto. A la mañana siguiente la recogí y fuimos al aeropuerto donde un amigo nos había conseguido los pasaportes y unas horas mas tarde el avión despego.
Era de noche, cuando llegamos a la ciudad de Yajalón, así que esperamos al día siguiente empezamos la búsqueda de la ciudad.
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Una vez allí, Cristin me pidió que le dejara leer el libro a ella, empezó a leer y
empezamos a andar por caminos, lagos, ríos..., hasta que delante de una montaña
cayó dormida, yo pensé que seria del cansancio, así que la deje dormir mientras preparaba la comida, a la hora se empezó a mover y ha hablar con alguien en sueños, y
de pronto se despertó sobresaltada, y miró su medallón, dijo unas palabras que no
logre descifrar y el medallón se abrió dejando caer un pequeño trozo de papel, me
miró con una sonrisa-y dijo- Ya tenemos el mapa que nos indicara donde esta la ciudad perdida. Miro el trozo de papel, se levantó y empezó a ascender la montaña,
mientras ascendíamos -le pregunte- ¿Qué, le había pasado en el sueño?, y con su
voz dulce -me contesto- que se le había aparecido su antepasada y le había dicho
cómo encontrar la ciudad.
Cuando estuvimos en la cima, leyó una frase del papel, y acto seguido empezó
a temblar la montaña, y surgió una escalera que se adentraba en el interior de la tierra, Cristin empezó a dar saltos de alegría y de pronto salto sobre mi y me
dio un beso que me aclaro que nos queríamos. Se dio la vuelta como si no hubiera
ocurrido nada y empezó a bajar las escaleras. El pasadizo era estrecho y extrañamente luminoso, se notaba que nadie lo había pisado desde hacia muchos años, las
paredes estaban repletas de dibujos que supuse que significarían la historia de la
ciudad, parecía que las escaleras no acabaran nunca.
De repente Cristin se detuvo, mire por encima de su hombro y allí estaba delante de nosotros la ciudad de la reina Roja, empezamos a recorrer sus calles y era tal
y como la describía el libro, casas con robustos muros de piedra, manantiales de
aguas cristalinas que salían de los muros, calles asfaltadas con piedras de mil colores, campos verdes como ninguno.... Y al final un precioso palacio alto como ninguno, decorado con los colores mas vivos y rodeado de jardines con flores de miles de colores.
Entramos al palacio y de pronto el medallón empezó a brillar, la luz me cegó
durante unos instantes pero, en cuanto abrí los ojos Cristin estaba vestida como una
reina maya, ninguno de los dos se explicaba que había pasado y de pronto aparecieron por la puerta del templo unos indígenas, que nada mas ver a Cristin se arrodillaron y la empezaron a alabar.
Pasaron unos días en los que estuve investigando la ciudad y la forma de vida
de sus habitantes. Me fascinaba aquel sitio, pero no me podía quedar para siempre,
al fin y al cabo ese no era mi sitio era el de Cristin, entonces fui a hablar con ella. Le
explique lo que sentía y que al día siguiente me iría, pero si ella quería venir yo le
abriría mis brazos y viviríamos juntos. Yo leí en sus ojos que eso era lo que deseaba, pero yo sabía que no podía venir porque esas personas la necesitaban más que
yo.
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Al día siguiente fui a despedirme de Cristin, ella con lágrimas en los ojos, me
dijo que me amaba y que nunca me olvidaría. Me acompaño hasta el exterior y me rogó que no contara nada del viaje, y entonces me dio el último beso y volvió a bajar por las escaleras y cuando ya no la veía el pasadizo se cerró para siempre y ya no la volví a ver.
Muchas veces he vuelto a esa montaña a llevarle una rosa como la
primera vez, a pedirle perdón por dejarla y a decirle que la sigo queriendo, pero nunca
han aparecido las escaleras, y solo espero una cosa, que tal y como prometió, me
recuerde como yo la recuerdo a ella.
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LA H I S TO R I A D E TORNADO
Hubo un tiempo en que los caballos eran libres. La historia
que voy a contar trata de un caballo que arriesgo su vida por salvar a su
familia.
Todo empezó cuando el pequeño Tornado salió del vientre de su
madre pequeño y con las patas muy largas.
Cuando creció un poco y tuvo fuerza suficiente en sus patas,
el potro corrió ha ver lo que le rodeaba, pero de pronto exclamo su madre:
-¡donde vas jovencito! ¡vuelve aquí! Es la hora de tu baño.
Los dos se dirigieron al río donde estaba la otra parte de la manada. A Tornado le gustaba mucho el agua.
Cuando ya creció era el líder de la manada y se hacía cargo de
todo. Un día unos cazadores furtivos llegaron a la manada, capturando a todos los caballos que se les ponían por delante, incluido a Tornado,
los metieron en una furgoneta y los repartieron en varios sitios, unos en
Móstoles, otros en la India y otros a América. Tornado no estaba acostumbrado a nada de eso y entonces se puso muy nervioso y hecho a
relinchar como un loco.
Cuando ya llevaban unos días Tornado pensó un plan para escaparse, cuando de repente los cogieron para domarlos y dárselos a la
guardia americana. Tenían todos los caballos domados pero Tornado
estaba a medio domar.
Cuando se los dieron a la guardia americana Tornado intento
escapar, pero fracasó porque todos los guardias vigilaban muy bien a
los caballos. A la mañana siguiente cuando fueron a echarles de
comer se olvidaron de poner el cerrojo en la puerta y todos los caballos salieron disparados hacia fuera.
La guardia en cuanto se dio cuenta salió con armas a dispararles.
Tornado recibió un disparo en la pata pero siguió adelante. Cuando dejaron atrás a los guardias, pararon a descansar y a curar a Tornado.
De repente pasaba por allí un campesino con un burro transportando comida para su casa. Al ver que el caballo estaba herido, lo recogió y
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se lo llevo a casa para curarlo. Una vez ahí, lo curo y su hija estuvo
toda la noche con él. A la mañana siguiente Tornado ya estaba mejor
pero la niña siguió cuidándolo. Una vez curado lo soltaron otra vez con su
familia.
Los caballos se dirigían a su casa cuando de repente se aproximaba una plaga de avispas. Tornado, al ver que las avispas se dirigían hacia
ellos, mando a la manada hacia una dirección y el corrió hacia la otra haciendo mucho ruido y polvo para llamar la atención de las avispas. Estas
muy enfadadas corrieron hacia el y le picaron miles de veces dejándolo
muy mal herido y dolorido. Unos días estuvo a punto de morirse pero sobrevivió y poco a poco empezó a recuperarse.
Cuando ya estaba recuperado fue en busca de su familia para ir con
ellos y los encontró a la otra orilla del rió. Cuando se reunieron todos
siguieron buscando un sitio donde poder vivir tranquilos, y después de
mucho buscar encontraron una pradera metida entre dos montañas, lejos
de los hombres.
Y así es como Tomado alejó a su familia de las avispas y de
los hombres que querían domarlos y retenerlos a la fuerza.
Fotografía: ―El centauro del prepirineo‖ de Esteban Cubero Romero
Presentada al V Concurso de Fotografía Rural (2005)
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CANCIÓN ECOLÓGICA
I
Es alto tu saber y es elocuente
tu presencia en el monte o la llanura.
¡Cómo siento de cerca tu ternura cuando
tiemblas tendido en la corriente!
Compañero del alma y confidente
de mi felicidad y mi amargura, tu
existencia mi espíritu depura y le
ayuda a vivir serenamente.
Florecido en la tierra y arraigado, ya
silvestre o en campos de cultivo,
llagas mi alma sedienta de belleza
y a mi canto que brota enamorado
le añades la esperanza con que vivo
entre la gracia y la Naturaleza.
II
Con tu verdor adornas el paisaje,
en tu copa la calma y paz se citan y,
juguetonas, a la brisa incitan tus
hojas al recreo en tu ramaje.
Nadie sabe tu duro aprendizaje
de subsistir, pues ¡cuánto necesitan
tus ramas que sin savia se marchitan
si no hace tu raíz peregrinaje!
Árboles de mi amor, de vida ignota,
entregados al tiempo y sus rigores,
¡cómo vuestro cabildo se alborota
en bella y palpitante revolera,
al festín de los pájaros cantores,
cuando peina su luz la primavera!
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III
Mas, cuando el panorama se oscurece
Y declina el ornato de tu copa,
inerte te despojas de tu ropa
a la vez que tu tronco se endurece.
¡Duele perder las hojas, cómo escuece
ver que se alejan en ligera tropa
impulsadas al viento que galopa,
con su faz que del todo palidece !
¡Gracias por el tributo de tu vida
rendido al hombre que tu amor no advierte!
Tu altivez en madera convertida
será el soporte para la campana
que diga al mundo con su acento fuerte el
pregón de la PAZ para mañana....
Fotografía: ―Junto al río‖ de Maria Cristina Otal Biesa
Presentada al VI Concurso de Fotografía Rural (2006)
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PAN PARA EL CUERPO Y PARA EL ALMA
CRIANZA DEL TRIGO Y LLEGADA DE LA SIEGA
¡Oh! trigo que recibe del verano
la magia de sus rayos, que la espiga
madure al digerir la savia amiga de la
campiña fresca o del secano.
¡Oh! trigo que sembrara con su mano el
noble agricultor, que te consiga la gota
sudorosa de fatiga
que modeló tu imagen, grano a grano.
¡Oh! trigo que valioso como el oro
derrama por las tierras labradoras
las joyas de su cálido tesoro.
¡Oh! trigo de preñadas sementeras
que el filo de las hoces segadoras
cortaron para el trillo de las eras.
TRILLADO DE LAS PARVAS Y PROMESAS DE PAN
Que el grano macerado de las trillas
separe venteado por el viento la paja
que mimó su nacimiento y agonizó
quebrada en las gavillas.
Que canten jubilosas las cuadrillas
sabiendo que al sesgar su crecimiento el
pan se amasará, noble alimento que
nace del candor de sus semillas.
Que muelan los molinos la riqueza
dorada como el oro de la mina que
luce sus quilates de nobleza.
Que el trigo que se ofrece como ofrenda
desprenda complacido blanca harina al
triturar su carne la molienda.
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ELABORACIÓN DEL PAN: ALIMENTO FÍSICO Y ESPIRITUAL
¡Oh, pan angelical! ¡Fragancia pura!
La mano panadera que te abraza
modela la figura de la hogaza con
agua, sal, harina y levadura.
¡Apetecido pan! ¡Tierna blancura! El
horno con su fuego no amenaza tu
rico paladar, ni que en la taza tu
miga se convierta en confitura.
¡Oh, pan de gratitud! Piel de gitana
semeja tu corteza tan morena que
oculta tu azucena soberana.
Fotografía: ―Entre el trigo‖ de Rafael Atrian
Presentada al VII Concurso de Fotografía Rural (2007)
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PALABRAS
PALABRAS
La llave de las palabras es sencilla y dorada.
Adornada de plata, un ribete el bies.
Los candados, los guarda el alma
se abren cuando el corazón y la mente se unen
y la voz y la alegría también.
Se les insufla, hablando, la vida.
Se les imprime la fuerza a la vez
así, despiertan poco a poco…
como el fuego cuando se inflama
y va dejando a su paso tizne
negro como la pez.
Porque las palabras dejan una huella
para que se pueda ver.
si no ¿que sentido podría tener?
Las palabras que aman
como nosotros nunca podríamos hacer.
Pues las palabras son vida
y nosotros, vida también
SI TUVIERAN VIDA
Quisiera que mis palabras
escritas sobre papel
pudieran tener vida.
No solo aspecto y ser
Que crearan otro mundo,
a su antojo, sin control
cantándose por si solas
sin un juglar que cantase su canción
Si las palabras tuvieran vida
estaría nuestro destino
en sus manos calidas…
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Pero ahora que lo pienso,
las palabras tienen vida también
flotan en el firmamento del pensamiento, del alma.
ingrávidas, frágiles, pero sin miedo a nada
dictando sobre pergamino de relatos
nuestro camino, nuestros pasos.
