Cory Ann - The Howl and the Pussycat - Ning

Letras de Corazón
The Howl and the
Pussycat
Ann Cory
Letras de Corazón
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ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση
P@ndor@
P@ndor@
ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση
Queremos agradecer con este libro a todas las amigas de Letras De Corazón.
Este regalo esta echo con el fin de regalarlo para todas las amigas y en especial
para nuestra coordinadora Mistral y las traductoras y correctoras por todo su
esfuerzo .. Os desea
ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση
P@ndor@
Que pases un feliz año con mucho cariño amor y felicidad..... besos y bendiciones te
quiero por favor se feliz, una sonrisa mueve el mundo...... y miles de sonrisas lo
inundan de una cálida luz..... sonríe amiga porque tu sonrisa ilumina el mundo...
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Dale a tu vida lo sueños que alimentan el alma, no los confundas nunca con
realidades vanas.
Y aunque tu mente sienta la necesidad, humana, de conseguir las metas y de
escalar montañas, nunca rompas tus sueños, porque matas el alma.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loca, no dejes que mueran, poco a
poco, no les rompas las alas, que son de fantasía, y déjalos que vuelen contigo
en compañía de nuestros libros de Letras de Corazón.
Dale vida a tus sueños y, con ellos volando, tocarás las estrellas y el viento,
susurrando, te contará secretos que para ti ha guardado y sentirás el cuerpo
con caricias bañada en el alma que despierta para estar a tu lado.
Dale vida a tus sueños escondidos, descubriendo que puedes vivir esos
momentos con los ojos abiertos y los miedos dormidos, con los ojos cerrados y
los sueños despiertos.
Nuestros sueños pueden convertirse en realidad, si los deseamos tanto como
para ir tras ellos. Ven a Letras de Corazón donde todos tus sueños se harán
realidad......
Con nuestra biblioteca llenas de libros de todos tu sueños y fantasías.....
ミ◕‿◕彡
◕‿◕彡ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgσηミ◕‿◕彡
◕‿◕彡
Letras de Corazón
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Letras de
sss
Corazón
El 23 de septiembre
cumplimos 2 años ven
ven
a celebrar con
nosotras y descubrirás
muchas sorpresas
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A R G UM E N T O
El sexy disfraz de Jacqueline de la pequeña
caperucita roja se suponía iba a reavivar el interés de
su novio. En cambio, ella tiene la cara roja de ira y él
la dejó por otra mujer. Para añadir más a la
humillación, ella se encuentra perseguida en el bosque
por un lobo.
De alguna manera se las arregla para escapar, sólo
para terminar con dos nuevos dolores, un tobillo
torcido y un sexy rescatador que afirma que ha estado
buscándola toda su vida.
Después de varias décadas de búsqueda, Baldric
se sorprende que la compañera que esta destina para él
sea una mujer humana, provocativa y con una actitud
maliciosa. Apenas una combinación perfecta para un
hombre lobo, pero no puede haber otra compañera para
él.
Para seducir a la mujer por la que ha tenido
hambre toda su vida, tendrá que convencer a su
corazón endurecido que él es capaz de amarla. Y
hacerlo sin asustarla con la verdad, que debajo de su
duro cuerpo late el corazón leal de un lobo.
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CAPÍTULO 1
Jacqueline Mackenzie intento por tercera vez
llamar antes de que finalmente contestaran. Ted su
novio desde hacía tres años respondió con su deliciosa
voz masculina.
— Oficina de Lumley ¿en qué puedo ayudarle?
Le contesto en un tono susurrante mientras
ronroneaba. — Háblame sucio y soy tuya para siempre.
— ¿Perdón?
Con un suspiro, se trasladó el teléfono más cerca
de sus labios. — Dije, háblame sucio y soy tuya para
siempre.
— ¿Jacqueline?
Ella chasqueó la lengua y señalo el coche en el
carril derecho.
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— Sí, Jacqueline. — Hablando con un ánimo
asesino. — ¿Cuántas otras chicas te llaman y te
hablan sucio?
— Uh...
— No importa. Olvídalo. — Lo último que quería
era una pelea. Tenía toda la noche planeada y maldita
sea, sería fantástico. Los ojos de Ted no iban a estar
en ninguna parte excepto en ella.
El teléfono sonó nuevamente ya que se le cortaba
la llamada y ella apresuró sus palabras.
— Mira, la batería se está agotando, así que sólo
tengo un minuto. Estoy de camino a recoger el
vestuario perfecto para nosotros, y te garantizo que te
encantará el tuyo. Asegúrate de dejar temprano tu
trabajo y así tendremos tiempo para estar listos.
— ¿Qué? Estoy teniendo problemas
escucharte… la conexión se está cortando.
para
Sus labios se curvaron hacia abajo. En ese
momento ella deseaba que no se estuvieran alejando.
Su comunicación no había ido bien últimamente y eso la
inquietaba. Sin mencionar que esta relación era la más
larga que habían tenido alguna vez, sin embargo, ella
se negó a darse por vencida. Todas las parejas tenían
un bache de vez en cuando, ¿no?
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— Mira, te veré en mi casa y vamos a ir de allí.
¿De acuerdo? Ocho en punto. ¿Oíste eso?
Su respuesta salió confusa y luego la señal se
cortó. Con un suspiro, ella deslizó su teléfono en el
cargador.
Jacqueline ajusto el espejo retrovisor y trató de
relajarse con algunas canciones en la radio.
Esperaba que la fiesta de Halloween en compañía
de su novio le trajera algo de magia a su turbulenta
relación. La mayoría de las veces a ella le gustaba Ted,
a veces incluso lo amaba, excepto cuando bebía toda la
noche en exceso, y se iba de juerga. O cuando se
acercaba solamente para tener sexo. Como una idiota,
ella lo aguantaba y creía sus excusas, sintiéndose mal a
la mañana siguiente cuando se despertaba sola.
En todos los aspectos de su vida ella daba un aire
de independencia, excepto cuando se trataba de los
hombres. Había tenido esta conversación mental con
ella más veces de lo que quería admitirlo, pero al final,
era su tipo de normalidad. Si ella todavía podía
conseguir un hombre que viniera husmeando alrededor
de su puerta, luego ella se sentía que lo necesitaba y lo
deseaba. Incluso si eso significa algo de compromiso de
su parte. Ella decidió que a partir de esta noche iba a
tomar mejores decisiones y subir el calor en su relación
fría entre Ted y ella.
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Vestida con un traje muy atrevido le daría la
oportunidad de jugar la parte de alguien más. Alguien
que le gustaba un poco mejor. A diferencia de la perra
corporativa que interpretaba en el trabajo. Pocos sabían
que debajo de sus trajes de negocios simples y
golosinas de alimentación, estaba una mujer tímida cuya
idea de dejarse el pelo suelto significaba una película de
terror y mascar maíz de caramelo. Sin embargo, su
timidez no se extendía en el dormitorio. A ella le
gustaba el sexo salvaje y desinhibido, pero con Ted
tendían a ser pasivos. Ella quería desesperadamente
agregar algo de sabor a su relación y demostrarse a sí
misma que no estaba perdida.
Jacqueline acarició la cesta de mimbre en el
asiento junto a ella. Esta noche tenía algunas nuevas
ideas debajo de la manga que podrían hacer el truco.
Lleno hasta al borde con juguetes sexuales ella
esperaba que al Lobo Feroz le gustara conseguir su
camino con Caperucita Roja. El solo pensamiento hizo
estremecer su cuerpo. Varios tamaños y formas de
consoladores, vibradores, perlas anales, plumas,
antifaces, esposas y pinzas para los pezones era el
contenido travieso, incluidos aceites de masaje y gel
lubricante. Dos horas en la fiesta de Halloween para
mostrar el resultado y luego toda la noche en el
dormitorio. La noche perfecta de pecado y seducción.
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Jacqueline miró el reloj y apretó el acelerador,
corriendo contra la luz amarilla en el proceso. Su
mirada se volvió hacia el espejo por temor de ver las
luces de la policía a la distancia. Afortunadamente, la
costa estaba clara. Con sólo diez minutos para llegar a
la tienda antes de que cerraran no tenía tiempo de
sobra.
Durante semanas había llamado alrededor y busco
en tiendas en internet especializadas hasta que
encontró una tienda un poco fuera de lo formal con
ropa para adultos y trajes de estilo raro. Ted había
estado especialmente áspero últimamente y la idea de él
vestido como el Gran Lobo Malo, parecía encajar
perfectamente. Incluso si no apreciaba su gesto, estaba
segura de que el apreciaría su traje.
Rojas medias, una sola pieza de peluche de satén,
pumps de color rojo y una capa roja. Después de un
mes cuidando el peso y tiempo extra en la máquina de
caminar para reducir a talla seis, ella estaba más que
dispuesta a mostrar los resultados.
A las cinco y cincuenta seis ella entró en el
estacionamiento de Couture Cassidy limpiándose el
sudor de su frente. Puso las llaves en el bolsillo
mientras corría al interior. Docenas de máscaras
colgaban en las paredes, algunas buscando lucir
francamente amenazadoras. Maniquíes de pie en varias
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poses vestidas con trajes extravagantes, joyas brillantes
y saturadas filas de contadores de vidrio.
Al no ver a nadie, ella gritó — Hola, soy
Jacqueline MacKenzie, vine a recoger mis trajes.
Una mujer se levantó de detrás del mostrador con
un paño en una mano y un limpiador de vidrios en la
otra.
— Buenas noches, soy Cassidy. — Ella puso las
cosas abajo y abrió una portátil. — Vamos a ver,
MacKenzie... Cierto. Caperucita Roja y el lobo malo. —
Ella volteo algunas páginas y luego tomó una bolsa ropa
del gancho de la pared a su lado. — Aquí está su
vestuario.
Jacqueline suspiro de alivio y pasó la punta de los
dedos a lo largo de la bolsa de vinil suave.
— Bien. Estoy tan emocionada. He echado de
menos vestirme para Halloween y finalmente tengo una
excusa para hacerlo de nuevo.
La mujer sonrió cálidamente. — No creo haber
dejado nunca de querer jugar a los disfraces. Es por
eso que abrí esta tienda para empezar. Oye, ¿quieres
probarte tu traje antes de irte?
La mente de ella se aceleró. Pensó en la hora y
media en coche de vuelta a casa y cuánto tiempo tendría
y necesitaba para prepararse. Si ella se pusiera el traje
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sería acelerar el paso e infiernos incluso podría mejorar
el estado de ánimo entre ella y Ted si viera cuan
provocativa ella se iba a ver primero.
— Si no te importa me encantaría llevármelo
puesto. Quiero decir, sé que estás cerrando, pero si es
un problema, puedo esperar hasta que llegue a casa.
Cassidy negó con la cabeza, algunos mechones de
pelo rubio cayéndole sobre los hombros. — Nunca he
cerrado a tiempo en Halloween. De hecho, todavía estoy
esperando una persona más que recoja su traje, así que
por favor, se mi invitada.
Jacqueline sonrió, sintiéndose como una niña
pequeña. — Gracias. La empresa donde trabajo está
haciendo una gran fiesta esta noche y quiero verme lo
mejor posible.
La mujer le guiñó un ojo. — A juzgar por tu
figura y el traje que elegiste, no creo que sea un
problema.
Jacqueline contaba con ello y no podía esperar
hasta que Ted la viera. Incluso con su mal humor no
podría ser capaz de fruncir el ceño por mucho tiempo.
Aunque él no le digiera mucho, ella podía decir que
apreciaría su aspecto. Sobre todo no usando nada en
absoluto.
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Ella cruzó los dedos.
— Gracias. Eso espero.
Cassidy hizo un gesto hacia el otro extremo de la
tienda. — Los vestuarios se encuentran en la parte
posterior. Déjame saber si necesitas algo.
— Bien.
Jacqueline agarró su ropa y entró en el vestuario,
haciendo una mueca al verse su cara bajo la luz
fluorescente fuerte. Con cuidado, sacó las medias,
agradecida que se había cortado las uñas la noche
anterior. Las medias llegaban a la mitad del muslo y
ella se veía muy caliente. Se deslizó en el peluche de
satén y se volvió varias veces en el espejo de tres vías,
impresionada con la forma que encajaba como un
guante. Ató la capa alrededor de su cuello y metió sus
pies en los altos tacones rojos que había comprado
antes. Más altos de los que había llevado antes. Le
encantaba la forma en que sus piernas se alargaban. Si
todavía tenía tiempo antes de que Ted la recogiera en
su casa, ella se había peinado su pelo largo curvo hasta
que brilló y aplico maquillaje. Los ojos ahumados harían
el truco.
Para dar a sí misma una idea de lo que Ted iba a
ver paso sus manos a través de su cuerpo y lo largo de
sus pechos. Juguetonamente bromeó con sus pezones y
observó la forma en que se tensaban contra el material
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satinado. Entrecerró los ojos y deslizó su mano hacia
abajo entre sus muslos, deslizándola a lo largo de la
entrepierna por la ropa. Su reflejo mostró una mujer
doliendo por un orgasmo, las mejillas encendidas con
color y los labios pidiendo una gran polla gruesa que
consiguiera apagar su calentura. Joder se veía bien.
Jacqueline se deslizó hacia fuera del vestuario con
la ropa envuelta en su brazo, y se dirigió al mostrador.
Cassidy silbó y asintió con la cabeza en señal de
aprobación.
— Wow. Te ves increíble.
— Yo también lo creo. Me encanta.
— El chico va a tener dificultades para mantener
sus manos separadas de ti.
Ella sonrió tan ampliamente que le dolían las
mejillas. — Es exactamente lo que estoy buscando.
— Muy bien, voy a poner la venta con la tarjeta de
crédito que me diste anteriormente y ya estás lista para
irte. Que pases un buen rato esta noche.
Jacqueline sintió una ola de confianza y se
mantuvo de pie. - Gracias por todo.Ella agarró la bolsa con prendas de vestir del traje
de Ted y se dirigió hacia su coche, tratando de no
acabar en el pavimento. Los zapatos tomarían algún
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tiempo para acostumbrarse. Cuando abrió la puerta del
coche, el borde áspero de un poco de pintura
descascarada raspo a lo largo de la parte delantera de
su pantorrilla izquierda y rompió un poco la media. Sin
gracia, ella se metió en el coche y tiró la bolsa de vinil
de ropa y su ropa por encima del hombro en el asiento
trasero. Mientras maldecía en voz alta, hurgó en su
bolso hasta que encontró un frasco de esmalte de uñas
transparente. Como precaución, puso un poco alrededor
de la diminuta fisura para que no se hiciera más
grande. Eso tendría que funcionar por ahora.
Crisis resuelta, Jacqueline puso en marcha el
coche y comprobó su teléfono celular por mensajes,
sonriendo cuando el nombre de Ted apareció. Besó el
teléfono y pulso en re llamada.
Cuando él respondió en su perorata habitual, ella
murmuró con la boca las palabras con él.
— Oficina de Lumley, ¿en qué puedo ayudarle?
— Oye, guapo. ¿Por qué sigues en la oficina? Son
casi las seis y media.
— He tenido un papeleo de último minuto que ver
otra vez.
