REVISTA DE PROFESIONALES EN FORMACIÓN EN SALUD MENTAL 67 PERSPECTIVAS DE GÉNERO JULIO / SEPTIEMBRE 2015 / Nº 2 - VOLUMEN XXI ISSN 1666-2776 clepios 67 Coordinadores revista de profesionales en formación en salud mental Lic. Maia Nahmod Lic. Paula Dombrovsky Lic. Yesica Embil Dr. Nicolás Alonso Comité de Redacción Dra. Florencia Alul Lic. Mariano Nespral Lic. Antonella Rossetti Lic. Rafael Pozo Gowland Lic. Cecilia Scarnichia Lic. Lucila Carbón Colaboradores Dr. Guilad Gonen (Diseño web) DG Cecilia Álvaro (Diseño web) Comité Asesor Lic. Martín Agrest Lic. Michelle Elgier Lic. María Juliana Espert Dr. Javier Fabrissin Dra. Valeria Fernández Dr. Federico Kaski Fullone Diseño editorial Estudio THISIGN Lic. Luciana Grande Dr. Martín Nemirovsky Lic. Laura Ormando Dr. Javier Rodríguez Lic. Cecilia Taboada Lic. Bárbara Schönfeld Foto de tapa: Maia Nahmod Colaboradores fotográficos de este número: Florencia Molho / Aime Nahmod / Maia Nahmod / Guadalupe Noriega / Cecilia Scarnichia / Julieta Sciancalepore / Canela Soto / Yamila Embil Reg. Nacional de la Prop. Intelectual No 1603324 - ISSN No 1666-2776 - Hecho el depósito que marca la ley. Clepios, Vol. XXI - Nro. 2 - Julio / Septiembre 2015 Todos los derechos reservados. © Copyright by POLEMOS S.A. “Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental” es una publicación de Polemos, Sociedad Anónima Informes y correspondencia: Clepios, Moreno 1785 5º piso (1093) Buenos Aires. Tel/Fax 4.383-5291. E-mail: [email protected] / www.clepios.com.ar Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, sin previo consentimiento de su Editor Responsable. Los artículos firmados y las opiniones vertidas en entrevistas no representan necesariamente la opinión de la revista y son exclusiva responsablidad de sus autores. 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Patricia Zunino + c 67 Perspectivas de Género 52 Locas putas y encima… ¡drogadictas! 57 El dispositivo de la sexualidad y la Salud Mental 63 Nociones que Trans-forman María Lorena Battán Carabajal Sabrina Morelli Sebastián Paul María del Pilar Castroagudín 67 70 76 SALA DE ENSAYOS CADÁVER EXQUISITO REPORTAJE Carta a un joven psiquiatra Perspectivas de Género Entrevista a Irene Meler S. Nassir Ghaemi Marcelo Silberkasten María Luisa Femenías Silvia di Segni Débora Tajer 82 88 YO ESTUVe EN... Memorias para el futuro Yo estuve en Barcelona, España Retrocediendo casilleros: El desmantelamiento de las residencias de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires Florencia Molho Mariel Levinas Paloma Valente 90 93 94 COMENTARIO DE EVENTOS LO HUBIERA SABIDO ANTES CArta de lectores Encuentro Nacional de Mujeres en Salta La Mestiza, espacio de salud comunitaria Los 5 temas sobre el rock, el marxismo y la revolución sexual Canela Soto Magdalena Vallarino Alejandro Vainer CLEPIOS 50 > Editorial Cada número de nuestra revista empieza por un recorte. La dificultad que plantea esta operación es algunas veces más profunda que otras, pero siempre está allí. Este número trata de género. Y parece que al nombrarlo está todo dicho, sin embargo empezamos a evidenciar en el transcurso del armado que la palabra se impone, pesada, plagada de sentido, tanto así que nos deja perplejos: nos cuesta decir que entendemos por género. Sin embargo, es una temática que insiste. Dice uno de nuestros referentes: insiste porque resulta compleja de ser capturada. Esa misma complejidad que nos interpela para contemplarla e incluirla en nuevos discursos y prácticas. por tener nombre. Omisión que produce negatividad y vacancia pero también positividades en tanto opera, tiene efectos en la cultura imperante y produce (y reproduce) desigualdades, discriminaciones y violencias. Entendiendo la perspectiva de género como categoría analítica transversal a procesos socio-culturales que brinda, además, acceso a la descripción de algunas de las desigualdades sociales, consideramos ampliamente pertinente hacernos cargo. Para que la temática no se abra y se cierre, como puede hacerse con esta revista, sino que atraviese nuestras prácticas y estudio. Como atraviesa nuestros cuerpos. Los problemas que aparecen en la clínica parecen ser múltiples y de distintos órdenes: Cambios de sexo, nuevos modelos de parentalidad, lógicas de reproducción, identidades sexuales y de género. Nos preguntamos ¿Es posible pensar una práctica de salud mental desde una perspectiva de género? ¿Qué implicaría? ¿Tendríamos que revisar nuestros modelos de conceptualización del padecimiento psi y nuestras prácticas? Vamos al encuentro de distinticiones históricamente establecidas entre sexo, sexualidad y género. ¿Relaciones de determinación? ¿O más bien de simultaneidad? ¿O se tratará, en todo caso de pensar relaciones de normalización bajo determinadas lógicas de poder? Pareciera que hacer una lectura de género no sólo toca limitaciones médicas, culturales y sociales, sino también políticas, ideológicas y epistemológicas. ¿De qué hablamos, entonces, cuando hablamos de género? La cadena asociativa comienza a marchar por conceptos, prácticas, regulaciones: Violencia de género, epistemología feminista, producción de identidades, queers, travestis trans, el lugar de la mujer en el sistema de producción, posporno, ley de identidad de género. ¿Cómo pensar el cómo y el por qué sexualidad y cuerpo irrumpen en el centro de la acción política hasta llegar a ser objetos de una gestión estatal e industrial a partir de finales del siglo XIX? ¿Qué tienen para decir la psicología, la psiquiatría, el psicoanálisis, la Salud Mental frente a estos avances? Entonces, nos interpela directamente. Nos obliga a tomar conciencia de posiciones tomadas, o a repensarlas. De otro modo, tal vez, corremos el riesgo de hablar de género por un rato (¿porque está “de moda”?) y dejar de hablar para ser hablados. A propósito del lenguaje; pocas veces nos preguntamos sobre lenguajes psicopatológicos, las categorías inherentes a nuestros corpus conceptuales están ahí, presentes, a mano. Más allá, incluso, de su correcta aplicación. Trabajamos con ellas, y con mayor o menor tenacidad, creemos que existen. Decía Paul Valery que la mayoría de las personas ignoran lo que no tiene nombre y creen en la existencia de lo que sí lo tiene. Tal vez aquí podemos ubicar el desencuentro entre nuestras teorías y el pensamiento de género: en un pensar de más en las palabras que una cultura determinada nos ofreció para nombrar… y en una pronunciada omisión de lo que en esta época lucha Convocamos a todos los profesionales en formación a compartir sus inquietudes, preguntas, reflexiones y pensamientos en esta publicación bajo la premisa de Donna Haraway, quien señala que “necesitamos el poder de las teorías críticas modernas sobre la manera en que se forman las significaciones y los cuerpos, no para negar significaciones y cuerpos sino para vivir en significaciones y cuerpos que tengan una oportunidad en el futuro”, en esta línea se inscriben los escritos de la sección de “Trabajos Libres” y de “Cadáver exquisito”, estos últimos brindados por referentes en nuestra formación. En el reportaje entrevistamos a la Doctora en psicología Irene Meler, quien desde el cuerpo conceptual del psicoanálisis nos invita a dialectizar nuestras prácticas en Salud Mental con los Estudios de Género. “Lo hubiera sabido” nos presenta el trabajo llevado a cabo en la Consejería de Salud Sexual y Aborto Seguro con Misoprostol de La Mestiza, espacio de salud comunitaria con perspectiva de género que trabaja en pos de la organización y participación popular en el barrio de Mataderos. En el “Comentario de Eventos” las resonancias de una residente en el Encuentro Nacional de Mujeres en Salta. Resonancias en el cuerpo que, como en el de muchos de nosotros, se ha multiplicado en la inmensa convocatoria del #Ni una menos. También, en este número, una nueva entrega de “Memorias para el futuro” donde se intenta plasmar el estado de situación actual de la Residencia de Salud Mental de C.A.B.A (o tal vez debiéramos decir de la Residencia de Psicología y la Residencia de Psiquiatría, pero nos resistimos). En Sala de ensayos hemos incorporado la traducción autorizada de “Carta a un joven psiquiatra” de Nassir Gahemi, quien interpela a los psiquiatras en formación e insta a buscar el conocimiento de la ignorancia. “Yo estuve en…” nos lleva de la mano de un relato interdisciplinario a Barcelona. Y por último, una nueva sección. En realidad, una vieja sección que se saca el polvo y vuelve a Clepios: “Carta de lectores”, con un respuesta de Alejandro Vainer a “Las 5 muertes más polémicas del rock” publicadas en el número 65. CLEPIOS 51 [ [email protected] ] 01 Locas putas y encima… ¡drogadictas! María Lorena Battán Carabajal Residente de tercer año en Salud Mental. Hospital Nacional en Red, Especializado en Salud Mental y Adicciones - EX CENARESO. Periodo 2015-2016. [email protected] Foto/ Guadalupe Noriega RESUMEN :: Se propone con este escrito, a partir de la experiencia o instancia de formación en el Hospital Nacional en Red, Especializado en Salud Mental y Adicciones -EX CENARESO, realizar una reflexión epistémica y abordar el consumo problemático de sustancias psicoactivas desde la clave de género. Cuando hablamos de perspectiva de género y drogadicción, nos referimos a la necesidad de considerar las particularidades del consumo de sustancias psicoactivas en las mujeres y analizar como el conjunto de la sociedad, a través de sus instituciones y agentes, percibe y reacciona, ante esa conducta que implica riesgo y transgresión a los roles tradicionales impuestos en tanto la condición de mujer-esposa y madre. PALABRAS CLAVE :: Salud Mental – Género – Drogas - Rol profesional o Profesionales - Reflexión Epistémica. Crazy, whores and drug addicts over ABSTRACT :: Based on the experience or training at the Hospital Nacional en Red, Specialized in Mental Health and Addiction -EX CENARESO- , this paper’s propposal is to make an epistemic consideration and address the problematic use of psychoactive substances from a gender key. When we talk about gender and drug abuse, we refer to the need to consider the specifics of psychoactive substances on women and analyze how the whole society , through its institutions and agents perceives and reacts to such behavior which involves risk and transgression of traditional roles imposed on womanhood - wife and mother. KEY WORDS :: Mental Health - Drug - Gender - professional role - Epistemic reflexion. Clepios, revista de profesionales en formación en CLEPIOS 52salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 52-56 > “A lo largo de los últimos veinte años, los historiadores se han tornado conscientes de la necesidad de desvelar los procesos a través de los cuales tiene lugar la ‘naturalización’ y por los cuales ideas, teorías, experiencias, lenguajes,… adoptan la cualidad de ser ‘naturales’, permitiendo el encubrimiento de sus características consuetudinarias, convencionales y sociales. El entendimiento de semejante naturalización resulta crucial en el empeño de delinear y explicar la naturaleza precisa del poder científico y médico” Jordanova, 1989; 59 Cuando se aborda la temática del consumo problemático de sustancias psicoactivas, se lo hace desde una perspectiva, la masculina. De Beauvoir (1968), ya había planteado que el modo de entender la humanidad había sido el masculino y por lo tanto lo relativo a la mujer siempre fue un misterio. En antropología hay teorías acerca del matriarcado (Bachofe, 1986; Marzal, 1997), que plantean que en la época arcaica, el varón adulto no asumía responsabilidad ante los hijos, ya que existía la creencia de que el mismo no estaba involucrado en la procreación, por lo tanto no existía una vinculación mujervarón, de ese modo las primeras familias eran compuestas por la madre y sus hijos (Martín-cano, 2000). La familia matricéntrica, formaba una unidad de lazos estrechos y era económicamente autosuficiente. La sucesión era matrilineal por la certeza de saber quién era la madre de los descendientes. Luego, producto de la evolución de la sociedad, se comenzó a establecer vínculos más estrechos entre hombres y mujeres. Y de esta manera los hombres entendieron que tenían participación en la procreación, al igual que las féminas. De este modo comenzaron a preocuparse por la descendencia, así como a proteger a la unidad familiar. Comportamiento que se fue instituyendo para la conformación de la familia y la institución del matrimonio. Según Martin-cano (2000), ello ocurrió por varios motivos: porque el varón captó la idea de paternidad y comprendió que era el causante de la fecundación, porque el varón quisiera posesionarse de los hijos y de su pareja. O porque quiso aumentar el número de descendientes y para ello necesitó de la madre, para que hiciese frente a los cuidados de sus numerosos hijos, encargándose el hombre de la búsqueda de alimentos y el sustento económico. De ese modo podríamos decir, se produce el pasaje del sistema matrilineal al patriarcal. Y es precisamente el surgimiento de la unidad mujer-varón, el primero de los mecanismos que explican la construcción del rol femenino que existe hasta la actualidad. Es con la institución del matrimonio que la mujer pasa a depender del marido y del maridaje, con lo cual pierde la posibilidad de ejercer otros roles por fuera de la familia y la maternidad. A partir de entonces se desarrollaría en la mujer el deseo de satisfacer su posibilidad de realización exclusivamente a través de la maternidad naturalizando dicha función y equiparando el ser mujer del ser madre y esposa. Así se nace el mito del instinto maternal. Además la herencia se convirtió en patrilineal y lo relativo a las tierras y a su cultivo pasó a manos masculinas, de modo tal que la propiedad del suelo cultivable se transmitía a la descendencia masculina. Con ello la mujer quedó excluida de la propiedad del suelo y de las labores agrarias, por lo que la familia dejó de depender de ella para su subsistencia, y se modificó su función en la economía familiar (Di Bennardo, 2009). Tras la revolución patriarcal, que instituyó el matrimonio y la familia patriarcal, “apareció la desigual división de los sexos, quedándose la mujer en su papel exclusivo de procreadora, mientras el varón se dedicó a la búsqueda del sustento” (Di Bennardo, 2009, p. 27). Y con ello comenzó la relación sexual monógama, “por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja, a cambio del sustento y la seguridad o refugio del hogar” (Martin-cano 2000). Así se empieza a reprobar la prostitución y el comportamiento libre sexual femenino, que en la antigua Grecia eran permitidos. De modo gradual se configuraría “el modelo de familia” e irían desapareciendo otras formas. Esta familia nuclear como modelo cultural es así idealizada también como modelo normativo (Jelin, 2000). Con el viraje de la sociedad hacia prerrogativas patriarcales, sobrevino la introducción de normativas morales que restringían la sexualidad al ámbito del matrimonio, por la que la mujer había de llegar virgen al mismo y se le prohibía practicar de manera libre el sexo o las prácticas masturbatorias. Lo cual se expandió a todo occidente por la tradición judeocristiana, estableciendo los placeres sexuales como algo inmoral e impúdico, limitando la sexualidad femenina, para que la mujer dejara de ser autónoma y se dejara someter (Martín-cano, 2000). Así fue que la sexualidad femenina quedó subsumida y la mujer dejó de disfrutar de la anterior libertad sexual. Y tras la revolución religiosa, que propagaba el mandato patriarcal, se universalizó, “se le impuso fuertes ideas de moralidad y recato, siendo víctima de represión sexual” (Martín-cano, 2001). Sino era calificada de loca, poseída, puta y peligrosa. Esta introducción pretende situar cómo se configuró el modelo tradicional de roles femenino y masculino, que vinculaba a las mujeres con el ámbito familiar y las tareas domésticas (incluyendo la crianza de los hijos y el cuidado de las personas dependientes) y a los hombres con la vida pública y el trabajo productivo. La perspectiva de género permite superar la predeterminación biológica (la anatomía como destino) sosteniendo que las identidades de mujeres y varones son el producto de una construcción en la cual se van urdiendo distintas variables en interacción con los medios sociales y familiares. CLEPIOS 53 ¿Por qué planteo el análisis de la problemática del consumo femenino desde el género? El género condiciona de variados modos la salud de hombres y mujeres así como el consumo problemático de sustancias. A pesar de ello, la perspectiva de género no ha sido incorporada lo suficiente a las investigaciones epidemiológicas realizadas en nuestro país y, consecuentemente, a las políticas que se vienen aplicando en los ámbitos de asistencia de las adicciones. Lo cual distorsiona el conocimiento y el análisis de la realidad de los consumos de sustancias. El resultado de todo ello es que se interpretan los consumos en clave masculina, considerando que las mujeres mantienen un patrón de conducta similar al de los hombres en una sociedad aún permeada por valores androcéntricos y preconceptos morales. Pero más importante aún nos permite reflexionar acerca de nuestro posicionamiento profesional y desde allí nuestra actuación como tal. ¿Qué es el Género? La construcción socio-cultural y simbólica acerca las categorías de masculinidad - feminidad y de las relaciones entre ambas. Es una construcción histórica y cultural que marca la diferencia entre el género humano desde el inicio de la vida social, económica y política como pudimos ver. Rol de género: Conductas o modos de comportamiento considerados adecuados socialmente como propio de mujer y varón en una cultura y un tiempo determinado. En cada sociedad existen “normas de comportamiento obligadas, permitidas o prohibidas” según sea lo esperado de acuerdo a la condición de hombre o mujer, a las cuales tienen que ajustarse cada uno de estos grupos. Dichas normas se transmiten y reproducen a través de los espacios de socialización, como la familia, la escuela y los medios de comunicación (Sánchez Pardo, 2009). La consolidación y reproducción de estas formas de ser y hacer propias de cada género son transmitidas por el Imaginario Social, a través de sentidos organizadores como mitos. Que sustentan la institución de comportamientos, normas, valores, lenguaje y tienen como resultado la producción de subjetividad. El imaginario social es un “magma de significaciones imaginarias sociales” encarnadas en instituciones. Como tal, regula el decir y orienta la acción de los miembros de esa sociedad, en la que determina tanto las maneras de sentir y desear como las maneras de pensar (Castoriadis, 1975) y sanciona lo distinto, lo que transgrede dichas normas. El modelo tradicional de división de género del trabajo asigna a los hombres la responsabilidad en el trabajo productivo, relacionado al ámbito público, lo social, y externo a la familia, y a las mujeres todo lo relacionado con el ámbito privado, con lo doméstico, como la crianza de los hijos, el cuidado del hogar y la familia. Esta división del trabajo se ampara en factores supuestamente innatos tales como, la capacidad biológica de procrear, o por ciertas aptitudes, atributos y capacidades diferentes para hombres y mujeres. Según esta perspectiva, todo lo concerniente al recinto del hogar es eminentemente femenino debido a que las mujeres son afectivas, emocionales, cariñosas, frágiles, maternales, sensibles, intuitivas, sumisas, dependientes, y tienden a preocuparse por los demás. En cambio los hombres son agresivos, activos, fuertes, racionales, dominantes e independientes. El género, o sea la condición socio-cultural y simbólica acerca las categorías de masculinidad y feminidad, determina muchos comportamientos relacionados con la salud. En múltiples investigaciones de salud pública y familiar se constata que las mujeres se preocupan más y aplican más autocuidados a su salud en general, que los hombres (Kandall, 1996; Rubio, y Blázquez, 2000; Sanchez, 2009). Del mismo modo, si se analizan algunas de las principales causas de muerte en las sociedades desarrolladas (accidentes, violencia, cardiopatías, consumo de tabaco, de alcohol y drogas ilegales, etc.), es posible comprobar la presencia de diferencias de género en estas conductas relacionadas con la salud. Pese a ello es significativo, las evidencias que señalan que las mujeres retardan la solicitud de ayuda por adicción, hasta el momento en que las consecuencias sobre su salud física y mental o en su vida familiar, social o laboral alcanzan una entidad tal que las hace insostenibles (Sanchez, 2009). Esta circunstancia explica, por ejemplo, cómo, siendo la proporción de hombres con problemas de abuso de alcohol el doble que de mujeres, las tasas de tratamiento masculinas cuadriplican a las femeninas (Rubio, y Blázquez, 2000). Así se podría pensar que existen diferencias en los factores asociados o motivaciones que acarrean a hombres y mujeres a adentrarse en el consumo de sustancias psicoactivas, a mantener dichos consumos y a desarrollar un consumo problemático. También habría que considerar si la función del tóxico varía según la condición femenina o masculina. Y los efectos o consecuencias que el uso y/o abuso de drogas tienen en hombres y mujeres, más allá de los relacionados con la salud sexual y reproductiva. Quienes trabajan diariamente con toxicómanos y toxicómanas pueden observar que los consumos femeninos de drogas presentan elementos singulares. Pero más aún, que hace al interés de este escrito, las consecuencias a nivel social del consumo en las mujeres, desde los profesionales y la sociedad toda. Una visión moderna y actualizada de las relaciones de género permite visualizar una realidad, caracterizada por el hecho de que tanto hombres como mujeres consumen drogas y las consecuencias o problemas que se derivan de los consumos son diferentes en hombres y mujeres. Consumen en menor cantidad que los hombres, pero las consecuencias físicas derivadas del consumo son más frecuentes y graves. El consumo de drogas entre hombres y mujeres tiene carac- CLEPIOS 54 > terísticas diferentes ya sea desde la asimilación y metabolización en el organismo, hasta las consecuencias en su subjetividad y el impacto familiar y social que en la población femenina es superior. Según Sánchez Pardo (2009), las mujeres presentan, en general, una evolución menos favorable que los hombres en el tratamiento de las adicciones, debido a que los dispositivos de atención y/o servicios asistenciales no suelen tener en cuenta las necesidades específicas de las mujeres y porque las mujeres reciben más presiones de su entorno familiar y social para concluir cuanto antes el tratamiento y poder asumir de nuevo sus responsabilidades familiares. Lo cual es un observable para quienes trabajan en la clínica de consumo de sustancias psicoactivas. Elementos característicos de las adicciones a drogas presentes en las mujeres basados en investigaciones: (Briere y Runtz, 1988; Ettorre, 1996; Kandall, 1996; Meneses,1997; Orte, 1998; Singer, Bussey, 1995). El comienzo al consumo de drogas es algo más tardío. Progresan de forma más rápida. Mayor severidad de la adicción. Inicio del consumo debido a una relación afectiva con un toxicómano. Trastornos psiquiátricos asociados a la dependencia de las drogas. Trastornos psiquiátricos previos al consumo problemático de drogas. Mayor probabilidad de tener historia de abuso físico o sexual. Mayor probabilidad de tener intentos de suicidios. Una elevadísima probabilidad de sufrir malos tratos físicos o psicológicos. Más problemas familiares, laborales y económicos que los hombres. Cuentan con menos apoyo familiar y social para enfrentar los problemas. Disponen de menos recursos o de mayores dificultades para acceder a ellos. Impacto muy negativo sobre la salud sexual y reproductiva, provocando: La reducción de la fertilidad. Alteraciones en el embarazo, con diversos daños para el feto y el recién nacido. Disfunciones sexuales y conductas de riesgo. Relaciones no deseadas o plenamente consentidas. Embarazos no deseados. Abortos Además se podría pensar que hay recurrencias en las historias de vida de mujeres con consumo de sustancias. Muchas han vivido en condiciones de extrema pobreza, han sido abandonadas, o dadas por sus progenitores, han experimentado algún abuso sexual durante su infancia ya sea por parte del padre, padrastro o de algún familiar cercano. Han tenido carencias afectivas tanto familiares como de pareja, lo que las hace más vulnerables a ser “enganchadas” por proxenetas, quienes aprovechándose de esta situación las inducen a la prostitución. Y con esto se plantea una relación casi cotidiana: droga y prostitución. ¿Cuál es la relación droga- prostitución? En muchos casos es debido a esta actividad que se inician en el consumo de drogas para garantizarse a los clientes, debido a que algunos de ellos ponen como ‘condición sine quanon’ que consuman. Luego el consumo se instala ya que responde a la necesidad de soportar largas jornadas de trabajo, tolerar las caricias del cliente, ciertos actos sexuales, las desinhibe, las relaja, les quita el frío, y se olvidan de sus problemas, cumple una función de “aguante”. En otros casos se inician en la prostitución como modo de ganar dinero para obtener drogas. Más allá de las consecuencias en la salud, si profundizamos el análisis pareciese que si bien el consumo de drogas es rechazado a nivel general, y los adictos son muchas veces objeto de discriminación, estigma y prejuicios, en el caso de las mujeres adictas esto se incrementa más y sufren una doble estigmatización por ser mujer y adicta. Son rechazadas y enfrentan sanciones morales, religiosas y legales. Las mujeres con consumos problemáticos de drogas perciben con más frecuencia e intensidad que los hombres que han fracasado a nivel personal, familiar y social. Las consecuencias de esta vivencia suelen ser la desvaloración personal, las tensiones y conflictos familiares, cuando no la violencia familia (Sánchez Pardo, 2009). ¿Por qué? Si lo pensamos desde la lógica del género y lo desarrollado hasta ahora, la mujer que consume realiza múltiples transgresiones: Conductas de “riesgo” tales como consumir tabaco, alcohol u otras drogas, eran en la antigüedad y hasta hace pocas décadas características del rol masculino (Sánchez Pardo, 2009), asociadas al temperamento agresivo inherente al hombre y culturalmente aceptadas (salvo en casos extremos). Así nuestra sociedad atravesada por el modelo tradicional de roles masculino y femenino, hace que se perciba el consumo de drogas por parte de las mujeres como un comportamiento impropio. Que pone en jaque su función principal - el ser madre- y con ello una buena mujer. Además que implica patrones de comportamiento que implican el vagabundeo y con ello el ámbito de lo público por sobre lo privado. • El consumo de alcohol u otras drogas tiene un efecto inicial desinhibidor, causando la pérdida de control, el deterioro del juicio y de la incapacidad de tomar decisiones acertadas. Ello facilita los comportamientos sexuales -promiscuidad sexualy con ello una “doble desviación”: droga y sexo. Ambos negados a la subjetividad femenina por años. Ana María Fernández (1992) explica que el sistema mítico de naturalización de las conductas se muestra especialmente efi- CLEPIOS 55 caz en tres ámbitos: asignando a las mujeres como destino el amor maternal, el amor romántico y la pasividad sexual. Interpretación que quita méritos a la conducta en el caso en que esta sea asumida, ya que se trataría de un mandato que las mujeres no pueden evitar. También explica que cuando la misma no se cumple, se sanciona rígidamente, ya que no sería una opción libre para la mujer, a diferencia de lo que sucede con los hombres, y coloca su falta en el campo de la “anormalidad, la perversión o la patología”. • La sociedad industrial fue posible debido a la configuración de la familia nuclear donde existía una división del trabajo que confinaba -inicialmente- a la mujer a los trabajos domésticos y al hombre a las fábricas. (Jelin, 2010) De este modo la familia opera como una institución socio cultural-politica y económica. En esta época las tres dimensiones de la definición clásica de familia -la sexualidad, la procreación y la convivencia- han experimentado profundas transformaciones y evolucionado en direcciones divergentes. Todo cambio, conductas o fenómenos que promuevan estas transformaciones a la institución de la familia son consideradas peligrosas. Desde esta lógica que el consumo principalmente femenino sea rechazado. Ya que el mismo es asociado a la promiscuidad sexual, al cambio constante de pareja y a la conformación de hogares monoparentales femeninos, donde no hay un “padre-esposo”. Así la soltería, la jefatura femenina se encuentra fuertemente asociada a la vulnerabilidad y la inestabilidad de los núcleos familiares y a situaciones de incertidumbre y riesgo con predominio de inserciones laborales- ocupacionales precarias (Jelin 2010, Golovanevsky 2000). Todo ello supone un reto a los valores sociales dominantes que aún perduran, producto de ese magma de significaciones sociales - imaginario social. Por ello, las mujeres adictas a las drogas soportan un mayor grado de sanción y/o reproche social que los hombres, que se traduce en la presencia de un menor apoyo familiar o social, por ejemplo la medida de excepción con respecto a los hijos por instituciones estatales. Todo ello puede favorecer la ocultación del problema y la Referencias Bibliográficas - Abarca Paniagua, H. (2000). 