MI LIBRO DE POESIAS
Tengo un libro de poesías
traído por alguien que piensa en mi
de tierras lejanas,
donde encierro mi amor, sentimientos
y lo que pienso en el día.
Mi libro, que huele a cariño e infancia,
tiene sus acogedoras tapas pintadas
del mismo modo en que sus hojas
están a su vez decoradas.
Tiene en su primera hoja
(que te saluda cuando abres el libro)
mi nombre completo primorosamente escrito.
Solo un pequeño candado
guarda lo que yo aquí reflejo
la llave de color dorado
llevo colgada en el cuello.
Y guardo su otra copia, su hermana,
cerquita, pegada a mi almohada.
Así se que nadie
toca sin permiso,
este trocito desprendido de mi alma
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QUE BIEN SE ESTA EN VERANO
VERANO, VERANO
LA MEJOR ESTACIÓN DEL AÑO
IREMOS A LA PISCINA
PORQUE HACE MUCHA SOFOQUINA JUGAREMOS A
SALTAR LA OLA
Y DESPUÉS HAREMOS UNA MERENDOLA CHICAS,
CHICOS, CHICOS, CHICAS DISFRUTAD DEL VERANO
Fotografía: ―Los trampolines‖ de Sergio Pérez Miana
Presentada al II Concurso de Fotografía Rural (2002)
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IV CERTAMEN
2007
Modalidad Relato Corto :
1er. Premio : ELCANTERO GÜILDINO CAMINO DE LUESIA
Isabel García Viñao—Jaca (Huesca)
2º Premio :
POETA—Manuel Domínguez Añón
Ejea de los Caballeros (Zaragoza)
Modalidad Cuento :
1er. Premio : LA ROSA MÁGICA
Jessica Mulero Almeida –Viladecans (Barcelona)
2º Premio :
LA GOLONDRINA Y LA PALOMA
Clara Aldaz Aragüés—Luesia (Zaragoza)
Modalida Poesía :
1er. Premio : ODA A LA PRIMAVERA
Eumelia Sanz Vaca—Valladolid
2º Premio :
ANSIEDAD QUE PRODUCE RECORDAR
Manuel Peña Garcés—Alcora (Castellón)
Modalidad Poema Infantil :
1er. Premio : ARAGÓN, NUESTRA TIERRA
Julia Egido Egido—Zaragoza
2º Premio :
HOLA Y ADIÓS
Clara Aldaz Aragüés—Luesia (Zaragoza)
PREMIO ESPECIAL LUESIA :
LAS CAMPANAS TOCAN A PERDIDO
Lourdes Aso Torralba—Jaca (Huesca)
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EL CANTERO GUILDINO CAMINO DE LUESIA
Al mediodía, Guilduino cabalga hacia Luesia con su caballo
zaino. Ha salido de Jaca temprano, cuando comenzaba a despuntar el
día y asomaba por el este tímidamente el rojizo de la aurora. El Rey,
don Alfonso I El Batallador, le ha enviado una misiva con uno de sus
mensajeros para encomendarle varias tareas finas de cantería; entre
otras, el tallado de algunos capiteles y del tímpano de la puerta principal de la iglesia de San Esteban.
A esa hora, los rayos del sol caen con aplomo y se reflejan como dardos encendidos en sus piquetas, cinceles, punteros, bujardas,
escoplos... proyectando irisaciones rectilíneas de cromatismos metálicos. El trote del caballo Burly agita la alforja que pende de su cruz con
un bolsillo a cada lado. En uno quedan recogidas todas sus herramientas que asoman al exterior relucientes porque no caben al completo, y
en el otro, la comida y la bebida que necesitará para el largo camino
hasta Luesia.
El continuo sonido metálico de las herramientas dispersa el
pensamiento de Guilduino, concentrado en los diferentes pasajes bíblicos que podría esculpir en los capiteles para agradar al rey, y también,
en las técnicas que debería utilizar para modelar las piedras de arenisca de la zona. Para amortiguar los desagradables tintineos que le están produciendo dentera, presiona con decisión, a la vez que abarca
con una mano, el lado derecho de la alforja como si se tratase de un
acto instintivo. Pero las herramientas queman. Casi por así decir, abrasan.
-¡Uufff, no parece que sea principio de octubre! ¡Con qué aplomo
cae el soil Como si en pleno corazón de agosto cabalgásemos bajo el
sol abrasador de Castilla ¿ verdad, Burly? — exclama aquejado por el
dolor de las quemaduras, agitando la mano al aire con la palma enrojecida.
El maestro sabe que el trayecto es largo y que no han recorrido
ni un tercio del camino. Están subiendo todavía el puerto de Santa
Bárbara, y piensa que, allí, no les sentaría nada mal poder hacer un
alto; un descanso merecido que calme la respiración agitada de Burly y
que desentumezca los músculos de sus glúteos y de sus piernas adaptados durante largo tiempo al lomo ancho de su caballo. Además, en
ese lugar, las majestuosas sombras de los enormes pinos aplacarán
ese calor infernal que les quema y que les hace manar el sudor a borbotones: a él, por sus sienes; al animal, bajo la crin y por su copete.
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Desmonta y acaricia con cariño a su caballo que siempre obedece
sus órdenes a rajatabla. Al rato piensa que en lo más alto del puerto no
habrá ningún río que corra en el que poder abrevar a su caballería. Por
ello, monta de nuevo. Guilduino tira del ronzal y dirige el paso del animal
hacia un camino que los insertará en el valle estrecho en el que discurre el
río Onsella. Ahora Burly no va al paso, ni al trote, galopa, como si adivinase el propósito de su dueño y tuviese prisa de calmar su sed y de refrescar
sus patas. Enseguida descubren una badina, cerca del poblado de Longás, y se detienen. En sus aguas cristalinas y bastante profundas se reflejan las imágenes invertidas de unas gramíneas y de unos matojos que se
encuentran en su orilla. Burly no lo piensa dos veces, y con su dueño montado, se introduce en medio de la poza. Más tarde se arrodilla, como en un
acto de favorecer el descenso de su amo, y quizá, también, por la necesidad de refrescarse la panza.
Allí, frente a la estampa de Longás, permanecen un buen rato. Se han
refrescado, han comido y han descansado. El silencio del lugar únicamente
ha sido interrumpido por un grupo de mujeres del pueblo, - acompañadas
de un buen elenco de chavales -, que han acudido a la poza del Onsella
con barreños encima de sus cabezas para lavar las ropas. Guilduino comprende ahora el motivo de tanta cantidad de agua contenida en esa badina
porque el Onsella, como cualquier otro río prepirenaico, sufre el estiaje
típico del verano.
Buena poza para lavar la ropa, Burly. La tienen muy bien acondicionada con esas losas planas, pero hemos hecho una buena jugada a esas mujeres introduciéndonos dentro.
Hemos enturbiado las aguas y ahora deberán esperar a que el lodo
se repose en el fondo y vuelvan a quedarse claras —Expresa a su caballo
con tono de arrepentimiento.
Burly gira un poco el cuello hacia su amo; no demasiado, para no dejar de vigilar los numerosos árboles con los que pueden pegarse algún golpe.
El cantero piensa que deben proseguir el camino; tan solo quedan
tres horas de luz para poder continuar cabalgando, pues, al día siguiente, a
eso del mediodía, tiene cita con el rey en el castillo de Luesia. Continúan la
ruta siguiendo el Onsella. En el mismo camino se encuentran con una carreta que le rechinan las ruedas, tirada por una pareja de bueyes. El sol hace
un buen rato que se ha escondido y la oscuridad se va comiendo la luminosidad del día y apagando el rojo encendido en el oeste. Guilduino agiliza el
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ritmo de su caballo para colocarse a la altura del carretero e intercambiar
unas palabras.
-Buenas tardes tenga, buen señor. Llevo desde el amanecer cabalgando. Estoy cansado y no digamos cómo estará mi caballo que me lleva
a mí encima. ¿Me podría indicar dónde podríamos pasar la noche a cubierto? Mañana debemos llegar a Luesia a eso del mediodía. Tengo una
cita importante y no me perdonaría llegar tarde —Expresa con cierta inquietud Guilduino.
-¿A Luesia?, ¿A Luesia dice?
-Sí, ¿qué es lo que le extraña tanto?
-Pues, fíjese, que si hubiese ascendido por la Sierra de Santo Domingo nada más llegar al pueblo de Lobera y hubiese tomado el camino que
une estas poblaciones, esta noche, sin lugar a ninguna duda, podría estar
ya descansando en Luesia —Responde el señor girando su cuerpo en sentido opuesto al de la marcha y señalando con su índice a la Sierra de Santo
Domingo, que, con la oscuridad, se ha uniformizado con la tierra llana.
-Así pues —prosigue el carretero— mañana tendrá que pegarse un buen
madrugón para llegar a Luesia a la hora prevista, pues estamos muy cerca
de Sos.
-¿De Sos dice?¿Has oído, Burly? ¿De Sos? —Pregunta el cantero
sorprendido, y, ante todo, nervioso. Muy, muy nervioso.
En la noche, la inquietud le desvela el sueño. Aún no ha comenzado a
nacer el día y ya cabalga de nuevo. Maneja las riendas con fuertes sacudidas y van subiendo un montículo. La claridad va invadiendo el valle transversal al que llegan: primero las cimas más altas de las montañas, luego las
colinas y por último la parte baja del valle. Cuando casi están pisando la
cumbre de un altozano, Guilduino vislumbra el pueblo. Van demasiado deprisa. Demasiado.
-¡Sos, Burly! —Exclama sorprendido al toparse con Sos frente a sus
ojos.
El caballo, con esa obediencia que lo caracteriza, habiendo entendido
el "so" de pararse, hinca los cascos de sus patas delanteras con fuerza contra la tierra y yergue su espinazo desde el lomo hasta las ancas para detenerse en seco. Y vuela. Vuela Guilduino por encina de la cabeza del animal.
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Sin tiempo para quejarse, monta. Monta en dirección a Uncastillo para, por fin, introducirse en el valle de los Arbas. Toma un atajo que intuye
que los acercará a su destino. Cuando atraviesan un enorme pinar, distingue a lo lejos a una mujer que busca algo en el bosque. Se acerca a ella. Es
una joven muy bella que lo mira con unos preciosos ojos de color del azabache que parecen asustados. En ellos, Guilduino aprecia que se esconde un
recóndito foco de melancolía y tristeza.
-Perdone, bella doncella, ¿me podría indicar el camino que lleva a
Luesia?
La muchacha deja la cesta en el suelo para señalar con su mano. La
lleva repleta de setas escrupulosamente ordenadas: "robellones" sin ajar
sus láminas de un naranja coralino, Cantarelus marrones y "trompetas de
los muertos" negras, champiñones recién salidos de la tierra, de un tamaño
poco mayor que las peladillas, Boletus de tallo más grueso que su sombrero
y negrillas de láminas blancas como la nieve en claro contraste con su cutícula.
Guilduino siente un deseo irrefrenable de poder escuchar su voz.
-¡Considero que le gustarán las setas!
-Bueno, sí, pero éstas no son para mi casa. Esta mañana mi padre
me ha hecho levantar temprano para echamos al monte. El ha ido de cacería. A ver si hay suerte y coge una liebre o conejo, o alguna codorniz o
perdiz para regalar al rey. Con estas setas y lo que padre traiga de caza
podrán hacerle un buen guiso. ¿Sabe? El Batallador está en el castillo de
Luesia y se comenta que piensa permanecer tres o cuatro días en nuestra
tierra. En el pueblo se murmura que va a mandar esculpir algunas piedras
de la iglesia de San Esteban al mejor cantero de Jaca. Dicen que aunque
el picapedrero es joven es un excepcional cantero.
-¿Usted no es de Luesia? —Pregunta Guilduino interesado.
-No, pero vivo cerca. Soy de un pueblecito que se llama Fayanás
que se vería desde aquí si no fuese por estos pinos tan altos que lo ocultan, pues está encaramado en una loma.
-Me honra haberla conocido bella...
-Melisa. Me lllamo Melisa para servirle —Le dice la muchacha, cogiendo y ensanchando el vuelo de su vestido con las manos y haciendo
una ligera flexión con sus rodillas.