— Adicto al trabajo — murmuró ella. Salir con un
exitoso hombre de negocios tenía sus ventajas y sus
inconvenientes. Este era definitivamente uno de esos
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inconvenientes. Sin embargo, no quería pelear con él.
Ellos podrían hablar de trabajo más tarde.
— De todos modos, mientras tengamos una mejor
conexión, quería asegurarme de que me habías oído
antes. ¿A las ocho en mi casa? Ah, y ¿quieres saber
que es tu disfraz ahora, o que sea una sorpresa?
Ella espero que respondiera y creyó oír susurros
en el fondo.
Sin querer sonar paranoica, lo ignoró y tamborileó
los dedos contra el volante.
— Oye, lo siento soy portador de malas noticias,
pero no puedo ir contigo esta noche.
Jacqueline fingió que no lo oyó bien. El muy
cabrón sabía lo mucho que ella quería ir.
— Oh, vamos. El trabajo no es todo, ya lo sabes.
No te matara pasar un buen rato.
— No he dicho que estaría trabajando. Tengo
planes para ir a la fiesta.
El calor apareció alrededor de su cara.
— Muy bien, así que supongo que estamos
teniendo una mala comunicación o algo así. No te sigo.
Él se aclaró la garganta un par de veces y luego
habló más fuerte.
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— Voy a estar en la fiesta. Pero, voy a ir con
alguien más.
Todo el aire dejó sus pulmones. — ¿Perdón?
— ¿Estás sorprendida?
Ella trató de tomar un respiro, pero el pecho le
dolía.
— ¿Qué? Sí, me sorprende. De hecho, estoy
malditamente aturdida.
De pronto, ya no encontraba su voz muy exquisita.
— No estoy seguro por qué. Lo de nosotros no ha
estado funcionando durante mucho tiempo. Creo que
deberíamos dejar reposar las cosas un rato y ver qué
pasa. Tal vez ver a otras personas nos ayudará a
decidir si somos el uno para el otro.
De todos los argumentos egoístas, de las cosas
estúpidas que sugerir tenía que escoger esas.
— Sabía que eras un idiota, pero no tenía ni idea
de lo grande que eras.
Oyó más murmullos seguido de una mujer
riéndose. Su sangre hervía. Bien que no había
abandonado el estacionamiento o probablemente hubiera
tenido un accidente en ese momento.
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Cuando Ted regresó en la línea, su tono se había
vuelto definitivamente sarcástico.
— No veo cómo me llamarme idiota hace las cosas
mejor. Podría intentar ser un poco más madura.
Jacqueline se echó a reír. — ¿Madura? ¿Yo? A
pesar de nuestros problemas no dije de repente vete a
la mierda idiota o no voy a ir esta noche a la cita que
teníamos planeada porque voy a salir con otra persona.
¿Cuán grosero es eso?
— Tal vez no es el mejor momento, pero no sabía
cómo decírtelo antes. Los dos hemos estado muy
ocupados últimamente y cuando te he tenido en el
teléfono todo lo que haces es hablar.
— Alguien debía de estar haciendo la conversación
en esta relación. ¡Joder! — Ella trató de aplastar el
teléfono en su puño, pero no pasó nada.
Jacqueline odiaba sonar celosa, pero tenía que
preguntarlo o la iba a volver loca toda la noche.
— Entonces, ¿quién exactamente está tomando mi
lugar?
— Estoy seguro de que la conoces. Sophie
Kernan.
Ella se encogió. Sophie. — Claro, por supuesto la
puta de la oficina. Tú no puedes decirlo en serio.
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— Pensé que sería divertido pasar el rato con ella
esta noche. Ver como es ella.
La única razón por la que un hombre salía con
Sophie era para echar un polvo.
— Muy bien. Lo que sea. Es tu pérdida. Espero
que pases un buen rato.
— No te enojes. Nada podría salir de esto y
entonces nosotros solo tenemos que tomarlo donde lo
dejamos. La abstinencia se supone que hace crecer el
cariño y cosas así.
Su estómago se revolvió.
— Oh, cállate. La abstinencia me va a hacer aún
más lista para estar con otra persona. Tuviste tu
turno. Siento haber perdido tres años detrás de tu
culo.
Ella hizo clic en el teléfono y lo cerró de golpe, sin
interés en todo lo demás que tenía que decir. Mirando
por el espejo retrovisor, tomó un buen vistazo a su
reflejo. Patética.
Toda vestida y no tenía a dónde ir. Si fuera a la
fiesta sola, sería obvio lo que había sucedido. Pasaría
toda la noche capturando destellos de Sophie en los
brazos de Ted susurrando pequeñas palabras perversas
al oído. La oficina se llenaría con chismes en la
mañana. Un gran día para llamar que estaba enferma.
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Tal vez incluso toda la semana. Quería golpear algo,
estrangular a alguien y gritar obscenidades a la vez.
Hombres.
Más preocupante aún que Ted, eran las lágrimas
de que se habían puesto en marcha. Odiaba llorar o
admitir la derrota. La debilidad era una mierda y
también lo hizo objeto de ser botaba. Si la hubiera
visto vestida como el pecado en tacones, nunca habría
elegido Sofía. La idea de su traje era conseguir llamar
su atención y que viera que grandiosa relación él tenía
con ella. El brillante plan salió mal.
Jacqueline se secó los ojos, cuidando de no
mancharse con el rímel y arrojar su teléfono celular al
asiento trasero.
Ella se congeló.
¿Era un gruñido? Estaba a punto de dar la vuelta
y mirar hacia atrás cuando un auto se detuvo en el
siguiente espacio distrayéndola. Un hombre con una
chaqueta azul oscura, salió y corrió hacia la tienda de
disfraces. Por una fracción de segundo pensó en
regresar el vestido de lobo de Ted, pero la humillación
de explicar la situación a Cassidy rápidamente ayudó a
tomar su decisión.
En cambio, salió de la plaza de aparcamiento y
salió a la calle. Sería un largo y miserable camino que
tenía que conducir. No podía creer lo frío que había
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sido Ted. Con todo el tiempo que ella había soportado
sus momentos egoístas y así fue como se lo agradeció.
Ni siquiera tenía diez minutos en la carretera y
una ligera llovizna comenzó y al instante se convirtió en
un fuerte aguacero, haciéndole casi imposible ver.
— Oh, tienes que estar bromeando — murmuró
en voz alta. — Es hora de elegir un nuevo día favorito
de fiesta.
Antes de que Jacqueline tuviera la oportunidad de
poner en marcha una triaba completa de barbaridades,
oyó un gruñido, el mismo que ella pensó había oído
antes, venía desde su asiento trasero. Se enderezó y
trató de dar un vistazo en el espejo retrovisor, una
tarea difícil con la lluvia golpeando el parabrisas. La
sangre salió de su rostro en el momento en que vio un
movimiento en el espejo. O al menos eso pensaba.
— ¿Qué demonios?
Jacqueline trato de dar un segundo vistazo en el
coche. Con los nudillos tensos, agarró el volante y se
dirigió hacia afuera de la carretera, haciendo su mejor
esfuerzo por mantener el coche estable. A juzgar por
las señales desconocidas que pasó, se dio que había
pasado su salida. Escalofríos pasaron por su espalda al
oír crujir algo detrás de ella. No estaba dispuesta a
arriesgarse a tener un accidente, se salió en la
siguiente salida y volteó en un camino de grava. Ella lo
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siguió el tiempo suficiente hasta que llegó a un parche
de árboles. Dios esperaba que no fuera un rabioso
mapache o un perro callejero. Antes de que le entrara
el pánico, decidió echar un vistazo.
— Es sólo tu imaginación. Estás bien. No hay
nada allí — razonó ella en voz alta. Con el coche
parqueado, contó hasta cinco y dio la vuelta, se vio cara
a cara con un lobo gris de gran tamaño.
Jacqueline gritó y salió corriendo del coche. La
lluvia mojaba su piel empapando su capa, por lo que era
dos veces más pesada. Ella miró hacia atrás una vez y
se dio cuenta que el animal estaba atrapado en el coche
y no podía venir detrás de ella. Dejó escapar un aullido
mitad gritos, mitad susurros.
¿Por qué diablos escogió correr hacia los árboles?
Debería haber corrido hacia la carretera para hacerle
señas a un carro, aunque vestida con su traje le
preocupaba quien podría parar.
Con sólo un cachito de la luna nueva para ver, se
encontró corriendo por un bosque que se extendía por
millas. Los viejos árboles la rodeaban, mirando como si
pudieran llegar hacia abajo y agarrarla con sus garras
retorcidas, un pensamiento que rápidamente sacudió de
su mente.
— Voy a morir, voy a morir, voy a morir — se
gritaba a sí misma, tratando de hacer caso omiso de
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sus pantorrillas y los tobillos doliéndole. No sólo era
un asesinato correr en tacones altos, pero sus medias
rapaban en contra del interior de los muslos.
Ella miró hacia atrás y vio que el lobo todavía
seguía su sendero. Dios, ¿por qué estaba
persiguiéndola? Rechazada, desesperada y ahora presa
de una cosa salvaje. Halloween no era antes tan
peligroso. Su corazón casi se salió de su pecho,
golpeando fuertemente mientras ella echó a correr.
¿Cómo había llegado al interior de su coche en el
primer lugar? ¿Se metió cuando ella fue a la tienda de
disfraces? ¿O era una cruel broma de alguien a costa
de ella? Maldito Ted. Toda era su culpa... de alguna
manera... de alguna manera que no tenía ningún
sentido, pero la hizo sentirse mejor pensarlo.
Cuando ella llego a un claro del bosque, la lluvia
aminoró, convirtiéndose en una ligera bruma. Sólo a
tiempo para ver más adelante una pequeña cabaña. ¿Tal
vez su suerte había cambiado? Ella trató de olvidarse
de todas las películas de terror que había visto de una
mujer joven que se encuentra con lo que parece ser
una casa abandonada, para convertirse en la cena y el
juego de una banda de desagradables hombres
pequeños. Sin embargo, la otra alternativa, ser
desgarrada por colmillos y devorada, le dejo mucho que
desear. De una forma u otra estaba jodida. Y he aquí
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que había previsto la noche para ser atornillada de
placer y no de dolor. Feliz Halloween.
Jacqueline luchó contra el dolor en las pantorrillas
y corrió hacia la cabina como una loca, torciéndose el
tobillo fuertemente en el proceso. Nada, ni siquiera el
dolor extenuante, haría detenerla hasta que ella llegara
al interior de la seguridad.
En la puerta, se detuvo un momento para recobrar
el aliento y trató de mirar a través de la ventana. No
había luces encendidas. ¿Debería llamar? Despertar a
un anciano enojado no podía ser una buena idea. Fuera
de las buenas costumbres o la estupidez, ella no sabía
pero tocó. Una rama se quebró a su espalda seguida
por otro grito espeluznante. El sonido vibró y le dio
náuseas. No se atrevía a mirar hacia atrás.
A medida que su mano se cerró alrededor de la
perilla de la puerta, algo la agarró por la espalda. Ella
se oyó gritar, agudo y cortándole la sangre. Sus
rodillas se doblaron. En lugar de caer al suelo, se
sintió ser cargada y puesta sobre algo curiosamente
sólido. Quien o lo que fuera no podía ser bueno. Por
último, la deliciosa negrura envolvió su visión, y ella
dejo que se la llevara.
**************
Todos los intentos para calmar los temores de ella
fueron en vano ya que no entendería su idioma lobo.
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Baldric no había esperado que ella fuera una humano,
pero aún así, su olor era intoxicante. Tenía que tenerla.
Necesitaba estar con ella esta noche para hacerlo sentir
entero.
No podía alejar el temor de perderla de nuevo.
Saber que ella le temía no ayudaba a su situación.
No era culpa suya que no pudiera entender sus
palabras. Maldita sea las diferencias de lenguaje.
Tendría que cambiar de nuevo en su forma humana,
pero le preocupaba lo que ella iba a ver y entrara en
shock, si no lo estuviera ya. El esperaba lo mejor y
esperar hasta que surgiera una mejor oportunidad. Por
ahora, lo que necesitaba era seguir su pista y
asegurarse de que estuviera a salvo.
Baldric se maldijo mientras corría. El debió haber
ido a toda velocidad los últimos días, pero había estado
impulsado por la ansiedad y la lujuria. Su cuerpo le
dolía de todos los cambios en el terreno y se sentía
torpe mientras sus patas se deslizaban en la tierra
fangosa. Pero tenía muy poca elección, finalmente
recogió su olor después de muchas décadas de
búsqueda. Los otros de su manada argumentaron que
había perdido su olor hace algún tiempo y estaba
persiguiendo un sueño. Sin embargo, él sabía mejor.
No había duda en esta ocasión. El olor nunca
había sido tan fuerte. Al principio, vio que era una
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mujer hermosa con un cuerpo fenomenal. Aplaudió su
elección de vestimenta y la forma en que dejó muy poco
a la imaginación. Ciertamente, al él no le importaba la
vista desde atrás mientras corría, balanceando las
caderas curvas con la capa corta zigzagueando detrás
de ella. Elegantes piernas largas desapareciendo en la
noche. Maldita sea. No podía esperar para
experimentarla. Para sentir sus curvas. Para saborearla.
Si sólo se pudiera asegurar que la mujer no se haría
daño al llegar a ella. Si pudiera decirle que había
venido por ella por amor, no por violencia. En su forma
actual ella nunca le crearía. Cuando cambiara el
hablaría con ella y le explicaría todo.
A medida que se fue adentrando en el bosque,
cogió una gran variedad de aromas. Tierra húmeda,
vegetación, pistas fresca de conejo, pero a través de
toda su esencia se mantuvo firme y eclipsaba las demás.
Su mujer. Su otra mitad. Bajo ninguna circunstancia,
ella no sería suya.
La lluvia era incesante y se agarraba fuerte su
pelaje. Sus patas resbalaron en un charco lleno de
barro y lo detuvo por un momento. Cuando levantó la
vista, pensó que la había perdido.
El pánico se apoderó de él brevemente.
Baldric aceleró y dejó escapar un suspiro de alivio
cuando la vio de pie delante de una cabaña. Tenía una
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fracción de segundo para decidirse qué hacer. Ella le
temía como lobo, por lo que tenía que cambiar.
Dejó escapar un aullido cuando sus huesos se
extendían. Poco a poco se le acercó por detrás y deslizó
sus manos alrededor de su cintura, casi saltando sobre
ella para que no gritara. Su cuerpo se relajó mientras
caía en su contra.
Baldric la alzo por encima del hombro e intentó
abrir la perilla de la puerta, esperando les
proporcionara un refugio. La puerta poco a poco se
abrió. Revisándola rápidamente se aseguró de que
estaban solos, y suavemente la depositó en la cama en
una esquina. Ahora venía la parte difícil.
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CAPÍTULO 2
Jacqueline parpadeó varias veces antes de que su
visión se aclarara. Respiró fuerte y no pudo evitar
sonreír a la ilusión del hermoso hombre enfrente de
ella. Una especie de ángel de la muerte masculino.
Translúcido con ojos azules, pestañas largas y oscuras,
mirándola ella. ¡Qué sueño más fantástico, o muerte.
