Evangelio de Marcos: evangelio de Mateo - E

15
Evangelio de Marcos
Evangelio de Mateo
Adolfo M. Castaño Fonseca
EVANGELIO DE MARCOS
EVANGELIO DE MATEO
ADOLFO M. CASTAÑO FONSECA
EVANGELIO DE MARCOS
EVANGELIO DE MATEO
Biblioteca Bíblica Básica
15
!
Editorial Verbo Divino
Avenida de Pamplona, 41
31200 Estella (Navarra), España
Teléfono: 948 55 65 05
Fax: 948 55 45 06
www.verbodivino.es
evd@verbodivino.es
Diseño de cubierta: Francesc Sala.
© Adolfo Miguel Castaño Fonseca, 2010.
© Editorial Verbo Divino, 2010.
Fotocomposición: NovaText, Mutilva Baja (Navarra).
Impresión: GraphyCems, Villatuerta (Navarra).
Impreso en España - Printed in Spain.
Depósito legal: NA 3.015-2010
ISBN: 978-84-9945-123-7
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de
esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos: www.cedro.org)
si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
CONTENIDO
Presentación de la colección por los directores .....................
15
Siglas y abreviaturas ...............................................................
17
PRIMERA PARTE
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Preámbulo ...............................................................................
19
Introducción ...........................................................................
25
CAPÍTULO I. JUAN BAUTISTA, EL PROFETA
PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA DEL MESÍAS,
HIJO DE DIOS .......................................................................
I. Recorrido episódico de la presencia del Bautista en
Marcos .........................................................................
II. El rol del Precursor en los inicios del evangelio: 1,1-13
III. La figura profética del Precursor: 2,18-22; 6,14-16.17-29
Recapitulación ........................................................................
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45
Capítulo II. LA BUENA NOTICIA COMIENZA A SER
ANUNCIADA POR JESÚS, EL MESÍAS, HIJO DE DIOS
I. Comienzo de la Buena Noticia en Galilea (1,14) ......
II. Jesús proclamaba la Buena Nueva de Dios (1,14b) ....
49
49
51
33
8
EVANGELIO DE MARCOS. EVANGELIO DE MATEO
III. El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está
cerca (1,15a) ................................................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO III. LA BUENA NOTICIA PARA
LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I) .........................
I. Los episodios acerca del discipulado en el evangelio
de Marcos ....................................................................
II. La llamada de los primeros cuatro, un paradigma discipular (1,16-20) .........................................................
III. «Con» Jesús y «desde» Jesús: llamados y enviados por
él (3,14-15) ..................................................................
IV. Siempre enviados desde Jesús (6,6b-13) .....................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO IV. LA BUENA NOTICIA PARA
LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II) .......................
I. Discípulos de un Mesías que debe sufrir, morir y resucitar (8,27–10,52) .......................................................
II. Discípulos de un Mesías escatológico (8,38–9,1) .......
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO V. LA BUENA NOTICIA PARA
LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III) ......................
I. La formación de los discípulos por medio de preguntas
II. La prueba y el servicio, características primordiales de
los discípulos ................................................................
III. Abandono y reencuentro de Jesús con sus discípulos ...
Recapitulación ........................................................................
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99
99
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112
CAPÍTULO VI. LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN ..........
I. Características de los relatos de milagro en el evangelio de Marcos ...............................................................
II. Recorrido episódico de los relatos de milagro ............
III. Una jornada paradigmática de los milagros de Jesús
(1,21-32) ......................................................................
Recapitulación ........................................................................
115
121
128
CAPÍTULO VII. LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA
POR LAS PARÁBOLAS .......................................................
I. Recorrido episódico de las parábolas ..........................
131
133
115
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CONTENIDO
9
II. El discurso parabólico de Mc 4 ...................................
III. Imágenes parabólicas (2,21-22; 4,21-23.24-25; 9,50;
13,28-29.33-37) ...........................................................
Recapitulación ........................................................................
141
145
CAPÍTULO VIII. LA BUENA NOTICIA
EN CONTROVERSIA ..........................................................
I. Recorrido episódico de las controversias ....................
II. Controversias propiamente tales .................................
III. Alguna de las llamadas «discusiones de escuela» .......
Recapitulación ........................................................................
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149
150
158
167
CAPÍTULO IX. LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
I. Los motivos del «discurso apocalíptico» en el evangelio de Marcos ...............................................................
II. Estructura del discurso .................................................
III. La venida del Hijo del hombre (13,24-37) .................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO X. LA BUENA NOTICIA ALCANZA
SU PUNTO MÁS ALTO (I) ................................................
I. Recorrido episódico del relato de la pasión ................
II. La pasión, desenlace de las hostilidades por parte de
los adversarios ..............................................................
III. La pasión y la resurrección en el dinamismo salvífico
mesiánico .....................................................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO XI. LA BUENA NOTICIA ALCANZA
SU PUNTO MÁS ALTO (II) ...............................................
I. La resurrección del Señor, momento culminante y
coronación de su mesianismo .....................................
II. Recorrido episódico del relato sobre la resurrección
del Señor .....................................................................
III. El hallazgo del sepulcro vacío, aparición y anuncio
del mensajero ...............................................................
Recapitulación ........................................................................
Conclusión general .................................................................
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EVANGELIO DE MARCOS. EVANGELIO DE MATEO
SEGUNDA PARTE
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Preámbulo ...............................................................................
227
Introducción ...........................................................................
229
CAPÍTULO I. LLEGADA DEL MESÍAS,
POR EL «CAMINO», HACIA EL «CUMPLIMIENTO»
DE TODA JUSTICIA ...........................................................
I. Recorrido episódico de Mt 1–2 ...................................
II. El nacimiento del Mesías en una historia que llega a
su plenitud (1,1-25) ....................................................
III. El nacimiento del Mesías más allá de las fronteras de
Israel (2,1-12) ..............................................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO II. EL PRECURSOR DEL MESÍAS
VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA» ...................
I. Recorrido episódico sobre el Bautista en Mateo ........
II. Los momentos de la historia que se unen por medio
del Bautista (3,1-17) ...................................................
III. Los momentos de la historia que se distinguen por
medio del Bautista (11,7-14; 17,10-13) ......................
IV. Dos grandes eslabones entre las dos etapas de la historia (14,3-12; 21,32) ..................................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO III. EL MESÍAS DE LA PALABRA
PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS
DE LA NUEVA JUSTICIA (Mt 5–7) ..................................
I. Articulación de la predicación de Jesús en el sermón
de la montaña ..............................................................
II. La identidad de los que viven la nueva época o los
agentes de la justicia (5,3-16) .....................................
III. El nuevo lugar de la Ley, principio básico para la
«justicia» (5,17-19) .....................................................
IV. La superación no excluye la continuidad (5,20-47) ...
V. La continuidad no excluye la superación (6,1-18) .....
VI. La base de la justicia mayor es la nueva filiación
(5,16.45.48) .................................................................
Recapitulación ........................................................................
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CONTENIDO
CAPÍTULO IV. EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA
EL REINO Y SU JUSTICIA .................................................
I. Recorrido episódico de los relatos de milagro en el
evangelio de Mateo .....................................................
II. Los milagros, otra forma de enseñanza del Maestro,
investido de autoridad .................................................
III. El Mesías poderoso, que actúa por compasión ............
IV. Los milagros del Mesías en Mateo ..............................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO V. LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA
JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I) ..........
I. La importancia de los discípulos y del discipulado en
el evangelio de Mateo .................................................
II. Recorrido episódico acerca de los discípulos y del discipulado en el evangelio de Mateo .............................
III. El llamado para el discipulado (Mt 4,18-22; 8,18-22;
9,9)................................................................................
IV. Características y exigencias del discípulo en el sermón de la montaña (Mt 5–7) .....................................
V. Imágenes que ilustran la identidad de los discípulos en
la primera gran instrucción .........................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO VI. LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA
JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II) .........
I. Recorrido episódico de los discípulos en los cuatro
grandes sermones restantes .........................................
II. El discurso de la «misión y del testimonio» (10,1–11,1)
III. Características y exigencias del discípulo en el discurso parabólico (13,1-53) ..........................................
IV. Características y exigencias del discípulo en el discurso eclesial (17,22–18,35) .............................................
V. Características y exigencias del discípulo en el discurso «apocalíptico» (24,1–25,46) ...................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO VII. LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA
JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III) ........
I. Recorrido episódico de los pasajes acerca de los discípulos .............................................................................
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363
363
12
EVANGELIO DE MARCOS. EVANGELIO DE MATEO
II. La sección narrativa de los milagros (8,1–9,38) .........
III. La sección narrativa entre el discurso de la misión y
el parabólico (11,2–12,50) ..........................................
IV. La sección narrativa entre el discurso parabólico y el
discurso eclesial (14,1–17,21) .....................................
V. La sección narrativa entre el discurso eclesial y el
discurso escatológico (19,1–23,39) .............................
VI. El relato de la pasión y de la resurrección del Señor
(26,2–28,20) ................................................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO VIII. LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO
ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS ..............................
I. Recorrido temático de las parábolas mateanas ...........
II. El «Reino de los cielos» es semejante a... (Mt 13) .....
III. Dos instrucciones a la comunidad en forma de parábolas (18,12-14.23-35) ................................................
IV. La viña y el Reino (20,1-16; 21,28-31.33-43) ............
V. Una nueva advertencia para la comunidad mesiánica
(22,1-10.11-14) ...........................................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO IX. LA OPOSICIÓN AL REINO
Y A SU JUSTICIA ................................................................
I. Recorrido episódico de las oposiciones .......................
II. Primeras oposiciones, a pesar de la prioridad de Israel
(8,1–12,45) ..................................................................
III. Segunda gran sección de oposiciones contra el Mesías
rechazado (13,53–17,27) .............................................
IV. Tercera gran sección de las oposiciones (21,1–23,39)
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO X. LA PROYECCIÓN FINAL DEL REINO
Y SU JUSTICIA ....................................................................
I. Recorrido episódico del discurso apocalíptico ............
II. Los inicios de la tribulación en Jerusalén e invitación
a no dejarse engañar (24,1-25) ...................................
III. La venida del Hijo del hombre (24,26–25,46) ...........
Recapitulación ........................................................................
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463
CONTENIDO
CAPÍTULO XI. EL CUMPLIMIENTO DE TODA JUSTICIA
LLEGA A SU PLENITUD (I):
LA MUERTE DEL MESÍAS .................................................
I. Recorrido episódico del relato mateano de la pasión ..
II. Algunos rasgos característicos del relato mateano de
la pasión y muerte del Mesías .....................................
Recapitulación ........................................................................
CAPÍTULO XII. EL CUMPLIMIENTO DE TODA JUSTICIA
LLEGA A SU PLENITUD (II):
LA RESURRECCIÓN DEL MESÍAS ...................................
I. Recorrido episódico del relato mateano de la resurrección del Mesías ............................................................
II. Relación del relato de resurrección con otras partes
del evangelio de Mateo ...............................................
III. Características particulares del relato mateano de la
resurrección del Mesías ...............................................
Recapitulación ........................................................................
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467
480
483
483
484
487
497
Conclusión general .................................................................
501
Bibliografía básica ...................................................................
507
Glosario básico .......................................................................
513
PRESENTACIÓN
DE LA COLECCIÓN
POR LOS DIRECTORES
Los cristianos y cristianas de América Latina comemos y bebemos
la Palabra de Dios cada día de nuestro peregrinar a la Casa del Padre.
Gracias a nuestras asambleas dominicales, cursos bíblicos, formación
catequística y pro-sacramental, y a tantas otras iniciativas de evangelización, hemos ido haciendo vida el Pan de la Palabra que orienta
nuestro caminar y le da coherencia a nuestra historia, al mismo tiempo que nos identifica como Familia de Dios e Iglesia del Señor Jesús.
Esta serie de la Biblioteca Bíblica Básica ofrece vías distintas para
estudiar los libros bíblicos, y quiere reflejar la policromía de métodos
e interpretaciones de la Escritura que florecen en las diversas geografías y en los distintos suelos eclesiales. Por eso, cada autor aporta desde su propio contexto y perspectiva, pero enraizado en una comunidad creyente que vive su fe y transforma sus condiciones de vida.
Convencidos de que la Palabra de Dios manifiesta su fortaleza en la
historia personal y comunitaria, esta serie privilegia la interpelación
que provoca la Palabra de Dios que nos lleva a dialogar y a reconocernos compañeros de camino y hermanos, es decir, a configurar la
Iglesia, proyecto en construcción del Reinado de Dios entre nosotros.
Los estudios que presentamos, básicos, van destinados a gente
que ya conoce las páginas de la Biblia y que quiere afianzar y profundizar tanto el mensaje que Dios nos comunica, como los modos
y medios con los que nos lo entrega. La lectora y el lector encontrarán aquí informaciones sólidas sobre los tópicos tratados, pero sin
el aparato científico que, a veces, cohíbe la lectura. La bibliografía
ofrece un recurso para los que deseen ampliar su estudio. Por lo demás, estas guías están mostrando ser instrumentos muy útiles en las
manos de agentes de pastoral, religiosas y religiosos, alumnas y
16
EVANGELIO DE MARCOS. EVANGELIO DE MATEO
alumnos de Escuelas e Institutos Bíblicos, seminaristas y sacerdotes
que quieran crecer en amor y conocimiento de la Palabra de Dios.
Este volumen, el 15º de la Biblioteca Bíblica Básica, estudia los
evangelios de san Marcos y de san Mateo, con la guía del Dr. Adolfo M. Castaño Fonseca, un experto en estos renglones. Adopta lecturas temáticas sobre los textos evangélicos, asumiendo como columna vertebral “El anuncio de la Buena Noticia” para las páginas
de san Marcos, y “El Reino y su justicia” para las de san Mateo. Este
proceder nos lleva a descubrir en el texto articulaciones que hemos
de conjugar con nuestros valores personales y sociales para transformar nuestra realidad. Quien estudie así el Evangelio pronto notará los beneficios de esa lectura.
Sabemos que leer la Palabra de Dios no es un fin en sí mismo,
sino el medio privilegiado para compartir la Vida y los valores del
Reino. Por esto, hay que tener presente siempre que la Palabra no
puede solapar discriminación alguna, ni encubrir con piedad la injusticia, ni adormilar voluntades con promesas a-históricas, porque
la Palabra es viva y eficaz, como asegura el Profeta:
“Como bajan la lluvia y la nieve de los cielos y no regresan allá porque empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así la palabra que salga de mi
boca: no regresará vacía a mí porque realizará lo que me deleita y cumplirá aquello a lo que la envié” (Is 55,10-11).
Esta convicción milenaria es carne y sangre en el Pueblo de Dios
que se nutre de su Palabra. En las manos del Padre de todos ponemos estas páginas.
Agradecemos al Creador el don que nos hizo en Julián, sacerdote, amigo y compañero de camino también en este proyecto de la
BBB. Gracias a su iniciativa, y a la de Editorial Verbo Divino, estas
guías bíblicas con implante en México comenzaron a tomar forma
y rumbo. Fue siempre lector atento y corrector esmerado de nuestras páginas; igual contactaba a un nuevo colaborador o nos mandaba una nota fresca mientras enseñaba en Cuba o vacacionaba
junto a los suyos, que nos daba la enhorabuena por algún volumen
que él mismo había ayudado a lograr. En fin, que desde la Casa Común nos siga contagiando su entrega y entusiasmo por la Palabra.
Los directores
Ricardo López Rosas y Carlos Junco Garza
Representante de la Editorial
Julián Fernández de Gaceo, SVD †
SIGLAS Y ABREVIATURAS
Aunque tratamos de evitar siglas y abreviaturas, siempre difíciles para el lector, resultó inevitable usar algunas de ellas (generalmente tratamos de explicarlas dentro del mismo texto). Además de
las de los libros bíblicos (que suelen seguir a la Biblia de Jerusalén),
aquí hemos empleado las siguientes:
a.C.
Antes de Cristo o antes de la era cristiana
Ant.
Antigüedades de los Judíos, obra de Flavio Josefo
AT
Primero o Antiguo Testamento
c.
Capítulo
cc.
Capítulos
cf.
Confrontar
d.C.
Después de Cristo o después de la era cristiana
EvMc
Evangelio de Marcos
EvMt
Evangelio de Mateo
LXX
Septuaginta o Versión de los Setenta
NT
Segundo o Nuevo Testamento
s.
Siglo
San.
Sanedrín
v.
Versículo
vv.
Versículos
PRIMERA PARTE
EL EVANGELIO SEGÚN
SAN MARCOS
PREÁMBULO
El evangelio que la tradición cristiana atribuyó a san Marcos,
siendo el primero de su género, muchas veces ha tenido que pagar
las consecuencias de su originalidad y de su «nacimiento temprano», pues no siempre ha sido bien valorado. En alguna época fue
considerado sólo como una simple abreviación de otro relato evangélico, sobre todo de Mateo; además, al no poseer episodios del estilo de los dos primeros capítulos de los otros dos sinópticos, le valió el ser ignorado incluso por el arte.
El lenguaje sencillo y familiar de Marcos acusa los rasgos de un
trabajo más preocupado por transmitir el mensaje de Jesús a sus lectores, que de presentarse como una obra literaria bien elaborada.
Sin embargo, a pesar de la simplicidad de su estructura, de la parquedad de su estilo y de su lenguaje coloquial, esta obra posee grandes méritos al abrir un camino inédito, pues a partir de aquí queda
inaugurado un nuevo género literario: el «evangélico». En adelante, otros más se encargarán de seguir y mejorar lo que Marcos ha iniciado: tres evangelios más que entrarán a formar parte del canon de
los libros inspirados –Mateo, Lucas y Juan–, pero también otra serie, numerosa por cierto, de «evangelios» que recibirán el calificativo de «apócrifos».
Es posible afirmar que Marcos se halla en la etapa final de un
proceso, pero al mismo tiempo en el inicio de otro, pues concluye
con el período de la transmisión oral y abre el inicio del escrito. Antes de la aparición de documentos, el mensaje de Jesús era transmitido básicamente en la predicación, en la catequesis, en las celebraciones litúrgicas y en otras formas que tuvieron lugar en la vida de
las comunidades cristianas primitivas.
22
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Si bien es preciso señalar que los primeros escritos que forman el
Nuevo Testamento no fueron exactamente los evangelios, sino las
cartas de Pablo, y teniendo en cuenta además que antes de la redacción final de Marcos pudieron existir ya algunos fragmentos escritos sobre dichos y hechos de Jesús (que pudieron haber circulado
de forma independiente en las diversas comunidades), también es
necesario resaltar y reconocer el excelente trabajo emprendido por
el primero de los evangelistas.
Por tanto, sin caer en falsas y exageradas pretensiones, tampoco
se pueden restar méritos al trabajo realizado por Marcos; por el contrario, es necesario considerar en su justo valor lo que significó para
la comunidad cristiana el nacimiento de la obra de Marcos. Además, el hecho de escribir constituyó un recurso valioso para transmitir y preservar mejor el mensaje del Señor, pero sobre todo para
servir en la predicación y en la catequesis, una vez que los testigos
oculares iban desapareciendo.
La pregunta que está en la base del evangelio de Marcos es aquella referente a la persona misma de Jesús: «¿Quién es?» La respuesta va siendo dada por el autor de forma paulatina y progresiva. El
primer verso constituye una especie de resumen condensado de
toda la obra: Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (Mc
1,1). El cuerpo del escrito se irá encargando de explicar en qué consiste el carácter de Jesús como Mesías e Hijo de Dios.
El silencio que el mismo Jesús impone a quienes lo escuchan es
parte de esa pedagogía querida por el evangelista. La confesión de
Pedro en Cesarea de Filipo, donde este discípulo, en nombre de todos los demás, declara abiertamente que Jesús es el Mesías (cf. Mc
8,27-29), viene a ser entonces como el corazón mismo del evangelio y una especie de parteaguas del mismo. La confesión encontrará
eco en la que habrá de hacer el centurión romano al pie de la cruz
(cf. Mc 15,39) y que funcionará como marco, en una referencia directa al inicio.
Podemos detectar desde el principio lo que Marcos buscó al
componer su obra: su deseo de enfocarse en la persona de Jesús para
presentarlo como el Cristo y el Hijo de Dios. Pero, sin detenerse en
disquisiciones teóricas y discursos abstractos, lo hace en forma de
una narración, donde va describiendo y presentando diferentes rasgos que delinean el auténtico perfil mesiánico. Por eso, cuando peligra la idea correcta de ese mesianismo, lo mejor es guardar silencio, hasta llegar a la genuina comprensión.
PREÁMBULO
23
Junto al Mesías están aquellos que él mismo llama para que estén
con él y para enviarlos a predicar (Mc 3,14). Estos discípulos son los
destinatarios inmediatos de las enseñanzas de Maestro, pero al mismo
tiempo se convierten en prototipos de los demás, es decir, de los lectores a los que va dirigido el evangelio. Los relatos acerca de la vocación (cf. Mc 1,16-20), de la elección (cf. 3,13-19) y de la misión (cf.
6,7-13) de los discípulos ocupan una posición privilegiada al comenzar cada una de las secciones de la primera parte. Pero también en la
segunda ocupan un lugar importante: son los únicos destinatarios de
la enseñanza en la que Jesús muestra las consecuencias de su caminar
hacia la cruz (Mc 8,31-39; 9,31-32; 10,32-34).
Los discípulos acompañan a Jesús durante su actividad, hasta el
instante en que fue arrestado. Y aunque llega el momento en que
ellos lo abandonan, pero este abandono no es definitivo. Jesús mismo los invitará a superar su huida, anunciándoles su reencuentro en
Galilea. Ellos son, por tanto, un constante punto de referencia para
el evangelista, ya que constituyen un grupo expresamente llamado
y elegido por Jesús para una tarea específica: «estar con él y ser enviados a predicar» (cf. Mc 3,14-15).
Podemos afirmar entonces que el evangelio de Marcos (en adelante EvMc) representa un esfuerzo considerable por convertir la
predicación oral sobre Jesús, el Mesías, en narración escrita. Se trata básicamente de un testimonio de fe dirigido a una comunidad
creyente, con la intención de transmitirle un mensaje de salvación,
para interpelarla e invitarla a dar una respuesta. Por tanto, no pretende proporcionar simples informaciones para saciar la curiosidad
de lectores neutrales. Un propósito es que quien se acerque a este
escrito encuentre la posibilidad de conocer la Buena Noticia de la
salvación de Dios en su Hijo amado, en orden a seguir a este Mesías
y Salvador y dar testimonio de él, como discípulo.
Aquí intentamos hacer una propuesta de lectura del EvMc,
teniendo como eje temático e hilo conductor precisamente el contenido del «Evangelio» o «Buena Noticia» de la salvación. Como
toda propuesta, ésta también tiene sus riesgos, entre los que se encuentra el no alcanzar a afrontar y mucho menos agotar todos los
contenidos de este escrito neotestamentario.
Por otro lado, este acercamiento no sólo supone, sino que exige
una lectura previa y atenta del texto completo de Marcos. Así el
lector, familiarizado con las distintas narraciones que lo componen,
podrá ir descubriendo cada vez más la riqueza de esta fuente viva.
24
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
El Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios, evangelio de salvación
y felicidad, ha venido siendo anunciado desde hace ya casi dos mil
años; sin embargo, muchos cristianos no parecen demasiado felices,
ni siquiera se sienten interpelados por él. Quizás porque ellos mismos
no han sido capaces de descubrir cuál es en realidad el contenido de
esa Buena Noticia de la salvación. Ésta es la razón por la que necesitamos regresar a esos testimonios escritos legados por la comunidad primitiva y lograr una nueva relectura de los mismos. En otras
palabras, deseamos un reencuentro con el mensaje proclamado en
los inicios y que fue lo que motivó e impulsó la propuesta de vida
plena y feliz para aquellas comunidades primitivas.
INTRODUCCIÓN
I. EL AUTOR DEL EVANGELIO
Con frecuencia es difícil llegar a descubrir con exactitud la identidad de muchos autores bíblicos. En efecto, aunque algunos, como
las cartas de Pablo, Santiago, Pedro, etc., llevan el nombre de quien
los escribió, o de quien pretendió hacerlo, no es éste el caso de los
evangelios, cuyos títulos les fueron atribuidos con el tiempo. Por tal
motivo, la autoría de Marcos, aunque está avalada por una tradición
muy antigua y atestiguada por manuscritos relativamente tempranos, sin embargo no pasa de ser una adición posterior a su redacción.
Hay varios testimonios antiguos, entre los ss. II y III d.C., que se
refieren al autor del EvMc: Papías, obispo de Hierápolis (ciudad del
Asia Menor) y un prólogo al evangelio que previene contra los errores del gnóstico Marción, señalan a Marcos como «intérprete del
apóstol Pedro». Este último indica a Italia como lugar de la redacción del evangelio.
A la tradición acerca de Marcos, discípulo y transmisor de Pedro, se suman otros como san Ireneo de Lyon, san Clemente y Orígenes de Alejandría. Por su parte san Jerónimo dice que Marcos es
intérprete del apóstol Pedro y primer obispo de la Iglesia de Alejandría.
En resumen, podemos afirmar que ya desde el principio del s. II
los testimonios externos atribuyen casi unánimemente la paternidad
del EvMc al intérprete de Pedro y fijan en Roma el lugar más probable de composición, a pesar de que después otros lo sitúen en Alejandría. Sobre la probable fecha de composición han surgido diversas
26
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
tradiciones, pero el conjunto de los datos inclina a ubicarlo en una
fecha posterior al martirio de Pedro (entre los años 65 y 70 d.C.).
Aunque resultaría difícil negar la vinculación de Marcos con Pedro, defendida por la tradición, tampoco es posible suponer que él
fue la única fuente de información del evangelista. Las comunidades cristianas poseían una gran riqueza en cuanto a la transmisión
oral de los hechos y dichos del Señor, sobre todo en el uso de la predicación y de la catequesis. A la par pudieron existir algunos documentos fragmentarios escritos, que Marcos pudo recoger. De cualquier manera, el mérito del primer evangelista fue haber emprendido
una tarea inédita, que no sólo abrió derroteros para la elaboración
de los restantes, sino que llegó a convertirse en una fuente de capital importancia para los mismos.
II. EL LENGUAJE Y EL ESTILO DE MARCOS
La modesta calidad literaria del EvMc ha sido motivo de críticas
frecuentes, lo cual por un lado es un hecho innegable, pues forma
parte de la factura que tuvo que pagar alguien que se aventuró a emprender una obra de carácter inédito. Sin embargo también es justo poner de manifiesto sus logros y virtudes.
Marcos prefiere narraciones cortas y descriptivas, más que afirmaciones abstractas o grandes discursos. Esto se deja ver ya desde el
principio. Así, por ejemplo, describe bien a Juan Bautista (cf. 1,48), pero sólo pone en sus labios una proclamación bastante corta:
Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de inclinarme a desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua,
pero él os bautizará con Espíritu Santo (1,7-8); ésta, comparada con
las largas predicaciones de Juan en los evangelios de Mateo y Lucas,
representa tan sólo una frase lapidaria. Algo semejante ocurre con
el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto, apenas mencionadas por Mc 1,12-13:
A continuación, el Espíritu le empuja al desierto y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales
del campo y los ángeles le servían.
En contraste, los dos restantes sinópticos desarrollan las tentaciones de manera amplia (cf. Mt 4,1-11; Lc 4,1-13).
Tal proceder se deja ver desde el inicio y es una constante a lo
largo de casi todo el evangelio. Carece de los grandes discursos de
INTRODUCCIÓN
27
Jesús, como el sermón de la montaña de Mateo o las múltiples enseñanzas de Jesús a sus discípulos en el relato lucano del camino hacia Jerusalén. Están ausentes también varias parábolas, algunas comunes a Mateo y a Lucas, otras presentes únicamente en cada uno
de éstos. Lo más notable es, desde luego, la falta de materiales como
las llamadas narraciones «de la infancia», que tienen lugar, aunque
siguiendo una dirección distinta, en los dos primeros capítulos de
Mateo y Lucas, respectivamente.
Conforme al uso del lenguaje coloquial que utiliza el EvMc, llama la atención la presencia de diminutivos y de las palabras latinas.
Entre los primeros están «hijita» (5,23; 7,25), «pececillo» (8,7), «niñita» (5,41), «perrito» (7,27), «niñito» (5,39), «orejita» (14,47).
Son palabras latinas: «denario», «centurión», «cuadrante», «legión»,
etc., las cuales sugieren que el evangelista escribió si no en Roma,
sí en un ambiente influenciado por la lengua latina.
Otra característica del evangelio en cuestión es el uso frecuente
del llamado «presente histórico», es decir, cuando el evangelista usa
verbos en tiempo presente para narrar acontecimientos que en realidad tuvieron lugar en el pasado. Este presente histórico, aunque es
de corte popular, también fue utilizado en el griego clásico.
El EvMc usa mucho el plural impersonal, es decir, el verbo en
plural sin otro sujeto que el que se puede suponer implícito: «gente». Éste sustituye con frecuencia a la voz pasiva, por ejemplo:
y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien
tiene autoridad (1,22); la suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le
hablan de ella (1,30); a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y
endemoniados (1,32); acudían a él de todas partes (1,45),
y otros más (cf. 2,18; 3,2.32; 5,14.35; 6,14.33.43.54).
El evangelista echa mano de los pleonasmos, es decir, de expresiones que expresan abundancia. Las frases de Marcos contienen
muchas expresiones redundantes, al menos aparentemente, por
ejemplo: Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la
región de Galilea (1,28); al atardecer, a la puesta del sol (1,32); de
madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro (1,35); pero él, así que
se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de
modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad,
sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios (1,45), etc.
El EvMc está escrito en un griego bastante sencillo y popular que
presenta sorprendentes afinidades con la lengua hablada. Quizá la
28
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
característica más clara del EvMc sea su uso frecuente de la conjunción copulativa «y», como partícula de coordinación entre los
diferentes pasajes del escrito. En consecuencia, el evangelista no
suele emplear períodos amplios en los que es preciso usar partículas,
conjunciones y participios de subordinación, aunque también posee
sus excepciones (cf. 5,25-27).
Por tanto no hay que exagerar el carácter «bárbaro» del griego
de Marcos, pues de hecho existen pasajes que denotan cuidado en
la redacción. Merecen citarse a este respecto algunas descripciones,
como en el caso del endemoniado (5,15-18). La distinción entre los
verbos «hizo» y «tuvo compasión», que tienen lugar en 5,19, así
como otro tipo de construcciones muestran buenas cualidades, aunque sin negar las múltiples limitaciones de estilo.
La impresión que recibimos al leer el EvMc es que este evangelista pone por escrito la tradición, tal como la encuentra; sin embargo,
aunque este fenómeno resta méritos a la calidad, está compensada por
la importancia que concede a la tradición de la que es portador.
Aunque en los inicios del siglo pasado se llegó a proponer que el
EvMc fue escrito originalmente en latín y que algún cierto códice
(k) podría ser un fragmento mal escrito del original perdido, de
acuerdo con las investigaciones más recientes, el EvMc fue escrito
directamente en griego, pero en algún lugar del Imperio romano,
quizá en la capital misma, donde el koiné (griego común) era el dialecto hablado, y en éste fue puesto por escrito, con las consecuencias obvias de una lengua que de suyo no era garantía de una buena
calidad literaria (cf. cuadro p. 235).
En conclusión, el EvMc manifiesta su carácter primitivo de diversas maneras, una de las cuales es el lenguaje sencillo que emplea;
sus narraciones suelen ser simples y descriptivas; gusta poco de los
discursos o de la acumulación de dichos y sentencias; acusa rasgos
de una elaboración poco cuidada; su lengua es el griego común, hablado por el vulgo. A pesar de todo, tiene el mérito de abrir un camino a otros de su género, pero sobre todo es el primero en presentar la persona y mensaje de Jesús en forma de narración.
III. EL PROPÓSITO DEL EVANGELIO
Principio de la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios (Mc 1,1).
Este primer versículo contiene una novedad asombrosa. Hasta en-
INTRODUCCIÓN
29
tonces se proclamaba el evangelio fundamentalmente en forma
oral, a pesar de que, como mencionamos, pudieron existir fragmentos
escritos e incluso de pequeñas colecciones de hechos y sentencias
del Señor. La transmisión de la enseñanza corría a cargo de testigos
vivos, apóstoles, profetas, doctores, ancianos, presbíteros, menos preocupados por citar exactamente las palabras de Jesús que por aplicarlas a la vida de las diferentes comunidades. Eran esos testigos vivos
los garantes de la autenticidad.
En un principio, los cristianos poseían como libros sagrados sólo
las Escrituras judías, es decir, el AT, de modo que, al menos en los
albores del cristianismo, en nada se distinguía en este rubro del pueblo hebreo. Poco a poco fueron siendo escritas y más tarde coleccionadas las cartas escritas por Pablo y por otros autores, las cuales
fueron adquiriendo fuerza normativa en las distintas comunidades
cristianas. Este proceso fue lento y paulatino, sin llegar a un consenso en cuanto a la selección de qué escritos poseían valor normativo. Poco a poco fueron surgiendo cada uno de los escritos neotestamentarios, aunque la aceptación de su carácter inspirado y, por
tanto, obligatorio en algunos casos tuvo que esperar algún tiempo.
Cuando escribe un «evangelio», Marcos introduce algo nuevo.
Al reunir los diversos elementos aportados por la tradición y organizarlos, el evangelista abre el camino a un género literario inédito.
A partir de entonces se van a componer «evangelios», aunque el
sentir cristiano realizará una selección de entre ellos y sólo se quedará con cuatro a los que considerará como inspirados por Dios, por
tanto normativos y canónicos.
Esa innovación correspondía a una necesidad: los testigos inmediatos comenzaban a desaparecer; frente a las numerosas interpretaciones, a veces divergentes, que iban dándose acerca del mensaje de
Jesús, era necesario procurar garantías y asegurar sus raíces en el pasado de Jesús. La intención básica del autor fue ayudar a conservar
y transmitir el mensaje del Mesías en el dinamismo de la proclamación. Se trataba de presentar la Buena Noticia de salvación, tal
como era comprendida y vivida en la comunidad, destinataria directa, para la que se escribía el evangelio.
El objetivo fundamental del EvMc es el anuncio de Jesús como
el Mesías. Por esta razón, el tema central y dominante es la identidad de Jesús. Son muchos los que se interesan por ella: los demonios, los discípulos, la multitud, Herodes, el sumo sacerdote, Pilato,
el oficial romano... A un entusiasmo inicial (cf. 1,45), sigue la crí-
30
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
tica que hacen los escribas (cf. 2,6), los fariseos (cf. 3,6), el pueblo
(cf. 6,6).
Un programa del evangelio se encuentra delineado en el primer
anuncio de Jesús, en Mc 1,14-15:
Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba
la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está
cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva».
La actividad de Jesús está centrada en este anuncio.
Los discípulos son los otros actores principales que entran en el
escenario del relato evangélico. Ellos están llamados a conservarse
en la fidelidad; más aún, Pedro, en nombre de éstos, es quien confiesa abiertamente la fe en el mesianismo de Jesús (cf. 8,27ss).
El camino de Jesús hacia Jerusalén es un momento muy propicio
para el adoctrinamiento de los discípulos: preanuncios de la pasión
(cf. 8,31ss; 9,30ss; 10,32ss), discursos del juicio de Dios sobre la destrucción del templo y sobre el final (13,1-37), etc. Pero no sólo a
través de palabras va apareciendo la identidad de Jesús, sino también por medio de acciones, como milagros, actitudes y la misma
muerte del Señor.
Así pues, un momento clave en la vida de la Iglesia tiene lugar
cuando aparece el primero de los cuatro evangelios canónicos. Es la
Buena Noticia centrada en la persona y mensaje del Mesías, a quien
le acompañan sus discípulos. Es una novedad que sin embargo se
apoya en el previo y largo trabajo de la comunidad cristiana, de
donde partió Marcos para elaborar con originalidad teológica su
obra, que habría de estar destinada a rebasar los márgenes de un entorno vital originario y abrirse a una perspectiva más amplia, hacia
la universalidad de la Iglesia.
IV. UN ANUNCIO QUE SE HACE RELATO
La predicación del evangelio, al encarnar la historia, se transforma en relato. Éste se pone al servicio de la predicación y él mismo
se convierte en predicación. Pero sólo podremos disfrutar del evangelio cuando lo miramos como lo que es, un relato completo en torno a la persona de Jesús y su mensaje de salvación.
Para gustar la riqueza del EvMc es preciso buscar cada una de las
unidades literarias mayores y menores y analizar la coherencia de la
INTRODUCCIÓN
31
obra en su conjunto. La razón de esta actividad estriba en que el
texto evangélico se compone de «fragmentos» breves en su mayoría, fácilmente aislables del contexto en que se encuentran y cuya
unión, en la mayoría de los casos, es artificial. Cada una de estas pequeñas unidades literarias es reconocible por su comienzo y por su
final y tiene ya un significado, incluso leído fuera de su contexto actual (ejemplo Mc 1,40-45; 3,1-6; 12,1-12; 4,26-29).
La fijación escrita de unidades menores y de otras ya conectadas
entre sí comenzó antes de que se iniciara la redacción más antigua
del evangelio. Esto significa que aunque Marcos lleva a cabo un trabajo original e inédito, él no ideó todo lo que escribió, recogiendo
únicamente de la tradición oral (la predicación de Pedro), como alguna vez se propuso. Antes bien, el evangelista trabaja, además de
sobre las tradiciones orales conocidas por él, sobre algunos materiales fragmentarios, incluso tomando ya algunas pequeñas colecciones. Pero es ciertamente Marcos el primero en reproducir la historia pasada de Jesús, desde el bautismo de Juan, hasta la resurrección,
con la intención de seguir una secuencia más o menos cronológica.
Tampoco es posible seguir un procedimiento cronológico preciso en el EvMc. Aunque por una parte la secuencia de las narraciones posee efectivamente un orden que avanza desde Galilea hacia
Jerusalén, en diferentes jornadas del ministerio de Jesús, sin embargo, por otra parte, es claro que la intención principal del narrador
es más bien de orden teológico: llevar a cabo la presentación de Jesús como Mesías e Hijo de Dios, con un método pedagógico de manera que el lector vaya entendiendo progresivamente cuáles son las
implicaciones de esa condición mesiánica y evitando falsas comprensiones.
A pesar de que Marcos constituye una obra que, por inaugurar
el género literario evangélico, podemos designar como «incipiente», sin embargo ha sido elaborada con perspectivas teológicas y
catequéticas definidas. Es por esto que la presentación de Jesús
como Mesías e Hijo de Dios que aparece en el título va siendo descubierta de forma progresiva. Jesús exige silencio a los que en el
inicio lo reconocen así, éste es lo que se ha llamado «el secreto mesiánico».
En conclusión, el EvMc, que nace en el seno de una comunidad
cristiana, no fue escrito sólo para informar a los lectores acerca de
lo que dijo hizo Jesús, sino sobre todo para anunciar la Buena Noticia de salvación, centrada en la persona del Mesías e Hijo de Dios.
32
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
V. ESTRUCTURA GENERAL DEL EVANGELIO
DE MARCOS
Casi siempre que se busca descubrir la estructura de algún libro,
sea bíblico o no, se corre el riesgo de caer en subjetivismos o incluso de querer imponer a la obra algo no pretendido directamente por
el autor; por eso, aunque el riesgo es inevitable, hay que respetar el
texto mismo, buscando los elementos que lo articulan y sus hilos
conductores, de manera que permitan visualizar su organización lo
más objetivamente posible. Esto es de provecho, ya que contribuye
a tener una visión de la obra en su conjunto.
El tema de la estructura del EvMc resulta relevante porque, además de que ayuda a visualizar bien la obra del evangelista y a ubicar
el lugar de cada una de las perícopas, también dicha estructura es la
base sobre la que trabajaron los dos restantes sinópticos.
El EvMc posee cinco partes fundamentales:
a) Preparación del ministerio de Jesús: 1,1-13.
b) Ministerio en Galilea: 1,14–7,23.
c) Ministerio fuera de Galilea, incluyendo el camino hacia Jerusalén: 7,24–10,52.
d) Ministerio en Jerusalén: 11,1–13,37.
e) Pasión y resurrección de Jesús: 14,1–16,20.
Sobre este esquema básico partirán Mateo y Lucas. Después cada
uno de ellos elabora sus respectivos evangelios, acomodando los pasajes a sus fines literarios y teológicos, añadiendo sus propios materiales y poniendo énfasis distintos.
CAPÍTULO I
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR
DE LA BUENA NOTICIA DEL MESÍAS,
HIJO DE DIOS
El EvMc arranca con su introducción: Comienzo del Evangelio de
Jesucristo, Hijo de Dios (1,1). Esta frase al mismo tiempo funciona
como título de toda la narración, que se propone ante todo tratar
acerca de la salvación que Dios ofrece a la humanidad en la persona y en la palabra de su Mesías e Hijo amado. De aquí parte la propuesta de leer las distintas secciones que componen el relato evangélico, teniendo como hilo conductor precisamente esta Buena
Noticia.
En el presente capítulo abordamos los pasajes marcanos que se
refieren a Juan el Bautista en su calidad de precursor y preparador
de la Buena Noticia. En los diversos episodios donde aparece dicho
personaje podemos encontrar rasgos importantes que nos ayudan a
comprender cómo Dios ha querido disponer la llegada de su Hijo y
de su mensaje por medio de ese precursor.
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE LA PRESENCIA
DEL BAUTISTA EN MARCOS
Juan el Bautista es un personaje clave en la tradición del
Evangelio: él es el que «viene a preparar el camino del Señor»,
su precursor. Con Juan arrancan las narraciones evangélicas, antes de que Jesús mismo comience su ministerio; por eso lo encontramos al inicio del mismo Marcos (1,2-13). Conforme al estilo propio de este evangelio, los pasajes suelen ser breves y
austeros:
34
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
1. Presentación de Juan antes del inicio de la predicación de Jesús (1,2-8)
– cumplimiento de la profecía de Isaías (1,2-3)
– Juan bautiza, proclama la conversión y la gente acude a él
(1,4-5)
– descripción de Juan y su mensaje (1,6-8)
– bautismo de Jesús por Juan (1,9-11)
2. Referencia a Juan para situar el inicio de la predicación de Jesús en Galilea (1,14)
3. Referencia a Juan para dar pie a la enseñanza acerca del sentido del ayuno (2,18)
4. Referencia a Juan a partir de los temores de Herodes (6,14-16)
5. Relato del martirio de Juan (6,17-29)
– prisión del Bautista (17a)
– motivo del encarcelamiento (17b-18)
– intención de Herodías de quitar la vida a Juan (19)
– motivo por el que ella no podía llevar a cabo sus planes (20)
– la ocasión en el banquete y en el baile de la hija de Herodías (21-22a)
– promesa de Herodes y petición de Herodías (22b-25)
– ejecución del Bautista (26-28)
– sepultura del cadáver (29)
6. Referencia a Juan a partir de la pregunta sobre la identidad de
Jesús (8,28)
7. Referencia a Juan a propósito de la autoridad de Jesús (11,30-33)
Encontramos otros textos relativos a Juan, que dan pie para introducir pasajes significativos en la trama del relato (6,14-16.1729). Pero sobre todos destaca la muerte del Precursor (6,17-29), que
es una especie de anuncio profético y preparación para lo que vendrá más adelante: la muerte misma del Mesías.
Aunque los textos del EvMc donde aparece el Bautista son pocos y breves, juegan un papel importante en el conjunto de la narración, sobre todo en el inicio de la misma. De este modo, el EvMc
está en consonancia, no sólo con los restantes evangelios, sino también con la tradición cristiana en general, que vincula a Juan con el
inicio de la Buena Nueva (cf. Hch 10,37; 13,24; 19,4).
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA...
35
Así pues, podemos ir constatando lo enunciado en el título del
presente capítulo: Juan el Bautista tiene la misión de preparar el
anuncio de la Buena Noticia del Mesías. Su rol está bien definido y
los lectores pueden visualizarlo bien desde el inicio.
II. EL ROL DEL PRECURSOR EN LOS INICIOS
DEL EVANGELIO: MC 1,1-13
El EvMc arranca con una introducción donde proyecta de alguna forma lo que será su obra entera. En ella encontramos ya, si bien
en forma germinal, lo que pretende. Su objetivo es presentar a los
lectores el origen y el inicio de la Buena Nueva de Jesús Mesías e
Hijo de Dios (1,1). En esta sencilla pero importante introducción
el evangelista hace una presentación de Juan en cuatro momentos:
1. La presencia del Precursor, en concordancia con las Escrituras (1,2-3).
2. La actividad del Bautista: bautizando y proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Alude
también a la respuesta de la gente (1,4-5).
3. Comportamiento de Juan, el profeta que vive con austeridad
y anuncia la llegada del Mesías, a quien define como «el más
fuerte» (1,6-8).
4. El encuentro del Precursor con el Mesías tiene lugar en el
momento del bautismo del segundo por manos del primero
(19-11).
En el último pasaje de esta introducción Marcos (1,12-13) ya no
menciona al Bautista de forma explícita; sin embargo, el escenario
donde aparece Jesús, el «desierto», establece una clara vinculación:
Apareció Juan el Bautista en el desierto (1,4) – A continuación el Espíritu lo empuja al desierto (1,12).
En esta introducción, el EvMc describe tres relaciones fundamentales del Mesías, como Buena Noticia de salvación: con el Bautista
como precursor prometido por las Escrituras (1,2-8), con Dios, de
quien Jesús es el Hijo amado y el Ungido (1,9-11), y con Satanás, a
quien ha venido a destruir (1,12-13). Estas tres relaciones van a ir siendo puestas de relieve por Marcos a lo largo de su narración, pero el lector puede desde ahora irlas visualizando y teniendo en cuenta para llegar a la comprensión correcta de lo que el evangelista quiere presentar.
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
1. DETRÁS DE MÍ VIENE EL QUE ES MÁS FUERTE QUE YO (1,2-8)
Antes de narrar las acciones de la vida pública de Jesús, el EvMc
quiere ubicar a sus lectores en el escenario preparatorio. Juan Bautista desempeñó un papel importante como punto de referencia en
el comienzo de la actividad del Señor.
La presencia del Bautista no es fortuita, sino que responde más
bien al cumplimiento de las Escrituras sagradas. Se trata en realidad
de la combinación de dos textos proféticos (Mal 3,1 e Is 40,3). Los
términos mensajero y voz del que grita en el desierto son referidos a
Juan, cuya misión consiste básicamente en preparar el camino del Señor (cf. Mc 1,1-2). Tal es su rol de «precursor».
Aunque el EvMc no describe el nacimiento del Bautista, como
lo hará en su momento Lucas, sin embargo lo reconoce como aquel
que tiene como misión disponer el camino del Mesías. El evangelio más primitivo se contenta con ofrecer un relato austero acerca
de Juan, que dibuja el escenario preparatorio: Juan bautizando en el
desierto y proclamando un arrepentimiento para perdón de los pecados, las personas procedentes de Judea y de Jerusalén acercándose a
él para ser bautizadas, disponen la narración para la aparición del
Mesías.
Así pues, los elementos fundamentales que describen la misión
del Bautista son proclamación y bautismo. Desde esta fase preparatoria el verbo «proclamar» (kerissein en griego, 1,4.7) empieza a tener connotaciones significativas, de hecho va a ser el mismo término que se aplicará al Mesías mismo (cf. 1,14). El bautismo tiene
lugar como la acción por la que queda manifiesto el contenido de la
proclamación: la «conversión para el perdón de los pecados».
Otro elemento fundamental para la preparación de la «figura
precursora» está constituido por las profecías. Juan, vestido como
Elías (cf. 2 Re 1,8), aparece en consonancia con lo anunciado, es
decir, se coloca en la línea profética, pero con una novedad. Es el
«profeta del desierto». Is 40,3 hablaba de una voz que clamaba:
En el desierto abran el camino a Yahvé... Esta voz quedaba indeterminada, pero ahora Juan mismo es esa «voz que clama en el desierto». Es la voz de Dios que llega para invitar a «enderezar los
senderos».
La respuesta de la gente es positiva, en términos generales. El
doble uso que Marcos hace del adjetivo «todo» para determinar
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA...
37
tanto a la región de Judea, como a los habitantes de Jerusalén, es
sintomático. Pero Juan era no sólo un personaje carismático y un
hombre austero del desierto –vestido con pelo de camello y un cinturón de cuero alrededor de su cintura y alimentándose con saltamontes y
miel silvestre (Mc 1,6)–, sino que es presentado con toda su calidad
profética (cf. Zac 13,4), con una misión precisa, como precursor
del Mesías.
2. Y FUE BAUTIZADO POR JUAN EN EL JORDÁN (1,9-11)
La narración del bautismo de Jesús en el EvMc es, conforme al
estilo de este evangelista, escueta y austera. Contiene sólo los elementos básicos de la narración: Jesús llega de Nazaret de Galilea,
para ser bautizado por Juan en el Jordán. Una vez bautizado ve
abrirse los cielos y al Espíritu Santo que bajaba sobre él como una
paloma, y escucha la declaración de la voz que viene del cielo que
lo reconoce como mi Hijo amado en quien me complazco.
El EvMc supone la residencia de Jesús en el poblado situado en
la frontera sur de Galilea, llamado Nazaret, a unos 120 kilómetros
de Jerusalén, cerca de un nudo importante de caminos hacia Siria y
Egipto. Como la mayoría de los poblados ubicados en la región de
Galilea, se trataba en realidad de una pequeña población, no propiamente de una polis (ciudad), como refiere Lc 1,26. Esto significa
que el Nazareno lleva a cabo un camino largo para hacerse bautizar
por aquella «voz» que en el desierto llama a la conversión y para dar
inicio a su propio ministerio.
Los cielos se abren. El muro que separaba la esfera divina de la
humana queda derribado, de modo que es posible establecer un encuentro entre el Dios santo y eterno y el hombre limitado y pecador. Jesús queda acreditado como el Mesías, por quien Dios establece una nueva relación con el mundo. El firmamento que separa el
ámbito divino del humano se rasga para que Dios salga al encuentro de la humanidad, mediante su Hijo amado. A partir de este momento histórico-salvífico Dios habla a los hombres por medio del
Mesías esperado.
Mc 1,14 ofrece sólo una referencia para situar el inicio de la predicación de Jesús en Galilea. Ésta es precisamente la entrega de Juan.
No considera necesario añadir algo más a dicha mención, pues para
Marcos es suficiente.
38
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
III. LA FIGURA PROFÉTICA DEL PRECURSOR:
MC 2,18-22; 6,14-16.17-29
Después de su actuación en los episodios iniciales del EvMc, el
Bautista desaparece prácticamente de los escenarios, hasta el momento de su muerte. El protagonista principal del relato, Jesús de
Nazaret, asume el rol que le corresponde y lleva a cabo su ministerio en Galilea: comienza su predicación (1,14-15), llama a sus primeros discípulos (1,16-20), lleva a cabo una serie de milagros
(1,21-45), enfrenta las hostilidades de las autoridades judías (2,13,6.22-30) e incluso de su familia (3,20-21), es seguido por la multitud (3,7-12), designa a los Doce y los envía a predicar (3,13-19) e
instruye a la gente por medio de parábolas (4,1-32).
En algún momento Jesús sale de Galilea y va hacia la otra orilla
del lago, donde libera a un endemoniado (5,1-20); después regresa a
donde había estado antes para seguir sanando e incluso para volver
a la vida a la hija de Jairo, jefe de la sinagoga (5,21-43). Después de
esto, el evangelista ubica a Jesús en Nazaret, su propia tierra, en cuya
sinagoga enseña, pero donde también es rechazado por los suyos
(6,1-6a). Enseguida el EvMc presenta las instrucciones que el Maestro da a los Doce, quienes se van a predicar y a cumplir con la misión encomendada (6,6b-13). En este contexto es donde resurge de
nuevo la figura profética del Precursor (6,14-29), para desaparecer
por completo en el resto del evangelio. De hecho las dos últimas
menciones serán sólo simples referencias: a partir de la pregunta sobre la identidad de Jesús (8,28), a propósito del cuestionamiento
acerca de su autoridad (11,30-33).
El ciclo del ministerio de Jesús en Galilea cierra con tres relatos
de milagro una controversia y una enseñanza. Mientras los milagros
son de diversa índole: la primera multiplicación de los panes y de
los peces (6,30-44), el camino de Jesús sobre las aguas (6,45-52) y
las numerosas curaciones en Genesaret (6,53-56), la controversia
en torno a las tradiciones judías (7,1-13) hace desprender una enseñanza acerca de lo puro y lo impuro (7,14-23). Así concluye una
etapa importante del ministerio del Señor, en su región galilea.
1. LOS DISCÍPULOS DE JUAN AYUNAN (2,18-22)
Aunque desde luego el pasaje del EvMc más relevante que tiene
que ver con el Bautista es el que trata del martirio de éste, sin em-
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA...
39
bargo hay también otro que hace referencia a esa figura profética del
precursor, el que se refiere al ayuno de los discípulos de Juan y de los
fariseos. La alusión a este ayuno hecha por Mc 2,18 funciona sólo
como una referencia para dar pie a la enseñanza acerca del genuino
sentido de esa práctica. La alusión a Juan aparece sólo como una indicación que se equipara de alguna manera con el ayuno de los fariseos.
La pregunta planteada a Jesús acerca de por qué sus discípulos no
ayunan se ubica dentro del contexto de una serie de controversias
en torno a diferentes cuestiones. El encadenamiento de estas discusiones parte desde la curación del paralítico, pero sobre todo de la
declaración con la que Jesús perdona los pecados del hombre enfermo. Las reacciones no se hacen esperar. Mientras algunos maestros
de la Ley lo consideran blasfemo (cf. Mc 2,7) otros se asombran y
glorifican a Dios (cf. 2,12). A partir de ese momento se desencadena, como en cascada, una serie de discusiones con motivos diversos,
pero siguiendo un hilo conductor: la oposición a Jesús, por parte de
algunos líderes del pueblo. La razón fundamental de esta oposición
arranca de la relación que tiene Jesús con los pecadores.
El relato de la vocación de Leví no sólo se ubica en dicho contexto de polémicas, sino que se convierte en detonante. Jesús llama
a un pecador para que sea su discípulo (cf. Mc 2,14). Y éste lo invita a comer a su casa, a donde acuden también otros publicanos y pecadores, lo que intensifica las inconformidades de parte de los maestros de la Ley y de los fariseos. En efecto, les parece escandaloso que
un rabí comparta la mesa con pecadores de esa índole y no pueden
menos que cuestionar a los discípulos de éste. La respuesta del Maestro hace alarde de una gran sabiduría:
No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he
venido a llamar a justos, sino a pecadores (2,17).
Es precisamente la comida de Jesús y sus discípulos con publicanos y pecadores la que da pie para introducir el tema del ayuno:
Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le
dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?» (Mc 2,18).
La alusión a los discípulos de Juan es una especie de recurso que
intenta avalar una praxis. En todo caso el ayuno es acción perfectamente válida, apoyada por el Bautista. Más aún, la descripción hecha antes por Mc 1,6b, acerca de la austeridad en la comida del profeta, está en cierta consonancia con lo que el judaísmo pretendía.
40
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
En el tenor marcano no queda claro quiénes formulan la pregunta. Aunque podría pensarse que son los mismos discípulos de
Juan, junto con los de los fariseos, los que interrogan a Jesús, pues
ellos han sido apenas mencionados, sin embargo, conforme al contexto general del relato, parecen ser más bien «los escribas de los fariseos» los que lo criticaron por comer con pecadores (2,16). En
medio de todo esto, no se trata de una simple pregunta por parte de
algunos ingenuos. Ésta tiene un alto grado de dificultad y responderla significa un gran reto.
Pero la respuesta de Jesús despeja todo tipo de dudas en torno al
genuino sentido del ayuno. Sin descalificar una práctica de piedad
tan apreciada, e incluso avalada por el profeta Juan, la dimensiona en
su justo valor y en el lugar preciso. En la época mesiánica que está llegando, Jesús es el «Novio». Esto significa que sus discípulos viven un
momento de fiesta por la presencia del Mesías entre ellos, en cambio
los discípulos de Juan, como los de los fariseos, no participan de este
banquete nupcial, por razones distintas. Mientras que los primeros están fuera porque se encuentran todavía en la fase preparatoria, los segundos, por sus actitudes de oposición a Jesús, se excluyen a sí mismos.
Con todo, el episodio pone en evidencia cómo los discípulos del
profeta Juan permanecen todavía en un momento preeliminar, en
una etapa anterior a la de los discípulos del Mesías. Su observancia
del ayuno es legítima y coherente, pero aún no logran entrar en sintonía con la Buena Noticia que trae el Hijo de Dios. La llegada de
ésta comporta una situación completamente nueva, que no puede
ser pegada como un remiendo o vertida sin más en viejos moldes inveterados, que en esta nueva época resultan ya obsoletos.
2. LE DECAPITÓ EN LA CÁRCEL (6,17-29)
Jesús regresa de Gerasa (5,1-20) y entra de nuevo en Galilea
(5,21) para continuar su ministerio en esta región. Hasta el momento sus milagros han consistido básicamente en curaciones y
exorcismos (1,21-28.29-30.32-34.40-45; 2,1-12; 3,1-6). Ahora manifiesta una nueva faceta de su poder mesiánico al volver a la vida
a la hija de Jairo (5,21-43).
Después, el EvMc ubica a Jesús en Nazaret, su aldea natal, enseñando en la sinagoga, pero sin encontrar la aceptación de sus propios paisanos (6,1-6a). A pesar de este rechazo, él continúa su mi-
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA...
41
sión en los pueblos vecinos (6,6b), incluso aprovechando la situación para dar instrucciones y advertencias a sus discípulos, quienes
son enviados a predicar y a continuar la misión del Maestro (6,6b13). En este contexto es donde vuelve a aparecer la figura profética
del Bautista (6,14-29).
Mc 6,14-16 refiere que Herodes se enteró de la fama de Jesús y
alude a las opiniones que algunos tenían acerca de Jesús, entre las
cuales se contaba la posible «resurrección» de Juan el Bautista,
quien estaría actuando en la persona de un profeta tan célebre, pero
también tan desconcertante como el Nazareno. Esta mención funciona como una especie de pórtico para el relato siguiente. Es evidente el paralelismo que Mc 6,14-16 establece con 8,27-33, lo que
pone de manifiesto el estilo del evangelista para ayudar a esclarecer
la identidad, tanto del Bautista, como de Jesús, respectivamente.
Mc 6,17-29 contiene el relato de la muerte de Juan el Bautista.
Llama la atención lo prolijo y los abundantes detalles que presenta
esta narración, algo fuera de lo común en el estilo austero que suele caracterizar a Marcos. Los elementos que componen el relato son:
• prisión del Bautista (17a)
• motivo del encarcelamiento (17b-18)
• intención de Herodías de quitar la vida a Juan (19)
• motivo por el que ella no podía llevar a cabo sus planes (20)
• la ocasión se presenta en el banquete y en el baile de la hija
de Herodías (21-22a)
• promesa de Herodes y petición de Herodías (22b-25)
• ejecución del Bautista (26-28)
• sepultura del cadáver (29)
Marcos narra la muerte del «profeta incómodo» justamente
cuando el rechazo hacia Jesús y los suyos va en aumento. El rey Herodes, quien vivía con Herodías, la mujer de su hermano Filipo, es
el que ordena la muerte de Juan, aunque la causante indirecta es la
mujer misma. El pasaje evangélico hace recordar la persecución
contra Elías por parte de Ajab y su impía esposa Jezabel (1 Re 19,18), lo cual imprime también un sesgo profético relevante al episodio de la muerte del Bautista.
Entre los datos más significativos que presenta el EvMc destacan
el testimonio profético del precursor y su muerte, como anuncio y
prefiguración de lo que acontecerá con el Mesías, Jesús de Nazaret.
42
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Este rasgo es fundamental, porque dispone al lector a entrar en sintonía con la Buena Noticia de salvación y el camino que habrá de
recorrer el Mesías.
3. UNOS DICEN QUE JUAN EL BAUTISTA (8,27-29)
Con la polémica acerca de las tradiciones judías y la enseñanza
acerca de lo puro y lo impuro (7,1-23), concluye el ministerio del Señor en Galilea. A partir de entonces el EvMc presenta a Jesús en diversas partes, incluyendo territorios paganos. En Tiro sana a la hija de
una mujer griega, sirofenicia de nacimiento (7,24-30). De regreso al
mar de Galilea, atravesando la Decápolis, cura a un sordo y tartamudo (7,31-37). Después del segundo relato de la multiplicación de los
panes y de los peces (8,1-10), el evangelista presenta la discusión con
los fariseos que pedían un signo del cielo (8,11-13) y la advertencia
sobre la levadura de los fariseos (8,14-21), y concluye la primera parte de su evangelio con la curación del ciego de Betsaida (8,22-26).
Es entonces cuando el EvMc llega a su momento central: la profesión de fe en el mesianismo de Jesús, que Pedro pronuncia en Cesarea de Filipo. Este pasaje no representa sólo un parteaguas en el
recorrido de la narración evangélica, sino que constituye el corazón
de la misma.
Jesús sale de Betsaida, en la ribera norte del lago de Galilea, y se
dirige hacia el norte. Mientras recorrían los casi cuarenta kilómetros, para alcanzar Cesarea de Filipo, ciudad cercana a las fuentes de
Jordán, el Maestro los interroga acerca de lo que piensa la gente
acerca de él mismo. La pregunta es formulada de manera directa:
¿Quién dicen los hombres que soy yo? (8,27).
Es sintomático que la primera opinión de la gente acerca de la
identidad de Jesús lo relaciona precisamente con Juan el Bautista,
antes incluso que con Elías o con alguno de los profetas (8,28-30).
Esta identificación de Jesús con Juan no parece fortuita. Entre ellos
existen varios rasgos que les otorgan una cierta afinidad, tales como
el carácter profético en el porte y en los mensajes proclamados por
cada uno de ellos. Más allá de una exacta coincidencia en las palabras de ambos (como aparece en Mt 3,2 y 4,17) no se podría negar
la cercanía de ambas predicaciones, sobre todo en lo que se refiere
a la necesidad de tomar una actitud de arrepentimiento y disposición interior para aceptar el reinado de Dios.
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA...
43
Por otra parte, mientras la comparación de Jesús con alguno de
los profetas es muy amplia e indeterminada, cuando ésta es hecha
con Elías y con Juan, resulta más específica. De cualquier modo, el
Bautista es colocado en el rango de los profetas y de modo particular en el de Elías. En esto radica la cercanía entre los dos personajes y el fundamento por el cual la gente encontró el punto de equiparación.
Jesús, sin comentar las respuestas dadas por la gente, plantea la
pregunta de forma directa a sus discípulos: Y ustedes, ¿quién dicen que
soy yo? (8,29a). En la respuesta de Pedro: Tú eres el Mesías (8,29b)
es donde aparece con claridad la distinción entre la identidad de
este Mesías en relación con los personajes mencionados. Juan el
Bautista queda ubicado entre los profetas y es equiparado de modo
especial con Elías, el profeta escatológico, de quien se esperaba un
retorno glorioso, en una fase preparatoria a la venida del Mesías. De
cualquier modo, Juan el Bautista, como los demás profetas, pasa a
ocupar su lugar en la historia de la salvación, como precursor del
Mesías y de la Buena Noticia que éste ha venido a traer y de la cual
el EvMc es testigo y transmisor.
CESAREA DE FILIPO
Estaba situada en el suroeste del monte Hermón, sobre una altura
rocosa de unos 350 m sobre el nivel del mar, a escasos 40 km al norte
del lago de Tiberíades y unos 70 km, al sureste de Damasco. Su nombre griego era Paneas, quizá con relación al dios Pan (hoy se llama
Banyas). Fue reedificada y embellecida por el tetrarca Filipo, para usarla como capital, quien la bautizó con el nombre de Cesarea en honor
de Augusto César y le añadió su nombre para distinguirla de la Cesarea de la costa. Este distrito había sido otorgado por Augusto a Herodes el Grande en el año 20 a.C. De acuerdo a los datos de los evangelios, éste fue el lugar más lejano del norte adonde llegó Jesús.
4. EL BAUTISMO DE JUAN, ¿ERA DEL CIELO O DE LOS HOMBRES?
(11,27-33)
A partir del capítulo 11, Marcos presenta a Jesús en la ciudad de
Jerusalén. De inmediato los conflictos con las autoridades religiosas
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
judías empiezan a crecer de forma considerable, sobre todo a partir
de la expulsión de los vendedores del templo (11,15-17). Este hecho
provoca el reclamo y la hostilidad de los sumos sacerdotes y de los escribas, quienes, como Marcos señala, buscaban la manera de «destruirlo» (cf. 11,18). Este dato es relevante ya que va a dar pie a los
pasajes subsiguientes y va a funcionar como una especie de hilo conductor de los mismos.
Después del dato acerca de la higuera que antes había maldecido Jesús (11,13-14) y que ahora ya estaba seca (11,20), y de la enseñanza acerca de la fe y la oración (11,21-25; 11,27-33), presenta
a Jesús en plena disputa con las autoridades (menciona además de
los sumos sacerdotes, los escribas, ya referidos en 11,18, a los ancianos, es decir, el sanedrín en pleno). La discusión se centra en torno
a la «autoridad» de Jesús. La reiteración de la pregunta es sintomática: ¿con qué autoridad haces esto o ¿quién te ha dado autoridad para
hacerlo? (11,28). El mismo término «autoridad» aparece dos veces
en labios del propio Jesús (vv. 29.33). En este contexto el EvMc trae
a colación por última vez a Juan Bautista (11,30-33).
Los adversarios se acercan a Jesús para cuestionarlo sobre su potestad para expulsar a los vendedores y compradores en el templo. La
alusión a Juan y a su bautismo no parece fortuita, si se considera que
dicha expulsión aparece en el evangelio como un signo profético, en
el que Jesús pone de manifiesto una autoridad que viene de Dios.
Por tanto, la discusión gira en torno a la autoridad que tiene o
no el Maestro de Nazaret para efectuar la expulsión de los vendedores. Es evidente que ellos no intentan sólo formular una pregunta, sino que por medio de ésta manifiestan su desacuerdo con la acción realizada y alegan una falta de potestad para llevar a cabo una
acción de tal naturaleza. En este sentido el recurso al Bautista es
oportuno, ya que lo que Jesús pone en evidencia es la falta de capacidad de los sumos sacerdotes y los escribas para descubrir el origen
tanto del bautismo de Juan, como de su propia autoridad mesiánica.
La respuesta de Jesús consiste en una nueva pregunta que plantea
un dilema para ellos: ¿El bautismo de Juan era del cielo o de los hombres?
(11,30). Aquí se encuentra el punto medular de la discusión. El grado de dificultad de la pregunta estriba en la postura que se tome frente a Juan. Ésta se convierte en la piedra de toque que lleva a descubrir la maldad de los adversarios, quienes quedan en evidencia, ya que
no habiendo creído en Juan ponen de manifiesto su incapacidad para
reconocer un poder y una condición profética que viene de Dios.
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA...
45
Dicho de otro modo, si las autoridades judías no fueron capaces
de reconocer el origen divino del bautismo del Precursor, tampoco
lo son para comprender el mesianismo de Jesús. Aquí estriba la razón por la que se niega a responder con qué autoridad actúa. Por
tanto, ellos no están en disposición de recibir la Buena Noticia. Su
cerrazón tiene raíces muy profundas.
UN TESTIMONIO EXTRAEVANGÉLICO ACERCA DE JUAN EL BAUTISTA
Es posible imaginar la fuerza que tuvo la predicación del Bautista y
la impresionante respuesta de la gente, lo cual no sólo es testimoniado por los evangelios canónicos, sino incluso por el historiador judíoromano F. Josefo:
Algunos creyeron que el ejército de Herodes había perecido por la ira de
Dios, sufriendo el merecido castigo por haber asesinado a Juan, llamado el
Bautista. Herodes lo hizo matar, a pesar de ser un hombre justo que predicaba la práctica de la virtud, incitando a vivir con justicia mutua y con piedad hacia Dios, para así poder recibir el bautismo. Era con esta condición
que Dios consideraba agradable el bautismo; se servía de él no para hacerse perdonar ciertas faltas, sino para purificar la mente, con tal de que previamente el espíritu hubiese sido purificado por la rectitud. Hombres de todos lados se habían reunido con él, pues se entusiasmaban al oírlo. Sin
embargo, Herodes, temeroso de que su gran autoridad indujera a los súbditos a rebelarse, pues el pueblo parecía estar dispuesto a seguir sus consejos,
consideró más seguro, antes de que surgiera alguna novedad, quitarlo de en
medio; de lo contrario, quizá habría tenido que arrepentirse más tarde, si se
produjera alguna conjura. Es así como, por estas sospechas de Herodes,
Juan fue encarcelado y enviado a la fortaleza de Maquero, de la que hemos
hablado antes, y allí fue muerto. Los judíos creían que en venganza de esa
muerte fue derrotado el ejército de Herodes, queriendo Dios castigarlo (Ant.
XVIII, 5,5 = Ant. XVIII, 116-119).
RECAPITULACIÓN
A partir de los textos del EvMc en los que aparece Juan el Bautista, se puede inferir que, para los destinatarios de la comunidad a
la que se dirige este evangelio, la persona del Bautista representó
una figura fundamental e insoslayable, ya que no fue sólo el personaje contemporáneo del Maestro, que terminó su vida de forma trá-
46
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
gica y lamentable. Se trata más bien de una figura profética fundamental, que preparó la llegada del Mesías, Hijo de Dios y su Buena
Noticia de salvación. En efecto, la presencia y la predicación de
Juan constituyeron un signo profético muy importante que dio paso
al ministerio del Señor.
Si bien es cierto que su rol como precursor mesiánico estuvo
bien definido para los creyentes en Jesús de Nazaret, el Bautista no
quedó relegado a un simple recuerdo nostálgico, sino que ellos lograron descubrir la importancia que había desempeñado, como profeta y preparador de la obra del Mesías. Su palabra y su testimonio
estuvieron estrechamente vinculados con el Hijo de Dios y su Buena Noticia. Por eso conservó un lugar importante en las comunidades cristianas. Y Marcos es un testimonio claro de ello.
El EvMc atestigua cómo Juan es el personaje que anticipó al Mesías, sobre todo en los inicios de su ministerio, como una figura valiente y decidida. Es el profeta fiel a su misión, hasta las últimas
consecuencias, es decir, hasta la muerte. Por tal motivo, dicho personaje es y seguirá siendo un prototipo también para los discípulos
de Jesús, incluidos nosotros, cristianos de este tiempo, pero igualmente invitados a dar testimonio de nuestra fe, en cada momento y
en cada circunstancia.
A pesar de que la presentación del EvMc acerca del Bautista es
muy escueta, deja ver rasgos fundamentales de este personaje: su
porte profético, su gran valor y la entereza impactante que observa
al dar testimonio coherente de lo que representa y de su misión.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer detenidamente el texto de Mc 1,1-11 y descubrir algunos
elementos característicos como el paso inmediato del título del evangelio con la mención de Juan, la descripción de éste como profeta y su
anuncio del «más fuerte». A partir de este comienzo, ¿cómo podríamos detectar el perfil de los destinatarios inmediatos del EvMc? ¿Qué
les diría un inicio del evangelio en los términos en que se expresa el
autor? ¿Cómo podemos nosotros, después de veinte siglos, entrar en
sintonía con ellos?
2. Localizar textos del EvMc donde aparezcan rasgos proféticos de
Juan el Bautista. ¿Por qué la gente establece con facilidad identificaciones entre Juan y Jesús; entre los profetas y Jesús? Pero, ¿cuáles son
también las diferencias entre ellos?
JUAN BAUTISTA, EL PROFETA PRECURSOR DE LA BUENA NOTICIA...
47
3. Tomando en consideración que sólo Marcos y Mateo poseen la
narración del martirio de Juan, hacer una confrontación entre ambos
textos, señalando las coincidencias y las divergencias y descubrir cuáles
son los elementos que caracterizan el relato marcano. Por ejemplo, ¿quién
quiere matar a Juan (mientras que en Mateo es Herodes, en Marcos es
Herodías), ¿a quién temía Herodes en Marcos y a quién en Mateo?,
¿cómo es el juramento que hace Herodes a la hija de Herodías?, etc.
4. Elaborar un cuadro que permita visualizar los pasajes del EvMc
donde aparece mencionado Juan el Bautista, teniendo en cuenta los
contextos en que se encuentran, observando con atención las relaciones con los textos antecedentes y subsecuentes.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Juan aparece ya en el EvMc bautizando en el desierto y proclamando un arrepentimiento para perdón de los pecados. Las personas
procedentes de Judea y de Jerusalén se acercan a él para ser bautizadas
y manifiestan así su disposición para recibir el reinado de Dios.
2. ¿Qué rasgos del Bautista son importantes para descubrirlo como
un profeta genuino? ¿Pueden existir hoy personas con los rasgos proféticos del Bautista? ¿Se pueden dar estos ejemplos también en un ámbito fuera del estrictamente católico? ¿Conoces algún ejemplo?
3. ¿Quienes pueden encarnar hoy las actitudes hostiles de Herodes, Herodías, etc., en lo que respecta a la oposición a la predicación
profética? ¿De qué manera es posible enfrentar dichas hostilidades?
4. ¿Qué elementos de la predicación de Juan el Bautista siguen
siendo válidos para nosotros, discípulos de Jesús? ¿De qué manera podemos aprender las actitudes edificantes del Bautista, sobre todo su coherencia de vida y su testimonio valiente y decidido?
5. ¿Cómo podemos vivir nuestra vocación profética bautismal, en
este tiempo y circunstancias que nos tocan vivir?
CAPÍTULO II
LA BUENA NOTICIA COMIENZA
A SER ANUNCIADA POR JESÚS,
EL MESÍAS, HIJO DE DIOS
Como hemos mencionado, el objetivo fundamental de EvMc
es presentar la persona y la misión del Mesías. Ésta se caracteriza
por dos grandes aspectos básicos: lo que anuncia y lo que realiza
el personaje principal del relato. Aunque en términos generales
la cantidad de material discursivo es escaso, sin embargo es claro
que el anuncio está centrado en la proclamación de la Buena Noticia del Reino, como aparece desde el arranque mismo de la narración.
El anuncio de la Buena Noticia es, por tanto, un tema presente «a lo largo y ancho» de todo el EvMc. Podemos decir que es
uno de los principales hilos conductores de la completa narración
evangélica, del inicio, hasta el final de la misma. Si bien es cierto que el llamado «final original» (Mc 16,8) hace una especie de
pausa en torno a la difusión del mensaje acerca de la resurrección, el «final posterior» (16,9-20) está lleno de motivos acerca
del anuncio de la Buena Noticia. El término «Evangelio» constituye el dato central de todo lo que vendrá a lo largo de la narración.
I. COMIENZO DE LA BUENA NOTICIA EN GALILEA
(MC 1,14)
Hemos hecho notar cómo el título que el propio EvMc da a su
narración es sugerente en sí mismo: La Buena Noticia de Jesús Mesías, Hijo de Dios (1,1). Se abre entonces una interrogante: ¿En qué
consiste o de qué trata esa Buena Noticia? La ambigüedad a la que
50
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
se presta la expresión misma es de suyo enriquecedora: Buena Noticia que Jesús anuncia, pero cuyo contenido principal se enfoca en
quien la anuncia. Se trata de la Buena Nueva de Jesús, el Mesías,
que es, por tanto, la Buena Noticia de Dios mismo. Tiene como origen al Padre y pertenece a él.
JESÚS MARCHÓ HACIA GALILEA (1,14A)
Después de la narración del bautismo de Jesús (1,9-11), del escueto relato acerca de las tentaciones en el desierto (1,12-13) y de
una breve alusión a la entrega de Juan, el EvMc presenta a Jesús en
camino hacia Galilea, proclamando la Buena Noticia.
La primera parte del ministerio del Señor va a tener lugar en diversos escenarios galileos, desde 1,14 hasta 7,23. En las inmediaciones del lago llamará a sus cuatro primeros discípulos (1,16-20); en
la sinagoga de Cafarnaún va a enseñar y efectuar su primer milagro,
la liberación de un hombre poseído por un espíritu impuro (1,2128); allí mismo sanará a la suegra de Simón (1,29-31) y llevará a
cabo numerosas curaciones (1,32-34), etc. Mc 1,39 sintetiza así esta
etapa del evangelio:
Recorrió toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
La región de Galilea será testigo de un sinnúmero de acciones
realizadas por el Mesías, quien con su palabra y sus obras anuncia la
Buena Noticia de la salvación y manifiesta la presencia del reinado
de Dios, que está llegando. Aunque algunas veces Jesús abandona
esa región propiamente dicha, como lo indica 4,35 y lo corrobora
5,1-20, sin embargo ella es, sin duda, el espacio principal en el que
la Buena Noticia comienza a ser anunciada.
Las experiencias durante el ministerio galileo serán variadas. De
hecho, después del primer milagro, el EvMc menciona que la fama
de Jesús se extendió «por todas partes», «en toda la región de Galilea» (1,28); incluso llega a afirmar que cuando el leproso, al ser
curado, se fue y se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la
noticia, Jesús ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad,
sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios y acudían a él de
todas partes (1,45); la gente «se asombra y glorifica a Dios, por no
haber visto cosa parecida» (2,12), y muchos lo seguían (3,7). Pero
también desde aquí va a encontrar rechazos y hostilidades por par-
LA BUENA NOTICIA COMIENZA A SER ANUNCIADA POR JESÚS...
51
te de grupos diversos, entre los que destacan los fariseos y los escribas (2,16.18.24; 3,2-6.22-30; 7,1-5); su propia familia no logra
comprenderlo (3,20-21) y sus paisanos de Nazaret no le dan crédito (6,1-6). De cualquier modo, el Mesías decide comenzar en Galilea su misión y desde allí empezar a proclamar la Buena Noticia
de la salvación.
GALILEA-NAZARET
Galilea es el nombre de una de las regiones al oeste del lago de Genesaret o de Tiberíades. Aunque la etimología es incierta, cabe la posibilidad de que derive del hebreo galil (círculo). Tanto en textos del
AT como del NT Galilea no designa siempre con exactitud el mismo
territorio. En tiempos de Salomón, éste cedió a Jirán, rey de Tiro, parte de Galilea (cf. 1 Re 9,11). La población judía que después de la cautividad había sobrevivido en Galilea, llegó a mezclarse con paganos,
por lo que en tiempo de los Macabeos, los judíos «puros» se trasladaron a Judea (cf. 1 Mac 5,23) y desde entonces, con toda probabilidad,
comenzó a hablarse de la «Galilea de los paganos».
Por datos arqueológicos sabemos que Nazaret en tiempos de Jesús
era en realidad una pequeña aldea agrícola de Galilea, de poca importancia, situada en la ladera de una montaña, con tres o cuatro docenas
de familias. Las casas estaban agrupadas hacia el extremo sur de la colina y solían componerse de una parte de albañilería que se usaba para
habitaciones, adosada a una o varias grutas, naturales, o excavadas en
la roca, que utilizaban como depósitos.
II. JESÚS PROCLAMABA LA BUENA NUEVA DE DIOS
(MC 1,14B)
El anuncio que Jesús empieza a llevar a cabo en su propia tierra
se centra en la Buena Noticia. Pero no se trata de cualquier noticia,
sino de aquella por excelencia, la única que puede dar sentido a la
vida de los creyentes. Es ésta la misma convicción que mueve a
Marcos a «tomar la pluma». Su intención es ponerse en sintonía
con el mensaje que comenzó a ser proclamado en Galilea por el propia Mesías y que es preciso transmitir a las comunidades de creyentes, incluida la propia comunidad del evangelista.
52
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
1. JESÚS PROCLAMABA (1,14B)
El mensaje que transmite el Mesías no es algo que sólo se dice de
modo genérico o se divulga, sino que se «proclama». El verbo griego
kerýssô que utiliza el EvMc en este pasaje inicial tiene una connotación particular. De ahí deriva el término kérigma o kerygma, que ha
llegado a constituir un término técnico en el lenguaje cristiano para
referirse a la enseñanza fundamental en la que se centra la fe de los
creyentes. Se trata de una proclamación solemne, con carácter eminentemente salvífico. El verbo denota de inmediato el sentido de la
acción que empieza a llevar a cabo Jesús: un mensaje que se ubica desde la perspectiva del proyecto salvador de Dios para la humanidad.
A la acción «proclamadora» del Hijo de Dios corresponde una
respuesta necesaria: la escucha atenta y la acogida genuina en la
mente y en el corazón de los destinatarios a los que se dirige dicho
mensaje solemne. Esto significa que el anuncio no puede caer en el
vacío ni es posible tomar ante él una actitud neutral: o se le recibe
y acepta o se le rechaza.
Esa proclamación del Evangelio que tiene sus orígenes en el Mesías
será la misma tarea que recibirán los discípulos, continuadores de la
misión de su Maestro. Ambos anuncios poseen la misma naturaleza.
2. LA BUENA NOTICIA DE DIOS (1,14B)
El EvMc afirma desde el principio que la proclamación de Jesús al
iniciar su ministerio en Galilea no es otra sino la Buena Noticia de
Dios. Esta expresión puede ser entendida desde un triple significado:
• La Buena Noticia que viene de Dios. Él es el origen y el fundamento de lo que anuncia su Mesías.
• La Buena Noticia que es de Dios. Este sentido de la expresión
indica que el mensaje pertenece a Dios, quien es el único dueño del mensaje mesiánico.
• La Buena Noticia que tiene como objeto a Dios. El contenido del anuncio es Dios mismo y se refiere directamente a él.
Los tres sentidos pueden conjugarse, por lo que podemos inferir
que la Buena Nueva que viene y pertenece a Dios también tiene por
objeto a él mismo. Ésta es proclamada con toda legitimidad y autoridad por quien es su enviado y su Mesías.
LA BUENA NOTICIA COMIENZA A SER ANUNCIADA POR JESÚS...
53
Esa Buena Noticia tiene como contenido esencial la salvación,
que no consiste en una realidad material espacio-temporal, sino que
es básicamente la invitación a vivir una experiencia de comunión
con el Mesías y Salvador y, por medio de él, con Dios mismo y con
el prójimo.
El trasfondo de la Buena Noticia o «Evangelio» hay que buscarlo sobre todo en el AT. En la versión griega llamada de los Setenta,
varias veces se habla de «evangelios», en plural, aunque en la mayoría de los casos se refiere a cualquier género de buenas noticias o
a sus correspondientes recompensas (cf. 2 Sam 4,10; 18,19-20.22;
1 Re 1,42 Sal 40,10; 68,12; 96,2). Sin embargo el caso más relevante lo encontramos en el Segundo Isaías. En 52,7 el mensajero es
un «evangelizador» que proclama la Buena Noticia de la salvación
que el Señor ya está realizando. Es decir, este mensajero proclama
una era nueva y la inaugura con su palabra operante; se trata de una
palabra eficaz por la decisión soberana de Dios. No solamente anuncia un suceso sino que en el mismo acto de la proclamación da comienzo la nueva era (cf. Is 40,9). Éste es el sentido que se aproxima
al que le va a dar Jesús y el NT en general.
Es indudable que Jesús era consciente de que las esperanzas mesiánicas, como las que provenían de Isaías, tenían su cumplimiento
en sus palabras y en sus obras (cf. Mt 11,5; Lc 7,22). La respuesta
dada a los emisarios del Bautista se refiere a que la «Buena Nueva»
esperada por el Deuteroisaías no sólo es proclamada por Jesús, sino
que ésa ha llegado a ser operante y así expresa la realidad de su mensaje.
Parece bastante claro que Jesús entendió su misión como hacer
la voluntad del Padre e inaugurar su Reino. Por tanto, la predicación estuvo centrada en el anuncio de esta realidad salvífica ya presente e inaugurado por él. Este mensaje fue para Jesús la Buena Noticia de Dios.
III. EL TIEMPO SE HA CUMPLIDO Y EL REINO DE DIOS
ESTÁ CERCA (MC 1,15A)
El mensaje que proclama el Mesías se enfoca tanto hacia el cumplimiento del tiempo previsto por Dios como para la llegada de su
Reino, es decir, para la aparición de su soberanía absoluta.
54
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
1. EL TIEMPO SE HA CUMPLIDO (1,15A)
El anuncio que lleva a cabo el Mesías desde el inicio de su ministerio representa tanto una novedad como una continuación. La
novedad consiste en la dignidad del anunciante y la plenitud que
llega con él. La continuidad se inserta en la misma historia de salvación que comenzó desde antiguo. Por fin se cumple lo anunciado
y el camino alcanza la meta decisiva.
Por eso, antes de relatar la vida pública de Jesús, el EvMc resume
la actuación del Señor con estas palabras: El tiempo se ha cumplido y el
Reino de Dios está cerca... Ya no hay que esperar más, ha llegado el
momento decisivo en que Dios manifiesta su presencia soberana.
Por tanto, el Evangelio de Jesucristo es el anuncio eficaz de la
salvación que Dios está realizando en el mundo. Se trata de la salvación prometida desde antaño, que ya está siendo llevada a cabo
con plenitud por el poder salvador de Dios, en su Hijo y Mesías, y
que se perfila hacia su realización escatológica. Éste es el momento
del cumplimiento.
2. EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA (1,15A)
La aceptación de esa propuesta conlleva un cambio de vida, dejando que sea Dios el centro de la misma, como único Señor y soberano. La salvación que trae la Buena Noticia se enfoca en el Reino o, quizá mejor dicho, en el reinado de Dios, ya que sólo
aceptando la soberanía absoluta divina es posible establecer la comunión auténtica con Dios y, por ende, con los semejantes, y sólo
así es posible experimentar la vida nueva que conlleva.
El trasfondo que ayuda a entender la Buena Noticia del Mesías
es la soberanía real de Dios, como lo anunció el Deuteroisaías. Es
cierto que sólo en Is 52,7 y en 61,6 se encuentra el verbo euangelízomai (evangelizar o anunciar la buena noticia), en su versión griega (bisar, en hebreo), pero también es verdad que la unión con la
soberanía de Dios se encuentra siempre en primer plano. Así pues,
Jesús aparece en la posición del mensajero que nos trae las noticias
que son fuente de felicidad. Pero al mismo tiempo él, como Mesías,
es más que el portador o el heraldo del Evangelio de Dios. Él mismo, su persona, son una referencia estrechamente vinculada con el
reinado de Dios que proclama.
LA BUENA NOTICIA COMIENZA A SER ANUNCIADA POR JESÚS...
55
El contenido de la Buena Noticia que anuncia el Mesías es explicitado por el mismo Marcos:
El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca (1,15a).
Jesús anuncia ante todo que en el largo camino de Dios, en cumplimiento de las promesas hechas por él, ha llegado el momento decisivo del cual depende todo. Lo que Dios ha prometido llega, por
tanto, a ser ahora una realidad presente y operante. El tiempo iniciado con el anuncio y la actividad de Jesús es el tiempo del cumplimiento, el tiempo de la acción amorosa de Dios hacia su pueblo.
El Reino de Dios está presente, pero al mismo tiempo señala
tiempos finales. Tiene lugar una tensión entre el presente y el futuro. Porque es reinado presente puede hablarse de «misterio» (cf.
4,11), donde el Hijo de Dios actúa en medio del mundo y de los seres humanos, pero al mismo tiempo apunta al futuro escatológico,
como aparecerá sobre todo en las parábolas de crecimiento (Mc
4,24-32). La soberanía ya iniciada «aquí y ahora» encontrará su plena realización en el tiempo final y se convertirá en un acontecimiento escatológico.
Asimismo, este tiempo presente del cumplimiento, en tensión
con su acabamiento final, está también en relación directa con las
promesas anunciadas y esperadas en el AT. En el anuncio mismo el
tiempo se ha cumplido tiene lugar una gran alegría, confianza y conocimiento seguro del actuar benévolo de Dios en la historia, ya que
él no se contenta con palabras vacías de significado, sino que cumple a cabalidad sus promesas. Pero también el reinado de Dios que
irrumpe actualmente y empuja hacia esa consumación futura exige
una decisión, que comprende conversión y fe.
En el anuncio mismo tiene lugar una exhortación para no dejar
escapar esta oportunidad, para reconocer el significado decisivo del
momento y acoger de manera efectiva lo que ahora está ya sucediendo. Éste es el tiempo gozoso del cumplimiento sólo para quien
lo reconoce como tal, yendo a su encuentro con la actitud adecuada, ya que para quien no lo asume así se convierte en tiempo de juicio. Aunque en Marcos este aspecto todavía no alcanza toda su
fuerza, sí está presente en el inicio del mensaje para la conversión
que proclama el Señor, ubicándose en la línea de la predicación
profética. El llamado a la conversión implica dejar la mala conducta, para volverse de forma radical a Dios; de lo contrario, se expone
a afrontar el juicio.
56
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Cuando Jesús habla acerca del tiempo que se ha cumplido se refiere a un mensaje y a una llamada. El tiempo de la acción decisiva
y definitiva de Dios es también el tiempo en que los humanos deben hacer una opción fundamental, frente a esta acción de Dios.
«BUENAS NOTICIAS» Y «BUENA NOTICIA»
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
En el AT el término eunagelion (evangelio) aparece la mayoría de
las veces en plural. Suele traducir a su correspondiente hebreo besorah,
con el significado de «buenas noticias», pero en realidad se refiere a
cualquier género de buenas noticias o a sus correspondientes recompensas (cf. 2 Sam 4,10; 18,19-20.22; el verbo hebreo bisar –«dar buenas noticias»– tiene lugar en 1 Re 1,42 y en algunos salmos como en
40,10; 68,12; 96,2).
Aunque dicha terminología no juega un rol muy notable en los
textos citados, sin embargo esto no ocurre así en el Deuteroisaías, sobre todo en algunos textos donde poseen una importancia relevante,
tal como en Is 52,7. Aquí al mensajero de la buena noticia es llamado
mebaser, término que la versión griega llamada «Los Setenta» traduce
como euangelizómenos (evangelizador). Este mensajero proclama una
era nueva, la inaugura con su palabra operante; se trata de una palabra eficaz por la decisión soberana de Dios. No solamente anuncia un
suceso, sino que en el mismo acto de la proclamación da comienzo la
nueva era (cf. Is 40,9). Este contenido del término «evangelio» es fundamental para el sentido que habrá de adquirir en el NT.
Para entender lo que caracteriza este tiempo del actuar definitivo de Dios, Jesús continúa: El Reino de Dios está cerca (Mc 1,15a).
Como hemos atisbado antes, más que a un reino en sentido territorial, se refiere a la acción misma de gobernar de Dios. La mejor
traducción podría ser: «El reinado de Dios está cerca» o «la soberanía de Dios está llegando». Se trata de la expresión de una cualidad de Dios, quien es rey y soberano. En efecto, en el AT, Dios es
conocido como el Señor y Rey de Israel (cf. Is 43,15; 52,7) y se espera que él se manifieste abiertamente como el único rey y señor,
que domine de forma visible todas las cosas (cf. Miq 4,7; Sof 3,15;
Zac 9,9; etc.). La gente anhelaba que Dios llevara a cumplimiento
esta expectación.
LA BUENA NOTICIA COMIENZA A SER ANUNCIADA POR JESÚS...
57
El centro del mensaje de Jesús y lo que lo caracteriza como Buena Noticia es: «Dios es el único Señor y está cerca». Él es el Señor
soberano y santo, es quien decide y determina, pues tiene todo el
poder y la gloria. Él es quien asegura la verdadera salvación. Su gobierno está próximo con la predicación de Jesús.
El mensaje acerca de que Dios es el Señor es también el mensaje de la liberación fundamental; declara que los demás poderes y señores son llevados a su justa dimensión, pobre y limitada. Ya que
Dios es el Señor, los fieles creyentes no pueden ser esclavos de nadie. Tampoco hay posibilidad de dejarse subyugar por nada en absoluto. El reconocimiento de que Dios es el único dueño y Señor de
todo es el vínculo pleno de confianza con aquel que hace libres.
Como Buena Noticia de Dios y acerca de él, es posible comprender que el tiempo se ha cumplido, que Dios es el Señor y que él
está cerca con todo su poder real. De este modo, lo que se ha dicho
constituye como la síntesis de la completa acción de Jesús: todo lo
que él realiza en palabras y en obras, en el conjunto, como en cada
uno de sus detalles, lleva a cabo lo que ha sido expresado de forma
sintética, representa la Buena Noticia, hace presente el tiempo del
cumplimiento, muestra que Dios es el Señor y que él está cerca con
su poder real.
Mc 1,15 constituye una especie de síntesis de la acción de Jesús.
Realiza lo que ha sido proclamado aquí de manera sintética y hace
presente la Buena Noticia y el tiempo del cumplimiento. Con todo
ello, Jesús pone de manifiesto que Dios es el Señor.
«REINO» – «REINADO»
Aunque la palabra griega basileia puede designar distintos aspectos
que tienen que ver con la realeza, no podemos pasar por alto la rica
distinción de matices que posee su correspondiente hebrea, cuando
usa diversos vocablos melûkah (realeza), malkût (reinado) y mamlâkâh
(reino); es decir, es posible distinguir entre la dignidad o el poder del
rey, el ejercicio de ese poder y el ámbito del ejercicio del reinado. En
los evangelios la expresión basileia tou Theou (Reino de Dios) no parece indicar tanto la territorialidad, ni siquiera la dignidad misma de
Dios en cuanto rey, sino sobre todo el ejercicio de la soberanía divina,
por lo cual es preferible traducir dicha expresión mejor como «reinado de Dios».
58
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
3. CONVIÉRTANSE Y CREAN EN LA BUENA NOTICIA (1,15B)
El hecho de que el Reino de Dios esté cerca, es decir, que él, con
su poder y su gloria, está por tomar el gobierno del mundo, implica
que quienes estén dispuestos a aceptarlo requieren asumir una doble
actitud fundamental: la conversión y la fe. Dios es el soberano de
todo, pero su señorío puede permanecer un tanto escondido o dar la
impresión de que él y su Reino de plano no existen. Para reconocerlo se requiere la fe. El significado de esta cercanía del Reino debe
ser descubierto en el actuar de Jesús: en él se nos revela el modo en
que Dios está cerca con su Reino y los frutos de éste.
El EvMc parte de la convicción acerca de que la Buena Noticia
de la salvación proclamada por el Mesías viene sólo de Dios. Él es
quien toma la iniciativa, es su origen y quien la hace operante. Sin
embargo, para que este anuncio logre su eficacia, se requiere la respuesta humana, libre y voluntaria.
La Buena Noticia de Dios acerca de que el tiempo se ha cumplido y que su reinado está cerca no representa sólo un mensaje muy
amplio, general y abierto a todos, sino que constituye también una
invitación personalizada para cada uno. La conversión no consiste
en una teoría abstracta, sino en una invitación que mira a la individualidad de cada persona. Es preciso reconocer el tiempo de gracia del cumplimiento para no dejarlo escapar, sino acogerlo libre y
voluntariamente.
La respuesta y acogida que requiere esa Buena Noticia ha quedado expresada de manera explícita en la proclamación misma de
Jesús: Conviértanse y crean en el Evangelio. El mensaje va seguido
de un mandato. Recibir la Buena Noticia implica necesariamente la
conversión y la fe. Estas dos son parte fundamental de la respuesta
genuina.
La primera condición indispensable para acoger la Buena Noticia es la «conversión». Se trata básicamente de una acción radical
para dejar el mal, abandonar el pecado y volverse hacia Dios. Una
invitación tal supone que los seres humanos se han apartado de
quien es el propio origen y alejado de aquel por quien somos y vivimos, el «origen y la meta».
La conversión genuina no se basa en propósitos vagos, en simples promesas buenas intenciones, sino que es necesaria una orientación fundamental de la vida hacia él, es decir, hacer opción por
LA BUENA NOTICIA COMIENZA A SER ANUNCIADA POR JESÚS...
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él. Esto es lo que aparece en el EvMc, cuando Jesús se refiere a la
conversión como una condición indispensable para acoger la Buena Noticia. En este sentido, el relato evangélico hace un llamado
para volver hacia Dios, quien es el único Señor y quien invita a vivir en una relación de comunión con él, por medio de la persona y
obra de Jesús, su Hijo y su Mesías.
Resulta claro, por tanto, que el Evangelio no constituye mera información acerca de cosas interesantes o curiosas, o incluso por más
emotivas que parezcan. Es la Buena Noticia por excelencia de que
Dios está cercano a los seres humanos a quienes ofrece su salvación
y, por esto mismo, es una invitación a actuar en consecuencia. Esto
mismo conduce a entender que el Evangelio no es proclamado para
estar tranquilos en las propias actitudes y costumbres, sino que tiene en sí mismo un aspecto crítico con relación directa a la orientación del actuar humano. Una escucha sincera del Evangelio lleva a
la autocrítica, al cambio, a la renovación. Más aún, pide un cambio
radical, para dar a todo su justa dimensión y que Dios permanezca
en el centro de la vida, como el único Señor.
Frente al bautismo de arrepentimiento de Juan, Jesús llama a
la conversión en vista del reinado de Dios que se aproxima. Después los «Doce» se encargarán de continuar con este llamamiento (cf. 6,12). Es cierto que el término griego metánoia, desde un
punto de vista estrictamente etimológico-helenístico, podría significar sólo «cambio de pensamiento o de opinión», sin embargo, desde su tradición bíblica, sobre todo profética, significa más
bien el giro de la vida que quiere cambiar de forma radical la dirección de la misma e incluye, desde luego, también el pensamiento. Es decir, se trata de un cambio que repercute en la vida
práctica, ya que el reinado de Dios abarca todos los ámbitos de
la vida humana. Éste es el sentido que tiene básicamente el término hebreo shûb.
El sentido de la conversión queda más esclarecido por la indicación que le sigue: Crean en el Evangelio (1,15b). Esto significa hacer
propio el contenido de la Buena Noticia de la salvación, aceptar
con confianza absoluta y con abandono filial que Dios es el único y
verdadero Señor y que en el camino de Jesús se revela toda la realidad de su benevolencia real y de su soberanía. «Creer en el Evangelio» no es otra cosa que adherirse con toda la voluntad y la libertad al proyecto de salvación de Dios, llevado a cabo por su Hijo y
su Mesías, Jesús de Nazaret.
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
«Creer» significa también reconocer la verdad y la validez de lo
que comunica en la Buena Noticia. Al mismo tiempo este reconocimiento implica una influencia tal, que lo aceptado tenga repercusión en toda la vida humana. Más aún, el hecho de creer significa
que esa vida sea construida sobre la base de esta fe.
Si ya la llamada a la conversión expresa con fuerza el hecho de
la acogida del Evangelio y exige un cambio, la invitación a creer en
el Evangelio indica en qué debe consistir ese cambio. Asimismo
queda en evidencia que el Reino de Dios o su cercanía no constituye una realidad que podamos ver y tocar. En contra de la experiencia común y de las propias concepciones habituales de lo que es dominio y poder, los seres humanos estamos invitados a dar crédito a
la palabra y acción de Jesús y a recibir el Reino de Dios, en el modo
en que se manifiesta aquí y ahora; a asumir el mensaje proclamado
por el Mesías, Hijo de Dios, y a adherirnos a él con toda nuestra voluntad y nuestra libertad.
La fe en el Reino de Dios y la conversión comportan un cambio
en la vida integral de las personas, en el modo de pensar y de actuar.
Esto es lo que también implica la metánoia. Pero es preciso señalar
también que la afirmación «Dios reina» no vale sólo para la generalidad del mundo, sino también y sobre todo para cada uno en particular. Existe incompatibilidad entre la confesión de Dios como
Señor y la admisión de otros señores. En este sentido, la conversión
conlleva también la renuncia de los falsos ídolos, para adherirse sólo
y exclusivamente al único Dios y Señor, aceptando su soberanía,
por encima de cualquier otra realidad. De esta manera se abre la posibilidad de emprender un camino en la fe.
La fe en Dios como soberano absoluto exige un modo nuevo de
actuar y en continua renovación. Estas actitudes son claros indicios
de la autenticidad de la conversión y de la fe genuina en Dios, como
único Señor. Por tanto, la meta del cambio de camino, hasta entonces equivocado, es el mismo Dios y la aceptación inequívoca de
su soberanía.
De todo lo anterior se desprende una consecuencia: El Evangelio no actúa de forma automática como portador de felicidad inmediata; sin embargo, puede ser experimentado como fuente de la verdadera y auténtica felicidad sólo en proporción a la conversión y a
la fe. Dicho de otro modo, el anuncio logra su objetivo y llega a ser
realmente portador de la dicha por excelencia si es recibido con esas
dos actitudes fundamentales: la conversión y la fe.
LA BUENA NOTICIA COMIENZA A SER ANUNCIADA POR JESÚS...
61
LLAMADAS DE LOS PROFETAS A LA CONVERSIÓN
La historia del pueblo de Israel está llena de pecados e infidelidades a Yahvé, por lo que las llamadas a la conversión son innumerables.
Se trata algunas veces de actitudes de rechazo a Dios a nivel individual, pero sobre todo a nivel colectivo. Es el pueblo quien como tal se
aparta de su Señor para caer en el pecado. Por eso, si apelando a la responsabilidad de cada uno, los profetas llaman con insistencia a la conversión individual (cf. Is 30,15; 55,7; Jer 18,11; Ez 18,30-32; 33,11.1416), con mayor razón dicha llamada es todavía más insistente para que
la comunidad entera se convierta. Al mismo tiempo que estas llamadas son fuertes y enérgicas, también tienen presente la gran misericordia de Dios, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 18,23; Is 30,15; Os 2,9).
RECAPITULACIÓN
De acuerdo al EvMc, el mensaje que Jesús proclama queda definido desde el inicio como «Buena Noticia de Dios». Este mensaje
es sobre un hecho real y fundamental para la vida del creyente. Es
la «Noticia» por excelencia, que no puede ser superada en absoluto, ni siquiera equiparada con alguna otra. Viene de Dios y es fuente de la verdadera felicidad. Lo que Dios ha prometido llega a ser
ahora realidad. El tiempo iniciado con el anuncio y la actividad de
Jesús es el tiempo del cumplimiento, el tiempo de la acción amorosa de Dios.
Pero también en el anuncio mismo tiene lugar una exhortación:
un llamado a la conversión que implica cambiar de dirección la
vida, para volverse de forma radical a Dios. Así pues, cuando Jesús
habla acerca del tiempo que se ha cumplido abarca un mensaje y
una llamada. El tiempo de la acción decisiva y definitiva de Dios es
también el tiempo en que el hombre debe hacer una opción fundamental, frente a esta acción de Dios.
La conversión conduce a la fe. El cambio de vida hacia Dios lleva a creer en él y a aceptarlo como el único Señor; por eso, la respuesta y acogida está explícita en la proclamación de Jesús: «Conviértanse y crean en el Evangelio».
62
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer en voz alta las primeras palabras pronunciadas por Jesús en
el EvMc (1,15), tratando de recrear el escenario y reflexionar en torno al impacto que pudieron tener en su contexto histórico y en el que
se escribió el evangelio. Relacionar estas palabras con lo dicho acerca
de Juan el Bautista (Mc 1,3.7-8), señalando las diferencias entre ambos anuncios.
2. Descubrir la repercusión que tiene la primera proclamación de
Jesús en el resto del EvMc. ¿En qué textos del mismo evangelio se alcanzan a ver resonancias de este primer anuncio? ¿Cómo se manifiesta la llegada del reinado de Dios? ¿Qué impide que esa soberanía encuentre la aceptación por parte de muchos de los seres humanos?
3. Elaborar un recuadro con textos del EvMc donde aparezca la
expresión «reino» o «reinado» de Dios, tratando de descubrir las diversas connotaciones que va teniendo a lo largo del evangelio.
4. Relacionar los contenidos de los términos: «Evangelio» – «conversión» – «fe», visualizando los matices que va teniendo cada uno de
ellos en los distintos pasajes del EvMc.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. En casi todos los tiempos y circunstancias, los seres humanos esperamos buenas noticias acerca de los diferentes aspectos y realidades
que abarca nuestro mundo. Esperamos que haya paz entre las personas
y entre las naciones, esperamos tener tranquilidad, salud, seguridad,
bienestar, etc. Ahora bien, ¿qué tanto estamos convencidos que lo que
acontece en la persona y mensaje de Jesús es el «Evangelio» o, lo que es
lo mismo, la Buena Noticia por excelencia?
2. Esa Buena Noticia proclamada por Jesús, ¿es el fundamento de
lo que creemos y la que nos da la seguridad y la certeza de la cercanía
salvífica del mismo Dios?
3. ¿Cómo asumimos esa Buena Noticia por excelencia? ¿Tomamos
en serio el Evangelio como la única verdadera Noticia sobre la salvación?
4. ¿Dios es verdaderamente el Señor de nuestra vida o por dónde
van nuestros, deseos y acciones? ¿Cuáles son las actitudes fundamentales que caracterizan nuestra forma de ser y de actuar?
5. ¿Qué es lo que nos exige una auténtica conversión que nos abra
paso a una genuina aceptación del Evangelio?
CAPÍTULO III
LA BUENA NOTICIA PARA
LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
Si bien es cierto que el tema fundamental del EvMc gira siempre en torno a la persona e identidad de Jesús, el Mesías e Hijo de
Dios, también sus discípulos, aquellos llamados para que estuvieran
con él y para enviarlos a predicar (3,14), representan un hilo narrativo fundamental a lo largo y ancho de todo el relato evangélico,
unidos siempre y estrechamente a la persona del Maestro. Ellos son
los primeros destinatarios del Reino que Jesús proclama, inaugura
y lleva a cabo por medio de acciones portentosas, y sobre todo con
la entrega de sí mismo, con su muerte y resurrección; ellos serán
también los encargados de continuar esa misión con su palabra y
testimonio.
Por tanto, la formación para el discipulado en el EvMc tiene una
prioridad insoslayable, pero al mismo tiempo representa una tarea
difícil para el Maestro. Muchas veces ellos no van a ser capaces de
entender bien las implicaciones del ministerio del Señor, sobre todo
lo que se refiere a la pasión y muerte, por lo cual es preciso emprender un camino «pedagógico», que finalmente no sólo es para
los Doce, sino para cada lector del evangelio y para todo aquel que
esté dispuesto a convertirse en discípulo de Jesús, es decir, para
quien quiera «ir detrás de él, llevando su cruz», en cualquier tiempo, lugar y circunstancia.
La amplitud y riqueza del tema acerca del discipulado nos obliga
a tratarlo en tres capítulos complementarios. En el primero nos centraremos en la llamada al discipulado (1,16-20), y de la elección del
grupo de los Doce (3,14); en el segundo abordaremos la identidad
del discípulo de Jesús, a partir de las escenas básicas en la sección
central del evangelio (8,27–9,1), y finalmente, en el tercer capítulo,
64
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
estudiaremos los principios básicos para los formación de los discípulos en este evangelio, incluyendo la experiencia de abandono y
de reencuentro de éstos, después de la Pascua, con su Maestro.
I. LOS EPISODIOS ACERCA DEL DISCIPULADO
EN EL EVANGELIO DE MARCOS
a) En la primera parte del relato de Marcos (1,14–8,26), la importancia que revisten los discípulos de Jesús aparece ya desde la
disposición de los episodios en los que ellos son protagonistas o por
lo menos donde entran en acción:
• Después del sumario que presenta a Jesús como proclamador y
realizador del Reino en Galilea (1,14-15), tiene lugar el llamado de los cuatro primeros discípulos: los hermanos Simón
y Andrés, Santiago y Juan (1,16-20).
• Concluido el resumen de curaciones con que inicia la sección
de 3,7–6,6, Jesús lleva a cabo la elección de los Doce (3,13-19).
• Por último, con el envío de los Doce (6,7-13) arranca la etapa que culminará con la confesión de la identidad del Mesías
e Hijo de Dios en Cesarea de Filipo (6,7–8,30).
b) En la segunda parte de la narración evangélica de Marcos
(8,31–16,8), sólo los discípulos recibirán la triple enseñanza sobre
el misterio del Hijo del hombre que va a tener lugar en Jerusalén
(8,31-39; 9,31-32; 10,32-34), pero ellos serán también invitados a
compartir la dolorosa suerte del Maestro (8,34-38; 10,39).
• La instrucción tiene como objetivo principal la capacitación
de los discípulos para que puedan seguir al Maestro «por el camino». Serán solidarios con él en su recorrido hasta Jerusalén
y lo acompañarán durante las difíciles jornadas en la Ciudad
(11–13).
• Al llegar al «lugar de destino», Jesús prepara y celebra la Pascua con quienes lo han seguido hasta allá (14,12-31), pero en
el momento más fuerte y difícil de la prueba todos ellos sucumben: uno lo habrá de traicionar (14,10-11.17-21.43-45),
otro lo negará (14,26-30. 66-72), otros no pueden «velar con
él» (14,32-42), y al final, abandonándole huyeron todos (14,50).
• Sin embargo, el Resucitado los volverá a convocar, ahora por
medio de unas mujeres, para volver a Galilea: allí lo verán,
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
65
como él les dijo (16,7). Este regreso habrá de constituir una renovación del llamado y al mismo tiempo una especie de reivindicación de los discípulos después de las incomprensiones,
de las traiciones y del abandono. La importancia del discipulado en el EvMc no puede concluir con lo negativo, por eso
ellos son invitados a retomar su vocación allí donde tuvo su
inicio, en Galilea.
