La Nación

Eduardo García Solá (1845-1922): reformador universitario e historiador de la medicina
Guillermo Olagüe de Ros*
Eduardo García Sol á (1845-1922) fue un notable profesor e investigador de la Facultad de
Medicina de Granada. Es bien conocido como un precoz introductor y defensor de la medicina de laboratorio en España, tarea a la que consagró la parte más sustancial de su producción científica. En esta nota se estudia otra faceta, menos conocida, de García Solá, concretamente su labor gerencial al frente del rectorado de la Universidad de Granada, y su obra
historicomédica. A ambas dedicó varias publicaciones.
A notorius tecreher and searcher of the spanish Medical SCMol of Granada was Eduardo
García Solá (1845-1922). He is well known as an early introductor of labora tory medicine in
Spain and dedicated many publications to medical microbiology and morbid anatomy. An
aspect of his scientific biography not well known is analyzed in this paper, his labor as a refor·
mer of medical tecrehing and his historicomedical work.
DUARDO GARCíA SOLÁ ES, sin género de duda, el docente e investigador
más sobresaliente de la Facultad de Medicina de Granada del último
cuarto de la centuria decimonónica. Catedrático de Patología General y
Anatomía Patológica desde 1872 a 1887 y desde esta última fecha y hasta
su jubilación en 1918, de Histología e Histoquimia Normales en Granada -ciudad en la que residió toda su vida y de la que no quiso salir, a
pesar de haber tenido excelentes oportunidades para marchar a Madrid- 1
es considerado uno de los más notables cultivadores de la histología y anatomía patológica anteriores a Ramón y Caja!. También fue de los primeros estudiosos en ocuparse de la microbiología médica. Su producción científica, amplísima, puede ejemplificarse en su Tratado de Patología General y Anatomía Patológica (1874, del cual se hicieron otras
cuatro ediciones y que fue libro de texto de dicha disciplina en la mayoría
E
• Catedrático de Historia de la Ciencia. Unidad de Historia de la Ciencia. Departamento
de Anatomía Patológica e Historia de la Ciencia. Facultad de Medicina. Avda. de Madrid,
11. 18012-GRANADA. E-mail: golague@ugr.es
1 El cambio de cátedra de García Solá fue consecuencia de la reforma del plan de estudios
de medicina del ministro Calleja, que creó en septiembre de 1886 cátedras de Histología e
Histoquimia Normales y Anatomía Patológica. Mientras que García Solá optaba a la de
Granada, Santiago Ramón y Cajallo hizo a la de Barcelona. Ambos se posesionaron de sus
respectivas plazas a finales del siguiente año. En 1883 García Solá obtuvo, por concurso
de traslado, la cátedra de Patología Especial Médica de la Universidad de Madrid, pero
renunció a la misma sin llegar a tomar posesión.
