GUÍA PARA INVESTIGAR SOBRE COMUNICACIÓN Indicaciones

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GUÍA PARA INVESTIGAR SOBRE COMUNICACIÓN
Indicaciones sobre estructura y proceso de cómo realizar un trabajo para obtener el
Diploma de Estudios Avanzados o elaborar una Tesis Doctoral.
Es un escrito que ha preparado el Grupo de Investigación 940820 de la Universidad
Complutense de Madrid.
TÍTULO DEL GRUPO: ESTRUCTURAS COMUNICATIVAS E INTERACCIONES EN
LOS DISTINTOS NIVELES DE LA COMUNICACIÓN INTERPERSONAL
Componentes del Grupo:
Profesores: Felicísimo Valbuena de la Fuente , Eva Aladro Vico y Ana Segovia Alonso
Departamento Periodismo III
Profesor: Agustín Martínez de las Heras
Departamento de Historia de la Comunicación.
Facultad de Ciencias de la Información
Profesor: Rafael Sáez Alonso
Departamento de Teoría e Historia de la Educación
Facultad de Educación
Universidad Complutense de Madrid
INTRODUCCIÓN
El propósito de este documento es ofrecer unas pautas de estructura y de proceso a
cualquier estudiante que quiera realizar su trabajo para obtener el Diploma de Estudios
Avanzados o su Tesis Doctoral sobre asuntos de comunicación.
Los autores R. Wayne Pace, Robert T. Boren y Brent D. Peterson elaboraron, a
mediados de los años setenta, un Modelo que ha servido de canon y guía para muchos
trabajos y Tesis.
En un trabajo de investigación podemos distinguir cuatro áreas o etapas
fundamentales, que a su vez se dividen en diversos pasos:
I.- LA CUESTIÓN O PREGUNTA
1.- Pensar y reflexionar creativamente.
2.- Captar una idea
3.- Cuestión o pregunta
4.- Enunciado
5.- Valor de la idea.
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II.- BUSCAR LITERATURA CIENTÍFICA SOBRE LA CUESTIÓN
6.- Leer la literatura científica sobre el asunto
7.- Responder a la pregunta
8.- Revisión crítica de la literatura científica
9.- Problema.
III.- DESARROLLAR LA INVESTIGACIÓN
10.- Plantear la pregunta como hipótesis.
11.- Considerar métodos y técnicas.
12.- Seleccionar Métodos y técnicas.
13.- Diseñar.
14.- Procedimientos
IV.- RECOGER DATOS Y ELABORAR LOS RESULTADOS
15.- Resultados esperados
16.- Recoger datos
17.- Interpretar los resultados
18.- Conclusiones
19.- Implicaciones
20.- Respuesta
21.- Investigación futura
22.- Redactar y publicar
Por supuesto que un investigador no tiene por qué seguir cada uno de esos pasos
como si de unas reglas de estricta observancia se tratara. Hay pasos que podemos evitar y
otros en los que un investigador deberá detenerse detenerse más de lo que en principio
preveía. En cualquier caso, estas etapas resultan muy útiles para examinar cualquier tipo de
investigación y que el investigador advierta los fallos en los que ha podido caer.
Los autores no suelen narrar detalladamente sus investigaciones. Por eso, hemos
escogido una que, aunque anterior al Modelo, sí nos sirve para ilustrar cada paso, porque
diversas publicaciones de uno de los investigadores nos han permitido reconstruir la
trayectoria que siguieron.
I.- LA CUESTIÓN O PREGUNTA.
1.- Pensar y reflexionar creativamente.
La estructura de ayuda a la investigación puede ser muy diferente de un país a otro.
En España nos quejamos del poco apoyo que reciben los investigadores o quienes aspiran a
realizar una investigación por primera vez. Continuamente aparecen en la prensa protestas
por la escasa porción del producto nacional bruto que España dedica a la investigación.
Expuesto todo lo que precede, hay que cambiar de perspectiva para afirmar que, tanto
en condiciones de escasez como de ayuda sobrada, las investigaciones comienzan por una
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ocurrencia, una concatenación de ideas, una asociación afortunada entre diversos fenómenos,
etc. Y las situaciones pueden ser tan distintas que no hay coincidencia entre los autores
cuando exponen las circunstancias en que se les han ocurrido las mejores ideas.
Cuando la mente trabaja creativamente, libera unos pensamientos que De Bono ha
denominado "divergentes" y que desencadenan procesos que pueden llevar a resultados extraordinarios. La ciencia no sigue un proceso rectilíneo y sin saltos.
Podemos empezar a ilustrar este primer paso fijándonos en la investigación a la que
antes nos hemos referido. Un inglés, Fred Emery, del Tavistock Institute, de Londres, y un
norteamericano, Russell L. Ackoff, de la Wharton School, de la Universidad de
Pennsylvania, estaban preocupados por el problema del alcoholismo y de las drogas, que
afectaba y afecta, cada vez más, a la población. En lugar de pasar inmediatamente a la
solución de estos grandes problemas, se dedicaron a pensar creativamente qué podrían hacer
desde el campo de la Comunicación. El inglés se adelantó al norteamericano en diez años,
pero llegó un momento en que los trabajos de uno y otro acabaron por confluir. (Para una
explicación detallada de esta investigación, incluyendo grabados, Vázquez Muñoz, en El-Mir
y Valbuena (Compiladores), 1995: 379-385)
El inglés se daba cuenta de las grandes inversiones que las compañías productoras de
alcohol hacían en publicidad e, incluso, en causas humanitarias, para rescatar del alcoholismo
a aquellos que, precisamente por beber, estaban destrozando sus vidas. Sin embargo, él veía
que había aspectos muy importantes, para él enteramente centrales, que sólo superficialmente
aparecía en los debates públicos y, cuando surgía, era para enfocarlo desde un ángulo
equivocado. Decidió que merecía la pena dedicar energías a esos aspectos que, como en «La
carta robada», de E. A. Poe, tenían ante los ojos y no lograban descubrir.
2.- Captar una idea
Una de las características esenciales de los hechos psíquicos es su fluencia. No
podemos dejar de percibir, sentir, pensar, pero es indudable que este fluir no es uniforme.
Existen sensaciones, percepciones e ideas que sobresalen entre las demás.
Como dijeron Einstein e Infeld,
«Formular un problema es mucho más esencial que su solución, que puede ser simplemente un asunto
de destreza matemática o experimental. Suscitar nuevas preguntas, contemplar los viejos problemas desde un
nuevo ángulo exige una imaginación creadora y constituye un avance real en la ciencia» (Einstein e Infeld,
1938, en Isaac y Michel, 1972:1).
Emery pensó que tenía que existir alguna razón muy importante para que la bebida y
las drogas tuviesen una presencia tan decisiva en la vida de miles de personas en muchos
países.
3.- Cuestión o pregunta.
Después de identificar la necesidad clave de conocimiento a la que el investigador va
a dedicar todo su esfuerzo, tiene que formular la necesidad como problema en forma de
pregunta, ya que la ciencia se desarrolla como una serie de respuestas a preguntas que el
investigador plantea. No perdamos de vista que el «corpus» de una ciencia se va
conformando como consecuencia de preguntas previamente formuladas.
