Cómo se descubrió la red proliferadora del Dr. Abdul Qadur Khan

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G u s t avo C h o p i t e a
Cómo se descubrió la red proliferadora del
Dr. Abdul Qadur Khan
La captura de un buque de bandera alemana dirigido a Libia
permitió develar una red dedicada al tráfico de material nuclear
P OR Gustavo Chopi t e a
Analista en Relaciones Internacionales
En octubre del 2003, una inspección realizada en el puerto italiano de Tarento, que fuera
seguida de la captura del respectivo buque, deparó una alarmante sorpresa.
El buque carguero de bandera alemana que había sido inspeccionado en el marco de
la Iniciativa de Seguridad en Materia de Proliferación (SPI), el “BBC China”, llevaba
ocultas en sus bodegas diversos contenedores con partes y componentes de sofisticadas
centrífugas, que obviamente eran para ser utilizadas en el enriquecimiento de uranio, con
destino al programa nuclear secreto de Libia.
Confrontada, de pronto, con esa dura e inesperada evidencia Libia decidió abandonar
todos sus programas de armas de destrucción masiva y comenzar a colaborar cándidamente con los norteamericanos revelando -sin tapujos- el origen de sus compras y los
nombres e identidades de los respectivos proveedores. Esto es, identificando toda la red
traficante y proliferadora de armas de destrucción masiva que se suponía existía, pero
cuyas características particulares y participantes estaban entonces aún envueltos en la
más densa sombra.
Como consecuencia de ello, en pocas semanas las instalaciones nucleares libias fueron
desmanteladas por la CIA y sus diversas máquinas y componentes fueron entregados a los
norteamericanos quienes las transportaron a los Estados Unidos, para ser allí examinados
-con todo detalle- en el laboratorio militar de Oak Ridge, en el estado de Tennessee.
Una situación absolutamente sin precedentes, que derivó en toda una serie de sorpresivos
descubrimientos que finalmente permitieron descubrir como operaba la red de proveedores en cuestión y desmantelarla, determinando quiénes eran los principales responsables
y poniendo en descubierto su mecánica funcional, así como su complicado esquema de
subterfugios y engaños.
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La red proliferadora de A.Q.Khan
Además, los expertos norteamericanos encontraron en los archivos libios que se pusieron
a su disposición otra sorpresa. Nada menos que los planos para la fabricación de una
bomba atómica de 10 kilotones. Esa fue la primera vez que los técnicos del país del norte
se toparon con una copia del diseño de una bomba capaz de funcionar efectivamente. La
tremenda pregunta que inmediatamente flotó en el aire fue: “¿Quién más puede tener
estos mismos planos, los iraníes, los sirios, Al Qaeda?”.
Curiosamente, tan pronto esto se puso en evidencia los expertos norteamericanos y los
inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (conocida como AIEA, el
“cazador” y policía nuclear de la ONU) que habían sido convocados a colaborar se trenzaron en una disputa administrativo-reglamentaria acerca de quién habría de custodiar
y controlar esos planos. Tanto, que hasta se acusó al personal de la AIEA de haber examinado los planos “por las suyas” antes de la llegada de sus pares norteamericanos. Tras
tensas negociaciones se llegó a un acuerdo operativo satisfactorio para ambas partes:
guardarlos en una caja de seguridad en el Departamento de Energía, en Washington, bajo
sellos de la AEIA, a disposición de ambos.
Este feo descubrimiento permitió apreciar el grado real de audacia y efectividad de la
red de tráfico nuclear organizada por el paquistaní Abdul Qadur Khan, el “padre” de la
bomba atómica de Pakistán.
El temible Dr. Khan
El paquistaní A. Q. Khan, era prácticamente un desconocido fuera de su país. Hasta hace
un año al menos. Pero resultó ser el cerebro de la mayor red de proliferación nuclear ilícita de la historia.
Desde hace treinta años Khan, un experto metalúrgico, había estado vigilado tanto por
los servicios de inteligencia británicos como estadounidenses quienes en el 2001 habían
advertido a los paquistaníes de sus sospechas, razón por la cual el año siguiente Khan fue
destituido de su cargo de Director de los Laboratorios de Investigación Khan, la empresa
que está en el corazón del programa nuclear paquistaní.
