CULTURA MAKER: hazlo tú mismo (y compártelo) - Crónica ambiental

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CENTRAL
Cultura
maker
HAZLO TÚ MISMO (Y COMPÁRTELO)
POR DANY BADILLO
ILUSTRACIONES: ISRAEL G. VARGAS
Nuevas generaciones de aficionados, inventores, diseñadores, artistas y artesanos, pero
también de ingenieros, educadores, científicos y agricultores se están agrupando en diversas
ciudades del mundo no sólo para imaginar productos y llevarlos a cabo, sino para
compartir sus procesos de conocimiento y creación, así se trate de un captador de agua
pluvial, una incubadora de huevos o una impresora 3D que hace espagueti. Proponen un
cambio paradigmático en el uso y aprovechamiento de los recursos (naturales y materiales;
económicos e intelectuales). Se conocen como makers o hacedores. ¿Se trata de una moda
hipster efímera o de una alternativa real al sistema de consumo y desecho?
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H
oy sábado 15 de noviembre, la plaza Tlaxcoaque, un espacio público que
divide el Centro Histórico de la ciudad de México y la colonia Obrera,
está tomada. Los niños, paseantes, ciclistas y perros que llegan se topan con
un tendido de lonas de colores, con más de 50 estands de madera que exhiben
cultivos miniatura, robots hechos de materiales reciclados, prendas tejidas con
bolsas de supermercado, satélites caseros y placas electrónicas, entre otros muchos artefactos.
Detrás de cada estand se encuentran los orgullosos creadores, describiendo con entusiasmo sus productos a todo aquel dispuesto a escuchar. Sobre el
piso de la plaza también se encuentran carritos a control remoto hechos de
carrizo, bicicletas adaptadas para diversos oficios, sistemas caseros de cultivo
hidropónico y captadores de agua pluvial.
Este fin de semana la plaza se ha convertido en el escenario de la primera
feria maker de la ciudad de México, la feria de los hacedores, es decir, de todas
aquellas personas que, al construir objetos y compartir sus técnicas de producción, no sólo transforman la idea tradicional de manufactura, la cual ya no
puede ser entendida como un proceso exclusivamente industrial, sino como
un vehículo para equilibrar el desarrollo social, el beneficio económico y la
preservación del ambiente.
“Si lo puedes imaginar, lo puedes hacer; y si lo puedes hacer, lo puedes compartir”. En esta frase se condensa la filosofía de los makers: inventores urbanos,
aficionados, tecnólogos, diseñadores, educadores, investigadores, científicos, agricultores y productores de alimentos que tienen una pasión compartida:
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crear con sus propias manos como respuesta a diferentes motivaciones, como por ejemplo, el aprovechamiento de recursos subutilizados, la reducción de desperdicios electrónicos, la oposición
al consumismo y el combate a la obsolescencia programada de los
aparatos de uso cotidiano.
A menos de 10 años de su aparición y popularización en el
mundo, el también llamado movimiento de hacedores posee ingredientes para cambiar las formas de producción y consumo de
bienes. Al combinar el uso de nuevas tecnologías —y en muchos
casos la utilización de materiales reciclados—, los makers son
una generación de ciudadanos conscientes de la importancia de
aprovechar los recursos de manera inteligente, creativa, eficiente
y sustentable.
Siendo aún tan joven, ¿cuál es el potencial de desarrollo que
involucra esta cultura para México? ¿Cómo se podría aprovechar para generar una inercia productiva ambientalmente
responsable? Presentamos la visión de tres personajes representativos del movimiento: David Cuartielles, cofundador de la
plataforma de hardware libre Arduino; Paola Antonelli, curadora de Arquitectura y Diseño del Museo de Arte Moderno
(MoMA) de Nueva York, y Emeka Okafor, emprendedor y cofundador de la feria de hacedores del continente africano.
La revista
de los hacedores
En el año 2005 la editorial estadunidense O’Reilly Media lanzó una revista dirigida a una incipiente comunidad de inventores de cochera interesados en la tecnología: Make Magazine. O’Reilly aprovechó el auge de
las empresas tecnológicas en California para hablarle a
una colectividad entusiasmada por innovar a través de
productos no convencionales y nuevas herramientas.
