L`O S S E RVATOR E ROMANO

Número suelto € 1,00. Número atrasado € 2,00
L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLVIII, número 5 (2.451)
EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
Ciudad del Vaticano
5 de febrero de 2016
El Papa en la misa conclusiva del año de la vida consagrada
Recorrer con coraje las periferias
La comunidad internacional recolectó en un solo día 10.000
millones de dólares para ayudar
a los sirios que lo han perdido
todo y malviven sobre todo en
Turquía, Jordania y Líbano.
«Ha sido un gran éxito. Jamás
se había recaudado tanto en un
solo día y para una sola causa»,
resumió satisfecho el secretario
general de la ONU, el normalmente circunspecto Ban Kimoon.
El encuentro que se llevó a
cabo en Londres el 4 de febrero, con la participación de más
de 70 países, fue organizado
conjuntamente por las Naciones Unidas, el Reino Unido,
Alemania, Kuwait y Noruega.
La Santa Sede sumó la propia voz a los llamados para financiar la ayuda humanitaria
para Siria, subrayando que la
Iglesia no hace ninguna distinción entre etnias o religiones.
Y recordó que ya casi se
cumplen seis años desde que
explotara esta crisis, caracterizada por cada vez mayores sufrimientos para los habitantes del
país, incluidos los casos extremos de desnutrición infantil y
de otros civiles inocentes, sobre
todo entre las personas que se
encuentran atrapadas en zonas
alejadas o asediadas, que no
pueden acceder a la ayuda humanitaria esencial.
La Santa Sede mediante el
Pontificio Consejo Cor Unum,
y la Iglesia católica, a través de
su red de agencias caritativas,
«están respondiendo a la crisis
humanitaria en Siria y en la región desde el principio. Las
exigencias de financiamiento de
muchas agencias católicas y organizaciones no gubernamentales ya forman parte del Regional
Refugee and Resilience Plan de
las Naciones Unidas 2016-2017
como respuesta a la crisis en Siria», manifestó mons. Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados, durante la
conferencia de los países que
donan ayuda a Siria.
La Santa Sede, indicó el
«ministro del Exterior», «participa de buen grado» en la
Conferencia que pretende «responder a la crisis humanitaria
en Siria».
A pesar de los muchos esfuerzos para la solución política
de la crisis, el compromiso humanitario debe concentrarse no
sólo en la ayuda de emergencia,
sino también en la respuesta a
medio y largo plazo a las necesidades de los refugiados y de
los países que los reciben.
Francisco felicita
el Año nuevo a China
La paz es un trabajo
artesanal
El Papa cree que el mundo «no debe temer» la eclosión de China y apuesta por el diálogo constructivo
con este país de tradiciones y «grandeza» milenarias,
según una entrevista publicada por el diario Asia Times que reproducimos intergralmente en las páginas
8 y 9.
Voy a México «a contagiarme de su riqueza de fe», a buscarlo «como un peregrino», responde el Papa a las preguntas de 33 mexicanos recabadas por Notimex en ciudades de 10 estados del país, en forma de entrevista colectiva
virtual al pontífice, quien a días del inicio de su viaje a
México, las respondió en un inédito prólogo de su visita.
L’OSSERVATORE ROMANO
página 2
viernes 5 de febrero de 2016, número 5
En el Ángelus con los chicos de la Acción Católica
Ninguna condición humana es motivo de exclusión
el único privilegio a los ojos de Dios
es el de no tener privilegios. El único privilegio a los ojos de Dios es
aquel de no tener privilegios, de no
a este punto, los presentes se sienten
ofendidos, se levantan indignados,
expulsan a Jesús fuera del pueblo y
quisieran arrojarlo desde un precipicio. Pero Él, con la fuerza de su paz,
«se abrió paso entre ellos y seguía
su camino» (v. 30). Su hora todavía
no había llegado.
Este relato del evangelista Lucas
no es simplemente la historia de una
pelea entre paisanos, como a veces
pasa en nuestros barrios, suscitada
por envidias y celos, sino que saca a
la luz una tentación a la cual el
hombre religioso está siempre expuesto —todos nosotros estamos expuestos— y de la cual es necesario
tomar decididamente distancia. ¿Y
cuál es esta tentación? Es la tentación de considerar la religión como
una inversión humana y, en consecuencia, ponerse a «negociar» con
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4, 21).
El «hoy», proclamado por Cristo
aquel día, vale para cada tiempo; re-
Lee el pasaje del profeta Isaías que Dios buscando el propio interés. En
habla del futuro Mesías y al final cambio en la verdadera religión se
declara: «Hoy se ha cumplido esta trata de acoger la revelación de un
Escritura que acabáis de oír» (Lc 4 Dios que es Padre y que se preocupa
,21). Los conciudadanos de Jesús, en por cada una de sus criaturas, tamun primer momento sorprendidos y bién de aquellas más pequeñas e inadmirados, comienzan después a po- significantes a los ojos de los homner cara larga, a murmurar entre ellos y a
decir: ¿Por qué este
Existe la tentación de considerar
que pretende ser el
Consagrado del Señor,
la religión como una inversión humana
no repite aquí los proy ponerse a «negociar» con Dios
digios y milagros que
ha realizado en Cafarnaúm y en los pueblos
cercanos? Entonces Jesús afirma: bres. Precisamente en esto consiste
«Ningún profeta es aceptado en su el ministerio profético de Jesús: en
pueblo» (v. 24) y recuerda a los anunciar que ninguna condición hugrandes profetas del pasado, Elías y mana puede constituirse en motivo
Eliseo, que realizaron milagros a fa- de exclusión —¡ninguna condición
vor de los paganos para denunciar la humana puede ser motivo de excluincredulidad de su pueblo. Llegados sión!— del corazón del Padre, y que
suena también para nosotros en esta
plaza, recordándonos la actualidad y
la necesidad de la salvación traída
por Jesús a la humanidad. Dios viene al encuentro de los hombres y las
mujeres de todos los tiempos y lugares en las situaciones concretas en
las cuales estos estén. También viene
a nuestro encuentro. Es siempre Él
quien da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados; viene a extendernos la mano
para hacernos levantar del abismo
en el que nos ha hecho caer nuestro
orgullo, y nos invita a acoger la consolante verdad del Evangelio y a caminar por los caminos del bien.
Siempre viene Él a encontrarnos, a
buscarnos.
Volvamos a la sinagoga. Ciertamente aquel día, en la sinagoga de
Nazaret, también estaba María, la
«Es importante mantener viva la
solidaridad con estos hermanos y
hermanas, que han quedado inválidos
después de esta enfermedad». Lo
recordó el Papa Francisco con ocasión
de la Jornada mundial de los enfermos
de lepra, tras el rezo del Ángelus con
los fieles presentes en la plaza de San
Pedro, el domingo 31 de enero.
Queridos hermanos
¡buenos días!
y
hermanas,
El relato evangélico de hoy nos
conduce de nuevo, como el pasado
domingo, a la sinagoga de Nazaret,
el pueblo de Galilea donde Jesús
creció en familia y lo conocían todos. Él, que hacía poco tiempo que
había salido para comenzar su vida
pública, vuelve ahora por primera
vez y se presenta a la comunidad,
reunida el sábado en la sinagoga.
L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt
GIOVANNI MARIA VIAN
director
tener padrinos, de abandonarse en
sus manos.
TIPO GRAFIA VATICANA EDITRICE
L’OSSERVATORE ROMANO
don Sergio Pellini S.D.B.
Giuseppe Fiorentino
subdirector
Ciudad del Vaticano
[email protected]
www.osservatoreromano.va
El único privilegio a los ojos de
es el de no tener privilegios,
de no tener padrinos,
de abandonarse en sus manos
director general
Servicio fotográfico
[email protected]
Publicidad: Il Sole 24 Ore S.p.A.
Redacción
System Comunicazione Pubblicitaria
via del Pellegrino, 00120 Ciudad del Vaticano
Via Monte Rosa 91, 20149 Milano
[email protected]
teléfono 39 06 698 99410
Madre. Podemos imaginar los latidos de su corazón, una pequeña anticipación de aquello que sufrirá debajo de la Cruz, viendo a Jesús, allí
en la sinagoga, primero
admirado, luego desafiado,
después insultado, luego
Dios
amenazado de muerte. En
su corazón, lleno de fe,
ella guardaba cada cosa.
Que ella nos ayude a convertirnos de un dios de los
milagros al milagro de
Dios, que es Jesucristo.
Tras la oración mariana el Papa hizo
un llamamiento a la solidaridad con
los enfermos de lepra.
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se celebra la Jornada mundial de los enfermos de lepra. Esta
enfermedad, a pesar de estar en regresión, desafortunadamente todavía
afecta a las personas más pobres y
marginadas. Es importante mantener
viva la solidaridad con estos hermanos y hermanas, que han quedado
inválidos después de esta enfermedad. A ellos les aseguramos nuestra
oración y aseguramos nuestro apoyo
a quienes les asisten. Buenos laicos,
buenas hermanas y buenos sacerdotes.
Os saludo con afecto a todos vosotros, queridos peregrinos llegados
desde diferentes parroquias de Italia
y de otros países, así como a las asociaciones y los grupos. En particular,
saludo a los estudiantes de Cuenca y
a los de Torreagüera (España). Saludo a los fieles de Taranto, Montesilvano, Macerata, Ercolano y Fasano.
Y ahora saludo a los chicos y chicas de la Acción Católica de la diócesis de Roma. Ahora entiendo porque había tanto ruido en la plaza.
Queridos chicos, también este año,
acompañados por el Cardenal Vicario y por vuestros Asistentes, habéis
venido muchos al final de vuestra
«Caravana de la Paz».
Este año vuestro testimonio de
paz, animado por la fe en Jesús, será
todavía más alegre y consciente, porque está enriquecido por el gesto
que acabáis de hacer, al pasar por la
Puerta Santa. ¡Os animo a ser instrumentos de paz y de misericordia
entre vuestros compañeros! Escuchemos ahora el mensaje que vuestros
amigos, que están aquí junto a mí,
nos van a leer.
Tras el mensaje, leído por Martina, el
Pontífice retomó la palabra.
Y ahora los chicos en la plaza lanzarán los globos, símbolo de la paz.
A todos os deseo un feliz domingo y buen almuerzo. Y por favor, no
os olvidéis de rezar por mí. ¡Hasta
pronto!
Tarifas de suscripción: Italia - Vaticano: € 58.00; Europa (España + IVA): € 100.00 - $ 148.00; América
Latina, África, Asia: € 110.00 - $ 160.00; América del Norte, Oceanía: € 162.00 - $ 240.00.
Administración: 00120 Ciudad del Vaticano, teléfono + 39 06 698 99 480, fax + 39 06 698 85 164,
e-mail: [email protected].
En México: Arquidiócesis primada de México. Dirección de Comunicación Social. San Juan de Dios,
222-C. Col. Villa Lázaro Cárdenas. CP 14370. Del. Tlalpan. México, D.F.; teléfono + 52 55 2652 99 55,
fax + 52 55 5518 75 32; e-mail: [email protected].
En Argentina: Arzobispado de Mercedes-Luján; calle 24, 735, 6600 Mercedes (B), Argentina; teléfono y fax
+ 2324 428 102/432 412; e-mail: [email protected].
En Perú: Editorial salesiana, Avenida Brasil 220, Lima 5, Perú; teléfono + 51 42 357 82; fax + 51 431 67 82;
e-mail: [email protected].
número 5, viernes 5 de febrero de 2016
L’OSSERVATORE ROMANO
página 3
A la Congregación para la doctrina de la fe el Papa Francisco recuerda que la verdad hay que vivirla
Dinámica sinodal
La «dinámica sinodal» se debe
promover y realizar en la Iglesia en
todos los niveles. Es la recomendación
dirigida por el Papa Francisco a los
participantes en la sesión plenaria de
la Congregación para la doctrina de la
fe, a quienes recibió en audiencia el
viernes 29 de enero por la mañana, en
la Sala Clementina.
Queridos hermanos y hermanas:
Tenemos este encuentro como
conclusión de los trabajos de vuestra
Sesión Plenaria; os saludo cordialmente y agradezco al cardenal prefecto sus amables palabras.
Nos encontramos en el Año santo
de la Misericordia. Espero que en
este Jubileo todos los miembros de
la Iglesia renueven su fe en Jesucristo que es el rostro de la misericordia
del Padre, el camino que une a Dios
y al hombre. Por lo tanto, misericordia es el arquitrabe que sostiene la
vida de la Iglesia: de hecho, la primera verdad de la Iglesia es el amor
de Cristo.
¿Cómo no desear entonces que todo el pueblo cristiano —pastores y
fieles— redescubra y vuelva a colocar
en el centro, durante el Jubileo, las
obras de misericordia corporales y espi-
miento que se tiene que conservar en
la memoria, sino verdad que hay que
vivir en el amor. Por lo tanto, junto
con la doctrina de la fe, también hay
que custodiar la integridad de las
costumbres, sobre todo en los ámbitos más sensibles de la
vida. La adhesión de
fe a la persona de
Las obras de misericordia
Cristo implica tanto el
acto de la razón como
no son una devoción sino la concretización
la respuesta moral a
de cómo los cristianos deben llevar adelante su don. En este sentido, doy las gracias por
el espíritu de misericordia
todo el esfuerzo y la
responsabilidad
con
rituales? Y cuando, en el ocaso de la que tratáis los casos de abuso de
vida, se nos pregunte si hemos dado menores por parte del clero.
de comer al hambriento y de beber
El cuidado de la integridad de la
al sediento, también se nos pregun- fe y de las costumbres es una tarea
tará si hemos ayudado a las personas delicada. Para cumplir bien esa mia salir de sus dudas, si nos hemos
sión es importante un compromiso cocomprometido a acoger a los pecalegial. Vuestra Congregación valoriza
dores, amonestándolos o corrigiéndolos, si hemos sido capaces de lu- mucho la contribución de los conchar contra la ignorancia, especial- sultores y de los comisarios, a quiemente la relativa a la fe cristiana y a nes deseo agradecerles su trabajo
la vida buena. Esta atención a las precioso y humilde, y os animo a
obras de misericordia es importante: proseguir con vuestra práctica de
no son una devoción. Es la concreti- tratar los temas en el congreso semazación de cómo los cristianos deben nal y los más importantes en las Sellevar adelante el espíritu de miseri- sión ordinaria o plenaria. Hay que
cordia. Un vez, en estos años, recibí
a un movimiento importante en el
Aula Pablo VI, estaba llena. Y toqué
el tema de las obras de misericordia.
Me detuve e hice una pregunta:
«¿Quién de vosotros se acuerda bien
de cuáles son las obras de misericordia espirituales y corporales? Quien
se acuerde que levante la mano».