El Dr. Khan estudió en Pakistán y en Europa. Trabajó en Holanda, en una planta de fabricación de centrífugas (FDO, asociada al consorcio proveedor nuclear URENCO), cuando
los servicios de inteligencia holandeses detectaron sus actividades sospechosas. En 1975,
su presencia en una exposición de productos nucleares en Suiza llamó mucho la atención,
especialmente por las preguntas que hacía, lo cual provocó que se lo trasladara a otra área
de la empresa, alejándolo así de las labores concretas de enriquecimiento de uranio.
En diciembre de ese mismo año, Khan dejó repentinamente Holanda, aparentemente
llamado por su gobierno para trabajar en su propio proyecto atómico nacional. Años
después, los investigadores descubrieron que se había llevado con él -de modo ilegal- los
planos de las centrífugas holandesas que reprodujo en los laboratorios Kahuta, en las
afueras de Islambad.
En Pakistán, Khan trabajó en el desarrollo de la bomba atómica de su país que fuera ensayada en 1998, para así contrarrestar a la vecina India que ya poseía la suya desde 1974
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El premier indio Atal Bihari Vajpayee junto a su par pakistaní Mir Zafarullah Khan Jamali en Islamabad
y que había realizado su segundo test nuclear semanas antes que Pakistán. Washington
-entonces- hacía todo lo posible para tratar de parar ese proyecto.
Fueron muchas las ocasiones en las que EEUU se equivocó al tratar de comprender el
verdadero alcance de las intenciones y actividades de Khan. Los servicios de inteligencia
pensaban que Pakistán trataría de fabricar la bomba produciendo plutonio, un combustible alternativo. Trabaron entonces un envío de tecnología francesa que hubiera permitido
a los paquistaníes completar una planta de reproceso del plutonio. Descubriendo, luego,
que Khan ya había robado los planos, para transitar -con ellos- un camino diferente hacia
la fabricación de la bomba, el del enriquecimiento de uranio. Y presumiblemente obtenido plutonio de Corea del Norte (país que visitó 19 veces entre 1997 y 2002).
Khan siguió -pese a todo- haciendo frecuentes viajes a Holanda, en busca de más material atómico, siempre seguido de cerca por los servicios de inteligencia.
Los holandeses querían arrestarlo, pero los norteamericanos se oponían, pensando que era
mas útil libre, para poder así seguirle los rastros hacia el submundo del tráfico nuclear.
Los planos de la bomba
En Pekín, en la primera mitad de la década de 1980, Khan aparentemente logró obtener
los planos de la bomba atómica que China había detonado en 1966. Los mismos son de
un diseño notable, por compacto y por capaz de calzar fácilmente en la cabeza de un
misil, sin mayores esfuerzos tecnológicos.
Los servicios de inteligencia norteamericanos recién se enteraron de esta transacción a
principios del año pasado, cuando Libia les entregó voluntariamente dos grande bolsos
de plástico con el nombre de un sastre de Islamabad de un lado y el de una tintorería del
otro.
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El diseño que encontraron adentro de esas curiosas bolsas incluía esquemas detallados de
mas de 100 partes para ser ensambladas en una esfera de un diámetro de alrededor de 34
pulgadas, el tamaño preciso de un misil.
En los márgenes de estos planos encontraron diversas anotaciones manuscritas haciendo
referencia a ministros chinos que presumiblemente estuvieron involucrados en la transacción, así como alusiones a “Munir”, refiriéndose probablemente a Munir Khan, a cargo
de la Comisión Paquistaní de Energía Atómica, que competía con A.Q. Khan para ver
quien de los dos lograba obtener primero el arma atómica para su país, para así poder
neutralizar a la que la India había ya desarrollado, equilibrando la carrera nuclear.
En esa fea carrera, el tamaño era primordial, ya que solamente un arma nuclear pequeña
puede montarse en la cabeza de un primitivo misil paquistaní. Una de las anotaciones
encontradas curiosamente decía: “La bomba de Munir es mas grande”.
Los expertos en inteligencia creen que Khan intercambió con China su propia tecnología
centrífuga, por el diseño de la bomba atómica.
