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Lecturas 5o y 6o Grados de Educación Primaria
Librero Mágico
Desarrollo de la Oralidad
Desarrollo lingüístico
Conferencia Escolar
Canto, juego y baile
Pintura de murales
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...y muchas otras estrategias y actividades.
PRESENTACIÓN
Queridos niños y jóvenes alumnos, apreciables madres y padres de familia, compañeros maestros, en estos
tiempos en que el avance de la ciencia y la tecnología han dado saltos gigantescos producto del desarrollo del
conocimiento de los seres humanos, debemos recordar que una herramienta que posibilitó este gran impulso
fue el lenguaje o la lengua, elemento que hoy día sufre continuas alteraciones que ponen en riesgo sus componentes.
Debemos apreciar pues, que la lengua es una creación humana de crucial importancia, como complejo sistema de signos lingüísticos que nos sirven para representar y entender la realidad. Desde la propia formación de
la humanidad la hemos utilizado como medio de comunicación, de transmisión de conocimientos y expresión
de sentimientos y emociones. En un cierto sentido la lengua es la expresión sintética del desarrollo cultural de
los pueblos.
En nuestro país existen 63 lenguas indígenas milenarias, nativas de las tierras mexicanas, provenientes de
pueblos con desarrollos culturales gigantescos, existentes mucho antes de la llegada de los españoles y la
Conquista. Actualmente la lengua nacional y de uso común para la mayoría de mexicanos es el “Español”. Una
lengua cuya base es el latín, el castellano, el griego y otras lenguas. Aunque los conquistadores prohibieron
hablar las lenguas originarias, el Español, se fue enriqueciendo al incorporar muchos conceptos, a la lengua
nacional.
Las aportaciones lingüísticas de las lenguas originarias se expresan principalmente en los nombres dados a
relaciones, prácticas y conocimientos comunitarios, en las toponimias, en los nombres propios, en los nombres de vegetales y animales. En la Actualidad las lenguas mexicanas que tienen más hablantes son Náhuatl,
Maya, Zapoteca, Mixteca, Purépecha, Teenek. El Español Mexicano está constituido por esta riqueza lingüística. Entidades, ciudades, pueblos, colonias, barrios, calles, estaciones de transporte público como el Metro en
al ciudad de México, llevan nombres propios en lenguas originarias: México, Texcoco, Tepetzintla, Tlacolula;
Cuauhtémoc, Netzahualcóyotl, Moctezuma, Citlali, Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, Tzintzuntzán, Yucatán, Uxmal, Cancún, Chichen Itzá, Coyoacán, Tantoyuca, Tlaxcala, Tancanhuitz, Temapache, Tancoco. En nuestra vida
diaria usamos otras palabras como: zacate, aguacate, chile, zapote, guajolote, chocolate, nopal, tamal, metate, molcajete, Jamaica, mecate, tepetate, petate, tortilla, comal, zapupe, ixtle, tequio, jaguey, coyote.
Conocer y hablar nuestra lengua y las originarias, es fundamental para un desarrollo lingüístico integral y una
desplegada expresión oral y escrita. Con esta intención compartimos con ustedes la presente antología que
pretende ser un libro para 5º y 6º, retomando algunas lecturas del libro “Flores de Luz”, elaborado por la compañera Diana Flores Carrillo, así mismo incluimos textos del libro “Lo que se puede hacer con las palabras”,
editado por maestros de telesecundarias de la Zona escolar 016 de de Temachtini, con el cual se convoca a
leer con gusto.
Este libro de lecturas, es una herramienta que fortalece el área de LENGUA Y CULTURA NACIONAL, con el cual
se pretende promover en estudiantes, maestros y comunidad un desarrollo lingüístico integral; para el uso de
la palabra propia y común para la libre expresión de las ideas y para comunicarse en forma oral, escrita, corporal y gráfica; que permita entender la realidad, así como para entender las características de la escritura y
expresión oral.
En este libro encontrarás los géneros literarios que ha creado la humanidad: poesía, cuento, novela, fábula,
leyenda, mitos, esperamos que con ellos puedas viajar al mundo maravilloso de la lectura.
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INDICE
PARTE I
SABER LEER
JOSÉ JOAQUÍN FERNÁNDEZ DE LIZARDI
FOLKLORE
ANÓNIMO
FOLKLORE NO ES MUGRE
ALFREDO RAMOS ESPINOSA
COCOM
ERMILO ABREU GÓMEZ
XOCHIMILCO
ARTEMIO DE VALLE-ARIZPE
CANEK
ERMILO ABREU GÓMEZ
EL INDIO MAYA
ANTONIO MEDIZ BOLIO
SEMBLANZA DE MÉXICO
JAVIER PEÑALOSA
EL GRITO
GABRIELA MISTRAL
EL PADRE HIDALGO
JOSÉ MARTÍ
EL EMPERADOR MOCTEZUMA
ALFONSO REYES
REFRANES
DARIO RUBIO
PARTE II
FLORES DE LUZ
DIANA FLORES CARRILLO
FLORES DE LUZ, VIAJE POR UN MUNDO DISTINTO
UNA FORMA DE ASUTAR EL MIEDO
MUCHOS PETALOS
FRASES PARA COMENZAR
FLORES COMPLETAS (CUENTOS)
LA ESCUELA DE MAGIA Y OTROS CUENTOS
LA FUNCION DEL LECTOR
LA PROTECCION POR EL LIBRO
ALAMOS Y CEDROS
LIBERTAD Y ESPERANZA
PISTILOS
P. 5
P. 5
P. 5
P. 7
P. 7
P. 8
P. 11
P.12
P.12
P.13
P. 13
P.15
P. 16
PARTE III
LO QUE SE PUEDE HACER CON LAS PALABRAS
MAESTROS DE TELESECUNDA
RIAS ZONA 016, TEMACHTINI,
SAN ANDRES TEPEXOXUCA, PUE.
