Barbie “rosa mexicano”.

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Lenguaje incluyente
y medios de comunicación
Barbie “rosa mexicano”. El impacto
de la muñeca como una representación de
lo femenino en la Ciudad de México.
Mediados del siglo xx inicios del xxi
Carla Mercedes Morales Arciga1
Resumen
El presente trabajo aborda las posibles causas y consecuencias que tiene la influencia
de la muñeca Barbie en las niñas mexicanas, específicamente en la Ciudad de México,
a nivel cultural, social y personal. El análisis se basa en la colocación de la Barbie como
producto de un contexto histórico activo de cultura de masas y en el trabajo de campo
antropológico, realizado en el periodo de noviembre de 2013.
El siguiente trabajo tiene como objetivo analizar lo que representa Barbie para las
niñas mexicanas. Para esto, se observará a las niñas durante el juego.
El trabajo comienza con la investigación sobre el contexto histórico y socio cultural
desde el nacimiento de Barbie, el contexto histórico en donde la muñeca se apareció
fue a mediados del siglo xx. Por otra parte, ¿cuál es la influencia de Barbie en las niñas
mexicanas? y ¿de qué manera se identifican con un modelo ajeno a un contexto socio
cultural mexicano, basándose en un modelo de mujer con características diferentes?
De esta manera se puede ver el efecto de un modelo de mujer hegemónico establecido
mediante un discurso fundamentado en los procesos capitalistas, globales y consumistas, donde dominan de manera directa las tecnologías de género, las nociones de
feminidad hegemónica, la cultura patriarcal, entre otras facetas que se reflejan en las
ideologías, prácticas y concepciones que construyen identidad y cuerpos femeninos.
Palabras clave: género, cuerpo, cultura de masas, prácticas corporales.
1
Escuela Nacional de Antropología e Historia. Etnohistoria, [email protected]
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Introducción
El juego es la actividad donde las infantes adquieren un sentido de identidad, representación y pertenecía. Por medio de él, van relacionando sus conocimientos y experiencias previas con otras nuevas, realizando procesos de aprendizaje necesarios para
su desarrollo. Este proceso en particular depende del contexto, tiempo, espacio y de
un conjunto de características culturales y condiciones sociales que enseñan prácticas,
conceptos, palabras, ideas y sentimientos cuya finalidad es representar exitosamente
a una persona en la interacción social. La enseñanza es instruida mediante las instituciones (la iglesia, la familia, los médicos, el gobierno, etc.) y los sujetos que gozan
de representación social (los medios de comunicación, los profesores, los padres de
familia, etcétera).
Barbie se usa como una herramienta para la incorporación de símbolos y de modelos de identificación enfocados a orientar, la identidad, las prácticas y las representaciones de lo femenino en las niñas. En la muñeca se encuentran reflejados una serie de
discursos culturales, sociales, económicos e ideológicos, que les indican a las infantes
como deben de asumirse ante la sociedad, la forma de comportarse, de lucir, lo que
tienen que poseer y la forma de pensar. Mediante el uso continuo y repetitivo ellas
interiorizan, aprenden, recrean y emulan dichos discursos. Ellas tratan de ser lo más
parecido a sus muñecas, lo que se refleja en la conducta que asumen en la cotidianidad.
Durante el juego se puede apreciar los rasgos del entorno en donde las niñas se
desarrollan, sus cualidades, sus capacidades, sus personalidades, preferencias y gustos.
La muñeca les sirve como el medio para llegar a su mundo, sin embargo, este mundo
está impregnado por los símbolos de los discursos dominantes.
Contexto histórico
A mediados del siglo xviii, el mundo Occidental sufrió grandes cambios a causa de
los procesos económicos y tecnológicos, los cuales repercutieron en la vida social y
cultural (Ashton,1982: 72-111).Un ejemplo de ello, fue Gran Bretaña donde proliferó
un mayor auge tecnológico e industrial; esta nueva tecnología trajo grandes ventajas
a los distintos rubros de trabajo, en el campo la producción aumentó, en la ciudad la
industria incrementó y el comercio se convirtió en la principal fuente económica, lo
que trajo como consecuencia mayor demanda de mano de obra (Bergeron,1976: 1124). “Entre 1815 y 1850 toma cuerpo efectivamente en Inglaterra la gran industria
capitalista” (Droz, J. 1909: 20). A partir de la revolución Industrial las condiciones
de vida de la población británica cambiaron; a la par la ideología; y prácticas como la
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alimentación, la distribución espacial de la población, la vestimenta, la división sexual
del trabajo, entre otras; dieron como resultado la aparición de clases sociales bien definidas. La burguesía, clase rica, culta y emprendedora; la pequeña burguesía, conformada por los empleados del comerciante-fabricante y los dedicados a ciertos oficios;
y el proletariado, integrado principalmente por los obreros, cada una de ellas poseía
su propia cultura. Las clases dominantes tenían una cultura de élite, sus productos
eran producidos y consumidos sólo por ello y para el resto de la población existió una
cultura común (Bergeron, 1976: 21-22).
