Positividad, el camino para convertir los hábitos en resultados

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FICHA TÉCNICA
Título: Positividad, el camino para convertir los hábitos en resultados (I).
Autor: GIL SALINAS, Alonso.
Fuente: Capital Humano, nº 294. Enero, 2015.
Resumen: Desde hace unos años la felicidad es un tema recurrente en la literatura de gestión de personas. Es un término que
se asocia a los de bienestar y positividad y, por tanto, relacionado
con lo que se ha denominado el ‘florecimiento humano’. Las investigaciones llevadas a cabo sobre este tema desde la psicología
positiva han demostrado el interés que tiene tanto para el público
en general como para el ámbito empresarial, especialmente por la
conexión entre positividad, éxito y productividad. En esta primera
parte del artículo, el autor ofrece una visión de conjunto del estado
de la cuestión. Analiza las investigaciones científicas y las que, siendo rigurosas, no pueden considerarse como científicas y se detiene
en el modelo PERMA, desarrollado por Martin Seligman.
Descriptores: Positividad / Felicidad / Bienestar / Productividad
E
n febrero de 2010, el distinguido investigador
y premio Nobel de economía, Daniel Kahneman, iniciaba una charla titulada El Enigma
de la Experiencia versus la Memoria1, haciendo
un comentario en torno a la enorme cantidad de libros sobre felicidad que había en el mercado.
Decía que había encargado a una persona que contase
los ejemplares que en los últimos 5 años incluyesen en
su título la palabra felicidad, pero que se había dado por
vencida cuando había sobrepasado los 40 volúmenes.Y si
Kahneman hubiese agregado que como la felicidad está
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asociada con el bienestar y la positividad, y que todos estos
términos se relacionan con el florecimiento del ser humano,
el número de publicaciones a contar con títulos incluyendo
estos vocablos habría sido increíblemente más grande.
Y más aún, si a esto añadimos que a la par han surgido
innumerables páginas web, e incluso organizaciones con
cualquiera de estas palabras comprendidas en su razón
de ser, resulta evidente que estamos viviendo un llamativo
y creciente interés en torno a este tema. Ahora bien, la
pregunta es: ¿A qué se debe esto? y ¿qué tiene que ver
un premio nobel de economía con este asunto?
Positividad, el
camino para
convertir los
hábitos en
resultados (I)
Desde hace unos años la felicidad es
un tema recurrente en la literatura de
gestión de personas. Es un término
que se asocia a los de bienestar y
positividad y, por tanto, relacionado
con lo que se ha denominado
el ‘florecimiento humano’. Las
investigaciones llevadas a cabo sobre
este tema desde la psicología positiva
han demostrado el interés que tiene
tanto para el público en general como
para el ámbito empresarial. Para el
autor, el hábito y no la autodisciplina
está detrás del resultado. En este
primer artículo, ofrece una visión
de conjunto del estado de la cuestión
y se detiene en el modelo PERMA,
desarrollado por Martin Seligman.
Alonso Gil Salinas, Ingeniero Químico y MBA. Consultor en Dirección
de Empresas.
El objetivo del presente artículo consiste en aportar una
breve visión de conjunto sobre el contenido esencial de
lo que hay detrás de este llamativo fenómeno. Tal número de publicaciones se debe al creciente interés por
conocer los descubrimientos de la relativamente reciente
investigación científica en torno al florecimiento humano.
Aunque la terminología puede prestarse a confusión, ya
que las palabras positividad, bienestar, florecimiento y
felicidad suelen utilizarse de manera indistinta para referirse a esta materia, en lo que no hay lugar a duda es en
el uso de la expresión investigación científica al abordarla.
Kahneman es uno entre un gran número de expertos que
trabajando en áreas como la psicología, la neurociencia
o la economía conductual, están desvelando hallazgos en
torno al florecimiento humano que son de vital interés
tanto para el público en general, como para la comunidad
empresarial en particular.
De hecho, se ha constituido una también relativamente
nueva disciplina para aglutinar la investigación en torno al
florecimiento humano: la rama de la Psicología denominada
Psicología Positiva. Para darnos una idea de lo moderno de
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este enfoque, podemos decir que el punto de inflexión
entre la llamada Escuela Humanista, que durante la segunda
mitad del siglo XX se ocupó del florecimiento humano y
el nuevo enfoque científico, fue la publicación en el año
2000 de un influyente artículo denominado Psicología
Positiva. Una Introducción2.
En dicho artículo, un grupo de investigadores cuestionaron
el dominante enfoque tradicional de la Psicología consistente en eliminar patologías, argumentando que dicho
enfoque, aunque vital para el bienestar del ser humano,
solamente llega hasta situarlo a cero, en una escala de
posibilidades que van desde lo muy negativo hasta lo muy
positivo.Y señalaron la necesidad de desarrollar una ciencia
que contribuyese a situarnos más allá de la mera ausencia
de lo negativo. Esto
es, que contribuyese
a lo positivo, a lo que
implica el florecer y
que redunda en el
bienestar y la felicidad del ser humano.
Plantearon que el estudio riguroso de la
experiencia subjetiva
sobre la positividad,
sobre los rasgos individuales positivos
y sobre las instituciones positivas,
contribuiría significativamente al florecimiento tanto de
personas como de comunidades y sociedades.Y así ha sido.
POSITIVIDAD VERSUS AUTORREALIZACIÓN
Debemos distinguir claramente lo que implica abordar
el florecimiento humano con un enfoque rigurosamente
científico, comparándolo con un enfoque serio y riguroso pero no científico. Como ejemplo de esto último,
consideremos uno de los iconos más significativos que
nos legó la Escuela Humanista: La Pirámide de Maslow.
Abraham Maslow, quizá el más distinguido exponente de
dicha escuela y que también abogó por la necesidad de
desarrollar un enfoque positivo a la psicología, publicó su
teoría sobre la jerarquía de necesidades del ser humano
en el año de 19434.
En su planteamiento, Maslow señalaba que si una persona
alcanzaba la autorrealización, era porque
había florecido desarrollando al máximo
su potencial como
ser humano y por
lo tanto, en paralelo, su sensación de
bienestar y felicidad.
Ahora bien, aunque
la autorrealización constituía una
idea intuitivamente
atractiva, siempre
presentó ciertas limitaciones en cuanto a su aplicación práctica, ya que es
difícil determinar cuándo es que un ser humano en particular la ha alcanzado. De hecho, si nos preguntásemos
si podríamos establecer claramente si una persona está
autorrealizada de acuerdo con el modelo de Maslow, la
respuesta definitiva sería que no, ya que no incorpora la
manera en que pueda medirse objetivamente dicha variable.
La Psicología Positiva ha
desarrollado un campo
de conocimiento para
determinar los factores que
nos permiten desarrollar al
máximo nuestro potencial
Es importante no confundir el término positividad, que
se refiere a la sensación de emociones positivas, con una
corriente que aboga por lo se conoce como pensamiento
positivo, un planteamiento que nada tiene que ver con el
estudio del florecimiento humano. Por aclarar someramente,
se trata de una especie de pensamiento mágico que pretende que por el mero hecho de pensar positivamente en las
cosas buenas y deseables de la vida, como por ejemplo el
dinero o el éxito, la persona las atrae y las obtiene. Quizá el
más llamativo exponente actual de este planteamiento, sea
el éxito de los libros El Secreto y su secuela, El Poder, de
Rhonda Byrne. Solo el primero de ellos ha vendido más de
19 millones de copias en más de 40 idiomas. Esta tremenda
popularidad se debe en parte a que, como señalan los autores de una severa crítica publicada en el New York Times3,
explota de manera óptima un conjunto de debilidades en el
diseño de la mente humana para convencer a sus lectores
de una serie de planteamientos carentes de seriedad y
totalmente al margen de lo tratado en este artículo.