Ella ladeó la cabeza un poco hacia la derecha y se fijó
en la totalidad de su cara. Líneas cinceladas. Firme y
masculino. Pómulos altos. Ella se centró en su fuerte y
barbilla, unos labios llenos que matarían. Si así era
morir, entonces ¿por qué había tenido miedo antes? Se
humedeció los labios y habló.
— ¿Quién eres tú?
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Su sonrisa en la cara hizo que su cabeza diera
vueltas.
— Mi nombre es Baldric.
Ella probó su nombre único un par de veces para
sí misma, tratando de ignorar la forma en que su
cuerpo se calentó después de decirlo. Luego vino el
dolor agudo en el tobillo y se dio cuenta que ella no
podía estar muerta, después de todo.
Por cortesía se presentó. — Soy Jacqueline.
Él arqueó una ceja considerándolo. — Es un
hermoso nombre. Se adapta a ti.
Halagada, ella estiró los brazos lánguidamente
sobre su cabeza. — ¿Eres de verdad? ¿O un producto
atractivo de mi imaginación?
Él formo una sonrisa con esos labios tan sexuales.
— La última vez que he comprobado era real.
— Así que no eres un ángel?
Él sonrió pero no de una manera condescendiente.
— No, no lo soy.
Le gustaba ver sus labios moverse. — Ya veo.
En realidad, ella no vio, pero pensó que era de
mala educación discutir.
Letras de Corazón
30
Jacqueline miró a su alrededor. Una linterna de
cobre por encima de la puerta despedía una
considerable luz. En la esquina estaba una estufa
oxidada, una nevera pequeña, una mesa y un par de
sillas. Ella movió las piernas contra el colchón que
estaba acostaba y sintió el dolor de nuevo en su tobillo.
Por lo menos la cama era cómoda, las sábanas de
franela suaves contra su carne.
Hablando de carne, ella no pudo dejar de notar
que el hombre se movió alrededor sin camisa. Largo
pelo negro enmarcaba su cara y colgaba de sus
hombros poderosos. Las gotas de agua goteaban de los
extremos de su pelo y bajaban por el pecho musculoso.
Tuvo miedo de mirar más abajo así que se
concentró en su rostro. Ella no salía de la lucidez de
sus ojos. Transparentes casi. Su sensual mirada la
humedeció entre sus muslos y sintió sus inhibiciones
disolverse. La idea de pasar sus dedos por sus pezones
pasó por su mente. No tenía ningún sentido, pero allí
sentía una abrumadora sensación de hacerlo. Tal vez la
hipnotizó. Tal vez la drogo. Ella volvió su atención lejos
de él y trató de elegir un punto en la pared mientras
pensaba en más preguntas. Todo aún parecía confuso.
— ¿Esta es tu cabaña?
El apretó un paño húmedo en su frente y sacudió
la cabeza. — No, no lo es.
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31
Jacqueline se preguntó si la habría encontrado en
alguna parte y la llevó cargada a la cabaña, su cuerpo
envuelto eróticamente en sus brazos. — ¿Eres quien
me trajo aquí?
Un silencio antes de su respuesta
ensordecedora. — No, yo... Te seguí hasta aquí."
casi
Su respiración se enganchó. Como si una luz
acabara de encenderse en su cabeza y la nebulosidad
desapareciera. ¿Qué demonios estaba haciendo
charlando tranquilamente con este... este extraño? Ella
hizo un inventario de la situación actual y sabía que no
parecía demasiado buena desde donde ella estaba.
Atrapada. En una remota cabaña. Con un hombre que
podría ser un loco. No era bueno en absoluto.
Ella agarró la tela en las manos y se deslizó a una
posición de estar sentada en la cama mirando hacia la
puerta.
— ¿Si me paro ahora, me dejas salir de aquí?
Él apoyó las manos en sus caderas, haciendo que
los músculos ondularan a lo largo de sus pectorales. —
No, me temo que no. No puedo dejar que te vayas.
Con los ojos entrecerrados ella luchó contra el
temblor de sus labios.
— ¿Que.... ¿por qué no?
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Él tomó una respiración profunda en su pecho
fuerte recordándole a una armadura.
— Porque he esperado treinta años para
encontrarte y que me maten si te dejo ir tan pronto.
¿Treinta años? Sí, confirmado, era un lunático.
Tendría que elegir sus palabras con cuidado.
— Eh, señor creo que me ha confundido con otra
mujer.
La boca de él se curvó en una sonrisa carnal. —
No. Estoy muy seguro de lo que eres, como yo estoy
seguro de mí mismo.
Normalmente, ella pensaría que un hombre que
hablaba de esa manera era arrogante, pero su tono
sugería lo contrario. De hecho, el timbre de su voz bajo
ayudó a disminuir su pánico.
Aunque no la había atado físicamente, su mirada
depredadora la abrazó fuertemente. En una situación
normal se hubiera arrojado a un hombre como él pero
esta situación no era normal. Ella necesitaba
mantenerse fuerte. Mostrar que no era una damisela en
apuros y que podía luchar contra él con todo lo que
tenía.
En contra de su mejor juicio ella vislumbro por
debajo de su cinturón. El se veía poderoso debajo de
unos pantalones negros ajustados que abrazaba los
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33
muslos gruesos. Su cinturón logró llamar su atención a
su polla. Parecía duro y fuerte, al igual que el resto de
él. Oh, misericordia, no pudo ignorar el espasmo bajo el
vientre o la humedad contra el satén de peluche.
Ella se sintió separar los labios, como si ofreciera
llevarlo adentro y chuparlo hasta dejarlo seco sin lugar
a dudas.
Él se aclaró la garganta y la sacó del ensueño
sexual. Una vez más, ella se ocupó a sí misma con los
agujeros en las paredes.
— ¿Ves algo que te gusta?
Jacqueline no sabía si se refería a su pene o la
pared. Sólo había un enfático sí que lo atribuía.
—No, en absoluto.
El humor arrugo la esquina de los ojos
espectaculares. — Usted pretende llevar lejos su
atracción natural por mí, ¿verdad?
Con las cejas alzadas ella estudió la nariz perfecta.
— ¿Estás bromeando? ¿Dónde se te ocurrió una idea
así?
— El deseo está en sus ojos. La manera como su
cuerpo reacciona al sonido de mi voz. El olor que emite
entre los muslos. Tenemos una conexión.
Letras de Corazón
34
Tendría que trabajar en esa cosa del olor. — Ni
siquiera me conoces. Somos completos extraños. Siento
mucho que pensara que soy otra persona, pero
realmente debería irme ahora. Por favor, no trate de
detenerme.
Jacqueline se puso de pie con las piernas
temblorosas en los talones y casi se cayó al minuto que
puso su peso sobre el pie derecho. El dolor
insoportable le quitó el aliento. Instintivamente se
agarró por el brazo del desconocido hasta que recuperó
el equilibrio.
— Despacio, despacio. Creo que es mejor
acostarse y no depositar peso en ese pie.
Jacqueline movió los ojos de nuevo hacia la puerta,
pero se dio cuenta que su idea de una rápida escapada
habría que esperar.
Ella le dio crédito al tipo por actuar como un
caballero. Nada acerca de sus movimientos o palabras
la amenazaban. Sólo su aspecto amenazó con hacer que
su cuerpo se fundiera en un charco. El hombre
emanaba poder y en contra de su mejor juicio la
excitaba.
Suavemente, él la ayudó a volver a la cama y
enderezó la almohada detrás de la cabeza.
— ¿Tal vez debería echar un vistazo a ese tobillo?
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Ella dudó. Si él la tocaba ella pudiera ser que le
gustara. — No, voy a estar bien en pocos minutos.
— Bueno, si tú lo dices. Está equivocada acerca
de que nosotros somos extraños, sin embargo. Nos
hemos conocido antes.
Maldición el hombre se mantuvo firme. ¿Cómo
podría olvidar a un hombre tan devastadoramente
hermoso con ojos que acariciaban su alma? Ella no lo
haría, ni en un millón de años.
Jacqueline negó con la cabeza. — Me acordaría de
alguien como tú.
Él se encogió de hombros. — No necesariamente.
Podría haber muchas razones por las que no me
recuerdas.
Calor enrojeció sus mejillas. — Entonces, dime
donde nos conocimos y voy a decirte si era yo.
Dio unos golpecitos con el dedo contra su barbilla
mientras ella admiraba el tamaño de sus manos. Todo
en él parecía grande. Sus ojos bajaron brevemente. Sí,
todo.
El arrugo la frente. — No puedo decir donde,
exactamente. Demasiado tiempo ha pasado. Pero te
prometo que nos conocemos. Por eso nunca deje de
buscarte.
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Ella levantó la mano y se masajeo las sienes,
tratando de aliviar sus nervios agrupados.
La expresión de él se transformó rápidamente en
inquietud.
— ¿Estás bien? ¿Te duele algo?
Jacqueline suspiró. — No, estoy confundida. Esta
noche no ha pasado según lo previsto. Yo debería ir a
una fiesta. Hay un lobo por ahí que me persiguió hasta
aquí, así que incluso si huyera de ti, sigo siendo una
candidata ideal para comida para perros. Y entonces me
despierto en esta cabaña y debo actuar como si
estuviera agradecida y tirarme a tus pies.
Él le dio una mirada penetrante. — Ya hiciste eso
cuando te derrumbaste en mis brazos.
Perfecto. Ingenioso y bien parecido. — Ah, así que
ahora eres mi héroe, ¿es eso? ¿Qué le gustaría recoger
el premio por rescatarme?
Su voz se puso seria. — No, yo soy tu compañero.
Tu amor es recompensa suficiente.
Ella casi se atragantó con su saliva. — Antes de
que comiences cualquier tipo de discurso de
compañeros de alma, déjame decirte que ahora mismo
no creo en ese montón de mier... cosas. Implica cosas
que yo ya he entendido que no son ciertas. Una vez yo
creí haber conocido a mi alma gemela y dos días
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después el hombre me dejó. Tengo un expediente
impresionante de escoger los hombres equivocados y en
cuanto a signos se refiere, el mío dice "cerrado". Así
que no empieces a tirar alrededor palabras como
compañeros o compañeros de vida, alma gemela o
cualquier cosa relacionada con ellos. No es mi estilo.
Él se bajó para estar más cerca de ella, sus ojos
cubiertos con capas de su vulnerabilidad en el proceso.
Los músculos de él se movieron en sus brazos
mientras ellos descansaban a cada lado de ella. Una vez
más ella miraba sus labios cómo se movían.
— Eres mía y yo estoy acostumbrado a conseguir lo
que quiero.
Jacqueline entrecerró los ojos con una sonrisa
jugando en sus labios. A una parte de ella le gustaba la
totalmente esa posesividad, pero la otra parte de ella
creía que se enfrentaba con un bárbaro. Le gustaba
escuchar su rica y barítono voz. Él habló como un
maestro de la narración, su cadencia ascendente y
descendente con cada pocas palabras. Tal vez con su
suave voz trataba de mantener el miedo atrás. Bueno,
eso y su proximidad. A pesar de su manera de hablar
de su olor, él no olía a nada mal. Un aroma natural y
de aire libre. Peligro e intriga.
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Para mantenerlo en sus pies, ella le lanzó una
respuesta pícara. — Tal vez estoy acostumbrada a
conseguir lo que deseo, también.
Una media sonrisa se inició en sus labios. —
Entonces está decidido. Soy todo tuyo.
*************
Baldric la estudio. Para saber que estaba a salvo
aliviando su mente, incluso si sufrió unas pequeñas
lesiones. Él tenía que protegerla de cualquier
circunstancia, incluso si eso significaba su muerte. Si
ella conociera cuan fuerte era él con ella al lado, tal vez
confiaría en él.
Los ojos de ella eran profundos y expresivos. Era
inteligente, un rasgo que él admiraba mucho.
En vez de jugar a ser una víctima, ella jugó como
una digna adversaria. Bien pensado. Ella lo hizo todo
más sexy.
Ella entrecerró los ojos. — Siento decepcionar o
golpear tu ego, pero yo no te quiero.
Nada en su tono sonaba convincente.
— Oh, vas a cambiar de opinión.
Los labios de ella se fruncieron en una mueca.
Irresistible.
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Cuanto más él se acercaba a ella, más difícil le
resultaba resistir sus impulsos. Ella evocaba el deseo
que él nunca había conocido que existiera. Le encantaba
la forma en que la humedad la recorría… la ropa
mojada se pegada a su piel sosteniendo cada curva.
Realzando sus pezones. Haciendo su pulso correr. El
siguió la longitud de su pierna, rodeado de material
rojo sensual. Miró la delicadeza de los tobillos. Parecía
un poco hinchado.
— Es posible que tengas un esguince. Si me dejas
quitarte las medias puedo inspeccionarlo mejor.
Baldric llego a su tobillo pero ella le quito su
mano.
— No. Te dije que estaré bien.
No pudo evitar reírse. Terca, pero positivamente
adorable. — ¿Te das cuenta de que tus palabras
traicionan lo que el resto de tu cuerpo sabe que es
cierto? "
Ella se cruzó de brazos, bloqueando la vista de
sus pezones. — Eres un capullo. Guardártelo para una
mujer amazónica por ahí que al menos entiende qué
demonios dices.
— Yo lo digo para ti. No importa qué forma yo
tome, mi atracción no va a cambiar.
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Él vio el parpadeo de sus ojos y sabía que no
podía poner nada más allá de ella.
— ¿Cada forma que tome? ¿Te importaría
explicarte?
Baldric desvió la mirada, esperando que las
palabras vinieran a él. Lamentablemente, no lo hicieron.
La verdad tendría que ser suficiente.
— Mis antepasados han pasado a lo largo de un
raro linaje de lobo. Cuando estoy lesionado, yo sangro
tanto en forma de lobo como humana.
Ella comenzó a hacer comentarios, pero luego
apretó la boca y le indicó que continuara.
— Yo soy la quinta generación que lleva un gen
humano y lobo. Afecta a cada parte de mí. Mi mente, mi
cuerpo y mi espíritu. No puedo ocultarme de él o
imaginarlo. Debes saber que en este momento que
puedo cambiar de un lobo a un hombre a voluntad.
Los hermosos ojos marrones de ella brillaron. —
¿Lobo? ¿En realidad puedes convertirte en un lobo?
Esto iba mejor de lo que imaginaba. — Sí.
— ¿Cómo correr en cuatro patas, aullar a la luna,
correr en manadas de lobo?
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Bueno, quizá no tan suave como le gustaría. — Sí.
Ella chasqueó la lengua contra los dientes. —
¿Dónde está tu pelaje?
— Sólo tengo la piel cuando soy un lobo.
— A sí. Por supuesto. ¿Y la ropa que tienes puesta?
— Las encontré en la cabaña — explicó él.
De la nada, ella aplaudió. — Bravo. Eres muy
convincente como actor. ¿Estás practicando para una
obra de teatro? Un Hombre lobo Americano en
Londres, ¿tal vez?
Él se pasó una mano por el pelo. — No es una
actuación.
— Ok. Mira, he tenido una noche traumática y al
parecer ha afectado mi buen juicio o no estaría aquí
acostada en una cama teniendo una conversación con
un completo desconocido, que todavía no estoy del todo
convencida que no me va a hacer daño.
