Nº67 Jul/Sep - Editorial POLEMOS

REVISTA DE PROFESIONALES
EN FORMACIÓN EN SALUD MENTAL
67
PERSPECTIVAS
DE GÉNERO
JULIO / SEPTIEMBRE 2015 / Nº 2 - VOLUMEN XXI
ISSN 1666-2776
clepios 67
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Clepios, Vol. XXI - Nro. 2 - Julio / Septiembre 2015
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+ c 67
Perspectivas de Género
52
Locas putas y encima…
¡drogadictas!
57
El dispositivo de la
sexualidad y la Salud Mental
63
Nociones que
Trans-forman
María Lorena Battán Carabajal
Sabrina Morelli
Sebastián Paul
María del Pilar Castroagudín
67
70
76
SALA DE ENSAYOS
CADÁVER EXQUISITO
REPORTAJE
Carta a un joven
psiquiatra
Perspectivas de Género
Entrevista a Irene Meler
S. Nassir Ghaemi
Marcelo Silberkasten
María Luisa Femenías
Silvia di Segni
Débora Tajer
82
88
YO ESTUVe EN...
Memorias para el futuro
Yo estuve en
Barcelona, España
Retrocediendo casilleros:
El desmantelamiento de las residencias de
Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires
Florencia Molho
Mariel Levinas
Paloma Valente
90
93
94
COMENTARIO DE EVENTOS
LO HUBIERA SABIDO ANTES
CArta de lectores
Encuentro Nacional
de Mujeres en Salta
La Mestiza, espacio
de salud comunitaria
Los 5 temas sobre el rock, el
marxismo y la revolución sexual
Canela Soto
Magdalena Vallarino
Alejandro Vainer
CLEPIOS 50
>
Editorial
Cada número de nuestra revista empieza por un recorte. La
dificultad que plantea esta operación es algunas veces más
profunda que otras, pero siempre está allí. Este número trata
de género. Y parece que al nombrarlo está todo dicho, sin
embargo empezamos a evidenciar en el transcurso del armado
que la palabra se impone, pesada, plagada de sentido, tanto
así que nos deja perplejos: nos cuesta decir que entendemos
por género. Sin embargo, es una temática que insiste. Dice uno
de nuestros referentes: insiste porque resulta compleja de ser
capturada. Esa misma complejidad que nos interpela para contemplarla e incluirla en nuevos discursos y prácticas.
por tener nombre. Omisión que produce negatividad y vacancia
pero también positividades en tanto opera, tiene efectos en la
cultura imperante y produce (y reproduce) desigualdades, discriminaciones y violencias.
Entendiendo la perspectiva de género como categoría analítica
transversal a procesos socio-culturales que brinda, además,
acceso a la descripción de algunas de las desigualdades sociales, consideramos ampliamente pertinente hacernos cargo. Para
que la temática no se abra y se cierre, como puede hacerse con
esta revista, sino que atraviese nuestras prácticas y estudio.
Como atraviesa nuestros cuerpos.
Los problemas que aparecen en la clínica parecen ser múltiples
y de distintos órdenes: Cambios de sexo, nuevos modelos de
parentalidad, lógicas de reproducción, identidades sexuales y de
género. Nos preguntamos ¿Es posible pensar una práctica de
salud mental desde una perspectiva de género? ¿Qué implicaría? ¿Tendríamos que revisar nuestros modelos de conceptualización del padecimiento psi y nuestras prácticas?
Vamos al encuentro de distinticiones históricamente establecidas entre sexo, sexualidad y género. ¿Relaciones de determinación? ¿O más bien de simultaneidad? ¿O se tratará, en todo
caso de pensar relaciones de normalización bajo determinadas
lógicas de poder? Pareciera que hacer una lectura de género no
sólo toca limitaciones médicas, culturales y sociales, sino también políticas, ideológicas y epistemológicas.
¿De qué hablamos, entonces, cuando hablamos de género? La
cadena asociativa comienza a marchar por conceptos, prácticas, regulaciones: Violencia de género, epistemología feminista,
producción de identidades, queers, travestis trans, el lugar de la
mujer en el sistema de producción, posporno, ley de identidad
de género. ¿Cómo pensar el cómo y el por qué sexualidad y
cuerpo irrumpen en el centro de la acción política hasta llegar a
ser objetos de una gestión estatal e industrial a partir de finales
del siglo XIX? ¿Qué tienen para decir la psicología, la psiquiatría, el psicoanálisis, la Salud Mental frente a estos avances?
Entonces, nos interpela directamente. Nos obliga a tomar conciencia de posiciones tomadas, o a repensarlas. De otro modo,
tal vez, corremos el riesgo de hablar de género por un rato
(¿porque está “de moda”?) y dejar de hablar para ser hablados.
A propósito del lenguaje; pocas veces nos preguntamos sobre
lenguajes psicopatológicos, las categorías inherentes a nuestros corpus conceptuales están ahí, presentes, a mano. Más
allá, incluso, de su correcta aplicación. Trabajamos con ellas,
y con mayor o menor tenacidad, creemos que existen. Decía
Paul Valery que la mayoría de las personas ignoran lo que no
tiene nombre y creen en la existencia de lo que sí lo tiene. Tal
vez aquí podemos ubicar el desencuentro entre nuestras teorías
y el pensamiento de género: en un pensar de más en las palabras que una cultura determinada nos ofreció para nombrar…
y en una pronunciada omisión de lo que en esta época lucha
Convocamos a todos los profesionales en formación a compartir sus inquietudes, preguntas, reflexiones y pensamientos
en esta publicación bajo la premisa de Donna Haraway, quien
señala que “necesitamos el poder de las teorías críticas modernas sobre la manera en que se forman las significaciones y los
cuerpos, no para negar significaciones y cuerpos sino para vivir
en significaciones y cuerpos que tengan una oportunidad en el
futuro”, en esta línea se inscriben los escritos de la sección de
“Trabajos Libres” y de “Cadáver exquisito”, estos últimos brindados por referentes en nuestra formación.
En el reportaje entrevistamos a la Doctora en psicología Irene
Meler, quien desde el cuerpo conceptual del psicoanálisis nos
invita a dialectizar nuestras prácticas en Salud Mental con los
Estudios de Género.
“Lo hubiera sabido” nos presenta el trabajo llevado a cabo en
la Consejería de Salud Sexual y Aborto Seguro con Misoprostol
de La Mestiza, espacio de salud comunitaria con perspectiva
de género que trabaja en pos de la organización y participación
popular en el barrio de Mataderos.
En el “Comentario de Eventos” las resonancias de una residente
en el Encuentro Nacional de Mujeres en Salta. Resonancias en
el cuerpo que, como en el de muchos de nosotros, se ha multiplicado en la inmensa convocatoria del #Ni una menos.
También, en este número, una nueva entrega de “Memorias
para el futuro” donde se intenta plasmar el estado de situación
actual de la Residencia de Salud Mental de C.A.B.A (o tal vez
debiéramos decir de la Residencia de Psicología y la Residencia
de Psiquiatría, pero nos resistimos).
En Sala de ensayos hemos incorporado la traducción autorizada
de “Carta a un joven psiquiatra” de Nassir Gahemi, quien interpela a los psiquiatras en formación e insta a buscar el conocimiento de la ignorancia.
“Yo estuve en…” nos lleva de la mano de un relato interdisciplinario a Barcelona. Y por último, una nueva sección. En realidad, una vieja sección que se saca el polvo y vuelve a Clepios:
“Carta de lectores”, con un respuesta de Alejandro Vainer a “Las
5 muertes más polémicas del rock” publicadas en el número 65.
CLEPIOS 51
[ [email protected] ]
01
Locas putas y encima… ¡drogadictas!
María Lorena Battán Carabajal
Residente de tercer año en Salud Mental.
Hospital Nacional en Red, Especializado
en Salud Mental y Adicciones - EX
CENARESO. Periodo 2015-2016.
[email protected]
Foto/ Guadalupe Noriega
RESUMEN :: Se propone con este escrito, a partir de la experiencia o instancia de formación en el Hospital Nacional en Red,
Especializado en Salud Mental y Adicciones -EX CENARESO, realizar una reflexión epistémica y abordar el consumo problemático
de sustancias psicoactivas desde la clave de género.
Cuando hablamos de perspectiva de género y drogadicción, nos referimos a la necesidad de considerar las particularidades del
consumo de sustancias psicoactivas en las mujeres y analizar como el conjunto de la sociedad, a través de sus instituciones y
agentes, percibe y reacciona, ante esa conducta que implica riesgo y transgresión a los roles tradicionales impuestos en tanto la
condición de mujer-esposa y madre.
PALABRAS CLAVE :: Salud Mental – Género – Drogas - Rol profesional o Profesionales - Reflexión Epistémica.
Crazy, whores and drug addicts over
ABSTRACT :: Based on the experience or training at the Hospital Nacional en Red, Specialized in Mental Health and Addiction
-EX CENARESO- , this paper’s propposal is to make an epistemic consideration and address the problematic use of psychoactive
substances from a gender key.
When we talk about gender and drug abuse, we refer to the need to consider the specifics of psychoactive substances on women
and analyze how the whole society , through its institutions and agents perceives and reacts to such behavior which involves risk and
transgression of traditional roles imposed on womanhood - wife and mother.
KEY WORDS :: Mental Health - Drug - Gender - professional role - Epistemic reflexion.
Clepios, revista de profesionales en formación
en
CLEPIOS
52salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 52-56
>
“A lo largo de los últimos veinte años, los historiadores se han tornado conscientes de la necesidad de
desvelar los procesos a través de los cuales tiene lugar la
‘naturalización’ y por los cuales ideas, teorías, experiencias,
lenguajes,… adoptan la cualidad de ser ‘naturales’, permitiendo el encubrimiento de sus características consuetudinarias, convencionales y sociales. El entendimiento de semejante naturalización resulta crucial en el empeño de delinear y
explicar la naturaleza precisa del poder científico y médico”
Jordanova, 1989; 59
Cuando se aborda la temática del consumo problemático de
sustancias psicoactivas, se lo hace desde una perspectiva,
la masculina. De Beauvoir (1968), ya había planteado que el
modo de entender la humanidad había sido el masculino y por
lo tanto lo relativo a la mujer siempre fue un misterio.
En antropología hay teorías acerca del matriarcado (Bachofe,
1986; Marzal, 1997), que plantean que en la época arcaica, el
varón adulto no asumía responsabilidad ante los hijos, ya que
existía la creencia de que el mismo no estaba involucrado en
la procreación, por lo tanto no existía una vinculación mujervarón, de ese modo las primeras familias eran compuestas
por la madre y sus hijos (Martín-cano, 2000).
La familia matricéntrica, formaba una unidad de lazos estrechos y era económicamente autosuficiente. La sucesión era
matrilineal por la certeza de saber quién era la madre de los
descendientes.
Luego, producto de la evolución de la sociedad, se comenzó
a establecer vínculos más estrechos entre hombres y mujeres. Y de esta manera los hombres entendieron que tenían
participación en la procreación, al igual que las féminas. De
este modo comenzaron a preocuparse por la descendencia,
así como a proteger a la unidad familiar. Comportamiento que
se fue instituyendo para la conformación de la familia y la institución del matrimonio.
Según Martin-cano (2000), ello ocurrió por varios motivos: porque el varón captó la idea de paternidad y comprendió que era
el causante de la fecundación, porque el varón quisiera posesionarse de los hijos y de su pareja. O porque quiso aumentar
el número de descendientes y para ello necesitó de la madre,
para que hiciese frente a los cuidados de sus numerosos hijos,
encargándose el hombre de la búsqueda de alimentos y el
sustento económico.
De ese modo podríamos decir, se produce el pasaje del sistema matrilineal al patriarcal. Y es precisamente el surgimiento
de la unidad mujer-varón, el primero de los mecanismos que
explican la construcción del rol femenino que existe hasta la
actualidad.
Es con la institución del matrimonio que la mujer pasa a depender del marido y del maridaje, con lo cual pierde la posibilidad
de ejercer otros roles por fuera de la familia y la maternidad.
A partir de entonces se desarrollaría en la mujer el deseo de
satisfacer su posibilidad de realización exclusivamente a través de la maternidad naturalizando dicha función y equiparando el ser mujer del ser madre y esposa. Así se nace el
mito del instinto maternal.
Además la herencia se convirtió en patrilineal y lo relativo a las
tierras y a su cultivo pasó a manos masculinas, de modo tal
que la propiedad del suelo cultivable se transmitía a la descendencia masculina. Con ello la mujer quedó excluida de la propiedad del suelo y de las labores agrarias, por lo que la familia
dejó de depender de ella para su subsistencia, y se modificó
su función en la economía familiar (Di Bennardo, 2009).
Tras la revolución patriarcal, que instituyó el matrimonio y la
familia patriarcal, “apareció la desigual división de los sexos,
quedándose la mujer en su papel exclusivo de procreadora,
mientras el varón se dedicó a la búsqueda del sustento” (Di
Bennardo, 2009, p. 27). Y con ello comenzó la relación sexual
monógama, “por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja, a cambio del sustento y
la seguridad o refugio del hogar” (Martin-cano 2000). Así se
empieza a reprobar la prostitución y el comportamiento
libre sexual femenino, que en la antigua Grecia eran permitidos. De modo gradual se configuraría “el modelo de familia” e irían desapareciendo otras formas. Esta familia nuclear
como modelo cultural es así idealizada también como modelo
normativo (Jelin, 2000).
Con el viraje de la sociedad hacia prerrogativas patriarcales, sobrevino la introducción de normativas morales que
restringían la sexualidad al ámbito del matrimonio, por la que
la mujer había de llegar virgen al mismo y se le prohibía practicar de manera libre el sexo o las prácticas masturbatorias.
Lo cual se expandió a todo occidente por la tradición judeocristiana, estableciendo los placeres sexuales como algo
inmoral e impúdico, limitando la sexualidad femenina, para
que la mujer dejara de ser autónoma y se dejara someter
(Martín-cano, 2000).
Así fue que la sexualidad femenina quedó subsumida y la
mujer dejó de disfrutar de la anterior libertad sexual. Y tras la
revolución religiosa, que propagaba el mandato patriarcal, se universalizó, “se le impuso fuertes ideas de moralidad
y recato, siendo víctima de represión sexual” (Martín-cano,
2001). Sino era calificada de loca, poseída, puta y peligrosa.
Esta introducción pretende situar cómo se configuró el modelo
tradicional de roles femenino y masculino, que vinculaba a las
mujeres con el ámbito familiar y las tareas domésticas (incluyendo la crianza de los hijos y el cuidado de las personas
dependientes) y a los hombres con la vida pública y el trabajo
productivo.
La perspectiva de género permite superar la predeterminación biológica (la anatomía como destino) sosteniendo que
las identidades de mujeres y varones son el producto de una
construcción en la cual se van urdiendo distintas variables en
interacción con los medios sociales y familiares.
CLEPIOS 53
¿Por qué planteo el análisis de
la problemática del consumo femenino
desde el género?
El género condiciona de variados modos la salud de hombres
y mujeres así como el consumo problemático de sustancias. A
pesar de ello, la perspectiva de género no ha sido incorporada
lo suficiente a las investigaciones epidemiológicas realizadas
en nuestro país y, consecuentemente, a las políticas que se
vienen aplicando en los ámbitos de asistencia de las adicciones. Lo cual distorsiona el conocimiento y el análisis de la realidad de los consumos de sustancias.
El resultado de todo ello es que se interpretan los consumos
en clave masculina, considerando que las mujeres mantienen
un patrón de conducta similar al de los hombres en una sociedad aún permeada por valores androcéntricos y preconceptos morales. Pero más importante aún nos permite reflexionar
acerca de nuestro posicionamiento profesional y desde allí
nuestra actuación como tal.
¿Qué es el Género?
La construcción socio-cultural y simbólica acerca las categorías de masculinidad - feminidad y de las relaciones entre
ambas.
Es una construcción histórica y cultural que marca la diferencia
entre el género humano desde el inicio de la vida social, económica y política como pudimos ver.
Rol de género: Conductas o modos de comportamiento considerados adecuados socialmente como propio de mujer y varón
en una cultura y un tiempo determinado.
En cada sociedad existen “normas de comportamiento obligadas, permitidas o prohibidas” según sea lo esperado de
acuerdo a la condición de hombre o mujer, a las cuales tienen
que ajustarse cada uno de estos grupos. Dichas normas se
transmiten y reproducen a través de los espacios de socialización, como la familia, la escuela y los medios de comunicación
(Sánchez Pardo, 2009).
La consolidación y reproducción de estas formas de ser y hacer
propias de cada género son transmitidas por el Imaginario
Social, a través de sentidos organizadores como mitos. Que
sustentan la institución de comportamientos, normas, valores,
lenguaje y tienen como resultado la producción de subjetividad.
El imaginario social es un “magma de significaciones imaginarias sociales” encarnadas en instituciones. Como tal, regula el
decir y orienta la acción de los miembros de esa sociedad, en
la que determina tanto las maneras de sentir y desear como
las maneras de pensar (Castoriadis, 1975) y sanciona lo distinto, lo que transgrede dichas normas.
El modelo tradicional de división de género del trabajo asigna
a los hombres la responsabilidad en el trabajo productivo, relacionado al ámbito público, lo social, y externo a la familia, y a
las mujeres todo lo relacionado con el ámbito privado, con lo
doméstico, como la crianza de los hijos, el cuidado del hogar
y la familia. Esta división del trabajo se ampara en factores
supuestamente innatos tales como, la capacidad biológica de
procrear, o por ciertas aptitudes, atributos y capacidades diferentes para hombres y mujeres.
Según esta perspectiva, todo lo concerniente al recinto del
hogar es eminentemente femenino debido a que las mujeres
son afectivas, emocionales, cariñosas, frágiles, maternales,
sensibles, intuitivas, sumisas, dependientes, y tienden a preocuparse por los demás. En cambio los hombres son agresivos,
activos, fuertes, racionales, dominantes e independientes.
El género, o sea la condición socio-cultural y simbólica acerca
las categorías de masculinidad y feminidad, determina muchos
comportamientos relacionados con la salud. En múltiples
investigaciones de salud pública y familiar se constata que las
mujeres se preocupan más y aplican más autocuidados a su
salud en general, que los hombres (Kandall, 1996; Rubio, y
Blázquez, 2000; Sanchez, 2009).
Del mismo modo, si se analizan algunas de las principales
causas de muerte en las sociedades desarrolladas (accidentes, violencia, cardiopatías, consumo de tabaco, de alcohol y
drogas ilegales, etc.), es posible comprobar la presencia de
diferencias de género en estas conductas relacionadas con la
salud. Pese a ello es significativo, las evidencias que señalan
que las mujeres retardan la solicitud de ayuda por adicción,
hasta el momento en que las consecuencias sobre su salud
física y mental o en su vida familiar, social o laboral alcanzan
una entidad tal que las hace insostenibles (Sanchez, 2009).
Esta circunstancia explica, por ejemplo, cómo, siendo la proporción de hombres con problemas de abuso de alcohol el
doble que de mujeres, las tasas de tratamiento masculinas
cuadriplican a las femeninas (Rubio, y Blázquez, 2000).
Así se podría pensar que existen diferencias en los factores
asociados o motivaciones que acarrean a hombres y mujeres a adentrarse en el consumo de sustancias psicoactivas, a
mantener dichos consumos y a desarrollar un consumo problemático. También habría que considerar si la función del tóxico
varía según la condición femenina o masculina. Y los efectos
o consecuencias que el uso y/o abuso de drogas tienen en
hombres y mujeres, más allá de los relacionados con la salud
sexual y reproductiva. Quienes trabajan diariamente con toxicómanos y toxicómanas pueden observar que los consumos
femeninos de drogas presentan elementos singulares.
Pero más aún, que hace al interés de este escrito, las consecuencias a nivel social del consumo en las mujeres, desde
los profesionales y la sociedad toda.
Una visión moderna y actualizada de las relaciones de género
permite visualizar una realidad, caracterizada por el hecho
de que tanto hombres como mujeres consumen drogas y las
consecuencias o problemas que se derivan de los consumos
son diferentes en hombres y mujeres. Consumen en menor
cantidad que los hombres, pero las consecuencias físicas derivadas del consumo son más frecuentes y graves.
El consumo de drogas entre hombres y mujeres tiene carac-
CLEPIOS 54
>
terísticas diferentes ya sea desde la asimilación y metabolización en el organismo, hasta las consecuencias en su subjetividad y el impacto familiar y social que en la población femenina
es superior.
Según Sánchez Pardo (2009), las mujeres presentan, en
general, una evolución menos favorable que los hombres en
el tratamiento de las adicciones, debido a que los dispositivos de atención y/o servicios asistenciales no suelen tener en
cuenta las necesidades específicas de las mujeres y porque
las mujeres reciben más presiones de su entorno familiar y
social para concluir cuanto antes el tratamiento y poder asumir de nuevo sus responsabilidades familiares. Lo cual es un
observable para quienes trabajan en la clínica de consumo de
sustancias psicoactivas.
Elementos característicos de las adicciones a drogas
presentes en las mujeres basados en investigaciones:
(Briere y Runtz, 1988; Ettorre, 1996; Kandall, 1996;
Meneses,1997; Orte, 1998; Singer, Bussey, 1995).
El comienzo al consumo de drogas es algo más tardío.
Progresan de forma más rápida.
Mayor severidad de la adicción.
Inicio del consumo debido a una relación afectiva con un
toxicómano.
Trastornos psiquiátricos asociados a la dependencia de
las drogas.
Trastornos psiquiátricos previos al consumo problemático
de drogas.
Mayor probabilidad de tener historia de abuso físico o
sexual.
Mayor probabilidad de tener intentos de suicidios.
Una elevadísima probabilidad de sufrir malos tratos físicos o psicológicos.
Más problemas familiares, laborales y económicos que
los hombres.
Cuentan con menos apoyo familiar y social para enfrentar
los problemas.
Disponen de menos recursos o de mayores dificultades
para acceder a ellos.
Impacto muy negativo sobre la salud sexual y reproductiva, provocando:
La reducción de la fertilidad.
Alteraciones en el embarazo, con diversos daños para el
feto y el recién nacido.
Disfunciones sexuales y conductas de riesgo.
Relaciones no deseadas o plenamente consentidas.
Embarazos no deseados.
Abortos
Además se podría pensar que hay recurrencias en las historias de vida de mujeres con consumo de sustancias. Muchas
han vivido en condiciones de extrema pobreza, han sido
abandonadas, o dadas por sus progenitores, han experimentado algún abuso sexual durante su infancia ya sea por parte
del padre, padrastro o de algún familiar cercano. Han tenido
carencias afectivas tanto familiares como de pareja, lo que las
hace más vulnerables a ser “enganchadas” por proxenetas,
quienes aprovechándose de esta situación las inducen a la
prostitución. Y con esto se plantea una relación casi cotidiana:
droga y prostitución.
¿Cuál es la relación droga- prostitución?
En muchos casos es debido a esta actividad que se inician en
el consumo de drogas para garantizarse a los clientes, debido
a que algunos de ellos ponen como ‘condición sine quanon’
que consuman. Luego el consumo se instala ya que responde
a la necesidad de soportar largas jornadas de trabajo, tolerar
las caricias del cliente, ciertos actos sexuales, las desinhibe,
las relaja, les quita el frío, y se olvidan de sus problemas, cumple una función de “aguante”. En otros casos se inician en la
prostitución como modo de ganar dinero para obtener drogas.
Más allá de las consecuencias en la salud, si profundizamos el
análisis pareciese que si bien el consumo de drogas es rechazado a nivel general, y los adictos son muchas veces objeto de
discriminación, estigma y prejuicios, en el caso de las mujeres
adictas esto se incrementa más y sufren una doble estigmatización por ser mujer y adicta. Son rechazadas y enfrentan
sanciones morales, religiosas y legales.
Las mujeres con consumos problemáticos de drogas perciben
con más frecuencia e intensidad que los hombres que han fracasado a nivel personal, familiar y social. Las consecuencias
de esta vivencia suelen ser la desvaloración personal, las tensiones y conflictos familiares, cuando no la violencia familia
(Sánchez Pardo, 2009).
¿Por qué? Si lo pensamos desde la lógica del género y lo
desarrollado hasta ahora, la mujer que consume realiza múltiples transgresiones:
Conductas de “riesgo” tales como consumir tabaco, alcohol
u otras drogas, eran en la antigüedad y hasta hace pocas
décadas características del rol masculino (Sánchez Pardo,
2009), asociadas al temperamento agresivo inherente al hombre y culturalmente aceptadas (salvo en casos extremos). Así
nuestra sociedad atravesada por el modelo tradicional de roles
masculino y femenino, hace que se perciba el consumo de
drogas por parte de las mujeres como un comportamiento
impropio. Que pone en jaque su función principal - el ser
madre- y con ello una buena mujer.
Además que implica patrones de comportamiento que implican el vagabundeo y con ello el ámbito de lo público por sobre
lo privado.
• El consumo de alcohol u otras drogas tiene un efecto inicial
desinhibidor, causando la pérdida de control, el deterioro del
juicio y de la incapacidad de tomar decisiones acertadas. Ello
facilita los comportamientos sexuales -promiscuidad sexualy con ello una “doble desviación”: droga y sexo. Ambos
negados a la subjetividad femenina por años.
Ana María Fernández (1992) explica que el sistema mítico de
naturalización de las conductas se muestra especialmente efi-
CLEPIOS 55
caz en tres ámbitos: asignando a las mujeres como destino
el amor maternal, el amor romántico y la pasividad sexual.
