“Otro territorio. Ensayos sobre el mundo contemporáneo”.

Renato Ortiz
Otro territorio
Ensayos sobre el mundo contemporáneo •
CONVENIO ANDRÉS BELLO
SANTAFÉ DE BOGOTÁ
o Renato Ortiz
e Convenio Andrés Bello, 1998
Prim::ra edición: UniversidadNacional de Quilines, 1996
Segunda edición: noviembre de 1998,Convenio Andrés BeDo
Secretarfa Ejecutiva del Convenio AndrésBello (Secab)
Aveftida 13 (Paralela de la Autopista) No. 85-60
_
"""" 53465
Teléfonos: (571) 6181584. 6181701, 6181632, 6181654
TeIefax: (571) 6100139
E-mail: ccobeIIo@inti.cab.inLco
SantafédeBogot'á., D.C. ~ Colombia
Diseño de cubierta: Camilo Molina
Fdición, armada eJecuónica, impresiÓD
Ye:ncuadcrnacióo: 1M Editores, &palUdo aéreo 48J1
Santllfé de:Bop. Colombia.
Impresoen Co&ombi-.
PriJrted in Colombia
ISBN: 958-"9089-49-6
cultura Libre
ceíe, Renaw
Olro tmitorio I RCDldD Ortir, tnlducído por Carlos E. Col.1és Sáocbe:z Santafé de BogoCá: Convenio Andr6s Bello, 1998
22Op.
ISBN:958-9089-49-6
1. CULTURA POPULAR 2. MODERNIDAD 3. MEDIOS DE
illMUNICAClóN DE MASAS. 4. GLOBAIlZACIÓN 5. SOCIOLOGfA
URBANA 6. SOCIEDAD DE MASAS
CDD30223
-
Fuerz¡, motriz., S01WnI
RuidJJ que roba el instante
Profundn. dLnso, fugaz
CONTENIDO
PREFACIO
xvii
INTRODUCCIÓN
EL VIAJE, LO POPULAR y EL OTRO
1
ESPACIO Y TERRITORIAUDAD
21
MODERNIDAD-IIUNDO E IDENTIDAD
43
CULTURA, COMUNICACIÓN Y MASA
69
DIGRESIóN: CULTURA, CIUDADANíA Y POÚflCA
103
SOBRE LA IIUNDlALlZACIÓN y LA CUESTIÓN NACIONAL
117
DWERmDADCULTURALYCOSIIO~SMO
135
CIENCI~ SOCIALES, GL08ALIZACIÓN y PARADIGMAS
157
vii
PREFACIO·
¿Por qué interesarse por la globalización de las sociedades y
la mundialización de la cultura? ¿Qué hace que este lrbro,
un momento de un proyecto más amplio, haya sido posible?
Me hago estas pregontas y, en el fondo, sé que no las responderé a satísfaccíón, puescuando un autor recoge sus pasos sólo puede confiar en la parcialidad de su memoria Pero
quizá valga la pena el esfuerzo; quién sabe si servirá para
que futuros lectores puedantener una condencia másclara
de los cambios que están ocurriendo en el mundo de las ideas.
Así aprovecho la oputtunIdad que me dio Jesús Martín-Bar-
bero para tratar, en este prefacio, cuestiones que, en cierta
forma, anteceden e inspiran mi trabajo.
En 1988 publiqué A Moderna 'Iradi9i0 Brasileira, un libre
sobre la problemática cultural del Brasil en el contexto de
una sociedad moderna e industrial. Pretendía comprender,
a partir de los medios de comunicación y las industrias culturales, un conjunto de cambios ocurridos desde la década
del cuarenta hasta los años ochenta. El último capítulo lo
titulé: "De 10nacional-popuIar a lo ínternacíonal-popular",
una alusión a Cramecí, autor a quien aprecio; perotambién
era unacrítica velada¡ pues sentía que el concepto de nadonal-popular ya no lograba dar cuenta de la sociedad brasíletia. Esta insatisfacción, la ínadecuacíén de los conceptosy
la necesidad de comprender ciertos rasgos de la sociedad
contemporánea, me condujeron a elaborar un proyecto
de estudio sistemático sobre la problemática de la mundialización de la cultura. Irónicamente, mi preocupación por
Brasil radicalizó mi desenraizamiento, como si yo buscase,
por fuera de las inquietudes nacionales, explicaciones más
•
Traducción: Carlos Eduardo Cortés Sánchez.
[ ix
l
OTRO TERRITORIO
convincentes de la realidad que me envolvía. Este viaje"afuera" me fue convenciendo, poco a poco, de que se trataba de
un desplazamiento"dentro" de la modernidad-mundo, y
aún no terminó, aunque haya dado algunos frutos: "Cultura e Modernídade", "Mundializacáo e Cultura", "Um outro
'Ierritórío". Quedan pendientes mis estudios sobre eljapón,
algo que pertenece a mi "literatura-por-hacer", para usar
una expresión de Sartre.
Sé que la insatisfarción Yla curiosidad son elementos dinámicos, estímulos para el pensamiento; pero, como dentífico
social, desconfío de las interpretaciones demasiado personales. Al mirar atrás, además de mi trayecto individual,
identifico algunas conñguracícnes que sitúan mi visión en
un marco histórico y un debate intelectual más amplios. Un
primer aspecto se refiere a la cuestión nadonal, discutida en
Brasil y Latinoamérica, por tradición, desde hace más de un
siglo. Sin embargo, para el caso brasileño, es necesario recordar que, a fines de los años setenta y comienzos de los
ochenta, la cuestión nacional pasa por un profundo proceso
de revisión conceptual. Son varios los trabajos que irán
tomándola como objeto de reflexión crítica'. Hay razones
objetivas para que eso haya ocurrido: la decadencia del
populismo como forma de conciencia y de acd6n política; el
autoritarismo de la dictadura militar, que monopoliza una
versión claramente coercitiva de lo nadona!; el surgimiento
de nuevos actores políticos (sindicatos, movimientos sociales, Partido de los 'Ilabajadores). En este contexto se hacía
necesario el cuestionamiento de los parámetros que habían
orientado el pensamiento progresista de los a1\oscincuenta
y sesenta. No hay que suponer que este movimiento de re1 C. Navarro Toledo, ¡SEB: FIfbriaJ de ItIeoIogWs, San Pablo, Ática, 197'7;
M.S. Carvalho Franro, "O Tempo das IIustWs'" 'en ldrologia e Mobilizll9'iO Populsu, Río de Ieneíro, paz e Tena, 1978;ltUi Chauf, úmfrmnismo
e &sisthlciJl, San Pablo, Brasílíense, 1986; R. Qrtiz, Cultura Brasileira e
ldentidiule Nacional, San Pablo, Brasiliense, 1985;R. Olíven, Viollnda e
Cultura 110 Brasil, Petl'ópolis, Vozes, 1982.
x
PREFACIO
visión de las categorías pasadas era convergente en sus int~eses ~ ambiciones. Las respuestas formuladas por los
diversos intérpretes no eran necesariamente congruentes entre sí: oscilaban entre quienes hadan propuestas para crear
una "auténtica" nación brasileña, y aquellos que descarta~ la n~~ de "autenticidad" como resquícío de un análisis ese.ncialista de las reIadones sociales. Pero, subrayo, al
contrarío de un pasado en el que la idea de proyecto nadona) era predominante, el clima de crítica prevalecía, Por supuesto que la temática de la globalización estaba ausente de
la discusión, pero una mirada retrospectiva permite decir
que la critica a la cuestión nacional (su "deconstrucdón" dirían hoy algunos) propició, en cierta forma, la posibilidad de
que algunos mtelectuales brasileños escapasen más tarde
~e la ca~go~ nación como elemento nodal d~ la explica~
ción SOClOlógl~ Un paso metodológico que se alejaba de las
prenusas anteriores sobre el "atraso" brasileño la modernización incompleta, o la teoria de la dependencia.
Otro punto se refiere al proceso de modernización de la
sociedad brasileña en el período posterior a 1964. Alcontrano de lo que ocurrió en Chile y Argentina, la dictadura militar en el Brasil desarrolló, aliado de su rostro autoritario
un aspecto modernizadot: Lo que los economistas denomi~
nan "segunda revoíucíon industrial", cuyo origen se encontraba ~n la política industrial de los años cincuenta y se
consolidó con el golpe mililaJ: Así se cristaliza un "capitalismo tardío". En términos cualitativos este es un cambio sustantivo que inddirá en los fundamentos objetivos sobre los
que reposaba el debate intelectual. Hasta entonces, la díscusión sobre la modernidad tenía algo de utópico, pues siempre se tra~b.a de construir; en un tiempo lejano, un "Brasil
moderno diferente de su pasado agrario y esclavocrata En
los años veinte, con los modernistas; en los treinta y cuarenta, con el vínculo entre intelligentzia y Estado Nuevo yen las
décadas, del cincuenta y el sesenta, con los desarroÍlistas, la
~odem.ldad se presentaba como si fuera algo todavía ineXIStente, como un proyecto por realizar en un futuro in-
"
OTRO TERRITORiO
PREFACIO
cierto. Los años ochenta ponen las cosas en bases radicalmente distintas. Se podía cuestionar la naturaleza autoritaria
de la modernización brasileña, y esto era blanco permanente de enfrentamientos, aunque su materialidad se imponía
como algo innegable. Una concreción que se expresaba a través de la reorganización del parque industria], la url>aniza..
dón metropolitana, el surgimiento de un mercado nacional
integrado, y la consolidación de una sociedad de consumo.
Esta modernidad, desigual y asimétrica en términos reglonales, con su dinamismo envolvente y muchas veces perverso, minaba el idealismo con que "lomoderno'" había sido
pensado con preferencia por las generaciones anteriores.
Esto tendrá implicaciunes directas en el mundo de la cultura, pues es el momento en que los medios de comunicación se transforman en industrias culturales, en agencias
productoras de bienes coIturaIes articuladas a! mercado consumidor en forma directa. Ahora tenía poco sentido restringir el estudio de la cultura brasileña a elementos como la
cultura popular o la relación orgánica entre intelectuales y
Estado, aspectos hasta entonces predominantes en nuestra
vida intelectual. La industria cultural, al operar en escala
ampliada, desplazaba la discusión en otra dirección: mercado, consumo, tecnología, patrones industriales de narrativas dramáticas, etc. Una dimensión que ya no situaba
la comprensión analítica en el interior del territorio brasileño, pues tales hechos de modernidad eran comunes a un
conjunto de lugares, independientemente de sus características y especificidades nacionales.
Es necesario recordar que, cuando inicié mis estudios sobre la mundíehzadén de la cultura, el debate sobre el tema
era a6n incipiente. Había, por supuesto, escritos dispersos,
en particular los trabajos de Wallerstein y Braudelen elcarnpo de la historia, o de autores como Theodore Levitt, entre
los administradores de empresas. Algunos sociólogos como
Roland Robertson, sobre todo a partir de mediados de los
años ochenta, se bablan interesado también en la problemática de la globajjzacíón. No obstante, le trataba de escritos
pun~ la mayorla de las veces emprendidos por grupos
restringidos de autores localizados en Estados Unido•.
Quien tenga la paciencia de consultar las revistas interna.
cinnaIes de administración de eropresas percibirá que en
~ periodo, la idea del ~ global, propuesta
Levílt fue ~atida, Y también refutada, por diversos autores.
La propoa idea de la globa/í""ción era todavla imprecisa Y
muchas veces se corriundia con la de internaeionalizac
Eo realidad, en aquel momento el eje de Iadisctuión era otro:
guaba en torno de la polémica entre modernidad y posmadernidad. El texto de Habermas, 'La modernidad como
proyecto inacabado', una respuesta directa a las propuestas
de Lyotard, marca una inflexlón que radicali"" losargumen.
ros y exacerba los punros de vista. Confieso que vela con
derta sospecha esa polarización indebida. Esa manera di.
cotómica de pensar las relaciones sociales me pareáa poco
con""":"nte, en especial cuando adquiria una coloración
ideololl'""da fui' otro lado, las reacciones Iatinoamerica.
nas a los ~mas ~os también eran contraproducentes. Decir América Latina no podrfaser posmoderna,
puesto ~ todavla no es moderna", presuponía, por un
lado, la idea de buscar la modenlidad (lo cual era oontradicho "?" el ejemplo brasiletio); Y por otro, la ilusíón de que.
tendríamos una historia autónoma, separada de las imposi.
eones externas. La afirmación contraria, 'América Latina
~ ha sido posmoderna', es decir, plura! y sincrética,
tenía un sabor a retórica que en nada ayudaba aentender lo
que estaba pasando. Pero _que los debates ínldecb.ales
nunca son inocuos, aunque sean ooniusos, y ruando .. los
contrasta con el ooolexto Iúshirico eme1'fleIlle, síenlpre sigo
nifican algo. Enwnces lomé el enfrentamiento modernidad
posmodemidadnocomounareferenda........•
.
'
- - . . SlfIOCODlO
e1smtomadeunconjuntodecambiosqueestabanocurriendo en las sociedades conternporáneas. Para comprenderlos
dirigí la mirada a la problemática de la globaIización.
qlle~ incorporar, en esa pecspectiva más aba.n::ante, las
CUCStiones que se estaban discutiendo.
po;
ve:
OTRO TERRITORIO
Elaboré mi proyecto de investigación en dos etapas: la
primera, histórica, me condujo a estudiar a Francia en el siglo XIX; la segunda se concentró en la 'sociedad global'. No
fue por azar que retomé al pasado; quería captar algunos
aspectos que encajaban mal en el debate actual La historia
surgía así como herramienta para entender el presente, una
dimensi6n muchas veces ausente en la discusi6n contemporánea. Sin embargo, no me interesaba enfocar Francia como
un país espedfico; mi estrategia fue seleccionar elementos
que pudieran revelar rasgos estructurales de la modernidad.
Me impose la tarea de realizar una especie de arqueologia
de temas y de cuestiones que emergieron en el siglo XIX pero
ganaron perfil durante el xx. Tiendas de departamentos,
surgimiento de un sistema ferroviario, folletín, fotografía,
malla urbana, invenci6n de la hora nacional, lujo y consumo, eran para mí señales precursoras de la modernidadmundo. El pasado me ponía, todavía, ante el problema de la
tradición, una temática recurrente en la literatura sociol6gica. En ella, tradición y modernidad surgen como pares antagónicos, unidades antitéticas; por ejemplo, la teoría de la
modernización. Los artistas también comparten esa misma
perspectiva: la vanguardia estética siempre valoró la idea
del rompimiento, ya fuera en relaci6n con los modelos vigentes en el siglo XIX o, más tarde, en su relación con la posmodernidad. De esta manera se privilegi6la dimensión de
la ruptura, el análisis en procura de revelar el movimiento
de cambio en detrimento del anacronismo del pasado. Es
posible que, en este caso, haya sido impregnado inconscientemente por mis raíces brasileñas; al fin Y al cabo, en Latinoamérica, tradición y modernidad nunca se presentaron
como términos excluyentes. Cultos afro-braslleños o afrocubanos, religiosidad popular, creencias indígenas, mestizaje, altanería oligárquica, siempre encontraron nichos para
expresarse en el contexto de la modemizadón de la sociedad. Pero en mi trabajo anterior yo había dado un paso
dirigido a considerar la tradición no sólo como "cosas del
pasado"; A Moderna Tradigio Brasileira me abrió los ojos para
xiv
PREFACIO
pe~la modernidad también como tradición. Lo "meder-
n~ no era sólo lo nuevo, su fuerza únicamente se expresaba
al mcorpor~ a la cotidianidad de los hábitos y lascostumbres. ~ ~ conduado a considerar la ruptura en el flujo de
las conlinwdades. Retornar en el tiempo, revisitar el siglo
XIX,.significaba, ,poes, buscar elementos que vendrían a constituirse en tradición y a conferir sustancia y materialidad a
las relaciones sociales.
La segundafase del proyecto se enfocó en algunos aspectos de la "sociedad globaf'; ahora el presente se volvía mi
cen~o de atención. Mi dificultad más grande fue elaborar
un tipo de argumentación que escapase a la centralidad de
la categoría nación; una tradición intelectual que aún predomina en los estu~os de las sociedades contemporáneas. No
obstante, para e~tar malentendidos, es necesario distinguir
entre una operación analítica -artificio necesario para el desarrollo del raciocinio-, y los elementos de realidad. Siempre busqué dejar claro en mis escritos que el Estado-nadón
no ~esaparececon la consolidación del proceso de globalizaa6n. In?USO estoy convencido de que en diversos sectores (por ejemplo, en todo lo referente al monopolio de la
fue~) su pa~l es ~ndamentaL Tampoco creo que la discusión sobre la Identidad nacional esté agotada. Sin embargo, esos datos de realidad no deben ofuscar la formulación
del probl-:ma. La globalízacíón es una tendencia, un proceso
que se articula en función de las fuerzas históricas existentes
en. un con~to .más amplio. Pensarla significa construir el
objeto sociológico a partir de nuevas exigencias lógicas.
Conceptos como nación, imperialisrno cultural aculturación
identidad nacional, son, en este caso, poco re~tables desde
el punto de vista analítico. No se trata de decir que no tengan validez alguna, pues sería un equívoco. La cuestión es
que pasan a tener una validez restringida; explican determinados fen6~e.nos.vinculados a circuitos pardales. La lógica
de la mundializaaón requiere, para ser develada, construir
conceptos cuya amplitud y valor explicativo sean de otra
naturaleza. Por ello, el debate sobre la globalización es al
OTRO TEAAITOR10
INTRODUCCIÓN-
mismo tiempo una reñexíén sobre la contemporaneklad y
una discusión sobre las ciencias OOÓalee. Labúsqueda de un
nuevo marco de referencia teórica implica la revisión .d~
nuestra propia lJadióón lnteledual. "Um ouiro 1erritório
se inscribe en ese propósilo. Loo ensayos aqPÍ reunidos se
dJrigen • la comprensión del presente y.1a recuperadén de
nuestro lnstnunental conceptual. Un horizonte que le abre
nuevas posibilidades al pensamiento, siblándonos -a los m..
telectuaJel¡ IalinoaJneri<:anos- en la perspectiva de una tradición por construir.
Renato Ortiz
sao Przulo, 19 deabril de1998
Pensar la globalízadén de las sociedades es afirmar la existencía de procesos que comprenden • los grupos, las clases
sociales, las naciones y los individuos. Evidentemente, exis-te una historia de este movimiento totalizante: tiene sus rafees en la expansión del capitalismo en los siglos XV-XVlD, en
el advenimiento de las sociedades industriales, en la modernidad del siglo XIX. El momento actual es el resultado de un
conjunto de cambios ocurridos anteriormente -de un "proceso dvílízatorío", diría Norbert Elias-. Nada es más ilusorio
que postular la idea de un mundo "post" moderno, industrial, tecnológico, como si existiera un foso, una ruptura radical, un • antes' y un • después' que ordenan la hístoria de
los hombres.
Sin embargo, incluso cuando tenemos en mente la continuidad de este movimiento, es necesario también comprender su especificiclad. En el fin_a! del siglo xx se cristalizan un
conjunto de fenómenos económicos, políticos, culturales, que
trascienden las naciones y los pueblos. Son esos fenómenos los que nos permiten hablar de la gjobalízacíén de las
sociedades y la mundialización de la cultura Vivimos un
periodo en el cual emergen nuevos elementos, a! tiempo que
hay un. potencialización de trazos existentes. En este sentido, la sociedad contemporánea adquiere una nueva configuractón. Formación social que, por cierto, posee sus ralees
históricas, pero que hoy se consolida como otra meseta'. Insisto en la idea de meseta; nos ayuda a pensar la continuidad y la ruptura Una meseta presupone otros niveles
anteriores; el pasado es el suelo en el cual se sustenta. Y,. al
• Traducdón: Ada SoIari.
1 Ccmo porción de piso horizontal en que termina un tramo de escalera, y no en el sentido geográfico. (N. de T.)
[xvii]
OTRO TERRITORIO
transformarse, alcanza otro "escalón" y adquiere un nuevo
significado, otra dinámica.
La cuestión que se plantea, entonces, es la de cómo OOIDprender ese cuadro, cómo caracterizarlo. Una manera ':ü11S1Stlria
en pensar los fen6n:'enos qu~ nos ~ ~o denvado~~e
relaciones internaoonales o íntercívílízatorias. Subrayo mter", crucial para la comprensi6n de lo que ocurre. Así, ~an­
do hablamos de relaciones internacionales, el pensarmento
presupone la existencia de naciones autónomas que interactúan entre si. La dinámica global derivaria del movimiento
de las partes, Ycada una de ellas, en su integridad, actuaria
en el contexto mundial. Las mismas premisas subyacen en
los conceptos de colonialismo e imperialismo. En cada uno
de ellos destacamos un centro (el imperio o la naci6n) como
elemento propulsor del movimiento de expansión. El mundo es visto, entonces, como el cruce de las diversas intenciones transimperiales o transnacionales que, de forma
diferenciada, inctden en las colonias o los países periféricos.
Una aplicación común de este tipo de razonamiento es la
analogía entre el momento actual y a1gunas épocas de la bistoria pasada. Por ejemplo, la comparación del ascenso y la
caída de un país -los Estados Unidos- con el imperio romano. En amboscasos encontramos la expansión de una civilización, norteamericana o romana, de una lengua, el inglés
o el latín en un conjunto de territorios alejados del núcleo
irradiador; Las relaciones de contacto entre esta . . periferia"
y el . . centro" se llevan a cabo, por lo tanto, de acuerdo con
las normas de dominación elaboradas por los países o los
imperios colonizadores. Existe, entonces,' una clara diferencia entre "centro" y "periferia" "adentro" y "afuera"; los
límites de la dominadón se encuentran nítidamente delineados. Del mismo modo, seria posible pensar la expansión de
la cultura en términos semejantes -como lo hicieron lbynbee o Spengler-. El mundo estaría formado por un conjunto
de civilizaciones que "ínter" actúan entre sí. En este caso, la
civilización occidental, una entre tantas otras, tiene un papel destacado al imponer sus patrones de dominación junto
"""
INTRODUCCIÓN
a otros núcleos civilizatorios. La argumentaci6n preserva,
por lo tanto, la independenda de las culturas: cada una de
ellas gira en tomo de su propio eje, difundiendo sus rasgos
fuera de su territorio original
Sin embargo, al imaginar las cosas de otra manera, la problemátlca de la globalizaci6n se muestra en toda su radicalidad. Cuando hablamos de "socíedad global" nos referimos
a una totalidad que penetra, atraviesa, las diversas fcrmacíones sociales existentes en el planeta. Se afirma así la
especificidad de una "megasocíedad", esto es, un conjunto
articulado de relaciones sociales planetarias. Una sociedad
global, en términos duddwmjanos, es sui gmeris, posee una
lógica propia. Su intellgibilidad no resulta de la interacción
entre las partes que la constituyen; al contrario, ahora hay
que invertir nuestra perspectiva y preguntar. ¿cómo esa
totalidad envolvente reordena sus elementos? En este caso,
las relaciones sociales dejan de ser vistas como "ínter" (nacionales, civilizatorias o culturales) para constituirse como
"intra", esto es, estructurales al movimiento de globalización. Los límites"adentro/afuera", "centro/periferia", se ternan así insuficientes para la comprensi6n de esta nueva
configuración social. Hay una cierta dilución de las fronteras que hace que las especificidades nacionales y culturales,
sean, por cierto de manera diferenciada, atravesadas por la
modernidad-mundo. En este sentido, todos formamos parte de este proceso, base material y espiritual de nuestra vida
cotidiana.
Por eso, el esfuerzo analítico se debe orientar hacia la
comprensi6n de objetos que conrioten esta realidad mundializada. Guerra del Golfo, FM1, publicidad global, auto
mundial, MacDonald's, televisores Mitsubishi, son expresiones heurísticas de su movimiento. Lo mismo se puede decir
de los aeropuertos, los supermercados, los shopping-eenlers. Se
trata de lugares, de sitios, que revelan la desterritorialización del espacio, condición necesaria para la constitución de
un mundo-mundo. No tiene sentido pensarlos como el fruto de relaciones internacionales, puesto que ya no se víncu-
"'"
OTRO TERRITORIO
lan con este o aquel país, con el Primer o el Tercer Mundo.
Esos lugares denotan el orden interno de la misma sociedad
global.a! exponer su faz mundíalízada, Hablar. por lo tanto,
de una cultura mundialízada significa situarnos en la médula de este proceso abarcador.
Esto lleva a considerar que Iaculturamundializada no se encuentra ya fuera de nuestras sociedades nacionales¡ al contrario, forma parte de nuestra vida cotidiana, de nuestros
hábitos. Sería un equívoco atribuir a este movimiento un carácter de exterioridad (por ejemplo, la americanizaci6n del
mundo), como si se tratara de algo extraño a nosotros mismos.
La mundtalízacíén de.. I acultura no es una falsa conciencia,
una ideologia impuesta de forma exógena; se corresponde
con un proceso real, transformador del sentido de las sociedades contemporáneas. Los objetos que nos circundan
-utensilios, máquinas, arquitectura- son manifestaciones de
esta mundíalidadr Ellos encierran su "verdad", al expresarla
en su cotidianidad, en su rutina.
Existen, sin embargo, algunas dificultades para pensar esta
realidad emergente, dificultades que derivan de la tradición
de las ciencias sociales. Buena parte de los conceptos que
utilizamos están comprometidos con cierta visión de la sociedad2 • No podemos olvidar que las ciencias sociales se institucionalizaron apenas a!fina! del siglo XIX, momento en el
que el principio de nacionalidad se afirmaba con toda su
fuerza. Durkheim, 'Ibnníes, Weber, Veblen tenían, evidentemente, una preocupación universal cuando construyeron
sus objetos de estudio. Pero ellos nos remiten, sobre todo, a
la constitución de una disciplina que adquiere contornos
dentro de territorios espedficos. Por eso hablamos de sociología francesa, alemana o norteamericana Cada una es
pensada como vinculada de forma intrinseca a sus lazos nacionales. La sociedad moderna, sobre la cual versa el discur2 Véase al respecto Ianni, O., TeoriIIs • gl."iZR{J'O, Río de Janeiro,
Civiliza<'Io _
1995.
INTRODUCCiÓN
so sociológico, es la nación industrial Para defintr la lógica de
su funcionamiento, todo el esfuerzo del pensamiento confi..
na la modernidad en los limites del Estado-nación. 'Clases
sociales",
."Estado",
. "territorio", "cultura", "identidad.. . son,
por cerro, categorías abstractas, pero se aplican sobre todo
a las realidades nacionales.
En el contexto de América Latina, la relación entre conocimiento y nación es aún más acentuada. El debate sobre la
identidad nacional, que se extiende a lo largo de todo el siglo
xx, marca de forma indeleble al pensamiento latinoamericano.La nación smge como una dimensión a ser conquistada
(por los políticos, los artistas y los intelectuales), un proyecto
que en el futuro asegurará la realización de una modernidad incompleta, inconclusa. Reflexión y conciencia nacional
son elementos constitutivos de nuestra tradición; elemento~ que se mezclan como conceptos y como aspiración política. El problema es que la modernidad-mundo rompe las
~nteras del Estado-nación. Para comprenderla, es necesana una reactualización del pensamiento. El mundo, como
o~~: exige nuevos c:onceptos de nuestra imaginación sociolégica, En este sentido, la globalización no es simplemente un tema entre otros: desafía la reflexión en su existencia
categorial. Pensarla es abrirse a una revisión del propio díscurso de las ciencias sociales.
Otra dificultad tiene que ver son la mirada analítica que
s~ echa sobre este objeto globalizado. ¿Desde qué punto de
VISta deberíamos considerarlo? ¿Desde el punto de vista de
las clases sociales, de las naciones? Son, por cierto, posiciones legítimas. Sin embargo, para aprehender enteramente
las consecuencias derivadas de las transformaciones del inicio el siglo XX1, se hace necesario un desplazamiento de la
mirada científica..La comprensión de un mundo desterritorializado requiere un punto de vista desterrítoríalízado.
Para entenderlo en su totalidad, la perspectiva analftica
debe liberarse de las restricciones locales y nacionales Sólo
d~ esta forma puede ser comprendido el flujo de la moderrodad-mundo. Por eso, ya no es suficiente escribir comobra-
OTRO TERRITORIO
sileños, franceses, americanos o alemanes. No se trata de
que estas situaciones hayan perdido vigencia; aún conservan su validez. Pero el cambioconceptual al cual me refiero
implica, al menos durante el ~om"en~ ~e la refl~~, que
tales exigencias sean "suspendidas (ulilizo un artificio de la
fenomenología). En lugar de pensar el mundo"desde América Latina" (como dicen nuestros colegas Ialinoamericanos),
propongo una reorientaci6n de la mirada Pensemos <;l mundo en su flujo, y, luego, hagamos las pregontas pertinentes
a nuestra realidad. Tengo certeza de que se verán Iluminadas desde otro ángulo.
Junto a las dlfu:ultades existentes, el tema de la globalización exige además sortear algonas trampas, principalmente
cuando hablamos de cultura. Deben ser evitados dos obstáculos: uno de naturalezametodológica, otro de cuño ideológico. Comienzo mi digresión con el primero.
En la literatura existente sobre medios de comunicación,
tecnología y administración de empresas, es común enconlraJ; bajo formas diversas, la problemática de la homogeneizaci6n de la cultura, Porejemplo, la utilización de un mismo
sistema téCIÚCo, en escala planetaria, llevarla a la nivelación de todos. Este pronóstico puede articularse, no obstante, con una jerarquía dislinta de valores. La visión oPtimista
ve en el progreso de las telecomunicaciones la posibilidad
de comunión entre los hombres. Los individuos, dispersos
en la "aldea global", se reconocerían unos con otros, rompiendo su aislamiento y las restricciones de ~os idiomas locales. El punto de vista contrario revela otra dimensión. Una
cultura homogénea e1iminaria definitivamente las diferencias entre los pueblos.~_este caso, gtobalizadón es sinónimo
de estandarización de la conducta. Se trata de una perspectiva comón entrealgunos analistas de mercado, para quienes la globalización de la econmnla imptica la emergencia
de una sociedad en la cual los hombres se comportan de
manera idéntica. Viviriamos as! en un mundo "plano", y el
INTRODUCCiÓN
to, fast-food, vendidos y consumidos mundialmente, expresan la cara unidimensional de las sociedades contemporá-
neas.
Esta visión convive con otra, su negad6n. En este caso,
ya no se trata de unidimensionalidad, sino de multiplicidad.
De ahíla insistencia en el resurgimientode las reivindicadones locales, específicas,movimiento que demostraría el an-
tagonismo a todo principio unificador.Multiculturalismo,
conflictos en el Este, fundamentalismo, son las señales de la
presencia de un mundo despedazado, fragmentado, Los escritos de los "post" modernos son expresivos de esta tendencia. 'Iambién encontramos el mismo diagnóstico entre
algonos estudiosos de la tecnología, para quienes, lejos de
homogeneizar las costumbres, la Iécnica es un elemento de
diversificaci6n de las relaciones social,,ª-Ejemplo: la pro1iferación de la televisión por cable, las radios FM, las redes interpersonales de computadoras, etc. Se insiste, por lo tanto,
en subrayar los aspectos particulares, como en los escritos
sobre marketing -la personalización de la atención de los
clientes (cusIotniud produd), la diversificación de los gostos, la
descentraliz¡lci~de la gestión. El mundo estarla compuesto
por una miríada de mosaicos, pur partes heter6clitas. Se babría pasado as! de una era "fordísta", en la cual habla predominado una cultura de masas, a otra más "flexible", capaz
de afirmar la indivjduaJW¡¡d de las personas Y los grupos
sociales.
Creoque es necesarioromper con esta visión dicotómica,
por la que aparentamos estarfrente a dos movimientos dis-
mercado, compacto y estandarizado, r.eveJaóíU.u superficie. Una seriede objetos,jeans, televisoreS, tarjetas de crédi-
lintos y antípodas, uno que tiende bacia la totalidad, otro
hacia lo particulaJ: Debemos entender que la modernidadmundo se realiza a través de la diversidad. En tanto modernidad, privilegia la individualización de las relaciones
sociales, la autonomía, la afirmación de aspectos especfIicos
(por eso, la sociología clásica inicia sus estudios con el tema
del desarraigo del hombre -Durkheim con la anomia, weber
con la racionalización de las esferas culturales, Simmel con
el dilaceramiento del individuo-). Sin embargo, esos elemen-
xxii
xxiii
OTRO TERRITORIO
INTRODUCCiÓN
tos, en apariencia desconexos, están envueltos por un tejido
más amplio. La modernidad está constituida por un conjunto en el cual el todo se expresa en la individualidad de las
partes. Diversidad y semejanza caminan juntas, expresando
la malriz modernidad-mundo en una escala ampliada.
Plantear la cueslión desde esta óptiCa nos permite evitar
el falso problema de la homogeneización de la coltura. No
obstante, debido a la especificidad del campo cultural, pienso que es importante señalar algunas diferencias. Cuando
nos referimos a la economía y la técnica, nos encontramos
ante procesos que reproducen sus mecanismos, de modo
igual, en todos los rincones del planeta. Hay sólo un tipo de
economía mundial, el capitalismo, y un único sistema técnico (fax, computadoras, energía nuclear, satélites, etc.). Sin
embargo, es diffcil sustentar el mismo argumento respecto
de los universos culturales. Por ese motivo, prefiero
el término" gtóbalización" al referirme a la economía y la
tecnología; son dimensiones que nos reenvían a una cierta
unicidad de la vida social: Y reservo entonces el término
"mundialízacién" para el dominio específico de la cultura'.
En este sentido, la mundíalizadón Se realiza en dos niveles.
Primero, es la expresión del proceso de globa\ización de las
sociedades, que se arraigan en un tipo determinado de organización social La modernidad es su base material Segundo,
es-una weltanschauung, una "concepción del mundo", un
"universo simbólico", que necesariamente debe convivir con
otras formas de comprensión (política o teligiosa). Vivimos
en un espado transgl6sico, en el cual diferentes lenguas y
culturas conviven (a menudo de manera conflictiva) e interactúan entre sí. Una cultura mundiahzada configura, por lo
tanto, un "patrón" civilizatorio. En tanto mundialidad, engloba los lugares y \as sociedades que componen el planeta
Tierra. Sin embargo, como su materializad.6n presupone la
presencia de un tipo específico de organización social, su
utilizar
3 Véase Qrtiz, R, MumlWizapw ecu1turrJ, San Pablo, Brasiliense, 1994.
"""
manifestación es desigual. Una coltura mundia1izada atraviesa las realidades de los diversos países de manera dilerencíada. Existe, por lo tanto, un diferencial de modernidad
que confiere mayor o menor peso a su concretízedón,
La otra trampa es, fundamentalmente, de carácter ideológico. Normalmente, la literatura que se ocupa de la globalización tiende a comprenderla de manera oblicua, parcial
'Iodo sucede como si la expansión del mercado y la tecnología obedeciera a una lógica inexorable, lo que nos lleva a
conformarnos roo el cuadro actual de los problemas que nos
afectan. Los hombres de marketing intentan Convencernos
de que la globalizaci6n de sus productos se corresponde con
una "humenízacíén" de las relaciones sociales; en definitiva, los hombres tendrían a su disposición el mundo de la
fant~ con el que tanto habían soñado. Los tecnólogos
también nos sugieren una calificación de las sociedades
como"atrasadas" o adelantadas", medidas en función de
la base técnica a partir de la cual operan. El mismo tipo de
razonamiento se encuentra entre los representantes de las
transnadonales. La globalización tornaría obsoleto el Estado-nación, lo que significa afirmar que las grandes corporaClones se presentan como modelo de realización económica
y política, en el nivel mundial. Globalización toma' síndnimo de modernidad. Todo lo que no encaja dentro de este
principio se vuelve sospechoso y revela un cierto sabor de
pasado, de arcaico, de algo que condice con los tiempos remotos de la humanidad. Nos encontramos, por lo tanto,
ant~ una ideolo~ que valoriza el statu quo, pero que oculta
los intereses particulares de los grupos que la profesan.
¿Cómo reaccionar ante estas fuerzas? Una forma consiste
en retroceder, identificando la globa1ización con una visión
de ~o puramente ideológico. Más aún, es incluso posible
consíderar el neohberalismo como"causa" de ese estado de
cosas. No es esa mi intención. Otra forma es considerarla
como expresión de la mundialidad. Con esto sugiero que la
estructura de la modernidad-mundo engloba factores de
orden polítíco, al articular los diferentes niveles de la realiH
s:
OTRO TERRITORIO
dad social Desde esta perspectiva, los grupos trasnaclonales deben ser vistos como actores políticos cuyo campo de
actuación es el planeta. Sus ideas nos parecen impositivas
porque traducen la prevalencia de una ideología vinculada
con las fuerzas dominantes del proceso en marcha. Resta
saber si esas ideas deben, o no, permanecer como si fueran
la única alternativa de convivencia entre los hombres. Píenso que no, pero, en este caso, es necesario que otras propuestas sean presentadas y debatidas. Por eso, la política ya
no puede ser pensada sobre una base exclusivamente nacional o local. Tenemos que imaginar el mundo como un
"espacio público" (como sugiere Habermas), una "sociedad
civtl" en la cual se enfrentan proyectos y versiones diferentes, antagónicas o complementarias.
La problemática planteada tiene, por lo tanto, implicaciones de orden teórico Ymetodológico; conduce a unareevaluación del cuadro conceptual de las ciencias sociales. En este
sentido, podemos decir que "globalizaci6n", "mundializacíén", 11sociedad civil mundial", "polftica interna mundial",
11cultura intemadonal-popular", "desterdtorializ,ación", son
conceptos que nos ayudan a comprender la dinámica de las
sociedades actua1es -basta consultar cualquier diccionario
de ciencias sociales para constatar su emergencia redente-,
Por ejemplo, cuando digo "política externa" supongo que el
orden mundial resulta de la interacción de naciones particulares. Entre tanto, al hablar de "política interna mundial",
desplazo mi razonamiento hacia otro plano. Las naciones
forman parte ahora de la dimensión intrfnseca de la totalidad mundo. Cuando me refiero a un imaginario colectivo
íntemecíonal-popelee me dlstancio de las especificidades y
las identidades nacionales para captarlaS en otro nivel Puedo
considerarlo como el resultado de un movimiento de desterritorialización, y aprehenderlo como un universo de símbolos compartidos mundialmente por sujetos situados en
los lugares más lejanos del planeta (pIlbHcidad global, filmes, programas de televisión, moda, etc.). Un conjunto de
objetos-signos, jeans, imágenes de estrellas de cine, Mac-
INTRODUCCiÓN
Donal~'s, productos de supermercado, dejan de ser vistos
como ImpoSlOones exógenas para ser entendidos como elementos de una memoria colectiva mundial. Es posible que
muchas de esas categoría, que somos obligados a construír
se ~uestren insuficientes en el futuro. Esto forma parte d~
la historiade la razón científica. Pero sin ellas, el pensamíento ~e dificultades para avanzar; Es curioso, pero este fin
de SIglO que, para el sentido común de las personas y de
muchos estudiosos, se muestra como exclusivamente negativo, se presenta para mí lleno de desafíos. Lejos de pensar
que estarna:' ante una "crisis .paradigmática", una parálisis
del pensamiento, veo un horizonte que puede ser explorado de otra manera, más creativa,.capaz de impulsamos más
allá de ~uestros conocimientos petrificados. Optimismo del
p~nsanuent~, que no se confunda, sin embargo, con optirrusmo político, puesto que el mundo en el que vivimos está
atravesando por contradicciones y conflictos, por nuevas
formas de poder y dominación. Entenderlos es ejercitar
nuestra responsabilidad intelectual
xxvii
EL VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO·
Kub1ai Kan había advertido que lasciudades de Marco Polose perecían, como si el paso de una a la otra
no implicara 1U\ viaje sino 1U\ cambio de elementos.
Ahora.decada ciudad queMaroo ledescribia.1a mente del Gran Kan partía por cuenta propia.. y desmontada la ciudad parte por parte, la reconstnda
de otro modo, sustituyendo ingredientes, desplazándolos, invirtiéndoIos.
Marcoentre tanto CCl\tinul1ba re6rlendo su viaje,pero
el emperador ya no lo escuchaba, lo inlt'lTUmpía:
-De ahora en adelante seré yo quien describa las
ciudades Y tú verificarás si existen Y si soncomo yo
las he pensado.
ltaIo údvino, Úls ciudlldes ímJisibles
El lema del viaje sorprende la fantasía de los hombres desde
hace mucho. El viaje, como metáfora de enriquecimiento individual o retirada del mundo. El movimiento contrasta con
la persistencia de los hábitos cotidianos, con su fijeza. Por
cierto, el sentido del término se transformó a lo largo del
tiempo'. En la antigüedad, los viajeros estaban regidos por
el imperativo del destino. Las historias narradas en Lo Odisea o en la epopeya de Gilgamesh derivan de la voluntad
divina; sus héroes vagan por mundos desconocidos pero no
poseen el libre arbitrio de la elección: vagan por mares, desiertos, montañas para, en el fondo, realizar los designios de
los dioses. El camino es vivido como una prueba, la aventura como un sufrimiento. UIi>es "debe" partir, padecer trente a
los peligros -esta es una exigencia fatídica, la manera de poner
• Traducrión: Ada SoIari.
1 Véase Lee, E. J., The Mind
'991.
of the TTIlVe/er, Nueva York. Basic Boob,
[ t
J
OTRO TERRITORIO
en marcha la historia mítica-. En el mundo moderno, probablemente a partir de la época de los románticos, el viaje se
líbera de la carga de sufrimiento que 10había acompañado,
y se torna excitadón y placer. También deja de ser una imposición ajena; el hombre moderno tiene autonomía y una
individualidad distinta de los humores divinos, y el movimiento es fruto de su volición personal.
Pero, zqué es en realidad el viaje? Yo diría de modo preliminar: un desplazamiento en el espacio. Siempre es pasaje
por algún lugar, su duración se prolonga entre la hora de la
partida Yel momento del regreso. El viajero es alguien que
se encuentra suspendido entre esas dos referencias que balizan su recorrido. En este sentido, el viaje está próximo a los
ritos de pasaje. Implica la separación del individuo de su medio familiar; después, una estadia prolongada on lhe road Y
por último, la reintegración a la propia casa, la tierra de origen. Quiero subrayar el aspecto de la "separación": contiene
la idea de que una persona sale de un mundo anterior para
penetrar en otro totalmente nuevo. Los rituales de iniciación religiosa son un buen ejemplo de esto. El neófito, trabajado por los mecanismo rituales, deja su estado profano
para ingresaJ; de forma paulatina, en el universo sagrado. El
ejemplo del candomblé es sugestivo'. Cualquier hija-de-santo, para ser admitida en su nueva morada, debe ser cuidadosamente preparada. Primero, se distancia de su vida
anterior, lo cual se consigue a través de un conjunto de procedimientos (rapadura de la cabeza, aislamiento de la iniciante durante un cierto periodo, sacrificio de animales, elección
de un nuevo nombre.etc.). El procesoes, enverdad, un "viaje"
durante el que ella experimenta "otra" realidad. Acompañada por la madre-de-santo, va a ~ poco a poco los
.secretos de un cosmos inaccesible a las personas comunes.
Sóloentonces, después de !IDa preparación prolongada, Pve-
EL VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO
de retornar. Pero su destino ya no será el mism r las
de su inida '00 la
o.
:marcas
.a
acompañarán por el resto de su vida.
El p~Je presupone la idea de frontera, de limite Cada
compartimiento es un mundo aparte. Por eso mismr \T¡
Gennep lo asoció con el territorio. Él dice:
o, an
"~~~e en general ~I territorio ocupado por una tribu se~da está definido sólo por accidentes naturales sus
habl~tes. y vecinos saben muy bien dentro de qué Úmt.
tes temtoriales prevalecen sus derecho
.
m
s Yprerrogativas. El
~ natural puede ser, por ejemplo, una roca o un árbol
un node
O un lago sagradoque está prohibid
~
,
.
o atravesar bajo
~a _ sanciones sobrenaturales. Con frecuencia, el límite
es señalado por un objeto-poste, pórtico, piedra- e fue
colocado en ese lugar con ritos de consagración,
és de
CO~ocación. o fijación ceremonial de losmarros o lími..
t ' . espacio determinado del suelo es apropiado por de::=do &r,upo, de manera que si un extranjero penetra
~CIO reservado, comete un sacrilegio, del mimo
modo que un profano penetra en un bosque sagrado o en
un templo" .
A:-lO:
:s
s:
De aquf resulta el interés por la imagen de las puertas; al
abrirse o cerrarse f ·
,
.
' avorecen o inhiben el movimtentn d I
e
pasaje. De esta forma, una sociedad se asem .
con
.
eja a una casa
.un conjunto de habitaciones y corredores. Cada célula
enoerra !IDa expresión propia Y!IDa individualidad
la comunicación entre eDas se realiza median
modal,l
de ceremonias furmalidade
.
te un complejo
nícacíó
y .
s que pemute el flujo de comun entre umversos estancos
fu
.
..
m~as, ~~es, sep~~aC16n -estas ideas subyacen a la
'
.
a del VIaJe-. El viajero es ante todo un extrani
Intruso un "m;¡1'Oin",l"
jerc, un
,
--."..~ , como afirma Simmel'. Él se aleja de
su mundo propio .
r- e ingresa en territorio ajeno; su condición
¡ San
~~:t, c:;
yassagem,
PabIO,·Ática,.e;~geíro .en Moraes Filho,
ritos de
2 Véase Bastide, R., Leamdombléde Bahia, Paris,Mouton, 1958.
2
De
3
Petrópolis, Vozes, 1978, p. 34.
E. (comp), Simmel,
EL VIAJE. LO POPULAR Y EL OTRO
OTRO TERRITORIO
liminar se expresa en las costumbres de diversos pueblos.
Van Gennep considera que "Ia llegada de un gran número
de extranjeros tiene como contraofensiva actos de refuerzo
de la cohesión social local; los habitantes huyen de las aldeas
y se refugian en lugares bien defendidos como colinas o busques; o bien, cierran las puertas, se arman, dan el toque de
reunión; o bien el jefe va solo o con susguerreros al encuentrode los extranjeros, en su carácter de representante delta
sociedad y de persona más tnmuruzada que la gente común
contra el contacto con los extranjeros"'. Por otro ~o, la a~
ximadón se lleva acabo de acuerdo con procedimientos estrictos: los extranjeros no pueden entrar inmedia~ente. en la
tribu ya que deben demostrar, de.sd~ lejos, ~us mtenao~es.
Para ello es necesaria una fase preliminar de cuarentena, en
la que permanecen aislados de la aldea. De fucma grad~ las
reladones se estrechan y, después de un periodo de reclusión", ellos pueden transitar normalmente en el drcu10 de la
vida indlgena. 'RxIas estas precauciones son de carácter. profiláctico simbólico- El viajeroes un forastero Yneva COIlSJllO un
~ de amenaza. Por lo tanto, es necesario ~n~ex:
posible contaminaciónde la aldea, y los rilosmág=-religiosos
llenen una función de antídoto que preserva e' orden loca1
contra las incertidumbres de lo desconocido.
Si bien dije que todo viaje es un desplazamiento en el
espacio,no se trata de cualquier espacio. Posee una~­
r1dad: su discontinuidad. Cada sitio, cada.cultora constitnye
, un territorio particular. El viajero es un mtermediario que
pone en comunicación lugares que se encuentran separados
por la distancia Y los hábitos cul~, lu~ que nada
interliga,a no ser el movimiento del V18Je realiza~o por. ~
motivadón ajena a su propia lógica. Frente a la díscontínuídad de los lugares, el viajero se comporta como alguien
.
unidades heterogéneas' su
itinerario•interlíga
que aproxuna
WUUdU
•
puntos desconexos. Ocurre, así, una uitida separación entre
una
5 VanGennep,A.,op·cd.,p.42.
4
el que se mueve y los lugares visitados. El viajero se nutre
de este contraste: él es la fuente de la experiencia y del saber
que le penniien interpretar su posición originaria a la luz de
la diversidadcon la cual entraen contacto.
El tema del viaje se abre, así, para la discusión del otro.
Desplazarse significa tomar conodntiento de aquellos que
difieren de "nosotros". Por eso mismo, el descubrimiento de
América tiene un significadovital parael entendimiento del
hombre europeo; el mundo salvaje es el contrapuntode la
civilización occidental. Para muchos,como Colón, el mundo
salvaje será una visión del paraíso; para otros, la imposibilidad de <.re los valorescivilizatorios arraiguen en tierras tan
extrañas. Peromás alláde la manera como este otroes aprehendido, sea como fuente de :inspiración o como materia de
dominación, él preexiste como diferencia. Así, los relatos de
viaje constituyen un importante material para la reflexión:
estimulana los filósofos en la comprensióndel hombre universal, traen informaciones sobre las "variedades de la especie humana", revelan al "nosotros" europeo un mundo
distante e íncomprendído", Y lo mismo puede ser dicho respecto de la vocadón antropológica, también se funda en el
reconocimiento de la alteridad. El antropólogo es un "extraño" que se mueve paracomprenderla lógicade una comu- '
nidad totalmente distinta de la suya8 • Como etnógrafo él
debe "hacer nativo", esto es, acercarsede la mejor manera
posible a la lectura distante. Su viaje es una forma de acli6 V_ TOODrov, T., LA """'Iuéle de l"Amirique, París, Seuil. 1992; Ruarque de Holanda, s., ViSliv do PImÚSO. Rio de Janeiro, José OIympio,
1959.
7 VéaseDuchet,. M,AntropologílJ ehistaritzen el Siglo drt.s Luas, Mbico,
s;gto XXI. 1....
B Aun Lévi-5trauss, que decía "odiar los viajes"'. se vio obligado a rdatar
su saga antropológica en TrisUs tropiques, Paris, Ubrairie PIoo,. 1955También Roger Bastide vio sul6gica cartesiana desafiada porel mundo del candomblé. Véase &tuJos/lfrobrasileiro. San Pablo, Petspa..1i-va, 19'73.
5
OTRO TERRITORIO
EL VIAJe. L.O POPULAR y EL OTRO
matación a un medio inhóspito. li'abaja como un descifrador,integrandolo"desconocido" asuJenguaje familiar.
Pero ¿cuál es la relación entre el viaje y la probleuultica
de la cultura popular? Retomo el tema del espacio. Basta mirar
la literatura sobre las manifestaciones de la cultura popular
para discernir algunos trazos comunes a ambas situaciones.
En particular, quiero señalar el tema del"aislamiento". Por
ejemplo, cuando los folcloristas estudian las baladas, los
proverbios, las creencias mágico-religioSas, las fiestas, atribuyen una cualidad especifica a este material: proviene de
una región lejana, en general de las pequeñas comunidades
canipesinas, y expresa la autenticidad de una antigua memoria tradicional Me interesa menos discutir las ambigüedades de esta autenticidad idealizada que subraya el hecho
de que el folclorista supone la existencia de universos estancos, de limites en cuyo interior evolucionan de forma necesaria las manifestaciones populares. Porque se encuentran
aisladas" de la dinámica social, estas manifestaciones reptesentan un tipo de focmación cultural reveladora del pasado.
Su autenticidad está asegurada por la distancia que las separa de las imposiciones de la vida actual De este modo, el
folclorista razona como un geólogo. En la superficie de la
sociedad existen fenómenos diversos, la cultura letrada, la
política, las ínstítucíones, debajo, una realidad encubierta por
las edades históricas. Su tarea es atravesar los límites geológicos de esos estratos para, al fin, revelar la profundidad
de los tesoros populares.
