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Investigación y Práctica Profesional: Precisión y Delimitación del Problema Objeto de Intervención.
Malena Hopp.∗
Resumen
El artículo recupera la experiencia de la práctica pre-profesional correspondiente a taller III de la Carrera
de Trabajo Social en la Universidad de Buenos Aires. Realizada en la Dirección General de
Microemprendimientos y Economía Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, durante los meses
de marzo a diciembre del año 2005.
Esta experiencia permitió repensar la intervención profesional, problematizando la noción de objeto de
intervención, resignificando el pensar y el actuar del trabajo social y a partir de allí explicitar la necesidad
de producir conocimientos para construir nuevos espacios de intervención y consolidar el desarrollo del
ejercicio profesional.
Durante el proceso de aprendizaje surgieron tres cuestiones que analizaré. A) Las representaciones acerca
de las prácticas pre-profesionales B) La importancia del diagnóstico en la planificación de programas
sociales. C) La necesidad de promover la investigación para la producción de conocimiento desde el
campo del Trabajo Social.
Introducción.
El presente artículo recupera la experiencia de la práctica pre-profesional correspondiente a taller III de la
Carrera de Trabajo Social en la Universidad de Buenos Aires. La misma se realizó en la Dirección
General de Microemprendimientos y Economía Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
(DGMyES), durante los meses de marzo a diciembre del año 2005.
Primero explicaremos cómo se organizan las prácticas pre-profesionales correspondientes a taller III y
cuáles son los objetivos del mismo, para luego, analizar las representaciones acerca de dichas prácticas
sobre lo que se espera de taller III, la intervención con grupos, a través de la coordinación y la
implementación de técnicas grupales participativas. Luego indagaremos los significados que se disputan
en el imaginario de estudiantes y profesionales del Trabajo Social acerca de qué son las prácticas
profesionales y pre-profesionales, qué objetos y estrategias de intervención son legítimos y cuál es el rol
del Trabajo Social.
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Esta experiencia nos permite repensar la intervención profesional, problematizando la noción de objeto de
intervención, precisando su delimitación. Esto nos remite a una segunda cuestión que creemos que merece
ser tenida en cuenta: la falta de datos precisos y confiables acerca del problema objeto de intervención y
de la población que atienden las instituciones estatales, debido a la inexistencia de un diagnóstico de la
situación, lo cual es fundamental para la planificación y el diseño de programas sociales capaces de
responder a las necesidades de la población involucrada y de aportar positivamente a la superación de los
problemas abordados.
Estudiante de Trabajo Social. Becaria estímulo de la Universidad de Buenos Aires. Directora Dra. Estela Grassi.
Instituto Gino Germani. Uriburu 950 6to. Piso. malenahopp@yahoo.com.ar.
Por último y partiendo del punto anterior, surge la necesidad de promover la investigación para la
producción de conocimiento desde el campo del Trabajo Social, referida a las problemáticas (1) en las que
éstos se inscriben. Esto nos lleva a resignificar el pensar y el actuar del trabajo social y a partir de allí
explicitar la necesidad de producir conocimientos para construir nuevos espacios de intervención y
consolidar el desarrollo del ejercicio profesional.
Taller III: Trabajo Con Grupos Y Coordinación De Técnicas Participativas.
Las prácticas pre-profesionales se desarrollan a través de dos instancias, por un lado la concurrencia al
centro de prácticas, donde se lleva a cabo el trabajo de campo y por otro el seguimiento del proceso de
aprendizaje realizado por un docente en la instancia de aula-taller. Las instituciones donde se cumplen las
prácticas son instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Las mismas cuentan con un referente
institucional, Trabajador Social, que supervisa a los estudiantes y orienta las actividades de campo. La
inserción se hará en un área, programa o proyecto de trabajo definido previamente por la institución y
consensuado con la carrera.
Los objetivos generales de taller son “1- Lograr que los alumnos de la carrera de Trabajo Social
adquieran experiencia de trabajo con las problemáticas sociales a partir de su inserción y desempeño preprofesional en instituciones que ejecuten a nivel micro social distintas políticas sociales. 2- Lograr que los
alumnos de la carrera de trabajo Social apliquen en forma progresiva y sistemática conocimientos
adquiridos por la vía currricular, a fin de contribuir a que egresen con entrenamiento básico para el
desempeño futuro de su rol.”(2). El taller III corresponde al tercer año de la carrera. Según los
lineamientos de la práctica pre-profesional se deben trabajar los siguientes contenidos: “Técnicas de
Intervención Social. Delimitación del objeto de intervención. El proyecto como unidad de planificación.