— Te dije que no y yo mantengo mi palabra.
Los ojos de ella brillaron. — Bien, entonces
tomare en cuenta eso, pero todo es cosa de hombrelobo está sobrevalorado. Ahora bien, si hubieras
elegido, por ejemplo Hulk, entonces estaría más
dispuesta en creer.
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— ¿El Hulk?
— Sí, hola. El tipo que se pone verde y rompe la
camisa antes de ir por os malos. Ves, eso lo puedo
creer. "
¿Cómo podía creer en un hombre volviéndose
verde y no en un hombre que se convierta en un lobo?
— ¿En serio?
Con labios fruncidos ella sacudió la cabeza. — No,
no realmente. Caray, aliviánate. Quieres impresionarme
haciéndome pensar en ese montón de babosadas.
Por mucho que quisiera demostrar que tenía un
buen sentido del humor, el hecho de que ella no le
creyera lo hirió demasiado profundo.
— Eso no es en absoluto verdad. En todo caso, yo
quiero que quedes impresionada porque nunca me di
por vencido en buscarte, no importa lo difícil que fue.
He tenido un solo objetivo, y es que te iba a encontrar.
Ella se inclinó hacia adelante y apoyó la mano
sobre la suya, con una expresión solemne en su rostro.
— Oye, creo que es admirable que hayas buscado
esa persona única. Caray, creo que es francamente
romántico, pero no soy esa persona.
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Su carne quemada con el placer de tocarla. Si tan
solo ella supiera lo mucho que rasgaba su corazón. —
Sí, lo eres.
Cuando ella se echó hacia atrás, al instante él
perdió la sensación de ella.
— Lo siento de verdad. Pero no te des por vencido.
Ella está por ahí en alguna parte.
Baldric desvió la mirada. — Voy a tener que
darme por vencido.
Se dio cuenta de que si no podía hacerle creer en
él, entonces tendría que dejarla sola. Durante todo este
tiempo él se imaginaba que ella reconocería su olor y
que podrían empezar su vida juntos. También se había
figurado que ella sería un lobo. La idea de volver sin
ella volvió su estómago en acidez estomacal. Su mirada
volvió a ella.
— No sé lo que puedo decir para convencerte. Yo
podría mostrarme, pero tengo miedo de que te asustes
como lo hice antes.
El rostro de ella palideció por el tono de sus
palabras.
— ¿Antes de que?
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— Sí. Huiste de mí. No puedo decir que te culpe
dadas las circunstancias.
— Espera, ¿Me perseguiste? El lobo dentro de mi
coche, ¿Ese eras tú?
Él no quería admitirlo, pero ella necesitaba saber
la verdad. A través de su honestidad tal vez ella podía
llegar a creerle. — Por desgracia, sí.
— ¿Cómo te metiste en mi coche?
— Dejaste las puertas abiertas así que cambie lo
suficiente para abrir la puerta. Una vez que entre me
entró pánico. Todo el tiempo que había estaba
buscándote yo imagine en mi cabeza lo que te diría
cuando nos conociéramos, pero era un lobo.
Las cejas de ella se apretaron. — Pero, me
gruñiste y luego me perseguiste.
— No lo considero persiguiendo, era más como
correr tras de ti. No hubieras llegado muy lejos y no
quería perderte otra vez. Corres bastante rápido para
ser humana.
— ¿Cuándo cambiaste de nuevo a un hombre?
— Justo antes de que te desmayaras. Pensé que
era la mejor opción. Confía en mí, no hubieras querido
Letras de Corazón
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que te arrastrara con mis dientes hasta aquí. ¿No
quieres tu hermoso cuerpo cubierto de astillas?
Ella levantó un dedo meñique hacia la boca y
mordisqueó la uña. — Bueno, creo que no apreciaría
que me arrastraran. Yo no quiero, lo que yo estoy
tratando de decir es... Lo que estas pidiéndome es que
crea algo que mi mente parece que no puede
comprender. La idea de un hombre que puede
transformarse en un lobo, y de nuevo, sólo lo he visto
suceder en las películas. Con efectos especiales. Trucos
de cámara. No es real.
El pecho de él se apretado con el pensamiento de
que ella le diera la vuelta. — En realidad, yo paso la
mayor parte de mi tiempo como un lobo. Muy rara vez
tomo esta forma. Pero entiendo lo que estás diciendo.
Ella redujo su mirada. — ¿Lo haces? Porque yo
no soy la clase de mujer a la que le puedes arrojar un
montón de tonterías y me hagas confiar en ellas para
que sean verdad. Bueno, tal vez una vez, pero créeme,
no me gusta que jueguen conmigo.
Lo último que él quería era que ella pensara que
se trataba de algún tipo de juego. — No te haría eso.
Me siento como un tonto al pensar que ibas a acepten
mis palabras de la nada. Estoy encantado solo con
estar tan cerca de ti. Ha sido un infierno de viaje llegar
hasta aquí.
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Después de una larga pausa, por fin ella habló. —
En serio, ¿eres de verdad....?
Baldric llevó la mano hacia arriba. — Te lo juro.
No mentiría sobre algo que significa tanto para mí. Mi
único propósito es pertenecerte.
Ella se mordió el labio y asintió con la cabeza. —
Eso es profundo. ¿Encantas a las mujeres con este tipo
de conversación?
— ¿Perdón?
— ¿Obtienes un montón de citas actuando como si
fueras un sultán? ¿Cómo podría convencerla de que su
interés era lo que le importaba? No la de otra persona.
— No hay otras. Sólo has sido tu desde que
nuestros caminos se cruzaron y tu aroma llego a mí.
La risa de ella le dolía, pero se negó a mostrarlo.
¿Qué esperaba realmente él de todos modos?
Todo parecía inverosímil.
Ella se reposicionó en la cama y jugaba con un
mechón de sus cabellos sueltos.
— Bueno, vamos a decir que te creo.
El pulso de él se aceleró. — Entonces tu….
Letras de Corazón
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Ella le dio una mirada fría e inmediatamente él se
cayó.
— Gracias. Déjame terminar. Digamos que acepto
totalmente que eres un tipo de hombre lobo. También
supongamos que creo que me has estado buscando por
treinta años, por captar mi aroma y encontrar a ese
alguien especial. Treinta años es mucho tiempo. ¿Cómo
puedes estar seguro que no captaste y seguiste una
pista falsa?
Le gustaba que ella le hiciera preguntas. —
¿Nunca has tenido un recuerdo de algo debido a su
olor? ¿Alimentos que has comido, un lugar especial en
que has estado, el olor del océano o el olor de un ramo
de flores?
Los labios de ella estaban apretados juntos. —
Bueno, sí, supongo que sí.
— Tu olor es el más potente con el que jamás me
he cruzado. Algo en tu olor es sexy y tu sudor, tu piel,
los folículos de tu cabello, todo me llama. Me tienta y
se burlan de mí.
Ella le lanzó una mirada escéptica. — Sin
embargo, ¿treinta años?
— No hay nada como eso. Tienes una fragancia
inolvidable. Impulsa cada uno de mis pensamientos,
todos mis movimientos.
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— Me siento halagada, pero no te conozco.
Él puso su sonrisa más genuina. — Pero tienes
mucho tiempo para conocerme. Hay algunos lugares
hermosos que no puedo esperar para mostrártelos.
Al parecer, ella perdió la sonrisa de él porque
estaba con el ceño fruncido profundamente. — ¿Por
qué pensarías si siquiera por un minuto, que iría a
cualquier parte contigo? Sobre todo después de
mantenerme aquí en algún lugar en esta cabaña?
La transpiración se reunió en el labio superior de
él. Cada vez que ella cuestionaba su tratamiento o su
lealtad hacia ella, se sentía como una herida en su
corazón. — Porque tenemos una historia.
Ella apartó la mirada. — Una que no recuerdo.
Como he dicho antes, recordaría a alguien como tú.
¿Por qué no podía recordar los detalles de cómo
se conocieron? Ella necesitaba una prueba, pero lo que
recordaba eran los árboles, el sonido de un torrente de
agua cercano y el momento en que él supo
profundamente que todo había cambiado en ese
momento, sin ni siquiera entenderlo él mismo. El era
joven y no supo en ese entonces que con el tiempo él
seguiría a un humano. Había estado largo tiempo
siguiéndola y todavía no podía creer que estaban en la
misma habitación. — Estoy bastante seguro que nos
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conocimos cuando yo estaba en la forma de lobo, eso
podría explicar por qué no me reconoces.
Sus ojos se abrieron. — No quiero herir tus
sentimientos, pero les tengo fobia a los lobos. Siempre
la he tenido. Así que ya ves, no nos hemos cruzado en
términos amistosos.
Baldric nunca había entendió los temores
irracionales de los seres humanos, y se negó a darse
por vencido de tratar que recordara. — ¿Qué te hace
temer? Es raro que los lobos ataquen a las personas.
La expresión de ella se tornó grave. — Cuando yo
era niña, mi familia y yo fuimos a acampar junto a un
lago. Creo que me aleje un par de horas. Es un poco
confusa, pero un lobo trató de atacarme, y me persiguió
hasta el final de una cueva. Yo podría haber muerto.
Desde su descripción breve, se acordó de la cueva
y él se acordó de ella. La niña con el pelo alborotado
largo, manchas de suciedad en mejillas manzanas,
grandes ojos castaños enmarcados por la inocencia. Los
años habían sido buenos con ella, para transformarla
en una hermosa mujer. Su cabello se había oscurecido
un poco, pero sus ojos eran un castaño radiante, eran
los mismos. Una mirada de ella podía hacerle nada,
antes y ahora.
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Baldric hizo todo lo posible para contener su
emoción. — Estas equivocada sobre la parte de ser
perseguida por un lobo.
Ella apretó la mandíbula. — No, no lo estoy.
Recuerdo esa noche muy bien. Todavía tengo pesadillas
a causa de ello.
— Yo no te perseguía. Salve tú vida ese día. Fue
cuando nuestros caminos se cruzaron por primera vez.
Ella frunció el ceño. — ¿Así que estás diciendo
que otra cosa me estaba persiguiendo?
— Sí, un oso pardo. Recuerdo que me sorprendí al
ver a cualquier ser humano después de todas las
advertencias de avistamientos de oso. Estabas sola y
asustada. El oso pardo cogió tu olor y se preparó para
atacarte pero yo intervine. Tú eras tan pequeña, tan
inocente no podía permitir que el te cogiera. Yo le
ensene los dientes hasta que se fue en la otra
dirección, y luego te lleve a la cueva para que estuviera
a salvo. Esperé contigo hasta que tus padres vinieron.
Ella parpadeó despacio y luego lo miró con una
ternura impresionante. — Yo… no lo sabía. Dijeron que
un lobo intentó atacarme y esa es la única verdad que
he conocido.
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Baldric no quería perder la cercanía que estaban
compartiendo en ese momento. Él necesitaba que ella
confiara.
Todo lo demás vendría después. — Estoy seguro
que es lo que pensaron en ese momento, también.
Jacqueline rompió su mirada y miró hacia abajo.
— Debiste ser muy joven.
— Supongo que sí, sólo un cachorro.
Ella lo miró a través del velo de sus pestañas. —
¿Y desde entonces has estado buscándome? "
— Todo comenzó un par de años más tarde, al
madurar. La necesidad de encontrarte me consumía. Tu
olor me convirtió en un esclavo. Me quito cualquier
interés de estar con otra.
La correa de su traje se deslizó por el hombro
mientras ella se sentaba, permitiéndole dar una mirada
de su pecho hinchado. Una dulce tortura.
— ¿Quieres decir que nunca has tenido relaciones
sexuales?
Él se encogió de hombros. — Me he guardado
para ti.
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La sonrisa de ella iluminó la cabina. — Espera, en
serio, ¿No has tenido relaciones sexuales todo este
tiempo?
Era evidente que la idea le gustaba y él contestó
con orgullo — Yo me he... encargado de mí mismo
cuando la necesidad se ha convertido en demasiada
tortura.
Ella dio una palmada en la rodilla y soltó un
bufido. — Irreal. Tienes que ser el más comprometido
hombre que he conocido. ¿Sin embargo te las arreglas?
Él no quería decirle lo difícil lo tenía algunas
noches, cuando el deseo amenazaba con eclipsar su
racionalidad. Al final decidía que era un riesgo de
perder su esencia, gracias a otra mujer, no valía la
pena. — Por amor y respeto he esperado. Es mi forma
de honrarte.
Un toque rosa se propago a través del puente de la
nariz de ella. — Bueno, obviamente yo no he esperado
por ti, por lo que veo, no soy buena.
A Baldric no le preocupaba con quién se había
acostado. Él le daría placer, como ninguno se lo
hubiera dado jamás. — No te pedí que esperaras.
La forma en que ella se mordió el labio inferior
era entrañable. — No quiero decir que he estado con
Letras de Corazón
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muchos hombres, claro está. No estoy sugiriendo que
soy una cualquiera. Tengo normas y límites.
Él hizo todo lo posible para suprimir una risa. —
Nada de eso importa ahora que te he encontrado.
Espero que no te vayas a negar.
Ella apretó los labios sensualmente. Él estaba
seguro que su sabor era dulce. — No voy hacer
promesas. Esto es lo más loco que he escuchado en mi
vida, pero no voy a negar que has despertado mi
curiosidad, entre otras cosas.
El corazón de él tronó con fuerza en sus oídos. La
desconfianza de ella se había desvanecido. — Voy a
recurrir a cualquier táctica necesaria para estar
contigo. Incluso si eso significa complacer tu cuerpo
hasta que no puedas soportarlo más.
Los ojos de ella brillaban. — ¿Me secuestraste?
¿Usaras tu fuerza y me tomaras contra mi voluntad?
Baldric negó con la cabeza. — Ya te lo dije, nunca
te haría daño. Sin embargo, te aseguro, que no será
una tarea fácil.
Letras de Corazón
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CAPÍTULO 3
Jaqueline lo estudio. Él hizo lo que ella pensó que
sería imposible. Le había ganado. De alguna manera sus
palabras calmaron sus dudas y la dejo con una
fascinación terrorífica. Atemorizada si él no la tocaba y
fascinada por la perspectiva de tener relaciones
sexuales con alguien que se había guardado para ella.
Por supuesto, no podía pasar por alto las
características que atrajo el hambre entre sus muslos,
la mirada seductora, su físico fuerte y una verga que
ella imaginaba que la llenaría por completo. ¿Y que era
esa feroz determinación de su rol en la vida de ella?
Independientemente de la forma posesiva en la que
hablo, su comportamiento se mantuvo extrañamente
relajado, incluso suave.
Letras de Corazón
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— Tengo que manejarlo contigo. No hay escasez
de juegos verbales contigo. Se me hace curioso.
Baldric hizo un círculo con sus manos y se
reverencio dramáticamente. — Una mujer tan hermosa
como tú debe rechazar muchos pretendientes.
Ahora había una palabra. — ¿Pretendientes? Más
bien vagos. Yo solo atraigo hombres con problemas con
el compromiso y fobias a las relaciones.
— ¿Y este hombre que te hizo daño esta noche?Jaqueline frunció el ceño al pensar en Ted. —
¿Cuándo te lo mencione?
