Biología del grupo prehistórico de Pisagua, costa norte de Chile1

Estudios A tacam eños N°17 - 1999
B io lo g ía del grupo prehistórico de Pisagua,
costa norte de C h ile 1
J o sé
A.
C o c il o v o 2, S ilvia Q u e v e d o 3, H é c t o r
R E SU M E N
2
3
S ilv ia V a l d a n o 2 y M a r io C a s t r o 3
ción es com pletada con observaciones sobre la
incidencia de algunas patologías, el estado de la
dentición y las características del perfil dem ográ­
fico. Se establecen sus relaciones biológicas con
otros grupos próxim os del N orte de Chile y se rea­
lizan inferencias sobre el origen probable de la
población local.
En la costa norte de Chile y en las proxim idades
de la actual localidad de Pisagua, vivió un grupo
prehistórico de pescadores desde el 300 AC hasta
el 1.450 DC. Sus restos, actualm ente conservados
en el M useo N acional de H istoria N atural (San­
tiago Chile), fueron exhum ados por M ax U hle en
1913 en cuatro cem enterios correspondientes a tres
etapas del desarrollo agroalfarero del N orte de
Chile (Form ativo, Tiw anaku y D esarrollo R egio­
nal). El objetivo del presente trabajo es el estudio
de la estructura de la población a partir del análi­
sis de la distribución de rasgos fenotípicos. Bajo
el supuesto de distribución al azar de efectos no
g e n é tic o s , d ic h a e s tru c tu r a r e f le ja c a m b io s
genéticos que dependen de la acción de factores
m icroevolutivos asociados con eventos históricos
producidos a nivel regional y local. Se relevó un
conjunto de rasgos m orfológicos (atributos y va­
riables continuas) en un total de 120 individuos y
se analizó la distribución de estos rasgos de acuer­
do con el sexo, la edad, la deform ación artificial y
el cem enterio de origen, aplicando técnicas de aná­
lisis estadístico uni y m ultivariadas. Esta inform a­
1
H. V a r e l a 2,
A B ST R A C T
On the northem coast o f Chile and near o f w hat is
today the city o f Pisagua, a group o f prehistoric
fisherm en lived from 300 A C to 1450 DC. Their
rem ains, now preserved at the N ational M useum
o f N atural History, w ere exhum ed by M ax U hle
in 1913 in four burial sites corresponding to three
stages o f the agriculturist developm ent o f Northern
Chile. The aim o f the present w ork is the study of
the population structure from the analysis o f the
phenotypic traits distribution. On the assum ption
o f random distribution o f non genetic effects, such
structure reflects genetic changes w hich depend
on the a c tiv ity o f m ic ro e v o lu tio n a ry fac to rs
associated with historical events w hich took p la­
ce at a local and regional level. The achievem ent
o f the aim s required the acquisition o f the set o f
m orphological traits (attributes and continuous
variables) in 120 individuáis. The study o f the lo ­
cal biology was carried out through the analysis
of the distribution o f such features in relations to
se x , ag e , a r tif ic ia l d e fo rm a tio n an d so u rc e
cemetery. Uni and m ultivariate techniques w ere
applied. This was com pleted with observation on
the incidence o f certain pathologies and dentition
State, and ch a ra c te ristic s o f the d em o g rap h ic
profile. Its biological relations with other nearly
groups in northern Chile are established, and
Trabajo realizado con subsidios de FONDECYT
(Chile, Proyecto 348, 1174/83), SUBCYT (Argenti­
na, Resol. 417/83, 150/85) y UNRC (programa 477/
83/84/85).
Departamento de Ciencias Naturales, Facultad de
Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales, Uni­
versidad Nacional de Río Cuarto y CONICET,
C am pus, 5800 RIO CUARTO, A rgentina,
[email protected]
Museo Nacional de Historia Natural, Casilla 787,
Santiago, Chile.
207
Tiw anaku (700 -1 0 0 0 DC), Pichalo IV (1000 DC),
San M iguel (1200 DC), G entilar ( 1350 DC) e Inca
(1450 D C), hasta el colapso de la sociedad indí­
gena en 1550 (N uñez, 1965 y 1980). El m aterial
exhum ado por U hle en Pisagua cubre el registro
desde el llam ado com plejo de Faldas El M orro
hasta el siglo X IV de nuestra era, lapso durante el
cual se espera, a partir de los datos culturales, una
activa interacción entre la sociedad local y las po­
blaciones de otras subáreas y de otras regiones más
alejadas.
in ferences are realized about local population
origin.
Introducción
La reconstrucción de las características biológi­
cas de las p o b lacio n es hum an as p reh istó ricas
involucra la recuperación de inform ación, a partir
de una m uestra de restos óseos, sobre el dim orfis­
mo sexual, la variación etaria, el efecto de la de­
form ación artificial, la incidencias de patologías,
la nutrición y la dem ografía. E sta inform ación
perm ite evaluar de una m anera m ás realista la di­
ferenciación geográfica de los grupos cuando, a
través del estudio de sus relaciones y afinidades
biológicas, se intenta una explicación probable
sob re los fac to re s d e te rm in a n te s del pro ceso
m icroevolutivo que operó en una determ inada re­
gión. Trabajos de esta naturaleza, no abundan en
el área andina centro m eridional y particularm en­
te en el norte de Chile. A portes parciales pueden
m encio n arse p ara la serie de M orro de A rica
exhum ada por M ax U hle en 1912 (Cocilovo et al.,
1982; M endonga et al., 1983, 1986; M endonga y
D iR ienzo, 1 9 8 1 -8 2 ;M artin o eta l., 1991;M artino
y Cocilovo, 1988, etc), derivados del desarrollo
desde 1978 del proyecto conjunto “M icroevolución en Poblaciones del A rea A ndina M eridional”
entre especialistas argentinos y chilenos.
El paisaje de Pisagua participa de las característi­
cas generales vinculadas con el D esierto de Atacam a en la costa árida, en la cual los principales
factores lim itantes para el desarrollo de la pobla­
ción son la disponibilidad de agua, de alim entos y
de com bustible. El clim a es desértico con nubla­
dos abundantes (BW n) con un a alta hum edad re­
lativa, gran frecuencia de días nublados, escasas
precipitaciones y régim en térm ico hom ogéneo; los
vientos dom inantes son de com ponente sur y su­
doeste (E rrazuriz et al., 1987; N uñez y Varela,
1967-68). E l p rincipal accid en te g eográfico lo
constituye la Punta Pichalo (19° 36' 30” latitud y
70° 19' de longitud W ). El relieve es abrupto y no
existe una terraza de abrasión verdadera, tam po­
co hay una desem bocadura de río propiam ente
dicha, sino un poco m ás al norte cerca de Pisagua
Viejo. C om enzando casi en el borde del agua, el
terreno sube en una m arcada pendiente por 335
m, al cabo de la cual continúa p o r 450 m m ás has­
ta el nivel general de la m eseta costera. Los yaci­
m ientos se encuentran localizados en prom onto­
rios rocosos o em inencias destacadas que ofrecen
reparo para el oleaje y perm iten, a la vez, la prác­
tica de la pesca com o fuente principal de recur­
sos. Este m odo de vida parece haber perdurado
aún después de la introducción de la agricultura
cuya producción no debe h aber alcanzado para
inducir un cam bio substancial en el tipo de sub­
sistencia (Bird, 1943 y 1946).
El presente inform e se refiere a los principales
resultados obtenidos durante el estudio de los
m ateriales de la colección M ax U hle de la locali­
dad de Pisagua, con la finalidad de brindar una
contribución al conocim iento de la biología del
grupo en el sentido antes indicado. Esto incluye
adem ás, la investigación de la estructura de la
m uestra según su distribución en cuatro cem ente­
rios posiblem ente pertenecientes a distintos m o­
m entos del desarrollo cultural del norte de Chile y
de sus relaciones con otras localidades. Un trata­
m iento más com pleto del tem a se encuentra en
Cocilovo (1995).
P róxim a hacia el norte, se desarrolla la quebrada
de T ana o C am iñ a q ue se co n tin ú a con la de
T iliviche y la de Jazpam pa, constituyendo una vía
p r o b a b le d e c o m u n ic a c ió n q u e en tie m p o s
preagrícolas perm itió integrar el aprovecham ien­
to de los recursos de distintas regiones, en un m e­
canism o de transhum ancia, entre P isagua y la lla­
m ada Pam pa del Tam arugal, con la existencia pro­
Para la zona de Pisagua, la arqueología hoy con­
cibe un sistem a de desarrollo cultural continuo con
dataciones desde el V III m ilenio AC, hasta la con­
quista española, desde T iliviche (7810 ± 4 110 AC),
Punta Pichalo I (4206±220 AC), P unta Pichalo II
(3666±145 AC), Chinchorro (2930±320 AC), Fal­
das del M orro (0-700 D C), Pichalo III (700 DC),
208
bada de cam pam entos interm edios com o: Saya,
Q uiuña Bajo, T iliviche y A ragón (N uñez et al.,
1976). Seguram ente, a este circuito no debió estar
ajena la zona altiplánica, que en épocas posterio­
res pudo haber aportado recursos agropecuarios
propios com o la quinua y la papa, que hasta hoy
se m anejan con una tecnología sim ilar por ejem ­
plo en Islu g a (L anino R ozas, 1977; A lbornoz
Acosta, 1977).
ciones locales que desde el Período A rcaico se
fueron paulatinam ente diferenciando desde el pun­
to de vista biológico en áreas geográficas y en
biotopos específicos, a pesar de las com probadas
interacciones culturales entre ellas (C ocilovo y
Rothham m er, 1990).
Por razones técnicas, los trabajos antes citados se
realizaron em pleando un conjunto de nueve va­
riables craneométricas. En cada muestra la influen­
cia de los factores de variación interna com o el
sexo, la edad y la deform ación artificial en la po­
sición del vector de m edias no fue adecuadam en­
te resuelto por el escaso núm ero de observaciones
disponibles en varias series y por desconocim ien­
to del verdadero efecto sobre la estim ación de las
distancias D 2. L as experiencias realizadas aquí
intentan resolver este pro b lem a m ediante una
evaluación previa de tales factores en la expre­
sión de las características m étricas y la posterior
reducción de su efecto por la aplicación de una
técnica num érica que perm ite trabajar con los va­
lores residuales, descontando la variación produ­
cida por cada uno de ellos.
El conocim iento de las interacciones biosociales
im plica adem ás del aporte de la arqueología, la
incorporación de los datos obtenidos por medio
de los estudios de relaciones biológicas entre los
distintos grupos. Investigaciones anteriores per­
m itieron com prender la variación geográfica de
la m orfología de los grupos prehistóricos desde
Perú hasta Tierra del Fuego, y su correlación con
la distribución espacial (Cocilovo, 1981; Cocilovo
y Di Rienzo, 1985). Casi sim ultáneam ente se en­
c a ra ro n tr a b a jo s p a ra e s tu d ia r la v a ria c ió n
cronológica de la m orfología craneana desde el
punto de vista m étrico y no m étrico en el Valle de
A zapa (N orte de Chile), cuyos resultados perm i­
tieron verificar una alta correlación entre las dis­
tancias D 2 y las diferencias cronológicas entre las
m uestras, habiéndose postulado la acción de m i­
g ra c io n e s de a m p lio ra n g o s o b re la re g ió n
(R o th h am m eretal., 1981,1982 y 1984). Con pos­
terioridad se dem ostró la influencia en esa región
de poblaciones altiplánicas (R othham m er et al.,
1983) y am azónicas (Rivera y Rothhammer, 1986),
sentándose las bases para explicar el poblam iento
del N orte de C hile a p artir de cinco corrientes
m igratorias (R othham m er et al., 1984; R othham ­
m er et al., 1986).
