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EL EMPRENDIMIENTO COMO COMPETENCIA: LA COMPETENCIA
EMPRENDEDORA
Clariandys Rivera Kempis
Universidad Metropolitana (Caracas, Venezuela)
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Departamento de Iniciativas Emprendedoras
Teléfonos: +58 414 3203601 / +58 212 2403373
crivera@unimet.edu.ve
clariandys.rivera@gmail.com
Área de investigación: Emprendimiento
Este trabajo plantea definir el emprendimiento como una competencia y vincular las
características asociadas con el comportamiento emprendedor a las tres dimensiones que
constituyen las competencias: conocimientos, habilidades y actitudes y valores, las cuales a su vez,
están relacionados con tres saberes fundamentales: saber conocer, saber hacer y saber ser. Si bien
en algunos documentos generados por organismos internacionales se hace mención al
emprendimiento como competencia, tras la revisión de la literatura especializada en el área de
dirección de empresas se ha constatado que no existe una definición específica de competencia
emprendedora, ni se le ha dado contenido a la misma. El aporte de este trabajo es la construcción
del concepto de competencia emprendedora definida como: Condición individual integrada por la
combinación idónea de conocimientos, habilidades y actitudes y valores que determinan y se
manifiestan mediante la puesta en práctica de una serie de comportamientos contextualizados y
orientados a la creación de empresas sostenibles, generadas a partir del aprovechamiento de
oportunidades lucrativas para el emprendedor y competitiva para los diversos actores
involucrados.
Palabras clave: emprendimiento, competencia, emprendedores, creación de empresas,
educational trends.
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EL EMPRENDIMIENTO COMO COMPETENCIA: LA COMPETENCIA
EMPRENDEDORA
Clariandys Rivera Kempis
Universidad Metropolitana (Caracas, Venezuela)
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Departamento de Iniciativas Emprendedoras
Teléfonos: +58 414 3203601 / +58 212 2403373
crivera@unimet.edu.ve
clariandys.rivera@gmail.com
Área de investigación: Emprendimiento
La comunidad científica aún desconoce muchos de los factores que inciden en el proceso
emprendedor (Reynolds, Bosma, Autio, Hunt, De Bono, Servais, López, García y Chin, 2005).
Sin embrago, el rol que desempeña el emprendedor influye en las decisiones relevantes sobre la
creación empresarial. Investigaciones previas indican que el estudio de las características de los
emprendedores constituyen un elemento clave dentro del fenómeno del emprendimiento, lo que
ha generado la necesidad de investigar, estudiar y medir sus rasgos imperantes, es decir, aquellos
factores que condicionan la actitud emprendedora en las personas, así como las formas efectivas
de estimularlos (Peterson, 1985; Shane y Venkataraman, 2000; Shane, Locke y Collins, 2003;
Baron, 2004; Politis y Gabrielsson, 2009; Baron y Henry, 2010; Bojica, Fuentes y Gémez-Gras,
2011; Cope, 2011; Dugassa 2012; Martin, McNally y Kay, 2013).
Si bien es cierto que muchas investigaciones abordan el fenómeno del emprendimiento desde la
visión del emprendedor y sus características, así como los factores que intervienen en la etapa
previa a la creación empresarial, es necesaria la disponibilidad de un estudio desde una posición
holística. En esta investigación se plantea abordar el fenómeno del emprendimiento desde el
enfoque de la competencia, conceptualizada como la combinación de conocimientos, habilidades
y actitudes y valores que en un contexto específico conducen al desempeño idóneo de determinados
comportamientos (Rychen y Salganik, 2001; Zabalza, 2003; Tobón 2006; López y García, 2012).
Así, el presente estudio plantea un enfoque original: analizar el emprendimiento desde un punto
de vista comprehensivo e integral conceptualizándolo como competencia (competencia
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emprendedora) e integrando a sus dimensiones los rasgos emprendedores más relevantes y en
mayor grado analizados en la literatura.
Son muchas y variadas las definiciones que sobre el término competencia se han planteado y
desde el siglo pasado, es vasta la literatura sobre este tema (McClelland, 1961; Boyatzis, 1982;
Spencer y Spencer, 1993; Bunk, 1994; Gonczi y Athanasou, 1996; UNESCO, 1998; Bogoya,
2000; Le Boterf, 2000; Masseilot, 2000; Ouellet, 2000; Sladogna, 2000; Corominas, 2001;
Earnest y De Melo, 2001; Rychen y Salganik, 2001; Weinert, 2001; Lévi-Leboyer, 2002; Massot
y Feisthammel, 2003; Organization for Economic Co-operation and Development (OECD), 2003;
Tuning Educational Structures In Europe, 2003; Zabalza, 2003; Perrenoud, 2004; Posada, 2004;
Alles, 2005; Puig y Hartz, 2005; Larraín y González, 2006; Ministerio de Educación y Ciencia
del Gobierno de España, 2006; Tobón, 2006; Martínez, Martínez y Muñoz, 2008 y López y
García, 2012). De manera general, cuando se define qué son las competencias se puede
observar que existen aspectos cuya presencia es constante en la literatura especializada, lo
cual permite extraer su esencia.