Durante el siglo xix Gran Bretaña experimentó transformaciones progresivas que
la llevaron a tener una gran estabilidad. Se presentó un cambio en la concepción de
la cultura, este suceso fue causado por la rigurosa división de clases distribuidas en su
propio espacio. Se establecieron condominios en donde sólo habitaban los trabajadores, en este lugar fue donde desarrollaron su propia cultura, una cultura popular:
La industrialización y la urbanización habían redibujado el mapa cultural. Por primera vez en
la historia, existía una cultura separada que pertenecía a las clases subordinadas de los centros
industriales y urbanos. Se trataba de una cultura como dos fuentes: 1) una cultura proporcionada
para los nuevos empresarios culturales para su beneficio; y 2) una cultura hecha para la agitación
política de artesanos radicales, la nueva clase trabajadora urbana y los reformadores de clase media […] Cada uno de estos desarrollos amenazaba […] las nociones tradicionales de la cohesión
cultural y estabilidad social (Storey, 2002: 39-40).
El siglo xx se ha caracterizado por tener periodos coyunturales como los siguientes: la fundación del Partido laborista (1900), la Primera Guerra Mundial (1914), el
Crack del 29 (1929), la Segunda Guerra Mundial (1939), entre otros sucesos, que
dieron como resultado la sociedad en la que vivimos actualmente. Durante este periodo, debido al uso de nuevas tecnologías y de maquinaria la producción aumentó,
esto hizo posible el acceso a una mayor cantidad de bienes para todas las personas
sin importar la clase social, así fue que la cultura se popularizó. Esta manera de
producción se extendió por los países europeos, llegando con un gran auge a los
Estados Unidos, en donde se instauró, modificó e incrementó. Si la cultura popular
en su forma moderna se inventó en algún lugar, fue […] en las grandes ciudades de
Estados Unidos y, sobre todo en Nueva York (Storey, et ál. 2002: 47). La sociedad de
consumo creció cuando los productos destinados a una población de clase media-alta
estuvieron al alcance de un sector de masas. En este contexto los roles sociales sufrieron modificaciones debido a que los nuevos productos repercutieron directamente
en sus vidas, las personas adoptaron diferentes modelos provenientes de los medios
de comunicación con los cuales se sentían identificadas. A partir de esto, se creó una
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nueva forma de concebir al mundo, lo material tomo un gran significado, los modelos
mostraban como deberían ser las cosas y las personas, inferían e implantaban una
ideología propia deseosa de ser reproducida y consumida. Este conjunto de ideas y
prácticas se representaron en los roles sociales de las mujeres, se creó una nueva forma ver lo femenino.2
Uno de estos nuevos roles fue cuando las mujeres se introdujeron en el mundo
laboral debido a la necesidad de mano de obra principalmente en fábricas y talleres.
Ellas incursionaron cada vez más en el mundo masculino, ejemplo de ello fue su participación constante en la política y en los centros educativos. Otro rol asignado fue
en el hogar espacio considerado propiamente femenino, su función principal radicó
en el cuidado y protección de los niños, el marido y en el mantenimiento de la casa.
La nueva ama de casa debía de verse radiante y mantener a la perfección todos los
aspectos de ésta, con la ayuda de los electrodomésticos, la industria de los cosméticos
y los productos de higiene todo se facilitó. Estos roles presentados se empeñaron en
designar las características femeninas que deberían poseer las mujeres en el trabajo y
en el hogar. En este sentido, la cultura de masas tomó importancia ya que consolidaría
dichos modelos. Las mujeres se convirtieron en sujetos potenciales y también posibles
objetos. La cultura de masas fue importante en este sentido, ya que reafirmaba los
modelos impuestos que definieron la idea de lo estrictamente femenino. (Passerini, et
ál. 2005: 389-397).