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Cuando Emery formuló la pregunta central de su investigación, no la hizo en el vacío
sino que se dirigió a «Guinness», una gran compañía cervecera de Inglaterra. Preguntó a la
Dirección de la Empresa: «¿Por qué la gente consume bebidas alcohólicas?». Enunció la
necesidad como problema. La respuesta de la Dirección fue muy simple y rápida: «Porque les
gusta beber». A lo que replicó el investigador: «¿Y cómo saben ustedes que les gusta?». La
Dirección respondió: «Pues porque las beben. ¿Por qué, si no ?».
El investigador no se quedó satisfecho con la respuesta. Le parecía que era un
razonamiento circular. Pero, claro está, un investigador no puede ir a una gran empresa
únicamente para decir a la Dirección que deje de hacer razonamientos circulares. La
investigación que Emery pretendía llevar hacia adelante se inscribía dentro de una larga
tradición de colaboración entre los departamentos académicos y las grandes empresas para
profundizar en el conocimiento de las audiencias y de los efectos.
Podemos avanzar una década y situarnos en el ambiente de Rusell L. Ackoff, un
investigador muy reconocido y con una experiencia de veinte años. También se le ocurrió
plantear una investigación sobre los usos del alcohol en la sociedad y la importancia de la
comunicación en todo el proceso. Al igual que Emery, consiguió que la cervecera AnheuserBusch le financiara la investigación.
4.- Declaración.
Desde el momento en que el investigador decide dedicar sus esfuerzos a un asunto y,
más aún, cuando recibe la financiación y apoyo necesarios, fija los objetivos que pretende
lograr con su trabajo. Y lo hace de una forma lo más específica posible, estableciendo
claramente los puntos que desea averiguar o las relaciones que intenta descubrir entre
diversos problemas.
Cuando el investigador solicita una investigación, debe dejar bien sentado este paso,
porque existen muchas críticas dirigidas a organismos que apoyan y financian investigaciones
cuyos objetivos resultan confusos y cuyos resultados son irrelevantes para cualquier persona
que examine la propuesta de investigación. De hecho, las respectivas declaraciones debieron
reunir los suficientes elementos como para convencer a la Dirección de «Guinness», que
mostró su conformidad y financió la investigación.
5.- Valor de la idea.
En realidad, este paso está ya implícito en anteriores. Efectivamente, si la cuestión
planteada no merece la pena, siempre debe haber tiempo para abandonarla, como una conclusión lógica de honestidad personal. El razonamiento que emplearon los dos investigadores
fue muy parecido: «Si ustedes comprendieran por qué la gente bebe, la sociedad recibiría el
gran beneficio de llegar a controlar y vencer el alcoholismo. Además, ustedes recibirían la
ayuda de que las bebidas alcohólicas estuviesen producidas de tal forma que no fueran
nocivas socialmente».
Es oportuno recordar que entonces las empresas cerveceras no habían sacado todavía
al mercado las cervezas sin alcohol ni otros fabricantes los licores sin alcohol. El tema de la
investigación financiada podía traer unos resultados muy beneficiosos para la sociedad
aunque no todos son beneficios los que se derivan de cualquier quehacer científico
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La necesidad de exponer el valor de la idea evita invertir esfuerzos personales y
económicos en asuntos que no tienen importancia. Por tanto, el investigador debe
preguntarse: «¿Qué puede contribuir esta investigación para hacer avanzar algún aspecto de
la ciencia que estoy estudiando?». La respuesta puede ser suficientemente concreta y relevante para que el proceso pueda continuar.
Solemos decir que la claridad es la cortesía del filósofo. En las investigaciones sobre
comunicación, la claridad es una necesidad con vistas a los investigadores que pueden querer
replicar, llegado el caso, la investigación.
Cuando el valor de la pregunta viene expuesto de forma poco clara, hay que volver a
concretar en qué consiste ese valor.
II.- BUSCAR LITERATURA CIENTÍFICA
7.- Leer la literatura científica sobre el tema
«¿Ha investigado antes alguien sobre este asunto?». Conviene leer toda la literatura
posible sobre el tema o sobre temas fronterizos. Así el investigador se evitará una serie de
trabajos inútiles. Incluso, hay que averiguar si los hallazgos de investigaciones extranjeras
sobre el tema pueden ser trasvasados a la situación en que el investigador está viviendo.
En la Historia de la Filosofía y de la Ciencia se han dado casos de que pensadores,
filósofos y científicos han llegado a hallazgos semejantes e idénticos sin haber mantenido
antes contacto entre ellos, simplemente por cuenta propia. Recordemos los casos de Newton
y Leibnitz cuando, cada uno por su cuenta, descubrió el cálculo infinitesimal.
En la actualidad, un investigador encuentra muy facilitado su trabajo mediante las
redes mundiales de documentación, comenzando por Internet. Efectivamente, cuando el
investigador solicita una búsqueda de literatura científica por ordenador, puede encontrarse
una cantidad muy grande de libros y artículos entre los que existan investigaciones similares.
En los años setenta, avanzó mucho una tendencia denominada «Evaluación de la
Información». Ahora, se ha transformado en «Evaluación de la Información en Internet».
Lo que acabamos de señalar es un buen criterio para no dejarse obnubilar por una
masa de estudios y teorías que desanimen al investigador entusiasta.
Publicaciones primarias: Libros, introducciones comprensivas, «Readers»,
monografías, revistas, actas de Simposia, «proceedings» de Congresos, patentes, tesis
doctorales, informes técnicos, recensiones...
Publicaciones secundarias: Bibliografías de Bibliografías, Bibliografías, Revistas de
resúmenes -abstracts -, «current contents», índices, alertas informativas, publicaciones
impresas o a través de "bancos de datos" y de "bases de datos".
- Grabaciones y material iconográfico (filmes, fotogramas,etc.)
- Documentos estadísticos (Censos, estadísticas, etc.).
- Documentos mixtos (material didáctico, constructos científico-pedagógicos).
- Formalizaciones que orientan las políticas de información en diversos países.
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Podríamos estructurar estas formalizaciones en directas e indirectas. Las directas más
caracterizadas son: las leyes formales sobre información y los actos equiparados a las leyes
formales; las leyes materiales; los reglamentos -estatales, locales o institucionales- y
estatutos. Entre las indirectas: las costumbres (o usos seguidos de manera uniforme, general y
duradera y constan como expresión de convicciones populares); y la jurisprudencia.
Emery, Ackoff y sus respectivos equipos de colaboradores leyeron la literatura
científica para ver si existía alguna teoría que explicase las razones del consumo del alcohol.
Y descubrieron no una sino ¡veintitrés! teorías esparcidas en diversas publicaciones. Cuando
comenzaron a ordenar esas teorías de acuerdo con el criterio fundamental de si habían
investigado antes la pregunta antes expresada -«¿Por qué la gente bebe?»- se encontraron con
los siguientes hechos: 1) las teorías trataban sobre el alcoholismo en general, no sobre algo
tan concreto como el por qué la gente consume alcohol; 2) Las veintitrés teorías coincidían en
un sustrato común, muy a tener en cuenta: los autores de las mismas eran psicoanalistas.
Los investigadores sobre el tema del consumo del alcohol continuaron con su trabajo.
Y no sólo porque el fondo doctrinal de las diferentes teorías examinadas fuese idéntico -el
Psicoanálisis - sino porque las teorías no concordaban. Más aún, la falta de concordancia aun
participando de un fondo común, se veía acompañada por algo mucho más llamativo: la
carencia de datos. Cada teoría se apoyaba en la experiencia clínica de sus autores. Es sabido
que las interpretaciones sobre unos mismos hechos pueden ser muy diferentes, pero para
verificar una teoría hay que aportar una serie de hechos y datos. No sucedía así en la literatura
científica que los investigadores examinaron.
