también educamos Lourdes Mantilla Fernández Psicóloga clínica

Diciendo "no" también educamos
Lourdes Mantilla Fernández
Psicóloga clínica
Eso está bien, aquello está mal, así se hace, así no... nos da la impresión de
que los primeros años de nuestros hijos los pasamos señalando todo lo que
se puede y, sobre todo, lo que no se puede hacer. Muchos padres tienen la
sensación de decir “no” mil veces al día. O, al menos, de tener ganas de
decirlo, porque con frecuencia nos frena la inseguridad de prohibir cosas a
nuestros hijos. En realidad, poner unos límites claros y razonables es una
de las tareas más importantes para que los niños no se conviertan en unos
pequeños tiranos. Y cuanto antes, mejor.
La educación de los niños debe tener como objetivo fundamental el desarrollo de
personas maduras, responsables y autónomas. Si el afecto, la ternura y la
comunicación son instrumentos básicos para conseguir este resultado, no debemos
olvidar que imponer unos límites claros y coherentes, aunque sea
complicado e ingrato, es más que necesario.
Normalmente, a los padres nos resulta más fácil o cómodo decir "sí" a todo aquello
que piden los hijos o dejarles hacer lo que quieren, pero decir un "no" a tiempo
también es conveniente y necesario. De esta manera, enseñaremos a los niños a
interiorizar unas normas y conseguiremos transmitir una disciplina que harán suya
desde pequeños hasta que, progresivamente, se responsabilicen de su
comportamiento.
Resulta divertido ver cómo desde muy pronto nuestros hijos
aprenden a decir "no". Se niegan a ir a la cama, no quieren
lavarse las manos antes de comer, nunca quieren recoger su
habitación, mientras que a los padres nos cuesta llevarles la
contraria y mantener firmes ciertos criterios. No se trata de
ser rígidos e intolerantes, ni de convertirse en unos
padres despóticos y autoritarios que siempre se
opongan a los deseos de sus hijos, sino de entender la
realidad y posibilidades de los pequeños en cada etapa
de su desarrollo, mostrándoles convenientemente lo
que pueden y no pueden hacer, lo que está permitido y
lo que no lo está.
Durante los primeros años el "no" es una manera de
frenarlos, de protegerlos, ya que los niños y niñas, llevados
por su curiosidad, comienzan muy pronto a explorar su entorno y su afán
descubridor puede llevarles a menudo a situaciones peligrosas: poner los dedos en
un enchufe, llevarse cosas a la boca, etcétera. Hay que tener en cuenta que, en ese
momento, para ellos resulta difícil entender las consecuencias de su acción y
olvidan nuestras advertencias. Por eso tenemos la impresión de pasar todo el día
con la negativa en los labios.
A partir de los 2 ó 3 años pueden empezar a discriminar entre lo que es posible y
lo que está prohibido. A medida que dominan el lenguaje están preparados para
entender los motivos de las prohibiciones, por eso es el momento para explicarles
por qué no deben acercarse a una estufa encendida o bajarse de una acera y no
simplemente decirles "no toques" o "no hagas".
Nunca resulta fácil decir "no", ni todas las familias son iguales. Cada una tiene su
forma de educar a los hijos pero, aunque a veces y en determinadas edades sea
difícil encontrar el término medio entre dejarles hacer y prohibirles, lo más
importante es ser coherente y mantener la decisión con los razonamientos
más convenientes para cada ocasión. También es normal y lógico cometer
algunos errores ya que muchas veces un "no" responde más al estado de
ánimo de los padres o a nuestros propios temores que a la situación concreta
que se está sancionando. En estos casos los niños pueden darse cuenta de la
arbitrariedad de nuestra decisión e incluso, si son mayores, cuestionarla. Es
entonces cuando es preciso hablar con ellos y enseñarles que los padres, como los
hijos, también podemos equivocarnos y, si es necesario, debemos disculparnos
asumiendo la equivocación, ya que nadie es perfecto.
Por último, es preciso tener en cuenta que los niños y niñas aprenden mucho
imitándonos y observando nuestras actitudes, valores y comportamientos, y, por
tanto, éstos deben estar en consonancia con nuestras palabras ya que de otro
modo perderán, a sus ojos, todo su sentido.

Decir "no" de una forma razonada, como por ejemplo: "Esto no puedes
hacerlo por tal y tal cuestión…" o "deberías hacer las cosas de esta forma
porque…" es más efectivo que un "no" contundo y sin explicaciones.

Aunque conviene poner límites a nuestros hijos desde pequeños, no
debemos abusar de un "no" tajante ya que ellos son exploradores por
naturaleza y también aprenden de sus errores.

Es preferible utilizar un "no" en el momento preciso que dejar pasar las
cosas y acabar luego con un mal humor que pagamos a destiempo.

Enseñarles lo que deben hacer y cómo hacerlo también son formas de
decirles "no" pero de una manera positiva. De este modo el niño se siente
orientado y no tan coartado.

No pongamos nunca en duda nuestra negativa; si hoy decimos "no veas la
tele más tarde de las ocho" y mañana no seguimos esta indicación,
perdemos credibilidad. No vale el hoy "blanco" y mañana "negro".

Hay que mantener con firmeza las normas que decidamos, si se las
dejamos saltar un día o dejamos de vigilar su cumplimiento, los pequeños
acabarán "toreándonos". Otra cuestión es que con el tiempo vayamos
reformulando nuestras decisiones.

El "no" no excluye la aprobación. A los niños les gusta sentirse elogiados
y reforzados, y de la misma manera que se les riñe cuando hacen algo mal,
hay que felicitarles cuando hacen las cosas bien.

Los límites han de seguir criterios educativos y no responder a nuestro
miedo o comodidad. Por ejemplo, si nos da miedo que baje por el tobogán
es preferible que estemos atentos antes que prohibírselo.