No eran más de 20 en un aula de 7
mil. Tenemos que volver a enseñar
esto a los fieles, que es muy importante
En la fe y en la caridad existe una
relación de conocimiento y unificadora con el misterio del Amor, que
es el mismo Dios. Y, sin dejar de ser
Dios un misterio en sí mismo, la misericordia efectiva de Dios se ha vuelto en Jesús, misericordia afectiva,
siendo que Él se hizo hombre para
la salvación de los hombres. La tarea
confiada a vuestro dicasterio encuentra aquí su fundamento último y su
justificación adecuada. La fe cristiana, de hecho, no sólo es conoci-
promover, en todos los niveles de la rárquicos y carismáticos. Según la lóvida eclesial, una correcta sinodali- gica de la unidad en la legítima difedad. En este sentido, el año pasado rencia —lógica que caracteriza toda
organizasteis oportunamente una auténtica forma de comunión en el
reunión con los representantes de las Pueblo de Dios—, dones jerárquicos
Comisiones doctrinales de las Con- y carismáticos están llamados a colaferencias Episcopales europeas, para borar en sinergia por el bien de la
abordar colegialmente algunos desa- Iglesia y del mundo. El testimonio
fíos doctrinales y pastorales. De este de esta complementariedad es hoy
modo se contribuye a suscitar en los muy urgente y representa una exprefieles un nuevo impulso misionero y sión elocuente de aquella ordenada
una mayor apertura a la dimensión pluriformidad que caracteriza a cada
trascendente de la vida, sin la cual tejido eclesial, como reflejo de la arEuropa corre el riesgo de perder ese moniosa comunión que vive en el
espíritu
humanista
que, no obstante, ama
y defiende. Os invito
La fe cristiana no sólo es conocimiento
a seguir y a intensificar las colaboraciones
que se tiene que conservar en la memoria,
con estos órganos consino verdad que hay que vivir en el amor
sultivos que ayudan a
las Conferencias Episcopales y con cada
uno de los obispos en su solicitud corazón de Dios Uno y Trino. La repor la sana doctrina en un tiempo lación entre dones jerárquicos y cade cambios rápidos y de creciente rismáticos, de hecho lleva a su raíz
complejidad de las problemáticas.
Trinitaria, en la relación entre el LoOtra de vuestras significativas gos divino encarnado y el Espíritu
aportaciones a la renovación de la Santo, que es siempre don del Padre
vida eclesial es el estudio sobre la y del Hijo. Precisamente, si esa raíz
complementariedad entre los dones je- es reconocida y aceptada con humildad, permite que la Iglesia se renueve en cada tiempo como «un pueblo
que deriva su unidad de la unidad
del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo», de acuerdo con la expresión
de san Cipriano (De oratione dominica, 23). Unidad y pluriformidad son
el sello de una Iglesia que, movida
por el Espíritu, sabe encaminarse
con paso seguro y fiel hacia las metas que el Señor Resucitado le indica en el curso de la historia.
Aquí se puede ver cómo la dinámica sinodal, si se entiende correctamente, nace de la comunión y conduce hacia una comunión cada vez
más efectiva, profunda y dilatada, al
servicio de la vida y de la misión del
Pueblo de Dios.
Queridos hermanos y hermanas,
os aseguro que os recordaré en mis
oraciones y confío en las vuestras
por mí.
Que el Señor os bendiga y la Virgen os proteja.
L’OSSERVATORE ROMANO
página 4
viernes 5 de febrero de 2016, número 5
En el centro de la primera audiencia jubilar la relación entre misericordia y misión
Mi nombre es Cristóforo
Todos los cristianos reciben con el
Bautismo «un nombre nuevo, además
de aquel que dan los padres: el nombre
de “Cristóforo”». En la primera
audiencia jubilar del Año santo de la
misericordia —que tuvo lugar el sábado
20 de enero por la mañana, en la
plaza de San Pedro— el Pontífice
invitó a cada fiel a ser «portador de
Cristo» y a anunciar la alegría que
suscita el encuentro con Jesús.
Queridos hermanos y hermanas:
Entramos día tras día en el corazón del Año santo de la Misericordia. Con su gracia, el Señor guía
nuestros pasos mientras atravesamos
la Puerta Santa y sale a nuestro encuentro para permanecer siempre
con nosotros, a pesar de nuestras faltas y nuestras contradicciones.
No nos cansemos nunca de sentir
la necesidad de su perdón, porque
cuando somos débiles su cercanía
nos hace fuertes y nos permite vivir
con mayor alegría nuestra fe.
Quisiera indicaros hoy la estrecha
relación que existe entre la misericor-
Como cristianos tenemos la responsabilidad de ser misioneros del
Evangelio. Cuando recibimos una
buena noticia, o cuando vivimos una
hermosa experiencia, es natural que
sintamos la exigencia de compartirla
también con los demás.
Sentimos dentro de
El signo concreto de que hemos
nosotros que no podeencontrado a Jesús es la alegría que
mos contener la alegría que nos ha sido
sentimos al comunicarlo a los demás
donada. Queremos extenderla. La alegría
suscitada es tal que
dia y la misión. Como recordaba san nos lleva a comunicarla. Y debería
Juan Pablo II: «La Iglesia vive una ser la misma cosa cuando encontravida auténtica, cuando profesa y mos al Señor. La alegría de este enproclama la misericordia y cuando cuentro, de su misericordia. Comuacerca a los hombres a las fuentes de nicar la misericordia del Señor. Es
la misericordia» (Enc. Dives in mise- más, el signo concreto de que realricordia, 13).
mente hemos encontrado a Jesús es
la alegría que sentimos al comuni- nos hace instrumentos para que tamcarlo también a los demás. Y esto bién los demás puedan recibir el
no es «hacer proselitismo», esto es mismo don. Existe una maravillosa
hacer un don. Yo te doy aquello que circularidad entre la misericordia y
me da alegría a mí. Leyendo el la misión. Vivir de misericordia nos
Evangelio vemos que esta ha sido la hace misioneros de la misericordia, y
experiencia de los primeros discípu- ser misioneros nos permite crecer calos: después del primer encuentro con Jesús, Andrés fue a deVivir de misericordia nos hace misioneros
círselo enseguida a su
hermano Pedro (cf. Jn
de la misericordia y ser misioneros
1, 40-42), y la misma
nos permite crecer cada vez
cosa hizo Felipe con
Natanael (cf. Jn 1, 45más en la misericordia de Dios
46).
Encontrar a Jesús
equivale a encontrarse
con su amor. Este amor nos transfor- da vez más en la misericordia de
ma y nos hace capaces de transmitir D ios.
a los demás la fuerza que nos dona.
Por lo tanto, tomémonos en serio
De alguna manera, podríamos decir nuestro ser cristianos, y compromeque desde el día del Bau- támonos a vivir como creyentes, portismo nos es dado a cada que solo así el Evangelio puede touno de nosotros un nue- car el corazón de las personas y
vo nombre además del abrirlo para recibir la gracia del
que ya nos dan mamá y amor, para recibir esta grande misepapá, y este nombre es ricordia de Dios que acoge a todos.
Cristóforo». ¡Todos somos «Cristóforos»! ¿Qué
significa esto? «Portado- Al término de la audiencia, el Papa
res de Cristo». Es el saludó a los peregrinos de lengua
nombre de nuestra acti- española presentes en la plaza.
tud, una actitud de porSaludo cordialmente a los peregritadores de la alegría de
nos de lengua española, en particuCristo, de la misericordia
de Cristo. Todo cristiano lar a los venidos de España y Laties un «Cristóforo», es noamérica.
decir, ¡un portador de
Hermanos y hermanas, los animo
Cristo!
a ser portadores de Cristo, y ser verLa misericordia que re- daderos misioneros de la misericorcibimos del Padre no nos dia de Dios en medio de las circunses dada como una conso- tancias que les toca vivir. Muchas
lación privada, sino que gracias.
número 5, viernes 5 de febrero de 2016
L’OSSERVATORE ROMANO
página 5
En la clausura del Congreso eucarístico en Filipinas
La eucaristía es una escuela de servicio humilde
Y nos enseña a actuar con integridad
Con la Santa Misa presidida por el
legado pontificio, el cardenal salesiano
Charles Maung Bo, arzobispo de
Yangon, se clausuró el domingo, 31 de
enero en Cebú, en Filipinas, el 51º
Congreso eucarístico internacional cuyo
tema ha sido: «La Eucaristía: fuente y
culmen de la misión de la Iglesia». Al
término de la celebración eucarística fue
transmitido el vídeo mensaje del Papa
Francisco. A continuación nuestra
traducción de las palabras en inglés
pronunciadas por el Pontífice.
rece tener, tan a menudo, viento a
favor.
Mientras ahora, al término de este
congreso eucarístico, os preparáis
para «salir», hay dos gestos de Jesús
en la última cena sobre los que os
pido que reflexionéis. Ambos tienen
La otra imagen que nos ofrece el
Señor en la última cena es el lavatorio de pies. La noche antes de su pasión, Jesús lavó los pies a sus discípulos como signo del servicio humilde, del amor incondicional con que
dio su vida en la cruz para la salva-
que ver con la dimensión misionera
de la eucaristía. Se trata de la convivialidad y del lavatorio de los pies.
Sabemos lo importante que era
para Jesús compartir su comida con
sus discípulos pero no solo, sino que
también y sobre todo lo hacía con
los pecadores y los marginados. Sentándose a la mesa, Jesús podía escuchar a los demás, conocer sus historias, apreciar sus esperanzas y aspiraciones, y hablar con ellos del amor
del Padre.
En cada Eucaristía,
la mesa de la cena del
Señor, debemos inspirarnos y seguir su
ejemplo, yendo al encuentro de los demás,
con espíritu de respeto
y apertura, para compartir con ellos el don
recibido.
En Asia donde la
Iglesia está comprometida en un respetuoso diálogo con los
seguidores de otras religiones, este testimonio profético se produce muy a menudo,
como sabemos, a través el diálogo de vida.
De ahí que ese testimonio de vidas transformadas por el amor
de Dios sea para nosotros la forma mejor
de proclamar la promesa del reino de reconciliación, justicia y
unidad para la familia
humana.
Nuestro
ejemplo puede abrir
los corazones a la gracia del Espíritu Santo
que los lleva a Cristo,
apertura del Congreso eucarístico en Filipnas (24 de enero)
el salvador.
ción del mundo. La eucaristía es una
escuela de servicio humilde. Nos enseña a estar listos para los demás.
También esto es el centro del discipulado misionero.
Pienso en las consecuencias del tifón. Ha causado una inmensa devastación en Filipinas, pero también ha
suscitado una gran muestra de solidaridad, generosidad y bondad. Las
personas se pusieron a reconstruir
no solamente sus casas sino también
sus vidas. La eucaristía nos habla de
esta fuerza que brota de la cruz y
nos da continuamente nueva vida.
Cambia los corazones. Nos lleva a
preocuparnos por los demás, a proteger a los que son pobres y vulnerables y a ser sensibles al grito de
nuestros hermanos y hermanas necesitados.
Nos enseña a actuar con integridad y a rechazar la injusticia y la corrupción que envenenan las raíces de
la sociedad.
Queridos amigos, que este Congreso eucarístico pueda fortaleceros
en vuestro amor a Cristo presente en
la Eucaristía.
Pueda haceros capaces, como discípulos misioneros, de llevar esta
gran experiencia de comunión eclesial y compromiso misionero a vuestras familias, parroquias y comunidades y a vuestras Iglesias locales, y
pueda ser fermento de reconciliación
y de paz para el mundo entero.
Ahora, al final del congreso, me
complace anunciar que el próximo
congreso eucarístico internacional se
celebrará en el año 2020 en Budapest, Hungría.
Os pido a todos que os unáis a
mí en la oración por su fecundidad
espiritual y por la efusión del Espíritu Santo sobre todos los que participan en los preparativos.
en todos los conflictos, injusticias,
crisis humanitarias urgentes que
marcan nuestro tiempo, nos damos
cuenta de lo importante que es para
cada cristiano ser un verdadero discípulo misionero, llevando la buena
nueva del amor redentor de Cristo a
Queridos hermanos y hermanas:
Os saludo a todos vosotros que
estáis reunidos en Cebú en el quincuagésimo primer Congreso eucarístico internacional. Agradezco al cardenal Bo, que es mi representante en
tre vosotros, y dirijo un saludo especial al cardenal Vidal, al arzobispo
Palma y a los obispos, sacerdotes y
fieles en Cebú. Saludo también al
cardenal Tagle y a todos los católicos en Filipinas. Estoy particularmente contento de que esta conferencia haya reunido a tantas personas del vasto continente asiático y
de todo el mundo.
Visité Filipinas, hace apenas un
año, poco después del tifón Yolanda. Pude constatar personalmente la
profunda fe y la capacidad de recomenzar de la población.
Bajo la protección del Santo Niño, el pueblo filipino recibió el
Evangelio de Jesucristo hace cerca
de quinientos años.
Desde entonces, siempre dio al
mundo un ejemplo de fidelidad y de
profunda devoción al Señor y a su
Iglesia. Fue también un pueblo de
misioneros, difundiendo la luz del
Evangelio en Asia, y llegando hasta
los confines de la tierra.
El tema del congreso eucarístico —Cristo
en vosotros. La esperanza de la gloria— es
muy oportuno. Nos
recuerda que Jesús resucitado está siempre
vivo y presente en su
Iglesia, sobre todo en
la eucaristía, el sacramento de su cuerpo y
su sangre.
La presencia de
Cristo entre nosotros
no es solamente un
consuelo, sino también una promesa y
una invitación.
La promesa de que
un día la alegría y la
paz eterna nos pertenecerán en la plenitud
de su reino y una invitación a salir como
misioneros, para llevar
el mensaje de la ternura del Padre, de su
perdón y de su misericordia a todo hombre,
mujer y niño.
¡Cuánta necesidad
tiene el mundo de este
Misa de
mensaje! Si pensamos
un mundo tan necesitado de reconciliación, justicia y paz.
Es, por lo tanto, oportuno que el
congreso haya sido celebrado en el
Año de la misericordia, en el que se
invita a toda la Iglesia a centrarse en
el corazón del Evangelio: la misericordia.
Estamos llamados a llevar el bálsamo del amor misericordioso de
Dios a la familia humana entera,
vendando las heridas, llevando esperanza allí donde la desesperación pa-
L’OSSERVATORE ROMANO
página 6
viernes 5 de febrero de 2016, número 5
Tres palabras claves del Papa a las personas consagrada
Profecía, proximidad, esperanza
Profecía. proximidad y esperanza. Son
las tres palabras clave que el Papa dio
el lunes 1 de febrero por la mañana a
los participantes del Jubileo de la vida
consagrada durante la audiencia en el
Aula Pablo VI. Dejando a un lado el
texto preparado, Francisco les dirigió el
siguiente discurso improvisado.
Queridos hermanos y hermanas:
He preparado un discurso para
esta ocasión sobre los temas de la vida consagrada y sobre tres pilares;
existen otros, pero tres
son importantes para
la vida consagrada. El
primero es la profecía,
el otro es la proximidad y el tercero es la
esperanza.
Profecía,
proximidad y esperanza. He entregado al
cardenal prefecto el
texto porque leerlo es
un poco aburrido y
prefiero hablar con
vosotros de lo que me
sale del corazón. ¿De
acuerdo?