A partir de las nuevas concepciones del ideal de lo femenino se restablecieron las
características inherentes a las mujeres como lo son: la ternura, la dulzura, la naturaleza, la comprensión, la belleza, el amor, el cariño, el cuidado, entre otros. Este tipo de
particularidades buscaron la unificación de un estándar de mujer. Los roles descritos
anteriormente sirvieron como patrones culturales con características en común bien
definidas. Una de ellas fue el cuidado de la apariencia física. La cultura de masas fue
muy importante ya que uno de sus objetivos era que cada uno de dichos modelos
llegara o abarcara a la mayor cantidad de población femenina posible.3 Éstos, se introyectaron en los sujetos y se reprodujeron a tal magnitud que aún en el siglo xxi siguen
En este periodo los discursos transmitían distintas maneras de construir la feminidad y la masculinidad. Para este trabajo me remitiré sólo a aquellos que hablen de lo femenino. Si se requiere información acerca de lo masculino se puede consultar: Preciado, Beatriz (2010). Pornotopía. Arquitectura y
sexualidad en “Play Boy” durante la Guerra fría, Anagrama, México.
3
Andrew Ross da una descripción de dichos debates acerca de la cultura de masas en la década de
1950, la postura que mejor se adapta al punto es: “La posición corporativo-liberal o progresivo- evolucionista que afirma que la cultura popular tiene la función benigna de socializar a las personas en los
placeres de consumo de la nueva sociedad capitalista-comunista” (Storey, et ál. 2002: 55).
2
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arraigados e imperando en la sociedad. Tal es el caso de Barbie, una muñeca que nació
en la década de 1950 (también conocida como los años 50) en la cultura norteamericana de posguerra, y que es considerada icono a nivel mundial.
Resultados
El comienzo
Ruth Handler al contemplar a su hija jugar con muñecas de papel que se les podía
intercambiar la ropa. Se le ocurrió la idea de crear una muñeca con dimensiones, a la
cual se le pudiera poner ropa e intercambiar accesorios (D’ Amato; 2009:14). Esta idea
probablemente la obtuvo en un viaje que realizó junto con su esposo Elliot Handler a
Alemania, y vieron en un aparador de una cigarrería, una muñeca llamada Lilli cuyo
objetivo principal era el divertir y atraer a los adultos con su sensual mirada y la corporalidad de una mujer adulta (Steinberg; 2000: 202). De esa manera, la muñeca traspasó las fronteras, pues la empresa Mattel compró los derechos de la muñeca alemana
y en sólo tres años se consolidó y concretó la idea en un garage de Los Ángeles, hasta
que finalmente, debutó un nueve de marzo de 1959 en Estados Unidos Barbie Millicent Roberts. En ese mismo año fue presentada en la feria de juguetes The American
International Toy Fair, una muñeca con pelo arreglado como una adulta, una esbelta
figura, vestida con un bañador negro con franjas blancas, tacones altos y lentes para el
sol; y con un costo de tres dólares. Poseía una mirada seductora, cejas arqueadas, piel
blanca y labios rojo carmesí con una sonrisa cautivadora (D’ Amato, et ál. 2009: 14).
Ese día no sólo se dio a conocer una muñeca, fue el comienzo de la materialización
de un ideal regulatorio de la feminidad, de género, de la sexualidad y el cuerpo. Es un
modelo de mujer hegemónico que hoy en día impera de una manera subjetiva en el
mundo. Así lo menciona Pamela Saunders: “Además de ser uno de los juguetes más
populares desde el momento de su creación, se convirtió en un icono cultural. Refleja
el comportamiento y los deseos de cualquier niña. Puede ser quien desea en su “mundo” de color rosa, divertido, bello, glamoroso y donde sigue las últimas tendencias de
la moda (2012)”.
Barbie se convierte y funciona como una tecnología de la cultura de masas, “el artículo producto en masa no debe de apuntar tan bajo, pero si a una media de gustos. A
satisfacer a todos […] los gustos individuales” (Storey, et ál. 2002: 58).
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La muñeca se ha distinguido por ser una de las representaciones del ideal de mujer
occidental,4 dota de identidad y pertenencia a las niñas que juegan con ella, “Barbie
se ha transformado en un verdadero ícono social, no sólo de los norteamericanos, sino
del mundo entero. Se ha convertido en la figura más representativa de la niñez en el
mundo occidental” (Brown; 2004: 3).