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El cantero busca el sol con su mirada por entre un claro que dejan los
árboles. Ha avanzado en el horizonte y, sintiéndolo mucho, da dos sacudidas con sus pies en la panza de Burly para que arree. Hubiese permanecido al lado de esa muchacha todo el día, o mejor una semana entera, un
mes, un año,... o por qué no toda la vida.
Continúa un sendero que lo sacará del enorme pinar. El día es de sol
radiante, sin que una nube ni una ráfaga empañen el limpio azul de los
cielos. Enseguida descubre encaramado en una colina un grandioso monasterio con una iglesia sencilla. Y no muy lejos, un poblado de casas humildes, que son una especie de chozas. Guilduino intuye que en alguna
de ellas vivirá la doncella que ha conocido de belleza inigualable. Al rato,
cuando echa la vista al frente, ve una torre enhiesta, robusta, maciza. Es
mediodía y le falta poco para llegar a Luesia.
En la puerta principal del castillo se nota una animación peculiar. Al
recinto entran y salen labriegos, yuntas, carretas, aperos,... Todos traen
sus presentes al rey, a don Alfonso I.
-Usted, señor, será sin duda el cantero que espero de Jaca, ¿estoy
en lo cierto? — le pregunta el rey a su espalda.
Guiduino gira rápidamente el caballo con el manejo de sus riendas y
dando una ligera patada sólo en un lado de la panza de Burly.
-Si, sí señor, el mismo. ¿Cómo lo sabe?
-¿Le parecen pocas pistas que asomen sus herramientas? Venga, mi
buen amigo, ate el caballo en esa arandela y me acompañe al interior del
castillo. Tenemos que hablar un buen rato y aquí hay demasiada algarabía.
Aunque lo que deseo, maestro, es que esculpa lo que quiera en los capiteles de la iglesia, que me sorprenda y se deleiten los ojos de quienes miren
y admiren su obra.
Tres días después…
Guilduino está acabando de esculpir uno de los capiteles de la iglesia de San Esteban. En él representa el pecado original de Adán y Eva.
En estos tres días, mientras ha estado trabajando, no ha dejado de pensar
un solo momento en la bella doncella que conoció en el bosque, recogiendo setas. Desde entonces, esa muchacha de educados y finos modales,
ocupa siempre su pensamiento. Melisa ha sido la inspiración continua y
casi divina para tallar a Eva.
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El cantero se esmera en los últimos retoques del capitel. Al cincelar,
la piedra arenisca desprende un polvillo que enturbia las figuras esculpidas. Guiduino da unos soplidos para poder observarlas con nitidez y, al
mismo tiempo, vuelve su cara para evitar que el polvo le penetre en los
ojos. El maestro está subido sobre un pequeño andamio sujeto entre dos
mechinales, del que casi se cae cuando se da cuenta de que allí está Melisa, observándolo, silenciosa y embelesada.
Se cruzan sus miradas sin decirse nada, en completo silencio; de
ellas se desprenden mil y una promesas.
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POETA
Los poetas mueren en habitaciones asépticas, envueltos en una suave bruma analgésica, mecidos en la soñolienta desesperación de un transplante imposible.
Los poetas mueren como mueren los amigos jóvenes, como mueren
algunos insectos cuya vida es tan efímera como efímera es una noche de
verano.
Mueren sin haber dicho todo lo que debieran, sin haber completado
miles de páginas magníficas, llenas de yonquis, de otros viajeros prematuros, de úteros femeninos, de amores eufemísticos, guardados en el recuerdo, al otro lado de una ventana que empieza a empañarse una tarde de un
crudo invierno colono, con la promesa de las Bardenas justo allí al lado, acechando con su piel roja y negra.
Los poetas mueren y dejan detrás todo aquello que hicieron y lo que
no hicieron, porque la muerte es la bastarda que se mofa de todo y de todos,
la señora que equilibra los despojos, que los hace humanos, a poetas, a empresarios, a bastardos, a hombres buenos.
Mueren dejando en el bar, en la cueva negra de la desesperación calma unas cuantas cervezas sin tomar, una parte de pulmón más, una más,
solo la última. Porque no todos los poetas mueren después de haber estado
en Nueva York, no mueren como mártires, no mueren y tampoco resucitan
después en las cuerdas vocales y en la memoria de un tal Leonard Cohen.
No. Algunos mueren despacio, con una agonía silenciosa, con una ausencia
queda, con un vacío que hiela un poco más los huesos, que deja un poco
más vacía la barra y las noches de especias blancas y compañía amena.
Mueren luchando por respirar, esperando. Se apagan despacio, como muchos que no son poetas, con la soledad ineludible del último salto, de la última batalla que todos hemos de librar.
La muerte no es digna. En el último baile nadie guarda la dignidad
intacta, nos ganan los tubos, los camisones de hospital, los catéteres superfluos, los labios costrados y los antibióticos invisibles, los malditos nódulos
sangrantes, el interior roto, las fuerzas que se pierden. Nadie mantiene la
dignidad en el último tramo.
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Y así, con una llamada de teléfono, con un hilo de voz y un deje de
tristeza en el alma, la muerte se extiende a las conciencias de quienes conocieron al poeta, de quienes compartieron con él un poco de arte, un poco de
vida de esa que regalan las páginas escritas.
Es lo que nos queda a todos. La inmortalidad de cuarto de estar; el
calor lejano compartido en el silencio de su voz, ahora inexorable.
Los poetas mueren dejando atrás amigos, familia, esperanzas, páginas que van a la biblioteca de los libros nunca escritos; mueren como morimos todos, en una cama, a mitad de camino, porque nunca llegamos al final,
porque siempre quedan cosas por hacer. A nosotros nos quedó pendiente
una cena, un último temporal, una borrachera de perras negras y cerveza.
A los poetas se les recuerda así, con un algo en la memoria, con
unas páginas efímeras, con unas letras que agachan la cabeza en forma de
duelo, con la esperanza de que de alguna forma, éstas se unan a las suyas,
consigan una comunión tardía, pagana, estéril pero sincera.
In memoriam Javi.
Fotografía: ―Resurrección‖ de Javier Romeo Estabén
Presentada al V Concurso de Fotografía Rural (2005)
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LA ROSA MÁGICA.
Érase una vez...
Una niña de pueblo que todo el tiempo del mundo que tenía libre se
iba corriendo a la Biblioteca. La niña se llamaba Diana, siempre llevaba sus
trenzas a cualquier parte, pero especialmente a la Biblioteca porque cuando
se introducía dentro de las aventuras de un cuento, no le gustaba que los
pelos se le pusieran delante de sus ojos azules como el cielo. Diana, leía y
leía sin pararse, entonces, el tiempo viajaba cada vez más rápido, como un
tren de carga y descarga sin estaciones.
Diana, acababa de celebrar su cumpleaños. Encima del hermoso pastel, según su abuelita, un número que se parecía a dos rosquillas azucaradas, una encima de la otra. La abuela Rosalía le regaló ese día una rosa
especial que llevaba los siete colores del Arco Iris. Diana llevaba esa rosa a
todas parte, porque era un PUNTO DE LIBRO y para una buena lectora de
cuentos, eso, es imprescindible.
En la Biblioteca de su pueblo, Diana, había leído ya todos los cuentos
infantiles y quería comenzar a leer cuentos para personas más grandes. El
primer cuento de adultos que cogió tenía un título muy interesante: ―El Libro
de las Desapariciones‖. Diana se dio cuenta que al poner la rosa de cristal
encima de la primera palabra del cuento de adultos, desapareció, de golpe,
en un santiamén, la palabra ―ZAPATO‖.
-¡Madre mía! Ha desaparecido del libro el título de este primer cuento
–dijo Diana con los ojos azules abiertos como un búho.
Pero su sorpresa todavía no había acabado, podía ser más grande.
Entonces, desaparecieron todos los zapatos del mundo, incluso sus propias
―bambas‖. ¡De verdad que fue así! En la Biblioteca los lectores empezaron a
gritar:
-¡Ah! ¡Mis zapatos han desaparecido! –decían unos y otros zarandeando con los pies descalzos en el aire.
Hubo un griterío general. Todo el mundo estaba asustado con los cabellos de punta y los pies fríos como el hielo. Y Diana se quedó también sorprendida. La protagonista, una vez ha superado el primer impacto, comenzó
a pensar en sacarle provecho a la rosa mágica. De repente, vio que a la rosa de cristal le había desaparecido un color de los siete del Arco Iris: el color
lila.
Diana, muy sabia, pensó: ―Por culpa del punto de libro han desapare76
cido todos los zapatos del mundo; eso quiere decir que la rosa de cristal tiene poderes‖.
Entonces, se puso a mirar los capítulos uno por uno, a la búsqueda de
palabras feas y malas que se necesitaban eliminar en el mundo. Dijo:
-¡Esta sí que es buena! Puedo elegir todavía seis palabras para el
Bien del Planeta Tierra.
Al principio, pensó egoístamente en cosas para ella misma. A Diana
no le gustaban ni las acelgas ni los garbanzos ni las lentejas..., pero después creyó con sabiduría que eso era una tontería y que era mejor coger
esas que salían concretamente en el ―Libro de las Desapariciones‖:
―GUERRA‖, ―HAMBRE‖, ―TERREMOTOS‖, ―INUNDACIONES‖,
―POBREZA‖, y... ―ENFERMEDADES‖.
La rosa mágica de cristal perdió los siete colores del Arco Iris y se
gastaron amablemente sus poderes; sólo quedó el tallo de la rosa de un color verde/esperanza.
Cuando Diana salió de la Biblioteca de su pueblo a la calle encontró
que el mundo era mejor, lo podía oler: el suelo en todas partes era una brillante alfombra verde. Los zapatos de la gente empezaron a brotar como
setas. Algo grande había pasado y ella lo sabía. Sus preciosas trenzas volaban al viento y sus ojos azules brillaban de orgullo abriéndose más que nunca.
Colorín colorado este cuento se ha acabado.
Fotografía: ―NaTURaleza Cultivada‖ de Gregorio Fernández Cobo
Presentada al II Concurso de Fotografía Rural (2002)
77
LA GOLONDRINA Y LA PALOMA
Hubo un tiempo que las palomas Vivian con las golondrinas . Una
paloma llamada Isabel que vivía con una golondrina llamada Flora tenían
una casita en la copa de un árbol del bosque . Un día la paloma salió a recoger para el invierno y se encontró con otra de su misma especie . la otra paloma le invito a su casa a tomar un té . Cuando la paloma regreso a su casa
la golondrina se enfado mucho con ella pero no querían dejar de ser amigas.
Al día siguiente la paloma volvió a ver a su amiga la paloma ,le pareció tan
buena amiga y decidió mudarse a vivir con ella. La golondrina se puso muy
triste cuando vino a hacer su maleta, al principio quería que se fuera pero
todo cambio después . Cuando llego la primavera aun seguían separadas la
golondrina y la paloma pero las dos palomas estaban contentas porque iban
a poner los huevos con los pichones dentro.
La golondrina seguía sin tener amigas y decidió irse al sur, por el camino vio a un precioso cisne que también iba hacia allá y se hicieron amigos . el cisne le contaba que había sido despachado de su manada y no
quería volver con ellos
Y decidieron vivir juntos en el sur . Mientras la paloma ya tenia sus
polluelos pero se quería disculpar y volver con ella ,entonces llego la otra
paloma y le dio la noticia , le dijeron que la golondrina estaba en el sur . Isabel se fue con sus hijos a buscar a la golondrina , cuando llegaron a su destino y se vieron las dos amigas se dieron un fuerte abrazo y le dijo la golondrina :
- ¿Por qué has venido? - le preguntó,
- porque me equivoque al irme y dejarte sola y vengo a perdonarte.