Religiosos y religiosas, es decir hombres
y mujeres consagrados
al servicio del Señor
que ejercitan en la
Iglesia este camino de
una pobreza fuerte, de un amor casto que los lleva a una paternidad y a
una maternidad espiritual para toda
la Iglesia, una obediencia… Pero, en
esta obediencia nos falta siempre al-
ga lo que tú quieres». Cuando vosotros aceptáis por obediencia una cosa, que quizás muchas veces no os
gusta... [hace el gesto de tragar] ...
se debe tragar esa obediencia pero
se hace. Por lo tanto, la profecía. La
profecía es decir a la gente que hay
un camino de felicidad, de grandeza,
un camino que llena de alegría, que
es el camino de Jesús. Es el camino
de estar cerca de Jesús. Es un don,
es un carisma la profecía y se le debe pedir al Espíritu Santo: que yo
sepa decir esa palabra, en aquel mo-
mento justo; que yo haga esa cosa
en aquel momento justo, que mi vida, toda, sea una profecía. Hombres
y mujeres profetas. Y esto es muy
importante. «Pero, hagamos como
todo el mundo....».
No. La profecía es decir que hay algo más
La vida consagrada no es un estatus
verdadero, más bello,
más grande, más buede vida que me hace ver a los otros
no al cual todos estacon indiferencia sino que
mos llamados. Luego
la otra palabra es la
me debe llevar a la cercanía con la gente
proximidad. Hombres
y mujeres consagrados, pero no para alego, porque la perfecta obediencia es jarme de la gente y tener todas las
la del Hijo de Dios que se ha abaja- comodidades, no, para acercarme y
do, se ha hecho hombre por obe- entender la vida de los cristianos y
diencia hasta la muerte de Cruz. Pe- de los no cristianos, los sufrimientos
ro hay entre vosotros hombres y mu- y los problemas, las muchas cosas
jeres que viven una obediencia fuer- que solamente se entienden si un
te, una obediencia —no militar, no, hombre y una mujer
esto no; eso es disciplina, es otra co- consagrada se hacen
sa— una obediencia de donación del próximo: en la proxicorazón. Y esto es profecía. «Pero, midad. «Pero, Padre,
¿tú no tienes ganas de hacer esta co- yo soy una religiosa
sa, aquella otra?...» — «Sí, pero… de clausura, ¿qué desegún las reglas debo hacer esto, es- bo hacer?». Pensad en
to y esto. Y según las disposiciones Santa Teresa del Niño
esto, esto y esto. Y si no veo claro Jesús, patrona de las
algo, hablo con el superior, con la misiones, que con su
superior y, después del dialogo, obe- corazón ardiente era
dezco». Esta es la profecía contra la próxima a la gente.
semilla de la anarquía que siembra Proximidad. Hacerse
el diablo. «¿Tú que haces?» — «Yo consagrados no signihago lo que me gusta». La anarquía fica subir uno, dos,
de la voluntad es hija del demonio, tres escalones en la sono es hija de Dios. El Hijo de Dios ciedad. Es verdad,
no ha sido anárquico, no ha llamado muchas veces escuchaa los suyos para hacer una fuerza de mos a los padres: «Saresistencia contra sus enemigos; Él be padre, ¡yo tengo
también le dijo a Pilato: «Si yo fue- una hija religiosa, yo
ra un rey de este mundo habría lla- tengo un hijo fraile!».
mado a mis soldados para defender- Y lo dicen con orgume». Pero Él ha obedecido al Padre. llo. ¡Y es verdad! Es
Ha pedido solamente: «Padre, por una satisfacción para
favor ,no, este cáliz no... Pero se ha- los padres tener hijos
consagrados; esto es verdad. Pero
para los consagrados no es un estatus de vida que me hace ver a los
otros así [con indiferencia ] La vida
consagrada me debe llevar a la cercanía con la gente: cercanía física,
espiritual, conocer a la gente. «Ah,
sí, Padre, en mi comunidad la superiora nos ha dado el permiso de salir, ir los barrios pobres con la gente...» — «Y en tu comunidad, ¿hay
religiosas ancianas?» — «Sí, sí... Esta
la enfermería en el tercer piso» —
«Y, ¿cuántas veces al día tú vas a vi-
un terrorista. Es un terrorista dentro
la propia comunidad, porque lanza
como una bomba la palabra contra
este, contra aquel, y luego se va
tranquilo. ¡Destruye ¡Quien hace esto destruye como una bomba y él se
aleja. Esto, el apóstol Santiago decía
que era la virtud quizás más difícil,
la virtud humana y espiritual más
difícil de tener, aquella de dominar
la lengua. Si te entras ganas de decir
algo contra un hermano o una hermana, lanzar una bomba de chismorreos, ¡muérdete la lengua! ¡Fuerte!
Terrorismo en las comunidades, ¡no! «Pero, Padre, si hay algo,
un defecto, algo que
corregir — Tú se lo dices a la persona: tú
tienes esta actitud que
me fastidia o que no
está bien. O si no es
conveniente —porque
a veces no es prudente— tú se lo dices a la
persona que lo puede
remediar, que puede
resolver el problema y
a ningún otro. ¿Entendido? Los chismorreos
no sirven. «Pero, ¿en
el capítulo?». ¡Ahí sí!
En público todo lo
que sientes que debes
decir, porque existe la
tentación de no decir
las cosas en el capítulo y luego afuera: «¿Has visto a la superiora? ¿Has
visto a la abadesa? ¿Has visto al superior?...». Pero, ¿por qué no lo has
dicho, ahí, en el capítulo?... ¿Es claro esto? ¡Son virtudes de proximidad! Y los santos tenían esto, y los
sitar a tus religiosas, las ancianas
que pueden ser tu mamá o tu abuela?» — «Sabe, Padre, yo estoy muy
ocupada en el trabajo y no logro
ir…». ¡Proximidad! ¿Quién es el
primer prójimo de un consagrado o
de una consagrada? El hermano o la
hermana de la comunidad. Este es vuestro
primer prójimo. Es
La virtud humana y espiritual
también una proximidad hermosa, buena,
más difícil de tener
con amor. Yo sé que
es la de dominar la lengua
en sus comunidades
jamás se murmura, jamás, jamás… Un modo de alejarse de los hermanos y de Santos consagrados tenían esto. Sanlas hermanas de la comunidad es ta Teresa del Niño Jesús jamás, japropio este: el terrorismo de los más se ha lamentado del trabajo, del
chismorreos. Escuchad bien: no al fastidio que le daba esa religiosa que
chismorreo, al terrorismo de los chis- debía llevar al comedor, todas las
morreos, porque quien habla mal es tardes: de la capilla al comedor. ¡Jamás! Porque la pobre religiosa era
muy anciana, casi paralítica, caminaba mal, tenía dolores —¡también yo
la entiendo!—, era también un poco
neurótica… Jamás, jamás ha ido a
otra religiosa a decir: «¡pero esta como da fastidio!». ¿Qué es lo que hacía? La ayudaba a acomodarse, le
llevaba la servilleta, le partía el pan
y le hacía una sonrisa. Esto se llamaproximidad. ¡Proximidad! Si tú lanzas la bomba de un chismorreo en
tu comunidad, esto no es proximidad: ¡esto es hacer la guerra! Esto es
alejarte, esto es provocar distancias,
provocar anarquismo en la comunidad. Y si, en este Año de la Misericordia, cada uno de vosotros lograse
no hacer nunca el terrorista de hachismorreos, sería un éxito para la
Iglesia, ¡un éxito de grande santidad! ¡Animáos! La proximidad. Y
luego la esperanza. Y os confieso
que a mí me cuesta mucho cuando
SIGUE EN LA PÁGINA 15
número 5, viernes 5 de febrero de 2016
L’OSSERVATORE ROMANO
página 7
En la fiesta de la Presentación del Señor, el Papa concluye con una misa el año de la vida consagrada
Rezar para envejecer como el buen vino
Durante la homilía de la misa
celebrada el 2 de febrero en la basílica
vaticana con la cual se concluía el año
de la vida consagrada. el Papa dijo
que este tiempo «vivido con mucho
entusiasmo» era un río que «confluye
ahora en el mar de la misericordia, en
este inmenso misterio de amor que
estamos experimentando con el Jubileo
extraordinario».
Hoy ante nuestra mirada se presenta
un hecho sencillo, humilde y grande: Jesús es llevado por María y José al templo de Jerusalén. Es un niño como muchos, como todos, pero
es único: es el Unigénito venido para todos. Este Niño nos ha traído la
misericordia y la ternura de Dios:
Jesús es el rostro de la Misericordia
del Padre. Es éste el ícono que el
Evangelio nos ofrece al final del
Año de la vida consagrada, un año
vivido con mucho entusiasmo. Este,
como un río, confluye ahora en el
mar de la misericordia, en este inmenso misterio de amor que estamos
experimentando con el Jubileo extraordinario.
A la fiesta de hoy, sobre todo en
Oriente, se la llama fiesta del encuentro. En efecto, en el Evangelio que
ha sido proclamado, vemos diversos
encuentros (cf. Lc 2, 22-40). En el
templo Jesús viene a nuestro encuentro
y nosotros vamos a su encuentro. Contemplamos el encuentro con el viejo
Simeón, que representa la espera fiel
de Israel y el júbilo del corazón por
el cumplimiento de las antiguas promesas. Admiramos también el encuentro con la anciana profetisa
Ana, que, al ver al Niño, exulta de
alegría y alaba a Dios. Simeón y
Ana son la espera y la profecía, Jesús
es la novedad y el cumplimiento: Él se
nos presenta como la perenne sorpresa de Dios; en este Niño nacido para
todos se encuentran el pasado, hecho
de memoria y de promesa, y el futuro, lleno de esperanza.
En esto podemos ver el inicio de
la vida consagrada. Los consagrados y
las consagradas están llamados sobre
compartir nuestra condición humana: «Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así
también participó Jesús de nuestra
carne y sangre» (v. 14). Jesús no nos
ha salvado «desde el exterior», no se
ha quedado fuera de nuestro drama,
sino que ha querido compartir nuestra vida. Los consagrados y las consagradas están llamados a ser signo
concreto y profético de esta cercanía
de Dios, de este compartir la condición de fragilidad, de pecado y de
heridas del hombre de nuestro tiempo. Todas las formas de vida consagrada, cada una según sus características, están llamadas a estar en permanente estado de misión, compartiendo «Los gozos y las esperanzas,
las tristezas y las angustias de los
hombres de nuestro tiempo, sobre
todo de los pobres y de cuantos sufren» (Gaudium et spes, 1).
El Evangelio nos
dice también que «Su
padre y su madre estaLos consagrados y las consagradas
ban admirados por lo
que se decía del niño»
están llamados a ser signo concreto
(v. 33). José y María
y profético de la cercanía de Dios
custodian el estupor
por este encuentro lleno de luz y de espetodo a ser hombres y mujeres del en- ranza para todos los pueblos. Y
cuentro. De hecho, la vocación no es- también nosotros, como cristianos y
tá motivada por un proyecto nuestro como personas consagradas, somos
pensado «con cálculo», sino por una custodios del estupor. Un estupor que
gracia del Señor que nos alcanza, a pide ser renovado siempre; cuidado
través de un encuentro que cambia con la costumbre en la vida espirila vida. Quien encuentra verdadera- tual; cuidado con cristalizar nuestros
mente a Jesús no puede quedarse carismas en una doctrina abstracta:
igual que antes. Él es la novedad los carismas de los fundadores —coque hace nuevas todas las cosas. mo he dicho otras veces— no son paQuien vive este encuentro se con- ra sellar en una botella, no son pievierte en testigo y hace posible el zas de museo. Nuestros fundadores
encuentro para los demás; y también han sido movidos por el Espíritu y
se hace promotor de la cultura del no han tenido miedo de ensuciarse
encuentro, evitando la autorreferen- las manos con la vida cotidiana, con
cialidad que nos hace permanecer los problemas de la gente, recorrienencerrados en nosotros mismos.
do con coraje las periferias geográfiEl pasaje de la Carta a los He- cas y existenciales. No se detuvieron
breos, que hemos escuchado, nos re- ante los obstáculos y las incomprencuerda que el mismo Jesús, para sa- siones de los demás, porque mantulir a nuestro encuentro, no dudó en vieron en el corazón el estupor por
el encuentro con Cristo. No han do- poco de fresco. ¡Pero el corazón armesticado la gracia del Evangelio; de!
han tenido siempre en el corazón
Gracias por terminar así, todos
una sana inquietud por el Señor, un juntos, este Año de la vida consagradeseo vehemente de llevarlo a los da. ¡Sigad hacia adelante! Cada uno
demás, como han hecho María y Jo- de nosotros tiene un sitio, un trabajo
sé en el templo. También hoy noso- en la Iglesia. Por favor, no os olvitros estamos llamados a realizar elec- déis de la primera vocación, la priciones proféticas y valientes.
mera llamada. ¡Haced memoria!
Finalmente, de la fiesta de hoy Con ese amor con el que fuisteis llaaprendemos a vivir la
gratitud por el encuentro con Jesús y por el
No hay que tener miedo
don de la vocación a
la vida consagrada.
de ensuciarse las manos con la vida
Agradecer, acción de
cotidiana y los problemas de la gente
Eucaristía.
gracias:
Qué hermoso es encontrarse el rostro feliz
de personas consagradas, quizás ya mados, hoy el Señor os sigue llade avanzada edad como Simeón o mando. Que no disminuya, que no
Ana, felices y llenas de gratitud por disminuya esa belleza del estupor de
la propia vocación. Esta es una pala- la primera llamada. Después, contibra que puede sintetizar todo lo que nuad trabajando. ¡Es bonito! Contihemos vivido en este Año de la vida nuad. Siempre hay algo que hacer.
consagrada: gratitud por el don del Lo principal es rezar. El «meollo»
Espíritu Santo, que siempre anima a de la vida consagrada es la oración:
la Iglesia a través de los diversos ca- ¡rezad! Y así envejeceréis, envejecerismas.
réis como el buen vino.
El Evangelio concluye con esta
Os digo una cosa. A mí me gusta
expresión: «El niño, por su parte, mucho encontrar a los religiosos o
iba creciendo y robusteciéndose, lle- religiosas ancianos, pero con los ojos
no de sabiduría, y la gracia de Dios brillantes porque tienen el fuego de
estaba con él» (v. 40). Que el Señor la vida espiritual encendido. No se
Jesús pueda, por la maternal interce- apagó, no se apagó ese fuego. Sesión de María, crecer en nosotros, y guid hacia adelante hoy, cada día, y
aumentar en cada uno el deseo del continuad trabajando y mirando el
encuentro, la custodia del estupor y mañana con esperanza, pidiendo
la alegría de la gratitud. Entonces siempre al Señor que nos envíe nuelos demás serán atraídos por su luz, vas vocaciones, así nuestra obra de
y podrán encontrar la misericordia consagración podrá seguir adelante.
del Padre.
La memoria: ¡no os olvidéis de la
primera llamada! El trabajo de todos
los días, y después la esperanza de ir
Al concluir la eucaristía, el Papa salió
hacia adelante y sembrar bien. Que
a la plaza de San Pedro para dirigir
los otros que vienen detrás de nosounas palabras de forma improvisada a
tros puedan recibir la herencia que
los fieles que habían seguido desde allí
nosotros les dejaremos.
la celebración.
Ahora rezamos a la Virgen. Ave
Queridos hermanos y hermanas consagrados, ¡muchas gracias! Habéis María... [Bendición]
Buena tarde y ¡rezad por mí!
participado en la Eucaristía con un
L’OSSERVATORE ROMANO
número 5, viernes 5 de febrero de 2016
páginas 8/9
Entrevista del Papa Francisco a «Asia Times»
Publicamos, en una traducción nuestra, la
entrevista al Papa difundida el 2 de febrero por «Asia Times».