En el caso de México, para las niñas mexicanas ¿Qué es lo que representa la muñeca? ¿Cuál es el modelo occidental femenino que contribuye en la formación de
identidad de género en las niñas? y ¿Cuáles son las características que se emulan, se
aceptan y se reproducen mediante las prácticas cotidianas de las niñas mexicanas?
Estas preguntas encontrarán respuesta conforme avanza la investigación. Para el texto sólo se ejemplificará con un caso expuesto más adelante. El objetivo es encontrar
cómo estos discursos dominantes, ajenos a la sociedad mexicana, de alguna manera se
construyen simbólicamente y se legitiman por medio de las instituciones (en especial
la familia).
Para poder llegar al discurso oculto es importante ver la influencia que tiene
la muñeca en la identidad y corporalidad de las niñas mexicanas al reproducir en
sus prácticas, principalmente durante el juego, las características provenientes de
un modelo ajeno a su realidad sociocultural. Ya que Barbie es diferente a ellas, en
primera se pueden apreciar los atributos fisiológicos: posee una corporalidad de una
mujer adulta, tiene ojos azules, es rubia, blanca, alta, delgada y siempre sonriente.
La mayor parte de la población mexicana tiene el cabello y los ojos castaño oscuro,
tez morena, estatura media-baja y complexión ancha. La muñeca proviene de una
sociedad de clase media-alta y heterosexual, y en cambio, gran parte de la sociedad
mexicana es de clase media-baja. Su éxito se fundamenta en el poder adquisitivo y
la apariencia superficial; en contraste, el poder adquisitivo mexicano está por debajo
del promedio norteamericano. Ella puede cambiar de profesión siempre que lo desee con sólo coordinar su guardarropa. Sin embargo, esta realidad no les afecta a las
niñas, debido a que ellas aspiran a ser como su muñeca. “Barbie se convirtió en un
icono cultural que refleja el comportamiento y los deseos de cualquier niña” (UchóaCraveiro, 2012).
El término mujer hace referencia a mujeres estadounidenses, heterosexuales, protestantes, de clase
media y blancas que señala Katleen Canning (citada en Ramos, Carmen; 1997: 121).
4
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Una tarde con Ana
Ana es una niña de ocho años que habita en la Ciudad de México, es morena, delgada
y tiene el cabello castaño oscuro, sus dos hermanos son de cabello castaño claro y ojos
verdes, vive con su mamá que es ama de casa y su papá. La mamá de Ana me permitió
una tarde de juegos con su hija5: “Me llamo Ana, tengo ocho años, me gusta jugar con
Barbies por que les puedo hacer su ropa, además siempre tenemos aventuras como en
los scouts, me gusta que sea atrevida y que acampe conmigo. De grande me gustaría
parecerme a Ana, a mi muñeca, también se llama Ana como yo (Ana)”.
Durante el juego ella mencionó tres cosas:
“Sabes no me gustaría ser gordita como mi mamá, se le ve la panza, jijijiji, y luego
ni podría ir de aventura y me cansaría”.
“Cuando sea grande voy a ser como Ana (alzando la Barbie fashionista) delgada
y alta”.
“Me gustaría ser güerita como mis hermanos” (dijo, mientras sostenía a la muñeca
con sus dos manos y la miraba).
Mediante el juego la niña obtiene valores, reglas entre otras cualidades que le sirven
como herramientas para formar su identidad y ser parte de la sociedad. Barbie es un
instrumento que sirve para incorporar símbolos y modelos con los cuales ella se sienta
identificada, a pesar de que sea muy diferente a ella. La muñeca orienta sus prácticas
y la representación de ella y de su mundo. De esta manera, Ana desea ser igual que su
muñeca ya que no se siente identificada con los habitantes de su hogar, sus hermanos
y su papá son de piel trigueña,6 cabello castaño claro y ojos claros. El uso continuo y
repetitivo de esta idea repercute directamente en la niña; ella interiorizará, recreará, y
emulará las características de Barbie para sentirse identificada con el resto de su familia. Los discursos culturales, económicos y sociales presentes en la muñeca impactarán
en ella. Éstos le mostrarán la manera del cómo hay que ser. –Me gustaría ser güerita,
delgada y alta- La forma en que hay comportarse –aventurera-, como deben verse
–güerita, delgada y alta-, la forma de pensar, lo que tiene que poseer y la manera del
cómo debe asumirse ante los cánones sociales. Mediante este diálogo sujeto-objeto, la
Por medio de una entrevista realizada a la señora Sofía Méndez de 32 años el día 30 de Noviembre
del 2013, al medio día en el Museo de la mujer. Me facilitó una tarde de juegos con su hija Ana, de
8 años, llevada a cabo en su casa el día 4 de diciembre. El juego duró aproximadamente dos horas.
