Boletin 14.indd - Museo Nacional de Artes Decorativas

[CON DETALLE]
Las joyas de los caballeros de la Orden dde Santiago
Japón Express. Nuevo taller para familias del MNAD
CON DETALLE
Las joyas de los caballeros de la Orden de Santiago
CON DETALLE
por Javier Alonso Benito
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A la hora de enfrentarnos al estudio de piezas de joyería española
anteriores a 1900, resulta muy
útil hacer una primera división en
lo referido al carácter que estas
tienen: religioso y civil. Sin embargo, este límite, que en principio podría parecer claro, en algunas ocasiones aparece bastante
difuso; el profundo sentimiento
religioso que imbuía en el pasado una parte considerable de los
ámbitos de nuestra sociedad,
hizo que muchos objetos de uso
y significación plenamente civil
se combinasen con elementos
decorativos o iconográficos de
referencia claramente devota.
Este es el caso de, entre otras,
las denominadas veneras o encomiendas de órdenes militares. Eran joyas, más o menos
lujosas, que identificaban a su
propietario como miembro de
una determinada hermandad de
carácter civil y raigambre militar,
carácter este último atenuado ya
durante el siglo XVII aunque muchos de los receptores de este
honor lo alcanzasen gracias a
méritos castrenses. Aportaban,
además, un grado de distinción
social, dado que relacionaba a su
portador con un grupo exclusivo
de personas en parte integrado
por miembros de la nobleza,
importantes cargos militares y
personajes notables de la cultura de cada momento. De ahí que
una parte considerable de los
caballeros que fueron retratados
entre los siglos XVI y XIX, dejaran constancia manifiesta de la
pertenencia a una u otra orden.
En las representaciones vestían
el atuendo de la orden y, en muchos casos, portaban las joyas,
llamadas veneras, órdenes, hábitos o encomiendas.
Las principales órdenes militares
españolas creadas en la Edad
Media que tuvieron desarrollo
durante la Edad Moderna (siglos
XVI-XIX), fueron las de Montesa,
Alcántara, Calatrava, san Juan y
Santiago. Estas dos últimas gozaron de gran popularidad durante los siglos XVI y XVII, siendo la
de Santiago la que contó entre
sus filas con un mayor número
de personalidades asociadas al
mundo de las letras y la cultura
de aquellas centurias.
¿Cuáles eran los requisitos necesarios para formar parte de aquellos grupos exclusivos integrados
casi únicamente por hombres? La
manera más normal de conseguir
un hábito de estas órdenes militares era por designación, directa
o indirecta, del gran maestre o
máximo jerarca de la hermandad.
Los casos más conocidos remiten
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Det. de retrato de José Uturrigaray. c.1803
Det. de retrato de caballero desconocido. c.1625
Det. de retrato de Miguel José Azanza.
c.1798
a personajes históricos que habían
cumplido algún importante servicio
a los intereses de la propia orden
u otros organismos de importancia,
como la corona; también encontramos casos en los que la concesión
del grado se hace como reconocimiento a una vida de conducta intachable, altos valores morales y religiosos y un apoyo incondicional a los
objetivos de la propia orden. Aunque
también son abundantes los casos
en que la designación de un postulante necesitaba alguna “mano amiga” que tuviese la influencia social
necesaria para poder interceder o alzarse como valedor de un aspirante
de origen noble y, seguramente, con
manchas en su expediente o méritos
demasiado escasos como para ser
recompensado con un nombramiento de forma natural. Es popular, en
este sentido, el controvertido proceso de candidatura (a la postre fallida)
que el pintor Michelangelo Merisi da
Caravaggio llevó a cabo para acceder
a las filas de la orden de san Juan
de Malta.
hecho, no se consideraba un mérito en sí. Estos no eran títulos que
se trasmitieran por herencia, por lo
que eran muchos los descendientes
de un caballero que, casi por tradición, buscaban procurarse el mismo
nombramiento que su antecesor.
Pero como ya había ocurrido antes con otras órdenes militares, la
influencia política de los caballeros de Santiago se convirtió en un
elemento incómodo para algunos
monarcas. En este caso fueron los
Reyes Católicos quienes, valorando
la situación, determinaron hacerse
cargo de la dirección de la orden,
pasaron todos sus bienes bajo la
administración directa de la corona
y convirtieron al caballero de Santiago en un título exclusivamente
honorífico. Así pasó al siglo XVI con
un nuevo carácter desmilitarizado,
quedando como un símbolo de
prestigio y preeminencia social.