Diseño de proyecto. Gerenciamiento de proyectos. Monitoreo y evaluación de proyectos .Análisis
institucional. Procedimientos de registro. Políticas Sociales, política del Sector. Objeto de intervención en
el trabajo con grupos. Programas institucionales y necesidades de sector. Diagnóstico, planificación y
ejecución de estrategias de trabajo grupal. Técnicas de dinámica grupal. Procedimientos de registro.
Documentación de las intervenciones planificadas (crónicas de reunión, planificaciones, evaluaciones,
informes de gestión, etc).”(3)
Nuestra práctica pre-profesional transcurrió en la Dirección General de Microemprendimientos y
Economía Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El objetivo de la Dirección es reducir el
desempleo de la Ciudad, mediante la lógica de la Economía Social y la promoción de emprendimientos
productivos asociativos.
El diseño y la ejecución del proyecto se realizaron desde el área de investigación. El diagnóstico tuvo por
objetivo evaluar el impacto de recursos públicos (4) en el proceso de conformación y las posibilidades de
consolidación y sustentabilidad de empresas autogestionadas beneficiarias de alguno de los programas de
la DGMyES. El mismo se realizó a través del relevamiento de 12 emprendimientos textiles seleccionados
por la referente y el equipo de comercialización. El instrumento de recolección de datos utilizado fue una
encuesta diseñada por la DGMyES para construir una base de datos unificada de los emprendimientos
relacionados con la institución.
Para entender las representaciones acerca de las prácticas profesionales partiremos de los siguientes
planteos. Alfredo Carballeda, explica que “(…) la vida social es organizada en términos de símbolos que
adquieren significado, según las representaciones de quienes construyen y recrean el mundo en que viven,
el que a su vez está condicionado por influencias macro-sociales que se resignificarán dentro del orden de
lo real."(5)
Siguiendo a Maura Penna, las representaciones sociales funcionan como organizadoras de las prácticas
sociales, produciendo un sentido, forjando una explicación y/o interpretación del mundo. Las
representaciones sociales son instrumentos de aprehensión de la realidad, siendo en relación con su
complejidad, “reductoras”, de “carácter simplificador”. Son construidas a partir de un proceso de
selección y esquematización. La abstracción es tomada como la propia realidad, es naturalizada. La
representación se da como una naturaleza, pues siendo un recorte, una visión desde un punto, se percibe
como “lo visible”. Estas representaciones no se construyen en un vacío, sino en un espacio social, en este
caso se trata de la carrera de Trabajo Social. En este campo están en juego los sentidos acerca de qué son
las prácticas profesionales y pre-profesionales, qué objetos y estrategias de intervención son legítimos y
cuál es el rol del Trabajo Social.
Estos significados son parte del imaginario social. El imaginario no es la suma de todas las imaginaciones
singulares, tampoco es un producto acabado y pasivo. Por el contrario, es el efecto de una compleja red de
relaciones entre discursos y prácticas sociales. El imaginario se constituye a partir de las coincidencias
valorativas y de las resistencias de las personas. Se manifiesta en lo simbólico, en el lenguaje y los valores
y en el accionar concreto entre los sujetos, en las prácticas sociales. Se instala en las distintas instituciones
que componen la sociedad. Actúa en todas las instancias sociales, puesto que todas esas instancias se
producen en alguna institución. Siguiendo esta línea de análisis podemos pensar la institución como
productora y reproductora de significaciones y representaciones sociales. Entendemos la institución como
una red de relaciones donde está en juego, el poder y cada actor disputa, desde el lugar que ocupa en la
estructura social, su concepción de la realidad.
