Variabilidad climática y aplicaciones de modelos agronómicos para el manejo de nitrógeno Bruno Basso Michigan State University, East Lansing, MI, USA La variabilidad de rendimiento es a menudo causada por la irregularidad de los patrones climáticos, particularmente por las precipitaciones y por la posición en el paisaje, que afecta el tipo y la profundidad de suelo. La magnitud de esta variabilidad es un buen indicador sobre la conveniencia de la implementación de un plan espacial de manejo variable. El manejo apropiado del nitrógeno es uno de los principales desafíos de la agricultura de precisión. Raun y Johnson (1999) han manifestado que la Eficiencia de Uso del Nitrógeno (EUN), definida como la cantidad de N utilizado para la producción de granos, debe ser tan bajo como el 33% en cereales y que el incremento de un 1% de EUN llevaría a un ahorro global de $234 millones de dólares. En condiciones de campo, las pérdidas de N se deben mayormente a la volatilización de NH3 de las hojas de plantas ricas en N, a la desnitrificación del suelo y al filtrado de nitratos. Por lo tanto, para reducir estas pérdidas se hace necesaria una mejor, y más eficiente, forma de aplicar el N. Desde un punto de vista económico la cantidad óptima de fertilizante nitrogenado sería la dosis con la cual la rentabilidad financiera del agricultor se ve maximizada, y a esto se lo conoce como Dosis Económica Óptima (DEO). La cantidad óptima de N (Nopt) varía según el cultivo, ubicación del lote y entre años (Samborski et al. 2009). Incluso para el mismo cultivo dentro de un mismo campo el Nopt no es constante debido a la variabilidad espacial y a las propiedades del suelo (Pierce and Novak, 1999). Comprender la eficiencia de la fertilización nitrogenada requiere de la disponibilidad de realizar estudios a largo plazo, ya que pocos años de ensayos en el campo podrían ser insuficientes para reflejar el potencial de respuesta del cultivo, debido a la variación de las precipitaciones en la temporada de crecimiento. Modelos de crecimiento de cultivos orientados hacia este proceso pueden resultar útiles para simular los efectos del agua y del N a largo plazo, y sus interacciones temporales en relación a las tasas de crecimiento y desarrollo durante la temporada de crecimiento (Batcherlor et. al., 2002; Basso et al., 2007). Estos han sido validados y aplicados extensamente bajo un amplio rango de condiciones ambientales (Singh, 1985; Canberry et al., 1989; Jagtap et al., 1993; Kiniry et al., 1997; Garrison et al., 1999; Miao et al., 2006; Basso et al., 2007, 2009; Senthilkumar et al., 2009). Los modelos de cultivos de simulación presentan el potencial de integrar los efectos de las interacciones temporales y de múltiples estrés en el crecimiento del cultivo bajo condiciones ambientales y de manejo distintas (Basso et al., 2001). El punto fuerte de estos modelos es su capacidad para dar cuenta del estrés mediante la simulación de éste en el crecimiento de la planta durante la temporada (Batcherlor et al., 2002). Sin embargo, estos modelos no pueden simular todas las posiciones del campo por los costos asociados a la recolección de información y a la disponibilidad de insumos específicos. En consecuencia, la delimitación de las zonas dentro de un campo con respuestas de cultivos similares puede proveer la cantidad necesaria de información para ejecutar el modelo (Basso et al., 2007). Varios autores han propuesto criterios para la delimitación de las zonas de manejo (Mulla, 1991; Fleming et al., 2001; Ferguson et al., 2004; Schepers et al., 2004; Chang et al., 2004; Inman et al., 2005: Franzen et al., 2002; Basso et al., 2009). El objetivo de este trabajo es presentar los resultados de dos casos prácticos, uno en trigo y otro en maíz. También se discute sobre un procedimiento que permita la selección de una dosis óptima de fertilizante nitrogenado para ser aplicado en zonas de manejo previamente delimitadas a través de modelos de cultivos de simulación. Revisión del modelo SALUS El modelo de cultivo utilizado en este estudio fue el SALUS (en inglés: System Approach to Land Use Sustainability)((Basso et al., 2006; Senthilkumar et al., 2009; Basso et al., 2010). SALUS