Make Magazine era novedosa porque invitaba a los
lectores a construir sus propios artefactos, desde objetos hechos con madera hasta robots de componentes
reciclados. Pronto se convirtió en una plataforma para
compartir técnicas y develar procesos de fabricación
que habían permanecido ocultos.
Gracias al éxito de la revista, O’Reilly Media organizó la primera feria de hacedores en 2006, tan sólo un
año después de haber lanzado la publicación. En la actualidad, los productos Make Magazine, Maker Faire, el
sitio web Makezine.com y la tienda online Maker Shed
se agrupan bajo el sello de la corporación Maker Media.
O r í g e n e s : un a r e v i s t a y un a f e r i a
El calificativo maker se remonta al año 2005 con el lanzamiento
en Estados Unidos de Make Magazine, una revista de la empresa
O’Reilly Media dirigida a aficionados e inventores de aparatos
tecnológicos caseros y gadgets de cochera. Un año después del
lanzamiento de la publicación, O’Reilly Media realizó la primera
edición de una feria de hacedores en San Mateo, California, llamada Maker Faire.
El formato de feria fue concebido como un espacio para
mostrar no sólo las creaciones de los makers, sino para compartir el conocimiento generado a raíz de los procesos de creación,
para dejar atrás la imagen del inventor que guarda con recelo sus
técnicas buscando el beneficio personal. Hasta la fecha, más de
200 ferias maker se han llevado a cabo en el mundo, reuniendo a
todo tipo de hacedores.
No obstante que su origen está marcado por el nombre de
una revista, el concepto maker es entendido como una evolución de la noción mercadológica DIY (do it yourself o hazlo tú
mismo), según refiere el artículo académico “Understanding
the do-it-yourself consumer: DIY motivations and outcomes”,
publicado en 2011 por los doctores en Marketing Marco Wolf
y Shaun McQuitty de la Universidad de Mississippi. Ellos
vinculan esta noción a la subcultura punk de los años 70, que
enfatizaba la autosuficiencia e independencia del sistema mediante la creación de sus propias prendas, periódicos y sistemas
de comunicación.
Hoy, la filosofía de conocimiento compartido que sustenta el
movimiento maker supera los alcances de la marca: hay hacedores que nunca han tenido un ejemplar de Make Magazine en sus
manos. Además existen ferias de hacedores —como la del df—
que no tienen relación con Maker Media (la corporación que
actualmente agrupa los productos relacionados con la revista),
sino que están auspiciadas por organizaciones independientes.
Técnicamente, cualquier persona podría organizar una maker
faire en cualquier parte del mundo.
A r d u in o: ha r d w a r e l ib r e p a r a un a
nueva legión de hacedores
Un reproche ha rodeado al movimiento desde sus orígenes. Debido a su énfasis en las nuevas tecnologías y el diseño, una de
las críticas comunes por parte de quienes defienden los métodos
tradicionales de fabricación señala que el movimiento no es incluyente, sino que es más bien un pasatiempo de diseñadores,
geeks, hipsters y artistas.
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Ésta es una crítica que David Cuartielles (Zaragoza, España, 1974) conoce bien. El ingeniero en telecomunicaciones fue
invitado a la feria de hacedores de la ciudad de México en su calidad de cofundador de Arduino, la plataforma de hardware libre
que, desde su aparición en 2005, ha supuesto una revolución en
el concepto de electrónica digital.
La plataforma consta de placas electrónicas que permiten
agregar elementos tanto a nivel de hardware (componentes físicos) como a nivel de software (programación). En apariencia,
Arduino se asemeja a cualquier placa de circuitos electrónicos,
como las que se encuentran en celulares y televisores, pero con la
gran diferencia de que son modificables: están hechas para crear
productos nuevos.