Los objetivos específicos de taller III son “1) Que el alumno se entrene con el trabajo con grupos a fin de
que identifique el valor articulador de este nivel de abordaje en cuanto vincular los programas
institucionales y las necesidades particulares de diferentes sectores de la comunidad. 2) Aproximación
conceptual metodológica al tema: sistematización.”(6) A partir del primer objetivo se construye la idea
ampliamente difundida entre los estudiantes de la carrera, según la cual estas prácticas serán para
coordinar grupos desde la perspectiva de la psicología social, principalmente desde la propuesta de Pichon
Riviere (7). Además la mayoría de los centros de prácticas disponibles ofrecen proyectos, en los cuales
está predefinida la función de los estudiantes y concuerdan con la propuesta del trabajador social sólo
como coordinador. “…Es necesario entender que dentro de las múltiples propuestas metodológicas que ha
elaborado el Trabajo Social, la perspectiva del método de caso, de grupo, y de comunidad es la que más se
ha instalado en el imaginario profesional. De hecho no son pocas las carreras que plantean de esta manera
la metodología en la formación de futuros trabajadores sociales.”(8)
De allí las expectativas de la mayoría de los estudiantes de tener contacto con la población beneficiaria,
realizar un proyecto de intervención, cuya metodología fuera la coordinación de talleres utilizando
técnicas de intervención participativas. Esto suponía la inserción en una organización que trabaje a nivel
micro social y nos permitiera un contacto directo con sus beneficiarios que facilitara ejercer el rol de
coordinadores de las dinámicas grupales.
Estos presupuestos limitan la intervención y obstruyen la posibilidad de pensar en la investigación para la
construcción de conocimiento desde el campo (9) del Trabajo Social. Es necesario problematizar estas
divisiones metodológicas, caso-grupo-comunidad, la dicotomía macro-micro y redefinir la intervención
profesional. Aquí se pusieron en juego los sentidos acerca de qué son las prácticas profesionales y preprofesionales, qué objetos y estrategias de intervención son legítimos y cuál es el rol del Trabajo Social.
La institución en la cual nos insertamos para realizar nuestras prácticas no tenía las características
anteriormente descriptas como típicas de taller III. Nos encontramos ante una institución que planifica y
ejecuta programas a nivel de la Ciudad, por lo que no resultaba posible conocer directamente a todos los
beneficiarios de los programas y menos aún plantear un proyecto, donde el rol del Trabajador Social fuera
la coordinación de grupos. Ante este panorama fue necesario repensar el objeto de intervención y
construirlo ya no desde lo dado, lo conocido, lo tradicionalmente correspondiente a taller III, sino desde la
reflexión y la investigación. Por otra parte pudimos redefinir el eje central del taller y plantear que éste no
se limita a la coordinación, que este no es el único rol legítimo, sino que tiene que ver con la experiencia
de diseño y planificación, abriendo la posibilidad de construir el problema objeto de intervención a partir
de la investigación diagnóstica, otorgándole un lugar fundamental a este momento y entendiéndolo como
posibilitador de la reflexión y la construcción teórica.
De esta manera podemos pensar el Trabajo Social no sólo como ejecutor de los proyectos o programas
sociales, sino ir más allá de la función de técnico y recordar “que detrás de cada posición técnica existen
posiciones teóricas que conllevan ideas acerca de “modelos socialmente deseables” (10). Es fundamental
que el Trabajo Social como disciplina pueda hacer aportes a la construcción de estas teorías y categorías
de análisis de la realidad, es decir que podamos construir una matriz conceptual, entendida como el
conjunto de categorías teóricas generales y particulares que fundamentan explicativamente una disciplina
y la intervención profesional.
La Importancia Del Diagnóstico.
A partir de nuestra inserción, el primer problema que identificamos fue la dificultad que presentan los
emprendimientos en la comercialización de la producción. Una de las causas de esta dificultad estaba
relacionada a la falta de articulación de los emprendimientos, por eso, en un principio pensamos en la
construcción de una red de comercialización. Este proyecto no era viable institucionalmente y con los
recursos con los que contábamos. Por eso, luego de analizar la viabilidad de nuestra idea original
decidimos modificar el proyecto para contribuir a la construcción de una red de comercialización, pero
desde la realización de una investigación diagnóstica que brinde información facilitadora de esa
construcción. Además la Dirección General de Microemprendimientos y Economía Social no contaba con
datos precisos y confiables acerca del problema objeto de intervención y de la población que atiende,
derivados de la inexistencia de un diagnóstico de la situación y de una evaluación del impacto de los
recursos públicos, lo cual es fundamental para la planificación y el diseño de programas sociales capaces
de responder a las necesidades de la población involucrada y tener un impacto positivo en los problemas
abordados.