DEDICATORIA DE LA ANTOLOGIA A MAESTROS, MAESTRAS Y ESTUDIANTES
ROMAN
EL BARQUITO DE PLOMO
EL LABRADOR Y SUS HIJOS
EL COCHINITO QUE SABIA LEER
LA MADRE Y EL HIJO LADRON
EL TLAJTOANI DE LA MONTAÑA
BUSCANDO A UN AMIGO
LA HORMIGA, LA PALOMA Y EL CAZADOR
EL AGUILA Y EL ESC’ARABAJO
FUNDACION DE LA CIUDAD Y LA PATRIA
LA CAJITA MISTERIOSA DE VICENTE
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NACIMIENTO DEL SOL Y LA LUNA
EL LEON Y EL RATONCITO
YA REGRESO EL REFRANERO
LA LUNA
LA UNION DEL PUEBLO
EL PIOJO Y LA PULGA
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SABER LEER
José Joaquín Fernández de Lizardi
No todos los que leen saben leer. Hay muchos modos de leer, según los estilos de
las escrituras. El que lee debe saber distinguir los estilos del que escribe para animar con un tono la lectura, y entonces manifestará que entiende lo que lee y que
sabe leer.
Muchos creen que leer bien consiste en leer aprisa, y con tal método hablan mil disparates. Otros piensan (y son los más) que en leyendo conforme a la ortografía con
que se escribe quedan perfectamente. Otros leen así, pero escuchándose y con tal
pausa que molestan a los que los atienden. Otros, por fin, leen todo género de escritos con mucha afectación, pero con cierta monotonía e igualdad de tono que fastidia. Éstos son los modos más comunes de leer, y vosotros iréis experimentando
mi verdad, y veréis que no son los buenos lectores tan comunes como parece.
Cuando oyéreis a uno que lee un sermón como quien predica, una historia como
quien refiere, una comedia como quien representa, etc., de suerte que si cerráis los
ojos os parece que estáis oyendo a un orador en el púlpito, a un individuo en un estreno, a un cómico en un teatro, etc., decid: éste si lee bien; mas si escucháis uno
que lee con sonsonete, o mascando las palabras, o atropellando los renglones, o
con una misma modulación de voz, decid sin el menor escrúpulo: Fulano no sabe
leer.
FOLKLORE
En Londres, Inglaterra, el año de 1846 por primera vez se oye la palabra folklore
inventada por el anticuario Ambrose Morton. Esta palabra Folklore adoptada en inglés, español, francés, portugués, italiano y otras lenguas romances, significa el saber tradicional de un pueblo; es la reunión de los usos, costumbres antiguas populares, las ceremonias, las creencias ,los cantos, los bailes ,representaciones, leyendas, romances, corridos, refranes, las artes, vestidos, industrias características de
la región.
Nadie que se haya dedicado al estudio del folklore en nuestro país, habrá dejado de
llegar a dos conclusiones: la primera, cuánto de lo que es curioso e interesante en
estos asuntos está ahora completamente perdido; la segunda: cuánto puede salvarse todavía con un esfuerzo a tiempo, coleccionándolo todo aquello que caracteriza
a nuestro pueblo.
El folklore no puede ser fijo e inmutable. Si representa las costumbres de cada lugar, tiene que seguir evolucionando según las sucesivas generaciones que van
creando nuevas formas de vida, sin perder su raíz genuinamente popular.
FOLKLORE NO ES MUGRE
Alfredo Ramos Espinosa
(Algunos dulces típicos mexicanos)
La mugre no es folklore, que es sabiduría; la mugre es pobreza, ignorancia. Soy
enemigo del vaso mal lavado que en la esquina se toma con agua sucia, pero alabo
a la mujer que sabe hacer horchata y aguas de Jamaica y de limón con agua clara
y limpia y ofrecerlas en copas de cristal.
Soy amigo de las charamuscas, como “Micros”, que a una de ellas hace decir frente
al caramelo aristocrático…”El pobre niño del pueblo me encuentra al alcance de un
centavo; al ir al colegio me compra, me acaricia, me encierra en su bolsa desteñida
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junto a la rota pizarra y el silabario deshojado; y si usted viera con qué placer endulzo sus pesares infantiles cuando me muerde y son disputados mis pedazos por los
que me poseen, ¡y cómo me cambian por pizarrines y canicas! Después disuelta,
muero, sí, pero bajo a la tumba, sin causar mal…” Y en verdad, las charamuscas no
tienen el ácido cítrico de los caramelos elegantes que disuelve el esmalte de los
dientes de los niños y, su dulzor, más discreto, es menos ofensivo para el estómago. El folklore está en la charamusca misma, no en el polvo que por incuria lleva
encima y no tendría en la vitrina de la dulcería elegante si la estimáramos cual merece. No es así y por eso tengo que tomarlas del cajoncito del pobre dulcero, limpiarlas con alcohol para cumplir con el ritual higiénico y regalarme el gusto. Bien
vale una morena “trompada” un buen elogio. ¡Es tan sabrosa una charamusca con
su cuerpo de hilos y sus puntas enrolladas, con sabor de queso, de limón o de canela y es tan rica una corriosa!