Esta misma concepción persiste en los textos de los historiadores. Más allá de sus inclinaciones teóricas particulares,
cuando analizan las culturas populares en el Antiguo Régimen los historiadores nos reenvían de forma inmediata al
problema de las fronteras. Es el caso de Muchembled cuando nos habla de las aldeas campesinas de la Edad Media
europea: NMás allá de la comunidad rural; y del espacio que
ella controla -akíeas, cultivos y praderas; ciHnlrios y bosques-,
comienza una zona de peligro en la que funciona más la
ayuda mutua. En un radio de 10 a 20 km, accesíble a una
N
no
•
marcha de medio dia, o poco más, el espacio es menos. peIi;
groso puesto que e;aste la posibilidad de establecer relaci<>nes familiares y amigables; esas solidaridades constituyen el
limite.~o, los márgenes del mundo conocido. ~
mvadidos por la proIiíeración de lo sobrenatural, lo bandidoa
y los animales salvajes. Márgenes que pueden ser abarcadoS
con los,ojos. ~nes quelas personas recorren inquietas,
con la íncertídumbre de si serán bien acogidas en otras aldeas. Más lejos comienza el verdadero dominio de lo deseonocído'",
.Cada aldea, o núcleo de población, constituye así un uní~erso seguro. Suaíslamíento encierra las experiencias del conJunto de sus habitantes. El argumento es recurrente en varios
análisis sobre la sociedad campesina. Cuando GeorgesPost~r de~ ~l campesino a través de la idea de Nimágeries de
bienes limitados", razona COmo si el mundo rural corttiIviese en sus marcos su propia expücecíón'". El hombre-del'ca.m_
po, responsable por un tipo de cultura tradicional, vivirla
entonces ensimismado. Su vida se desarrolla en el seno de
un subsistema (económico, político, cultural) autónomo.
El énfasis en la segmentación prevalece también en los
estudios de comunidad, en particular los que se encuentran
en la óptica de la antigua "escuela de Chicago". La Investígació~ clásica de Robert Redfield sobre la cultura Jo/k en
'rucatan (México) es un buen ejemplo de eso". Redfield cumpara cuatro unidades espaciales diferentes: la tribu indígena, la aldea campesina, la villa Yla ciudad Dentro de cada
una de esas regiones, Redfield busca entender las cuestíenes. relativas al cambio social: individualización, secularización, declinación de la solidaridad dentro del vecindario,
9 ~uchembled, R, Culture popuIsire et culture des e1ites, Paris, Flamma,
non, 1978, p. 61.
10 Poster, G., "Peasant Sodety and the Image ofUmited Gocds", en Potter, J. (comp.), Peasant Society, Boston,litl:le 8rown and Ce., 1967.
11 RedfieId. R., The folk Culture of y uaWm, Chkago, The Univenity of
Chicago Press, 1941, p. 338.
7
OTRO TERRITORIO
transformación de la familia extensa, etc. Su conclusión es
clara: el avance de la división del trabajo, de la economía de
mercado, de la heterogeneidad cultural, se da en fundón
de la distancia existente entre esas órdenes geoculturaIes. El
aislamiento de la tribu en reladón con la aldea campesina,
de la villa con la dudad, determina la conservación o la dinámica de la tradidón.ldeaImente, la cultura popular ñorece dentro de determinados límites.Cuanto más lejos de los
centros uIDanOS y de los Cánones de la dviIizadón, mayores
serán su integridad y complejidad.
No debemos imaginar que el aislamiento, postulado en
aIgunos análisis históricos Y antropológicos, es en verdad
tan radical (además, ningún autor piensa de esa forma). El
tránsito entre las culturas existió siempre, seria insensato hablar de incomunicabilidad Sin embargo, vale la pena retener que la discusión sobre la cultura popular refuerza una
dimensión que señalé antes, la de la separación. En rigOJ; ni
siquiera necesitamos considerar la existencia de grandes
distancias físicas entre las culturas para que la separación se
manifieste. En las ciudades de Europa medíeval.Ia segregación cultural estaba representada por las minorlas étnicas
-judíos, moros, eslavos, etc_u, cada una de ellas con su reng;6n, sus derechos, sus costumbres. La segregadón tenia
lugar incluso en las diversas corporaciones. Las guildas agrupaban oficios dilerentes (artesanos, zapateros, tejedores),
cadaunocon sussantos patronos, sus tradicionesy rituales,
una organización propia del trabajo y el ocio. La dudad se
muestra así como un conjunto segmentado en el cual cada
una de las partes tiene su propia vida. Las manifestaciones
de la cultura popular se amtraponen, entonces, entre eDas
y en relación con una cultura de élite. también confinada a
un horizonte preciso: el de la clase dominante.
EL VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO
En verdad, muchos análisis recientes se basan en esta
misa Los trabajo~3 de Hoggart sobre la clase obrera ilusl::
bien este aspecto . Al establecer una clara distinción entre
un "nosotros" obrero y un "ellos" burgués, Hoggart posIula
una distancia cultural que define, en el interior de cada una
de esas"configuraciones, espacios cualitativamente díferen,
tes. El mundo" de los trabajadores es radicalmente otro
antagónico del universo de los patrones respecto de la moraltdad, las maneras de ser, sentir y vivir. "Mundo" que se
arrroga en un territorio espedfico, los barrfos obreros y que
puede, de esta forma, liberarse de las in8uencias
La cultura ~ra se expresa, y se reproduce, en la medí:
..6gen
en que sus puertas" son capaces de delimitar una región.
Ahora puedo retomar mi razonamiento. La cultura popular unplíca heterogeneidad, discontinuidad espacial, y por
eso puede ser integrada por el movirruento del viaje. éSta es
preasamente la propuesta de los románticos. Cuando los
hermanos Grimmrecolectan los cuentos y las poesías popu_
lares, suponen que tales manifestacíones están preservadas,
aPartadas_de la cultura de la élite. Este es el fundamento de
la oposcon entre naturpoesie y kunstpoesie14• La cultura
~ular no puede existir, en su espontaneidad e ingenui~
SI es con~a por el arte culto. Su veracidades fruto de
esta separaCIón. De aquí deriva el interés de los románticos'
por los viajes pin~rescos. Las fascinación por ~l exotismo,
por la fábula de Oriente, se aplica también a las costumbres
~p~~; es el exotismo el que los impulsa a moverse por
tierras lejanas". Loshermanos Grirnm y George Sand buscan
en las aldeas campesinas, perdidas de la civilización, el alimento para sus reflexiones; y escritores latinoamericanos
como Joséde Alencar, se vuelven hacia los aborígenes y prí-
12 V_ _ P.C"""",,,,,,,,,,,,,.. ¡_ _ SanPoblo,Companhia Das Letras, 1989.
13 Hoggart.. R, The UsesojLiúmKy,Nueva York,. Oxford UniversityPresa
19'70.
'
14 Véase Kamenetsky, C., "The GermanFolldore Revivalin fue Eighteen
Centwy. Herder's Theory of Naturpoesie"', en Jounud afPopul¡u Cut,.
ture, No. 4, 1973.
•
•
EL VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO
OTRO TERRITORIO
lS
vilegian el 'buen salvaje" como objeto de sus aspiJ:aciones •
Esta atraeei6n por los lugares remotos es un constante.~.1a
literatura folclórica. En Italia, I'Itre se interesa por SI~
uno de los rincones más apartados d~1 pafs; en "Fran~
Sebillot valoriza regiones como Bretaña, donde la tradidón
eda intorada"; en Brasil. SiIvio Romero hace
del n = , una región distante de la capital, una de ~
matrices para su interpnetadón de la sociedad \mlSileiIa .
En verdad la imaginación de los inteJectuales presupone la
cultura
como un elemento de alteridad. ~ es
espej<> en el que se refleja un ser totalmente otro. Pueblo
no significa osi una categoría histórica concreta, atravesada
por los conflictos Y las contradicciones sociales, sino que se
trata de un ideal, una dimenSión olvidada pero que se mantiene incólume al mundo de las letras Yde la razón. Viajar
por la cultura popull1r seria una forma de "encantamiento
del mundo", y no propiamente un conocimiento dentffico
"!
PDÍ>uJar
dela~
.
Creo que esta búsqueda de alteridad es el trazo de umón
entre cultura popoJar ynación17. Herder fue. tal vez el pnmer
pensador que lo explidló de manera consiStente. Al COllS1derar las culturas populares como modales, encerradas en sí
mismas estrechó su vínculo con las nacionalidades. Cada
dvilización seria un organismo vivo, íntegro, cuya idiosincrasla expresa la sustancia de un pueblo. El romanticismo
retoma esta manera de entender las cosas. Los cuentos, le15 Véase Grtmm, The German Legends of the Brothers Grimm, ~~elfia,
InsIitute for theStudy ofHuman Issues,.1981; Be1mOnt, N., L ~é­
une Céltique et Oeorge Sand: les débuts des tedtetthes folklonques
ensrence", en Rommtisme,No. 9, Vol 13, 1W5; J. de AIencar,OGua·
rani, San Pablo, Ática.
16 Véase Cochiara,. G., "Ihe Teaching of Pitre"', enJenanal o/Folklore Institute Nos. 1/2, Vol Xl,.197S; SebiIlot, P.;LejtJlkJm'etlelo. BrefBgne, París,
Payot, 1950; Romero, S., Estudos scbre 11 poesitJ populM 1W BrtlSu, PetrópoIis, voees, 1977.
17 Sobre la. relación entre cultura popular Y nad6n,. véase Orue, R., JW..
manticos e foldoristils, San Pablo, Olho d'Agua, 1992.
l.
yendas, cantos y poesías enderran los tesoros de la nacIor1áüdad. El pueblo tiene su alma anidada en lo recóndito de la
memoria popular. Cuando los Grimm se dedican al estudio
de la poesía no actúan apenas como filólogos. La propuesta
se apoya en Intereses que se desdoblan en el plano polItico:
rescatar la lengua alemana de la injerencia de un idioma extranjero, el
Hablar, yescribir en alemán, es una ma-
fr_
nera de afirmar una identidad en contraposición a una
determlnada domlnadón lingüIstica.
El estudio de la cultura popuJar surge entonces como rescate del pasado, contrapuesto al presente, en el cual las ciases dominantes habrían olvidado sus propias raíces; pasado
cuya validez se ejerce sólo cuando se abre para el futuro. No
debemos olvidar que las naciones comienzan a formarse en
el siglo XIX. Durante el período romántico, la Alemania moderna es una abstracd6n, o mejor, una aspiración; ella no
exisle todavía. Y es este "todavía", hiato entre las condidones hislóricas y el porvenir, lo que permite que los intelectuales observen el pasado con los ojos puestos en el futuro.
La valorizadón de lo popular se lleva a cabo en la medida
en que la.nacíón es una utopía, un proyecto. Esto no es, sin
embargo, una característica inminente del romanticismo
alemán. Se trata de una dimensíón inherente a la relación
entre lo popular y la constitución de la nación, que se manifiesta en diversos países y contextos. El caso de América Latinaes ejemplar Durante el sigloXIX Y parte del xx, tal relación
anima a los intelectuales, los políticos y los movimientos culturales (cine, jíteranna, pintura, etc). De los muralistas mexicanos a los modernistas brasileños encontramos la presencia
de un ideal constante: la nación. Pero es necesario aclarar
que esta entidad, siempre es algo incompleto. Éste es su secreto. R>rser ulopla, desfasada en el tiempo, su construcd6n
galvaniza la inIOglnadón de lodos. Frente a los sinsabores
del presente, los impasses, las dificultades (pobreza, subdesarrollo, atraso tecnológico), la nación cristaliza un sueño
aún no materializado. Cada país busca, entonces, los elementos de esta autenticidad ansiada en la raíces de sus ex-
OTRO TERRITORIO
presiones populares. La cultura popular actúa como sustancia simbólica que articula una alteridad posible; encierra, en
la mente de los hombres, las poIencialidades de un mundo
u
diferente".
Mi digresión acerca del viaje y la cultura popular tiene un
objetivo: explicitar algunos principios que encterran estoeconceptos. Pero zeüos poseen la misma validez .en el contexto
de las sociedades contemporáneas? ¿El proceso de gIobalización no nos obliga a repensar nuestra relación con el otro?
Un primer aspecto salta a la vista: la quiebra de las fro~­
teras. La revolución tecnológica, que envuelve las orgamzaciones empresariales, los medios de comunicación, los
lugares de trabajo, los rontactos individuales Ycolectivos, demuestra ese cambio. La movilidad .intraplanetaría se tomó
una realidad, que transforma las prácticas y las relaciones
sociales. Se trata de un debate que, en general, tendemos a
realizar en términos casi exclusivamente tecnológicos. Los
satélites, fax, computadoras, multimedia, fibras ópticas, infovías surgen como determinantes causales de la amplia~6n
de los límites geográficos, de la posibilidad de comunicación plena en el seno de una'aldea global". No tengo dudas
acerca de la importancia de la técnica en las sociedades contemporáneas; constituye la base material de una cultura
mundíalízada. Sin embargo, debemos recordar que la dílucíón de los límites o, lo que es lo mismo, la desterritorialización de lascu1turas surge ron la modernidad. La peculiaridad
del momento actual es que su expansión, contrariamente
al siglo XIX, ya no se confina a a1gonos países (Estados Unidos,
Francia, Alemania e Inglaterra), sino que se torna planetarta.
Esto significa una radicalización del desarraigo de las rosas y los hombres. Basta mirar el ambiente que nos rodea:
está poblado por objetos caracterislioos de una civilización
que se desterritorializó. Luz eléetríca, omnibús, aviones, televisores, computadoras, supermercados, cines, shoppings,
calles, avenidas, aeropuertos, expresan la materialización de
la.técnica como determinante ecológico. Estamos penetrados por la modernidad-mundo, ella nos acompaña en "to12
El VIAJE, LO POPULAR Y EL OTRO
dos" los lugares. Esta condición del hombre rontemporáneo
sobresale ~do hojeamos los viejos álbumes compuestos
por los foklonstas; SIempre contenían un capítulo sobee las
costumbres de los pueblos. Al recorrer sus páginas, el lector
obtenía una visión de la diversidad humana: cada pueblo
con sus hábitos alimentarios, sus vestimentas. Hoy nos encontramos con una singularidad de costumbres. }eans, za..
patos, zapatillas, camperas, sacos, jast-food, bebidas, comida
industrial, denotan la inmanencia de un patrón civilizatorio
mundializado. Los diversos grupos sociales comparten incluso ~ ~ colectivo común, rompuesto por signos
comerciales, unagenes de cine y televisión, afiches de artis-tas, cantantes de música pop, etcétera.
~n este co~text~,la noción de viaje se encuentra comprometida La.distanoa dejó de ser un obstáculo físico para el
desplazanuento; es apenas una variable administrada racíonalme~te por ~ ins~~ones sociales. El control se ejerce
en el ~vel político, militar, ñnancíero o ecológico, y es capaz
de ~lar de manera equilibrada, esto es, de acuerdo con
l?s mter~~ en juego, el movimiento migratorio, armamentista, turístico o urbanístico. Existen, pues, una cartografía y
una estrategia de los desplazamientos, que permiten interpretarlos en términos de su fundonalidad. El riesgo, uno de
los trazos constitutivos del viaje, es de esta forma mtnínuee-.
do. El riesgo puede incluso tener lugar, pero como resultado
de un error o de una falta en los cálculos realizados. Desplazarse en el espacio deja de ser una u aventura". Lo desconocído, en el pasado sinónimo de distante, se torna habitual, y
no apenas desde el punto de vista de aquellos que organizan el traslado (agencias turísticas), sino también de quienes
lo ~entan. La modernidad-mundo posee su propio
mobiliario, sus artefactos rodean a los individuos en cualquier parte del planeta. A pesar de que en el lenguaje común
aún existen resquicios de expresiones como "víejar al exte~or", es evidente que ya no poseen el mismo significado. En
ngor, cuando nos movemos en el espacio de la modernidadmundo, permanecemos en su interior. La sensación de extra13
EL VIAJE. LO POPULAR Y EL OTRO
OTRO TERRITORIO
ñamiento es de esta forma sustituida por la de familiaridad.
Hoteles, desayunos continentales, vitrinas repletas de mercadenas, taxis, son puntos de referenda; Indican el camino
y le dan al turista la oportunidad de sentirse "en casa" aun
fuera de su paJs natal Es cierto que a1gunas veces él podrá
perderse en la maraña de su trayecto. Las diflcuItades de
comunicación son concretas; por ejemplo, la incomprensión
de la iengua. Sin embargo, al contrario del viajero, el turista
dispone del auxilio de un conjunto de expertencias codificadas -diccionarios, mapas de las ciudades, horarios de tren y
avión, laIjeta de crédito- que le permiten pasear sin mayores diflcuItades.
Un viajese prepara de antemano. Se requiere un conocimiento previo del itinerario -tiempo de estadla en cada lugar,
reservas de hotel, presupoesto, visita a los sitios 'históricos",
"intetesanteS", etc.-. En verdad, la exdtaoon.cuendo existe,
pocotiene que ver con el ideal romántico. ERa proviene mucho más del contraste con el mundo del trabajo que del
proyecto en si mismo. Los viajes (sobre todo los de natura-
leza turística) son el equivalente de los feriados, un mo-mento de ocio, y en principio se asemeJan a otro tipo de
actividades (ir al cine, descansar, ver televisión). fue lo tanto,
el turista debe contar con informaciones seguras sobre su
emprendimiento (¿habrá sol?, lcostará mucho la estadía?,
¿las playas son limpias?). Antes de moverse ya sabe lo que
ocurrirá, pues el destino de sus vacaciones, de su fruición
personal, está en juego. Elviaje deja entonces de ser un rito
de pasaje. El "otro lado" es parte dellll1aglnario de aquello
que se trasladan, Thrre Eiffel, Páo de A(uéBr, Puente de la
Thrre de Londres, Empire State, restos del Muro de Berlín,
castillos del Loíre, islas del Caribe, soo'lmágenes consumidas mundialmente. En ellas no hay nadá extraño. Las vemos constantemente en las páginas de las revistas, en los
filmes de cine y televisión. fue eso _pueden ser expIotadas eñceemente por la induslria'pub1icilaria; excitan al
cliente en el momento en que cruza las puertas de cualquier
agencia de turismo.
"
Pero es posible afirmar que los cambios recientes inciden
también en la idea de.fijl!Za; La .moderrúdad-mundo no sig_
nifica apenas desterritorlalización. Este es un primer paso
que debe ~.pero, para existir como tal, sus objetos se
deben reterri.tor:iaIizat. Una cultura mundíalízada sólo tiene
sentido si está arraigada en nuestros hábitos más prosaicos.
Necesita localizarse, en este o en aquel lugar; realizarse, de
esta o de aquella forma. Comprar, conducir un auto caminar; divertirse, son prácticas que se insertan en el seno de
una realidad mundíalízada, Somos ciudadanos mundiales
porque el mundo penetró en nuestra vida cotídíana, Esto
altera nuestra comprensión de la proximidad Y la distancia.
En este aspecto los medios de comunicación tienen un papel preponderante. Aproximan lo que se encuentra "afuera"
esto es.. alejado.. pero en el interior de la mcdernidad-mundo, ~ quienes los usufructúan. Filmes,videosr notidas, informacrones, cruzan el espacio para realizarse de forma
s~mu1tánea en lugares diferentes. Las personas ya no necesitan moverse para tener acceso a un conjunto de cosas. Por
eso, algunas agencias de turismo vislumbran el futuro de
form"a promísoría, ~nzan a invertir en lo que denomínan VlilJe estacionano . Con el auxilio de la realidad virtual,
el hombre visitarla los mundos distantes en el confort de su
morada. En épocas pasadas,el viajeroeraun intermediario,
un eslabón entre culturas aisladas. Él se movía, los lugares
permanedan fijos,girando en sus órbitas. Era esta discontinuidad espacial la que confería interés y sabora sus relatos.
El viajerotraía informacionesparalos que permanecían inmóviles en sus "paeses", Hoy su condición es otra: atravesado por la modernidad-mundo "viaja" sin salir del lugar;
Las transformadones espadales tienen una inddencia directa sobre
culturas populares. Durante todo el siglo XIX,
la preocupaetón central de los folcloristas europeos (Inglate~~, F~ancia YAlemania) fur justamentecomprenderla relacion, mteractiva y conflictiva.. entre ellas y la modernidad.
Ellos percibían que las "reliquiasdel alma popular" estaban amenazadas por el progreso. Frente al avance inexora-
ta.s
15
OTRO TERRITORIO
ble del industrialismo, sólo les quedaba la posibilidad de
retirarlas de la historia Y preservarlas en libros, fotografías,
textos. Como las culturas popolares se aproximaban cada
vez más a un tipo de civilización industriaL era necesario
aislarlas de la vida social. Los límites, frágiles en el plano
de la sociedad, son recuperados en un.nivel simbólico. Los
museos populares cumplen esta función; al separar las ~a­
nifestaciones populares de la historia, reconstruyen artificialmente la distancia entre ellas y el mundo moderno.
A partir de la entrada en el siglo xx, el ritmo ~el.cambio
se acelera El desarrollo de los medios de romumcacrón (rutas, revistas, diarios, radio, televisión) debilita aún más las
lronteras entre las culturas populares y la realidad circundante. Por cierto, la cadencia de este movimiento no es la
misma en todoS los lugares. Mientras que en la década del
cuarenta la industria cultural en los Estados Unidos florecía
a escala nacional, en otros países, incluso los europeos, era
incipiente. Por ese motivo Robert Redñel pu~o encontrar e~
Yucatán el terreno ideal para la comprobación de sus teSIS
(en esa época México no había realizado buena parte de su
integración nacional). Los rincones aislados surgían como
ejemplo de vitalidad cultural. Y una situación análoga se
daba en toda América Latina. Thmbién en el Brasil fue posible una valorización de las culturas tradicionales, que permanecían no intactas sino activas, motivadas, dentro de un
relativo dinamismo cultural (fiestas, jolgorios, creencias mágicas-religiosas, etc.). Los estudios de com~aciónrealizados entonces demuestran bien este hecho . Comprueban,
en el interior de poblados distantes, la existencia de una cultura: campesina, pesquera, etc. Cada lugar, aun en contacto
18 Estudios como los de Donald Pierson, representante de la escuela
de Chicago en San Pablo, contaban siempre con un caJ:'l~tulo ~bre
"aislamiento y contacto", Véase Cna: dtis Alm4S: a BrazllUln VIIlRgF,
Washington, Institute of Sodal Anthropology, Smithsonian Institution.l9S1.
,.
EL VIAJE. LO POPULAR Y EL OTRO
con el mundo exterior, lograba articular su autonomía al
preservarla de diversas influencias.
La consolidación de las industrias culturales reformula
radicalmente este cuadro. Losmedios de comunicación aproximan, y mezclan. lo que se encontraba separado. Es sinto-mático que buena parte de la discusión acerca de "cultura
de masas/cultura popular"'se haya trabado en torno de la
cuestión de la homogeneización, No me interesa criticar
aquí la idea de unicidad cultural, considero que es equívoca.
Sin embargo, el propio debate, al ser establecido en esos términos, demuestra que la noción de espado está en cuesuén.
En el fondo, subyacente a la idea de una cultura homogénea
o masificada, reposa una dinámica que rompe con las particularidades de los mundos vueltos sobre sí mismos. Al integrar en su seno las diferentes manifestaciones populares, la
sociedad contemporánea las retira de sus rafees tradicionales, Por eso, en diversos países el estudio de los medios de
comunicación se encuentra íntimamente ligado a la problemática de la nación. llrnto en los Estados Unida; como en América Latina, la radio, el cine, la televisión son vistos como
elementos propulsores de la identidad nacional".
Poco a poco, las mabices popolares ceden paso a una realidad más abarcadora. Por cierto, muchas serán recicladas
por la Oamada "cultura de masas", y en cada país esto ocurrirá de manera diferente. Sin embargo, el mecanismo de
integración es análogo. La especificidad de esas culturas es
redefinida por las fuerzas envolventes de la sociedad urbano-industrial. No es casual que la comprensión de la cultura
popular se vea modificada. Hasta entonces el término se
aplicaba a las producciones y el modo de vida de las clases
populares. Diversidad afirmada en el contexto de realidades regionales. Había, sin embargo, un presupuesto en este
tipo de perspectiva: la existencia de un mundo plural, regu19
véese.pce ejemplo, Whi1e,o. y Pendeton, J., PopuJm- e.....,..of""""" Lif<, Ca6/omia PubJUhe, Iec, 1977.
17
El VIAJE, lO POPULAR V El OTRO
OTRO TERRITORIO
lado por las 'puertas" Y "corredores" de cada 'casa' para
hablar con las palabras de Van Gennep. El advenimiento de
formas de expresión como el folletln, la radionovela, la telenovela, los filmes, las histotietas, la redefinirán. ~cu1tura
popular contemporánea es en buena medida fabricada por
esferas especializadas que escapan del d~minio~e ~ 10-calidades. Por eso posee un radio mayor de .irúhlenaa.. SIempre podremos decir que a partir de la difusión .exlStirán
varias lecturas y USOS sociales de los bienes mdustrializad?".
Esto es verdad. Pero lo que importa destacar es que las mdustrias culturales desplazan la centralldad que las ~~
popolares detentaban en las sociedades pasadas. La parte
no es más una unidad autónoma; se articula, o, mejor, es
atravesada por el todo.
Este movimiento se toma más complejo. partir de la globalización de las sociedades. En este caso, ~a país es un
fragmento de un todo más amplio. Los medios de ~um­
cación, que en un primer momento actúan como íntegradores de las culturas nacionales, traspasan las fronteras. La
modernidad-mundo trae con ella otro tipo de civilización.
La desterritorialización de los signos, imágenes y objetos
echan las raíces de una cultura internacional-popular.
MacDonald's, dibujos animados de la T~ Animation, telenovelas brasileñas, personajes de Walt Disney, westerns, al
lado de todo un paisaje de mercancías y cosas, son trazos
constitutivos de una memoria compartida en escala planetaria. Con esto la noción de cultura popular se amplía.
Pasa a comprender un conjunto de pr~cticasde~aigadas,
cuya presencia es simultánea en los diferentes rincones de
la sociedad global.
Los románticos podían viajar por la cultura popular en la
medida en que ésta representaba algo extravagante, extraño
• sus modos de hombres civilizados. El viaje y lo popular
¡iartidpan as! de las mismas cualidades -exterioridad, extrafteza,. alteridad-o En este sentido expresan una dimensión
de.1II'alíIIeación'. Uso el concepto en su significado erigínark:t, Y no como se ha difundido en el discurso político. En
,.
su raíz se encuentra la idea de separación (aún hoy en el
lenguaje juridico se dice que un bien está 'alienado~). Por
eso mismo, Adorno .consídera el arte como una forma de
alienadón por excelencia. El arte introduce un contraste
una ruptura, en relación con el orden de las cosas. Al
rarse de la ~d, abre las puerlas para un mundo enteramente otro. Esta es también la dimensión valorizada
por Simmel cuando aproxima la aventura a la sensibilidad
estétíca", La aventura es esencialmente un acontecimiento
extraterritorial, un desplazamiento en el espacio. Se realiza
en un terreno distante de la vida ordinaria, y se configura
en la experiencia de otro lipo de temporalidad. Arte y aventura comparten la misma tendencia, ser radicalmente"extr~os". a las evidencias del día a día. ¿Pero será posible esta
alienación cuando el otro se disuelve en la proximidad?
. Creo que la cultura popular, en el inicio del siglo XXI, no
disfruta ~~ ~el aura que la envolvía. Marcada por el signo
de la familiaridad, sufre una crisis de desencantamiento. Th1
v.~z por eso mismo los intelectuales no alimenten, en rela~on con ella, las mismas esperanzas que tenían los románticos, los folcloristas o, en América Latina los movimientos
político-culturales de los años cincuenta;sesenta. Aún más
creo que la ~ción entre lo nacional y lo popular. En el
mundo globalizado en el que vivimos, atravesado por una
cultura internacional-popular; el proyecto de construcción
nacional toma otros rumbos. Ya no es posible pensarlo del
modo en que lo hacíamos algunos años atrás. El eslabón: entr~ lo na~o~.y lo po~ tan caro a Gramsci, se desdibujó.
~Ila"na.Clón incompleta", ni lo popular, "auténtico" o "radical , tienen fuerzas para constituirse en signos de alteridad. No son más las metáforas privilegiadas para imaginar
el
Con esto no quiero decir que cualquier tipo de
elterídad sea hoy imposible. Al fin de cuentas, la moder-
sepa:
fu:turo.
20 ~~I G" "L'aventure", en PhiJosophie de la Modemité, París, Payot,.
19
OTRO TERRITORIO
alízable para el planeta como un
nidad-mundo no es gener
d íguales) con
1 bsisten zonas contrastantes (y es!
todo. En é su
" 6 Por otro lado la quiebra de las
o
la lógica de la .globa\iza n.
si el Wo de nuevos tefronteras no Slgnifica su fin, perolastransformaciones recienrritorios límites. Mientras tanto,
lo
.Y
n ciertas ideas, cierta primada en expresar
tes destituyera
ocido lo utópico. La cuesti6n es saber
=~jar'"~n un mundo en eleual el espacio
se comprimió·
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD*
Existe en las ciencias sociales una fuerte tradidón en pensar
el espado en relación inmediata con el medio físico. La evoluci6n de la geografia -por ejemplo, la escuela de Ratzel,
entre otras- es pródiga en ejemplos de esa naturaleza. Sin
embargo, incluso cuando nos apartamos del determinismo
geográfico, de gran influencia entre los pensadores brasileños del final del siglo XIX!, la idea de territorio, identificado
con los límites de su materialidad, está presente. Tomo al
azar una definición de Pierre George, cuando intenta comprender las fronteras entre la lleografia y la sociologfa: "La
aplicación del método geográfico a los datos sociales tiene
como objetivo la definici6n de hecho y categorla de hechos
observables en un medio espacial determinado, y la búsqueda de posibilidades, más o menos completas, de la universalización de esos hechos o categorías de hechos. El
proceso de pensamiento es, por lo tanto, analítico; conduce
a un inventario. Este inventario se fija en el espacio a través
de la representaci6n cartográfica, que permite figurar cada
hecho, en su escala y lugar exacto, así como hacer ciertas
generalizaciones. Esta fase de la toma de conciencia se sitúa
en el plano de la murfologfa social"'.
Estamos, por cierto, alejados del reduccionismo de las escuelas pasadas; sin embargo, el vínculo entre fenómeno social y medio espacial permanece. El ge6grafo debe hacer un
inventario de los hechos y luego localizarlos en un mapa
Cada cosa en su escala, en su debido lugar. Este trabajo cartográfico preliminar es el fundamento de las generaliza~
Traducción: Ada Solari.
1 Wase RabertMoraes,AC.,IJeo/cg"'gm¡¡mfims,SanPoblo,_'_
2 George,P., "Sodologie géographique",en Gurvitch,G., Trrlitétle~
íogie, París, PUF, 1967 (la. edición 1958), p. 255.
20
I
21 ]
OTRO TERRITORIO
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
dones posibles. comparar mapas diversos, aproximar datos
recogidos en regiones y zonasdiferentes. Por eso, Pierre George tiene el cuidado de definir 10 que denomina "unidad
geográfica elemental", En el caso del hombre de campo, la
colectividad rural seria el elemento aglutinador de la producción con los miembros de un determinado grupo social
En cambio, los estudios sobre la industria partirían de otra
base concreta. Cito al autor: "En geografía industrial, el primer hecho de observación es el establecimiento, que es el
lugar de producción y el lugar de trabajo, definido, en su
individualidad, su calificación, su importancia cualitativa
y su íocaíízecíón'", Dentro de esta línea de razonamiento,
cada lugar, establecimiento o comunidad rural, posee una
individualidad, una cualidad que le es propia. Ésta se expresa en su localización, dato crucial para el geógrafo, sin el cual
su esfuerzo cartográfico seria en vano.
Thmbién la sociología y la antropología privilegian la relación entre cultura y medio físico. Durkheim había, incluso,
idealizado la creación de una nueva disciplina, la "morfología sedal", sintesis de la geografía y la demografía, para
comprender las articulaciones entre las sociedades y su sustrato materíeí', Disciplina que se ocuparía de la distnbución
de los individuos en el suelo, de la densidad poblacional de
las aldeas y las ciudades, de las vías de comunicación, de las
fronteras, etc. Fue dentro de esta óptica que Marcel Mauss
escribió su ensayo sobre las variaciones estacionales de las
sociedades esquimales", Su análisis de morfología social es
una aplicación de los principios durkheimianos, al demostrar cómo la civjlizaci6n esquimal se encuentra indeleblemente marcada-por su territorialidad.
En verdad, toda la antropología clásica retoma esa premisa,
Cuando el antropólogo estudia una sociedad prímí'ti
'ó ' kíal
va, su
pr~pao n uu
es delimitar el área que abarca. Los estudios etnográfioos (como los de Malinowski en las islas 10~and o los de Evans-Pritchard sobre los azande) contienen
siempre un mapa: su función, localizar esos habitantes extraños, distantes. de nosotros, en sus lugares N exactos". La
c~rt0t.?'affa es el instrumento utilizado en su primera aproximación. Geógtafos y antropólogos comparten. por lo tanto,
la Id~a de que las cufturese arraigan en un medio físico determmado. Tomo a Max Sorre como ejemplo. En sus Fundamentos de la geografía hU11Ulna6, describe el planeta como un
conjunto de sociedades particulares dispuestas en unmismo
sustrato, la Tierra A la unidad ecolóoica se contr
la
di
"dad
erapone
v~
de los pueblos. Cada uno con sus costumbres, sus
vestimentas, ~us creencias, sus maneras de trabajar el suelo,
.
su modo de vida El mapamundi de Sorre es un caleid
en el eu~ se reflejan las idiosincrasias de las civiliza=~
Cada reglón del globo e~lá habitada. material y espiritualmente, por un~ cuJ~a. Este es el dominio de su fijeza.
~e manera lIDplíota o explícita, los análisis en las ciencias
SOCIales poseen una ?erta comprensión de qué es el espado.
(en .el caso de la SOCIología y la ciencia política, el territorio
nacional es preponderante). ¿Es posible mantenerla en el cuadro actu~ ~e las sociedades contemporáneas? Difícilmente.
Eladvenimiento de la automatización, la transmisión de datos, la telecomunicación, tornan obsoletas ideas como "unidad geográfica elemental'", Los SOCiólogos del trabajo nos
6 Sorre, M., Les fondéments de f¡¡ géogmphie humaine tomo ID París Ar-
3
mand Colín, 1952.
Ibid., p. 266.
Durkheim, E., "Notes sur la morphoíogíe socíeíe". en ]ounwl Sociologique, París, PUF, 1969.
5 Mauss, M., "Bssaí sur les variations sai!;onnieresdes socíétés esldmos:
étUde de morphologie socíale", en Sociologied tmthropo1ogie, Paris, PUF,
4
1968.
"
,
7 El texto citado de Pie~ Ceorge fue publicado originalmente en 1958
&:presenta, a mi entender, una manera de pensar el espacio en determinado momento de la historia de los hombres. Sin embargo partír
de las transformaciones recientes, el propio autor reconoce fu.~.
dad de refonnular nuestras concepciones.'.Véase ChronUJue géographi_
que du XXhne síéde, París, Armand Colin, 1994.
22
23
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
OTRO TERRITORIO
muestran que el campo y la fábrica tienen sus paisaje~~es­
figurados8 . En diversos paises el campesino fue s~tituido
por el empresario rural, que ya no camina más al ntmo de
villa sino que se conecta, informáticamente, con
la a1dea o la
,
brimien
el mercado nacional e internacional, con los descu
. .tos tecnocientíficos, con el mundo que tendíamos a pem~ll'
como una expresión del"afuera". 'Iambién en la industria,
el establecimiento perdió su centralidad. La deslocalización
de la producción es hoy una realidad. Las lineas de montaje,
que fijaban a los obreros en lugares espeóficos, son, poco a
,sustituidas por la flexibilidad de las tecnologías. Ya no
::'ecesario que la planta industrial se sitúe ~ este aquel
lugar el producto es el resultado de intenoones diversas,
C(xmÍinadas por la automatización. Elimpactode las tecnologías afecta incluso a las ciudades. Al informat:izarSe los ser. .
los hogares la trama urbana adquiere un .nuevo
VlOOS y ,
riali
ternto
significado; es atravesarla-por. mensajes ~~
zan a las personas, las viviendas y los edificios. .
No pretendo extenderme acerca de los cambios que caracterizan este inicio del.siglnJoo. Prefiero apoyarme en la
literatura existente y tomarla como principio orientador ~e
mi razonamiento. De este modo puedo abordar la temática
que me interesa directamente.
En la discusión sobre la desterritorialización es común
encontrar afirmaciones del tif':"el espacio se vedó", "el mundo ya no posee fronteras" . Algunos ~utores, frente ~ los
descubrimientos tecnológicos, en particular de la realidad
virtual, llegan a imaginar que el horizonte entre la fantasla
?
d-:s
8
Cf. Kaplinsky, R., Autonuztion: tire Technology and Society, Londres,
9
~:M. (comp.).Hish T<d<..,/ogy, s".,,<md Socidy.Beverly
Hills, Sage Pub6cations, 1985.
10
_
y la realidad está roto". La noción de espacio estaría, pues,
en su ocasoi Las distancias se acortaron a tal punto que ya
no tendría sentido afirmar su existencia. No sólo las fronteras entre las naciones fueron traspasadas, sino que incluso
el mundo de la fabulación se confunde con el real. Creo que
es fructífero entender este pronóstico articulando con otros
"fines", pregonados por investigadores, críticos sociales,
empresarios de transnacionales e ideólogos. Hay ciertas insistencia y convergencia en los términos del debate. Se habla del "fin" del arte, del Estado-nación, del trabajo, de la
historia, de la modernidad. Estaríamos viviendo una espede de quiebra terminal.
Una forma dereaocionar ante todo eso es tmnar elargumento al píe de la letra. Éste me parece un camino equivocado, nos
lleva a una ponderación sin fin, intentando, a cualquier rosto, demostrar la continuidad entre pasado y futuro. Esta posídón tieneademás otra desventaja: es defensiva, posee un
sabor conservador. Al aferramos a la permanencia del Estado-nación, inevitablemente, terminamos ocultando los mecanismo de la globaJizadón; al obstinarnos en la "centralidad"
del trabajo, olvidamos a menudo que las técnicas productivas ya afectaron su esencia; al deificar las conquistas de la
modernidad, olvidamos que muchas de ellas poco tienen
que ver con las premisas filosóficas que la habían orientado
(libertad e igualdad). Las posiciones se polarizan, así, entre
"permanencia" y "fin", "antes" y "después", modernidad y
posmodemidad, alejándonos de lo que debería, en rigor, ser
comprendido. Otra manera de enfocar las cosas es tomar el
"fin" no como algo en sí, sino como un síntoma de cambios
más amplios. Cambios que rearticulan el mundo del trabajo,
la esfera del arte y las relaciones entre los hombres. En este
caso, ya no nos ayuda tanto decir: el espacio"se vació"; importa más entender su nueva configuración, cómo es "ocupado".
.
VIase.. por ejemplo, Virilio, P., O fSptl9J cn1iro, Río de Janerro, Editora
34 1993, o autores como Ohmae, K., Mundo semfrrJtttftms, San Pablo,
11 Cf. Parente, A (comp), lmo.gem máquina: a era das temologias t1irlwlis,
Río de [aneiro, Editora 34, 1993.
Makron Boob, 1994.
2.
2S
OTRO TERRITORIO
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
Retomo a Durkheim y Mauss para aclarar mi punto de
vista. En el ensayo"Algunas formas de clasificación prímitívas"u, argumentan que el espacio no es una c~tegoría abstracta. Al contrario de los filósofos, que atribuyen a los
hombres una propensión natural para clasificar las cosas,
Durkheim y Mauss vinculan las cate¡;orIas de pens¡uruenlo
con el fondo social que las constituye. Las f~nclOnes
,cognitivas están, por lo tanto,~das porlas ~turé3f
que las envu~ven,1\sí se puede deor que la concepoón chína del tiempo y el espacio ordena la orientación ~e los edificios la fundación de las dudades, la construccíén de las
las tumbas y los cementerios. El mismo ?rincipio es
válido para lastribus primitivas. Entre los zuru, norte, sur,
este y oeste no son apenas puntos cardinales. ~ada uno
de esos compartimientos geográficos posee cualidades ~
deles modales, El viento, el aire, la fuerza y la destrucción
son atributos del norte; mientras que el verano, el fuego, la
agricultura y la medicina pertenecen al sur. La categoría,especío es, de ~ta forma, "ocu~da" de las maneras ~ás diferfiiies;"todo depende del conjunto de fu~rzas sociales a las
cuales se refiera, La propuesta de Durkhenn y Mauss tiene
una consecuencia importante: inaugura una teoría del ronoctmienlo (por cierto, no en el modelo de Marrnheim), que
abre camino para una posible sociología de las funciones
cognitivas. Espacio y tiempo son categorías que preceden a
lasideologías y las concepciones de mundo, y varían con las
sociedades a las cuales corresponden.
Este tipo de comprensión es hoy de ~tina .en los estudios antropológicos ~ror ejemplo las diSCUSIOnes sobre
derecha e izquierda) e históricos. Hablamos, de modo
habitual, de la concepción del tiempo y el espacio en la
Edad Media europea, en el periodo helénico o en una tribu
guarantl • Cada "pueblo" tendriaasí"su" forma "pIinütiva",esto
es, anterior al contenido que ordena, de clasificación. De este
modo, decir espacio vado" seria un contrasentido, a no ser
que se realice un esfuerzo de comprensién de esta ausencia.
Dicho de otro modo: si es verdad que los cambios recientes
de la sociedad consoüdan un patrón civilizado particulaJ; el
de la modernidad-mundo, resta preguntarnos S<Ji>rI' ~I tipo
de espacialidad que le es peculiar. Si es sabido que la desterritorializaci6n es uno de sus trazos esenciales, la cuestión
puede entonces ser formulada: lcómo se caracteriza, en el
mundo contemporáneo, una tenitorialidad desarraigada?
¿Cómo comprenderla cuando se amplía más allá de las fronteras físicas, abarcando a los individuos, las naciones y las
culturas?
¿Qué es,un espacio global? ¿Tiene sentido hablar en esos
térmínoaz'Iomo de la literatura disponible una respuesta
posible: la Ciudad gjobal", SasldaSassen, al comparar Nueva York,Londres y Tokio,tiene un objetivo claro: demostrar
que en el contexto de la gIobalización del capila\. esos tres
centros .urbanos desempeñan un papel fundamental. En
ellos se concentran las oficinas de las grandes empresas industríales, comerciales y financieras; en ellos se encuentran
los productores de servicios (publicidad, agencias de seguro, masa-medía, etc.), en gran medida responsables de la tercerízadén y la especialización de las actividades. Frente a la
globalización del mercado, la fragmenlación de la producción, la desloéalización del trabajo y la flexibilidad de las tecnologías, las instituciones económicas transnacionales se
rearticulan, determinando lugares de comando de sus actividades planetarias. La ciudad global es, por lo tanto, un
núcleo articulador del capitalismo mundial En rigor, ninguna de esas ciudades puede ser entendida dentro de sus pro-
12 Dwkheim, R, Y Mauss, M., "Des qcelquee primitives de deseíñcetiDn"', en Durkbeim, E., Journal Sociologiqw, dtado.
13 VéueNeebam, R. (comp.), Rightand Left: f.ssays on DualSimbolicCfas.
sijimtion. Chicago, Chicago University Press, 19'79.
14 Véase vemant.j. P., MytM d penséechez /esgrecs, París, Maspero, 19'71;
Le Golf,J.,A ~ do_
""'"""', Lísboe, ......1", 198a
.15 seesen, S., The Globtd City: New York,. London, Tokyo, Nueva Jersey,
Princeton University Press, 1991.
26
er
casas:
H
OTRO TERRITORIO
pias fronteras. Internamente, ellas se dilatan y abarcan el
área metropolitana de sus respectivos países; externamente,
constituyen una red, un conjunto dinámico, compuesto de
polos interactivos. Algunas actividades "faltan" en Londres,
y se "complementan" en Tokio; otras, en cambio, son más
raras, o florecientes, en Nueva York.
La perspectiva de Sassen es sugesdvaiofrece, incluso, algunos elementos nuevos para la comprensión de la evolución
del capitalismo. 'Al leer a Braudel o a Wallerstein, tenemos
presente siempre la idea de que toda economía-mundo se
organiza a partir de un centro"; La historia del capitalismo
es, en este sentido, un sucesivo desplazamiento de núcleos
urbanos -Amsterdam, Londres, Nueva York-o A partir de
cada uno de ellos se organiza, en momentos diferentes, el capital en escaIa internacional Sassen, al tomar Nueva YorkLondres-Tokio como un universo interactivo, demuestra
que esta centralidad ya no es posible. Del conjunto de la
interacción entre estas ciudades resulta un poder de organización que escapa a la territorialidad de una única zona urbana o de un país. La propuesta tiene, además, el mérito de
recordarnos que la globalización se sustenta sobre una base
sólida, el capitalismo; su dimensión económica es inocultable. Thmbién evita una cierta ilusión posmodema, como si el
mundo estuviese compuesto por un conjunto de átomos sociales inconexos.
Sin embargo, la respuesta ofreoda tiene algunos inconvenientes. En primer lugar, es restrictiva Una ciudad sólo es
global cuando se encuentra articulada, de forma dinámica,
al sistema capitalista mundial/Es posible imaginar una serie
de centros urbanos que, de alguna manera, cumplen esta
condición. San Pablo, Osaka, México, Seúl y Buenos Aires
concentran, en el nivel regional, las funciones que definen
16 Braudel, F.• CiTJilimci6n materi4J, eronomúz y capitlllismD. Madrid, Alianza, 1984; Wallerstein, L, The Modem World System, Nueva York, Academic Press, 1976.
28
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
l~ globalidad. Sin embargo, aun cuando se aumente esta
lista, tendri~os. una clara discontinuidad territorial. Sólo
algunos espacios
merecen el adJ'etivo global, y otros,m~o.
res, menos Importantes, están excluidos de esa defini 'ó
n.
El segundo aspecto deriva del propio enfoque de la
S~ concepción de ciudad prolonga una tradición sociol~~
gica, de ~ a We~ que la considera como un lugar de
producción, mtercambío y comercialización. Por cierto, éste
e~ un elemento importante (en la historia del capitalismo las
cl.udades d~ cabida a los mercados internacionales y regton~es). Sm embargo, la globalidad termina siendo enten.~da en términos casi exclusivamente económicos. ¿Es
suficiente?
auc:or
Piens~ que no. Espado y tiempo son categorías sociales
pertenecientes a un determinado tipo de civilización Que
tal~s ~ategoriasmantengan una relación estrecha con ~ ma-
terialidad del mundo capitalista es algo incuelllionable' sin
embargo, no podemos identificarlas con esa dimensión'. Th1
vez fu~ más correcto decir que el sustrato económico
t~cnológtco del "capitalismo flexible" es la condición necesIna para la consolidación del proceso de globalización Entr
~to, la espacíalídad de las cosas, los objetos, el medio am~
~le~te y -cpor qué. ~o?- el ima~o colectivo traspasa sus
~ltes. En .este senti~o, el movuniento de desterritorializa_
C1()n Se aplica a las ciudades, como las define Sassen, a la
Producción automovilística, como quieren los economistas
p~ro también a la creación de lugares particulares (sho';
~mgs, aeropu~s, grandes avenidas, etc.), a las identída,
mes pl~n:~arlas {movimienm ecológico o étnico), a una
emona mlernaoonal-popular" (constituida por las imá~n~s-gestos transmitidas mundialmente por las massd edía)'.Espacio ~e se articula, se mezcla y, muchas veces,
eterII\1l1a.espaaos de otra naturaleza
~ digresión anterior no obedece a' un simple predosisrntelectual. La .discusión que enfrentamos está a menuo ~da por aerta tentación reduccionista. Por eso he
sugerido una distinción entre los conceptos de "globalíza-
:0
28
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
OTRO TERRITORIO
oon" y"'mundializadón". La cuestión se repone nuevamen. te. En verdad, es difícil hablar de espacio"global", de la misma manera en que lo entendemos en los niveles econ~
y tecnológico. Al contrario que en esos niveles, la modernídad-mundo no es unívoca, en ella se insertan otras espacialidades. L3' mundialización de la cultura (en la que están
fuduidos los aspectos materiales, simbólicos e ideológi,;",,)
participa de un universo transglósico, que está constituido
y atravesado por fuerzas diversas. El problema es entender
cómo se articula esta maraña de fuerzas que solemos llamar
nacionales, regionales o locales. Para desenredar este ?vi1lo,
es necesario, quizá, retomar algunas cuestiones antenores.
Cuando nos referimos a lo "local", imaginamos un espacio restringido, bien delimitado, dentro del cual se desenvuelve la vida de un grupo o un conjunto de personas. El
"lugar" posee un contorno preciso, al punto de tornarse un
limite territorial para los hábitos cotidianos; así, se confunde
con lo que nos circunda, está "realmente presente" en nuestras vídas. Nos reconforta con su proximidad, nos acoge con
Su familiaridad 'Ial vez por eso, por el contraste en relación
con lo distante, con lo que se encuentra apartado, lo asedamos casi naturalmente con la idea de" auténtíeo". El debate
sobre las identidades está permanentemente atravesado
por esos términos. En el fondo, lo que est,' en cuestió.n es ~
búsqueda de las raíces, el punto de inflextón entre la Identidad idealizada Y el suelo en que ésta se introduce.
La idea de raíz es sugestiva; revela una relación social
pegada al terreno en el cual florece. El desarraigo es visto,
por lo tanto, como una pérdida, un peligro, una ~
Desarraigo del campesino, que deja el campo para trabajar
en la ciudad; de los grupos indígenas, que se alejan de sus
antepasados; de los valores regionales, ~ntados constantemente por valores que los trascienden. la proximidad
del lugar es también valorizada cuando se contrapol}e la
vida cotidiana a los lazos sociales más abarcadores. Estos
pertenecerían al dominio de lo distante, como si estuviesen
despegados de la vivencia inmediata. Es frecuente, en la ti30
teratura de las ciencias sociales, encontrar este tipo de enfoque; por ejemplo, al trazar la historia de las regiones, de lo
"miau", en contrapunto ron una historia universal, "macro"
.
'
en pnnClpw pensada como apartada de la vivencia de las
personas. Local y cotidiana surgen, así, como términos in.
tercambíables equivalentes. Lo "locar participa aun de otra
cualidad: la diversidad. En verdad, se opone a lo "nacional"
y lo "global", sólo como abstracción. VISlo de cerca, cualitativamente, constituye una unidad cohesionada. Sería, pues,
más correcto hablar de "lugares", en plural. Cada lugar es
una entidad particulaJ; una discontinuidad espadal, fui' eso,
un autor como Gramsci dirá que el folklore está formado
por pedazos heienláiló¡ de cultura", cada uno de e\Iosproveniente de lugares específicos, muchas veces incomunicados entre sí. Local y localismo se cierran dentro de sus
propios horizontes. De ahí deriva la heterogeneidad de su
aspecto.
Al cambiar de nivel, el enfoque es otro. Lo "nacional" presupone un espacio amplio. Aunque su territorio estátambién
físicamente determinado, sus límites son fijos, su extensión
es más dilatada. A él se suma además una historicidad, dimensión a veces olvidada cuando nos referimos a lo "local"
(por eso, la tendencia a identificarlo con la tradición, la conservación de las costumbres). La nad6n transita el camino
de la turbulencia histórica, se modela de acuerdo con los
intereses de sus instituciones, sus luchas, su visión del pasado, su polltica de construcción del presente. Proceso largo,
que presuponeía ocupación de un área geográfica y la invenci6nde.JJJJa.amdencia colectiva compartida por sus ciudadanos, 'En relación con 10"local", lo "nacional" se impone
por su unicidad. Existe "una" cultura nacíonaj, aun cuando
sabemos que ella se realiza de manera- diferenciada en los
diversos contextos (conflicto que se expresa en las contradíc-
..
17 Véase Gremscí, A, literahmz e 11iJ¡z tlIlCiorwl, Río de janeíro, ~
Brasíletea, 1968.
31
OTRO TERRITORIO
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
cíones entre los regionalismos). Se trata de una dimensión
dictada por los imperativos del Estado, el mercado, los intereses geopolíticos, la unificación lingüística. Lo "naciónal" engloba, por lo tanto, a los "lugares", contrastado con SU
diversidad. El "Ser Nacional", basta consultar la extensa bibliografia sobre el tema. se presenta siempre COI\\O singularidad. Sin embargo, al cambiar de referente, la perspectiva
anterior adquiere otro relieve. En relación con lo!' global", ya
no es tanto su unicidad lo que cuenta, sino su distinción. En
el concierto de las naciones, cada una de ellas está marcada
por sus especificidades, por sus diferencias. Lo "nacional"
asume de esta forma cualidades de lo "local". Diversidad y
.autenticidad se tornan características suyas. La identidad de
los pueblos se presenta así, como diferencia contrapuesta a
lo que es "exterior". Es modal, la expresión de la historia de
cada país.
