Asgardia, ¿ingeniería futurista o timo (seudo

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ESPECIAL
VIERNES
04 DE NOVIEMBRE DE 2016
juventud rebelde
DETRÁS
DE LA CIENCIA
A cargo de IRIS OROPESA MECÍAS [email protected]
Asgardia, ¿ingeniería futurista o timo (seudo)científico?
«DURANTE toda mi vida he ido contracorriente, es por eso que algunas personas
me dicen, de vez en vez, que tengo ideas
locas». Así presentó el ingeniero ruso Igor
Ashurbeyli, el pasado mes de octubre y
desde París, su proyecto de nación espacial Asgardia. Sí, leyó bien, nación espacial.
Un Estado soberano que de hacerse realidad se ubicaría en la órbita baja alrededor
de la Tierra, a medio camino entre el planeta y su satélite natural, la Luna.
Ante el anuncio, tal vez muchos, como
él mismo predijo, lo consideraron un despistado más y cambiaron los canales de
su TV. Pero en las primeras 40 horas
desde su presentación, el proyecto
Asgardia alcanzaba en su página web
más de cien mil firmas de seguidores a
nivel mundial. Entonces los medios comenzarían a hacerse eco de una atractiva polémica.
Un grupo de investigadores rusos ha presentado
el proyecto de una nación «extraterrestre»
que orbitaría entre nuestro planeta y la Luna
El sitio web de la iniciativa proyecta cómo luciría el país en órbita —con una imagen bastante
«pop»— y la cifra de posibles ciudadanos.
¿Y CÓMO ES ESO
DE UN PAÍS EXTRATERRESTRE?
Tal como explicaron a Science, el proyecto de nación extraterrestre está pensado por un grupo internacional de investigadores, ingenieros, abogados, empresarios, liderados por el propio Ashurbeyli, quien es representante del comité de
la Unesco para las Ciencias del Espacio,
y científico espacial. En 2013, este ingeniero de origen azerí creó la Aerospace
International Research Center (AIRC), una
empresa responsable, a su vez, de la
publicación de corte científico Room. Su
objetivo principal con esta actual iniciativa
sería conseguir un marco legal para la
explotación del espacio con independencia
de las naciones terrestres y sus restricciones legales.
Es con esta ambiciosa meta que el
colectivo ya ha presentado, en conferencia de prensa, su proyecto. La nación
«flotante» llevaría por nombre Asgardia
en remedo a la ciudad que en la mitología
nórdica es asilo de los dioses y donde reina
el majestuoso Odín. De lograr situarse
realmente entre la esfera terrestre y la
órbita lunar, funcionaría de modo similar
a la Estación Espacial Internacional,
pero esta vez, simplemente, como «tierra de nadie»: sin relacionarse a leyes o
a potencias políticas mundiales. Representaría así una democracia de todos
los que aspiren a la ciudadanía desde
la página web y pasen una rigurosa
selección.
El Estado sería una suerte de embajada de vanguardia de la especie terrestre, con el deber de proteger a la Tierra
de las amenazas provenientes del cosmos como las llamaradas solares, la
basura espacial, el impacto de meteoritos, la radiación cósmica y las amenazas
biológicas provenientes de los cuerpos
celestes que caen al planeta, fenómenos que ya son una preocupación para
el mundo científico y ante los cuales la
Estación Espacial Internacional asume
desde hace tiempo un rol importante.
Para lograr el «superheroico» papel
(o no), siendo un país independiente,
Estados reales, como Palestina, han
librado una lucha tan intensa.
La profesora universitaria de Ciencias
planetarias y del espacio, Monica Grady,
piensa que el trabajo de la Agencia Espacial Internacional es ante todo real y,
además, bueno. Se halla aprobado por
agencias internacionales espaciales e insertado en la burocracia que todo ello
implica, con excelentes resultados. Y
agrega, algo preocupada: «Si la visión de
Asgardia es hacer el espacio y la experimentación más accesibles, eso es loable, pero no puede estar completamente divorciada de la necesidad de alguna
regulación». La profesora también apunta que ejemplos de excesiva independencia de límites éticos y legales han llevado a desastres como los del nazismo,
nada menos. Por ello espera algo escéptica que este proyecto, fiel a su comunicado de presentación, se apegue al
«bien de la humanidad».