8.- Responder a la pregunta o cuestión
Si en el paso anterior el investigador averigua que alguien ha abordado el tema desde
un punto de vista idéntico, es el momento de reconocer que su trabajo ha finalizado. Ahora
bien, puede encontrarse también con las siguientes situaciones, entre otras: que alguien haya
investigado antes lo mismo que él, pero sin haber planteado la cuestión de la misma manera;
b) O que la ha planteado casi con la misma expresión, pero la ha respondido mal. O c) que la
cuestión que a él le interesa cuente ya con respuestas contrarias. Además, d) hay que tener en
cuenta que el sustrato ideológico puede ser muy diferente, como diversos pueden ser los
motivos y finalidades de la investigación.
En el caso que nos ocupa, ocurrió lo siguiente: el norteamericano Ackoff se desplazó
al Instituto Tavistock de Relaciones Humanas de Londres para intercambiar impresiones con
el Director de ese Centro, viejo amigo suyo, Fred Emery. Los dos coincidieron en la
respuesta: «La gente consume alcohol para conseguir en muy poco tiempo unos cambios
personales e interpersonales que les llevarían mucho más tiempo lograr si no bebiesen».
Debido a la confianza entre el norteamericano y el inglés, aquél pudo beneficiarse de
la investigación que el segundo había realizado diez años antes. Y al conocer esta literatura
científica que él desconocía, pudo profundizar mucho más en el problema que estaba
estudiando.
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9.- Revisión crítica de la literatura científica
Afirmar que debemos leer la literatura científica con espíritu crítico es algo tan
elemental como para que no lo resaltemos. Cuando este espíritu crítico se traduce en una serie
de operaciones concretas, el tópico deja de serlo. Revisar significa que el investigador no se
fía de respuestas ligeras sobre la originalidad de su investigación. Y tiene que cuestionarse
por qué no considera que nadie antes que él se ha planteado el mismo tema y desde el mismo
punto de vista.
A Ackoff se les ocurrió escribir a cada uno de los autores de las veintitrés teorías. En
su carta, les explicaban el sentido de la investigación que pensaban realizar y solicitaban que
les proporcionasen los datos en que apoyaban sus teorías. Todos les contestaron reconociendo
que carecían de estos datos. Algunos de ellos, incluso, respondían enfadados porque decían
que sus datos eran «cualitativos» e intransferibles.
10.- Plantear la pregunta como hipótesis.
Si como resultado de los pasos anteriores, el investigador comprueba la necesidad de
aquilatar la formulación de la pregunta, conviene considerar este paso con una entidad propia
y no subsumible en los anteriores. Indica un aprovechar esfuerzos, un dirigir el ápice de la
mente, que diría Descartes, a la búsqueda de verdades concretas.
Emery y su equipo del Instituto Tavistock de Relaciones Humanas de Londres habían
comenzado su trabajo con el examen de bebedores ordinarios. Consideraron que bebedor
habitual era una persona que consumía dos onzas o más de alcohol (57 gramos o por término
medio al día). Claro está que esas dos onzas o más son de alcohol, por lo que un bebedor
habitual es el que consume, por ejemplo, cuatro onzas de whisky (115 gramos de alcohol
aproximadamente). A continuación, escogieron una muestra de tres mil bebedores de tres
países diferentes. Mil procedían de Noruega, porque entonces Noruega registraba el mayor
índice de alcoholismo del mundo. Otros eran irlandeses, dado que en el Reino Unido los
irlandeses pasan por ser muy aficionados al alcohol y efectivamente lo son. Finalmente, los
otros mil eran ingleses.
El equipo de Londres hizo tres tipos de operaciones con cada uno de estos grupos de
diferentes países. En primer lugar, sometieron a todos y cada uno de los componentes de la
muestra a unos diecisiete tests psicológicos de personalidad. Cuando tuvieron puntuados los
tests, se entrevistaron con cada individuo. Fácil es de calcular el gran costo de la
investigación y no está de más subrayar que este tipo de investigaciones sólo pueden ser
financiadas por grandes corporaciones o por los Gobiernos. Los investigadores preguntaban a
cada sujeto fundamentalmente tres cosas: cuánto, cuándo y por qué bebía. Grababan las
entrevistas para someterlas luego a un análisis cuantitativo.
Por último, tomaban a grupos de ocho personas y los sentaban alrededor de una mesa
para que charlasen y bebiesen todo el alcohol que quisiesen. También grabaron las
entrevistas, las codificaron y sometieron a análisis de contenido.
Sometieron toda la masa de datos a una Q-sort, que luego emplearía William
Stephenson al exponer su Teoría del Juego de los Medios de Comunicación de Masas.
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¿Cuáles fueron los hallazgos de Emery y de su equipo?. Que fundamentalmente
existían tres tipos de bebedores.
Existe un tipo de bebedor reparador. Suele ser una persona que se encuentra entre los
treinta y los cuarenta años y que ha comprobado que a esta altura de su vida las realidades
que ha conseguido no se corresponden con lo que él creía que podía haber alcanzado. Lo cual
no quiere decir que se considere un fracasado, pero tiene el sentimiento fundamental de que
no ha colmado sus aspiraciones. Lo más llamativo de esta persona es que no carece de
equilibrio sino que acepta el hecho de su decepción. Y lo acepta por lo siguiente: tiene el
convencimiento de que todavía le queda tiempo para dar cambiar de rumbo y hacer coincidir
sus aspiraciones con sus realizaciones. Pero este cambio de rumbo no puede hacerse en el
vacío, sino que exige sacrificios por parte de las personas a las que quiere, es decir, de su
familia. Lograr sus aspiraciones conlleva disminuir o deteriorar las de sus seres más queridos.
Pues bien, esa persona, ese tipo de bebedor «reparador» muestra una pauta de
comportamiento típica: suele beber después de trabajar o cuando llega a su casa. Y bebe
menos cuando dispone de más tiempo libre, es decir, cuando puede dedicarse a lo que
realmente le gustaba: durante los fines de semana y en vacaciones. ¿Porcentaje de bebedores
de este tipo en la muestra?. El treinta y cinco por ciento. Por supuesto que este porcentaje no
tiene por qué ser el mismo en todos los países, pero es indicativo.
Un segundo tipo de bebedor, al que Emery calificó de social, tenía menos edad que el
anterior, es decir, no había llegado a los treinta y cinco. Le sucedía prácticamente lo mismo
que al anterior, no había logrado sus aspiraciones en la vida y también pensaba que podía dar
un golpe de timón a su destino. En lo que difería del anterior es que en pensaba efectivamente
darlo. Ahora bien, él solo no podía hacerlo, por lo que tenía que contar con los demás. Y para
que los demás le ayudasen, debía hacer vida social. Beber en compañía era una forma de
facilitar esas relaciones, de hacer que las personas se confiasen, hablasen e hicieran tratos.