Encuentro a través del diálogo
FRANCESCO SISCI
Lo percibió enseguida o, al menos, así
me pareció, y trató de hacerme sentir a
gusto. De hecho, yo estaba nervioso.
Había pasado muchas horas limando
cada detalle de las preguntas que le habría hecho, y él había pedido tiempo
para reflexionar y examinarlas. Tenía
razón. Había pedido una entrevista sobre cuestiones culturales y filosóficas
amplias relativas a todos los chinos, el
99 por ciento de los cuales no es católico. No quería tocar argumentos religiosos o políticos acerca de los cuales
otros Papas habían hablado en otras
ocasiones. Esperaba que pudiera transmitir a los hombres y a las mujeres en
China su inmensa empatía humana, hablando por primera vez en absoluto de
cuestiones que lo preocupan profundamente cada día: la disgregación de la
familia tradicional; sus dificultades para
ser comprendida por el mundo occidental y para comprenderlo; su sentimiento de culpa derivado de experiencias del pasado, como la revolución
cultural, etc. Y él lo hizo, dando a todos los chinos, y a todas las personas
preocupadas por el rápido crecimiento
de China, motivos de esperanza, paz y
reconciliación. El Papa considera que
los chinos están yendo en una dirección
positiva y que no deben tener miedo de
ello, y tanto menos el resto del mundo.
También piensa que los chinos tienen
una gran herencia de sabiduría que los
enriquecerá a ellos y a todos los demás;
esta herencia ayudará a todos a encontrar un camino pacífico para ir adelante. En cierto modo, en esta entrevista
es el Papa quien bendice a China.
¿Qué es para usted China? ¿Cómo la
imaginaba de joven, considerando que para la Argentina China no es Oriente sino
Lejano Occidente? ¿Qué significa para usted Mateo Ricci?
han sacrificado lo que siempre han querido más, sus hijos. Para los chinos se trata
de heridas muy profundas. Entre otras cosas, han dejado un enorme vacío en sus
conciencias y, en cierto modo, también una
necesidad extremadamente profunda de reconciliarse consigo mismos y de perdonarse.
En el año de la misericordia, ¿qué mensaje puede dar al pueblo chino?
Para mí China ha sido siempre un
punto de referencia de grandeza. Un
gran país. Pero más que un país, una
gran cultura con una sabiduría inagotable. De niño, cuando leía algo sobre
China, este hecho tenía la capacidad de
inspirarme admiración. Sentía admiración por China. A continuación, profundicé la vida de Mateo Ricci y vi cómo este hombre sentía la misma cosa
que sentía yo y de idéntico modo, admiración, y cómo logró entrar en diálogo con esta gran cultura, con esta sabiduría secular. Supo «encontrarla».
Cuando era joven y se hablaba de China, pensábamos en la Gran Muralla. El
resto no se conocía en mi patria. Pero,
profundizando cada vez más la cuestión, tuve una experiencia
de encuentro muy diversa,
tanto por el tiempo como
por los modos, respecto a la
de Ricci. Pero tropecé con
algo que no me esperaba.
La experiencia de Ricci nos
enseña que es necesario entrar en diálogo con China,
puesto que se trata de un
cúmulo de sabiduría y de
historia. Es una tierra bendecida con muchas cosas. Y
la Iglesia católica, entre cuyos deberes está el de respetar todas las civilizaciones,
ante esta civilización, diría
que tiene el deber de respetarla, con la r mayúscula. La
Iglesia tiene el gran potencial de recibir cultura. El
otro día tuve la ocasión de
ver las pinturas de otro gran
jesuita, Giuseppe Castiglione, que tenía, también él, el
virus jesuita (se ríe). Castiglione sabía cómo expresar
la belleza, la experiencia de
la apertura al diálogo: recibir de otros y dar algo de sí
mismo en una longitud de
onda «civilizada», de las civilizaciones. Cuando digo
«civilizado» no quiero decir
solo civilizaciones «educadas», sino también civilizaciones que se encuentran.
Además, no sé si es verdad,
pero dicen que fue Marco
Polo quien llevó los espaguetis a Italia
(se ríe). Por tanto, fueron los chinos
quienes los inventaron. No sé si es verdad. Pero lo digo en passant. Esta es
mi impresión: gran respeto. Y más aún,
cuando sobrevolé por primera vez China, y en el avión me dijeron «dentro de
diez minutos entraremos en el espacio
aéreo chino y enviaremos su saludo»,
confieso que sentí una gran emoción
por el hecho de sobrevolar esta gran riqueza de cultura y sabiduría.
Por primera vez en su historia milenaria
China está saliendo del propio ambiente y
se está abriendo al mundo, creando desafíos sin precedentes para sí misma y para
el mundo. Usted habló de una tercera
guerra mundial que está avanzando de
modo escondido: ¿qué desafíos representa
esto en la búsqueda de la paz?
El temor, el miedo, jamás es un buen
consejero. Si un padre o una madre tienen miedo cuando tienen un hijo adolescente, no saben cómo ocuparse bien
de él. En otras palabras, no debemos
temer desafíos de ningún tipo, puesto
que todos, hombres y mujeres, tienen
capacidad de encontrar modos de coexistencia, de respeto y de admiración
recíproca. Y es evidente que tanta cultura y tanta sabiduría, y por añadidura
tanto conocimiento tecnológico —pensemos solo en las antiquísimas técnicas
médicas—, no pueden permanecer encerrados en un país; tienden a expandirse, a difundirse, a comunicarse. El
hombre tiende a comunicarse, una civilización tiende a comunicarse. Es obvio
que, cuando la comunicación tiene lugar con tono agresivo para defenderse a
sí mismo, se desencadenan guerras. Pero no tendría miedo. Es un gran desafío mantener el equilibrio de la paz.
Aquí tenemos a la abuela Europa, como dije en Estrasburgo. Parece que ya
no es la madre Europa. Espero que logre retomar ese papel. Y recibe de este
antiquísimo país una contribución cada
vez más rica. Y, por tanto, es necesario
aceptar el desafío y correr el riesgo de
balancear este intercambio por la paz.
El mundo occidental, el mundo oriental y China tienen todos la capacidad
de mantener el equilibrio de la paz y la
fuerza para hacerlo. Debemos encon-
trar el modo, siempre a través del diálogo; no hay otro camino (abre los brazos como para abrazar). El encuentro
se obtiene a través del diálogo. El verdadero equilibrio de la paz se realiza a
través del diálogo. Diálogo no significa
que se termine con un compromiso,
media torta para ti y la otra media para
mí. Es lo que sucedió en Yalta, y vimos
los resultados. No, diálogo significa:
bien, hemos llegado a este punto, puedo estar de acuerdo o no, pero caminemos juntos; esto significa construir. Y
la torta permanece entera, caminando
juntos. La torta pertenece a todos, es
humanidad, cultura. Cortar la torta, como en Yalta, significa dividir a la humanidad y la cultura en pedazos pequeños. Y la cultura y la humanidad
no pueden cortarse en pedazos pequeños. Cuando hablo de esta gran torta,
hablo en sentido positivo. Todos pueden influir en el bien común de todos
(el Papa se sonríe y pregunta: «No sé
si el ejemplo de la torta es claro para
los chinos». Asiento).
En los últimos decenios China ha sufrido
tragedias sin igual. Desde 1980 los chinos
El envejecimiento de una población
y de la humanidad se está verificando
en muchos lugares. Aquí, en Italia, la
tasa de natalidad está casi por debajo
de cero, y más o menos es lo mismo
también en España. La situación de
Francia, con su política de asistencia a
las familias, está mejorando. Y es obvio
que las poblaciones envejecen. Envejecen y no tienen hijos. En África, por
ejemplo, fue un placer ver a niños en
las calles. Aquí, en Roma, si das una
vuelta, ves a poquísimos niños. Quizá
detrás esté el miedo al que usted está
aludiendo, la errada percepción no de
que simplemente nos quedaremos atrás,
sino de que terminaremos en la miseria,
por tanto, no tenemos hijos. Hay otras
sociedades que han hecho la elección
opuesta. Por ejemplo, durante mi viaje
a Albania me quedé sorprendido al
descubrir que la edad media de la población es cerca de cuarenta años. Existen países jóvenes; pienso que en Bosnia-Herzegovina sea lo mismo. Países
que sufrieron y eligieron la juventud.
Además, está el problema del trabajo.
Es una cosa que China no tiene, porque tiene la capacidad de ofrecer trabajo tanto en el campo como en la ciudad. Y es verdad, el problema de China de no tener hijos debe ser muy doloroso; porque la pirámide se invierte y
un niño debe llevar el peso del padre,
de la madre, de los abuelos. Y esto es
enervante, fatigoso, desorientador. No
es natural. Entiendo que China ha
abierto nuevas posibilidades en este
frente.
¿Cómo deberían afrontarse estos desafíos
de las familias en China, considerando
que se encuentran en un proceso de profundo cambio y ya no corresponden al modelo tradicional chino de la familia?
Retomando el tema, en el año de la
misericordia, ¿qué mensaje puedo dar
al pueblo chino? La historia de un pue-
blo es siempre un camino. A veces un
pueblo camina más velozmente, otras
más lentamente, algunas veces incluso
se detiene y otras comete un error y
vuelve un poco atrás, o toma el camino
equivocado y debe volver sobre sus pasos para seguir el justo. Pero cuando
un pueblo va adelante, la cosa no me
preocupa porque significa que está haciendo historia. Y pienso que el pueblo
chino está yendo adelante, y esta es su
grandeza. Camina, como todos los pueblos, atravesando luces y sombras. Mirando al pasado —y quizá el hecho de
no tener hijos crea un complejo— es saludable asumir la responsabilidad del
propio camino. Bien, hemos seguido
este recorrido, algo no ha funcionado
para nada, por tanto ahora se han
abierto otras posibilidades. Entran en
juego otras cuestiones: el egoísmo de
algunos sectores acomodados que prefieren no tener hijos, etc. Deben asumir
la responsabilidad del propio camino.
E iría más allá: no estéis amargados sino en paz con vuestro camino, aunque
hayáis cometido errores. No puedo decir mi historia ha sido negativa, que
odio mi historia (el Papa me dirige una
mirada penetrante). No, cada pueblo
debe reconciliarse con su propia historia como su camino, con éxitos y errores. Y esta reconciliación con la propia
historia da mucha madurez, mucho crecimiento. Aquí utilizaría la palabra usada en la pregunta: misericordia. Es saludable para una persona sentir misericordia por sí misma, no ser sádica o
masoquista. Esto es equivocado. Y diría la misma cosa de un pueblo: es saludable para un pueblo ser misericordioso consigo mismo. Y esta grandeza
de ánimo… No sé si usar o no la palabra perdón, no lo sé. Pero aceptar que
ese ha sido mi camino, sonreír e ir adelante. Si uno se cansa y se detiene, se
puede amargar y corromper. Y, entonces, cuando se asume la responsabilidad del propio camino, aceptándolo
por lo que ha sido, esto consiente
emerger a la propia riqueza histórica y
cultural, incluso en los momentos difíciles. Y ¿cómo se le puede permitir
emerger? Aquí volvemos a la primera
pregunta: en diálogo con el mundo actual. Dialogar no significa rendirse,
porque a veces existe el peligro, en el
diálogo entre países diversos, de agen-
das escondidas, o sea, de colonizaciones culturales. Es necesario reconocer
la grandeza del pueblo chino, que
siempre ha conservado la propia cultura. Y su cultura —no estoy hablando de
ideologías que pudieron haber existido
en el pasado—, su cultura no ha sido
impuesta.
El crecimiento económico del país ha tenido lugar a un ritmo extraordinario, pero
esto también ha comportado desastres humanos y ambientales que Pekín está tratando de afrontar y resolver. Al mismo
tiempo, la búsqueda de la eficiencia laboral está imponiendo nuevos costos a las
familias: a veces padres e hijos se separan
a causa de las exigencias laborales. ¿Qué
mensaje les puede dar?
Me siento más bien como una suegra
que da consejos sobre lo que habría
que hacer (se ríe). Sugeriría un sano
realismo; la realidad debe aceptarse, de
cualquier lugar que provenga. Esta es
nuestra realidad; como en el fútbol el
arquero debe parar la pelota de cualquier lugar llegue. La realidad debe
aceptarse por lo que es. Ser realistas.
Esta es nuestra realidad. La primera cosa, debo haberme reconciliado con la
realidad. No me gusta, soy contrario,
me hace sufrir, pero debo transigir, no
puedo hacer nada. El segundo paso es
trabajar para mejorar la realidad y cambiar su dirección. Ahora, ve que son sugerencias simples, un poco comunes.
Pero hacer como el avestruz, que esconde la cabeza en la arena para no ver la
realidad, no aceptarla, no es una solución. Por consiguiente, discutamos, sigamos buscando, sigamos caminando,
siempre en camino, en movimiento. El
agua del río es pura porque sigue co-
rriendo; el agua detenida se estanca. Es
necesario aceptar la realidad tal como
es, sin enmascararla, sin sofisticarla, y
encontrar siempre modos para mejorarla. Bien, esta es una cosa muy importante. Si esto le sucede a una empresa
que ha trabajado durante veinte años, y
hay una crisis en los negocios, hay pocas vías creativas para mejorarla. Al
contrario, cuando le sucede a un país
antiguo, con su historia secular, su sabiduría secular, su creatividad secular,
entonces se crea tensión entre el problema presente y su pasado de antigua riqueza. Y esta tensión produce fecundidad cuando mira al futuro. Considero
que la gran riqueza de China, hoy, está
en mirar al futuro desde un presente
sostenido por la memoria de su pasado
cultural. Vivir en tensión, no con ansia,
y la tensión está entre el riquísimo pasado y el desafío del presente que se
debe llevar adelante en el futuro, es decir, la historia no termina aquí.
Con ocasión del próximo año nuevo chino
del Mono, ¿querría enviar un saludo al
pueblo chino, a las autoridades y al presidente Xi Jinping?
En vísperas del año nuevo, deseo enviar mis mejores deseos y felicitaciones
al presidente Xi Jinping y a todo el
pueblo chino. Y deseo expresar mi esperanza de que no pierda jamás la conciencia histórica de ser un gran pueblo,
con una gran historia de sabiduría, y
que tiene mucho que ofrecer al mundo.
El mundo mira vuestra gran sabiduría.
Que en este nuevo año, con esta conciencia, sigáis yendo adelante para ayudar y cooperar con todos en el cuidado
de nuestra casa común y nuestros pueblos comunes. ¡Gracias!
L’OSSERVATORE ROMANO
página 10
viernes 5 de febrero de 2016, número 5
El Papa Francisco habla con los mexicanos en vistas del próximo viaje
Cómo se amasa la paz
grantes que cómo sufren en su travesía
para llegar al sueño americano». Y
Gabriela, de San Luis Potosí, añadió:
«Me gusta mucho que venga, a ver si
hay un poco de paz porque ahorita así
como estamos viviendo en la actualidad, que ya hasta tiene miedo uno de
salir a la calle». Un grupo de mujeres
de Querétaro expresaron el deseo de:
«Que el Papa nos pueda abrir los ojos
a decir no a la violencia, no a la violencia contra la mujer, contra los niños
y no a la violencia en general contra
todo el mundo». A continuación, Hermenegilda y Óscar de Ciudad de México, preguntaron a Francisco cómo podría ayudarlos «a afrontar esta violencia».