Cuando llego la noche y los hijos de la paloma se cayeron del nido. A
la mañana siguiente la paloma se despertó y vio que no estaban sus hijos. y
se pusieron a buscarlos_ Llevaban todo el día buscándolos y no aparecieron, entonces la paloma les hecho la culpa a la golondrina y al cisne, y se
enfadó con ellos. Al final los encontró y se fue a vivir al norte dejando solos a
la golondrina y al cisne. Cuando llegó al norte se hizo un nido en un árbol al
lado de un supermercado. así podría conseguir todo lo que necesitase para
vivir. Pero los hijos de la paloma no querían ir al colegio porque los otros
pájaros pequeños no querían estar con ellos. Al día siguiente conoció a un
palomo que se llamaba Juan Jesús y tenía tres hermanas. El palomo era
cartero y hacia muchos viajes al sur, en uno de esos viajes era llevarle car78
tas al cisne y a la golondrina. Hablando con ellos les comentó que tenía una
amiga que se llamaba Isabel, que tenia varios hijos y que se había enfadado
con una golondrina. La golondrina la escucharlo pensó que podía ser su
amiga porque todos los datos decían que era ella, y entonces le mando una
carta diciéndole que se acordaba mucho de todos ellos y que seguía siendo
su amiga si algún día la necesitaba.
La paloma al recibir la carta decidió ir a ver a la golondrina, y le pidió
ayuda al palomo para que la acompañase en el viaje. Cuando llegó la golondrina le recibió muy hospitalariamente y con mucha alegría. Estuvieron
un día juntas hablando de los problemas que habían tenido en el pasado y
de las cosas que les habían pasado mientras estuvieron separadas. La paloma perdonó a la golondrina porque se dio cuenta de que la golondrina no
tenia la culpa de lo que había pasado hacia tiempo. A pesar de esto la paloma no podía dejar la vida que ahora tenía en su nido al lado del supermercado. Cuando regreso a su casa tenía una gran sorpresa, una periodista
quería hacerle un reportaje de la vida de la paloma para ser sacado en la
televisión. La paloma aceptó y seguidamente llamó a su amiga la golondrina para que la viese por la televisión. Los responsables del reportaje, al ver
lo unidas que estaban las dos decidieron construir una residencia para golondrinas cerca de donde vivía la paloma para que pudieran estar juntas las
dos y disfrutar de la amistad que se tenían desde hacia tanto tiempo.
Esta idea le pareció muy bien a la golondrina y se trasladó a vivir cerca de la paloma para estar juntas y disfrutar de su amistad.
Fotografía: ―Okupas en el porche‖ de Felisa Cortés Aibar
Presentada al VI Concurso de fotografía Rural (2006)
79
ODA A LA PRIMAVERA
¡Levántate, alma mía,
a ver el lujo de la primavera!,
radiante epifanía
tras invernal espera
sobre los campos de la tierra austera.
Marzo, de claro cielo,
forjador de los tallos de
las rosas y frutas de albo velo,
(novias que a ser esposas
al altar se encaminan, ruborosas).
Al chopo le has pintado
matices de incipiente
cabellera y al gran
disco dorado,
con la voz lisonjera,
le pides dar más luz en su carrera.
Misterio floreciente
que pones alas a las mariposas,
clamor adolescente,
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El germen de la espiga,
aletargado en la paciente espera, sueña con que le diga
la lluvia caladera
que su jugo le nace y le atempera.
¡Oh, Marzo, el de los vientos, puerta y principio de la Primavera, doma tus elementos,
tus excesos modera
para lograr fecunda sementera.
Campiñas exultantes,
más verdes cuando Abril y Mayo crecen, vistas emocionantes
que a la esperanza ofrecen
jóvenes tallos que las auras mecen.
¡Oh, bellísima Flora,
que me llenas la voz de madrigales! ¡Oh, Fauna bullidora
de avecillas rurales
que se empinan al cielo en espirales!
¡Plácida amanecida!
Al respirar, los campos se me antojan fragancia diluida
que las tierras arrojan,
por los aguacerillos que las mojan.
81
Regalas, generosa,
para deleite de nuestros sentidos, la andadura gozosa
por senderos tendidos
cerca de cereales ya nacidos.
Al tacto eres templada,
a la vista eres arco de colores...; y fresa sazonada,
y aromas seductores,
y al oído, belén de ruiseñores.
Primavera, te esfumas;
profusión de ligeras golondrinas, con irisadas plumas,
anuncia que terminas,
que, muy cuajada, tu reinar declinas.
El sol ya da fatiga,
siente pereza al escribir la mano, ya madura la espiga,
ya se acerca el milano,
justa señal de que llegó el verano.
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83
ANSIEDAD QUE PRODUCE RECORDAR:
Volar contra corriente,
saltar hacia abajo,
llorar de alegría,
gemir de inconsciencia,
sollozar de impotencia.
Nadé con la aleta al revés,
miraba el móvil inmóvil,
con expectativas y sin perspectiva,
con una mezcla de esperanza y lamento,
mientras guardaba en un cajón mis recuerdos,
y desgarraba mis deseos.
Tan solo me queda una caricia que guardaré en el corazón,
aunque cada vez que en ella pienso me produzca dolor.
un baluarte que nadie me va a quitar,
algo bonito que de ella me voy a quedar.
Tropezando de la misma manera,
pero con distinta piedra,
o con la misma piedra y de distinta manera,
hubiera subido descalzo al MontBlanc,
si hubiera sabido que allí te podía encontrar.
Ahora se que es la ansiedad,
mezcla de amor y necesidad,
que produce que el tiempo vaya muy despacio,
haciendo que olvides tu propio espacio.
Desde luego la equivocación es algo intrínseco del ser humano,
pues somos seres errantes y pensar lo contrario,
es elevar nuestros tropiezos al cuadrado.
(La ansiedad conduce a la equivocación y al desequilibrio,
mientras que la despreocupación te lleva al olvido.
Así que en el inexistente punto medio está al amor infinito.)
84
Aragón, nuestra tierra.
Tierra que vive
Tierra reseca
Que usada se parte
Que el Ebro lleva.
Para renacer con nieve
Que de los Pirineos baja
Y como cada verano
Con la sequía muera.
Angustiados miremos
Ese tan menguado cauce
Y angustiados miremos
El río que rápido crece.
Tierra de grandes riquezas
De mirada abierta gente
Desierto seco y polvoriento
En su montañoso horizonte.
Como flores que lo adornan
Y tristemente los vemos
Como solitarias cintas de pasados
Las cintas de los ríos secos.
Tierra que evocas
Paisajes y momentos
De tu viento, fuerte y brusco
Eres Aragón
La tierra de mis recuerdos.
De ver el Moncayo a lo lejos
Notar la sombra de los Pirineos
Saberte siendo mi tierra
Saberte, con tus Monegros.
Con tus grandes somontanos
Y el valle de tu Ebro
Tus pantanos sufridores
Tus acogedores pueblos.
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Y por siempre te querremos
Aunque se lleven tu agua
Aunque se seque el Ebro
Porque eres nuestro orgullo
Nuestra casa, y nuestros sueños.
Fotografía: ―Bar Aragón‖ de Rubén Cristóbal Hornillos
Presentada al IV Concurso de çfotografía Rural (2004)
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HOLA Y ADIOS
Adiós escuela adiós
Durante nueve años
Has sido mi gran amiga
Contigo he aprendido,
Jugado, disfrutado
Y conocido a mucha gente
Pasado este tiempo,
Tengo que dejarte
Para irme a otra parte
Hola instituto hola
Ahora voy a conocerte,
Espero aprender,
Jugar y disfrutar tanto
Como en la escuela
Que acabo de dejar.
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LAS CAMPANAS TOCAN A PERDIDO
Las campanas de la ermita del Puyal sonaban a perdido, las mismas
que otras veces anunciaban boda o despedían a los muertos.
No tenía la menor duda. A perdido. Pero, ¿quién podía haberse perdido en Luesia? Por si acaso, tendría los ojos bien abiertos. Yo conocía cada
palmo de los montes de carrasca, cada poza y cada sendero. Las ovejas
eran mi vida, como lo habían sido antes de mi padre y de mi abuelo. Desde
el Corral del Calvo busqué a los buitres por si estaban devorando carne
muerta. Ese día no chillaban por ningún sitio.
Para mí, el mundo siempre se había movido más despacio que para
el resto, por eso me llamaban Cojilán, que lo mismo significaba tonto que
cualquier otra cosa. Les dejaba decir y cuando me hartaba, enfilaba las calles de Luesia hasta la judería. Allí recuperaba mi nombre. Blas y punto.
No tardé en verlos llegar en procesión. La guardia civil en cabeza, los
chicos y grandes, y, hasta los perros. Todos andaban apartando ramas y
gritaban:
Cojilán, ¿has visto a Rebeca?
Era la hija de Moisés. Se había atrevido a escupir en la calle porque le
habían tirado de las coletas. ―Imbécil, te vas a enterar‖— había dicho.
Lo que sucedió después, yo estaba seguro que habría pasado igual.
¿Qué iba a saber Rebeca de enfriamientos tan graves como para provocar
la muerte? El caso fue que el niño se enfermó sin cura. Después escuché
que si malditos judíos, que iban a traernos la ruina a todos. A mí me caían
bien.
No, señor cura, no he visto a nadie — dije.
Seguí apoyado en mi bastón, azuzando de vez en cuando a Linda
para que volviera el rebaño.
Éste que va a ver — escuché decir en un tono de desprecio.
Aguardé a que cayera la noche para bajar al pueblo. La inquietud me
corroía las entrañas y necesitaba saber que había ocurrido. Atravesé las
calles con la rapidez de un fantasma, sin detenerme apenas hasta llegar a la
judería. Llamé en casa de Moisés.
¿La has visto? — me preguntó.
No. Han subido hasta el Corral del Calvo. Ella no ha podido perderse.
Dime, ¿qué ha pasado?
Rebeca era una niña divertida. Sonreía a todo el mundo, la felicidad
dibujada en su rostro. Incapaz de matar una mosca. A mí me recordaba a
una muñeca de cristal.
¡No te lo vas a creer, Blas! Se ha escapado porque la han llamado
bruja.
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Vino gritando ―Quieren quemarme viva‖, deshecha en lágrimas. No ha
podido ir muy lejos.
Pero si es una cría — protesté furioso también.
Mira, tú no eres como ellos. Son capaces de hacerlo. ¿Podrías hacerme un favor?
Claro — dije.
Si la encuentras, escóndela y ven a avisarme. En cuanto estemos
todos, nos iremos del pueblo para siempre.
Yo sabía donde estaba y Linda también. En el Pozo Pígalo. Habíamos
ido allí el verano anterior, cuando los días eran tan calurosos que no había
otra forma de soportar el calor que nadando. Le había enseñado la cueva.
La entrada era difícil para alguien más grande que ella. Estaba oculta por
unos bojes poblados. Aún podía oírla entre risas.
Si me escondiera aquí, acabarían por devorarme los sabuesos.
No, Rebeca. Eres una niña lista. ¿No has visto los excrementos de
jabalí? Bastaría con que te rebozaras un poco para despistarles el olfato y
salieran en dirección contraria. Esos perros son cobardes.
¿Se acordaría de aquello? De regreso al monte escuché el crujir de
las hojas unos pasos por detrás de mí. Estuve seguro de que me habían
seguido. Llamé a Linda, que estaba dando vueltas por el ganado dormido y
encendí una hoguera para espantar a los lobos por la noche.
Transcurrió tranquila en apariencia. No podía entender por qué acusaban a la niña. Alguien tenía que pagar. No era más que eso. ―Cojilán no es
tonto‖ —pensé. ―Si creéis que os voy a llevar hasta ella, vais listos.‖ Mi mundo siempre había ido más despacio y la semana en la que grandes y chicos,
encabezados por los tricornios, buscaban hasta debajo de las piedras, a mí
me pareció corta. Me pasaba el día dando forma de cuchara a un trozo de
madera y cuando no, silbando o amontonando piedras. Con ellas intentaba
aprender los números.
Llegó el domingo, el día que Dios había hecho para descansar. El
monte quedó desnudo. Yo madrugué mucho y fui hasta Pozo Píngalo. Me
quité la ropa y me lancé al agua. Estaba tan fría que casi se me cortó la respiración. Despacio, nadé hasta la cueva y emití uno de esos cantos de milano. Había aprendido a imitarlos de puro oírlos y con Rebeca era nuestro
grito de guerra. Se asomó entre los bojes. Sonreía.