La cajeta de Celaya va dejando sus cajitas de tejamanil con orillas blancas de papel
para llegar a los modernos frascos de vidrio como para decirnos que nuestros dulces populares siguen la evolución higiénica de la época en que vivimos. La cajeta
de Celaya es una genuina leche condensada que se preparó muy antes de que en
las tiendas ésta se vendiera en latas. Y a fe que la leche de cabra con que se prepara le da un sabor exquisito, lo mismo blanca, quemada, o envinada.
De todo tiene más y si de sabor es rica hay doble razón para decir de una cosa
buena que está como cajeta de Celaya.
Sería preferible que los niños que a toda hora chupan paletas y caramelos, siguieran adictos a las panochitas y jamoncillos de leche; su recuerdo es como aroma de
canela.
Las modestísimas pepitas tostadas resultan ricas hoy que están en moda las vitaminas y también el cacahuate de los condumios y las palanquetas. El jamoncillo de
pepita de calabaza es delicioso. La abundantísima vitamina B-1 del cacahuate es la
que a través de su acción sobre las sutiles fibras de los nervios nos da sueño apacible. Algo más que dulces son aquellos de pepita de calabaza y cacahuate, con sus
grasas abundosas.
También es grasa en dulce el blanco alfajor de coco que se dice de Colima, y la
amarilla cocada puesta en obleas y adornada con almendras y cacahuates.
El queso de tuna es tan moreno como sabroso y fermenta allá dentro tan delicada
como efectivamente.
Mucho más que azúcar tienen los dorados calabazates, los claros acitrones, las naranjas hechas jícaras de oro, los limones rellenos de cocada, las rodajas de camote
y otros dulces cubiertos. De las calles de Morelia recuerdo el chilacayote deliciosamente cubierto con piloncillo y dulces de a centavo en el cajoncito del dulcero. Los
vendedores callejeros de dulces son artistas que los hacen buenos o cuando menos los eligen: si son obra de ellos, les dan orgullo y si no, al menos gozan contemplándolos. Su vida bohemia es expresión de un espíritu de amor a la libertad propia
del que hace lo que quiere, cuando quiere y cuando puede, sin amo que lo mande.
El dulcero popular se pone en el lugar que más le agrada, el tiempo que quiere para
vender lo que bien se puede, sin apremio alguno. Y los hay que van de feria en feria, enamorados de todos los santuarios y de todos los paisajes. En el folklore literario de México, Rubén M. Campos cuenta una anécdota: a una tamalera alguien le
pregunta cuánto quiere por sus tamales y ella contesta: “Pero, entonces, ¿qué vendo?” Así hay muchos pequeños vendedores para quienes es más importante ir a la
plaza y estar entre sus ruidos, música y y chismes, que ganar mucho dinero.
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COCOM
Ermilo Abreu Gómez
(Del libro: Leyendas y consejas del antiguo Yucatán).
Recuerdo que apenas si amanecía cuando recibí la orden de salir. Fuimos por la
huerta. Los frailes iban con los hábitos arremangados por no estropearlos con las
yerbas que crecían en matojos por aquellos sitios. Con palabras cerriles maldecían
de la rudeza del lugar. Era cosa de taparse los oídos. Salimos, digo, por la huerta
entramos en el monte. Apenas si calentaba el sol. Era una delicia respirar el aire
empañado por el rocío de la noche. Olía a mazorcas de maíz tierno y a tierra mojada recién movida. El cántico de unos arrieros que pasaban llegaba a nosotros con
aliento de inocencia acariciado por Dios. En el camino nos encontramos con el candor de las tórtolas que por aquellos andurriales abundan porque nadie las persigue
ni encona. Son avecillas de altar o de huerto cerrado. Tal se nota por la confianza
que muestran. Junto a nuestros pasos no dejaron de picotear ni apagaron el arrullo
de su lamento que parecía voz de niño pobre. Más adelante vimos huellas de venados. Sobre los aguajes se deshacía un polvillo de alas de mariposas. Tras los matorrales piaba una bandada de pajarillos. En la tiniebla de los rincones se agazapaba,
como en cobija húmeda, la música de las cigarras. A mi me daban en el corazón
estas inocencias de la tierra y no quería salir de ellas. Hubiera querido gozar para
siempre del regalo de estas cosas buenas.
XOCHIMILCO
Artemio de Valle-Arizpe
Las calles de la gran ciudad de Tenochtitlan cuando los hispanos la hicieron suya
por la fuerza de las armas, unas eran sólo de agua, otras de tierra y agua y, otras
únicamente de tierra, “anchas como dos lanzas de jinetas”. Igual que una afiligranada flor de piedra surgía de la ciudad azteca de la laguna. Enlazaban los barrios entre sí numerosos canales que cruzaban las calles y por ellos, en canoas o chalupas
ligeras, iba a diario su bullente comercio.