Este rápido recorrido episódico constata la gran importancia que
tienen los discípulos en el EvMc. La cantidad significativa de los
materiales en torno al discipulado nos obliga a estudiar sólo algunos
de los episodios más relevantes, para ayudarnos a descubrir el sentido que tiene «seguir a Jesús» en este escrito.
II. LA LLAMADA DE LOS PRIMEROS CUATRO,
UN PARADIGMA DISCIPULAR (MC 1,16-20)
Ya desde el inicio del relato evangélico (Mc 1,16–3,6) aparece
manifiesta la autoridad y poder de Jesús (cf. 1,22.27; 2,10), quien
habiendo sido investido por la fuerza del Espíritu (1,10) anuncia e
inaugura el reinado de Dios. También la Buena Noticia proclamada
empieza a ser difundida y aceptada entre el pueblo, pero entre los
dirigentes empieza también el rechazo, al grado de que desde el inicio ya hay intentos de eliminarlo (3,6).
Podemos afirmar que desde sus inicios el EvMc elabora un boceto de lo que irá desarrollando a lo largo de su narración, con los
personajes, lo que dicen y hacen: el Mesías que anuncia la Buena
Nueva y actúa con la autoridad de Dios, la gente que escucha y
acepta el mensaje, los adversarios que se oponen, así que no podían faltar otros agentes fundamentales en este drama: los discípulos.
La llamada de los cuatro primeros seguidores de Jesús (1,16-20)
no sólo es el arranque de una serie de acontecimientos que muestran el poderoso éxito del Mesías, sino también constituye un momento paradigmático en el tema discipular.
Este episodio está estrechamente unido a 1,14-15 y a 1,21-22,
dos resúmenes que compendian el quehacer de Jesús al iniciar su
ministerio en Galilea. El EvMc acaba de ofrecer un compendio
«programático» de ese quehacer (1,14-15); es entonces cuando tiene lugar la llamada de los cuatro primeros discípulos (1,16-20):
66
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Y bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de
Simón, lanzando las redes en el mar, pues eran pescadores. (A)
Jesús les dijo: «vengan conmigo y haré que ustedes lleguen a ser
pescadores de hombres». (B)
Al instante, dejando las redes le siguieron. (C)
Y caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a
su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; (A)
y al instante los llamó. (B)
Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se
fueron tras él. (C)
El relato construye las dos escenas siguiendo un mismo esquema,
a base de paralelismos, con la misma disposición de los sintagmas
que integran el episodio:
A: Jesús, yendo por la orilla del mar de Galilea («bordeando» – «caminando más adelante»), ve a dos hermanos («Simón y Andrés» – «Santiago y Juan») ejerciendo su oficio de pescadores («lanzando las redes
al mar» – «arreglando las redes»).
B: Jesús llama a cada una de las parejas de hermanos («vengan conmigo y haré que ustedes lleguen a ser pescadores de hombres» – «los
llamó»).
C: Ellos responden al llamado de Jesús («al instante dejando las redes le siguieron» – «dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él»).
Hay varios detalles que llaman la atención en esa llamada de Jesús a sus primeros discípulos. Antes que nada, en consonancia con
el estilo austero que caracteriza el EvMc, la llamada y la respuesta
se dan de modo tan escueto, que hace resaltar aún más el poder
quien llama y la prontitud de la respuesta. En efecto, la invitación
de Jesús es presentada en forma tan majestuosa que no deja lugar a
ningún tipo de réplica; por eso mismo la respuesta es inmediata,
como queda indicado por el inicio del v. 18 y por la segunda parte
del v. 20. Sobre todo este último dato evidencia la radicalidad de la
respuesta ante la llamada irresistible del Maestro, al dejar Santiago
y Juan no sólo las redes, sino incluso también a su propio padre.
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
67
Las expresiones del evangelio de Marcos son austeras y esquemáticas, casi lapidarias. No se establece un diálogo propiamente dicho. Jesús llama y los convocados responden con prontitud, sin objetar. La inmediatez de las acciones está señalada por el adverbio
euthys (= de inmediato, al instante, enseguida) que aparece en ambos versículos:
Jesús les dijo: «vengan ... Al instante, dejando las redes le siguieron
(1,18).
...Y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo..., se
fueron tras él (1,20).
Tampoco es fortuito que la llamada de los primeros discípulos sea
en pares: Simón y Andrés; Santiago y Juan. Este esquema de llamada es un paradigma en diversos sentidos, por lo que no sería extraño que ya desde ahora busque proyectar la misión colegiada, cuando los discípulos sean enviados de dos en dos (cf. 6,7).
VIO – LLAMÓ..., DEJANDO – LO SIGUIERON (1,16.19)
El relato de 1,16-20 es doble, pero con la misma invitación. En
la primera escena Jesús se dirige a Simón y a Andrés. Éste sólo será
mencionado junto a otros (cf. 1,29; 13,3); Simón, en cambio, parece ser conocido del lector, porque es ya un referente y no necesita
más identificación; de hecho, él será luego protagonista (cf. 3,16;
8,29-33; 14,66-72). Jesús invita a ambos a seguirlo. En la segunda
escena Jesús se dirige a Santiago, a quien identifica como hijo de
Zebedeo, y a Juan, a quien refiere como «su hermano». Ambos aparecerán mencionados juntos en pasajes posteriores (1,29; 9,2; 10,35.
41; 14,33). Igual que en la anterior, los invita a seguirlo, pero ahora lo hace de una manera todavía más escueta, aunque no por eso
menos imperiosa.
Mientras las acciones principales que realiza Jesús están descritas por los verbos: «ver» y «llamar» (o «decir»), las de los discípulos lo están por medio de sus correspondientes: «dejar» y «seguir» (o «ir tras él»):
JESÚS:
DISCÍPULOS:
JESÚS:
DISCÍPULOS:
Vio a Simón y Andrés...
dejando las redes
Vio a Santiago y a su hermano Juan
dejando a su padre,
les dijo:
le siguieron
y al instante los llamó.
se fueron tras él.
68
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
La correspondencia verbal guarda un perfecto paralelismo entre
las acciones de las dos escenas del relato:
• «ver» → «decir»
«dejar» → «seguir»
• «ver» → «llamar» «dejar» → «ir tras él»
Esta secuencia pone de manifiesto el desarrollo de las acciones
que tienen lugar en las dos escenas paralelas. El punto de partida es
la primera acción, con la que arranca todo el dinamismo del relato:
el «ver» de Jesús. Él es quien, bordeando el mar de Galilea y después siguiendo más adelante, «ve» primero a Simón y Andrés y
después «ve» también a Santiago y Juan. Una vez visualizados por
el Maestro de Galilea, los dos pares de hermanos están en posibilidades de ser llamados, lo que sucede de inmediato. Sin embargo en
todo momento resalta la actitud soberana y libre del que llama.
No queda duda de que la figura dominante es el mismo Jesús. Él
es quien va pasando por las orillas del mar de Galilea. Allí ve a los
hombres en su trabajo cotidiano y se dirige a ellos con autoridad. La
iniciativa es totalmente de quien llama. Los discípulos no se presentan por deseos propios o solicitan participar en la obra de Jesús,
sino que son llamados por la absoluta gratuidad del Señor. Tampoco los asume como colaboradores con salario alguno o con promesas de hacerlos acreedores a privilegios o herencias. Él simplemente
llama y esto es lo determinante. Su convocación es exigente, pero
al mismo tiempo es la que va a dar un sentido pleno a la vida de
quienes son privilegiados con el llamado al discipulado.
La llamada de Jesús alcanza a los discípulos en medio de sus ocupaciones diarias. Son pescadores: algunos están arrojando las redes,
otros están preparando y reparando sus utensilios de trabajo. Más
adelante otro estará sentado en su banco de recaudador de impuestos, etc. Ellos tienen un oficio. La mayoría son gente de bien y productiva, en la medida de sus posibilidades. Aquí se logra percibir el
alcance de la llamada de Jesús, quien transforma profundamente sus
vidas. Los saca de sus ocupaciones para dar un giro radical en la
existencia de ellos. Exige decisión e incluso una ruptura con el pasado.
El pasaje de la llamada no presenta a Jesús ofreciendo a los convocados un programa bien definido o proponiéndoles argumentos
convincentes, ni mucho menos ofreciendo algo a cambio. Sólo los
llama para que lo sigan, y ellos, sin más, responden con prontitud y
sin objetar. La fórmula literal del llamado es: vengan detrás de mí –la
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
69
misma que se encuentra en la versión griega de «los Setenta», en 2
Re 6,19, como expresión del profeta Elías a los arameos– y volverá
a aparecer después de que Simón se halla en peligro de abandonar
el seguimiento de Jesús (cf. 8,34). Que él vaya delante y ellos detrás
determina el camino e indica la dirección. El contenido fundamental de la llamada es, por tanto, la nueva vida de los discípulos, su
orientación hacia Jesús y la comunión de vida con él. Ellos prestan
su adhesión y depositan su total confianza en el Maestro.
Los hermanos son llamados por Jesús mientras trabajan. Ahora
bien, los lectores del evangelio ya saben que quien efectúa el llamado no es otro sino el «Mesías e Hijo de Dios» (1,1), el que ha
dado inicio a la proclamación de la Buena Noticia en Galilea
(1,14). Lo que hacen Simón y Andrés, Santiago y Juan es precisamente abrirse a ese anuncio salvífico y entrar en la dinámica de la
llegada del reinado de Dios.
El mismo Mc 1,14 anota que Jesús inicia su actividad a partir de
la prisión del Bautista, lo que da paso a la sospecha de que podría ya
existir alguna conexión de este grupo de pescadores con el movimiento de Juan. Incluso es probable que el propio Jesús haya podido tener alguna relación con dicho movimiento, como queda manifiesto por el bautismo recibido del profeta que predicaba en el
desierto (cf. Mc 1,9-13). Por tanto, es posible que el Nazareno fuera visto como un profeta continuador del movimiento iniciado por
Juan (cf. Mc 8,28; 11,29-32; Lc 9,7-9). En todo caso, Jesús podría
no ser del todo desconocido para aquellos pescadores que ejercían
su oficio en las inmediaciones del lago de Genesaret.
A pesar de todo, los lectores del EvMc suponen que aquellos pescadores convocados para seguir al «Rabí de Galilea» no tendrían
por qué saber todavía quién era ése en realidad, ni que estaban siendo llamados por el propio Mesías e Hijo de Dios, el mismo que
«bautizará con Espíritu Santo» (1,8). Entonces no deja de ser un
tanto extraño que sin más aquellos rudos trabajadores del lago respondan con una inmediatez sorprendente a la invitación que les
hace un «predicador» itinerante, que anunciaba el cumplimiento
del tiempo y la llegada del reinado de Dios y les hacía la propuesta
de «hacerlos pescadores de hombres», quizá inspirado en Jr 16,16.
Pero, ¿qué podría significar esto?, ¿en qué consistiría una invitación
tal?, ¿con qué consecuencias? Aquí está lo sorprendente.
Los llamados dejan sus habituales quehaceres de pesca para «seguir» a Jesús. El lector del evangelio puede imaginar que Jesús los
70
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
asociará en su quehacer de proclamar la cercanía del reinado de
Dios, pero los pormenores están por descubrirse. Sólo más tarde, en
la segunda parte del evangelio, el seguimiento de Jesús revelará sus
propias características.
EL OFICIO DE LOS PESCADORES
Durante el s. I, en algunos casos la pesca llegó a ser un oficio rentable, aunque en la mayoría de ellos no lo era tanto, al grado de que
incluso muchos pescadores prácticamente vivían en la miseria. Como
en ciertas ocasiones la demanda era bastante buena, se llegaron a establecer sistemas de comercialización de los productos pesqueros. A
veces, respondiendo a peticiones de gente acaudalada o incluso de la
misma casa real, los pescadores se obligaban a entregar ciertas cantidades de pescado, conforme a lo que era convenido en un contrato.
Cuando el pago, ya sea en moneda o en especie, era justo y a tiempo,
los que ejercían este oficio podían verse beneficiados; pero, por desgracia, esto no era lo más usual. En cambio, esos sistemas de comercialización sí solían ser buenos para la administración del Estado, por
el control que éste ejercía para la recaudación de los impuestos. Otra
modalidad consistía en que los pescadores dieran en arriendo sus derechos de pesca obteniendo un porcentaje en las ganancias de la captura; pero los beneficios tampoco eran mejores para los que ejercían
este oficio.
La situación de los pecadores no era siempre la misma, tanto para
los que trabajaban en aguas saladas como dulces. Había quienes eran
propietarios de embarcaciones y redes, otros en cambio se desempeñaban como simples jornaleros (cf. Mc 1,20).
Si bien es cierto que el lago de Galilea era rico en peces, no significaba que la pesca fuese un negocio muy rentable, sobre todo en razón de los medios tan precarios para hacerse con esa riqueza y por los
mismos sistemas injustos en la comercialización. Por esta razón no es
extraño que entre ellos se suscitaran inquietudes y aficiones por las revueltas sociales, tal como lo atestigua F. Josefo: los propietarios de las
barcas y los que no tenían nada de Tiberíades fueron los primeros en adherirse a la revuelta (cf. De Vita, 66).
El relato «paradigmático» de los primeros convocados va a tener
una influencia decisiva en la llamada del siguiente discípulo, Leví
(2,14):
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
71
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado... → y le dice:
«sígueme»
→ y le siguió
DISCÍPULO: Él se levantó
JESÚS:
De manera semejante al llamado de los primeros cuatro discípulos, el relato de la vocación del quinto, y el primero de forma individual, Leví, también es austero y esquemático. Dos verbos en forma
paralela expresan las acciones de Jesús («ver» → «decir») y también
dos verbos las de Leví («levantar» → «seguir»). El «levantarse» del
despacho de recaudador de impuestos, en este caso, equivale a «dejar» (las redes, al padre) de los cuatro primeros. En todos los casos,
la convocación es hecha por Jesús poniendo de manifiesto su autoridad mesiánica, a la que corresponde una respuesta inmediata.
El EvMc no vuelve a referir otra llamada dirigida de manera explícita y específica para otro u otros de los discípulos, pero es necesario notar que en los casos en que lo ha hecho, sigue el mismo modelo austero y esquemático, en el que resalta la autoridad del Mesías
y la respuesta pronta de los convocados. Ninguno de esos ejemplos
da lugar para entablar diálogo alguno, ni siquiera aparece pronunciada una palabra en labios de los llamados.
III. «CON» JESÚS Y «DESDE» JESÚS:
LLAMADOS Y ENVIADOS POR ÉL (MC 3,14-15)
El Mesías lleva a cabo la primera etapa de su ministerio básicamente en Galilea, con un desarrollo del drama bastante dinámico.
Después del sumario acerca de su predicación inicial (1,14-15) y del
llamado de sus cuatro primeros discípulos (1,16-20) entra de lleno
en su actividad taumatúrgica (1,21-28.29-31.32-34.40-45), pero
también casi al instante encuentra rechazo y se desata la polémica
con sus opositores (2,1-12.13-14.15-17.18-22.23-28; 3,1-6).
A partir de Mc 3,7 arranca otro momento importante en el ministerio del Señor. Si bien es cierto que el campo de acción sigue
siendo sobre todo Galilea, específicamente las inmediaciones del
lago, sin embargo el evangelio menciona que le seguía una gran muchedumbre proveniente de otros lugares: del territorio de Judea y de
la ciudad de Jerusalén y de las regiones de Idumea, Tiro y Sidón
(3,8). Así empieza a proyectar los escenarios que habrán de tener su
desarrollo en los territorios vecinos, como Gerasa (4,35–5,20), y
también en los ya mencionados, Tiro y Sidón (7,24–8,10).
72
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Después del breve sumario acerca de la actividad del Mesías a
orillas del lago de Galilea (3,7-12), el EvMc narra un hecho que va
a tener trascendencia en los episodios siguientes: la institución de
los Doce (3,13-19). Ellos van a aparecer de modo recurrente en los
distintos pasajes del relato evangélico.
3,13: Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron junto a él.
3,14-15: Instituyó Doce, para estar con él
y para enviarlos a predicar,
con poder de expulsar los demonios.
3,16-19: Instituyó a los Doce; y puso a Simón el nombre de Pedro, y
a Santiago el de Zebedeo y a Juan el hermano de Santiago a quienes puso
por nombre Boanerges, es decir hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo Simón el Cananeo, y
Judas Iscariote el mismo que lo entregó.
El relato de la elección de los Doce ha sido elaborado por el
EvMc en tres movimientos:
a) Una introducción sumaria donde presenta las dos acciones escuetas: llamado y respuesta.
b) El centro del episodio menciona el «para qué» de la acción de Jesús.
c) La mención de los nombres de cada uno de los doce
discípulos de Jesús.
Así, la parte central, que presenta el objetivo fundamental del
llamado, queda enmarcada por la introducción y por la lista de los
nombres de cada uno de los discípulos. Ahora enfocamos nuestra
atención hacia esta parte central, que a su vez comprende dos movimientos opuestos, pero que al mismo tiempo son complementarios e incluso necesarios en el ser y quehacer de los discípulos:
• El movimiento «centrípeto» → «hacia» Jesús: para estar con él
• El movimiento «centrífugo» → «desde» Jesús: para enviarlos a
predicar
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
73
1. LLAMADOS PARA ESTAR CON ÉL (3,14A)
El movimiento que hemos llamado «centrípeto» –«con Jesús»–
queda señalado por la preposición griega metá (con), que refiere la
posición del discípulo con relación al Maestro: el polo de atracción
es la persona misma del Mesías, por eso la base que sustenta el discipulado es ante todo «estar con él». No cabe duda que la convocación de aquellos que habrán de formar el círculo más cercano de
seguidores y amigos de Jesús es un momento de capital importancia
para el EvMc.
Aunque siguiendo su estilo austero, la narración tampoco carece de solemnidad. Antes bien, la expresión sumaria que introduce
el relato refleja la libertad soberana del Mesías: «llamó a los que él
quiso». La elección de los discípulos no es fruto de la iniciativa de
los convocados o de alguien más, sino que es resultado exclusivo de
la voluntad del único que tiene potestad para llamar.
Jesús «subió al monte y llamó a los que él quiso». Encontramos
aquí datos que poseen un fuerte trasfondo bíblico. El monte no sólo
es un lugar privilegiado para experimentar la presencia de Dios, sino
también un espacio donde tienen lugar acontecimientos decisivos
para la vida y la historia del pueblo hebreo (cf. Gn 22,2; Ex 19,3ss;
1 Re 18,20-40; 19,8-18). No es extraño que sea en el monte donde el
Mesías lleve a cabo la elección de aquellos que no sólo habrán de formar su círculo más cercano, sino sobre todo de quienes representan
al pueblo de Israel: las doce tribus en alianza con su Dios (cf. Ex 24,4)
y sus esperanzas escatológicas (cf. Mt 19,28; Ap 7,5-8; 21,12-14).
Los Doce elegidos por el Mesías son constituidos por él en representantes del pueblo de Dios, en la alianza nueva que Jesús está
realizando y que sellará con su muerte y resurrección. Ellos son los
primeros destinatarios de la Buena Noticia de la salvación, aunque
muchas veces van a manifestar incomprensión ante el alcance de
las enseñanzas que reciben de su Maestro, por lo que deben asumir
un proceso de aprendizaje que no resulta fácil. Asimismo, los Doce
hacen eco de las actitudes del pueblo hebreo que, sobre todo durante su marcha por el desierto, y en otros momentos de su historia,
no alcanzaron a entender el proceder de Dios. Ellos serán también
los encargados de continuar la obra del que los llamó: la predicación, las acciones y las tareas mismas de Jesús.
«Estar con Jesús» equivale a conocerlo, es decir, entrar en una
relación personal con él, aprender su estilo de vida, compartir sus
74
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
enseñanzas y seguirlo, para asimilar el modo de pensar y vivir del
Maestro, en una palabra, compartir su destino. En esto será fundamental la solidaridad con el Maestro y con el propio grupo, como lo
muestran las controversias ya conocidas por los lectores del evangelio (cf. Mc 2,16-17.18-21.23-28). Pero habrá más ocasiones que
refuercen esta cercanía y solidaridad, como la enseñanza que Jesús
les prodiga «aparte» (4,10-12.34; 6,31s: 7,17-23), los portentos que
sólo el grupo percibe (6,47-52) y, sobre todo, la suerte que aguarda
al Hijo del hombre (8,31-33).
La primera vez que en el EvMc los seguidores de Jesús reciben el
nombre de mathetai (discípulos) es en 2,15:
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos
y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.
También por primera ocasión se habla de un banquete, en el que
participa Jesús con sus discípulos y donde tiene lugar una fuerte
oposición. Lo importante es señalar que allí donde se encuentra Jesús a la mesa, no pueden faltar ellos, sus amigos y seguidores más
cercanos.
En ese mismo sentido hay que observar cómo en ciertos momentos la multitud imposibilita a Jesús y, por tanto también a los suyos, tomar alimento (cf. 3,20; 6,31). De esta manera queda manifiesta la
fuerte unión que existe entre ellos, al compartir la mesa, que constituye uno de los momentos de mayor encuentro y cercanía no sólo en
los evangelios, sino en otros pasajes de la Escritura. Esto es lo que podemos llamar la «comunión de mesa». Es preciso señalar que esta «comunión de mesa» alcanzará su punto culminante y su conclusión en
el banquete pascual que celebrará con ellos antes de su pasión (cf.
14,14), donde además de darse a sí mismo como alimento, les anunciará una «comunión de mesa eterna» en el Reino de Dios (cf. 14,25).
Se puede decir entonces que la comunidad iniciada aquí, al inaugurar
el reinado de Dios, no sólo tendrá continuidad, sino también su total
plenitud cuando llegue el momento definitivo y escatológico.
Al compartir la misma suerte de su Maestro, los discípulos son
también blanco de ataque por parte de los adversarios. Esto lo evidencia Marcos cuando los escribas critican y fustigan la actitud de
Jesús (cf. 2,16). Sin embargo no son ellos sino que es el propio Maestro quien hace frente al cuestionamiento (cf. 2,17), lo que también
pone de manifiesto una vez más la unidad y la solidaridad que existe entre el Maestro y sus discípulos.
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
75
Asimismo, en el EvMc son recurrentes los casos en que Jesús es
interpelado en razón del comportamiento de sus discípulos (cf. 2,18;
7,5). Todo esto parece suponer que Jesús no sólo consiente la forma
de actuar de los suyos, sino que él mismo la aprueba y avala, por lo
cual recibe tales reproches. Las respuestas del Maestro manifiestan
la vinculación que existe entre él y sus discípulos, al dar razón de las
actitudes de éstos (cf. 2,19.27-28; 7,8).
Así pues, el comportamiento de los discípulos es coherente con
la unión que tienen con el Maestro. Ellos son ante todo sus acompañantes, característica con la que son designados en muchos momentos de la narración evangélica. Están con él casi siempre: cuando Jesús se retira da Cafarnaún (cf. 3,7), en su viaje hacia Nazaret
(cf. 6,1), en la travesía del lago en la barca (cf. 8,10), durante su
permanencia en Cesarea de Filipo (cf. 8,27), en el recorrido de su
camino hacia Jerusalén (cf. 10,32; 10,46). Es por eso también que
el fuerte contraste que establece la expresión de Marcos 14,50, y
abandonándole huyeron todos, tendrá una fuerza de reproche bastante dura.
Una característica primordial de los discípulos es el servicio hacia su Maestro: son quienes disponen la barca (cf. 3,9); en las dos
multiplicaciones de los panes ellos aparecen con actitud de servicio
y son precisamente los encargados de distribuir el alimento entre la
gente (cf. 6,41; 8,6); dos de ellos serán enviados a traer el asno para
la entrada en Jerusalén (cf. 11,1-2) y a preparar la cena pascual (cf.
14,12-16). También su disponibilidad para el servicio representa un
aspecto de su comunión con Jesús.
Los discípulos son pues aquellos que recorren el camino junto
con Jesús, escuchan sus palabras, son testigos de sus acciones. Sólo
esta continua comunión de vida con Jesús les permite crecer en una
relación auténtica con él.
La última vez que Jesús en el evangelio de Marcos dirige una invitación a sus discípulos tiene lugar en uno de los momentos más
críticos de su vida, en Getsemaní, justo antes de su pasión: Siéntense aquí, mientras yo hago oración (14,32). Es también la última ocasión en que Marcos refiere que el Señor y sus seguidores están juntos, pues en este mismo lugar ellos lo abandonan y huyen (cf.
14,50).
Aunque a lo largo del relato el EvMc ha presentado a Jesús y a
sus discípulos formando una comunidad de vida y compartiendo
76
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
todo, sin embargo el camino de la cruz, anunciado tres veces (cf.
8,31; 9,30; 10,33-34), con el significado reiterativo de este triple vaticinio, es emprendido por Jesús solo. A pesar de todo, después de la
resurrección Jesús precede a sus discípulos en Galilea (cf. 14,28;
16,7), donde todo había comenzado (cf. 1,14.16). Ahí tendrá lugar
un nuevo inicio, el definitivo.
2. LLAMADOS PARA SER ENVIADOS (3,14B)
Aunque, como hemos enfatizado antes, el motivo fundamental
del llamado que hace Jesús es para que sus discípulos estén con él,
sin embargo de aquí se deriva también una reacción necesaria: el
que vive y experimenta ese encuentro de intimidad con el Señor, lo
escucha y aprende de él, no puede reservarlo sólo para sí mismo,
sino que se siente impulsado a compartirlo con otros, como fuerza
que impele. La predicación del Evangelio es casi una consecuencia
inmediata que conlleva el hecho mismo de haberlo recibido.
El movimiento «centrífugo» –desde Jesús– queda indicado por el
envío de los Doce. Ellos no van a predicar y hacer portentos en razón de su propia iniciativa, sino por un mandato expreso del que los
llamó. Por tanto, «llamar» y «enviar» se corresponden y se vinculan estrechamente, teniendo como agente principal al mismo Jesús.
Ellos se convierten en «apóstoles» (enviados) porque primeramente han sido «convocados». El EvMc especifica en qué aspectos los
Doce son enviados de Jesús.
• En primer lugar, y la tarea más importante de los discípulos es
proclamar. Este término (kerysso) es idéntico al de 1,14, donde se habla de «proclamar el Evangelio de Dios», de modo que
cabe suponer aquí el mismo complemento. No se trata simplemente de un anuncio a nivel informativo acerca de algo
que va a tener lugar, sino de hacer efectivo el Evangelio en la
cercanía del reinado de Dios. Esta proclamación involucra y
compromete existencialmente a los Doce, de modo que ellos
no puede permanecer sólo como simples y neutrales comentaristas de cualquier género de buenas noticias, sino como testigos cualificados de la Buena Noticia por excelencia y como
responsables de la acción eficaz de este mensaje salvífico.
Anunciar el Evangelio, conforme al ejemplo y a la misión del
Maestro, es la primera y principal tarea de sus discípulos.
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
77
• En segundo término, Jesús envía a los Doce con poder para expulsar demonios. Quizá esta «función» pueda parecer un tanto
extraña para mentalidades modernas, sin embargo no era así
para las antiguas culturas orientales, incluyendo la judía. En
aquel tiempo y en esos ambientes, los demonios eran parte de
la realidad cotidiana. Se creía que provocaban perjuicios a los
seres humanos, pues eran causantes de enfermedades y otros
daños que afectaban la vida y la convivencia social. Algunos
malestares que hoy pueden tener explicaciones científicas
satisfactorias, tanto en el campo médico como sicológico, en
aquel tiempo eran atribuidas sin más a poderes demoniacos
que actuaban directamente sobre la vida de los humanos. Por
esta situación no es extraño que con frecuencia entre los mismos judíos se practicaran los exorcismos (cf. Hch 19,13-17) y
que el mismo Jesús los hiciera, pero con el sentido de liberar
a las personas de cualquier mal que, al esclavizar, se oponen a
Dios y a su reinado. Los discípulos son enviados con este poder
que garantiza su predicación y misión.
IV. SIEMPRE ENVIADOS DESDE JESÚS (6,6B-13)
Si bien es cierto que el movimiento que hemos denominado
«centrífugo» juega un rol fundamental en la identidad de los llamados al discipulado, no podemos pasar por alto que todo parte y
tiene su base en el movimiento «centrípeto». La convocación para
estar con Jesús es el aspecto basilar de todo lo que vendrá. Desde el
«estar con Jesús» lo demás tiene sentido y garantía, incluyendo la
ejecución misma de la misión.
A lo largo del EvMc irán apareciendo otros aspectos que delinean el perfil del discípulo de Jesús, pero todos esos pueden descubrir
su origen en los paradigmas del llamado y el objetivo fundamental
esbozado en 3,14. Así pues, también el envío para la misión, como
aparece en 6,6b-13, donde tiene lugar un desarrollo más amplio de
lo anunciado, sustenta sus bases en lo que ha señalado y anunciado
antes:
• Comenzó a enviarlos de dos en dos (6,7a): esta forma de envío
recuerda que Jesús llamó a los primeros discípulos en pares
(Simón y Andrés, Santiago y Juan) (1,16.17), pues la veracidad del mensaje consta al menos por dos testigos (cf. Dt 17,6);
78
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
• dándoles poder sobre los espíritus inmundos (6,7b): se trata de la
misma autoridad conferida en 3,14. Si bien antes habló de daimónia (demonios) y ahora de pneúmata akátharta (espíritus inmundos), se refiere a las mismas realidades opresoras que atacan al ser humano y que por tanto atentan contra el reinado
de Dios;
• les ordenó que no tomaran nada para el camino (6,8): esta orden no se refiere sólo a la «pobreza» como un valor en sí mismo, sino a la confianza absoluta en el Señor, que va con
ellos. La misión no es un alejarse, sino seguir con Jesús y
confiar en él.
• Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a
muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (6,12-13). Esta expresión sintetiza cómo los discípulos
llevan a cabo con fidelidad la misión encomendada. Ahora, a
la predicación y expulsión de demonios se une la curación de
los enfermos como parte de esa misma misión.
RECAPITULACIÓN
Este primer capítulo ha tratado acerca de los discípulos, en dos
grandes vertientes: la llamada de los primeros discípulos al seguimiento de Jesús, como paradigma de toda vocación discipular, y la
elección de los Doce. Estos dos episodios son fundamentales en la
primera parte de la narración evangélica de Marcos, pues aquí los
cuatro primeros discípulos son una especie de prototipo de los restantes. Los relatos de vocación siguen un esquema muy similar: la
iniciativa y la llamada proceden de Jesús, quien actúa con libertad
soberana, el llamado es escueto y la respuesta inmediata. Los Doce
habrán de simbolizar y actualizar el proyecto salvífico de Dios, iniciado en el AT, con las doce tribus de Israel.
Mc 3,14 sintetiza la finalidad de la llamada de los discípulos de
Jesús en dos aspectos básicos: para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar. A esto se une el poder para «expulsar demonios»
(liberar de toda forma de esclavitud). «Estar con Jesús» equivale a
hacerse su discípulo, aprender de él, vivir con él, seguirlo, para asimilar el modo de pensar y vivir del Maestro, en una palabra, compartir en todo su vida. Asimismo ellos son llamados a proclamar la
Buena Noticia del reinado de Dios y proseguir con la misión libera-
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (I)
79
dora. No se trata sólo de un anuncio neutral, sino de hacer efectivo
el Evangelio en la cercanía de ese reinado de Dios.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer con mucha atención los pasajes que siguen al llamado de
los primeros cuatro discípulos (1,21-45). Cuando vuelven a figurar los
convocados, ¿qué hacen o dicen? ¿Cómo se puede percibir su relación
con el Maestro que los llamó?
2. Establecer una confrontación entre los discípulos de Jesús y
otros personajes que van apareciendo en los distintos episodios: judíos,
multitud, enfermos, escribas, sus parientes del Señor, etc. ¿En qué se
van diferenciando los discípulos con relación a los otros? ¿Es posible
distinguirlos? ¿De qué manera?
3. Después del relato de la vocación de Leví (2,13-14), ¿qué perfil
empiezan a dibujar los discípulos de Jesús? ¿Cómo empieza a ser el trato con los opositores o adversarios?
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Por nuestro bautismo hemos sido llamados por Jesús para ser sus
discípulos y misioneros. ¿Hasta qué punto somos conscientes de este
don y de esta tarea que hemos recibido de él mismo? ¿Cómo la llevamos a la práctica en nuestra vida cotidiana?
2. ¿En qué momentos privilegiados podemos implementar «estar
más con Jesús»?
3. ¿Cómo podemos ser hoy portadores y proclamadores de la Buena Nueva? ¿Habrá más hostilidad ahora que en el tiempo de Jesús?
4. Hacer un recuento de los «demonios» que existen en la actualidad, que oprimen y destruyen a la humanidad y se oponen al reinado de Dios.
CAPÍTULO IV
LA BUENA NOTICIA PARA
LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
Por motivo de la amplitud y riqueza del tema del discipulado en
el EvMc hemos decidido dividirlo en diversos capítulos. En el anterior tratamos acerca de la llamada al discipulado (1,16-20; 2,13-14),
y de la elección del grupo de los Doce (3,14), con las consecuencias
que tiene para el envío a la misión (6,1-12); ahora nos enfocaremos
en la identidad del discípulo de Jesús, Mesías sufriente, tomando
como punto de referencia algunas escenas fundamentales en la sección central del evangelio (8,27–9,1).
I. DISCÍPULOS DE UN MESÍAS QUE DEBE SUFRIR,
MORIR Y RESUCITAR (MC 8,27–10,52)
En su primera sección, el EvMc (1,1-8,26) ha presentado los
principios donde se cimenta el discipulado, a partir de la llamada,
donde los cuatro primeros son un paradigma, y de la constitución de
los Doce, «para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar»
(3,14). Ahora, en la sección central (8,31–10,52), luego de la decisiva profesión de fe que Pedro pronuncia en Cesarea de Filipo
(8,27-30), el Maestro empieza a manifestar a sus discípulos de manera clara y explícita las implicaciones de su misión como Mesías de
Dios: el rechazo de parte de las autoridades, el sufrimiento, la muerte y la resurrección (cf. 8,31-33; 9,30-32; 10,32-34). Es notoria la
insistencia del evangelista al señalar que aunque Jesús «hablaba
abiertamente de esto» (8,32a) los discípulos no alcanzaban a entender (cf. 8,32b-33; 9,32; 10,35-40). El camino «pedagógico» de
comprensión de tales implicaciones resulta bastante difícil.
82
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Es preciso resaltar que los anuncios que hace el Mesías acerca del
destino que le espera en Jerusalén no tienen un estricto sentido personal, sino que conllevan también serias consecuencias para los que
deciden emprender la aventura de ir detrás de él, como queda manifiesto en 8,34: Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame... Dicho de otro modo, los discípulos son
advertidos acerca de la suerte que espera no sólo a su Maestro, sino
a ellos mismos, llamados a compartir todo con él.
Si bien es cierto que el camino de Jesús hacia Jerusalén es un tema
que ocupa un lugar privilegiado de modo particular en el evangelio de
Lucas, quien le dedica una cantidad importante de su narración
(9,51–19,28), sin embargo también en Marcos este camino reviste su
importancia, sobre todo a partir de los tres anuncios de la pasión (cf.
8,31-32a; 9,30-31; 10,32-34) y las consecuencias que tienen estos
mismos. En «el camino» los discípulos son instruidos acerca de temas
de gran relevancia respecto al mesianismo de Jesús, sobre todo lo que
tiene que ver con su sufrimiento, muerte y resurrección.
El punto de partida y la referencia constante del caminar de Jesús con sus discípulos hacia Jerusalén radica en la escena central,
que tiene lugar en Cesarea de Filipo (8,27-30). De esta profesión de
fe en el mesianismo de Jesús se desprende el primer anuncio de la
pasión (8,31-32a), al que sigue el desencuentro con el mismo que
apenas hizo la declaración (8,32b-33) y la advertencia acerca de las
condiciones para seguir al Mesías sufriente (8,34-38). Estas escenas
se encuentran muy unidas entre sí por su contenido y consecuencias
para el discipulado.
1. «Y USTEDES, ¿QUIÉN DICEN QUE SOY YO?» – «¡TÚ ERES
EL CRISTO!» (8,27-30)
Con las discusiones acerca de las tradiciones judías y de lo referente a lo puro e impuro (Mc 7,1-23), la primera sección del evangelio va llegando a su fin. A pesar de que ya en 5,1-20 Jesús apareció en Gerasa, «al otro lado del lago», liberando a un hombre de un
espíritu inmundo, hasta ahora el Señor ha llevado a cabo su ministerio básicamente en Galilea. A partir de 7,24 él va a salir y a entrar libremente en esta región, que para Marcos, desconocedor de
las tradiciones de Mt 1,18–2,23, y de Lc 1,26–2,52, es sin más la
única patria de Jesús.
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
83
Una vez que liberó a la hija de una mujer sirofenicia (cf. 7,2430), en un recorrido poco usual, más bien extraño (cf. 7,31), Jesús
regresa al mar de Galilea, donde cura a un hombre sordo y tartamudo (cf. 7,32-37). Después del segundo relato de la multiplicación
de los panes (cf. 8,1-10), de la discusión con los fariseos que piden
una señal (cf. 8,11-13), de la advertencia para cuidarse de la «levadura» de los fariseos y de Herodes (cf. 8,14-21) y de la curación del
ciego de Betsaida (cf. 8,22-26), el Maestro sale con sus discípulos
hacia Cesarea de Filipo (cf. 8,27), donde va a tener lugar un episodio central para todo el evangelio, el corazón mismo del relato y
una especie de «parteaguas» del mismo.
La escena es situada por Mc 8,27 en el trayecto hacia la parte
norte, fuera del territorio galileo propiamente tal, en la región de la
Gaulanítide, donde nacen las fuentes del Jordán. De hecho Cesarea
de Filipo, actualmente Banyas, constituye la población más alejada
de los escenarios presentados por el evangelio (a unos 40 km del
lago). Parece como si Jesús quisiera alejarse lo más posible, para empezar, desde ese «punto extremo norte», el «largo camino» al sur,
hacia Jerusalén.
El episodio consta de dos partes principales, las preguntas que
formula Jesús, con sus respectivas respuestas, enmarcadas por la referencia inicial y final que hace el narrador.
Referencia inicial
Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo,
Pregunta-respuesta 1
y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen
los hombres que soy yo?».
Ellos le dijeron: «Unos que Juan el Bautista; otros que Elías;
otros que uno de los profetas».
Pregunta-respuesta 2
Y él les preguntó: «Y, ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo».
Referencia final
Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él.
84
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Mc 8,27 refiere que Jesús «salió» (exêlthen), hay que suponer que
de Galilea, con lo que indica que la primera etapa de su ministerio
ha llegado a su fin. Después de la curación del ciego de Betsaida
(8,22-26) la narración evangélica empieza tomar un nuevo giro. Y
aunque de hecho el Señor volverá a aparecer en territorio galileo
(cf. 9,30.33), lo que importa ahora es ese «camino» que tiene como
meta «la ciudad del destino» del Mesías.
El Maestro, por el camino, formula a sus discípulos la pregunta
acerca del concepto que tiene la gente («los hombres») sobre la
identidad de su persona. Ellos refieren las diversas opiniones, que
sin embargo coinciden y confluyen en ubicar a Jesús en el rango de
los profetas. En virtud de tales respuestas, se puede observar con claridad el juicio positivo, aunque no exacto, del común denominador
de las personas contemporáneas de Jesús. No es considerado por la
gente sólo como «cualquier maestro itinerante», que va enseñando
por las inmediaciones del lago de Genesaret, o un «cierto taumaturgo» que ha cobrado fama en las aldeas circunvecinas, sino que es
visto como un auténtico «profeta». Esto significa que viene enviado por Dios, como Juan el Bautista o como el propio Elías, el gran
profeta de Israel (1 Re 17-19; Sir 48,1-11). Ya desde el principio, el
propio Marcos (1,1-6) había establecido una cierta equiparación
entre ambos personajes (cf. 1 Re 1,7-8) y después, a propósito de la
perplejidad de Herodes a causa de la fama de Jesús, aparece la opinión que relaciona a Jesús con dichos personajes (cf. Mc 6,14-16).
Aunque las respuestas dadas por la gente acerca de la identidad
del Mesías pueden ser consideradas en general como bastante favorables y hasta cierto punto correctas, no llegan a ser precisas, por lo
que Jesús se dirige entonces a sus seguidores más cercanos para interrogarlos de manera directa: Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Simón, de quien el lector ya está enterado que el mismo Jesús había
dado el nombre de Pedro (Mc 3,16), se encarga de contestar de inmediato: ¡Tú eres el Cristo! (el «Mesías» o el «Ungido»). La respuesta que refiere el EvMc es tan breve como contundente, lapidaria y
solemne a la vez. En la sobriedad radica también la fuerza por lo absoluto de una aseveración tan firme y decidida.
A partir de este momento, la figura de Pedro va a cobrar una importancia singular (8,32; 14,54-72) y él mismo fungirá como portavoz de los restantes discípulos (cf. 9,5; 10,28; 11,21; 14,29). Ahora,
también en nombre de ellos mismos, proclama una profesión de fe
en el mesianismo de su Maestro, a pesar de que, como aparecerá en-
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
85
seguida, él mismo todavía no logra descubrir los alcances de una
confesión tal.
Ésta es la primera vez que en el EvMc vuelve a aparecer el título «Cristo» o «Mesías», después de haberlo enunciado en el inicio
mismo de su narración: Comienzo del evangelio de Jesús el Cristo, Hijo
de Dios (1,1). Esto no es fortuito, pues al parecer Marcos ha reservado un título tan significativo para el momento central de su relato: para insertarlo el corazón mismo de su evangelio y constituirlo
así en el punto de partida en un proceso de descubrimiento paulatino sobre el significado y alcance de este mismo.
Christós es la forma griega del arameo mesh¥hă’ y del hebreo
măshiăh. Aunque en realidad se trata de un adjetivo, derivado de un
participio pasivo, sin embargo en el cristianismo llegó a tener la
equivalencia de un nombre propio, y de hecho así lo usa Marcos. El
contenido bíblico de dicho término es bastante rico, sobre todo
cuando se refiere a los «ungidos por Dios».
La unción era un gesto aplicado en las culturas orientales antiguas, incluyendo la hebrea, con sentido tanto profano (cosmético y
terapéutico), como religioso, aunque ambos sentidos llegan a encontrarse en algunos momentos. El aceite que hace brillar los rostros (cf. Sal 104,15) era usado para proteger la piel y conservar su
suavidad y esplendor. La gente rica empleaba aceites finos mezclados con aromas (cf. Am 6,6; Ct 3,6; Est 2,12), pero también las personas modestas, de modo particular las mujeres, lo usaban como
parte de su cuidado físico (Rut 3,3; 2 Sam 14,2; Jdt 10,3). La unción
con aceite en la cabeza del huésped constituyó también un noble y
apreciado gesto de hospitalidad (cf. Sal 23,5; 133,2; 141,5; Lc 7,46).
Era, por tanto, una señal de alegría (cf. Prov 27,9; Ct 1,3; 4,10; Is
61,3) y su falta como signo de duelo (cf. 2 Sam 14,2) o incluso maldición (cf. Dt 28,40). Hay también algunas referencias a los usos curativos de la unción con aceite, sobre todo para el tratamiento de
llagas (cf. Is 1,6), lo que explica, al menos en parte, el ungir con
aceite a los enfermos (cf. Mc 6,13; St 5,14), que la tradición católica ha relacionado con el origen del sacramento de la unción de los
enfermos.
En un sentido más religioso la unción se podía aplicar tanto a
personas como a objetos. Jacob ungió la estela de Betel vertiendo
aceite sobre ella (cf. Gn 28,18; 31,13); la consagración del santuario y de sus accesorios se llevó a cabo por medio de una unción con
aceite sagrado, llamado así precisamente: «oleo de la unción» (cf.
86
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Ex 30,22-33; 40,9-11; Lv 8,10-12). Pero lo que resulta más relevante es la unción de las personas. Este signo hace que se establezca una
relación especial entre Dios y su ungido, lo consagra y lo reviste de
autoridad divina, por lo que su persona es inviolable (cf. 1 Sam
24,7; 26,9.11; 2 Sam 1,14). Entre los «ungidos» del Señor se cuentan de manera especial algunos personajes:
• Sal 105,15 (cf. 1 Cr 16,22) aplica ya el título de «mesías» o
«ungidos» a los mismos patriarcas, no tanto porque hayan
sido ungidos con aceite, sino en razón de su dignidad y del
rol que ejercieron en la historia del pueblo elegido por Dios.
Se trata obviamente de una mirada retrospectiva, pero donde lo importante es poner de relieve la estima de este título,
que merece ser aplicado, por lo menos en algún caso, a los
padres.
• Igual que los soberanos de pueblos vecinos, como hititas y
egipcios y de algunos otros, los reyes de Israel recibían su altísima dignidad mediante una ceremonia de unción (cf. 1 Sam
10,1; 16,13; 2 Sam 2,4; 5,3; 1 Re 1,39; 19,16; etc.), por eso al
rey se le llamaba con toda propiedad «ungido del Señor» (cf.
1 Sam 24,7.11; 26,9.11.16.23; 2 Sam 1,14.16; 19,22; 23,1).
• El sumo sacerdote también recibía una unción especial (cf. Ex
29,7; Lv 8,12), por lo que recibe el nombre de «sacerdote ungido» (cf. Lv 4,3.5.16), calificativo que dejó de tener sentido
cuando los demás sacerdotes recibían también este mismo signo (cf. Ex 28,41; Lv 10,7; 2 Mac 1,10).
• Aunque no parece que fuera una práctica común en Israel,
por lo menos en dos ocasiones se utiliza el término «ungir»
con relación a profetas: Eliseo (1 Re 19,16) e Isaías (61,1).
• A partir del s. I a.C. el título Christós Kyríou (Mesías de Dios)
en su generalidad, aunque sin una definición bien precisa, designa a un Salvador futuro (cf. Salmos de Salomón 17,32; Apocalipsis Siríaco de Baruc 39,3.7; 4 Libro de Esdras 7,28.29; etc.).
Éste es el sentido que está presente en el NT, el cual, excepto
Jn 1,41 y 4,25, usa la forma griega Christós y en el que el único «Mesías de Dios» es Jesús de Nazaret.
A pesar de que tanto a finales del s. I a.C. como a principios del
s. I d.C. las expectativas de los diferentes círculos judíos en torno a
ese personaje eran más bien divergentes (Mesías «regio», «profético», «sacerdotal levítico»), y a veces hasta opuestas, sin embargo la
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
87
esperanza en la llegada de un especial «Ungido de Dios» estaba muy
viva en la mayoría de las personas.
Esa «falta de precisión» acerca de la identidad del Mesías no fue
ajena a los discípulos de Jesús, quienes tuvieron la tarea de ir descubriendo y aprendiendo de modo progresivo en qué consistía el
mesianismo del Maestro de Nazaret. Ellos, como la mayoría de sus
contemporáneos, estaban ciertos que el Mesías sería quien ejerciera
el gobierno de Dios en medio de su pueblo (cf. Mc 14,61; 15,32),
sin embargo era necesario lograr una idea más exacta acerca del significado y alcance que poseía tal designación. Por eso la prohibición
de hablar sobre él, el llamado «secreto mesiánico», resultó ser un
medio muy útil y hasta imprescindible en esta pedagogía.
El mandato que Jesús hace a sus discípulos de «a nadie hablar
acerca de él» (8,30) trae a la mente la prohibición que ya antes impuso a los demonios (cf. Mc 1,25.34; 3,11-12). Desde el inicio aparece la intención del Señor de no revelar de inmediato su identidad
mesiánica, ya que el llegar a conocerla será un proceso pedagógico
que tendrá lugar a lo largo de la narración y que no es fácil de asimilar; de hecho, ellos no lo alcanzan a comprender.
La respuesta de Pedro «¡Tú eres el Cristo!» (Mc 8,29) es atinada, desde el punto de vista conceptual, pero así lo fue también la de
los demonios: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» (Mc 3,11) o «¡el Santo
de Dios!» (Mc 1,24). Esto demuestra que lo importante aquí no radica sólo en lo correcto de la aseveración, sino en la necesidad de ir
descubriendo y entendiendo el significado y los alcances de la misma. Dicho de otro modo, no basta proferir con la boca una respuesta acertada, hay que entenderla, asimilarla, vivirla y asumir los costos de una adhesión a ella. Pedro, con todo y lo que vale su
profesión de fe, cuando después intenta reprender a Jesús y apartarlo de su camino de fidelidad al Padre, demuestra que todavía no ha
rebasado el «nivel teórico» en el que se ubican los demonios, por
eso tampoco es extraño que se gane un reproche en esos términos:
«¡Quítate de mi vista, Satanás!» (Mc 8,33).
Es obvio que el EvMc, al presentar la necesidad de entrar en un
camino de aprendizaje para la genuina comprensión del mesianismo
de Jesús, no estaba pensando sólo en los Doce que históricamente
seguían en ese momento al Señor, sino también en los lectores de
su evangelio. Ante lo desconcertantes que resultan las implicaciones que conlleva una condición mesiánica tal, es necesario que to-
88
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
dos los que decidan seguirlo entren en un proceso de comprensión
que no deje lugar a interpretaciones equivocadas o parciales.
2. «SI ALGUNO QUIERE VENIR DETRÁS DE MÍ» (8,34–9,1)
El duro contraste que tiene lugar entre la profesión de fe de
Pedro (8,27-30) y el reproche de que se hace merecedor por
parte del Maestro (8,32-33) alcanza un resultado «pedagógico»
positivo para el resto del grupo y, consecuentemente, para los lectores del evangelio. Una enseñanza fundamental acerca del discipulado empieza a cobrar mayor claridad: aceptar a Jesús como Mesías es algo más que adherirse a una doctrina o ideología; es ante
todo un seguimiento existencial, compartiendo su camino de sufrimiento.
Las condiciones para seguir al Señor no son fáciles de asumir. Mc
8,34-38 presenta de manera dura las más relevantes, a base de paralelismos, sobre todo de carácter antitético:
Llamando a la gente, a la vez que a sus discípulos, les dijo:
→
«Si alguno quiere venir detrás de mí, → niéguese a sí mismo,
→ tome su cruz y sígame.
Porque quien quiera salvar su vida, ↔ la perderá;
↕
pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, ↔ la salvará.
→
Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero ↔ si arruina su vida.
→ Y qué puede dar el hombre a cambio de su vida?».
→
Lo primero que llama la atención es que Jesús dirige esta instrucción «a la gente y a los discípulos». Esto podría parecer irrelevante, sin embargo no lo es tanto si se consideran algunos datos presentes en el texto.
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
89
A partir del discurso parabólico, especialmente desde 4,34, el
EvMc empieza a hacer distinción entre «la gente» y «sus discípulos»
(cf. 4,36; 6,31.45; 7,17). Se trata de dos grupos no contrarios pero
sí diversos, por eso, al mencionarlos juntos se ve la intención de
querer abarcar a «todos» en general.
A partir de la profesión de fe en Cesarea, la enseñanza del Maestro toma una dirección muy clara y precisa. Se enfoca hacia su
pasión, muerte y resurrección, el corazón mismo del Evangelio, y
revela el modo como Jesús es Mesías. Los destinatarios son básicamente los discípulos (cf. 8,31-32a; 9,31; 10,32), pero no excluye a
la gente en general.
De ese modo, la invitación al seguimiento aparece dirigida a todas las personas sin excepción. Oxlos en griego es un término genérico que designa a la gente en términos generales, por lo que la frase de Jesús queda abierta para quien libremente quiera aceptar dicha
invitación.
Por lo que toca a los discípulos, ellos siguen siendo los principales destinatarios de las instrucciones del Maestro, los que se encuentran más obligados a conformar su mente y sus actitudes de
vida con esa doctrina propia del Mesías sufriente. Ellos han escuchado todas sus enseñanzas, y se han beneficiado de explicaciones
exclusivas (cf. 4,10-12.34), pero lo que ahora están oyendo ya no les
resulta fácil de comprender y asimilar, por lo que requieren colocarse en el nivel de la gente.
Así pues, los discípulos, a pesar de que ya han recibido un llamado especial y, de hecho, «acompañan» en el camino al Maestro,
para vivir genuinamente su vocación, requieren entrar en la dinámica de la negación de sí mismos y de asumir todo lo que conlleva
el camino sufriente del Mesías.
Este episodio consta de tres momentos básicos, vinculados entre sí:
• Jesús enuncia de manera clara y puntual las condiciones del
discipulado (8,34).
• Presenta las razones para optar por él (8,35-38).
• Termina con una promesa sobre la llegada del Reino de Dios
con poder (9,1).
Nos encontramos de nuevo con una invitación al discipulado,
similar a la hecha en los inicios de la narración evangélica, pero
ahora el acento no recae en la elección libre y soberana del que llama (cf. 1,16-20; 2,13-14; 3,13), sino en la decisión y respuesta de
90
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
quien recibe la llamada. Pero las condiciones poseen un muy alto
grado de dificultad: Si alguien quiere venir detrás de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame (8,34).
La formulación es hecha con un acento más radical que en los
tres relatos de vocación que Marcos ha narrado en el inicio mismo
de su evangelio:
Jesús les dijo: «vengan ... Al instante, dejando las redes le siguieron
(1,18).
... Y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo..., se fueron tras él (1,20).
... y le dice: «sígueme». Él se levantó y le siguió (2,13-14).
Como hemos podido señalar antes, esas invitaciones para seguir
al Maestro son breves, con tono lapidario; sin embargo, resalta el
que en ellas no aparezcan las exigencias que sí tienen lugar con toda
crudeza en Mc 8,34ss. El tema es también aquí el seguimiento, pero
ahora precedido de dos requisitos fundamentales:
• «Negarse a sí mismo». El verbo que utiliza posee una forma
compuesta: aparneómai (declinar, rehusar, rechazar, negar...).
La preposición apó le otorga una connotación todavía más
fuerte a la acción. Este verbo expresa la actitud de rechazo de
un sujeto frente a una exigencia o demanda o frente a una
afirmación o pregunta que plantee una alternativa. En su sentido más estricto, que supone una relación de compromiso ya
existente, sea con una persona u objeto, expresa la ruptura de
ese vínculo y significa por tanto «desligarse». El aspecto semántico decisivo del verbo es la oposición o impugnación de
algo que ya existía y es contrario a «aceptación» de eso mismo. En Mc 8,34 tiene el sentido de desvincularse de un modo
de pensar humano para asumir el de Dios, como Jesús acaba
de decir a Pedro (8,33). Esta autonegación equivale a la conversión proclamada por el propio Jesús, junto con la invitación a aceptar la Buena Nueva (cf. 1,15). El que decida seguir
a Jesús deberá convertirse, haciendo a un lado criterios meramente humanos, desvincularse de ellos para quedar libre y estar en disposición total de asumir, sin estorbos, los de Dios.
• «Tomar la cruz». Esta otra de las condiciones, ahora formulada
de manera simbólica pero con un profundo significado. El contexto es siempre el del sufrimiento, rechazo y muerte del Hijo
del hombre. La cruz era un tormento tremendo, posiblemente
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
91
inventado por los persas, pero asumido por los romanos para
ejecutar a sus enemigos, sobre todo a los esclavos acusados de
sedición. Era sabido que después de la muerte de Herodes el
Grande, Quintilius Varus, gobernador romano de Siria, había
hecho crucificar a algunos revoltosos cerca de Jerusalén. Es seguro que Jesús y sus discípulos conocían esta clase cruel de ejecución, pero él la asume no sólo con el significado del tormento más terrible para un esclavo ajusticiado, sino como la
forma más clara y fehaciente de mostrar su entrega y donación.
De este modo, en sentido figurado, la «cruz» rebasa el sentido
de crueldad, ignominia y humillación, para ser signo de oblación. Jesús exige a todo aquel que quiera ser su seguidor «tomar
la propia cruz»; esto significa entonces, por una parte, compartir su mismo destino como Mesías sufriente; pero, por otra, entrar en la misma dinámica «oblativa» del Hijo de Dios. La propuesta de Jesús a sus discípulos es andar por el mismo camino
por el que él mismo ha optado.
Podemos visualizar por lo menos dos lecturas del dicho del Señor acerca del seguimiento llevando la cruz:
• La primera: si consideramos la sentencia desde la perspectiva
del Jesús histórico, estas palabras pueden significar que él, en
ese momento de su ministerio, ya se da cuenta de que su manera de hablar acerca del reinado absoluto de Dios y su actuar
en favor de los pobres y marginados lo van encaminando no
sólo a la muerte cruenta, sino a una posible ejecución al estilo del suplicio infligido a los sediciosos que ponían en riesgo
la «estabilidad» del Imperio.
• La segunda: habida cuenta de que el EvMc fue escrito alrededor de cuarenta años después de los acontecimientos que narra, se puede leer esa sentencia a la luz del relato de la pasión
de Cristo. Por tanto, «cargar con la propia cruz» designa la realización del seguimiento discipular en todas las situaciones de
la vida, tal como lo hizo el propio Jesús, hasta la crucifixión
en el Calvario, es decir, con la disposición de aceptar todas las
consecuencias, hasta las más extremas, para cumplir la voluntad de Dios.
De la invitación anterior y de la radicalidad en que están formuladas las condiciones para el discipulado se desprenden algunas
consecuencias:
• La paradoja que se establece entre «perder / salvar» la vida (v. 35).
92
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
• El valor que tiene la propia vida (vv. 36-37).
• La importancia que reviste la opción para la venida del Hijo
del hombre (8,38).
Los dichos que aparecen en labios de Jesús resultan muy extraños, no sólo para la gente de su época, sino para los lectores del
evangelio en cualquier lugar y tiempo, porque no responden a los
esquemas de la lógica convencional de los seres humanos en general, sino que se ajustan a la enseñanza paradójica que caracteriza el
mesianismo de aquel que ha llegado a ser «signo de contradicción».
El primer dicho contrapone «perder» ↔ «salvar» la propia vida.
La formulación constituye una gran paradoja, ya que las relaciones
de oposición tienen lugar tanto entre los términos presentes en cada
uno de los sintagmas, como entre estos mismos:
Quien quiera salvar su vida
↕
pero quien la pierda, por mí y por el Evangelio,
↔
↔
la perderá,
↕
la salvará.
Al mirar con atención el texto podemos constatar cómo el dicho de Jesús juega perfectamente con los términos contrarios «salvar» ↔ «perder», otorgándoles un sentido totalmente contrario:
«salvar» & «salvar» = «perder»
«perder» & «perder» = «salvar»
Pero no se trata sólo de un simple juego de palabras, sino de un
nuevo sistema de equivalencias que trastocan el razonamiento humano, en lo que podríamos llamar la gran «lógica ilógica» del reinado de
Dios y que conlleva la naturaleza del mesianismo de Jesús. El discipulado es una aventura de muy alto riesgo que va de la mano con la suerte del Maestro Jesús, quien no escapa ni se resiste al destino que le espera, conforme a la voluntad de su Padre (cf. 14,36). Antes bien, él se
dirige hacia Jerusalén para «perder su vida», pero esto significa entregarla para rescate de muchos (cf. 10,45). Por tanto, la «pérdida» de la
vida del Señor en la cruz es motivo de «salvación» y es aquí donde comienza la paradoja de este dinamismo «ilógico» y desconcertante.
Por su parte, el que escucha esas palabras y el lector del evangelio en general, si quiere ser genuinamente discípulo, necesita em-
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
93
prender el mismo camino del Maestro y entrar en ese dinamismo.
Se trata de una decisión de fondo. Jesús crucificado no es la imagen
del «dios derrotado» de F. Nietzsche, o la expresión del desequilibrio psíquico humano que lleva a la autodestrucción, sino todo lo
contrario: es el signo más grande de la entrega que, por amor, alguien hace de sí mismo, la coronación de toda una vida con sentido de oblación, al servicio de los hermanos, especialmente de los
pobres e insignificantes. El discípulo tiene el mismo camino por recorrer y en eso consiste la pérdida de su vida.
La persona que se desvincula de los criterios humanos egoístas
vive en plena libertad para asumir los de Dios y su Mesías, y está
en condiciones de ser discípulo a la manera y estilo de su Maestro.
Por esto, la pérdida de su vida está motivada por Jesús, que es el
«Evangelio del reinado de Dios». Así, el quehacer del discípulo se
coloca en línea con lo que Jesús ha realizado: proclamar la Buena
Nueva con autoridad, expulsando demonios y sanando enfermos
(cf. 6,12-13). La fidelidad radical a este proyecto trae como consecuencia para este discípulo la pérdida de la vida, pero es entonces
cuando, en realidad, Dios le salva la vida y se convierte también en
portador de vida.
El dicho que se refiere a «perder» ↔ «salvar» la propia vida va a
adquirir un sentido mucho más específico a partir de dos preguntas
formuladas por el propio Jesús. Sin dejar la perspectiva del rechazo
y desprecio por causa del Evangelio, perder la vida implicará la negación total y absoluta de todo aquello que amenace con suplantar
el bien supremo que es él mismo, la «Buena Noticia de Dios» por
antonomasia, y con llevar a la dependencia de la riqueza, del poder
o de la codicia (cf. 4,19; 8,14-21; 10,21-30.42-45; etc.).
En el corazón del anuncio del Evangelio se encuentra Jesús
crucificado, y es necesario comprometerse con él y estar dispuesto a morir en el momento en que se requiera; por eso, los beneficios que otorga el ofrecimiento de Jesús son ahora presentados por
él mismo, en forma de preguntas, acerca del valor de la «vida»
(8,36.37):
• La primera pregunta está formulada en términos del mundo
comercial: «ganancia-pérdida», para poner en evidencia lo
absurdo de acumular bienes y riquezas, si con esto se pierde la
vida (psyxê = «vida», «mente», «alma»), es decir, lo fundamental que constituye al ser humano: ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Ya los seis prime-
94
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
ros capítulos del libro del Eclesiastés (Qohelet) se encargaban
de describir la vanidad de los esfuerzos humanos que contrastan con la vida eterna, infinitamente más valiosa, pero también otros pasajes de la Biblia se enfocan decididamente en
este punto (cf. Sal 49; Qo 1,-11; 2,1-26; etc.). Es preciso tener
en cuenta que en el EvMc como en los demás textos citados
no se refiere en particular, aunque desde luego las incluye, a
las riquezas mal habidas, deshonestas o injustas, sino que se
centra en lo insensato que resulta empeñar las energías por
conseguir bienes materiales y en «ganar el mundo», a un precio tan alto como el de arruinar la propia vida. Pero tampoco
se trata sólo de la «vida biológica» en cuanto tal, sino de «la
vida» en sentido integral y pleno, la psyxê que sólo se puede
poseer si el discípulo está cerca de su Maestro. Es la Vida que
consiste en estar con Cristo.
• La segunda pregunta complementa la primera, y relativiza el
valor de los bienes, ante la perspectiva de la muerte: ¿qué
puede dar el hombre a cambio de su vida? Ya el Sal 49,8-16 llevaba a la reflexión acerca de la realidad de lo material y
mundano: No puede el hombre redimirse ni pagar a Dios por su
rescate, es muy caro el precio de su vida, y nunca tendrá suficiente para vivir eternamente sin tener que ver la fosa... El hombre opulento no entiende, a las bestias mudas se parece. Así andan ellos, seguros de sí mismos... Ningún bien terreno puede
devolver o compensar la vida íntegra y plena que sólo Dios
puede dar y que ahora otorga en su Hijo y Mesías. Ni el mundo entero es capaz de equipararse y compensar el valor incomparable que posee esta vida. En contraparte, la muerte es
la privación de Dios y de su proyecto de salvación que ofrece en su Hijo y Mesías.
II. DISCÍPULOS DE UN MESÍAS ESCATOLÓGICO
(8,38–9,1)
Las condiciones para seguir al Mesías rematan con dos sentencias donde ya no aparece la condición humilde del Hijo del hombre, sino su cualidad de juez escatológico:
«Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación
adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles».
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
95
Les decía también: «Yo les aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte, hasta que vean venir con poder el Reino
de Dios».
El primero de esos dichos establece una correlación tomando
como base el verbo epaisxýnomai (avergonzarse): del hombre que se
avergüence de Jesús y de sus palabras ante esta generación adúltera
y pecadora, de ese mismo se avergonzará Jesús, cuando venga en la
gloria de su Padre. Pero tal reciprocidad no tendrá los mismos alcances. A propósito el EvMc usa el título «Hijo del hombre», ya que
posee una doble polaridad en su contenido cristológico: por una parte la condición humana del Hijo encarnado (= «este hombre»), pero
por otra parte su condición divina y gloriosa (= «juez escatológico»).
Los discípulos que se afrentan de quien, en su condición humana, ha
optado por el abajamiento, y la humillación, tendrán que pagar un
precio muy alto, porque esa vergüenza tendrá consecuencias inigualables cuando el mismo «Hijo del hombre» vuelva con poder.
El dicho del Hijo del hombre reconduce a la relación inmediata
de comunión que existe entre el discípulo y Jesús. «Avergonzarse»
encierra más tensión que «negar». Aquí no se enfoca sólo la situación de persecución y mucho menos una indisposición subjetiva,
sino que lo que en el fondo se discute es un tema bastante sensible
durante los primeros años de la Iglesia: la «apostasía». Apoyándose
en un motivo veterotestamentario que habla de los que apostatan
de Dios, se indica a esa generación «adúltera y pecadora» –términos
que denuncian la infidelidad del pueblo a la alianza con su Dios, y
a su proyecto de santidad– como el espacio donde uno se avergüenza de Jesús y de sus palabras.
El discípulo debe pensar en el momento final, en el que el Hijo
del hombre, como juez escatológico, se avergonzará del «apóstata»,
es decir, se desvinculará completamente de él. Si este «apóstata» se
avergüenza en el presente, en razón de la condición humilde del
Hijo del hombre, sobre todo debido a la ignominia de la cruz, la
afrenta que padecerá tendrá alcances insospechados porque ocurrirá
justo en la hora de mayor esplendor y pública majestad: la parusía del
Mesías glorioso. En ese momento, investido con toda su gloria y potestad, desconocerá a los que se han avergonzado de él delante de los
otros pecadores que, como éstos, también han rechazado el proyecto
de santidad de Dios, equiparándose así a quienes son tipificados por
los profetas como los peores malvados y dignos de castigo (cf. Jr
13,27; 23,14-15; 29,21-23; Ez 23,1-49; Os 1,2–3,5; etc.).
96
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
EL PECADO DE «APOSTASÍA» EN LOS PRIMEROS SIGLOS DE LA IGLESIA
Se conoce como «apostasía» la falta cometida por quienes reniegan de la fe. El perdón para quienes habían incurrido en este pecado
tras el bautismo era un asunto polémico en las comunidades cristianas
de los primeros siglos. La disciplina era variada y las opiniones dispares, ya desde cuando se escriben los libros del NT: Heb 10,26-31 parece excluir una segunda penitencia, y quizá por aquí podría apuntar
también 1 Jn 5,16-17.
Si bien Tertuliano fue el primero en abrir la posibilidad de una penitencia por pecados graves incluida la apostasía (De Poenitentia, año
203), siendo ya montanista, la rechaza tajantemente (De Pudicitia, año
219).
El papa Calixto I (217-222) subrayó la misericordia y fue partidario de la absolución, tomando en cuenta que sólo Dios conoce los
motivos y debilidades de las personas y que, por tanto, no hay que
condenar sin más, sino ofrecer siempre el perdón. Pero se encontró
con la oposición de algunos como Hipólito de Roma (alrededor del
año 230).
La disputa llegó a ser más relevante en la persecución de Decio
(250-251), quien ordenó hacer un sacrificio a los dioses y los que se
negasen a hacerlo serían encarcelados, torturados o incluso ejecutados
por desobediencia. En esta ocasión mucho apostataron para evitar la
muerte y fueron conocidos como lapsi (los que han tropezado). Pero
como la persecución acabó con la temprana muerte del emperador
(251), entonces, numerosos grupos de cristianos apóstatas pidieron su
reinserción en la Iglesia, lo que desató la polémica. Novaciano, en ese
tiempo, aprovechó que su postura rigorista ante los lapsi era compartida por otros obispos y comunidades de Oriente, y logró ganar muchos
adeptos, provocando un cisma.
El papa Cornelio (251-253) tomó la misma vía de Calixto ofreciendo el perdón a los apóstatas aunque con severas condiciones. En
la ciudad de Cartago el obispo Cipriano (muerto en 258) se ocupó
de resolver los distintos casos y trató el problema en su obra De lapsis. Pero también su actitud comprensiva produjo un cisma que al final se unió a Novaciano. Los apóstatas no podían exigir ser reincorporados, sino que debían esperar su readmisión tras larga penitencia
y el juicio de cada caso. En el año 251 el sínodo de Cartago adoptó
la postura de su obispo y comenzó a fijar las penitencias y procesos
que cada uno de los apóstatas debía seguir si quería ser reincorporado en la Iglesia. Idéntica posición tomó la iglesia de Roma tras un sínodo similar.
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (II)
97
Finalmente, el dicho de Mc 9,1 expresa certeza absoluta de que
«algunos no morirán sin haber visto el reinado de Dios llegar con
poder». Es un dicho difícil porque se puede vincular ya sea con el
fin de la historia o con el episodio que sigue: la transfiguración (9,210), presenciada por algunos de los allí presentes (Pedro, Santiago
y Juan, cf. 8,34).
Por una parte es visible la fórmula introductoria de algo nuevo:
«en verdad les digo» («yo les aseguro»). Esta fórmula constituye la
transición del adoctrinamiento de los discípulos al relato de la
transfiguración. Sin embargo, todo parece indicar que el dicho se
enfoca sobre todo a la llegada del Hijo del hombre, es decir, al final
de los tiempos. Entonces Jesús estaría afirmando que algunos de los
allí reunidos vivirían la irrupción de la soberanía escatológica de
Dios, lo que podría parecer desconcertante. Sin embargo, es preciso tomar en consideración algunos elementos más:
• El dicho debe considerarse desde el trasfondo de un problema
en los tiempos en que se escribe el EvMc: el retraso de la parusía, que preocupó a una buena parte de la cristiandad primitiva. Por tanto, refleja más el deseo de esa llegada gloriosa.
• De hecho el reinado de Dios está llegando (cf. 1,15), por eso la
necesidad de la conversión. Se trata ya de una presencia «con
poder», como lo manifiestan tanto su enseñanza con autoridad
(cf. 1,22) como sus milagros (cf. 1,23-34.40-45; 2,1-12; etc.).
• Lo más importante es que el «venidero Hijo del hombre» es
idéntico al «Hijo del hombre terreno» que se prepara para su
pasión y muerte. Así, el llamado a seguir la cruz adquiere una
motivación apremiante, mediante la mirada puesta en el final.
El que siga a continuación la escena de la transfiguración no es
fortuito, pues tiene como testigos a tres de los «allí presentes»: empieza a cumplirse la promesa, pues apunta a la resurrección y ésta
está vinculada estrechamente a la parusía. No son fases separadas y
autónomas, sino etapas de una realidad cristológica indisoluble en
la que participan los discípulos.
RECAPITULACIÓN
Mientras que en el primer capítulo nos centramos en la llamada
al discipulado (1,16-20), y de la elección del grupo de los Doce
(3,14), en éste hemos tratado acerca de la identidad del discípulo de
98
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Jesús, a partir de algunos episodios en la sección central del evangelio (8,27-9,1), cuando en el camino hacia Jerusalén Jesús confronta al grupo, y con él al lector, con su misterio doloroso. Nos encontramos de nuevo con una invitación al discipulado, similar a la
hecha en los inicios de la narración evangélica, pero ahora el acento no recae en la elección del Maestro que llama, sino en la decisión y respuesta de quien recibe la llamada. La profesión de fe que
hace Pedro en Cesarea de Filipo (8,27-30) es clave y crucial, pero
las condiciones para seguir a este Mesías en su camino doloroso poseen un muy alto grado de dificultad (8,31-33; 8,34–9,1).
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer con atención el relato de la transfiguración del Señor (Mc
9,2-8). Descubrir la relación que guarda con los pasajes anteriores y
con el que le sigue. Detectar cuál es el rol de los discípulos mencionados en este episodio y su relación con Mc 10,35-40 y 14,32-42.
2. Elaborar un cuadro que permita tener una mirada de conjunto
de los tres anuncios de la pasión en el EvMc. Señalar las constantes y
las diferencias entre ellos. Poner énfasis en los elementos que tienen
repercusiones directas para el discipulado.
3. Observar los episodios que siguen de inmediato al segundo y
tercer relatos de la pasión (Mc 9,33-37; 10,35-40) y detectar las exigencias que tienen para los seguidores de Jesús.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. ¿Qué tanto estamos convencidos de que hemos sido llamados a
ser discípulos de Jesús y que él es el Mesías que ha optado por la fidelidad a su Padre, siguiendo un camino de sufrimiento, entrega y oblación de sí mismo?
2. En una sociedad materialista y hedonista que busca el bienestar
material, la comodidad y el confort, ¿cómo entender y hacer comprender el «negarse a sí mismo, tomar su propia cruz y caminar detrás
de Jesús»? ¿Es posible vivir esto o es esto una utopía irrealizable?
3. ¿Cómo podemos vivir mejor nuestro compromiso con el proyecto del reinado de Dios en el seguimiento de nuestro Mesías y Salvador Jesús de Nazaret?
CAPÍTULO V
LA BUENA NOTICIA PARA
LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
El EvMc pone en evidencia que se llega a ser discípulo recibiendo y aceptando la llamada de Jesús con absoluta libertad. La apertura constante y continua a esta llamada es una característica permanente del que ha recibido esa llamada.
El evangelio es en sí mismo una narración acerca de la comunión
de vida entre Jesús y sus discípulos. Con frecuencia ellos son mencionados explícitamente, pero también muchas veces sólo son aludidos de modo indirecto, por medio del uso de verbos en plural (cf.
Mc 1,21). Es digno de resaltar cómo el EvMc presenta a Jesús siempre, o casi siempre, acompañado de quienes él ha llamado «para que
estuvieran con él» (3,14a). La presentación de tal acompañamiento llega a ser casi una constante que recorre casi toda la narración
evangélica.
I. LA FORMACIÓN DE LOS DISCÍPULOS
POR MEDIO DE PREGUNTAS
El EvMc presenta los modos diversos en que la palabra de Jesús es
recibida por las personas. Hay tres grupos diferentes. Por un lado están los adversarios, de manera particular los escribas y fariseos, quienes no se adhieren a su enseñanza, antes bien, le reprochan su comportamiento (cf. 2,6-7. 16) y el de los discípulos (cf. 2,18.24; 7,5), al
tiempo que formulan preguntas capciosas (cf. 10,2-12; 11,27-33;
12,13-17.18-27.28-34); Marcos menciona también la multitud que se
reúne en torno a Jesús y escucha sus enseñanzas (cf. 2,2; 4,1-2; 6,34;
7,14; 8,34; 10,1; 12,35.38), pero aunque no le reprochan o cuestio-
100
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
nan como los adversarios, tampoco tienen la capacidad necesaria
para la genuina comprensión de sus palabras (cf. 4,9). Finalmente, están los discípulos, quienes a pesar de sus limitaciones están dispuestos
a dejarse formar por las enseñanzas y ejemplos del Maestro.
1. CUANDO PREGUNTAN A JESÚS
Los discípulos se distinguen de otros por el interés particular que
muestran hacia la palabra de Jesús. Tratan de comprenderla, pidiéndole más explicaciones cuando no han entendido bien. Pero
sobre todo ellos con frecuencia se les exige que su comprensión sea
mayor (cf. 4,13; 7,18) o son interpelados por el mismo Maestro para
que lleguen a descubrir la profundad del mensaje (cf. 8,17-21.2730). Ambos recursos están presentes en el EvMc, como parte del
mismo proceso de formación de los discípulos.
Las preguntas que los discípulos formulan poseen a su vez una
doble connotación: por una parte manifiestan falta de comprensión, pero por otra muestran gran interés en la enseñanza de Jesús.
Y aunque a veces les reprende por la dureza, responde a sus preguntas y los conduce a un entendimiento cada vez más profundo de sus
palabras y acciones. En efecto, con frecuencia el evangelio suele
presentar a Jesús instruyendo a sus discípulos, no sólo respondiendo
a las preguntas hechas explícitamente por ellos, sino también a través de enseñanzas que alcanzan niveles más altos en la comprensión
(cf. 4,10-25.34; 7,17-23; 9,28-29; 10,10-12).
Le preguntaban a solas (4,10-12)
El EvMc refiere por primera vez preguntas dirigidas por los discípulos al Maestro en 4,10: Cuando quedó a solas, los que le seguían a
una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Después del discurso parabólico, ante la enorme multitud (cf. 4,1-9), los discípulos
interrogan a Jesús acerca del significado de la parábola, pero esta
pregunta es hecha «a solas», es decir, en la intimidad y en la tranquilidad de un lugar apartado. Desde esta ocasión empieza a descubrirse la inquietud de ellos por conocer con mayor amplitud y profundidad lo que el Maestro enseña.
A propósito de esa primera pregunta formulada por los discípulos, Jesús señala también lo que los distingue de «los otros»: A uste-
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
101
des se les ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas... (4,11). Aunque no se trata de
una distinción definitiva entre los discípulos y los «otros», pone en
evidencia la relación actual con Jesús. En efecto, el misterio del reinado de Dios se encarna en la persona del Mesías, en quien está escondido y misteriosamente presente. El principal privilegio de los
discípulos está constituido por el hecho de que se les ha concedido
el don de estar con el Maestro y vivir en comunión permanente con
él. Éste es el modo en que los discípulos se distinguen de manera
sustancial de «los otros», que sólo de vez en cuando y de forma ocasional escuchan su enseñanza.
Dicha manera de actuar se repetirá en otros pasajes del evangelio, que incluso llegan a tipificar una actitud de interés por parte de
los discípulos (cf. 7,17; 9,28; 10,10). Es interesante notar que la instrucción tiene lugar en los momentos apacibles del encuentro del
Señor con los suyos, en contraste total con las preguntas tendenciosas que formulan los escribas y fariseos. Así pues, la comprensión
de los discípulos ocurre no en la discusión, sino en un ambiente de
encuentro fraterno, con el único objetivo de formar mejor a quienes fueron llamados por Jesús para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar (3,14).
En tales circunstancias, Marcos no se preocupa por nombrar alguno de ellos en particular, ya que el grupo completo está involucrado en tal proceso de formación. De modo que son todos los que
interrogan. Es para ellos un compromiso común entender las palabras de Jesús. Unidos entre ellos y junto con él examinan lo que ha
sucedido y preguntan acerca de lo que no han logrado comprender.
2. LOS DISCÍPULOS SON INSTRUIDOS CUANDO JESÚS LES PREGUNTA
Además de las preguntas que los discípulos formulan a su Maestro, en las que aparece el esfuerzo e interés por comprender más y
mejor las enseñanzas, y que constituyen un valioso recurso en la formación de los mismos, el evangelio refiere también y sobre todo
preguntas que Jesús dirige a sus seguidores, donde los cuestiona, a
veces de modo muy incisivo, para que éstos vayan entendiendo el
alcance y la profundidad de sus palabras.
En el centro del evangelio tienen lugar dos pasajes donde Jesús
cuestiona a sus discípulos para que lleguen a una auténtica com-
102
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
prensión. El primero se refiere a la levadura de los fariseos y de Herodes, cuando los discípulos están en otro contexto. Aquí Jesús les
plantea una serie de preguntas, de forma incisiva, para que ellos logren darse cuenta de lo que hasta ahora no han podido entender. El
segundo pasaje posee una importancia todavía mayor, pues se trata
de una pregunta esencial, acerca de la identidad misma del Señor.
1. ¿Aún no comprenden? (8,14-21)
Un pasaje típico de Marcos donde Jesús interroga a sus discípulos lo encontramos después de la segunda multiplicación de los panes (cf. 8,1-10) y de la señal que piden los fariseos (cf. 8,11-13), a
propósito de la advertencia para guardarse de «la levadura de los fariseos y de Herodes» (cf. 8,15), y de la discusión de discípulos por el
hecho de no haber traído panes (cf. 8,16). Jesús lanza una serie de
preguntas como en cascada:
«¿Por qué están hablando ustedes de que no tienen panes? ¿Aún no comprenden ni entienden? ¿Es que tienen ustedes la mente embotada? ¿Teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen? ¿No se acuerdan de cuando partí
los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogieron?» «Doce», le dicen. «Y cuando partí los siete entre los cuatro mil,
¿cuántos cestos llenos de trozos recogieron?» Le dicen: «Siete». Y continuó:
«¿Aún no entienden ustedes?» (8,17-21).
Esa serie de preguntas llevan una secuencia que busca hacer caer
en la cuenta que los discípulos todavía no han logrado comprender
mucho de lo enseñado y hecho por Jesús. El Maestro indica explícitamente la causa de esta falta de comprensión: la dureza de corazón de ellos. A pesar del llamado gratuito recibido, mismo que los
favoreció para estar con él y a pesar de estar recibiendo una formación también privilegiada para continuar la misión del propio Jesús,
ellos todavía no alcanzan a vencer su obstinación. Aún carecen de
la apertura suficiente para recibir de forma adecuada las enseñanzas
de su Maestro, quien indica también el punto desde el cual debe
partir la comprensión: es su actuar mismo el que debe llevarlos a entender en este caso la doble multiplicación de los panes, de la que
ellos han sido los testigos más cercanos en el momento de recoger
los trozos sobrantes. De esta manera Jesús indica a los discípulos que
ellos mismos lo deben ir comprendiendo de manera progresiva.
En las preguntas que el Maestro formula a sus discípulos se descubre con claridad lo que él espera de éstos: una apertura de enten-
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
103
dimiento y una toma de posición bien fundada. No pueden limitarse a aceptar el modo de actuar de Jesús sólo como simples espectadores o con una cierta admiración, como hace la multitud. Deben
estar vigilantes y atentos para descubrir realmente el significado de
las acciones de su Maestro y que ningún endurecimiento impida alcanzar el significado de dichas acciones. Jesús no les anticipa lo que
deberán ver más tarde, desea únicamente que los ojos de los que ha
llamado tengan claridad y nitidez, que posean la capacidad adecuada de percepción para que den testimonio de lo que han visto y oído
y confiesen lo que han reconocido.
Jesús propone con palabras una enseñanza completa acerca de la
actitud adecuada para descubrirlo y encontrarlo en su actuar, no
con un corazón endurecido, que perciba sólo de modo parcial y que
impida una toma de posición clara y comprometida.
2. Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?
El punto decisivo para una toma de posición como la que se ha
mencionado es indicado en el otro pasaje donde Jesús interroga, y
que es al mismo tiempo el más importante y fundamental en el contexto de la totalidad del evangelio: Mc 8,27-29, y que ya hemos
abordado en el capítulo anterior.
Jesús formula esta pregunta en una doble perspectiva: según la
opinión de la gente, pues está interesado en lo que piensa el común
de las personas acerca de él; pero también, y esto es lo más importante, quiere saber qué piensan sus propios discípulos.
La respuesta de Pedro, como hemos apuntado, pone de manifiesto la genuina identidad de Jesús. Este discípulo, como portavoz
de sus compañeros, expresa la verdad acerca de Jesús, aunque sin
entender los alcances de esta profesión de fe en el mesianismo del
Maestro. Ven en él al Cristo, es decir, al Mesías o Ungido de Dios,
el enviado definitivo del Todopoderoso. Pero todavía hay que guardar silencio y tratar de comprender más a fondo qué significa esto.
Los lectores del EvMc son invitados a descubrir en la confesión
de fe de Pedro al Mesías, enviado de Dios. Este reconocimiento descubre una capacidad de percepción de Pedro y se convierte en portavoz de los restantes discípulos, por encima del resto de la gente
que ve en Jesús sólo a un gran personaje o un gran profeta, incluso
equiparable con próceres como Juan Bautista o Elías. Pero aun así,
104
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
ellos deben continuar con su formación, precisando lo que significa
tal profesión.
La formación de los discípulos abarca varios aspectos, pero lo
esencial gira en torno a la identidad misma de su Maestro. Por eso,
para el evangelio la pregunta central es: ¿quién es Jesús? A partir del
descubrimiento de esa identidad ellos podrán entonces tomar posición y comprometerse con él. Sólo en la medida en que vayan conociendo la respuesta correcta a esta pregunta y a lo que significa la
condición mesiánica del Señor, los discípulos estarán capacitados
para cumplir las metas de su vocación.
3. LOS DISCÍPULOS APRENDEN POR LA CERCANÍA CON EL MAESTRO
Además de las preguntas que los discípulos formulan de forma
explícita, y de las respuestas que les ayudan a profundizar la enseñanza, el mismo hecho de estar cerca de Jesús les ofrece la oportunidad de progresar en su formación discipular.
Ese proceso tiene lugar cuando, por ejemplo, ellos intentan
mantener a los niños alejados del Maestro, éste aprovecha para decirles que sólo quienes son como niños pueden pertenecer al reinado de Dios (cf. 10,13-16); cuando Pedro reclama la atención de
Jesús acerca de la higuera seca, Jesús halla oportunidad para instruir acerca de la eficacia de la fe (cf. 11,22) y a partir de ésta, sobre la eficacia de la oración (cf. 11,24), que conlleva necesariamente la actitud de perdón hacia el prójimo (cf. 11,25). Todavía
más, ya que va con sus seguidores al templo, Jesús aprovecha para
invitarlos a observar el gesto de una pobre viuda: la única actitud
justa hacia Dios es darle todo, abandonándose por completo en él
(cf. 12,41-44).
ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE EN ISRAEL
La forma y el contenido de la educación en Israel sufrió cambios
en razón de las necesidades de tiempos y lugares diversos. Antes del
exilio (586 a.C.), los maestros principales eran la tribu y la familia. La
educación se concentraba en los niños. La preparación educativa consistía en la participación real en las diversas ocupaciones, tales como
el cultivo, hacer tiendas y herramientas, y la pesca. El conocimiento
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
105
se transmitía mediante relatos durante las largas noches junto al fuego del campamento, las conversaciones junto al pozo, o en casa durante las tareas caseras.
Con los sacerdotes y profetas se elaboró la literatura escrita, a partir de la acumulación de tradiciones orales. La necesidad de saber leer
se hizo importante. La educación se concentraba en los maestros que
enseñaban a leer y a escribir.
Los hebreos deportados a Babilonia tuvieron que hacer frente a
costumbres extrañas. Por un lado, esto causó la adaptación cultural.
Por otro lado, se hizo un gran intento de estabilizar su tradición. La familia era aún el centro principal de enseñanza de la tradición, incluso
durante los años del exilio. Los hebreos consideraban a los niños como
un don de Dios y se dedicaba mucha energía para educarlos para el futuro. En casa, el ciclo religioso de la tradición proporcionaba muchos
instantes pedagógicos para los niños judíos. No obstante, durante este
tiempo, empezó a surgir una educación más oficial. Con la educación
elemental que se daba a los niños, éstos aprendían a leer y aprendían
de memoria pasajes de las Escrituras, especialmente el Pentateuco. La
educación superior era para estudiar con detalle la ley. A las niñas se
las instruía en las labores domésticas, tales como hilar, tejer, preparar
la comida, cuidar a los niños. Las mujeres también recibían instrucción en campos tales como el de la asistencia a los partos.
Después del exilio, el papel del maestro de la ley surgió a partir de
funciones principales de enseñanza. Ellos interpretaban las leyes para
el pueblo, y guiaban el pensamiento religioso y la educación. Establecieron escuelas y daban instrucción pública y particular.
Ya en tiempo de Filón de Alejandría dio inicio lo que él llama «casas de la instrucción». En ellas era donde se explicaba, se comentaba
y se aplicaba la Ley. Los maestros de la Ley llegaron a ser esenciales
para enseñar y educar a la gente.
Todavía en tiempos de Jesús el padre de familia era el encargado de
instruir a sus hijos en el conocimiento de la Torah, pero algunos jóvenes acomodados podían acceder a una mejor instrucción y escogían un
sabio o maestro distinguido, para instruirse y aprender de él: se hacían
sus discípulos. El rabbí o maestro adquiría su autoridad por medio del
conocimiento de las Escrituras, como las doctrinas de otros maestros
anteriores, llamados «padres». Se trataba de conocer la voluntad de
Dios, plasmada en la ley, a fin de que la vida individual y social fuera
acorde a ella. La enseñanza era básicamente oral y se implementaba
con técnicas para repetir de memoria lo aprendido.
El judaísmo postbíblico se organizará sobre la base del Talmud (la
«enseñanza»). En su base está la Misná. Ésta, en la forma en que la conocemos, fue obra de R. Yehudá, «el Príncipe» (220 d.C.).
106
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
II. LA PRUEBA Y EL SERVICIO, CARACTERÍSTICAS
PRIMORDIALES DE LOS DISCÍPULOS
Inmediatamente después de la confesión de fe hecha por Pedro
en Cesarea de Filipo, sigue la primera instrucción sobre la pasión,
muerte y resurrección (cf. 8,31). Es la primera vez que él habla de
forma tan abierta acerca de lo que le espera en su camino. Tal predicción se repetirá dos veces más (cf. 9,31; 10,33-34) y será un tema
dominante a lo largo de toda la sesión, que abarca desde 8,31 hasta
10,52. Es preciso notar que en las tres ocasiones Jesús se dirige sólo
a sus discípulos. Aquellos que lo han reconocido y confesado como
Mesías deben estar preparados para recorrer el camino con Cristo,
involucrándose de forma total en esta misma suerte.
Jesús anuncia a sus seguidores cuál será el fin de su camino. El
Mesías enviado por Dios al pueblo, el Salvador definitivo, será rechazado y muerto con violencia, pero él no se opondrá, sino que sufrirá hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta la muerte de
cruz. Sólo con el triunfo sobre la muerte, o sea, con la resurrección,
se manifestará con toda su fuerza el poder de Dios y actuará con plenitud en él.
La confesión de Pedro y el primer anuncio de la pasión crean
una situación nueva en el evangelio. La condición mesiánica de Jesús es revelada abiertamente, con sus implicaciones auténticas, sobre todo las dolorosas. La orden de guardar silencio es todavía necesaria porque los mismos discípulos necesitan asimilar mejor lo que
se está revelando. Aquí tiene lugar, si no una nueva llamada al seguimiento, sí una renovación de la misma, pero con un conocimiento más exacto y, por tanto, con un mayor compromiso acerca
de su significado y de sus consecuencias.
El punto crucial de lo que significa ser discípulo de Jesús es y seguirá siendo la comunión de vida con quien lo ha llamado. Esta comunión incluye necesariamente el camino hacia la pasión. Pero no
se trata del valor estoico del sufrimiento en sí mismo, sino de entregar la vida como servicio para los demás.
LA CRUZ Y SU SIGNIFICADO PARA LOS CRISTIANOS
Aunque el origen de la cruz como suplicio permanece un tanto
incierto, es probable que haya tenido su origen entre los persas, ya
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
107
desde el s. V a.C. Cuando los romanos conquistaron tierras del
Oriente, hicieron propia esta forma de ejecución, que usaron con alguna frecuencia, pero casi exclusivamente para esclavos y para quienes no poseían la ciudadanía romana. Además del aspecto doloroso
físico demasiado intenso, constituía una manera humillante y vergonzosa de castigo. El hecho de que se usara con Jesús esta muerte ignominiosa daba también la impresión de un fracaso total. Sin embargo, aquí mismo destaca el gran contraste que establece la cruz de
Cristo: de castigo vergonzoso y humillante (cf. Flp 2,8; Heb 12,2;
13,13) se transforma en signo de entrega y salvación para el género
humano (Rm 8,3; Gál 3,13; Col 1,20), pero también de triunfo y
glorificación (cf. Jn 3,14; 8,28). Esto significa que, por una parte, los
cristianos se unen a Cristo crucificado en su pasión (cf. Mc 8,34; Mt
16,24; Lc 9,23; Flp 2,1-8), pero también pueden gloriarse en ella (cf.
Gál 6,14). Con ese sentido de entrega y donación es como aparece
usada la cruz cuando en los evangelios se refiere al seguimiento de
los discípulos de Jesús.
Después del segundo y tercer anuncio de la pasión las enseñanzas de Jesús se orientan en modo particular hacia el servicio.
Los discípulos aparecen muy interesados en el prestigio y el éxito
personal (cf. 9,33-34; 10,35-40), por lo que Jesús les reclama su
vocación al servicio. Mc 9,35 refiere una instrucción clara y específica en este sentido: Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo:
«Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». Jesús no sólo trastoca, sino que invierte del todo los criterios,
pues para él la verdadera grandeza radica en la humildad y en el
servicio.
Una instrucción semejante a la anterior tiene lugar a propósito
de la solicitud hecha por Santiago y Juan, para que sean ellos quienes ocupen los lugares más importantes, junto a Jesús, en su gloria
(cf. 10,35-37). El Maestro, además de advertirles acerca de la prueba que deberán pasar (cf. 10,38-39) y de que eso que piden ya está
reservado (cf. 10,40), viendo la indignación de los otros discípulos
(cf. 10,41), les advierte que quien quiera ser el mayor debe ser el servidor (cf. 10,42-45).
El interés por el éxito y los honores delata la aspiración egocéntrica de los discípulos. Aunque Jesús no rechaza los esfuerzos por alcanzar un progreso, ni las legítimas aspiraciones de superación, advierte que todo ello debe ser dimensionado conforme a la comunión
de vida con él. El servicio es el único criterio para la verdadera
108
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
grandeza y el éxito auténtico; no existe otra actividad que sea capaz de llevar a una posición más alta. Quien se convierte en el siervo de todos es en realidad el primero de ellos. Esta instrucción, que
se contrapone radicalmente a la aspiración espontánea de los discípulos, esclarece también la naturaleza esencial de lo que significa la
renuncia a sí mismo y muestra cómo debe ser ejercitada, sobre todo
en el campo del servicio. La contraposición entre «ser el último» y
«ser el primero» tiene que ver también con el proceso de conversión radical de los discípulos.
Cuando Jesús se refiere al servicio, no lo entiende como una serie de actividades externas, en orden a favorecer a determinadas
personas, sino sobre todo como una actitud básica interior de quien
con amor se preocupa de los demás, sin discriminaciones ni distinciones de ningún tipo. Se trata de un modo de ser que abarca por
completo al discípulo y que lo compromete con todas sus fuerzas
para actuar siempre en beneficio de su prójimo, quienquiera que
éste sea, pues debe ser «el servidor de todos».
La relevancia de esta enseñanza de Jesús queda manifiesta incluso por su colocación en el evangelio y por el hecho mismo de su doble mención (cf. 9,35; 10,42-45). Estas instrucciones, que siguen
cada vez el anuncio del camino doloroso de Jesús, muestran las consecuencias de tal camino para los discípulos. Al final se afirma que
la obligatoriedad del servicio para ellos está fundada sobre el actuar
mismo de Jesús: ... pues el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (10,45). De este
modo el carácter de obligatoriedad no se basa sólo en un mandato
o en una ley, sino en el ejemplo mismo del Maestro. Ya que él ha
venido a servir, del mismo modo los discípulos deben hacerlo, pues
sin esta característica primordial no puede haber comunión de vida
con él.
En tres ocasiones Jesús ha anunciado a los discípulos su camino, pero en cada una de ellas se ha topado con incomprensión y
dureza; en esas tres les ha dicho con claridad qué es lo que corresponde a ellos: el seguimiento exige un vínculo incondicional a su
persona, frente a todo obstáculo que se pueda presentar, expresado sobre todo en el servicio impregnado de caridad hacia los hermanos.
El siguiente recuadro quiere mostrar las diferencias más notables
entre el servicio en el mundo pagano y en la comunidad de discípulos.
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
En el mundo pagano
Servicio como esclavo
o por un jornal
Es obligado a renunciar
a los derechos propios
Es considerado vasallo
Depende de un amo humano
Es servidor para su amo
109
En la comunidad de discípulos de Jesús
Servicio fraterno sin interés material
Libre y voluntariamente renuncia a
muchas cosas que podría disfrutar
Siempre es hermano
Depende de Dios
Es siervo para Dios y para sus hermanos
III. ABANDONO Y REENCUENTRO DE JESÚS
CON SUS DISCÍPULOS
Cuando Jesús se encuentra en camino hacia su pasión, muerte y
resurrección, dirige a sus discípulos una predicción acerca de la dispersión que habrán de experimentar (cf. Mc 14,27). De nuevo Pedro interviene enérgicamente afirmando con seguridad en sí mismo
–pero en contraste con la palabra de Jesús– que él no se escandalizará, es decir, que no va a abandonar al Maestro (cf. Mc 14,29-31).
En diversos modos y tiempos se realiza la palabra anunciada por
Jesús. Cuando es tomado preso, dice expresamente el evangelio: Y
abandonándole huyeron todos (14,50). Con esto describe una escena
exactamente contraria a lo sucedido en el relato de la vocación de
los primeros discípulos. En efecto, en el momento de la llamada, el
evangelio refirió cómo ellos, al instante, dejando las redes, le siguieron
(1,18). Queda establecida así una antítesis entre ambos momentos.
Al instante, abandonando las redes, le siguieron (1,18; cf. 1,20; 2,14)
↕
Y abandonándole
huyeron todos (14,50)
Los textos, unos al principio y otro casi al final del EvMc, ponen
de manifiesto el contraste por la presencia de dos pares de verbos,
que no siempre se aprecian en una traducción, pero que aparecen
con claridad en el texto griego: afíêmi y akolouthéô (abandonar y seguir), afíêmi y feúgo (abandonar y huir). El hecho de que el primero
de estos verbos (afíêmi) sea idéntico en ambos casos ayuda a resal-
110
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
tar todavía más el contraste entre: akolouthéô y feúgo, referidos a la
persona de Jesús.
En un primer momento los discípulos acogen la palabra de Jesús,
dejando todo, uniéndose a él y siguiendo su camino. Cuando tiene
lugar el arresto del Señor sucede todo lo contrario: ellos lo abandonan y huyen lejos. Cuando fueron llamados dejaron todo, pues él
era su principio de orientación seguro; al abandonarlo pierden ese
principio. Con esta fuga, el grupo de discípulos desaparece de la historia de la pasión, y Jesús, que había estado siempre acompañado
por ellos, prosigue solo su camino.
Dicho cambio radical en la relación con Jesús tiene lugar con todos
los discípulos, pero de manera particular con Judas y Pedro. Un nuevo
contraste queda establecido entre Mc 3,13 y Mc 14,10. Los movimientos externos son expresiones de las decisiones internas. Al alejarse de Jesús, Judas aparece como instrumento de los enemigos, a pesar
de los vínculos establecidos. Hacemos una traducción literal y hasta un
poco ruda para captar las connotaciones de las frases en juego:
Llamó a los que él quiso; y
partieron hacia él (3,13)
↕
Judas Iscariote, uno de los Doce partió
hacia los sumos sacerdotes
para entregar-se-lo (14,10)
En ambos casos el verbo es el mismo (apérxomai = «ir», «partir»,
«marchar», en pasado: apêlthon – apêlthen respectivamente), pero el
contraste tiene lugar en razón del sustantivo, es decir, entre Jesús y
los sumos sacerdotes, al que se refiere cada una de las frases, con la
preposición prós (=«hacia»): kai apêlthon prós autón (y partieron hacia él, los discípulos convocados) ↔ apêlthen prós toús arxiereís (partió hacia los sumos sacerdotes, sólo Judas, que se ha convertido en
«anti-discípulo»).
Otro contraste tiene lugar entre la pregunta fundamental que Jesús plantea acerca de su propia identidad, y que Pedro responde con
una confesión de fe, de grandes alcances (cf. 8,27-29), y las negaciones del mismo Pedro en el relato de la pasión el mismo (cf.
14,66-72), destacando la tercera de éstas:
¡Tú eres el Cristo! (8,29) ↔ ¡Yo no conozco a ese hombre! (14,71).
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
111
Lo anterior pone de manifiesto que, a pesar de la respuesta inicial de los discípulos y de haber emprendido el camino de seguimiento al Maestro, ellos tienen todavía mucho que asimilar. La
convicción de que Cristo ha resucitado se va a convertir en uno de
los grandes soportes para continuar con ese mismo camino y con la
misión iniciada por él. Ellos son puestos a prueba respecto a su discipulado y a la comunión con su Maestro. Han caído en su caminar
como discípulos, tal como les había vaticinado (cf. 14,27). Todo
esto enseña a los lectores de Marcos que la comunión con Jesús no
ocurre de forma automática. Tiene lugar como una semilla que poco
a poco va echando raíces cada vez más profundas. La estabilidad de
los vínculos con él es puesta a prueba continuamente. Por eso resulta importante volver a Galilea y renovar el llamado, el último y
definitivo (cf. 16,7).
Es importante observar que la predicción del camino de Jesús no
termina con el anuncio de la pasión y muerte, sino con la mirada
puesta en la resurrección. De igual manera, la predicción del comportamiento de los discípulos no termina con el anuncio de su traición, sino con la indicación de que él le precederá en Galilea (cf.
14,28). Se trata del lugar del nuevo encuentro para la nueva comunión.
Las predicciones de la muerte y de la traición se cumplen, del
mismo modo que las de la resurrección y del nuevo encuentro de los
discípulos con Jesús. Las mujeres que fueron al sepulcro reciben la
noticia del acontecimiento gozoso de la resurrección y allí mismo el
encargo de ir a decir a los discípulos que vayan a Galilea (cf. 16,7),
en una clara alusión a lo que el mismo Jesús había dicho a ellos (cf.
14,28). Es decir, son invitados a volver al lugar del primer encuentro y de la primera llamada, para vivir de nuevo esa experiencia,
desde la realidad pascual, lo que se puede definir como la última y
definitiva llamada.
Con la huida que tuvo lugar en el momento de la pasión, los discípulos abandonaron drásticamente el camino del seguimiento,
pero el Mesías, una vez más por su iniciativa gratuita, como lo fue
desde el inicio, se acerca a ellos y rehace los vínculos despedazados
por la actitud negativa de quienes no fueron capaces de permanecer
fieles en compañía de su Maestro. Todo aquello de lo que tenían experiencia es retomado y confirmado en este nuevo encuentro.
Después de la resurrección nadie puede negar la validez y la obligatoriedad de lo que él les ha enseñado. A partir de este momento
112
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
la comunión de vida con Jesús se convierte en comunión con alguien que está vivo y actúa para siempre.
El Señor resucitado no busca nuevos discípulos. Llama a los mismos que lo abandonaron en el momento doloroso de la pasión. Pero
son precisamente también ellos quienes tienen sobre la espalda toda
una historia de comunión con él. Aquí ya no tiene lugar un contraste, sino una renovación de la llamada:
Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a GALILEA; y proclamaba la Buena Nueva de Dios...
Bordeando el mar de GALILEA, vio a Simón y Andrés... (1,14-16)
→
Pero después de mi resurrección, iré delante de ustedes a GALILEA
(14,28)...
Pero vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ustedes a GALILEA; allí le verán, como les dijo (16,7)
En la presentación del EvMc, Galilea aparece como un lugar especial. No sólo es el lugar geográfico de crianza del Señor, su única
patria, para un evangelista que no conoce las tradiciones presentes
en los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas, respectivamente,
sino que en este relato evangelio representa un sitio teológico singular. Tiene un valor testimonial de gran importancia: Allí, donde
empieza a ser proclamada la Buena Noticia de la salvación, los discípulos son llamados para que éstos a su vez se conviertan en testigos. Por eso, cuando sucumben y abandonan al Maestro, deben volver precisamente a Galilea.
RECAPITULACIÓN
En este tercer capítulo dedicado al discipulado en el EvMc, nos
hemos asomado a algunos pasajes donde Jesús instruye a sus discípulos, de modo particular para el seguimiento, la prueba y el servicio. Esto significa que el llamado inicial es sólo un punto de partida, al que sigue todo un proceso de formación a veces difícil, sobre
todo cuando se trata de entender el sentido del sufrimiento. Aun-
LA BUENA NOTICIA PARA LOS LLAMADOS AL DISCIPULADO (III)
113
que ellos muestran interés y la apertura para comprender las enseñanzas del Maestro, no siempre alcanzan la comprensión requerida.
En el momento de la huida, durante el tiempo de la pasión del
Señor, los discípulos abandonaron el camino del seguimiento, pero
él, una vez más, por su iniciativa gratuita se acerca a ellos y rehace
los vínculos, por eso les anuncia que después de la resurrección les
precederá en Galilea, donde tuvo lugar el primer encuentro con él
y donde recibieron la llamada inicial, lo cual viene ratificado por el
anuncio a las mujeres el día de la resurrección.
A lo largo de estos tres capítulos dedicados a los discípulos, hemos podido constatar cómo ellos son un constante punto de referencia para el EvMc. Si bien es cierto que el personaje principal del
relato es siempre el Mesías Hijo de Dios, quien anuncia la Buena
Noticia, el grupo elegido, llamado y constituido por él representa un
hilo conductor que atraviesa toda la narración evangélica, pues ha
sido invitado para compartir de cerca la vida y la misión del Maestro y que el propio evangelista sintetiza en su ser y quehacer con una
frase escueta, pero llena de un profundo significado: ... para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar (3,14).
PARA PROFUNDIZAR
1. Rastrear en el EvMc las preguntas que aparecen allí, tanto las
que Jesús hace a sus discípulos, como las que éstos a su vez le formulan. Hacer un listado de las mismas, para percibir cómo, a través de
este medio, tiene lugar la formación de los que son llamados para seguir al Señor y para descubrir el proceso en el cual el evangelista va
poniendo de manifiesto tanto los diferentes rasgos del mesianismo de
Jesús, como los que caracterizan a sus seguidores.
2. Localizar algunos textos más significativos en los que aparezca
el servicio y la prueba, como elemento constitutivo de la formación de
los discípulos del Mesías. ¿En qué se diferencia el servicio característico de los discípulos, de la servidumbre y del servilismo? ¿Qué diferencia existe entre «fidelidad del discípulo en la prueba» y «resistencia
heroica» ante las adversidades? ¿Qué es lo que hace que la actitud sea
específicamente cristiana?
3. Utilizando el recuadro del contraste entre el servicio en la comunidad de los discípulos y el servicio en el mundo pagano (p. 109),
señalar algunos textos donde se constata lo afirmado. ¿Qué otros elementos se podrían agregar?
114
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Los discípulos se distinguen por el interés particular que muestran hacia la palabra de Jesús. Ellos con frecuencia son exigidos para
que su comprensión sea mayor o interpelados por el mismo Maestro,
para que lleguen a descubrir la profundad del mensaje. ¿Nosotros consideramos haber alcanzado ya este nivel?
2. Sólo con la resurrección se manifestará con toda su fuerza el poder de Dios y actuará con plenitud en él. ¿Cómo hemos entendido
esto, nosotros sus seguidores actuales?
3. Entre los aspectos fundamentales implicados en la vocación de
los discípulos se encuentran el servicio y la prueba. En la práctica,
¿aceptamos tales implicaciones? ¿De qué manera?
4. Volver a Galilea significó para los discípulos retomar el camino desde el principio, sobre todo cuando lo abandonaron. ¿Es posible para nosotros rehacer este camino cuando nos equivocamos? ¿De
qué manera?
CAPÍTULO VI
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
El EvMc se caracteriza por ser más narrativo que discursivo. Si
cuantificamos las palabras pronunciadas por Jesús en este evangelio y
las comparamos con las que tienen lugar en los otros tres, podremos
darnos cuenta de una amplia y notable diferencia. Mc suele ser demasiado austero en cuanto a dichos y discursos, en cambio cuenta
con una amplia serie de relatos de milagros efectuados por Jesús.
Los milagros en el EvMc, como en los demás textos de la Biblia,
para que sea entendido en su justo valor, hay que mirarlos básicamente como formas particulares en la que se expresa la fe. Es posible decir entonces que el milagro como tal no puede ser reconocido más que por el creyente, lo cual es familiar para el mundo de la
Biblia, para un pueblo acostumbrado a estar pendiente de las «hazañas» de Dios en la historia.
I. CARACTERÍSTICAS DE LOS RELATOS DE MILAGRO
EN EL EVANGELIO DE MARCOS
Marcos suele presentar sus narraciones de una manera muy sucinta y esquemática. Encontramos fórmulas simples como «la fiebre
la dejó», «Jesús curó muchos enfermos», «... echó muchos demonios», «la lepra se alejó de él», «salió el espíritu inmundo», «el
viento cesó». Aunque estas fórmulas no ayudan mucho a poner de
relieve el milagro en cuanto tal, sin embargo el EvMc se fija más en
las circunstancias y en las reacciones de los testigos, lo cual evidencia el interés por mirar las consecuencias que dicho milagro ha tenido para los oyentes.
116
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Con frecuencia, tanto las curaciones de los enfermos como los
exorcismos son llamados por el EvMc dynamis (fuerza, poder o acto
de poder), con preferencia en plural (dynameis). Tal es el caso en el
que los habitantes de Nazaret que asombrados se preguntan:
¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y
esos poderes hechos con sus manos? (6,1-2).
El relato concluye:
Y no pudo hacer allí ningún acto de poder (6,5),
sin embargo Marcos corrige enseguida, atribuyendo a Jesús algunas
curaciones.
