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Colin Firth interpreta a un veterano agente secreto inglés que
apadrina a un joven (Taron Egerton) para que ocupe un lugar
vacante en la organización de la que forma parte. FOTO: FOX
EL LITORAL
www.ellitoral.com
SÁBADO, 21 DE FEBRERO DE 2015
PRODUCCIÓN EL LITORAL ARGENTINO ®
“KINGSMAN: EL SERVICIO SECRETO”
Una de Bond, sin Bond
JUAN IGNACIO NOVAK
jnovak@ellitoral.com
¿Un espía de cuidado acento inglés, refinado, amante
de la buena vida y capaz de
contrarrestar a un grupo de
temibles matones sin despeinarse ni arrugar siquiera
su traje a medida? ¿Un villano megalómano que tiene un
plan demencial para dominar
el mundo y una inquietante guardaespaldas? ¿Armas
letales disimuladas en paraguas, lapiceras, encendedores,
anteojos, zapatos y medallas?
¿Encanto british por donde se
mire? Todos estos ingredientes, “agitados, no revueltos”,
aparecen en “Kingsman: el servicio secreto”. Es interesante
puntualizarlo, porque se trata
de los mismos elementos que,
cincuenta años atrás, permitieron que las películas de James
Bond dejaran de ser estrictamente “de espías” para convertirse en un subgénero con sus
propias reglas, en complicidad
con un espectador dispuesto a
aceptarlas sin reparos.
Es que en el fondo, “Kingsman” es eso: una película de
Bond, sin Bond. Pero, cabe acla-
rarlo, no remite al 007 de los
últimos años, mucho más oscuro y vulnerable, que compuso
Daniel Craig. Sino al agente
“con licencia para matar” que
encarnó Sean Connery en los
‘60, con su sello único. “Goldfinger” (1964) parece de hecho una
constante inspiración, no sólo
en la definición de los personajes, sino también en la composición misma de la trama. Inverosímil por donde se la mire, pero
capaz de cumplir a rajatabla la
premisa de atrapar al espectador desde el primer minuto en
una vorágine de acción y entretenimiento que no decae, para
soltarlo dos horas después con
la certeza de haber cumplido la
misión con éxito.
LOS NUEVOS CABALLEROS
Colin Firth interpreta a un
intachable agente secreto inglés
que se esconde tras la identidad de un sastre, pero en realidad pertenece a una cofradía
de espías internacionales que
se dedica, entre otras cosas, a
salvar el mundo. No poseen
números para identificarse,
pero utilizan los nombres de los
caballeros de la Mesa Redonda. Todo arranca cuando Firth,
cuyo nombre en clave es Galahad, apadrina a un joven, encarnado por Taron Egerton, para
que ocupe un lugar vacante en
la organización. Este muchacho, “Eggsy”, es un delincuente de poca monta que en algún
momento se desvió del camino
a pesar de su potencial y que los
espías (“los nuevos caballeros”,
tal como se autodenominan)
saben valorar. En el contraste entre la conducta tosca de
“Eggsy” y los cuidados modales de Firth la película desarrolla buena parte de su exquisito
humor.
En paralelo, aparece un
supervillano divertidísimo, el
millonario Richmond Valentine, interpretado por Samuel L.
Jackson, quien desarrolla un
proyecto extravagante de dominación planetaria. Jackson se
reserva los mejores textos del
filme, que a su vez constituyen
una reflexión divertida y creativa sobre el género mismo.
“Dicen que una película es tan
buena como lo es su villano”,
afirma Jackson/Valentine. Y
mientras tanto pone todo su
carismático talento al servicio
de su personaje, que recupera el
espíritu de aquellos viejos malos
que enfrentaban a Bond, como
el Doctor No o Auric Goldfinger,
pero lo adapta brillantemente a
los tiempos que corren.
SIN PREJUICIOS
Los actores, en su mayoría
ingleses, están bien seleccionados y cumplen con solvencia
la construcción de sus personajes. Sobresale el trabajo de
Colin Firth, con ciertas reminiscencias al John Steed de
“Los vengadores”, pero el resto
del elenco está a la altura de
las circunstancias, en especial
Taron Egerton como aprendiz
de espía, Michael Caine, que
siempre es garantía de calidad,
igual que los licores añejos que
bebe su personaje, y el eficiente
Mark Strong.
“No es ese tipo de películas”,
asegura en un momento el personaje de Jackson, mientras
reflexiona precisamente sobre
los viejos filmes de Bond. Pero,
en realidad, sí es una película de
ese tipo, con una frescura que la
ubica como justa heredera de
aquella estética: tiene escenas
de acción muy logradas, dosis
adecuadas de humor y personajes bien delineados. El tono
absurdo de la historia (muchos
podrán argumentar que es descabellada) se subordina al constante entretenimiento, en un
efecto buscado y conseguido,
que responde a su origen, que
es el cómic de Mark Millar en el
que está basada. “Kingsman: el
servicio secreto” es una película
para disfrutar desde la más desprejuiciada de las posturas.
MUY BUENA
KINGSMAN: EL SERVICIO
SECRETO
“Kingsman: the secret
service” (Inglaterra, 2015).
Dirección: Matthew Vaughn.
Guión: Matthew Vaughn y
Jane Goldman, inspirado en el
cómic de Mark Millar y Dave
Gibbons. Fotografía: George
Richmond. Música: Henry
Jackman y Matthew Margeson.
Edición: Eddie Hamilton.
Diseño de producción: Paul
Kirby. Elenco: Colin Firth, Taron
Eggerton, Samuel L. Jackson,
Mark Strong y Michael Caine.
Duración: 129 minutos. Apta
para mayores de 16 años. Se
exhibe en Cinemark.