Xochimilco era una ancha laguna transparente que enriquecían manantiales inagotables. En ella flotaban, yendo y viniendo por su tersa superficie, jardines muy floridos que dejaban en el aire sus olores. Los formaban los indígenas con gruesos
troncos, encima ponían una espesa capa de hojas secas y luego otra de tierra y ahí
sembraban sus semillas de las que a poco salían plantas lozanas que se llenaban
de profusión de flores, encanto de los ojos. Por eso Xochimilco quiere decir en lengua mexicana jardín de flores.
Los hombres de Cortés se quedaron embelesados viendo aquella movediza y versicolor hermosura. No se hartaban de contemplarla. ¿De dónde habían visto cosa
semejante? Ni en las fantasmagorías de sus sueños. Mucho tiempo después de la
Conquista los aborígenes plantaron árboles que pronto crecieron y sus raíces traspasaron la base de los troncos, llegando hasta el fondo de la laguna; fueron como
fuertes anclas que detuvieron en su vaivén las fértiles chinampas, que éste es el
nombre propio de esos primorosos jardines flotantes, y así quedaron formadas calles, unas anchas, angostas otras, pero todas ellas orilladas de árboles altos, de ramaje enjuto, con ramas sólo hacia arriba, con el aspecto triste de cipreses cenicientos, pero muy rumorosos cuando el viento anda entre ellos. Huejotes se llaman estos árboles rígidos.
Además de las flores, a las que eran muy aficionados los aborígenes, plantaban variadas verduras y hortalizas que iban a vender a México en sus ligeras chalupas o
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en las grandes y espaciosas trajineras, barcazas de piso plano, que impulsaban
con largas pértigas, y así andaban por todos los canales, llamados acalotes, que
corrían por en medio de de muchas calles de la ciudad colonial. Se detenían en el
canalillo estrecho de alguna calle atravesada para no estorbar el tránsito, y establecían su pintoresco mercado lleno de regateos, con su melodiosa algarabía. Y los
cadenciosos pregones quedaban, largos y ondulantes, llenando el aire fino de México de una música continua que halagaba gratamente los oídos.
Xochimilco era uno de esos viejos señoríos establecidos en el Valle de México, que
persistió hasta la llegada de de los españoles a quienes sus pobladores dieron guerra tenaz antes de ser reducidos. De los xochimilcas se tienen escasas informaciones. Los cronistas aseguran que llegaron al dicho Valle de México después de larga
y azarosa peregrinación desde un sitio lejano llamado ahuilazco, guiados por su
caudillo Huetzalín, quien murió al entrar a la sagrada ciudad de Tollan. Parece que
estos xochimilcas fueron los primeros en ocupar la linda región de los lagos, pero
antes de establecerse en ella definitivamente para fundar su estable señorío, tuvieron guerras encarnizadas para defender su posesión. Belicosos aztecas y acolhuas
con los que traían continua contienda, siempre los derrotaban arrojándolos lejos del
paraje en que tomaban asiento, hasta que al fin los
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dejaron en el precioso lugar en que los españoles los encontraron, pues no eran
hombres de guerra, sino gente suave, sosegada y de paz, que sólo se consagraba
con amorosa dedicación a la cultura de sus magníficos jardines.
Ahora es Xochimilco-al que algunos llaman la Venecia mexicana-lugar muy pintoresco, ameno, y florido, con sus fértiles chinampas y sus canales, unos silenciosos
y apartados, de aguas muy claras; otros con gran bullicio, por los que van y vienen
multitud de canoas siempre colmadas
de flores y otras de
pequeñez inverosímil en la que apenas si cabe una india reluciente de limpieza que
vende suculentas cosas mexicanas para comer; anda también multitud de chalupas
enfloradas con curioso primor en las que navegan músicos que tocan guitarras y
gente alegre que canta. Xochimilco es único en América. No hay nada igual.
CANEK
Ermilo Abreu Gómez
Jacinto Canek vivía en una choza apartada del camino. Se levantaba con el fresco
de la mañana y salía al patio lleno del resplandor de los luceros, del aroma de la
tierra y del cantar de los gallos. Se bañaba tras un macizo de plátanos y el agua corría entre las güijas reverdecidas por la humedad y el tiempo. Luego, junto al fogón,
se calentaba las manos. Canek labraba tierras ajenas. Con su trotecito siempre
igual y siempre cansado, volvía a su choza después de la Oración. Cerrada la noche, encendía un pabilo y con los dedos estiraba la mecha y en el silencio de la
choza se ponía a oír. Oír no cuesta nada. Oía y adivinaba los pasos de los que regresaban de sus labores. Aquellos, leves, eran los de la vieja Xpet, la molendera;
aquellos otros arrastrados, los de Chumín, el albeítar y aquellos otros, torpes, de
Xpil, el sereno. Oía también el ruido de los bolanes que pasaban y el ajetreo de los
rebaños que tornaban al aprisco. Y así se estaba, oye que oye, hasta que el sueño
le hacía cabecear. Había que acostarse, pero antes de hacerlo echaba ceniza en
las brazas; atrancaba el postigo, apagaba la mecha y cerca de la cabecera de su
catre ponía un jarro de agua y un manojo de yerbas olorosa. Al fin se dormía y, en8
tre sueños, lloraba y ni él mismo sabía por qué.
Hay gente nueva en la hacienda. Hoy llegó la tía Charo, hermana de don Cleofas,
el dueño.