Interpretación que quita méritos a la conducta en el caso en
que esta sea asumida, ya que se trataría de un mandato que
las mujeres no pueden evitar. También explica que cuando
la misma no se cumple, se sanciona rígidamente, ya que no
sería una opción libre para la mujer, a diferencia de lo que
sucede con los hombres, y coloca su falta en el campo de la
“anormalidad, la perversión o la patología”.
• La sociedad industrial fue posible debido a la configuración
de la familia nuclear donde existía una división del trabajo
que confinaba -inicialmente- a la mujer a los trabajos domésticos y al hombre a las fábricas. (Jelin, 2010) De este modo
la familia opera como una institución socio cultural-politica y
económica.
En esta época las tres dimensiones de la definición clásica
de familia -la sexualidad, la procreación y la convivencia- han
experimentado profundas transformaciones y evolucionado
en direcciones divergentes. Todo cambio, conductas o fenómenos que promuevan estas transformaciones a la institución
de la familia son consideradas peligrosas. Desde esta lógica
que el consumo principalmente femenino sea rechazado. Ya
que el mismo es asociado a la promiscuidad sexual, al cambio
constante de pareja y a la conformación de hogares monoparentales femeninos, donde no hay un “padre-esposo”. Así la
soltería, la jefatura femenina se encuentra fuertemente asociada a la vulnerabilidad y la inestabilidad de los núcleos familiares y a situaciones de incertidumbre y riesgo con predominio
de inserciones laborales- ocupacionales precarias (Jelin 2010,
Golovanevsky 2000).
Todo ello supone un reto a los valores sociales dominantes
que aún perduran, producto de ese magma de significaciones sociales - imaginario social. Por ello, las mujeres adictas a
las drogas soportan un mayor grado de sanción y/o reproche
social que los hombres, que se traduce en la presencia de
un menor apoyo familiar o social, por ejemplo la medida de
excepción con respecto a los hijos por instituciones estatales.
Todo ello puede favorecer la ocultación del problema y la
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ausencia y/o demora en la solicitud de ayuda para superarlo.
También el consumo durante el embarazo es ocultado ante el
temor de la retirada de la guarda o tutela de los hijos, o la actitud recriminatoria del personal de salud o del propio entorno
familiar.
Pero además deben hacer frente a la incomprensión y al
rechazo por parte su entorno social más próximo.
Este trabajo propone, en conclusión, trascender la inmediatez y dejar de lado las ideas preconcebidas sobre la realidad
del consumo de sustancias en la población femenina y cuestionar “lo que debería ser” y lo que ocurre a nuestro alrededor;
hacer el esfuerzo de convertir en “extraño” lo que nos es familiar, caer en la cuenta de todo lo que damos por supuesto, porque las cosas “son” de esa manera y no de otra, observar las
relaciones existentes y finalmente explorar constantemente y
reformular la manera en que nos posicionamos desde lo personal y profesional.
De Beauvoir, ya en el año 1949, con su obra El segundo Sexo,
puso en duda la presunta naturalidad de lo femenino y propone situarlo en el campo de la cultura. Por tanto, es necesario
Conocer para Cuestionar y Deconstruir. Por ello, interpelar el
rol profesional es preguntarse ¿qué se hace, por qué se lo
hace, para qué y a pedido de quién?
Se propone abrir interrogantes una vez más acerca del rol
asignado, el rol asumido y el rol posible en el ejercicio profesional. Para abrir al debate y preguntarnos por la práctica
concreta de los profesionales de la salud mental en el marco
de la sociedad actual atravesada por redes de poder con regulaciones patriarcales y capitalistas, donde las mujeres han
quedado vinculadas a roles de la crianza y maternidad y nos
insta sobre la necesidad de re-pensar desde la práctica de la
reflexión epistémica (Bourdieu) las categorías de pensamiento
no pensadas que predeterminan lo pensable y determinan el
pensamiento. Ligadas a construcciones imaginarias que responden al estigma como categoría social donde éste se invisibiliza y podría nuestro quehacer profesional en el ámbito de
salud legitimar discursos y funciones relacionadas al control
social y al ideal moral. Prácticas que aún persisten como reproductoras ideológicas de la sociedad.
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02
El dispositivo de la sexualidad
y la Salud Mental
Sabrina Morelli
Lic. en Psicología. Residente de cuarto
año, Salud Mental. Hospital General de
Agudos J. M. Ramos Mejía.
Período 2012-2016.
[email protected]
Foto/ Maia Nahmod
RESUMEN :: Con el presente escrito intento hacer un breve recorrido teórico por algunas conceptualizaciones que abordan el
armado del dispositivo de la sexualidad, y sujeto a él, el armado de realidades inteligibles: cuerpos y procesos de subjetivación
normativizados, y como resto de ellos, las realidades ininteligibles, excluidas y patologizadas. Pondré en cuestión, entonces,
la patologización de lo “trans” como producción subjetiva subalterna, poniendo de relieve el efecto de los aparatos cognitivoteóricos, que en tanto saberes anudados a poderes (políticas, gestión de la población y de los cuerpos) constituyen sujetos en
una matriz que funciona de modo naturalizado y sustancializador. El objetivo es visibilizar la artificialidad, el carácter de ficción
–variable históricamente- que tienen las “identidades sexuales”.
PALABRAS CLAVE :: DISPOSITIVO-SEXO-TRANS-IDENTIDAD-PATOLOGIZACIÓN
The device of Sexuality and Mental Health
ABSTRACT :: With the present writing I intend to make a brief tour of some theoretical conceptions that deal with the construction
of the device of sexuality, and under it, the construction of intelligible realities: bodies and subjectivity processes that suffer normativization, and as the dump of them, unintelligible realities that are excluded and pathologised. I will therefore, call into question
the “trans” pathologization, as a subaltern subjectivity, trying to highlight the effect of cognitive-theoretic models, as knowledge
devices knotted to power (politics, population and bodies management) that constitute subjectivities in a matrix that promotes
naturalization and substantialization. The aim is to demonstrate the artificiality, the fictional character – historically-varying- of
“sexual identities”.
KEY WORDS :: DEVICE – SEX – TRANS – IDENTITY - PATHOLOGIZATION
Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 57-62
I. Introducción
El presente escrito se enmarca en lo que fue un ateneo, de
discusión intra-residencia, que intentaba abordar el foucaultianamente llamado “dispositivo de la sexualidad” en algunas
coordenadas que atañen al paradigma de la Salud Mental,
en tanto abordaje interdisciplinario de la temática de la diversidad sexual. Fueron ejes, entonces, la identificación de un
entramado socio-histórico-político al que se correlacionarían
producciones subjetivas diversas –subalternas- y su relación
con la (supuesta) atención de la salud integral, que incluye
el reconocimiento de derechos, deberes y obligaciones que
construyen la igualdad en el acceso a la salud, alojando las
diferencias.
Sabemos que el marco legal para esto último es bastante
amplio y que la Ley N° 26.743 – Derecho a la Identidad de
Género- circula en una reverberación sobresaturada. No así
la Ley N° 4.238, sancionada en el 2012, sólo dos meses después que la anteriormente mencionada, y que tiene por objeto
garantizar el desarrollo de políticas orientadas a la atención
integral de la salud de personas intersexuales, travestis, transexuales y transgénero. A pesar de ella, es frecuente escuchar
de los profesionales de la Salud, de distintas especialidades
médicas, que aún hoy legitiman su postura –de atención o
desatención- en relación al “interés” o “desinterés” que les
genera la población trans. Esto es casi homologable a que un
psi se refugiase en una supuesta “contratransferencia” para
negarle la atención a un paciente… Argumento que resulta
insostenible si lo enuncia un “agente de salud” de un sistema
público, que debiera garantizar la atención a la población. Si
bien este último salto es grande y puede ser objetable, apunta
a cuestionar una cierta “sensibilidad” que serviría de soporte
argumentativo a la negación de la atención a personas trans,
que resultan patologizadas en un movimiento -si se me permite- sinecdótico, que toma a la sexualidad como expresión
última de la identidad, haciendo de ciertas “identidades sexuales” la encarnación de “lo anormal” o lo enfermo. Por supuesto
que tal “negación” tiene modalidades más sutiles, que van
desde continuar usando el nombre que no es el elegido por
la persona en cuestión, o no preguntar en qué sala de internación prefiere estar, o lo que muchas chicas trans refieren:
el bullying en la guardia, las risas o las miradas inquisidoras.
Por otro lado, hay muchos profesionales que forman parte
de dispositivos de atención en la periferia del hospital y que,
sin embargo, manifiestan que si bien hay oferta –hasta hace
un tiempo (mal) llamada “amigable”-, no hay demanda de la
población trans, o bien, hay escasa adherencia a los tratamientos. Las “barreras” al acceso a la Salud son resultado de
una complejidad de variables, en la que las manifestaciones
individuales –ese binario “a favor o en contra”- no alcanzan:
el entramado no sólo incluye políticas de Salud sino también
efectos de procesos históricos de exclusión que re reactualizan cada vez.
No podemos hacer de los trans una suerte de “colectivo”
homogéneo. Algunos testimonios (1) de chicas trans que se alojan en uno de los tantos hoteles de la ciudad, y que se dedican
al trabajo sexual, dan cuenta de la marginalización en la que
se encuentran: desconocimiento de leyes que las amparan,
desconocimiento de la existencia de los CeSAC, miedo desolador a ir al hospital Muñiz – que aún forma parte de la ecuación enfermedad = muerte-, siendo la ocasión de acudir allí el
producto de una evaluación subjetiva en términos de una “gravedad” dificultosamente descripta. En el otro extremo, travestilidades militantes o activistas y personas trans con recorridos
vitales no (tan) marginalizados -que lograron incluirse socialmente de modos más o menos satisfactorios-, dan cuenta de
que la homogeneización no sólo es ilusoria sino también patologizante, que produce más de lo que luego excluye.
Luego de este rodeo inicial - y la advertencia de que por razones de espacio, no podré transcribir aquí ningún testimonio ni
un caso clínico- haré un breve recorrido por algunas conceptualizaciones teóricas que dieron lugar al armado del dispositivo de la sexualidad, y sujeto a él, el armado de realidades
inteligibles: cuerpos y procesos de subjetivación normativizados, y como resto de ellos, las realidades ininteligibles, excluidas y patologizadas.
Con tal recorrido intentaré poner de relieve el efecto de los
aparatos cognitivo-teóricos, que en tanto saberes anudados
a poderes (formas de gobierno, políticas, gestión de la población y de los cuerpos) constituyen sujetos en una matriz que
funciona de modo naturalizado y sustancializador. El objetivo
es visibilizar la artificialidad, el carácter de ficción –variable
históricamente- que tienen las “identidades sexuales”. Para
esto, tomaré como referencia la noción de dispositivo desarrollada por Foucault, en tanto éste supone un conjunto heterogéneo, una red que comprende y relaciona elementos tales
como: discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas,
leyes, reglamentos, medidas administrativas, enunciados
científicos y proposiciones filosóficas, morales o filantrópicas,
etc. (Foucault, 1984).
II. Scientia Sexualis (o... ¿cómo no (volver
a) empezar por la Psiquiatría Clásica?)
En 1886 comienza a circular el libro “Psychopathía Sexualis”,
con el cual su autor, el psiquiatra Krafft-Ebing, daba el gesto
inaugural para la creación de un nuevo campo: la sexología.
Según Silvia Di Segni, lo que con ello quedaba establecido
eran tres potentes hipótesis. La primera: que la vida sexual
tiene una poderosa influencia sobre los sentimientos, los pensamientos, la vida intelectual y social, es decir, TODA la vida.
La segunda: que los considerados previamente “pecados de
la carne” se elevaran al status de un discurso “científico” de
gran potencia metafórica y real, de modo que toda persona
que llevase una vida sexual “psicopática”, no sólo tendría
CLEPIOS 58
>
“alterada” su sexualidad sino también su moral, su inteligencia,
su sensibilidad, etc. La tercera: quedaba establecida la idea de
un “instinto sexual” incontrolable, que irrumpiría contra leyes
y normas (Di Segni, 2013, p. 65). Con esto, podemos leer
un movimiento de la gestión biopolítica: la sexualidad habría
pasado a ser la verdad del cuerpo, al que habría que controlar.
Siguiendo a Michel Foucault, la sexualidad habría surgido
en el siglo XIX como un dispositivo socio-histórico, correlato
de una práctica discursiva: la «scientia sexualis» (Foucault,
2008). Así, el sexo habría pasado a estar en el cruce de dos
ejes: el de las disciplinas del cuerpo y el de la regulación de
las poblaciones (regulación de la vida de la especie). La microfísica del poder atravesaría los cuerpos, dando lugar a vigilancias infinitesimales. La antropóloga Silvia Citro resume muy
bien los efectos de la anátomo-política: «bajo la apariencia de
la autonomía y la voluntad del individuo sobre su cuerpo, promueve la incorporación de determinados modelos de cuerpos
socialmente legitimados y niega otros» (Citro, 2010, p. 35).
En términos de Krafft-Ebing, todo lo que no implicaba genitalidad jugada entre dos personas de sexo «opuesto», era
perversión. Contundentemente, Di Segni dice: «la metonimia
sexual será perversa, sin atenuantes» (Di Segni, 2013, p.82).
Con respecto a la inversión, partimos -en términos históricosde esta matriz ebingiana: un proceso degenerativo (influencia de Morel) de cuatro estadios: inversión simple del deseo
sexual, eviratio y defeminatio, transición hacia la metamorfosis
paranoica (que incluiría fenómenos sensoperceptivos somatomorfos), y al final del proceso, la psicosis, llamada por Ebing
«metamorfosis sexual paranoica». Esta última consistiría en
una paranoia, que incluiría voces que le dicen al (antes) hombre que es una mujer. De este modo, la sexualidad pasaba a
ser el eje de la personalidad. Años más tarde, se afirmaba tal
jerarquización (¿de otro modo?) con la obra freudiana.
III. Del sexo al género
Preciado afirma que el concepto de género no fue inventado
por las militantes feministas, como muchos suelen creer (Preciado, 2014). Tal concepto surgió con la Paidopsiquiatría: fue
propuesto por el sexólogo John Money, famoso por sus experiencias con niños intersexuales, en 1972. Para Money, si bien
la Biología definía al sexo, el género se desplegaba una vez
asignado el sexo al nacer, en el ambiente de crianza. Afirmó
que hasta los 17 meses del bebé se podría cambiar su género,
apelando a la Antropología para justificar esta cuestión... Sin
embargo, la hipótesis del posible cambio era justamente lo que
legitimaba las intervenciones quirúrgicas de los bebés intersex
con los que trabajaba. De modo que su objetivo no dejaba de
ajustarse a la lógica binaria y heteronormativa, considerando
a la homosexualidad y al travestismo como «incongruencias
de identidad de género». Sin embargo, siguiendo a Di Segni,
lo que Money dejaba en claro al justificar la cirugía temprana
para “enmendar” a la naturaleza era que ésta producía varie-
dad (no binarismo), sobre la cual la Cultura/Medicina imponía
su marca: “si la naturaleza cumplía con las normas impuestas
por la Cultura y custodiadas por la Medicina, se la dejaba en
paz; si esto no ocurría, se la corregía” (Di Segni, 2013, p. 240).
Esto habilita la siguiente pregunta: “¿qué había, entonces, de
natural en el sexo?» (Di Segni, 2013, p. 240). Este movimiento
de despegue sexo-género da cuenta del carácter de construcción (social, política, teórica, etc.) que tiene el binarismo, que
se presenta como natural, a-histórico y eterno. Siguiendo a
Thomas Laqueur y a Judith Butler, Diana Maffía, afirma que
la paradoja de la ambigüedad anatómica pone en cuestión
que macho y hembra sean datos biológicos que fuerzan a la
cultura de dos géneros. Más bien, sugieren una cultura dicotómica que fuerza no sólo la interpretación de los cuerpos sino
su misma apariencia (Maffía, 2009, p. 98). Paul Preciado es
más taxativo. A partir de los años 50, la autoridad en materia de asignación y reconstrucción sexual es tal que afirma:
«Money makes sex», refiriéndose a que los cuerpos sexuados son un producto de un diseño, el «moneysmo» (Preciado,
2011, p. 123). Los genitales serán creados en la conjunción
entre Biología y tecnología.
IV. Del género a lo queer
Según Preciado, el término queer (“raro”, “rarito”) apareció en
lengua inglesa, en la sociedad victoriana del siglo XVIII, como
un insulto que servía para nombrar a aquel o aquello que por
su condición de inútil, falso o excéntrico ponía en cuestión el
buen funcionamiento del juego social. También era queer todo
aquel que por su extrañeza no pudiera ser inmediatamente
reconocido como hombre o mujer. Más que definir una cualidad del objeto de referencia, queer indicaba la incapacidad del
sujeto que hablaba para encontrar una categoría en el ámbito
de la representación que se ajustase a la complejidad de lo que
pretendía definir. La conclusión de Preciado es que, desde el
principio, “QUEER ES MÁS BIEN LA HUELLA DE UN FALLO
EN LA REPRESENTACIÓN LINGUÍSTICA QUE UN SIMPLE
ADJETIVO” (Preciado, 2009) Así, supone un problema en el
sistema de representación, problema que fue marcado con la
injuria... aplicada a todos aquellos cuerpos que escapaban a la
institución heterosexual y a sus normas. Tal aplicación trazaba
un límite al horizonte democrático: el que caía bajo la égida de
la injuria quedaba excluido de la esfera pública, estaba condenado al secreto y a la vergüenza.
Hacia mediados de los años ochenta del siglo XX, lo queer
cambia de signo. Según Preciado, empujados por la crisis del
SIDA, un conjunto de microgrupos se reapropiaron de la injuria
para hacer de ella un lugar de acción política y de resistencia
a la normalización. Los activistas de grupos como Act Up (de
lucha contra el SIDA), Radical Furies o Lesbian Avangers trastocan lo injuriante, transformándolo en un programa de crítica
social y de intervención cultural. “LO QUE HABÍA CAMBIADO
ERA EL SUJETO DE LA ENUNCIACIÓN” (Preciado, 2009).
CLEPIOS 59
Para Preciado, se trata un movimiento post-identitario; queer
no sería una identidad más en el folklore multicultural, sino
más bien, una posición de crítica atenta a los procesos de
exclusión y de marginalización que genera toda ficción identitaria. Si bien partimos, entonces, de un verbo – que conjugaría,
según Siqueira Peres, variaciones de expresiones humanas
de transformación y transposición a los regímenes binarios
deterministas y racistas, abriendo paso a potencias intempestivas de afirmación de vida (Fernández y Peres, 2013)- estimo
que siempre acecha la caída en su sustantivación.
V. Cuerpo y tecnología
Siguiendo a Omar Acha, nuestro cuerpo estaría implicado en
un ordenamiento cultural que incluye a la diferencia sexual
como uno de sus productos. El cuerpo surgiría al mismo
tiempo que el yo: es la instancia sobre la cual una subjetividad
construye su existencia en sociedad (Acha, 2000). Siguiendo
al mencionado autor, la diferencia sexual es una formación
posterior a la constitución del cuerpo sexuado. En la diferenciación ya operarían atribuciones genéricas: sin una binarización de los cuerpos en dos sexos [suposición de que existen
sólo DOS], no habría diferencia sexual. La posición teórica del
autor es que no habría algo así como la «teoría de género», ya
que la distinción sexo/género es, para él, equivocada, en tanto
supone que el sexo pertenece al orden natural y el género a
uno cultural-social-político, cuando ninguno de los dos es pensable fuera de la organización política de sus partes (Acha,
2000, p. 67). Muchos teóricos -a los que se suman cada vez
más biólogos- asumen esta hipótesis, ni siquiera el sexo pertenecería al orden natural... Lo «natural» se ve desplazado
(¿trastocado simbólicamente?) cada vez más. En este punto,
Butler advierte que en el constructivismo lingüístico radical,
al ser el «sexo» una postulación previa al género -pero al ser
«postulado», es decir, construido dentro del lenguaje- termina
siendo efecto de esa misma postulación... llegando a ser así
una ficción «retroactivamente instalada en un sitio pre-lingüístico al cual no hay acceso directo” (Butler, 2012, p. 23). Esto
está en sintonía con lo que muchos psicoanalistas afirmarían:
que no hay realidad pre-discursiva.
Retomando la conceptualización de Acha, la inteligibilidad del
cuerpo estaría relacionada a cierta temporalidad, afectada
según su inscripción en la cultura: «el conjunto de tejidos llamado cuerpo encuentra su sentido a través de una temporalización de su desarrollo» (Acha, 2000, p. 62). Según Donna
Haraway -estudiosa de la biología del desarrollo-, solamente a
través de una reconstrucción cibernética de lo corporal podríamos empezar a cuestionarnos la funcionalización de los cuerpos que se hace. Según esta autora, las funciones asignadas son recortadas por la ideología dominante términos de la
reproducción heterosexista y del capitalismo. Según tales exigencias, un cuerpo debería poder procrear una descendencia
y/o producir plusvalía (Haraway, 1991). En sintonía, Preciado
considera que los discursos normativos determinantes de las
identidades sexuales y de género se materializan en los cuerpos vía programaciones y tecnologías. Denomina «tecnología
psicopolítica» a la modelización de la subjetividad que permite
la producción de sujetos que piensan y actúan como cuerpos
individuales, que se entienden como espacios y propiedades
privadas, que poseen una identidad de género y una sexualidad fija. La premisa de la programación sería entonces: «un
individuo = un cuerpo = un género = una sexualidad”, para
cuyo desmontaje propone dos operaciones: la desnaturalización y la desidentificación (Preciado, 2014, p. 100).
VI. De la identidad (¿abyecta?)
Dos psicoanalistas conversando. Veo un pequeño libro -cuyo
título versa sobre posiciones del goce- y ademanes de indignación. Me acerco, escucho el tramo final de la conversión:
“Le dije enojada a la endocrinóloga que los psicóticos no tienen identidad”. La otra psicoanalista se mantuvo en silencio.
Pareció hacer algún signo afirmativo tímido, aunque de aprobación, que daba pie a que la primera continuase. “La endocrinóloga se sorprendió con lo que dije, ¡como si no fuese obvio
para alguien que delira! ...un día es uno, al otro día puede ser
otro, y así”. En este punto, la segunda psicoanalista asiente.
Este recorte lo hago fundamentalmente en torno a la cuestión
de la identidad. ¿Desde cuándo la identidad es un concepto
psicoanalítico? En este campo, ¿no son más bien las identificaciones las que tienen estatuto conceptual? Si la identidad
queda ligada, más bien, al yo-unidad-imaginario (2), ¿por qué
pensar a éste como inmutable? ¿Sería el yo, acaso, una condena? ¿Es el yo algo que se construye de una vez y para
siempre? A menos que esta sentencia escuchada parta de una
posición post-estructuralista que intente la deconstrucción de
toda tentación de identidad estable e inmutable (no pareciera),
señalaré algunos prejuicios. Primer movimiento: la psicosis
como construcción diagnóstica pasa a pensarse como ontología... se ignora que se trata de un modelo (teórico), entonces: vuelta ingenua a la “naturaleza”. Segundo movimiento:
se niega la existencia... ¿Esencia deficitaria por refracción a la
normalización? (¿Y si llamamos a Jean Rousseau?) Efectivamente, el concepto de identidad puede ser una prisión, o más
aún, un corset cuyos límites se medicalizan y patologizan: prohibido el tránsito, prohibido cambiar de estacionamiento. En
caso de que se refieran a la identidad en otros términos (no
“psicoanalíticos”), la gravedad aumenta: ¿qué entendemos
por identidad? ¿Qué es lo que no existe? Digamos mejor: lo
que no quieren/pueden dejar existir. Pienso: atentado contra
los derechos, contra la ciudadanía, contra la subjetividad (que
no es el “sujeto” del psicoanálisis lacaniano).
Según Débora Tajer, corremos el riesgo de hacer (quizás
mejor... ¿seguir haciendo?) del psicoanálisis un aparato de
CLEPIOS 60
>
reproducción de las bases heteronormativas de la sociedad
patriarcal. Afirma: «en este punto, las y los analistas debemos
escoger entre alinearnos del lado de la ‹policía psicológica›,
guardiana de la moral dominante, o bien ocuparnos en develar los nuevos modos de aparición del dolor humano» (Fernández y Peres, 2013, p. 133). Tajer resalta el movimiento
analítico inaugural: la dislocación entre psicosexualidad y
Biología. Podríamos añadir que si bien esto tuvo vaivenes en
Freud (recordemos «Algunas consecuencias psíquicas de la
diferencia anotómica entre los sexos», por ejemplo) y hay distintas conjeturas teóricas sobre el posicionamiento freudiano,
la advertencia sería no re-anudar tal dislocación.
Por otra parte, Porchat (re)afirma que la clínica lacaniana no
es una clínica de la adecuación social, es decir, no intentaría
encuadrar a “seres abyectos” a las categorías tradicionales de
sexo y género, sino que –según esta autora- propondría que
el sujeto «busque un arreglo único de su yo» desde la perspectiva de «una no identidad tradicional» (Fernández y Peres,
2013, p. 149). Por fuera del campo del psicoanálisis –pero
no sin él (3)-, Butler entiende que para que una identidad sea
fijada se necesita excluir otras diversas formas identificatorias, a través de un proceso encubierto que produce la ilusión
de que la identidad sería una esencia. En consonancia con
ella, David Córdoba afirma que el espacio discursivo del que
emerge una identidad no la determina de antemano: su reafirmación se construye en las posibilidades de resignificación
de ese espacio abierto, las determinaciones de significados
se dan a través de la exclusión y represión de otras formas
identificatorias posibles, para lo cual, él sí nombra la procedencia lacaniana del concepto que usa: se trata de la forclusión (Córdoba, 2003), pero aplicada a un campo social y político. Si damos algunos pasos más, podríamos tomar el aporte
conceptual -de raigambre deleuziana- de Rosi Braidotti: los
sujetos nómades. Se trata de sujetos que atravesarían distintos devenires deseantes y experienciales, no ajustables al
binarismo. Según Braidotti, el sujeto nómada es un mito, una
ficción política que no sólo cuestiona sino que permite analizar
las categorías establecidas. Esta ficción designa modos de
subjetivación que se pueden entender como artefactos tecnológicos, trans-contemporáneos, interpersonales, que no se
reducen a los límites de una identidad fija... que establecen
conexiones «situadas» como modos de supervivencia (Braidotti, 2000).