En preparación a la próxima visita a
México, la agencia de noticias Notimex ha reunido y presentado al Papa en cuatro videoclips una serie de
preguntas planteadas por los fieles
del gran país latinoamericano. Francisco, el pasado 22 de enero en la
casa de Santa Marta, registró las respuestas en un video difundido el
miércoles 3 de febrero en la página
web de la agencia. Publicamos el
diálogo a distancia, resumiendo las
preguntas y citando integralmente
las palabras del Pontífice.
La entrevista comenzó con una serie de
mensajes de bienvenida de un primer
grupo de mexicanos, que agradeció la
decisión del Papa de visitar su país y
expresó la esperanza de que este encuentro traiga paz y consuelo y fortalecerá en todos la fe. Después de haber
anticipado a Francisco una canción con
la cual le darán la bienvenida, dos de
ellos le hicieron las primeras preguntas.
Aarón Fonseca preguntó: «¿Cuál es su
sentir al estar en nuestro país y qué
mensaje es el que le daría a nuestro
país?, sabiendo nuestra situación actual». Y Jorge Armando :«¿A qué viene a México?, ¿Qué nos viene a traer a
México?».
Sí, algo voy a llevar a México, seguro, pero yo te quisiera decir que
lo que más me mueve a mí es: ¿qué
voy a buscar a México? Yo voy a México
no como un Rey Mago cargado de cosas
para llevar, mensajes,
ideas, soluciones a
problemas, no sé pensemos todas esas cosas. Yo voy a México
como un peregrino,
voy a buscar en el
pueblo mexicano, que
me den algo. No voy
a pasar la canastita,
quédense tranquilos,
pero voy a buscar la
riqueza de fe que tienen ustedes, voy a
buscar contagiarme de
esa riqueza de fe. Tengo ganas de ir a México para vivir esa fe con ustedes. O
sea que voy con el corazón abierto
para que se llene de todo aquello
que ustedes me pueden dar. Ustedes
tienen una idiosincrasia, una manera
de ser que es fruto de un camino
muy largo, de una historia que se
fue forjando lentamente, con dolores, con éxitos, con fracasos, con
búsquedas, pero hay como un hilo
conductor. Ustedes tienen mucha riqueza en el corazón y, sobre todo,
ustedes no son un pueblo huérfano
porque se glorían de tener Madre, y
cuando un hombre, o una mujer, o
un pueblo no se olvida de su Madre,
te da una riqueza que vos no la podés describir, la recibís, la transmitís.
Bueno, yo voy a buscar un poco todo eso en ustedes. Un pueblo que
no se olvida de su Madre, esa madre
mestiza, esa madre que lo forjó en la
esperanza. Conocen ustedes el chiste
de aquel mexicano que decía: «Yo
soy ateo pero soy guadalupano». Tenía sentido, de un pueblo que no
quiere ser huérfano. Por ahí, quizás
está la gran riqueza que yo voy a
buscar. Voy como peregrino de ustedes y ¡gracias por recibirme!
Impulsados por las mismas palabras
del Papa, todos expresaron su devoción
a la Virgen de Guadalupe —«significa
mucho para los mexicanos nuestra Morenita del Tepeyac» manifestó en concreto María de Jesús Ángel Ávila de
Veracruz— y preguntaron al Papa lo
que representa para él la Virgen de
Guadalupe.
Estuve dos veces en México. Una
vez en el año 70’ por una reunión de
jesuitas. La segunda vez cuando el
Papa San Juan Pablo II firmó y entregó la Exhortación postsinodal Ec-
clesia in America —que no recuerdo
bien qué año era, por el 98’ habrá
sido, calculo—. Las dos veces fui a
visitarla, a la Señora, a la Madre, a
la Madre del Dios por quien se vive.
La primera vez, en la vieja Villa. La
segunda vez, en la actual Basílica,
en el actual templo. ¿Qué siento por
ella? Seguridad, ternura. Cuántas veces estoy con miedo de algún problema o que ha sucedido algo feo y
uno no sabe como reaccionar, y le
rezo, me gusta repetirme a mí mismo: «No tengas miedo, ¿acaso no
estoy yo aquí que soy tu Madre?».
Son palabras de Ella: «No tengas
miedo». Es lo que más me dice Ella.
Otra advocación de la Virgen quizás
me inspire otra cosa, pero cada vez
que me pongo delante de su imagen
y la miro allí, con esos ojos, haciendo esa síntesis cultural de ese Nuevo
Mundo que está naciendo, esperando al Niño: «No tengas miedo,
¿acaso no estoy yo aquí que soy tu
Madre?». Y no espero tanto el milagro de las flores. Siento eso, que es
Madre, que cuida, que protege, que
lleva adelante un pueblo, que lleva
adelante una familia, que da calor
de hogar, que acaricia con ternura y
que te quita el miedo: «No tengas
miedo Juancito». Eso es lo que yo
siento delante de la imagen. Una de
las dos veces que fui, me querían explicar la imagen y preferí que no,
quedarme en silencio mirando. Dice
mucho, es una imagen «decidora»,
la imagen de una Madre que cobija,
que cuida, que está metida en su
pueblo, con la tez de su pueblo. Eso
es lo que siento delante de Ella.
Cuando vine a Roma en el 2013, estaba empezando a construir en Buenos Aires la parroquia San Juan
Diego, la cual nombré
en Buenos Aires, patrona de los floristas.
San Juan Diego me
dice mucho a mí, en
su relación con la Virgen. Hombre bueno,
pero se tuvo que meter en todo ese mundo
de convencer al obispo, y de esto… y sentir la humillación de
que no le creían: «No
tengas miedo, ¿acaso
no estoy yo aquí que
soy tu Madre?». Y él
confió. Milagro de las
flores, si es posible
porque la Madre es la
gran flor de México.
Lo que pediría es
—pero como un favor, a ustedes—
que esta vez, que va a ser la tercera
que piso suelo mexicano, me dejen
un ratito sólo delante de la imagen.
Es el favor que les pido. ¿Me lo van
a hacer?
Después la conversación cambió hacia
los temas sociales. Juan, de Ciudad de
México, dijo: «Ahora que llegue a México que él primero vea por los inmi-
Violencia, corrupción, guerra, niños que no pueden ir a la escuela
por sus países en guerra, tráfico, fabricantes de armas que venden armas para que las guerras en el mundo puedan seguir…: más o menos
éste es el clima que hoy vivimos en
el mundo, y ustedes están viviendo
su pedacito, su pedacito de «guerra»
entre comillas, su pedacito de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado. Si yo voy ahí, es para recibir
lo mejor de ustedes y para rezar con
ustedes, para que los problemas de
violencia, de corrupción y todo lo
que ustedes saben que está sucediendo, se solucione, porque el México
de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de
drogas, el México de los carteles, no
es el México que quiere nuestra Madre, y, por supuesto que yo no quiero tapar nada de eso, al contrario,
exhortarlos a la lucha de todos los
días contra la corrupción, contra el
tráfico, contra la guerra, contra la
desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas.
«Que nos traiga un poco de paz»
decía alguno de ustedes. La paz es
algo que hay que trabajarla todos
los días, es más —yo diría una palabra que parece una contradicción—,
¡la paz hay que pelearla todos los
días!, hay que combatir todos los
días por la paz, no por la guerra.
Sembrar mansedumbre, entendimiento, sembrar paz. San Francisco
rezaba: «Señor, hacé de mí un instrumento de tu paz». Quisiera ser en
México un instrumento de paz, pero
con todos ustedes. Es obvio que solo no puedo, sería una locura si yo
dijera eso, pero con todos ustedes,
instrumento de paz. Y ¿cómo se
amasa la paz? La paz es un trabajo
artesanal, un trabajo de todos los
SIGUE EN LA PÁGINA 15
número 5, viernes 5 de febrero de 2016
L’OSSERVATORE ROMANO
página 11
El silencio en la liturgia
Para decirle sí al Señor
Por ROBERT SARAH
Muchos fieles se quejan justamente
de la ausencia de silencio en algunas
formas de celebración de nuestra liturgia. Por tanto, es importante recordar el significado del silencio como valor ascético cristiano y como
condición necesaria para una oración
profunda y contemplativa, sin olvidar que en la celebración de la santa
Eucaristía se prevén oficialmente
tiempos de silencio, a fin de poner
en evidencia su importancia para
una auténtica renovación litúrgica.
En sentido negativo, el silencio es
la ausencia de rumor. El silencio virtuoso —o, mejor, místico— debe ser
obviamente distinto del silencio reprobable, del rechazo de dirigir la
palabra, del silencio de omisión por
cobardía, egoísmo o dureza de corazón. Bien entendido, el silencio exterior es un ejercicio ascético de dominio en el uso de la palabra. La ascesis es un medio indispensable que
nos ayuda a quitar de nuestra existencia todo lo que le da pesadez, es
decir, lo que obstaculiza nuestra vida
espiritual o interior y que, por tanto,
constituye un obstáculo para la oración. Sí, es precisamente en la oración donde Dios nos comunica su
vida, o sea, manifiesta su presencia
en nuestra alma irrigándola con las
olas de su amor trinitario, el Padre a
través del Hijo en el Espíritu Santo.
Y la oración es esencialmente silencio.
Los libros sapienciales del Antiguo Testamento rebosan de exhortaciones destinadas a evitar los pecados de la lengua (sobre todo, la maledicencia y la calumnia). Los libros
proféticos, por su parte, evocan el silencio como expresión del temor reverencial de Dios; se trata, entonces,
de una preparación para la teofanía
de Dios, esto es, para la revelación
de su presencia en nuestro mundo.
El Nuevo Testamento hace lo mismo. De hecho, contiene la carta de
Santiago, que sigue siendo indudablemente el texto clave respecto al
control de la palabra (cf. Santiago 3,
1-10). Jesús mismo nos puso en guardia contra las palabras malvadas,
que son expresión de un corazón depravado (cf. Mateo 15, 19), y también
contra las palabras ociosas, de las
que deberemos rendir cuenta (cf.
Mateo 12, 36).
En realidad, el silencio verdadero
y bueno pertenece siempre a quien
quiere dejar el propio lugar a los demás y, sobre todo, al totalmente
Otro, a Dios. El rumor exterior, en
cambio, caracteriza al individuo que
quiere ocupar un lugar demasiado
importante, que quiere pavonearse o
hacerse ver, o que quiere colmar su
vacío interior.
En el evangelio se dice que el Salvador mismo rezaba en silencio, sobre todo de noche (cf. Lucas 6, 12),
o se retiraba a lugares desiertos (cf.
Lucas 5, 16; Marcos 1, 35). El silencio
es típico de la meditación de la palabra de Dios; se lo encuentra, sobre
todo, en la actitud de María ante el
misterio de su Hijo (cf. Lucas 2, 1951).
El silencio es, sobre todo, la actitud positiva de quien se prepara para acoger a Dios a través de la escucha. Sí, Dios actúa en el silencio. De
ahí la importante observación de san
Juan de la Cruz:
«Una palabra habló el Padre, que
fue su Hijo, y ésta habla siempre en
eterno silencio, y en silencio ha de
ser oída del alma» (Dichos de luz y
amor, 99). Por tanto, es necesario
hacer silencio: y se trata de una actividad, no de una ociosidad. Si nuestro «celular interior» está siempre
ocupado, porque estamos «conversando» con otras criaturas, ¿cómo
puede el Creador tener acceso a nosotros, cómo puede «llamarnos»?
Debemos purificar, pues, nuestra inteligencia de sus curiosidades, nuestra voluntad de sus proyectos, para
abrirnos completamente a las gracias
de luz y de fuerza que Dios quiere
darnos en abundancia: «Padre, no se
haga mi voluntad, sino la tuya».
«La indiferencia» ignaciana es, por
tanto, también ella un forma de silencio.
La oración es una conversación,
un diálogo con Dios uno y trino: si,
en ciertos momentos, uno se dirige a
Dios, en otros hace silencio para escucharlo. No sorprende, en consecuencia, que se deba considerar el silencio como un componente importante de la liturgia.
Por cierto, los ritos orientales
—que no son de competencia de mi
Congregación— no prevén tiempos
de silencio durante la divina liturgia.
En Occidente, en cambio, en todos
los ritos (romano, romano-lionés,
cartujo, dominicano, ambrosiano,
etc.) la oración silenciosa del sacerdote no siempre va acompañada por
los cantos del coro o de los fieles.
La misa latina, entonces, incluye
desde siempre tiempos de silencio
absoluto durante el sacrificio eucarístico. Así, la constitución sobre la
liturgia Sacrosanctum Concilium, en
el número 30, decretó que «para
promover la participación activa
guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado».
La ordenación general del misal
romano de Pablo VI, publicado de
nuevo en 2002 por Juan Pablo II,
precisó los numerosos momentos de
la misa en que hay que guardar silencio: «Su naturaleza depende del
momento en que se observa en cada
celebración. Pues en el acto penitencial y después de la invitación a orar,
cada uno se recoge en sí mismo; pero terminada la lectura o la homilía,
todos meditan brevemente lo que escucharon; y después de la Comunión, alaban a Dios en su corazón y
oran. Ya desde antes de la celebración misma, es laudable que se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía, en el «secretarium» y en los lugares más cercanos para que todos
se dispongan devota y debidamente
para la acción sagrada» (45).
El silencio, pues, no está en absoluto ausente en la forma ordinaria
del rito romano, por lo menos si se
siguen sus prescripciones y si se inspira en sus recomendaciones. Además, a excepción de la homilía, es
preciso prohibir cualquier discurso o
presentación de personas durante la
celebración de la santa misa. De hecho, es necesario evitar transformar
la iglesia, que es casa de Dios destinada a la adoración, en una sala de
espectáculos a la que se va para
aplaudir a actores más o menos buenos sobre la base de su capacidad
más o menos grande de comunicar,
según una expresión que se oye a
menudo en los medios de comunicación.
Es necesario esforzarse para comprender las motivaciones de esta disciplina litúrgica sobre el silencio e
impregnarse de ella. Algunos autores
particularmente cualificados puden
ayudarnos en este ámbito y lograr
convencernos de la necesidad del si-
lencio en la liturgia. En primer lugar, monseñor Guido Marini, maestro de las celebraciones litúrgicas
pontificias, que expresa el principio
general en estos términos: una liturgia «bien celebrada, con el lenguaje
que le es propio, en sus diversas partes, debe prever una feliz alternancia
de silencio y palabra, donde el silencio anima la palabra, permite a la
voz resonar en feliz sintonía con el
corazón, mantiene toda expresión
vocal y gestual en el justo clima de
recogimiento. El silencio requerido,
por tanto, no debe considerarse como una pausa entre un momento celebrativo y el siguiente. Es más bien
un verdadero y propio momento ritual, complementario a la palabra, a
la oración vocal, al canto, al gesto».