Estos bebedores consideran beber en compañía como una forma de facilitar las relaciones, de
ofrecer la cara más atractiva y simpática a los demás y de que éstos también presenten el lado
más favorecido. En estas relaciones no conviene perder el control y, por lo tanto, estos
bebedores no se suelen alegrar hasta el punto de caer en situaciones violentas. Por el
contrario, los entrevistados manifestaban que bebían más en los fines de semana y durante las
vacaciones y siempre en compañía de gente amistosa, aunque no de amigos íntimos. El
porcentaje de estos bebedores en la muestra fue del cincuenta por ciento. Y tanto entre los
entre reparadores como entre los sociales existen pocos alcohólicos.
Los bebedores pertenecientes al tercer grupo recibieron el calificativo de adictos.
Pertenecían a cualquier edad y se diferenciaban de los dos tipos de bebedores anteriores en
que, aparte de comprobar que sus aspiraciones no habían sido satisfechas, estaban
convencidos que ya no podrían lograr alcanzar el nivel que querían. Se sentían no sólo
decepcionados sino interiormente fracasados. La vida era una tragedia y ellos estaban
inmersos en ella. Pero como tampoco podían aceptar esta convicción de forma neutral, como
esta convicción producía presión y estrés en el sujeto, éste acudía al alcohol como medio de
reducir su tensión interior. E1 sentimiento fundamental de su existencia les llevaba a
consumir cada vez más alcohol hasta que no podían pasarse sin grandes cantidades de bebida.
Y precisamente en este grupo, que sólo era el quince por cien de la muestra, era donde se
registraba el mayor número de alcohólicos.
Ackoff le preguntó a Emery si podía identificar una característica que fuera suficiente
para distinguir entre los tres tipos de bebedores. Emery le respondió que debía de haber más
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de una característica. Y Ackoff coincidió con él: «Estoy convencido que tiene que haber más
de tres tipos de bebedores, puesto que hay más de una característica». A partir de ese
momento, entraron en una discusión metodológica sobre las escalas y dejaron planteado el
problema como posibilidad, que para Ackoff era casi una certeza, de que debía haber más de
tres tipos de bebedores. Y la importancia del número se traduciría después en un marco
teórico que serviría decisivamente para la investigación de las audiencias.
Al separarse de Emery por tener que regresar a Estados Unidos, Ackoff centró sus
esfuerzos en revisar lo que él pensaba que estaba en el centro del problema. Debido al fondo
común de tipo psicoanalista que habían mostrado las veintitrés teorías sobre el alcoholismo y
a la cuestión sobre escalas planteadas con Emery, recordó una investigación que había
realizado veinte años antes sobre los Tipos Psicológicos de C. G. Jung. Pensó que tanto en
los tipos de bebedores de Emery como en los psicológicos de Jung había dos escalas
implicadas.
Para Jung había dos conceptos verdaderamente centrales en su teoría: la introversión y
la extroversión. Pero lo que había en el fondo de estos conceptos era la relación del individuo
con su entorno o ambiente. «Cuando leímos lo que decía sobre esta relación descubrimos que
Jung hablaba de dos relaciones diferentes; una era de qué forma el entorno afecta al individuo
y la otra es cómo el individuo afecta al entorno».
Ackoff llama sensibilidad al entorno a la medida en que el ambiente afecta a la
persona. Y efectividad sobre el entorno a la medida en que la persona afecta al ambiente.
Separó estas dos relaciones y construyó una medida para comprobar el efecto del entorno
sobre el individuo, una «medida de la sensibilidad del individuo respecto de los estímulos del
entorno». La medida era de probabilidad e iba de cero a uno, tanto en la escala de la
sensibilidad del individuo al entorno como en la escala de la efectividad del entorno sobre el
individuo. Dividió lo que él llamaba «espacio de la respuesta ambiental» en dos áreas iguales
con una diagonal que iba de la parte inferior izquierda a la superior derecha. El área superior
(objetiversión) incluye a todas aquellas personas que son muy sensibles a los estímulos del
entorno. El área inferior (subjetiversión) incluye a aquellos sujetos con un grado
relativamente bajo de capacidad de respuesta ante los estímulos del entorno. Es decir, estas
personas responden a lo que ocurre dentro de sí mismos. A la hora de denominar a las
personas situadas en la parte superior de este espacio de respuesta ambiental, Ackoff les
llamó «objetivadores» u «objetiversos», mientras que «subjetivadores» o «subjetiversos» son
aquellas personas que se encuentran en el área inferior.
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Hay que advertir que la objetiversión y la subjetiversión no son categorías absolutas
sino tendencias. Por lo tanto, dependiendo de las circunstancias en que vivan, habrá
objetiversos que se porten ocasionalmente como subjetiversos y viceversa. Acudiendo a un
símil, Ackoff compara al objetivador a un pintor realista que refleja lo que observa en su
entorno, mientras que el subjetivador se parece a un pintor surrealista que trata de transmitir
sus vivencias interiores.
Podemos pensar también en un espacio del efecto sobre el ambiente, también dividido
por una diagonal, y en cuya parte superior quedaría registrada la indiferencia variable ante la
intensidad del efecto y encuadrados todos aquellos individuos que mostrasen
«internalización», es decir, una relativa indiferencia para cambiar el ambiente. En la parte
inferior, sin embargo, estarían encuadradas todas aquellas personas que, por mostrar
«externalización», tenderían a cambiar el ambiente. Por lo tanto, un «internalizador» tiende a
adaptarse a las circunstancias de su entorno, mientras que un «externalizador» tiende a
cambiar esas mismas circunstancias para satisfacer sus necesidades o cumplir sus objetivos.
Al combinar las dos clasificaciones, nos encontramos con cuatro tipos de
personalidades: el internalizador objetivo; el internalizador subjetivo; el externalizador
objetivo y el externalizador subjetivo.
Las hipótesis que Ackoff avanzó sobre estos tipos de personalidad son las siguientes:
l.- Quienes son puramente introvertidos o extravertidos, es decir los internalizadores
subjetivos y los externalizadores objetivos, cuando tienen problemas que requieren un trabajo
de autoadaptación, tienden a moverse hacia los extremos del espacio de la personalidad, es
decir, tienden a hacerse más introvertidos y más extravertidos, respectivamente, en sus
maneras de comunicarse con los demás.
2.- Los tipos mixtos, es decir, los internalizadores objetivos y los externalizadores
subjetivos, cuando se encuentran en situaciones conflictivas, tienden a moverse hacia el
centro del espacio, hacia el punto de «centraversión».
Pero como la investigación no versaba únicamente sobre estos tipos de personalidades
sino sobre los bebedores de alcohol, formuló las hipótesis siguientes:
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3.- Los internalizadores subjetivos y los objetivos tienden a moverse en dirección de
los extremos de su espacio, de manera que el alcohol les ayuda a efectuar cambios en su
personalidad a corto plazo.
Los primeros tienden a beber en solitario y caer en el «delirium tremens». Los
segundos, a participar en orgías que les llevan a excesos. En cualquier caso, su dependencia
del alcohol es cada vez más creciente. Y, por ejemplo, la terapia de grupo que es de tanta
utilidad para los «alcohólicos anónimos», que no desean volver a beber y acuden a los
compañeros cuando sienten el tirón de la bebida para que les disuadan, puede resultar inútil
con los internalizadores subjetivos.
4.- Los internalizadores objetivos y los externalizadores subjetivos tienden a moverse
hacia su punto de centraversión cuando beben y la bebida les ayuda como auto-corrección.
El punto de centraversión indica que el sujeto quiere modificar, a la vez, su interior y
su ambiente hasta adquirir una realidad integrada. Esto es lo que significa la madurez a largo
plazo.