LO QUE SÍ LOGRA EL CASO ASGARDIA
Igor Ashurbeyli despierta resquemores en algunos por su doble carrera como científico y
empresario. Fotos: S itio oficial del proyecto Asgardia
Asgardia pretendería desarrollar libremente la carrera científico-tecnológica
con tres pilares esenciales como máximas éticas, al decir de Ashurbeyli: «Protección, paz y acceso». El lanzamiento de
un satélite del mismo nombre que la
nación, para octubre de 2017 —en conmemoración del lanzamiento de Sputnik— se proyecta como el primer paso
en todo sentido, y se cree, como comenta la revista N+1, que sería enviado desde
un país en vías de desarrollo, puesto que
el lanzamiento desde sectores privados al
espacio no está permitido por las regulaciones actuales.
Finalmente, el nuevo Estado tendría
todos los atributos necesarios en el plano identitario cultural: Gobierno y embajadas, bandera, himno nacional e insignias. La ideología «nacional» se proclama
profundamente humanista y democrática, y en cuanto a la parte legal, la idea
es presentar el proyecto de nación ante
la ONU, puesto que ya alcanza el medio
millón de firmantes en la web.
COMIENZA LA PASIÓN
Para el gremio científico, el proyecto
no ha pasado desapercibido. Desde el
momento inicial, la revista Science publicó una escueta nota sobre el asunto en
la que, si bien halaga las aspiraciones
humanistas de la idea, cuestiona temas
como la supuesta protección mediante
un satélite. «Un plan valiente», comenta el
irónico redactor, Daniel Clery, «si se piensa que la preocupación de conjunto de las
agencias espaciales y militares del mundo aún no han logrado prevenir la colisión de sus propios satélites entre sí, ¿qué
sería de protegerse de una roca del tamaño de una ciudad?».
Con un tono parecido, la comunidad
científica se cuestiona cómo se podría
financiar un megaproyecto de este tipo
con el enfoque de crossfounding o financiamiento de inversores al que aspira el
grupo, si se piensa que la existente Estación Espacial es un programa multimillonario, e incluso potencias como EE. UU.
y Rusia, sus principales patrocinadores, ya
se hallan en aprietos para mantenerlo.
A más de esto, la observación que
muchos entendidos hacen es que a
pesar del optimismo de la encargada de
asuntos legales del proyecto, es poco
probable que Asgardia sea jurídicamente
reconocida como nación, cuando
Entre tales dimes y diretes, y el escepticismo de un gremio que también tiñe la
ciencia del espacio de cierto elitismo, el
proyecto Asgardia revela varias preocupaciones humanas importantes. Como
el propio redactor de Science comentó,
pone el dedo sobre un asunto que va
preocupando a este sector: la necesidad
de una revisión de las leyes sobre el uso
del espacio exterior.
Con la exclusividad de un pequeño grupo de potencias dominando la carrera
espacial, la presencia en el espacio extraterrestre y en la Estación Internacional; la
escalada de compañías privadas tomando
parte y hasta la venta de terrenos lunares
a millonarios, muchos se preguntan si entidades internacionales no deberían regular
un uso del espacio más accesible, equitativo y responsable. En tal sentido, la idea
de Asgardia, con sus ansias de un uso
soberano, humanista y democrático del
ámbito extraplanetario, aún de un modo
algo excéntrico, recoloca el tema al centro
del escenario ante organismos responsables —principalmente la ONU— de revisar
las tendencias actuales.
Desde otros campos de la ciencia y el
conocimiento, como la sicología social, la
politología o la filosofía, por ejemplo, Asgardia representa un poco lo que la Utopía de
Tomás Moro, o el Nuevo Mundo americano, para el pensamiento de otros momentos: la expresión cultural universal de una
fatiga por el aceleramiento y desgaste en
el modo de vida humano, un ritmo que
avanza a expensas de la salud de la especie y de la Tierra.
En espera de credibilidad o del descubrimiento repentino de un timo, lo cierto es
que en el momento en que se terminaba
esta columna el número de «preasgardianos» suscritos a la posible ciudadanía de la
nación alcanzaba los 531 846 a través del
sitio oficial del proyecto. ¿Será usted del
grupo de los escépticos, o correrá a la
conexión wifi del barrio a inscribirse como
el primer asgardiano de Cuba?