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En marcado contraste con las aproximaciones al florecimiento humano intuitivamente válidas, la Psicología Positiva
ha desarrollado un nuevo campo de conocimiento para
determinar con riguroso criterio científico cuáles son los
factores que permiten al ser humano florecer desarrollando al máximo su potencial. Como ejemplo de dicho
enfoque, podemos señalar la metodología que se apoya
en el hecho de que la relación de emociones positivas a
negativas que una persona experimenta puede medirse
escaneando su cerebro, siendo este ratio una medida
objetiva de su nivel de felicidad.
Retomando a Maslow y como más adelante podremos
apreciar, la autorrealización se considera hoy en día como
sólo parte de los distintos factores que contribuyen al
florecimiento humano.
POSITIVIDAD Y PRODUCTIVIDAD
Una buena parte de las publicaciones sobre positividad son
muy apreciadas en el entorno empresarial, aunque su éxito no
se debe a que implícitamente se reconozca que el bienestar
o la felicidad de los recursos humanos de la empresa sea
deseable per se, como alentaba la Escuela Humanista en el
siglo pasado. Más bien, su éxito se debe a la relación que la
ciencia ha encontrado entre la positividad y la productividad
de las personas. En un meta-análisis de 225 investigaciones
académicas publicado en 2005, los investigadores Sonya
Lyubomirsky, Laura King y Edward Diener encontraron una
relación causal entre las emociones positivas y el éxito en
casi todas las esferas de actuación del ser humano: trabajo,
salud, amistad, sociabilidad, creatividad y energía5.
Sus conclusiones pueden resumirse de la siguiente manera:
Las personas que están más satisfechas con la vida y por
lo tanto son más positivas y felices, son más productivas,
por lo que tienden a lograr en mayor medida lo que se
proponen, lo cual a su vez redunda en su bienestar. Este
hecho propicia aún más el éxito, creando así un círculo
virtuoso. Aunque estamos hablando de una relación que
va en ambos sentidos, se trata de un proceso en el que
más bien primero somos más felices y luego tenemos más
éxito, en lugar de un proceso en el que primero tenemos
más éxito y como consecuencia somos más felices. Estos
hallazgos han impulsado a un creciente número de empresas a facilitar las condiciones en las que su personal
pueda incrementar su nivel de positividad, ya que ello
redunda directamente en la productividad organizativa.
PERMA: EL NUEVO MODELO DEL
FLORECIMIENTO HUMANO
Martin Seligman, a quien se considera como el padre de
la Psicología Positiva, es el autor de uno de los modelos
sobre el florecimiento humano más aceptados hoy en
día. Desde los inicios de sus investigaciones, Seligman
consideraba que el mero hecho de ser feliz en el sentido
tradicional de la palabra, esto es, el de sentir emociones
positivas, no era suficiente como para describir la satisfacción con la vida. Debido a ello, su primer planteamiento
comprendía, además de las mencionadas emociones positivas,
el grado de implicación en aquello a lo que la persona
se dedica y el significado que le atribuye a su vida. Este
planteamiento inicial se popularizó como las tres vidas de
la felicidad humana: la vida placentera, la buena vida y la
vida significativa. Sin embargo, casi diez años después de
haber publicado su teoría inicial6, y como consecuencia
del trabajo de investigación de un considerable número
de científicos, decidió añadir dos factores más a los tres
originales: el logro y las relaciones positivas7.
El fundamento de su modelo consiste en identificar todo
aquello que un ser humano libre y consciente persigue
con el fin de alcanzar su bienestar. Asimismo, estos factores cumplen además con los siguientes criterios que
los hacen susceptibles de ser analizados desde un punto
de vista científico:
ď Cada factor contribuye al bienestar de forma independiente.
ď Cada factor es motivante por sí mismo.
ď Cada factor es medible de forma independiente.
El modelo se denomina PERMA, el acrónimo que corresponde a las siglas de cada uno de los factores en inglés:
Positive Emotions, Engagement, Positive Relationships,
Meaning y Accomplishment.
El modelo PERMA asume que la finalidad del ser humano
reside en incrementar su bienestar, floreciendo como
persona y desarrollando al máximo su potencial. Y que
en consecuencia, eso le hará más feliz. En la descripción
de los cinco factores que veremos a continuación podremos apreciar que no se reducen al concepto inicial
de autorrealización planteado por Maslow:
1. Emociones Positivas. Se refiere a la percepción de
buenas sensaciones. Desde el agrado, el confort o el
placer, hasta sentimientos de éxtasis.
2. Implicación. Cuando alguien se involucra a fondo en
algo, desplegando al máximo sus fortalezas personales y quedándose prácticamente absorto en aquello
que hace, se produce un estado que se denomina
fluidez, concepto acuñado por el investigador Mihaly
Csikszentmihalyi8. El término implica que la persona
fluye y se funde con lo que hace. Un músico tocando
un instrumento, o un directivo llevando a cabo una
negociación puede fluir con su tarea. Sin embargo,
una persona que ve la televisión para distraerse y
sentir así una emoción positiva, no se implica a fondo
desarrollando sus fortalezas y talentos, por lo que no
se produce el estado de fluidez.
3. Relaciones Positivas. Muy poco de lo que es positivo
se da a solas. Basta pensar en la última vez que, por
ejemplo, sentimos una alegría desbordante o nos sentimos orgullosos por un gran logro y lo más probable es
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que estuviésemos compartiéndolo con otras personas.
En la naturaleza del ser humano está el ser sociable,
por lo que el desarrollo de relaciones positivas es un
factor que contribuye a su bienestar.
4. Significado. Los factores que se circunscriben a la
propia persona no abarcan todas sus aspiraciones.
Pensemos que quien esté firmemente implicado en su
actividad y además disfrute de abundantes emociones
y relaciones positivas, no por ello deja de sentir que su
vida debe tener algún significado que vaya más allá de
sí mismo. El destacado psiquiatra Víctor Frankel solía
preguntar a sus pacientes más abrumados y decepcionados con su existencia, por qué es que simplemente
no se suicidaban9. De su respuesta derivaba que si no
lo hacían, era porque su vida tenía una razón de ser
que iba más allá de ellos mismos. Ese sentido o significado suele ser distinto en cada persona: puede ser
un ser querido, la familia, una organización o partido
político, la religión, etc.
5. Logro. Hay personas que sienten una enorme satisfacción simplemente por lograr algo en concreto
sin aparente razón alguna. Valga como ejemplo la
conocida anécdota de que si se le pregunta a un
montañista: ¿Por qué has decidido escalar esa cumbre?
responde simplemente: porque está ahí… Lograr
algo por el mero hecho de lograrlo forma parte
de la naturaleza humana y constituye un factor que
El desarrollo de relaciones
positivas es un factor que
contribuye al bienestar del
ser humano
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contribuye a su bienestar. Teniendo en cuenta que
la felicidad, consecuencia última del bienestar, más
que un estado al que al que se llega es un estado al
que se tiende, podemos afirmar que el procurar ser
más felices equivale en términos no coloquiales a
desarrollar nuestros factores PERMA.
