Ser Psicoanalista - Lic. Alvaro Tulaniche Psicólogo

Ser Psicoanalista
Sin
rodeos,
el
psicoanalista
es
enseñante,
con
conocimiento de que él no sabe lo que el otro sí. La
práctica lo confirma cada vez, cuando un paciente está
frente a nosotros, lo único de lo que podemos estar seguros
es que de ese otro que se nos presenta no sabemos nada.
Solo un llamado, algunas palabras, un nombre, una edad, una
problemática, una voz.
Es difícil decir, definir el ser en esta disciplina
que convoca lo oculto, lo desalojado, Freud decía “allí
donde ello estaba, Yo debo ser”, a lo que Lacan decía
“donde Ello era, Yo (Je) debe advenir”. ¿De qué hablaban?
De que allí donde el sujeto no estaba, es decir, el sujeto
que no habla, el mismo debe ubicarse, debe posicionarse.
Desde su discurso, desde su inconsciente. Solemos hablar de
sujeto
sujetado
a
este
discurso,
a
las
palabras,
a
lo
inconsciente, a algo que nos precede. En esto va también la
posición del analista, quien debe ubicarse en una posición
que no es cualquiera. Sería propio de la posición de un
docente el ubicarse como alguien que conoce y que sabe
acerca de algo que el otro no, en este caso quien consulta.
Como si la teoría y la técnica pudieran ser una especie de
universalidad que contemplara todos y cada uno de los casos
por igual y que a la menor queja, tal o cual será la
solución para todos por igual. No hay nada que diste mas
del psicoanálisis que la autoayuda, una disciplina que uno
puede respetar e inclusive reconocer que en algún sentido a
alguien
pueda
ayudar,
pero
no es
de
ninguna
manera
la
posición en la que se ubica un analista, ni lo que explora
o lo que busca un psicoanálisis, y me atrevería a decir
cualquier psicólogo.
Para el analista, y para el psicoanálisis, el sujeto
es único e irrepetible, así como también, por supuesto,
totalmente desconocido su saber. He escuchado alguna vez
“lo que sirve para uno, no sirve para otro”, y esto es en
gran
medida
parte
de
lo
que
podemos
comprobar
en
la
clínica. Aunque este dicho parece dar por supuesto que ese
“algo que sirve”, o eso que “ayuda”, viniera de afuera y
esto no es del todo cierto.
Cuando un analista interpreta, o en un primer momento,
cuando
hace
devolver
al
algún
señalamiento,
analizante
algo
que
no
hace
el
mismo
otra
cosa
trajo
con
que
su
discurso y en el encuentro analítico. Nada es inventado o
impuesto por el analista. No hay una voz mágica que ilumine
a quien padece, a quien sufre, más que su propia voz, su
propio razonamiento.
Muchas veces me encuentro con frases que un paciente
trae sin dar “real” importancia a la misma, ciertos casos
encuentran su rumbo en estas cuestiones. Lo único que uno
hace, en su privilegiado lugar, el mismo que el propio
sujeto nos brinda, es decir lo que la persona dijo, y no
escucho,
en
evidentemente
el
no
momento
me
justo.
refiero
a
Cuando
que
digo
la
no
persona
escucho
necesite
consultar a un médico oto (del griego Otos = Oído)1, sino
que
tal
vez
en
el
momento
en
que
lo
dijo
no
podía
escucharlo. El retomar estas palabras en otro tiempo seguro
1
Oído: del Griego Otos, que dio la palabra Otología: Ciencia que estudia los oídos.
genere cosas novedosas para la persona, en caso de que ese
sea el tiempo en que pueda escucharlas, o en definitiva
escucharse.
Esto
también
es
el
psicoanalista,
es
un
tiempista en términos deportivos. Es quien de alguna manera
evalúa en este proceso que denominamos análisis, y en lo
que Lacan denominaba al hablar de dirección de la cura,
cuándo es el momento, pero, ¿Momento de quién? ¿De qué?
Diciembre de 2014
Lic. Psic. Alvaro Tulaniche