Siguiendo a Nora Aquín (11) podemos afirmar que el objeto de intervención del Trabajo Social requiere
una teoría, es decir un campo de problemas reales que demanden una solución. El mismo posee un
carácter histórico-social. A través de esa delimitación debemos intentar recuperar las voces de los
diferentes actores en conflicto. Margarita Rozas plantea la necesidad de construir el campo problemático,
definido como una construcción conceptual a partir de categorías teóricas y la empiria que recorta un
aspecto de la realidad social para focalizar la intervención profesional. Desde allí se definen las diferentes
estrategias o formas de abordaje. Esta construcción se encuentra en relación con la cuestión social en un
momento histórico determinado. Esto exige tener en cuenta las condiciones materiales, sociales y
simbólicas de producción y reproducción. Nora Aquín explicita tres momentos que son objeto del Trabajo
Social: 1-La lucha por validar una necesidad como problema. 2-La disputa por la interpretación de la
misma como problema político o como problema no político. Este momento tiene que ver con cómo y qué
problemas están en la agenda pública. 3-Luego de que los momentos anteriores se hayan resuelto
favorablemente estamos ante la asignación de recursos, la cual solo es posible si la necesidad es
considerada un problema político y dependiendo de la interpretación que se le de al mismo se asignarán
los recursos. Este planteo refiere a que nuestra profesión necesita tener incidencia en estas tres instancias
para desenvolver una práctica creativa y productiva.
A partir de la investigación diagnóstica realizada intentamos construir el objeto de intervención abordando
los tres momentos que plantea la autora. El problema en el cual intentamos intervenir fue la falta de
articulación entre los emprendimientos, la cual obstruye la posibilidad de satisfacer necesidades en
conjunto y a su vez demandar colectivamente al Estado. Este problema nos permite ver que los
emprendedores no están constituidos como un actor colectivo o como un sector de la economía. Las
consecuencias de la falta de articulación entre los emprendimientos son las dificultades para la compra de
materias primas e insumos y para la comercialización de su producción, entre otras. La situación de
informalidad en la que se encuentran los emprendimientos (falta de personería jurídica, imposibilidad de
facturar, por falta de inscripción, de habilitación etc.) puede generar en el imaginario social un rechazo a
este tipo de emprendimientos. Esto se produce debido a la contradicción del Estado que por un lado
promueve la Economía Social, pero a su vez presenta trabas para la consolidación y sostenibilidad de los
emprendimientos, que él mismo genera. Estas contradicciones se visualizan en de las dificultades con las
que se enfrentan, como por ejemplo el limitado acceso al crédito o el bajo monto de los que se ofrecen. A
su vez el inadecuado marco jurídico y tributario que regula estas actividades genera impedimentos para la
comercialización. También tienen problemas para la habilitación de sus locales y lugares de producción.
Otro inconveniente es la escasez de espacios de comercialización de su producción. El problema abordado
tiene que ver con los tres momentos planteados anteriormente, ya que la articulación y el fortalecimiento
de los emprendimientos de la economía popular permitirán instalar en la agenda pública sus necesidades
como problema y a su vez este reconocimiento fortalecerá el proyecto de constituirse como un sector de la
economía, el sector de la economía social. Y por último al resolver las primeras dos instancias planteadas
estarán mejor posicionados en la etapa de la asignación de recursos.
“Suele afirmarse que el fracaso generalmente reconocido de la planificación en América Latina se debe a
que los planificadores no han superado el nivel de diagnóstico. Esta proposición es falsa…porque si
alguna contribución al estancamiento en la planificación tiene el modo mismo en que se producen los
planes, no es precisamente que sólo hagan diagnósticos, sino más bien que los diagnósticos son
inadecuados para orientar la propuesta de intervención social” (12). A esta afirmación se podría sumar,
como es el ejemplo del caso que estamos analizando, que las instituciones estatales muchas veces no
realizan diagnósticos. Daniel Arroyo afirma que “Es imposible pensar hoy en un diagnóstico participativo
de 8 meses...Porque los que están haciendo todo eso, están actuando en el marco de la emergencia y
sosteniendo como pueden… Acá es central pensar metodologías rápidas de planificación y adaptables. No
es posible hacer un diagnóstico de ocho meses, tendremos que hacer un diagnóstico de tres semanas. No
es posible pensar un diseño integral, porque la crisis nos impide claramente tener una mirada de todo,
porque no sabemos con qué recursos trabajamos. Tenemos que trabajar con algunos ejes e ir
adaptándolos…Ahí está esta idea del incentivo negativo que obliga entonces a ser más resultadistas, a ir a
lo concreto”. (13)
Creo que debemos diferenciar los planes de emergencia de otros de más largo plazo, como es el caso del
desarrollo local y la promoción de emprendimientos productivos asociativos, que tienden a constituir otro
tipo de relaciones. Por eso no es posible dejar de lado la instancia del diagnóstico y la participación de los
actores pensada integralmente en la Argentina actual, utilizando como excusa la situación de emergencia.