Podríamos quedarnos con la idea de que el desarrollo de
dichos factores incide solamente en nuestra salud mental,
pero sabemos que cuerpo y mente forman una sola unidad
altamente interrelacionada. De hecho, la investigación
recopilada en el mencionado meta-análisis, asimismo
respalda que la felicidad también incide significativamente
en la salud física, contribuyendo al círculo virtuoso que
conduce al bienestar. Esto es, las personas más felices no
solamente son más productivas y se sienten mejor, sino
que además son más activas y creativas, cuentan con un
mejor sistema inmunológico e incluso disfrutan de vidas
más longevas.
Comparemos el modelo del bienestar con lo que instintivamente solemos hacer cuando intentamos determinar
subjetivamente si una persona es feliz. Lo más común es que
en algunas ocasiones nos quedamos con la idea de que lo es, si
manifiesta externamente un temperamento de agrado, gusto
o alegría. Mientras que en otras intuimos que es feliz simplemente porque sabemos que tiene éxito en aquello a lo que
se dedica. Pero pensemos por ejemplo que se puede dar el
caso de una persona que se sienta bien debido a que se droga,
o el de otra a quien le va muy bien profesionalmente pero
que experimenta y
rememora profundos
resentimientos ante
pequeños agravios.
Es evidente que teniendo en cuenta el
modelo PERMA, debemos mirar ambas
facetas a la vez. Esto
es, no podemos concluir que alguien es
feliz ya sea porque se
sienta bien o porque
está haciéndolo bien.
Más bien, el bienestar
de una persona depende del grado en el que se sienta bien
y esté haciéndolo bien al unísono.
organizativo cuando cimentó su modelo de los 7 hábitos de la
gente altamente efectiva en lo que llamó la ética del carácter,
una ética basada en principios fundamentales que definió
como leyes naturales
y universales que gobiernan la efectividad
humana, señalando
como ejemplo a la
integridad o a la honestidad10.
Lograr algo por el mero
hecho de lograrlo forma parte
de la naturaleza humana
y constituye un factor que
contribuye a su bienestar
DESARROLLANDO NUESTRO POTENCIAL
¿Qué es lo que debemos hacer para desarrollar nuestros
factores PERMA? ¿Qué es lo que cada uno de nosotros
en particular debemos potenciar y desarrollar en nuestra
persona, con el fin de sentirnos bien y estar haciéndolo bien
al unísono? Cada cual es diferente y bajo cada epígrafe de
PERMA existen multitud de alternativas por las que se puede
optar. Lo lógico es que decidamos apoyar el desarrollo de
nuestra vida tanto personal como profesional en aquellas
destrezas en las sabemos que somos particularmente
fuertes. Pero dado que estamos hablando de nuestro florecimiento como seres humanos, no debemos equivocarnos
pensando en que la clave está en potenciar cualquier tipo de
pericia en la que destaquemos. No debemos considerar, por
ejemplo, habilidades del tipo de la capacidad para comunicar
o la destreza para negociar, ya que ese tipo de aptitudes
favorecen el éxito solamente en ciertas facetas de la vida.
Cuando hablamos de nuestra existencia como un todo,
nos interesa potenciar aquellas fortalezas que sabemos han
permitido a muchos florecer como persona en la mayoría
de las culturas que se han desarrollado a lo largo de la
historia. Fortalezas que correspondan a valores ampliamente compartidos por la humanidad en su conjunto y
que inciden en lo que llamamos el carácter de la persona.
Cuando nos referimos a una persona de carácter, hablamos
de alguien que actúa firmemente de acuerdo con sus convicciones. Stephen Covey popularizó el concepto en el ámbito
Quizá la única crítica
que podríamos hacer
a su planteamiento
es que esos valores
deberían de calificarse como ubicuos en
lugar de universales,
ya que se trata de valores que son ampliamente compartidos por la mayoría de las culturas pero no necesariamente
por todas. Es más, como siempre se puede señalar una
cultura inusitada, nadie ha podido establecer la existencia
de unos valores universales desde un punto de vista científico. Sin embargo, si se ha podido identificar un conjunto
de valores ubicuos, aquellos que están presentes en la
mayoría de las culturas que han florecido a lo largo de la
historia de la humanidad. De entre este amplio conjunto de
valores, que a su vez están asociados a unas destrezas, es
de dónde debemos elegir los más idóneos para nosotros
en particular, aquellos en los que nos podemos apoyar
para potenciar el sentirnos y hacerlo bien a la vez. Como
podremos apreciar más adelante, los que intuitivamente
menciona Covey en su libro, forman parte del conjunto.
El primer intento por describir esos valores de forma sistemática, secular, y desde una perspectiva científica, se debe a
los investigadores Christopher Peterson y Martin Seligman.
Su trabajo culminó con la publicación en 2004 de su Manual
de Virtudes y Fortalezas de Carácter, en el que incluyeron veinticuatro fortalezas de carácter agrupadas bajo seis virtudes11.
Para incluir una fortaleza en la investigación científica,
decidieron que debería cumplir tres criterios:
ď que fuese valorada prácticamente en todas las culturas,
ď que esa valoración tuviese validez propia (no necesariamente como medio para alcanzar otros fines) y
ď que fuese un rasgo maleable, esto es, que se pudiese
cultivar o desarrollar.
Por lo tanto, cuestiones como la inteligencia, que difícilmente se puede desarrollar, o la puntualidad, que es un
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medio para alcanzar otro fin, constituían ejemplos que
no podían ser incluidos.
Llegaron a la conclusión de que a lo largo de milenios,
existe una sorprendente convergencia entre filosofías,
religiones y culturas con respecto a las virtudes clave.
Confucio, Aristóteles, Santo Tomas de Aquino, el Código
Bushido de los samuráis, el Bhagavad-Gita y otras tradiciones venerables discrepan en cuanto a los detalles,
pero esos seis códigos incluyen las seis virtudes clave
que identificaron. Una vez establecidas dichas virtudes,
las subdividieron en las 24 fortalezas que las describen de
acuerdo con los criterios de investigación mencionados.
Pueden observarse en el siguiente cuadro:
CARÁCTER Y PERSONALIDAD
Cabe señalar que además de esos valores que conforman
nuestro carácter, existe otro tipo de cualidades que también nos impulsan a actuar de formas específicas: nuestros
rasgos de personalidad. Cuando hablamos de personalidad
nos referimos a ciertas peculiaridades que definen nuestra
naturaleza básica, misma que tiene una importante componente genética y que hace que, por ejemplo, algunos seamos
más o menos extrovertidos, o más o menos responsables o
concienzudos.Y aunque son rasgos sobre los que se puede
trabajar para que afloren en conductas preferidas, nuestra
naturaleza incluye diversas características a menudo poco
deseadas, que siempre permanecen latentes en nosotros.
Los rasgos de carácter son algo distintos de los de personalidad, ya que se manifiestan a través de la forma en
que elegimos poner en práctica nuestra dotación genética para conducirnos por el mundo. Son rasgos con un
marcado sentido del deber ser y que se construyen a lo
largo del tiempo a través de las decisiones que vamos
tomando en el discurrir de nuestras vidas. A lo largo de
la historia, esos rasgos se han detallado de muy diversas
formas a través de los tratados de moral o de ética, pero
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a diferencia del planteamiento de Peterson y Seligman,
invariablemente se ha hecho sólo desde la perspectiva
del deber ser y sin ninguna base científica.