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También el consumo durante el embarazo es ocultado ante el temor de la retirada de la guarda o tutela de los hijos, o la actitud recriminatoria del personal de salud o del propio entorno familiar. Pero además deben hacer frente a la incomprensión y al rechazo por parte su entorno social más próximo. Este trabajo propone, en conclusión, trascender la inmediatez y dejar de lado las ideas preconcebidas sobre la realidad del consumo de sustancias en la población femenina y cuestionar “lo que debería ser” y lo que ocurre a nuestro alrededor; hacer el esfuerzo de convertir en “extraño” lo que nos es familiar, caer en la cuenta de todo lo que damos por supuesto, porque las cosas “son” de esa manera y no de otra, observar las relaciones existentes y finalmente explorar constantemente y reformular la manera en que nos posicionamos desde lo personal y profesional. De Beauvoir, ya en el año 1949, con su obra El segundo Sexo, puso en duda la presunta naturalidad de lo femenino y propone situarlo en el campo de la cultura. Por tanto, es necesario Conocer para Cuestionar y Deconstruir. Por ello, interpelar el rol profesional es preguntarse ¿qué se hace, por qué se lo hace, para qué y a pedido de quién? Se propone abrir interrogantes una vez más acerca del rol asignado, el rol asumido y el rol posible en el ejercicio profesional. Para abrir al debate y preguntarnos por la práctica concreta de los profesionales de la salud mental en el marco de la sociedad actual atravesada por redes de poder con regulaciones patriarcales y capitalistas, donde las mujeres han quedado vinculadas a roles de la crianza y maternidad y nos insta sobre la necesidad de re-pensar desde la práctica de la reflexión epistémica (Bourdieu) las categorías de pensamiento no pensadas que predeterminan lo pensable y determinan el pensamiento. Ligadas a construcciones imaginarias que responden al estigma como categoría social donde éste se invisibiliza y podría nuestro quehacer profesional en el ámbito de salud legitimar discursos y funciones relacionadas al control social y al ideal moral. Prácticas que aún persisten como reproductoras ideológicas de la sociedad. -Informe de la Unidad de Seguimiento de Políticas Públicas en Adicciones, Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (USPPA). (2011). El ocultamiento de las mujeres en el consumo de sustancias psicoactivas. Buenos Aires, Argentina: USPPA. - Jelin, E. (2010). Pan y afectos. La transformación de las familias. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. - Maffía, D. (2003). Sexualidades migrantes. Buenos Aires: Feminaria Editora. -Martín-cano Abreu, F. (2000). Del matriarcado al patriarcado. Omnia, (78), Barcelona, España: Mensa. Recuperado en: http://martincano.webcindario.com/ fe.4matriarcado.htm - Martín-Cano Abreu, F. (2001). 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Pondré en cuestión, entonces, la patologización de lo “trans” como producción subjetiva subalterna, poniendo de relieve el efecto de los aparatos cognitivoteóricos, que en tanto saberes anudados a poderes (políticas, gestión de la población y de los cuerpos) constituyen sujetos en una matriz que funciona de modo naturalizado y sustancializador. El objetivo es visibilizar la artificialidad, el carácter de ficción –variable históricamente- que tienen las “identidades sexuales”. PALABRAS CLAVE :: DISPOSITIVO-SEXO-TRANS-IDENTIDAD-PATOLOGIZACIÓN The device of Sexuality and Mental Health ABSTRACT :: With the present writing I intend to make a brief tour of some theoretical conceptions that deal with the construction of the device of sexuality, and under it, the construction of intelligible realities: bodies and subjectivity processes that suffer normativization, and as the dump of them, unintelligible realities that are excluded and pathologised. I will therefore, call into question the “trans” pathologization, as a subaltern subjectivity, trying to highlight the effect of cognitive-theoretic models, as knowledge devices knotted to power (politics, population and bodies management) that constitute subjectivities in a matrix that promotes naturalization and substantialization. The aim is to demonstrate the artificiality, the fictional character – historically-varying- of “sexual identities”. KEY WORDS :: DEVICE – SEX – TRANS – IDENTITY - PATHOLOGIZATION Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 57-62 I. Introducción El presente escrito se enmarca en lo que fue un ateneo, de discusión intra-residencia, que intentaba abordar el foucaultianamente llamado “dispositivo de la sexualidad” en algunas coordenadas que atañen al paradigma de la Salud Mental, en tanto abordaje interdisciplinario de la temática de la diversidad sexual. Fueron ejes, entonces, la identificación de un entramado socio-histórico-político al que se correlacionarían producciones subjetivas diversas –subalternas- y su relación con la (supuesta) atención de la salud integral, que incluye el reconocimiento de derechos, deberes y obligaciones que construyen la igualdad en el acceso a la salud, alojando las diferencias. Sabemos que el marco legal para esto último es bastante amplio y que la Ley N° 26.743 – Derecho a la Identidad de Género- circula en una reverberación sobresaturada. No así la Ley N° 4.238, sancionada en el 2012, sólo dos meses después que la anteriormente mencionada, y que tiene por objeto garantizar el desarrollo de políticas orientadas a la atención integral de la salud de personas intersexuales, travestis, transexuales y transgénero. A pesar de ella, es frecuente escuchar de los profesionales de la Salud, de distintas especialidades médicas, que aún hoy legitiman su postura –de atención o desatención- en relación al “interés” o “desinterés” que les genera la población trans. Esto es casi homologable a que un psi se refugiase en una supuesta “contratransferencia” para negarle la atención a un paciente… Argumento que resulta insostenible si lo enuncia un “agente de salud” de un sistema público, que debiera garantizar la atención a la población. Si bien este último salto es grande y puede ser objetable, apunta a cuestionar una cierta “sensibilidad” que serviría de soporte argumentativo a la negación de la atención a personas trans, que resultan patologizadas en un movimiento -si se me permite- sinecdótico, que toma a la sexualidad como expresión última de la identidad, haciendo de ciertas “identidades sexuales” la encarnación de “lo anormal” o lo enfermo. Por supuesto que tal “negación” tiene modalidades más sutiles, que van desde continuar usando el nombre que no es el elegido por la persona en cuestión, o no preguntar en qué sala de internación prefiere estar, o lo que muchas chicas trans refieren: el bullying en la guardia, las risas o las miradas inquisidoras. Por otro lado, hay muchos profesionales que forman parte de dispositivos de atención en la periferia del hospital y que, sin embargo, manifiestan que si bien hay oferta –hasta hace un tiempo (mal) llamada “amigable”-, no hay demanda de la población trans, o bien, hay escasa adherencia a los tratamientos. Las “barreras” al acceso a la Salud son resultado de una complejidad de variables, en la que las manifestaciones individuales –ese binario “a favor o en contra”- no alcanzan: el entramado no sólo incluye políticas de Salud sino también efectos de procesos históricos de exclusión que re reactualizan cada vez. No podemos hacer de los trans una suerte de “colectivo” homogéneo. Algunos testimonios (1) de chicas trans que se alojan en uno de los tantos hoteles de la ciudad, y que se dedican al trabajo sexual, dan cuenta de la marginalización en la que se encuentran: desconocimiento de leyes que las amparan, desconocimiento de la existencia de los CeSAC, miedo desolador a ir al hospital Muñiz – que aún forma parte de la ecuación enfermedad = muerte-, siendo la ocasión de acudir allí el producto de una evaluación subjetiva en términos de una “gravedad” dificultosamente descripta. En el otro extremo, travestilidades militantes o activistas y personas trans con recorridos vitales no (tan) marginalizados -que lograron incluirse socialmente de modos más o menos satisfactorios-, dan cuenta de que la homogeneización no sólo es ilusoria sino también patologizante, que produce más de lo que luego excluye. Luego de este rodeo inicial - y la advertencia de que por razones de espacio, no podré transcribir aquí ningún testimonio ni un caso clínico- haré un breve recorrido por algunas conceptualizaciones teóricas que dieron lugar al armado del dispositivo de la sexualidad, y sujeto a él, el armado de realidades inteligibles: cuerpos y procesos de subjetivación normativizados, y como resto de ellos, las realidades ininteligibles, excluidas y patologizadas. Con tal recorrido intentaré poner de relieve el efecto de los aparatos cognitivo-teóricos, que en tanto saberes anudados a poderes (formas de gobierno, políticas, gestión de la población y de los cuerpos) constituyen sujetos en una matriz que funciona de modo naturalizado y sustancializador. El objetivo es visibilizar la artificialidad, el carácter de ficción –variable históricamente- que tienen las “identidades sexuales”. Para esto, tomaré como referencia la noción de dispositivo desarrollada por Foucault, en tanto éste supone un conjunto heterogéneo, una red que comprende y relaciona elementos tales como: discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, leyes, reglamentos, medidas administrativas, enunciados científicos y proposiciones filosóficas, morales o filantrópicas, etc. (Foucault, 1984). II. Scientia Sexualis (o... ¿cómo no (volver a) empezar por la Psiquiatría Clásica?) En 1886 comienza a circular el libro “Psychopathía Sexualis”, con el cual su autor, el psiquiatra Krafft-Ebing, daba el gesto inaugural para la creación de un nuevo campo: la sexología. Según Silvia Di Segni, lo que con ello quedaba establecido eran tres potentes hipótesis. La primera: que la vida sexual tiene una poderosa influencia sobre los sentimientos, los pensamientos, la vida intelectual y social, es decir, TODA la vida. La segunda: que los considerados previamente “pecados de la carne” se elevaran al status de un discurso “científico” de gran potencia metafórica y real, de modo que toda persona que llevase una vida sexual “psicopática”, no sólo tendría CLEPIOS 58 > “alterada” su sexualidad sino también su moral, su inteligencia, su sensibilidad, etc. La tercera: quedaba establecida la idea de un “instinto sexual” incontrolable, que irrumpiría contra leyes y normas (Di Segni, 2013, p. 65). Con esto, podemos leer un movimiento de la gestión biopolítica: la sexualidad habría pasado a ser la verdad del cuerpo, al que habría que controlar. Siguiendo a Michel Foucault, la sexualidad habría surgido en el siglo XIX como un dispositivo socio-histórico, correlato de una práctica discursiva: la «scientia sexualis» (Foucault, 2008). Así, el sexo habría pasado a estar en el cruce de dos ejes: el de las disciplinas del cuerpo y el de la regulación de las poblaciones (regulación de la vida de la especie). La microfísica del poder atravesaría los cuerpos, dando lugar a vigilancias infinitesimales. La antropóloga Silvia Citro resume muy bien los efectos de la anátomo-política: «bajo la apariencia de la autonomía y la voluntad del individuo sobre su cuerpo, promueve la incorporación de determinados modelos de cuerpos socialmente legitimados y niega otros» (Citro, 2010, p. 35). En términos de Krafft-Ebing, todo lo que no implicaba genitalidad jugada entre dos personas de sexo «opuesto», era perversión. Contundentemente, Di Segni dice: «la metonimia sexual será perversa, sin atenuantes» (Di Segni, 2013, p.82). Con respecto a la inversión, partimos -en términos históricosde esta matriz ebingiana: un proceso degenerativo (influencia de Morel) de cuatro estadios: inversión simple del deseo sexual, eviratio y defeminatio, transición hacia la metamorfosis paranoica (que incluiría fenómenos sensoperceptivos somatomorfos), y al final del proceso, la psicosis, llamada por Ebing «metamorfosis sexual paranoica». Esta última consistiría en una paranoia, que incluiría voces que le dicen al (antes) hombre que es una mujer. De este modo, la sexualidad pasaba a ser el eje de la personalidad. Años más tarde, se afirmaba tal jerarquización (¿de otro modo?) con la obra freudiana. III. Del sexo al género Preciado afirma que el concepto de género no fue inventado por las militantes feministas, como muchos suelen creer (Preciado, 2014). Tal concepto surgió con la Paidopsiquiatría: fue propuesto por el sexólogo John Money, famoso por sus experiencias con niños intersexuales, en 1972. Para Money, si bien la Biología definía al sexo, el género se desplegaba una vez asignado el sexo al nacer, en el ambiente de crianza. Afirmó que hasta los 17 meses del bebé se podría cambiar su género, apelando a la Antropología para justificar esta cuestión... Sin embargo, la hipótesis del posible cambio era justamente lo que legitimaba las intervenciones quirúrgicas de los bebés intersex con los que trabajaba. De modo que su objetivo no dejaba de ajustarse a la lógica binaria y heteronormativa, considerando a la homosexualidad y al travestismo como «incongruencias de identidad de género». Sin embargo, siguiendo a Di Segni, lo que Money dejaba en claro al justificar la cirugía temprana para “enmendar” a la naturaleza era que ésta producía varie- dad (no binarismo), sobre la cual la Cultura/Medicina imponía su marca: “si la naturaleza cumplía con las normas impuestas por la Cultura y custodiadas por la Medicina, se la dejaba en paz; si esto no ocurría, se la corregía” (Di Segni, 2013, p. 240). Esto habilita la siguiente pregunta: “¿qué había, entonces, de natural en el sexo?» (Di Segni, 2013, p. 240). Este movimiento de despegue sexo-género da cuenta del carácter de construcción (social, política, teórica, etc.) que tiene el binarismo, que se presenta como natural, a-histórico y eterno. Siguiendo a Thomas Laqueur y a Judith Butler, Diana Maffía, afirma que la paradoja de la ambigüedad anatómica pone en cuestión que macho y hembra sean datos biológicos que fuerzan a la cultura de dos géneros. Más bien, sugieren una cultura dicotómica que fuerza no sólo la interpretación de los cuerpos sino su misma apariencia (Maffía, 2009, p. 98). Paul Preciado es más taxativo. A partir de los años 50, la autoridad en materia de asignación y reconstrucción sexual es tal que afirma: «Money makes sex», refiriéndose a que los cuerpos sexuados son un producto de un diseño, el «moneysmo» (Preciado, 2011, p. 123). Los genitales serán creados en la conjunción entre Biología y tecnología. IV. Del género a lo queer Según Preciado, el término queer (“raro”, “rarito”) apareció en lengua inglesa, en la sociedad victoriana del siglo XVIII, como un insulto que servía para nombrar a aquel o aquello que por su condición de inútil, falso o excéntrico ponía en cuestión el buen funcionamiento del juego social. También era queer todo aquel que por su extrañeza no pudiera ser inmediatamente reconocido como hombre o mujer. Más que definir una cualidad del objeto de referencia, queer indicaba la incapacidad del sujeto que hablaba para encontrar una categoría en el ámbito de la representación que se ajustase a la complejidad de lo que pretendía definir. La conclusión de Preciado es que, desde el principio, “QUEER ES MÁS BIEN LA HUELLA DE UN FALLO EN LA REPRESENTACIÓN LINGUÍSTICA QUE UN SIMPLE ADJETIVO” (Preciado, 2009) Así, supone un problema en el sistema de representación, problema que fue marcado con la injuria... aplicada a todos aquellos cuerpos que escapaban a la institución heterosexual y a sus normas. Tal aplicación trazaba un límite al horizonte democrático: el que caía bajo la égida de la injuria quedaba excluido de la esfera pública, estaba condenado al secreto y a la vergüenza. Hacia mediados de los años ochenta del siglo XX, lo queer cambia de signo. Según Preciado, empujados por la crisis del SIDA, un conjunto de microgrupos se reapropiaron de la injuria para hacer de ella un lugar de acción política y de resistencia a la normalización. Los activistas de grupos como Act Up (de lucha contra el SIDA), Radical Furies o Lesbian Avangers trastocan lo injuriante, transformándolo en un programa de crítica social y de intervención cultural. “LO QUE HABÍA CAMBIADO ERA EL SUJETO DE LA ENUNCIACIÓN” (Preciado, 2009). CLEPIOS 59 Para Preciado, se trata un movimiento post-identitario; queer no sería una identidad más en el folklore multicultural, sino más bien, una posición de crítica atenta a los procesos de exclusión y de marginalización que genera toda ficción identitaria. Si bien partimos, entonces, de un verbo – que conjugaría, según Siqueira Peres, variaciones de expresiones humanas de transformación y transposición a los regímenes binarios deterministas y racistas, abriendo paso a potencias intempestivas de afirmación de vida (Fernández y Peres, 2013)- estimo que siempre acecha la caída en su sustantivación. V. Cuerpo y tecnología Siguiendo a Omar Acha, nuestro cuerpo estaría implicado en un ordenamiento cultural que incluye a la diferencia sexual como uno de sus productos. El cuerpo surgiría al mismo tiempo que el yo: es la instancia sobre la cual una subjetividad construye su existencia en sociedad (Acha, 2000). Siguiendo al mencionado autor, la diferencia sexual es una formación posterior a la constitución del cuerpo sexuado. En la diferenciación ya operarían atribuciones genéricas: sin una binarización de los cuerpos en dos sexos [suposición de que existen sólo DOS], no habría diferencia sexual. La posición teórica del autor es que no habría algo así como la «teoría de género», ya que la distinción sexo/género es, para él, equivocada, en tanto supone que el sexo pertenece al orden natural y el género a uno cultural-social-político, cuando ninguno de los dos es pensable fuera de la organización política de sus partes (Acha, 2000, p. 67). Muchos teóricos -a los que se suman cada vez más biólogos- asumen esta hipótesis, ni siquiera el sexo pertenecería al orden natural... Lo «natural» se ve desplazado (¿trastocado simbólicamente?) cada vez más. En este punto, Butler advierte que en el constructivismo lingüístico radical, al ser el «sexo» una postulación previa al género -pero al ser «postulado», es decir, construido dentro del lenguaje- termina siendo efecto de esa misma postulación... llegando a ser así una ficción «retroactivamente instalada en un sitio pre-lingüístico al cual no hay acceso directo” (Butler, 2012, p. 23). Esto está en sintonía con lo que muchos psicoanalistas afirmarían: que no hay realidad pre-discursiva. Retomando la conceptualización de Acha, la inteligibilidad del cuerpo estaría relacionada a cierta temporalidad, afectada según su inscripción en la cultura: «el conjunto de tejidos llamado cuerpo encuentra su sentido a través de una temporalización de su desarrollo» (Acha, 2000, p. 62). Según Donna Haraway -estudiosa de la biología del desarrollo-, solamente a través de una reconstrucción cibernética de lo corporal podríamos empezar a cuestionarnos la funcionalización de los cuerpos que se hace. Según esta autora, las funciones asignadas son recortadas por la ideología dominante términos de la reproducción heterosexista y del capitalismo. Según tales exigencias, un cuerpo debería poder procrear una descendencia y/o producir plusvalía (Haraway, 1991). En sintonía, Preciado considera que los discursos normativos determinantes de las identidades sexuales y de género se materializan en los cuerpos vía programaciones y tecnologías. Denomina «tecnología psicopolítica» a la modelización de la subjetividad que permite la producción de sujetos que piensan y actúan como cuerpos individuales, que se entienden como espacios y propiedades privadas, que poseen una identidad de género y una sexualidad fija. La premisa de la programación sería entonces: «un individuo = un cuerpo = un género = una sexualidad”, para cuyo desmontaje propone dos operaciones: la desnaturalización y la desidentificación (Preciado, 2014, p. 100). VI. De la identidad (¿abyecta?) Dos psicoanalistas conversando. Veo un pequeño libro -cuyo título versa sobre posiciones del goce- y ademanes de indignación. Me acerco, escucho el tramo final de la conversión: “Le dije enojada a la endocrinóloga que los psicóticos no tienen identidad”. La otra psicoanalista se mantuvo en silencio. Pareció hacer algún signo afirmativo tímido, aunque de aprobación, que daba pie a que la primera continuase. “La endocrinóloga se sorprendió con lo que dije, ¡como si no fuese obvio para alguien que delira! ...un día es uno, al otro día puede ser otro, y así”. En este punto, la segunda psicoanalista asiente. Este recorte lo hago fundamentalmente en torno a la cuestión de la identidad. ¿Desde cuándo la identidad es un concepto psicoanalítico? En este campo, ¿no son más bien las identificaciones las que tienen estatuto conceptual? Si la identidad queda ligada, más bien, al yo-unidad-imaginario (2), ¿por qué pensar a éste como inmutable? ¿Sería el yo, acaso, una condena? ¿Es el yo algo que se construye de una vez y para siempre? A menos que esta sentencia escuchada parta de una posición post-estructuralista que intente la deconstrucción de toda tentación de identidad estable e inmutable (no pareciera), señalaré algunos prejuicios. Primer movimiento: la psicosis como construcción diagnóstica pasa a pensarse como ontología... se ignora que se trata de un modelo (teórico), entonces: vuelta ingenua a la “naturaleza”. Segundo movimiento: se niega la existencia... ¿Esencia deficitaria por refracción a la normalización? (¿Y si llamamos a Jean Rousseau?) Efectivamente, el concepto de identidad puede ser una prisión, o más aún, un corset cuyos límites se medicalizan y patologizan: prohibido el tránsito, prohibido cambiar de estacionamiento. En caso de que se refieran a la identidad en otros términos (no “psicoanalíticos”), la gravedad aumenta: ¿qué entendemos por identidad? ¿Qué es lo que no existe? Digamos mejor: lo que no quieren/pueden dejar existir. Pienso: atentado contra los derechos, contra la ciudadanía, contra la subjetividad (que no es el “sujeto” del psicoanálisis lacaniano). Según Débora Tajer, corremos el riesgo de hacer (quizás mejor... ¿seguir haciendo?) del psicoanálisis un aparato de CLEPIOS 60 > reproducción de las bases heteronormativas de la sociedad patriarcal. Afirma: «en este punto, las y los analistas debemos escoger entre alinearnos del lado de la ‹policía psicológica›, guardiana de la moral dominante, o bien ocuparnos en develar los nuevos modos de aparición del dolor humano» (Fernández y Peres, 2013, p. 133). Tajer resalta el movimiento analítico inaugural: la dislocación entre psicosexualidad y Biología. Podríamos