No te muevas de aquí. Es domingo y pronto tocarán a misa. Tu padre
me dijo que vendría a buscarte. Os vais toda la familia. No te olvidaré nunca,
Rebeca.
La vi entristecerse un poco.
Te he hecho una cuchara de madera. Llévatela, así te acordarás de
Cojilán.
Para mí, siempre serás Blas.
Corrí hasta Luesia. Me puse una camisa limpia y el pantalón zurcido
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de los domingos y salí corriendo para la Iglesia. Me dio el tiempo justo para
avisar a Moisés.
En el Pozo Píngalo. Está esperando.
Y me senté en el sitio de siempre, el banco reservado para los tontos
como yo.
En el monte, había dejado una oveja y los buitres comían hacía unas
horas. Todos supusieron que pasaban cuanta a Rebeca, la niña bruja que
se había despeñado.
Todos menos yo.
Las campanas sonaban a misa. Recé porque ella y su familia judía
encontraran un destino seguro.
Nadie volvió a llamarme Blas nunca.
90
V CERTAMEN
2008
Modalidad Relato Corto :
1er. Premio :
OCASO A DOS VOCES
Rosa María Alcalá Hidalgo—Vilanova del Camí
(Barcelona)
2º Premio :
LA VIDA EN LA MIRADA
Manuel Mije Nieto—Sevilla
Modalidad Cuento :
1er. Premio :
ANDEN
Lydia Tornos Alvarez— Madrid
2º Premio :
LAS DOS INFANTAS
Milagros Arbués Villafañe—Zaragoza
Modalida Poesía :
1er. Premio :
Y DESDE ENTONCES
Isabel García Viñao—Jaca (Huesca)
2º Premio :
SE ESTÁN ROBANDO TU SELVA
Ximena Ibarra Soria—México D.F.
Modalidad Poema Infantil :
1er. Premio :
¿QUEES EL AMOR?
Milagros Arbués Villafañe (Zaragoza)
2º Premio :
EL MAR Y EL BOSQUE
María Bellido Durán—QUART (Girona)
PREMIO ESPECIAL LUESIA :
Y DESDE ENCONTES—Isabel García Viñao—Jaca (Huesca)
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OCASO A DOS VOCES
Esta noche el frío afilado se cuela por los guantes, cala la ropa y va
directo a los huesos, empapado de una humedad gélida. Echarme el aliento
en las manos, frotarlas, ir escondiéndolas en los bolsillos no me consuela el
padecer de las bajas temperaturas; el viento que me espera helado en cada
esquina me ayuda a mantenerme despierto. Es lo peor de mi trabajo. Uno
aprende el oficio, a vencer el sueño y poco a poco a disfrutar de la soledad
que acompaña la noche pero al frío, nunca he conseguido acostumbrarme.
En las muchas horas que paso dándole a la escoba por los rincones de esta
gran ciudad, soy testigo de situaciones curiosas a partir de las cuales me
gusta inventar grandes historias y ponerles banda sonora con el viejo transistor que llevo en el bolsillo del uniforme, fiel compañero desde que empecé
hace ya tantos años en este trabajo. Pronto me jubilaré y quizás dé rienda
suelta a todas esas historias que llevo en la cabeza. Echaré de menos la
tranquilidad de las calles vacías, el silencio interrumpido por el ruido del motor de un coche o por el viento azotando la persiana metálica de cualquiera
de esos comercios ahora vacíos. Dos meses y tendré que aprender a vivir
con la luz del día.
Desde niña soñé con encontrar un príncipe azul que se enamorase de
mí desde el primer instante, al que una sola mirada bastase para desear
pasar a mi lado el resto de su vida. Jugaba a imaginar cómo y dónde nos
conoceríamos, a qué sabría el primer beso, la primera vez. Soñaba con el
día en el que me uniría a él, vestida de blanco, de novia, como una princesa
camino del altar; después vendrían los niños, fundar una familia que permanecería por siempre unida, la vejez juntos…queriéndonos siempre como el
primer día.
Vacío una vez más el recogedor lleno de colillas en el cubo, canturreo
la melodía que dará paso al noticiero de las tres de la madrugada. De repente un grito desgarrado ha atravesado el escaso hilo de música que emitía el
walkman; de un tirón me arranco los auriculares, pendiente de localizar el
lugar de donde viene o, si acaso, algún eco me permite salir corriendo en
una dirección concreta. Me ha parecido la voz de una mujer y, aunque en la
vida había oído algo similar, estoy seguro de que está lleno de desesperación.
Las cosas no siempre acaban resultando como desearíamos y de
aquel sueño de niñez y adolescencia resultó un noviazgo de altibajos, un
matrimonio acelerado, sin princesa ni enamorado y una cama de tres esquinas. Hemos sido felices pero…a veces se enfadaba conmigo; decía que si
quieres a alguien como lo hacia él… quizás tenía razón al decir que no siem92
pre mantuve el lugar que debía ocupar una buena esposa. Nos casamos
fuera de mi cuento de hadas, lejos del cariño de mi familia y la magia de los
sueños, empujados por un embarazo que intentó por todos los medios no
ver culminado; creía que un bebé arruinaría nuestro matrimonio, nos separaría.
Doy pasos sin sentido, adelante, hacia los lados, aturdido, sin saber
qué tengo que hacer, hacia dónde ir; ¿si fuera una broma? Si fuera parte de
un juego o simplemente un chillido empapado en alcohol. ¿Y si no lo fuera?
Si alguien necesitara ayuda de verdad; ¿qué puedo hacer un humilde barrendero de más de sesenta años?
Pero…no puede ser…creo ver a lo lejos a alguien en el suelo, estirado, no, se arrastra; intento correr tan rápido como me permiten estas cansadas y viejas piernas hasta ese cuerpo. Cuando llego, no puedo creerlo, es
una chica; está malherida. Grito, pido ayuda en medio de la noche, ¿puede
alguien oírme? Sólo se me ocurre estirarla en el suelo, retirarle el pelo de la
cara, buscar el lugar de donde brota la sangre que tiñe su camisa. Dios mío,
tiene la cara llena de golpes. Sus manos temblorosas toman una de las mías
para acercarla a su costado izquierdo; retiro la mano empapada de sangre
que, palpitante, parece huir de su cuerpo. La ropa rasgada esconde moratones y magulladuras, una paliza, pero también heridas casi cicatrizadas.
¿Qué te han hecho?
La noche de bodas casi logra su propósito. La primera caricia de
mano levantada; luego vendría otra y otra. A diario. Pero yo le quería. Le
quería hasta el punto de justificarle, de aceptar sus accesos de celos e ira,
de consentir sus palizas y creer que tenía razón, que las merecía. Que me
las merecía. Hasta hoy, le creí. Creía las veces que después de los golpes
me decía que me amaba.
¡Llamen a una ambulancia! Los vecinos empiezan a asomarse despertados por mis gritos. ¡Llamen a una ambulancia! Yo, que había adorado a
mi esposa hasta el día en el que una grave enfermedad se la quiso llevar, no
puedo entender lo que esta joven con dificultad balbucea. Su marido. Debe
ser delirio, la pérdida de la sangre que ya me ha empapado el uniforme. Pero no, lo repite varias veces. ―Mi marido‖. Aprieto la herida que a borbotones
desprende soledad; tengo miedo de hacerle daño. Recojo su cuerpo y la
cubro con mi chaqueta, tiembla, llora. Yo también. Me estremecen los gemidos de dolor, los quejidos que emite asustada, casi sin querer hacer ruido.
Le debe haber hecho tanto daño ese canalla.
¿Alguien ha llamado a un médico? Necesitamos ayuda! No quiero que
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me oiga…se está muriendo aquí, en mis brazos, y yo no voy a poder hacer
nada.
Mamá… Mamá, tengo tanto miedo... Apenas puedo sentir más allá del
dolor, de la quemazón de esta herida que lleva tanto abierta. Sé que aunque
nunca tuve valor suficiente para contarte que mi matrimonio era una pesadilla siempre lo supiste. Creo que ahora ya es demasiado tarde y ha cumplido
su promesa. No he conseguido escapar de su rabia y, al decirle que le denunciaría, se ha vuelto loco. Se le han hinchado los ojos de rabia y, al ver
que resistía a la fuerza de sus puños ha corrido a la cocina en busca de la
manera de acabar conmigo pronto. Le ha bastado un gesto certero y afilado.
Aún no sé cómo he conseguido escapar a un segundo intento. Después de
tanto tiempo de silencio, de dolor y llanto ahogados sólo he sido capaz de
gritar una sola vez; callé por miedo, por vergüenza y por creer que era normal dentro de su gran amor. Pero hoy no he podido más con esos grilletes
y…aunque las fuerzas me han fallado antes de llegar a algún lugar en el que
pudieran ayudarme y creo que ya es demasiado tarde.
Parece mirar a ninguna parte, como si tuviera delante ese túnel de luz
del que hablan. Un hilo de sangre se le escurre entre los labios. La ambulancia no tardará en llegar; le pido que aguante, aunque no le quedan apenas
fuerzas ni para respirar. Se está deshojando entre mis brazos. Sólo puedo
darle un poco de cariño, mi mano, repetirle que todo irá bien. Se le cierran
los ojos, se le va la vida por las heridas mortales de un amor equivocado.
Apenas entiendo sus palabras. Creo que se está despidiendo. Beso su frente, le prometo que Dios estará con ella. ―Mi niña, mi niña‖ balbucea justo antes de que se le apague la voz. No le queda aliento ni fuerzas para luchar
por su propia vida. Ese canalla. Ya están aquí los sanitarios, han pasado
apenas unos minutos pero se me han hecho eternos. Los labios se le amoratan y su cuerpo…está helada..
Mamá, me duele mucho. No me quedan fuerzas. Noto unas manos
presionarme la herida, acariciarme el pelo. Una voz me dice que aguante,
que sea fuerte, la ambulancia está al llegar. Sólo veo una profunda oscuridad, extraña, fría. No entiendo qué pasa. No consigo gritar, no pueden oírme. Los segundos se hacen eternos. Creo que la muerte está cerca. No volveremos a vernos. Necesito decirte que os quiero mucho. Os voy a echar de
menos a todos. Dile a papá que no me olvide, aunque nunca os lo dijera,
sois la mejor familia que podría haber tenido. Me cuesta tanto respirar… Mi
pequeña… cuidad de mi chiquitina; enseñadle a crecer con los valores que
yo olvidé por la persona equivocada y, sobretodo, decidle que su madre
siempre estará cerca de ella. Mamá, quedaos tranquilos, aquí se acaba mi
sufrimiento, empiezo a sentirme libre. Os quiero….
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No han podido hacer nada por ella, apenas certificar su muerte. Ha
dejado avergonzada este mundo desquiciado con un gesto que casi me ha
parecido una sonrisa. Quizás alivio. Era preciosa. Entre lágrimas rezo un
padrenuestro, para que la eternidad la libre de la condena que le tocó vivir. Y
para que bendiga a esa niña.
Relato a la policía lo sucedido. Tengo que irme a casa; no, no necesito ayuda, sólo irme a casa. Solamente me faltaban dos meses.
Ya no recuerdo el frío, sólo los ojos llorosos de esa muchacha pidiéndome
que la ayudara. Mis manos llenas de su sangre.
Nadie habló de él, pero no faltó mientras vivió una rosa blanca en
aquella esquina en la que sus brazos sintieron morir a la joven aquella noche helada de diciembre.
Fotografía : ―Recuerdos I‖ de José Luis Pola Ruiz
Presentada al VI Concurso de fotografía Rural (2006)
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LA VIDA EN LA MIRADA
Cuando Juanjo abrió los ojos por primera vez, su madre no se podía
ni creer lo reguapo que era su niño: caramelito suave y tibio, bonito, chiquitito; no sabía si comérselo a besos o a bocados. Loca de contenta la tenían
los ojazos de su niño. Las horas muertas se las pasaba perdida en ellos, y
cuando se cerraban, cuando el chiquitín arrugaba los morritos y el telón de
los párpados bajaba, una tristeza honda y pesada hacía presa en ella.