Por lo tanto, cuando hablamos de apoyarnos en aquellas
destrezas en las que seamos particularmente fuertes, nos
referimos a aquellas en las que destaquemos de entre las
24 fortalezas señaladas. Como cada ser humano es distinto,
no todos valoramos las 24 fortalezas de la misma manera.
Algunos valoramos el deseo de aprender por encima de
la creatividad, otros valoran la integridad por encima de la
prudencia, etc. Lo importante es que diseñemos nuestra
vida de tal forma que podamos desarrollar al máximo lo
que llamamos nuestras fortalezas personales, que son las
cinco a siete fortalezas de carácter con las que más nos
identificamos, aquellas que nos definen como persona
ante nosotros mismos y ante los demás. Saber claramente
cuáles son las que nos caracterizan, nos permite plantear
nuestras propias metas de una manera concordante con
los cinco factores del Modelo del Bienestar.
Martin Seligman ofrece un test en su página web que nos
puede ayudar a determinarlas: http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu. Es totalmente gratuito, es posible
seleccionar el idioma español y sólo requiere registrarse12. Los resultados del test no pretenden establecer un
juicio de valor sobre la persona que lo lleva a cabo, ya
que todos los resultados son buenos. De hecho, puede
repetirse cuantas veces sea necesario, ya que lo que
pretende es ayudarnos a determinar nuestras fortalezas
personales. Más aún, existe un test abreviado de sólo
unas cuantas preguntas en la misma página, que podría
considerarse como una guía para aquellos que ya tienen
un profundo conocimiento de sí mismos y no necesitan
hacer el test. Lo importante es que de una forma u otra,
podamos jerarquizar las 24 fortalezas, desde la que más
nos describe hasta la que menos lo hace, e identificar las
más significativas. Notas
1 Disponible en: http://www.ted.com/talks/daniel_kahneman_the_riddle_of_experience_vs_memory. Consultado el 29 de Mayo de 2014.
2 Seligman, Martin E. P. and Csikszentmihalyi, Mihaly (January 2000). “Positive Psychology. An Introduction”. American Psychologist. Vol. 55, No. 1, 5-14.
3 Chabris, Christopher F. and Simons, Daniel J. “Fight The Power”. The New York
Times. Disponible en: http://www.nytimes.com/2010/09/26/books/review/
Chabris-t.html?pagewanted=all&_r=0. Consultado el 29 de Mayo de 2014.
4 Maslow, Abraham (1943) “A Theory of Human Motivation”. Psychological
Review, 50, 370-396.
5 Achor, Shawn. (2010) The HappinessAdvantage. New York: Random House.
6 Seligman, Martin, E. P. (2002). Authentic Happiness. Free Press.
7 Seligman, Martin. E. P. (2011). Flourish. New York: Free Press.
8 Csikszentmihalyi, Mihaly (1992). Flow. Croydon (UK): The Random House
Group Limited.
9 , FRANKL, Victor (1959) Man’s Search for Meaning. Great Britain: Random House.
10 Covey, Stephen, R. (1989). The 7 Habits of Highly Effective People. New York:
Simon and Schuster.
11 Seligman, 2002.
12 En la pestaña de navegación elegir el idioma español. En el apartado de
Cuestionarios, seleccionar el Cuestionario VIA de Fortalezas Personales, registrarse y llevar a cabo el test.
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GESTIÓN DE LAS EMOCIONES
FICHA TÉCNICA
Título: Positividad, el camino para convertir los hábitos en resultados (II).
Autor: GIL SALINAS, Alonso.
Fuente: Capital Humano, nº 295. Febrero, 2015.
Resumen: Desde hace unos años la felicidad es un tema recurrente en la literatura de gestión de personas. Es un término que se
asocia a los de bienestar y positividad y, por tanto, relacionado con
lo que se ha denominado el ‘florecimiento humano’. Las investigaciones llevadas a cabo sobre este tema desde la psicología positiva
han demostrado el interés que tiene tanto para el público en general como para el ámbito empresarial, especialmente por la conexión
entre positividad, éxito y productividad. En esta segunda parte del
artículo, el autor analiza las emociones positivas del modelo PERMA
de Martín Seligman, las estrategias que contribuyen a elevar el grado de felicidad del ser humano y la forma de convertir en hábitos
los comportamientos positivos. A su juicio, incrementar el nivel de
bienestar y felicidad es una decisión personal que se logra mediante el control de pensamientos, emociones y comportamientos.
Descriptores: Positividad / Felicidad / Bienestar / Productividad
D
e entre los factores del Modelo del Bienestar, las emociones positivas son de especial
interés con respecto al proceso de florecimiento como un todo, ya que el grado en
el que se experimentan permite que dicho
proceso progrese; o que por el contrario, se estanque o
decaiga.Tanto las emociones positivas, como por ejemplo
el aprecio, la confianza o el entusiasmo; como las negativas, como por ejemplo el miedo, el recelo o el asco, son
vitales para nuestra supervivencia. Pero el hecho es que
lo negativo pesa mucho más que lo positivo en nuestro
nivel de bienestar. Tal vez esa sea la razón por la que el
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término positividad sea tan favorecido para hacer referencia
al proceso como un todo. Hablando coloquialmente, con
nuestro bienestar sucede algo análogo a lo que sucede
con la satisfacción del cliente en la empresa: que una sola
impresión negativa impacta más que muchas positivas.
LAS EMOCIONES POSITIVAS: UN FACTOR
CLAVE
John Gottman, un estudioso de las relaciones matrimoniales, fue uno de los pioneros en investigar sobre el
Positividad, el
camino para
convertir los
hábitos en
resultados (II)
Desde hace unos años la felicidad es
un tema recurrente en la literatura de
gestión de personas. Es un término que
se asocia a los de bienestar y positividad
y, por tanto, relacionado con lo que
se ha denominado el ‘florecimiento
humano’. Las investigaciones llevadas
a cabo sobre este tema desde la
psicología positiva han demostrado
el interés que tiene tanto para el
público en general como para el ámbito
empresarial. En este segundo artículo,
analiza las emociones positivas del
modelo PERMA de Martín Seligman, las
estrategias que contribuyen a elevar
el grado de felicidad del ser humano
y la forma de convertir en hábitos los
comportamientos positivos.
Alonso Gil Salinas, Ingeniero Químico y MBA. Consultor en Dirección
de Empresas.
denominado ratio de positividad, el grado en que experimentamos las emociones positivas en contraste con
las negativas. En sus conclusiones, popularizadas como
las matemáticas del matrimonio, determinó un punto de
inflexión en el desarrollo de la relación matrimonial.
Gottman encontró que las parejas exitosas tienen una
relación de interacciones positivas a negativas de alrededor
de 5 a 1, mientras que las que se encaminan al fracaso
las tienen aproximadamente de 1 a 11.
la investigadora Bárbara Fredrickson ha establecido que un
ratio de en torno a 3 a 1 establece la frontera que inclina
al proceso ya sea al florecimiento, o al languidecimiento2.
Por lo tanto, dado que como ella misma señala, el ratio de
positividad normal, el de la mayoría de las personas, es de
2 a 13 y que estamos hablando de un punto de inflexión
entre el florecimiento y el estancamiento o la caída, es de
vital importancia decidir situar nuestra tasa de emociones
positivas por encima de dicho punto de inflexión.
Aunque es difícil determinar un umbral de positividad en
términos generales; esto es, no específico para una situación,
Fredrickson desarrolló una teoría que denominó La Teoría
de Ampliación y Construcción4, que aporta una interesante
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81
>
explicación sobre la función de las emociones positivas.