M aterial y m étodos
D e acuerdo con la inform ación proporcionada en
los catálogos del M useo N acional de H istoria
Natural la colección de Pisagua fue recuperada por
M ax U hle en los m eses de m ayo, setiem bre y no­
viem bre de 1913, a partir de cuatro cem enterios
designados con las letras “H ”, “d” , “c” y “A ” ,
ubicados en los alrededores del poblado actual y
de Punta Pichalo (figura 1). Siguiendo los traba­
jo s de U hle (1913 y 1919) y las propuestas de
N uñez (1965,1968 y 1978) es posible asignar cada
cem enterio, con alguna aproxim ación, a un m o­
m ento d eterm inado del d esarro llo cu ltu ral del
N orte de Chile. Sobre los depósitos precerám icos
se dispone la fase de ocupación Pichalo III (200 300 DC) con la incorporación efectiva de recur­
sos agrícolas, cerámica, el uso de grandes turbantes
e inhum aciones en posición genuflexa en grandes
canastos, equivalentes al inventario del sitio “d” y
al llam ado com plejo Faldas del M orro de A rica
(Form ativo). Luego, con rasgos Tiw anaku prin­
cipalm ente en los textiles, se habría form ado una
nueva ocupación (400 al 1000 DC) atestiguada por
los restos hallados en los cem enterios “c” y “A ”.
El desarrollo postiw anaku (D esarrollo Regional)
E m pleando un conjunto de m uestras con cronolo­
gías conocidas y aproxim adas de Perú, Bolivia,
N.O. A rgentino y N orte de Chile se preparó el p ri­
m er cuadro de desarrollo biológico de los grupos
prehistóricos del área C entro Sur A ndina y se pro­
porcionaron las hipótesis más probables sobre el
origen de las poblaciones de varias localidades.
L a estructura básica estuvo fundada en los desa­
rrollos del Valle de A zapa, de Pisagua y de San
Pedro de A tacam a. Los principales resultados in­
dican la conform ación de dos grandes conglom e­
rados separados por la cordillera andina: uno en
el N orte de C hile y otro en el N.O. Argentino, con­
tando cada uno de ellos con un conjunto de pobla­
209
se correspondería con los m ateriales del cem ente­
rio “H ” y a la fase Pichalo IV (1000 al 1430 DC),
con contactos evidentes con la cultura A rica (Fi­
gura 1).
A unque la citada colección está com puesta por
cerca de un centenar de restos óseos, 60 cuerpos
m o m ific a d o s y a b u n d a n te m a te ria l c u ltu ra l
exhum ados en cuatro cem enterios próxim os a la
Figura 1:
U bicación de la localidad de Pisagua (costa norte de Chile) en la cual se obtuvieron los m ateriales
em pleados en el presente trabajo.
Tabla 1:
Pisagua. Com posición y estructura de la m uestra p o r cem enterio, sexo y edad.
COM PONENTE
D
F
SEXO
C
I
M
F
A
I
M
F
H
I
M
F
T otal
I
T o ta l
M
F
I
1
2
22
16
16
1
6
2
16
15
4
14
2
57
44
19
G en eral
ED A D
N IN O
SUB A D U L T O
A D U L T O JO V E N
ADULTO
AD. M ADURO
AD. M AD. AVA.
Sub T otal
Total
1
1
2
I
5
5
2
1
4
6
2
2
14
1
13
4
1
2
3
1
8
26
5
6
3
1
2
1
3
3
8
5
3
7
18
31
7
2
9
6
18
1
1
2
4
29
1
2
7
1
2
15
9
4
39
33
20
120
M = M asculinos, F = Femeninos, I = Indeterminados; D = Protonazca, C = Tiwanaku,
A = Tiwanaku-Atacameño y H = Atacameño.
210
rios. C om o no es posible suponer ausencia de
interacción entre los citados factores, los diseños
experim entales em pleados fueron preparados para
superar este inconveniente. En el caso de los atri­
butos se tuvo en cuenta poner a prueba previa­
m ente la independencia entre estos factores (sexo
x edad, sexo x deform ación, sexo x cem enterio,
edad x deform ación y edad x cem enterio y defor­
m ación x cem enterio) antes de hacer inferencias
sobre la distribución de una determ inada caracte­
rística en función de ellos. En todos los casos, las
variantes no m étricas fueron evaluadas com o pre­
sencia y ausencia y para los atributos m ayores o
gruesos, se siguieron las categorías que se especi­
fican en la tabla del A péndice 1. Con respecto a
las variables m étricas se procedió a realizar la
dócim a de cada efecto por separado elim inando
antes la variación producida por los otros, es d e­
cir, trabajando con los valores residuales (Sokal y
Rohlf, 1979).
localidad hom ónim a, la m uestra que en realidad
fue trabajada se consigna a continuación (Tabla
1).
Los restos óseos disponibles para su estudio están
representados casi exclusivam ente por cabezas y
cráneos, el m aterial postcraneano es sum am ente
escaso y no fue considerado. Se observa una pro­
porción m ayor de individuos m asculinos que de
fem eninos; los indeterm inados son ejem plares in­
fantiles. Son m ás frecuentes las piezas que pre­
sentan algún tipo de deform ación artificial, y en­
tre éstos predom inan los tabulares; los indeterm i­
nados con respecto a este atributo son restos muy
fragm entados.
Las tareas de relevam iento fueron realizadas en el
M useo N acional de H istoria N atural de Santiago
(Chile), las cuales incluyeron la observación sis­
tem ática de un conjunto de rasgos: atributos m a­
yores (m orfoscopía gruesa), atributos m enores
(rasgos no m étricos) y variables métricas. La in­
form ación recuperada fue prim eram ente consig­
nada en form a estandarizada en fichas especiales
y c o n tro la d a p o r m ás de un o b se rv a d o r. El
relevam iento de 29 rasgos anatóm icos gruesos, en
las cinco norm as craneales, fue llevado a cabo de
a c u e r d o c o n C o m a s ( 1 9 6 6 ), B a ss (1 9 7 1 ),
Brothwell (1981), Stew art (1979), H rdli?ka (1947)
y A nderson (1962), com plem entadas con Testut
(1921), B órm ida (1953/54 y 1961/63), N eum an
(1942), W eiss (1961), D em bo e Im belloni (1938)
y Ferem bach, Schw idetzky y Sloutkal (1979). La
observación de 35 rasgos no m étricos se hizo de
acuerdo con el trabajo de Castro y Q uevedo (198384). La determ inación del sexo, de la edad y de la
deform ación artificial fue encarada según Genovés (1962), S tew art (1979), Im belloni (1925),
D em bo e Im belloni (1938), Neum an (1942), Weiss
(1961 y 1962), y p articu la rm en te F erem bach,
Schw idetzky y Sloukal (1979). Las m ediciones de
53 variables fueron realizadas de acuerdo con las
recom endaciones de la C onvención Internacional
de M onaco (1906, en Com as 1966), W ilder (1920)
y Bass (1971).
Las dócim as de hipótesis referidas a proporcio­
n es p a ra la s e x p e r ie n c ia s c o n c a r a c te r e s
m orfológicos gruesos y rasgos no m étricos fue­
ron realizadas em pleando la distribución Chi2 para
tablas de contingencia 2 x 2 y R x C (Snedecor y
Cochran, 1984; Lison, 1976). La evaluación de
las diferencias entre valores m edios para edad,
dimorfismo sexual, deform ación y cem enterios fue
realizada por medio del análisis de la varianza para
un criterio y dos o m ás niveles. Previam ente fue­
ron controlados los supuestos de distribución nor­
mal y de hom ocedasticidad por las estadísticas W
y W , y sus correlativas W y u para la asim etría y
la curtosis, y M ’ de B arttlet (R ao ,1952:218-219;
Schapiro y W ilk, 1965; D avid et al., 1954; Bliss,
1967:239-241; S okal y R ohlf, 1979; S cheffé,
1959). Tam bién, las diferencias entre cem enterios
fueron evaluadas em pleando técnicas de estadís­
tica multivariada.
La reconstrucción de la estructura paleodem ográfica del grupo de Pisagua fue encarada siguiendo
las recom endaciones de U belaker (1974) para el
cálculo de la tabla de vida, considerando la m ues­
tra total com o derivada de una única población.
L a m uestra disponible fue clasificada por clases
d e e d a d , se x o , d e f o r m a c ió n y c e m e n te r io ,
procediéndose con posterioridad al estudio de la
distribución de las distintas variables de acuerdo
con la variación etaria, el dim orfism o sexual, la
deform ación artificial y los com ponentes funera­
El estudio de las relaciones y afinidades biológi­
cas entre Pisagua y otras series del N orte de Chile
(M orro de Arica, San Pedro de A tacam a y Calama) fue desarrollado analizando las diferencias
211
entre las localidades. Bajo el supuesto de distri­
bución norm al m ultivariada e igualdad de m atri­
ces de dispersión, las diferencias entre los vectores
m edios de k m uestras p variadas em pleando va­
riables m étricas pueden ser docim adas m ediante
la estadística Lam bda de W ilk (Seber, 1984; Rao,
1952) y su aproxim ación basada en la distribu­
ción F. Para el caso particular cuando k = 2 (Rao,
1952; Seber, 1984) las diferencias entre pares de
grupos pueden ser evaluadas por el valor D2 trans­
form ado en un cociente entre varianzas F con p y
m grados de libertad. Partiendo de un conjunto de
36 m ediciones y 291 observaciones corregidas
para edad, sexo y deform ación artificial, se aplicó
un procedim iento de selección m ultivariado paso
a paso que perm itió obtener un subconjunto de 13
variables elegidas com o las de m ayor poder dis­
criminante. Con estas m ediciones se realizaron los
cálculos del análisis discrim inante canónico.
tos los m ateriales de algunas fases en el esquem a
que sigue: San Pedro I incluye m ateriales de I y 1/
II, San Pedro II de II y II/III, San Pedro III de III
(Illa) y San Pedro IV de IV (Illb). La presente
serie fue obtenida en los cem enterios Toconao
Oriental, Q uitor 1 ,2 ,5 ,6 , y 8, Coyo Oriental, Yaye
1, 2, 3, y 4, sum ando en total 118 ejem plares. Un
estudio com pleto sobre esta colección fue reali­
zado por Varela (1997).
Con la denom inación de M orro de A rica defini­
mos una m uestra osteológica derivada de la co­
lección del M useo N acional de H istoria Natural
(Santiago, Chile) obtenida por M ax U hle en 1912
en cem enterios de la Pam pa de Chinchorro y en
los faldeos del M orro de la ciudad de Arica. C o­
rre sp o n d e a una fase del d e sa rro llo cu ltu ral
preagroalfarero contem poránea con el llam ado
com plejo Chinchorro (3000 AC), resultante de la
actividad de una com unidad de hábitos costeros
c o n u n a e c o n o m ía c a z a d o ra y p e s c a d o ra
(Dauelsberg, 1974; Rivera, 1975; Mostny, 1977).