añadir que si bien esto tuvo vaivenes en Freud (recordemos «Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anotómica entre los sexos», por ejemplo) y hay distintas conjeturas teóricas sobre el posicionamiento freudiano, la advertencia sería no re-anudar tal dislocación. Por otra parte, Porchat (re)afirma que la clínica lacaniana no es una clínica de la adecuación social, es decir, no intentaría encuadrar a “seres abyectos” a las categorías tradicionales de sexo y género, sino que –según esta autora- propondría que el sujeto «busque un arreglo único de su yo» desde la perspectiva de «una no identidad tradicional» (Fernández y Peres, 2013, p. 149). Por fuera del campo del psicoanálisis –pero no sin él (3)-, Butler entiende que para que una identidad sea fijada se necesita excluir otras diversas formas identificatorias, a través de un proceso encubierto que produce la ilusión de que la identidad sería una esencia. En consonancia con ella, David Córdoba afirma que el espacio discursivo del que emerge una identidad no la determina de antemano: su reafirmación se construye en las posibilidades de resignificación de ese espacio abierto, las determinaciones de significados se dan a través de la exclusión y represión de otras formas identificatorias posibles, para lo cual, él sí nombra la procedencia lacaniana del concepto que usa: se trata de la forclusión (Córdoba, 2003), pero aplicada a un campo social y político. Si damos algunos pasos más, podríamos tomar el aporte conceptual -de raigambre deleuziana- de Rosi Braidotti: los sujetos nómades. Se trata de sujetos que atravesarían distintos devenires deseantes y experienciales, no ajustables al binarismo. Según Braidotti, el sujeto nómada es un mito, una ficción política que no sólo cuestiona sino que permite analizar las categorías establecidas. Esta ficción designa modos de subjetivación que se pueden entender como artefactos tecnológicos, trans-contemporáneos, interpersonales, que no se reducen a los límites de una identidad fija... que establecen conexiones «situadas» como modos de supervivencia (Braidotti, 2000). VII. Panorama Según Luis-Georges Tin, la relación entre sexo, género y apariencia sobre las que se construyen ciertas identidades trans contribuye a «estremecer» las referencias de orden heterocentrista, siendo la «transfobia» (4) la expresión de la hostilidad, más o menos consciente de la aversión producida por la confusión que genera el trastrocamiento de tal relación (Tin, 2012). Con sólo revisar datos epidemiológicos de asesinatos de población LGBTTI, advertimos el extremo del panorama: la diferencia no inteligible no puede ser reabsorbida de ningún modo, ni siquiera tendrá el (no) lugar de la exclusión (guetos o incluso en instituciones totales), sino que, en tal extremo, se llega a violentarla vía el homicidio. También son fácilmente hallables las estadísticas sobre sus suicidios. Para abordarlos de algún modo, Porchat recurre a la noción de «exclusión social interna», en tanto interiorización de la norma social (Fernández y Peres, 2013, p. 148), y Helien (psiquiatra del GAPET -Grupo de atención a personas transexuales- del hospital Durand) retoma el llamado «estrés de las minorías sexuales», descripto por Gregory Hereck en 1987. Usan estos conceptos para entender ciertos desórdenes de la salud mental, cuyo soporte sería la escasa aceptabilidad social y el sometimiento a situaciones de estrés continuo (Helien y Piotto, 2012, p. 36). Incluso, las primeras violencias pueden ubicarse en el entorno familiar: Helien afirma que en la adolescencia el rechazo familiar multiplica por ocho el riesgo de suicidio de jóvenes trans (Helien y Piotto, 2012, p. 46). Así, respecto de las mencionadas violencias familiares, podríamos pensar que, muchas veces, no se parte del “margen” sino del empuje hacia él. Lo que con esto me interesa destacar es, entonces, la diferencia entre psicopatología y psicopatologización. Tomando el término del manual diagnóstico y estadístico, si bien padecer un “trastorno” nunca es sin las instancias de otredad (llámese… ambiente, estresores ambientales, o como se prefiera), algunos trastornos son directamente inoculados. Esto puede presentarse en un amplio gradiente, desde la asunción voluntaria del diagnóstico actual del DSM V “disforia de género” –paradójicamente, haciéndolo cuerpo- para acceder a una intervención quirúrgica (esto ya no es así en nuestro país (5)) hasta la encarnación de lo monstruoso, objeto de violencia social (el paradójico-paroxismo se da, justamente, con el pasaje de esa violencia al suicidio como… ¡forma de acabar con ella!). A este respecto, la postura despatologizante de la WPATH (World Professional Association for Transgender and Gender Nonconforming Peolple Health) sostiene que, en sí misma, la transexualidad no es síntoma de ninguna enfermedad y que, por el contrario, una persona trans puede tener un trastorno psiquiátrico como cualquier otro individuo» (Helien y Piotto, 2012, p. 31). La WPATH advierte sobre los errores clínicos que se comenten por confundir la “disforia de género” con ilusiones o alucinaciones ligadas a algún tipo de psicosis. Aplican tal diagnóstico de disforia desde la niñez y la adolescencia, en los casos que no padecen enfermedades psiquiátricas subyacentes (psicosis). ¿Serían, de tal modo, diagnósticos excluyentes? La WPATH afirma que lo más común sería que tales adolescentes tuvieran algún tipo de desórdenes de ansiedad o depresión, “en respuesta a los desafíos que deben afrontar con su transexualidad» (Helien y Piotto, 2012, p. 146). CLEPIOS 61 VIII. Hacia una conclusión Lo que con todo esto queda puesto de relieve es que para abordar la sexualidad (sexo, género, identidades sexuales, o Hasta el siglo XVIII, la diferencia entre los seres vivos no pasaba por el sexo. Antes de tal siglo no se pensaba en “sexos opuestos”: estaba vigente lo que Thomas Laqueur denominó el “modelo monosexual” o “paradigma de las semejanzas”. La anatomía femenina era concebida como una versión imperfecta de la masculina. Siguiendo la investigación de Laqueur, se creía que los órganos sexuales de las mujeres eran iguales que los de los hombres, sólo que por falta de “calor” en ellas, el pene no había bajado y permanecía hacia adentro como vagina. A partir del siglo de las luces comienza a surgir la interpretación que conocemos hoy, que destaca las especificidades y diferencias de los sexos masculino y femenino. En el momento en que surgió este “modelo de dos sexos” –“paradigma de las diferencias” según Laqueur-, también se comenzó a interpretar el cuerpo como una realidad en sí misma, no afectada por otras esferas, inmodificada (Laqueur, 1994). Si sumamos a esto la investigación de Georges Tin, tampoco la heterosexualidad ha sido siempre la cultura dominante. Si bien la práctica heterosexual ha garantizado la reproducción de la especie, las culturas humanas no siempre fueron heterosexuales. La primacía simbólica de la pareja hombre-mujer y el amor que la enaltece, en sus representaciones culturales, literarias o artísticas, habría iniciado su jerarquización en el siglo XII, en Occidente, con el desarrollo del amor cortés. Antes de convertirse en “norma”, esta pareja fue cuestionada y resistida no sólo desde la Iglesia sino también desde la medicina y la nobleza (Tin, 2012b). Notas bibliográficas (1) Agradezco aquí al equipo de “diversidad sexual” de la Coordinación-SIDA el haberme facilitado el acceso para tomar algunas entrevistas allí. (2) Habría que pensar si esto no se modifica, según el alcance de la afirmación de Lacan en la sesión del 16 de Noviembre de 1976: “¿Qué relación hay entre ese endo, ese interior y lo que solemos llamar la identificación? En suma, eso es lo que bajo este título que es fabricado así, para la ocasión… es eso lo que querría poner bajo este título, porque es claro que la identificación es -Una voz: ¡No se oye!- es lo que se cristaliza en una identidad” (el subrayado es mío). (3) Para articular esta cuestión, la autora toma el concepto freudiano de melancolía, y eleva a la identificación melancólica al estatuto de mecanismo fundamental y fundante (con amplia injerencia en el campo de los movimientos sociales). (4) Varios autores y activistas se oponen a esta nominación, en tanto utiliza un término que es un diagnóstico psiquiátrico: “fobia”, planteando el sinsentido de su correspondencia terapéutica. ¿Qué tratamiento posible para tal diagnóstico? Paradójicamente, tal expresión podría contribuir a sesgar o minimizar lo que realmente encubre: expresiones que van de intolerancia al odio radical. (5) Previo a la Ley de Identidad de Género (26.743), si no se patologizaba la transexualidad no había modo de acceder al juicio de reconocimiento de identidad ni a la cirugía. A partir de la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental (26.657) -y previo a la anteriormente mencionada, sancionada en 2012- el identidades de género, prácticas sexuales y eróticas, elecciones sexuales, sexuación y la multiplicidad de enumeraciones y disquisiciones conceptuales en las que queramos desagregar el dispositivo) no puede dejarse de lado el análisis histórico: genealogía, arqueología, historiografía. Quizás sea un cliché volver a este punto epistemológico: los conceptos que forman parte de nuestra experiencia clínica no son entes naturales, esencias que detectamos como observadores ingenuos. La sexualidad está constituida por los mismos saberes que a ella se refieren, por los sistemas de poder que regulan sus prácticas, y por las formas en las que las mismas se subjetivan para cada quien. Se trata, entonces, de estar advertidos de cómo las normas y morales socio-históricas participan de la producción de las subjetividades inteligibles y las ininteligibles, que serán objeto de diagnósticos varios. En nuestra cultura predominantemente ávida de binarismos, seguimos rigiéndonos por criterios dicotómicos: hombremujer, normal-anormal (patológico), moral-inmoral (criminal), legal-ilegal, instituido-clandestino (discriminado), libertadencierro, etc. Sin embargo, lo que se delimita y construye en cada categoría sufre una variabilidad histórica vinculada a los distintos modos de disciplinamiento, control social y gestión política de los cuerpos (6) , lo cual nos incumbe en tanto agentes de salud -en nuestra responsabilidad en la praxis y en nuestra implicación como sujetos-de-teorías- y en tanto ciudadanos. terreno era absolutamente paradójico, ya que esta última, en su artículo 3° prohíbe diagnosticar en el campo de la salud mental ningún tipo de dolencia basada exclusivamente en la elección o identidad sexual. (6) Por ejemplo, no es lo mismo la tanatopolítica que la biopolítica. Sin embargo, para Preciado, estas formas no se relevan sino que se superponen. El autor se sitúa como seguidor de Foucault, y propone un nuevo modo de disciplinamiento (“tercera” episteme): la gestión farmacopornográfica. Referencias Bibliográficas Acha, O. (2000) El Sexo de la Historia. Intervenciones de género para una crítica antiesencialista de la historiografía. Buenos Aires: Ediciones el Cielo por Asalto. Braidotti, R. (2000) Sujetos Nómadas. Buenos Aires: Paidós. Butler, J. (2012) Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires: Paidós. Citro, S. (2010) Cuerpos plurales. Antropología de y desde los cuerpos. Buenos Aires: Biblos. Córdoba, García, D. (2003) Identidad sexual y performatividad. Revista Athenea Digital (4), 87-96. Disponible en: www.hartza.com Di Segni, S. (2013) Sexualidades. Tensiones entre la Psiquiatría y los colectivos militantes. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. Fernández, A. M.; Siqueira Peres, W. (2013). La CLEPIOS 62 Diferencia Desquiciada. Géneros y diversidades sexuales. 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Este relevamiento ha sido considerado necesario en la coyuntura del tratamiento interdisciplinario de una paciente trans en proceso de reasignación de sexo, en tanto a la hora de pensar el caso, los profesionales de la salud nos encontramos frente a una marea de contradicciones y entrecruzamientos de distintos discursos (científicos, sociales y políticos) con diferentes grados de implicancias a la hora de hacer clínica. Por otro lado, se considera fundamental la revisión dada la vacancia de la temática en la currícula habitual de la formación de grado. PALABRAS CLAVE :: Trans - Identidad - Género Transforming notions ABSTRACT :: This paper offers a brief historical aproach on Transgender concept. This report has been considered to be necessary under the interdisciplinary treatment of a transgender patient under the process of sex reassignment; when thinking the case, health professionals find ourselves facing contradictions in a crossroad of differents speeches (scientifics, social and politicals) with differents degrees of repercussion when doing clinical treatments. On the other side, review is considered fundamental due to the absence of this matter in the standard universitary schedule. KEY WORDS :: Trans - Identity - Gender Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 63-66 Este escrito surge a raíz de que en el último tiempo nuestra residencia recibió para tratamiento en salud mental derivaciones del GAPET, Grupo de Atención a Personas Transexuales que funciona en el Hospital Durand, equipo que acompaña en el proceso de reasignación de sexo a aquellas personas que han tomado la decisión de operarse para modificar su cuerpo y adecuarlo al género con el que se identifican. Fue a través de esta experiencia clínica que nos propusimos investigar y leer un poco acerca de las distintas teorías que circularon y circulan en relación a la temática de la diversidad sexual teniendo en cuenta los distintos marcos históricos que estas tuvieron, partiendo desde una total ignorancia ya que en la formación de grado no suelen estar contempladas en la currícula habitual. En este trayecto, nos encontramos con una marea de contradicciones y entrecruzamientos de distintos discursos: científicos (y no tanto), sociales y políticos, por lo que nos resultó una buena oportunidad para pensar qué implicancias puede tener esto a la hora de hacer clínica y apelar a que tal vez, el estar más advertidos pueda ayudarnos a entender cómo ayudar mejor a quienes acuden a nuestra consulta. Un poco de historia en relación al concepto trans... Los primeros casos documentados de personas que hoy nombraríamos “transexuales” datan del 1869. El sexólogo alemán Hirschfield es el primero en comenzar a hablar de un “tercer sexo” y de “estados sexuales intermedios”, rompiendo con el binarismo de manera no patologizante. En 1923 acuña el término “transexualismo mental”. Su trabajo con estas personas apuntaba a ayudar a estas personas en cuestiones sociales más que en las médicas, aunque su trabajo no logró mucho reconocimiento en la comunidad científica. Es recién en la década del ´40, de la mano de Harry Benjamin junto a otros sexólogos, que se comienza con la patologización y medicalización de las personas trans, el cual se convierte en el discurso hegemónico que, al radicarse este último a los Estados Unidos, logra extenderlo mundialmente. A principios de los años ‘60 se crea el Centro de Investigación de la Identidad de Género en la Universidad de Los Ángeles, comenzando la clínica John Hopkins a realizar las primeras cirugías de reasignación de sexo. El psicólogo y médico neozelandés John Money dejó su huella en los estudios sobre identidad de género, defendiendo firmemente su posición: según su punto de vista, se podía socializar a una persona en un género diferente al asignado biológicamente si se le realizaba una cirugía de reasignación sexual antes de los 18 meses. La hipótesis de Money consistía en que el “núcleo de la identidad” recién se conformaba al año y medio de nacido, existiendo una neutralidad del género en la primera infancia y siendo preponderante el papel de la socialización en la producción de la identidad de género. Existió un caso que fue paradigmático para pensar en las implicancias de esta teoría que Money planteaba y es el de “Bruce / Brenda”. En el año 1965 una mujer da a luz a dos hermanos gemelos, Bruce y Brian. Se les recomendó una circuncisión y en el procedimiento se utilizó un electrocauterio que accidentalmente llevó a que Bruce pierda su pene. En ese entonces, el psicólogo John Money estaba recibiendo mucha atención por sus teorías, por lo que los padres lo consultaron. Él les explico que si trataban a Bruce como una mujer podrían hacerlo crecer de esa forma y eventualmente realizarle una neovagina que era un procedimiento quirúrgico probablemente más exitoso que reconstruirle su pene. A los casi dos años de edad, entonces, a Bruce se le removieron los testículos en una cirugía y se les indicó a los padres que lo eduquen como a una niña. Desde entonces Bruce pasó a llamarse Brenda. Al principio, según lo relatado por sus padres, no tuvieron problema, pero al tiempo Brenda empezó a rechazar los juguetes y las ropas de niña. Según lo relatado por su hermano gemelo Brian, él pensaba que ambos eran “idénticos” salvo por el pelo largo de Brenda. El rechazo subjetivo de Brenda por una identidad femenina continuó en el colegio. Brenda era rebelde, no encajaba con el “prototipo femenino” y esto lo llevaba a tener peleas físicas con sus compañeras que solían molestarlo. A sus 9 años, el médico le dio un turno a la familia para que le realizaran una cirugía para construirle una neovagina como habían acordado tiempo atrás, frente a lo cual Brenda amenazó con matarse. A partir de allí, con la persistente recomendación del médico a los padres de seguir tratándolo como una mujer, Brenda comenzó a rebelarse y realizarse autolesiones. A los 14 años, luego de varios intentos de suicidio, un psiquiatra que lo veía recomendó a los padres de Brenda que le dijeran la verdad. Una vez enterado de su verdadera historia, Brenda decidió comenzar a llamarse David, se cortó el pelo corto y empezó a vivir como hombre. David comenzó a vivir una vida como hombre, incluso llegó a casarse y formar una familia. Tiempo después, se dio a conocer que sufría de depresión crónica y el fallecimiento de su hermano lo llevó a quitarse la vida en 2004. Este conocido caso, que muestra las atrocidades a las que se pueden llegar en nombre de la ciencia, llevó a que se descarte la teoría de Money donde el factor determinante de la identidad sexual postulado era la crianza, es decir, socio-ambiental. Existen posturas biologicistas como la de un trabajo7 que hace referencia a esta historia para sostener que, como hay estudios de laboratorio con animales que arrojan que el factor determinante sería hormonal (durante el período de desarrollo temprano) y dado que Bruce fue intervenido recién a los 21 meses, no es posible descartar la teoría de Money. Lo cierto es que en medio de estos debates intelectuales, personas como Bruce han sufrido las consecuencias de las malas CLEPIOS 64 > decisiones de sus profesionales tratantes que sostuvieron sus hipótesis de manera irreductible a pesar de los claros indicios de un rechazo subjetivo a sus intervenciones y a las evidencias en contra de las mismas. Retomando el recorrido histórico, en 1980 aparece el término “transexualismo” como diagnostico en el DSM III, que posteriormente en el DSM IV cambia a “trastorno de identidad de género”, a pesar de una fuerte presión de los colectivos trans, por ejemplo del movimiento STP (Stop Trans Pathologization), para que esta categoría sea removida del manual de los trastornos mentales. Paralelamente, en esta época surge la Teoría Queer (en inglés: “raro”, “extraño”), la cual nace a partir de nuevas teorías sobre la sexualidad, de la mano por ejemplo de Foucault en Historia de la Sexualidad (1976), de Boswell (1980) y sus escritos sobre la tolerancia a la homosexualidad desde la Antigüedad y hasta la Alta Edad Media, entre otros. Se suman a estos pensadores los movimientos sociales en favor de los derechos de las mujeres, de los homosexuales y del creciente interés de las instituciones universitarias para estudiar las sexualidades. En esencia, el movimiento queer plantea que la identidad de género, sexual y la orientación sexual son constructos sociales y que no responden a fundamentos biológicos. La Teoría Queer rechaza la clasificación en categorías universales y fijas, como «hombre» o «mujer», «heterosexual» u «homosexual», «transexualidad» o «travestismo», dado que plantea que los mismos responden a la imposición de un modelo binario heteronormativo. Judith Butler tuvo gran influencia dentro de la teoría feminista y de los estudios Queer, y en su texto Problema de Género (Gender Trouble) de 1990 señala que el género es “esencialmente identificación, una fantasía dentro de otra fantasía”. Define entonces al género como una performance, “la repetición que imita constantemente la fantasía que constituyen las significaciones de manera encarnada”, fundamentando esta estructura imitativa por ejemplo al observar comportamientos como el amaneramiento de algunos gays y transexuales o la actitud masculina de algunas lesbianas. Ella considera la identidad como “representativa e imitativa, donde los roles de género no son más que una representación teatral donde cada sexo asume los papeles creados con anterioridad, imitándolos y reproduciéndolos continuamente.”2 El actual DSM 5, editado en 2014, se intentó adaptar a las corrientes de cambio modificando nuevamente el diagnóstico a “disforia de género”, retirando así el término “trastorno de identidad”. Según un informe acerca de este nuevo término, la APA, quien publica el DSM, explica que “la no conformidad con el género no es en sí un trastorno mental” y que “el punto crítico es el malestar que provoca la condición”, haciendo referencia a “la diferencia entre el género expresado o experimentado por el individuo en contraste con el que otros le asignarían”5. Este cambio va en consonancia con los Estándares de Cuidados (Standards of Care [7th Ed.]) publicados por la Asociación Mundial Profesional para la Salud de personas Transgénero (WPATH) en 2011 que promulgan la despatologización de las personas trans. Pero, por otro lado, como dice Silvia Di Segni en su libro Sexualidades, “se toma de clave diagnóstica la ‘incongruencia’. De esta manera, todas aquellas personas que hayan logrado un grado aceptable de congruencia (clínicamente definida) entre su identidad de género y su apariencia física estarían libres del diagnóstico. Y sólo ellas”3, subrayando la intención que sigue permaneciendo por categorizar y enmarcar a esta minoría poblacional. En cuanto al marco legal en nuestro país, recientemente fue sancionada la Ley de Identidad de Género de Argentina (Nro. 26.743), el 9 de Mayo de 2012, la cual permite que las personas “trans” (travestis, transexuales o transgénero) puedan inscribirse con el nombre y género de su elección en su documento de identidad nacional. Además, exige que reciban cobertura mediante el Plan Médico Obligatorio para los procedimientos médicos de adecuación de sexo. A diferencia de otros países de la región (Brasil, Chile, Perú, Colombia, etc.), esta ley permite que no sea necesaria previamente una autorización médica o judicial, o la cirugía de reasignación sexual, lo cual marca una diferencia muy importante incluso a nivel mundial con respecto a otras legislaciones. La sanción de esta ley fue lograda gracias al trabajo conjunto de distintas asociaciones como la FALGBT y la ATTTA que desde el 2007, presentaron sistemáticamente proyectos de legislación para que se garantice a esta población la atención integral de la salud. La ley contempla lo establecido por los Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación de la Legislación Internacional de Derechos Humanos en Relación con la Orientación Sexual y la Identidad de Género (2007): “La orientación sexual y la identidad de género de una persona no son en sí mismas condiciones médicas y no deberán ser tratadas, curadas o suprimidas”1. A pesar de este avance reciente en la legislación, nuestro país tiene un recorrido que no fue siempre tan tolerante en relación a la diversidad sexual. Un ejemplo de esto puede ser el hecho de que podemos encontrarnos con aseveraciones aparentemente descontextuadas para nuestra época, como la que compartimos a continuación, citando a una revista actual de psiquiatría y sexología10: “Existen homosexuales que cometen delitos al igual que los heterosexuales... si bien la homosexualidad y el travestismo no constituyen per-se delitos, por lo tanto no debe considerarse a los travestistas como delincuentes por el solo hecho de ser tales.” Si nos remitimos a la historia de nuestro país, podemos encontrar hechos para no olvidar que podrían echar luz a por qué podemos encontrar todavía en la actualidad tales aclaraciones como la anterior, como el Edicto 2H sancionado en los años ’70, en época de la dictadura, por la llamada Brigada de Moralidad de la Policía Federal. Este edicto determinaba que la Policía debía detener a personas que, por ejemplo, circularan en la calle y que “caminaran, miraran o hablaran CLEPIOS 65 raro”9, o como lo establecía el artículo 2º del, inciso F, «que se exhibieran en la vía pública vestidos o disfrazados con ropas del sexo contrario»8. Este edicto no solo afectaba a personas trans, sino también a homosexuales e incluso a quien fuera dueño de algún establecimiento, como se ve en el artículo 3º inciso A que castigaba al encargado del local que «permitiere el baile en pareja del sexo masculino»8. Este edicto fue declarado contravencional recién en el año 1996 luego de distintas pujas activistas. Es evidente entonces que el asunto es complejo y que existen múltiples determinantes, quizá más de los que podamos pensar, que fueron dejando marcas en la historia de las personas trans. Algunas posturas dentro de la Psiquiatría y la Psicología... Como describe el Dr. Adrián Helien en su libro Cuerpxs equivocadxs, “En la actualidad existe ausencia de sustratos biológicos demostrables.”1 Hay existencia de hipótesis referidas a factores hormonales durante la embriogénesis, o estudios que demuestran variaciones en las características estructurales cerebrales de estas personas, pero siguen sin demostrarse. Esto no debe resultarnos extraño: “Los primeros profesionales que comenzaron a tratar la transexualidad tuvieron fuerte resistencia en la comunidad científica: se consideraba que los transexuales eran psicóticos, esquizofrénicos o, directamente, aseguraban que se trataban de personas que tenían algún grado de masoquismo. [...] No sorprende entonces que las pri- Referencias Bibliográficas 1. Cuerpxs Equivocadxs – Hacia la Compresión de la Diversidad Sexual. Adrián Helien y Alba Piotto. Edit. Paidós. 