Independientemente de que la razón de ser de ambos tipos
de emociones, positivas y negativas, sea la supervivencia
del ser humano, plantea que tanto su desarrollo evolutivo
como su forma de contribuir son diferentes. A la ampliamente aceptada función de supervivencia inmediata de
las emociones negativas, como es el caso de las que nos
instan a luchar, escapar o escupir, Fredrickson añade que
las positivas debieron surgir más adelante en el proceso
evolutivo con el fin de sobrevivir en un más largo plazo,
basando su afirmación en el hecho de que las emociones
positivas amplían nuestra percepción y esquemas mentales, preparándonos para construir nuevos recursos, como
pueden ser nuevos conocimientos, destrezas o alianzas.
LOS LÍMITES DE LA POSITIVIDAD
Pero no nos apresuremos a concluir que a mayor ratio de
positividad mejor estaremos. Recordemos que el simple
hecho de llenarnos de emociones positivas sin más, como
sería el caso de drogarnos, es contraproducente.Asimismo
podemos considerar que aquellas personas que padecen
trastorno bipolar, también conocidos como maniáticos
depresivos, en su fase maníaca experimentan mucho
más emociones positivas que las personas normales. El
sentido común nos dice que debe haber algún límite a la
El simple hecho de llenarnos de emociones positivas
sin más es contraproducente
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experimentación de lo positivo, ya que es un hecho que
la vida del ser humano se presenta con altibajos y que
en mayor o menor medida todos nos enfrentamos con
adversidades que producen emociones negativas. De hecho,
el experimentar muy poca negatividad en nuestras vidas
simplemente indicaría que no estaríamos siendo objetivos.
No obstante, es evidente que con el fin de potenciar nuestro proceso de florecimiento como un todo, a la mayoría
de nosotros nos vendría bien incrementar nuestro nivel
de positividad, sin pasarnos, sin caer en la irrealidad. Sin
embargo, es importante tener en cuenta que desafortunadamente no todo está en nuestras buenas intenciones, ya
que tanto nuestra dotación genética como las circunstancias
que hayamos vivido contribuyen significativamente al
establecimiento de un nivel de felicidad base, o punto
de equilibrio, a partir del cual podemos actuar de manera
intencional. Fredrickson señala que la proporción de los
tres factores mencionados es la siguiente5:
− Genética: 50%.
− Circunstancias: 10%
− Actividad intencional: 40%
Esto es, todos nacemos con un factor que explica un 50
por ciento de nuestro punto de equilibrio de felicidad.
Y contrario a lo que muchas personas piensan, las cir-
cunstancias de la vida tales como el éxito profesional,
el matrimonio o el dinero contribuyen solamente con
un 10 por ciento. De hecho, se han contrastado algunas
situaciones extremas para bien o para mal, como es el
caso de personas que han ganado la lotería o han tenido
un accidente con consecuencia de minusvalía grave, para
comprobar que al cabo de un tiempo razonable, en ambos
casos se regresa al punto de equilibrio de felicidad en
mayor o menor medida6. Cabe resaltar que ese 40 por
ciento restante no constituye una proporción pequeña.
Reflexionemos pausadamente sobre el hecho de que
nuestra historia personal de éxitos y fracasos, salvo casos
patológicos muy extremos, contribuye sólo con un 10
por ciento.
Ahora bien, incidir en ese, comparativamente hablando,
enorme 40 por ciento que está en nuestras manos, implica
llevar a cabo actividades intencionales que influyan en
nuestros factores del bienestar en el largo plazo. Pero al
igual que con las fortalezas personales en las que debemos
apoyarnos, también existe cierta confusión con respecto
a la identificación de ese tipo de actividades en concreto,
ya que existen muchas opciones que aparentemente
podrían incidir significativamente en nuestro nivel de
felicidad, pero que en realidad no lo logran.
Un buen ejemplo son aquellas actividades que persiguen
específicamente el dinero. La relación entre el dinero y la
felicidad puede resumirse de la siguiente manera: solemos
pensar que el dinero nos brindará mucha felicidad por mucho
tiempo, cuando en realidad nos brinda muy poca felicidad y por
muy poco tiempo. Los estudios son elocuentes: el efecto se
pasa, nos acostumbramos, regresamos a nuestro punto de
equilibrio y entonces queremos más. De hecho, cuando
logramos algo bueno en la vida, como un buen trabajo, o
nos recuperamos de una enfermedad o nos compramos
un coche nuevo, ese incremento de felicidad o bienestar
usualmente no dura mucho. Pensar que esos hechos o
bienes incrementarán nuestro nivel general de felicidad
en el largo plazo es equivalente a estar corriendo en una
cinta de correr y pensar que estamos avanzando en la
dirección en que corremos.A este fenómeno se le conoce
como la adaptación hedónica7. Por otro lado, continuando
en torno al dinero, la investigación nos dice que quienes
utilizan su dinero disponible no para comprar cosas como
artículos de lujo, sino para vivir experiencias como paseos
o espectáculos, especialmente compartiéndolos con otras
personas, modifican su ratio de positividad incrementando
su nivel de felicidad de forma más duradera8.
El investigador Richard Davidson ha trabajado mucho
sobre la forma en que puede modificarse el ratio de
positividad. El que esto sea posible constituye una de
las tantas manifestaciones de lo que se conoce como
neuroplasticidad, la idea de que el cerebro es moldeable
tanto a nivel molecular como estructural por medio de la
experiencia y el entrenamiento. A raíz de su investigación,
Davidson se refiere a la felicidad y al bienestar como
destrezas, ya que para él no existe diferencia fundamental
entre el bienestar y digamos la destreza para tocar un
instrumento musical, en el sentido de que ambas se
aprenden y se perfeccionan mientras más se practican.
Por lo tanto, si decidimos introducir en nuestra vida
actividades que contribuyan a nuestro bienestar, es
fundamental discriminar entre aquellas que la ciencia
ha determinado que incrementan el ratio de positividad
y las que no9.
LA IMPORTANCIA DEL ENTRENAMIENTO
Analicemos una de ellas a manera de ejemplo. El investigador Jon Kabat-Zinn, en colaboración con Davidson,
llevó a cabo un interesante estudio sobre la felicidad,
la meditación, el cerebro y el sistema inmunitario, que
ilustra muy claramente el porqué de las afirmaciones de
Davidson. El estudio consistió en investigar los efectos
de la meditación sobre la respuesta del cerebro y el sistema inmunológico al estrés, en un grupo de empleados
de una empresa de biotecnología puntera situada en la
ciudad de Madison10.
Se partió del hecho de que durante décadas de investigación previas al estudio, tanto por parte de Davidson
como de otros investigadores, ya se había determinado la
forma de medir el nivel de positividad en el ser humano
escaneando el cerebro. Más específicamente, se había
encontrado que existe una asimetría con respecto a la
expresión emocional entre una región específica del lado
izquierdo y su equivalente del lado derecho del cerebro. La
del lado izquierdo está asociada con emociones positivas
como la felicidad, la alegría, el entusiasmo y el estado de
alerta, mientras que la del derecho está asociada con
emociones negativas como el miedo o la tristeza. Esto
es, midiendo el ratio de la expresión emocional de ambas regiones del cerebro, se puede determinar tanto el
punto de equilibrio mencionado en párrafos anteriores,
registrando la respuesta en estado basal, como la reacción ante diversos estímulos tanto placenteros como
estresantes o neutros.