El cardenal Joseph Ratzinger, en
su célebre obra El espíritu de la liturgia, ya observaba que «el gran
misterio que supera toda palabra
nos invita al silencio. Y el silencio,
es evidente, pertenece también a la
liturgia. Es preciso que este silencio
sea pleno, que no sea simplemente
ausencia de discurso o de acción. Lo
que esperamos de la liturgia es que
nos ofrezca este silencio sustancial,
positivo, en el que podamos encontrarnos a nosotros mismos. Un silencio que no es una pausa en la que
miles de pensamientos y deseos nos
asaltan, sino un recogimiento que
nos trae paz interior, que nos deja
respirar y descubrir lo esencial». Se
trata, por tanto, de un silencio en el
que miramos simplemente a Dios,
en el que dejamos que Dios nos mire y nos envuelva en el misterio de
su majestad y de su amor.
El mismo cardenal Ratzinger
mencionaba algunos momentos particulares de silencio. He aquí un
ejemplo: «También el momento del
ofertorio se puede desarrollar en silencio. En efecto, esta práctica se
adapta a la preparación de los dones
y solo puede ser fecunda con tal que
la preparación se conciba no solo
como una acción exterior, necesaria
para el desarrollo de la liturgia, sino
también como un itinerario esencialmente interior; se trata de unirnos al
sacrificio que Jesucristo ofrece al Padre» (ibidem). En tal sentido, se deben desaprobar las procesiones de
ofrendas, largas y rumorosas, que incluyen danzas interminables, en algunos países africanos. Se tiene la
impresión de asistir a exhibiciones
folclóricas que desnaturalizan el sacrificio cruento de Cristo en la cruz
y nos alejan del misterio eucarístico.
Es necesario, por tanto, insistir en
el silencio de los laicos durante la
oración eucarística, como precisa
monseñor Guido Marini: «Ese silencio no significa inoperancia o falta
de participación. Ese silencio ayuda
a que todos entren en el significado
del momento ritual que actualiza, en
la realidad del sacramento, el acto
de amor con el cual Jesús se ofrece
al Padre en la cruz para la salvación
del mundo. Ese silencio, verdaderamente sagrado, es el lugar litúrgico
en el que decir que sí, con toda la
fuerza de nuestro ser, al obrar de
Cristo, hasta que se convierta en
nuestro propio obrar diario».
L’OSSERVATORE ROMANO
página 12
viernes 5 de febrero de 2016, número 5
COMUNICACIONES
Colegio episcopal
Monseñor William E. Iraheta Rivera, obispo de Santiago de María (El Salvador)
Monseñor JUAN CARLOS ELIZALDE ESPINAL, obispo de Vitoria (España)
Monseñor JOSÉ HIRAÍS ACOSTA BELTRÁN, obispo de Huejutla (México)
RENUNCIAS:
El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la
diócesis de Sokodé (Togo) que
KOTAMBA
monseñor
AMBROISE
DJOLIBA le había presentado en
conformidad con el canon 401 § 1
del Código de derecho canónico.
AMBROISE KOTAMBA DJOLIBA nació en Siou, diócesis de Sokodé, en
el año 1938. Recibió la ordenación
sacerdotal del 11 de abril de 1966.
Juan Pablo II lo nombró obispo de
Sokodé el 5 de abril de 1993; recibió
la ordenación episcopal el 7 de
agosto de 1993.
El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la
diócesis de Santiago de María (El
Salvador) que monseñor RODRIGO
ORLAND O CABRERA CUÉLLAR le había presentado en conformidad con
el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico.
Rodrigo Orlando Cabrera Cuéllar nació en Teotepeque, arquidiócesis de San Salvador, el 14 de marzo de 1938. Recibió la ordenación
sacerdotal el 6 de enero de 1962.
Juan Pablo II lo nombró obispo de
Santiago de María el 23 de diciembre de 1983; recibió la ordenación
episcopal del 11 de febrero de 1984.
El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la
diócesis de Vitoria (España) que
monseñor MIGUEL JOSÉ ASURMENDI
ARAMENDÍA, S.D.B., le había presentado en conformidad con el canon
401 § 1 del Código de derecho canónico.
Miguel JOSÉ ASURMENDI ARAMENDÍA, S.D.B., nació en Pamplona
el 6 de marzo de 1940. Recibió la
ordenación sacerdotal el 5 de marzo
de 1967. Juan Pablo II lo nombró de
Tarazona el 27 de julio de 1990; recibió la ordenación episcopal el 30
de septiembre sucesivo. El mismo
Papa lo trasladó a la diócesis de Vitoria el 8 de septiembre de 1995.
El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la
diócesis de Macau (China) que
monseñor JOSÉ LAI HUNG-SENG le
había presentado en conformidad
con el canon 401 § 2 del Código de
derecho canónico.
JOSÉ LAI HUNG-SENG nació en
Macau el 14 de enero de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 28
de octubre de 1972. Juan Pablo II lo
nombró obispo coadjutor de la diócesis de Macau el 23 de enero de
2001; recibió la ordenación episcopal el 2 de junio sucesivo. Pasó a
ser obispo de dicha sede el 30 de junio de 2003.
El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la
diócesis de Sinop (Brasil) que monseñor Gentil Delázari le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho
canónico.
Gentil Delázari nació en Relvado,
diócesis de Santa Cruz do Sul, el 9
de septiembre de 1940. Recibió la ordenación sacerdotal el 13 de julio de
1968. Juan Pablo II lo nombró obispo coadjutor de la diócesis de Sinop
el 9 de febrero de 1994; recibió la ordenación episcopal el 27 de marzo
de 1994. Pasó a ser obispo de dicha
sede el 22 de marzo de 1995.
El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la
diócesis de Mannar (Sri Lanka) que
monseñor RAYAPPU JOSEPH le había
presentado en conformidad con el
canon 401 § 1 del Código de derecho
canónico.
RAYAPPU JOSEPH nació en Delft,
diócesis de Jaffna, el 16 de abril de
1940. Recibió la ordenación sacerdotal el 13 de diciembre de 1967. Juan
Pablo II lo nombró obispo de Mannar el 6 de julio de 1992; recibió la
ordenación episcopal el 20 de octubre del mismo año.
EL PAPA
HA NOMBRAD O:
—Obispo de Sokodé al presbítero
CÉLESTIN-MARIE GAOUA.
CÉLESTIN-MARIE GAOUA nació en
Wahala, diócesis de Atakpamé, el 6
de abril de 1957. Recibió la ordenación sacerdotal el 27 de diciembre de
1986. Ha desempeñado su ministerio
como rector del seminario menor y,
más tarde, del seminario mayor de
Atakpamé, misionero «fidei donum» en la diócesis de Sokodé y rector del seminario mayor filosófico
nacional en la diócesis de Kara.
—Obispo de Santiago de María (El
Salvador) al presbítero WILLIAM ERNESTO IRAHETA RIVERA.
WILLIAM ERNESTO IRAHETA RIVEnació Jayaque, arquidiócesis de
San Salvador, el 24 de enero de
1962. Recibió la ordenación sacerdotal el 27 de diciembre de 1988. Ha sido vicario parroquial, director de un
centro educativo, moderador de la
Curia arquidiocesana, director de
Cáritas, delegado episcopal para la
educación y párroco.
RA
—Obispo de Vitoria (España) al
presbítero Juan Carlos Elizalde Espinal.
bró obispo titular de Puzia de Bizacena y auxiliar de Belo Horizonte el
19 de enero de 2011; recibió la ordenación episcopal el 19 de marzo sucesivo.
JUAN CARLOS ELIZALDE ESPINAL
nació en Mezquíriz, Pamplona, el 25
de junio de 1960. Recibió la ordenación sacerdotal el 3 de octubre de
1987, incardinando en Pamplona y
Tudela. Se licenció en filosofía en la
Universidad de Navarra, en teología
en Burgos y en teología espiritual en
la Pontificia Universidad de Comillas en Madrid. Además, hizo el curso de directores de ejercicios espirituales en Salamanca. Inició su ministerio sacerdotal en Madrid en el
apostolado juvenil del Instituto secular Cruzados de Santa María y como
capellán universitario. Al regresar a
su diócesis de origen ha sido director
de las residencias universitarias diocesanas, párroco en diversas parroquias, profesor de teología y responsable de pastoral de la Universidad
pública de Navarra, vicario episcopal, coordinador del Centro de dirección espiritual y canónigo-prior
de la Real Colegiata de Roncesvalles.
EUZÉBIUS CHINEKEZY O GBONNA
MANAGWU nació en N’Djamena, en
Tchad, de padres nigerianos, el 13 de
diciembre de 1959; y siendo niño
emigró con la familia a Gabón. Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de
noviembre de 1992, incardinado en la
archidiócesis de Libreville. Obtuvo
la licenciatura en teología espiritual
en el Pontificio Instituto Teresianum
de Roma. Ha desempeñado su ministerio como vicario parroquial, párroco en diversas parroquias, director
espiritual y, más tarde, rector del seminario menor de Libreville y vicario
episcopal de la diócesis.
—Obispo de Macau (China) a monseñor STEPHEN LEE BUN SANG, obispo titular de Nove y auxiliar de la
diócesis de Hong Kong.
—Obispo de Molfetta-Ruvo-Giovinazzo-Terlizzi (Italia) a monseñor
D OMENICO CORNACCHIA, hasta ahora obispo de Lucera-Troia.
STEPHEN LEE BUN SANG nació en
Hong Kong el 10 de noviembre de
1956. Recibió la ordenación sacerdotal el 20 de agosto de 1988 en Torreciudad (Huesca, España), incardinado en la Prelatura personal de la
Santa Cruz y del Opus Dei. El Papa
Francisco lo nombró obispo titular
de Nove y auxiliar de Hong Kong el
11 de julio de 2014; recibió la ordenación episcopal el 30 de agosto sucesivo.
—Obispo de Sinop (Brasil) a monseñor CANÍSIO KLAUS, hasta ahora
obispo de la diócesis de Santa Cruz
do Sul.
CANÍSIO KLAUS nació en Arroio
do Meio, diócesis de Santa Cruz do
Sul, el 9 de octubre de 1951. Recibió
la ordenación sacerdotal el 28 de diciembre de 1979. Juan Pablo II lo
nombró obispo coadjutor de Diamantino el 22 de abril de 1998; recibió la ordenación episcopal el 21 de
junio sucesivo. Pasó a ser obispo de
dicha sede el 26 de agosto del mismo año. Benedicto XVI lo nombró
obispo de Santa Cruz do Sul el 19
de mayo de 2010.
—Obispo de Amparo (Brasil) a monseñor LUIZ GONZAGA FÉCHIO, hasta
ahora obispo titular de Puzia de Bizacena y auxiliar de Belo Horizonte.
LUIZ GONZAGA FÉCHIO nació en
Matão, diócesis de São Carlos, el 4
de diciembre de 1965. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de diciembre de 1990. Benedicto XVI lo nom-
—Obispo de Port-Gentil (Gabón) al
presbítero EUZÉBIUS CHINEKEZY
O GBONNA MANAGWU.
Domenico Cornacchia nació en
Altamura el 13 de febrero de 1950.
Recibió la ordenación sacerdotal el
24 de abril de 1976. Benedicto XVI lo
nombró obispo de Lucera-Troia el 30
de junio de 2007; recibió la ordenación episcopal el 22 de septiembre
sucesivo.
—Obispo de Huejutla (México) al
presbítero JOSÉ HIRAÍS ACOSTA BELTRÁN, administrador diocesano de
dicha sede.
José Hiraís Acosta Beltrán nació
en Pezmatlán, estado de Hidalgo, el
22 de septiembre de 1966. Recibió la
ordenación sacerdotal el 11 de junio
de 1993. Se licenció en filosofía en la
Universidad pontificia de México.
Ha sido vicario parroquial, vicerrector del seminario menor, profesor y
formador en el seminario mayor,
juez del Tribunal eclesiástico, prefecto de estudios y director espiritual
del seminario mayor, defensor del
vínculo en el Tribunal diocesano y
miembro del colegio de consultores.
—Obispo coadjutor de Parnaíba
(Brasil) a monseñor JUAREZ SOUSA
DA SILVA, hasta ahora obispo de
O eiras.
Juarez Sousa da Silva nació en
Barras, diócesis de Campo Maior, el
30 de junio de 1961. Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de marzo de
1994. Benedicto XVI lo nombró obispo de la diócesis de Oeiras eºl 27 de
febrero de 2008; recibió la ordenación episcopal el 17 de mayo del mismo año.
número 5, viernes 5 de febrero de 2016
L’OSSERVATORE ROMANO
página 13
La Misa diaria en Santa Marta
Sin
medida
El tema del testimonio, entendido
como elemento fundamental de la
vida del cristiano, fue el centro de la
reflexión del Papa Francisco durante
la misa celebrada en Santa Marta el
jueves 28 de enero por la mañana.
Pero, ¿qué debe caracterizar este testimonio? El Pontífice sacó la respuesta directamente del Evangelio
del día, retomando el pasaje de Marcos (4, 21-25) inmediatamente sucesivo a la «parábola del sembrador».
Después de haber hablado de «la semilla que logra dar fruto» y de
aquella que, en cambio, cayendo «en
tierra no buena no puede dar fruto»,
Jesús «nos habla de la lámpara»,
que no se pone debajo del celemín,
sino en el candelero. Ella «es luz
—explicó—, y el evangelio de Juan
nos dice que el misterio de Dios es
luz y que la luz vino al mundo y las
tinieblas no la acogieron». Una luz,
añadió, que no puede esconderse, sino que sirve «para iluminar».
He aquí, pues, «uno de los rasgos
del cristiano, que ha recibido la luz
del Bautismo y debe darla». El cristiano, dijo el Papa, «es un testigo».
Y precisamente la palabra «testimonio» encierra «una de las peculiaridades de las actitudes cristianas».
En efecto, «un cristiano que lleva esta luz, debe hacerla ver porque él es
un testigo». Y si un cristiano «prefiere no hacer ver la luz de Dios y
prefiere las propias tinieblas», entonces «le falta algo y no es un cristiano completo». Una parte de él está
ocupada, las tinieblas «le entraron
en el corazón, porque tiene miedo
de la luz» y prefiere «los ídolos».
Pero el cristiano «es un testigo», testigo «de Jesucristo, luz de Dios. Y
deber poner esta luz en el candelabro de su vida». En el pasaje evangélico propuesto por la liturgia también se habla «de la medida», y se
lee: «Con la medida con que midáis,
se os medirá y aun con creces». Esta
es, dijo Francisco, «la otra peculiaridad, la otra actitud» típica del cristiano. En efecto, se hace referencia a
la magnanimidad, porque es hijo de
un padre magnánimo, de gran ánimo».
También cuando dice: «Dad y se
os dará», la medida de la que habla
Jesús, explicó el Papa, es «plena,
buena, rebosante». Del mismo modo, «el corazón cristiano es magnánimo. Está abierto, siempre». No es,
pues, «un corazón que se cierra en
el propio egoísmo». No es un corazón que se pone límites, que «cuenta: hasta aquí, hasta allá». Y continuó: «Cuando tú entras en esta luz
de Jesús, cuando entras en la amistad de Jesús, cuando te dejas guiar
por el Espíritu Santo, el corazón se
abre, llega a ser magnánimo». Se activa, en este punto, una dinámica
particular: el cristiano «no gana:
pierde». Pero, en realidad, concluyó
el Pontífice, «pierde para ganar otra
cosa, y con esta “derrota” de intereses, gana a Jesús, gana convirtiéndose en testigo de Jesús».