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de las Facultades de medicina españolas),2 el Manual de Microquimia clínica o Diagnóstico fundado en las exploraciones microquímicas (1876)
y el Tratado elemental de Histología e Histoquimia normales (1888), la
primera monografia sobre esta cuestión publicada en nuestro país. 3
García Solá fue, además, un ardiente defensor del modelo germánico de
Universidad y suele considerarsele como uno de los más enconados defensores de la medicina de laboratorio en España. 4 Gracias a sus gestiones
en 1879 consiguió dotar a la Facultad de Medicina de un Laboratorio
de Histología Normal y Patológica; siete años después se creó en el seno
de dicha cátedra un Gabinete Químico. Finalmente, en 1908, durante
su mandato Rectoral, se remodeló en profundidad la cátedra y se la dotó
con un Laboratorio de Bacteriología Práctica. En 1918, prácticamente
ya al final de su carrera académica, García Solá editó un folleto con el
inventario de medios disponibles en su laboratorio, tras casi cincuenta
años de entrega y dedicación. En el prólogo de dicho folleto García Solá
explicaba las fuentes económicas que le habían permitido la creación y
mantenimiento de este departamento micrográfico, fundamentalmente
la asignación anual ordinaria y, en menor medida, la de prácticas y la
«insignificante cooperación de las clínicas». En dicho inventario García
Solá detallaba los aparatos e instrumentos disponibles para el cultivo
de la histopatología, «micrografia y exploración clínica, bacteriología» y
una amplísima colección de preparaciones microscópicas. 5
Como he señalado en otro lugar, en la obra de García Solá pueden distinguirse tres fases: una primera, que abarca desde 1874 a 1880, en la que
se dedicó preferentemente a la indagación de problemas histopatológicos
desde una perspectiva clínica. Una segunda, desde 1880 a 1891, en la que
la microbiología médica fue el campo de su favorita atención; y una tercera, a partir de su toma de posesión como Rector de esta Universidad,
en la que se ocupó especialmente de cuestiones relacionadas con la reforma de la enseñanza, tanto secundaria como universitaria, y de temas
histórico-médicos. 6
En la presente nota me centraré, precisamente, en esta última etapa,
quizás la menos rica desde el punto de vista de la investigación básica
y también la menos conocida historiográficamente, pero muy intereGarcía Solá (1874). En la correspondiente referencia se dan cuenta de las particularidades de cada una de dichas ediciones.
3 Gama Solá (1876) Y(1888). De esta segunda obra hay otra edición, corregida y aumentada:
Barcelona, Salvat y Cia., S. en C., 1901.
4 Una declaración a favor del modelo germánico de enseñanza universitaria en: García Solá
(1915). Este texto, muy tardío cronológicamente, fue la respuesta de García Solá a los
aliadófilos españoles que menoscababan en el curso de la 1 Guerra Mundial la importancia
cultural de Alemania.
5 García Solá (1918).
6 Olagüe de Ros (1985).
2
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Eduardo García Solá (1845-1922): reformador universitario e historiador de la medicina
sante desde una consideración socio-científica de la obra de este Rector granadino.
1. Eduardo García Solá, Rector de la Universidad de Granada
(1891-1909)
García Solá fue Rector de esta Universidad desde enero de 1891 hasta
1909. Por tanto, la gestionó en unos años cruciales y difíciles para su
Facultad de Medicina y Hospital Clínico. Su actuación gerencial se extendió a otros centros científicos de esta Universidad. Como recordaría
Pedro López Peláez en 1895, apenas cuatro años después de tomar posesión del rectorado, García Solá había conseguido dotar también a la
Facultad de Farmacia de unos dignos laboratorios y rehabilitar el Jardín
Botánico de la Universidad. 7
Durante su mandato, además, se puso en marcha el Plan de Estudios
de 1902, que tan importantes consecuencias tuvo para la formación de los
futuros médicos granadinos y que tan notablemente repercutió en el
devenir del Hospital universitario. Como es sabido, dicho Plan introdujo la enseñanza obligatoria de algunas especialidades médico quirúrgicas (Oftalmología, Dermatología y Otorrinolaringología) y obligó a las
Diputaciones Provinciales a proveer de suficientes camas a las Facultades de Medicina para satisfacer las necesidades docentes que dicho
Plan imponía. Granada fue, en este sentida una Facultad pionera, pues
fue de las primeras en contar con numerarios de las nueva disciplinas
curriculares. En efecto, en 1917 obtenían la titularidad de estas cátedras en Granada José Pareja Garrido (1856-1935) (Dermatología), Federico Olóriz Ortega (1879-1947) (Otorrinolaringología) y Rafael GarcíaDuarte González (1865-1938) (Oftalmología).8 Con la puesta en marcha
del nuevo Plan los hospitales provinciales se dividieron en dos secciones: Hospital Clínico, atendido por las Facultades de Medicina, y el Hospital Civil, a cargo del Cuerpo de Médicos de la Beneficencia Provincia1. 9 Pero como he señalado en otro lugar, los logros de este Plan en
Granada fueron relativamente escasos, en parte por las continuas diferencias entre la Diputación Provincial, dueña del Hospital provincial, y
los profesores de las clínicas de la Facultad de Medicina.