En el estudio, se constituyeron dos grupos de participantes interesados en reducir su nivel de estrés. El
primero llevó a cabo un entrenamiento en meditación
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de 8 semanas basado en la atención plena11 y el segundo
se constituyó como grupo de control. Los participantes
de este segundo grupo fueron informados de que
serían entrenados una vez finalizada la primera fase
del estudio.
solamente la producción de anticuerpos contra la gripe
fue superior en el grupo de los que incrementaron su
nivel de positividad, sino que se encontró una relación
lineal entre la producción de anticuerpos y el ratio de
expresión izquierda-derecha del cerebro.
El resultado fundamental fue el esperado: antes del entrenamiento la respuesta cerebral de ambos grupos era
indistinta; pero una vez finalizado, el grupo de meditadores mostró un incremento significativo en el ratio
izquierdo-derecho del cerebro. Esto es, incrementaron
significativamente su nivel de positividad. Curiosamente,
el ratio también cambió en el grupo de control pero en la
dirección contraria; aunque dicha reducción fue atribuida
a que aunque no participaban en el entrenamiento en
meditación, si tenían que pasar por la estresante tarea
de ir al laboratorio del Dr. Richardson a ser escaneados
tanto en estado basal como ante diversas actividades
estresantes. Asimismo, se encontró que el cambio en el
estado basal de los meditadores persistió cuatro meses
después del estudio, mientras que no hubo tal cambio
en el grupo de control.
Dado que la meditación es una destreza que se adquiere
de manera análoga al aprendizaje de un instrumento musical o de un idioma y su práctica incrementa la relación
de emociones positivas a negativas, es evidente por qué
Davidson considera que la felicidad puede considerarse
como una destreza que se puede aprender.
Por otro lado, al finalizar el primer período de entrenamiento, ambos grupos fueron vacunados contra la
gripe con el fin de medir su respuesta inmunológica. No
La felicidad puede considerarse como una destreza
que se puede aprender.
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En conclusión, para ser más felices debemos actuar y
pensar como las personas que la investigación nos dice
que son más felices. Pero aunque es evidente, no es tan
fácil como parece a primera vista, ya que la influencia de
muchos usos sociales, así como nuestras costumbres y
hábitos nos pueden alejar de nuestro objetivo. Si se toma
la decisión de ser más feliz en la vida, insistiendo en que se
trata de una decisión, debemos considerar que se requerirá esfuerzo, compromiso y cierta dosis de disciplina, ya
que fundamentalmente se trata de poder controlar nuestros
comportamientos, emociones y pensamientos por medio de
actividades intencionales que contribuyan significativamente
a nuestro nivel de bienestar.
¿QUÉ HACER DE MANERA ESPECÍFICA?
8. Llevar a cabo más actividades que verdaderamente
Y ¿cuáles son esas actividades intencionales y cómo elegir de entre ellas? Si consideramos que cada persona es
distinta y que no existe un único camino a seguir, tomar
la decisión de ser más feliz implica tres pasos generales
que, aunque llevan una secuencia lógica, van afinándose
paulatinamente con la experiencia:
9. Saborear las alegrías de la vida.
10. Comprometernos con nuestras metas.
11. Practicar la religiosidad o la espiritualidad.
12. Cuidar de nuestro cuerpo.
nos impliquen.
− El primero consiste en alcanzar un conocimiento lo más
objetivo posible sobre nosotros mismos.
− En función de ese conocimiento, deberemos determinar qué actividades, de entre las que se ha demostrado
que funcionan, son las idóneas para nuestro caso en
particular.
− Y finalmente,
deberemos
saber claramente cómo
implementar dichas actividades
con el fin de
convertirlas en
algo normal en
nuestras vidas,
de tal manera
que incidan en
el largo plazo.
Podemos inferir que todas ellas contribuyen de forma
específica a uno o más de los factores del modelo
PERMA, pero también que no todos las valoramos de
igual manera. Es por ello que debemos elegir las más
apropiadas para nosotros mismos. Lyubomirsky considera que además de tener en cuenta nuestras fortalezas
personales, deberemos considerar nuestro particular
estilo de vida y
aquello que en
especial constituya una fuente de
infelicidad para
nosotros, con el
fin de contrarrestarla. Incluso ha
desarrollado un
test de autodiagnóstico considerando esos factores para ayudar a
lograr una buena
elección.
Independientemente de la
dosis de autodisciplina con
la que contemos, esta se
va debilitando conforme
vamos haciendo uso de
ella a lo largo del día.
Sobre el primer
paso, ya hemos señalado los dos elementos fundamentales que nos ayudarán a
saber más sobre nosotros mismos: la identificación de nuestras
fortalezas personales y el conocimiento de nuestro ratio de
positividad de partida. En el presente apartado mencionaremos
unas estrategias específicas de entre las que podemos elegir
y en el siguiente concluiremos hablando sobre la manera
adecuada de implementarlas.
La investigadora Sonja Lyubomirsky, después de contrastar
tanto su propia investigación como la de una gran cantidad
de colegas, ha identificado las siguientes 12 estrategias
que contribuyen significativamente a elevar el grado de
felicidad del ser humano:12
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
Expresar gratitud.
Cultivar el optimismo.
Evitar las rumiaciones y las comparaciones sociales.
Llevar a cabo actos de bondad o generosidad.
Cultivar relaciones estimulantes.
Desarrollar estrategias de superación.
Perdonar.
En términos generales, trabajar con unas 4 estrategias suele tener
un impacto significativo en nuestra persona. Y una
forma pragmática de emprender el camino consiste en
comenzar simplemente con una y paulatinamente ir
agregando más. Todas ellas giran en torno al desarrollo
del potencial de lo positivo que hay en cada uno de
nosotros, e implican una metodología concreta sobre las acciones que deben llevarse a cabo. Van desde
técnicas muy sencillas como entrenar nuestra mente
a encontrar y rememorar las emociones positivas de
un día en concreto, hasta programas personalizados de
entrenamiento físico y mental. Por ejemplo, la meditación,
mencionada en el apartado anterior, forma parte de la
estrategia 12 (Cuidar de nuestro cuerpo). Lyubomirsky
señala que aunque incluso a ella algunas le parezcan un
poco cursis, el hecho es que los estudios demuestran
que todas funcionan; aunque como hemos dicho, no de
la misma manera para todas las personas. Por lo tanto,
es fundamental conocer con más detalle las diferentes
metodologías específicas antes de decidir. Esto puede
hacerse ya sea por medio de lecturas específicas, o
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participando en un seminario de entrenamiento sobre
positividad.
IMPLEMENTACIÓN: LOS RITUALES
POSITIVOS
Una cosa es saber qué hacer y otra muy distinta es
hacerlo. Si por ejemplo consideramos el ejercicio físico,
que como la meditación, forma parte de la duodécima
estrategia, es posible que pensemos que se requerirá una
enorme autodisciplina para llevarlo a cabo. Sin embargo,
del estudio de las personas que hacen ejercicio físico
regularmente, se sabe que en realidad no lo es tanto, ya
que no suelen tirar de su autodisciplina para hacerlo. De
hecho, en términos generales, no es adecuado depender
de la fuerza de voluntad para sostener una estrategia de
cambio personal. Esto se debe a que la autodisciplina es
una característica que está en gran parte determinada
genéticamente, por lo que cada persona tiene un nivel
determinado que no es sencillo modificar. Y más aún,
como veremos más adelante, independientemente de
la dosis de autodisciplina con la que contemos, esta se
va debilitando conforme vamos haciendo uso de ella a lo
largo del día. Por lo tanto, en lugar de autodisciplina, lo
que necesitamos es la introducción de lo que se conoce
como rituales positivos en nuestra vida.