Para calar en concreto en su reflexión, Francisco se dirigió en este
punto a un grupo de sacerdotes que
celebraban las bodas de oro de su
ordenación: «cincuenta años por el
camino de la luz y del testimonio»,
y «tratando de ser mejores, tratando
de llevar la luz en el candelabro»;
una luz que, es la experiencia de todos, a «veces cae», pero que siempre
es bueno tratar de volver a proponer
«generosamente, es decir, con corazón magnánimo». Y, al agradecer a
los sacerdotes cuanto han hecho «en
la Iglesia, por la Iglesia y por Jesús», deseándoles la «gran alegría de
haber sembrado bien, de haber iluminado bien y de haber abierto los
brazos para recibir a todos con magnanimidad», el Papa también les
dijo: «Solamente Dios y vuestra memoria saben a cuánta gente habéis
recibido con magnanimidad, con
bondad de padres, de hermanos» y
«a cuánta gente que tenía el corazón
un poco oscuro, habéis dado luz, la
luz de Jesús». Porque, concluyó precisando su razonamiento, «en la memoria de un pueblo» permanecen
«la semilla, la luz del testimonio y la
magnanimidad del amor que acoge».
Del pecado
a la corrupción
Una oración por toda la Iglesia, para que jamás caiga del pecado a la
corrupción, fue recomendada por el
Papa durante la misa celebrada el
viernes 29 de enero por la mañana
en la capilla de la Casa Santa Marta.
Refiriéndose a la primera lectura
—tomada del segundo libro de Samuel (11, 1-4. 5-10. 13-17—, Francisco
observó enseguida: «Hemos escuchado el pecado de David, el grave
pecado del santo rey David. Porque
David es santo, pero también pecador, fue pecador». En efecto, «hay
algo que cambia en la historia de este hombre». De hecho, sucedió que
«en tiempo de guerra, David mandó
a Joab con sus servidores a combatir,
y él se quedó en el palacio». Generalmente “él iba a la cabeza del ejér-
cito”, pero esta vez su comportamiento fue diferente.
El relato bíblico, explicó el Papa,
«nos muestra a un David un poco
cómodo, un poco tranquilo, no en el
sentido bueno de la palabra». Tanto
que «un atardecer, después de la
siesta, mientras daba un paseo por la
terraza del palacio, ve a una mujer y
siente la pasión, la tentación de la
lujuria, y cae en el pecado». La mujer era Betsabé, esposa de Urías el
hitita. Se trata, pues, de «un pecado». Y Dios, observó Francisco, «lo
quería tanto a David».
A continuación, «las cosas se
complican, porque, pasado un poco
de tiempo, la mujer le hace saber
que estaba embarazada». Su marido
—recordó el Papa— «combatía por el
pueblo de Israel, por la gloria del
pueblo de Dios». Mientras que
«David traicionó la lealtad de aquel
soldado por la patria, traicionó la fidelidad de aquella mujer por su marido, y cayó muy bajo».
Y «cuando tuvo la noticia de que
la mujer estaba embarazada —se preguntó el Pontífice—, ¿qué hizo? ¿Fue
a rezar, a pedir perdón?». No, se
quedó «tranquilo» y se dijo a sí mismo: «saldré adelante». Así, convocó
«al marido de la mujer y lo hizo
sentir importante». Se lee en el pasaje bíblico que David «le preguntó
cómo estaban Joab y la tropa, y cómo iba la guerra».
En suma, «una pincelada de vanidad para hacerlo sentir un poco importante». Y después, al darle las
gracias, «le hizo dar un hermoso obsequio», recomendándole que fuera
a su casa a descansar. De este modo,
David «quería cubrir el adulterio:
aquel hijo habría sido hijo del marido de Betsabé».
Pero «este hombre —prosiguió el
Papa— era una persona de ánimo
puro, tenía un gran amor y no fue a
su casa: pensó en sus compañeros,
pensó en el arca de Dios bajo las
tiendas, porque llevaban el arca, y
pasó la noche con sus compañeros,
con los siervos, y no fue enseguida
donde su mujer». Así, «cuando le
avisaron a David —porque conocían
la historia, los rumores circulaban—,
¡imaginaos!».
He aquí, entonces, que «David lo
invitó a comer y beber con él, preguntándole —y aquí el texto es algo
reducido— “pero, ¿por qué no has
ido a tu casa?”». Y la respuesta del
hombre noble es: «¿Podría permitirme, mientras mis compañeros están
bajo las tiendas, el arca de Dios está
bajo una tienda, en lucha contra los
enemigos, ir mi casa a comer, a beber, a acostarme con mi mujer? ¡No!
Esto no puedo hacerlo». Y así «David lo hizo volver, le dio de comer y
beber otra vez y lo hizo emborrachar». Pero «Urías no volvió a su
casa: pasó la segunda noche con sus
compañeros».
Por tanto, prosiguió el Papa, «David se encontraba en dificultad, pero
pensó para sí: “Pero no, lo lograré”». Y así «escribió una carta, como
hemos escuchado: “Poned a Urías al
mando, frente a la batalla más dura,
después retiraos detrás de él para
que sea herido y muera”». En pocas
palabras, se trata de una «condena a
muerte: este hombre fiel —fiel a la
ley, fiel a su pueblo, fiel a su rey— es
condenado a muerte».
«Me pregunto —confió Francisco–
leyendo este pasaje: ¿dónde está
aquel David, muchacho valiente, que
sale al encuentro del filisteo con su
honda y cinco piedras, y le dice:
“Mi fuerza es el Señor”? No, no son
las armas. Tampoco las armas de
Saúl andaban bien para él».
«Es otro David», destacó el Papa.
En efecto, «¿dónde está aquel David
que, sabiendo que Saúl quería matarlo, dos veces tuvo la oportunidad
de matar al rey Saúl, y dijo: “No, no
me permito tocar al ungido del Señor”?». La realidad, explicó Francisco, es que «este hombre cambió, este hombre se reblandeció». Y, añadió, «me viene a la mente un pasaje
del profeta Ezequiel, capítulo 16,
versículo 15, cuando Dios habla a su
pueblo como un esposo a su esposa,
y dice: “Pero después de que te di
todo esto, te ufanaste de tu belleza
y, aprovechando de tu fama, te has
prostituido. Te has sentido segura y
te has olvidado de mí”».
Y es precisamente «lo que sucedió
con David en aquel momento», inSIGUE EN LA PÁGINA 14
L’OSSERVATORE ROMANO
página 14
viernes 5 de febrero de 2016, número 5
La misa diaria del Pontífice
VIENE DE LA PÁGINA 13
sistió Francisco: «El grande, el noble
David se sintió seguro, porque el
reino era fuerte, y pecó así: pecó de
lujuria, pecó de adulterio y también
asesinó injustamente a un hombre
noble, para cubrir su pecado».
«Este es un momento en la vida
de David —hizo ver el Pontífice—
que podríamos aplicar a la nuestra:
es el paso del pecado a la corrupción». Aquí «David comienza, da el
primer paso hacia la corrupción: obtiene el poder, la fuerza. Por eso «la
corrupción es un pecado más fácil
para todos nosotros que tenemos algún poder, ya sea poder eclesiástico,
religioso, económico, político». Y
«el diablo nos hace sentir seguros:
“Lo lograré”». Pero «el Señor quería
tanto a David, tanto que después
mandó reflejar su alma: envió al profeta Natán para reflejar su alma; y él
se arrepintió, lloró —“he pecado”—, y
se dio cuenta de ello».
«Quiero subrayar hoy —reafirmó
Francisco— sólo esto: hay un momento en el que la costumbre del
pecado o un momento en el que
nuestra situación es tan segura y somos bien vistos y tenemos tanto poder, tanto dinero, no sé, tantas cosas». También «a nosotros, sacerdotes, puede sucedernos esto: tanto
que el pecado deja de ser pecado y
se transforma en corrupción. El Señor siempre perdona. Pero una de
las cosas más feas que tiene la corrupción es que el corrupto no tiene
necesidad de pedir perdón, no la
siente».
El Papa, pues, invitó a rezar «por
la Iglesia, comenzando por nosotros,
por el Papa, por los obispos, por los
sacerdotes, por los consagrados, por
los fieles laicos: “Señor, sálvanos,
sálvanos de la corrupción. Pecadores, sí, Señor, somos todos, pero corruptos, jamás”». Al Señor, concluyó, «pidámosle esta gracia».
No hay humildad
sin humillación
No hay humildad y no hay santidad
sin pasar a través del camino de la
humillación: es esta la verdad que
Francisco ha vuelto a proponer —recordando la historia de David— durante la misa celebrada el lunes 1 de
febrero, por la mañana, en la capilla
de Santa Marta.
«En la primera lectura se continúa
con la historia del rey David, el santo rey David», hizo notar inmediatamente el Papa, refiriéndose al pasaje
tomado del segundo libro de Samuel
(15, 13-14,30; 16, 5-13). Es una historia, explicó, «que comienza cuando
Samuel fue a casa de su padre y David fue ungido rey», aun siendo todavía un muchacho. Después «creció, tuvo sus dificultades, pero siempre había sido un hombre que respetaba al rey que no lo quería». El soberano, en efecto, «sabía que él sería
su sucesor». Y «al final David pudo
unificar el reino de Israel: todos en
torno a él» pero «se sintió seguro y
comenzó a debilitarse el celo por la
casa del Señor».
Precisamente «en aquel momento
—hemos escuchado el otro día— D avid está a un paso de entrar en la
corrupción», continuó Francisco. Así
«el santo rey David, pecador pero
santo, llegó a ser corrupto». Sin embargo, he aquí que «el profeta Natán, enviado por Dios», le hace entender qué cosa fea había hecho,
una cosa mala: porque un corrupto
no se da cuenta. Es necesaria una
gracia especial para cambiar el corazón corrupto». Así «David, que aún
tenía el corazón noble», reconoce
haber pecado, «reconoce su culpa».
¿Y qué dice Natán? He aquí sus pa-
labras: «El Señor perdona tu pecado, pero la corrupción que tu sembraste crecerá. Tú mataste un inocente para encubrir un adulterio. La
espada no se alejará jamás de tu casa». Por lo tanto, explicó el Papa,
«Dios perdona el pecado, David se
convierte, pero las heridas de una
corrupción difícilmente se curan. Lo
vemos en tantas partes del mundo».
Es en este punto de la historia de
David, afirmó Francisco, que «llegamos al pasaje de hoy: el hijo de David hace la guerra al padre. Quiere
el poder: el hijo ya está corrompido». Pero «¿qué hace David? con
esa nobleza que, después de su pecado, reconquistó —también la penitencia que había hecho para salvar al
hijo que había muerto, el hijo del
adulterio— reúne a los suyos: “D ejemos la ciudad, para que Absalón —el
hijo— no haga caer sobre nosotros la
desgracia y pase a la ciudad bajo el
filo de la espada”, como era costumbre en aquellos tiempos».
«Dios le impuso a David un duro
castigo: “La espada no se alejará jamás de tu casa”», recordó el Pontífice. Pero «él defiende la casa y huye,
se va». ¿Es quizá «un cobarde? No,
es un padre». Y «deja que regrese el
arca», no se pone a «usar a Dios,
para defenderse». En definitiva, David «se va para salvar a su pueblo:
este es el camino de santidad que
David, después de aquel momento
en el que había entrado la corrupción, comienza a recorrer».
El pasaje bíblico, prosiguió el Papa, nos presenta a David mientras
sube, llorando, la cuesta de los olivos. Llevaba «la cabeza cubierta»,
en señal de luto, y caminaba descalzo. Hacía penitencia. También «toda la gente que estaba con él, los
más íntimos, llevaba la cabeza cubierta y subía llorando: el llanto y la
penitencia». La Escritura nos hace
saber que «algunos, que no lo querían, comenzaron a seguirle e insultarle». Entre estos, estaba Simei, que
lo llamaba «sanguinario», recordándole «el crimen que haía cometido
con Urías el hitita para encubrir el
adulterio».
Abisaí, una de las personas más
cercanas a David, «quiere defenderlo» y quiere cortarle la cabeza a Simei para hacerle callar. Pero David
da «un paso más: “si este hombre
maldice es porque el Señor se lo ha
dicho: maldice a David”». Y «después dice a sus siervos: “He aquí
que, el hijo salido de mis entrañas
busca quitarme al vida”». Piensa, en
efecto, en su hijo Absalón. Y por esto se dirige aún a su siervos: «A este
hombre de la tribu de Benajmín dejadlo maldecir, ya que se lo ha ordenado el Señor».
La cuestión, explicó Francisco, es
que «David sabe ver las señales: es
el momento de la humillación, es el
momento en el que él está pagando
su culpa». Tanto es así que exclama:
«Quizá el Señor mirará mi aflicción
y me devolverá bien a cambio de la
maldición de hoy». En resumen «se
confía a las manos del Señor: este es
el recorrido de David, desde el momento de la corrupción a este abandono en las manos del Señor. Y esta
es santidad. Esta es humildad».
Yo pienso —prosiguió el Papa—
que cada uno de nosotros, si alguien
dice una cosa fea», reacciona diciendo: «Pero no, yo no lo he hecho, esto no es verdad, no». En la práctica
nosotros «buscamos inmediatamente
decir que no es verdad». O bien
«hacemos como Simei: damos una
respuesta aún peor». Pero «la humildad —afirmó Francisco— puede llegar a un corazón solamente a través
de la humillación: no hay humildad
sin humillaciones». Y «si tú no eres
capaz de soportar algunas humillaciones en tu vida, no eres humilde.
Es así: yo diría así de matemático,
así de simple».
Por ello, volvió a decir el Papa,
«el único camino para la humildad
es la humillación». Por lo tanto, «el
fin de David, que es la santidad, llega a través de la humillación». También «el fin de la santidad que Dios
regala a sus hijos, regala a la Iglesia,
viene a través de la humillación de
su Hijo que se deja insultar, que se
deja llevar sobre la cruz, injustamente». Y «este hijo de Dios que se humilla es el camino de la santidad:
David, con su actitud, profetiza esta
humillación de Jesús».
Antes de continuar con la celebración eucarística, Francisco pidió «al
Señor, por cada uno de nosotros,
para toda la Iglesia, la gracia de la
humildad, y también la gracia de entender que no es posible ser humildes sin humillación».
L’OSSERVATORE ROMANO
número 5, viernes 5 de febrero de 2016
página 15
Cómo se amasa la paz
VIENE DE LA PÁGINA 10
días que se amasa con las manos,
desde cómo educo yo a un chico,
hasta cómo acaricio a un anciano,
son todas semillas de paz. Palabra
caricia. La paz nace de la ternura, la
paz nace de la comprensión, la paz
nace o se hace en el diálogo, no en
la ruptura, y ésta es la palabra clave,
el dialogo: diálogo entre los dirigentes, diálogo con el pueblo y diálogo
entre todo el pueblo. Cuántas veces
encontramos en una pelea de barrio
la solución que nos parece la mejor.
Y no, esa es una pequeña guerra.
