Subsidio Pastoral Abril 2015

PRESENTACIÓN
Queridos hermanos y amigos:
Nos unimos a la preocupación de nuestros obispos por las olas de violencia al cual está
sometido nuestro país y nuestras familias: ―Nuestro país está en crisis. Eso nos duele y nos
afecta a todos. La inequidad, la injusticia, la corrupción, la impunidad, las complicidades y la
indiferencia nos han sumido en la violencia, el temor y la desesperación. Ante esto,
muchísimos mexicanos nos hemos manifestado de distintas maneras para demandar justicia
y paz‖.
Todos nos damos cuenta que la violencia se manifiesta hasta en nuestras mismas
familias. El mal es palpable en cualquier rincón al que nos asomemos.
Es difícil, mas no imposible, frenar este cáncer que se a ―apoderado‖ de nuestra
sociedad. ¿Qué tenemos que hacer? Orar, dar ejemplo de mansedumbre, ser astutos como
serpientes y mansos como palomas, predicar, más que con palabras, con el testimonio de
nuestras vidas, que lo que digamos coincida con lo que hagamos.
Conscientes de este deseo de participar y sabiendo que todos somos parte de la
solución para construir una nación en la que se valore la vida, dignidad y derechos de cada
persona, proponemos en este mes que alberga la Semana Santa temas que podrán ayudar
a ser conciencia sobre la capacidad que todos como familia tenemos para propiciar la paz.
Hemos procurado como en ocasiones anteriores proporcionarles el material necesario
para poder celebrar los santos misterios que se viven en la Semana Mayor.
Para el Lunes, Martes y Miércoles Santo como sugerencia podrían adaptar los tres
primeros temas respectivamente, lo dejamos al criterio de cada comunidad. Para el Jueves
Santo encontrarán la Hora Santa con la cual podrán acompañar a nuestro Señor durante su
Agonía, notarán también que se les pide meditar frases a través de silencios, la hora santa
siempre deberá estar marcada por silencios, en estos momentos, el alma deberá dilatar su
corazón para poder sentir los efectos del amor que Jesús nos regala, además de la visita de
las siete casas que encontrarán al final del subsidio.
Para el Viernes Santo, tomamos como referencia unos de los Viacrucis que realizó el
papa Benedicto XVI; para la celebración de las siete Palabras, si prestan atención la
meditación la encontrarán en primera y tercera persona, dicha meditación en este oficio será
suficiente para no cansar a la comunidad ; para acompañar a María, se añade también el
Rosario del pésame, aquí, reproducimos algunas promesas de la Virgen a Santa Brígida de
Suecia para quienes honren y la acompañen en el dolor por su Hijo.
¡Por un México en paz!
Felices Pascuas de resurrección.
Mi bendición de corazón.
ATTE.
Pbro. Jesús Manuel Castillo Izquierdo
Párroco
SEXTA VISITA
Se hace en recuerdo e cuando Jesús fue llevado por
segunda vez ante Pilato.
¡Jesús: Dame sinceridad para no buscar en los demás la
excusa de mis pecados!
Por la señal de la Santa Cruz…
Pasaje Evangélico
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los
magistrados y al pueblo y les dijo: ― me habéis traído a
este hombre como perturbador el pueblo, y ves que yo,
después de haberlo examinado delante de vosotros, no
he encontrado en El ninguna culpa de las que le acusas.
Ni tampoco Herodes, pues nos lo ha remitido.
Por lo tanto, nada hecho digno de muerte‖. Pero ellos
gritaban diciendo: crucifícale,…y sus gritos se imponían.
Viendo Pilato que no adelantaba nada, tomó agua y se
lavó las manos delante del pueblo, diciendo: ― Soy
inocente e la sangre de este justo. Vosotros veréis
(Lc.23,13-23; Mt. 27,34)
Reflexión
―Se dan, a veces algunas actitudes, que son producto de
no saber penetrar en ese misterio de Jesús. Por
ejemplo, la mentalidad de los que ven el cristianismo
como conjunto de prácticas o actos de piedad, sin
percibir su relación con las situaciones de la vida
corriente, con la urgencia de atender a las necesidades
de los demás y de esforzarse por remediar las
injusticias, a veces en el mismo hogar.
Diría que quien tiene esa mentalidad no ha comprendido
todavía lo que significa que el Hijo de Dios se haya
encarnado, que haya tomado cuerpo, alma y voz de
hombre, que haya participado en nuestro destino‖.
( Mons. J. Escrivá de Balaguer)
Padre Nuestro… Ave María…Gloria…
Oración
Señor, te adoro y doy gracias por el penoso recorrido
que hiciste del palacio de Herodes, para acudir por
segunda vez ante Pilato por salvarme y por la Sangre
que derramaste al ser clavados tus pies en el madero de
la Cruz. Te pido que nos concedas la virtud de la caridad
y del don de comprender la profunda verdad de todo lo
que nos enseñas en nuestra santa fe.
SEPTIMA VISITA
Conmemora el viaje de Jesús hacia el calvario con la
Cruz a cuestas
¡ Hazme Señor, entender que mi cruz está en cumplir
bien, por amor, los deberes de cada día!
Por la señal de la Santa Cruz…
Pasaje Evangélico
Después de que se burlaron de El, lo llevaron a
crucificar. Le seguía una gran multitud del pueblo y de
las mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban
por El.
Jesús se volvió a ellas y les dijo: ―Hijas e Jerusalén, no
lloren por Mí; lloren más bien, por ustedes y sus hijos.
Porque si esto hacen al leño verde ¿qué serán al
seco?‖.
Conducían también a dos malhechores con El para
ejecutarlos. Cuando llegaron al lugar llamado Calvario,
crucificaron allí a Jesús. Jesús decía: ―Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen‖.
Y se repartieron sus vestiduras a suerte, el pueblo
estaba mirando. Los mismos príncipes se burlaban
diciendo: ―Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo,
si es el Cristo de Dios, el elegido‖.
También los soldados lo escarnecían acercándose a El y
dándole vinagre, diciendo: ―Si Tú eres Rey de los Judíos
sálvate a ti mismo‖(Mt.27,42)
Padre Nuestro… Ave María… Gloria…
Oración
Señor, te ruego me concedas la gracia de no ser
engreído para tener una verdadera Sabiduría que
consiste en amarte sobre todas las cosas, ahora y por
los siglos e los siglos. Amén.
Juan Pablo II, Alocución el 7 IV 82
Les exhorto a vivir íntimamente con gran amor estos
días santos y a participar en las funciones litúrgicas, a fin
de penetrar cada vez más en el contenido de la fe para
sacar de ella propósitos de auténtico compromiso de
coherencia y de vida cristiana.
Recorramos con María Santísima el camino de la Pasión
de Cristo, Contemplando el Viernes Santo a la luz de la
Pascua victoriosa, par aprender que todo sufrimiento
debe ser aceptado e interpretado en la perspectiva de la
resurrección gloriosa y, sobre todo para encontrarnos
con Cristo que nos amó y se entregó por nosotros.( Gal.
2,20).
Pasaje Evangélico
Los que aprendieron a Jesús le llevaron ante el sumo
sacerdote Caifás. A pesar que se presentaron varios
testigos, no se pusieron de acuerdo, Jesús permaneció
callado ante las falsas acusaciones. Caifás entonces le
dijo: ―Yo te conjuro por el Dios vivo que nos digas si Tú
eres el Cristo, el hijo de Dios‖. Respondió Jesús: ―Si, tú
lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora
veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder
y venir sobre las nubes del cielo‖. Dijo Caifás: ―Ha
blasfemado ¿qué necesidad tenemos ya de castigos?
Reo es de muerte.‖ Algunos se pusieron a escupirle, le
cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le
decían: ―¿Adivina quién te ha pegado?‖ ( Mt. 26, 57-68).
Reflexión
Jesús asumió sobre sí los dolores del mundo, por eso
no podemos reducir el misterio de nuestra redención a
una simple meditación. Exige de nosotros una respuesta
vital de fe para unir nuestras penas a los sufrimientos
salvíficos de Jesús, y para solidarizar nuestros
sentimientos de hermano con la humanidad doliente de
hoy.
Padre Nuestro…Ave María… Gloria…
Oración
Señor nuestro Jesucristo, te adoro y alabo por la
mansedumbre y docilidad con que te comportaste al ser
llevado a la casa de Anás, a la de Caifás y por la
Preciosa Sangre que derramaste en la flagelación. Te
ruego que nos concedas la virtud de la castidad y el don
de mirar las cosas creadas con la luz de la fe. Amén.
CUARTA VISITA
Se conmemora el recorrido que hizo Jesús de la
casa de Caifás al pretorio de Pilato.
Mis pecados fueron la causa de tu Pasión : ¡Ayúdame
Señor, a nunca más ofenderte!
Por la señal de la Santa Cruz…
Pasaje Evangélico
Llevaron después a Jesús desde la casa de Caifás al
pretorio. Era temprano, y ellos no entraron en el pretorio,
por no contaminarse, a fin de poder comer las víctimas
de la pascua.
Por eso Pilatos salió y les dijo: ―¿Qué acusación traes
contra este hombre?‖. Respondieron y le dijeron: ―Si
éste no fuera malhechor, no le hubiéramos puesto en
tus manos‖.
Les replicó Pilato: ―Pues tómenlo ustedes y juzgándolo
según su ley‖. Los judíos le dijeron: ―A nosotros no nos
es permitido matar a nadie‖. Con lo que vino a cumplirse
lo que Jesús dijo, indicando el género de muerte de que
había de morir(Jn.18,28-32).
Reflexión
La Pasión de mi Corazón no ha terminado: Aquí no han
concluido ni los clavos, ni las espinas, ni la Cruz… y no
revienta de amor este Corazón, porque las ingratitudes
de los hombres lo detienes… Sufría durante mi vida
porque veía a través de los siglos pisotear la gracia que
tanto me costaba comprar… y hoy sufro igualmente, y
lloro sobre muchas almas muertas que están para
perderse (Concepción Cabrera).
Oración
Jesús, te adoro y doy mil gracias por el penoso viaje que
hiciste de la casa de Caifás a la de Pilatos por mi
salvación, y por la Preciosa Sangre que derramaste en
la coronación de espinas. Te pido para todos los que
sufren, el consuelo y que me concedas la virtud de la
generosidad y del don de ser acertado en mi vida.
Amén.
QUINTA VISITA
Se hace en recuerdo de cuando Jesús fue llevado e
la casa de Pilato ante el rey Herodes.
¡Haz Señor, que nunca me avergüence de mostrarme
como discípulo tuyo!.
Por la señal e la Santa Cruz…
Pasaje Evangélico
―Pilato, al enterarse de que pertenecía Jesús a la
jurisdicción de Herodes, se lo remitió a éste, que
precisamente estaba en Jerusalén por aquellos días.
Herodes al ver a Jesús, se puso muy contento; hacía ya
tiempo que estaba deseoso de verlo por lo que oía de
El, y esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo
numerosas preguntas, pero Jesús no le contestó
palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los
letrados acusándolo con vehemencia. Herodes, con su
escolta, lo trató con desprecio, y por burla le vistió una
vestidura blanca y se lo devolvió a Pilato‖ (Lc.23, 6-11).
Reflexión
En esta visita acompañamos a nuestro Divino Maestro
en el camino que hizo de la casa de Pilato al palacio del
rey Herodes, otro más de los siete viajes que trazó con
su propia sangre, para llevar a cabo la obra
encomendada por su Padre Celestial, la redención del
género humano.
Consideramos las afrentas y humillaciones de que fue
objeto, para aprender nosotros a sobrellevar los
desprecios e incomprensiones.
Padre Nuestro… Ave María… Gloria…
Oración
Oh Jesús te adoro y doy gracias por este penoso viaje
que hiciste de la casa de Pilato al palacio del rey
Herodes por mi salvación, y por la Preciosa Sangre que
derramaste en la crucifixión al ser clavadas tus manos.
Te pido humildemente por la conversión de los
pecadores, y también, te dignes concedernos la virtud
de la diligencia y el don de la fortaleza. Amén.
TEMA 1: EL PECADO ACECHA A TU PUERTA…
TÚ PUEDES DOMINARLO
Objetivo: Que los miembros de las familias caigan en la cuenta de que el pecado es una
realidad que afecta su vida personal y la vida de los demás, para que tomando conciencia
de ello y esforzándose por superarlo, contribuyan a la construcción de la paz.
Lema: “El diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar, resistidle firmes en
la fe” (1Pe 5,8 - 9).
Signo: Un felino (león, tigre, pantera, etc.) acechando a su presa.
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Nos ponemos en la presencia del Señor
En el nombre del Padre…
Yo confieso…
Canto: ―Eran 100 ovejas‖
Oración por la paz…
Señor Jesús, Tú eres nuestra Paz.
Mira nuestra Patria dañada por la violencia
y dispersa por el miedo y la inseguridad.
Consuela el dolor de quienes sufren.
Da acierto a las decisiones de quienes
nos gobiernan.
Toca el corazón de quienes
olvidan que somos
hermanos y provocan sufrimiento y muerte.
Dales el don de la conversión.
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Gloria al Padre…
Protege a las familias, a nuestros niños,
adolescentes y jóvenes,
a nuestros pueblos y comunidades.
Que como discípulos misioneros tuyos,
ciudadanos responsables, sepamos ser
promotores de justicia y de paz para que
en Ti, nuestro pueblo tenga vida digna.
Amén.
María, Reina de la Paz, ruega por nosotros
El pecado, una realidad personal que puede afectar la vida familiar
I. HECHO DE VIDA
“Los dos lobos”
Una vez un anciano ―cherokee‖ le dijo a su nieto que dentro de nosotros se libra una batalla.
- ―Hijo, la batalla es entre dos lobos que están en nuestro interior. Uno es el diablo, que
siente cólera, envidia, celos, pena, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad,
mentiras, orgullo, superioridad y egoísmo.
- El otro es el bien, que siente alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad,
la benevolencia, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe‖.
El nieto pensó en ello durante un minuto y luego preguntó a su abuelo:
- ―¿y cuál lobo triunfa?‖
Viejo cherokee simplemente contestó: - ―el que tú alimentas‖.
Para profundizar
1. ¿De qué manera identifico a los dos lobos de la anécdota en mi interior?
2. ¿Por qué tantos cristianos nos dejamos arrastrar por las tentaciones y atentamos contra
nuestro prójimo, contribuyendo de este modo a un orden social violento e inseguro?
3. Actualmente ¿Qué tentaciones viven nuestras familias que ponen en riesgo la
reconciliación y la paz social?
II. PENSAR - REFLEXIÓN
NI DIOS NI LA IGLESIA ESTÁN DE ACUERDO CON EL PECADO porque daña la
vida personal, familiar y social.
a) Leer en las Escrituras: Jesús es tentado en el desierto (Mateo 4, 1 – 11)
b) Para profundizar
Jesús fue llevado al ______________________________ con la intención
de_____________________________________________________________________
Las tentaciones de Jesús son tres: __________________________________________
Ante las tentaciones Jesús toma la siguiente actitud: _____________________________
_______________________________________________________________________
c) ¿Qué nos dice la Doctrina de la Iglesia?