Hacemos notar arriba que las designaciones no eran siempre directas,
dado que, ya en referencia a la orden
de Santiago, se conocen varios casos sobre todo a partir del siglo XVII,
en los que a un personaje nombrado caballero en consideración a los
servicios realizados para el rey, se
le podía conceder el derecho de designar a uno de sus sucesores para
la obtención de este título. Cierto es
que, con toda probabilidad, el heredero designado no reuniese más
requisitos que el de ser hijo de un
caballero, una circunstancia que, de
La orden del Santiago en la Edad
Moderna. Expediente de ingreso
La orden militar de Santiago fue
fundada en España, en la segunda
mitad del siglo XII, por una serie
de caballeros que, arrepentidos por
una existencia desordenada y libertina, se impusieron la obligación de
defender la España cristiana de los
continuos ataques de las tropas musulmanas. Aunque parece ser que el
objetivo inicial era el de proteger a
los peregrinos y hacer algo más fáciles las de por sí penosas condiciones del camino que finalizaba en la
tumba del apóstol Santiago, su campo de acción fue mucho más amplio.
Inicialmente denominados caballeros de Cáceres, en 1174 recibieron
de manos de Alfonso VIII derechos
sobre la localidad alcarreña de Uclés
(Cuenca), en la que, por aquellas fechas, empezaron a construir un monasterio; muy reformado, ha llegado
hasta nuestros días. El grupo de
caballeros que iniciaron la andadura
de la orden en 1161, se fue convirtiendo en un pequeño ejército cada
vez más nutrido en el proceso de
reconquista, dando batalla para ganar capitales como Cuenca, Sevilla o
Córdoba. Durante los siglos XIV y XV
acumularon importantes riquezas y
no poco poder.
Para que un ciudadano fuera honrado
con el título de caballero de Santiago
durante la Edad Moderna debía ser
propuesto para ello por un miembro
importante de la orden o, en muchas
ocasiones, por el propio rey. El soberano se ocupaba de dar el visto bueno
para que se iniciasen los procedimientos de pesquisa que determinarían si el
aspirante cumplía los requisitos necesarios para formar parte de la hermandad. El denominado expediente de
ingreso era un procedimiento burocrático constituido por varios documentos y los resultados de una serie de
cuestionarios formados por entre cinco y diez preguntas que se realizaban
a personas del entorno del candidato.
Buena parte de los estudiosos que
han trabajado con estos expedientes
los consideran documentos insustituibles para conocer el pensamiento de
aquel tiempo, aunque nunca pierden
de vista su alto grado de subjetividad.
Eran pruebas sospechosas o incluso
premeditadamente amañadas; así pa-
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Det. de retrato de Francisco de los Cobos.1518.
Viste una joya propia, no de la orden.
Det. de retrato de Paio Peres Correia. Gran
Maestre de la orden entre los años 12421275.
Det. de retrato de marqués de Branciforte.
c.1794.
rece que funcionaban estos trámites
cuando se consideraba necesario demostrar “fielmente” y bajo juramento,
los datos sobre una persona.
los antecesores. En segundo lugar se
les preguntaba por el tipo de relación
que tenían con él, si eran familiares,
amigos, conocidos, sirvientes suyos o
de su familia, etc. La tercera consulta,
más compleja, trataba sobre la legitimidad familiar del investigado y dos
generaciones de sus antecesores.
Las conclusiones más favorables
tras este tercer grado –al menos las
que se esperaban para que tal honor pudiera ser concedido- eran las
que permitían definir al pretendiente como un hidalgo, limpio y cristiano viejo. ¿Existieron falsos testimonios en estos expedientes? Aunque
no es fácil de demostrar, probablemente existieron argumentos falseados en aquellos interrogatorios,
si bien no tuvieron que ser por razón
de encubrimiento, seguramente se
dieron, al menos, cuando uno de los
interpelados no conocía la trayectoria del pretendiente y respondía positivamente a las cuestiones sobre
hidalguía o limpieza de sangre con
intención de favorecerle o de ganar
su favor. Los aspirantes, para neutralizar posibles riesgos de testimonios negativos, pudieron comprar
las voluntades de los testigos con
regalos o aportarles falsas informaciones sobre su genealogía.