El EvMc pone de relieve que las acciones de Jesús son dynameis,
es decir, «poderes asombrosos», fuera de lo común. No se trata, por
tanto, de acciones triviales u ordinarias. Esos «poderes» deben tener
un origen que rebasa el plano meramente natural. Ésta es la razón
que está en la base de los cuestionamientos hechos por sus paisanos.
La duda que surge acerca de ese origen es lo que provoca la actitud
escéptica de la gente, que a pesar de estar viendo hechos objetivos
no acierta a creer. Sin embargo esta situación, aunque es negativa de
suyo, otorga a Marcos un nuevo recurso pedagógico importante para
ir mostrando paulatinamente la identidad mesiánica de Jesús.
Un caso semejante ocurre cuando Herodes se muestra intrigado
por «los poderes» de Jesús (cf. 6,14). El rey se enteró de la fama que
estaba cobrando el predicador y taumaturgo de Galilea. Algunos
afirmaban que Jesús era en realidad Juan el Bautista, que había resucitado de entre los muertos, por eso actuaban en él fuerzas milagrosas. Otros decían que era Elías o alguno de los profetas. Estos rumores concuerdan perfectamente con la respuesta que la gente da a
la pregunta acerca de quién es el mismo Jesús (cf. 8,27-28). Herodes piensa que el hombre de quien se dicen tantas cosas asombrosas
es Juan, a quien él mismo mandó decapitar y que ahora habría resucitado. El punto en cuestión aquí es ¿de dónde vienen los «poderes» de Jesús? La respuesta queda en suspenso por ahora.
En el EvMc el mismo Jesús utiliza el término «poder» o «acto de
poder» para referirse a sus milagros. Un ejemplo de esto tiene lugar
cuando refiere el intento de los discípulos de impedir a un judío
echar los demonios en nombre del Señor. La respuesta dada por Jesús es:
No se lo impidan, pues no hay nadie que haga un acto de poder invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí (9,39-40).
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
117
Todo lo anterior significa que para Marcos es importante reconocer en las acciones portentosas realizadas por Jesús una dynamis
que no puede venir sino de Dios. Son «poderes» que acompañan la
predicación del Maestro. Dicho de otro modo, se trata de la «Buena Noticia en acción».
II. RECORRIDO EPISÓDICO DE LOS RELATOS
DE MILAGRO
A pesar de que es relativamente corto, el EvMc sorprende con la
cantidad de milagros que presenta en su narración, ya que su número asciende a diecisiete, los cuales pueden ser divididos en distintos grupos:
• Cuatro relatos de exorcismo, que muestran la victoria de Jesús
sobre los espíritus impuros: 1,23-28; 5,1-20; 7,24-30; 9,14-29.
• Ocho relatos de curación: la fiebre (1,29-31); la lepra (1,4045); un paralítico (2,1-12); un hombre con parálisis en una
mano (3,1-6); una mujer que sufre hemorragias (5,25-34); un
sordomudo (7,31-37); unos ciegos (8,22-26 y 10,46-52).
• Un relato de resurrección: 5,21-24.35-43.
• Dos relatos de rescate en el mar: 4,35-41 y 6,45-52.
• Dos relatos de multiplicación de panes y peces: 6,30-44; 8,1-11.
Es interesante notar que, salvo dos excepciones (9,14-29 y 10,4652), todos estos relatos de milagro pertenecen a la primera parte del
evangelio, es decir, están ubicados antes de la confesión de fe de Pedro en Cesarea de Filipo. Así pues, esa primera parte queda caracterizada por las acciones prodigiosas efectuadas por el Mesías. Tales
acciones funcionan como fundamento importante para las posteriores enseñanzas acerca del mesianismo de Jesús.
Los primeros capítulos del EvMc son la ilustración del mensaje
fundamental sobre el reinado de Dios proclamado por Jesucristo en
1,14-15. Esta Buena Noticia aparece a través de unos acontecimientos que manifiestan su autenticidad y que se sitúan en un mundo concreto, en el seno de una mentalidad y de una cultura que exigen tales curaciones y exorcismos.
La actividad de Jesús en la primera sección del EvMc consta de
proclamación de la palabra y enseñanzas, de exorcismos y curaciones.
La llamada «jornada en Cafarnaún» (1,21-34), de la que nos ocupa-
118
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
remos un poco más adelante, tipifica otras jornadas del ministerio del
Señor e incluye esos tres elementos. Del mismo modo, la curación
del paralítico en 2,1-12, constituye una de las claves que permiten
captar el pensamiento del EvMc: Jesús viene para mostrar cómo Dios
perdona los pecados, y sus «poderes» significan que, atacando la enfermedad, asimismo destruye el pecado. El simple hecho de constatar
que Jesús tiene esta dynamis no significa ya «creer», en el sentido cristiano estricto, pero sí nos encontramos con el inicio de un camino
que lleva de manera progresiva hacia la fe genuina y verdadera.
Marcos afirma que la multitud se arremolinaba alrededor del Señor y algunos discípulos comienzan a acompañarle. Aunque la gente
todavía no ve con claridad en él al Mesías e Hijo de Dios, con todo
lo que esta condición implica, la constatación de su poder les va haciendo capaces de irlo descubriendo poco a poco. Los milagros se
convierten así no sólo en una constatación de la autenticidad de la
palabra predicada por Jesús, sino incluso en una forma de proclamación de la Buena Noticia del reinado de Dios, a través de tales signos.
Los milagros de Jesús en Marcos constituyen también anuncios
y prefiguras de la misión que habrá de cumplir la comunidad mesiánica. Igual que el Maestro, los discípulos se enfrentarán con los peligros que amenazan la eficacia del mensaje de salvación. En este
sentido, el milagro de la tempestad calmada es una especie de paradigma (cf. 4,35-41). En efecto, el relato demuestra que Jesús y los
suyos tienen que enfrentarse con los peligros del mar, «sede de las
fuerzas malignas», para alcanzar «la otra orilla», es decir, para salir
victoriosos.
Los Doce, en el desarrollo de su misión, tendrán que conservar
la fe en aquel que parece dormir. Al llegar a la «otra orilla» ocurre
el episodio del endemoniado (cf. 5,1-20), en tierra extraña (Gerasa), donde las fuerzas demoníacas se desencadenan en un hombre
poseso. Allí mismo Jesús se enfrenta con enfermedades tenaces (cf.
los doce años en 5,25ss) y hasta con la muerte (cf. 5,35ss). Los Doce
partirán en misión con los mismos poderes de Jesús: echarán a los
demonios y curarán a los enfermos, porque a través de ellos sigue actuando el poder salvador del Mesías.
En el contexto de la pregunta central de Marcos, ¿Quién es Jesús?
(cf. 6,14–8,30), tiene lugar un bloque relevante, ubicado entre los
pasajes de los panes (cf. 6,30–8,26). Las escenas no siguen un orden
cronológico ni geográfico, sino más bien literario. Son dos series de
textos que comienzan cada una por un relato de multiplicación
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
119
de los panes y terminan con una curación. A la cuestión planteada,
¿quién es él?, responde Marcos ordenando este conjunto de palabras
y hechos, para mostrar a Jesús a punto de cumplir lo que se esperaba
del Mesías: es el pastor del nuevo pueblo de Dios (cf. 6,34), el que
conduce a sus ovejas desde el desierto (cf. 6,35), renueva para ellos
el don del maná, anunciando al mismo tiempo el pan que dará a los
suyos en vísperas de su muerte (cf. 6,41; 14,22), cura a los enfermos
(cf. 6,53-56); él es el nuevo legislador que viene a dar el sentido
exacto a la antigua ley de Moisés y a eliminar toda frontera entre lo
pretendidamente puro e impuro (cf. 7,1-23). Pero, sobre todo, viene
a regenerar a la humanidad, tal como lo había anunciado Isaías: los
sordos oyen, los ciegos ven... (26,19; cf. 35,5; Mc 7,31-37; 8,22-26).
Sin embargo el horizonte se amplía, ya que por primera vez Jesús
abandona Galilea y se dirige hacia Tiro, Sidón y la Decápolis, por
lo que el cumplimiento supera lo esperado. Jesús no es ya sólo Mesías para Israel: los paganos también tienen derecho a comer el «pan
de los hijos» (cf. 7,27-28). Además hay que notar como la segunda
multiplicación de los panes parece tener lugar más bien fuera de
Galilea.
Los prodigios de Jesús representan indicadores para ir comprendiendo quién es él, aunque los discípulos a duras penas vayan entendiendo. Los recursos encaminan hacia la fe genuina en Jesús,
como Mesías e Hijo de Dios. Todavía falta mucho para alcanzar tal
comprensión (cf. 8,17-21). La propia confesión de fe, hecha por Pedro en 8,29, puede ser considerada todavía «imperfecta», lo que es
comprobado por la actitud del mismo discípulo, quien aún no comprende todo el alcance de lo que ha expresado (cf. 8,32-33).
Entre la confesión acerca de la condición mesiánica y la entrada
de Jesús en Jerusalén, los episodios de Marcos están impregnados de
una idea principal y dominante: Jesús anuncia su pasión y su muerte (cf. 8,31; 9.31; 10,33), pero los discípulos rehúsan entrar en la
perspectiva de la cruz. Son manifiestos los esfuerzos de Jesús para
que la fe de ellos vaya progresando hacia tal comprensión: que acepten seguirlo hasta la muerte, para compartir con él su gloria.
La curación del niño epiléptico ilustra la necesidad imperiosa de
la fe (cf. 9,14-29). Queda bastante claro que con la sola fe en el
«Hijo de David» no fue posible curar al enfermo. Será únicamente
la fe en el Mesías muerto y resucitado la que hará capaces a sus discípulos de llevar a cabo las acciones que su mismo Señor realiza:
¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree! (9,23).
120
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
La curación del ciego de Jericó (cf. 10,46-52) recapitula la actitud interior de los discípulos antes de la entrada en Jerusalén. Ellos
también padecen un tipo de ceguera al no ver los signos del Mesías.
Bartimeo, estando ciego, reconoce a Jesús, aunque lo llama todavía
hijo de David, de quien se esperaba un restablecimiento del reino
de Israel. A pesar de que no se puede negar que este título tiene ya
una carga mesiánica, sin embargo no basta para evidenciar el verdadero mesianismo de Jesús. El milagro no consiste sólo en el restablecimiento de la facultad de ver para quien estaba ciego, sino sobre todo en que, una vez que recobró la vista, le seguía por el camino
(10,52).
Este recorrido episódico nos lleva a visualizar el camino que recorren los relatos de milagro en el EvMc:
1. Proclamación de la Buena Noticia en Galilea
• El poseso de la sinagoga en Cafarnaún (1,23-27).
• La suegra de Pedro (1,29-31).
• Curaciones y exorcismos en Cafarnaún (1,32-34).
• El leproso (1,40-45).
• El paralítico de Cafarnaún (2,1-12).
• El hombre de la mano seca (3,1-6).
2. Llamada y misión de los Doce
• Sumario (3,7-12).
• La tempestad calmada (4,35-41).
• El endemoniado geraseno (5,1-20).
• La hemorroisa y la hija de Jairo (5,21-43).
• Los milagros hechos por los Doce (6,7.13).
3. Quién es Jesús
• Multiplica los panes y camina sobre el agua (6,32-52).
• Curaciones en la región de Genesaret (6,53-56).
• La hija de la sirofenicia (7,24-30).
• El sordomudo (7,32-37).
• La segunda multiplicación de los panes (8,1-10).
4. Anuncio de la pasión-resurrección
• El niño epiléptico (9,14-29).
• El ciego de Jericó (10,46-52).
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
121
III. UNA JORNADA PARADIGMÁTICA
DE LOS MILAGROS DE JESÚS (MC 1,21-32)
Mc 1,21-34, la «jornada en Cafarnaún», es una especie de paradigma que tipifica otras jornadas del ministerio del Señor. Aquí tienen lugar tres escenas que es preciso mirar con atención: la curación del endemoniado (1,21-28), la curación de la suegra de Simón
(1,29-31) y un sumario que refiere numerosas curaciones (1,32-34).
1. SÉ QUIEN ERES TÚ: EL SANTO DE DIOS (1,21-28)
Inmediatamente después del «episodio paradigmático» anterior:
la llamada de los cuatro primeros discípulos (Mc 1,16-20), el EvMc
introduce uno nuevo, con un cambio escenario. Procedente de las
orillas del mar de Galilea, Jesús entra en Cafarnaún. Esta ciudad
(cuyo nombre posiblemente significa «Aldea de Nahúm») en el s. I
se encontraba situada en un lugar estratégico y privilegiado, en la
orilla noroeste del mar de Galilea. Distaba 16 km de Tiberíades y 5
km del punto en que el río Jordán vierte sus aguas al lago. Era una
ciudad aduanera, donde se recaudaban los impuestos. Allí también
vivía un alto oficial del gobierno romano.
Jesús viene a Cafarnaún. Por Mt 4,13 sabemos que ésta se convirtió en lugar de residencia del Señor. Al llegar el sábado comienza a enseñar en la sinagoga. Conforme a la praxis de ese tiempo, en
las sinagogas judías, cuando el encargado (archisynagôgos) lo permitía, se podía enseñar y predicar allí, sin mayores dificultades. Esto
no era lo extraordinario. Lo que asombra a la gente es básicamente
la autoridad con la que habla el Maestro: una gran fuerza profética.
El sábado era el día de descanso ordenado por el mismo Dios,
tanto para los hombres como para el ganado (cf. Ex 20,8-11; Dt
5,12-15). Su observancia llegó a ser signo de la alianza (cf. Ex
31,12-16). Era, por tanto, un día de culto especial (cf. Nm 28,9).
Incluso algunos habrían de llegar a extremos tales como el pensar
que, en ese día tan sagrado, ni siquiera era lícita la defensa en caso
de guerra (cf. 1 Mac 2,32-38), lo cual fue rechazado por Matatías y
sus hombres (cf. 1 Mac 39–41). Durante la cautividad en Babilonia,
después de la destrucción del templo (586 a.C.), los israelitas empezaron a reunirse en la sinagoga para leer los textos sagrados y para
orar. Al regresar a Palestina (después del año 531 a.C.), la sinagoga
122
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
se convirtió en un lugar muy común de reunión para la liturgia sabática y para la interpretación de la ley.
Es la primera vez que el EvMc menciona la presencia de Jesús en
una sinagoga, a la que determina con el posesivo «de ellos» (synagôgê autôn), es decir, de los judíos. En los evangelios, con cierta
frecuencia, aparecen personas que sufren a causa de situaciones desafortunadas no bien precisas y que se atribuyen a la influencia de
fuerzas malignas, por eso se dice que están «poseídas» o «tienen
dentro de ellas un espíritu inmundo». Mc 1,23 dice literalmente
que ese hombre estaba «en espíritu impuro», es decir, «bajo el poder» de tal espíritu.
El que dentro de la sinagoga haya un hombre con un espíritu
impuro es ya sorprendente, por varias razones: En primer lugar
porque se trata precisamente del lugar santo de reunión para escuchar la palabra de Dios y para orar. Además, esos espíritus eran
llamados «impuros», entre otras cosas porque se trataba de aquellas
fuerzas sobrehumanas y malignas que en ocasiones eran adoradas
por las religiones paganas en los cultos idolátricos. La consecuencia era que los «posesos» quedaban excluidos ipso facto del culto
judío. Por eso sorprende mucho la presencia de un hombre en tales condiciones en la sinagoga un día sábado (lugar y día sagrados). Con esto, los lectores del EvMc pueden ir dándose cuenta de
que la reunión sinagogal «de ellos» no es capaz de erradicar por sí
misma las fuerzas contrarias al reinado de Dios. Sólo Jesús puede
hacer esto.
Sin embargo resulta todavía más sorprendente el diálogo entre
Jesús y el hombre poseído. Por un lado, la presencia de Jesús en la
sinagoga provoca una reacción violenta en el hombre, que comienza a gritar. El grito aquí no parece ser sólo expresión de su inconformidad ante la presencia específica de Jesús en la sinagoga, sino
que se debe a su presencia en el mundo para inaugurar el reinado de
Dios, con la consecuente destrucción del reinado del mal. Las dos
preguntas retóricas (en plural) así lo dejan ver. Sin embargo, a pesar de todo el hombre poseído lo reconoce (en singular) como hagios tou Theou (el Santo de Dios). Esto es asombroso.
Lo que el hombre poseído reconoce es atinado. Es un título con
un trasfondo bíblico. En la versión griega llamada de los Setenta
aparece una formulación igual en la denominación de Sansón (cf.
Jue 16,17, códice B), referida a su consagración como nazir (por
cierto aquí el hombre poseído se ha dirigido antes a Jesús como «na-
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
123
zareno»). Además, en diversos pasajes, otros muchos son también
calificados como «santos»: Eliseo (cf. 1 Re 17,18), Moisés (cf. Sab
11,1), etc. Santo de Dios, es por tanto un título que indica la identidad de un consagrado por quien es el Santo por excelencia y destinado para una misión especial en su proyecto salvador. Por eso,
quien es llamado «santo de Dios» actúa con la misma fuerza y el poder de Dios.
Es interesante notar que en este pasaje del EvMc aparecen dos
elementos: «defensa en contra» y «reconocimiento a favor» de Jesús. Aunque éstos no volverán a tener lugar en un mismo pasaje, sin
embargo se trata de los rasgos que se habrán de repetir con frecuencia en el resto del evangelio. Por eso podemos hablar de «paradigmas». En este mismo sentido, podemos considerar la reprensión que
Jesús hace, sobre todo la orden de callarse, hecho que será frecuente en distintas escenas más del EvMc, como un rasgo típico, que ha
dado pie para hablar del «secreto mesiánico».
Resultan paradigmáticos también los datos mencionados por
Mc 1,26-28: El efecto inmediato producido por la orden dada al
espíritu para que saliera del hombre: agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él (v. 26) y la reacción
de la gente: Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con
autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen» (v.
27). Una consecuencia de todo esto es que la fama de Jesús se extendió por todas partes (cf. v. 28). Estos rasgos aparecerán, de una
o de otra manera, en los restantes relatos de milagro que hará Marcos, donde la lucha del Mesías contra los poderes del mal va a ser
una constante.
El primer «acto de poder» realizado por Jesús constituye una interpelación para los lectores del EvMc. El Señor da inicio a su ministerio en un lugar significativo para la religión de los judíos, la sinagoga. Sin embargo, la enseñanza de Jesús y la liberación del
hombre poseso dejan ver una doble novedad: la verdadera y genuina autoridad del Maestro y su capacidad de hacer presente el reinado de Dios, erradicando definitivamente el mal. Estos dos rasgos ponen de manifiesto que Jesús en realidad viene de Dios y actúa con
su poder. No sólo la gente lo descubre, sino que incluso al mismo
hombre poseído, aunque muy a su pesar, no le queda más remedio
que reconocerlo: Él es el «Santo de Dios». Así aparece ya algo que
estará siempre en la base de los milagros de Jesús.
124
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
2. SE ACERCÓ Y, TOMÁNDOLA DE LA MANO, LA LEVANTÓ (1,29-31)
La jornada de Jesús en Cafarnaún descrita por el EvMc continúa,
pero cambia de escenario. De la actuación en la sinagoga –lugar público y oficial– cambia a un ambiente más familiar, sin embargo no
se trata de un milagro «privado» en sentido estricto. Quiere ofrecer
una enseñanza.
El «segundo milagro» de Jesús narrado en el EvMc es referido de
forma muy escueta, conforme a lo que va a ser su estilo frecuente;
por lo mismo también contiene elementos que pueden ser considerados paradigmáticos en la forma en que este evangelio presenta los
milagros:
• Jesús aparece en compañía de sus discípulos. En efecto, Marcos menciona a los cuatro que han sido convocados: Santiago
y Juan, Simón y Andrés. Esta compañía tipifica un rasgo característico que habrá de tener lugar de forma constante a lo
largo de todo el evangelio y, específicamente, también en los
relatos de milagro.
• El relato comienza con la descripción de una necesidad: La
suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Esta forma de presentar la situación va a ser característica en varios de los relatos de milagro en este mismo evangelio.
• En la escena de la curación de la suegra de Simón aparece con
mayor fuerza la Buena Noticia en acción, ya que el evangelista evita todo diálogo para dar paso a la acción en cuanto tal y
al efecto producido. Aunque reporta que le hablaban de ella (cf.
1,30b), el relato no refiere las palabras precisas con las que
presentan la situación a Jesús. Un esquema semejante, muy
parco en palabras, aparecerá también en otros relatos similares (cf. 1,32-34; 6,45-52.53-56; 7,31-37). Otras veces, en
cambio, prefiere introducir algún diálogo en el relato (cf.
1,21-28; 2,1-12; 3,1-6; etc.), pero conservando casi siempre el
estilo escueto y austero.
El EvMc usa tres verbos para describir el actuar de Jesús hacia
la enferma: se acercó, la tomó de la mano y la levantó, y dos más para
describir el efecto: la fiebre la dejó, ella se puso a servirles. A pesar de
la brevedad con que es referido el milagro, ya se alcanza a percibir
una muy buena secuencia verbal. Esta forma de narrar, al mismo
tiempo que pone de relieve el poder y la grandeza del «Taumatur-
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
125
go» –particularmente por lo inmediato con que tiene lugar la curación–, deja una enseñanza bastante clara para los lectores: recibir un beneficio, pero sobre todo constatar la dynamis salvadora de
Jesús conlleva un compromiso. En este caso, el servicio a Jesús y a
sus discípulos.
La suegra de Simón, a causa de la fiebre, estaba imposibilitada
para ejercer cualquier servicio. Una vez curada, queda también
eliminado todo obstáculo para que pueda llevar a cabo sus actividades, de las que el mismo Jesús resulta beneficiado. Los lectores
del evangelio, sin caer en lecturas alegorizantes, pueden darse
cuenta de que la Buena Noticia en acción, además de conducir a
la experiencia salvífica, destruye todo tipo de ataduras, como en
este caso la fiebre, que impiden sumarse al servicio de Jesús y de la
comunidad.
3. LA CIUDAD ENTERA ESTABA REUNIDA JUNTO A LA PUERTA (1,32-34)
La jornada en Cafarnaún concluye con un sumario que presenta una gran cantidad de curaciones, las cuales no sólo funcionan como conclusión de dicha jornada, sino que tipifican todo el
ministerio taumatúrgico del Señor, en favor de los enfermos y necesitados.
El EvMc utiliza un pleonasmo para enfatizar que se trata del final de la jornada: Al atardecer, a la puesta del sol. Aunque parece un
lenguaje sobreabundante, sin embargo se trata de un recurso literario reiterativo que no sólo busca especificar bien el momento de la
acción, sino dar también unas buenas pinceladas para el colorido de
la escena.
El sábado acababa con la puesta del sol, de modo que la gente
tenía libertad para llevar consigo a sus enfermos, en este caso ante
Jesús. Conforme a la secuencia narrativa del EvMc, las nuevas de la
expulsión del demonio y de la curación de la suegra de Simón se habían extendido por todo el poblado de Cafarnaún, de modo que la
gente buscaba la salud de sus propios enfermos.
Es menester recordar que la «tarde» en el pensamiento bíblico
constituye un momento particular del día, cuando éste «va cayendo y las sombras se alargan» (cf. Jr 6,4), cuando «el obrero termina
su trabajo y recibe su salario» (cf. Jue 19,16; Dt 24,15); es también
cuando se acaba el estado de impureza contraída (cf. Lv 11,24-25;
126
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
14,16) y el final del ayuno (cf. Lv 23,32; 2 Sam 1,12). Pero la tarde
tiene también un significado terrible, como un momento de temor
(cf. Is 17,14; Sal 50,7.15), cuando «domina el llanto» (cf. Sal 30,6).
Al ser un espacio de tribulación y prueba, la tarde es también, como
aparece aquí en el EvMc, un momento propicio para experimentar
la salvación que llega de Dios, a través de la persona y de la acción
milagrosa de su Mesías.
Los enfermos –literalmente «los que tenían males»– y los endemoniados representan a todos aquellos que se encuentran en desgracia. La enfermedad con frecuencia era concebida como castigo
por el pecado (cf. Eclo 31,15). Aun cuando el libro de Job llegó a
cuestionar fuertemente tal opinión, sin embargo ésta continuó muy
arraigada (cf. Jn 9,2). El mismo Jesús, al no desvincular del todo ambas realidades (cf. Mt 9,2-7; Jn 5,14), abrió espacios para la comprensión de la enfermedad como una situación que rebasa lo puramente corporal y que tiene que ver con algo más trascendente, pues
afecta a la totalidad del ser humano.
La ciudad entera estaba reunida junto a la puerta. El relato sugiere que se trata de la casa de Pedro. El verbo griego episynagô
(reúno, congrego...) es en realidad doblemente compuesto (epi +
syn + agô). Las dos preposiciones le otorgan un matiz particular, de
mucho énfasis. Sólo Marcos menciona este detalle que otorga una
gran viveza a la narración evangélica. Además de que la descripción podría ser un recuerdo cercano de las tradiciones «petrinas»
a las que está ligado el EvMc, con un cierto dejo de orgullo y gratitud para la casa de Pedro, funciona sobre todo como un recurso
que pone de manifiesto el impuso de la gente que busca experimentar el poder salvador del Mesías. La expresión «ciudad entera»
parece ser más bien una figura hiperbólica, es decir, un tanto exagerada, pero cuyo sentido enfático cuadra bastante bien con lo que
pretende la narración: todos los enfermos se vuelcan hacia la persona del Mesías, quien los cura de sus males. Aquí estriba sobre
todo el aspecto paradigmático de este pasaje, que tiene repercusiones en el resto del evangelio.
El EvMc sintetiza la actividad taumatúrgica de Jesús, en una duplicidad de acciones:
• La curación de muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades. No las especifica. De ellas va a hablar en los relatos de milagros que vendrán después. La finalidad actual es señalar el poder del Mesías, en favor de mucha gente.
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
127
• La expulsión de muchos demonios. Señala la importancia que
tiene la actividad exorcista del Mesías, quien viene a erradicar el poder del mal, para abrir paso al reinado de Dios. La
prohibición de hablar a los demonios, además de que pone de
relieve el llamado «secreto mesiánico», insinúa que no basta
un conocimiento teórico acerca de Jesús.
Es notoria la utilización de términos afines que denotan abundancia: «todos los enfermos» (v. 32); «la ciudad entera» (v. 33);
«muchos que se encontraban mal» (v. 34a); «diversas enfermedades» (v. 34b); «muchos demonios» (v. 34c). Este uso terminológico
pone de manifiesto elementos paradigmáticos de la gran capacidad
taumatúrgica del Mesías. El lector es invitado a descubrir esta dynamis, a abrirse a ella y a creer en el Mesías e Hijo de Dios.
MILAGROS EN LA TRADICIÓN RABÍNICA
Dentro de las tradiciones rabínicas, destaca un midrás exegético (un
método de interpretación de las Escrituras) al libro del Éxodo, llamado
Mekilta (pauta, norma legal). Existen dos versiones: una de R. Yismael
(ben Elisha), y otra de R. Simón ben Yohay. La primera de éstas, cuando se refiere al Cántico de Moisés y de los israelitas: ¿Quién como tú entre los dioses, Señor, terrible en hazañas, que realizas prodigios?, interpreta y
comenta lo siguiente:
No se ha dicho: El que obró prodigios, sino el que obra prodigios,
es decir, Él, hará igualmente milagros en los tiempos futuros, como
está dicho: También he aquí que vienen días –oráculo de YHWH– en que
no se dirá ya: YHWH está vivo, el que hizo subir a los hijos de Israel del
país de Egipto, sino YHWH está vivo, el que hace subir a los hijos de Israel del país del norte y de todos los países por donde los había dispersado
(Jr 16,14-15).
Tú obraste milagros en favor de nuestros padres y los vas a obrar
también en favor de tus hijos, como está dicho: Como el día en que saliste de Egipto, yo le haré ver maravillas (Miq 7,15). Les haré ver lo que
no les hice ver a sus padres, porque los signos y prodigios que voy a
obrar en el futuro en favor de los hijos serán mayores que los que hice
por los padres (Mekilta de R. Ismael II, 6).
El EvMc presenta la figura de un Jesús que sobre todo actúa.
Pero no se trata sólo de un mero pragmatismo. Las acciones del
128
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Señor son la «Buena Noticia en acción». Por medio de ellas, además de quedar manifiesto su poder mesiánico, son el testimonio de
que Dios lleva a cabo su salvación, de modo especial en favor de
los más necesitados, de quienes experimentan la desgracia de la
enfermedad, del hambre y de la opresión por parte del maligno.
Todos los milagros constituyen signos de la llegada del reinado de
Dios. Los discípulos son testigos privilegiados de esto y son ellos
también quienes habrán de testificar dicha actuación de Dios, en
su Mesías.
RECAPITULACIÓN
A pesar de su brevedad, el EvMc es abundante en la cantidad de
milagros que presenta, 17 entre exorcismos, curaciones, resurrección, salvamento en el mar y multiplicación de panes y peces. Sus
narraciones son sucintas y esquemáticas. Se fija más en las circunstancias y en las reacciones de los testigos. Casi no utiliza términos
técnicos para designar los actos extraordinarios que realiza el Señor.
Las veces que, por ejemplo, utiliza el término «signo» o «prodigio»
es siempre fuera de los relatos mismos de milagro.
Los milagros de Jesús en el EvMc, como «actos de poder», son
manifestaciones de la Buena Noticia en acción y constituyen anuncios y prefiguras de la misión de la comunidad mesiánica. Igual que
el Maestro, los discípulos van a dar testimonio efectivo del mensaje que anuncian; asimismo se enfrentarán con los peligros que amenazan la eficacia de ese mensaje de salvación.
Los tres primeros milagros de Jesús en Marcos constituyen una
especie de paradigma de la acción taumatúrgica del Mesías, pues
bosquejan lo que está por venir. Pero esto no es exclusivo, pues
otros relatos, como el de «la tempestad calmada» (cf. 4,35-41), podrían ser también considerados paradigmáticos en el sentido de que
Jesús y los suyos tienen que enfrentarse con las fuerzas malignas,
que tienen su sede en el mar, para alcanzar «la otra orilla», es decir,
para salir victoriosos.
Los milagros constituyen indicadores para ir comprendiendo
quién es él, aunque los discípulos no logren todavía entender. Son
vehículos de la Buena Noticia y signos fehacientes de la llegada del
reinado de Dios. Los recursos empleados aquí encaminan hacia la fe
genuina en Jesús, como el Mesías.
LA BUENA NOTICIA EN ACCIÓN
129
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer con atención los relatos de milagro narrados en 2,1-12 y
en 3,1-6. Detectar las respectivas estructuras de los relatos y confrontarlas entre sí. ¿En qué se parecen y qué se diferencian? Observar detenidamente a los personajes que aparecen en cada uno de ellos. ¿Qué
hacen? ¿Qué dicen? ¿Cuáles son las reacciones que podemos descubrir?
2. Identificar en el relato de «la tempestad calmada» (Mc 4,3541) los rasgos paradigmáticos, que tienen repercusiones para la comprensión del ministerio de Jesús y de sus discípulos. ¿Cómo aparecen
los desafíos que hay que vencer, para continuar el camino y «alcanzar
la otra orilla»?
3. Observar con atención los siguientes relatos de milagro en el
EvMc: Multiplicación de los panes y camino sobre el agua (6,32-52);
curaciones en la región de Genesaret (6,53-56); la hija de la sirofenicia (7,24-30); el sordomudo (7,32-37); la segunda multiplicación de
los panes (8,1-10). Una vez hecha la lectura atenta, tratar de descubrir qué rasgos característicos de Jesús aparecen aquí, y que nos ayudan
a comprender mejor el perfil mesiánico del Señor.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Los milagros, para que sean comprendidos en su justo valor, deben ser vistos desde el ámbito de la fe. ¿Cómo podemos releer los relatos de milagro que presentan los evangelios, desde nuestra propia situación de comunidades creyentes, para que no aparezcan como
simples narraciones legendarias o míticas? ¿Cuáles son los signos que
necesitamos revalorizar hoy?
2. ¿Es posible todavía hablar de milagros en la actualidad, cuando
todo parece tener una explicación desde las ciencias? ¿Cómo podemos
distinguir los «milagros auténticos» de los que sólo pretenden aparecer como tales, sin serlos en realidad? ¿Se puede ser creyente y crítico
a la vez?
3. ¿Qué podemos hacer para redimensionar nuestra fe en este
tiempo que nos toca vivir? ¿Cuál puede ser el lenguaje más adecuado
para hablar hoy del mensaje de Cristo y con qué signos es posible hacerlo creíble a las generaciones actuales?
CAPÍTULO VII
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA
POR LAS PARÁBOLAS
La Buena Noticia proclamada por Jesús fue ilustrada muchas veces por medio de imágenes y comparaciones. El EvMc también da
testimonio de ello, incluyendo materiales importantes constituidos
por parábolas, aunque sólo posee 12 de éstas, mientras que Mateo
presenta 33 y Lucas 39. Solamente una es exclusiva de Marcos: 4,2629, «la semilla que crece por sí sola». Es significativo que varias parábolas se encuentran agrupadas en uno de los dos discursos principales de Jesús en el EvMc: 4,1-34. Las demás aparecen sobre todo al
comienzo: 2,19-22, o al final del mismo: 12,1-12; 13,28-29.34-37.
La parábola es como una mecha que sirve para descubrir una piedra
preciosa. Así se expresa un importante comentario haggádico (un
método de interpretación judía) al Cantar de los Cantares, denominado Cántico Rabba. Esto pone de manifiesto, ya de entrada, el
valor de la parábola, como recurso pedagógico. Los investigadores
actuales descubren en las parábolas un fundamento histórico muy
firme. Además, es indudable que las imágenes se graban más fijamente en la memoria que las ideas abstractas.
Las parábolas reflejan fielmente y con una claridad especial la
Buena Nueva de Jesús en las circunstancias reales en que fue predicada, al mismo tiempo que dejan entrever su lengua materna. Por
ejemplo, la parábola del sembrador, más que presentar una situación
anómala, con poca técnica o falta de esmero en la actividad de sembrar, estaría reflejando la real praxis agrícola palestinense del s. I, por
lo que los rasgos de la descripción no debieran ser tan sorprendentes.
Las parábolas en su origen contienen un mensaje sencillo: expresan la alegría y la certeza, a pesar de las dificultades, de la venida del
132
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Reino, en que se manifiesta sobre todo la generosidad de Dios, e incitan a los seres humanos a responder a esa generosidad, a arriesgarse por el Reino y a percatarse de la inminencia de su venida. Aunque esta atmósfera escatológica ya no impresiona ahora, es posible
quedarnos con la provocación y el desafío que las parábolas introducen en la vida del creyente, en el nivel de sus prioridades. Pero también los evangelistas conocen y usan el otro significado, el de «enigma», y cuando es necesario lo utilizan, sin mayores problemas.
Las parábolas en el EvMc destacan de modo particular porque
constituyen la parte más «discursiva» de un evangelio que se caracteriza por ser básicamente «narrativo». Dicho de otra forma, en el
evangelio más primitivo aparece una figura de «Jesús activo», es decir, que «hace más y habla menos», en comparación con los otros
dos sinópticos (por ejemplo los cinco grandes discursos en Mateo, o
las múltiples instrucciones de Lucas en el camino hacia Jerusalén,
además de otros discursos que aparecen en éstos, como los del Bautista, etc.), pero sobre todo en relación con Juan, el evangelio más
discursivo de todos. Así podemos constatar una tendencia que tiene lugar con el paso del tiempo: la que va haciendo predominar las
palabras sobre los hechos.
LAS PARÁBOLAS EN LA VIDA DE UN PUEBLO
La parábola –parabolê en griego, deriva a su vez de las raíces griegas pará (a lado de, a lo largo de, frente a) y ballô (lanzar)– es narración simbólica de la cual se desprende una enseñanza práctica
de tipo doctrinal o moral. Llegó a ser en el mundo judío un modo de
presentar un pensamiento, sea para exponerlo o para defenderlo. Se
presenta como una comparación desarrollada en forma de historia.
Suele partir de un hecho verosímil. Los temas son sacados de la vida
cotidiana: banquetes, trabajo, viajes, vida familiar... De esas realidades que ponen a los hombres en relación entre sí: al amo con su
siervo, al rey con sus súbditos, al padre con sus hijos, al pastor con
sus ovejas... Israel es un pueblo de pastores, de labradores, de viñadores, de hombres y mujeres en contacto con la tierra, por lo que se
explica cómo muchas enseñanzas, sobre todo de carácter sapiencial,
queden expresadas en comparaciones simples, sacadas de la vida cotidiana. Así surgieron muchos de los proverbios, una buena cantidad de metáforas y desde luego también diversas parábolas. La parábola sugiere sin imponer e invita sin obligar, por lo que es más
fácil interesar al oyente.
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
133
Con la destrucción de Jerusalén y del templo (70 d.C.) sobrevino una crisis entre los judíos. Ante esta situación los dirigentes de la
comunidad buscaron restaurar la confianza y revitalizar la fe en torno a la Torah, de modo que la Palabra de Dios empieza a ser el principio y fundamento de la vida del pueblo. Es entonces cuando se desarrollan con mayor fuerza los métodos de interpretación de las
Escrituras sagradas y los recursos pedagógicos, como es el caso de la
parábola. A mediados del s. II R. Eleazar, hijo de R. Yosef, el Galileo, cita el mashal (parábola) como uno de los importantes modos
(middot) de expresión de la única Torah. El Cantar de los Cantares
Rabbá recoge las palabras de varios maestros que ponderaban el valor de la parábola y cita ejemplos como: R. Yosef dijo: Esto puede
compararse con un cesto lleno de frutas, que al no tener asas, no podía
transportarse. Llegó un astuto que le puso asas y con ellas se le pudo transportar (Cant. Rabbá 1,4).
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE LAS PARÁBOLAS
Las parábolas en el EvMc se encuentran sobre todo en la sección
dedicada a ellas, en el capítulo cuarto, donde están recopiladas casi
todas las que aparecen en este evangelio, excepto una. Sin embargo hay también otros pasajes donde tienen lugar imágenes muy cercanas a este género literario.
a) La sección parabólica de Mc 4
Casi todo el cuarto capítulo del EvMc está dedicado a las parábolas, exceptuando sólo el último pasaje, que narra la escena de la
tempestad calmada (cf. 4,35-41). Es una de las pocas secciones discursivas que contiene este evangelio, caracterizado más bien por su
estilo narrativo. Esta sección comprende cinco parábolas en total:
• El «sembrador» (4,1-9).
• La «lámpara» (4,21-23).
• La «medida» (4,24-25).
• La «semilla que crece por sí sola» (4,26-29).
• El «grano de mostaza» (4,30-32).
Sin embargo, a estos pasajes hay que sumar el por qué habla Jesús en parábolas (4,10-12), la «explicación de la parábola del sem-
134
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
brador» (4,13-20) y la conclusión de todo este discurso parabólico
(4,33-34).
Mientras Mc 4,1 es un claro indicio de un nuevo comienzo, 4,34
es una conclusión indiscutible. Podemos pues visualizar bien esta
unidad como completa, pues a partir de 4,35 queda inaugurada una
nueva sección de milagros. El hilo conductor de 4,1-34 está señalado por la repetición incesante del término «parábola».
La muchedumbre hace que Jesús (cf. 3,9) busque una manera
adecuada para enseñarles, de modo que sube a una barca para hablarles desde allí. La postura del Maestro que subraya la importancia de su palabra es la de sentarse, ya que ésta era la posición de alguien que enseña con autoridad. La observación de 4,2a da la pauta
a todo el discurso que sigue:
les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas.
b) Las restantes parábolas e imágenes parabólicas en el EvMc
Además de los variados ejemplos encontrados en el capítulo
cuatro, el EvMc posee otras parábolas e imágenes que podríamos calificar también como «parabólicas», diseminadas en distintos lugares del mismo. La única parábola propiamente dicha fuera de la sección mencionada antes es la llamada de los «viñadores homicidas»
(12,1-12). Las restantes representan más bien lo que podemos llamar «imágenes parabólicas», tales como la del «remiendo nuevo y
del vino nuevo» (2,21-22), la de «la sal» (9,50), así como las imágenes del discurso escatológico (13,28-29.33-37).
II. EL DISCURSO PARABÓLICO DE MC 4
1. UNA PARTE CAYÓ ↔ OTRA PARTE CAYÓ (4,1-8)
La primera parábola del EvMc es la del sembrador (4,3-9). Ésta,
como la mayoría del discurso (4,26-29.30-32), echa mano de la experiencia de los agricultores galileos. Posee rasgos que delatan las
costumbres agrícolas de la Palestina del s. I.
En el AT se utilizó ya varias veces la imagen de la siembra (cf. Os
8,7; 10,12; Job 4,8; Prov 22,8 Eclo 7,13; Sal 126,5...), en la mayoría
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
135
de cuyos casos la metáfora apuntaba hacia una aplicación moral,
algo distinto a la parábola de Jesús. Aquí todo apunta hacia la cosecha o la producción de cada uno de los granos. La atención se fija en
la afirmación de que, a pesar de la inevitable pérdida, se llega a tener una cosecha abundante y es ésta lo que en realidad importa.
La parábola del sembrador es muy concisa. Cuatro casos de siembra, con sus correspondientes consecuencias, aparecen en una disposición paralela, donde tres elementos son fundamentales: tipo de terreno («camino», «terreno pedregoso», «abrojos», «tierra buena»),
agentes que intervienen («las aves», «el sol», «los abrojos», «el acto
de crecer y desarrollarse») y verbo(s) que define(n) la consecuencia
de la siembra («comieron», «secó», «no dio fruto», «dieron fruto»).
– Una parte
a lo largo del camino; vinieron las aves y se la
comieron.
– Otra parte cayó
en terreno pedregoso, donde no tenía mucha
tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó
y, por no tener raíz, se secó.
– Otra parte cayó
entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto.
– Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta,
otras sesenta, otras ciento.
cayó
En todos los casos el verbo usado para la siembra es exactamente el mismo: épesen (cayó). Toda la semilla queda sometida al mismo proceso de la siembra; sin embargo, los tres primeros casos son
ejemplos de fracaso en oposición al último, que es el único exitoso,
pero es también el que domina toda la parábola. Esta distinción
aparece ya desde el uso mismo de los términos, pues mientras que
para los tres primeros casos el texto griego utiliza el singular, para el
último utiliza el plural neutro (alla = otras). Además sólo de la
siembra en tierra buena se dice que la semilla creció y se desarrolló,
además de mencionar la producción, en una dinámica que va de
menos a más: treinta → sesenta → cien.
Aunque el sentido original de la parábola podría ser discutido
hasta cierto punto («sembrador fracasado», «semilla desparramada», «consuelo ante situaciones infructuosas»), ésta puede ser considerada desde una doble perspectiva:
• Desde la perspectiva escatológica, la parábola describe al principio un momento temporal distinto al final: siembra-cose-
136
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
cha. Esta última es comparada con la irrupción del reinado de
Dios, a la que se contraponen los múltiples fracasos y las resistencias en el presente. De este modo, el mensaje de la parábola constituye una invitación a la seguridad en Dios, quien
permite que, desde unos comienzos esperanzadores, surja el resultado final magnífico, que él mismo ha prometido.
• Desde la perspectiva histórico-salvífica, la parábola enfatiza la
receptividad de la audiencia. Aquí se estaría aludiendo al escuchar en Israel (cf. Dt 6,4). La falta de receptividad del terreno, que constituye el primer factor del fracaso, simboliza el
endurecimiento de Israel frente a la palabra de Jesús, pues los
que escuchan de verdad producen fruto. La suerte de Israel
–cuando escucha o cuando no lo hace– es la misma que la de
los llamados por Jesús a escuchar.
Sin embargo ambas perspectivas pueden ser conjugadas. Por una
parte, la parábola quiere ser una afirmación sobre la palabra de Jesús, es decir, está determinada por el contraste pérdida-éxito, y el resultado último, que es de éxito, no queda afectado por el fracaso inicial, pues lo que importa es la producción final. Por otro lado, a
pesar de los fracasos, la predicación de Jesús tiene éxito y supera la
falta de receptividad que caracterizó al pueblo de Israel.
2. ¿NO ENTIENDEN USTEDES ESTA PARÁBOLA? (4,13-20)
La explicación de la parábola del sembrador (Mc 4,13-20) ha
sido elaborada de forma alegórica, es decir, simbólica, dando un significado a cada uno de los elementos que aparecen en la parábola.
De modo particular, cuando la parábola habla de lo sembrado en los
diferentes lugares del terreno, apunta ya a las experiencias misioneras, llevadas a cabo en etapas posteriores de la vida de la comunidad. Sin embargo, lo más curioso del caso es que no resulta fácil
concordar dichas aplicaciones alegóricas.
La explicación trata de la suerte de la palabra, sin necesidad de
decir quién es en concreto el sembrador. Sólo se limita a decir que
éste siembra la palabra (cf. 4,14). En un inicio identifica la semilla
con la palabra, lo cual parece bastante lógico. Sin embargo hay que
notar que después las personas son las identificadas con las semillas:
los que están a lo largo del camino, aunque aquí todavía aclara donde
se siembra la Palabra (v. 15), los sembrados en terreno pedregoso (v.
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
137
16), los sembrados entre los abrojos (v. 18), los sembrados en tierra buena (v. 20).
Lo dicho tampoco puede resultar tan sorprendente cuando se conoce un dato similar en la literatura apocalíptica extrabíblica:
Y como el labrador siembra en la tierra muchas semillas y planta cantidad de plantas, pero no todo lo sembrado florece ni todo lo plantado echa
raíces, de igual manera no todos lo que han sido sembrados en el mundo alcanzan salvación (4 Esd 8,41).
En conexión con el relato de la parábola se describe la triple
siembra infructífera y al final la semilla que sí produce fruto. Hay
una relación directa entre la escucha y la producción, de modo que
donde la Palabra produce fruto la escucha es permanente.
En cambio, la carencia de los frutos depende de causas diversas.
En el primer caso el agente principal actúa desde fuera, es decir, es
Satán quien roba la Palabra. En los siguientes, en cambio, aunque
las causas externas están presentes, lo decisivo son más bien actitudes personales de quien escucha: una disposición inicialmente alegre, pero que no dura, pues la tribulación y la persecución se encargan de hacerle sucumbir; algo semejante ocurre con quienes ahogan
la Palabra escuchada ante las preocupaciones, la seducción de las
riquezas y las demás debilidades humanas.
La explicación de la parábola concluye con la producción de frutos. Éstos son de diversa magnitud, pero lo que importa es la producción en sí misma. La aplicación puede apuntar tanto hacia el
oyente, como también hacia el predicador. En cuanto al primero, se
trata de una exhortación apremiante para que el convertido examine su propia situación, cobre conciencia si está tomando en serio su
conversión y descubra cómo está respondiendo a ella; pero también
quiere estimular al evangelizador para que no se desanime en el
anuncio de la Buena Noticia.
TIERRA Y AGRICULTURA EN PALESTINA
Las tierras fértiles del área mediterránea permitían la aparición de
sociedades basadas en la agricultura. Una gran mayoría de la población era rural y se agrupaba en pueblos basados en el parentesco. La
minoría (quizá un 10% de la población) vivía en ciudades.
Geográficamente Palestina tenía dos regiones bien distintas en sus
características productivas y culturales. Al norte, Galilea, región rural
138
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
y pobre. El suelo era fértil, pero estaba bastante concentrado en latifundios, cuyos dueños vivían en el sur o en Roma.
Judea, en el sur, era una región montañosa, poco apta para la agricultura y, por consiguiente, menos rural. Todas sus actividades se concentraban en Jerusalén, alrededor del templo y del comercio. Roma
cobraba pesados impuestos al pueblo de Palestina, y ofrecía algunos
servicios, como caminos y canales de riego. Este sistema generaba intermediarios y aprovechadores.
El jornal diario de un campesino era un dracma o un denario romano, que equivalía a unos 4 gramos de plata. Se necesitaban 4 dracmas
para tener un siclo, la moneda judaica del Templo. La mayoría del pueblo vivía hundido en una terrible pobreza. En las aldeas de Galilea existían aún antiguos pequeños propietarios campesinos, que intentaban resistir en régimen de autosubsistencia, pero tenían que pagar impuestos.
Había muchos trabajadores rurales empleados como jornaleros en los
grandes latifundios. Existían además los artesanos del campo, que generalmente trabajaban como campesinos en tiempo de siembra y cosecha,
y en las otras épocas trabajaban en cosas sin importancia. Hoy diríamos
subempleados. Roma fue poco a poco concentrando tierras y los campesinos convirtiéndose en «pueblo de la tierra» (am’ hares), carentes de
los derechos más elementales.
3. PARA QUE POR MUCHO QUE MIREN NO VEAN (4,10-12)
Llama la atención que al concluir la parábola del sembrador,
Marcos traiga a colación la enseñanza de Jesús donde él se refiere a
la parábola con el significado de «enigma»:
Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él les dijo: «A ustedes se les ha dado el misterio
del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone» (4,10-12).
Podemos constar entonces que si bien es cierto que las parábolas constituyen ante todo recursos para explicar de forma sencilla
realidades profundas, sin embargo, ya desde la presentación misma
del primero de los evangelios, el lector queda desconcertado al encontrarse con un concepto distinto de las parábolas, es decir, que
ellas serían un velo para ocultar el misterio del Reino de Dios para
los que están fuera, es decir, para los que no pertenecen al grupo de
los discípulos Jesús (cf. Mc 4,11-12 y paralelos). En este caso el
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
139
evangelista está usando el término «parábola» (mashal en hebreo,
mathla en arameo) con el significado de «misterio» o «enigma», más
que de comparación. Se trata también de un «discurso figurado»,
pero con una finalidad muy diferente. Este doble valor y significado
de la parábola pone de manifiesto la riqueza que el término, tanto
en su trasfondo semítico, griego, encierra en sí mismo, lo cual es
aprovechado a su vez para establecer la diferencia entre sus discípulos y «los otros».
Lo que resulta más desconcertante es el final del dicho:
... Para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.
La cita es de Is 6,9-10, pero según la versión de un targum palestinense. La utilización de este texto, que se separa del original hebreo y de la versión griega más usada, la de los Setenta, tiene como
finalidad establecer una distinción bastante radical –demasiado quizás– entre los discípulos de Jesús y «los de fuera». Esto es como un
grito de júbilo. Dios ha hecho un regalo a sus discípulos. Este misterio del reinado de Dios, en el que consiste el don divino, no se trata sólo de una información sobre un reino que viene, sino de una seguridad y certeza acerca de la irrupción presente del reinado de
Dios. Este conocimiento es sólo gracia de Dios.
LOS TARGUMIM
Reciben el nombre de «targumes» o targumim, aquellas traducciones al arameo parafraseadas de los textos bíblicos, hechas por los judíos de Palestina y Babilonia, para el servicio de la sinagoga. La praxis targúmica ilustra una forma muy específica de abordar los textos
sagrados, por parte de los judíos, de traducirlos e interpretarlos. Los
principales existentes son: los targumim del Pentateuco (Onkelos o de
Babilonia; Seudo-Jonatán o de Palestina, el Fragmentario, los fragmentos de la Geniza de El Cairo y, quizás el más relevante de los «targumes» del Pentateuco, el llamado Neófiti); el «Targum de los Profetas»
(Jonatán Ben Uzziel) y el «Targum de los Hagiógrafos» (destaca el
«Targum los Salmos y Job», el de los «Cinco Rollos» y el «Targum de
las Crónicas»).
Esa visión que se otorga a los discípulos como regalo de Dios no
significa que ellos no puedan oponerse, sino que incluye un reto
140
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
muy grande para superar su incredulidad o su poca fe. En efecto, su
inteligencia dura y su torpeza, subrayadas por Marcos, dan a entender que el misterio divino supera la capacidad de la comprensión
humana.
4. EL GRANO BROTA Y CRECE, SIN QUE ÉL SEPA CÓMO (4,26-29)
Como ya hemos aludido antes, el EvMc posee una sola parábola
exclusiva, que no ha sido recogida ni por Mateo ni por Lucas. Se
trata de aquella que también tiene como tema de referencia una semilla:
También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba,
luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, enseguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Se trata de una parábola original. La relación con la del «sembrador» (4,1-9) es inevitable. Su punto de referencia adecuado es
también el reinado de Dios. La fórmula de introducción establece la
comparación con ese reino.
La parábola de Mc 4,26-29 narra algo muy familiar en el mundo de la agricultura. Un labrador, quien es descrito sólo como un
«hombre», arroja la semilla en el campo. Una vez hecho esto,
abandona el campo sembrado y deja la semilla a su suerte. El silencio en torno a las tareas del labrador es voluntario, pues la importancia no recae en los trabajos esmerados que debiera hacer el
«hombre», sino en el proceso del crecimiento mismo de la semilla,
hasta que ésta llega a fructificar; entonces entrará el labrador nuevamente en acción.
La parábola exclusiva de Marcos pretende sobre todo establecer
el contraste entre el inicio insignificante y el gran final, como sucede en el caso de la que le sigue, la del «grano de mostaza» (cf. 4,3032). Así es como tiene lugar la dinámica del Reino. Su comienzo es
modesto e incluso casi imperceptible, pero su dinámica interna, que
depende de Dios, empuja con gran fuerza, incluso más allá de lo
que pudieran hacer las luchas y tareas humanas. Es probable que los
otros sinópticos hayan excluido a propósito esta parábola, por el
riesgo que representaba una comprensión equivocada o deficiente
de la misma, como el caer en una pasividad peligroso.
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
141
III. IMÁGENES PARABÓLICAS (MC 2,21-22; 4,21-23.24-25;
9,50; 13,28-29.33-37)
El EvMc contiene una serie de ejemplos que pueden ser denominados como imágenes parabólicas. Más que parábolas propiamente dichas, pues no alcanzan a reunir el perfil de una parábola
en todo sentido, son básicamente dichos metafóricos, pero que encierran enseñanzas relevantes del Maestro para sus discípulos. Se
trata de llamadas de atención o advertencias que es preciso tener
muy en cuenta para vivir el camino del seguimiento. Veamos algunos ejemplos.
1. REMIENDO NUEVO – VINO NUEVO (2,21-22)
A propósito del ayuno y, de modo específico, como respuesta
a la cuestión acerca de por qué los discípulos de Jesús no ayunan,
mientras que los fariseos y los discípulos de Juan sí lo hacen, Jesús responde con el lenguaje figurado del banquete de bodas (cf.
Mc 2,18-20). A propósito de este tema utiliza dos imágenes que
se acercan mucho a la parábola, el «remiendo» y el «vestido»
nuevos.
La crítica es hecha a Jesús de manera directa. Sus discípulos no
se comportan de acuerdo con las costumbres piadosas de la época.
La respuesta es dada a base de símbolos, pero bastante clara: la presencia del novio hace que carezca de sentido el ayuno. Las imágenes del remiendo y de los odres ponen de manifiesto la incompatibilidad de lo nuevo con lo viejo y desaconseja el empleo de algo que
es nuevo para remendar lo antiguo. En la predicación de Jesús, lo
nuevo se identifica sobre todo con el reinado de Dios que actúa salvífica y eficazmente con esta misma predicación y con las acciones
del Mesías. El vino nuevo simboliza el tiempo de la salvación. En
este contexto, Jesús otorga a los suyos una nueva libertad, sin llegar
a un menosprecio de lo antiguo.
2. LA LÁMPARA (4,21-23)
La imagen utilizada aquí nos lleva a las costumbres palestinenses, donde las casas eran iluminadas por pequeñas lámparas generalmente de arcilla, alimentadas con aceite, las cuales eran coloca-
142
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
das en una parte alta –a veces un sencillo portalámparas de hierro–
para que iluminara del mejor modo posible. El recipiente (vasija de
barro o celemín) era en realidad una medida para cereales, utilizada también para medir los diezmos.
La enseñanza de la parábola lleva a la conclusión de un absurdo:
encender la lámpara y no dejarla cumplir con su finalidad. De hecho, colocarla debajo del recipiente significaría que se extinguiera
de inmediato la llama. Colocarla debajo de la cama enfatiza aún
más el absurdo. La palabra del Evangelio tiene la función de iluminar a las personas como una luz en la oscuridad. Por tanto es un absurdo no dejar que esa palabra cumpla con su finalidad. Marcos está
cierto que en algunos momentos es necesario guardar silencio, pero
sólo como un recurso para no malinterpretar la naturaleza del mesianismo de Jesús. Sin embargo, al final, la verdad de Cristo saldrá
a la luz e iluminará a todo el que acepte la propuesta salvífica de la
Buena Noticia.
3. LA MEDIDA (4,24-25)
La imagen parabólica de Mc 4,24-25 es una llamada de atención. Incluso la frase inicial, Atiendan a lo que escuchan, pone ya de
manifiesto la temática. Afirma que Dios utiliza la misma medida del
hombre. A pesar de que es difícil llegar a conocer el contexto exacto en que fue pronunciado este dicho de Jesús, lo más factible es ubicarlo dentro de la perspectiva de la producción de frutos, a la que es
invitado quien escucha la Palabra. Es decir, aunque la generosidad
de Dios no tiene límites, él trata de estimular al oyente para que se
esfuerce en producir mucho.
El ejemplo presentado en este texto del EvMc tiene numerosos
paralelos en la literatura sapiencial y apocalíptica (cf. Prov 9,9; 4
Esd 7,25). Cuando alguien escucha la Palabra se enriquece, pero,
por el contrario, quien no la escucha se empobrece, siendo la misma palabra la que juzga a los hombres.
4. EL GRANO DE MOSTAZA (4,30-32)
Nuevamente la comparación se centra en el contraste entre el
principio y el final. De este modo se aprecia la dinámica del Reino
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
143
de Dios. La pequeñez del grano de mostaza era proverbial, como
aparece en algunos dichos rabínicos. Sin embargo la planta, que
crecía junto a la orilla del lago de Galilea, alcanzaba una altura hasta de tres metros, por lo que superaba a las restantes hortalizas. La
comparación enfatiza que si bien el Reino de Dios ya está presente,
en forma tan modesta que parece insignificante, conlleva una dinámica que no se detiene. Más aún apunta hacia una manifestación
poderosa.
El comienzo de esa presencia, a pesar de su pequeñez, confiere la
certeza del gran final. La imagen de los pájaros que anidan con mucha probabilidad alude a Ez 17,23-24:
Así dice el Señor Yahveh: También yo tomaré de la copa del alto cedro,
de la punta de sus ramas escogeré un ramo y lo plantaré yo mismo en una
montaña elevada y excelsa: en la alta montaña de Israel lo plantaré. Echará ramaje y producirá fruto, y se hará un cedro magnífico. Debajo de él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de aves morarán a la sombra de sus
ramas.
Lo que tiene lugar al final de la parábola es la presentación del
reinado de Dios que ha llegado a su consumación, donde confluyen
todos los pueblos. La imagen está pensada para impactar e interpelar a los lectores del evangelio.
5. LA SAL (9,50)
Una nueva imagen parabólica ocurre en Mc 9,50, en el contexto de una serie de dichos de diversa índole; la imagen recurre a un
elemento muy familiar por sus diversos usos cotidianos, tanto en
Oriente como en Occidente:
Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonarán?
Tengan sal en ustedes y tengan paz unos con otros.
Lo que el evangelista intenta advertir con la imagen de la sal es
que, a pesar de las grandes virtudes que poseen los creyentes en Jesús, se pueden llegar a perder todos esos valores; entonces, comparados con la sal en el mundo antiguo, ocurre una situación irremediable. La aplicación apunta de manera directa hacia los discípulos
mismos, quienes han sido elegidos para llevar la fuerza del evangelio, pero que no están exentos de una terrible desgracia: perder su
identidad si no se preservan de las tentaciones mundanas, a base de
esfuerzos y renuncias.
144
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
LA SAL
A pesar de las connotaciones negativas que tenía la sal, sobre todo
para los habitantes que vivían en las proximidades del mar Muerto (cf.
Jer 17,6; Job 39,6), sin embargo poseía también cualidades. En el mundo griego la sal era señal de hospitalidad. Aquí, como en el Oriente,
la sal tenía un poder de conservación, sazonador, purificador y antídoto contra la putrefacción. Por eso en el Antiguo Testamento se utilizaba para el sacrificio y para la oblación. De hecho Lv 2,13 ordena:
Sazonarás con sal toda oblación que ofrezcas; en ninguna de tus oblaciones
permitirás que falte nunca la sal de la alianza de tu Dios; en todas tus ofrendas ofrecerás sal.
En la antigüedad, la sal solía ser escasa y costosa. Donde no existía, tenía que ser importada, y los gobiernos exigían un alto impuesto.
El historiador judío del primer siglo F. Josefo hizo mención de dicho
impuesto a la sal. Incluso la sal se llegó a utilizar para pagar deudas. Esd
4,14 hace una referencia a la sal para designar el servicio y el sustento: Ahora bien, a nosotros, puesto que comemos la sal del palacio, nos resulta intolerable ver esta afrenta que se hace al rey... Podría implicar que
dependían del rey, o que quizás verdaderamente les pagaba con sal. De
hecho, la palabra moderna de «salario» proviene de la palabra latina
que indica el pago del soldado romano. Los esclavos eran comprados
con sal, de donde nace la expresión «no vale su peso en sal». Durante tiempos de Esdras, era el rey de Persia quien otorgaba la sal (cf. Esd
7,21-22).
En tiempos del Segundo Templo, Herodes tenía el monopolio de
la sal que se obtenía del mar Muerto, y éste también suplía la sal a los
sacerdotes para los ritos del Templo. De hecho, la persona que deseaba hacer ofrendas en el Templo no tenía que traer la sal para el sacrificio. Era dada por los sacerdotes, además de la madera y el aceite, y
todo era guardado en habitaciones especiales en los predios alrededor
del Templo. Otras culturas del tiempo también utilizaban la sal para
sus ritos religiosos, y aún lo hacen hasta hoy la actualidad.
La invitación a mantener la paz no es fortuita en esta imagen parabólica de la sal, pues por una parte deriva de la disposición para la
renuncia, pero también hace alusión al compartir en la fraternidad.
En efecto, cuando las personas se sentaban juntas a la mesa para
«compartir la sal», algo que aún hacen los orientales en la actualidad, representaba la negociación de un contrato de amistad y alianza entre sí.
LA BUENA NOTICIA ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
145
RECAPITULACIÓN
Uno de los recursos importantes utilizados por los evangelios sinópticos son las parábolas. Las imágenes jugaron con toda seguridad
un papel destacado en el Oriente antiguo para impartir enseñanzas.
En el EvMc cobran especial relevancia sobre todo porque se trata de
la parte más «discursiva» en un evangelio que se caracteriza por ser
básicamente «narrativo».
Es verdad también que Marcos presenta pocas parábolas, sólo 12
de éstas (en comparación las 33 de Mateo y las 39 de Lucas). Únicamente una parábola es exclusiva de Marcos, «la semilla que crece por sí sola» (4,26-29). La mayoría de parábolas se encuentran
agrupadas en uno de los dos discursos principales de Jesús en el
EvMc: 4,1-34. Las demás aparecen sobre todo al comienzo: 2,19-22,
o al final del mismo: 12,1-12; 13,28-29.34-37.
En el discurso parabólico de Mc 4 tienen lugar rasgos que de alguna manera están presentes a lo largo y ancho del evangelio: La
enseñanza de Jesús es presentada de manera sintética e ilustrativa;
el reinado de Dios, cuya venida se encuentra desde el principio, está
en el centro de la predicación de Jesús; el misterio de la revelación
ocupa un lugar sobresaliente, aunque el término «misterio» sólo se
encuentra en 4,11; sin embargo la realidad que éste implica está
subyacente; aquí también aparece el rol privilegiado de los discípulos. Si bien es cierto que en algún momento Jesús los acusa de falta
de comprensión (cf. 4,13), sin embargo los discípulos se distinguen
del resto de los oyentes, pues son los destinatarios que pueden entender la enseñanza con mayor profundidad.
El uso de parábolas es un recurso importante en el EvMc, como
vehículo para el anuncio de la Buena Noticia de Jesús el Mesías e
Hijo de Dios.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer en voz alta la parábola del «sembrador» (Mc 4,1-9). Recrear el escenario descrito en la parábola, de acuerdo a las condiciones
de terreno mencionadas. ¿Tiene alguna importancia que la primera de
las parábolas del primero de los evangelios escritos se refiera específicamente a la «palabra que se siembra»? ¿Cómo podríamos describir a
los destinatarios originales de la parábola y cómo calcular el impacto
que pudo tener en ellos?
146
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
2. Observar con cuidado cómo la explicación de la parábola del
«sembrador» maneja los simbolismos en las aplicaciones y cómo pasa
de «semilla-palabra» a «semilla-personas»: los que están a lo largo del
camino donde se siembra la palabra son... (4,15), los sembrados en el terreno pedregoso son... (4,16).
3. Hacer un estudio comparativo entre la parábola de «la semilla
que crece por sí sola» y la del «grano de mostaza». ¿En qué se parecen
y en que se diferencian?
4. Elaborar un cuadro que permita visualizar la trayectoria de las
parábolas de Jesús en el EvMc:
Comparación explícita: así... como (4,26-29); comparación implícita: «el esposo y los invitados a la boda» (2,19-20); «la pieza nueva»;
(cf. 2,21); «el vino nuevo» (cf. 2,22); comparación bien desarrollada:
«el sembrador» (cf. 4,3-9) «los viñadores homicidas» (cf. 12,1-12); interpretaciones alegóricas: «explicación de la parábola del sembrador»
(cf. 4,14-20), etc.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. La parábola del sembrador es una invitación a la seguridad en
Dios, quien permite que de los comienzos esperanzadores surja el resultado final magnífico que él mismo ha prometido. ¿Qué tanta es
nuestra confianza en él? Esta misma parábola hace hincapié en la receptividad de la audiencia. Denuncia el endurecimiento de Israel frente a la palabra de Jesús, pues los que escuchan de verdad producen fruto. ¿Cuál es nuestro grado de receptividad?
2. Es absurdo encender una lámpara y no dejarla cumplir con su finalidad. La palabra del Evangelio tiene la función de iluminar a las personas como una luz en la oscuridad, por lo que es un absurdo no dejar
que esa palabra cumpla con su finalidad. ¿Cómo contribuimos para que
esta Palabra ilumine? Cuando alguien escucha la Palabra se enriquece,
pero quien no la escucha se empobrece, siendo la misma palabra la que
juzga. ¿Cuál es nuestra actitud en la escucha efectiva de la Palabra?
3. La parábola del grano de mostaza enfatiza que si bien el reinado de Dios ya está presente en forma modesta e insignificante, conlleva
una dinámica que no se detiene, incluso apunta hacia una manifestación poderosa. El comienzo de esa presencia, a pesar de su pequeñez,
confiere la certeza del gran final. ¿Estamos convencidos de esa dinámica poderosa y así nos involucramos en ella? ¿No parece a veces que
los poderes de este mundo han terminado por aniquilar la presencia de
Dios en nuestra historia?
CAPÍTULO VIII
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
Otro recurso que aparece en el EvMc para dar a conocer una enseñanza es la discusión o controversia. Con cierta frecuencia tienen
lugar aquí ciertas discusiones entre Jesús y algunos personajes, sobre
todo con aquellos que pertenecían a grupos de escribas y fariseos.
Tales disputas pueden ser o bien atribuidas a la maldad misma de
los adversarios o a su oposición contumaz a la doctrina de Jesús.
Pero al mismo tiempo es preciso notar que dichas polémicas pertenecían también a un género literario conocido y cultivado por los
maestros de Israel para presentar sus enseñanzas, donde el recurso a
la Escritura era un aspecto básico que debía ser utilizado con mucho
cuidado. No era raro que se propiciara una discusión como medio
pedagógico, para presentar determinadas instrucciones.
En el mundo judío, las disputas eran hasta cierto punto frecuentes entre los grandes maestros, como queda manifiesto en las controversias sobre varios temas, sostenidas entre los grandes maestros
Hillel y Shammai, así como entre sus discípulos.
Por una parte, es seguro que Jesús tuvo que enfrentarse a grupos
que le fueron adversos, y contra los cuales tuvo que debatir, en virtud de las oposiciones que encontró en ellos. Pero también, por lo
menos en algunas ocasiones, el «Maestro de Nazaret», siguiendo la
forma de enseñar de su tiempo, pudo apelar a este recurso en orden
a instruir a sus discípulos y a la demás gente que lo seguía. Asimismo es probable que otros pasajes hayan sido resultado de la elaboración hecha por la comunidad o por el propio evangelista.
El modo en el que Jesús utilizó la Sagrada Escritura fue muy semejante a los modos empleados por los rabinos de su tiempo (cf. Mc
148
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
12,26-27). Por una parte es inobjetable la familiaridad de Jesús con
textos sagrados. Él, como cualquier otro judío piadoso de su época, estuvo en contacto directo y constante con las Escrituras, desde los
primeros años de su infancia. De ahí bebió y alimentó su relación
con Dios. Ellas fueron indudablemente la fuente inspiradora de su
misión como Mesías, de la cual pudo haber ido cobrando conciencia de forma paulatina. Su forma de interpretarlas no tuvo por qué
ser muy diferente de la de su tiempo.
A pesar de que algunos aspectos que tienen que ver con los textos bíblicos aludidos por Jesús pueden ser susceptibles de discusiones,
sin embargo, en líneas generales, puede afirmarse que las Escrituras
son el lugar privilegiado en que Jesús verifica la suerte que habrá de
enfrentar, como consecuencia de su ministerio, predicación y obediencia al Padre. Son ellas las que le permiten comprender la relación entre el plan misterioso de Dios y su final tan doloroso. Esa interpretación choca incluso a sus propios amigos (cf. Mc 8,31-33).
La certeza de Jesús de estar en consonancia con las Escrituras santas le asegura que su muerte dolorosa es la cumbre de la obra de Dios,
cumplimiento de sus promesas antiguas. Es a partir de ellas como él
entiende su condición mesiánica. Era, por tanto, inevitable que su interpretación motivara una serie de discrepancias con sus adversarios,
y que éstas se agudizaran todavía más conforme la comunidad cristiana crecía paralelamente con la única corriente judía que sobrevivió a
la destrucción de Jerusalén y del templo: el judaísmo de corte fariseo.
DOS GRANDES MAESTROS CONTEMPORÁNEOS DE JESÚS
Desde la mitad del s. I a.C., hasta la primera mitad del s. I d.C., una
de las más destacadas autoridades del rabinismo anterior a la destrucción del templo fue el gran maestro Hillel. Rivalizó de manera muy
fuerte con Shammai, sobre todo en cuestiones haláquicas, es decir, referentes a temas morales y jurídicos. El primero de éstos, cuya ética estaba basada en el amor al prójimo, se caracterizaba por su actitud más
tolerante, comprensiva y hasta liberal en algunos casos, en oposición
a su contraparte, quien era más bien rigorista, intolerante y legalista.
Las discusiones de ambos tuvieron continuidad en sus respectivas escuelas (bet Hillel y bet Shammai). Al maestro Hillel se le atribuyen siete reglas hermenéuticas, las cuales si bien difícilmente pueden ser suyas del todo, es casi seguro que haya puesto en práctica por lo menos
algunas de ellas.
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
149
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE LAS CONTROVERSIAS
Los ejemplos más significativos de controversias los encontramos en dos secciones que corresponden a «inicios» del EvMc: Prácticamente al comienzo del ministerio de Jesús (2,1-26) y al dar inicio este ministerio en Jerusalén (11,27-33; 12,1-37). Sin embargo
podemos constatar que éstas se encuentran diseminadas a lo largo y
ancho de todo el evangelio.
Tampoco es raro encontrar relatos que encuadren una sentencia
de Jesús, al dirimir un problema planteado por la comunidad cristiana: ayuno, observancia del sábado, integración de los judíos y de
los paganos.
Buscando establecer una clasificación de las discusiones en el
EvMc, podemos observar que hay algunas controversias propiamente dichas, pero también hay otras que podrían ser denominadas
«discusiones de escuela». Conforme a esta clasificación y siguiendo
el recorrido episódico, los pasajes pueden ser representados así, de
manera esquemática:
a) Siete controversias propiamente dichas:
• 2,1-12: Con motivo de la curación del paralítico.
• 2,15-17: Con motivo de la comida con pecadores.
• 2,18-20: Con motivo del ayuno.
• 2,23-26: Con motivo de las espigas arrancadas en sábado.
• 3,1-6: Con motivo de la curación del hombre de la mano
paralizada.
• 7,1-13: Con motivo de las tradiciones farisaicas.
• 11,27-33: Con motivo de la autoridad de Jesús.
b) Cinco «discusiones de escuela»:
• 10,2-12: Acerca de la indisolubilidad del matrimonio.
• 12,13-17: Acerca del tributo al César.
• 12,18-27: Acerca de la resurrección de los muertos.
• 12,28-34: Acerca del mandamiento principal.
• 12,35-37: Acerca del Mesías, hijo de David.
Como podemos apreciar, mientras que las controversias propiamente tales se agrupan ante todo en la primera parte del EvMc, de
modo particular en el segundo capítulo, las llamadas «discusiones
de escuela» tienen lugar en la segunda parte del mismo, de modo es-
150
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
pecial en el capítulo décimo segundo. Estas agrupaciones responden
más a la recopilación de materiales homogéneos hecha por el evangelista, que a una descripción cronológica de los eventos.
II. CONTROVERSIAS PROPIAMENTE TALES
1. OCASIÓN
Una buena parte de las controversias tienen lugar a partir de
ciertas acciones de Jesús en favor de las personas. Es evidente que
en el ejercicio de su ministerio Jesús tuvo enemigos: aquellas personas, sobre todo miembros de una corriente del partido fariseo, que
se opusieron, a veces con tenacidad, al anuncio del reinado de Dios.
Pero no es menos cierto que dicha hostilidad iniciada contra el
Maestro, no sólo se prolongó hacia la comunidad de los discípulos,
sino que fue creciendo y haciéndose más aguda con el paso del tiempo. Esto queda, de alguna forma, reflejado en los evangelios. De este
modo, varias de las controversias responden más a situaciones vividas por los cristianos de las últimas dos décadas del s. I, pero son retrotraídas al ministerio terreno de Jesús.
2. EL INICIO DE LAS DISCUSIONES
Las controversias propiamente dichas versan sobre diversos temas. La primera de ellas tiene lugar casi en el inicio del evangelio,
en el contexto de una serie de milagros de curación, donde la liberación de un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaún (cf. 1,2328), la curación de la suegra de Simón (cf. 1,29-31) y un sumario
(1,32-34) cierran un primer ciclo. Veamos algunos ejemplos de estas controversias.
1. Hijo, tus pecados son perdonados (2,1-12)
El segundo capítulo del EvMc comienza con la ubicación nuevamente en Cafarnaún y con la información acerca de la gran multitud que acude a Jesús, lo que dificulta que le presenten a un paralítico (cf. 2,3-4). Esto obligó a que quienes lo llevaban a descolgarlo
por el techo. El texto griego utiliza el verbo apostegazo, que signifi-
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
151
ca «remover el techo», haciendo alusión al tipo de construcción de
las casas palestinenses que no poseían un tejado propiamente tal,
sino uno hecho a base de caña, tapizado con barro. Lc 5,19, en cambio, describe de otro modo estas acciones:
subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús.
Pero ésta es una descripción que refleja ambientes helenistas.
El relato resulta algo sorprendente, porque a pesar de que las acciones intrépidas de los compañeros del paralítico responden al deseo de que éste recobre la salud, Jesús no actúa en primera instancia para remediar la enfermedad, sino que le perdona los pecados.
Sin embargo es preciso recordar que, en la perspectiva bíblica, el pecado es la causa última del sufrimiento, de la enfermedad y de la
muerte, aunque no se entienda la enfermedad como signo de una
culpa personal, como aparecerá más claro en el Cuarto Evangelio
(9,2-3; cf. Lc 13,1-5). Lo específico de la curación del paralítico
consiste en que Jesús al perdonarlo no sólo lo rehabilita físicamente, sino que lo libera de una desgracia mayor y lo reintegra así con
plenitud la comunión con Dios.
La expresión hijo, tus pecados son perdonados (Mc 2,5) es la que
abre paso a la controversia. Los escribas piensan que Jesús blasfema
al adjudicarse una autoridad que sólo compete a Dios (cf. Ex 43,7;
Is 43,25; 44,22). Marcos no pasa por alto esta manera de pensar, ya
que de hecho la expresión que pone en labios de Jesús es con el verbo en voz pasiva. Se trata del llamado «pasivo divino» en el que el
sujeto no es sino Dios. Lo que el evangelista quiere poner en evidencia es que es ciertamente Dios mismo quien perdona los pecados, pero lo hace por medio de Jesús, su Hijo y Mesías.
Al darse cuenta de lo que discurrían los maestros de la Ley (conociendo en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior), Jesús pone
de manifiesto que su poder para perdonar los pecados viene sólo de
Dios. Y esta dynamis es la que habrá de ejercer durante todo su ministerio. La demostración queda hecha mediante la curación integral del paralítico, a quien otorga tanto la salud «física», como la
«espiritual». Esta primera parte del pasaje evangélico indica que el
poder divino de Jesús para perdonar los pecados estará subyacente
en los relatos siguientes.
El misterio de la persona de Jesús sigue manifestándose a través
de sus obras de poder. Sin embargo, a partir de aquí, éstas no suscitarán ya solamente asombro y admiración, sino también rechazo y
152
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
oposición. La revelación progresiva de la persona de Jesús hace que
las personas tengan que pronunciarse a favor o en contra de su propuesta. Los maestros de la Ley y los fariseos entran en escena y se
descubren. Tomando como excusa determinadas actuaciones de Jesús, rechazan cada vez con más firmeza la autoridad y las pretensiones mesiánicas del Señor.
La sombra del conflicto empieza a proyectarse ya. Las controversias se desarrollan de tal manera que todas concluyen, no con la
solución de un caso, sino con la autorrevelación de la persona misma de Jesús, quien aquí es acusado de blasfemo. La curación del paralítico no sólo desautoriza tal acusación, sino que evidencia el poder del Mesías.
LA VIVIENDA PALESTINENSE EN LA ÉPOCA GRECORROMANA
Durante la época helenístico-romana, además de los dos tipos de
casas tradicionales en Palestina, la casa sencilla de dos a cuatro habitaciones y la casa de patio común, encontramos en Galilea, y en general en el oriente romano, otros tres tipos de viviendas: la gran casa
señorial o domus, la granja agrícola y las tiendas o tabernae.
La casa sencilla era el tipo de casa más común, en el que vivía la
mayor parte de la población. Consistía en un edificio cuadrangular
unido generalmente a un patio exterior, donde se realizaban algunas
de las tareas domésticas; el interior podía estar dividido en dos o más
habitaciones. Su tamaño podía oscilar entre 20 y hasta 200 m2, pero la
mayor parte de estas viviendas tenían unas dimensiones más bien reducidas. Las casas de este tipo que se han encontrado eran de piedra o
bien estaban excavadas en la roca, pero probablemente no eran las
únicas, ni siquiera las más comunes. Los estudios sobre la arquitectura
doméstica a principios de este siglo en Palestina indican que existía
otro tipo de casas que deben incluirse en este grupo: las casas de adobe, con techos de caña, tapizados de barro. Entre los campesinos estas
casas eran probablemente las más comunes, aunque no hayan sobrevivido al paso del tiempo.
La casa de patio común estaba compuesta por diversas viviendas
que daban a un mismo patio. Este tipo de vivienda es el más característico de la arquitectura doméstica tradicional en Palestina. El conjunto estaba rodeado por un muro externo y tenía sólo una entrada
que daba al patio, alrededor del cual había dos o más viviendas unifamiliares de dos o más habitaciones. El patio era de uso común, y en él
se realizaban todo tipo de tareas domésticas: moler el grano, cocinar,
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
153
hilar, lavar, etc., y también otra serie de tareas agrícolas o artesanales.
Este tipo de casa estaba habitada por miembros de la misma familia, o
por familias emparentadas entre sí.
2. ¿Es que come con los publicanos y pecadores? (2,15-17)
Después de esa primera controversia sigue toda una serie más, en
la que las discusiones llegan una tras otra como en cascada. Igual
que en el pasaje anterior, de nuevo el tema de la discusión tiene que
ver con el pecado. En este caso no se trata del perdón en sí mismo,
sino de la relación de Jesús con los pecadores (2,15-17).
Mc 2,14 presenta un hecho que no puede dejar de provocar desconcierto: la llamada que Jesús hace a un vil recaudador de impuestos, Leví, para que sea discípulo (2,14). En efecto, estas personas eran
rechazadas por tres motivos fundamentales: 1) su colaboración para
el Imperio romano les hacía ser vistos como traidores a la patria; 2) su
contacto directo con las monedas, que en ocasiones presentaban efigies e inscripciones blasfemas, los ponía en peligro inminente de idolatría; 3) ya que su remuneración dependía casi siempre de las comisiones obtenidas por la cobranza, no era raro que aumentaran las
contribuciones y cometieran así abusos, injusticias y robos. Por estos
motivos los publicados eran rechazados y hasta odiados por la mayoría de los ciudadanos. Así pues, el llamado de uno de éstos al discipulado no podía dejar de ser desconcertante y hasta escandaloso.
Pero Jesús va todavía más allá. No conforme con invitar a Leví
para que éste vaya en su seguimiento, como discípulo, va a compartir los alimentos con él y con otros publicanos y pecadores, lo que
se convierte en motivo de una nueva polémica:
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos
y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos
los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?». Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los
que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino
a pecadores».
Mc 2,15 refiere que «muchos publicanos y pecadores estaban a
la mesa con Jesús y sus discípulos». Es claro el énfasis que quiere hacer el evangelista. Además del adjetivo polloi (muchos), que en sí
mismo denota abundancia, el evangelista utiliza dos términos que
154
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
fungen como sinónimos telonai kai hamartoloi (publicanos y pecadores) y esto funciona como pleonasmo para otorgar mayor énfasis a
la narración. De este modo, pone de relieve la «escandalosa» escena donde aparece Jesús comiendo con gente de notoria mala conducta.
Para los escribas del grupo fariseo (literalmente «los escribas de
los fariseos») dicho comportamiento del «Profeta de Galilea» es reprobable, pues infringía las normas de la piedad religiosa judía. En
efecto, el movimiento fariseo en general, aunque no de manera uniforme (cf. las discrepancias entre las escuelas de Hillel y Shammai),
se caracterizaba por observar y hacer cumplir con rigor los mandamientos y preceptos de Dios. Preocupados por ello, buscaron incluso llevar a cabo algunas observaciones adicionales a lo mandado expresamente y otros más impulsaron la praxis de poner «una valla
alrededor de la Torah», es decir, trataron de evitar acercarse a lo que
ponía en riesgo el cumplimiento de lo mandado por Dios.
Encontramos un ejemplo elocuente que ilustra bien ese proceder. Si Lv 10,9-11 decía a la letra: Decreto perpetuo es éste para los
descendientes de ustedes, para que puedan distinguir entre lo sagrado y lo
profano, entre lo impuro y lo puro, y enseñar a los israelitas todos los preceptos que Yahvé les ha dado por medio de Moisés, los fariseos, con ese
afán de poner un cerco en torno a la Ley –distinguir entre lo puro y
lo impuro–, prohibían efectuar cualquier actividad «pecaminosa»,
como el juntarse con publicanos o, todavía peor, compartir la mesa
con ellos.
La reclamación es hecha de forma interrogativa y dirigida no
contra Jesús, de forma directa, sino por medio de sus discípulos:
¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores? (2,16).
Se trata de preguntas de carácter retórico, ante algo que es evidente a todas luces. Sin embargo ellos no responden, sino que el
mismo Jesús es quien lo hace (2,17). Él ha venido a llamar a esta
clase de personas, no sólo para sentarse a la mesa, sino incluso para
invitarlas a un cambio de vida y, sobre todo, a ir en su seguimiento.
Lo único que pide a esa clase de personas es que se reconozcan enfermos y pecadores y se abran con humildad a la acción salvadora
de Dios.
Jesús rechaza la exclusión de los pecadores con palabras que ponen de manifiesto el amor salvador y universal de Dios a todas las
personas, de modo particular hacia los más débiles, como son los en-
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
155
fermos y los pecadores. Estos últimos son seres necesitados porque
se encuentran subyugados bajo el poder de la peor desgracia a la que
se enfrentan los humanos, el pecado que aparta de Dios.
3. Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar (2,18-22)
Terminada la discusión anterior, surge un nuevo tema polémico,
aunque con menos fuerza que el anterior. Se trata ahora del ayuno.
Esta práctica era muy apreciada en casi todas las religiones orientales antiguas y, por ende, en el judaísmo. Se trata de la abstinencia
parcial o total de alimentos y bebidas (a veces también de relaciones
sexuales). En el pueblo de Israel formaba parte de los ritos de penitencia (cf. 1 Sam 7,6; Jl 1,14; 2,15) y de duelo (cf. 2 Sam 1,12; 3,35;
etc.). Originalmente existía un día fijo de ayuno, en el «gran día de
la Expiación» (cf. Lv 16,29-31; Nm 29,7), pero después del exilio se
instituyeron más días para esta observancia (cf. Zac 7,3.5; 8,19). Con
el tiempo, se proclamaban ayunos durante situaciones críticas e incluso algunos lo hacían por iniciativa propia. La piedad judía atribuyó una importancia creciente al ayuno, hasta el punto que los sabios
compusieron la megillat ta’anit (rollo de los ayunos), donde estaban
registrados los 35 días del año en que se debía ayunar.
Con toda probabilidad los discípulos de Juan el Bautista y los de
los fariseos siguen aquella praxis enraizada en la piedad religiosa judía, por lo que quizá incluso se someten a ayunos adicionales a los
establecidos oficialmente. Ésta puede ser la razón por la que reprochan a los discípulos de Jesús que no hagan lo mismo. El reclamo es
hecho por ellos en forma de una pregunta (v. 18b), a la que Jesús
responde en tres momentos:
1) Primero formula a su vez una pregunta «metafórica», cuyo
tema es el banquete de bodas:
¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con
ellos? (v. 19a).
2) Enseguida ofrece una enseñanza, desarrollando la metáfora
anterior:
Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que
les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día (vv. 19b-20).
3) Finalmente, cambia la metáfora del banquete, presentando
dos «dichos» con temas que tienen que ver con experiencias cotidianas de la vida:
156
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
a) Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues
de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un
desgarrón peor.
b) Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el
vino reventaría los odres y se echaría a perder tanto el vino como los odres:
sino que el vino nuevo, en odres nuevos (vv. 21-22).
Jesús se presenta como el esposo que inaugura el tiempo del gozo
y de la salvación, por lo que no existe razón para estar tristes; más
aún, el ayuno –signo de luto y penitencia– queda redimensionado a
partir de esta presencia salvífica, que exige a las personas una transformación y que renueven su vida de manera radical. No basta una
simple adaptación de esquemas inveterados. La renovación interior
es absolutamente necesaria, no como quien pone un remiendo de
tela nueva en un vestido viejo, sino como quien echa vino nuevo
en odres nuevos (cf. 2,21-22).
Del mismo modo que la tela nueva no es apropiada para remendar ropa vieja, ni los odres viejos son apropiados para contener el
vino nuevo, así la vida nueva traída por Jesús no puede radicar en
estructuras y normas pasadas. El reinado de Dios conlleva un cambio radical, para experimentar la alegría de la salvación inaugurada
por el Mesías.
4. El Hijo del hombre es dueño del sábado (2,23-28)
Continuando con las controversias, en Mc 2,23–3,6 tienen lugar dos incidentes que abren paso a nuevas discusiones. El tema es
la observancia sabática, que parece estar siendo infringida por Jesús
y sus discípulos. Mientras que en el primer caso los acusados son los
discípulos, en el segundo es el mismo Jesús.
Conforme al estilo habitual de Marcos, los hechos son narrados
de forma sucinta pero muy clara:
Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas (2,23).
Los fariseos de inmediato reclaman que no está permitido hacer
eso en día sábado. El reproche de los fariseos en Marcos, a diferencia de Mateo y de Lucas, no consiste en que los discípulos recogen
las espigas para mitigar su hambre, sino en el hecho mismo de
«arrancarlas» para abrirse paso, de manera que no se trataba del
acto propiamente de «segar». De cualquier manera, la acusación
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
157
consiste en que los discípulos violan uno de los preceptos más estimados por el judaísmo: la observancia del sábado.
La infracción era considerada grave entre la mayoría de los judíos,
sobre todo para los esenios y los fariseos, de aquí que estos últimos reprochan la acción de los discípulos. Pero el Maestro les demuestra que
en la misma Escritura es posible encontrar interpretaciones menos rigurosas frente a la forma de cumplir los preceptos, entre los que queda incluido el sabático.
Jesús trae a colación una experiencia narrada en 1 Sam 21,2-7.
Aunque algunos datos no concuerdan de manera exacta con el pasaje de Marcos, permanece lo esencial: David y sus hombres entraron el santuario de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que sólo
los sacerdotes podían comer, sin que esto fuera considerado una violación del precepto. Sigue una sentencia lapidaria de Jesús, que se
convierte en un criterio básico para sus seguidores:
El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado.
De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado (Mc 2,27-28).
Al iniciar el capítulo tercero, Marcos concluye este primer ciclo
de controversias, a propósito de la curación en sábado del hombre
que tenía la mano paralizada. El relato es de milagro, pero llevado a
cabo en el contexto de la confrontación entre Jesús y sus adversarios. Mc 3,2 dice de manera expresa:
Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle;
y concluye el relato, diciendo:
En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.
OBSERVANCIA DEL SÁBADO
Aunque es difícil de definir el origen del sábado, los escritores sagrados lo remontan hasta la creación misma del universo (cf. Gn 2,13) y su observancia fue signo de la alianza (cf. Ex 31,16-17). Era un día
de culto (cf. Nm 28,9), pero sobre todo de descanso (cf. Ex 34,21;
35,3; 16,23.29; Nm 15,32-36; Is 58,13). Según algunos profetas, su observancia condicionaba la realización de las promesas escatológicas
(cf. Jer 17,19-27; Is 58,13-14). En determinados momentos de la historia de Israel se exige con mayor fuerza, como en el caso de Nehemías,
quien sostiene con firmeza la práctica integral del sábado (cf. 13,1522). A tal grado llegó la rigurosidad de ese precepto que incluso hubo
158
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
quien creyó que ni la defensa era lícita en sábado, en caso de guerra
(cf. 1 Mac 2,32-38).
Por su parte, la Mishná dedica un tratado completo a la regulación
de las actividades en sábado:
Nadie se sentará delante del barbero poco antes de la oración vespertina en tanto la haya recitado. Nadie ira al baño ni a la curtiduría, ni se pondrá a comer ni a hacer juicio. Pero si ya comenzó, no está obligado a interrumpir esos actos. Hay que interrumpirlos, sin embargo, para la recitación
del Oye, Israel; no para la recitación de la oración.
El sastre no ha de salir con su aguja cuando ya esté próximo el oscurecer, no sea que se olvide y la transporte. Tampoco el escriba ha de salir con
su pluma. Nadie despulgará sus vestidos, ni leerá a la luz de la lámpara.
Con verdad se ha dicho: el instructor puede supervisar (a la luz de la lámpara) de qué manera leen los niños, pero él no ha de leer...» (Shab I,2-3)
III. ALGUNA DE LAS LLAMADAS
«DISCUSIONES DE ESCUELA»
En el EvMc tienen lugar además otras cuatro discusiones que se
encuadran en el ámbito de una temática específica, acerca de la
cual existían opiniones de diferentes grupos, por lo que pueden recibir el título de «discusiones de escuela»: acerca del divorcio (10,212), el tributo al César (12,13-17) y la resurrección de los muertos
12,18-27) incluyendo quizás también el debate acerca del mandamiento principal (12,28-34) y del Mesías como hijo de David
(12,35-37). Sin embargo el hecho de hablar de «discusión de escuela» no significa que la polémica sea una mera ficción literaria; al
contrario, se ubican dentro de un marco de oposición real a la autoridad de Jesús, que desembocará en acusaciones serias, hasta la entrega a la muerte.
1. LO QUE DIOS UNIÓ, NO LO SEPARE EL HOMBRE (10,2-12)
La primera de las «controversias de escuela» versa en torno a un
tema frente al cual había opiniones divergentes: el divorcio (cf.
10,2-12).
Jesús abandona Galilea para dirigirse hacia Jerusalén. Pasando
hacia el otro lado del río Jordán parece evitar Samaria, conforme a
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
159
la ruta común de los peregrinos galileos. Otra vez aparece el escenario ya familiar para el lector del EvMc: mucha gente acude hacia
el Maestro y él les enseña. El evangelista mismo hace resaltar este
comportamiento típico con el verbo eiôthei (como acostumbraba) y
el adverbio palin (de nuevo).
Entonces entran en escena los fariseos y plantean a Jesús una
pregunta directa:
¿Puede el marido repudiar a su mujer? (10,2b).
En realidad el verbo griego apolýô significa «soltar», «liberar»,
«despachar, pero era usado en forma eufemística para referirse al divorcio, por eso puede ser traducido como «repudiar».
Esta forma de cuestionar de parte de los fariseos es calificada por
Marcos como «tentadora», pues era bien sabido que en el judaísmo
contemporáneo existía la posibilidad de disolver legalmente los matrimonios y el divorcio estaba previsto por la Ley. El marido tenía
derecho de repudiar a su mujer si ha encontrado en ella algo desagradable (Dt 24,1; cf. Eclo 25,26), haciendo una declaración contraria
al matrimonio: Ella no es mi mujer ni yo su marido (Os 2,4) y le daba
un libelo de repudio, que permitía a la mujer, si lo deseaba, volver a
casarse, pero no podía regresar con su primer marido (cf. Dt 24,3-4;
Jr 3,1). Sólo en muy contadas excepciones la mujer tomaba la iniciativa de repudiar al marido (cf. Documentos de Elefantina, colonia judía de Egipto, en el s. V a.C.). En la época del NT la práctica
del divorcio estaba más o menos extendida, aunque se discutía acerca de las causas del mismo. Así pues, los fariseos buscaban desafiar
a Jesús para que contradijera la Ley misma. De hecho el verbo que
aparece en el texto griego es peirazô, el mismo utilizado en 1,13,
para referirse a las tentaciones de Satanás a Jesús, en el desierto.
En la versión del evangelio de Mateo la formulación es un tanto
diversa: ¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?
(19,3), lo que le evidencia más el carácter de «discusión de escuela».
En efecto, dos de los grandes maestros judíos contemporáneos de Jesús, Hillel y Shammai, discutían respecto a las causas posibles del divorcio. Mientras que el primero defendía que el repudio sólo podía
proceder en caso de adulterio, para el segundo cualquier motivo era
suficiente, incluso llegaba hasta el extremo de enseñar que podía haber divorcio en el caso de que la mujer «dejara quemar la sopa».
Sin embargo, el interrogado devuelve la pregunta: ¿Qué les prescribió Moisés? La respuesta de ellos era la esperada: Moisés permitió,
160
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
mediante un acta de divorcio, repudiar a la mujer. Esto era inobjetable al estar escrito así en la Ley, pero a partir de esta realidad Jesús otorga un giro al tema en discusión. El Maestro transita de la
permisión, que finalmente representa una excepción a la norma,
hacia el aspecto medular, es decir, a la voluntad original de Dios. En
efecto, la permisión dada por Moisés y presente en Deuteronomio
24 constituye sólo un dato muy particular, que debe ser visto desde
una perspectiva mucho más amplia: el proyecto originario de Dios,
en la creación del hombre y la mujer. Además señala un elemento
fundamental: la causa de la permisión no tiene que ver con la naturaleza misma del matrimonio, sino que llega de fuera, como un aspecto muy posterior, por tanto, ajeno y extraño a sus orígenes.
De esta manera, Jesús confirma la prescripción de Moisés citada
por los fariseos, pero la relaciona directamente con una triste realidad: la «dureza del corazón» de los judíos. Aunque no resulta difícil
entender la metáfora, es preciso recordar que para la antropología
hebrea el corazón representa la interioridad más profunda del ser
humano, la sede de la razón, de los pensamientos y de las decisiones. Esta sklêrokardía es el resultado de la voluntad humana que en
forma continua desobedece a Dios, ante lo que poco se puede hacer
(cf. Mc 6,52; 8,17); es también la pecaminosidad que resulta de la
transgresión continua de la Ley y la insensibilidad humana (cf. Dt
10,16; Eclo 16,10). Por eso la Escritura también habla a veces de la
«circuncisión del corazón», metáfora que indica la necesidad de
la conversión (cf. Dt 10,16; Jr 4,4; Mc 3,5).
En conclusión, podemos decir que la concesión otorgada al varón israelita para que pudiera repudiar a su esposa fue en su momento un «mal menor», debido a la insensibilidad del corazón humano para atender a las instrucciones divinas. Pero ahora, con
Jesús, es preciso mirar nuevamente aquella voluntad original del
Creador. De este modo, Jesús rechaza abiertamente la opinión de
Shammai, pero tampoco comparte la de Hillel, pues éste, permaneciendo en el nivel de la casuística, no alcanzó a llegar a la raíz más
profunda en cuanto al tema del divorcio.
EL LIBELO DE REPUDIO
En la normatividad judía el divorcio se hacía efectivo a través de un documento escrito, llamado carta o libelo de repudio (sefer keritut, iggeret she-
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
161
buquin), donde el marido declara que no considera que ya más a su mujer
como su esposa. El tratado de la Mishná, llamado Guittin (Documento de
Divorcio), da varias disposiciones al respecto. Un ejemplo es el siguiente:
Todo libelo de repudio que no ha sido escrito expresamente para una
mujer (determinada) es inválido. ¿Que significa esto? Si uno pasa por el
mercado y oye la voz de unos escribas que exclaman: fulanito de tal se divorcia de fulanita de tal de tal lugar y dice: «ése es mi nombre y ése es el
nombre de mi mujer», es inválido para divorciarse de su mujer sirviéndose
de él. Todavía más. Si escribió el libelo para divorciarse de su mujer y luego se retracta y encuentra a un paisano suyo y le dice: «mi nombre es como
el tuyo y el nombre de mi mujer como el de la tuya», es inválido (el libelo)
para divorciarse con él de la mujer. Todavía más. Si tiene dos mujeres y las
dos tienen el mismo nombre y si escribe el libelo para divorciar a la mayor
de ellas, no puede divorciarse con el de la menor. Todavía más. Si dice al
escriba: «escríbeme el libelo para aquella de la que yo quiera divorciarme»,
no puede con ese libelo divorciarse de ella (Git. III,1).
2. DEVUELVAN AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR (12,13-17)
Otra «controversia de escuela» es la que tiene que ver con el
asunto del tributo al César (12,13-17). A partir del capítulo 11,
Marcos ha presentado a Jesús en la ciudad de Jerusalén. De inmediato los conflictos con las autoridades religiosas judías empiezan a
crecer de forma considerable, sobre todo a partir de la purificación
del templo (11,15-17). Este hecho provoca el reclamo y la hostilidad de los sumos sacerdotes y de los escribas, quienes buscaban la
manera de «destruirlo» (11,18). Este dato es relevante ya que es el
que va a dar pie a los pasajes subsiguientes y va a funcionar como
una especie de hilo conductor de los mismos.
Después de la maldición a la higuera (11,13-14) y de la enseñanza acerca de la fe y la oración (11,21-25), Mc 11,27-33 presenta a Jesús en discusión con los jefes. Ésta se centra en torno a la autoridad de Jesús. La reiteración misma de la pregunta es sintomática
(Mc 11,28). La parábola que sigue (12,1-11) posee referencias acerca de que la polémica está llegando a niveles muy tensos. Sin embargo esta parábola en los tres evangelios evidencia el desarrollo de
un conflicto que va alcanzando niveles significativos, hasta desembocar en la muerte de Jesús, por quienes detentan la autoridad.
La conexión entre la parábola de los «viñadores homicidas» y la
pregunta acerca del tributo al César queda bien clara en el EvMc,
162
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
porque el sujeto del verbo «destruir» en tercera persona de plural
parece adaptarse bien al grupo mencionado.
Siguiendo la narración marcana, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos envían a otros dos grupos de oponentes a Jesús:
fariseos y herodianos. De modo que con éstos suman ya cinco clases de adversarios. Hasta este momento Marcos había mencionado
sólo a las autoridades religiosas que formaban el sanedrín. Se podría
decir que el conflicto aparecía, si no exclusivo, sí de corte eminentemente religioso, frente a la autoridad de Jesús. Pero ahora, la presencia de los fariseos y sobre todo de los herodianos va dando un
giro nuevo a este conflicto, pues empiezan ya algunos sesgos de índole político, los mismos que tendrán lugar en el asunto acerca del
tributo al César. Después de esta discusión, las polémicas volverán
de nuevo a tener un carácter más bien religioso, donde la Escritura
y su interpretación jugarán un papel relevante.
Así pues, la tensión aumenta, no sólo por el contenido de las discusiones, sino también por la presencia cada vez mayor de quienes
se oponen a la autoridad de Jesús. Por eso, como si todavía fueran
pocos tales enemigos, aparecerán otros más en escena, los «saduceos».
De esta manera queda completo el «flanco adversario». Participan
en las hostilidades sobre todo autoridades religiosas, pero también
se incluyen los partidarios de Herodes. Todos ellos intentan inútilmente, sumando fuerzas y apelando a distintos argumentos, luchar
contra la autoridad de Jesús. La intención ha sido ya enunciada por
el mismo evangelista en 11,18: buscaban cómo podrían destruirlo. El
verbo apolesôsin hace referencia a una destrucción también en sentido físico.
Los enviados en 12,13 no son nombrados expresamente, pero el
contexto pide que sean los miembros del sanedrín. La intención de
matar a Jesús (cf. 11,18) es la que domina aún (cf. 12,12) e intentan
de nuevo alcanzar su objetivo. Se sirven de algunos fariseos y herodianos, quienes ya en Galilea estaban decididos a eliminarlo (cf. 3,6). Antes de cuestionarlo lo alaban (cf. 12,14). Lo reconocen como maestro
(cf. 12,19.32) y afirman con hipocresía que él no se deja influenciar
por respetos humanos, sino que tiene a la vista sólo la verdad.
La pregunta es doble:
¿es lícito o no pagar...? ¿Debemos o no pagar? (cf. 12,14).
La primera pregunta trata de la norma en cuanto tal, es decir, al
hecho de si «es lícito» o no hacer el pago del tributo, esto equivale
a: «¿se justifica según la voluntad de Dios?» (cf. 2,24.26; 3,4; 6,18;
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
163
10,2). En la segunda se trata de la consecuencia para la praxis. La
pregunta tiene que ver con una cuestión espinosa: la relación entre
Israel, el pueblo de Dios y el poder romano. Creen haber llevado a
Jesús a un callejón sin salida. Si aprobaba el tributo reconocía al Estado pagano y así se ganaba la hostilidad del pueblo (podían considerarlo aliado del poder opresor). Si desaprobaba se ponía en contra del emperador y podían acusarlo de sedición.
Jesús intuye la trampa:
¿Por qué me tientan...? (Mc 12,15).
De nuevo aparece el verbo peirazô, el del pasaje de las tentaciones (cf. Mc 1,13). No acepta la formulación de la pregunta, pero
aduce una práctica cotidiana. Pide que le presenten un denario y
que le describan la imagen y la inscripción impresas en la moneda,
que en ese tiempo tenía la imagen de Tiberio, con el nombre y el título. Con el denario se pagaba el tributo. Acuñar monedas era un
derecho de la autoridad estatal. Quien hace uso de la moneda, reconocía de hecho esta autoridad.
Así dice Jesús:
Devuelvan al César lo que es del César (Mc 12,17).
Esta traducción refleja mejor el verbo griego apodídomi (devolver).
Lo que sería lo mismo, «si ya tienen ustedes la moneda que viene del
César, hagan uso de ella, con esto reconocen este ordenamiento y así
lo viven». El tributo no es un problema nuevo, «regresen por tanto al
emperador, lo que de él ya han aceptado». Jesús no se enreda en una
discusión teórica, sino que indica a los interlocutores la consecuencia
de lo que ellos hacen en su actuar cotidiano. Pero de inmediato añade: «a Dios lo que es de Dios». Esta exigencia ocupa el puesto supremo, y a ella está subordinado el comportamiento con relación al emperador. Jesús, por tanto, da aquí el principio fundamental, sin entrar
en particulares, de lo que se debe al César y a Dios.
Jesús no se coloca en el flanco revolucionario sicario-zelota, no
asume una actitud de abierta rebeldía ante el César, ni reclama una
teocracia; pero tampoco le reconoce una soberanía absoluta. Más
bien Jesús redimensiona el lugar del poder humano en el ámbito del
reinado absoluto de Dios que él, como Mesías, anuncia e inaugura.
Partiendo del contexto concreto de la respuesta de Jesús, se deduce que el campo de los derechos de Dios es ilimitado, mientras el
poder del César no puede tener las mismas prerrogativas. Quita así
a todo poder humano la patente de sacralidad, aun cuando ésta pre-
164
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
tenda ser en nombre de Dios. Sólo las cosas de Dios tienen un carácter absoluto y cualquier pretensión teocrática es insostenible.
Así pues, no existe problema para que se restituya al César lo que
le pertenece y está señalado por su propia efigie y nombre. No parece que pagar el tributo pueda ser tipificado por Jesús como un acto
idolátrico. Inmediatamente después, al tratar el tema del mandamiento principal, él va a declarar que sólo Dios es Dios, que sólo a
él corresponde la adoración del hombre y que el prójimo debe ser
amado como cada uno se ama a sí mismo (12,28-34). Sobre estos
principios deben ser regulados los comportamientos hacia el emperador, comportamientos que no pueden oponerse a un deber fundamental. Dentro de este marco, existe ciertamente el espacio adecuado para respetar las órdenes y disposiciones del emperador.
DOS TESTIMONIOS EXTRACANÓNICOS DEL TRIBUTO AL CÉSAR
1. El Evangelio de Tomás (Ev.Th. 100)
Este evangelio es uno de los textos más importantes hallados entre
los textos gnósticos de Nag Hammadi (Egipto, en 1946). Es una colección de 114 dichos de Jesús. Uno de ellos se refiere al tributo con estas palabras:
Presentaron a Jesús un pedazo de oro, y ellos le decían: la gente del
César exige de nosotros tributos. Él les dijo: Lo que es del César, denlo
al César; lo que es de Dios, denlo a Dios; y lo que es mío, dénmelo a mí.
En esta presentación de Tomás no aparece la pregunta y mucho
menos el debate. La última línea representa un añadido, que viene a
«cristologizar» la tradición. A pesar de haber sido sacada de su contexto polémico, queda claro que la sentencia de Jesús fue transmitida
fielmente, lo que pone en evidencia su valoración.
2. El Papiro Égerton (2,3)
Este fragmento de manuscrito, muy dañado por cierto, se remonta a la primera mitad del s. II d.C. Contiene un texto con muchas lagunas, por lo que las reconstrucciones son sólo hipotéticas. Sin embargo, es posible por lo menos evaluar las diferencias entre el texto
de Marcos y este testimonio de tradición. Ponemos entre corchetes
la posible reconstrucción de la parte dañada.
(3) ... [vi]enen a él para ponerle una prue[ba] y tentarlo, en tanto [ellos
dijeron]: «Maestro Jesús, sabemos que tus habilidades vienen [de Dios].
Por lo que tú das test[imonio] superior (al) de todos los profetas. [Por tan-
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
165
to di]nos: ¿es admisible [pa]gar al rey los (impuestos) relacionados con
sus normas? [¿Debemos] pagar [l]os o no? Mas Jesús observó a través de sus
[in]tenciones, se irri[tó] y les dijo: «¿Por qué me llaman Maestro con su
[bo]ca, pero no [hacen] lo que yo digo? Bien ha profetizado Is[aías] respecto a ustedes diciendo: Este [pueblo honra] a mi con su[s la]bios pero su corazón está lejos de mí; [su culto es] vano. [Enseñan] preceptos [humanos]».
Como se puede notar, al contrario del testimonio anterior, el Papiro Égerton no conserva la sentencia, pero sí la pregunta. El tema es
ciertamente el pago del tributo al César. La respuesta de Jesús a la pregunta está tomada de otro pasaje evangélico.
3. ¿CUÁL ES EL PRIMERO DE TODOS LOS MANDAMIENTOS? (12,28-34)
La última controversia versa en torno al mandamiento principal. No se trata de un debate en sentido estricto, ya que ni el que
interroga es presentado como un adversario, ni se menciona algún
interés explícito por poner a prueba a Jesús. El escriba que se acerca es presentado más bien como testigo de discusión precedente.
Impresionado por lo que ha escuchado, se ve motivado a lanzar una
pregunta. Llama la atención que se trate precisamente de un escriba. Acomodaría mejor a un gentil que quisiera hacerse prosélito, no
a un maestro de la Ley. Por este motivo se puede clasificar entre las
controversias.
En el AT, los mandamientos por una parte constituyeron el deseo
de ayudar a los hombres a resolver los problemas con los que se enfrentaban en su existencia cotidiana, como aparece en los diversos
códigos de leyes: Código de la alianza, deuteronómico, de santidad...
Por otra parte, toda esa diversidad de preceptos, máximas, decretos,
ordenanzas, etc., quedan unificados bajo el título de Torah (Instrucción, Ley, cf. Dt 1,5; 4,8.44). De este modo todos los mandamientos
se definen como una revelación divina hecha a Israel por Dios,
quien transmite su contenido por medio de sus mediadores.