Junto con doña Charo llegó el niño Guy, su sobrino. Guy es un niño a quien nadie
quiere; parece tonto, casi idiota. La familia lo ha enviado a la hacienda porque con
sus cosas y simplezas a todos avergüenza. Hasta delante de las visitas sus hermanas lo llaman recogido; cuando Guy oye esto, se le humedecen los ojos, pero no
protesta. Guy trajo una mochila con su ropa-dos mudas y unas alpargatas-y, entre
papeles rotos, el retrato de su madre muerta.
Canek tiene nuevo oficio en la hacienda. Por la noche, la tía Charo lo llamó y le dijo:
-Jacinto, ahora no trabajarás en la huerta. Ahora tienes que cuidar a mi sobrino
Guy. Por lo que me han dicho, es un niño melindroso. No lo dejes solo porque hace
locuras que él cree gracias. Dormirás en su cuarto, pues es, además miedoso y la
soledad y las tinieblas lo asustan. Mañas, mañas que tiene, qué sé yo.
Apareció en la hacienda una niña harapienta. Tenía la carita llena de tizne, las manos sucias y los ojos como asustados. Por la mañana correteo entre los becerros y
las gallinas; a medio día echó agua en los bebederos. Por la tarde se juntó con las
criadas y se puso a desgranar mazorcas de maíz. Por la noche, sin decir palabra,
se acurrucó en la despensa y ahí se quedó dormida. Al día siguiente Guy le preguntó:
-¿Cómo te llamas?
-Exa, me dicen-contestó la niña
Se desató un aguacero tan recio que daba miedo salir al monte. Canek y Guy se
refugiaron en la cocina de la casa principal donde la vieja Xpet desgranaba mazorcas de maíz. Junto al fogón estaban los amigos de siempre Chumín, Xpil, Ramón
Balam y Domingo Canché, peones de la hacienda. En un rincón, Exa atizaba las
brasas del anafe donde se cocía el nixtamal. Canek y Guy se agregaron a la rueda.
-Estas lluvias tempranas-dijo la vieja Xpet-anuncian larga sequía.
Después se levantó y deslió en unas jícaras bollos de pozole endulzado con miel.
Afuera el agua iba por las acequias del patio y rebosaba en las eras.
Guy y Exa temblorosos, se tomaron de la mano. Ella le dijo en voz baja:
-No te olvides, me llamo Exa.
*
Canek se levantó antes que amaneciera; salió al patio y junto al brocal del pozo encontró al niño Guy y a Exa que contemplaban la algazara de los peones. Se había
roto la soga y el cubo se quedó en el fondo del pozo. Canek se ofreció a sacarlo. Lo
amarraron y lo bajaron entre todos. Canek comentó después:
-Desde abajo se ven las estrellas.
Al día siguiente Guy dijo a Canek:
-Oye, Jacinto, se fue el cubo al fondo del pozo.
-¿Otra vez?
-Sí otra vez. Yo bajo por ti.
-¿Tú?
-Si yo también quiero ver las estrellas.
*
En las charcas del patio Guy y Exa se pusieron a jugar unos barquitos de papel. A
veces se iban tan lejos que no los podían alcanzar. Junto a unas piedras, el más
pequeñito naufragó.
-¡Es mío!-exclamó Exa.
-¡O no, es el mío-respondió Guy.
9
Canek sabía que Guy estaba mintiendo.
*
Cuando amaneció Guy preguntó a Canek:
-¿Verdad que no hay frío, Jacinto?
-Anoche sentí frío, niño Guy.
-Pues yo dormí sin cobija y sudé a mares.
En el corral, un venadito recién nacido, durmió bajo las cobijas de Guy.
*
Canek y Guy fueron de caza. Canek tomó el arco y Guy se echó a la espalda el morral con las flechas y los dos se dirigieron a las madrigueras de los conejos. Cuando
llegaron Canek pidió las flechas; pero Guy tímido, con los ojos dulces, como de conejo, mostró elmorral vacío. Canek no dijo nada y los dos regresaron como si tal
cosa.
*
En la hacienda sólo la tía Charo bebe agua de lluvia; los indios beben agua de pozo, tibia y hasta con residuos de cal. Guy trajo agua del aljibe, se acercó a Canek y
le dijo:
-Jacinto bebe yo no tengo sed.
Canek tomó la jícara y se humedeció los ojos para que no se vieran las lágrimas.
-Niño Guy-dijo Canek-ni una nube; el cielo está limpio y si no llueve pronto, se perderán las cosechas. Tiene razón la vieja Xpet; la sequía será larga.
Al siguiente día Guy encendió una hoguera y se puso a soplar el humo.
-¿Qué haces?-preguntó Canek.
-Nubes, nubes-respondió Guy-,¡ Mira cómo salen y qué negras son!
*
Los dos llegaron cojeando: Guy y su perrito Pifas. Guy traía un pie vendado y Pifas
una de sus patitas delanteras envuelta en hilas.
Los dos caminaban a saltos. Guy se quejaba y el perro gruñía.
-Nos caímos, Jacinto-dijo Guy, riéndose.
-Ya lo veo.
-Pifas se torció una pata, pero ya se la curé.
-¿Y tú?
-No se lo digas a nadie; yo no tengo nada; me vendé solamente para consolarlo.
*
Exa desapareció de la hacienda; se fue en silencio, tal como vino.
Los indios dijeron:
-¡Se la llevó el viento!
Guy salió al monte y se puso a gritar haciendo bocina con sus manos
-¡Exa!