Los cuatro tipos de personalidad estudiados se corresponden con cuatro tipos de
bebedores distintos. Ya conocemos los tres descubiertos por Emery: reparador, social y
adicto. Faltaba el oceánico correspondiente al externalizador objetivo. Y la diferencia entre el
adicto introvertido y el adicto oceánico estriba en que, sintiéndose fracasados, el primero se
atribuye la culpa a sí mismo, mientras que el segundo piensa que la culpa la tiene el mundo.
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Y como él quería investigar la función de los mensajes publicitarios en el consumo de
alcohol, formuló una hipótesis más:
5.- Los diferentes tipos de personalidad seleccionan una marca de bebida porque la
manera de comunicarse que perciben en los protagonistas de los anuncios se asemeja mucho
a la manera de comunicar que se imaginan para sí mismos.
III.- DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN
11.- Considerar métodos y técnicas.
Después que el investigador ha fijado la pregunta y la ha planteado como problema,
no puede caer en la trampa de dejarse entusiasmar de tal forma por las técnicas que le hagan
perder de vista el objetivo. Lo peor que puede ocurrir en este momento es que sean las
técnicas de investigación las que vayan dictando lo que el investigador tiene que hacer.
Porque, en ese caso, no demasiado infrecuente, la información que el equipo investigador
vaya a recoger quizá no sea la más necesaria ni pertinente.
En el caso que nos ocupa, este peligro no existió, debido a las diversas obras que
sobre el Método científico había escrito anteriormente Ackoff y que constituyen una literatura
repetidamente citada por los investigadores en Comunicación de Masas y en Ciencias
Sociales en general.
Sin embargo, Eric Berne sí se había fijado en los riesgos que acechaban al
investigador y lo explicó en diferentes pasajes de sus obras con ese toque de humor con el
que le reconocían sus discípulos y lectores.
«Nos encontramos con jóvenes perplejos que componen proyectos de investigación como si fueran
cuadros abstractos: seleccionan algunas palabras pintorescas y elegantes en la bibliografía reciente y, tras
barajarlas y recombinarlas para formar otro conglomerado, obtienen un guisado de datos tan mal digeridos
como de imposible digestión.
»La disciplina experimental ha tenido razón en erradicar la fe en ninguna verdad a priori... pero hemos
de prevenir a la joven generación para que no se deje seducir por el extremo opuesto, no menos pernicioso:
los experimentos indisciplinados, sin la guía de las ideas.»
(Cabe dudar de que las computadoras terminen por reemplazar a la gente, pero seguramente no tardarán
en reemplazar a la gente que sólo está preparada para hacer cosas que las computadoras pueden hacer
mejor.) (Berne, 1983: 214)
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«Y Procusto todavía es el santo patrón de la Sociología, como el Unicornio lo es de la Psicología».
(Berne, 1994: 445).
A esta conclusión llega Eric Berne cuando aborda las cuestiones de método de la
Teoría del Guión. Retrocedamos para ver qué hay detrás de su rotunda afirmación, que puede
disgustar a los profesionales de esas disciplinas.
Procusto era un atracador de Ática, que secuestraba a los viajeros y los sujetaba en su
cama de hierro, estirando a los bajos y cortando los pies de los altos. El Unicornio era un
animal mítico al que representaban con patas de macho cabrío. cola de león, cabeza y cuerpo
de caballo y un solo cuerno en medio de su frente. (Bulfinch, 1979: 939 y 952; Graves, 1987:
411-412.
«El lecho de Procusto es muy corriente en todas las ciencias de la conducta. El científico tiene
una teoría, y entonces estira, recorta o contrapesa los datos para que encajen en ella, a veces pasando
por alto variables ocultas, a veces ignorando elementos que no encajan, o a veces incluso manipulando
los datos con endebles excusas para que encajen mejor...
»En el lecho de Procusto, la información se estira o se recorta para que encaje en la hipótesis o
en el diagnóstico. En el Unicornio, la hipótesis o el diagnóstico se estira o se recorta para que encaje
con los datos recalcitrantes». (Berne, 1994: 443-444).
Consideramos que, sobre métodos y técnicas en investigaciones sobre Comunicación,
resultan útiles las obras de: Berganza y Ruíz San Román (2005), Igartua y Humanes (2004),
Wimmer y Dominick (1996) y, principalmente, y a pesar de ser la obra menos reciente,
Miller y Nicholson (1976). A quien le guste investigar en comunicación, todas las obras del
ya desaparecido Miller, constituyen una mina de ideas creativas.
12.- Seleccionar Métodos y técnicas.
Aunque este paso podría subsumirse en el anterior, pensamos que es distinto, porque
aquí el equipo investigador ha de dejar a un lado aquellos métodos y técnicas que no son
pertinentes para la investigación. Este prescindir de algunas técnicas puede deberse a motivos
de economía. Cuando contamos con un presupuesto limitado, no es posible acometer trabajos
que, de realizarse, pueden dejar truncada la investigación. Por eso, la investigación que
estamos comentando no puede generalizarse, ya que el presupuesto era prácticamente
ilimitado. Pero en las investigaciones ordinarias, este paso es crucial. O al menos, los
investigadores pueden ofrecer diversas alternativas, dependiendo del presupuesto que quiera
asignarse a la investigación. En un trabajo como el preceptivo para obtener el Diploma de
Estudios Avanzados (y cuya extensión puede oscilar entre 100-120 páginas), sería inútil
querer abarcar muchas técnicas, como tampoco es factible construir el mejor coche del
mundo juntando las mejores piezas de todos los modelos. Sin embargo, en una Tesis Doctoral
(cuya extensión puede ascender a 300-350 páginas), conviene dejar claro por qué el
doctorando escoge unas técnicas más variadas.
13.- Diseñar.
Este paso pone verdaderamente a prueba la creatividad del investigador. Con
presupuestos limitados, investigadores creativos han logrado resultados que podemos
calificar de excepcionales. Cuando revisamos los estudios sobre Comunicación de Masas en
los libros y revistas especializadas, comprobamos que hay diseños muy parecidos pero, en
ocasiones, la calidad del diseño de la investigación resalta de forma espectacular. Es en este
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paso en el que el investigador se encuentra verdaderamente solo ante la realidad que quiere
comprobar. Y cuanto más original sea el diseño, cuanto más se aparte de lo rutinario, más
resistirá el paso del tiempo. La prueba está en que hay diseños de investigación que parecen
no pasar de moda, por muchas veces que los repliquen. Pensemos en cómo sigue suscitando
el interés y la pasión de los investigadores sobre información subliminal el diseño y la investigación de Otto Pöetzl ¡en 1.917! (Poëtzl, 196043-124). O la originalidad de los diseños de
las investigaciones de Elisabeth Noëlle-Neuman, que pueden servir de ejemplo para muchos
jóvenes investigadores (Noëlle-Neuman, 1995).
Para diseñar la investigación sobre por qué la gente bebe, Ackoff contó con la ayuda
de su joven colaborador James Emshoff. El diseño, en líneas generales, consistía en reunir a
grandes cantidades de bebedores habituales y someterles a un experimento en el que su
ambiente estuviese conformado por a) la bebida y b) mensajes audiovisuales, en forma de
anuncio de las bebidas. Todo ello, con vistas a lograr confirmar la hipótesis central de la
investigación: que la gente bebía porque querían introducir cambios a corto plazo en su
personalidad.