Él le dio una sonrisa tímida. — Te escuche en el
teléfono de tu coche.
Todos los pensamiento que antes se habían
logrado escapar de su mente… — Oh bien, cuando tú
eras un… lobo. Vaya, es más raro cuando lo digo. De
todos modos, Ted es o era, la más larga y problemática
de mis relaciones.
Su mano se posó sobre la cama junto a ella. Gran
distracción.
— ¿Qué salió mal? ¿Te hizo daño?
Ella se hundió en la compasión de él. — Bueno,
nos hicimos daño el uno al otro, pero el verdadero
problema surgió por la falta de comunicación. Supongo
Letras de Corazón
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que es por eso que no estoy tan molesta, ya que la
separación era inevitable.
— ¿Qué te gustaría haber cambiado?Jaqueline se preocupó por sonar egoísta. — Que
prestara más atención a mí y mis… necesidades.
El semblante de él se volvió dominante y la atrapo
con fuerza. — Nunca tendrías que pedirme esas cosas
a mí.
Con los labios fruncidos, ella contuvo una risita.
— Ah, ¿no?
El acerco su cara cerca, su aroma almizcle la
embriagaba. — Cuando te toco, se todo de ti.
Ella trago saliva. Su legua se sentía como si se
hubiera triplicado su tamaño.
— Oh.
— ¿Me dejas que te toque? ¿Qué te explore?
Claro que quería que la tocara, que la explorara.
Que la follara. Su sexo ofrecía escape. Tomo en su
mente los problemas reales que tenía dando ilusión a la
profundidad emocional. Solo por una vez quería creer
que el sexo podía ser algo más, pero había aprendido a
hacer frente a la decepción. Las expectativas eran
peligrosas. Tener relaciones con un extraño no era un
concepto nuevo no un hecho del que estaba orgullosa,
Letras de Corazón
57
pero este hombre era completamente diferente. Sus
palabras de lealtad eran atractivas. ¿Cómo se había
reservado el para ella? La seducción sonaba como la
mejor invitación que ha tenido en años. Jaqueline
estaba dispuesta a creer en la ilusión por un tiempo.
¿Qué es lo que tenía que perder?
— No sé si tus palabras suenan bien, porque me
estoy recuperando de una separación o si estoy excitada
porque tu trasmites increíbles vibraciones sexuales. No
preguntes porque tu comportamiento controlado me
excita, pero lo hace. Podría encerrarme contigo una
semana y probablemente estaría bien con ello. Una vez
que saliéramos, sin embargo, todo volvería a ser como
antes. Yo no te voy a dar ninguna garantía.
El sudor brillaba en su pecho, provocándole
deseos de tocarlo.
El acerco sus labios a la oreja y la acaricio con la
voz.
— Las cosas no serían las mismas, estaríamos
más cerca y no me voy sin ti.El cuerpo de ella estaba en llamas. No veía como
pudiera negarle nada, pero no lo demostraría, aun.
— ¿Qué pasa si no quiero ir contigo?
Baldric no vio su cara para que sus ojos se
encontraran. -Lo dejo en tus capaces manos. Estoy
Letras de Corazón
58
dispuesto a perder todo por ti, pero si eso significa tu
felicidad, entonces es un pequeño precio que hay que
pagar.
Oh, él se manejaba de manera extraña y misteriosa.
— Demonios, ves. Eso es a lo que me refiero.
Aparezco como la mala si digo que no y no es justo. Yo
no escojo el amor a la primera como tú lo haces. He
vivido mi vida, tratando de averiguar qué es lo que
quiero. De repente te apareces y todo lo que escucho es
como has sufrido. Como te has ido y sacrificado. Como
me necesitas. No sé qué hacer con todo eso.
— Todo lo que te puedo ofrecer es honestidad.
Lealtad. Amor. No tengo nada que ocultar. No quiero
que te sientas culpable. Déjame darte lo que quieres.
Sus palabras fueron como golpes furiosos contra
su clítoris, enviando calor entre sus muslos.
Baldric se inclinó hacia adelante y puso sus manos
a ambos lados de sus mejillas. Su cálido aliento
acariciaba su rostro. Calmaba la ansiedad que ella
contenía. Ella sonrío ante su mirada depredadora.
— Te deseo. ¿Puedes decirme que no quieres
tener esta experiencia conmigo? — su profunda voz
hizo que lanzara un suspiro de sus labios. La humedad
se formó entre sus muslos cuando las manos de él
recorrieron su piel. La mirada de ella parpadeaba con
Letras de Corazón
59
su impresionante cuerpo. Hombros anchos. La forma de
los músculos de los brazos flexionados, sus duros
músculos hacían que ella deseara recorrerlos con sus
manos. La mirada caliente de él la hizo mojarse como
nunca. Una mirada como si le perteneciera a él.
— ¿Cuál es tu respuesta? — la preocupación se
reflejó en su entrecejo.
¿Cómo podía ella evitar eso? Por supuesto que ella
lo deseaba. — Todo esto es muy repentino. ¿No crees?
Las puntas del cabello le hicieron cosquillas
cuando el negó con la cabeza.
— No cada día ha sido un paso más para
encontrarte. A menos que te opongas, voy a tocarte. —
su voz se volvió dura y exigente.
Antes, ella hubiera discutido con un hombre que
quería tomar el control, pero ahora voluntariamente
había aceptado. Él la devoraba con la mirada. Le
encantaba la forma y lo bien que se sentía. No la
incomodaba. De alguna manera el borraba con facilidad
sus dudas y temores. Un silencio íntimo creció entre
ellos. Jaqueline bajo los parpados contemplándolo con
deseo desenfrenado almacenado en su interior. Él
quería su permiso.
Descaradamente ella abrió los muslos. — Tómame.
Ayúdame a aclarar mi mente.
Letras de Corazón
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Los ojos de él ardían. — Vas a sentir mi amor por
ti en lo más profundo de tu núcleo.
Las palabras de promesas tiraron fibras de su
corazón. ¿Amor? Ella podría amarlo. Dios, si, que fácil
sería enamoraría de él. El deseo carnal en los ojos de
él, le atrapo tan fuertemente que podrían haber sido
centenares de dedos sobre su cuerpo. Este hombre
quería que fuera suya. Exclusiva de el. Sin preguntas,
sin mentiras y sin expectativas.
Sus pechos se volvieron pesados ante su mirada.
— Voy a saborearte, ahora.
El atrapo sus labios con los suyos. Lento y tierno,
su lengua se deslizo sobre su labio inferior y empujo
dentro de su boca.
***************
Finalmente, él tenía su oportunidad y como tonto
casi dudo. Había enfrentado muchas noches, una cara
que no podía ver, pero la esencia de ella la había
querido sentir. Ahora estaba a su alcance. El aroma de
ella le abrumaba los sentidos y su mente se volvía
pedazos. Un gruñido emano de las profundidades de su
pecho. Tenía que hacerlo ahora.
Baldric se inclinó hacia adelante y le mordisqueo el
labio inferior. Su sabor dulce. Miel. Adictivo. Su boca
salió con fuerza. Muerto de hambre.
Letras de Corazón
61
El sentir sus pechos de satín contra el suyo
mientras se besaban, lo acrecentaban, haciendo su
erección casi dolorosa. Él se recordó tomar las cosas
con calma y dejar que ella disfrutara.
Baldric deslizo sus labios hacía bajo a lo largo del
suave ángulo de su barbilla y a lo largo de su cuello de
cisne. Los jadeos entrecortados de ella ayudaron a
guiarlo, para hacerle saber que por el momento era de
él. Hizo una pausa entre sus besos para mirarla. Para
ver la confianza en su mirada. Una sorprendente
libertad paso por él. Durante todo este tiempo, la
búsqueda, la caza, el seguimiento el, dolor. Para
finalmente tenerla. Para saber que estaba a salvo y que
podía cuidar de ella hasta que muriera. Eso le hizo
sentir más como hombre que nunca antes. Un objetivo
cumplido.
— He soñado con nuestra unión. Mi verga
empujando en tu humedad. Esas noches eran una
tortura para mí.
Ella le pregunto sin aliento — ¿Alguna vez has
tratado de estar con alguien más?
Baldric no quería que ella se preocupara por otra
mujer nunca. Él siempre le sería fiel a ella.
— Ya te dije, estoy entregado. Me atengo a mis
principios.
Letras de Corazón
62
Ella movió su mano por su brazo hasta su cara.
— Tú eres diferente a cualquier hombre que haya
conocido.
En la pausa, él dijo exactamente lo que había
estado pensando desde que le dijo la verdad.
-¿Te hace disminuir el deseo el saber que soy
mitad hombre y mitad lobo?
Los dedos de ella pasaron a lo largo de sus
mejillas y su mandíbula.
— No. Me hace desearte más.
El pecho de él se llenó de orgullo y no podía dejar
de sonreír.
— Porque el lobo es solo una parte de lo que soy,
tengo los mismos principios en las dos formas. No
cambio porque mi cuerpo lo haga. — Badric hundió su
cara en los pechos de ella, disfrutando cada centímetro
de ella. — Tu piel es tan suave. Mi gatita. Apuesto a
que se cómo hacer que ronrones.
El aspiro profundamente, dejando que el aroma de
ella lo embriagara llenándole los sentidos por completo.
Dejando que lo manejara a la necesidad salvaje de
hundir su verga en su coño mojado. Al final, el quería
mas de ella que solo someter sus anhelos. Él quería su
corazón, quería que ella se preocupaba por el también.
El creía que con el tiempo ella lo amara.
Letras de Corazón
63
Baldric se paró cerca de la cama y se quitó sus
pantalones, liberando su erección. Los ojos de ella
brillaron en aprobación. Ella era una diosa. Él se movió
a los pies de la cama y beso el tobillo sobre la media.
— ¿Te duele?
Ella ni siquiera se inmuto. — Ahora no.
Se movió dejando pequeños besos sobre sus
pantorrillas y rodillas, finalmente se detuvo en la
cúspide de sus muslos.
— Me gusta la manera en que te vistes.
Mostrando tanta piel.
Su risita de niña le calentó el corazón. — Es solo
un disfraz. Yo suelo usar más que esto.
— Que pena. Lo que a mí respecta, tu puedes ir
desnuda.
Los ojos de ella se estrecharon. — El disfraz era
para una fiesta de Halloween, iba como la caperucita
roja.
Él se rió entre dientes. — Ah conozco bien la
historia. Supongo que no pensabas que funcionaria con
un lobo real.
Su impaciencia por verla desnuda gano. Baldric
extendió la mano y deslizo el traje de raso hacia abajo
sobre sus pechos y medias y lo dejo caer en el suelo.
Letras de Corazón
64
Ella contuvo el aliento. El no pudo pasar por alto
el brillo en sus ojos.
— Tú no eres un lobo malo pero veo eres muy
grande.
Con su verga en la mano, él se acarició lentamente.
— Me sentirás por días, solo espera.
Los parpados de ella temblaron. — No estoy
segura de poder esperar.
— Entonces no te hare esperar. — Él se subió a
la cama y se cernió sobre ella.
Los erguidos pezones pedían que sus labios los
succionaran y de todo corazón se obligó. Su cuerpo se
estremeció bajo el de él y su verga se agito en
respuesta. Él no podía esperar para enterrarse en su
dispuesto sexo. El calor envolvió el rostro de él como
su cuerpo zumbaba con excitación pura. Sus pezones
se sentía también en su boca y lengua. Aun más
atractivo eran sus gritos de satisfacción cuando los
chupo fuerte.
Con la boca atendiendo sus pezones, Baldric
deslizo su mano por su estómago y chasqueo los dedos
contra su clítoris. Ella contuvo el aliento bruscamente.
— Oh dios.
Letras de Corazón
65
El alzo su mirada para ver la cabeza de ella
moverse de lado a lado. Sus labios se abrían y
cerraban con gemido de placer.
— Mmm…, sí.
Para poner a prueba su disposición, el metió un
dedo en su coño, gruñendo por el nivel de humedad
que estaba ella. Había esperado tanto tiempo para estar
con ella de esta manera. Una parte de él quería darse
prisa, quería que durara esta noche para siempre.
— Eres hermosa.
Un segundo dedo se unió al primero y palpito
adentro. Seria apretado entrar, pero a ella le encantaría
cada minuto, al igual que a él. En primer lugar quería
probar la crema de su coño. Se arrodillo entre sus
muslos y abrió sus piernas muy separadas, con cuidado
de no lastimar el tobillo. El acerco su rostro al centro
húmedo, mareado por la necesidad.
— No Baldric, no. — ella jadeo cuando su lengua
lavo su clítoris.
— Si me vuelves a decir que no en unos
segundos, voy a parar.
Con sus dedos, amplio su coño y precipito su
lengua adentro. Ella grito, sus piernas temblaron a lado
de su cara. Ella sabía exquisita. No oyendo más
protestas, se ocupó con su lengua entre los muslos. Se
Letras de Corazón
66
turnaba dando vueltas con el pulgar en su clítoris y con
su lengua, mientras sus dedos trataban de llevarla al
orgasmo. Le intrigaba ver la forma en que respondía a
sus caricias. Su cuerpo fluía como el agua, bailaba con
su toque. Le conmovió que ella se entregara libremente.
Ella susurro. — Sí. — seguido por melodiosos
gemidos que le indicaban que estaba cerca. El froto su
clítoris más rápido, sus dedos encontraron el ritmo
rápido.
— Si, ahora, si. — exclamó ella.
Baldric vio su cuerpo convulsionarse, el coño se
contrajo apretando a sus dedos envolviéndolos con sus
jugos hasta que el temblor disminuyo.
— Oh dios, eso se siente tan bien. — ella gimió,
quitando un mechón de pelo de su cara. — Lo
necesitaba tanto o más de lo que yo pensaba.
Baldric arrodillado entre sus muslos, inhalo su
aroma, más estimulante, ya que ahora se mezclaba con
sexo.
— No puedo esperar para estar dentro de ti.
Sentirte como lo he soñado.
— Tus palabras me seducen. — ella susurro.
Él se cernió sobre su cuerpo y acaricio su rostro
entre sus pechos, encantado por la suave textura. Sus
Letras de Corazón
67
labio subieron por la curva de su cuello, a lo largo del
lóbulo de la oreja y se puso a un milímetro por encima
de ella. Los labios lo encantaron con su sonrisa, el
ceño fruncido y los suspiros de placer. Incapaz de
contenerse, su boca se cerró sobre la de ella, con un
apasionado beso caliente. Los labios húmedos de ella se
abrieron y él pudo saborear su cálido y dulce aliento.
Encerrados en un acalorado debate de sus
lenguas, el deslizo una mano por el cuerpo de ella y
separo sus pliegues. Sus jugos empaparon las yemas de
sus dedos. Ella se apartó del beso y apoyo sus labios
en su oreja.
— Te deseo.
Cuantas ganas había tenido de escuchar esas
palabras, haciéndolo mejor con su tenue aliento.
Las piernas de ella se enrollaron sobre su cintura
y ella lucho para atraerlo hacia ella.
— Por favor, ahora.
El agarro su verga con su puño y se detuvo en su
entrada. Todo cambiaria después de esto. Todo.