VII. Panorama
Según Luis-Georges Tin, la relación entre sexo, género y
apariencia sobre las que se construyen ciertas identidades
trans contribuye a «estremecer» las referencias de orden
heterocentrista, siendo la «transfobia» (4) la expresión de la
hostilidad, más o menos consciente de la aversión producida por la confusión que genera el trastrocamiento de tal
relación (Tin, 2012). Con sólo revisar datos epidemiológicos
de asesinatos de población LGBTTI, advertimos el extremo
del panorama: la diferencia no inteligible no puede ser reabsorbida de ningún modo, ni siquiera tendrá el (no) lugar de
la exclusión (guetos o incluso en instituciones totales), sino
que, en tal extremo, se llega a violentarla vía el homicidio.
También son fácilmente hallables las estadísticas sobre sus
suicidios. Para abordarlos de algún modo, Porchat recurre a
la noción de «exclusión social interna», en tanto interiorización de la norma social (Fernández y Peres, 2013, p. 148), y
Helien (psiquiatra del GAPET -Grupo de atención a personas
transexuales- del hospital Durand) retoma el llamado «estrés
de las minorías sexuales», descripto por Gregory Hereck en
1987. Usan estos conceptos para entender ciertos desórdenes de la salud mental, cuyo soporte sería la escasa aceptabilidad social y el sometimiento a situaciones de estrés continuo
(Helien y Piotto, 2012, p. 36). Incluso, las primeras violencias
pueden ubicarse en el entorno familiar: Helien afirma que en la
adolescencia el rechazo familiar multiplica por ocho el riesgo
de suicidio de jóvenes trans (Helien y Piotto, 2012, p. 46). Así,
respecto de las mencionadas violencias familiares, podríamos
pensar que, muchas veces, no se parte del “margen” sino del
empuje hacia él.
Lo que con esto me interesa destacar es, entonces, la diferencia entre psicopatología y psicopatologización. Tomando
el término del manual diagnóstico y estadístico, si bien padecer un “trastorno” nunca es sin las instancias de otredad (llámese… ambiente, estresores ambientales, o como se prefiera), algunos trastornos son directamente inoculados. Esto
puede presentarse en un amplio gradiente, desde la asunción voluntaria del diagnóstico actual del DSM V “disforia de
género” –paradójicamente, haciéndolo cuerpo- para acceder
a una intervención quirúrgica (esto ya no es así en nuestro
país (5)) hasta la encarnación de lo monstruoso, objeto de
violencia social (el paradójico-paroxismo se da, justamente,
con el pasaje de esa violencia al suicidio como… ¡forma de
acabar con ella!).
A este respecto, la postura despatologizante de la WPATH
(World Professional Association for Transgender and Gender
Nonconforming Peolple Health) sostiene que, en sí misma, la
transexualidad no es síntoma de ninguna enfermedad y que,
por el contrario, una persona trans puede tener un trastorno
psiquiátrico como cualquier otro individuo» (Helien y Piotto,
2012, p. 31). La WPATH advierte sobre los errores clínicos que
se comenten por confundir la “disforia de género” con ilusiones o alucinaciones ligadas a algún tipo de psicosis. Aplican
tal diagnóstico de disforia desde la niñez y la adolescencia, en
los casos que no padecen enfermedades psiquiátricas subyacentes (psicosis). ¿Serían, de tal modo, diagnósticos excluyentes? La WPATH afirma que lo más común sería que tales
adolescentes tuvieran algún tipo de desórdenes de ansiedad
o depresión, “en respuesta a los desafíos que deben afrontar
con su transexualidad» (Helien y Piotto, 2012, p. 146).
CLEPIOS 61
VIII. Hacia una conclusión
Lo que con todo esto queda puesto de relieve es que para
abordar la sexualidad (sexo, género, identidades sexuales, o
Hasta el siglo XVIII, la diferencia entre los seres vivos no
pasaba por el sexo. Antes de tal siglo no se pensaba en “sexos
opuestos”: estaba vigente lo que Thomas Laqueur denominó
el “modelo monosexual” o “paradigma de las semejanzas”. La
anatomía femenina era concebida como una versión imperfecta de la masculina. Siguiendo la investigación de Laqueur,
se creía que los órganos sexuales de las mujeres eran iguales que los de los hombres, sólo que por falta de “calor” en
ellas, el pene no había bajado y permanecía hacia adentro
como vagina. A partir del siglo de las luces comienza a surgir
la interpretación que conocemos hoy, que destaca las especificidades y diferencias de los sexos masculino y femenino. En
el momento en que surgió este “modelo de dos sexos” –“paradigma de las diferencias” según Laqueur-, también se comenzó
a interpretar el cuerpo como una realidad en sí misma, no afectada por otras esferas, inmodificada (Laqueur, 1994).
Si sumamos a esto la investigación de Georges Tin, tampoco
la heterosexualidad ha sido siempre la cultura dominante. Si
bien la práctica heterosexual ha garantizado la reproducción
de la especie, las culturas humanas no siempre fueron heterosexuales. La primacía simbólica de la pareja hombre-mujer
y el amor que la enaltece, en sus representaciones culturales, literarias o artísticas, habría iniciado su jerarquización en
el siglo XII, en Occidente, con el desarrollo del amor cortés.
Antes de convertirse en “norma”, esta pareja fue cuestionada
y resistida no sólo desde la Iglesia sino también desde la medicina y la nobleza (Tin, 2012b).
Notas bibliográficas
(1) Agradezco aquí al equipo de “diversidad sexual”
de la Coordinación-SIDA el haberme facilitado el
acceso para tomar algunas entrevistas allí.
(2) Habría que pensar si esto no se modifica, según
el alcance de la afirmación de Lacan en la sesión
del 16 de Noviembre de 1976: “¿Qué relación hay
entre ese endo, ese interior y lo que solemos llamar la
identificación? En suma, eso es lo que bajo este título
que es fabricado así, para la ocasión… es eso lo que
querría poner bajo este título, porque es claro que
la identificación es -Una voz: ¡No se oye!- es lo que
se cristaliza en una identidad” (el subrayado es mío).
(3) Para articular esta cuestión, la autora toma el
concepto freudiano de melancolía, y eleva a la
identificación melancólica al estatuto de mecanismo
fundamental y fundante (con amplia injerencia en el
campo de los movimientos sociales).
(4) Varios autores y activistas se oponen a esta
nominación, en tanto utiliza un término que es
un diagnóstico psiquiátrico: “fobia”, planteando
el sinsentido de su correspondencia terapéutica.
¿Qué tratamiento posible para tal diagnóstico?
Paradójicamente, tal expresión podría contribuir
a sesgar o minimizar lo que realmente encubre:
expresiones que van de intolerancia al odio radical.
(5) Previo a la Ley de Identidad de Género (26.743),
si no se patologizaba la transexualidad no había
modo de acceder al juicio de reconocimiento de
identidad ni a la cirugía. A partir de la sanción de la
Ley Nacional de Salud Mental (26.657) -y previo a la
anteriormente mencionada, sancionada en 2012- el
identidades de género, prácticas sexuales y eróticas, elecciones sexuales, sexuación y la multiplicidad de enumeraciones y disquisiciones conceptuales en las que queramos
desagregar el dispositivo) no puede dejarse de lado el análisis histórico: genealogía, arqueología, historiografía. Quizás
sea un cliché volver a este punto epistemológico: los conceptos que forman parte de nuestra experiencia clínica no son
entes naturales, esencias que detectamos como observadores ingenuos. La sexualidad está constituida por los mismos
saberes que a ella se refieren, por los sistemas de poder que
regulan sus prácticas, y por las formas en las que las mismas
se subjetivan para cada quien. Se trata, entonces, de estar
advertidos de cómo las normas y morales socio-históricas
participan de la producción de las subjetividades inteligibles
y las ininteligibles, que serán objeto de diagnósticos varios.
En nuestra cultura predominantemente ávida de binarismos,
seguimos rigiéndonos por criterios dicotómicos: hombremujer, normal-anormal (patológico), moral-inmoral (criminal),
legal-ilegal, instituido-clandestino (discriminado), libertadencierro, etc. Sin embargo, lo que se delimita y construye en
cada categoría sufre una variabilidad histórica vinculada a
los distintos modos de disciplinamiento, control social y gestión política de los cuerpos
(6)
, lo cual nos incumbe en tanto
agentes de salud -en nuestra responsabilidad en la praxis y
en nuestra implicación como sujetos-de-teorías- y en tanto
ciudadanos.
terreno era absolutamente paradójico, ya que esta
última, en su artículo 3° prohíbe diagnosticar en el
campo de la salud mental ningún tipo de dolencia
basada exclusivamente en la elección o identidad
sexual.
(6) Por ejemplo, no es lo mismo la tanatopolítica que
la biopolítica. Sin embargo, para Preciado, estas
formas no se relevan sino que se superponen. El
autor se sitúa como seguidor de Foucault, y propone
un nuevo modo de disciplinamiento (“tercera”
episteme): la gestión farmacopornográfica.
Referencias Bibliográficas
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de género para una crítica antiesencialista de la
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España: Akal.
Tin, L.-G. (2012) La Invención de la Cultura
Heterosexual. Buenos Aires: El Cuenco del Plata.
03
Nociones que Trans-forman
Sebastián Paul
Médico. Ex Residente, Salud Mental.
Hospital General de Agudos
Carlos G. Durand.
[email protected]
María del Pilar Castroagudín
Lic. en Psicología. Jefa de Residentes,
Salud Mental. Hospital General
de Agudos Carlos G. Durand.
Período 2015-2016
[email protected]
Foto/ Julieta Sciancalepore
RESUMEN :: El siguiente texto ofrece una breve historización respecto del concepto trans. Este relevamiento ha sido considerado necesario en la coyuntura del tratamiento interdisciplinario de una paciente trans en proceso de reasignación de sexo,
en tanto a la hora de pensar el caso, los profesionales de la salud nos encontramos frente a una marea de contradicciones y
entrecruzamientos de distintos discursos (científicos, sociales y políticos) con diferentes grados de implicancias a la hora de
hacer clínica. Por otro lado, se considera fundamental la revisión dada la vacancia de la temática en la currícula habitual de la
formación de grado.
PALABRAS CLAVE :: Trans - Identidad - Género
Transforming notions
ABSTRACT :: This paper offers a brief historical aproach on Transgender concept. This report has been considered to be necessary under the interdisciplinary treatment of a transgender patient under the process of sex reassignment; when thinking the case,
health professionals find ourselves facing contradictions in a crossroad of differents speeches (scientifics, social and politicals)
with differents degrees of repercussion when doing clinical treatments. On the other side, review is considered fundamental due
to the absence of this matter in the standard universitary schedule.
KEY WORDS :: Trans - Identity - Gender
Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 63-66
Este escrito surge a raíz de que en el último tiempo nuestra
residencia recibió para tratamiento en salud mental derivaciones del GAPET, Grupo de Atención a Personas Transexuales
que funciona en el Hospital Durand, equipo que acompaña
en el proceso de reasignación de sexo a aquellas personas
que han tomado la decisión de operarse para modificar su
cuerpo y adecuarlo al género con el que se identifican. Fue a
través de esta experiencia clínica que nos propusimos investigar y leer un poco acerca de las distintas teorías que circularon y circulan en relación a la temática de la diversidad
sexual teniendo en cuenta los distintos marcos históricos que
estas tuvieron, partiendo desde una total ignorancia ya que
en la formación de grado no suelen estar contempladas en
la currícula habitual. En este trayecto, nos encontramos con
una marea de contradicciones y entrecruzamientos de distintos discursos: científicos (y no tanto), sociales y políticos, por
lo que nos resultó una buena oportunidad para pensar qué
implicancias puede tener esto a la hora de hacer clínica y
apelar a que tal vez, el estar más advertidos pueda ayudarnos
a entender cómo ayudar mejor a quienes acuden a nuestra
consulta.
Un poco de historia en relación
al concepto trans...
Los primeros casos documentados de personas que hoy nombraríamos “transexuales” datan del 1869. El sexólogo alemán
Hirschfield es el primero en comenzar a hablar de un “tercer
sexo” y de “estados sexuales intermedios”, rompiendo con el
binarismo de manera no patologizante. En 1923 acuña el término “transexualismo mental”. Su trabajo con estas personas
apuntaba a ayudar a estas personas en cuestiones sociales
más que en las médicas, aunque su trabajo no logró mucho
reconocimiento en la comunidad científica. Es recién en la
década del ´40, de la mano de Harry Benjamin junto a otros
sexólogos, que se comienza con la patologización y medicalización de las personas trans, el cual se convierte en el discurso hegemónico que, al radicarse este último a los Estados
Unidos, logra extenderlo mundialmente.
A principios de los años ‘60 se crea el Centro de Investigación
de la Identidad de Género en la Universidad de Los Ángeles,
comenzando la clínica John Hopkins a realizar las primeras
cirugías de reasignación de sexo.
El psicólogo y médico neozelandés John Money dejó su huella
en los estudios sobre identidad de género, defendiendo firmemente su posición: según su punto de vista, se podía socializar a una persona en un género diferente al asignado biológicamente si se le realizaba una cirugía de reasignación sexual
antes de los 18 meses. La hipótesis de Money consistía en
que el “núcleo de la identidad” recién se conformaba al año y
medio de nacido, existiendo una neutralidad del género en la
primera infancia y siendo preponderante el papel de la socialización en la producción de la identidad de género.
Existió un caso que fue paradigmático para pensar en las
implicancias de esta teoría que Money planteaba y es el de
“Bruce / Brenda”. En el año 1965 una mujer da a luz a dos
hermanos gemelos, Bruce y Brian. Se les recomendó una circuncisión y en el procedimiento se utilizó un electrocauterio
que accidentalmente llevó a que Bruce pierda su pene. En
ese entonces, el psicólogo John Money estaba recibiendo
mucha atención por sus teorías, por lo que los padres lo
consultaron. Él les explico que si trataban a Bruce como una
mujer podrían hacerlo crecer de esa forma y eventualmente
realizarle una neovagina que era un procedimiento quirúrgico
probablemente más exitoso que reconstruirle su pene. A los
casi dos años de edad, entonces, a Bruce se le removieron
los testículos en una cirugía y se les indicó a los padres que
lo eduquen como a una niña. Desde entonces Bruce pasó a
llamarse Brenda.
Al principio, según lo relatado por sus padres, no tuvieron problema, pero al tiempo Brenda empezó a rechazar los juguetes
y las ropas de niña. Según lo relatado por su hermano gemelo
Brian, él pensaba que ambos eran “idénticos” salvo por el pelo
largo de Brenda.
El rechazo subjetivo de Brenda por una identidad femenina
continuó en el colegio. Brenda era rebelde, no encajaba con
el “prototipo femenino” y esto lo llevaba a tener peleas físicas
con sus compañeras que solían molestarlo.
A sus 9 años, el médico le dio un turno a la familia para que
le realizaran una cirugía para construirle una neovagina como
habían acordado tiempo atrás, frente a lo cual Brenda amenazó con matarse. A partir de allí, con la persistente recomendación del médico a los padres de seguir tratándolo como una
mujer, Brenda comenzó a rebelarse y realizarse autolesiones.
A los 14 años, luego de varios intentos de suicidio, un psiquiatra que lo veía recomendó a los padres de Brenda que le
dijeran la verdad. Una vez enterado de su verdadera historia,
Brenda decidió comenzar a llamarse David, se cortó el pelo
corto y empezó a vivir como hombre.
David comenzó a vivir una vida como hombre, incluso llegó a
casarse y formar una familia. Tiempo después, se dio a conocer que sufría de depresión crónica y el fallecimiento de su
hermano lo llevó a quitarse la vida en 2004.
Este conocido caso, que muestra las atrocidades a las que se
pueden llegar en nombre de la ciencia, llevó a que se descarte
la teoría de Money donde el factor determinante de la identidad sexual postulado era la crianza, es decir, socio-ambiental.
Existen posturas biologicistas como la de un trabajo7 que
hace referencia a esta historia para sostener que, como hay
estudios de laboratorio con animales que arrojan que el factor
determinante sería hormonal (durante el período de desarrollo temprano) y dado que Bruce fue intervenido recién a los
21 meses, no es posible descartar la teoría de Money. Lo
cierto es que en medio de estos debates intelectuales, personas como Bruce han sufrido las consecuencias de las malas
CLEPIOS 64
>
decisiones de sus profesionales tratantes que sostuvieron sus
hipótesis de manera irreductible a pesar de los claros indicios
de un rechazo subjetivo a sus intervenciones y a las evidencias en contra de las mismas.
Retomando el recorrido histórico, en 1980 aparece el término
“transexualismo” como diagnostico en el DSM III, que posteriormente en el DSM IV cambia a “trastorno de identidad de
género”, a pesar de una fuerte presión de los colectivos trans,
por ejemplo del movimiento STP (Stop Trans Pathologization),
para que esta categoría sea removida del manual de los trastornos mentales.
Paralelamente, en esta época surge la Teoría Queer (en inglés:
“raro”, “extraño”), la cual nace a partir de nuevas teorías sobre
la sexualidad, de la mano por ejemplo de Foucault en Historia
de la Sexualidad (1976), de Boswell (1980) y sus escritos
sobre la tolerancia a la homosexualidad desde la Antigüedad
y hasta la Alta Edad Media, entre otros. Se suman a estos
pensadores los movimientos sociales en favor de los derechos
de las mujeres, de los homosexuales y del creciente interés de
las instituciones universitarias para estudiar las sexualidades.
En esencia, el movimiento queer plantea que la identidad de
género, sexual y la orientación sexual son constructos sociales y que no responden a fundamentos biológicos. La Teoría
Queer rechaza la clasificación en categorías universales y
fijas, como «hombre» o «mujer», «heterosexual» u «homosexual», «transexualidad» o «travestismo», dado que plantea
que los mismos responden a la imposición de un modelo binario heteronormativo.
Judith Butler tuvo gran influencia dentro de la teoría feminista
y de los estudios Queer, y en su texto Problema de Género
(Gender Trouble) de 1990 señala que el género es “esencialmente identificación, una fantasía dentro de otra fantasía”.
Define entonces al género como una performance, “la repetición que imita constantemente la fantasía que constituyen las
significaciones de manera encarnada”, fundamentando esta
estructura imitativa por ejemplo al observar comportamientos
como el amaneramiento de algunos gays y transexuales o
la actitud masculina de algunas lesbianas. Ella considera la
identidad como “representativa e imitativa, donde los roles de
género no son más que una representación teatral donde cada
sexo asume los papeles creados con anterioridad, imitándolos
y reproduciéndolos continuamente.”2
El actual DSM 5, editado en 2014, se intentó adaptar a las
corrientes de cambio modificando nuevamente el diagnóstico
a “disforia de género”, retirando así el término “trastorno de
identidad”.
Según un informe acerca de este nuevo término, la APA, quien
publica el DSM, explica que “la no conformidad con el género
no es en sí un trastorno mental” y que “el punto crítico es el
malestar que provoca la condición”, haciendo referencia a “la
diferencia entre el género expresado o experimentado por el
individuo en contraste con el que otros le asignarían”5. Este
cambio va en consonancia con los Estándares de Cuidados
(Standards of Care [7th Ed.]) publicados por la Asociación
Mundial Profesional para la Salud de personas Transgénero
(WPATH) en 2011 que promulgan la despatologización de
las personas trans. Pero, por otro lado, como dice Silvia Di
Segni en su libro Sexualidades, “se toma de clave diagnóstica
la ‘incongruencia’. De esta manera, todas aquellas personas
que hayan logrado un grado aceptable de congruencia (clínicamente definida) entre su identidad de género y su apariencia física estarían libres del diagnóstico. Y sólo ellas”3, subrayando la intención que sigue permaneciendo por categorizar
y enmarcar a esta minoría poblacional.
En cuanto al marco legal en nuestro país, recientemente
fue sancionada la Ley de Identidad de Género de Argentina
(Nro. 26.743), el 9 de Mayo de 2012, la cual permite que las
personas “trans” (travestis, transexuales o transgénero) puedan inscribirse con el nombre y género de su elección en su
documento de identidad nacional. Además, exige que reciban
cobertura mediante el Plan Médico Obligatorio para los procedimientos médicos de adecuación de sexo.
A diferencia de otros países de la región (Brasil, Chile, Perú,
Colombia, etc.), esta ley permite que no sea necesaria previamente una autorización médica o judicial, o la cirugía de reasignación sexual, lo cual marca una diferencia muy importante
incluso a nivel mundial con respecto a otras legislaciones.
La sanción de esta ley fue lograda gracias al trabajo conjunto
de distintas asociaciones como la FALGBT y la ATTTA que
desde el 2007, presentaron sistemáticamente proyectos de
legislación para que se garantice a esta población la atención
integral de la salud. La ley contempla lo establecido por los
Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación de la Legislación
Internacional de Derechos Humanos en Relación con la
Orientación Sexual y la Identidad de Género (2007): “La orientación sexual y la identidad de género de una persona no son
en sí mismas condiciones médicas y no deberán ser tratadas,
curadas o suprimidas”1.
A pesar de este avance reciente en la legislación, nuestro país
tiene un recorrido que no fue siempre tan tolerante en relación
a la diversidad sexual. Un ejemplo de esto puede ser el hecho
de que podemos encontrarnos con aseveraciones aparentemente descontextuadas para nuestra época, como la que
compartimos a continuación, citando a una revista actual de
psiquiatría y sexología10:
“Existen homosexuales que cometen delitos al igual que los
heterosexuales... si bien la homosexualidad y el travestismo
no constituyen per-se delitos, por lo tanto no debe considerarse a los travestistas como delincuentes por el solo hecho
de ser tales.”
Si nos remitimos a la historia de nuestro país, podemos encontrar hechos para no olvidar que podrían echar luz a por qué
podemos encontrar todavía en la actualidad tales aclaraciones como la anterior, como el Edicto 2H sancionado en los
años ’70, en época de la dictadura, por la llamada Brigada
de Moralidad de la Policía Federal. Este edicto determinaba
que la Policía debía detener a personas que, por ejemplo,
circularan en la calle y que “caminaran, miraran o hablaran
CLEPIOS 65
raro”9, o como lo establecía el artículo 2º del, inciso F, «que se
exhibieran en la vía pública vestidos o disfrazados con ropas
del sexo contrario»8. Este edicto no solo afectaba a personas
trans, sino también a homosexuales e incluso a quien fuera
dueño de algún establecimiento, como se ve en el artículo 3º
inciso A que castigaba al encargado del local que «permitiere
el baile en pareja del sexo masculino»8. Este edicto fue declarado contravencional recién en el año 1996 luego de distintas
pujas activistas.
Es evidente entonces que el asunto es complejo y que existen múltiples determinantes, quizá más de los que podamos
pensar, que fueron dejando marcas en la historia de las personas trans.
Algunas posturas dentro de la Psiquiatría y
la Psicología...
Como describe el Dr. Adrián Helien en su libro Cuerpxs equivocadxs, “En la actualidad existe ausencia de sustratos biológicos demostrables.”1 Hay existencia de hipótesis referidas a
factores hormonales durante la embriogénesis, o estudios que
demuestran variaciones en las características estructurales
cerebrales de estas personas, pero siguen sin demostrarse.
Esto no debe resultarnos extraño: “Los primeros profesionales que comenzaron a tratar la transexualidad tuvieron fuerte
resistencia en la comunidad científica: se consideraba que los
transexuales eran psicóticos, esquizofrénicos o, directamente,
aseguraban que se trataban de personas que tenían algún
grado de masoquismo. [...] No sorprende entonces que las pri-
Referencias Bibliográficas
1. Cuerpxs Equivocadxs – Hacia la Compresión de la
Diversidad Sexual. Adrián Helien y Alba Piotto. Edit.
Paidós. 2012
2. La Teoría Queer: La de-construcción de las sexualidades periféricas. Carlos Fonseca Hernández. María Luisa Quintero Soto. Revista Sociológica. Año 24,
Número 69. Enero-Abril de 2009.
3. Sexualidades – Tensiones entre la Psiquiatría y los
Colectivos Militantes. Silvia Di Segni. Edit. Fondo de
Cultura Económica. 2013.
meras terapias aplicadas fueran de electroshock o lobotomía
para “cambiar” lo que el paciente sentía.”1
En algunos textos de psiquiatría, podemos leer recomendaciones como esta: “puede utilizarse la psicoterapia dinámica,
utilizando las mismas reglas que en el caso de los pacientes
con un trastorno límite de la personalidad: terapia estructurada
con limitación del entorno, apoyo del ego y objetivos a corto
plazo. La terapia conductual se ha utilizado con éxito en diversos casos de transexualismo masculino (Barlow, 1979). El tratamiento incluye la identificación de las pautas de conducta
femeninas (p. ej., el modo de sentarse, de caminar, la conducta social y las características de la entonación de la voz).
A continuación, estas conductas se modifican con la ayuda de
grabaciones en vídeo y se modelan las conductas masculinas entrenando al paciente a aceptar el compromiso. También
se intenta cambiar el patrón de excitación homosexual del
paciente por un patrón heterosexual, aunque sólo se consigue
en uno de cada tres casos. El cambio al sexo contrario es la
modalidad”.4
Leyendo esto último pensamos: con menuda herencia nos toca
andar. Pero más allá de estas posturas extremas que parecen
haber existido (o tal vez todavía existan) en nuestras disciplinas,
en última instancia creo que el problema no pareciera ser la
orientación teórica sino más bien una posición ética, es decir,
desde qué lugar se la aplica y con qué finalidad.