Un ritual positivo es un comportamiento apoyado en un
valor profundamente asumido que se realiza con una
periodicidad específica y que se vuelve automático con el
paso del tiempo. La palabra ritual se utiliza particularmente
para definir un comportamiento muy estructurado que tira
de nosotros por costumbre, en marcado contraste con la
autodisciplina que nos empuja a la acción13. Por ejemplo, no
requerimos de autodisciplina para ducharnos o cepillarnos
los dientes todos los días, ya que son hábitos que en su
día se iniciaron como rituales positivos. Obviamente se
requiere autodisciplina para iniciar un ritual, pero pronto
se convierte en algo normal y ya no tira de la limitada
dosis que tenemos de ella.
Con el fin de entender por qué es recomendable hacerlo
de esta manera, profundicemos un poco en la forma en
que se relacionan la mente y el cuerpo. Solemos estar
muy familiarizados con el hecho de que la mera actividad mental conlleva repercusiones fisiológicas y motiva
comportamientos. Basta recordar que si nos sentimos
amenazados, descargamos adrenalina en la sangre y el
cuerpo nos prepara para huir o luchar, ya sea física o
figuradamente. Pero lo relevante en relación con la implementación de una estrategia de cambio personal, es
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que esta relación también se puede presentar en sentido
contrario.Ya desde el siglo XIX William James afirmaba que
si nos comportamos de una forma específica, sentiremos
emociones específicas y consecuentemente tendremos
también repercusiones fisiológicas concordantes con
dichos comportamientos. Esto es, no solo la actividad
mental incide en la corporal, sino que también lo hace la
corporal en la mental. En resumen, tanto la mente como
el cuerpo pueden suscitar un una respuesta que finalmente
repercute en ambos, en la unidad mente-cuerpo.
La investigadora Ellen Langer llevo a cabo un estudio que
se convirtió en un clásico ejemplo de cómo el comportamiento incide directamente tanto en la mente como en el
físico de las personas. En el año de 1979, Langer organizó
un evento al que llamó La Semana de la Reminiscencia en
un hotel de las afueras de la ciudad de Boston, al que
invitó a un grupo de hombres en torno a los 70 años
de edad, con el fin de rememorar los años 50. Antes del
evento, midió la fuerza, postura, capacidad visual, capacidad
auditiva y memoria de cada uno de los participantes y
les instruyó para que actuasen como si tuviesen 20 años
menos cuando llegasen al evento.Al llegar, los participantes
se encontraron con que no había nadie para llevarles las
maletas, ni ningún tipo de ayudas para personas mayores
o con minusvalías.
El salón principal estaba decorado con el ambiente de
los años 50, la televisión era en blanco y negro, e incluso
había una radio vintage de la época. También se les indicó que deberían hablar en presente, como si en verdad
estuviesen en los años 50, que deberían intercambiar
fotos de aquellos años y que no deberían sostener ningún
tema de conversación sobre un suceso posterior a 1959.
Langer esperaba que ese comportamiento incidiese en
la mente y cuerpo de sus participantes, y así sucedió. Al
cabo de una semana, comprobó que la destreza, velocidad de movimiento, memoria, tensión arterial, capacidad
visual y auditiva habían mejorado significativamente y
que, de hecho, varios de ellos habían decidido que ya
no necesitaban sus bastones. Cabe mencionar que con
un grupo de control con el que repitió el experimento
no siendo tan estricta con la simulación, se produjeron
cambios, pero no tan marcados como en el caso de la
simulación más rigurosa14.
Lo interesante del estudio de Langer es que el efecto se
logró sin exhortar a los mayores a que pensasen o se
sintiesen como jóvenes. Se hizo creando las condiciones
específicas para que se comportasen como jóvenes. Por
supuesto, fue necesario persuadirles para que comenzasen
el proceso, pero pronto las actividades que debían llevar
a cabo se convirtieron en algo espontáneo que incidió en
su mente y cuerpo y que a su vez realimentó el proceso.
Obviamente no sucedería lo mismo si simplemente
convenciésemos a una persona mayor de que debería
comportarse, al límite sus posibilidades, como si fuese
más joven, argumentando que justo ese comportamiento
es lo que le rejuvenecería. Aunque la persona estuviese
genuinamente convencida, si no existiese el escenario
propicio para que se comportase de esa manera, tendría
que estar tirando de su autodisciplina constantemente
para conducirse de forma distinta a la habitual y muy
probablemente pronto abandonaría su propósito.
Eso se debe a que
como mencionamos antes, la autodisciplina se va
debilitando conforme vamos haciendo uso de ella
a lo largo del día.
En otras palabras,
se ha demostrado
que si decidimos
gastar nuestra
autodisciplina en
una actividad cualquiera, ese hecho
nos restará autodisciplina para la
siguiente actividad que llevemos a cabo, aunque nada
tenga que ver con la anterior.
imposibles de resolver. Los participantes no sabían que
lo que se mediría era el tiempo en que persistirían en la
tarea asignada, una evaluación indirecta de su autodisciplina.
Como posiblemente se habrá inferido, los que comieron
galletas persistieron significativamente más tiempo en su
intento antes de darse por vencidos. Más específicamente, trabajaron en torno a unos 20 minutos de media, en
marcado contraste con los 8 minutos que aguantaron los
que habían agotado su autodisciplina en la sala de espera
resistiéndose a las galletas. Baumeister ha desarrollado
numerosos experimentos análogos incluyendo otro tipo
de actividades, como la toma de decisiones o el control
de pensamientos o emociones, encontrando que al igual
que aquellas que
implican directamente nuestra
fuerza de voluntad, también van
agotando a lo largo del día nuestra
dosis particular de
autodisciplina.
Si decidimos gastar nuestra
autodisciplina en una actividad
cualquiera, ese hecho nos
restará autodisciplina para la
siguiente actividad aunque no
tenga que ver con la anterior
LA DEBILIDAD DE LA AUTODISCIPLINA
El investigador Roy Baumeister llevó a cabo un interesante
experimento que ilustra cómo funciona dicho desgaste15.
Reunió un grupo de personas a quienes hizo saber que
participarían en un experimento en el que llevarían a
cabo un test para el que era necesario que se saltasen
la comida previa al evento. El día del experimento, los
hambrientos participantes llegaban a una sala de espera
que olía a galletas de chocolate recién horneadas, las
mismas que rápidamente podían localizar en una bandeja
colocada junto a otra en la que sólo había rábanos. Durante su breve espera en la sala, unos participantes eran
invitados a comer de las galletas, mientras que a otros
se les decía que sólo podían comer de los rábanos. Más
adelante, pasaban a la resolución del test que consistía
en encontrar la respuesta a unos acertijos prácticamente
Consideremos
un día normal
en nuestra vida,
en el que vamos
gastando nuestra
autodisciplina en
cosas tan nimias
pero indispensables como el tener que ser puntuales
a diversas horas del día, pasando por no distraernos
en Internet, tomando decisiones, respondiendo emails,
manteniendo la compostura y las buenas maneras en
todo momento, etc.; es obvio que para cuando queramos
emprender algo diferente a lo habitual ya no nos quede
suficiente autodisciplina como para hacerlo. Es por ello
que si lo intentamos tirando de ella, es probable que nos
suceda lo que a los que tuvieron que resistirse a las galletas
en el experimento de Baumeister, que abandonaremos
al poco tiempo.
