BODEGA 1877 CONDE DEL DONADÍO DE CASASOLA Primera Bodega fundada en la Rioja desde 1877 Descripción La bodega 1877 Conde del Donadío de Casasola, es la bodega más antigua de la Rioja siendo la primera en poseer una marca comercial que le permitía vender su vino en el mercado, y hoy en día comercializa la marca de vino tinto Conde del Donadío, propiedad del octavo portador del título nobiliario Conde del Donadío de Casasola. Este título nobiliario fue concedido por el rey de España Felipe V en el año 1.713. El prestigio y reconocimiento popular del propietario de la bodega y de la marca es enorme tanto en España como en América, no solo por sus actividades artísticas sino también por su trayectoria familiar en el mundo del vino. La intención de vender la bodega es también con la posibilidad, incluso, de seguir utilizando la marca del vino para su comercialización. El origen de la imagen del caballo en la etiqueta del vino se debe también a una tradición familiar, ya que la familia Osborne es una de las familias con mayor tradición ganadera y taurina de España utilizando el toro como emblema de su marca, en este caso el octavo Conde del Donadío es un gran aficionado a los caballos y de esta forma rinde tributo a su propia ganadería. Además es importante resaltar que Ollauri es la cuna del vino tinto Rioja, y prácticamente toda la montaña donde se asienta este enclave está excavada y llena de calados convertidos en cuevas que pertenecen a esta bodega y hacen de ella una bodega única. La bodega 1.877 Conde del Donadío de Casasola se compone de dos edificios: El edificio de mayor capacidad está destinado no solo para la producción y almacenaje de vino, sino también como oficinas. Y el segundo de menor tamaño está proyectado para utilizar como restaurante, con cocina moderna y buena capacidad de almacenaje. Ambos edificios componen esta Bodega que tiene unos calados espectaculares e históricamente únicos, lo que la convierten en una joya irrepetible. Árbol genealógico del título nobiliario Conde del Donadío de Casasola Condes de Donadío de Casasola Genealogía Título creado por Felipe V, rey de España Por decreto de 29-05-1713 Por carta de 09-12-1797 A favor de Francisco Ignacio de Quesada y Vera Primer Conde de Donadío de Casasola Titulares Francisco Ignacio de Quesada y Vera. Primer Conde de Donadío de Casasola. Vicente María de Quesada y Silva. Segundo Conde de Donadío de Casasola. Francisco de Quesada y Silva. Tercer Conde de Donadío de Casasola. Juan de Quesada y Vial. Cuarto Conde de Donadío de Casasola * 1795. Juana Guadalberta de Quesada y Pizarro. Quinta Condesa de Donadío de Casasola. Juan Guadalberto López-Valdemoro y Quesada. Sexto Conde de Donadío de Casasola. María Felisa López-Valdemoro y Fesser. Séptima condesa de Donadío de Casasola. Enrique Ortiz y López-Valdemoro. Octavo Conde de Donadío de Casasola. Bertín Osborne, noveno Conde del Donadío de Casasola Vino tinto Rioja Conde Del Donadío El vino como tradición y fuente de impulso económico en un marco histórico Hablar de La Rioja es hablar de vino, y hablar de vino significa dirigir nuestras miradas hacia la Rioja Alta, la zona que comprende Haro como cabecera de comarca, y una de sus localidades más próximas a tan sólo dos kilómetros de distancia: Ollauri. Pueblo en el que encontramos el centro de producción con más tradición y de mayor antigüedad de La Rioja, las Bodegas Berberana. Sin embargo, para observar en su totalidad la verdadera importancia de estas Bodegas, y las razones de su centenaria existencia, resulta necesario un pequeño análisis histórico del cultivo vitivinícola en La Rioja, que mostrará la herencia recogida y conservada a través del tiempo. El cultivo sistemático del viñedo en la región hoy conocida como La Rioja comienza con Roma, que supo reconocer el clima y su tierra como idóneos para la plantación de vid, asentando una costumbre que ya en la Edad Media detentaron los centros monásticos y abadías, en los que se perfeccionaron las técnicas de producción que, aunque muy distantes de las actuales, sirvieron para conservar unas plantaciones y una calidad que el rey Alfonso XI en 1336 protegerá mediante un privilegio a favor de Haro entre otras localidades, por el que prohibió la entrada de vinos de otras tierras. Éste devenir histórico nos lleva al siglo XVI, en el que la mayor parte de las propiedades de los terrenos con viñas pasaron de las instituciones religiosas a las familias con más capacidad económica, que destinaron los viñedos al mercado y al beneficio, es decir, a la exportación, haciendo de la zona riojana una de las principales productoras vitivinícolas, vendiéndose el producto en el norte de España e incluso a ciudades europeas como veremos después. Por tanto, el paso a la Edad Moderna fue un momento de asentamiento del comercio propiciado por los principales cosecheros que unidos, formaron una Real Junta con el propósito de obtener más privilegios reales para una mejor distribución