Cómo crear un hijo pródigo (1) Invitado: Rob Parsons Serie

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Cómo crear un hijo pródigo (1)
Invitado: Rob Parsons
Serie: Traigamos a los pródigos de regreso al hogar.
SONIDO PRESENTACIÓN QUE DA PASO A:
Roberto: (A SEÑAL) Cuando nos falta caridad y gracia, en lugar de atraer a la gente
hacia Cristo, podemos en realidad empujarlos hacia la dirección contraria,
hacia la dirección en la que se convierten en pródigos. Escuchemos a Rob
Parsons.
SONIDO MÚSICA RECREA BREVEMENTE Y BAJA A FONDO DE:
Rob:
( A SEÑAL) Es una tragedia. Hace algún tiempo, una anciana en la iglesia me
contó que, cuando tenía 19 años, alguien le había dicho: “Sabes, Susana, las
mujeres piadosas no usan esa clase de botas”. Eso es lo que hemos hecho
con la gente. Hemos creado millones de pródigos que nunca se fueron de la
casa de su Padre. Nunca salieron de la casa del Padre, ni siquiera le dieron la
espalda a Cristo, sino a esas reglas y normas absurdas que son importantes
para nosotros.
SONIDO SUBE MÚSICA Y BAJA A RESOLVER:
Roberto: (A SEÑAL) Esto es Vida en Familia Hoy. Nuestro anfitrión es Dennis Rainey y
yo soy Roberto Lepine. ¿Es posible que algún pródigo que usted conozca se
haya alejado, en parte, debido a la manera en que le tratamos? Hoy
hablaremos acerca de ese tema. Permanezca en sintonía.
SONIDO MÚSICA RECREA BREVEMENTE Y DISUELVE
Roberto: Nuestro tema de hoy, resulta un poco doloroso para algunos padres, Dennis.
Dennis:
Roberto, hace varios años, otro líder cristiano y su esposa se pusieron en
contacto con nosotros y comenzamos a interactuar acerca de la necesidad de
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orar por los hijos que no andan por buen camino. Ahora, un término técnico
para esos hijos sería “pródigos”, pero, en mi opinión, muchos de nuestros
hijos, de vez en cuando, se salen del camino recto, y no sé si necesariamente
tienen las características de un pródigo a gran escala. Sin embargo, nuestros
hijos necesitan de nuestras oraciones y ellos sin duda atraviesan por tiempos
difíciles en que necesitan la influencia de adultos que no sean sus padres,
para que los apoyen y los animen.
Roberto: Cuando pensamos en un pródigo, nos imaginamos a alguien que se ha ido de
casa, a causa de la historia del hijo pródigo, pero hay pródigos que viven en la
casa, ¿verdad?
Dennis:
Cuando investigamos acerca de cómo criar a los adolescentes de hoy,
Bárbara y yo estudiamos el concepto mismo de ser un pródigo dentro de la
casa. Se trata de un hijo que sigue en el hogar, que no va por el camino recto,
a lo mejor se está rebelando contra la autoridad de sus padres y le está
haciendo la vida realmente imposible a toda la familia. (T) Nos encontramos
con un “amigo”, y uso esa palabra en el mejor de los sentidos, aunque lo
acabamos de conocer hace un par de horas. Rob Parsons tiene un corazón
para los pródigos y lo invitamos para que nos acompañe. Él viene desde el
otro lado del charco, desde Gales, para acompañarnos. Bienvenido a Vida en
Familia Hoy, Rob.
Rob:
Gracias, Dennis. Gracias, Roberto. Qué agradable poder estar con ustedes.
Dennis:
Rob escribió un libro llamado “Traigamos a los pródigos de regreso al hogar”.
Él y su esposa Diane tienen dos hijos. Es abogado de profesión, pero su
pasión por las familias lo llevó a crear en 1988 el ministerio Cuidado para la
Familia en el Reino Unido, que hace una labor extraordinaria. Tienen más de
100 miembros en el personal, y nos sentimos muy honrados de que nos
acompañes en el programa de hoy, Rob.
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Rob:
Para mí es realmente un honor, Dennis.
Dennis:
Mencionaste una fecha, el 14 de marzo de 1998. Ese fue un día muy
importante en tu vida. Explícales a nuestros oyentes qué pasó el 14 de marzo
de mil 998, Rob.