En tiempos de Jesús, los maestros en Israel hablaban de 613
mandamientos, divididos en «pesados» y «ligeros», sin embargo
muchos exigían el cumplimiento cabal de todos y cada uno de ellos,
por lo cual algunos maestros, como Shammai, se negaban rotundamente a hablar de un mandamiento supremo, pues se temía que tal
actitud fuera en detrimento de los restantes. Otros, como Hillel, no
encontraban dificultad en pronunciarse al respecto.
166
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
En su respuesta, Jesús cita primero Dt 6,4-9, la confesión de un
solo Dios, al que es necesario amar por encima de todo, añadiendo el
mandamiento acerca del amor al prójimo expresado en Lv 19,18. El
amor a Yahvé era la respuesta al amor, que él mismo había regalado
a su pueblo en su conducción bondadosa. En el Deuteronomio se entendía de manera similar al amor de un hijo hacia su padre, mientras
que en el profeta Oseas se entendía como un amor de esposos.
EL SHEMA
Muy apreciada en el pueblo de Israel era la recitación del shema. Se
trata ante todo de la recitación del texto constituido por Dt 6,4-9,
cuya primera palabra es precisamente shema (escucha). Todo israelita
varón debía repetir mañana y tarde este texto, que recordaba con agradecimiento la elección del pueblo. Se solía llevar también el texto escrito en las llamadas filacterias atadas a la vestidura de los judíos; sobre todo los fariseos eran quienes apreciaban mucho esa práctica, al
grado que las llevaban no sólo para la oración, sino durante el día. Las
filacterias eran esas pequeñas envolturas de cuero que contenías tiras
de pergamino en las que se escribían los textos sagrados, a partir de
una interpretación literal de Ex 13,9.16; Dt 6,8; 11,18.
El shema subraya la idea de la unicidad de Yahvé, en contraposición a los muchos dioses de los pueblos paganos, pero también en
contraposición a la pluralidad de lugares de culto y tradiciones de
Yahvé que comparten entre sí. Este texto tomado del Deuteronomio constituye una especie de resumen supremo de la voluntad divina; consiste en amar al único Dios con todas las fuerzas y capacidades que han sido dadas al ser humano.
La formulación del amor a Dios en el EvMc tiene cuatro elementos:
– con todo tu corazón (kardía),
– con toda tu alma (psixê),
– con toda tu mente (dianonia),
– con toda tu fuerza (isxys).
Esta enumeración no se refiere a facultades independientes, sino
que ponen de relieve la totalidad de la persona. Mientras el texto
hebreo de Dt 6,5 habla sólo de corazón, alma y fuerza, Marcos añade mente, para darle mayor énfasis a la expresión.
LA BUENA NOTICIA EN CONTROVERSIA
167
Junto a ese gran mandamiento, Jesús coloca el del amor al prójimo, inspirado en Lv 19,18. En Marcos, a diferencia de Mateo, no se
dice que éste sea igual al primero, pero la colocación inmediata en
que se encuentra uno detrás del otro, sugiere de suyo la equiparación. Ésta representa algo inédito en el judaísmo. En efecto, la generalidad de los miembros de Israel tenía la firme convicción de que
lo más importante en la vida era amar a Dios, como se recitaba en
el shema, pero no pensaban que este «gran mandamiento» tuviera
equiparación alguna. Los resúmenes rabínicos de la Ley no pueden
compararse con esta reducción a dos mandamientos fundamentales.
Es cierto que con el tiempo algunos maestros pusieron de relieve el
valor de Lv 19,18, como un gran principio general de la Torah,
como Rabí Aquiba y Rabí Hillel. Este último propuso la «regla de
oro» como resumen de toda la Ley.
El escriba, quien por su profesión misma debía estar en capacidad de distinguir entre los preceptos «pesados» y «ligeros», da una
respuesta que corrobora lo dicho por Jesús. Repite lo dicho por el
Señor, introduciendo variaciones y abreviando. Acentúa la unicidad de Dios y une también el amor al prójimo al amor a Dios, quedando puesta aún más de relieve la equiparación de ambos. Además
añade un comentario: el amor a Dios y al prójimo tienen un valor
superior a los holocaustos y sacrificios. Esta afirmación –que no es
sino una crítica directa al templo y al culto– en Marcos alcanza una
fuerza especial al ser puesta en labios de un «maestro de la Ley».
Jesús reconoce la sensatez de la respuesta del escriba cuando afirma que éste no se encuentra lejos del Reino de Dios. Al mismo
tiempo, Jesús se presenta como el Maestro revestido de toda autoridad.
RECAPITULACIÓN
El EvMc no duda en echar mano de los recursos practicados en
diferentes ambientes, como vehículos para las enseñanzas. De este
modo utiliza las «controversias». Tales discusiones tienen lugar en
el evangelio, por una parte, en razón de la maldad o de la oposición
contumaz de los adversarios, entre los que destacan los escribas y fariseos, frente a la Buena Nueva anunciada por Jesús; pero por otra
parte también fueron cultivadas por los maestros para presentar sus
enseñanzas, y aprender a usar la Escritura.
168
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
El EvMc presenta una serie de controversias propiamente tales,
es decir, discusiones que surgen por la oposición de los grupos hostiles a Jesús y a su mensaje; pero, al mismo tiempo, se vale de este
género literario para dar una enseñanza, lo que hemos denominado
«controversias de escuela», o sea, polémicas en torno a determinados temas.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer detenidamente los textos donde tienen lugar controversias, tratando de descubrir: motivo de la discusión, desarrollo de la
misma y conclusión. Confrontarlas entre sí y detectar la estructura
fundamental de cada una y de todas en su conjunto.
2. En las controversias propiamente dichas, observar con atención
las formas de argumentar tanto de Jesús, como de sus adversarios, poniendo especial interés en los aspectos que denotan la autoridad mesiánica del Señor frente a quienes se oponen a su persona y a su mensaje.
3. En el pasaje de las espigas arrancadas en sábado (Mc 2,23-26),
describir cómo aparece el tema principal de la controversia, la relación entre el quebranto del precepto sabático y el de comer panes reservados a los sacerdotes. ¿Hacia dónde quiere llevar la argumentación
hecha por Jesús? ¿Qué alcance tiene la expresión: El Hijo del hombre
también es señor del sábado?
4. Analizar la forma como se utiliza la Escritura en las distintas
controversias.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Muchas de las controversias que enfrentó Jesús se debieron a
actitudes intolerantes de sus adversarios que consideraban que el cumplimiento legal era el valor más alto en la vida de los miembros del
pueblo hebreo. ¿Qué tan tolerantes somos nosotros en la relación con
nuestros prójimos?
2. ¿Cómo podemos redimensionar, desde nuestra fe en Cristo y
desde el seguimiento, como discípulos suyos, el cumplimiento de leyes
y preceptos, tanto civiles como religiosos?
3. ¿La caridad con el hermano es verdaderamente la norma suprema de nuestro actuar?
CAPÍTULO IX
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
En Mc 13 aparece el segundo de los discursos de Jesús que tienen
lugar en este evangelio, que, como hemos observado antes, siendo
el más primitivo prefiere los textos narrativos ante los discursivos.
Aquí el evangelista interpreta el tiempo presente con predicciones
de los profetas y del mismo Jesús. Se trata de un «apocalipsis» en
sentido estricto, según el modelo de los textos pertenecientes a este
género literario.
A partir del s. II a.C. en el ámbito judío tuvo lugar una amplia y
muy prolija producción literaria apocalíptica, continuada por una
vigorosa corriente cristiana que se inspiró en ella y siguió sus modelos. Los apocalipsis judíos, a partir de su prototipo, el libro de Daniel, recurren a la profecía del AT para describir el presente, como
preparación para el final futuro y para interpretarlo; por lo cual muchas veces resulta bastante difícil distinguir entre las afirmaciones
referentes al fin del mundo, de las que atañen al presente o, por lo
menos, a un tiempo anterior al final. Se trata básicamente de una
lectura de la historia en clave de esperanza, para invitar a vivir en
actitud de fe el momento actual, caracterizado por las tribulaciones
y desafíos que es preciso enfrentar con la seguridad absoluta de que
Dios dará la victoria final a los que se mantengan fieles.
Mc 13 constituye un discurso de Jesús amplio y continuo, con
características muy especiales que salen de los esquemas habituales
del primero de los evangelios, cronológicamente hablando. El mismo estilo es diverso a las otras palabras del Señor. Es probable que
este ejemplo de pieza apocalíptica cristiana represente un intento
de ubicar a los creyentes en Cristo frente a las falsas predicciones de
supuestos profetas, quienes aseguraban que la guerra de los romanos
170
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
contra los judíos tendría como consecuencia inmediata el fin del
mundo.
Aunque no se puede descartar que el mismo Jesús, durante su ministerio terreno, por los años 30, haya podido referirse de alguna manera a su retorno al fin de los tiempos, tampoco se puede asumir sin
más que él haya pronunciado un discurso apocalíptico, en el tenor
en que aparece en los pasajes evangélicos. Además del estilo literario específico, los mismos elementos que tienen lugar en el discurso
acusan un tiempo posterior, cercano a la destrucción de Jerusalén.
La sublevación de los judíos, con la consecuente represión por
parte de los romanos, tuvo lugar del año 66 al 70 d.C. Esta guerra
trajo como consecuencia la devastación de Jerusalén y del Templo.
No quedó «piedra sobre piedra». En una situación tan crítica no resulta extraño que entre los judíos y entre los mismos cristianos se
percibiera la cercanía de un inminente fin, lo que despertó con fuerza las expectativas escatológicas y producción literaria apocalíptica.
I. LOS MOTIVOS DEL «DISCURSO APOCALÍPTICO»
EN EL EVANGELIO DE MARCOS
Algunos detalles del discurso de Mc 13 acusan un fondo apocalíptico tradicional, tales como persecuciones y calamidades (cf. 13,7.8.9
y 12); se habla también de la abominación de la desolación (cf. 13,14,
con referencia segura al «ídolo abominable» al que alude a Dn
11,31) y de la venida del Hijo del hombre (cf. 13,24-27). Todos
ellos son temas clásicos de la apocalíptica judía. Sin embargo hay
que notar como también tiene lugar una serie de elementos que son
ciertamente de inspiración cristiana, como Mc 13,9.13, que refieren
el anuncio de las persecuciones por causa de Cristo, lo mismo que
Mc 13,10, que se refiere a la evangelización de los paganos, y Mc
13,11, que incluye la promesa de la asistencia del Espíritu Santo.
No existen razones suficientes para dudar de la autenticidad de
las palabras de Jesús respecto a su venida definitiva, la presencia escatológica del Hijo del hombre, que se conoce como su «parusía».
Pero a esto es preciso reconocer que se añadieron predicciones sobre la destrucción de Jerusalén y del templo, desde una perspectiva
crítica profética, conforme al estilo de la denuncia hecha por los
profetas del Antiguo Testamento, sobre todo Miqueas y Jeremías,
más que desde una visión futurista adivinatoria. Lo que también re-
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
171
sulta probable es que, con el transcurso del tiempo, se fue propiciando que crecieran estas tradiciones en el seno de las comunidades cristianas.
El momento clave fue sin duda la guerra judía, que provocó la
destrucción de la «Ciudad Santa» y de su Templo. Todo parece indicar que cuando Marcos concluyó la redacción de su evangelio
(quizá alrededor del año 70) enfrenta un movimiento apocalíptico
entusiasta dentro de las comunidades cristianas, que percibe en la
catástrofe los signos precursores del retorno de Cristo.
El discurso abre con un comentario con tono de admiración, hecho por uno de los discípulos de Jesús:
Maestro, mira qué piedras y qué construcciones (Mc 13,1).
La ampliación y el embellecimiento del templo de Jerusalén impulsados por Herodes era, desde luego, motivo de admiración por
parte de muchos, entre los que también se cuentan los discípulos de
Jesús. Pero mientras que para quien hace el comentario la visible
majestad del edificio contiene un reconocimiento de su solidez, para
el Maestro de Nazaret esta misma solidez es negada por el anuncio
de la destrucción. Enseguida, el evangelista presenta a un reducido
grupo –Pedro, Santiago, Juan y Andrés–, que, a partir del anuncio
que Jesús acaba de hacer, quieren saber más (cf. Mc 13,3-4).
El que Marcos mencione el monte de los Olivos no carece de significado. La inquietud de ellos, por lo menos de los tres que lo
acompañarán en su agonía (cf. Mc 14,33), apunta de modo implícito hacia el lugar donde podrán encontrar la respuesta a su pregunta. Pero los discípulos no se contentan sólo con la Palabra, sino
que quieren conocer signos y no sólo ya acerca de la destrucción del
Templo, sino del fin de todas las cosas.
EL TEMPLO DE JERUSALÉN
La admiración por el templo de Jerusalén está atestiguada, quizás
con un poco de exageración, por el historiador judío-romano Flavio
Josefo, con las siguientes palabras:
Al aspecto exterior del Santuario no faltaba nada de cuanto puede causar impresión en el ánimo o en los ojos. Recubierto como estaba por todas
partes con gruesas planchas de oro, desde que apuntaba el sol despedía un
resplandor vivísimo, y a los que se empeñaban en mirada les hacía apartar
los ojos como los rayos solares. A los extranjeros que llegaban a la ciudad
172
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
aparecía desde lejos como un monte lleno de nieve, porque donde no estaba
dorado era blanquísimo. De su techumbre sobresalían unos pinchos de oro
agudísimos con el fin de que ningún pájaro se posara sobre ella y la ensuciase. Algunas de sus piedras tenían cuarenta y cinco codos de largo. Cinco de alto y seis de ancho (Guerra Judaica V, 222-224).
II. ESTRUCTURA DEL DISCURSO
El discurso apocalíptico de Mc 13 posee tres partes bien delimitadas:
a) La primera parte (13,1-13) indica que los preparativos para la
guerra que está por venir no corresponden con exactitud a los signos del fin del mundo, sino más bien que ahora es tiempo para
anunciar el evangelio por todo el mundo.
b) La segunda parte (13,14-27) apunta más hacia el final de los
tiempos, donde el hecho central es la venida de Jesucristo. Sin embargo los acontecimientos predichos testimonian que ya desde ahora se vive el tiempo escatológico: la profanación del Santuario y la
destrucción de Jerusalén. Jesús exhorta a los suyos para mantenerse
firmes y resistir las calamidades.
c) La última parte (13,28-37) contiene una serie de advertencias con lenguaje parabólico, pero también palabras de aliento para
enfrentar todo tipo de situaciones adversas. La imagen de la higuera que echa brotes invita a estar atentos a los signos de los tiempos.
El portero de la casa es un ejemplo claro de vigilancia.
a) Primera parte: Signos precursores, falsos y auténticos (Mc 13,1-13)
En esta primera parte del EvMc se pueden distinguir dos secciones:
• La introducción (13,1-4), donde tienen lugar los motivos del
discurso.
• La aclaración y rechazo de las falsas profecías (13,5-13).
En Mc 13,5-13 Jesús empieza por desechar un cierto número de
signos engañosos. Se trata de no dejarse seducir por pretendidos y
falsos «mesías» y de no tomar como signos del fin los hechos negativos usuales que afectan y desgarran a la humanidad, tales como guerras, terremotos, hambrunas y con ellos toda clase de desgracias. Pero
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
173
en este mismo contexto también los discípulos quedan involucrados:
diversas persecuciones y violencias sufridas por dar testimonio (13,9),
la predicación del Evangelio a todas las naciones (13,10), el testimonio con la ayuda del Espíritu Santo (13,11), ruptura incluso con
la propia familia a causa de la fidelidad a Cristo (13,12) y el rechazo
del mundo por dar testimonio del nombre de Jesús (13,13).
Mc 13,5-6 responde ya a las dos preguntas formuladas en el v. 4.
Pronuncia una advertencia contra los profetas y mesías falsos, pero
en primer lugar hace una advertencia a quienes lo escuchan y con
ello a todos los lectores potenciales del EvMc, para que no se dejen
engañar y para que su motivación no sea la simple curiosidad, sino
una actitud de vigilancia auténtica. Llegarán muchos usurpadores
del nombre de Cristo, quienes de hecho lograrán engañar a todos
los que se dejen. Aquí Marcos juega con los términos planaô (engañar) y polloí (muchos), estableciendo una contraposición entre los
discípulos que deben cuidarse de que aquellos «muchos» no los engañen y los «muchos» que sí serán engañados.
Jr 14,14-16 había predicho que en el futuro habrían de aparecer
falsos profetas, «en nombre de Yahvé»:
Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no les he enviado ni
dado instrucciones, ni les he hablado...
De manera semejante procede ahora Jesús, pero además ahora
estos falsos profetas vienen usurpando el nombre del mismo Cristo.
Predice además que esos falsos profetas encontrarán muchos seguidores.
Las falsas profecías son rechazadas por Jesús. Las noticias acerca de
los preparativos para la guerra contra Jerusalén no deben ser interpretados como el inicio del fin del mundo, al estilo de Dn 9,26. Al
contrario, los acontecimientos tan desafortunados que están ya ocurriendo, como guerras, terremotos y hambrunas, tienen que acontecer, pero todavía no es el final.
Los discípulos, y los lectores en general del EvMc, son alertados
para que tengan cuidado. El discurso anuncia la suerte de la comunidad en medio de tales dificultades frente a la guerra, pero sobre
todo le recuerda lo que implica su misión y su testimonio, en una
doble perspectiva:
• En el ámbito del judaísmo los discípulos de Jesús serán entregados a tribunales locales y a las sinagogas por causa de Jesús
y serán azotados como si se tratara de apóstatas.
174
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
• En el ámbito pagano, por su parte, tendrán que comparecer
ante gobernadores y procuradores romanos.
El dato de este discurso escatológico en labios de Jesús, que se refiere al hecho de que al final de los tiempos se predique el Evangelio a todos los pueblos, es otro indicio claro de que ese final tardará
todavía en llegar (cf. 13,10). El anuncio está en perfecta conexión
con el testimonio antes aludido. El mismo Espíritu Santo que acompañó el ministerio terreno del Señor también acompañará a los discípulos en la misión que se les confía.
La finalidad principal de la exhortación es invitar a los oyentes
(lectores) a perseverar con fe hasta el final. Advierte con claridad
que el camino del seguimiento a Jesús es difícil, ya que implica una
serie de sufrimientos por su causa. Ser rechazados, perseguidos, etc.
En pocas palabras, deben correr la misma suerte del Maestro. Igual
que en Mc 8,35, advierte que sólo quien permanezca firme encontrará la salvación.
Jesús da tres indicaciones básicas a sus discípulos: con mirada crítica sobre la historia deben advertir los falsos signos, ellos mismos
estarán implicados en los acontecimientos y deberán perseverar
para ser salvados.
b) Segunda parte: fin de los tiempos y la venida del Hijo del hombre
(13,14-27)
El acontecimiento central que se espera para el final de los tiempos será la venida gloriosa de Jesucristo. Aunque en realidad esta
venida aparece casi hasta el final de la sección (13,26-27), toda la
secuencia del discurso va dirigida para desembocar en ella.
La segunda parte del discurso tiene que ver con las preguntas formuladas desde el v. 4:
¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse?
Aunque Jesús no responde de manera directa a las cuestiones, sí
trata acerca de los signos que habrán de acompañar el fin de los
tiempos y la llegada del Hijo del hombre.
Después de anunciar lo que serán únicamente «signos precursores» (13,1-13), indica uno que destaca de modo especial: «el ídolo
abominable» («la abominación de la desolación»), el cual parece
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
175
estar referido a la profanación y consecuente destrucción del Templo. El término griego bdélygma designa en el AT un objeto de abominación, de manera particular la imagen de un ídolo (cf. Dn 9,27;
1 Mac 1,54; 6,7). No es difícil pensar que cuando el EvMc anuncia
para el futuro una abominación similar a la descrita por Daniel y
Macabeos, pueda tener como trasfondo las intenciones del emperador Calígula (muerto en el año 41 d.C.) de colocar una estatua del
César en el templo de Jerusalén.
Estos acontecimientos deben servir a los cristianos de Judea
como señal para la huida hacia los montes, a causa del inminente
peligro que se avecina. La huida es presentada como una acción necesaria ante el estallido de la guerra. Los montes, además de ser el
lugar habitual para la retirada (cf. 1 Mac 2,28), son también un lugar seguro, pues la tentación de ir a la ciudad de Jerusalén podría resultar más que contraproducente, pues allí está el «ojo del huracán», el foco de las hostilidades. Aunque de hecho la comunidad
cristiana de Jerusalén antes de la llegada de los romanos huyó más
bien hacia el otro lado del Jordán, a la región de Pella.
Además de la huida, el EvMc utiliza otras imágenes para describir el drama que se aproxima. El hombre sobre el terrado y el
campo ayudan a describir el terror que vendrá como consecuencia.
El terrado solía servir como sitio para guardar provisiones, pero
también como lugar de estancia (cf. 1 Sam 9,25), algunas veces
como escondite (cf. Jos 2,6) e, incluso, como lugar de oración (cf.
Hch 10,9). Aquí parece aconsejar que resulta mejor estrategia quedarse ahí que intentar inútilmente regresar y recoger algo de la
casa. En este mismo sentido apunta la imagen del hombre en el
campo.
El discurso no pasa por alto las dificultades más apremiantes,
como es el caso de las mujeres con niños pequeños, cuya dificultad
es todavía mayor a la del común de la gente; a ésta se añaden también otras como el tiempo, en este caso el invierno. Ante tales situaciones es preciso recurrir a la oración.
UNA FUGA DRAMÁTICA, DESCRITA POR F. JOSEFO
Los partos deliberaron sobre lo que convenía hacer, pues no se atrevían
a atacar abiertamente a un hombre como aquél, y postergaron su decisión.
Herodes, muy preocupado, e inclinándose a creer más bien lo que le decían
176
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
sobre su hermano y la perfidia de los partos, que a la aparente buena fe de
éstos, determinó fugarse de noche, como si dudara de los peligros que le amenazaban de parte de los enemigos. Reunió a los soldados de que disponía,
cargó en las bestias a las mujeres, su madre, su hermana y la hija de Alejandro hijo de Aristóbulo, a la que pensaba tomar por esposa, y a su hermano menor, con los criados y demás acompañantes, y se dirigió a Idumea, ignorándolo sus enemigos. Nadie que los viera podría ser tan duro de corazón
que no se apiadara de los fugitivos: las mujeres llevando a sus hijos de corta
edad, abandonando con lágrimas y gemidos a su patria y a sus amigos cautivos, y sin muchas esperanzas de salvarse (Ant. XIV, 13,7 [354]).
Mc 13,21-23 Jesús vuelve a las advertencias ya hechas antes
(13,5-8) y que competen de modo más directo a sus discípulos: estar
prevenidos contra los «falsos cristos» y contra los «falsos profetas» y
no dejarse engañar por supuestos signos y prodigios. El Maestro aprovecha las interrogantes planteadas para advertir a sus discípulos acerca de algo trascendente: ellos están puestos frente a sí mismos, ante
la advertencia de la prudencia y frente a la llamada a la vigilancia y
al testimonio en los tiempos difíciles de la historia humana.
Pero Jesús va más allá todavía. Indica ahora el punto final de la
historia, describiéndola en los términos de la literatura apocalíptica.
En este contexto anuncia la manifestación del Hijo del hombre que
viene sobre las nubes del cielo. Este acontecimiento, en contraste
con los signos mencionados antes, se aparta de los hechos que pueden ser constatados en la historia humana. Éste es propiamente el fin
y no un anuncio del mismo. Por su carácter de único, es el hecho sobre el que nadie podrá equivocarse, pues se trata de un acontecimiento que nunca antes ha sucedido, ni volverá a suceder de nuevo.
La venida definitiva del Hijo del hombre es descrita con signos
cósmicos impresionantes, dignos de acompañar el momento culminante de toda la historia:
Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la
luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas
que están en los cielos serán sacudidas... (Mc 13,24-25).
Esta descripción posee trasfondos bíblicos significativos:
• Por una parte trae a la mente las palabras de Is 13,10. El escenario es formidable y terrible, pero otorga un gran énfasis a la
llegada solemne y majestuosa de Jesús, quien aparece con toda
«la gloria de su Padre entre los santos ángeles» (Mc 8,38).
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
177
• Por otra parte, se alude a las imágenes apocalípticas del libro
de Daniel, de modo especial la descripción acerca del Hijo del
hombre hecha por 7,13-14.
Todo esto confiere una importancia singular a la llegada del Señor, pero al mismo tiempo destaca la salvación de los elegidos. Se
anuncia expresamente la convocatoria de todos los elegidos del
mundo. De este modo, Jesús se espera como el Hijo del hombre «daniélico», quien aparecerá al final con todo el poder de Dios y reinará sobre todos sus elegidos.
c) Tercera parte: Advertencias con lenguaje parabólico (Mc 13,28-37)
Enseguida el discurso apocalíptico presenta nuevas advertencias
de Jesús a sus discípulos (Mc 13,28-37). La utilización del lenguaje
parabólico confirma que no hay una comprensión adecuada de los
discípulos. Jesús les invita constatar, en la historia humana, que el
final está a punto de llegar, lo mismo que cuando la higuera echa yemas el campesino sabe que el verano está próximo. Es precisamente en este contexto donde Marcos inserta las dos imágenes parabólicas a las que ya hemos aludido antes.
III. LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (13,24-37)
El tema fundamental en torno al cual gira el discurso apocalíptico del EvMc es sin duda la venida del Hijo del hombre. Los episodios iniciales: predicción de la destrucción del Templo (13,1-4), el
comienzo de las tribulaciones (13,5-13) y la catástrofe sobre Jerusalén (13,14-23) funcionan como escenarios preparatorios para la llegada del Hijo del hombre con su manifestación gloriosa.
1. ENTONCES VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE (13,24-27)
Después de mencionar los acontecimientos terrenos que precederán al momento central, el EvMc da un giro a su narración. Inicia con un «pero», que introduce el gran cambio. Ahora entran en
juego otros elementos cósmicos que rebasan el ámbito simplemente terrenal y que otorgan un carácter majestuoso a lo que se dispo-
178
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
ne a relatar. Las referencias al sol, la luna y las estrellas pertenecen
con toda claridad al género literario apocalíptico.
Las tribulaciones en la esfera terrena han pasado y los acontecimientos adquieren dimensiones mayores, donde el cosmos mismo
queda involucrado. El texto de Marcos parte de trasfondos bíblicos
que tienen que ver con el juicio de Dios, como el oráculo contra Babilonia que tiene lugar en Is 13,10:
Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión no alumbren ya,
esté oscurecido el sol en su salida y no brille la luz de la luna.
Asimismo resuena también el texto de Is 34,4, en la versión griega de la Septuaginta:
Todas las estrellas caen como hojas de la viña y como follaje de la higuera (cf. Jl 2,10-13; 4,15).
Las imágenes que tienen lugar en ese trasfondo bíblico cumplen
con la función de presentar de manera muy elocuente y enfática el juicio de los malvados, que no se circunscribe sólo a la destrucción temporal de los mismos. La sentencia de Dios va acompañada de expresiones magníficas «supraterrenales» que ponen en evidencia su poder
y majestad y que preparan con mayor énfasis el escenario que sigue.
El punto culminante de todo el drama descrito es precisamente
la aparición del Hijo del hombre. Éste es el título con el que con
frecuencia Jesús utiliza para designarse a sí mismo en los evangelios.
Es difícil descubrir todo el alcance de un calificativo que seguramente también tiene su trasfondo en el AT.
La expresión hebrea (ben ‘adam) y aramea (bar ‘enash) «hijo de
hombre» muchas veces es un sinónimo de «hombre», es decir, designa un miembro de la humanidad, descendiente de Adán, el padre de
la raza humana («hijo de humanidad»). En varios textos del AT esta
expresión designa la fragilidad (cf. Is 51,12; Job 25,6) o la pequeñez
delante de Dios (cf. Sal 8,5; 11,4) e incluso la condición pecadora (cf.
Sal 14,2-3). El uso de esta designación que hace Ezequiel muchas veces subraya la distancia entre Dios y el profeta (cf. 2,1.3).
Sin embargo, un cambio radical tiene lugar en la literatura apocalíptica, de modo particular en el libro de Daniel. Aquí se describe
la sucesión de los imperios humanos que están a punto de derrumbarse, abriendo paso al Reino de Dios. Para esto se vale de una serie
de imágenes impresionantes: los imperios son bestias que surgen del
mar, pero son despojadas de su poder cuando comparecen ante el tribunal de Dios, al que representa con rasgos de un anciano. Entonces
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
179
ocurre un acontecimiento inesperado: un personaje del que se dice
que era «como hijo de hombre» avanza hasta el tribunal de Dios y
recibe la soberanía universal:
... Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un hijo de hombre. Se
dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio,
honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás (7,13-14).
A pesar de que no es fácil explicar el origen de esa imagen daniélica, posiblemente hay que buscarlo en la personificación de la
sabiduría divina, más que en supuestas leyendas extrabíblicas (como
el mito iranio del «hombre primordial» que vendría como salvador
al fin de los tiempos); sin embargo, lo importante es el aporte que
hace Daniel a esta figura enigmática.
Ahora bien, si consideramos la semejanza de los géneros literarios, apocalípticos ambos, de Dn y del EvMc, no cabe duda que este
último pudo muy bien tener en mente al primero. El Hijo del hombre, para Marcos como para sus lectores, es Jesús. Las nubes sobre
las que aparece lo presentan como el Mesías triunfante y glorioso.
El gran poder y esplendor que le rodean subrayan aún más su majestad, que destaca por encima de la oscuridad y del caos. Pero lo
que más resalta es que se le ve venir.
El lenguaje impersonal hace pensar que los principales destinatarios de la interpelación son los enemigos, impíos y pecadores. El Hijo
del hombre viene a juzgarlos y este juicio habrá de consumarse cuando éstos le vean venir. Pero, al mismo tiempo, los miembros de la comunidad a la que se dirige el EvMc son también interpelados y deben
aprestarse para ese acontecimiento y participar de la gloria del Mesías.
2. APRENDAN DE LA HIGUERA (13,28-30)
La primera imagen utilizada para hablar del fin es la de la higuera.
El EvMc llama parabolê al dicho de Jesús, aunque no se trata de una
parábola en sentido estricto, sino más bien de una imagen parabólica:
De la higuera aprendan esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Así también ustedes,
cuando vean que sucede esto, sepan que Él está cerca, a las puertas.
Jesús invita a sus oyentes a aprender de lo que sucede cuando la
planta reverdece. Se trata de una enseñanza sobre la urgencia de es-
180
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
tar alerta. Ante la pregunta acerca del cuándo sucederán las cosas
de las que está hablando, Jesús responde con una imagen. Es preciso aprender de la observación que hace el agricultor en torno a la
higuera. El brote de sus hojas es una señal inconfundible de la proximidad del verano.
Eso puede ser entendido mejor si se tiene en cuenta que la higuera, a diferencia de otros árboles de Palestina, pierde totalmente
su follaje durante el invierno. La proximidad del verano, indicada
por las variaciones de la naturaleza, es clara para los indicios simbólicos que expresan otra proximidad. Así lo entienden los discípulos, quienes son invitados a lanzar la mirada hacia aquellos acontecimientos que señalan un momento decisivo en la llegada del Reino
de Dios, pero junto con la crisis que irrumpe. La aparición del Anticristo anunciará de manera definitiva el final, siendo el presente
sólo el «comienzo de los dolores».
HIGUERA E HIGOS EN PALESTINA
Hay tres cosechas de higos en Palestina. Los higos tempraneros, no
muchos en número, pero de tamaño grande, se maduran un mes antes
que la cosecha principal; ésta se cosecha en verano y se consume en
agosto y septiembre; en cambio, los higos de invierno quedan en los
árboles hasta tarde en el otoño. Se mencionan en la Escritura los higos primeros como muy deseados (cf. Os 9,10), y lo fácil que es conseguirlos cuando se sacude el árbol (cf. Nah 3,12). La cosecha de verano que no se come como fruta fresca se pone a secar, para usarla en
los meses de invierno.
La higuera es un signo de la estación. Muestra señal de follaje más
tarde que algunos de los otros árboles frutales de Palestina. El desarrollo de las hojas y el oscurecimiento de su color se interpreta como señal de que el verano se acerca.
Los higos fueron muy usados durante el tiempo de la historia de Israel, especialmente los higos secos. Abigail le llevó a David doscientos
panes de higos secos (cf. 1 Sam 25,18). Un trozo de pan de higos secos
y dos racimos de pasas le dieron al egipcio para reavivarlo (cf. 1 Sam
30,12). Y tortas de higos le fueron traídos a David a Hebrón en el
tiempo del gran regocijo (cf. 1 Cr 12,40). Cuando el rey Ezequías estaba enfermo, Isaías le dijo que se pusiera una cataplasma de higos en
el tumor, y el Señor lo sanó (cf. 2 Re 20,7). Jeremías se refiere a las características del higo, pues algunas de ellas pueden ser muy buenas, y
por otro lado pueden ser muy malas (cf. 24,1-2).
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
181
3. NO SABEN CUÁNDO VA A LLEGAR EL DUEÑO DE LA CASA (13,33-37)
Con la imagen del hombre que se ausenta y deja tareas a sus siervos, el EvMc presenta una clara invitación a la vigilancia. El evangelista cierra el discurso apocalíptico y con él toda una sección de
su evangelio. La utilización de los imperativos otorgan un fuerte
tono exhortativo: es necesario permanecer vigilantes porque se ignora el momento del retorno del Hijo del hombre. El núcleo de la
parábola es el imprevisible retorno del dueño de la casa que obliga
al portero a estar atento de manera permanente.
La comparación exige un trasfondo especial: un hombre rico que
puede darse ciertos lujos, como el de tener una casa grande con servidumbre, entre los que destaca especialmente un portero, a quien,
con toda probabilidad, se le reserva una casita de vigilancia, de
modo que no haya excusa para cumplir bien su trabajo. Además, el
propietario tiene la posibilidad de salir de viaje al extranjero, motivo por el cual el vigilante debe estar muy atento, a lo que se añade
todavía más la demora del amo. La exhortación a vigilar se repite
tres veces (13,33.35.37). Al final domina la imagen del portero.
Sin pretender alegorizar, no resulta difícil encontrar la aplicación de la parábola. Se trata de una invitación dirigida a la comunidad cristiana para que esté preparada para la venida definitiva de
Cristo, hasta el final de los tiempos. La demora del Señor juega un
papel importante en la comprensión de la parábola y ésta adquiere
una densidad mayor mediante la inclusión de numerosos siervos a
los que se asignan tareas diversas. Se puede reconocer detrás de ellos
a la comunidad y a los responsables de la misma. El Señor habrá de
pedir cuentas a quienes ha otorgado autoridad para que vigilen. El
hecho de que Marcos sólo haga alusiones a una probable venida del
amo durante la noche hace resaltar aún más la necesidad de la vigilancia. En contraste con las tres vigilias reconocidas por los judíos,
el EvMc alude más bien a las cuatro vigilias romanas: el atardecer,
la media noche, el primer canto del gallo y la madrugada.
Marcos echa mano aquí del recurso literario apocalíptico. Para
el evangelista, la revuelta judía contra los romanos y la catástrofe
que se avecinaba de forma irremediable van más allá de hechos históricos que se pueden constatar en los tiempos contemporáneos,
para convertirse en signos que apuntan hacia algo más, hacia la venida definitiva de Cristo. Sin embargo, para el evangelista es también claro que el fin verdadero comienza ya con la crucifixión del
182
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Hijo de Dios, en la que las hostilidades de los dirigentes judíos alcanzan una expresión más que elocuente. A partir de aquí, los discípulos seguirán la suerte de su Maestro, pero con la esperanza firme y con la seguridad de que él, ya resucitado, está con ellos.
No puede haber lugar para los equívocos. El momento de la venida definitiva del Señor es desconocido, aunque los signos precursores han comenzado. De hecho, a partir de la muerte-resurrección
de Jesucristo, comienza ya en cierto modo la etapa final y definitiva. Pero no hay que dejarse engañar. El momento presente es de estricta vigilancia.
EL GÉNERO LITERARIO APOCALÍPTICO
El género literario apocalíptico es el fruto de la corriente del mismo nombre. Se trata de un movimiento amplio y vigoroso que consiste en una forma particular de interpretar la historia. Abarca un período aproximado de casi cuatro siglos (ss. II a.C.-II d.C.). El nombre
deriva del verbo griego apokalyptein (descubrir, revelar), de modo que
apocalypsis o apocalipsis significa literalmente «revelación». Al declinar la profecía empieza a surgir la corriente apocalíptica, por lo que se
ha dicho con frecuencia que ésta es hija de aquélla. Aunque existen
algunos gérmenes apocalípticos en los profetas (cf. Is 24–27; 34–35;
Zac 9–14), sobre todo en algunos relatos de visiones, fue Daniel quien
en la época macabea (ca. 165 a.C.) propiamente dio inicio a la corriente apocalíptica bíblica.
La apocalíptica tuvo auge en los períodos de persecución y angustia, como un intento de respuesta teológica. Entre los más notables momentos de producción literaria apocalíptica, que coinciden también
con períodos difíciles, encontramos los siguientes:
1) La guerra macabea contra la helenización. La obra más notable
es el libro de Daniel.
2) Los inicios de la dominación romana, después de la toma de Jerusalén por Pompeyo (63 a.C.). La producción apocalíptica fue notable: Testamento de los Doce Patriarcas, Oráculos Sibilinos, Libros de Henoc...
3) Las rebeliones judías contra los romanos, en el s. I, principalmente las que precedieron la catástrofe del año 70, la destrucción de
Jerusalén y el aplastamiento de la fuerza militar judía. En este tiempo
tienen lugar los discursos apocalípticos evangélicos, así como una buena parte de la producción tanto judía como cristiana: Asunción de Moisés, Apocalipsis de Abraham...
LA BUENA NOTICIA, ESPERANZA FINAL
183
4) Las grandes persecuciones de los emperadores romanos (Trajano, Domiciano, Valeriano). Aquí se ha ubicado frecuentemente el libro del Apocalipsis de san Juan, pero también otra buena cantidad de
literatura apócrifa: Testamento de Abraham, Apocalipsis de Elías...
Con la apocalíptica se quiere manifestar una esperanza en momentos de crisis. Las comunidades, judías o cristianas, quieren manifestar que su existencia histórica no ha muerto, sino que se afirman
ante el porvenir como entidades vivas. La apocalíptica es una teología
de la historia.
RECAPITULACIÓN
Uno de los escasos discursos de Jesús que tienen lugar en el
EvMc es el que aparece en el capítulo 13. Posee un género literario
especial, el «apocalíptico». Aunque en la base haya temas emparentados con la apocalíptica judía, sin embargo su temática principal es de inspiración cristiana, como al anuncio de las persecuciones por causa de Cristo (13,9.13), la evangelización de los paganos
(13,10) o la promesa de la asistencia del Espíritu Santo (13,11).
Aunque sería posible remontar hasta el ministerio de Jesús terreno
algunas predicciones que allí aparecen, sin embargo la elaboración
del discurso refleja un período muy posterior, más cercano a la destrucción de Jerusalén, en el año 70 d.C.
El llamado «discurso apocalíptico» de Marcos, como los restantes de su género, que tienen lugar en la Biblia, constituyen una llamada a la esperanza y una exhortación para que los lectores se sostengan en la fidelidad y en la vigilancia, con la firme seguridad de
que, ayudados por Dios, saldrán victoriosos al final de todo, no obstante todas las pruebas y tribulaciones que están por venir.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer de corrido, pero con mucha atención, todo el capítulo 13
de Marcos. Ir detectando los elementos que entran en juego en el discurso: Templo, falsos mesías, guerras, señales cósmicas... ¿Cómo teje la
trama el evangelista? ¿Qué actitudes quiere ir suscitando en el lector
en la medida en que va desarrollando el discurso?
184
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
2. Focalizar los textos que se refieran más directamente a la tarea
de los discípulos. ¿Cuál es el perfil con el que son dibujados éstos, en
el marco de un discurso de corte apocalíptico? ¿Qué se les pide?
3. Hacer una confrontación entre la descripción marcana de la
venida del Hijo del hombre y la que hace el libro de Daniel (7,13-14).
¿Qué semejanzas y diferencias podemos encontrar? ¿Cómo pudo ésta
influir en la elaboración del pasaje neotestamentario?
4. Elaborar un cuadro que permita visualizar y confrontar las invitaciones a la vigilancia en las dos imágenes parabólicas, la de la higuera y la del hombre que se ausenta.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. En Mc 13,5-23 Jesús empieza por desechar un cierto número de
signos falsos: no dejarse seducir por supuestos «mesías» y no tomar
como signos del fin los hechos negativos usuales que afectan y desgarran a la humanidad, tales como guerras, terremotos, hambrunas y con
ellos toda clase de desgracias. ¿Cuáles pueden ser hoy para nosotros
esos «falsos mesianismos» y «falsos augurios» que pueden desviar la
atención del genuino mensaje del Señor?
2. Los discípulos de Jesús deben enfrentar hostilidades de diferente índole: persecuciones y violencias para dar testimonio. La fidelidad
a Cristo y el testimonio de su nombre tiene un precio bastante alto.
¿Estamos dispuestos a pagarlo?
3. La apocalíptica bíblica no está en función de una religión basada en el terror y en la amenaza desastrosa, sino que por el contrario
busca infundir esperanza e invita a la fidelidad. ¿Cómo podemos ser
signos de esperanza y fidelidad en nuestro mundo lleno de inseguridades, temores y angustias?
4. ¿Cuál podrá ser el principal motivo del cierto éxito que tienen
los grupos religiosos y sectas de corte apocalíptico? ¿Por qué las personas se sienten atraídas hacia ese tipo de tendencias?
CAPÍTULO X
LA BUENA NOTICIA ALCANZA
SU PUNTO MÁS ALTO (I)
Aunque de entrada pudiera resultar un tanto extraña la afirmación acerca de que los relatos de la pasión, muerte y resurrección de
Cristo fueron los primeros testimonios que con toda seguridad se escribieron, ésta es una verdad casi inobjetable. Si bien es cierto que
cuando leemos los evangelios, generalmente solemos empezar por el
principio de las narraciones, como lo sugiere una «sana lógica», sin
embargo nuestra lectura responde a la elaboración final de una
obra, que tuvo un proceso retrospectivo progresivo, mismo que
arranca de la muerte-resurrección del Señor, hasta los inicios de su
predicación (Marcos), o de su encarnación (Mateo y Lucas) e incluso hasta su preexistencia misma (Juan).
Lo anterior podemos expresarlo en términos muy simples: lo que
ahora leemos desde el principio, hasta llegar al final, fue escrito desde el final, hasta alcanzar los principios. El consenso de los estudiosos acerca de que el relato de la pasión del Señor está no sólo en la
base, sino que es el punto focal de todos los evangelios, ha sido llevado a su extremo en la famosa frase de un investigador alemán
(Martin Kahler), quien llegó a definir los evangelios como «historias de la pasión, provistas de una introducción detallada». Aunque
la afirmación es exagerada, no deja de ser sintomática.
Lo anterior responde a una realidad que no es menos lógica.
Cuando los primeros predicadores cristianos comenzaron su misión,
dicha predicación estuvo centrada en la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Esto fue lo que se ha denominado el «centro
del kerygma», lo más cercano, lo más impactante y, sobre todo, lo
más relevante. El anuncio del Mesías muerto y resucitado estuvo
siempre en la base del resto de los anuncios en torno a su persona y
186
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
acciones. Más aún, las palabras de Jesús, sus milagros y portentos
fueron leídos y proclamados desde una perspectiva pascual, por lo
que no son simples recuentos anecdotarios, sino expresiones de una
fe profunda en el Cristo resucitado.
Ésa fue con mucha probabilidad la misma forma en que fueron
elaborados los evangelios. Es prácticamente un consenso entre los
estudiosos del NT que antes de que fueran redactados los textos finales como los tenemos ahora, tuvieron lugar etapas preliminares.
En el caso concreto de Marcos, que fue el primero de ellos, es muy
factible que se haya valido de un relato primitivo, elaborado en un
período relativamente temprano y que contendría de manera sucinta la narración de la pasión del Señor, por lo menos hasta el relato del sepulcro vacío y quizá el mensaje del ángel –lo que correspondería, grosso modo, al actual Mc 14,1–16,8–. A partir de aquí, el
evangelista fue recopilando el resto de sus materiales y redactando
su obra. Resulta también seguro que el añadido posterior, que corresponde a Mc 16,9-20, es un dato tardío.
Como quiera que sea, el relato de la pasión, muerte y resurrección que hoy podemos leer en el EvMc tiene indicios de estar algo
próximo a aquel relato primitivo, que con mucha seguridad circuló
ya en algunas de las primeras comunidades cristianas. Pero también
es cierto que este evangelista lo construyó según su propia visión teológica.
Ya que esta parte del evangelio es de suma importancia, la tratamos en dos capítulos complementarios, donde pondremos de relieve dos aspectos fundamentales: las hostilidades de los adversarios
del Señor y el dinamismo salvífico que tiene lugar en este relato.
I. RECORRIDO EPISÓDICO DEL RELATO DE LA PASIÓN
El discurso apocalíptico culmina con la advertencia para estar
alerta y no dejarse sorprender (cf. Mc 13,33-36). De inmediato el
EvMc abre paso al relato de la pasión y resurrección de Jesús. Ofrece un marco de referencia, a partir de dos datos: 1) Cronológico:
Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. 2) Situacional: Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle...
Los episodios que componen el relato pueden ser divididos en
tres momentos fundamentales:
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
187
a) Los preámbulos de la pasión
• Conspiración contra Jesús (14,1-2)
• Unción de Betania (14,3-9)
• Traición de Judas (14,10-11.17-21)
• Cena pascual e institución de la Eucaristía (14,12-16.22-25)
b) La pasión y la muerte
• Negaciones de Pedro (14,26-31.66-72)
• Agonía en Getsemaní (14,32-42)
• Prendimiento de Jesús (14,43-52)
• Ante el Sanedrín (14,53-65)
• Ante Pilato (15,1-15)
• Escarnios contra Jesús (15,16-20)
• La cruz (15,21-32)
• La muerte (15,33-39)
• Las mujeres en el Calvario (15,40-41)
• La sepultura (15,42-47)
c) La resurrección
• Sepulcro vacío y el anuncio del ángel (16,1-8)
• Apariciones del resucitado (16,9-20)
Todos esos episodios van presentando de manera dramática la
forma en que tienen lugar una serie de acontecimientos que trazan
el camino del Señor hacia los momentos más decisivos de su misión salvadora. Pero no se trata sólo de una simple información
acerca de la secuencia de lo sucedido, sino de una presentación que
podríamos calificar como «kerigmática» de esos mismos hechos.
En efecto, el EvMc está particularmente animado por un dinamismo interno que va llevando al lector, por decirlo así, de forma
«irremediable» hacia la pasión de Jesús, en una doble vertiente: las
hostilidades de sus adversarios, pero también el mismo proyecto
salvífico inherente a su condición mesiánica.
II. LA PASIÓN, DESENLACE DE LAS HOSTILIDADES
POR PARTE DE LOS ADVERSARIOS
Un aspecto sobresaliente en el relato del EvMc es la actitud hostil de algunos grupos que se oponen de forma tenaz a Jesús. Esto puede ser observado sobre todo a partir de 8,27, el texto que constitu-
188
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
ye el núcleo y corazón del escrito evangélico, en el que después de
haber recogido la confesión mesiánica de Pedro, el lector es invitado a volver la mirada hacia Jerusalén y, por ende, hacia la pasión del
Señor. No es fortuito que en tres ocasiones Jesús anuncie de modo
explícito su pasión, que apunta hacia la resurrección (cf. 8,31; 9,31;
10,34).
Ese proceso que hemos señalado es también el que toma el timón
no sólo de la segunda parte de la obra, sino de toda la narración en
su conjunto, pues antes de la confesión de fe hecha por el apóstol Pedro, Jesús se encuentra con frecuencia bajo la amenaza de sus adversarios, lo que apunta ya hacia su destino en Jerusalén. Casi al principio del ministerio galileo, la actitud contraria de los escribas se
manifiesta cuando cura al paralítico (cf. 2,1-12, sobre todo el v. 7).
La hostilidad no se limita a palabras o críticas, sino que pronto sus
enemigos traman un complot contra Jesús, «para acabar con él» (cf.
3,6), anunciando así lo que vendrá ya en la segunda parte del evangelio: todas las acciones de los que se confabulan para eliminarlo.
Sobre todo a partir de Mc 11, Jesús aparece en la ciudad de Jerusalén. Inmediatamente los conflictos con las autoridades religiosas judías empiezan a crecer de forma considerable, sobre todo a partir de la purificación del templo (11,15-17). Este hecho provoca el
reclamo y la oposición de los sumos sacerdotes y de los escribas,
quienes, como Marcos señala, «buscaban la manera de destruirlo»
(cf. 11,18). El dato es relevante, ya que va a dar pie a los pasajes
subsiguientes y va a funcionar como una especie de hilo conductor
de los mismos.
Después del dato acerca de la higuera que antes había maldecido
Jesús (11,13-14) y que ahora ya estaba seca (11,20), y de la enseñanza acerca de la fe y la oración (11,21-25), Mc 11,27-33 presenta
a Jesús en plena disputa con las autoridades. Ahora señala además
de a los sumos sacerdotes, a los escribas (mencionados ya antes, en
11,18), a los ancianos, es decir, el sanedrín en pleno. La discusión se
centra en torno a la autoridad de Jesús. La reiteración de la pregunta es sintomática: «¿Con qué autoridad haces esto?» (Mc 11,28).
La parábola que sigue (12,1-11) posee evidencias claras de que
la polémica está llegando a niveles cada vez más tensos. En efecto,
esta parábola es usada por los tres evangelistas para evidenciar el desarrollo de un conflicto que, poco a poco, va alcanzando niveles más
significativos, hasta desembocar en la muerte de Jesús, por quienes
detentan la autoridad.
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
189
Siguiendo la trama de la narración de Marcos, son en efecto los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, los que, a su vez, envían a
otros dos grupos de oponentes a Jesús: «Algunos de los fariseos y de los
herodianos» (12,13). De modo que con éstos suman ya cinco tipos de
adversarios. Marcos sólo había mencionado a las autoridades religiosas que formaban el sanedrín. Se podría decir que el conflicto aparecía como de corte, si no exclusivo, sí eminentemente religioso, frente
a la autoridad de Jesús. Pero ahora, la presencia de los fariseos y sobre
todo de los herodianos (partidarios de la autoridad política de Herodes Antipas), va dando un giro nuevo a este conflicto, pues empiezan
ya algunos sesgos de índole política, los mismos que tendrán lugar en
el asunto acerca del tributo al César. Después de esta discusión, las polémicas volverán nuevamente a tener un carácter más bien religioso,
donde la Escritura y su interpretación jugarán un papel relevante.
Como si todavía fueran pocos los adversarios, otros más están
por aparecer en escena, los saduceos. De este modo se completa el
«flanco enemigo». Ellos intentan, sumando fuerzas y apelando a
distintos argumentos, luchar contra la autoridad del Señor. La intención ha sido enunciada por el mismo evangelista en 11,18: «Buscaban destruirlo». En adelante la discusión entrará de lleno en este
ámbito teológico. Sin embargo, al finalizar esta discusión ya no aparece ninguna objeción de parte de los saduceos. Quedan derrotados.
Aunque los debates van a continuar, lo mismo que las preguntas
capciosas, en las perícopas siguientes de la narración de Marcos,
prácticamente hasta el final del capítulo 12, los giros y matices serán diversos. La narración lleva a demostrar como Jesús posee autoridad, pero también como tiene lugar una fuerte oposición contra
Jesús y su potestad.
Por esas razones se puede decir, aún con ciertas reservas, que Jesús en el EvMc emprende un camino que de modo inexorable se va
encaminando hacia su pasión y a su muerte, pero también, por ello
mismo, hacia su resurrección. Las hostilidades ya desde la primera
parte, pero acentuadas en la segunda, van a desembocar en la pasión y muerte del Mesías.
El EvMc, al que seguirá después el EvMt, presenta dos procesos
contra Jesús, uno judío y el otro romano. En el primer caso, valiéndose de un falso testimonio, las autoridades tratan de condenarlo
por planear la destrucción del templo. Y cuando él responde reconociendo que es el Mesías, el Hijo de Dios, lo acusan de blasfemo,
para luego maltratarlo y ridiculizarlo como falso profeta. En el se-
190
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
gundo caso, el proceso romano gira en torno a la acusación contra
Jesús por haberse proclamado «rey de los judíos». Pilato sabe bien
que el hombre que comparece ante él le ha sido entregado por envidia, pero deja en libertad a un criminal, permitiendo que soldados
romanos azoten a Jesús y luego lo sometan a vejaciones, en razón de
esta supuesta usurpación. De este modo, ambas autoridades, la judía
y la romana, se ensañan contra el inocente.
1. BUSCABAN CÓMO PRENDERLE – VINO PARA ENTREGÁRSELO (14,1-2)
La primera escena que tiene lugar en el relato de la pasión en el
EvMc se refiere a la conspiración de los sumos sacerdotes y de los
escribas contra Jesús, a la que se une estrechamente, a pesar del pasaje intermedio acerca de la unción en Betania (14,3-9), la traición
de Judas. Así pues, desde el inicio queda bastante clara la responsabilidad de los dirigentes de Israel en la muerte del Señor.
La Pascua está llegando y con ella también el punto culminante
del evangelio. Esta fiesta era celebrada en el plenilunio, después del
equinoccio de primavera, en recuerdo de la liberación de Egipto y
con la esperanza de la salvación definitiva. Con ella llega también
la fiesta de los panes ázimos, la cual tenía lugar del 15 al 21 del mes
de Nisán; aunque el origen de esta última fue agrícola, con el tiempo se asoció a la Pascua, al recordar la partida presurosa del país de
la esclavitud, durante la cual la masa del pan tuvo que ser tomada
sin fermentar (cf. Ex 12,1-20).
Los antecedentes señalados, acerca de la intención de los adversarios de Jesús para acabar con él, se agudizan más. El inicio del relato de la pasión pone de manifiesto que las hostilidades han llegado a un punto tal que ellos están resueltos a eliminar ya de una vez
por todas al Señor.
El EvMc enfatiza el hecho del complot contra Jesús diciendo que
«buscaban como prenderle con engaño y matarle»; para esto usa la
expresión griega en dolo (con engaño), que subraya todavía más la malicia de las intenciones que tenían de los sumos sacerdotes y los escribas: el complot contra Jesús. Sin embargo tratan de evitar un alboroto del pueblo, quizá motivado por parte de aquellos que tenían
simpatía por el Profeta de Galilea.
Después del pasaje de la unción en Betania (Mc 14,3-9), continúa el tema de la conspiración contra Jesús, pero ya no sólo por par-
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
191
te de los enemigos mencionados, sino que para tomar parte en ella
entra en escena un nuevo personaje, perteneciente al grupo de los
que el mismo Maestro llamó «para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14). Se trata de Judas Iscariote, de quien
expresamente se dice que era «uno de los Doce».
Mc 14,1-2 y 14,10-11 se conectan de manera muy estrecha. Mientras que el primero refiere que los «enemigos» (sumos sacerdotes y escribas) buscaban cómo prender a Jesús, el segundo dice que el que
estaba destinado a ser «amigo» (Judas) fue precisamente donde los
«enemigos», los sumos sacerdotes, para entregarles al Maestro.
La consecución de las acciones queda manifiesta por la presencia de los verbos:
14,1: (ellos) buscaban cómo prenderle → para matarle
14,10: (él) fue donde los sumos sacerdotes → para entregárselo
De este modo, la acción llevada a cabo por Judas entra en una
sintonía directa con los planes malvados de los adversarios que se
han confabulado contra Jesús. Judas pasa del grupo de los «amigos»
al de los «enemigos». El relato llega a su máximo dramatismo en
14,43-46, cuando el traidor entrega a su Maestro, dándole un beso.
En este contexto de hostilidades y conspiraciones contra Jesús
resalta mucho el contraste con el pasaje de la unción de una mujer
innominada, quien actúa con un comportamiento inusual e incluso
extraño para las costumbres de la época. El Maestro disfrutaba de la
hospitalidad en Betania, en casa de Simón, apodado «el Leproso»,
cuando se acercó aquella mujer para ungirle la cabeza con perfume
de nardo muy valioso. Este llamativo gesto de una admiradora del
Señor establece un contraste bastante fuerte con la actitud de los
enemigos. Ilustra la oposición entre el amor y el odio de los sacerdotes y los escribas, pero también entre el amor y la traición del llamado a ser discípulo y convertido ahora en adversario.
El mismo Jesús se va a encargar de anunciar la traición de Judas,
sin escatimar nada acerca de la gravedad del caso. Más aún, la expresión puesta en los labios del Señor es bastante sugestiva: «Yo les
aseguro que uno de ustedes me entregará, el que come conmigo»
(Mc 14,18). En este dicho hay dos elementos que cobran una relevancia particular:
• El que lo va a entregar es «uno de ustedes» (eis ex hymôn), es
decir, uno que pertenece al círculo de amigos más cercanos de
Jesús.
192
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
• Pero todavía más, se trata de uno que «come conmigo» (ho
esthiôn met’emou). El comer indica algo más que una acción
meramente biológica; es una de las expresiones más elocuentes para hablar de la cercanía, del encuentro y de la familiaridad. Comer significaba compartir un momento trascendente
en la vida de la familia o de los amigos. La expresión indica
con claridad que el traidor participaba de la íntima comunidad de mesa.
Esos dos motivos provocan que el anuncio de la traición cobre
tintes más dramáticos y que el lector del evangelio caiga en la cuenta que el llamamiento al discipulado constituye un acto de gratuidad inmerecida, pero que requiere también de la fidelidad de quien
ha sido llamado, de lo contrario se corre el gran riesgo de cambiarse al grupo adversario. En este mismo sentido, llama también la
atención el hecho de que los restantes discípulos no están tan seguros de su propia fidelidad (cf. 14,19).
Aunque Jesús menciona entre los motivos de la traición la suerte del Hijo del hombre determinada por Dios en la Escritura, no
obstante la acción del traidor es fustigada con toda energía: «¡Ay de
aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valía a ese
hombre no haber nacido!» (14,21). La interpelación para el lector
es demasiado clara.
2. ANTES DE QUE EL GALLO CANTE – INMEDIATAMENTE CANTÓ
UN GALLO (14,26-31.66-72)
A pesar de que las negaciones de Pedro en un sentido estricto no
formarían parte de las hostilidades de los adversarios, sin embargo,
por tratarse de ese apóstol, esas alcanzan una relevancia tal que pueden ser ubicadas en la misma línea de aquellas actitudes negativas
suscitadas contra Jesús.
Como tuvo lugar en los dos pasajes que se refieren a la traición
de Judas, también son dos los episodios que aluden a las negaciones: el anuncio (Mc 14,29-31) y la verificación de las mismas (Mc
14,66-72).
Después del relato de la cena e institución de la Eucaristía
(14,22-25), el EvMc presenta la salida de Jesús con sus discípulos
hacia el monte de los Olivos. Allí les advierte que todos habrán de
sucumbir en su fe, pero después de la resurrección él mismo irá de-
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
193
lante a Galilea (cf. 14,26-28). Es entonces cuando Pedro toma la
palabra para asegurar que aunque todos se escandalicen, él no lo
hará, a lo que responde Jesús con la advertencia acerca de las negaciones: «Yo te aseguro: hoy esta misma noche, antes que el gallo
cante dos veces, tú me habrás negado tres» (14,30). Aquí el apóstol
deja de ser el portavoz de sus compañeros, para convertirse en el individuo que a título personal hace alarde de su capacidad para mantenerse firme ante las dificultades.
La conducta de Pedro muy seguro en sí mismo pone ya de manifiesto que el grupo de los discípulos de alguna manera ha comenzado a disolverse. En lugar de confiar en el Maestro, lo hace en sus
propias posibilidades. Por eso la respuesta de Jesús se dirige personalmente a él y de forma categórica: «Yo te aseguro...».
Las determinaciones temporales señaladas por Jesús corresponden a la manera judía de computar el tiempo, según la cual el nuevo día comienza con la puesta del sol. Mientras que el primer gallo
canta en la madrugada, el segundo marca la nueva salida del sol. De
este modo, los dos cantos del gallo corresponden a la parte de la noche que va más o menos desde las 0 a las 3 h y de las 3 a las 6 h, lapso en el que Pedro tiene posibilidades para cambiar su forma de pensar, lo que ciertamente ocurrirá, aunque demasiado tarde.
El término griego utilizado por Marcos es el verbo compuesto
aparneomai (negar, distanciar), que tiene más fuerza que el simple
arneomai. Puede encontrarse en la Biblia griega sólo en Is 31,7 para
referirse al distanciamiento de los ídolos.
El cumplimiento de lo vaticinado tiene lugar un poco más adelante. Jesús es capturado y llevado ante el Sumo Sacerdote y ante el
Sanedrín (cf. Mc 14,43-65). Pedro lo siguió de lejos, hasta dentro
del palacio del Sumo Sacerdote, donde permaneció calentándose
en el fuego, durante la comparecencia del Señor ante el Sanedrín.
Cuando la criada le dice que él también estaba con Jesús de Nazaret, tiene lugar la primera negación: «No sé ni entiendo qué dices».
Es cuando tiene lugar el primer canto del gallo.
La escena se torna más dramática cuando ya no sólo la criada
sino otros más se suman a las acusaciones hacia Pedro, diciéndole
que él también estaba con Jesús, hasta el grado que se pone a maldecir y a jurar que no conoce a tal hombre. Los dos verbos griegos
empleados, anathematizein (maldecir, imprecar, de donde se deriva
el castellano «anatema») y omnynai (jurar), son demasiado fuertes y
194
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
comprometedores. Pero es entonces cuando tienen cumplimiento
los vaticinios hechos por Jesús.
En este sentido, es factible ver este pasaje de las negaciones
como una antítesis de la confesión de fe hecha en Mc 8,29:
Tú eres el Cristo (8,29)
↔
Yo no conozco a ese hombre (14,71)
La oposición tiene lugar tanto a partir de los pronombres personales: Tú ↔ yo; como de los verbos: eres ↔ conozco; incluyendo los
dos sustantivos: Cristo ↔ hombre.
El pasaje de las negaciones representa una fuerte interpelación
para los lectores del EvMc, para que se mantenga alerta y en fidelidad al Señor.
LAS VIGILIAS DE LA NOCHE
Por lo general el AT conoce tres vigilias nocturnas (ha’ashmoret
hattikõna,) cf. Ex 14,24; Jue 7,19;). La primera de éstas se llamaba ro’sh
ashmurõt (primera vigilia, cf. Lam 2,19) y la tercera recibía el nombre
de ‘ashmoret habbõqer (vigilia de la mañana, cf. Ex 14,24; 1 Sam
11,11). Se computaban desde la puesta del sol hasta la nueva salida,
por lo que su duración no era igual. En cambio, el NT parece seguir
más bien la división romana de la noche en cuatro vigilias nocturnas,
enumeradas en Mc 13,35, según su nombre popular; opsé (al atardecer,
entre las 18 y 21 h), mesonyktíon (media noche, de las 21 a las 24 h),
alektorofônías (el canto del gallo, de las 0 a las 3 h) y prôí (al amanecer, entre las 3 y las 6 h). A veces se hablaba de los dos cantos del gallo, lo que correspondía a las dos últimas vigilias.
3. TODOS JUZGARON QUE ERA REO DE MUERTE (14,53-65)
Después del prendimiento de Jesús en Getsemaní, es conducido
hacia la casa del Sumo Sacerdote, donde se reúne el Sanedrín en
pleno. Ahí todos ellos se dedican a buscar un testimonio contra él
para darle muerte. Su respuesta es la decisiva. Este pasaje está compuesto por cuatro episodios:
• 14,53-54: Introduce la escena de la condena contra Jesús y la
une a la de la negación de Pedro.
• 14,55-59: Gira alrededor de la búsqueda de falsos testigos y
presenta las contradicciones.
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
195
• 14,60-64: El Sumo Sacerdote interroga directamente a Jesús,
y ante su declaración, son los miembros del Sanedrín quienes
por unanimidad juzgan que él es reo de muerte.
• 14,65: Presenta los insultos, agresiones y ultrajes a Jesús.
El primer interrogatorio a Jesús tuvo lugar en el palacio del
Sumo Sacerdote, quien pudo haber ordenado la captura del profeta
de Galilea. Desde el punto de vista jurídico, era competencia de las
autoridades judías, también en tiempos de los procuradores romanos, la facultad de apresar con su propia policía a un judío sospechoso de haber cometido algún delito y aplicarle alguna sanción,
pero no la pena capital, entonces reservada directamente al poder
romano.
Tomando como base datos que vienen de Mt 26,57 y Lc 3,2 es
posible saber que el Sumo Sacerdote respondía al nombre de Caifás
(Jn 18,12 lo identifica como yerno de Anás), quien desempeñó el
cargo entre los años 18-37 d.C., el período más largo que tuvo un
sumo sacerdote en el s. I, lo que evidencia su sagacidad política, incluso en la relación con Roma.
El EvMc presenta el desarrollo de las escenas de forma rápida. Luego de la captura de Jesús había que actuar de manera rápida. El gobernador de la provincia, Poncio Pilato, se encontraba entonces en Jerusalén e iba a presidir el tribunal al día
siguiente, para conceder la habitual amnistía de la Pascua, coyuntura que se podía aprovechar para eliminar de una vez por todas a quien el Sumo Sacerdote y los miembros del Sanedrín consideraban un tipo peligroso. La narración evangélica presenta la
reunión de los tres grupos del Consejo en el palacio para juzgar
a Jesús. Éste es el marco del interrogatorio, de los testimonios
falsos y de las burlas.
Para el EvMc es claro que el interrogatorio al que es sometido Jesús tenía un objetivo indiscutible: llegar a condenarlo a muerte;
pero también insiste en que la consecución del mismo está basado
en la mentira y en la calumnia, como lo ponen de manifiesto las declaraciones de los falsos testigos. El lector del evangelio puede captar muy bien esto desde el principio.
Incluso uno de los tópicos que podrían tener mayor relevancia,
ya que tiene que ver con el culto, no logra alcanzar el papel determinante que podría esperarse: «Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no
196
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
hecho por hombres» (14,57-58), porque tampoco en esto coinciden
los testimonios.
El momento fundamental de todo el pasaje tiene lugar en 14,6162. «El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: ¿Eres tú el Cristo, el
Hijo del Bendito?». El cuestionamiento está referido a la identidad
misma de Jesús, es decir, a su ser de Mesías e Hijo de Dios. Para el
lector esto no resulta extraño, ya que es precisamente en torno a
esta cuestión donde gira el evangelio en su totalidad. El título mismo ya lo había puesto en evidencia: «Comienzo del evangelio de Jesús el Cristo, Hijo de Dios» (1,1), lo mismo hizo la pregunta central
que tiene lugar en el corazón de relato: «¿Quién dicen los hombres
que soy yo?» (8,27b), «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (8,29a),
con la consecuente respuesta de Pedro: «Tú eres el Cristo». De este
modo no se podía esperar otra cuestión más crucial en el momento
del juicio que habría de conducir al desenlace final toda la narración.
Por otro lado, hay que notar también cómo durante todo el interrogatorio Jesús no ha respondido una sola palabra. Únicamente
hasta que el Sumo Sacerdote le interroga acerca de su identidad mesiánica hay una respuesta en labios del acusado. Aquí va a radicar
el núcleo de la condena. Se trata por tanto de un rechazo decidido
al Mesías e Hijo de Dios. Por eso, la respuesta es hecha sin vacilaciones: «Sí yo soy, y verán al Hijo del hombre sentado a la diestra del
Padre y venir entre las nubes del cielo». Jesús mismo declara abiertamente su condición mesiánica, pero no sólo destaca el momento actual, sino también el escatológico. Así, los que ahora asumen el papel de jueces serán juzgados por Dios al final. Éstos tendrán que
reconocerlo como el Hijo del hombre «daniélico», exaltado a la derecha de Dios.
El EvMc pone en evidencia entonces que la condenación de Jesús tiene como causa principal su declaración mesiánica. Ni siquiera los falsos testigos fueron capaces de llegar a este momento con sus
acusaciones infundadas, por más graves que parecieran. El Sumo
Sacerdote rasga sus vestiduras como un gesto de escándalo ritualizado. La confesión mesiánica del propio Jesús es considerada por él
como blasfemia, en lo que están de acuerdo los demás miembros del
Sanedrín, por eso es señalado como «reo de muerte». En efecto,
para los judíos esa declaración mesiánica era considerada blasfemia
grave, pero para los cristianos representa todo lo contrario. Esas palabras en la boca del Maestro son el centro y culminación de todo
el relato evangélico.
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
197
PONCIO PILATO, PREFECTUS JUDEAE
Judea pertenecía como región relativamente pequeña, recientemente conquistada, al grupo de provincias imperiales que no eran administradas por antiguos cónsules o pretores del orden senatorial, sino por
praefecti del orden ecuestre. Una inscripción que se encontró en 1961 en
Cesarea, residencia del gobernador, confirma la antigua suposición acerca de que el título del «administrador provincial» Poncio Pilato no era
Procurator, como le denomina Tácito de forma un tanto anacrónica,
sino Praefectus. Sólo desde el emperador Claudio Judea fue administrada
por «procuradores» del orden ecuestre. Los prefectos, como administradores senatoriales, poseían la alta justicia, incluido el ius gladii, el derecho a imponer la pena capital. No mandaban una legión de ciudadanos
romanos, sino tropas extranjeras auxiliares. En Judea éstas constaban sobre todo de griegos y samaritanos, pues los judíos podían reclamar un privilegio de César que en consideración a su religión les dispensaba de la
habitual obligación al servicio de las armas. En Judea, donde toda política afectaba a la religión, la relación entre gobernador y población judía, nobles y pueblo, era difícil. Pilato y sus cuatro o cinco antecesores se
habían formado duramente en el ejército, donde desde Augusto empezó
a organizarse la carrera para los caballeros. La prefectura era su punto final. Frecuentemente los nombres traicionaban su no pertenencia al orden senatorial romano, como es el caso del Prefecto de Judea, cuyo nombre de familia, Pontius, tenía su primitivo origen fuera de Roma, en
Samnium. El inusual apodo Pilatus está atestiguado sólo en dos inscripciones sicilianas (Corpus Inscriptionum Latinarum, 10,7.130, 18).
III. LA PASIÓN Y LA RESURRECCIÓN EN EL DINAMISMO
SALVÍFICO MESIÁNICO
El EvMc tiene presente la función catequística que representa el
relato de la pasión de Cristo. Por eso los acontecimientos que va narrando son algo más que un recuento de lo acontecido en los últimos
días de la vida de Jesús y de la perversidad humana hostil a él, que se
manifiesta en la confabulación, en el engaño, en la acusación, en el
complot... Es posible afirmar que la pasión del Señor posee el dinamismo salvífico que va siendo guiado por el mismo Dios. La persona
de Jesús está en el centro, de donde brota la fuerza para iluminar, nutrir y fortalecer la fe de los lectores. Dicho de otro modo, si todo el
evangelio tiene sentido «kerigmático», el relato de la pasión posee
198
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
esta cualidad con una intensidad mucho mayor, pues ha sido elaborado pensando en el lector creyente, para que descubra allí la expresión máxima del amor del Padre, en la entrega total de su Hijo.
En razón de las diversas ópticas y perspectivas asumidas por los
evangelios, cada uno de ellos presenta particularidades en sus relatos; sin embargo, las coincidencias más visibles se encuentran precisamente en las narraciones de la pasión. Esto no indica que los
cuatro testimonios canónicos asuman sin más los hechos históricos
que tuvieron lugar en el momento supremo de la vida de Jesús; más
bien cada uno de ellos, conforme a su propia visión teológica y catequística, presenta una versión particular.
En ese sentido, el inicio del EvMc mismo señala una pauta fundamental. Se trata del anuncio de la Buena Noticia de Jesús, el Mesías. El «Hijo amado» (cf. 1,11; 9,7; 12,6), cuyo sentido es muy cercano al de «Hijo único», y este adjetivo suele ser empleado en el AT
para establecer una relación con la muerte de un hijo o hija «únicos» (cf. Gn 22,2.12; Jue 11,34; Jr 6,26; Am 8,10; Zac 12,10), lo que
constituía sin duda un acontecimiento de gran impacto y, en el caso
de la muerte Isaac, la prueba mayor que podía recibir su padre Abraham. La parábola de los viñadores homicidas ilustra de forma elocuente el significado de la muerte de quien es el «hijo amado» y
«único» (cf. Mc 12,6-8).
Jesús, en cuanto Mesías e Hijo de Dios, está destinado a sufrir la
pasión. Y aunque Marcos no llega todavía a la reflexión teológica bien
elaborada que descubre en la muerte de Cristo el sacrificio de la nueva alianza, que tiene la eficacia total y absoluta de perdonar los pecados (como lo hará en su momento la Carta a los Hebreos), sin embargo tampoco pasa por alto esta realidad, como aparece manifiesto
en las palabras de la última cena: «la sangre de la nueva alianza» (cf.
14,24). Quizás también en este mismo sentido pueda ser leída la expresión de Jesús que tiene lugar en Mc 10,45: «Tampoco el Hijo del
hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos», después de anunciar por tercera vez su pasión.
Así pues, para Marcos Jesús debe morir no sólo para otorgar enseñanzas edificantes a sus lectores creyentes y llevarlos por el camino de la humildad, de la renuncia y del sacrificio (cf. 10,35-45),
sino también y sobre todo para salvar a los seres humanos, alcanzar
el perdón de los pecados y reconciliarlos con Dios, por medio del sacrificio supremo. Este sacrificio es aceptado por Dios, quien lo recompensa resucitando a Jesús de entre los muertos.
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
199
El relato marcano de la pasión está dominado por el contraste entre la dignidad de Jesús y su destino. A partir de este contraste sus enemigos se creen confirmados en su rechazo a Jesús. Él mismo acepta este
contraste, movido por la obediencia a la voluntad del Padre. En la pasión, Jesús no se revela mediante la demostración de un poder divino,
sino a través de la aceptación de lo que Dios ha dispuesto para él. Los
tres anuncios de la pasión, expresados en el corazón mismo del evangelio, lo demuestran. Los discípulos se oponen, sin embargo para Jesús
todo es claro y evidente. Si bien en el huerto de los Olivos (cf. Mc
14,32-42) tiene lugar una cierta rebelión, aquí también el Hijo acepta incondicionalmente la voluntad del Padre (cf. 14,36).
1. ÉSTE ES MI CUERPO – ÉSTA ES MI SANGRE (14,22-25)
Los evangelios concuerdan básicamente en que la pasión, muerte y resurrección de Jesús tienen como marco la Pascua judía. Marcos, quien había ofrecido ya la referencia en 14,1, ahora en 14,12
afirma que los preparativos para la cena pascual tienen lugar «el primer día de los Ázimos», cuando se sacrificaba el cordero pascual.
Conforme a las indicaciones del Maestro, los discípulos preparan la
cena (cf. 14,13-16).
Mc 14,17 ofrece una referencia un poco más precisa acerca de la
cena: «Al atardecer» (opsías genoménês), lo cual resulta obvio si se
considera que la comida pascual fue siempre nocturna; comenzaba
después de la puesta del sol y se prolongaba hasta muy entrada la
noche. En este contexto, Jesús anuncia la traición de Judas: «Mientras comían recostados» (14,18). Una frase paralela vuelve a tener
lugar en 14,22: «Mientras comían». En ambas frases utiliza el mismo participio griego esthióntôn (comiendo, mientras comían), pero
la función es diferente, pues si la primera sirve para ubicar la acción
criminal de Judas, en cambio la segunda introduce el relato de la
institución de la Eucaristía.
EL MODO DE CELEBRAR LA PASCUA SEGÚN LA MISNÁ
En la vigilia de la Pascua, cuando se avecina el tiempo del sacrificio vespertino, nadie debe comer hasta que no anochezca. Incluso el más pobre de
Israel no comerá mientras no esté reclinado a la mesa y no tendrá menos de
200
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
cuatro copas de vino, aunque sea de los de la escudilla. Cuando se escancia
la primera copa dice la escuela de Shammai que se recita la bendición del día
y a continuación se pronuncia la bendición sobre el vino. Pero la escuela de
Hillel dice: se pronuncia la bendición sobre el vino y luego se recita la bendición del día. Cuando le ponen delante los alimentos, los come aligerándolos
con lechuga hasta que llegue la degustación del pan. Se le pone entonces delante pan ácimo, lechuga, compota de frutas y dos platos cocidos... Se escancia luego la segunda copa. Aquí pregunta el hijo al padre, y si el hijo no
tiene todavía conocimiento, el padre lo instruye: ¿en qué se diferencia esta
noche de las otras noches? En que todas las noches podemos comer pan fermentado y pan ácimo, en cambio en esta noche ha de ser todo ácimo; en que
todas las noches podemos comer todo tipo de verduras, mientras que en esta
noche comemos sólo hierbas amargas; en que todas las noches podemos comer carne asada, hervida o cocida, mientras que en esta noche sólo asada;
en que todas las noches mojamos una sola vez, mientras que en esta noche
dos veces. El padre lo instruye según la capacidad de comprensión del hijo.
Comienza por el oprobio y termina por la gloria. Comenta el un arameo
errante fue mi padre, hasta que termina toda la perícopa... (Pes. X,1-4).
Un dato que puede pasar como simple detalle inadvertido se refiere al hecho de que Jesús parte el pan en el transcurso de la comida (cf. Mc 14,22), pero esto ayuda a describir el carácter extraordinario de la misma. Indica que la comida había comenzado antes de
la fracción del pan, lo cual no era habitual en las comidas ordinarias, que solían comenzar precisamente con la fracción. Para observar lo mandado en Ex 12,26-28 acerca de la explicación a los niños
sobre el sentido de la cena pascual, se estableció el uso de que la plegaria pascual del padre de familia comenzara motivando a los niños
para que hicieran las preguntas requeridas. Sólo hasta cierto momento se llegaba a la cuestión en torno al pan; eso daba lugar a que
la cena pascual fuera la única comida familiar del año en que un
plato precedía a la fracción del pan. Es justo en este momento donde Jesús aprovecha para dar un nuevo sentido al pan; «Tomen, esto
es mi cuerpo».
El relato de Marcos presenta rasgos semejantes a los de Mateo,
mientras que Pablo y Lucas son parecidos entre ellos; ésta es la razón por la que se ha propuesto que una doble tradición, ligada a cultos diversos, subyace en sus respectivos textos. Se habla de «tradición petrina» frente a su correspondiente «paulina», aunque también
con frecuencia es referida la tradición «jerosolimitana» ante la «antioquena», aunque esto podría ser discutido.
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
201
«Tomó luego una copa...» Se bebía vino en las ocasiones solemnes, como en las fiestas familiares (banquete con motivo de la
circuncisión, de la petición de mano, de la boda) y en las «de Israel» (sobre todo Pascua, Semanas y Tabernáculos, pero también
en otras, como los Purim). Es evidente por tanto que el vino estaba prescrito para la celebración pascual. R. Yehudá (alrededor del
año 150 d.C.) exige que el vino de la cena de Pascua sea tinto (cf.
Tos. Pes. X,1) y según R. Yirmeya (por el 320 d.C.) asegura que
esta práctica de beber vino tinto es una mitswa’ (prescripción obligatoria).
El relato marcano, aunque austero por naturaleza, presenta los
elementos esenciales acerca de la institución de la Eucaristía. Jesús
pronuncia la bendición mientras comían, lo que cuadra bien con el
ambiente de la comida pascual. «Tomar», «bendecir» y «partir» son
términos propios de la oración judía sobre la mesa. Sin embargo hay
algunos datos sorprendentes, como la identificación de ese pan con
el «cuerpo» de Jesús, asimismo la invitación a tomar el pan ya partido. No se trata ahora del «pan de la aflicción» que comieron los
padres en Egipto, sino del cuerpo (soma) del Señor, es decir, su persona misma. De hecho la expresión podría ser traducida como «esto
soy yo mismo». Así pues, los comensales adquieren una nueva comunión con Cristo. Y desde la perspectiva de las palabras sobre la
copa se pone de manifiesto que se trata de una comunión con aquel
que va a asumir la muerte.
Los discípulos podían entender que Jesús se veía a sí mismo presente en el pan partido, que les estaba invitando a comer, de modo
que todos cuantos comen ese pan entran en una comunión muy especial con él, de modo especial como Mesías destinado a la muerte.
Esto conlleva consecuencias serias para los discípulos y para todos
los lectores del evangelio.
Viene a continuación la bendición sobre la copa. Podría tratarse de la «tercera copa» en el ritual de la comida pascual, después de
la bendición del pan. Pero aquí hay datos muy importantes, con repercusiones serias para la interpretación del texto. Mc 14,23 cambia el verbo eulogein (bendecir) por euxaristein (dar gracias), lo cual
resulta extraño en una comida judía, donde más bien la bendición
se pronunciaba dos veces. Esto pone de manifiesto que el relato ya
no es sólo acerca de la celebración de la Pascua judía, celebrada por
el profeta de Galilea con sus seguidores, sino que deja ver su impronta específica cristiana, la comida eucarística.
202
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Jesús relaciona la copa de vino con su sangre. Igual que en el
caso del cuerpo (soma), la sangre (haima) designa a la persona misma. Pero aquí recibe una especificación: «sangre de la alianza». Esto
da una connotación particular al relato. Es una alusión a Ex 24,8,
donde Moisés rocía al pueblo con la sangre de los animales en señal
de ratificación de la alianza:
Entonces Moisés tomó la sangre, roció con ella al pueblo y dijo: «Ésta es
la sangre de la Alianza que Yahvé ha hecho con ustedes, de acuerdo con todas estas palabras».
En esta alianza el pueblo reconoce su dependencia del Dios que
lo salvó y que lo invita a entrar en una relación muy profunda con
él. El pueblo se compromete y la sangre, símbolo de la vida, expresa
esta adhesión total de quienes han sido liberados a quien los ha salvado, estableciendo una estrecha comunión con él. A continuación
Moisés celebra una comida fraterna (cf. Ex 24,11).
De ese mismo modo, Jesús al derramar su sangre entra en vigor
una nueva alianza que viene a ocupar el lugar de la anterior, en contraposición con la sangre del antiguo pacto. Además de este trasfondo bíblico, que es sin duda fundamental, tiene lugar otro que
tampoco debe pasar desapercibido: según Zac 9,11 los cautivos serán librados de la prisión en virtud de la sangre de la alianza; esto
significa que ya desde este profeta se ve una vinculación entre la
alianza y la liberación y salvación. Este aspecto de redención está
muy presente en las palabras de Jesús sobre la copa en la última
cena, junto con el valor de la sangre como portadora de vida. Las
palabras explicativas aclaran que el vino del cáliz es la sangre de Jesús que se derrama, lo que insinúa que la muerte del Señor es un
acontecimiento actual.
La fórmula sobre la copa dice: «Ésta es mi sangre de la alianza
que es derramada por muchos» (hyper pollôn, 14,24; cf. Mt 26,28).
En esto Mc concuerda con Mt, pero no con Lc 22,20, quien dice:
«Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por ustedes» (hyper hymôn). La presencia de «muchos» se podría deber al
uso de un semitismo, del hebreo rabbîm, cuyo sentido puede ser inclusivo, la «totalidad» que abarca muchos individuos.
Al terminar el relato hay una palabra de Jesús que remite a la
cena del final de los tiempos (14,25). La fórmula «yo les aseguro»
introduce una palabra profética que tiene que ver con el juicio final. Al mismo tiempo que predice su muerte en el futuro cercano,
asocia la cena terrestre con la gozosa escatológica, en la línea de Is
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
203
25,6-12. En otras palabras, la inminencia de la muerte se asocia a la
esperanza de la resurrección.
LA SANGRE
La sangre es la sede de la fuerza vital física (cf. Prov 1,18; Sal
72,13). Por eso en el AT la sangre derramada y no enterrada clama desde la tierra (cf. Gn 4,10). Se otorga a la sangre un poder tal que puede
clamar venganza por la vida. Se puede decir: la vida de toda carne es su
sangre (cf. Lv 17,14; Dt 12,23). Esto vale para todos los seres vivientes,
seres humanos y animales. A partir de aquí se desprende una serie de
implicaciones, como la prohibición de comer la sangre de los animales,
que pertenece única y exclusivamente a Yahvé, el protector de la vida.
Una serie de leyes regulan cómo tiene que ser el comportamiento
frente a la sangre: el derramamiento de sangre humana constituye un
gran pecado, no sólo contra quien es asesinado, sino sobre todo contra Dios; no se puede dejar correr la sangre de los animales sacrificados, sino que el sacerdote tiene que rociarla sobre el altar. Hay que señalar que la falta ritual es equiparada al homicidio (cf. Lv 17,4; Nm
35,33).
2. NO SEA LO QUE YO QUIERO SINO LO QUE QUIERAS TÚ (14,32-42)
La oración de Jesús en Getsemaní señala un momento muy elocuente en la vida del Hijo de Dios, en su realidad humana.
Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti;
aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú»
(14,36-36).
Si bien es cierto que Jesús percibe con sus sentimientos humanos
el destino que le aguarda, asimismo lo ve desde la perspectiva de
Dios, por eso toma una actitud de obediencia incondicional. El «sí»
a la voluntad del Padre es la actitud fundamental de Jesús. El EvMc
señala una reiteración, que manifiesta de manera clara y contundente la sumisión a la voluntad del Padre (cf. 14,39). En los dos momentos en que el evangelista menciona la oración de Jesús, ésta lleva la misma perspectiva de total reconocimiento y dependencia del
Padre: en Getsemaní, y en el Calvario mismo (cf. 15,34).
204
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Aunque los tres sinópticos (Mc 14,26; Mt 26,30; Lc 22,39) coinciden en que después de la cena Jesús se dirigió hacia el monte de
los Olivos, sólo Mc y Mt identifican el lugar preciso como Getsemaní (lugar de aceite). Aquí tiene lugar uno de los momentos más
críticos en la vida terrena del Señor. Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, los mismos que lo acompañaron en la montaña de la
transfiguración (cf. Mc 9,2) y fueron testigos de su gloria y del reconocimiento que de él hizo la «Voz que venía del cielo», como el
«Hijo amado». Estos discípulos, también testigos de la resurrección
de la hija de Jairo (5,37), son ahora testigos de lo que significa la realidad humana de ese mismo Hijo. Grandeza y abajamiento, majestad y humildad, y son como dos polos complementarios en la identidad mesiánica de Jesús. La experiencia vivida en el monte de la
transfiguración, por una parte, se vincula estrechamente con las otras
experiencias, la del monte de los Olivos y la del Calvario mismo.
Los términos utilizados por Mc 14,33-34 son fuertes y por demás
elocuentes: «comenzó a sentir pavor y angustia. Esta expresión revela ya un momento psicológico bastante crítico, el mismo que es
expresado más enfatizado por la frase que aparece en los labios del
mismo Jesús: «Mi alma está triste hasta el punto de morir», se trata
de una tristeza que lleva al extremo de morir (heôs thanátou). Su temor aparece expresado con palabras de algunos salmos (cf. 22,15;
31,10; 34,16-23), y con otras más que Jesús se dirige a los tres discípulos (cf. 42,6; 43,5).
Después el Maestro se aparta también de los tres discípulos de
confianza y da inicio a su oración, solo él ante su Padre. El EvMc no
escatima nada para presentar esta escena con todo su dramatismo.
La postración en tierra es signo de reconocimiento y adoración al
Padre, pero también de abatimiento y de oración intensa. La «hora»
se refiere al momento fijado por Dios, lo que evidencia que se trata
aquí de su pasión y muerte.
La oración de Jesús en Getsemaní da inicio con una palabra típica del propio Jesús cuando se dirige a Dios: ¡Abbá! Esta expresión
aramea –que refleja su lengua materna– pone de manifiesto sobre
todo la familiaridad, confianza e intimidad que caracteriza el trato
entre el Padre y el Hijo. Aunque el EvMc no conoce la oración del
Padrenuestro, como Mt y Lc, el lector puede descubrir en este momento la actitud filial y la intimidad de Jesús con su Padre, como
una acción paradigmática que tipifica la relación de todo creyente
para con Dios.
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
205
Enseguida viene la petición confiada en la omnipotencia de
Dios, que, sin estar lejos de su Hijo, ni mucho menos de abandonarlo en un momento tan crucial, sin embargo deja seguir por su
cauce el proyecto de salvación iniciado, el mismo que incluye la
donación de la vida del Hijo. Este plan es conforme a su voluntad
salvífica, por lo que no se espera un cambio de dirección. El objetivo último de esta oración es el total reconocimiento de la voluntad
de Dios y el sometimiento de los propios anhelos y temores al plan
salvífico de Dios.
Aunque Jesús solicita a su Padre que aparte esa «copa», es decir,
le libere de la pasión y de la muerte que se avecinan, no obstante él
somete su voluntad, con actitud filial y obediente, a la de su Padre.
A pesar de experimentar todo el peso de su humanidad y la fragilidad de la misma, se sostiene en el mismo proyecto de salvación.
Los discípulos son encontrados dormidos en tres ocasiones. Esta
triple reiteración es sintomática, pues expresa la incapacidad de
permanecer firmes sin la ayuda del Espíritu. La «carne» designa al
ser humano en su condición frágil y perecedera. Los discípulos son
conminados por el Maestro a no confiar en sí mismos de modo arrogante, pues su debilidad misma da la ocasión para sucumbir. Los lectores entienden que deben pedir el auxilio divino.
3. VERDADERAMENTE ESTE HOMBRE ERA EL HIJO DE DIOS (15,33-39)
El proceso seguido a Jesús es descrito por el EvMc con varias escenas, desde el prendimiento (14,43-52) hasta su muerte en la cruz
(15,33-39): la comparecencia ante el Sanedrín (14,53-65), las negaciones de Pedro (14,66-72), la comparecencia ante Pilato (15,115), los ultrajes (15,16-20), el camino de la cruz (15,21-22), la crucifixión con los nuevos ultrajes (15,23-32) y finalmente la muerte
(15,33-39). En el recorrido de todas éstas se alcanza a descubrir el
camino doloroso seguido por el Mesías. La culminación tiene lugar
en la última escena. El evangelio originalmente terminaba con los
pasajes que se refieren a las mujeres en el calvario (15,40-41), la sepultura (15,42-47) y el dato del sepulcro vacío con el anuncio del
personaje vestido de blanco (16,1-8). Un redactor posterior añadió
las apariciones (16,9-20).
En el punto culminante de la muerte del Mesías, el centurión
pagano confiesa la identidad del crucificado: «Verdaderamente este
206
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
hombre era Hijo de Dios». La escena posee dos partes que contienen los momentos previos (15,33-36) y el tiempo posterior (15,3839) a la muerte:
• Primera parte: indicación del tiempo y las horas de oscuridad (v.
33), el grito de Jesús, la reacción de los espectadores (vv. 34-35) y
el ofrecimiento para que Jesús beba vinagre (v. 36).
En el centro: la muerte del Señor (v. 37)
• La segunda parte: presenta un signo del término del templo judío
(v. 38) y la confesión del centurión (v. 39).
El centurión romano al ser testigo de la muerte de Jesús cree
en él y formula una profesión de fe. Ésta consiste precisamente en
aquella a la que tiende todo el EvMc. Es posible señalar, por tanto,
que esta confesión constituye una especie de resumen final del
evangelio, escrito para cristianos procedentes del judaísmo, pero
también del paganismo. El centurión viene a representar ya desde
el primero de los evangelios, cronológicamente hablando, la fracción gentil de la comunidad de los discípulos de Jesús.
El título «Hijo de Dios», con el que dio inicio la narración evangélica de Marcos, encuentra en el momento de la muerte de Jesús un
punto de «inclusión» teológico y literario. Ambos momentos, el comienzo y el final, se interrelacionan de manera significativa y otorga a la narración un sentido de totalidad. Asimismo el lector del
evangelio puede darse cuenta de que sólo a partir de la muerte de
Jesús en la cruz puede llegar a comprender quién es él. Su revelación
como Hijo de Dios que había tenido lugar en su predicación y en
sus milagros posee su complemento necesario y su punto más alto
en la cruz. Incluso aquí, en el momento en que pareciera que ha fracasado en su misión, el lector se encuentra con un Mesías que muere con toda la dignidad de Hijo y con el reconocimiento que brota
de los labios de un pagano.
Así pues, el dinamismo salvífico del proyecto divino no podía
terminar con el sufrimiento y la muerte del Mesías. Esto llevaría a
una sensación de fracaso en la misión redentora. «Ser rescatado con
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
207
la sangre de Cristo» alcanza su sentido pleno cuando se le mira desde una perspectiva más plena. Cuando Jesús expira parece derrotado, pero es entonces cuando el Padre actúa, el Dios que parecía no
escuchar sus plegarias y haberlo abandonado. Es también entonces
cuando el lector comprende que de ningún modo Dios había estado ausente. Hace que prevalezca el Hijo muerto en la cruz, dando
cumplimiento a las palabras por las que las autoridades judías lo habían escarnecido como falso profeta.
En el proceso judío se acusó a Jesús y en la cruz se le ridiculizó por
haber dicho que destruiría el Templo; al morir, el velo del santuario
se rasga de arriba abajo, anunciando el fin de la primera alianza.
También se le acusó de presentarse como el Mesías, el Hijo del Dios
Bendito, y en la cruz se le ridiculizó por ello. Sin embargo la declaración en el momento de su muerte por el centurión romano confiere a la narración un significado de triunfo.
RECAPITULACIÓN
La predicación cristiana inicial estuvo centrada en la pasión,
la muerte y la resurrección del Señor. Esto constituye el «centro
del kerygma», de modo que el anuncio del Mesías muerto y resucitado es el soporte de los anuncios en torno a su persona y a sus
acciones. Las mismas palabras de Jesús, sus milagros, etc., fueron
vistos y proclamados desde la perspectiva pascual, como expresiones de fe en Cristo resucitado. A partir de ahí fueron surgiendo
los evangelios.
El relato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús ha sido
elaborado por Marcos según la propia visión teológica y catequística. Compone sus episodios a partir en tres momentos fundamentales: los preámbulos de la pasión, la pasión y la muerte y la
resurrección del Señor. A partir de aquí tiene lugar una serie de
escenas que presentan de forma dramática los acontecimientos
que trazan el camino del Señor hacia los momentos más decisivos
de su misión salvadora. Es un anuncio de fe a partir de esos mismos hechos.
El EvMc está particularmente animado por un dinamismo interno que va llevando al lector, por decirlo así, de forma «irreversible»
hacia la pasión de Jesús, en una doble vertiente: las hostilidades de
208
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
sus adversarios, pero también el mismo proyecto salvífico inherente a su condición mesiánica. Esto significa que por una parte el
evangelista no escatima nada para señalar a los adversarios de Jesús
como los principales responsables de su muerte, pero también, por
otra parte, evidencia que el sufrimiento y esa misma muerte conllevan una realidad más profunda y relevante: forman parte de un proyecto salvador de Dios para la humanidad, que sólo de esa manera
ha llegado a su cumplimiento.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer de corrido, pero con mucha atención, todo el relato de la
pasión según Mc (capítulos 14 y 15). Mirar detenidamente cada una
de las escenas que forman parte del mismo: 1) preámbulos (conspiración contra Jesús, 14,1-2; unción de Betania, 14,3-9; traición de Judas,
14,10-11.17-21; cena pascual e institución de la Eucaristía, 14,1216.22-25); 2) la pasión y la muerte (negaciones de Pedro, 14,26-31.6672; agonía en Getsemaní, 14,32-42; prendimiento de Jesús, 14,43-52;
ante el Sanedrín, 14,53-65; ante Pilato, 15,1-15; escarnios contra Jesús,
15,16-20; la cruz, 15,21-32; la muerte, 15,33-39; las mujeres en el Calvario, 15,40-41; la sepultura, 15,42-47). Observar con cuidado los personajes que aparecen allí. ¿Qué hacen? ¿Qué dicen?
2. Conforme a lo observado en el paso anterior, tratar de descubrir
los perfiles de los adversarios y confrontarlos con los de los discípulos
de Jesús. De modo especial observar los comportamientos de Judas y
de Pedro, en qué se parecen y en qué se distinguen. ¿Cuándo dejan de
ser discípulos para pasar al grupo enemigo?
3. Leer detenidamente los juicios contra Jesús, ante el Sanedrín y
ante Pilato. Establecer una confrontación entre las acusaciones que
tienen lugar en los mismos.
4. Ver cómo no son los discípulos y seguidores más cercanos quienes se ocupen de la sepultura del Maestro, sino una persona perteneciente al círculo más amplio de sus simpatizantes, José de Arimatea,
descrito como «miembro respetable del Consejo» y quien «también
esperaba el reinado de Dios» (cf. Mc 15,43). Observar la actitud de
este personaje, a primera vista una persona piadosa, que lleva a cabo
una obra de caridad al enterrar un difunto (cf. Tob 1,17-19). ¿Cuál es
el mensaje profundo que puede ser captado por todos los lectores del
evangelio, incluyendo a los que «no están tan cerca», como un ejemplo a seguir? ¿Cómo José puede representar a todo aquel que quiera hacer algo por Cristo?
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (I)
209
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. El EvMc está animado de modo muy especial por el dinamismo
interno que lleva al lector a descubrir en la pasión de Jesús, una invitación para seguirlo. ¿Cómo nos sentimos interpelados por este relato,
que es el más significativo en la presentación evangélica?
2. Cuando hemos escuchado o leído la narración de la pasión del
Señor, ¿nos reconocemos involucrados en este drama? ¿O nos sentimos como simples espectadores?
3. ¿Qué aspectos de nuestra vida actual se vinculan con la pasión,
muerte y resurrección del Señor? ¿Se trata sólo de una experiencia espiritual o llega a tener manifestaciones más concretas y específicas en
la vida cotidiana?
4. En el relato de Marcos aparece una doble vertiente: las hostilidades de sus adversarios y el proyecto salvífico inherente a su condición mesiánica. ¿Quiénes podrían ser considerados hoy como adversarios de este proyecto? Pero al mismo tiempo y todavía más importante,
¿de qué manera podemos anunciar y testificar ese proyecto salvífico de
Jesús, presente en el evangelio?
5. Como el Maestro, sus discípulos deben enfrentar hostilidades,
persecuciones, violencias, incluso la muerte para dar testimonio. La fidelidad a Cristo tiene un precio bastante alto. ¿Estamos dispuestos a
pagarlo?
CAPÍTULO XI
LA BUENA NOTICIA ALCANZA
SU PUNTO MÁS ALTO (II)
I. LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR, MOMENTO
CULMINANTE Y CORONACIÓN DE SU MESIANISMO
Con todo lo que se ha venido señalando, aparece con claridad
un rasgo sobresaliente de la persona del Mesías e Hijo de Dios,
enunciada desde el inicio: su destino que paso a paso se encamina
hacia la muerte, en la que parece ser abandonado por el Padre, pero
donde, de forma paradójica, se manifiesta la obediencia filial en
toda su plenitud y la intervención más elocuente del Padre, al resucitar a su Hijo de entre los muertos.
De acuerdo a lo presentado por el EvMc, no era posible que todo
terminara en la cruz y en el sepulcro. La narración invita a lanzar la
mirada hacia otro aspecto esencial, desde el cual se puede dar un sentido pleno y preciso a todo el camino recorrido a lo largo de su relato: la resurrección del Señor. Este acontecimiento no sólo marca un
momento decisivo en la misión mesiánica de Jesús y en la vida de la
comunidad de discípulos, sino que es el acontecimiento fundamental, desde el cual hay que leer toda la narración evangélica.
Así pues, la luz que arroja la resurrección de Cristo constituye un
principio de lectura esencial para la comprensión del testimonio
que Marcos plasmó en su evangelio. En otras palabras, no se podrían
entender bien todos los acontecimientos de la vida terrena de Jesús
si no son visualizados desde la óptica pascual.
Es precisamente la fe en la resurrección la luz que ilumina la
vida, las palabras y los portentos realizados por el Mesías. Sin este
hecho basilar y fundante todo lo demás que aparece en el relato
212
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
evangélico habría tenido poco o quizá ningún sentido. Sobre todo
la muerte en cruz pudo haber representado la derrota y el fracaso de
un mesianismo carente de mayor sentido. A lo sumo podría ser vista como un acto heroico y edificante de un hombre justo y santo,
pero, al final, de un ser humano mortal y pasajero que se inmola por
una causa noble. Sin embargo, el evangelio deja bien claro que el
protagonista es el Mesías e Hijo de Dios, quien después de un aparente abandono de su Padre resurge triunfante del sepulcro.
II. RECORRIDO EPISÓDICO DEL RELATO
SOBRE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
El relato de la resurrección en el EvMc tiene dos partes principales, que es posible diferenciar de manera muy clara y precisa. Ambas refieren apariciones de Jesús resucitado, pero en tonos muy distintos, que dejan ver la intervención de por lo menos dos redactores
diversos:
a) El hallazgo del sepulcro vacío por la mujeres y el anuncio del
mensajero (16,1-8)
b) Diversos relatos de apariciones y envío de los discípulos a la
misión (16,9-20)
• Aparición a María Magdalena (16,9-11)
• Aparición a dos discípulos de camino a una aldea (16,12-13)
• Aparición a los discípulos estando a la mesa y reproche por
incredulidad (16,14)
• Envío de los discípulos para la misión (16,15-18)
• Ascensión de Jesús e inicio de la misión (16,19-20)
Mientras la primera de estas dos partes perteneció, con toda seguridad, al relato original del EvMc, la segunda parece más bien haber sido añadida con el tiempo. Esto no significa que la adición no
sea genuina, antes bien, ha sido reconocida como inspirada y canónica, a pesar de que falta en manuscritos antiguos importantes.
Mc 16,8 terminaba de manera poco satisfactoria: las mujeres,
después de escuchar el anuncio del joven vestido con una túnica
blanca, salieron huyendo del sepulcro con temblor y espanto «y no
dijeron nada a nadie porque tenían miedo». Este final un tanto
abrupto debió parecer insuficiente a los lectores del evangelio, quienes añoraban algo más que evidenciara mejor la resurrección del
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (II)
213
Señor. El relato de la tumba vacía y esa única aparición de un mensajero (ángel), ni siquiera del mismo Resucitado, representaban un
testimonio débil y poco contundente.
Ésa fue la razón por la cual otro u otros redactores añadieron, en
un momento tardío, la segunda parte (Mc 16,9-20). Tomando como
base pasajes ya para entonces conocidos, provenientes de otros
evangelios, intentaron hacer un resumen de las diferentes apariciones del Resucitado a sus discípulos y de la misión que él mismo les
confirió:
• Mc 16,9-11 = Mt 28,10 + Jn 20,11ss
• Mc 16,12-13 = Lc 24,13-35
• Mc 16,14 = Lc 24,36ss + Jn 20,19-23
• Mc 16,15-18 = Mt 28,18-20
• Mc 16,19-20 = Lc 24,50-53.
Como se ha podido constatar, las adiciones son evidentes y poseen un estilo diferente al del resto del EvMc, pero es indudable que
lograron su objetivo. Los lectores, frente a tantos testimonios, terminan convencidos de que Jesús, el Mesías e Hijo de Dios ha resucitado en realidad y envía a sus discípulos a continuar la misión que
él mismo inició.
III. EL HALLAZGO DEL SEPULCRO VACÍO,
APARICIÓN Y ANUNCIO DEL MENSAJERO
Mc 6,1-8 narra cómo las mujeres, las únicas que observaron la
muerte y la sepultura de Jesús, reciben de un ángel el mensaje de la resurrección y una instrucción especial para los discípulos.
A pesar de su conducta ejemplar y edificante, José de Arimatea
todavía no está en posibilidad de manifestar una esperanza más allá
de lo que deposita en la tumba. Pero es entonces cuando aparecen en
escena otros personajes importantes: las mujeres. A partir de su actitud valiente y fiel, que desde lejos contemplaban lo sucedido en el
Calvario, el EvMc parece invitar a sus lectores a lanzar la mirada hacia lo que habrá de acontecer en torno al sepulcro de Jesús.
Su actitud es todavía más relevante. Se trata de una actitud esperanzadora por parte de las mujeres que contemplan la tumba de Jesús
(cf. Mc 15,47), la que se verá recompensada más allá de lo que ellas
podrían haber esperado en ese momento, pues a partir de lo que ob-
214
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
servan, está a punto de acontecer una realidad que supera toda intuición y toda esperanza: el anuncio de la resurrección de su Señor.
1. BUSCAN A JESÚS DE NAZARET, EL CRUCIFICADO,
QUE HA RESUCITADO (16,1-8)
Como en el resto de los evangelios, en Marcos el episodio más
importante de todo el relato es sin lugar a dudas el que presenta el
momento cumbre de toda la actividad mesiánica de Jesús: la resurrección. Éste representa la meta final de todo lo que ha venido recorriendo.
Mc 16,1 narra la preparación para la unción del cadáver de Jesús. Ya desde 15,40.47 el relato había mencionado la presencia de
las mujeres durante la pasión del Señor. Aunque el nombre de una
de ellas varía entre 15,47 (María Magdalena y María la de Joset) y
16,1 (María Magdalena, María la de Santiago y Salomé), el dato no alcanza mayor relevancia. De todas formas se trata de las mujeres,
quienes desde el momento de la crucifixión y de la sepultura han estado observando y se convierten en testigos del anuncio de la noticia que, de ahora en adelante, habrá de convertirse en central para
la fe cristiana: la resurrección de Cristo.
Las mujeres, en su visita al sepulcro, una vez concluido el descanso sabático, después de comprar aromas, se disponían a embalsamar el cadáver del Señor. De por sí la acción resulta extraña porque una unción de tal naturaleza era muy difícil de llevar a cabo por
dos razones principales: el sepulcro estaba sellado con una lápida
(cf. 16,46) y lo más probable era que el cadáver empezara ya a estar
en proceso de descomposición. Sin embargo el intento de llevar a
cabo dicho embalsamiento fue el motivo para que ellas fueran al sepulcro y recibieran la noticia de la resurrección del Señor.
El primer día de la semana, muy de madrugada, las mujeres oyen
resonar junto a la tumba vacía el maravilloso mensaje de la resurrección. El joven con túnica blanca, un enviado y mensajero de
Dios, sentado a la derecha del sepulcro, es el encargado de anunciar
el mensaje gozoso:
No se asusten. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha
resucitado, no está aquí. Vean el lugar donde le pusieron. Pero vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán, como les dijo (16,6-7).
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (II)
215
Aunque la identidad de ese joven «vestido con una túnica blanca» no parece tan relevante, sin embargo es preciso descubrir la relación con el joven «cubierto con una sábana» y que después escapó «desnudo» (cf. 14,51-52). Es muy probable que se trate del
mismo personaje, quien pasa de la desnudez, en el momento de la
pasión, al vestido de la fiesta gloriosa de la resurrección. El mensajero divino ilustra con elocuencia ambos momentos.
El anuncio contiene tres aspectos fundamentales, además de la
exhortación introductoria para que ellas no se asusten:
• «Ha resucitado...»
• «No está aquí...»
• «Vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ustedes a Galilea...»
El orden en que el joven pronuncia las frases no es fortuito, sino
que posee una importancia especial. En efecto, el mensajero afirma el
hecho de la resurrección antes de cualquier alusión a la tumba vacía.
Esto significa que la fe en la resurrección no nace del dato del sepulcro vacío, sino de la revelación que Dios hace a través de su mensajero. Después viene la indicación para que Pedro y los demás discípulos encuentren a Jesús resucitado en Galilea, allí donde tuvo su inicio
el anuncio del mensaje y sobre todo donde Pedro fue llamado para ser
discípulo de Jesús: hay que volver a Galilea y reemprender el camino.
DE GALILEA A GALILEA
→
→
Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo:
«Vengan conmigo, y haré que ustedes lleguen a ser pescadores de hombres».
Al instante, dejando las redes, le siguieron (1,16-18)
Pero vayan a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ustedes
a Galilea; allí le verán, como les dijo (16,7; cf. 14,28).
Es posible afirmar que la ausencia del cadáver en la tumba no es
un dato suficiente para explicar y avalar la resurrección de Jesús; antes bien, ocurre a la inversa, es decir, la resurrección misma es la que
explica la razón del sepulcro vacío. Una vez que se ha recibido el
216
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
anuncio del acontecimiento de la resurrección y éste se corrobora al
observar la tumba sin el cuerpo depositado allí, es preciso comunicar a los discípulos la noticia para que éstos vuelvan al lugar del inicio, donde ellos recibieron la llamada para seguir al Maestro en su
camino hacia la cruz, pero que ahora «ha resucitado». Un nuevo
inicio está a punto de tener lugar.