El primer documento sería el de solicitud de ingreso, denominado “Cédula
de merced del hábito de la orden de
Santiago”; este instrumento era el que,
normalmente llevaba la firma del rey y
la refrenda de un secretario de cámara. La cédula de merced era enviada al
denominado Real Consejo de las Órdenes Militares (RCOM), organismo encargado que poner en funcionamiento
la investigación de la genealogía y las
circunstancias del futuro caballero. Al
pretendiente lo único que se le solicitaba era un árbol desarrollado de su
genealogía y la ubicación geográfica de
sus orígenes y los de sus predecesores. Entonces, una serie de secretarios
y de personal delegado por el RCOM
se desplazaban a los lugares indicados
en la genealogía para verificar una serie
de datos y realizar entre treinta y cincuenta informes; un número suficiente
de testimonios que permitieran esclarecer las principales cuestiones sobre
la vida del candidato.
Al menos durante el siglo XVII, las preguntas que se les hacían a los testigos
seleccionados no siempre eran sencillas, sólo las podrían contestar algunos
parientes o personas muy cercanas a
la persona examinada, y hay que tener
en cuenta que la consulta a parientes
quedó descartada por orden real en
1600. En primer lugar se les interrogaba sobre cuestiones generales sobre
el candidato y su familia; su edad, su
localidad de origen y otros datos sobre
Dos de las cuestiones clave solían
ponerse en tela de juicio a partir de la
cuarta pregunta, las relativas al linaje
y a la limpieza de sangre. Se preguntaba al interpelado si conocía rastros
de hidalguía en la familia del aspirante
y si tenía conocimiento de que en su
familia existiera algún tipo de mezcla con los elementos judío, moro o
converso en cualquier grado. La importancia de esta consulta, esencial
para la decisión final, se deja ver en el
párrafo que solía completarla. Siendo
positiva la respuesta, el interrogado
tendría que dar todo tipo de detalles
que justificasen su respuesta y aún si
solamente tenía sospechas de que no
existiera en él o su familia una limpieza total de sangre, también debería
fundamentar su respuesta, aunque
los datos fueran totalmente subjetivos. Otras preguntas en la misma dirección se seguían a esta, para determinar si las abuelas del pretendiente
eran cristianas viejas; si sus familiares
habían tenido oficios “viles” como
los de mercader, cambista; si tenían
o podían montar a caballo; si habían
participado en algún duelo retando o
habiendo sido retados; y, por último,
si el candidato o alguno de sus familiares habían sido condenados por el
Tribunal de la Santa Inquisición, acusados de herejía.
La joya de la Orden de Santiago y
sus variantes más habituales
Una vez revisados todos los términos y aprobado el expediente, el
aspirante –o solicitante– obtenía el
nombramiento de caballero de la orden y los atributos (o el derecho a
portarlos) que lo diferenciaban como
miembro de pleno derecho. Hay una
cuestión a este respecto que sigue
planteando dudas aún después de
haber sido estudiados muchos expedientes de ingreso y las circunstancias de los principales caballeros de
esta orden; si bien la indumentaria
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Det. de retrato de Álvaro Manrique de Zúñiga,
c.1586. Encomienda tipo venera.
Det. de retrato de Rodrigo Pacheco, marqués de
Cerralbo. c. 1624. Encomienda tipo venera.
característica podría ser provista por
los órganos centrales de la orden, no
queda claro que la joya, encomienda,
hábito, venera o como quiera llamársele, les fuera entregada a los nombrados como un obsequio.
encargo –o incluso las compraban a
otros artífices–, en los inventarios de
bienes de alguno de los más importantes orfebres de la corte, encontramos relacionados varios ejemplos
de joyas indentificativas de diversas
órdenes que el platero que podía
permitírselo, tenía en su muestrario
listas para ser vendidas. Este hecho
parece confirmar la hipótesis de que
muchos caballeros compraban sus joyas por su cuenta, de ahí que, como
antes indicábamos, muchos tenían
más de una encomienda de la misma orden en su poder. A propósito
de los plateros que realizaban estas
piezas, poco se puede decir respecto
a la autoría de los ejemplos que se
han conservado hasta la actualidad.
Al contrario que para las piezas de
plata, estas joyas no estaban sujetas
a una normativa de marcaje específica y, aunque durante el siglo XVIII
algo se intentó al respecto, no encontraremos piezas marcadas fuera
de centros muy concretos como Córdoba, ciudad donde sí se marcaron
algunos objetos con el punzón de localidad. Nada o casi nada se sabe de
piezas marcadas en la corte anteriores a los últimos años del siglo XIX.
La única manera de atribuir alguna de
estas joyas a un platero concreto es
mediante identificación documental
y, para este caso concreto –dada la
semejanza de muchas de ellas–, aún
son muy escasos los ejemplos que
se podrían atribuir.