Las inesperadas dimensiones de las operaciones de Khan (que concretó ventas por encima de los 100 millones de dólares en Corea del Norte, Irán y Libia solamente) causaron
sorpresa a los investigadores, pues habiéndolo tenido bajo vigilancia por espacio de casi
tres décadas, desde que comenzó a “acopiar” los distintos elementos que se requerían
para la construcción de la bomba atómica paquistaní, nunca detectaron sus transacciones
con países como Irán o Corea del Norte. Tan confiados estaban, que dos veces la CIA,
una en los setenta, y otra en los ochenta, persuadió a la inteligencia holandesa -como
hechos dicho- de no arrestar a Khan, para así poder seguirle el rastro.
El presidente Bush asegura que la red de Khan ha sido ahora desmantelada, pero hay
evidencia de que parte de ella puede seguir parcialmente activa, así como que continúan las investigaciones sobre la misma, en Washington y en Viena, donde esta basada
la AIEA.
La cooperación entre las Naciones Unidas y los EEUU pareció haberse estancado. Especialmente desde que la administración Bush apuntó sus cañones a tratar de remover
al director general de la AIEA, Mohamed El Baradei, por no haber éste refrendado los
informes de inteligencia de la Casa Blanca previos a la guerra con Irak. Ahora que ha
sido reelecto es posible que esa cooperación -esencial- vuelva a implementarse.
En el largo año que va desde las confesiones parciales de Khan, Pakistán lo ha perdonado
oficialmente y ha negado a los investigadores de los EEUU todo contacto con él. Ellos
no han tampoco tenido acceso al jefe de operaciones de Khan, Buhara Sabed Abu Tahir,
que está detenido en una cárcel, en Malasia.
Esto ha posibilitado que aún estén sin respuesta algunos interrogantes sobre las actividades y alcances de la red de Khan, esto es: si (i) los militares paquistaníes (como se
sospecha) estuvieron o no involucrados en el tráfico de armas en el mercado negro; y (ii)
que otros países o grupos, aparte de Libia, Irán y Corea del Norte recibieron materiales
nucleares, desde diseños y planos de centrífugas, combustibles, y/o planos para la confección de la bomba atómica.
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El “contacto” iraní
A pesar de toda la vigilancia y esfuerzos de seguimiento que se habían montado, los expertos norteamericanos parecían estar siempre unos pasos atrás de Khan.
En los noventa, la sospecha generalizada era que Irán estaba recibiendo la mayor parte
de su ayuda desde Rusia, que proveía a ese país con reactores y con alta tecnología. Prácticamente no se le prestaba siquiera una mínima atención a los múltiples contactos entre
Khan y de los iraníes. Hoy, en cambio, se sabe que si Irán llega a fabricar la bomba atómica en los próximos años no va a ser por “culpa” de los rusos, sino porque seguramente
recibieron la “ayuda” del Dr. A.Q. Khan y sus secuaces.
La administración Bush tiene plena conciencia del peligro que el Dr. Khan todavía representa, aunque la CIA está hoy convencida de haber logrado penetrar, completamente, la
organización de su red.
Pero accionar efectivamente en contra de Khan traería aparejado entrar en un área altamente sensible con Pakistán, un aliado tan frágil como importante para la lucha contra
el terrorismo, donde Khan es considerado como una suerte de héroe nacional y venerado
por igual por los nacionalistas y fundamentalistas. Eso parece haber impedido la posibilidad de poder siquiera interrogarlo, hasta ahora. Aunque no se descuenta que el propio
Khan, puesto “contra la pared”, pudiera hacer revelaciones embarazosas para muchos en
Paquistán.
Washington tiene entonces poco margen de acción para forzar al presidente de Pakistán,
Pervez Musharraf, a apretar las clavijas de una suerte de prohombre nacional. Mas aún
teniendo en cuenta que Khan puede llegar a tener en su poder alguna evidencia concreta
que -como hemos sugerido- podría implicar al propio gobierno paquistaní, o a sus militares, en alguna de sus transacciones.
La “sombra” de Bin Laden
Después de los ataques del 11/9/01, los EEUU enviaron una misión especial a Pakistán
con el propósito de manifestar su preocupación por las actividades del Dr. Khan, ya que
corría el rumor de que algunos de los miembros de su “red” habían mantenido contactos
con Osama ben Laden.