simula el rendimiento de cultivo, agua y balance de nutrientes en suelo bajo diferentes estrategias de manejo por varios años. El modelo da cuenta de los efectos de rotación, detalles de plantación, fertilizantes, irrigación y prácticas de labranza en el rendimiento final y en tanto impacto ambiental. El modelo simula el crecimiento de la planta y las condiciones de suelo diariamente. Varias estrategias de manejo pueden ser evaluadas simultáneamente. SALUS requiere insumos de acuerdo a las propiedades del suelo (propiedades físicas y químicas, cantidad de agua en suelo y concentración de N), condiciones climáticas (temperaturas mínimas y máximas, precipitaciones y radiación solar) y detalles de manejo agronómicos (labranza, manejo de los residuos, plantación, fertilización, irrigación y cosecha). El modelo provee información sobre el rendimiento del cultivo, las etapas de desarrollo del mismo, consumo de N y filtrado de nitratos, balance de agua en el suelo (evaporación, transpiración, drenaje, agotamiento) y niveles de C y N en suelo. En los casos sobre maíz y trigo presentados aquí, el modelo fue validado con la información de rendimiento observada disponible por varios años. SALUS fue validado para la medición del filtrado de nitratos en diferentes ambientes y ecosistemas (Syswerda et at., 2012), no obstante, en este estudio no se llevaron a cabo mediciones de filtrado de nitratos para validar el modelo. Procedimiento para la selección del valor óptimo de fertilizante nitrogenado Para ambos estudios, hemos seleccionado dosis de fertilizantes distintos (0, 30, 60, 90, 120, 150, 180, 200, 250 kg N ha-1) para simular el impacto del fertilizante en el rendimiento, filtrado, y rentabilidad económica neta para 56 años de registros climáticos disponibles. El modelo cuantifica el efecto de la variabilidad climática, variación temporal del rendimiento, y del impacto ambiental. Simulamos las dosis de N seleccionadas para las zonas de manejo previamente identificadas (Basso et al., 2009). Hemos evaluado la variabilidad espacial y temporal de rendimiento, el filtrado y los valores marginales usando la simulación del análisis de probabilidades acumulativas. Simulamos las 7 dosis de fertilizante para 56 años de registros climáticos disponibles para el lote. Luego elegimos la mejor dosis de N para cada zona basándonos en la respuesta de rendimiento del N, valor marginal, cantidad de filtrado de nitrato y emisiones de óxido nitroso. Resultados y discusión El Perfil de Resistividad Automático y los tres mapas de zonas de manejo para el campo de trigo se muestran en la figura 1. La validación del rendimiento simulado y medido para los 56 años se muestra en la figura 2. El rendimiento promedio de grano para las tres zonas de manejo con diferentes dosis de N se muestra en la figura 3. La Zona de Alto Rendimiento (ZAR) de trigo muestra los mayores rendimientos para todas las dosis de N; en la ZAR el máximo rendimiento fue obtenido con 150 N (4100kg/ha) incluso cuando la diferencia con 90 kg N/ha es casi insignificante. Para la Zona de Rendimiento Medio (ZRM) el mayor rendimiento fue obtenido con 90 N (2800 kg/ha), mientras que para la Zona de Bajo Rendimiento (ZBR) el mismo rendimiento de 1900 kg/ha fue obtenido tanto con 60 como con 90 N. El ingreso neto calculado como la diferencia entre el precio corriente del grano y el costo global (operación más materiales), conseguido según las diferentes dosis N, se muestra en la figura 3b. Para la ZAR el máximo rédito económico fue conseguido con 150 N, pero nuevamente la diferencia con dosis más bajos es muy pequeña, sugiriendo que los mismos ingresos pueden obtenerse con menos N pero al mismo tiempo estaríamos ahorrando fertilizante que es una amenaza potencial para las napas a través del proceso de filtración. Para las ZRM y ZBR la ganancia máxima fue obtenida con 90 Kg N/ha y 60 Kg N/ha, respectivamente. La figura 4 muestra que el rendimiento marginal de N en el rendimiento de grano ha disminuido en la medida en que las dosis de N se han incrementado. Los 30 Kg/ha adicionales agregados de los 30 N presentaron una disminución en el rendimiento marginal para las tres zonas. La diferencia en el resultado