Algunos casos así parecen demostrarlo, o al menos así ha sido entendido por
los investigadores en ejemplos concretos como el de Francisco de Quevedo,
del cual se ha dicho que la venera –que
está en la cabeza de su mayorazgo y,
como tal, relacionada en su inventario
de bienes- fue un obsequio directo del
rey Felipe III como prueba de su aprecio
y en agradecimiento por las gestiones
diplomáticas que le fueron encomendadas en Sicilia, Nápoles y Roma en
torno a 1615. Sin embargo, la diferencia en la riqueza de materiales empleados entre unos y otros ejemplos y la
presencia de varias piezas del mismo
tipo en manos de un sólo propietario,
hace pensar que, si bien algunos ejemplares pudieron ser entregados como
reconocimiento por un hecho en concreto, otros muchos eran encargados
por los caballeros a título particular. En
el inventario realizado en 1655 sobre
los bienes del marqués de Leganés se
relacionan cinco joyas diferentes de la
orden de Santiago y en el del duque de
Medina de las Torres otras tantas, en
este caso de la orden de Calatrava. La
ostentación de riqueza era algo muy
propio de los caballeros; no hemos de
olvidar que su reglamento excluía a los
aspirantes que careciesen de medios
“decorosos” para asegurar una existencia acomodada.
Aunque se sabe que muchos plateros
de oro realizaban estas piezas contra
De entre todas estas joyas, seguramente el modelo más antiguo es
aquel cuya pieza central o colgante tenía forma de venera, la típica
concha de vieira con la que se ha
relacionado de manera secular el
culto a la tumba del que fuera uno
de los doce apóstoles. Un buen
ejemplo del modelo más básico lo
aporta el retrato del I marqués de
Villamanrique en el que, colgando
de una larga y lujosa cadena, Álvaro
Manríquez de Zúñiga levanta con
su mano derecha una joya con forma de venera realizada en oro, con
una espada de Santiago sobrepuesta, destacada en rojo con esmalte
o piedras engastadas. Este modelo
se ha tenido como variante original
de la joya de Santiago, aquel que
portaban los caballeros aún antes
de que la dirección de la orden fuese asumida por la corona española.
Reinterpretaciones en grabados
realizados en el siglo XIX representan a algunos grandes maestres de
esta orden –como Pelayo Pérez de
Correa (1205-1275)– vistiendo este
mismo modelo, de un tamaño bastante mayor al que presentan el citado Villamanrique en 1586, Rodrigo Calderón de Aranda –marqués
de Sieteiglesias– en 1612 o el marqués de Cerralbo en 1624. En su
retrato, Rodrigo Pacheco presenta
una joya con campo esmaltado de
blanco en el frente, sobre el que
la espada roja destaca con mayor
contraste. En 1655, el inventario
de bienes del marqués de Leganés
deja una interesante descripción
de uno de sus cinco hábitos de la
orden de Santiago:
Entre los siglos XVI y XVIII estas encomiendas se realizaron siguiendo
diversas variantes, muchas de las
cuales conocemos gracias a la obra
pictórica de cada época.
Encomienda tipo venera. Armería del Kremlin.
2ª mitad del siglo XVII.
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Det. del retrato de Calderón de la Barca.
Det. de retrato de Álvaro Bazán, I marqués de
Santa Cruz, c.1580.
Det. de retrato de Ércole Barciforti. Primera mitad
s. XVII.
Una venera de oro y diamantes con el
abito de Santiago de rubies, a modo de
concha con su reaça y diamantes, y una
rosa que sirbe con la dicha benera, que
tiene en el medio quatro diamantes, pegado el uno al otro, y en la otra veinte diamantes pequeños, la qual deja mandada
el dicho señor marqués de Leganes al
señor marques de Morata, su hijo.
La peculiar forma de esta primera
variante sirvió para designar a la
joya de Santiago desde al menos
el siglo XVI en adelante. Si bien es
cierto que en algunas ocasiones se
empleó el término “hábito”, la denominación “venera” predomina en el
vocabulario documental. En estos
papeles también se puede apreciar
que ya durante el siglo XVII, “venera” se empleaba de forma habitual
para identificar también joyas de
otras órdenes como la de Alcántara,
Calatrava o San Juan.
Una segunda variante, empleada
desde el último tercio del siglo XVI
hasta al menos las primeras décadas del XIX, fue la de la joya ovalada.
