Política - Prisma Bolivia

15 de enero de 2015
Nº 193
Política
CONTENIDO
1. E l r egalo de la educación por Nicholas D. K r istof
2. M enos pobr es, más delitos por J ulio M ar ía Sanguinetti
3. T enemos tanto que apr ender de C uba por R ober t F . K ennedy J r .
4. C uba-E stados Unidos y nuestr a gener ación por R icar do L agos
5. Planeta picos gemelos por Paul K r ugman
6 ¿Un nuevo or den más pr opio de la G uer r a F r ía? por M ikhail G or bachev
7. L lanto por J ulio Scher er G ar cía por E lena Poniatowska
8. L os 90 años de E r nesto C ar denal por Ser gio R amír ez
9. Demasiado tar de por M anuel C astells
10. E l 11-S fr ancés por Dominique M oisi
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1. EL REGALO DE LA EDUCACIÓN POR NICHOLAS D. KRISTOF
Su padre murió cuando él tenía tres años de edad y su mamá —vendedora de comida— a
menudo no podía solventar sus cuotas escolares. Así que él era expulsado cada cierto tiempo
de la escuela por falta de pago, humillante ordalía que lleva a algunos niños a dejar los
estudios para siempre.
Sin embargo, Nikenson solía colarse de nuevo a instalaciones escolares y pararse afuera de los
ventanales abiertos de las aulas y espiaba, día tras día. Estudió por cuenta propia, manteniendo
el paso para que, cuando su mamá lograra reunir a duras penas unos pocos dólares, él pudiera
reingresar a clases hasta que llegara el vencimiento del próximo pago escolar.
En contra de todas las probabilidades, Nikenson se graduó del bachillerato este año, en primer
lugar de su clase, con puros dieces, y sus compañeros lo eligieron presidente de la clase.
Nikenson es un recordatorio del aforismo básico de la vida actualmente: el talento es
universal, no así la oportunidad.
Para buena fortuna, con la ayuda de donadores estadounidenses, Nikenson ahora recibe una
educación universitaria que lo impulsará a la élite de Haití. Él es uno de los beneficiarios de un
programa lanzado por Conor Bohan, joven estadounidense que estuvo enseñando en una
preparatoria haitiana y al cual le consternaba que una de las mejores alumnas en la escuela no
pudiera pagar los 30 dólares del registro universitario. Él sacrificó sus ahorros para enviarla a
la universidad (ahora ella es médica). Después, él acudió a familiares y amigos para ayudar a
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otros haitianos a que asistieran a la universidad. El programa creció y se convirtió en el
Programa Haitiano de Educación y Liderazgo, conocido como HELP por sus siglas en inglés,
enviando a cientos de hombres y mujeres jóvenes a universidades haitianas.
“La educación funciona”, dijo Bohan llanamente. La buena educación es útil para todos, en
todas partes. Funcionó para usted, para mí, y funciona para los haitianos".
A todas luces, es más difícil de lo que parece acometer la pobreza mundial y Haití es un buen
ejemplo. Sus calles están llenas de camionetas deportivas de lujo blancas que transportan por
todas partes a trabajadores humanitarios, pero sigue siendo el país más pobre del Hemisferio
Occidental.
Con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que, por sí sola, la educación pudiera ser
la mejor forma de ayudarle a la gente a que se ayude a sí misma, ya sea en Estados Unidos o
en el extranjero. Sin embargo, como país, los estadounidenses invertimos muy poco en
educación, tanto en el ámbito nacional como en el exterior. Así que, en esta temporada de
celebraciones, yo sugeriría un momento para elevar una copa y celebrar a aquellos que
extienden el regalo transformador de la educación.
Hace unos cuantos días vimos la noticia del horrendo ataque del talibán paquistaní en una
escuela de Peshawar. El talibán ataca escuelas porque entiende que la educación corroe al
extremismo; desearía que nosotros también absorbiéramos esa lección. En su primera campaña
presidencial, el presidente Barack Obama habló de lanzar un fondo mundial de educación,
pero todo parece indicar que olvidó la idea. ¡Desearía que él la reviviera!
Me impresiona en particular el modelo de HELP, en parte debido a una genial manera de
volver sustentable el programa: los ganadores se comprometen a devolver 15 por ciento de su
ingreso durante los primeros nueve años en sus empleos. Eso constituye una fuerte suma. Los
graduados de HELP perciben en promedio 15.000 dólares anualmente, comparado con el
ingreso per cápita en Haití de un poco más de 800 dólares, en tanto las cuotas universitarias
son muy baratas si se comparan con los estándares estadounidenses.
Un brillante graduado de preparatoria, Elice Oreste, estaba trabajando de aprendiz de
carpintero en una remota comunidad y ganaba apenas 50 dólares al mes. HELP lo envió a la
universidad para que estudiara ingeniería industrial y él acaba de graduarse. encontrando
empleo de inmediato en una empresa europea como ingeniero de mantenimiento, por 1.500
dólares mensuales.
“La única diferencia es su acceso a la educación”, nota Bohan.
Una beca de HELP también está transformando la trayectoria de Anne Martine Agustin,
huérfana que estudia ingeniería eléctrica. Ella diseñó una aplicación para preparación ante
desastres en Haití que ganó una competencia de programación del Banco Mundial.
El siguiente gran recurso aún no explotado en países pobres no es petróleo u oro, sino
personas como ella. Así que, con el respaldo de donadores en su mayoría estadounidenses,
HELP recorre el país en busca de graduados brillantes, pero en la pobreza, del bachillerato.
Una vez que son elegidos, los estudiantes reciben asesoría en inglés, uso de computadora y
tanto liderazgo como servicio público. El objetivo radica en fomentar un cuerpo élite de
artífices del cambio para construir el país.
“Nadie conoce Haití mejor que los haitianos”, destaca Leonardo Charles, elegido para una
beca después de que quedara entre los primeros cinco lugares en exámenes nacionales, al
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tiempo que también sirvió como presidente de su clase en la preparatoria y editor del diario
estudiantil. “Si es que habrá cambio, vendrá de nosotros”.
Así que brindo con mi rompope por todos aquellos que promueven la educación tanto en el
país como en el exterior, propagando así la oportunidad. Es la versión actualizada de darle a
una persona una caña de pescar en vez de un pescado.
En una fiesta, un trabajador de ayuda de Occidente le preguntó alguna vez a Bohan si los
graduados de HELP serían capaces de encontrar empleos.
“Mire a su alrededor en esta sala”, dice Bohan que él contestó. “Puedo reemplazar a cada
persona blanca en esta sala con un haitiano”.
Fuente: El Espectador, 5.1.15 por Nicholas D. Kristof, periodista norteamericano
2. MENOS POBRES, MÁS DELITOS POR JULIO MARÍA SANGUINETTI
Entre 2000 y 2012, América Latina creció un 4,2% anual y si bien actualmente ha disminuido
su ritmo (1,1% para este año), el Índice de Desarrollo Humano en términos generales ha
mejorado sustantivamente. Fueron años de favorables vientos, en que la demanda china
precipitó espectaculares valores de minerales y productos agrícolas. Bajaron las tasas de
pobreza y creció la clase media, pero paradójicamente nos encontramos con un aumento de la
delincuencia, que aparece como primera preocupación en casi todos los países. (Informe
Regional, PNUD, 2014).
Se estima que la clase media ha crecido de un 21% de la población en el año 2000 a un 34%
en 2012. Son 82 millones de personas. En el otro extremo, la pobreza cayó de un 41,7% a un
25,4%, o sea, 56 millones menos. Sin embargo, entre esos extremos nos encontramos con una
nueva situación que hoy se evalúa y que es lo que se ha llamado “población vulnerable”. Es
aquella que ha rebasado estadísticamente el nivel de ingresos de pobreza (menos de 10 dólares
diarios) pero que no posee capacidad para autosustentarse, normalmente recibe un subsidio del
Estado y cualquier tropiezo de la vida personal le retrotrae a la situación anterior.
El desempleo ha bajado. La expectativa de vida de los 512 millones de habitantes de la región
está en 74 años y sigue creciendo, con algunos países que han superado los 80. Si pensamos
que en 1950 el promedio era de 55 años, para los 161 millones que vivían entonces, es
indudable que objetivamente la región ha seguido mejorando.
¿Cómo se explica entonces que la tasa de homicidios haya crecido el 11%, cuando en el resto
del mundo está más o menos igual? ¿Cómo es posible que la seguridad ciudadana sea hoy el
mayor reclamo de unas sociedades que vienen apuntando hacia otros escenarios superiores,
pero que sufren estas fronteras de retroceso?
La pregunta nos lleva a que el desarrollo no se ha acompasado a la expansión material. Bien se
sabe que crecimiento no es necesariamente desarrollo, aunque sea condición necesaria de él. Y
esto es lo que se experimenta aun en los países con mayor expansión.
¿En qué debemos pensar para explicar esta paradójica contradicción, que hiere el concepto
mismo de una democracia que, pese a sus altibajos, ha dejado atrás los tiempos de militarismo
y golpes de Estado?