Rob:
Bueno, me habían pedido que diera una conferencia en un evento gigante en
Gran Bretaña, con aproximadamente 5,000 asistentes que se reunieron un día
sábado para orar por los hijos pródigos. Me pidieron que predicara sobre la
parábola, así que preparé un mensaje que guardé en mi bolsillo. En ese lugar
levantaron una cruz enorme y la pusieron frente al auditorio. Durante el día,
invitaron a las personas para que escribieran el nombre de sus pródigos en
una pequeña tarjeta y los dejaran a los pies de la cruz.
Dennis:
¿… y entonces?
Rob:
Pues, una hora después me preguntaron si podía dejar el podio para ir donde
estaba la gente y orar con estas personas. Me levanté para hacer mi labor,
pero para cuando llegué a la cruz, había miles de nombre ahí. Los nombres
se desbordaban de la mesita y se caían al piso. Recuerdo que sentí que el
dolor del mundo estaba a los pies de esa cruz. Vi las tarjetitas que decían:
“Trae de regreso a Jaime”, y: “No te olvides de Susana, Señor”. Tengo dos
hijos, a quienes les va bien por el momento, y le doy gracias a Dios por lo que
ha hecho en sus vidas. Pero recordé el tiempo el que puse el nombre de Katy
a los pies de la cruz, y el nombre de Loyd a los pies de la cruz.
Dennis:
Tus dos hijos.
Rob:
Mis dos hijos. Y me puse a pensar: “No pensé que mi vida sería así”.
Entonces comencé a llorar. No podía dejar de llorar. Nunca llegué a predicar
el mensaje que estaba en mi bolsillo, sino que Dios puso un mensaje en mi
corazón acerca de los pródigos, que con el tiempo se convirtió en el libro y en
los eventos en vivo que realizamos en todo el mundo.
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Dennis:
Sabes, en realidad no existe un dolor que se le parezca al que acabas de
mencionar. Cuando uno de nuestros corderitos se va por mal camino, ya sea
que viva en casa o si ya dejó la familia para establecer su propio hogar, si no
anda por el camino correcto, sin duda, espiritualmente, no existe un dolor en el
corazón de un padre que se le parezca.
Rob:
Recuerdo que mi hijo, Lloyd, estaba en un evento en Gran Bretaña, en una
conferencia importante. Yo tenía que compartir un tema y él me escuchó decir
lo siguiente: “Si yo supiera que mis hijos seguirán a Cristo todas sus vidas, le
daría gracias a Dios por lo que ha hecho en sus vidas hasta ahora. Si lo
supiera, podría morir ahora mismo”. Esa es la profundidad de mis
sentimientos relacionados con ese tema, Dennis y Roberto, y así es como se
sienten muchos padres.
Dennis:
El apóstol Juan se refería a sus hijos espirituales en Tercera de Juan cuando
dijo: “Nada me produce más alegría que oír que mis hijos practican la verdad”,
pero al hablar con los padres, ellos asienten con la cabeza. Tú compartiste
ese versículo también. Es verdad, no hay mayor alegría que saber que los
hijos practican la verdad. Si ese es el caso, usted puede darse por satisfecho.
Y no debe existir un dolor peor que cuando sus hijos no practican la verdad.
Ese es el corazón de nuestra misión como padres, lanzar a nuestros hijos
como flechas para que vayan por el camino recto espiritualmente. Puede ser
que les vaya bien en los negocios, puede ser que les vaya bien en su
matrimonio, pero si no les va bien espiritualmente, entonces nuestros
corazones se rompen, ¿verdad?
Rob:
Así es, y lo extraño es que, en ocasiones, mientras más nos hieren, más los
amamos. No podemos sacar a estos jovencitos de nuestra cabeza. Y, por
supuesto, también hay culpa, ¿verdad? En todo el mundo conozco a padres
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que se hunden bajo el peso de la culpa: ¿En qué me equivoqué? ¿Qué fue lo
que hicimos mal? A lo mejor tienen dos hijos y dicen: “El uno va por buen
camino e hicimos exactamente lo mismo con el otro, pero éste le dio la
espalda a todo lo que esperábamos para él”. Es una culpa que destruye.
Roberto: Así sucede la mayoría de las veces.
Rob:
Amigos, hace algún tiempo conversé con un teólogo, con el doctor R.T.