Como la anterior, hasta 1700, esta
solía ir pendiente de una cadena o,
en los casos más humildes, una cinta
textil. La característica común de todos estos ejemplares es la forma del
cuerpo central del colgante, que en
unos casos presenta mayor volumen
que en otros. La construcción básica
de esta variante presenta un cerco
o moldura exterior –que en algunos
casos pueden montar marcos de
tipo heráldico-, decorado con esmaltes, cristales o piedras preciosas de
distinto tipo, y una pieza interior de
forma ovalada. Para formar el cuerpo interior se emplearon en muchos
casos cristales de roca, vidrios de
algunos colores, gemas, tablillas de
oro o piezas de porcelana. En todos Diseño joya de Santiago. Tipo cuadrado,
los casos estos centros albergaban Miguel Porta,. “Llibres de Passanties” 1616.
Encomienda tipo ovalado, c.1600 Fundación
Lázaro Galdiano. (Inv 4257).
Encomienda tipo ovalado, c.1625 Fundación
Lázaro Galdiano. (Inv 856).
Encomienda, tipo ovalado enriquecido, de la
orden de Santiago. Museo Regionali Pepoli de
Trapani. 2º cuarto s.XVII.
50
Encomienda de varios cuerpos de la orden
de Calatrava. 1630-1660. Archicofrafía de la
virgen del Rosario. Antequera.
Det. del retrato del Duque de Alburquerque.1653.
Encomienda de varios cuerpos de la orden de
Santiago.
Det. del retrato del conde de Moctezuma y
Tula.1692. Encomienda de varios cuerpos de la
orden de Santiago.
una cruz de Santiago que, dependiendo del material sobre el que se
incorporasen, podrían ir sobrepuestas –esmaltadas o con engastes de
cristales rojos, granates o rubíes-,
cinceladas y esmaltadas –cuando
el soporte era oro u otros metaleso simplemente pintadas –cuando
iban sobre porcelana. Esta variante
fue muy popular, dado que permitía
una identificación muy clara del atributo y daba la posibilidad de realizar
muchas variaciones materiales que
las individualizaban. Desde ejemplos muy ricos, como debía de ser
la joya de Francisco Quevedo, hasta los más sencillos como parecen
mostrar los retratos de Calderón de
la Barca, importantes personajes de
la nobleza española e italiana tuvieron en su poder joyas de este tipo,
como el I marqués de Santa Cruz,
don Álvaro de Bazán, el V duque de
Pastrana Gregorio de Silva Mendoza,
el General de Flota don Adrián Pulido
Pareja o el panormitano Ercole Branciforti.
Otra benera pequeña de azero guarnecida de oro, con el abito de Santiago [...]
Durante el siglo XVII proliferaron
otras modalidades de joya; así están documentadas piezas cuadradas –como la diseñada por Miguel
Porta en 1616- rectangulares y octogonales con cruces sobre placas
de oro o vidrios de colores, similares a la que se conserva en el Museo Regionali Pepoli de Trapani.
Incluso se registran las primeras
piezas de acero con guarnición y esmaltes:
Además de los cambios morfológicos, resulta interesante cómo,
desde los años finales del mandato de Felipe IV y durante el reinado de Carlos II, la moda de portar
estos atributos experimentó un
cambio, pasando de ser un elemento colgante para prenderse de
la abotonadura o coserse a la línea
central del traje. Estas variantes
podrían así estar formadas por
varios cuerpos pequeños (entre
dos y cuatro) que se alineaban en
vertical y dejaban la joya principal
prendida por debajo del esternón.
Esta práctica se empleó para vestir distintos hábitos, no sólo el de
Santiago. Una pieza representativa de estos usos es la joya de la
orden de Alcántara que conserva
Encomienda, tipo cogante, de la orden de
Santiago. 1652-1682. Fundación Lázaro
Galdiano (Inv. 675)
Encomienda, tipo joya de pecho, de la orden
de Santiago. 1680-1710
Encomienda, tipo joya de pecho, de la orden
de Santiago. 2º cuarto s. XVIII
Una benera de oro quadrada, prolongada, con dos cruces de Santiago sobrepuestas sobre una piedra
de vidrio azul y guarnecida alrededor de oro esmaltado de blanco y
negro de porcelana [...]
51
Det. del retrato del m,arqués de las Amarillas.
Encomienda tipo joya de pecho. c.1755.
Det. del retrato del marqués de Casafuertes.
Encomienda tipo joya de pecho. c.1722.
Det. del retrato del duque de la Conquista.
Encomienda tipo joya de pecho. c.1740.
Encomienda de tipo corazón de la orden
de Santiago. 1er cuarto s. XVIII. Museo
Nacional Artes Decorativas (Inv. 2152).
Det. de retrato de Antonio Pascual de
Borbón.1768. Encomienda de tipo corazón.
Det. de retrato del conde de Gausa. 1784.