La familia, en primer lugar, se ha debilitado sustantivamente. Los hogares monoparentales se
han duplicado en los últimos 30 años y los que tienen una mujer como cabeza son el 26% en
Argentina, en Chile el 21% y en México, un 20%. Los adolescentes que ni siquiera saben
quién es el padre terminan siendo carne de cañón del vicio o el crimen organizado. El
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consumo de alcohol o drogas es otro fenómeno en expansión. Se ha investigado si antes de
cometer un delito sus autores habían consumido alcohol, alguna otra droga o la combinación
de varias de ellas, que es lo más habitual. El resultado es afirmativo para el 49% en Chile, el
38% en Brasil y el 36% en México. Naturalmente, estas adicciones generan, además, el tráfico
ilícito que corroe las estructuras urbanas, con áreas de altísimo riesgo personal.
Por cierto, no es despreciable la debilidad institucional que en muchos países es evidente, por
insuficiencias policiales y judiciales. México, que ha evolucionado en tantos aspectos de su
desarrollo, como la industria por ejemplo, ha exhibido —en su región más pobre— episodios
de criminalidad con una crueldad insuperable. Allí, en Guerrero, han quedado expuestas todas
las lacras sociales, incluida la corrupción política que en este caso afectó al tradicional partido
de izquierda, al que renunció su fundador, Cuauhtémoc Cárdenas.
En la más histórica herramienta de progreso social, la educación, cuya importancia se ha
hecho más acuciante en esta desafiante sociedad del conocimiento, se advierten claramente los
rezagos que el crecimiento no ha podido superar. El hecho es que si bien los años de
escolaridad han aumentado y la matrícula de la educación primaria cubre prácticamente el
total de su generación, la enseñanza media no logra acomodarse a los tiempos. El 51% no la
termina y el sistema de evaluación PISA desnuda sus carencias. Esas pruebas, que miden el
nivel en matemática, la lengua propia y los conceptos básicos de ciencia, en los adolescentes
de 15 años, nos dicen que de 67 países evaluados, los ocho latinoamericanos están entre el 53
(Chile) y el 67 (Perú). Los siete primeros son asiáticos, lo que una vez más nos dice que,
detrás de los éxitos, no hay milagros sino esfuerzo inteligente.
Luego de años de bonanza en el comercio exterior, los tiempos que corren han cambiado la
ecuación. La caída de los precios de las materias primas y la crisis del petróleo impactan de
manera variada a los países. A algunos, dramáticamente, como la desvencijada Venezuela; a
otros, menos, como los exportadores de alimentos, pero en todo caso se terminaron los precios
rutilantes. No se avizora una crisis, pero sí tiempos en que se requerirá rigor y administración.
Al tiempo que las contradicciones que apuntamos obligan a mirar en profundidad esas
tendencias que no son coyuntura, sino el corazón de su estructura social.
Fuente: El País, 5.1.15 por Julio María Sanguinetti, abogado y periodista, fue presidente de
Uruguay (1985-1990 y 1994-2000).
3. TENEMOS TANTO QUE APRENDER DE CUBA POR ROBERT F. KENNEDY JR.
El sacerdote de la santería afrocubana, Lázaro Cuesta, lee sus predicciones para 2015 en La
Habana. El hombre, uno de los fundadores de la Comisión de la Letra del Año, dijo que el
restablecimiento de las relaciones Cuba-Estados Unidos abre un periodo de esperanza para
todo el mundo.
El 17 de diciembre, el presidente estadunidense, Barack Obama, anunció el restablecimiento
de las relaciones diplomáticas con Cuba, después de más de cinco décadas de una política
equivocada que mi tío, John F. Kennedy, y mi padre, Robert F. Kennedy, fueron responsables
de aplicar después de que el gobierno de Dwight D. Eisenhower (1953-1961) implementara el
embargo contra la isla por primera vez en octubre de 1960.
La medida generó la esperanza en muchos sectores, no sólo en Estados Unidos sino en todo el
mundo, de que ahora el propio embargo estaría destinado a desaparecer.
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Esto no quita el hecho de que Cuba sigue siendo una dictadura. El gobierno cubano restringe
libertades básicas, como las de expresión y reunión, y es propietario de los medios de
comunicación.
Las elecciones, como en la mayoría de los países comunistas de la vieja guardia, ofrecen
opciones limitadas y, en redadas periódicas, el gobierno cubano llena las cárceles con presos
políticos.
Sin embargo, hay auténticos tiranos en el mundo que se convirtieron en aliados cercanos de
Estados Unidos y muchos gobiernos con peores historiales de derechos humanos que el de
Cuba.
Un ejemplo es Azerbaiyán, cuyo presidente, Ilham Aliyev, hierve a sus rivales en aceite, pero
también Arabia Saudita, Jordania, China, Bahrein, Tayikistán, Uzbekistán y muchos más,
donde entre las prácticas gubernamentales se encuentran la tortura, las desapariciones
forzadas, la intolerancia religiosa, la represión de la expresión y la reunión, la opresión
medieval de la mujer, la elecciones fraudulentas y las ejecuciones extrajudiciales.
A pesar de su pobreza, Cuba consiguió algunos logros impresionantes. El gobierno se jacta de
que su población tiene el índice de alfabetización más alto de cualquier país del hemisferio,
que sus ciudadanos gozan de acceso universal a la atención sanitaria y que posee más médicos
por habitante que los demás países del continente americano. Los médicos cubanos tendrían
una formación médica de alta calidad.
A diferencia de otras islas del Caribe, donde la pobreza significa pasar hambre, cada cubano
recibe una libreta mensual de racionamiento de alimentos que cubre sus necesidades básicas.
Incluso los funcionarios cubanos admiten que la economía está asfixiada por las ineficiencias
del marxismo, aunque también argumentan que la principal causa de los problemas
económicos de la isla es el estrangulamiento que provocaron los 60 años de embargo
comercial.
Es claro para todos que el embargo aplicado por primera vez durante la administración de
Eisenhower en octubre de 1960 castiga injustamente a los cubanos de a pie. Éste impide el
desarrollo económico al hacer que prácticamente todos los productos básicos y toda clase de
equipos sean astronómicamente caros y difíciles de obtener.
Lo peor de todo es que, en lugar de castigar al régimen por sus restricciones a los derechos
humanos, el embargo fortaleció a la dictadura al justificar la opresión. Brinda a los cubanos la
evidencia visible del cuco que todo dictador necesita: un enemigo externo para justificar un
estado de seguridad nacional autoritario.
El embargo también brindó a los líderes cubanos un monstruo plausible a quien culpar por la
pobreza de Cuba. Otorgó credibilidad al argumento de La Habana de que Estados Unidos, no
el marxismo, causó el malestar económico de la isla.
Es casi seguro que el embargo ayudó a mantener a los hermanos (Fidel y Raúl) Castro en el
poder durante las últimas cinco décadas.
Justificó las medidas opresivas del gobierno cubano contra la disidencia política de la misma
forma en que las inquietudes de seguridad nacional de Estados Unidos fueron utilizadas por
algunos políticos estadunidenses para justificar incursiones contra nuestra carta de derechos,
incluyendo los derechos constitucionales a tener un juicio con jurado, al hábeas corpus, a una
defensa eficaz, a viajar y a no sufrir la búsqueda y la incautación injustificada, las escuchas
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secretas, el castigo cruel e inusitado, la tortura de los prisioneros o la entrega extraordinaria,
por nombrar sólo algunos.
Es más que paradójico que los mismos políticos que argumentaron que deberíamos castigar a
Castro por limitar los derechos humanos y maltratar a los presos en las cárceles cubanas
sostienen que el maltrato que Estados Unidos proporciona a nuestros prisioneros en las
cárceles cubanas está justificado.
Imagine que un presidente estadunidense se enfrentara, como sucedió a Castro, a más de 400
intentos de asesinato, miles de episodios de sabotaje apoyados desde el extranjero y dirigidos a
la población, las fábricas y los puentes de nuestra nación, a una invasión patrocinada desde el
exterior y a 50 años de guerra económica que, en los hechos, privara a nuestra ciudadanía de
artículos de primera necesidad y estrangulara nuestra economía.
Los líderes cubanos apuntaron al embargo, con abundante justificación, como la razón de la
privación económica en Cuba.
El embargo permite que el régimen cubano exhiba a Estados Unidos como un matón y se
muestre como la personificación del coraje, de pie ante las amenazas, la intimidación y la
guerra económica por la mayor superpotencia militar de la historia.
Le recuerda constantemente al orgulloso pueblo cubano que nuestra poderosa nación, que ha
orquestado la invasión de su isla, saboteó sus industrias y confabuló durante décadas para
asesinar a sus líderes, mantiene una agresiva campaña para llevar su economía a la ruina.
Quizás el mejor argumento en favor de levantar el embargo sea que no funciona. Nuestro
embargo de más de 60 años contra Cuba es el más longevo en la historia y, sin embargo, el
régimen de los Castro se mantiene en el poder.