Como reflexión final, tomamos conciencia y resaltamos la
importancia de aprender del pasado, de la historia y asumir una
postura crítica y abierta que permita ver más allá de nuestros
campos para poder dialectizarla, incorporando el saber de otras
ramas del conocimiento. Por último y sobre todo, resaltamos lo
importante de escuchar a nuestros consultantes, que seguramente son los que más saben sobre lo que les pasa.
4. Tratado de Psiquiatría Clínica 4ed. R. Hales. Edit.
American Psychiatric Press. American Psychiatric Association. 1995.
5. Gender Dysphoria Fact Sheet. DSM 5. American
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CLEPIOS 66
Case Study Teaching in Science, University at Buff
alo, State University of New York. 2011.
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1995. http://www.derechos.org/nizkor/arg/onga/
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gays. Agencia Nacional de Noticias Jurídicas. http://
www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/flores-sobreel-orin-los-abusos-de-los-edictos-policiales-contralos-gays-4972.html
10. Revista de Psiquiatría Forense, Sexología Y Praxis. AAP. Año 21 – Vol. 8 Nº4. Abril 2014. 32.
Sala de
Ensayos
Carta a un joven psiquiatra
S. Nassir Ghaemi, MD#
Foto/ Aime Nahmod
La psiquiatría es una profesión que necesita trabajadores profundamente honestos que estén dispuestos a buscar el conocimiento de la ignorancia*, a estar insatisfechos y a rechazar el conformismo
- haciéndolo en pos de la verdad y de la profesión, viendo ambas como inseparables.
Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 67-69
Sala de Ensayos
Es fácil dar consejos, difícil recibirlos, más difícil aún vivirlos. El
privilegio de la juventud es la acción; de la edad, la experiencia. La naturaleza se resiste a la combinación de ambos. La
experiencia es un peine que te dan cuando te quedas pelado.**
Yo enseño ignorancia. Cuatro años de medicina; y cuatro años
más de residencia. Decenas de miles de dólares de deuda, y
años de trabajo con salario mínimo. Debes pensar has comprado algo con esos fondos y ese esfuerzo; finalmente debes
saber algo especial. Te gradúas y comienzas a trabajar en esta
ocupación desconcertante.
Si la gente te paga es porque algo debes saber. Si las décadas
pasan y te siguen pagando y no haces una pausa para reflexionar, puede que termines tu vida pensando que sabes mucho.
De hecho, a medida que las nuevas generaciones surgen, ellas
ven lo que vos no.
Yo enseño que no sabemos; Yo enseño que el conocimiento
sólo aumenta nuestra ignorancia. Esto es lo que el conocimiento es: saber lo que sabemos y, no menos importante, saber lo
que no sabemos.
El conocimiento es un arma de doble filo: ilumina un hecho o
una parte de la experiencia. Pero por lo general, al hacerlo,
muestra que lo que antes parecía una verdad iluminada por
los rayos del sol ahora es la oscuridad absoluta. A medida que
aprendes algo, te das cuenta de que mucho de lo que “sabías”
en realidad era falso. Te vuelves más ignorante al mismo tiempo que te vuelves más sabio. Los psiquiatras jóvenes necesitan aprender, sobre todo, que son ignorantes. Y necesitan
saber que sus referentes son incluso más ignorantes aún, a
veces porque son sabios - porque cuanto más sepan, más
ignorantes son- a veces porque están ciegos.
Hay una ignorancia beneficiosa y una funesta. La forma perjudicial es la ignorancia de aquel que piensa que sabe - fin de la
historia. Este compañero no sabe y está “mentalmente ciego”².
Él no es sabiamente ignorante: él no sabe que lo que parecía
“verdadero” es falso; él simplemente piensa que es verdad. La
mayoría de tus profesores son de esta variedad, y la mayoría
de tus pacientes, y la mayoría de tus colegas -y, probablemente, también vos.
Busca el dogma. Lo que sea que crea la mayoría, es probable
que sea falso. La verdad no es una cuestión de voto popular;
tiende a preferir casas solitarias.
Vive en el lado soleado de la duda. Algunos dudan oscuramente: descreen de todo y de todos; la verdad se pasea delante
de ellos y la tratan como a un vagabundo. Toma una actitud
ingenua e infantil hacia las ideas: al principio acepta todo,
luego piensa en ello y rechaza todo lo que parezca erróneo.
La mayoría de tus colegas hacen lo contrario: ellos rechazan
todo inmediatamente, a fin de no perturbar el débil mobiliario de sus mentes y en raras ocasiones, con gran languidez,
alguna vez llegan a aceptar una idea nueva. Rechaza un
escepticismo mundano superficial: no leas el New York Times
como tu principal fuente de discurso psiquiátrico. Lee los vie-
jos libros y los journals -no los nuevos libros² y los periódicos.
¿Por qué todos peleamos por las discusiones en el New York
Times e ignoramos los apacibles datos de la Acta Psychiatrica
Scandinavica?. Un artículo en el Times se envía a toda la lista
de mails de un departamento; el pobre metanálisis del Acta
queda ignorado, excepto por una ocasional media docena de
miembros del club de la revista.
Sobre nuestros talones un fresca perfección se pisotea
… de nosotros nacida
Y destinada a superarnos.
—John Keats¹
Los mejores pasan desapercibidos y la minoría es la más
ruidosa
El mayor peligro para tu trabajo no es que no sepas lo suficiente acerca de la enfermedad mental...es que creas que sabes
más de lo que sabes. El peligro está en la complacencia y
la conformidad, por encima de todo- por encima de todo lo
demás. Constantemente serás presionado para obedecer,
para “seguir la corriente”. Hazlo, en todo aquello que no tenga
importancia. Pero donde la haya, resiste. Golpea a los de arriba, besa a los de abajo** - si te atreves; el mundo te castigará,
pero vas a mejorarlo.
Complacencia. Crees que sabes, o crees que no sabes, pero
en cualquier caso, estás satisfecho. Se insatisfecho. Tu profesión no ha estado a la altura de lo que podría estar por más de
un siglo. Tiene diagnósticos establecidos arbitrariamente de la
misma manera que los políticos delimitan los distritos electorales: por razones “pragmáticas”, para el bien de la profesión³.
La naturaleza no obedece a los políticos, ni en sus parlamentos ni en los hospitales. Y así es como los estudios genéticos,
de drogas y biológicos se niegan a alinearse con las etiquetas
del DSM. La ciencia fue degradada (en el pasado) o aplaudida
(recientemente) - e ignorada, para el bien de la profesión. Tu
profesión no ha aceptado plenamente que lo que es bueno
para la profesión es llegar a la verdad.
Algunos dicen que no hay verdades, sólo poderes que tratan
de esconderse detrás de pretensiones de verdad. Dios ha
muerto, se nos dice, pero la industria farmacéutica vive. Y la
ciencia no es más que otro grupo de interés: no hay verdad
científica, sólo opiniones de científicos.
Me gustaría visitar la tumba de Dios; alguien que me diga
dónde está. Creo que voy a encontrar a la Razón enterrada
a su lado, y a la Ciencia justo debajo de un ángel lloroso. Con
Él murió la Verdad. Las V mayúsculas ya no se permiten e
incluso hasta de las minúsculas se sospecha. Pero cuando tus
pacientes mueren a causa de algo que hiciste, o más comúnmente, de algo que no, entonces sí hay verdades. El cuerpo sin vida da fe de eso, al igual que los cuerpos vivos que
podrías salvar.
Esta creencia postmoderna de que no hay verdades sólo obedece al poder y produce una peligrosa mentalidad medieval
que se imagina a sí misma vanguardista. La mente se vuelve
ciega y una profesión se detiene.
CLEPIOS 68
>
Conformidad. Hace medio siglo, le hubieras prometido lealtad
a la Trinidad del ello, del yo y del superyó - y hubieras gastado
tu tiempo y herencia en el psicoanálisis formal. Hoy en día, tratarás a tus pacientes con la Trinidad de los antidepresivos, los
antipsicóticos y los ansiolíticos, y comprarás los libros de farmacología con los cuadros sinópticos más atractivos. En cada
época, te ajustas a tu profesión; es el estándar de cuidado y
estarás protegido legalmente. Vas a tener que ganarte la vida,
y tendrás hijos e hipotecas, y necesitarás protegerlos. No te
culpo. Pero la profesión necesita algo más.
Tus medicamentos no son tan buenos como tus colegas
creen, ni son tan malos como dicen nuestros críticos. Tu colega dirá que es simple: da un medicamento para un síntomaansiolíticos para la ansiedad, antidepresivos para la tristeza,
neurolépticos para cambios de humor, anfetaminas para
la concentración, la energía y el sexo. Es fácil, como ser el
mecánico de un Volkswagen⁴. Pero los cerebros de tus pacientes son Porsches. Se rompen si se los trata de esta manera.
Es muy fácil: no es necesario un título de “psicofarmacología
Volkswagen”, entonces deja que lo hagan los psicólogos.
Menospreciamos el “modelo médico”, como si la frase misma
fuese prueba de su falacia. Pero usamos el título de médicos
como una insignia de la experiencia y ejercemos con el privilegio legal de dispensar drogas potencialmente dañinas. No
es ningún pecado reconocer la biología; lo que es un pecado
es decirlo, y no tomárselo en serio. Nuestros hermanos en la
medicina ya nos han mostrado el camino. Hace un siglo no
entendíamos las enfermedades y todos tenían pociones para
los síntomas, para el sangrado en particular. Hace aproximadamente medio siglo que comenzamos a curar, con antibióticos y luego con otros fármacos específicos (como la insulina y los esteroides)⁵. En medicina, a veces entendemos las
enfermedades; en psiquiatría, desconfiamos del concepto de
enfermedad. En medicina, a veces usamos drogas que curan;
en psiquiatría, descreemos de la curación.
Por supuesto, no todos los problemas psiquiátricos son enfermedades; la mayoría no lo son. Pero algunos sí. No todos los
medicamentos curan; la mayoría no. Pero algunos sí. Hasta
que no nos demos cuenta cuál es cuál - cuál síndrome es
una enfermedad y cuál no, cuál medicamento cura y cuál no seguimos adivinando, las más de las veces equivocadamente,
mientras complacientemente cumplimos con la profesión.
Los aspectos mentales y sociales de la enfermedad son impor-
Referencias Bibliográficas
1. Keats J. Keats’s Poetry and Prose. Cox JN, ed.
New York: WW Norton; 2009.
2. Osler W. Aequanimitas. 3rd ed. New York:
McGraw-Hill; 1932.
3. Ghaemi SN. Couch-pragmatism. Psychiatr Times.
2010;27(10):16-21.
4. Ghaemi SN. Volkswagen psychopharmacology.
Psychiatr Times. 2011;28(5):9.
http://www.psychiatrictimes.com/display/article/10168/1870665. Accessed May 7, 2012.
5. Wootton D. Bad Medicine: Doctors Doing Harm
Since Hippocrates. New York: Oxford University
Press; 2006.
6. Feynman RP. Cargo cult science. Some remarks
tantes dirán; es cierto, pero no siempre, y no en el misma manera para todas las condiciones. Hasta que sepamos qué es qué,
todas las generalizaciones son falsas. Y ya que vas a recetar
pastillas para ganarte la vida, al menos debes tratar de entender
bien lo que es biológico y lo que no lo es.
Nos despreciamos (a nosotros mismos) demasiado poco y
(demasiado) mucho. Mucho porque nuestros colegas médicos
nos menosprecian y porque tenemos enemigos en el público,
que nos hacen sentir inferiores. Nos critican injustamente, y con
razón, y nosotros protestamos ante ambas críticas por igual en
lugar de refutar las primeras y abrazar las segundas. No respondas al estigma con estigma, dudando de ti mismo: recházalo
como algo tan malo como el racismo, la intolerancia humana
más profunda, basada no en una bajeza moral sino en la ignorancia pura.
Nos despreciamos demasiado poco: rechazamos en exceso
y damos vueltas alrededor de nosotros mismos, espalda con
espalda. Nuestros colegas actúan como si criticar sus medicamentos fuera una ofensa personal contra sí mismos. La psiquiatría infantil puede sobrevivir sin el uso excesivo de anfetaminas, y la psiquiatría de adultos, sin exceso de antidepresivos y
neurolépticos. Acá es donde nuestra falta de ciencia duele más,
porque la esencia de la ciencia es ser autocrítica. No se trata
de ser convencionalmente honesto con los demás, se trata de
ser completamente honesto con vos mismo⁶. Esta actitud, que
es la actitud científica, es totalmente antinatural. A menudo no
somos lo suficientemente científicos, y entonces nuestra práctica se vuelve “una suposición poco ilustrada”, que aceptamos
cómodamente tal y como se presenta: “He aquí, yo te mostraré
al hombre más despreciable de todos: el que no puede despreciarse a sí mismo “⁷.
Has entrado a una profesión difícil, pero no imposible. Es una
profesión que necesita trabajadores profundamente honestos
que estén dispuestos a buscar el conocimiento de la ignorancia*, a estar insatisfechos y a rechazar el conformismo - haciéndolo en pos de la verdad y de la la profesión, viendo ambas
como inseparables. Tienes que ganarte la vida, pero también es
necesario darle vida a tu profesión.
En una palabra, la mitad de lo que sabes es verdad y la otra
mitad es falsa, y no sabes cuál es cuál. Si sabes esto, ya sabes
todo lo que puedes saber ahora - es un buen comienzo. Actúa
de manera que las generaciones futuras puedan tener un mejor
lugar de partida.
on science, pseudoscience, and learning how not
to fool yourself. Caltech’s 1974 commencement
address. Engineering and Science. 1974;37(7):10-13.
http://calteches.library.caltech.edu/3043/1/CargoCult.
pdf. Accessed April 19, 2012.
7. Nietzsche F. Así habló Zaratustra. Del Caro A,
ed. Pippin R, trans. Cambridge, United Kingdom:
Cambridge University Press; 2006.
Articulo Original http://www.psychiatrictimes.com/
letter-young-psychiatrist
Notas de los traductores
* “knowing ignorance” es el término que usa el autor y
aparece aquí como “el conocimiento de la ignorancia”
** La frase atribuida a Ringo Bonavena, llegó hasta el
CLEPIOS 69
autor por un rotante argentino.
***La frase original es “Kick up, kiss down”, un juego
de palabras con “Kiss up, kick down”
Traducción:
Mariela Murakami ([email protected])
Nicolás Alonso ([email protected]).
Agradecemos al autor quien gentil y rápidamente
autorizó la traducción y publicación.
# Nassir Ghaemi MD MPH es un mundialmente
reconocido psiquiatra académico Es profesor de
Psiquiatría y Farmacología en el Tufts Medical Center
en Boston, donde dirige el Programa de Trastornos
del estado de ánimo. Es también profesor clínico en
la Escuela de Medicina de Harvard, y profesor de la
Alianza de Salud de Cambridge.
Cadáver Exquisito
Perspectivas de Género
01 Marcelo Silberkasten / 02 María Luisa Femenías / 03 Silvia di Segni / 04 Débora Tajer
Foto/ Yamila Embil
En el presente número de esta revista, de y para profesionales en formación en Salud Mental, nos
proponemos pensar las problemáticas de género en situación, en nuestro cotidiano, en las prácticas
impensadas de todos los días. Proponemos, entonces, los siguientes ejes para comenzar a abordar
la temática.
- ¿Cuáles son las implicancias de pensar desde una perspectiva de género?
- ¿Qué “problemas” registra en relación con la temática en algunas prácticas profesionales?
- ¿Cómo cree que se visibiliza la diversidad de género en Salud Mental?
CLEPIOS
70salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 70-75
Clepios, revista de profesionales en formación
en
>
01
Marcelo Silberkasten
Psicólogo. Miembro del Equipo de Interconsulta de Salud Mental
del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez
Género
Voy a comenzar por una declaración de principios: la práctica
clínica se piensa desde una perspectiva de Género, aunque no
se sepa que se la piensa desde ese lugar. La perspectiva de
Género es inevitable y es ideológica, en el sentido que condiciona saberes y prácticas sin saber en muchas oportunidades
que está actuando. No se tiene conciencia de ella mientras se
la actúa. Podríamos decir que es inconciente si no fuera porque
tiene una lógica muy marcada que odia las contradicciones. Si
la contradicción aparece, rápidamente se la ubica en el campo
de la anomalía o de la patología; la ideología se mantiene y se
fuerzan los hechos para adaptarlos a esta.
Dicho de otro modo, esta naturalizada.
Dos ejemplos: cuando un niño o niña es derivado a un terapeuta varón o mujer por el hecho de ser varón o mujer ya hay una
perspectiva de Género actuando. Yo de hecho, como varón ,
tengo y tuve, en mi práctica privada muy pocas niñas y adolescentes en consulta. Los derivadores, sean cuales sean, ya estaban inmersos en una perspectiva de Género, los atravesaba
sin tener conciencia de ello, desde una particular mirada. Así
como Lacan planteaba la segregación urinaria de los sexos en
función de que en los baños públicos hay baños para hombres
y mujeres, podríamos decir que en nuestro campo funciona una
segregación terapéutica de los sexos: las nenas con las nenas,
los nenes con los nenes. No niego que en algunos casos puede
ser mejor una cosa que otra, pero la generalización de la práctica, su universalización, deja interrogantes inquietantes.
Un segundo ejemplo, cuando un/a sujeto gay/lesbiana concurre
al consultorio de un psi, es habitual la pregunta que se hace
el colega: qué instancias subjetivas de su historia lo llevaron a
ese posicionamiento frente a su elección de objeto (y eventualmente sobre su identidad). Ahora bien, la naturalización heterosexual (heteronormativa en términos de la Teoría Queer) lleva
a no hacerse esa misma pregunta si el sujeto en cuestión es un
heterosexual (¡y si tiene pareja estable menos!). Se lo da como
de hecho, como natural. Y lo que el Psicoanálisis descubrió ya
desde Tres Ensayos, (y este es un dato que ni siquiera cuestionan los detractores del Psicoanálisis) es que si hay algo que es
no natural ni fijo es la sexualidad humana. Tiene muchas versiones, prácticas, modalidades, derivas. Siguiendo con el ejemplo
anterior, se genera una segregación de preguntas: si es homosexual, preguntarse sobre cómo llegó a ese posicionamiento; si
es heterosexual, esa pregunta ni se formula. Y por eso el psi se
vuelve heteronormativo, aunque sea muy progre, esté muy de
acuerdo con el matrimonio igualitario y que los homosexuales
puedan adoptar hijos, y tenga muchos amigos gays.
Entonces es inevitable pensar la clínica desde una perspectiva
de Género. La diferencia está en si estamos anoticiados de ello
o no. Si tratamos de evitar caer en sus impases.
Ahora bien, puse líneas arriba algo entre paréntesis: (¡y si tiene
pareja estable menos!). Pues bien, esto también se naturaliza
en muchas oportunidades. La pareja estable es lo normal, lo
demás no. Se habla de promiscuidad, pero, ¿cuántas parejas
sexuales cambiantes y en qué tiempo es el límite para definir
promiscuidad? ¿2?, ¿5?, ¿10? ¿En un año? ¿En 20 años?
Tangencialmente el grupo bisexual dentro del colectivo GLTTBI cuestiona esos ideales culturales. Porque si se asume una
bisexualidad, no solamente como constitutiva de la sexualidad
humana sino como bisexualidad ejercida, entonces se asume
una práctica sexual no monogámica.
Entonces, una atenta lectura del Psicoanálisis tendería necesariamente a pensar en cuestiones de Género, en su no naturalización.
Esto no significa que el Psicoanálisis tome al pie de la letra los
postulados de las Teorías Queer o de Género (que tienen bastantes conflictos entre ellas mismas)
La idea de las sexualidades no fijadas es un punto en común...
pero hay diferencias teóricas que no pueden ser menospreciadas.
El concepto de falo y el de castración ya es un problema en
nuestro dialogo con los estudios Queer, su análisis excede largamente este comentario.
También la idea de que el Otro es un represor, (mas que un
constituyente) y la necesidad de inventarse a sí mismo, resistencia al poder.
Otro problema que nos incumbe en un Hospital de Niños, que
atiende niña/os abusada/os, maltratado/as, es en cuanto a las
complicidades o debilidades familiares. Quisiera reproducir parte de un artículo aparecido en el suplemento “Las 12” (suplemento de pensamiento feminista, de género, del Diario Página
12). La reflexión de una militante feminista es consecuencia del
enjuiciamiento de la madre de una beba que falleció por los
golpes que le propicio su pareja a la criatura (que también por
cierto está preso), cuestionando el enjuiciamiento penal de la
madre: “Las pautas culturales que todavía culpabilizan a la víctima se amplían en el caso del asesinato de un hijx en manos del
CLEPIOS 71
CADÁVER EXQUISITO
02
agresor, sin entender el grado de su vulnerabilidad y la imposibilidad de actuar”... “La mujer no es culpable de nada, el único
responsable es el femicida, que fue quien decidió terminar con
la vida del niñx a cargo.”
¿En cuánto coincidimos y en cuanto divergemos del pensamiento feminista? ¿Podemos plantear el universal “la mujer
no es culpable de nada, el único responsable es el femicida”?
Cuando trabajamos con la temática de niños y niñas abusado/
as, ¿pensamos la temática desde una perspectiva de Género?
Creo que no, y debemos incorporar esas categorías sin que
eso implique tomar todos sus lineamientos sin recaudos ni critica alguna
En EEUU los estudios Queer fueron ubicados dentro de los
estudios sobre las diversidades, así tuvieron puntos de encuentros (y de desencuentro por cierto) con los estudios raciales, de personas con discapacidad (“capacidades diversas”,
se llego a decir).
¿Se está produciendo un corrimiento desde lo heteronormativo a lo homonormativo?
Evidentemente estamos de acuerdo que la homosexualidad
no es una patología, como no lo es la heterosexualidad. Pero
Freud ya nos alertaba que todos somos con suerte, neuróticos. No porque algo no sea patológico se transforma en “normal”. Ni lo homo ni lo hétero.
El hecho que la sexualidad humana sea diversa en cuanto objeto, meta, practicas; ¿lleva necesariamente al absolutamente
todo vale? ¿Cuáles son los límites subjetivos y éticos?
Armar el cuerpo a medida como plantea el discurso transexual, ¿no forma parte del ideal del capitalismo norteamericano
del “self made man” llevado a sus últimas consecuencias?
Es posible que la técnica (de cambio de sexo) a su vez genera
una oferta que se transforma en una demanda (¿genuina?)
vehiculizada por el constructo “nacer con el cuerpo equivocado”, constructo inexistente en otras épocas.
La crítica de los estudios Queer a los “esencialismos” (el binario hombre-mujer, fijo e inmutable) hace que suscribamos junto
a ellos, que nada es fijo ni inmutable.
Pero Freud mismo nos decía que la anatomía es el destino.
Hay un real. No se puede hacer cualquier cosa con el cuerpo,
tiene sus límites.
Tomar los dos aspectos sería nuestra posición frente a un
constructivismo radical que por momentos se muestra como
neo-cartesiano.
María Luisa Femenías
Doctora en Filosofía, Docente e
investigadora de la UNLP. Exdocente
UBA y Directora del Centro Interdisciplinario de Investigaciones de Género
(FaHCE-UNLP)
El invisible espacio generizado
de la salud mental
La fuerte reconfiguración familiar del siglo XIX, genera dos estereotipos a “alcanzar”, exhibiendo con claridad el horizonte de
sentido de lo que Foucault denominó disciplinamiento y biopolítica.1 Como bien señala Silvia Federici respecto del primero
de los dispositivos de poder, al investigador francés le interesó centrar tanto sus análisis históricos cuanto sus aportes
teóricos en el disciplinamiento de los cuerpos de los varones,
sobre todo respecto de su sexualidad, entendida como mandato heterosexual (Federici, 2010) Poco o nada dice Foucault
del disciplinamiento de las mujeres salvo en su análisis de la
conformación del Hospital General, cuando las menciona en
términos de prostitutas o de locas. Sin duda, el nuevo modelo
decimonónico de la domesticidad, la maternidad, la docilidad,
la sumisión y el cuidado, desconoció o consideró secundarias
(cuando no inexistentes) las necesidades, los deseos, aptitudes y capacidades de las mujeres, consolidando el nuevo
modelo en los estereotipos de mujer-doméstica y varón-proveedor. Para comprender en toda su dimensión ese giro, es
necesario adoptar una mirada igualitaria y generizada. Esa
mirada muestra que una de las figuras de la evasión al nuevo
disciplinamiento en la opresión simbólica (y real) de la domesticidad y de la inferiorización fue la locura. Se cuenta con un
extenso registro de ello, en el que la literatura brinda las piezas
más dramáticas2. Pero no fue el único.