de los excedentes que, dada su corta vida, se agriaban muy rápido, de lo que surge la narración de que algunas de las casas más antiguas de La Rioja están hechas de adobe amasado en vino. Pero leyendas aparte, y regresando a este empeño por parte de los productores, éste tuvo su plasmación en dos importantes instituciones que marcarán el futuro de la región y sus bodegas: - Los Grupos de Criadores y Exportadores de vinos de Rioja: cuya existencia se encuentra en un protocolo de 1560 en el que varios criadores y exportadores crearon un símbolo o distintivo que identificase sus vinos a la hora de exportarlos a Italia, Flandes y Francia; y que supone la primera noticia que tenemos de un intento formal de etiquetado de los vinos de la región. - La Real Junta de Cosecheros de La Rioja: que pervivió de 1729 a 1787, año en el que se creó la Real Sociedad Económica de La Rioja Castellana, cuyo fin fundamental a pesar de ser económico y proteccionista respecto al vino, trató de dotar a éste de un marco cultural más amplio. En este momento histórico -clave para la producción del vino riojano- se encuadra la fundación de Bodegas Berberana en 1877. Primer acta de las Juntas Generales de la Real Sociedad Económica de Cosecheros de La Rioja Castellana fechada en 1790. Sin embargo, la voluntad de estos antiguos cosecheros viene a demostrar que el vino en La Rioja y sus zonas productoras no sólo ha afectado en cuestión de comercio, sino a todo lo que rodea su producción, fomentando un ámbito cultural que va más allá del beneficio económico directo y que a día de hoy, genera la visita de miles de turistas no sólo a las propias bodegas como protagonistas del fenómeno, sino a su entorno, los pueblos en los que se sitúan, y los paisajes cambiantes de tonalidad según la época del año, que hacen de La Rioja un estímulo y a la vez un descanso para los sentidos. Emblema de la Real Sociedad Económica de La Rioja, cuyo lema es “Prosperarás extrayendo” en el que aparece la diosa Fortuna con una cornucopia rebosante de uvas y el dios Mercurio señalando las tierras riojanas. La tradición se asienta: la Denominación de Origen Rioja. La importancia de Miguel Martínez Berberana y su legado Llegamos al siglo XX, alejados de los tiempos ilustrados de la Sociedad Económica de La Rioja Castellana, y una vez pasadas las dificultades en los cultivos a raíz del brote de filoxera que afectó a los viñedos del país a finales del siglo XIX del que no sólo la vid riojana salió fortalecida, sino también Haro, sus localidades colindantes, y por supuesto, los vinos de Rioja Alta con la construcción de una estación enológica en la localidad, a la que se le encomendó la tarea de investigación de cuantos problemas afectasen a las vides, encargándose además de la actualización de los procesos de vinificación. De esta manera, los bodegueros se vieron inmersos de nuevo en un proceso de reconocimiento de la particularidad del vino de Rioja que, lejos de estancarse, tendrá un Estatuto del vino convertido en ley el 26 de mayo de 1933, en el que se reconocieron, según convenios internacionales, diecinueve “vinos típicos” con –se cita textualmente- “características especiales de producción y unos procedimientos de elaboración o crianza utilizados en la comarca o región de la que toman el nombre geográfico”, entre los que el vino de Rioja fue uno de los primeros citados. Esta concesión también conllevó sus obligaciones, pues tras otorgar ciertos beneficios gracias a las características propias del vino, también se hacía necesaria la creación de una institución que las salvaguardara. Lo que tuvo su reflejo en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen, que existía en nuestra región desde 1926, pero que todavía no había sido dotado de un reglamento superior como el Estatuto recientemente aprobado, y que significó entre otras cosas, el reconocimiento del prestigio de Miguel Martínez Berberana –natural de Ollauri- como bodeguero y fundador de las ya por entonces decanas Bodegas Berberana, pues fue elegido como representante de La Rioja Alta para las comisiones de trabajo del Consejo reunidas en torno a la llamada Junta Vitivinícola Provincial. Muchos años han pasado desde entonces, y dentro de estos, se han ido sucediendo otros tantos reglamentos del Consejo Regulador como los de 1944, 1982, 1991 y por último, una modificación en 2004 para adaptar la institución a unos tiempos en constante cambio. Tiempos en los que lo único que ha persistido ha sido el interés por mantener la calidad de un producto con una denominación que representa algo va más allá de sí misma, pues La Rioja se ha convertido en la comunidad que ha tomado prestado su nombre del vino que le ha hecho famosa a nivel mundial. Logotipo y etiqueta de la Denominación de Origen Rioja otorgada por el Consejo Regulador Vino tinto Rioja Conde del Donadío de Casasola Ubicación geográfica La Rioja, España Ollauri, La Rioja
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