En lugar de levantar el embargo, las diferentes administraciones estadunidenses, incluida la de
Kennedy, lo han fortalecido, sin ningún resultado.
Parece una tontería que Estados Unidos mantenga una política exterior mediante la repetición
de una estrategia que demostró ser un fracaso monumental durante seis décadas. La definición
de la locura es la repetición de una misma acción una y otra vez a la espera de resultados
diferentes. En este sentido, el embargo es una locura.
El embargo desacredita claramente la política exterior estadunidense, no sólo en América
Latina, sino también en Europa y otras regiones.
Durante más de 20 años, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas solicitó
el levantamiento del embargo. Este año, al igual que en 2013, el pedido tuvo 188 votos en
favor y dos en contra, estos últimos de Estados Unidos e Israel. La Comisión Interamericana
de Derechos Humanos, el principal órgano de derechos humanos de las Américas, también
reclamó lo mismo, al igual que la Unión Africana.
Una de las razones por las que disminuye nuestro prestigio mundial y autoridad moral es que
el embargo sólo hace hincapié en nuestra relación distorsionada con Cuba, cargada
históricamente de fuertes paradojas que hacen que el resto del mundo vea a Estados Unidos
como un país hipócrita.
Más recientemente, mientras culpamos a Cuba de encarcelar y maltratar a los presos políticos,
sometimos simultáneamente a prisioneros, muchos de ellos inocentes según la propia admisión
del Pentágono, a la tortura, incluido el submarino, la detención ilegal y el encarcelamiento sin
juicio en la prisión cubana de la bahía de Guantánamo.
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Culpamos a Cuba porque no permite que sus ciudadanos viajen libremente a Estados Unidos,
pero restringimos los viajes de nuestros ciudadanos a Cuba. En ese sentido, el embargo parece
particularmente antiestadunidense. ¿Por qué mi pasaporte dice que no puedo visitar Cuba?
¿Por qué no puedo ir a donde quiera?
Yo he sido un estadunidense afortunado. Pude visitar Cuba y esa fue una educación
maravillosa, porque me dio la oportunidad de ver de cerca el comunismo con todos sus
defectos y fallas. ¿Por qué nuestro gobierno no confía en que los estadunidenses puedan ver
por sí mismos los estragos de la dictadura?
Si el presidente Kennedy hubiera sobrevivido para cumplir una segunda administración, el
embargo se habría levantado hace medio siglo.
El presidente Kennedy le dijo a Castro, por conducto de intermediarios, que Estados Unidos
pondría fin al embargo cuando Cuba dejara de exportar revolucionarios violentos a los países
de la Alianza para el Progreso en América Latina, política que terminó principalmente con la
muerte del Che Guevara en 1967 y cuando Castro dejó de permitir que la Unión Soviética
utilizara la isla como base para la expansión del poderío soviético en el hemisferio.
Bueno, la Unión Soviética ya no existe desde 1991, hace más de 20 años, pero el embargo
liderado por Estados Unidos continúa ahogando a la economía cubana. Si el objetivo de
nuestra política exterior en Cuba es promover la libertad de sus ciudadanos sometidos,
deberíamos abrirles las puertas y no cerrárselas.
Tenemos tanto que aprender de Cuba, de sus éxitos en algunos ámbitos y de sus fracasos en
otros.
Mientras caminaba por las calles de La Habana, los viejos Ford T resoplaban al pasar junto a
la efigie en hierro forjado del Che colgada en las alturas y el bronce de una estatua de
Abraham Lincoln se erguía en un jardín de una arbolada avenida.
Sentía el peso de 60 años de la historia cubana, una historia profundamente entrelazada con la
de mi propio país.
Fuente: La Jornada, 5.1.15 por Robert F. Kennedy Jr., norteamericano, abogado del National
Resources Defense Council y de Hudson Riverkeeper y presidente de Waterkeeper Alliance.
4. CUBA-ESTADOS UNIDOS Y NUESTRA GENERACIÓN POR RICARDO LAGOS
Al conocer el acuerdo Barak Obama-Raúl Castro y la decisión de restablecer relaciones
diplomáticas tras más de medio siglo de interrupciones, la gente de mi generación ha podido
decir: “Hemos sido testigos de toda esta historia”. La hemos vivido desde sus orígenes, sus
devenires políticos, sus opciones en medio de la Guerra Fría, su persistencia y sobrevivencia
ante lo que parecía imposible, sus errores y sus herencias ya inscritas en la historia
latinoamericana.
Recuerdo a Fidel Castro, con todas las ilusiones que despertó en Latinoamérica, visitar
Estados Unidos en abril de 1959, cuatro meses después de su entrada triunfal en La Habana.
Fue allá, no para pedir nada, que era lo habitual en los gobernantes latinoamericanos, sino para
explicar lo que pretendía hacer. Estaba convencido que podía hacer comprender su proyecto
de cambios profundos a los dirigentes de Estados Unidos. Y ahí están los alegatos para la
historia en su entrevista con el secretario de Estado Adjunto, Christian Herter, y otras
autoridades del Gobierno de Eisenhower, así como sus discursos en Harvard y Princeton. El
drama de Cuba fue creer que era posible un camino distinto en esta parte del mundo, sin ver
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que el supuesto de la Guerra Fría adjudicaba esta parte del mundo a la esfera de influencia de
Estados Unidos. Cinco años antes, Guatemala había sufrido un golpe de Estado para impedir
que los presidentes Arévalo, primero, y Arbenz, después, impulsaran mejoras en beneficio de
su pueblo.
No hubo comprensión en Washington, o al menos en la CIA, y empezó la preparación para
invadir Cuba por Bahía Cochinos. Como describen con claridad los asesores de Kennedy, éste,
al asumir la presidencia en enero de 1961, se encontró con los planes en marcha. No tuvo el
coraje de interrumpir la invasión y el fiasco lo conoció el mundo en abril de 1961. Ahí se
produce la ruptura final con un Estados Unidos que deja de ser confiable. Entonces Castro, en
plena Guerra Fría, mira a la Unión Soviética. Acepta los cohetes nucleares en Cuba, porque
cree defender así su revolución. Vivía en Estados Unidos en ese momento. Recuerdo con
absoluta claridad el discurso de Kennedy diciendo que ha ordenado un bloqueo naval y el
enfrentamiento será inevitable con las naves que llevan los misiles a Cuba. La guerra se evita
con un acuerdo de último minuto en virtud del cual la Unión Soviética acepta retirar los
misiles, mientras Estados Unidos garantiza que nunca más intentará desestabilizar el régimen
cubano. A partir de allí se inicia esa larga historia que concluye en estos días. Sin duda, era
una anomalía que 25 años después de la caída del muro de Berlín, la Guerra Fría siguiera viva
en esta parte del mundo.
Frente a Cuba y su historia se pueden tener distintas opiniones, pero nadie puede negar su
trascendencia. Para muchos lo esencial estuvo en mostrar como ese pequeño país se paraba
ante la potencia capitalista del mundo para decirle: no, el camino hacia la igualdad no va por
ahí. Para otros, esa historia mostró que la utopía no basta para construir equidad y un futuro
mejor para la gente; se necesita algo más que el entusiasmo y las promesas.
Un libro publicado hace pocas semanas, Back Channel to Cuba, demuestra como bajo todas
las circunstancias, siempre hubo negociaciones secretas entre los Gobiernos de ambos países.
La distancia ideológica ha sido enorme y, sin embargo, cada tanto existieron los contactos y
los enviados especiales buscando resolver crisis entre ambas partes o, incluso, afanes por crear
condiciones que tal vez llevarían a relaciones aceptables y permanentes entre los dos Estados.
Y cada tanto, Nueva York o Canadá han sido lugares de encuentro entre representantes
autorizados para explorar acercamientos. Por cierto, otros países, España entre ellos, también
han cumplido su rol en este ámbito de acercamiento y normalización de relaciones entre
ambos.
¿Por qué nada de aquello pudo llevar a un logro tan trascendente como el anunciado ahora por
Obama y Raúl Castro? Por una parte, porque era necesario que Washington se convenciera de
que el bloqueo no creaba ningún resultado positivo, hacía sufrir al pueblo cubano y daba lugar
a la solidaridad de muchos ante tan cruel castigo. Por otro lado, porque Cuba esperaba el
momento de un diálogo donde prevaleciera el respeto a la soberanía cubana. Éste no es un
tema menor para los cubanos porque, tras lograr su independencia de España, su historia
estuvo marcada por una condición de dependencia de Washington como casi ningún otro país
del continente: era la enmienda Platt.
¿Y ahora, qué? Ante el último capítulo de esos cincuenta y tantos años de relaciones
diplomáticas rotas y bloqueo —o el primer capítulo de la nueva etapa—, el desafío de Cuba es
claro: ha llegado el tiempo de construir el equilibrio virtuoso entre Estado-mercado-sociedad.
Desde su modelo político, con más apertura y más libertades, este Gobierno cubano y el que
venga deberá generar aquella dinámica donde el Estado dicte reglas claras y estables,
conduzca y abra espacios; un mercado capaz de registrar crecimiento, innovación y desarrollo;
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y una sociedad donde las oportunidades y las protecciones sean reales, amplias y para todos.