Históricamente, las mujeres que no cumplían satisfactoriamente con el estereotipo “doméstico”, junto con las realmente
enfermas, convivieron bajo los motes de “locas”, “histéricas” o
“neurasténicas”, produciéndose “tecnologías” disciplinadoras
de sus cuerpos y mentes, sus deseos y vocaciones, siempre
en aras de intereses científicos y económicos que pocas veces
admitían de buen grado a las mujeres “indisciplinadas.”3 El minucioso estudio de Valeria Pita sobre los orígenes del Hospital
de Mujeres Dementes o los estudios de Mirta Lobato sobre las
“Reinas de la belleza”, entre otros, muestran cuáles eran los
mandatos sociales para las mujeres.4
Aún hoy, las formaciones profesionales, las instituciones, los
mandatos sociales, no acaban por hacerse cargo de la mirada generizada y mantienen las “disciplinas del cuerpo” como
regulaciones alrededor de las cuales se desarrolla la organización del poder sobre la vida (Foucault, 1977, p. 168) En la
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>
línea de Foucault, son los dispositivos de poder que se articulan directamente sobre los cuerpos, que delimitan y definen lo
“normal” y lo “anormal” para cada caso. Es decir, el conjunto
de la sociedad condiciona los modos de vivir como “mujer”,
rechazando en buena medida la potencial variabilidad humana, y estableciendo estereotipos más o menos idealizados que
indican cómo “debemos ser” para ser “normales”, aceptadas
y deseadas. Así, la línea conceptual divisoria entre mujeres
y varones, sus necesidades, deseos y capacidades que se
estableció epocalmente en el XIX con rigidez, admitió pocos
matices. El mandato social como “deber ser” llevó a Simone
de Beauvoir a sostener: “Normal no se nace, se hace con esfuerzos, a veces, titánicos”.
Como todo disciplinamiento, aquel se produjo a partir de la
creación de un “nuevo” universo simbólico; es decir, un ordenamiento restrictivo y a la vez que prescriptivo de los modelos
de varones y mujeres “normales”, donde las últimas llevaron
la peor parte. No fueron ajenas a ese proceso, las redefiniciones de lo público (masculino) y lo privado (femenino), la
exclusión de las mujeres de la ciudadanía plena y, en algunos
casos, hasta de la educación sistemática. Diversas teorías y
posiciones filosóficas contribuyeron a ello, acallándose las voces disidentes. La consecuencia fue un complejo y sostenido
proceso de exclusión, relegación social, no-reconocimiento,
desconfirmación y patologización de las mujeres cuyas voces
y posiciones eran divergentes (Armstrong, 1992) Se generó
así una “cultura del silencio” y un fuerte control “científico” sobre su “normalidad”. Las que no respondían al nuevo canon
fueron signadas, de “fálicas”, “histéricas”, “locas”, “rebeldes”,
“incapaces”, entre otros apelativos, y expulsadas hacia la institucionalización y la reclusión.
Ese orden cosas y su universo simbólico estalló, en parte,
en la década de los sesenta del pasado siglo. Pero para ese
entonces, se había construido una cultura dominante basada en la clara distinción binaria de los sexos, un conjunto de
valores “viriles,” que las guerras habían alimentado y puesto
en práctica, un modo “obvio” de deber ser varón y mujer, reforzado fuertemente por el cine de Hollywood, y un largo etcétera. Como consecuencia de ello, se pueden detectar aún
múltiples y sólidas barreras que impiden el reconocimiento y el
desarrollo de las capacidades, deseos y proyectos de vida de
las mujeres en igualdad plena de derechos y responsabilidades. La sociedad (y las ciencias) construyen todavía mensajes
contradictorios. Fácilmente comprobable es su mayor medi-
calización, institucionalización, consulta psicológica, inseguridad y baja autoestima. La mirada de género, la conciencia de
que los constructos sociales proponen ideales identificatorios
sesgados, obliga por un lado a “deconstruir” esos estereotipos
y revertir las tecnologías disciplinadoras que los mantienen.
Por otro, impulsan a examinar, indagar y conceptualizar desde
esta mirada generizada qué se considera “sano” y qué no: si
la “enfermedad mental” funcionó como castigo y exclusión de
modelos alternativos de vivir cómo ser mujer, es imperante revisar las lecturas tradicionales desde las nuevas herramientas
conceptuales de que se dispone. Esa es la propuesta de la
teoría de género: reexaminar viejos y construir nuevos conocimientos no-sexistas acerca de la “variable singular” que cada
ser humano es.
CLEPIOS 73
NOTAS
1- Desarrollo algunos de estos temas en “Problemas con el cuerpo
/ el cuerpo en problemas” en 10º Congreso argentino y 5º latinoamericano de Educación Física y Ciencias, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata,
2013.
2- A modo de ejemplo, Gilbert, S. y Gubar, S. La loca del desván,
Madrid, Cátedra, 1993; Flax, J. Psicoanálisis y feminismo. Pensamientos fragmentarios, Madrid, Cátedra, 1994; Fernández, A.M.
La mujer de la ilusión, Buenos Aires, Paidós, 1994; Kristeva, J.
El genio femenino: la vida, la locura, las palabras, Buenos Aires,
Paidós, 2003, 3vols. Como ejemplo novelado, O´Farrell, M. La
extraña desaparición de Esme Lennox, Barcelona, Salamandra,
2009. 3- Tomo la noción de “tecnología” de Teresa de Lauretis. Cf. De
Lauretis, T. “Sujetos excéntricos: teoría feminista y conciencia histórica” en Cangiano, C y DuBois, L (comp.) De mujer a género,
Buenos Aires, CEAL, 1993, pp. 73-113.
4- Entre otros, Pita, V. La casa de las locas. Una historia social del
Hospital de Mujeres Dementes, Rosario, Prohistoria, 2012; Lobato, M. Cuando las mujeres reinaban. Belleza, virtud y poder en la
Argentina del siglo XX, Buenos Aires, Biblos, 2005. Otras formas
de “disciplinamiento” son la violencia, Cf. Femenías, M.L. Los ríos
subterráneos, Rosario, Prohistoria, vol. I, 2013, vols. I y III, 2014;
y la heterosexualidad compulsiva, Cf. Di Segni, S. Sexualidades,
Buenos Aires, FCE, 2013; Cabral, M. “Derecho a la igualdad. Tercera posición en materia de género”, en DDHH, vol. 3.8, Buenos
Aires, Ministerio de Justicia y DDHH, 2014; Berkins, L. et alii, Un
cuerpo: mil sexos. Intersexualidades, Buenos Aires, Topía, 2011;
Martínez, A. “Identificación melancólica y constitución de la identidad de género masculina. Aportes del psicoanálisis a los estudios contemporáneos de género”, Revista de Psicología, vol. 19.
2, 2010.
Referencias Bibliográficas
1- Armstrong, N. (1992) Deseo y ficción doméstica, Madrid: Cátedra.
2- Federici, S. (2010) Calibán y la bruja, Madrid: Traficante de sueños.
3- Foucault, M. (1977) Historia de la sexualidad 1. La voluntad de
saber, Buenos Aires: Siglo XI.
CADÁVER EXQUISITO
03
Silvia di Segni
Psiquiatra. Docente e investigadora. Miembro del Capítulo de Personalidad y del Capítulo
de Historia de la Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA)
01
Pienso la perspectiva de género como el atravesamiento de
todo lo que pensamos y hacemos desde la perspectiva de
la diversidad de expresiones genéricas/sexuales de los seres humanos, más allá del binarismo mujer/varón. Dado que
el concepto surgió del feminismo ha quedado asociado a la
igualdad de oportunidades entre varones y mujeres dejando
afuera, en algunos aportes, la diversidad LGBTIQ. Desde mi
punto de vista, pensar cualquier teoría o práctica desde esta
perspectiva significa cumplir con el respeto básico a los derechos humanos en el sentido de no discriminar, no maltratar, no
invisibilizar a muchxs dejando espacio para unxs pocxs otrxs.
Esto ha sucedido con el varón en relación a la mujer y con el
binarismo varón/mujer en relación a todxs lxs demás sexos/
géneros/prácticas sexuales en la medida que la heteronormatividad procreativa se impuso a sangre y fuego. Las religiones,
el derecho y la psiquiatría sostuvieron que esa norma era “natural” y, al mismo tiempo, desplegaron en conjunto un enorme
monto de poder (con estigmatizaciones, muertes, encierros,
patologización y medicalización) para sostenerla lo que resulta, por lo menos, paradójico.
02
Si la perspectiva de género no atraviesa toda nuestra práctica
nuestra tarea resultará iatrogénica en la medida en que no
demos espacio al despliegue de otros deseos, otras realidades y que, por lo tanto, no podamos comprender ni ayudar
a quienes nos consulten. Nos formamos en el binarismo varón/mujer heterosexuales y procreativxs patologizando a toda
otrx sexualidad/sexo/género que no responda a ese modelo.
Nuestra práctica debe ser totalmente inclusiva lo que nos obliga a aprender constantemente y a repensar las teorías que no
den cuenta de lo que la realidad nos presenta. Aplicar teorías
de manera rígida sobre la realidad, enferma; utilizar teorías y
prácticas que no contemplan la diversidad, enferma o, en el
mejor de los casos, no sirve. ¿Cuál es la formación que recibimos lxs médicos? Llamativamente, o no, la perspectiva de género no atraviesa toda la
carrera en la enorme mayoría de las facultades. Los cánones
determinan no sólo las características genéricas sino también
las sexuales que han sido determinadas por la misma medicina. Cuando un/a obstetra muestra un/a bebé y dice: varón
o mujer está realizando un acto performativo, está creando
un varón o una mujer de acuerdo a lo que la misma medici-
na ha establecido para ello. Si un/a bebé no responde a esa
norma es anormal y debe ser “normalizado”. Hasta hace muy
poco tiempo, y aún hoy en muchos lugares, los bebés intersex
debían ser “normalizadxs” en los primeros días de vida para
que cupieran en la casillita de “sexo” del certificado de nacimiento. No hay diferencia entre una perspectiva de género y
una perspectiva sexual, ambas son creaciones culturales dado
que es la medicina quien define según formas y medidas a
quien se llamará varón o mujer y a quien querrá “normalizar”
en un gesto de marcado narcisismo. Allí donde la naturaleza
genera un continuo querremos encontrar sólo dos variantes, si
esto no pasa, lo enmendamos creando otro ser ambiguo pero,
además, con fuerte pérdida de capacidad de gozar.
Resulta así que encuentro, y no sólo en colegas sino también en mí misma, dificultades y prejuicios que es necesario
afrontar y superar. Es indispensable comprender cuánto no
sabemos respecto a otras elecciones sexuales/de género; respecto a personas trans e intersex, para decidir incorporar conocimientos y, lo que es más difícil e imprescindible, modificar
actitudes y prácticas. Recomiendo muy especialmente un video de Ovejas negras (colectivo LGBTIQ del Uruguay) llamado
“¿Cuál es la diferencia?” disponible en youtube. La diferencia
alude a cómo entrevistar en la práctica médica pensando en
la diversidad o hacer una parodia de entrevista, negándola. 03
En el campo de la Salud Mental el respeto a la diversidad aparece un poco más en el discurso teórico que en las prácticas.
Basta preguntar quién se siente parte de la diversidad para
evidenciar que no resulta claro que todxs formamos parte de
la misma; que la heterosexualidad o la elección genérica femenina o masculina tradicionales son solamente algunas de
las expresiones de esa diversidad sin privilegios. Creo que el
campo de la Salud Mental está un paso atrás respecto al campo jurídico que, en nuestro país ha producido tanto la Ley de
Salud Mental, como la de Matrimonio igualitario y la de Identidad de Género. Lo que estas leyes significan y habilitan obliga
a repensar cuestiones teóricas y cambiar actitudes, algo que
no está totalmente incorporado en la enseñanza de grado ni
de posgrado ni en la educación continua imprescindible. Por
último pero no menos importante, sostengo que la sigla LGBTIQ debería incluir una H, de heterosexualidad, no para luchar
por sus derechos dado que los tiene todos sino para dejar en
claro que es sólo una más entre otras elecciones posibles. CLEPIOS 74
>
04
Débora Tajer
Licenciada y Doctora en Psicología (UBA), Magister en Ciencias Sociales y Salud (FLACSO/
CEDES), Egresada Residencia en Psicología Clínica Hospital Braulio Moyano (GCBA). Profesora Adjunta a cargo Catedra Introducción a los Estudios de Género y Profesora Adjunta Regular
Cátedra Salud Pública/Salud Mental II de la Facultad de Psicología UBA. Co- fundadora del Foro
de Psicoanálisis y Genero (APBA) y miembro de su Comité Asesor
-Cuáles son las implicancias de pensar en perspectiva de género
Pensar con perspectiva de género implica visibilizar y desnaturalizar las relaciones de poder entre varones y mujeres en el
marco del patriarcado, para historizarlas.
En el caso de la Salud Mental, implica además indagar como
estas diferencias jerárquicas establecen expectativas y mandatos hacia los y las sujetos que son fuentes de malestar (en plus)
en la cultura. También implica dislocar la idea de que la “diferencia sexual” es la única garante de ingreso en el orden simbólico.
Al mismo tiempo implica dar lugar teórico y clínico a que las
transformaciones de las modalidades eróticas y estéticas de
los existenciarios homosexuales, heterosexuales, travestis,
transexuales, trasgéneros, intersexos,etc. que han desbordado ampliamente los estereotipos modernos de la sexualidad se
desplieguen. Pudiendo dar cuenta del desacople de sexo biológico-deseo-género- prácticas eróticas y amatorias que interpela
el disciplinamiento de dos sexos y la categoría misma de la diferencia sexual. En tanto la lógica que estableció el paradigma
de la sexualidad (identitaria, binaria y jerárquica) pareciera estar
siendo desarticulada, dislocada y desquiciada, con el paso de
la sexualidad a las sexualidades, de la diferencia a las diversidades. Estos tránsitos imponen la construcción de nuevas categorías, conceptos y modos de abordaje en el campo de la salud
mental. Al mismo tiempo los cambios en los marcos legales en
este campo en Argentina establecen nuevos derechos, demandas, preguntas y horizontes existenciales que interpelan a los
saberes y dispositivos “psis”.
Uno de los desafíos actuales que estos cambios nos presentan
en el trabajo clínico, en los contextos institucionales, en la capacitación profesional y en la docencia universitaria es estar a la
altura de los mismos para poder identificar los modos actuales
de vivir, desear, proyectarse y padecer para alojarlos hospitalariamente en los dispositivos terapéuticos.
A modo de síntesis, podemos decir que el desafío principal es
poder pensar en simultaneo cómo se constituyen los psiquismos en relación a la diversidad de las prácticas de sexualidad
y de las relaciones asimétricas de poder entre los géneros, en
aras de democratizarlas y no naturalizarlas.
-Cómo cree que se visibiliza la consideración de la diversidad
de género en Salud Mental
Existen varios desafíos que se nos presentan en los contextos
clínicos en la actualidad entre los cuales podemos enumerar:
a- Los cambios producidos en la configuración de las femineidades y masculinidades, en sus roles, ideales y conformaciones
deseantes, que establecen conflictos específicos de época.
b-Las transformaciones en las relaciones de poder entre los
géneros en la vida cotidiana, que han creado mayores libertades, pero también, nuevos modos tanto de sufrimiento como
de placeres.
c- La aparición de una multiplicidad de configuraciones y situaciones familiares que ponen en cuestión la relación entre
formación de pareja y parentalidad.
d- La visualización del campo de las prácticas de la diversidad sexual. Prácticas por fuera de lo heteronormativo y de la
bi partición identitaria en géneros. Lo cual desde el campo de
los/as propios actores se denomina LGTTBI (Lesbianas, gays,
travestis, transexuales, bisexuales e intersex).
e- El nuevo panorama que se abre a nivel de la procreación en
la articulación entre las posibilidades de las nuevas técnicas reproductivas (fertilización asistida, alquiler de vientre, donación
de óvulos y esperma, entre otras) y las decisiones reproductivas. Lo cual permite separar procreación de sexualidad. Del
mismo modo, que los métodos anticonceptivos a partir de los
60’ permitieron separar sexualidad de procreación.
De hecho, mas allá que intentemos tapar el sol con las manos,
han habido cambios en la vida cotidiana y en los horizontes de
los proyectos de vida de los /as sujetos actuales que tienen impacto en la clínica y establecen nuevas demandas y conflictos.
-Qué problemas registra en relación a la temática
Uno de los problemas, es que si el “campo psi” no se piensa
constituido históricamente y por lo tanto también sus categorías y dispositivos de intervención, puede estar eludiendo interrogarse acerca de la posibilidad de que las herramientas y
teorías que utilizamos estén en muchos aspectos fraguadas
fundamentalmente para trabajar con los malestares y patologías de los y las sujetos/as conformados/as en la heteronormatividad y el patriarcado . Y que aún sin quererlo, podamos
estar actuando como “Lecho de Procusto”, adaptando a los/as
sujetos al dispositivo mas que creando nuevas herramientas.
Con lo cual, pudiéramos estar parados/as en la paradoja de ser
“progres” y actuales ideológicamente, pero no técnicamente.
Por otra parte, cierta preocupación porque la democratización
de las relaciones entre las generaciones y entre los géneros,
en vez de ser recibidas como desafíos para pensar los modos
de nuestra época de los malestares están siendo visualizados
como “declinación” de “el padre”, y esto leído como desorganizante y generador de psicopatología y no como declinación
de la desigualdad y su consiguiente diferencia desigualada.
Otra manera de pensarlo es tal como nos propone Michel Tort
cuando refiere la necesidad de “(pensar al) Padre (como) una
construcción histórica, solidaria de las formas tradicionales del
dominio masculino que asegura a los padres varones el monopolio de la función simbólica” . El fin de un padre, el del patriarcado occidental, es el fin de un mundo, no el fin del mundo.
Las formas de devenir sujeto y el ejercicio de las funciones
que participan en el son históricas y constituyen el lugar de las
relaciones de poder entre los géneros”.
CLEPIOS 75
REPORTAJE
Entrevista a Irene Meler
Clepios, revista de profesionales en formación
en76
salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 76-81
CLEPIOS
>
Irene Meler
Doctora en Psicología. Coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género (APBA).
Directora del Curso de Actualización en Psicoanálisis y Género (APBA y UK). Codirectora
de la Maestría en Estudios de Género (UCES).
Clepios: El número actual está dedicado al tema de Perspectivas de Género.
Esta iniciativa surge porque consideramos que existe un desconocimiento formativo en cuanto a lo académico. Más allá de las lecturas individuales de cada
uno, no es algo que se dé en nuestra formación, de modo tal que comenzamos
a trabajar sin que estas temáticas sean algo incluido en la formación profesional de Salud Mental, por lo cual pensamos que en nuestras prácticas muchas
veces se reproduce ese desconocimiento.
En primer lugar, querríamos preguntarte sobre tu recorrido sobre estas temáticas.
Irene Meler: Yo empecé a interesarme por este tema en el año 79, cuando ya tenía
unos trece años de profesión. Me había formado en el Hospital de Niños R. Gutiérrez, donde comencé mi práctica con niños. Allí trabajaba en lo que era la Escuela
para Padres dirigida por Eva Giberti. Me había gustado mucho la difusión de conocimientos psicológicos, todavía yo no tenía tantas ideas propias, entonces lo que
hacía era difundir los conocimientos que adquiría, que no eran ideas originales mías,
pero tenía cierta vocación por hacerlos accesibles a todas las personas. Comencé
con los Estudios de Género -que no existían formalmente en la Argentina- en un
seminario que se llamó “La Condición de la Mujer en la Sociedad Actual”, convocado
por dos grupos privados que estaban ya trabajando de forma incipiente este tema,
y que quisieron hacerlo conocer. Allí tomé contacto con esta perspectiva y al año
siguiente se fundó una ONG que se llamó “Centro de Estudios de la Mujer”, dirigida
por Gloria Bonder, y donde me invitaron a participar. Lo que se dio allí fue una formación entre nosotras, con bibliografía que aportaban principalmente Gloria Bonder
y Ana María Fernández. Funcionamos como un grupo de autogestión. Debido a la
falta de antecedentes en el tema, mi formación ha sido entre pares o autodidactica,
no he tenido una formación instituida en estos temas porque no existía; esto sucede
con frecuencia con los grupos pioneros en alguna cuestión.
Empecé recién en el año 1982-1983, tal vez un poco antes, a dar cursos en la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, exponiendo una revisión crítica del discurso freudiano y de las primeras polémicas planteadas en el campo del psicoanálisis
sobre el tema de la sexualidad femenina y la feminidad. Luego en 1985, el Centro
de estudios de la Mujer comenzó a dictar seminarios de posgrado en la Facultad de
Psicología de la UBA, por lo cual me invitaron a formar parte del cuerpo docente, y
en 1987 se fundó la Carrera de Estudios de la Mujer, donde me desempeñé como
docente, y fui aprendiendo a medida que enseñaba. A mi generación le tocó ese des-
CLEPIOS 77
reportaje
tino, por ejemplo, corregir monografías cuando nunca había
escrito una, porque en mi camada no existió como requisito
elaborar una tesis o tesina para finalizar la carrera. Ahí sí que
se aplica la versión lacaniana del amor, que es dar lo que uno
no tiene. Me ha tocado brindar conocimientos que no tenía
previamente. En esa carrera enseñé y aprendí mucho. Luego
yo elaboré un programa de Salud Mental y Género en la Facultad de Psicología, y en 1995 fundé el Foro de Psicoanálisis
y Género junto con Débora Tajer. Allí empezamos a trabajar y
mantengo la coordinación de este espacio hasta el día de hoy,
en que estamos en su vigésimo año y estamos convocando
este año a las duodécimos jornadas, esperando concretar el
proyecto de que venga Michel Tort para dar una conferencia.
En las anteriores, pudimos contar con Jessica Benjamin, estamos logrando algún contacto con figuras relevantes a nivel
internacional y tenemos mucha producción local, muchas publicaciones. El comité asesor del Foro está integrado por Eva
Giberti, Ana María Fernández, Mabel Burin, Juan Carlos Volnovich y ahora se han incorporado miembros más jóvenes;
Débora Tajer -que es co-fundadora pero que se sumó ahora
al Comité Asesor, Irene Fridman que trabajó conmigo como
Secretaria de Difusión del Foro y ahora integra el Comité, e incorporamos a Facundo Blestcher, un psicoanalista que fundó
la Sociedad Psicoanalítica de Paraná.
Aparte de la actividad del Foro, dirijo desde hace 18 años el
Curso de Psicoanálisis y Género en la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, que tiene el aval de la Universidad
Argentina John F. Kennedy. En la Universidad de Ciencias
Empresariales y Sociales co-dirijo junto con Mabel Burin una
Maestría Interdisciplinaria en Estudios de Género. Es decir, yo
tengo un trabajo interdisciplinario y otro más específico en el
ángulo que más me interesa a mí que es la articulación entre
los Estudios de Género y el Psicoanálisis.
También he realizado y participado en publicaciones en estos años. Muchas de ellas colectivas, como “Las Mujeres en
la Imaginación Colectiva” que compiló Ana María Fernández,
“Estudios sobre la Subjetividad Femenina”, cuyo cuerpo principal fue escrito por Mabel Burin, y donde invitó a colegas a
que aportáramos artículos. También tengo un artículo en Género, Psicoanálisis, Subjetividad, una compilación realizada
por Mabel Burin y Emilce Dio Bleichmar, Después compilé un
libro junto con Débora Tajer, que es “Psicoanálisis y Género.
Debates en el Foro”; y escribí en conjunto con Mabel Burin
“Género y Familia”, y “Varones, Género y Subjetividad Masculina”. Finalmente hice un libro sola que es mi tesis doctoral que
se llama “Recomenzar: Amor y Poder Después del Divorcio”,
donde además de los aportes teóricos, expongo los hallazgos
de una investigación empírica sobre familias ensambladas.
Clepios: En cuanto a lo conceptual, ¿qué podemos pensar
sobre las perspectivas de género?, ¿qué abarca?, ¿cómo
podemos entenderla?
I.M: Básicamente yo diría que la perspectiva de Género ha
venido a aportar una visión más lúcida sobre las inequidades
sociales que construyeron la diferencia sexual tal como la co-
nocemos. En ese sentido, nosotros estamos acostumbrados
a considerar la diferencia sexual como un organizador del
psiquismo y también como un organizador social, porque claramente muchas instituciones como la familia, el matrimonio,
están organizadas sobre la base de una diferencia sexual instituida. Esta diferencia ha sido naturalizada, considerada parte
de la bipartición sexual de la especie, cuya reproducción es
sexuada. Inicialmente esto no fue problematizado, transformado en un objeto cognitivo, Pero con la generación de un
cambio social y cultural importante en la condición femenina,
que se produjo alrededor de la década del 60, surgió toda esta
corriente de estudios que inicialmente fueron Estudios de la
Mujer. Por eso la primera carrera de postgrado en la que yo
fui docente se llamó de Estudios de la Mujer, porque lo que se
buscaba era hacer visible la perspectiva de las mujeres, que
había sido invisibilizada, ocultada en todos los relatos de las
disciplinas sociales y humanas. Por ejemplo, hay un libro de
antropología que se llama “Los Argonautas del Pacífico Occidental” de Malinowski. Allí se describe una ceremonia de construcción de canoas, que se llama “la ceremonia Kula”. Relata
que se reunían las tribus para ahuecar troncos con el fin de
construir canoas, y agrega, “se servía la comida”. Ustedes se
imaginan que en cualquier fiesta, evento social, comer en conjunto es algo muy importante, que genera cohesión grupal, en
parte la gente se reúne para hacer algo y para comer. ¿Quiénes hacían la comida? Habitualmente lo hacen las mujeres. La
participación femenina estaba sintetizada en ese parco “se”.