2. SE APARECIÓ (16,9-20)
Como ya hemos hecho notar antes, es casi seguro que el relato de
la pasión y resurrección de Jesús en el EvMc concluía originalmente
con la huida de las mujeres, del sepulcro, después de recibir el anuncio de la resurrección de parte del joven vestido con una túnica blanca, quien les comunicó la noticia y les dio la indicación para que los
discípulos regresaran a Galilea. Sin embargo, como también hemos señalado, tal conclusión resultaba incompleta, por varias razones: el único testimonio de la resurrección era el de aquel joven a las mujeres y
el único signo podría quedar reducido a la tumba vacía. Incluso la noticia final del relato, acerca de que salieron huyendo del sepulcro,
«pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo», parecía un tanto inadecuada para cerrar el evangelio, a pesar de que de suyo era suficiente para
comprender que el Mesías no se había quedado muerto en el sepulcro.
De este modo, la comunidad lectora del EvMc esperaba algo más,
que pudiera apoyar con mayor fuerza la firme convicción de que Jesucristo resucitó efectivamente. Aquello que se esperaba incluso podría
representar un nuevo inicio. Así fue como uno o varios redactores
añadieron, en un momento posterior a la redacción del resto del evangelio, el pasaje correspondiente a Mc 16,9-20, el mismo que alcanza a
armonizar con la temática de lo presentado a lo largo del relato. Esta
parte, reconocida como inspirada y canónica por la Iglesia, contiene
las apariciones del Señor resucitado (16,9-14), el mandato misionero
(16,15-18), la ascensión (16,19) y la ejecución de ese mismo mandato (16,19-20). Estos datos presentes en la tradición de algunas comunidades alcanzaron a completar bien la narración evangélica.
Así fue como el redactor o los redactores, preocupado(s) porque
el testimonio acerca de la resurrección fuese más verosímil, añadieron otros pasajes cuyo contenido central está referido a las apariciones del Señor resucitado. Éstas constituyen un recurso impor-
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (II)
217
tante para avalar de manera más clara y evidente el hecho de la resurrección, no del todo convincente en razón sólo del hallazgo de la
tumba vacía.
En consonancia con otros textos de tradición evangélica (cf. Jn
20,1) la primera aparición es dirigida a María Magdalena, «de la que
había echado siete demonios» (16,9). A pesar de que ya en 16,1 había hecho referencia a esta aparición, en el final original, el redactor
posterior decidió añadirla, estableciendo un eslabón con dicho final.
La aparición es descrita con el verbo efanê (él se hizo visible), que en
la Versión de los Setenta se utiliza para referirse a las apariciones de
Dios, pero que no vuelve a ser usado por el NT para designar las apariciones del Resucitado. María Magdalena resulta así ser la privilegiada al ser la primera en recibir la primera de las apariciones.
MARÍA MAGDALENA,
PRIMER TESTIGO DE LA RESURRECCIÓN DEL
SEÑOR
Parece que el nombre de «Magdalena» no deriva de la raíz hebrea
gadal, grande, con lo que, según Orígenes, se habría querido ensalzar la
magnitud moral de esta mujer, sino que más bien es el gentilicio, de su
pueblo llamado Magdala en Galilea, hoy El-Medjdel, a orillas del lago
Tiberíades.
Los cuatro evangelistas indican la existencia y la asistencia de María Magdalena y ninguno afirma que fuese una pecadora, sino, por el
contrario, una mujer virtuosa. Su fama de pecadora puede radicar en la
identificación dudosa con la pecadora de Lc 7,36-50. Jesús la había curado «librándola de siete demonios», expresión metafórica cuyo significado no es necesariamente el de pecadora, sino que su enfermedad
pudo ser tan grave, que fue expresada en el número siete (símbolo de
plenitud), de lo que está completo, abarrotado, ya que las dolencias, en
especial, las psíquicas y epilépticas, eran atribuidas a demonios. Cuando se vio curada y restablecida, lo dejó todo, se hizo seguidora y discípula del Maestro y, entregando sus bienes a la misión evangélica, se dedicó a su servicio. Al parecer ella tuvo una función destacada entre los
discípulos, según el testimonio de los distintos textos, tanto canónicos
como apócrifos, lo que le otorgó un carácter estable en la comunidad.
Es la que citan los cuatro evangelistas en primer lugar; es a ella a la que
primero se aparece Cristo Resucitado y la que lleva la noticia.
La visita de la Magdalena al sepulcro se relata en los cuatro evangelios, pero con matices y circunstancias diferentes (Mt 28,1-8; Mc
16,1-8; Lc 24,1-12; Jn 20,1-18).
218
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Según los sinópticos, la Magdalena va acompañada de otras mujeres (Lc 24,10). Cosa que parece más lógica si observamos la costumbre de las mujeres de no ir solas a ningún sitio. Por Mateo, sabemos
que venían para ver el sepulcro (Mt 28,1). Antes de llegar, ya desde
lejos, vieron que la piedra no estaba en su lugar. Magdalena, sin esperar y mirar a ver qué ha ocurrido, concibiendo, a la ligera, la idea del
robo del cuerpo, dejó a las otras que llevaban aromas para terminar el
apresurado embalsamamiento del día anterior y salió corriendo, hasta
la casa donde se encontraban los apóstoles, a decirle a Pedro que habían robado o escondido el cuerpo del Señor y no «sabemos» dónde lo
han puesto. Este modo de dar la noticia significa que hace una suposición, pues no llegó a entrar en el sepulcro y, al usar la primera persona del plural, muestra, por elipsis, que iba en compañía de otras personas. Está preocupada por lo que ha venido a ver: el sepulcro y el
cuerpo de Jesús. Pero su fe la lleva a encontrar al Resucitado.
La mujer comunica el mensaje a los discípulos, a los que el EvMc
caracteriza como los que habían vivido con él y los describe como tristes y llorosos. Pero al mismo tiempo hace resaltar el hecho de la incredulidad de estos mismos, quienes al escuchar que él vivía y que
ella lo había visto rehusaron creer.
Esa actitud escéptica de los discípulos ante la resurrección del
Señor es una constante en los diversos pasajes evangélicos (cf. Mt
28,17; Lc 24,11.24-25.36-43; Jn 20,24-29), pero también continúa
un dato que Marcos había venido poniendo en evidencia: la falta de
comprensión de ellos mismos. La duda tiene que ver con una actitud que se ha venido repitiendo a lo largo de la narración evangélica, la cual se prolonga incluso hasta el momento decisivo.
Dicha forma de hablar acerca de los discípulos representa una
fuerte llamada de atención para los lectores del evangelio, para evitar todo tipo de dudas y vacilaciones frente al acontecimiento central de la fe cristiana.
APARICIONES DIVINAS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Cuando el AT habla de Dios que se hace visible en las apariciones, no se trata de curiosidad alguna acerca de la «figura» de Dios.
Antes bien, las teofanías constituyen manifestaciones poderosas de la
gloria del Eterno, pero al mismo tiempo como una especie de conce-
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (II)
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sión para los seres humanos, condicionados por las realidades corpóreas y temporales. Dios se «aparece» a los hombres para instruirlos,
exhortarlos, animarlos, corregirlos, reprenderlos, etc. De modo que
las teofanías que tienen lugar en diversos momentos de la historia de
Israel no son unitarias del todo. Se dice que Dios se aparece «cara a
cara» para hablar a Abraham, a Isaac, a Jacob y a Moisés. Se trata
aquí de «antropomorfismos», es decir, maneras de pensar o de hablar
tomadas de la figura o de los sentimientos humanos que la Sagrada
Escritura utiliza para indicar atributos de Dios, como si éste tuviera
forma humana. En diversos pasajes se puede incluso pensar en una
cierta corporeidad de Dios (cf. Gn 1,18; Ex 33,23; Am 9,1). Las expresiones antropomórficas en las apariciones en el AT muestran
cómo el israelita concebía y entendía el ser de Dios. En vez del hecho
cósmico-mítico que tiene lugar en las teofanías babilónicas, el pensamiento hebreo acepta una teofanía visual, donde Yahvé viene a ayudar a su pueblo; descubre una cercanía de su Dios que acompaña y
cuida de sus elegidos. Dicho de otro modo, la grandeza de Dios se
hace próxima a la fragilidad humana.
RECAPITULACIÓN
Aunque sería muy exagerado sostener que todo el EvMc es un
«relato de la pasión provisto de una gran introducción», sin embargo es posible descubrir cómo el curso de los acontecimientos se va
encaminando paulatinamente hacia la muerte y resurrección del
Mesías, Hijo de Dios, sobre todo a partir de la confesión de Pedro,
en Cesarea de Filipo (cf. 8,27-30). No es fortuito que en tres ocasiones Jesús anuncie de modo explícito su pasión, que apunta hacia
la resurrección (cf. 8,31; 9,31; 10,34).
La noticia de la resurrección es el mejor aliciente para no desanimarse en el camino del seguimiento. Él está vivo y se le puede ver.
El anuncio de la resurrección del Señor es el soporte que sustenta la
fe de los lectores. Como ya hemos mencionado, todo parece indicar
que originalmente el EvMc concluía con el dato acerca de las mujeres que huyen del sepulcro llenas de temor y asombro (cf. Mc
16,8). Pero esto pudo suscitar insatisfacción entre los lectores que
esperaban algo más que apoyara de modo más contundente su fe en
la resurrección, que incluso no fuera el punto final, sino un nuevo
inicio. Entonces, un redactor añadió el pasaje que abarca Mc 16,920, con escenas en torno al Señor resucitado: las apariciones, el
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
mandato misionero, la ascensión y la ejecución del mandato. De
este modo queda completa la primera narración acerca de lo que
hizo y enseñó Jesús, la misma que desde el principio recibió el nombre de Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios (Mc 1,1).
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer de corrido, pero con mucha atención, todo el relato de
la resurrección según Mc 16. Mirar detenidamente cada una de las
escenas que forman parte del mismo. Poner atención en los estilos
de narración que tienen lugar tanto en 16,1-8, como en 16,9-20.
¿Por qué parece insuficiente el final del evangelio, tal como aparece
en 16,8?
2. Comparar las escenas de Mc 16,9-11 con Mt 28,10 y con Jn
20,11-18: ¿en qué se parecen y en que difieren? También comparar Mc
16,12-13 con Lc 24,13-35: ¿es posible que el primer pasaje sea una síntesis del segundo? ¿Por qué sí o por qué no? Asimismo confrontar Mc
16,14 con Lc 24,36-49 y con Jn 20,19-23: ¿cuál es el tema principal
que domina en estos episodios? En la confrontación entre Mc 16,1518 y Mt 28,18-20, ¿qué elementos afines y discordantes podemos encontrar? Finalmente, comparar Mc 16,19-20 con Lc 24,50-53 y con
Hch 1,3-14: ¿de qué pasaje se trata? ¿Cuál es el enfoque que cada uno
de ellos tiene del acontecimiento que narra?
3. Observar con cuidado los personajes que aparecen en cada una
de las escenas mencionadas y descubrir: ¿qué hacen y qué dicen? Prestar atención a las diversas reacciones de los personajes, pero sobre
todo fijarse bien en las de los discípulos.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Para nosotros los creyentes en Jesucristo, la resurrección de
nuestro Señor es un aspecto fundamental de la fe que profesamos.
¿Cómo lo ponemos de manifiesto? En realidad, la fe en la resurrección
de Cristo ¿es el motor de nuestra vida como cristianos e incorporados
a él por el bautismo?
2. En algunos momentos Jesús resucitado reprocha a sus discípulos
la incredulidad de éstos. ¿Nosotros nos sentimos o no aludidos a ese
mismo reproche?
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (II)
221
3. Creer en la resurrección significa hacer opción por la vida, contra todo género de muerte. ¿Estamos realmente convencidos de esto?
¿Cómo lo asumimos?
4. ¿Cómo podemos dar un verdadero y genuino testimonio hoy de
nuestra fe en el Cristo vivo?
CONCLUSIÓN GENERAL
La intención fundamental del EvMc es transmitir el mensaje de
Jesucristo a una comunidad creyente, en el dinamismo de la proclamación. El autor busca presentar la Buena Noticia de salvación,
acorde a la situación de su comunidad destinataria.
Sin embargo, la novedad que vive la Iglesia cuando aparece el
primero de los evangelios se apoya en el largo trabajo previo de las
comunidades cristianas, como la recopilación de los hechos y dichos de Jesús, la reproducción de relatos aislados y sentencias del
Maestro, y otras colecciones de relatos y palabras. De aquí partió
Marcos para elaborar con originalidad teológica su obra, que habría
de estar destinada a rebasar los márgenes de un entorno vital originario y abrirse a una perspectiva más amplia, hacia la universalidad
de la Iglesia.
La cuestión principal que recorre como un hilo conductor el
EvMc es la que se refiere a la persona misma del Mesías, es decir, a
su identidad. ¿Quién es Jesús? Ésta es la pregunta que el evangelista
se propone ir respondiendo a lo largo de su relato. Aunque el primer versículo es ya una especie de título: Principio de la Buena Noticia de Jesús Mesías, Hijo de Dios (Mc 1,1), el contenido de lo que implica el título va apareciendo de forma paulatina y progresiva. El
resto de la narración se irá encargando de explicar en qué consiste
la Buena Noticia y el carácter de Jesús como Mesías e Hijo de Dios.
El silencio que el mismo Jesús impone a quienes lo reconocen como
Mesías de Dios es un recurso muy importante que implementa el
evangelista para llevar a cabo su propósito.
La confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, donde declara abiertamente que Jesús es el Mesías (cf. Mc 8,27-29), es como el corazón
del evangelio y a la vez una especie de nuevo comienzo del mismo.
Además, esta confesión de quien es el portavoz de los demás discípulos establece un paralelismo con la confesión que, al final del
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
evangelio, hará el centurión romano al pie de la cruz (cf. Mc 15,39),
de modo que el título inicial, la confesión de Pedro en el centro, y
la confesión final del centurión son como los pilares de la estructura total del primer evangelio que se escribió.
Marcos, al redactar su evangelio, se enfoca hacia la persona de
Jesús, para presentarlo como el Mesías y el Hijo de Dios, pero, lejos
de utilizar ideas o conceptos abstractos, lo hace más bien en forma
de una narración, donde de manera descriptiva va presentando diferentes rasgos que delinean el auténtico perfil mesiánico de Jesús.
Cuando peligra la comprensión genuina de ese mesianismo, es preciso guardar silencio, hasta llegar a descubrir correctamente lo que
significa, sobre todo si son los demonios u otros personajes hostiles
quienes hacen este reconocimiento, los cuales jamás pueden emitir
una «confesión de fe».
Junto al Mesías aparecen casi siempre quienes fueron llamados
«para estar con él y para ser enviados a predicar» (cf. Mc 3,14). Se
trata de los discípulos, los destinatarios inmediatos de las enseñanzas
de Maestro y, al mismo tiempo, los prototipos de los «otros discípulos», es decir, de los lectores a los que va dirigido el evangelio. Estos
personajes ocupan un lugar tanto en la primera como en la segunda
parte del evangelio: los relatos acerca de la vocación (cf. Mc 1,1620), de la elección (cf. 3,13-19) y de la misión (Mc 6,7-13) de los
discípulos tienen una posición privilegiada al comenzar cada una de
las secciones de la primera parte. Pero también en la segunda parte
del escrito resaltan mucho los discípulos, como los destinatarios
principales de la enseñanza en la que Jesús muestra las consecuencias
de su caminar hacia la cruz (Mc 8,31-39; 9,31-32; 10,32-34).
Los discípulos acompañan al Maestro durante su actividad, sobre
todo en Jerusalén y en el templo, hasta que él es arrestado. Aunque
lo llegan a abandonar, este abandono no es definitivo. Jesús mismo
los invitará a superar su huida, anunciándoles su reencuentro en
Galilea. Los discípulos son, por tanto, un constante punto de referencia para el evangelista, ya que constituyen un grupo expresamente llamado y elegido por Jesús para la tarea específica de acompañarlo y para el envío a la predicación.
El EvMc se compone, por tanto, de dos grandes partes: 1,14–8,26 y
8,31–16,8. En el centro está 8,27-30, que contiene la pregunta que el mismo Jesús plantea acerca de su propia identidad y la confesión de fe que hace
Pedro. Además cuenta con una introducción general, que funciona como
preparación a todo el relato (1,1-13) y un añadido final (16,9-20).
LA BUENA NOTICIA ALCANZA SU PUNTO MÁS ALTO (II)
223
Podemos afirmar que el EvMc representa un esfuerzo considerable por convertir la predicación oral sobre Jesús como Mesías en narración escrita. Se trata básicamente de un testimonio de fe dirigido a una comunidad creyente para interpelarla y no tanto de
simples informaciones para saciar la curiosidad de cierto grupo de
lectores neutrales. Un propósito es que quien se acerque a este escrito encuentre la posibilidad de conocer al Señor, recibir sus enseñanzas y seguirlo para dar testimonio de él en como auténtico discípulo suyo.
Desde esta perspectiva, nosotros cristianos y discípulos de Jesús,
que vivimos en el siglo XXI, nos acercamos a leer un evangelio, que
lejos de ser una simple información, es un testimonio de fe y una
proclamación acerca de la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de
Dios.
224
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
ITUREA
Sidón •
Mar
Mediterráneo
LÍBANO
• Cesarea de Filipo
Tiro •
G AU L A N Í T I D E
FENICIA
G A L I L E A • Corozaín
Cafarnaún • • Betsaida
• Caná
• Betsaida-Julias
Tiberíades • Mar de Galilea
Nazaret •
Naín •
• Gádara
Salim •
Enón •
Río Jordán
SAMARIA
Sicar •
▲
Mt. Garizim
DECÁPOLIS
Arimatea •
PEREA
Efraín •
JUDEA
Emaús • Jerusalén • • Betania
▲
Mt. de los Olivos
IDUMEA
Mar
Muerto
La Tierra Santa
en los tiempos del
Antiguo Testamento
0
20 km
SEGUNDA PARTE
EL EVANGELIO SEGÚN
SAN MATEO
PREÁMBULO
El evangelio según san Mateo (EvMt) durante mucho tiempo recibió una valoración muy importante en la Iglesia. En virtud de eso
logró ejercer una influencia muy grande tanto en la liturgia, como
en la espiritualidad y en la pastoral de las comunidades cristianas,
incluso en la inspiración artística. En efecto, durante siglos Mateo
constituyó una especie de prototipo entre los restantes evangelios;
era casi «el evangelio por excelencia» y punto de referencia para
leer y entender los restantes, por lo menos Marcos y Lucas. Su extensión (28 capítulos que lo hacen el más grande de los evangelios)
y su ubicación (el primero de los libros del Nuevo Testamento),
además de su presunta procedencia apostólica, le dieron una prioridad inobjetable entre los otros de su género, hasta llegar a ser conocido muchas veces como el «Primer Evangelio».
En efecto, el EvMt ha sido una fuente importante para alimentar la vida del pueblo de Dios. Baste considerar no sólo lo que ha
significado a través del tiempo, sino lo que en el momento actual
significa releer el sermón de la montaña (Mt 5–7), donde las comunidades cristianas en general siguen descubriendo muchos de sus
principios inspiradores y normativos, tan importantes en su camino
y donde además se sienten desafiadas para asumir las enseñanzas
fundamentales y los criterios del Maestro para seguir sus directrices.
Un ejemplo por demás elocuente del «primado» de Mateo lo encontramos en el hecho mismo de que la Iglesia haya asumido por siglos y siga usando el «tenor mateano» del Padrenuestro como la
versión litúrgica oficial para la oración y como un paradigma en una
praxis que es, sin duda, fundamental en la vida de esta misma Iglesia. Las bienaventuranzas, la parábola de la «cizaña» con su corres-
228
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
pondiente interpretación, las del «tesoro», la «perla» y la «red», el encargo que Pedro recibe al profesar su fe en el Mesías «el Hijo del Dios
vivo», etc., en la versión de este evangelista siguen fungiendo todavía como «textos clásicos», en la lectura personal y comunitaria.
Por su parte, la piedad popular y el arte mismo no han soslayado escenas como la «adoración de los magos», la «matanza de los niños
inocentes» o la devoción al «justo José», etc. Estos y muchos otros
datos revelan y constatan la vigencia que sigue teniendo el EvMt.
Si bien es cierto que con el tiempo los restantes evangelios han
reivindicado su lugar tanto en la liturgia, como en la espiritualidad
y en la pastoral de las distintas comunidades cristianas, «desplazando» un poco la prioridad mateana, sin embargo tampoco podemos
pasar por alto la riqueza que encierra un testimonio tan relevante
como el que nos disponemos abordar aquí.
El objetivo de esta presentación es proporcionar una ayuda para
que el lector aproveche y asimile con eficacia el mensaje contenido
en el EvMt. Esto supone leerlo en su totalidad. Esta guía sería de
poca utilidad si no se relee el texto mismo del evangelio, que en definitiva es lo más importante.
Por tanto, aquí hacemos una propuesta para la lectura temática
de Mateo. Como su nombre lo indica, más que un comentario exhaustivo, intentamos descubrir los temas relevantes que vertebran
el evangelio y, por medio de ellos, apropiarnos la riqueza que encierra. Desde luego que es imposible agotar toda la temática de este
testimonio acerca del Mesías y de su mensaje. Por eso, hemos seleccionado algunos de los muchos temas relevantes, que nos sirvan
de herramienta y así podamos luego explorar otras vetas que nos brinda el texto de san Mateo.
Lo más importante es sin duda el acceso directo al relato evangélico. Partimos de la convicción de que ningún comentario por
muy exhaustivo que sea podrá jamás sustituir la lectura y la meditación del texto en cuanto tal. Todos los demás recursos podrán ser
útiles en mayor o en menor medida, pero constituirán siempre sólo
subsidios al servicio de la comprensión del texto mismo.
INTRODUCCIÓN
I. EL AUTOR DEL EVANGELIO
Si bien es cierto que resulta difícil conocer con exactitud al autor o autores de muchos libros de la Biblia, incluidos los evangelios,
el texto atribuido por la tradición al apóstol san Mateo deja ver entre líneas muchos datos para inferir el perfil de quien o quienes lo
elaboraron. Lo más factible es que la obra proceda de una comunidad judeocristiana y de un autor o autores judeocristiano(s), por razones que a continuación consideramos.
La estructura y la composición del evangelio muestran que el
evangelista está impregnado de literatura judía. Ya Papías, obispo
de Hierápolis (en la actual Turquía), expresaba en su famoso
«testimonio» de la primera mitad del s. II, recogido por el historiador Eusebio de Cesarea, que Mateo ordenó en dialecto hebreo las
palabras de Jesús (cf. Historia Eclesiástica III, 39), esto es, usando
los recursos y estilos de las lenguas semíticas. Es posible entender
esta frase en el sentido de ordenar las tradiciones de forma expositiva judía o, en otras palabras, de acuerdo a la forma de la lengua hebrea.
Más tarde, el punto de vista de Papías fue reiterado por san Ireneo, obispo de Lyon (130-200), quien dijo que Mateo, entre los hebreos publicó un evangelio escrito en su propio dialecto, cuando Pedro y
Pablo estuvieron predicando en Roma y fundando allí la Iglesia (Adversus Haereses III, 3). A pesar de que el sentido de los testimonios
mencionados es muy discutido, sin embargo éstos son un reflejo de
la estrecha vinculación reconocida en la antigüedad entre el evangelio y el judaísmo.
230
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
No es posible asegurar si el autor o autores del EvMt sabían realmente hebreo o arameo; lo único que se puede comprobar es que su
lengua materna es el griego. Son notables los numerosos contactos
del lenguaje con la versión griega llamada «De los Setenta» o Septuaginta, así como ciertas peculiaridades lingüísticas judías. Se trata,
por tanto, de un evangelio escrito en el ámbito de comunidad judeocristiana de la diáspora, que conoce y utiliza dicha versión griega de la Escritura.
La teología mateana, especialmente su idea de la Ley y su apelación al Antiguo Testamento, habla también a favor de un autor judeocristiano. A esto hay que añadir el constante recurso a las Escrituras, tanto las citas explícitas, como las simples referencias. Se ve
claro el interés de Mateo por los textos sagrados del judaísmo y lo
que éstos representan para una comunidad que acepta a Jesús de
Nazaret como Mesías e Hijo de Dios.
Además, fue precisamente el EvMt el que tuvo mayor difusión
en los ambientes judeocristianos. Más aún, los evangelios apócrifos
que proliferaron con mayor fuerza en estos ambientes tienen una
clara referencia y tratan de apoyarse en el evangelio de Mateo.
Desde ahora, sin embargo, es preciso señalar que no podemos tratarlo solamente de escrito judeocristiano, sin más. Al menos en su
redacción final, el evangelio presenta características que evidencian
la inquietud por salir de los moldes del judaísmo, y abrirse a una misión hacia los paganos. La situación, pues, no parece tan simple.
Es probable que el EvMt haya sido formado insertando los materiales procedentes de la fuente común con Lucas (conocida generalmente como Q) en una narración ya existente de Marcos (aunque quizá no la redacción final). Este proceso de composición se
debe conectar con la historia de la comunidad a la que se dirige Mateo. En otras palabras, la combinación de ambas fuentes reflejaría
un momento de la historia de esa misma comunidad. Así pues, las
fuentes de Mateo (Mc y Q) fueron transmitidas y elaboradas de forma inmediata antes de la composición del evangelio de Mateo, en
una comunidad todavía judeocristiana, aun cuando ésta empieza a
inquietarse por la apertura hacia los paganos.
Aunque no es posible conocer al autor o autores material(es) del
evangelio, ya que no existe ningún dato interno que pueda evidenciarlo con absoluta certeza, sin embargo la atribución a Mateo es
muy antigua, pues el testimonio de Papías data del 110-120 d.C.
INTRODUCCIÓN
231
Asimismo, es indudable que quien está detrás del testimonio evangélico ejercía una función en su comunidad, pero es difícil saber específicamente de qué tipo, posiblemente algo parecido a la de «maestro» o «catequista». Lo que sí es comprobable es que en la base del
texto mateano hay un estilo de impronta judía, una formación sinagogal, pero al mismo tiempo un talante lingüístico griego.
A pesar de que todavía hay quienes sostienen la opinión tradicional que hace remontar la redacción material del evangelio a la
pluma del propio apóstol Mateo, el «ex recaudador» de impuestos,
debemos aceptar que son muchas las incertidumbres acerca de esta
autoría. Las dudas surgen cuando se plantean preguntas como: ¿dónde encontrar testimonios internos que avalen esa paternidad literaria del apóstol Mateo? Y sobre todo: ¿por qué razón un testigo ocular
habría tenido que utilizar fuentes de quienes no lo fueron, como es
el caso de la utilización de Marcos y la fuente común con Lucas?
A partir de los estudios desde mediados del siglo pasado, se ha venido aceptando cada vez más la opinión acerca de que el evangelio,
que lleva el nombre de Mateo, no es fruto del trabajo de un solo individuo, en un tiempo determinado, sino que más bien pudo ser elaborado por varias manos, en fases sucesivas. Aquí estribaría el motivo de la utilización no uniforme de las citas bíblicas y también las
aparentes oposiciones que aparecen en el escrito. Sin embargo, aunque así fuera, es preciso señalar que el evangelio no es resultado simple de trabajos diversificados, sino que éste, en su redacción final,
encuentra suficiente solidez en sus enseñanzas, con hilos conductores que ofrecen una fuerte cohesión a las diferentes partes del mismo.
Por tanto, podemos decir que el autor que escribió el EvMt, o en
todo caso autores que intervinieron en la redacción del mismo, estaban preocupados por el momento delicado que vivía su comunidad, nacida en el seno del judaísmo, conservando por ello sus raíces, pero con una actitud de apertura decidida hacia los paganos.
Quien se encargó de dar la forma definitiva a todo el escrito evangélico nunca pierde de vista dichas motivaciones.
Por otra parte, existen también algunos indicios que pueden ayudarnos a ubicar en el tiempo al EvMt: si una de sus fuentes es Marcos, resulta lógico que se pueda hablar de un tiempo posterior a éste,
aun cuando se pueda discutir si se trata de la última redacción, es
decir, posterior al año 70, pero no mucho después; por otro lado, algunos fragmentos de Mateo ya aparecen en documentos como la
llamada Didajé o Enseñanza de los Apóstoles, y en san Ignacio de
232
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Antioquía (cf. Smir 1,1 = Mt 3,15; Fild 3,1 = 15,13). Por tanto es
posible afirmar que el EvMt fue conocido en Antioquía a fines del
s. I; también fue conocido en la ciudad de Esmirna (Asia Menor, la
actual Turquía) alrededor del año 115. Muy probablemente fue conocido ya antes del año 100 en Roma y quizá algo más tarde, también en Egipto.
El texto suscita la pregunta acerca de si el autor contempla directamente la dolorosa experiencia de ruptura con Israel, o si reflexiona sobre ella desde cierta distancia temporal. Lo que hay que suponer es que Mateo debió contar con el tiempo suficiente hasta que
el evangelio de Marcos –aunque no necesariamente en su redacción
final– llegara a la comunidad mateana. No obstante, no se podría
datar a Mateo, mucho tiempo después de los años ochenta del primer siglo de nuestra era.
Por lo que se refiere al lugar de origen, las informaciones son escasas. Existe un cierto consenso en cuanto a Siria como la procedencia más factible del EvMt, aunque se discute la determinación
más exacta. Una gran cantidad de autores últimamente se han inclinado por Antioquía, por varias razones: Ésta era una gran ciudad
con buenas vías de comunicación, lo que facilitó la difusión del
evangelio con mucha rapidez; aunque ésta no es la única ciudad con
tales características, sí es de las más factibles; además allí se hablaba el griego como lengua principal y el evangelio fue escrito en esta
lengua; en Antioquía había una cantidad bastante notable de judíos
(entre 45 y 65 mil, en una población de unos 300 mil habitantes).
Si el EvMt procede de una comunidad, al menos en sus inicios, judeocristiana, ésta pudo bien tener su origen en una ciudad donde
los judíos eran numerosos y además donde la figura del apóstol Pedro era de importancia central (cf. Mt 12,17-19), como era el caso
de Antioquía de Siria.
Por otra parte, es posible demostrar que Ignacio de Antioquía
utilizó el EvMt poco después del año 100. Además hay que considerar que el calificativo «nazoreo» (cf. Mt 2,23) fue una designación siria a los cristianos. Por último, podría ser algo más que una
simple coincidencia el que se mencione expresamente a Siria en Mt
4,24. En favor de la procedencia siria aboga también el hecho de
que Mateo ejerció una influencia especial en el judeocristianismo
caracterizado por su fidelidad a la ley.
En resumen, lo más probable es que en el evangelio que lleva el
nombre de Mateo estén presentes varias manos, en fases sucesivas,
INTRODUCCIÓN
233
aunque es seguro que un redactor final le dio la forma actual. Quienes intervinieron en la elaboración del EvMt estuvieron preocupados por el momento delicado que vivía su comunidad, en la década
de los ochenta, posiblemente en Antioquía de Siria. La comunidad
nacida en el seno del judaísmo conservaba sus raíces, pero tenía ya
una actitud de apertura decidida hacia los paganos.
LOS JUDEOCRISTIANOS
Generalmente, se llama judeocristianos a los judíos convertidos al
cristianismo, para distinguirlos de los paganos también convertidos.
Entre ellos se pueden reconocer dos grupos: por un lado, los judíos procedentes de Palestina, que hablaban hebreo o arameo; por el otro, los
judíos llegados de la diáspora, que empleaban el griego como lengua,
pero que también procedían de grupos judíos (cf. Hch 6,1). Los judeocristianos de habla hebrea o aramea fueron en un principio mayoría en
la joven comunidad cristiana. Poco a poco se fueron integrando también judíos nacidos en la diáspora y asimismo fueron entrando en ella
algunos procedentes del paganismo, siendo san Pablo uno de los agentes principales y de los propulsores de este tipo de comunidades judeocristianas y paganocristianas.
II. EL LENGUAJE Y EL ESTILO DE MATEO
El EvMt, como los restantes textos del NT, está escrito en la lengua griega común, la llamada koiné, pero con algunos rasgos propios,
como el que los judíos de la diáspora usaban incluso en la sinagoga,
y que se caracterizaba por el trasfondo semítico, y la influencia de
las escrituras hebreas; esto dejaba su impronta en dicho lenguaje.
Así pues, el griego de Mateo está caracterizado por algunos matices
que le imprimen su particularidad. Es más diferenciado, más pulido
y más elevado que el griego popular y de Marcos o de la fuente común con Lucas.
Las narraciones que hace Mateo suelen ser sobrias. Sus frases escuetas logran destacar claramente lo esencial. Su estilo tiende a ser
un tanto repetitivo, como ocurre ya desde la genealogía, con el verbo «engendró» y con el sustantivo «generaciones (cf. Mt 1,1-17);
sólo en Mt 1,17 el término «generaciones» se repite cuatro veces; al
234
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
iniciar el sermón de la montaña, aparece nueve veces la expresión
«bienaventurados» (cf. 5,3-11); en este mismo sermón destaca la
reiteración de frases como: han ustedes oído que se dijo a los antepasados.., pero yo les digo... (cf. 5,20-47) y cuando hagas... y tu Padre que
ve en lo secreto, te recompensará (cf. 6,1-18). En general, las repeticiones son hechas a propósito por Mateo para resaltar la enseñanza
que quiere enfatizar; a veces el paralelismo, repetitivo por naturaleza, ayuda a esto, por ejemplo:
No amontonen tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que
los corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonen más bien tesoros
en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que
socaven y roben (Mt 6,19-20; cf. Lc 12,33-34).
El EvMt está fuertemente influido por la versión griega «de los
Setenta», lo que le imprime un matiz especial a su lenguaje, que podemos denominar «bíblico», quizá como parte de su trasfondo y de
su entorno vital. Escribe en un griego de corte judío, es decir, su lenguaje se relaciona a veces con ciertos recursos y procesos lingüísticos, producidos en el judaísmo de la época.
Se puede hablar de un perfeccionamiento lingüístico en comparación con el griego popular de Marcos. Es indicio de buen lenguaje que
Mateo sustituya a menudo el «presente histórico» de Marcos por el
tiempo pasado. Por ejemplo, mientras Mc 1,30 dice: La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella, Mt 8,14, por su parte, sólo apunta: Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en
cama, con fiebre. En muchos de estos casos Mateo muestra buen sentido para presentar las diferencias de los tiempos verbales. Sin embargo, aunque el uso del «presente histórico» es bastante menos frecuente en Mateo, con relación a Marcos, sí se puede hablar de una
utilización de ése, con «altibajos»; sobre todo lo mantiene cuando usa
el verbo «decir». Dado que Mateo tiende a abreviar la narración para
destacar los diálogos, el «presente histórico» con el verbo «decir» es
probablemente un recurso para llamar la atención del lector hacia lo
más importante del relato: las palabras mismas de Jesús.
Sin embargo en cuanto al vocabulario mismo hay que señalar
que el lenguaje de Mateo acusa la afinidad con la lengua hebrea
–posiblemente proveniente del entorno bilingüe– y, por otra parte,
también influyen los textos semitas o sus traducciones a un griego
deficiente. Asimismo siente predilección por los paralelismos.
Mateo se presenta con relativa libertad ante su fuente, Marcos.
Mejora el estilo en muchos aspectos, pero rara vez de modo tan sos-
INTRODUCCIÓN
235
tenido como lo hace Lucas. Se puede decir que Mateo no cuidó del
todo la calidad de su lenguaje y, por consiguiente, no evitó fórmulas populares o estilísticamente pobres.
Hay que señalar que no todos los rasgos que caracterizan el
EvMt son resultado de su redacción final, algunas peculiaridades
estilísticas son expresión de pertenencia a una determinada tradición. Podemos decir que Mateo es ante todo un exponente de su
comunidad.
En resumen, el lenguaje y estilo de Mateo es de un mejor nivel
que el popular de Marcos o de la fuente común que tiene con Lucas. Su estilo es más conciso que el de sus fuentes. Las narraciones
son más sobrias. Sus frases escuetas logran destacar claramente lo
esencial, aunque a veces tiende a ser un tanto repetitivo. Aunque el
estilo de Mateo es bueno en general, no alcanzó cuidar suficientemente la calidad de su lenguaje, por lo que tampoco evitó fórmulas
populares o estilísticamente pobres.
EL GRIEGO KOINÉ
El griego koiné era un legado de la conquista de Alejandro Magno,
quien, antes de su muerte en 323 a.C., unió Asia Menor y el norte de
África con los estados griegos. Aunque después de fallecido su imperio no permaneció unido por mucho tiempo, un lenguaje griego común, el koiné, continuó imperando en las tierras que conquistó y vino
a ser el lenguaje común de la cuenca del Mediterráneo.
Durante el tercer siglo a.C., eruditos judíos que vivían en Alejandría, en Egipto, tradujeron las Santas Escrituras hebreas al griego. Esto
fue hecho primordialmente para que los judíos fuera de Palestina, muchos de los cuales no leían bien el hebreo, pudieran tener las Escrituras en un idioma que entendían, el griego koiné. Esto representó el inicio y la base de lo que sería la Septuaginta.
Aunque el Imperio romano vino a reemplazar la hegemonía de
los gobiernos griegos que Alejandro había dejado, el griego koiné
continuó como lengua común de todo el mundo mediterráneo. Durante el primer siglo, aun en la misma Roma, donde se centraba el
uso del latín, el apóstol Pablo podía escribir a la iglesia que se radicada allí utilizando el idioma griego. El griego perduró como lenguaje común hasta tiempos del emperador Justiniano durante el sexto siglo, y dejó sus huellas en la terminología usada por los seguidores
gentiles del Mesías.
236
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
III. EL PROPÓSITO DEL EVANGELIO DE MATEO
Jesús predicó y actuó en Palestina. Se puede decir que el ámbito
de su misión fue relativamente pequeño: de Galilea a Jerusalén. Los
primeros destinatarios de su mensaje fueron todos judíos; lo fueron
sus seguidores más cercanos, es decir, sus apóstoles, y él mismo fue
también judío, aunque decidido a romper con ciertos esquemas inveterados y obsoletos.
A pesar de que Jesús de Nazaret llegó no sólo a revolucionar el
judaísmo de su tiempo, sino incluso a inaugurar un movimiento
nuevo, para comprenderlo es preciso remontarnos al ambiente judío de la época. Y Mateo, no obstante lo tardío de la redacción final del evangelio (quizás después del año 80), conserva en gran medida ese sabor original.
Serán precisamente los discípulos «judíos» los encargados de llevar el mensaje del Maestro más allá de las fronteras del pueblo de la
primera Alianza, pero esto requerirá de un proceso lento, paulatino
y no siempre fácil de llevar a cabo. Ensanchar el camino de ese proyecto de salvación significará no sólo modificar en forma parcial
una determinada perspectiva, sino también muchas veces romper
barreras sólidas donde, de alguna manera, se sustentaba el judaísmo;
sin embargo, y al mismo tiempo, era necesario conservar la continuidad con las esperanzas de Israel, en cuyo seno surgió el movimiento mesiánico de Jesús.
El trabajo de Mateo estriba en llevar el mensaje del Señor a su
comunidad, todavía en su gran mayoría compuesta por judeocristianos. Éstos, por una parte, estaban todavía caracterizados por su apego a las tradiciones y anclados en los esquemas veterotestamentarios, pero al mismo tiempo se encontraban en camino de abrir
nuevos y más amplios derroteros y rebasar las fronteras de Israel.
Para entender qué fue en realidad lo que sucedió, es necesario colocarnos en el contexto donde fue escrito el evangelio.
Una vez que tuvieron lugar las persecuciones en contra de las comunidades judeocristianas de Palestina, muchos de sus miembros
emigraron hacia otras regiones para buscar refugio y llevar allá el
mensaje de salvación. Así pasó, por ejemplo, con las costas del Mediterráneo, como queda atestiguado por Hch 11,19-30. Varias de éstas se caracterizaban por ser cosmopolitas, donde confluían una
gran cantidad de personas de distintas nacionalidades, condiciones
sociales y profesiones religiosas; destacaban las comunidades forma-
INTRODUCCIÓN
237
das por judíos, a las que poco a poco se fueron sumando también las
cristianas.
No es extraño que en las primeras etapas la gente no hiciera una
clara distinción entre judaísmo y cristianismo. Posiblemente el
edicto imperial expedido entre los años 49 y 50 de la era cristiana
sea un buen ejemplo de lo que por entonces ocurría. En efecto, el
historiador romano Suetonio, en su libro llamado La vida de los Doce
Césares, atestigua que Claudio expulsó a los judíos de Roma por que
causaban desórdenes motivados por un tal Chrestos. Aunque se sigue discutiendo acerca de la identidad precisa de este personaje, es
muy factible que se pueda tratar de los conflictos ocurridos entre judíos y cristianos, a causa de la aceptación de Jesús como Mesías
(Christós). En realidad Hch 18,2 da testimonio de que entre los expulsados por el edicto de Claudio se encontraban los cristianos Priscila y Áquila, quienes serán los encargados de enseñar a Apolo «con
exactitud el Camino» (cf. Hch 18,26). Esto confirma que entre los
expulsados de Roma hubo también cristianos o, más precisamente,
judeocristianos.
El dato citado constituye un ejemplo elocuente de la situación
vivida por el cristianismo, en su relación con el judaísmo. Pero el
caso de la comunidad romana no es el único. La destrucción de Jerusalén, ocurrida en el año 70, agudizó la dispersión de los judeocristianos, de tal suerte que otras comunidades empezaron a crecer
notablemente en las grandes urbes, como ocurrió en Antioquía de
Siria. Esta ciudad posee características particulares, ya que no sólo
había tenido la fortuna de conocer al apóstol Pablo, sino que incluso llegó a ser el punto de partida de sus viajes misioneros. Él y otros
más se habían encargado de sembrar y cultivar la fe. Si bien el núcleo básico había sido judeocristiano, poco a poco iba aceptando a
personas que se convertían del paganismo a la fe en Jesús como Mesías y Salvador.
Por otra parte, también en Antioquía el apóstol Pedro había desempeñado un papel relevante (cf. Gál 2,11-14), y su autoridad
–como más tarde habrá de testimoniar Orígenes, un escritor cristiano del s. III, en su comentario al evangelio de san Lucas– llegó
a ser indiscutible. De modo que la presencia de los dos grandes
apóstoles en dicha ciudad habría de constituir un hecho de gran
importancia.
Entre la destrucción de Jerusalén (año 70) y el final del s. I (entre los años 80-90), un judeocristiano, que con el tiempo fue iden-
238
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
tificado por la tradición como Mateo –aunque no necesariamente el
apóstol que llevó este nombre; más aún, podría incluir a algunos
otros que intervinieron en la redacción del evangelio–, partiendo
de trabajos precedentes, como el de Marcos, y el de otra u otras
fuentes, buscó hacer una relectura del mensaje de Jesús. Su objetivo era responder a las cuestiones surgidas de la comunidad mencionada: ¿cuál es el valor de las profecías y de la ley? ¿El Antiguo Testamento sigue siendo válido? ¿Se puede ser cristiano sin observar las
prácticas judías, o éstas son totalmente necesarias? ¿Hasta qué punto? ¿Es válida la apertura de la fe hacia los paganos? ¿Cómo queda
entonces el proyecto de Dios iniciado con el pueblo de Israel?...
Responder a esas preguntas no era tarea fácil. Había que lograr
un equilibrio entre la enseñanza paulina, que sostenía la superación
de la ley, gracias a la acción salvífica de Jesús y, al mismo tiempo, la
validez del proyecto de Dios que tuvo sus inicios en la alianza con
Israel. De este modo se trataba de evitar, por una parte, una tendencia judaizante, que buscaba el cumplimiento rigorista de todas y
cada una de las prescripciones legales judías, pero también, al mismo tiempo, se hacía a un lado aquella otra que más tarde habría de
polarizar una corriente representada en su grado extremo por el
gnóstico Marción, al desconocer cualquier valor no sólo del AT,
sino incluso de todo escrito que tuviese un cierto sabor judío. Aun
cuando en el primer siglo las cosas no habían alcanzado tal magnitud, se vislumbraba el peligro que se cernía, y que ya desde entonces se iba gestando de forma paulatina. Lograr un equilibrio entre
ambas tendencias representaba un muy grande y difícil reto, pero a
medida que avanzaba el tiempo la urgencia era mayor.
Así pues, el EvMt, tal como ha llegado hasta nosotros, procede
de una comunidad judeocristiana en proceso de apertura al paganismo y de un autor (o autores) judeocristiano(s), versado(s) en la
Escritura. El conocimiento y la utilización de las citas bíblicas es
algo notorio, aunque casi siempre echa mano de la Septuaginta. Su
trabajo se enfoca en la búsqueda de una presentación del mensaje
cristiano que, partiendo siempre del camino andado por Israel, intenta salir de los modelos judíos, para abrirse a la novedad y superación del mensaje de Jesús.
El objetivo fundamental de Mateo era responder a preguntas e
inquietudes de su comunidad, tales como el valor de las profecías y
de la ley judía, la vigencia del Antiguo Testamento, la obligatoriedad o no de las prácticas judías, para quien cree en Cristo como Me-
INTRODUCCIÓN
239
sías, la apertura de la fe hacia los paganos, el lugar de Israel en el
proyecto de Dios, etc. Las respuestas a esas preguntas parecían muy
complicadas. Era necesario lograr un equilibrio entre la enseñanza
paulina, que sostenía la superación de la ley, gracias a la acción salvífica de Jesús, y, al mismo tiempo, la validez del proyecto de Dios
que tuvo sus inicios en la alianza con Israel y que constituyó el punto de partida para el cumplimiento de las promesas.
IV. EL PLAN LITERARIO Y TEOLÓGICO DE MATEO
Aunque el EvMt fue siendo elaborado en varios momentos y con
intervención de diversas personas, no se puede afirmar que sea sólo
el resultado de una serie de trabajos heterogéneos; antes bien, en su
redacción final posee suficiente solidez e hilos conductores que
otorgan una gran cohesión a las diferentes partes del mismo.
El estilo de Mateo está muy cercano al de los escritos judíos de su
época, lo cual explica la frecuente utilización de recursos literarios de
este tipo, tales como los paralelismos, las inclusiones, la disposiciones
concéntricas, etc., pero sobre todo la marcada tendencia a recurrir al
AT, de modo especial para resaltar el cumplimiento de las profecías.
Sus narraciones suelen ser claras y escuetas, haciendo a un lado aquello que no es esencial, como ocurre a veces en los relatos de milagro,
donde busca eliminar a personajes secundarios y referencias innecesarias, para poner de relieve a Jesús, el Señor de la comunidad.
En líneas generales, agrupa los discursos de Jesús en cinco grandes bloques, por lo que se ha encontrado una conexión directa con
los cinco libros del Pentateuco o de la Torah («Instrucción» o «Ley»)
hebrea:
1) el discurso de la montaña (5,1–7,27);
2) el discurso misionero (9,36–10,42);
3) el discurso parabólico (13,1–52);
4) el discurso eclesial (17,22–18,35) y
5) el discurso escatológico (24,1–25,46).
A pesar de algunas aparentes contradicciones, podemos decir
que el EvMt representa un ejemplo de la destreza y capacidad de reflexión teológica que tuvieron las comunidades cristianas primitivas. En efecto, este evangelio posee una enorme riqueza, pero con
rasgos que a primera vista parecen un poco desconcertantes. Está
240
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
profundamente enraizado en el AT, como lo demuestran sus frecuentes alusiones a la Escritura, reclamando su cumplimiento, pero
al mismo tiempo introduce datos que apuntan a una apertura más
allá de las fronteras de Israel; presenta a Jesús sentenciando el valor
absoluto de la ley, hasta en la más pequeña coma, pero al mismo
tiempo ofrece enseñanzas que la superan; Cristo y sus discípulos tienen como objeto de misión las ovejas perdidas de la casa de Israel,
pero ya desde el inicio es manifiesto el interés por la predicación a
los no judíos; el Bautista es el más grande nacido de mujer y aun
siendo más que profeta es menor que el más pequeño en el Reino,
etc. Estos y otros detalles que recorren el EvMt llegan a presentar
dificultades en su lectura y comprensión. Sin embargo aquí es donde precisamente radica parte del genio del evangelista.
En efecto, en la redacción final de su evangelio, Mateo realiza
una teología de la historia de la salvación, de forma unitaria y encadenada; es decir, traza una línea continua que parte desde «los
orígenes de Jesucristo» (cf. 1,1) y apunta «hasta la consumación de
los siglos» (28,20), con dos momentos básicos: «camino» y «cumplimiento», los cuales se encuentran, se engarzan y se funden en
una sola historia.
Como habremos de constatar con detalle, la primera y la última
expresión antes del EvMt no son fortuitas: Libro del origen de Jesucristo... y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del
mundo. Ambas parecen haber sido elegidas con cuidado por el redactor final del evangelio. Origen y fin no son sólo dos términos
opuestos, sino «polares», es decir, abarcan la totalidad de una historia: la de la salvación. Este recurso, llamado «inclusión», ayuda al
lector a tener una visión completa de lo que el autor pretende a lo
largo de todo el evangelio: efectuar una presentación acerca de
cómo la salvación de Dios, llevada a cabo en su hijo amado, abarca
toda la historia; partiendo desde los orígenes de Israel, se proyecta
hasta el acabamiento definitivo.
El Señor de la única historia es Dios, quien con su voluntad soberana rige los acontecimientos y los conecta en una maravillosa
interacción, de modo que los gérmenes anuncian y preparan los desarrollos más profundos y éstos asumen y recogen dichos elementos
germinales, en lo que se puede llamar una constante «continuidadsuperación».
El momento central sobre el que gira toda la historia y donde tiene lugar el momento definitivo del Reino es la llegada de Jesús, el
INTRODUCCIÓN
241
Mesías e Hijo amado del Padre. Éste no puede ser sino precisamente el Emmanuel –es decir, el «Dios-con-nosotros»–, la prueba más
firme e inobjetable de la presencia de Dios en la historia. Él es quien
la asume, la lleva a su plenitud y la acompaña, hasta el fin de los siglos.
Como habremos de insistir, Mt 3,15 define la misión del Mesías,
que inaugura la definitiva etapa, como «cumplir toda justicia». Con
estos términos programáticos el evangelista sintetiza el objeto principal que viene a realizar Jesús: llevar a plena realización todo lo
previsto por el Padre celestial. La «justicia» (como se traduce generalmente el término griego dikaiosynê) que Jesús viene a cumplir se
ubica entonces en el ámbito de la salvación divina.
Para comprender la expresión utilizada por el evangelista es preciso entrar en el ámbito del Antiguo Testamento, donde la tsedaqâh
hebrea (traducida generalmente como «justicia») consiste sobre
todo en una relación bilateral entre Dios y su pueblo. Así, la «justicia» divina tiene lugar cuando el Señor salva a quien gratuitamente él ha elegido –en el hecho mismo de la elección comienza esta
dimensión relacional–, sin embargo también, al mismo tiempo, el
pueblo debe dar respuesta positiva a la acción salvadora. De lo contrario Yahvé tiene todo el «derecho» de actuar en consecuencia,
juzgando la negativa humana. El resultado puede ser el perdón,
como ocurre casi siempre, por ser él un Dios rico en misericordia,
pero queda claro que también tiene absoluta libertad de optar por el
rechazo o condenación del pecado.
Lo que resulta claro es que el Señor siempre actúa según su «justicia», es decir, tomando muy en serio esa relación con su pueblo. La
elección y la invitación a entrar en comunión con él están siempre
en la base de esta dinámica, denominada frecuentemente tsedaqâh
(«justicia»). Aunque la respuesta depende de la libertad humana, la
iniciativa es siempre de Dios, pues él es «el justo» por excelencia.
Los humanos también pueden ser justos en la medida en que también tomen en serio esta relación bilateral. La condenación del pecado es parte también de la justicia divina, en la medida en que pone
de manifiesto y sanciona la negativa humana que fractura y, a veces,
llega a romper definitivamente dicha relación con Dios.
Ahora bien, según el evangelio de Mateo, la misión del Mesías
se ubica en el punto central y más alto del proyecto salvífico divino. Esto significa que su punto de partida es el «camino de justicia»
–ya iniciado en la antigua Alianza y donde Juan el Bautista posee
242
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
un lugar prominente (cf. Mt 21,32)–, por lo cual Jesús no cancela
la etapa anterior, es decir, la relación bilateral establecida entre
Dios y el pueblo de Israel, sino que la recoge y la asume, pero al mismo tiempo la lleva a su realización mayor, es decir, a su plenitud.
Como habremos de constatar, para el EvMt lo revelado por Dios
en el Antiguo Testamento, no sólo es vigente, sino que tiene lugar
una dinámica en la «continuidad» y en la «superación». Por eso la
misión de Cristo, venido «a cumplir toda justicia», está perfectamente conectada con aquellas realidades antiguas, siendo también
el Bautista, llegado «en camino de justicia», uno de los eslabones
que conecta la preparación con la plenitud; en otras palabras, conecta «el camino y el cumplimiento». Juan recapitula el resto fiel
de Israel; es Elías, el mayor de los profetas, porque era el esperado
para los tiempos finales; por eso, siendo menor que el más pequeño
en el Reino, es también más que profeta, incluso inicia su predicación con idénticas palabras que Jesús (cf. Mt 3,2; 4,17).
De acuerdo a la propuesta que hacemos aquí, el mejor modo de
expresar esa realidad continuadora y al mismo tiempo novedosa, ha
sido logrado por el evangelista san Mateo a través de lo que entiende como «justicia», sobre todo en los dos textos fundamentales: Mt
3,15 y 21,32. Así pues, la relación interpersonal que tiene lugar entre Cristo y su precursor, es decir, entre «el que viene a cumplir toda
justicia» y «el que viene en camino de justicia», ilustra claramente
la interrelación entre el antiguo y el nuevo período de la historia, es
decir, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Esta nueva y definitiva etapa, según Mateo, exige una conversión
radical y un nuevo modo de existir para los miembros de la comunidad mesiánica. La vida de los creyentes sólo puede tener su fundamento en quien ha traído esa plenitud. La «justicia» que viene a cumplir el Señor conlleva una nueva forma de vida y una nueva relación
con Dios y con los demás seres humanos e incluye también nuevas actitudes, pero sin perder la conexión con las exigencias de Yahvé al
pueblo de Israel. Es decir, la plenitud comporta, para los discípulos de
Jesús, una vida «en la justicia», proclamada básicamente en el sermón
de la montaña y cuyo eco se extiende a lo largo de todo el evangelio.
La «justicia» que identifica a los creyentes consiste pues en la adhesión auténtica a Cristo y a su misión, con todas las consecuencias que
conlleva. Así, las dos épocas de la historia son también asumidas por
los discípulos. Como habremos de insistir más adelante, éste es uno
de los rasgos característicos de quienes deciden seguirlo.
INTRODUCCIÓN
243
Hemos enfatizado el momento importante que vive la comunidad judeocristiana donde tuvo lugar el evangelio de Mateo, pero ya
se alcanza a descubrir un proceso cada vez más fuerte de apertura
hacia los paganos, en un momento crucial y decisivo para la Iglesia.
La comunidad se enfrentaba a la disyuntiva entre quedar constituida como un grupo que, no obstante haber aceptado a Jesús como
Mesías, podría permanecer anclado en el judaísmo, o atreverse a
romper ciertos moldes judíos para abrirse a aquella realidad, ya hasta cierto punto frecuente en otras comunidades cristianas, que era
la incorporación de miembros pagano-cristianos. La decisión no representaba un asunto fácil. Había que conjugar elementos heterogéneos y tendencias diversas, e incluso a veces contrarias.
Así pues, la comunidad mateana se encuentra en un momento
decisivo y también delicado en la búsqueda de su propia identidad.
Por una parte, podemos encontrar en el EvMt datos que acusan todavía los lazos estrechos con el judaísmo, tales como el marcado interés por las «ovejas descarriadas de la casa de Israel» (10,6; 15,24),
la observancia del sábado (24,20), la disputa del tributo para el templo (17,24-27) y, sobre todo, la insistencia en que Jesús no ha venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud (5,17), de modo
que apunta categórico:
El cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley, sin
que todo suceda. Por tanto el que traspase uno de estos mandamientos más
pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de
los Cielos: en cambio el que los observe y los enseñe, ese será grande en el
Reino de los Cielos (5,18-19).
Es notable cómo el EvMt está convencido de la necesidad de enfatizar la continuidad del proyecto de Dios iniciado con el pueblo de
Israel, en el Antiguo Testamento. Pero al mismo tiempo, también Jesús en el EvMt habla clara y expresamente acerca de la superación
que conllevan sus enseñanzas, lo cual implica necesariamente la superación de la «justicia» de sus discípulos, por encima de la de los escribas y fariseos (5,20), con las consecuencias necesarias que esto implica: han ustedes oído que se dijo a los antepasados... pero yo le digo
(5,21-47); insiste también en que es preciso que el vino nuevo sea
vertido en odres nuevos y en la imposibilidad de poner un remiendo
en un vestido viejo (9,17); habla de las sinagogas «de ellos», es decir, de los judíos (4,23), diferenciándolas ya de su propia comunidad;
asimismo, el interés por los paganos queda manifiesto desde lo que
algunos han llamado «evangelio de la infancia» (aunque sería mejor
244
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
llamarle «relato sintético-germinal», porque al mismo tiempo que
sintetiza muchos aspectos de la preparación, posee de modo germinal lo que se habrá de desarrollar a lo largo de la narración), donde,
además de incluir mujeres extranjeras en la genealogía, los primeros
que adoran al Señor son unos personajes que provienen del Oriente,
por tanto paganos. Además, este último texto también forma una
buena «inclusión» con el mandato final del Señor resucitado de ir y
hacer discípulos suyos a todas las naciones (28,19).
Esos aspectos, aparentemente contrarios, se constituyen en los
temas que busca equilibrar el evangelista Mateo. Un pasaje que ilustra de forma elocuente su intención se encuentra al final del discurso parabólico:
Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo
(13,52).
Aunque más adelante nos detendremos en algunas de las implicaciones de este pasaje, queremos señalar por el momento que para
Mateo es fundamental no sólo efectuar una cierta combinación de
realidades antiguas y nuevas, sino establecer una verdadera continuidad entre ambas, pero al mismo tiempo quiere manifestar la novedad de lo que implica el mensaje del Señor.
A partir de todo lo dicho antes podemos afirmar que la comunidad mateana va cobrando poco a poco conciencia de su propia
identidad. De modo paulatino va descubriendo quién es ella, como
comunidad de discípulos de Jesús, y también cuál es la misión que
ha recibido de parte de su Maestro y Señor, Jesús, pero sin separarse de lo que ha constituido su matriz vital. Por eso busca un equilibrio entre lo que significó la primera etapa, la del camino, dándole
su justo valor, como inicio y anuncio, pero también como condición de posibilidad para comprender el significado y el alcance del
cumplimiento. Asimismo Mateo pone de manifiesto que la meta a
la que se dirige todo el proceso es el cumplimiento que tiene lugar
con la llegada del Mesías, Hijo amado del Padre.
El evangelista busca que su comunidad descubra y entienda que
el camino sólo tiene su sentido si se le ve desde el cumplimiento,
pero que también éste sólo se puede comprender a partir del camino. Son dos realidades que acontecen y se encuentran en la única
historia salvífica. Es necesario ir reflexionando en torno a las diversas implicaciones del mensaje de Cristo. Esto es precisamente lo que
pretende san Mateo al escribir su evangelio.
245
INTRODUCCIÓN
V. ESTRUCTURA GENERAL DEL EVANGELIO DE MATEO
El EvMt como el de Lucas, al menos en los aspectos más globales, estructura literariamente su obra tomando como base a Marcos.
Este punto de partida es una de las razones por las cuales existe tanta semejanza entre los llamados «evangelios sinópticos». El esquema de Marcos que subyace en Mateo y Lucas es el que ya hemos
mencionado: preparación del ministerio de Jesús (1,1-13); ministerio en Galilea (1,14–7,23); ministerio fuera de Galilea, incluyendo
el camino hacia Jerusalén (7,24–10,52); ministerio en Jerusalén
(11,1–13,37); pasión y resurrección de Jesús (14,1–16,20).
A partir del esquema «original» de Marcos, tanto Mateo como
Lucas elaboran sus respectivos evangelios acomodando los materiales, añadiendo los propios y poniendo énfasis distintos. Es notable y
sintomático el hecho de que gran parte de los materiales que Mateo
coloca en el «sermón de la montaña» (5,1–7,29), Lucas los distribuya en el relato del «viaje hacia Jerusalén», aun cuando también
posee su «discurso de la llanura» (cf. 6,17-49). Datos como éstos
van poniendo de manifiesto los intereses de cada uno de los evangelistas al elaborar sus respectivas narraciones.
Los intentos de estructuración del evangelio de san Mateo son
variados. Cada uno de ellos, sus aciertos y también sus limitaciones. Ponen de manifiesto que la mayoría de las veces utilizan distintos puntos de referencia. Entre las propuestas más aceptables
destacan:
I. CON BASE EN LOS CINCO GRANDES DISCURSOS DE JESÚS
Prólogo: Nacimiento del Señor
Libro I
a) Material narrativo
b) Discurso de la montaña
Fórmula: Y sucedió que cuando Jesús acabó estos discursos...
1–2
3,1–4,25
5,1–7,27
7,28-29
Libro II
a) Material narrativo
8,1–9,35
b) Discurso de la misión y del testimonio
9,36–10,42
Fórmula: Y sucedió que cuando Jesús acabó de dar instrucciones... 11,1
246
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Libro III
a) Material narrativo y de debate
b) Discurso parabólico
Fórmula: Y sucedió que cuando Jesús acabó estas parábolas...
11,2–12,50
13,1-52
13,53
Libro IV
a) Material narrativo y de debate
b) Discurso eclesial
Fórmula: Y sucedió que cuando Jesús acabó todos estos dichos...
13,54–17,21
17,22–18,35
19,1
Libro V
a) Material narrativo y de debate
b) Discurso escatológico
Fórmula: Y sucedió que cuando Jesús acabó todos estos dichos...
19,1–23,39
24,1–25,46
26,1
Epílogo: Pasión y resurrección del Señor
26,2–28,20
La estructuración, convertida en clásica, que toma como base los
cinco grandes discursos de Jesús en el evangelio y que corresponderían a los cinco libros de la Torah, es casi siempre la que está en la
base de las diferentes propuestas, como la siguiente:
II. CON BASE EN EL TEMA DEL REINO DE LOS CIELOS
1. Nacimiento e infancia de Jesús
1,1-2
2. Promulgación del Reino de los Cielos
a) Sección narrativa
b) Discurso evangélico
3,1–7,28
3,1-25
5,1–7,28
3. Predicación del Reino de los Cielos
a) Sección narrativa: Diez milagros
b) Discurso apostólico
8,1–10,42
8,1–9,38
10,1-42
4. El misterio del Reino de los Cielos
a) Sección narrativa
b) Discurso parabólico
1,1–13,52
11,1–12,50
13,1-52
5. La Iglesia, primicias del Reino de los Cielos
a) Sección narrativa
b) Discurso eclesiástico
13,53–18,1-35
13,53–17,27
18,1-35
INTRODUCCIÓN
247
6. Próxima venida del Reino de los Cielos
a) Sección narrativa
b) Discurso escatológico
19,1–25,46
19,1–23,39
24,1–25,46
7. Pasión y resurrección de Jesús
26,1–28,20
Esta última propuesta es aceptable en cuanto que el Reino de los
Cielos es un tema básico que repercute a lo largo de todo el EvMt.
No obstante, corre el riesgo de soslayar aspectos no menos importantes, además de que no logra del todo evidenciar la dinámica seguida por el autor, quien va tejiendo e hilvanando de forma magistral los diversos aspectos teológicos que componen su obra.
Así pues, cada una de las propuestas de estructuración ofrece
aportaciones importantes, pero lo que ninguna de ellas ha logrado
poner de manifiesto es cómo el evangelista en su narración va tejiendo de forma magistral los diferentes temas, como algunos de los
ya señalados: la inclusión (recurso literario donde un mismo elemento abra y cierra una unidad) entre el Emmanuel (Dios con nosotros) y la promesa del resucitado (yo estaré con ustedes...), como la
presencia de los Magos (paganos que vienen, primero que nadie, a
adorar a Jesús) y la orden de predicar a todos los pueblos (paganos)
y hacerlos discípulos, etc.
Por eso podemos afirmar que no resulta fácil esquematizar el plan
literario de Mateo, pues este evangelista utiliza recursos que se pueden describir mejor usando la imagen de un tejido, donde la «trama»
sería el esquema proveniente de Marcos, al que se añade la «urdimbre», es decir, los materiales provenientes de la fuente común con
Lucas y los exclusivos de Mateo. En el «tejido mateano» juegan un
papel básico los grandes discursos de Jesús. Pero al mismo tiempo
tiene lugar otro recurso que se puede llamar «imbricación» y que
consiste en el procedimiento del evangelista de ir tomando diferentes temas para entrelazarlos, de manera que el resultado es una construcción armoniosa, pero a veces no tan clara a simple vista. Se requiere, por tanto, una lectura que siga con mucha atención los pasos
que va dando el evangelista al componer su relato.
MAURITANIA
TINGITANA
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MAURITANIA
CESARIENSE
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El Imperio romano
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PARTOS
ARMENIA
248
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
CAPÍTULO I
LLEGADA DEL MESÍAS, POR EL «CAMINO»,
HACIA EL «CUMPLIMIENTO»
DE TODA JUSTICIA
Mientras que el evangelio más antiguo, el de Marcos, inicia con
la narración directa acerca del ministerio de Jesús, preparada por el
Bautista, Mateo y Lucas en cambio poseen un apartado «preliminar», que preludia cada una de las obras respectivas.
Aunque el nombre «relatos de la infancia» se ha hecho muy común para designar los dos primeros capítulos tanto del de Lucas y de
Mateo, esta denominación no parece muy exacta. Es verdad que sólo
esos dos evangelistas han incorporado a sus obras datos acerca de Jesús antes de iniciar su vida pública, pero llama la atención que no
sólo existan entre ellos diferencias notables, sino que incluso sean
dos narraciones muy diversas. Ninguno de los dos se ha interesado
en los hechos históricos propiamente dichos, sino en datos que dejan ver desde el inicio la naturaleza de las obras que preludian.
Los relatos pueden ser calificados como «vehículos para transmitir
la teología del evangelista», en un período de reflexión posterior a la
primera predicación cristiana. Más aún, lo más probable es que Mateo, de modo similar a lo que también hizo Lucas, elaboró su relato
«sintético-germinal», en la fase final, cuando ya estaba escrita toda
la obra, con una mirada retrospectiva, es decir, a partir de la luz pascual. Así Mateo observa, desde la fe en Cristo muerto y resucitado,
las esperanzas de Israel realmente cumplidas y para conectarlas con
el acontecimiento que les otorga su sentido pleno y definitivo.
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE MT 1–2
Los dos primeros capítulos del EvMt ayudan a descubrir cómo se
va haciendo presente un nuevo y definitivo momento de la historia
250
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
de la salvación, conforme a la voluntad de Dios, en un acontecer dinámico. Al mismo tiempo, en esta sección del evangelio se encuentran ya en modo inicial, como anuncio, prefigura y preparación, varios acontecimientos que desarrollará en un movimiento
creciente, hasta su realización total. Muchos de esos datos, contenidos aquí en modo germinal, serán recogidos posteriormente de
manera retrospectiva. Así que Mateo logrará establecer una asombrosa interacción entre los hechos que va narrando en la única historia de salvación. Los episodios que lo componen son:
• Genealogía de Jesús: 1,1-17
• Concepción virginal y nacimiento de Jesús: 1,18-25
• Adoración de los magos: 2,1-12
• Huida a Egipto: 2,13-15
• Matanza de los inocentes: 2,16-18
• Vuelta de Egipto y retiro a Nazaret de Galilea: 2,19-23
Cada uno de los episodios narrados por el EvMt representa una
mirada retrospectiva a los primeros momentos de la vida del Mesías,
nacido en el ámbito de la historia del pueblo de la antigua Alianza,
y quien ha llevado a cumplimiento y a plenitud las promesas hechas
por Dios. No se trata de recuerdos anecdóticos, historias piadosas o
simples narraciones curiosas acerca de la infancia de Jesús, sino de
verdaderas expresiones de fe en el Mesías, el Nuevo Moisés, quien,
asumiendo la historia del Pueblo elegido, trae a plenitud la salvación de Dios.
II. EL NACIMIENTO DEL MESÍAS EN UNA HISTORIA
QUE LLEGA A SU PLENITUD (MT 1,1-25)
Para el EvMt es importante no sólo que el nacimiento del Mesías esté inserto en la historia de salvación que ha iniciado desde antiguo, sino que este mismo nacimiento constituya el inicio de una
plenitud que con él ha llegado.
1. LIBRO DEL ORIGEN DE JESÚS, EL MESÍAS (1,1-17)
No es raro que algunos lectores de la Biblia a veces experimenten una especie de rechazo espontáneo frente a las grandes y en oca-
LLEGADA DEL MESÍAS, POR EL «CAMINO»...
251
siones casi interminables listas genealógicas. En efecto, parecen demasiado áridas y enredadas, con muchos nombres raros, algunos casi
imposibles de pronunciar. Sin embargo es preciso recordar que las
genealogías tenían un significado muy importante en el mundo
donde se redactaron los libros sagrados.
El EvMt ha construido la genealogía con el fin de presentar a
una persona cuyo nombre anuncia ya su identidad y su misión. Se
trata de Jesucristo, quien desde el principio aparece como el Mesías,
en quien tienen cumplimiento las esperanzas de Israel. Las palabras
iniciales biblos geneseos Iesú Christou («libro del origen de Jesucristo») hacen eco de Gn 2,4 y 5,1, y establecen una conexión directa
con los comienzos de la historia de la salvación.
Pero también la designación de Jesucristo como «Hijo de Abraham» posee consecuencias importantes para lo que pretende el
EvMt, pues con él comenzaron las promesas de Dios para su pueblo
Israel, las mismas que han llegado a su cumplimiento en Jesús. También por medio de Abraham, Dios prometió la bendición a todos los
pueblos de la tierra. Su actitud de fe le «fue reconocida como justicia» (cf. Gn 15,6), es decir, le fue reconocida su colaboración incondicional en el proyecto divino. Estos datos serán desarrollados
progresivamente por Mateo, pero ya están presentes aquí de modo
germinal. Así, la figura de Abraham recoge las esperanzas de un
pueblo nacido de la iniciativa divina, las proyecta hacia su cumplimiento y anuncia la bendición universal.
Por otra parte, con la división de la genealogía en tres períodos
de catorce generaciones, más que establecer una simbología, quiere
subrayar el hecho de que todo ha sucedido de acuerdo a un plan maravilloso trazado por Dios y dirigido conforme a su absoluta voluntad
soberana. El Señor de la historia dirige misteriosamente los acontecimientos en el tiempo y en el espacio, de modo que cada etapa transcurre armoniosamente, desde los comienzos hasta su plenitud. Incluso la presencia de datos inesperados, que parecerían obstaculizar
ese plan de Dios, hacen resaltar más la acción soberana divina.
La genealogía colocada en el inicio del EvMt adquiere un matiz
bastante particular. Aparece con claridad el interés por demostrar
que Jesús es el Mesías descendiente de David, en conexión y continuidad con las promesas hechas a Israel. El evangelista pone de relieve la dinámica que ha ido siguiendo el curso de la historia guiada por la voluntad soberana de Dios, no obstante los obstáculos,
hasta el cumplimiento definitivo de los acontecimientos. El evan-
252
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
gelio presenta al Mesías inserto en la historia de Israel, desde la cual
puede ser comprendido y a la que otorga todo su sentido.
A partir de lo dicho, podemos corroborar cómo es la acción salvadora de Dios en la historia de los seres humanos. Incluso a pesar
de las dificultades y oposiciones, el Señor va llevando a cabo eficazmente su obra.
LAS GENEALOGÍAS EN LA BIBLIA
Las genealogías ocupan un lugar importante en la Sagrada Escritura y su función literaria es múltiple. En el AT se utilizan para demostrar las relaciones entre Israel y los pueblos vecinos y entre los distintos clanes de Israel. Sirvieron además para integrar elementos antiguos,
originariamente aislados, como las tradiciones relativas a los patriarcas.
También ayudaron a establecer una continuidad con en períodos en
que la tradición no proporcionaba datos y colaboraron para elaboraciones cronológicas, como el caso típico de Gn 5, donde la genealogía
llena el espacio entre la creación y el diluvio. Además, los redactores
bíblicos echaron mano de las listas genealógicas para demostrar el derecho de algún grupo para ejercer un oficio, como hace el Cronista para
incorporar los cantores a las grandes familias levíticas (cf. 1 Cr 16,1832). Por último, la genealogía llegó a constituir la garantía oficial de
autenticidad de la casta sacerdotal. En la época grecorromana, las genealogías sirvieron además para divulgar especulaciones acerca del Mesías real, vinculado a David, el cual ya es figura central en 1 Cr 1–9, o
sobre el Mesías sacerdote de la descendencia de Aarón.
2. DARÁ A LUZ UN HIJO (1,18-25)
El pasaje de la concepción de Jesús queda muy bien conectado
por el término griego génesis, que fue el mismo con el que inició la
lista anterior por la mención de María, quien fue la última mencionada en esta misma lista. El evangelista se dispone a desarrollar
aquí lo que había atisbado en 1,16, sin embargo cambia el rumbo:
Jesús nace de María por una acción divina especial y directa. Si
bien entra en la dinastía davídica, gracias a José, quien lo adopta
como su hijo, la llegada del Mesías se debe ante todo a Dios, quien
interviene en la historia de Israel de manera prodigiosa y extraordinaria.
LLEGADA DEL MESÍAS, POR EL «CAMINO»...
253
La narración contempla algunos datos portentosos que no dejan
lugar a la menor duda de que se trata de una intervención divina
muy especial:
• Antes de que María y José empezaran a vivir juntos, ella se encontró encinta «por obra del Espíritu Santo» (1,18b);
• el Ángel del Señor, es decir, un personaje muy singular del que
algunos textos echan mano para hablar de salvaguardar la trascendencia de Dios, se aparece a José, esposo de María, quien
había pensado repudiarla en secreto. El motivo de esta aparición celestial es para comunicar al «hombre justo» el origen
del embarazo de su mujer: «obra del Espíritu Santo» (1,19-20);
• el anuncio en sueños a este José, presentado en la genealogía
como hijo de Jacob (1,16), trae a la memoria las revelaciones
en sueños que Dios concedió a otro José, hijo del patriarca Jacob (cf. Gn 37,2ss).
Todos esos datos conducen a un punto: Jesús es el Mesías, quien
como hijo de Abraham está inserto en el pueblo de Israel y como
Hijo de David cumple con las expectativas mesiánicas; pero no sólo
eso sino que además y sobre todo proviene directamente de Dios
mismo, de modo que más adelante, en 3,17, va a ser presentado
como el «Hijo amado de Dios».
En dos ocasiones el EvMt se refiere al nombre del niño que va a
nacer. En la mentalidad semítica el «nombre» no es sólo una designación fortuita o denominación de la persona, sino que tiene una
relación muy estrecha con ella misma, incluso equivale a la persona misma (cf. 1 Sam 25,25). Quien «conoce el nombre» de alguien
puede tener influencia sobre él, por eso a veces es preciso reservarlo (cf. Gn 32,29; Jue 13,18), y pronunciar el nombre crea vínculos
muy importantes (cf. Gn 219-20). Por esto para Mateo, quien se
mueve en ambientes predominantemente judeocristianos, la cuestión del nombre no es un dato que se pueda soslayar sin más.
• El primer momento en el que el EvMt hacer referencia al nombre es cuando Dios da una indicación precisa y puntual a José:
...Tú le pondrás por nombre Jesús (1,21a). El Mesías se va a llamar Yeshua («Jesús»), que quiere decir «Yahvé salva» o «Yahvé es salvación», y esto constituye un anuncio muy claro de lo
que será su misión: Él salvará a su pueblo de sus pecados (1,21).
• El segundo momento en que se menciona el nombre del niño
es en una cita de la Escritura: ... y le pondrán por nombre Em-
254
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
manuel (Is 7,14). Ésta es la primera vez que tiene lugar una de
ellas en el evangelio que con más frecuencia va a recurrir a
este tipo de referencias, para poner de manifiesto cómo el Mesías está en consonancia con el proyecto salvífico de Dios, ya
en camino. Lo interesante es que ahora no habla del niño
como Yeshua, sino como Emmanuel. El texto profético ayuda a
poner de relieve al Mesías como presencia cercana a Dios en
medio de su pueblo. Emmanuel, que el mismo evangelista se
encarga de traducir como «Dios con nosotros», posee también
una carga significativa muy alta: Este Mesías es la garantía auténtica y verdadera de la presencia de Dios entre los suyos, la
misma que en la etapa final el resucitado habrá de proyectar
hasta «el fin del mundo» (cf. 28,20b).
Con la mención inicial del Emmanuel y con el mandato final
del resucitado, el EvMt queda enmarcado por una «inclusión» que
pone de relieve el «estar con nosotros» de Dios y su Mesías:
... y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios
con nosotros» (1,23b)
↕
... y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo (28,20,b)
III. EL NACIMIENTO DEL MESÍAS MÁS ALLÁ
DE LAS FRONTERAS DE ISRAEL (MT 2,1-12)
Una vez que el EvMt deja en claro que el nacimiento del Mesías
tiene lugar en el ámbito de pueblo elegido, para llevar a plenitud las
promesas de antaño, lanza la mirada más allá de las fronteras de Israel
y visualiza, ya desde el inicio, la apertura a los paganos. Esta situación
se ve motivada además por el rechazo de los dirigentes judíos, quienes
en lugar de acoger el cumplimiento de lo esperado se convierten en
fuerzas hostiles que presagian el desenlace final de la narración evangélica: la muerte misma del Mesías provocada por esos dirigentes.
1. HEMOS VENIDO A ADORARLE (2,1-12)
Más que la identidad misma de los misteriosos personajes venidos
del Oriente, lo que interesa a Mateo es proponer un relato con estas
características para presentar una enseñanza que va a adquirir dimen-
LLEGADA DEL MESÍAS, POR EL «CAMINO»...
255
siones importantes. Los Magos representan otro dato germinal importante que será desarrollado en momentos posteriores, es decir, el modelo de los paganos que en el futuro aceptarán el mensaje del Mesías.
En la actitud de Herodes, que anuncia la hostilidad de los jefes
de Israel frente a Jesús, y en la apertura a los gentiles, representados
por los Magos, el EvMt señala, ya desde el comienzo, dos factores
que, desarrollados a lo largo de su obra, culminarán con la muerte
del Mesías a manos de los líderes judíos y con el mandato final del
Señor resucitado. Aquí tiene, pues, lugar un anuncio de los temas
que estarán presentes a lo largo del evangelio de Mateo. Éste insistirá en que los discípulos pertenecen al pueblo mesiánico, que teniendo sus raíces en Israel se abre ahora a los paganos, como parte
de una dinámica querida por Dios, y que se desarrolla en una constante «continuidad-superación».
Después de presentar a Jesús como hijo de Abraham y de David,
Mateo ahora lo hace con relación a los paganos, representados por
los «sabios del Oriente» (en griego, «magos»), que llegan para adorarlo y ofrecerle sus dones. Al mismo tiempo que se anuncia ya desde aquí el rechazo de los dirigentes de Israel en contra de Jesús y la
apertura a los no judíos, tiene lugar el cumplimiento de algunas profecías, como la de Is 49,23; Nm 24,17 y Sal 72,10-15.
Es interesante advertir algunos detalles que cobran relevancia en
el relato. En primer lugar, Mateo introduce la presencia de los Magos con el verbo griego gignomai («llegar a ser», «aparecer»). Este
mismo verbo será usado por el evangelista en sólo dos ocasiones
más: para introducir la presencia del Bautista (cf. 3,1) y la de Jesús
mismo (cf. 3,13). Este dato, que puede parecer insignificante, le
otorga un relieve especial al relato.
Como podremos constatar más adelante, Juan, en su calidad de
«Elías que ha vuelto a la vida», sintetiza las esperanzas del Israel que
debe preparar y recibir al Mesías de Dios; los personajes llegados del
Oriente, en cambio, vienen a recapitular y a representar a los paganos que se abren al proyecto salvífico de Dios, en su Hijo amado.
Dicho verbo expresa entonces una acción particular de Dios, al introducir un elemento importante en su plan de salvación, en este
caso, la presencia de los paganos, representados por los «magos», en
la comunidad mesiánica.
Es también muy relevante el hecho de que estos paganos busquen
al «Rey de los judíos» que ha nacido, para adorarle. El verbo griego
proskyneo significa literalmente «postrarse o arrodillarse ante alguien
256
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
para adorarlo». Este gesto en el mundo judío estaba reservado sólo y
exclusivamente para Yahvé (cf. Dt 6,13; Mt 4,10) y en el mundo pagano para las divinidades. En este sentido la actitud de los magos resulta bastante sorprendente. Siendo paganos reconocen en el niño
que ha nacido a alguien que tiene que ver directamente con Dios. El
pasaje de Mateo empieza a proyectar la apertura del proyecto de salvación más allá de las fronteras del pueblo de la Alianza. Esto constituye un proceso paulatino que la narración evangélica va a ir desarrollando poco a poco, hasta desembocar en el mandato del resucitado
para que «hagan discípulos a todos los pueblos» (28,19), designados
como ta ethne, es decir, se trata precisamente de los pueblos paganos.
Una vez más, dos episodios, uno inicial y otro final, constituyen
puntos de inclusión que enmarcan todo el EvMt:
Unos magos que venían del Oriente (2,1) ↔ Vayan y hagan discípulos a todas las gentes (28,19)
Podría parecer que la introducción de los magos, personajes paganos, en el relato mateano cambiaría un poco la dirección que este
mismo adquirió en sus inicios, al ubicarse en la historia del pueblo
judío y presentar al Mesías como descendiente de Abraham y de
David; sin embargo no ocurre así. El autor nunca deja que su narración pierda el cauce inicial.
Por un lado, la razón de la presencia de los personajes del Oriente es adorar al «Rey de los judíos»; por otro lado, Mt 2,6 introduce
de inmediato la segunda cita de la Escritura, la toma del profeta Miqueas (5,1). Esta alusión ayuda a demostrar que «el Nazareno» tiene una verdadera procedencia davídica, lo que avala su condición
de «Rey de los judíos» y establece una perspectiva que apunta hacia el tema del advenimiento del reinado definitivo de Dios.
El «profeta campesino» originario de Moreset Gat (a unos 35 km
al suroeste de Jerusalén), entre los años 727 y 701 a.C., en los inicios
de la dominación asiria, dirige su mensaje a la ciudad. El señor va a
manifestar su justicia, a fin de castigar tanto pecado, y este castigo implicará la destrucción de Samaria y Jerusalén, sin embargo deja abierta una puerta a la esperanza y entre los signos de un futuro diferente
que alcanza a vislumbrar incluye al rey mesiánico, descendiente de
David, procedente del humilde clan de Efrata. Para el EvMt esta esperanza queda cumplida en el nacimiento de Jesús en Belén de Judá.
El proyecto salvador de Dios iniciado con el pueblo de Israel
continúa; ha tenido su etapa inicial en el desarrollo de la historia
judía, en la que Yahvé se ha manifestado como el Señor y Sobera-
LLEGADA DEL MESÍAS, POR EL «CAMINO»...
257
no, pero ahora, con la llegada del Mesías, a quien él ha otorgado
toda la realeza, alcanza su plenitud. Desde aquí ya se puede ver
cómo Dios dirige con soberanía la historia, hacia una novedad insospechada, pero no cancela el camino iniciado en Israel, sino que
establece una asombrosa continuidad e interacción, entre lo antiguo y lo nuevo.
BELÉN DE JUDÁ
El nombre hebreo de Bet-Lehem significa «casa del pan». Era una
localidad de Judá situada en el límite del desierto y las tierras de cultivo, a unos 9 km de Jerusalén, con una altitud de 715 m sobre el nivel del mar. Sus orígenes son bastante remotos. Era conocida también
como Efrata («fértil». Incluso hoy también se le designa como Ephrat).
Aunque quedaba fuera de la ruta principal a Hebrón, se ubicaba en
pleno camino a Tecoa y En-gadi. Su situación, no lejos del camino de
montaña entre Hebrón y Jerusalén y casi delante del valle del Terebinto que lleva al suroeste, hacía de ella un punto estratégico o un albergue de fin de etapa de camino o peregrinación.
Belén es conocida sobre todo a causa de David, de sus antepasados y
de las esperanzas que permanecieron en la memoria: la historia de Rut
y Booz (cf. Rut 1,1-4,11), la consagración de David por Samuel (cf.
1 Sam 16,4-5), las relaciones familiares de David en la corte de Saúl.
En tiempos de Jesús, Belén era una pequeña población sin mayor
importancia, sin embargo se convierte en la patria del Mesías.
2. DE EGIPTO LLAMÉ A MI HIJO (2,13-23)
El relato de la huida de Jesús a la tierra de Egipto se sitúa en el
marco de la historia del éxodo. El pueblo otrora esclavo en Egipto
fue rescatado por Dios y constituido «pueblo suyo» mediante la
Alianza. Esta acción divina manifestó el cuidado amoroso de Dios.
El Mesías recorre el mismo camino de su pueblo. La vida del niño
fue amenazada por la crueldad de Herodes, pero Dios lo salvó por
medio de la obediencia de sus padres, así como en otro tiempo lo
hizo por medio de Moisés. El EvMt presenta además una visión anticipada de las persecuciones del Mesías y del nuevo Pueblo que
nace de la Alianza Nueva en él. Un anuncio positivo de victoria
por parte de Dios se vislumbra en el relato.
258
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Por tanto, la alusión a Moisés salvado de la furia del faraón y lo
acontecido con el pueblo de Israel en su éxodo de Egipto establecen
una nueva conexión entre los sucesos del antiguo y del nuevo período de la historia de la salvación, en una relación de «anuncioplenitud», lo que va a ser una dinámica constante a lo largo del
evangelio de Mateo.
De nuevo José recibe en sueños las revelaciones de Dios. El Ángel
del Señor le advierte que la vida del niño está en peligro y el «varón
justo» obedece la indicación divina de ir hacia Egipto, el antiguo
país de la esclavitud del pueblo hebreo, pero también el lugar de salida hacia el desierto del Sinaí, el lugar de la alianza y el punto de
partida hacia la libertad.
Al salir de la tierra de Egipto, el Mesías recoge una experiencia
fundamental en la vida del pueblo. El paso de la esclavitud a la libertad y sobre todo el camino a la celebración de la alianza con el
Dios que salva. Ahora, es el Nuevo Moisés quien viene a dar cumplimiento definitivo al proyecto salvador y quien está a punto de
inaugurar una comunidad que, enraizada en el antiguo período, se
abre a la plenitud de la salvación.
El EvMt trae a colación una nueva cita de la Escritura, la tercera, para conectar la estancia del Mesías en Egipto con la experiencia de Israel, reconocido como «Hijo de Dios». Al mismo tiempo,
la cita de Os 11,1 aplicada a Jesús anuncia la declaración solemne
del Padre en el momento del bautismo: Éste es mi Hijo amado... (Mt
3,17b). Esta declaración repercutirá a lo largo de todo el evangelio
(cf. Mt 4,3.6; 8,29; 14,33; 16,16; 17,5; 27,40.43.54).
Un aspecto más, que desarrolla el EvMt y aparece ya en modo
germinal en el relato que ahora nos ocupa, es la persecución de que
es objeto Jesús por parte de quienes detentan el poder y buscan ocasionarle la muerte. La hostilidad de Herodes para acabar con la vida
del niño constituye una especie de preludio de la pasión y de la
muerte de Jesús, en manos de los sacerdotes y de los ancianos del
pueblo judío, y refleja además una situación que enfrenta también
la comunidad cristiana, para la cual fue escrito el evangelio.
El asesinato de los niños de Belén prepara de cerca el tema de la
persecución por causa del Reino. Los pequeños asesinados por las
fuerzas hostiles al Mesías anuncian y prefiguran a quienes serán llamados bienaventurados en el sermón de la montaña (cf. Mt 5,10),
los «perseguidos por causa de la justicia».
LLEGADA DEL MESÍAS, POR EL «CAMINO»...
259
RECAPITULACIÓN
Los dos primeros capítulos del EvMt, como los de Lc, no pretenden narrar acontecimientos históricos propiamente dichos, sino
que son vehículos para transmitir la teología de cada uno de los
evangelistas, en un período de reflexión posterior a la primera predicación cristiana. De este modo es casi seguro que el relato de Mateo,
que podemos denominar «sintético-germinal», fue elaborado al final de toda la obra, como una mirada retrospectiva, a partir de la luz
pascual, para observar desde la fe en Cristo muerto y resucitado las
esperanzas de Israel realmente cumplidas y para conectarlas con el
acontecimiento que les otorga su sentido pleno y definitivo.
El relato descubre cómo se va haciendo presente un nuevo y definitivo momento de la historia de la salvación, conforme a la voluntad de Dios, en un acontecer dinámico. Al mismo tiempo, en
esta sección del evangelio ya se encuentran de modo inicial, como
anuncios y prefiguras y como preparación, varios acontecimientos
que Mateo desarrollará en un movimiento creciente, hasta su realización total. Muchos de los datos contenidos aquí en modo germinal serán recogidos posteriormente, de manera retrospectiva. Así
que Mateo logrará establecer una formidable interacción entre los
hechos que va narrando en la única historia de salvación.
Hay por tanto una serie de datos que, por una parte, recogen lo
anunciado y previsto en el AT y, por otra, a su vez anuncian lo que
habrá de tener lugar en el desarrollo posterior de la narración. En
todos ellos se deja ver cómo tiene lugar la acción salvadora de Dios
en la historia. Se trata de una mirada retrospectiva de la historia de
Israel, que adquiere todo su sentido desde la llegada de Cristo, pues
él es quien no sólo cumple todas las esperanzas del AT, sino que las
rebasa y las proyecta a una plenitud insospechada.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer con atención los dos primeros capítulos del EvMt, tratando de localizar nombres de personas, lugares, referencias, recursos, etc.,
que ponen de manifiesto como el evangelista trabajó sobre trasfondos
bíblicos que tienen mucho que decir a una comunidad judeocristiana.
2. Tomar cada una de las citas de la Escritura, buscarlas y leerlas
en el libro de la Biblia que les corresponde, mirar su contexto y senti-
260
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
do original y descubrir cómo el EvMt lleva a cabo su propio trabajo de
interpretación y aplicación de dichos textos.
3. Comparar la genealogía de Mt 1,1-16 con la de Lc 3,23-38. ¿En
qué se parecen y en qué se distinguen? ¿Qué te llama más la atención
de la lista mateana (por ejemplo, de la presencia de las mujeres)? ¿Cuál
puede ser la razón de esas coincidencias y divergencias entre las dos
genealogías?
4. Elaborar un cuadro que permita visualizar las diferentes actitudes, a veces contrastantes, de los personajes que aparecen en estos dos
primeros capítulos (fuera de la genealogía): José, el Ángel del Señor,
los magos, Herodes...
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. El proyecto de Dios ha recibido aceptación por parte de algunas
personas, pero al mismo tiempo también ha encontrado hostilidad, de
manera que no resulta extraño que también en nuestros días aparezcan actitudes de diversa índole frente a la invitación del Señor para
participar de ese plan de salvación. En ocasiones la aceptación de ese
proyecto salvífico tiene lugar entre quienes menos se habría sospechado, pero también la hostilidad puede surgir entre aquellos menos indicados. ¿Cómo nos pone alerta esta realidad acerca de la respuesta que
cada uno de nosotros está dando al proyecto de Dios? ¿Qué signos encontramos en nuestra propia vida, que nos puedan indicar cómo estamos aceptando o rechazando dicho proyecto?
2. El EvMt lleva a descubrir cómo se va haciendo presente un
nuevo y definitivo momento de la historia de la salvación, conforme
a la voluntad de Dios, en un acontecer dinámico. ¿Estamos convencidos de que el Señor actúa efectivamente en el devenir histórico de la
humanidad? ¿Cómo descubrimos esa presencia de Dios en los acontecimientos de la historia?
CAPÍTULO II
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE
«EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
Un personaje que juega un papel insoslayable en los evangelios
es sin duda Juan el Bautista, pero éste en Mateo adquiere todavía
una mayor relevancia. Aquí ya no es sólo el «precursor inmediato»
del Mesías, sino que en él se sintetizan todas las esperanzas antiguas
de Israel, porque es el último de los profetas del AT, la encarnación
del profeta Elías y el eslabón que conecta las dos etapas fundamentales de la historia de la salvación.
Terminado el «relato sintético-germinal», es decir, los dos primeros capítulos, que contienen ya embrionariamente muchos de los
elementos que serán desarrollados en el resto del EvMt, abre un nuevo episodio con la presencia de Juan el Bautista. Esta escena pudo
constituir bien, como ocurre en el caso de Marcos, un comienzo primitivo del evangelio, antes de que la reflexión teológica remontara
los principios de la historia al nacimiento del Mesías, y antes de hacer de ellos el comienzo germinal de los eventos subsiguientes.
La aparición del Bautista en el escenario del EvMt (3,1-12) prepara de forma inmediata e introduce la llegada y proclamación solemne de Jesús de Nazaret, como el Mesías de Dios. En consonancia
con los otros dos sinópticos, este evangelista presenta dos elementos
fundamentales que enmarcan la presencia de Juan: su lugar en el desierto y su llamada a la conversión (cf. Mc 1,4; Mt 3,1-2; Lc 3,23),
pero en cuanto a la predicación hay algunas diferencias entre Mateo
y Lucas.
Un dato significativo es que Mateo hace coincidir la predicación
inicial del Bautista con la del propio Jesús, incluso con las mismas
palabras (cf. 3,2 y 4,17). De este modo, Mateo establece una estre-
262
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
cha conexión entre los anuncios de ambos. Las dos figuras, la del
Mesías y la de su precursor, con sus respectivas predicaciones se engarzan y establecen la interacción entre los momentos fundamentales de la historia de la salvación: tanto el camino recorrido por Israel y recapitulado por quien representa al último de los profetas
–Elías que ha regresado–, como el cumplimiento llevado a cabo por
el Hijo amado del Padre, pero que también nacido de la descendencia de Abraham.
I. RECORRIDO EPISÓDICO SOBRE EL BAUTISTA
EN MATEO
El Bautista aparece en cinco pasajes del EvMt, en los cuales ocupa casi siempre un lugar relevante:
a) Predicación de Juan y bautismo de Jesús (3,1-17)
b) Pregunta del Bautista y juicio de Jesús sobre «esta generación» (11,2-19)
c) Juicio de Herodes y narración de la muerte de Juan (14,113a)
d) Pregunta acerca del retorno de Elías y respuesta enfocada al
Bautista (17,10-13)
e) Parábola de los dos hijos y sentencia de Jesús acerca de Juan
(21,28-32)
Los cinco episodios en los que el EvMt menciona al Bautista, y
donde además establece siempre una relación directa con Jesús, se
pueden clasificar en dos bloques:
• los que enfatizan la unión de los momentos de la historia
• y los que distinguen dichos momentos
II. LOS MOMENTOS DE LA HISTORIA QUE SE UNEN POR
MEDIO DEL BAUTISTA (MT 3,1-17)
Aunque es innegable la distinción entre las dos épocas de la historia salvífica –camino y cumplimiento–, representadas por Juan y
por Jesús, respectivamente, Mateo insiste aquí en la continuidad y conexión entre las mismas.
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
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1. CONVIÉRTANSE PORQUE HA LLEGADO EL REINO DE LOS CIELOS
(3,1-12)
Un primer aspecto que llama la atención es la coincidencia en
los mismos términos con los que inician tanto la predicación del
Bautista (cf. Mt 3,2), como la del propio Jesús (cf. Mt 4,17):
Conviértanse porque ha llegado el Reino de los Cielos.
Esa coincidencia no puede ser fortuita, antes bien es sintomática,
ya que aquí aparece con claridad la estrecha conexión entre las etapas
del reinado de Dios, que siendo diversas se entrelazan mutuamente, logrando una perfecta unidad. Juan, el representante del resto fiel de Israel y el último gran exponente de la profecía antigua, entra también,
de alguna manera, en la nueva, y Jesús, quien inaugura ésta, toma
como punto de partida aquella antigua. Así, el paralelismo efectuado
por Lucas entre el nacimiento y circuncisión del Bautista y de Jesús
tiene en Mateo una connotación muy diferente; se trata ahora de un
paralelismo en torno a la predicación y a la misión de ambos, desde
una perspectiva de «preparación-cumplimiento».
Un tema central de la predicación, tanto del Precursor como del
Mesías, es el llamado a la conversión. Ésta tiene raíces bíblicas profundas en la historia de un pueblo lleno de pecados e infidelidades
individuales y colectivas a Yahvé. La «conversión» está casi siempre
encaminada a un cambio radical de orientación de la vida, como lo
expresa el término hebreo shûb («volver», «girar», «cambiar dirección»), traducido al griego de diversas formas (metanoia, epistrophé...). De modo particular en los profetas el llamado a la conversión
es una constante (Is 30,15; 55,7; Jer 18,11; Ez 18,30-32; etc.) y un
requisito necesario para experimentar la salvación de Dios.
Por un lado, en continuidad y consonancia con la tradición profética, Juan Bautista reclama la conversión como una necesidad imprescindible y urgente ante la inminente llegada del reinado de Dios
(cf. 3,2); por otro lado, al ser también la conversión el tema de la
predicación del Mesías (cf. 4,17), el Precursor prepara de una manera muy cercana y estrecha este anuncio mesiánico y se constituye en
eslabón entre el mensaje profético del «camino» y el mesiánico del
«cumplimiento».
La misma indumentaria que lleva Juan posee ya motivos que lo
equiparan al gran profeta Elías:
Tenía su vestido hecho de pelos de camellos, con un cinturón de cuero a
su cintura... (3,4).
264
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
La descripción tiene mucho parecido con la del profeta:
Un hombre con vestido de pieles y faja de piel ceñida a la cintura (2 Re
1,8).
Pero más importante es la identificación de ambas figuras en razón de su ministerio profético. Elías fue el gran defensor del «yahvismo» y promotor de la justicia, durante la tiranía de Ajab (875854 a.C.), quien, instigado por su impía mujer, Jezabel, intenta
eliminarlo. El Bautista, que prepara el camino del Mesías, es perseguido y asesinado por Herodes, instigado por su mujer Herodías. La
predicación de Elías se centra en la fidelidad a Yahvé, aunque esto
tenga consecuencias peligrosas para él y la del Bautista en un llamado a dar «frutos de conversión» incluyendo a los fariseos, saduceos y al mismo Herodes, aunque esto lo lleve a la prisión y a la
muerte misma.
Si bien es cierto que Mateo va a distinguir muy bien los tiempos
de la única historia y va a otorgar a cada uno de ellos su lugar correspondiente, también busca, en primer lugar, poner en evidencia
la conexión y la superación de las épocas y busca subrayar cómo es
Dios quien dirige esa historia, desde los inicios germinales de cada
acontecimiento, hasta la plenitud y perfeccionamiento de los mismos. De este modo, «continuidad» e «innovación» constituyen el
tema principal de Mateo y que aquí aparece claramente en las personas y misiones del Bautista y de Jesús.
2. CONVIENE QUE ASÍ CUMPLAMOS TODA JUSTICIA (3,13-17)
El pasaje del bautismo, donde Jesús pronuncia su primera frase,
la cual constituye una sentencia programática, se ubica justo en el
comienzo de su ministerio. Se trata de un inicio que pone las bases
de lo que vendrá narrado en el resto del evangelio. En este lugar
preciso, la presencia del Bautista, al proclamar la llegada del reinado de Dios, no sólo prepara, sino que también empieza a abrir la
nueva etapa, marcada por la presencia del Hijo amado, quien llevará a cabal cumplimiento todo lo previsto por el plan salvífico del
Padre celestial.
Así la escena del bautismo es entendida como un lugar teológico privilegiado, en el que el Mesías es reconocido y avalado por el
Padre celestial y, a partir de aquí, arranca la misión de Jesús que
consiste en «cumplir toda justicia» (3,15).
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
265
En el relato del bautismo (cf. Mt 3,14), Juan aparece tratando de
impedir que este bautismo se lleve a cabo. El hecho es ilustrado mediante un diálogo en que se explicita la superioridad del Mesías respecto a su precursor. Tal recurso ha sido utilizado por Mateo para
apoyar la presentación de la superación de la época representada
por el Hijo de Dios. Al mismo tiempo se puede apreciar la continuidad: Juan se opone porque él es sólo un preparador, pero Jesús lo
pide porque su misión no cancela, sino que toma como punto de
partida esa misma preparación.
La respuesta de Jesús posee una fuerza singular. La misma estructura del relato lo evidencia. Mateo lo ha construido de manera que
todo gira en torno a las primeras palabras que aparecen en labios del
Señor, es decir, en su sentencia programática, el núcleo de una estructura concéntrica:
Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea (a)
al Jordán hacia Juan, para ser bautizado por él, (b)
pero Juan trataba de impedírselo diciendo:
«Soy yo el que necesita ser bautizado por ti,
¿y tú vienes a mí?» (c)
Jesús le respondió:
DÉJAME AHORA, PUES CONVIENE
QUE ASÍ CUMPLAMOS TODA JUSTICIA
Entonces le dejó.
Bautizado Jesús, salió luego del agua (a’)
y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios
que bajaba en forma de paloma y venía sobre él (b’)
Y una voz que salía de los cielos decía:
«Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco» (c’)
La importancia de la sentencia pronunciada por Jesús es tal que
incluso el hecho mismo del bautismo sólo queda expresado de modo
implícito por una simple alusión: «entonces le dejó».
La misma estructura del texto y las relaciones que guardan entre
sí los miembros que la integran ponen de manifiesto la centralidad
y por ello la importancia de la sentencia programática pronunciada
por Jesús:
• El primer miembro (a) ofrece datos del desplazamiento de Jesús, con tres elementos principales, además de la partícula de
transición («entonces»): el verbo («llegar»), el sujeto («Je-
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
sús») y la procedencia o punto de partida del movimiento
(«de Galilea»).
• El cuarto miembro (a’) ofrece los datos de un nuevo desplazamiento de Jesús, con tres elementos, además de la referencia al
bautismo («bautizado»), que es hecha en conexión directa con
las últimas palabras del dato central y de una nueva partícula
de transición («enseguida»): el sujeto que es el mismo del primer miembro («Jesús»), el nuevo verbo («subir») y el nuevo
punto de partida del movimiento («del agua»).
• El segundo miembro (b) contiene varios datos: la indicación
del escenario geográfico hacia el cual se dirige el desplazamiento de Jesús («hacia el Jordán»), la acción de ir hacia
Juan, el cual a su vez se convertirá en agente, mientras que Jesús pasará a «ser bautizado» por el mismo Juan.
• El quinto miembro (b’) contiene la misma cantidad de datos
que su correspondiente segundo (b): la apertura de un nuevo escenario que rebasa el espacio geográfico terreno («fueron abiertos los cielos»), la indicación de un nuevo personaje («el Espíritu de Dios»), bajando como paloma y dirigiéndose a Jesús.
• El tercer miembro (c) contiene tres elementos fundamentales:
quien ejecuta la acción (Juan), los verbos que expresan la acción («trataba de impedírselo, diciendo») y la sentencia pronunciada por él («yo soy el que necesita ser bautizado por ti y
¿tú vienes a mí?»).
• El sexto (c’) contiene también tres elementos principales: el
sujeto de la acción («una voz de los cielos»), el verbo que expresa la acción («diciendo») y la sentencia pronunciada por
el sujeto («este es mi hijo amado, en el que me complazco»).
La estructura del texto responde a un propósito: presentar un paralelismo que hace descubrir la dinámica creciente en las acciones
que tienen lugar en el bautismo de Jesús, más exactamente entre los
dos momentos: el que lo antecede y el que lo sucede.
Mientras el primer miembro presenta los datos del desplazamiento efectuado por el Mesías, cuyo punto de partida es Galilea, el
cuarto miembro señala los datos de un nuevo desplazamiento del
mismo; sin embargo, ahora el punto de partida desde donde inicia
el movimiento no es una simple denominación geográfica, sino un
lugar que podemos definir como «teológico», el agua del bautismo.
Y aunque Galilea tampoco puede ser considerada sólo como espa-
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
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cio geográfico en sentido estricto, sin embargo las aguas del bautismo representan el espacio desde el cual arranca la misión de Cristo,
investido de poder por el Padre celestial.
Mientras que el segundo miembro contiene la indicación de un
escenario importante, que sin embargo pertenece al ámbito de lo terreno, hacia el que se dirige Jesús (hacia el Jordán) y el personaje
también importante (Juan), el quinto miembro presenta la apertura de un nuevo escenario que rebasa los espacios terrenos para proyectarse a la esfera celestial (los cielos abiertos). Además, el nuevo
personaje que aparece en escena no es ya el profeta Juan, sino el Espíritu de Dios, cuya acción no es la de administrar un bautismo con
agua, sino la de bajar y dirigirse hacia Cristo. Es precisamente el
bautismo en el Espíritu Santo el que supera al bautismo con agua,
administrado por Juan, según lo declarado por el Bautista mismo
(cf. Mt 3,11b).
Mientras que en el tercer miembro el que ejecuta la acción es
Juan, que había sido designado antes, en Mt 3,3, como «Voz que
clama en el desierto», en el sexto miembro, por el contrario, quien
ejecuta la acción es la «Voz de los cielos». Mientras que en el tercer
miembro Juan trataba de impedir el bautismo pronunciando una
sentencia que llega a ser testimonio de que lo reconoce como «el
más fuerte», en cambio, en el quinto, la voz venida del cielo pronuncia una nueva sentencia, testimonio y aprobación de que Jesús
es realmente el Mesías; no sólo uno más fuerte que el Bautista, sino
el Hijo de Dios mismo. Como puede apreciarse, los dos testimonios
que aparecen en la escena, el de la «Voz que clama en el desierto»
y el de la «Voz del cielo», no se contradicen, sino que se corresponden con un movimiento creciente, lo que otorga mayor riqueza a la
narración.
Siguiendo su estilo, Mateo se empeña en presentar la conexión
de los hechos, en una dinámica creciente, haciendo descubrir cómo
se efectúa el proceso de «continuidad-superación», conforme a la
volunta soberana de Dios. En este caso concreto, presenta la continuidad de la acción divina, por medio de Juan el Bautista, y la acción realizada directamente por el Espíritu Santo. Se trata de dos
acciones y de dos testimonios queridos por Dios, ya sea a través de
un hombre, o directa y sin mediación alguna. Al mismo tiempo,
aparece con claridad cómo la función de Juan, siendo sólo preparatoria, también forma parte del plan divino. En el centro, entre la acción mediadora profética y la acción divina, está la del Hijo de Dios
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
e Hijo del hombre, el Mesías, quien declara públicamente su propósito de llevar a cabo el «cumplimiento de toda justicia».
Las primeras palabras puestas por Mateo en labios de Jesús no
son, en modo alguno, una desaprobación de lo declarado por el Precursor; son más bien una confirmación de eso mismo, pero van más
allá de lo afirmado por la «Voz del que clama en el desierto» y establecen una consonancia con lo declarado por la «Voz de los cielos».
En fin, podemos decir que el texto del bautismo de Jesús ha sido
construido por Mateo de forma articulada, a base de paralelismos,
que dejan ver la superación de unos miembros con relación a sus correspondientes. No es fortuito que tal estructuración tenga como
centro las palabras programáticas del Mesías, que se refieren al
«cumplimiento de toda justicia», pues este cumplimiento realizado
por el Hijo de Dios es el eje donde gravita toda la historia. Las palabras pronunciadas por el Señor revelan que Juan está efectuando
una actividad que responde al plan querido por Dios, en una fase
preparativa, desde cuyo ámbito será revelada la plenitud de tal proyecto divino. El testimonio y el bautismo administrado por la «Voz
del que clama en el desierto» llega a ser el espacio propicio para que
la «Voz de los cielos» manifieste su propio testimonio, que se convierte en la garantía de la misión mesiánica del Hijo de Dios.
Lo más importante aquí es descubrir el contenido de la sentencia pronunciada por Jesús ante Juan, en el contexto del bautismo.
Los verbos marcan el movimiento de la narración. Las acciones se
ubican en la esfera del presente. El imperativo «deja» y el infinitivo «cumplir» otorgan a la sentencia un carácter categórico. El pronombre es también importante. Pero destaca especialmente la presencia de «toda justicia» que juega una función decisiva en esta
escena del evangelio.
Por una parte, el verbo plerôsai («cumplir») posee en sí mismo
una muy grande riqueza de contenido. Aunque su idea básica es la
de llenar algo, abarca un campo muy extenso, donde tiene cabida
una gran diversidad de matices y de significados. Este verbo ocupa
un lugar relevante en evangelio de Mateo. De la totalidad de las frecuencias mateanas (16, en total), diez corresponden a la introducción de alguna cita de cumplimiento (cf. 1,22; 2,15.17.23; 4,14;
8,17; 12,17; 13,35; 21,4; 27,9), dos de ellas no introducen algún pasaje especifico pero se refieren explícitamente a la Escritura (cf.
26,54.56), una es aplicada al cumplimiento de la Ley (cf. 5,17),
mientras que la que se encuentra en 3,15 se refiere a «toda justicia».
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
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Por esto podemos concluir que en Mateo el verbo «cumplir» posee
un contenido salvífico altamente significativo.