En esta oportunidad hem os em pleado 44 ejem pla­
res de am bos sexos, de edad adulto y m aduro, de­
formados circularm ente y no deform ados.
Resultados
Con el nom bre de Calam a designam os una m ues­
tra de 66 cráneos obtenida en 1912 por M ax Uhle
en el cem enterio de C hunchurí próxim o a la loca­
lidad citada, tam bién form ada por ejem plares de
am bos sexos, adultos, m aduros y seniles, defor­
mados artificialm ente y no deform ados. E sta lo­
calidad corresponde al yacim iento Dupont-1 del
período de D esarrollo Regional postiw anaku d a­
tado en 1490±100 (Nuñez, 1965).
Tal com o fueron diseñadas las distintas experien­
cias realizadas en el presente estudio, se exponen
los siguientes resultados con referencia al dim or­
fismo sexual y a la variación etaria, a la deform a­
ción artificial y a la diferenciación por cem ente­
rios, a la paleodem ografía y a las relaciones con
otros grupos. Un estudio más com pleto se encuen­
tra en Cocilovo (1995).
D im orfism o Sexual
En la tabla 2 se consignan los resultados de las
dócim as de hipótesis de independencia referidas
a los atributos mayores. No hem os obtenido prue­
bas suficientes com o para dem ostrar una asocia­
ción entre el sexo, la edad y la deform ación artifi­
cial de las piezas. Tam bién parece ser indepen­
diente de este carácter el grado de conservación,
el desgaste dentario, la prom inencia del vertex y
del o c c ip u c io , el p e rfil c ra n e a n o , lo s arcos
cigom áticos (cripto y fenocigia) y la form a del
foramen magnun. En cam bio, se com prueba cla­
ram ente el dim orfism o sexual con relación al ta­
maño y al peso de los cráneos. La prom inencia
g la b e la r, el su rc o r e tr o g la b e la r , lo s a rc o s
superciliares y los relieves óseos son más m arca­
dos en los cráneos m asculinos y en los femeninos
predom inan las caras angostas, los huesos nasales
son menos pronunciados, las aberturas y las espi-
San Pedro de A tacam a constituye una serie de 114
ejem plares de la colección del M useo de A rqueo­
logía de la localidad hom ónim a, integrada como
la anterior con piezas m asculinas y fem eninas,
adultos, m aduros y seniles, y cráneos deform a­
dos (tabulares erectos y oblicuos) y no deform a­
dos. Estos m ateriales corresponden a los siguien­
tes períodos: San Pedro I (500 A C-300 DC), San
Pedro II (300 D C -900 DC), San Pedro Illa (900
D C-1300 DC) y San Pedro Illb (1300 DC-1536
DC) de acuerdo con la observaciones de Costa
Junqueira (1985) sobre la periodificación original
de Orellana (1963a y b). En este trabajo, por razo­
nes técnicas relacionadas con la cantidad de ob­
servaciones por subm uestra, se consideraron ju n ­
212
Tabla 2:
A tributos M ayores, valores Chi2 de las pruebas de independencia pa ra sexo, edad, deform ación
artificial y variación entre cem enterios
V A RIA BLE
SEXO
EDAD
D EFORM A CIO N
C O N SER V A CIO N
TA M A Ñ O D EL CRANEO
PESO DEL CRA N EO
RELIEVES OSEOS
FORMA D E LA CARA
G LABELA
SU TU R A M ETOPICA
ARCOS SU PER CILIA R ES
FORMA D E LAS O RBITA S
A B ER TU RA S N A SA LES
ESPINA N A SA L
TA M A Ñ O H U ESO M ALAR
D ESGA STE D EN TARIO
VERTEX
IN C LINA C IO N FRONTAL
SU R C O R ETRO G LA BELA R
PRO M IN EN . HUESOS N A SALES
ARCOS C IG O M A TICO S
CRESTA SU PRA M A STO ID EA
OCCIPUCIO
APO FISIS M A STO ID EA
A LTURA D E LA BOVED A
RELIEV E PLANO NU CA L
PR O TU B .O C C IPITA L EX TERNA
PERFIL C RA N E A N O
ARCOS C IG O M A TICO S
PLA G IO CEFA LIA
FORMA FO R A M E M M AGNUN
DEPRESIO N ESFEN O ID A L
TA M A Ñ O FO SA S G LEN OID EA S
7,306
3,071
0,489
2
2
2
1
1
7,182*
2
5,620*
7,855*
1
2
3,007
5,142
9,936**
11,000**
1
1
2
8,969**
0,323
2
9,688**
20,639**
3,028
1,489
8.028**
0,914
11,988**
D EFO R M A CIO N
EDAD
SE X O
2
2
2
2
13,419
5,436
35,306**
23,885**
30,284**
15,403**
7,438
10,152*
42,433**
8,798
14.095*
11,539*
35,008**
44.426**
5.241
14.690*
13,075**
18,200**
45,958**
17,862*
0,553
42,525**
1.947
21,741**
7,528
14,745
18,521**
3,402
1,744
7,922
33,698**
6
6
6
3
6
6
6
3
3
6
6
6
3
6
2,795
16,648*
17,499*
16,084*
0,826
17,914**
6,483
2,380
3,194
7,527
2,955
8,630
15,188
30,328**
27,787**
0,878
4,131
6.953
4,465
3,794
11,386
28,248**
17,712*
20,708**
38,516**
12,872*
19.378**
0,428
5,952
7,513
CEM EN TER IO G.L
11,968**
9,402
35,581**
1,738
15,040*
11,798
21,387**
11,129*
12,069**
4,312
13,018*
1,292
3,225
2,092
11,016
6.648
3,203
15,026*
3.630
5,055
8.008
4,595
0,698
10,361
15,620*
8,704
6,956
j
21,040*
0,729
7,690
10,493*
10.994
5,388
* y ** rechazos de la h ip ó te sis nula a los niveles d el 0,05 y 0,01 de p ro b ab ilid ad
nes, deben ser tom ados con precaución u om iti­
dos los resultados de las décim as para diferencias
entre sexos realizadas con estas características.
Con respecto al resto hay 37 m ediciones que se
m anifiestan diferentes entre m asculinos y fem e­
ninos. A quellos se caracterizan por alcanzar m a­
yores dim ensiones en la longitud y altura de la
bóveda, en la anchura de la base craneal, en las
dim ensiones generales de la cara y en la altura de
la nariz, en las dim ensiones del foram en magnun,
la capacidad craneana, en las curvas horizontal,
nasion bregm a y bregm a lam bda, y en el m axilar
inferior.
ñas nasales son pequeñas y la sutura m etópica es
más escasa. En los m asculinos se destaca la cresta
supram astoidea así com o la apófisis m astoidea, el
hueso m alar es más robusto y el frontal más incli­
nado, las bóvedas son m ás altas y las líneas nucales
y la cresta occipital aparecen m ás m arcadas.
En la tabla 4 se exponen los resultados de la prue­
ba F sobre la igualdad de los valores m edios de
rasgos m étricos entre uno y otro sexo. El supues­
to de distribución norm al se cum ple en la m ayoría
de las variables, sin em bargo hay algunos casos
d e c u r to s is y de a s im e tría m a rc a d a (a ltu ra
sinfisiana y altura del cuerpo m andibular en fe­
m eninos). Se verificaron varianzas desiguales al
nivel del 0,05 en el caso de la anchura bim astoidea
y biastérica, de la longitud m axilo alveolar y de
la altura del cuerpo m andibular. Por estas razo­
En la tabla 3 figuran los valores de las dócim as de
independencia para atributos m enores (rasgos no
métricos). En este ensayo no hem os obtenido prue­
bas suficientes para dem ostrar asociación entre el
sexo de las piezas y la distribución de la mayoría
213
Tabla 3:
A tributos menores, valores Chi2 p a ra las décim as de independencia referidas al sexo, la edad, la
deform ación artificial y el cementerio.
VARIABLE
DEFORM ACION
SEXO
EDAD
SURCOS DEL FRO N TA L
FORAMEN SUPRA ORBITARIO
ESCOTADURA SUPRAO RBITA RIA
FORAM EN 0 ESCOTA. FR O N TA L
TU BERCU LO TROCLEAR
FORAM EN ETM O I.A N TER.SU TU RA .
SUTURA INFRA O RBITA RIA
FORAM EN IN FR A O R B IT.A C C ES.
FORAMEN CIG O M A TICO FA CIA L
TU BRERCULO CIGOM AXILAR
TU BER O SID A D M ALAR
TU BERCULO M ARG IN A L
H U ESO PTERICO
H U ESO ESCA M .PA RIET.TEM PORA L
HUESO ASTERICO
RAMA EM ISARIA A RT.M EN.M ED .
A R T.TEM P.PRO FU N D A POSTERIOR
FORAMEN PA LAT.M EN .A CCESO RIO
ESPOLONES A LA PTER.LA TERA L
FORAMEN EM ISARIO ESFEN O ID A L
D EHISCENCIA LAM. TIM PAN ICA
FOR. M A R G IN . LAM TIM PÁ N ICA
TU BÉRCULO PRECONDILEO
FORAM EN C O ND ILEO IN TER M ED IO
APOFISIS PA R AM ASTOIDE
LIG AM EN TO APICAL O SIFICA D O
FORAMEN HIPO G LO .D O BLE
CA NA L CONDILEO PO STERIOR
H UESO A PIC A L 0 LAM BDÁTICO.
HUESO SUTURA LA M BDICA
HUESO EPACTAL
PRESENCIA LINEA N U CA L ALTA
W ORM IA N O OCCIPITO M A STO ID E O
FORAMEN M ASTO ID EO EX SUTU .
