Artículos - Página personal de Rafael Mir Jordano

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Este artículo ha sido publicado en el diario CÓRDOBA el 25 de febrero de 2015.
MIRADAS
UNA TRISTE FRUSTRACIÓN
Hace cerca de diez años, de noche, en la ahora cerrada taberna de
Villegas en la estrecha y corta calle peatonal Torre de San Nicolás, había
una animada tertulia en la que llevaba la voz cantante, el hoy enmudecido
por la enfermedad Rufino Segura. Corría el buen vino de montilla-moriles
y ayudaba el pescaito muy bien frito por Salud (que nada tenía que
envidiar al legendario Pepe el de la Judería en el menester de freír
pescado). Con cariñosas razones convincentes pidió al joven músico, que
aun llevaba el frac del concierto del día –cubriendo una camisa
desaliñadamente abierta—que interpretara alguna composición de Pablo
Casals. Y Álvaro Fernández desenfundó el chelo y comenzó a tocar,
como él lo hacía, divinamente, eso sí, contraviniendo todas las
ordenanzas municipales sobre el silencio. Silencio que sí se impuso de
manera espontánea y de inmediato en los oyentes. Tan celestial música
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saltó las lágrimas en los ojos de quienes escuchaban pasmados, e hizo que
las palomas y pájaros de la torre de la iglesia se echaran a volar y a
dibujar vuelos nupciales en la oscuridad. Rufino Segura encantado por tan
mágicos momentos, describió lo que acabo de narrar a mi manera, en una
carta al director de este diario.
No hace mucho, al enterarse Álvaro que yo pretendía organizar
algunos conciertos en la comisión de cultura del Círculo de la Amistad,
en un encuentro de amigos músicos, me ofreció tocar el día que yo
quisiera, sin cobrar un euro. Desgraciadamente no pude aceptar su
generoso ofrecimiento porque me advirtieron que el Álvaro de hoy, que
no ha dejado de ser la buena persona que siempre fue, no estaba bien. Ya
llevaba varios años de baja como solista de la orquesta de Córdoba, pues
una concatenación de causas lo mantenía en perpetuo desequilibro. ¡Que
lástima! Al hablar conmigo sudaba a chorros, sin que hiciera el más
mínimo calor.
¿Qué fue de aquel chelista admirable del que Leo Brouwer dijo que si
hubiera nacido y vivido en Viena o Berlín estaría entre los mejores
chelistas del mundo?
Lo recuerdo como solista con nuestro orquesta en conciertos
memorables.
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Era tan buen músico, tan totalmente bañado por la gracia de la música,
que el buen chelista era capaz de ser el mejor pianista posible en el grupo
de jazz de su muy amigo el trombonista solista Rafa Martínez.
Muerto Álvaro hace unos días, en la frontera de los cuarenta años de
edad, me he aplicado a husmear sus huellas, con un fracaso casi absoluto:
en ninguna de las tiendas de música de la ciudad y en los grandes
almacenes no hay una sola grabación suya. Ni en solitario ni con
orquesta. En las oficinas de la orquesta me han dicho que posiblemente
hay grabaciones suyas antiguas en cintas, pero que necesitan tiempo –el
que yo no tengo por la impaciencia de escribir este artículo— para
localizarlas. Se han ofrecido a buscármelas; serán bienvenidas y
agradecidas siempre.
Por Internet he sabido que hay un disco suyo que se titula Volviendo a
nacer, del que se puede conocer un magnífico video hecho por el propio
artista, que se titula Un sueño. Lo recomiendo: dura poco menos de cinco
minutos, tiene una línea paralela de dibujos del propio Álvaro, y en él el
chelo suena de maravilla: los agudos nos elevan a la cúspide y los
sensuales ronroneos de los bajos nos tocan las fibras más profundas. ¡Que
portento!
Hoy, post mortem, de cara a tan triste frustración, Córdoba tiene un
reto: rastrear en busca de todas las grabaciones de Álvaro Fernández que
haya: caseras propias, de amigos, de archivos…De clasificarlas, de
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ordenarlas, de restaurarlas con la mejor tecnología, de preparar una
edición impecable para nuestro gozo y para la salvaguarda de la memoria
de uno de los mejores intérpretes musicales que Córdoba ha dado en
todos los tiempos, a la altura de un Rafael Orozco o un Vicente Amigo.
Emplazo, por el bien de la música cordobesa, a particulares e
instituciones a que realicen la tarea. Doy por supuesto que nuestra
Asociación de Amigos de la Orquesta, en la que inserto todo mi
entusiasmo, afronte este empeño, en el que podemos y debemos
empeñarnos todos los melómanos cordobeses.
En mis últimas indagaciones, hechas antes de firmar este artículo,
tengo un afortunado tropiezo con Manuel Gutiérrez, que me informa de
que tiene grabaciones inéditas de Álvaro: una brillante luz al final del
túnel.
RAFAEL MIR JORDANO