La mayoría de las veces «cumplir» es usado por Mateo en voz pasiva, con un sujeto implícito, lo cual indica que el evangelista no
necesita decir explícitamente quién ejecuta el cumplimiento, porque resulta claro que está hablando de Dios mismo, pues sólo el Señor de la historia puede llevar a cumplimiento las promesas. Por lo
demás, hay que señalar que de las tres ocasiones en que ese mismo
verbo se encuentra en forma activa, dos de ellas tienen como sujeto a Jesús, lo que designa algo que debe ser llevado a cabo por él,
como parte de la misión dada por el Padre.
Así pues, para Mateo «cumplir» posee un contenido muy rico.
Prefiere referirlo al cumplimiento de la Escritura o a la misión misma
de Jesús. Ello indica que todos esos pasajes apuntan al cumplimiento
del plan salvífico de Dios de llevar a cabo cada acontecimiento a su
plenitud, en la dinámica de la «continuidad-superación». Pero sobre
todo, este verbo, usado en la primera sentencia de Jesús, adquiere
una connotación teológica más fuerte: expresa que el proyecto salvífico iniciado por Dios desde la antigüedad está llegando a su total
cumplimiento, mediante la misión de su Hijo. Lo anunciado no es
abolido, sino llevado a su plenitud.
El «ahora» ocupa un lugar notable en la sentencia de Jesús. Es el
de la violencia que sufre el Reino desde el Bautista «hasta ahora»
(cf. 11,12). Los restantes textos donde el EvMt usa «ahora» apuntan hacia momentos futuros, pero en estrecha conexión con realidades actuales. Se puede hablar de un «ahora» con proyección futura (cf. 23,39; 26,29.64). Ambos momentos, el presente y el futuro,
se encuentran y se conectan íntimamente. Así pues, el «ahora» de
Mateo en la mayoría de los casos en que lo usa no es accidental, sino
un dato que va mas allá de cierta indicación temporal. Es el «ahora» que ya tiene lugar aquí, en el momento actual con la presencia
terrena del Mesías y se proyecta hacia el futuro. Es el «ahora» que
ya se está realizando, pero que todavía hay que aguardar. Éste es el
sentido en Mt 3,15, el «ahora» no indica un momento provisional,
sino el de la llegada plena del Reino: el Mesías ordena a su Precursor dejar paso a la nueva era, que «ahora» está comenzando y se proyecta hacia su desarrollo y acabamiento.
Desde luego que la expresión pasan dikaiosynên, traducida normalmente como «toda justicia», es fundamental para entender cuál
es la misión del Mesías. La riqueza que encierra es muy grande y re-
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
basa el espacio y el objetivo de esta presentación. Podemos concretarnos a afirmar que dikaiosynê expresa una realidad polivalente, es
decir, con gran variedad de significados. Cualquier intento por homogeneizar su significado resultaría tan débil como artificial. De
cualquier modo, aquí en Mateo posee un fuerte contenido salvífico,
referido al proyecto de Dios para llevar a cabo su proyecto de salvación en la historia asumiendo cada momento, sin cancelar los pasos
anteriores, pero haciendo girar todo en torno a la plenitud que tiene lugar en la persona y misión de su Hijo amado.
En el caso de la sentencia pronunciada por Jesús en Mt 3,15, Jesús da una orden al Bautista para que éste, dejando a un lado su propia comprensión como profeta del juicio inminente, y su concepción del Mesías como juez escatológico, deje libre el paso a la nueva
etapa del Reino, que está llegando ahora, según lo establecido por
la voluntad soberana del Padre. En otras palabras, Jesús quiere que
Juan, dejando de lado su papel de profeta anunciador del juicio, a
punto de llegar, y dejando también su alto respeto por el «más fuerte que él, asuma la adecuación a la dinámica nueva del reinado de
Dios, para establecer el contacto entre el «camino» y el «cumplimiento».
Al comprender esa dinámica del proyecto divino, el Bautista se
abre a ella sin perder su identidad de representante profético de Israel, pero entrando en la época mesiánica, como eslabón que engarza ambos períodos: De este modo, también Juan «se abandona»
radicalmente al proyecto soberano de Dios y quita todo obstáculo
para que dicho proyecto sea llevado a cabo. La orden dada por Jesús conduce al Bautista a descubrir su función profética en sintonía
con la nueva etapa de la historia; más aún, sólo en virtud de esta novedad, tal función adquiere pleno sentido.
En ese primer encuentro aparece ya manifiesto que la plenitud
inaugurada por el Mesías no cancela el primer período, sino que lo
asume, lo incluye y lo lleva a plenitud. El ministerio del Precursor
es respetado y valorado, pero al mismo tiempo ubicado dentro del
proceso histórico-salvífico realizado por Dios. Este encuentro entre
Precursor y Mesías, y su reconocimiento mutuo, era imprescindible,
pues evidenciaba cómo debía ser llevada a cabo la dinámica del reinado de Dios. Al aceptar Juan a Jesús como el Mesías, queda reconocida la etapa de la plenitud; al someterse Jesús al bautismo de
Juan, queda reconocida la preparación. Así, el Bautista, asumiendo
su rol, se abre a una nueva concepción del reinado de Dios, pero al
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
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mismo tiempo conserva su propia identidad, contribuye a unir las
etapas entre del camino y del cumplimiento y colabora en el proceso de «continuidad-superación» que tiene lugar en la dinámica del
reinado de Dios.
Podemos concluir que Mt 3,15 es ante todo un texto programático que determina la misión del Mesías; pero es preciso puntualizar
lo siguiente: la «justicia» que viene a cumplir el Señor no se limita
al hecho del bautismo en cuanto tal, sino que expresa todo el programa que debe ser ejecutado por la completa misión de Jesús, según el encargo recibido del Padre. «Cumplir toda justicia» compete en sentido absoluto y estricto a Jesús, pero involucra además a
otros agentes que se asocian a él, es decir, a los incorporados dentro
de la misión mesiánica y continuadores de ella (los discípulos), incluyendo al que ha preparado y de hecho ha entrado en la dinámica de esta misma misión, Juan el Bautista. Sin embargo, el Mesías
es siempre el punto de referencia. La «justicia» de los discípulos sólo
puede ser entendida desde la pertenencia al Maestro. La «justicia»
de Juan, e incluso la de aquellos que a pesar de su incongruencia enseñan la doctrina de Moisés, no es cancelada, sino asumida y llevada a la plenitud, pero tiene su sentido más alto desde la meta, que
es el cumplimiento realizado por Cristo, hacia el cual apuntaban la
Ley y los Profetas.
El bautismo constituye el punto de partida del «cumplimiento
de toda justicia», porque es un momento de suma importancia para
evidenciar con claridad el encuentro entre las etapas de la historia
salvífica: «camino» y «cumplimiento». Es administrado por Juan,
quien en su calidad de «Elías resucitado» representa las esperanzas
profético-escatológicas de Israel, y es recibido por el Mesías, quien,
al inaugurar la época definitiva del Reino, no cancela el primer período, sino que lo asume y lo lleva a su plenitud.
El contenido de la «justicia» como objeto de la misión del Mesías no puede ser contemplado aisladamente. Debe ser visto con relación a los diferentes términos que integran la sentencia y al contenido de los mismos, especialmente con referencia al verbo
«cumplir» y al adjetivo «toda». También debe ser relacionado no
sólo con su contexto próximo, sino con el resto del evangelio.
Sin pretender definir la dikaiosynê en Mateo, en 3,15 se refiere a
la total y completa misión del Mesías, encomendada por el Padre,
es decir, llevar a cabal cumplimiento el plan salvífico divino, comenzado en el período de la Ley y los Profetas. Este cumplimiento
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
debe ser efectuado en un proceso creciente y en una dinámica de interacción entre la «continuidad» y la «superación». En esta dinámica los acontecimientos van siendo tejidos de manera asombrosa,
de modo que no sólo donde comienza lo nuevo termina lo antiguo,
sino que antiguo y nuevo se conectan y se encadenan, hasta formar
el completo tejido del plan salvífico, el cual se encamina hacia su
consumación definitiva.
Ahora bien, si la misión de Jesús, al efectuar el plan de Dios, es entendida como «justicia», no es extraño que sea considerada no sólo
como la tarea principal de los discípulos asociados a esa misión, sino
incluso que la vivencia de ella se convierta en la característica que determina su identidad, tal como queda manifiesto en el sermón de la
montaña. Tampoco es extraño que la misión del Precursor sea descrita en términos de «venir en camino de justicia». La «justicia» cumplida por el Mesías, continuada por los discípulos y preparada por el
Bautista, es en Mateo la mejor expresión de la presencia del Reino,
que ha llegado a su plenitud y que apunta hacia su consumación final.
III. LOS MOMENTOS DE LA HISTORIA
QUE SE DISTINGUEN POR MEDIO DEL BAUTISTA
(MT 11,7-14; 17,10-13)
En el inicio, el EvMt acentúa la unión y la continuidad de la historia por medio de de Juan el Bautista, pero después mediante este
mismo personaje, enfatiza la distinción y la superación. En dos momentos principales el evangelista pone en evidencia esta situación.
1. EL MÁS PEQUEÑO EN EL REINO DE LOS CIELOS
ES MAYOR QUE ÉL (11,2-19)
El discurso de la misión y el testimonio (10,1–11,1) finaliza con
la fórmula típica mateana con la que concluyen cada uno de los cinco discursos:
Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus discípulos,
partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades (11,1).
Así cierra una sección del relato, para abrir paso a una nueva.
Mt 11,2 constituye una introducción que funciona para ubicar la
escena siguiente. Juan, en prisión, habiendo oído hablar de las obras
de Cristo, envía unos emisarios a preguntarle si él es el que había de
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
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venir. Jesús, con las acciones que testimonian su condición mesiánica, muestra que la salvación ha llegado a su cumplimiento.
Siendo «Elías resucitado», el Bautista es el ultimo exponente de
la profecía y el «más grande nacido de mujer», pero al mismo tempo, por estar todavía en la esfera preparatoria del camino, es paradójicamente menor que cualquiera de los que pertenecen a la esfera del cumplimiento (cf. Mt 11,11). Aquí encontramos un claro
ejemplo de lo que llamamos «continuidad-superación».
La fórmula «desde los días de Juan, hasta ahora» (cf. Mt 11,12)
es algo extraña, porque el contexto supone que el Bautista vive aún,
por lo que podría entenderse como «desde los días de su ministerio», pues ahora estaría en prisión. De cualquier modo, esa frase señala un período de tiempo que el evangelista quiere circunscribir
expresamente y donde los términos «desde» y «hasta» se corresponden como límites. Mateo ha fijado un período marcado por la
presencia del Bautista o, mejor dicho, Juan constituye un personaje
importante para la distinción de los tiempos.
Por otro lado, Mt 11,14 dice expresamente que Juan es Elías que
estaba a punto de venir. Con esto declara el cumplimiento de las expectativas antiguas. La insistencia de Mateo en identificar al Bautista con Elías, aunque señala una continuidad, acentúa también el
carácter preparatorio y, por tanto, la diferencia y la superioridad de
la época nueva inaugurada por el Hijo de Dios.
2. ELÍAS VINO YA (17,10-13)
La distinción de las épocas que hace el EvMt tiene un eco significativo en Mt 17,10-13. En este evangelio, la figura del Bautista
como Elías que ha regresado establece uno de los puntos más importantes de conexión y distinción de los dos testamentos; por un
lado, recapitula en sí mismo el contenido de las esperanzas, esboza,
prepara y anuncia el periodo definitivo del Reino y, por otro, es ya
testigo ocular de la inauguración de esta definitiva época.
El contexto del dicho de Jesús acerca del Bautista tiene lugar en
el momento posterior a la transfiguración (17,1-8). Mateo menciona expresamente aquí a Elías, quien, junto con Moisés, conversa
con Jesús en la montaña. De hecho Pedro sugiere hacer tres tiendas,
una para Jesús, otra para Moisés y una más para Elías. Los dos personajes que conversan con Jesús son claves en la teología mateana:
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Por una parte, la Ley y los Profetas dan testimonio del Mesías; por
otra parte, mientras que Jesús muchas veces aparece como el nuevo
Moisés, el Bautista es identificado abiertamente con Elías, lo que establece un eslabón firme en la cadena histórico-salvífica.
Al bajar del monte Jesús ordena a sus discípulos no contar a nadie la visión, hasta que él haya resucitado de entre los muertos. Es
entonces cuando los discípulos le interrogan acerca de la venida de
Elías. Con toda seguridad la doble mención del profeta en la escena anterior es el motivo que provoca la pregunta acerca de este mismo personaje:
¿Por qué pues dicen los escribas que Elías debe venir primero? (17,10).
La expectativa acerca del regreso de Elías tiene su base en Mal
3,23:
He aquí que yo les envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahvé, grande y terrible.
Por tanto no es que los escribas mismos hubieran creado una tradición particular al respecto, pero sí insistían en el regreso de Elías
como una «condición» para la llegada del Mesías. Esta creencia en el
retorno de Elías precediendo al Mesías pudo ser un argumento de los
adversarios judíos contra la mesianidad de Jesús, en tiempos de la redacción del evangelio: como Elías no ha regresado aún, Jesús no podía
presentarse como tal. La pregunta de los discípulos podría estar encarnando una inquietud de la comunidad mateana, de cuño eminentemente judeocristiano y en confrontación con el judaísmo fariseo de su
tiempo, en virtud de una objeción que no era sencilla de responder.
La respuesta del Maestro tiene dos partes: en primer lugar acepta la creencia del regreso de Elías a partir de lo dicho por Malaquías
(17,11), pero de inmediato afirma el cumplimiento de este vaticinio (17,12). La sentencia es contundente: Elías vino ya. Pero añade
que no lo reconocieron e hicieron con él cuanto quisieron, corriendo la misma suerte que habrá de sufrir el «Hijo del hombre».
La conclusión que hace Mt 17,13 es tan clara como directa:
Entonces los discípulos comprendieron que se refería a Juan el Bautista.
Esta expresión no resulta extraña para el lector del evangelio, que
unos episodios antes se encontró con la sentencia del Señor:
Y si quieren admitirlo, él es Elías, el que iba a venir (11,14).
De este modo, el Bautista al ser identificado con el profeta representa el cumplimiento del vaticinio. La condición está cumplida. El
Mesías puede llegar.
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
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ELÍAS Y LA ESPERANZA DE SU RETORNO
Elías significa «Yahvé es Dios». Es el nombre del gran profeta originario de Tisbé de Galaad, en la parte oriental del Jordán. Actuó en
tiempos del rey Ajab (875-854 a.C.) y de la tristemente célebre Jezabel, en el Reino del Norte. Se construyó un ciclo de relatos alrededor
de su persona (cf. 1 Re 17-19.21; 2 Re 1,1–2,18). Se le atribuyen acciones y portentos asombrosos, incluyendo la resurrección del hijo de
la viuda de Sarepta (cf. 1 Re 17,17-24). Todas esas narraciones pretenden poner de relieve su grandeza, aunque en realidad la importancia principal de Elías consiste en su intervención a favor de la fe en
Yahvé, en contra de los cultos idolátricos propiciados por Jezabel y por
el mismo Ajab. Ya que se dice que fue arrebatado a los cielos –expresión también de su calidad y del premio que Dios otorgó a la fidelidad
del profeta– (cf. 2 Re 2,11), su retorno a la tierra fue motivo de espera, antes de que llegara el «Día del Señor» (cf. Ml 3,1.23-24). Esta esperanza permanecía viva en tiempos del Nuevo Testamento y va a ser
un filón muy importante en el evangelio de Mateo.
IV. DOS GRANDES ESLABONES ENTRE LAS DOS ETAPAS
DE LA HISTORIA (MT 14,3-12; 21,32)
Hemos constatado cómo con la figura de Juan el Bautista las dos
etapas de la historia salvífica se unen y se distinguen. El proceso
«continuidad-superación» es el que va marcando el movimiento de
la narración mateana y ese personaje es fundamental en la consecución del mismo. En tal proceso tienen lugar dos momentos que
constituyen eslabones clave en la concatenación de los acontecimientos: la muerte del Bautista narrada en 14,3-12 y la sentencia de
Jesús en 21,32.
1. RECOGIERON EL CADÁVER, LO SEPULTARON
Y FUERON A INFORMAR A JESÚS (14,3-12)
Mt 13,53 concluye el discurso parabólico con la fórmula típica
mateana:
Y sucedió que cuando acabó Jesús esas parábolas, partió de allí.
Así finaliza una sección más del evangelio, que de inmediato
abre la siguiente con la presentación de Jesús en su propio lugar de
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
origen, donde no es bien aceptado (13,54-58). Enseguida tiene lugar el juicio de Herodes acerca del profeta de Nazaret, a quien identifica con el Bautista, resucitado (14,1-2). Esto es lo que da pie para
el relato sobre la muerte de Juan.
La narración mateana del martirio del Bautista (14,3-12) sigue
de cerca la de Mc 6,17-29, aunque de manera un poco más escueta
que la de éste. Los datos fundamentales son los siguientes:
• Noticia acerca de que Herodes tenía en prisión, por causa de
Herodías (14,3-4)
• Temor de Herodes a la gente porque consideraban a Juan
como profeta (14,5)
• Danza de la hija de Herodías en el cumpleaños de Herodes y
promesa de éste a la muchacha de concederle lo que ella quisiera (14,6-7)
• Petición de la muchacha, instigada por su madre, para que
Herodes le diera la cabeza de Juan Bautista (14,8)
• A pesar de la tristeza que le causa, pero para cumplir su juramento, el rey manda decapitar a Juan y ordena dar la cabeza
de éste a la muchacha, quien se la lleva a su madre (14,9-11)
• Los discípulos de Juan recogen el cadáver, lo sepultan y van a
informar a Jesús (14,12)
El relato mateano, aunque con un poco menos de detalles, conserva el dramatismo de su fuente marcana. Concuerda también en
lo básico con la narración hecha por Flavio Josefo (Ant. XVIII, 5,5
= Ant. XVIII, 116-119).
Entre los datos señalados, el EvMt presenta uno que podría pasar desapercibido, como un simple detalle sin importancia, pero que
juega un papel relevante no sólo en la narración misma, sino en
todo el evangelio. Después de la ejecución de Juan y de la sepultura llevada a cabo por los discípulos de éste, Mateo añade: Y fueron a
informar a Jesús (14,12b).
El dato carecería de trascendencia en otro contexto, pero no así
en la trayectoria que ha venido presentando el evangelista. Con la
muerte del Maestro los discípulos del Bautista buscan a Jesús, lo
cual pone de manifiesto que la misión de aquel fue sólo preliminar.
El hecho de que los discípulos de Juan busquen a Jesús no señala
únicamente el reconocimiento de su autoridad, sino que expresa sobre todo el anhelo de búsqueda de una continuidad. En efecto, con
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
277
la muerte del precursor no termina sólo una etapa, sino que además
tiene lugar una continuidad con la siguiente, ya que se trata de dos
momentos que se conectan y se entrelazan de manera recíproca.
El esquema que hemos denominado «paralelismo-subordinación» entre el Mesías y el Bautista pone de manifiesto cómo se lleva a cabo la dinámica «camino-cumplimiento»: el mismo Juan,
quien recapitula las expectativas y esperanzas de Israel, prepara y
anuncia con su propia persona, sobre todo con su martirio, la plenitud de los acontecimientos que llegarán a plenitud en la persona
de Jesús.
En líneas muy generales, es posible observar cómo la presencia y
la misión del Bautista juegan funciones muy relevantes en el proceso histórico-salvífico presentado por Mateo. Esa presencia y esa misión constituyen puntos estratégicos para la conexión y la distinción de los momentos de la misma historia. El Bautista y su función
profética representan y recapitulan la época preparada por los profetas del AT. Al mismo tiempo, dicho personaje introduce, estableciendo una conexión asombrosa y significativa, el nuevo y definitivo momento, que irrumpe en la historia, por medio de la persona y
acción del Hijo de Dios, que ha venido a «cumplir toda justicia».
2. JUAN VINO EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA (21,32)
El último texto donde aparece el Bautista en el EvMt es en la llamada parábola de los «dos hijos» (21,28-32). Ésta tiene lugar en un
contexto polémico. Después de la entrada en Jerusalén (21,1-16), las
hostilidades de los líderes judíos contra Jesús se tornan más severas,
poniendo de relieve el contraste entre la fe y la incredulidad, como
aparece con fuerza en la controversia sobre la autoridad del Señor
(21,23-27), que da ocasión a la parábola de los dos hijos. Los pasajes
subsiguientes confirman esta situación que va cobrando tintes dramáticos, hasta desembocar en la crucifixión y muerte del Mesías.
La parábola, aunque es muy corta en comparación con otras de
su mismo género, posee dos partes bien definidas:
• La parábola propiamente dicha (21,28-31a):
– Pregunta retórica introductoria (21,28a)
– Comparación o cuerpo de la parábola (21,28b-30)
– Nueva pregunta y respuesta de interlocutores (21,31a)
278
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
• La sentencia acerca de Juan y consecuencias (21,31b-32)
– La sentencia sobre Juan (21,32a)
– Implicación de la sentencia (21,32b)
– Desdoblamiento de la implicación de la sentencia (21,32c)
La primera parte de la parábola, con sus dos preguntas, presenta
las actitudes contrarias representadas por cada uno de los hijos, la
respuesta de los interlocutores y la comparación, que podría ser bien
la conclusión de la misma.
La segunda parte ya no menciona a los hijos. Presenta la razón de
la precedencia de los publicanos y las prostitutas en el Reino de Dios.
Sin dejar de lado el tema planteado por las respuestas de cada uno de
los hijos reclama un nuevo centro de atención: Juan y su rol especial.
La presencia de este personaje lanza el texto hacia una nueva dirección, la fe, evidenciada por la triple mención del verbo «creer».
Aunque a lo largo de la historia la parábola ha recibido numerosas y variadas interpretaciones, se ha insistido mucho en la importancia que tiene la coherencia entre creer y actuar en consecuencia, como una expresión clara del «cumplir la voluntad de
Dios». Para el EvMt la vivencia de una fe efectiva es un aspecto
fundamental. En esto consiste la producción de los frutos necesarios
y genuinos para entrar en la dinámica del reinado de Dios, a la que
incluso los «más grandes pecadores», tipificados por los publicanos
y las prostitutas, tienen posibilidad de acceder mediante el arrepentimiento auténtico. En cambio lo que lleva a la exclusión de ese reinado de Dios es la incredulidad y la ofuscación, como a su vez lo
tipifica la actitud de los líderes judíos, cuyo rechazo al Mesías comenzó desde antes, desde la no aceptación de su precursor, el representante de las esperanzas escatológicas de Israel.
La sentencia de Jesús: «Juan vino a ustedes en camino de justicia» encierra un contenido muy denso y profundo. Puesto que el
Bautista, en su calidad de Elías que ha regresado, es una figura que
recapitula y compendia las esperanzas escatológicas del primer período de la historia, no debe ser visto en forma individual y aislada,
sino en relación con toda la historia; de este modo la sentencia no
se refiere sólo a su ministerio, sino al rol que desempeña en el amplio contexto de esta historia salvífica.
Mateo, desde el momento presente, focaliza toda la historia,
contempla el pasado que apunta al presente y se proyecta al futuro
escatológico. El pasado es recogido y recapitulado por el Precursor,
EL PRECURSOR DEL MESÍAS VIENE «EN EL CAMINO DE LA JUSTICIA»
279
que «vino en camino de justicia» y es ubicado en la misma línea del
Mesías que ha venido a «cumplir toda justicia». Así toda la historia
es entendida como una sola y proyectada hacia el fin.
En ese sentido la «venida» de Juan queda conectada íntimamente
con la del Mesías, estableciendo una asociación directa bajo la misma
categoría, la dikaiosynê («justicia»). Pero al mismo tiempo la diferencia queda establecida mediante el mismo verbo «venir». Mientras que
Jesús es el Mesías, el que «había de venir» a «cumplir toda justicia», el
Bautista es Elías, el que «estaba a punto de venir», más aún el que «ya
vino». Así, aunque al entrar en el nuevo período de la historia Juan
participa de algún modo en esa misión mesiánica del cumplimiento, su
tarea específica consiste en «venir en camino de justicia».
RECAPITULACIÓN
Juan el Bautista juega un papel fundamental en el evangelio de
Mateo. Este personaje no sólo es el precursor inmediato del Mesías,
como ocurre en gran parte de la tradición cristiana, sino que en él
se sintetizan todas las esperanzas antiguas de Israel, porque es el último de los profetas, la presencia de Elías retornado. Por una parte
constituye el eslabón que conecta las dos etapas de la historia de la
salvación, pero, por otra, es inferior al Mesías. El encuentro entre
ambos representa un momento fundamental en la continuidad,
pero también en la distinción de las etapas de la historia salvífica.
Mateo, quien distingue los tiempos de la única historia y otorga
a cada uno de ellos su lugar correspondiente, en primer lugar quiere evidenciar la conexión y la superación de las épocas y subrayar
cómo Dios es quien dirige esa historia, desde los inicios germinales
de cada acontecimiento, hasta la plenitud y perfeccionamiento de
los mismos. Continuidad e innovación constituyen el tema principal de Mateo y que aquí aparece claramente en las personas y misiones del Bautista, «llegado en camino de justicia» y la de Jesús,
quien viene a «cumplir toda justicia».
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer 2 Re 17,1–19,21. Detectar los rasgos del profeta Elías que
el EvMt recoge y aplica a Juan el Bautista.
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
2. Leer con atención los textos del EvMt donde aparece el Bautista. Hacer una lista de los datos donde resalta la continuidad con la misión del Mesías y otra donde se acentúan las diferencias.
3. Buscar en el sermón de la montaña (Mt 5,1-7,29) los pasajes
donde aparece la «justicia». ¿Cómo pueden ser leídos e interpretados
desde 3,15 y 21,32?
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. En el encuentro entre Juan el Bautista y Jesús tiene lugar también el encuentro entre las dos etapas de la única historia de salvación.
¿Qué significa esto para nosotros hoy? ¿Qué valor tiene para nosotros
en la vida práctica el Antiguo o Primer Testamento?
2. Juan el Bautista es un personaje muy importante en el EvMt por
la relación tan cercana que tiene con Jesús. ¿Cómo podríamos nosotros definir nuestra propia relación con nuestro Señor y Maestro?
3. La predicación de Juan el Bautista en Mateo coincide con la de
Jesús, lo que enfatiza el llamado a la conversión. ¿Tenemos en cuenta
esa exhortación en nuestra vida diaria? ¿Qué implicaciones tiene para
nosotros ese llamado a la conversión?
4. El Bautista tiene una clara misión profética, que ejerce con valentía, aun a costa de su propia vida. ¿Somos capaces nosotros de emular esa actitud valiente y decidida, en el ejercicio de nuestra propia vocación profética?
CAPÍTULO III
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA
LOS PRINCIPIOS BÁSICOS
DE LA NUEVA JUSTICIA (MT 5–7)
El llamado «sermón de la montaña», además de constituir el primero de los cinco grandes discursos de Jesús en el EvMt, representa para éste el momento clave inicial y también uno de los más importantes, ya que recapitula muchas de las enseñanzas de Jesús.
Representa el modo más diáfano y solemne de la comprensión que
el Maestro tiene acerca de la identidad de sus discípulos y las directrices que éstos deben seguir para vivir la adhesión auténtica a
él. Se trata, por tanto, de la declaración de los principios que deben
normar el nuevo período de la historia de salvación, la época de la
plenitud, pero al mismo tiempo revalorando y redimensionando el
valor de la Ley. Así queda establecida la continuidad y la superación de los dos momentos de la misma historia: «camino y cumplimiento».
Las exigencias radicales que aparecen en este sermón hacen descubrir, por un lado, la novedad y superioridad del momento del
Reino que ha llegado su plenitud; en cambio la insistencia del cumplimiento hasta de la más pequeña coma de la Ley pone de manifiesto por otro lado la secuencia y la continuidad de ambos períodos, en una dinámica en la que el camino y el cumplimiento, al
tiempo que se distinguen, se entrelazan recíprocamente hasta formar una fuerte interacción.
Puesto que la misión de Jesús es sintetizada por el EvMt como
«cumplir toda justicia» (cf. 3,15), este cumplimiento comporta
también una nueva disponibilidad para ejecutar la voluntad soberana de Dios, con actitudes que, enraizadas en el AT, respondan adecuadamente al nuevo tiempo que inicia y se proyecta hacia su consumación final.
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Mateo ha encontrado una manera de describir la vida que identifica a los que aceptan entrar en la dinámica del cumplimiento, en
conexión con una actitud también básica en la época de la preparación. Ha elegido el mismo concepto con el que definió la misma del
Mesías: la dikaiosynê («justicia»). Ésta, al ser aplicada a sus discípulos, los ubica en la misma dinámica, produciéndose así una unión estrecha con su Maestro. Esta actitud básica abarca las más fuertes exigencias del nuevo momento, en continuidad respecto al antiguo.
Ahora bien, la exposición de los principios normativos para la
vida de los creyentes, en conexión con lo que ya Dios había enseñado a su pueblo, en la antigua alianza, requiere un momento solemne para su promulgación, el cual tiene lugar en el sermón de la
montaña. Éste representa una elaboración muy particular y con
mucha relevancia en el evangelio de Mateo.
I. ARTICULACIÓN DE LA PREDICACIÓN DE JESÚS
EN EL SERMÓN DE LA MONTAÑA
El primero de los discursos aglutina una serie de enseñanzas del
Rabí de Nazaret. Estrictamente sólo en Mt 4,17.23 había aludido de
manera explícita a la predicación de Jesús, pero ahora en Mt 5–7
todo se va a concentrar en ésta y a partir de ahora él va a aparecer
sobre todo como el «Mesías de la palabra».
Lo más seguro es que el Maestro no pronunció en un solo momento lo que llegó a recogerse en el sermón de la montaña, como
lo leemos ahora, sino que es el resultado de la recopilación paulatina de una serie de dichos y discursos menores, que con toda seguridad tuvieron lugar en momentos diferentes y circunstancias diversas. Es aquí donde radica la dificultad principal para encontrar la
perfecta articulación del mismo.
A pesar de la problemática planteada y sin pretensiones exclusivistas, es legítimo buscar la articulación que pueda otorgar una estructura más o menos sólida al discurso. En éste se pueden distinguir
seis partes enmarcadas por una introducción y una conclusión:
Introducción (5,1-2)
• La identidad de los que viven la nueva época (5,3-16)
• El nuevo lugar de la Ley (5,17-20)
• Lo nuevo no cancela lo antiguo (5,21-48)
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
283
• Lo antiguo sigue vigente, pero con nueva actitud (6,1-18)
• Las actitudes básicas de los que viven la nueva época
(6,19–7,14)
• Los falsos profetas y los verdaderos discípulos de la nueva época (7,15-27)
Conclusión (7,28-29)
Esta misma articulación la podemos encontrar teniendo como
eje temático la «justicia», de modo que también es posible presentar la siguiente estructura:
Introducción (5,1-2)
• Los agentes de la justicia (5,3-16)
• El principio básico de la justicia (5,17-20)
• La práctica de la justicia para con el prójimo (5,21-47) y exhortación sumaria (5,48)
• La práctica de la justicia ante Dios (6,1-18)
• Combinación de la práctica de la justicia para con Dios y para
con el prójimo (6,19–7,14)
• Mandato para practicar la justicia (7,15-27)
Conclusión (7,28-29)
II. LA IDENTIDAD DE LOS QUE VIVEN LA NUEVA
ÉPOCA O LOS AGENTES DE LA JUSTICIA (MT 5,3-16)
Antes de ocuparse del modo de actuar de quienes integran la comunidad mesiánica, el EvMt se da a la tarea de identificarlos. Sólo
así es posible comprender el lugar que ellos tienen en el Reino de
los cielos y ubicar su actuar dentro de la misma dinámica de la misión de Jesús.
Muchas veces las bienaventuranzas han sido consideradas como
una especie de resumen de todo el evangelio, porque ellas son «buena noticia» en todo el sentido de la palabra, un anuncio de la felicidad que trae el reinado de Dios entre los humanos. No se trata
sólo de un deseo o de una promesa vaga, sino de una realidad que
tiene lugar en virtud de la presencia del Mesías en la historia.
El EvMt presenta un total de nueve bienaventuranzas, de las
cuales solamente cuatro se encuentran en Lc 6,20-23. Por tanto,
284
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Mateo añadió cinco más: los «mansos» (5,4), los que «lloran» (5,5),
los «misericordiosos» (5,7), los «limpios de corazón» (5,8) y los que
«trabajan por la paz» (5,9). Pero también ha introducido algunas
variantes respecto a las lucanas, como la adición de las especificaciones: «en espíritu» (Mt 5,3; cf. Lc 6,20), «de justicia» (Mt 5,6; cf.
Lc 6,21) y «justicia» (Mt 5,10; cf. Lc 6,22). Resalta también el uso
mateano de la expresión «Reino de los cielos» (5,3.10). Además,
aparece con mayor énfasis tanto la promesa de ver a Dios (5,8)
como, sobre todo, la magnitud del ser llamados hijos de Dios (5,9).
De aquí es posible inferir que esa vida necesaria para los discípulos
parte de una nueva relación con Dios, como Padre, la cual sólo es
posible en virtud de la unión íntima con su Hijo amado.
En el EvMt, las bienaventuranzas tienen una connotación muy
específica. Se puede afirmar que mientras que en Lucas las bienaventuranzas tienen un carácter más general, Mateo, en cambio, les
otorga una concreción que apunta al interés por la vida del discípulo. Por ejemplo, mientras que en Lc 6,21a la bienaventuranza se
dirige a todos los «hambrientos», en Mt 5,5b queda especificada a
los «hambrientos (y sedientos) de justicia».
El nuevo período de la historia requiere un testimonio más radical
de parte de quienes se adhieren a Cristo y a su misión; de aquí también parte la insistencia mateana en la producción de buenos frutos
(cf. 3,8.10; 7,16.17.18.19.20; 12,33; 13,8.22.23; 21,19.34.41.43), con
un sentido más de intensidad que de cantidad, en virtud de la intensidad misma exigida por el momento actual del cumplimiento.
Precisamente a partir de su identidad y de su unión con Cristo,
los discípulos de Cristo están llamados a ejercer su propia misión
como «sal de la tierra» (cf. 5,13) y como «luz del mundo» (cf. 5,14).
Esa identidad debe ser manifestada, pero teniendo como objetivo
solamente «la gloria del Padre» (cf. 5,16) y no la vanagloria u ostentación personal (cf. 6,1-4.5-6.16-18).
Algunas bienaventuranzas están ligadas a una promesa de ataño,
todavía en cierta manera futura, pero que comienza a ser realidad
desde ahora. La realización presente no ocurre sólo en razón de la
gozosa seguridad de llegar a poseer lo que se espera, sino que esa plenitud esperada ha comenzado ya. En efecto, desde ahora los «pobres
en espíritu» se abren al Reino de los cielos, aunque esperan la pertenencia total; los que lloran comienzan ya a recibir la consolación
por el anuncio de la Buena Nueva; los mansos son ya los destinatarios de las promesas; los hambrientos y sedientos por causa de la jus-
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
285
ticia empiezan a vivirla con intensidad, etc. En otras palabras, las
bienaventuranzas, habiendo tenido su anuncio y preparación, son
ya realidad y se proyectan hacia su futuro final.
1. BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN ESPÍRITU DE POBRE
(MT 5,1-12)
Las bienaventuranzas y con ellas todo el sermón de la montaña
abren con una frase impresionante, que encierra un contenido
enorme y un gran compromiso para los que son convocados en la
comunidad mesiánica.
Podemos afirmar que la primera bienaventuranza no tiene sólo
prioridad en la lista, sino que de algún modo es la que marca la pauta de las restantes. Es que en realidad no se trata de grupos distintos, sino de las diversas características que delinean el perfil de los
que son llamados a participar en la comunidad mesiánica y quienes
tienen como modelo al mismo que las proclama. En este sentido podemos decir que el primer bienaventurado, el modelo y prototipo,
es Jesús mismo, el «Pobre en espíritu».
No es fácil abordar el tema de la pobreza desde los textos del AT,
tan numerosos como variados y diversificados. Ésta se convierte en
fenómeno social relevante en Israel hasta el s. VIII a.C., como resultado del proceso continuo de diferenciación socioeconómica desencadenado por la monarquía, tal como vaticina 1 Sam 8,11-17. Mientras que los notables vivían de manera opulenta se construían lujosas
residencias (cf. Os 8,14; Am 3,15), organizaban festines (cf. Am 6,4;
Is 5,11-12) y se engalanaban con objetos preciosos (cf. Is 3,16-24),
los labradores y personas no acomodadas sufrían de explotación y
despojo de sus propiedades (cf. Is 5,8; Miq 2,2) y eran víctimas de la
especulación y del fraude (cf. Am 8,5; Os 12,8), por parte de los ricos y usureros (cf. Ez 18,8.13.17).
Una persona del pueblo que no tenía tierras ni otras posesiones se
veía reducida inevitablemente a la pobreza, por lo cual los profetas
emprendieron una defensa abierta y decidida de esta gente (cf. Is 3,1415; 10,2; 11,4; Am 4,1; 5,12; etc.), incluso la ley llegó a prever una
cierta protección de ellos (cf. Ex 22,24-26; 23,6; Dt 23,20; Lv 25,36)
Una corriente sapiencial, procedente quizá de ambientes sociales
acomodados, atribuye como causas de la pobreza actitudes negativas
del mismo que la sufre: indolencia (cf. Prov 10,4; 20,13), pereza (cf.
286
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Prov 6,9-11; 13,4; etc.), o de plano la búsqueda de placeres (cf. Prov
21,17; 23,20-21). Pero otra línea de pensamiento sapiencial, en consonancia con los profetas, considera que la causa de la pobreza es ante
todo la opresión (cf. Prov 22,22-23). Así tiene lugar la transposición
espiritual del vocabulario de la pobreza por la que los «humildes de la
tierra» son aquellos que buscan a Dios (cf. Sof 2,3), es decir, el resto
fiel de Israel, «pueblo humilde y pobre» (Sof 3,12-13). Éstos serán los
triunfadores cuando el Mesías se manifieste (cf. Is 11,4).
Jesús se coloca desde la perspectiva profética que mira a los pobres como predilectos de Dios, por lo que los llama «bienaventurados» («dichosos», «felices»). De hecho, cuando en Mt 11,2-6 los
emisarios del Bautista le van a preguntar: ¿Eres tú el que tenía que venir o hemos de esperar otro?, la respuesta toma como punto referencial la nueva situación en favor de los más necesitados, teniendo
como contenido fundamental el texto de Is 61,1-9 (cf. también
49,9-13). Sobre todo en la época posexílica, a la que pertenecen estos textos proféticos, los términos «pobre», «afligido», «cautivo»,
pero también los contrarios, «liberación», «consuelo», «buena noticia», cobran un significado especial. Los profetas quieren devolver
al pueblo las esperanzas perdidas por el destierro y sus consecuencias,
y anuncian que Dios va a reinar. Éste es contenido de la buena noticia de Isaías.
El profeta ofrece signos de la llegada del reinado de Dios: los corazones rotos son vendados, a los cautivos se les pregona su liberación, a los reclusos su libertad..., y es precisamente a los pobres a
quienes se les anuncia esta buena noticia. El reinado de Dios está
llegando y al ser los pobres los primeros receptores del anuncio, son
también por ello felices. Pero lo más importante es que en este reinado, Dios va actuar a favor de los pobres mismos. La llegada de ese
reino va a traer como consecuencia el final de los sufrimientos, de
las opresiones, de los desconsuelos y abatimientos.
Por sus actos y palabras, Jesús de Nazaret, el Mesías e Hijo de Dios,
proclama la «Buena noticia» por excelencia, el «Evangelio» a los pobres. Se les declara dichosos porque Dios, que ha empezado a reinar,
también ha comenzado a actuar en favor de ellos. Es entonces cuando tiene lugar una paradoja: a los «desventurados» por sus carencias,
humillaciones y abatimientos, Jesús les llama «bienaventurados». Y
esa dicha es una consecuencia de la llegada del reinado de Dios,
quien quiere manifestar su solicitud hacia los que sufren, con los desgraciados. Dios quiere proporcionar felicidad a los que están privados
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
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de ella y así hace de su reino una manifestación de su misericordia.
Dios se ha cansado de verlos sufrir y ha decidido mostrar que los ama.
En el trasfondo está el texto posexílico de Isaías.
Se trata de los «pobres en espíritu», es decir, los que desde su interioridad más profunda (el «espíritu», pneuma o ruâh, en griego o
hebreo, designa a la persona en su realidad interior profunda) experimentan su pobreza y no tienen más seguridad que Dios. Son los
«pobres de la tierra», el «resto humilde» del que hablaba el profeta
Sofonías, los «pobres de Yahvé». En este sentido no podemos decir
que los pobres sean bienaventurados por el hecho mismo de «padecer» esa situación socioeconómica, sino porque precisamente esa
condición les da la oportunidad de poner su confianza absoluta en
Dios, que ha comenzado a reinar. La pobreza en espíritu supone una
condición, pero sobre todo implica una actitud, la de abrirse a Dios
y poner toda la seguridad en él. Los que lo logran participan en el
reinado de Dios y por eso son «bienaventurados».
POBREZA-RIQUEZA EN LA ENSEÑANZA RABÍNICA
En la mentalidad judía no hubo una valoración positiva de la pobreza en cuanto tal, pues chocaba con su fe en la creación y con su
conciencia de elección y con el ideal rabínico de formación. Este ideal
tenía como supuesto el deber escrupuloso del estudio y cumplimiento
de la Torah, lo que requería una cierta independencia económica para
dedicarse sin estorbo al estudio y meditación de la misma. Sólo en
contraposición a la riqueza injusta o mal usada, se podía ver al pobre
como alguien bueno, que espera la justicia de Dios. Para el judío, los
bienes tienen su origen en Dios, pero para alcanzar la riqueza se requiere el esfuerzo humano, como dice la Misná:
R. Meir enseña: cada cual enseñará siempre a su hijo profesiones decentes y fáciles y ha de orar a Aquel de quien son las riquezas y los bienes,
porque no hay profesiones que tengan la pobreza o la riqueza, ya que la pobreza no viene de la profesión, ni la riqueza, sino que es conforme al mérito (Quid. 4,14).
2. SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO (5,13-16)
Una vez que las bienaventuranzas pusieron de relieve la identidad de los discípulos, en unión con el propio Jesús, primer biena-
288
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
venturado y modelo, el EvMt focaliza la misión de los mismos. Su
identidad y su función constituyen una doble realidad o una especie de binomio inseparable.
Los miembros de la comunidad mesiánica ejercen su propia misión como «sal de la tierra» (cf. 5,13) y como «luz del mundo» (cf.
5,14). Las figuras, difíciles de explicar con precisión, ilustran la exigencia de ser testigos del mismo Cristo, aun en medio de la persecución. El testimonio requiere necesariamente una manifestación
frente a los demás, pero teniendo como único objetivo «la gloria del
Padre» (cf. 5,16) y no la presunción u ostentación personal (cf. 6.14.5-6.16-18).
No se puede establecer con certeza el sentido original de estos
dichos de corte sapiencial. El primero, acerca de la «sal», podría tener un sentido primitivo de amenaza en razón de las connotaciones
negativas que tenía la sal para los habitantes que vivían en las proximidades del mar Muerto (cf. Jer 17,6; Job 39,6). Sin embargo, poseía también sentido positivo, en razón de su poder de conservación, sazonador, purificador y antídoto contra la putrefacción, por
lo que se utilizaba para el sacrificio y para la oblación (cf. Lv 2,13).
En Mc 9,50 el dicho sobre la sal tiene sentido parenético y Lc 14,34
lo aplica también directamente a los discípulos mismos.
Siguiendo el sentido metafórico, aunque con las dificultades de
una aplicación precisa y sin caer en rebuscamientos sofisticados o
conclusiones moralizantes, es posible interpretar el dicho acerca de
la «sal de la tierra» en el sentido que los discípulos de Jesús y, por
extensión, la comunidad a la que se dirige el evangelio reciben una
especial capacidad purificadora y preservadora, no sólo para mantenerse ecuánimes, sino incluso para sazonar y conservar al mundo de
la putrefacción, es decir, de las consecuencias devastadoras del mal.
El reinado de Dios que está llegando es el momento propicio para
ejercer esta capacidad frente a los embates hostiles que experimentan, como la persecución por causa del Mesías. Asimismo, si tenemos en cuenta que la sal, usada en pequeñas cantidades, servía
como abono para la tierra, la imagen conllevaría también un sentido de producción. Pero lo más importante es no perder de vista el
«absurdo» que presenta el dicho: la sal que pierde el sabor es totalmente inútil, «de nada sirve».
Igual dificultad presenta el dicho acerca de la «luz». Su significado original resulta también incierto, sin embargo también destaca el carácter inocultable de una ciudad construida en lo alto y el
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
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absurdo de «encender una lámpara e intentar esconderla». Ya en
Mc 4,21 el dicho de Jesús enfatiza lo inútil que resulta encender una
lámpara y colocarla debajo de un recipiente para medir granos. Es
ilógico por cualquiera de las razones: ya sea por el ocultamiento mismo de la luz, o porque el colocar la lámpara debajo del cajón extingue de inmediato la flama. En todo caso la comparación del dicho
señala lo disparatado de una acción, aunque no es fácil saber a qué
hacía referencia originalmente o cuál es el hecho cotidiano al que
alude.
Las metáforas que utiliza el evangelio tienen un carácter muy general. La sal, la ciudad y la luz pueden utilizarse para casi todo, de
modo particular en los ambientes orientales donde las imágenes representan siempre un recurso pedagógico bastante apreciado. De
modo particular la «luz» representa un elemento relevante no sólo
en Israel, sino en casi todas las civilizaciones del mundo oriental antiguo, asociado al bien y a la vida.
El EvMt subraya el pronombre personal hymeis («ustedes»), en
5,13.14, lo cual conecta con la última de las bienaventuranzas, cuya
formulación es hecha en forma directa:
Bienaventurados serán ustedes cuando los injurien y persigan y digan
con mentiras toda clase de mal contra ustedes por mi causa... (5,11).
Notemos cómo el discurso pasa de lo indirecto a lo directo:
Bienaventurados los (5,3-10) ↔ Bienaventurados ustedes (5,11-12) →
Ustedes son (5,13-14)
El pronombre incluye desde luego a los discípulos de Jesús
(5,1b), principales destinatarios del sermón, pero el evangelio está
interpelando a toda la comunidad lectora del mismo. En 5,13-14 el
pronombre aparece con mucho énfasis, al inicio de cada uno de los
respectivos versículos. Estableciendo la conexión la bienaventuranza mencionada se podría leer así: «precisamente ustedes, que son
perseguidos y calumniados, son también la sal de la tierra y la luz del
mundo».
Las dos imágenes pueden, por tanto ser leídas en clave de misión
y en un contexto de persecución. Los discípulos y toda la comunidad mateana, a pesar de las hostilidades y oposiciones, tienen la tarea ineludible de dar testimonio de su condición. Esta misión surge
como una necesidad imprescindible de la misma condición del creyente, de modo que si no se cumple, se cae en el absurdo de la sal
que pierde su sabor o de la luz que se oculta debajo del recipiente.
290
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
RIQUEZA SIMBÓLICA DE LA «LUZ»
La mayoría de las antiguas civilizaciones orientales, Egipto, Babilonia, Irán, asociaron la luz al bien, al ser, a la existencia, a la vida, etc.
Por el contrario, las tinieblas, las sombras la noche y la oscuridad eran
identificadas con los reinos del mal, de la muerte y de la nada. Aunque el pueblo de Israel y la comunidad cristiana lograron eliminar muchos elementos mitológicos, sin embargo no sólo no abandonaron del
todo esa antítesis fundamental, sino que aprovecharon mucho su riqueza simbólica que contiene la «luz».
Gn 1,1-5 menciona la luz como el primer elemento creado por
Dios, y aunque su origen sigue siendo un misterio para los hombres (cf.
Job 38,19), está sometida a su Creador, a quien obedece (cf. Bar 3,33;
Am 5,8) y cuya grandeza canta (cf. Sal 148,3; Dn 3,71).
La luz tiene una especial relación con Dios: lo envuelve y lo reviste (cf. Is 60,1-3; Hab 3,4) e ilumina los lugares que él honra con su
presencia (cf. Job 29,24 Ez 1,22). Es teofánica, pues manifiesta la presencia del Altísimo (cf. Ex 13,21). En sentido metafórico se puede decir que Dios es luz (cf. Sal 27,1; Job 37,11-12) y la sabiduría es reflejo
de la luz eterna (cf. Sab 7,27-28). El que tiene vida puede ver la luz
(cf. Job 3,16; 33,28.30). Ésta es signo de la protección divina (cf. Miq
7,8), de alegría (cf. Is 60,20; Sal 97,11) y felicidad (Sal 112,4). También es prenda de honestidad (cf. Sab 5,6; Eclo 32,16), de verdad (Sal
43,3) y de sabiduría (cf. Qo 2,3). La Ley es luz (cf. Sal 119,5; Is 2,5) y
el sabio difunde y él mismo es luz (cf. Dn 5,11.15; Is 42,6).
III. EL NUEVO LUGAR DE LA LEY, PRINCIPIO BÁSICO
PARA LA «JUSTICIA» (MT 5,17-19)
Una característica particular del EvMt es su valoración de la
Ley, como queda sentenciado en 5,17-20:
No piensen ustedes que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he
venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, se lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda...
Se ha entendido generalmente esta sentencia de Jesús como un
perfeccionamiento de la Ley, llevado a cabo por él, pues ésta habría
sido antes imperfecta en sí misma, sin embargo tiene lugar un problema por la presencia de las llamadas «antítesis» (cf. Mt 5,21-48),
sobre todo en lo que corresponde a la compatibilidad entre la vigencia de la Ley –que parece haber sido enérgicamente afirmada en
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
291
5,17-19– y dichas «antítesis» que a su vez parecen contradecir lo
apenas sentenciado. Mateo actúa en dos momentos bien definidos:
• En el primero (5,17-19), sentencia con firmeza el valor y la
validez de la Ley, la cual, habiendo jugado una función muy
importante en el primer período de la única historia, no puede ser desechada sin más, sino que debe ser asumida como parte de la Escritura normativa para Israel y también normativa
para la Iglesia. De modo que se puede hablar no sólo de una
reivindicación de la Ley sino incluso de una «nueva comprensión» y de una «nueva valoración» de ella misma en su
totalidad.
• En el segundo (5,21-47), el evangelista pone de manifiesto que
la Ley, con todo el valor que ha poseído y todavía posee, no
puede permanecer absolutamente igual en cada formulación,
al llegar el período de plenitud de la historia. En otras palabras,
para Mateo la Ley es una parte muy importante del camino
que ha hecho posible llegar a la plenitud y desde aquí hay que
comprenderla. No se trata, por tanto, de yuxtaposición sino de
una conexión dentro del proceso de «continuidad superación», que constituye el tema principal del evangelio.
De ese modo, el evangelista coloca el principio de la permanencia de la Ley junto con las antítesis, pues antes de exponer los principios de la época mesiánica, quiere establecer la «conexión» y la
«continuidad» con el tiempo de la preparación. El resultado es que,
una vez más, en el EvMt aparece la unidad entre las dos etapas de
la única historia y, al mismo tiempo, la novedad que supera y otorga plenitud. La Ley alcanza la totalidad de su sentido, pero al mismo tiempo es rebasada al llegar el Mesías. Aunque ella en sí misma
ya no logra expresar las exigencias de la novedad, sigue siendo «Escritura normativa» y propicia los espacios adecuados para la nueva
vida, en el Reino.
Por tanto, para el EvMt, paradójicamente, la Ley, siendo superada, es todavía vigente por ser parte de la Escritura que ha llegado a
su plenitud con Cristo. Éste es uno de los puntos más importantes
que permiten descubrir el trabajo del evangelista al presentar la historia en términos de una dinámica en la que continuidad y superación marcan el ritmo de la historia. El período bajo la Ley ha constituido un camino que ha conducido hacia la llegada de la etapa
decisiva del Reino, pero este camino, lejos de ser abrogado, es asumido, revalorizado y llevado a su plenitud.
292
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
La vigencia de la Ley, sentenciada categóricamente en Mt 5,17,
refleja el deseo de salvaguardar el valor y la continuidad de la misma.
Ella es vista como parte constitutiva de la herencia legada a la comunidad mesiánica y como punto de partida para comprender su propia
historia. La Iglesia puede entender el modo como ha ido actuando
Dios en esa historia, en cuya etapa de plenitud se encuentra ahora. La
Ley tiene, por tanto, un valor insoslayable, pero al mismo tiempo ya
no puede poseer exactamente el mismo significado y los mismos alcances, por lo que Jesús, en Mateo, enuncia inmediatamente las nuevas exigencias, que apuntan al ideal de la perfección en el amor.
En síntesis, la Ley es asumida porque forma parte de las Escrituras, que el Mesías ha venido a cumplir, y es perfeccionada por la justicia, que tiene en la base una nueva relación con Dios y con el prójimo, pues la «nueva ley» se funda y se resume en el amor a Dios y
al prójimo (cf. Mt 22,40).
LA TORÂH
La Torâh es el pilar más importante que sostiene la fe de Israel. El
nombre posiblemente tiene su origen en la raíz verbal yârâ («señalar»,
«instruir»), por eso de entrada significa «enseñanza» o «instrucción»,
pero con el tiempo pasó a tener más bien el significado de «ley». La designación hacía referencia a un texto escrito del Pentateuco, pero por
extensión podía abarcar otros, incluyendo el conjunto de las Escrituras
sagradas. De hecho, la mayoría de los judíos, salvo algunos, entre los que
destacaron los saduceos, reconocía las tres partes que constituían las Escrituras: Ley (Torâh), Profetas (Nebiîm) y Escritos (Ketubiîm). Tuvo
siempre prioridad la primera, es decir, la Torâh en sentido estricto, la escrita, aunque el judaísmo fariseo conoce además otra extensión de la palabra cuando habla de una «Ley» transmitida en forma oral y no escrita
(Torâh bealpe). La prioridad de la Torâh es muy clara en la Mishnâh:
La Torâh es más importante que el sacerdocio y la realeza, porque la realeza se consigue con treinta cualidades, el sacerdocio con veinticuatro, pero la
Torâh con cuarenta y ocho: con el estudio, con el oído, con la adecuada ordenación de los labios, con la inteligencia del corazón, con el miedo, con el temor, con la humildad, con la alegría, con el servicio a los sabios, con el examen minucioso en compañía de otros colegas, con las discusiones de los
discípulos, con la reflexión, con la lectura de la Escritura y la Mishnâh, con
poco sueño, con poca conversación, con pocos placeres, con poca disipación,
con poca ocupación en negocios temporales, con mansedumbre, con corazón
bueno, con la fe de los sabios, con aceptación de los castigos... (Ab. 6,5-6).
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
293
IV. LA SUPERACIÓN NO EXCLUYE LA CONTINUIDAD
(MT 5,20-47)
La presencia de la «justicia» en el sermón de la montaña ejerce
un papel de suma importancia, ya que recoge y recapitula las exigencias de la alianza pactada entre Dios e Israel, las asume, las
lleva a plenitud y las proyecta, con un nuevo contenido, a los
miembros de la comunidad cristiana. La «justicia» representa
también un punto de unión entre los momentos de la misma y
única historia.
Mt 5,21-47 abarca una serie de «antítesis», con los miembros
paralelos opuestos: han oído ustedes que se dijo → pero yo les digo.
Aquí la novedad rebasa y supera las actitudes exigidas a los israelitas. Las nuevas actitudes, que trae consigo la época actual, hunden sus raíces en la anterior, pero cobran ahora una nueva y plena dimensión, que desborda a las primeras. De este modo, el
mismo término «justicia» logra engarzar las dos realidades que
Mateo busca evidenciar. En otras palabras, en el EvMt, tanto la
novedad, traída por Jesús en el nuevo y definitivo periodo, que sobrepasa las exigencias de la Ley (cf. 5,21-47), como la continuidad de actitudes ya reclamadas anteriormente (cf. 6,2-6), que establecen la conexión y propician la unión y, al mismo tiempo, la
distinción entre ambos periodos, pueden ser comprendidos mejor
gracias al concepto de dikaiosynê («justicia») que maneja el evangelista.
Si las llamadas «antítesis» no son solamente intentos de preservación de la Ley, como quien pone «una valla» alrededor ella, tampoco pueden ser simples explicaciones o una manera de «radicalizar» preceptos que permanecen inmutables. El EvMt más bien las
mira en su conjunto; es decir, que esas «antítesis», formando un
todo, y no sólo en la individualidad de cada una, expresan el significado de la Ley como un aspecto necesario en el proceso de la llegada del reinado de Dios. De este modo, la Ley aparece como un aspecto imprescindible en el camino, y que ahora, en el período del
cumplimiento, es asumida, llevada a plenitud y rebasada. Así pues,
todas las «antítesis» en su conjunto ilustran la continuidad de las
etapas de la única historia, pero, al mismo tiempo, señalan una superación real de la segunda con relación a la primera. Este doble y
paradójico movimiento logra una asombrosa ejecución gracias al
término clave dikaiosynê («justicia»).
294
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
V. LA CONTINUIDAD NO EXCLUYE LA SUPERACIÓN
(MT 6,1-18)
Una vez acentuada la superación que implica el nuevo período
de la historia, el EvMt vuelve a establecer la conexión con la antigua, recogiendo y dando una nueva dimensión a la praxis de las
obras de piedad que lo caracterizaban e involucrándolas en la comprensión de la «justicia mayor». De esta manera, la limosna, la oración y el ayuno integran el contenido de la justicia, que tuvo sus inicios en la Antigüedad, pero esas mismas prácticas adquieren un
nuevo sentido cuando son ejecutadas desde la comunión íntima
con el Padre. El Mesías mateano, lejos de revocar la praxis de la piedad judía, la asume e invita a que sea motivo de una comunión más
íntima con Dios, como lo requiere esa «justicia mayor».
La oposición de Jesús a los hipócritas y la crítica de sus actitudes
negativas se debe a que estos mismos no viven una relación auténtica con Dios, sino únicamente la aparentan delante de los hombres, lo que en definitiva frena y obstaculiza el proyecto de salvación. La raíz del problema no radica, por tanto, en las prácticas
mismas, pues éstas siguen siendo buenas. Sin embargo, sólo practicando la limosna, la oración y el ayuno como verdaderos hijos de
Dios, puede haber reconocimiento de una genuina «justicia». Ésta
es la que constituye el hilo conductor y establece la continuidad y
al mismo tiempo la superación.
LA PRÁCTICA DE LA LIMOSNA
La limosna procede del griego eleemosyne, que en Eclo 3,14.30;
7,10 y 40,17 traduce el hebreo tsedaqâh («justicia»). Este significado
empezó desde el s. II a.C., en el sentido de caridad, de modo que algunos maestros de Israel interpretaban así diversos pasajes en que de
por sí no tenía esta acepción. Por ejemplo R. Eleazar explicaba Prov
21,3, en el sentido de que la limosna es más agradable a Dios que el sacrificio (cf. TB, Suk 49b). Así sostenía que la limosna es tan importante como todo el conjunto de los demás mandamientos (cf. TB, BB
9-10). El texto bíblico más sobresaliente acerca de este tema es Tob
4.5-11:
Acuérdate, hijo, del Señor todos los días y no quieras pecar ni transgredir sus mandamientos; practica la justicia todos los días de tu vida y no andes por caminos de injusticia, pues si te portas según verdad, tendrás éxito
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
295
en todas tus cosas, como todos los que practican la justicia. Haz limosna
con tus bienes; y al hacerlo, que tu ojo no tenga rencilla. No vuelvas la cara
ante ningún pobre y Dios no apartará de ti su cara.
Regula tu limosna según la abundancia de tus bienes. Si tienes poco, da
conforme a ese poco, pero nunca temas dar limosna, porque así te atesoras
una buena reserva para el día de la necesidad. Porque la limosna libra de la
muerte e impide caer en las tinieblas.
Don valioso es la limosma para cuantos la practican en presencia del Altísimo.
VI. LA BASE DE LA JUSTICIA MAYOR
ES LA NUEVA FILIACIÓN (MT 5,16.45.48)
En el sermón de la montaña es notoria la frecuente alusión a las
relaciones: «padre-hijo-hermano». Se puede decir, incluso, que son
esas relaciones las que imprimen un sesgo especial a las exhortaciones que tienen lugar en este importantísimo discurso de Jesús en el
EvMt. Reserva además el sustantivo «padre» de manera exclusiva a
Dios (cf. 5,16.45.48; 6,1.4.6.8.9.14.15.18.26.32; 7,11.21), mientras
que en textos anteriores el mismo sustantivo ha designado más bien
a padres humanos (cf. 2,22; 3,9; 4,21.22). Se puede decir, por tanto, que a partir de aquí «padre» comienza a ser el término preferido
para llamar a Dios.
Por lo que respecta al término «hijo», su frecuencia es también
muy notoria. La primera vez que el EvMt lo usa con referencia a
Dios, como Padre, tiene lugar en el reconocimiento de Jesús como
el Hijo, en 3,17. A partir del reconocimiento público de la filiación
divina de Jesús, también los suyos –es decir, los que se asocian a él
por el seguimiento y entran en la dinámica de la nueva época del
Reino– comienzan a ser reconocidos como hijos del Padre (cf.
5,9.45) y reciben la posibilidad de vivir conforme a la «justicia»,
que ha venido a cumplir el Hijo por excelencia.
Podemos concluir que los principios fundamentales de la enseñanza de Jesús, que expresan la voluntad de Dios para la época de
la plenitud y trazan las directrices del actuar cristiano, encuentran
un lugar privilegiado en el sermón de la montaña. Ahora bien, esta
enseñanza asume la Ley y la perfecciona, abarca las relaciones con
Dios y con el prójimo y expresa la totalidad de la existencia de quienes se asocian a Jesús. El ideal de esta nueva relación para con Dios
296
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
y para con el prójimo es la perfección, que no consiste en una mera
utopía sino en el proceso creciente de esa relación cada vez más profunda, en el amor, y que tiene como modelo al mismo Dios.
En el sermón de la montaña tienen lugar muchos datos, que nos
pueden ayudar a descubrir todavía más cómo el evangelista Mateo
enseña a sus lectores que Dios actúa, por su voluntad soberana, un
plan de salvación y lo conduce sabiamente, en una dinámica creciente, desde los comienzos hasta el cumplimiento definitivo. Se
trata de un camino que sin cumplimiento no tiene sentido, pero
también de un cumplimiento que no podría ser realidad sin el camino. Este proceso implica una gran interacción entre cada uno de
los acontecimientos que antes de ser llevados a cabo son anunciados y que después se proyectan, con las consecuencias necesarias,
hacia su total realización.
RECAPITULACIÓN
El sermón de la montaña representa un momento clave inicial y
también uno de los más relevantes en todo el EvMt, ya que condensa muchas de las enseñanzas del Mesías. En esta parte del relato
evangélico se puede ver de forma clara y solemne cómo comprende
el Maestro la identidad de sus discípulos y las directrices que éstos
deben seguir para que ellos vivan una adhesión autentica a él y un
seguimiento real y efectivo. Es la declaración de los principios normativos del nuevo período, en la época de la plenitud, al mismo
tiempo revalorando y redimensionando el valor de la Ley y estableciendo la continuidad y la superación entre los dos momentos de la
misma historia: «camino y cumplimiento».
Las exigencias radicales que aparecen en este sermón hacen descubrir, por un lado, la novedad y superioridad del momento del Reino
que ha llegado a su plenitud; en cambio la insistencia del cumplimiento hasta de la más pequeña coma de la Ley pone de manifiesto por otro lado la secuencia y la continuidad de ambos períodos, en
una dinámica en la que el camino y el cumplimiento, al mismo
tiempo que se distinguen, se entrelazan recíprocamente, hasta formar una fuerte interacción. Aquí la «justicia», que viene a cumplir
el Mesías, juega un rol fundamental, pues se trata de una actitud básica que abarca las más fuertes exigencias del nuevo momento, en
continuidad respecto al antiguo. Ésta, al ser aplicada a los discípu-
EL MESÍAS DE LA PALABRA PROCLAMA LOS PRINCIPIOS BÁSICOS...
297
los, los ubica en la misma dinámica, produciéndose así una unión
estrecha con su Maestro, pero también con relación a las demás personas. Por eso aquí la filiación con Dios y la fraternidad con el prójimo juegan roles fundamentales.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer de corrido, y si es posible en voz alta, todo el sermón de la
montaña, tratando de recrear el escenario, pero sobre todo reflexionar
en torno al impacto que pudo tener en el momento en que se escribió
el EvMt.
2. Descubrir algunas repercusiones que tiene el primer discurso de
Jesús en el resto del EvMt. Detectar algunos pasajes, fuera de Mt 5–7,
en los que se deja sentir el impacto del sermón de la montaña.
3. Elaborar un cuadro comparativo entre las bienaventuranzas en
Lc y en Mt. Detectar coincidencias y divergencias. ¿Qué elementos
característicos poseen las propiamente mateanas? ¿Qué razón de ser
tienen las adiciones? Todo esto, ¿ofrece pistas para la comprensión del
EvMt? ¿Como cuáles?
4. Poner en un recuadro las antítesis de Mt 5,21-47. Buscar las citas del AT a las que remite la primera parte de la antítesis para ver en
qué contexto se sitúan y descubrir cómo las interpreta el propio evangelista y dónde quiere marcar el énfasis de la superación.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. El sermón de la montaña ha recibido una gran cantidad de interpretaciones a lo largo de la historia, desde quien lo mira como un
ideal impracticable o ve en él sólo un modo simbólico de hablar, hasta quien lo entiende al pie de la letra y exige su cumplimiento íntegro
y radical. ¿Cuál es la lectura que hacemos los cristianos de este tiempo y cómo podemos entenderlo correctamente para asumirlo en la
vida cotidiana?
2. El sermón de la montaña tiene un lugar muy especial en el EvMt,
porque aquí es donde tienen lugar los principios básicos que distinguen
la identidad y la misión de los seguidores de Jesús. ¿Qué tanto nos sentimos interpelados y motivados por las enseñanzas de Cristo en este
sermón? ¿Cómo vivir y proponer el estilo de vida de las bienaventu-
298
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
ranzas a las personas hoy, en medio de una sociedad materializada y robotizada, que se enorgullece en difundir «valores» no sólo diferentes,
sino incluso opuestos a los auténticos valores proclamados por Jesús.
3. ¿Estamos convencidos de que las enseñanzas de Jesús, recapituladas de modo particular en el sermón de la montaña, representan
para nosotros los criterios fundamentales de nuestro actuar como creyentes y discípulos? ¿Cuáles pueden ser los obstáculos más frecuentes
que encontramos, que nos impiden poner en práctica el espíritu de las
bienaventuranzas y de todo el sermón de la montaña.
4. Ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» implica asumir en serio
nuestra identidad de discípulos de Cristo y un testimonio valiente y
decidido de lo que somos y creemos. ¿Estamos dispuestos a hacerlo?
¿Cómo?
5. El sermón de la montaña deja en claro que un principio que sustenta todo es la relación con Dios y con los hermanos. ¿En la vida
práctica, estamos convencidos de lo vital que resulta tal relación?
¿Cómo podemos lograr que la fraternidad sea la base de las relaciones
entre quienes formamos la comunidad de discípulos de Jesús?
CAPÍTULO IV
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA
EL REINO Y SU JUSTICIA
No se podría hablar de los evangelios sin hacer referencia a uno
de los temas que de inmediato saltan a la vista y siempre tienen mucho que decir a las comunidades cristianas: se trata de los milagros
de Jesús. En efecto, no sólo los escritos apócrifos, plagados a veces
de exuberante fantasía, sino incluso los cuatro testimonios canónicos refieren acciones extraordinarias: curaciones, exorcismos y otras
obras sorprendentes, aunque con matices y perspectivas diferentes,
según el interés de cada uno de ellos.
El discurso programático pronunciado en la montaña (cc. 5-7)
comunica la enseñanza magistral del que ha venido a dar plenitud
a la Ley, pero luego una serie de episodios milagrosos (cc. 8-9) lo
muestran como quien inaugura en su propia persona la época de la
curación y del perdón, por eso se puede afirmar que el Jesús de Mateo es el «Mesías de la palabra y de la acción»; esos dos aspectos son
fundamentales en la narración evangélica:
Es cierto que cuando Mateo reagrupa y subraya la actividad
milagrosa de Jesús, no realiza una obra totalmente inédita, sino
que se inscribe en una tradición en marcha; más aún, su texto se
apoya literariamente en unos datos que ya habían recibido forma por sus predecesores, Marcos y los autores anónimos de una
documentación en la que se apoya. Sin embargo, Mateo tampoco es un simple compilador. Las características que se desprenden
de su propio estilo y la comparación con los relatos paralelos de
Marcos y Lucas descubren una forma original de tratar los elementos recogidos y permiten entrever las intenciones específicas
del autor.
300
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE LOS RELATOS
DE MILAGRO EN EL EVANGELIO DE MATEO
El EvMt no sólo agrupa las palabras de Jesús en cinco grandes
discursos, sino que es el único evangelista en presentar, entre el primero (cc. 5-7) y el segundo de esos discursos (c. 10), varios relatos
de milagro (cc. 8-9), que originalmente pudieron estar dispersos.
Asimismo el evangelista presenta otras narraciones de ese mismo
género desde el c. 12 hasta el c. 21, sucediéndolas según el mismo
orden que en Marcos o en Lucas, lo que revela su cercanía a la fuente original en esta sección de su relato. Una lectura atenta es capaz
de evidenciar hasta qué punto se las ingenia Mateo para relacionarlos y empalmarlos por medio de diferentes recursos.
Por tanto, los relatos de milagro en el EvMt están ubicados en
dos grandes momentos de la narración. Aunque sin una precisión
rigurosa se pueden sumar diez relatos en cada una de ellas:
a) La sección dedicada especialmente a los milagros (diez u once
si el sumario de 8,16-17 se cuenta como uno de éstos), que tiene lugar entre el primero y el segundo de los discursos:
• Curación del leproso (8,1-4)
• Curación del criado del centurión (8,5-13)
• Curación de la suegra de Pedro (8,14)
• Numerosas curaciones (8,16-17)
• Tempestad calmada (8,23-27)
• Liberación de los endemoniados (8,28-34)
• Curación del paralítico (9,1-7)
• Curación de la hemorroisa (9,20-22)
• Resurrección de la hija de Jairo (9,18-19.23-26)
• Curación de los dos ciegos (9,27-31)
• Curación del endemoniado mudo (9,32-34)
Muchos comentaristas ven en esta sección una serie de diez milagros, ya sea porque no consideran el sumario de 8,16-17 como uno
en particular, o porque unen la curación de la hemorroisa (9,20-22)
con la resurrección de la hija de Jairo (9,18-19.23-26), pues estos
dos están narrados en la misma perícopa.
b) Los restantes milagros, desde 12,9 hasta 21,22, constituyen
también una serie de diez, pero ahora distribuidos a lo largo de diez
capítulos:
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
301
• Curación del hombre de la mano paralizada (12,9-14)
• Primera multiplicación de los panes (14,13-21)
• Camino sobre las aguas (14,22-33)
• Curaciones en Genesaret (14,34-36)
• Curación de la hija de la cananea (15,21-28)
• Curaciones junto al lago (15,29-31)
• Segunda multiplicación de los panes (15,32-39)
• Curación del endemoniado epiléptico (17,14-18)
• Curación de los ciegos de Jericó (20,29-33)
• Maldición de la higuera estéril (21,18-22)
Como se puede apreciar en esta segunda sección de relatos de
milagro, uno de ellos está situado antes del discurso parabólico
(12,9-14), siete entre el discurso parabólico y el eclesial (14,1321.22-33.34-36; 15,21-28.29-31.32-39; 17,14-18) y dos más antes
del escatológico (20,29-33; 21,18-22). El número diez podría tener
algún simbolismo para la comunidad judeocristiana de Mateo.
LOS PORTENTOS DE DIOS EN SERIES DE DIEZ,
EN LA ENSEÑANZA RABÍNICA
El mundo fue creado con diez palabras. ¿Qué quiere decir esto? ¿No podía haber sido creado con una sola palabra? Esto ocurrió para castigar a los
impíos que destruyen el mundo que fue creado con diez dichos y para retribuir a los justos que creen que el mundo fue creado con diez mandatos.
Hubo diez generaciones de Adán a Noé para manifestar su paciencia,
porque todas aquellas generaciones le estaban incitando a la ira, hasta que trajo sobre ellas el diluvio. Hubo diez generaciones de Noé a Abraham para manifestar su paciencia, porque todas aquellas generaciones le estaban incitando
a la ira, hasta que vino Abraham y recibió para él la retribución de todos...
Diez prodigios fueron hechos a nuestros padres en Egipto y otros diez en el
mar. El Santo, bendito sea, trajo diez plagas a los egipcios en Egipto y otras diez
en el mar. Nuestros padres tentaron diez veces a Dios, bendito sea, en el desierto, tal como está escrito: «me tentaron diez veces y no escucharon mi voz.
Diez prodigios fueron hechos a nuestros padres en el Templo: nunca abortó una mujer a causa del olor de la carne de los sacrificios; nunca se corrompió la carne consagrada; nunca se vio una mosca en el lugar del sacrificio...
Diez cosas fueron creadas en la vigilia del sábado, al atardecer: la boca
de la tierra, la boca del pozo, la boca de la burra, el arco iris... (Ab. 5,1-6).
302
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
II. LOS MILAGROS, OTRA FORMA DE ENSEÑANZA
DEL MAESTRO, INVESTIDO DE AUTORIDAD
En razón de lo enunciado, los relatos de milagro en el EvMt se
relacionan de manera estrecha, tanto con el «sermón de la montaña» (cc. 5-7), como con el «de la misión y del testimonio» (c. 10),
lo cual queda evidenciado, entre otras cosas, por la presencia del sumario que tiene lugar en Mt 9,35 y que es una especie de eco del de
4,23. Sólo que en el de Mt 9,35 en vez de Galilea se habla de «todas las ciudades y pueblos».
Esa forma de proceder pone de relieve cómo el EvMt entiende a
Jesús como el «Mesías de la palabra y de la acción», es decir, el Maestro que enseña por medio de lo que dice, pero también a través de
lo que hace, de sus actos, gestos y portentos.
El EvMt utiliza tres verbos en gerundio para expresar de modo particular el mesianismo de Jesús: «enseñando», «predicando» y «curando». Ahora bien, si en razón de su preocupación pedagógica y en
aras de una mayor claridad para la comprensión del lector, el evangelista reagrupa las enseñanzas en los capítulos 5–7 y los milagros en
los capítulos 8–9, se puede hablar de dos formas distintas, pero inseparables entre sí, en el ejercicio del ministerio del Maestro. De
aquí resulta que los milagros no sólo no son relatos paralelos de las
enseñanzas orales, ni mucho menos ajenos a éstas, sino que incluso
se puede decir que ellos constituyen otra forma de instruir. Ambos
modos se conjugan y complementan de manera magistral en la narración evangélica para presentar la figura del gran Rabí de Galilea.
Otro punto fundamental de coincidencia y encuentro entre la
enseñanza verbal y la que lleva a cabo por medio de acciones tiene
lugar en virtud de la autoridad mesiánica. Esta cualidad está presente en los diversos pasajes del evangelio en los que Jesús habla o
actúa. Dicho de otro modo, el Mesías procede en favor de las personas, cura, perdona, ordena a los elementos desencadenados, expulsa a los demonios, con la misma exousía («autoridad», «capacidad», «poder»...) con que se dirige a la gente (cf. 7,28).
El EvMt, escrito para una comunidad eminentemente judeocristiana, destaca con fuerza la autoridad de Jesús como Mesías. Este
rasgo es básico a lo largo de la completa narración evangélica, por
lo que está latente en todas partes, pero aparece con mayor relevancia en algunos momentos que podemos llamar «estratégicos».
De los seis textos de Mateo en donde tiene lugar el término exousía,
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
303
cuatro se encuentran precisamente en la sección de los milagros,
dos en los cc. 8 y 9, y dos más enmarcándolos. Se trata además de
la misma potestad que el Maestro a su vez otorga a los discípulos,
para que éstos a su vez también sanen toda enfermedad y toda dolencia de la gente y proclamen que el reinado de Dios está cerca (cf.
10,1.7). El «Mesías de la palabra y de la acción», quien se caracteriza porque actúa siempre con exousía, la transmite a los suyos.
Mateo se propone instruir y exhortar. Este objetivo lo conduce a
crear un determinado tipo de redacción en la que el Mesías es presentado ante todo como el Maestro legítimo de una enseñanza con
autoridad, y lo impulsa a usar recursos didácticos necesarios, tales
como los agrupamientos de las sentencias en forma de «discursos»,
con el fin de proporcionar al lector unas directrices claras de acuerdo con las exigencias efectivas de la vida cristiana, pero también
para ayudar a la catequesis. En esta misma perspectiva hay que ubicar el trabajo mateano sobre los milagros.
En consecuencia, las acciones portentosas o actos de poder que
realiza Jesús, el Hijo amado de Dios, son expresión de la misericordia divina en favor de los humanos, particularmente de los más necesitados, pero además ejercen una función que avala y garantiza el
cumplimiento mesiánico, como signos del reinado de Dios y del
«cumplimento de toda justicia».
III. EL MESÍAS PODEROSO,
QUE ACTÚA POR COMPASIÓN
El EvMt se esfuerza por llevar la atención del lector hacia la persona de Jesús, el protagonista principal, quien ha venido no sólo a
proclamar el reinado de Dios, sino a inaugurarlo. La tendencia a eliminar personajes secundarios en los relatos de milagro responde al
deseo de centrar la atención en el Mesías investido de poder que
hace presente al Dios potente y misericordioso. Por tanto, los relatos acentúan, por una parte, el aspecto majestuoso, pero, al mismo
tiempo, el papel del Mesías que se compadece en el sufrimiento.
La dignidad del Hijo de Dios suele aparecer subrayada en varios
de los relatos de milagro por un gesto de homenaje; es decir, antes de
solicitar la intervención de Jesús, la gente «se postra» o se «arrodilla» a sus pies (cf. Mt 9,2.18; 15,25; 17,14), reconociendo así el origen trascendente de sus poderes.
304
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Mientras que en el EvMc el mandato de guardar silencio (el «secreto mesiánico») aparece como algo estrictamente necesario, en
tanto se va descubriendo el sentido exacto del mesianismo de Jesús,
en el EvMt esto resulta poco efectivo, pues el hecho de que Jesús
deba y quiera permanecer oculto en la tierra no pertenece ya al
mensaje relativo al Mesías, a quien él quiere proclamar. Por eso,
de los cuatro relatos de curación en que Mc menciona la orden de
guardar silencio, sólo dos figuran en Mt. En la curación de la hemorroisa, este detalle es sustituido por una noticia en sentido contrario: el rumor se extendió por toda la región (9,26). En la curación
del leproso, Mateo conserva lo esencial de la consigna, pero le resta fuerza, difuminando la severidad del tono (cf. Mc 1,43-44; Mt
8,4). A pesar de todo, la orden de guardar silencio no está totalmente ausente en esta última narración.
A la majestad del Hijo de Dios triunfante de la enfermedad y de
la muerte, Mateo añade otra forma de grandeza, la que, voluntariamente y a riesgo de decepcionar, renuncia a explotar el éxito con
vistas a una gloria simplemente humana. No contento con centrar
la atención en la persona de Cristo, el EvMt procura probar que
aquí la acción está de acuerdo con la identidad de quien la ejecuta.
Todo lo dispone de manera que Jesús escape a la categoría de los
simples curanderos. Por eso pone de relieve el dominio de las intervenciones.
En los relatos del EvMt basta una petición, porque la acción de
Dios en Jesús no tiene similitud con los poderes humanos, que a menudo se dejan vencer por el cansancio, ante la insistencia de los que
lo solicitan. Más bien el evangelista hace aparecer al Mesías como
vencedor del mal en todas sus formas posibles. El «cumplimiento»
que él ha venido a traer conlleva también este rasgo, donde se evidencia el poder del Dios de la historia.
El poder que se manifiesta en la curación instantánea tiene lugar también en la historia del centurión, donde se nota la fórmula
estereotipada:
Y el niño se curó en aquella misma hora (8,13).
La «hora» no puede ser sino la misma en que Jesús pronuncia la
palabra que sana.
El EvMt hace destacar la persona misma de Jesús, también cuando tienen lugar algunas adiciones. Se dice, por ejemplo, que Jesús
cura «con una palabra» (8,16) a los enfermos reunido en torno a él.
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
305
Igualmente el centurión estima que «una sola palabra» basta para
que su criado quede sano (8,8). A este modo autoritativo se añade
una amplificación del milagro: Jesús cura a todos los enfermos que
le son presentados, incluso sana toda «enfermedad y dolencia» (cf.
4,23-24).
Nada escapa al poder del Señor. La misma muerte se rinde ante
él. Si según Mc 5,23, la súplica de Jairo se refiere a una niña que «se
está muriendo» (cf. Lc 8,42), Mateo no duda en atribuir al padre
una súplica explícita para que vuelva a la vida:
Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá (9,18).
Este detalle sirve para resaltar aún más la omnipotencia con la
que ha sido investido el Mesías, que ha llegado para «cumplir toda
justicia».
Así como el EvMt destaca el poder y la majestad del Mesías, Señor de la comunidad, de la salud y de la vida, también pone de relieve su actitud compasiva hacia la gente. El primer grupo de milagros del c. 8 comprende tres curaciones concretas y una mención de
curaciones múltiples, concluyendo con estas palabras:
Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus
con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades» (8,16-17).
El EvMt remite con insistencia al profeta Isaías. Esto pone de
manifiesto una vez más el interés por mostrar que el «cumplimiento» ha tenido realizado por medio de la acción del Mesías misericordioso. El evangelista introduce dos citas del profeta Isaías, tomadas de los «cánticos del Siervo de Yahvé»: en 8,16 cita a Is 53,4 y
en 12,15-21 cita a Is 42,1-4. De este modo, Jesús aparece como el
«Siervo doliente», quien toma sobre sí nuestras debilidades. Cura
en primer lugar a los despreciados, y a los marginados: el leproso, a
quien la impureza excluía de la comunidad cultual, el extranjero pagano y finalmente la mujer.
Las intervenciones de Jesús en favor de la humanidad sufriente
lo muestran como el Mesías, Siervo de Dios, compadecido y solidario con ella. De modo que si, por una parte, los relatos de milagro
en el EvMt constituyen ocasiones propicias para poner de manifiesto el poder del Hijo de Dios, al mismo tiempo dan lugar para descubrir cómo este poder está encaminado a sanar las enfermedades y
dolencias de las personas, en una actitud misericordiosa.
306
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
El reinado de Dios y la justicia que viene a cumplir Jesús incluyen, por una parte, la expresión majestuosa del poder divino que se
despliega en el mundo, pero también la compasión del Dios misericordioso y de su Mesías, Siervo sufriente. Éstos son dos aspectos que
se conjugan en la presentación mateana de los milagros de Jesús.
IV. LOS MILAGROS DEL MESÍAS EN MATEO
Conforme a su estilo propio, el EvMt establece una vinculación
entre el sermón de la montaña y los relatos de milagros. Además de
las agrupaciones de dichos y hechos en cada una de las secciones respectivas, dicha conexión también está subrayada por la mención de
las multitudes que siguen a Jesús (cf. 4,25), precisamente antes de que
él suba al monte para sentarse allí y enseñar. Se trata de esa misma
multitud que le sigue cuando él también baja del monte (cf. 8,1) y
se pone a curar de nuevo. Del mismo modo, la expresión «al ver a la
muchedumbre» (9,36) es un eco de 5,1 y de 8,18. Estas multitudes
aparecen cerca de 40 veces en Mateo, ligadas con frecuencia a una
mención de curación, como en el inicio del ministerio en Judea.
Las curaciones se desarrollan a veces por medio de la enumeración de diversas enfermedades sanadas por Jesús. Estas listas van jalonando en cierta medida la sección de los milagros en el EvMt. No
sólo en la primera sección que conserva más relatos de milagro
(8,1–9,35), sino incluso en la otra parte del evangelio donde aparecen
milagros (12,9 a 21,22), introduce también este recurso; por ejemplo, entre la curación de la hija de la cananea y la multiplicación de
los panes, Mateo coloca una de esas enumeraciones (15,29-31).
Además de las multitudes que se encuentran al lado de Jesús, hay
otro grupo que ocupa un lugar eminente; se trata desde luego el de
los discípulos, de modo particular en el comienzo del ministerio en
Galilea. No es extraño entonces que mientras el «sumario» de 4,23
va precedido de la llamada de los primeros discípulos, el de 9,35 va
seguido por el envío de todos ellos. El tema de los discípulos no solamente sirve para encuadrar la descripción de Jesús enseñando (Mt
5–7) y actuando (Mt 8–9), sino que está estrechamente ensamblado
con los relatos de los milagros; en efecto, los diez milagros quedan
entrecortados por un pasaje sobre el seguimiento de Jesús (cf. 8,1822) y luego por la llamada de un nuevo discípulo, Mateo (cf. 9,9).
Ésta, como ya hemos tenido oportunidad de comprobar antes, es
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
307
una muestra más, entre otras muchas, en las que los discípulos juegan un papel relevante en el desarrollo del evangelio de Mateo.
Existe un vínculo muy estrecho entre los relatos de vocación, la
predicación y los milagros. El tema de los discípulos y, en general, el
de la comunidad a la que se dirige Mateo está subrayado no sólo por
esta estructura de conjunto, sino también por la composición de
cada relato de milagro y por la importancia que se le da al diálogo
con sus seguidores; así, por ejemplo, en la curación del niño epiléptico (17,14-20), la enfermedad y la curación se narran brevemente,
en contraste con la descripción detallada de Mc 9,14-29. Se puede
afirmar que Mateo «tiene prisa» por llegar a lo que le parece muy
relevante: la conversación de Jesús con sus discípulos.
No sería difícil pensar que Mateo haya podido suprimir voluntariamente los dos milagros de Mc 7,31-37 y 8,22-26, ya que en ellos aparece subrayada la incomprensión de los discípulos, a pesar de que en
esta segunda mitad del evangelio sigue con mucho cuidado el ciclo de
los textos como están en su fuente, es decir, en el evangelio de Marcos.
Mientras en este evangelista se demuestra que los ojos y los oídos de los
discípulos necesitan ser abiertos para confesar a Jesús, en Mateo presenta a los discípulos siguiendo a Jesús y compartiendo su ministerio.
El estilo del EvMt para narrar los milagros de Jesús es típico y característico. Es posible distinguir algunas características, como los
siguientes:
• Narraciones esquemáticas
• Eliminación de personajes y acciones secundarias, para dejar
a Jesús solo con beneficiario
• La mirada de Jesús como dominio de la situación
• Privilegio del diálogo en el relato de milagro
• La importancia de la fe
• La dignidad y el poder del Hijo de Dios y Señor de la comunidad
• La solidaridad con el sufrimiento humano y la compasión del
Mesías sufriente
El EvMt suele reducir la parte narrativa y emplea ciertas expresiones estereotipadas para introducir y concluir su relato. Por esta
razón tiende a suprimir los detalles vivos y pintorescos de Marcos
para describir la enfermedad, como ocurre con los endemoniados de
Gerasa (cf. Mc 5,1-6; Mt 8,28), o para contar la astucia de los ami-
308
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
gos del paralítico, quienes intentan acercarlo a Jesús (cf. Mc 2,1-5;
Mt 9,1-2); incluso en el relato de Mateo desaparecen los amigos.
El EvMt suele aplicar el «recurso de los dos personajes», como
aparece en la curación de la suegra de Pedro:
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle (Mt
8,14-15; cf. Mc 1,29-31; Lc 4,38-39).
El relato en todas las versiones es austero y esquemático, sin embargo llama la atención que Mateo elimina a los otros personajes,
quienes «le hablan de ella» y quienes después «son servidos» junto
con Jesús, dejando todavía más escueto el episodio. Así, en Mateo,
Jesús da la impresión de estar en la casa sólo con la enferma que,
una vez curada, se pone a servirle.
Algo semejante ocurre en otros pasajes, como en la curación del
criado del centurión (Mt 8,5-13; cf. Lc 7,1-10), donde Mateo elimina personajes secundarios, como los judíos y los amigos, intermediarios entre Jesús y el centurión, quien se dirige al Señor sin intermediarios y entra en diálogo directo con él. En la resurrección de la hija
de Jairo (cf. Mt 9,18-19.23-26), Jesús, al entrar en la habitación donde yace la hija del magistrado, ya no va acompañado de los padres de
la niña, ni siquiera de los discípulos (cf. Mt 9,25 con Mc 5,40), sino
que se presenta solo ante la muerte, mientras la multitud permanece
fuera; el EvMt pinta en este austero cuadro a Jesús frente a la muerte. En la primera versión del relato de los «dos ciegos» (cf. Mt 9,2731), el relato, reducido también a lo esencial, prescinde de la multitud y de su recriminación: son los ciegos los que «siguen» a Jesús y
todo se desarrolla igualmente entre él y los enfermos.
Otro rasgo también destacable en el EvMt es la acción de «mirar» con la que Jesús, desde el principio, domina de la situación.
Este dato pone de manifiesto el poder y la majestad del Señor:
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama... (8,14).
El verbo «ver» indica algo más que una acción física de Jesús, es
el principio del proceso que habrá de culminar con la curación de
la suegra de Pedro. Algo semejante encontramos en 9,23:
Al llegar Jesús a casa del magistrado, viendo a los flautistas y la gente
alborotando...
Nuevamente no se trata sólo de una información adicional, sino
de un rasgo que evidencia cómo el actor principal domina la situación.
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
309
Generalmente el diálogo ocupa ya un lugar importante en la tradición, sin embargo el EvMt procura acentuarlo y hace de este diálogo un eje del relato. Mientras que Mc y Lc suelen presentar la petición de curación con un estilo indirecto, Mateo en cambio prefiere
el estilo directo. Así puede verse en la súplica hecha por el centurión:
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo.
«Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos» (8,5-6).
Lo mismo ocurre en el caso de la súplica hecha por la mujer pagana:
En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba
diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente
endemoniada» (15,22).
La fórmula de petición es muy similar. El EvMt emplea frecuentemente la apelación «Señor», que no se encuentra nunca en las peticiones de Mc y una sola vez en las de Lc (cf. 5,12). Añade a ella con
frecuencia la súplica: «ten piedad». Las palabras de curación de Jesús,
como respuesta a esta petición, representan el principal contenido
del relato. La comprobación del milagro se convierte en eco del mismo, por ejemplo, «y en aquella hora sanó el criado» (8,13), «él se levantó y se fue a su casa» (9,7), «tu fe te ha sanado» (9,22), etc.
La expresión «según tu fe» se convierte también en una especie
de fórmula mateana en los relatos de milagro (cf. 8,13; 9,29; 15,28).
Esa expresión sirve de vínculo entre la petición, la palabra de curación y la curación misma. La fe se manifiesta en la petición, a la que
Jesús responde por su palabra poderosa, con eficacia curativa. Mateo pone siempre de relieve la relación entre la fe y el milagro, estructurando su narración en torno a esta palabra sobre la fe.
Aunque la fórmula «tu fe te ha salvado» es ciertamente anterior
a la redacción de Mateo, incluso se puede remontar al propio Jesús;
sin embargo, al esquematizar los relatos de milagro en torno al diálogo, cuyo punto culminante está en la palabra sobre la fe, Mateo
logra poner más de relieve la importancia de esta misma fe, sobre
todo en relación directa con el efecto conseguido.
Mateo utiliza tales procedimientos formales para dar a sus lectores, cristianos que viven entre los años 80-90, una enseñanza sobre
la fe en Jesús, «Señor y Maestro de su comunidad». Esta fe no sigue
al milagro, sino que lo precede; es la confianza en el poder milagroso y se traduce en el comportamiento. La fe impulsa al hombre a
310
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
acercarse a Jesús, a pesar de los obstáculos; supera todo tipo de barreras, incluyendo los prejuicios y tabúes religiosos, las vacilaciones
del propio Jesús (cf. Mt 9,28), la muerte misma (cf. Mt 9,18. La hija
que está moribunda en Mc y Lc está ya muerta cuando su padre se
dirige a Jesús).
Cuando la fe tiene lugar no existe ningún caso desesperado. La
fe se manifiesta como una voluntad firme y decidida (cf. 20,32).
Esta fe se expresa en el diálogo, bajo la forma de súplica dirigida al
Señor, súplica a la que responde Jesús por el milagro, pero también
por una palabra sobre la fe que salva. La fe es una participación en
el poder milagroso del Mesías Cristo.
El lector del EvMt cae en la cuenta de que el mensaje del evangelio apunta hacia la enseñanza acerca de que Jesús responde a la
oración de la fe. El milagro es un recurso muy importante, por el
cual el lector descubre tales implicaciones.
1. ¡QUIERO, QUEDA LIMPIO! (8,1-4)
De la instrucción del Maestro con palabra autoritativa en el sermón de la montaña, el EvMt pasa a la acción poderosa del Señor de
la comunidad, quien tiene poder sobre la enfermedad (8,1-17; 9,1-7;
9,20-22.27-34), la naturaleza (8,23-27), los demonios (8,28-34) y la
muerte misma (9,18-19.23-26). Mateo presenta tres series de milagros (8,1-17; 8,23–9,8; 9,18-34), donde hace resaltar la eficacia absoluta e inmediata del poder de Jesús, elimina los rasgos narrativos
no indispensables y otros personajes, para conservar sólo a Jesús y al
beneficiado, privilegia el diálogo y el tema de la fe. En todos éstos,
Jesús domina la situación y pone de manifiesto el poder y la majestad del Señor.
Pero también es sintomático que este primer grupo de milagros
haga mención de las palabras de Isaías, lo que pone de manifiesto
una vez más el interés mateano por mostrar que el «cumplimiento»
ha llegado con la acción eficaz del Mesías y su misericordia en favor
del pueblo. Lo anunciado está siendo realidad ahora también a través de los signos que él lleva a cabo. Podemos constatar, al mismo
tiempo, su potestad mesiánica y su misericordia hacia los más necesitados y excluidos.
La primera serie presenta relatos de milagro ligados entre sí, en
favor de quienes tipifican a personas marginadas: un leproso (8,1-4),
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
311
un extranjero (8,5-13), una mujer (8,14-15). Añade además un sumario que incluye «muchos endemoniados» y «todos los enfermos»
(8,16-17).
La curación del leproso, además de constituir el primer milagro
y de abrir la serie de los restantes, establece una relación muy clara
con el primer discurso. Esto se puede apreciar incluso por el uso del
vocabulario:
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó y sus discípulos se
acercaron (5,1) ↔ Cuando bajó del monte fue siguiéndole una gran muchedumbre, en esto un leproso se acercó (8,1)
La relación es más bien antitética, marcada por la presencia de
los verbos correspondientes: «subió» → «bajó». En los dos sintagmas
el sujeto es él, Jesús, aun cuando el texto griego sólo lo mencione de
manera explícita en el segundo caso. «Monte» y «muchedumbre»
funcionan como términos referenciales en ambos.
Mientras que en el sermón los que «se acercan» son los discípulos, en el relato de milagro el que «se acerca» es más bien el propio
leproso. Esta acción es llamativa por la condición misma de la enfermedad del hombre. La lepra no sólo tenía la desgracia de ser una
enfermedad física penosa, sino que además incluía repercusiones sociales y religiosas, motivos por los que se evitaba el «acercamiento»
y el contacto con las demás personas.
Después de acercarse a Jesús, el leproso «se postra ante él». Esta
acción denota algo más que un reconocimiento cualquiera. Si bien
en el mundo griego el verbo griego proskyneo era usado con diversos
sentidos que iban desde la adoración a la divinidad, hasta una muestra de aprecio, en el NT aquí se utiliza en sentido religioso, para designar generalmente la participación en el culto divino en el santuario (cf. Jn 4,20; 12,20; Hch 8,27; Ap 11,1), por ello también
adquirió el sentido técnico para designar la peregrinación de los judíos a Jerusalén.
Mateo emplea proskyneo en 8,2; 9,18; 14,33; 15,25; 20,20, a diferencia de los pasajes paralelos de Marcos, para describir la conducta de los que se acercan a Jesús. Resulta también significativo
que el EvMt usa dicho verbo en ciertos pasajes significativos: en
2,28 la adoración es dirigida al Mesías recién nacido; en 14,33 el
homenaje es hecho expresamente al Hijo de Dios, y en 29,9.17, al
Señor resucitado. En este evangelio proskyneo expresa el homenaje
lleno de confianza que rinde aquel que ve a Dios en Jesús, en el sen-
312
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
tido de una veneración adoradora, por eso en 4,9-10 la pretensión
del tentador es rechazada de manera tajante, con la afirmación de
que «sólo a Dios» le corresponde la proskynesis (adoración). Por
tanto, con el empleo de ese verbo, el EvMt pretende que detrás del
Jesús terreno se vaya percibiendo la gloria del Cristo exaltado, que
aparecerá con toda la expresión del poder divino en 28,18.
Los términos en que el leproso formula su petición reflejan reconocimiento firme y confianza absoluta en el poder del Señor. En
correspondencia precisa a la petición, la respuesta de Jesús manifiesta esa misma autoridad mesiánica:
¡Si quieres puedes limpiarme! (8,2b) → ¡Quiero queda limpio! (8,3b)
La eficacia del milagro queda patente con las palabras del narrador:
Al instante quedó limpio de su lepra (8,3c).
Asimismo, la autoridad del taumaturgo recibe un fuerte énfasis
con la doble orden, puesta en labios de este mismo:
No se lo digas a nadie – vete y muéstrate al sumo sacerdote y presenta
la ofrenda que prescribió Moisés.
Aligerando el texto de todo lo que considera superfluo y repitiendo con breves intervalos el mismo verbo «ser purificado», en
pasiva, el EvMt logra un efecto sorprendente: oración de fe, mandato y resultado instantáneo se suceden sin transición y enfatizan el
dominio del Mesías sobre la enfermedad. La misma intención se
desprende de las dos veces que tiene lugar el verbo «querer».
El milagro realizado manifiesta que las promesas están siendo
cumplidas por Jesús, quien expresa su deseo de curar al enfermo. Por
otra parte, el mandato para que quien ha sido sanado se presente al
sacerdote es importante en la narración mateana, pues señala la
continuidad con el judaísmo, en la misma línea del Mesías que no
ha venido a abolir la ley, sino a darle cumplimiento.
LA LEPRA
En Israel, como en los demás pueblos orientales de la Antigüedad,
la lepra fue un mal endémico (cf. Lc 4,27). Por las condiciones socioeconómicas y por la falta de higiene no era raro que ésa fuera una enfermedad frecuente y extendida en aquellos ambientes. No hay que
identificarla necesariamente con el mal producido por lo que hoy se
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
313
conoce como el «bacilo de Hansen» (micobacteryum leprae), sino que
incluía toda una serie de daños en la piel (cf. Lv 13,1-46; 14,1-32), incluso en los vestidos (cf. Lv 13,47-59) y en las paredes de las casas (cf.
Lv 14,33-57). El hecho de que quien la diagnostica no es el médico,
sino el sacerdote, revela el carácter religioso de la enfermedad y la serie de legislaciones van más en la línea ritual que sanitaria. El caso de
Naamán, el Sirio (cf. 2 Re 5,1-27), evidencia cómo se esperaba una
intervención milagrosa para conseguir el remedio. El que había sido
declarado leproso quedaba en estado de impureza ritual, por lo que debía habitar alejado del resto de la población. Al recobrar la salud, tenía obligación de presentarse ante el sacerdote para que éste testificara la curación y se ofreciera el sacrificio prescrito en Lv 14,1-32.
En tiempos de Jesús la curación de la lepra era considerada como
signo de esa efusión de bienestar que habría de caracterizar los tiempos mesiánicos (cf. Mt 11,5).
2. UNA FE TAN GRANDE – MUJER, GRANDE ES TU FE (8,1-13; 15,21-28)
El segundo relato de esta serie de milagros en el EvMt trae a colación un tema harto complejo, pues tiene como beneficiario a un
pagano, que suplica por la salud de su criado, en un tramo del evangelio que habla de los milagros de Jesús realizados básicamente en
territorio de Israel. Por una parte, queda en evidencia cómo el no
judío respeta la primacía del Pueblo elegido en el marco de la historia de la salvación, pero, por otra parte, también esta salvación se
empieza a abrir más allá de las fronteras de Israel. La fe del militar
juega un rol fundamental en dicha apertura. Asimismo, el relato
pone de manifiesto la autoridad del Mesías, quien, como Señor de
su comunidad, compuesta por miembros de diversa procedencia, la
conduce.
La escena tiene lugar en una ciudad con cierta importancia en la
región, ya que allí se recaudaban impuestos y era residencia de oficiales romanos de relativo alto rango. Según Mt 4,12-13, al enterarse Jesús de la prisión del Bautista, se retiró de Nazaret para residir en
Cafarnaún, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Si partimos de este
dato, dado a conocer un poco antes por el mismo evangelista, no resulta extraño que el milagro en favor de un solado romano tenga lugar precisamente en esta ciudad de la «Galilea de los paganos». Pero
al mismo tiempo es importante considerar que se trata apenas del segundo milagro y éste tiene como beneficiario a un no judío.
314
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Conforme a su estilo propio, el EvMt establece un contraste muy
fuerte entre el pasaje anterior y este nuevo. Veamos de qué se trata.
Mientras la curación del leproso finaliza con una orden que evidencia la continuidad con la praxis judía, la curación del criado del
funcionario romano inicia presentando este personaje del mundo
gentil, al que se le denomina en griego hekatóntarxos («centurión»):
... vete y muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés... (8,4b) ↔ Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le
rogó diciendo... (8,5b)
Los contrastes se pueden observar en los verbos «vete» ↔ «se le
acercó»; así como los sustantivos «sacerdote» ↔ «centurión». También se pueden descubrir entre las expresiones: «presentar la ofrenda» ↔ «le rogó diciendo», e incluso entre los nombres propios
«Moisés» ↔ «Cafarnaún»; estos nombres se contraponen, pues
mientras Moisés es el gran legislador de Israel y el mediador entre
Yahvé y su pueblo, Cafarnaún es ciudad representativa de los éthnê
(pueblos paganos), por estar en la «Galilea de los gentiles».
Con este recurso, el EvMt continúa presentando la dinámica
«camino-cumplimiento». La salvación se va abriendo hacia horizontes más amplios, incluyendo poco a poco a los no judíos. Dentro
de esta dinámica, lo más relevante del relato es la ponderación de
la fe del funcionario romano. Su imagen es positiva, desde el inicio
hasta el fin:
• La petición es ya elocuente:
se le acercó un centurión y le rogó (8,5).
• La descripción de la situación del enfermo es hecha con términos que denotan una pena muy grande:
yace en casa paralítico, con sufrimientos terribles (8,6).
• La respuesta del funcionario a la intención de Jesús de ir a curar al criado (8,7) es formulada con gran espíritu de humildad:
Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo... (8,8-9).
• La sentencia de Jesús adquiere una importancia fundamental
en el EvMt:
Les aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande (8,10b).
Todo el relato está construido a base de datos contrastantes y
sorprendentes: el «acercamiento» de un jefe militar romano a un
profeta galileo itinerante; la «súplica» que hace uno que tiene «cien
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
315
soldados a sus órdenes» y está más bien acostumbrado a mandar (cf.
8,9), desdice mucho de su propia condición y constituye algo realmente inusitado; a pesar de la situación del enfermo, envuelto en
espantosos sufrimientos, el funcionario, por su «indignidad», no
acepta la visita de Jesús para que vaya a sanarlo; por último, la confianza absoluta del pagano en la palabra del profeta judío.
El aspecto más importante y el punto más alto que alcanza el relato es el juicio de Jesús acerca de la fe del centurión, en contraste
directo con la de los israelitas (cf. 8,10b). Esta sentencia debió impactar de forma extraordinaria a la comunidad de Mateo, de cuño
eminentemente judeocristiano, y es una interpelación directa para
todos los creyentes en Jesús como Mesías y Salvador.
El tema acerca de la fe de los paganos vuelve a ocurrir en Mt
15,21-28, en el episodio de la curación de la hija de una mujer cananea. Este nuevo suceso adquiere una especial relevancia en el
contexto en que se encuentra: después de tratar el tema de lo puro
y lo impuro (15,1-20).
La visita de Jesús a Nazaret marca un hito en la incredulidad de
los judíos: No hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe
(13,58); la muerte del Bautista pone de relieve la hostilidad de las
autoridades ante el plan salvador de Dios (cf. 14,3-12); a pesar de la
multiplicación de los panes (cf. 14,13-21), los discípulos, incluido
Pedro, manifiestan todavía oligopistía («poca fe»; 14,31). Aunque
hay un reconocimiento del Señor (14,33), como lo hacen también
los habitantes de Genesaret (14,34-36), lo que entra en juego aquí
es la disyuntiva entre creer y no creer.
La discusión de Jesús con los fariseos y escribas venidos de Jerusalén comienza con la pregunta, más bien reproche, que éstos hacen al Maestro porque los discípulos no se lavan las manos para comer (15,1-2). En la acusación de los fariseos y de los maestros de la
Ley y en la respuesta de Jesús aparecen temas que interesan a la comunidad judeocristiana del EvMt, como el de la observancia de las
tradiciones de los antepasados. Que los adversarios vengan de Jerusalén presagia la inminente pasión del Señor. Aborda de inmediato
la cuestión crucial, como aparece ya desde el v. 3: el modo como los
fariseos aplican las tradiciones contradice en el fondo e invalida el
mandamiento de Dios.
Habiendo clarificado qué es realmente lo que hace impura a una
persona, lo que viene de dentro, el EvMt prepara el terreno para lo
que sigue: un milagro en favor de una pagana, «impura». La retira-
316
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
da de Jesús a la región de Tiro y Sidón otorga ya un matiz particular
al relato. Se trata de un alejamiento de la tierra de Israel para entrar en la región de la Fenicia pagana. En Tiro desde cerca de 2,300
años antes existía un famoso templo dedicado a Hércules, lo que
evidencia su carácter «pagano». En eso aparece gritando una mujer,
a la que el EvMt denomina «cananea» (en Mc 7,26 es griega, sirofenicia de nacimiento). La súplica de esta mujer incluye: Un reconocimiento de la condición mesiánica de Jesús (v. 22b) y la petición propiamente dicha (v. 22c).
En un primer momento Jesús no responde (v.23a), después lo
hace pero de manera áspera (v.24), marcando el énfasis en la prioridad que tiene Israel en el plan de salvación de Dios (cf. 10,5-6).
Sin embargo, la fe de la pagana y la curación de su hija señalan
una pauta muy clara acerca de este tema: cuando aparece la fe en
Jesús, no es posible negar la entrada en este proyecto salvador divino, como aparecerá con toda su fuerza al final del evangelio (cf.
28,19-20).
LOS PAGANOS EN LA MISHNÁ
Las disposiciones rabínicas en torno a la idolatría y a los gentiles
fueron tan numerosas que requirieron de un tratado especial para ellas.
El nombre Abodá Zará significa literalmente «culto extraño». A continuación mencionamos sólo algunos ejemplos.
Éstas son las cosas que están prohibidas vender a un pagano: piñas, higos blancos con sus rabillos, incienso, un gallo blanco. Cuando se vende
solo, se le corta un dedo y se le vende, ya que no se ofrece algo defectuoso a
un ídolo... R. Meir dice: tampoco está permitido vender dátiles selectos a un
pagano... (1,5).
Donde sea costumbre vender ganado menor a los paganos, se vende, y
donde no sea costumbre venderlo, no se vende. Pero en ninguna parte se ha
de venderles ganado mayor, terneros y asnos, perfectos o defectuosos. R.
Yehudá declara permitida la venta de los defectuosos y Ben Betera la de los
caballos (1,6).
No se les puede vender osos, ni leones, ni nada que pueda ocasionar
daño a la gente. No se puede construir con ellos una basílica, ni un patíbulo, ni un estadio, ni una tribuna, pero sí se les puede ayudar en la construcción de baños públicos y privados... (1,7).
No ha de dejarse ganado en las posadas de los gentiles, porque ellos son
sospechosos de bestialidad. No ha de dejarse sola a una mujer con ellos, por-
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
317
que son sospechosos de incontinencia, ni tampoco se ha de dejar solo a un
hombre con ellos, porque son sospechosos de intenciones homicidas. Un israelita no debe prestar ayuda en el parto de un gentil, porque así ayuda a
nacer a un hijo para la idolatría... (2,1)
Un israelita puede hacerse curar por un gentil cuando se hace por medio de dinero, pero no cuando es gratis. No se puede dejar cortar uno el pelo
por ellos en ninguna parte. Tal es la enseñanza de R. Meir... (2,2).
3. ¿QUIÉN ES ÉSTE QUE HASTA LOS VIENTOS Y EL MAR OBEDECEN?
(8,23-27)
El milagro de la «tempestad calmada» muestra con suficiente
claridad cómo Mateo actualiza, en servicio de su comunidad, los relatos que recibe de las tradiciones anteriores. El episodio va seguido
en los tres sinópticos por el de los posesos de Gerasa, pero el contexto anterior es distinto en el EvMt. Éste subraya de manera más
clara el vínculo entre «seguir a Jesús» y el milagro.