Los cristianos sabemos que la violencia engendra violencia. En el interior del ser humano
se da la batalla de tendencias opuestas entre el bien y el mal donde se juega el futuro de la
patria y de la humanidad y los actos violentos que presenciamos y sufrimos son los
síntomas. Las causas de la violencia como la pobreza, la ignorancia, la degradación del
ambiente, la falta de educación o de oportunidades, el crimen organizado, son reales y
tienen su importancia, pero la raíz fundamental de todo está en la orientación del corazón de
cada ser humano, que tiene en sí mismo la grandeza de la libertad y por ello el riesgo del
error; la capacidad de decidir y por tanto la responsabilidad de sus decisiones (No. 116).
El mal es siempre un engaño. Para contrarrestarlo, hay que desenmascararlo haciendo
evidente que es enemigo de la naturaleza humana. Uno de los síntomas básicos de vivir en
VISITA DE LA SIETE CASAS
La ―Visita de las Siete Casas‖ es una
costumbre popular en la que los fieles visitan siete
Iglesias o templos el jueves Santo donde se encuentre el
Santísimo Sacramento expuesto y resguardado para la
comunión del Viernes Santo. Su iniciador fue el gran
santo San Felipe Neri.
Es una especie de peregrinación y sacrificio, en
recuerdo, cuando Jesús fue llevado de un lado a otro, en
el momento de ser enjuiciado y con esto da inicio su
pasión. La visita de las 7 casas, tiene un desarrollo
semejante al Vía Crucis, ya que tenemos 7 estaciones y
en las que se lee la Escritura, y se reza y medita sobre la
Pasión del Señor.
Su finalidad es agradecer a Jesucristo el don de la
Eucaristía y del Sacerdocio que instituyó aquella noche
santa y acompañarle en la soledad y sufrimientos en el
Huerto de Getsemaní, así como en las afrentas recibidas
en las casas de Anás, Caifás, Herodes, Pilato y no
digamos en el Calvario, y en el silencio del sepulcro.
El que por enfermedad u otro impedimento no
pudiera visitar 7 ―monumentos‖, puede hacerla
fervorosamente, una sola vez en su Parroquia.
PRIMERA VISITA
Se hace en recuerdo del camino que recorrió Jesús
desde el lugar de la Ultima Cena hasta el Monte de los
Olivos.
¡Enséñame Jesús a acompañarte siempre!
Por la Señal de la Santa Cruz….
Pasaje Evangélico
Mientras estaba comiendo, tomó Jesús pan y
pronunciada la bendición, lo partió, y dándoselo sus
discípulos, dijo: ―Tomen y coman, este es mi cuerpo‖.
Tomó luego un cáliz y, dadas las gracias, se los dio
diciendo: ―Beban de él todos, porque esta es mi sangre
de la alianza, que va a ser derramada por muchos para
remisión de los pecados‖.
Y, cantados los himnos, salieron hacia el monte de los
Olivos, a una propiedad llamada Getsemaní, (Mt. 26, 2628,30,36).
Reflexión
Este recorrido del Cenáculo al monte de los Olivos
constituye, para Jesucristo, un acto solemne de
obediencia al mandato del Padre en su obra Redentora.
En el Cenáculo entregó a los hombre todo lo que podía
darles: su cuerpo y su sangre en la Eucaristía. Ahora va a
ser visible esa entrega en manos de sus enemigos para
la salvación de los hombres. Se entrega voluntariamente
él mismo a la Pasión.
Meditar la Pasión de Jesucristo debe ser para nosotros la
devoción más grata y más querida, porque nosotros
somos la causa, el fin y el fruto de ella. Cristo va a la
Pasión por nosotros, Va a ella para liberarnos del pecado.
Padre Nuestro… Ave María… Gloria…
Oración
Oh Jesús, yo te adoro y te doy mil gracias por la sangre
que derramaste desde niño y por los pasos tan dolorosos
que diste por mi salvación, especialmente por ese
recorrido que hiciste desde el Cenáculo hasta el Huerto
de Getsemaní para empezar tu Pasión.
Yo te ruego que a mí y a todos los cristianos nos
concedas la virtud de la mortificación y el don del temor
de Dios. Amén.
SEGUNDA VISITA
Recuerda que Jesús fue conducido desde el Huerto
de los Olivos a la casa de Anás.
¡Señor que nunca deje de hacer oración.!
Por la señal de la Santa Cruz….
Pasaje Evangélico
Se fue, según costumbre, al monte de los Olivos… y dijo
a sus discípulos: ―Oren para que no caigan en tentación‖.
Se apartó de ellos, y puesto de rodillas oraba diciendo:
―Padre, si quieres aparta de Mí este cáliz, pero no se
haga mi voluntad, sino la tuya‖.
Lleno de angustia oraba con más insistencia, y sudó
como gruesas gotas de sangre, que corrían hasta la
tierra, luego se apoderaron de Él y le ataron. De allí le
condujeron primeramente a la casa de Anás. (Lc. 22,3954; Jn. 18, 13)
Reflexión
Dios es mi Padre, aunque me envíe sufrimiento. Me ama,
con ternura, aún hiriéndome. Jesús sufre, por cumplir la
voluntad del Padre. Y yo, que quiero cumplir también La
Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del
Maestro, ¿Podré quejarme si encuentro como compañero
de camino al sufrimiento? ( Mons. J: Escrivá de
Balaguer).
Padre Nuestro… Ave María… Gloria…
Oración
Señor mío Jesucristo, yo te adoro y te doy gracias por el
doloroso viaje que hiciste por mi salvación, cuando
habiendo sido apresado en el Huerto de los Olivos,
después de haber sudado sangre, fuiste conducido a la
casa de Anás. Te suplico me concedas llevar con amor y
paciencia tal adversidades y saberme siempre hijo tuyo.
Amén.
TERCERA VISITA
Con ella se recuerda que Jesús fue llevado de la casa
del Anás a la de Caifás.
¡Jesús que yo aprenda a saber hablar y a saber callar!.
Por la señal de la Santa Cruz…
LECTURA BREVE
Hb 2, 9b-10
Vemos a Jesús coronado de gloria y de
honor por haber padecido la muerte. Así,
por amorosa dignación de Dios, gustó la
muerte en beneficio de todos. Pues como
quisiese Dios, por quien y para quien son
todas las cosas, llevar un gran número de
hijos a la gloria, convenía ciertamente que
perfeccionase por medio del sufrimiento al
que iba a guiarlos a la salvación.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
V. De entre toda la raza, lengua pueblo y
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo. Y al Espíritu
Santo.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
CÁNTICO EVANGÉLICO (Ver. Pág. 42)
ANTÍFONA: Con verdadero anhelo he
deseado comer esta Pascua con ustedes
antes de padecer.
PRECES
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser
atravesado por la lanza del soldado,
sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en
árbol de vida,
haz que los renacidos en el bautismo
gocen de la abundancia de los frutos de
este árbol.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la
pasión y entrar así en la gloria,
conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
La raíz de muchos de los males
de nuestro tiempo está en la
orientación del corazón de cada
ser humano ¿Por qué?
El secreto para contrarrestar
el mal considerado como un
engaño es…
Diferencia entre la inocencia y la ingenuidad.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al
ladrón arrepentido,
perdónanos también a nosotros,
pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones
libres.
IIII. ACTUAR - COMPROMISO
Cómo Cristo nos enseñó, pidamos al Padre
que perdone nuestros pecados, diciendo:
Padre nuestro...
Definamos compromisos para vencer las tentaciones que nos alejan de la paz.
ORACIÓN.
Dios nuestro, digno, con toda justicia, de
ser amado sobre todas las cosas, derrama
sobre nosotros los dones de tu gracia, para
que la herencia celestial, que la muerte de
tu Hijo nos hace esperar confiadamente,
logre ser alcanzada por nosotros en virtud
de tu resurrección. Por nuestro Señor
Jesucristo tu Hijo.
V. EL Señor nos bendiga, + nos guarde de
todo mal + y nos lleve a la vida eterna.
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que R. Amén.
nos redimió con su muerte y resurrección, y
digámosle:
Señor, ten piedad de nosotros.
el pecado es la malicia. Quien vive en la gracia de Dios tiene la mirada de la inocencia, ve el
mundo como Dios lo ve, es decir, desde el bien que hay en él y encuentra los rastros de ese
bien en todas las personas y en toda la creación. La inocencia no se identifica con la
ingenuidad. El inocente distingue perfectamente el bien del mal y no cae en sus redes; el
ingenuo, por el contrario, los confunde (No. 118).
MOMENTO
PREGUNTA
VER
¿Qué realidades de pecado descubres
en tu familia que impiden la paz?
¿Qué enseñanza les deja la Palabra de
Dios?
ILUMINACION
ACTUAR
RESPUESTA
¿Cómo fortalece a tu familia para vencer el pecado, si tu cumples tus compromisos?
Comprometámonos para alejar el pecado de nuestra familia y lograr que nuestras
comunidades en Cristo tengan vida digna:
1. Examen de conciencia con sinceridad, reconocer el pecado con humildad y moverme al verdadero
arrepentimiento (Sacramento de la reconciliación)
2. Identificar mi falso yo, ese parásito que inhabilita mi corazón y no adjudicarle poder en mi vida.
3. No desconocer a mi hermano y trabajar para que en mi entorno haya verdadera justicia y nunca
atentar contra la vida de los demás.
4. Buscar formas concretas de comunión y participación en mi Iglesia y organizarme con otros para
impulsar alguna acción contra la violencia y la injusticia.
IV. CELEBRAR.
Demos gracias a Dios por la experiencia de la reflexión y pongamos en sus manos
nuestros propósitos a favor de la reconstrucción de la paz
1.
2.
3.
4.
Hacemos un altar
Colocamos una imagen de Cristo
Invitamos a los participantes a colocarse en torno al altar
Después de rezar la oración por la paz el moderador o alguna otra persona recita a
nombre de todos los presentes la siguiente oración:
Mira mi rostro Papá y déjame mirar el tuyo, no quiero ocultarte nada, no quiero
ocultarte las alegrías y los triunfos, pero tampoco quiero ocultarte mis debilidades,
tentaciones y caídas. Gracias por ser paciente, por tu voz suave y penetrante en mi
ser, que me da dirección y seguridad. Enséñame a amar y servir del mismo modo que
tú lo haces. Quiero abrir mi corazón a mis hermanos, pues tú me has abierto el tuyo.
Canto: “Eran 100 ovejas”
Padre nuestro… Dios te salve… Gloria al Padre…
Para cerrar este momento nos damos un abrazo de paz.
TEMA 2: POR LA RECONCILIACIÓN A LA PAZ
Objetivo: Que las familias caigan en la cuenta de que la reconciliación es el camino para
llegar a la vivencia de la paz, para que superando la violencia, las discordias y las
enemistades, contribuyan tener una vida digna.
Lema: “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed
Signo: Un recipiente con agua
Nos ponemos en la presencia del Señor
 En el nombre del Padre…
 Canto: ―Hazme un instrumento de tu Paz‖
 Oración por la paz… (Página 3)
 Gloria al Padre…
La reconciliación, un camino que nos permite vivir la paz
I. HECHO DE VIDA
Mi mejor amigo
Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.
El otro, ofendido, sin nada qué decir, escribió en la arena: ―Hoy, mi mejor amigo me pegó
una bofetada en el rostro‖.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido
abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse,
tomó un estilete y escribió en una piedra:
―Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida‖.
Intrigado, el amigo preguntó: ¿Por qué después de que te lastimé, escribiste en la arena y
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
Que brille tu rostro y nos salve
Gloria al Padre…
Salmo 80
Solemne renovación de la alianza.
Aclamen a Dios, nuestra fuerza;
den vítores al Dios de Jacob:
acompañen, toquen los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
toquen la trompeta por la luna nueva,
ANT 1: Mira, Señor, y contempla que estoy
por la luna llena, que es nuestra fiesta;
en peligro, respóndeme en seguida
porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
ANT 2: Él es mi Dios y salvador: confiaré y
una norma establecida por José
no temeré.
al salir de Egipto.
Cántico Is 12, 1-6
Oigo un lenguaje desconocido:
Acción de gracias del pueblo salvado
―retiré sus hombros de la carga,
Te doy gracias, Señor,
y sus manos dejaron la espuerta.
porque estabas airado contra mí,
Clamaste en la aflicción, y te libré,
pero ha cesado tu ira
te respondí oculto entre los truenos,
y me has consolado.
te puse a prueba junto a la fuente de
Él es mi Dios y Salvador:
Meribá.
confiaré y no temeré,
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
ti; ¡ojalá me escuchases Israel!
él fue mi salvación.
No tendrás un dios extraño,
Y sacarán aguas con gozo
no adorarás un dios extranjero;
de las fuentes de la salvación.
yo soy el Señor, Dios tuyo,
Aquel día dirán:
que saqué del país de Egipto;
―Den gracias al Señor,
abre la boca que te la llene‖.
invoquen su nombre,
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
cuenten a los pueblos sus hazañas,
Israel no quiso obedecer:
proclamen que su nombre es excelso.
los entregué a su corazón obstinado,
Tañan para el Señor, que hizo proezas,
para que anduviesen según sus antojos.
Anúncienlas a toda la tierra;
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
griten jubilosos, habitantes de Sión:
y caminase Israel por mi camino!:
―Qué grande es en medio de ti
en un momento humillaría a sus enemigos
el Santo de Israel‖.
y volvería mi mano contra sus adversarios;
Los que aborrecen al Señor te adularían,
Gloria al Padre…
y su suerte quedaría fijada;
ANT 2: Él es mi Dios y salvador: confiaré y
te alimentaría con flor de harina,
no temeré.
te saciaría con miel silvestre.
ANT 3: El Señor nos alimentó con flor de
Gloria al Padre…
harina, nos sació con miel silvestre.
ANT 3: El Señor nos alimentó con flor de
harina, nos sació con miel silvestre.
Salmo 79
Ven a visitar tu viña.
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
ORACIÓN DE LA MAÑANA: LAUDES tú que te sientas sobre querubines,
COMUNITARIO (Jueves Santo) resplandece
ante Efraím, Benjamín y Manasés despierta
tu poder y ven a salvarnos
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
INVOCACIÓN INICIAL
Le diste a comer llanto,
V. Señor, abre mis labios.
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las disputas de nuestros
R. y mi boca proclamará tu alabanza.
vecinos,
INVITATORIO (Ver. Pág. 42)
nuestros enemigos se burlan de nosotros.
ANTÍFONA: A Cristo el Señor, que por
Dios de los ejércitos, restáuranos,
nosotros fue tentado y por nosotros murió, que brille tu rostro y nos salve.
vengan adorémosle.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
HIMNO
le preparaste el terreno y echó raíces
No me mueve, mi Dios, para quererte
hasta llenar el país;
el cielo que me tienes prometido;
su sombra cubría las montañas,
ni me mueve el infierno tan temido
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
para dejar por eso de ofenderte.
extendió sus sarmientos hasta el mar,
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
y sus brotes hasta el Gran Río.
clavado en esa cruz y escarnecido;
¿Por qué has derribado su cerca
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
para que las saqueen los viandantes,
muéveme tus afrentas y tu muerte.
la pisoteen los jabalíes
Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,
y se las coman las alimañas.
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
Dios de los ejércitos, vuélvete:
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.
mira desde el cielo, fíjate,
No me tienes que dar porque te quiere,
ven a visitar tu viña,
pues, aunque lo que espero no esperara,
la cepa que tu diestra plantó
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén
y que tú hiciste vigorosa.