14.- Procedimientos
Diseñar obliga a emplear una serie de procedimientos que serán tanto más
complicados cuanto más ambiciosos sean los propósitos de la investigación.
El citado James Emshoff utilizó los siguientes procedimientos:
Publicó una convocatoria de bebedores habituales invitándoles a una reunión en la
Universidad. El motivo se presentó de la siguiente forma: «Estamos realizando una
investigación para una empresa cervecera. Esta empresa tiene desarrollados cuatro nuevos
tipos de cerveza para introducir en el mercado. Lógicamente, antes de introducirlos, quiere
hacer una prueba con bebedores habituales de cerveza para saber cuál de esos tipos
preferirían». Como incentivos, se les ofrecía pagarles por asistir a la reunión y cerveza de la
clase que deseasen para beber durante todo un mes.
A la convocatoria acudieron 250 personas que se consideraban «bebedores
habituales». Al igual que en la investigación de Emery, Emshoff los dividió en grupos de
ocho. A cada asistente le administró un test de personalidad y los investigadores procesaron
inmediatamente los resultados en un ordenador para ver a qué categoría pertenecían los
individuos.
A continuación, los participantes entraban en una sala y se sentaban alrededor de una
mesa alargada en la que había cuatro botellas para cada participante. La cerveza contenida en
las botellas era de la misma clase en todas. La única diferencia entre unas y otras eran las
clases de la cerveza escritas en las etiquetas. Pues bien, las cuatro marcas escritas en las
etiquetas correspondían a sílabas sin sentido libres de valores y connotaciones: Cerveza de
tipo "WAZ", "BIV", "BIX" y "ZIM"
Las instrucciones para el experimento fueron las siguientes: «Aquí tenemos cuatro
tipos de cervezas. Pueden beberlas como a ustedes mejor les parezca, en el orden que quieran.
Pero, por favor, cuando crean haberse formado una opinión, dígannos cuál es el tipo de
cerveza que prefieren más y, si es posible, den una puntuación a cada una de ellas. Si,
además, piensan que hay un tipo de cerveza que no debe salir al mercado, hágannoslo saber».
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Además, y esto es también muy importante, quizá les resulte interesante saber que nuestra
Empresa ha preparado una serie de spots publicitarios para el lanzamiento de cada tipo de
cerveza al mercado. ¿Les parece bien que proyectemos estos anuncios?».
Respondían afirmativamente y los investigadores proyectaban los spots en una
pantalla situada al fondo de la sala. Cada anuncio constaba de tres partes, como suele suceder
en un gran número de los que vemos a diario. En la primera escena, los asistentes
contemplaban el comportamiento de una persona que ellos identificaban como
correspondiendo a uno de los cuatro tipos: internalizador subjetivo, externalizador objetivo,
internalizador objetivo y externalizador subjetivo. En la segunda escena, la persona bebía uno
de los cuatro tipos de cerveza ("WAZ", "BIZ", "BIX" y "ZIM") y la voz en off comentaba
diversos puntos que estaban encaminados a que el espectador identificase el nombre de la
cerveza con la persona que la bebía.
15.- Resultados esperados
Durante la investigación conviene formular los resultados esperados como conjuntos
exhaustivos y exclusivos. Así el investigador puede controlar las variables de forma que, si se
trata de un experimento, no admita explicaciones extrañas o contradictorias. Los resultados
que los científicos estaban esperando venían dados precisamente en la tercera escena de cada
anuncio. Consistía en que la persona experimentaba un cambio, y este cambio mostraba que
la persona se orientaba en el sentido que la hipótesis había avanzado: después de ver el
anuncio y beber la cerveza, el internalizador subjetivo reforzaba su internalización y su
subjetividad, el internalizador objetivo se hacía más internalizador y sentía más el ambiente,
y así sucesivamente.
IV.- RECOGER DATOS Y RESULTADOS
16.- Recoger datos.
Si queremos salvar este paso con garantías, emplearemos todas las técnicas de
recogida de datos necesarias para llevar a buen término la investigación. Es el momento de
emplear estas técnicas de forma adecuada para que no queden viciados los resultados por el
mal empleo de las mismas. Si el investigador no salva adecuadamente este paso, hay que
volver a repetirlo, aunque sea al precio de volver a plantearse el asunto de la investigación.
Tras haber visto los anuncios y consumido la cerveza los cientos de participantes en el
experimento, divididos en grupos de ocho personas, dieron sus puntuaciones y pareceres.
Aunque Ackoff no ha narrado expresamente cómo recogieron los datos, es fácil
colegir que reunirían los resultados de los cuestionarios en los que constaban las escalas
valorativas sobre cada tipo de cerveza.
Este paso está muy unido al siguiente:
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17.- Interpretar los resultados
Lo que Ackoff y su equipo habían ocultado a los sujetos del experimento es que la
cerveza era del mismo tipo en las cuatro variedades de botellas. Los grupos puntuaban
jerárquicamente a los que ellos consideraban diferentes tipos de cerveza.
Para ellos, los bebedores habituales no habían escogido una «cerveza favorita» por el
gusto, ni por el empaquetamiento, sino porque los mensajes de los anuncios presentaban tipos
de personalidad que se asemejaban mucho a la personalidad que se imaginaban para sí
mismos. Además, la mayoría de los sujetos rechazaban un tipo de cerveza, como no apta para
el consumo, precisamente aquella que más se asemejaba a su tipo de personalidad.
Podría parecer que así acababan de interpretar los resultados. Sin embargo, y a pesar
de que no nos consta, Eric Berne debió de conocer los resultados de esta investigación y
aportó sus ideas. Sólo en este contexto podemos interpretar esta cita tan extensa, pero
enteramente necesaria para saber cómo todavía podemos refinar la interpretación de unos
resultados:
«Por ejemplo, si se estudian los efectos del alcohol, un abstemio con un Padre fuerte podría
diseñar un experimento diferente del que diseñaría un alcohólico con un Niño activo; pero si estas
tendencias subyacentes estuvieran sometidas a consideraciones racionales (Adultas), y no al revés, es
posible que ambos diseños estuvieran bien equilibrados. Sin embargo, sería aconsejable que un tercero
neutral hiciera el análisis motivacional preliminar. En algunos casos, sería casi imposible encontrar ese
tercero neutral, cosa que es especialmente válida en los estudios sobre la «delincuencia juvenil».
Cualquiera que haya escuchado gran cantidad de conferencias de personal en las que se traten casos
pertenecientes a este campo puede llegar a la conclusión de que ambos lados son igualmente
racionales, pero que hay una «racionalidad selectiva» que depende de si el que discute está del lado de
la víctima o del agresor, y advertirá además que la cuestión de quién es la víctima y quién el agresor se
presta a una nueva división de inclinaciones.
»Un caso ilustrativo. Un muchacho de 15 años atacó a una niña de 8, que tuvo que ser
hospitalizada. Cuando se presentó este caso en una reunión de personal, los participantes en la
discusión se dividieron en tres grupos, todos igualmente racionales: 1) los «carrozas», que veían a la
sociedad como la víctima que debía ser protegida del muchacho agresivo; 2) los «malos», que querían
castigar al muchacho, y 3) los «buenos», que querían evitar que el muchacho se convirtiera en víctima
de una sociedad colérica y agresiva, «curándolo». Todos coincidieron bastante amablemente con la
tradicional sugerencia de un visitante en el sentido de que esas opiniones diferentes se podrían poner a
prueba mediante una «investigación», pero se quedaron desconcertados cuando el visitante agregó que
se refería a una investigación sobre las discusiones, no sobre la delincuencia juvenil. Uno de los
participantes preguntó, esperanzado:
-Ah, ¿usted se refiere a una encuesta de actitudes?