Después de que Jesús les ordenó atravesar el lago (8,18) aparecen
verbos distintos, entre los que destacan «partir» (8,18) y «seguir»
(8,19.23). Los verbos otorgan un gran movimiento a la narración
evangélica. Los personajes están en continuo movimiento: la muchedumbre «rodea» a Jesús, un escriba se «acerca» y quiere «seguirle»,
otro desea «ir» a enterrar a su padre», Jesús «sube» a la barca, sus
discípulos le «siguen», se «levanta» una tempestad, «van» a despertarlo, él se «levanta» e «increpa» a los vientos. El relato adquiere entonces un ritmo bastante dinámico, donde las acciones van
imprimiendo vida a la narración.
Dos aspectos se conjugan en el pasaje de la tempestad calmada:
la autoridad de Jesús y la prueba de fe que tienen que afrontar sus
discípulos, como parte de las exigencias en su camino de seguimiento. La potestad que tiene el Hijo del hombre para enseñar, sanar enfermos y expulsar demonios tiene también efectos sobre la
naturaleza. Asimismo los seguidores de Jesús son interpelados acerca de su confianza ante todo tipo de «tempestades» y «sacudidas»
que ponen a prueba la autenticidad de su fe. Así pues, el relato de
la tempestad calmada se convierte en el EvMt en un relato ejemplar, es decir, en una suerte de «paradigma» del compromiso como
discípulo en el seguimiento del Mesías. El relato posee una estructura concéntrica:
318
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. (v. 23)
De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca
quedaba tapada por las olas;
pero él estaba dormido. (v. 24)
Acercándose ellos le despertaron diciendo:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (v. 25)
Díceles: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y
al mar, y sobrevino una gran bonanza. (v. 26)
Aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los
vientos y el mar obedecen?» (v. 27)
En el centro de la estructura del relato tiene lugar el diálogo entre los discípulos y Jesús. El grito de ellos ¡Señor, sálvanos, que perecemos! se convierte en una especie de invocación de aspecto litúrgico. Hay que notar cómo mientras en los otros dos sinópticos el
Señor calma la tempestad antes de hablar con los discípulos, en Mateo, en cambio, Jesús responde primero a los discípulos y todo el relato converge en la palabra del Maestro:
¿Por qué tienen miedo ustedes, hombres de poca fe?
Si la pequeña fe de los discípulos se robustece al ver el poder del
Señor, también ésta es motivada por el comportamiento de quien
trastorna muchas estructuras judías antiguas.
RECAPITULACIÓN
Como los demás sinópticos, también Mateo presenta una serie
de relatos milagrosos, pero los hechos portentosos en este evangelio revisten características peculiares. Se trata básicamente de escenas que ayudan a la presentación del Mesías, quien tiene autoridad en su enseñanza y en su actuar. Incluso se puede decir que
los milagros son una forma de enseñanza y que Jesús es el Mesías
de la palabra y de la acción, quien ha venido a traer cumplimiento de todo lo anunciado y pone de relieve el poder y la soberanía
de Dios.
Los recursos utilizados por Mateo, como la eliminación de personajes secundarios, el «mirar de Jesús», la importancia de la fe...,
contribuyen a resaltar la dignidad y el poder del Hijo de Dios. Pero
al mismo tiempo evidencian la compasión y solidaridad del Señor
con la humanidad sufriente.
EL MESÍAS DE LA ACCIÓN MANIFIESTA EL REINO Y SU JUSTICIA
319
Para la comunidad mateana, la interpretación de los relatos de
milagro se basa en una convicción: lo que Jesús hizo en aquel tiempo, lo sigue haciendo hoy. El Señor glorificado no es distinto de Jesús de Nazaret, que vivió, actuó y predicó en Palestina y fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato. Él es el Mesías, investido de
poder en el cielo y en la tierra y quien permanece con su comunidad, hasta el fin de los siglos (cf. Mt 28,18-20). Así, ésta se descubre en los relatos y se siente interpelada por los mismos, para creer
en su Señor presente en medio de ella.
PARA PROFUNDIZAR
1. Leer con atención los diversos relatos de curación que tienen
lugar en Mt 8,1-14 y 9,1-35. Detectar las respectivas estructuras y confrontarlas entre sí. Descubrir las características propias del EvMt. Observar bien a los personajes que aparecen en cada narración. ¿Cómo
logra este evangelista resaltar a Jesús? ¿Con qué recursos? ¿Qué lugar
ocupa la fe?
2. Identificar en el relato de «la tempestad calmada» (Mt 8,23-27)
los rasgos paradigmáticos para los discípulos de Cristo, específicamente para la comunidad mateana.
3. Observar con atención los relatos de milagro donde aparecen
personajes no judíos. ¿Cómo son descritos? ¿Qué dicen? ¿Cuáles son
las reacciones? ¿En qué sentido esos episodios interpelan a los discípulos de Jesús?
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Los evangelios presentan una serie de narraciones portentosas
donde aparece el poder de Jesús, sanando, liberando del poder del maligno o remediando alguna otra necesidad. ¿Cómo podemos releer esas
acciones milagrosas desde nuestra situación actual?
2. La comunidad a la que se dirige el EvMt está dibujada en la composición misma de los relatos de milagro de Jesús, por lo que otorga importancia al diálogo con los discípulos. ¿Cómo podemos hoy dar más relevancia a la comunidad? Para ésta, la interpretación de los relatos de
milagro se basa en una convicción: lo que Jesús hizo en aquel tiempo, lo
sigue haciendo hoy también. ¿Es ésta nuestra misma convicción?
320
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
3. La comunidad mateana se descubre en los relatos y se siente interpelada por los mismos, para creer en su Señor siempre presente en
medio de ella. ¿Asumimos nosotros esa misma interpelación? ¿Qué podemos hacer para redimensionar nuestra fe en este tiempo que nos
toca vivir, cuál puede ser el lenguaje más adecuado para hablar hoy del
mensaje de Cristo y con qué signos es posible hacerlo creíble en la actualidad?
4. ¿Cómo podemos revalorizar el sentido de los milagros para que
siga apareciendo la figura de Cristo como Señor y Maestro de nuestra
comunidad? La dignidad del Hijo de Dios aparece en varios de los relatos de milagro que tienen lugar en el EvMt, por un gesto de homenaje; por eso, antes de solicitar la intervención de Jesús, la gente «se
postra» o se «arrodilla» a sus pies. ¿Cómo entendemos esto ahora?
5. Las intervenciones de Jesús en favor de los que sufren lo presentan como el Mesías, Siervo de Dios, quien se compadece de la gente. ¿Podemos seguir experimentando la presencia de aquel que quiso
cargar con nuestras debilidades y nuestros dolores?
CAPÍTULO V
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA
DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
Entre los temas que destacan de manera relevante en el EvMt se
cuentan, sin lugar a dudas, los que se refieren a «los discípulos» y al
«discipulado». Se puede decir que estos temas vertebran, desde el
inicio hasta el final, toda la narración. Por tal razón, como procedimos en el EvMc, aquí también tratamos el tema en tres capítulos.
I. LA IMPORTANCIA DE LOS DISCÍPULOS
Y DEL DISCIPULADO EN EL EVANGELIO DE MATEO
Los evangelios en general han sido pensados y elaborados para
ser leídos y vividos por comunidades de discípulos de Jesús. De aquí
que no puedan ser interpretados correctamente sin establecer una
alusión directa al discipulado. Por eso podemos decir que, en el caso
concreto de Mateo, éste en su conjunto constituye una exposición
acerca del mensaje del Maestro a quienes han aceptado la invitación para seguirlo y llevar a cabo ese proyecto de comunidad.
Todavía más, el EvMt concluye con un pasaje muy relevante y
con fuertes implicaciones para todo el relato. El mandato final, vayan y hagan discípulos a todas las naciones y bautícenlas en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo... (Mt 28,19-20), constituye
un texto que sólo puede ser entendido a partir del camino recorrido por el evangelio y, además de señalar un punto culminante, lo
abre a una nueva tarea. Este encargo explícito de Jesús resucitado a
«sus discípulos» para hacer «nuevos discípulos» es altamente significativo. Se trata del final del evangelio y de la presencia visible del
Señor, pero al mismo tiempo constituye un nuevo comienzo en una
322
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
continuidad interrumpida. En otras palabras, la historia de la salvación continúa, con una encadenación de las diferentes etapas de un
mismo plan querido por Dios.
Como ya hemos constatado, todo el evangelio constituye una
gran exposición donde siempre, de una o de otra manera, están implicados los discípulos de Jesús; sin embargo, los episodios donde
ellos aparecen en forma más explícita, constituyen un punto básico
de partida porque nos da indicios importantes para rastrear y descubrir el camino seguido por el autor. Además, la utilización del término «discípulo» o la mención directa de algunos de ellos ayuda a
detectar los momentos más sobresalientes en la teología discipular,
que de ningún modo se agota en tales menciones.
Así pues, es posible afirmar que todo el evangelio, en su totalidad, constituye una presentación de las relaciones entre Jesús y sus
discípulos y, al mismo tiempo, un evangelio que es releído por otra
comunidad de discípulos, aunque en un tiempo posterior, pero que
se siente profundamente identificada con la primera. De esta manera, podemos ya atisbar una relación muy estrecha entre ambas
comunidades, de modo que la retratada en el evangelio encarna las
inquietudes, anhelos, esperanzas, fracasos, etc., de la comunidad
lectora, y ésta se ve reflejada en aquélla. Así, no es fácil delimitar
con exactitud cada una de ellas.
Dicho de otro modo, no podemos saber con certeza qué experiencias, de las que aparecen narradas en el evangelio, pertenecen
verdaderamente a la realidad histórica de los primeros discípulos de
Jesús –durante los años 30– y cuáles a la comunidad lectora –de las
últimas dos décadas del primer siglo– que se ve reflejada en la anterior; pues sabemos que el EvMt, al menos en su redacción final,
tuvo lugar unos cincuenta años después de que ocurrieron los acontecimientos narrados en el mismo y que tales hechos han sido releídos, desde la luz pascual, por una comunidad creyente que vive situaciones en parte semejantes, pero al mismo tiempo diversas.
Como quiera que sea, no es posible poner en duda que, ya para
Jesús mismo, el grupo que constituyó su comunidad inicial de discípulos representó un aspecto importante en el desarrollo de su ministerio. Pero también es verdad que con el correr del tiempo, una
vez concluido el período terreno del Señor, dicha comunidad no
sólo habría de desarrollarse, sino que llegaría a representar la realidad fundamental del proyecto iniciado por el mismo Jesús. De este
modo, el discipulado se convierte en un tema insoslayable en la te-
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
323
mática de los evangelios, y más concretamente en el EvMt. Por esta
razón hemos decidido privilegiar este tema y tomarlo como un hilo
conductor en la lectura del mismo.
II. RECORRIDO EPISÓDICO ACERCA DE
LOS DISCÍPULOS Y DEL DISCIPULADO EN MATEO
En los sinópticos, es precisamente el EvMt quien utiliza más términos relacionados con el discipulado. Además de las 73 veces que
tiene lugar el sustantivo mathetês («discípulo»), referido explícitamente a los seguidores de Jesús, es también el único de los evangelios que usa el verbo mathetêuô («hacer, o hacerse, discípulo»), en
13,52 (del Reino de los Cielos), 27,57 (de Jesús) y en 28,19 (a todos
los pueblos). En los tres casos, la acción «hacer discípulos» tiene relación directa con la persona de Jesús.
Es notable la preferencia mateana por el uso del término «discípulo». En cambio «apóstol» aparece sólo en Mt 10,2. Los datos estadísticos son sintomáticos y revelan que Mateo otorga una relevancia especial a los discípulos. Pero si ya la abundancia de los
vocablos refleja de entrada el interés por este tema, no se trata de
simples datos cuantitativos, sino de la importancia de los contenidos que el EvMt otorga a este vocabulario y, por ende, a los alcances teológicos que encierra el discipulado. No hace falta mucho esfuerzo para constatar que los discípulos juegan un rol fundamental
a lo largo y ancho del relato evangélico.
Por una parte, Mateo, como los restantes evangelistas, a pesar de
la utilización del mismo sustantivo «discípulo», distingue bien entre quienes son propiamente «discípulos de Jesús» y otros, como los
del Bautista (9,14; 11,2; 14,12), o los de los fariseos (22,16). Pero,
es muy notable que el evangelista nunca usa el verbo «hacer» o
«hacerse discípulo» para referirlo a una acción ajena a Jesús. Este
dato sugiere ya que para el evangelista, a partir de ahora, los que se
llamarán propiamente discípulos serán sólo los de Cristo, y «hacerse discípulo» constituye una acción que únicamente puede efectuar
quien desee ser seguidor de Jesús.
Pero también, por otra parte, debemos hacer notar que la relación de Jesús con los discípulos del Bautista es más estrecha que en
los otros sinópticos. Esto queda manifiesto en el discurso de Mt
11,2-19; aunque lo que más llama la atención es el dato de Mt 14,12:
324
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver, lo sepultaron y
fueron a informar a Jesús.
Mateo es el único que refiere la «información» (en realidad el
verbo apangello significa «anunciar») de los discípulos de Juan sobre
la muerte de su maestro. Dicha mención no pasaría de una simple curiosidad si se le mirara aisladamente y no en el contexto total de la
obra mateana. En efecto, aquí aparece también la continuidad entre la obra del Bautista y la de Jesús. De este modo, el «anuncio» no
constituye un dato superfluo, sino que enfatiza la conexión íntima
entre el discipulado profético, ya que Juan es Elías que ha venido
(cf. Mt 11,14), y el discipulado mesiánico.
Con eso queda claro que Mateo ha querido poner de relieve la
conexión entre ambos personajes y sus respectivos roles; dicho de
otro modo, reitera no sólo la relación estrecha, sino la continuidad
entre el que «vino en camino de justicia» y el que «viene a cumplir
toda justicia».
En virtud de la profusión con la que Mateo trata el tema del discipulado, lo abordamos aquí de una manera un tanto genérica, ubicándolos en las diferentes secciones que forman este evangelio, tomando como referencia las cinco grandes instrucciones del Maestro:
• El llamado de los primeros discípulos (Mt 4,18-22)
• El sermón de la montaña (Mt 5,1–7,28)
• La sección narrativa de los milagros (Mt 8,1–9,38)
• El discurso de la misión y del testimonio (Mt 10,1–11,1)
• La sección narrativa entre el discurso de la misión y el discurso parabólico (Mt 11,2–12,50)
• El discurso parabólico (Mt 13,1-53)
• La sección narrativa entre el discurso parabólico y el discurso
eclesial (Mt 14,1–17,21)
• El discurso eclesial (Mt 17,22–18,35)
• La sección narrativa entre el discurso eclesial y el discurso escatológico (Mt 19,1–23,39)
• El discurso «escatológico» o «apocalíptico» (Mt 24,1–25,46)
• El relato de la pasión y de la resurrección (Mt 26,2–28,20)
En cada una de las secciones mencionadas van emergiendo rasgos diversos de los discípulos, que los caracterizan y dibujan el perfil propiamente mateano de los mismos. En este capítulo privilegia-
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
325
mos el sermón de la montaña, en razón de la importancia que tiene
para el tema.
Asimismo es importante tener en cuenta los únicos tres pasajes
evangélicos en los que se habla de «hacer» o «hacerse» discípulo,
que son los siguientes:
• Mt 13,52: Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de
los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas
lo nuevo y lo viejo.
• Mt 27,57: Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús.
• Mt 28,19: Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
En los tres casos, «hacer (o «hacerse») discípulo» tiene relación directa con Jesús. Aunque el sustantivo puede tener connotaciones más
amplias, el verbo posee exclusividad en relación directa con el Mesías.
III. EL LLAMADO PARA EL DISCIPULADO
(MT 4,18-22; 8,18-22; 9,9)
Un momento fundamental en los contenidos y en las implicaciones del discipulado es precisamente el momento de la convocación. El EvMt contiene sólo dos relatos donde se menciona el llamado explícito de discípulos:
• Simón y Andrés, Santiago y Juan (4,18-22)
• Mateo (9,9)
A éstos se podría sumar el episodio de 8,18-22, el cual, aunque
no especifica a quién se dirige el llamado, pone de relieve las exigencias del seguimiento.
1. Y ELLOS AL INSTANTE LE SIGUIERON (4,18-22)
Concluidas las tentaciones en el desierto (cf. 4,1-11), Jesús se retira a Galilea, pero en lugar de ir a Nazaret, va hacia Cafarnaún, para
residir en el territorio «gentil» otrora asignado a las tribus de Zabulón y Neftalí, y además para cumplir así la profecía de Is 8,23–9,1.
Galilea pasa a ser el marco geográfico donde se va a desarrollar la
primera etapa del ministerio del Mesías.
326
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Mt 4,17 representa el inicio del ministerio propiamente tal. Refiere de manera sintética la predicación de Jesús, retomando las
mismas palabras del Bautista (cf. 3,2). Queda así establecido un
vínculo muy importante entre ambas predicaciones, la del Mesías
y la de su precursor. El contenido de la proclamación, como la de
Juan, incluye tanto la invitación a la conversión, como el anuncio
de la llegada del Reino de los cielos. La primera es una condición
necesaria para la aceptación de la soberanía divina en la persona
del Mesías.
En ese contexto de inicio del ministerio y de las primeras palabras de predicación, caminando por la ribera del mar de Galilea, tiene lugar el llamado de los cuatro primeros que habrán de constituir
el grupo más cercano al Maestro. Aunque aquí todavía no aparece
en forma explícita el término mathetês, la llamada de esos cuatro,
pescadores de oficio, constituye el punto de partida del camino discipular. El texto de Mt 4,18-22 está tomado básicamente de Mc
1,16-20 y aparece también, aunque con notables ampliaciones, en
Lc 5,1-11. Los tres evangelistas coinciden en que los primeros llamados fueron dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago
y Juan. El EvMt, conservando el relato escueto y esquemático del
EvMc, destaca la respuesta pronta de los convocados ante la palabra autoritativa de quien llama.
El relato está construido de modo esquemático, por lo que las
convocaciones son casi idénticas:
1. Caminando por la ribera del mar de Galilea (v. 18a)
2. vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés,
(v. 18b)
3. echando la red en el mar, pues eran pescadores (v. 18c)
4. y les dice: «Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres». (v. 19)
5. Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. (v. 20)
1. Caminando adelante, (v. 21a)
2. vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan,
(v. 21b)
3. que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; (v. 21c)
4. y los llamó. (v. 21d)
5. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. (v. 22)
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
327
Como se puede observar, cada uno de los relatos posee cinco
partes:
• La ubicación geográfica (vv. 18a y 21a)
• Jesús «ve» a una pareja de hermanos (vv. 18b y 21b)
• La identificación de los hermanos, en razón de su oficio: pescadores (vv. 18c y 21c)
• La llamada (vv. 19 y 21d)
• La respuesta pronta, destacada por el adverbio euthys («al instante») (vv. 20 y 22)
Esta forma de construir de Mateo, heredada de Marcos, ayuda a
resaltar el «mirar» de Jesús como expresión de su autoridad mesiánica, la cual se expresa también en el llamado y en la respuesta inmediata de los convocados.
La llamada de Jesús vengan conmigo y los haré pescadores de hombres (4,19) utiliza una metáfora que responde al oficio desempeñado por los cuatro primeros discípulos, lo que apunta también hacia
la misión futura de los mismos:
Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (28,19).
La escena describe un cuadro típicamente Galileo, en las inmediaciones del lago de Genesaret o de Tiberíades, que era donde se
practicaba dicha actividad. En realidad la actividad de la pesca es
poco mencionada en el AT, con matices más bien negativos, casi
siempre en perspectiva de amenaza o castigo: Jr 16,16, con las imágenes de la pesca y de la caza, anuncia la invasión extranjera; Am
4,2, en un oráculo contra las mujeres de Samaria, para ilustrar el
castigo que les espera, utiliza la metáfora de la pesca con anzuelo;
también Is 19,8, en el oráculo contra Egipto, describe el castigo recurriendo a motivos típicamente egipcios, entre los que se cuenta el
exterminio de la principal fuente de sustento para el país, el Nilo, y
lo que produce, como la pesca.
A pesar de la inevitable carga negativa que la imagen de la pesca tenía en el AT, Jesús y los evangelios no tienen problema para
presentar en el contexto de esta actividad a los primeros convocados para pertenecer a la comunidad mesiánica. La llamada para seguir a Jesús va a incluir el ejercicio de una triple acción: enseñar,
proclamar y sanar. La reacción de la gente consiste en llevar a los
enfermos para que los curara, pero también en seguirle. Es notable
que, en el texto griego, cada una de las pequeñas secciones de esta
328
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
perícopa concluya siempre con la misma expresión: lo siguieron (cf.
Mt 4,20.22.25).
2. ÉL SE LEVANTÓ Y LO SIGUIÓ (9,9)
Después de sanar al paralítico, en su «propia ciudad» (Nazaret o
quizá más bien de Cafarnaún, donde residía), y estando a punto de
retirarse de allí,
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de impuestos,
y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
El relato de vocación, a pesar de su brevedad, incluye varios aspectos relevantes y de especial impacto para los lectores del EvMt:
• El «mirar» de Jesús, que no sólo en los relatos de milagro, sino
también aquí expresa la autoridad del Mesías y el dominio de
cada situación. El hecho de que Señor vea a Mateo no representa un dato meramente fortuito, sino un indicador de esa
potestad, por medio de la cual puede llamar a quien él quiere.
• El hombre es llamado «Mateo», como aquel a quien la tradición ha atribuido el evangelio donde se narra esta llamada.
Mc 2,14 y Lc 5,27 hablan de «Leví».
• El hombre es un recaudador de impuestos. Esto representa un
dato de mayor impacto para la comunidad destinataria del
evangelio, en razón de las implicaciones negativas ante los
ojos judeocristianos. Los recaudadores de impuestos eran gente despreciable por tres razones principales: por el hecho de
recaudar el impuesto para el poder opresor eran considerados
como traidores a la patria; su conocida tendencia a actuar con
ventaja y artimañas en el cobro les asemejaba a los ladrones;
de hecho, la Mishná los menciona como vinculados entre
ellos (cf. Hag. 3,6); además, por el contacto con las monedas
grabadas con imágenes e inscripciones a veces blasfemas, se
les equiparaba a los idólatras. Para la Mishná si un recaudador
de impuestos entraba en una casa, ésta quedaba impura (cf.
Toh. 7,6). Que un hombre de tal condición haya sido convocado por Jesús, para seguirlo, representaba un dato muy significativo para los lectores del evangelio, a quien la tradición
habría de atribuirle su nombre.
• De manera semejante al llamado de los cuatro primeros discípulos el llamado y la respuesta son escuetos, casi lapidarios.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
329
No hay diálogo. Sólo la convocación del Maestro, con el imperativo «sígueme», y la reacción inmediata del que hasta entonces era un deleznable recaudador de impuestos.
El episodio de la vocación de Mateo marca un importante hito
en la teología discipular. El llamamiento depende en exclusiva de la
iniciativa del Maestro, quien tiene la libertad para elegir a quien él
quiere, sin importar condición o circunstancia alguna. La autoridad
mesiánica es el fundamento del discipulado, pero también se precisa la respuesta inmediata de los que son convocados. Los lectores
del evangelio pueden descubrir aquí una fuerte interpelación para
su propia existencia individual y comunitaria. El llamado al discipulado es iniciativa de Jesús, pero la respuesta pronta y decidida
pertenece a cada quien.
LOS IMPUESTOS Y SU RECAUDACIÓN
En el s. I, los impuestos podían ser directos o indirectos. Los primeros gravaban la tierra, la cosecha y las personas físicas. Los segundos incluían portazgos, servicios y tasas de mercado de diverso tipo.
Los recaudadores de impuestos, durante la Roma imperial, eran
en general empresarios nativos que contrataban con la administración romana, a través de sus gobernantes locales, la recaudación en
cada lugar. Éstos, a quienes se exigía pagar por adelantado la cuota
de contratación, organizaban la recaudación con la intención de obtener ganancias, por lo que la tendencia al abuso era bastante frecuente. Los recaudadores, entre los que se contaban no sólo los jefes
(como Zaqueo en Lc 19,2) y los empleados de éstos, la mayoría gente desarraigada e incapaz de ejercer otra función, recogían los impuestos sobre las mercancías que entraban o eran transportadas por
el distrito, así como sobre las que cruzaban puentes, puertas de la ciudad o llegaban a puerto. Mercaderes, artesanos, incluso prostitutas
pagaban impuestos.
El biógrafo griego oriundo de Queronea, Plutarco (120-47 a.C.),
autor de Vidas paralelas y Moralia, una notable colección de ensayos,
donde refiere su propia experiencia: estamos aburridos y disgustados con
los recaudadores de impuestos, no cuando descubren los artículos que importamos abiertamente, sino cuando al buscar mercancías ocultas, fisgonean en el equipaje y las propiedades de otras personas. Y, sin embargo, la
ley les permite actuar de ese modo, y ellos saldrían perdiendo si no lo hicieran (Mor. 518).
330
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
IV. CARACTERÍSTICAS Y EXIGENCIAS DEL DISCÍPULO
EN EL SERMÓN DE LA MONTAÑA (MT 5–7)
El EvMt se caracteriza por presentar al Mesías como el gran
maestro que instruye a sus discípulos; por esta razón, los cinco grandes discursos representan momentos privilegiados para esta enseñanza sobre la identidad y misión de los mismos, por tanto, también
acerca de las condiciones y exigencias que conlleva el seguimiento
de Jesús. Todavía más, el primero de estos grandes discursos, el del
sermón de la montaña, tiene un papel de especial preponderancia,
porque en éste pone de relieve los criterios fundamentales que delinean el perfil del discípulo y su relación con Dios y con el prójimo.
Es el momento en que el Mesías declara los principios básicos de la
«nueva justicia». En razón de la importancia que tiene y sus repercusiones para todo el EvMt, vamos a enfocarnos hacia los aspectos
más relevantes que este sermón posee con relación a las características y exigencias del discipulado mesiánico.
Es interesante notar que san Mateo, a pesar de que comienza a
presentar el llamado de los primeros seguidores de Jesús en el capítulo cuarto, sin embargo sólo usa el sustantivo «discípulo» al iniciar
el discurso de la montaña, distinguiéndolos claramente de «la multitud». Esta misma distinción la repite en otros pasajes, como en
13,10.36 y 14,15.
Así pues, al iniciar una de las partes más representativas de todo
su evangelio, Mateo dice que se sentó y sus discípulos se acercaron a él
(5,1). Adoptar esta postura para hablar era una posición típica de los
maestros cuando ejercían su función. De este modo, el sermón, desde el inicio, queda introducido como un ejemplo paradigmático de
la enseñanza del Rabí de Nazaret, a quienes ha llamado para que
sean sus discípulos. De este modo, en la presentación mateana, donde el Maestro enseña y los suyos aprenden, es donde tiene lugar una
de las partes más notables de esta narración evangélica.
Ese sermón de la montaña representa un momento clave, que recapitula enseñanzas fundamentales de Jesús, como Mesías y nuevo
Moisés, para sus discípulos. Constituye no sólo una especie de promulgación solemne de los principios que regirán la vida de los miembros
de su comunidad, de modo semejante a Moisés, que en la montaña del
Sinaí promulgó los principios que habrían de regir la vida del pueblo
de Israel, sino también expresa de forma clara cómo entiende el Maestro la identidad de los que se adhieren a él y participan de su misión.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
331
Aunque Mateo no vuelve a utilizar el término mathetês en el resto del sermón, es aquí donde les instruye, de la manera más clara y
abierta, cuál es la identidad y la misión de los que han decidido seguirle, los que fueron denominados, desde el principio, como «sus
discípulos».
Las exigencias radicales que tienen lugar en este discurso llevan
a descubrir por un lado la novedad y superioridad del momento del
Reino que ha llegado a su plenitud; pero, al mismo tiempo, la insistencia en el cumplimiento hasta de la más pequeña coma de la ley
pone de manifiesto también la continuidad con el período vivido
en la primera alianza, no cancelada sino llevada a su plenitud, en la
dinámica del «camino-cumplimiento».
Ya que la misión del Mesías es sintetizada por Mateo como
«cumplir toda justicia» (cf. 3,15), y teniendo en cuenta lo que ello
significa, tal cumplimiento comporta una nueva y mejor disponibilidad para llevar a cabo la voluntad soberana de Dios, con las consecuentes actitudes, por una parte nuevas, pero por otra enraizadas
en la época del «camino de la justicia».
Tales actitudes responden bien a lo que exige el tiempo de la plenitud mesiánica, pero sin desvincularse de lo que Dios pidió al pueblo de Israel. Esto explica la aparente contradicción entre la permanencia hasta de la más pequeña letra o coma de la Ley (cf. 5,18) y
el contraste entre lo que han escuchado ustedes que se dijo a los antepasados, pero yo les digo (cf. 5,21.27.31.33.38.43). También explica
por qué Jesús no pide a sus discípulos una actitud «distinta» a la de
los escribas y fariseos, sino una «justicia mayor» (cf. 5,20), para entrar en el Reino de los Cielos; es decir, el Mesías no exige que los suyos cambien esencialmente su actuar, sino que superen la praxis de
tales miembros del pueblo judío. Hay que notar que la acción de éstos es de hecho considerada como «justicia», pero inferior a la de
los que entran en la comunión con el Señor Jesús, sus discípulos.
Por eso, la comunión con Cristo es uno de los rasgos fundamentales que delinean el perfil del discípulo. No se trata sólo del aprendizaje de ideas o del acatamiento de directrices, sino de adherirse
plenamente a la persona y misión del Maestro y conformar toda la
existencia con él. Asimismo, entre otras muchas observaciones que
pueden ser hechas a propósito de las bienaventuranzas, llama la
atención que dos de ellas se refieran precisamente a la «justicia», las
cuales no aparecen en la versión de Lucas (cf. 6,20-23). Esto no es
extraño si partimos de lo que ya hemos puesto de relieve.
332
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Una actitud básica que define a los discípulos de aquel que ha
venido «a cumplir toda justicia» es para Mateo la que definió precisamente la misión del Mesías. Al ser aplicada a los discípulos, la
vivencia de la «justicia», con todo lo que ella significa en el contexto del EvMt (no sólo el hecho de «tener hambre y sed de...» y
«ser perseguidos por causa de...»), les coloca en la misma dinámica
del Maestro y en la perfecta comunión con él. Queda manifiesto
con claridad lo dicho acerca de la característica básica que distingue al discípulo de Jesús en el EvMt.
Las demás enseñanzas de Jesús que tienen lugar en el sermón de
la montaña son abordadas por Mateo desde la comunión íntima con
Jesús y con el Padre celestial.
1. SI SU JUSTICIA NO ES MAYOR (MT 5,20-24)
A partir de las bienaventuranzas (5,1-12) el EvMt se enfoca de
manera directa hacia los discípulos. A éstos se refiere la abundancia
de pronombres personales que tienen lugar en los pasajes subsiguientes, como el «ustedes son» (5,13.14), «su luz» (5,16a), «sus
obras buenas» (5,16b), «su Padre que está en los cielos» (5,16c),
etc. Una vez sentenciado el valor y la vigencia de la ley (5,17-19),
Jesús se dirige de nuevo de forma directa a los discípulos:
si la justicia de ustedes no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos (5,20).
Por una parte, el EvMt sentencia de modo categórico la vigencia de la ley, con lo que salvaguarda el valor y la continuidad de la
misma, ya que es parte constitutiva de la herencia legada a la comunidad mesiánica y punto de partida para comprender la historia
de salvación que Dios ha iniciado en Israel y continúa ahora en esta
comunidad; pero, por otra parte, y a pesar del carácter insoslayable
que posee la ley, ésta no tiene ya la misma significación y los mismos alcances. La ley es asumida porque forma parte de la Escritura
que el Mesías ha venido a cumplir, pero al mismo tiempo ella es asumida y llevada a su plenitud por la «justicia mayor», que tiene en su
base una nueva relación con Dios y con los hermanos.
Es precisamente la dikaiosynê la que establece el vínculo entre
los dos períodos de la historia, «camino y cumplimiento». Es decir,
ya en el primer momento, los miembros del pueblo de Israel fueron
invitados a cumplir las exigencias de su elección, entendidas como
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
333
«practicar la justicia»; pero ahora, en la época mesiánica, los discípulos de Jesús son interpelados para que esa «justicia» sea superior.
Si los discípulos del Mesías no logran una justicia más excelente que la de los escribas y fariseos, no tienen oportunidad de participar en el Reino de Dios, es decir, no pueden experimentar la presencia salvadora de Jesús, quien ha venido a llevar a plenitud el
proyecto divino, iniciado con Israel. La superación que implica la
«nueva justicia» tiene que ver no sólo con el ejercicio de ciertas
prácticas externas o con el cumplimiento escrupuloso de las normas
establecidas por la ley, sino que se dirige directamente hacia la relación de comunión más profunda con Dios y con el prójimo, de
acuerdo a la enseñanza del propio Hijo amado de Dios y en íntima
adhesión a aquel que ha venido a «cumplir toda justicia».
Así pues, los discípulos son focalizados desde una perspectiva
histórico-salvífica, como aquellos que asumen las exigencias hechas
por Dios a los miembros del pueblo de la primera alianza, pero quienes ahora, en virtud del momento pleno que viven, por la presencia del Mesías, están llamados a superarlas. No se trata por tanto de
una «justicia diversa», sino «más excelente», siguiendo el ejemplo
del Maestro, quien no vino a abolir, sino a dar plenitud.
ESCRIBAS Y FARISEOS
En su origen el escriba, en hebreo sôpher, derivado de sâphar («escribir»), designaba al secretario de la corte o al oficial contable. Su
función en torno a la ley se remonta al período del exilio babilónico
(586-531 a.C.), cuando los judíos privados del culto releyeron y recompusieron las tradiciones en las que fundaban su identidad. Al
regreso del destierro, los escribas cobraron aún mayor importancia,
cuando se vio la necesidad de que el pueblo se enfocara en la observancia estricta de la ley para no volver a incurrir en castigo. De hecho, Esdras es presentado como un escriba que llama a la comunidad
a renovar su compromiso de obediencia a la ley e indica las normas
de comportamiento. De este modo, se constituyó una tradición escolar de enseñanza, cuyos maestros gozaban de gran consideración, y se
fomentó la costumbre de llamar al escriba rabbí («mi grande», «mi
maestro»).
Por su parte, desde el punto de vista etimológico, es difícil establecer el significado del término «fariseo». Generalmente se asocia con
la raíz hebrea phârás («separar» o quizá «explicar») y sus orígenes se
334
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
asocian con los «asideos» (enemigos acérrimos del helenismo que apoyaron a Judas Macabeo). Se habrían opuesto con fuerza contra Juan
Hircano y contra Alejandro Janneo. Interpretaban con rigor las enseñanzas de la Torah. Entre sus filas contaban con numerosos doctores y
escribas, que destacaban en el estudio de las Escrituras. Queriendo elaborar un marco preciso que permitiera la observancia de la Torah elaboraron 613 reglas (248 preceptos y 365 prohibiciones). Sin embargo había discusiones entre ellos mismos acerca de la interpretación de los
preceptos, como queda manifiesto por las opiniones de los diversos
maestros, como Shammai y Hillel y sus respectivas escuelas.
Aunque no todos los escribas eran fariseos y mucho menos viceversa, sin embargo los evangelios los asocian con mucha frecuencia, lo
que acusa la relación cercana entre ambos grupos.
2. USTEDES SEAN PERFECTOS (5,48)
El c. 5 del EvMt culmina con una sentencia tan breve como significativa, y con muy fuertes implicaciones para los discípulos del
Mesías: Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre celestial. Ésta representa el punto culminante de lo dicho hasta el momento. El adjetivo téleios («perfecto»), que conviene propiamente
a Dios, es otorgado como una concesión especial a los discípulos de
Jesús.
La «perfección» es el punto más alto que alcanza la práctica de
la «justicia mayor». De hecho, el v. 20 encabeza una serie de aspectos que, como en el caso de 6,1, son normativos para la vida de los
discípulos del Mesías. La justicia ejerce un rol decisivo ya que recoge y recapitula las exigencias de la alianza pactada entre Dios y su
pueblo, las asume, las desborda y las lleva a su plenitud. Por eso, las
llamadas «antítesis» presentadas en 5,21-47 son expresión clara de
la novedad que rebasa y supera las exigencias a Israel. De este modo,
dicha «perfección» se ubica dentro de la misma dinámica de la
«plenitud», que ha llegado con la presencia del Mesías.
La perfección a la que se refiere Mt 5,48 se ubica en la línea de
la relación con Dios y con el prójimo. Se trata de la nueva y auténtica comunión con ellos, propiciada sólo por el Hijo amado del Padre, de tal suerte que únicamente en el seguimiento del Mesías es
posible alcanzar dicha perfección, teniendo como modelo al mismo
Dios. La relación se funda en un amor que no hace excepción de
personas, según el ejemplo del propio Padre celestial (cf. 5,45b).
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
335
«Ser perfecto» es en el EvMt una realidad equivalente a «ser discípulo» de Cristo, como queda expresado en el episodio del joven
rico (cf. 19,16-22). Éste se acerca a Jesús para preguntarle sobre lo
bueno que debe hacer para conseguir la vida eterna. La respuesta del
Señor se enfoca primero hacia lo «bueno», siendo uno solo el «Bueno», Dios; después aborda el tema de la «vida eterna», que exige la
observancia de los mandamientos, enunciados por el mismo Jesús.
Ante la respuesta positiva del rico que asegura haberlos cumplido,
viene la sentencia del Maestro:
Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y
tendrás un tesoro en los cielos; luego sígueme (19,21).
El joven puede alcanzar la vida eterna mediante el cumplimiento de lo establecido por Dios, pero la «perfección» la podrá alcanzar
sólo si es capaz de aceptar la invitación para seguir al Maestro, una
vez desechados los obstáculos, en este caso concreto, los bienes materiales. En este contexto, «ser perfecto» tiene como condición y
presupuesto hacer a un lado todo obstáculo; pero tiene también una
forma específica de vivir, seguir a Jesús.
Los dos pasajes del EvMt que se refieren a la «perfección» encuentran una afinidad muy significativa. Mientras que la invitación a ser perfectos, en 5,48, culmina una serie de instrucciones
donde el Mesías exhorta a sus discípulos a superar lo estipulado
por la ley mosaica, con el estribillo: Han oído ustedes que se dijo...
pues yo les digo, en 19,21 Jesús responde al joven rico que su observancia estricta de los mandamientos no es suficiente para alcanzar la perfección. Pero es notorio que en ninguno de los dos casos hay una abolición de lo prescrito, sino una invitación a superar
lo establecido, como compete a los seguidores de aquel que «no ha
venido a cancelar la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud» (cf.
5,17). Por tanto, la «perfección» tiene como referente lo establecido en la ley, durante el período del camino, asumido, superado y
«plenificado».
A la perfección a la que son invitados los discípulos del Mesías
es anejo su llamamiento; no se circunscribe a determinadas actitudes, sino que abarca todo su ser y toda su existencia. Se trata de una
identificación con su Maestro, quien es el Emmanuel, el «Dios con
nosotros».
El énfasis de Mateo aparece con más claridad cuando se confronta con su texto paralelo, Lc 6,36: Sean compasivos, como su Padre es compasivo. Entre las posibles razones para un cambio de esta
336
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
naturaleza se puede contar el deseo del evangelista judeocristiano
por establecer la continuidad y la superación de los discípulos del
Mesías en relación con los miembros del pueblo hebreo y con el primer período de la historia de salvación.
V. IMÁGENES QUE ILUSTRAN LA IDENTIDAD DE
LOS DISCÍPULOS EN LA PRIMERA GRAN INSTRUCCIÓN
El sermón de la montaña concluye con tres imágenes muy elocuentes que invitan a los discípulos del Mesías a tomar una decisión
ante la llegada del reinado de Dios:
• La primera de ellas en realidad es doble, se refiere a las exigencias para seguir a Jesús, y tiene como tema la puerta y el
camino (7,13-14). Quiere poner de manifiesto la necesidad de
hacer una opción entre dos modos de vida que son incompatibles entre sí, el del discípulo de Cristo y cualquier otro.
Como consecuencia, ser.
• La segunda imagen se refiere a los falsos profetas (7,15-20), y
pone en guardia contra quienes atentan contra sus enseñanzas
y pretenden desviar a los discípulos por otros caminos. Utiliza
recursos sacados tanto de la vida pastoril, como de la agrícola.
La «piel de oveja» y los «lobos rapaces» constituyen metáforas que ilustran la falsedad y perversión de esos pretendidos
profetas, quienes buscan destruir la comunidad. El criterio
para distinguir entre genuinos y falsos profetas son los «frutos»
que producen. Aquí es donde entra la imagen de los árboles.
Los seguidores de Jesús necesitan estar muy atentos para reconocerlos a través de esos frutos.
• La tercera imagen es la de la construcción de las dos casas y
sus respectivas cimentaciones. En el pasaje anterior se trataba de alertar contra los falsos profetas; ahora se trata de cada
creyente en la comunidad. Aunque la comparación no es
exacta, sí existen elementos en común: los frutos malos de los
primeros se equiparan a la falta de autenticidad en la profesión de la fe de los segundos. Al final, no todos los miembros
de la comunidad entrarán en el Reino, pues cada uno será
juzgado por sus propias obras. «Hacer la voluntad del Padre»
en el EvMt es una condición indispensable para experimentar la salvación.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (I)
337
RECAPITULACIÓN
El tema de los discípulos y del discipulado no sólo es uno de los
más destacados en el EvMt, sino también uno de los que vertebran
toda la narración evangélica. La razón de esta importancia estriba
en que los evangelios han sido redactados para comunidades que se
sienten identificadas con los discípulos de Jesús. Mateo, en concreto, representa una exposición acerca del mensaje del Maestro a
quienes han aceptado la invitación para seguirlo y llevar a cabo ese
proyecto de comunidad.
Así pues, todo el evangelio constituye una presentación de las relaciones entre Jesús y sus discípulos, y es, al mismo tiempo, un testimonio releído por otra comunidad de discípulos, aunque en un tiempo posterior, pero que se siente profundamente identificada con la
primera. La vinculación es de tal magnitud que no podemos saber con
certeza qué experiencias narradas en el evangelio pertenecen verdaderamente a la realidad vivida por los discípulos «históricos» de Jesús
y cuáles atañen a la comunidad lectora inmediata, que se ve reflejada
en la anterior y que relee los acontecimientos desde su fe en el Mesías resucitado. De cualquier forma, el discipulado es un tema insoslayable en la temática de los evangelios, y más concretamente en el
EvMt, y funciona como un hilo conductor en su lectura.
El EvMt utiliza muchos términos relacionados con el discipulado y es el único de los evangelios que usa el verbo mathetêuô («hacer, o hacerse, discípulo»), en relación directa con la persona de Jesús. Pero más importante que la frecuencia de los términos mismos
son los contenidos teológicos que tienen lugar en los diversos pasajes del relato evangélico. Los visualizamos aquí tomando como base
y punto de referencia los cinco grandes discursos de Jesús, pues aquí
aparecen instrucciones muy significativas para ellos.
Las imágenes con las que concluye la primera gran instrucción
del Maestro son elocuentes e ilustran las exigencias que tienen los
discípulos al hacer opción por Dios y su reinado.
PARA PROFUNDIZAR
1. Ubicar bien el relato mateano del llamado de los cuatro primeros discípulos (4,18-22), especificando cómo se relaciona con lo que le
antecede (4,17) y con lo que le sucede (4,23). ¿Qué tiene que ver la
338
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
vocación de los discípulos con lo que los contextos describen acerca
de la actividad de Jesús? ¿Ayuda a enfocar mejor la relación Maestrodiscípulos? Repetir este mismo ejercicio con el episodio de Mateo
(9,9).
2. Localizar en el sermón de la montaña (Mt 5-7) algunos textos
significativos donde se establezca relación entre la figura y las exigencias de los discípulos de Jesús y la praxis judía antigua, descubriendo
elementos de continuidad y de superación.
3. Elaborar un cuadro que permita visualizar las enseñanzas de Jesús a sus discípulos en el sermón de la montaña.
PARA COMPARTIR
1. Tanto Marcos como Mateo ponen de relieve la respuesta pronta de los discípulos ante la convocación de Jesús. Mi respuesta personal ante el llamado que el Señor me hace, para vivir mi propia vocación, ¿qué tanto se parece a la de aquellos que son presentados como
el paradigma de la respuesta pronta y decidida?
2. La llamada de Jesús al discipulado, desde el inicio, es dirigida a
varios para formar una comunidad. ¿Somos conscientes de la dimensión comunitaria que posee el discipulado? ¿Qué es lo que en nuestra
historia personal y comunitaria ha representado o representa mayor
obstáculo para que podamos vivir nuestro seguimiento a Jesús? ¿Cómo
podemos seguir mejor a Jesús y ser también mejores discípulos suyos?
3. El sermón de la montaña en el EvMt representa uno de los momentos privilegiados para las enseñanzas más relevantes del Maestro
Jesús a sus discípulos. ¿Cómo nos sentimos interpelados por esas enseñanzas? ¿Nos identificamos con ese grupo originario de discípulos? ¿Estamos convencidos de que las bienaventuranzas constituyen los criterios esenciales en la vida del creyente y discípulo de Cristo? ¿Cómo
podemos hacer operativas y efectivas las directrices fundamentales
contenidas en el sermón de la montaña, para ser genuinos discípulos
de Cristo?
CAPÍTULO VI
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA
DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
El EvMt privilegia la figura de Jesús como un gran Rabbí. Éste es
el Maestro que instruye a sus discípulos acerca de lo que significa la
presencia del reinado de Dios, que está teniendo lugar en la época
mesiánica que él mismo inaugura. Como ya hemos hecho notar desde la introducción, este evangelio posee cinco grandes discursos, en
los que Jesús instruye de manera especial a los que ha convocado.
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE LOS DISCÍPULOS EN
LOS CUATRO GRANDES SERMONES RESTANTES
Una vez que nos hemos asomado al tema de los discípulos en el
primero y más importante discurso de Jesús en el EvMt, el sermón de
la montaña, en el presente capítulo abordamos los cuatro restantes,
donde también encontramos enseñanzas fundamentales para la vida
y la misión de quienes han decidido responder al llamado:
• el discurso de la misión y del testimonio (Mt 10,1–11,1)
• el discurso parabólico (13,1-53)
• el discurso eclesial (17,22–18,35)
• el discurso escatológico (24,1–25,46)
II. EL DISCURSO DE LA «MISIÓN Y DEL TESTIMONIO»
(MT 10,1–11,1)
Después de mencionar el sentimiento de compasión de Jesús por
la gente (9,36-38), el EvMt presenta a los heraldos del Evangelio
340
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
del Reino y las instrucciones que éstos reciben de su Maestro. Así,
el llamado y envío de los «Doce» constituye una especie de respuesta a los males que aquejan al pueblo. La narración subraya la
autorización otorgada por Jesús a sus elegidos y la confianza absoluta que ellos deben tener en aquel que los envió. La potestad para
predicar y hacer milagros es expresión del poder del Señor presente
en su comunidad.
El envío de los discípulos se convierte en una especie de paradigma del envío permanente que recibe la comunidad mesiánica,
investida de poder, pero también expuesta al rechazo; se trata de los
mismos que, en su momento, el Resucitado enviará a todos los pueblos para que los conviertan a su vez en «discípulos» (cf. 28,19).
El EvMt utiliza varias veces el término «discípulo» en el «discurso de la misión y del testimonio» (9,36–10,42). Enfatiza, además
del envío a las ovejas perdidas de la Casa de Israel (10,6) y de los prodigios que pueden llevar a cabo en nombre de Cristo (10,8), la radicalidad en el seguimiento (10,9-10.37-39) y las pruebas y sufrimientos que deben enfrentar en el cumplimiento de su misión
(10,11-36).
Lo primero que se debe destacar es la frase inicial:
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder para expulsar espíritus
impuros, y para curar toda clase de enfermedades y toda dolencia (10,1).
Aquí llama «discípulos» a los «doce», es decir, a los mismos que
en el siguiente versículo, cuando mencione el nombre de cada uno,
va a llamar «apóstoles» (de hecho el término «apóstol» sólo se encuentra en Mt 10,2). Mientras Lc 6,13 establece una distinción entre
ambos –los discípulos constituirían una especie de grupo grande, de
entre los cuales Jesús elige a sus «doce apóstoles»–, Mateo prefiere
identificarlos, lo cual pone de manifiesto, entre otras cosas, el peso
que de suyo tiene para él el término «discípulo».
Por tanto, los discípulos en el EvMt no son sólo los que aprenden (sentido etimológico de mathetês), sino también los que son enviados con una misión (apóstolos). De este modo, podemos ver
cómo discipulado y envío parecen bastante vinculados. Más aún, es
posible afirmar que para este evangelista el peso y la riqueza que
otorga al discípulo abarca también la característica de su envío, el
«apostolado» propiamente tal.
Una serie de dichos, originalmente independientes, pero con
afinidad entre ellos, forman una sección importante del discurso
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
341
(10,26-31). El rechazo que van a sufrir los discípulos de Jesús en vez
de ser causa de desánimo debe motivar a una gran confianza en el
Padre celestial, quien cuida con esmero de sus hijos. Esta confianza
total incluye también la decisión valiente para confesar públicamente la fe. Las motivaciones del Maestro para que sus discípulos
sean fuertes ante las hostilidades llegan a un grado demasiado alto,
incluso insospechado. Ya no se trata sólo de resistir los embates de
aquellos enemigos extraños, sino de aguantar incluso los que vienen
desde el seno de la propia familia. La causa de la división estriba en
profesar con decisión la fe en Jesús, algo que fue una realidad muy
dura entre los primeros cristianos, pero que aún ahora puede tener
lugar. Los sufrimientos son ilustrados con la imagen siempre elocuente de la cruz, en referencia directa a los sufrimientos del mismo
Cristo (10,34-39).
El discurso culmina con frases en las que Jesús avala de forma absoluta el trabajo misionero de sus enviados. La aceptación o el rechazo no son dirigidos sólo a éstos, sino que es en realidad a favor o
en contra de quien los envía. La garantía que el mismo Jesús otorga
es donde se funda la seguridad de los discípulos misioneros.
1. NO ESTÁ EL DISCÍPULO ENCIMA DE SU MAESTRO (10,24-25)
El discurso apostólico contiene, como ya hemos enunciado y
como lo indica el mismo Mt 10,5, una serie de instrucciones que el
Señor y Maestro da a sus doce «discípulos» o apóstoles», las cuales
abarcan prácticamente todo el discurso que se extiende hasta 10,42.
En este contexto tiene lugar una sentencia de Jesús donde dimensiona el lugar de los que ha convocado para seguirlo:
No está el discípulo por encima de su maestro, ni el siervo por encima
de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como
su amo (10,24-25).
Este texto constituye el tránsito de la primera a la segunda sección del discurso. El doble paralelismo que estructura el dicho es
bastante claro. Juega con dos pares de términos. El resultado es la
evidente superioridad del «maestro» y del «amo» sobre el «discípulo» y el «siervo», respectivamente.
Las hostilidades aludidas en 10,16-32 cobran una gran fuerza con
el dicho acerca de los discípulos. Las metáforas han sido muy elocuentes: ovejas entre lobos, serpientes y palomas. Es probable que en
342
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
la base de esta parte del discurso se encuentren dichos independientes bajo el tema de la persecución, que Mateo se ha encargado de hilvanar: en sentido genérico (vv. 16-17.22-25), ante tribunales (vv.
18-20), rechazo de la propia familia (v. 21). Estas experiencias de
prueba sobre las que son advertidos los discípulos del Señor son las
mismas que habrán de acompañar siempre a la Iglesia misionera. Por
tanto, dentro del contexto en que aparece pronunciado este dicho,
aunque el discípulo no puede esperar una suerte distinta a la de su
Maestro, sin embargo mientras el sufrimiento del Maestro Jesús es un
aspecto constitutivo de la llegada del Reino de Dios, el sufrimiento
del discípulo es el del testigo de este mismo Reino.
La importancia que tiene la implicación de la suerte de los discípulos con la del Maestro, sobre todo en lo que se refiere al sufrimiento, es puesta de relieve con una expresión que se convierte en
una especie de axioma: «tomar la cruz y seguir a Jesús» (cf. 10,38).
Ésta volverá a resonar como un eco en 16,24. La metáfora contiene
una alusión clara a la pasión del Señor, de modo que sus seguidores
son aquellos invitados a entrar en la misma dinámica de su Maestro
y acompañarlo en el sufrimiento redentor, desde luego, con miras a
participar también de su glorificación. En otras palabras, el discípulo
se vincula de manera muy estrecha con el Maestro, no sólo en la etapa del ministerio, sino también en el momento central de la misión
mesiánica: la pasión, la cruz y, desde luego, también la resurrección.
2. PORQUE ES DISCÍPULO MÍO
El discurso de la misión y del testimonio remata con una sentencia acerca de la recompensa que habrá de ser otorgada a quien
reconozca al discípulo de Jesús, 10,42:
Y quien dé a beber tan sólo un vaso de agua fresca
a uno de estos pequeños, porque es discípulo mío,
les aseguro que no quedará sin recompensa.
El dicho está compuesto por tres frases, la primera y la última, es
decir, la que menciona el ofrecimiento posible, por más simple que
parezca (v. 42a), y la recompensa que se recibe por éste (42c), enmarcan la central (42b). Ésta, a su vez, posee dos términos muy significativos para el EvMt: «pequeño» y «discípulo», los cuales son
identificados.
Luego de mencionar una serie de pruebas y obstáculos que deberán enfrentar sus seguidores y de las exigencias mismas que implica
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
343
esta vocación, Jesús se enfoca ahora hacia las recompensas, pero no
para ellos como tales, sino más bien para quienes los reciban, los escuchen y los acepten. En este contexto, los vv. 40-42 mencionan
cuatro tipos de personas:
• Los «apóstoles», enviados en última instancia por Dios mismo: ellos → Jesús → el Padre (v. 40)
• los «profetas» (v. 41a)
• los «justos» (v. 41b)
• Los «pequeños – discípulos» (v. 42)
Aunque cabe la posibilidad de que las personas mencionadas
pudieran estar bien diferenciadas e incluso acusar una cierta estructura de la iglesia mateana, sin embargo el objetivo principal
de esta parte del evangelio es presentar distintos rasgos de la misma comunidad mesiánica; rasgos que pueden ser intercambiables
en algún momento dado. De hecho el v. 42, que equipara «discípulo» con «pequeño», pone de manifiesto que todos, «apóstoles»,
«profetas», «justos» y hasta los «pequeños» son básicamente «discípulos» del Mesías. En otras palabras, el dicho de Jesús pone de
manifiesto la dignidad de todos los miembros de la comunidad
mesiánica. Incluso el que pudiéramos llamar «cristiano ordinario»
es «discípulo» de Cristo, y esto es lo que les otorga su valor y dignidad.
Por otro lado, a partir de las sentencias que cierran el discurso de
la misión y del testimonio, el EvMt evidencia su noción de comunidad, basada en dos aspectos fundamentales:
• El llamado para seguir al Señor y la respuesta que convierte a
una persona en discípulo de Cristo es la condición que está en
la base de la comunidad. Los pequeños no son menos que los
otros miembros, pues también son discípulos.
• La comunidad está basada en la igualdad y en la fraternidad.
Aunque el dicho se podría extender a una llamada a la hospitalidad, o quizá mejor a la caridad cristiana hacia todas las personas en general, hay que decir que en este caso concreto se
trata básicamente de la acogida de un discípulo en su condición de tal.
La recompensa (misthós) a la que se refiere en los versos anteriores es la misma en esencia, experimentar la presencia salvadora de
Dios, por haberlo reconocido en los suyos: «apóstoles», «profetas»,
«justos», «discípulos».
344
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
El discurso se cierra completamente con las palabras características del final de cada uno de ellos en el EvMt, donde vuelve a mencionar de forma explícita a los discípulos:
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos... (11,1).
Así, la presencia de los discípulos al principio del discurso (9,37)
y al final del mismo (10,42; 11,1) no deja dudas acerca de que éste
no sólo está dirigido en forma directa a ellos, sino que es esencial
para su formación.
MAESTROS Y DISCÍPULOS EN EL AT Y EN EL JUDAÍSMO
El término «discípulo» es casi exclusivo del judaísmo tardío y del
NT. Aparece poco en el AT: Eliseo se une a Elías (cf. 1 Re 19,19-21);
un grupo ferviente de discípulos rodea a Isaías, recibiendo en depósito su testimonio y su revelación (cf. Is 8,16); más habitualmente los
sabios tienen discípulos, a los que llaman «hijos» (cf. Prov 1,10; 2,1;
3,1) y a los que inculcan enseñanzas; pero ni los profetas ni los sabios
osaron suplantar con su enseñanza la Palabra de Dios. Puesto que la
Palabra divina es la fuente de toda sabiduría, el ideal no es, por tanto,
adherirse a un maestro humano, sino ser discípulo de Dios mismo. La
sabiduría divina personificada llama a los hombres a escucharla y a seguir sus lecciones (cf. Prov 1,20-33; 8,4-33). Los oráculos proféticos
escatológicos anuncian que en los últimos tiempos Dios mismo será el
Maestro y no habrá necesidad de maestros terrenos (cf. Jer 31,31-34):
todos serán discípulos de Yahvé (Is 54,13). El mismo Siervo de Yahvé,
aunque enseña (cf. Is 42,1.4) se le «despiertan los oídos cada mañana»
y se le da una «lengua de discípulo» (cf. Is 50,4).
Al retorno del exilio, cuando la Torah se convierte en un aspecto
central en la vida del pueblo, los maestros cobran gran importancia. El
exilio y la diáspora hicieron que la vida de los israelitas girara en torno a la Palabra. Esto trajo como consecuencia un mayor relieve de las
Escrituras y de su enseñanza-aprendizaje. Los encargados de enseñar,
sobre todo los fariseos, se convierten en personajes importantes, «doctores de la Ley», quienes no sólo enseñaban la Torah escrita, sino también la oral conocida como Torah Be’alPeh. Algunos, como los saludeos,
no aceptaban la tradición oral.
En tiempos de Jesús el padre de familia era el encargado de instruir
a sus hijos en el conocimiento de la Torah (la «Instrucción» por excelencia). Algunos jóvenes acomodados podían acceder a una mejor instrucción y escogían un sabio o maestro distinguido, para instruirse y
aprender de él, y se hacían sus discípulos.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
345
III. CARACTERÍSTICAS Y EXIGENCIAS DEL DISCÍPULO
EN EL DISCURSO PARABÓLICO (MT 13,1-53)
Otro momento característico del EvMt es el llamado «discurso
parabólico». Aunque tiene como base Mc 4 –sobre todo la parábola «del sembrador», su explicación, por qué habla Jesús en parábolas
y la «del grano de mostaza»–, Mateo ha confeccionado un gran discurso donde reúne varias parábolas más, como la de la «levadura»
(13,33; cf. Lc 13,20-21) incluyendo algunas que le son propias, tales como la parábola de la «cizaña» (13,24-30), con su explicación
(13,36-43), la del «tesoro y la perla» (13,44-45) y la parábola de la
«red» (13,47-50).
Se podría esperar que los discípulos de Jesús fueran mencionados
desde el inicio del discurso de parabólico, como los destinatarios
principales de las diversas enseñanzas contenidas en éste; sorprende
sin embargo que no ocurra así. El evangelista Mateo ha diseñado un
plan diferente. Los menciona hasta 13,10 para presentarlos en oposición a la muchedumbre que no alcanza a comprender el significado de las parábolas.
En Mt 13,2 la «gente» aparece un par de veces:
Y se reunió tanta gente con él... y toda la gente quedaba en la orilla.
Señala así a la multitud como destinataria inmediata del discurso. Pero como ésta no es capaz de entender el profundo significado
de las enseñanzas del Maestro, entonces los discípulos aparecen
como quienes sí pueden comprender bien, porque a ellos se les han
dado a conocer los misterios del Reino de los cielos (cf. 13,10-11).
Hay que notar que mientras en los otros evangelios se plantea una
cuestión concreta sobre el sentido de las parábolas (Mc), o sobre
una en particular (Lc), los discípulos en Mateo hacen una pregunta mucho más general y fundamental: ¿por qué les habla Jesús en parábolas?, a pesar de que apenas Jesús ha pronunciado únicamente la
del «sembrador».
Lo que intenta proponer el evangelista es la esencia de la enseñanza parabólica de Jesús. Él habla pero la gente no comprende. Si
bien es cierto que la parábola representaba un recurso para ilustrar
y ejemplificar una enseñanza y de este modo hacerla más comprensible a los que escuchaban, al mismo tiempo también la parábola en
sí misma encerraba algo de enigma que debía ser descifrado. Las parábolas podrán ser entendidas en la medida en que el que escucha
se abra a los misterios del Reino, como los discípulos.
346
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Lejos de que Jesús cierre los misterios del Reino a la gente, intenta que los conozca y comprenda su enseñanza, pero la «gente» encarna aquí el «no» de la mayoría de Israel, tanto en el tiempo de Jesús,
como en la época en que se escribió el EvMt. Por esto podemos decir
que el evangelista contempla la falta de comprensión de la gente a la
luz del final de toda la historia, la de Jesús y la de su comunidad.
A los discípulos, en cambio, se les ha concedido «conocer los
misterios del Reino» (cf. 11,25-27). Estos misterios se refieren tanto al carácter celestial y trascendente de la enseñanza del Maestro
Jesús, como también a la dimensión concreta y ética que conlleva
esa misma enseñanza. Por tanto, los discípulos representan a quienes, a lo largo del tiempo, recibirán y lograrán entender el mensaje
de Jesús, pero también a quienes serán capaces de ponerla en práctica (cf. 7,21-27).
Así pues, el grupo de los discípulos, a la que Dios otorga el Reino, constituye la comunidad («iglesia») de los hijos que pueden escuchar y entender las palabras (cf. 13,19.23), conocer los secretos
(cf. 13,11) y producir los frutos adecuados (cf. 13,23). Esto se lleva
a cabo mediante el compromiso radical con ese mismo Reino, en un
proceso dinámico de crecimiento (cf. 13,31-32.33). Aunque todavía están junto los buenos con malos (13,24-30.36-43), sin embargo hay una actitud firme y decidida (cf. 13,44-46), sabiendo que el
«Dios con nosotros» (cf. 1,23) está presente en medio de la comunidad, hasta el fin de los siglos (cf. 28,20).
Aunque en el discurso parabólico del EvMt aparece una serie de
enseñanzas que tienen que ver directamente con los discípulos de Jesús, podemos espigar algunos aspectos que dejan ver rasgos importantes de este mismo grupo.
1. DEJEN QUE AMBOS CREZCAN JUNTOS – RECOGE TODA CLASE
DE PECES (13,24-30.47-50)
Dos parábolas características y afines entre sí, en el EvMt son la
de la «cizaña» y la de la «red». Ambas poseen rasgos comunes entre sí, aunque también se pueden observar algunas diferencias no
poco relevantes, siendo la mayor, además del tamaño y del cambio
de campo semántico, la que tiene lugar en virtud de la explicación
alegórica de la primera, lo que la asemeja con la del «sembrador».
Aunque la temática es también la de la siembra, sin embargo ya no
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
347
se trata de la producción en cuanto tal, sino de una realidad diferente, la mala semilla plantada junto a la buena, tema principal
también en la parábola de la «red». Esta última, al ser menor en tamaño, carece de los diálogos de la otra y es muy austera en sus detalles. De cualquier manera las afinidades son muy relevantes.
Las dos parábolas que podemos llamar de la «tolerancia» ponen
de relieve el tema de la espera paciente hasta el final, cuando sea el
tiempo de la separación entre peces buenos y malos, entre plantas
provechosas y dañinas.
La «cizaña» (Mt 13,24-30)
La «red» (Mt 13,47-50)
Otra parábola les propuso,
diciendo: «El Reino de los Cielos
es semejante a un hombre que
sembró buena semilla en su campo.
25
Pero, mientras su gente dormía,
vino su enemigo, sembró encima
cizaña entre el trigo, y se fue.
26
Cuando brotó la hierba y
produjo fruto, apareció entonces
también la cizaña.
27
Los siervos del amo se acercaron
a decirle: “Señor, ¿no sembraste
semilla buena en tu campo?
¿Cómo es que tiene cizaña?”
28
Él les contestó: “Algún enemigo
ha hecho esto”. Dícenle los siervos:
“¿Quieres, pues, que vayamos
a recogerla?”
29
Díceles: “No, no sea que, al
recoger la cizaña, arranquéis
a la vez el trigo.
30
Dejen que ambos crezcan
juntos hasta la siega. Y al tiempo
de la siega, diré a los segadores:
“Recojan primero la cizaña y
atadla en gavillas para quemarla,
y el trigo recogedlo en mi granero”».
«También es semejante el
Reino de los Cielos a una red
que se echa en el mar y recoge
peces de todas clases;
24
47
48
y cuando está llena, la sacan a
la orilla, se sientan, y recogen en
cestos los buenos y tiran los malos.
49
Así sucederá al fin del mundo:
saldrán los ángeles, separarán
a los malos de entre los justos
50
y los echarán en el horno de
fuego; allí será el llanto y
el rechinar de dientes.»
348
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
La primera de las parábolas mencionadas llama la atención en varios detalles, puestos a propósito para ayudar a reflexionar a los oyentes de modo que éstos pudieran sentirse interpelados por la misma.
Las enemistades y envidias en el ámbito agrícola, por desgracia,
no eran infrecuentes en Palestina, como en muchos otros lugares
del mundo, a veces por envidia o por venganza, o incluso sólo con
el afán de incomodar a alguna persona, de modo que el episodio
evangélico resultaba familiar a los oyentes de Jesús y a los destinatarios del EvMt. Pero lo que importa más es que a partir de una praxis poco afortunada es posible ofrecer una enseñanza para la comunidad de los discípulos.
La coexistencia de la mala hierba y el trigo representó a veces en
el mundo judío la vecindad de las naciones e Israel, pero en el evangelio cobra una nueva perspectiva: en un primer momento puede
verse una relación con la parte del mismo Israel que no creyó en
Cristo; sin embargo, en un segundo y más importante momento, la
parábola mira hacia el interior de la propia comunidad mateana.
La parábola de la «red» viene a reforzar la idea de la anterior. El
texto es de una gran concisión. Como las anteriores indica primero
el tema (v. 47). Enseguida narra el argumento usando verbos finitos
(v. 48). El evangelista no pone el énfasis en la reunión de los peces,
sino en la separación de los mismos. Todo queda orientado hacia la
interpretación que viene en los vv. 49-50.
Mateo formula el tema de modo impersonal con la palabra clave sagênê; ésta es una red de pesca, de las que se usaban en el mar
de Galilea, de 250 a 400 m de largo y unos 2 m de ancho, aproximadamente. En ambos extremos había una cuerda sujeta, en uno de
ellos un flanco longitudinal provisto de pesas la ayudaba a hundirse, mientras que en la otra se colocaba corcho o madera ligera, para
que flotara. Una vez que atrapaba los peces, la red era transportada
en un bote y sacada a tierra. Como era de esperar, no todo lo atrapado podía ser destinado, sin más, al consumo humano, de modo
particular en el mundo judío, donde lo «puro» e «impuro» jugaba
un papel determinante. Era pues absolutamente necesario hacer
una separación entre peces buenos y malos.
De la misma manera que ocurre con la parábola de la cizaña, el
cuadro que dibuja la de la red resulta familiar a los discípulos de Jesús y demás destinatarios del evangelio. Es obvio que un pescador
después de sacar la red, se sienta a clasificar la captura y separa su
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
349
recolección de peces, como el agricultor lo hace con la semilla buena y la mala. Es posible también que el acto de sentarse pueda evocar la postura del Hijo del hombre y Juez universal que se sienta a
«juzgar» (cf. 19,28; 25,31; 26,64). Ambas parábolas tienen un fuerte acento escatológico.
El EvMt pone de manifiesto una situación que plantea fuertes
desafíos para los discípulos del Mesías: la presencia de elementos
negativos no sólo en el mundo en general, sino lo que resulta más
grave, en el ámbito mismo de la comunidad cristiana. El acento
principal de ambas parábolas estriba en que la dinámica del Reino
contempla dicha coexistencia dentro de la propia comunidad mesiánica. Sin embargo esta situación, que el auténtico discípulo debe
afrontar actualmente, sólo es pasajera, mientras dura el caminar
hasta el fin del mundo (cf. 28,20b). En tanto llega el discernimiento final, es necesario mantenerse con firmeza y conservar la fe y la
identidad.
La advertencia es bastante clara. El proceso concluirá sólo con
la venida final y gloriosa del Hijo del hombre, al final de los tiempos. Hasta entonces tendrá lugar el discernimiento y la separación
de lo que en el momento presente es una situación inevitable; en
tanto los discípulos son interpelados para mantenerse firmes en el
seguimiento del Maestro, sin desanimarse por esta realidad difícil
pero al mismo tiempo pasajera.
PECES «PUROS» E «IMPUROS» EN LAS ENSEÑANZAS RABÍNICAS
Entre los peces son puros aquellos que tienen aletas y escamas. R. Yehudá precisa: dos escamas y una aleta. ¿Cuáles son las escamas? Las que están
fijas en él. ¿Cuáles son las aletas? Aquellas con las que nada (Hul. 3,7).
Si un pez impuro traga un pez puro, éste está permitido en comida, pero
si un pez puro traga un pez impuro, éste no está permitido en comida, ya
que no puede ser considerado como un producto suyo (Bekh. 1,2).
Si uno ingiere la sangre del bazo o del corazón o de los testículos o la sangre de pez o de langosta o la sangre exprimida, no se hace culpable. Sin embargo R. Yehudá declara culpable a quien degusta sangre exprimida (Ker. 5,1).
Hay tres tipos de pellejos y tres clases de mochilas: los que contienen la
medida prescrita, que son susceptibles de la impureza de asiento; los que no
la contienen, que son susceptibles de la impureza de cadáver, y los de piel
de pescado, que están libres de toda impureza (Kel. 24,11).
350
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
2. TODO ESCRIBA QUE SE HA HECHO DISCÍPULO (13,51-52)
Al final del discurso parabólico aparece una sentencia corta pero
con una gran carga significativa, pues lejos de ser un simple apéndice, constituye una especie de culminación de todo lo dicho en el
discurso parabólico:
Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo (13,52).
No es fortuito que sea precisamente Mateo quien ha conservado
una sentencia con estos términos, en labios del propio de Jesús. El
sentido más profundo del dicho acerca del «escriba-discípulo» sólo
puede ser descubierto en el contexto global del evangelio judeocristiano, en el que ambos términos poseen ya de suyo un contenido bastante rico y cuya combinación se convierte en una fórmula
que logra recapitular aspectos fundamentales del mismo.
Hay que recordar que el escriba era quien representaba la Ley y la
consideraba esencial en la vida del pueblo judío. Desde el regreso del
destierro, este grupo cobró gran importancia, sobre todo en razón de
la necesidad de que el pueblo se enfocara en la observancia estricta
de la ley para no volver a incurrir en los errores que lo llevaron al exilio. Esdras es el «escriba» que compromete a la comunidad a renovar
su obediencia a la Ley. Así se constituyó una tradición de enseñanza,
cuyos maestros gozaban de gran estima, y se fomentó la costumbre de
llamar al escriba rabbí («mi grande», «mi maestro»).
Mateo, quien aprecia como algo fundamental la vigencia de la
Ley (y los Profetas) y la continuidad con lo antiguo, aunque subraya al mismo tiempo la novedad y superación que implica el mensaje del Reino anunciado por el Señor, encuentra aquí una buena ocasión para presentar la relación tan estrecha que guardan ambas
realidades del mismo proyecto de salvación y son representados por
el «escriba» y por el «discípulo» respectivamente.
En esa dinámica de la «continuidad-superación» que caracteriza
al EvMt es como se puede entender correctamente el binomio «escriba-discípulo». Lejos de constituir dos realidades incompatibles,
se conjugan y ponen énfasis en el proceso que sigue el proyecto salvador de Dios, iniciado con Israel en el AT y continuado de modo
progresivo y pleno en la época mesiánica.
Hay que notar que antepone lo «nuevo», lo que se ajusta a 5,17,
donde Jesús afirma la continuidad de la Ley y los Profetas en virtud
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
351
de su misión, y a 5,21-48, donde no expone la Torah, sino que proclama la voluntad del Padre en continuidad con ella. Esto significa
un acento nuevo, sin abolir por ello la continuidad con los letrados
judíos. La consecuencia es que la comunidad de discípulos asume
esta misma perspectiva: valorar lo antiguo e integrarlo a la novedad
del Evangelio.
El «escriba-discípulo»: lo «antiguo y lo nuevo» en el EvMt
escriba
→ discípulo
lo nuevo
X
→
lo viejo
IV. CARACTERÍSTICAS Y EXIGENCIAS DEL DISCÍPULO
EN EL DISCURSO ECLESIAL (MT 17,22–18,35)
El cuarto discurso de Jesús en Mateo se refiere a la vida de la comunidad y lo que ésta significa. Es muy probable que tenga como
trasfondo principal la comunidad mateana de la penúltima década
del primer siglo, donde llegaron a existir algunos conflictos entre los
miembros de la misma. El discurso ofrece algunas pautas certeras
para afrontar las dificultades intracomunitarias, desde la fraternidad, la reconciliación y la aceptación y preferencia por los «más pequeños», en quienes está presente el mismo Cristo. Estas directrices
básicas tienen valor para toda comunidad cristiana en cualquier lugar y tiempo.
Las instrucciones que Jesús da a la comunidad formada por sus
discípulos parecen tener su punto de partida desde el segundo anuncio de la pasión (17,22). Aquí el Maestro les reitera lo dicho en el
primer anuncio (cf. 16,21-22) y vuelve a aparecer como Mesías sufriente, aunque ahora nadie le increpa, como hizo Pedro en 16,2223. Mateo sólo se limita a informar que los discípulos se entristecieron. La humildad, que destaca en el anuncio, será el motivo
principal de todo el discurso.
Pedro vuelve a aparecer en escena en el pasaje siguiente. Más
aún, los cobradores de impuestos para el templo, en lugar de cuestionar directamente a Jesús, se dirigen hacia el apóstol, para preguntarle si su Maestro no paga los impuestos, a lo que él responde
afirmativamente. Y el mismo Pedro será el encargado de hacer el
pago, extrayendo la moneda de la boca del pez (cf. 17,24-27).
352
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
A partir del capítulo 18, Mateo aglutina una serie de instrucciones que Jesús dirige a sus discípulos, por medio de las cuales les instruye sobre todo acerca de cómo debe ser su vida comunitaria, basada ante todo en la humildad, el servicio y la fraternidad. Ésta es la
razón por la cual a esta parte del evangelio se la ha dado, con frecuencia, el nombre de «discurso eclesial» (o «discurso eclesiástico»), es decir, «discurso de la comunidad de discípulos». Aquí, como
en diferentes partes del evangelio (cf. 10,42; 11,11; 25,40.45), de
Mateo los «pequeños» ocupan un lugar muy relevante.
Como hemos señalado, los temas de este discurso arrancan de
17,22, y más remotamente desde 16,21-22, y tienen como hilo conductor: la humildad activa ante Dios y los hermanos. Los oyentes
están preparados para comprender las palabras de Jesús que giran en
torno al Mesías que ha venido para servir y sufrir. De los textos, un
tanto desordenados, procedentes de Marcos que Lucas ha seguido
de cerca, Mateo ha elaborado un conjunto bien graduado que culmina con la parábola del «siervo sin entrañas», que sólo se encuentra en este evangelio.
1. ¿QUIÉN ES EL MAYOR? (18,1-4)
Tomando como base el episodio de Mc 9,33-37, aunque introduciendo algunas modificaciones, Mateo presenta una instrucción
referente a «el mayor en el Reino de los cielos», con una consecuencia inmediata para el tema del escándalo a los pequeños
(18,1-10).
En la versión mateana se dice expresamente que sus discípulos se
acercaron a Jesús para preguntarle:
¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos? (18,1; cf. Mc 9,33).
La pregunta es formulada de modo explícito y directo, a diferencia de Mc 9,33, donde es más bien Jesús quien les pregunta acerca
de lo que venían discutiendo por el camino. Se nota el interés de
Mateo por abordar de manera frontal un aspecto que considera relevante para su comunidad. No parece que el término «discípulos»
se aplique sólo a los que serán responsables de guiar a la comunidad,
sino que incluye a todos los miembros de la misma, quienes están
inquietos por saber quién es el más grande.
Jesús responde con una acción simbólica –lo que se puede llamar
una «parábola en acción», porque lo visual acompaña a lo verbal–.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
353
Llama a un niño y lo pone en medio de los discípulos para dar la enseñanza. Ésta contempla dos condiciones, no para ser el «mayor»
que es el tema de la pregunta, sino para «entrar» en el Reino de los
cielos: «cambiar» y «hacerse como niño».
El cambio al que se refiere tiene que ver con una forma diferente de entender la propia identidad y condición. Ser discípulo de Jesús nada tiene que ver con el concepto de poder y dominio que caracteriza a otros grupos sociales. Por el contrario, esta condición
implica una manera muy distinta de ser y de vivir. El discipulado
mesiánico trastoca y revoluciona los valores e intereses de los grupos de poder y hace una nueva propuesta de vida.
El significado de las palabras de Jesús acerca de hacerse como
niño, más que expresión de la inocencia, la pureza o la falta de pecado, tiene que ver con una realidad sociocultural de la época, es
decir, a la condición de quien, al no poder valerse por sí mismo,
pone toda su seguridad y confianza en su padre.
El tema del escándalo que trata aquí es frecuente en Mateo (cf.
5,29-30; 11,6; 13,41; 15,12; 17,27; 24,10; 26,31). En 18,5-11 el
evangelista se refiere a dos tipos de escándalo: el causado al prójimo
(vv. 6 y 7) y el que provoca una situación personal (vv. 8-9), como
en 5,29-30, y el que el individuo experimenta en sí mismo. Mientras
que en el primer caso el escándalo es una ocasión obstáculo para la
fe de los «pequeños» que se disponen a creer en Jesús, en el segundo se trata más bien de las acciones negativas que provocan el escándalo en la misma persona. Ambos tienen una relación directa
con el pecado (personal y comunitario) y deben ser evitados por la
comunidad de los discípulos de Jesús.
LOS NIÑOS
En la Palestina del s. I, como en el mundo antiguo en general,
el niño era un ser débil, sin voz, ni pretensiones, pues al no tener
posibilidades de ser tomado en cuenta, nada tiene que decir en la
sociedad y no le quedaba sino limitarse a obedecer órdenes. Al mismo tiempo el niño se caracteriza por tener su seguridad en su padre.
Por tanto, cuando Jesús apela al símbolo del niño, se refiere a alguien necesitado de ayuda, que más que dar espera recibir con alegría, con lo que exige a sus discípulos renunciar a cualquier pretensión ajena al Reino, que es ante todo servicio humilde, para abrirse
354
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
a él con disponibilidad y confiar en el Padre celestial. Así excluye
todo afán de grandeza, ajeno a la condición de genuino discípulo de
Jesús.
2. SI TU HERMANO PECA (18,15-17)
Otro criterio fundamental en la comunidad de los discípulos de
Jesús se encuentra en Mt 18,15-17. Presenta un dicho de Jesús, que
se encuentra de forma muy simple en Lc 17,3. Más que una norma
disciplinar estrictamente dicha, la instrucción del Maestro constituye aquí una línea de acción, que tiene como base o criterio la misericordia frente al hermano que ha incurrido en pecado.
Así pues, una consecuencia que se desprende de la preferencia
por los «pequeños» es la corresponsabilidad frente al hermano, de
modo especial ante quien se ha extraviado. Aunque aquí no se dice
que se trate necesariamente de uno de aquéllos, el contexto lo sugiere; aun así, puede ser aplicado a cualquier miembro de la comunidad.
La corrección fraterna debe ser hecha mediante un proceso continuo, que no encuentra límites propiamente tales: primero la amonestación a solas; si ésta no resulta y tomando en cuenta lo prescrito por
Dt 19,15, se hará mediante dos o tres testigos; mas si tampoco esto no
resulta, la comunidad será la encargada de dirimir la situación.
Esta manera de proceder pone de manifiesto por un lado la importancia relevante que la comunidad posee en el EvMt, a la que Jesús confiere la potestad de atar y desatar, la misma que ya antes había
recibido en la persona de Pedro (cf. 16,19) y que ahora él le ratifica;
por otro lado, presenta el modo de proceder insistente de Jesús para
rescatar al hermano extraviado, a pesar de los niveles de complicación a los que se va llegando, según la gravedad de los diversos casos.
El llamado a la tolerancia y a la corrección fraterna alcanza en el
EvMt niveles insospechados, porque si bien es cierto que la contumacia merece su castigo, éste no consiste en un rechazo total y absoluto. Si el pecador tampoco escucha a la comunidad, no todo está
perdido, hay que echar mano del recurso que tiene su base en una actitud fundamental de Jesús recurrente en el evangelio. No hay que
aplicar una expulsión sin más del seno de la comunidad, cerrando
toda relación entre los miembros. Tampoco se trata, por tanto, de
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
355
una «excomunión» propiamente dicha. Lo que sigue es la aplicación
del principio de la misericordia que Jesús tiene para con los paganos
(cf. 8,5-13; 9,18-26) y recaudadores de impuestos (cf. 9,9-13).
Así pues, los criterios normativos para la vida comunitaria de los
discípulos de Jesús son la tolerancia, la fraternidad y la misericordia,
de tal suerte que el interés por el extraviado no se pierde, aunque la
situación llegue a ciertos extremos que parecen insuperables, pues
la misericordia no puede encontrar límites en los que nada se pueda hacer todavía.
3. ¿NO DEBÍAS TÚ TAMBIÉN COMPADECERTE DE TU COMPAÑERO?
(18,23-35)
Después de la instrucción acerca de oración en común (18,1920), que constituye también un rasgo característico de la comunidad de los discípulos, continúa el tema sobre la misericordia y el
perdón con un amplio desarrollo, que parte de la pregunta de Pedro
(18,21-22) y se extiende a lo largo de la parábola del «siervo sin entrañas», exclusiva de Mateo (18,23-35). Ésta consta de varias escenas bien hilvanadas, que le otorgan gran colorido y viveza:
• El ajuste de cuentas de un rey con sus siervos, donde destaca
uno que debe una cantidad impresionante y que no tiene con
qué pagar (vv. 23-24);
• la reacción del rey ante la insolvencia del siervo (v. 25);
• la súplica de éste y la compasión de parte del primero, al perdonarle todo el monto de la deuda (vv. 26-27);
• la actitud malvada e incoherente del siervo recién perdonado
frente a su compañero que le debía poco, en comparación con
la deuda que su amo le acababa de perdonar (vv. 28-30);
• las reacciones de los otros siervos, que acusan a su compañero
incoherente (v. 31);
• la reacción del rey que enfurecido castiga a quien acababa de
perdonar (vv. 32-34);
• la conclusión de la parábola (v. 35).
La enseñanza es contundente. La composición a base de equiparaciones y contrastes otorga una gran fuerza a la enseñanza de la parábola:
356
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Rey → siervo;
siervo ↔ consiervo;
diez mil talentos ↔ cien denarios;
«ten paciencia conmigo que todo te lo pagaré»→
le dejó ir y le perdonó la deuda; ↔ «ten paciencia conmigo que todo te lo pagaré» → «lo echó
en la cárcel hasta que le pagara lo que debía».
Los contrastes son muy elocuentes: mientras la actitud del rey hacia el siervo deudor es de tolerancia y misericordia, la de éste hacia su
consiervo es de intolerancia y despotismo; mientras la cantidad de diez
mil talentos es exorbitante, la de cien denarios parece reducida a algo
insignificante; las palabras que solicitan indulgencia son exactamente
las mismas en ambos casos, pero mientras que las del primer caso encuentran respuesta favorable, las del segundo no son escuchadas.
Es muy difícil establecer una equivalencia precisa del monto total de la deuda del primer siervo al rey. En tiempos del NT un talento
generalmente era de plata, sólo pocas veces de oro, y ascendía a casi
35 kg de metal precioso. Los diez mil talentos mencionados en este
texto expresan una cifra exorbitante, destinada a contrastar con los
cien denarios, teniendo en cuenta que cada uno de estos últimos correspondía a su vez al jornal de un día. En realidad era casi imposible que alguien debiera pagar diez mil talentos.
La parábola funciona bien como conclusión de todas las instrucciones acerca de la vida comunitaria, en el capítulo 18. En ella aparece tres veces la mención del perdón (vv. 27.32.35; cf. v. 21), pero
más que de una teoría, se trata de una experiencia que tiene su raíz
en el perdón otorgado por Cristo y que lleva a los discípulos, en
consecuencia, a una actitud semejante.
V. CARACTERÍSTICAS Y EXIGENCIAS DEL DISCÍPULO
EN EL DISCURSO «APOCALÍPTICO» (MT 24,1–25,46)
Mt 24,1–25,46 constituye el último de los cinco discursos de Jesús en el EvMt, el llamado «apocalíptico» o «escatológico», el cual
toma como base el de Mc 13, pero con notables ampliaciones. Algunos detalles acusan un trasfondo tradicional inherente a su género, tales como persecuciones, calamidades, la «abominación de la
desolación» (cf. 24,15, en alusión a Dn 11,31) y de la venida del
Hijo del hombre (cf. 24,29-31). Todos ellos son temas clásicos de la
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
357
apocalíptica judía, sin embargo también tiene lugar una serie de elementos que son de inspiración específicamente cristiana (cf. 24,913: 25,31-46; etc.).
Un momento clave fue la guerra judía de los años 66-70, que
concluyó con la terrible destrucción de la ciudad de Jerusalén. Por
tanto, todo indica que cuando Mateo redactó su evangelio (alrededor del año 80 d.C.) muchos de los acontecimientos descritos ya habían sucedido. Con este discurso los lectores cristianos se sienten
motivados su esperanza, pero también interpelados a mantenerse firmes en su fe, con la convicción de que, a pesar de las innumerables
pruebas y dificultades, Dios hará triunfar a quienes se sostengan en
la fidelidad.
Llama la atención que sean los discípulos quienes dan ocasión
para el discurso:
Cuando salió Jesús del templo, caminaba, entonces se le acercaron sus
discípulos para mostrarle las construcciones del templo. Pero él respondió:
¿Ven todo esto? «Yo les aseguro: no quedará aquí piedra sobre piedra que no
sea destruida» (Mt 24,1-2).
Pero no sólo esto, sino que enseguida son nuevamente los discípulos quienes se acercan en privado a Jesús para decirle:
«Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será el signo de tu venida y del fin
del mundo» (Mt 24,3).
A partir de aquí tiene lugar el amplio e ininterrumpido desarrollo del discurso del Maestro.
Los temas del «discurso escatológico» o «apocalíptico» son: los
inicios de las penurias (24,4-14), la gran tribulación de Jerusalén
(24,15-25), la venida repentina del Hijo del hombre (24,26-28), la
resonancia cósmica (24,29-31), el ejemplo de la higuera (24,32-35)
y la invitación a estar alerta (24,36-44), ilustrada por las parábolas
del «mayordomo» (24,45-51), de las «diez vírgenes» (25,1-13) y de
«los talentos» (25,14-30). Éstos llegan a un punto culminante con
el pasaje de la venida del Hijo del hombre en su gloria al final de
los tiempos (25,31-46).
1. ENTRA EN EL GOZO DE TU SEÑOR (25,14-30)
La última parábola del EvMt (25,14-30), marcada por el contexto apocalíptico del discurso, insiste sobre todo en la responsabilidad
y en el esfuerzo de cada uno de los que reciben la encomienda de su
358
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
amo. La evaluación tiene que ver más con las actitudes que con las
cantidades inherentes a la producción. La parábola está compuesta
por dos partes fundamentales: las acciones de los siervos a quienes el
amo encomienda sus posesiones (25,14-18) y la rendición de cuentas, con sus consecuencias (25,19-30):
Encomienda y acciones
(25,14-18)
Rendición de cuentas y
consecuencias (25,19-30)
Es también como un hombre que,
al ausentarse, llamó a sus siervos y
les encomendó su hacienda: a uno
dio cinco talentos, a otro dos y a
otro uno, a cada cual según
su capacidad; y se ausentó.
Enseguida, el que había recibido
cinco talentos se puso a negociar
con ellos y ganó otros cinco.
Al cabo de mucho tiempo, vuelve
el señor de aquellos siervos y ajusta
cuentas con ellos.
Llegándose el que había recibido
cinco talentos, presentó otros cinco,
diciendo: «Señor, cinco talentos
me entregaste; aquí tienes otros
cinco que he ganado». Su señor le
dijo: «¡Bien, siervo bueno y fiel!;
en lo poco has sido fiel, al frente de
lo mucho te pondré; entra en el
gozo de tu señor.»
Igualmente el que había recibido
Llegándose también el de los dos
dos ganó otros dos.
talentos dijo: «Señor, dos talentos
me entregaste; aquí tienes otros dos
que he ganado».
Su señor le dijo: «¡Bien, siervo
bueno y fiel!; en lo poco has sido
fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.»
En cambio el que había recibido uno Llegándose también el que había
se fue, cavó un hoyo en tierra y
recibido un talento dijo: «Señor,
escondió el dinero de su señor.
sé que eres un hombre duro,
que cosechas donde no sembraste y
recoges donde no esparciste. Por
eso me dio miedo, y fui y escondí
en tierra tu talento. Mira, aquí
tienes lo que es tuyo».
Mas su señor le respondió: «Siervo
malo y perezoso, sabías que yo
cosecho donde no sembré y recojo
donde no esparcí; debías, pues, haber
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
359
entregado mi dinero a los banqueros,
y así, al volver yo, habría cobrado lo
mío con los intereses.
Quitadle, por tanto, su talento y
dádselo al que tiene los diez
talentos.
Porque a todo el que tiene,
se le dará y le sobrará; pero al que
no tiene, aun lo que tiene
se le quitará.
Y a ese siervo inútil, echadle
a las tinieblas de fuera. Allí será
el llanto y el rechinar de dientes».
El énfasis de la parábola está puesto en la segunda parte. La primera es bastante breve y concisa, elaborada a base de frases cortas,
que preparan su desarrollo, lo que evidencia el interés del evangelista: la rendición de cuentas y sus consecuencias. De hecho, las acciones de los siervos son descritas de manera muy austera, casi lapidaria.
Conforme al estilo de Mateo la parábola posee rasgos sorprendentes que llaman la atención de inmediato, de modo particular dos
aspectos muy significativos:
• Las cantidades en «talentos», en vez de las «minas» de Lc
19,12-27, para designar las posesiones del hombre que se ausenta, indica el alto grado de responsabilidad que tiene cada
miembro de la comunidad mesiánica en la producción, en
esta época de plenitud.
• Hay que notar que el acento de la recompensa para los dos primeros siervos en Mateo no recae, como en Lc 19,17.19, en adquirir una cantidad mayor de la administrada, gobernando ciudades, sino en la sentencia: «Entra en el gozo de tu Señor»
(25,21.23). Sustituye así la realidad profana por la religiosa y
entra de lleno en el ámbito de la comunión más que de la posesión misma. Se trata, en Mateo, de una comunión que corona la relación «amo-siervo». El caso contrario es la ruptura definitiva e irrevocable de esa relación. Así resulta claro por qué
el castigo del tercer siervo no consiste solamente, como en Lc
19,24, en quitarle lo que tenía, sino en ser «arrojado fuera», privado de toda posibilidad de comunión con el Señor.
360
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
La enseñanza encuentra repercusiones relevantes para los discípulos de Jesús. Se trata de una situación que evalúa la calidad de la
vida de cada uno de ellos, evaluación que entra en el orden de lo
cualitativo, por encima de lo cuantitativo, lo que es una constante
no sólo en el discurso, en cuyo contexto se encuentra la parábola,
sino a lo largo y ancho de todo el EvMt. Esta insistencia tiene que
ver directamente con la necesidad que tiene el discípulo de adecuar
la vida al tiempo de la plenitud de la «justicia» que ha venido a
«cumplir» el Mesías y Maestro.
2. VENGAN BENDITOS DE MI PADRE (25,31-46)
El texto que precede inmediatamente el relato de la pasión recapitula importantes rasgos de la exposición mateana, proyectándolos al juicio que vendrá al final de los tiempos. Mt 25,31-46 puede
ser considerado como una proyección futura de la vida presente,
donde el punto decisivo estriba en la evaluación cualitativa de una
realidad, que es en el fondo una manifestación y repercusión de la
relación misma con el Mesías.
Aunque los motivos apocalípticos suelen atraer la atención del
pasaje, sin embargo debemos subrayar que el interés del evangelista
se enfoca sobre todo hacia la significación central de la persona de
Jesús en la vida del discípulo. Por tanto, ese pasaje, más que describir un «juicio universal» propiamente dicho, dirigido a hombres y
mujeres de todos los tiempos y lugares, aunque no lo excluye del
todo, intenta, de modo particular, dar una instrucción específica a
los seguidores de Jesús. El juicio que tendrá como objeto primario la
comunidad mesiánica, no será en virtud de la observancia de determinados preceptos, ni a partir de ciertas enseñanzas doctrinales,
sino que deberá rendir cuentas de la autenticidad de la nueva vida
que el Hijo amado del Padre ha hecho posible y ha enseñado a vivir, en el sermón de la montaña.
Así pues, antes de comenzar el relato de la pasión, Mateo recapitula rasgos básicos de su evangelio y los proyecta hacia el juicio
último y definitivo. El punto decisivo está constituido por la evaluación cualitativa de la vida del discípulo, en la relación con sus
hermanos, donde se manifiesta la relación misma con Cristo y que
constituye la «justicia mayor» que lo debe caracterizar. Ofrece aquí
una instrucción sobre lo que hay que esperar del cristiano, toman-
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (II)
361
do en cuenta que en el juicio lo fundamental será la significación
central de la persona de Jesús, como criterio fundamental de todo el
actuar. Así pues, el «juicio» tendrá como objeto primario a la comunidad cristiana misma, como proyecto universal de Dios. El motivo será la autenticidad de la relación fraterna que debe normar el
tiempo de la plenitud.
En el juicio que se haga de la comunidad creada para ser el prototipo de la relación con Dios y con los hombres, quedará también
comprendida la totalidad de las naciones de todos los tiempos, que
encuentran su modelo y su recapitulación en esta comunidad mesiánica. Por tanto, es posible ver en los «más pequeños» –tema tanto preferido por Mateo–, ante todo a los miembros más desprotegidos y necesitados de la misma comunidad de discípulos.
RECAPITULACIÓN
Los cinco grandes discursos de Jesús en el EvMt representan espacios privilegiados para las instrucciones del Maestro a sus discípulos. Mientras que en el capítulo anterior nos enfocamos hacia el
primero y más significativo de ellos, el sermón de la montaña, en
éste nos hemos centrado en los cuatro restantes: el de la «misión y
el testimonio» (10,1–11,1), el «parabólico» (13,1-53), el «eclesial»
(17,22–18,35) y el «apocalíptico» (Mt 24,1–25,46). En todos ellos
aparece una serie características y exigencias para aquellos que decidan seguir a Jesús.
El envío de los discípulos se convierte en una especie de paradigma del envío permanente que recibe la comunidad mesiánica,
investida de poder, pero también expuesta al rechazo, por lo que la
suerte de los discípulos no puede ser diversa a la de su Maestro; en
varias ocasiones éstos aparecen en oposición a la muchedumbre que
no alcanza a comprender, como ocurre con el significado de las parábolas; pero la comunidad debe ser consciente de la necesidad de
coexistir con miembros «heterogéneos», mientras llega el momento final y definitivo; Jesús les instruye sobre todo acerca de cómo
debe ser su vida comunitaria, basada ante todo en la humildad, el
servicio y la fraternidad, con preferencia por los «pequeños», y les
advierte que es preciso mantenerse con firmeza en la fidelidad, hasta el fin.
362
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. El término «discípulo» en el EvMt posee un gran peso y una
muy destacada relevancia. ¿Cómo podríamos recuperar ese valor en
nuestra propia vida?
2. Los discípulos están llamados a tener una mayor cercanía con
Jesús, pero también están más «obligados» a comprender los misterios
del Reino, para lo cual su fe tiene que ser probada. ¿Podemos identificarnos con este rasgo de los primeros discípulos del Señor?
3. El discurso «eclesial» pone de manifiesto, de manera particular,
tres notas distintivas de los discípulos de Jesús: la humildad, la fraternidad y el servicio. ¿Cómo valoramos y vivimos esas características
esenciales? ¿De qué forma podemos redimensionar nuestras estructuras eclesiales actuales dentro de esa gran directriz dada por el Señor a
sus seguidores?
4. El discurso «escatológico» es una especie de proyección futura
de la vida presente, donde el punto decisivo estriba en la evaluación
cualitativa de la relación con el prójimo que en el fondo es una manifestación y repercusión de la relación misma con Cristo. ¿Estamos preparados para ésta?
CAPÍTULO VII
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA
DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
Este tercero y último capítulo dedicado al tema del discipulado en
el EvMt vamos a enfocarlo hacia algunas secciones narrativas. Aunque éstas no revisten la importancia de los grandes discursos para el
discipulado mesiánico, sin embargo también ofrecen elementos significativos que ayudan a completar el perfil de los seguidores de Jesús.
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE LOS PASAJES
ACERCA DE LOS DISCÍPULOS
Abordamos básicamente los episodios donde aparecen los discípulos en las cinco secciones narrativas del EvMt:
• La sección narrativa de los milagros (8,1–9,38)
• La sección narrativa entre el discurso de la misión y el discurso parabólico (11,2–12,50)
• La sección narrativa entre el discurso parabólico y el discurso
eclesial (14,1–17,21)
• La sección narrativa entre el discurso eclesial y el discurso escatológico (19,1–23,39)
• El relato de la pasión y de la resurrección (26,2–28,20)
II. LA SECCIÓN NARRATIVA DE LOS MILAGROS
(MT 8,1–9,38)
Una vez concluido el sermón de la montaña, Mateo presenta una
serie de diez milagros, iniciando con cuatro curaciones: de un lepro-
364
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
so (8,1-4), del criado del centurión (8,5-13), de la suegra de Pedro
(8,14-15) y otras numerosas curaciones (8,16-17); después de la tempestad calmada (8,23-27) y la liberación de los endemoniados gadarenos (8,28-34), narra otros tres milagros de curación: de un paralítico (9,1-8), de la hemorroisa (9,20-22) y del endemoniado mudo
(9,32-34), así como el milagro de la resurrección de la hija de Jairo
(9,18-19.23-26).
Lo llamativo en esta sección es que el EvMt interrumpe la narración de los milagros para introducir dos pasajes que tratan de la
vocación para ser discípulo de Jesús (8,18-22).
Aquí tiene lugar uno de los pasajes donde aparece con mayor énfasis la radicalidad en el seguimiento del Señor (8,18-22).
En Mt 9,10-13, enseguida del llamado de Mateo y de la respuesta pronta de éste para seguir a Jesús, el evangelista presenta la comida de Jesús en la casa de su nuevo discípulo, junto con los demás
y con publicanos y pecadores. Los fariseos no interrogan en forma
directa al Maestro, sino que formulan la pregunta a los discípulos:
¿Por qué el maestro de ustedes come con publicanos y pecadores? (9,11).
Pero hay que notar también que no son éstos los que responden,
sino que es el mismo Jesús quien se adelanta a hacerlo (cf. Lc 5,29-32).
Es también aquí donde Mateo menciona a los discípulos del
Bautista (cf. 9,14). Lo que llama la atención en este relato es que
son los discípulos de Juan quienes se acercan a preguntar directamente al Señor, algo que no ocurre así en Lc 5,33, donde la referencia a ellos es hecha de manera indirecta. Una vez más aparece el
interés mateano por destacar la relación cercana entre Juan, por
medio de sus discípulos, y Jesús.
1. SÍGUEME, Y DEJA QUE LOS MUERTOS ENTIERREN A SUS MUERTOS
(8,18-22)
Otro pasaje muy significativo para la comprensión del discipulado vuelve a aparecer en Mt 8,20-21, donde Jesús, en dos casos paralelos, reclama seguimiento radical. Aunque el episodio aparece
también en Lc 9,57-60 –incluso más amplio–, sin embargo este último nunca utiliza el término «discípulo».
Después de la narración de los tres primeros milagros que tienen
lugar en esta sección, el EvMt se enfoca hacia el seguimiento del
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
365
Mesías con toda su radicalidad y consecuencias. Que en el primer
caso se trate de un escriba o maestro de la ley tiene relevancia especial y serias repercusiones en este evangelio. Aquí, como en 13,52
y 23,34, el título no tiene connotaciones negativas, sino que se trata de una personalidad importante del judaísmo que quiere convertirse en discípulo del Mesías Jesús de Nazaret. Este hecho hace destacar con mayor fuerza la autoridad del Señor como verdadero y
legítimo Maestro de Israel y quien posee toda la potestad para convocar y requerir. Con la autoridad que su condición mesiánica le
confiere, puede exigir una respuesta radical a quienes llama y aceptan su invitación. La opción no es fácil, pues se trata de adoptar el
mismo estilo de vida del Maestro.
Dos expresiones en labios de Jesús son elocuentes y expresan con
contundencia la radicalidad de su llamada, en dos direcciones diferentes; mientras que en el segundo se trata de una exigencia directa a quien es llamado, el primero expresa el reclamo de manera indirecta para que el discípulo asuma la condición del que lo llama:
• Al escriba le responde: Las zorras tienen guaridas, y las aves del
cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (8,20).
• Al otro, al que solicita enterrar primero a su padre, le contesta: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos
(8,21).
El primero de los dichos pone de relieve la condición de Jesús. En
contraste con los animales del campo, las zorras y los pájaros, habla
de sí mismo como el «Hijo del hombre», con su doble connotación:
un ser humano (bar nash en arameo significa «hombre»), por este
mismo hecho, superior a los animales; pero sobre todo el título «Hijo
del hombre» con el sentido escatológico «daniélico» (cf. Dn 7,13-14)
es el juez del mundo venidero. En virtud de este último significado, el
contraste adquiere una fuerza descomunal: hasta los animales silvestres tienen lo que no tiene el juez del mundo. La consecuencia es que
cualquiera que desee convertirse en discípulo suyo debe asumir este
mismo estilo de vida. El escriba, conocedor del trasfondo bíblico que
tiene el título «Hijo de hombre», está en posibilidad de descubrir los
alcances de una sentencia en tales términos.
La segunda sentencia es todavía más contundente, aunque también un poco enigmática. Es difícil explicar con exactitud el sentido que tiene la expresión «que los muertos entierren a sus muertos».
366
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Aunque las interpretaciones son variadas al respecto, se pueden
clasificar en dos grandes direcciones:
• Desde el punto de vista espiritual: se puede aplicar a los que
no han encontrado la vida en el Reino. Éstos están privados
de la vida verdadera que da la adhesión a Dios y a su reinado
mesiánico.
• Partiendo de una comprensión más literal, la que es también más probable, se refiere a los muertos físicamente hablando. En el marco de la piedad judía el respeto a los difuntos era una praxis muy estimada, asociada al quinto
mandamiento del Decálogo. Enterrarlos llegó a ser una acción piadosa (cf. Tob 1,17-19), sobre todo tratándose de los
padres (cf. Tob 4,3-4). Es posible que la frase original en
arameo haya podido ser: «deja que los enterradores entierren a sus muertos».
De cualquier modo, la exigencia de Jesús es demasiado fuerte,
pero pone en evidencia la urgencia mayor que posee el llamado del
Maestro y la respuesta del discípulo, por encima de cualquier circunstancia.
AL SEPULTAR UN DIFUNTO, SEGÚN LA MISHNÁ
Aquel cuyo familiar difunto yace todavía en su presencia está excusado
de la recitación del Oye Israel, de la tefilá y de las filacterias. Los que llevan el féretro, los que los sustituyen y los sustitutos de éstos, los que van delante del féretro y los que van detrás, en tanto que sean necesarios (para su
transporte), están dispensados, mientras que los que no son necesarios están obligados. Tanto unos como otros están eximidos de la recitación de la
tefilá.
Una vez que han enterrado al muerto y han vuelto, si pueden comenzar la recitación y terminarla antes de llegar a la fila, la comienzan; si no
pueden, no la comienzan (Berak 3,1).
Se puede sugerir entonces que Mateo ha querido presentar una
conexión directa y estrecha entre el discipulado de Jesús y su consecuente seguimiento radical. Inmediatamente señala que subió a la
barca y sus discípulos le siguieron (8,23), lo que enfatiza todavía más
la conexión antes señalada.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
367
III. LA SECCIÓN NARRATIVA ENTRE EL DISCURSO
DE LA MISIÓN Y EL PARABÓLICO
(MT 11,2–12,50)
Terminado el discurso de la «misión» y antes del «parabólico»,
el EvMt menciona explícitamente a los discípulos de Jesús en tres
ocasiones (12,1.2.49), además de la alusión a los de Juan el Bautista (11,2).
1. TUS DISCÍPULOS HACEN LO QUE NO ES LÍCITO HACER EN SÁBADO
(12,1-8)
El c. 11 del EvMt concluye con una invitación que el mismo Jesús hace a todos los que se encuentran «fatigados y doblegados por
el peso de las cargas», para que se acerquen a él, quien les puede dar
descanso, con un «yugo suave» y una «carga ligera» (vv. 28-29), en
continuidad con el tono de 11,25-27 (el Evangelio revelado a los
pequeños) y en contraste con 11,20-24 (la maldición contra las ciudades incrédulas e impenitentes).
El contraste reaparece de nuevo con los episodios subsiguientes,
ya que se trata de polémicas relacionadas con diversos temas controversiales. La primera de éstas versa acerca de un tema bastante
delicado: el quebrantamiento del reposo sabático.
Esta primera discusión, con la que le sigue (12,9-14), posee
grandes consecuencias para lo que sigue en la narración mateana,
ya que el sábado ha representado siempre una de las más importantes instituciones de Israel, pues, como la circuncisión, era considerado un signo de la alianza. La acusación a los discípulos no es
de robo, sino de infringir la reglamentación sabática, ya que aunque «arrancar espigas» no estaba contemplado explícitamente en
la legislación, esto podía equipararse a «moler y aventar trigo», o
también a «recoger hierba», o incluso a «podar» una planta, que
sí figuraban entre los trabajos prohibidos en el día sagrado. La respuesta de Jesús no constituye sólo una defensa de los suyos, sino
una nueva manera de entender y redimensionar esta institución.
Partiendo de una acción de David y de las Escrituras mismas, demuestra cómo el sábado está en función de las personas, que lo
fundamental es la misericordia y que el Hijo de Dios es dueño del
sábado.
368
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
EL PRECEPTO DEL SÁBADO
El sábado representaba un día muy importante de la semana en el
que había que descansar, después de seis días de trabajo (cf. Ex 28,811; Dt 5,12-15; Ex 31,12-17; 35,1-3; Lv 23,3). La observancia del precepto semanal es propio de Israel. Asiria, Babilonia y Ugarit tenían su
reposo mensual, durante la fiesta de la luna llena, considerado como
día propicio para las celebraciones cultuales; reservaban además otras
fechas, consideradas nefastas, unidas a ciertas prohibiciones. Todo parece indicar que se trata de una institución primitiva de Israel, que se
remonta a los orígenes del yahvismo, aunque resulta claro que alcanzó mayor importancia en la época posexílica. De hecho todas las legislaciones, desde las más antiguas a las más recientes, lo mencionan
unánimemente como el día séptimo en que se descansa después de seis
días de trabajo. A la formulación primitiva del decálogo «no trabajarás el día del sábado», se fueron añadiendo diversos motivos: humanitarios (cf. Ex 23,12; Dt 5,14), celebración del éxodo (cf. Dt 5,15), incluyendo el ejemplo del Creador mismo (cf. Ex 20,11, en relación
directa con Gn 1,1-24a). Fue en el exilio cuando el sábado alcanzó
toda su importancia, convirtiéndose, lo mismo que la circuncisión, en
la señal distintiva del pueblo elegido. Por estas razones, la violación
del precepto sabático era vista, de modo particular por algunos grupos
de rigurosa observancia, como una falta muy grave.
Es preciso notar cómo el pasaje polémico de las espigas arrancadas en sábado tiene lugar en virtud de una acción de los discípulos,
pues fueron éstos los que sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas (12,1), por lo que los fariseos reprochan a Jesús:
Tus discípulos hacen lo que no está permitido hacer en sábado (12,2). Si
leemos con atención el pasaje paralelo en Lc 6,2, en este último el
reclamo es hecho directamente a ellos. Es entonces cuando Jesús
aprovecha para dar la enseñanza acerca del verdadero sentido de la
observancia del sábado.