SALMODIA
La han talado y le han prendido fuego;
ANT 1: Mira, Señor, y contempla que estoy con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
en peligro, respóndeme en seguida.
al hombre que tú fortaleciste.
ahora escribes en una piedra? Sonriendo, el otro amigo respondió: ―Cuando un gran amigo
nos ofende, deberemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se
encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso,
deberemos grabarlo en la piedra de la memoria, del corazón, donde el viento no podrá
borrarlo‖
Para profundizar
1. En tu vida personal ¿te has visto atrapado en el rencor?
2. ¿Qué papel ha jugado tu familia para que superes los resentimientos?
3. ¿Qué signos ves en los miembros de las familias de tu comunidad, que les impide vivir la
reconciliación a la paz?
II. PENSAR - REFLEXIÓN
Caminemos hacia la reconciliación y la paz, llamado que Jesús y la Iglesia nos hacen
¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
a) Leer en las Escrituras: La Samaritana (Juan 4, 5-42)
b) Para profundizar
1. ¿Qué actitudes descubres en la persona de Jesús y la Samaritana que hacen posible la
reconciliación de dos culturas?
2. ¿De qué manera influye la reconciliación entre Jesús y la Samaritana en los
habitantes de Sicar?
3. ¿Cómo colaboras con tus semejantes para facilitar las reconciliación?
c) ¿Qué nos dice la Doctrina de la Iglesia?
En Cristo somos perdonados y reconciliados. En Él, Dios quiso reconciliar todo cuanto
existe, restableciendo la paz por la sangre de la cruz (Cf. Col 1,20). El perdón que Dios nos
ofrece no exige nada a cambio, es completo y gratuito. Si tuviéramos que ofrecer algo a
cambio del perdón, lo convertiría en una pena y pasaría de ser don de Dios a ser mérito del
penitente. Sólo quien está dispuesto a dejarse perdonar así, quien acepta que Cristo haya
entregado su vida, su propia sangre y su Espíritu para el perdón de sus pecados (Cf. Jn
20,22-23), entiende en qué consiste la reconciliación cristiana. Acoger el perdón como un
don de la misericordia divina implica la virtud de la humildad. En cambio, quien pretende
merecer el perdón de Dios por sus obras de penitencia es fácilmente engañado nuevamente
por el mal y los frutos de este engaño se manifiestan en la dureza de corazón, en el juicio
despectivo de las personas y en la actitud soberbia de sentirse merecedores de todo y
moralmente superiores a los demás. (No. 154)
Acoger el don del perdón que Dios nos ofrece de manera gratuita en su Hijo Jesucristo,
nos dispone a la reconciliación, es decir, a establecer nuevamente relaciones saludables con
el mismo Dios, con los demás, con el entorno y consigo mismo. De esta experiencia nace la
moción natural a reparar, en la medida de lo posible, el daño causado; sin embargo, nada
que uno pueda hacer se equipara con la altura, anchura y profundidad del amor que Dios
nos ha manifestado en Cristo (Cf. Ef 3,18-19). Reconciliados con Dios y con el prójimo, los
discípulos somos mensajeros y constructores de paz y, por tanto, partícipes del Reino de
Dios (Cf. Mt 5,9). (No. 155).
La reconciliación está en el corazón de la vida cristiana. (No. 156).
b) Para profundizar
1. ¿Qué nos ofrece el perdón de Dios?
2. Según el texto, ¿qué implicaciones tiene la reconciliación?
3. ¿Cómo te ilumina el texto para ser un auténtico constructor de la paz?
IIII. ACTUAR - COMPROMISO
Hagamos compromisos esforzándonos en vivir la reconciliación y la Paz en familia
para lograr que nuestras comunidades en Cristo tengan vida digna
1.- Me reconcilio con Dios y con mi hermano lo más pronto posible.
2.- Me reconozco oveja perdida y le creo a Jesús que está al pendiente de mí.
3.- Saldré al encuentro de mis ovejas, porque me reconozco pastor por Jesucristo.
MARATONCITO (jugarlo entre todos, haciendo dos equipos, recordando que por cada respuesta
no correcta la ignorancia avanza una casilla. Por ficha un grano de maíz o frijolitos)
1
2
3
4
5
LECTURA BREVE Is 50, 5-7
El Señor me abrió el oído; yo no me resistí ni
me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me
golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi
barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni
salivazos. El Señor me ayuda, por eso no
sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro
como pedernal, sabiendo que no quedaría
defraudado.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
V. De entre toda la raza, lengua pueblo y
nación.
Valoremos lo aprendido para que nuestra familia
en Cristo tenga una vida digna y paz
Salida
ANT 3: Cristo Jesús ha sido hecho por Dios
para nosotros sabiduría, justicia, santificación
y redención.
META
1. ¿Qué representaba la piedra de la anécdota donde el amigo escribió “hoy mi mejor
amigo me salvó la vida”?
2. ¿Qué le dice la Samaritana a Jesús cuando éste dice “dame de beber”?
3. Expresar en voz alta la frase que le dice Jesús a la Samaritana sobre el agua que Él
ofrece.
4. ¿Dónde está la reconciliación?
5. El encuentro con Jesús ¿a que llevó a la Samaritana?
6. ¿De qué tenemos sed todos al igual que Jesús?
7. completa la frase: “Dios no nos quiere…”
8. ¿Qué no es la alegría del discípulo?
9. ¿Para qué fuimos habilitados desde el día de nuestro bautismo?
Tu que convertiste el madero de la cruz en
árbol de vida,
haz que los renacidos en el bautismo gocen
de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tu que, clavado en la cruz, perdonaste al
ladrón arrepentido,
perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones
libres.
Cómo Cristo nos enseñó, pidamos al Padre
que perdone nuestros pecados, diciendo:
Padre nuestro...
ORACIÓN
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
Dios nuestro, que, para librarnos del poder
V. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu
del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en
Santo.
la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre. resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo…
CÁNTICO EVANGÉLICO (Ver. Pág. 42)
ANTÍFONA: La sangre de Cristo, que por
medio del Espíritu eterno se ofreció
inmaculado a Dios, purificará nuestra
conciencia de las obras muertas, para dar
culto al Dios vivo.
PRECES
IV. CELEBRAR
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que
nos redimió con su muerte y resurrección, y
digámosle:
Demos gracias a Dios por la experiencia de la reflexión y pongamos en sus manos nuestros
propósitos a favor de la reconciliación y de la paz
• Hacemos un altar
• Colocamos una imagen de Cristo
• Invitamos a los participantes a colocarse en torno al altar
Señor, ten piedad de nosotros.
Tu que subiste a Jerusalén para sufrir la
pasión y entrar así en la gloria,
conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
10. ¿Cuál es el objetivo de esta catequesis?
Tu que, elevado en la cruz, quisiste ser
atravesado por la lanza del soldado,
sana nuestras heridas.
V. EL Señor nos bendiga, + nos guarde de
todo mal + y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:
Mientras guiabas a tu pueblo,
como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.
Gloria al Padre…
ANT 1: En mi angustia te busco Señor y
extiendo las manos sin descanso.
ANT 2: Si hemos muerto con Cristo, tenemos
fe en que viviremos también con él.
Cántico Is 2, 1-10
Alegría de los humildes en Dios.
Mi corazón se regocija con el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.
No multipliquen discursos altivos,
no echen por la boca arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las acciones.
Se rompen los arcos de los valientes
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos no tienen
ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.
El levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzo el orbe.
El guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen
en las tinieblas,
porque el hombre no triunfa por su fuerza.
El Señor desbarata a sus contrarios,
el altísimo truena desde el cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su Rey,
exalta el poder de su Ungido.
Gloria al Padre…
• Oración por la paz (Página 3)
Se ubican todos frente a una cruz con Cristo crucificado y se les invita a hablar con Jesús,
entonando el siguiente canto: ―Hazme un instrumento de tu Paz‖.
Luego de ello, se invita a los participantes a expresar su agradecimiento a Jesús por ese gran acto
de amor, para la reconciliación.
Padre nuestro… Dios te salve… Gloria al Padre…
ANT 2: Si hemos muerto con Cristo, tenemos
fe en que viviremos también con él.
ANT 3: Cristo Jesús ha sido hecho por Dios
para nosotros sabiduría, justicia, santificación
y redención.
Salmo 96 El Señor es un Rey mayor que
todos los dioses.
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables,
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza el fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;
porque Tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alégrense, justos, con el Señor,
celebren su santo nombre.
Gloria al Padre…
TEMA 3: ENVIADOS A DAR FRUTOS DE PAZ
Objetivo: Que los miembros de las familias caigan en la cuenta de que han sido llamados y
enviados por Dios a dar frutos de paz, para que cumpliendo con su misión, contribuyan a
lograr la paz.
Lema: “El fruto que permanece es todo lo que sembramos, en nombre de Cristo”
Signo: Fruta fresca
Nos ponemos en la presencia del Señor




En el nombre del Padre…
Canto: ―Cristo te necesita para amar‖
Oración por la paz (Página 3)
Gloria al Padre…
La pérdida de la paz, una realidad en la vida de nuestras familias y de nuestra
sociedad.
I. HECHO DE VIDA
Clima de violencia generalizado
Era una mañana muy fría, Felipe tocaba desesperadamente a la puerta de los papás de
su mejor amigo:
- ―¡Nos agarraron!… ¡nos agarraron! Vendiendo… pos lo que ustedes ya saben…
Yo corrí y logré escaparme, pero Toño ahí se quedó y bueno, creo que lo dejaron muy
mal herido‖, además hirieron a dos niños que iban por la calle‖.
Las familias del barrio, escucharon los disparos y un poco después las ambulancias; se
hacía todo tipo de comentarios, pero a diferencia de otras ocasiones, permanecían en sus
casas, su miedo fue más fuerte que la curiosidad por conocer qué había pasado.
Mientras era operado el joven que quedó mal herido, su mamá, ante la posibilidad de perder
a su hijo, dejó escapar de su boca el reproche que por años había guardado hacia su
esposo:
―Ya ves… esto le pasó a nuestro hijo porque no nos fuimos de este pueblo, desde hace
mucho tiempo te decía que nos fuéramos a otro estado, que aquí había mucho peligro para
nuestro hijo, y mira hasta dónde llegó‖.
―Mujer, esto que vivimos no es de un pueblo o de un estado, en donde quiera se ve‖.
―Pero no todos los jóvenes se involucran en estas cosas, ¿por qué nuestro hijo tomó ese
camino? ¿Qué nos hizo falta como familia, como esposos, como padres?
b) Para profundizar
1. ¿Qué les faltó hacer a los padres de los jóvenes, para que llegado el momento supieran
evitar que sus hijos tomaran un camino equivocado?
2. ¿Qué actitudes de los habitantes de tu comunidad han contribuido para que se pierda la
paz familiar y social en tu comunidad?
3. ¿Qué signos de violencia descubres en la vida de tu comunidad?
II. PENSAR - REFLEXIÓN
La reconstrucción de la paz, una encomienda de Cristo y de la Iglesia para
nuestras familias.
¿Qué nos dice la Palabra de Dios?
a)
Leer en las Escrituras: La resurrección de Lázaro (Juan 11, 1-45)
b) Para profundizar
1. ¿Descubres en el texto leído alguna experiencia que altere la paz en la familia?
2. ¿Cuál fue la actitud inicial de Jesús cuando le avisaron de la muerte de su amigo
Lázaro?
3. ¿De qué manera devolvió la paz y reconfortó el Señor Jesús a aquella familia de
amigos suyos?
c) ¿Qué nos dice la Doctrina de la Iglesia?
a) Que en Cristo nuestra Paz, México tenga vida digna
Los discípulos de Jesucristo no podemos olvidar la finalidad de la misión que nos ha sido
confiada: ―los he destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca” (Jn 15,14). El
fruto que permanece es todo lo que sembramos, en nombre de Cristo, en el espíritu de las
personas: el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre
el alma a la alegría del Señor. La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo
atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. (No. 157)
La misión apostólica que el Señor nos ha confiado comienza con el anuncio de la paz:
―cuando entren a una casa, digan primero: paz a esta casa‖ (Lc 10,5-6). Este saludo, que
tiene su origen en el ―shalom‖ de los judíos, tiene un significado muy profundo que no tiene
su fuerza en la ausencia de conflictos, sino en la presencia de Dios con nosotros, augurio y
bendición, deseo de armonía, de integridad, de realización, de unidad y bienestar. Este
saludo, conservado en la liturgia, implica asumir el compromiso de recorrer el camino que
lleva a la restauración de la armonía en las relaciones entre los hombres y con Dios. En
este camino se asocia el perdón que pedimos a Dios con el que damos a los hermanos (Cf.
Mt 6,12). (No. 158)
b) Para Profundizar
MISIÓN DE LOS DISCÍPULOS
Y MISIONEROS DE CRISTO…
MENSAJE DEL QUE SOMOS
PORTADORES COMO DISCÍPULOS Y MISIONEROS…
EL SALUDO DE PAZ EN
LA EUCARISTÍA NOS
COMPROMETE A….
Salmo 76 Recuerdo del pasado glorioso de
Israel.
Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.
ORACIÓN DE LA MAÑANA: LAUDES En mi angustia te busco, Señor mío;
COMUNITARIO de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
(Miércoles Santo) Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.
Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:
INVOCACIÓN INICIAL
―¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
V. Señor, abre mis labios.
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
R. y mi boca proclamará tu alabanza.
se ha terminado para siempre su promesa?
INVITATORIO (Ver. Pág. 14)
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?‖
ANTÍFONA: A Cristo el Señor, que por
Y me digo: ―¡Qué pena la mía!
nosotros fue tentado y por nosotros murió,
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!‖
vengan adorémosle.
Recuerdo las proezas del Señor;
HIMNO
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
En tus manos, Señor, pongo mi vida
medito todas tus obras
con todas sus angustias y dolores;
y considero tus hazañas.
en ti florezca frescos mis amores
Dios mío, tus caminos son santos:
y que halle apoyo en mi fe caída.
¿Qué dios es grande como nuestro Dios?
Quiero ser como cera derretida
Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
que modelen tus dedos creadores;
mostraste tu poder a los pueblos;
y morar para siempre sin temores
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
de tu costado en la sangrienta herida.
a los hijos de Jacob y de José.
Vivir tu muerte y tus dolores grandes,
Te vio el mar, oh Dios,
disfrutar tus delicias verdaderas
te vio el mar y tembló,
y seguir el camino por donde andes.
las olas se estremecieron.
Dame, Señor, huir de mis quimeras,
Las nubes descargaban sus aguas,
dame, Señor, que quiera lo que mandes
retumbaban los nubarrones,
para poder querer lo que tú quieras. Amén.
tus saetas zigzagueaban.
Rodaba el estruendo de tu trueno,
SALMODIA
los relámpagos deslumbraban el orbe,
ANT 1: En mi angustia te busco Señor y
la tierra retembló estremecida.
extiendo las manos sin descanso.
Tú te abriste camino por las aguas,
de los dones sagrados de tu templo.
Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto;
Tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.
Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus signos,
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de júbilo.
Riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes
Las rodadas de tu carro rezuman
abundancia.
Rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.
V. Gloria al Padre, y al Hijo. Y al Espíritu
Santo.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
CÁNTICO EVANGÉLICO (Ver. Pág. 42)
ANTÍFONA: Glorifícame tú, Padre, con la
gloria que tenía junto a ti, antes que el mundo
existiese.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que
nos redimió con su muerte y resurrección, y
digámosle:
Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la
pasión y entrar así en la gloria,
conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser
atravesado por la lanza del soldado,
sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en
árbol de vida, haz que los renacidos en el
bautismo gocen de la abundancia de los
frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al
ladrón arrepentido, perdónanos también a
Gloria al Padre…
nosotros, pecadores.