No es menor el desafío de preservar en materia social lo logrado en estos años.
Cuba tendrá que aprender a mirar a Estados Unidos sin prejuicios, sin precalificaciones, con
todos sus matices, buenos y malos. Pero también Estados Unidos tendrá que aprender a ver la
Cuba de hoy, olvidarse de aquellas prácticas de patio propio y escenario de todos sus
desbordes, para darse cuenta de que la revolución deja herencias importantes para avanzar
hacia el futuro. Ahí está el país que gasta el 10% de su PIB en salud y lo coloca entre los
primeros 25 del mundo por sus indicadores sanitarios. Y también el que destina el 12,8% de su
PIB a educación, generando la sociedad de más altos estándares de educación masiva en todo
el continente.
Es cierto que el bloqueo aún está allí porque se requiere una ley del Congreso para eliminarlo,
y hoy esas condiciones no están dadas. Pero la aplicación misma de sus normas depende de la
gradualidad con que el presidente norteamericano decida aplicarlas. Y en ello las decisiones de
Obama, menores al comienzo, abren ahora la puerta a una interacción mucho más vital y
fluida entre ambos países. Y la pregunta ineludible: ¿quién gana en esta historia?
Tras el anuncio de la reanudación de relaciones se han dado cálculos y análisis que suenan un
poco coyunturales. Sí, es cierto que la baja del precio del petróleo y el impacto que ello tiene
sobre Venezuela, determina un cambio en las posibilidades de ayuda con petróleo subsidiado y
otros acuerdos que el comandante Hugo Chávez comprometió en su momento. Pero no es ésa
la razón de que Cuba entrara en este diálogo confidencial con la Casa Blanca desde mediados
de 2013. El tema viene ya desde hace tiempo porque el Gobierno cubano y su diplomacia han
asumido que, en el siglo XXI, su estrategia está ligada a lo que en privado llaman “una nueva
relación con Estados Unidos”. Y la clave en esa relación pasa por el respeto mutuo.
Como se ha dicho, Obama ha mostrado coraje político, pero también sentido de la Historia y
su andar inevitable. Tal vez éste sea un paso no sólo importante para la relación bilateral entre
Estados Unidos y Cuba, sino para una nueva política entre Washington y sus vecinos al sur del
río Bravo. Sin duda, ya se ha creado un nuevo clima para la próxima Cumbre de las Américas
en Panamá.
Fuente: El País, 5.1.15 por Ricardo Lagos fue presidente de Chile.
5. PLANETA PICOS GEMELOS POR PAUL KRUGMAN
La creciente desigualdad en naciones industrializadas en el 2014 captó finalmente la atención
que merecía, a medida que Capital en el siglo XXI, de Thomas Picketty, se convertía en una
sorpresa (merecida) entre los libros más vendidos. Los sospechosos de siempre siguen en la
negación del bien remunerado, pero, para todos los demás, ahora salta a la vista que el ingreso
y la riqueza se concentran más en la cima misma de lo que han estado desde la Era Dorada; y
la tendencia no da señales de estar aminorando.
Sin embargo, esa es una historia de sucesos dentro de naciones y, por tanto, está incompleta.
Realmente se necesita suplementar el análisis al estilo de Picketty con una perspectiva global,
y cuando se hace, yo argumentaría, se capta una mejor idea de lo bueno, lo malo y lo
potencialmente muy desagradable del mundo en que vivimos.
Así que, permítanme sugerirles que vean una notable tabla de ganancias en ingresos por todo
el mundo producida por Branko Milanovic, del Centro de Graduados de la Universidad de la
Ciudad de Nueva York (a la cual me estaré uniendo en este verano). Lo que muestra
Milanovic es que el crecimiento en los ingresos desde la caída del Muro de Berlín ha sido una
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historia de “picos gemelos”. Por supuesto, los ingresos se han disparado hasta el techo,
conforme la élite mundial se vuelve incluso más rica. Sin embargo, ha habido también
enormes progresos para lo que pudiéramos llamar el medio global, que consiste en su mayoría
de las crecientes clases medias de China y de India.
Además, seamos claros: El crecimiento de los ingresos en naciones en surgimiento ha
producido enormes progresos en bienestar humano, sacando a millones de personas de la
pobreza desesperada y dándoles una oportunidad de tener una vida mejor.
Ahora, la mala noticia: Entre estos picos gemelos –la élite global cada vez más rica y la
creciente clase media de China– yace lo que pudiéramos llamar el valle de la desesperanza: los
ingresos han crecido lentamente, si es que crecieron, para las personas en alrededor de 20% de
la distribución mundial de ingresos. ¿Quiénes son estas personas? esencialmente, las clases
trabajadoras de países industrializados. Y si bien los datos de Milanovic solo se remontan al
2008, podemos tener la certeza de que este grupo ha tenido incluso peores resultados desde ese
año, sacudido por los efectos del alto desempleo, salarios estancados y políticas de austeridad.
Lo que es más, los esfuerzos de trabajadores en países ricos son, en importantes formas, el
otro lado de la moneda de las ganancias arriba y debajo de ellos. La competencia proveniente
de exportaciones de economías emergentes seguramente ha sido un factor que deprime
salarios en naciones más ricas, aunque probablemente no la fuerza dominante. Lo que reviste
mayor importancia es que se lograron crecientes ingresos en la cima, en buena medida,
exprimiendo a aquellos debajo: al recortar salarios, abatir prestaciones, aplastar sindicatos y
desviar un porcentaje creciente de recursos naturales a tratos financieros.
Quizá lo que reviste incluso mayor importancia es que los ricos ejercen un efecto vastamente
desproporcionado sobre la estrategia política. Además, prioridades de las élites –inquietud
obsesiva con los déficits presupuestarios, con la supuesta necesidad de abatir programas
sociales– han hecho mucho por profundizar el valle de desesperanza.
Así que, ¿quién habla por aquellos que se rezagaron en este mundo de picos gemelos? Se
pudiera haber esperado que partidos convencionales de la izquierda asumieran una postura
populista a nombre de sus clases trabajadoras en el ámbito interno. Sin embargo, con lo que se
termina en su mayoría –desde dirigentes que van desde François Hollande de Francia, pasando
por Ed Milliband de Reino Unido hasta, sí, Barack Obama– es con torpes balbuceos. (De
hecho, Obama ha hecho mucho por ayudar a los trabajadores estadounidenses, pero es
notablemente malo para exponer su propio argumento).
El problema con estos líderes convencionales, argumentaría, es que ellos temen desafiar las
prioridades de la élite, en particular la obsesión con déficits presupuestarios, por temor a ser
considerados irresponsables. Y eso deja el campo abierto para líderes fuera de lo convencional
–algunos de ellos causan verdadero miedo– que están dispuestos a abordar la ira y
desesperación de ciudadanos comunes.
Los miembros de izquierda en Grecia que bien pudieran llegar al poder allá más adelante en el
mes son, discutiblemente, los menos intimidantes del grupo, aunque sus demandas de alivio
para la deuda y el final de la austeridad pudieran provocar un tenso enfrentamiento de fuerzas
con Bruselas. Sin embargo, en otras partes, vemos el ascenso de partidos nacionalistas y
antiinmigrantes, como el Frente Nacional de Francia, el Partido de la Independencia de Rusia;
y hay incluso personas peores esperando al acecho.
Todo lo anterior sugiere algunas incómodas analogías de tipo histórico. Recordemos, esta es la
segunda vez que hemos tenido una crisis mundial de finanzas seguida de un prolongado bache
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en todo el mundo. En esa época, como ahora, cualquier respuesta efectiva a la crisis fue
obstruida por exigencias de la élite por presupuestos equilibrados y divisas estables. Además,
con el tiempo, se suponía que el resultado era depositar poder en las manos de personas que
eran, digamos, no muy agradables.
No estoy sugiriendo que estemos al borde de una repetición plena de los años 30 del siglo
pasado. Sin embargo, argumentaría que líderes políticos y de opinión necesitan enfrentar la
realidad de que nuestra conformación global en estos tiempos no está funcionando para todos.
Es magnífico para la élite y ha hecho mucho bien por naciones emergentes, pero ese valle de
la desesperanza es muy real. Además, ocurrirán cosas malas si no hacemos algo al respecto.
Además, prioridades de las élites –inquietud obsesiva con los déficits presupuestarios, con la
supuesta necesidad de abatir programas sociales– han hecho mucho por profundizar el valle de
desesperanza.
Fuente: El Universo, 6.1.15 por Paul Krugman, periodista norteamericano
6 ¿UN NUEVO ORDEN MÁS PROPIO DE LA GUERRA FRÍA? POR MIKHAIL GORBACHEV
Cuando 2014 se acerca a su fin, está claro que las estructuras políticas europeas e
internacionales que han estado vigentes desde 1989 no han aprobado la prueba del tiempo. De
hecho, el mundo no había presenciado un ambiente tan tenso y peligroso desde el fin de la
Guerra Fría, con derramamiento de sangre en Europa y el Oriente Medio sobre el telón de
fondo de una ruptura del diálogo entre las potencias más importantes. Parece que el mundo
está al borde de una segunda guerra fría. Algunos dicen incluso que ya ha comenzado.