para la ZAR fue de 13.6 € kg N -1 para los primeros 30 kg/ha, 2.2 € kg N -1 para los 30 kg N/ha, y 0.46 € kg N-1 para los dos últimos incrementos. Para la zona de ZRM el rendimiento marginal fue de 5.6 € kg N-1 para los primeros 30 kg N/ha, 3.06 € kg N-1 para los 60 N, -1.2 y -0.4 kg N-1 para los subsecuentes incrementos de N. Para la ZBR el único rendimiento marginal positivo fue para los primeros 30 kg N/ha aplicados (2.2 € kg N-1). El mismo cayó a -0.4 y -1.26 € kg N-1 para los subsecuentes incrementos de N. El filtrado de N para las tres zonas con diferentes dosis de N presentó que el filtrado se incrementó en medida en que la dosis de N también lo hacía; los valores más altos de N filtrado se obtuvieron con 180 N. Sin embargo, del análisis de los 56 años para cada área, la función de probabilidad acumulativa mostró que se obtuvieron valores de filtrado más altos para las ZMR y ZBR, mientas que se obtuvieron menores valores para la ZAR. Esto podría deberse a la mejor utilización del N mineral de los cultivos en crecimiento de pertenecientes a la ZAR, respecto de las otras dos zonas de manejo. En la ZBR el mayor valor de filtrado se obtuvo con 120, 150 y 180 N, mientas que para la ZRM los valores fueron muy cercanos y similares entre todos los niveles de N. El incremento del rendimiento de grano por cada unidad de N aplicado como una función de cambios en el filtrado por cada unidad de N aplicado evidenció que para la ZAR los 150 kg N/ha maximizaron el incremento del rendimiento en función del N filtrado, mientras que para las ZRM y ZBR fueron 90 y 60, respectivamente. Cuando el ingreso neto se traza en contraste con el filtrado de N, se hace evidente la rentabilidad y el impacto ambiental del manejo de la fertilización para la ZAR respecto de las ZRM y ZBR (fig. 4). De hecho, justificado por el rendimiento marginal, cada incremento de 30 N no incrementa significativamente el ingreso neto luego de los 90, 60 y 90 para las ZAR, ZMR y ZBR, respectivamente. Es necesario mencionar que en la ZBR se mostró un valor negativo para 30 kg N/ha porque es necesario aumentar la provisión de N para poder conseguir un rendimiento marginal neto. Luego de los 60 kg N/ha, hay un impacto negativo en el ambiente sin ningún incremento en el rendimiento marginal neto. En la ZRM se evidenciaron ganancias negativas con valores inferiores de N, y aumento de rédito con dosis mayores, pero a costa de ciertos riesgos ambientales, desde que también presenta los valores más altos de N filtrado. La ZBR es la zona más delicada para un manejo de fertilizante, porque la mayoría de las dosis de N no van a incrementar el ingreso neto para esa área, y sólo dos dosis mostraron ser una solución económicamente viable, siendo 60 N la dosis óptima para dicha zona. Estudio con maíz Las diferencias entre el rendimiento de maíz medido y el simulado para seis años de estudio se muestran en la figura 5. La simulación a largo plazo de rendimiento con distintas dosis de N mostraron diferencias significativas en los rendimientos en función de la cantidad de N aplicado al cultivo (Tab. 1). Una aplicación de 50 N presentó rendimientos inferiores con valores entre 6.1 y 8.1 t ha -1 (fig. 6). El rendimiento del maíz aumento al incrementar las dosis de aplicación de N, excepto por la aplicación de 250 N que igualó el rendimiento resultante de la aplicación de 200 N en el 90% de los casos (fig. 6). En promedio, los valores de rendimiento para las dos dosis de N son de 11.6 t ha-1 para 200N, y 11.7 t ha-1 para 250 N con último presentando un coeficiente más alto de variación (tab. 1). El rango de variación de rendimiento para los 250 y 200 N fue de 9.0 a 14.9 t ha-1, y de 8.9 a 13.8 t ha-1, respectivamente (tab.1). Los patrones de RMN (rendimiento marginal neto) para los 25 años de simulación son similares a los de rendimiento. La dosis de 50 N mostró el RMN más bajo, mientras que las dosis de 200 y 250 el más alto RMN. No obstante, es interesante resaltar que para 250 N presenta un coeficiente más alto de variación: 13.3% contra 12.2% para los 200 N; y que también presenta un coeficiente mínimo más bajo que el de 200 N (tab.2). El MNR para 250 N fue superior sólo en un 10% de los casos