Kendall. Él tomó el púlpito del doctor Martin Lloyd-Jones después de que este
gran doctor salió, por 25 años, y luego los hijos de R.T. se convirtieron en
pródigos. Ya no lo son, pero él me dijo: “Rob, he sido un fracaso como padre.
Le dediqué demasiado tiempo a mi doctorado en Oxford, demasiado tiempo a
la congregación”. Él es muy difícil de impresionar, teológicamente, pero esa
vez creo que lo logré. “Doctor Kendall”, le dije: “Adán y Eva tenían el Padre
perfecto y el ambiente perfecto, pero se desviaron por un camino por el cual
su Padre no quería que fueran. No existen garantías”. Recordé ese
encantador versículo en el libro de Proverbios: “Instruye al niño en el camino
correcto, y aun en su vejez no lo abandonará”, pero no es una garantía, es un
principio general.
Dennis:
Estoy de acuerdo contigo, Rob.
Rob:
Y, Dennis. La mayoría de la Biblia nos muestra al Padre perfecto que les dice
a sus hijos: “¿Cómo puede ser que no andan por el camino que quiero que
vayan?” Cuando desechamos a esa culpa, en mi opinión, permitimos que la
esperanza y a la fe crezcan en nuestros corazones, pero debemos entregar
esa culpa.
Dennis:
Bueno, Bárbara y yo hemos experimentado lo que acabas de decir, y quizá
algún día podamos contarles toda la historia a nuestros oyentes, pero cuando
un hijo anda por el mal camino, es como si el sistema solar de la familia dejara
de orbitar alrededor del sol, y toda la familia comienza a orbitar alrededor de
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ese planeta. Todas las leyes del universo parecerían caer y cambiar.
Cuéntanos un poco de tu situación con tu hijo y tu hija. Parece que ambos
iban por mal camino al mismo tiempo.
Rob:
Sí, es verdad.
Dennis:
¿En serio?
Rob:
Por supuesto.
Dennis:
¿Qué impacto tuvo esa situación en tu matrimonio y tu familia en ese punto?
Rob:
Bueno, para ser sincero, es una situación que puede alejarnos unos de otros,
o acercarnos unos a otros. Me acuerdo que Lloyd no regresaba una noche,
era tarde, y Diana y yo estábamos acostados en la cama, tomados de la mano
como niños chiquitos, clamándole a Dios, apoyándonos el uno en el otro,
apoyándonos juntos en Dios. (T) Los padres que hemos tenido hijos pródigos
tenemos una gran ventaja en oración. Tenemos corazones quebrantados.
Realmente creemos en la oración porque nos aferramos a Dios.
Dennis:
No queda otra alternativa.
Rob:
No tenemos a dónde más ir. Y, sabes, Dennis, me sorprende que sean tan
pocas las parejas que oran juntas. Les pedimos encarecidamente a las
parejas: “Ore juntos, oren, aun si sus hijos están yendo por el buen camino”.
En ocasiones me encuentro con parejas que tienen tres hijos perfectos y creen
que ese versículo en Proverbios es una garantía, porque tienen tres hijos
perfectos. Suelo decirles varias cosas: “Quizá tienen suerte. A lo mejor no
son los padres grandiosos que creen que son. Les aconsejo que no tengan un
cuarto hijo”. (T) Pero aun si fueran padres maravillosos, incluso si los hijos
andan por el buen camino, no hay que darlo por hecho. Y seguramente
algunos de los oyentes tienen hijos obedientes que van al estudio bíblico con
los jóvenes, que son líderes de la juventud cristiana en su universidad, pero no
dé esas cosas por hecho, ore por ellos, ore por sus hijos. Ore por ellos
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cuando son bebés, ore por ellos desde que están en el vientre. Ore por sus
hijos. No tenemos el control. Dependemos totalmente de Dios.
SONIDO MÚSICA DESPEDIDA QUE DA PASO A:
Roberto: (A SEÑAL) Agradecemos al autor Rob Parson, por acompañarnos este día en
“Vida en familia hoy”, y lo invitamos a que continúe con nosotros en un
próximo encuentro. (T) A usted, gracias por la sintonía.
SONIDO MÚSICA RECREA BREVEMENTE Y BAJA A FONDO DE:
Roberto: (A SEÑAL) Si desea escuchar este u otros programas de “Vida en familia hoy”,
puede visitar nuestro sitio web: ______________________ y para comentarios
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