Entretanto, el órgano internacional principal del mundo –el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas– no está desempeñando precisamente un papel ni adopta medidas concretas
para detener los incendios y las muertes. ¿Por qué no ha actuado con determinación para
evaluar la situación y formular un programa de acción conjunta?
Una primera razón es –creo yo– la de que la confianza creada mediante una labor denodada y
esfuerzos mutuos para poner fin a la Guerra Fría se ha desplomado. Sin dicha confianza, las
relaciones internacionales pacificas en el mundializado planeta actual resultan inconcebibles.
Pero esa confianza no ha sido socavada recientemente; ocurrió hace mucho. Las raíces de la
situación actual estriban en los acontecimientos del decenio de 1990.
El fin de la Guerra Fría había de señalar el comienzo de una vía hacia una nueva Europa y un
orden mundial más seguro, pero, en lugar de construir nuevas instituciones europeas para la
seguridad y aplicar la desmilitarización de Europa, como se había prometido en la Declaración
formulada en Londres por la OTAN en 1990, Occidente –y en particular los Estados Unidos–
se declaró victorioso. La euforia y el triunfalismo se subieron a la cabeza de los dirigentes
occidentales. Aprovechando la debilidad de Rusia y la falta de un contrapeso, se negaron a
atender las advertencias contra la aspiración a un monopolio de la dirección mundial.
Los acontecimientos de los últimos meses son las consecuencias del intento de imponer -con
estrechez de miras- la voluntad propia e ignorar los intereses de los socios propios. Una lista
de semejantes faits accomplis incluiría la ampliación de la OTAN, la guerra en Yugoslavia (en
particular, en Kosovo), los planes de defensa mediante misiles, el Iraq, Libia y Siria. A
consecuencia de ello, lo que era una ampolla ahora se ha convertido en una herida infectada.
Y es Europa la que más sufre. En lugar de encabezar el cambio en un planeta mundializado, el
continente se ha convertido en una palestra de agitación política, competencia por las esferas
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de influencia y conflictos militares. La consecuencia inevitable es la de que Europa está
debilitándose en un momento en el que otros centros de poder e influencia están
fortaleciéndose. Si continúa así, Europa perderá su influencia en los asuntos del mundo y se
volverá progresivamente irrelevante.
Por fortuna, la experiencia del decenio de 1980 indica una vía por la que avanzar. La situación
internacional en aquella época no era menos peligrosa que hoy. Sin embargo, conseguimos
mejorarla: no sólo normalizando las relaciones, sino también poniendo fin a la confrontación
de la Guerra Fría. Se logró primordialmente mediante el diálogo, pero la clave para dialogar es
la voluntad política y la fijación de prioridades idóneas.
En la actualidad, la prioridad principal debe ser el diálogo mismo: una renovación de la
capacidad para relacionarse, escucharse y oírse mutuamente. Ahora están resurgiendo señales
alentadoras, si bien las gestiones iniciales sólo han dado resultados modestos y débiles: el
acuerdo de Minsk sobre un cese del fuego y una retirada militar en Ucrania, el acuerdo
trilateral sobre el gas concertado por Rusia, Ucrania y la Unión Europea y el alto a la
intensificación de las sanciones mutuas.
Debemos seguir pasando de la polémica y las acusaciones mutuas a una búsqueda de los
puntos de convergencia y un levantamiento gradual de las sanciones, que están dañando a las
dos partes. Como primera medida, se deben levantar las llamadas sanciones personales que
afectan a figuras políticas y parlamentarios para que puedan incorporarse de nuevo al proceso
de búsqueda de soluciones mutuamente aceptables. Un sector en el que adoptar medidas
conjuntas podría ser el de ayudar a Ucrania a superar las consecuencias de la guerra fratricida
y reconstruir las regiones afectadas.
Lo mismo es aplicable a las amenazas mundiales y la seguridad paneuropea. Los actuales
problemas mundiales fundamentales –el terrorismo y el extremismo, la pobreza y la
desigualdad, el cambio climático, la migración y las epidemias– están empeorando
diariamente y, pese a ser diferentes, comparten un rasgo fundamental: ninguno de ellos tiene
una solución militar. Sin embargo, faltan mecanismos políticos para resolver esos problemas o
son disfuncionales, precisamente cuando la continua crisis mundial debe persuadirnos para
que busquemos –sin demora– un nuevo modelo que pueda garantizar la sostenibilidad política,
económica y medioambiental.
En cuanto a la seguridad de Europa, sólo una solución paneuropea es viable. De hecho, los
intentos de abordar el problema ampliando la OTAN o mediante la política de defensa de la
UE son contraproducentes. Necesitamos más instituciones no excluyentes y mecanismos que
brinden seguridades y garantías a todos.
A ese respecto, la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa, que infundió una gran
esperanza, no ha estado hasta ahora a la altura de la tarea, lo que no quiere decir que se deba
substituirla por algo nuevo, sobre todo porque ahora ha asumido importantes funciones de
control en Ucrania, pero la OSCE es –podríamos decir– un edificio que requiere importantes
reparaciones y alguna construcción nueva.
Hace años, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Hans Dietrich Genscher, el ex
Asesor de Seguridad Nacional de los EE.UU, Brent Scowcroft, y otras autoridades
propusieron la creación de un Consejo de Seguridad o Dirección para Europa. Yo manifesté
mi acuerdo con ese planteamiento. En el mismo sentido, durante su presidencia el Primer
Ministro de Rusia, Dmitri Medvedev, pidió la creación de un mecanismo para la diplomacia
preventiva y las consultas obligatorias en caso de amenaza a la seguridad de algún Estado. Si
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se hubiera creado dicho mecanismo, se podrían haber evitado los peores acontecimientos
habidos en Ucrania.
Naturalmente, hay que reprochar a los dirigentes políticos que desatendieran esas y otras
“ideas europeas”, pero también a toda la clase política, las instituciones de la sociedad civil y
los medios de comunicación europeos.
Aunque soy por naturaleza optimista, he de reconocer que resulta muy difícil no ser pesimista
al acercarse 2014 a su fin. No obstante, no debemos ceder ante el pánico y la desesperación o
dejarnos arrastrar a una vorágine de inercia negativa. Se debe transformar la amarga
experiencia de los últimos meses en la voluntad de reanudar el diálogo y la cooperación.
Éste es mi llamamiento a nuestros dirigentes y a todos nosotros para 2015. Pensemos,
propongamos y actuemos juntos.
Fuente: Project syndicate, 6.1.15 por Mikhail Gorbachev, el ultimo Jefe de Estado de la
Unión Soviética,
7. LLANTO POR JULIO SCHERER GARCÍA POR ELENA PONIATOWSKA
¿Cómo entender la realidad de México sin el periodismo de Julio Scherer García? Hace más
de 60 años, un estudiante del Colegio Alemán y más tarde un universitario abandonó sus
estudios de leyes y se inició como mandadero en el periódico Excélsior en 1947. Reportero de
la Extra, después de una carrera apasionada y de obtener en los años 50 grandes exclusivas,
pasó de subdirector editorial en 1963 a director general de Excélsior, “El periódico de la vida
nacional”, en 1968.
Julio Scherer García fue periodista de tiempo completo durante más de medio siglo: “Como
reportero que soy nada valoro por encima de los hechos (...) La cirugía y el periodismo
remueven lo que encuentran. El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí. Si algo me
apasiona es el periodismo sin imaginación, el toque de la realidad como es (...) en nuestra
profesión nada supera al dato estricto y a la palabra exacta”.
Fue nieto de Hugo Scherer, un banquero alemán que llegó a México a mediados del siglo XIX,
miembro de la alta sociedad de la época; de los 2 mil 500 inmigrantes alemanes en México
antes de la Revolución muchos regresaron tras el Ipiranga, pero Hugo Scherer se quedó. Don
Hugo destacó como director de uno de los bancos más importantes de la época, el Banco
Nacional de México, producto de una fusión del gobierno de Manuel González entre el
antiguo Banco Nacional Mexicano y el Banco Mercantil para abrirle al propio gobierno
nuevas fuentes de recursos y préstamos.
Don Pablo Scherer nació en México y fue soldado en las fuerzas del káiser durante la Primera
Guerra Mundial. Julio Scherer se enorgullecía: “Mi padre nunca tuvo valor para matar. Todos
sus disparos los hacía al aire”. Don Pablo se casó con Paz García, mujer culta y refinada, de
notable inteligencia, quien poseía un encanto especial en su trato con la gente. (Julio solía
decir: “¿Por qué me quitan siempre el García si yo soy hijo de mi mamá?”) Así, un 7 de abril
de 1926, nació Julio Scherer García, el tercer hijo de Pablo y Paz, en el 11 de la Plaza de San
Jacinto, en San Ángel (en esa casa se pone ahora el Bazar Sábado), con un gran jardín en el
que los niños vivieron “los mejores años de su vida”, según Paz Scherer.