Por lo tanto, al hablar de "local", "nacional" y"global",
establecemos un ordenamiento entre niveles espaciales diferenciados, 10 que nos lleva necesariamente a pensar las
relaciones entre ellos. En este punto, las respuestas comienzan a divergir, y el mismo concepto de globalización puede
ser entendido de diversas maneras. Una primera posibilidad es imaginar cada uno de esos pianos como unidades
ag.tQnomas. En este caso, es posible hacer afirmaciones del
tipo: lo "local" se relaciona con lo "nacional"; lo "nacional"
reacciona, resiste o se somete a lo "global"; lo "local" prescinde de 10 "nacional" y se articula directamente con lo
"global". Los argumentos, no obstante diversos, se apoyan
en algunas premisas. Cada entidad espacial constituye
un elemento específico, cuya lógíca expresa una identidad.
Tendríamos así, la existencia de espacialidades distintas que
confrontan entre sí. Todo se resume a entender las .interrela~one_$ entre ellas. Esta manera de pensar, análoga a la de
aquellos que hablan sobre las relaciones internacionales,
acepta la idea de que la globalízacíén es algo importante,
pero ajena al núcleo de cada uno de esos espacios. De ahí
la insistencia en considerarla, no como movimiento de una
32
~ocieda~ global, sino como resultado de un conjunto de
~nter~cClones. Con eso, evidentemente, se preservan las
identidades de las partes, pero el encadenamiento del pen_
s~ento nos encierra en el interior de un dualismo. "NaaonaVIocal""globaVnadon"!", "global/local", se presentan
c?mo unidades antitéticas. Estas se realizarían en el espa,
C.IO. de sus fronteras, ya que poseen la capacidad de: a) definir su propia centralidad, b) contraponerse a 10 que les es
externo, Es esto lo que permite, por ejemplo, decir: lo "global"
s~ ~laciona con 10 "local" o lo "nacional", como una impoSICIón externa (ya sea como resultado de la difusión cultural
o del imperialismo). El argumento presupone la existencia
de límites claros que separan cada uno de esos territorios.
Otra manera de enfrentar la CUestión consiste en razonar
en términos de inclusión, y no apenas de interacción. Vería~os así, q~e 10 ')lobal" incluye lo "nacional", que, a su vez,
incluye lo local . En este caso, hay un conjunto más amplio
que engloba otros dos subconjuntos. Esta formulación del
problema evita el dualismo anterior, pues ya no es necesario
p~tular cada espacialidad como una identidad específica.
El rn~onveniente,sin embargo, es que la solución propuesta
nos induce a aceptar algunas consecuencias lógicas de esta
línea argumentativa: a) lo "nacional" y lo "local" están enteramente (obligatoriamente) incluidos en lo "global"; b) ellos
,~ecen autónomos en tanto Subconjuntos. ¿Es esto verdad. zl.as fronteras entre las espacialidades son en verdad
tan nítidas, al punto de poder ser cartografiad"; de esa
ma? ¿El ~ de desterritorialización no pone, justamente,
en cuestión esta condición? Por otro lado, admitir lo"global"
romo megaoonjunto, lno nos llevaría necesariamente a pensar el mundo de manera sistémica, como 10 hace Luhman al
~eferirse a conjuntos complejos que envuelven otros conJuntos más simples?18.
for:·
18 Véase Luhman, N., "The World Societyas a Social Systeur" en lnter-JounudofGen.ndSyotems, Vol., '98>.
'
33
OTRO TERRITORIO
Una alternativa a esas respuestas es considerar la globalización de las sociedades y la mundíalízecíon de la cultura
como un proceso civilizatorio. El artificio teórico permite
evitar la propuesta sistémica y el dualismo. Proceso que se
instala en el nivel mundial, pero no es necesariamente totalizador, al punto de incluir, como un megaconjunto, todos
los puntos del planeta. Esto significa.admitir la existencia de
limites estructurales -económicos, políticos y culturales- a
la expansión de la modernidad-mundo. Proceso que se articula dentro de una sociedad global, 10 que torna diffcilla
aceptación del postulado de independencia y autonomía
implícito en el pensamiento dual En este caso, hay que redefinir las mediaciones existentes entre los niveles que hemos tratado.
Mi propuesta es considerar el espado como un conjunto
de planos atravesados por procesos sociales diferenciados.
Debo, entonces, dejar de lado los pares de opuestos-externe/interno, cercano/distante- o la idea de inclusión para
operar con la noción de líneas de fuerza. Si se acepta, de
modo preliminar, que lo "local" se sitúa dentro de los países
(al fin de cuentas, el Estado-nación es una realidad geopolítica), podemos imaginar, idealmente, la existencia de tres dimensiones. Una primera, en la cual se manifiestan las
implicaciones de las historias particulares de cada localidad.
Realidades que no se articulan necesariamente con otras
historias, aun cuando están inmersas en el mismo territorio
nacional. Éste es el caso de diversos países que no completaron el camino de la construcción nacional, en los cuales
muchas de sus regiones viven una .realidad "propia", esto
es, 1).0 enteramente determinada por las exigencias del Estado-modernidad-nación. Hay, por lo tanto, una desconexión
(al menos teórica) entre las partes que lo componen. Condición semejante (si bien por motivos diversos) a las de algunos países, en los cuales permanece la presencia viva de
"nacionalidades" distintas (por ejemplo, los catalanes en España). El segundo nivel se refiere a las historias nacionales,
que atraviesan los planos locales y los redefinen a su mane34
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
ra. La conexión es ahora posible a través de la medíecíó de
un eslabón trascendental, lo que nos permite hablar~_
~e~te de un esra.cio común dentro de fronteras bien dehmlta~" U~ última dimensión, más reciente, es la de la
mundializacón. Proceso que atraviesa los planos nacionales
y locales, cruzando historias diferenciadas. La civilización
de la, modernidad-mUndo se caracteriza, pues, por ser, simultáneamente, una tendencia de conjunción y de dis
_
ción de espacios. Esto nos permite percibirla como m yunad
d direcci
are a
por. os.
ones, una volcada hacia lo singular, otra hacia
la diversidad. Esta sensación de bifurcación de sentidos nos
lleva~ a men~do, a imaginarlos como vectores antagónicos
(se ~Ice comunmen!e, en la discusión acerca de la globalizacton, que los localismos son su antítesis). Se trata de una
c~mprensiónequivocada de lo que está ocurriendo. Sincrórucamente, conjunción y disyunción son partes de un mismo fenómeno.
Estoy sugiriendo, por lo tanto, que la mundia1ización de
la cultura y, en consecuencia, del espado, debe ser deñnída
como transversalidad. Puedo así matizar algunas ideas"cultura-.mundo, cultura nacional, cultura local" como si
consti~yesen un? jerarquía de unidades que interactúan
e~tre 51. Las .nocones de transversalidad y de atravesamiento permiten pensarlas de otra forma De esta manera
sostengo que no existe una oposición inmanente entre loca~n~cionaVmundial. Esto lo percibimos al hablar de lo
cotidiano. Ya vimos cómo, esta cualidad parece asociarse
usualm~nte apenas a los hábitos arraigados en el espado de
las loc~ades. Se trata, sin embargo, de una ilusión, 'Ianto
10 naaon~ co~o 19 mundial sólo existen en la medida en
que S?ll vivencias, Este fue, al fin de cuentas, el resultado de
d~s SiglOS. de ~Qnización de los modos de vida que deno~~moslde~tidadesnacionales. Antes del siglo xvrn, la naao~ no era aun una referencia obligada para el conjunto de
habitantes de cada país. Fue necesario un esfuerzo histórico,
el desarrollo de un mercado interno, la creación de símbolos,
escuelas, para que la conciencia colectiva, en el comienzo
3S
OTRO TERRITORIO
restringida a una ideología de Estado, se transformase en
cultura Los hombres, en sus provincias, tuvieron que aprender, interiorizar la necesidad de pensarse como miembros
de un, y sólo un, país.
Lo mismo ocurre cuando hablamos de mundializaci6n de
la cultura. Nada significarla si existiese apenas como ideología, esto es, como concepción del mundo articulada exclusivamente a los intereses políticos y económicos. Para tornarse
cultura (en la cual están inscritos esos intereses), debe materializarse como cotidianidad: Una familiaridad que se expresa en los hoteles, redes metropolitanas, supermercados,
ferrovías, Internet, etc. En esos "lugares", sus usuarios poseen un conocimiento especifico, adecuado, que les permite
transitar con desenvoltura en la maraña de sus entrecruzamientes. Lo cotidiano no es el atributo del "Ser"'local, idealizado muchas veces como sin6nimo de auténtico: es el
presupuesto de la existencia de cualquier cultura. La modernidad-mundo sólo se realiza cuando se "localiza", Yconfiere
sentido al comportamiento y la conducta de los individuos. En este sentido, la oposición entre mundial/naciónaJ;1ocal, un dato del sentido común, es un falso problema.
Una primera implicación de la idea de transversalidad
está en la constituci6n de "terrítoríalídades" desvinculadas
del medio físico. Si se toma el vector de la mundialización
en su articulación interna, es posible discernir un conjunto
de reajustes espaciales que ya no se circunscriben a los límites de la nación o las localidades. El modo de vida de varios
grupos sociales es hoy-en buena medida, desterritorializado. Los estudios y los cálculos de los publicistas, de los
hombres de marketing, muestran esto muy bien. Algunos
comportamientos, en relación con el consumo y la manera de
organizadón de la vida, son análogos en 'lbkío, París, Nueva
York, San Pablo y Londres". Son esas semejanzas las que
posibilitan que los administradores de las trasnacionales
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
,. V.... MatteIart,A..L·~~,
........ La~l989.
pie;nsen y agilicen una estrategia de persuasión y de ventas en escala planetaria: A los mismos modos de comportamiento, diversión, desplazamiento, se corresponde un
marketing global. Fragmentos de estratos espaciales de
consumo, distnbuidos de manera desigual fPr el planeta,
son de esta forma aproximados. El cine, los rnass-medíé, la
publicidad, la televisión, confirman esa tendencia. Por eso
mismo, tal vez, la insistencia en hablar de "espacio" publícítario, mediático y, más recientemente, ciber-espacio. En lodos los casos está claro: los mensajes, los símbolos, en fin, la
cultura, circulan libremente en redes desconectadas de este
o aquel lugar.
El concepto de desterrítonalízacíán posee, por lo tanto,
una fuerza explicativa; permite dar cuenta de aspectos poco
visualizados en las ciencias sociales, Nombrar configuraciones del tipo "estratos desterritorializados", "referencias
cuturales desterritorializadas", "imaginario colectivo internacional-popular", nos permite una comprensi6n mejor del
mundo contemporáneo. Nos obliga, sobre todo, a enfocar el
espacio independientemente de las restricciones impuestas
por el medio MCg. Sin embargo, es necesario entender que
toda desterritorialización es acompañada por una re-territorializaci6n. Pero no se trata de tendencias complementarias
o congruentes; estamos frente a un flujo único. La desterritorialización tiene la virtud de apartar el espacio del medio
físico que 10 aprisionaba, la reterritorializaci6n 10 actualiza
como dimensión social. Ella lo "localiza". Nos encontramos,
pues, lejos de}a idea de "fin" del territorio. Lo que ocurre
en verdad es la constitución de una territorialidad dilatada,
compuesta por franjas independientes, pero que se juntan,
se superponen, en la medida en que participan de la misma
naturaleza. VIajar, desplazarse por esos estratos, es permanecer en el interior de un tipo de espacialidad común a pueblos diversos.Esta perspectiva cambia radicalmente nuestra
concepción de espaoo, tradicionabnente vinculada al territorio físico, ya sea la naci6n como los límites geográficos de
las culturas.
36
37
OTRO TERRITORIO
La transversalidad tiene además otras consecuencias: redefine nuestra concepción del sustrato morfológico en el cual
se asientan las culturas. 'fradicionalmente, como hace la antropología, el lugar está constituido..por el e~pacio den~
del cual viven los grupos indígenas. Mundo que se encerra dentro de las fronteras de un terrítorío, y en el cual se
encuentran la geografía Yla cosmología, las costumbres y las
relaciones de parentesco, el trabajo, los tabúes, las técnicas,
etc. Cada lugar se define así por la especificidad de su cultura'1JJ. Admitir que el espacio en el cual circulan las personas
está-~travesado por fuerzas diversas significa rever esta
Perspectiva. En este caso, Jocal, nacional y_ mundial deben
ser vistos en su atravesamiento. El lugar seria entonces el
entrecruzamiento de diferentes líneas de fuerzas en el contexto de una situación determinada. Retomo de los fenomenólogos la noción de "situación", sin por ello incurrir en el
equívoco de la etnometodologia, para la cual las reladon~s
sociales derivan sólo de la interacción de los individuos. SItuación definida objetivamente por las fuerzas sociales portadoras de legitimidades desiguales, en el seno de la cual los
hombres actúan. Local, nacional y mundial se entrelazan,
por lo tanto, de formas diversas, determinando el cuadro
social de las espacialidades en conjunto. Situaciónque variará según los contextos y, sobre todo, en función de la prevalencia, o no, de determinados requisitos tecnológicos y
económicos -la modernidad-mundo no se reduce a,la moW Marc Augé hace una buena srnresís de lo que es la concepción tradicional del "lugar antropológico" _ Sin embargo, para comprender la
especificidad del mundo contemporáneo, él echa mano del concepto
de "no lugar" --espacio no histórico, no relacional y no identitarlo,
definido por ciertas actividades: comercio, tránsito, tiempo libre,
transporte-. Para la perspectiva adoptada aquf, no existen "'no lugares". Lo que Augé consídera así pertenece, en verdad, a los lugares
insoitos en el movimiento de la modemidad-nnmdo. Véase Augé,
M., Non liex: une introduction aune anthropo1ngie de la sunnodernité, París, SeWI,1992.
ESPACIO Y TERArioAIAllDAO
dernización, sino que acompaña elmovimiento de "moder..
n~aciónh de las sociedades. Con esto quiero decir que lo na-
cional y ló local están penetrados por la mundiaIización.
Pensarlos como unidades autónomas seña inconsistente. Sin
embargo, como la base material de la modernidad-mundo
es desigual, y la expansión de la cultura debe obligatoriamente tener en cuenta la diversidad de los pueblos, su
conjunción sólo ocurre de modo diferencial. El lugar es el
espacio de esa diferendalidad.
Una manera de entender la realidad de los lugares es recurrir al concepto de diglosia Los lingüistas lo usan cuando
analizan una situación en la cual existen idiomas distintos
-árabe literario o coloquial, dialectos africanos o ingléalfrancés, chino o inglés, etc-, En ese contexto ocurre una especializadón de los usos. Algunas lenguas son empleadas en
determinadas circunstancias (por ejemplo, en la burocracia
o en las ceremonias públicas), otras se circunscriben al dominio de la familia, la religión o el trabajo. Ése es también el
caso del Inglés al tornarse lengua mundíal". El inglés penetra en la informática, el tránsito aéreo, los coloquios científicos, el intercambio entre las transnacionales, y se transforma
en idioma oficial de las relaciones internacionales. Sin embargo, su presencia no significa necesariamente la desaparición de otras formas de hablar. Las situaciones concretas
determinarán las esferas y el destino de su influencia. En
algunos casos, el inglés será preponderante -tecnología y
educación superior-; en otros, estará ausente, en los debates
y la literatura nacional, en los mass-media, ele. Ante la expansión del inglés, que altera el cuadro anterior (en el cual existían
sólo dos lenguas en contacto), algunos lingüistas entienden
que pasamos de una fase de diglosia a otra, de transglo21 CI. Píshmen.]. YCcopee, R L. (comps.), TheS,..."J of Englj,¡,. Bowley.
Newbury House, 1977; Creenbaum, S. (comp.), TIte English Language
T""'Y. 0xfunI. Fe<gamoo Prees, 1965; Truchot, c., L'""",", _le""""'"
contémporain. Paris, Le Robert, 1990.
39
ESPACIO Y TERRITORIALIDAD
OTRO TERRITORIO
sia. Un mismo idioma atraviesa, de forma diferenciada, el
espacio lingüístico. Yo diría, retomando mi objeto, que ellugar puede ser definido como un es~~o transglósico, en el
cual se entrecruzan diferentes espacialidades. Para comprenderlo, deberíamos detenemos en las situaciones concretas
de ese entreIazamiento.
Sin embargo, no hay que ser ingenuos. Los ~ también nos enseñan que los fenómenos de diglosia están marcados por jerarquías y señales de distinción. Existe sie~~
un lengua ,.alta" contrapuesta a otra "baja", cuyo presngío
social es inferior, Es el caso del francés en algunos países
africanos, que penetra en la escritura, la ~~tica, la ~no­
mía los masa-media y disfruta de una posición dominante
respecto de los dialectos, que no participan de esa esfera del
poder y se restringen a los usos propiamente tribales. Se a•
ta de un cuadro análogo al del inglés, en su forma mundializada2Z, que se transforma en una fmma "alta", al co~ar
palabras, gustos musicales y penetrar en.los_ma:>s-media, la
bliddad el show-business. El mercadolinguistico, para ha~
,
. d·
bi
blar con Bourdíeu no es apenas un espaoc e mtercam o,
. qu e se estructura a "....
"""rti.. de determinadas relaciones
smo
~
discu
de podei3. Creo que sería inconsecuente, en nuestra
,sión, caer en el relativismo cultural.. Las líneas de fuerza que
atraviesan los lugares no son equivalentes; poseen peso y
leg¡fumdad~s distintas. la mundializaci6n de la cultura trae
con ella vectores poderosos de dominación, que se articulan
en el nivel planetario. Por 10tanto, la situación de los lu~s
implica acomodaciones y conflictos. En ella estallan los mtereses que recortan a las sociedades.
u:
22 Véase L'anglslis: langue elrangUe ou limgue SI!CV1Ille, Groupes d'Études
sur le Plurilinguisme guropeen, Acles du Premier CoUoque, Estrasburgo, Université des Sdences Humaine9 de Strasbourg, mayo de
23
~ P.,"A economía ~ troces 1ingiDlü:aS"'. en Ortiz, R. (comp.),
PinTe Bourdieu, San Pablo, Auca, 1983.
La idea de transversalidad nos permite, además, repen-
sar algunas cuestiones. Me refiero al tema de la centralidad
y el arraigo. Las culturas físicamente arraigadas en un territorio tienen una noci6n exacta de sus contornos. Se estructuran a partir de un núcleo que se irradia hasta los confines
de sus fronteras. Es cierto que esta centralidad no implica,
necesariamente, como en el caso de las sociedades indígenas, un espacio homogéneo. Las llamadas grandes civilizadones se extienden por un territorio amplio, pero en sus
intersticios se insertan culturas diversas (basta mirar la civilización islámica). No obstante, su centralidad se encuentra
claramente definida. La modernidad es quizá la primera
civiliz;aci6nque hace de la desterritorializaci6n su principio.
Es des-centrada (le que no significa decir fragmentada, como
pretenden algunos autores. La fragmentación implica ausenda de un orden colectivo, el descentramiento señala otro
tipo de orden social), y J1riviIegia la deslocalización de las
relaciones sociales.
Retomo a Max Sorre como contrapunto de mi argumentación. Para comprender la variedad geográfica de las culturas humanas, toma del griego la noción de oekoumene. Así,
entiende que cualquier agrupamiento humano, para existir;
debe arraigarse en un territorio determinado. Existen, evidentemente, límites (sobre todo climáticos) -y montañas,
desiertos, selvas, etc.- para la conservación de las características fisiológicas y anatómicas de la raza humana. Sin embargo, su razonamiento es claro: HA cada grupo, inserto en
un hábitat bien determinado, le corresponde un tipo especializado, algo así como una -raza geográfica. Esta especialización, morfológica o física, es relativa. Varia de acuerdo con
la diferencia del medio geogréfíco'v'. De ahí la importancia
del concepto de hábitat, constituye el sustrato material de
las culturas. Cuando Sorre retoma, de los griegos, la idea de
"ecumene", pretende justamente dar cuenta del elemento
24 Sorre, M., op. cit., r i, p. 109.
41
40
OTRO TERRITORIO
de fijación del hombre a la tierra. Pues el término designa la
casa el espacio habitado, lo que es conocido, familiar. En
este 'sentido, todo "hecho humano es un dato espacial, territorial". La tierra habitada es la casa" de las culturas, el
centro de su fijeza.
Ahora bien, la característica de la moderrúdad es la movilidad -de la fuerza de trabajo, de los individuos, de las
informaciones, de las mercancías-. Esto nos exige repensar
la metáfora de la "raíz", frecuente en el debate sobre las
identidades culturales. Toda raíz requiere un suelo para fijarse; es lo contrario de la fluidez; El arraigo es fruto de la
existencia de una cultura cuyo territorio se encuentra cartografiado. En el mundo contemporáneo, este po~tu1ado ya
no es satisfactorio. Los individuos poseen. por cierto, refe.~
rendas, pero no propiamente raíces que los fije~ !.ú'ica..::
mente al "milieu". Referencias que limitan su movmuento.
Sin embargo, también sabemos que esta navegación en los
circuitos (utilizo una metáfora de la informática) no se dI-:eunscríbe a una desterritorialización pura. La movilidad es
un dato, o mejor, una exigencia de un detel'Ill1nad9_tipo de
civilización. En este sentido, las sociedades contemporáneas
viven una territorialidad desarraigada. Yasea entre las fran- '
jas de espacios, despegadas de los territori~ nacionales, o
en los "lugares" atravesados por fuerzas diversas. ~ desarraigo es una condición de nuestra época, la expresión de
otro territorio.
ji
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD-
El tema de la identidad es rico y controvertido. Si en la actualidad, partir del proceso de globalización, resurge con
fuerza en las discusiones políticas y académicas, se hace necesario, sin embargo, dimensionarlo correctamente. Por cierto,
las transformaciones recientes replantean los movimientos
identitarios en una nueva meseta. Pero antes de reflexionar
acerca de su configuración, hay que reconsiderar el modo
en que el propio concepto fue trabajado en las ciencias sociales. Tengo la impresión de que a menudo implica una lectura deificadora de la sociedad, lo que nos conduce a una
comprensión equívoca de las relaciones sociales. En este sentido, me parece que un análisis categorial de sus implicaciones
sería un ejercicio intelectual saludable. Quizá consigamos
así evitar las dificultades en su encadenamiento lógico.
- ¿Qué se entiende en realidad por identidad cultural? Retomo algunas ideas de la antropología. Clásicamente, cuando
~os antropólogos buscan entender las sociedades primitivas,
intentan dar cuenta de su totalidad. La interpretación se
fundamenta en el trabajo etnográfico, una "descripción densa" de la organización social, las reglas de parentesco, los
mecanismos de intercambio, los rituales religiosos y la vida
material. La comprensión deriva, pues, del cruce de una serie de informaciones, reveladas por el esfuerzo descriptivo
y clasificatorio. Si pretendo conocer cómo actúan los individuos en el seno de una determinada cultura, estoy obligado
a manipular un espectro variado de conocimientos. Así, para
hablar de la cultura samo", debo comprender el antagonismo entre los universos masculino y femenino, las regias de
transmisión de los nombres de los antepasados, las creencias y las historias míticas, que explican el lugar de los hombres en la sociedad, ellertguaje de los objetos sagrados, los
conceptos de hombre, mujer, selva, animales salvajes, etc.
H
~
42
Traducción: Ada Solari.
[43 J
OTRO TERRITORIO
Sólo entonces podré indagar respecto de los contornos de
una "identidad samo"t.
Pero, zqué constituye esta identidad? En buena medida,
la escuela culturalista norteamericana intentó dar una respuesta a este interrogante. Sus estudios buscaban articular el
individuo con un horizonte más amplio. Desde esta perspectiva, Iacultura es responsable del contenido de la personalidad,
y la identidad personal se caracteriza como una coosecuencia
de una "estructura", de un universo, que engloba de modo
igual a los miembros de una comunidad Cada cultura representa así un "patrón", un todo coherente cuyo resultado se
realiza en la acción de los hombres. Una autora como Ruth
Benedict puede hablar; entonces, del "carácter" de un Pveblo -por ejemplo, los zuñi, indígenas del suroeste americano-2. Este pueblo seria definido por su actitud apolínea,
prescrita por el todo social, cuya tendencia los lleva a eliminar los excesos de la vida personal, política y religiosa, en
favor de un comportamiento prudente y cauteloso. La moderación se toma sinónimo de la identidad zuñi. Lo mismo
afirmará Margaret Mead al estudiar' a los indígenas del archipiélago dé Samoa. Ellos se comportan de acuerdo con el
"carácter estructural" de la personalidad samoana, esto es,
un conjunto de normas aprendidas a través de la cultura.
Socializados desde la infancia dentro de un determinado contexto,los samoenos interiorizarian, poco a poco, los elementos constitutivos del núcleo central de su sociedad",
El concepto de carácter se aplica en niveles distintos. Primero, se manifiesta en el individuo, pero como éste es proeVéase Héritier, P., "L'identité sama.., en Léví-Strauss, C. y Benoíst, J.
M. (comps.), L'identité, París, PUF, 1977.
2 Benedíct, R., Padr6es de cuUura, Usboa, Livros de Brasil, s.d.
3 Mead, M.,·"The Role 01 Individual in Samoan Culture", en Kroeber,
A. L. YWaterman, T.T. (oomps.), Sourte Book in Anthropology, Nueva
York,. Harcourt Brace and Company, 1931. Sobre la noción del carácter en antropologla, véase un manual como el de Fe1ix Keesing, CultrmJl Anfhropology, Nueva York,. Rinehart and Company, 1958.
1
44
MODERNIDAD_MUNDO E IDENTIDAD
dueto de las fuerzas socializadoras, es posible extenderlo al
conjunto de la misma organización social. De alguna manera, la escuela culturalista termina psicologizando el dominio
de lo social: lo que es individual se toma identidad colectiva.
El carácter étnico de un grupo pasa entonces a ser concebido
como la cul~a compartida por sus miembros. Sin embargo,
este razonanuento, simple a primera vista, presupone algunos pasos que merecen ser explicados. Entre éstos, quiero
~e~tacar tres aspectos: las nociones de integración, territonalidad y centralidad.
~a los antropólogos, la cultura es, en primer lugar, un
t~do ~tegrado, una totalidad en la que se encuentran orgámcamente articuladas diferentes dimensiones de la vida
social. La investigación etnográfica -que se extiende del dominio material al parentesco, del intercambio a los ritualesofrece al observador los elementos para la reconstitución de
este conjunto más amplio. En el caso de la escuela culturista,
debe ser subrayado otro aspecto. Lacultura está marcada, además, por su función integradora, que forma a los individuos
según las exigencias de la sociedad. Personalidad y cultura
pueden,_entonces, ser comprendidas en su articulación visceral. Sin embargo, esta capacidad deinclusión se limita a
un territorio físico: las sociedades primitivas poseen frenter~s#biendelimitadas. Para usar una expresión de Mate AUgé,
~: que se .en~entran confinadas en el "lugar antropol6gico . Esto significa que, en el interior de su territorialidad,
toda cultura es una, indivisa; se distingue de todas las otras
y se define por una "centralidad" particulaJ: Por eso, la litera~a an~pológicatend.rá como preocupación el tema de
su tnsularídad. Ralph Linlon afirma que toda cultura posee
un n~deo: "la masa de valores, asociaciones y reacciones
emocíonales, en gran medida inconscientes, que dan a la
cultura su vitalidad y proveen a los individuos los motivos
para adherir a los patrones culturales y prectícerlos". Por
4
Línton, R, Ohomem, San Pablo, Martins, 1973, p. 360.
45
OTRO TERRITORIO
cierto este centro está sujeto a cambíos, pero Línton enfatiza que son cambios lentos y graduales. . . Debido a que son
lentos y de carácter más o menos evolutivo, ~sos c~bios en
el núcleo cultural raramente acarrean conflictos senos. Elementos antiguos son abandonados y elementos nuevos son
desarrollados, en una relación íntima Y constante con la
configuración preexistente. Si los elementos en desarrollo
entran en conflicto serio con las partes firmemente esta~le­
cidas de esta configuración, su desarrollo será detemdo
hasta que las modificaciones de esa configuración permitan
retomarlo. Esta parte de la cultura puede, por lo tanto, m~­
tener un elevado grado de íntegradón. a través de cualquier
proceso de modificación culturar", Dicho de otro modo, el
núcleo posee el control sobre los cambios que ~ le impone~,
tanto provenientes del interior como del.ex.ter.lOr de su te.mtorio. De esta manera, se conserva su identidad prácticamente inalterada.
Cuando los antropólogos norteamericanos, por diversas
razones -muchas de ellas de carácter ídeológíco-', comienzan a interesarse por las naciones y los nacionalismos, lo que
hacen es, sencillamentel trasponer un esquema teórico, p~es­
to a prueba anteriormente, para la comprensión d~ otro ~po
de sociedad. La identidad adquiere una nueva dimensión,
consustancial al . . carácter nacional". En su trabajo sobre la
cultura americana, Margaret Mead es clara: • en cualquier
cultura, en Samoa, en Alemania, en la TIerra del Hielo, en
Balí, en los Estados Unidos de América, encontramos consistencias y regularidades en la manera en ~ue los bebés crecen y asumen las actitudes y com~entos de los más
viejos -a eso debemos llamar formación del carácter-o Pode-
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
mos, en consecuencia, decir que los samoanos poseen una
estructura de carácter samoano, así como los americanos
una estructura de carácter amerícano'".
El argumento se fundamenta en una analogía entre las
sociedades primitivas y las sodedades nacionales, lo cual es,
por lo menos, una imprudencia teórica. Varios estudios fueron realizados en esta dirección. Al leerlos hoy, no es difícil
percibirlos como inaceptables, más cerca del sentido común
que del pensamiento propiamente científico. Cito algunos
ejemplos. Los rusos son descritos como un pueblo caluroso y humano, tremendamente dependiente de las filiaciones sociales seguras, inestable, irracional, fuerte pero
indisciplinado, y que necesita, por eso, ser sometido a algún
tipo de autorídad'f los americanos como románticos, francos y benévolos -Clyde KIuckhohn creía que ninguna otra
sociedad contaba con tantos patrones de rísa-" Y Ruth Benedict, en su libro El crisantemo y la espada, argumenta que la
ética japonesa, fundada en sentimientos que rechazan el
fracaso y la vergüenza, es incompatíble con el desempeño,
un atributo esencial de la índole emerícana'"
No me interesa extenderme en las críticas a los resultados
de los análisis sobre el carácter nacional. En definitiva, no
difieren sustancialmente de otros enfoques predominantes
en diversos países --en Brasil son varios los autores que
describen al brasileño como "indolente", "perezoso", "inepto para el trabajo", o, con una visión más optimista, como
H
5 ~,p.36~
.
6 Los estudios sobre el carácter nacional florecen en los Estados Umd09
durante la Segunda Guerra Mundial Subsidiados por las agendas
gubernamentales, inauguran una u antropología a distancia" (eufemismo de la época), cuya intención es sin duda conocer el comportamiento del u enemigo"_
7 Mead, M., Ami Keep yuur Powder Dry: an AnlhropologiaJ1 Lcecs al America, Nueva York, Wtlliam Morrow and Company, 1942,p. 21.
8 Véase Kluckhohn, c., "Recenta Studies ot the National Character of
Great Russían", en Culture and BehiwWur, Nueva York, The Free
Press ofGlencoe, 1962, p. 2149 KIuckhohn, C; "Un antropólogo y los Estados Unidos", en Antropología, México, Fondo de Cultura Económica,1949.
.
10 Benedíct, R, TheCJuysantemum and tlleSwrm/, Boston, HoughtonMifflin Company, 1989.
46
47
OTRO TERRITORIO
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
"malicioso", "sensual", "dionisíaco..n . Me parece más pro-
ductivo focalizar el razonamiento en este tipo de postura.
Evidentemente, los antropólogos saben que existe~ tipos
diferenciados de formaciones sociales, sociedades tribales,
ciudades-Estado, imperios. Sin embargo, al trasla~ l~ métodos utilizados para estudiar las sociedades prímítrvas,
terminan postulando que el grado de cohesión de las sociedades nacionales es, por lo menos, semejante a la coherencia de las culturas anteriores. Integración que se extiende
ahora por un territorio más abarcador, marcado por los límites de la nacionalidad. De este modo es posible hablar de un
núcleo de las culturas nacionales, que expresaría su ídentídad12• Como cada cultura es una, singular, se considera, por
extensión, que cada sociedad nacional es un todo integrado,
irreductible a otras culturas, cuya base material es el Estadonación. El mundo se constituye, de ese modo, en una pléyade de culturas nacionales, cada una con su idiosincrasia, con
su carácter. Por otro lado, además, esta identidad, no obstante ser pasible de cambios, se caracteriza sobre tOO? por la
permanencia. Como dice un antropólogo cul~al: ~~ dehemos pensar que el carácter nacional y las predísposícíones
compartidas son inmutables; pero el cambio es usualmente
13
gradual, y no súbito O catastrófico" • Afirmación que nos
aproxima a Ralph Unton y su argumento acerca de la esta..
bilidad del centro de las culturas.
Integración, territorialidad, centralidad. En rigor, el pensamiento antropológico retoma puntos desarrollados hace
tiempo por la filosofía de Heder. Contrario a la idea de progreso, crítico del iluminismo, Heder rechaza la noción de
evo~~ción histó~caI4, y valoriza así lo específico con contrapoSIGÓn a lo universal. Para él, es imposible ordenar las cíviliz~ciones .en ~ secuencia histórica: cada pueblo es una
totalidad SUl genens, una modalidad con esencia propia. 'La
visi~n herde~ se fundamenta, por lo tanto, en una per&pectíva relativista, cultivada también por los antropólogos
culturales. En este sentido, la cultura y en particular la nación, sería una civilización centrada en sí misma. De alú el
interés de Heder y los románticos por la cultura popular.
Ella expresaría el "verdadero" carácter nacional.
La discusión sobre la identidad se encuentra, por lo tanto, atravesada por una cierta obsesión ontológica. Yasea en
su versión antropológica, como en la filosófica, es concebida
como un ser~, algo que verdaderamente es", posee un
contorno preciso, y puede ser observada, delineada, deterada de esta o aquella manera Por eso, la identidad necesita un.centro a partir del cual se irradie su territorio, esto
es, su validez. No es, por lo tanto, casual que buena parte de
este debate, sobre todo en referencia a América Latina, comparta los mismos presupuestos anteriores. Los filósofos
~rtis~s y políticos, cuando se debaten con el dilema de l~
Identidad, buscan apasionadamente su "autentícdad"". Se
puede así hablar de una esencia" del pensamiento latinoam~rtcano, algo específico, peculiar al Yode una América tan
latina. contrastan con la parte anglosajona. El mismo razonamle~to se desdobla en el plano nacional. Cito como referencta al autor Alvaro Vieira Pinto:
H
N
rrur:
H
11 Véase Leite, D.M., OctlrridernacionaJ bmsi/eiro, San Pablo, Lívrería Píoneíra, 1969.
12 Véase Mead, M., "Ihe Study of National Character", en Lerner, D.,
Lasswel1, H. D. (comps.), TM Poücy Sciences, Stanford, stanford Uroversity Presa, 1951~ "National Character", en xrceber, A. L. (comp.),'
Anthropology Today, Chicago, Chicago Untversity Presa, 1953.
13 Gorer, G., "National Character: Theory and Practice", en Mead, M. Y
Wtraux, R. (oomps.), The StudyojCultureaf Disúmce, Chicago, Chicago University Prese, 1953.
14 Véase Heder.]. G., UneautTephilosophiede l'histoire, París Aubier 1964.
] 5 véa Ze L El
.
'.
"
se a,., pensamiento
latinoomenanw,
México, Pormaca,
1965.
48
49
r
"~a conciencia del país subdesarrollado es, por naturaleza,
alienada. Siendo atrasada la estructura material que la sustenta, es sumisa por fuerza de los vínculos que la sujetan a
las economías fuertes, de las que depende y que la explo-
OTRO TERRITORIO
tan; siendo sumisa, es alienada, en el sentido de que no está
en sí misma el origen de las decisiones referidas a su curso
histórico. El fenómeno de la alienación, que es más general
que el caso aquí considerado, toma rasgos particulares! se
desdobla en varios aspectos específicos cuando 10exarrunaIDOS desde la perspectiva de la dependencia particular que
subyuga el país pobre a los más poderosos, que lo conducen. Se dice de un ser que es alienado cuando no está en
posesión de su esencia; entre lo que es, como hecho, y.lo
que es, como esencia, media un intervalo que define.la alíenación. De este modo, lo que el ser es como esenoa está,
aún su existencia real,
para él, distanciado, no se realizó
16
sino que es un fin a alcanzar" .
El camino de la superación se realizarla, pues, en el proceso de la desalienadón. Sin embargo,1a propuesta enunciada
presupune una ontologia del Ser nacional La u~ón del
concepto de alienación es, en este sentido, sugestiva . Fruto
de una lectura de la FenomerroIogja del espiritu, permite plantear
la cuestión nacional en términos esencia1istas. De la misma
forma que Hegel habla de una dialéctica del amo y el esclavo, que el Ser del esclavo se encuentra alienado en el Ser del
amo, encontramos un desdoblamiento análogo en el plano
nacional La identidad de una nación pasa entonces a ser
considerada como u auténtica" o "ínauténtíce". Todo depen..
de de la realización de su esencia. Cabe subrayar que esta
aproximación con el pensamiento hegeliano no se circunscribe a la problemática nacional. 1lunbién fue retomada pur
Franz Fanon en sus escritos. Su hbro Piel negra, máscaras blancas posee un subcapítulo dedicado especialmente a Hegel18,
en el que Fanon trabaja la idea de reconocimiento e intenta
mostrar cómo el negro para constituirse como persona, debe
16 Pinto, A V., Consciéncia e realidluktfflCiorud, Rfo de Janeiro, ISHB, 1960,
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
obligatoriamente tomar al blanco como referencia. La esencia negra se encuentra alienada en el ~ del amo blanco. Su
identidad es, en este caso, forzosamente "inauténtiea". Sólo
el movimiento de superecíén podría promoverla a un estado de desalienación; en este momento, esencia y realidad se
encontrarían.
Puede parecer extraña esta apropiación de Hegel por parte
de pensadores tan disímiles y distantes en el espacio, sobre
todo cuando es aplicada a niveles diferenciados de problemas. No obstante, creo que el punto de unión puede ser
determinado con facilidad Ambas cuestiones, la nacional y
la negra, están marcadas por el dilema de la identidad. La
categoría de alienación permite revelar algunos de sus aspecios. Se trata de un artificio de lectura. Ahora bien, el pen_
sarruentc que se realiza se ve enredado en una trampa que
lo conduce a una visión ontol6gica de la realidad. La identidad se transforma en algo concreto, tangible, en consecuencia pasible de una descripdón precisa, política o científica.
¿Cómo considerar la problemática que estamos tratando
sin caer en una visión esenc:ialista de lo social? Retomo una
sugerencia de Léví-Strauss. Él dice: "la identidad es una especie de lugar virtual, el cual nos resulta indispensable para
referirnos y explicamos cierto número de cosas, pero que
no posee, en verdad, una existencia real"19. La idea de vírtu~dad nos permite escapar del impasse anteríor. Desplaza
la mirada analítica de la configuración del Ser,de su carácter,
para fijarla en los aspectos relacionales del problema que
enfrentamos. Puedo, entonces, formular una definición preííminar acerca de cómo trabajar la identidad: una construcdón simbólica que se hace eft relación con lUl referente",
Los referentes pueden, evidentemente, variar la naturaleza,
17 Cf. KojiNe, A., lntrodudion ala kcture de Hegel, Parfs, 1966;Hyppolite,
J.,e;m".d_de~~del'..,mt,París, t ....
18 Penen, F., Peau naire. masques blancs, París, Seuil, 1952.
19 Léví-Strauss, C; L'ikntité, op. cit., p. 332.
20 Retomo aquí una idea anterior desarrollada en el contexto de la
Construcción de la identidad brasileña. Véase Cultura brasileira e
identidtu1e ruu:ionsd, San Pablo, Brasílíense, 1985.
so
51
p.386.
MODERNIDAD·MUNDO E IDENTIDAD
OTRO TERRITORIO
son múltiples -una cultura, la nación, una etnia, el color o el
género. Sin embargo, en cualquier caso, la identidad es fruto
de una construcción simbólica que los tiene como marcos
referenciales. En rigor, ni tiene mucho sentido la búsqueda
de la existencia de "una" identidad; sería más correcto pensarla a partir de su interacción con otras identidades, ~ns­
truidas según otros puntos de vista. Desde esta perspectiva,
la oposición entre "autenticidad" e "inautenticidad" se toma
una conceptualización inadecuada En la medida en que es
convincente, esto es, socialmente plausible, una identidad es válida, lo que no significa que sea "verdadera" o
"falsa". Por otro lado, al.decir que es una construcción simbólica, estoy afirmando que es un producto de la historia de
los hombres. Esto me permite indagar acerca de los artífices
de esta construccíon, los diferentes grupos sociales que la sostienen, los intereses que oculta, las relaciones sociales que
prescribe. Es posible operar con un cuadro en el cual coexisten un conjunto de identidades en competencia y conflicto.
Toda lucha por la definición de lo que sería su autenticidad
es, en verdad, una forma de esbozar los rasgos de un determinado tipo de legitimidad.
En su estudio sobre la nación, Marcel Mauss presenta la
siguiente proposición: "entendemos por nación a una sociedad material y moralmente integrada a un poder central estable y permanente, con fronteras determinadas, y a una
relativa unidad moral, mental y cultural de los habitantes,
que adhieren conscientemente al Estado y a sus leyes?".
Pero su definición es dada al lector después de una serie de
observaciones preliminares. Explica que-la palabra "nación"
es de uso relativamente reciente en el lenguaje jurídico y
filosófico -Mauss escribe en 1920-. Subraya, también, los diversos tipos de organizaciones que en la historia de los hombres la preceden: el pasaje de las sociedades tribales, que
constituían pequeñas unidades familiares, hacia las sociedades más integradas, como la China Yel antiguo Egipto; el surgimiento de la ciudad-Estado, así como de las
grandes civiliZaciones, cuya extensión territorial cubrla una
vasta área geográfica. Estadigresión no es gratuita. Mauso es
consciente de que se encuentra ante un modo reciente de
vida social. Observemos su definición. tiene ciertas implicaciones. La noción de ciudadanía, no como principio filosófico, sino romo realidad política, se realiza sólo después de
ciertas transfonnadones (Revolución Francesa, crisisde 1848,
extensión del derecho de voto a las mujeres, y, en países
como los Estados Unidos, a los negros, etc.). La integración
material, esto es, la emergencia de un mercado nacional, es
~bién fruto de ";'ta ~, que Polanyi describe como la
gran transformación" . Durante el Antiguo Régimen, el
capitalismo se restringía al intercambio externo, y no incluía en su lógica los mercados internos de los Estados. En
cuanto a la "unidad moral, mental y cultural", sabemos
que se trata de un movimiento lento. Difícilmente podría
ser confirmada en el caso de que Mauss escribiera, por
ejemplo, en 1820. En ese momento, Francia vivía los primeros impulsos de su revolución industrial, más de una
cuarta parte de su ¡>OOladón no hablaba el francés, la integración territorial, promovlda por el adveninúenlo de la prensa
"masiva" y el sistema ferroviario, aón no habla tenido lugar;
faltaban escuelas que enseñaran a los niños el sentimiento
de nadonaIidad, y buena parte del campesinado se encontraba excluido de la sociedad nacional ...;es a mediados del
siglo cuando el hombre de ""J"PO se vuelve francé...."'.
En suma, la nación &ancesa aún no existía, se encontraba
en formación. Hobsbawm tiene razón cuando insiste en que
22 Véase PoIanyi, K., A gnmde b4lisfVimdpÍO, Río de ,....... r.__••
l~
21 Mauss, M., "La natíon", en Otrores, 1. 3, Parls,Minuit, 1%9, p. 584.
52
,~
23 Véase Weber, a, Pt!umt's inJo Fmrchman, StanfoM, Stanfonl Univusity Press, 19'76.
ss
OTRO TERRITORIO
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
24
el surgimiento de la nación es una novedad histórica ••Esto
lleva a que la misma tendencia se reproduzca, en sus líneamientas generales, en otros lugares. AsÍ; a la centr~6n
del Estado y la administración, requisitos ya conoados por
otras sociedades, se añaden otros elementos. Para que la nación se constituya como "principio espiritual", "conciencia
moral", se pone en marcha toda ~dime~ncul~.La
unificación língüístíca, así como la mvenci6n de símbolos,
son aspectos fundamentales en la elabora~ón de las nacionalidades. Lasfiestas cívicas, los desfiles patrios, la bandera, el
himno y los héroes nacionales, objetos de cultc:t en ~ e~e­
las primarias, son el címíentode esta nueva solid~ad.Este
es el contexto en el cual se forja la identidad nacional, la
imagen en la cual se autorreconocen los miembros de una
misma "comunidad". Pero hay que entender bien. Se trata
de una "comunidad de destino", como nos recuerda Otto
Bauer, yno de un carácter". Pero como el destino es siem-r;re
susceptiblede interpretación por las diversas fuerzas SOCIales y políticas que se enfrentan, la dirección hacia ~ cual se
dirige la nación es siempre objeto de c?ntrov~s~ (Bauer
defiende un futuro socialista para los paIseS capitalistas).
El debate sobre la identidad se encuentra, pues, permanentemente penetrado por Intereses conflictiV?s. Es ilu~o .
imaginar la memoria nacional como el espacio ontoló~o
de una identidad unívoca. En verdad, es una construcción
cultural e ideológica, una selección, un ordenamiento de d~­
terminados recuerdos. Renan piensa que los sucesos más
dolorosos de la historia de un pueblo deberían ser olvidados, ya que, de lo contrario, su crudeza alim~~ la fragmentación al minar los lazos que unen los individuos al
24 Hobsbawm, E., "A recae como novidade: da revelucéc ao liberalismo", enNQ{'ÓeS e nacionalismos desde 1780,Río de janeíro, paz e T~a,
1991. Sobre la constitución de Gran 8retafu1, véase Colley, L., Britons:
ForgingtheNation.l7a7-1837, NewHaven, y~ University ~ 1992:
AS Véase Bauer, O., La CU€Sfión de las ~ Y la socitzldemocnri,
México, Siglo XXI, 1979.
S4
todo nacional26• lbda memoria es una lectura del pesado.
Por eso, en su elaboración, los intelectuales desempeñan un
papel preponderante (argumento válido también para los
movimientos étnicos y de género; la primera cosa que hacen
los intelectuales negros y las feministas, al afirmar sus identidades, es reescribir el pasado, esto es, constituir una memoria específica, expresión de sus luchas y sus intereses).
Los intelectuales actúan como mediadores simbólicos al establecer un nexo entre el pasado y el presente. Existe así, la
legitimadón de esta o aquella visión, de este o aquel destino.
La memoria nacional es un terreno de disputas, en el que se
baten las diversas concepciones que habitan la sociedad.
Pero la nación es más que una novedad histórica. Constituye un tipo enteramente nuevo de organización social.
Ernest Gellner tiene el mérito de haberlo comprendido en
toda su radicalidad 27• Parte de la distinción entre sociedades
agrarias y sociedades industriales. Las primeras se caracterizan por estar marcadas por una rigida segmentación: son
sociedades estamentales. La éhte, constituida por militares,
administradores y clérigos, se encuentra separada porun abismo de los otros estratos sociales -comeroantes, artesanos y
campesinos-. La función del Estado es, fundamentalmente,
la manufactura de la paz Yla recaudación de impuestos. En
el plano cultural se da, de forma homóloga, la misma situación. La élite vive en un círculo cultural prácticamente
aislado del resto de la población (por eso, la escritura está
restringida a determinados medios de la clase dirigente). Por
otro lado, los grupos subalternos, arraigados en el espado
local, debido a su heterogeneidad étnica, religiosa y lingüística, se encierran en la espedñcídad de sus costumbres, cada
uno con su dinámica propia. La sociedad industrial rompe
con esas fronteras. A causa de la complejidad de la división
del trabajo, los individuos deben circular constantemente,
26 Renan, B., Que'st-cequ'une nation?, París, Press Pocket, 1992.
27 Cellner, E., Naciones ynocionalismo, México, Alianza, 1991.
ss
OTRO TERRITORIO
lo que deja poco margen para la existencia de mundos segmentados. Se trata de una sociedad en la cual la movilidad
es un factor determinante. Por eso, la cultura no puede reproducir más los patrones conocidos hasta entonces. Debe,
obligatoriamente, tener un grado mayor de integración, capaz de comprender al conjunto de los miembros de esta
sociedad. La nación cumple este papel; representa esta
totalidad que trasciende a los individuos, los grupos y las
c1ases sociales.
Nación e industrialismo son por 10tanto fenómenos convergentes. A efecto de nuestra discusión, lo formu1aria de la
siguiente manera: la nación se realiza históricamente a través de la modernidad. De este modo puedo vincular la problemática nacional con una cuesti6n más abarcadora: la de
la diluci6n de las fronteras, un tema intrínseco de la modernidad. Para comprenderlo, creo que es interesante la noción
de "desencaje" propuesta por Giddens"'. En verdad, el advenimiento de la modernidad hace que las relaciones sociales no se aferren más al contexto local de interaoción. Todo
sucede como si en las sociedades pasadas espacio y üempo
estuvieran contenidos por el entorno físico. La modernidad
rompe esta oonlinnidad, desplazando las relaciones sociales
a un territorio más amplio. El espacio, debido almovimiento
de circulación de personas, mercancías, referentes simbóli0051 ideas, se encuentra dilatado. El proceso de construcd.6n
nacional ilustra bien esta dinámica.
La idea de nación implica que los individuos dejen de
considerar sus regiones como base territorial de sus aedoRes. Presupone el desdoblamiento del horizonte geográfico,
al retirar a las personas de sus localidades para recuperarlas
como ciudadanos. La nación las "desencaja" de sus particularidades, de su provincianismo, y las integra como parte de
una misma sociedad. Los hombres, que vivían la experien28 V&!Ie Giddens,. A.,As am8elj'1I2ncias da ~ San Pablo,Unesp,
1991.
se
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
cia de sus "lugares", inmersos en la dimensión delliempo y
el espacio regionales, son así referidos a otra totalidad. Un
ejemplosugeslivodeesta transformación eselsurgimiento de
un sistema moderno de comunicación. Antes de su emergencia, los paises estaban compuestos por elementos des-conectados entre sí; una región no "hablaba" con otra, y
difícilmente lo hada con su propia capital. La red de comunicaciones (vías férreas, carreteras, transporte urbano, telégrafo, diarios), que en algunos paises es fruto del siglo XIX,
arliculará, por primera vez, este entramado de punlos, ligándolos entre sí. La parte se encuentra así integrada al todo. El
espado local se desterrltorializa, y adquiere otro significado.
Sin embargo, este movimiento no se realiza sin tensiones.
Todo lo contrarío. No debemos olvidar que la modernidad
se fundamenta en el principio de la individualidad ~ es
su rasgo distintivo en relación con otras culturas-29. Sodológícamente, esto significa la ruptura de los vínculos estamentales, que deja al individuo "libre", "suelto", para circular
según su voluntad, su conciencia (o, mejor, de acuerdo ron
las posibilidades inscritas en su posición y condición de
ciase). Idealmente, él escogería su propio destino. Ahora bien,
una instancia que le es superior busca imputarle una voluntad colectiva. En este sentido, el individuo debe expresarse ,
como ciudadano de una naci6n. Su volición es refutada por
algo que lo trasciende. Esta contradicdón está en la raíz del
debate entre holismo e individualismo, tan caro a las sociedades modernas, debate que podríamos condensar a través
de algunas ideas de 'Ilinnies"'. Yodiría, de manera aforística:
la nación es una "sociedad" que se \magma como siendo
una "comunidad". Sabemos que para 'llinnies la "comunidad" es un tipo especifico de formadón social. En eñe, las
relaciones sociales están ..encajadas" en un espacio determinado, y los individuos comparten, en gran medida, el mis29 Véase Oumont, L., Essais L'individualism, París, Seuil, 19&3.