Y el nombre de Exa se alejó como el eco. Cuando al cabo de un rato, Guy regresó
del campo, se dobló como una espiga y se quedó dormido. Canek se sentó a su
lado y veló a su sueño. Al despertar, Guy dijo :Exa.
*
El niño Guy amaneció muerto y nadie lo sintió morir. En su hamaca parecía dormido. En sus labios pálidos tenía una sonrisa también dormida. Después de del entierro, Canek recogió las cosas del niño Guy y vió que en el retrato de su madre, había escrito: Quisiera ser el huésped de tus ojos. Canek se echó a llorar, pero entonces la tía Charo se acercó a él y le dijo:
-Jacinto, si no eres de la familia ¿por qué lloras?
II
10
Canek dijo:
-Los blancos no saben de la tierra, ni del mar, ni del viento. ¿Qué saben si noviembre es bueno para quebrar los maizales? ¿Qué saben si los peces ovan en octubre
y las tortugas en marzo? ¿Qué saben si en febrero hay que librar a los hijos de los
vientos malos? Ellos gozan, sin embargo, de todo lo que vive en la tierra, en el mar,
en el viento.
Canek dijo:
-Al indio le basta un cuartillo de maíz; al blanco no le alcanza un almud. El indio come y bendice su tranquilidad. El blanco ignora que una jícara no lleva más agua
que el agua que señalan sus bordes. Lo demás se derrama y desperdicia.
Canek dijo:
-No te enorgullezcas del fruto de tu inteligencia. Recuerda que sólo eres dueño del
ánimo que pusiste en ella. La inteligencia es como la flecha: una vez que se aleja
del arco ya no la gobierna nadie. Su vuelo depende de tu fuerza, pero también del
viento y, ¿por qué no decirlo?, del destino que la sigue.
Canek dijo:
-¿Y para qué quieren ser libres si no saben ser libres? La libertad no es gracia que
se recibe ni derecho que se conquista. Se es libre aunque se carezca de libertad.
Los hierros y las cárceles no impiden que un hombre sea libre. La libertad del hombre no es como la libertad de los pájaros que se satisface en el vaivén de una rama.
La libertad está en su conciencia.
Después de rebelarse Canek contra los blancos fue perseguido él y sus hombres
hasta que los capturaron. A Canek lo encerraron en la capilla de la iglesia. El padre
Matías lo acompañó mientras llegaba la hora del suplicio. Al amanecer sacaron al
reo y lo llevaron al cementerio. Canek no se dejó vendar los ojos ni amarrar las manos. Antes de morir dijo al padre Matías:
-Padre, rece por el niño Guy.
Canek murió de pie.
En el recodo de un camino, Canek y el niño Guy se encontraron. Asidos de la mano
caminaron silenciosos y cuando llegaron al horizonte empezaron a ascender.
EL INDIO MAYA
Antonio Mediz Bolio
Sin que nadie se las haya dicho, el indio sabe muchas cosas. El indio lee con sus
ojos tristes lo que escriben las estrellas que pasan volando; lo que está conocido en
el agua muerta del fondo de las grutas; lo que está grabado sobre el polvo húmedo
de la sabana, en el dibujo de la pezuña del ciervo fugitivo.
El oído del indio escucha lo que dicen los pájaros sabios cuando se apaga el sol; y
oye hablar a los árboles en el silencio de la noche, y a las piedras doradas por la
luz del amanecer.
Nadie le ha enseñado a ver ni a oír ni a entender estas cosas misteriosas y grandes, pero él sabe. Sabe y no dice nada.
El indio habla solamente con las sombras. Cuando el indio duerme su fatiga, está
hablando con aquellos que le hablan. Cuando despierta, sabe más que antes, y calla más que antes.
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SEMBLANZA DE MÉXICO
Javier Peñalosa
Resumen simple…Colores elementales para hacer el esquema de tu nombre, México, salpicando tus rumbos con frases de pocas palabras: México de alfareros, de
poetas, de tallistas, de cantereros, de arquitectos, de pintores, de danzantes, de
músicos. México, donde el indio hace los juguetes para sus hijos; donde el indio seca la palma y con ello fabrica su sombrero, que después llena de cintas multicolores
para danzar; México, donde el indio creador hace campanas de barro negro que
suenan a plata; donde los Cristos son morenos como las manos que los tallan; donde el ritmo del telar es como una balada al trabajo; donde el violín se torna salvaje y
primitivo y llora desmelenado en el paisaje; donde el teatro se hace al aire libre,
porque el drama y la comedia son la vida misma; donde los héroes populares son
personajes de corridos; donde el pregón es dulce y musical; donde el pintor deja su
genio en los muros; donde el cantar deja sus notas en los mercados; donde el caminante hace la vereda y vive en la jungla; donde el hombre quema la caoba y
duerme en el suelo; donde la concha del armadillo se vuelve caja de música melancólica; donde se juega con la vida; donde la muerte es un motivo humorístico de
máscaras y títeres; donde los niños son tristes y componen tonadas; donde las mujeres abnegadas cocinan risas de niños con un poco de maíz y otro poco de sal;
donde todo es monumental y todo es rito; donde el sol pasea lento su brillantez de
oro y la luna es como una fragua de leyendas blancas…¡México tuyo, mío, nuestro!
¡México de ayer, de hoy y de siempre…!