Quizás, uno de los aspectos más notables de la labor de García Solá al
frente del Rectorado granadino, fue su activa participación en todos los
[López] Peláez (1895).
Olagüe de Ros (2001), pp. Recuérdese también que Granada fue pionera en la enseñanza
reglada de la Pediatría, pues entre 1888 y 1892 ocupó la misma Andrés Martínez Vargas
(1861-1948).
9 Laborde Vallverdú; Laborde Fernández-Casas (1981), p. 14.
7
8
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foros en los que se discutió la reforma de la Universidad, especialmente
desde principios del siglo :xx, cuando se puso sobre el tapete la conveniencia de una autonomía total para las mismas. Los problemas derivados de la plétora estudiantil, las magras dotaciones, un personal escaso y las carencias de medios, fueron continuamente denunciados por los
docentes más inquietos, quienes, para vencer todos estos inconvenientes,
respondieron con diversos planes de renovación.
La medicina, obviamente, también quiso aportar soluciones a tan acuciantes cuestiones. La Gaceta Médica de Granada, por ejemplo, al igual
que otros periódicos profesionales de la época, acogió en esos críticos
años diferentes opiniones sobre cambios en el modelo educativo médico. Tales son, entre otros, los trabajos de F. Isla Gómez, José Roquero
Martínez, Eduardo Slocker e Hipólito Rodríguez Pinilla, todos ellos aparecidos en 1899. A ellos habría que añadir la batería de discursos de
inauguración del año académico en los que los docentes de clínicas mostraron abiertamente la pobre realidad de la Facultad de Granada y las
propuestas necesarias para un eficaz cambio. 10
García Solá fue un partidario ferviente de tal autonomía, que vino a
retomar y a profundizar la efimera experiencia del Decreto Ley de Libertad de Enseñanza de 1868, que facultó a las Escuelas de Medicina de
provincias, hasta 1880, a otorgar el grado de Doctor. La posibilidad de que
los concursos de provisión de plazas de profesorado tuvieran lugar en
las Universidades convocantes posibilitó que la Facultad de Medicina
de Granada proveyera de esa forma las cátedras de Terapéutica y Patología General (enero y marzo de 1872), que ganaron Benito Hernando
Espinosa, notable dermatólogo, y Eduardo García Solá, respectivamente Finalmente, la normativa permitió, además, el desarrollo incipiente de
un especialismo médico de importantes consecuencias. Sin embargo, el
golpe de estado del general Manuel Pavía (1874) conllevó una restricción en la libertad de enseñanza, que posteriores disposiciones legales
prácticamente la hicieron desaparecer. l l
Sobre la cuestión de la autonomía García Solá publicó un interesante
texto en 1902, precisamente el mismo año en que se ponía en marcha el
citado Plan de estudios, en una asamblea de profesores celebrada en
Valencia. 12 La autonomía debía llevar implícita una radical descentralización universitaria, según el rector granadino. Mas para que ésta fuera
10 Isla Gómez (1899), Rodríguez Pinilla (1899), Roquero Martínez (1899) y (1902), Slocker
(1899), Pareja Garrido (1911), Olóriz Ortega (1927).
11 Rosado Camacho (1987), p. 109.
12 García Solá (1902a). Esta Asamblea, la primera, celebrada con motivo del centenario de
la fundación de la Universidad valentina, fue seguida de una segunda en Barcelona, en
1905, en la que se destacaron como polemistas Miguel de Unamuno y Gumersindo de Azcárateo Sobre la participación de los catedráticos de Universidad españoles en el movimiento
regeneracionista desde la vertiente educativa, véase: Gutiérrez Zuloaga (1999).
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eficaz debía tener en cuenta los siguientes puntos. En primer término,
igualdad en los estudios de doctorado. García Solá criticaba duramente el
monopolio de Madrid en este tema, pues muchos centros de fuera de la
capital estaba igualmente capacitados para impartir estas enseñanzas; En
segundo lugar unificación de personal. No había «razón, motivo o pretexto» para que se dieran diferencias entre las categorías de los profesores de Madrid y los de «provincias», cuando todos han realizado las mismas pruebas para acceder a sus plazas docentes. El único criterio válido
debía ser el de la antigüedad, no el lugar de residencia.