— ¿Estas lista para mí?
Ella asintió con la cabeza, los ojos vidriosos
entornados.
— Bien, porque te he deseado siempre.
Letras de Corazón
68
Su mandíbula se abrió mientras empujaba su verga
dentro de ella.
La estrechez de su coño le sorprendió. No
queriendo hacerle daño, él lo hizo lento, gimiendo en su
descenso. Esto era mejor que cualquier sueño. Su
respiración se aquietaba mientras empujaba en ella
hasta la empuñadura. Ella apretó sus piernas alrededor
de su cintura y movió las caderas, la tela de sus medias
le rozaba la piel. El golpeteo con su verga dentro de
ella y observo en su rostro los suaves colores, los
parpados caían más con cada empuje. Los gritos de
placer le llenaban los oídos, alimentándolo. Lo único
que le importaba a él era su placer.
Baldric agarro sus nalgas y la acerco más a él.
Los brazos de ella se extendían alrededor de su
cabeza, la expresión de ella era de contención. Tonos
rosas salpicaban su nariz y mejillas cuando el aceleró
sus embestidas, su verga pastoreo a lo largo de su
hinchado clítoris. La forma en que lo miro, con tal
confianza, que le hizo sentirse más posesivo.
Él nunca le haría daño a ella.
Ella se arqueo hacia él y él envolvió sus labios
alrededor del pezón y amamanto con cariño.
La cabeza de ella colgaba de un lado, los parpados
temblaban. Él podía decir que ella estaba cerca.
Letras de Corazón
69
— Tu coño están estrecho. Ven a mí, Jaqueline.
Quiero sentir como te vienes sobre mi verga.
Los dedos de ella se cerraron sobre la almohada
mientras se movía con él, sus ojos brillaban con pasión.
— Si ya estoy allí. — ella suspiro y su cuerpo
tembló bajo de él.
Fue increíble ser testigo. Sentir su liquido
derramándose alrededor de él y la forma en que su
coño le lanzaba espasmos a su verga rápidamente. El
no podía detener su orgasmo por más tiempo. La
liberación corría a través de él, solo el sonido de su
pulso estaba presente en sus oídos. Badric aulló
cuando se vino duro, gotas de sudor se arrastraban
por su cara. Su corazón martillo hasta que sus empujes
se desaceleraron hasta parar.
Él se estremeció cuando se retiró de ella. Ella
yacía como un ángel. Sus ojos reflejaban paz. Agotado,
se dejó caer a lado de ella y la envolvió en sus brazos,
escuchando los latidos de su corazón. Así que esto es
como se siente. Estar con alguien que le importaba más
que su vida.
Ella dejo escapar un suspiro de satisfacción. —
Eres muy persuasivo.
Él se echó a reír y le acaricio el brazo con la
nariz. — No lo olvides.
Letras de Corazón
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CAPÍTULO 4
Jaqueline se dio la vuelta y miro el pecho de
Baldric subir y bajar. El hombre logro lo imposible.
Seducirla, satisfacerla y quedarse a su lado.
Claro, ella estaba menos cerca de saber qué es lo
que ella querría, pero siempre el sexo la dejaba
confundida.
La intensidad de sus sentimientos la conmovían.
Ser amada por alguien era más de lo que ella esperaba.
Cuando el hablo de cómo se conocieron, se había
disparado en su memoria el recuerdo de sostener la
cola de un animal, que la llevo a una cueva donde
descansó su cabeza sobre su regazo y se quedó ahí
hasta que sus padres llegaron. Recordó acariciar su
Letras de Corazón
71
piel que la mantuvo caliente. Tenía que haber sido él.
Todo lo que decía era verdad.
La voz soñadora de él interrumpió sus
pensamientos. — Hey gatita, yo diría que estás
pensando en algo muy profundo.
— Me descubriste. Lo siento, pero tiendo a
hacerlo después del sexo. Sobre analizar todo. Mal
habito.
Él se dio la vuelta para quedar frente a frente y
rozo sus nudillos contra la mejilla de ella.
— Soy feliz de escucharte, si lo quieres sacar.
¿Se atrevería?
— Oh no lo sé. ¿Alguna vez quisiste dejar de
encontrarme? ¿Admitir la derrota y encontrar a alguien
más en mi lugar? Tomar el camino fácil.
Él se deslizo cerca, hasta que su pecho presiono
sus senos.
— Por algún tiempo estuve preocupado de estar
persiguiendo un fantasma. Algo o alguien que solo
existía en mi mente. Pero el nivel de anhelo fue tan
fuerte que se apodero de mí. Incluso cuando los otros
estaban convencidos de que nunca te encontraría, yo
estaba decidido a demostrar que estaban equivocados.
Demonios. Decidido a demostrármelo a mis mismo.
Letras de Corazón
72
Jaqueline envolvió su costado con su brazo. —
¿Tú crees que hubieras renunciado con el tiempo?
¿Qué pasaría si estuvieras equivocado?— ¿Si hubiera llegado tan lejos como para darme
cuenta de que estaba equivocado?, sí, me habría
detenido. Por lo menos la parte de la persecución. No
podía perder las esperanzas por completo, pero no
dejaría que me manejara mas.
Jaqueline odio preguntar. — ¿Entonces te
hubieras conformado con otra pareja?
Baldric hizo una pausa y dejo escapar un profundo
suspiro.
— No. Sería injusto para ella y para mí. Pasaría el
resto de mis días de viaje con la manada y daría un
paso atrás al encontrar un líder más adecuado.
— ¿Tu eres el líder?
El asintió con la cabeza.
— Entonces
responsabilidades.
debes
de
tener
muchas
— Si, la manada cuenta conmigo. Me siento
culpable por haberlos dejado para encontrarte, pero era
necesario.
— ¿Y si no me hubieras encontrado, honestamente
renunciaras a ser líder? Parece demasiado drástico.
Letras de Corazón
73
Una mirada reflexiva cruzo por el rostro de él.
— En realidad no. Ya demostrado mi debilidad de
anteponer mis necesidades sobre la de ellos. Luego de
regresar con las manos vacías… no sería nada bueno
para ellos. Sería lo correcto.
Ella nunca había conocido un hombre tan
honorable como él. — Eres muy duro contigo mismo,
¿no?
El hizo una pausa y apoyo la cabeza de lado.
— No he sido justo con la manada. Les he
preguntado a muchos en los últimos años.
El nivel de lealtad de él era impresionante. —
Estoy segura de que te lo van a perdonar.
Especialmente cuando oigan que me has encontrado.
Al momento sus ojos se agrandaron y brillaron. —
¿Eso significa que has tomado tu decisión?
Lo último que quería era darle falsas esperanzas,
pero no pudo resistir bromear un poco.
— Yo nunca he dicho eso.
El brillo de sus ojos se desvaneció inmediatamente.
— Oh.
Letras de Corazón
74
Queriendo las cosa bien, ella añadió. — Quiero
decir en realidad fue solo sexo. Tu no moviste
montañas.
Él se levantó sobre su codo, con una expresión de
sorpresa en su rostro.
— ¿Perdón?
Jaqueline no pudo aguantar la risa.
— Me temo que voy a necesitar más pruebas de tu
devoción hacia mí. Horas y horas de sudor y pruebas
calientes.
Abrazándola agradecido, Baldric la hizo rodar
sobre él y le hizo cosquillas debajo de sus costillas.
— Insaciable diablillo.
Su alegría le hacía desear más. Tal vez ella no
creía en almas gemelas, pero podría haber encontrado
al hombre adecuado por una vez. Ella se inclinó y
apretó sus labios contra los de él. Disfrutando de sus
manos alrededor de sus espalda, sus dedos peinándole
el pelo.
Cuando se sentó a horcajadas sobre él, algo se
estrelló contra la ventana derribando la linterna,
enviando flamas alrededor de la puerta.
Jaqueline abrió sus ojos grandes. — OH dios mío,
la cabaña esta en llamas.
Letras de Corazón
75
Baldric la agarro y la alejo del calor, sosteniéndola
con fuerza contra su pecho. El odiaba el fuego con
pasión.
— No inhales el humo. — dijo con aspereza. Ya
con la garganta quemándole.
La voz chillona de Jacqueline se agregó a su
pánico.
— ¿Qué hacemos? Las llamas están alrededor de
la puerta.El no tenía tiempo para pensar, solo hacer.
Baldrich trato de abrir la ventana, pero la vieja madera
se había hinchado. No tenía otra opción. Maldijo en voz
baja.
— Vamos a tener que pasar por la ventana.
— Pero el vidrio…
La mirada asustada de su cara le recordó cuando
era niña, el mismo miedo a lo desconocido amenazaba
su inocencia. Se puso sus ropa y empujo la mesa
debajo de la ventana.
— Esta bien confía en mí y haz lo que digo.
Baldrich agarro las ropas de ella y se las envolvió
en sus brazos. Encontró una manta gruesa en los
estantes y la envolvió para protegerla del vidrio.
Letras de Corazón
76
— Vámonos. — Él la ayudo a subir a la mesa y
puso sus brazos alrededor de ella fuertemente. —
¿Lista? Voy a impulsarme a través de la ventana,
sostente bien a mí, cerrando los ojos.
El fuego se propagaba rápido por la habitación,
pero él se movía rápido. Baldric se estrelló contra la
ventana y cayo de espaladas sobre el suelo con
Jacqueline aferrada a él. Con un movimiento rápido se
puso de pie, tirando de ella con suavidad para que se
parara.
Ella jadeo y el deslizo su brazo alrededor de ella.
— ¿Todavía te duele al caminar?
Las lágrimas brillaban en las esquinas de sus ojos.
— Si, estúpido tobillo, nunca debí ponerme esos
tacones.
— Vas a tener que enyesarlo mañana.
— ¿Qué, ahora eres doctor?
Él se rio y estabilizo su peso al ir cojeando ella a
su lado. — Tenemos que encontrar la manera de
conseguir que el fuego no se propague al bosque.
— Tengo mi teléfono en el coche. ¿Por qué no te
adelantas y llamas al 911?
El instinto le dijo que no la dejara fuera de su
vista. — No te puedo dejar aquí sola.
Letras de Corazón
77
Ella agito
preocupación.
su
mano
para
desaparecer
su
— Voy a estar bien. Solo voy hacer que vayas
despacio.
Baldric no se dejó llevar y estaba a punto de
decirlo cuando se dio cuenta del movimiento de una
figura alta por el rabillo de su ojo. Apretó los puños a
los costados.
— Hey tú, te puedo ver. Sal de ahí y voy a
considerar que conserves la vida.
No uno sino tres adolescentes aparecieron a la
vista, con las cabezas gachas. Jaqueline lanzo un grito
ahogado y se ocultó detrás de un tronco grueso.
El dio un paso más cerca y los vio encogerse.
— ¿Ustedes fueron los que rompieron la ventana?
El chico flaco y alto con las manos en los bolsillos
dio un paso adelante. — Lo siento señor. Nosotros no
sabíamos que había alguien adentro.
Aunque nada de ellos olía a amenaza, se negó a
dejarlos ir tan fácilmente.
— Si, bueno, nosotros estábamos adentro y casi
nos matan. ¿Qué tiraron?
Letras de Corazón
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Un niño más chaparro con rizos color naranja se
encogió de hombros.
— Solo una roca. Este lugar ha estado
abandonado desde hace seis meses o más.
Baldric miro a Jaqueline que se apresuraba con
sus ropa lo más discretamente posible. Parecía un ángel
bajo el resplandor de la luna. Su pánico inicial
disminuyó, pero seguía sintiendo la ira subyacente.
Cualquier persona que ponía en peligro su vida,
arriesgaba las suyas. Para demostrar su ira, Baldric
profundizo su voz.
— La roca que aventaron golpeo la linterna que
inicio el fuego. Están en graves problemas. Les sugiero
que busque ayuda antes de que todo el bosque se
incendie. Voy a considerar si los entrego a las
autoridades o no. Ahora muévanse.
Con los rostros pálidos, los niños murmuraron un
— Si señor — al unísono y se echaron a correr.
Satisfecho volvió su atención hacia el fuego.
— Se han ido Jaqueline. No creo que los veamos
mucho.
Baldric la dejo que tuviera privacidad y vio como el
fuego consumía la cabaña. Afortunadamente, la madera
se quemaba lo suficientemente lento y estaba lejos de
los árboles.
Letras de Corazón
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— Menos mal que llovió. La tierra húmeda
ayudara a evitar que el fuego se disperse.
Un dolor agudo lo distrajo por un momento y vio
su brazo. Varios fragmentos de vidrio estaban
profundamente arraigados en su piel. Le dio la espalada
al árbol donde estaba Jaqueline, para que no viera lo
que estaba a punto de hacer. Uno a uno les dio un
tirón para sacarlos, haciendo muecas cada vez.
— Esto va a dejar marcas.
A pesar del calor, el frio de repente paso por él.
Un olor extraño lo golpeo. Un olor más fuerte que el de
la cabaña quemándose. Un olor que provocaba que se
erizara el bello de su cuello. Baldric volteo a ver a
Jaqueline y solo vio la manta tendida en el suelo. ¿Qué
demonios?
La sangre le vibro en sus oídos.
— ¿Jaqueline?
Su corazón golpeo mientras le daba la vuelta al
árbol y vio las segundas huellas grabadas en el suelo
fangoso. No eran de humanos. La inquietud se metió en
su sangre. Baldric trato de captar su olor, pero
encontró el otro más fuerte dominándolo.
Agudo y metálico. Un lobo que el sentía había
probado la sangre humana.
Letras de Corazón
80
Rápidamente se convirtió en su forma de lobo, con
las orejas erguidas para captar cualquier movimiento.
El crepitar del fuego hacía difícil concentrarse. Siguió
el olor desagradable unos pasos y escucho el grito de
Jaqueline, elevando la adrenalina a su punto más alto.
A toda velocidad, dio vuelta a la cabaña. Se deslizo
hasta detenerse a la vista de un gran lobo negro
gruñendo y Jaqueline atrapada a un lado en el pequeño
cobertizo. Le enfermo ver las facciones de terror en su
delicado rostro y se maldijo por no haber detectado el
peligro.
Baldric gruño y cargo hacia delante, mostrando los
dientes. El lobo se volvió y conoció su desafío,
rompiendo en una carrera rápida. En el aire sus
cuerpos se encontraron estrellándose el uno contra el
otro. El otro lobo tenía una ventaja de peso ligero y
mando a Baldric al suelo.
Sin aliento, se puso de pie cuando unos colmillos
se clavaron en su hombro. El inmenso dolor lo
atravesó. Pero haría falta más de eso para mantenerlo
caído. Ciegamente lanzo sus mandíbulas hasta que
cogió la punta de la oreja de lobo entre los dientes,
Con un ligero tirón, la rompió a la mitad.
El lobo aulló de dolor liberando el hombro de
Baldric, solo lo suficiente para recomponerse. Lo ataco
y lo lanzo a tierra, mordiendo lo que pudiera. Las
Letras de Corazón
81
imágenes de lo que pudo haber sido si no llegaba a
tiempo le mantuvieron la adrenalina alta. Si era
necesario lucharía hasta la muerte, pero no su propia
muerte. Todo lo que importaba es que Jaqueline estaba
bien. Nadie amenaza a su pareja. La rabia lo alimento
más y mordió con fuerza los cuartos traseros de lobo.