En un principio, Arduino fue concebido para que diseñadores y artistas pudieran realizar proyectos electrónicos sin
conocer el complejo lenguaje de la electrónica. “Ahora, por ejemplo, se emplea para todo tipo de proyectos, como creación de
impresoras 3D, objetos conectados al internet de las cosas (concepto referido a la interconexión digital de objetos cotidianos
con la llamada autopista de la información), satélites… Arduino
vale para hacer, literalmente, casi todo”, dice Cuartielles, en entrevista para Crónica ambiental.
No obstante que fue diseñada para un público especializado,
el éxito de Arduino proviene de la gran aceptación masiva que
ha tenido. Cuando salió a la luz, el concepto maker ni siquiera
existía. Ahora esta plataforma de prototipado que fue concebida
en un bar de Ivrea (Italia) llamado Arduino, es un estandarte
del movimiento: electrónica compleja hecha simple, materiales
accesibles, experimentación, información abierta y conocimiento compartido.
Arduino ha sido la base para innumerables proyectos de tecnologías verdes, diseñados a partir de principios de protección
al ambiente como el uso racional de recursos naturales, el aprovechamiento de combustibles no contaminantes y la reparación,
reciclaje y reuso de artefactos.
Apenas en octubre pasado, Cuartielles estuvo en Maker
Faire Roma. Quedó gratamente impresionado ante el monumental pabellón de agricultura. Se maravilló, por ejemplo, con
meg (bautizado así por sus siglas en inglés: Micro Experimental
Growing), un invernadero automático para el cultivo casero de
vegetales, ideal para usarse en zonas de escasa iluminación. El
sistema, basado en Arduino, usa diodos led (emisores de luz)
y su programación es de código abierto, es decir que cualquiera
puede acceder al software, cambiarlo, mejorarlo, aprovecharlo para otros proyectos, sin limitaciones de licencias o pago
de derechos.
Otro de los productos que llamó poderosamente su atención fue LillyBot 2.0, un dispositivo que limpia el aire y el agua
a través de la cría de algas en fachadas de edificios. Dado que la
actividad fotosintética de las algas es más intensa que otros organismos vegetales, el dispositivo aprovecha que éstas tienen mayor capacidad de absorber dióxido de carbono y generar oxígeno. Además de purificar el ambiente, las algas también generan
sustancias que se pueden aprovechar en industrias alimenticias,
farmacéuticas, cosméticas y de biocombustibles.
Una incubadora de huevos con componentes caseros, fabricada por menos de un tercio de su precio comercial, y una cocina
solar hecha con materiales mínimos, como trozos de madera y
bisagras de ventanas, son otros ejemplos maker que Cuartielles
apreció durante su reciente estancia italiana. “Había cientos y
cientos de proyectos. Imagínate una impresora 3D que está diseñada para que, en lugar de imprimir plástico, lo que vas imprimiendo es pasta (espagueti, fetuccini, fideos)”.
T hi nke r i n g: p e n s a r y h a c e r a l a v e z
Aunque la cultura maker ha dado origen a proyectos tan diversos, con enfoques e intereses tan variados, y ha conducido a una
mejor optimización y uso de los recursos, en muchas personas
persiste la idea de que se trata de una expresión hipster que incumbe sólo a diseñadores y artistas. Esto es algo que al propio
Cuartielles no parece importarle demasiado.
“Los diseñadores y la cultura hipster contribuyen a hacer
algo accesible, lo hacen mainstream, lo convierten en atractivo.
Por ejemplo: creamos Arduino para diseñadores y artistas, gente
que es muy verbal a la hora de explicar lo que hace. En Arduino
no tuvimos que gastar ni un euro en marketing porque los diseñadores hacían proyectos y estaban encantados de publicarlos
en internet, ponerlos en sus blogs, publicar fotos en Flickr… En
la cultura maker tenéis a esa gente que se encarga de la difusión.
Es un error verlo como algo negativo, ellos van a contribuir a que
esto se pueda convertir en una herramienta de cambio social”.
El ingeniero español está convencido de que el diseño y las
herramientas educativas tienen el poder de volver accesibles el
conocimiento y los lenguajes complejos. Gracias a su experiencia
como profesor de Tecnologías Interactivas en la Universidad de
Malmö (Suecia) y a su trabajo en proyectos de investigación sobre sistemas de educación para niveles básicos, Cuartielles concluye que los estudiantes aprovechan mejor sus materias cuando
éstas tienen el componente del thinkering: pensar (think) y hacer
(make) a la vez.