En Excélsior, Julio Scherer García entrevistó a Fidel Castro, el Che Guevara, Augusto
Pinochet, Olaf Palme, Chou En-lai, Salvador Allende, John F. Kennedy, Dimitri Shostakovich,
André Malraux y Pablo Picasso. Y más tarde al subcomandante Marcos. Siempre lamentó no
haber entrevistado a Mandela.
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En las páginas de Excélsior escribía semanalmente, junto con Alberto Ramírez de Aguilar y
Manuel Becerra Acosta hijo, una columna política, Desayuno, que firmaban como Julio
Manuel Ramírez.
En el México de los años 50 el periodismo tenía tabúes: el Presidente y su familia, el Ejército
y la Virgen de Guadalupe. Los grandes medios, esencialmente los escritos, y la radio,
orientada a la música popular, a las radionovelas, a los concursos banales, y la televisión
comercial, que daba sus primeros pasos, se enfocaban a resaltar las virtudes, los aciertos y los
logros de la Revolución institucionalizada hecha gobierno: mucho PRI-gobierno, poco
periodismo, mucha lambisconería, mucha superficialidad y muy poca investigación.
Revistas como Hoy, que dirigió José Pagés Llergo, sufrieron la censura del gobierno de
Miguel Alemán al publicar una estúpida fotografía de Carlos Girón Peltier recién casado con
Beatriz Alemán –hija del entonces presidente– en el cabaret Carrolls de París, atento al trasero
de la bailarina Simone Claris. Bastó para que la censura oficial cerrara la revista.
Tres meses después de la renuncia de Pagés Llergo surgió la revista Siempre!, el jueves 27 de
junio de 1953. Siempre!, con una línea editorial plural crítica, y en sus páginas convivieron, y
no pocas veces pelearon, distintas plumas. Enrique Krauze dijo: “En un país ajeno a la
discusión política abierta, Siempre! hizo el pequeño milagro de constituirse en una especie de
plaza pública donde cada autor exponía su punto de vista sobre los hechos políticos del
momento [...] La diversidad fue un criterio que imperó desde el primer número [...] Siempre!
fue el vehículo de la pluralidad”.
En el México de 1953 conocí a Julio Scherer, en el Excélsior de Rodrigo de Llano y Manuel
Becerra Acosta padre, pero lo recuerdo sobre todo en un viaje a Cuba en 1959: tenía un
enorme entusiasmo por entrevistar a Fidel Castro. Era entonces un reportero arrebatado que se
comía las uñas, capaz de todo por conseguir la noticia. Fidel tenía en ascuas a los reporteros,
ya que podían ser requeridos a las dos o tres de la mañana. Julio Scherer, periodista temerario
y totalmente curado de espanto, estaba dispuesto a todo. ¿A qué le temía Scherer si nunca le
tuvo miedo a nada, salvo quizá a la traición del amigo? (¡Y vaya que lo traicionó el abyecto
Regino Díaz Redondo!)
Julio Scherer García –sin duda alguna, el periodista más importante del país– era un hombre
íntegro y apasionado por México. ¡Ah, cómo amó Julio a México! A lo largo de su trayectoria
aceptó recibir algunos galardones, dos internacionales: el Premio Mary Moors Cabot, que
otorga la Universidad Columbia, en 1971, hecho por el cual Armando Vargas, de la agencia
Ap, intentó entrevistarlo y Scherer respondió: “Ni madres (...) yo soy reportero y las preguntas
las hago yo”. Recibió asimismo el Atlas World Press Review, en 1977, de Estados Unidos,
que consignó la agencia Ap. Despreciaba en México los premios nacionales de Periodismo
entregados por el presidente en turno.
En México aceptó el Premio Manuel Buendía en 1986 y, aunque muy tarde, en 2003, el
Premio Nacional de Periodismo, aunque jamás creyó en él.
En 1968, al llegar Scherer a la dirección del diario, arrancó el cambio en el periodismo
mexicano que haría a un lado a la prensa servil. Daniel Cosío Villegas fue uno de sus grandes
editorialistas. A raíz de la matanza de Tlatelolco, Abel Quezada pintó un muro negro: “¿Por
qué?”, que a 47 años recordamos con emoción.
El periodismo de Scherer y su grupo nunca tuvo miedo al poder. Julio invitó a Octavio Paz a
fundar la revista Plural: “En 1971 –escribió Paz– el director de Excélsior, Julio Scherer, nos
propuso la publicación de una revista literaria, en el sentido amplio de la palabra literatura [...]
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Aceptamos con una condición: libertad. Scherer aceptó como los buenos y jamás nos pidió
suprimir una línea o agregar una coma. Actitud ejemplar, sobre todo si se recuerda que más de
una vez los puntos de vista de Plural no coincidieron con los de Excélsior”.
En 1976, durante el sexenio echeverrista, la prensa mexicana padeció el peor golpe a su
libertad de expresión o “El golpe a Excélsior”. Julio Scherer García salió con 200 periodistas
del diario que amaba y en el que se formó: “De sobra es conocida mi posición y la de Proceso
frente al 8 de julio de 1976: el presidente Echeverría nos expulsó de nuestra casa. Combinó,
como es usual, la fuerza, el sometimiento y una gran recompensa”, escribió uno de sus
mejores amigos, Vicente Leñero, en su libro Los periodistas.
Una asamblea de la cooperativa Excélsior sacó a la calle a Scherer y a otros socios y, en
solidaridad con él, reporteros, colaboradores de las páginas editoriales (la pura gente decente)
abandonaron el diario.
Así como sucedió con las revistas Hoy, Siempre!, y sus suplementos de cultura, el 6 de
noviembre de 1976 nació la revista semanal Proceso, de la que Julio se despidió 20 años
después, el 6 de noviembre de 1996.
Durante la dirección de Julio Scherer García, Proceso tuvo un equipo de reporteros y
articulistas leales, como su primo hermano Enrique Maza y su gran amigo Vicente Leñero,
con quien compartía la afición por el beisbol (le iba a los Yanquis y en el futbol al Atlante) y
el seguir escribiendo a máquina, beber un “pálido jaibol”, como lo llamaba Pepe Alvarado, y
no fumar. Otros colaboradores han muerto, como Carlos Pereyra, Miguel S. Wionczek,
Samuel Máynez Puente, César Sepúlveda, Genaro María González, Abel Quezada, Carlos
Quijano, Gaspar Elizondo, Francisco Carmona Nenclares, Javier Peñalosa, Jorge
Ibargüengoitia, René Zabaleta, Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco, cuya columna
Inventario fue una de las grandes “adoraciones” de Julio.
Julio Scherer es un parte-aguas en el periodismo en México. Acabó con ese periodismo
vendido y lambiscón, que rinde pleitesía al gobierno, y con la prensa corrupta. La revista
Proceso ocupó el lugar de una oposición inexistente, ya que es total el servilismo de las dos
cámaras. Gracias a Scherer surgió un periodismo limpio comprometido, de investigación y de
crítica.
Julio Scherer fue el detonador del gran cambio en el periodismo mexicano, claro, rodeado de
excelentes plumas que lo seguían como avioncitos de papel porque Scherer también los formó.
Raúl Cremoux, editorialista de Excélsior hasta el 8 de julio de 1976, dijo: “La prensa era un
organismo legitimador de las decisiones del gobierno en turno. La distinción de Excélsior –
más que de Excélsior, de los distintos escritores como Ricardo Garibay, Manuel Pérez Rocha
y otros– se expresó porque ejercían una actitud crítica que en ese momento era prácticamente
desconocida [...] El gran mérito de Julio Scherer fue formar cuadros jóvenes y también
orientar a los que ya no lo eran tanto. También habría que decir lo siguiente: la primera
sección era lo distinto. Las otras secciones eran las mismas de siempre”.
En sus libros, Julio Scherer relata sus encuentros con presidentes, senadores, políticos, líderes
sindicales, un capo, pláticas tras bambalinas, contiendas verbales. No oculta los regalos que
aceptó: un busto de Allende o una pistola de Echeverría; otra de López Portillo. En su libro
Estos años relata sus encuentros con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. En El poder;
historias de familia refiere cómo Banrural fungió en el sexenio lopezportillista como la “caja
chica” del presidente de la República. La piel y la entraña es el compendio de largas
conversaciones con David Alfaro Siqueiros en Lecumberri, acusado del delito de “disolución
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social”. Parte de guerra I y II, con Carlos Monsiváis, es un recuento del movimiento
estudiantil de 1968. Tiempo de saber, también en colaboración de Carlos Monsiváis, habla de
la prensa mexicana vendida. El indio que mató al padre Pro es el testimonio del general
Roberto Cruz, rescatado a través de una serie de entrevistas. Escribió El perdón imposible a lo
largo de 30 años con entrevistas, declaraciones, crónicas y opiniones de quienes viven o
reviven, palabra a palabra, el periodo de la dictadura pinochetista.