El aulló en derrota y dejo de luchar. Baldric considero
terminarlo, pero cambio de opinión. Se aportó y vio que
el lobo corría a distancia con la cola entre las patas.
Rápidamente evaluó el daño causado a su cuerpo y
se lamio las llagas. Había pasado mucho tiempo desde
el ultimo altercado con un animal. Cuando vio a
Jaqueline acercarse, él se escurrió detrás de un árbol.
— ¿Baldric estas bien?Se convirtió y luego se asomó a la mitad.
— Si estoy bien, ¿tu estas bien?
El ceño fruncido cubría su cara llorosa.
— Estoy bien, aparte de sentirme como una idiota.
No sabía qué hacer. Me estaba vistiendo y entonces
apareció el lobo. Note el cobertizo y corrí hacia él. Por
alguna razón pensé que podría escapar de un lobo.
¿Qué loco suena eso? Parece que mi sentido común me
abandono esta noche.
El quería decir algo para tranquilizarla. - La
mayoría de la gente no sabe qué hacer. Tu solo estas
Letras de Corazón
82
fuera de tu zona de confort. Lo único que importa es
que estas bien.
— Pero te puse en riesgo. Y luego…
Ella hizo una pausa y el no pudo evitar ver que
sus ojos se oscurecían.
— ¿Y luego qué?
— ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué te escondes de
mi cuando cambias?
No estaba seguro de saber que responder, se
cambió el peso de pie a pie.
— No lo sé. Una vieja costumbre supongo.
Ella entrecerró los ojos — No hay necesidad de
que te ocultes. Es parte de lo que eres.
Sus palabras tuvieron un gran efecto en él. No
creía que la pudiera amar más.
— Lo siento. Me preocupa que te moleste ser
testigo. Supongo que es una inseguridad mía. Ahora
dime, ¿Esta lastimada?
Una leve sonrisa ilumino su rostro. — No, estoy
bien. Tú sígueme salvando y tal vez te conserve por
eso.
Dios, él lo esperaba. — Me gustaría salvarte la
vida mil veces más si es necesario.
Letras de Corazón
83
Ella asintió con la cabeza. — Te creo.
Él se inclinó para besarla, pero se detuvo cuando
vio su cara pálida.
— ¿Qué pasa?
Ella puso una mano en su boca. — Oh dios mío
estas herido. Estas sangrando.
Baldric echó un vistazo a su hombro y vio la
herida profunda.
— No es nada. Solo un hombro herido. No te
preocupes por eso.
Tan pronto como lo dijo, él se arrepintió. Sus ojos
se atormentaron. — Voy a estar muy preocupada por
eso. Necesitamos limpiarte o se va a infectar.
Él no se pudo resistir. — ¿Qué ahora eres
medico?Jaqueline río. — Oh basta, esto es serio.
Su pulso se aceleró ante su atención. — Sé que tú
puedes curarme. Pon tu mano sobre la herida.
Con labios temblorosos, ella vacilo. — Temo
hacerte daño.
El levanto los hombros y los encogió. -— Te lo
prometo, estaré bien. Tu tacto me va a sanar. Mira.
Letras de Corazón
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Jaqueline puso su temblorosa mano en el hombro
y la apretó. El calor de su piel lo tranquilizo. El sintió
que sanaba de adentro hacia afuera. Todo el dolor y
malestar desapareció.
Su fortaleza completa regreso y le dio un guiño.
— Ahora ve por ti misma.
Ella levanto la mano y abrió la boca. — ¿Cómo
hice eso? Luce como nuevo, ni siquiera hay rasguño ni
cicatriz.
— Tu tacto puede curarme ahora que hemos
estado juntos.
Ella miró su mano y el asombro surgió en su
rostro. — Increíble.
Baldric extendió su mano y cogió un mechón de su
pelo y se lo paso por la oreja. — Ahora tú me has
salvado.
Él la vio darse la vuelta alejándose, con los brazos
cruzados en su pecho.
— Que noche ha sido esta. Me siento sobre
pasada. Creo que necesito pasar un tiempo con mis
cosas para arreglar mis ideas. Me gustaría que vinieras
conmigo. ¿Te importaría?
— ¿Dónde es eso?
Letras de Corazón
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Ella se dio la vuelta, pero mantuvo su mirada baja.
— A mi casa. ¿Te importaría?
Él la iba a perder. Él lo sabía. — Tú no eres
prisionera, Jaqueline. Si deseas tiempo a solas, yo lo
entiendo. No quería dejarte ir hasta que me creyeras.
El rostro de ella se suavizo cuando lo miro.
— Creo en ti.
Letras de Corazón
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CAPÍTULO 5
Mientras caminaban por el bosque, ella apoyó su
peso contra él. Se asustó de darse cuenta que tan
profundos sus sentimientos habían crecido por Baldric
en un período tan corto de tiempo.
No sólo sé preocupada por él, no podía imaginarse
sin él.
Jacqueline no podía soportar el silencio entre ellos.
— Entonces, ¿cómo llegaste a ser el líder?
— Era el siguiente en línea para ser líder después
de que murió mi padre.
Ella se mordió el labio. ¡Qué manera de empezar
una conversación.
Letras de Corazón
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— Oh, lo siento.
El camino más lento un momento y luego cogió el
paso. — Está bien, yo era joven. Lo perdí la misma
noche que a mi madre.
Su corazón sintió por él. — Parece que creciste
rápidamente.
Él hizo un gesto solemne. — Estaba preparado
primero por varios años, pero sí.
Ella sonrió y apretó su brazo alrededor suyo. —
Estoy segura que tu padre estaría orgulloso.
— Espero que sí. Aprendí todo sobre el orgullo, el
honor y el amor de mis padres. Al igual que tú, mi
madre no era portadora del gen lobo. Ella tenía a mi
padre para cambiarla después de todo.
Jacqueline contuvo el aliento. — ¿Lo Tenia?
El hizo una pausa y se enfrentó a ella. — Sí, era
su elección. Él nunca la habría cambiado sin su
conocimiento.
Ella admiraba la lealtad de su familia. Estaba muy
lejos de su experiencia. — Suena como una mujer
valiente.
La mirada de él fue hacia arriba al cielo, como si
ellos estuvieran mirando hacia abajo en ese momento.
Letras de Corazón
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— Ellos estaban muy enamorados entre sí. ¿Cómo
es tu familia?
— Mi padre falleció hace muchos años y mi madre
está en un asilo de ancianos para pacientes con
Alzheimer. Ella no tiene idea de quién soy y mucho
menos quién es ella.
El apretó su brazo con suavidad. — Eso debe ser
duro.
— Sí y no. Nunca la conocí. Quiero decir, siempre
tuve su amor, pero nunca estuvimos cerca. —
Jacqueline reconocido donde estaban y levantó la vista
para ver su coche. — Oh, gracias a Dios sigue estando
en una sola pieza.
Con su ayuda, ella cojeo al coche y agarró el
teléfono desde el asiento trasero. Para llamar al 911 oyó
las sirenas en la distancia.
— Suena como que el departamento de bomberos
viene en el camino. Probablemente deberíamos irnos y
dejar que ellos manejen las cosas. Además yo realmente
no quiero que me vean vestida así.
Los ojos de él mostraron diversión.
Personalmente, creo que te ves fantástica.
—
— Tú lo crees — ella soltó un bufido.
Letras de Corazón
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Él la ayudó a ir al lado del conductor y esperó a
que ella subiera — ¿Puedes conducir con el tobillo
cómo está?
Jacqueline decidió ser honesto. — Sí, puedo
hacerlo.
El cerró la puerta y caminó hacia el otro lado.
— ¿Qué debo hacer con esto? — él sostuvo la
cesta de mimbre y ella sólo pudo sonreír.
— Puedes ponerla en el asiento trasero, por
ahora.
El arrugo la frente. — ¿Qué hay dentro?
Si ella le decía ahora, su mente estaría por
completo distraía todo el viaje de regreso a su casa.
— Sorpresas especiales de Halloween. Si te
comportas voy a dejar que los abras más tarde y
probemos algunos.
Él la colocó en el asiento trasero y luego se sentó
junto a ella, cerrando suavemente la puerta del
pasajero.
— Hmm, suena como un sucio secreto para mí.
Jacqueline se echó a reír.
— Oh, está bien ser sucio.
Letras de Corazón
90
Ella arrancó el coche y miró el reloj. — No puedo
creer que sea casi la medianoche. Creo que he tenido
suficientes emociones para durar para toda la vida.
Su mano se posó sobre la de ella un momento.
— Te puedo asegurar que más emociones nos
esperan si te quedas conmigo.
— Tentador. Muy tentador. — Puso el coche en
marcha le dio la vuelta y se dirigió hacia la carretera.
— Entonces, ¿te puedo preguntar algo?
— Cualquier cosa.
Ella realmente no sabía cómo preguntarlo pero le
dio un tiro.
— ¿Cómo un gen de lobo y un gen humano se
mesclan? Quiero decir, nunca he oído hablar de eso
antes. ¿Qué paso?
— Se cree que una curandera antigua tenía un
gran respeto por el lobo y lo adoraba. La curandera no
podía soportar ver las pieles de lobo pieles en prendas
de vestir por el hombre codicioso y exigió que ellos
pagaran tributo a la diosa lobo. Por supuesto, ellos
pensaron que la curandera era una bruja y trataron de
matarla. Como castigo, ella decidió darles una lección y
se comprometió que cualquier ser humano que entrara
en su contacto iba a vivir una doble vida como lobo y
hombre. Permitiéndoles uno y lo mismo. Lo que les
Letras de Corazón
91
permitió experimentar la vida a través de los ojos del
otro.
Ella escuchó con fascinación. — Eso es increíble.
¿Hay días en que lamentas tu gen heredado?
— No, no realmente. Es lo que conozco. Me
imagino que es lo mismo que haber nacido con una
discapacidad. Se aprende a vivir con ello.
No era sólo hermoso, pero le encantaba la forma
en su mente trabajaba.
— Creo que es hermoso que puedas cambiar de
forma. No estoy segura de que me gustaría.
El dejó escapar un profundo suspiro y se alejó de
ella, murmurando — Entiendo.
Jacqueline se mordió un poco el labio, con miedo
de que hubiera sonado demasiado insensible. A decir
verdad, ella no sabía si quería convertirse en otra cosa,
era lo suficientemente duro tratando figurarse tal como
ella era. A juzgar por su silencio, ella había dicho algo
equivocado e hirió sus sentimientos.
El silencio en el interior del coche se volvió
pesado. Ella se ocupó con los recuerdos de su tiempo
en la cabaña. Ni una sola vez él se había comportado
con ella como un extraño. Incluso su toque irradiaba
familiaridad. Ternura. No pidió mucho, pero dio un
montón.
Letras de Corazón
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Pensamientos rodearon su mente mientras miraba
las luces blancas del tráfico que se aproximan al pasar.
Pronto estarían en su casa y tenía que tomar una
decisión final. Le debía a él por lo menos eso. Ella
había tomado siempre los riesgos a la hora de amar,
pero esta vez lo que estaba en juego era más alto.
¿Podría vivir en su mundo?
En un semáforo, se atrevió a dar un vistazo a
Baldric. Parecía muy lejos, mirando por la ventana, la
frente arrugada en una profunda reflexión. Ella se
acercó y le acarició el antebrazo.
— Estás callado.
El pasó una mano por su pelo. — He estado
ocupado pensando.
— ¿Sobre qué?
— Acerca de cómo he estado tan centrado
buscándote que no pensé en las consecuencias, los
peligros, las luchas que enfrentaría. Creía que era
suficiente hombre y lobo como líder para protegerte.
Ahora no estoy seguro. Ya que has estado en peligro
dos veces esta noche.
¡Oh, no, él no la iba a alejar. No cuando ella
estaba lista para estar a su lado.
Letras de Corazón
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— Sí y me salvaste en ambas ocasiones. Nunca me
he sentido más segura con un hombre que cuando
estoy a tu alrededor.
— ¿Pero es práctico? ¿Puedo pedirte que de
buenas a primeras vengas a vivir conmigo en medio de
mundo silvestre cuando no estás acostumbrada a mi
forma de vida? No creo que vaya muy bien. Si algo te
pasara y yo no pudiera salvarte me destruiría.
Jacqueline le palmeó la mano. — Conocer que
esos pensamientos existen en tu mente me hacen
incluso pensar más en ti. No olvidemos, que no sabías
que estabas siguiendo a un ser humano. Si yo fuera un
lobo, sería más fácil.
— En cualquier forma, mi amor sigue siendo
verdad.
Ella suspiró. — Te creo cuando dices que tenemos
una conexión. Yo también la siento. Es por eso estoy
poniendo todo en mi cabeza. Quiero asegurarme que mi
decisión es la correcta.
— Tómate todo el tiempo que necesites — dijo
con un toque distintivo en su voz.
Jacqueline hizo una mueca y se volvió en su calle.
Ella deseaba que hubieran estado atrapados en el
tráfico o un retraso de alguna manera. Cualquier cosa
que le diera la oportunidad de entender las cosas.
Letras de Corazón
94
— Bueno, aquí estamos. — Dijo mientras
estacionada, Jacqueline noto un BMW negro en la calle
que parecía demasiado familiar. — Oh, mierda.
El rostro de él palideció con una sombra. — ¿Qué
pasa?
Ella tenía la sensación de él iba a atacar a Ted si
ella decía algo. — Uh, nada. No te muevas. Yo me
encargaré de esto.
— ¿Encargarse de qué?
Jacqueline cerró la puerta y caminó alrededor de
la parte delantera de su coche al igual que Ted salía del
suyo. Una botella de cerveza resbaló de su mano, cayó
al cemento y rompiéndose en pedazos pequeños. El
sonido hizo eco de la noche. Ella lo miró, vestido con
un traje de espía de James Bond.
— ¿Ted? ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
Una ridícula sonrisa se extendió en su rostro
mientras la miraba de lado.
— Te ves jodertastic.
Sí, era todo un encanto. — ¿Perdón?
El eructó y tropezó cuando se acercó.
— Una gran elección de vestuario. Desearía que
me hubiera dicho lo que te ibas a poner.
Letras de Corazón
95
Ella envolvió la capa más estrecha alrededor de su
cuerpo. Él había perdido su derecho de mirar en lo que
a ella respecta.
— Pensé que estaban en una cita con cómo se
llama…. Sophie....
La esquina de los labios él se doblaron en
rechazado.
— Sí. Estúpida perra, no me dio nada. Gasté
mucho dinero en ella esta noche. Tu nunca fuiste así.
Siempre fuiste barata y fácil.
Una imagen de ella sacándole los ojos con el talón
de su zapato vino a la mente y luego desaparecido. Ella
realmente no quería arruinar los zapatos.
— Ya veo. Así que pensaste venir aquí para
conseguir un coño y todo estaría mejor.
La sonrisa de él se volvió con malicia. — Como si
fueras a decir que no.
Jacqueline gimió. Ya había tenido más que
suficiente de Ted Lumley y su mierda.