APOFISIS M ASTO ID ES ESCO TA DA
FORAMEN PARIETAL
SEXO
2,959
1,914
0,166
0,074
0,490
0,037
0,028
0,345
0,580
0,007
7,025*
7,313**
0,433
0,045
0,356
0,186
0,167
0,104
0,003
2,514
0,069
0,0
0,023
0,002
0,184
0,262
0,768
0,952
0,708
2,919
0,351
0,020
0,004
0,019
1,863
0,134
0,068
EDAD
DEFORM ACION
2,668
2,992
0,752
1,545
3,316
5,214
0,594
0,030
0,448
4,767
2,376
1,786
0,620
1,657
0,335
0,182
4,550
2,376
0,608
3,467
0,252
1,819
1,386
3,203
0,096
0,200
0,118
0,852
4,624
3,702
0,135
1,175
0,936
1,566
0,475
0,697
2,689
3,685
7,372
9,137
3,841
1,837
1,936
2,530
1,869
0,492
0,392
4,644
2,474
4,290
1,800
4,802
6,467
2,527
9,059
0,778
0,209
5,421
1,694
11,734
0,994
5,078
2,014
1,063
3,599
2,438
0,232
0,158
2,024
0,802
1,459
8,115
0,173
1,006
GL
C EM EN TER IO
24,844*
9,000*
8,136
5,087
2,426
0,241
0,157
2,746
2,283
1,680
1,691
0,498
9,660
3,102
0,114
3,535
5,761
1,499
1,243
6,163
0,605
3,071
4,829
2,834
5,291
1,728
6,818
0,212
2,916
1,498
6,135
2,717
2,912
1,744
1,616
4,996
9,396
3,365
0,087
GL
t y ** rechazos de las hipótesis de nulidad a los niveles del 0,05 y 0,0 de probabilidad
de los rasgos considerados con la excepción del
tubérculo cigom axilar y la tuberosidad malar.
bles m orfoscópicas ocurren con independencia de
la variación etaria, com o por ejem plo el tipo de
deform ación, la conservación, la prom inencia de
la glabela, la form a de las órbitas, el vertex, el
occipucio, etc., m ientras que otras se m uestran
estrecham ente asociadas com o el tam año del crá­
neo, los relieves óseos, la form a de la cara, el ta­
m año de los arcos superciliares, la abertura nasal
y los huesos m alares, cuyas categorías de m enor
desarrollo son m ás frecuentes en las clases de
m enor edad. El desgaste dentario sigue un patrón
de edad creciente en form a neta, la sutura metópica
Variación etaria
En la tabla 2 se dan los valores de las pruebas de
independencia referida a la distribución de los ras­
gos m orfológicos gruesos en función de la edad
de los cráneos. En este diseño se han agrupado las
clases prerreproductivas (1, 2 y 3) por el escaso
núm ero de ejem plares disponibles. Los principa­
les resultados indican que un conjunto de varia­
214
Tabla 4:
Variables m étricas, décim as de hipótesis (Valores F) referidas a las diferencias debidas al sexo, la
edad, la deform ación y el cem enterio
VARIABLE
LONGITUD MAXIMA GLA-OPIST.
LONGITUD GLABELA INION
ANCHURA MAXIMA
ALTURA BAS1LOBREGMATICA
ALTURA PORIO BREGMATICA
DIAMETRO FRONTAL MINIMO
DIAMETRO FRONTAL MAXIMO
ANCHURA BIMASTOIDEA
ANCHURA BIMASTOIDEA MAX.
ANCHURA BICIGOMATICA
ALTURA DEL POMULO
ANCHURA BIAURICULAR
DIAMETRO NASIO BASILAR
DIAMETRO ALVEOLO BASILAR
ALTURA NASIO ALVEOLAR
ALTURA DE LA NARIZ
ANCHURA APERT.PYRIFORMIS
DISTANCIA INTERORB.ANTE.
ANCHURA BIORBITARIA
ANCHURA DE LA ORBITA
ALTURA DE LA ORBITA
LONGITUD DEL PALADAR
ANCHURA DEL PALADAR
ALTURA ORBITO ALVEOLAR
LONGITUD FORAMEN MAGNUM
ANCHURA FORAMEN MAGNUM
CAPACIDAD CRANEANA
ANCHURA FRONTO MALAR
ANCHURA BIMAX1LAR MAXIMA
ANCHURA BIASTERICA
DIAMETRO NASION SPHENOBA.
DIAMETRO ALVEOLO SPHENOB.
DIAMETRO BASION GNATION
ALTURA NASION GNATION
ANCHURA MAXILO ALVEOLAR
LONG. MAXILO ALVEOLAR
CURVA TRANSVERSAL
CURVA HORIZONTAL P/OPIST.
CURVA NASION BREGMA
CURVA BREGMA LAMBDA
CURVA LAMBDA OPISTION
ANCHURA B1CONDILEA
ANCHURA BIGONIACA
LONGITUD MANDIBU LA
ALTURA RAMA MONTANTE
ALTURA MIN. RAMA MONTANT.
ANCHURA RAMA MONTANTE
ANCHURA MIN. RAMA MONT.
ALTURA SINFISIANA
ALT. CUERPO MANDIBULAR
ESPESOR CUERPO MANDIBULAR
ANGULO (GONION)
SEXO
15,7267**
12,9622**
0,9695
10,9735**
2,4822
2,2493
0,2132
6,9327*(1)
15,2966**
31,1021**
4,0610*
22,1744**
6,0375*
0,3345
6,7173*
7,8070**
0,1401
4,3337*
1,4575
2,2513
2,0495
3,1038
0,5272
6,1373*
10,5844**
7,6293**
8,3055**
6,7863*
10.7233**
0,1191(1)
1,9164
1,9220
5,1003*
5,5525*
7,6106**
0,0815(1)
0,3620
14,8392**
9,6240**
3,9870*
2,7247
4,9778*
10,0382**
1,5408
6,8242*
4,1476*
3,9283*
2,1844
4,1939*
4,9984*(1)
0,3898
5,1421*
EDAD
7,1180**
8,8084**0)
5,9576**
4,6975**
3,4032*
2,8517*
3,6526**
9,5148**
13,1627**
34,2599**
7,6827**
16,0453**
12,2653**
7 9217**
17,5672**
16,9320**
5,2773**
4,5232**
17,2207**
11,5696**
6,4689**
9,4532**
8,0332**
18,1495**
1,1841
3,0795*
1,3299
19,3527**
17,0223**
6,3868**
9,2156**
12,6478**0)
7,9872**0)
10.3200**
7,3001**
20,3480**
6,3053**
14,4322**
3,3904*
1,7303
1,3940
11,2399**
9,6879**
6,4057**
13,6378**
13,3569**
13,1248**
6,2154**
6,0960**
4,3194**0)
4,1597**
2,6496*
81
74
44
51
DEFORMACION
6,8896**
3,7903**
6,6833**(1)
2,5046
2,3299(1)
3,1180*
3,9549**
1,9536
2,2968
2,4687
0,6904
2,6054*
2,990*
1,6266
1,0201
0.8085
0,4115
3,4764*
3,2507*
1,1321
1,3340
1,2778
0,9060
1,4782
1,4897
1,3689
0,4408
2,7567*
1,1675
1,3952
2,4830
1,0417
0,5482(1)
1,7568
0,4665
1,5414
3,5973*
1,7516
2,3870
0,5871
0,9563
3,0651*(I)
3,5905*
1,4817
1,5377
0,1881
1,0097
1,3516
0,7984
2,3539
0,5734
0,5145
G.L
CEMENTERIO
0,8093
0,0085
3,5147(1)
0,3127
0,8125
0,9918
1,8753
0,9231
0,3860
2,8755*
1,1068
0,7494
0,1463
0,6575
0,4281
0,6127
0,7437
0,4029
0,3466
0,2134
1,2377(1)
2,9966*
1,3042
0,7910
0,0041
0,1874(1)
0,3415
0,6347
1,7407
1,2348
0,2575
0,7571
0,5099
0,6734
0,8310
1,1387
0,2858
0,4157
0,1531
1,3585
0,1995
0,4437
0,8968
0,2931
1,0053
0,4375
1,0974
1,0601
0,2654(1)
0,3174
1,5957
0,7762
G.L
* y ** rechazo de la hipótesis de nulidad a los niveles del 0,05 y 0,01 de probabilidad, (1) heterogeneidad de
varianzas al nivel 0,05 de probabilidad.
215
desaparece, el frontal se inclina progresivam ente,
el surco retroglabelar se m arca más, igual que la
prom inencia de los huesos nasales y el desarrollo
de los arcos cigom áticos, entre otras característi­
cas.
res respectivam ente.
No hem os com probado variaciones significativas
producidas por la práctica cultural de diversos ti­
pos (tabular erecta y oblicua, circular erecta y obli­
cua) en num erosos atributos m ayores com o la for­
m a de la cara, la presencia de sutura m etópica, el
tam año de los arcos superciliares, la form a de las
órbitas, el tam año de las aberturas nasales, el ta­
m año de los m alares, etc. Pero la acción de los
aparatos deform antes, com o era de esperar, si p a­
rece ponerse de m anifiesto a nivel de la glabela y
del vertex, de la inclinación del frontal y de la al­
tura de la bóveda, en la protuberancia occipital
externa, del perfil craneano y en la presencia de
plagiocefalía, etc. (Tabla 2). Tam poco se observó
u n a a s o c ia c ió n e n tr e lo s d is tin to s tip o s
deform atorios y el desgaste dentario.
Los cam bios antes señalados indicadores de un
efecto dependiente de la edad de desarrollo de los
individuos se acom pañan de una evidente varia­
ción m étrica tal com o se pone de m anifiesto en la
Tabla 4, en la cual se consignan los resultados de
las décim as de hipótesis referidas a las diferen­
cias entre los valores m edios. Las pruebas previas
referidas a la distribución de las variables indica­
ron algunos problem as de curtosis y dos casos de
asim etrías al 0,01 de probab ilid ad (la anchura
biastérica y la altura sinfisiana) en alguna clase de
e d a d . T a m b ié n se c o m p ro b a ro n v a r ia n z a s
heterogéneas al nivel del 0,05 en la longitud antero
p o ste rio r g la b e la in io n , el d iá m e tro a lv é o lo
sphenobasion y la altura nasion gnation, y al nivel
del 0,01 en la altura del cuerpo mandibular. El efec­
to de la edad se m anifiesta en la m ayoría de las
características m étricas estudiadas a dos niveles
de significación. En cam bio, carecem os de prue­
bas suficientes para com probar la variación etaria
en el caso de la capacidad craneana, la longitud
del foram en, la curva bregm a lam bda y lam bda
opistion. En todos los casos se observa un claro
patrón de crecim iento gradual.
Del total de variables m étricas analizadas (Tabla
4), no podem os tom ar en cuenta los resultados
obtenidos con respecto a la anchura de la órbita,
la anchura bigoníaca, la altura sinfisiana y el án­
g u lo g o n io n , p u e s p re s e n ta n d is trib u c io n e s
asim étricas, y la anchura m áxim a, la altura porio
bregm ática, el diám etro basion gnation y la an ­
c h u r a b ic o n d íle a q u e p r e s e n ta n v a r ia n z a s
heterogéneas al 0,05 de probabilidad. El factor
deform ación se puso en evidencia particularm en­
te a nivel de la longitud y anchura del cráneo, de
lo s d iá m e tro s f r o n ta le s ( ta b la 4 ), a n c h u r a
b ia u ricu la r, d iá m etro n asio b asila r, d ista n c ia
interorbitaria, anchura biorbitaria, anchura fronto
malar, etc. E xiste un conjunto de m ediciones que
parecen ser invariantes, entre las que se destaca la
capacidad craneana.
Los atributos m enores se m anifestaron insensibles
a la variación entre ejem plares adultos, m aduros
y seniles tal com o puede apreciarse en la tabla 3,
en la cual figuran los resultados de los valores C hi2
correspondientes a las dócim as de independencia
para estos caracteres. Este es un resultado de nues­
tro diseño que no incluyó individuos infantiles y
juveniles. En el futuro, si se cuenta con esta infor­
m ación es posible que se pueda com probar la in­
fluencia de la variación etaria en la distribución
de estos rasgos.
Con respecto a los atributos m enores (Tabla 3)
nada hace pensar en una distribución diferente
entre los distintos tipos deform atorios y los ejem ­
plares norm ales.