durante los 3 años simulados (fig. 3). Las emisiones de nitrosos aumentaron de 0.28 kg N2O ha -1 para la dosis de 50 kg N ha-1 a un máximo de 1.41 kg N2O kg ha-1 para la dosis de 250 kg N ha -1. La cantidad equivalente de CO2 también se incrementó linealmente con el aumento de las dosis de N. El mismo aumentó de 83.5 (50 kg N ha -1) a 417.5 kg CO2e ha-1 (250 kg N ha-1) (tab.2). El rendimiento del maíz alcanzó una promedio con 200 kg N ha -1 pero las emisiones de CO2e se incrementaron en 83.5 al momento del incremento de la dosis de N de 200 a 250 kg ha-1 (fig.7). Esta investigación presenta un abordaje sobre modelos para la selección de la dosis de N más sustentable en dos zonas temporal y espacialmente estables de maíz. La alternativa a este abordaje que da cuenta de la interacción entre el suelo, la planta, el clima y manejo para 25 años, es un estudio a largo plazo, que, si bien es de enorme importancia contar con esos experimentos, el costo para llevarlos a cabo y mantenerlos es prohibitivo. Al utilizar un modelo ya validado con información de los registros climáticos de varios años, los resultados del modelo podrán simular la situación cuando el agricultor tenga disponible información sobre el clima a futuro. La probabilidad de que una dosis de aplicación va a funcionar mejor que otra, dentro de límites satisfactorios seleccionados por el agricultor (esto es, satisfecho si una dosis resulta mejor que otra el 75% de las veces), provee los medios para reducir el riesgo al momento de la selección. La simulación de rendimiento de maíz con registros climáticos de varios años mostró la variabilidad temporal de rendimiento para varias dosis de N. Las diferencias se deben a los efectos de la información climática de varios años en los rendimientos promedios tal como se muestra en la figura 6 y en la tabla 1. Dichos efectos son más significantes en las dos zonas estables definidas por Basso et al., (2007) por la influencia de las dos condiciones de suelo diferentes que son promediadas cuando el modelo se ejecuta en un campo entero. Las diferencias en la compactación del suelo y en el volumen disponible para el crecimiento de raíz influenciaron la respuesta del cultivo respecto a N y agua. La respuesta de rendimiento a los fertilizantes nitrogenados para las dos zonas, LS y HS, muestra que las dosis de 250 kg N ha-1 pueden ser reducidas sin afectar el rendimiento ni los ingresos netos. En la aplicación para LS de 250 kg N ha -1 ésta no se traduce en un mayor rendimiento a través de los años (97% de los casos). Para este estudio, el “factor” de protección ambiental sigue la directiva europea de nitratos (91/676/EEC) que permite a los agricultores aplicar un máximo de hasta 60 kg N ha-1 de N inorgánico junto con 170 kg N ha -1 de abono en las zonas vulnerables de nitrógeno. Esto hace, entonces, una cantidad de N para ser aplicado de 230 kg N ha -1 para campos con esas áreas delicadas y sensibles. Es claro que en este caso particular el N aplicado excede ligeramente el límite impuesto por la UE, pero esto no se traduce en un valor de filtrado de N que exceda el objetivo de la UE de 11.3 mg l-1 NO3-N (la información no se muestra, el máximo de NO3-N es aproximadamente de 10 mg l-1 NO3-N para los 250 N en la zona LS). La emisión de CO2e se incrementó linealmente con el incremento de fertilizante pero el rendimiento de maíz alcanzó un promedio con 200 kg N ha-1. La integración de esta información con los resultados de rendimiento y los valores marginales discutidos arriba indican que la dosis de fertilizante de 200 kg N ha-1, bastante por debajo del límite de la UE, disminuyó la cantidad de N filtrado y emitido del suelo y maximizó la RMN sin causar reducción en el rendimiento alguna. Cuando las dos dosis de fertilizantes se incluyen en el modelo de las dos zonas espaciales de HS y de LS, encontramos que la dosis de N más alta es siempre la menos productiva. Esto es más evidente en la zona LS donde una cantidad de 250 kg N ha-1 genera mayor filtración y no resulta tampoco en ningún incremento de RMN. La cantidad de N emitido del suelo es una función de varios parámetros tales como propiedades del suelo (densidad aparente, C orgánico, etc.), manejo