ANT 3: Mi siervo justificará a muchos, porque Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre
cargó sobre sí los crímenes de ellos.
que perdone nuestros pecados, diciendo:
LECTURA BREVE Za 12, 10-11a.
Padre nuestro...
Derramaré sobre la casa de David y sobre
ORACIÓN
los habitantes de Jerusalén un espíritu de
gracia y de oración. Me mirarán a mí, a quien Dios todopoderoso y eterno, concédenos
traspasaron, harán llanto como llanto por el
participar tan vivamente en las celebraciones
hijo único y llorarán como se llora el
de la pasión del Señor que alcancemos tu
primogénito. Aquel día será grande el luto de perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Jerusalén.
Hijo...
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has comprado, Señor, por tu sangre. V. EL Señor nos bendiga, + nos guarde de
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre. todo mal + y nos lleve a la vida eterna.
V. De entre toda la raza, lengua pueblo y
R. Amén.
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
III. ACTUAR - COMPROMISO
Hagamos compromisos para reconstruir la paz, promoviendo una nueva vida en
nuestras familias:
Acepto y asumo el compromiso de envío que me hace Jesús para dar frutos de paz en mi entorno
Salgo en busca de mis hermanos necesitados con más frecuencia para ayudarles a tener una vida
más digna
Me dejo acompañar en mi proceso de discipulado misionero para así poder brindar
acompañamiento a mis hermanos en la fe
1. En parejas generar un diálogo sobre aquello que más les llama la atención del actuar,
ideas, claves, puntos concretos que pueden desarrollarse a partir de los tres compromisos.
2. Compartir en grupos de cuatro los comentarios que hayan salido de las parejas.
3. Compartir en plenario el horizonte que se avecina si en verdad cumplimos nuestros
compromisos.
Valoremos lo aprendido para que nuestra familia en Cristo tenga una vida digna y paz.
Anota en las líneas que dan al árbol lo que se solicita:
Lo que me permite dar vida
Mis frutos actuales
Lo que me fortalece en la misión:
Lo que me sostiene en la fe:
IV. CELEBRAR
Demos gracias a Dios por la experiencia de la reflexión y pongamos en sus manos
nuestros propósitos a favor de la reconstrucción de la paz
• Hacemos un altar
• Colocamos una imagen de Cristo y la Virgen María
• Invitamos a los participantes a colocarse en torno al altar
• Oración por la paz (Página 3) a dos coros
La Virgen María se entrega plenamente a cumplir la voluntad de Dios, a ser instrumento
de Paz y Amor en las manos del Creador. Por medio de María el Salvador llega a nosotros,
nos bendice y nos quiere, a pesar de nuestras miserias y debilidades. Enseguida los
participantes entonan a una sola voz las siguientes peticiones:
1. Señor Jesús, te damos gracias por este camino cuaresmal donde nos pudimos
descubrir vulnerables al pecado, pero fortalecidos en tu Palabra.
2. Santísima Madre nuestra, sé luz para cumplir nuestros compromisos que hemos
definido en este tiempo cuaresmal y así llegar a la vivencia de la pascua, siendo
instrumentos para la reconciliación y la Paz social.
Canto: “Cristo te necesita para amar”
Padre nuestro… Dios te salve… Gloria al Padre…
Jueves
Santo
HORA SANTA
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
S. En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado
Todos. El corazón amoroso de Jesús sacramentado.
Padre Nuestro. Ave María. Gloria.
S. Alabemos y demos gracias en cada instante y momento
Todos. Al santísimo y Divísimo sacramento.
CANTO
S. Alabemos y demos gracias en cada instante y momento
Todos. Al santísimo y Divísimo sacramento.
Padre Nuestro. Ave María. Gloria.
S. En los cielos y la tierra sea para siempre alabando
Todos. El corazón amoroso de Jesús sacramentado.
CANTO
S. Alabemos y demos gracias en cada instante y momento
Todos. Al santísimo y Divísimo sacramento.
Padre Nuestro. Ave María. Gloria.
S. En los cielos y la tierra sea para siempre alabando
Todos. El corazón amoroso de Jesús sacramentado
CANTO
SALMODIA
Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
ANT 1: Defiende mi causa, Señor, sálvame
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
del hombre traidor y malvado.
y me cortan la trama‖.
Salmo 42 Deseo del templo
Día y noche me estás acabando,
Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
sollozo hasta el amanecer.
contra gente sin piedad,
Me quiebras los huesos como un león,
sálvame del hombre traidor y malvado.
día y noche me estás acabando.
Tú eres mi Dios y protector,
Estoy piando como una golondrina,
¿por qué me rechazas?,
gimo como una paloma.
¿por qué voy andando sombrío,
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
hostigado por mi enemigo?
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!
Envía tu luz y tu verdad:
Me has curado, me has hecho revivir,
que ellas me guíen
la amargura se me volvió paz
y me conduzcan hasta tu monte santo,
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
hasta tu morada.
y volviste la espalda a todos mis pecados.
Que yo me acerque al altar de Dios,
El abismo no te da gracias,
al Dios de mi alegría;
ni la muerte te alaba,
que te dé gracias al son de la cítara,
ni esperan en tu fidelidad
Señor, Dios mío.
los que bajan a la fosa.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
por qué te me turbas?
como yo ahora.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
―Salud de mi rostro, Dios mío‖.
Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.
Gloria al Padre…
Gloria al Padre…
ANT 1. Defiende mi causa, Señor, sálvame
ANT 2. Tú defiende mi causa, Señor, la causa
del hombre traidor y malvado.
de mi alma y rescataste mi vida, Señor Dios
ANT 2. Tú defiende mi causa, Señor, la causa mío.
ANT 3. Mi siervo justificará a muchos, porque
de mi alma y rescataste mi vida, Señor Dios
cargó sobre sí los crímenes de ellos.
mío.
Salmo 64
Cántico Isaías 38, 10-14; 17-20
Solemne acción de gracias.
Angustias de un moribundo y alegría de la Oh Dios, tú mereces un himno en Sión,
y a ti se te cumplen los votos,
curación
porque tú escuchas las súplicas.
Yo pensé: ―En medio de mis días
A ti acude todo mortal
tengo que marchar hacia las puertas del
a causa de sus culpas;
abismo;
nuestros delitos nos abruman,
me privan del resto de mis años‖.
pero tú los perdonas.
Yo pensé: ―ya no veré más al Señor
Dichoso el que tú eliges y acercas
en la tierra de los vivos,
para que viva en tus atrios:
ya no miraré a los hombres
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
entre los habitantes del mundo.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que
nos redimió con su muerte y resurrección, y
digámosle:
ORACIÓN DE LA MAÑANA: LAUDES
COMUNITARIO
Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la
pasión y entrar así en la gloria,
conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser
atravesado por la lanza del soldado,
sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en
árbol de vida,
haz que los renacidos en el bautismo gocen
de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al
ladrón arrepentido,
perdónanos también a nosotros, pecadores.
(Martes Santo)
INVOCACIÓN INICIAL:
V. Señor, abre mis labios.
R. y mi boca proclamará tu alabanza.
INVITATORIO (Ver. Pág. 42)
ANTÍFONA: A Cristo el Señor, que por
nosotros fue tentado y por nosotros murió,
vengan adorémosle.
HIMNO
Ojos muertos que miran con mirar
Se pueden añadir algunas intenciones
indescriptible y con fuerza irresistible
libres…
atraen y cautivan, ¿por qué, si muertos
están,
Padre nuestro
tienen tan viva expresión
Cómo Cristo nos enseñó, pidamos al Padre
que así turban mi razón trocando tus miradas
que perdone nuestros pecados, diciendo:
en dos punzantes espadas
Padre nuestro...
que parten mi corazón?
Al verlos, ojos piadosos, todo mi ser se
ORACIÓN
conmueve. ¿quién a mirarte se atreve
Dios todopoderoso mira la fragilidad de
sin llorar, ojos llorosos?
nuestra naturaleza y, con la fuerza de la
me cautivan amorosos, inspiran dolor y
pasión de tu Hijo, levanta nuestra esperanza. calma,
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...
son tiernos y son severos, y las borrascas del
alma enfrenan sólo con veros.
V. EL Señor nos bendiga, + nos guarde de
¡Ah! Permitan ojos píos, ojos que son el
todo mal + y nos lleve a la vida eterna.
encanto del cielo, que con mi llanto
R. Amén.
borre mis locos desvíos; bebí en cenagosos
ríos aguas de ponzoñas que, al infiltrarse en
mis venas, causaron fiebres ardientes.
¡Como olvidé que eran fuentes
de aguas dulces y serenas! Amén.
ORACIÓN
Caminaré siempre en tu presencia por el camino de la vida.
Te entrego, Señor, mi vida, hazla fecunda.
Te entrego mi voluntad, hazla idéntica a la tuya.
Caminaré a pie descalzo, con el único gozo
de saber que eres mi tesoro.
Toma mis manos, hazlas acogedoras.
Toma mi corazón, hazlo ardiente.
Toma mis pies, hazlos incansables.
Toma mis ojos, hazlos transparentes.
Toma mis horas grises, hazlas novedad.
Hazte compañero inseparable
de mis caídas y tribulaciones.
Y enséñame a gozar en el camino
de las pequeñas cosas que me regalas,
sabiendo siempre ir más allá
sin quedarme en las cunetas de los caminos.
Toma mis cansancios, hazlos tuyos.
Toma mis veredas, hazlas tu camino.
Toma mis mentiras, hazlas verdad.
Toma mis muertes, hazlas vida.
Toma mi pobreza, hazla tu riqueza.
Toma mi obediencia, hazla tu gozo.
Toma mi nada, haz lo que quieras.
Toma mi familia, hazla tuya.
Toma mis pecados.
Toma mis faltas de amor, mis eternas omisiones,
mis permanentes desilusiones, mis horas de amarguras.
Camina, Señor, conmigo; acércate a mis pisadas.
Hazme nuevo en la donación, alegría en la entrega,
gozo desbordante al dar la vida, al gastarse en tu servicio.
Amén.
SILENCIO
Todos. Jesús, aquí estoy Contigo. Cuando pediste a los Apóstoles que velaran y oraran
Contigo para que no cayeran en tentación, también me lo estabas pidiendo a mí. Gracias
Señor, porque con Tu Espíritu has despertado en mí el deseo de acompañarte y glorificar
el amor con el que Tú ardías por entregarte a nosotros. Aparta de mí todo lo que me
impide estar Contigo.
Guía. Libérame de todo cansancio a fin de que pueda velar Contigo. Deseo recostar mi
corazón en tu pecho dulce y bendito, y escuchar el latido de Tu noble Corazón en esos
momentos, en que estuviste a la mesa con Tus discípulos, cuando nos diste Tu Cuerpo y
cuando oraste en el huerto de Getsemaní.
Todos. - ¡Libérame, Jesús, de todo lo que me impide estar contigo!
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Guía. Jesús, Señor, el tiempo de Tu pasión es el tiempo de tu gloria. Tú oraste:
Lector. “Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique. Tu le diste
poder sobre todos los hombres, para que él dé la vida eterna a todos los que tú le has
dado. Y la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y
a Jesucristo tu enviado. Yo te he glorificado aquí en el mundo, cumpliendo la obra que me
encomendaste. Ahora, pues, Padre, glorifícame con aquella gloria que ya compartía
contigo antes de que el mundo existiera… Ahora, en cambio yo me voy a ti. Si digo estas
cosas mientras todavía estoy en el mundo, es para que ellos puedan participar
plenamente en mi alegría” (Juan 17, 1b-6/13)
Guía. Admito, Jesús, que me cuesta trabajo reconocer, que el momento de Tu pasión es el
momento de tu gloria. Este misterio permanece oculto a mis ojos; pero en lo más hondo de
mi corazón, sé que es verdad.
Todos. - ¡Padre, ha llegado la hora! ¡Glorifica a tu Hijo!
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Todos. Jesús, con mi pensamiento ahora deseo acompañarte en el momento de tu última
cena con los discípulos y por el camino al Monte de los Olivos. ¡Que habrás sentido en tu
Corazón y en tu alma cuando te diste en comunión a tus discípulos, dándoles tu cuerpo
mismo y tu sangre! Quiero estar contigo ¿Qué harán sentido tus Apóstoles? ¿Se darían
cuenta de que ése era el momento de gloria en el que comenzó tu sufrimiento?
Guía. San Lucas escribe: Al llegar a ese sitio, les dijo: “Oren para no caer en la tentación”.
Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas,
diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí este amargo cáliz; pero que no se haga mi
voluntad, sino la tuya” (Lucas 22, 40-42)
Todos. - ¡Padre, hágase tu voluntad y no la mía, ahora y siempre!
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Canto
Guía. Jesús, mientras orabas a solas, Tu corazón estaba unido al de María, Tu Madre. Ella
sintió todo y vivió cada momento contigo, aunque físicamente no estuvo presente. Sus
corazones estuvieron estrechamente unidos por un vínculo inefable de amor.
Todos. Gracias, María, porque tuviste los mismos sentimientos de tu Hijo esa noche. Quiero
ahora llevar a cabo lo que me invitas hacer, uniendo mi corazón al tuyo como uniste el
tuyo al de tu Hijo.
Guía. Intercede por mí para que el Señor purifique mi corazón de toda dureza y falta de
sentimientos o la incapacidad de sentir. Llena mi corazón con tus mismos sentimientos,
María. Quiero compartirlos en este momento como el niño que quiere saber qué está
sintiendo su mamá.
Todos. - Oh María, quiero compartir Tus sentimientos y estar cerca de Jesús.
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Guía. Jesús, los Apóstoles oyeron tu llamado en el huerto de Getsemaní, pero estaban
físicamente agotados, exhaustos y se dejaron vencer por el sueño. San Mateo relata:
Lector. Volvió entonces adonde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
“¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación,
porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Mateo 26, 40-41
Guía. Jesús, cuánto te habrá lastimado ver que tus Apóstoles se quedaban dormidos y que
ANT. 2. Ahora viene el juicio de este mundo;
ahora el Señor de este mundo va a ser
arrojado fuera.
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
Cántico Sir 36, 1-7. 13-16
contento como un héroe,
Súplica a favor de la ciudad santa de Jerusalén a recorrer su camino.
Sálvanos, Dios del universo,
Asoma por un extremo del cielo,
infunde tu terror a todas las naciones,
y su órbita llega al otro extremo:
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
nada se libra de su calor.
para que sienta tu poder.
Gloria al Padre…
Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos: ANT. 3. Jesús, caudillo y consumador de la fe,
sufrió con toda constancia la cruz, pasando por
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
encima de su ignominia; y está sentado a la
que no hay Dios fuera de ti.
diestra del trono de Dios.
Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
LECTURA BREVE
y dales su heredad como antiguamente.
Jeremías 11, 19-20
Ten compasión del pueblo que lleva tu
Yo como cordero manso, llevado al matadero,
nombre, de Israel, a quien nombraste tu
primogénito; ten compasión de tu ciudad santa, no sabía los planes homicidas que contra mi
planeaban: ―Talemos el árbol en su lozanía,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.
arranquémoslo de la tierra de los vivos, que su
Llena a Sión de tu majestad,
nombre no se pronuncie más‖. Pero tú Señor
y al templo, de tu gloria.
de los ejércitos, juzgas rectamente, escudriñas
Gloria al Padre…
las entrañas y el corazón; veré tu venganza
ANT. 2. Ahora viene el juicio de este mundo;
contra ellos, porque a ti he encomendado mi
ahora el Señor de este mundo va a ser
causa.
arrojado fuera.