30 T6nnies, F., Commurulitée société, París, PUF, 1rn7.
S7
OTRO TERRITORIO
MODERNIDAD-MUNOO E IDENTIDAD
mo mundo. Las relaciones de parentesco, vecindario, amistad, en fin, la vida personal, se encuentran articuladas a dominios más amplios, político, económico y religioso. 'Iodos
comparten la misma conciencia colectiva.
El advenimiento de la "sociedad" rompe con esos lazos
de solidaridad y afectividad. La nación pretende recuperarlos como un bien de "todos". De alú la insistencia en hablar
de "comunidad nacional". Ésta es, no obstante, una intencíen frustrada. Algo Irrealizable frente a la transformación
radical de la sociedad. Denota una realidad que perdió sustancialidad y que sólo puede existir como un ideal. Este
desacuerdo permite un conjunto de lecturas posibles de su
•esencia" (para hablar como los filósofos). La modernidad,
al mismo tiempo que se encama en la nación, trae con ella
los gérmenes de su propia negación. La identidad nacional
se encuentra, de esta forma, en desacuerdo con el propio
movimiento que "la engendra. Es el resultado de un doble
movimiento, la desterntoríeííeecíén de los hombres y su reterritorialización en el ámbito de otra dimensión. Su existencia es, por lo tanto, "precaria", y debe ser reelaborada
constantemente por las fuerzas sociales. Lejos de ser algo
acabado, definitivo, la identidad nacional exige un esfuerzo
permanente de reconstrucción.
Durante el largo siglo J(])(, y el corto siglo xx, la nación
conoce su pujanza". El Estado-nación la encarna en todos
sus atributos, En los países que solemos llamar centrales, se
fortalece al punto de inaugurar una nueva era, la del imperialismo. Algunos de ellos -Estados Unidos, Franáa, Japón,
Alemania, Inglaterra- imponen su posición prevaleáente en
el contexto mundial La producción de mercancía, los bancos y el capital financiero se concentran en monopolios cuyas
bases son inequívocamente nacionales. El poderío militar
acompaña la misma tendencia. El mundo se encuentra re-
partido de acuerdo con el interés de las grandes potencias".
Evidentemente, es otra la situación en el "Tercer Mundo".
Allí, la herenáa tradicional, las trabas políticas y económicas,
así como la estructura de poder del sistema intemacional,
impiden que se reproduzca el mismo ritmo de desarrollo.
Sin embargo, la subalternidad de los países que lo componen, no implica la negación de los principios nacionales. Al
contrario, ellos se refuerzan en su lucha contra el subdesarrollo y en el enfrentamiento con los imperialismos. En África, la descolonizadón se hace en nombre de la autonomía de
los pueblos, y la nación traduce el deseo de independencia
y libertad. 1lunbién en América Latina la cuestión nacional
es una preocupación constante. Es el centro de las poüticas
y los proyectos desarrollistas, en el combate contra el atraso
tecnológico.
El destino de las nariones es diverso. Complementario o antagónico, dominante o dominado. Pero cada nación se configura a partir de un núcleo de irradiación. La naáón deline
un espacio geográfico en cuyo interior se realizan las aspiracienes poñticas y los proyectos personales. En este sentido,
el Estado-nación no es sólo una entidad político-administrativa, es una instancia de producción de sentido. La
identidad galvaniza las inquietudes que se expresan en su
territorialidad. Por cíerto, su afirmación no ocurre sin problemas. Finalmente, la sociedad moderna está dividida por
el antagonismo de clases. Porotro lado, para constituirse como
tal, la nación debe pacificar los intereses de grupos diversificados -las nacionalidades, los pueblos indígenas, las
poblaciones de origen negro en los p,.rses con pasado esclavista-o Incluso la lengua, uno de sus elementos unificadores,
tiene que conquistar su legitimidad, esto es, demarcar su
autoridad ante el pluralismo liogüístico y los dialectos locales. Entre tanto, durante un período relativamente largo, el
31 Véase Hobsbawm, E., Em dos extremos: o.bmJeséculo xx, San Pablo,
Companhia das Letras, 1995.
32 Véase Lenín, V. l., El imperialismo, fase superior del capitllúsmo, Mé;lóL'Io,
Roca,I974.
sa
59
OTRO TERRITORIO
Estado-nación obtiene una solución del conjunto de esas
dificultades. Frente a otras orientaciones alternativas,
la identidad nacional se afirma cumo hegemónica. Yo diría,
utilizando una expresión de Weber, que el referente nación
posee el monopolio de la definición de sentido. Es el principio dominaote de la orientación de las pnlcticas sociales. Las
otras identidades posibles, o mejot; los referentes utilizados
en su construcción, están sometidos a él
Sin embargo, esta situación prevalece mientras las contradicciones existentes permanecen en las fronteras del Estado-nación. Es necesario retomar, en este punto, el tema de
la modernidad. Vunos que, históricamente, la modernidad
se realiza a través de la nación. Pero hay que subrayar, su
dinámica es distinta. La desterritorialización proporcionada por la nación es parcial, favorece la movilidad de
las cosas sólo en el horizonte de su geografía. La modernidad requiere un desarraigo más profundo. En el momento
en que se radicaliza, acelerando las fuerzas de deseentramiento e individuación, los límites anteriores se toman
exiguos. La "unidad moral, mental y cultural" sufre una
implosión. Si entendemos la globa1ización, no como un proceso exterior, ajeno a la vida nacional, sino como la expansión de la modernidad-mundo, tenemos nuevos elementos
de reflexión. Las contradicciones, inauguradas por la sociedad industrial y que atravesaban los espacios nacionales,
cobran ahora otra dimensión. Rebosa el plano mundial. En
este contexto, la identidad nacional pierde su posición privilegiada de fuente productora de sentido. Emergen otros
referentes, que cuestionan su legitimidad. En el mundo
de la "posmodemldad" -de la modernidad radicalizada-,
su multiplicidad subvierte la jerarquía reconocida hasta entonces.
,
Este fenómeno no se restringe a los países periféricos,
donde la realización histórica de la nación siempre fue incompleta. Por cierto, hay una correlación inversamente proporcional entre el avance de esta modernidad-mundo y la
vitalidad de las naciones. En países como la India, donde
60
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
cohabitan grupos etnolingiilsticos diversificados, el inglés,
lengua mundial, llega a competir con el idioma nacional.
'Iambíén en países como Perú y Bolivia, con fuerte presencia
de pohJación de origen indígeoa, y en los cuales la integracíon de hecho nunca ocurrió, la conciencia nacional es más
débil. Nos encontramos, no obstante, frente a una tendencia
que transforma la base de las formaciones sociales. La nación es alcanzada en su centralidad, en su médula Un ejemplo: el caso del multiculturalismo norteamericano. Podemos
interpretarlo de varias formas. La afirmación dellocaüsmo
en contraposición al universalismo o, desde una posición
más positiva, el reconocimiento de las minorías en el plano
de la política de las dííerencíes".
Esto ilustra bien el descentramiento al cual me estoy refiriendo. Oto un pasaje de Schlesínger; de su lihro The Disuniting America -d Iitulo en sl mismo ya es sugestivo-: "(Según
el multiculturalismo], América, al contrario de una nación
transformadora, con una identidad propia, es vista preservadora de las identidades extranjeras. En lugar de una nación compuesta. por individuos que hacen sus elecciones sin
trabas, América se ve, cada vez más, como una composición
de grupos, más o menos irradicables en su carácter étnico. El
dogma multíétnicc abandona el propósito de la historia,
sustituyendo la asimilación~r la fragmentación, la integración por el seperetísmo" . Y luego añade: "¿resistirá el
centro?".
Nos encontramos en el polo opuesto al de la proposición
de Mauss. El todo se encuentra hecho trizas; el centro, amenazado por la desunión. No es el juicio de valor, implícito en
el diagnóstico de Schlesinger -la bñsqueda de la organicidad perdida de la naci6n-, 10que me parece más interesante, sino el retrato de un pueblo que, en el pasado reciente,
33 Véase, por ejemplo, Tay1or, C., MJd1iculturalism and tlle PolitU:s of Recognition, Princeton, Princeton University Press, 1992.
34 Schlesínger [r., A. M., TIte Disuniting Amerial, Nueva York. W. w.
Norton and Company, 1992, pp. 16-17.
61
OTRO TERRITORIO
poseía una alta estima de sí mismo. No revela sólo la cara de
un único país. Se trata de una condición del mundo contemporáneo. Esto no significa que la sociedad se descompone,
los países continúan funcionando en todos sus niveles. Thmpoco que el Estado-nación se diluye en el enfrentamiento de
esos vectores identilarios.1\!ro cambió el contexto. En el seno
de la sociedad moderna, industrial o pos-industrial, surge
un espectro de referentes que se atraviesan, se chocan, se
acomodan, organizando la vida de los hombres.
Pensar la gIobaIizadón en términos de modemidad-mundo nos permite, además, evitar algunos tropiezos. Así como
no tiene sentido hablar de "cultura global", también sería
insensato buscar una "identidad global". Debemos entender que la modernidad-mundo, al impulsar el movimiento
de desterritorializaci6n hacia afuera de las fronteras. nacionales, acelera las condiciones de movilidad y"desencaje". El
proceso de mundíalízacíén de la cultura engendra, por lo
tanto, nuevos referentes indentitarios. Un ejemplo: la juventud. En las sociedades contemporáneas, la conducta de
un estrato particular de jóvenes sólo puede ser entendida al
situarla en el horizonte de la mundiaJización. T-shirts, zapatillas, jeans, ídolos de rock, surf, son referencias desterritoríalízadas que forman parte de un léxico, de una memoria
juvenil internacional-popular. Adorada ritualmente en los
grandes recitales de música pop (efervescencia del potlach
juvenil), en los programas de la MfV, en las revistas de historietas esta memoria fusiona un segmento de edad (y de
clases), aproximando personas a pesar de su nacionalidad y
etnias. La complicidad, la "unidad morar de esos jóvenes,
está tejida en el cfrculo de las estructuras mundiales. Para
construir sus identidades, ellos eligen símbolos Ysignos, decantados por el proceso de gíobaüsacíon, De esta forma, se
identifican entre sí, y se diferencian del universo adulto.
Otro ejemplo: el consumo. No debemos considerarlo apenas como un dominio de mercancías, un lugar de intercambio. Thmbién es un tipo de ética, un modo de conducta. Los
que participan de él están envueltos por valores y perspec62
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
tivas afines. Ocurre que la sociedad global va a promoverlos
en escala mundial. Estrellas de cine, ídolos de televisión
(hoy proyectados mundialmente por la 1V por cable y los
satélites), marcas de productos, son más que objetos. Se trata de referencias de vida Los viajes de turismo, las visitas' a
Disney World,las vacaciones en el Caribe, la concurrencia a
los shopping-eenters, los paseos por las calles comerciales,
forman parte de un mismo imaginario colectivo. Grupos de
dases medías mnndializadas pueden, así aproximarse, romunicarse entre sí. Comparten los mismos gustos, las -iñismas inclinaciones, circulan en un espacio de expectativas
comunes. En este sentido, el mercado, las transnadonales y
los mase-medía son instancias de legitimación cultural, espacios de definición de normas y de orientación de la conducta.
Su autoridad modela las disposiciones estéticas y las .maneras de ser. Así como la escuela y el Estado se constituyeon
en actores privilegiados en la construed6n de la identidad
nacional, también las agencias que actt1an en el nivel mundial favorecen la elaboración de identidades desterritoria!izadas. Como los intelectuales, son mediadores simbólicos.
Integración. territorialidad, centralidad. Difícilmente esas
premisas puedan ser reproducidas del modo en que fueron
postuladas anteriormente. A partir de la g1obalización, la
propia noción de espacio se transforma. El núcleo de cada
cultura, esto es, el referente para la construcción de la identidad, pierde centralidad. De ahí proviene la sensación de
crisis que atraviesa el debate contemporáneo. Las fronteras de
la nación no pueden contener más los movimientos identitarios que existen en su seno. Los discursos eculógico Yétnico son un testimonio de esto. tJn ejemplo, las prácticas
musicales que expresan la conciencia negra. ÁfriCa-BahíaCarfbe forman un universo, que se sustenta en la condición
de subaltemidad de los negros en las sociedades actuales y
en elludismo de las generaciones descendientes de esclavos. Se construye así un circuito, un conjunto de símbolos,
que unifica grupos y conciencias separados por las distancias Ylas nacionalidades.
63
OTRO TERRITORIO
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
A primera vista, ciertas identidades son fortalecidas con
el debilitamiento de los límites nacionales. En los países
donde compiten una variedad de lenguas, el idioma "bajo",
esto es, subalterno, se vivifica ante la relativización de la lengua nacional. Del mismo modo, ciertas identidades "locales", sofocadas por la ~ecesidad de la cohesión nacional,
cobran nuevo aliento. Este es, a menudo, el caso de las culturas populares en América Latina. Mal asumidas, cuando
no rechazadas, por los proyectos nacionales, marginalizadas, encuentran en el movimiento de la globalización un
contrapunto para afirmarse. Pero, no hay que olvidarlo,
tampooo poseen el monopolio de la delinición de sentido.
Retomo el ejemplo de los Estados Unidos, visto ahora desde
la perspectiva de los movimientos negros. Comel West considera que, durante un largo período de la historia americana, los negros lograron equiparse con una "armadura
cultural" que les permitió rechazar el mundo de los blancos.
A! vivir al margen de la vida social Y política, fueron capaces
de erigir defensas, estructuras culturales propias, arraigadas
en sus comunidades: instituciones religiosas, redes familiares, asociaciones colectivas. Sin embargo, la sociedad americana se transformó al punto de poner en riesgo esos nichos
culturales. ¿Qué sucedió? La respuesta de Westes sugestiva:
todos los otros; así, sacan de circulación los valores transmitidos por las generaciones pasadas"3S.
"La reciente fragmentación, en función del mercado, de la
sociedad civil negra -familias, escuelas, iglesias, mezquitasdeja, cada vez más, a un número mayor de negros vulnerables frente a una vida dominada por un débil sentido de
id~tidad y una débil protección de principios y lazos que
amparen su existencia [...] ¿Pero por qué ocurre esta fragmentación de la sociedad civil negra? Las1nstituciones de
mercado de las empresas contribuyeron mucho en ese sentido l...] Esas instituciones contribuyeron para la creación de
un modo de vida seductcn una cultura de consumo que se
aprovecha de toda ycualqWeroportunidad peraganardinero
[..•] Bsas imágenes seductoras contribuyen al predominio del
modo de vida inspirado por el mercado, en detrimento de
.
El consumo, percibido por el autor como algo exclusivamente americano, pero que en el fondo es una de las caras
de la mundíalíeacón de la cultura, surge como un referente .
contrastante en relación con la solidaridad étnica La identidad negra, como la nación, se encuentra así "amenazada",
esto es, contrapuesta a otras tendencias, que la atraviesan y
la redefinen.
Creo que podríamos comprender nuestra problemática
usando dos conceptos propuestos por Michel de Certau.
Este autor denomina 11estrategia" al cálculo de las relaciones
de fuerza que se toma posible a partir de un sujeto (empresario, propietario, institución científica, etc.), que se encuentra aislado en un espado. Esto significa que toda estrategia
se vincula con una base territorial a partir de la cual se realiza una gestión, que pesa y evalúa el movimiento de los otros
-edversarío, competidores o clientes-. Existe, así, una distanda entre el sujeto (institución) que aplica la estrategia y
el objetivo a ser alcanzado. A! concepto de estrategia, De Certau contrapone el de "táctica", la cual sería "un cálculo que
no puede contar con un lugar propio, ni con una frontera
que distinga al otro como una tola1idad visible. La táctica
posee como lugar el lugar del otro. Allí se insinúa, fragmentariamente, sin poder aprehenderlo por entero, sin poder
situarse a la distancia,,36.
El problema que le interesa directamente a De Certau no
es la cuestión de la identidad, sino el de la cultura popular;
el modo en que el usuario de un producto actúa en fol'J!Y!
diferente del empresario, que lo coloca en el mercado, El
vendedor actúa según un cálculo estratégico, en función de
un determinado objetivo; el consumidor reacciona ante un
35 West, e, Questio de 1JI9l' San Pablo, Companhia das Letras, 1994. pp.
32-33.
36 De Certau, M., L'imJention tW quotidien., París, 1M.8, 1980, p. 21.
..
OTRO TERRITORIO
MODERNIDAD-MUNDO E IDENTIDAD
hecho consumado, su acción no puede ser abarcadora, es
localizada. El juego de las identidades tiene algo semejante.
Cada una de ellas debe "negocíarr Iretcmo una idea de Néstor Garcia Candíní)" su existencia en el contexto de un terreno ya delimitado. Por ejemplo: las culturas populares en
América Latina están atravesadas por las realidades nacionales y mundial. Su afirmación se encuentra tensionada
por diversas líneas de fuerza. "Negociar", esto es, delimitar
simbólicamente un territorio, es tomar en consideración
la multiplicidad de los actores en competencia. Entre tanto,
las identidades operan a partir de posidonamientosdistintos. Algunas de ellas tienen una influencia mayor, porque se
vinculan con instituciones cuyas "estrategias" las impelen
sobre el territorio"de los otros". Éste es el caso de las identidades nacionales, o desterritorializadas: atraviesan la
diversidad de los "lugares". Otras, sin embargo, deben conformarse con la "táctica", es decir, deben actuar sometidas a
la presión constante de sus "oponentes". Se trata, por lo tanto, de un juego desigual
La modernidad-mundo pone a disposición de las colectividades un conjunto de referentes -algunos antiguos, la
etnicidad,lo local, lo regional; otros recientes, resultantes de
la mundialización de la cultura-. Cada grupo social, en la
elaboración de sus identidades colectivas, se apropiará de
ellos de manera diferenciada. Esto no significa que vivimos
en un Estado "democrático", en el cual la elección es un derecho de todos. Traducir el panorama sociológico en términos
políticos es engañoso. La sociedad global,lejos de incentivar
la igualdad de ias identidades, está surcada por una jerarquía, clara e impiadosa. No se trata de quelas diferencias se
fundan en sustratos ontológicos, "radológícos" o de carácter
-el negro es "inferior" al blanco; la mujer. 'subalterna" al
hombre; la nación, un "anacronísmo" ultrapasado por la
globalización-. Este tipo de argumentación es inadecuada:. reafirma los ~eco~ceptos y la incapacidad de pensar
críticamente. Las Identidades son diferentes, y desiguales
porque 5Us~ces, las instancias que las construyen, ~
frutan de distintas .posiciones de poder y legitimidad.
Concretamente, las Identidades se expresan en un campo
de l~~ y conflictos en el que prevalecen las líneas de fuerza disenadas por la lógica de la máquina de la sociedad.
37 Garda Cendíní, N., ..¿Negociad6n de la identidad en las clases popu~
lares?", en Consumidores y ciwltuIanos, México,. GrijaIbo, 1995.
66
67
CULTURA, COMUNICACiÓN Y IIASA·
En la conclusión de su libro Cultura y sociedad, Raymond WilIiams hace la siguiente observación: 'Masa fue una palabra
usada para sustituir multitud. De hecho, no hay masas; existen apenas maneras de ver a las personas como mesas". Su
prcposjcíén deriva, evidentemente, de un análisis anterior,
en el cual considera el modo en que el término está penetrado por mandatos ideológicos. Nacido en el campo político
conservador, se aplica sobre todo, en el siglo XIX, a las agiomeradones urbanas, al designar las clases peligrosas, cuya
exclusión de la sociedad industrial es manifiesta. En verdad,
Williams expresa una reticencia compartida por varios intelectuales respecto de la idea de 'cultura de masas' -noción
hfbrida, imprecisa, forjada :redentemente en el dominio de
las ciencias socíaíes-iCeeo que tiene razón en sus críticas.
Analíticamente, es difícil concebir una sociedad en términos
de masa. Entre tanto, aun cuando se parta de esta certeza,
queda la pregunta: ipor qué un conceplo lnconsisIente goza
de una vida y una credibilidad tan largas? ¿Por razones exclusivamente ideológicas? ¿Debido a un equívoco teórico de
aquellos que 10 usan? Pienso que no. Los conceptos nunca
son puros, están marcados por la historicidad que se suma
a su existencia categorial Por eso es importante la reflexión
acerca de su génesis y su implicaciónes. Permite aclarar un
conjunto de significados implíd.tos en su interior, y nos ayuda a entender ciertas cuestiones aún presentes en el debate
contemporáneo.
El término cultura de masa es nuevo, surge en los Estados Unidos, probablemente entre el final de la década del
.. Traducción: Ada SoIari
1 WiIIiams, R, Cullureand society, Nueva YOI'k,. Columbia Universi.ty Press,
1983, p. 297.
2 Sobre este aspecto, véase Cohn, G" Sociología da cormmiaipio= tevrill e
ideologio, San Pablo, Livraria Pioneira, 19'73.
(691
OTRO TERRITORIO
treinta y la terminación de la Segunda Gu~~a Mundial;
Digo probablemente, pues la literatura especializada prestó
poca atención al hecho. No obstante, sabemos que como.las
palabrasson vitales y capciosas, nombran objetos, pero también
revelan el estado de ánimo de aquellos que las emplean. SI
consultamos un manual de sociología de la época, Ogbum
y Nimkoff (1940), veremos que la noción no es a~ utilizada'. Hay, por cierto, una sección referida a la multitud yel
público, asunto debatido entre los americanos, desde la.escuela de Chieago. 'Iambién la ignora Adorno en sus e~tos
sobre música popular, fruto de las investigaciones en eqwpo
con Lazarsfeld (1933-1941)'. Ahora bien, en Dialéctica del
iluminismo, publicado en 1944, el panorama es otro. En la
década del cuarenta, las denominaciones "comunicación de
masa", "medios masivos" y "cultura de masa" se tomaron
de uso corriente. Este es el momento en el que se desarrollan
las investigaciones sobre comunicación, que inten~ c.omprender el impacto de los mensajes junto a las audienaas y
el público'.
El hecho de que esos estudios florecieran en los Estados
Unidos es sintomático. Mientras que los países más industrializados de Europa se encontraban movilizados por la
guerra, en los Estados Unidos el debate intelectual tenía
como referencia otra realidad: los filmes de Hollywood, el
stm-system, la radio, con desdoblamiento político (elección
de Roosevelt), pero también cuIturaIes (soap<>pe7Il, programas
Ogbum, W. F. y N _ M F.• S<ridogy, _ _ The RNenOde Press,
Cambridge, 1940.
4 En este períodoAdornoescribe"On Popular Music'" Yalgunasreseñas "American Jazz Music"', "'Jau Hot and Hybrid"', publicadas en
Studws in PhiIosophy and Social Scienas, No. t, 1941; "'The Radio Simpbony", en LazarsfeId, P. y Stanton, F.; RiuIiD~, Nueva York,
DueD Sloan and Peerce, l~ "O ret:ichismo:na m6sica e a regressáo
da awH<ao", pubHcado ong;naImenteen_Zeil.mriftfut SaUsljrJrsdumg, año 7, 1938.
5 Véase De MoragasSpA, TIf!Ilrirs M 14 cormmiaIcióts, Batte1ona, Gustavo
3
GiIi, 1981.
70
CULTURA, COMUNICACiÓN y MASA
de auditorio), la poblicidad, etc. Pujanza que llevará a muchos autores, americanos y extranjeros, a identificar equivocadamente "cultura de masa" y amerkanísmc'; La verdad es
que los Estados Unidos conocen, antes que otros paises,la "revoluci6n" tecnol6gica-conumicacional, así como sus implicadones en el dominio cultural. La sociedad americana expresa
un momento de radicalización de la modernidad, aún inconsistente dentro de los estándares europeos o latinoamericanos.
Pero, antes de entender; la especificidad de esla sociedad
de "masas", es necesario retomar al pasado, poes el concepto
tiene un antecesor ilustre: la multitud. A partir de la revolución industrial, y de las transformaciones políticas ocurridas
durante el siglo XIX, las ciudades europeas sufren un crecimiento sin precedentes. Tanto en las capitales (Londres o
París), como en las cíudades-fábncas, circula un número cada
vez mayor de personas. Mendigos, trabajadores, marginales,
prostitutas, inmigrantes y obreros, componen esta "multitud". El pensamiento burgués los percibe como una amenaza, un foco permanente de disturbio. Como acertadamente
observa Louis Chevalier, esas clases peligrosas son vistas
como integradas por "bárbaros", "salvajes", grupos enteramente al margen dela civílizaci6n'. El alcohnlismo,la criminalidad, las enfermedades epidémicas, en suma, el desorden,
serían sus atributos esenciales. Esta visión, etnocéntrica y
6 En la introducri6n de un compendio universitario, Bernard Rosemberg, un crftico despiadado de la "'masificadón'", tiene necesidad de
refutar el argumento -"América is responsible formass celture"- presenteen el debate.VéaseRosemberg. B.YWhite, O. M. {comps.),MIlss
Culture: tire PopulaT Arls in.Ammaz, Nueva York, The Free Press, 1955.
A\Ul así, ese tipo de concepción prevalece entre algunos autores. J.
TunstaD escribe, en los años setenta. que los mass-media revelarian el
..ea.táde:t" ontológicodel Seramericano. Véase The MediIl trreAmeriam.
Nueva York. 0Jlumbiá Univenity Presa, 1m.
"chula......,....,.,
7 Chevalieo-, L, a.- ~
p_~,
1984. Un trabajo esped6co sobre el tema en CIlesti6n es el de Susanna
Barrows, Miroirs dijornuznts: réfIexions sur 111 frnde en Fnmt:I!' i 111 fin du.
X1Xe sikIe, Paris, Aubier, 1990.
7t
CULTURA. COMUNICACiÓN Y MASA
OTRO TERRITORIO
prejuíciosa, se desdobla en el plano político, pues el siglo
XIX europeo asiste, también, a las luchas de clase, las reivindicaciones de las asociaciones de trabajadores} los conflictos poíüícos. Multitud se aplica, por lo tanto, a la clase
proletaria emergente, a sus exigencias de participación política y ciudadana. Considerada como un agrupamiento
irracional, atávico, guiado por la exacerbaci6n de los sentimientos, encarnaría la negación de los principios democrétícos y la hbertad humana. Por eso, Gustave Le Bon
caracteriza la "era de las multitudes" como el momento del
•ascenso de las clases popoIares a la vida poIitica E! peligro
se toma entonces inminente. Las reivindicaciones obreras
-reducción de la jornada de trabajo, distnbución igualitaria
de 1", productos, sufragio universal- pasan a ser vistas como
una usurpación, la señal manifiesta de la decadencia civilizatoria.
Pero esta concepción no se circunscribe al campo de la
politica. En gran parte, atraviesa todo el debate cultural. Dos
ejemplos: la condena de la novela-folletín por parte de los
criticos literarios y la polémica acerca del estatuto artístico
de la fotografía. Cito a Sainte-Beuve cuando, en 1839, frente
a las transformaciones del mercado editorial} hace un balance de la literatura francesa:
H
' .
"Este campo libre, que hasta hoy era la honra de Francia,
zqué se hizo de él? Sin duda, su condidón de ser común y
abierto a todos, en cada época, lo hizo presa del acoso de los
espíritus. Diferentes formas del mal gusto, de modas heteróclitas, de escuelas vocingleras pasaron por alli. En una palabra, este campo estuvo siempreinfestado por bandos; pero
nunca llegó aserinvadido, explotado, reclamado como justa
propiedad, por un bando tan numeroso, tan disparatado y
casi organizado, como vemos hoy. Es necesario resignarse
a los nuevos hábitos, a la invasión de la democracia literaria,
como al advenimiento de todas lasotrasdemocracias. Cada
8 Le Bon, G., Psirologia das multidOes, DeIraux, 199J.
72
vez menos. escribir e imprimir será un rasgo de distinción.
Con nuestros modos electorales, industriales, todo el mun.
do tendrá, una vez en la vida. su página, su discurso, SIl&
prospectos, su celebración, será autoJ:. De alú a hacer un folIetln, sólo hay un poso".
E! tono es semejante entre los pintores Y críticos de arte;
eííos le niegan a la fotografía cualquier cualidad estética. ~
el asedio de esta nueva técnica, algunos gritan: 'Con la civilización penetra, en todos los lugares, esta lepra en las artes,
esta decadencia infalible que se llama el Abaratamiento.
Propia o impropiamente dicho, no hay más límites, más visas} más obstáculos a la entrada en la carrera de las artes; por
lo tanto, no hay más fronteras contra la invasi6n de la mediocridad, contra el trueque de influencia perjudicial entre
el comprador y el comprado, corrupdón general y profonda del gusto público'''.
Los términos del rechazo son idéntiros: la invasión del
mal gusto por Iamediocridad de las masas.1'ero es necesario
que quede claro. No se trata apenas de una ecuación polltico-ideológicall . Durante el siglo XIX se dan, simulténeamente, la emergencia y la consolidación de esferas culturales
distintas y antagónicas. Una, de "bienes restringidos' (recurro a Bourdieu); otra, de "bienes ampliados"'. Cada una tiene
su lógica propia El universo artístico es autónomo, posee
reglas especificas, formas, y modalidades de consagración
de sus pares. La esfera de bienes ampliados está regida por
otros criterios. En ella, las preocupaciones estéticas deben
adaptarse a las imposiciones técnicas, industriales y comerSaínte-Beuve, Ch.-A de, "De la Iittérature industrielle", en ~ des
Deux MonJes, septiembre de 1839, pp. 679-681.
10 Péríer, P., "Expositions universeDes: photographes~.en RouilIé, A, LA photographie enFmnce: textt!tlel rorwerses ·une tmtIrologW, 18161871, Paris, Macula, pp. 21~217_
11 Sobre el foBetfn Y la fotograffa, véase Qrtiz, R., "Cultura e mercado",
en Culfurrze morlemidtuk: a l'trJ1J9f no século XIX, San Pablo. BrasiHense,
1991.
9
73
OTRO TERRITORIO
ciales. 'llmto el foIietln, como la fotografía, al contrario de la
literatura y la pintura. se articula Inlimamente con el mercado. Elsiglo XIX 'inventa' al artista Jibre Yautónomo, al mismo tiempo que las fuerzas industriales redefinen la relación
de las técnicas con la cultura (surgimiento de una industria
editorial, de la gran prensa, de la producción mecánica de
imágenes -fotografía y, posteriormente, cine-).
El conflicto deriva, por lo tanto, de un movimiento interno de la sociedad. Ante el avance de la cultura de mercado,
el campo de la culturaerudita se encuentra tensionado. Las
cóticas son reactivas, intentan defender un territorio conquístado, está en cuestión el monopolio de la definición de
qué es el "verdadero" arte. En este senüdo.Ia contradicción
arte versus mercado se encuentraya contenida en la problemática de la multitud. Cuando, más tarde, esta discusión se
actualizaen los EstadosUnidos, lo que ocurre en verdad, es
la reedlcton, por cierto dentro de nuevos parámetros, de
algo anterioJ: Es suficiente tomar como referencia el debate
presidido por LazarsfeId, en 1959, organizado por el 'Iamiment-Institute y la revista Daedalusu. La polémica sobre cultura de masa y arte es la divisoria de aguas; galvaniza las
energías intelectuales de los participantes.
Entre tanto, aun cuando es posible seña1ar aIgonas contínuídades, se supone que el surgimiento de una nueva denominación trae consigo otros elementos. ¿En qué difiere la
multitud de la masa? Retomo a Gustave Le Bon, perono me
interesa ahora su postura ideológica, sino focalizar su com'ón analilica.
~_..'Para el sentido común, la palabra multitud ......_ un con-
prenst
juntode individuos independientemente de lasdrcunstan12
mdebate fue pubH<ado po<)acobI, N. Cultuno Jo< Millions7, Boetcn,
Beacon Press, 1964. En él participaron.. entre otros intelectuales, Hannah Arendt, Leo LowenthaJ, James Beldwin" Arthur Schlesinger jr.,
Daniel BeII. Bemard BereIson. Un comentario s1gnificativo sobreeste
encuentro es el de Friedmann, G.,"Culture pourlesmillionsr, en Ces
meroeilJeux instruments, París, Denoej, 19'79.
74
CULTURA, COMUNICACIÓN Y MASA
cías que los reúnen. Desde el punto de vista psicológico, la
palabra multitud tiene un sentido totalmente diferente. En
-....... cir<:unsIancias Y sólo en ésas, unagrupamlento
de individuos adquiere caracteres nuevos, bien diferentes de
los caracteres de cada uno de los individuos que lo componen. La personalidad consciente se desvanece y los elementos y las ideas de todas lasunidades se orientan en una
dirección única. Se forma un almacolectiva, sin duda transitoria, pero que muestra caracteres bien definidos"13.
Subrayo algunos puntos de esta definición. Primero, el
agrupamiento. Una multitud es una aglomeración de personas en un determinado lugar: Esto lleva a Ortega y Gasset
a iniciar La rebelión de las masas con una metáfora espada1:
"Las ciudades están llenas de gentes. Las casas, llenas de
inquilinos. Los hoteles, llenos de huéspedes. Los trenes, llenos de viajeros. Los cafés, llenos de consumidores. Las playas, llenas de bañistas. Lo que antes no solia ~,roblema
empieza a serlo casi de continuo: encontrar sítío .
La multitud posee, por lo tanto, una característica: la visibilidad. Expresa una concentración, un volumen localizado en un determinado espacio físico -durante el siglo XIX, el
imaginario conservador ve la calle como el lugar, por excelencia, de la 'irracionalidad', esto es, del movimiento contestatario de las masas--. Segundo, la multitud está compoesta
de elementos heterogéneos, ningún vinculo sociaJ más profundo une a sus integrantes. De ahí su carácterde transitoriedad. Una vez termina la excitación de las personas, el
agrupamiento se deshace. La multitud posee un 'alma rolectiva" porque sus miembros actúan en conjunto, pero es
incapaz de generaruna "concíencía colectiva"'. Los que participan de ella son desconocidos unos para los otros, nada
los aproxima, tradición, valores, 1azos familiares, ideología o
13 LeBon, G., op. cit., pp. 23-24.
14 Ortega Y Gasset, J.. LA rebelión de 1ss
dente, 1956, p. 50.
7S
mIISIlS,
Madrid, Revista de Ocd-
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
creencia. Tercero, la multitud presupone la dilución de las
individualidades. Propicia un comportamiento irracional y
emocionaL A ella se aplicarfan enteramente las leyes de imiladón de Gabriel 'Iarde. Entre el gesto inicial del "conductor
de multitudes" y su repetidón, casi automática, por los participantes de una aglomeración, no existe ninguna mediacíén de la contienda. Las particularidades de cada uno se
encuentran anuladas por la coerción del todo.
De forma distorsionada, este tipo de pensamiento prevaIeee en la explicación de una gama de fenómenos, en particular los de naturaleza política. Sin embargo, a fines del
siglo, algunos intelectuales ya habían percfbído ciertas insuficiencias. Un conjunto de hechos escapan a su alcance. Un
autor como 'Dude llega incluso a rever, quizá sería más correcto decir ampliar; algunas de sus ideas. Él afirma:
"Es necesario dejar de confundir la multitud con el público
[...J. En lassociedades animales inferiores, la asociación consiste sobre todo en la agregación material A medida que
subimos en los escalones del árbol de la vida, la relación
social se toma más espiritual. Ahora bien, la multitud, en
este sentido, tiene algo de animal. lNo es ella un haz de
contagios psíquicos, esencialmente producido por el contacto físico? Pero no todas las comunicaciones, de espfritu a
espíritu,. de alma a alma, tienen necesidad de una aproximación de los cuerpos. En nuestras civilizaciones, ron las corrientes de opiniones, esta condición se cumple cada vez
menos. No es en las aglomeraciones, ni en la plaza pública,
donde nacen y se desarrollan esas especies de ríos sociales
[...J. Es extraño, pero los hombres que se autosugestionan,
o, mejor; que transmiten unos a los otros las sugestiones
que están por encima, esos hombres no se tocan, no se ven
y no se escuchan. Están sentados, cada uno en su casa, leyendo el diario, y dispersos en un vasto territorio..15•
El pasaje es sugestivo. Para actuar en aintonfa, y colectivamente, ya no es necesario que los hombres se agrupen en
un sitio determinado. Los medios de comunicación, en este
caso el diario, redimensionan la reladón de proximidad-distanda. Por otro lado, la idea de opinión pública requiere una
"cohesión mental" (expresión de la época) entre los individuos, esto es, una mediación intelectual entre la fuenteem.isora del mensaje y el receptor, diseminado por un "vasto
territorio". La individualidad, negada en tanto parte de la
multitud, encuentra así un medio para expresarse. Entre
tanto, larde continúa aún preso de sus concepciones anteriores. El público es pensado en términos de sugestión,
contagio, de la misma forma en que se caracterizaba la reíadón entre "conductores" y"conducidos" en la multitud--el
público seria "una especte de multitud menos ciega". 'larde
considera al público como el resultado de una evolud6n natural, el grado espiritual más avanzado de un mismo fenómeno. En el fondo, su ambición era construir una teoría
general que comprendiese todos esos hechos.
En verdad, poco a poco, la problemática del público romienza a ser diferenciada del tema de la multitud. En el comienzo esos campos se confunden, pero sus caminos están
definitivamente trazados. En los Estados Unidos, los estudios de opinión pública se desplazan hacia una nueva dimensión: la comunicación. Cooley, uno de los pioneros de
la sociología americana, manifiesta, desde el inicio del siglo, un gran interés por la cuestión 6. Considera que las sodedades estarían conociendo una "nueva época", en la cual
los medios de comunicación redefinirían el propio sistema
social Espacio y tiempo comenzaban a ser superados por el
avance técnico, y la difusión de productos en gran escala
haciacreer que el acceso a la cultura se generalizaría, en breve, para "todos los hombres". Más allá de su visión excesiva-
15 Tarde, G., "La foule er le pubtic"", en L'opinion ella joule, París, PUF,
1969, p. 32 (edición original de 1898).
16 Véase Cooley C. H., SociIl1 OrgunirAJitm, Glencoe, TheFree PIes&, 1956
(la. edición, 19(2).
76
rr
la
I
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
mente optimista-marcada por derto democratismonorteamericano-, es importante comprender que nos encontramos ante nuevos argumentos. Pero en el momento en que
Cooley escribe, 1902, esa tendencia es aún limitada. La "revolución comunjcecíonal" se restringe a las técnicas y los
materiales escritos, principalmente la prensa.
En las décadas del veinte Y e! treinta e! movimiento se
acelera. A partir de la radio -que en los Estados Unidos se
toma definitivamente"masiva" y comercialen 1928--, el cine
industrial (estructuración de Hollywood, surgimiento del
cine habtado en 1930), las historietas Yla publicidad, la problemática adquiere otra dimensión. No se trata apenas de
comprender la naturaleza de las opiniones, el modo en que
los lectores son influidos por los diarios. Los medios de romunicaci6n pasana actuar de forma antes desconocida. Por
eso, diversos aulores se vuelcan hacia e! análisis de la dinámica de los medios y los comportamientos de "masa'. Éstos
denotan otro tipo de sociabilidad, en la cual los individuos
son separados de sus comunidades de origen e insertos
en un universo más amplio. Podríamos decir: la comunicación profundiza las condiciones de desIocalización de las
nización, en la cual las relaciones secundarlas (e! anonimato
de las grandes ciudades) se toman preponderantes. La estera de la comunicación emerge así, como un espacio de dísputa cultural y política. En ella son engendrados valores,
ideologías y creencias.
El último aspecto, la dilución de la individualidad, constituye un aspecto polémico. Los criticos piensan que el individuo se desvanece en su interior -Adorno considera la
cultura de masa como expresión de la "seudoindividualizadén" de los hombres-, Sin embargo, la corriente sociológica
mayoritaria toma otra direcrlón. Herbert Blumer sintetiza
cierta comprensión, común y dominante en la literatura
norteamericana. Él dice:
personas.
Este es el contexto en el cual es acuñado el término "cultura de masa", que traduce, si bien de manera insatisfactoria, esos cambios. Sería dificil comprenderlos en el
horizonte demarcado por los fenómenos de la multitud.
Varios de los presupuestos anteriores se vuelven claramente
insuficientes. Thrde ya habla presentido que, para que se
manifestasen ciertos fenómenos,no era necesario que existiera una ag10meración flsicade personas. La otra condición,
la transitoriedad de los agrupamientos, está defuútivamente superada. La "cultura de masa" no es un espacio desarticulado, inorgánico. Al contrario,los sociólogos la perciben
como un vetúculo privilegiadode sodaJiz.ación. Representa
el pasajedesde una sociedad, en la cual las relaciones sociales estaban contenidas en los grupos primarios (familia,
asociaciones religiosas, vecindario), hacia otro tipo de orgo78
"Los objetos de interés de las masas atraen la atención de
las personas hada fuera de sus culturas locales, así como de
las esferas de la vida cubiertas pornormas, reglamentos y
expectativas. En este sentido, la masa puede serpercibida como constituida por individuos aislados y alienados
[...]. Esto significa que el individuo en la masa, en lugar de
estar desprovisto de atención, es, en verdad, agudamente
autoconsciente. Él no actúa en respuesta a sugestiones o a
los estímulos excitantes de aquellos con quienes se relaciona;
actúa en respuestaal objeto que retiene su atención, y sobre
la base de impulsos que él mismo estimula,,17.
Es decir, cada uno actúa en función de su propia selección de los objetos.
No se trata de una interpretación ingenua. Posee implicaciones teóricas y metodológicas. Desde el ponto de vista
metodológico, presupone una concepción de la sociedad,
en la cual el individuo es la unidad de acción. Él escoge,
libremente, entre los objetos y las intenciones socialmente
disporubles. La "cultura de masa' surge así como la expre17 Blumer, H., "E1ementuy CoI1edive Grouping"', en Park. R. (comp.),
AnOidlineofPrinciplesofSociology, Nueva York,. Bames &:Noble, 1939,
p.242.
79
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACIÓN Y MASA
si6n espontánea de las voluntades individuales. Es contra
r.
este tipo de comprensión que se rebelaron Adorno Herkheimer al elaborar el concepto de industria cultural '. Pero,
dejando de lado este aspecto, no porque carezca de importancia, sino para retomar el hilo de mi argumentación, queda claro cuánto nos distanciamos de la problemálira de la
multitud. El individuo, inconsciente, hipnotizado por la efer-
vescencia colectiva, encuentra ahora un espacio de afirmación. En este sentido, "'masa" no es simplemente otro
nombre para 'multitud'. La sustitución de palabras implira
un cambio de señales. La negatividad anterior se trasmuta
en positividad. Puede 5eI; incluso, utilizada ideológicamente
como sinónimo de democracia.
Lo que caracteriza la 'cultura de masa' es su homogeneidad, que es un elemento pre1iminar de su existencia conceptual. Loshombres que consumen, en principio, forman parte
de un universo cohesionado, son "todos parecidos", Incluso
la versión liberal (esto es, valorizadora del mercado) se ve
obligada a enfrentar la contradicción entre ser "masa" o ser
individuo. La solución hallada -admitamos, de compromiso- consistió en afirmar la conciliación de tendencias
tan conflictivas. Las personas, individualmente, escogen los
objetos dispuestos en el mercado, pero colectivamente forman parte de un conjunto homogéneo de consumidores.
Ésta es, por ejemplo, la concepción de Blumer cuando defi-
ne "sociedad de masa": "un agregado de individuos que
están separados, apartados unos de los otros, [que] son
anónimos y homogéneos respecto del comportamiento de
masa,,19. En este sentido, "masa" se aproxima a "multitud". En
ambas prevalecen las mismas disponibilidades. Anonimato
y homogeneidad son sus atributos esenciales. Pero queda
una duda: i.se trata de un resquicio heredado del siglo XIX1
18 Véase Adorno, T. W., "A ind:Ostrla culb.ll'al"', en Cohn, G. (comp.),
Adamo, San Pablo, Ática, 198619 Blumer, H., "E1ementary CoDective Grouping"', op. cit., p. 24280
¿Una deuda permanente en reJarión con una idea pretérita?
Las cosas pueden ser vistas de este modo -...1 texto de Blumer
se orienta, en parte, en esa dirección. Pero creo que es posible entenderlas de otra manera.
Parto de una observación inicial que, quizá por estar sobreentendida en la discusión, se encuentra a menudo en segundo plano. Los primeros intentos de comprensión de la
cultura y la sociedad de 'masa', comparten todos algo en
común. Enfatizan la especificidad del momento histórico.
Autores con perspectivas e inclinaciones teóricas antagónicas convergen en el mismo tipo de apreciación. Cito, entre
otros, a Ortega y Gasset:
"La aglomeración, el lleno, no era antes frecuente. ¿Por qué
lo es ahora? [...] Losindividuos queintegran estasmuchedumbres preexistían, pero no como muchedumbre. Repartidos
por el mundo en pequeños grupos, o solitarios, llevaban
una vida, por lo visto divergente, disociada, distante. Cada
cual-individuo o pequeño grupo-ocupaba un sitio. tal vez
el suyo, en el campo, en la aldea, en la villa, en el barrio de
la gran dudad. Ahora, de pronto, aparecen bajo la especie
de aglomeración, y nuestros ojos ven donde quiera muchedumbres":ll.
Hubo entonces, un período en el cual las "masas" no existían, los'bombres conocían "su" lugar, estaban confinados a
territorios bien delimitados. La historia estaría, por lo tanto,
marcada por un 'antes" y un •después". Thmbién los sedologos pen:iben, Yexp1ican, ese hecho. El texto de Edward Shills
"La sociedad de masas y su cultura" es bastante representativo de esta forma de pensar Sus primeros párrafos dicen:
"Después de la Primera Guerra Mundial, surgió un nuevo
orden social, sobre todo en los Estados Unidos. pero también en Gran Bretaña, Francia, el norte de Italia, los paises
europeos del sur y el norte y Japón [...). Esta nueva sociedad
es una sociedad de masa, precisamente, en la medida en
20 Ortega YCesset, J., op. cit., pp. 51-52.
81
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
que la masa de la población fue incorporada a la sociedad.
El centro de la sociedad -las instituciones y los valores centrales que guían y legitiman esas instituciones- extendió
sus fronteras. La mayoría de la población se encuentra más
próxima del centro, que 10 que estaba en las sociedades premodernas o en las fases anteriores de la sociedad moderna.
En las sociedades anteriores, una parte sustancial de la población, con frecuencia la mayoría, nacía y permanecía, siem-
individuos podrían escapar hacia "más allá de la sociedad",
es decir, hacia los subgrupos, como los trabajadores, los judíos, los homosexuales, etc. La autora añade: "buena parte
de la desesperación de los individuos sometidos a las condiciones de la sociedad de masas se debe al hecho de que hoy,
las vías de escape están cerradas, ya que la sociedad incorporó a todos los estratos de la población"". La integración
causaría así, el sofocam1ento de la índívídualídad".
Entre tanto, las citas anteriores pueden leerse tomando
en consideración, no tanto el aspecto ideológico, sino la dimensión propiamente sociológica. En este caso, dos elementos merecen ser explicados: la ruptura de las fronteras
y la idea de integración. Ambos califican el'antes" y el"después". En verdad, hace mucho que los sociólogos describen
el advenimiento de la sociedad moderna como el resultado
de un conjunto de cambios -industrialización, mbanización,
migración del campo a la ciudad, formación de un mercado
interno, etc-, Perdben las sociedades pasadas, llamadas
"tradicionales", como segmentadas, menos móviles, en cuyo
interior cada subgrupo viviría su vida. La misma estructura
de la organización social favorecería esta separación de
"mundos", jerarquizándolos según los patrones vigentes.
La ruptura de este orden plantea un problema: zcémo integrar las diferentes partes móviles de este conjunto, en el cual
la circulación es una exigencia de la modernidad y el individuo ya no se encuentra vinculado por lazos tradicionales?
Este es el dilema de Durkheim cuando busca, en la división
del trabajo, o en la educación, los elementos capaces de soldar la sociedad "desarticulada".
Loscdticosylosdefensoresdelasociedadde"masa"enfrentan la misma cuestión. Fundamentalmente, dicen: la cultura
pre,exclU1ída," .
Inclusión/exclusión. Espacio ampliado/espacio restringido. La sociedad de "masas" es vista como una ruptura de las
fronteras. Una primera lectura de ese cambio radical es de
naturaleza ideológica. A mi entender, predomina en los escritos y en la polarización del debate contemporáneo. Ortega y Gasset tiene, evidentemente, una visión conservadora,
ve con desagrado la declinación del antiguo equilibrio espacial. La 'rebelión de las masas' significa, por cierto, que éstas
ya no se contentan con la posición que ocupaban hasta entonces; "indebidamente", invaden los circulos dominantes.
La interpretación de Shills traduce una concepción en la
cua1la antinomia inclusión/exclusión se reviste de une clara
connotación política. La integración de las "masas" se corresponde con el fin de su marginalización. Las fronteras, al
expandirse, toman el mundo "más" democrático. Pero incluso otros pensadores, como Hannah Arendt, pueden ser
recordados. Su comprensión, similar a la de los frankfurtianos, refuerza mi argumentación. Ella dice: iI existe una diferencia entre las primeras etapas de la sociedad Yla sociedad
de masa, con relación a la situación del individuo. Mientras
que la sociedad propiamente dicha se restringía a determinadas clases de la población, las posibilidades de que el individuo subsistiese a sus presiones eran bien grandes"zz. Los
23 !bid., p. 25221 Shills, E. ~ Society ami its Cu1~, en Culturefor Millions?, ap.
ciJ., p. 1.
22 Arendt, H., "A crise da cultura'", en Eremo,...-loe o fuh4ro, San Pablo,
I
Perspectiva, 19'72,. p.151.
82
24 m tema de lasintegraciones noscoloca, en esaepunto,en el polo opuesto
al de la multitud. Las ciases peHgrosas eran as( consideradas porqtIe
se enronbaban al margen, sepandas del ronjuntn de la oociedad. Su
potencia1 de pe6groe;dad derivaba de _ exd"-.
83
OTRO TERRITORIO
cumple un papel esencial. Es el cimiento social a través del
cual se realiza esta función integradora. Pero, paraello, debe
ser necesariamente de "masa", esto es, poseer el mayor fadio de influencia posíbíe y ser interiorizada por la mayoría
de la población. Las sociedades modernas tuvieron, por
lo tanto, que generar sectores especializados de producción
-las industrias culturales-. Separadas de las instituciones
primarias de socialización, serian las únicas instancias con capacidad de producir objetos, valores, intenciones, para ser
absorbidos en escala ampliada. Esbueno recordarlo: ninguna sociedad anterior conoció un tipo de institución semejante, en la coalla cultura es "fabricada" en esa proporción,
en espacios separados, distintos, de la vida de aquellos que
la utilizan. Tal vez la única comparación posible sea con
las religiones universales. Éstas también constituían, en las
"iglesias", una esfera racionalizada para la gestión de lo sagrado (pienso en Weber). Sin embargo, a pesar de sus intenciones universalistas era, objetivamente, imposible que
comprendiesen un gran sector de la población. Su universalidad estaba contenida por la segmentación de las sociedadesagrarias.
La "cultura de masa" no conoce estos impedimentos, su
fuerza de incorporación supera los obstáculos existentes.
Disfruta, además, de nuevas condiciones: tecnología y mercado. Sus productos son elaborados mecánicamente, e inmediatamente distribuidos "para todos". Pero el hecho de
que sean fabricados en serie, o industrialmente, es una consecuencia, y no la causa, de la "masificación". Por cierto, ese
aspecto refuerza la dimensión "homogeneizadcra", propuesta anteriormente. La serialización de los productos culturales implica un grado elevado de estandarización. Se
trata de un axioma interno de la lógica del mercado y del
proceso de difusión ampliada. Es necesario entenderlo: no
es el factor industrial el que califica como siendo'"de masa".
Esa es una exigencia anterior. Desde la perspectiva esbozada, la homogeneidad deriva de un imperativo estructural.
Es consecuencia de las transformaciones ocurridas. Las so84
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
ciedades pasadas eran estamentales, díterendadas, y se organizaban a través de vasos no comunicantes. Las sodedades
modernas se encuentran permanentemente en comunicación; en ellas, los medios tienen el poder de conectar laspartes dispersas en el todo.