Variación entre cem enterios
D eform ación craneana artificial
En las tablas 2, 3 y 4 se presentan los resultados
de las dócim a de hipótesis referidas a la distribu­
ción de los tres conjuntos de variables analizados
en este trabajo en función de los cuatro cem ente­
rios.
En las tablas 2, 3 y 4 se consignan los resultados
de las dócim as de hipótesis referidas al análisis de
las variaciones producidas por la deform ación ar­
tificial en la m orfogénesis del cráneo desde el pun­
to de vista de características anatóm icas gruesas,
de las variables m étricas y de los atributos m eno­
Los datos disponibles no perm iten com probar una
216
variación apreciable de la estructura por edades
entre los distintos com ponentes, pero si en lo que
respecta al sexo y a la deform ación artificial (Ta­
bla 2). Del conjunto de atributos gruesos analiza­
dos sólo nueve presentan proporciones diferentes
entre cem enterios. L a distribución de los sexos
varia con respecto a la esperada en el cem enterio
A. A quí se produce una inversión en las propor­
ciones normales, observándose un exceso de ejem ­
plares fem eninos y una escasa ocurrencia de m as­
culinos. La deform ación artificial tam bién se en­
cuentra asociada con el tipo de cem enterio: los
m odelos circulares ocurren con m ayor frecuencia
y los tabulares oblicuos no existen en la unidad D,
y en la designada con H predom inan los tabulares
oblicuos y están ausentes los circulares erectos.
Estas com probaciones sin dudas afectan las dife­
rencias observadas con respecto a las característi­
cas anatóm icas gruesas, cuya distribución no pu e­
de ser analizada en form a independiente del sexo,
de la edad o del tipo de deform ación. Los relieves
óseos muy m arcados son más probables entre los
individuos del com ponente d y muy escasos entre
los de a; en aquel se presentan con m ayor frecuen­
cia las glabelas prom inentes, las cuales se tornan
raras en el c. Los ejem plares d son en general de
m ayor tam año que los del sitio a, en donde son
m ás frecuentes las caras anchas y escasean los ar­
cos superciliares m arcados. Los frontales vertica­
les predom inan en a. En el sitio d, los cráneos son
Tabla 5:
R econstrucción de la tabla de vida para la población de Pisagua considerando la m uestra
completa.
Clases de edad
0 - 2
3 - 12
13 - 18
1 9 -2 4
2 5 -2 9
3 0 -3 5
36 total
Rango
Int
2
10
6
6
5
6
0
15
9
4
39
33
20
dx
lx
0
12,5
7,5
3,3
32,5
27,5
16,6
87,5
80,0
76,7
44,2
16,7
0,1
qx
Lx
Tx
e°
,000
937,5
502,5
470,1
302,25
182,7
50,4
0,0
2445,45
1507,95
1005,45
535,35
233,1
50,4
0,0
24,45
17,23
12,57
6,98
5,27
3,02
0,0
120
Dx: número de muertos, dx: porcentaje de muertos; lx: sobrevivientes; qx:
probabilidad de muerte; Lx: total de años vividos; Tx: total de años vividos
después del nacimiento; e°: esperanza de vida.
Tabla 6:
D iferencias entre cem enterios. Valor D 2 entre pares de grupos con la
correspondiente dócim a de hipótesis F.
D
C
A
H
D
0,000000
1,248634
1,148881
1,744245
C
,516017
0,000000
4,458101**
5,561569**
A
,395027
1,410033
0,000000
2,323863
H
,701048
2,082083
,708641
0,000000
Distancias D23 hemimatriz superior; Valores F hemimatriz inferior
g.l = 3 y 70; ** p < 0,001
217
m ayor poder discrim inante perm itió com probar la
existencia de variabilidad dem ostrable estadísti­
cam ente solam ente para dos m ediciones: la lon­
gitud del paladar y el diám etro alveolo sphenobasion, siguiéndoles en orden de im portancia la
anchura bim axilar m áxim a. C on estas tres varia­
bles se calcularon los valores D 2 de la Tabla 6, y
el gráfico de la F igura 3 fue dibujado con las dos
prim eras com ponentes discrim inantes canónicas.
Los resultados obtenidos indican claram ente que
las diferencias entre com ponentes son escasas des­
de el punto de vista estadístico. Se observa que
los m ateriales del cem enterio c son los que más se
apartan del resto y que las elipses de equiprobabilidad al 90 % no son sim ilares para cada m uestra
indicando cam bios en la varianza.
altos y de perfil ovoide y en C hay más pentagonoid es, etc. El d e s g a s te d e n ta rio se d istrib u y e
hom ogéneam ente entre los distintos cem enterios.
En cam bio, la distribución de los rasgos no m étri­
cos perm anece invariante (Tabla 3) pues no fue
posible obtener pruebas fehacientes de variación
entre com ponentes cronocontextuales. Con respec­
to a las variables m étricas, se repite la observa­
ción anterior. Con la excepción de algunos recha­
zos de hipótesis vinculadas con distribuciones dis­
tintas de la norm al y heterogeneidad de varianzas,
las pruebas de diferencias entre m edias no revela­
ron variación alguna entre cem enterios (Tabla 4).
L o s c a m b io s v e r if ic a d o s en la a n c h u ra
bicigom ática y en la longitud del paladar son rela­
tivam ente débiles (al 0,05 de probabilidad).
P aleodem ografía
La igualdad entre los vectores m edios de cada par
de cem enterios fue puesta a prueba en form a si­
m ultánea para un conjunto de 36 variables m étri­
cas, em pleando datos libres de los efectos sexo,
edad y deform ación artificial. L a aplicación de un
procedim iento de selección de variables por su
En la tabla 5 se presentan los resultados del aná­
lisis de la tabla de vida para el total de la m uestra
disponible de Pisagua los cuales deben ser tom a­
d o s co m o v a lo re s m e d io s p a ra el in te rv a lo
cronológico representado por la m uestra. La dis­
6
o
S.P. A T A C A M A
5
□
CALAM A
4
o
M. A R IC A
A
P IS A G U A
3
2
CNJ
0
1
V)
?01
o
o
-1
-2
-3
-4
-6
-5
-4
-3
-2
-1
0
1
2
3
4
5
6
C a n d is c 1
Figura 2:
D istribución de las observaciones de cada localidad en fu n ció n de sus valores en la coordenada
discrim inante canónica 1 y 2; elipses de equiprobabilidad al 95%
218
tribución po r edades parece consistente con la
conocida para otras poblaciones prehistóricas (cfr.
Bennett, 1973; U belaker, 1974; Quevedo, 1976;
Benfer, 1984; K am ps, 1984). Se observa una m a­
yor proporción en las categorías infantil, adulto y
siguientes a ésta, en las cuales el riesgo de muerte
era m ayor por las condiciones de vida. Entre los
distintos com ponentes parecería existir un desigual
balance entre clases pre y postrreproductivas, pero
lam entablem ente con los datos disponibles no es
posible dem ostrarlo por el m om ento. C onsideran­
do la m uestra sin discrim inar en fases cronocontextuales, en la Población de Pisagua la esperanza
de vida al nacim iento era de 24 años. U na persona
que llegaba a los 35 años podía esperar vivir tres
años más. Entre los 13 y los 24 años la probabili­
dad de m uerte era baja, increm entándose substan­
cialm ente con la edad. Los m om entos de m ayor
riesgo eran cerca de los dos años y durante la edad
adulta. L am entablem ente, no poseem os por el
m om ento una estim ación del período de acum u­
lación de los restos, lo cual nos im pide hacer un
cálculo del núm ero efectivo de la población.
-4
-3
-2
-1
A este nivel es posible realizar una síntesis para
ensayar una caracterización, al estilo tradicional,
de los cem enterios de acuerdo con los m ateriales
exhum ados de cada uno de ellos (Figura 4, 5, 6 y
7):
El cem enterio d se encuentra integrado por indi­
viduos de todas las edades y de am bos sexos en
proporciones sem ejantes a las esperadas, que acos­
tum braban a deform arse la cabeza según los m o­
delos circular erecto y oblicuo. Predom inan los
cráneos grandes con relieves óseos en general bien
desarrollados, glabela prom inente, bóveda m edia­
na a alta, perfil ovoide y foram en m agnun circu­
lar. Los m ateriales se encuentran bien conserva­
dos, algunos todavía con restos de tejidos adheri­
dos. Existen casos de exostosis del conducto au­
ditivo externo y un ejem plo de M3 incluido, ade­
más de la sutura esfenobasilar abierta. Hay una
observación de proceso alveolar en PM 2 superior
derecho. Escasos rasgos de patologías. U na ac­
tualización de los datos de este cem enterio fue
realizada por Q uevedo y C ocilovo (1995).
0
1
2
3
4
5
C a n d is c 1
Figura 3:
D istribución de las observaciones p o r cem enterio en fu n ció n de las coordenadas discrim inantes
canónicas 1 y 2; elipses de equiprobabilidad al 90%
219
El cem en terio c posee tam bién ejem plares de
am bos sexos y diferentes edades en proporciones
sem ejantes, pero predom ina la costum bre de de­
form arse la cabeza de acuerdo con los tipos tabu­
lares erectos y oblicuos. D ism inuyen sensiblem en­
te las glabelas prom inentes y predom ina el perfil
craneano pentagonoide. Las restantes caracterís­
ticas no perm iten obtener m ayor inform ación. Se
observaron varios ejem plares que presentaban sig­
nos de osteoporosis generalizada con recuperación.
H ay v ario s caso s de co n se rv a c ió n de tejid o s
desecados. Son frecuentes los procesos infeccio­
sos con reabsorción alveolar, en particular pode­
mos citar tres ejem plos a nivel de M I izquierdo
superior y M 2 superior derecho. H em os encon­
trado tam bién un caso de M 3 incluido y sinostosis
esfenobasilar. U na revisión m oderna de estos m a­
teriales fue realizada por Q uevedo y C ocilovo
(1996).
m uy escasos los grandes, al igual que los relieves
óseos m arcados. Predom inan las caras angostas y
los arcos su p erciliares m uy d esarro llad o s son
infrecuentes. Los cráneos presentan frontales ver­
ticales, p red o m in an d o los p erfiles esfenoides.
H em os anotado casos de erupción del M 3 y per­
m anencia de la sutura esfeno basilar abierta. Hay
frecuentes signos de osteoporosis y m uchos casos
de espongiohiperostosis con indicios de recupe­
ración. Tam bién se observaron restos de tejidos
adheridos a las piezas craneales. Son bastante fre­
cuentes los procesos alveolares, particularm ente
en M I, M 2 izquierdo superior y en el m axilar in ­
ferior con reabsorción alveolar en M 3 y M 2 dere­
chos.