Es necesario responder a la emergencia, pero sin dejar de lado la teoría para la construcción estratégica.
Nuestra práctica estuvo atravesada por una inquietud permanente acerca de por qué diseñar un proyecto
con el objetivo de hacer un diagnóstico. Esto sumado a nuestra ansiedad por intervenir. Pero, ¿qué
entendemos por intervención? Para contestar esta pregunta “es necesario romper con la tradicional
concepción de intervención como sinónimo de acción, ya que la misma involucra conjuntamente el saber
y el hacer” (14). Partiendo de esta premisa afirmamos que el diagnóstico es una herramienta fundamental
para la intervención, porque es un momento donde claramente se pone en juego la teoría, el saber, para
construir un hacer fundado. Esta instancia permite recabar la información empírica necesaria para
comprender el problema, la posición y las interpretaciones que del mismo puedan tener quienes están
involucrados en ese proceso.
La imposibilidad de realizar un diagnóstico y construir el problema, que plantean algunos autores, impide
ver la complejidad del objeto y pensarlo integralmente para poder pasar “De la emergencia a la estrategia”
(15), es decir evitar intervenciones que sólo sean paliativas, intervenciones asistencialistas, donde
solamente se gestionen recursos. Poder buscar soluciones integrales que comiencen a modificar las
condiciones estructurales de desigualdad que generan los problemas sociales en el mediano y largo plazo.
El diagnóstico es un momento de nuestra intervención, donde realizamos una investigación que nos
permite, entre otras cosas, recabar información útil y necesaria para definir claramente el problema objeto
de intervención; pensar las relaciones causales que lo determinan y a partir de esa complejidad plantear
alternativas para solucionarlo. Es una herramienta para la recuperación de la historia de vida de cada
participante. Recuperando el pasado personal, grupal o comunitario, podemos problematizarlo
históricamente y llegar a comprender los problemas del presente desde otra perspectiva.
Precisión y Delimitación del Problema de Intervención.
La temática del objeto en Trabajo Social, en tanto preocupación teórica, sistemática y fundamental de la
profesión aparece en el Latinoamérica durante el desarrollo del Movimiento de Reconceptualización. En
este momento también comienza una búsqueda del estatuto de la profesión, un intento de darle
cientificidad a la disciplina. “Con el movimiento de Reconceptualización los trabajadores sociales de esta
corriente asumieron para si – de la manera más activa a lo largo de su historia- la tarea de conceptualizar
tanto el objeto de su intervención como la práctica misma.” (16). Esto se dio en el marco de una fuerte
politización de la sociedad en general, “…el desarrollo de corrientes críticas en las Ciencias Sociales,
fundamentalmente de inspiración marxista o de lo que se denominó en nuestro país el <pensamiento
nacional> (en el que se hicieron confluir categorías marxistas con el ideario peronista)” (17). Sin embargo
no se logró consolidar un movimiento crítico que a su vez fuera sólido teórica y conceptualmente.
El objeto del Trabajo Social es objeto de intervención, es decir que la práctica misma está orientada a
producir una transformación en la situación problemática particular, en la cual fue llamado a actuar. Estos
problemas son definidos socialmente por los sectores que logran imponer la visión legítima del problema,
por lo tanto estas definiciones se encuentran en disputa. Como plantea Danani “lógicamente podemos
distinguir a) Una “condición objetivamente política” del objeto, una naturaleza objetivamente política del
objeto real. b) Una “politización subjetiva” o proceso de subjetivación de lo político….Lo enuncio aquí
como la interiorización de la condición política del objeto real…c) Un segundo nivel (lógico) de este
proceso de subjetivación de lo político, aunque dependiente del anterior, es el que se vincula con las
“reglas” que ordenan el campo, que regulan todas las relaciones objetivas que todo campo
representa…”(18) Este proceso entraña la posibilidad de que se asuman como válidas las reglas del
mundo social y se conciban como idénticas a las del campo científico o en este caso en particular a las
reglas del campo del Trabajo Social. Entonces reconocer la dimensión política del objeto es un proceso
que tiene un potencial autonomizador, pero el pasaje de la heteronomía a la autonomía no se agota allí.