2012 2. La Teoría Queer: La de-construcción de las sexualidades periféricas. Carlos Fonseca Hernández. María Luisa Quintero Soto. Revista Sociológica. Año 24, Número 69. Enero-Abril de 2009. 3. Sexualidades – Tensiones entre la Psiquiatría y los Colectivos Militantes. Silvia Di Segni. Edit. Fondo de Cultura Económica. 2013. meras terapias aplicadas fueran de electroshock o lobotomía para “cambiar” lo que el paciente sentía.”1 En algunos textos de psiquiatría, podemos leer recomendaciones como esta: “puede utilizarse la psicoterapia dinámica, utilizando las mismas reglas que en el caso de los pacientes con un trastorno límite de la personalidad: terapia estructurada con limitación del entorno, apoyo del ego y objetivos a corto plazo. La terapia conductual se ha utilizado con éxito en diversos casos de transexualismo masculino (Barlow, 1979). El tratamiento incluye la identificación de las pautas de conducta femeninas (p. ej., el modo de sentarse, de caminar, la conducta social y las características de la entonación de la voz). A continuación, estas conductas se modifican con la ayuda de grabaciones en vídeo y se modelan las conductas masculinas entrenando al paciente a aceptar el compromiso. También se intenta cambiar el patrón de excitación homosexual del paciente por un patrón heterosexual, aunque sólo se consigue en uno de cada tres casos. El cambio al sexo contrario es la modalidad”.4 Leyendo esto último pensamos: con menuda herencia nos toca andar. Pero más allá de estas posturas extremas que parecen haber existido (o tal vez todavía existan) en nuestras disciplinas, en última instancia creo que el problema no pareciera ser la orientación teórica sino más bien una posición ética, es decir, desde qué lugar se la aplica y con qué finalidad. Como reflexión final, tomamos conciencia y resaltamos la importancia de aprender del pasado, de la historia y asumir una postura crítica y abierta que permita ver más allá de nuestros campos para poder dialectizarla, incorporando el saber de otras ramas del conocimiento. Por último y sobre todo, resaltamos lo importante de escuchar a nuestros consultantes, que seguramente son los que más saben sobre lo que les pasa. 4. Tratado de Psiquiatría Clínica 4ed. R. Hales. Edit. American Psychiatric Press. American Psychiatric Association. 1995. 5. Gender Dysphoria Fact Sheet. DSM 5. American Psychiatric Association. 2013. http://www.dsm5.org/ documents/gender%20dysphoria%20fact%20sheet. pdf 6. Estado Actual de la Teoría del Apego. Alfredo Oliva Delgado. Universidad de Sevilla. http://chitita.uta.cl/ cursos/2012-1/0000636/recursos/r-9.pdf 7. Nature or Nurture. The Case of the Boy that became a Girl. Keith K. Schillo. The National Center for CLEPIOS 66 Case Study Teaching in Science, University at Buff alo, State University of New York. 2011. 8. Discriminación por orientación sexual. Informe de O.N.Gs. Argentinas al Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Buenos Aires, Febrero de 1995. http://www.derechos.org/nizkor/arg/onga/ 9. Los abusos de los edictos policiales contra los gays. Agencia Nacional de Noticias Jurídicas. http:// www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/flores-sobreel-orin-los-abusos-de-los-edictos-policiales-contralos-gays-4972.html 10. Revista de Psiquiatría Forense, Sexología Y Praxis. AAP. Año 21 – Vol. 8 Nº4. Abril 2014. 32. Sala de Ensayos Carta a un joven psiquiatra S. Nassir Ghaemi, MD# Foto/ Aime Nahmod La psiquiatría es una profesión que necesita trabajadores profundamente honestos que estén dispuestos a buscar el conocimiento de la ignorancia*, a estar insatisfechos y a rechazar el conformismo - haciéndolo en pos de la verdad y de la profesión, viendo ambas como inseparables. Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 67-69 Sala de Ensayos Es fácil dar consejos, difícil recibirlos, más difícil aún vivirlos. El privilegio de la juventud es la acción; de la edad, la experiencia. La naturaleza se resiste a la combinación de ambos. La experiencia es un peine que te dan cuando te quedas pelado.** Yo enseño ignorancia. Cuatro años de medicina; y cuatro años más de residencia. Decenas de miles de dólares de deuda, y años de trabajo con salario mínimo. Debes pensar has comprado algo con esos fondos y ese esfuerzo; finalmente debes saber algo especial. Te gradúas y comienzas a trabajar en esta ocupación desconcertante. Si la gente te paga es porque algo debes saber. Si las décadas pasan y te siguen pagando y no haces una pausa para reflexionar, puede que termines tu vida pensando que sabes mucho. De hecho, a medida que las nuevas generaciones surgen, ellas ven lo que vos no. Yo enseño que no sabemos; Yo enseño que el conocimiento sólo aumenta nuestra ignorancia. Esto es lo que el conocimiento es: saber lo que sabemos y, no menos importante, saber lo que no sabemos. El conocimiento es un arma de doble filo: ilumina un hecho o una parte de la experiencia. Pero por lo general, al hacerlo, muestra que lo que antes parecía una verdad iluminada por los rayos del sol ahora es la oscuridad absoluta. A medida que aprendes algo, te das cuenta de que mucho de lo que “sabías” en realidad era falso. Te vuelves más ignorante al mismo tiempo que te vuelves más sabio. Los psiquiatras jóvenes necesitan aprender, sobre todo, que son ignorantes. Y necesitan saber que sus referentes son incluso más ignorantes aún, a veces porque son sabios - porque cuanto más sepan, más ignorantes son- a veces porque están ciegos. Hay una ignorancia beneficiosa y una funesta. La forma perjudicial es la ignorancia de aquel que piensa que sabe - fin de la historia. Este compañero no sabe y está “mentalmente ciego”². Él no es sabiamente ignorante: él no sabe que lo que parecía “verdadero” es falso; él simplemente piensa que es verdad. La mayoría de tus profesores son de esta variedad, y la mayoría de tus pacientes, y la mayoría de tus colegas -y, probablemente, también vos. Busca el dogma. Lo que sea que crea la mayoría, es probable que sea falso. La verdad no es una cuestión de voto popular; tiende a preferir casas solitarias. Vive en el lado soleado de la duda. Algunos dudan oscuramente: descreen de todo y de todos; la verdad se pasea delante de ellos y la tratan como a un vagabundo. Toma una actitud ingenua e infantil hacia las ideas: al principio acepta todo, luego piensa en ello y rechaza todo lo que parezca erróneo. La mayoría de tus colegas hacen lo contrario: ellos rechazan todo inmediatamente, a fin de no perturbar el débil mobiliario de sus mentes y en raras ocasiones, con gran languidez, alguna vez llegan a aceptar una idea nueva. Rechaza un escepticismo mundano superficial: no leas el New York Times como tu principal fuente de discurso psiquiátrico. Lee los vie- jos libros y los journals -no los nuevos libros² y los periódicos. ¿Por qué todos peleamos por las discusiones en el New York Times e ignoramos los apacibles datos de la Acta Psychiatrica Scandinavica?. Un artículo en el Times se envía a toda la lista de mails de un departamento; el pobre metanálisis del Acta queda ignorado, excepto por una ocasional media docena de miembros del club de la revista. Sobre nuestros talones un fresca perfección se pisotea … de nosotros nacida Y destinada a superarnos. —John Keats¹ Los mejores pasan desapercibidos y la minoría es la más ruidosa El mayor peligro para tu trabajo no es que no sepas lo suficiente acerca de la enfermedad mental...es que creas que sabes más de lo que sabes. El peligro está en la complacencia y la conformidad, por encima de todo- por encima de todo lo demás. Constantemente serás presionado para obedecer, para “seguir la corriente”. Hazlo, en todo aquello que no tenga importancia. Pero donde la haya, resiste. Golpea a los de arriba, besa a los de abajo** - si te atreves; el mundo te castigará, pero vas a mejorarlo. Complacencia. Crees que sabes, o crees que no sabes, pero en cualquier caso, estás satisfecho. Se insatisfecho. Tu profesión no ha estado a la altura de lo que podría estar por más de un siglo. Tiene diagnósticos establecidos arbitrariamente de la misma manera que los políticos delimitan los distritos electorales: por razones “pragmáticas”, para el bien de la profesión³. La naturaleza no obedece a los políticos, ni en sus parlamentos ni en los hospitales. Y así es como los estudios genéticos, de drogas y biológicos se niegan a alinearse con las etiquetas del DSM. La ciencia fue degradada (en el pasado) o aplaudida (recientemente) - e ignorada, para el bien de la profesión. Tu profesión no ha aceptado plenamente que lo que es bueno para la profesión es llegar a la verdad. Algunos dicen que no hay verdades, sólo poderes que tratan de esconderse detrás de pretensiones de verdad. Dios ha muerto, se nos dice, pero la industria farmacéutica vive. Y la ciencia no es más que otro grupo de interés: no hay verdad científica, sólo opiniones de científicos. Me gustaría visitar la tumba de Dios; alguien que me diga dónde está. Creo que voy a encontrar a la Razón enterrada a su lado, y a la Ciencia justo debajo de un ángel lloroso. Con Él murió la Verdad. Las V mayúsculas ya no se permiten e incluso hasta de las minúsculas se sospecha. Pero cuando tus pacientes mueren a causa de algo que hiciste, o más comúnmente, de algo que no, entonces sí hay verdades. El cuerpo sin vida da fe de eso, al igual que los cuerpos vivos que podrías salvar. Esta creencia postmoderna de que no hay verdades sólo obedece al poder y produce una peligrosa mentalidad medieval que se imagina a sí misma vanguardista. La mente se vuelve ciega y una profesión se detiene. CLEPIOS 68 > Conformidad. Hace medio siglo, le hubieras prometido lealtad a la Trinidad del ello, del yo y del superyó - y hubieras gastado tu tiempo y herencia en el psicoanálisis formal. Hoy en día, tratarás a tus pacientes con la Trinidad de los antidepresivos, los antipsicóticos y los ansiolíticos, y comprarás los libros de farmacología con los cuadros sinópticos más atractivos. En cada época, te ajustas a tu profesión; es el estándar de cuidado y estarás protegido legalmente. Vas a tener que ganarte la vida, y tendrás hijos e hipotecas, y necesitarás protegerlos. No te culpo. Pero la profesión necesita algo más. Tus medicamentos no son tan buenos como tus colegas creen, ni son tan malos como dicen nuestros críticos. Tu colega dirá que es simple: da un medicamento para un síntomaansiolíticos para la ansiedad, antidepresivos para la tristeza, neurolépticos para cambios de humor, anfetaminas para la concentración, la energía y el sexo. Es fácil, como ser el mecánico de un Volkswagen⁴. Pero los cerebros de tus pacientes son Porsches. Se rompen si se los trata de esta manera. Es muy fácil: no es necesario un título de “psicofarmacología Volkswagen”, entonces deja que lo hagan los psicólogos. Menospreciamos el “modelo médico”, como si la frase misma fuese prueba de su falacia. Pero usamos el título de médicos como una insignia de la experiencia y ejercemos con el privilegio legal de dispensar drogas potencialmente dañinas. No es ningún pecado reconocer la biología; lo que es un pecado es decirlo, y no tomárselo en serio. Nuestros hermanos en la medicina ya nos han mostrado el camino. Hace un siglo no entendíamos las enfermedades y todos tenían pociones para los síntomas, para el sangrado en particular. Hace aproximadamente medio siglo que comenzamos a curar, con antibióticos y luego con otros fármacos específicos (como la insulina y los esteroides)⁵. En medicina, a veces entendemos las enfermedades; en psiquiatría, desconfiamos del concepto de enfermedad. En medicina, a veces usamos drogas que curan; en psiquiatría, descreemos de la curación. Por supuesto, no todos los problemas psiquiátricos son enfermedades; la mayoría no lo son. Pero algunos sí. No todos los medicamentos curan; la mayoría no. Pero algunos sí. Hasta que no nos demos cuenta cuál es cuál - cuál síndrome es una enfermedad y cuál no, cuál medicamento cura y cuál no seguimos adivinando, las más de las veces equivocadamente, mientras complacientemente cumplimos con la profesión. Los aspectos mentales y sociales de la enfermedad son impor- Referencias Bibliográficas 1. Keats J. Keats’s Poetry and Prose. Cox JN, ed. New York: WW Norton; 2009. 2. Osler W. Aequanimitas. 3rd ed. New York: McGraw-Hill; 1932. 3. Ghaemi SN. Couch-pragmatism. Psychiatr Times. 2010;27(10):16-21. 4. Ghaemi SN. Volkswagen psychopharmacology. Psychiatr Times. 2011;28(5):9. http://www.psychiatrictimes.com/display/article/10168/1870665. Accessed May 7, 2012. 5. Wootton D. Bad Medicine: Doctors Doing Harm Since Hippocrates. New York: Oxford University Press; 2006. 6. Feynman RP. Cargo cult science. Some remarks tantes dirán; es cierto, pero no siempre, y no en el misma manera para todas las condiciones. Hasta que sepamos qué es qué, todas las generalizaciones son falsas. Y ya que vas a recetar pastillas para ganarte la vida, al menos debes tratar de entender bien lo que es biológico y lo que no lo es. Nos despreciamos (a nosotros mismos) demasiado poco y (demasiado) mucho. Mucho porque nuestros colegas médicos nos menosprecian y porque tenemos enemigos en el público, que nos hacen sentir inferiores. Nos critican injustamente, y con razón, y nosotros protestamos ante ambas críticas por igual en lugar de refutar las primeras y abrazar las segundas. No respondas al estigma con estigma, dudando de ti mismo: recházalo como algo tan malo como el racismo, la intolerancia humana más profunda, basada no en una bajeza moral sino en la ignorancia pura. Nos despreciamos demasiado poco: rechazamos en exceso y damos vueltas alrededor de nosotros mismos, espalda con espalda. Nuestros colegas actúan como si criticar sus medicamentos fuera una ofensa personal contra sí mismos. La psiquiatría infantil puede sobrevivir sin el uso excesivo de anfetaminas, y la psiquiatría de adultos, sin exceso de antidepresivos y neurolépticos. Acá es donde nuestra falta de ciencia duele más, porque la esencia de la ciencia es ser autocrítica. No se trata de ser convencionalmente honesto con los demás, se trata de ser completamente honesto con vos mismo⁶. Esta actitud, que es la actitud científica, es totalmente antinatural. A menudo no somos lo suficientemente científicos, y entonces nuestra práctica se vuelve “una suposición poco ilustrada”, que aceptamos cómodamente tal y como se presenta: “He aquí, yo te mostraré al hombre más despreciable de todos: el que no puede despreciarse a sí mismo “⁷. Has entrado a una profesión difícil, pero no imposible. Es una profesión que necesita trabajadores profundamente honestos que estén dispuestos a buscar el conocimiento de la ignorancia*, a estar insatisfechos y a rechazar el conformismo - haciéndolo en pos de la verdad y de la la profesión, viendo ambas como inseparables. Tienes que ganarte la vida, pero también es necesario darle vida a tu profesión. En una palabra, la mitad de lo que sabes es verdad y la otra mitad es falsa, y no sabes cuál es cuál. Si sabes esto, ya sabes todo lo que puedes saber ahora - es un buen comienzo. Actúa de manera que las generaciones futuras puedan tener un mejor lugar de partida. on science, pseudoscience, and learning how not to fool yourself. Caltech’s 1974 commencement address. Engineering and Science. 1974;37(7):10-13. http://calteches.library.caltech.edu/3043/1/CargoCult. pdf. Accessed April 19, 2012. 7. Nietzsche F. Así habló Zaratustra. Del Caro A, ed. Pippin R, trans. Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press; 2006. Articulo Original http://www.psychiatrictimes.com/ letter-young-psychiatrist Notas de los traductores * “knowing ignorance” es el término que usa el autor y aparece aquí como “el conocimiento de la ignorancia” ** La frase atribuida a Ringo Bonavena, llegó hasta el CLEPIOS 69 autor por un rotante argentino. ***La frase original es “Kick up, kiss down”, un juego de palabras con “Kiss up, kick down” Traducción: Mariela Murakami ([email protected]) Nicolás Alonso ([email protected]). Agradecemos al autor quien gentil y rápidamente autorizó la traducción y publicación. # Nassir Ghaemi MD MPH es un mundialmente reconocido psiquiatra académico Es profesor de Psiquiatría y Farmacología en el Tufts Medical Center en Boston, donde dirige el Programa de Trastornos del estado de ánimo. Es también profesor clínico en la Escuela de Medicina de Harvard, y profesor de la Alianza de Salud de Cambridge. Cadáver Exquisito Perspectivas de Género 01 Marcelo Silberkasten / 02 María Luisa Femenías / 03 Silvia di Segni / 04 Débora Tajer Foto/ Yamila Embil En el presente número de esta revista, de y para profesionales en formación en Salud Mental, nos proponemos pensar las problemáticas de género en situación, en nuestro cotidiano, en las prácticas impensadas de todos los días. Proponemos, entonces, los siguientes ejes para comenzar a abordar la temática. - ¿Cuáles son las implicancias de pensar desde una perspectiva de género? - ¿Qué “problemas” registra en relación con la temática en algunas prácticas profesionales? - ¿Cómo cree que se visibiliza la diversidad de género en Salud Mental? CLEPIOS 70salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 70-75 Clepios, revista de profesionales en formación en > 01 Marcelo Silberkasten Psicólogo. Miembro del Equipo de Interconsulta de Salud Mental del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez Género Voy a comenzar por una declaración de principios: la práctica clínica se piensa desde una perspectiva de Género, aunque no se sepa que se la piensa desde ese lugar. La perspectiva de Género es inevitable y es ideológica, en el sentido que condiciona saberes y prácticas sin saber en muchas oportunidades que está actuando. No se tiene conciencia de ella mientras se la actúa. Podríamos decir que es inconciente si no fuera porque tiene una lógica muy marcada que odia las contradicciones. Si la contradicción aparece, rápidamente se la ubica en el campo de la anomalía o de la patología; la ideología se mantiene y se fuerzan los hechos para adaptarlos a esta. Dicho de otro modo, esta naturalizada. Dos ejemplos: cuando un niño o niña es derivado a un terapeuta varón o mujer por el hecho de ser varón o mujer ya hay una perspectiva de Género actuando. Yo de hecho, como varón , tengo y tuve, en mi práctica privada muy pocas niñas y adolescentes en consulta. Los derivadores, sean cuales sean, ya estaban inmersos en una perspectiva de Género, los atravesaba sin tener conciencia de ello, desde una particular mirada. Así como Lacan planteaba la segregación urinaria de los sexos en función de que en los baños públicos hay baños para hombres y mujeres, podríamos decir que en nuestro campo funciona una segregación terapéutica de los sexos: las nenas con las nenas, los nenes con los nenes. No niego que en algunos casos puede ser mejor una cosa que otra, pero la generalización de la práctica, su universalización, deja interrogantes inquietantes. Un segundo ejemplo, cuando un/a sujeto gay/lesbiana concurre al consultorio de un psi, es habitual la pregunta que se hace el colega: qué instancias subjetivas de su historia lo llevaron a ese posicionamiento frente a su elección de objeto (y eventualmente sobre su identidad). Ahora bien, la naturalización heterosexual (heteronormativa en términos de la Teoría Queer) lleva a no hacerse esa misma pregunta si el sujeto en cuestión es un heterosexual (¡y si tiene pareja estable menos!). Se lo da como de hecho, como natural. Y lo que el Psicoanálisis descubrió ya desde Tres Ensayos, (y este es un dato que ni siquiera cuestionan los detractores del Psicoanálisis) es que si hay algo que es no natural ni fijo es la sexualidad humana. Tiene muchas versiones, prácticas, modalidades, derivas. Siguiendo con el ejemplo anterior, se genera una segregación de preguntas: si es homosexual, preguntarse sobre cómo llegó a ese posicionamiento; si es heterosexual, esa pregunta ni se formula. Y por eso el psi se vuelve heteronormativo, aunque sea muy progre, esté muy de acuerdo con el matrimonio igualitario y que los homosexuales puedan adoptar hijos, y tenga muchos amigos gays. Entonces es inevitable pensar la clínica desde una perspectiva de Género. La diferencia está en si estamos anoticiados de ello o no. Si tratamos de evitar caer en sus impases. Ahora bien, puse líneas arriba algo entre paréntesis: (¡y si tiene pareja estable menos!). Pues bien, esto también se naturaliza en muchas oportunidades. La pareja estable es lo normal, lo demás no. Se habla de promiscuidad, pero, ¿cuántas parejas sexuales cambiantes y en qué tiempo es el límite para definir promiscuidad? ¿2?, ¿5?, ¿10? ¿En un año? ¿En 20 años? Tangencialmente el grupo bisexual dentro del colectivo GLTTBI cuestiona esos ideales culturales. Porque si se asume una bisexualidad, no solamente como constitutiva de la sexualidad humana sino como bisexualidad ejercida, entonces se asume una práctica sexual no monogámica. Entonces, una atenta lectura del Psicoanálisis tendería necesariamente a pensar en cuestiones de Género, en su no naturalización. Esto no significa que el Psicoanálisis tome al pie de la letra los postulados de las Teorías Queer o de Género (que tienen bastantes conflictos entre ellas mismas) La idea de las sexualidades no fijadas es un punto en común... pero hay diferencias teóricas que no pueden ser menospreciadas. El concepto de falo y el de castración ya es un problema en nuestro dialogo con los estudios Queer, su análisis excede largamente este comentario. También la idea de que el Otro es un represor, (mas que un constituyente) y la necesidad de inventarse a sí mismo, resistencia al poder. Otro problema que nos incumbe en un Hospital de Niños, que atiende niña/os abusada/os, maltratado/as, es en cuanto a las complicidades o debilidades familiares. Quisiera reproducir parte de un artículo aparecido en el suplemento “Las 12” (suplemento de pensamiento feminista, de género, del Diario Página 12). La reflexión de una militante feminista es consecuencia del enjuiciamiento de la madre de una beba que falleció por los golpes que le propicio su pareja a la criatura (que también por cierto está preso), cuestionando el enjuiciamiento penal de la madre: “Las pautas culturales que todavía culpabilizan a la víctima se amplían en el caso del asesinato de un hijx en manos del CLEPIOS 71 CADÁVER EXQUISITO 02 agresor, sin entender el grado de su vulnerabilidad y la imposibilidad de actuar”... “La mujer no es culpable de nada, el único responsable es el femicida, que fue quien decidió terminar con la vida del niñx a cargo.” ¿En cuánto coincidimos y en cuanto divergemos del pensamiento feminista? ¿Podemos plantear el universal “la mujer no es culpable de nada, el único responsable es el femicida”? Cuando trabajamos con la temática de niños y niñas abusado/ as, ¿pensamos la temática desde una perspectiva de Género? Creo que no, y debemos incorporar esas categorías sin que eso implique tomar todos sus lineamientos sin recaudos ni critica alguna En EEUU los estudios Queer fueron ubicados dentro de los estudios sobre las diversidades, así tuvieron puntos de encuentros (y de desencuentro por cierto) con los estudios raciales, de personas con discapacidad (“capacidades diversas”, se llego a decir). ¿Se está produciendo un corrimiento desde lo heteronormativo a lo homonormativo? Evidentemente estamos de acuerdo que la homosexualidad no es una patología, como no lo es la heterosexualidad. Pero Freud ya nos alertaba que todos somos con suerte, neuróticos. No porque algo no sea patológico se transforma en “normal”. Ni lo homo ni lo hétero. El hecho que la sexualidad humana sea diversa en cuanto objeto, meta, practicas; ¿lleva necesariamente al absolutamente todo vale? ¿Cuáles son los límites subjetivos y éticos? Armar el cuerpo a medida como plantea el discurso transexual, ¿no forma parte del ideal del capitalismo norteamericano del “self made man” llevado a sus últimas consecuencias? Es posible que la técnica (de cambio de sexo) a su vez genera una oferta que se transforma en una demanda (¿genuina?) vehiculizada por el constructo “nacer con el cuerpo equivocado”, constructo inexistente en otras épocas. La crítica de los estudios Queer a los “esencialismos” (el binario hombre-mujer, fijo e inmutable) hace que suscribamos junto a ellos, que nada es fijo ni inmutable. Pero Freud mismo nos decía que la anatomía es el destino. Hay un real. No se puede hacer cualquier cosa con el cuerpo, tiene sus límites. Tomar los dos aspectos sería nuestra posición frente a un constructivismo radical que por momentos se muestra como neo-cartesiano. María Luisa Femenías Doctora en Filosofía, Docente e investigadora de la UNLP. Exdocente UBA y Directora del Centro Interdisciplinario de Investigaciones de Género (FaHCE-UNLP) El invisible espacio generizado de la salud mental La fuerte reconfiguración familiar del siglo XIX, genera dos estereotipos a “alcanzar”, exhibiendo con claridad el horizonte de sentido de lo que Foucault denominó disciplinamiento y biopolítica.1 Como bien señala Silvia Federici respecto del primero de los dispositivos de poder, al investigador francés le interesó centrar tanto sus análisis históricos cuanto sus aportes teóricos en el disciplinamiento de los cuerpos de los varones, sobre todo respecto de su sexualidad, entendida como mandato heterosexual (Federici, 2010) Poco o nada dice Foucault del disciplinamiento de las mujeres salvo en su análisis de la conformación del Hospital General, cuando las menciona en términos de prostitutas o de locas. Sin duda, el nuevo modelo decimonónico de la domesticidad, la maternidad, la docilidad, la sumisión y el cuidado, desconoció o consideró secundarias (cuando no inexistentes) las necesidades, los deseos, aptitudes y capacidades