Pero no pudieron sacar nada en limpio, regresando a Washington con la duda de si
los Laboratorios Khan operaban, o no, con la complicidad de los militares paquistaníes, o eran controlados por terceros, motivados por las enormes ganancias que podían
obtenerse y por la posible comercialización de bombas nucleares por todo el mundo
islámico.
La “confesión” de Khan
Descubierto que fuera Khan, la presión cayó enseguida sobre el Gral. Musharraf, lo cual
lo llevó a forzar una larga y emotiva “confesión” televisada por parte de Khan, durante la
cual el traficante no brindó precisión alguna y después de la cual fue formalmente y, pese
a todo, absuelto por Musharraf.
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La red proliferadora de A.Q.Khan
Los norteamericanos insistieron en que se les dejara interrogarlo, tanto a él como a su
segundo, Tahir, un empresario oriundo de Sri Lanka y residente en Dubai y Malasia. Pero
no tuvieron éxito alguno.
Los paquistaníes se rehusaron e insistieron en que se les hicieran llegar las preguntas
escritas para Khan, que ellos devolverían con las respuestas pertinentes. Muy poco es lo
que se logró, entonces. Algunas de las preguntas formuladas directamente nunca se contestaron. Y en otras quedó flotando la duda de si realmente las respuestas eran de Khan,
o del propio gobierno paquistaní.
Estos interrogantes han profundizado la incógnita acerca de qué países, aparte de Libia,
pudieron entonces haber recibido los diseños de la bomba nuclear china que estaban en
manos de Khan. Los servicios de inteligencia hoy no pueden asegurar si otras naciones han
recibido -o no- estos diseños, aunque se sospecha -reitero- de Irán y Corea del Norte.
Los norteamericanos dejaron luego de presionar en esto a Pakistán, debido al compromiso asumido por el Gral. Musharraf de colaborar en combatir de frente el terrorismo
islámico, lo que ha provocado que del mayor responsable de la proliferación de armas
nucleares del ultimo medio siglo, el Dr. Khan, no se haya podido obtener información
concreta alguna.
Otros clientes
Expertos de los EEUU así como otros investigadores privados sospechan que la lista de
posibles clientes de Khan incluye a: Siria, Egipto, Arabia Saudita, Sudán, Malasia, Indonesia, Kuwait, Myanmar y Abu Dhabi.
Dada la urgencia y el nivel de los descubrimientos de la “conexión” Libia/Khan, muchos
especialistas, tanto gubernamentales como privados, supusieron que la administración
Bush y la AEIA trabajarían juntos en sus investigaciones. Pero algunos diplomáticos
europeos afirman que la administración Bush -precavida- nunca facilitó demasiada información válida como para respaldar las sospechas que flotan sobre otros países.
Los norteamericanos afirman que les resulta riesgoso compartir sus informes “clasificados”, porque la AEIA misma puede ser infiltrada. La agencia está compuesta por 137
países miembros, alguno de los cuales podría estar usándola para su propia “cacería” de
secretos nucleares. “Los policías y los ladrones están en el mismo directorio”, afirmó un
avezado técnico de la administración Bush. “Es imperativo pensar si no necesitamos una
nueva “súper agencia” para contrarrestar al nuevo mundo de los A.Q. Khans”, prosiguió,
“porque está claro que hoy no tenemos el sistema necesario”.
El Dr. El Baradei, cabeza de la agencia nuclear de las Naciones Unidas (AEIA), sostiene
que sigue a fondo con su investigación, a pesar que la administración Bush quiera removerlo cuando finalice su mandato, lo que ocurrirá a fines del presente año.
En una entrevista conferida en Viena, se defendió citando los informes que ya ha logrado
extraer de Irán, y los distintos descubrimientos realizados por los funcionarios de su agencia respecto de los tentáculos de la red Khan en mas de 30 países alrededor del mundo.
Uno de los métodos utilizados consistió en investigar individualmente a los países que
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fueron visitados por Khan, antes de su arresto. Expertos nucleares sugieren que los mismos fueron: Afganistán, Egipto, Irán, Costa de Marfil, Kazajstán, Kenya, Malí, Mauritania; Marruecos, Níger, Nigeria, Corea del Norte, Arabia Saudita, Senegal, Sudán, Siria,
Túnez y los Emiratos Árabes Unidos. Muchos de ellos son islámicos, y varios de los
países africanos, además, son ricos en mineral de uranio.