Se servía la comida. Esto habla de la invisibilización del aporte
femenino a la cultura, que está presente en el discurso freudiano de formas muy flagrantes y en muchos discursos de las
disciplinas sociales y humanas. Entonces lo que los estudios
de la mujer hicieron fue hacer visible lo omitido. Más tarde, en
determinadas partes del planeta se adoptó la denominación
Estudios de Género. En Europa no fue así ya que no les gusta
el concepto porque es un invento norteamericano. A esta denominación la creó John Money, un psico neuro endocrinólogo
neozelandés que trabajó en la Johns Hopkins University estudiando estados intersexuales. Lo que les interesó a las académicas que venían haciendo estudios en distintas disciplinas influidas por las teorías feministas fue el carácter constructivista
del concepto del Género. Nos permitió ver que la subjetividad
masculina o femenina que cada sujeto construye, no dependía
de factores biológicos sino de lo que él llamó “la asignación de
género”. O sea la creencia del semejante acerca de ese cuerpo que acababa de advenir al mundo. La subjetividad sexuada
se constituye en función de los proyectos identificatorios que
los cuidadores primarios elaboran sobre el sujeto. Lo que interesó a los Estudios sobre la Mujer es entender que, esto que
parecía tan abrochado a lo biológico, que parecía tan intrínseco, estructural y constitutivo de la subjetividad, era en realidad una adquisición contingente que podía ser variable. De
hecho los casos de transexualismo nos muestran que algunos
machos y hembras “normales” de la especie, para llamarlos
de alguna manera, pueden construir su subjetividad cruzando
géneros, donde no haya concordancia entre su subjetividad
y su cuerpo. Por supuesto, como psicoanalistas, considera-
CLEPIOS 78
>
mos que hay un género asignado extraoficialmente. Cuando
se construye una subjetividad transexual, es porque ha habido
de algún modo, por parte de los padres, una asignación de
género inconsciente que cruza géneros. Estas personas que
biológicamente son absolutamente promedio como cualquier
otro individuo de la especie, sin embargo pueden construir una
subjetividad diferente. Esto nos muestra el carácter construido
del género y el carácter contingente, no estructural, no necesario. Bueno, el psicoanálisis lacaniano en este sentido coincide con esta perspectiva. Lacan plantea que es posible para
un sujeto ubicarse de uno de los dos lados de la diferencia
simbólica, es decir, que no tiene que haber una correspondencia forzosa entre el psiquismo y el cuerpo. Todo este concepto
que fue tomado por los estudios de género, que inicialmente en América, se denominaron como estudios de mujeres,
y que en Europa se prefiere denominarlos como estudios feministas, porque no les gusta la denominación americana de
género considerando que es anglófona y no se adapta a los
países cuyas lenguas son latinas. Asimismo, dentro de este
campo han surgido alrededor de los ’80 los estudios sobre la
masculinidad, que han tenido un desarrollo muy importante en
Australia. Un sociólogo que se llama Robert Connell, que es
transexual en este momento, ha hecho un aporte relevante
con una producción académica de mucha calidad, seriedad, y
rigurosidad. Connell propone que la unidad de análisis de los
estudios de género son las relaciones de género. Es decir las
relaciones sociales e intersubjetivas entre los géneros, y que
pueden ser analizadas en diversos niveles: en un nivel cultural, en un nivel social, un nivel institucional y un nivel subjetivo.
También en Inglaterra existen aportes importantes, y por supuesto en Estados Unidos. Entre nosotros, yo misma escribí
con Mariel Burin un libro que se llama Varones. Género y Subjetividad masculina, donde aplicamos esta perspectiva a los
estudios sobre las masculinidades.
Entonces el campo de estudios de género abarca estudios sobre mujeres y sobre varones.
Clepios: ¿Cómo pensar el entrecruzamiento entre los
estudios de género, con sus vertientes, con el campo de
la Salud Mental? Vemos en los manuales las Disforias de
género, Trastornos de género...
I.M: Claro, no se acota a eso. Eso es como la referencia obligada y estereotipada cuando uno habla de Estudios de Género y Salud Mental. Pero en realidad no es así. Yo tengo
un artículo en el que hago una revisión de la psicopatología
psicoanalítica desde esta perspectiva. Emilce Dio Bleichmar
escribió un libro que se llama “El feminismo espontaneo de la
histeria”, donde realiza una revisión muy sistemática de todas
las sub especies de histeria desde una perspectiva de género.
Mabel Burin investiga los estados depresivos en las pacientes
mujeres, en un libro que se llama “El malestar de las mujeres”. De modo que hay revisiones desde la psicopatología psicoanalítica desde esta perspectiva para la mayor parte de los
cuadros neuróticos. Existen estudios sobre lo que se ha llamado “las perversiones femeninas”, e indagaciones incipientes
respecto de los trastornos alimentarios, que son trastornos de
género femenino, ya que en las anorexias y bulimias existe un
notorio predominio de pacientes mujeres. También empiezan
a aparecer estudios sobre adicciones en mujeres, porque es
el flagelo de la época, buscando la especificidad de los trastornos adictivos en mujeres.
Lo que es importante aclarar es que los Estudios de Género se
articulan con otros desarrollos teóricos de distintas disciplinas,
entonces así como por ejemplo las economistas feministas deconstruyen y reformulan los desarrollos económicos marxistas
o la perspectiva de la teoría económica liberal, en el campo de
la salud mental existen articulaciones con los desarrollos psicoanalíticos, mientras que otros aportes se sustentan en desarrollos de la teoría sistémica. Es decir que existen extraños
maridajes entre distintos desarrollos teóricos. Los desarrollos
de Género no surgen de la nada, sino que se nutren y se apoyan en desarrollos existentes a los que les realizan una lectura
crítica, una deconstrucción, porque suelen estar en muchos
casos atravesados por sesgos androcéntricos y sexistas. Sobre este trabajo deconstructivo, generan aportes alternativos
que refinan o modifican los conocimientos existentes
Clepios: Respecto del autor que mencionaba antes, que
toma como unidad las relaciones de género, ¿este análisis de las relaciones de género superaría o trascendería el
binarismo sexual?
I.M: Si, teóricamente debiera ser así porque en este momento,
además de que la teoría esta desimplicándose de las representaciones oficiales de género; vamos entendiendo que cada
uno de nosotros está constituido por diversas corrientes psíquicas, donde puede haber una organización preconsciente
hegemónica a predominio femenino o masculino, pero la personalidad de todos los sujetos a nivel del inconsciente no está
organizada sobre la base de un binarismo genérico. Además,
el mismo binarismo genérico cultural está siendo deconstruido
en este momento. Se produce un proceso que se ha llamado
“desgenerizacion” que tiene que ver con la similitud de circunstancias existenciales que tenemos mujeres y varones, por lo
menos en los sectores urbanos desarrollados., Al tener vidas
cada vez más semejantes, en cuanto a que ambos compartimos espacios en la familia y en el trabajo, los rasgos de carácter de mujeres y varones ya no están tan polarizados como
se observaba en otra época. Compartimos rasgos de carácter
que no se distribuyen prolijamente según el género, porque las
vidas se asemejan, los ámbitos sociales por los que circulamos
son semejantes. En consecuencia, se produce un cambio en
los modelos teóricos, y también en el modo en que las subjetividades contemporáneas se constituyen.
Clepios: Entonces, ¿podríamos decir que el transexualismo podría quedar por fuera de la psicopatologizacion?
¿Cómo entender esto que usted mencionaba como la
“asignación de género extraoficial”, a nivel inconsciente?
I.M: Es una manera no muy rigurosa aunque gráfica de expre-
CLEPIOS 79
reportaje
sarme. Yo creo que el término psicopatologizacion lleva implícita alguna connotación de transgresión moral y de sanción,
como si alguien que hace algo loco o tiene aspecto loco, también debe ser malvado. En ese sentido es que no se acepta
la psicopatologizacion. Al mismo tiempo, esta postura busca
evitar que la perspectiva de un sector social, por ejemplo la
perspectiva normalizada de los sectores medios urbanos, estigmatice las subjetividades que son diferentes. Sin embargo,
el respeto por la diversidad no debe obturar la posibilidad de
análisis de las formas subjetivas que observamos. Esta es mi
postura. No quisiera que la corrección política obturara la indagación psicológica. Creo que ese sentido todos somos psicopatológicos, no es que nadie lo sea, simplemente tenemos
distintos formas de trastornos o de locuras, y en cada caso
corresponde preguntarse cómo y por qué. No hay solamente
Estudios de Género sobre masculinidad y femeneidad, sino
que existe un campo muy amplio de Estudios Queer, que están desarrollados por los “raros”, o sea los gays, lesbianas,
bisexuales, transexuales, intersexuales, etc. Tienen aportes
muy interesantes, y podríamos decir que son estudios emparentados con los estudios de género; si bien no se superponen,
existe un parentesco. Algunas reflexiones desafiantes buscan
un efecto cuestionador de lo establecido, tales como plantear
“¿por qué se preguntan por qué nosotros somos homosexuales?, pregúntense ¿por qué ustedes son heterosexuales?”. A
mí me parece muy bien, hay que preguntar todo. Por lo tanto, si todos somos psicopatológicos, la investigación sobre el
tema ya pierde el aspecto de sanción a la desviación, y en
cambio produce una apertura a la pregunta.
una niña de 2 años que decida vestirse de varón? Claramente
era travestida por la abuela.
Entonces acá, si podemos hablar de alguna locura, es la de
la abuela que no toleró esta realidad. Digamos que, para ella,
en sus términos, la deshonra de la hija y la muerte de su bebé
se resolvieron a través de transexualizar a esta criatura transformándola en lo que según sus criterios hubiera debido ser
- el bebé que hubiera debido vivir, el hijo legítimo varón-. Por
lo tanto, yo no estaba ante una persona psicótica en lo más
mínimo, era una persona razonable, sensata, que además se
analizaba y venía a consultarme para ver si yo podía aportar algo que ayudara a dinamizar su análisis. ¿A ustedes les
parece que ésta es una pregunta de un psicótico? Alguien
que indaga acerca de “¿Por qué soy como soy? Y a ver si
vos me podes ayudar aportándome algo que después yo pueda trabajar en mi análisis”. A mí me parece que ésta es una
pregunta de una persona razonable que desea entender su
existencia, y de ningún modo la pregunta de una persona que
está psicótica. De modo que desde ya que el transexualismo queda desimplicado de la psicosis, lo cual no quiere decir
que no pueda haber transexuales psicóticos, así como hay
personas heterosexuales psicóticas. A lo que voy es que la
orientación del deseo erótico y la constitución de la identidad
no se correlacionan estructuralmente con cuadros psicopatológicos, por lo menos a esta conclusión he podido llegar.
Clepios: Y específicamente desde el Psicoanálisis, ¿se
podría pensar el transexualismo por fuera de la Psicosis?
I.M: Sí, banalizada también.
I.M: Absolutamente. Si ustedes leen la obra de Raewyn Connell, que es el nombre que ahora ha adoptado, van a observar
que es una persona que no es psicótica en absoluto. Nosotros tenemos poca experiencia como analistas con pacientes
transexuales porque en general no nos consultan, buscan
terapeutas que sean también del área Queer, si es que buscan terapia. Pero yo he tenido una consulta, que me motivó a
escribir un artículo sobre transexualismo, de un transexual de
mujer a varón en Costa Rica, una persona que de psicótica
no tenía nada. En este caso existía una constelación familiar
muy especial, era una niña nacida en una familia campesina,
de una madre adolescente soltera, que fue inscripta como hija
de la abuela, como solía hacerse en muchos casos para ocultar el “deshonor” del nacimiento ilegitimo. Pero ocurrió que la
abuela, embarazó dos meses después que su hija adolescente, dando a luz entonces, dos meses después que esta niña,
a un varón que murió en el parto. Esta abuela en duelo por
su hijo varón -único hijo varón que había logrado tener- crió
a esta niña ya que la madre iba a trabajar para aportar dinero
a la casa, y la transexualizó, la empezó a travestir. Ella no tenía registro de eso... en realidad corresponde decir él, porque
la identidad era masculina. Él contaba que a eso de los dos
años empezó a vestirse de varón. ¿Y donde vieron un niño o
Clepios: Bueno, ahora lo tenemos en el texto escrito de la
Ley de Salud Mental, también en la Ley de Género. Hoy la
palabra “género” está muy mediatizada.
Clepios: ¿Cómo lee los últimos sucesos mediáticos? Porque desde hace mucho tiempo uno escucha acerca de
violencias hacia la mujer. Sin embargo, ahora se ha convertido homogeneizándolo como “violencia de género” y
también la masiva marcha de “Ni una menos” que también a muchos sorprendió, como una convocatoria muy
importante. Sobre esto, ¿cuál es la lectura que tiene de la
actualidad del tema?
I.M: Bueno, me parece que es el correlato de la tendencia
cultural hacia la paridad. En el mundo islámico creo que todavía está naturalizado el castigo físico del marido a la mujer,
no tengo la referencia exacta pero tengo entendido que hay
indicaciones por ejemplo sobre la varilla con que un marido
puede pegarle a la mujer, no sea que la mate. Con lo cual
hay sociedades autoritarias, fuertemente estratificadas, donde en la cultura está normalizado el dominio masculino, y en
ese contexto está normalizada la violencia contra las mujeres
como una forma de control y establecimiento de la autoridad.
Lo que ha sucedido en Occidente fue que a medida que las
mujeres fuimos ganando los derechos civiles y políticos, se
fue percibiendo como más inaceptable el recurso a la violencia
como modo de establecer jerarquías en el interior de la familia y en la cultura. Ustedes piensen, por ejemplo, que cuando
CLEPIOS 80
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yo nací, era una persona sin derecho a votar y por supuesto
fui castigada físicamente, durante mi infancia. Eran prácticas
pedagógicas relativamente normalizadas, de modo que ha
habido una transformación cultural en unas cuantas décadas.
Lo que ocurre es que, lo que antes era cotidiano y naturalizado ahora es insoportable, simplemente porque ha cambiado
la percepción del contexto. La pregunta acerca de si existen
más casos de violencia contra las mujeres, o no, es imposible
de responder porque no hay estudios sistemáticos, porque el
objeto de estudio ha sido creado hace unas décadas. Entonces no existen estudios anteriores como para poder contestar
esta pregunta. Por lo que la pregunta acerca de si es que
ahora se hace visible e inadmisible o si ahora se hizo más
frecuente y más importante, es imposible de contestar. Creo
que puede haber, tal vez, una reacción ante la drástica transformación cultural que se ha producido en las relaciones de
género y que ésto genere un tipo de violencia reactiva; si es
o menor, no lo sé. La masculinidad tradicional era violenta
por un exceso de poder, y la masculinidad contemporánea
es violenta porque está perdiendo ese poder. Esto me parece
verosímil. En términos cuantitativos no se puede contestar,
pero lo notable es que hay una movilización popular contra
el monstruo que hemos creado, que se llama “Masculinidad
Cultural”. Porque ¿qué es la masculinidad cultural? Consiste
en la transformación de niños temerosos y apegados a sus
mamás, en guerreros crueles y feroces, y ha sido una obra
colectiva de muchos grupos humanos, que continúa de algún modo -de una forma atenuada por supuesto- , la cultura
urbana vigente en Occidente. De hecho el servicio militar, durante una época, fue una escuela de guerreros y torturadores,
donde se aprendía a matar sobre la base de ser torturado. La
formación militar en la marina norteamericana por ejemplo,
es una formación súper atormentadora para lograr sobrevivir
a condiciones bélicas extremas Hemos transformado a nuestros varones en máquinas de guerra, ya sean guerreros militarizados o ejecutivos de empresas multinacionales. El imperativo de hacer la guerra con las armas y con el cuerpo, o con
las finanzas y las decisiones económicas, se vuelve a veces
en contra de sus creadores. Al estilo de un sistema inmunitario desorientado, atacan a los propios, esos varones educados para confrontar, atacan a sus propias mujeres o atacan a
sus niños. En términos generales, estamos en un período de
deslegitimación de la violencia, porque también las mujeres
podemos ser las violentas, de hecho lo somos muchas veces con los niños y con los ancianos. Se observa un proceso
cultural de deslegitimación de la violencia que ojalá produzca
un cambio cultural que la haga cada vez más inaceptable. Se
verá con el tiempo.
Clepios: Y quizás un poco más lejos de la violencia… ¿Qué
lectura tiene respecto de las familias homoparentales o
nuevas configuraciones familiares que pueden incluir quizás los mismos géneros?
I.M: Creo que en alguna forma minoritaria ha existido siempre,
lo que ocurre es que ahora reclaman una validación legal. Y
me parece que es razonable, en el sentido de que reclaman
dignidad e incorporación a las instituciones que rigen la sociedad, tales como las instituciones de salud. Poder tener una
cobertura de salud, o instituciones tales como el derecho a
la herencia, el beneficio de una pensión. En ese sentido me
parece un derecho legítimo y en realidad, sólo cuando se lo
logra, uno entiende los años de inequidad que han soportado
del mismo sexo y el peso enorme de la marginalización que
soportaron y aún soportan.
Clepios: ¿Se necesitaría quizás una reformulación del corpus psicoanalítico para pensar esto?
I.M: Por supuesto, es decir, es muy importante revisar los conceptos de función materna y función paterna. Por ejemplo, no
abrocharlos a los géneros, sino hablar de funciones ligadas a
la contención, la narcisización, el espejamiento del infante, y
otras funciones más ligadas a la implantación de un sentido
de realidad y la limitación de la impulsividad, que tienen que
ser ejercidas por ambos padres. Y de hecho lo son, a veces de
formas no convencionales porque hay madres que tienen más
vocación para establecer límites y padres que son más concesivos, aunque la tendencia hegemónica todavía consiste en
que las mujeres seamos más concesivas, y los varones más
limitantes y hostiles. Pero no es universal eso, hay familias
que funcionan muy bien con madres más severas y padres
más concesivos; entonces creo que el asunto no pasa por la
homoparentalidad, y creo que efectivamente el corpus teórico
tiene que ser reformulado y venimos haciendo un trabajo continuo para ello.
Clepios: Hace unos minutos charlamos sobre cómo van
cambiando las concepciones y las políticas que se van generando en la sociedad; reflejo de esto pueden ser la Ley
de Identidad de Género y la Ley del Matrimonio Igualitario.
Queríamos saber qué opinión tenés de los procesos que
se van dando en la Argentina con estas políticas.
I.M: Considero que los cambios institucionales, además de
ser cambios socialmente positivos, construyen subjetividad
y salud mental. En la medida en que la forma particular de
ser de determinados sujetos -ya sea en cuanto a su identidad, o en cuanto a su deseo erótico- no sea sancionada ni
discriminada, nos liberamos de algunos factores patógenos
excedentes. Patologías habrá siempre, supongo, pero por lo
menos no serán patologías socialmente inducidas por la discriminación. De modo que para los que somos operadores
en el campo de la Salud Mental, son buenas noticias. Por supuesto que puede haber personas homosexuales, bisexuales, transexuales que tengan trastornos psicopatológicos,
pero no serán generados por la discriminación y el repudio
del entorno. Esto ya constituye una ganancia, además de
que implica una ganancia en cuanto a Derechos Ciudadanos
y Derechos Humanos.
Clepios: Muchas gracias.
CLEPIOS 81
YO ESTUVe EN...
Yo estuve en
Barcelona, España
Fotos/ Florencia Molho
Clepios, revista de profesionales en formación
en82salud mental 2014 - Volúmen XX - Nº 2: 82-87
CLEPIOS
>
Florencia Molho
Psicóloga. Residente de Tercer año en Salud Mental. Hospital de Niños
Dr. Ricardo Gutiérrez. Período 2014-1015 / [email protected]
Mariel Levinas
Médica. Residente de Tercer año en Salud Mental. Hospital de Niños
Dr. Ricardo Gutiérrez. Período 2014-1015 / [email protected]
Paloma Valente
Psicóloga. Residente de Tercer año en Salud Mental. Hospital de Niños
Dr. Ricardo Gutiérrez. Período 2014-1015 / [email protected]
RESUMEN :: El presente artículo procura dar cuenta de la experiencia clínica, institucional y comunitaria en el Centro Integral de Servicios en Salud Mental Comunitaria (C.I.S) y en la Asociación para la Rehabilitación y Adaptación de Personas
Disminuidas en la capacidad de Integración Sociolaboral (ARAPDIS) de la Ciudad
de Barcelona, España, en el marco de nuestra rotación por Atención Primaria de la
Salud. Se realizará una descripción de las instituciones de inserción, sus dispositivos
y prácticas, tomando como referencia el contexto socio-histórico e institucional en
función de la demanda asistencial requerida por la comunidad. Por último, se describirá en profundidad una de nuestras propuestas de trabajo llevadas a cabo en el
marco de un dispositivo grupal en articulación con la comunidad.
PALABRAS CLAVE:: Salud Mental – Comunitario - Rehabilitación – Socio-laboral
I WAS IN… Barcelona, España
ABSTRACT :: This article attempts to explain the clinical, institutional and community
experience in the Integral Center for Mental Health Services (CIS) and the Association for Rehabilitation and Adaptation of Handicapped Persons in the capacity of
Labour Integration (ARAPDIS) of the city of Barcelona, Spain, as part of our rotation
in Primary Health Care.. A description of the insertion institutions, its devices and
practices, will be made in reference to the socio-historical and institutional context on
the demand for care required by the community.
Finally, we will describe in depth one of our work proposals carried out on a group
device in articulation with the community.
Key Words: Mental Health - Community - Rehabilitation - Socio-labour
Crónicas de una Rotación: Una experiencia transatlántica
Intentaremos mediante la escritura capitalizar y trasmitir una vivencia: la experiencia
de rotación en Atención Primaria de la Salud en dos Centros de Salud Mental Comunitaria, ubicados en la ciudad de Barcelona, España.
Habernos incluido en otro sistema de salud propició el intercambio de miradas, historias, culturas. La elección de dicha rotación tuvo que ver con la posibilidad de
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conocer y sumergirnos dentro de un Sistema de Salud en un
país donde la reforma psiquiátrica había sido consumada, lo
cual implicaría el contacto con modalidades de abordaje y
tratamiento de las patologías mentales, con características
diferentes a las conocidas. Asimismo, nos resultó cautivante
la oportunidad de conocer dispositivos en los que predomina
una fuerte impronta del trabajo grupal y en articulación con la
comunidad. Creemos que nos podría brindar otra articulación
para pensar intervenciones en el campo de la salud.
Iniciaremos el recorrido de este escrito con una descripción de
las características del Sistema de Salud en Cataluña relativos
al proceso de Reforma. Luego, realizaremos una presentación
de las instituciones de inserción, para finalmente, anclar en
una parte de nuestra rotación que implicó el armado y puesta
en marcha de un taller articulado con una fiesta barrial.
modificar algunas instalaciones y diferencian sus unidades en
agudos, subagudos y media y larga estancia.
Finalmente, y tras varios intentos reformistas, el cambio en las
modalidades de atención logra consolidarse en 1985, a través
del documento para la Reforma de la Asistencia Psiquiátrica y,
posteriormente, la Ley General de Sanidad1.
En resumen, podríamos decir que el proceso de Reforma en la
Atención de Salud Mental en Cataluña parte desde un modelo
de atención asilar, sin posibilidades de rehabilitación activa ni
de reinserción en la comunidad redoblando la exclusión y logra arribar a la conformación de un nuevo paradigma que pretende una atención en Salud Mental inserta en la comunidad,
procurando sostener y tratar al enfermo en redes de recursos
sanitarios y socio-comunitarios interconectados.
Organización actual del Sistema de Salud
Mental de Cataluña
Salud Mental en Cataluña:
El proceso de Reforma
Cataluña ha sido una comunidad pionera en el intento de reforma en materia de Salud Mental. Los primeros intentos de modificaciones en el Sistema de Salud fueron previos a la Guerra
Civil Española, quedando interrumpidos por ésta. Posteriormente, a mediados de la década del ‘60 se retoma el impulso
reformista, intentando reducir las internaciones hospitalarias
y promoviendo un modelo de asistencia en la comunidad. En
este primer momento, la reforma en la atención se produce
en las prácticas intra-muros de los hospitales psiquiátricos en
distintas regiones.
A mediados de la década de los 70’, se impulsan distintos
proyectos con los mismos fundamentos, entre los cuales se
destaca la creación de los primeros Centros de Higiene Mental, pioneros de la reforma. Estos centros presentan carácter
comunitario y preventivo, otorgan gran peso a lo psicoterapéutico y se destacan por intentar realizar su labor en la propia
comunidad. Con esta misma intención, algunos hospitales
psiquiátricos abren centros comunitarios en diferentes zonas;
se trata de pequeños equipos formados por un psiquiatra y
un asistente social. De igual manera, en distintas zonas de
Cataluña se continúan reformando prácticas desde los propios
servicios hospitalarios.
A comienzos de los ’80, se conforma el mapa sanitario, dando lugar a la creación de los primeros Centros de Atención
Primaria en Salud Mental (CAPS), que nacen con la idea de
ser el eslabón primario de atención para la Salud Mental. Se
crea un plan de reordenamiento hospitalario y comienzan a
funcionar los primeros hospitales de día y comunidades terapéuticas basados en el paradigma de psiquiatría comunitaria.
Paulatinamente se van abriendo nuevos centros especializados: atención infanto-juvenil, atención para drogodependencias. Paralelamente, los hospitales psiquiátricos comienzan a
La atención en Salud Mental en Cataluña constituye un subsistema dentro del Sistema Sanitario Catalán. Este modelo se
encuentra constituido bajo la estrategia de Atención Primaria
de la Salud, ordenando a los diferentes recursos y servicios
alrededor de tres niveles:
• La atención especializada ambulatoria de apoyo a la Atención Primaria de la Salud (Centros de Salud Mental).
• La atención hospitalaria.
• La rehabilitación psiquiátrica comunitaria (centros de día y
centros de inserción laboral).
Dentro de esta estructura general, la Ciudad de Barcelona organiza sus recursos en los llamados Circuitos de Salud Mental, diferenciados en los destinados a la atención de usuarios
adultos y los infanto-juveniles (CSMA y CSMIJ), distribuidos a
su vez en un mapa según zonas. Cada efector participa de dos
reuniones mensuales: una con los efectores que componen
el barrio y otra con los efectores interbarriales que conforman
este Circuito de Salud. Dichas reuniones tienen la finalidad de
discutir casos que presentan mayor complejidad u obstáculos
para articular estrategias en red y realizar un seguimiento integral del usuario en cuestión.