Julio Scherer García tenía algo de niño en su forma de encarar la vida. Joven siempre, insistió,
se obsesionó, lloró. Le decía yo que era wagneriano por la magnitud de sus emociones y
cuando un tema lo tocaba, un paisaje, un conflicto, un ser humano, no cejaba en su intento de
apropiación. En los últimos años dijo en público: “[...] El mundo se ha endurecido y pienso
que el periodismo habrá de endurecerse para mantenerse fiel a la realidad, su espejo
insobornable. Si los ríos se enrojecen y se extienden los valles poblados de cadáveres víctimas
del hambre y la enfermedad, así habrá que contarlo con la imagen y la palabra. [...] Me duele
decirlo: un gobierno que se valora por su imagen, es un gobierno frívolo. Pesadas tareas nos
esperan a los periodistas. Esta es nuestra pasión”.
Fuente: La Jornada, 8.1.15 por Elena Poniatowska, escritora mexicana
8. LOS 90 AÑOS DE ERNESTO CARDENAL POR SERGIO RAMÍREZ
Ernesto Cardenal cumple 90 años en este mes de enero. Desde sus inicios ya podemos advertir
ese poder descriptivo que ha caracterizado su poesía, el registro de hechos, a veces a manera
de inventario, que exalta lo cotidiano.
La naturaleza narrativa de esta poesía, que la acerca a las fronteras de la prosa y no pocas
veces traspasa esas fronteras, es lo que se ha dado en llamar exteriorismo, término que puede
prestarse a confusiones, pues parecería negar la dimensión íntima que esta poesía tiene, y que
alcanza a plenitud cuando entra en el territorio místico, que es el de la confesión.
Lo que Ernesto hace es utilizar los elementos del mundo exterior, ese que creemos visible y
palpable, para trasegarlos hacia la intimidad y hacer que nos hablen al oído y nos enseñen que
aún lo más prosaico posee un misterio. Una poesía que se aleja de la abstracción para
acercarnos a las emociones, y tiene una memoria visual.
Desde entonces se encamina ya hacia la poesía narrativa, y así llegará en 1957 Hora 0, relato
de las dictaduras tropicales de Centroamérica en tiempos de las repúblicas bananeras. Es aquí
donde la historia presente comenzará a entrar en su poesía.
Y desde ese registro, que se puede ver y tocar, pasará en Gethsemani Ky, publicado en 1960, a
darnos el relato en contrapunto de su vida de novicio en un monasterio trapense de Kentucky.
A partir de allí empezará a vivir una religiosidad a fondo que con el tiempo lo llevará al
terreno del misticismo liberador y al compromiso político desde la fe.
Luego vendrán sus Epigramas, publicados en 1961 pero escritos en los años anteriores a su
entrada a la trapa. Entre ellos figuran algunos de sus poemas más populares, sobre todos los de
tema amoroso, de ingeniosa precisión.
Por mala salud no pudo seguir en el monasterio trapense, pero continuó sus estudios
sacerdotales y fue ordenado en 1965, cuando fundó la comunidad cristiana del archipiélago de
Solentiname, en el Gran Lago de Nicaragua.
De este tiempo son los Salmos, escritos en el tono admonitorio de los del Antiguo Testamento,
pero llevando los suyos a los asuntos de la vida moderna: la opresión, los sistemas totalitarios,
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el genocidio, los campos de concentración, las amenazas del cataclismo nuclear, la
inmoralidad del poder económico, la soledad del hombre moderno.
La muerte en 1962 de Marilyn Monroe, uno de los íconos del siglo XX, inspiró uno de sus
poemas más famosos. Esta elegía cuenta la vida de la muchacha que como toda empleadita de
tienda soñó ser estrella de cine, y abre una profunda reflexión sobre la fabricación de los
ídolos del espectáculo a costa de los propios seres humanos elevados a los altares de la fama.
Luego vendría, en 1966, El estrecho dudoso. Apegándose a la letra de las crónicas de Indias y
los documentos administrativos de la Corona, y a la vez iluminándolos, revive episodios de la
conquista fijados alrededor de la obsesión por el estrecho dudoso, el paso hacia la mar del Sur
buscado tan afanosamente desde entonces, asunto pernicioso que ha tenido mucho que ver con
la historia de Nicaragua, donde la ambición por el canal interoceánico sigue causando
estragos.
Su compromiso con los pobres, y por la liberación, iba en la comunidad de Solentiname más
allá de las palabras. Cuando en octubre de 1977 los guerrilleros atacaron varios cuarteles
militares, entre los que participaron en el asalto a la guarnición de San Carlos, un puerto
ubicado en la confluencia del Gran Lago con el río San Juan, se hallaban los muchachos de la
comunidad campesina de Ernesto.
Al sobrevenir el triunfo de la revolución, en 1979, fue nombrado ministro de Cultura, y entró
en conflicto con el Vaticano, que exigía su renuncia, igual que la renuncia de los demás
sacerdotes que ocupaban cargos en el gobierno. Cuando el papa Juan Pablo II visitó Nicaragua
en 1983, se hizo célebre la fotografía del momento en que, con el dedo alzado en señal de
admonición, el pontífice reprende a Ernesto.
Permaneció en ese cargo hasta 1987, cuando renunció, en medio de amargos conflictos con
Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. En La revolución perdida, el tercer tomo de sus
memorias, que apareció en 2004, puede leerse su juicio, que es también profético por
implacable, sobre quienes malversaron aquel proceso en el que él se comprometió a fondo,
desde su fe y desde sus convicciones espirituales.
En adelante su escritura comenzará a dar ese vuelco trascendental que lo lleva hasta el Cántico
cósmico, de 1989. Es cuando alcanza las alturas de la poesía mística, esa comunicación
solitaria con la divinidad que se convierte en una relación de pleno erotismo, el alma que se
acopla con su creador en el más exaltado de los gozos, tal como San Juan de la Cruz y Santa
Teresa.
Pero en su ascensión mística hay una ambiciosa exploración del origen del universo; y así
como antes ha aprovechado los documentos de la historia para componer sus poemas
narrativos, ahora lo que utiliza son los textos científicos, de la física cuántica a la astronomía,
la geología, la biología, la antropología, para componer su crónica del universo.
En esta visión monumental, donde todo se funde y se condensa, junto a la mística como íntima
vivencia personal del poeta entra la exploración científica de los cielos, y entran también los
recuerdos de su propio pasado, la vieja Granada de su infancia, las muchachas que amó en la
adolescencia, los episodios de su juventud.
Un gran final de fiesta que funde los misterios de la creación y los de la existencia, el cosmos
y el microcosmos, y va de los agujeros negros a la célula, de las galaxias perdidas a los
protones, y la mirada mística busca en el Creador la explicación de todas las cosas, amor,
muerte, poder, locura, pasado y futuro, formas todas de la eternidad
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Fuente: La Jornada, 10.8.15 por Sergio Ramírez, escritor nicaragüense
9. DEMASIADO TARDE POR MANUEL CASTELLS
El bárbaro asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo es un atentado contra la libertad de
expresión. Y por tanto contra la libertad de cada uno. Todos somos Charlie. Aunque algunos
pensemos que publicar dibujos de Mahoma con el culo al aire es una provocación de mal
gusto que exacerba la rabia de los ofendidos. Pero no puede haber excepciones al ejercicio
libre del periodismo, fundamento de una sociedad democrática. Sin embargo, el ataque
yihadista de París tiene un significado más profundo: es una escalada en una guerra iniciada
hace dos décadas y que ha cambiado el mundo. La estrategia diseñada por Bin Laden está
dando resultados en gran parte por la falta de inteligencia de los países occidentales que caen
en todas las trampas.
El principio es muy sencillo: hurgar en las llagas de la injusticia social, la humillación cultural
y los enfrentamientos religiosos hasta desencadenar la violencia entre los bandos resultantes
de esa división. Ese fue el objetivo del ataque a Nueva York: provocar a Estados Unidos a
llevar la guerra a Afganistán, una guerra de la que no saldrán victoriosos. El genio de Bush
añadió un regalito extraordinario a la nueva yihad: ocupar Iraq y destruir el régimen baasista
que era enemigo del islamismo. Una vez Iraq en guerra, la táctica de Al Qaeda, inexistente
antes de la invasión, fue organizar matanzas de chiíes en nombre de los suníes y de suníes
achacándoselo a los chiíes. Y como Estados Unidos confió el gobierno a la mayoría chií que
utilizó el ejército contra los suníes, se crearon condiciones para el surgimiento de diversos
grupos yihadistas en el origen del Estado Islámico. Algo semejante ocurrió en Siria, una vez
que el movimiento democrático contra El Asad se enfrentó a una feroz represión llevada por la
minoría alauí dominante contra la mayoría suní. La espiral de violencia entre milicias
prooccidentales, el Frente al Nur (cercano a Al Qaeda), el Estado Islámico y las tropas del
dictador forzó a miles a definirse buscando protección. Paralelamente, la estrategia en Europa
consistió en aprovechar la discriminación de las minorías musulmanas y el no respeto a su
cultura para fomentar la rebelión entre los jóvenes hartos de humillaciones y exclusiones
aunque fueran ciudadanos. La hostilidad creciente entre jóvenes musulmanes y la mayoría de
los ciudadanos se alimentó recíprocamente. Y ahí incidió eficazmente la propaganda yihadista,
tanto desde algunas mezquitas como mediante internet. Lo que llevó a estigmatizar las
mezquitas (en Suiza se prohibieron los minaretes).