“Estamos intentando modificar el sistema educativo europeo para que las asignaturas de ciencias tengan un aspecto mucho más fuerte dentro de la cultura maker, para poder hacerlas
más atractivas”, dice. “Es mucho más empírico, los niños aprenden mucho mejor los conceptos cuando los han probado ellos
mismos que cuando los tienen que leer en un libro”.
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EL CONSUMO LOCAL —ESPECIALMENTE DE
ALIMENTOS— SIRVE PARA FORTALECER LA
ECONOMÍA DE LAS COMUNIDADES,
COMBATIENDO LA DEGRADACIÓN AMBIENTAL.
E l d i s e ñ o, h e r r a m i e n t a d e c a m b i o
Reunir a diseñadores y artistas con científicos y tecnólogos es un ejercicio
que, en la actualidad, se aplica en campos como la informática y la investigación espacial. Por su capacidad de arrojar resultados inesperados e innovadores, el trabajo interdisciplinario es una práctica empleada también en
instituciones educativas y culturales.
Paola Antonelli (Sassari, Italia, 1963) es la curadora de Arquitectura y
Diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el célebre MoMA. Es,
asimismo, la primera directora de Investigación y Desarrollo de esta institución. Gracias a su trabajo, una serie de objetos representativos de la cultura
maker han sido añadidos a la colección del museo por su aportación al diseño
contemporáneo: entre ellos, las placas electrónicas LittleBits, Makey Makey,
Ototo y Arduino —utilizadas por hacedores en todo el mundo—, que serán
exhibidas en 2015.
Antonelli, arquitecta de formación, aboga por el diseño entendido como
una herramienta para cambiar las inciertas condiciones de vida de millones
de personas hoy en día. “En lugar de pensar en el presente, los diseñadores están pensando cómo va a ser el futuro. Es por ello que el diseño es tan cercano
a la cultura maker”, explica, durante su participación en la feria de hacedores
de la ciudad de México. Sostiene que el diseño no solamente sirve para crear
objetos atractivos, “sillas bonitas, costosas y decorativas”,
sino que es un vehículo para incidir en la vida real.
En este sentido resultan excepcionales, por ejemplo, los
“órganos alimentadores” del proyecto Diseño para un planeta sobrepoblado: Recolectores de los británicos Dunne y Raby:
sistemas, procesadores y hasta “vestidos digestivos”, creados
para extraer nutrientes de alimentos considerados tradicionalmente como no aptos para el consumo humano —como
raíces y algas—, gracias al conocimiento generado por la biología sintética. Este proyecto parte de la visión de que en menos de 40 años ocurrirá la crisis de alimentos más grave de la
historia. El resultado son estos aparatos que la gente podría
usar en el futuro ante la escasez de recursos naturales y el cambio climático.
Por casos como el anterior, Antonelli percibe al diseño y al
movimiento de hacedores como una especie de activismo. Un
activismo, por cierto, que no comenzó ayer. “La cultura maker
es más vieja que el diseño industrial, tan antigua como la arquitectura o la religión, no solamente un pasatiempo de hipsters y
geeks. Es producir cosas, no nada más usar Arduino o impresión
3D, es hacer objetos con arcilla, por ejemplo. La cultura maker
trata en realidad sobre la sabiduría que proviene del hacer”.
A pesar de que ha dedicado toda su carrera a hacer una
defensoría del diseño como herramienta de cambio, Antonelli reconoce que no es una tarea sencilla. “Una de las mejores
formas de garantizar un porvenir promisorio para las nuevas generaciones y para un país, es cambiar la cultura, pero
la cultura no cambia de la noche a la mañana. Éste es uno de
los problemas más grandes que tenemos como artistas, como
diseñadores, como instituciones culturales: nuestro impacto
en la sociedad no se puede medir con los métodos fáciles y
habituales de los economistas; sin embargo, nuestra labor es
muy importante, ya que de manera lenta pero segura, podemos cambiar el mundo”.
bienestar económico, social y ambiental. Estas iniciativas además articulan participación ciudadana, alianzas entre diversos
actores sociales y un equilibrio entre producción, comercio y
preservación del ambiente. Así, la relevancia de lo maker se encuentra en su carácter sustentable.