Pero sabemos que la modernidad no es apenas industria,
también es nación. Lo que los sociólogos describen, en términos generales, como el industrialismo, sólo se actualiza
cuando encuentra una entidad histórica adecuada para su
realización. Ahora bien, ¿qué es la nación si no un conjunto
constituido por partes relativamente homogéneas? --almenos éste es el rasgo valorizado por la mayoria de los pensadores-. Incluso Gellner, que tiene el mérito de vincular la
emergencia histórica de la industrialización con la formación de la sociedad nacional, no escapa de esta visión15, Para
él, la idea de nación presupone la de homogeneidad cultural. No porque esto sea el resultado de una ideologfa nadonalista; GeUner sabe que es el nacionalismo quien crea las
naciones, y no a la inversa Se trata de una expresión de la
sociedad industrial, que refleja "una necesidad objetiva de
homogeneización". lbr lo tanto, masa y nación son caras de
una misma moneda. La homogeneidad, postulada para la
integración del orden índustríal.es respuesta en el plano
nacional: propicia la mediación entre los individuos y el
todo social
Por eso la discusión acerca de la "cultura de masa" se encuentra comprometida por la temática nacional. Elejemplo de
los Estados Unidos es, otra vez, paradigmático. Los publlcistas norteamericanos perciben, durante los afias veinte y
treinta, que la complejidad del modo de vida urbano crea
un vacío en la orientación de las personas. Seg6n ellos, los
consumidores, atomizados en el mercado, necesitaban un
vínculo que los asocie unos con los otros. En principio, los
mase-media serian este factor unificador. La publicidad sur25 VéaseGeIlner,E.,op.cil.
85
OTRO TERRITORIO
ge así, como respuesta a la demanda mercadológica y al imperativo de integración nacional. Como se decía en la época:
"el consumo implica la homogeneización nacional". En este
caso, el individuo, inserto en el mercado, seria simultáneamente consumidor y ciudadano. Entre tanto, para que esto
ocurriera, los individuos tenían que adecuarse al patrón social emergente. La producción en masa requería una educación de las "masas". Los publicistas creían que ellos eran los
"educadores" modernos, los que guiarían a las personas, de
forma material, ayudándolas a escoger los productos en el
mercado, y espiritual, al consagrar valores y orientar la conducta. Es interesante el análisis de Stuart Ewen acerca de
este período", Él muestra cómo los hombres de negocios
elaboran una ideología, en la cual los productos de masa
encarnan los "verdaderos" valores, políticos y estéticos, de
la vida americana La educación de los individuos se llevaría
a cabo a través del mercado. Consumo y "cultura de masa"
tendrían, como la escuela, un papel pedagógico en el proceso de construcción nacional.
También en América Latina, medios de comunicación,
"cultura de masa" y nación se encuentran íntimamente ligados", y yo diría que de manera más intrincada que en los
Estados Unidos o en Europa las razones son fáciles de entender. En América Latina, la heterogeneidad de la población
es evidentemente mayor -grupos indígenas, comunidades
negras, inmigración europea: portugueses, españoles, italianos, alemanes, etc.- y las clases dominantes nunca tuvieron
un proyecto realmente "republicano" para la integración de
segmentos de todas las clases sociales. f\:Jr otro lado, sus paises nunca conoderon, excepto como frustración, la modemi26 Ewen, S., Glptains of Consciousness: Advertising and tire Roots of Consu-
merCulture, Nueva York,MLCraw-Hill, 19'76, p. 42.
Z7 Véase Martín B., J., De los mdir a l#s mediaciones, Barcelona, Gustavo
Gili, 1987. Para la Argentina, Ford, A. el al., Medios de comunicación 1J
cultura popuiDr, Buenos Aires, Legase, 1985;para V~ezuela, Pasquelí,
A., Comunicación y cultura de mIlSIlS, Caracas, Monte Avila,1976.
86
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
dad del siglo XIX. La educación formal, que en diversos lugares tuvo un papel clave en la constitución de la nedonelldad, siempre fue precaria y algunas veces inexistente. En
este contexto de dispersión cultural y geográfica, los medios
de comunicación actúan como factores preponderantes; fusionan la diversidad existente en el seno de la unidad nacíonal. Los filmes, la música, el radioteatro, la radionovela y,
posteriormente, la telenovela, son elementos dinámicos en
la elaboración de una cultura nacional-popular. Por eso, la
polémica sobre el imperia1ismo cultural gira en lomo de la
esfera de la producción. y de la distribución, de una "cultura
de masa" (cine nacional versus Hollywood, telenovela versus series extranjeras, música popular versus rock-and-roll).
Ese es el punto neurálgico, el núcleo donde se erige la integridad del Ser nacional.
Integración-masa-nación. Los temas se superponen. Pero
¿es convincente, en realidad, captarlos en tanto homogeneidad? Por cierto, no. En verdad, los científicos sociales y los
políticos, al deificar la idea de integración, idealizaron la
existencia de una nación homogénea, en la cual la diversidad estaría, orgánica y, si es posible, armónicamente, articulada al todo. En rigor, incluso en los países "centrales", esta
cohesión se encuentra fraccíonadapor los intereses dispares
de los grupos y las clases sociales. Para no mencionar el resto
del mundo, donde el proyecto nacional no se realizó concretamente en sus ambiciones uruversalístas'", No sólo en América Latina, sino también en África yen Asia. en diversos paises,
el Estado-nadón es, en el fondo, una entidad político-administrativa, que carece de una base propiamente cultural-Renan diría de un "espíritu colectivo"-. La presencia de grupos
étnicos diferenciados, que hoy nos sorprende, sólo demuestra
una realidad antigua, pero que habíamos imaginado como
relegada en el tiempo. Por otro lado, el marcado COntraste
28 Sobre la dificultad de realizadón de los proyectos nacionales en !os
países del "Tercer Mundo", véase Ianní, O., A sociedade gWbJd, op. rito
fJ7
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
con las formaciones sociales anteriores quizás haya llevado a los sociólogos a sobredimensionar la capacidad integradora de las sociedades industriales. Por cierto, tienen
razón en contraponer las sociedades agrarias a las industriales. No obstante, al considerar el universo de las sociedades
industriales, no de forma comparativa, sino en sí mismo,
identificamos varios puntos que fraccionan la supuesta homogeneidad.
Entre tanto, se puede incluso cuestionar la premisa de la
homogeneidad cultural desde un punto de vista más conceptual, puesto que no es necesario asociarlo al concepto de
integración. Ésta se puede realizar como conjunto diferendado, en el que las diferencias representan idiosincrasias,
también ajustadas a las jerarquías socialmente legitimadas.
El todo, en este caso, es un resultado de los conflictos internos de su propio orden. Pierre Bourdieu, en su libro La distinción, nos ofrece un buen ejemplo de ese tipo de anaíísís".
Este autor no trabaja en ningún momento con la noción de
"cultura de masa". Los objetos vehiculizados socialmente,
tanto provenientes de la esfera erudita (música clásica, pintura.Hteratura), como de la"esfera de bienes ampliados" --el
mercado- (filmes, historietas, programas de televisión), están siempre en interacción con los grupos y las clases sociales. Cada uno de ellos los consume, los utiliza, en función de
sus posiciones en el seno de la secíedad. La distribución y el
consumo de bienes se realiza así de forma diferenciada, tomando en consideración el "capital cultural" de los individuos y su condición de clase. Lejos de ser visto como un
espejo uníforrne, el universo cultural se ilumina en tanto
distinciones sociales, en contacto y en conflicto. Es como si.
estuviese constituido por círculos, en cuyo interior cada uno
determinaría un circuitoespecifiro. En este sentido, Rayrnond
WJlliams tiene razón: de hecho, las "masas" no existen. La
sociedad es una totalidad articulada de partes diversas, en
disputa, O acomodadas a su estructura jerárquica Por eso la
manutención del orden requiere un gasto permanente de
energía, porque garantiza la reproducción, diferenciada y
desigual, de las legitimidades existentes.
Multitud y masa. 'Ial vez no deberíamos tomarlos como
nociones o conceptos, sino como emblemas.Ia cristalización
de un conjunto de preocupaciones que nacen con la modernidad. En un primer momento, las transformaciones ocurridas durante el siglo XIX se condensan, de alguna manera, en
los fenómenos de la multitud, que denotan otro tipo de organización social y de sociabilidad. La masa viene después¡
es el fruto de un pensamiento dirigido al siglo xx. Con la
radicalización de la revolución industrial (industria qulmica, petróleo, automóvil, avión) y el crecimiento de los medios de comunicación (cine industrial, radío, televisión), las
socie~des.generan una forma de articulación que ultrapasa
las dimensiones hasta entonces conocidas. Actualmente, se
abre otro horizonte. "Aldea global", "sociedad informática",
"tercera ola", "posmodernídad", son metáforas que buscan
comprender su especificidad. Los avances tecnológicos, los
cambios económicos y el proceso de globalización, redimensionan el plano de la discusión. ¿Cómo entenderlo?
Una primera línea de razonamiento retoma el tema de la
homogeneización y 10extiende a escala planetaria. Theodore Levitt, uno de los principales teóricos del marketing global, es un representante de este pensamiento. Su texto "La
g10balización de los mercados" describe la contemporaneidad del siguiente modo:
..
.
29 Bourdieu. P., ÚI distincticm, París, Minuit, 1980.
"Una fuerza poderosa impulsa actualmente al mundo hada
un futuro punto convergente, y esa fuerza es la tecnología,
que prolelarizó las comunícadones, los transp<n1eS Y los viajes, al volverlos baratos Yaccesibles, en los lugares más aislados del mundo y a las multitudes empobrecidas. De forma
súbita, ningún lugat; nadie, se encuentra aislado de las fascinantes atracciones de la modernidad. Casi todas las persanas en todos los lugares quieren todas las cosas que oyeron,
vieron y probaron, a través de los nuevos vetúculos tecno-
OTRO TERRITORIO
lógicos que impelen sus voluntades y deseos. Y esto nos conduce.cada vez más,hacia un puntocomún globaL alhOnt'W'neizar de esa forma los mercados en todos los lugares" .
Existe, por lo tanto, una tendencia uniformadora de los
productos y de los comportamientos. El mundo sería único,
y en él predominaría la alta tecnología y la producción masiva, El hecho de encontrar en "todos los lugares" los mismos
objetos, traduce una estructura homogénea del mercado y de
las preferencias individua1es. Los consumidores, al participar de un mercado globalizado de ofertas, se comportan así
de manera idéntica. Sus gustos y dispom'bilidades estéticas
expresan la unicidad de un "mundo sin fronteras".
La argumentación presentada se transformó en una especie de sentido común, que imagina al mundo como un
organismo vivo -para usar una expresión de Herder-, una
especie de metanaci6n, en cuyo interior estamos todos integrados. Pero la visión de un planeta homogéneo, a menudo
cultivada sobre la base de un excesivo optimismo técnico-la
aldea global de McLuhan es una reproducción del ideal
de "comunidad" en el ámbito mundial-, es en el fondo tan
equívoca como la unicidad postulada en el plano nacional
Presupone que las sociedades de "masas" se desarrollaron,
primero en el interior de algunos países, para luego traspasar sus fronteras. La estandarización de los productos, al
comienzo restringida a los mercados nacionales, al planetizarse revelaría la uniformidad de las acciones, su homogeneidad
No deja de ser una ironía el hecho de que muchos de los
criticos de la "globalízecíén" de la cultura (por eso, prefiero
hablar de mundíaüzedén) terminen compartiendo algunos
de los presupuestos de la concepción que intentan refutar.
Es verdad que las diferencias ideol6gicas de las corrientes
de pensamiento son claras. No obstante, algunas ideas de30 Levitt, T., "A globalizal;io de mercados", en A inuJginsJ9io do 17JllthtinK,S,znPablo, Atlas, 1991, p. 40.
90
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
fendidas -a menudo heredadas del concepto de imperiaJJsmo- acaban por afirmar un terreno común. En nombre de
la afirmación de los principios nacionales, el potencial homogeneizador de una eventual 'cultura global' es considerado como algo amenazador, por lo tanto, concreto. Por cierto,
ese potencial no posee las cualidades apreciadas por los ideólogos del mercado, pero su negatividad forma parte del reino de la realidad. Viviríamos, así, una etapa de dilución de
las diferencias, de uniformidad del planeta.
Un punto de vista distinto, en verdad antagónico del anteríor; tematiza la diferenciación y la segmentación de la sociedad. Mejor estructurado, y articulando una visión más
consistente de la historia Y de las transformaciones económicas y tecnológicas, es ciertamente más sólido que la visión
homogeneizadora. Talvez por eso se encuentra tan difundido entre diversos autores, de los divulgadores científicos a
los posmodemos. Menciono, en primer lugar, a Alvin Toffler: 'Durante la Segunda Ola, la comunicación de masa se
tomó cada vez más poderosa. Hoy está ocurriendo un cambio espantoso. Con la emergencia de la 'Iercera Ola, lejos de
expandirse, la comunicación de masa se ve, súbitamente,
forzada a compartir su poder. En varios frentes, comienza a
ser superada por lo que llamo mass-media desmasíscedos?'.
El autor se refiere a los productos ofrecidos por la televisión
por cable, el video casete, los video-games, los servicios de
información, etc, Eso significa que durante la "Segunda Ola',
los individuos habian recibido una educación de "masa"
uniformadora, niveladora Mientras que la 'Tercera Ola' se
caracteriza por una pluralidad de ofertas, dirigidas a segmentos de consumo. El individuo pasaría así, de una conciencia de "masa.. . a una elección desmasificada de lo que
realmente 'le' interesa. Él ganaría libertad.
En verdad., esta concepción no se limita a un único autor;
Está presente en toda la literatura empresarial referida a la
.,
31 Toñler, A., TheThird Wave, Nueva York,. Bantam Boob, 19t11,p. 158,
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
globalización". Los teóricos y ejecutivos de las grandes firmas trasnacionales consideran el mercado mundial como un
conjunto de segmentos, en cuyo interior diseminan sus
productos. El problema de la gestión moderna consistiria en
combinar el descentramiento de la economía mundial y la
oferta de productos adecuados al gusto de cada uno. El mercado de "masa" cedería entonces su lugar a los segmentos
diversificados, y los productos de 'masa' a los objetos 'personalizados". No pretendo examinar las impJicaciones ideológicas de la perspectiva esbozada; en el fondo, reedita una
ideología seudodemocrática contenida en las primeras
explicaciones acerca de la sociedad de "masa". Me interesa
más focaJiz.ar su aspecto específicamente sociológico.
La problemática de la 'fragmentación' está íntimamente
asociada al tema de la tecnología y la información. Para
muchos autores, el hecho de que un conjunto de técnicas
recientes estén basadas en la informática lleva, necesariamente, a una modtñcacíón radical del tejido social De este
modo, existiría una ruptura entre las "nuevas" y las "viejas"
tecnologías'". Estas últimas -cíne, televisión, prensason vistas como de "masa". En ellas, algunos individuos utilizando pocos canales de comunicación, vehicu1izarian
para una gran audiencia los mismos mensajes. Un contenido estandarizado alcanzarla al público como un todo.
Las 'nuevas' tecnologías serían de otra naturaleza. Ellas
favorecerían la descentralización de la producción, la diversificación de mensajes, la interacción entre el emisor y el
receptor. Este último aspecto representa una especie de revancha del individuo frente a la ccmunícecíón unidimensional, unilateral. Los medios interactivos contienen, en el
limite, las promesas de realización del ser humano. Existe
entonces, una correlación inmediata entre el tipo de reenologia empleado y la forma de organización de la cultura. Al
paso de los mase-media para los medios electrónicos se rorresponde una superación del monolitismo (de las ideas, de
las producción y de los contenidos) por la diversidad. Como
dice uno de esos especialistas:
32 Véase, Ohmae, K, Mundo sem fronleirru, San Pablo, Makron Books,
1991; Porter, M., "The Strategic Role oi Intemational Marketing", en
flaruard 8usiJvss Review, Vol 3., No. 2, printavera de 1986.
33 Véase, por ejemplo, gogers, E. M. y Balle,F. (comps.), TheMediaRevolution in Anreric4 tmd in Western E.~ Norwood, Nueva Jersey,Ab1ex
Publishing Corporatioo, 1987.
"La segundarevoluciónindustrial [la Tercera Ola de Toffler]
modifica el énfasis de lasmercancías y los mensajes producidos en masa. Máquinas, producción masiva, mecánica,
eran la clave de la primera revoluctón industriaI para la redüccíén de los costos. La clave de la segunda revolución
industrial es la química y la electrónica, lo cual enfatiza la
diversificación. La estandarización de la línea de montaje
fue relajada por el control de la producción computaríeada,
lo que permite en una sociedad afluente la eficiencia en la
diversidad",34.
Nos encontramos nuevamente en una encrucijada. Hay
otro 'antes" y otro 'después". En ese contexto, la vieja 'cultura
de masa" está condenada a la declinación. La estandarización de los productos sería cosa del pasado.
Anoto una última corriente teórica en la cual se desdobla
la problemática de la segmentación. Me refiero a los autores
pertenecientes a la tradición del pensamiento crítico -sea
marxista o no-, Thmbién ellos intentan comprender las transformaciones ocumdes". Pueden ser destacadas varias dí34 De Sola Pool, L, "Prcm Mass-Media Revolution to Electronk Revolution"", en Tedmologies without Bouruimies: on Telaxmmutnialtion on Glo&al Age, Cambridge, Harvard University Prees, 1990.
35 véase Lash, S. y Vny, J., The End of (J,goniud 0q>ibWmn, MadUon,
Wisconsin, Univer5ity of Wisconsin Press, 1987; Harvey, D., TIre Condition of PostmDdemity, Cambridge, BlackweIl, 1990. Para un trabajo
especifico sobre el área de comunicación, véase Robins, K YWebster,
F.• "CybemeticC.pUatism, Jnfonnation, TechnoIogy, Bveryday Li/e",
en Mosco, V. yWasko,J. (comps.), The PolitiadEccmomyoflnformation,
Madison, The Universl.ty of Wisconsin Press, 1988.
93
OTRO TERRITORIO
CULTURA. COMUNICACiÓN Y MASA
mensiones: crecimiento de los servicios, restructuraci6n del
espacio urbano, consolidaci6n de un sistema financiero global, desregulaci6n del mercado mundial, advenimiento de
nuevas tecnologías, reformulación de las plantas industriales, deslocalizaci6n del trabajo, peso de las trasnacionales
en las economías nacionales, relativa declinaci6n del papel
del Estado-nación, etc. No es mi intenci6n profundizar en
cada uno de esos aspectos. Apenas quiero recordar que, en
su conjunto, señalan un cambio estructural de la sociedad.
Por eso, contrastan con una fase en la que habían prevalecido: el peso numérico y político de la clase obrera, las ciudades modernas (con sus centros bien definidos), un sistema
financiero nacional e internacional, el mercado regulado
por el Estado, las "viejas" tecnologías, la fábrica como unidad de producción, la importancia del Estado-naci6n, etc. En
suma: estamos viviendo la transici6n de un capitalismo de
tipo "fordísta" a otro más flexible.
La elección del término "'fordista" para calificar un periodo
histórico no es fortuita. Significa: control centralizado, producción en masa, uniformizaci6n y homogeneizaci6n de
los productos. En contrapartida, flexibilidad quiere decir:
descentralización del trabajo, la administración y el espado,
producción segmentada, diversidad de los productos. Evidentemente, y ése es el punto que nos interesa díreetamente, ninguno de esos calificativos se limita al nivel económico;
cada uno de ellos expresa una forma cultural sui generis, un
modo de vida. Fordismo implica modernismo, 'cultura de
masa", homogenización del mercado; por su parte, el capitalismo flexible se abre a otras dimensiones-posmodemidad,
diversificaci6n cultural, segmentación-. La historia puede
ser, entonces, dividida en dos etapas, y cada una de ellas se
adapta a una configuración culIural especifica. Exisle, por lo
tanto, una homología entre el 'modo de producci6n" y su
"'super-estructura" ideol6gica. Una cultura integrada ver..
ticalmente, producida en línea de montaje, distribuida en
'masa" para los diferentes estratos y clases sociales, representa el primer momento. De forma consecuente, del adve-
nimiento de un capitalismo flexible deriva el fin de toda y
cualquier "cultura de masa,,36. Su ocaso es simultáneo y complementario con el ocaso del modernismo, superado por las
condiciones de la posmodemidad.
No quiero trasmitir al lector la impresión de que los diagn6slicos mencionados son similares. Seria incorrecto. El pensamiento crítico no sólo difiere, sino que contrapone, a una
visión atomizada de la sociedad, un espacio en el cual los
individuos se mueven en función de sus voluntades y conciencias personales. Para el pensamiento crítico, el mundo
no está compuesto por partes inconexas o por consumidores "sueltos" en el mercado. Plexíbílídad significa otra forma
de organización social. Entre tanto, respecto de la problemática que enfrentamos, hay una convergencia de puntos
de vista. La quiebra de la "cultura de masa" se deriva de los
cambios en marcha Perovolviendo a Raymond WJ.Il:iams, me
pregunto ¿cómo podria desaparecer algo que nunca existi6?
En verdad, la supuesta superaci60 de la 'cultura de masa"
sobreentiende una serie de argumentos, a menudo poco explicados en el debate. Hay, en primer lugar, una cierta tentación determinista por parte de varios autores. Aclaro mi
posición. Seria insensato subestimar las consecuencias de las
transformaciones tecnológicas y económicas sobre el universo cultural Esimposible entenderlo sin tomarlas en consideración. Afirmarlo contrario nos conducirla a una visión
cultorista de los fenómenos sociales. En el estudio de las socíedades contemporáneas, debe haber un lugar destacado
para una economía política de los medios de comunicación
y de las instituciones que los utilizan37• A fin de cuentas, algunas de ellas, como las trasnacionales, tienen un papel pre-
94
95
36 Véase Denning. M., "Ihe End of Mass Culture", en Naremore, J. y
Brantlíeger,P. (romps.)_tyandM= CulMe,1lIoomington, indiana University Press, 1991.
37 Muchos autores trabajan con seriedad desde esta pe:tspectiva. Cito,
entre ellos, a MatteJart, A, lA Communialticm monde, Paris, La Découverte, 1991.
OTRO TERRITORIO
ponderante en la elaboración de las ideologías de la sociedad global. Entre tanto, no podemos olvidar. que existen
mediaciones entre el nivel tecnol6gico-econónnco y el mundo de la cultura. El pasaje de las 'viejas" a las "nuevas" tecnologías, del "fordísmo" al capitalismo"desorganizado", no
conduce al mismo tipo de configuración de la esfera cultural. El argumento enunciado de esta forma~ postula una
relación reduodorusta, condicionándola inmediatamente a la
base material de la sociedad.
Esto nos lleva a una serie de malos entendidos. Un filme
de autor (Wun Wenders, Buñuel, Resnais, víscontí) utiliza,
como medio de expresión, la "vieja" tecnología, el cine. Pero
no por eso su influencia es masiva ~ verdad, su difusión
no es una cuestión meramente técnica. Se trata de una estrategia de los autores, que buscan vincular sus realizaciones, en parte al mercado cinematográfico y en parte, a una
esfera de bienes restringidos -el arte-. Los programas de la
MTV son vehiculizados por una "nueva" tecnología, la televisión por cable. Pero su audiencia es planetaria. Esto no sig:
nifica que "todos" se interesen por esos pr~gramas; pero SI
que circulan en un estrato juvenil que trasciende las fronteras nacionales. Su importancia reside en el hecho de que
generan un espacio de legitimidad de una cultura internacional-popular. Junto con las revistas de rock, la música, en
vinilo o en, los programas de la MIV no sólo alimentan ~
mercado de dimensiones mundiales, sino que determinan los gustos y los juicios estéticos de ~ .conj~~to de
"jóvenes". También las televisiones comurntarias utilizan la
tecnología de la MTV, pero su alcance es Ilmitado y se restringe al horizonte de la vida local.
En verdad, el tamaño del públlco, el cuntenido de los mensajes y las formas de producción.no son varia~les.directamente dependientes de los medios de comurncaa6n. Su
utilización debe tomar en consideración un cálculo mucho
más complejo: la naturaleza de las audiencias, la ~versión
financiera, las expectativas de lucro, las estrategias de los
productores culturales. Sería equivoco imaginar un mundo
.
CULTURA, COMUNICACiÓN Y MASA
"más", o "menos", plural en función de características predominantemente técnicas. 'Iengo la impresión de que laliteratura especi.a1izada, al contraponer las "viejas" a las "nuevas"
tecnologías. exagera en la adjetivación, tanto de sus cualidades como de sus desventajas. Esta literatura las presenta
como si, de hecho, estuviésemos ante universos antitéticos.
Cernraíízacíotvdescentealízaoón, homogeneidad/diversidad,
rigidez/flexibilidad, se vislumbran como polos enteramente
excluyentes. Es esa certeza dualista la que permite a ciertos
autores pasar del plano tecnológico a la dimensión cultural.
Aplicados fuera de contexto, los términos inducen al error.
Surgen así afirmaciones del tipo: la televisión por cable es
más "democrática" que la televisión hertziana; las técnicas
descentralizadas son menos "coercitivas" que las centralizadoras. Se mezclan niveles distintos de interpretación, y se
nos da, a menudo, la ilusión de que los problemas concretos
pueden ser resueltos como realidades técnicas.
Asimismo, la ecuación: fordismo = línea de montaje ==
estandarización = "cultura de masa", es poco convincente.
Presupone que las industrias culturales habían, al menos en
el pasado, operado como las grandes fábricas textiles o automovilfsticas. Oto, al acaso, uno de los manuales recientes, escritos para las escuelas de comuoícacíon. Dicen los autores:
"De hecho, a mediados de siglo. el arte de masa fue producido por un sistema fordísta, integrado verticalmente, y sus
productos estandarizados, designados para alcanzar el mayor número posible de clases Y fracciones de clases. De capital intensivo, articulado a una compleja división del trabajo,
era en general racionalizado por losproductores comosi fuese mucho más tmadiversi6n que propiamente arte. Su propia
naturaleza desvalorizaba la 'originalidad' y la 'fndívídualídad', y la supervisión de la producd6n era reaJizada por
ejecutivos y comisiones de dtrección,,38.
38 Naremore,}. y Brantlinger,P., "Introdudion: SixArtisticCultures"', en
Modernity end Mw Culture, op. cit., p. 13.
97
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACIÓN' Y MASA
(Es sintomático el hecho de que las frases son conjugadas
en pasado).
Los talleres e industrias culturales participan, de ese modo,
de la misma naturaleza productiva. La suposición es, no obstante, infundada. En rigo~ la industria cultural nunca operó
de manera "Iordísta". Incluso Adorno reconocía el carácter
artesanal de la confección de la música popolar. Pero podemos encontrar otros ejemplos, en los cuales la dimensión
industrial es más acentuada. Pienso en la telenovela, uno de
los productos más seriaJizados del mercado de imágenes. Su
fabricación difícilmente puede ser descrita en términos de
centralización, rigidez o línea de montaje. Al contrario, si un
sociólogo del trabajo se dedicase a comprenderla, percibiría
de inmediato, que se trata de un modelo, en la mejor de las
hipótesis, "flexible". Entre la idea original del escritor, los capítulos que siguen, las filmaciones, realizadas por varios directores, que trabajan de forma separada pero en sincronía,
la actuación de los artistas Yla edición electrónica, no existe
ninguna jerarquía centraüzadora". Lo mismo puede decirse
de los filmes de Hollywood. Su producción no obedece, de
ninguna manera, a la rigidez de una organización automovilística tradicional. Los minuciosos estudios a nuestra
disposición refutan ese tipo de apredaoón", En primer lugar, a lo largo de todo el siglo xx, hay una alternancia de
"modos de producción" (formas de fabricar un filme) que se
diferencian unos de otros -por ejemplo, es centralizado en
los años veinte, se toma flexible a partir de 1930 y, nuevamente, se transforma en la década del cincuenta-o En segundo lugar, a partir de las innovaciones tecnológicas (sonido
y color) y de la sofisticación del lenguaje cinematográfico,
aumenta la complejidad de la división del trabajo. Reducir
Ho~~ood a una línea de montaje es utilizar una figura retortea, madecuada para describir el funcionamiento de la industria cinematográfica.
En verdad, hay un malentendido a lo largo de toda esta
~sión, una ~onfusi6n entre estandarización y masifica.
cíón. Los términos son utilizados como equivalentes. Es
probable que la polarización entre arte y cultura de "masan
haya contribuido a esto. Una parte considerable del debate
cultural tiende a contraponer, de un lado, la creatividad la
originalidad, el aura del objeto único, y, del otro, la homogeneidad, la repetición, la multiplicación de artefactos. Sin
embargo, si dejamos de lado el contrapunto con la esfera
artística, las cosas cambian de figura. La estandarización es
una exigencia del mercado, pero nada la articula, necesariamente, a una estrategia propiamente de "masa". Carteras
Cuccí, perfumes Díor; ropa Benetton, son productos tan estandarizados como las series norteamericanas, las telenovelas brasileñas o los filmes de Hollywood. Incluso la llamada
"alta costura", al transformarse en ptit aporter, no escapa a
este destino. Al invadir los negocios sofisticados, los modelos considerados "únicos", "obras de arte" de modistos talentosos, no poseen más el valor que insisten en alardear. La
griffe no es nada más que una marca, el patrón de una determinada vestimenta en el mercado. Estandarización significa
~ ~rmato ad~o a la multiplicación industrial Los publicístas Y los ejecutivos del marketing global conocen esto
perfectamente. Ellos no pretenden vender sus productos
a todas las personas del planeta; les interesa conquistar segmentos mundíalízados de consumo. Todo es una cuestión de
grado, una variable dependencia del público-objetivo.
En este sentido, el mercado nunca fue de "masa", ni siquiera
en los tiempos pretéritos de las "viejas" tecnologías o del
"fordismo". Es verdad que actualmente es más diversificado, pero no debemos reducirlo a una dimensión cuantitativa. La presencia de un mayor número de productos llP
elimina sus características anteriores.
39 Véase Ortiz, R Y Ramos, J. M O., MA fabrica¡;áo indusbial e cultural
da telenovela", en Ortiz, R el al, Telenovel,,: hisfórill e produ(iío, San
Pablo, Brasiliense, 1989.
40 Véase Steíger, J. el al., TIre CÚlssícal Hollywood Cinema: Film, Sty1e and
Molle o/ Production ro 1960, Nueva York. Columbia Uníversíty Press
1985.
'
96
99
OTRO TERRITORIO
CULTURA, COMUNICACIÓN Y MASA
41 Lo mismo sucede con la sazp-oper&
ABen, R, Spetiling of SalpOpem Carolina del Norte, Univemty al North Carolina Presa, 1985.
4:2 Véase Peterson, R, ~y 19557 ExpIaining the Advent of Rock Mu·
sic",en Popular Music, vol. 9/1,octubrede 1990.
espacio de intercambio. Esta función, cumplida durante un
momento de la mod~d, implicaba una apropiación utilitaria de los objetos. Estos servían algo, eran adquiridos de
acuerdo con sus características objetivas. El consumo se funda hoy en la 'inutilidad". Los objetivos son portadores de
un valor 'saaó' (diría Durlcheim), Y simbolizan comporta"
mientos y distinciones sociales. En su ámbito, los individuos
construyeo sus identidades, comparten expectativas de vida,
modos de ser. El mercado es, por lo tanto, una instancia de
socialización. Aliado de la familia, la religión y las naciones,
modela la personalidad de los hombres. Su influencia es
planetaria, y se desdobla en la marcha de la modernidadmundo.
Los primeros escritos sobre las sociedades de "masa" subrayaban esa dimensión socializadora, que, sin embargo,
quedó en un segundo plano. Debemos recuperarla y situarla en el nivel mundial. El consumo se revela así como una
ínstítucíéa formadora de valores y orientadora de la conducta; genera una ética específica, al desplazar los principios de la esfera del gran arte y de las culturas populares.
Buena parte del debate acerca del "fin" del arte puede leerse
desde esta perspectiva. En rigor, sería insensato decir que el
arte desaparece en el contexto de la posmodernjdad, apenas
ocurre la declinación de su legitimidad. La esfera erudita ya
no posee la autoridad que disfrutaba anteriormente. Nuevas
fuerzas sociales le hacen competencia El espacio del mercado y del consumo se tornan así lugares en los cuales se engendran, y comparten, patrones de cultura. En ellos, en
escala mundializada, se materializan las fuerzas socialmente hegemónicas.
Multitud, masa, ronsunw. El primer término de esa secuenda cayó en desuso, quizá llegó el momento de abdicar del
segundo. La importancia de los medios de comunicación 1\0
deriva.del hecho de ser de "masa". Debemos perdbirlosoomo
intrínsecos de la modernidad que se tornó mundo; conectan
las partes dispersas en la sociedad global, y las articulan en
un mismo proceso. Lo mismo puede ser dicho respecto de
100
101
Dicho de otro modo, la segmentación no es fruto de la
"Iercera Ola" o de la "posmederrudad". Varios ejemplos demuestran esto. La radionovela, en América Latina, es una
invención que conjuga influencias diversas: una forma ~o-­
lletinesca de contar una historia, la emergencia de la radio,
el interés de las firmas patrocinadoras (CoIgate-Palmolive, Gessy-Lever). Desde el inicio, se ~ a una au~cia
específica: las amas de casa. De ~, el interés de las ~_
de jabón'" en producirlas y djfundirlas en escala contínental El melodrama radiofó~ es una estrategia d~ exglotación, comercial y dramatúrgíca, del gusto feme~o . Las
revistas de historieta también requieren una especialización
del público. Sus héroes -Batman, Superman, Fantomas, Mandreke, Pato Donald, Mickey, Tio Patilludo- se dirigen a los
adolescentes y los niños. El mecanismo se repite en la música popular. El rock-and-roll surge en los años cincuenta,como
resultado de las transformaciones de la industria cultural
norteamericana y como una expresión musical vinculada
N42.
estrechamente a un mercado emergente: los NjÓvenes
"Rebelde", frenético", el rack connota las maneras de ser
de un determinado grupo de edad.
Homog~nversus fragmentación. No creo que el debate deba ser conducido en esa dirección. Quizá tengamos
que focalizar algo que subyace en las .dos ~idone~: el m~
cado. En él, diferencia y estandartzaoón convrven S1ocrónicamente. En rigor, lo nuevo de este siglo XXI es que el
mercado se mundíalízé. Al atravesar los países, se consolidó
como una instancia fundamental de producción de sentido.
En este aspecto, Adorno y Horkheimer tenían razón. En la
discusión sobre la "cultura de masas", lo que importaba no
eran las masas sino el mercado. Por eso, el emblema de los
tiempos actuales es el consumo, que ya no se restringe a un
N
véase
OTRO TERRITORIO
la cultura. No me parece conveniente pensarla en tanto ~ma­
sificaei6n". Fstandarización Y diversificación no ~n ~ver­
sos excluyentes. En este sentido, cultura y com~caCl6n de
"masa" son nociones de poco provecho analítico. ~do­
narlas no significa, sin embargo, entend~ que.su vali~ez ~
agotó debido al debilitamiento de la SOCIedad mdustrial. NI
que fueron superadas por la flexibilidad de las tecno1oglas y
la segmentación del mercado. Vunos que ese tipo de explicación es insuficiente. Yodiría, simplemente, parafrasean~o
a Lévi-Strauss, que "masa" ya no es una buena categona
para pensar.
DIGRESiÓN: CULTURA, CIUDADANIA y POLITICA"
Inicio mi reflexión con una pregunta: zqué entender por política? Sin la pretensión de dar una respuesta definitiva, creo
que es posible comprenderla como un tipo de actividad que
se desarrolla en el ámbito de un dominio específico. El objetivo de la cienda política (sea alcanzado o no) es, justamente,
el de revelar la lógica de este espacio, haciendo inteligibles
las acciones de los individuos que actúan en él, así como las
Instituciones y los intereses que las sostienen. Se supone, por
lo tanto, la existencia de un horno politicus, que se comporta
de acuerdo con metas estrictamente racionales, claramente
determinadas 00 que no significa que no pueda equivocarse). En este caso, la esfera de la política constituye una
especie de subsistema de la sociedad, con reglas y funcionamiento propios. Se puede decir que el "hacer política" se
arraiga en determinados lugares: sindicatos, partidos, estados, movimientos sociales. Allí se encuentran, pragmáticamente, los contornos físicos de la actuación de los agentes.
En las sociedades contemporáneas, la política constituye
una esfera especializada Su autonomía puede ser descrita
corno el resultado de un largo proceso de racionalización,
para hablar en términos weberianos. En su interior se realizan y confrontan las ideologlas y los programas partidarios,
las intensiones y los proyectos de los miembros de una comunidad. Por eso, los que "hacen política" hablan de estrategia: un cálculo, una tentativa de maximizar las acciones,
en la realización de un objetivo dado. Poco importa, en
nuestra discusión, que los objetivos propuestos o los métodos empleados sean más o menos adecuados. Subrayo
apenas, que la estrategia se vincula con una cierta capacidad
de la mente de desprenderse de la realidad inmediata, planteando los problemas a mediano y largo plazo. El cálculo
•
102
Traducción: Ada Solari.
[ 103)
OTRO TERRITORIO
DIGRESiÓN: CULTURA, CIUDADANIA Y.POLlTICA
requiere, entonces, la existencia de un grupo de personas
toria particular, de su identidad. El proyecto nacional galva:uzaba la tuerza y la imaginación de los hombres. Digo
ecto en elsenñdo sartreano, poesla búsqueda delSer
nactonal se. confundía con la lucha por la autenticidad. La
nación se SItuaba, por lo tanto, en e! futuro, era algo inacabado; su configucación idealizada contrastaba con el presente, con el subdesarrolloy las i~~;"';ones colo-'-"--.
imperialistas.
-.,..~- o
capaces de llevarlo a cabo. La política, como la religión, ne-
cesita especialistas: se realiza a través de una "minoría
actuante", No utilizo el término en el sentido negativo, no
estoy sugiriendo una posible crlllca a las prácticas antidemocráñcas. Sólo lo empleo para designar la presencia de estratos dedicados a un determinado tipo de actividad.
Evidentemente, hay una gama de especializaciones. Por
ejemplo, las diferencias existentes entre la 'dirección' y la
"base" de un sindicato o, también entre el liderazgo de un
movimiento social, cuya duración se agota cuando las reivindicaciones obtienen respuesta, y los 'intelectuales orgáníros" de un partido. No obstante, a pesar de las diferencias, esos
agentes participan en un mismo universo que, de manera
prosaica, llamamos el 'mundo de la política". Los polfticos
poseen, por lo tanto, una identidad. Las concepciones que
sostienen son, por cierto, dispares y antagónicas, y varlan
desde e! cinismo abierto hasta los ideales democráticos. Pero,
presumimos, su conducta está gobernadapor esas concepciones. Lacoherenciaentrela acd6n idealizaday los valores
está garantizada por cierta ética; los objetivos propuestos están
influidos por las ideologias y las idiosincrasias pecsonales.
Sin embargo, la polftica posee una pecoliaridad: se reali-
za en el seno del Estado-nación. Fundamentalmente, ese es
el terreno en el cual florece. Elecciones, disputas partidarias,
conflictos sindicales, desequilibrio económico, distribución
de la renta,son problemas planteados en su horizonte. "Hacer política" significa, prioritariamente, ocuparse de temas
planteados en su interior. Incluso las incursionesque sobrepasan sus fronteras confirman su centralidad. Es el caso de
las relacionesinternacionales. Cada país, en función de SU!;
intereses y de su capacidad de persuasión económica y mílitar, actúa (al menos en teorla) de forma independiente de
los otros. ¿Qué sucede a partir de la g1obalización?
En los paises delllaroado "Thrcer Mundo', hasta mediado
P'?Y
~ que hoy las cosas son diferentes. El Estado-nactón
perdió e! monopolio de conferir sentido a las acciones colectivas. Debe ~pelir con otras instancias Y enfrentar las contradicoones mternas del propio proceso de g1óbalización.
Con ~to no quiero decirque su actuación sea innecesaria o
prescmdible. Es concreta. El Estado-nactón es por cierto uno
de los actores importantes de este "nuevo ~en mundiar
Pero hablar de proyecto, como se hacia antes es mezclar I~
tantos. ;videntemente, lodo pals debe (o m~or, deberla) te~er ~ programa nacional", a través del cual racionaliza su
ínsercíén en el concierto de las naciones. Hay que comprender esto. Una propuesta programática no es un 'proyecto',
una filosofía suficientementecomprensivacomo para abar.
caro e! cor~ y la mente de los hombres. Por buena que sea
su ~lención, no posee fuerza utópica. Es fruto de la ponderacon y de las oportunidades. La utopía nos abre una ventana
hacía el futuro, es una proyección imaginaria: su sustancia
es de otra naturaleza.
'
Pero es posible radícalizar aún mas la argumentación. Las
transformaciones de! ooncepto de espacio tienen imp/icaciones en la propia esfera de la poIftica, pues e! Estado-nactón
deja de ser su unidad elemental Si, de hecho.estamos vivendo un ~ de constitución de una sociedad gl()bal, esto es,
de un con¡unto de relaciones socialesque se estructuran en e!
nivel planetario, cabe la pregunta: <cuáles e!1ugar de la po1f-
de siglo, la construcción nacional era considerada una utopía. Cadapaís idealizaba sus metas en el contextode su rus-
tica? ¿Lacentralidad de! poder se concentra aún en e!interior
de las naciones o se desplaza bada fuera de ellas?
. Quiero,dejar en claro mi pensamiento. No me interesa
discutir el fin' del Estado-nación; como ya afirmé anterior-
104
lOS
OTRO TERRITORIO
mente, no me parece que sea la manera más correcta de encaminar el debate. La cuestión mayor tiene que ver con su
centralidad. Pienso que el movimiento de desterritorializaci6n no se circunscribe apenas a las dimensiones económicas y culturales. También penetra en la política, que, en este
sentido, ya no se puede encuadrar en sus antiguas fronteras. En cierta forma, existen indicios que nos permiten
hablar de una "sociedad civil mundial". El movimiento ecológico es un ejemplo de esto. Su referente, la Tierra, es suficientemente abarcador como para comprender al planeta
como un todo. Yodiría que es una expresión heurística del
movimiento de globalización. Pero es necesario tener en claro que su amplitud, así como las promesas que encierra, son
insatisfactorias. De forma preferencial, la política continúa
siendo una práctica demarcada por las imposiciones nacionales. Partidos, sindicatos, gobiernos, movimientos sociales,
sólo poseen validez en su interior. La globalización plantea,
por lo tanto, un desafío. ¿Cómo imaginar la política dentro
de parámetros universales y mundializados? La premisa
fundante del pensamiento político era que lo universal se
realizaría en el ámbito de cada país. Democracia, justicia,
igualdad, libertad, eran valores que serían vividos en un territorio específico. Los ideales de la Revolución Francesa implicaban universalidad y nación. Ese fue el fermento de las
luchas anticoloniales. Esta conjunción se escindió. Por lo
tanto, los principios de la ciudadanía, para expresarse, deben ampliar su alcance. La modernidad-mundo exige que la
política sea pensada como universalismo y mundialidad.
Confinarla a su lugar tradicional es pasar por alto la centralidad del poder.
Ya observé que la política constituye una esfera especializada de la vida social Puedo añadir abora: zes la política el
dominio exclusivo, o preferencial, de la conducta política?
¿No existen otras instancias que pueden, con frecuencia, entrar en conflicto con ella? Más aún, puede ser planteada otra
dificultad en relación con los valores: ldemocracia, igualdad
y ciudadanla son ideales restringidos a las ideologlas políti106
DIGRESiÓN: CULTURA, CIUDADANfA y POLlTlCA
cas o se encuentran generalizados en la sociedad? Dicho de
otro modo: llos movimientos políticos tienen la primacía de
formularlos o deben confrontarse con otras perspectivas, a
menudo perversas, de esos mismos principios? En verdad,
cuando pasamos de la esfera especializada a la sociedad
como un todo, los dilemas se vuelven más agudos. En rigor,
las prácticas sociales no están orientadas sólo por la conciencia poütica; están atravesadas por las influencias más diversas. Por cierto, algunas personas poseen un conocimiento
político mayor que otras; pero en grupos diferenciados y
mayoritarios de la sociedad, este esclarecimiento se manifiesta
de manera difusa y a veces ni siquiera existe. Lo que sugiero
es que la política abarca un espectro restringido de las reladones sociales. Varias dimensiones escapan a su autoridad.
Esto nos conduce a otro orden de cuestiones. Es necesario indagar cuáles son las instituciones que, másalJá de la
política, socializan a los individuos, definiendo normas de
conducta y comportamiento. Sabemos que la religión y la
familia cumplen ese papel desde hace tiempo. Se trata de
instancias tradicionales cuya influencia es diferenciada. La
familia educa a un grupo restringido; la religión a un grupo
más amplio, aunque no alcance a todos los miembros de la
sociedad -la contemporaneidad está marcada por la pluralidad religiosa (excepto en los países donde la separación
entre la religión y el Estado no se concretó plenamente}-.
Existen, sin embargo, dos instituciones cuya importancia es
capital en el contexto de las sociedades modernas: la escuela
y los mass-media. La escuela tiene, de hecho, una inflexión
nacional. En principio es vista como el lugar de educación
de "todos", de las clases y los grupos sociales más diversos.
Por eso, en países como Francia, Inglaterra, Alemania y los
Estados Unidos, ya desde el siglo XIX, la educación cumplió
un papel fundamental en el proceso de construcción de la
nacionalidad. Enseñó al campesino, al obrero y al industrial,
modo y nociones comunes -ciudadanía, culto a la patria, héroes nacionales, etc-. Por su parte, los mass-media son más
recientes. Si bien es posible encontrar rastros de su desa107
OTRO TERRITORIO
rrcllo en el siglo pasado, hasta mediados del siglo xx, con
excepción de los Estados Unidos, no se conocían aún las sociedades de "mesa". Los mass-media también contribuyeron a la formación de las identidades nacionales, al divulgar
Yreforzar una cultura popular similar entre los individuos,
principalmente en América Latina, donde, todavía hoy, la
presencia de la escuela es débil. Los mase-medía electrónicos, al favorecer la oralidad, penetraron más fácilmente
junto a las camadas analfabetas o semjalfabetízadas de sus
países, lo cual sígruñca que son, probablemente, una de las
fuerzas dinamizadoras de esas sociedades.
¿Cómo pensar la interacción y la competencia entre esas
instancias? ¿Son equivalentes? Es evidente que no. Existen
claros indicios de la amplitud de los mass-media. A diferenda de la escuela, cuya actuación se limita a un período corto
y determinado de la vida de las personas, los mass-media se
caracterizan por su duración. En relación con la política,
también son innumerables los ejemplos de su influencia.
Aquello que Uamamos •opinión pública", difícilmente podría ser el resultado de la actuación de los partidos, que, al
final de cuentas, tienen una audiencia estrecha fuera de su
campo especifico. Sólo una ilusión democrática podría llevarnos a pensar que "todos" se interesan igualmente por la
política, como si los hombres, a pesar de sus condiciones de
clase, de su capital cultural, pudiesen expresar sus inquietudes en términos de una opinión, clara y bien definida, sobre
temas tan diversos (Bourdieu tiene razón cuando afirma
que la 'opinión pública" no existe). En cambio, los medios
de comunicación cuentan con otros mecanismos. Alcanzan
a la masa de la población y a segmentos diferenciados del
mercado. Sus comentaristas son intérpretes que articulan el
mundo de la política con el gran público. 'Iraducen y, en este
sentido, alteran, modelan, las propias informaciones con las
cuales trabajan.
Pero hay más. La importancia de los mass-media radica
en que no se limitan a las fronteras establecidas de la política; se dedican a un conjunto de actividades que envuelven
100
DIGRESIÓN: CULTURA, CIUDADAN(A y poLinCA
dimensiones diferentes de la vida humana -información,
entretenimiento, ficción, etc.-. Y lo hacen de manera continua, permanente. Su rutina -a través de los diarios, la teIevisión, la radio, la publicidad- garantiza la conformación de
las personalidades. De ahí deriva su superioridad respecto
de los partidos y los movimientos sociales. Las cuestiones
relativas al poder son difundidas de forma abarcadora y diluidas como cotidianidad. De esta manera, su capacidad de
penetración se amplía, y deja de estar limitada a un universo particular, habitado sólo por aquellos que, de algún
modo, profesan un conocimiento-esotérico.
No pretendo afirmar que los medios de comunicación
son la fuente de todo poder. Ni tampoco que la industria
cultural posee un potencial ilirnitado de manipulación de
los individuos. Sé que los grupos sociales leen, asimilan y
utilizan lo que es vehiculizado por esos medios. Por otro
lado, la sociedad es el cruce de un conjunto de instituciones
competitivas entre sí. Pero no caigamos en una ilusión. La
existencia de la familia, la escuela y la religión, tampoco implica la unidimensionalidad de la conducta. Pero esto no significa que su papel sea despreciable. Los rnass-media, en la
medida en que se acoplan al propio desarrollo de la modernidad-mundo, son sin duda un espacio de definición de
normas y de legilimidad. Su autoridad modela las djsponíbtlidades estéticas, las expectativas de vida, las maneras de ser;
Dejemos de lado, por un momento, las instancias de socia1ización, para focaIizar otros aspectos del problema. Ya
había planteado el interrogante acerca de los valores: en qué
medida no se definirían ymodificarian,en el sena de la propia
estructuración de la sociedad. Esto es, fuera de la esfera propiamente política. Un ejemplo: la idea de trabajo. Existe, en
la actualidad, una discusión importante acerca de su Meen.
tralídad", Los sociólogos, al analizar la disminución numérica de la clase obrera, la deslocelísacíén de las unidades de
producción, la robotización, la especialización de los empleados, la tercerización de los servidos, intentan comprender cómo la infraestructura industrial se articula con la
109
OTRO TERRITORIO
emergencia de un capitalismo flexible. Esta literatura es importante y sugestiva.
No obstante, creo que es posible plantear el debate en
otros términos, diría incluso civilizatorios. Desde esta perspectiva, salta a la vista un elemento. HistóricaIDente,.antes
de la Revolución Industrial, el trabajo nunca fue considerado por el conjunto de la sociedad como un valor en sí. ~ la
antigüedad clásica, entre los egipcios, los mesopotámícos,
los griegos y los romanos, siempre fue superado por el.arte
militar. El trabajo era una actividad de los siervos. Esta SItuación se repite en el Antiguo Régimen. Para la aristocracia ~e
las cortes europeas, la ociosidad era el ideal por excelencia;
orientaba la ética cortesana, al impulsar el lujo y las formas
de civilidad. No podemos olvidar, además, que en muchas
sociedades americanas, el esclavismo permaneció hasta el
final del siglo XIX. Por lo tanto, es sólo a partir de la Revolución Industrial que el trabajo se toma un ideal cívilizatorio.
Tal vez fue Hegel uno de los primeros pensadores que lo
consideró como categoría filosófica fundamental de todo un
sistema de ideas. Vemos, de este modo, la traducción, en el
plano intelectual, de algo que es sedal. De hecho, la sociedad que nace en el siglo XIX se organiza en tomo del trabajo
_particUlarmente, el indus~-. Por e~ ~ ideolo~ y las
utopías de esta época -liberalismo~s~o,com~o­
10tienen como referencia. El trebejo es Igualmente VItaltanto para el burgués como para el obrero; es u~ elemento
nodal, que fusiona las diversas partes de la sociedad en un
todo relativamente cohesionado.
Sin embargo, en algunos países, ya desde fines del siglo
XIX, en consonancia con la segunda revolución industrial,
este tipo de ética sufre un desgaste. En principio, sólo en
una clase social: la burguesía. Cuando Pau1 Lafargoe reclama el 'derecho a la pereza', se refiere expllcitamente a estos
cambios. Segfin su interpretadón, los burgueses fueron los
responsables de la valoración excesiva del trabajo, ya que
esto era de su interés. Entre tanto, esa creencia, a la cual había sido fieles en el pasado, no era más respetada por los
110
DIGRESiÓN: CULTURA, ClUDADANfA y POLlTICA
burgueses, quienes había pasado a favorecer el lujo, el ocio,
los viajes, las visitas a los balnearios y el gusto fácil por \os
objetos. Thmbién Veblen, cuyo punto de vista política es diametralmente opuesto al de Lafargue, acusó, en el cambio de
siglo, a los industriales americanos de ociosos. Ellos se habrían convertido a la "vida conspicua" de la ostentación, y
abandonado los principios morales, los fundamentos ascéticos de la racionalidad empresarial. Estos cambios serían
poco significativos si se limitasen al universo burgués. Entre
tanto, revelan una dimensión sustancial de la sociedad, en
particular, la emergencia de la misma idea de consumo, que
es distinta de la de lujo. En principio, la idea de consumo se
aplica exclusivamente a las clases acomodadas, y por esta
razón, el no trabajo es un tema poco relevante para otras
clases sociales -proletariado, campesinado y clases medias-.