El cem enterio H posee una proporción m ayor de
individuos m asculinos que de fem eninos, distri­
buidos en todas las clases de edad. P redom inan
las form as tabulares oblicuas y desaparecen las
circulares erectas. El tam año de los cráneos no
varía y tam poco el aspecto de los relieves óseos,
aunque son m ás frecuentes los arcos superciliares
fuertes. H ay evidencias m arcadas de osteoporosis
generalizada en la bóveda y en el techo de las ór­
bitas. Es tam bién frecuente la reabsorción alveolar
extendida, y los procesos alveolares en distintas
El cem enterio a presenta una inversión en la p ro­
porción sexual estadísticam ente significativa, pre­
dom inando los ejem plares fem eninos frente a los
masculinos. Las clases de edad no difieren m a­
yorm ente de la esperada para la población en con­
junto. Se m antiene la práctica tabular erecta y obli­
cua. Son más probables los cráneos pequeños y
Tabla 7:
Relaciones Biológicas. M uestras del N orte de Chile y cronologías estim adas p a ra cada una de ellas
Grupo
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
COLECCION
CALAMA (CHUNCHURI)
MORRO DE ARICA
PISAGUA D
PISAGUA C
PISAGUA A
PISAGUA H
N
17
34
35
28
PERIODO
S.P.I
s.p.n
s.p.ni
S.P.IV
TARDIO
ARCAICO
AGR.TEMP
AGR. MEDIO
AGR.TARDIO
AGR. TARDIO
66
44
15
17
23
12
220
CRONOLOGIA
800aC- 100 dC
100 - 1000 dC
1000 - 1400 dC
1400 y +
1450 dC
3000 aC
0 - 300 dC
300 - 1000 dC
300 - 1000 dC
1000 - 1450 dC
piezas.
sultados de la reclasificación de las observacio­
nes por m edio de las funciones discrim inantes. En
la F igura 2 se consigna la distribución de las ob­
servaciones de acuerdo con las dos prim eras co­
ordenadas discrim inantes canónicas; cada m ues­
tra se encuentra circunscripta por una elipse de
equiprobabilidad al nivel del 95 %.
R elaciones y afinidades biológicas
E m pleando un conjunto de 13 variables se com ­
paró en form a global la inform ación m étrica dis­
ponible entre Pisagua, San Pedro de A tacam a,
M orro de A rica y Calam a. Estos resultados, fue­
ron obtenidos a partir de los datos libres de efec­
tos debidos al sexo, la edad y la deform ación arti­
ficial y se exponen en las tablas 7, 8 y 9, y en la
Figura 2. En la p rim era observam os las m uestras
em pleadas y las cronologías aproxim adas para
cada una de ellas, en la segunda se consignan los
valores D 2 entre pares de localidades y las dócimas
de hipótesis referidas a la igualdad entre vectores
m edios, y en la tercera tabla se presentan los re ­
Las m ediciones resultantes del procedim iento de
selección en orden de im portancia fueron: curva
transversal, diám etro frontal m áxim o, altura basilo
bregm ática, anchura m áxim a, anchura del pala­
dar, diám etro frontal m ínim o, longitud del pala­
dar, anchura de la nariz, anchura m axilo alveolar,
anchura bicigom ática, curva nasion bregm a, altu­
ra orbitaria y diám etro nasion sphenobasion. Los
dos prim eros vectores propios del análisis discri-
Tabla 8:
D iferencias entre localidades. Valores D 2 entre pares de grupos con la correspondiente dócim a de
hipótesis F
S. P ATACAMA
CALAMA
M. ARICA
PISAGUA
S. P. ATACAMA
0,000000
11,81094
7,28496
29,32347
CALAMA
3,88334
0,00000
6,54414
32,74001
M. ARICA
3,173198
3,430737
0,000000
17,72059
PISAGUA
9,54857
13,56392
9,23389
0,00000
Valores D213 hemimatriz superior y Valores F (p< 0,0001, g.l. = 13 y 275) hemimatriz inferior
Tabla 9:
M atriz de clasificación, Filas: clasificaciones observadas, Columnas: clasificaciones estim adas
S .P ATACAMA
CALAMA
M. ARICA
PISAGUA
Total
Porcentaje
Correcto
78,07018
71,21212
43,18182
85,07462
72,85223
S .P ATACAMA
p= ,39175
89
15
14
6
124
221
CALAMA
p=,22680
12
47
6
3
68
M. ARICA
p = ,15120
9
4
19
1
33
p=,23024
4
0
5
57
66
m inante canónico explican el 90 % de la variabi­
lidad total. El valor lam bda de W ilk fue 0,1897, ~
F = 15 y 737 g.l. (p< 0,000) indicando diferencias
globales significativas entre los vectores m edios
de las distintas localidades. Las variables que más
contribuyeron en la ponderación del prim er vector
propio fueron: curva transversal, diám etro frontal
máximo, altura basilo bregm ática y anchura m áxi­
ma, y en el segundo vector propio: longitud del
paladar, anchura m áxim a, anchura del paladar y
c u rv a n a s io n b re g m a . L a s d is ta n c ia s D 2 de
M ahalanobis entre pares localidades indicaron
tam bién la existencias de diferencias significati­
vas, siendo Pisagua la m uestra que m ás se distin­
gue del resto.
previam ente el efecto de los restantes. Los supues­
tos de distribución norm al y de hom ocedasticidad
fueron evaluados para cada variable, lo cual for­
talece las dócim as y las inferencias realizadas en
las estim ación de las diferen cias entre valores
m edios. H em os tom ado con prudencia estos re ­
sultados cuando dichos supuestos no se cum plían
al 0,05 de probabilidad y no eran sistemáticos, pero
sí hem os desechado del análisis un a característica
cuando presentaba problem as al nivel 0,01. De
todas form as estos resultados están expuestos y el
lector puede tom ar una decisión por sí m ism o. A
continuación, com entam os los principales temas
de acuerdo com o fueron expuestos anteriorm en­
te, intentando destacar los aspectos m ás im por­
tantes en una apretada síntesis.
L a proporción de observaciones clasificadas den­
tro del propio grupo es variable, siendo el valor
más alto el correspondiente a Pisagua y el más
bajo, a M orro de Arica. L a com posición generali­
zada de esta últim a m uestra se pone en evidencia
por la m ayor cantidad de observaciones propias
asignadas a otro grupo entre los que se destaca
San Pedro de Atacam a.
El dim orfism o sexual puede ser apreciado por la
m orfología externa de los cráneos, em pleando un
conjunto estandarizado de características anató­
m icas gruesas, con independencia de las variacio­
nes producidas por la edad y la deform ación arti­
ficial. Se com prueba claram ente la falta de prue­
bas para dem ostrar la asociación entre el sexo, la
edad y la deform ación artificial, aunque el prim e­
ro y el últim o factor sí están vinculados con el
tipo de cem enterio pero no entre si. E sto parece­
ría determ inar una situación de incertidum bre en
el m om ento de evaluar objetivam ente las relacio­
nes de causalidad entre un determ inado carácter y
un efecto dado, pero teniendo en cuenta la natura­
leza del rasgo anatóm ico considerado, podem os
avanzar en consideraciones m ás confiables. En la
tabla 2 se observan los rasgos que m ás se asocian
con la expresión del sexo en el cráneo y que por
ello constituyen buenos indicadores para el diag­
nóstico. E sto es algo esperado de acuerdo con la
b ib lio g rafía sobre el tem a (B orovansky, 1936;
Bass, 1971; G enovés, 1962; B o y d y T rev o r, 1953;
L a r n a c h y F re e d m a n , 1 9 6 4 ; K e e n , 1950;
Ferem bach, Schw idetzky y Stloukal, 1979). Existe
tam bién un conjunto de características que per­
m anecen invariantes, entre las cuales el desgaste
dentario podría indicar una dieta de naturaleza
sim ilar entre uno y otro sexo.
D iscusión y conclusiones
El análisis y la discusión de los resultados obteni­
dos en el conjunto de experiencias aquí relatadas
deben ser realizados de acuerdo con los supuestos
que condicionan las dócim as de hipótesis y con la
naturaleza de los diseños experim entales aplica­
dos. El núm ero total de observaciones es todavía
escaso para sustentar la inform ación derivada en
form a más sólida, pero a la vez, esta constituye la
única fuente de conocim ientos disponibles por el
m om ento. En los procesos estadísticos de atribu­
tos debem os tener en cuenta la posible correla­
ción entre factores com o la edad, el sexo, la de­
form ación y el tipo de cem enterio, y entre estos y
las características an ató m icas em pleadas. P or
ejem plo, mal podem os evaluar la variación de una
distribución asociada con el tipo de com ponente
contextual si ésta es producida en form a subya­
cente por la influencia del dim orfism o sexual. Esto
fue probado en cada opo rtu n id ad antes de las
dócimas realizadas para rasgos m orfológicos grue­
sos y no m étricos. C on respecto a las variables
continuas, el problem a es sim ilar, sólo que con
éstas intentam os una form a de superarlo analizan­
do por separado cada factor habiendo elim inado
La distribución independiente de la edad con res­
pecto a los restantes factores analizados, en prin­
cipio, puede asegurar la evaluación de sus efectos
directos sobre los rasgos anatóm icos gruesos. El
conjunto asociado con la variación etaria son fun­
222
dam entalm ente aquellos que reflejan cam bios de
tam año en determ inadas porciones óseas. Desde
el punto de la bibliografía existente sobre el tem a
esto no constituye ninguna novedad (Bass, 1971;
G enovés, 1962; Boyd y Trevor, 1953; Ferem bach,
S chw idetzky y Stloukal, 1979) excepto por la for­
m a de probarlo. El m ayor o m enor desarrollo de
un accidente anatóm ico tam bién se encuentra re­
lacionado con la expresión del dim orfism o sexual,
sin em bargo, existen dos rasgos el desgaste den­
tario y los arcos cigom áticos (desde criptocigia a
fenocigia) que parecen seguir un patrón de desa­
rrollo de acuerdo con la edad y sin relación con el
d im o rfis m o se x u a l. P o r e s ta ra z ó n p u e d e n
ponderarse m ás que los restantes en trabajos futu­
ros de determ inación de las distintas fases de edad.
zados con anterioridad en los m ism os m ateriales
(M unizaga, 1964a y 1974). Un hecho que debe­
mos anotar es la hom ogeneidad del desgaste den ­
tario en tre los e jem p lares co n d istin to s tip o s
deform atorios e incluso entre aquellos sin defor­
mación.
Las diferencias m orfológicas halladas entre ce­
menterios son más difíciles de evaluar pues el sexo
y la deform ación artificial se distribuyen fuerte­
m en te a so c ia d o s co n el tip o d e c o m p o n e n te
cronocontextual. Por ejem plo, m ientras que en la
unidad “D ” predom inan los individuos de m ayor
tam año y de relieves óseos m arcados, en “A” son
más frecuentes los cráneos pequeños y es escasa
la categoría de ese atributo, precisam ente en don­
de ocurre un m ayor núm ero de fem eninos, p red o ­
m inan las caras angostas y escasean los arcos
superciliares grandes, am bos rasgos característi­
cos de este sexo. Las glabelas prom inentes son
más frecuentes en la unidad D, en la cual tam bién
se da una m ayor proporción de deform ados circu­
lares, práctica cultural que com o hem os dem os­
trado se asocia con un m ayor desarrollo de esta
porción anatóm ica. A lgo sim ilar ocurre con los
restantes rasgos com o la inclinación del frontal
relacionado con el sexo y el tipo de deform ación
a rtific ia l, la a ltu ra de la b ó v e d a y el p e rfil
craneano. Finalm ente nos queda una sola caracte­
rística que es la form a del foram en m agnun (rele­
vada com o circular o poligonal) no asociada con
ningún otro factor y que aparece predom inando
en la prim era categoría en el cem enterio D. L a­
m entablem ente, constituye una prueba m uy débil
para sustentar la diferenciación entre unidades cron ocontextuales. E stos resu ltad o s hablan p o r si
m ism os sobre el escaso valor de las tradicionales
descripciones m orfológicas realizadas para p o s­
tular tipos hum anos o razas, sin dudas desarrolla­
das y aplicadas sin un adecuado control de la v a­
riabilidad debida al sexo, a la edad y a la defor­
m ación artificial. O tro hecho interesante es que el
desgaste dentario se reparte en form a sem ejante
entre los m ateriales de los distintos cem enterios
indicando poco cam bio de la dieta.