Encomienda de tipo corazón.
la archicofradía de la Virgen del Rosario de Antequera. Los ejemplos
más tempranos los encontramos
montados en el retrato del VIII duque de Alburquerque, con dos cubrebotones y una joya octogonal
independizada, aunque quizá el
ejemplar más rico es el que portaba el I conde de Moctezuma y Tulta en un retrato realizado en 1692.
Muy a la moda de la época de Carlos II, su joya compuesta presenta
dos lazos independizados y un hábito con centro de cristal de roca
y cerco amplio cuajado de diamantes y piedras preciosas. Precisamente estos amplios cercos con
multitud de engastes rodeando a
piezas centrales algo más pequeñas, se pondrían de moda tras el
cambio de siglo.
Con Felipe V, la nobleza adoptó novedades significativas en la indumentaria, usos que también tuvieron reflejo en las características de
las joyas que portaban y en la manera de vestirlas. Durante el siglo
XVIII se perderá la costumbre de la
joya “colgante” que, desechando la
cadena o la cinta, ahora irá “prendida” en el lado izquierdo del pecho,
a modo de condecoración militar.
Esta moda se mantendrá durante
buena parte del siglo XIX.
la que portaba el I conde de Moctezuma, fueron principales. Así
encontramos que lo más llamativo
en la composición de encomiendas de órdenes militares, sobre
todo durante la primera mitad del
setecientos, es la guarnición que
enmarca el distintivo de la orden.
Solía estar compuesto por una estructura de oro calada y labrada con
motivos vegetales, que incorporaba abundantes piedras preciosas,
principalmente diamantes o esmeraldas de cortes jaquelados (con tabla cuadrada) y de tipo rosa. Entre
1710 y 1750 algunos ejemplares
presentan guarniciones tan suntuosas que dejan en segundo plano al
cuerpo central, con una espada de
Santiago montada sobre un cristal
de roca o pintada sobre un peque-
Hubo en estos siglos varias modalidades que predominaron entre las preferencias de esta joya.
La ovalada, heredada de los tipos
más habituales del siglo XVII, y el
hábito cuajado de pedrería con una
pieza central, con cierto parecido a
52
Det. de retrato de Antonio Pascual de
Borbón.1768. Encomienda de tipo ovalado.
Det. de retrato del duque de San Carlos. 1782.
Encomienda de tipo ovalado.
Det. del retrato del IX marqués de Santa Cruz.
c.1760. Encomienda tipo ovalado
ño botón de porcelana. Ejemplares
de estas características aparecen
testimoniados en los retratos del
marqués de Casafuertes (1722), el
duque de la Conquista (1740) o el
marqués de las Amarillas (1755), en
el que el lustroso marco se aproxima a la forma de una cruz.
na joyas de esta orden, tres de las
cuales tenían hechura de corazón.
Aunque su forma fue estilizándose con el paso de las décadas, en
la segunda mitad del siglo XVIII
aun se conservan ejemplares que
mantienen esta forma. Sirven de
ejemplo las joyas que portan el infante Antonio Pascual de Borbón
en un retrato realizado por Mengs
en 1768, o la del conde de Gausa
en 1784, esta ya algo más almendrada.
Tomando como ejemplo las joyas de
la orden de Santiago, podemos observar con claridad la evolución de
las modas en este tipo de piezas no
convencionales. Estos objetos representativos tenían un carácter distinto
al de una sortija o una joya de pecho,
llevaban implícitos unos valores que
trascendían a lo material pero que
los plateros de oro españoles, franceses e italianos supieron guarnecer
empleando para ello las mejores artes y materiales que estuvieran a su
disposición, sobre todo en los casos
más ricos. No son muchos los ejemplares que se han conservado hasta nuestros días, de ahí la especial
importancia que tiene para nuestro
patrimonio la venera de Santiago de
nuestra colección, inventariada con
el número 2.152.
La tercera modalidad que se empleó en la decimoctava centuria,
también heredera de las formas
del siglo XVII, fue la venera con forma de corazón. Su elemento más
característico era precisamente la
peculiar morfología que adoptaba el
cuerpo central, una pieza recubierta
de porcelana blanca en cuyo centro,
siempre de color rojo, se pintaba la
espada del apóstol. Esta variante,
casi desde sus inicios, también se
concibió para incorporar un cerco
ricamente engastado con diamantes esmeraldas y otras gemas. De
este tipo, además del interesante
ejemplar de la orden de Santiago
que conserva la colección de joyería de nuestro museo, encontramos
documentadas importantes joyas
de otras órdenes desde el último
tercio del siglo XVII.