Además como advierte la autora entraña un riesgo que es necesario evitar.
El objeto de intervención, que es al mismo tiempo objeto de conocimiento no está dado en la realidad,
sino que es una construcción. De allí la importancia de precisar y delimitar el problema en la intervención.
Para esto es fundamental incluir la dimensión histórica de los problemas, para ello pensamos en el
concepto de “campo problemático” que propone Margarita Rozas Pagaza definido como “la explicitación
argumentada de los nexos más significativos de la “cuestión social hoy” con relación a la peculiaridad que
adquiere la relación problematizada entre sujeto y necesidad…el objeto se construye desde la
reproducción cotidiana de la vida social de los sujetos, explicitada a partir de las múltiples necesidades
que se expresan como demandas y carencias y que de esta forma llegan a las instituciones para ser
canalizadas.” (19) En este sentido creemos que la investigación necesariamente debe estar implicada en el
campo del trabajo social, como constitutiva de su práctica. Como plantea Grassi “…ese trabajo cotidiano
debe ser la manifestación y el ejercicio de una práctica profesional, colectivamente construida como tal. Y
esto tiene como requisito previo la posibilidad de construcción autónoma del conocimiento.”(20)
Problematizando los procesos sociales por los cuales se definen los problemas, orientándose por
categorías construidas desde el campo del Trabajo Social y en relación con las ciencias sociales “y no por
los supuestos implícitos contenidos en la definición ya dada.” (21) El objeto del Trabajo Social es por lo
tanto un objeto histórico y sus sentidos están en constante disputa y redefinición. Por eso es central
problematizarlo, desnaturalizarlo y realizar una reconstrucción crítica del mismo. El mismo proceso de
intervención puede ser objeto de investigación.
Los Sujetos de Nuestras Intervenciones.
La definición de la población en el proceso metodológico es fundamental. Danani plantea la necesidad de
caracterizar y comprender las prácticas de los sujetos y las condiciones de existencia en las cuales éstas se
desarrollan. Define las prácticas como “la unidad compleja de comportamientos + representaciones, en la
que las exteriorizaciones más directamente observables que constituyen los primeros, se encuentran
internamente reguladas/organizadas por las segundas. No hay, por lo tanto, ni “exterioridad”, ni
“esencialismo” de lo simbólico, sólo escindible (y obejetivable) en el análisis del sentido que otorga a las
prácticas de las que forma parte.”(22) Por este motivo el análisis de las representaciones adquieren una
importancia fundamental por su condición constitutiva de las prácticas.
A su vez remarcamos la importancia del estudio de las condiciones en las cuales se desarrollan las
prácticas, es decir el contexto. “Estas condiciones/contexto son medio y resultado de las prácticas, por lo
cual podemos decir que están objetivamente dadas y subjetivamente significadas y también construidas
por los sujetos”. (23)
Este abordaje nos lleva a construir a la población objeto como agentes sociales que comparten condiciones
derivadas de su posición dentro de la estructura social, pero siempre singulares. No podemos pensarlos
como sujetos pasivos, receptores de nuestras intervenciones, sino como constructores activos de la
realidad, capaces de transformarla, aunque también condicionados por ella. Esto no significa que estas
poblaciones no sean destinatarias de nuestras intervenciones, “sino que, en todo caso, esa condición es una
relación y como tal, resultado de procesos e interacciones que forman parte del objeto de estudio.” (24).
Para captar esta complejidad que presenta la definición de la población objetivo y no quedarnos en una
simple cuantificación de los destinatarios y en la descripción de sus características es necesaria la
investigación para poder construir la población involucrada como un agente activo y poder dar cuenta de
las representaciones y sus prácticas y cómo juegan estos factores en nuestras intervenciones.
A Modo De Cierre.