Por otro lado, parecía inadmisible, según García Solá, que siendo iguales los planes de estudio en toda España, la Facultad de Madrid tuviera
más docentes que el resto de facultades. En cuanto al profesorado Clínico,
Madrid disponía de un tercio más de profesores que el resto de los centros de enseñanza médica. El problema no era, pues, el número de los
existentes en Madrid, sino la parquedad de los de provincias. Tercero, ponderación del material. Dentro de la penuria común a todos los centros,
Madrid aparecía especialmente favorecida. Granada era la cenicienta
en este concepto, pues
«teniendo las mismas facultades que la Universidad de Madrid, con la sola
excepción del segundo periodo de las Ciencias, se reduce su material de
oficina a la tercera parte del asignado a la Central».
Las mismas consideraciones podían hacerse en el apartado de gastos
para reparación de edificios. En cuarto lugar, personal subalterno. El
de Madrid era el triple de las restantes universidades. Además, en la
Complutense estaban mejor pagados. Por otro lado, a García Solá le
resultaba incomprensible que la convocatoria de estas plazas vacantes
fuera centralizada, con lo que desde que se anunciaba su provisión hasta
que se resolvía pasaban meses, cuando perfectamente la Universidad
que disponía la plaza podía realizar todos los trámites sin el mayor problema. Finalmente, la cuestión de los privilegios académicos. García
Solá rechazaba de plano la existencia de algunas prebendas que disfrutaban, incomprensiblemente, sólo los profesores de Madrid. Entre ellas,
cita: el mayor número de profesores de esa Universidad en los tribunales para oposición a cátedras, con el agravante de que la presidencia de
las mismas recaía siempre en un profesor de Madrid; la obligatoriedad
de residir en la capital para formar parte del Consejo de Instrucción
Pública etc.
García Sol á fue también un agudo analista de la realidad educativa
española de su tiempo desde unos planteamientos típicamente regeneracionistas. Su informe crítico sobre el estado de la enseñanza primaria en España de 1902, es un buen ejemplo de lo que acabo de comentar,
pues al denunciar su penoso estado García Solá se alineaba con aquellos
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que propugnaban un cambio sustancial del modelo educativo desde las
primeras etapas formativas. 13
Igual atención prestó a la enseñanza universitaria, tanto la médica como
la que afectaba a otros centros universitarios. En cuanto a la enseñanza médica, García Solá fue ardiente partidario de la supresión de la
enseñanza libre, sobre todo en
«las asignaturas prácticas, pues ese censurable procedimiento de aceleración de estudios... debería más bien denominarse enseñanza atropellada
en sus medios y anulada en sus fines».14
Las críticas al Plan de estudios entonces vigente (1898) las centró García
Solá en el excesivo teoricismo y la «petulante acumulación de asignaturas», que soslayaban el fundamental aprendizaje práctico. Por otro lado,
en su parecer, los poderes públicos apenas prestaban atención al hombre
de ciencia, que normalmente era catalogado en «la categoría de tipo
estrambótico, semiignorante, digno de curiosidad mezclada con compasión». Por ello, la educación de la juventud era un problema prioritario.
Adelantándose a las reformas que se pondrían en marcha en 1902, García
Solá propugnaba la inclusión en el currículum de algunas especialidades,
como la Oftalmología, Sifilografía, Microbiología, N europatología etc.
No deja de ser paradójico que un médico poco atento al desarrollo de las
clínicas estuviera tan al tanto de su evolución y estimara necesario
potenciarlas desde la perspectiva del especialismo médico y quirúrgico.