Una de las mayores operaciones consistió en rastrear datos en una media docena de edificios y depósitos pertenecientes a la red, situados en Dubai, los cuales fueron -durante
años- utilizados para almacenar y embalar las centrífugas comercializadas.
Otros implicados
Tanto en Washington como en Viena, las investigaciones más delicadas pueden comprometer a importantes aliados norteamericanos, incluyendo a Egipto y a Arabia Saudita. Hasta
ahora, según oficiales de inteligencia, no hay ninguna evidencia firme de que existan programas nucleares clandestinos en esos dos países que hayan salido definitivamente a la luz.
Sí han surgido -en cambio- algunas dudas acerca de cómo se cursaban las comunicaciones entre SMB Computers, una empresa de Dubai que operaba como “frente” para la red
de Khan, y Arabia Saudita. Pero esa empresa también actúa en transacciones legítimas de
ventas de computadoras, lo que le confiere una cierta cobertura legal. También es sabido
que científicos sauditas viajaron a Pakistán
para participar en conferencias científicas del
Las ventas realizadas por
Dr. Khan. Pero estos encuentros no eran ni
Khan a los gobiernos de
secretos, ni ilegales.
Hay dudas, tanto en Washington como en
Corea del Norte, Libia e
Viena, respecto de la relación con Egipto, que
Irán superaron los 100
tiene dos reactores de investigación en actividad cercanos a El Cairo y toda una larga hismillones de dólares
toria de debates internos sobre si fabricar, o
no, armas nucleares. Pero los inspectores de
la AEIA que recientemente visitaron ese país no encontraron ninguna prueba concreta de
la existencia de operaciones clandestinas con armas nucleares.
Preocupada por todo lo que aun le es desconocido, la AIEA está silenciosamente organizando lo que ha dado en llamar la “Unidad Encubierta para Análisis de Comercialización Nuclear”. Consta de una media docena de especialistas en la búsqueda de evidencias
de operaciones de la red Khan y de sus imitadores. Veremos qué es lo que sus hombres y
mujeres terminan pudiendo descubrir.
Esta es la inusual historia que -hasta hora- ha trascendido. Como el témpano, algo hay
-que se ve- sobre la superficie. Pero lo principal parece seguir estando sumergido, completamente fuera de nuestra vista.
A un año del arresto domiciliario del hoy millonario Dr. A.Q. Khan, de 70 años, los secretos de sus actividades en el mercado negro nuclear siguen apareciendo, sacando a la
luz los negocios de una temible empresa criminal de alcance realmente global.
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La red proliferadora de A.Q.Khan
Aunque desgraciadamente las diferencias entre la administración Bush y la AIEA, sumadas al recelo de Washington por evitar presionar demasiado para poder tener acceso
a Khan, para no desestabilizar así a un país aliado, han dado como resultado una cierta
desaceleración de la investigación, ayudando a que la dimensión real de las actividades
del Dr. Khan siga todavía envuelta en la penumbra.
No es que no haya pistas. Funcionarios de inteligencia norteamericanos y de la AIEA,
que trabajan coordinada aunque separadamente, siguen desmenuzando pacientemente
los innumerables viajes que Khan realizara durante los años previos a su arresto.
Las investigaciones dan cuenta de extensos periplos que cubren dieciocho países, incluyendo
a Siria, Arabia Saudita y Egipto, catalogados todos como “viajes de negocios”, sea para comprar materiales (como uranio) o para vender mercadería vinculada a la actividad nuclear.
Entre lo que se ha ido encontrando aparece toda una red de sigilosas y disfrazadas operaciones con conexiones en Malasia, Europa y en Medio Oriente. Toda la actividad esa
controlada por una empresa central, “Gulf Technical Industries”, con base en Dubai,
donde además se encontró algún material radioactivo, así como un registro de contactos
telefónicos con Arabia Saudita. En Sudáfrica, por su parte, se incautaron once contenedores con partes de equipos para el enriquecimiento de uranio.
Esta complicada historia de misterio y fortunas aún no ha terminado por cierto, por lo
que todavía puede deparar -en el futuro- más sorpresas. El tiempo dirá ■
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