de las mujeres, consolidando el nuevo modelo en los estereotipos de mujer-doméstica y varón-proveedor. Para comprender en toda su dimensión ese giro, es necesario adoptar una mirada igualitaria y generizada. Esa mirada muestra que una de las figuras de la evasión al nuevo disciplinamiento en la opresión simbólica (y real) de la domesticidad y de la inferiorización fue la locura. Se cuenta con un extenso registro de ello, en el que la literatura brinda las piezas más dramáticas2. Pero no fue el único. Históricamente, las mujeres que no cumplían satisfactoriamente con el estereotipo “doméstico”, junto con las realmente enfermas, convivieron bajo los motes de “locas”, “histéricas” o “neurasténicas”, produciéndose “tecnologías” disciplinadoras de sus cuerpos y mentes, sus deseos y vocaciones, siempre en aras de intereses científicos y económicos que pocas veces admitían de buen grado a las mujeres “indisciplinadas.”3 El minucioso estudio de Valeria Pita sobre los orígenes del Hospital de Mujeres Dementes o los estudios de Mirta Lobato sobre las “Reinas de la belleza”, entre otros, muestran cuáles eran los mandatos sociales para las mujeres.4 Aún hoy, las formaciones profesionales, las instituciones, los mandatos sociales, no acaban por hacerse cargo de la mirada generizada y mantienen las “disciplinas del cuerpo” como regulaciones alrededor de las cuales se desarrolla la organización del poder sobre la vida (Foucault, 1977, p. 168) En la CLEPIOS 72 > línea de Foucault, son los dispositivos de poder que se articulan directamente sobre los cuerpos, que delimitan y definen lo “normal” y lo “anormal” para cada caso. Es decir, el conjunto de la sociedad condiciona los modos de vivir como “mujer”, rechazando en buena medida la potencial variabilidad humana, y estableciendo estereotipos más o menos idealizados que indican cómo “debemos ser” para ser “normales”, aceptadas y deseadas. Así, la línea conceptual divisoria entre mujeres y varones, sus necesidades, deseos y capacidades que se estableció epocalmente en el XIX con rigidez, admitió pocos matices. El mandato social como “deber ser” llevó a Simone de Beauvoir a sostener: “Normal no se nace, se hace con esfuerzos, a veces, titánicos”. Como todo disciplinamiento, aquel se produjo a partir de la creación de un “nuevo” universo simbólico; es decir, un ordenamiento restrictivo y a la vez que prescriptivo de los modelos de varones y mujeres “normales”, donde las últimas llevaron la peor parte. No fueron ajenas a ese proceso, las redefiniciones de lo público (masculino) y lo privado (femenino), la exclusión de las mujeres de la ciudadanía plena y, en algunos casos, hasta de la educación sistemática. Diversas teorías y posiciones filosóficas contribuyeron a ello, acallándose las voces disidentes. La consecuencia fue un complejo y sostenido proceso de exclusión, relegación social, no-reconocimiento, desconfirmación y patologización de las mujeres cuyas voces y posiciones eran divergentes (Armstrong, 1992) Se generó así una “cultura del silencio” y un fuerte control “científico” sobre su “normalidad”. Las que no respondían al nuevo canon fueron signadas, de “fálicas”, “histéricas”, “locas”, “rebeldes”, “incapaces”, entre otros apelativos, y expulsadas hacia la institucionalización y la reclusión. Ese orden cosas y su universo simbólico estalló, en parte, en la década de los sesenta del pasado siglo. Pero para ese entonces, se había construido una cultura dominante basada en la clara distinción binaria de los sexos, un conjunto de valores “viriles,” que las guerras habían alimentado y puesto en práctica, un modo “obvio” de deber ser varón y mujer, reforzado fuertemente por el cine de Hollywood, y un largo etcétera. Como consecuencia de ello, se pueden detectar aún múltiples y sólidas barreras que impiden el reconocimiento y el desarrollo de las capacidades, deseos y proyectos de vida de las mujeres en igualdad plena de derechos y responsabilidades. La sociedad (y las ciencias) construyen todavía mensajes contradictorios. Fácilmente comprobable es su mayor medi- calización, institucionalización, consulta psicológica, inseguridad y baja autoestima. La mirada de género, la conciencia de que los constructos sociales proponen ideales identificatorios sesgados, obliga por un lado a “deconstruir” esos estereotipos y revertir las tecnologías disciplinadoras que los mantienen. Por otro, impulsan a examinar, indagar y conceptualizar desde esta mirada generizada qué se considera “sano” y qué no: si la “enfermedad mental” funcionó como castigo y exclusión de modelos alternativos de vivir cómo ser mujer, es imperante revisar las lecturas tradicionales desde las nuevas herramientas conceptuales de que se dispone. Esa es la propuesta de la teoría de género: reexaminar viejos y construir nuevos conocimientos no-sexistas acerca de la “variable singular” que cada ser humano es. CLEPIOS 73 NOTAS 1- Desarrollo algunos de estos temas en “Problemas con el cuerpo / el cuerpo en problemas” en 10º Congreso argentino y 5º latinoamericano de Educación Física y Ciencias, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, 2013. 2- A modo de ejemplo, Gilbert, S. y Gubar, S. La loca del desván, Madrid, Cátedra, 1993; Flax, J. Psicoanálisis y feminismo. Pensamientos fragmentarios, Madrid, Cátedra, 1994; Fernández, A.M. La mujer de la ilusión, Buenos Aires, Paidós, 1994; Kristeva, J. El genio femenino: la vida, la locura, las palabras, Buenos Aires, Paidós, 2003, 3vols. Como ejemplo novelado, O´Farrell, M. La extraña desaparición de Esme Lennox, Barcelona, Salamandra, 2009. 3- Tomo la noción de “tecnología” de Teresa de Lauretis. Cf. De Lauretis, T. “Sujetos excéntricos: teoría feminista y conciencia histórica” en Cangiano, C y DuBois, L (comp.) De mujer a género, Buenos Aires, CEAL, 1993, pp. 73-113. 4- Entre otros, Pita, V. La casa de las locas. Una historia social del Hospital de Mujeres Dementes, Rosario, Prohistoria, 2012; Lobato, M. Cuando las mujeres reinaban. Belleza, virtud y poder en la Argentina del siglo XX, Buenos Aires, Biblos, 2005. Otras formas de “disciplinamiento” son la violencia, Cf. Femenías, M.L. Los ríos subterráneos, Rosario, Prohistoria, vol. I, 2013, vols. I y III, 2014; y la heterosexualidad compulsiva, Cf. Di Segni, S. Sexualidades, Buenos Aires, FCE, 2013; Cabral, M. “Derecho a la igualdad. Tercera posición en materia de género”, en DDHH, vol. 3.8, Buenos Aires, Ministerio de Justicia y DDHH, 2014; Berkins, L. et alii, Un cuerpo: mil sexos. Intersexualidades, Buenos Aires, Topía, 2011; Martínez, A. “Identificación melancólica y constitución de la identidad de género masculina. Aportes del psicoanálisis a los estudios contemporáneos de género”, Revista de Psicología, vol. 19. 2, 2010. Referencias Bibliográficas 1- Armstrong, N. (1992) Deseo y ficción doméstica, Madrid: Cátedra. 2- Federici, S. (2010) Calibán y la bruja, Madrid: Traficante de sueños. 3- Foucault, M. (1977) Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber, Buenos Aires: Siglo XI. CADÁVER EXQUISITO 03 Silvia di Segni Psiquiatra. Docente e investigadora. Miembro del Capítulo de Personalidad y del Capítulo de Historia de la Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) 01 Pienso la perspectiva de género como el atravesamiento de todo lo que pensamos y hacemos desde la perspectiva de la diversidad de expresiones genéricas/sexuales de los seres humanos, más allá del binarismo mujer/varón. Dado que el concepto surgió del feminismo ha quedado asociado a la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres dejando afuera, en algunos aportes, la diversidad LGBTIQ. Desde mi punto de vista, pensar cualquier teoría o práctica desde esta perspectiva significa cumplir con el respeto básico a los derechos humanos en el sentido de no discriminar, no maltratar, no invisibilizar a muchxs dejando espacio para unxs pocxs otrxs. Esto ha sucedido con el varón en relación a la mujer y con el binarismo varón/mujer en relación a todxs lxs demás sexos/ géneros/prácticas sexuales en la medida que la heteronormatividad procreativa se impuso a sangre y fuego. Las religiones, el derecho y la psiquiatría sostuvieron que esa norma era “natural” y, al mismo tiempo, desplegaron en conjunto un enorme monto de poder (con estigmatizaciones, muertes, encierros, patologización y medicalización) para sostenerla lo que resulta, por lo menos, paradójico. 02 Si la perspectiva de género no atraviesa toda nuestra práctica nuestra tarea resultará iatrogénica en la medida en que no demos espacio al despliegue de otros deseos, otras realidades y que, por lo tanto, no podamos comprender ni ayudar a quienes nos consulten. Nos formamos en el binarismo varón/mujer heterosexuales y procreativxs patologizando a toda otrx sexualidad/sexo/género que no responda a ese modelo. Nuestra práctica debe ser totalmente inclusiva lo que nos obliga a aprender constantemente y a repensar las teorías que no den cuenta de lo que la realidad nos presenta. Aplicar teorías de manera rígida sobre la realidad, enferma; utilizar teorías y prácticas que no contemplan la diversidad, enferma o, en el mejor de los casos, no sirve. ¿Cuál es la formación que recibimos lxs médicos? Llamativamente, o no, la perspectiva de género no atraviesa toda la carrera en la enorme mayoría de las facultades. Los cánones determinan no sólo las características genéricas sino también las sexuales que han sido determinadas por la misma medicina. Cuando un/a obstetra muestra un/a bebé y dice: varón o mujer está realizando un acto performativo, está creando un varón o una mujer de acuerdo a lo que la misma medici- na ha establecido para ello. Si un/a bebé no responde a esa norma es anormal y debe ser “normalizado”. Hasta hace muy poco tiempo, y aún hoy en muchos lugares, los bebés intersex debían ser “normalizadxs” en los primeros días de vida para que cupieran en la casillita de “sexo” del certificado de nacimiento. No hay diferencia entre una perspectiva de género y una perspectiva sexual, ambas son creaciones culturales dado que es la medicina quien define según formas y medidas a quien se llamará varón o mujer y a quien querrá “normalizar” en un gesto de marcado narcisismo. Allí donde la naturaleza genera un continuo querremos encontrar sólo dos variantes, si esto no pasa, lo enmendamos creando otro ser ambiguo pero, además, con fuerte pérdida de capacidad de gozar. Resulta así que encuentro, y no sólo en colegas sino también en mí misma, dificultades y prejuicios que es necesario afrontar y superar. Es indispensable comprender cuánto no sabemos respecto a otras elecciones sexuales/de género; respecto a personas trans e intersex, para decidir incorporar conocimientos y, lo que es más difícil e imprescindible, modificar actitudes y prácticas. Recomiendo muy especialmente un video de Ovejas negras (colectivo LGBTIQ del Uruguay) llamado “¿Cuál es la diferencia?” disponible en youtube. La diferencia alude a cómo entrevistar en la práctica médica pensando en la diversidad o hacer una parodia de entrevista, negándola. 03 En el campo de la Salud Mental el respeto a la diversidad aparece un poco más en el discurso teórico que en las prácticas. Basta preguntar quién se siente parte de la diversidad para evidenciar que no resulta claro que todxs formamos parte de la misma; que la heterosexualidad o la elección genérica femenina o masculina tradicionales son solamente algunas de las expresiones de esa diversidad sin privilegios. Creo que el campo de la Salud Mental está un paso atrás respecto al campo jurídico que, en nuestro país ha producido tanto la Ley de Salud Mental, como la de Matrimonio igualitario y la de Identidad de Género. Lo que estas leyes significan y habilitan obliga a repensar cuestiones teóricas y cambiar actitudes, algo que no está totalmente incorporado en la enseñanza de grado ni de posgrado ni en la educación continua imprescindible. Por último pero no menos importante, sostengo que la sigla LGBTIQ debería incluir una H, de heterosexualidad, no para luchar por sus derechos dado que los tiene todos sino para dejar en claro que es sólo una más entre otras elecciones posibles. CLEPIOS 74 > 04 Débora Tajer Licenciada y Doctora en Psicología (UBA), Magister en Ciencias Sociales y Salud (FLACSO/ CEDES), Egresada Residencia en Psicología Clínica Hospital Braulio Moyano (GCBA). Profesora Adjunta a cargo Catedra Introducción a los Estudios de Género y Profesora Adjunta Regular Cátedra Salud Pública/Salud Mental II de la Facultad de Psicología UBA. Co- fundadora del Foro de Psicoanálisis y Genero (APBA) y miembro de su Comité Asesor -Cuáles son las implicancias de pensar en perspectiva de género Pensar con perspectiva de género implica visibilizar y desnaturalizar las relaciones de poder entre varones y mujeres en el marco del patriarcado, para historizarlas. En el caso de la Salud Mental, implica además indagar como estas diferencias jerárquicas establecen expectativas y mandatos hacia los y las sujetos que son fuentes de malestar (en plus) en la cultura. También implica dislocar la idea de que la “diferencia sexual” es la única garante de ingreso en el orden simbólico. Al mismo tiempo implica dar lugar teórico y clínico a que las transformaciones de las modalidades eróticas y estéticas de los existenciarios homosexuales, heterosexuales, travestis, transexuales, trasgéneros, intersexos,etc. que han desbordado ampliamente los estereotipos modernos de la sexualidad se desplieguen. Pudiendo dar cuenta del desacople de sexo biológico-deseo-género- prácticas eróticas y amatorias que interpela el disciplinamiento de dos sexos y la categoría misma de la diferencia sexual. En tanto la lógica que estableció el paradigma de la sexualidad (identitaria, binaria y jerárquica) pareciera estar siendo desarticulada, dislocada y desquiciada, con el paso de la sexualidad a las sexualidades, de la diferencia a las diversidades. Estos tránsitos imponen la construcción de nuevas categorías, conceptos y modos de abordaje en el campo de la salud mental. Al mismo tiempo los cambios en los marcos legales en este campo en Argentina establecen nuevos derechos, demandas, preguntas y horizontes existenciales que interpelan a los saberes y dispositivos “psis”. Uno de los desafíos actuales que estos cambios nos presentan en el trabajo clínico, en los contextos institucionales, en la capacitación profesional y en la docencia universitaria es estar a la altura de los mismos para poder identificar los modos actuales de vivir, desear, proyectarse y padecer para alojarlos hospitalariamente en los dispositivos terapéuticos. A modo de síntesis, podemos decir que el desafío principal es poder pensar en simultaneo cómo se constituyen los psiquismos en relación a la diversidad de las prácticas de sexualidad y de las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, en aras de democratizarlas y no naturalizarlas. -Cómo cree que se visibiliza la consideración de la diversidad de género en Salud Mental Existen varios desafíos que se nos presentan en los contextos clínicos en la actualidad entre los cuales podemos enumerar: a- Los cambios producidos en la configuración de las femineidades y masculinidades, en sus roles, ideales y conformaciones deseantes, que establecen conflictos específicos de época. b-Las transformaciones en las relaciones de poder entre los géneros en la vida cotidiana, que han creado mayores libertades, pero también, nuevos modos tanto de sufrimiento como de placeres. c- La aparición de una multiplicidad de configuraciones y situaciones familiares que ponen en cuestión la relación entre formación de pareja y parentalidad. d- La visualización del campo de las prácticas de la diversidad sexual. Prácticas por fuera de lo heteronormativo y de la bi partición identitaria en géneros. Lo cual desde el campo de los/as propios actores se denomina LGTTBI (Lesbianas, gays, travestis, transexuales, bisexuales e intersex). e- El nuevo panorama que se abre a nivel de la procreación en la articulación entre las posibilidades de las nuevas técnicas reproductivas (fertilización asistida, alquiler de vientre, donación de óvulos y esperma, entre otras) y las decisiones reproductivas. Lo cual permite separar procreación de sexualidad. Del mismo modo, que los métodos anticonceptivos a partir de los 60’ permitieron separar sexualidad de procreación. De hecho, mas allá que intentemos tapar el sol con las manos, han habido cambios en la vida cotidiana y en los horizontes de los proyectos de vida de los /as sujetos actuales que tienen impacto en la clínica y establecen nuevas demandas y conflictos. -Qué problemas registra en relación a la temática Uno de los problemas, es que si el “campo psi” no se piensa constituido históricamente y por lo tanto también sus categorías y dispositivos de intervención, puede estar eludiendo interrogarse acerca de la posibilidad de que las herramientas y teorías que utilizamos estén en muchos aspectos fraguadas fundamentalmente para trabajar con los malestares y patologías de los y las sujetos/as conformados/as en la heteronormatividad y el patriarcado . Y que aún sin quererlo, podamos estar actuando como “Lecho de Procusto”, adaptando a los/as sujetos al dispositivo mas que creando nuevas herramientas. Con lo cual, pudiéramos estar parados/as en la paradoja de ser “progres” y actuales ideológicamente, pero no técnicamente. Por otra parte, cierta preocupación porque la democratización de las relaciones entre las generaciones y entre los géneros, en vez de ser recibidas como desafíos para pensar los modos de nuestra época de los malestares están siendo visualizados como “declinación” de “el padre”, y esto leído como desorganizante y generador de psicopatología y no como declinación de la desigualdad y su consiguiente diferencia desigualada. Otra manera de pensarlo es tal como nos propone Michel Tort cuando refiere la necesidad de “(pensar al) Padre (como) una construcción histórica, solidaria de las formas tradicionales del dominio masculino que asegura a los padres varones el monopolio de la función simbólica” . El fin de un padre, el del patriarcado occidental, es el fin de un mundo, no el fin del mundo. Las formas de devenir sujeto y el ejercicio de las funciones que participan en el son históricas y constituyen el lugar de las relaciones de poder entre los géneros”. CLEPIOS 75 REPORTAJE Entrevista a Irene Meler Clepios, revista de profesionales en formación en76 salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 76-81 CLEPIOS > Irene Meler Doctora en Psicología. Coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género (APBA). Directora del Curso de Actualización en Psicoanálisis y Género (APBA y UK). Codirectora de la Maestría en Estudios de Género (UCES). Clepios: El número actual está dedicado al tema de Perspectivas de Género. Esta iniciativa surge porque consideramos que existe un desconocimiento formativo en cuanto a lo académico. Más allá de las lecturas individuales de cada uno, no es algo que se dé en nuestra formación, de modo tal que comenzamos a trabajar sin que estas temáticas sean algo incluido en la formación profesional de Salud Mental, por lo cual pensamos que en nuestras prácticas muchas veces se reproduce ese desconocimiento. En primer lugar, querríamos preguntarte sobre tu recorrido sobre estas temáticas. Irene Meler: Yo empecé a interesarme por este tema en el año 79, cuando ya tenía unos trece años de profesión. Me había formado en el Hospital de Niños R. Gutiérrez, donde comencé mi práctica con niños. Allí trabajaba en lo que era la Escuela para Padres dirigida por Eva Giberti. Me había gustado mucho la difusión de conocimientos psicológicos, todavía yo no tenía tantas ideas propias, entonces lo que hacía era difundir los conocimientos que adquiría, que no eran ideas originales mías, pero tenía cierta vocación por hacerlos accesibles a todas las personas. Comencé con los Estudios de Género -que no existían formalmente en la Argentina- en un seminario que se llamó “La Condición de la Mujer en la Sociedad Actual”, convocado por dos grupos privados que estaban ya trabajando de forma incipiente este tema, y que quisieron hacerlo conocer. Allí tomé contacto con esta perspectiva y al año siguiente se fundó una ONG que se llamó “Centro de Estudios de la Mujer”, dirigida por Gloria Bonder, y donde me invitaron a participar. Lo que se dio allí fue una formación entre nosotras, con bibliografía que aportaban principalmente Gloria Bonder y Ana María Fernández. Funcionamos como un grupo de autogestión. Debido a la falta de antecedentes en el tema, mi formación ha sido entre pares o autodidactica, no he tenido una formación instituida en estos temas porque no existía; esto sucede con frecuencia con los grupos pioneros en alguna cuestión. Empecé recién en el año 1982-1983, tal vez un poco antes, a dar cursos en la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, exponiendo una revisión crítica del discurso freudiano y de las primeras polémicas planteadas en el campo del psicoanálisis sobre el tema de la sexualidad femenina y la feminidad. Luego en 1985, el Centro de estudios de la Mujer comenzó a dictar seminarios de posgrado en la Facultad de Psicología de la UBA, por lo cual me invitaron a formar parte del cuerpo docente, y en 1987 se fundó la Carrera de Estudios de la Mujer, donde me desempeñé como docente, y fui aprendiendo a medida que enseñaba. A mi generación le tocó ese des- CLEPIOS 77 reportaje tino, por ejemplo, corregir monografías cuando nunca había escrito una, porque en mi camada no existió como requisito elaborar una tesis o tesina para finalizar la carrera. Ahí sí que se aplica la versión lacaniana del amor, que es dar lo que uno no tiene. Me ha tocado brindar conocimientos que no tenía previamente. En esa carrera enseñé y aprendí mucho. Luego yo elaboré un programa de Salud Mental y Género en la Facultad de Psicología, y en 1995 fundé el Foro de Psicoanálisis y Género junto con Débora Tajer. Allí empezamos a trabajar y mantengo la coordinación de este espacio hasta el día de hoy, en que estamos en su vigésimo año y estamos convocando este año a las duodécimos jornadas, esperando concretar el proyecto de que venga Michel Tort para dar una conferencia. En las anteriores, pudimos contar con Jessica Benjamin, estamos logrando algún contacto con figuras relevantes a nivel internacional y tenemos mucha producción local, muchas publicaciones. El comité asesor del Foro está integrado por Eva Giberti, Ana María Fernández, Mabel Burin, Juan Carlos Volnovich y ahora se han incorporado miembros más jóvenes; Débora Tajer -que es co-fundadora pero que se sumó ahora al Comité Asesor, Irene Fridman que trabajó conmigo como Secretaria de Difusión del Foro y ahora integra el Comité, e incorporamos a Facundo Blestcher, un psicoanalista que fundó la Sociedad Psicoanalítica de Paraná. Aparte de la actividad del Foro, dirijo desde hace 18 años el Curso de Psicoanálisis y Género en la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, que tiene el aval de la Universidad Argentina John F. Kennedy. En la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales co-dirijo junto con Mabel Burin una Maestría Interdisciplinaria en Estudios de Género. Es decir, yo tengo un trabajo interdisciplinario y otro más específico en el ángulo que más me interesa a mí que es la articulación entre los Estudios de Género y el Psicoanálisis. También he realizado y participado en publicaciones en estos años. Muchas de ellas colectivas, como “Las Mujeres en la Imaginación Colectiva” que compiló Ana María Fernández, “Estudios sobre la Subjetividad Femenina”, cuyo cuerpo principal fue escrito por Mabel Burin, y donde invitó a colegas a que aportáramos artículos. También tengo un artículo en Género, Psicoanálisis, Subjetividad, una compilación realizada por Mabel Burin y Emilce Dio Bleichmar, Después compilé un libro junto con Débora Tajer, que es “Psicoanálisis y Género. Debates en el Foro”; y escribí en conjunto con Mabel Burin “Género y Familia”, y “Varones, Género y Subjetividad Masculina”. Finalmente hice un libro sola que es mi tesis doctoral que se llama “Recomenzar: Amor y Poder Después del Divorcio”, donde además de los aportes teóricos, expongo los hallazgos de una investigación empírica sobre familias ensambladas. Clepios: En cuanto a lo conceptual, ¿qué podemos pensar sobre las perspectivas de género?, ¿qué abarca?, ¿cómo podemos entenderla? I.M: Básicamente yo diría que la perspectiva de Género ha venido a aportar una visión más lúcida sobre las inequidades sociales que construyeron la diferencia sexual tal como la co- nocemos. En ese sentido, nosotros estamos acostumbrados a considerar la diferencia sexual como un organizador del psiquismo y también como un organizador social, porque claramente muchas instituciones como la familia, el matrimonio, están organizadas sobre la base de una diferencia sexual instituida. Esta diferencia ha sido naturalizada, considerada parte de la bipartición sexual de la especie, cuya reproducción es sexuada. Inicialmente esto no fue problematizado, transformado en un objeto cognitivo, Pero con la generación de un cambio social y cultural importante en la condición femenina, que se produjo alrededor de la década del 60, surgió toda esta corriente de estudios que inicialmente fueron Estudios de la Mujer. Por eso la primera carrera de postgrado en la que yo fui docente se llamó de Estudios de la Mujer, porque lo que se buscaba era hacer visible la perspectiva de las mujeres, que había sido invisibilizada, ocultada en todos los relatos de las disciplinas sociales y humanas. Por ejemplo, hay un libro de antropología que se llama “Los Argonautas del Pacífico Occidental” de Malinowski. Allí se describe una ceremonia de construcción de canoas, que se llama “la ceremonia Kula”. Relata que se reunían las tribus para ahuecar troncos con el fin de construir canoas, y agrega, “se servía la comida”. Ustedes se imaginan que en cualquier fiesta, evento social, comer en conjunto es algo muy importante, que genera cohesión grupal, en parte la gente se reúne para hacer algo y para comer. ¿Quiénes hacían la comida? Habitualmente lo hacen las mujeres. La participación femenina estaba sintetizada en ese parco “se”. Se servía