No pretendemos cerrar el debate, más bien quisiéramos dejar abierta la discusión acerca la intervención
profesional. Es necesario lograr una mayor inserción por parte de los trabajadores y trabajadoras sociales
en los ámbitos de investigación. A su vez es fundamental promover espacios de intercambio donde sea
posible reflexionar y problematizar la función del trabajo social, repensando la noción de objeto de
intervención, el pensar y el actuar del trabajo social. Es necesario romper con la tradicional concepción de
intervención que la ubica en el campo de la acción, ya que cuando intervenimos involucramos tanto el
saber como el hacer”. Esta concepción tradicional no “…tematiza entonces la producción de la teoría ni
de la práctica. Se omite que hay un proceso en el que se hace la teoría y se piensa la práctica, con
esfuerzo, mediante un trabajo. Se encubre así el trabajo social que implica la teoría y la práctica, en
cualquier ámbito en que se produzca tal saber y tal hacer. Pero además, de esta manera se induce la idea
de un pensar sin hacer y un hacer sin pensar, cuando teoría y práctica son dos aspectos indisociables de
toda actividad humana.”(25)
Si las representaciones sociales funcionan como organizadoras de las prácticas sociales, produciendo un
sentido y forjando una explicación y/o interpretación del mundo, entendemos que dentro de las múltiples
propuestas metodológicas que ha elaborado el Trabajo Social, la perspectiva del método de caso, de
grupo, y de comunidad es la que más se ha instalado en el imaginario profesional, podemos afirmar la
importancia de conocer y analizar estas representaciones para entender cómo se construye en el
imaginario el Trabajo Social. Para lograr que nuestras intervenciones trasciendan el nivel de la mera
ejecución y comencemos a realizar un cambio cualitativo en nuestra profesión, es importante revisar estas
representaciones y los objetivos y funciones que se le adjudican a partir de ellas en nuestro quehacer, tanto
en la práctica profesional, como en el ámbito de la formación.
Los supuestos que constituyen la matriz conceptual de la disciplina limitan la intervención y obstruyen la
posibilidad de pensar en la investigación para la construcción de conocimiento desde el campo del Trabajo
Social. Es necesario problematizar las divisiones metodológicas, caso-grupo-comunidad, la dicotomía
macro-micro y redefinir la intervención profesional. Debemos poner en juego los sentidos acerca de qué
son las prácticas profesionales y pre-profesionales, qué objetos y estrategias de intervención son legítimos
y cuál es el rol del Trabajo Social impugnando lo instituido.
La temática del objeto en Trabajo Social es una preocupación teórica que es necesario seguir discutiendo,
sistemáticamente. El objeto del Trabajo Social es objeto de intervención y al mismo tiempo objeto de
conocimiento. Los problemas en los cuales el trabajador social es llamado a actuar son definidos
socialmente, por eso es necesario distinguir lógicamente una naturaleza objetivamente política del objeto
real, un proceso de subjetivación de lo político, que depende de los agentes que conforman el campo. Este
reconocimiento de la dimensión política del objeto tiene un potencial autonomizador, pero el pasaje de la
heteronomía a la autonomía no se agota en el mismo.
¿Es posible intervenir promoviendo la autonomía de los sujetos si nosotros mismos como trabajadores no
somos autónomos? Creemos que no, por eso tenemos que pensar en la producción de conocimiento como
un objetivo fundamental para lograr nuestra propia autonomía y poder llevar adelante prácticas
liberadoras. Danani plantea que hay algo “…en el campo científico que hace a su constitución en tanto
autónomo, algo más primario, o elemental: está la iniciativa, la posibilidad, la capacidad, de definir los
problemas y de construir el objeto.”(26) En el caso del Trabajo Social la posibilidad de construir el objeto,
desde la investigación como un proceso implícito de la práctica profesional. El objeto no está dado en la
realidad, sino que es una construcción. De allí la importancia de precisar y delimitar el problema en la
intervención. Para esto es fundamental incluir la dimensión histórica, la relación problematizada entre
sujeto y necesidades, dentro del contexto de la reproducción de la vida cotidiana. Entendiendo estos
procesos como manifestaciones de la cuestión social, recuperando la complejidad de la misma y no como
problemas sociales aislados que deben ser atendidos de manera fragmentada. Resulta central
problematizar el objeto, desnaturalizarlo y realizar una reconstrucción crítica del mismo. El proceso de
intervención puede ser también objeto de investigación.
Como afirma Grassi, “Y esto no significa -insisto- que cada trabajador social deba ser un investigador,
sino un profesional que opera a partir de un instrumental producido colectivamente y socializado en el
marco de un campo autónomamente constituido.”(27)
Otro punto a tener en cuenta es la falta de información empírica acerca de los problemas y de la población
que atienden las instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Esta dificultad deriva de la
inexistencia de un diagnóstico de la situación. Esta es una realidad que es necesario modificar. Contar con
información y hacer un análisis de la misma es fundamental para la planificación y el diseño de programas
sociales capaces de responder a las necesidades de la población y tener un impacto positivo en los
problemas abordados. El diagnóstico es una herramienta fundamental para la intervención, porque es un
momento donde claramente se pone en juego la teoría, el saber, allí podemos ver su potencialidad como
instancia de producción de conocimiento.