Adicionalmente, el concepto de competencia a ser utilizado en este estudio, tomando como
referencia autores como, Ouellet (2000), Rychen y Salganik (2001), Weinert (2001),
Organization for Economic Co-operation and Development (OECD) (2003), Zabalza (2003),
Posada (2004), Ministerio de Educación y Ciencia del Gobierno de España (2006), Martínez,
Martínez y Muñoz (2008) y López y García (2012), abarca determinados elementos o
subfunciones, a saber: conocimientos, habilidades y actitudes y valores. Este enfoque tiene su
antecedente en el informe presentado por la Comisión Internacional sobre la Educación para el
siglo XXI presidida por Jacques Delors a la UNESCO (Delors et al., 1996). La declaración para
la educación del siglo XXI manifiesta la importancia de formar personas con conocimientos
teóricos, prácticos, actitudinales y valorativos en todos los niveles educativos (UNESCO, 1998),
y afirma que la educación ha de sustentarse en cuatro pilares o principios básicos. Estos son:
aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser (Delors et al., 1996).
Así, las definiciones analizadas previamente derivadas de la revisión bibliográfica, permiten
establecer aspectos fundamentales de la competencia que son considerados relevantes para
este estudio. Se mencionan a continuación: 1) Se diferencia de términos como habilidad,
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destreza, aptitud, capacidad y desempeño; 2) Considera la integración de cuatro elementos:
conocimientos, habilidades y actitudes y valores; 3) El desempeño idóneo depende del
contexto donde se desarrolla (saber hacer en un contexto); 4) Abarca el saber ser, saber
conocer y saber hacer; 5) No se circunscribe sólo a las conductas o comportamientos
observados; 6) Se define en términos de saber actuar y no, por separado, de saber hacer, saber
conocer o saber ser; 7) Es definible en la acción, ya que existe para que se haga algo con ella;
8) Es evaluable y medible; 9) Se pueden aprender o desarrollar; 10) Implican acciones y
resultados; 11) Posee diferentes niveles de desempeño, ya que tienen distintos grados de
integración y dominio; 12) Implica la realización de tareas relativamente nuevas o fuera de la
rutina; 13) Involucra capacidades, sin las cuales no es posible ser competente y 14) Es
flexible y dinámica.
En esta misma línea, Weinert (2001) expresa que las competencias denotan la habilidad de llevar
a cabo tareas, resolver problemas y lidiar con los requerimientos de éstas. De acuerdo con
algunos autores (Gonczi y Athanasou, 1996; UNESCO, 1998; Bogoya, 2000; Sladogna, 2000;
Rychen y Salganik, 2001; Organization for Economic Co-operation and Development (OECD),
2003; Tuning Educational Structures In Europe, 2003; Zabalza, 2003 y Tobón, 2006), la
competencia implica, además, dominar el grado de complejidad suficiente para lograr las
exigencias y las tareas a desempeñar, así como potencial o disposición. Asimismo, la
competencia contiene aspectos cognitivos y no cognitivos no heredables, que pueden ser
aprendidos. Por otra parte, se debe destacar que sus elementos (conocimientos, habilidades,
actitudes y valores) no deben considerarse separadamente, sino como un conjunto integral que
refleje el enfoque multidimensional de la competencia (López y García, 2012).
En este contexto, cabe mencionar que muchas han sido las propuestas, iniciativas y declaraciones
que apoyan la idoneidad del concepto de competencia en el ámbito del emprendimiento. Tal es el
caso de la Declaración de la UNESCO sobre la Educación del siglo XXI: Visión y Acción (1998)
(UNESCO, 1998). Además, el Proyecto Tuning, base de la construcción del Espacio Europeo de
Educación Superior (EEES), también incluye la iniciativa y el espíritu emprendedor dentro de las
competencias genéricas sistémicas (Tuning Educational Structures In Europe, 2003).
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Por otra parte, la Dirección General de la Empresa e Industria de la Comisión Europea (2008),
destaca que el principal objetivo de la educación emprendedora debe ser el desarrollo de las
capacidades y de la mentalidad emprendedora. Sostiene que la iniciativa emprendedora consiste
en la aptitud de un individuo para convertir las ideas en actos y es, por tanto, una competencia
clave para todos. Expresa que los programas de educación orientados a su desarrollo pueden tener
objetivos diferentes. Por último, se observa en el citado informe la utilización de la expresión
“competencias emprendedoras” para hacer referencia a las capacidades y habilidades
emprendedoras a desarrollar en los individuos (Comisión Europea, 2008).