Aunque la finalidad primordial del texto es precisamente presentar la enseñanza acerca del sentido genuino del sábado, porque
incluso no se les acusa de robo, sino de hacer algo prohibido en ese
día sagrado, sin embargo es notable que todo parte de una acción
efectuada por los discípulos. Su presencia y lo que realizan es la ocasión para una instrucción de grandes alcances para la comunidad judeocristiana de Mateo.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
369
TRES PRESCRIPCIONES EN EL TRATADO SHABBAT DE LA MISHNÁ
El que ara en cualquier medida, el que tala o el que corta o el que poda
en cualquier cantidad es culpable. El que recoge leña, en cualquier cantidad, para ponerla en orden es culpable; si es para quemar, lo necesario para
cocer un pequeño huevo. El que recoge hierba, en cualquier cantidad para
mejorar el suelo es culpable; si es para el ganado, lo que basta para llenar
las fauces de un cabrito (Shabb 12,2).
Se puede limpiar la cuadra del buey cebado y apartar hacia los lados el
forraje a causa de los excrementos. Ésta es la opinión de R. Dosa. Los sabios lo prohíben. Está permitido quitar el forraje delante de unos animales y
colocarlos delante de otros el día sábado (Shabb 20,4).
Se pueden desatar haces de paja delante del ganado y esparcir la hierba,
pero no si están fuertemente atados. No se debe desmenuzar el heno ni la
algarroba ante el ganado, ya sea mayor o menor. R. Yehudá lo permitía en
el ganado menor en relación con la algarroba (Shabb 24,2).
2. ÉSTOS SON MI MADRE Y MIS HERMANOS (12,46-50)
A pesar de que no parece tan relevante el tema del discipulado
en esta sección narrativa, sin embargo llama la atención el episodio
elegido por Mateo para concluir, que trae a colación a propósito del
parentesco con Jesús. El discipulado queda asociado a este verdadero parentesco de Jesús (12,49). Quienes se adhieren al Mesías pasan
a formar su verdadera familia escatológica.
El episodio concuerda en lo esencial con sus paralelos (Mc 3,3135 y Lc 8,19-21), pero uno de los datos más característicos de la impronta mateana es la mención explícita de los mathetai («discípulos») (v. 49). Éstos son reconocidos como la «verdadera familia» de
Jesús, «su madre y sus hermanos».
Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus
hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. → Alguien le dijo:
«¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte». ↔
Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis
hermanos?» → Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos
son mi madre y mis hermanos. → Pues todo el que cumpla la voluntad de
mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».
El texto está dominado por la cuádruple repetición del binomio:
«madre-hermanos», pero con dos connotaciones diversas. En la pri-
370
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
mera parte (vv. 46-47) se menciona dos veces y se trata de su familia natural: su madre y sus demás familiares («hermanos» en el mundo semítico puede abarcar a los parientes cercanos o incluso lejanos) que lo buscan; en la segunda parte (vv. 48-50), se vuelve a
mencionar otras dos veces, pero ahora se refiere a los discípulos,
quienes son identificados como quienes cumplen la voluntad del
Padre.
La respuesta a quienes le informan que sus familiares le están
buscando es severa y cortante (12,49). Es muy notable que sólo Mateo haga mención explícita de los «discípulos» (cf. Mc 3,35; Lc
8,21), quienes desde 12,2 no habían vuelto a ser mencionados y en
realidad no aparecían como actores en el texto.
Los discípulos son mencionados con un gesto: Jesús extiende la
mano. Este ademán puede tener muchas connotaciones: necesidad
de ayuda (cf. Mt 12,13), hostilidad (cf. Mt 26,51), benevolencia
(cf. Gn 48,14), etc. En Mt 8,3 significó la disposición amorosa y eficiente de Jesús hacia el enfermo, y en Mt 14,31, el poder protector
del Señor hacia Pedro, quien se estaba hundiendo. Por esto, en el
presente pasaje difícilmente se trataría de un simple señalamiento
de los discípulos para denotar su ubicación, sino que más bien sugiere que ellos están bajo la protección de su Maestro.
Al mismo tiempo, el texto viene a reiterar y reforzar el tema de
la fraternidad que caracteriza las relaciones entre Jesús y los suyos.
Éstos constituyen la nueva familia, cuyo parentesco se funda ya no
en los lazos de la sangre, sino en un vínculo todavía más fuerte: el
cumplimiento de la voluntad del Padre (cf. Mt 12,50), un tema fundamental en el EvMt, como aparece también en otros pasajes de
gran relevancia y con repercusiones importantes para el resto de la
narración evangélica (6,10; 7,21; 18,14; 21,28-32; 26,42).
IV. LA SECCIÓN NARRATIVA ENTRE EL DISCURSO
PARABÓLICO Y EL DISCURSO ECLESIAL (MT 14,1–17,21)
La Biblia de Jerusalén da a esta sección el título de «La Iglesia,
primicias del Reino de los Cielos», la misma que considera desde Mt
13,53 hasta 18,1-35, incluyendo, por tanto, el discurso eclesial propiamente dicho (cf. 17,22–18,35). Los temas de esta parte del EvMt
tienen que ver de manera directa con la comunidad de los creyentes
en Jesús. Por esta razón la presencia de los discípulos es recurrente y
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
371
notoria, lo que aparece ya en la misma terminología. En efecto,
el término «discípulo» aparece en 14,12.15.19 (dos veces) 22.26;
15,2.12.23.32.33.36 (dos veces); 16,5.13.21.24; 17,6.10.13.16.19.
Esta incidencia ya pone de manifiesto la relevancia que tienen los
seguidores de Jesús.
1. DENLES USTEDES DE COMER (14,13-21)
En 13,54 Mateo presenta a Jesús volviendo a Nazaret, su patria,
y enseñando allí. Sus discípulos no aparecen en escena, sino hasta
14,15, en el primer relato de la multiplicación de los panes (cf.
14,15-21).
Son precisamente los discípulos quienes sugieren a Jesús que despida a las personas para que vayan a buscar algo de comer. La propuesta parece razonable, ya que la tarde estaba cayendo, sin embargo Jesús pone de manifiesto su potestad soberana, por lo que manda
a los discípulos lo que aparentemente es imposible, pero él sabe lo
que hace. Les ordena que sean ellos quienes les den de comer.
Es notable que Mateo elimine la respuesta «casi impertinente»
de los discípulos que tiene lugar en Mc 6,37, pues los doscientos denarios de los que se habla aquí representan una cantidad impensable para llevar en ese momento. Mateo sólo habla de los cinco panes y los dos peces. De este modo la imagen de ellos aparece en este
evangelio como más positiva y con una mejor comprensión.
Los discípulos intervienen de manera directa en la acción de alimentar a la gente en dos momentos del relato:
• La orden de Jesús en Mt 14,16 es dirigida de manera directa a
los discípulos: ... denles ustedes de comer. Desde el principio
ellos son señalados como los encargados de ejecutar la acción
en beneficio de la multitud. El Señor va a realizar el milagro
de la multiplicación de los panes y de los peces, pero ellos serán los responsables de que el alimento llegue a las personas.
• En 14,19, presenta a los discípulos como los mediadores efectivos en la acción de alimentar a la gente: ... dio los panes a los discípulos y los discípulos a la gente. El autor del milagro no distribuye directamente los panes y peces multiplicados a la multitud,
pues de esto se encargan sus seguidores, de tal suerte que éstos
aparecen como agentes importantes en la realización del portento.
372
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Aunque resultaría arriesgado sacar otras consecuencias del texto
que narra la multiplicación de los panes y de los peces, el rol de mediación que tienen los discípulos en esta acción de Jesús es bastante claro. No parece que sea fortuita la doble mención de ellos, por
el contrario, el EvMt enfatiza la importancia que tienen los seguidores del Mesías.
Al iniciar el siguiente pasaje, el del camino de Jesús sobre las
aguas, Mt 14,22 va a afirmar que Jesús «obligó» a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante a la otra orilla, mientras él despedía
a la gente. Esta acción obligada parece responder al intento de «separarlos» o, más bien, «distinguirlos» de la multitud, ya que ellos están llamados a tener una mayor cercanía con él y también están más
obligados a comprender los misterios del Reino.
Antes de la segunda multiplicación de los panes, Jesús va a llamar a sus discípulos para expresarles su compasión por la gente, que
durante tres días permanece con él y ya no tiene de comer (cf.
15,32). Son de nuevo ellos quienes intervienen, pero esta vez, en lugar de solicitar al Señor que despida a la gente (cf. 14,15), le plantean la pregunta acerca de cómo conseguir pan suficiente para todos (cf. 15,33). Aunque existen algunas variantes con el primer
relato, el desarrollo es más o menos similar. Son también los discípulos los encargados de distribuir la comida multiplicada a la gente
(cf. 15,36).
2. TUS DISCÍPULOS NO OBSERVAN LA TRADICIÓN (15,1-9)
Como en Mt 12,1, de nuevo vuelven a aparecer los discípulos de
Jesús como el motivo de la discusión (Mt 15,2; cf. Mc 7,2). El tema
versa ahora sobre las tradiciones farisaicas.
En la acusación de los fariseos y de los maestros de la Ley y en la
respuesta de Jesús aparecen temas que interesan mucho a la comunidad judeocristiana de Mateo. El hecho de que los adversarios vengan de Jerusalén, presagia la inminente pasión del Señor. Evitando
las explicaciones de Marcos, superfluas en este caso, el texto aborda de manera directa la cuestión crucial, como aparece ya desde el
v. 3: el modo como los fariseos aplican las tradiciones contradice en
el fondo e invalida el mandamiento de Dios.
El cuestionamiento que recibe el Señor es: ¿Cómo es que tus discípulos no observan la tradición de los antepasados?... El lazo de unión
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
373
de este texto con los precedentes salta a la vista: una vez más el punto de partida es un comportamiento de los seguidores de Jesús (cf.
15,2), lo mismo que cuando él multiplicó los panes (cf. 14,15) y
cuando caminó sobre las aguas (cf. 14,22-23). Es Cristo quien está
en el centro del relato, pero para responder a una cuestión que parte de los discípulos. Aquí adquiere un significado particular esta
parte del evangelio, que desemboca en la gran instrucción de Jesús
a sus discípulos en el c. 18.
Los escribas y fariseos acusan a los discípulos de menospreciar la
tradición de los antepasados. Se trata de las leyes de una cierta tradición que grupos piadosos impusieron al pueblo, pero que no pertenecen a las prescripciones rituales que aparecen en los textos bíblicos, como el lavado de las manos antes de comer. Jesús no sólo
las ubica en el plano meramente humano, sino que llega a mirarlas
como contrarias a los genuinos mandamientos de Dios, por lo que
los discípulos no incurren en falta alguna.
El EvMt evidencia la necesidad de entender el sentido auténtico de las tradiciones para dar el justo valor a todo. Jesús no las descalifica, sino que las dimensiona desde la perspectiva genuina y original de Dios y desde la interioridad más profunda de cada persona.
Después de la instrucción acerca del valor de las tradiciones mencionadas, son nuevamente los discípulos quienes se acercan al Maestro para informarle de que los fariseos se han escandalizado al oír sus
palabras (cf. 15,12), lo que vuelve a dar pie para que él continúe las
restantes instrucciones (cf. 15,13-20).
3. ¡TÚ ERES EL CRISTO! – ¡TÚ ERES PEDRO! (16,13-20)
Es indudable que la profesión de fe que hace Pedro (Mt 16,1320) juega un papel relevante en todo el relato evangélico. Mateo y
Lucas han tomado esencialmente el pasaje de Mc 8,27-30, donde
aparece con mayor claridad la relevancia del mismo –el corazón del
evangelio–. Por primera vez Jesús interroga directamente a sus discípulos acerca de su propia persona, y Pedro confiesa explícitamente la dignidad mesiánica del Maestro. Pero también, por primera
vez, Jesús anuncia sus sufrimientos y su resurrección.
La perícopa está elaborada de manera concéntrica, siendo el núcleo precisamente la respuesta de Simón que confiesa a Jesús como
el Cristo.
374
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
1. Hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el
Hijo del hombre?»
2. Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros,
que Jeremías o uno de los profetas».
3. Él les dice: «Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?»
Simón Pedro contestó: «TÚ ERES EL CRISTO,
EL HIJO DE DIOS VIVO».
1. Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás,
porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que
está en los cielos.
2. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
3. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la
tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra
quedará desatado en los cielos».
Entonces mandó a sus discípulos
que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
Jesús llega a la región de Cesarea de Filipo, muy al norte de Israel,
cerca de las fuentes del Jordán, y allí pregunta a sus discípulos por lo
que la gente piensa acerca de él. Éstos le refieren la diversidad de opiniones, las cuales, aunque lo vinculan siempre con la historia de Israel, están equivocadas, pues aunque aciertan al tener a Jesús por un
enviado de Dios, fallan al desconocer el carácter decisivo de su misión. Inmediatamente Jesús pregunta a sus discípulos por su opinión
personal: ¿Quién dicen ellos que es él? Jesús no pregunta a sus discípulos por su identidad esencial, sino por su misión histórica, en relación con Dios y con su pueblo.
Como en 15,15, Simón se convierte en portavoz de todos los restantes discípulos, pero su respuesta posee al mismo tiempo un carácter personal, por el cual será alabado por Jesús. A la respuesta de
Pedro en Mc 8,29: ¡Tú eres el Cristo!, Mt 16,16 añade el Hijo de Dios
vivo. Esta adición ayuda a entender al Mesías Jesús como quien viene del Padre para juzgar y salvar a su pueblo, tal como es el sentido
de la expresión «Dios vivo» en el Antiguo Testamento, es decir, el
Dios real que actúa en la historia (cf. Dt 5,26; Sal 84,3; Jr 5,2), en
oposición a la impotencia de los ídolos paganos inertes, es decir, sin
vida.
La felicitación dirigida personalmente a Pedro indica que este
discípulo está en el centro de la atención y que él tiene una clara
prioridad. De hecho la respuesta de Jesús establece una correspon-
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
375
dencia precisa con la del mismo apóstol: Tú eres el Cristo ↔ tú eres
Pedro.
Aunque los personajes relevantes son Jesús y Pedro, es preciso
recordar que, no sólo éste, sino todos los discípulos fueron felicitados ya antes, en 13,16-17, por el mismo Jesús. Y la idea de que no
son los humanos, sino el Padre celestial el que revela al Hijo, ya ha
aparecido en 11,25-30, en términos que incluyen a todos los discípulos. Al final, Jesús les ordena guardar silencio, de modo que su
condición mesiánica no sea mal comprendida (cf. 16,20), como le
sucede al mismo Pedro, quien a pesar de haber sido el primero en
reconocer a Jesús, y felicitado por esto, sin embargo por su incorrecta interpretación se hace merecedor de un reproche demasiado
enérgico (cf. 16,23).
Inmediatamente después de la orden para guardar el «secreto
mesiánico», que convierte a los discípulos en confidentes de un saber especial vedado al pueblo, Jesús hace el primer anuncio de su
pasión y resurrección. Profundiza ahora en la enseñanza destinada a
sus discípulos. El anuncio es inequívoco, ya no misterioso como en
12,40, pero vale sólo para ellos. Mt 16,21 dice expresamente:
Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía
ir a Jerusalén y sufrir por causa de los ancianos, los sumos sacerdotes y los
escribas...
Como aparece en el texto, el anuncio es hecho expresamente a
ellos. Mientras que en Mc 8,3 Jesús les «enseña», en Mateo, «muestra» o «demuestra» a sus discípulos la necesidad de ir a Jerusalén para
sufrir, morir y resucitar. El verbo deikny´ein aquí es más enfático y directo, denotando con mayor fuerza lo insoslayable de dicha misión.
Una consecuencia inmediata y necesaria del anuncio de la pasión tiene lugar para el discipulado. Ya que el Maestro tiene que ir
a Jerusalén para sufrir, entonces el que quiera acompañarlo, debe
negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle (cf. Mt 16,24; cf. 10,3839). En otras palabras, la pasión de Jesús y el seguimiento de los discípulos se implican de forma muy directa. Ya el evangelio de Marcos enseña que la comprensión real de Jesús sólo es posible en el
seguimiento doloroso (cf. Mc 8,31-34; 9,30-37; 10,32-45). Mateo
adopta esta enseñanza y enfatiza que el simple hecho de llamar
«¡Señor, Señor!» a Jesús no sirve de nada, si no se hace la voluntad
del Padre celestial, y en 13,19-23 hacía notar que «entender» significa «producir fruto». El discípulo debe tener muy clara esta implicación, ya enunciada en Mt 10,38-39, al final del discurso «de la
376
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
misión y del testimonio», como algo esencial en el seguimiento de
Maestro.
Ahora queda más claro que lo dicho en 10,38-39 parte desde el
testimonio mismo de Cristo. No se trata de rechazar el ideal de vida
que hace consistir la felicidad del hombre en la liberación de todo sufrimiento para sustituirlo por la adicción al mismo sufrimiento o por
la ascesis; se trata de la entrega de los discípulos a Cristo, una entrega que cuesta lo suyo. También está claro que tal sufrimiento no es un
aguante pasivo, sino una forma de vida activa. Es el sufrimiento que
tiene como causa a Jesús. «Llevar la cruz» significa orientarse en Jesús como modelo de vida y saber que el apoyo viene del Señor que fue
exaltado por Dios. El seguimiento comienza con la invitación a la negación propia. Negarse a sí mismo significa una opción deliberada: la
renuncia a los propios intereses vitales en la entrega a Cristo.
En el pasaje de la transfiguración (Mt 17,1-8), el término «discípulos» (v. 6) se aplica a tres de ellos, Pedro, Santiago y Juan, quienes acompañan a Jesús a la montaña y son testigos del prodigioso
acontecimiento. En esta narración de Mateo destacan varios puntos, entre los cuales está el de la perspectiva de los discípulos –los
mismos tres que en 26,37 lo acompañarán en la agonía de Jesús, en
Getsemaní, donde también tales discípulos estarán desconcertados–. Pedro es otra vez portavoz. Asombrado por la visión de los
personajes celestiales, propone construir tres chozas. Pero antes de
que termine de hablar, una nube luminosa los cubre con su sombra,
de la que sale la voz celestial, que recuerda el pasaje del bautismo
(cf. 3,17). El efecto es que los discípulos caen rostro en tierra, llenos de temor.
Todo ello no resulta extraño si se interpreta desde el punto de
vista de las teofanías del AT, como una revelación especial de Dios
que hace descubrir la verdad acerca de Jesús. El temor de quien recibe dicha revelación forma parte de la teofanía (cf. Dn 8,16-17;
10,9-19). Sin embargo ahora no es un ángel el que se acerca para
confortar a los discípulos que sufren el temor por haber experimentado el encuentro con lo divino, sino el compartir la suerte del mismo Hijo de Dios. Ya no se trata del Jesús transformado en ser celestial, sino al que pueden ver en su figura humana. Igual que en otras
ocasiones, Jesús les prohíbe que cuenten acerca de la visión,
hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos (Mt 17,9).
La presencia de Elías en la visión da pie para que los discípulos,
ya no especifica quiénes, pregunten a Jesús acerca de la venida de
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
377
ese personaje (17,9-13). Lo más destacado aquí es la alusión a la
«comprensión» precisamente de los discípulos (17,13), quienes
concluyen que la afirmación de Jesús acerca de que Elías ya ha venido se refiere a Juan el Bautista.
En contraste con el pasaje anterior, Mt 17,14-21 presenta una
escena donde los discípulos aparecen con una imagen más bien negativa. Ellos no han podido curar a un enfermo epiléptico. Los tres
evangelios sinópticos colocan este relato inmediatamente después
de la transfiguración, aunque Marcos y Mateo intercalan el diálogo acerca de la venida de Elías. En la estructura de este último, la
unión entre la transfiguración y la curación se encuentra en que no
terminan de creer en el poder y gloria de Jesús. Se trata del tema de
la fe insuficiente que también tiene lugar con frecuencia en el evangelio, pero aunque Mateo omite varios detalles de la narración de
Marcos, llama la atención que conserva el dato del v. 17: generación
incrédula y perversa. ¿A quién se refiere este calificativo poco halagador? Desde el contexto próximo habría que pensar en los discípulos, sobre todo porque se acaba de hablar de su incapacidad para curar al enfermo.
Sin embargo Mateo jamás designa a sus discípulos como «esta
generación» y tampoco habla de su «incredulidad», aunque sí de su
«poca fe». Además, el término «generación» se aplica siempre a con
sentido generalizador y no a unas cuantas personas. Así pues, a pesar de que la queja de Jesús afecta a sus discípulos de manera directa, parece ir dirigida más bien hacia todo el pueblo. Esto quizá no
cuadra tan bien en el contexto inmediato, pero sí en el conjunto
global del evangelio y sus advertencias a Israel, por su incredulidad
en general.
De cualquier modo, la pregunta de los discípulos y la consecuente respuesta de Jesús en Mt 17,19-20 tiene serias consecuencias para la enseñanza acerca del discipulado. Jesús había confiado a los suyos, entre otras cosas, la facultad y misión de curar a
los enfermos y expulsar demonios (cf. Mt 10,1.8), pero cuando
esto no llega a cumplirse, para Mateo existe una explicación, la
insuficiencia de la fe. Tal situación, como en 6,30; 8,26; 14,31 y
16,8, no indica una carencia absoluta de la fe, sino la imperfección, es decir, la deficiente confianza en Dios y en Jesús. Esto,
sin embargo, constituye parte del proceso de formación de los
discípulos, quienes aunque «comprenden», necesitan crecer en
su fe.
378
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
V. LA SECCIÓN NARRATIVA ENTRE EL DISCURSO
ECLESIAL Y EL DISCURSO ESCATOLÓGICO
(MT 19,1–23,39)
En esta sección la imagen de los discípulos es más bien negativa,
pero el EvMt sabe aprovechar incluso estas carencias para abrir paso
a enseñanzas profundas.
Inmediatamente después de la instrucción sobre el matrimonio
y el divorcio (cf. Mt 19,3-9) los discípulos se aproximan a Jesús para
hacer un comentario poco acertado acerca de la enseñanza (19,10);
esto pone de manifiesto la insuficiencia en su comprensión (v. 11)
y deja ver que el proceso de formación debe continuar aún. Son
también los discípulos quienes impiden que los niños se acerquen a
Jesús (cf. 19,13); sin embargo Mateo aprovecha esa actitud negativa para reiterar la enseñanza sobre el acceso al Reino para los que
son como los niños (19,14-15), que ya había presentado en 18,2-4.
Ante el intento frustrado del joven rico (19,16-22) y la inmediata advertencia de Jesús acerca de las riquezas (cf. Mt 19,23-24),
los discípulos intervienen para preguntarle: entonces ¿quién puede
salvarse? (19,25). Nuevamente Pedro, en nombre de los discípulos,
toma la palabra para cuestionar sobre la recompensa que recibirán
por haberlo dejado todo (cf. Mt 19,27). Su pregunta es más incisiva que en Mc 10,28 y Lc 18,28.
La respuesta de Jesús establece una relación entre los doce apóstoles y las doce tribus de Israel. Es verdad que la característica primordial de ellos en el momento presente es la humildad y el servicio, pero también llegará el momento escatológico en el cual
participarán del triunfo y de la gloria del Mesías. Pero la promesa de
recompensa se extiende a todo aquel que haya dejado casas, hermanos...
(Mt 19,29). Hay que notar, sin embargo, que Mateo se mantiene en
la esfera del futuro y no habla del presente, como Mc 10,30.
Después de la «parábola de los viñadores» (cf. Mt 20,1-16), Jesús tomó aparte a los «doce» para comunicarles el «tercer anuncio
de la pasión» (cf. 20,17-19), en el que reitera lo dicho en los anteriores (cf. 16,21; 17,22-23). Los tres anuncios son básicos para el
discipulado, pero ahora la relevancia es todavía mayor, en virtud del
contraste con el episodio siguiente: la madre de los hijos de Zebedeo que solicita lugares privilegiados para sus hijos (20,20-21).
Cuando se aproximaba a Jerusalén, al llegar a Betfagé, Jesús envió a dos de sus discípulos a traer el asna con su pollino, para entrar
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
379
en Jerusalén (cf. 21,1-10). Esta escena otorga un giro fundamental
a la narración evangélica. A partir de aquí inicia el momento que
culmina la vida y la enseñanza de Jesús y es también cuando los discípulos experimentan las pruebas más duras en su vocación como
seguidores del Maestro, Siervo sufriente. El EvMt va a poner de manifiesto la magnitud de tal situación, por medio de algunos recursos
que alcanzan dimensiones cósmicas (c. 24) y resaltan el alcance de
la pasión, muerte y resurrección del Señor; subraya además el conflicto de Jesús con los dirigentes del pueblo (cf. 21,12-22,45). En
este cuadro de crisis es indispensable la vigilancia.
En la entrada de Jesús en Jerusalén, los tres relatos sinópticos hacen notar el encargo que él hace a dos de sus discípulos (cf. Mc 11,1;
Lc 19,29), pero sólo Mateo enfatiza que éstos cumplieron con fidelidad lo que el Señor les mandó, al mencionarlos de nuevo (cf.
21,6).
En la maldición de la higuera estéril (cf. Mt 21,18-22) son también los discípulos quienes se maravillan de que ésa se haya secado
de forma tan inmediata y preguntan acerca de lo acontecido (cf. v.
20). Esto es aprovechado por Jesús para introducir una enseñanza
acerca de la fe. En realidad no contesta la pregunta de los discípulos, pero les hace caer en la cuenta de algo más trascendente que lo
que se ve: la fe necesita entrar en un proceso de perfección, al grado de no admitir dudas o vacilaciones.
De inmediato comienza una serie de controversias sobre diferentes aspectos: la autoridad de Jesús (cf. Mt 21,23-27), la falta de
respuesta de los dirigentes judíos, ilustrada por la parábola de «los
dos hijos» y, en este mismo contexto, la parábola de «los viñadores
homicidas» (cf. 21,33-45), donde el Señor los acusa abiertamente
de rechazar el proyecto de Dios. En la primera parábola (cf. 21,2832) tiene lugar una sentencia de Jesús que repercute en todo el
evangelio: Porque vino Juan por el camino de la justicia y ustedes no le
creyeron... Mateo sitúa a Juan en el proyecto salvífico de Dios, que
tuvo inicios en la antigua alianza, como su camino, y que ahora, con
la llegada de Jesús como Mesías, ha llegado a su cumplimiento. Los
discípulos se ubican en esta etapa de la plenitud, pero sin perder su
relación con el camino.
Las controversias se agudizan cada vez más, como queda ilustrado por la parábola del «banquete nupcial» (cf. Mt 22,14), la disputa acerca del tributo al César (cf. Mt 22,15-22), el enfrentamiento
con los saduceos a propósito de la resurrección de los muertos (cf.
380
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Mt 22,23-33), y con los fariseos a causa del mandamiento principal
(cf. Mt 22,34-40) y por la designación del Mesías como «hijo de
David» (cf. Mt 22,41-45).
La instrucción de Jesús en Mt 23 funciona como un eslabón que conecta las controversias con el discurso escatológico (cf. Mt 24,1–25,46).
En tal instrucción, dirigida a la gente y a los discípulos, tiene lugar
una oposición abierta contra los escribas y los fariseos y representa
una especie de antítesis del sermón de la montaña (cf. Mt 5–7).
Aunque la oposición de los escribas y fariseos contra Jesús comenzó casi desde los inicios del EvMt, con el Bautista (cf. 3,7), y
continuó en diversos momentos (cf. 5,20; 9,3.11.34; 12,1-42 y 15,12019,3), la disputa del capítulo 23 es una especie de culminación de
ese proceso creciente, que llega a desembocar en la reprobación por
parte de Jesús y en la confabulación de sus enemigos, la antítesis de
los discípulos, para eliminarlo. Este escenario prepara, a su vez, de manera cercana, el relato de la pasión del Señor.
1. LUEGO VEN Y SÍGUEME (MT 19,16-22)
Un ejemplo de lo que podemos denominar vocación «frustrada»
al discipulado tiene lugar en Mt 19,16-22.
El camino de Jesús hacia su pasión marca la pauta de los episodios en esta sección del evangelio. Una de las condiciones indispensables para seguirlo en este mismo camino es la renuncia a las
riquezas materiales. La enseñanza acerca del tema es más que elocuente con el episodio del «joven rico y piadoso».
En realidad el motivo del acercamiento a Jesús es una pregunta
que el interlocutor quiere hacerle para «conseguir vida eterna» (cf.
19,16). La versión de Mateo que carece del calificativo explícito de
«bueno» referido al Maestro (cf. Mc 10,17; Lc 18,18), hace más difícil la comprensión de la respuesta de éste: ¿Por qué me preguntas
acerca de lo bueno? Uno solo es bueno. En efecto, la pregunta versa
sobre la vida eterna, no sobre lo bueno.
Enseguida el episodio distingue entre «conseguir la vida eterna»
y «ser perfecto». En realidad el primer objetivo está siendo alcanzado por el hombre mediante la observancia de los mandamientos,
pero el segundo posee un grado mayor de dificultad: «Si quieres ser
perfecto...» Remite a Mt 5,48, el punto culminante con el que con-
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
381
cluye una sección importante del sermón de la montaña; aquí téleios
(«perfecto») se ubica en la relación con Dios y con el prójimo. La
perfección a la que son invitados los discípulos de Jesús representa
el ideal máximo al cual ellos deben aspirar y abarca todo su ser y su
existencia, impregnada por aquel amor incondicional como el de
Dios, quien no hace distinción de personas.
Las disposiciones que Jesús pone al joven, si quiere ser «perfecto», son dos:
• Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres...
• Luego ven y sígueme (v. 21).
Ambas condiciones están fuertemente vinculadas entre sí. El
deshacerse de los bienes prepara para el seguimiento, de modo que
el «perfecto» se identifica de alguna manera con el discípulo del
Mesías. Para lograr este objetivo no basta con ser un piadoso cumplidor de los mandamientos, sino que se requiere un seguimiento
efectivo e incondicional que implica dejar a un lado todo lo que
pueda estorbar, como los bienes materiales.
El discípulo es entonces aquel que es capaz de emprender una
aventura confiando en el Maestro. Como sucede a menudo en Mateo, la enseñanza de esta perícopa no tiene presente sólo a un individuo, sino que constituye una enseñanza para todos los discípulos;
es decir, se refiere a los miembros de las comunidades a las que se dirige el evangelista, para hacerlos conscientes acerca de lo que conlleva su vocación al discipulado.
2. EL QUE QUIERA SER EL PRIMERO SERÁ EL SERVIDOR (20,24-28)
Inmediatamente después del tercer anuncio de la pasión (Mt
20,17-19), la madre de los hijos de Zebedeo se acerca a Jesús para
solicitar privilegios especiales para sus hijos (20,20-21). Es notorio
que en Mc 10,35 sean los propios discípulos, Santiago y Juan, quienes hacen la petición de manera directa. Esta petición da pie para
una enseñanza básica que tiene que ver directamente con el discipulado, la misma que se extiende desde 21,22 hasta 21,28.
La mujer se postra ante Jesús. Este gesto era signo de gran respeto e incluso de adoración, pero también llegó a usarse para buscar la
benevolencia y el favor de alguien con autoridad o con posibilidad
de beneficiar. Jesús de inmediato interpreta el gesto como una soli-
382
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
citud, por lo que pregunta a la mujer: «¿Qué quieres» (20,21a). Es
entonces cuando ésta hace la petición.
«Sentarse a la derecha y a la izquierda» es una «expresión polar», es decir, designa dos extremos. Cuando el punto de referencia
es el personaje principal, como aquí el Mesías reinante en su gloria,
no se trata sólo de dos puestos honoríficos, sino que indica también
una íntima asociación a la autoridad del Juez escatológico. El trasfondo de la petición es una espera inmediata y gloriosa del Reino de
Cristo.
La respuesta de Jesús es enérgica y directa: «No saben ustedes lo
que piden» (20,22a). Antes de cualquier prerrogativa hay que correr la suerte del Maestro. La «copa» a la que se refiere constituye
una metáfora bíblica (cf. Is 51,17) que aquí designa la pasión cercana, de la cual ciertamente van a participar los discípulos. La enseñanza pone en evidencia que el Reino de Dios posee valores y parámetros diversos a los de las sociedades terrenas. Por esto, los
«lugares» en el Reino dependen única y exclusivamente de la voluntad del Padre y ni siquiera el martirio puede dar derecho a privilegio alguno. Pero, al mismo tiempo, la comunidad de discípulos
dispone de un recurso para alcanzar la grandeza: el «servicio», que
tiene como modelo al mismo Jesús, Siervo sufriente. Así pues, el reconocimiento de la soberanía de Dios no sólo excluye toda pretensión ventajosa, sino que evidencia el servicio como actitud básica e
insoslayable de los discípulos.
VI. EL RELATO DE LA PASIÓN Y DE LA RESURRECCIÓN
DEL SEÑOR (MT 26,2–28,20)
Los discípulos constituyen una especie de engarce entre el «discurso escatológico» y el relato de la pasión. A ellos se dirige Jesús
para advertirles que va a ser entregado para ser crucificado (26,2). Esta
advertencia tiene como base los tres anuncios de la pasión que han
antecedido al relato. De inmediato el EvMt narra la confabulación
de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo (cf. 26,35). En el relato de la pasión, en general, la imagen de los discípulos
tiene rasgos un tanto negativos.
El episodio de la «unción de Betania» (Mt 26,6-13) posee algunos datos particulares de Mateo (cf. Mc 14,3-9), pero lo más llamativo es que mientras en Marcos el gesto de la mujer que se acerca a
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
383
ungir a Jesús es criticado por «algunos» no identificados (cf. v. 4),
quienes lo consideran un despilfarro, en Mateo éstos son nada menos que los mismos discípulos (cf. v. 8). El dato es sorprendente, sin
embargo hace caer en la cuenta que los discípulos aún tienen necesidad de comprender más todo lo que implica la condición mesiánica de Jesús.
La intervención de los discípulos, aunque desafortunada, es ocasión para una enseñanza de Jesús que en este caso distingue entre
una obra buena en general, como dar limosna a los pobres, y otra
hacia su persona, en su calidad de Mesías sufriente. No hay oposición entre ambas, sino sólo una precedencia temporal: mientras
esté aquí Jesús, todo acto de amor hacia su persona tiene una urgencia mayor. Los discípulos necesitan aún entender el tiempo privilegiado que significa la presencia del Maestro entre ellos, pero
también a partir de esta conciencia y de lo que hagan por él, ellos
podrán dimensionar su actuar. Ellos tienen ahora la oportunidad de
hacer el bien al mismo Jesús, después lo harán con sus «hermanos
más pequeños». Quien no es capaz de lo primero, tampoco será capaz de lo segundo.
Una figura particularmente negativa en toda la tradición cristiana es sin duda Judas Iscariote, quien funge también como prototipo
del «anti-discípulo». A lo largo de la narración evangélica han ido
surgiendo personajes que se distinguen y se oponen a los discípulos
de Jesús: la multitud que no comprende, el joven rico, como expresión de una vocación frustrada al discipulado, los escribas y fariseos
que se han sentado en la cátedra de Moisés, etc. Sin embargo el caso
de Judas alcanza un significado mayor, al haber sido llamado de
modo directo por Jesús. Aunque Mateo lo presenta como «uno de los
Doce» (26,14), no lo llama «discípulo».
Después de informar sobre las acciones del traidor, los sinópticos
refieren la preparación de la cena pascual, donde los discípulos juegan un papel relevante, ejecutando fielmente las órdenes del Maestro; pero mientras en Mc 14,13 son sólo dos los enviados y Lc 22,8
especifica que ellos fueron Pedro y Juan, Mt 26,17-19 parece involucrar a todos, como grupo.
Mt 26,20 vuelve a referirse a los «Doce», para subrayar que Judas aún pertenecía al grupo, pero al mismo tiempo deja ver que la
preparación para la celebración de la Pascua es paralela a la preparación de la traición. Mientras en Lc 22,23 los discípulos discuten
entre sí acerca del traidor, en Mt 26,22 (cf. Mc 14,19) ellos, com-
384
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
pungidos, plantean la pregunta directamente al Maestro. Su respuesta presenta dos aspectos significativos: que es «uno de los Doce»
y que «moja» en el mismo plato del Maestro. Así pone de relieve
que el traidor pertenece el círculo más íntimo de Jesús, el de los discípulos.
Como en los otros sinópticos, Marcos y Lucas, la última cena
constituye en Mateo un momento fundamental en la relación entre
Jesús y sus discípulos. Concluida esta narración, Mt 26,30 informa
que Jesús salió con sus discípulos hacia el monte de los Olivos. Les
anuncia que ellos se van a escandalizar, pero después de su resurrección él les precederá en Galilea (cf. 26,31-32). Pedro reacciona,
como es frecuente en el evangelio, de manera intempestiva, negando de modo rotundo que vaya a escandalizarse, no obstante que Jesús le reitera su advertencia (cf. 26,33-35a). Entonces los discípulos
en conjunto avalan las palabras de Pedro (cf. v. 35b).
Al llegar a Getsemaní, Jesús deja a los discípulos y se retira a un
lugar aparte, llevando consigo sólo a Pedro y a los hijos de Zebedeo
(cf. 26,36-37), los mismos testigos en la transfiguración (cf. 17,1);
el EvMt establece así un contraste entre ambas experiencias. A pesar de que en el primer pasaje resaltó el aspecto glorioso y en el otro,
el humano, en ambos queda manifiesta la condición filial de Jesús,
durante su oración. De nuevo la imagen de los discípulos no es tan
positiva, ya que al venir a ellos los encuentra dormidos (cf. 26,40),
pero como es habitual en Mateo, Jesús aprovecha tal conducta inadecuada para invitar a «velar y orar» (26,41). Después de encontrarlos otra vez dormidos, les anuncia que ha llegado la hora en que
él debe ser entregado (cf. 26,43-46).
Los evangelios coinciden en presentar un relato detallado del
arresto de Jesús, lo que indica el impacto que debió tener para las
comunidades cristianas destinatarias de cada uno de ellos. Mt
26,47 enfatiza que Judas era «uno de los Doce» y que él encabezaba el grupo que aprehendió a Jesús. Mt 26,53 vuelve a la cuestión
de la autoridad de Jesús: ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre,
que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
Él es quien domina la situación, afronta con dignidad a quien lo
entrega y rehúsa aceptar la ayuda violenta que le proponen (cf.
26,51). Al final señala con énfasis: todos los discípulos le abandonaron y huyeron (26,56). A partir de aquí, ellos desaparecen casi por
completo, excepto Pedro, cuya figura es relevante en los pasajes siguientes.
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
385
Una vez arrestado Jesús, Mt 26,58 señala que Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote. Durante el juicio
contra Jesús este discípulo lleva a cabo las tres negaciones vaticinadas (cf. 26,34). La triple repetición de algún gesto denota el grado
superlativo de la acción, de modo que Pedro niega en forma total y
absoluta a Jesús, lo que muestra una actitud muy negativa, además
de su juramento acerca de que no conoce a «ese hombre», pero todo
esto también va a hacer más relevante su arrepentimiento.
En el contexto de la comparecencia ante Pilato (cf. Mt 27,2-26),
como en una especie de paréntesis, aparece de nuevo el «discípulo
traidor», quien, acosado por el remordimiento, después de devolver
las treinta monedas de plata (cf. 27,3-4) decide poner un trágico fin
a su existencia (cf. 27,5). A partir de aquí los discípulos desaparecen del escenario evangélico.
Mateo vuelve a utilizar el verbo «convertirse en discípulo» sólo
en el relato de la pasión (usado desde 13,52), al narrar la sepultura
de Jesús. Sorprende que dicho verbo se aplique a José de Arimatea,
quien se había hecho también discípulo de Jesús (27,57). Para Mateo la
comprensión del discipulado va abriendo sus límites, hasta desembocar en el mandato final, donde «todas las naciones» tendrán la
posibilidad de entrar en esta categoría (cf. 28,19).
Los sumos sacerdotes y los fariseos piden a Pilato que custodie
bien el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos,
roben el cadáver y digan luego al pueblo: Resucitó de entre los muertos...
(Mt 27,64). Ellos son considerados peligrosos por los líderes, para
inventar una «farsa», la misma que finalmente se les atribuirá (cf.
28,13). La hostilidad contra Jesús es proyectada contra sus discípulos, sobre todo teniendo en cuenta que en Mt 27,63 los sumos
sacerdotes y los fariseos designaron al mismo Jesús como «embaucador».
Los evangelios coinciden en que las mujeres presenciaron las
primeras apariciones del Resucitado y que éstas transmitieron el
anuncio de la resurrección de Jesús a los discípulos (cf. Mc 16,10;
Lc 24,9; Mt 28,8; Jn 20,2). Mt 28,10 relata que Jesús salió al encuentro de ellas para decirles:
No teman, vayan y avisen a mis hermanos que se dirijan a Galilea; allí
me verán.
Es notorio que ahora les llame «hermanos», pues esto trae a colación un tema relevante en el evangelio: la comunidad de discípu-
386
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
los es básicamente una comunidad de hermanos, cuya fraternidad
tiene su base en la relación misma con Jesús.
Mt 28,16 refiere que los discípulos cumplen las indicaciones que
Jesús había dado a las mujeres (cf. 28,7.10). La instrucción es que vayan a Galilea, pues allí, en esa región pagana, fue el punto de partida del ministerio terreno del Maestro y allí deberá ser también el de
los discípulos, donde ellos también fueron llamados. El tema del
monte, que tiene como referencia principal el de las bienaventuranzas, es también de los preferidos por Mateo. Adoración y duda son
todavía elementos que tienen lugar entre los discípulos, quienes, a
pesar de que han llegado a un punto muy importante en su proceso
de formación, no alcanzan la perfección.
La última escena de Mateo es básica para el tema del discipulado y la misión: Jesús se dirige a los suyos para enviarlos a «hacer discípulos a todos los pueblos», a «bautizarlos» y a «darles a conocer
sus enseñanzas» (28,16-20).
1. ¡TÚ LO HAS DICHO! (26,20-25)... ENTONCES CANTÓ UN GALLO
(26,69-75)
a) Arrepentimiento fallido: «el caso Judas»
Pedro y Judas son los dos discípulos que aparecen en el relato
de la pasión; de los restantes sólo dice que huyen y abandonan al
Maestro (cf. 26,56). Las figuras son negativas, en un primer momento, pero después tiene lugar una contraposición radical entre
ambos, ya que el primero, aunque llega a arrepentirse de su acción,
sin embargo no impide que todo desemboque en el fracaso absoluto del «antidiscípulo», hasta su trágico final; en cambio el arrepentimiento del segundo es genuino y retoma su camino de discípulo. En los dos casos hay escenas que ponen al lector en alerta y
lo preparan para las acciones que cada uno va a emprender; la que
se refiere a Judas aparece en 26,14-16 y la de Pedro tiene lugar en
26,30-35.
En el caso de Judas, después de los preparativos, en el momento
de la cena, el propio Jesús habla de la traición. Su persona y sus palabras ocupan el primer plano. La afirmación es solemne y enfática:
Yo les aseguro que uno de ustedes me entregará (v. 21).
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
387
Los lectores del evangelio, que conocen lo narrado en los vv. 1416, ya saben de qué se trata y pueden constatar el conocimiento y
dominio de Jesús sobre los acontecimientos que se avecinan.
Los discípulos compungidos no sólo le preguntan directamente
acerca del traidor, sino también si éste se identifica con alguno de
los que interrogan: ¿Acaso soy yo Señor? (v. 22). Él a su vez responde primero de manera indirecta, mencionando al que «mete la
mano en el mismo plato», a quien identifica con aquel discípulo
desleal (v. 23) y enseguida expresa el alcance de tal infamia (v.
24b). A pesar de todo, Mateo observa incluso un acto tan deplorable como éste desde la perspectiva del cumplimiento de las Escrituras (v. 24a). De esta forma, el lector del evangelio constata que nada
es ajeno al plan divino, que prevé hasta lo negativo.
La narración alcanza un dramatismo particular en la pregunta de
Judas y en la respuesta del Maestro: ¿Acaso soy yo, Rabí? → Tú lo has
dicho. La formulación en labios del traidor es igual que la del resto
de los discípulos; lo único que cambia es la designación de Jesús,
pues ahora ya no es Kýrios (Señor), sino Rabbí (Maestro). La pregunta de Judas se transforma en su propia sentencia. Su misma boca
lo condena.
El actuar de Judas no sólo lo va llevando a dibujar una imagen negativa de sí mismo, sino que lo constituye en una especie de «antidiscípulo». En 26,14 fue identificado de modo intencional como
«uno de los Doce», pero a pesar de formar parte de este grupo de convocados por Jesús, su deslealtad lo convierte en enemigo del que lo
llamó. Por este motivo su crimen adquiere una gravedad mayor y merece la imprecación que brota de los labios del mismo que lo llamó:
¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría
a ese hombre no haber nacido! (26,24).
El juego de palabras, «Hijo del hombre» ↔ «hombre», establece una fuerte oposición entre la figura humana y gloriosa de Jesús,
con la deplorable del traidor.
El verbo paradídomi («entregar») ocupa un lugar relevante en la
narración. En el EvMt designa con frecuencia la entrega para la muerte, se refiere tanto al Bautista (cf. 4,12), como también a los discípulos (10,17.19.21; 24,9.10), pero sobre todo al mismo Jesús (10,4;
17,22; 20,18.19; 26,2.15.16.21.23.24.25.45.46.48; 27,2.3.4.18.26).
Podemos decir, en líneas generales, que es un término que tipifica
la pasión y muerte del Señor.
388
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
b) Arrepentimiento efectivo: «el caso Pedro»
Por lo que se refiere a Pedro, las negaciones anunciadas por Jesús en 26,34 tienen lugar después del prendimiento (26,47-56) y del
juicio ante el sanedrín (26,57-67), a pesar de que había dicho en
26,56b que todos los discípulos le abandonaron y huyeron. Conforme a
la narración evangélica, aunque Pedro en realidad no lo abandona,
sí niega que le conoce, lo que constituye también un acto negativo
en detrimento de su condición discipular.
El episodio de las negaciones de Pedro presenta un desarrollo
creciente y paulatino. El drama avanza cada vez más en intensidad
y el círculo de los actores va siendo cada vez más amplio. Los hechos tienen lugar en tres tiempos progresivos:
1. Una criada se dirige a Pedro y a solas le afirma que él estaba
con Jesús, y Pedro lo niega.
2. Otra criada comenta lo mismo, pero ahora no sólo al interesado, sino a los que estaban allí, y Pedro lo vuelve a negar,
con juramentos.
3. Por último, todos los presentes acusan a Pedro de ser
uno de los discípulos, apelando al modo de hablar de éste,
quien además de jurar, ahora maldice en su negación.
Además del crecimiento en intensidad, la triple reiteración es
simbólica; que el gallo cante en el momento preciso resalta la predicción de Jesús, quien, pese a todo, domina la situación.
La actitud de Pedro arrepentido es elocuente e interpela a los
lectores del evangelio. Se convierte en el prototipo del que se da
cuenta que ha fallado y es capaz de retomar el rumbo perdido. Contrario es el caso de Judas.
2. VAYAN PUES Y HAGAN DISCÍPULOS A TODOS (28,16-20)
El EvMt culmina con la aparición de Jesús resucitado a sus once
discípulos. La última escena se desarrolla en Galilea, en el «monte
donde Jesús les había indicado» (28,16; cf. 28,7). El retorno a la región donde los discípulos recibieron el primer llamado para seguir al
Maestro constituye una especie de restablecimiento y confirmación
de aquella vocación recibida, sobre todo porque en casi todos los
pasajes del relato de la pasión los discípulos aparecen con rasgos más
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
389
bien negativos; de modo especial destaca la huida y el abandono a
quien los había llamado.
Todavía en este re-encuentro con el Señor resucitado tienen lugar dos actitudes contrapuestas de los mismos discípulos: adoración
↔ duda. Esta descripción podría también estar reflejando la situación de la comunidad mateana de tiempos posteriores. A pesar de
todo, la escena final del evangelio presenta a Jesús con esta última
instrucción:
Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan pues y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he
mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del
mundo (Mt 28,18-20).
Este pasaje es conocido como el «gran mandato» o la «gran misión». Posee algunos datos relevantes en el contexto global del
EvMt:
• La autoridad universal del Mesías Jesús. «Cielo-tierra» son término «polares», es decir, engloban la totalidad de las realidades existentes. La autoridad mesiánica no tiene límites ni
confines.
• En razón de esta autoridad absoluta e ilimitada, el Mesías tiene potestad para ordenar una misión sin fronteras: hacer discípulos a todas las naciones. El sustantivo plural éthne (naciones) se refiere sobre todo a las integradas por paganos;
• las instrucciones del Mesías resucitado a sus discípulos conllevan una triple perspectiva:
– misionera: hacer discípulos
– ética: enseñar a guardar lo mandado
– escatológica: la convicción de que él está presente hasta el
último momento.
Resulta bastante relevante el mandato para que los «discípulos
hagan discípulos». Es la última de las tres veces que aparece el verbo matheteuo en el EvMt (13,52; 27,57; 28,19). Es interesante constatar que mientras en Mc 16,15 el Resucitado ordena a los suyos «ir
por el mundo y proclamar la Buena Nueva a toda la creación» y en
Lc 24,46 les explica la necesidad de que en nombre del Mesías se
predique «la conversión y el perdón de los pecados a todas las naciones», en Mt 28,19 el mandato tenga como centro la acción de
«hacer discípulos a todos».
390
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
Ese episodio evidencia el interés y el alcance de este aspecto en
todo el evangelio. Se trata de un texto que sólo puede ser entendido a partir del camino recorrido por el evangelio a lo largo de su
presentación y que, además de señalar un punto culminante, lo abre
a una nueva posibilidad. Es el final del evangelio y de la presencia
visible del Señor, pero al mismo tiempo constituye un nuevo comienzo, en una continuidad que no se interrumpe. Así, la historia
de la salvación continúa y la encadenación de las diversas etapas del
mismo plan querido por Dios.
RECAPITULACIÓN
Los temas acerca de «los discípulos» y del «discipulado» poseen
una relevancia muy particular a lo largo y ancho de todo el EvMt,
como uno de los que vertebran, desde el inicio hasta el final, toda
la narración. En todas las secciones, tanto narrativas como discursivas, encontramos episodios diversos donde ellos ejercen acciones
significativas y ocupan lugares destacados, aunque a veces con rasgos más bien negativos, como ocurre sobre todo en los episodios de
la pasión, muerte e incluso todavía en los de la resurrección del Señor. De cualquier manera, ellos junto a su Maestro son siempre personajes principales del relato evangélico.
El hecho mismo de que el evangelio concluya con el mandato del
Mesías resucitado para que sus discípulos hagan nuevos discípulos tiene fuertes implicaciones para toda la obra mateana. Es una especie de
recapitulación del camino recorrido por el evangelio y el punto culminante que abre un nuevo horizonte para continuar la obra del Mesías.
Lo constatado anteriormente indica que todo el evangelio ha
sido pensado y elaborado para ser leído y vivido por una comunidad
de discípulos de Jesús. Por eso se puede afirmar que, en líneas generales, todo en su conjunto constituye una exposición acerca del
mensaje del Maestro a quienes han aceptado la invitación para seguirlo y llevar a cabo ese proyecto de comunidad.
PARA PROFUNDIZAR
1. Seleccionar algunos textos donde aparecen los discípulos en las
secciones narrativas del EvMt. Tomar por lo menos uno de cada una de
LLAMADOS A VIVIR LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO EN EL DISCIPULADO (III)
391
las mismas (8,1–9,38; 11,2–12,50; 14,1–17,21; 19,1–23,39; 26,2–28,20),
leerlos con atención.
2. Mirar detenidamente cada una de las escenas en particular, poner atención en los estilos de narración y detectar los rasgos positivos
y negativos de los discípulos.
3. Prestar atención a las diversas reacciones en las distintas circunstancias donde van teniendo lugar cada uno de los episodios.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. El EvMt presenta a los discípulos como los mediadores entre Jesús y la multitud que lo seguía. ¿Cómo podemos evaluar nuestro rol
como discípulos y auténticos mediadores entre él y nuestros prójimos?
2. La profesión de fe que hace Pedro: ¡Tú eres el Cristo!, juega un
papel relevante en los tres evangelios sinópticos, pero la adición de Mt
16,16: el Hijo de Dios vivo, visualiza a Jesús como quien viene del Padre para juzgar y salvar a su pueblo, es decir, el Dios real que actúa en
la historia, en oposición a la impotencia de los ídolos paganos inertes.
¿Cómo expresamos nuestra profesión de fe en las concreciones históricas?
3. Puesto que el Maestro tiene que ir a Jerusalén para sufrir, el que
quiera acompañarlo, debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle. ¿Qué significado tiene para nosotros esta condición del discípulo?
¿Estamos realmente dispuestos a asumir una exigencia tal?
4. El relato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús es el punto culminante de su ministerio, pero también es un momento fundamental en el que pone a prueba la calidad de sus discípulos. La imagen
de éstos es a veces negativa. ¿Qué nos dice hoy a quienes nos acercamos a leer el evangelio con actitud de discípulo de Cristo?
5. Las experiencias vividas por Judas y Pedro, respectivamente, tipifican dos comportamientos afines por una parte, pero opuestos por
otra. ¿Cómo nos sentimos interpelados por esas narraciones?
6. Mt 26,56 señala que todos los discípulos le abandonaron y huyeron.
¿Acompañamos a Jesús en su pasión o también le abandonamos?
¿Cómo podemos seguir cumpliendo el gran mandato o gran misión de
«hacer discípulos»?
CAPÍTULO VIII
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO
ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
Las parábolas representan un material precioso de los evangelios
sinópticos. Mateo encuentra en estos vehículos de enseñanza elementos significativos para la impostación de su obra. En el presente capítulo vamos a centrar nuestra atención en aquellas parábolas
de cuño mateano con temas relevantes y de repercusión para toda
la obra, de modo particular las que se refieren al «Reino de los cielos», pero sin pasar por alto que casi todas ellas, incluyendo las de
doble o triple tradición, contienen rasgos particulares que delinean
el perfil de este relato evangélico.
I. RECORRIDO TEMÁTICO DE LAS PARÁBOLAS
MATEANAS
Mateo posee varias parábolas que agrupa en algunas partes de su
evangelio:
• El sembrador (13,3b-9) y su explicación (13,18-23)
• La cizaña (13,24-30) y su explicación (13,36-43)
• El grano de mostaza (13,31-32)
• La levadura (13,33)
• El tesoro (13,44)
• La perla (13,45)
• La red (13,47-50)
• La oveja perdida (18,12-14)
• El siervo despiadado (18,23-35)
394
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
• El amo bondadoso y los viñadores (20,1-16)
• Los dos hijos (21,28-32)
• Los malos viñadores (21,33-44)
• La gran cena (22,1-10)
• El invitado sin traje de fiesta (22,11-13)
• El siervo al que se le confía la vigilancia (24,45-51)
• Las diez vírgenes (25,1-13)
• Los talentos (25,14-30)
A estas parábolas propiamente dichas se pueden sumar otras, que
podemos calificar mejor como «figuras parabólicas»:
• El recurso al juez (5,25-26)
• Los niños que juegan (11,16-19)
• El espíritu impuro que vuelve de nuevo (12,43-45)
• La higuera (24,32)
• El ladrón (24,43)
• El juicio final (25,31-46)
Como podemos apreciar, el material parabólico presente en el
EvMt es abundante, no sólo en el discurso dedicado de modo exclusivo a ellas (c. 13), sino también en el eclesial (c 18) y en la etapa que arranca desde la entrada de Jesús en Jerusalén (cc. 21-25).
Algunas de ellas las comparte con los otros dos sinópticos, pero
otras son exclusivas de este evangelista.
II. EL «REINO DE LOS CIELOS» ES SEMEJANTE A... (MT 13)
El c. 13 del EvMt reúne varias parábolas, cuyo tema fundamental es el «Reino de los cielos». Algunas de ellas son exclusivas: la cizaña (cf. 13,24-30, con su correspondiente explicación en 13,3643), el tesoro (cf. 13,44), la perla (cf. 13,45) y la red (cf. 13,47-50),
lo mismo que el escriba discípulo (cf. 13,51), que sirve de conclusión a todo el discurso.
Siguiendo la praxis judía de evitar el nombre de Dios no sólo en
materia de juramentos, sino incluso en otras instancias de la vida
(lo que los rabinos designaron después como «poner una valla alrededor de la Torah»), el EvMt prefiere la utilización de la fórmula
«Reino de los cielos» para referirse al reinado de Dios que ha co-
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
395
menzado a ser inaugurado por el Mesías, que avanza en un proceso
irreversible y apunta hacia el momento definitivo.
En el discurso parabólico visualiza el reinado de Dios desde una triple realidad –pasada, presente y futura–, manifestado tanto en las palabras y en las obras de Jesús, como también en las palabras y obras de los
discípulos. Así pues, la comunidad cristiana –como pueblo mesiánico,
en el que Dios manifiesta su reinado– son los hijos (cf. 13,38) que pueden escuchar y entender las palabras (cf. 13,19.23), conocer los secretos (cf. 13,11) y producir los frutos abundantes y adecuados (cf. 13,23).
Muchos rasgos característicos del EvMt salen a la luz precisamente en las parábolas, las mismas que ayudan a descubrir la realidad del
reinado de Dios presente y actuante en el Hijo y Mesías, y ayudan a
demostrar que este advenimiento responde al plan del Padre celestial.
«PONER UNA VALLA ALREDEDOR DE LA TORAH»
Los maestros de Israel enseñan que el principio fundamental para
la interpretación de los mandatos del Señor se encuentra en Dt 13,1:
Todo esto que yo les mando, ustedes cuidarán de ponerlo por obra, sin añadir ni quitar nada. Sin embargo ya desde antiguo algunos explicaban
que si bien no es posible añadir ni menguar nada sobre las palabras de
la Torah, los sabios de Israel están autorizados a erigir una valla protectora en su derredor. Para ello Moisés Maimónides trae un ejemplo:
En el versículo en que se prohíbe mezclar la carne del cabrito con la
leche de su madre, Rabí Yosí Hagalili sostiene que esta prohibición no
afecta a la carne de ave ya que no son mamíferos. Maimónides, entonces, señala que para evitar especulaciones o interpretaciones literalistas que reducen el alcance de este versículo, los sabios del Talmud
incluyeron la carne de ave, a manera de valla protectora alrededor de
la Torah. Según esta interpretación, el propósito de la valla protectora se basa en palabras de la Torah misma: Y ustedes habrán de cuidar mi
observancia (Lv 18,30). Ya mucho antes se decía: «si el mandamiento
es no tomarás en falso el nombre de Dios», hay que preferir no usar el
nombre mismo en cualquier circunstancia.
1. DIERON FRUTO (13,3B-9.18-23)
La parábola del «sembrador», que tiene lugar en Mt 13,3b-8,
como en sus paralelos sinópticos respectivos, insiste en la produc-
396
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
ción de frutos. Al abordar el EvMc ya hemos tenido oportunidad de
mirar con detenimiento algunos aspectos sobresalientes de esta parábola.
Por su parte, el EvMt enfatiza que dicha actividad eficaz responde a la necesidad de ilustrar el apremiante compromiso del creyente. La producción de los frutos, tal como aparecen en la parábola,
son expresión ante todo de una intensidad efectiva, en respuesta al
momento de la plenitud en que viven los discípulos de Cristo.
Mt 13,8, al referir lo producido por la tierra buena, aunque toma
el texto básicamente de Mc 4,8, cambia el orden, y empieza por la
cantidad mayor, dando todavía más importancia a lo producido:
... dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. Esto es coherente con la perspectiva mateana que enfoca todo desde la plenitud que
está teniendo lugar con el arribo mesiánico. Es precisamente en el
ámbito de esta plenitud como debe entenderse la producción de los
frutos, es decir, como intensidad y no sólo como una categoría cuantitativa. Así, la valoración de lo producido va en la línea de la producción misma, más que de las cantidades como tales. En la época
mesiánica, lo que importan es el hecho mismo de producir, no importando cuánto.
En la llamada «explicación de la parábola» (Mt 13,18-23), una
elaboración hecha por la comunidad primitiva, pero recogida por
los evangelistas, Mateo introduce una modificación interesante, en
el intento de corregir la identificación de la semilla con la palabra
(cf. 4,14) y después con la gente misma (cf. 4,15.16.18.20). Una
consecuencia de esto es que la parábola se centra más en los que escuchan que en la palabra, de modo que acentúa el papel de los que
la escuchan y el compromiso de estos mismos.
Mt 13,10-17, que representa una reflexión acerca del por qué Jesús habla en parábolas, también constituye un texto significativo,
que el evangelista ha escogido de sus fuentes y ha elaborado para sus
lectores específicos. En este texto destaca de modo particular la
comprensión de los discípulos, frente a la ignorancia de los «otros»:
Es que a ustedes se les ha dado el conocer los misterios del Reino de los
cielos, pero a ellos no... (13,11).
Cuando Mateo escribe su evangelio, posiblemente alrededor del
año 80, parece existir ya la preocupación por los escasos resultados
de la misión entre los judíos, ratificando la reprobación de quienes
no han sido capaces de ver en Jesús al Mesías de Dios, ni de escu-
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
397
char su mensaje. De aquí pudo partir Mateo, para hacer descubrir a
su propia comunidad el lugar privilegiado que ha recibido de Dios,
en virtud de su situación al llegar la etapa del cumplimiento y para
señalarle el riesgo de incurrir en una ofuscación semejante o inclusive peor que la del mismo Israel.
Se trata, por tanto, de una llamada de atención muy fuerte a la
comunidad mesiánica, para que tengan mucho cuidado en su respuesta, la cual surge de una actitud de adhesión a la palabra y a la
persona del mismo Jesús, pero al mismo tiempo es un reconocimiento del puesto privilegiado, por su misma condición de creyentes.
Dentro de todo, hay algo que destaca de manera especial. Aunque
el anuncio de la salvación hecho por Jesús posee una eficacia interna, sin embargo para que logre su cometido es absolutamente necesaria la participación humana. De no ser así, se corre un grande riesgo
que incluso puede alcanzar el efecto contrario. Así pues, la dureza que
llega al extremo de la ofuscación humana provoca que aquello que
debiera ser causa de salvación se convierta entonces en la razón misma por la cual el ser humano puede ser condenado. De esto tienen
mucho que aprender los miembros de la comunidad cristiana.
2. DEJEN QUE AMBOS CREZCAN JUNTOS (13,24-30.36-43.47-50)
La presencia del reinado de Dios incluye una dinámica donde se
conjuga la «paciencia divina» ante situaciones desconcertantes, pero
al mismo tiempo y de modo paralelo tiene lugar la invitación y advertencia a los «hijos del Reino» para que conserven su identidad.
La llegada del Reino posee un dinamismo y una necesidad de
crecimiento. La llegada de la época mesiánica es vista por el EvMt
en clave de cumplimiento. Los miembros de la comunidad son invitados a entrar en un proceso en el que es importante crecer y conservar la identidad, a pesar de muchos elementos negativos que en
el presente se encuentran mezclados y que la «paciencia de Dios»
permite. Dos parábolas ilustran esta realidad.
La llamada parábola de la cizaña (cf. Mt 13,24-30) y su correspondiente explicación (cf. Mt 13,36-43) constituyen no sólo unas
de las más características de Mateo, sino que también tienen especial importancia en este mismo evangelio.
Un caso semejante al de la parábola del sembrador con su explicación alegórica tiene lugar en una nueva comparación. La temáti-
398
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
ca es también la de la siembra, pero ahora se trata de mala semilla
sembrada junto a la buena. Mateo pone de manifiesto otra situación
que plantea fuertes interrogantes: la presencia de elementos negativos no sólo en el mundo en general, sino, lo que es más grave, en el
ámbito propio de la comunidad cristiana. Sin embargo este fenómeno forma parte del mismo proceso, que concluirá con la venida
final y gloriosa del Hijo del hombre. Hasta entonces tendrá lugar la
separación. Por ahora es preciso coexistir juntos y el discípulo está
llamado a conservar su identidad.
La parábola está estructurada a base de contrastes y secuencias:
El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. (24) ↔ Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo,
sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. (25)
Cuando brotó la hierba y produjo fruto, ↔ apareció entonces
también la cizaña. (26)
Los siervos del amo se acercaron a decirle: «Señor, ¿no sembraste semilla
buena en tu campo? ↔ ¿Cómo es que tiene cizaña?» (27) ↔ Él les contestó:
«Algún enemigo ha hecho esto». → Le dicen los siervos: «¿Quieres, pues, que
vayamos a recogerla?» (28) ↔ Él les responde: «No, no sea que, al recoger la
cizaña, ↔ arranquen a la vez el trigo. (29) → Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores →:
Recojan primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, ↔ y el trigo
recójanlo en mi granero». (30)
Los elementos básicos que tienen lugar en la parábola se dividen
en dos binomios opuestos:
• En una parte se ubican: un hombre (dueño) y su buena semilla (trigo, fruto).
• En la parte contraria están: un enemigo y la cizaña.
El escenario es un campo, propiedad del hombre; las acciones de
las partes contrarias están descritas con verbos afines, pero con matices diversos: el dueño del campo «sembró» (literalmente, habiendo sembrado, speiranti, en participio) buena semilla; el enemigo
«sembró encima» (epéspeiren) cizaña; el propietario impide a sus recoger la cizaña, para evitar que arranquen también el trigo; el verbo que describe la dinámica es «crecer junto» (synauxano), del v.
30a; el horizonte de tiempo llega hasta la cosecha; las acciones finales son también opuestas, aunque los verbos son afines, pues
mientras la cizaña será recogida para ser quemada, el trigo será juntado y puesto en el granero.
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
399
Esta parábola presenta una situación anómala en la siembra.
Desde el v. 24 hasta el 28a una especie de introducción intenta poner en claro que el propietario no es culpable de la cizaña. Sólo con
la segunda pregunta de los siervos, si deben arrancar la mala hierba
(v. 28b), se menciona el problema verdadero: al recoger la cizaña se
puede arrancar también el trigo.
En realidad no se compara el Reino de los cielos con el hombre
en cuanto tal, sino con la situación que describe la parábola: «Sucede como con un hombre que...», siendo lo más importante el desenlace. A pesar de todas las peripecias que presenta la narración, el
final que dibuja alienta y llena de esperanza.
Los lectores del EvMt entienden que si bien es cierto que en el
momento presente es innegable la presencia de elementos negativos no sólo en el mundo en general, sino incluso dentro de la misma comunidad cristiana, es preciso entender y asumir la «paciencia
de Dios». Por ahora es necesario convivir «buenos y malos» (cf. Mt
22,10), hasta el momento decisivo.
La interpretación de la parábola de la cizaña (Mt 13,36-43) es
un intento de carácter alegórico, elaborado en un estadio posterior.
La disposición puede ser resultado de la influencia del esquema trazado por la parábola del sembrador y su respectiva explicación. Es
posible que esta interpretación haya surgido después de un periodo
de reflexión y contacto con otras comunidades con experiencias similares, es decir, de elementos negativos presentes en ellas. La preocupación por el retraso de la parusía, ya insinuada en el primer texto, se ha agudizado, por lo que el evangelista acentúa más los
elementos escatológicos. Pero todo ayuda para descubrir cómo el
presente y el futuro están vinculados, formando una sola historia.
LA AGRICULTURA
En Palestina la agricultura dependía de regiones y épocas. Se puede hablar de tres tipos de agricultura: de llanura (sobre todo cereales y
legumbres, como trigo, cebada, lentejas, comino, etc.), de montaña
(vid, olivo e higos) y de zonas semidesérticas (especialmente dátiles,
pero, dependiendo de la cantidad de agua disponible, se podía producir algo más).
Las labores agrícolas se distribuían a lo largo del año. De hecho, el
año agrícola comenzaba con las faenas de labranza, efectuadas a fina-
400
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
les del otoño o en invierno. Estas labores, realizadas con un arado tirado por uno o dos animales (pero nunca asno y buey juntos; cf. Dt
22,10), iban seguidas de la primera siembra y luego de la siembra tardía del final del invierno. A continuación llegaba la cosecha: a la del
lino seguía la ciega de la cebada y luego la del trigo (cf. Ex 9,31-32).
A finales de junio llegaba la vendimia y la cosecha de los frutos estivales, principalmente los higos. Sólo hasta principios del otoño se cosechaba la aceituna.
No faltaban las maldades entre los agricultores, como la de sembrar
«mala semilla» en el campo ajeno.
Las alusiones agrícolas que aparecen en los evangelios y en toda la
Biblia responden a las costumbres y praxis que se efectuaban en esos
ambientes.
3. VENDE LO QUE TIENE Y COMPRA (13,44.45)
Las imágenes del «tesoro» y la «perla» tienen como meta principal instruir a su comunidad acerca de los misterios del Reino. Las
dos imágenes subrayan la radicalidad que el Señor requiere en la época mesiánica. No se trata de una exigencia que invita sólo a la acción heroica, sino que señala la necesidad de una opción fundamental compatible con el gozo provocado por el hallazgo.
En ambas parábolas aparece subrayada la estima de lo encontrado: «tesoro», «gran valor», «perlas» corresponden a la designación
de algo precioso que no puede dejar indiferentes a las personas. La
consecuencia es la adquisición de un compromiso radical y absoluto. Detengámonos sólo en algunos detalles.
En las dos parábolas hay algunos datos que llaman la atención.
a) En la «del tesoro escondido en un campo» (Mt 13,44), la
imagen alude a una vasija de arcilla llena de monedas o de piedras preciosas. En razón de las numerosas guerras que tuvieron lugar en Palestina y sus alrededores, como consecuencia de su posición geográfica, entre Mesopotamia y Egipto, muchas personas se
vieron en la necesidad de esconder lo más valioso que tenían
cuando veían que el peligro era inminente. Una vez que la amenaza pasaba, algunos tesoros lograban ser desenterrados por los
respectivos dueños o por otros, pero en muchas ocasiones quedaban ocultos hasta que después de mucho tiempo alguien tenía la
suerte de localizarlos.
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
401
El hombre que encuentra el tesoro en la parábola mateana, quizá identificado con un pobre jornalero que trabaja un campo ajeno,
no lo saca de manera inmediata, sino que vuelve a esconderlo. Tampoco intenta extraerlo de modo ventajoso. Más bien, «lleno de la
alegría» que le produce haberlo encontrado, relativiza todo para adquirir aquello que considera de mayor valor.
La parábola tiene un carácter bastante sorpresivo, para lo que le
ayuda la secuencia narrativa a base de contrastes:
El Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo
↔ al encontrarlo un hombre ↔ vuelve a esconderlo y, por la alegría que
le da, va, vende todo lo que tiene y ↔ compra aquel campo.
Aquí todo es sorprendente e inesperado. El hombre encuentra
por azar un tesoro, en lugar de darse prisa por sacarlo, vuelve a esconderlo, vende sus posesiones y adquiere el campo. En esta situación, «escondido» se opone a «encontrar», éste a su vez se opone a
«esconder» de nuevo; «vender» se opone a «comprar».
La finalidad de esconder de nuevo el hallazgo es triple:
• El tesoro debe continuar siendo parte integrante del campo.
No puede ser arrebatado o robado.
• Debe continuar asegurado en su escondite. Permanecer enterrado era la mejor forma de protección contra eventuales ladrones.
• El hombre debe proceder rectamente y adquirir el campo de
forma legal.
El aspecto principal de la parábola está formulado con tres verbos: «ir», «vender» y «comprar». El énfasis recae en la actitud de
«vender todo lo que tiene» para «comprar el campo». De hecho
con esta última acción concluye la enseñanza. Ya no se dice, aunque debiera suponerse, que el hombre, una vez que el campo es propiedad suya, desentierra el tesoro escondido. La venta de todo para
la adquisición del campo es el motivo principal.
b) En la misma línea apunta Mt 13,45-46:
También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda
buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.
Esta segunda parábola tiene una gran semejanza con la anterior,
pero también presenta diferencias importantes.
• Sobre todo pierde el carácter sorpresivo, pues además de que
el lector ya conoce un caso semejante, la fuerza de los contrastes se debilita de manera notoria.
402
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
• Ya no se trata de un pobre jornalero, sino de un comerciante
acaudalado, dispuesto a invertir su capital en algo valioso.
• A diferencia del agricultor que sin buscar encuentra un tesoro escondido en un campo ajeno, el comerciante «anda buscando», ex profeso, perlas preciosas.
• Mientras que el caso del tesoro escondido el encuentro ocurre
de manera fortuita e inesperada, en el del mercader, el hallazgo es la consecuencia esperada de la búsqueda.
Sin embargo, las dos parábolas convergen en lo esencial: cada
uno de los personajes hace exactamente lo mismo: va, → vende
todo lo que tiene → y compra. Estos detalles alcanzan un gran significado en el contexto de la enseñanza, pues quienes descubren el
«valor absoluto» del Reino son capaces de relativizar todo frente
a lo que han descubierto como bien supremo. En efecto, el lector
capta enseguida que la opción por el Reino implica una opción
fundamental absoluta, que involucra la totalidad de la existencia
humana.
TESOROS ESCONDIDOS, EN EL «ROLLO DE COBRE» DE QUMRÁN
El más misterioso de los documentos encontrados en Qumrán es el
llamado «Rollo de cobre», formado por dos placas distintas de cobre,
enrolladas y oxidadas. Su contenido sólo pudo conocerse después de
una cuidadosa disección en lengüetas paralelas. Habla de tesoros ¿reales o imaginarios?, o como si fuera una especie de inventario de escondites. Éstos son sólo algunos ejemplos: Col. I: En la ruina que hay en el
valle, pasa bajo las escaleras que van hacia el este, cuarenta codos-cañas,
hay un cofre de dinero, y su total: el peso de diecisiete talentos. En el monumento funerario, en la tercera hilera: cien lingotes de oro. En el gran aljibe del patio del peristilo, en un hueco del suelo tapado por el sedimento enfrente de la abertura superior: novecientos talentos. Col. II: En el aljibe
relleno que está debajo de las escaleras: cuarenta y dos talentos... (3Q 15).
4. RECOGEN EN CESTOS LOS BUENOS Y TIRAN LOS MALOS (13,47-50)
El segundo ejemplo que ilustra la «paciencia de Dios» y la necesidad de conservar la identidad de los creyentes en el dinamismo del
Reino es la llamada parábola «de la red».
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
403
Aunque este nuevo ejemplo tiene una gran semejanza con la de
la cizaña entre el trigo, también guarda algunas diferencias, pues
mientras ésta relata un caso que podemos denominar anómalo de la
siembra, ya que no suele aparecer mala hierba entre el trigo, la parábola de la red presenta el desarrollo normal de la pesca en el mar
de Galilea.
Aquí también el Reino de los cielos no se compara propiamente con la red, sino con lo que sucede en la actividad de la pesca:
• Una red se echa en el mar (v. 47b). Se trata de una gran red
barredera que se arrastra entre dos barcas o se coloca en el mar
con una sola barca y se tira desde la orilla con largas cuerdas.
• Recoge toda clase de peces (v. 47c). En el lago de Genesaret
se contaban más de 20 clases distintas de peces, algunos comestibles pero otros no, ya sea por ser dañinos o impuros.
• Una vez que el peso de la red acusa su contenido, los pescadores llevan la red hacia fuera del lago, hasta la orilla.
• Ya en la playa, los pescadores llevan a cabo la selección de los
peces, que la parábola describe con tres acciones: se sientan,
recogen los buenos en los cestos y tiran los malos.
La acción central de la parábola estriba en la selección de peces.
Los datos anteriores funcionan como preámbulo y los posteriores
constituyen la aplicación escatológica:
También es semejante el Reino de los cielos a una red que se echa en el
mar y recoge peces de todas clases (47); y cuando está llena, la sacan a la
orilla, se sientan (48a)
y recogen en cestos los buenos y tiran los malos (48b)
Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos (49) y los echarán en el horno de fuego; allí será el
llanto y el rechinar de dientes. (50)
Se trata en realidad de una pequeña parábola (13,47-48) y de su
correspondiente explicación (13,49-50), lo que establece una semejanza con la del sembrador (13,3b-9) y de la cizaña (13,24-30),
con sus respectivas explicaciones (13,18-23.36-43). La parábola de
la red en sentido estricto culmina en el v. 48b, pero queda unida a
su motivo escatológico explicativo, de este modo queda en el centro la acción principal: recoger en cestos los peces buenos y desechar los malos.
Tanto la parábola «de la cizaña» como la «de la red» poseen un
carácter escatológico, ya que ambas tratan del juicio definitivo, que
404
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
si bien desde ahora es introducido por la llegada del reinado de
Dios, hay que esperar todavía el desenlace. Las comparaciones ilustran la separación que Dios llevará a cabo sólo al final. Por ahora lo
bueno y lo malo se encuentran mezclados no sólo en el mundo, sino
en el ámbito de la propia comunidad cristiana. Aunque esta convivencia es necesaria por el momento, tendrá que llegar a su término.
La paciencia divina se basa en dos razones fundamentales, una
de las cuales atañe más a los humanos y otra a Dios mismo:
• Por una parte, los humanos no están preparados por ahora
para un discernimiento tal que garantice la correcta selección,
pues si quisieran llevar a cabo la separación, podrían caer en
falsos juicios (arrancar la cizaña con el trigo).
• Por otra parte, el único que puede determinar el momento
preciso de la separación y del juicio es sólo Dios. Él es el único que sabe cuándo se ha de colmar (eplêrôthê = llenar, cumplir) la medida que ha establecido (cuándo la red se llena).
Así pues, las parábolas de la red y de la cizaña guardan una estrecha relación. El acento fundamental estriba en que la dinámica del
Reino prevé la presencia de elementos positivos y negativos en el
mundo y dentro de la misma comunidad mesiánica, mientras dura la
marcha hasta el fin. Las dos han sido provistas de interpretaciones
alegóricas (cf. Mt 13,49-50). Incluso ambas «explicaciones» tienen
notables parecidos en su vocabulario. Tales rasgos establecen un
nuevo paralelismo y ponen de relieve la coexistencia todavía de elementos positivos y negativos, incluso en la etapa de la plenitud. Sin
embargo, se trata únicamente de una situación pasajera, necesaria de
afrontar mientras la historia sigue su proceso, que debe continuar
hasta su consumación definitiva. Al final la comunidad cristiana
aparecerá libre de todo ingrediente negativo y sacudida de los falsos
creyentes, de los que creen sólo de palabra, pero no hacen efectiva
su fe, cumpliendo la voluntad del Padre celestial (cf. Mt 7,21-27).
PESCADOS PUROS E IMPUROS
En las legislaciones acerca de los animales puros e impuros encontramos datos que tienen que ver con las distintas clases de pescados:
De entre todo lo que vive en el agua, ustedes pueden comer lo siguiente: todo lo que tiene aletas y escamas lo podéis comer. Pero no comerán lo
que no tiene aletas y escamas: lo tendrán por impuro (Dt 14,9-10). De en-
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
405
tre todos los animales que viven en las aguas, ustedes podrán comer éstos:
cuantos tienen aletas y escamas sean de mar o río, los podrán comer. Pero
serán cosa abominable para ustedes todos los que carezcan de aletas y escamas, entre todos los que bullen en las aguas, en mares y ríos, y entre todos
los demás animales que viven en el agua (Lv 11,9-12).
La Misná lleva más lejos las prohibiciones sobre la impureza de los
pescados: Si pescado impuro se ha puesto en conserva juntamente con pescado puro, la salmuera está prohibida en caso de que en un barril con capacidad para dos «seás» haya un peso de diez «sús» de Judá, que son cinco «selas» de Galilea, de pescado impuro (Ther. 10,8).
5. COSAS NUEVAS Y COSAS VIEJAS (13,51-52)
El discurso parabólico de Mt 13 concluye con una sentencia de
Jesús, que tiene repercusiones para el resto del evangelio:
Así, todo escriba que se ha hecho discípulo
es semejante al dueño de una casa que saca
de sus arcas
del Reino de los Cielos
lo nuevo y lo viejo.
Mt 13,52 es el punto culminante de todo el discurso. La designación «escriba-discípulo» posee dos aspectos básicos en la obra de
Mateo:
• Por una parte, el «escriba» expresa una función ligada a la ley
antigua.
• Por otra parte «discípulo» constituye uno de los términos más
característicos que sirve para identificar a los miembros de la
comunidad mesiánica.
Al recoger una designación judía, equipararla con una típicamente cristiana y ponerlas en paralelismo, Mateo evidencia una vez
más la unión de ambas etapas. Sin embargo, en el período del cumplimiento el «escriba» no es el «maestro», sino que continúa siempre siendo «discípulo», puesto que el único maestro es Cristo (cf.
Mt 23,8). Incluso, aunque los misioneros cristianos sean enviados
como «profetas, sabios y escribas» (Mt 23,34), tales misioneros continúan siendo sólo «discípulos». Una vez más Mateo presenta la
«continuidad-superación», en una misma y única historia, guiada
por la voluntad soberana de Dios.
La comparación del «escriba-discípulo» con el «dueño de una
casa» crea otro paralelismo interesante, sobre todo por la presencia
406
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
de los términos opuestos «nuevo-viejo». Ya desde antiguo se entendió el binomio «cosas nuevas-cosas viejas» como el conjunto de las
enseñanzas sacadas de la totalidad de la Escritura, es decir, tanto las
pertenecientes a la antigua como a la nueva alianza. De este modo,
el evangelista reconoce una vez más el valor de lo antiguo y lo pone
en estrecha relación con lo nuevo, considerando ambas cosas como
partes constitutivas de un mismo tesoro, el del Reino.
III. DOS INSTRUCCIONES A LA COMUNIDAD
EN FORMA DE PARÁBOLAS (MT 18,12-14.23-35)
Uno de los discursos importantes del evangelio de Mateo es sin
duda el que tiene lugar en el «discurso eclesiástico» (c. 18), en razón
de su interés por la comunidad. En este contexto eclesial y escatológico, Mateo introduce las parábolas de la «oveja perdida» (cf. 18,1214) y del «servidor incongruente» (cf. 18,23-35). Mientras que la
primera parábola tiene sólo algunas modificaciones y ha sido colocada en un contexto diverso del de Lc 15,4-7, la segunda, en cambio, pertenece exclusivamente al EvMt, pero en ambas se acentúa la
misericordia. Así como Mt 18,12-14 expresa la voluntad amorosa
del Padre para que ningún pequeño de la comunidad se pierda, incluso Dios busca al que de hecho ya se ha extraviado, también los
discípulos son llamados a ejercer el perdón hacia sus hermanos,
como una actitud básica, según el ejemplo del mismo Padre celestial.
La versión mateana de la parábola de la «oveja perdida» pone de
relieve la voluntad del Padre, fundamental en este evangelio (cf. Mt
7,21; 12,50; 18,14; 21,31; 26,24). Y consiste aquí en ofrecer la salvación a todos con solicitud amorosa; al mismo tiempo, la parábola
del servidor enfatiza la necesidad de la respuesta adecuada, por lo
que concluye con una sentencia lapidaria (cf. 18,35).
1. ¿NO DEBÍAS TÚ TAMBIÉN COMPADECERTE DE TU COMPAÑERO...?
(18,23-35)
La llamada parábola «del siervo incongruente», aunque enfatiza la
misericordia, lanza también una clara y fuerte advertencia a los miembros de la comunidad, a fin de que practiquen la misericordia para con
sus hermanos, ya que la falta de coherencia será un factor decisivo para
la exclusión del Reino. Esta parábola posee tres partes bien definidas:
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
407
I parte (18,23-27)
Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar
cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que
le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que
fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: «Ten paciencia
conmigo, que todo te lo pagaré». Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
II parte (18,28-30)
Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que
le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: «Paga lo que debes.» Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: «Ten paciencia conmigo, y te pagaré.» Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
III parte (18,31-35)
Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron
a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y
le dijo: «Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me
lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del
mismo modo que yo me compadecí de ti?» Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará
con ustedes mi Padre celestial, si no perdonan de corazón cada uno a su
hermano.
Las dos primeras partes están construidas a base de paralelismos
antitéticos, en las que los contrastes otorgan una elocuencia impresionante a toda la narración:
(El servidor) debía diez mil talentos (18,23) ↔ uno de sus compañeros, debía cien
denarios;
el siervo se echó a sus pies, y postrado
«Ten paciencia conmigo, que todo
le decía:
te lo pagaré
Su compañero cayendo a sus pies, le suplicaba:«Ten paciencia conmigo
y te pagaré.
Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la
deuda ↔ Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase
lo que debía.
• La primera parte presenta la relación entre un rey y un súbdito (amo-siervo), la segunda entre compañeros (igual-igual)
• Mientras el súbdito debe una cantidad exorbitante (diez mil talentos), el compañero tiene una deuda menor (cien denarios)
408
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
• El gesto que acompaña la súplica es el mismo en ambos casos
(echarse a los pies-suplicar)
• La petición que el siervo hace a su señor es la misma que la
que le dirige su compañero (ten paciencia-te pagaré)
• Mientras el rey actúa por compasión (lo dejó en libertad-le
perdonó la deuda), el criado no acepta la súplica (le echó en
la cárcel-hasta que le pagó)
Los escenarios, las condiciones de los personajes y las situaciones
son importantes en el drama: el rey tiene autoridad y supremacía
natural sobre sus súbditos; el monto de la deuda del siervo es impensable, diez mil talentos (equivalente a unas 342 toneladas de
plata) representaba simplemente una suma imposible de pagar y
con mucho superior a los cien denarios (cada denario representaba
un día de salario) que podía ser una deuda común corriente, aunque
no despreciable del todo.
La tercera parte abarca las consecuencias de las dos anteriores y
contiene la enseñanza principal, sobre todo en la pregunta: ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo
me compadecí de ti? Antes que la parábola llegue a formular la sentencia final, el lector del evangelio está en posibilidad de entender
el alcance del cuestionamiento.
La conclusión de la parábola hace eco de Mt 6,15 (perdón al prójimo, para alcanzar misericordia ante Dios) y recuerda así una sentencia pronunciada en el corazón mismo del sermón de la montaña.
IV. LA VIÑA Y EL REINO (MT 20,1-16; 21,28-31.33-43)
Mateo agrupa tres parábolas, que tienen como tema «la viña»,
para señalar algunas características del Reino de los cielos: los «trabajadores contratados en diferentes horas del día» (cf. Mt 20,1-16),
los «hijos desiguales» enviados a la viña (cf. 21,28-31) y «los viñadores homicidas» (cf. Mt 21,33-43). Nos centramos en algunos rasgos de las dos exclusivas mateanas.
1. LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS (20,1-16)
La sentencia de 19,30 sirve para introducir una parábola propia
de Mateo. Se trata de un dicho aislado cuyo contexto no es seguro,
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
409
pero que se acomoda muy bien con el tema de los obreros invitados
a trabajar en la viña, en diferentes momentos. De este modo, la misma sentencia introduce y concluye (20,16) la parábola, formando
una interesante «inclusión», que enfatiza la enseñanza.
En realidad la llegada del reinado de Dios no es comparada con
la viña, ni con los trabajadores, ni siquiera con el patrón en cuanto
tal, sino más bien con lo que ocurre en el contrato y sobre todo en
el arreglo de las cuentas: el pago del jornal al caer la tarde.
La situación que presenta la parábola refleja lo que llegaba a suceder con cierta frecuencia en la realidad del Oriente Medio: al llegar la vendimia el tiempo apremiaba y era preciso acelerar la cosecha antes de que llegaran las lluvias, con sus frías noches; esto podía
llevar al propietario a buscar más trabajadores, e incluso contratarlos
fuera de los horarios habituales. El salario podía variar según el trabajo realizado. El pago ordinario era de un denario por jornal o de
una fracción del mismo, según cada circunstancia. Por esto lo normal era que cada cual recibiera lo «justo», de acuerdo a su trabajo.
En ese contexto, la parábola de Jesús resulta muy sorprendente.
En un principio todo parece transcurrir con normalidad: un propietario «x» sale a diferentes horas a contratar trabajadores para su
viña, éstos responden a la invitación y van a trabajar, al llegar la tarde el dueño de la viña dice a su administrador: «Llama a los obreros y
págales el jornal». Lo extraordinario y desconcertante viene después:
• Empezando por los últimos, hasta los primeros.
• Los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno.
• Los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también
cobraron un denario cada uno, por lo que murmuraban contra el propietario: «Estos últimos no han trabajado más que
una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado
el peso del día y el calor».
• Él contestó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Toma lo
tuyo y vete. Quiero dar a este último lo mismo que a ti.
• ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser
tu ojo malo porque yo soy bueno?».
Lo lógico y ordinario desde la perspectiva humana era haber empezado por los primeros o, en todo caso, que éstos recibieran más
pago que los últimos; por esto, la «injusticia» del propietario hacia
sus empleados que llegaron primero parece doble. Sin embargo des-
410
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
de la perspectiva del patrón no existe injusticia alguna, antes bien
lo que hace es expresión de bondad. Hay una contraposición entre
quien «es bueno» y ↔ el «ojo malo» (= tener envidia). Queda patente cómo la lógica divina es muy diferente a la humana. Ésta es
cuantitativa, la de Dios se mide por la cualidad de la bondad.
Aunque la parábola ha recibido muchas interpretaciones a lo
largo de la historia, trata de modo elocuente la situación de una comunidad, preponderantemente judía, que se va abriendo hacia los
paganos. Para algunos era difícil aceptar que los de esta procedencia, que se iban integrando, estuvieran en la misma condición y con
los mismos derechos que quienes, habiendo heredado las promesas,
se integraron desde el principio.
Lo más desconcertante es también lo más destacado. El propietario no sólo ofrece la misma paga a todos, sino que comienza por los
últimos y finaliza con los primeros. En este sentido la sentencia suena terrible: «Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
Sin embargo la parábola apunta hacia algo fundamental: la llegada
del Reino revoluciona los conceptos humanos y crea un nuevo sistema de valores. Aunque las promesas son mantenidas, también quedan rebasadas por la soberana bondad del dueño de la viña, que recibe a todos, incluyendo a los pecadores, los últimos en la lógica
humana. La soberanía divina convoca y retribuye libremente, con la
única condición de que los invitados respondan al llamado. La participación en la comunidad y en el Reino de Dios nace de la absoluta gratuidad de quien llama a la hora que él mismo decide.
2. ¿CUÁL DE LOS DOS HIZO LA VOLUNTAD DEL PADRE? (21,28-31)
La parábola de «los dos hijos» no sólo es exclusiva de Mateo,
sino que da pie para una enseñanza decisiva del mismo. Está construida a base de oposiciones que contrastan fuertemente:
Pero ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos.
Llegándose al primero, le dijo: «Hijo, vete hoy a trabajar en la viña». ↔ Y
él respondió: «No quiero», ↔ pero después se arrepintió y fue.
Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: «Voy, Señor»,
↔ y no fue.
¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» –«El primero» –le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios.
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
411
En el contexto de la autoridad de Jesús, la parábola de los hijos
desiguales desempeña una función muy singular.
La respuesta de Jesús sobre el origen de su autoridad sólo puede ser entendida en el conjunto de la historia salvífica. Y el que
los «publicanos» y las «prostitutas» se adelanten, o incluso sustituyan a los dirigentes de Israel en el Reino, significa que una etapa nueva y decisiva ha comenzado. Sin cancelar el primer periodo, la plenitud implica un reordenamiento que revoluciona e
interpela fuertemente a los miembros de Israel y de la propia comunidad cristiana.
Que la gente de peor notoria conducta, al escuchar a Juan y al
arrepentirse, se esté adelantando al Reino representa una fuerte llamada de atención no sólo para los escribas y fariseos, sino para todos, incluso para los mismos miembros de la comunidad cristiana.
El decir «sí» compromete la existencia de forma decidida. El no hacerlo trae consecuencias muy graves.
LA VIÑA, LA VID Y EL VINO
El fruto de la vid, junto con el trigo y el aceite entre otros, se cuenta entre uno los más importantes productos de Israel. Con ellos se
aprende a valorar los frutos de la tierra, a poner todo el empeño en una
tarea prometedora, pero también a esperar de la providencia divina.
La vid encierra algo de misterioso. Su madera carece de valor (cf.
Ez 15,2-5) y los sarmientos estériles sólo sirven para arrojarlos al fuego (cf. Jn 15,6), pero su fruto regocija a «dioses y hombres» (cf. Jue
9,13). Ésta es una forma de expresar la gran estima de este producto,
que «alegra el corazón del hombre» (cf. Sal 104,15). Lo primero que
hace Noé, al concluir el diluvio, es plantar una viña en la tierra renovada, que no volverá a ser maldecida (cf. Gn 8,21; 9,20). Después,
Dios prometerá y dará a su pueblo una tierra rica en viñas (cf. Nm
13,23; Dt 8,8), pero que no podrán beber los opresores de los pobres
(cf. Am 5,11) ni los infieles a Yahvé (cf. Sof 1,13), sino que serán devoradas por la langosta (cf. Jl 1,7) o serán reducidas a abrojos (cf. Is
7,23). La vid es imagen de la sabiduría (cf. Eclo 24,14) y de la esposa
fecunda del hombre justo (cf. Sal 128,3). En fin, la vid es el símbolo
de Israel (cf. Os 10,1; Jr 2,21; 5,10; 6,9; 12,10; Ez 15,1-8; 17,6; 19,1014; 51 80,9-19; de modo especial, Is 5,1-7 y 27,2-5). La viña, la vid y
el vino ofrecen muchos elementos significativos, que no podían pasar
desapercibidos por el mismo Jesús.
412
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
V. UNA NUEVA ADVERTENCIA PARA LA COMUNIDAD
MESIÁNICA (MT 22,1-10.11-14)
La versión mateana del «banquete de bodas» consta de dos partes distintas bien definidas, que originalmente pudieron constituir
dos parábolas independientes, más tarde fusionadas:
• La primera (cf. 22,1-10), siguiendo a Mt 21,33-43, expresa el
rechazo de Israel, de modo particular de parte de sus dirigentes, y presenta la constitución de la nueva comunidad destinataria del Reino de Dios.
• En la segunda parte (cf. 22,11-14), en una adición posterior,
Mateo confirma su fuerte preocupación por la comunidad
cristiana misma.
1. LA SALA DE BODAS SE LLENÓ DE COMENSALES (22,1-10)
Entre los rasgos más típicos que presenta la versión de Mateo se
cuentan: la comparación directa del Reino con el banquete; la mención no de un hombre cualquiera sino de un rey (Mt 22,2a), quien
no sólo ofrece una gran cena (cf. Lc 14,16), sino que «hizo un banquete de bodas para su hijo» (Mt 22,2b); la insistente invitación del
«hombre-rey» (vv. 3.4) y el ofuscado rechazo de los invitados (Mt
22,3b), que se transforma en agresión directa a los siervos (22,5-6),
lo que desemboca en una rigurosa reacción del «hombre rey», quien
no sólo monta en cólera (como Lc 14,21), sino que actúa de manera muy drástica contra los que lo han desairado (cf. Mt 22,7b). Destaca con fuerza la ejecución de la orden del rey (cf. Mt 22,10).
Hay que observar también que, mientras en Lc 14,21b la nueva
invitación es dirigida a los pobres y minusválidos, en Mt 22,9 está
abierta a todos los encontrados en el camino, al grado que la sala
queda repleta de «malos y buenos» (cf. Mt 22,10). Esto deja ver
una intensa y cuidadosa reelaboración de la parábola por parte de
Mateo.
A partir de esos rasgos, podemos vislumbrar algunos intereses
particulares de Mateo: la comparación explícita entre el Reino y el
banquete de bodas hace un eco de Is 25,6-10 y ofrece el matiz de
cumplimiento de la esperanza mesiánica; la designación del protagonista como «hombre-rey» (cf. Mt 18,23) ayuda a descubrir la gravedad del rechazo del plan del soberano; el banquete en honor del
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
413
hijo pone de relieve el momento decisivo que significa su presencia;
la doble invitación subraya tanto el llamado insistente y gratuito del
soberano, como la mayor gravedad del rechazo; la actitud de los
«otros» (cf. 22,6) recapitula la hostilidad para con los enviados
(una simple no aceptación se convierte en la opción explícita y radicalmente contraria al rey); la reacción tan severa del «hombrerey» responde a la magnitud del rechazo de sus invitados y la abierta hostilidad de éstos; la nueva orden (cf. 22,9) manifiesta, una vez
más, la apertura universal, confirmada con la ejecución de lo ordenado (cf. 22,10), y remite otra vez a la orientación escatológica,
como en 13,49-50.
Sin embargo la parábola alcanza su punto más alto en 22,10:
Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
A pesar de que los primeros invitados no quisieron asistir al banquete, de cualquier forma éste va a llevarse a cabo y la sala llena es
el signo. Al final hay muchos que aceptan la invitación.
2. ¿CÓMO HAS ENTRADO AQUÍ SIN TRAJE DE BODA? (22,11-14)
La segunda parte (22,11-14) con toda seguridad fue añadida en
un momento posterior. Se puede tratar de un material originalmente independiente y que al ser unido por Mateo, o por una de sus tradiciones, a la parábola del banquete, crea serias dificultades. Además de que falta en Lucas, no embona bien con 22,1-10. Sobre
todo, si los nuevos invitados han sido traídos «de los caminos» (vv.
9-10) y si es consabido que la sala está llena de «malos y buenos»
(v. 10), ¿cómo se puede explicar que el rey expulse del banquete de
manera violenta a uno que no tenía el traje de boda?
Por un lado hay una parte plausible: en los banquetes solemnes
era normal que el anfitrión no comiera con los invitados, dejaba a
los invitados con los manjares y únicamente se aparecía en algún
momento de la comida para saludarlos. Asimismo los invitados,
como muestra de cortesía, debían llevar vestidos limpios (cf. Ap
22,14). El vestido sucio era signo de desprecio al anfitrión. Es posible que aluda a esto la parábola. Sin embargo, por otro lado, esto no
parece que fuera el motivo de interés de la parábola anterior, centrada más bien en el rechazo o aceptación de la invitación hecha
por el rey. No existe mención alguna acerca de una selección de los
414
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
convidados, pues lo importante es su actitud de respuesta. ¿Cuál fue
entonces la razón de una adición tal hecha por el EvMt, que incluso choca con la primera?
El tenor de la parábola tal como aparece en Mt 22,1-10 podía
prestarse a interpretaciones equivocadas o al menos parciales. Había que evitar el error de creer que no hay exigencias para los convidados, más que un «sí» de palabra (cf. Mt 7,21ss). En un momento de la tradición evangélica se pudo percibir el peligro y para
subsanarlo se introdujo una clara advertencia a la propia comunidad cristiana. De este modo, subraya las exigencias que implica la
invitación a formar parte de los discípulos. Así queda manifiesta
la preocupación mateana para hacer ver a los miembros de su comunidad que la invitación recibida implica también una responsabilidad muy seria, que es vivir conforme a «la justicia mayor».
Enfatiza que quienes no asuman esta nueva condición serán también irremediablemente excluidos de la comunión con Dios en su
Reino.
RECAPITULACIÓN
Las parábolas en el EvMt representan vehículos importantes
para presentar las enseñanzas del Maestro Jesús de Nazaret, acerca
de la presencia del reinado de Dios («Reino de los cielos») y de las
implicaciones que tiene para la vida de los creyentes.
El discurso parabólico del c. 13 manifiesta el deseo del Padre de
que la buena noticia sea anunciada por igual a todas las personas,
como parte de la dinámica creciente del Reino que ha llegado a su
plenitud con el Mesías Jesús y que apunta hacia su consumación final. Sin embargo, en la práctica no todos reciben la buena noticia
y algunos que lo hacen no siempre producen los buenos frutos esperados, provocando así una mezcla peligrosa en el seno de la comunidad cristiana misma. Por esto es necesario hacerle una advertencia bastante firme.
Las restantes parábolas confirman que la comunidad de la última y definitiva etapa del Reino vive un proceso dinámico, donde
los elementos heterogéneos coexisten de modo inevitable, pero no
se asimilan. El EvMt subraya que la identidad de los creyentes debe
ser conservada hasta el momento final, en el que habrá dos alternativas: la aceptación definitiva o el rechazo irrevocable.
LA NUEVA JUSTICIA DEL REINO ILUSTRADA POR LAS PARÁBOLAS
415
PARA PROFUNDIZAR
1. Agrupar por temas las parábolas de Jesús en el EvMt: producción de frutos, llamada a la vigilancia, conservar la identidad, fidelidad, opción por el Reino, etc. Por ejemplo el grano de mostaza
(13,31-32) y la levadura (13,33); el tesoro (13,44) y la perla (13,45);
la cizaña (13,24-30) y la red (13,47-50); el siervo al que se le confía
la vigilancia (24,45-51) y las diez vírgenes (25,1-13)... Detectar los
datos más significativos que aportan para la comprensión del «Reino».
2. Leer con calma las parábolas del «Reino de los cielos» en Mt
13. Descubrir con qué se compara exactamente el «Reino» en cada
una de ellas.
3. Recrear los escenarios descritos en algunas de las parábolas:
agrícola, pesca, comercio, vida familiar... Tratar de sintonizarse con los
que escuchaban a Jesús en la Palestina de los años treinta, como con
los cristianos de Siria de los años ochenta. ¿Cómo entendían las parábolas del EvMt?
4. Hacer un estudio comparativo entre la parábola de «la cizaña»
y la de la «red». Ponerlas en columnas paralelas para detectar coincidencias y divergencias.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR
1. Las parábolas fueron un excelente recurso pedagógico para los
tiempos de Jesús y los de las comunidades a las que se dirigían los evangelios. Tenían la fuerza suficiente para sorprender e interpelar a los lectores de entonces. ¿Qué tanto nosotros también nos dejamos sorprender e interpelar por ellas?
2. Ya que hemos sido invitados gratuitamente a participar en el
banquete del «Reino», ¿estamos conscientes, como comunidad cristiana, de toda la responsabilidad al haber recibido en nuestras manos
el proyecto salvador de Dios, produciendo los frutos esperados, sin temor a ser excluidos del Reino? ¿Somos conscientes de las implicaciones que conlleva una invitación de tal magnitud?
3. Algunas parábolas, como la del «tesoro» y la «perla valiosa»,
ilustran la radicalidad en la opción por el Reino de Dios. En mi jerarquía de valores, ¿qué lugar ocupa este Reino? ¿Es una opción fundamental que involucra la totalidad de mi existencia?
416
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
4. ¿Cómo asumimos la coexistencia de buenos y malos que tiene
lugar todavía en el ámbito interno de la comunidad cristiana? ¿Compartimos la «paciencia de Dios» o estamos tentados a violentar el proceso que sólo tendrá solución en la consumación final?
5. El redactor del EvMt, preocupado por que la vida de los discípulos de Jesús fuera acorde al llamado recibido, introdujo el pasaje del
«traje de bodas» a la parábola del banquete, sin importar que no embonara del todo con la parábola misma; así quedaba más patente la necesidad de la respuesta de cada creyente. ¿Qué significa para nosotros
llevar o no llevar este traje?
CAPÍTULO IX
LA OPOSICIÓN AL REINO Y A SU JUSTICIA
Muchas veces el Mesías y sus discípulos encuentran oposición,
incluso frontal, por parte de los adversarios: sumos sacerdotes, fariseos, escribas, saduceos y partidarios de Herodes. Por eso, en diferentes ocasiones el EvMt denuncia las hostilidades de quienes,
como jefes de Israel, detentan el poder y desenmascara actitudes
contrarias a las proclamadas en el sermón de la montaña.
I. RECORRIDO EPISÓDICO DE LAS OPOSICIONES
El EvMt con frecuencia refiere rechazos y oposiciones hacia Jesús
de parte de sus adversarios. Éstas se encuentras diseminadas en muchas partes del relato evangélico. Aquí nos vamos a centrar de modo
especial en tres secciones que recogen controversias significativas.
1. Primera gran sección de oposiciones (Mt 8,1–12,45)
Una vez concluido el sermón de la montaña inicia una nueva
sección del EvMt, que abarca de manera más o menos uniforme
hasta 9,35, donde tiene lugar una serie de acciones portentosas de
Jesús que provocan el rechazo de sus adversarios. En 9,36 inicia el
discurso misionero, en el que el Mesías advierte a sus discípulos
acerca de las oposiciones que ellos también tendrán que enfrentar.
En 11,2 reinicia la parte narrativa donde siguen los enfrentamientos. De este modo, las controversias son una constante en esta gran
sección, en la que podemos distinguir tres momentos básicos:
418
EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
• De la instrucción del gran Maestro (Mt 5–7) se pasa a la acción poderosa del Señor de la comunidad, quien posee autoridad sobre la enfermedad (8,1-17; 9,1-7; 9,20-22.27-34), la
naturaleza (8,23-27), los demonios (8,28-34) y la muerte
(9,18-19.23-26). El EvMt resalta la eficacia del poder de Jesús, privilegia el diálogo y el tema de la fe, destaca la acción
de «mirar» con la que Jesús, desde el principio, domina la situación y pone de manifiesto su majestad. Pero también empiezan a aparecer las hostilidades de parte de los adversarios.
• En el segundo gran discurso (Mt 9,36–11,1) aparecen nuevas
controversias. Los discípulos de Jesús ya instruidos (5,1–7,29),
han sido testigos del poder y la misericordia del Maestro,
quien predica y actúa con autoridad (8,1–9,35); ahora ellos
reciben el encargo de continuar con esa misión: anunciar el
Reino, enseñar y realizar acciones portentosas, pero también
se les advierte acerca de los peligros y hostilidades que habrán
de enfrentar, por lo que reciben ánimos. La misma suerte del
Maestro será la de los discípulos en todo momento.
• Concluido el discurso de la misión y el testimonio (11,1), el
EvMt inicia una nueva sección narrativa donde tienen lugar
enfrentamientos entre Jesús y diversos grupos hostiles. La pregunta del Bautista (11,2-3) abre paso a la denuncia contra
«esta generación» (11,16-19) y al lamento por las ciudades impenitentes (11,20-24). Después de una alabanza al Padre por la
revelación a los sencillos (11,25-27) y la invitación para acudir Jesús (11,28-30), aparecen varias controversias: las espigas
arrancadas en sábado (12,1-8), la curación del hombre con la
mano paralizada (12,9-14), la acusación de un supuesto actuar
en nombre de Belzebul (12,22-32); el dicho sobre el árbol bueno y el malo evidencia la condición de las personas (11,33-37)
y se niega el signo que piden los escribas y fariseos (11,38-42).
La denuncia contra «esta generación malvada» remata con lo
dicho sobre la estrategia de Satanás (11,45).
2. Segunda gran sección de oposiciones (Mt 13,53–17,27)
Esta gran sección del relato mateano contiene una serie de episodios que, de alguna forma, tienen que ver con las oposiciones de
los adversarios contra el Mesías:
LA OPOSICIÓN AL REINO Y A SU JUSTICIA
419
• La vuelta de Jesús a Nazaret anuncia el rechazo que va a enfrentar (13,53-58).
• El reconocimiento que recibe Jesús en Genesaret por sus milagros (14,34-36) lleva a reiniciar las hostilidades por parte de los
fariseos y de los escribas, a causa de la supuesta transgresión de
las tradiciones (15,12). La respuesta de Jesús consiste en una
denuncia a quienes más bien han pervertido el sentido auténtico que tiene el mandamiento de Dios (12,3-9). Esto también da
pie para la enseñanza acerca de lo puro y lo impuro (15,10-20).
• El relato de la segunda multiplicación de los panes (15,32-39)
y la petición de una señal de cielo que hacen los fariseos y saduceos (16,1) no sólo dan como resultado la negación de lo
solicitado (16,2-4), sino también la advertencia para cuidarse
de esos grupos (16,5-12).
• El primer anuncio de la pasión (16,21), que sigue inmediatamente a la profesión de fe de Pedro (16,13-20), pone en evidencia que la suerte dolorosa que espera al Maestro tiene que
ver con los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, es decir, con los grupos rivales.
• Después de la transfiguración (17,1-8), los discípulos preguntan por qué los escribas dicen que primero tiene que venir Elías
(17,10). La respuesta del Maestro se convierte en una denuncia sobre la actitud ante el Profeta que ya vino en la persona
del Bautista (17,9-13).
• El tributo al Templo (17,24-27), sin ser controversia, pone de
manifiesto que Jesús no rechaza las instituciones de Israel en
cuanto tal, sino las interpretaciones de algunos grupos.
3. Tercera gran sección de oposiciones (Mt 21,1–23,39)
Mt 21,1-11 narra la entrada de Jesús en Jerusalén. Este momento marca el inicio de la última y decisiva etapa de su ministerio, y
también abre paso a una mayor intensidad de las hostilidades de
quienes se oponen con tenacidad a él y a su Reino mesiánico. Poco
antes de la entrada mesiánica, Jesús enfrenta a los fariseos, quienes
le ponen a prueba con la pregunta acerca del divorcio (19,1-9).
• Inmediatamente después de la entrada en Jerusalén la autoridad de Jesús es cuestionada y él responde con parábolas (Mt
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EL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO
21,12–22,14). La expulsión de los vendedores del templo
(21,12-13), la curación de los ciegos (21,14-17), así como las
enseñanzas en el Templo (21,23), constituyen episodios que
hacen detonar la furia de los sumos sacerdotes y de los ancianos del pueblo, los cuales cuestionan la autoridad de Jesús,
quien a su vez se abstiene de responder a tales interrogantes
(21,23-27) y de este modo evita por el momento la confrontación directa. Sin embargo, las tres parábolas que siguen: los
«dos hijos» (21,28-32), los «viñadores homicidas» (21,33-46)
y el «banquete de bodas» (22,1-14) son ya una denuncia
abierta, y contribuyen a intensificar el ambiente hostil. De
hecho, las dos &ua