Para dar cumplida satisfacción a esa formación práctica, García Solá
estimó necesario que los alumnos frecuentaran «las enfermerías de hospitales provinciales, manicomios y casas de maternidad». Por otro lado,
y ante los temores de que tras la llegada al Ministerio de Instrucción
Pública de Pidal se cerraran algunas Universidades, García Solá alzó
su voz en 1899 en contra de esta iniciativa y demostró claramente que las
mismas «no eran gravosas para el Tesoro, ni su reducción implicaría
economía en el Presupuesto» del Estado. 15
El trabajo en el que quizás García Solá mostró más claramente su ideario
pedagógico es una comunicación que presentó en el tercer congreso que
celebró en Granada la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (1911). En la misma analizó las Causas de nuestra deficiente cooperación al progreso científico, que cifró en:
13 García Sol á (1902b). Tras denunciar la penosa situación de la enseñanza primara en
España, García Solá concluye: «4": Es por tanto indispensable, como medida radical, proceder
a la formación de una Ley general de Instrucción Pública que sea obra de todos, Gobierno,
Cortes y hasta del país en una amplia información parlamentaria...; 59: Toda creación de nuevas enseñanzas ... debe ir... precedida de la suficiente dotación para el material científico que
reclamen, pues careciendo de uno u otro elemento, será siempre infructuosa la instrucción
de las nuevas disciplinas establecidas" (pp. 57-58).
14 García Solá (1898), pp. 641-642.
15 García Solá (1899), p. 7.
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«1º. Verbosidad y teoricismo, tan galardonados en nuestro país.
2º. Abolengo educativo, derivado del especial carácter de nuestra
enseñanza.
3º. Cierta condición étnica, por la cual es la raza latina poco adecuada para
los pacientes trabajos de observación y experimentación.
4º. Falta de instituciones consagradas a los trabajos de investigación
científica». 16
La buena voluntad de García Solá y su ambicioso deseo de modificar
sustancialmente el estado de la enseñanza universitaria, y muy especialmente la médica, apenas tuvo consecuencias. Más bien, algunos antiguos problemas impidieron tales mejoras. Por ejemplo, las rivalidades
entre los profesores de clínica de la Facultad de Medicina y los médicos
de la Beneficencia Provincial granadina. En 1924, por ejemplo, estalló un
grave conflicto entre ambos grupos por el control de las salas clínicas
del Hospital Provincial de la ciudad, lo que repercutió en una deficiente
formación de los estudiantes médicos de Granada. 17
2. La obra histórico-médica de Eduardo García Solá (1882-1920)
La vertiente histórico-científica de García Solá se plasmó a partir de
1890 en varias publicaciones, de contenido e intencionalidad muy variada, aunque todas referidas a Andalucía. 18 Por un lado los estudios biográficos, que García Solá escribió con fines diversos. Quizás el núcleo más
numeroso de dichos estudios lo constituyan las necrológicas, que consagró a la memoria de varios de sus maestros: Aureliano Maestre de
San Juan (1890), Juan Creus y Manso (1895), Eduardo García Duarte
(1905) y Rafael Rodríguez Méndez (1920), y que publicó en diversas
revistas profesionales. 19
Parte de la información recogida en estas noticias la utilizó García Solá
más tarde para una segunda obra, también biográfica, Los sabios maestros fundadores de la Facultad de Medicina de Granada, en la que glosó
los rasgos humanos y científicos más notables de algunos de sus compañeros de claustro. El texto apareció originalmente en 1917 en los
Anales de la Facultad de Medicina de Granada, una muy interesante
publicación periódica de muy corta vida, y un año después en forma de
folleto.
García Solá (1911), p. 8.
Olagtie de Ros (1998).
18 Una detallada relación de las mismas en: López Torres (1959).
19 García Solá (1897) (1905) Y (1917).
16
17
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Tanto las necrológicas como el artículo de los Anales pueden inscribirse
en el género biográfico, propio de la historiografía del momento, aunque en García Solá hay más consideración laudatoria y ejemplificante que
la rigurosidad en la reconstrucción de la vida de quienes constituyen el
objeto de su análisis. No hay, pues, intencionalidad histórica, pues como
el mismo García Solá advierte, tan solo persigue mostrar su agradecimiento a los que fueron sus maestros y
«el no menos justificado reconocimiento que todos los catedráticos de
nuestra Facultad debemos a los insignes varones que cimentaron el crédito y los prestigios del centro docente a que pertenecemos».