Desde chico Juanjo se comió el mundo con los ojos. Los tenía como
dos almendras grandes y brillantes, lustrosos de vida. A las niñas de su clase les robó el corazón con ellos en cuanto empezó a despuntar su virilidad, y
su nombre adornó las puertas de los servicios femeninos de todos los centros donde se fue forjando su educación.
Los años fueron amontonándose en el pasado de Juanjo; al principio
rápido, como pasa con todas las vidas, y después más lentamente, emulando al río que se torna cada vez más perezoso conforme avanza en su curso.
Aquellos grandes ojos fueron dejando paso a una mirada cada vez más
consciente, más hecha. Porque decían que el muchacho era listo, tan listo
que te comprendía hasta el alma con tan sólo una pasada de aquellas dos
luminarias pardas. Y nadie se sorprendió cuando Juanjo se conquistó un
futuro exitoso al final de su brillante carrera universitaria.
Lo primero que le envejeció a Juanjo fue su nombre, que a poco de
ganar su primer millón se le transformó en un rígido y seco don Juan José.
Su mirada también cambió por aquellos años, los ojos se le fueron cubriendo con la escarcha de la vida, acostumbrados a tener que mirar siempre hacia la parte gris del mundo, y dejó de ver otras cosas.
Don Juan José formó a su alrededor un círculo afectivo acorde con
su posición: mujer florero de pedigrí, herederos malcriados a los que aupar a
lomos de su fortuna, padres ancianos recluidos en exilio lujoso para las fiestas de guardar, y querida exuberante para las otras. Él no lo sabía, pero se
estaba quedando ciego del alma, había perdido ese brillo que una vez tuvo,
y ahora su mundo se reducía a números y estadísticas, a compromisos absurdos y vacuos desahogos, a apariencias sin fondo y amistades de talonario.
La vejez le llegó temprano a don Juan José; al empezar la cuarentena ya tenía el laurel de plata, y al terminarla el laurel era todo lo que le quedaba de cabellera. La mirada se le apagó por completo, perdió la noción de
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la vida, se gastó por dentro. Ya nadie se acordaba de aquel muchacho de
mirada radiante que una vez fue, porque los ojos de don Juan José no eran
los ojos de Juanjo, los dos faros de vida que otrora se enseñorearon en su
cara no eran ya más que dos rescoldos apagados y hundidos en las cuencas.
Dicen que don Juan José perdió la razón una mañana al levantarse
y mirarse al espejo. Aquel día, de repente, se dio cuenta de que no era capaz de verse en su propio reflejo, que estaba ya tan ciego y tan vacío que no
podía hacerse a la idea de que aquella cáscara reseca fuera él.
Juanjo terminó sus días encerrado en una clínica psiquiátrica. Se le
veía por los pasillos nervioso, asustado, histérico. A todo aquél con el que se
cruzaba le preguntaba por su vida, si la había visto; y también por el que se
la había robado, un tal don Juan José.
Fotografía: ―El enviado‖ de Roberto Regueiro Artigas
Presentada al I Concurso de Fotografía Rural (2001)
97
ANDEN
-Dos billetes - pedí a al mujer del mostrador. Era extraño estar allí
pidiendo, un billete en el mostrador, cuando había máquinas expendedoras
de billetes por todo el vestíbulo. Pero no quería liarme, ya que habitualmente
no iba mucho en metro.
Bueno, lo que quiero decir es que ese día iba a coger el metro porque tenía que ir al oftalmólogo y el coche de mi padre estaba estropeado.
Así que compré los billetes y bajé unas escaleras mecánicas hacia el sucio
andén Estaba verdaderamente sucio y viejo. Y totalmente vacío. Daba un
poco de miedo. O inquietud. Como en esas películas de terror en las que,
bajo la apariencia de normalidad, se esconden los más horribles secretos.
Miré una pantalla que salía de la pared del andén. ―El tren efectuará
su entrada en dos minutos‖, se podía leer. Dos minutos me pareció bastante, así que me senté en un banco gris situado hacia la mitad de andén, lo
que me permitió verlo en su totalidad .
En realidad no estaba vacío, sino que había en él cuatro personas.
Había una chica con aspecto de estudiante universitaria, con grandes
proyectos y poco dinero, una mujer de mediana edad con un gorro de lana
rojo y un abrigo gris bastante ajado, un hombre de unos treinta años, altísimo, con un móvil en la mano, con aspecto de ejecutivo de esos que siempre parece que van corriendo para salvar el mundo, o, al menos, para apagar algún incendio que haya en alguna parte, y un chico de unos doce años
o así (no soy muy bueno para las edades de los pequeños).
Poco después llegó otro chico. No me acuerdo de los rasgos de su
cara, pero si de que llevaba barba de dos días, como mal afeitado, y que los
ojos le brillaban mucho, como de fiebre o desesperación Era el tipo de persona que las viejas miran mal cuando pasa a su lado.
Se acercó mucho al borde del andén y empezó a balancearse. Me
puso nervioso. Me recordó una vez que mi hermana se subió al columpio,
balanceándose cada vez más fuerte, hasta que, en una de las subidas, se
quedó colgada allá arriba, balanceándose exactamente igual. Por unos momentos creí que se caería hacia delante y se haría mucho daño. De esto yo
me sentí responsable como hermano mayor. De hecho, en las discusiones
familiares, cuando mis padres mencionaban mis continuos despistes, yo
siempre me alegraba de que no hubieran llegado a enterarse de aquello.
98
“No se irá a suicidar aquí, ¿no?”, pensé, con preocupación por el chico. Aunque, ahora que lo pienso, lo que pensaba en realidad era:‖ No se irá
a suicidar aquí, conmigo delante. Sería un trauma para mí‖. Vale, soy egoísta, pero seguro que tú en mi situación hubieras pensado lo mismo. ¿O no?.
Si, ya lo sé, me estoy descentrando.
El caso es que el chico se balanceaba peligrosamente y el único al
que parecía importarle era a mí. La estudiante jugueteaba con su pelo. La
mujer leía una novela policíaca, el niño miraba al vacío y el chico tecleaba
en su móvil frenéticamente.
Miré la pantalla otra vez. “Un minuto”. Parecía que la pantalla dijese:
―Espera, es solo un minuto‖. Pero me estaba poniendo muy nervioso.
Si el estúpido de mi padre hubiera llevado el coche a revisión cuando
debía, ahora yo no estaría viendo como este tío se balanceaba entre el andén y la vía.
A veces, los minutos se estiran como chicles.
Para distraerme, empecé a imaginarme como sería la vida de las personas que estaban en el andén…
Fue un alivio oír el ruido del viejo tren que llegó. Por el ruido traqueteante y el aspecto, juraría que era más viejo que yo. Pero aunque fuese
más viejo que el mundo, le estaba agradecido por salvarme de tan incómoda
situación,
- En la siguiente estación, no, en la segunda, te bajas y haces trasbordo- había dicho mi madre. No parecía difícil.
La verdad es que no ví al chico que se balanceaba entrar en el vagón.
Claro que no podía haberse tirado a la vía, ya que alguien hubiera activado
la alarma y el conductor hubiera parado, en fin, se hubiera notado. Sin embargo, era extraño que alguien esperara el metro para luego no subirse. Miré
de nuevo al andén y entonces ví al chico, que se había sentado en el mismo banco gris del que yo me acababa de levantar. Me quedé más tranquilo.
La estudiante, sentada enfrente de mí giró la cabeza y pegó la nariz
contra el cristal, quedándose así, en esa postura tan extraña. Vi que una
quinceañera entraba por la puesta del andén, disgustada por no poder llegar
al tren.
Las puertas ya estaban cerradas. En ese momento, el chico se
99
levantó y anduvo hacia la vía, acercándose peligrosamente a la orilla mientras el tren arrancaba.
Lo último que vi mientras mi tren se alejaba fue la cara de sorpresa y
tensión de la quinceañera, y la pantalla del andén que marcaba que faltaban
cinco minutos para que llegase el próximo metro.
Cinco largos minutos.
Menos mal que yo había llegado dos minutos antes.
100
LAS DOS INFANTAS
Hace muchos siglos, había un castillo muy grande, en el que vivían el rey
Gervasio, con la reina y sus dos hijas, que eran gemelas: Esperanza y Castellana.
Ambas eran rubias y tenían ojos verdes.
Un día, Esperanza y Castellana fueron al jardín de palacio a coger las flores
más bonitas porque, ya que en un libro, vieron cómo, al dejar varias semanas flores y
hojas entre dos libros, estas se quedaban planas y se podían pegar en un cuaderno y
decorar cartas, etc.
De repente, apareció delante de ellas un oso, que sorprendentemente podía
hablar. Les dijo que le siguieran a su cueva y que no gritaran, y acto seguido, las ató
fuertemente de las muñecas, que las tenía a las dos juntas, sin oportunidad de huir.
Pero, afortunadamente, Esperanza tuvo tiempo para soltar la cesta y dejar una
piedra, con la que claramente decía que se la habían levado a ella y a su hermana a la
cueva de Barrabás, que estaban más o menos cerca y que era representada con una
roca normal y corriente desde hacía mucho, mucho tiempo.
Caminaron varios kilómetros, hasta que las infantas vieron unas montañas, en
las que se adentraron, y, con mucho miedo, se cogieron fuertemente de la mano.
Cuando llegaron, el oso les dijo:
Yo antes vivía en Palacio donde ahora vivís vosotras, con vuestra madre, la
reina, pero un mal día vuestro padre, apareció por allí. Él ya era duque de Finisterre,
me mandó apresar, y le mandó a un mago convertirme en lo que soy ahora, un oso.
Mi nombre es Cuarzo, y antes, era señor de estas tierras, junto con vuestra madre.
Soy el hermano de vuestro padre, y él, me ha hecho convertir en lo que soy ahora, un
marginado social…
¿Eres pariente nuestro?- preguntaron a la vez las infantas, horrorizadas.
Sí, pero antes era como vosotras, rubio con los ojos verdes. Soy el verdadero
marido de vuestra madre, y vosotras, sois mis sobrinas. Vuestro padre vive con maldad todos sus días, y ahora vosotras, ya que me conocéis, seréis castigadas por él. No
penséis que lo he hecho para fastidiaros, sino para que supierais la verdad.
No, no puede ser esto verdad- Replicó Esperanza-, nuestro padre nunca haría
nada malo a nadie, y nunca nos castigaría. Tu historia no es más que una falsedad
para que luchemos contra él. Debería darte mucha vergüenza, porque él es el mejor
101
rey que ha conocido nuestro planeta y, nunca sería tan malo ni grosero como para
quitarle a su hermano su esposa- y después de decir esto, rompió a llorar.
Después de que Esperanza hubo dicho eso, aparecieron el rey Gervasio, el
mago Mitocondria y los soldados. Las niñas, asustadas, se miraron fijamente y se
dieron cuenta de que Cuarzo, el oso les había dicho la verdad, ya que Mitocondria
nunca salía del castillo a menos que hubiera algo verdaderamente serio en el aire. El
rey, al ver a su hija Esperanza llorando, gritó:
Veo que has vuelto a quitarme lo que me pertenece, hermano. Espero que no
te lleves a las niñas, de lo contrario, me enfadaría de verdad. - y dicho eso, les ordenó a sus soldados- y vosotros, encarceladle ¡Mitocondria, tú, conviértele en lo peor
que sepas!, al parecer que quedara exiliado no ha valido de mucho.
Tus hijas poco te importan, se revelarán cuando acaben de saber toda la verdad, y no podrás hacer nada por evitarlo…- pero se interrumpió al ver algo que brillaba en un rincón de la cueva.
La causa de ello era que una ninfa apareció, y llegó como si hubiera estado
durmiendo, y, al aparecer, se alzó un profundo silencio.
“Todo lo pasado perdonarás
Y a tu hermano apreciarás,
Aunque tus hijas, asustadas,
Lo que han visto, nunca lo olvidarán”
Eso cantó la ninfa, y, de repente le dijo al rey:
¿Por qué le odias, por qué no olvidas lo pasado? Siempre fue él la víctima,
nunca lo fuiste tú. Soy la guardiana de la montaña, la ninfa Almandrala. Perturbáis
mi paz y eso lo voy a arreglar. Lo que toco, lo arreglo, ese es mi poder, y no voy a
perderlo por un enfado. Gervasio, ¿Por qué odias a tu hermano?