RESPONSORIO BREVE
ANT. 3. Jesús, caudillo y consumador de la fe, V. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
sufrió con toda constancia la cruz, pasando por R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
encima de su ignominia; y está sentado a la
V. De entre toda la raza, lengua pueblo y
diestra del trono de Dios.
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
Salmo 18 A
V. Gloria al Padre, y al Hijo. Y al Espíritu
Alabanza al Dios creador del universo
Santo.
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona
CÁNTICO EVANGÉLICO (Ver. Pág. 42)
la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
ANTÍFONA: Padre justo, si es verdad que el
la noche a la noche se lo murmura.
mundo no te ha conocido, yo si te he conocido
Sin que hablen, sin que pronuncien,
y sé que tú me has enviado.
ANTÍFONA: A Cristo el Señor, que por
nosotros fue tentado y por nosotros murió,
venid adorémosle.
HIMNO
Dieron muerte al Heredero,
su oblación es haz de luz,
reina Dios desde el madero,
fulge el signo de la cruz.
En los cielos contemplamos
nuestra prenda tan locuaz
como símbolo divino
de salud, de amor, de paz.
¡Resplandece, brilla, avanza,
oh estandarte del gran Rey!
¡Oh cruz, única esperanza
y resumen de su ley!
Que presidas nuestra suerte
cada cual con nuestra cruz
y en la hora de la muerte
nos conduzcas a Jesús
Gloria al Padre con el Hijo
y el Espíritu de amor;
las tres Personas reciban
por la cruz igual honor. Amén.
SALMODIA
ANT. 1. Exclamó Jesús: ―siento en mi alma
angustia de muerte; aguardad aquí y velen
conmigo‖.
Salmo 41
Deseo del Señor y ansias de contemplar el
templo
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;
tiene Sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y día.
mientras todo el día me repiten:
―¿Dónde está tu Dios?‖
Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
―Salud de mi rostro, Dios mío‖.
Cuando mi alma se acongoja
te recuerdo.
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: ―Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?‖
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
―¿Dónde está tu Dios?‖
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
―Salud de mi rostro, Dios mío‖.
Gloria al Padre…
ANT. 1. Exclamó Jesús: ―siento en mi alma
angustia de muerte; aguardad aquí y velen
conmigo‖.
no se dieran cuenta de Tu agonía, permitiendo que el sueño los venciera mientras tú
orabas de rodillas y experimentabas un miedo mortal. Tú los reprendiste y los invitaste
una vez más a orar, pero no los juzgaste. El espíritu estaba pronto, pero la carne era
débil.
Todos. - ¡Jesús, haz que mi espíritu esté dispuesto y libérame de la debilidad de la carne,
entonces podré estar contigo!
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Lector. Jesús, tus Apóstoles oyeron cuando les pediste que velaran contigo, pero
tristemente, a causa del cansancio, cayeron dormidos. San Mateo escribe: “Después
volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de
sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras”
Mateo 26, 43-44
Todos. Jesús mío, esta vez ni siquiera despertaste a tus discípulos, en vez de ello seguiste
orando, sufriendo y agonizando a solas. ¡Qué grande es tu amor por tus discípulos y por
nosotros, oh Jesús! ¡Qué grande es tu bondad y cuán profunda tu humildad! No te
derrumbas porque los Apóstoles están dormidos, no les reprochas su insensibilidad, su
debilidad o flojera, Tu simplemente continúas orando.
Guía. Te alabo y te bendigo, porque constantemente redescubro tu amor y tu misericordia.
Deseo permanecer aquí de todo corazón y velar contigo. Gracias, porque no me
preguntas dónde había estado hasta ahora.
Todos. Gracias, porque no me rechazas por haber desperdiciado momentos preciosos
ocupándome en cosas sin sentido. Gracias, por no echarme en cara mis faltas y en vez
de ello me permites quedarme aquí contigo tal como soy.
- Jesús, haz que el velar contigo sea un signo de mi amor.
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Canto
HABLA JESÚS AL ALMA
―Yo soy tu salud (Sal 34,2), tu paz y tu vida‖.
Consérvate cerca de mí y hallarás paz. Deja todas las cosas transitorias y busca las eternas.
¿Qué es todo lo temporal sino engañoso? ¿Y qué te valdrán todas las criaturas, si fueres
desamparada del Creador?
Por esto, dejadas todas las cosas, hazte fiel y grata a tu Creador, para que puedas alcanzar
la verdadera bienaventuranza.
Yo enseñé a los profetas desde el principio, y no ceso de hablar a todos hasta ahora; pero
eres duro y sordo a mi voz.
Muchos oyen con más gusto al mundo que Mí, y más fácilmente siguen el apetito de su carne
que mi bondad divina.
El mundo te promete cosas temporales y pequeñas, y con todo eso le sirves con grande
ansia. Yo te prometo cosas grandes y eternas, y sin embargo entorpeces tu corazón en el
servicio al mundo.
¿Me sirves a mí y obedeces en todo con tanto cuidado como sirves al mundo y a sus
señores? ―Avergüénzate Sidón, dice el mar‖ (Is 23,4). Y si preguntas la causa, oye el
porqué.
Por un pequeño beneficio vas y haces todo lo posible por obtenerlo, y por la vida eterna,
con dificultad levantas el pie del suelo.
Buscas viles ganancias, ganancias aparentemente grandes y prometedoras; por una
moneda pleiteas a veces torpemente; por cosas vanas, y por una corta promesa, no
temes fatigarte de día y de noche.
Mas, ¡oh vergüenza!, que empiezas a fatigarte un poco por el bien que no se muda, por el
galardón que es inestimable y por la suma gloria sin fin.
Avergüénzate, pues, siervo perezoso y quejumbroso, de que aquellos se hallen más
dispuestos para la perdición que tú para la vida.
Ellos se alegran más por su vanidad que tú por la verdad. Porque algunas veces les miente
su esperanza; pero mi promesa a nadie engaña, ni deja frustrado si confías en mí.
Doy lo que prometo, cumplo lo que he dicho, ciertamente si perseveras fiel en mi amor
hasta el fin.
Escribe tú mis palabras en tu corazón y considéralas con diligencias, pues en el tiempo de
la tentación te serán muy necesarias.
Silencio prolongado
Guía. ¡Jesús, esta noche es extraña! Tú te abandonas al Padre, tus discípulos te abandona
a ti por cansancio. Tu sufres y oras, sudas sangre y te ofreces al Padre. El único que
vela y no se ha dejado vencer por el sueño es Judas, el traidor. Él no duerme. Prepara
su traición y llega con unos hombres para llevarte, mientras tú estabas inmerso en la
oración. ¡Aún cuando al ver esto un dolor punzante atravesó tu corazón, tú seguiste
amándolo!
Lector. San Mateo escribe: Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de
los doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los
sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar, les había dado esta
señal: “Aquél a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo”. Al instante se acercó a
Jesús y le dijo: “Buenas noches, Maestro”. Y lo besó. Jesús le dijo: Amigo. ¿Es esto a lo
que has venido…? (Mateo 26,47-50a).
Guía. Jesús, aunque me sorprende el comportamiento de tu traidor, ¡Tu reacción me
maravilla! En este momento de traición, cuando esas palabras de saludo fueron usadas
para entregarte, ¡Tú encuentras la fuerza interior para dirigirte a Judas como ―amigo‖!
Pero eso era realmente lo que sentiste al encontrarte con él cara a cara.
Todos. Mi corazón está embelesado contigo, Jesús, mi alma se maravilla ante un amor así
que es capaz de vencer cualquier tentación de actuar negativamente, un amor que no se
deja turbar ni influenciar por nuestras actitudes.
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Todos. Te adoro, Señor Jesús, esta noche, junto con todos aquellos que en el mundo han
salido de sus casas para ir a orar, para hacer adoración y te ofrecen su amor y su
gratitud. Te doy gracias con todos aquellos que pagan tu amor con amor y se inspiran en
él, y son todos los que oran solos, en los grupos de oración y en las comunidades que
hacen largas vigilias contigo.
Silencio
LECTURA BREVE
Salvador nuestro que viniste a salvar a los
pecadores,
Zacarías 9, 9
conduce a tu Reino a los que en Ti creen,
Alégrate, hija de Sión; hija de Jerusalén. Mira a esperan y te aman.
tu rey que viene a ti, justo y victorioso;
Se pueden añadir algunas intenciones libres...
modesto y cabalgando en un asno, en un
pollino de borrica.
Unidos fraternalmente, dirijámonos al Padre,
diciendo con toda confianza: Padre nuestro...
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
ORACIÓN
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que
V. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.
Nuestro Salvador se anonadase, haciéndose
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
hombre y muriendo en la cruz, para que todos
V. De entre toda raza, lengua pueblo y nación,
nosotros imitáramos su ejemplo de humildad,
R. Nos has comprado, Señor, por tu sangre.
concédenos seguir las enseñanzas de su
CÁNTICO EVANGÉLICO (Ver. Pág. 42)
Pasión, para que un día participemos en su
resurrección gloriosa. Por Nuestro Señor
ANTIFONA: Aclamemos con palmas de
Jesucristo, tu Hijo...
victoria al Señor que viene, y salgamos a su
encuentro con himnos y cantos, dándole gloria V. EL Señor nos bendiga, + nos guarde de
y diciendo: ―Bendito eres, Señor‖.
todo mal + y nos lleve a la vida eterna.
PRECES
Adoremos a Cristo, que al entrar en Jerusalén
fue aclamado por las multitudes como rey y
Mesías; acojámosle también nosotros con
gozo, diciendo:
Bendito el que viene en el nombre del
Señor.
R. Amén.
ORACIÓN DE LA MAÑANA: LAUDES
COMUNITARIO
(Lunes Santo)
Hosanna a ti, Hijo de David y Rey eterno;
Hosanna a ti, vencedor de la muerte y del mal.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la
pasión y entrar así en la gloria,
conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
INVOCACIÓN INICIAL
Tu que convertiste el madero dela cruz en
V. Señor, abre mis labios.
árbol de vida,
haz que los renacidos en el Bautismo gocen la R. y mi boca proclamará tu alabanza.
abundancia de los frutos de este árbol
INVITATORIO (Ver. Pág. 42)
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación,
Escuchen: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
―La diestra del Señor es poderosa,
La diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Ábranme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
Los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
Y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
los bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenen una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío yo te ensalzo.
Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…
ANT. 1. El numeroso gentío que había venido
a la fiesta, aclamaba al Señor ―Bendito el que
viene en el nombre del Señor. Hosanna en el
cielo‖.
ANT. 2. Con los Ángeles y los niños, cantemos
al triunfador de la muerte: ―Hosanna en el
cielo.‖
Cántico Dn. 3, 52-57
Que la creación entera alabe al Señor
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito tú nombre, Santo y glorioso:
A él gloria y alabanza por los siglos
Bendito eres en el templo de tu Santa Gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino;
a ti gloria y alabanza por los siglos
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:
ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensálcenlo con himnos por los siglos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…
ANT. 2. Con los ángeles y los niños, cantemos
al triunfador de la muerte: ―Hosanna en el
cielo.‖
ANT. 3. Bendito el que viene en nombre del
Señor. Paz en el cielo y gloria en las alturas
Salmo 150: ALABEN AL SEÑOR
Alabad al Señor en su templo,
alábenlo en su fuerte firmamento.
Alábenlo por sus obras magnificas,
alábenlo por su inmensa grandeza.
Alábenlo tocando trompetas,
alábenlo con arpas y cítaras,
Alábenlo con tambores y danzas,
alábenlo con trompas y flautas,
alábenlo con platillos sonoros,
Alábenlo con platillos vibrantes
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…
ANT. 3. Bendito el que viene en nombre del
Señor. Paz en el cielo y gloria en las alturas
Guía. Haz que se llenen de amor y paz, y se unan profundamente a ti y a María, tu Madre.
Que muchos corazones sean inspirados y reparen por todos los que duermen, por los que
te traicionan, por los que, esclavizados a este mundo, pasan noche y día inmersos en el
mal y el pecado, en el alcohol y en las drogas, traicionando por tanto a sus familias, a sus
padres y madres, a sus esposos y esposas.
Todos. Oro por todos los que hacen mal a otros. - ¡Jesús, haz que su espíritu sea más fuerte
que la fragilidad de la carne y libéralos de todo mal!
(Repite esta invocación calladamente en tu interior)
Guía. Jesús, esta noche muchos están solos en medio de su dolor, abandonados por sus
seres queridos, viviendo sus propios ‗getsenmanís‘ y no hay nadie que los consuele.
Muchos serán llamados esta noche a dejar este mundo, sin haberse reconciliado con los
demás ni con su Padre celestial.
Todos. Gracias por el don de poder orar por ellos para que sientan tu cercanía y para que tú
les envíes a tus ángeles a consolarlos.
(Presento a Jesús por nombre a aquellos que sé que están sufriendo y a quienes están o
debieran estar con ellos)
Canto
ACTO DE REPARACIÓN
Guía. Por tanto que se ofende a Dios, hagamos reparación y desagravio. Pidamos perdón y
misericordia. (Después de cada invocación se responde: ―perdónanos Señor‖
Señor perdona todos los sacrilegios eucarísticos.
Señor perdona todas las santas comuniones indignamente recibidas.
Señor perdona todas las profanaciones al santísimo sacramento del altar.
Señor perdona todas las irreverencias en la Iglesia.
Señor perdona todas las profanaciones, desprecios y abandono de los sagrarios.
Señor perdona todos los que han abandonado la iglesia.
Señor perdona todo desprecio de los objetos sagrados.
Señor perdona todos los que pasaron a las filas de tus enemigos
Señor perdona todos los pecados del ateísmo
Señor perdona todos los insultos a tu santo nombre.
Señor perdona toda la frialdad e indiferencia contra tu amor de redentor
Señor perdona todas las irreverencias y calumnias contra el Santo Padre
Señor perdona todo desprecio de los obispos y sacerdotes.
Señor perdona todo desprecio hacia la santidad de la familia.
Señor perdona todo desprecio a la vida humana.
PRECES
Oremos por la iglesia para que siempre ofrezca a sus hijos el pan de la vida y la copa de la
salvación. Roguemos al Señor.
Todos: Te rogamos, Óyenos.
Oremos por todos los gobernantes de las naciones para que nunca falte el pan y el alimento
a los hombres, los hijos de Dios. Roguemos al Señor.
Oremos por la paz en nuestro mundo injusto y violento. Que la sangre de Cristo derramada
para vencer el mal sea siembra de justicia, paz y redención para todos. Roguemos al
Señor.
Oremos por todos nosotros, los aquí reunidos, para que a ejemplo de Cristo, seamos
servidores del único ministerio, el del servicio y la generosidad. Roguemos al Señor.
Oremos por nuestros seres queridos que duermen en el Señor para que los despierte a la
vida y los siente en el banquete nuevo y eterno del Reino de los cielos. Roguemos al
Señor.
Oración final
¡Jesús mío, bendíceme! Bendice a mi familia, a
mis amigos, a mis enemigos, a todos aquellos por
los que tú sufriste y haz que tu amor
nos una, nos calme y nos proteja.
Que glorifiquemos continuamente tu amor.
Toma todas nuestras luchas personales
y diferencias, y ofrécelas al Padre unidas a
la sangre que tú sudaste por
VIACRUCIS
la salvación del mundo
en el huerto de Getsemaní.