Instituciones de Inserción:
Un primer acercamiento
Llevamos a cabo nuestra rotación por APS entre Junio y Agosto de 2014. La misma tuvo lugar en dos instituciones diferentes: el Centro Integral de Servicios en Salud Mental Comunitaria (CIS) y la Asociación para la Rehabilitación y Adaptación
de Personas Disminuidas en la capacidad de Integración So-
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ciolaboral (ARAPDIS). Cada una de ellas destinada a brindar
atención a usuarios que se encuentran atravesando distintos
momentos de la enfermedad, por lo cual cuentan con estructuras, dispositivos y profesionales diferentes. Sin embargo,
ambas instituciones sostienen el mismo espíritu: facilitar la reinserción comunitaria de las personas que padecen patología
mental, promoviendo su autonomía2 en función de las capacidades con las que cada usuario cuenta.
Estos dispositivos de atención se encuentran ubicados íntegramente en el barrio de Gracia, en la parte superior de Barcelona. La elección de esta zona de la ciudad no resultó casual,
sino que fue pensada como un área alejada de la parte céntrica de Barcelona, pero accesible a ésta, lo cual permitía que los
usuarios tuviesen mayor posibilidad de circulación por el barrio
de manera autónoma, pudiendo movilizarse hacia el centro en
caso de desearlo. A su vez, que los recursos de la institución
estuviesen centralizados en la misma zona, permitió un fuerte
trabajo con la comunidad del lugar, enlazando tanto a la institución como a los usuarios en el seno de la misma.
Nuestra rotación comenzó en el C.I.S, el cual cuenta con: comunidad terapéutica urbana; unidad de subagudos, corta y
mediana instancia; hospital de día, noche y fin de semana;
asistencia a urgencia las 24 hs; intervención en crisis; interconsulta a otros centros y consultorios externos.
El CIS cuenta con un modelo de comprensión bio-psico-social
y de intervención comunitaria. Destina su atención fundamentalmente a pacientes adultos, con distintas patologías psiquiátricas que atraviesan situaciones de crisis, donde se precisa
una intervención hacia una estabilización o retorno comunitario. Está orientado en especial a usuarios en situación clínica
de subagudos para cortas o medias estancias para alcanzar
un abordaje integral mediante “Programas Individualizados en
cada Momento Evolutivo del usuario”. El principal objetivo del
trabajo es “el retorno, lo antes posible, del usuario al medio
natural de origen (familia, trabajo, etc.)” (“ARAPDIS”, 2014).
En cuanto a nuestra inserción allí, nos encontramos con lo novedoso de una institución y comunidad diferente, con pacientes adultos graves y distintas modalidades de atención y tratamiento a lo que veníamos acostumbradas; es decir que lo nuevo parecía ser denominador común de esta experiencia. No
obstante, los dispositivos que recorrimos, apoyados también
en otros símbolos que se nos hacían familiares al momento
de pensar las prácticas (tales como el uso del guardapolvo),
nos producían la ilusión de que lo desarrollado era conocido.
Además de presenciar consultas psicológicas y psiquiátricas
con los profesionales, nos incluimos fundamentalmente en los
llamados “Grupos Terapéuticos”, donde empezamos a involucrarnos un tipo de abordaje, diferente al conocido: actividades
grupales dirigidas a pacientes internados y de hospital de día.
Fue recién con la inclusión en la segunda institución -en la
que elegimos anclar y relatar nuestro recorrido-, que algo de
lo novedoso e innovador tuvo un impacto diferente en nuestra
formación profesional y personal. La propuesta de esta inserción implicó otras coordenadas a nuestro recorrido asistencial.
Una segunda inclusión:
Las residencias y su lazo con la comunidad
ARAPDIS es una entidad social sin fines de lucro, prestadora
del sistema público de salud, que funciona desde 1989. Su
finalidad es:
“Crear y mantener equipamientos asistenciales en la comunidad para favorecer la rehabilitación y reinserción de personas afectadas por algún tipo de limitación en su integración
sociolaboral, especialmente personas con enfermedad mental
crónica o con otros trastornos mentales severos” (“ARAPDIS”,
2014)3.
Respecto a su creación, pudimos reconstruir que el surgimiento de ARAPDIS es posterior a la reforma psiquiátrica y
aparece como un intento de dar respuesta al problema de la
reinserción sociolaboral frente a usuarios que se encontraban
en condiciones de alta de una internación psiquiátrica, pero
enfrentaban sumas dificultades para acceder a un lugar de vivienda o un trabajo normalizado.
La población destinataria de las acciones involucra usuarios
adultos, de ambos sexos, que viven o estén alojados en el
barrio de Gracia. El trabajo se realiza con ellos, sus familias
o red social que tengan los usuarios, orientando a los mismos
en promoción de la salud y se los acompaña en diferentes actividades en la comunidad tendiendo al desarrollo de experiencias de revinculación y resocialización. La institución persigue
el siguiente espíritu: “Seguimos sin hablar de “curar” sino de
“readaptar o capacitar” de nuevo para poder facilitar su integración en las mejores condiciones en el puesto donde pertenecen, donde siempre han estado y donde han de seguir”.
(“ARAPDIS”, 2014)
El organigrama de ARAPDIS se encuentra dividido en tres
grandes áreas: 1) Subárea de Convivencia: son espacios
de convivencia temporal. Está constituida por tres residencias
las cuales cuentan con estructura y asistencia diferenciada en
función del nivel de autonomía de los usuarios (hogares-residencia; pre-pisos y 9 pisos asistidos); 2) Subárea Socio-Cultural: aspira a conseguir la verdadera integración comunitaria
mediante actividades de tipo cultural o socio-recreativo. Club
Social, Ateneu Cultural, Centro de Documentación, Docencia
e Investigación y Recursos Comunitarios; 3) Subárea de Rehabilitación y e Integración Laboral: Servicio Pre-Laboral y
uno para la Rehabilitación comunitaria (Centro de Día). Este
centro consta de actividades en modalidad de talleres grupales programados previamente en función de un Programa
Individualizado de Rehabilitación (PIR). Están diferenciados
en seis niveles progresivos de autonomía, desde el más básico de rehabilitación, adquisición de hábitos pre-laborales y
de ajustamiento psicosocial en el Centro de Día, buscando el
objetivo último que será la integración en un puesto de Trabajo
Normalizado en la Empresa Ordinaria.
CLEPIOS 85
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Por otra parte, ARAPDIS cuenta con diversos recursos de inserción laboral: un comedor dirigido a los usuarios4 sostenido
nos interesaba escuchar respecto a lo que viven cada Agosto
por éstos, un taller de encuadernación, un taller de restauración de muebles, un taller de mantenimiento y reparación, una
librería, lavanderías industriales, una huerta y un restaurante. Además, trabaja en convenio con el Estado para brindar
espacios de trabajo protegidos a los usuarios, entre ellos se
encuentra el proyecto de jardinería en el Park Güell y la Sagrada Familia.
sus intereses y habilidades. Ambos grupos diseñaron sus bal-
en el barrio, las tradiciones y costumbres y a su vez conocer
cones en un modelo que reflejaba lo conversado en conjunto,
sirviendo de guía durante todo el proceso de trabajo.
El clima de trabajo era muy creativo, los usuarios acercaban
propuestas espontáneamente: uno de ellos sugirió hacer un
pedido de materiales a los vecinos del barrio, por lo cual realizamos carteles para pegar en las entradas, como también
dentro de las residencias. De esta manera, también podrían
estar incluidos aquellos que no querían participar. Finalmente,
el proyecto se concretó al realizar la inscripción, quedando
Un proyecto compartido:
“Los Talleres”
así el nombre de las residencias y su dirección publicadas
en un programa de las fiestas donde se armaba el circuito de
recorrido que los visitantes podrían transitar para observar los
Luego del primer mes de recorrido por ambas instituciones, y
más familiarizadas con los dispositivos y modalidades de trabajo, se nos propuso llevar a cabo un proyecto durante los
meses de verano, el cual consistiría en la coordinación y organización de espacios grupales pensados en conjunto con los
usuarios de las Residencias. Consideramos que se trataba de
una propuesta sumamente interesante, por lo cual trabajamos
en pos de pensar posibles abordajes para producir un espacio
de interacción con los usuarios. Paralelamente, nos enteramos por los profesionales la existencia de la llamada “Fiesta
mayor de Gracia” a realizarse en el barrio en el mes de Agosto,
evento en el cual una de las residencias había participado antiguamente con entusiasmo.
Posteriormente, nos acercamos a las residencias con el objetivo de escuchar sus versiones acerca de dicha festividad,
cómo se habían involucrado y qué importancia tenía para
ellos. Nos comentaron que la fiesta en cuestión trata de una
histórica tradición barrial que consiste en la decoración de las
principales calles del barrio cada una en torno a una temática.
En esta celebración tiene lugar el “concurso de los balcones”,
donde son premiados los 5 mejor decorados, hay bandas, talleres creativos y de arte, films, incluyendo también los famosos castelleres5, en el marco de una auténtica fiesta barrial.
En tal sentido, comenzamos a considerar que un espacio a
compartir grupalmente podría estar vinculado a esta celebración. Nos interesó especialmente por tratarse de una fiesta barrial, lo cual implicaba un fuerte lazo comunitario. Propusimos
entonces un “taller”, un espacio de interacción entre nosotras y
los usuarios, con la finalidad de motivarlos y acompañarlos en
el armado y decoración de los balcones y participar así en el
concurso. Como beneficio secundario de dicho formato grupal
podría producirse un vínculo colaborativo entre los usuarios
inter e intra residencias.
Comenzamos la experiencia considerando necesario transitar
un tiempo de apropiación del proyecto tanto de nuestro lado
como también del lado de los usuarios, teniendo en cuenta que
el objetivo de decorar sus balcones era algo que los podría entusiasmar. Trabajamos sus vivencias de la fiesta y del concurso,
trabajos realizados en las viviendas.
Como coordinadoras del taller nuestra participación fue variando. Durante los primeros encuentros, adoptamos una
posición de intermediarias entre la institución, el concurso y
los usuarios y la interacción propia del taller. Suponíamos que
nuestra función era ayudar, colaborar e intentar organizar el
trabajo que realizarían los usuarios, asumiendo que ayudarlos
a distribuir tareas iba a ser garantía de que las mismas se
materializaran.
En este contexto, la continuidad de los encuentros comenzó a
mostrarnos la necesidad de profundizar, en la importancia de
las relaciones originadas entre los usuarios y en consecuencia, los efectos producidos a partir de ellas.
Creemos importante destacar que fue necesario dar lugar a los
sentimientos de cada miembro en torno al espacio, sus responsabilidades con las tareas y en la colaboración que se daba
entre ellos para que el proyecto en común pueda avanzar.
En un segundo momento, y frente a las dificultades de ir concretando las tareas que delineábamos con los usuarios, nos
vimos tentadas de realizarlas nosotras mismas… nos encontrábamos cursando un episodio de “compensación maníaca
de los talleres” atravesadas por el estilo Pinterest.
Después de varias charlas y supervisiones con los coordinadores de ARAPDIS, logramos arribar a lo que denominamos
“tercer tiempo de nuestra posición”: Crear un proyecto en el
que todos fuésemos parte, aportando lo que cada uno de
nosotros podía y quería hacer. A partir de este movimiento
pudimos comenzar a escuchar de otra manera lo que los
usuarios requerían y sugerían. Contábamos con su opinión
para cada cosa que accionábamos, teniendo siempre en el
horizonte que iba a quedar finalmente lo que ellos podrían
y querían hacer. Comenzamos a tener un contacto más cercano y cotidiano en donde predominaba un disfrute mutuo,
por lo cual empezamos a pensar el efecto de la continuidad
de los encuentros y del proceso en constante cambio. Nos
recibían cada vez de un modo muy cálido y ameno. Esta sensación de alegría compartida por la tarea fue el marco donde
se materializaron los diseños, y finalmente se montaron con
CLEPIOS 86
>
disfrute, las distintas decoraciones hechas para los balcones
de las residencias. Solo quedaba entonces, recorrer las calles
de Gracia disfrutando de las decoraciones y señalando aquellos balcones de los que nosotras también habíamos formado
parte.
Notas Finales:
Un tiempo después
Creemos sin dudas que esta experiencia de rotación lleva un
sello distintivo en nuestro tránsito por la residencia. Que una
experiencia te permita pensar, preguntarte y volver una y otra
vez, es un modo de dejarse tomar por la misma, por sus efectos, por su enseñanza. La dimensión del relato o del escrito a
posteriori, también conforma la experiencia y funciona a veces
como modo de transmisión no sólo para otros sino para aquel
que fue protagonista. NOTAS
1- España, Ley General de Sanidad. Ley N° 14/1986
2- Al principio de la rotación, nos resultó llamativo
que los usuarios pudieran manejarse libremente por
el barrio, aun encontrándose en situación de internación. Incluso en situaciones donde por motivos de su
enfermedad o por encontrarse en un momento agudo
de la misma, no podían manejarse solos, siempre
podían salir de la institución acompañados por algún
familiar, monitor u otro usuario con mayor autonomía.
Esta decisión era reevaluada en las reuniones semanales de equipo.
3- El recurso se destina a personas afectadas de
Trastarno Mental Severo, de larga evolución, autónomas y estabilizadas psicopatológicamente, que
no requieran atención sanitaria continuada. Aunque
inicialmente no se concibe como lugar de tratamiento,
el objetivo general de las «Residencias» es favorecer
y posibilitar la adquisición o recuperación del conjunto
de habilidades y competencias necesarias para fun-
La distancia entre la experiencia y la escritura de este artículo también nos permitió continuar escribiendo y construyendo
distintas versiones de aquella historia de la que fuimos protagonistas, facilitando entender otras claves del contexto sociohistórico e institucional de nuestros lugares de rotación.
El tránsito por nuestra rotación de Atención Primaria de la Salud nos brindó además otra sorpresa: Era posible ser Profesional de la Salud Mental trabajando con pacientes con Trastornos Mentales Severos y aun así realizar actividades centradas
en la Salud. Descubríamos entonces otro aspecto o faceta de
nuestra profesión, acompasado además por la potencia que
produce sostener un espacio grupal donde pueda arribarse a
un producto común sin dejar de considerar la singularidad de
cada uno de los miembros que participan de la experiencia.
Encuentro tras encuentro, compartíamos impresiones, sensaciones, preguntas, estrategias posibles, las cuales se hacían
presentes para poder pensar en conjunto cómo configurar los
espacios del taller: Locales o extranjeros, nos implicamos en
un intercambio genuino, construyendo en conjunto una experiencia.
cionar en la comunidad en las mejores condiciones
de normalidad y calidad de vida, ofreciendo el seguimiento, apoyo y soporte social que cada persona
precise.
4- En función de las particularidades de cada uno y
de la situación fundamentalmente familiar, se decide
cuántas veces por semana asisten a comer allí.
5- Un casteller es una torre humana de varios pisos
de altura. A partir de los años ochenta, están estrechamente vinculados a las fiestas populares.
Referencias Bibliográficas
1- ARAPDIS (s.f.). Recuperado el 13 de enero de
2015, de http://www.arapdis.org/
2- Boletín oficial español, BOE-A-1986-10499 (1986,
29-04). Ley General de Sanidad. Recuperado el 13
de enero de 2015 http://www.boe.es/diario_boe/txt.
php?id=BOE-A-1986-10499
3- Capellá Batista-Alentorn, A. (2001. Jul-Sep). La
reforma en Salud Mental en Cataluña: el modelo
CLEPIOS 87
catalán. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 79. Recuperado el 13 de enero de
2015, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S021157352001000300009&script=sci_arttext
4- Departamento de Salud, Dirección General de Planificación y Evaluación. (2006). Plan director de salud
mental y adicciones de Cataluña. Recuperado el 13
de enero de 2015 http://ec.europa.eu/health/ph_determinants/life_style/mental/docs/ms_rgspain_es.pdf
5- Desviat, M. (2011. Sep-Oct). La reforma psiquiátrica 25 años después de la Ley General de Sanidad. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 85,5. Recuperado el 13 de enero de
2015, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S113557272011000500002&script=sci_arttext
6- Ministerio de Sanidad y Consumo. (2006). Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud.
Recuperado el 13 de enero de 2015, de http://www.
msssi.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/
excelencia/salud_mental/ESTRATEGIA_SALUDMENTAL_SNS_PAG_WEB.pdf
Memorias para
el futuro
Retrocediendo casilleros:
El desmantelamiento de las residencias de
Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires
La redacción
Foto/ Cecilia Scarnichia
¿No es extraño que tantos jóvenes reclamen una «motivación», que exijan cursillos y formación
permanente? Son ellos quienes tienen que descubrir para qué les servirán tales cosas, como
sus antepasados descubrieron, penosamente, la finalidad de las disciplinas.
Gilles Deleuze
Tratar de darle una continuidad a algo que tiene un elenco transitorio y que todos los años se renueva se vuelve de algún
modo posible a partir de los testimonios de quienes han transitado por dicho elenco. Es lo que intentamos con memorias
para el futuro. En esta ocasión, el sistema de residencias y
concurrencias de Salud Mental de CABA es el que se ve interpelado.
Las Residencias constituyen “un sistema remunerado de capacitación de posgrado a tiempo completo, con actividad asistencial programada y supervisada” (1). Por tal motivo, dependen de la Dirección General de Docencia e Investigación, más
específicamente de la Dirección de Docencia y Capacitación, y
no sólo del área de referencia de cada especialidad o disciplina, tal como lo define la Ordenanza 40997/86 (la cual luego de
la declaración de autonomía pasó a tener estatuto de ley, por
lo que cualquier cambio la debe establecer la Legislatura, tal
como ocurre con la Ley n°601 que realiza algunas modificaciones a dicha ordenanza). Esta es la autoridad competente para
garantizar que los procesos educativos respeten lineamientos
específicos y de calidad.
Respecto de la nominación “Salud Mental”, ésta tiene su inicio -junto a un campo de prácticas- en 1957 cuando se crea
el Instituto Nacional de Salud Mental (INSM). Uno de sus
miembros toma a cargo una sala de internados en el hospicio de hombres, hoy Hospital Borda, con el proyecto de formar allí una “Residencia de Becarios del Instituto Nacional de
Salud Mental” tomando como modelo el de las residencias de
Norteamérica que proponían una formación teórico/práctica
muy intensa en el hospital. Así aparecen las residencias como
“curso de becario rentado” en 1958.
Por más de cinco décadas este sistema forma profesionales de la salud corroborando que la formación en servicio ha
sido y sigue siendo el método de capacitación por excelencia.
Ninguna otra institución de posgrado ha demostrado tener alguna ventaja sobre la residencia.
Con el paso del tiempo, este sistema crece en número e importancia y se desarrolla en los hospitales generales. Los
psicólogos se incorporan en su mayoría hacia fines de 1980;
años más tarde, se suman trabajadores sociales, sólo en algunas sedes. Hasta 1994, la formación disciplinar en área metropolitana se lleva a cabo en forma aislada (2). En ese año, por
iniciativa de residentes, se organizan las primeras Jornadas
de Residentes y se da inicio a un curso semestral por fuera
del horario laboral. Luego, pasa a ser un curso obligatorio de
Clepios, revista de profesionales en formación
CLEPIOSen
88 salud mental 2014 - Volúmen XX - Nº 2: 88-89
>
dos años. En el año 2000 se hacen obligatorios los “cursos
centralizados” para las Residencias de la Capital.
En el año 1999, previo al armado de los Programas, se crea un
Consejo Consultor integrado por reconocidos expertos de diferentes instituciones vinculadas al campo de la Salud Mental.
Los Programas vigentes para las residencias y concurrencias
de Salud Mental de la CABA se aprobaron en el año 2003, por
resolución ministerial (2555/SSGC/2003) (3). Fueron el resultado de un amplio consenso, logrado luego de reuniones con los
responsables de los lugares de formación: coordinadores locales, jefes de servicio, directores de los hospitales monovalentes, jefes de residencia y referentes de los CoDeI. Asimismo,
las conversaciones para la elaboración de los mismos incluyeron a las Facultades que forman en el grado a los profesionales que realizan las residencias y concurrencias. Este Sistema
de Residencias de Salud Mental ofrece aproximadamente 80
vacantes para residencias, distribuidas en 14 sedes formativas
reguladas por este mismo programa, al menos hasta este año.
El 11 de Febrero de 2015 se publicó en el Boletín Oficial la
Resolución 214/MSGC/15, firmada por la Ministra Reybaud,
en la que se establece:
Para adecuar la denominación de las Residencias y
Concurrencias de Salud Mental a las aprobadas por el
Ministerio de Salud de la Nación, resulta necesario cambiar sus denominaciones de “Salud Mental (Psiquiatría)”
a “Psiquiatría”, “Salud Mental Infanto-Juvenil (Psiquiatría
Infanto-Juvenil)” a “Psiquiatría Infanto-Juvenil”, de “Salud
Mental (Psicología Clínica)”a “Psicología Clínica” y de “Salud
Mental Infanto-Juvenil (Psicología Clínica Infanto-Juvenil)”a
“Psicología Clínica Infanto-Juvenil.
Dichos cambios llegaron a los residentes recién en junio, con
el inicio del nuevo ciclo lectivo. Simultáneamente, se cambiaron de hecho las coordinaciones, encargadas de la confección del programa, y las mismas pasaron a depender de la
Dirección de Salud Mental. El programa de 2003 vigente hasta
el momento, el cual regula a quienes concursaron y adjudicaron los cargos de residencia y concurrencia, desaparece de
la página web de DirCap y se comunica informalmente que
el mismo ya no rige, dejando en un estado de indefinición la
tarea cotidiana en los servicios y la formación.
Como consecuencia de estos cambios abruptos y frente al
modo de comunicación segmentado, residentes y concurrentes se organizaron bajo el marco de una asamblea (ARCSAM
www.facebook.com/asambleasaludmental) denunciando las
irregularidades y manifestándose colectivamente elevando un
reclamo a las diversas autoridades competentes. Allí se destaca la necesidad de respetar las formalidades y las reglamentaciones para modificar el programa en cuestión. El mismo debe
ser acorde a la complejidad del campo de la Salud Mental,
en sintonía con la concepción establecida en la Ley 448 y la
Ley Nacional 26.657, y debe ser confeccionado a través de la
participación de los coordinadores locales, respetando la autonomía de las sedes.
Bibliografia
1- Vainer A. MEMORIAS PARA EL FUTURO 4 Clepios,
una revista para residentes de salud mental, Nº16, 1999.
2- Agrest M, Feijoo F, Mussa A,Barrientos J, Bula A,
Bustin J, Pavlovsky F. LOS RESIDENTES DE SALUD
MENTAL EN EL AÑO 2000. SU OPINION SOBRE LA
En una encuesta realizada por Clepios en el 2013 (6) a los residentes de las 14 sedes de la Ciudad de Buenos Aires, donde
se preguntó sobre la formación conjunta, se destacaron los siguientes resultados: del total de los encuestados el 81% declara
que sabía que la residencia era conjunta antes de ingresar y el
85% considera que es muy importante esta modalidad de formación. Respecto a la opinión sobre la formación conjunta las
opciones más elegidas fueron: posibilita un abordaje complejo
de las problemáticas (39%); permite interrogar la propia disciplina (28%); nos prepara para trabajar interdisciplinariamente
(28%).
Se busca esbozar dos conflictos a lo largo de este texto. El
primero, el incumplimiento de las condiciones formales para la
elaboración de un programa de formación. Contrastando con el
armado del anterior programa, en esta ocasión no parece haber
discusión alguna, ni variedad de referentes y ni siquiera se ha
presentado un programa. El segundo conflicto es la oposición
de las líneas planteadas para la formación a los lineamientos
de la Ley 448 de la Ciudad de Buenos Aires, la Ley Nacional
26.657 y el Plan Nacional de Salud Mental.(5)
En el campo de la Salud Mental, donde las problemáticas
desbordan las capacidades individuales y disciplinares, resultaría mucho más sustentable capacitar equipos interdisciplinarios. “La “Salud Mental” implicó un salto cualitativo en la forma
de pensar el sufrimiento mental. Los cambios de nominación a
lo largo de la historia nunca son ingenuos. Responden a luchas
simbólicas de diferentes fuerzas con objetivos distintos.” (4)
Llama la atención la marcada divergencia de los lineamientos en
la formación en CABA con respecto a lo que ocurre a nivel nacional. Mientras que en otras localidades se busca formar recursos
que apunten hacia una comprensión compleja y amplia de la
Salud Mental, con las residencias interdisciplinarias (RISAM),
aquí la Salud Mental desaparece de los programas, volviendo a
la formación por disciplinas: psiquiatría y psicología.
Si bien sabemos que un programa, aunque sea único, por sí
solo no garantiza el trabajo interdisciplinario, volvemos a preguntarnos: ¿qué objetivos persiguen quienes fuerzan estas
modificaciones?, ¿de qué nos habla esta insistencia en segmentar el campo de la formación?. Dado que la residencia es
un sistema de capacitación en servicio, en el subsector público
del sistema sanitario: ¿con qué población trabajan los profesionales en formación?, ¿qué tipo de perfil profesional se propone
formar?, ¿en qué concepción de salud se sostiene?, ¿se considera que una formación disciplinar daría mejor respuesta a
las problemáticas de esta población?, ¿o que necesariamente
el trabajo interdisciplinario va en detrimento de la formación en
cada disciplina?.