6
Expresión que hace referencia a las personas con color de piel morena un poco blanca y dependiendo el lugar podrían tener el cabello color castaño claro al igual que los ojos.
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niña intenta ser lo más parecido a su muñeca lo cual se refleja en su forma de actuar.
La muñeca sirve como un intermediario entre la niña y el mundo adulto, en ella se ven
proyectadas sus necesidades, sus sueños y anhelos. Es un reflejo de lo que quieren ser.
“Sé lo que quieras ser, sé una Barbie Girl” (Mattel. Inc. 2007).
Una conclusión inconclusa
Barbie es considerada como un ícono mundial ya que ha traspasado fronteras, dotado
de un ideal femenino intrínseco. El color rosa es su favorito, complementado con morado, azul y blanco; las aficiones: moda, consumo, viajes, decoración, cuidado personal; su personalidad: sonriente, elegante, tierna, pasional, sofisticada; sus profesiones:
modelo, enfermera, maestra, pastelera, bailarina, veterinaria, doctora (pediatra)… Es
el patrón de la mujer perfecta, sin esposo pero con pareja; responsable, independiente,
con una amplia solvencia económica y realizada profesionalmente.
Así se pude considerar a Barbie como un dispositivo corporal (Muñiz; 2010: 6),
tiene la finalidad de reproducir, enseñar, producir y plasmar el discurso del cómo ser
mujer; y naturalizado mediante la reiteración de la norma durante el juego; aquí es
donde el juguete adquiere el poder de nombrar y de categorizar a un cuerpo. Al reproducir en una muñeca la imagen corporal y las características que debería poseer una
mujer que se considera femenina.
Barbie se ha convertido en una tecnología de poder,7 construida a través del discurso patriarcal,8 y es a la vez, una tecnología de género9 que materializa a un cuerpo
y que nombra a un sujeto (Butler; 2002: 15), dotándolo de características particulares
pertenecientes al estereotipo femenino y refuerza una de las formas del ser mujer10
El poder que actúa sobre el cuerpo de los individuos a través de disciplinas se llama biopoder, cuyos
efectos se han destinado a cuerpos dóciles que encarnan una microfísica del detalle. El poder que se
ejerce sobre el cuerpo colectivo se llama biopolítica, que a través de la práctica gubernamental ha
intentado racionalizar aquellos fenómenos planteados por un conjunto de seres vivos constituidos en
población (véase Foucault, 1996: 112).
8
Entiéndase patriarcado como la capacidad de asignar lugares tanto simbólicos como materiales y
darles una diferenciación a partir de sus propios intereses.
9
Son las tecnologías que ponen en marcha el poder y la reproducción del discurso. Éste, considerado
el aparato semiótico de carácter patriarcal que asigna el lugar semiótico y natural al que pertenece la
mujer y define las características de lo femenino (De Lauretis, 1992: 259).
10
La mujer entendida como una construcción ficticia, un destilado de discursos diversos, pero coherentes, que dominan las culturas occidentales (De Lauretis, Teresa et al. 1992: 15).
7
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mediante un discurso donde convergen los códigos culturales aprendidos durante la
infancia los cuales construirán una imagen del ser mujer.
El cuerpo se pone como un espacio naturalizado culturalmente, para representar
los prototipos femeninos a manera del ideal dominante. En este caso, la muñeca en
México representa a uno de esos modelos e ideales a seguir por las niñas mexicanas.
Ésta construye de una manera subjetiva mediante la continua reiteración de la práctica un modelo de mujer que las niñas tratarán de emular y reproducir durante su vida.
Adoptando una identidad del modelo hegemónico femenino que es transmitido por
medio de Barbie.
El lazo de unión puede llegar a ser tan fuerte, que las niñas personalizan a la muñeca adjudicándole rasgos de su propia identidad, como: nombre, tendencias, gustos,
etc. A la par, la muñeca transmite un discurso materializador del poder regulador
convenido cultural y socialmente (Foucault; 1987: 123). Así, Barbie pierde su calidad
de objeto, para convertirse en un sujeto, en la materialización de un cuerpo sexuado.
Dicho lo anterior, podemos considerar a Barbie como una tecnología de poder11 que
construye una representación de lo femenino la cual se introduce de manera subjetiva
en las niñas creando así una experiencia de género.12
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