Atendiendo a lo anterior, si no se debe considerar al movimiento de hacedores como la próxima revolución manufacturera, ¿qué otras formas de desarrollo son posibles? En el caso
específico de la ciudad de México, Cuartielles opina que el verdadero potencial se encuentra precisamente en la producción y
el consumo local. “La ciudad de México es un país en sí mismo,
tiene todo. Tienes todo aquí para producir a pequeña escala.
Puedes montar tu base de operaciones, fabricar y mandar al resto del mundo. Como tienes 22 millones de personas, tienes un
mercado objetivo en la puerta de casa”.
“México es como la utopía de la cultura maker”, dice Cuartielles. “Fabrico algo aquí y te lo vendo a ti que vives al lado; fabricas algo y me lo vendes. La utopía sería ésa, lo veo casi como los
hobbits de El señor de los anillos, que son autosuficientes: yo hago
vino, tú haces tal y lo intercambiamos. Tenemos una economía
local muy rica”.
Incentivar la economía local requiere crear espacios, como
las ferias, donde la gente pueda entrar en contacto y conocerse
entre sí. Pero en el caso de los makers, ¿qué impacto podría
tener una serie de eventos de fin de semana en la consolidación
de una nueva cultura?
Mientras que la primera feria maker está por cumplir 10
años (la de 2006 en San Mateo, California), México tuvo su primera feria de hacedores en marzo de 2014: Oaxaca Mini Maker
Faire. El evento fue organizado por el Centro de Diseño de Oaxaca, una institución pública que promueve el diseño como herramienta de desarrollo.
En noviembre de 2014, el Laboratorio para la Ciudad —la
oficina creativa del gobierno del DF (labcd.mx)— organizó
la primera feria maker de la ciudad de México. Emeka Okafor
(Stoke-on-Trent, Reino Unido, 1964), un emprendedor arquitecto nigeriano que se enfoca en el desarrollo social y económico
de África a través de tecnologías inclusivas, completó el trío de
invitados internacionales de esta reunión.
E c o n o m í a l o c a l v s. e c o n o m í a d e e s c a l a
Tal parece que si un método alternativo de producción no tiene visos de convertirse en economía de escala, es desdeñado.
Por ello la cultura maker representa un cambio paradigmático: no todos los productos generados bajo el principio “hazlo
tú mismo” buscan la producción en serie en el futuro, sino que
suelen perseguir otros intereses acaso más modestos o idealistas quizá, como la producción a mediana escala, consumo
local, colaborativo o entre iguales, incluso producción de bienes para autoconsumo.
El consumo local —especialmente el de alimentos— es
esencial en los esfuerzos por fortalecer la economía de las comunidades combatiendo la degradación ambiental, ya que estos
sistemas regionales de mercado están diseñados para integrar
El caso africano
A partir de 2009, Maker Faire Africa se realiza cada año en
una capital distinta del continente africano (Lagos, El Cairo,
Nairobi y Accra han sido sedes). “Nos gustaba lo que hacían en
Estados Unidos, pero sabíamos que lo que estaba ocurriendo
allá no era necesariamente lo que estábamos buscando en África”, cuenta Okafor.
El movimiento de hacedores en África está impulsando a los
ciudadanos a compartir conocimiento para usar de manera sus26
EL DISEÑO IMPLICA ABORDAR PROBLEMAS
EN ÁMBITOS RELEVANTES, TALES
COMO EL BIENESTAR, LA SALUD,
EL CLIMA Y LOS ECOSISTEMAS.
tentable sus recursos naturales. Uno de los proyectos exhibidos
en Maker Faire Africa, por ejemplo, consiste en la producción
personal de biocombustible a partir de semillas de jatropha, una
familia de árboles común en el continente africano. Aunque la
generación de este tipo de biodiesel no es nueva, el componente maker radica en que la producción deja de pertenecerle a los
grandes emporios: la gente fabrica por sí misma, se involucra en
todos los procesos y utiliza herramientas y materiales accesibles.