— Bueno, es mi turno de sorprenderte. La
respuesta es no.
Ted se tambaleó hacia delante, atrapándose a sí
mismo sobre los hombros de ella. Sus manos se
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96
deslizaron hacia abajo y ahuecó sus pechos, dando a
cada uno un apretón duro.
— ¿Qué, quieres jugar duro?
El olor de su aliento casi la hizo vomitar.
— Dios, eres patético. No me toques.
Ella luchó para quitar los dedos pero él pero
estaba tirando más duro de lo necesario y fue difícil.
Jacqueline miró de nuevo hacia el coche, con la
esperanza que Baldric viera la extrema necesidad de
ayuda, pero él ni siquiera estaba allí. En ese momento
la puerta del auto se abrió y vio cómo cuatro peludas
piernas chocar contra el pavimento. Un lobo hermoso
iba a venir a su rescate.
— Te sugiero que quites tus manos de encima.
Ted frotó la ingle en su contra. — ¿Ah, sí? Ve y
lucha, sólo me pones más caliente.
Su héroe tendría algo que decir al respecto.
— Es tu funeral.
Baldric dejó escapar un gruñido amenazador.
Divertido, mientras observaba la expresión sin precio de
Ted cuando él giró la cabeza y divisó al lobo.
— ¿Qué diablos es eso? ¿Es un maldito lobo?
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Jacqueline no podía ocultar la alegría en su voz.
— Sí. Un lobo grande y malo. Venía con el traje.
¿Quieres acariciarlo?
Baldric enseñó los colmillos, revelando dos
destellos de marfil en la luz de la luna.
— Por supuesto que no. Llévatelo lejos de mí —
se quejó Ted, retrocediendo desde la posición de ataque
del lobo.
Jacqueline negó con la cabeza con entretenimiento.
— No parece que le gustas. Sugiero que te vayas.
Puede ser que quiera sesgarte en pedazos, y me temo
que yo no lo detendré.
— Perra sin corazón.
Ella lo vio tambalearse hacia su coche. Mientras
que el hombre olía a cretino, una imagen de él
estrellándose a través del parabrisas en algún lugar a
lo largo de la carretera brilló en su mente.
— Espera. Tal vez no debas conducir.
Su mirada helada casi la hizo tambaleándose.
— Vete a la mierda.
Ella dio un paso adelante, pero Baldric de vuelta
en su forma humana, la agarró del brazo.
— Voy a hacerme cargo de esto.
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La forma de cambiar le tomaría algún tiempo para
acostumbrarse.
— No tienes que hacerlo. Él es mi problema.
— Ya no lo es. — Él se puso detrás de su ex y lo
golpeó en la parte posterior de la cabeza con el puño.
Ella lo vio poner a Ted en su coche, poniéndolo en
posición que se desplomara hacia adelante en la rueda.
Al volver a su lado, Baldric la besó en la mejilla.
— Él no va a ir a ninguna parte. Deberías llamar a la
policía y decirles que un hombre borracho te siguió a
casa. Asegúrate de darles el número de la placa. Ellos
se encargaran de ello.
Ella cogió su teléfono desde el asiento trasero de
su coche e hizo la llamada. — Correcto, buena idea.
Gracias.
— ¿Para qué?
Después de dos timbrazos una mujer respondió en
el otro extremo de la línea. Jacqueline le tendió el dedo
mientras le transmita la información. Cuando terminó la
llamada y ella cerró el teléfono celular y sonrió a
Baldric.
— Gracias por... No sé, ayudarle supongo. Quiero
decir, Ted es un culo y no debería haberme preocupado
por él después de todo, pero...
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Él le apretó los dedos contra sus labios, cortando
toda la conversación anterior. — Vamos gatita, los dos
sabemos que tienes un corazón blando. Me gusta eso
acerca de ti.
El tipo tenía todos los movimientos correctos. Ella
inclinó la cabeza y disfruto de la calidez de su mano a
lo largo de su mejilla.
— Realmente lo siento. Espero que su intrusión
no haya arruinado completamente tu estado de ánimo.
Baldric se acercó a ella, su nariz cepillando el
cuello. Instantáneamente se le puso la piel de gallina.
— ¿Estás bromeando? Estoy deseando saber lo
que tienes dentro la canasta.
Ella le dio su mejor mirada pícara y sacó la
canasta del el asiento trasero.
— Oh, sólo algunos traviesos juguetes que la
abuela no aprobada. Pero, te lo prometo, tú lo harás. "
*****************
Ella yacía en la cama, completamente desnuda. Vio
cómo Baldric examinaba cada juguete de la cesta con
asombro infantil. Cada artículo que sus dedos
acariciaban tuvo un efecto directo sobre ella. Él sacó
un vibrador de plata hermoso que se parecía como una
bala de plata. Ella encontró la conexión entre una bala
Letras de Corazón
100
de plata y un lobo para ser ligeramente tonto y le dio a
él elegir otra cosa.
— ¡Ah, Una venda para los ojos, me gusta esto.
Jacqueline trató de quitárselo. — Ahora, espera
un minuto.
El olor de él almizclado cosquillo en sus sentidos.
— ¿No confía en mí para ahora?
No era una pregunta. — Sí, confió en ti. Con mi
vida y mi corazón.
El deslizó la venda sobre sus ojos y la besó en la
nariz. — Bueno, entonces disfruta lo que voy hacerte.
Ella apenas podía contenerse. Estaría a su merced
y follando encantada.
La voz de él le susurró con confianza. — Quiero
que te siente en el borde de la cama y separes tus
piernas.
Jacqueline lo hizo y casi podía sentir su ardiente
mirada en ella. La mirada que exigía que era suya y de
nadie más.
— Tengo que probarte otra vez — susurró y
estrelló sus labios contra los suyos. Duro, dominante, la
beso que casi le quitó el aliento.
Letras de Corazón
101
La lengua de él se deslizó profundamente en su
boca y se enredó con la suya. Él sabía bien. Ella alargó
la mano hasta que encontró el pecho. Sus músculos
flexionados por debajo de la palma, provocaban una
oleada de necesidad inmediata a través de su cuerpo.
Cuando él rompió el beso ella abrió la boca y casi
se cae hacia adelante. Se enderezó de nuevo y se
mordió el labio. Ahora, ¿qué estaba haciendo? La puso
salvaje no saber.
— Tienes unos pechos perfectos.
Ella sonrió. También eran muy sensibles.
Algo suave y tenue rozó un pezón y luego el otro.
¡Ah! plumas. Ella saco sus pechos hacia adelante y
ladeó la cabeza hacia atrás, gimiendo suavemente
mientras el tocaba con trazos suaves, lo suficiente para
humedecer su coño. La pluma fue reemplazada
rápidamente por la lengua por cada guijarro
endurecido. Ella pasó los dedos por cabello de él
queriendo que no parara nunca.
— Mmm… Me gusta eso.
Ella quería ver. Para ver los labios alrededor de
sus pezones. Sin embargo, la venda de los ojos añadió
diversión, sensibilizando sus otros sentidos. Su coño
palpitaba mientras él mordisqueaba uno y con los dedos
apretaba el otro. ¿Cuánto podía ella aguantar? no tuvo
Letras de Corazón
102
la oportunidad de saberlo porque él quito los labios.
Jacqueline se esforzó por escuchar algún sonido sobre
su respiración irregular.
— Necesito que te hagas hacia adelante un poco
más, lo suficiente para que tu coño este en el borde de
la cama. ¿Puedes hacer eso?
Lo que él quisiera, ella se lo daría. — Mmm hmm.
Su aliento caliente cerca de su apéndice le dio un
espasmo a través de ella.
— Tienes un coño hermoso. Brilla por deseo de
mí. Sé que he probado su crema antes, pero tengo que
hacerlo otra vez.
— O bien — susurró ella.
Baldric arrastró su lengua a lo largo de su raja y
ella pensó que iba ir a parar al techo. La mano de él se
deslizó a lo largo de la pierna, hacia arriba y hacia el
interior de sus muslos. Ella se retorció por su toque,
disfrutando de la calidez de su mano mientras se
acercaba a su centro.
— Tú eres una pecadora. Cada pulgada de ti.
Él la tocó de nuevo con su lengua, arrastrándola a
través de su ranura otra vez. Ella se estremeció en
contra de su tacto. Él no se apresuró nada, en lugar de
eso la torturo con en una lánguida manera sensual. Ella
Letras de Corazón
103
se estremeció cuando sus brazos le rozaban los
muslos. Brazos que la cargaron, la rescataron y
lucharon por ella.
Él se detuvo de nuevo.
— Mmm, tengo que ver cómo funciona esto.
Jacqueline mordió el labio inferior.
— ¿Ver cómo funciona qué?
La respuesta fue un zumbido y su cuerpo se
convirtió en líquido. Ella no sabía que vibrador era
pero no importaba. A su cuerpo le golpeó completa ola
de excitación en el momento en que él posó el frío
extremo contra su clítoris.
— ¿Esto te complace?
— Oh sí, infiernos — ella se quejó.
El zumbido se hizo más fuerte y más rápido vibro
haciéndole difícil mantener los muslos abiertos. Tan
bueno como se sentía, no podía esperar para tener su
polla de nuevo dentro de su coño.
— Mi hermosa Jacqueline, quiero verte llegar.
Con el vibrador en su clítoris, ella no podía dejar
de correrse. Su respiración se hizo más desigual, cerca
de la liberación deseaba. Ella extendió sus muslos una
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104
fracción de pulgada más y el orgasmo se acumuló en
su cuerpo.
Jacqueline podía oír el cambio en la respiración de
Baldric. Ella debió habérselo puesto muy difícil. Su
cuerpo seguía punzando incluso después que él quito el
vibrador.
El movió los labios por debajo de su oído y le
susurró en voz baja.
— Tengo que estar dentro de ti.
— Sí — se quejó ella.
Impaciencia se deslizó en su tono mientras le
decía. — Date la vuelta en tus manos y las rodillas.
Obedientemente ella lo hizo, queriendo todo lo que
él podía darle
— Las instrucciones dicen que use lubricación
antes de meter esta gran cosa en el culo.
El cuerpo de Jacqueline se resistió a sus palabras.
Ella no sabía de qué se trataba, pero mierda como lo
anhelaba.
— Hay lubricación en la parte inferior de la
canasta.
Jesús, ¿qué iba él a meter en su culo?
Letras de Corazón
105
Su tacto era la luz mientas él extendió el líquido
frío a lo largo de su músculo trasero deslizando sus
dedos para aflojarla.
Sin previo aviso, le deslizó algo duro en su culo,
tomando las cosas con calma suficiente para que se
relajara a su alrededor. Ella arqueó la espalda y gimió.
Dios le encantaba la forma en que el consolador
extendía sus carnes y la penetración. Se le puso la piel
de gallina cuando lo deslizó hacia adelante y hacia
atrás, tocando todas sus terminaciones nerviosas.
Cuando él lo deslizó dentro de ella otra vez al mismo
tiempo metió su polla en su coño.
Jacqueline gritó, atrapada en la sensación erótica
que corría a través de su cuerpo por la doble
penetración. Cada movimiento la estimuló a mayor
medida. Con ambos, su culo y su coño llenos, ella se
sentía como un animal salvaje, fuera de control.
Oyó el zumbido del vibrador puesto en marcha de
nuevo y contuvo la respiración. En cualquier momento y
ella perdería su mente. Él lo apretó contra su clítoris
mientras seguía empujando cada bendito centímetro de
su polla dentro de ella.
— Quiero que veas para abajo y mantengas el
vibrador en tu clítoris.
Con la cabeza hacia abajo viendo a la cama, ella
extendió sus dedos temblando debajo de ella y lo
Letras de Corazón
106
sostuvo en su lugar, moviendo sus caderas de vez en
cuando. Mientras su polla bombeaba dentro de ella, él
deslizaba el consolador dentro y fuera de su culo. Con
la combinación de él y el vibrador se sentía que iba a
perder total control sobre su propio cuerpo. Que se
perdiera una vez no le importaba en absoluto.
— Tengo que venirme, tengo que correrme —
instó ella.
Sus ejes se aceleraron y ella se preparó. Perdida
en una gran euforia, sintió vagamente que él empuja de
nuevo profundamente y con empujes parejos. Ella dejó
que el vibrador se cayera de sus manos cuando el
orgasmo…. devastador corrió a través de ella con cada
golpe.
— Estoy contigo, gatita.
Una réplica tras otra ardió a través de ella cuando
sintió el empuje de Baldric y su propia liberación. A
ella le encanto oírlo llamarla en voz alta con la
respiración áspera y rápida. Sus gruñidos fueron
fuertes como sus gemidos.
Completamente saciada, Jacqueline bajo los codos
hacia adelante hasta que estuvo extendía sobre la cama.
Ella se quitó la venda de los ojos y le sonrió.
Baldric se acostó abrazándola detrás de ella, su cuerpo
caliente y reconfortante en su piel. Ella había
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107
encontrado su respuesta. Por primera vez, sabía sin
una sombra de duda lo que quería.
Con la respiración irregular, ella dijo,
— ¿Te das cuenta que me has echado a perder.
La sonrisa de él sexy le dio otro espasmo a ella.
— No puede decir que me sienta mal por eso.
Tengo que decirte algo, sin embargo y te prometo que
no tengo la intención de influir en su decisión.
Curioso, ella pensó que él le rogaría más. —
Bueno, ¿qué es?
— Estoy enamorado de ti. Ya. No quería decírtelo
pero no me arrepiento.
Las lágrimas se formaron en los ojos de ella pero
se negó a llorar.
— ¡Qué cosa más hermosa de escuchar, pero ya
he tomado mi decisión.
El choque resonó fuerte en su voz. — Ah, ¿sí?
Tomando la mano de él en la suya, ella la apretó.
— Sí. Quiero que estemos juntos. Para siempre.
Él se levantó y se volvió hacia ella. — ¿Estás
segura?
Jacqueline asintió con la cabeza.
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— Totalmente. He pensado en todo lo que has
dicho. Estar contigo tiene sentido para mí. Tal vez lo
estaba buscando todo este tiempo también, pero no de
la misma manera que tú. Tal vez nos encontramos uno
al otro en el momento justo para los dos.
A ella le encantaba la forma en que sus ojos
brillaron cuando él se entusiasmó.
— Me has hecho muy feliz. Te prometo que no te
arrepentirás de tu decisión.
— No lo haré. Espero poder conocer a tu manada
y aprender de ellos. Vamos a hacer que funcione.
— Puedes tener lo que quieras, gatita.
Jacqueline lo empujó a la espalda y besó su pecho.
— Pienso tomarle la palabra.
Ella se deslizó hacia abajo entre las piernas de él y
envolvió su erección en un puño apretado alrededor,
amando la manera en que se endureció inmediatamente
en su mano.
Ella tocó la cabeza de su pene suavemente con la
lengua, deleitándose en su excitación.
Él la miró con un brillo travieso en los ojos.
— ¿Y qué crees que estás haciendo?
Ella besó suavemente su eje duro.
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— Conseguir lo que quiero. No has hecho más
que hacerme ronronear. Ahora te voy a hacer aullar.
Fin
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