Que todos los que aún no han dicho:
―Hágase tu voluntad y no la mía,
reciban esta noche la fortaleza para hacerlo‖.
Que seas glorificado en ellos,
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos. Amén.
vi ern es Santo
ORACIÓN INICIAL
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R/. Amén.
Guía: Oremos.
Breve pausa de silencio.
Señor Jesús, tú nos invitas a seguirte
también en esta hora extrema, tu hora.
En ti está cada uno de nosotros
y nosotros, muchos, somos uno en ti.
En tu hora está la hora de la prueba
de nuestra vida en sus más descarnados y duros
recodos; es la hora de la pasión de tu Iglesia
y de la humanidad entera.
Es la hora de las tinieblas:
cuando ―vacilan los cimientos de la tierra‖
y el hombre, ―parte de tu creación‖,
gime y sufre con ella;
cuando las multiformes máscaras
de la mentira se burlan de la verdad
y los halagos del éxito sofocan
la íntima llamada de la honestidad;
cuando el vacío de sentido y de valores
anula la obra educativa
y el desorden del corazón mancilla la ingenuidad
de los pequeños y de los débiles;
cuando el hombre pierde el camino
que le orienta al Padre
y no reconoce ya en ti
el rostro hermoso de la propia humanidad.
En esta hora se insinúa la tentación de la fuga,
el sentimiento de angustia y desolación,
mientras la carcoma de la duda roe la mente
y el telón de la oscuridad cae sobre el alma.
Y tú, Señor, que lees en el libro abierto
de nuestro frágil corazón,
vuelves a preguntarnos esta noche
como un día a los Doce:
―¿También ustedes quieren macharse?‖.
No, Señor, no podemos ni queremos irnos,
porque ―Tú tienes palabras de vida eterna‖,
Tú solo eres ―la palabra de la verdad‖
y tu cruz es la única ―llave que nos abre a los
secretos de la verdad y de la vida‖.
―Te seguiremos a donde vayas‖.
En esta adhesión está nuestra adoración,
mientras, desde el horizonte del todavía no,
un rayo de alegría besa el ya de nuestro camino.
R/. Amén.
a preparar sus caminos
anunciando a su pueblo la salvación
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia
de nuestro Dios
nos visitará el sol que nace de lo alto
para iluminar a los que viven en tinieblas,
y en sombra de muerte
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre…
ni humilde tu gloria,
¡Gloria, alabanza y honor!
Griten: Hosanna', y háganse
como los niños hebreos
al paso del Redentor.
¡Gloria y honor
al que viene en el nombre del
Señor! Amén.
SALMODIA
ANT. 1. El numeroso gentío que había venido
a la fiesta, aclamaba al Señor ―Bendito el que
viene en el nombre del Señor. Hosanna en el
cielo‖.
SALMO 117: Himno de Acción de Gracias,
ORACIÓN DE LA MAÑANA: LAUDES
después de la Victoria.
COMUNITARIO
Domingo de la Pasión del Señor o de Den gracias al Señor porque es bueno,
Ramos porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel
eterna es su misericordia
Diga la casa de Aarón;
eterna es su misericordia
Digan los fieles del Señor:
INVOCACIÓN INICIAL:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
V. Señor, abre mis labios.
y me escuchó poniéndome a salvo.
R. y mi boca proclamará tu alabanza.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
INVITATORIO (Ver. Pág. 42)
El Señor está conmigo y me auxilia,
ANTÍFONA: A Cristo el Señor, que por
veré la derrota de mis adversarios.
nosotros fue tentado y por nosotros murió,
Mejor es refugiarse en el Señor
vengan adorémosle.
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
HIMNO
que confiar en los magnates,
El pueblo fue cautivo
Todos los pueblos me rodeaban,
y que tu mano libera
en el nombre del Señor los rechacé;
no encuentra mayor palmera
me rodeaban cerrando el cerco,
ni abundancia en mejor olivo.
en el nombre del Señor los rechacé:
Viene con aire festivo
me rodeaban como avispas,
para enramar tu victoria,
ardiendo como fuego en las zarzas,
y no te ha visto en su historia,
en el nombre del Señor los rechacé.
Dios de Israel, más cercano:
Empujaban y empujaban para derribarme,
ni tu poder más a mano
PRIMERA ESTACIÓN
Jesús es condenado a muerte
Jesús calla; custodia en sí la verdad
(Para todos los días)
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Juan 18, 37-40
cuando sus
padres me
pusieron a prueba y dudaron de mí,
aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
―Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso‖.
V. Señor, abre mis labios
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo…
R. y mi boca proclamará tu alabanza
ANTIFONA: A Cristo, el Señor que por
nosotros fue tentado y por nosotros murió,
vengan, adorémosle.
SALMO 94: Invitación a la Alabanza Divina
Vengan, aclamemos al Señor,
demos vítores a la roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las cimas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque Ello hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Vengan, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque Él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que El guía.
Ojalá escuchen hoy su voz:
No endurezcan el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
CÁNTICO EVANGÉLICO
El Mesías y su Precursor Lc 1, 68 - 79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel
Porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David su siervo,
Según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la mano de los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres, recordando su santa Alianza
y el juramento que juró a nuestro Padre
Abraham.
Para concedemos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti niño te llamarán profeta del Altísimo
porque irás delante del Señor,
Pilato le dijo: “¿Entonces, tú eres rey?”. Jesús le contestó: “Tú lo dices: soy rey.
Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el
que es de la verdad escucha mi voz”. Pilato le dijo: “Y ¿qué es la verdad?”.
Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: “Yo no encuentro en él ninguna
culpa. Es costumbre entre ustedes que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Quieren que les suelte
al rey de los judíos?”. Volvieron a gritar: “A ese no, a Barrabás”. El tal Barrabás era un bandido.
+ Silencio
Humilde Jesús,
también nosotros nos dejamos condicionar
por lo que está fuera.
Ya no sabemos escuchar la voz sutil,
exigente y liberadora, de nuestra conciencia
que dentro llama e invita amorosamente:
―No salgas fuera, entra dentro de ti mismo:
porque en tu hombre interior
reside la verdad‖.
Ven, Espíritu de la Verdad,
ayúdanos a encontrar
en el ―hombre escondido
en el fondo de nuestro corazón‖
el rostro santo del Hijo
que nos renueva en la semejanza divina.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús con la cruz a cuestas
Jesús lleva la cruz, carga con el peso de la verdad
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 6-7. 16-17
Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: “¡Crucifícalo,
crucifícalo!”. Pilato les dijo: “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no
encuentro culpa en él”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley,
y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios”…
Entonces [Pilato] se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con
la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota).
Pilato vacila, busca un pretexto para soltar a Jesús, pero cede a la voluntad que prevalece y
alborota, que apela a la Ley y lanza insinuaciones.
Una vez más se repite la historia del corazón herido del hombre: su mezquindad, su
incapacidad para levantar la mirada fuera de sí mismo, para no dejarse engañar por las
ilusiones del pequeño provecho personal y elevarse, impulsado por el vuelo libre de la
bondad y la honestidad.
El corazón del hombre es un microcosmos. En él se deciden los grandes retos de la
humanidad, se resuelven o se acentúan sus conflictos. Pero la opción es siempre la misma:
tomar o perder la verdad que libera.
+ Silencio
Humilde Jesús,
en el transcurso cotidiano de la vida
nuestro corazón mira hacia abajo,
a su pequeño mundo,
y, completamente embebido en la búsqueda
del propio bienestar,
permanece ciego ante la mano del pobre
y del indefenso que mendiga
nuestra escucha y pide auxilio.
A lo sumo se conmueve, pero no se mueve.
Ven, Espíritu de la Verdad,
abraza nuestro corazón y atráelo hacia ti.
―Conserva sano su paladar interior,
para que pueda gustar y beber
la sabiduría, la justicia, la verdad,
la eternidad‖.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae por primera vez
Jesús cae, pero…, manso y humilde, se levanta
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Mateo. 11, 28-30
“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré.
Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de
corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero
y mi carga ligera”.
Las caídas de Jesús a lo largo del Camino de la Cruz no pertenecen a
la Escritura; han sido trasmitidas por la piedad tradicional, custodiada y
cultivada en el corazón de tantos orantes.
En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera
penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús –
que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo– hubo expirado, la cruel espada
que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal
alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba
allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor
atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus
sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.
¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron
verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí
tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en
sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de
Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu
alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro,
se parte con sólo recordarlas?
No se admiren, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que
no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de
piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes
servidores.
Pero quizá alguien dirá: ―¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?‖ Sí, y con toda
certeza. ―¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?‖ Sí, y con toda
seguridad. ―¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?‖ Sí, y con toda vehemencia. Y si no,
¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas
más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Este murió en su cuerpo, ¿y
ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que
pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél,
no tiene semejante.
Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que
la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Oración final
Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con
tu protección maternal a fin de que siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y
obedezca Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está
totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con
tus virtudes y dolores. Protégeme siempre. Amén.
Fórmulas Generales
lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la
Reconciliación.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
Cuarto Dolor - María se encuentra con Jesús camino al Calvario
Acércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan triste escena. Esta Madre, tan dulce
y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte.
Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron - el dolor de la
Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús
en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
Quinto Dolor - Jesús muere en la Cruz (Juan 19,17-39)
Contempla los dos sacrificios en el Calvario - uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de
María. Triste es el espectáculo de la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente
clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un
ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: ―Madre, he ahí
a tu hijo.‖ Y a nosotros nos dijo en Juan: ―Hijo, he ahí a tu Madre.‖ María, yo te acepto como mi
Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
Sexto Dolor - María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz (Marcos 15,
42-46)
Considera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo de su querido
Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones
se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último
instante de nuestras vidas.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro (Juan 19, 38-42)
¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus
hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos
las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y
compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de
que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
En la primera caída, Jesús nos hace una invitación, nos abre un camino, inaugura para
nosotros una escuela.
Es la invitación a acudir a él en la experiencia de la impotencia humana, para descubrir
cómo se ha injertado en ella el poder divino.
Es el camino que lleva a la fuente del auténtico descanso, el de la gracia que basta.
Es la escuela donde se aprende la mansedumbre que calma la rebelión y donde la
confianza ocupa el lugar de la presunción.
Desde la cátedra de su caída, Jesús nos imparte sobre todo la gran lección de la humildad,
el camino ―que lo llevó a la resurrección‖. El camino que, después de cada caída, nos da la
fuerza para decir: ―Ahora comienzo de nuevo, Señor; pero no sólo, sino contigo‖.
+ Silencio
Humilde Jesús, nuestras caídas,
entretejidas de fragilidad y pecado,
hieren el orgullo de nuestro corazón,
lo cierran a la gracia de la humildad
e interrumpen nuestro camino hacia ti.
Ven, Espíritu de la Verdad,
líbranos de toda manifestación de
autosuficiencia y concédenos
reconocer en cada caída
un peldaño de la escalera para subir hacia ti.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
CUARTA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con su Madre
Junto a la cruz de Jesús la madre “está”:
ésta es su oración y su maternidad
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 25 - 27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la
de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al
discípulo al que amaba, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego,
dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la
recibió como algo propio.
La Madre estaba junto a la cruz
San Juan nos dice que la Madre estaba junto a la cruz de Jesús, pero ningún evangelista
nos habla directamente de un encuentro entre los dos.
El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de
la pasión del Señor. Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como
una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María– una espada te traspasará el alma.
En realidad, en este estar de la Madre se concentra la expresión más densa y alta del
encuentro. En la aparente pasividad del verbo estar vibra la íntima vitalidad de un
dinamismo.
Es el dinamismo intenso de la oración, que se ensambla con su sosegada pasividad. Orar es
dejarse envolver por la mirada amorosa y franca de Dios, que nos descubre a nosotros
mismos y nos envía a la misión.
En la oración auténtica, el encuentro personal con Jesús nos hace madre y discípulo amado,
genera vida y trasmite amor. Dilata el espacio interior de la acogida y entreteje lazos
místicos de comunión, confiándonos el uno al otro y abriendo el tú al nosotros de la Iglesia.
+ Silencio
Humilde Jesús, cuando las adversidades
y las injusticias de la vida,
el dolor inocente y la violencia cruel
nos hacen imprecar contra ti,
tú nos invitas a estar, como tu Madre,
a los pies de la cruz.
Cuando nuestras expectativas
y nuestras iniciativas,
vacías de futuro y marcadas por el fracaso,
nos llevan a huir hacia la desesperación,
tú nos llamas a la fuerza de la espera.
¡Hemos olvidado verdaderamente
la importancia del estar
como expresión del orar!
Ven, Espíritu de la Verdad,
sé tú el ―clamor de nuestro corazón‖,
que, incesante e inefable,
está confiadamente en la presencia de Dios.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
ROSARIO DE LOS 7 DOLORES
Se reza un Padrenuestro y siete Ave Marías por cada dolor de la Virgen. Al mismo tiempo le
pedimos que nos ayude a entender el mal que hemos cometido y nos lleve a un verdadero
arrepentimiento. Al unir nuestros dolores a los de María, tal como Ella unió Sus dolores a los de
su Hijo, participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo entero.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente
suplico Tu perdón y por medio de Tu gracia, concédeme ser verdaderamente merecedor de Tu
amor, por los méritos de Tu Pasión y Tu muerte y por los dolores de Tu Madre Santísima.
Amén.
(Se aconseja leer del Evangelio las citas que acompañan a cada dolor)
QUINTA ESTACIÓN
El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Jesús aprende la obediencia del amor
a lo largo del camino de la pasión
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Lucas. 23, 26
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía
del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Simón de Cirene es un hombre retratado por los evangelistas con una
particular precisión en el nombre y la proveniencia, la parentela y la
actividad; es un hombre fotografiado en un lugar y en un tiempo
determinado, obligado de algún modo a llevar una cruz que no es suya.
En realidad, Simón de Cirene es cada uno de nosotros. Recibe el
madero de la cruz de Jesús, como un día hemos recibido y acogido su
signo en el santo bautismo.
La vida del discípulo de Jesús es esta obediencia al signo de la cruz, en un gesto cada vez
más marcado por la libertad del amor. Es el reflejo de la obediencia del maestro. Es el pleno
Primer Dolor - La profecía de Simeón (cf. Lucas 2,22-35)
Qué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que
Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para
mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
Segundo Dolor - La huida a Egipto (Mateo 2,13-15)
Considera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente
de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta
angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos
sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de
perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre
Tercer Dolor - El Niño perdido en el Templo (Lucas 2,41 -50)
Qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido
Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días
buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me
Se le puede cantar a la Virgen la siguiente canción o recitarla antes de cada misterio:
En el sufrimiento
supiste callar,
y junto a tu hijo
enseñas a amar.
Un Viernes Santo, con gran dolor,
sufre en silencio junto al redentor;
desde esa hora, hora de cruz,
es nuestra Madre, nos la dio Jesús
Los Siete Dolores de María Santísima
“Y a ti, Madre,
una espada de dolor te atravesará el corazón...”
(Lucas 2, 35)
Quién ama sufre con el amado. Nadie ama a Jesús mas que Su Madre Santísima y por eso
nadie sufre mas por amor a El.
Devoción
Siempre los cristianos han aprendido de la Virgen a mejor amar a Jesucristo. La devoción a los
Siete Dolores de la Virgen María se desarrolló por diversas revelaciones privadas.
abandono a dejarse instruir, como él, por la geometría del amor, por las mismas
dimensiones de la cruz: ―la anchura de las buenas obras; la longitud de la perseverancia en
la adversidad; la altura de la expectación de los que esperan y miran hacia arriba; la
profundidad de la raíz de la gracia divina, que se hunde en la gratuidad‖.