EL GRITO
Gabriela Mistral
¡América! ¡América! Todo por ella; porque todo nos vendrá de ella, ¡desdicha o bien
¡
Somos aún México, Venezuela, Chile, el azteca-español, el quechua-español, el
araucano-español; pero seremos mañana, cuando la desgracia nos haga crujir entre su dura quijada, un solo dolor y no más que un anhelo.
Maestro: Enseña en tu clase el sueño de Bolívar, el vidente primero. Clávalo en el
alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimiento. Divulga la América, su
Bello, su Sarmiento, su Lastarria, su Martí. No seas ebrio de la Europa, un embriagado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco, de hermosa caduquez
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fatal.
Describe tu América. Haz amar la luminosa meseta mexicana, la verde estepa de
Venezuela, la negra selva austral. Dilo todo de tu América; di cómo se canta en la
pampa argentina, cómo se arranca la perla en el Caribe, cómo se puebla de blancos la Patagonia.
Periodista: Ten la justicia para tu América total. No desprestigies a Nicaragua, para
exaltar a Cuba; ni a cuba, para exaltar a la Argentina. Piensa en que llegará la hora
en que seremos uno, y entonces tu siembra de desprecio o de sarcasmo te morderá en carne propia.
Artista; Muestra en tu obra la capacidad de finura, la capacidad de sutileza, de exquisitez y hondura a la par, que tenemos. Exprime a tu Lugones, a tu Valencia, a tu
Darío y a tu Nervo; eres en nuestra sensibilidad que puede vibrar, manar, manar,
como otra gota cristalina y breve, copia de la obra perfecta. Industrial: Ayúdanos tú
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EL PADRE HIDALGO
José Martí
Desde niño fue el cura Hidalgo de la raza buena, de los que quieren saber. Los que no quieren saber son los de la raza mala. Vio los negros esclavos, y se llenó de horror. Vio maltratar a los indios, que son tan mansos y generosos, y se sentó entre ellos, como un hermano
viejo, a enseñarles las artes finas que el indio aprende bien: la música, que consuela; la cría
del gusano, que da la seda; la cría de la abeja, que da la miel. Tenía fuego en sí, y le gustaba fabricar; creó hornos para cocer ladrillos. Le veían lucir mucho, de cuando en cuando, los
ojos verdes. Todos decían que hablaba muy bien. Que sabía mucho, que daba muchas limosnas el señor cura del pueblo de Dolores. Decían que iba a la ciudad de Querétaro, una
que otra vez, a hablar con unos cuantos valientes y con el marido de una buena señora. Un
traidor le dijo a un comandante español que los amigos de Querétaro trataban de hacer a
México libre. El cura montó a caballo con todo su pueblo, que lo quería como a su corazón;
se le fueron juntando los caporales y los sirvientes de las haciendas, que eran la caballería;
los indios iban a pie, con palos y flechas o con hondas y lanzas. Se le unió un regimiento y
tomó un convoy de pólvora que iba para los españoles. Entró triunfante en Celaya, con músicas y vivas. Al otro día, junto
al Ayuntamiento, lo hicieron general, y empezó un pueblo a nacer. Él fabricó lanzas y granadas de mano. Él dijo discursos que dan calor y echan chispas, como decía un caporal de las
haciendas. Él declaró libres a los esclavos. Él les devolvió sus tierras a los indios. Él publicó
un periódico que llamó Despertador Americano. Ganó y perdió batallas. Un día lo dejaban
solo. La mala gente quería ir con él para robar en los pueblos y para vengarse de los españoles. Él les avisaba a los jefes españoles a que, si los vencía en la batalla que iba a darles,
los recibiría en su casa como amigos. ¡Eso es ser grande! Se atrevió a ser magnánimo, sin
miedo a que lo abandonase la soldadesca, que quería que fuese cruel. Su compañero Allende tuvo celos de él, y él le cedió el mando a Allende. Iban juntos buscando amparo en su
derrota cuando los españoles les cayeron encima. A Hidalgo le quitaron, uno a uno, como
para ofenderlo, los vestidos de sacerdote. Lo sacaron detrás de una tapia y le dispararon los
tiros de muerte a la cabeza. Cayó vivo, revuelto en la sangre, y en el suelo lo acabaron de
matar. Le cortaron la cabeza y la colgaron en una jaula en la Alhóndiga misma de Granaditas, donde tuvo su gobierno. Enterraron los cadáveres descabezados. ¡Pero México es libre!
EL EMPERADOR MOCTEZUMA
Alfonso Reyes
El emperador tiene contrahechas en oro y plata y piedras y plumas todas las cosas que, debajo del cielo, hay en su señorío. El emperador aparece, en las viejas crónicas, cual un fabuloso Midas cuyo trono reluciera tanto como el sol. Si hay poesía en América-ha podido
decir el poeta-, ella está en el gran Moctezuma de la silla de oro. Su reino de oro, su palacio
de oro, sus ropajes de oro, su carne de oro. Él mismo ¿no ha de levantar sus vestiduras para convencer a Cortés de que no es de oro? Sus dominios se extienden hasta términos desconocidos; a todo correr, parten a los cuatro vientos sus mensajeros, para hacer ejecutar
sus órdenes. Día por día acuden al palacio hasta seiscientos caballeros, cuyos servidores y
cortejo llenan dos o tres dilatados patios y todavía hormiguean por la calle. Todo el día pulula en torno al rey el séquito abundante, pero sin tener acceso a su persona. A todos se sirve
de comer a un tiempo, y la botillería y despensa quedan abiertas para el que tuviere hambre
y sed.