la comida. Esto habla de la invisibilización del aporte femenino a la cultura, que está presente en el discurso freudiano de formas muy flagrantes y en muchos discursos de las disciplinas sociales y humanas. Entonces lo que los estudios de la mujer hicieron fue hacer visible lo omitido. Más tarde, en determinadas partes del planeta se adoptó la denominación Estudios de Género. En Europa no fue así ya que no les gusta el concepto porque es un invento norteamericano. A esta denominación la creó John Money, un psico neuro endocrinólogo neozelandés que trabajó en la Johns Hopkins University estudiando estados intersexuales. Lo que les interesó a las académicas que venían haciendo estudios en distintas disciplinas influidas por las teorías feministas fue el carácter constructivista del concepto del Género. Nos permitió ver que la subjetividad masculina o femenina que cada sujeto construye, no dependía de factores biológicos sino de lo que él llamó “la asignación de género”. O sea la creencia del semejante acerca de ese cuerpo que acababa de advenir al mundo. La subjetividad sexuada se constituye en función de los proyectos identificatorios que los cuidadores primarios elaboran sobre el sujeto. Lo que interesó a los Estudios sobre la Mujer es entender que, esto que parecía tan abrochado a lo biológico, que parecía tan intrínseco, estructural y constitutivo de la subjetividad, era en realidad una adquisición contingente que podía ser variable. De hecho los casos de transexualismo nos muestran que algunos machos y hembras “normales” de la especie, para llamarlos de alguna manera, pueden construir su subjetividad cruzando géneros, donde no haya concordancia entre su subjetividad y su cuerpo. Por supuesto, como psicoanalistas, considera- CLEPIOS 78 > mos que hay un género asignado extraoficialmente. Cuando se construye una subjetividad transexual, es porque ha habido de algún modo, por parte de los padres, una asignación de género inconsciente que cruza géneros. Estas personas que biológicamente son absolutamente promedio como cualquier otro individuo de la especie, sin embargo pueden construir una subjetividad diferente. Esto nos muestra el carácter construido del género y el carácter contingente, no estructural, no necesario. Bueno, el psicoanálisis lacaniano en este sentido coincide con esta perspectiva. Lacan plantea que es posible para un sujeto ubicarse de uno de los dos lados de la diferencia simbólica, es decir, que no tiene que haber una correspondencia forzosa entre el psiquismo y el cuerpo. Todo este concepto que fue tomado por los estudios de género, que inicialmente en América, se denominaron como estudios de mujeres, y que en Europa se prefiere denominarlos como estudios feministas, porque no les gusta la denominación americana de género considerando que es anglófona y no se adapta a los países cuyas lenguas son latinas. Asimismo, dentro de este campo han surgido alrededor de los ’80 los estudios sobre la masculinidad, que han tenido un desarrollo muy importante en Australia. Un sociólogo que se llama Robert Connell, que es transexual en este momento, ha hecho un aporte relevante con una producción académica de mucha calidad, seriedad, y rigurosidad. Connell propone que la unidad de análisis de los estudios de género son las relaciones de género. Es decir las relaciones sociales e intersubjetivas entre los géneros, y que pueden ser analizadas en diversos niveles: en un nivel cultural, en un nivel social, un nivel institucional y un nivel subjetivo. También en Inglaterra existen aportes importantes, y por supuesto en Estados Unidos. Entre nosotros, yo misma escribí con Mariel Burin un libro que se llama Varones. Género y Subjetividad masculina, donde aplicamos esta perspectiva a los estudios sobre las masculinidades. Entonces el campo de estudios de género abarca estudios sobre mujeres y sobre varones. Clepios: ¿Cómo pensar el entrecruzamiento entre los estudios de género, con sus vertientes, con el campo de la Salud Mental? Vemos en los manuales las Disforias de género, Trastornos de género... I.M: Claro, no se acota a eso. Eso es como la referencia obligada y estereotipada cuando uno habla de Estudios de Género y Salud Mental. Pero en realidad no es así. Yo tengo un artículo en el que hago una revisión de la psicopatología psicoanalítica desde esta perspectiva. Emilce Dio Bleichmar escribió un libro que se llama “El feminismo espontaneo de la histeria”, donde realiza una revisión muy sistemática de todas las sub especies de histeria desde una perspectiva de género. Mabel Burin investiga los estados depresivos en las pacientes mujeres, en un libro que se llama “El malestar de las mujeres”. De modo que hay revisiones desde la psicopatología psicoanalítica desde esta perspectiva para la mayor parte de los cuadros neuróticos. Existen estudios sobre lo que se ha llamado “las perversiones femeninas”, e indagaciones incipientes respecto de los trastornos alimentarios, que son trastornos de género femenino, ya que en las anorexias y bulimias existe un notorio predominio de pacientes mujeres. También empiezan a aparecer estudios sobre adicciones en mujeres, porque es el flagelo de la época, buscando la especificidad de los trastornos adictivos en mujeres. Lo que es importante aclarar es que los Estudios de Género se articulan con otros desarrollos teóricos de distintas disciplinas, entonces así como por ejemplo las economistas feministas deconstruyen y reformulan los desarrollos económicos marxistas o la perspectiva de la teoría económica liberal, en el campo de la salud mental existen articulaciones con los desarrollos psicoanalíticos, mientras que otros aportes se sustentan en desarrollos de la teoría sistémica. Es decir que existen extraños maridajes entre distintos desarrollos teóricos. Los desarrollos de Género no surgen de la nada, sino que se nutren y se apoyan en desarrollos existentes a los que les realizan una lectura crítica, una deconstrucción, porque suelen estar en muchos casos atravesados por sesgos androcéntricos y sexistas. Sobre este trabajo deconstructivo, generan aportes alternativos que refinan o modifican los conocimientos existentes Clepios: Respecto del autor que mencionaba antes, que toma como unidad las relaciones de género, ¿este análisis de las relaciones de género superaría o trascendería el binarismo sexual? I.M: Si, teóricamente debiera ser así porque en este momento, además de que la teoría esta desimplicándose de las representaciones oficiales de género; vamos entendiendo que cada uno de nosotros está constituido por diversas corrientes psíquicas, donde puede haber una organización preconsciente hegemónica a predominio femenino o masculino, pero la personalidad de todos los sujetos a nivel del inconsciente no está organizada sobre la base de un binarismo genérico. Además, el mismo binarismo genérico cultural está siendo deconstruido en este momento. Se produce un proceso que se ha llamado “desgenerizacion” que tiene que ver con la similitud de circunstancias existenciales que tenemos mujeres y varones, por lo menos en los sectores urbanos desarrollados., Al tener vidas cada vez más semejantes, en cuanto a que ambos compartimos espacios en la familia y en el trabajo, los rasgos de carácter de mujeres y varones ya no están tan polarizados como se observaba en otra época. Compartimos rasgos de carácter que no se distribuyen prolijamente según el género, porque las vidas se asemejan, los ámbitos sociales por los que circulamos son semejantes. En consecuencia, se produce un cambio en los modelos teóricos, y también en el modo en que las subjetividades contemporáneas se constituyen. Clepios: Entonces, ¿podríamos decir que el transexualismo podría quedar por fuera de la psicopatologizacion? ¿Cómo entender esto que usted mencionaba como la “asignación de género extraoficial”, a nivel inconsciente? I.M: Es una manera no muy rigurosa aunque gráfica de expre- CLEPIOS 79 reportaje sarme. Yo creo que el término psicopatologizacion lleva implícita alguna connotación de transgresión moral y de sanción, como si alguien que hace algo loco o tiene aspecto loco, también debe ser malvado. En ese sentido es que no se acepta la psicopatologizacion. Al mismo tiempo, esta postura busca evitar que la perspectiva de un sector social, por ejemplo la perspectiva normalizada de los sectores medios urbanos, estigmatice las subjetividades que son diferentes. Sin embargo, el respeto por la diversidad no debe obturar la posibilidad de análisis de las formas subjetivas que observamos. Esta es mi postura. No quisiera que la corrección política obturara la indagación psicológica. Creo que ese sentido todos somos psicopatológicos, no es que nadie lo sea, simplemente tenemos distintos formas de trastornos o de locuras, y en cada caso corresponde preguntarse cómo y por qué. No hay solamente Estudios de Género sobre masculinidad y femeneidad, sino que existe un campo muy amplio de Estudios Queer, que están desarrollados por los “raros”, o sea los gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, etc. Tienen aportes muy interesantes, y podríamos decir que son estudios emparentados con los estudios de género; si bien no se superponen, existe un parentesco. Algunas reflexiones desafiantes buscan un efecto cuestionador de lo establecido, tales como plantear “¿por qué se preguntan por qué nosotros somos homosexuales?, pregúntense ¿por qué ustedes son heterosexuales?”. A mí me parece muy bien, hay que preguntar todo. Por lo tanto, si todos somos psicopatológicos, la investigación sobre el tema ya pierde el aspecto de sanción a la desviación, y en cambio produce una apertura a la pregunta. una niña de 2 años que decida vestirse de varón? Claramente era travestida por la abuela. Entonces acá, si podemos hablar de alguna locura, es la de la abuela que no toleró esta realidad. Digamos que, para ella, en sus términos, la deshonra de la hija y la muerte de su bebé se resolvieron a través de transexualizar a esta criatura transformándola en lo que según sus criterios hubiera debido ser - el bebé que hubiera debido vivir, el hijo legítimo varón-. Por lo tanto, yo no estaba ante una persona psicótica en lo más mínimo, era una persona razonable, sensata, que además se analizaba y venía a consultarme para ver si yo podía aportar algo que ayudara a dinamizar su análisis. ¿A ustedes les parece que ésta es una pregunta de un psicótico? Alguien que indaga acerca de “¿Por qué soy como soy? Y a ver si vos me podes ayudar aportándome algo que después yo pueda trabajar en mi análisis”. A mí me parece que ésta es una pregunta de una persona razonable que desea entender su existencia, y de ningún modo la pregunta de una persona que está psicótica. De modo que desde ya que el transexualismo queda desimplicado de la psicosis, lo cual no quiere decir que no pueda haber transexuales psicóticos, así como hay personas heterosexuales psicóticas. A lo que voy es que la orientación del deseo erótico y la constitución de la identidad no se correlacionan estructuralmente con cuadros psicopatológicos, por lo menos a esta conclusión he podido llegar. Clepios: Y específicamente desde el Psicoanálisis, ¿se podría pensar el transexualismo por fuera de la Psicosis? I.M: Sí, banalizada también. I.M: Absolutamente. Si ustedes leen la obra de Raewyn Connell, que es el nombre que ahora ha adoptado, van a observar que es una persona que no es psicótica en absoluto. Nosotros tenemos poca experiencia como analistas con pacientes transexuales porque en general no nos consultan, buscan terapeutas que sean también del área Queer, si es que buscan terapia. Pero yo he tenido una consulta, que me motivó a escribir un artículo sobre transexualismo, de un transexual de mujer a varón en Costa Rica, una persona que de psicótica no tenía nada. En este caso existía una constelación familiar muy especial, era una niña nacida en una familia campesina, de una madre adolescente soltera, que fue inscripta como hija de la abuela, como solía hacerse en muchos casos para ocultar el “deshonor” del nacimiento ilegitimo. Pero ocurrió que la abuela, embarazó dos meses después que su hija adolescente, dando a luz entonces, dos meses después que esta niña, a un varón que murió en el parto. Esta abuela en duelo por su hijo varón -único hijo varón que había logrado tener- crió a esta niña ya que la madre iba a trabajar para aportar dinero a la casa, y la transexualizó, la empezó a travestir. Ella no tenía registro de eso... en realidad corresponde decir él, porque la identidad era masculina. Él contaba que a eso de los dos años empezó a vestirse de varón. ¿Y donde vieron un niño o Clepios: Bueno, ahora lo tenemos en el texto escrito de la Ley de Salud Mental, también en la Ley de Género. Hoy la palabra “género” está muy mediatizada. Clepios: ¿Cómo lee los últimos sucesos mediáticos? Porque desde hace mucho tiempo uno escucha acerca de violencias hacia la mujer. Sin embargo, ahora se ha convertido homogeneizándolo como “violencia de género” y también la masiva marcha de “Ni una menos” que también a muchos sorprendió, como una convocatoria muy importante. Sobre esto, ¿cuál es la lectura que tiene de la actualidad del tema? I.M: Bueno, me parece que es el correlato de la tendencia cultural hacia la paridad. En el mundo islámico creo que todavía está naturalizado el castigo físico del marido a la mujer, no tengo la referencia exacta pero tengo entendido que hay indicaciones por ejemplo sobre la varilla con que un marido puede pegarle a la mujer, no sea que la mate. Con lo cual hay sociedades autoritarias, fuertemente estratificadas, donde en la cultura está normalizado el dominio masculino, y en ese contexto está normalizada la violencia contra las mujeres como una forma de control y establecimiento de la autoridad. Lo que ha sucedido en Occidente fue que a medida que las mujeres fuimos ganando los derechos civiles y políticos, se fue percibiendo como más inaceptable el recurso a la violencia como modo de establecer jerarquías en el interior de la familia y en la cultura. Ustedes piensen, por ejemplo, que cuando CLEPIOS 80 > yo nací, era una persona sin derecho a votar y por supuesto fui castigada físicamente, durante mi infancia. Eran prácticas pedagógicas relativamente normalizadas, de modo que ha habido una transformación cultural en unas cuantas décadas. Lo que ocurre es que, lo que antes era cotidiano y naturalizado ahora es insoportable, simplemente porque ha cambiado la percepción del contexto. La pregunta acerca de si existen más casos de violencia contra las mujeres, o no, es imposible de responder porque no hay estudios sistemáticos, porque el objeto de estudio ha sido creado hace unas décadas. Entonces no existen estudios anteriores como para poder contestar esta pregunta. Por lo que la pregunta acerca de si es que ahora se hace visible e inadmisible o si ahora se hizo más frecuente y más importante, es imposible de contestar. Creo que puede haber, tal vez, una reacción ante la drástica transformación cultural que se ha producido en las relaciones de género y que ésto genere un tipo de violencia reactiva; si es o menor, no lo sé. La masculinidad tradicional era violenta por un exceso de poder, y la masculinidad contemporánea es violenta porque está perdiendo ese poder. Esto me parece verosímil. En términos cuantitativos no se puede contestar, pero lo notable es que hay una movilización popular contra el monstruo que hemos creado, que se llama “Masculinidad Cultural”. Porque ¿qué es la masculinidad cultural? Consiste en la transformación de niños temerosos y apegados a sus mamás, en guerreros crueles y feroces, y ha sido una obra colectiva de muchos grupos humanos, que continúa de algún modo -de una forma atenuada por supuesto- , la cultura urbana vigente en Occidente. De hecho el servicio militar, durante una época, fue una escuela de guerreros y torturadores, donde se aprendía a matar sobre la base de ser torturado. La formación militar en la marina norteamericana por ejemplo, es una formación súper atormentadora para lograr sobrevivir a condiciones bélicas extremas Hemos transformado a nuestros varones en máquinas de guerra, ya sean guerreros militarizados o ejecutivos de empresas multinacionales. El imperativo de hacer la guerra con las armas y con el cuerpo, o con las finanzas y las decisiones económicas, se vuelve a veces en contra de sus creadores. Al estilo de un sistema inmunitario desorientado, atacan a los propios, esos varones educados para confrontar, atacan a sus propias mujeres o atacan a sus niños. En términos generales, estamos en un período de deslegitimación de la violencia, porque también las mujeres podemos ser las violentas, de hecho lo somos muchas veces con los niños y con los ancianos. Se observa un proceso cultural de deslegitimación de la violencia que ojalá produzca un cambio cultural que la haga cada vez más inaceptable. Se verá con el tiempo. Clepios: Y quizás un poco más lejos de la violencia ¿Qué lectura tiene respecto de las familias homoparentales o nuevas configuraciones familiares que pueden incluir quizás los mismos géneros? I.M: Creo que en alguna forma minoritaria ha existido siempre, lo que ocurre es que ahora reclaman una validación legal. Y me parece que es razonable, en el sentido de que reclaman dignidad e incorporación a las instituciones que rigen la sociedad, tales como las instituciones de salud. Poder tener una cobertura de salud, o instituciones tales como el derecho a la herencia, el beneficio de una pensión. En ese sentido me parece un derecho legítimo y en realidad, sólo cuando se lo logra, uno entiende los años de inequidad que han soportado del mismo sexo y el peso enorme de la marginalización que soportaron y aún soportan. Clepios: ¿Se necesitaría quizás una reformulación del corpus psicoanalítico para pensar esto? I.M: Por supuesto, es decir, es muy importante revisar los conceptos de función materna y función paterna. Por ejemplo, no abrocharlos a los géneros, sino hablar de funciones ligadas a la contención, la narcisización, el espejamiento del infante, y otras funciones más ligadas a la implantación de un sentido de realidad y la limitación de la impulsividad, que tienen que ser ejercidas por ambos padres. Y de hecho lo son, a veces de formas no convencionales porque hay madres que tienen más vocación para establecer límites y padres que son más concesivos, aunque la tendencia hegemónica todavía consiste en que las mujeres seamos más concesivas, y los varones más limitantes y hostiles. Pero no es universal eso, hay familias que funcionan muy bien con madres más severas y padres más concesivos; entonces creo que el asunto no pasa por la homoparentalidad, y creo que efectivamente el corpus teórico tiene que ser reformulado y venimos haciendo un trabajo continuo para ello. Clepios: Hace unos minutos charlamos sobre cómo van cambiando las concepciones y las políticas que se van generando en la sociedad; reflejo de esto pueden ser la Ley de Identidad de Género y la Ley del Matrimonio Igualitario. Queríamos saber qué opinión tenés de los procesos que se van dando en la Argentina con estas políticas. I.M: Considero que los cambios institucionales, además de ser cambios socialmente positivos, construyen subjetividad y salud mental. En la medida en que la forma particular de ser de determinados sujetos -ya sea en cuanto a su identidad, o en cuanto a su deseo erótico- no sea sancionada ni discriminada, nos liberamos de algunos factores patógenos excedentes. Patologías habrá siempre, supongo, pero por lo menos no serán patologías socialmente inducidas por la discriminación. De modo que para los que somos operadores en el campo de la Salud Mental, son buenas noticias. Por supuesto que puede haber personas homosexuales, bisexuales, transexuales que tengan trastornos psicopatológicos, pero no serán generados por la discriminación y el repudio del entorno. Esto ya constituye una ganancia, además de que implica una ganancia en cuanto a Derechos Ciudadanos y Derechos Humanos. Clepios: Muchas gracias. CLEPIOS 81 YO ESTUVe EN... Yo estuve en Barcelona, España Fotos/ Florencia Molho Clepios, revista de profesionales en formación en82salud mental 2014 - Volúmen XX - Nº 2: 82-87 CLEPIOS > Florencia Molho Psicóloga. Residente de Tercer año en Salud Mental. Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez. Período 2014-1015 / [email protected] Mariel Levinas Médica. Residente de Tercer año en Salud Mental. Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez. Período 2014-1015 / [email protected] Paloma Valente Psicóloga. Residente de Tercer año en Salud Mental. Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez. Período 2014-1015 / [email protected] RESUMEN :: El presente artículo procura dar cuenta de la experiencia clínica, institucional y comunitaria en el Centro Integral de Servicios en Salud Mental Comunitaria (C.I.S) y en la Asociación para la Rehabilitación y Adaptación de Personas Disminuidas en la capacidad de Integración Sociolaboral (ARAPDIS) de la Ciudad de Barcelona, España, en el marco de nuestra rotación por Atención Primaria de la Salud. Se realizará una descripción de las instituciones de inserción, sus dispositivos y prácticas, tomando como referencia el contexto socio-histórico e institucional en función de la demanda asistencial requerida por la comunidad. Por último, se describirá en profundidad una de nuestras propuestas de trabajo llevadas a cabo en el marco de un dispositivo grupal en articulación con la comunidad. PALABRAS CLAVE:: Salud Mental – Comunitario - Rehabilitación – Socio-laboral I WAS IN… Barcelona, España ABSTRACT :: This article attempts to explain the clinical, institutional and community experience in the Integral Center for Mental Health Services (CIS) and the Association for Rehabilitation and Adaptation of Handicapped Persons in the capacity of Labour Integration (ARAPDIS) of the city of Barcelona, Spain, as part of our rotation in Primary Health Care.. A description of the insertion institutions, its devices and practices, will be made in reference to the socio-historical and institutional context on the demand for care required by the community. Finally, we will describe in depth one of our work proposals carried out on a group device in articulation with the community. Key Words: Mental Health - Community - Rehabilitation - Socio-labour Crónicas de una Rotación: Una experiencia transatlántica Intentaremos mediante la escritura capitalizar y trasmitir una vivencia: la experiencia de rotación en Atención Primaria de la Salud en dos Centros de Salud Mental Comunitaria, ubicados en la ciudad de Barcelona, España. Habernos incluido en otro sistema de salud propició el intercambio de miradas, historias, culturas. La elección de dicha rotación tuvo que ver con la posibilidad de CLEPIOS 83 YO ESTUVe EN... conocer y sumergirnos dentro de un Sistema de Salud en un país donde la reforma psiquiátrica había sido consumada, lo cual implicaría el contacto con modalidades de abordaje y tratamiento de las patologías mentales, con características diferentes a las conocidas. Asimismo, nos resultó cautivante la oportunidad de conocer dispositivos en los que predomina una fuerte impronta del trabajo grupal y en articulación con la comunidad. Creemos que nos podría brindar otra articulación para pensar intervenciones en el campo de la salud. Iniciaremos el recorrido de este escrito con una descripción de las características del Sistema de Salud en Cataluña relativos al proceso de Reforma. Luego, realizaremos una presentación de las instituciones de inserción, para finalmente, anclar en una parte de nuestra rotación que implicó el armado y puesta en marcha de un taller articulado con una fiesta barrial. modificar algunas instalaciones y diferencian sus unidades en agudos, subagudos y media y larga estancia. Finalmente, y tras varios intentos reformistas, el cambio en las modalidades de atención logra consolidarse en 1985, a través del documento para la Reforma de la Asistencia Psiquiátrica y, posteriormente, la Ley General de Sanidad1. En resumen, podríamos decir que el proceso de Reforma en la Atención de Salud Mental en Cataluña parte desde un modelo de atención asilar, sin posibilidades de rehabilitación activa ni de reinserción en la comunidad redoblando la exclusión y logra arribar a la conformación de un nuevo paradigma que pretende una atención en Salud Mental inserta en la comunidad, procurando sostener y tratar al enfermo en redes de recursos sanitarios y socio-comunitarios interconectados. Organización actual del Sistema de Salud Mental de Cataluña Salud Mental en Cataluña: El proceso de Reforma Cataluña ha sido una comunidad pionera en el intento de reforma en materia de Salud Mental. Los primeros intentos de modificaciones en el Sistema de Salud fueron previos a la Guerra Civil Española, quedando interrumpidos por ésta. Posteriormente, a mediados de la década del ‘60 se retoma el impulso reformista, intentando reducir las internaciones hospitalarias y promoviendo un modelo de asistencia en la comunidad. En este primer momento, la reforma en la atención se produce en las prácticas intra-muros de los hospitales psiquiátricos en distintas regiones. A mediados de la década de los 70’, se impulsan distintos proyectos con los mismos fundamentos, entre los cuales se destaca la creación de los primeros Centros de Higiene Mental, pioneros de la reforma. Estos centros presentan carácter comunitario y preventivo, otorgan gran peso a lo psicoterapéutico y se destacan por intentar realizar su labor en la propia comunidad. Con esta misma intención, algunos hospitales psiquiátricos abren centros comunitarios en diferentes zonas; se trata de pequeños equipos formados por un psiquiatra y un asistente social. De igual manera, en distintas zonas de Cataluña se continúan reformando prácticas desde los propios servicios hospitalarios. A comienzos de los ’80, se conforma el mapa sanitario, dando lugar a la creación de los primeros Centros de Atención Primaria en Salud Mental (CAPS), que nacen con la idea de ser el eslabón primario de atención para la Salud Mental. Se crea un plan de reordenamiento hospitalario y comienzan a funcionar los primeros hospitales de día y comunidades