Las restricciones a su culto religioso agravaron el resentimiento musulmán de tal forma que
contribuyó a la radicalización de círculos vinculados con las mezquitas. Tal fue el caso de
Chérif Kouachi, que empezó sus andanzas en la mezquita Addawa, en uno de los lugares de
concentración musulmana en París. Internet, que no tuvo ningún papel en la preparación de
atentados hace una década, ahora sí se ha convertido en el lugar de encuentro de yihadistas de
todo el mundo, no en términos organizativos sino como soporte de relaciones sociales, de
información, de debate, de proyectos. No son circuitos secretos sino webs abiertas a las que
todo el mundo puede acceder y en las que se expresan todo tipo de quejas, protestas, ideas y
propuestas de acción. Así como expresiones musicales, sobre todo rap, con contenidos
directamente violentos que encienden el entusiasmo de los jóvenes guerreros.
La otra dimensión clave de la estrategia yihadista ha sido la expansión mundial de los grupos
terroristas en forma de red con casi total autonomía de cada nodo en esa red, porque se
generan espontáneamente. De ahí la importancia de internet para mantenerse informados y
sentirse parte de un movimiento global. La estructura en red hace muy difícil su represión.
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Porque aunque se destruyan nodos importantes, por ejemplo Bin Laden y la mayor parte de la
primera generación de líderes de Al Qaeda, surgen otros líderes (como Al Bagdadí) y otros
nodos que acumulan recursos, experiencia y capacidad de reclutamiento. Ahora bien, la forma
de red requiere nodos territoriales donde se pueda recibir, entrenar y adoctrinar a los reclutas.
Ese fue el nacimiento de Al Qaeda (que quiere decir La Base) en Afganistán contra la Unión
Soviética, con apoyo de la CIA. Y luego en Afganistán con los talibán, apoyados por Pakistán.
Y en Iraq en alianza con los resistentes suníes. El Estado Islámico es la culminación de esa
territorialización del yihadismo. Controlar un territorio al que puedan acudir los candidatos al
martirio de todo el mundo. Y en último término, de esa experiencia de las brigadas
internacionales yihadistas surgen los combatientes que retornan a sus países para sembrar el
terror en base a su propia iniciativa.
Así se ha establecido un canal permanente de comunicación entre sectores de la juventud
musulmana (o conversa) marginada y humillada en Occidente y la tierra liberada en el Oriente
Medio. Lo cual conduce a una guerra interminable en los territorios que van cayendo bajo
control yihadista por la incompetencia y corrupción de gobiernos como el de Iraq. Y a un
estado de alerta permanente en Europa y EE.UU. Poco a poco nuestras sociedades se están
israelizando, es decir, viviendo en el miedo cotidiano y en el imperativo de la seguridad por
encima de todo. Y una parte de los ciudadanos europeos empieza a adoptar la islamofobia (una
forma extrema de racismo) como bandera identitaria, como demuestra el auge de Pegida en
Alemania.
Por eso el ataque a Charlie Hebdo representa un paso decisivo y ominoso en el proceso de
hostilidad recíproca que se retroalimenta con cada acto de violencia. Claro que la solución es
la tolerancia cultural y religiosa, la integración social de los jóvenes, la cooperación
internacional. Pero es demasiado tarde. Hemos entrado en la barbarie.
Fuente: La Vanguardia, 10.1.15, por Manuel Castells, sociólogo español
10. EL 11-S FRANCÉS POR DOMINIQUE MOISI
“El 11-S de Francia”. Inmediatamente después de la matanza en la revista satírica Charle
Hebdo, la comparación con el ataque de Al Qaeda a los Estados Unidos en 2001 se ha
afianzado en toda Francia. De hecho, el ataque del 7 de enero ha sido el más asesino que
Francia ha conocido desde el final de la guerra de Argelia en 1962, pero, ¿hasta qué punto es
exacta esa analogía?
A primera vista, la comparación parece superficial y rebuscada. Doce personas murieron en
París, mientras que en los ataques a Nueva York y a Washington, D. C., los muertos fueron
casi 3.000. Los atacantes usaron Kalashnikovs, no aviones secuestrados y, a diferencia de los
atacantes del 11-S, todos eran ciudadanos del país al que atacaban. Ésa es la razón por la que
el ataque en París en 2015 parece más una combinación de otros dos: el cometido con bombas
en el metro de Londres en 2005 (los terroristas eran todos ciudadanos nacionales) y el complot
ejecutado en Mumbai en 2008 (los terroristas utilizaron armas pequeñas y apuntaron a las
personas individualmente).
Sin embargo, pese a las grandes diferencias, los ataques de París y Nueva York comparten la
misma esencia. Las dos ciudades encarnan un sueño universal similar. Las dos son metáforas
de la luz y la libertad. Las dos pertenecen al mundo y no sólo a sus países respectivos.
Además, en los dos casos los blancos elegidos por los terroristas eran sumamente simbólicos.
En Nueva York, las Torres Gemelas encarnaban la ambición y los logros capitalistas. En París,
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Charlie Hebdo ha dado forma al espíritu de la libertad democrática: la capacidad para escribir,
dibujar y publicar cualquier cosa… incluso provocaciones extremas (y a veces vulgares). Hay
en París, como la hubo en Nueva York, una profunda sensación de que el blanco real era la
propia civilización occidental.
Como la mayoría de los franceses, yo digo –por la indignación ante el ataque y por
identificación con las víctimas Je suis Charlie, frase que recuerda a la declaración del diario Le
Monde inmediatamente después del 11-S: Nous sommes tous Américains.
Pero debo reconocer que no siempre me había sentido así. En 2005, tuve reservas sobre la
decisión del periódico danés Jyllans-Posten de publicar una serie de caricaturas del profeta
Mahoma y sobre la decisión de Charlie Hebdo de reproducirlas el año siguiente. En aquel
momento, pensé que era una provocación peligrosa e innecesaria y, por tanto, políticamente
irresponsable. No se debe jugar con cerillas cerca de un gasoducto o un paquete de dinamita.
Probablemente nuestra época sea mucho más religiosa que el siglo XVIII. Invocar a Voltaire
es una cosa, pensé entonces, pero actuar responsablemente puede presuponer abstenerse de
insultar lo que es más sagrado para otros, ya sea Cristo, Mahoma o la Shoah.
Hoy, en vista de la naturaleza del ataque, abandono esas reservas, aunque me resisto a la
tentación de sacralizar los recuerdos de las victimas, como están haciendo muchos franceses.
En Francia, la laïcité –término mal traducido en inglés por “secularismo” – es el equivalente
de una religión: la religión de la República. Para los humoristas de Charlie Hebdo, la religión
era simplemente una ideología más y pusieron la mira en los tres credos monoteístas más
importantes (aunque tal vez con mayor insistencia en el islam, probablemente por su faz
fundamentalista más visible).
Hasta ahora, ha estado predominando en Francia un clima de unidad nacional, exactamente
como ocurrió en los Estados Unidos después del 11-S, y así debe ser, pues la unidad es
decisiva para contrarrestar a los terroristas, cuya prioridad es la de crear división, incitar a la
confrontación y marginar a los moderados. De hecho, incluso Marine Le Pen, la dirigente del
Frente Nacional de extrema derecha, advirtió al principio contra los peligros de una reacción
violenta antimusulmana, al declarar que unos jóvenes perdidos en modo alguno representaban
a la mayoría de los musulmanes franceses.
Pero, ¿durante cuánto tiempo predominará la unidad nacional? Las cicatrices del colonialismo
están más frescas en Francia que en ningún otro país de Europa; este país tiene la mayor
minoría musulmana de Europa, y, como los moderados parecen particularmente débiles y
divididos, la extrema derecha va adelantada en las encuestas de opinión.
Esos ingredientes podrían constituir una receta para el desastre. Ya Le Pen parece volver a su
ser. “La unidad nacional es una maniobra política lastimosa”, lamentó, después de que el día
siguiente al del ataque no fuera invitada a una manifestación, pero, si van al timón los
dirigentes idóneos, el ataque del 7 de enero podría infundir un sentido renovado del propósito
colectivo y un resurgimiento político.
Los franceses debemos afrontar este ataque terrorista del mismo modo que los americanos
después del 11-S: firme y claramente, pero también con responsabilidad, que significa, por
encima de todo, que no debemos volvernos como los Estados Unidos en 2003, cuando el
Presidente George W. Bush amplió la “guerra mundial contra el terror” al Iraq. La tarea de
Francia ahora es mantener los valores que han hecho de ella un blanco.
Fuente: Project syndicate, 13.1.15 por Dominique Moisi, profesor en el L’Institut d’études
politiques de Paris (Sciences Po).
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