Pero, poco a poco, la presencia del "tiempo libre" se extiende
al conjunto de la sociedad. El ocio se transforma, incluso, en
una reivindicación de las clases subalternas (disminución de
la jornada de trabajo).
Estos cambios son profundos y envuelven tanto a la esfera
económica, como a la cultural El advenimiento de una sociedad de consumo desplaza la preponderancia de la ética del
trabajo. Si ésta era, anteriormente, percibida como un incentivo para la realización personal, ahora las cosas se modifican.
El trabajo es visto como algo martirizante, un desperdicio de
las energías individuales. Poco a poco, se va tornando hegemónica una ética hedonista, egocéntrica. No se trata de una
cuestión numérica; del volumen de trabajadores de las fábricas flexibles o de la producción multiplicada por el factor
de las nuevas tecnologías. Tampoco de la contrapartida perversa de este movimiento --el desempleo-e Evidentemente,
no tiene sentido decir que el trabajo N acabó" --esto no es verdad ni siquiera para las civilizaciones de la antigüedad-o Lo
nuevo, y que abarca a la totalidad de la vida social, es que
los puntos de referencia son otros. El hombre contemporá~eo desplazó su expectativa de realización hacia un espacio
imaginario. Lugar onírico, cuya materialidad se concreta en
111
OTRO TERRITORIO
actividades como viajar. salir de vacaciones. ir al cine, pasear,. etc. En este cuadro. el mundo del trabajo. vivido antes
en su dimensión colectiva, perdió su poder de convocatoria.
Poco importa, para nuestro debate. que no todos tengan
'derecho a la pereza" (eso, por cierto no es verdadero), o
que las personas apenas crean que su realización se complete en este contexto. Esta es una 'i1usión sedal", verosímil y
colectiva. Estamos. pues. en presencia de una creencia socialmente válida, arraigada en los individuos.
Los cambios que señalé son de naturaleza cultural, penetran en todos, más allá de las clases sociales y las inclinaciones personales. Se puede discutir su alcance y su extensión.
Pero una cosa es cierta: los valores, las expectativas, las legitimidades. son dimensiones internas de la vida social; revelan
la existencia de un orden. injusto y desigual, pero con capacidad real de articulación de los hombres. Lo que ocurre es
que ya no se limita a esta o aquella sociedad. El proceso de
globa1ización irá extendiendo ese orden al conjunto de los
pueblos del planeta-lo qoe refuerza su autoridad-. Entre tanto. en ese universo imaginario, en el cual se entrecruzan referencias culturales desterrítorialízadas, la democracia. la
ciudadanía y la igualdad están marcadas por la instrumentalidad prevaleciente en la estructura y en la óptica del
mercado. Cito, al azar; un autor, cuya comprensión de la posmodernidad me interesa (desde el punto de vista ideol6gico):
"Como fenómeno cultural, e! posmodemo es siempre diffcil
de ser entendido, debido a la discontinuidad Y la variedad
de estilo. El eclecticismo es el estilo natural de la diversidad
cultural, y existe una razón para e! incremento de! pluIatismo
en nuestra era: el posindustrialismo, que sucede al mundo
moderno fundado en la industria, es unificado instantáneamente por las tecnologías actuales. El cambio es caleidoscópico y simultáneo -de la producción en masa a la
segmentada, de una cultura de masa integrada a la fragmentación de los gustos, de la fabricación repetitiva e ídén112
DIGRESIÓN; CULTURA, CIUOADANIA y POLlTlCA
tica de l~ objetos al cambio rápido de vanos objetos,. de
pocos estilos a varios géneros'".
El ,:"undo en que vivimos es, por 10 tanto, plural En él,
los objetos. las ideas y los gustos se encuentran "democráti~ente~ dispersos. O. como añade el autor: "'En la sociedad
info~ticano hay por qué no esperar el crecimiento de este
pl~. Comparemos lasituación con la, ideológicamente
neutra, industria automovilística. Allí encontramos la misma proliferación de opciones: en América, durante la era
moderna, se reduclan al Ford y el Chevrolet, blanco o negro.
AJ:'ora. se puede escoger entre 750 modelos de autos y carruones, y, anualmente, entre innumerables colores". Pluralidad significa. pues, diversidad de objetos. Esta no es una
concepción particular de un autor. Se encuentra diseminada
entre los empresarios de las trasnacionales y. yo añadirla,
entre las ?aseS m~dias mundialízadas. Sin embargo. esta
comprensión poco mgenua de las cosas tiene consecuendas.
Democracia se toma sinónimo de acceso a un gran número
de productos; libertad, de posibilidad de elección entre múltiples rubros. La metáforadel supermercado adquiere así una
connotación política, 'Ser Iíbre" se desvincula de cualquier
Ideal de justicia, igualdad y derechos sociales. El ciudadano
mundial, que no está satisfecho con los límites del Estadonación, es aquel que participa de este universo. Su ciudadanía es fruto de su inserción social. de su modo de vida.
Ciudadanía y ronsumo. ¿Nos encontramos ante universos
exduy~tes? ¿Es posible una interacdón entre ellos? A pn~era VISta, no. La ética ciudadana se choca con las exigeneras de una postura hedonista. Esto nos obliga, entonces, a
e~tr~er de ~sa reflexión una conclusión profundamente pe_
srrrusta: la Impenetrabilidad del consumo por los ideales
democráticos. El impase podría sortearse si el consumo es
c~nsiderado como una ideología, como expresión "distorsionada'" de una situación .determinada; pero sabemos que
1 Jenks, Ch., Whatis Post-MDdemism?
113
OTRO TERRITORIO
se trata de una práctica social, de un imperativo categórico
de la vida social.
Creo, sin embargo, que es posible plantear la cuestión de
otra manera. Sin la intención de eludir las contradicciones
ya mencionadas, se pueden matizar algunos aspectos. Dejemos, por un momento, la discusión sobre los valores y la
ética, para detenernos en el consumo como un hecho ~tu­
ral Eso nos permite comprenderlo desde otra perspectiva.
Hay que subrayar que, al contrario de la idea de "masa", el
consumo no es algo homogéneo, pues se estructura en función de las divisiones y las fragmentaciones existentes en la
sociedad. Los individuos, así como las colectividades, le
confieren sentido, otorgándole a menudo un significado
que se encuentra "fuera" de su "verdad". Ocurre, pues, una
disyunción entre la lógica de los objetos (para hablar como
Baudrillard) y su uso (esle es el aspecto que intentaba comprender Micbel de Certau cuando se refería a la "táctica").
Como dimensión de la cultura, el consumo es trabajado por
los diferenles grupos y clases sociales. En él se entrecruzan
identidades e intenciones diversificadas. Esto es, en su interior se manifiestan públicos, universos, heterogéneos y djstintos. El problema consiste en calificarlos. Queda, entonces,
la pregunta: zen qué medida pueden conformar un "espacio p6blico", un lugar en el que prevalezca un entendimiento contrario a los valores hedonistas y a la instrumentalidad
del intercambio?
Una respuesta excesivamente optimista consiste en identificar consumo y ciudadanía. Ésta se encuentra a menudo
en la literatura mercadológica que, a cualquier precio, busca
justificar ideológicamente su existencia. Desde esta óptica,
el principio de ciudadanía pierde sustancia, es un mero atributo del mercado. Pero, tomando en consideración la porosidad de las relaciones sociales, es plausible otro tipo de
solución. Afirmar: la ciudadanía también se ejerce en el mercado. Un ejemplo: el movimiento de los consumidores.
Ellos exigen el cumplimiento de determinados derechos
dictados en relación con un patrón de atención y una expec114
DIGRESIÓN: CULTURA. CIUDADANIA y pOLlnCA
tativa consolidada. La defensa del consumidor se contrapone, así, a la eventual arbitrariedad de las empresas. Otro
ejemplo: las clases trabajadoras y los miserables excluidos, o
parciabnenle excluidos, del consumo. Es posible considerar
que ellos tengan el derecbo de adquirir ciertos productos
básicos. Esa postura, en el plano del derecho, desplaza un
presupuesto anterior, según el cual el consumo está regido
apenas en función de la dísponíbíjídad económica de cada
uno. Por esta vía, tiene lugar una reivindicación política,
cuya configuradón se inserta directamente en el contexto
del mercado. Más aún: algunas minorías, al apropiarse de
~~y~~~~d~~~~~~~m
determinadas circunstancias, articularlos a sus demandas
particularizadas. Resemantizados, expresan una voluntad
colectiva ajena a la lógica dominante.
Sin embargo, debe quedar claro. Decir que la ciudadanía
también se ejerce en el mercado es diferente a afirmar que
el mercado es el lugar de su realización. Debemos pensar
la ciudadanía como un conjunto de valores que se actualizan en espacios diferenciados -en la política, en la vida
cotidiana, en los medios de comunicación, en la vida pública, en fin, en el consumo-. El ejercicio de la ciudadanía no
se confunde con el territorio en el que se realiza. Pero sería
ingenuo damos por satisfechos con una respuesta fácil.La so-.
lución hallada aparenta resolver, por cierto, algunas dificultades anteriores, pero reafirma otras. La ciudadanía, como
práctica social, requiere que los individuos posean concepciones, al menos aproximadas, de la libertad Yla democracia.
Más aún: los valores compartidos deben penetrar su cultura
y sus vidas. Dicho en la jerga sociológica: se espera que un
concepto de una esfera especifica de la sociedad pueda ser
generalizado. ¿En qué medida esto es verdadero? Pues la
propia sociedad remodela los valores y los redefine, adecuándolos a las necesidades y los intereses de las fuerzas
sociales en conflicto.
. Ahora puedo retomar el hílo de mi argumentación inicial. En las sociedades contemporáneas, la esfera de la poIí115
OTRO TERRITORIO
tica es, sin duda, un espacio preferencial para determinados
tipos de acciones. Esto no significa afirmar que la sociedad
se constituye a partir de sus intendones-aunque esa sea, tal
vez, la ambición de todo discurso poñtíco-. Al contrario, es
más sensato afirmar que la sociedad es la expresión de un
todo más amplio. Sucede que las relaciones de poder se desdoblao en forma diferenciada junto a las instancias sociales.
El universo de la política las considera dentro de su visión
espedfiea; entre tanto, otras instituciones las tratan como
parte de un contexto múltiple y diversificado. En éstas, la
política está presente como poder, pero di1uida en el seno de
la cultora. En este caso, es difícil restringirlas a las fronteras
de la ciencia política".
Los partidos, los movimientos sociales, las ONGs, los sindicatos, el Estado, no poseen el monopolio de la defuúción
de lo que debería ser la conducta política. En la mejor de las
hipótesis, son participantes de un juego de fuerzas. No obstante, curiosamente, tanto los que "hacen polñíca", como los
que se dedican a comprenderla, parecen apartar tales inconvenientes. Un conjunto de situaciones problemáticas son
dejadas, así de lado, como si por principio, fueran secundarias en el orden de la explicación formulada. Th1 vez por
esto las interpretaciones propiamente políticas de la sociedad son a menudo insatisfactorias. Al focalizar un determinado tipo de acción, olvidan que el homo politicus es una
abstracción construida por aquellos que se dedican a entenderlo. En verdad, Jos individuos están penetrados por
intenciones diversificadas; ellos son el resultado de tendencias que los atraviesan y los constituyen. El análisis de las
relaciones de poder penosamente puede ser limitado a un
universo específico. No basta con establecer los mecanismos
de interacción entre dos esferas --cultura y política- como si,
de hecho, existiese una separación de esos campos. Se trata
de un artifido reconfortante para el desarrollo autónomo de
algunas disciplinas académicas, pero favorece, por cierto,
una mala comprensión de la realidad.
SOBRE LA IIUNDIALIZACIÓN
y LA CUESTIÓN NACIONAL
~ la noción de Estado--nadón ha perdido su Cápacidad de definición del sentido de la vida social:
por un lado, el proceso de gIobaJizartón "libera'" las
identidades locales del peso de la cultura nacional
(por ejemplo, las culturas populares que nunca fueron plenamente integradas a la formad6n nadonal
poseen ahora un espacio nuevo, aunque confIíeti..
vo, .para manifestarse); por otro lado, surge en el
honzonte cultural mundializad.o la posibilidad de
estructurar identidades trasnadonales: es el caso
del consumo.lCuál es el destino del Estado-nactón
en el mundo globalizado? OI.ficilmentese puede esca~ a la pregunta. Pero la respuesta no es sencilIa.
Quizá una forma de abordarla sena cambiar su formuIadón: zcuates son los límites del proceso de
gI_6n1
M
116
1. "Sólo el capitalismo consiguió generar una cultura verdaderamente nacional de todo el pueblo pasando por sobre los
estrechos límites de la demarcación aldeana Lo consiguió,
arrancando a la población de su filiación local, cambiándola
de lugar en el proceso moderno de formación de las clases Y
de las profesiones. Lo llevó a cabo a través de la democracia
~ue es su p~u~, y también a través de la escueh prima~
na, del servJOO militar obligatorio Ydel sufragio igualitario".
Estaata de Otto Bauer tiene el mérito de subrayar dos aspectos que me parecen centrales en la constitudón de las sociedades nacionales. Primero, su novedad histórica. Aunque
sea posible describir el pasado de Europa occidental, o por
1
O. Bauer, ÚJ cuestión delas nacionJ¡lidades YlassociIlldemocnu::itJ ~..In XXI
1........
,,,,"6"'"
,
7'7, p. 103.
M~-1l:lUU.J,
[ 117)
OTRO TERRITORIO
SOBRE LA UUNDIALlZACIÓN y LA CUESTIÓN NACIONAL
10menos de una parte de ella, en términos de la exis~ncia
de un Estado centralíeadoc que detentaba el monopolio de
la fuerza en un territorio físico delimitado, difícilmente podríamos considerarlo un Estado-nación. Evidentemente,
como nos muestra Norbert Ellas, la integración de monopolios como Francia e Inglaterra, presuponía un grado de predominio de la autoridad de la corte en relación con los
poderes regionales'; de hecho, el Estado iluminista disponía
de medios coercitivos y administrativos para imponer la voluntad real. Sin embargo, carecía de un conjunto de factores
para que pudiésemos definirlo como nacional. La integración postulada es verdadera desde el punto de vista burocrático y militar, pero encubre la diversidad cultura! y la
fragmentación existente en otros niveles. Recordemos uno,
el mercado nacional, fruto de la Revolución Industrial y desconocido en el Antiguo Régimen. Hasta entonces, el capitalismo mercantilhabiacircu.nscritO los intercambios al mercado
externo. Por eso Marx considera que es solamente con la
emergenda de la sociedad industrial que se llega a! fin de
los resquicios medievales, es decir, de las fuerzas centrípetas
que impedian la formación de una sociedad integrada y articulada a un centro, el Estado-nación. Integración que desde
entonces se extiende a las dimensiones políticas, económicas y culturales y no sólo a la violencia ffsíca o a los dictámenes de la burocracia real.
Los pensadores del siglo XIX tienen conciencia de esos
elementos nuevos. Renan parte del principio de que la nación es u algo nuevo en la hístoría" de los hombres", Eso es lo
que los lleva a construir su razonamiento en ~os
ricos. Su argumentación se inicia con las orgaruzacrones tribales, las ciudades-Estado, los imperios, para culminar con
la llegada de la sociedad nacional Hay en esta gradación
cierta tentación evolucionista, pero incluso entre aquellos
hisU:
.
2
3
VerN. E1ias: El proresocivilizoJor (Vol. 2), zahar, Río de janeíro, 1993.
E. Renan, Qu'ea-ce qu·une TUltion?, Presses Pocket, París, 1992.
118
que tratan de escapar a su imposición, se llega a considerar
a la nación como una forma acabada y "superior" de la organización social'. Mirando el pasado, ella surge como sinónimo de civilización moderna, como un hecho inexorable
del devenir histórico. Los pensadores del siglo XIX legaron
al siglo XX una confianza excesiva en este aspecto, como si
la rueda del tiempo se hubiese inmovilizado fijando para
siempre nuestras vidas. Si insisto en ello es para recordar
que las discusiones actuales sobre la "declinación" del Estado-nación tienen implicaciones que sobrepasan el terreno
político. Lo que está en juego es la nación en cuanto formación social particular, como estructura capaz de soldar a los
individuos y sus destinos en el contexto de un territorio específico.
2. La segunda parte de la cita de Bauer se refiere al "cepítalísmo moderno". Él quiebra las fronteras tradicionales,
arranca a los campesinos del peso de su vida aldeana. El
surgimiento del Estado-nación se articula, por lo tanto, a la
Revolución Industrial. Creo que fue Gellner, entre los autores contemporáneos,' quien más insistió -a mi modo de
ver correctamente- en este aspecto'. El mundo nacional es
fruto del industrialismo, de un tipo de formación social que .
proporciona la movilidad, una de sus principales características. En este sentido, la sociedad industrial, que es nacional,
se diferencia radicalmente de las sociedades agrarias del
pasado en las que los límites entre las culturas, entre los
intercambios y las fidelidades políticas se encontraban
confinados a regiones particulares. El mundo del Antiguo
Régimen estaba constituido por unidades autónomas, diferentes entre sí. Existía un universo campesino cuya especificidad se Iraduda en el campo de la cultura, de la política,
4 Ver, por ejemplo, Merceí Mauss, "La Nation" en Oeuvres (tomo ID),
Minuit, Paris, 1969.
5 Ver E. GeUner, Naciones Y nm:iona1ismo, Alianza, México, 1988.
llS
OTRO TERRITORIO
SOBRE LA MUNDIAL1ZACIÓN y LA CUESTiÓN NACIONAL
de la religión y de la economía. La Revolución Industrial,
conjuntamente con las revoluciones políticas, rompe este
cuadro; eliminando los estamentos, promueve la circulación de los ciudadanos, las mercaderías, las ideas. La nación
se realiza, por lo tanto, a través de la modernidad. Es un tipo
de organización cuya base material corresponde al industrialismo.
La ecuación nación = modernidad cobra relevancia, tanto en los países centrales como en los periféricos. En los primeros, la memoria nacional, construida durante todo el
siglo XIX, tendrá su máxima expresión en el imperialismo. Es
el momento en que Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón redefinen sus posiciones en el contexto
mundial de dominación. Como modernidad es sinónimo de
civilización, el discurso ideológico es claro: frente a los otros
países, ellos tendrían una misión civilizadora. Pero la ecuación anterior también tiene validez en la periferia, claro que
vista bajo otra luz. Ya no se trata de afirmar lo que es (la
pujanza del capitalismo existente, fruto de la primera y ya
en algunos países, a fines del siglo, de la segunda revolución
industrial) sino lo que podría ser: En el Tercer Mundo la nación es una utopía, una búsqueda situada en el futuro. Los
movimientos nacionalistas de África a América Latina comparten esa perspectiva. Ibr eso nuestros modernistas decían:
para ser modernos es necesario ser nacionales. Mientras
tanto, en ausencia de esa modernidad, la nación sólo podría
ccnñgurarse como un proyecto, algo dislocado en el tiempo.
Pienso que la reIaci6n entre nación y modernidad se rompió. Históricamente, podemos afirmar que la nación se realizó a través de la modernidad y viceversa. Sin embargo
aquella, desde sus comienzos, contenía en su interior un
movimiento propio, una tendencia que difícilmente se confinaria a los limites de la realidad nacional. Dicho de otra
forma, la modernidad, como el avance de la historia, se
vuelve mundial; es hoy modernidad-mundo. 000 Bauer
tiene razón cuando dice que el capitalismo moderno, es decir, el que sigue a la primera Revolución Industrial, crea el
120
espacio nacional. Pero en el proceso de su evolución, ese
mismo capitalismo, al globalizarse, encuentra otras bases
territoriales para desarrollarse. En este caso, parafraseando
a los modernistas latinoamericanos, podrlamosdecir: es posible ser modernos sin, necesariamente, ser nacionales.
3. El debate sobre la cuestión nacional se puede encarar
desde diferentes ángulos. Hay uno, sin embargo, que merece ser considerado pues permite entender el pasado reciente a la luz de las contradicciones actuales. Me refiero a la
categoría de espacio. Ella se transforma radicalmente en el
contexto de mundialización de la cultura. Digo espacio en
el sentido amplio del término, incorporando desde la vida rotidiana hasta los procesos de construcción de identidades.
No puedo, en esta síntesis del problema, extenderme sobre
esos cambios pero pienso que ellos poseen un valor heurístico para el discurso actual. Lejos de vivir un momento de
>~ciamiento"del espacio, como cree Giddens, o su superacron por las nuevas tecnologías, como piensa Paul Virílío,
seria más correcto decir que está pasando por una fase de
redefinidón radical". Dentro de esta perspectiva. el espado
nacíonal es una -entre varias- de sus dimensiones más amplias.
. ¿Qué entender por Estado-nación? Una primera definición usual entre los cientistas políticos, sería considerarlo
como una unidad territorial polítíco-administratíva en el interior de la cual "todos" los individuos serían ciudadanos.
Poco importa por el momento la extensión de esos derechos.
~ólo estoy intentando un acercamiento preliminar a la cuestión. Por eso decimos en las discusiones sobre movimientos
~es que en América Latina la "nación aún no se comple~ frase está directamente asociada a otro enunciado:
la CIUdadanía aún no se realizó". En contrapartida, lene-
:0 .
6 A. Cíddens, As Conseqllétu:W da ModernidaJe, Ed. unesp, San Pablo,
1991; P. Virilio, O~ critico, Ed. 34, Río de jereíro, 1993.
121
OTRO TERRITORIO
mos la tendencia a pensar que la nación existe "completamente" en los países que vivieron la "revolución burguesa".
En ellos, el principio de ciudadanía se habríarealizado, si no
en su plenitud, por lo menos con un alcance mayor. Pero.es
posible pensar la nación en términos especfficamente sociológicos: una unidad territorial político-administrativa ~ue
corresponde a un tipo de organización social determinada cuyas partes se encuentran integradas a un todo. ¿Qué
sena esa totalidad?, écuál la fuerza de su cohesión? La respuesta, obligatoriamente, debe integrar otra dimensión: la
cultura. Radicalizando mi argumentación, diría que no hay
nación sin cultura nacional. Con esto quiero afirmar que los
planos económicos (el mercado) y político son necesarios
aunque insuficientes para la constitución de la entidad nación moderna. Por eso Renan habla de u alma colectiva",
Durkheim de "conciencia coíecüva'", otros de "espíritu" nacional Los términos son significativos. Nos remiten al dominio de los universos simbólicos. Basta mirar la historia de las
naciones para percibir la existencia de un mismo orden de
problemas. A pesar de que cada una de ellas se realiza en el
contexto de sus historias especificas, todas responden a una
misma exigencia estructural. La unificación nacional pasa
por la unificación lingüística (necesidad de afirmar la autoridad de una lengua frente a otros idiomas locales), escolar
(implantación de las escuelas primarias Y luego secundarias),
comunicativa (construcción de ferrocarriles, carreteras, en
el siglo XIX difusión de peri6dioos Ydurante el siglo xx llegada de la radio y la televisión), simbólica ("invención' de la
bandera, héroes nacionales, ritos legos de celebración del
Estado).
Ahora bien, ese proceso de integración corresponde a una
profunda transformación de la idea de espado. Los mundos
locales, el de los campesinos o de los artesanos, se modifican
SOBRE LA MUNDIALIZACIÓN y LA CUESTIÓN NACIONAL
radicalmente. Cada uno de ellos vivia dentro de los limites
bien establecidos por sus profesiones, creencias y expectatívas de vida. Esos mundos, material y simbólicamente, poseían
una integridad. una especificidad, encerraban a los hombres,
arraigados a sus lugares de origen, en un "universo de bienes limitados" (para utilizar una imagen de G. Poster). La
nación requiere, por lo tanto, el desarraigo de los individuos
de sus localidades y su reinserción en el contexto de una
territorialidad más amplia. De ahí la importancia de la cultura. Ella es el elemento que propicia la creación de un
vinculo entre los hombres, el cimiento soda1 y lo que orgánicamente arlicuJa la "solidaridad" (en el sentido durkheimiano) entre los diversos grupos sociales dispuestos en su
territorio. La modernidad, que en su inido es nacional, propicia por lo tanto la drcu1adón de los individuos entre espacios que antes se encontraban segmentados, separados.
Sabemos, sio embargo, que la conjunción nación/modernidad es coyunturaL Hoy vivimos su disyunción. Lo que significa que la modernidad-mundo radicaliza el movimiento
de desterrilorialización, rompiendo la unidad nacional. Ella
secreta un tipo de espacialidad distinta, sui generis, escapando al control de las imposiciones nacionales. Según esta
perspectiva, la crisis de las culturas nacionales no pasaría de
seruna amenaza externa. Pensar de esta forma seriaatribuir
a la globalización una ~ d total, como si las naciones estuviesen fuera de su órbita. La globalizaci6n de las sociedades y la mundíalizacién de la cultura es un proceso que
atraviesa a las sociedades nacionales" y, por lo tanto, corresponde a la formación de otro tipo de siogularidad soda1 (podríamos, si quisiéramos, llamarla"sociedad global"). La
crisis de la sociedad nacional no deja de ser, por lo tanto,
sino una "falla" en el proceso de su construcción (por ejemplo, las ganancias de las oligarquías lalinoamericanas o el
7 Ver, por ejemplo, "L'éducation, sa nature et son role'" en Éducation el
Sociologie, PUF, Paris, 1~.
8 Sobre este aspecto, consultar R Ortiz, Um Outro Tenit6rio: en!Qi06 tKJbre
o mundo rontempon'lnro, Brasiliense, San Pablo, 1996.
122
123
OTRO TERRITORIO
desvirtuamiento de ciertas élites norteamericanas, que buscarían en el mercado mundial el sentido de sus acciones).
Ella es intrínseca al modo como la modernidad-mundo se
desarrolla.
4. Gellner dice que es el nadonalismo el que crea a la nación
y no a la inversa. Se puede trasladar su afirmactón a otro
plano: la identidad nadonal antecede a la consolidación de
la nación. Desde esta perspectiva, la identidad deja de ser
entendida en términos sustanciales, como si fuese la expresión de un "Ser" ontológico, algo que sucede a un sustrato
que le es anterior. Considerar la identidad de esta manera es
pensarla como una construcción simbólica en relación con
un referente especifico, en este caso, el Estado-nación. En
este sentido, la construcción nacional pasa por la anterioridad del "proyecto nacional". Cuando, a comienzos del siglo
XIX, se enfatiza la centralidad de una nación denominada
Francia, el primer obstáculo que se encuentra es el de cómo
ampliar la validez de ese Estado-nación al conjunto del
territorio francés. Por10tanto, se hace necesario integrar en su
seno a las clases peligrosas, los campesinos dispersos en las
provincias distantes, es dectc subsanar la división del país separado en H dos Francia.s", una H civilizada", otra "bárbara",
división que llevada al extremo imposibilitaría la viabilidad
del Estado-nación", Los ideales nacionales, la búsqueda de
la identidad, antecede, de este modo, la propia realización
histórica de la naci60 (también el romanticismo anuncia, mucho tiempo antes, la cristaIización del Estado alemán). En el
proceso de construcción nacional, las identidades de cada
país necesitan superar las identidades culturales dispersas
en su interior. Yodiría que en los diferentes lugares del planeta, de forma diferenciada, es claro este proceso que se desarrolla a lo largo de los siglos XIX Y xx. Eso significa que la
9 Ver R Chartier, "Les deux Prances", en úhiers d'Histoire, tomo 23,
1918.
124
SOBRE LA MUNOIAllZACIÓN y LA CUESTiÓN NACIONAL
i~entidad nacional se construye en detrimento de las identidades locales. Ella se nutre de su neutralizacíón o de su
~estrucción. La constitución de la nación es siempre conñíctiva. Al afirmarse la unidad del todo, se ruega la particuIarida<f
de las formaciones especificas -un ejemplo, el antagonismo
latente entre e! idioma n~donaly los dialectos regionale&-lO;
o la recuperación, es deco; la apropiación, anulándola, de la
cultura popular por la cultural nacional. Sin embargo, independientemente de cómo esos conflictos se actualizan
s~ resuelven, creo que es posible afirmar que el Estado-micíón, ~w:~te por lo menos dos siglos, poseyó el monopolio
de definioón del sentido de la vida social. Aclaro mi argumento: a pesar de la diversidad existente en el interior del
territorio nacional,(que varia en la historia de cada país), el
Estado-~ actúa como referente simbólico hegemónico.
Posee la primada en el ordenamiento de la vida de los individuos y de los grupos sociales. Esta primacía se define como
autoridad, como un valor superior y legítimo en relaci6n con
~s autoridades cuya validez pertenece al ámbito local (regiones geográficas, grupos étnicos, etc.). La integradón 03donal pres~pon~, ~or lo tanto, un equilibrio jerárquico de
las ~erzas ídenñtanas. Las especificidades, definidas Como
parciales, se le subsumen.
La mundializacíén de la cultura rompe este equilibrio
tabilizado durante años en un cierto umbral. Tenemos ::tortees o~o panor~~ El referente Estado-nadón pierde el
monopolio de definición del sentido de la vida social Esto
ocurre de dos maneras: primero, el proceso de globa1ización
"libera" las identidades locales del peso de la cultura nadonal; tenemos, por ejemplo, el caso de las culturas populares
que a l~ largo de la formación nacional nunca fueron plena~~nte mtegradas en su interior, ahora, vueltas a sus especí.
fiCldades, poseen un espacio nuevo para manifestarse (pero
no nos hagamos ilusiones: él es también conflictivo). Segun10 Ver P. Bourdieu, Ceque parler veutdire, Fayard, París, 1982.
12S
OTRO TERRITORIO
do, surge en el horizonte cultural mundializado la posibilidad de estructurar identidades trasnacionales. Es el caso del
consumo. Crea una memoria colectiva internacional-popular compartida mundiahnente por grupos diferentes. En los
dos casos, a pesar de los sentidos diferenciados, tenemos un
debilitamiento de la identidad nacional. Simultáneamente
está atravesada por el proceso de globalización y presionada .
por las particularidades existentes en el seno de .la ~eda~
nacional El monopolio anterior da paso a una situación diversificada. Subrayo el "diversificada" y no necesariamente
plural, pues cada una de esas identidades se encuentran
vinculadas a los grupos que las construyen -trasnacionales,
Eslado-nación, grupos étnicos o populares. Cabe, por lo tanto,
investigar sus posiciones jerárquicas. Alfinal,cada una de ellas
se encuentra amparada en fuerzas e intereses desiguales.
5. La ruptura de la relación nación/modernidad tiene implicaciones políticas de importancia mayor, sobre todo en los
países Damados periféricos. 1l"adiciona1mente, el debate sobre
la cuestión nacional en América Latina estuvo íntimamente asociado al tema de la modernidad. Independientemente
de las fuerzas políticas en movimiento, sean conservadoras
o progresistas, la idea de un "proyecto nacional" siempre
estimuló una perspectiva modernizadora -p. e]., las propuestas de la CEPAL en la década del cincuenta. La búsqueda
de la modernidad se volvió asi una utopla colectiva. Cada
país, a su manera, iría proyectándola hacia el futuro como si
su historia encontrase apoyo sólo en su energía interna. Por
eso la idea de "proyecto" siempre tuvo entre nosotros algo
de sartreano -ver los escritos isebianos (ISEB)". La búsqueda
del "ser" nacional se confunde así con la afirmación de su
SOBRE LA MUNDIALIZACIÓN y LA CUESTIÓN NACIONAL
autenticidad, su desa1lenación. Las transformaciones recientes arman las cosas de otra manera. El Estado-naci6n perdi6
el monopolio para conferir el sentido de las acciones colectivas; eso no significa, sin embargo, que su actuación no sea
necesaria o sea prescindible: Ella es concreta y posee un papel importante en el contexto del "nuevo orden mundial".
Pero hablar de proyecto, como se hacia antes, es encubrir las
dificultades que nos rodean. Evidentemente, todo país debe
(o mejor, deberla) tener un "programa nacional", forma a
través de la cual piensa su inserci6n en el conjunto de las
naciones. Sin embargo, una propuesta programática no es
un "proyecto", una filosofía lo suficientemente amplia como
para abarcar el corazón y la mente de los hombres. Por muy
buena que sea su intención, no posee fuerza utópica. Es el
fruto del cálculo y de las oportunidades. La utopla se nutre
de otro tipo de sustancia.
La disyunción nación/modernidad posee además consecuencias de carácter ideológico. A lo 1argo del siglo XIX y el
breve siglo xx, para citar a Hobsbawm'P, la idea de "modemo" se encuentra plenamente articulada a la noción de
Estado-nación. De ahí la pretendida superioridad de la
formación nacional en relación con las otras sociedades
pasadas. El pensamiento construye asi una escala jerárquica, atribuyendo al calificativo "moderno" una posición destacada, por ejemplo, el debate en el mundo de las artes.
Entre otros significados, el modernismo surge como una
propuesta de superación de la tradición, en principio, incongruente con los tiempos actuales. Sin embargo, esta oposición tradici6n-modernidad no se manifiesta sólo en el
interior del universo artfslioo. Es más genérica Yse inserta en
el seno de los "proyectos nacionales". Para existir en cuanto
modernidad, la nación debe sobrepasar los que se consideran como antiguos anacronismos. La modernidad, un valor
11 Por ejemplo, A Vieira Pinto, para quien el proceso de desalienación
cuenta básicamente con las fuerzas Y conciencia interna nadonal,
para liberarse de la opresión del ser extranjero. Conscíincill e ReIIlidJule
ntJcicnuú, ISEB, Rio de Janeiro, 1960.
12 Ver E. Hobsbawm, ETIl dos erfTema;; o breve séculoxx, Paz e Terra, Río
de Ianeíro, 1995.
126
127
SOBRE LA MUNDIAllZACIÓN y LA CUESTiÓN NACIONAL
OTRO TERRITORIO
nacional, se contrapone a los resquidos del pasado. Pienso
que esta carga ideológica permanece hasta hoy. Pero, a pesar de ello, se da un dislocamiento de las posiciones. El valor
"moderno" comienza a vincularse a las fuerzas trasnacionales, sobrepasando el nivel nacional. "Global" se-toma entonces sinónimo de modernidad. Basta mirar el discurso
de las grandes empresas trasnacionales o de organismos
como el FMI o la ONU13• En este caso, las reglas anteriores se
aplican también a las naciones. Son vistas como elementos
pretéritos, como sobrevivencias de un orden arcaico. Todo
sucede como si la evoludón de las sociedades humanas se
encontrase ahora en otro umbral, más completo y abarcadOL Irónicamente subyace a ese juicio la premisa anterior. A
pesar de los pregonados cambios radicales, la modernidad
permanece incólume. Lo "moderno" sigue "valiendo más"
que lo "tradicional"; apenas se cambian los signos. La nación
es transferida hacia el plano de lo tradicional, y lo global
pasa a ocupar su lugar de distinción. La idea misma de modernidad deja de ser problemalizada.
6. En la discusión sobre la globatizadón hay, cada vez más,
una tendencia a pensarla como expresión de universalidad.
Lo global surge así como equivalente de lo universal. Un
primer sentido de esta aproximación evoca la noción de límite. Lo universal, al desprenderse de su relación territorial,
expandiría sus fronteras hacia "'todo el género humano". En
este sentido contrasta con 10 local, inmovilizado en el interior de su geografía restringida. De ah! la relación, casi natural,
con la idea de cosmopolitismo. Nuevamente encontramos
la metáfora del espacio. Ser cosmopolita es compartir, simultáneamente, varios cosmos, salir del lugar de origen, trascenderlo. En este caso, el proceso de desterritorialización
favorecería este movimiento. El problema se resume así en
una CUestión de alcance.' Lo global, gracias a su dimensión
planetaria, involucraría a lo nacional y lo local, trascenderíél-~
los provmcíanísmos y Su universalidad sería índíscutíble. '
No es difídl encontrar este tipo de razonamiento en la literatura contemporánea. 'Ianto sociólogos como economistas
e intelectuales de las grandes empresas trasnacionales parecen compartirlo. Sus razones son evidentemente diferentes
pero la fórmula global = universal se volvió frecuente. Cito:
entre otros, a Robert RobertsdÍt y su discusión sobre universalismo y perucuíarísmo", El término globaJismoemerge como un atributo intrínseco al universalismo quedado
para el particularismq una expresión menee localizada Otros
autores, sobre todo los economistas, insisten en que el capttalismo global rompe las barrer:" existentes en la sociedad
planetaria contemporánea,. contribuyendo así a la uníversalizacíón de los espíritus. La asimilación del concepto hecho
por los operadores de las trasnacionales tiene una sofisticadón teórica inferior a la de carácter puramente ideológlCOl~. Con todo, no deja de ser sugestiva. Ellos creen que los
objetos que venden, por ser globales, en principio, responderían al deseo universal de "todos los hombres". En cierta
forma, creen en lo que Barthes denomina el mito de la "gran
familia de los hombres-" -en todos los lugares, las personas
buscan las mismas cosas; El corolario de esto trae, evidentemente, resultados promisorios para el mercado mundial,
pues se puede justificar la existencia de las mercaderías
apelandn a su universalidad; restringirlas sería un cercenamIento de la "libertad humana". El argumento trae incluso
dividendos en la lucha por la competencia mercadológica.
Cuando los ejecutivos de las lrasnacionales afirman que
sus productos son "universales" quieren decir que son su-
13 Por ejemplo, R. Reich: The work of Natíons, Vintage Books, Nueva
York, 1992.
R~, Globrllímtion: Social Throry tmil Global Culhue, Sage Publicatíons, Londres, 1992.
15 Consultar, por ejemplo T. Levitt,A Im¡¡~ deMarketing, Atlas, San
Pablo, 1991.
16 R Barthes; Mith%gies, Seuil, País, 1957.
128
129
14
OTRO TERRITORIO
perlores a otros productos, "nacionales" o "locales", restringidos a una circulación limitada. El alcance del mercado
mundial expresarla la validez de la verdad universalista.
La identificación globaVuniversal es problemática. Llevada a su extremo, induce a una serie de contrasentidos. Por
ejemplo: un filme global, como las producciones hoUywoodenses (que ya no son necesariamente norteamericanas),
por su circulación planetaria, sería en principio una expresión de universalidad. En contrapartida, el cine de autor
(Wm Wenders, Kusturica, etc.) deberla conformarse con ser
la evocación de un espíritu provinciano. El razonamiento
propuesto permite una inversión de las expectativas. El arte,
que tradicionalmente había sido entendido como parte de
lo universal, tiene ahora su dimensión desvalorizada. Como
un "bien" de circulación restringida, se vuelve una expresión localizada, aprisionada en sus fronteras parroquiales.
La idea de cosmopolitismo se disloca hada el plano de los
objetos. Cuanto más estén presentes en el mundo del consumo, tendríamos, sin duda, la confirmación de su universalismo. Ser cosmopolita seria dislocarse en el interior del
espacio de la modernidad-mundo. Hay también una <lis~en~p~~~v~~las~edadesocOO~
tales, la noción de universal, desde los filósofos iluministas,
se asocia a libertad, justicia e igualdad. El nacimiento de
las sociedades nacionales, lejos de negar esos principios, les
da forma La nadón es el espacio en el interior del cual deberían realizarse (lo que no sucede necesaríamente). Sintetizando, diría que ella es el lugar de la ciudadanía, añrmadon
contenida en el enunciado: "sólo el capitalismo moderno
consiguió generar una cultura verdaderamente nacional de'
todo el pueblo". No estoy discutiendo si esto se realizó o no.
Sabemos que existen antagonismos profundos en el seno de
la sociedad moderna Por eso importa subrayar que la idea
de universalidad trae consigo un conjunto de valores condensados en la idea de ciudadano. Decir "lo universal se
realiza en la nación" significa, por 10 menos, imaginar esta
posibilidad histórica.
130
SOBRE LA MUNOIALIZACIÓN y LA CUESTiÓN NACIONAL
Me parece que la mayor dificultad de aproximación a lo
globaVuniversal es la de pensarlo como la unión armónica
de dimensione~equivalentes. De ahí.la tentación de la metáfora. espacial. Todo Sereduce a una cuestión territorial La
expansión de los límites, verificada en los dos casos, vuelve
convincente la ~6n de categorías, a mi modo de VeJ;
de naturalezas diferentes. Voy a precisar mi idea. Lo universal es una noción fiIos6fica, lo gJobal una categoria scciol6gica.
En el pnmer sentido, universal se refiere a la trascendencia
a una relación abstracta que no necesariamente encuentra
una realización inmediata en el plano del universo concreto.
Es eso lo '1\1d~ permite a los filósofos iluministas hablar
del "gén~ro huma:n.o;; a pesar de la diversidad cultural
existente, 8eñapoSible proponer la idea de una "naturaleza
humana" (lo que en sí es discutible, pero ese no es nuestro
debate en este momento). Subrayo, en este caso, que la universalidad se afirma a través de las diferencias. Para el filósofo iluminista, el indigena americano es . . tan... universal
como el hombre inglés. El pensamiento, para aproximarlos,
debe por lo tanto, retirarlos de sus hístorícídades, del terreno de la vida real. Por el contrario, al hablar de capitalismo
global.ñlmes globales, globalización, nos referimos a cosas
y procesosque se desarrollan en el plano de la historia con~~ta de los hombres. En este caso, globaVuniversal se identifica conjo que existe mayoritariamente (esto no siempre es
verdadero) entre los que habitan el planeta TIerra. Se sustituye así una dimensión cualitativa por otra cuantitativa.
En la relación universaVglobaVmercadeo este último seria la
unidad material de realización de los principios anteriores.
Debemos cuestionar la naturalización contenida en este
e~un~do invirtie.ndo Sus términos: es posible ser provinCIanoSIendo también global; o mejor: el cosmopolitismo no
es.~ atributo necesario de la globalidad. En verdad, estamos
esístiendc a una disputa simbólica e ideológica en tomo a
lo que debería ser la definición legítima de "universal". Las
fuerzas trasnadonales tienen, evidentemente, interés en darle un sentido que les permita mantener sus privilegios.
131
OTRO TERRITORiO
7. ¿Cuál es el destino del Estado-nación en el mundo globalizado? Difícilmente se puede escapar a la pregunta. La respuesta no es simple. Presupone incluso un elevado grado
de especulación. Quizá una forma de abordarla seria cambiar su formulación: ¿cuáles son los límites del proceso de
globalización? No hay duda de que la modernidad-mundo,
aunque planetaria, está lejos de ser uniforme y totalizante.
La pobreza, el subdesarrollo, la división de los paises en ricos
y pobres, los intereses económicos dominantes, son factores
importantes que pesan contrasu expansióo. Podrlamos agregar, también, la misma dinámica destructora, intrínseca al
movimiento de la modernidad: crecimiento desordenado
de las ciudades, cataclismos ecológicos, etc. En este sentido,
Jean Chesnaux tiene razón cuando afirma que la modernidad-mundo no es generalizabje". Esto supone constatar la
existencia de un primer nivel para su validez. La modernidad-mundo es diferenciada y desigual. Hay, sin embargo,
otras limitaciones que involucran directamente al Estadonación. El movimiento de globalización de las sociedades ha
avanzado sobre todo en relación con los niveles económico
y cultural. Se trata, evidentemente, de dominios distintos
(por eso prefiero hablar de mundíalizacién de la cultura y no
de su globalizacióo'''). Sin embargo, dejando momentáneamente de lado esas especificidades, se puede decir que en
esos dos campos hay un desarrollo real de esa tendencia. La
economía mundial, los objetos globalizados, la aparición de
un sistema técnico de comunicación planetaria y la constttucíón de una memoria colectiva internacional-popular;
atestíguan su consolidación. Pero el ritmo de ese movimientoys asimétrico. El Estado-nación sigue siendo la unidad
celemental de la política. Gobierno, sindicato, partido, movimientos sociales son su expresión. Si reflexionamos sobre
el pasado, veremos que todavía una de las características del
SOBRE LA MUNDIALIZACIÓN y LA CUESTiÓN NACIONAL
~stado, y posteriormente del Estado-nación, es el mo~
líe del aparato burocrático y de la violencia. En cierta forma,
en su constitución, lo que está en juego es la formación de
un núcleo centralizador cuya validez se extienda a un dominio territorial determinado. A pesar de las transformaciones
recientes, se puede decir que este monopolio todavía se encuentra en manos del Estado-nación. Esto no significa que
c~da uno pueda usarlo de forma arbitraria, es decir, sin consIderar.los intereses ~stentes --otras naciones, empresas
trasnacíonales, bancos ínternacíonales, etc. Pero -subrayo-conserva, por lo menos en ese aspecto, su centralidad. Es
~so, creo, lo que posibilita 'fU' hablemos aún hoy de geopolítica.. Cada umdad
territorial, en la medida de sus fuerzas,
.
consigue o no Imponerse en el escenario globalizado. En el
seno de la globalizacióo hay, por lo tanto, fuerzas centrípetas. Ellas apuntan en direcciones diferentes. La cuestión.se
resume en saber si serán superadas por otras que favorezcan una integración más global o si quedarán como instancias de "negociación" (con intereses propios) en el contexto
de un movimiento que las contiene y sobrepasa.
17 J. Chesnaux, La Mnderniti-Morule, La Découverte, Paris, 1989.
18 Ver R. Ortiz: Mundillliza9JO e Cultura, Bresílíense, San Pablo, 1994.
132
133
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO·
El debate sobre la diversidad cultural tiene bnplícadones políticas. Si queremosescapar a la retórica del
discurso ingenuo, que se conforma con afirmar la
existencia de las diferencias olvidando que se articulan según diversos intereses, hay que exigir que
se les den losmedios efectivos para que se expresen
y se realicen como tal. Es un ideal político que no
puede 'evidentemente circunscribirse al horizonte
de tal o cual país, de tal o cual movimiento étnico,
de tal o cual diferencia"'. Incluye una sociedad dvíl
que va más allá del drculo del Bstedo-neoén, y que
tiene el mundo como escenario para su desarrollo.
M
1. El debate sobre la diversidad cultural se plantea hoy en
día bajo el signo de una aparente contradicción. Se afirman
simultáneamente conceptos que muchas veces parecen excluyentes: integración/diferencia, globalización/localización.
Algunos analistas de mercado no vacilan en preconizar la
existencia de un planeta homogéneo, unidimensional, recién unificado por los vínculos de la sociedad de consumo'.
Los individuos tendrían en todas partes las mismas necesidades básicas: alimentarse, vestirse, desplazarse por la ciudad, ir al cine o de compras, etc. Corresponderia al mercado
y a los bienes materiales modelados satisfacer estas necesí~
Artículo presentado en versión resumida en el encuentro NLadimensión cultural y educativa de la integración regional: situarión y perspectívesen el Mercosur".orgemaedo por elCentro de Formación para
la Integración Regional, Montevideo, diciembre de 1997.
(Traduodén: AmeIia Hernández).
1 Theodore Levítt, teórico del mercadeo global; ver "Ihe gIobalization
uf markets" en Hsrvard Business Review. 5-611983.
[1351
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
OTRO TERRITORIO
dades. Existeuna visión antagónicaentre quienes sobrevaloran los movimientos étnicos (ya sea paraafirmarlos como
elementos de construcciónde las identidades locales,ya sea
para rechazarlos como una amenaza a cualquier propuesta de
unificación). La declinación del Estado-nación habría ina~­
gurado una era de fragmentación social, sal~~le o peligrosa, según los pronósticosmás o menos .op~tas. Así se
ha generalizado la metáfora de la -balcanízacíón .El mundo contemporáneo estaría constituido por espacies meonexos, por fragmentos diversos (algunos dicen "fractados")
independientes unos de otros. En el contexto de la formación
de bloques económicos, la Comunidad Europea y el Mercosur, por ejemplo, se reproduce la misma polarida~ analítica. Al principio se hace énfasis en el primer término; la
integración. Se privilegia asi la dimensión referida a la expansión de las fronteras (moneda única europea, mercado
común, libre circulación de las personas, intercambio entre
países, etc.). Sin embargo,una vez considerado ~te aSJ>e.Cto
integrador se vuelve inmediatamente a la prenusa ~tertor:
la diferencia cultural (especificidad de las regiones, nqueza
de las culturas locales, variedad de los pueblos y del patrimonio nacional). De modo que el debate oscila entre "totalidad" y "parte", entre "integración" y "diferencia", entre
"homogeneización" y "pluralidad". Es como si nos hallára-
mos ante un mundo esquizofréniCO: por una parte, posmoderno, infinitamente multifacéticO; y por otra, uniforme,
siempre idéntico.
Esta bipolarización ilusoria se agrava cuando es refutada
en el plano ideológico. Totalidad Y parte de¡an de ser mo-
vuelve un imperativode sobrevivencia epistemológica2. Es
como si viviéramosuna Guerra Fría en el plano de los con..
ceptos. "íomer partido", ésta seria la única manera de superar
la contradicción aparente entre integración y diferencia..
ción, cada cual retrayéndose en el seguro universo de a1gu~
no de esos compartimientos herméticos. Pero, épodrían las
sociedades ser comprendidas en esta forma? Este pensamiento dicotómico, que recuerda las clasificaciones pri..
mitivas estudiadas por Durkheim y Meuss, zes realmente
convincente?
2. Dos disciplinas nos ayudan a considerar la poblemáüca
de la diversidad cultural. La primera es la antropologia. Surge al final del siglo XIX, recalcando la radicalidad ajena. Al
examinar las sociedades primitivas, revela tipos de organí-
socie-
zaciones sociales fundamentalmente distintas alas
dades industrializadas (relacionesde parentesco,creencias
mágicas, explicaciones mitológicas, etc.), Para algunos autores esta distancia es tal que hasta se hace imposible com-
prenderlas (es el caso de Levy Bruhl, cuando define la
mentalidad primitiva como algo ininteligible para el pensamiento científico). Ciertamente, parael conjunto de la disciplina, esta orientación fue luego desechada (no tendría
sentido que un áreadel conocimiento se constituyeraa par~
tir de la negación de lo que se propone estudiar). De cualquier manera, en ambos casos, lo que está planteado es el
entendimiento entre grupos distantes en el espado y en el
tiempo, o sea, un conjunto de formaciones sociales que habrían florecido a la sombra de la historia de los mundos "ci-
mentos del análisis intelectualparaconvertirseen pares antagónicos de posiciones políticas. Por una parte tendríamos
el "todo", asimilado de maneraapresurada al totalitarismo,
y por otra las n diferencias", ingeIluamen~ celebradas.como
vilizados" (europeo, chino, islámico). En principio, cada una
de ellas constituirla un lugar aparte, tendría una identidad
y una centralidad propias. Toda cultura deberla por lo tanto
expresión genuina del espíritu democrático. Modernidad o
posmodernidad, Habermas o Lyotard, derecha o izquierda,
razón o irracionalismo: escoger una de esas trincheras se
2 Fran~is Lyotard, O pó6-modenw, José Olympío, Río de janeteo, 1986;
y J. Habermas, "Amodenúdade como projeto inacabado'" en Arteem
Revista No. 5.
136
137
OTRO TERRITORIO
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITiSMO
arraigarse en un territorio específico, con un centro y con
jadopor la mirada antropológica. El mundo estada entonces constituido por una miríada de pueblos, cada cual con
su modalidad y su territorio espedfico.
La segunda disciplina es la historia. Ella nos habla de la
multiplicidad de pueblos y civilizaciones que se conpenetran y se suceden con el paso del tiempo (egipcios, sumeríos, griegos, romanos, chinos, árabes...). Un cuadro que va
transformándose continuamente desde la Antigüedad has-
fronteras bien delimitadas, alejando el casos, el desorden, lo
ajeno, lo peligroso. Por ello, los pueblos primitivos ~fec­
donaron una serie de mecanismos purificadores y exorcistas
pararelacionarse con el extranjero. Éstesiempre se concebirá, y así noslo muestraVan Gennep,como un.elem~n~ potencial de perturbación del orden, social o nutológico . Las
fronteras, simbólicas y geográficas, deben ser respetadas
para que la integridad cultural pueda mantenerse. La antropología nos enseña, por tanto, que los pueblos dispersos por
el planeta constituirian una serie diversificada de culturas,
cada una con sus características inl:Ifnsecas e irreductibles.