Okafor considera que la cultura maker es además una forma alternativa de crear beneficio económico. “Cuando reúnes
a personas inventivas e ingeniosas, lo que haces es romper las
barreras. Cuando permites que este proceso de ‘polinización
cruzada’ se produzca, con el tiempo es inevitable que surjan
colaboraciones, alianzas, incluso negocios. Se trata de reunir a
mentes críticas con mentes creativas”.
Okafor coincide con Antonelli al considerar que el país
tiene mucho potencial de desarrollo al respecto. “Quiero que
la gente en México se dé cuenta de lo que tiene antes de que lo
pierda: algo que conecta el mundo de la fabricación digital con
el mundo de la artesanía; el mundo de lo hecho a mano con el
mundo de las tecnologías interdisciplinarias. Hay una oportunidad para un país como México para mezclar esos movimientos y crear algo único”.
Éste fue el primer viaje de Okafor a México. Tal y como lo había leído, la riqueza visual del país fue un deleite para él, pero el
“nivel de ingenio” que encontró por todas partes fue la verdadera
sorpresa. En las calles, en los talleres del Centro Histórico de la
ciudad de México, en los estands de los hacedores, el africano
conoció formas de creación que merecen, dijo, ser reconocidas
por su dimensión humana.
—estado con una histórica presencia de la industria electrónica—, tendrá su primera Maker Faire el próximo mes de marzo.
En el norte del país, Tijuana alberga la sede de manufactura
de 3D Robotics, una empresa de drones (vehículos aéreos no tripulados) que fue concebida por un maker desde su propia cochera: Jordi Muñoz. La tecnología que fabrica 3D Robotics es usada
en campos como la agricultura, los estudios ecológicos y las estrategias de localización y rescate de personas a nivel mundial.
Están por verse los alcances de la cultura maker en esta parte
del mundo. La experiencia de hacedores de otros países y regiones indica que es posible generar nuevos conceptos de producción y consumo, donde los ciudadanos se involucren de forma
activa y compartan.
La concepción del diseño está cambiando. Como herramienta para construir mejores escenarios futuros, el diseño
implica abordar problemas en ámbitos relevantes para el ser humano, tales como el bienestar, la salud, el clima y los ecosistemas.
Como lo percibe Paola Antonelli, “el diseño es crítico hoy en día
porque ayuda a las personas a reflexionar para encontrar formas
de vivir mejor”.
La cultura maker colabora con el equilibrio entre economía,
desarrollo social y conservación del ambiente al revalorar la producción y el consumo local. David Cuartielles lo explica: “Para
mí, la cultura maker es poder crear, no necesariamente máquinas, sino procesos y herramientas a nivel de fabricación personal
para hacer trabajos a escala local; es el proceso de aprendizaje de hacer algo y compartirlo con otra gente”. El movimiento
de hacedores, al abarcar el conocimiento de las personas que
producen con sus propias manos, es uno de los ejercicios más
relevantes de democratización tecnológica, de herramientas y
formas de creación.
Por estas razones es indispensable crear oportunidades para
que los makers se conozcan. “La feria de hacedores es un primer
paso, aunque sólo dura un par de días; ayuda a crear comunidad”, dice Emeka Okafor. “Después vendrán otras iniciativas:
colaboraciones, espacios compartidos de trabajo, proyectos
en conjunto… Lo que hace la feria es reunir a gente que al final
dice: ‘Ojalá nos hubiéramos conocido hace mucho tiempo’”.
Perspec tivas hacedoras
Además de la ciudad de México, en otras entidades como Oaxaca y Jalisco, se puede advertir la presencia de la cultura maker.
Oaxaca fundó la primera institución de gobierno en México dedicada a promover el diseño como vehículo de desarrollo social,
económico y cultural: el Centro de Diseño de Oaxaca. Jalisco
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Cultura maker: Hazlo tú mismo (y compártelo)