[...] un abito de Calatraba de oro,
que es un corazon con dos chapitas
de oro esmaltadas de blanco, con
dos asientos de porcelana pintados
en ellas y en el cerco hay treinta
diamantes delgados puestos a dos
hazes [...]
No podemos olvidar tampoco que
Juan José de Austria, caballero de
San Juan, llegó a atesorar veintiu-
El tipo ovalado que, como comentábamos, se mantuvo durante el
siglo XVIII y pasó al siglo XIX, a
partir de 1750 experimentó un enriquecimiento de su cerco que, en
algunos casos, se hacía acompañar de un cuerpo superior o broquel que presentaba forma de lazo
o podía incorporar una corona. A
juego con el marco, este cuerpo
articulado incorporaba también
abundancia de engastes de diamantes, a partir de entonces predominantes en estas joyas. Frente
a los tipos más decorativos de la
primera mitad de siglo, esta variante, más tradicional, recuperaba
el tamaño de la enseña de la orden, que podía ir destacada sobre
placas de oro, plata o porcelana.
Son bastante representativos de
esta última variante, los ejemplares del I duque de san Carlos
(1782) y, sobre todo, otro de los
ejemplares que el infante Antonio
Pascual de Borbón mostraba en un
retrato realizado por Mengs, diferente del anterior aunque en una
cronología muy semejante.
Det. de retrato de Jose Antonio Caballero por Fco.
de Goya. 1807. Encomienda tipo ovalado.
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JAPÓN EXPRESS:
Nuevo taller para familias en el MNAD
por Pilar Sainz Benitez de Lugo
Con motivo de la exposición que
se inauguró en el Museo el día 12
de Junio, titulada “Lacas Namban:
Huellas de Japón en España. IV
centenario de la Embajada Keichô”,
ofertamos una actividad dirigida
a familias para disfrutar de la
exposición.
la distancia temporal que nos separa
del siglo XVII, así como el significado
o función de muchos objetos
expuestos, tales como los objetos
de navegación o las mismas lacas.
Diseñado y ejecutado por Pilar Sainz
Benítez de Lugo, “Japón Express”
es una actividad no muy frecuentada
dentro de la oferta educativa del
museo, que habitualmente está más
centrada a grupos exclusivamente
infantiles entre 8 y 12 años. . Para
“Japón Express”, el rango de edades
se ha modificado, trabajando con
niños entre de 6 a 9 años.
Según la distribución de la exposición,
las primeras salas introducen al
visitante explicándole la Embajada
Keichô, tanto el viaje y su duración
como las personas que la formaron.
Además, una de las salas está
dedicada a la creación y a la técnica
de las lacas Namban. Son las últimas
salas, situadas en la primera planta,
las que contienen la mayoría de las
piezas que están en exposición.
Esta distribución permite enfocar la
visita de la misma forma, haciendo
una explicación en detalle del viaje
de 1613 pero partiendo de un ficticio
viaje al Japón de hoy en día. Este
se plantea mediante las siguientes
preguntas; “¿Dónde está Japón?”
La visita-taller “Japón Express”
se presenta como un viaje actual
a Japón, gracias al cual se hace un
paralelismo con la Embajada Keichô
de hace 400 años. El establecer
estas comparaciones entre presente
y pasado facilita a los niños entender
_ESTRUCTURA DE LA ACTIVIDAD
“¿En qué medios de transporte
podemos movernos hoy en día?”
“¿Quién puede viajar?” “¿Qué
instrumentos tenemos a nuestro
alcance para preparar un viaje?”.
De esta forma entendemos que se
trata de un viaje realmente largo, ya
que hay que atravesar dos océanos y
el continente Americano. Los niños
saben que hoy cualquiera puede viajar
y tiene a su disposición guías (más
o menos especializadas), Internet,
literatura y experiencias de otras
personas para guiarnos antes de
nuestro viaje. Pero hace cuatro siglos
no lo tenían tan fácil, ya que viajaban
en barco y estaban sometidos a las
inclemencias del mar en estructuras
bastante frágiles. No tenían mapas
digitales para orientarse sino que
se servían de astrolabios, brújulas
y cartas de navegación (objetos que
están expuestos al inicio de la visita).
Y si hoy puede viajar prácticamente
todo el mundo a cualquier parte
del planeta, antes no era así, sino
54
CON DETALLE
que viajaban los comerciantes,
los nobles, los eclesiásticos y las
órdenes religiosas, y los esclavos.
De ahí surge la explicación de los
participantes en la Embajada.