No es casua1 que el debate sobre el relativismo cultural se dé
en el pensamiento antropológico desde sus inicios. ~ a la
existencia de corrientes más universales (el estructuralismo
es una de ellas), predominó en la antropología clásica una
comprensión de la unicidad de cada cultura.Los estudios se
vuelven haciael entendimiento de una totahdad que expresarla de forma inequívoca el 'carácter' de un pueblo (para
hablar como los cu1turalistas norteamericanos)'. El énfasis
sobre la diferencia se pone de manifiesto incluso cuando
los antropólogos comienzan a interesarse por las sociedades modernas, desplazando el método de observación
participante hacia unnuevo contexlD. A1anaJizarobjetnsoomo
el folklore y la cultura popular, los antropólogos ~ en
cuenta aspectos que, en principio, escaparlan a la lógica de
la "modernizaci6n", de la "civiHz.aoonoccidentaf', de la "modernidad", de la "cultura burguesa". Los c~ativos no
importan mucho, los utilizo para deslindar el horizonte traba3 Van Oennep, OsRitos de POSIlgetrl, Vozes, Petrépohs, 19'78. . _
4 Porejemplo RuthBenedict,. Ptulróes deCu1trmI, limos ~ Bms~, Lisboa.
Visión que la autoraretoma en su estudio sobre la sociedad Japonesa;
ve>" TheC~"" the Svxmi. Houghton MilIIin Company, 1989.
5 Un texto representativo de este tipo de estrategia es e~ de Robert Redfield,. TheFolkCuJtun!ojYuadan, The University ofChicago Presa, Chi-
cago, 1941.
138
ta la Edad Media. La desaparición de muchas civilizaciones
afianzó en algunos historiadores la creencia de que las sociedades modernas serian análogas a los organismos vivos.
5peng1er y Toynbee vulgarizaron la concepción segón la cual
cada civilizaciónexperimentaria necesariamente una etapa
de ascenso y otrade descenso, una etapa en vida y otrade
muerte'. Postuladas por la metáfora organicista, sus fuerzas
vitales se extinguirlan con el tiempo. En todo caso, al hablar
de civilizaciones, lo que me interesa recalcar es que también
se pueden retomar las ideas de centro y de limite. Con sus
costumbres, dioses, idioma y conquista, las civllizadones se
arraigarian en un lugar determinado. Ya no se trataría de la
tribu, unidad demasiado pequeña, sino de la ciudad-Estado, el reino o el imperio. Extensiones que pueden variar del
mundo chino al mundo europeo o japonés. Por ello, entre
los historiadores florece toda una corriente dedicada al estudio del contacto entre civilizaciones, pero cada civilización buscaodo proyectarse con su lógica más allá de su marco
(conquistas romanas e islámicas). En este sentido, diversidad cultural significa diversidad de civilización.
Pero la historia nos revela además un movimiento de integración que díñcílmente podríamos aprehender si nos limitáramos a una perspectiva antropológica. Sabemos que, a
partir del siglo XVI, el capitalismo emergente en una parte
6 O. SpengIer, ¡" """"""'" de CJaidmIE, Fspasa CaIpe, Madrid. 1958; al
respecto, Toynbeepublicó varios velamenes en la serie Estudio de la
Historia. Alianza EditoriaL Madrid.
139
OTRO TERRITORIO
de Europa occidental tiende a ser más abarcador, sus ambiciones se desbordan más allá de los mares. La época de los
descubrimientos y de las grandes navegaciones da inicio a
otro ritmo de integración entre los pueblos. Este capitalismo
Uegahasta América y Asiabajo la forma de colonialismo. Es
la raíz de un fenómeno actualmente en el tapete: la globalización. Pero existe una duda: lcuál es la amplitud de este
movimiento integrador? ¿Envuelve a "todos los pueblos
del planeta", como pretende una visión que lo identifica
con un world-system? Z'Iendría esta misma dimensión
sistémica? Aquí se dividen los puntos de vista. Para una roTriente de pensadores, como Immanuel Wallerstein, el ca7
pitalismo ya era capitalismo desde el siglo XVI • Estaba ya
definido en sus rasgos estructurales y lo que había era un
movimienlo de expansión.Lahistoriaseria eotoncesun ajuste
temporal a las exigencias sistémicas. Otros autores buscan
recalcar la importancia de la Revolución Industrial. Según
ellos, el término capitalismo seria más apropiado para designar un tipo de sociedad nacida eo esa época. El punto de
ruptura no fue el siglo XVI sino la Revolución Industrial. No
pretendo extenderme en este ~e.oote, lo retomo ~lo e~ la
medida en que remite a la temática que estamos discutiendo. Creo que los intelectuales del siglo XIX (de Saint-Simon
a Marx) tenían razón cuando afirmaban la especificidad del
modelo industrial. De hecho, viendo la historia desde este
punto de vista (como lo hacen, por ejemplo, [ack Goody y
Eric Wo¡f, la Revolud60lndustrial divide las aguas. Elmundo
colonial, pese al poder y a la avidez de las metrópolis, no era
único: convivía a dispusto con otr~s "'econo~~mu~do.n
(China y e! norte de Africa). En realidad'.eldonurno bn~­
co no pasaba de las regiones costeras, ro siqtuera en India,
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
pues le era dificil implantarse dentro del connnente", 1iunbién América Latina podía ser vista como un espacio donde
la presencia española y portuguesa, aun siendo hegemónjca, no conseguía integrar a la población negra e indígena
dentro de UIi mismo molde civilizatorio.
Con esto quiero decir que, a pesar de los movimientos
integradores, el mundo anterior a la Revolución Industrial
todavía encerraba mucha diversidad. Diversidad en un doble sentido. Primero, de civilización. El poderio de los imperios
europeos (Inglaterra, Francia, España, Portugal) era ciertamente efectivo si se le considera desde el punto de vista del
continente americano. Estados Unidos, la América española
y la portuguesá son extensiones de los proyectos metropolitanos. Sin embargo, desplazando nuestra mirada hada la
realidad del mundo asiático o islámico, es necesario puntualizar las limitaciones impuestas a la expansión occidental.
Un ejemplo: Japón. Desde el siglo XVI hasta mediados de!
XIX este conjunto de islas, unificadas bajo el dominio 'Iokugawa, permaneció fuera de la órbita comercial europea (los
pocos contactos se hadan a través de una modesta presenda holandesa, en el extremo oeste del país, en Nagasaki).
Claro, existían influendas de origen extranjero (por ejemplo, la introducci60 de las armas de fuego se dio con la llegada
de los portugoeses), pero la "civilización japonesa', muy volcada aún hada el imperio celestial de China, se desarrolló al
amparo de los intereses europeos". Lo mismo puede decirse con respecto al mundo íslémíco". Hasta el momento de
LWaI1erstrin, TheModem World System (2 VoJs.),Academic Press, Nueva
York, 1976-1979.
8 [ack Goody, TIte l'Ast in the West, Cambridge University Press, Cambridge, 1996; Bríc Wolf, Europe tmd the Peopk without History, Uníversity of California Presa, Berkeley, 1982.
9 Cario Cipolla argumenta que el predominio europeo en Asia se limita
a la costa marítima. La conquista y el control de vastos territorios dentro del continente se realizó más tarde, como subproducto de la
Revolución Industrial; ver úmhiJes e Vebzs na Primeim Fase tl4 Exptmsio
Européia: 1400-1700, Gradiva, Lisboa, 1989.
10 Consultar TheCambridge History of lapan, VoIs. 3 y 4, Cambridge Uni·
versíty Prees, Cambridge, 1991J.-1991.
11 Consultar A Miquel, L'lsfmn el 54 cWilisation, Colin, París, 1986; Bernard Lewis, o Oriente Meio, Zahar, Río de janeíro, 1996.
140
141
7
OTRO TERRITORIO
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
lasinvasiones napoleónicas,poseía una dinámicacompletamente independlente de las potencias occidentales. Pero la
las reladones entre partidos y entre dases sociales), Ycultural ~unificaci6n lingüística y simbólica de sus habitantes). La
necíén segrega por tanto una Conciencia y una cultura na.
cio~, o sea un conjunto de símbolos, conductas, expectativas, compartidas por aquellos que viven en su territorio.
Proceso que se consolida en el siglo XIX Y se extiende durante el siglo XX por todos los países. En cada uno de ellos, según sus historias particulares, surge una cultura nacional
diversidad anterior a la Revoludón Industrial era parte también de las sociedades del Antiguo Régimen. Sólo desde un
punto de vista genéricose puede calificar a los Estados europeos como racionales y técnicos. Es cierto que la rado-
nalidad del capital mercantil predominaba junto a los
emprendimientos de los ricos comerciantes, pero se trataba
de un sector restringido. A pesar del desarrollo dentlfico,
cuyas raíces se remotan al Renacimiento, a las premisas de
la Ilustración, a la gestión burocrática del aparato del Estado, durante los siglos xvn y xvm prevalecieron las fuerzas
de la tradición (aristocracia, religiosidad popular, creencias
mágicas, economla agrícola, estamento sociales, elc.)". En
realidad, las sociedades europeas constitulan un verdadero
archipiélago de "mundos regionales", poco integrados unos
con otros. Dicho de otramanera, aunquees posibleencontrar en \os siglos anteriores algunos rasgos de un fenómeno
que hoy llamamos g1obaIizad6n, el surgimiento y la consolidadón de este proceso, a mi modo de ver, sólo fueron constituyéndose cualitativamente con el advenimiento de la
modernidad.
3. Revolución Industrial y modernidad van juntas. lrajeron
consigo un proceso de integración hasta entonoes desconocido: la constitución de la nación. Distinta a la noción de
Estado (muy antigua en la historia de los hombres), la nadón es fruto del siglo XIX. Presupone que en el ámbito de un
territorio determinado ocurra un movimiento de integración
económica (surgimiento de un mercado nacional), social
(educadón de "lodos" los dudadanos), politica (adveni-
miento del idealdemocrático como elementoordenador de
No nos imaginemos la construcción de las naciones como
algo natural, como una necesidad teieológica. según lo pensaban varios autores del siglo XIX (se creía que en la cadena
evolutiva de las sociedades, la nación seria el tipo más per_
fecto de formadón soda\). Esta construcción resulta conflic-
tiva, implica intereses contradictorios, disputas y dominios.
Buena parte de la memoria nacional es una invenci6n simbólica, las tradiciones son ideológicamente vehiculiza.das,
como si siempre hubieran existido. Resulta no obstante que
cada país se ve como una urúdad especifica. Según decla
Herder; la naciónes "un organismo vívc", modal,que difiere de la vida existente en otros lugares. La diversidad tiene
portantoun nuevo significado. Elmundo seria la sumatoria
de los encuentros y las desventuras de culturas nacionales
diversificadas.
4. La modernidad avanzacon las revoluciones industriales,
ya no solamente con la inicial sino también con la segunda
(a fines del siglo XIX) Yla tercera (a mediados del siglo XX),
produciendo un movimiento integrador que traspasa lasdiversidades étnicas, dvilizadoras y nacionales. Al expresarse
como modernidad-mundo, las atraviesa ubicándolas en el
marco de una "sociedad global" -para hablar como Octavio
Janní". Las relaciones sociales ya no se limitan a los individuos que viven en el contexto de tal o cual cultura, sino que
12 Buena parte de esta tradición se prolonga durante todo el siglo XIX;
ver Amo Mayer,A FOf9I da fnuli9ío, Companhía das Utras, San Pablo,
1987.
13 Octavio Ianní, A SociedmJe Global, Civllizay\o Brasileira, Ríode }aneiro,
1993.
142
143
OTRO TERRITORIO
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
se presentan cada vez más como "desterritorializadas", o sea,
como realidades mundializadas. Contrariamente al argumento antropológico que fijaba la cultura en un lugar
geográficamente definido, o a las premisas nacionales que
arraigaban a las personas en el suelo fijo de un territorio,
ahora tenemos un "desencaje" de las relaciones sociales a
nivel planetario'•. Queda en entredicho la idea según la cual
toda cultura poseia un centro: la tribu, la civilización, la nación, delimitando un entorno bien preciso. La modernidad-mundo atraviesa las diversas formaciones legadas por
la Historia, desde los pueblos primitivos hasta los países industrializados.
Concebir la modernidad-mundo como un movimiento
integrador no es considerarla como algo homogéneo. Los
sociólogos muestran que la modernidad siempre es diferenciadora. Vmcu1ada al modo de producción industrial, se
funda en un proceso de individualización y de autonomía
creciente. Racionalización del conocimiento, como quería Weber -emancipación del pensamiento científico con respecto
ala religión y a las creencias mágicas; subdivisión del campo
de la ciencia Y constitución de disciplinas distintas (física, S<>cíologfa, antropología, psicología). La especialización del
conocimiento se vuelve una exigencia de las sociedades modernas. Es una diferenciación que llega hasta los valores tradicionales, liberando a los individuos de las redes de la
cohesión comunitaria La sociología nace privilegiando esos
temas. Durkheim busca en la división del trabajo la clave
explicativa de esta diferenciación social. El pasode la solida.
ridad mecánica a una solidaridad orgánica reflejarla precio
samente este aspecto. Es un movimiento que puede incluso
adquirir un cariz "patológico" con la fragmentación social y
la anomia de los individuos. 'IOnnies retoma la misma pro-
blemática mediante dos pares conceptuales, "sociedad" y
"comunidad". La ciudad se convierte así en el lugar privilegiado de las relaciones anónimas e impersonales, en contraposición a las agrupaciones rurales, la aldea, donde los
contactos1='¡1= favorecerian los rasgos de cohesión. Por
ello, Simmel considera la ciudad como ellocus donde "las
diferencias explotan", o sea, donde se afirma la irreductibilidad del individuo. La modernidad-mundo trae consigo un
elemento diferenciador, su naturaleza. Esto significa que la
mundialización es simultáneamente una y diversa. Una,
como matriz civilizadora cuyo alcancees planetario. En este
sentido, me parece impropio hablar de "modernidad japonesa", "modernidad europea", "modernidad latinoamencana", como si se tratara de estructuras completamente
distintas. Una matriz no es un modelo económico en el que
las variaciones se dan en función de los intereses en juego o
de las oportunidades de mercado. Capitalismo, d _
rialización, formación nacional, racionalización del saber Y
de las conductas, industrialización, avances tecnológicos, son
elementos compartidos por todas esas "modernidades". Los
sociólogos pueden entonces considerarlas como parte de un
tronco común, revelando así sus nexos constitutivos. No
obstante, la modernidad es simultáneamente diversa. Primero, atraviesa de manera diferenciada cada país o formación social especffica. Su realización se da según las historias
de los lugares. Las naciones son diversas porque cada una
de ellas actualiza de manera diferenciada los elementos de
una misma matriz. La modernidad varia, por tanto, según
las situaciones históricas (tiene una especificidad en América
Latina, otra en Japón o en Estados Unidos). Segundo, contiene en sí un movimiento de diferenciación que envuelve a
los grupos, las clases sociales, los géneros y los individuos.
14 Acerca de la relación entre el proceso de muedíaíízecíón de la cultura
y la constitución de los lugares, ver R. Ortiz,. "Es~ e temtcríaíídades'" en Um Outro TerriJório, Olho d' Agua, San Pablo, 1996.
5. Si mi razonamiento es correcto, puede decirse que el término diversidad se aplica de forma indiferenciada a fenómenos de naturalezas diversas. Primero, a tipos de formaciones
..
,
'48
OTRO TERRITORIO
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
dió con los campesinos en Europa y en América Latina durante el proceso de industrialización, y con varios grupos
indígenas. So pena de desaparecer, los llamados pueblos pri_
mitivos tienen que defenderse contra la expansión de las
fronteras, ya sean nacionales o mundiales. Diversidad signi.
fica aquí afirmación de una modalidad social radicalmente
distinta. El caso de las sociedades islámicas (y no hay que
olvidar que éstas son heterogéneas) es de otra naturaleza. Se
afirma que esta civilización encuentra buena parte de su
sentido en los principios religiosos del Corán, pero sería incorrecto imaginarlas como totalmente apartadas de la mo-dernidad. Las trasformaciones ocurridas durante los siglos
XJX Yxx, aun apuntando hada un fracaso de la "modernizacíón", indica la existencia de sociedades que asimilaron algunos aspectos de la Revolución Industrial (y no sólo el
progreso tecnológico, como se suele decir). El dilema del
mundo islámico es Cómo equilibrar, o sea, cómo contener los
elementos de la modernidad en el marco de un Estado y
una sociedad civil donde el código religioso todavía pretende ser la última fuente de legitimidad". lbtalmente distinta es
la cuestión feminista. Emerge como una reivindicación dentro
de la matriz de la modernidad Se lucha por la igoaldad de
oportunidades y de trato entre géneros. Identificar los
movimientos indígenas con el de las mujeres y clasificarlos
como minoría es simplemente confundir las cosas. Oaro que
se afirma un principio de "buena intención", pero esto no
nos ayuda en nada para comprender o resolver el problema
La construcción de la identidad en los movimientos de género es el resultado de las ideas y de la organización interna
de las sociedades modernas. La oposición entre masculino y
sociales radicalmente distintas (tribus indígenas, etnias, pasadas civilizaciones y naciones). Recalco este aspecto un
tanto ausente del debate contemporáneo. Aun tomando en
cuenta el eje hegemónico de la expansión de la modernidad-mundo, hay que reconocer la existencia de un legado
de la historia. Civilizaciones, etnias, tribus indígenas no son
un anacronismo, algo "fuera" del tiempo. A no ser que creamos en la sapiencia convencional de la ideología de progreso, popularizada por el pensamiento evoludonista del siglo
XIX. Mundo islámico, sociedades indígenas, grupos étnicos
(en África o en Europa central) no son testimonios de "atraso" o señales de barbarie. Se trata de formaciones soci.a1es
plenamente insertadas en la actualidad (o sea, inmersas en
las relaciones de fuerza que las determinan). Al considerarlas como vestigios, se desconoce que la Historia es también
el momento presente de entrelazamiento de tiempos no
contemporáneos. Segundo, la diversidad se aplica en
cuanto diferenciación intrínseca de la propia modernidadmundo-individuo, movimientos femenino, homosexual, negro, cnsís de identidad, etc. Estos movimientos se han
acelerado hasta tal punto que muchos los perciben como
síntoma de una nueva fase histórica, de una posmodernidad. Es como si cualitativamente esas diferencias fueran
equivalentes, mientras que cualquier antropólogo conoce la
especificidad de los pueblos indígenas. En realidad, la noción
misma de "pueblo" resulta inadecuada para describirlos. Lo
colectivo sólo tiene sentido cuando lo contraponemos a las
sociedades industriales. La idea de miríada me parece más
apropiada para aprehender su realidad. No hay eíndígenas", a no ser en singular, y siempre deben ser calificados:
son kamaura, sumí, cíntalarga, etc. (basta ver la diversidad
de lenguas indígenas para constatar la multiplicidad de lo
que el pensamiento postula como homogéneo). Cada unidad tiene una centralidad y un territorio que se articulan y se
contraponen a los intentos de integración. En esto radica la
importancia de la cuestión de la tierra (o sea, de las fronteras). Perderla seria desarraigarse, desencejarse.Io que suce-
15 La interpretación del fundamenlalismo propuesta por Olivier Roy es
sugestiva. Para el autor, no se trata de una "fuga" de la modernidad,.
sino de una respuesta a la modernización incompleta y desigual de
los países árabes, y de una critica a las instancias religiosas tradicionales (los umelas)¡ ver GenaJfogfa del Islmnismo. Ediciones BelletaITa, Bar.
celona, 1996.
146
147
OTRO TERRITORIO
femenino no es algo insuperable. Hombres y mujeres, pese
a sus sensibilidades diferenciadas, viven en un mismo universo. Hago hincapié en el término utilizado: insuperable.
En el caso de las sociedades indígenas, toda . . superación",
sea en el sentido hegeliano o no, implicaría su desaparidón.
La separación es la razón de ser de esas culturas. Por ello, lo
que estoy sugiriendo es que es necesario hacer, en el debate
sobre diversidad, una distinción cualitativa entre las diferencias. Postularlas romo equivalentes (romo lo hace el discurso posmoderno) es un error.
6. La diversidad cultural no puede verse sólo como una . . diferencia", o sea, algo que se define en relación con otra cosa,
nos remite a alguna otra rosa. 1ixIa "diferencia" es prodocida
sodalmente, es portadora de sentido simbólico y de sentido
histórico. Un análisis que sólo considere el sentido simbólico, tipo hermenéutica, corre el peligro de aislarse en un
relativismo poco consecuente. Es como si la cultura fuera
realmente un texto y cada quien le diera su propio significado. La lectura se derivarla entonces de una intención arbitraria: el posicionamiento del Jector. No habría una relación
necesaria entre los textos, su existencia se vincularía únicamente al interés de la mirada que lo decodificaría En su irreductibilidad, las culturas no serian comparables unas con
otras, serian indiferentes unas a otras. Afirmar el sentido
histórico de la diversidad cultural es sumergirla en la materialidad de los intereses y de los confictos sociales (capitalismo, socialismo, colonialismo, g1obalizadón). La diversidad
se manifiesta por ende en situaciones concretas. Claro que
se puede hacer una lectora textual de las culturas primitivas
(en parte, este es el objetivo de la antropología), pero considerándolas dentro de un horizonte más amplio. Una cosa es
que leamos las sociedades primitivas como un texto (lo que
significa que Los argonautas del Pacífico de Malinowsky es
una entre varias interpretaciones posibles de un mismo
dato empírico), mientras que otra es entender el destino de
148
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
los habitantes de las islas 'Ircbnand. En este caso, es ímposíble a~rehen~er el ~bio que los afecta sin sumergirlas en
el flujo del tiempo, sm que las consideremos en el marcod.e
una "situación colonial"". El texto "pueblos trobriandeses"
con su mitología, SU potlach, sus creencias, será redefinido:
transformado por la presencia del comercio, del cri.sfianis..
mo, de las autoridades coloniales. De igual modo, diria que
hoy el contexto cambió. La giobaJización es el elemento si~
tuacional prevalente. Reordena nuestro marco de entendí;
miento. El relativismo es una visión que presupone que las
culturas se abstraigan de sos condiciones reales de existencia,
creando así la ilusión de que cada una de ellas quedaría totalmente autoconcentrada, o mejor dicho, sería un texto. En
realidad, este estatuto, postulado por el razonamiento trietodológico, es negado por la historia. En el mundo de los
hombres, las sociedades son relacionales pero no relativas.
Sus fronteras se entrelazan y, más de una vez, amanezan el
territorio vecino. La discusión acerca de la diversidad no se
reduce por tanto a un argumento lógico-fiJosófico, necesita
ser contextualízada pues el sentido histórico de las . . diferencias" redefine su propio sentido simbólico.
Decir que la "diferencia" es producida socialmente nos
permite distinguirla de la idea de pluralismo. A mi modo de
ver, traducir el panorama histórico-sociológico en términos
políticos es engañoso, porque estaríamos presuponiendo que
cada una de esas múltiples unidades tiene la misma validez
social. En esta perspectiva, la cuestión del poder se borra
No habría jerarquía ni dominio. En realidad estaríamos
aceptando de manera implícita la tesis según la cual el contexto histórico o bien no interfiere con las diversidades o
bien en última instancia sería pluralista, democrático, lo cual
16 Recuerdo que el concepto de "situación colonial" fue introducido por
,?e.orges Balandíer, precisamente con la intención de escapar al relatiVISIllO del culturalismo norteamericano; ver Socio/cgie acfuel/e de I'AfrUlue1WÍre, PUF, París, 1m.
14'
OTRO TERRITORIO
es un contrasentido (o mejor dicho, sólo tiene sentido cuando consideramos ideológicamente el mundo). Se ha desarrollado en tiempos recientes toda una literatura que gira
en tomo al paso de lo "hOl1\ogéneo" a lo "heterogéneo". La
producen los economistas, los sociólo~os, I?S a~stra­
dores de empresas y los divulgadores dentíñcos (PIenso en
los escritos de A1vin lbIDer)17. La historia es aprehendida en
términos dicotómicos, como si nos halláramos en el umbral
de una nueva era, de una "tercera ola". Para este tipo de
óptica, el pasado habría sido uniforme, unívoco, privilegiando los "grandes relatos", y en contra~a~l presente
se caracteriza por la diseminación de las diferencias, por los
"pequeños relatos", por la multiplicidad de identidades.
Aplicada al mercado, esta visión optímísta ~ lo ~omo­
géneo al fordismo, a la producción en. se?e y m~lva, y
asimila lo heterogéneo, lo diverso, al capitalismo flexible de
este fin de siglo. El mundo actoal seria múltiple y plural
Diferenciación y pluralismo se convierten así en términos
intercambiables y,lo que es más grave, ambos se funden en
el concepto de democracia. En esta operación mental.hay
algo de ideológico. Se trata, primero, de una falsedad histórica. No cabe duda de que las sociedades modernas son más
diferenciadas que las formaciones sociales anteriores, ciudad-Estado, civilizaciones, tribus indígenas. El proceso de
diferenciación, vinculado a la división del trabajo, es intrínseco a la modernidad. Pero no hay que olvidar que, desde el
punto de vista civilizatorio, la divers~dad existente antes
del siglo xv era ciertamente más amplia que la que hoy ronocemos.lnnumerables culturas, lenguas, economías-mundo economías regionales, costumbres, desaparecieron en el
movimiento de expansión del colonialismo, del imperialismo y de la sociedad industrial. A veces me da la impresión
de que el discurso sobre las diferencias lidia dificilmente con
esos hechos. Ante lo inexorable de la modernidad-mundo,
17 Alvin Toñler, The Third Wawe, Bantam Books,Nueva York, 1980.
150
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
hay que imaginar el pasado como si representara el dominio
de la indiferenciación y de la uniformidad. 'Ial vez podrfa
decirse del mundo contemporáneo lo que Maxime Rodinson J,',?ndera en las sociedades islámicas de algunos siglos
atrás 8. Las especificidades religiosas, en el caso de la convivenda del islamismo con el judaísmo o el cristianismo en un
mismo territorio, lejos de ser parte de un cuadro de tolerancia (como dicen algunos historiadores), eran parte de un
"pluralismo jerarquízado". O sea, la diversidad se ordenaba
según lasrelaciones de fuerza dictadas por el código islámico. Las idiosincrasias del mercado o de las identidades no
existen en tanto "textos" autónomos, sino que participande
un "pluralismo jerarquizado", administrado por las instancias dominantes en el contexto de la modernidad-mundo.
Cmno corolario del argumente anterirn; puede decirse que
las diferencias" también esconden relaciones de poda Por
ejemplo el racismo, que afirma la especificidad de las razas
para seguidamente ordenarlas según una escala de autoridad y poder. Por ello, es importante comprender cuándo el
discurso sobre la diversidad oculta cuestiones como la desigualdad. Sobre todo cuando nos movemos en un universo
donde la asimetría entre países, clases sociales Yetnias no se
puede argumentar. La imagen según la cual el mundo sería
"multicultural" y estaría constituido por un conjunto de
"voces" (imagen muy corriente en los organismos internacionales tipo Unesco) no es satisfactoria. El lema de la "unidad
en la diversidad" (hoy en día común entre quienes se refieren a la Comunidad Europea) puede ser un lenitivo cuando
se enfrentan problemas para los cuales todavía no hay respuestas, pero su validez sociológica es sumamente dudosa.
Durante todo el siglo XX esta frase estuvo a la orden del
día en las élites latinoamericanas. Lo mestizo, lo sincrético
(ahora, con el posmodemísmo, volvemos a una apología del
H
18 Maxime Rodinson "La notion de minorité el l'IsIam" en L'ls/am: politíoue et croyance, Fayard, París, 1993.
151
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
OTRO TERRITORIO
mestizaje), se convierte en sfmbolo de la superación de los
antagonismo sociales. Por ello, un autor como Gi1bertoPreyre puede aprehender la historia brasileña en términos de
"democracia racial". El país seria elproducto del cruce armónico, de la acu1turación de europeos, negros e índíos".
La diversidad étnica se expresaría al unísono en la unidad
nacional. El inconveniente es que esas "teorías", que no son
necesariamente brasileñas pues se han difundido por toda
América Latina, omiten precisamente el contexto en el que
se da la interacción cultural. Fundadas en una perspectiva
culturalista, retiran toda diferencian de la historia, deificando a los individuos en una visión idílica de la sociedad
(o sea, conveniente para las élites domínantesj", La desigualdad puede ser entonces absorbida en tanto diferencia,
y se anula ante la contnbución especifica de cada una de las
partes.
Dentro de la perspectiva que estoy planteando, el mundo
difícilmente podría ser visto como un caleidoscopio -metáfora utiliza con frecuencia por varios autores-, un instrumento en el cual los fragmentos coloreados se combinan de
manera arbitraria en función del desplazamiento del ojo del
observador. Pero las interacciones entre diversidades no son
arbitrarias. Se organizan según las relaciones de fuerza que
se ponen de manifiesto en situaciones históricas. Existeorden
y jerarquía. Si las diferencias son producidas socialmente
ello significa que, al descuidar sus sentidos simbólicos, que·
H
19 GiIbertoFreyre, ~do BmOl, J"" OIympW,RfodeIereíro, 1941.
20 Es interesante notar que la antropologfa culturalista norteamericana
tiene un papel importante en el proceso de construcción de las tmégenes nacionales. Esto no ocurrt6 sólo en América Latina. donde los
estudios de Herskovitz, Robert Redfield, Margaret Mead YRuth 1Je..
nedict ejercieron gran influencia. 1..0 mismo ocurrt6 en Japón- El culturalísmo presentaba un conjunto de conceptos apropiados para la
elaboración de la "diferencia nacional". Al respecto, consultar Harumi
Befu, "A critique of the group model of Japanese Society" en SociIIl
AnaIysis Vol. 5, No. 6, 1980.
darán signadas por los intereses y conflictos definidos
fuera del ámbito de su círculo interno. Dicho de otra manera, la diversidad cultural es diferente y desigual porque las
instancias Ylas instituciones que las construyen tienen dístintas posiciones de poder y de legitimidad (países fuertes o
paises débiles, trasnacíonales o gobiernos nacionales, civilización n occidental" o mundo islámico, Estado nacional o
grupos indígenas).
7. En el contexto de la modernidad-mundo hay una institución social que adquiere un peso desproporcionado. Me
refiero al mercado. Se trata de una instancia no sólo económica, como suelen imaginar los economistas, sino también
productora de sentido. Lejos de ser homogéneo, según pensaban los teóricos de la comunicación masiva, el mercado
crea diferencias y desigualdades". Basta ver el universo del
consumo y de los estilosde vida. A través de los objetos consumidos, los individuos expresan y reafirman sus posiciones de prestigio o de subordinación. El consumo requiere
dispombilidad financiera y capacidad de discernir (hayruna
educación para el consumo). Las marcas de los productos
no son meras etiquetas, agregan a los bienes culturales un
sobrevalor simbólico consustanciado en la griffe que lo singulariza en relación con otras mercancías. Yo diría, en los
términos sociológicos de Bourdieu, que el mercado es fuente de distinción social y refuerza la separación entre grupos
y clases socíalesf. Se redimensíona así lo que se entiende
por valor cultural-sobre todo al tratarse de las industrias
culturales. Al tener el mercado una amplitud globalízada,
desplaza a las otras instancias de legitimidad que conocía21 Para una discusión acerca del concepto de masa y su inadecuación al
entendimiento de la problemática de la mundíalízacíón de la cultura,
ver. R. Ortiz, "Cultura, comunícacao e massa" en Um Outro Território,
op. cit.
22 Pierre Bourdien, Úl distinctron, Minuit, París, 1979.
153
152
OTRO TERRITORIO
mos, por ejemplo el gran arte o las tradiciones populares.
Establece por tanto una jeran¡uización entre las diversas producciones culturales, garantizando un lugar destacado para
aquellas que se ajustan a su lógica. Por ello, cualquier discusión acerca de la diversidad que deje de lado este aspecto
mercadológioo resulta inocua. No es que la cultura se haya
convertido en una mercanda (no creo que este concepto se
aplique a los universos simbólicos, excepto como metáfora).
Sin embargo, en el conjunto de relaciones de fuerza mundializada, debido a los intereses el) juego, el mercado cultural adquirió una dimensión de la que no disfrutaba hasta
entonces. Para aquellos que discuten acerca de la integración, sobre todo en el marro de una política de formación de
bloques [Iratado de Ubre Comercio de América del Norte
[Tkan], Mercosur, Comunidad Europea), es crucial que el
debate vaya más allá de los intereses económicos inmediatos. De no ser así.. el marco de reflexión quedará atrofiado..
circunscrito a los temas legitimados por el statu quo.
8. En un mundo globalízado, la diversidad cultural debe ser
considerada desde un punto de vista cosmopolita. Sólo una
visión universalista puede valorar realmente lo que llamamos"diferencia". Querramos o no, ello exige que se relativice la manera como se solía considerar la cultura nacional
Los ideales de la Dustración europea preconizaban que 10
universal se realizaría a través de la nación. Libertad, igualdad Ydemocracia fueron principios que orientaron el surgimiento de las naciones (lo digo a sabiendas de que nunca se
realizaron completamente). La propia lucha anticolonialista se fundamentaba en esas premisas. Para existir como
pueblos lfbres, los países colonizados tuvieron que romper
con la metrópoli y constituirse en naciones independientes.
Mientras tanto, la relación entre la nación y 10 universal se
rompió. La modernidad-mundo replantea el problema sobre otras bases. Ante el surgimiento de una sociedad globalizada.. la nación pierde su preeminencia para ordenar las
154
DIVERSIDAD CULTURAL Y COSMOPOLITISMO
relaciones sociales. Su territorio es atravesado por fuerzas
que la trascienden. Las formaciones nacionales se eonstítuyen ahora en diversidades (y no en punto final de la ~
como querían 106 pensadores del siglo XIX), k> que significa
que las culturas nacionales adquieren un peso relativo. Pasan a ser consideradas en el ámbito de las otras diversidades
existentes.
Sé que la historia del universalismo encierra numerosos
percances. De la razón Instrumental, como decía Adorno, al
etnocentrísmo arrogante. No siento predilección ni nostal...
gia alguna por ese presente/pasado de la "razón occidental"
(asociar la idea de razón a la de accidentalidad es un tour de
force eurocéntríccc al igual que en los departamentos de filosofía se sustenta el mito de la raza griega como punto de
origen de todo pensamiento racional, dejándose de lado la
riqueza de otras culturas: china, árabe, india"). Lo universal
no existe en abstracto.. especie de a priori. kantiano roya pre~
sencia sería inmanente a la mente humana. Las sociedades
tuvieron que sufrir profundas transformaciones para que
pudiera expresarse la universalidad el pensamiento. Una
de ellas fue el advenimiento de la escritura. Tal como lo recalca [ack Goody, la escritura hizo posible para las culturas
un grado de abstracción y de trascendencia que les permitió
escapar a las imposiciones locales (de los dioses,los poderes
y las creencíasj". Por ello.. Weber considera como universales las religiones que se fundamentan en textos escritos: budismo.. confucianismo, islamismo, bramanismo,
cristianismo. Al igual que las "diferencias" lo que calificamos
como universal siempre se sitúa históricamente. En este
sentido, el debate sobre el universalismo tampoco se reduce
a una posición teórica.. a un juego de argumentos contrapuestos a otros (al relativismo, por ejemplo). Las instituciones
na.
23 Ver Samir Amin, L'Eurocentrisme, Anthropos, París, 1988.
24 Iack Goody, A lógiaJ da escrita e a organiza9i0 da sociediuIe, EdicOes 70,
Lisboa, 1986. Consultar también Walter J. Ong, Ondidad Y escritum:
tecnolngias de Is palsbra,. Fondo de Cultura Eoonómica, México, 1987.
'ss
OTRO TERRITORIO
sociales, ya sean las religiones, los Estados, o las trasnacionales, llevan en sí elementos de universalidad (religiosa, política o mercadológica). No obstante, aun admitiendo que
lo universal sea un constructo histórico (muchos filósofos
piensan de otra manera), no puedo dejar de comprender
que ésta es la única vía posible para dar cuerpo a los ideales
de libertad y democracia. Sólo una perspectiva cosmopolita puede afirmar, por ejemplo, el derecho de los pueblos
indígenas a poseer sus tierras. Al reconocerlos como diferentes y no iguales [lo cual es distinto a desigual), debido a
los ideales anteriores les atribuyo una prerrogativa de derecho. Así, no estoy refiriéndome al universal colonizador de
nuestros antepasados. Sólo una perspectiva cosmopolita me
permite criticar la pretensión del mercado de constituirse
como única universalidad posible. En nada avanzamos considerando la categoria "totalidad" como un anatema (una señal de totalitarismo). Históricamente las ti diferencias" sólo
pueden existir cuando son reducidas por fuerzas integradoras que las engloban y las rebasan. Independientemente de
que lo consideremos como perversión o realización del "proyecto de modernidad", el mercado trasciende, por su dimensión planetaria, las fronteras y los pueblos. De ahí su
vocación para constituirse en un "gran relato", o sea, un
discurso donde la universalidad sólo es conveniente para
los grandes grupos económicos y financieros. Por ello, el debate sobre la diversidad cultural tiene implicaciones políticas. Si queremos escapar a la retórica del discurso ingenuo,
que se conforma con afirmar la existencia de las diferencias
olvidando que se articulan según diversos intereses, hay que
exigir que se les den los medios efectivos para que se expresen y se realicen como tal. Es un ideal político que no
puede evidentemente circunscribirse al horizonte de tal o
cual país, de talo cual movimiento étnico, de tal o cual
"diferencia". Incluye una sociedad civil que va más allá del
círculo del Estado-nación, y que tiene el mundo como escenario para su desarrollo.
186
CIENCIAS SOCIALES, GLOBALIZACIÓN
y PARADIGMAS·
Pensar las ciencias sociales requiere una atendón redoblada en relación con el pasado y el futuro, una preocupación
constante con la tradición y los cambios. Digo redoblada
puesto que las transformaciones recientes nos fuerzan a
considerar de forma radical y sistemática los problemas que
nos envuelven. No es porque estamos en el final del siglo
que eso se hace necesario. A no ser que creamos en las profedas milenarístas, lo que seria desastroso para un científico
social, los periodos históricos sólo tienen un valor relativo.
En realidad, las ciencias sociales tienen una historia ya consolidada, a pesar de que mucho de lo que se haga en la
actualidad nos parezca insuficíente. De ahí la aparición de
estudios, de diagnósticosque seproponen su restructuracíón,
como es el caso del informe patrocinado por la Comisión
Culbenkían'. A pesar de ser incompleto -no es fácil hacer
una evaluación en escala tan amplia y abarcar instituciones
académicas de diversos perses-, el informe es atrayente al
cultivar una actitud abierta en relación con los impases contemporáneos. Sin embargo, considero que, en este movimiento de repensar, se deben evitar dos actitudes: una, más
conservadora, tomar los"clásicos" como fundadores de un
saber acabado, lo cual nos conduciría necesariamente a una
cristalización del pensamiento. Recuerdo que cuando Weber
contrapuso la ciencia (independientemente del peso atribuido al término) al arte, tras enumerar algunos puntos comunes entre ellos, señalaba un aspecto singular del universo
científico: la experimentación racional Esto significa que el
•
1
Traducci6n: Carlos Eduardo Cortés Sánchez.
O:mtisión GuIbenkian (presidida por lmmanuel WaI1erstein), PtlT/l Abrir
as Ciendtls SocúDs. San Pablo, Cortez, 1996[157
J
CIENCIAS SOCIALES, GLOBAUZACIÓN y PARADIGMAS
OTRO TERRITORIO
trabajo científico, en confrontación constante con la rea1i;
dad, se encuentra íntimamente ligado a la idea de p~greso
(lo cual no ocurre propiamente con el mundo artístico). Por
lo tanto, hay una acumulación de conocimiento que conduce por obligación a un cierto "envejecímíento" de .10 que fue
producido. Las ciencias sociales, con todas las dificultades
que las rodean, y son muchas, no deben ser pensadas como
una suma cero de experiencias. Por el contrario, "conocemos más", de hecho, sobre muchos aspectos de las diversas
formaciones sociales (basta ver el conocimiento acumulado
por los antropólogos sobre las sociedades primitivas). Con
respecto a la historia antigua, Finley dirá que no sólo evolucionaron el volumen de datos y las técnicas, "de manera inevitable todo historiador sufre por ignorar lo que ocurrirá
después de él 'Ibdo historiador, incluso el más mediocre,
tiene, por tanto, una experiencia histórica más grande ~e
la de sus predecesores, por más destacados que h~yan Sido.
Eso es una perogrullada, pero una perogrullada importante,,3. Por supuesto, no se trata de descalificar a los "clásicos"
(Weber, Marx, Durkheim, Malinowsky, Mercel Mauss, etc.).
No me cabe duda de que en muchos sentidos ellos siguen
siendo actuales (no es posible discutir el capitalismo sin referirnos a los escritos de Marx). Sería insensato volver a la
querella entre"antiguos" y "modernos", ~omo.si es~ disputa entre eruditos del siglo XVII aún tuviera Vlgenaa entre
nosotros'. Pero de nada serviría sacralizar un tipo de literatura como si ontológicamente contuviese el comienzo y el
final de todo argumento sociológico.
La actitud contraria sería imaginar que "todo cambió",
que los tiempos actuales, flexibles, exigirían una ciencia so-
cial radicalmente distinta e incompatible con lo que se venía
practicando hasta ahora. Una percepción que predomina en
las discusiones sobre la "crisis de paradigmas". En este caso,
la idea de "revolución epistemológica" se vuelve prevaleciente. Nuevos paradigmas, asociados a temas como la posmodernidad o la globalización, vendrían naturalmente a
ocupar el terreno infértil del pensamiento tradicional. El ínconveniente en este tipo de interpretación es que la idea de
revoluciones sucesivas es poco convincente, como si ron cada
estancamiento teórico o con cada descubrimiento tecnológico despuntase una transformadón equivalente en el plano
analítico. Razón tiene Bourdieu ruando dice que el campo
del pensamiento dentffico apenas pasa por una revolución
sustantiva, que él denomina "inaugural'", Es d~ cuando
el pensar se constituye propiamente como científico y se
hace autónomo de las influencias externas al orden explicativo del campo. Para el caso de las ciencias sociales, ello habría ocurrido durante el siglo XIX (volveré sobre este punto)
ruando se institucionalizaron como disciplinas legítimas. A
partir de entonces, los cambios dejan de ser -manteníendo
la imagen anterior- revolucionarios; en realidad se trata de
secuencias que se inscriben dentro de los cánones previamente establecidos. Por eso el término revolución es impropio, pues lo que se pretende aprehender se integra muchas
veces al movimiento de la "revolución inau~al", acto fundador del propio campo del conocimiento. Cualquier ba-
3 M. L Pmley, "El 'progreso' en la historiografía , en HlStóriIl Antigu. San
Pablo, Martins Pontea, 1994. p. 5.
.
.
4 Sobre la discordia entre antiguos y modernos ver Robert Nisbet, Htstory of the Ideaof Progress, Nueva York, Basic Books, 1980.
P. Bourdieu, "O Campo Oentffico", en Renato Ortiz, Pierre Bourdieu.
San Pablo,Ática, 1983.
6 En la literatura contemporánea se usa el término "revolución" en forma excesiva e imprecisa. Se habla de revolución tecnológica, comunicativa, paradigmática, como si en verdad estuviéramos viviendo una
nueva era. Lasmetáforas alcanzan tal grado de exageración que elgunos autores acuden a imágenes nústicas para describir la nueva
condición de la humanidad. McLuhan y B.R. Powers hablan, por
ejemplo, de la "era de Acuario". Ver TIre G100al Village, Oxlord, Oxford
University Press, 1989.
158
159
2 Max Weber, 'Le métier el la vocation de savant". en le Sauant el la
Politiqueo Parfs, Ed. 1MB, 1963.
. . ' ,.
.
5
OTRO TERRITORIO
lance que llegue a hacerse sobre las cie~~ .sociales d~be
tener en cuenta la existencia de una tradídón mtelectual mcorporada a las diversas instituciones académicas. El pasado
es presente y se manifiesta en el arsenal de conceptos ~on
los que operamos, los tipos de investigación que realizamos, la bibliografía escogida, las técnicas empleadas, et~.
Sin embargo, los cambios ocurridos son profundos. Fetichizar el saber tradicional equivaldría a confinarnos a una
postura conformista y a dejar de percibir aspectos que ;>dgen un tratamiento nuevo y diferenaad~. La graaa está en
entender la tradición como punto de partida, suelo en el que
enraizamos nuestra identidad, pero sin volvernos prisioneros de su rigidez. Comprenderla es, pues, superarla: ~ar
continuidad a la constitución de un saber que no es estático
ni definitivo.
Hacer ciencias sociales, hoy como ayer; implica confrontar
una serie de problemas recurrentes, cuestiones que r~~pa­
recen sin cesar, como si no pudieran resolverse definitivamente. No creo que eso se deba a una debilidad intrínseca
de las ciencias sociales, un argumento obligatorio cuando
las comparamos con las "ciencias exactas". Esta obsesión de
'contraponer el saber de las "humanidades" al de las llamadas dencias "duras" me parece un despropósito, una preocupación insólita y dislocada en el tiempo ~~~izás tuvo
razón de ser durante el siglo XIX, cuando el positívísmo comtiano buscaba ser reconocido a cualquier precio). No se trata
tanto de definir qué se entiende por objetividad en las ~e~­
cias de las sociedades (por supuesto, ella tiene su especiñcidad), sino de reconocer que la recurrencia de ciertos dilemas
es un aspecto definitivo de la disciplina. Lejos de ser una
falla, un equívoco para que el formalismo metodológico corrija, ellos persisten, atraviesan el tiempo porque son parte
de su "esencia", de su "estructura". El primero de ellos se
refiere al sentido común. Sabemos que la constitución del
objeto sociológico requiere una ruptura con el sentido común; al fin Y al cabo esta es una de las primeras reglas del
160
CIENCIAS SOCIALES. GLOBALlZACIÓN y PARADIGMAS
método al que se refería Durkheím". Una tarea dificil pues
son varias las dimensiones que envuelven al investigador
en la construcción de su objeto: ideología, moral, subjetiyj.;.
dad. (Por ejemplo, cuando se estudia un tema como la violencia es difícil controlar el discurso analítico y mantenerlo
exento de un juicio moral que (l priori ya contiene una condena del acto violento que se busca comprender). Las ciencias sociales operan "muy cerca" de la realidad, su lengua
conceptual es la misma que comparten los demás ciudadanos. La escritura del texto, producto final de nuestra reflexión, se hace con las mismas palabras y nociones usadas por
la persona común. Para tener un control verdadero sobre lo
que se está diciendo se necesita establecer una distancia, un
extrañamiento en relación con el dato inmediato y la forma
como lo articulamos en su versión interpretativa. La artesa:"
nía intelectual exige al investigador una capacidad detnventiva para producir artificios que lo retiren del mundo
real. Es en este juego de cercano/distante que ejercemos lo
que Wright MilIs llamaba imaginación sociológica', No hay
un universo garantizado de la gran Ciencia, como pensaban
muchos autores (y no sólo los positivistas) del siglo pasado.
Un espacio que existiría en sí y por sí, independiente de los
practicantes que lo hubieran construido. Por eso la idea de
"ruptura epistemológica" acuñada por los historiadores de
la ciencia (pienso en Bachelard) se aplica mal al dominio de
las ciencias sociales (y no por causa de una interpretación
infeliz del marxismo hecha por Althusser). Ella presupone
la existencia de una barrera definitiva, de un foso que separa
el sentido común del radocinio científico. Esto es válido
para disciplinas como la física y la química. En las ciencias
7
Un texto que trata este aspecto de manera inteligente es el de P. Bourdíeu, J. e. Passeron, J.e. Chamboredon, u Métier de SocioIogue. Pa-
rWLa Haya, Mounton, 1973. (La edición española es de Siglo XXI, bajo
el título moficW de 6OCi6logo) N. del T.
8 Wright MilIs, La imaginación sociol6gica, México, Fondo de Cultura
Económica, 19'7'1.
161
OTRO TERRITORIO
CIENCIAS SOCIALES. GlOBAlIZACIÓN y PARADIGMAS
sociales los límites son tenues..deben ser permanentemente
reconquistados para que existan. Con cada investigación,
con cada reflexión, este paso inicial debe ser reconstruido,
retomado (no es raro encontrar un gran autor que ensu próximo texto se pierde porque "bajó la guardia" de su vigilancia
epistemológica). En consecuencia, todo cambio que lleguemos a discutir debe ser pensado dentro de estos parámetros.
El advenimiento de una sociedad posmodema, pos-industria1, flexible, no cambia esas cosas en nada.
El segundo aspecto se refiere a la historicidad del objeto
sociológico. En las ciencias sociales no es sólo el observador
quien interfiere en el proceso de observación, el propio objeto siempre se sitúa en un contexto histórico determinado.
Esto tiene varias implicaciones. La primera es que el grado
de universalización de la explicación en las ciencias sociales
es necesariamente restringido. La critica de Passeron al idealismo científico de corte popperiano es, a mi manera de ver,
decisiva, Cito al autor: "en la medida en que la investigación
sociológica logra producir inteligíbilídades, procede por
senderos teóricos que siempre se reinician porque nunca
son separables por completo de la literalidad de los enunciados que le confieren sentido a sus construcciones unilaterales. Por tanto, está condenada a un uso móvil y alternativo
de los conceptos dictados por su proyecto de elaborar perfiles comparados de relaciones y sistemas de relaciones,,9.
En otras palabras, es imposible partir de una teoría general deductiva, es decir; de una serie abstracta y coherente
capaz de "deducir" la realidad, pues la "literalidad de los
enunciados" amarra el análisis al contexto de enunciación.
Un ejemplo: la idea de "ley", tan en boga en el siglo pasado.
Una "ley" deberla ser una explicación que aislase elementos
atemporales que en principio podrían ser estructuralmente
articulados. Cada uno de estos elementos constituiría, entonces, un nodo de una cadena explicativa. La idea de "ley
sociológica" presupone, por tanto, que los hechos socia1es
sean tr~tórioos, lo que ciertamente no es verdad. De
aIú la dificultad de establecer explicaciones genéricas que
mvolucren de manera simultánea formaciones socia1esra<fi..
calmente distintas corno las sociedades primitivas y las socíedades modernas. Este tipo de interpretación, recurrente
en el pensamiento evolucionista (basta recordar las "leyes
de los tres estados" en Comte o los escritos de Th.ylor sobre
la mente primitiva), olvida que la explicación sociológica está
marcada de historicidad.
No es por azar que autores tan diversos como lean Claude Passeron y Oclávio laoni usan imágenes tan próximas
para caracterizar la práctica sociológica. Ellos hablan de la
sociología como estenotipia o taquigrafía de la realidad". La
co~par~~n. es sugestiva. Taquigrafía y estenotipia son lenguaJes smtencos, formas abreviadas de enunciación. Ellas
apenas n:uene~ algunos rasgos de la riqueza de la lengua,
de sus articulaoones y recodos. Las notaciones taquigráficas
o estenotfpicas contienen, así, un grado de abstracción que
de hecho no está incluido en la amplitud de la lengua. Por
ser más simples y reducidas ellas ganan en universalización.
Sin embargo, dicho movimiento de universalización nunca
es completo; los rasgos de esas escrituras están amarrados a
la "literalidad de los enunciados", a los residuos del contexto. El. pensamiento sociológico es siempre una traducción,
algo mtermedio entre el ideal de universalización (que es
necesario) y el enraizamiento de los fenómenos sociales. Por
ello la noción de paradigma, en el sentido en que la define
Kuhn, no es apropiada para caracterizar la naturaleza de las
ci~ socíales". Un paradigma es un referente teórico cuya
validez se fundamenta sólo en fórmulas abstractas; "entra
9 }eanClaudePasseron.. o Radocínio SocioWgiro. PetrópoIis, vcees, 1995, p.40.