» El visitante respondió firmemente que no, no una encuesta, sino un auténtico esfuerzo por
descubrir cómo era posible que tantas personas parecieran igualmente racionales cuando lo que
expresaban eran opiniones contrarias. La reunión se terminó con considerable incomodidad. La
delincuencia juvenil es un tema respecto del cual la gente tiende especialmente a enojarse, si se suprimen de la discusión los polisílabos institucionalizados que sirven como salvaguardias contra la
expresión emocional.
» Por los ejemplos citados se habrá podido ver que, si bien es posible que las influencias
encubiertas no afecten necesariamente al diseño experimental, es probable que aparezcan en la
interpretación de los datos. Así, sería deseable que cualquier experimento sobre el alcohol fuera
interpretado por un abstemio, un «neutral» y un alcohólico, y que las tres interpretaciones se publicaran
simultáneamente. En cada una de estas categorías hay cantidad suficiente de personas con buena
formación científica como para que tal cosa fuera factible, si se pudiera tomar en serio la sugerencia
(Berne, 1985: 217-218).
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18.- Conclusiones
El gran riesgo del investigador es generalizar sus resultados a sectores muy grandes
de la realidad. Lo mejor que puede hacer es comprobar la validez interna de sus hipótesis.
Por eso, el equipo de Ackoff realizó 1.200 entrevistas, en seis ciudades diferentes.
Confirmaron sus hipótesis en forma de conclusiones.
Y como ocurre con muchos otros hallazgos, se dieron cuenta de que dejaban en
manos de las empresas un conocimiento que ellos calificaban «de tipo muy peligroso».
Porque, cuando iniciaron la investigación y solicitaron financiación a la empresa cervecera,
hicieron patentes las ventajas de lo que querían comprobar, y efectivamente es posible
disminuir el alcoholismo utilizando este tipo de conocimiento. Pero también puede servir este
conocimiento para aumentarlo, para que una Compañía se introduzca con mucho más fuerza
en el mercado a base de productos perjudiciales para la persona.
19.- Implicaciones
Llegado este momento, los trabajos de Emery, Ackoff y sus equipos difundieron una
serie de conocimientos que, de haberse quedado reservados a unos pocos, hubieran servido
únicamente para manipular. Este asunto de difundir los conocimientos plantea problemas de
responsabilidad del científico. Pero si, como ha sucedido con estas investigaciones, el trabajo
ha tenido continuación, entonces podemos afirmar que los hallazgos de los estudiosos pueden
servir para mejorar el estado de cosas actual, y no simplemente para mantenerlo o degradarlo.
Podemos denominar a este paso «generar nuevas hipótesis». Efectivamente, hemos de
plantearnos nuevas cuestiones que sirvan para iniciar investigaciones que prolonguen las ya
realizadas. Ackoff ha aplicado su teoría a otros contextos diferentes, por lo que ha habido que
plantearse la validez externa de la misma. Hasta el presente, diversos estudios en diversos
países están sirviendo para ayudar a audiencias aquejadas por muy variados desajustes.
Ejemplos: el mundo de los drogadictos y el de las relaciones interpersonales en el
matrimonio.
Cuando en lugar « ¿Por qué la gente bebe?», la cuestión ha sido « ¿Por qué la gente
consume drogas?», los estudios han confirmado la teoría de Ackoff. Efectivamente, los
externalizadores subjetivos toman barbitúricos; los internalizadores subjetivos buscan el
estado de estupor fumando opio; los internalizadores objetivos acuden a las anfetaminas,
mientras que los externalizadores objetivos buscan fundirse en orgías y profundizar en la
dirección de su personalidad a base del LSD. Así, sabiendo distinguir estos tipos de
receptores y audiencias, los expertos pueden diseñar informaciones, campañas y tratamientos
médicos adecuados para cada tipo de toxicomanía. Los hallazgos muestran cuánto puede
hacerse incluso con una pequeña comprensión del consumidor.
Al aplicar la teoría sobre los diversos tipos de personalidad a las relaciones
matrimoniales y familiares, Ackoff escogió una muestra de quinientas personas que llevaban
casadas más de diez años y, como promedio, diecisiete años. Sin explicarles el motivo ni la
finalidad de la investigación, el equipo de Ackoff tomaba al marido por separado y le pedían
que explicase qué pensaba de su mujer cuando se casaron, qué pensaba ahora y en qué creía
que consistía la diferencia. Hacían después lo mismo con la mujer. Y mientras uno de ellos
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estaba siendo entrevistado, el otro rellenaba un cuestionario para saber cómo era su
personalidad.
El resultado de la investigación confirmó lo que él denominaba «hipótesis de
maduración», es decir, los introvertidos y extrovertidos tienden a ser «divergentes» con el
paso del tiempo, mientras que los tipos intermedios tienden a «converger».
Una de las zonas que los investigadores han desarrollado más es en las formas de
comunicar de y con los diferentes tipos de personalidad. En este punto, han preferido regresar
a las denominaciones de C.G. Jung. Es decir, los internalizadores subjetivos son los
reflexivos; los internalizadores objetivos, perceptivos; los externalizadores subjetivos,
intuitivos y los externalizadores objetivos, dinámicos. Cada uno tiene modalidades
específicas y los investigadores han descubierto maneras de comunicar mucho mejor con
ellos. Sobre todo, teniendo en cuenta que cada persona tiene cuatro estilos de
comportamiento, pero en forma de pirámide invertida.
20.- Respuesta
Si la investigación ha conducido a los resultados que el investigador intentaba, éste es
uno de los momentos de más alegría para el investigador. Si la respuesta no se corresponde
con lo que el investigador intentaba, hay que repetir el paso número 11, eligiendo aquellas
técnicas que puedan ayudar mejor a responder la cuestión. O, en caso de que el investigador
no consiga los medios necesarios para realizar ese trabajo, declarar las necesidades de
investigación que él ha detectado.
21.- Investigación futura
Aunque existen respuestas, todavía existirán preguntas que necesiten confirmar en
investigaciones posteriores. Por supuesto que este paso sólo se justifica si el investigador ha
respondido afirmativamente a la pregunta. Podemos aplicar a este paso parte de lo que
acabamos de señalar en el anterior.
Sin embargo, también cabe aquí una visión crítica, que podríamos denominar una
«metarregla». En el Capítulo «Investigar y Publicar», de su libro Introducción al tratamiento
de grupo, Berne se refiere a «El estilo neurótico», un artículo que Paul Federn había escrito
en 1957. Lo resume de esta manera, que podemos aplicar a los artículos sobre Comunicación:
«Quien escriba un artículo se puede ahorrar muchas preocupaciones si elimina los molestos parásitos
que afectan a muchas publicaciones en el campo de la psicoterapia: la primera y la última páginas. Casi todos
los lectores, por ejemplo, saben desde el comienzo que la terapia de X es importante por las razones A, B y C, y
se da cuenta al terminar de que es necesario seguir investigando, sin necesidad de que el autor utilice más de dos
oraciones para decírselo. Para empezar, de las primeras páginas se han de eliminar términos como «importante»,
«complejidad» e «interrelación», como también «perspectiva», «profundizar» y «ampliar» de las últimas.