Vicente Guarnerio, el Decano que puso en marcha la Facultad tras la
entrada en vigor de la ley Moyano, Mariano López Mateos, autor del
primer tratado español en el que se defendía la teoría celular de Schwann (1853), Antonio Coca y Cirera, Benito Amado Salazar, Santiago
López Argüeta -el Rector que consiguió la Facultad en 1887-, Aureliano Maestre de San Juan, el maestro madrileño de Ramón y Cajal, Juan
Creus y Manso y Eduardo García Duarte, constituyen la nómina de
«sabios maestros fundadores» de esta Escuela médica, algunos de ellos
antiguos profesores de García Solá cuando era estudiante de este centro
y otros colaboradores científicos a los que recuerda respetuosa y cariñosamente en este trabajo.
Con más visión histórica realizó García Solá otro estudio bio-bibliográfico, en este caso sobre el también malagueño Francisco Solano de Luque
(1684-1738), que constituyó el discurso de inauguración del año académico
1882 a 1883 de la Universidad granadina y que, además, publicó como
artículo en la revista La Prensa Médica de Granada, en 1882. 20 Tres
son las fuentes principales en las que se apoyó García Solá: por un lado,
en la Historia de la Universidad de Granada (1870),21 espléndida reconstrucción de su pasado debida a la pluma de Francisco Montells y Nadal,
también médico, catedrático de la Facultad de Ciencias y Rector de esta
Universidad prácticamente durante todo el periodo del Sexenio Revolucionario (1868 a 1874). Por otro, en dos clásicos de la historia bio-bibliográfica española: Anastasio Chinchilla y Piqueras (1801-1867) y Antonio
Hemández Morejón (1773-1836), que en sus respectivas obras dedicaron
un buen número de páginas a este médico andaluz. 22 García Solá, siguiendo a estos dos historiadores, analiza con cierta atención los contenidos de
los principales textos de Solano, especialmente la significación de su
doctrina semiológica del pulso y su repercusión en la medicina europea
de la época.
20.
21.
22.
García Solá(1882}.
Montells y Nadal (1870).
Chinchilla Piqueras (1846); Hemández Morejón (1850).
182
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Eduardo García Solá (1845-1922): reformador universitario e historiador de la medicina
Distinta consideración tipológica merece el artículo de García Solá aparecido en la Gaceta Médica de Granada, en febrero de 1903.23 Espigando los Paseos por Granada del Padre Juan Velázquez de Echeverría, la
Gazetilla curiosa y el Mamotreto, del trinitario fray Antonio de la Chica
Benavides,24 García Solá relata algunas anécdotas relacionadas con la
situación de la profesión médica en la Granada de la ilustración.
El estudio en el que García Solá mejor explicita el valor de la historia de
la medicina para un médico de su tiempo, es el que dedicó a la vida y
obras de Mariano López Mateos. 25 Para él, la historia permite explicar
evolutivamente el progreso humano, cuya culminación está en el momento presente. La historia, así considerada, puede
«retrotraer la consideración de progreso y las evoluciones del humano
saber a periodos anteriores que, a más del interés histórico, suministran la fecunda enseñanza de los factores que más directamente intervienen en el perfeccionamiento con posterioridad adquiridos».
No es extraño, por tanto, que desde esta visión tan pragmática de la historia médica, desestimara su presencia como disciplina independiente en
los planes de estudio de la Licenciatura de medicina. 26 Aún es más
paradójico que, siendo García Solá un riguroso investigador y un buen
conocedor de la literatura más reciente, ignorara los acercamientos historiográficos positivistas, que le hubieran permitido una consideración
más actualizada de la historia de la medicina.
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25 García Solá (1896).
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23
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