Desde Clepios, revista que desde 1995 asiste al desarrollo de
las residencias y concurrencias de nuestro país e intenta, en
cada nuevo número, materializar las voces de los profesionales
en formación, nos resulta prioritario dejar una memoria para el
futuro de lo que está aconteciendo y hacer valer los reclamos de
dichos profesionales organizados en asamblea.
FORMACIÓN A 6 AÑOS DE UNA ENCUESTA ANTERIOR. Vertex, 2002
3- YANCO D, BEN DAVID J, FERRARO M, REBOIRAS
F. Programa docente de la residencia de Salud mental.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Octubre de 2003
4- Vainer, Alejandro. Memorias para el futuro 13: De qué
hablamos cuando hablamos de Salud Mental. Revista
CLEPIOS 89
Clepios 25. Volumen VII. Sepl-Nov 2001.
http://www.msal.gov.ar/saludmental/images/stories/
info-equipos/pdf/2013-10-29_plan-nacional-saludmental.pdf
5- Comite de Redacción de la Revista Clepios. La formacion en la residencia de Salud Mental de la Ciudad
de Buenos Aires. Revista Clepios 25. Volumen 60..2013
COMENTARIO
DE EVENTOS
Encuentro Nacional
de Mujeres en Salta
Canela Soto
Psicóloga. Residente de cuarto año en Salud Mental.
Hospital Genral de Agudos Carlos G. Durand
Período 2015-2016
Fotos/ Canela Soto
Clepios, revista de profesionales en formación
en
CLEPIOS
90salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 90-92
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Al Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) hay que ir, encontrarse con 40.000 mujeres, participar de los talleres, de la marcha, de la histórica peña y después sacar las
conclusiones singularísimas de esa experiencia. Es poco lo que se puede transmitir
más que el entusiasmo y la invitación siempre hecha de participar. Pero está dicho,
“lo personal es político”, y el encuentro es una práctica social que invita a recordarlo.
En el año 1986 en Argentina comenzó, con un grupo de feministas, la iniciativa de
realizar encuentros federales de mujeres, que desde entonces se vienen desarrollando en distintas ciudades del país durante tres días al año. “En ese tiempo se
luchaba por la patria potestad compartida, cuando todavía los varones tenían en
su poder las decisiones legales sobre los hijos” (Peker, 2013). Los ENM se sostienen desde entonces en los principios de autoconvocatoria, autogestión, autonomía,
autofinanciamiento, democracia y horizontalidad. Se dan cita allí distintas voces,
cuya condición será la de participar a “título personal” sin coerciones de ningún tipo.
Invitando así a empoderarse, a “tomar la palabra”, porque la voz de la mujer, se
entiende, ha recorrido un largo camino para emerger.
En 2014 se realizó el 29º Encuentro Nacional de Mujeres en Salta. Esa vez por fin
me decidí a ir, dejé de postergarlo quizás porque las cuestiones de género vienen
gritándonos a los profesionales en formación que ya es hora de hacernos cargo, de
incluir dichas categorías en nuestros análisis. Quizás, y más probablemente, porque
como mujer me era prioritario. Uno de los posibles aprendizajes del encuentro consiste básicamente en eso: valorizar pensarse a una misma con otras, desbaratar el
aparato de represiones, defensas y conceptos que nos mantienen a resguardo de
considerar las implicancias de género que nos constituyen, nos oprimen, nos limitan,
pero que también nos potencian.
Viajamos 20 horas. Se decía al llegar que algunos micros podían ser recibidos a piedrazos, como ya había sucedido el año anterior en la ciudad de San Juan. Entonces
cerramos las cortinas, las letras de fondo, antiguas pero actuales, se seguían escuchando “que momento, que momento, a pesar de todo les hicimos el encuentro”;
en algunas remeras se podía leer “somos las nietas de las brujas que no pudiste
quemar” o “mi cuerpo es mío”; los pañuelos verdes del movimiento por el derecho al
aborto legal, seguro y gratuito también estarían presentes durante toda la jornada.
Bajamos del micro en la escuela asignada para nuestra estadía; el comité organizador trabaja durante el año para conseguir los permisos que permitirán albergarse
a muchas de las mujeres que acuden al encuentro, así como los distintos lugares
donde se desarrollarán los debates. El acto de apertura ya estaba aconteciendo en
el Estadio Delmi, cuando arribamos a la plaza central de Salta, se diría allí nuevamente que “el encuentro es de todas”.
CLEPIOS 91
COMENTARIO DE EVENTOS
Se llevaron a cabo 62 talleres entre los que se discutieron distintas cuestiones como Sexualidad; Lesbianismo; Identidad
y empoderamiento; Anticoncepción y Aborto; Salud Mental;
Violencia; Trata de Personas; Mujeres de los Pueblos
Originarios; Derechos Humanos; Educación; Cultura y Arte;
Violencia Obstétrica, y Mujeres trans, este último oficializado
como tal en el encuentro anterior. Cada taller cuenta con una
coordinadora cuya función es hacer circular la palabra; en
caso de superar las 40 personas se abre un nuevo taller. Los
Talleres son definidos como el corazón del Encuentro: soberanos, democráticos, pluralistas y horizontales. Durante los
mismos, se desarrollaron las distintas temáticas en la búsqueda también de superar obstáculos y avanzar en la conquista
de los reclamos. La violencia de género, fue indicada como
una de las temáticas que atravesó el debate en casi todos los
talleres, insistiéndose en el reclamo de mayor presupuesto,
así como la acción efectiva de los organismos del Estado y la
aplicación de la legislación (Telam, 2014). En este sentido, la
reciente convocatoria #Ni Una Menos, hace eco de cuestiones
que varios colectivos vienen denunciando desde hace tiempo,
y que se materializaron también en las conclusiones del último ENM. Diferentes estrategias como la Campaña Nacional
por el Derecho al Aborto, legal, seguro y gratuito; otro fuerte
reclamo durante la marcha: la Campaña contra las redes de
prostitución y explotación sexual; Campañas por la Educación
Sexual Integral en las escuelas, entre otras, han surgido de los
debates y marchas del ENM (Alma, Lorenzo, 2013). En el acto
de cierre, luego de leer las conclusiones de todos los talleres
se decidió cual sería la sede del próximo encuentro: El 30º
Encuentro Nacional de Mujeres se realizará en Mar del Plata
el 11,12 y 13 de Octubre de este año. La histórica convocatoria
del 3 de Junio invita a imaginar un encuentro aún más masivo
frente al mar.
“Hay algo del encuentro que se vive desde el cuerpo”, me
decían, algo que solo se explica con la simpleza del estar. En
ese marchar todas juntas por la calle que hace resignificar y
revitalizar luchas se siente una energía que contagia todo el
cuerpo. Como si todo lo negado, ocultado, y reprimido fluyera
allí con una potencia inédita en forma también de grito y de
canto.
CLEPIOS 92
Bibliografía consultada
Alma, A. Lorenzo P. (2013) “Mujeres que se encuentran” Una recuperación histórica de los encuentros
de mujeres en Argentina (1986-2005) Buenos Aires:
Yegua Ediciones.
Peker, L. (2013) “La historia del primer encuentro”,
Diario Página 12 http://www.pagina12.com.ar/diario/
elpais/subnotas/234317-65830-2013-11-25.html
S/A (2014) “Culminó el 29º Encuentro Nacional
de Mujeres con fuerte reclamo por la legalización
del aborto”, TELAM. http://www.telam.com.ar/
notas/201410/81514-culmino-el-29-encuentronacional-de-mujeres-con-fuerte-reclamo-por-la-legalizacion-del-aborto.html
LO HUBIERA
SABIDO ANTES
La Mestiza, espacio de salud comunitaria
Magdalena Vallarino
Psicóloga. Residente de cuarto año en Salud Mental. Hospital de Emergencias Psiquiátricas
Torcuato de Alvear. Período 2015- 2016 / [email protected]
La Mestiza es un espacio de salud comunitaria con perspectiva
de género que apunta a fortalecer la organización y participación popular en el barrio de Mataderos. Forma parte de la organización política “Seamos Libres”, que adscribe a una tradición
de izquierda popular, feminista y latinoamericana.
La Consejería de Salud Sexual y Aborto Seguro con Misoprostol de La Mestiza tiene como objetivo disminuir los riesgos a
los que la clandestinidad expone a las personas que deciden
interrumpir un embarazo1, contribuir al fortalecimiento de la autonomía de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos y sus
proyectos de vida, y por último, ser una estrategia en la disputa
por la legalización del aborto en la Argentina.
¿En qué consiste la Consejería? Con cierta flexibilidad en la
práctica, podrían delinearse cuatro momentos del proceso de
consejería. En primer lugar, las mujeres que se encuentran
ante un embarazo no buscado, no deseado, o que deciden
interrumpir, pueden contactarse a la línea telefónica Simona.
En ese llamado además de realizar una primera escucha se
las citará a un encuentro personal. Durante esta segunda instancia acompañamos a la mujer en la toma de una decisión
sobre si continuar o no ese embarazo respetando su autonomía
y brindamos toda la información otorgada por la Organización
Mundial de la Salud sobre los métodos seguros para abortar. Si
decide llevar adelante un aborto medicamentoso informamos
sobre el protocolo para hacerlo de manera eficaz y con el menor riesgo posible para su salud. Por último, hacemos hincapié
en la importancia de los controles post aborto. Este accionar
responde a una estrategia de reducción de riesgos y daños.
La Consejería no es una consulta tan sólo informativa. Nuestra
perspectiva busca desestigmatizar y desdramatizar el aborto,
para que pueda ser vivido como una instancia más de la vida
de la mujer. Para esto es fundamental un tercer momento, en
el que se acompaña a la mujer durante el proceso del aborto,
de manera telefónica, brindando contención y asesoramiento
cuando la mujer lo necesite. Por último, se cita a una consejería
post aborto, donde además de realizar los controles médicos
correspondientes (con un médico externo o a través de una red
de profesionales amigables), se habla sobre su experiencia y
se informa sobre los métodos anticonceptivos disponibles para
que pueda elegir el que desee y mejor le convenga. La mujer elije quién o quiénes la acompañarán durante este tiempo.
Contar con una red familiar y social adquiere un valor fundamental, aunque no necesario, para atravesar este proceso.
En La Mestiza las consejerías son llevadas adelante por mujeres, militantes, trabajadoras, estudiantes y profesionales del
campo de la salud y las ciencias sociales. Sólo la convicción y
una capacitación en los aspectos técnicos, médicos, humanos
y políticos de la consejería son necesarios para ser parte del
equipo.
Aunque anclada en el barrio de Mataderos, la población destinataria son tanto mujeres de la zona como de toda la ciudad de
Buenos Aires y el conurbano bonaerense, de todas las edades.
Al ser el primer contacto telefónico, la Consejería no tiene límites territoriales, aunque se deriva a las mujeres de ciertas zonas
a otros grupos que forman parte de Socorristas en Red.2 Entendemos que la cercanía a la comunidad de referencia facilita que
se completen todos los momentos del proceso.
Algunos datos sobre nuestro trabajo en el último año. Entre los
meses de marzo y diciembre de 2014, La Mestiza acompañó a
68 mujeres que decidieron abortar con misoprostol. Esta información está incluida en la estadística anual de Socorristas en
Red, que agrupa consejerías de 16 provincias del país. En 2014
la Red acompañó a un total de 1650 mujeres, de las cuales contamos con datos sistematizados de 1116: Un 94% de las mujeres logró abortar de manera segura con medicación en su casa;
un 16% tuvo que acudir a guardia médica y de éstas el 75% no
necesitó internación. El 78% del total de mujeres acompañadas
concurrió a controles médicos post-aborto.3 Para terminar con el recorrido de esta experiencia feminista, me
interesa destacar la activa participación que tanto La Mestiza
como Socorristas en Red tuvieron en la constitución de la Red
de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.4 La fundación de este espacio es el resultado de años de lucha del
movimiento feminista en Argentina. Representa un contundente
avance en el acceso de las mujeres a este derecho y, para quienes formamos parte, una manera de desclandestinizar también
nuestras prácticas.
Para contactarse con nosotras:
Simona: 011-15-61876023
La Mestiza en Seamos Libres: [email protected]
Adhesiones a la Red de Profesionales de la Salud
por el Derecho a Decidir a:
[email protected]
NOTAS
1- Según la Organización Mundial de la Salud, un aborto realizado en buenas condiciones técnicas no pone en peligro la salud de la mujer; el problema radica en las
condiciones de inseguridad, promovidas por el marco de clandestinidad en que los
abortos se practican. (WHO, 2011)
2- Pueden consultarse los contactos telefónicos de todos los grupos del país en la
web: http://socorristasenred.blogspot.com.ar/
3- Declaración de la 4ta plenaria nacional de Socorristas en Red, Córdoba, 2015.
4- Carta pública de la Red de profesionales por el Derecho a Decidir (Argentina), leída
el 28 de mayo de 2014 en el marco del Día Internacional de Acción por la Salud de las
Mujeres y el evento en conmemoración de los 10 años de la Campaña Nacional por
el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Clepios, revista de profesionales en formación en salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 93-93
CARTA DE LECTORES
Los 5 temas sobre el rock,
el marxismo y la revolución sexual
Alejandro Vainer
Lic. en Psicología. Psicoanalista.
Ex Jefe de Residentes del Hospital Borda.
Coordinador General de la Revista Topía.
[email protected]
Respuesta al texto
“Las 5 muertes más polémicas del rock”
del Dr. Gabriel Alejandro López
Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio,
si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer,
si se pone de pie para señalar algo que está mal
pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll
Pete Townshend
¿Cómo alguien puede llegar a la propuesta de que el rock nos convierte en el tierno perro de Freud?
El tema del número 65 de Clepios fue sobre el suicidio y la muerte. Los editores decidieron que para combatir la
“inexorable muerte”, se incluyera el texto del Dr. Gabriel Alejandro López sobre “Las cinco muertes más polémicas
del rock”. Me apasionó la propuesta y fui directamente allí como para también esquivar lo inexorable. El rock fue
para muchos de nosotros el oxígeno que permitió transitar la irrespirable última dictadura. Y sigue siendo mucho
más. Pero me encontré con muy poco de las muertes del rock. Esperaba quizá algo del llamado “Club de los
27” (que incluye a Brian Jones, Jimmy Hendrix, Janis Joplin llegando a Kurt Cobain y Amy Winehouse), o alguna
perspectiva novedosa sobre la muerte y los rockeros “siempre jóvenes”.
Pero no. Poco de las muertes del rock y mucho de afirmaciones sin mucho fundamento sobre el marxismo, los
60, la “revolución sexual” y lo que significa el rock para cada uno en un tono humorístico bien escrito. Pero aborda
temas complejos donde se suman errores y desconocimiento que merecen ser aclarados.
Y motivan estas líneas.
Clepios, revista de profesionales en formación
en
CLEPIOS
94salud mental 2015 - Volúmen XXI - Nº 2: 94-95
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4
Es lamentable que en dos renglones se proponga rápidamente
que hay que olvidarse de intercambiar ideas con un marxista
porque pertenece(mos) al “lado policía de la existencia”. ¿De
dónde surge esta descalificación? Seguramente habló con un
marxista y no le cayó muy bien. Todavía podría argumentar
que tiene un amigo marxista (y si es judío mejor). Pero, ¿qué
tiene que ver con el rock?
Llamar “Revolución Sexual” al movimiento de liberación sexual
tiene un sentido. Justamente es el título de un famoso libro de
entonces escrito en 1928 por un psicoanalista marxista llamado Wilhelm Reich. Es una ironía que justamente elija el título
de un marxista (y uno de los más brillantes psicoanalistas
olvidados hoy). Y Reich estuvo bien lejos de ser un policía
de la existencia. Es más, creo que si se levantara de su tumba, simplemente se reiría de la definición por lo insólita. Por
algo fue uno de los autores más leídos, junto con Herbert
Marcuse y Erich Fromm, también marxistas, por quienes se
oponían al capitalismo en los 60. O sea, el marxismo ha sido
a lo largo de la historia un movimiento heterogéneo de lucha
por la liberación del hombre, que también tuvo una vertiente
totalitaria como el estalinismo. Y que produjo y produce importantes aportes en muchos campos, mayormente olvidados o descalificados, inclusive en nuestro campo de Salud
Mental. Muchos fueron perseguidos y tuvieron que exiliarse,
como Fromm, Reich y Marcuse. O más cerca, en nuestro
país, como León Rozitchner, Armando Bauleo y Marie Langer, entre otros.
En este siglo acusar de “policías de la existencia” a muchos
perseguidos parece como mínimo un despropósito.
2
Justamente, esto sólo sirve para convertir al rock en la religión
que nos salvará de todos los males de este mundo. Todos trabajamos con situaciones complejas clínicas, pero dudo que el
rock sea la terapéutica eficaz para un marido golpeador o una
mina histérica. Con lo cual se convierte en un cierto “rockismo”, una cosmovisión fanática, que como cualquier otro fundamentalismo, desprecia cualquier diferencia. El rock es importantísimo para muchos de nosotros, pero de ahí en convertirlo
en un fanatismo termina destrozándolo.
3
5
Llegado allí el autor supone que el rock inició la llamada “Revolución Sexual”. Cualquiera que conozca del tema verá que
allí hay sólo ganas de entronizar el rock como promotor de
cambios de la historia cuando fue efecto de los cambios que
generaron los movimientos sociales de los 60. En dicha época
se luchó por la liberación en el plano individual, familiar y social. Entonces existía un imaginario social donde se cuestionaban los valores establecidos para ir hacia una forma más plena
del desarrollo humano. Es en ese contexto que se dio tanto la
descolonización del llamado “Tercer Mundo”, las luchas sociales y políticas, el auge de las críticas de los intelectuales, la
liberación sexual y el rock. El discurso de oposición al sistema
capitalista estaba a la vuelta de la esquina. Esto permitió el
auge del rock y no al revés. Si el autor extraña algo, es ese
clima de liberación, frente a la cultura del sometimiento de hoy.
Pero no es el rock, que al día de hoy se ha pasteurizado e invade los medios de comunicación como una herramienta más
de promoción de venta o una mercancía para consumir. Sólo
prendan una radio, escuchen una publicidad y verán cuán
poco queda de “ese” rock contestatario.
¿El rock nos convierte en el perro de Freud? Todo lo contrario. Jamás podremos dejar de ser humanos: conflictivos,
anormales, ambivalentes. La experiencia del rock -como
cualquier experiencia artística que nos conmueva- nos permite conmovernos hasta los huesos. No nos vuelve a la animalidad. Esa es sólo una ingenua metáfora para definir lo
humano. Nunca dejamos de serlo, sino que en ese momento
lo sentimos profundamente. No creo que ningún perro, ni siquiera el de Freud, si hubiera tenido alguna particularidad
por vivir con dicho dueño, pueda llegar al placer por escuchar
rock. Es un producto humano, demasiado humano para reducirlo a nuestra animalidad. En eso coincide todos los que
fundamentan seriamente el sentido de la música para nuestra existencia: neurólogos, psicólogos cognitivistas, psicoanalistas, sociólogos.
No es cuestión de meternos el perro a los lectores. Y menos
el de Freud.
CLEPIOS 95
corresponsales
Buenos Aires
Bahía Blanca
- HIGA “Dr. José Pena”
Lic. Analía Mugione
[email protected]
General Rodríguez
- Hospital Zonal General de Agudos
“Vicente López y Planes”;
Dra. María Noel Fernández
[email protected]
Junín
- HIGA “Dr. Abraham Piñeyro”
Julieta Santos
[email protected]
La Matanza
- Hospital Paroissien;
Lic. Jimena Garcia Lauria
[email protected]
La Plata
- Hospital Interzonal General de Agudos
“Prof. Dr. R. Rossi”;
Dr. Mariano Barraco
[email protected]
- Hospital Zonal General de Agudos
“Dr. Mario V. Larrain”;
Carolina Ledesma
[email protected]
- HIGA “San Martín”
Lic. Julia Martín
[email protected]
Luján
- Colonia Montes de Oca;
Lic. Lucía Wood [email protected]
Mar del Plata
- Hospital Privado de Comunidad;
Dra. Josefina Prieto [email protected]
- HIGA “Mar del Plata”
Lic. Mariana Aguilar
[email protected]
- Hospital Subzonal Especializado
Neuropsiquiátrico “Dr. Domingo J. Taraborelli”;
Lic. Ruth Kalle [email protected]
Pergamino
- HIGA “San José”
Lic. Daiana Torti
[email protected]
Región Sanitaria VI
PRIM Lanús
Dra. Nadia Martínez
[email protected]
- PRIM Florencio Varela;
Lic. Romina Mercadante
[email protected]
Región Sanitaria VII
Lic. Cintia Schemberger
[email protected]
Región Sanitaria XII
- HIGA “Dr. Paroissien”
Lic. Santiago Buonanotte
[email protected]
San Martín
-Hospital Eva Perón;
Lic. Irene Dreiling [email protected]
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
- Hospital General de Agudos “Dr. T. Álvarez”;
Nadina Tahuil [email protected]
- Hospital de Emergencias Psiquiátricas
“Torcuato de Alvear”;
Lic. Sebastián Kreidler
[email protected]
- Centro de Salud Mental Nº 3 “Dr. A.
Ameghino”;
Lic. Leonor Suárez
[email protected].
- Hospital General de Agudos “Dr. C. Argerich”;
Lic. Florencia Soriano
[email protected]
- Hospital de Salud Mental “J. T. Borda”;
Dra. Natividad Daneri
[email protected]
- Hospital Churruca;
Gisela Guyet [email protected]
- Hospital General de Agudos “Dr. C. Durand”;
Lic. Juliana Guirao [email protected]
- Hospital General de Niños
“Pedro de Elizalde”;
Enrique Ginestet
[email protected]
- Hospital General de Niños
“Ricardo Gutiérrez”;
Dra. Yemina Marzetti
[email protected]
- Hospital Italiano de Buenos Aires;
Dr. Juan Pablo García Lombardi
[email protected]
- Hospital de Salud Mental “Braulio Moyano”;
Lic. Marcela Rodriguez
[email protected]
Lic. Natalia Loza [email protected]
- Hospital General de Agudos “P. Piñero”;
Dr. Andrés Kremenchuzky
[email protected]
- Hospital General de Agudos
“Dr. I. Pirovano” / Centro de Salud Mental Nº 1;
Lic. Cecilia Colombo
[email protected]
- Hospital General de Agudos “J. M. Ramos
Mejía”;
Nicolás Alonso
[email protected]
Residencia Interdisciplinaria de Educación
para la Salud RIEpS;
Lic. Maria Andrea Dakessian
[email protected]
Lic. Carla Pierri [email protected]
- Hospital General de Agudos “B. Rivadavia”;
Victoria Rubinstein
[email protected]
- Hospital Infanto Juvenil “C. Tobar García”;
María Belén Frete
[email protected]
- Hospital General de Agudos “Dr. E. Tornú”;
Lic. Mercedes Bertinatto
[email protected]
Chaco
- Hospital 4 de Junio “Dr. Ramón Carril”.
RISAM; Dra. Valeria Chapur
[email protected]
Chubut
- Hospital Zonal “Adolfo Margara” Trelew.
Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental
Comunitaria;
Lic. Marianela Obregón
[email protected]
- Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental
Comunitaria Rawson
Lic. María Laura Iguri
[email protected]
- Hospital Zonal “Andrés Isola”
Puerto Madryn. Residencia Interdisciplinaria en
Salud Mental Comunitaria;
Lic. Vanesa Gutkoski
[email protected]
Córdoba
- Hospital Tránsito Cáceres de Allende;
Lic. Emilia Trinchero
[email protected]
- Hospital San Roque;
Dra. Gabriela Coralli [email protected]
-Hospital Colonia Santa María;
Dra. Carolina Viarengo [email protected]
Entre Ríos
- Hospital Escuela de Salud Mental
Lic. Anabel Arias
[email protected]
Jujuy
- Hospital Néstor Sequeiros
Lic. Jorge Luna
[email protected]
Mendoza
- Hospital Pereyra;
Dra. Ivanna Velazquez
Misiones
- Hospital Ramón Carrillo;
Lic. Verónica Benítez
[email protected]
Misiones
- Hospital Ramón Carrillo Posadas
Lic. Verónica Benítez
[email protected]
Rio Negro
- Residencia Interdisicplinaria de Salud Mental
Comunitaria Valcheta
Lic. Evelyn Villalba
[email protected]
- Hospital Dr. Miguel Ragone; RISAM;
Lic. Carlos Ernesto Ibarra
[email protected]
Salta
- RISAM Salta
Lic. Virginia Maraz
[email protected]
San Luis
- Hospital Escuela de Salud Mental
Lic. Romina Lescano
[email protected], [email protected]
San Juan
- Hospital Dr. Guillermo Rawson;
Lic. Fernanda Atienza [email protected]
Santa Fe
- RISAM Hospital Escuela Eva Perón
Granadero - Baigorria
Lic. Paula Martinetti
[email protected]
- Hospital Centenario Rosario
Dr. Mauto Druetta
[email protected]
- RISAM Hospital SAMCO “Dr. R. Nanzer”
Santa Fe
Dra. Laura Bonifacich
[email protected]
- RISaM Santa Fe; Lic. Laura Mezio
[email protected]
- Sanatorio de la Merced, Santa Fe;
Dr. Ignacio Francia [email protected]
Santiago del Estero
- Hospital Diego Alcorta
Dra. María Eugenia Ferullo
[email protected]
- Hospital Regional “Dr. Ramón Carrillo”
Graciela Burgos
[email protected]
Tucumán
- Hospital O Barrio
Lic. Mariana Zamora
[email protected]
- Hospital Angel Padilla
Lic. Daniela Lombardo
[email protected]
- Hospital del Niño Jesús;
Lic. Ivanna Szteinberg [email protected]
- Hospital Avellaneda
Lic. Luciana Escandar
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