terapéuticas basados en el paradigma de psiquiatría comunitaria. Paulatinamente se van abriendo nuevos centros especializados: atención infanto-juvenil, atención para drogodependencias. Paralelamente, los hospitales psiquiátricos comienzan a La atención en Salud Mental en Cataluña constituye un subsistema dentro del Sistema Sanitario Catalán. Este modelo se encuentra constituido bajo la estrategia de Atención Primaria de la Salud, ordenando a los diferentes recursos y servicios alrededor de tres niveles: • La atención especializada ambulatoria de apoyo a la Atención Primaria de la Salud (Centros de Salud Mental). • La atención hospitalaria. • La rehabilitación psiquiátrica comunitaria (centros de día y centros de inserción laboral). Dentro de esta estructura general, la Ciudad de Barcelona organiza sus recursos en los llamados Circuitos de Salud Mental, diferenciados en los destinados a la atención de usuarios adultos y los infanto-juveniles (CSMA y CSMIJ), distribuidos a su vez en un mapa según zonas. Cada efector participa de dos reuniones mensuales: una con los efectores que componen el barrio y otra con los efectores interbarriales que conforman este Circuito de Salud. Dichas reuniones tienen la finalidad de discutir casos que presentan mayor complejidad u obstáculos para articular estrategias en red y realizar un seguimiento integral del usuario en cuestión. Instituciones de Inserción: Un primer acercamiento Llevamos a cabo nuestra rotación por APS entre Junio y Agosto de 2014. La misma tuvo lugar en dos instituciones diferentes: el Centro Integral de Servicios en Salud Mental Comunitaria (CIS) y la Asociación para la Rehabilitación y Adaptación de Personas Disminuidas en la capacidad de Integración So- CLEPIOS 84 > ciolaboral (ARAPDIS). Cada una de ellas destinada a brindar atención a usuarios que se encuentran atravesando distintos momentos de la enfermedad, por lo cual cuentan con estructuras, dispositivos y profesionales diferentes. Sin embargo, ambas instituciones sostienen el mismo espíritu: facilitar la reinserción comunitaria de las personas que padecen patología mental, promoviendo su autonomía2 en función de las capacidades con las que cada usuario cuenta. Estos dispositivos de atención se encuentran ubicados íntegramente en el barrio de Gracia, en la parte superior de Barcelona. La elección de esta zona de la ciudad no resultó casual, sino que fue pensada como un área alejada de la parte céntrica de Barcelona, pero accesible a ésta, lo cual permitía que los usuarios tuviesen mayor posibilidad de circulación por el barrio de manera autónoma, pudiendo movilizarse hacia el centro en caso de desearlo. A su vez, que los recursos de la institución estuviesen centralizados en la misma zona, permitió un fuerte trabajo con la comunidad del lugar, enlazando tanto a la institución como a los usuarios en el seno de la misma. Nuestra rotación comenzó en el C.I.S, el cual cuenta con: comunidad terapéutica urbana; unidad de subagudos, corta y mediana instancia; hospital de día, noche y fin de semana; asistencia a urgencia las 24 hs; intervención en crisis; interconsulta a otros centros y consultorios externos. El CIS cuenta con un modelo de comprensión bio-psico-social y de intervención comunitaria. Destina su atención fundamentalmente a pacientes adultos, con distintas patologías psiquiátricas que atraviesan situaciones de crisis, donde se precisa una intervención hacia una estabilización o retorno comunitario. Está orientado en especial a usuarios en situación clínica de subagudos para cortas o medias estancias para alcanzar un abordaje integral mediante “Programas Individualizados en cada Momento Evolutivo del usuario”. El principal objetivo del trabajo es “el retorno, lo antes posible, del usuario al medio natural de origen (familia, trabajo, etc.)” (“ARAPDIS”, 2014). En cuanto a nuestra inserción allí, nos encontramos con lo novedoso de una institución y comunidad diferente, con pacientes adultos graves y distintas modalidades de atención y tratamiento a lo que veníamos acostumbradas; es decir que lo nuevo parecía ser denominador común de esta experiencia. No obstante, los dispositivos que recorrimos, apoyados también en otros símbolos que se nos hacían familiares al momento de pensar las prácticas (tales como el uso del guardapolvo), nos producían la ilusión de que lo desarrollado era conocido. Además de presenciar consultas psicológicas y psiquiátricas con los profesionales, nos incluimos fundamentalmente en los llamados “Grupos Terapéuticos”, donde empezamos a involucrarnos un tipo de abordaje, diferente al conocido: actividades grupales dirigidas a pacientes internados y de hospital de día. Fue recién con la inclusión en la segunda institución -en la que elegimos anclar y relatar nuestro recorrido-, que algo de lo novedoso e innovador tuvo un impacto diferente en nuestra formación profesional y personal. La propuesta de esta inserción implicó otras coordenadas a nuestro recorrido asistencial. Una segunda inclusión: Las residencias y su lazo con la comunidad ARAPDIS es una entidad social sin fines de lucro, prestadora del sistema público de salud, que funciona desde 1989. Su finalidad es: “Crear y mantener equipamientos asistenciales en la comunidad para favorecer la rehabilitación y reinserción de personas afectadas por algún tipo de limitación en su integración sociolaboral, especialmente personas con enfermedad mental crónica o con otros trastornos mentales severos” (“ARAPDIS”, 2014)3. Respecto a su creación, pudimos reconstruir que el surgimiento de ARAPDIS es posterior a la reforma psiquiátrica y aparece como un intento de dar respuesta al problema de la reinserción sociolaboral frente a usuarios que se encontraban en condiciones de alta de una internación psiquiátrica, pero enfrentaban sumas dificultades para acceder a un lugar de vivienda o un trabajo normalizado. La población destinataria de las acciones involucra usuarios adultos, de ambos sexos, que viven o estén alojados en el barrio de Gracia. El trabajo se realiza con ellos, sus familias o red social que tengan los usuarios, orientando a los mismos en promoción de la salud y se los acompaña en diferentes actividades en la comunidad tendiendo al desarrollo de experiencias de revinculación y resocialización. La institución persigue el siguiente espíritu: “Seguimos sin hablar de “curar” sino de “readaptar o capacitar” de nuevo para poder facilitar su integración en las mejores condiciones en el puesto donde pertenecen, donde siempre han estado y donde han de seguir”. (“ARAPDIS”, 2014) El organigrama de ARAPDIS se encuentra dividido en tres grandes áreas: 1) Subárea de Convivencia: son espacios de convivencia temporal. Está constituida por tres residencias las cuales cuentan con estructura y asistencia diferenciada en función del nivel de autonomía de los usuarios (hogares-residencia; pre-pisos y 9 pisos asistidos); 2) Subárea Socio-Cultural: aspira a conseguir la verdadera integración comunitaria mediante actividades de tipo cultural o socio-recreativo. Club Social, Ateneu Cultural, Centro de Documentación, Docencia e Investigación y Recursos Comunitarios; 3) Subárea de Rehabilitación y e Integración Laboral: Servicio Pre-Laboral y uno para la Rehabilitación comunitaria (Centro de Día). Este centro consta de actividades en modalidad de talleres grupales programados previamente en función de un Programa Individualizado de Rehabilitación (PIR). Están diferenciados en seis niveles progresivos de autonomía, desde el más básico de rehabilitación, adquisición de hábitos pre-laborales y de ajustamiento psicosocial en el Centro de Día, buscando el objetivo último que será la integración en un puesto de Trabajo Normalizado en la Empresa Ordinaria. CLEPIOS 85 YO ESTUVe EN... Por otra parte, ARAPDIS cuenta con diversos recursos de inserción laboral: un comedor dirigido a los usuarios4 sostenido nos interesaba escuchar respecto a lo que viven cada Agosto por éstos, un taller de encuadernación, un taller de restauración de muebles, un taller de mantenimiento y reparación, una librería, lavanderías industriales, una huerta y un restaurante. Además, trabaja en convenio con el Estado para brindar espacios de trabajo protegidos a los usuarios, entre ellos se encuentra el proyecto de jardinería en el Park Güell y la Sagrada Familia. sus intereses y habilidades. Ambos grupos diseñaron sus bal- en el barrio, las tradiciones y costumbres y a su vez conocer cones en un modelo que reflejaba lo conversado en conjunto, sirviendo de guía durante todo el proceso de trabajo. El clima de trabajo era muy creativo, los usuarios acercaban propuestas espontáneamente: uno de ellos sugirió hacer un pedido de materiales a los vecinos del barrio, por lo cual realizamos carteles para pegar en las entradas, como también dentro de las residencias. De esta manera, también podrían estar incluidos aquellos que no querían participar. Finalmente, el proyecto se concretó al realizar la inscripción, quedando Un proyecto compartido: “Los Talleres” así el nombre de las residencias y su dirección publicadas en un programa de las fiestas donde se armaba el circuito de recorrido que los visitantes podrían transitar para observar los Luego del primer mes de recorrido por ambas instituciones, y más familiarizadas con los dispositivos y modalidades de trabajo, se nos propuso llevar a cabo un proyecto durante los meses de verano, el cual consistiría en la coordinación y organización de espacios grupales pensados en conjunto con los usuarios de las Residencias. Consideramos que se trataba de una propuesta sumamente interesante, por lo cual trabajamos en pos de pensar posibles abordajes para producir un espacio de interacción con los usuarios. Paralelamente, nos enteramos por los profesionales la existencia de la llamada “Fiesta mayor de Gracia” a realizarse en el barrio en el mes de Agosto, evento en el cual una de las residencias había participado antiguamente con entusiasmo. Posteriormente, nos acercamos a las residencias con el objetivo de escuchar sus versiones acerca de dicha festividad, cómo se habían involucrado y qué importancia tenía para ellos. Nos comentaron que la fiesta en cuestión trata de una histórica tradición barrial que consiste en la decoración de las principales calles del barrio cada una en torno a una temática. En esta celebración tiene lugar el “concurso de los balcones”, donde son premiados los 5 mejor decorados, hay bandas, talleres creativos y de arte, films, incluyendo también los famosos castelleres5, en el marco de una auténtica fiesta barrial. En tal sentido, comenzamos a considerar que un espacio a compartir grupalmente podría estar vinculado a esta celebración. Nos interesó especialmente por tratarse de una fiesta barrial, lo cual implicaba un fuerte lazo comunitario. Propusimos entonces un “taller”, un espacio de interacción entre nosotras y los usuarios, con la finalidad de motivarlos y acompañarlos en el armado y decoración de los balcones y participar así en el concurso. Como beneficio secundario de dicho formato grupal podría producirse un vínculo colaborativo entre los usuarios inter e intra residencias. Comenzamos la experiencia considerando necesario transitar un tiempo de apropiación del proyecto tanto de nuestro lado como también del lado de los usuarios, teniendo en cuenta que el objetivo de decorar sus balcones era algo que los podría entusiasmar. Trabajamos sus vivencias de la fiesta y del concurso, trabajos realizados en las viviendas. Como coordinadoras del taller nuestra participación fue variando. Durante los primeros encuentros, adoptamos una posición de intermediarias entre la institución, el concurso y los usuarios y la interacción propia del taller. Suponíamos que nuestra función era ayudar, colaborar e intentar organizar el trabajo que realizarían los usuarios, asumiendo que ayudarlos a distribuir tareas iba a ser garantía de que las mismas se materializaran. En este contexto, la continuidad de los encuentros comenzó a mostrarnos la necesidad de profundizar, en la importancia de las relaciones originadas entre los usuarios y en consecuencia, los efectos producidos a partir de ellas. Creemos importante destacar que fue necesario dar lugar a los sentimientos de cada miembro en torno al espacio, sus responsabilidades con las tareas y en la colaboración que se daba entre ellos para que el proyecto en común pueda avanzar. En un segundo momento, y frente a las dificultades de ir concretando las tareas que delineábamos con los usuarios, nos vimos tentadas de realizarlas nosotras mismas… nos encontrábamos cursando un episodio de “compensación maníaca de los talleres” atravesadas por el estilo Pinterest. Después de varias charlas y supervisiones con los coordinadores de ARAPDIS, logramos arribar a lo que denominamos “tercer tiempo de nuestra posición”: Crear un proyecto en el que todos fuésemos parte, aportando lo que cada uno de nosotros podía y quería hacer. A partir de este movimiento pudimos comenzar a escuchar de otra manera lo que los usuarios requerían y sugerían. Contábamos con su opinión para cada cosa que accionábamos, teniendo siempre en el horizonte que iba a quedar finalmente lo que ellos podrían y querían hacer. Comenzamos a tener un contacto más cercano y cotidiano en donde predominaba un disfrute mutuo, por lo cual empezamos a pensar el efecto de la continuidad de los encuentros y del proceso en constante cambio. Nos recibían cada vez de un modo muy cálido y ameno. Esta sensación de alegría compartida por la tarea fue el marco donde se materializaron los diseños, y finalmente se montaron con CLEPIOS 86 > disfrute, las distintas decoraciones hechas para los balcones de las residencias. Solo quedaba entonces, recorrer las calles de Gracia disfrutando de las decoraciones y señalando aquellos balcones de los que nosotras también habíamos formado parte. Notas Finales: Un tiempo después Creemos sin dudas que esta experiencia de rotación lleva un sello distintivo en nuestro tránsito por la residencia. Que una experiencia te permita pensar, preguntarte y volver una y otra vez, es un modo de dejarse tomar por la misma, por sus efectos, por su enseñanza. La dimensión del relato o del escrito a posteriori, también conforma la experiencia y funciona a veces como modo de transmisión no sólo para otros sino para aquel que fue protagonista. NOTAS 1- España, Ley General de Sanidad. Ley N° 14/1986 2- Al principio de la rotación, nos resultó llamativo que los usuarios pudieran manejarse libremente por el barrio, aun encontrándose en situación de internación. Incluso en situaciones donde por motivos de su enfermedad o por encontrarse en un momento agudo de la misma, no podían manejarse solos, siempre podían salir de la institución acompañados por algún familiar, monitor u otro usuario con mayor autonomía. Esta decisión era reevaluada en las reuniones semanales de equipo. 3- El recurso se destina a personas afectadas de Trastarno Mental Severo, de larga evolución, autónomas y estabilizadas psicopatológicamente, que no requieran atención sanitaria continuada. Aunque inicialmente no se concibe como lugar de tratamiento, el objetivo general de las «Residencias» es favorecer y posibilitar la adquisición o recuperación del conjunto de habilidades y competencias necesarias para fun- La distancia entre la experiencia y la escritura de este artículo también nos permitió continuar escribiendo y construyendo distintas versiones de aquella historia de la que fuimos protagonistas, facilitando entender otras claves del contexto sociohistórico e institucional de nuestros lugares de rotación. El tránsito por nuestra rotación de Atención Primaria de la Salud nos brindó además otra sorpresa: Era posible ser Profesional de la Salud Mental trabajando con pacientes con Trastornos Mentales Severos y aun así realizar actividades centradas en la Salud. Descubríamos entonces otro aspecto o faceta de nuestra profesión, acompasado además por la potencia que produce sostener un espacio grupal donde pueda arribarse a un producto común sin dejar de considerar la singularidad de cada uno de los miembros que participan de la experiencia. Encuentro tras encuentro, compartíamos impresiones, sensaciones, preguntas, estrategias posibles, las cuales se hacían presentes para poder pensar en conjunto cómo configurar los espacios del taller: Locales o extranjeros, nos implicamos en un intercambio genuino, construyendo en conjunto una experiencia. cionar en la comunidad en las mejores condiciones de normalidad y calidad de vida, ofreciendo el seguimiento, apoyo y soporte social que cada persona precise. 4- En función de las particularidades de cada uno y de la situación fundamentalmente familiar, se decide cuántas veces por semana asisten a comer allí. 5- Un casteller es una torre humana de varios pisos de altura. A partir de los años ochenta, están estrechamente vinculados a las fiestas populares. Referencias Bibliográficas 1- ARAPDIS (s.f.). Recuperado el 13 de enero de 2015, de http://www.arapdis.org/ 2- Boletín oficial español, BOE-A-1986-10499 (1986, 29-04). Ley General de Sanidad. Recuperado el 13 de enero de 2015 http://www.boe.es/diario_boe/txt. php?id=BOE-A-1986-10499 3- Capellá Batista-Alentorn, A. (2001. Jul-Sep). La reforma en Salud Mental en Cataluña: el modelo CLEPIOS 87 catalán. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 79. Recuperado el 13 de enero de 2015, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S021157352001000300009&script=sci_arttext 4- Departamento de Salud, Dirección General de Planificación y Evaluación. (2006). Plan director de salud mental y adicciones de Cataluña. Recuperado el 13 de enero de 2015 http://ec.europa.eu/health/ph_determinants/life_style/mental/docs/ms_rgspain_es.pdf 5- Desviat, M. (2011. Sep-Oct). La reforma psiquiátrica 25 años después de la Ley General de Sanidad. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 85,5. Recuperado el 13 de enero de 2015, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S113557272011000500002&script=sci_arttext 6- Ministerio de Sanidad y Consumo. (2006). Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud. Recuperado el 13 de enero de 2015, de http://www. msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/ excelencia/salud_mental/ESTRATEGIA_SALUDMENTAL_SNS_PAG_WEB.pdf Memorias para el futuro Retrocediendo casilleros: El desmantelamiento de las residencias de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires La redacción Foto/ Cecilia Scarnichia ¿No es extraño que tantos jóvenes reclamen una «motivación», que exijan cursillos y formación permanente? Son ellos quienes tienen que descubrir para qué les servirán tales cosas, como sus antepasados descubrieron, penosamente, la finalidad de las disciplinas. Gilles Deleuze Tratar de darle una continuidad a algo que tiene un elenco transitorio y que todos los años se renueva se vuelve de algún modo posible a partir de los testimonios de quienes han transitado por dicho elenco. Es lo que intentamos con memorias para el futuro. En esta ocasión, el sistema de residencias y concurrencias de Salud Mental de CABA es el que se ve interpelado. Las Residencias constituyen “un sistema remunerado de capacitación de posgrado a tiempo completo, con actividad asistencial programada y supervisada” (1). Por tal motivo, dependen de la Dirección General de Docencia e Investigación, más específicamente de la Dirección de Docencia y Capacitación, y no sólo del área de referencia de cada especialidad o disciplina, tal como lo define la Ordenanza 40997/86 (la cual luego de la declaración de autonomía pasó a tener estatuto de ley, por lo que cualquier cambio la debe establecer la Legislatura, tal como ocurre con la Ley n°601 que realiza algunas modificaciones a dicha ordenanza). Esta es la autoridad competente para garantizar que los procesos educativos respeten lineamientos específicos y de calidad. Respecto de la nominación “Salud Mental”, ésta tiene su inicio -junto a un campo de prácticas- en 1957 cuando se crea el Instituto Nacional de Salud Mental (INSM). Uno de sus miembros toma a cargo una sala de internados en el hospicio de hombres, hoy Hospital Borda, con el proyecto de formar allí una “Residencia de Becarios del Instituto Nacional de Salud Mental” tomando como modelo el de las residencias de Norteamérica que proponían una formación teórico/práctica muy intensa en el hospital. Así aparecen las residencias como “curso de becario rentado” en 1958. Por más de cinco décadas este sistema forma profesionales de la salud corroborando que la formación en servicio ha sido y sigue siendo el método de capacitación por excelencia. Ninguna otra institución de posgrado ha demostrado tener alguna ventaja sobre la residencia. Con el paso del tiempo, este sistema crece en número e importancia y se desarrolla en los hospitales generales. Los psicólogos se incorporan en su mayoría hacia fines de 1980; años más tarde, se suman trabajadores sociales, sólo en algunas sedes. Hasta 1994, la formación disciplinar en área metropolitana se lleva a cabo en forma aislada (2). En ese año, por iniciativa de residentes, se organizan las primeras Jornadas de Residentes y se da inicio a un curso semestral por fuera del horario laboral. Luego, pasa a ser un curso obligatorio de Clepios, revista de profesionales en formación CLEPIOSen 88 salud mental 2014 - Volúmen XX - Nº 2: 88-89 > dos años. En el año 2000 se hacen obligatorios los “cursos centralizados” para las Residencias de la Capital. En el año 1999, previo al armado de los Programas, se crea un Consejo Consultor integrado por reconocidos expertos de diferentes instituciones vinculadas al campo de la Salud Mental. Los Programas vigentes para las residencias y concurrencias de Salud Mental de la CABA se aprobaron en el año 2003, por resolución ministerial (2555/SSGC/2003) (3). Fueron el resultado de un amplio consenso, logrado luego de reuniones con los responsables de los lugares de formación: coordinadores locales, jefes de servicio, directores de los hospitales monovalentes, jefes de residencia y referentes de los CoDeI. Asimismo, las conversaciones para la elaboración de los mismos incluyeron a las Facultades que forman en el grado a los profesionales que realizan las residencias y concurrencias. Este Sistema de Residencias de Salud Mental ofrece aproximadamente 80 vacantes para residencias, distribuidas en 14 sedes formativas reguladas por este mismo programa, al menos hasta este año. El 11 de Febrero de 2015 se publicó en el Boletín Oficial la Resolución 214/MSGC/15, firmada por la Ministra Reybaud, en la que se establece: Para adecuar la denominación de las Residencias y Concurrencias de Salud Mental a las aprobadas por el Ministerio de Salud de la Nación, resulta necesario cambiar sus denominaciones de “Salud Mental (Psiquiatría)” a “Psiquiatría”, “Salud Mental Infanto-Juvenil (Psiquiatría Infanto-Juvenil)” a “Psiquiatría Infanto-Juvenil”, de “Salud Mental (Psicología Clínica)”a “Psicología Clínica” y de “Salud Mental Infanto-Juvenil (Psicología Clínica Infanto-Juvenil)”a “Psicología Clínica Infanto-Juvenil. Dichos cambios llegaron a los residentes recién en junio, con el inicio del nuevo ciclo lectivo. Simultáneamente, se cambiaron de hecho las coordinaciones, encargadas de la confección del programa, y las mismas pasaron a depender de la Dirección de Salud Mental. El programa de 2003 vigente hasta el momento, el cual regula a quienes concursaron y adjudicaron los cargos de residencia y concurrencia, desaparece de la página web de DirCap y se comunica informalmente que el mismo ya no rige, dejando en un estado de indefinición la tarea cotidiana en los servicios y la formación. Como consecuencia de estos cambios abruptos y frente al modo de comunicación segmentado, residentes y concurrentes se organizaron bajo el marco de una asamblea (ARCSAM www.facebook.com/asambleasaludmental) denunciando las irregularidades y manifestándose colectivamente elevando un reclamo a las diversas autoridades competentes. Allí se destaca la necesidad de respetar las formalidades y las reglamentaciones para modificar el programa en cuestión. El mismo debe ser acorde a la complejidad del campo de la Salud Mental, en sintonía con la concepción establecida en la Ley 448 y la Ley Nacional 26.657, y debe ser confeccionado a través de la participación de los coordinadores locales, respetando la autonomía de las sedes. Bibliografia 1- Vainer A. MEMORIAS PARA EL FUTURO 4 Clepios, una revista para residentes de salud mental, Nº16, 1999. 2- Agrest M, Feijoo F, Mussa A,Barrientos J, Bula A, Bustin J, Pavlovsky F. LOS RESIDENTES DE SALUD MENTAL EN EL AÑO 2000. SU OPINION SOBRE LA En una encuesta realizada por Clepios en el 2013 (6) a los residentes de las 14 sedes de la Ciudad de Buenos Aires, donde se preguntó sobre la formación conjunta, se destacaron los siguientes resultados: del total de los encuestados el 81% declara que sabía que la residencia era conjunta antes de ingresar y el 85% considera que es muy importante esta modalidad de formación. Respecto a la opinión sobre la formación conjunta las opciones más elegidas fueron: posibilita un abordaje complejo de las problemáticas (39%); permite interrogar la propia disciplina (28%); nos prepara para trabajar interdisciplinariamente (28%). Se busca esbozar dos conflictos a lo largo de este texto. El primero, el incumplimiento de las condiciones formales para la elaboración de un programa de formación. Contrastando con el armado del anterior programa, en esta ocasión no parece haber discusión alguna, ni variedad de referentes y ni siquiera se ha presentado un programa. El segundo conflicto es la oposición de las líneas planteadas para la formación a los lineamientos de la Ley 448 de la Ciudad de Buenos Aires, la Ley Nacional 26.657 y el Plan Nacional de Salud Mental.