Te lo diré. Yo quería a esa mujer con la que se casó, y él era siempre el primero en todo. Creo que eso me provocó un trauma- admitió el rey.
¿Y tú, Cuarzo?-preguntó Almandrala-, ¿qué opinas?
Mi hermano me parece a mí que siempre tuvo celos de lo que yo tenía. Le
aprecio, pero su manera de tratarme, quiero decir, con guardias por todas partes, y
su mago, creo que no es lo más adecuado para una relación entre hermanos.
Bueno, a mi modo de ver- dijo la ninfa-, el que debería pedir perdón es Gerva102
sio- prosiguió tranquilamente- , tú-gritó mirando al rey- no pagarás por nada de lo
que has hecho, sin embargo, siempre tendrás en cuenta que hiciste un gran daño a tu
hermano, y que por ello más vale que no continúes haciendo eso, o me enfadaré de
verdad. Tu envidiosa naturaleza, en mi opinión, impropia de tu rango, es lo que te ha
hecho ser tan débil. Por ello, tendrás que pedir siempre permiso a tus hijas y a tu
hermano antes de hacer algo de mucha importancia, pero también de poca. Por tu
parte- continuó dirigiéndose a Cuarzo-, deberás ir a las cascadas del Arco Iris, un
lugar legendario para muchos, pero que en realidad existe, y bañarte en sus aguas.
De ese modo volverás a tener tu aspecto humano. Te daré un mapa, pero el final deberás encontrarlo usando tus sentidos, tal y como debe ser. No olvides nunca que si
llegas, apartando tus anhelos, que los encontrarás, de camino a las cataratas, tendrás
una vida feliz y tranquila, sin grandes fracasos, pero, si vas de camino a algún espejismo real, cuando te alimentes de esos frutos e intentes saciar tu sed con esa agua,
enfermarás, y las posibilidades de que llegues serán muy bajas, aparecerán ante ti
obstáculos de los que puedes acabar herido, o muerto. Tu futuro está en tus manos,
porque solo en ellas podrás recuperar tu vida y tus pensamientos.
Una vez dicho esto, desapareció, y el rey pidió perdón a su hermano por no
haber sido agradable con él, pero este le respondió que la ninfa había zanjado su destino.
Cuarzo se adentraba en el bosque Clatunun, es decir, “paraíso del desorden
mágico y real”, donde pocos de los que entraban salían. La ninfa, al desaparecer,
dejó un mapa, que Cuarzo entendió perfectamente. Despidiéndose de su hermano, de
Esperanza y de Castellana fue, con la ayuda del mapa, hacia el sitio donde tendría
que pasar la noche, la Almohada Simpática. En la Edad Media había sido una posada
que estuvo en su máximo esplendor, pero ahora era una casa gigantesca con insectos
repugnantes, pero guardada de la lluvia, el viento y el frío. La Almohada Simpática
era una casa hecha con ladrillos de un azul muy oscuro, y tejas negras por la noche,
sin embargo, por el día, tenía un color amarillo con tejas rojas. Cuarzo, llegó al atardecer, y tenía un color distinto, ladrillos azul cielo y tejas verde pastel. Era increíble
que hubiera edificios tan maravillosos en un sitio que podría dar mucho miedo. Cerca de La Almohada Simpática había otros edificios, pero eran más antiguos, y apenas
se mantenían en pie. De no ser por ese edificio de colores cambiantes, el sitio parecería una aldea encantada o algo así.
Había llevado provisiones para varias semanas, y pasó la noche en una habitación llena de polvo, arañas y toda clase de insectos que no daban al lugar un aspecto
muy agradable. Cuando despertó, lo primero que hizo fue desayunar, y después continuó con su camino.
Casa paso que daba era como estar hambriento delante de una mesa llena de
comida, los frutos que había tenían muy buen aspecto, sin embargo recordaba que no
103
podría probarlos ya que eran para deshacerse de los inútiles y débiles de mente antes
de que pasara unos metros más.
Al segundo día vio un olivar inmenso, era una población de olivos, sin nada
más. Las aceitunas que tenían parecían las más apetitosas que cualquiera hubiera
visto nunca, pero tenía que ser fuerte. Afortunadamente, encontró una casa abandonada en la que podría descansar, así que se dispuso a dormir el poco rato que dormía
al día, para de ese modo poder llegar antes.
Cada día era más difícil para el oso continuar. El bosque era oscuro incluso
por el día, las plantas luchaban unas contra otras para recibir la luz solar, y la escasa
que le llegaba sólo le dejaba ver lo que tenía delante a duras penas, pero al menos
podría estar el tiempo suficiente, desde que amanecía hasta la puesta de sol, porque
cuando el cielo se volvía rojo, buscaba algún sitio donde dormir.
Pasaron muchos días, pero al final encontró, después de varias semanas y con
escaso alimento ya, las cascadas del Arco Iris. No se llamaban del Arco Iris porque
siempre hubiera uno que acabara allí, porque la luz no lo permitía, sino porque pese
a que no había ninguno, en algunas partes del agua había varios colores, los de uno
normal.
Cuando se metió en el agua no pasó nada, pero aprovechó para darse un baño
y nadar un poco, y coger algunos peces tan bien como sólo los osos saben. Al cabo
de un rato fue recuperando un aspecto humano, el de un ser humano normal y corriente, y entonces se puso a coger los alimentos que había alrededor de la cascada.
Cuando anocheció, hizo un fuego y puso el pescado a calentarse, hasta que empezó a
cenar. Por la mañana decidió volver al castillo de su familia, y recuperar la palabra
familia después de tanto tiempo que la había descartado completamente de su léxico.
Dos meses después de la partida de Cuarzo, Esperanza y Castellana todavía
miraban al horizonte desde la torre del homenaje intentando ver a alguien que saliera
del bosque. Llevaban haciéndolo desde que su tío se había marchado, y aunque sus
amigas de la corte de Gervasio las invitaban a andar por el castillo descubriendo pasadizos que ya no se utilizaban, un juego que les gustaba poner en práctica (pensaban
que algún día encontrarían una habitación para estar ellas solas, sin nadie que las
acompañara), ellas querían estar mirando el paisaje, un paisaje más peligroso de lo
que les había parecido de niñas.
Días después, ya iban a darlo por perdido, porque si no había vuelto en tanto
tiempo sería imposible que lo volvieran a ver con vida. Pero cuando Esperanza ya
estaba a punto de bajar, su hermana seguía mirando y gritó:
Está aquí, está aquí, lo he visto, está ahí. Mira, Esperanza, ¿lo ves?- gritó
104
emocionada, lo que hizo que Castellana se diera un susto increíble.
¿Dónde?- preguntó cuando llegó corriendo a las almenas-. ¿Dónde, dónde
está?
Ahí- Y señaló a un punto de la entrada del bosque.
¿Estás segura de que se trata de nuestro tío?- preguntó Esperanza, no muy
convencida-. Cuando lo vimos tenía el pelo muy oscuro, no puede ser él.
Tú como siempre, hermana, no prestas atención a lo que los demás dicen- dijo
Castellana moviendo la cabeza a ambos lados.
¿Y qué dijeron?
Que él era como nosotras, rubio con ojos verdes. Seguro que es él, vamos a
decírselo a todos.
Y sí, era Cuarzo el que estaba llegando al castillo, y su hermano y sus hijas,
acompañados de la reina fueron a recibirle, muy felices por haberlo recuperado.
Fotografía: ―Aceite en Luesia‖ de María Cortés Aibar
Presentada al I Concurso de Fotografía Rural (2001)
105
" Y DESDE ENTONCES..."
Guardas escondida y a/guien /a vio,
una gota de agua, querido río,
que resbalando por /a mano cóncava de don Ramiro a su
garganta sedienta nunca //ego.
Esa gota que se escapó, no fue cualquier gota, nadie que se sepa jamás /a encontró.
Y no es igual que /as otras, pues, según se dice tiene
forma de lágrima, por razón ignota.
Arba de Luesia, de aguas
puras que nacen en la sierra
hasta soltar en Gallur al
Ebro tu caudal cristalino,
has sido testigo de miles y
miles de historias:
Acogiste a la monarquía de los Jimenos,
-Sancho Garcés debió ser de los primeros‑
magnifico guerrero contra los ismaelitas
que causó múltiples desastres entre los sarracenos.
Reyes guerreros de Cristo del naciente Reino de Pamplona, uno de estos
Jimenos, con cruz procesional en mano, en relieve real de Luesia aparece
tallado ufano como un gran defensor de razias en la zona.
Muchas veces Ramiro I cabalgó orgulloso por
tus tierras con su hijo heredero Ramírez, de
nombre Sancho, como si estuviesen dominando
un rancho
con cruentas batallas que semejaban
guerras. Reyes ilustres de un poderoso Reino incipiente, Aragón, con feudo
cada vez más ancho
construyeron castillos, como en Luesia,
altivos para defender la tierra de un ataque inminente. Cuando allí pernoctó Pedro de Aragón, el primero,
en el castillo de Luesia, cadalsos de madera de encina lucían y yuntas de
106
mulos con sus carretas llenas entraban y salían, para ofrecer a su rey productos recogidos con esmero. Y este rey no tardó nada en comenzar a repoblar la tierra, sembrando lugares que quedan escritos en el recuerdo:
¿Y cómo olvidar el maravilloso monasterio medieval
en la margen derecha del Arba, hallado en el Corral de Calvo, con
necrópolis, dependencias e iglesia de ábside cuadrado
que por su ubicación vigila todo el valle como en oteo angelical?
Y desde entonces... Desde entonces se podrían tatuar
con infinidad de versos, muchas páginas en blanco.
Infinitas. Tantas y tantas y tantas.¡Muchísimas!
¡Cuánta historia tiene guardada don José
de la Villa que le viera nacer aquel día primaveral de mayo! ¡La Villa cuya
tierra le ha dado el pan y el sustento necesario! ¡Carismático hombre que
hace gala de ser de las Altas Cinco Villas!
Y ahora... don José rondando ya los noventa,
con su gayata y cabizbajo va cada día a una de tus orillas.
Sus dos hijos ya han partido, lejos, ...a muchas millas y su
mujer también lo dejó para pasar a la otra vida.
Por eso te pido, Arba de Luesia, te pido suplicante que... ...Que no
le cuentes tus penas, Arba de Luesia al abuelo pues ya sabe que
te haces viejo y en Gallur te bebe el Ebro. También es imposible
para él el retroceso, tampoco él recuerda cómo fue su manantial.
También él ha olvidado los sueños de la infancia y se lo lleva el
tiempo, se adueña del final. casi están marchitas todas sus esperanzas pues murieron sus amores y hasta se olvidó de amar. Como a ti, Arba de Luesia, un mar lo está esperando y como tú, quisiera, también él regresar a esos primeros pasos, a esos primeros
días, pero eso es imposible porque nadie da marcha atrás. Tenemos el destino todos muy bien marcado; a él lo arrastra el tiempo
como a ti la corriente él va hacia la muerte mientras tú vas hacia la
mar.
Larrién, Molino Bajo, Ballatás, El Fornillo, Fayanás,...
algunos asentados en las faldas de Santo Domingo, la sierra. Luego llegó el
Batallador, el llamado Alfonso, con sus mallas relucientes al sol naciente;
entonces, los campos y el río se sembraron de hirientes ante las
frecuentes acometidas e incursiones moras. ¡Villa de Luesia que,
en tiempos del Batallador, dependiste del Monasterio de San Juan
de la Peña, marcando en la historia una hermosa y honda reseña!
Por ello, los luesianos te laurean como al Campeador.
107
Y desde entonces... Desde entonces se podrían tatuar, con infinidad de versos, muchas páginas en blanco. Incalculables. Tantas y
tantas y tantas. ¡Muchísimas! ¡Cuánta historia tiene guardada, Arba de Luesia, una de las Villas más nobles de tu orilla!