Venían trescientos o cuatrocientos mancebos con el manjar, que era sin cuento, porque todas las veces que comía y cenaba (el emperador) le traían todas las maneras de manjares,
así de carnes como de pescados y frutas y yerbas que en toda la tierra se podían haber. Y
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porque la tierra es fría, traían debajo de cada plato y escudilla de manjar un braserico con
brasa, porque no se enfriase.
Sentábase el rey en una almohadilla de cuero, en medio de un salón que se iba poblando
con sus servidores; y mientras comía daba de comer a cinco o seis señores ancianos que se
mantenían desviados de él. Al principio y al fin de las comidas, unas servidoras le daban
aguamanos, y ni la toalla, platos, escudillas ni braserillos que una vez sirvieron volvían a servir. Parece que mientras cenaba se divertía con los chistes de sus juglares y jorobados, o se
hacía tocar música de zampoñas, flautas, caracoles, huesos y atabales, y otros instrumentos
así. Junto a él ardían unas ascuas olorosas, y le protegía de las miradas un biombo de madera. Daba a los truhanes los relieves de su festín, y les convidaba con jarros de chocolate.
“De vez en cuando-recuerda Bernal Díaz-traían unas como copas de oro fino, con cierta bebida hecha del mismo cacao”.
Quitada la mesa, ida la gente, el emperador fumaba y reposaba, tendían una estera en el patio, y comenzaban los bailes al compás de los leños huecos. A un fuerte silbido rompen a sonar los tambores, y los danzantes van apareciendo con ricos mantos, abanicos, ramilletes de
rosas, papahígos de pluma que fingen cabezas de águilas, tigres y caimanes. La danza alterna con el canto; todos se toman de la mano y empiezan por movimientos suaves, y voces
bajas. Poco a poco van animándose; y, para que el gusto no decaiga, circulan por entre las
filas de danzantes los escanciadores colando licores en los jarros.
Moctezuma “vestíase todos los días cuatro maneras de vestiduras, todas nuevas, y nunca
más se las vestía otra vez. Todos los señores que entraban en su casa, no entraban calzados”, y cuando comparecían ante él, se mantenían humillados, la cabeza baja y sin mirarle a
la cara. Descalzábanse, pues, los señores, cambiaban los
ricos mantos por otros más humildes, y se adelantaban con tres reverencias: “Señor-mi señor
-, gran señor.” “Cuando salía fuera el dicho Moctezuma, que era pocas veces, todos los que
iban por él y los que topaba por las calles le volvían el rostro, y todos los demás se postraban
hasta que él pasaba”-nota Cortés-.
Dentro y fuera de la ciudad tiene sus palacios y casas de placer, y en cada una su manera de
pasatiempo. Ábrense las puertas a calles y plazas, dejando ver patios con fuentes, losados
como los tableros de ajedrez; paredes de mármol y jaspe, pórfido, piedra negra; muros veteados de rojo, muros traslucientes; techos de cedro, pino, palma, ciprés, ricamente entallados todos. Las cámaras están pintadas y esteradas; tapizadas otras con telas de algodón,
con pelo de conejo y con pluma. En el oratorio hay chapas de oro y plata con incrustaciones
de pedrería. Por los babilónicos jardines-donde no se consentía hortaliza ni fruto alguno de
provecho-hay miradores y corredores en que Moctezuma y sus cortesanos salen a recrearse;
bosques de gran circuito con artificios de hojas y flores, diez estanques de agua dulce o salada, para todo linaje de aves palustres y marinas, alimentadas con el alimento que les es natural. Cuidan de ellas trescientos hombres. También hay leones enjaulados, tigres, lobos, zorras, culebras, gatos, que forman un infierno de ruidos, y a cuyo cuidado se consagran otros
trescientos hombres. Y para que nada falte en este museo de historia natural, hay aposentos
donde viven familias de albinos, de monstruos, de enanos, corcovados y demás contrahechos.
Cuatro veces el Conquistador Anónimo intentó recorrer los palacios de Moctezuma: cuatro
veces renunció, fatigado.
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REFRANES
En los apuros y afanes
pide siempre consejo a los refranes.
Almuerza bien, come más
Cena poco y vivirás.
En boca del
mentiroso
Lo cierto se hace dudoso.
Haz cien favores y deja de hacer uno
y…como si no hubieras hecho ninguno.
El hablar a todos bien
Y darles buena respuesta,
Mucho vale y poco cuesta.
Primero fue calzón del indio,
Después pañal del niño,
Luego pañuelo del chico,
Después servilleta y al fin mantelito,
Para la mesa y el santo bendito.
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El favor con pregonero
Ni lo pido ni lo quiero.
El que mete paz saca más.
Nunca te apures
Para que dures
Al fisgón…
Cuando menos un trompón.
Según San Andrés ,
el que tiene cara de bruto, lo es
De hombre caminero y ruin;
De mujer que hable latín
Y de caballo sin rienda,
Dios nos cuide y nos defienda.
Si quieres que alguien se ría,
Cuenta tus penas María.
Cuando el tecolote canta,
El indio muere;
Esto no es cierto
Pero sucede.
Al hablar, como al guisar,
Su granito de sal.
A Dios rogando
y con el mazo dando.
En la tierra de los ciegos,
El tuerto es rey
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