Al ser una visita en la que participan
niños, el recorrido no está pensado
para ser exhaustivo en los detalles
y los datos más técnicos, sino
que se hace énfasis en los
objetos expuestos (en este caso
principalmente las armaduras, que
resultan muy atractivas para los
niños) y en las imágenes, así como
en los detalles más anecdóticos que
les pueden resultar interesantes.
Lógicamente, y tratándose de una
visita con niños, no pueden verse
todas las piezas ya que el tiempo
de duración de la visita no debería
exceder los 50-60 minutos, por lo
que se hace una selección previa
de las obras más interesantes o que
puedan resultar más atractivas a
este tipo de público.
Una vez que se ha explicado cómo
se realizan las lacas, qué son, la
mezcla de estilos y la importancia
que tienen, se pasa a ver las piezas.
En este caso el énfasis se pone en
descubrir los diferentes motivos
decorativos que hay en los objetos,
especialmente los animales, que
son muy frecuentes y en muchos
casos esconden historias muy
interesantes. Ejemplo de ello es el
león, rodeado de flores de peonía,
ya que era la única especie vegetal
que, gracias a sus gotas de rocío,
lograba curar al animal de un parásito
cutáneo.
importante y esa una de las cosas
que el turista siempre prueba, por
lo que el taller está dedicado a ella.
Tras aventurarse con esta prueba,
el taller consiste en hacer un imán
con plastilina que emule un plato de
sushi.
Durante la primera parte de la
actividad, la visita a la exposición
se trata, en la medida de lo posible,
de que las familias participen, ya
sea los niños o los acompañantes.
Así mismo, se trata de que la visita
también sea práctica, en tanto que
puedan ver y tocar ejemplos de ese
Japón moderno del que se habla,
mediante objetos (cómics, imágenes,
posibles pistas de audio…) que
facilita el monitor, además de los
objetos que ya están expuestos y
que únicamente pueden verse.
Tras el taller, y para finalizar
la actividad, se ha diseñado
una evaluación de tipo figuroanalógica, para que los asistentes
puedan valorar la sesión, así como
aspectos concretos, como por
ejemplo el tiempo de duración,
la adecuación del discurso al tipo
de público, el taller… También
pueden hablar de lo que les ha
parecido mejor y los aspectos que
mejorarían. La evaluación de tipo
figuro-analógica es muy útil para
trabajar con niños, ya que les es
sencillo establecer los paralelismos
entre lo que quieren expresar y las
imágenes, y les ayuda a expresar
aquello que quieren decir. Pueden
utilizarse imágenes genéricas
(como por ejemplo emoticones
de caras tristes o alegres), o que
estén relacionadas con la temática
de la actividad. En este caso,
se han seleccionado imágenes
de personajes de películas del
japonés Hayao Miyazaki, que
además llaman la atención de los
más pequeños.
La segunda parte de la visita se
centra taller. Este consta de un
pequeño objeto manual que hacen
los niños ayudados por sus padres,
ya que se requiere de precisión
en algunos detalles y por eso es
una actividad muy adecuada para
adultos y niños. Sin embargo, antes
de hacer el taller, y como la visita
es un viaje “Express” a Japón,
se plantea una pequeña prueba:
comer un poco de arroz con palillos.
La gastronomía de un país es
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_OBJETIVOS GENERALES
DE LA ACTIVIDAD
+ Crear una actividad para desarrollar
en familia, donde adultos y pequeños
tengan un papel y una voz dentro
de la visita, y puedan trabajar
conjuntamente en el taller.
+ Acercar al público, ya sea adulto o
infantil, la temática de la exposición
“Lacas Namban”.
+ Adquirir una idea general del
Japón del siglo XVII y del Japón del
siglo XXI. En el caso de los niños,
aprender cuáles son algunas de las
características del Japón actual y
conocer las características generales
de las lacas de estilo Namban.
_RESULTADOS DE LA ACTIVIDAD
La evaluación final de la actividad,
llevada a cabo durante los meses de
junio y julio, ha devuelto resultados
muy positivos. Para los niños, lo
más interesante y divertido fue el
taller, y dentro de la visita, lo que
más les gustó fueron las arquetas,
que
despertaron
su
interés
desde el primer momento. Los
adultos valoraron positivamente
la duración de la visita, que no
fue excesivamente larga y muy
adecuada para los niños, así como
el discurso de la visita, adaptado
al público infantil, y con contenido
sobre el tema, sin tampoco
excederse en datos técnicos.
Tanto adultos como niños valoraron
positivamente también el trabajar
conjuntamente en el taller, así
como la utilidad del objeto creado,
que sirve como objeto decorativo
y como recuerdo de la visita y del
“viaje Express” a Japón.
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