¡La Villa te ha dado parte del nombre que llevas! ¡Arba
de Luesia!
¡Orgulloso río de aguas frescas que bajan desde la sierra!
Y desde entonces... el tiempo que no se detiene ante nada, ha hecho
que pasen días, semanas, meses, años, siglos, ... algunos revueltos en
los que tienes que andar con sigilo en pueblos de marca fronteriza con
castillo y plaza tomada. Y fue cuando corría el año mil novecientos
veinte,
en un día primaveral y soleado que era veinticuatro de mayo, cuando nació
don José que le tocó luchar sin desmayo para alimentar y sacar adelante a
su prole abundante. Nativos como José y un sinfín de hombres y mujeres
han podido admirar lo que el pasado les ha legado,
La iglesia de San Esteban con otras construcciones cercanas: Y la ermita de
la Virgen del Puyal en colina seca de encinares. También la iglesia del Salvador, que canteros esculpieron, elevada y vecina a los restos del vetusto
castillo de magníficos sillares que al sol naciente reciben brillo
y capiteles tallados con nuevas técnicas que de Europa trajeron.
Fotografía: ―Arba de Luesia‖ de Lucas Güemes Calvo
Presentada al III Concurso de Fotografía Rural (2003)
108
Se están robando tu selva
El sudor surca tu rostro cansado,
corre lento y pegajoso,
deja su huella,
se hace presente.
El sol empieza a esconderse,
tiñe de rojo el cielo
que se refleja en tus brillantes ojos
inquietos, asechantes.
El silencio se apodera poco a poco del atardecer,
los pájaros se callan,
los animales se duermen,
y los grillos cantan.
Tú, una vez más,
te resguardas al cobijo de un árbol
majestuoso,
y usas sus ramas de guarida.
Así, se ha ido un día de tu vida,
vida de trabajo,
de conocimiento,
de sabiduría.
Sin embargo, el sol vuelve a salir
y con él se reanudan las actividades,
como cada día
las tareas se realizan con obediencia.
Unas niñas a lo lejos cantan,
cantan y recogen fruta de los árboles
la fruta que será el alimento de algunos días
complemento perfecto para tu rica alimentación.
Tú, después de algunos momentos,
recoges tu cerbatana
y te adentras en la selva espesa
en busca de algún cerdo despistado.
Horas más tarde, la fogata será encendida,
109
en ella se cocinará al cerdo
y todos comerán,
calientes y despreocupados.
Con la noche llegan las estrellas,
que, con su luz,
te guían cuando te encuentras perdido
y que, además, te muestran el futuro.
Todos tus años de experiencia
te han enseñado a leerlas,
pero ahora te toca pasar el conocimiento
a aquel curioso joven ávido de tus palabras.
Le enseñas la naturaleza,
los animales que han sido tus amigos,
las plantas que te han curado
y los frutos que te han servido de alimento.
Le enseñas a respetarla,
a agradecer por la lluvia y el sol,
por la tierra fértil
y los secretos que guarda.
Sin embargo, te ves interrumpido por un fuerte estruendo que los sobresalta,
un árbol los resguarda
mientras descubren la presencia de los leñadores
que, con sus sierras eléctricas se roban tu selva.
Los árboles caen a tu alrededor,
las lágrimas bajan por tu rostro al ver la ruina de tu hogar,
los animales corren asustados
y tú, bajas a protestar.
Sin embargo de poco te sirve,
pues no entienden lo que les dices,
no comprenden que están acabando con tu selva
de la cual dependes en vida y espíritu.
Poco a poco te alejas,
sin comprender aún el por qué de esas acciones,
sin entender por qué destruyen sus riquezas....
110
Te alejas despacio,
sin creerlo todavía
recoges tus cosas y huyes a otro lugar
por necesidad no por consentimiento.
Tu selva se está intoxicando,
cada día llora menos,
los animales mueren a tus pies
y los árboles caen sin descanso.
Te están robando la vida,
la casa,
la tradición
y tus costumbres.
Te ofrecen albergues lejanos,
prometen comida y educación,
prometen la incorporación a la sociedad,
y creen que te hacen un favor.
Lo que ellos no entienden,
es que tu vida reside ahí,
que no necesitas nada más
y sólo quieres que dejen tu selva en paz.
No entienden que por siglos has aprendido a sobrevivir,
que has descubierto los secretos de las plantas,
que has platicado con los animales,
y que ellos, a su vez se han vuelto tus aliados.
Ellos no comprenden que las estrellas te buscan como tú a ellas,
que la lluvia te sigue
y el sol te despierta.
Tú, que aún sin la escritura de la que ellos tanto presumen,
posees una rica cultura llena de secretos,
de historias y conocimiento,
una de sabiduría y tradición.
Nunca tuviste que preocuparte de la naturaleza,
ni de los que ellos llaman peligros de la selva
pues siempre estuviste en buenos tratos con ella,
porque respetaste su equilibrio y compartiste sus tesoros.
111
Ahora tienes que cuidarte de ellos,
de cazadores y leñadores que te roban tu lugar,
que maltratan y ofenden a la que por tanto fue tu compañera
y que destruyen todo lo que encuentran a su paso.
Ellos quieren sacarte,
pero tú nuca lo permitirás,
tú seguirás tu instinto nómada
y vivirás por siempre junto a ella.
No te rindas,
no abandones tus creencias
no desprecies lo que tienes
y conserva lo que te queda…
Fotografía: ―Tejo centenario‖ de Carlos Pérez
Presentada al IV Concurso de Fotografía Rural (2004)
112
¿QUÉ ES EL AMOR?
¿Qué es el amor? ¿y qué es el amar?
Puedo definir que es algo, dicen,
muy único y normal.
No lo puedo explicar.
¿Qué es el amor? ¿y qué es el amar?
Es algo qe te hace hacer las cosas
de forma inusual.
No lo logro razonar.
¿Qué es el amor? ¿y qué es el amar?
Es algo que te deja expuesta a
sentirte súper mal.
No lo sé expresar.
¿Qué es el amor? ¿y qué es el amar?
Es algo que te hace llorar y que
no te deja pensar.
De ello no sé hablar.
¿Qué es el amor? ¿y qué es el amar?
Es una maravilla que en las nubes
siempre te hace estar.
Creo que comienzo a hallar.
¿Qué es el amor? ¿y qué es el amar?
Algo que te hace dejar de pensar
en ti, y de pensar
en pensar, para amar.
113
EL MAR Y EL BOSQUE.
EL MAR
En la noche el mar azul
brilla como las estrellas luminosas.
Un color purpurina
vaga por el llanto del mar,
que se desvanece al despertar.
¡Viento llamativo!
Suspira por poder estar,
con aquellas olas y en aquel mar,
que fuertemente va dando giros sin parar,
porque aquellas tormentas no se pueden derrumbar.
EL BOSQUE
Las ramas de los árboles
van dando fuertes suspiros,
pero son bondadosos
como siempre.
Tranquilos como el aire,
y movidos con el viento
que con fuerza da la felicidad
al bosque.
Los pajarillos continuan cantando
y alegrando a las flores,
que tienen muchos honores
de poder escuchar,
aquel lindo cantar,
que nadie puede renunciar a escuchar
…Y nadie lo podria terminar.
114
ÍNDICE DE OBRAS
Premio
Certamen
Página
Lizbo el Jardín, autor: Juan A. Herranz Pérez
Modalidad Relato Corto :
1º
I
5
Recuerdo, autora : Inma Ricart Aldomá
2º
I
8
LA MAGIA DE LAS CINCO VILLAS (Beatriz Pérez Otal
AL BUEN ENTENDEDOR DE D. QUIJOTE. (Eumelia Sanz Vaca
1º
2º
II
II
30
34
HISTÓRICAS VENTANAS DE LUESIA Isabel García Viñao
1º
III
48
EL ESCRITOR Y EL MONEDERO Miguel Carcasona Brau
2º
III
52
El Cantero Guildino camino de Luesia ISABEL GARCIA VIÑAO
1º
IV
68
Poeta MANUEL DOMINGUEZ AÑON
2º
IV
74
OCASO A DOS VOCES Rosa María Alcalá Hidalgo
1º
V
92
LA VIDA EN LA MIRADA Manuel Mije Nieto
2º
V
96
Los Sueños de Raquel, autora: Clara Aldaz Aragüés
1º
I
11
La pareja de leones, autor Luis Aldaz Fernández
2º
I
13
ONASSIS Y ELENA (Ana Cristina Cortés Otal)
1º
II
36
EL CIERVO Y EL HOMBRE. (Clara Aldaz Aragüés
2º
II
38
MEDALLÓN DE LA REINA ROJA Ana Cristina Cortés Otal
1º
III
55
LA HISTORIA DE TORNADO Clara Aldaz Aragüés
2º
III
58
La Rosa Mágica JÉSSICA MULERO ALMEDA
1º
IV
76
La Golondrina y la Paloma CLARA ALDAZ ARAGÚÉS
2º
IV
78
ANDÉN Lydia Tomos Alvarez
1º
V
98
LAS DOS INFANTAS Milagros Arbués Villafañe
2º
V
101
Epitafio, autor :Jose María Martí Luis
1º
I
16
Mujer, autor : Manuel Peña Garcés
2º
I
17
AMOR, CÓMPLICE, AMIGA –-Javier Romeo Estabén
1º
II
40
ESPERANDO ESAS HORAS (Eumelia Sanz Vaca)
2º
II
42
MALTRATOS (Beatriz Pérez Otal) -ex-aequo
2º
II
43
CANCIÓN ECOLÓGICA Eumelia Sanz Vaca
1º
III
60
PAN PARA EL CUERPO Y PARA EL ALMA Feliciano Ramos Navarro
2º
III
62
Oda a la Primavera EUMELIA SANZ VACA
1º
IV
80
Ansiedad que produce recordar MANUEL PEÑA GARCÉS
2º
IV
84
Modalidad Cuentos:
Modalidad Poesía :
Y DESDE ENTONCES Isabel García Viñao
1º
V
106
SE ESTÁN ROBANDO TU SELVA Ximena Ibarra Soria
2º
V
109
115
Modalidad Poema Infantil :
Premio
Madrugada del 6 al 7 de marzo, autor : Luis Aldaz Fernández
1º
Luesia, mi pueblo, autora : Marta Aragüés Garde
2º
ODA A LA POESÍA (Julia Egido Egido)
1º
Certamen
Página
I
19
I
20
II
44
RIACHUELO (Ana Cristina Cortés Otal)
2º
II
46
PALABRAS—Julia Egido Egido
1º
III
64
QUE BIEN SE ESTÁ EN VERANO Clara Aldaz Aragüés
2º
III
66
Aragón, nuestra tierra JULIA EGIDO EGIDO
1º
IV
85
Hola y Adiós CLARA ALDAZ ARAGÚÉS
2º
IV
87
¿QUÉ ES EL AMOR? Milagros Arbués Villafañe
1º
V
113
EL MAR Y EL BOSQUE María Bellido Durán
2º
V
114
Modalidad Premio especial "Luesia"
Relato Corto: Josefina, autora : Beatriz de Ojeda Castellot
I
21
Cuento : La novatada, autor : Javier Galbán Algás
I
26
HISTORICAS VENTANAS DE LUESIA—Isabel García Viñao
III
48
Las campanas tocan a perdido LOURDES ASO TORRALBA
IV
88
Y DESDE ENTONCES Isabel García Viñao
V
106
I
27
Premio al socio :
Obra : Los nuevos vecinos, autora : María Galbán Algás
C.R.A. LOS BAÑALES (Luesia—Zaragoza) diversos autores
III
Por su participación en dos modalidades MARTA ARAGÜÉS GARDE
IV
—ooOoo—
Ilustraciones realizadas por: Ester Rodriguez Cortés
Maquetación y elección fotografías: José Antonio Calvo Adell
Edita: Asociación Cultural Fayanás
C/ Estajadas s/n.
50619—LUESIA (Zaragoza)
Depósito legal:
Imprime: Diputación Provincial de Zaragoza
Institución Fernando el Católico
Pl. deEspaña, 2
Zaragoza
116