Por otro lado, si lo intentamos introduciendo un ritual;
esto es, por medio de un comportamiento estructurado
con una periodicidad específica, haremos uso de nuestra
limitada dosis de autodisciplina sólo en la introducción
de dicho ritual, incrementando significativamente la probabilidad de no abandonar.
A manera de ejemplo, pensemos en una persona se propone terminar un escrito que tiene pendiente y no logra
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encontrar el tiempo para llevarlo a cabo. Si se propone
hacerlo tirando de su autodisciplina, posiblemente se
planteará objetivos parciales basados en temas o capítulos,
asignándose fechas límite para terminarlos y forzándose
a encontrar el tiempo para cumplirlos. Intentarlo de esa
manera no sólo le será difícil, sino que como hemos
visto, incidirá negativamente en su capacidad de trabajo para
otras tareas.
que logre. Obviamente no es necesario que lo diseñe en
torno a una rutina diaria, pero si en torno a un tiempo
específico y periódico, como por ejemplo, los sábados de 7
a 10 de la mañana. El hecho es que con cualquier ritual que
se plantee, al cabo de un período de tiempo relativamente
corto, dedicarse a ello se convertirá en algo normal en
su cotidianeidad, que
será la clave para
evitar que abandone,
por lo que tarde o
temprano terminará
su escrito.
No basta con saber qué es lo
que hay que hacer y tener la
buena intención de hacerlo. Es
necesario entrenarnos para
tener éxito en ello
Por otro lado, si
decide acometerlo
introduciendo un ritual en su agenda, lo
hará encontrando la
manera de trabajar
en ello de forma regular y sistemática a
un tiempo específico,
independientemente
del avance que consiga. Aparentemente estará haciendo
lo mismo, pero la probabilidad de tener éxito en la implementación del cambio será muy diferente. Uno de tantos
rituales posibles podría ser el siguiente: todos los días me
levantaré a las 7 de la mañana, me prepararé un café, y
dedicaré una hora al escrito, independientemente del avance
Cuida tus hábitos porque
se convierten en tu carácter, cuida tu carácter,
porque se convierte en
tu destino
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Más aún, si en lugar de un proyecto
específico, lo que
intentamos es introducir un cambio
indefinido en nuestra vida, como sería
el caso de practicar
algún tipo de ejercicio físico, el ritual terminará convirtiéndose en un hábito. Basta con leer anécdotas sobre
atletas, músicos, científicos o directivos que han alcanzado difíciles objetivos, para descubrir que sus logros
están respaldados por costumbres o hábitos que en su
día comenzaron como rituales positivos. A simple vista
aparentan ser personas con una enorme autodisciplina,
pero eso es algo que no necesariamente se corresponde
con la realidad. Pensemos que quienes hacen ejercicio
físico regular a menudo reciben comentarios del tipo…
¡no sé cómo lo haces!… ¡yo es que no tengo tu fuerza de
voluntad!… pero como realmente no se trata de fuerza
de voluntad, sino que han adquirido un hábito, suelen
responder algo así como: no me cuesta ningún trabajo;
es más, me siento raro si no lo hago… A menudo quienes
confunden un hábito con autodisciplina suelen hacerlo
simplemente porque carecen de dicho hábito.
Cabe insistir en que se requiere autodisciplina y a veces
mucha, para iniciar un ritual. Es por ello fundamental señalar que la introducción de actividades intencionales que
incrementen nuestro nivel de bienestar debe ser paulatina.
Aunque hacerlo así sea más lento, siempre será mejor que
un ambicioso fracaso por intentar abarcar demasiado. En
términos generales, la introducción de un sólo ritual suele
bastar para agotar nuestra autodisciplina, por lo que no es
conveniente introducir otro hasta que el primero se haya
convertido en costumbre. De esta manera no sucederá
lo mismo que con los muchos buenos propósitos de
año nuevo que generalmente terminan abandonándose.
A MODO DE RESUMEN
Florecer e incrementar nuestro nivel de bienestar y felicidad está en gran parte en nuestras manos. Es cuestión
de tomar la decisión de llevar a cabo las actividades que
nos permitan hacerlo. En su conjunto, puede considerarse
como una destreza en la que fundamentalmente se trata
de controlar pensamientos, emociones y comportamientos,
por lo que no se trata de un cometido fácil. Podemos
sintetizar el proceso afirmando que dichas actividades
contribuyen a que surjan los cinco factores del modelo
del bienestar, que a su vez se realimentan a sí mismos.
Por ejemplo, si nos implicamos en algo apoyándonos
en alguna fortaleza personal, sentiremos el estado de
fluidez y como sentimos el estado de fluidez, más nos
implicaremos. Sin embargo, no basta con saber qué es lo
que hay que hacer y tener la buena intención de hacerlo.
Es necesario entrenarnos paulatinamente para tener éxito
en ello, siendo el hábito y no la autodisciplina lo que en
realidad suele estar detrás del resultado.
Para terminar, quiero recordar un legendario proverbio
que nos advierte de lo fundamental que es ese control
de pensamientos, emociones y comportamientos, si es
que queremos florecer e incrementar el nuestro nivel
de bienestar y felicidad: Cuida tus pensamientos, porque
se convierten en tus palabras, cuida tus palabras, porque
se convierten en tus acciones, cuida tus acciones porque se
convierten en tus hábitos, cuida tus hábitos porque se convierten en tu carácter, cuida tu carácter, porque se convierte
en tu destino. NOTAS
Gottman, J. M. (1993, June) “A theory of Marital Dissolution
and Stability” Journal of Family Pdycholog. June 1993 Vol..
7, No. 1, 57-75.
2 Fredrickson, L. Barbara (2013, July 15) “Updated Thinking
on Positivity Ratios” American Psychologist. Advance online
publication. doi: 10.1037/A0033584
3 Fredrickson, Barbara (2009) Positivity. Great Britain:
Oneworld.
4 Fredrickson, 2009.
5 Fredrickson, 2009.
6 Peterson, Christopher (December 8, 2011).“Life Satisfaction
in the Wake of Disability” Psychology Today. Disponible en:
http://www.psychologytoday.com/blog/the-good-life/201112/
life-satisfaction-in-the-wake-disability. Consultado el 29 de
Abril de 2014.
7 Fredrickson, 2009.
8 Haidt, Jonathan (2006): The Happiness Hypothesis. Great
Britain: Random House.
9 Entrevista a Richard Davidson “Finding Happiness with
Richard Davidson” en The Joy Trip Proyect (April 16, 2012).
Disponible en: http://joytripproject.com/2012/finding-happiness-with-richard-davidson/ Consultado el 19 de Mayo
de 2014
10 Kabat-Zinn, Jon (2005): Coming to Our Senses. New
York: Hyperion.
11 El entrenamiento consistió en asistir a una clase semanal,
llevar a cabo una práctica diaria de un mínimo de 45 minutos
guiada por medio de grabaciones y la participación en un
retiro de un día completo durante el fin de semana de la
sexta semana.
12 Lyubomirsky, Sonja (2007) The How of Happiness. Great
Britain: Piatkus.
13 Loher, Jim and Schwartz, Tony (2003). The Power of Full
Engagement. New YorK.. The Free Press.
14 Langer, Ellen, J. (2009). Counterclockwise. The Random
House. New York.
15 Baumaister, Roy F. et al (1998). “Ego Depletion: Is the
Active Self a Limited Resource?” Journal of Personality and
Social Psychology.Vol. 74, No. 5, 1252-1255.
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