Aún en el barrio, aún en la familia,
buscar y hacer la paz, y eso se hace
con el diálogo: estar abierto a hablar
con el otro, a escuchar sus razones a
dejarse corregir. «Padre, pero con un
delincuente uno no puede hacer
eso». Eso es verdad, pero yo puedo
dialogar con quien le puede cambiar
el corazón a ese delincuente. Tenemos la misma Madre, hablamos hace
un rato de Ella. Y decíle: «Mirá, si
vos me dijiste que yo no tenga miedo porque sos mi Madre, vos que
sos mi Madre arreglá eso». Si, yo le
haría la pregunta a cada uno de ustedes: ¿Yo le pido a la Virgen de
Guadalupe, la Madre de México, la
Emperatriz de América, le pido la
paz, le pido que haga paz, en tal lugar, en tal otro, en tal otro, o sea la
oración a la Madre para que ponga
paz? No tenerle miedo a escuchar al
otro, a ver qué razones tiene. Y, por
favor, no entrar en ninguna, en ninguna trenza que por ganar dinero,
me esclavice toda la vida en una
guerra interior y me quite la libertad, porque la paz da libertad. Yo le
voy a pedir a la Virgen, junto con
ustedes, que les de esa paz, que la
Guadalupana les regale la paz del
corazón, de la familia, de la ciudad,
y de todo el país.
Otro grupo de fieles se preguntó sobre
el significado que para los mexicanos
tiene la visita del Papa y sobre qué esperar Francisco de ellos. Rubén de la
Cruz Martínez (Guanajuato) manifestó el deseo:«Que salgamos de nuestro
letargo en la vivencia de la fe, que no
sea solamente una fe vivida en el templo sino que sea una fe que se vive en
la calle, en el trabajo, en la oficina, en
la política, en los medios, ya que tenemos que ser sembradores de los valores
evangélicos». Por su parte, José Ranulfo Lobato (Guanajuato) expresó su
esperanza de que el Pontífice pueda
ayudar a «cambiar o modernizar la
religión», mientras que Jorge Armando
ha destacado como las visitas de los
Papas siempre se han producido en
tiempos de crisis en el país.
Dicen que la sabiduría habla desde el corazón de los ancianos buenos. Y en los deseos expresados José
Ranulfo señaló ese deseo de renovación espiritual que podría darse con
mi visita. Y Rubén había dicho, antes, que no fuéramos cristianos de
«iglesia adentro», católicos de templo y fuera del templo, cualquier cosa. Que la fe aflore. Esas dos intervenciones me llegaron mucho: que
nos ayude a ser católicos de verdad,
a expresar y a vivir nuestra fe dentro
y fuera del templo. Eso es lo que esperan ustedes. Y yo voy para servir,
para eso, para ser un servidor de la
fe de ustedes, porque para eso me
hice cura, para servir, porque sentí
esa vocación, para servir a la fe de
ustedes, para servir a la fe del pueblo. Pero esa fe tiene que crecer y
salir hacía afuera y meterse en la vida de todos los días, una fe pública.
Y la fe se hace fuerte cuando es pública, sobre todo – como en la ultima intervención- en los momentos
de crisis: «Los Papas vinieron cuando aquí había crisis». Debe ser así,
yo no lo estudié eso, pero si vos lo
decís debe ser así. Que hay una crisis de fe en el mundo, es verdad. Pero también es verdad que hay una
gran bendición y un deseo – que lo
expresaron ustedes- de que la fe salga hacia afuera, que la fe sea misionera, que la fe no sea enfrascada, co-
mo en una lata de conserva. Nuestra
fe no es una fe de museo y la Iglesia
un museo. Nuestra fe es una fe que
nace del contacto, del diálogo con
Jesucristo, nuestro Salvador, con el
Señor. Bueno, esa fe tiene que salir a
la calle, tiene que salir a los lugares
de trabajo, tiene que salir en el entendimiento con los demás, esa fe
tiene que expresarse en el diálogo,
en la comprensión, en el perdón, en
la artesanía cotidiana de combatir
por la paz. Sí, una fe en la calle, si
la fe no sale a la calle, no sirve, y
que la fe salga a la calle no significa
solamente hacer una procesión. Que
la fe salga a la calle significa que yo
en mi lugar de trabajo, en mi familia, en las cosas que hago en la universidad, en el colegio, me muestro
como cristiano. Ustedes tienen mártires en su historia, que han dado su
vida por seguir este camino. La fe
tiene que ser callejera, como Jesús.
Si yo les pregunto a ustedes: «¿En
qué lugar pasó Jesús más tiempo de
su vida?» ¡En la calle! predicando el
Evangelio, dando testimonio. Yo a
ustedes les digo: «En la vida pública, en la vida familiar, al templo a
rezar, pero después salir». Nuestra fe
nos tiene que empujar a salir y no
quedarnos encerrados con nuestro
Jesús, y no dejarlo salir, porque Jesús sale con nosotros, si nosotros no
salimos, no sale. Un renovar la fe.
Renovar la fe quiere decir hacerla
«salidora», hacerla callejera, que no
le tenga miedo a los conflictos, sino
que busque solucionar los conflictos
familiares, escolares, sociales, económicos. La fe tiene que ser la inspiración mía a comprometerme con mí
pueblo, y eso tiene sus riesgos, tiene
sus peligros. Quisiera terminar robándole a la Madre sus palabras y
que a través mío Ella se las diga a
ustedes: «No tengan miedo de salir,
no tengas miedo hijito, hijita mía,
acaso no estoy yo aquí que soy tu
Madre».
Profecía proximidad, esperanza
VIENE DE LA PÁGINA 6
veo el descenso de las vocaciones,
cuando recibo a los obispos y les
pregunto: «¿Cuántos seminaristas
tenéis?» — «4, 5...». Cuando vosotros, en vuestras comunidades religiosas? —masculinas o femeninas—
tenéis un novicio, una novicia,
dos... y la comunidad envejece y
envejece... Cuando hay monasterios, grandes monasterios, y el Cardenal Amigo Vallejo [se dirige a él]
puede contarnos, en España, cuántos hay, que son llevados adelante
por 4 o 5 religiosas ancianas, hasta
el final… Y a mí esto me provoca
una tentación que va contra la esperanza: «Pero, Señor, ¿qué cosa
sucede? ¿Por qué el vientre de la
vida consagrada se hace tan estéril?». Algunas congregaciones hacen el experimento de la «inseminación artificial». ¿Qué es lo que
hacen? Reciben...: «Sí, ven, ven,
ven…». Y luego los problemas que
hay ahí adentro… No. ¡Se debe recibir con seriedad! Se debe discernir bien si esta es una verdadera vocación y ayudarla a crecer. Y creo
que contra la tentación de perder la
esperanza, que nos da esta esterilidad, debemos rezar más. Y rezar
sin cansarnos. A mí me hace mucho
bien leer ese pasaje de la escritura,
en el cual Ana —la mamá de Samuel— rezaba y pedía un hijo. Rezaba y movía sus labios, y rezaba…
Y el viejo sacerdote, que era un poco ciego y que no veía bien, pensaba que estaba ebria. Pero el corazón de aquella mujer [decía a
Dios]: «¡Quiero un hijo!». Yo os
pregunto a vosotros: ¿vuestros corazones, ante este descenso de las vocaciones, reza con esta intensidad?
«Nuestra congregación tiene necesidad de hijos, nuestra congregación
tiene necesidad de hijas…». El Señor que ha sido tan generoso no
faltará a su promesa. Pero debemos
pedirlo. Debemos tocar la puerta
de su corazón. Porque hay un peligro —y esto es feo, pero debo decirlo—: cuando una congregación religiosa ve que no tiene hijos y nietos
y comienza a ser más pequeña y
más pequeña, se apega al dinero. Y
vosotros sabéis que el dinero es el
estiércol del diablo. Cuando no
pueden tener la gracia de tener vocaciones e hijos, piensan que el dinero salvará la vida y piensan en la
vejez: que no me falte esto, que no
falte este otro… ¡Y así no hay esperanza! ¡La esperanza está solo en el
Señor! El dinero no te la dará jamás. Al contrario: ¡te tirará abajo!
¿Entendido? Esto quería deciros, en
vez de leer las notas que el Cardenal Prefecto os dará luego…
Os agradezco mucho por todo lo
que hacéis. Los consagrados —cada
uno con su carisma. Y quiero subrayar las consagradas, las religiosas. ¿Qué sería de la Iglesia si no
existirían las religiosas? Esto lo dije
una vez: cuando tú vas al hospital,
a los colegios, a las parroquias, en
los barrios, en las misiones, hombres y mujeres que han dado su vida… En el último viaje en África
—esto lo he contado, creo, en una
audiencia— encontré a una religiosa
de 83 años, italiana. Ella me dijo:
«Desde que tenía —no recuerdo si
me dijo 23 o 26 años—
que estoy aquí. Soy enfermera en un hospital».
Pensemos: ¡desde los 26
años hasta los 83! «Y he
escrito a los míos en Italia que no regresare jamás». Cuando tú vas a
un cementerio y ves que
hay muchos misioneros
religiosos muertos y tantas religiosas muertas a
los 40 años porque se
han enfermado, estas fiebres de estos países, han
dedicado sus vidas… Tú
dices: ¡estos son santos!
¡Estos son semillas! Debemos decir al Señor que
baje un poco sobre estos cementerios y vea que cosa han hecho nuestros antepasados y nos dé más vocaciones, ¡porque tenemos necesidad! Os agradezco mucho por esta
visita, agradezco al Cardenal Prefecto, al Mons. Secretario, a los
subsecretarios por lo que habéis hecho en este Año de la Vida Consagrada. Pero, por favor, no os olvidéis de la profecía de la obediencia,
de la cercanía, el prójimo más importante, el prójimo más próximo
es el hermano y la hermana de la
comunidad, y luego la esperanza.
Que el Señor haga nacer hijos e
hijas en vuestras congregaciones. Y
rezad por mí. Gracias.
L’OSSERVATORE ROMANO
página 16
viernes 5 de febrero de 2016, número 5
En la audiencia general, el Papa nos recuerda que Dios no quiere nuestra condena, sino nuestra salvación
Otra clase de justicia
Y desea que sus hijos vivan en el bien y la justicia
Dios no quiere nuestra condenación,
sino nuestra salvación. Lo destacó el
Papa Francisco continuando el
miércoles 3 de febrero, en la audiencia
general, en la plaza de San Pedro, las
reflexiones sobre el tema jubilar de la
misericordia.
Queridos hermanos y hermanas,
buenos días,
La Sagrada Escritura nos presenta a
Dios como misericordia infinita, pero también como justicia perfecta.
¿Cómo conciliar las dos cosas? ¿Cómo se articula la realidad de la misericordia con las exigencias de la justicia? Podría parecer que son dos
realidades que se contradicen; en
realidad no es así, porque es precisamente la misericordia de Dios que
lleva a cumplimiento la verdadera
justicia. ¿Pero de qué justicia se trata?
Si pensamos en la administración
legal de la justicia, vemos que ahí
quien se considera víctima de un
abuso se dirige al juicio en el tribunal y pide que se haga justicia. Se
trata de una justicia retributiva, que
inflige una pena al culpable, según
el principio de que a cada uno se le
debe dar lo que le es debido. Como
dice el libro de los Proverbios:
«Quien obra rectamente va derecho
a la vida. Quien va tras la maldad
camina hacia la muerte» (11, 19).
También Jesús habla de ello en la
parábola de la viuda que iba continuamente con el juez y le pedía:
«Hazme justicia frente a mi adversario» (Lc 18, 3).
Este camino, sin embargo lleva
aún a la verdadera justicia porque en
realidad no vence al mal, sino que
simplemente lo contiene. En cambio,
sólo respondiendo a ello con el bien,
es como el mal puede ser realmente
vencido.
Tuit del Papa
en Pontifex_es
2 FEB [12.00 PM] María, Madre de
Jesús, ayúdanos a transmitir las
maravillas del Señor a quienes encontramos en nuestro camino
4 FEB [10.40 AM] Dios quiere habitar en medio de sus hijos. Abramos un espacio para él en nuestro
corazón
He aquí, entonces, otro modo de
hacer justicia, que la Biblia nos presenta como camino principal para
recorrer. Se trata de un procedimiento que evita el recurso al tribunal y
prevé que la víctima se dirija directamente al culpable para invitarlo a la
conversión, ayudando a entender
que está haciendo el mal, apelando a
su conciencia. De este modo, finalmente arrepentido y reconociendo el
propio error, él puede abrirse al perdón que la parte ofendida le está
ofreciendo. Y esto es bello: en seguida después de la persuasión de lo
que está mal, el corazón se abre al
perdón, que se le ofrece. Es este el
modo de resolver los contrastes dentro de las familias, en las relaciones
entre esposos o entre padres e hijos,
donde el ofendido ama al culpable y
quiere salvar la relación que lo une a
otro. No cortéis esa conexión, esa relación.
Ciertamente, este es un camino difícil. Requiere que quien ha sufrido
el mal esté pronto a perdonar y desear la salvación y el bien de quien
lo ha ofendido. Pero sólo así la justicia puede triunfar, porque si el culpable reconoce el mal hecho, y deja
de hacerlo, he aquí que el mal no
existe más, y el que era injusto llega
a ser justo, porque es perdonado y
ayudado a volver a encontrar el camino del bien. Y aquí tiene que ver
precisamente el perdón, la miseicordia.
Es así que Dios actúa en relación
a nosotros pecadores. El Señor con-
tinuamente nos ofrece su perdón y
nos ayuda a acogerlo y a tomar conciencia de nuestro mal para podernos liberar de él. Porque Dios no
quiere la condenación de nadie. Alguno de vosotros podría hacerme la
pregunta: «Pero Padre, ¿Pilato merecía la condena? ¿Dios la quería? No,
Dios quería salvar a Pilato y también a Judas, a todos. Él, el Señor
de la misericordia quiere salvar a todos. El problema está en dejar que
Él entre en el corazón. Todas las pa-
labras de los profetas son una llamamiento de un completo amor que
busca nuestra conversión. He aquí
lo que el Señor dice a través del profeta Ezequiel: «¿Acaso quiero yo la
muerte del malvado [...] y no que se
convierte de su condena y viva? (18,
23; cf. 33, 11), es lo que le gusta a
D ios.
Y este es el corazón de Dios, un
corazón de Padre que ama y quiere
que sus hijos vivan en el bien y la
justicia, y por ello vivan en plenitud
y sean felices. Un corazón de Padre
que va más allá de nuestro pequeño
concepto de justicia para abrirnos
los horizontes inconmensurables de
su misericordia. Un corazón de Padre que no nos trata según nuestros
pecados y no nos paga según nuestras culpas, como dice el Salmo (103,
9-10). Y precisamente es un corazón
de padre el que nosotros queremos
encontrar cuando vamos al confesonario. Quizá nos dirá algo para hacernos entender mejor el mal, pero
en el confesonario todos vamos para
encontrar un padre que nos ayuda a
cambiar de vida; un padre que nos
da la fuerza para seguir adelante; un
padre que nos perdona en el nombre
de Dios. Y por esto ser confesores es
una responsabilidad muy grande,
porque ese hijo, esa hija que viene a
ti busca solamente encontrar un padre. Y tu, sacerdote, que estás ahí en
el confesonario, tú estás ahí en el lugar del Padre que hace justicia con
su misericordia.