+ Silencio
Humilde Jesús,
cuando la vida nos propone
un cáliz amargo
y difícil de beber,
nuestra naturaleza se cierra, recalcitrante,
no osa dejarse atraer por la locura
de ese amor más grande
que convierte la renuncia en alegría,
la obediencia en libertad,
el sacrificio en grandeza del corazón.
Ven, Espíritu de la Verdad,
haznos obedientes a la visita de la cruz,
dóciles a su signo que nos abraza totalmente:
La Virgen comunicó a Santa Brígida de Suecia (1303-1373): ―Miro a todos los que viven en el
mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos
que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy
olvidada y menospreciada por muchos.
―cuerpo y alma, mente y voluntad,
inteligencia y sentimientos,
lo que hacemos y dejamos de hacer‖
y que agranda todo a la medida del amor.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
SEXTA ESTACIÓN
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Jesús no mira la apariencia. Jesús mira el corazón
Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete
de que sean tan pocos los amigos de Dios.‖
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Nuestra Señora prometió que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y
acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:
1. “Yo concederé la paz a sus familias.”
2. “Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios.”
3. “Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.”
4. “Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino
Hijo o a la salvación de sus almas.‖
5. “Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada
instante de sus vidas.‖
6. “Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.
7. “He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis
lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que
todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno.‖
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 6
Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas” ha brillado en
nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de
Dios reflejada en el rostro de Cristo.
A lo largo del Camino de la Cruz, la piedad popular señala el gesto de
una mujer, denso de veneración y delicadeza, casi un rastro del
perfume de Betania: Verónica enjuga el rostro de Jesús. En ese rostro,
desfigurado por el dolor, Verónica reconoce el rostro transfigurado por
la gloria; en el semblante del Siervo sufriente, ella ve al más bello de
los hombres. Ésta es la mirada que provoca el gesto gratuito de la
ternura y recibe la recompensa de la impronta del Santo Rostro. Verónica nos enseña el
secreto de su mirada de mujer, ―que mueve al encuentro y ofrece ayuda: ¡ver con el
corazón!‖.
+ Silencio
Humilde Jesús,
nuestra mirada es incapaz de ir más allá:
más allá de la indigencia,
para reconocer tu presencia,
más allá de la sombra del pecado,
para descubrir el sol de tu misericordia,
más allá de las arrugas de la Iglesia,
para contemplar el rostro de la Madre.
Ven, Espíritu de la Verdad,
derrama en nuestros ojos ―el colirio de la fe‖
para que no se dejen atraer
por la apariencia de las cosas visibles,
sino que aprendan
el encanto de las invisibles.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae por segunda vez
Jesús no mostró poder, sino que enseñó paciencia
VI ERNES
Santo
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro. 2, 21b-24
Cristo padeció por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas.
Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el
insulto cuando lo insultaban; sufriendo, no profería amenazas; sino que se
entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo
hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con
sus heridas hemos sido curados.
Jesús cae de nuevo bajo el peso de la cruz. Sobre el madero de
nuestra salvación, no sólo pesa la enfermedad de la naturaleza
humana, sino también las adversidades de la existencia. Jesús ha llevado el peso de la
persecución contra la Iglesia de ayer y de hoy, de esa persecución que mata a los cristianos
en el nombre de un dios extraño al amor, y de aquella que ataca la dignidad con ―labios
embusteros y lengua fanfarrona‖. Jesús ha llevado el peso de la persecución contra Pedro,
la que se alzó contra la voz limpia de la ―verdad que interroga y libera el corazón‖. Jesús,
con su cruz, ha llevado el peso de la persecución contra sus siervos y discípulos, contra
aquellos que responden al odio con el amor, a la violencia con la mansedumbre. Jesús, con
su cruz, ha llevado el peso del exasperado ―amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios‖ y
que pisotea al hermano. Todo lo ha llevado voluntariamente, todo lo ha sufrido ―con su
paciencia, para enseñarnos la paciencia‖.
+ Silencio
ROSARIO DEL PÉSAME A MARÍA
INTRODUCCION:
El Viernes Santo se acompaña a María en la experiencia de recibir en brazos a su Hijo muerto
con un sentido de condolencia. Se dice que se le va a dar el pésame a la Virgen, cuya imagen
se viste de negro ese día, como señal de luto.
Acompañamos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo
amado. Ha presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al
mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe.
María vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados
romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un
madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía
de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.
María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor
para nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.
Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos del dolor, en
los sufrimientos diarios y pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón,
para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella y comprendamos que en el dolor,
somos más parecidos a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.
La imagen de la Virgen dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida.
Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufrimientos.
La muerte ha sido vencida. El pecado, arrasado. El dominio de los poderes de las
tinieblas es impotente. La puerta de la vida se ha abierto de par en par. La libertad de los hijos
de Dios ha sido conquistada. ¡Ahora puede soplar el viento impetuoso de la gracia! El mundo
en la oscuridad comienza, lentamente, a arrebolarse con el alba de tu amor.
Tú que perfeccionas el universo, perfeccióname en tu Espíritu, ¡oh Verbo del Padre, que
cumpliste todo en la carne y con el martirio! ¿Podré decir en la tarde de mi vida: ―Todo está
cumplido, he llevado a su término la misión que me encomendaste‖? ¡Oh Jesús, sea cual sea
mi misión que me haya encomendado el Padre —grande o
pequeña, dulce o amarga, en la vida o en la muerte—, concédeme cumplirla como Tú
cumpliste todo! Permíteme llevar a plenitud mi vida.
Séptima Palabra:
“Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu”
(Lc 23,46)
¡Oh Jesús, el más abandonado de los hombres, lacerado por el dolor, es tu fin! Ese final
en el que a un ser humano se le llega a quitar hasta la decisión libre entre el rechazo y la
aceptación. Es la muerte. ¿Quién te arrastra o qué te arrastra? ¿La nada? ¿El destino ciego?
No, ¡el Padre! El Dios que une sabiduría y amor. Así te dejas llevar y te abandonas en las
manos ligeras e invisibles que a nosotros, incrédulos, prendados de nuestro yo, se nos
presentan como el ahogo imprevisto, la crueldad y el destino ciego de la muerte.
Pero Tú lo sabes: son las manos del Padre. Tus ojos, en los que ya se ha hecho la
noche, son capaces de ver al Padre; se han fijado en la pupila quieta de su amor, y tu
boca pronuncia la última palabra de tu vida: ―Padre, en tus manos encomiendo mi
espíritu‖.
Todo lo devuelves a quien todo te lo dio. Sin garantías y sin reservas confías todo a las
manos de tu Padre. ¡Qué amargo y pesado don! El peso de tu vida que acarreaste
solo: los hombres, su vulgaridad, tu misión, tu cruz, el fracaso y la muerte. Pero ahora no
has de llevarlo por más tiempo; puedes abandonarlo todo y a ti mismo en las manos del Padre.
¡Todo! Estas manos sostienen segura y cuidadosamente. Son como las manos de una madre.
Acogen tu alma tan delicadamente como un pajarillo que se alberga entre las manos.
Nada tiene peso. Todo es luz y gracia, todo es seguridad al amparo del corazón de Dios, donde
la pena se puede desahogar en llanto y donde el Padre seca las lágrimas de las mejillas de su
hijo con un beso.
Jesús, ¿encomendarás un día mi pobre alma y mi pobre cuerpo a las manos de tu
Padre? Depón el peso de mi vida y de mis pecados sobre la balanza de la justicia en
los brazos del Padre. ¿A dónde huiré, dónde me esconderé sino en ti, hermano en la
amargura, que has padecido por mis pecados? Hoy me tienes ante ti. Me arrodillo bajo tu cruz.
Beso tus pies que, silenciosos e intrépidos, me siguen con el paso sangrante por los caminos
de la vida. Abrazo tu cruz, Señor del amor eterno, corazón de los corazones, corazón paciente,
traspasado e infinitamente bueno. Ten piedad de mí. Acógeme en tu amor. Y cuando mi
peregrinar llegue a su fin, cuando el día decline y me envuelvan las sombras de la muerte,
pronuncia entonces tu palabra definitiva: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
¡Oh buen Jesús! Amén.
Humilde Jesús,
en tu cuerpo sufriente y maltratado,
denigrado y escarnecido,
no sabemos reconocer
las heridas de nuestra infidelidad
y de nuestras ambiciones,
de nuestras traiciones
y de nuestras rebeliones.
Son heridas que gimen
e invocan el bálsamo de nuestra conversión,
mientras nosotros hoy ya no sabemos llorar
por nuestros pecados.
Ven, Espíritu de la Verdad,
¡derrama sobre nosotros
el don de la Sabiduría!
En la luz del amor que salva
danos el conocimiento de nuestra miseria,
―las lágrimas que deshacen la culpa,
el llanto que merece el perdón‖.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
OCTAVA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén que lloran por él
Jesús nos mira y suscita el llanto de la conversión
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Lucas. 23, 27 – 31
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y
lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Hijas de
Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos, porque miren que
vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no
han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a
los montes: “Caigan sobre nosotros”, y a las colinas: “Cúbrannos”; porque, si
esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?”.
Jesús, el Maestro, sigue formando nuestra humanidad a lo largo del Camino del Calvario.
Encontrando a las mujeres de Jerusalén acoge con su mirada de verdad y misericordia las
lágrimas de compasión derramadas sobre él. Dios, que ha llorado sobre Jerusalén, educa
ahora el llanto de esas mujeres para que no se quede en una estéril conmiseración externa.
Las invita a reconocer en él la suerte del inocente injustamente condenado y quemado,
como leño verde, como “castigo saludable”.
Les ayuda a que examinen el leño seco del propio corazón y experimenten, así, el dolor
benéfico de la compunción.
Brota aquí el llanto auténtico, cuando los ojos confiesan con las lágrimas no sólo el pecado,
sino también el dolor del corazón. Son lágrimas benditas, como las de Pedro, signo de
arrepentimiento y prenda de conversión, que renuevan en nosotros la gracia del Bautismo.
+ Silencio
Humilde Jesús,
en las injusticias
y adversidades de esta vida
nosotros no resistimos con paciencia.
Frecuentemente pedimos,
como signo de tu potencia,
que nos libres del peso
del madero de nuestra cruz.
Ven, Espíritu de la Verdad,
enséñanos a caminar
según el ejemplo de Cristo
para ―cumplir sus grandes p
receptos de paciencia
con la preparación del corazón‖.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez
Jesús, con su debilidad, fortalece nuestra fragilidad
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Lucas. 22, 28-30a. 31-32.
“Ustedes son los que han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo
para ustedes el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que coman y
beban a mi mesa en mi reino…
Simón, Simón, mira que Satanás les ha reclamado para cribarles como trigo.
Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas
convertido, confirma a tus hermanos”.
Con su tercera caída, Jesús confiesa el amor con el que ha abrazado
por nosotros el peso de la prueba y renueva la llamada a seguirle hasta el final, en fidelidad.
Pero nos concede también echar una mirada más allá del velo de la promesa: ―Si
perseveramos, también reinaremos con él‖.
Sus caídas pertenecen al misterio de su encarnación. Nos ha buscado en nuestra debilidad,
bajando hasta lo más hondo de ella, para levantarnos hacía él.
―Nos ha mostrado en sí mismo la vía de la humildad, para abrirnos la vía del regreso‖. ―Nos
ha enseñado la paciencia como arma con la que se vence el mundo‖. Ahora, caído en tierra
por tercera vez, mientras ―compadece nuestras debilidades‖, nos indica la manera de no
sucumbir en la prueba: perseverar, permanecer firmes y constantes. Simplemente:
―Permanecer en él‖.
+ Silencio
modo, en aquella Misa solemne que Tú mismo celebraste como sacrificio eterno has rezado
con las fórmulas litúrgicas consagradas y así has podido decirlo todo. Enséñame a orar con las
palabras de la Iglesia de tal manera que se hagan palabras de mi corazón.
Quinta Palabra:
“Tengo sed”
(Jn 19,28)
El evangelista Juan, que la escuchó, nos cuenta: ―Sabiendo que todo estaba cumplido
para que se cumpliera la Escritura, exclamó: ¡Tengo sed!‖. También aquí confirmaste
la palabra tomada de los Salmos y que el Espíritu había profetizado ante tu Pasión. En el
Salmo 21 se dice de ti: ―Mi paladar está seco lo mismo que una teja, y mi lengua pegada a mi
garganta‖, y en el Salmo 69, versículo 22, está escrito: ―En mi sed me han abrevado con
vinagre‖.
¡Oh Servidor del Padre, obediente hasta la muerte y muerte de cruz! Tú miras más allá,
incluso en la agonía, en la que el espíritu se oscurece y desaparece la conciencia
clara, intentas ansiosamente hacer coincidir todos los detalles de tu vida con la imagen
eternamente presente en la mente del Padre. No te referías a la sed indecible
de tu cuerpo desangrado, cubierto de heridas abrasadas y expuesto al sol implacable de
un mediodía de Oriente.
Cumplías la voluntad del Padre hasta la muerte con una humildad inconcebible y digna de
adoración. Sí, lo que los profetas habían predicho como voluntad del Padre se cumple en ti:
tengo sed.
Así comprendiste toda la aspereza cruel de tu Pasión: era una misión que cumplir, no un
ciego destino; era la voluntad del Padre, no la maldad de los hombres; redención
de amor, no crimen de pecadores. Señor Jesús, sucumbes para que seamos salvos.
Mueres para que vivamos. Tienes sed para que restauremos nuestras fuerzas en el agua de la
vida. Nos invitaste a esta fuente cuando en la fiesta de los Tabernáculos exclamabas: ―Si
alguno tiene sed venga a mí porque de mi seno correrán ríos de agua viva‖ (Jn 7,37).
Sexta Palabra:
“Todo está cumplido”
(Jn 19,30)
Está cumplido. Sí, Señor, es el fin. El fin de tu vida, de tu honor, de las esperanzas
humanas, de tu lucha y de tus fatigas.
Todo ha pasado y es el fin. Todo se vacía y tu vida va desapareciendo. Desaparición e
impotencia... Pero el final es el cumplimiento, porque acabar con fidelidad y con amor es la
apoteosis. Tu declinar es tu victoria.
¡Oh Señor!, ¿cuándo entenderé esta ley de tu vida y de la mía? La ley que hace de la
muerte, vida; de la negación de sí mismo, conquista; de la pobreza, riqueza; del dolor,
gracia; del final, plenitud.
Sí, llevaste todo a plenitud. Se había cumplido la misión que el Padre te encomendara. El
cáliz que no debía pasar había sido apurado. La muerte, aquella espantosa muerte, había sido
sufrida. La salvación del mundo está aquí.
Tercera Palabra:
“Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Hijo ahí tienes a tu madre”
(Jn 19,26)
Está ya próxima tu muerte, la hora en que tu Madre tenía que estar cerca de ti. Ésta es la
hora que une, de nuevo, al Hijo y a la Madre. La hora de la separación y de la muerte.
La hora que arranca a la madre viuda el hijo único. Una vez más tu mirada contempla a la
de tu Madre. No le ahorraste nada: ni la alegría ni la pena, las dos surgían de tu gracia, las dos
provenían de tu amor. Amas a tu Madre porque te ha asistido y servido en la alegría y en el
dolor; así llegó a ser completamente tu Madre.