El efecto de la deform ación artificial tam bién es
evidente a p artir del exam en de características
anatóm icas gruesas en aquellas porciones en don­
de es de esperar que se alteren por la práctica cul­
tural com o la prom inencia de la glabela, del vertex
y la m ayor o m enor inclinación del frontal, la al­
tura de la bóveda, el aspecto de la escam a occipital,
el perfil craneano, la existencia de plagiocefalía y
los arcos cigom áticos (criptocigia y fenocigia).
A unque no tenem os pruebas de la aplicación de
tipos deform atorios diferentes para uno u otro
sexo, algunos rasgos indicadores, tam bién se dis­
tribuyen diferencialm ente de acuerdo con el sexo
lo que podría confundir la evaluación de los ver­
daderos efectos producidos por la deform ación
artificial. Sin em bargo, un resultado interesante
es la asociación con el tam año y el peso del crá­
neo: en la deform ación tabular oblicua predom i­
nan los ejem plares m ás livianos y pequeños, en­
contrándose los ejem plares m ás grandes entre los
deform ados circulares oblicuos. Las glabelas pro­
m inentes predom inan exclusivam ente entre los
circulares igual que el vertex pronunciado y el
frontal m uy inclinado. Las bóvedas altas son ca­
racterísticas de los circulares erectos, en cam bio
las bajas son típicas de los tabulares oblicuos. Las
protuberancias occipitales externas son de desa­
rro llo m e d ian o a fu erte, el p erfil o v oide y la
criptocigia predom inan entre los circulares, m ien­
tras que la plagiocefalía se asocia con las form as
tabulares. L a discusión de estas com probaciones
con lo tra d ic io n a lm e n te p ro p u e sto (D em bo e
Im belloni, 1938) es difícil por la sencillez de las
descripciones disponibles, aún en estudios reali­
L a distribución de los atributos m enores (rasgos
discretos o no m étricos) no ofrecen pruebas sufi­
cientes para dem ostrar su asociación con alguno
de los factores de variación estudiados. D e 36 ca­
racterísticas, sólo dos, el tubérculo cigom axilar y
223
riantes. Las diferencias radican en la adquisición
de dim ensiones m ayores en los varones con res­
pecto a las m ujeres, en el volum en endocraneano,
en el desarrollo de la porción fronto-parietal del
perfil sagital, en la anchura de la base y en el fora­
men magnun, en las dim ensiones generales de la
cara, y del m axilar inferior en cuanto a la anchura
y al tam año de las ram as ascendentes. Tanto uno
com o otro sexo adquieren un desarrollo igual a
nivel de la anchura de la bóveda, de la altura porio
bregm ática, del crecim iento en anchura del fron­
tal, de la longitud de la base craneal y de la pirá­
m ide facial, en las dim ensiones de las órbitas y
del paladar, etc. E stas com probaciones, con las
razonables diferencias producidas por otros dise­
ños experim entales, coinciden con los resultados
obtenidos con m ateriales de P atagonia, Perú y
Norte de Chile (Cocilovo, 1 9 7 3 ,1975,1978; C oci­
lovo et al., 1982, etc.), y con las observaciones de
K een (1950).
la tuberosidad m alar se encuentran vinculados con
el sexo, el resto perm anece realm ente invariante
con respecto a este factor, a la deform ación artifi­
cial y a la variación etaria. Estos resultados no
son com patibles con los obtenidos por otros auto­
res que se han ocupado del tem a, pero debem os
advertir que nuestra m uestra (con ejem plares adul­
tos, m aduros y seniles) no es adecuada para de­
m ostrar una asociación real con la edad pues no
incluyó piezas infantiles y juveniles. Su invariancia
con respecto a los citados factores es declarada
p o r S u lliv a n (1 9 2 2 ), B e rry y B e rry (1 9 6 7 ),
Perizonius (1979), F innegan y M arcsik (1979),
O ssem berg (1987) y Vives y B ertranpetit (1986).
La influencia de la deform ación artificial dem os­
trada por O ssem berg (1970) no es muy sólida. Por
otra parte, las com probaciones de Pucciarelli (1972
y 1973) en m ateriales del N .O . argentino y de
Patagonia no son confirm adas por nuestro traba­
jo. En M orro de A rica (Chile) no se pudo dem os­
tra r en fo rm a in d is c u tib le u n a r e la c ió n de
causalidad con el sexo, la edad y la deform ación
artificial (M artino et al., 1991). Buikstra (1976)
tam poco encuentra pruebas concluyentes acerca
de la influencia de la deform ación artificial, pero
sí la distribución de estas variables parece ser d e­
pendiente del desarrollo ontogenético. Las discre­
pancias observadas entre los distintas experien­
cias citadas, sin dudas se deben a la naturaleza de
los datos y a los diseños experim entales aplicados
en cada caso; por ejem plo, en m uchos trabajos no
puede asegurarse la independencia entre los pro­
pios factores ensayados, lo cual puede confundir
los resultados presentados. A lgo sim ilar ocurre con
el pionero trabajo de M unizaga (1964b) en pobla­
ciones del N orte de Chile.
L a edad constituye un im portante factor de varia­
ción m étrica pues casi la totalidad de las variables
analizadas acusan diferencias m arcadas entre las
distintas clases etarias. El com portam iento de al­
gunas de ellas siguen patrones diferentes, pero con­
sistentes con lo esperado, a pesar de la escasa lite­
ratura existente sobre el tem a. L a m uestra dispo­
nible y el especial algoritm o em pleado, perm itie­
ron estudiar un fenóm eno al cual pocas veces se
tuvo acceso con m ateriales de poblaciones p re­
históricas. Tam bién el análisis de los resultados
obtenidos indica que algunas variables siguen un
ritm o de crecim iento distinto, com o por ejem plo
la longitud del foram en m agnun, la capacidad
craneana y los segm entos parietal y occipital del
perfil craneano sagital, las cuales alcanzan el va­
lor adulto a una edad m ás tem prana que el resto.
L a am plitud de las clases de edad existentes en
esta colección no nos perm itió, en estas m edidas
dem ostrar cambios estadísticam ente significativos.
Estas observaciones coinciden con las variacio­
nes m orfológicas declaradas por la literatura so ­
bre el tem a (Cocilovo, 1995).
Tam poco pudim os encontrar distribuciones distin­
tas a las esperadas de acuerdo al tipo de unidad
funeraria. En base a esto últim o, la consecuencia
es inmediata: con la m uestra disponible no tene­
mos pruebas para suponer en Pisagua la existen­
cia de más de un com ponente asociado con algu­
na unidad funeraria y diferente al de la población
ancestral.
En el análisis m étrico de la deform ación artificial,
se han com parado los tipos tabular erecto, tabular
oblicuo, circular erecto y circular oblicuo, con un
grupo de ejem plares sin deform ar, en form a si­
m u ltán e a. P o r e s ta razó n lo s re s u lta d o s son
globales y poco dem ostrativos del com portam iento
Desde el punto de vista m étrico, la variabilidad es
mayor y pudo ser dem ostrada en form a m ás proli­
ja para cada efecto en particular. D e 52 m edicio­
nes, 32 m ostraron alguna variación con relación
al dim orfism o sexual y 20 perm anecieron inva­
224
dad am biental. Si esto fue así, las pruebas realiza­
das adquieren particular significación para ev a­
luar las reales diferencias entre los distintos ce­
m e n te r io s a u n q u e d e s d e el p u n to d e v is ta
univariado ni m ultivariado no se haya logrado
confirm ar la estructuración de la población de
Pisagua en cuatro com ponentes cronocontextuales. La variación residual restante puede ser, en
un futuro, im portante para com prender los m eca­
nism os m icroevolutivos locales que operaron en
el pasado.
de cada práctica en particular. En este punto, nues­
tro objetivo no fue brindar una caracterización
m étrica exacta de cada una de ellas, sino lograr
una evaluación general del efecto sobre la m orfo­
logía craneana. Se observa una influencia más
acentuada sobre el neurocráneo y una extensión
más ligera de la m ism a al esplacnocráneo. Los
cam bios com probados son los esperados de acuer­
do con trabajos anteriores (Cocilovo, 1973, 1975,
1978; Cocilovo et al., 1982).
Las diferencias m étricas halladas entre los m ate­
riales de los distintos cem enterios, una vez elim i­
nados los efectos de la edad, el sexo y la deform a­
ción artificial, son sum am ente escasas. Los m ate­
riales de la colección de Pisagua pueden conside­
rarse com o pertenecientes a una m ism a población,
pues no obtuvim os pruebas suficientes para de­
m ostrar diferencias estadísticam ente significativas
entre las distintas unidades funerarias. Esta es una
c o n c lu s ió n r a z o n a b le , ta n to a n iv e l de la
m orfoscopía gruesa, com o de los rasgos no m étri­
cos y de las variables m étricas, aunque no pode­
mos descartar que desde el punto de vista estadís­
tic o , un in c re m e n to f u tu ro en lo s ta m a ñ o s
m uéstrales podría arrojar resultados distintos. Sin
em bargo consideram os que la prueba aquí presen­
tada es m uy sólida.
Considerando los m ateriales de Pisagua com o una
unidad biológica local, estrecham ente adaptada a
la explotación de recursos m arinos, com plem en­
tados con productos continentales, durante un lap­
so entre 1400 a 1700 años, la evaluación de su
tabla de vida en form a global proporciona una
im p o r ta n te in f o r m a c ió n s o b r e el p r o c e s o
adaptativo local. L a esperanza de vida de 24 años
es m ayor que la obtenida por K am ps (1984) para
C am arones 14 (6000 AC), aunque se m enciona
un rango de exo entre 20,7 y 24 años asociada con
una tasa bruta de m ortalidad de 45,1 o/oo. Para
Pisagua este últim o valor llega a 41 o/oo. U n revi­
sión más m oderna con m ayor inform ación perm i­
tió realizar para el cem enterio C una estim ación
de e x o d e 2 5 ,4 3 a ñ o s co n u n a ta sa b ru ta de
natim ortalidad del 39 o/oo (Q uevedo y Cocilovo,
1995). En m ateriales de Q uitor 6 correspondien­
tes a la fase tardía del desarrollo cultural de San
Pedro de A tacam a (900 a 1200 DC) se calculó una
esperanza de vida al nacim iento de 26,61 años
(C osta Junqueira, 1985). En el N.O. A rgentino en
el grupo de Las Pirguas, som etido a un alto im ­
pacto am biental, correspondiente a una etapa tem ­
prana y m edia de la cultura Candelaria (600 DC),
se encontró para este parám etro un valor de 22,06
años (Baffi, 1989), m ientras que en la Quebrada
de Humahuaca, Cocilovo y Bordach (1985) en ma­
teriales tardíos del Pucará de Tilcara estimaron
una cifra de 24,69 años. Estos distintos valores,
sin duda se acusan diferencias en el modo de vida
y en la estrategia reproductiva de las poblaciones
cuya discusión exige la disponibilidad de mayor
información sobre salud y nutrición, sobre el apro­
vecham iento de recursos y la m agnitud de las
interacciones biosociales.