del cultivo, temperatura del suelo, agua en suelo, oxígeno en suelo, N en suelo, y C disponible (Chen et al., 2008). Los resultados de este estudio concuerdan con los descubrimientos de Grace et al., (2001), en los cuales cualquier pequeño incremento en la aplicación de N en aplicaciones ya altas o mayores, resultaba en un aumento proporcional del flujo de N2O. En ambas zonas, la cantidad de N que maximiza el ingreso, no reduce el rendimiento y presenta un impacto ambiental bajo (filtrado y emisiones de gases de efecto invernadero), es de 200 kg N ha-1. Conclusiones Este estudio ha demostrado que una vez que las zonas de manejo han sido bien definidas, los modelos de cultivo pueden ser herramientas útiles al momento de seleccionar el manejo de N más sustentable, desde un punto de vista agronómico, económico y ambiental. Los modelos ayudan a encontrar la mejor opción de manejo posible en lo que respecta a la dosis de N, que maximizará el rédito económico del agricultor a la vez que reducirá el riesgo de contaminación ambiental. Las mejores dosis para las zonas no fueron identificadas sólo eligiendo aquella que maximizara el rendimiento, sino que aquella que disminuyera el costo y el impacto ambiental, y también teniendo en cuenta el rendimiento marginal neto, ingresos netos en contraste con las filtraciones de N y la EUN. Referencias Basso, B., Ritchie, J.T., Pierce, F.J., Braga, R.P., Jones, J.W., 2001. Spatial validation of crop models for precision agriculture. Agric. Syst. 68, 97–112. Basso, B., Bertocco, M., Sartori, L., Martin, E.C., 2007a. Analyzing the effects of climate variability on spatial patterns of yield in a maize-wheat-soybean rotation. Europ. J. Agron. 26, 82–91. Basso, B., Cafiero, G., P. De Vita, A. Castrignanò. 2007b. Long-term analysis of temporal varibility of durum wheat yield: field study and simulation approach in southern Italy. Proceedings International Conference on Integrated Systems Design. Catania, 11-13 settembre 2007. 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Figure 3. a) Rendimiento promedio en función de las dosis de N para las tres zonas de manejo. 3b) Ingresos netos en función de las dosis de N para las tres zonas de manejo. Figura 4. a) Valor marginal de N en función de las dosis de N para las tres zonas de manejo. 4b) Ingresos netos y filtraciones en función de las dosis de N para las tres cosas de manejo. Cada símbolo representa las dosis de N comenzando en 30 Kg N ha-1 hasta 180 Kg N ha-1 con incrementos de 30 Kg. Tabla 1. Promedio, desviación estándar, valores máximos y mínimos, coeficiente de variación de rendimiento de maíz, rendimiento marginal neto para las 5 dosis de N simuladas para el campo completo con 25 años de información climática. Rendimiento (t ha-1) Dosis N de (kg N ha-1) Promedio DES.STAN MAX (t ha-1) MIN CV (%) 50 N 100 N 150 N 200 N 250 N 7.2 8.8 10.1 11.6 11.7 0.6 1.5 1.2 1.5 1.6 8.1 11.0 11.7 13.8 14.9 6.1 6.4 7.7 8.9 9.0 8.5 17.0 11.9 12.8 13.8 Rendimiento marginal neto (€ ha-1) Dosis N de (kg N ha-1) Promedio DES.STAN MAX (t ha-1) MIN CV (%) 50 N 100 N 150 N 200 N 250 N 1650.2 1938.8 2171.6 2426.0 2405.4 121.4 298.8 241.9 296.6 320.5 1835.0 2380.0 2485.0 2870.0 3055.0 1435.0 1460.0 1685.0 1890.0 1875.0 7.4 15.4 11.1 12.2 13.3 Tabla 2. Promedio de flujos de óxido nitroso (N2O) por temporada calculado para cada tratamiento con N, y la cantidad de dióxido de carbono (CO2e) equivalente para cada tratamiento de N. N N2O -1 (kg N ha ) CO2e -1 -1 (kg N2O ha ) (kg CO2e ha ) 50 0.28 83.5 100 0.56 167.0 150 0.85 250.5 200 1.13 334.1 250 1.41 417.6 Figura 5. Rendimiento simulado vs. Rendimiento medido para los 6 años de información, utilizando el modelo de cultivo SALUS. (Parámetros: y=1.02x-493; r2=0.92; RMSE=398.7 kg/ha) Figura 6. Probabilidad acumulativa (%) de rendimiento de maíz (t ha-1) para los 4 escenarios de N (50, 100, 150, 200 kg N ha-1) y para la dosis del agricultor (250 kg N ha-1), tal como fue simulado por el modelo SALUS utilizando la información de 25 años de registros climáticos. Figura 7. Relación entre rendimiento de maíz, fertilización y CO2e emitido para cada cantidad de fertilizante.
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