Adicionalmente, es oportuno señalar que en el Definition and selection of competencies
(DeSeCo) (OECD, 2003) se habla de competencias clave, las cuales se usan para describir
aquellas competencias que permiten a los individuos participar efectivamente en múltiples
contextos o campos sociales y que contribuyen a llevar una vida exitosa en general para ellos y
para una sociedad que funciona adecuadamente; es decir, que implica resultados individuales y
sociales importantes y valorados. La definición y selección de estas competencias clave no está
determinada por decisiones arbitrarias sobre las cualidades personales, sino que es influenciada
por lo que las sociedades valoran y por lo que los individuos, grupos e instituciones dentro de
esas sociedades consideran relevante. A los fines del presente estudio, se plantea incorporar el
emprendimiento como una competencia clave, puesto que contiene los aspectos que las
caracterizan: multifuncionalidad e importancia (Weinert, 2001).
La concepción del emprendimiento como una competencia y la aceptación en el ámbito
académico de la competencia como la combinación idónea de conocimientos, habilidades y
actitudes y valores, comprehensiva e integradora, constituye una concepción original según se
deduce de las consideraciones expuestas a continuación. Si bien en los estudios reseñados
anteriormente (p.e. Organization for Economic Co-operation and Development (OECD), 2003;
Tuning Educational Structures In Europe, 2003), se expresa el emprendimiento y la iniciativa
emprendedora como una competencia genérica, en estas acepciones no se incorporan
componentes que, según las investigaciones previas han demostrado ser parte integrante del
emprendimiento, p.e. desarrollo del capital social, liderazgo, creatividad y toma de decisiones.
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Cabe observar que la consideración de la iniciativa y el espíritu emprendedor (sinónimos de
emprendimiento) como una competencia, no se recoge en la revisión bibliográfica realizada en el
área del emprendimiento o dirección de empresas y en publicaciones incluidas en el Journal
Citation Report (JCR), tales como Academy of Management Journal, Academy of Management
Review, Entrepreneurship Theory and Practice, Journal of Business Venturing, Small Business
Economics, Family Business Review y Administrative Science Quarterly, entre otras.
Se puede afirmar que en la literatura no hay investigaciones con el planteamiento expuesto y esto
conduce a destacar su valor. Esta investigación conduce a establecer las bases para la adopción
del emprendimiento como competencia, lograr una definición integral y dar cabida a la
introducción de la formación emprendedora desde el enfoque basado en competencias en armonía
con los requerimientos del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) y a las tendencias
mundiales.
Para dar contenido a la competencia emprendedora se procedió a asociar los 25 rasgos más
estudiados en la literatura durante las últimas décadas a cada una de las dimensiones que integran
la competencia. De esta manera, encontramos que en la primera dimensión referida a los
conocimientos (conocer, conceptual o teórico), consistente en la representación mental del
conjunto de datos, hechos, conceptos, nociones, información, proposiciones, y categorías
adquiridas en una o varias disciplinas mediante la experiencia o el aprendizaje y que son
necesarios en el individuo para su actuación, se enmarcan los siguientes rasgos de los
emprendedores: aprendizaje emprendedor, cognición emprendedora / lógica basada en la
heurística, conocimiento emprendedor, experiencia previa, percepción de la utilidad/beneficio
económico/ganancia /compensación y posesión previa de información.
La segunda dimensión correspondiente a las habilidades (hacer, procedimental o práctico), las
cuales representan la capacidad del individuo para actuar e intervenir en la realidad mediante el
uso de procedimientos o procesos necesarios para el desempeño de una actividad, física o mental,
está constituida por: alerta emprendedora, aprovechar y explotar oportunidades, capacidad para
crear/innovar, capacidad para movilizar recursos, capacidad para tomar decisiones/solucionar
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problemas con información limitada, desarrollo de redes de contactos/construcción de capital
social/network y liderazgo.
La última dimensión comprende las actitudes y valores (ser, actitudinal o valorativo). La primera
consiste en la disposición y motivación del individuo a la acción y a la puesta en práctica de los
valores ante situaciones del trabajo y de la vida y tiene como base la autonomía del individuo, su
autoestima y su proyecto ético de vida. La segunda, corresponde al sistema de creencias y
disposiciones afectivas estables que se asumen como pautas referenciales para actuar de una
determinada manera. Ambas, constituyen abstracciones que se ponen en evidencia en la actuación.
Abarca las siguientes características: autoeficacia, comportamiento tipo a, construcción de
legitimidad/manipulación activa, energía/impulso/trabajo duro/persistencia, exceso de confianza,
inconformidad/individualismo, locus de control interno, motivación, necesidad/reconocimiento
de logro, tendencia moderada a asumir riesgos, tolerancia al fracaso y tolerancia a la
ambigüedad/presión/cambios/incertidumbre.
La vinculación expuesta, demuestra que el emprendimiento enfocado como competencia integra
conocimientos, habilidades y actitudes y valores, los cuales determinan la profundización de su
estudio desde la perspectiva del comportamiento emprendedor. Como derivación, la
investigación plantea el siguiente concepto:
COMPETENCIA EMPRENDEDORA
Condición individual integrada por la combinación idónea de conocimientos,
habilidades y actitudes y valores que determinan y se manifiestan mediante la puesta
en práctica de una serie de comportamientos contextualizados y orientados a la
creación de empresas sostenibles, generadas a partir del aprovechamiento de
oportunidades lucrativas para el emprendedor y competitiva para los diversos actores
involucrados.
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