10 Ver Octávio Ianni. u ASociologianuma época de globaIismo", en Leila C.
Ferreira (arg.). A Sociologi¡l no Horizonte de Sécu1c XXI. San Pablo, Boitempo, 1997.
11 Tomas Kuhn. La estructura delas revo1ucioru!s científicas. México, Fondo
de Cultura Económica, 1978.
162
163
OTRO TERRITORIO
en crisis" cuando ya no logra explicar un conjunto de contradicciones que nacen en el seno de su orden explicativo.
El impulso del cambio provieoe de una necesidad propia
del sistema teórico: al ser insatisfactorio, requiere ser revisado. Un paradigma es algo ahistórico, premisa que, con certeza, no se aplica a la comprensión de -las sociedades. En
rigor, deberíamos decir: las ciencias sociales no Son paradig12
máticas; operan de acuerdo con otra modalidad •
La historicidad del objeto sociológico también nos permite
entender los desarrollos regionales y nacionales de las disciplinas. La historia de las ciencias sociales es diferente en
los diversos lugares en que se enraíza. Para evitar un posible
malentendido, aclaro mi argumentación. No se trata de volver al viejo debate eotre sociología importada y sociología
autóctona, vigente durante los años cincuenta y. sesenta en
o
América Latina. Para diversos autores -Ouerreiro Ramos
es, en Brasil, un representante de esta corriente de pensamícnto-, la sociología debería ser un saber nacional; es decir,
un conjunto de métodos y técnicas de investigación adecuados a las realidades de cada país. Así se exaltaba la existencia
de una "teoría nativa" que seria, en principio, superior y radicalmente opuesta a las explicaciones exógenas (para muchos una prolongación cultural del colonialismo). Dentro de
esta perspectiva habría una ruptura entre"ciencia importada", es decir; europea y norteamericana, y" ciencia auténtica"
cuya validez estaría confirmada únicamente por su voca12 En los debates sobre las ciencias sociales es coman encontrar la siguiente afirmación: el marxismo dejó de ser un paradigma a partir
de la crisis del bloque soviético"'. Se trata de una aseveración comple-tamente fuera de lugar, en términos kuhruancs. Si el marxismo fuese
un paradigma, lo que efectivamente no es, las transform~ones del
bloque soviético, que son de naturaleza histórica, no interferirlan para
nada con su vaHdez epistemológica.
13 Cuerreíro Ramos. IntrodllfÍiO entia! d Socio/ogUJ Brasi/eira (reúne ensayos escritos durante la década del cincuenta). Río de [anelro, Ed. Uníve:rsidade Federal do Rio de [aneím, 1995.
CIENCIAS SOCIALES. GLOBALlZACIÓN y PARADIGMAS
ción nacionalista. Una forma de pensar que se encontraba
muy marcada por una visión ideológica, pues la sociologfa
era entendida como un saber cuyo objetivo central serlala
"salvación nacíonaj": un conocimiento al servicio de la resolución de los problemas socioeconómicos de cada pals. Esta
visión militante carece de sentido por completo. Ya en los
años cincuenta y sesenta muchos autores latinoamericanos
(un poco a contracorriente del ardor nacionalista de la época) la criticaron con raeón''. Los procedimientos metodológicos son parte de una subcultura científica que trasciende
la realidad de los lugares. No existen dos ciencias, . . central"
versus"periférica", "occidental" versus"oriental", "burguesa" versus "proletaria", como si cada uno de tales compartimentos encerrase verdades equivalentes y partícúlares". El
patrón del trabajo intelectual no está determinado por las
especificidades naciooales, politicas o de civilización, sino por
valores y normas acordadas por la comunidad científica.
Sin embargo, la realización de los "ideales científicos" también se hace en función de los contextos. Los dilemas relativos a la historicidad del objeto sociológico no se reducen a
cuestiones de orden explicativo, como lo considera Passeron, también inciden sobre la propia materialización de las
disciplinas. En primer lugar, en el ámbito de la operacionaJización de los conceptos. Una categoría como "burguesía"
tiene muy poco de "universal". Se adecúa a una determinada situación de la historia europea (y no a todos los países
europeos, por ejemplo el Imperio Ruso) pero se encaja con
dificultad, o mejor, tiene menos poder explicativo cuando se
M
'"
14 En el Brasil, este papel le correspondió principalmente a Florestan
Pemandes. Ver"O padrac cientffico dos sociólogos brasileiros", en A
Sociologitz 110 BrtlBil. Petrópolis, Vozes,1977.
15 El mismo debate existente en Latinoamérica se reproduce en el Japón,
donde las ciencias sociales, muy marcadas por el nadonaIismo, contraponen el pensamiento "oriental" al determinismo rarionalista "occidenta!'". Ver Peter Dale. TIre Mith of Japtmese Unu,ueness. Londres,
Roudedge, 1986.
165
OTRO TERRITORIO
CIENCIAS SOCIALES, GLOBALIZACION y PARADIGMAS
aplica a realidades especificas: la comprensión de las oligarquías latinoamericanas o del sistema estratificado de la sociedad japonesa en la era Meiji. Su validez es, por tanto,
relativa. En segundo lugar; en relarión con temas fundamentales de determinadas discipünas. Por ejemplo: la sociologia.
Cuando surge en Europa y Estados Unidos, a fines del siglo
XIX, las cuestiones que enfrenta se refieren a las transformaciones ocurridas tras la Revolución Industrial Su interés se
concentra en temas como la metrópolis, la fragmentación
del trabajo, las relaciones anónimas en la gran ciudad en
contraposición al cara a cara de la aldea y las comunidades
rurales, la racionalización de la gerencia comercial, etc. En
América Latina, las problemáticas privilegiadas son otras:
mestizaje, colonialismo, tradirión rural, impases de la industrialización. Un ejemplo llamativo se refiere a la cultura populan En países como Francia e Inglaterra, Su estudio será
prácticamente ignorado por todas las discipünas académicas". Relegada por la antropologia, que privilegia la comprensión de las sociedades primitivas; ignorada por la
historia, que se vuelca sobre el estudio de los grandes hechos
políticos, marginada por la sociología, que tiende a considerarla como un anacronismo del ancien régime, la temática de
la cultura popolar sólo encuentra abrigoentre losfolcloristas".
Su destino será completamente diferente en un país como
Brasil Debido a su presencia inorultable (tradiciones rurales,
sincretismo religioso, diversidad étnica, etc.) se vuelve un
asunto de reflexión obligada. Por eso, autores como Silvio
Romero, Euclides da Cunha y Nina Rodrigues,considera_
dos como precursores del pensamiento sociológico brasileño, se interesan por la literatura popular, los movimientos
mesiánicos y los cultos afrobrasileños. Esos son los ternas
pilares del 'pensamiento brasileño' y no las contradicciones
entre clase obrera y burguesía, o industrialización y mundo
rural. El saber sociológico será, en consecuencia, diversificado en función de los lugares de producción del conocimiento. A la tradición académica, más dirigida hacia los
"métodos", se suma una tradición más regíonalízada, que
privilegia temáticas y autores. Junto a una exigencia propíamente metodológica (construir el objeto sociológico, eliminar las prenociones, etc.) que es universal, es decir, especifica
~ ~m:npo de las ciencias sociales, la historia de los lugares
medirá sobre la producción intelectual Ella imprime un dínamlsmo, algunas veces indebido por lo muy ideologizado,
que se agrega a la historicidad inicial del propio objeto sociológico.
•••
16 Sobre el estudio de la cultura popular en Europa del siglo XIX Y su
relación ron la sociología Y la antropoIogia, ver Renato Ortiz. Romintiros e foldorisltls. San Pablo,OIho d'Agua, 199217 Hoy es común hallar historiadores que habWt de la cultura de los "desfavorecidos", para enfatizar una orientación de la historia "desde ebajo".
Pero se olvida que ese tipo de interpretactón es muy reciente. Tan sólo
a partir de mediados de los sesenta los historiadores franceses pasan
a interesarse por la temática de la cultura popular. Ver R. Muchembledo CulturePopulaire el Culture des Élites. Paris, Flamrnarion, 1978.
En la actualidad se discute mucho sobre el "fin de las
fronteras"; de los territorios nacionales, cuando hablamos
de globalización; de la separación entre arte y cultura popular, postulado básico del pensamiento estético en el siglo XIX.
Las posiciones posmodernas han enfatizado con insistencia
en los procesos de sincretismo, de mezcla, y con ello sugieren una confusión entre los límites establecidos. ¿Habría
una homologación entre este movimiento y el "fin de las
fronteras" en las ciencias sociales? (pienso en el debate sobre
la interdisciplinaríedad y la transdisciplinariedad). Este paralelo es legítimo, y si lo es, zen qué medida?
Primero es necesario entender quésignifica "frontera" para
las ciencias sociales. Un aspecto se refiere a la cuestión de la
autonomización del saber. En este punto hay un paralelo
con el mundo de las artes. El hecho de que un escritor como
Flaubert sea retomado con frecuencia por autores tan dispa-
'66
'67
OTRO TERRITORiO
res como Sartre y Bourdieu, es síntométíco", En realidad,
"Plaubert" es una metáfora del proceso de autonomizaci6n
de la literatura. Cuando él preconizaba la validez del principio del"arte por el arte", su intuición era definir de la manera más precisa posible la esfera del universo artístico. Al
rechazar cualquierlllrO típo de ímposícíén.polítíca o mediática, él pretendía fundamentar las estructuras intrínsecas del
campo artístico (para usar un concepto de Bourdieu) en términos exclusivamente estéticos. O para decirlo a la manera
de Sartre, Flaubert inaugura la era en que el escritor escribe
para ser leído <es decir, juzgado y apreciado) tan sólo por sus
pares, los otros artistas, De ah! la distancia que toma en relación con los textos politicos de sus antecesores (Voltaire,
por ejemplo), y el desprecio que tiene por la literatura fol\etioesca poesta a! servicio de los grandes diarios (una forma
de adecuar la escritura a! éxito público). "Lart pour yart"
condensa una reivindicación de autonomía. Lo mismo que
ocurre con las tiendas sociales. Al principio, ellas se confunden con las diversas actividades reflexivas existentes: religión, periodismo, poIitica, fi\osofía. Los intelectoa1es del siglo
XIX mezclan moralismo y juicio personal en un eclecticismo
que se distancia de cualquier control más sistemático. Por
eso Durkheim escribe en la conclusión de Las reglas del método sociológico: "Este conjunto de reg1as... todo este aparato de
precauciones, puede parecer muy trabajoso para una ciencia que, hasta ahora, requeria de quienes se consagraban a
ella apenas una cultura genera! y filosófica; Yes verdad que
poner en práctica tal método no podría tener por resultado
vulgarizar la curiosidad de las cosas sociológicas. Cuando se
pide a las personas, como condición de iniciación previa,
que se deshagan de los conceptos que suelen aplicar a un
orden de cosas, para repensadas con nuevos esfuerzos, no
se puede esperar una clientela numerosa. Pero ese no es el
CIENCIAS SOCIALES, GLOBALIZACION y PARADIGMAS
obj~tivo que abrigamos. Por el contrario, creemos que a la
SOCIología le lleg6la hora de renunciar a los sucesos mundanos, por así decir; Y de asumir el carácter esotérico que le
conviene a toda ciencia"19. Esoterismo. El término traduce
un~ inclinaci~Jlaubertíana en el sentido en que las ciencias
sociales deberían separarse de las imposiciones ajenas al interés propiamente "científico". Durkheim actúa así como
un ~tecto; él modela el espacio y crea fronteras que hagan viable el desarrollo de un pensamiento exento de las
demandas políticas, religiosas y mnndanas'" Las fronteras
son, por tanto, una condición para la existencia de un saber
autónomo. Sin ellas su identidad se desvanecerla.
Otro significado de "frontera" se refiere a la espedaííza,
cíón. Pcim';o, disciplinar: historia, sociología, antropologla,
cenca política Ahora lo que está en juicio no son las diferendas epistemológicas, como las que separan las ciencias
sociales de la ffsica o del sentido común. En ~ el radoct,
nio lógico usado en historia y sociología difícilmente podría
tratarse de manera diferenciada. Las dos disciplinas comparten el mismo suelo epistemológico, tiene la misma naturaleza", El argumento también se aplica a la comparación
entre sociología y antropología. Haciendo a un lado elobjeto clásico de la antropología, las sociedades primitivas
-hoy una subespedalídad del área-, es poco lo que distingue a un sociólogo de un antropólogo. Los temas de interés
son Comunes y las técnicas de- investigación, intercambiables. Sin embargo, las disdplinas producen dominios
a medida que crean su propia tradición. El interés de la historiografía por la investigación de archivo orienta a los historiadores en determinada dirección. Las discusiones de los
18 J.P. Sartre, L7diot de la ftmri1le. París, GalIiJnard.lm. P. Bounlieu.As
&gnrs da Arte. San Pablo, Companhia das Letras, 1996.
19 Emile Durkheim. As Regms do Métodv SocioMgiro, San Pablo, Martin
Fontes, 1995,pp. 15()..151.
20 Ver Renato Ortíz, "Durkheim: arquiteto e herói fundador" Revista
Bmsi1eira de Ciencias Sociais, 4 (tI), octubre de 1989.
'
21 VeraesteIespectoJ.C.Passeron. "HistóriaeSociologia:identidadesocia1
e identidade lógica de urna disciplina"', en O &ciocínio &xiológiro, op. ciJ.
'68
169
OTRO TERRITORIO
clásicos antropológicos -Frazer, Thylor, Malinowsky, Radcliffe Brown, Lévi-Strauss- privilegian un determinado tipo
de lectura diferente de la cultivada por los sociólogos -Parsons, Merton, escuela de Chicago, etc. Cuando los politólogos definen como área de interés los sindicatos, el gobierno,
los partidos, los movimientos sociales, esta selección no tiene nada de coincidencia1. Proviene de una concepción que
considera la ciencia política como un universo restringido
cuyo objetivo exclusivo sería la comprensión de la conducta política, Así se postula, lo cual es discutible, la existencia
de un hommo politicus cuya actuación en la sociedad estaría
moldeada por fronteras seguras, distante de las implicaciones de orden cultural, estético o religioso. Las identidades
disciplinares se sobreponen aun a otros tipos de subespecíalízaciones, subdisciplioares (sociología urbana, antropología indígena, poííticas públicas, historia del arte, etc.¡ y de
áreas (comunicaci6o, orientalismo, japonologia). Cadauna de
ellas dirigida a aspectos especíñcos de la realidad social, ya
se trate de un tema: "10urbano", o una región: "el Oriente".
¿Cómo entender este movimiento de multiplicación de
fronteras? Un argumento se puede adelantar al retomar la
lección inaugural de Max Weber sobre el oficio del científico.
La especialización se vincula a la idea de progreso. La acumulación de conocimiento se hace a través de un proceso de
división del trabajo, como forma de realizar un análisis más
detallado de un determinado fenómeno social. Es en tal
sentido que Durkheim afirma también que la sociología no
puede ser un saber genérico, sino qúe debe especializarse22•
Por eso son importantes las investigaciones emptncas, que
por 10 general se agrupan en torno de las subdisciplinas y
las subáreas. EDas eofocan aspectos específicos que, miradosen
el cootex!o de detenninados uoiversos, permiten detaDar Yenriquecer el análisis. En este sentido, yo diria que la especializad6n tiene un valor positivo.
22 E. Ourkheim. A CiincUz Sodsl e ti AQio. San Pablo, Dífel, 1975.
170
CIENCIAS SOCIALES, GlOBAlIZACIÓN y PARADIGMAS
No obstante, el desarrollo de las ciencias sociales durante
el siglo xx, con la formación de las universidades, departamentos, centros e institutos de investigación, caminó en sentido inverso. La especialización disciplinar, subdisciplinar y
temática alcanz6 un grado tal que la 'frontera' ciencia aocial
se halla.comprometida. Es decir, esta delimitación inicial,
necesana para el desarrollo de un saber autónomo produce
en su interior limites que imposibilitan su propia realización.
~n movimiento de fragmentación que ya no se dirige a meJorar el conocimiento sino al interés de grupos profesionales
que se disputan fondos para investigación y posiciones de
autoridad en el campo intelectual23• Un ejemplo: el orientalismo. Se trata evidentemente de un universo en·cuyo interior
se acumulan tesis e informadones de la mayor importancia
Quien desee estudiar el mundo musulmán debe tener en
~enta, necesariamente, lo que trabajaron los especialistas.
~m embargo, por estar confinadas a límites seguros, un conJun~ de preguntas, muchas veces incómodas, pues involucran intereses personales e ideologías políticas, dejan de ser
fo~u1a.das.Por eso un autor como Edward Said dirá que el
onen~o se transformó en un "discurso del poder"; esto
es,.una ideología que legitima un conjunto de prácticas re~onadascon el mundo árabe, sin tener. no obstante, la capacídad de dudar de su propio fundamento-'. Algo semejante
ocurre en reladón con las disciplinas. La falta de diálogo en~ ellas no proviene de un impase epistemológico sino que
simplemente expresa el endurecimiento de las fronteras
~scip~s.En rigor, la construcción del objeto en las cíences sociales no se vincula a esta o aquella disciplina; no hay
nada que necesariamente fije de antemano nuestro interés
e~ tal o cual universo disciplinar. Sin embargo, la tradícíón de cada disciplina tiende a predeterminar las preguntas,los asuntos, las técnicas de investigación y la jerga usada
23 P. 8ourdieu. Homo Academicus. París Minuit, 1984.
24 E. Said. O Orientalismo. San Pablo, Companhia das Letras.
171
OTRO TERRITORIO
por los investigadores. Ella nos encierra en una tram~ ~ya
fondón es, básicamente, reproducir las certezas adqwndas.
Las fronteras alimentan así el conservadurismo intelectual.
y no sólo se pierde comunicación (las disciplinas dejan de
"conversar" unas con otras) sino, sobre todo, en creatividad,
poes las cuestiones que podrían plantearse desde un ponto
de vista transdisciplinar se consideran imgrocedentes desde
la perspectiva interna de cada disciplina .
Las discusiones sobre inter y transdisciplinariedad revelan, precisamente, este aspecto insatisfactorio del desarrollo
de las ciencias sociales. Son varios los intentos de evitar los
problemas resultantes de esta fragmentación del trabajo:
constitución de núcleos de investigación en torno de temas
espeóficos que reúnen investigadores de horizontes diversos; programas de formación profesional y de investigación
científica que atraviesen las disciplinas; incentivo a la formación pluridisciplinar de los alumnos de posgrado. El informe de la Comisión Gulbenkian hace, incluso, una propuesta
osada: la obligatoriedad de la doble afiliación departamental para los profesores2h • Todas esas sugerencias, muchas de
ellas ya en práctica, tienen sin embargo una dimensión ínstituci.onal Pero creo que el tema de las fronteras es una oportunidad para que reflexionemos un poco más allá de esas
constataciones, en particular sobre el tipo de texto producido en las ciencias sociales.
Tomo el ejemplo del ensayo, pensado tradicionalmente
como sinónimo de.un trabajo incompleto, inmaduro. De ahí
la connotación peyorativa que el término "ensayístico" adquirió entre nosotros. "Ensayístíco" quiere decir "poco desarrollado", "ecléctico", "opinante en exceso". El ensayo se
contrapone así a una reflexión más "dura", propiamente analítica, y al trabajo empírico, ambos marcados por referencias
CIENCIAS SOCIALES, GLOBAllZACIÓN y PARADIGMAS
explícitas Y bien delineadas. Revela un texto en el cual el
control de lo que se está diciendo se ha relajado. Por eso lo
relacionamos con la dimensión más subjetiva de quien escribe, lo cual ha llevado a algunos autores a imaginar la escritura ensayística como una especie de atributo de la vena
literaria del investigador, algo que se contrapone a la "frialdad" de la razón científica. Podriamos entender esta disputa
sobre el ensayo, su condena o celebración, como una yuxtaposición de juicios personales, una especie de juego sin fin
entre posturas incompatibles: "liviandad" versus "precisión",
en el caso de refutarlo; cientificismo" versus "libertad",
cuando asumimos su defensa. Sin embargo me interesa subrayar la razón de este antagonismo. Desde mi punto de
vista, ella no es fortuita; proviene de una cuestión prelíminar: la delimitación de las fronteras. En el fondo se discute
en qué medida cierto tipo de.exposícíén se ajustaría o no a
las exigencias de un campo del saber. Hay razones históricas
para que esto ocurra. Mucho antes del surgimiento de las
ciencias sociales el ensayismo era una práctica común entre
los escritores y los comentaristas de los fenómenos sociales.
Incluso se puede decir que se trataba de una técnica expositiva dominante. Basta ver a los intelectuales del siglo XIX para
percibir cómo "escribían de otra manera?", Basta familiarizarnos con una publicación como "Revue de Deux Mondes", en
la cual el pensamiento de los articulistas se organizaba al gusto
de la idiosincrasia de cada uno. Empero no se trata de un estilo
N
25 Un texto sugestivo que hace una critica pertinente de los impases de
un área de estudio, para el caso, la japonologia, es el de tan Reader,
"Dowe need morejepenesestudíes orlessr",]apan Forum, 17 (1),1995.
26 Para abrirlIS Ciéndas SociDis, op. cit., p. 146.
ZJ En mi estudio sobre Francia en el siglo XIX(Culturae Modemidade. San
Pablo, Brasiliense, 1992),tuve la oportunidad de leer una serie de autores
hoy prácticamentedesconocidos, que en su tiempo dominaban la escena
intelectual. Cito al azar el monumental trabajo de Georges d'Avenel,
Les Mnmismt:s dela VieMndenre. Escrito entre 1862 y 1':W, aborda temas
como la alimentación, el transporte,las tiendas de departamentos, la ciudad. Diffcilinente su manera de escribir y su composición encajarian
en las exigencias propuestas por Durkheim. Como leemos el pasado
a través de los cánones institucionalizados por nuestras disciplinas, a
veces tendemos a olvidar que la esa:itura sociológica tuvo que conquistar su lugar frente al ensayismo dominante hasta entonces.
172
173
OTRO TERRITORIO
personal, algo peculiar de este o aquel autor, sino de una
forma expresiva que marca el estilo de una época. Hasta entonces, puesto que no existían otros parámetros para evaluar
lo que se decía, el ensayo podía considerarse como un estilo
convincente. Pero las cosas cambian con la aparición de las
ciencias sociales como campo autónomo de saber. Durkheim
se levanta contra el eclecticismo de su tiempo, esta manera
"mundana" de hablar sobre los acontecimientos sociales,
precisamente porque escapaba a una normalización del lenguaje (sé que en las ciencias sociales, dicha normalización es
siempre relativa). El antídoto propuesto es la manipulación
de un lenguaje con más capacidad de controlar elraciocinio.
Este eclecticismo del pensamiento, que comienza a ser contestado en Francia con el surgimiento de la sociología, perdura en los países periféricos durante buena parte del siglo
xx. Ortega y Gasset (no olvidemos que España es un país
subdesarrollado en el contexto europeo), Gilberto Freyre,
Oliveira Viana, son en este caso figuras ejemplares. Los
textos que producen, independientemente del valor que
lleguen a tener, son orientados más por la inclinació~ p~so­
nal que por la austeridad del pensamiento: ínvestigacíón
de archivo, control de las fuentes históricas, abstención de
juicios personales, realización de investigaciones em~íricas,
etc. Ellos escriben en sintonía con un tipo de lenguaje que
prescinde de cualquier normatividad disciplinar. Ell~ es posible porque la autonomización de las ciencias sociales en
los países periféricos es descompasada de los países centrales (Francia, Alemania, Estados Unidos, jnglaterraj". En
28 En el caso brasileño, este proceso de autonomización ocurre en los
años cuarenta y cíncuenta. Ver MA. Anuda, "A soci~logia no ~rasi.l:
Florestan Femandes e a escola paulista", en S. Micelli (org.) HlStórUJ
diJs Ciéncias Socitlis no Brasil, Val TI, San Pablo, Sumaré, 1995. Sobre el
ensayismo como lenguaje especíñcc del pensamiento brasileño ver
Elide Rugai Bastos, "'0 ensafsmo dos anos 20 e a fol'llUll;io nacional"',
Boldim de InterciimbW, 5 (25), Río de jareíro, 1986.
174
CIENCIAS SOCIALES, GLOBALIZACIÓN y PARADIGMAS
Latinoamérica es tan sólo en los años cincuenta que la universidad moderna comienza a consolidarse. La creación de
cursos de posgrado y de institutos de investigación es aún
más tardía (data de los años sesenta, setenta y, en algunos
países, ochenta). La crítica al ensayismo revela, por tanto, la
necesidad de dibujar el horizonte de una disciplina Iodavfa
desconocida. Como su contorno es aún vago, se requiere
afirmarla con más énfasis y nitidez.
¿Pero, que decir hoy, cuando las ciencias sociales ya tienen una historia consolidada? Todavía son válidas esas consideraciones. Al tomar la idea de "frontera" en el sentido de
especialización, creo que sea posible imaginar las cosas de
otra manera Si uno de los problemas que enfrentamos es la
fragmentación del trabajo, la segmentación disciplinar, el
ensayo podría verse como una artimaña para romper esta
ausencia de comunicación. Precisamente al no estar "encerrado", es decir, fijo a la tradidón de cada disciplina o área
temática, el ensayo tendría mejores posibilidades de escapar
al conservadurismo vigente. No propongo considerarlo como
sustituto de la reflexión analítica o de la investigación empírica. Eso sería insensato. Ni alimento una visión idilica o
quimérica de la escritura ensayística (posmodernos en antropología). Tampoco creo que hoy sea posible escribir al
estilo de Ortega y Gasset. El eclecticismo de los autores pasados fue posible dentro de una situación histórica en la que
el pensamiento social se estructuraba de acuerdo con otros
parámetros. Pienso en el ensayo como forma deliberada de
producir un cortocircuito en las barreras impuestas por las
especializaciones. Deliberada en el sentido de una tarea controlada cuyos objetivos son explícitos. Lo cual significa que
debe tener en cuenta el conocimiento acumulado en el interior de dichas especialidades. Negarlo seria desconocer la
validez de las informaciones, de las . . verdades" depositadas
en cada una de ellas."Viajar" entre las disciplinas y las áreas
implica transitar por las fronteras a partir de los saberes ya
constituidos. Dentro de esta perspectiva, la escritura ensa175
OTRO TERRITORIO
yística, por trascender las espectalidades, puede funcionar
como estímulo al trabajo intelectual. Al escapar a la rutina
disciplinar se abre la posibilidad de imaginar nuevas hipótesis, proponer cuestiones desde un punto de vista "móvil"
y no necesariamente enraizado en los lugares institucionales. Preguntas y dudas que, en retomo, podrán tener un
impacto positivo para el avance de las investigaciones realizadas en cada una de las especializaciones existentes.
Ahora puedo retomar la pregunta con la que inicié mi
digresión. Así como los límites nacionales no desaparecen
con la globalización; ni la distinción entre arte y cultura
popular, con la posmodemídad, así tampoco desaparecen
las divisiones discip1inares. Lo que importa no es tanto su
"fin", su decadencia. El trascenderías significa darle al trabajo intelectual una dimensión en la cual las ciencias sociales
puedan realizarse de la mejor manera posible. Contrapeso
necesario a los mecanismos de institucionalización y rutiruzación del saber, de la segmentación del pensamiento y de
la reproducción de las luchas de poder en el interior del
campo intelectual.
•••
CIENCIAS SOCIALES, GLOBAllZACIÓN y PARADIGMAS
minos se modifica, y más aún cuando se transfigura"". Pienso
que tales transformaciones pueden sintetizanle hoy en tomo
de la temática de la globalizaciún. Por muy impreciso que
resulte el concepto, tiene un lado muy positivo: explici1a el
ámbito del cambio en el mundo contemporáneo. Relaciones
de trabajo, economía, corrientes migratorias, producciones
culturales, diversos aspectos de la realidad, son penetrados
por un conjunte de fuerzas que reorganizan el marco de las
relaciones sociales. No se trata sólo de constatare! surgi.
miento de nuevos objetos o temas de estudio. Las impfica..
ciones abarcan mucho más. Hablar de "sociedad global",
de world-.ystem, de "modernidad-mundo" (la varü!dad de
términos significa que no hay todavla acuerdos en cómo calificar esas transformaciones), implica afírmar Ia exiStencia
de reladones sociales que ahora hacen parte de una "megasociedad", un hecho reciente en la historia de las sociedades. Hasta entonces, la totalidad trabajada por sociólogos..
antropólogos e historiadores, estaba delimitada por fronteras esped6cas: la nadún, la tribu, las civilizaciones. En ningún
momento el análisis presoponla la presenda de una realidad
en cuyo interior emergírían relaciones sociales mundializadas; es deciJ; cuya organicidad ya no se definirta en relación con los limites anteriores. El proceso de globalización
altera sensiblemente el objeto de las ciencias sociales. En la
medida que atraviesa, en forma desigual e indiferenciada,.
las diversas formaciones sociales del planeta, las clases y los
grupos sociales, es necesario preguntarse por su lógica, por
sus nexos estructurales. Una lógica que no proviene de la
interacción de las partes que lo constituyen sino, al contrario
las penetrará y las redefinirá. La unidad de referencia para
el análisis SOCIológICO adquiere, así. una dimensión mundíalizada.
Si. la historicidad del objeto sociológico nos permitió entender la continuidad de un conjunto de problemas en las
ciencias sociales, es necesario agregar que también nos abre
la posibilidad de pensar en el cambio. Th1 vez uno de los
argumentos más fuertes contra el inmovilismo intelectual
sea recordar que, por ser histórico, el objeto de las ciencias
sociales se modifica, a veces de manera sustancial. Como
dice Octávio Ianni: HSi las ciencias sociales nacen y se desarrollan como formas de autoconciencia científica de la realidad social, es posible imaginar que pueden ser seriamente
desafiadas cuando dicha realidad ya no es la misma. El contrapunto de pensamiento y pensado, o de lógico e histórico,
puede alterarse un poco, o mucho, cuando uno de los tér-
29 Octávio Ianni A sociediule Global. Ríode Ienetro, ~ Brasileira.
1992, p. 171.
176
177
OTRO TERRITORIO
La cuestión es cómo calificar esos cambios y en qué forma
inciden sobre el pensamiento que busca comprender~os.
¿Serán los síntomas de un nuevo paradigma? Suele decirse
que el "paradigma" de la mode:rndad se agotó, y que estamos ante la presencia de otros paradigmas", de la posnodernidad o la gíobalízacíon. No obstante, me pregunto 51
esta forma de plantear el problema es convincente. en ~as
palabras, si es rentable en términos analíticos. Moderrudad,
posmodernidad, globalizadón
realmente paradigmas?
Es evidente que el término ya no se está usando en el IIUS.mo
sentido de Kuhn. El uso que se le da es ahora "más al~Vo;
diría que metafórico. Pero si entendemos por para~a
un marco teórico a partir del cual pensaríamos la sociedad,
me parece raro confundirlo con lo que ~ q~ere pe"nsar. ~i
modernidad, posmodernidad o globalizaClón son condidones" (para seguir un poco la propuesta de Lyotard"'), es
decir, articulaciones concretas de la realidad, no veo cómo
asimilarlas a la referencia teórica que pretende aclararlas. Al
fin Y al cabo, una condición es algo de lo que no se puede
escapar, una situación histórica, un contexto en que todos
estaríamos inmersos. ¿Por qué identificar el contexto co~ el
instrumento reflexivo que lo aprehende? Por eso prefiero
decir: modernidad y globalización no son paradigm~. Formulo mejor mi afirmación. Si tomo un autor como Simmel
y su interés por la moda, puedo. enunciar este dat~ en dos
formas: a) para Simmel, el paradigma de la modernidad explica el fenómeno de la moda; b) Simmel se interesa por la
moda en la medida que ésta expresa un fenómeno más amplio: la modernidad. En el primer caso, se asocia la modernidad con la idea de paradigma¡ en el segundo, la frase
adquiere otro significado. La moda es sólo un objeto que le
permitirla a Simmel entender un proceso socia1 que le antecede. Dicho de otra manera, el autor procura revelar, a través de objetos heurísticos -la ciudad, la moda, el dínero-ctos
zseran
CIENCIAS SOCIALES, GLOBALlZACIÓN y PARADIGMAS
mecanismos de la modernidad. En realidad, dedr que "la
modernidad es un paradigma" nos obligarla a armar la explicación en otra forma Lo mismo puedo decir en relación
con la globalización. Para nú, en vez de estar ante un para.
digma (lo que sitúa el debate sobre "lo nuevo" y '10 viejo"
en otro plaoo), 10que importa es reconocer la espeóIiddad.
de un proceso social. Entonces puedo buscar los objetos
heurísticos -el consumo, las prácticas juveníles.Ias ciudades
globales, las finanzas- que lo expjjcíten", El hecho de que
tales objetos sean mundiales, pero no necesariamente pIanetaríos, es decir, que tengan una dimensión global pero no
abarquen todo el planeta (no todos comen en MacDonald's¡
no todos los jóvenes usan jeans; por muy amplio que sea, el
uso de la televisión no alcanza una considerable porción de
la pobladón humana), resulta secundario. Lo que importa
es que contengan articulaciones que expresen aspectos centrales del proceso como un todo; desvendarlas es comprender la condición en que nos situamos.
Ahora puedo retomar mi argumentación. La globalizaci6n es una situación histórica en la cual las relaciones
sociales son redefinidas. Para aprehenderlas es necesario repensar determinados aspectos de las ciencias sociales. En
rigor, no se trata de un cambio paradigmático (sea o noe1
sentido propuesto por Kuhn) sino de nuestra provisión de
conceptos que, debido a la propia hístorícídad del objeto,
fueron acuñados para dar inteligibilidad a otro concepto. En
el caso de la sociología, la ciencia política y la historia, la referencia al Estado-nación ha sido preponderante. Conceptos como identidad nedonal, partidos, historia nacional y
modernización, son aplicables en la medida que se postula
la nación como unidad integradora de los procesos sociales.
Cito el informe de la Comisión Gu1benkian: "Iradícíonelmente.Jas ciencias sociales se centraron mucho en la noción
31 Ese fue el procedimiento que usé en MunditdiZ/lfiiD e Cullum. San Pablo,
30
J.F. Lyotard, LlCondititm Posmoderne. Parls,Minuit, 1m.
178
Brasiliense,1994.
179
OTRO TERRITORIO
CIENCIAS SOCIALES. GlOBAllZACIÓN y PARADIGMAS
de Estado, en el sentido en que era en los Estados donde se
iba a buscar los encuadres -supuestamente obvios- donde
ocurrían los procesos analizados por las ciencias sociales.
Esto fue verdad en especial para quien estudió esenciahnente el mundo occidental, es decir, la historia Y el trio formado
por las ciencias sociales nomotélicas (la economía, la ciencia
polilica y la sociología). Cierto es que ni la antropología ni
los estudios orientales tomaban el Estado como referencia
central, pero ello se debi6 al hecho de que en esos casos las
zonas estudiadas no fuesen consideradas como espacios
afectados por las estructuras sociales modernas, localizadas,
por definición, dentro de los Estados modernos. Después de
1945, con la irrupción de los estudios por áreas y el consecuente ensanchamiento del dominio empírico de la historia
Y de las tres ciencias soci.a1es nomotéticas al mundo no occidental, dichas regiones no occidentales también pasaron a
ser objeto de análisis estedocéntrícoe. El concepto de "desarrollo" --noción clave en el periodo posterior a 1945-comenz6 por referirse, antes que todo, al desarrollo de cada Estado
aislado, tomado como entidad singular"". Ciertamente, este
punto de partida tenía su validez en el pasado reciente;
pero, para el análisis de las sociedades contemporáneas
queda seriamente comprometido. De ahí la necesidad de
elaborar un marco conceptual que pueda dar inteligibilidad
a los procesos que nos rodean. Sin éste, la razón se encuentra desprovista ante la realidad. Buena parte de esta revisión
conceptual ya está en marcha. "Desterrítoríaíízacíént.vglobalizadón", "'mundializaci6n", "cultura internacional-popolar", "desencaje", "politicaintemamundial",soncategorias
que buscan articular una nueva comprensión de los fenómenos sociales. Es verdad que no existe todavía un consenso disciplinar en cuanto a su uso. Las transformaciones son
complejas y la tradición académica ejerce muchas veces un
papel inhibidor respecto de su aprehensl6n. Pueden ser in-
cluso in.completas,. pero tienen el mérito de revftahar el
to y de unpulsar la razón cienlffu:a mú all4 de
sus inhibioones.
La con~ de nuevos conceptos nos pennite aun dar
un paso hacia adelante: construir globalmente algunos de
nuestros objetos de estudio. Un ejemplo: la juventud. Como
fenómeno social puede ser pensada en el interior de las socre~ades nacionales -la juventud en Estados Unidos el
Reln.o Unido o Méxíco-, Una forma más abarcante ~rfa
consíderaría desde un punto de vista comparativo. ll-aspa_
sanamos, entonces, los lfmites anteriores, pero permanecé~os en un plano tradicional de comprensión en las c:iencias
sociales. :ues el análisis comparativo requiere la autonomía
de las unidade.s que se van a cotejar, en este caso,las naciOnes, y en segwda aproximar las convergencias y demarcar
las ~iscrep~s entre ellas. Una propuesta radkalSerfa
considerar la Juventud como un fenómeno undJal11Ad
Es eviden~.que deberíamos definir lo que e~tamosetI"::~
diendo ~ ,f'ventud"; no se trata de naturalizar un concepto
SOCIOI6gICO , pero subrayo, lo importante es que cuando el
pensanu~to se sit6a en esta perspectiva puede presuponer
la existencia de estratos juvenlles desterrltorializados par
a continuación, de manera abstracta, reunidos en tanto obJeto sociológico. Yano serian los paises, las sociedades nadonal~s, el foco central de la definición territorial, sino un
conJ~tode elementos -maneras de pensar, de vestir, de romumcarse, de comportarse- que nos servirfan de parámetro. La "juventud" sería, en consecuencia, el cruce de esas
maneras de ser,formas de expresarse cuya dimensión se encue~tra mundializada. Este es uno entre varios ejemplos
posibles; podríamos imaginar otros, moda, deporte, publicidad, comunicación, etc. Los temas son arbitrarios, pero in-
32 PIUD tlbriras ~ Soci4is. 01'. cit., pp. 116-117.
33 La critica de 80urdieu a esta tendenda de naturalizadón de los concep.tos ~ pertinente. Ver"'La jeunesse n'est qu'un moe" I'l.·-tions de
¡>ensamien
~ Parls, Minui~ 1980.
,~-
180
181
OTRO TERRITORIO
sisto, es necesario que la mirada desterritorializada sea el
punto de partida en la construcción del objeto. "Démarche"M que nos hace pasar del concepto a la investigación
empfri.ca, abriendo nuevos rumbos al investigador.
Me había referido a las tradiciones regionaJizadas de las
ciencias sociales, que se diferenciaban en función de los lugares de producción del conocimiento. Ahora pregunt~:
¿de alguna manera, la globalización incide en este movímiento? Creo que si. No se trata de decir que se agotó el
tiempo de las tradiciones. Estoy seguro de que la historicIdad localízada de los objetos sociológicos alimenta el interés
de las diversas disciplinas existentes. Sin embargo, algunas
tendencias recientes pueden señalarse. Primero, en referencia a la "universalización" de los conceptos (lascomillas son
deliberadas). Vimos cómo las ciencias sociales, por estar ím-
pregoadas de contexto, tenian dificultad para universalizarse. Pero, ¿qué decir cuando la situación hist6rica en cuestión
tiene una dimensión glohal? El radio de validez de los con-
ceptos ciertamente se amplía. La modernidad-mundo es
una condición de la sociedad global, y al convertirse en objeto de reflexión requiere un aparato conceptual que, en
principio, dé cuenta de su amplitud Pero seria incorrecto
pensar que los aná\isiS sociológicos podrían ser hoy 'más
universales" que en el pasado. El estatuto de la explicación
sociológica, tal como 10 discutePasseron, permanece idéntiCOi no hay por qué imaginar que los cambioshistóricos repercutirían de inmediato en la naturaleza de 10 que está en
consideración. Sin embargo, como nos deparamos con un
objeto que nos perrnea a todos, la cobertura de la interpre-
taciónadquiere otraenvergadura. Alampliarse, el contexto
de la sociedad global define una situación en la que la explicaciónya no se encuentra 11amarrada" de la mismamanera
CIENCIAS SOCIALES. GLOBALlZAC1ÓN y PARADIGMAS
qué manera seráatravesado por las influenciasde las tradi~
clones localízades es una pregunta abierta, pero se trata de
un territorio virtual que reorganiza la formaen que las cíencías socia1es se desarrollaron hasta hoy.
Otras implicaciones se derivande este hecho. Privilegiar
un ponto de vista desterritoria1izado significa lmnar el mundo
como referencia. La mirada que lo aprehende ya no puede
quedar fija en determinados espaciosregionales. Se necesita
un esfuerzo que desarraigue el punto de vista del investigadon Sus lazos, sobre todo su identidad nacional. deben "",,
de alguna manera, enjuiciados. Sé que eso es un artificio
analítico; el autor siempre estará tensionado por una variedad de vínculos, pero el explicitarlos nos permite situar la
construcción del objeto dentro de otros parámetros. En este
sentidoes necesario que las ciencias socialesreconozcanque
mucho de lo que fue escrito estaha marcado por la geografla
de sus articu1aciones. Por ejemplo, en Latinoamérica la urgencia de la cuestión nacional tuvo implicaciones directas
en el tipo de'epistemología' elaborada por el aná\isiS sociológico. El caso de la teoría de la dependencia es ejemplaJ:
Incluso podemos situar el eurocentrismo en otro plano.
Pocodiscutidoporlos autoreseuropeos y norteamericanos,
pues no tieneninterésen explicitar lasbarreras de su propio
pensamiento, marca las ciencias sociales desde su origen.
No me refiero sólo aleurocentrismo como ideologla, del modo
que 10 considera Samir Amin, un culturalismo cuyas raíces
particularistas son travestidas en el universalismo de la "civilización occídenter'". Sé que esta es una dimensión importante de su existencia mítica, aspecto que legitima una
visión equívoca de la historia todavía predominante en el
medio académico. Subrayo la existencia de un eurccentrísmo conceptua1 que impregoa los análisis y orienta la reflexión en una dirección completamente contraproducente.
a 105 contextosregionalizados. Así surge un nuevo "lugar",
una nueva referencia para el conocimiento: el mundo. De
Un ejemplo: la pregonta zpor qué el capitalismo nace en oco-
'" Pase. En ñancés en e! original. (N. de! T.)
35 Samir Amin. F1 Euroc:entrismo: critial deuna idrologW. Méxiro, SigloXXl, 1989.
182
183
OTRO TERRITORIO
dente? no es una indagación ingenua. Por un lado, pretende
comprender el surgimiento de un determinado fenómeno
social, el capitalismo, Eso es válido y sugestivo. La respuesta
podrá ser o no convincente, por eso los estudios de Max Weber sobre las sociedades orientales fueron discutidos, y en
muchos puntos refutados, por diversos autores", Sin embargo, independiente de la respuesta presentada, se olvida
que la indagación, en su formulación inicial, está viciada. La
idea de "occidente" se postula romo un contrapunto a la de
"oriente". ¿Esta oposición binaria entre sociedades y culturas tiene alguna base histórica? ¿Posee validez heurístíca? Es
evidente que no. En tanto formaciones sociales diferenciadas, difícilmente podrfamos identificar civilización china,
mundo musulmán y sociedad india. No obstante, cuando
reflexionamos dentro de un marco dicotómico, ese "tour de
force"37 analítico se realiza sin mucha ceremonia. Maxime
Rodinson tiene razón cuando dice que no hay oriente, cuando miramos la historia de los pueblos no europeos, nos deparamos con tina diversidad inmensa de sociedades y
cívílízacíones'", Nada las unifica bajo un rasgo común. Sin
embargo, si el "oriente" es una ficción, deberíamos quitar de
tal afirmación su corolario: el"occidente" tampoco existe. La
"civilización occidental" oelebrada por el culto al progreso o
vista con desconfianza por sus críticos, es una quimera analítica. Quimera que aún así tiene Consecuencias en el plano
del pensamiento. Cuando preguntamos, "¿por qué el Japón
tuvo éxito
suponemos explicilamente que este
"éxito" no deberla haber ocurrido. Al fin Y al cabo, por ser
"occidental" el capitalismo tendría poco sentido reencon-
econ6micor"',
36 m trabajo de Maxime Rodinsonesclásico: IslamyCilpibdismo. México,
Siglo XXI, 19'73.
37 Acd6n dificil que se Iogra gracias a una habilidad extraordinaria. En
trercés en el original (N. del T.)
38 Maxime Rodinson. UzFasciruztiondel1slam. París, La Découverte, 1989.
39 Ver Michio Morishima Ozpitalisme d Conftrimisme· París, FIammarion,1982..
184
CIENCIAS SOCIALES, GLOBALIZACION y PARADIGMAS
trarlo en tierras extrañas, No obstante, como la reaJid.adflie,.
ga este juicio de valor, es necesario explicar la ront:radia;ión
entre la expectativa creada y lo que efectivamente pasó. Rlr
lo tanto, la explicación debe reposar en las cualidades intrfIIsecas, "excepcionales" de una sociedad particular, IajapOnesa (una perspectiva que refuerza las inrerpretacionesde
cuño nacionalista, tan en boga en la literatura "nDtOllJblron")(O. ¿No seria más interesante abandonar la premisa al\tenor y decir simplemente que tanto el capitalismooomo la
modernidad no son "occidentales"? Se trata de procesos que
surgen coyunturalmente en un determinado lugar de E~
pa (pero no en toda ella), aunque desde el comienzo no tíenen su lógica determinada sólo por fronteras terrltorIales.
Lo cual significa admitir que elementos nuevos de modernidad (por ejemplo: el toyotismo) poeden desarroIlérse en
contextos diferenciados. ¿Por qué vincular el aIlMisis'süeio..
lógico a una contraposidón entre'oriente y occideñte, 'romo
si las nociones geográficas todavía fueran válidas. para la
comprensión de las relacíones'sodales? Sóló cierto confOrmismo intelectual, reforzado por la creencia eurocéntrica,
justifica tal tipo de actitud.
Un último aspecto puede aún señalarse. La historia de las
ciencias sociales no se hace sólo de debates metodo1ógicos o
de luchas en el interior del campo intelectual, como las ve
Bourdíeu. Ella destila con sutiIeza una jerarquía que demarea!"- posición internacional de aquellos que la produoen. El
"lugar" Europa o Estados Unidos tiene un estatuto diferenciado en relación con otros "lugares" como Brasil, México,
Japón o la India. 'Iodo ocurre como si las reflexiones realizadas desde contextos regionaies tuvieran menos valor te6rico.
Digo desde, pues en el panorama internacional un estudio
sobre el Japón o América Latina, emprendido desde Europa
40 La literatura Mnihonjinron" congrega el conjunto de escritos que explican el Japón a partir de un punto de vista centrado en el nacionalismo japonés.
185
OTRO TERRITORIO
o Estados Unidos, obtiene un reconocimiento diferente de
10que se dice sobre el mismo terna, pero considerado a partir de un punto de vista autóctono". En tal caso, no dud?
que e! mito del eurocenlrismo desempeña su papel con éxito. A los "lugares" Europa y Estados Unidos se les atribuye
un valor de universalidad que ciertamente no tienen. En
contraposición, a otras regiones de! globo se les otorga el
calificativo de "local"; en principio, las explicaciones elaboradas en esos-contextos estarían restringidas a sus fronteras,
de forma tal que su validez "universal" queda comprometida. Son varias las razones para que esta incómoda distorsión
ocurra; digo incómoda. pues con dificultad se tematiza en
las discusiones académicas, a no ser como denuncia delrcoIonialismo cultural". Muy a pesar de que e! eurocenlrismo
tenga en ello una función legitimadora, se pueden señalar
otros motivos. Las ciencias sociales nacen en Europa y Estados Unidos, a fines de! siglo XIX, y generan una tradición
que se prolonga hasta hoy. No hay que olvidar que el argumento rrecersos de ínvestígadén", más abundante en los
países centrales, también tiene un papel determinante. No
servirla de nada imaginar el desarrollo de las ciencias sociales como un universo completamente reflexivo y sin compromisos, ajeno a su materíaíízecíén en departamentos
universitarios e institutos de investigación.
No obstante, hay una dimensión que me gustaría recalcar, pues se relaciona directamente con la problemática de
la g1oballzadón. Yababia mendonado que los temas fundamentales de las ciencias sociales en Latinoamérica son diferentes de los trabajados por los pensadores europeos. Ahora
agrego otro elemento. En América Latina, particu1annente
en disciplinas como la sociología Yla denda política, la discusión se centró históricaIIlente en torno de la modernidad
inconclusa: "ideas fuera de lugar"; "ausencia de una Revolución Burguesa"; "formación incompleta del Estado-nación"; "inconsistencia en la formación de los partidos
políticos"; "democratización restringida"; "imposibilidad de
consb"uir una cultura ciudadana", etc. Yo diría que una idea
N
'86
CIENCIAS SOCIALES. GLOBALlZACIÓN y PARADIGMAS
fundamental permea todos esos temas: la "falta", la "ausencía". Pueden enumerarse varias maneras como ellos fueron
abordados, pero hay una constante que atraviesa e! siglo,
una tecla que siempre nos remite al mismo punto: la identidad nadonaj". Es verdad que esta identidad será trabajada
en forma diversificada a lo 1argo de la historia, Yde acuerdo
con las inclinaciones teóricas e ideológicas de los autores,
pero la preocupación acerca de la pregunta: ¿Quiénes somos?, permanece. La temática de la identidad movilíza asf a
los artistas (los modernistas de la década del veinte), los políticos, los líteratos y los intelectuales. Pero, zqué significa
esta ausencta? 1bda identidad implíca la existenda de un referente. El de las sociedades latinoamericanas es la modernidad. Por eso, para responder la pregunta"équjénes somos?"
teníamos que pasar, necesariamente, por una cuestión preliminar: "lo que no somos". La '"faltaN es, precisamente; la
distanda que mide el desfase entre aquello que anhelábamos ser y 10que en realidad somos. Dentro de esta perspectiva, la construcción del objeto sociológico implicaba una
necesidad histórica. Al contrario de los pensadores europeos,
para quienes la modernidad se presentaba como un dato
objetivo, los intelectuales latinoamericanos producían estudios que osd1aban entre la comprensión de la realídad y e!
compromiso con el futuro. Sus análisis se encontraban aprisionados entre el presente y el porvenir. En este sentido,
diría que los dentíficos sociales norteamericanos y europeos
disfrutaban de una "ventaja" frente a sus pares. El contexto tematizado era, al mismo tiempo, objeto de estudio y referenda
"universal" para las teorías Y metodologías desarrolladas.
Esta "ventaja" situacional desaparece ante la modernidadmundo. En la medida que todos estamos envueltos en un
41 Sobre la problemática de la identidad nacional en el Brasil, consultar:
Renato Ortíz. Cultura Brasi1eim e ldentúIade Nacional. San Pablo Brasilíense, 1985; Carlos Guilherme Mota. ldaJlogia dIJ CulturaBrasileim. San
Paulo, Ática, lrn7.
'87
OTRO TeRRITORIO
mismo contexto, el pensarlo deja de ser una condición exelusiva de "este" o" aquel" lugar. Es posible ir aún más lejos
en este tipo de raciocinio. Frente a la globalización, los investigadores europeos y norteamericanos se encuentran en
condición semejante a la de los intelectualeslatinoamericanos ante la modernidad y la construcción de la nación.
Ahora ellos están obligados a escribir sobre un tema, pero
presionados por las exigencias del presente Yla incertidumbre del futuro. Por eso, mucho de lo producido sobre la
globalizaci6n viene marcado por el punto de vista europeo
-la necesidad de construcción de la Comunidad Europea- o
norteamericano -como equilibrar la posición de un paisque
pierde poder en el seno del orden mundial-e Perspectivas
regionalizadas que tienen, sin duda, su validez, así como el
debate sobre la cuestiónnacionalera relevante para los latinoamericanos, perocuyo alcance no dejade serrestringido.
188