Tu Madre, tus hermanos y tus hermanas son los que cumplen la voluntad del Padre que
está en los cielos. A pesar de tu tormento, tu amor vibra de la ternura terrena
que une al hijo y a la madre. En la suprema agonía de la salvación, te has conmovido por
el llanto de una madre.
En ese momento, le has dado un hijo y al hijo una madre. Por esto la tierra nueva será
posible. Pero ella no estaba sola con el dolor de madre a cuyo Hijo matan, estaba en nuestro
nombre como Madre de los vivientes. Ofrecía a su Hijo por nosotros. Repetía su ―fiat‖ a la
muerte del Señor. Era la Iglesia junto a la cruz.
Al entregar la Madre al discípulo amado, nos la has entregado a cada uno de nosotros.
Señor Jesús, tu muerte no será inútil si me acojo a este materno corazón. Estaré presente
cuando llegue el día de tus bodas eternas, en las que la creación, transfigurada para siempre,
se unirá a ti para siempre.
Humilde Jesús,
ante las pruebas que criban
nuestra fe nos sentimos desolados:
no nos acabamos de creer
que nuestras pruebas
hayan sido ya las tuyas,
y que tú nos invitas simplemente
a vivirlas contigo.
¡Ven, Espíritu de la Verdad,
en las caídas que marcan nuestro camino!
Enséñanos a apoyarnos
en la fidelidad de Jesús,
a creer en su oración por nosotros,
para acoger esa corriente de fuerza
que sólo él, el Dios con nosotros,
puede darnos.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras
Jesús queda desnudo para revestirnos con la vestidura de hijos
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 23 - 24
Cuarta Palabra:
“Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?”
(Mt 27,36)
Se acerca la muerte. No es el final de la existencia corporal, la liberación y la paz, sino la
muerte que representa el fondo del abismo, la inimaginable profundidad de la
angustia y devastación. Se acerca tu muerte. Desnudez, impotencia horrible, desolación
desgarradora. Todo cede, huye... No existe más que abandono lacerante. Y en esta noche del
espíritu y de los sentidos, en este vacío del corazón donde todo abrasa, tu alma insiste en
llorar. La tremenda soledad de un corazón consumido se hace en ti invocación a Dios.
¡Seas adorada oración del dolor, del abandono, de la impotencia abismal, del Dios
abandonado! Si Tú, Jesús, eres capaz de orar en tal angustia, ¿dónde habrá un abismo tal que
desde él no se pueda gritar al Padre? ¿Hay una desesperación que no se pueda hacer oración
si busca refugio en tu abandono? ¿Hay un mudo dolor capaz de ignorar que su grito silencioso
sea escuchado en las moradas celestiales?
Recitaste el Salmo 21 para hacer de tu abandono total una plegaria. Tus palabras: ―Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?‖. El grito desgarrador que tu Espíritu Santo puso
en el corazón del Justo de la Antigua Ley.
Tú —si me está permitida la explicación—, en el paroxismo del sufrimiento, no has
querido rezar de modo distinto a como lo hicieron tantas generaciones anteriores a ti. En cierto
Los soldados... cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada
soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una
pieza de arriba abajo. Y se dijeron: “No la rasguemos, sino echémosla a suertes,
a ver a quién le toca”. Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y
echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.
Jesús queda desnudo. El icono de Cristo despojado de sus vestiduras es
rico de resonancias bíblicas: nos devuelve a la desnudez inocente de los
orígenes y a la vergüenza de la caída.
En la inocencia original, la desnudez era la vestidura de la gloria del hombre: su amistad
trasparente y hermosa con Dios. Con la caída, la armonía de esa relación se rompe, la
desnudez sufre vergüenza y lleva consigo el recuerdo dramático de aquella pérdida.
La desnudez significa la verdad del ser. Jesús, despojado de sus vestiduras, tejió en la cruz
el hábito nuevo de la dignidad filial del hombre. Esa túnica sin costuras queda allí, íntegra
para nosotros; la vestidura de su filiación divina no se ha rasgado, sino que, desde lo alto de
la cruz, se nos ha dado.
+ Silencio
Humilde Jesús,
delante de tu desnudez
descubrimos lo esencial
de nuestra vida y de nuestra alegría:
ser en ti hijos del Padre.
Pero confesamos también la resistencia
a abrazar la pobreza
como dependencia del Padre,
a acoger la desnudez como hábito filial.
Ven, Espíritu de la Verdad,
ayúdanos a reconocer y a bendecir
en cada expolio que sufrimos
una cita con la verdad de nuestro ser,
un encuentro con la desnudez
redentora del Salvador,
un trampolín que nos lanza
hacia el abrazo filial con el Padre.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz
Jesús, elevado sobre la tierra, atrae a todos hacia sí
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 18-22
Lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato
escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el
Nazareno, el rey de los judíos”. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba
cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y
griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: “El
Rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: Soy el rey de los judíos””. Pilato les
contestó: “Lo escrito, escrito está”.
Jesús crucificado está en el centro; la inscripción regia, alta sobre la cruz, abre las
profundidades del misterio: Jesús es el rey y la cruz es su trono. La realeza de Jesús, escrita
en tres lenguas, es un mensaje universal: para el sencillo y el sabio, para el pobre y el
poderoso, para quien se acoge a la Ley divina y para quien confía en el poder político. La
imagen del crucificado, que ninguna sentencia humana podrá remover nunca de las paredes
de nuestro corazón, será para siempre la palabra regia de la Verdad: ―Luz crucificada que
ilumina a los ciegos‖, ―tesoro cubierto que sólo la oración puede abrir‖, corazón del mundo.
Jesús no reina dominando, con un poder de este mundo, él ―no tiene ninguna legión‖. Jesús
reina atrayendo: su imán es el amor del Padre que en él se da por nosotros ―hasta el
extremo‖. ―Nada se libra de su calor‖.
+ Silencio
Sí, sí saben, ¡lo saben todo! ¡Pero quieren ignorarlo todo! No hay cosa que se conozca
mejor que aquello que se quiere ignorar, escondiéndolo en el subterráneo más profundo del
corazón; pero, al mismo tiempo, le negamos la entrada a nuestra conciencia. Y Tú dices que no
saben lo que hacen. Sí, hay algo que no saben: tu amor por ellos.
Pronuncia tu palabra de perdón sobre mis pecados. Di al Padre: ―Perdónalo porque no
sabe lo que ha hecho‖. Mas lo sabía... lo sabía todo, pero no conocía tu amor. Hazme pensar tu
primera palabra cuando recite distraído el Padre Nuestro y afirme perdonar a los que me
ofenden. Necesito tu fuerza para perdonar de corazón a aquellos que mi orgullo y mi egoísmo
consideran como enemigos.
Segunda Palabra: “Yo te aseguro:
hoy estarás conmigo
en el paraíso”
(Lc 23,43)
Agonizas y, sin embargo, en tu corazón rebosante de
dolor hay todavía un sitio para el sufrimiento de los otros.
Vas a morir y te preocupas por un criminal que,
atormentado en su martirio infernal, reconoce que su pena fue
merecida por su vida de maldad. El abandono de Dios
te ahoga y hablas del Paraíso. Tus ojos se velan en las
tinieblas de la noche y oteas la luz eterna. Al morir nos
preocupamos de nosotros mismos, pues los otros nos dejan
solos y abandonados. Tú, sin embargo, piensas en las
almas que deben ir contigo a tu Reino. ¡Corazón de misericordia
infinita! ¡Corazón heroico y fuerte!
Un delincuente miserable pide que te acuerdes de él y Tú
le prometes el Paraíso. ¿Se puede transformar tan rápidamente
con tu proximidad una vida de pecado y de vicio? Si pronuncias
las palabras de absolución se perdonan hasta los pecados y las
bajezas más repugnantes de cada vida criminal. Nada puede impedir la entrada a la santidad
de Dios. Se puede admitir, llevando las cosas al límite, un poco de buena voluntad, en un
pecador, pero su perversidad, sus instintos viciados, la brutalidad, el fango..., ¡eso no
desaparece con un poco de buena voluntad y con un arrepentimiento fugaz en el patíbulo! ¡Uno
de esa calaña no puede entrar en el Paraíso tan limpiamente como las almas que se purificaron
toda la vida los santos que prepararon sus cuerpos y sus almas para hacerlos dignos del Dios
tres veces santo! Y, sin embargo, Tú pronuncias las palabras de tu gracia omnipotente que
penetra en el corazón del ladrón y transforma el fuego infernal de su agonía en la llama
purificadora del amor divino. El amor destruye la culpa de la criatura rebelde. Y así el ladrón
entra en el Paraíso de tu Padre.
¿Me darás a mí la gracia del atrevimiento temerario que exige y espera todo de tu
bondad? ¿El coraje de decir, como si fuera el mayor de los criminales, ―Señor, acuérdate de mí
cuando estés en tu Reino‖?
VI ERNES
Santo
Las siete palabras de Jesús en la cruz
(Karl Rahner, SJ)
Primera Palabra: “Padre, perdónalos
porque no saben lo que hacen”
(Lc 23,34)
Cuelgas de la cruz. Te han clavado. No te puedes separar de este palo erguido sobre el
cielo y la tierra. Las heridas queman tu cuerpo. La corona de espinas atormenta tu
cabeza. Tus manos y tus pies heridos son como traspasados por un hierro candente. Y tu
alma es un mar de desolación, de dolor, de desesperación. Los responsables están ahí, al pie
de la cruz. Ni siquiera se alejan para dejarte, al menos, morir solo. Se quedan. Ríen. Están
convencidos de tener la razón. El estado en que estás es la demostración más evidente: la
prueba de que su acto no es sino el cumplimiento de la justicia más santa, un homenaje a Dios,
del que deben estar orgullosos.
Se ríen, insultan, blasfeman. Mientras tanto cae sobre ti, más terribles que los dolores de
tu cuerpo, la desesperación ante tal iniquidad. ¿Existen hombres capaces de tanta bajeza?
¿Hay, al menos, un punto común entre Tú y ellos? ¿Puede un hombre torturar así a otro
hombre, hasta la muerte? ¿Desgarrarlo hasta matarlo con el poder de la mentira, de la traición,
de la hipocresía, de la perfidia... mantener la pose del juez imparcial, el aspecto del inocente,
las apariencias de lo legal? ¿Cómo lo permite Dios?
¡Oh Señor, nuestro corazón se habría destrozado en una furiosa desesperación!
Habríamos maldecido a nuestros enemigos y a Dios con ellos. Sin embargo, Tú dices: ―Padre,
perdónalos porque no saben lo que hacen‖. ¡Eres incomprensible, Jesús! Amas a tus enemigos
y los encomiendas al Padre. Intercedes por ellos. Señor, si no fuera una blasfemia, diría que los
disculpas con la más inverosímil de las excusas: ―no saben‖.
Señor Jesús, crucificado por nosotros.
Tú eres la confesión
del gran amor del Padre por la humanidad,
el icono de la única verdad creíble.
Atráenos hacia ti,
para que aprendamos a vivir
―por amor de tu amor‖.
Ven, Espíritu de la Verdad,
ayúdanos a elegir siempre
a ―Dios y su voluntad
frente a los intereses
del mundo y sus poderes,
para descubrir, en la impotencia
externa del Crucificado,
la potencia siempre
nueva de la verdad‖.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
Jesús vive su muerte como un don de amor
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 28 - 30
Sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la
Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando
una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la
boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: “Está cumplido”. E, inclinando la
cabeza, entregó el espíritu.
―Tengo sed‖. ―Está cumplido‖. En estas dos palabras, Jesús nos muestra, con una mirada
hacia la humanidad y otra hacia el Padre, el ardiente deseo que ha impregnado su persona y
su misión: el amor al hombre y la obediencia al Padre. Un amor horizontal y un amor vertical:
¡he aquí el diseño de la cruz! Y desde el punto de encuentro de ese doble amor, allí donde
Jesús inclina la cabeza, mana el Espíritu Santo, primer fruto de su retorno al Padre.
En este soplo vital del cumplimiento, vibra el recuerdo de la obra de la creación ahora
redimida. Pero también la llamada a todos los que creen en él, a ―completar en nuestra carne
lo que falta a los padecimientos de Cristo‖. ¡Hasta que todo esté cumplido!
+ Silencio
¡Señor Jesús, muerto por
nosotros! Tú pides para dar,
mueres para entregar y,
al mismo tiempo, nos haces
descubrir en el don de sí mismo
el gesto que crea el espacio
de la unidad.
Perdona el vinagre de nuestro
rechazo y de nuestra
incredulidad,
perdona la sordera de nuestro
corazón a tu grito sediento que
sigue subiendo desde el dolor de
tantos hermanos.
Ven, Espíritu Santo,
heredad del Hijo que muere por
nosotros: sé tú el faro que nos
guíe ―hasta la verdad plena‖
y ―la raíz que nos conserve en la
unidad‖.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre
El cuerpo de Jesús es acogido en el abrazo de la Madre
DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es puesto en el sepulcro
La tierra del silencio y de la espera custodia a Jesús, semilla fecunda de vida nueva
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 32-35.38
Lectura del Evangelio según san Juan. 19, 40-42
Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían
crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le
quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el
costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio
es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas,
según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio
donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había
sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación,
y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque
oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo
de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.
Un jardín, símbolo de la vida con sus colores, acoge el misterio del hombre creado y redimido.
En un jardín, Dios puso a su criatura, y de allí la desterró tras la caída. En un jardín comenzó la
Pasión de Jesús, y en un jardín un sepulcro nuevo acoge al nuevo Adán que vuelve a la tierra,
seno materno que custodia la semilla fecunda que muere.
La lanzada en el costado de Jesús, de herida se convierte en abertura, en una puerta abierta
que nos deja ver el corazón de Dios. Aquí, su infinito amor por nosotros nos deja sacar agua
que vivifica y bebida que invisiblemente sacia y nos hace renacer. También nosotros nos
acercamos al cuerpo de Jesús bajado de la cruz y puesto en brazos de la madre. Nos
acercamos ―no caminando, sino creyendo, no con los pasos del cuerpo, sino con la libre
decisión del corazón‖. En este cuerpo exánime nos reconocemos como sus miembros heridos y
sufrientes, pero protegidos por el abrazo amoroso de la madre.
Pero nos reconocemos también en estos brazos maternales, fuertes y tiernos a la vez.
Los brazos abiertos de la Iglesia-Madre son como el altar que nos ofrece el Cuerpo de Cristo y,
allí, nosotros llegamos a ser Cuerpo místico de Cristo.
+ Silencio
Señor Jesús,
entregado a la madre,
figura de la Iglesia-Madre.
Ante del icono de la Piedad
aprendemos la entrega al sí del amor,
al abandono y la acogida,
la confianza y la atención concreta,
la ternura que sana la vida
y suscita la alegría.
Ven, Espíritu Santo,
guíanos, como has guiado a María,
en la gratuidad irradiante del amor
―derramado por Dios en
nuestros corazones
con el don de tu presencia‖.
Padre nuestro...
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.
Es el tiempo de la fe que aguarda silenciosa, y de la esperanza que sabe percibir ya en la rama
seca el despuntar de un pequeño brote, promesa de salvación y de alegría.
Ahora la voz de ―Dios habla en el gran silencio del corazón‖.
+ Silencio
Padre nuestro
Amado Jesús mío,
por mí vas a la muerte,
quiero seguir tu suerte,
muriendo por tu amor;
perdón y gracia imploro,
transido de dolor.