Por otra parte, no podem os ocultar que el conjun­
to de com probaciones realizadas producen muchas
dudas sobre las tradicionales clasificaciones ra ­
ciales realizadas en A m érica, tom ando en cuenta
características m orfológicas gruesas, con una apo­
yatura nom inal solam ente de una m étrica mal eva­
luada (cfr: Im belloni, 1938, 1958; Bórm ida, 195354; M unizaga, 1974, 1976). Los resultados de
nuestro trabajo apoyan el em pleo de atributos grue­
sos para la determ inación del sexo, de la edad y
de la deform ación artificial, pero no para evaluar
las diferencias entre cem enterios cuando dichos
factores no se distribuyen aleatoriam ente y, aun­
que así lo fuera, este tipo de rasgos se encuentran
m uy vinculados con el grado de desarrollo de los
in dividuos, siendo difícil ev alu ar con ellos la
interacción entre los distintos efectos.
La corrección de los datos m étricos originales,
extrayendo el efecto del sexo, de la edad y de la
deform ación artificial, puede haber producido la
elim inación de una gran proporción de variabili­
La cuestión del origen, del desarrollo y de las re­
laciones biológicas de la población de Pisagua con
225
el resto de los grupos del N orte de Chile es un
pro blem a com plejo. L a variació n m orfológica
entre localidades, evaluada sin la influencia de los
factores intrapoblacionales, es m anifiesta desde el
punto de vista estadístico. En efecto, Pisagua,
M orro de Arica, San Pedro de A tacam a y Calam a,
considerados globalm ente, constituyen núcleos
poblacionales diferentes. Las dos prim eras series
parecen pertenecer a entidades biológicas muy
distintas, dicho esto a partir de pruebas con varia­
bles m étricas y no m étricas (M artino y Cocilovo,
1988). La observación de la F igura 2 es particu­
larm ente dem ostrativa con respecto a la com posi­
ción de Pisagua pues la distribución de las obser­
vaciones en las dos prim eras variables canónicas
m uestra una área de superposición con las otras
localidades y a la derecha del gráfico otra área
extensa particular que se proyecta en form a inde­
pendiente en la dirección positiva de la prim era
com ponente discrim inante. E sto indica la existen­
cia en Pisagua de una cierta cantidad de variación
vinculada con los restantes grupos y una propor­
ción de variación nueva y diferente del resto, cuyo
origen plantea un im portante problem a de inves­
tigación. C on estos resultados se podría postular
en el N orte de Chile, la existencia de dos m odelos
fenotípicos: uno continental y otro litoral, pero
hace falta el desarrollo de una investigación parti­
cular.
A tacam a. En el área de Pisagua, a pesar de que se
registra la presencia de estos grupos desde el pun­
to de vista arqueológico, lam entablem ente los d a­
tos antropológicos son insuficientes para inferir
sus características biológicas, aunque en la F ig u ­
ra 2 se distingue claram ente una am plia área de
superposición en las elipses de equiprobabilidad
de M orro de A rica y de Pisagua. D urante el Form ativo, parece ser m ás clara la diferenciación de
estas dos entidades que, sin dudas, poseen raíces
m ás antiguas en la región. G rupos sem ejantes a
los que dejaron sus restos en el cem enterio “D ”
de Pisagua habrían dado origen al desarrollo del
segm ento histórico de la población presentado en
este trabajo, los cuales posiblem ente se encuen­
tren asociados con los del período agroalfarero más
tem prano de San Pedro de A tacam a. Estas d ife­
rencias se asentuaron con el correr del tiem po, con­
firiendo a cada localidad, durante la influencia de
T iw anaku y en el período de D esarrollos R egio­
nales, una personalidad propia que parece m ante­
nerse durante la expansión incaica. U na explica­
c ió n m á s d e ta lla d a s o b r e lo s p r o c e s o s
m icroevolutivos ocurridos en San Pedro de Atacam a y en la presente localidad se expone en los
trabajos de C ocilovo (1995) y Varela (1997).
El poblam iento del N orte de Chile sin dudas es el
resultado de procesos m icroevolutivos generados
en áreas próxim as que por m ilenios afectaron tan ­
to el litoral norte com o la zona de los oasis y cuen­
cas interm edias. A las m igraciones de am plio ran ­
go (desde fuera de la región: altiplano, selvas y
N .O. argentino), propuestas y probadas por otros
trab a jo s (R o th h a m m e r et al., 1983; R iv e ra y
Rothham m er, 1986), debem os sum ar adem ás, la
influencia de los fenóm enos de adaptación local y
la interacción entre localidades. Las diferencias
halladas pueden ser explicadas m ediante la apli­
cación de un m odelo basado en la m igración, la
selección y la deriva com o factores fu ndam enta­
les que producen cam bios genéticos, para lo cual
se torna necesario evaluar su participación indivi­
dual y conjunta a través del aporte de variación
nueva, del im pacto am biental y social sobre la
m ism a, y del costo del proceso de adaptación que
im plicó la co lo n izació n de nu ev o s am bientes.
R esulta im prescindible el aporte de inform ación
sobre la calidad de vida en determ inados períodos
y entre localidades para inferir su influencia ju n ­
ta m e n te co n el flu jo g e n é tic o en la ta s a de
La historia biológica de los grupos arcaicos, sin
dudas, es la clave para interpretar el desarrollo
posterior de la población del norte de Chile. Las
sim ilitudes entre las m uestras indican su origen a
partir de un fondo genético com ún, y las diferen­
cias, com o en el caso particular de las novedades
halladas en Pisagua por la existencia de procesos
independientes en cada localidad. Por esta razón,
en esta población es necesario pensar que el ori­
gen de la nueva variación puede haber sido local
a partir de un fuerte proceso de diferenciación por
aislam iento o extrarregional (m igración). En este
últim o caso, sería interesante probar la posible
estructuración de la población arcaica a partir de
la cual se originan los grupos form ativos en dos o
más sistem as biológicos dentro de los cuales la
interacción fue m ayor que entre ellos. G rupos ar­
caicos sem ejantes a M orro de A rica podrían ha­
ber sido, en parte, los responsables del poblamiento
tem prano del Valle de A zapa, de las cuencas in­
term edias y de la zona del oasis de San Pedro de
226
Figura 4:
C E M E N TER IO D. E jem plar 220, sin deform ación, fem enino, adulto m aduro avanzado y E jem plar
346, circular erecto, m asculino, adulto m aduro avanzado.
227
Figura 5:
C em enterio C, ejem plar 255, sin deform ación, fe m en in o ,adulto y ejem plar 259, sin deform ación,
m asculino, adulto m aduro avanzado.
228
Figura 6:
C em enterio A. E jem plar 337, tabular erecto, m asculino, adulto m aduro y Cem enterio H, ejem plar
299, tabular oblicuo, m asculino, adulto maduro.
229
F igura 7:
C em enterio A, ejem plar 325, tabular erecto, fem enino, adulto m aduro y C em enterio C, ejem plar 264,
tabular erecto, m asculino, adulto m aduro avanzado.
230
m icroevolución por la ganancia o pérdida de va­
riabilidad. P or ejem plo, la velocidad de cam bio
m orfológico entre M orro de A rica y Pisagua, es
m ucho m ayor que entre ella y San Pedro de Atacam a. E sto está claram ente indicando historias
biológicas diferentes. Un conocim iento m ás ade­
cuado de la estructura dem ográfica de cada grupo
nos aportaría la inform ación básica necesaria para
inferir una de las posibles causas del proceso de
m icrodiferenciación, así com o la disponibilidad
de un m ayor núm ero de m uestras a nivel regional
nos ayu dará a co m p ren d er m ejor la estructura
genética de la población y la naturaleza de las
interacciones biosociales.
A gradecim ientos
En especial deseam os b rindar un reconocido h o ­
m e n aje a la D ra. G re te M o stn y , al Dr. H an s
N iem eyer y al Dr. F rancisco R othham m er p o r el
apoyo y el perm anente estím ulo que nos brin d a­
ron. D ejam os expresa constancia de nuestro sin­
cero agradecim iento al personal de M useo N acio ­
nal de H istoria N atural por su cooperación d uran­
te la preparación de la colección para la realiza­
ción de los trabajos. T am bién deseam os hacer ex ­
tensivo nuestro agradecim iento a la Sra. Loreto
Solé por su ayuda en el relevam iento de los datos
y al Lic. Julio Sanhueza por habernos proporcio­
nad o in fo rm a c ió n p e rso n a l so b re la z o n a de
P isagua y la distribución de los cem enterios.
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A p é n d ic e 1:
A tr ib u to s g r u e s o s y su s c a te g o r ía s
N"
D en om in ación del atributo
C ategorías de observación
1
Conservación
Bueno
2
Tamaño
3
Peso
4
5
Regular
Malo
Pequeño
Mediano
Grande
Liviano
Mediano
Pesado
Relieves oseos
Suaves
Regulares
Fuertes
Form a de la cara
Angosta
Ancha
Prom inente
6
Glabela
Suave
7
Tamaño arcos superciliares
Suaves
M edianos
M arcados
8
Form a de las órbitas
Redondas
Intermedias
Cuadradas
9
Abertura fosas nasales
Pequeña
Mediana
Grande
10
Espina nasal
Reducida
11
Tamaño huesos malares
Pequeños
Medianos
M arcada
Grandes
12
Desgaste dentario
Leve
Mediano
Pronunciado
13
Vertex
Suave
Medio
Pronunciado
14
Inclinación frontal
Suave
Mediana
Fuerte
15
Surco retroglabelar
Suave
M arcado
16
Prom inencia huesos nasales
Leve
Pronunciada
17
Arcos cigomaticos
Gráciles
Medios
Robustos
18
Cresta supram astoidea
Suave
Mediana
Pronunciada
19
Occipucio
Suave
Medio
M arcado
20
Apófisis mastoideas
Pequeñas
M edianas
Grandes
21
A ltura bóveda craneana
Baja
Mediana
Alta
22
Relieves plano nucal
Suave
Medianos
M arcados
23
Protuberancia occipital externa
Suave
Media
M arcada
24
Perfil craneano
Ovoide, Elipsoide, Pentagonoide, Esfenoide, Esferoide,
Romboide, Brisoide
25
Arco cigomatico
Criptocigia
Fenocigia
26
Plagiocefalia
Presencia
Ausencia
27
Form a foramen magnum
Circular
Poligonal
28
Depresión del esfenoides
Leve
Mediana
Pronunciada
29
Tamaño fosas glenoideas
Pequeñas
Regulares
Grandes
235