(5) En el campo de la Salud Mental, donde las problemáticas desbordan las capacidades individuales y disciplinares, resultaría mucho más sustentable capacitar equipos interdisciplinarios. “La “Salud Mental” implicó un salto cualitativo en la forma de pensar el sufrimiento mental. Los cambios de nominación a lo largo de la historia nunca son ingenuos. Responden a luchas simbólicas de diferentes fuerzas con objetivos distintos.” (4) Llama la atención la marcada divergencia de los lineamientos en la formación en CABA con respecto a lo que ocurre a nivel nacional. Mientras que en otras localidades se busca formar recursos que apunten hacia una comprensión compleja y amplia de la Salud Mental, con las residencias interdisciplinarias (RISAM), aquí la Salud Mental desaparece de los programas, volviendo a la formación por disciplinas: psiquiatría y psicología. Si bien sabemos que un programa, aunque sea único, por sí solo no garantiza el trabajo interdisciplinario, volvemos a preguntarnos: ¿qué objetivos persiguen quienes fuerzan estas modificaciones?, ¿de qué nos habla esta insistencia en segmentar el campo de la formación?. Dado que la residencia es un sistema de capacitación en servicio, en el subsector público del sistema sanitario: ¿con qué población trabajan los profesionales en formación?, ¿qué tipo de perfil profesional se propone formar?, ¿en qué concepción de salud se sostiene?, ¿se considera que una formación disciplinar daría mejor respuesta a las problemáticas de esta población?, ¿o que necesariamente el trabajo interdisciplinario va en detrimento de la formación en cada disciplina?. Desde Clepios, revista que desde 1995 asiste al desarrollo de las residencias y concurrencias de nuestro país e intenta, en cada nuevo número, materializar las voces de los profesionales en formación, nos resulta prioritario dejar una memoria para el futuro de lo que está aconteciendo y hacer valer los reclamos de dichos profesionales organizados en asamblea. FORMACIÓN A 6 AÑOS DE UNA ENCUESTA ANTERIOR. Vertex, 2002 3- YANCO D, BEN DAVID J, FERRARO M, REBOIRAS F. Programa docente de la residencia de Salud mental. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Octubre de 2003 4- Vainer, Alejandro. Memorias para el futuro 13: De qué hablamos cuando hablamos de Salud Mental. Revista CLEPIOS 89 Clepios 25. Volumen VII. Sepl-Nov 2001. http://www.msal.gov.ar/saludmental/images/stories/ info-equipos/pdf/2013-10-29_plan-nacional-saludmental.pdf 5- Comite de Redacción de la Revista Clepios. La formacion en la residencia de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires. Revista Clepios 25. Volumen 60..2013 COMENTARIO DE EVENTOS Encuentro Nacional de Mujeres en Salta Canela Soto Psicóloga. Residente de cuarto año en Salud Mental. Hospital Genral de Agudos Carlos G. Durand Período 2015-2016 Fotos/ Canela Soto Clepios, revista de profesionales en formación en CLEPIOS 90salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 90-92 > Al Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) hay que ir, encontrarse con 40.000 mujeres, participar de los talleres, de la marcha, de la histórica peña y después sacar las conclusiones singularísimas de esa experiencia. Es poco lo que se puede transmitir más que el entusiasmo y la invitación siempre hecha de participar. Pero está dicho, “lo personal es político”, y el encuentro es una práctica social que invita a recordarlo. En el año 1986 en Argentina comenzó, con un grupo de feministas, la iniciativa de realizar encuentros federales de mujeres, que desde entonces se vienen desarrollando en distintas ciudades del país durante tres días al año. “En ese tiempo se luchaba por la patria potestad compartida, cuando todavía los varones tenían en su poder las decisiones legales sobre los hijos” (Peker, 2013). Los ENM se sostienen desde entonces en los principios de autoconvocatoria, autogestión, autonomía, autofinanciamiento, democracia y horizontalidad. Se dan cita allí distintas voces, cuya condición será la de participar a “título personal” sin coerciones de ningún tipo. Invitando así a empoderarse, a “tomar la palabra”, porque la voz de la mujer, se entiende, ha recorrido un largo camino para emerger. En 2014 se realizó el 29º Encuentro Nacional de Mujeres en Salta. Esa vez por fin me decidí a ir, dejé de postergarlo quizás porque las cuestiones de género vienen gritándonos a los profesionales en formación que ya es hora de hacernos cargo, de incluir dichas categorías en nuestros análisis. Quizás, y más probablemente, porque como mujer me era prioritario. Uno de los posibles aprendizajes del encuentro consiste básicamente en eso: valorizar pensarse a una misma con otras, desbaratar el aparato de represiones, defensas y conceptos que nos mantienen a resguardo de considerar las implicancias de género que nos constituyen, nos oprimen, nos limitan, pero que también nos potencian. Viajamos 20 horas. Se decía al llegar que algunos micros podían ser recibidos a piedrazos, como ya había sucedido el año anterior en la ciudad de San Juan. Entonces cerramos las cortinas, las letras de fondo, antiguas pero actuales, se seguían escuchando “que momento, que momento, a pesar de todo les hicimos el encuentro”; en algunas remeras se podía leer “somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar” o “mi cuerpo es mío”; los pañuelos verdes del movimiento por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito también estarían presentes durante toda la jornada. Bajamos del micro en la escuela asignada para nuestra estadía; el comité organizador trabaja durante el año para conseguir los permisos que permitirán albergarse a muchas de las mujeres que acuden al encuentro, así como los distintos lugares donde se desarrollarán los debates. El acto de apertura ya estaba aconteciendo en el Estadio Delmi, cuando arribamos a la plaza central de Salta, se diría allí nuevamente que “el encuentro es de todas”. CLEPIOS 91 COMENTARIO DE EVENTOS Se llevaron a cabo 62 talleres entre los que se discutieron distintas cuestiones como Sexualidad; Lesbianismo; Identidad y empoderamiento; Anticoncepción y Aborto; Salud Mental; Violencia; Trata de Personas; Mujeres de los Pueblos Originarios; Derechos Humanos; Educación; Cultura y Arte; Violencia Obstétrica, y Mujeres trans, este último oficializado como tal en el encuentro anterior. Cada taller cuenta con una coordinadora cuya función es hacer circular la palabra; en caso de superar las 40 personas se abre un nuevo taller. Los Talleres son definidos como el corazón del Encuentro: soberanos, democráticos, pluralistas y horizontales. Durante los mismos, se desarrollaron las distintas temáticas en la búsqueda también de superar obstáculos y avanzar en la conquista de los reclamos. La violencia de género, fue indicada como una de las temáticas que atravesó el debate en casi todos los talleres, insistiéndose en el reclamo de mayor presupuesto, así como la acción efectiva de los organismos del Estado y la aplicación de la legislación (Telam, 2014). En este sentido, la reciente convocatoria #Ni Una Menos, hace eco de cuestiones que varios colectivos vienen denunciando desde hace tiempo, y que se materializaron también en las conclusiones del último ENM. Diferentes estrategias como la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, legal, seguro y gratuito; otro fuerte reclamo durante la marcha: la Campaña contra las redes de prostitución y explotación sexual; Campañas por la Educación Sexual Integral en las escuelas, entre otras, han surgido de los debates y marchas del ENM (Alma, Lorenzo, 2013). En el acto de cierre, luego de leer las conclusiones de todos los talleres se decidió cual sería la sede del próximo encuentro: El 30º Encuentro Nacional de Mujeres se realizará en Mar del Plata el 11,12 y 13 de Octubre de este año. La histórica convocatoria del 3 de Junio invita a imaginar un encuentro aún más masivo frente al mar. “Hay algo del encuentro que se vive desde el cuerpo”, me decían, algo que solo se explica con la simpleza del estar. En ese marchar todas juntas por la calle que hace resignificar y revitalizar luchas se siente una energía que contagia todo el cuerpo. Como si todo lo negado, ocultado, y reprimido fluyera allí con una potencia inédita en forma también de grito y de canto. CLEPIOS 92 Bibliografía consultada Alma, A. Lorenzo P. (2013) “Mujeres que se encuentran” Una recuperación histórica de los encuentros de mujeres en Argentina (1986-2005) Buenos Aires: Yegua Ediciones. Peker, L. (2013) “La historia del primer encuentro”, Diario Página 12 http://www.pagina12.com.ar/diario/ elpais/subnotas/234317-65830-2013-11-25.html S/A (2014) “Culminó el 29º Encuentro Nacional de Mujeres con fuerte reclamo por la legalización del aborto”, TELAM. http://www.telam.com.ar/ notas/201410/81514-culmino-el-29-encuentronacional-de-mujeres-con-fuerte-reclamo-por-la-legalizacion-del-aborto.html LO HUBIERA SABIDO ANTES La Mestiza, espacio de salud comunitaria Magdalena Vallarino Psicóloga. Residente de cuarto año en Salud Mental. Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear. Período 2015- 2016 / [email protected] La Mestiza es un espacio de salud comunitaria con perspectiva de género que apunta a fortalecer la organización y participación popular en el barrio de Mataderos. Forma parte de la organización política “Seamos Libres”, que adscribe a una tradición de izquierda popular, feminista y latinoamericana. La Consejería de Salud Sexual y Aborto Seguro con Misoprostol de La Mestiza tiene como objetivo disminuir los riesgos a los que la clandestinidad expone a las personas que deciden interrumpir un embarazo1, contribuir al fortalecimiento de la autonomía de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida, y por último, ser una estrategia en la disputa por la legalización del aborto en la Argentina. ¿En qué consiste la Consejería? Con cierta flexibilidad en la práctica, podrían delinearse cuatro momentos del proceso de consejería. En primer lugar, las mujeres que se encuentran ante un embarazo no buscado, no deseado, o que deciden interrumpir, pueden contactarse a la línea telefónica Simona. En ese llamado además de realizar una primera escucha se las citará a un encuentro personal. Durante esta segunda instancia acompañamos a la mujer en la toma de una decisión sobre si continuar o no ese embarazo respetando su autonomía y brindamos toda la información otorgada por la Organización Mundial de la Salud sobre los métodos seguros para abortar. Si decide llevar adelante un aborto medicamentoso informamos sobre el protocolo para hacerlo de manera eficaz y con el menor riesgo posible para su salud. Por último, hacemos hincapié en la importancia de los controles post aborto. Este accionar responde a una estrategia de reducción de riesgos y daños. La Consejería no es una consulta tan sólo informativa. Nuestra perspectiva busca desestigmatizar y desdramatizar el aborto, para que pueda ser vivido como una instancia más de la vida de la mujer. Para esto es fundamental un tercer momento, en el que se acompaña a la mujer durante el proceso del aborto, de manera telefónica, brindando contención y asesoramiento cuando la mujer lo necesite. Por último, se cita a una consejería post aborto, donde además de realizar los controles médicos correspondientes (con un médico externo o a través de una red de profesionales amigables), se habla sobre su experiencia y se informa sobre los métodos anticonceptivos disponibles para que pueda elegir el que desee y mejor le convenga. La mujer elije quién o quiénes la acompañarán durante este tiempo. Contar con una red familiar y social adquiere un valor fundamental, aunque no necesario, para atravesar este proceso. En La Mestiza las consejerías son llevadas adelante por mujeres, militantes, trabajadoras, estudiantes y profesionales del campo de la salud y las ciencias sociales. Sólo la convicción y una capacitación en los aspectos técnicos, médicos, humanos y políticos de la consejería son necesarios para ser parte del equipo. Aunque anclada en el barrio de Mataderos, la población destinataria son tanto mujeres de la zona como de toda la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, de todas las edades. Al ser el primer contacto telefónico, la Consejería no tiene límites territoriales, aunque se deriva a las mujeres de ciertas zonas a otros grupos que forman parte de Socorristas en Red.2 Entendemos que la cercanía a la comunidad de referencia facilita que se completen todos los momentos del proceso. Algunos datos sobre nuestro trabajo en el último año. Entre los meses de marzo y diciembre de 2014, La Mestiza acompañó a 68 mujeres que decidieron abortar con misoprostol. Esta información está incluida en la estadística anual de Socorristas en Red, que agrupa consejerías de 16 provincias del país. En 2014 la Red acompañó a un total de 1650 mujeres, de las cuales contamos con datos sistematizados de 1116: Un 94% de las mujeres logró abortar de manera segura con medicación en su casa; un 16% tuvo que acudir a guardia médica y de éstas el 75% no necesitó internación. El 78% del total de mujeres acompañadas concurrió a controles médicos post-aborto.3 Para terminar con el recorrido de esta experiencia feminista, me interesa destacar la activa participación que tanto La Mestiza como Socorristas en Red tuvieron en la constitución de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.4 La fundación de este espacio es el resultado de años de lucha del movimiento feminista en Argentina. Representa un contundente avance en el acceso de las mujeres a este derecho y, para quienes formamos parte, una manera de desclandestinizar también nuestras prácticas. Para contactarse con nosotras: Simona: 011-15-61876023 La Mestiza en Seamos Libres: [email protected] Adhesiones a la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir a: [email protected] NOTAS 1- Según la Organización Mundial de la Salud, un aborto realizado en buenas condiciones técnicas no pone en peligro la salud de la mujer; el problema radica en las condiciones de inseguridad, promovidas por el marco de clandestinidad en que los abortos se practican. (WHO, 2011) 2- Pueden consultarse los contactos telefónicos de todos los grupos del país en la web: http://socorristasenred.blogspot.com.ar/ 3- Declaración de la 4ta plenaria nacional de Socorristas en Red, Córdoba, 2015. 4- Carta pública de la Red de profesionales por el Derecho a Decidir (Argentina), leída el 28 de mayo de 2014 en el marco del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres y el evento en conmemoración de los 10 años de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 93-93 CARTA DE LECTORES Los 5 temas sobre el rock, el marxismo y la revolución sexual Alejandro Vainer Lic. en Psicología. Psicoanalista. Ex Jefe de Residentes del Hospital Borda. Coordinador General de la Revista Topía. [email protected] Respuesta al texto “Las 5 muertes más polémicas del rock” del Dr. Gabriel Alejandro López Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll Pete Townshend ¿Cómo alguien puede llegar a la propuesta de que el rock nos convierte en el tierno perro de Freud? El tema del número 65 de Clepios fue sobre el suicidio y la muerte. Los editores decidieron que para combatir la “inexorable muerte”, se incluyera el texto del Dr. Gabriel Alejandro López sobre “Las cinco muertes más polémicas del rock”. Me apasionó la propuesta y fui directamente allí como para también esquivar lo inexorable. El rock fue para muchos de nosotros el oxígeno que permitió transitar la irrespirable última dictadura. Y sigue siendo mucho más. Pero me encontré con muy poco de las muertes del rock. Esperaba quizá algo del llamado “Club de los 27” (que incluye a Brian Jones, Jimmy Hendrix, Janis Joplin llegando a Kurt Cobain y Amy Winehouse), o alguna perspectiva novedosa sobre la muerte y los rockeros “siempre jóvenes”. Pero no. Poco de las muertes del rock y mucho de afirmaciones sin mucho fundamento sobre el marxismo, los 60, la “revolución sexual” y lo que significa el rock para cada uno en un tono humorístico bien escrito. Pero aborda temas complejos donde se suman errores y desconocimiento que merecen ser aclarados. Y motivan estas líneas. Clepios, revista de profesionales en formación en CLEPIOS 94salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 94-95 > 1 4 Es lamentable que en dos renglones se proponga rápidamente que hay que olvidarse de intercambiar ideas con un marxista porque pertenece(mos) al “lado policía de la existencia”. ¿De dónde surge esta descalificación? Seguramente habló con un marxista y no le cayó muy bien. Todavía podría argumentar que tiene un amigo marxista (y si es judío mejor). Pero, ¿qué tiene que ver con el rock? Llamar “Revolución Sexual” al movimiento de liberación sexual tiene un sentido. Justamente es el título de un famoso libro de entonces escrito en 1928 por un psicoanalista marxista llamado Wilhelm Reich. Es una ironía que justamente elija el título de un marxista (y uno de los más brillantes psicoanalistas olvidados hoy). Y Reich estuvo bien lejos de ser un policía de la existencia. Es más, creo que si se levantara de su tumba, simplemente se reiría de la definición por lo insólita. Por algo fue uno de los autores más leídos, junto con Herbert Marcuse y Erich Fromm, también marxistas, por quienes se oponían al capitalismo en los 60. O sea, el marxismo ha sido a lo largo de la historia un movimiento heterogéneo de lucha por la liberación del hombre, que también tuvo una vertiente totalitaria como el estalinismo. Y que produjo y produce importantes aportes en muchos campos, mayormente olvidados o descalificados, inclusive en nuestro campo de Salud Mental. Muchos fueron perseguidos y tuvieron que exiliarse, como Fromm, Reich y Marcuse. O más cerca, en nuestro país, como León Rozitchner, Armando Bauleo y Marie Langer, entre otros. En este siglo acusar de “policías de la existencia” a muchos perseguidos parece como mínimo un despropósito. 2 Justamente, esto sólo sirve para convertir al rock en la religión que nos salvará de todos los males de este mundo. Todos trabajamos con situaciones complejas clínicas, pero dudo que el rock sea la terapéutica eficaz para un marido golpeador o una mina histérica. Con lo cual se convierte en un cierto “rockismo”, una cosmovisión fanática, que como cualquier otro fundamentalismo, desprecia cualquier diferencia. El rock es importantísimo para muchos de nosotros, pero de ahí en convertirlo en un fanatismo termina destrozándolo. 3 5 Llegado allí el autor supone que el rock inició la llamada “Revolución Sexual”. Cualquiera que conozca del tema verá que allí hay sólo ganas de entronizar el rock como promotor de cambios de la historia cuando fue efecto de los cambios que generaron los movimientos sociales de los 60. En dicha época se luchó por la liberación en el plano individual, familiar y social. Entonces existía un imaginario social donde se cuestionaban los valores establecidos para ir hacia una forma más plena del desarrollo humano. Es en ese contexto que se dio tanto la descolonización del llamado “Tercer Mundo”, las luchas sociales y políticas, el auge de las críticas de los intelectuales, la liberación sexual y el rock. El discurso de oposición al sistema capitalista estaba a la vuelta de la esquina. Esto permitió el auge del rock y no al revés. Si el autor extraña algo, es ese clima de liberación, frente a la cultura del sometimiento de hoy. Pero no es el rock, que al día de hoy se ha pasteurizado e invade los medios de comunicación como una herramienta más de promoción de venta o una mercancía para consumir. Sólo prendan una radio, escuchen una publicidad y verán cuán poco queda de “ese” rock contestatario. ¿El rock nos convierte en el perro de Freud? Todo lo contrario. Jamás podremos dejar de ser humanos: conflictivos, anormales, ambivalentes. La experiencia del rock -como cualquier experiencia artística que nos conmueva- nos permite conmovernos hasta los huesos. No nos vuelve a la animalidad. Esa es sólo una ingenua metáfora para definir lo humano. Nunca dejamos de serlo, sino que en ese momento lo sentimos profundamente. No creo que ningún perro, ni siquiera el de Freud, si hubiera tenido alguna particularidad por vivir con dicho dueño, pueda llegar al placer por escuchar rock. Es un producto humano, demasiado humano para reducirlo a nuestra animalidad. En eso coincide todos los que fundamentan seriamente el sentido de la música para nuestra existencia: neurólogos, psicólogos cognitivistas, psicoanalistas, sociólogos. No es cuestión de meternos el perro a los lectores. Y menos el de Freud. CLEPIOS 95 corresponsales Buenos Aires Bahía Blanca - HIGA “Dr. José Pena” Lic. Analía Mugione [email protected] General Rodríguez - Hospital Zonal General de Agudos “Vicente López y Planes”; Dra. María Noel Fernández [email protected] Junín - HIGA “Dr. Abraham Piñeyro” Julieta Santos [email protected] La Matanza - Hospital Paroissien; Lic. Jimena Garcia Lauria [email protected] La Plata - Hospital Interzonal General de Agudos “Prof. Dr. R. Rossi”; Dr. Mariano Barraco [email protected] - Hospital Zonal General de Agudos “Dr. Mario V. Larrain”; Carolina Ledesma [email protected] - HIGA “San Martín” Lic. Julia Martín [email protected] Luján - Colonia Montes de Oca; Lic. Lucía Wood [email protected] Mar del Plata - Hospital Privado de Comunidad; Dra. Josefina Prieto [email protected] - HIGA “Mar del Plata” Lic. Mariana Aguilar [email protected] - Hospital Subzonal Especializado Neuropsiquiátrico “Dr. Domingo J. Taraborelli”; Lic. Ruth Kalle [email protected] Pergamino - HIGA “San José” Lic. Daiana Torti [email protected] Región Sanitaria VI PRIM Lanús Dra. Nadia Martínez [email protected] - PRIM Florencio Varela; Lic. Romina Mercadante [email protected] Región Sanitaria VII Lic. Cintia Schemberger [email protected] Región Sanitaria XII - HIGA “Dr. Paroissien” Lic. Santiago Buonanotte [email protected] San Martín -Hospital Eva Perón; Lic. Irene Dreiling [email protected] Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Hospital General de Agudos “Dr. T. Álvarez”; Nadina Tahuil [email protected] - Hospital de Emergencias Psiquiátricas “Torcuato de Alvear”; Lic. Sebastián Kreidler [email protected] - Centro de Salud Mental Nº 3 “Dr. A. Ameghino”; Lic. Leonor Suárez [email protected]. - Hospital General de Agudos “Dr. C. Argerich”; Lic. Florencia Soriano [email protected] - Hospital de Salud Mental “J. T. Borda”; Dra. Natividad Daneri [email protected] - Hospital Churruca; Gisela Guyet [email protected] - Hospital General de Agudos “Dr. C. Durand”; Lic. Juliana Guirao [email protected] - Hospital General de Niños “Pedro de Elizalde”; Enrique Ginestet [email protected] - Hospital General de Niños “Ricardo Gutiérrez”; Dra. Yemina Marzetti [email protected] - Hospital Italiano de Buenos Aires; Dr. Juan Pablo García Lombardi [email protected] - Hospital de Salud Mental “Braulio Moyano”; Lic. Marcela Rodriguez [email protected] Lic. Natalia Loza [email protected] - Hospital General de Agudos “P. Piñero”; Dr. Andrés Kremenchuzky [email protected] - Hospital General de Agudos “Dr. I. Pirovano” / Centro de Salud Mental Nº 1; Lic. Cecilia Colombo [email protected] - Hospital General de Agudos “J. M. Ramos Mejía”; Nicolás Alonso [email protected] Residencia Interdisciplinaria de Educación para la Salud RIEpS; Lic. Maria Andrea Dakessian [email protected] Lic. Carla Pierri [email protected] - Hospital General de Agudos “B. Rivadavia”; Victoria Rubinstein [email protected] - Hospital Infanto Juvenil “C. Tobar García”; María Belén Frete [email protected] - Hospital General de Agudos “Dr. E. Tornú”; Lic. Mercedes Bertinatto [email protected] Chaco - Hospital 4 de Junio “Dr. Ramón Carril”. RISAM; Dra. Valeria Chapur [email protected] Chubut - Hospital Zonal “Adolfo Margara” Trelew. Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental Comunitaria; Lic. Marianela Obregón [email protected] - Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental Comunitaria Rawson Lic. María Laura Iguri [email protected] - Hospital Zonal “Andrés Isola” Puerto Madryn. Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental Comunitaria; Lic. Vanesa Gutkoski [email protected] Córdoba - Hospital Tránsito Cáceres de Allende; Lic. Emilia Trinchero [email protected] - Hospital San Roque; Dra. Gabriela Coralli [email protected] -Hospital Colonia Santa María; Dra. Carolina Viarengo [email protected] Entre Ríos - Hospital Escuela de Salud Mental Lic. Anabel Arias [email protected] Jujuy - Hospital Néstor Sequeiros Lic. Jorge Luna [email protected] Mendoza - Hospital Pereyra; Dra. Ivanna Velazquez Misiones - Hospital Ramón Carrillo; Lic. Verónica Benítez [email protected] Misiones - Hospital Ramón Carrillo Posadas Lic. Verónica Benítez [email protected] Rio Negro - Residencia Interdisicplinaria de Salud Mental Comunitaria Valcheta Lic. Evelyn Villalba [email protected] - Hospital Dr. Miguel Ragone; RISAM; Lic. Carlos Ernesto Ibarra [email protected] Salta - RISAM Salta Lic. Virginia Maraz [email protected] San Luis - Hospital Escuela de Salud Mental Lic. Romina Lescano [email protected], [email protected] San Juan - Hospital Dr. Guillermo Rawson; Lic. Fernanda Atienza [email protected] Santa Fe - RISAM Hospital Escuela Eva Perón Granadero - Baigorria Lic. Paula Martinetti [email protected] - Hospital Centenario Rosario Dr. Mauto Druetta [email protected] - RISAM Hospital SAMCO “Dr. R. Nanzer” Santa Fe Dra. Laura Bonifacich [email protected] - RISaM Santa Fe; Lic. Laura Mezio [email protected] - Sanatorio de la Merced, Santa Fe; Dr. Ignacio Francia [email protected] Santiago del Estero - Hospital Diego Alcorta Dra. María Eugenia Ferullo [email protected] - Hospital Regional “Dr. Ramón Carrillo” Graciela Burgos [email protected] Tucumán - Hospital O Barrio Lic. Mariana Zamora [email protected] - Hospital Angel Padilla Lic. Daniela Lombardo [email protected] - Hospital del Niño Jesús; Lic. Ivanna Szteinberg [email protected] - Hospital Avellaneda Lic. Luciana Escandar [email protected] ANTE CUALQUIER MODIFICACIÓN, ERROR U OMISIÓN COMUNICARSE CON: [email protected], o Facebook: Revista Clepios Reglamento de PublicacioneS - Los artículos serán recibidos en el e-mail: [email protected]. Las pautas de publicación se encuentran disponibles en http://www.clepios.com.ar/pautas-de-publicacion/. El trabajo debe ser inédito. Deberá constar de resumen y palabras clave, ambos en castellano y en inglés. El artículo será leído por el Comité de Redacción, quien avisará al autor si el mismo será publicado. 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