En este sentido creemos que la experiencia recuperada en este artículo permite repensar el objeto de
intervención, problematizar lo dado a través de la reflexión y la investigación. Por otra parte es necesario
poder redefinir el eje central de las prácticas pre-profesionales. No se trata solamente de la coordinación
grupos, éste no es el único rol legítimo del Trabajador Social. Es necesario afirmar la importancia de la
experiencia de diseño y planificación. Otorgándole al diagnóstico un lugar fundamental y entendiéndolo
como posibilitador de la reflexión y la construcción teórica.
Por otra parte es importante incluir en el diagnóstico a los sujetos con los cuales intervenimos,
caracterizando y dando cuenta de sus prácticas y las condiciones de existencia en las cuales éstas se
desarrollan. Destacamos nuevamente la centralidad de las representaciones por su condición constitutiva
de las prácticas, para poder pensar en la población, no como población objeto, sino como agentes sociales
singulares que participan activamente en la construcción de la realidad.
Como plantea Iamamoto “Uno de los mayores desafíos que el trabajador social vive en el presente es
desarrollar su capacidad de descifrar y construir propuestas de trabajo creativas y capaces de preservar y
efectivizar derechos, a partir de demandas emergentes en el cotidiano. En fin un profesional propositito y
no sólo ejecutivo”. (28)
Por eso debemos profundizar en las pregunta sobre quién, qué, cómo y para quién produce el Trabajo
Social, y también bajo qué condiciones. Pensando desde las potencialidades de la disciplina y en la
conquista de la autonomía.
Notas.
1 Hintze (1996) define las problemáticas “como un espacio teórico dentro de cuyo ámbito se se producen
conocimientos, que requieren para su construcción de un sistema de conceptos y sus articulaciones que
den cuenta explicativamente del objeto que pretende abarcar”.
2 Lineamientos de la Práctica Pre profesional. Carrera de Trabajao Social. Universidad de Buenos Aires.
Responsables. María Isabel. Bertolotto Marcela Benegas. Graciela Touze. Ana Beovide. Adriana
Clemente.
3 Lineamientos de la Práctica Pre Profesional, Op.cit
4 Por recursos públicos entendemos tanto la línea de asistencia financiera como la técnica y de
capacitación que brinda la institución
5 Carballeda Alfredo J. (2002). La Intervención en lo social, Exclusión e integración en los nuevos
escenarios sociales. Editorial Paidos. Buenos Aires.
6 http://www.trabajosocial.fsoc.uba.ar/academica/academica1/trasoci_plan.htm.
7 El Trabajador Social es el coordinador del grupo. No se analizan otros roles posibles. Esta mirada es
reduccionista, el grupo se analiza de forma aislada a partir de los vectores de afiliación, pertenencia,
cooperación, aprendizaje, sin tener en cuenta e contexto institucional y los condicionamientos
estructurales que se ponen en juego.
8 Cazzaniga, Susana. El abordaje dese la singularidad. En: Desde el Fondo. Cuadernillo temático Nr. 22.
Directora: Elena Riegelhaupt. Publicación del Área de Producción y Publicación de la Facultad de Trabajo
Social. UNER.
9 Bourdieu (2003) define el campo como “Irreductible a un simple agregado de agentes aislados, a un
conjunto de adiciones de elementos simplemente yuxtapuestos, el campo intelectual (o científico en este
caso), a la manera de un campo magnético, constituye un sistema de líneas de fuerza: esto es, los agentes
o sistemas de agentes que forman parte de él pueden describirse como fuerzas que, al surgir, se oponen y
se agregan, confiriéndole su estructura específica en un momento dado del tiempo.” Cursiva es mía.
10 Danani Claudia (1996). “Algunas precisiones sobre la política social como campo de estudio y la
noción de población objeto”. En: Políticas Sociales. Contribución al debate teórico-metodológico. Susana
Hintze organizadora. CEA-CBC, Buenos aires, pp 21-38.
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12 Coraggio José Luis (1996). “Diagnóstico y política en la planificación regional. (Aspectos
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13 Daniel Arroyo. La planificación del desarrollo local en el marco de la emergencia.
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