Federn deja en claro que importantes complejidades se interrelacionan con la necesidad de algunos autores de
disculparse por no haber profundizado y ampliado nuestras perspectivas» (Berne, 1985: 224-225).
22.- Redactar y publicar
El investigador no puede trabajar aislado. Bien porque le fuercen a ello quienes le
financian la investigación, bien porque esa sea la práctica más usual en la literatura científica,
debe exponer en un informe detallado todos los pasos que le han llevado al resultado que
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intentaba. Sobre todo, la investigación ha de cumplir una función de diseminar el
conocimiento a la sociedad.
En el capítulo que hemos citado en el apartado anterior, Berne enunció que las
obligaciones de quien escribe un artículo son las mismas de todo el que escribe: integridad y
oficio.
«En este caso, «oficio» es casi sinónimo de alfabetización. Si en la escuela sólo le han alfabetizado a
medias, él tendrá que suplir la deficiencia mediante el estudio asiduo de la gramática, la sintaxis, la
retórica y el estilo, ya sea que lo emprenda por su cuenta o en una escuela nocturna. Aun contando con
estos elementos, la composición es un arte difícil de dominar, y el científico no ha de considerar como una
imposición el hecho de que sus maestros, su supervisor o sus exigencias personales le hagan volver a
escribir seis o siete veces un artículo antes de que el resultado les parezca satisfactorio. El aprendizaje del
arte de escribir debe ser parte de la formación de todo aquel que aspire a tener una formación
científico-clínica. El supervisor hará un favor a sus alumnos si impone exigencias -literarias implacablemente altas, de modo que finalmente se vean obligados a expresarse con elegancia. Puede lograrlo
anotando meticulosamente las correcciones en los márgenes de los sucesivos borradores que le presente el
estudiante.» (Berne, 1985: 224).
¿Qué normas aconsejamos para redactar las publicaciones, sobre todo las Tesis
Doctorales?
Los escritores no pueden controlar la complejidad de un asunto, pero sí está en sus
manos dominar la complejidad del lenguaje. Un pensamiento complejo exige, a veces, una
oración compleja. Lo mismo que ocurre en cine. Hay planos-secuencia que duran varios
minutos, porque el director prefiere presentar en esos planos una acción ininterrumpida, casi
documental. El secreto de las oraciones largas efectivas consiste en escribir al principio
cosas ya enunciadas, familiares, es decir, información vieja, repetida, relativamente menos
predecible, menos importante, fácilmente accesible y escribir al final la información menos
predecible, menos accesible, la más reciente, la más significativa y llamativa.
Ante este hecho, que continúa en la actualidad, hemos de preguntarnos por qué
persiste el hábito de las oraciones largas. Hay una explicación simple y potente, pero de la
que muchas personas no se dan cuenta: Cuando hablamos, las oraciones son más cortas,
porque necesitamos respirar. El término medio de las palabras que empleamos en una oración
está en torno a las 20 por oración. Cuando escribimos, podemos respirar y pensar. El
resultado es que las oraciones pueden ser muy largas.
La diferencia entre nuestro cerebro rápido y nuestra mano lenta hace que podamos
añadir todos los pensamientos y brillantes ideas que se nos ocurran, soldándolos con comas,
por así decirlo.
El cerebro humano está recibiendo continuamente información nueva: ideas, sucesos,
datos numéricos, caras, movimientos durante una conversación. Como tenemos que contestar
a otra u otras personas en una conversación, empleamos dos tipos de palabras: las palabras
de contenido vehiculan simples hechos y las palabras de relleno, que proporcionan una
corriente para empaquetar las palabras de contenido junto con otros «objetos flotantes» en el
flujo continuo de la conversación.
¿Qué importancia tiene esta distinción cuando hablamos y escribimos? Al hablar,
necesitamos un porcentaje relativamente elevado de relleno y relativamente bajo de
20
contenido. Las palabras de relleno cumplen funciones de defensa y cortesía. Al escribir, el
proceso es inverso: porcentaje relativamente alto de contenido y bajo de relleno.
Quien redacta un trabajo de D.E.A o una Tesis Doctoral, puede emplear varios
procedimientos:
- Cortar o eliminar todas las palabras sobrantes en las oraciones.
- Sustituir varias palabras por otra que sea más apropiada.
- Inyectar oraciones cortas o muy cortas -de una a diez palabras- que añadirán impulso
y vitalidad a sus escritos.
- Si es necesario, descomponer las oraciones largas en una sucesión ordenada de
frases cortas.
- Formar mentalmente la oración, haciendo que contenga un solo pensamiento.
- Repetirla mentalmente. Si lo puede hacer, escribirá una oración que pueda manejar,
puesto que no obligará al lector a varias respiraciones.
- Si no puede repetirla, es mejor que construya otra. Persistir en la oración que no
puede controlar equivale a perder al lector al que va dirigida.
También es muy importante la fuerza de los verbos:
1) Un verbo tiene más fuerza expresiva que un no-verbo que expresa la misma idea.
«Vigilar» tiene más fuerza que «vigilancia»; «Visitar», más que «visita». «Reparar»,
más que «reparación».
2) El verbo en voz activa tiene más fuerza que en voz pasiva.
El estudiante hará muy bien si cae en la cuenta de dos problemas que le acechan,
después de haber leído mucha bibliografía:
2.1. La voz pasiva y
2.2. La engañosa voz activa, o el problema de los verbos diluídos.
Merece la pena que dediquemos un apartado a cada problema.
2.1. ¿Por qué tiene tanto éxito la voz pasiva en muchos escritos? Si tan potente y útil,
si tanta persuasión encierra la voz activa, ¿por qué los escritores se empeñan en emplear la
voz pasiva?
Quienes se han sentido intrigados por este asunto y lo han investigado, lo explican así:
La voz pasiva sirve para:
•
•
•
quitar importancia al sujeto: «Se procedió a...». «La necesidad de mejorar
la imagen pública será resaltada»
no hablar del sujeto: «Se habló con los vecinos más contestatarios del
pueblo y se les convenció de que era mentira que ...».
expresar lo que no conocemos: «Se recibieron amenazas...».
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Los remedios pueden ser:
a) Cambiar el sujeto: «Los directores de la investigación procedieron a ...». «El
profesor que aquel día estaba atendiendo a un estudiante en una tutoría, levantó recibió una
llamada, que amenazaba con...».
b) Cambiar el verbo e, incluso, el sujeto: «El equipo de investigación habló con los
vecinos más contestararios y les convencieron de que era mentira que...»
c) Buscar una expresión más breve: « (Los profesores universitarios) necesitarán
mejorar su imagen»
2.2. Un doctorando también puede mermar la persuasión de sus escritos por no caer
en la cuenta de que hay verbos cuya fuerza queda diluida en el complemento u objeto directo.
«Dar una opinión» es más débil que «opinar», porque la palabra más importante es
«opinión», no «dar»; «Hacer una visita» es más débil que «visitar».
Podríamos poner muchos más ejemplos, pero es mejor observar la abundancia de
verbos diluídos que emplean muchos escritores y, sobre todo, oradores.
El remedio contra los verbos diluídos es convertir el complemento directo en verbo,
como hemos visto en los ejemplos.
En cuanto a la manera de citar en los trabajos de investigación, véase la Bibliografía.
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